Introducción a la Patrología Pre-Nicena
Introducción a la Patrología Pre-Nicena
ÍNDICE
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TEMA 1.- LA ÉPOCA PATRÍSTICA 1
TEMA II.- LOS PADRES APOSTÓLICOS 12
TEMA III.- La DIDACHÉ (Enseñanza de los Doce Apóstoles) 13
TEMA IV.- LA EPÍSTOLA DEL PSEUDO-BERNABÉ 19
TEMA V.- CLEMENTE DE ROMA (CARTA A LOS CORINTIOS) 22
TEMA VI.- IGNACIO DE ANTIOQUÍA (CARTAS) 29
TEMA VII.- CARTA DE LA IGLESIA DE ESMIRNA A
LA IGLESIA FILOMELIO (MARTIRIO DE POLICARPO) 37
TEMA VIII.- EL PASTOR DE HERMAS 42
TEMA IX.- 2ª CARTA DE CLEMENTE A LOS CORINTIOS
(HOMILÍA ANÓNIMA) 47
TEMA X.- LOS DENOMINADOS APÓCRIFOS 50
TEMA XI.- EL JUDEOCRISTIANISMO HETERODOXO 53
TEMA XII.- MARCIÓN DEL PONTO 56
TEMA XIII.- EL GNOSTICISMO 65
TEMA XIV.- LA LITERATURA APOLOGÉTICA 78
TEMA XV.- SAN JUSTINO 97
TEMA XVI.- LA DENOMINADA EPÍSTOLA A DIOGNETO 106
TEMA XVII.- SAN IRENEO DE LYON 107
TEMA XVIII.- HIPÓLITO 139
TEMA XIX.- LOS ORÍGENES DEL CRISTIANISMO LATINO 144
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TEMA XXIII.- CLEMENTE DE ALEJANDRÍA 157
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TEMA 1.- LA ÉPOCA PATRÍSTICA
La patrología, que son los escritos cristianos de los primeros siglos, han sido objetos de
estudio, dando así lugar a varias disciplinas. Se suelen distinguir 3 aproximaciones a los textos
de la época patrística, los cuales coinciden en el objeto que estudian pero varían en el modo, y
tienen entre sí fuertes y numerosos vínculos:
Esta aproximación literaria ha dado origen a la literatura cristiana, que toma sus
principios de este método filológico-cristiano. Quien se acerque al estudio de la patrística no
puede evitar el sistema filológico-cristiano, a los autores y su mensaje solo accedemos a través
de textos. Vemos, en cualquier caso, que todo está unido, de modo que el filólogo también tiene
que comprender la evolución del pensamiento y el desarrollo de las ideas cristianas.
Escribieron con una finalidad tremendamente religiosa y por eso un buen filólogo no
puede oponerse a la evolución de los textos.
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Los textos y los autores de la época patrística pertenecen a tiempos y espacios culturales
distintos, con bagajes y problemáticas distintas. Son escritos que se explican en un determinado
marco cultural y espacio-temporal. La patrología, para algunos, será simplemente el estudio de
estos autores desde la historia, se espera un dibujo en la medida de lo posible, del carácter y
originalidad de cada autor en cada época, que nos ayudan a entender por qué se escribe eso, por
ejemplo, hay que entender por qué san Agustín escribe “La ciudad de Dios”. S. Agustín
responde a un acontecimiento histórico muy concreto que desajusta las mentes y los corazones
de los hombres de aquella época, en la que los Bárbaros han entrado en Roma y la han saqueado.
Incluso San Jerónimo llora al ver su saqueo y piensa que el mundo llega a su fin como
consecuencia de la caída del imperio.
3) Aproximación teológica: Los padres de la Iglesia quisieron ser, ante todo, testigos
del misterio hecho carne, y lo hicieron en los siglos más cercanos a la edad apostólica. Se
caracterizan por su carácter cristiano, eclesial y teológico.
Patrística es solo un adjetivo que debe ir unido a Teología, así, será teología patrística. El
mismo nombre de Padres de la Iglesia es ya una noción teológica, por eso nuestro acercamiento
a ellos es el acercamiento teológico.
Tanto los términos patrología como teología patrística provienen de Pater, a veces se
utiliza como sinónimo “santos padres”, y por lo tanto, primero hay que delimitar quienes son
los padres de la Iglesia. A pesar de su abundante uso es un concepto bastante complejo de
definir, sin embargo a pesar de estas indeterminaciones, las iglesias, desde sus orígenes,
sintieron la necesidad de recurrir a la fe y al testimonio de los padres. Durante los s. II y III el
titulo de padre se le da a los obispos y a los maestros de la fe, y es a partir del s. IV cuando
comenzamos a ver, sobre todo en torno a los concilios, cómo se llaman PI a las autoridades
doctrinales, a las que es necesario recurrir para fijar el recto creer, fundar la ortodoxia, viendo
de esta manera que cuando se reúnen los obispos en concilio lo primero que hacen es ver que se
ha dicho sobre la cuestión los PI.
Padre de la Iglesia: No es difícil encontrar definiciones que no son válidas. Desde los
orígenes, la Iglesia sintió la necesidad de recurrir a la fe y al testimonio de los Padres. Durante
los s. II-III el título Padre se usaba para denominar a los obispos, se les llamaba Papa, pero hoy
sólo se usa para denominar al obispo de Roma. También comienza a otorgarse a aquellos que
son maestros de la fe.
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A partir del s. IV se comienza a usar la expresión Santos Padres para aquellos que son
considerados autoridades doctrinales.
1. Santidad de vida.
2. Antigüedad.
3. Permanencia en la fe y en la comunión de la Iglesia católica [esto les
constituye “magistri probabiles” (maestros probados, acreditados)].
Hizo esta caracterización porque quería que algunos autores fueran eliminados, que no fueran
leídos por los fieles, aunque fuesen santos. Él decía que han sido puestos en la Iglesia como
tentación para los fieles, aunque sean insignes maestros. Da nombres: Orígenes, Tertuliano, San
Cipriano. A lo largo de la obra se nota que lo que intenta es enfrentarse con Agustín de Hipona.
Cuando se lee el Conmonitorium, se intuye que quiere eliminar también a S. Agustín, quizás
porque a Vicente de Lerins se le consideraba semipelagiano, a los que S. Agustín combatió.
Sería gracioso que la definición fuera la correcta cuando hace desaparecer a tantos Padres.
Esta definición se ha mantenido en los manuales hasta hace poco. A los Padres los definían como
escritores eclesiásticos de la antigüedad cristiana que se caracterizan por:
Santidad de vida: ¿Quién es el santo, Orígenes o Jerónimo? Orígenes murió torturado por
la fe y Jerónimo discute con San Ambrosio.
Aprobación de la Iglesia: Bastaba que un concilio lo hubiera nombrado para dar por
hecho que se lo consideraba aprobado por la Iglesia. El C.V.II cita a Orígenes y a Tertuliano,
pero eso no quiere decir que se acepte todo lo que dijeron (Orígenes creía en la preexistencia de
las almas).
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Antigüedad: Cronológica, cercanía en el tiempo a los apóstoles, pero esta cercanía no es
garantía de que haya habido cercanía espiritual. Tampoco se sabe hasta cuando llega la época
patrística, algunos piensan que en el s. V, otros piensan que llega hasta San Bernardo, en la Edad
Media.
La caracterización, que todavía pende de la de Vicente de Lerins (que solo la quería para
discutir a Agustín), es ambigua y poco esclarecedora. En los últimos tiempos se ha intentado
dar definiciones nuevas. Concard decía que Padre de la Iglesia es una categoría eclesial. Solo
puede definirlo aquel que vive en el ámbito eclesial.
Vemos, pues, que los cuatro criterios no son concluyentes. Ha habido dos intentos más
de clasificación. En 1968 Ratzinger escribe “La significación de los santos Padres en la teología
actual” En él afronta el problema del ecumenismo. Constata Ratzinger que tanto católicos como
protestantes leen la Sagrada Escritura guiados por Padres distintos. Nosotros leemos la Escritura
guiados por Santo Tomás. Los protestantes lo hacen de la mano de Lutero. Cada uno es Padre
para una de las partes. ¿No será necesario acudir a aquellos que fueron Padres para la totalidad
de la Iglesia? Por esto define Ratzinger como Padre a los maestros teológicos de la Iglesia
indivisa. La teología de los Padres es ecuménica –es decir, universal-. Por esto les compete el
término de Padres, porque lo son para todos.
Esta definición decepciona en parte, dado que la guía para la clasificación es externa a los
autores. Sabemos, no obstante, que en el S. IV los cristianos se miraban en los Padres para
conocer mejor la Revelación, sin que se hubiera producido la ruptura en la Iglesia.
No se pueden definir desde perspectivas ajenas a los Padres de la Iglesia, no los podemos
definir desde los intereses de nuestro hoy. La noción de Padre, es una noción que nació muy
pronto y que existió a lo largo de toda la historia de la Iglesia.
El puesto de privilegio de los Padres en la Iglesia exige un “status específico”, con valor
propio, no igualable con otros momentos de la historia de la Iglesia. Algo propio que se dio ahí
y nunca más, y eso es lo que hay que decir en la definición.
“Son testigos calificados de una tradición heredada de los Apóstoles, para transmitir e interpretar
auténticamente las verdades reveladas en las Escrituras y fuera de ellas”.
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Presenta a los Padres como claves en la exégesis de la Escritura. No son unos exégetas
cualesquiera (los gnósticos y los ebionitas también eran exégetas). Los Padres nos han ofrecido
las claves fundamentales para interpretar la Escritura. Uno de los puntos más polémicos de la
época patrística es definir qué Escritura es la palabra de Dios.
Los Padres serán aquellos que nos permitan leer correctamente la Palabra divina.
Es claro, sin embargo, que la definición del P. Orbe no nos soluciona todo, ya que la
exégesis de los Padres plantea también problemas: en los Padres encontraremos tradiciones
auténticamente apostólicas, pero en ellos aparecerá, por ejemplo, la influencia judeo- platónica
de Filón de Alejandría (que ni siquiera conoció a Cristo). Será preciso, por tanto, un estudio
minucioso de cada uno de los autores.
Hablemos mejor de “época patrística”, y en ella incluimos tanto los ortodoxos como los
heterodoxos. A estos últimos prestamos atención porque su heterodoxia sólo es en ciertos
puntos. Es muy interesante descubrir cuál fue su camino exegético comparado con el que
siguieron los que permanecieron fiel en todo a la Iglesia.
No volvemos los ojos a los primeros siglos por afán de arqueología, ni por romanticismo.
Tampoco el estudio de los PdI puede convertirse en una actitud integrista que reduce la
exposición a la repetición de modelos pasados, que hace de la Tradición algo monolítico.
Nosotros estudiamos la patrística por motivos antropológicos y teológicos.
Los siglos XIX y XX pusieron de relieve la importancia del acontecer histórico para
comprender al hombre. El hombre es su circunstancia y en su experiencia vital hay que
estudiarlo en su tiempo y su geografía, en su totalidad. San Agustín reflexiona sobre sí, y vio
que el hombre no se podía entender sin la encrucijada del pasado, del presente y del futuro. El
hombre que vive en el presente con una visión clara del hoy no puede prescindir del pasado,
porque en cierta medida somos hijos del pasado, y tampoco podemos dejar de mirar al futuro
como espera y esperanza. Un hombre que tenga amnesia es un hombre en soledad. Cuanto
mayor consciencia tenga de la propia historia mejor puedo vivir el presente y afrontar el pasado.
Decía Congar que esa tradición es memoria que permite un enriquecimiento de nuestra
historia. Si uno se olvida de ella, si uno no tiene memoria del pasado es imposible avanzar, pero
si uno se ata servilmente a las formas del pasado, tampoco se consigue avanzar. La verdadera
tradición no es servilismo sino fidelidad, no es repetir lo que ocurrió en el pasado, es estar
enraizados en ella, con memoria de ella.
“Los cristianos del s. XX han sentido más necesaria que nunca la necesidad de la comunión y de
reforzar esa unidad, pero sería bastante paradójico que este deseo se ejerciera en el espacio y no en el tiempo
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y que al evocar o leer cualquier cristiano del pasado no nos diéramos cuenta de que estamos en la misma
Iglesia”. H. Crouzel
Hay que preguntarse: dentro del acontecer de la tradición que es la vida de la Iglesia,
¿supone la época patrística una etapa más, o tiene una peculiaridad, algo propio que no tienen
las demás? ¿Por qué la importancia de estos siglos en tanto tiempo de Tradición?
Ratzinger dice que la época patrística tiene un valor teológico especial. Parte del análisis
de 2dos palabras “wort” (palabra) y “antwort” (palabra que responde a esa palabra). La palabra
es una realidad de relación, sirve para relacionarnos unos con otros. Presupone a alguien que
habla y a alguien que escucha. Si la palabra quiere ser palabra eficaz necesita de una palabra de
respuesta, aunque sea el silencio, porque hay silencios que escuchan. Si la palabra quiere ser
palabra, al menos necesita la escucha de alguien, por eso debe haber la otra palabra de respuesta.
a) La formación del canon de las escrituras: ¿Cómo sabemos lo que es la Biblia? Hoy
es fácil, pero en el año 140 d.C. no. Circulaban muchos libros y evangelios, hechos de los
apóstoles y cartas. La época patrística determinará, entre esta multitud de libros, cuáles entran
dentro del canon y cuales no. La formación del canon tuvo tensiones y dificultades, quien no lo
aceptara era excomulgado.
Esto estaba hecho ya más o menos a mediados del s. II. Se trata de un período de la vida
de la Iglesia que, con la ayuda del Espíritu Santo, es capaz de poseer los criterios para discernir
qué es palabra de Dios y qué no. Esos criterios se basaban en la tradición apostólica trasmitida
en el seno eclesial en función del testimonio apostólico.
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Cuando hoy aceptamos la Palabra de Dios, estamos aceptando los motivos de este
discernimiento que se hizo, dice Ratzinger.
Hoy, cuando leemos por ejemplo el A.T., leemos el A.T. hebreo. Este texto no lo
conocieron los primeros cristianos, no era el que se leía en la sinagoga. El texto que hoy se lee es
una Biblia que fijaron unos rabinos judíos siglos después de la venida de Cristo. Los que se
encargan de este discernimiento reciben la iluminación del ES y la autoridad para decir qué es
Palabra de Dios y qué no.
A esas profesiones de fe, están unidos, de alguna manera, los grandes concilios de la
historia. En la tradición de la Iglesia, hasta Lutero, se han celebrado cuatro concilios: Nicea
(325), Constantinopla (381), Éfeso (451) y Calcedonia (460). Fueron siempre reconocidos entre
los católicos, protestantes y ortodoxos como LOS CONCILIOS. Cada persona puede interpretar
la Biblia como quiera, pero siempre y cuando no se salga de la fe definida en los Concilios. Esos
Concilios se constituyeron como una especie de criterios o de referencia normativa, donde se
estableció en ellos el corazón de la fe trinitaria y la cristológica de la que pende cualquier
reflexión cristiana. Crearon la lengua católica.
c) El espíritu de toda exégesis eclesial. Hoy se dice que la época patrística, en cuanto a
exégesis, es acientífica y obsoleta, especialmente por su fácil recurso a la alegoría. Pero el
problema no es sólo la alegoría, porque no todos los Padres de la Iglesia se valieron de la
alegoría. Sí hicieron todos una especie de tipología, como por ejemplo Cristo y Pedro. Aquellos
que, guiados por el Espíritu, se sabían en posesión del criterio de verdad necesario para
determinar qué era Palabra de Dios y qué no, hoy se dice que no supieron entenderla, esto es
una paradoja, especialmente si tenemos en cuenta que los PI fueron en su mayoría comentaristas
de la Sagrada Escritura.
Es evidente que lo PdI no disponían de los instrumentos históricos- filológicos que hoy
consideramos imprescindibles, los que han conducido a un mejor entendimiento de la historia
de los textos, a las circunstancias históricas, géneros literarios usados, las influencias de otras
culturas, diversos estadios de composición de las obras… Gracias a estos métodos, el texto de la
Biblia hoy ha conocido un desarrollo insospechado.
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Cristo por la manera que tuvo de leer la Escritura. Jesús lee y explica las Escrituras de un modo
nuevo. Hace una escritura cristológica.
Un historiador nunca podrá decir que esta literatura, que no es toda la literatura hebrea
ni toda la cristiana, sino parte, es palabra de Dios. Para eso no hay método histórico-critico que
lo examine.
Se percataron de que el texto podía ser leído al margen de Dios*, y que podía ser
asimilado por las diversas ideología, filosofías del momento, como los gnósticos. Conocían la
Escritura, pero veíamos que en cuanto a ella, el primer comentario al evangelio de San Marcos
no se interpretó desde Cristo. La podían leer y adaptarla al platonismo. Quedaba reducida a las
categorías de moda del momento.
Tuvieron clara conciencia de que la Escritura tenía que ser leída en el seno de la Iglesia,
y guiada por el Espíritu Santo, pero sin que contradijera la tradición conservada por los
apóstoles y conservada en la tradición de la Iglesia. La Escritura se podía entender en el marco
de esa trasmisión. Quienes poseían la guía del E.S., y los criterios para determinar qué es Palabra
de Dios y qué no, no podían menos de poseer las claves para entender la Escritura en su más
profundo ser Palabra de Dios, y no quedarse en la interpretación literaria.
Una exégesis que no llegue a esto se quedará a las puertas. La Palabra de Dios no nos ha
sido dada para lucir bibliotecas sino para que se haga carne.
Art. De Ayán en “La carne intérprete de la palabra de Dios”: La finalidad última de la palabra
de Dios no es producir palabras ni volúmenes, sino transformar y configurar la existencia humana
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conforme al designio salvífico de Dios y no sin el don del Espíritu Santo. La palabra de Dios sale de su
boca para llegar a los últimos recovecos y dimensiones de la vida de los hombres, para empaparla y
fecundarla, para llevarla a la plenitud por la que clama desde su creación misma. La palabra de Dios la
encarna el Santo bajo la acción del Espíritu.
Esa interpretación de la Palabra, en la carne del Santo, es el fruto de su vida. La exégesis querida
por Dios para su Palabra,es continuación, a lo largo de la historia, de la exégesis que llevó a cabo por la
humanidad de Jesús en obediencia al Padre. La humanidad de Jesús fue la interpretación más clara del
designio salvador de Dios.”
La vida litúrgica en la época patrística era más plural que la que tenemos hoy, no era tan
rígida como la nuestra. Hay variaciones de una iglesia a otra, de una comunidad a otra, de un
siglo a otro, en los ritos, en las formulas… Pero esa liturgia ha sido siempre el medio por el que
el pueblo cristiano se ha alimentado de la Escritura.
Así pues, Padre de la Iglesia será aquel que haya fomentado y se ha visto implicado en
estas concretas aportaciones históricas, que haya colaborado en la construcción de estos pilares
fundamentales de los que la Iglesia no se separará nunca
LIMITES CRONOLÓGICOS:
Los límites cronológicos en una época en la que el concepto era así de ambiguo son
complicados. Lo que se ha dicho, desde siempre, es que el final de la época patrística habría que
situarlo con los últimos resquicios de la cultura greco-romana. En occidente acaba la época
patrística en: unos dicen que en Gregorio Magno (604) y otros que con S. Isidoro de Sevilla (636).
Los bárbaros ya dominan el occidente, en cambio en oriente el imperio resistió un poco más de
tiempo, hasta que llegan los árabes. Al final se suele poner con S. Juan Damasceno (749).
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Pero ¿hasta qué punto es lícito señalar el punto final de una época eclesial, por fenómenos
ajenos a la vida de la iglesia?
Más allá, pues, del S. V parece difícil encontrar los rasgos patrísticos.
A esta época se han acercado desde distintas perspectivas los académicos. Se suelen
distinguir tres aproximaciones fundamentales:
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- La aproximación filológico-literaria: son deudores de la lengua, géneros
literarios que pueden introducir cambios en el latín y el griego. La aproximación
filológica es fundamental. Como ciencia apareció en el s. XIX. Ha dado lugar a la
historia de la literatura cristiana (incluidos textos bíblicos), disciplina que no es en sí
teológica. Quien se acoge al pensamiento teológico no podrá prescindir de ella porque
si no convertirían los textos en instrumentos apologético-dogmáticos. El filólogo y
crítico no debe olvidar que la pretensión de los autores era religiosa y no literaria. Era
la aproximación de un pueblo que vive la encarnación del Hijo de Dios.
- Aproximación histórica: los autores pertenecen a momentos determinados
y a lugares concretos. El estudio de esta época, desde este punto de vista, ha recibido
el nombre de Patrología, Para distinguirlo de la aproximación teológica que es la
Patrística. Los autores de esa época de la aproximación teológica no quisieron ser
literatos ni filólogos. Quisieron ser testigos del misterio del Verbo hecho carne.
Cualquier aproximación que sea sólo histórica, filológica, literaria… quedará coja.
Patrística sería el nombre del estudio desde este punto de vista.
Expresión muy habitual. Se ha hecho una noción imprescindible para nombrar a unos
autores que van desde la época apostólica hasta la segunda mitad del s. II, excluyendo los libros
canónicos.
El uso de esa expresión nace en el s. XVII. Con ella se referían a los autores que habían
conocido y tenían relación con los apóstoles. Pero es difícil determinar si es cierto o no. Por
ejemplo: Clemente de Roma conoció a Pedro y Pablo.
Es una literatura variada y distinta, pero que se caracteriza por preocuparse de los
problemas que surgen en el ámbito de esas comunidades. El nombre de P. Apostólicos se da
para diferenciarlo de la Apologética.
Podemos encontrar desde unas notas medio-canónicas, hasta una carta, una circular, el
relato de un martirio, o un laico preocupado por la santidad de la Iglesia, o una homilía (la 2ª de
Clemente a los corintios, primera conocida fuera del canon).
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El primer texto que encontramos, el más primitivo, posiblemente anterior a la redacción
de Mateo, es La DIDACHÉ o Enseñanza de los Doce Apóstoles.
Esa evolución la vamos a ver en la misma Didaché. Hay quien las sitúa algunas en los años
40 (casi antes de las cartas de S. Pablo).
1ª: catequética – moral: usada para instruir a los que van a recibir el Bautismo, y que se
basa en la enseñanza judía de “los dos caminos”, en la que se introducen algunos retoques
cristianos. Son los seis primeros capítulos de la obra.
Cuando se descubre el escrito, a finales del s. XIX, el manuscrito aparecía con los títulos:
“Enseñanza de los 12 apóstoles” o “Enseñanza del Señor a las naciones por medio de los 12 apóstoles.”
Entonces, nadie pone en tela de juicio la autenticidad de esos títulos, por lo cual los estudiosos
pensaban que estaban ante un escrito pseudoepigráfico, es decir, atribuido a los doce apóstoles,
pero que no era suyo.
Pero en los primeros siglos, nadie conocía esta obra como “Enseñanza de los 12 apóstoles”,
sino que se conocía como “Enseñanza de los apóstoles”, estábamos ante una amplificación del
título de la obra como ocurrió con el libro de los “hechos de los apóstoles” que se llamó “hechos de
los 12 apóstoles”.
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Los apóstoles a los que se refiere no son los Doce, sino un ministerio itinerante existente
en aquellas comunidades, que aparecen en la obra y que se llamaban apóstoles.
Es una obra en la que se está recogiendo la praxis, lo que se hace, lo que se reza en aquellas
primeras comunidades cristianas.
1º: Catequético-moral: Los 2 caminos. Es una exposición de una enseñanza moral. “dos
caminos hay, el de la vida y el de la muerte y grande es la diferencia entre los dos caminos”. A
continuación va a explicar cuál es el camino de la vida y cuál es el camino de la muerte. Esa
manera de enseñar la moral tenía unos enormes precedentes en literatura judía. No estamos ante
una presentación original de las comunidades. Una enseñanza que también existía en el mundo
pagano (griegos) pero la manera de exponerla entronca más con la tradición judía que con la
pagana.
Las palabras que Dios dijo a Moisés: “Mira yo pongo ante ti vida y muerte, bien y mal” Dt
30,15. iban a tener muchísimo eco dentro del judaísmo, y después en la literatura cristiana. La
expresión “yo pongo ante ti vida y muerte” acaba convirtiéndose en una opción entre dos caminos,
como en Jr.:“Mirad así dice Yaveh: que yo os pongo el camino de la vida y el camino de la muerte”. Ese
tema va a ser recogido en la literatura judía intertestamentaria, en la literatura esenia, en la
rabínica.
Esa manera de enseñar la moral (muy catequética, sencilla y fácil) va a pasar a la tradición
cristiana de una manera casi obligada, porque Jesús hizo también referencia a ello: “Entrad por
la puerta estrecha porque ancha es la entrada y espacioso el camino que lleva a la perdición, mas, qué
estrecha la entrada y qué angosto el camino que lleva a la vida”.
En los seis primeros capítulos de la Didaché confluyen una amplísima tradición judía que,
incluso en el mundo judío, había llegado a dar lugar a un antagonismo entre los cosmológico y
lo metafísico, como una posición entre luz y tinieblas. En cambio, el didachista olvida por
completo esto.
La enseñanza, por tanto, es deudora de una amplia tradición, más aun, hoy la crítica
empieza a pensar que esos seis primeros capítulos de la Didaché no eran originariamente
cristianos, que eran un escrito judío. En esos seis capítulos hay un momento en el que el autor
ve que eso que está recogiendo está incompleto, que le falta algo. Y rompe la estructura y la
armonía para introducir “la sección evangélica”. Si quitásemos esa morcilla, el escrito sería
totalmente judío. Esa sección evangélica contiene dichos de Jesús, pero no proceden literalmente
de ningún evangelio en concreto. Esto lleva a pensar que no conoce ningún evangelio escrito,
pero sí las tradiciones que luego recogerán los evangelistas. No cita ninguna cita literal de
ningún evangelio, incluso en el momento en el que cita el Padrenuestro, éste está muy cerca del
de Mateo pero no es el mismo.
En la tradición judía de los dos caminos, éstos concluían con un epílogo escatológico: “este
es el camino de la vida, este es el camino de la muerte, el que escoja el camino de la vida conocerá la
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salvación de Dios y se salvará y el que vaya por el camino de la muerte se condenará”. Es decir, dos
caminos que conducían o a la salvación o a la perdición. La Didaché enseña una doctrina en la
que los dos caminos no acaban en salvación o perdición (novedad del didachista); el epílogo
escatológico se lo ha llevado al último capítulo de la obra; el cristianismo no es simplemente una
moral (los dos caminos que acaban en salvación o perdición). Él está tomando una tradición
judía, pero sabe que ahora hay algo más, tiene que introducir la obra salvífica de Dios tratando
de la Liturgia, el Bautismo, la oración, el ayuno, tratando de la Iglesia. Y ahora sí, al final estarán
la salvación y la perdición.
No sólo incluye esta morcilla en los seis primeros capítulos, sino que se da cuenta de que
la estructura de la obra salvífica de Dios no es una moral que acaba en la escatología, sino que
hay una obra salvífica de Cristo y de la Iglesia que hay que introducir en el misterio.
2ª: litúrgica: Se recoge la praxis habitual de aquellas comunidades en donde vamos viendo
como se van adaptando a las circunstancias de cada momento. Se ve claro en el Bautismo:
“En cuanto al Bautismo, bautizad de esta manera: después de haber dicho previamente todas esta
cosas, bautizad en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y bautizad en agua viva (agua
corriente, un río) sino con otro agua, sino puede ser fría pues con agua caliente y si no derrama tres veces
agua en la cabeza”. La comunidad se va adaptando a las circunstancias que van teniendo. “Y antes
del Bautismo ayune el que bautiza y el que va a ser bautizado, así como algunos otros que ayunen, pero el
que va a recibir el bautismo que ayune uno o dos días antes”.
Vemos como el que se va a bautizar está rodeado de algunos de la comunidad que incluso
ayunan con él.
“Vuestros ayunos no coincidan con el de los hipócritas, porque éstos ayunan el 2º y el 5º día de la
semana, vosotros ayunad el 4º (porque era el juicio de Jesús) y el día de la preparación (porque fue cuando
murió), (viernes).” Vemos como hay dos días de ayuno.
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Es curioso que en los cánones de los apóstoles se diga que si un sábado o un domingo
ayuna, o no bebe vino, o no lo celebra, que sea depuesto, porque tiene algo contra la creación,
porque eso no es cristiano. Tiene un trasfondo muy grande.
“Tampoco oréis como los hipócritas, orad como mandó el Señor en su evangelio”, y va a citar el
Padrenuestro, en una versión que no es la reseñada en Mateo, pero que se acerca bastante. Es
una forma de rezar el Padrenuestro que se ha perdido, pero que fue muy común en la Iglesia
primitiva; nosotros decimos: “más líbranos del mal” y habría que decir: “del maligno porque
tuyo es el poder y la gloria por los siglos”. No acaba con nuestro amén. Y así les manda orar tres
veces al día.
Después de haber hablado del ayuno y la oración, llegamos a unas oraciones que se han llamado
plegarias eucarísticas, que algunos piensan que se trata de las oraciones de la Eucaristía. Pero
podría tratarse de oraciones para comidas comunitarias que no fuesen la Eucaristía, más
adelante va a describir como son las eucaristías, y lo que ahí se dice coincide poco con estas
plegarias eucarísticas.
Están emparentadas con las oraciones de la comida judía. Son oraciones que se han llenado
de sentido cristológico y eclesiológico que no tenían las judías. Son muy primitivas: a Jesucristo
se le llama siervo como a David. No se las inventa el didachista, sino que está recogiendo
oraciones que están utilizando aquellas comunidades. Son bastante anteriores al 70 d.C.
Algunos las colocan entre el 30 y el 70, más cerca del 30 que del 70.
Al acabar las plegarias, el autor dice que a los profetas se les permita dar gracias cuanto lo
deseen. En las constituciones apostólicas se les llama presbíteros. Esta frase da paso a la sección
disciplinar.
3ª: Disciplinar: constituyen desde el cap. 11 hasta el 15. Han sido objeto de una discusión
terrible. Cuando apareció la Didaché (finales del s. XIX) el protestantismo liberal decía que en
el principio no había habido ministerios institucionales en la Iglesia, que no habían ministros
instituidos en ella, sino que los orígenes del cristianismo se caracterizaban por una especie de
ministros carismáticos. Cuando se encontró el texto, autores como Harnack dijeron que ahí se
encontraba el paso desde una jerarquía ministerial carismática a unos ministerios institucionales
del obispo, presbítero o diácono.
Es verdad que aparecen ministerios distintos a los que hoy conocemos, pero no son
descritos en función de lo carismático.
Hay que ir paso a paso, porque en esta sección disciplinar se pueden observar distintos
estratos que corresponde a distintos momentos de las comunidades. Hay que ir separándolos
porque van evolucionando. Empieza hablando de los profetas en la sección litúrgica, y luego
comienza a decir:
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“aunque venga para enseñaros todo lo anteriormente dicho, si el que enseña modifica y expone otra
doctrina no lo escuchen; si enseña para hacer crecer la justicia y el mandamiento del Señor, recibidle como
al mismo Señor”.
Estamos ante comunidades muy pequeñas y rurales, que no tienen ministros fijos. Se
comienza a hablar de unos ministerios que son los profetas, los doctores y los apóstoles. Vamos
a ver que se dice de cada uno. No se explica nunca en qué consiste la función del profeta, o del
doctor, o del apóstol. Lo que da son pautas para saberlos distinguir y para que no les tomen el
pelo.
“En cuanto a los apóstoles y los profetas, obrad así, según la enseñanza del Evangelio. Todo apóstol
que vaya a vosotros sea recibidlo como el Señor. Pero no permanecerá más de un día en la comunidad. Si
tuviese necesidad puede quedarse otro día. Si permanece tres es un falso profeta.”
Estamos en un momento en el que los ministerios son itinerantes, los ministros van de
comunidad en comunidad, donde pueden permanecer un día, incluso dos, pero no tres.
“El apóstol, a su partida, no recibirá nada más que pan hasta que se hospede (de nuevo). Si pide
dinero es un falso profeta.” Está advirtiendo a las comunidades.
“Por otro lado, a todo profeta que hable en espíritu (aquí es donde interpretaban los protestantes
el carácter carismático, pero en realidad significaba hablar con autoridad) no lo pongáis a prueba
ni lo juzguéis, porque todo pecado se perdonará, pero este pecado no será perdonado. Pero no todo el que
hable en espíritu es profeta, a no ser que tenga las actitudes del Señor. Así pues, por el estilo de vida será
conocido el falso profeta y el profeta. Todo profeta que manda en espíritu preparar una mesa (comida), no
comerá en ella, pues de lo contrario es un falso profeta”.
Hay una afirmación que aun hoy todavía se está estudiando: “Todo profeta que haya sido
probado verdadero, y que obre el misterio cósmico de la Iglesia, si no enseña a hacer cuanto él practica, no
será juzgado por vosotros, pues tiene su juicio con Dios”. “Al que diga en espíritu: dame dinero o cualquier
otra cosa, no lo escuchéis. Pero si dice que deis para otros que sufren necesidad, no lo juzguéis.”
Después de haber dado estas normas severísimas para estos ministros itinerantes, viene el
capítulo 12 dedicado a la hospitalidad cristiana: “Si el que viene está de paso, ayudadle cuanto podáis
(no se refiere a un ministro, sino a cualquier persona que pase por la comunidad cristiana), pero
que no permanezca más de dos días o tres si fuese necesario. (está avanzando) Pero si quiere establecerse
entre vosotros y tiene un oficio, que trabaje y coma. Si no tuviera oficio, atendedle según vuestra
conciencia, de manera que un cristiano no viva ocioso entre vosotros. Si no quiere obrar así es un
comerciante de Cristo. Guardaos de éstos.” (tiene más ventajas en la comunidad el cristiano que va
de paso, que el ministro que va de paso, esto era una manera de prever a los ministros que
quisieran otorgarse autoridad sin tenerla).
El capítulo 13 vuelve a los profetas y doctores. Pero aquí ya tenemos un sustrato nuevo,
estamos en un momento distinto. Hasta ahora eran ministros itinerantes que iban de comunidad
en comunidad. Las comunidades poco a poco han ido creciendo, ya ahora se permite que esos
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ministros, que eran itinerantes, se puedan asentar. “Todo profeta verdadero, que quiera establecerse
entre vosotros, es merecedor de su alimento. De igual manera el doctor verdadero, así como el obrero, es
también merecedor de su alimento.”
Pueden establecerse, y las comunidades deben acogerlos. “Tomarás todas las primicias de los
productos del lagar y de la era, de los bueyes y las ovejas y lo ofrecerás como primicia a los profetas, pues
éstos son vuestros sumos sacerdotes”.
Pero la picaresca puede surgir también por parte de la comunidad, no queriendo gastarse
nada de lo suyo en estos profetas, no queriendo por tanto que se establezcan, surgiendo entonces
una norma para evitarlo: “Si no tenéis profeta, dádselo a los pobres”.
En el capítulo 14 se comienza a hablar de las reuniones del domingo del Señor. “En cuanto
al domingo del Señor, una vez reunidos, partid el pan y dad gracias, después de haber confesado vuestros
pecados para que vuestro sacrificio sea puro. Todo el que mantenga contienda con su compañero, no se
reúna con vosotros hasta que se reconcilien, para que vuestro sacrificio no se profane.” Se habla de la
Eucaristía dominical donde, previamente, se hace confesión de los pecados.
En estos capítulos se observa una evolución del ministerio dentro de las comunidades de
aquella época.
La sección disciplinar plantea distintos momentos del desarrollo del ministerio en esas
comunidades.
Sólo después de haber descrito la salvación de Cristo, la liturgia concluye con el epílogo
escatológico. Lo que, en la tradición judía, seguía a los dos caminos, aquí se ha traspasado al
final, porque Cristo y la Iglesia son los específico del cristianismo.
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Hay que situar la redacción final de la obra en el año 70 d.C. (antes de Mt). Fue escrita
posiblemente por uno de esos profetas o doctores.
Es terrible contra el judaísmo, y a la vez es el escrito de los Padres Apostólicos que mejor
conoce el judaísmo, hasta el punto de que se ha llegado a pensar que el autor podría tratarse de
un rabino convertido. Conoce muy bien las tradiciones judaicas. Uno podría explicar los
procedimientos exegéticos del judaísmo con la manera de hacer exégesis del pseudo-Bernabé.
Tiene la estructura de un Talmud judío (Hadaka y Hadava).
No se sabe a qué se debe esta postura tan radical. No excluye el A.T., lo acepta y lo conoce
muy bien, y también conoce las tradiciones rabínicas. Dice que Israel no se enteró de nada. Es
más, que Dios no hizo alianza con el pueblo de Israel, porque rompió las tablas de la alianza
cuando Moisés baja del Sinaí y ve al pueblo idolatrando otros dioses.
Desde entonces toda la historia de Israel es un engaño, porque Israel no supo entender la
palabra de Dios. La comprensión del A.T. es mal interpretada. En lugar de descubrir el sentido
espiritual que tenía el A.T. se aferraron a su letra. Se aferraron a los sacrificios, a la circuncisión,
al sábado, al templo… cuando la interpretación que se tenía que hacer de esas realidades era
una interpretación espiritual, cristiana. El A.T. tenía que haber sido leído en forma cristiana
desde el principio, “pero un ángel perverso los engañó para que no comprendiesen el sentido de la
escritura, para que no pudiesen comprender el designio de Dios”. “No han existido dos economías, la Del
A.T. y la del N.T. sólo existe una economía, la cristiana, y su sentido no alcanzó a comprender Israel”.
Ratzinger: “El método histórico-crítico deja la interpretación cristiana del A.T. como ampliamente
discutible. Esto parece que favorece el dialogo con el judaísmo, según parece se podría admitir plena y
totalmente la interpretación judía del A.T. como la única históricamente fundada, al estilo judío. Pero esto
es engañoso, porque si el A.T. no habla de Cristo, entonces no es Biblia para los cristianos”.
En el cap. 4 dice: “Puesto que soy uno de vosotros y os amo a todos particularmente más que a mi
propia vida, os suplico que ahora prestéis atención a vosotros mismos y no os parezcáis a algunos,
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acumulando vuestros pecados y diciendo que la Alianza es de aquéllos y nuestra. Ciertamente, es nuestra.
Pero aquéllos la perdieron después de que Moisés la recibiera”.
Esta es una postura anormal dentro de lo que fue la postura eclesial de aquellos siglos.
Porque lo normal es ver que esas realidades tuvieron un sentido, que la historia de Israel es una
historia de salvación que culmina en Cristo, pero no un rechazo a todo lo que fue la comprensión
del A.T. por parte del judaísmo.
El escrito tiene dos partes claramente diferenciadas. Una primera (cap. 1-17) de carácter
fundamentalmente exegético-dogmático. Y una segunda, a partir del capítulo 18, de carácter
moral, que utiliza de nuevo la enseñanza del los dos camino, el de la luz y el de las tinieblas,
siendo grande la diferencia entre ellos; Sobre uno se encuentran los ángeles de Dios, portadores
de luz, y sobre otro los ángeles de las tinieblas.
No sabemos precisar la fecha de elaboración de esta carta. Está escrita después del año 70
–el Templo de Jerusalén ha sido derruido- pero ha de ser anterior al año 135, momento en el que
el Emperador quería construir un templo pagano en Jerusalén.
Se pensó que este escrito procedía de Alejandría, por la exégesis alegórica propia de la
ciudad egipcia, pero también hay muchos nexos con las tradiciones siro-palestinenses.
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El escrito lo llamamos “Epístola”, pero no se trata de una carta dirigida a nadie, sino más
bien de una “circular” dirigida a todas las comunidades conocidas por el autor.
Se piensa que tal vez este escrito fue motivado por la reacción al sínodo rabínico de Yamnia
donde se tomaron medidas contra el cristianismo. Además, fue un hecho que las comunidades
hebreas y cristianas tuvieron múltiples contactos, y no siempre cordiales, en estas primeras
décadas cristianas. El autor realiza una lectura cristológica del AT, lo que provoca conflictos con
los hebreos.
Algunos piensan que puede ser la respuesta a una oración que se incluye dentro de las 18
bendiciones judías. Pero sería una maldición, no una bendición.
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TEMA V.- CLEMENTE DE ROMA (CARTA A LOS CORINTIOS)
Sabemos muy poco de él, aunque fue un personaje de tal influencia en la iglesia primitiva,
que acabó siendo un personaje de leyenda. La primera novela histórica del cristianismo es la
“Recognitiones” Reconocimientos, en la que se narra la azarosa existencia de la familia de
Clemente. Clemente se pierde de pequeño y acompaña a Pedro por el mediterráneo, y va
descubriendo a su familia.
Clemente es un personaje histórico, que vive a finales del s. I. Es el Clemente que aparece
en una de las plegarias eucarísticas (Lino, Cleto, Clemente). Tercer sucesor de Pedro como
obispo de la iglesia de Roma.
Se le atribuyen muchas obras, aunque sólo se conserva esta carta a los corintios.
Es un personaje ligado a los apóstoles. De los Padres apostólicos es del único que podemos
decir que tuvo contacto con Pedro y Pablo, los conoció.
Se han dado muchas hipótesis sobre él, sobre si su familia era de una cierta alcurnia dentro
de Roma.
Hasta nosotros, sólo ha llegado la carta a los corintios. Carta que hay que situar entre los
años 95 y 98. Probablemente muere muy poco después. Esa carta (el obispo de Roma escribiendo
en griego), la escribe porque en Corinto ha tenido lugar un problema, unos individuos audaces
y arrogantes depusieron de sus cargos a los presbíteros que estaban al frente de la comunidad.
Un grupo que se había rebelado contra los presbíteros. Todavía el termino presbítero y el
termino episkopos eran ambivalentes.
Esta carta ha sido siempre objeto de una enorme atención, de enorme estudio,
especialmente por tres asuntos:
+ Origen de los ministerios: Cap. 42 y 44. El Padre envió a Cristo, Cristo envía a los
apóstoles, los apóstoles marchan a predicar por las ciudades y van estableciendo sus primicias
que son los obispos y diáconos, después de haber sido probados por el espíritu. El ministerio
tiene su origen en los apóstoles mismos, que lo regularon de acuerdo a las advertencias de
Cristo. Y la comunidad no tiene poder para destituir a los ministros porque el ministerio no
dimana de la comunidad sino de los apóstoles.
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+ Sucesión apostólica: es la primera carta donde aparece este tema. Los apóstoles, durante
su vida, eran los únicos que tenían potestad para establecer ministros. Pero Clemente indica que
después hubo otros hombres que ejercieron esa potestad (no dice quienes son pero dice que
existen). A la muerte de los apóstoles existían otros hombres que los sucedieron en el poder de
establecer ministros. No es la comunidad sino unos hombres determinados.
Pero hay que distinguir entre elegir y establecer, entre elegir y ordenar. Las comunidades
si podían elegir al obispo o al presbítero, pero no los podían instituir, el poder provenía por la
sucesión apostólica. La comunidad pasaba la noche en vela para elegirlos, y después se le
preguntaba a la comunidad por tres veces si estaban de acuerdo con la elección.
La carta se abre con el saludo habitual en las cartas cristianas de esa época: “La iglesia de
Dios que peregrina en Roma, a la iglesia de Dios que peregrina en Corinto”. Es una finura
teológica. La iglesia es de Dios, no de Roma ni de Corinto. Esa iglesia de Dios peregrina. De ahí
nos viene hoy a nosotros “parroquia”. La parroquia es la iglesia que peregrina.
Tras ese saludo, se disculpa por haber tardado tanto en afrontar el problema de Corinto.
Debido a una revuelta ocurrida en Roma, no determina cual es el problema, lo hace más
adelante.
Tras la introducción dirige una mirada retrospectiva hacia el pasado de la comunidad. Los
corintios debieron ser una comunidad complicada. Clemente no dice como era, sino que dibuja
los caracteres de una comunidad cristiana ideal:
“Erais todos de sentimientos humildes porque de nada os jactabais; preferíais obedecer a imponer, y
vuestra alegría era mayor al dar que al recibir. Contentos y confiados en los auxilios que Cristo os ofrecía
en vuestro peregrinar, con ansia abrazabais sus palabras en vuestras entrañas, y sus sufrimientos los
teníais ante vuestros ojos. Así os fue dada a todos una paz profunda y radiante, un deseo continuo por las
buenas obras; y una efusión plena de Espíritu Santo vino sobre todos. Llenos de santa voluntad, con buen
deseo, con piadosa confianza, levantabais vuestras manos a Dios todo poderoso, suplicándole que fuese
indulgente si en algo habíais pecado sin espontaneidad. Día y noche luchabais a favor de todos los
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hermanos para que por medio de la piedad y la comunión de sentimientos se salvase el número de los
elegidos. Erais puros, íntegros y no teníais resentimiento hacia los demás. Toda revuelta y todo cisma lo
considerabais detestable, llorabais por los pecados del prójimo, sus necesidades las juzgabais propias. No
os arrepentíais de hacer el bien, dispuestos para cualquier obra buena. Adornado de una conducta virtuosa
y santa, todo lo hacíais conforme a su temor: las órdenes y decretos del Señor estaban escritos en los tejidos
de vuestro corazón”.
A la descripción de este ideal comunitario sigue la censura por el desorden en el que viven
ahora. La paz, profunda y radiante de la comunidad, se ha esfumado porque han dado cabida a
la envidia que desata las pasiones del corazón.
Clemente quiere resolver el problema, pero antes aprovecha para dar un gran retiro
espiritual a la comunidad de Corinto. Pero esa humildad, de la que es ejemplo Cristo, no es una
excusa para no hacer lo que tenemos que hacer. La verdadera humildad no cede ante cualquier
pretensión. La verdadera humildad respeta siempre el querer de Dios, y no claudica ante los
intereses de los que se oponen a ella. Unámonos con los que construyen la paz en fidelidad al
querer de Dios, y no con los que quieren la paz con hipocresía. A veces llamamos paz a nuestros
politiqueos inmundos e infames, sin respetar la verdad, sin respetar la justicia ni el bien. Pero
eso no respeta el querer y la voluntad de Dios.
Esa paz no es para Clemente otra cosa que la creación misma. Mediante la creación Dios
no está llamando a la paz, la creación es una vocación a la paz y a la armonía. La creación grita
que Dios llama a los hombres a la paz y a la concordia. Y esa llamada es aun más fuerte después
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de la venida de Cristo, que ha venido a consumar y culminar la obra creadora. No se trata de
una paz fruto de pactos a cualquier precio, no una paz que prescinda de la voluntad de Dios;
sino una paz que se fundamenta en el querer de Dios.
Dios cumple sus promesas, y ha prometido que vendrá para consumar a los creyentes, y
por lo tanto, la comunidad eclesial ha de vivir como aquella que aguarda en todo momento la
venida de su Señor, actuando y viviendo de acuerdo con la elección de la que ha sido objeto. Ha
sido elegida para la santidad, por tanto hagamos lo que es propio de la santidad.
¿Cómo puede llegar uno a la santidad? ¿Cómo puede llegar uno a hacerse partícipe de los
dones de Dios, de la auto-donación divina? Hay un medio que es Jesucristo. Él ha hecho posible
que el hombre acceda a una vida nueva, y esa vida nueva se manifiesta en una manera de vivir.
Cap. 36: “Éste es el camino, amados, en el que hemos encontrado nuestra salvación, Jesucristo, el
sumo sacerdote de nuestras ofrendas, el defensor y socorro de nuestras debilidad. Por Él fijamos nuestra
mirada en las alturas de los cielos; por Él miramos como en un espejo el aspecto inmaculado de nuestro
corazón; por Él nuestro pensamiento necio y oscurecido florece a la luz; por Él quiso el Señor que
gustásemos del conocimiento inmortal, pues Él siendo resplandor de su grandeza, es tanto mayor que los
ángeles cuanto que ha heredado un nombre más excelente”
Jesucristo es quien configura la unidad de la Iglesia. Y, por ello, todos los miembros de la
comunidad eclesial han de mantenerse unidos como si fuesen un ejército donde hay diversidad
de cargos –unos más grandes y otros más pequeños-, pero sin los pequeños, los grandes no
pueden existir, ni los pequeños sin los grandes.
Recurre también al símil paulino del cuerpo donde la cabeza es nada sin los pies y, de igual
manera, los pies sin la cabeza. Después de poner estos ejemplos hace una aplicación a la
comunidad eclesial:
“Consérvese nuestro cuerpo en Cristo Jesús, y sométase cada uno a su prójimo tal como fu
establecido por su gracia. El fuerte cuide del débil, el débil respete al fuerte; el rico provea al pobre y el
pobre dé gracias a Dios por haber dado a alguien por medio del cual sea suplida su necesidad. El sabio
muestre su sabiduría no con palabras, sino con buenas obras. El humilde no se alabe a sí mismo; por el
contrario, deje que sea alabado por otro. El casto según la carne no se jacte, sabiendo que es otro el que le
otorga la fuerza”.
Estas últimas consideraciones le dan pie a Clemente para retomar el hilo desde el principio.
Hasta aquí llega la primera mitad de la carta, que ha sido como un gran retiro.
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retrospectiva hacia el pasado, pero va a ser una mirada más amplia, una mirada hacia el modo
en que Dios ha actuado en la historia de la Salvación en torno al sacerdocio y los ministerios.
Clemente se remonta al A.T. donde Dios no quiso que el sacerdocio y las ofrendas
quedasen a la arbitrariedad del pueblo, sino que determinó dónde y por quiénes se debían
realizar: “Al sumo sacerdote le fueron dados sus propios ministerios, y al sacerdote le fueron dado su
lugar propio y servicios propios urgían a los levitas. Y el hombre laico estaba sujeto a preceptos laicos”
(laicos del A.T.).
También para el nuevo pueblo de Dios, la Iglesia, hay un orden que ha de ser respetado.
Dios envió a Jesucristo, Jesucristo envió a los Apóstoles para que anunciaran el evangelio de
parte suya. “Así pues, Cristo de parte de Dios, los Apóstoles de parte de Cristo. Los dos envíos sucedieron
ordenadamente conforme a la voluntad de Dios”. Esta es la explicación del origen de los ministerios.
Es un orden histórico. Los Apóstoles, convencidos de la resurrección del Señor; obedientes al
mandato recibido de Él y confiados en la Palabra de Dios, recorrieron comarcas y ciudades
anunciando el Evangelio y estableciendo sus primicias. Estas primicias no son sino los obispos
y diáconos que establecían en esas comunidades para los creyentes. Además, para que en el
futuro no hubiese discordias en torno a los ministerios, establecieron la manera en que se había
de perpetuar el ministerio en las comunidades. El ministerio se perpetúa en la Iglesia a través
de una sucesión desde los Apóstoles, enviados de Jesucristo que, a su vez, es el Enviado del
Padre.
En la primera parte, a continuación Clemente mostró que ante el don de Dios, lo que
hicieron fue cocear contra Dios. Ahora baja al problema:
“A los que fueron establecidos por los Apóstoles, o después, por otros insignes hombres con la
conformidad de toda la Iglesia y a los que sirven irreprochablemente al pequeño rebaño de Cristo, con
humildad, callada y distinguidamente, alabados durante mucho tiempo por todos, no consideramos justo
que éstos sean arrojados de su ministerio. Pues tendremos un pecado no pequeño si a los que han ofrecido
los dones irreprochables y santamente los arrojamos del episcopado…Vemos, pues, que a unos que se han
portado bien, vosotros los habéis depuesto del ministerio que han honrado sin falta”.
“¿Por qué hay entre vosotros discordias, iras, disensiones, cismas y guerra? ¿Acaso no tenemos un
único Dios, un único Cristo, un único Espíritu de gracia que ha sido derramado sobre nosotros y una
única vocación en Cristo? ¿Por qué separamos y dividimos los miembros de Cristo y nos rebelamos contra
el propio cuerpo y llegamos a tal locura que nos olvidamos de que somos los unos miembros de los otros?”.
“Vuestro cisma extravió a muchos, empujó a muchos al desaliento, a muchos a la duda, a todos
nosotros a la tristeza, y vuestra revuelta es tenaz”.
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“Amados, vergonzoso, muy vergonzoso e indigno de la conducta en Cristo es oír que la solidísima
y antigua Iglesia de los corintios se ha rebelado contra los presbíteros a causa de una o dos personas. Y
esta noticia no sólo ha corrido hasta nosotros, sino también hasta los que piensan de distinta manera a la
nuestra, de modo que por vuestra insensatez también las blasfemias se dirigen al nombre del Señor y os
acarreáis un peligro”.
En la primera parte de la carta, Clemente había propuesto que era necesario recobrar la
paz, lo había hecho mostrando cómo la creación de Dios era una vocación a la paz. Ahora, en
esta segunda parte, tras la ruptura de la comunión eclesial, Clemente pide que se echen a los
pies del Señor para restablecer el amor fraterno. Hay que entrar con humildad por la puerta de
la justicia, por la puerta que da acceso a la vida, por la puerta que es Jesucristo. Ni la ciencia, ni
la sabiduría, ni la castidad son suficientes si uno no entra con humildad por esa puerta. “El que
tenga amor a Cristo, que cumpla sus mandamientos”. Y Clemente va a entonar su particular himno
a la caridad, de clarísima inspiración paulina, pero distinto:
“La altura, a la que nos conduce el amor, es indescriptible. El amor nos une a Dios; el amor cubre la
muchedumbre de los pecados; el amor todo lo soporta; tiene paciencia con todo. En el amor nada es vulgar,
nada soberbio. El amor no ocasiona cisma, el amor no se subleva, el amor todo lo hace en armonía. En el
amor alcanzaron la perfección todos los elegidos de Dios; sin amor nada es agradable a Dios. En el amor
nos acogió el Señor. Por el amor que nos tuvo, nuestro Señor Jesucristo dio su sangre a favor nuestro por
voluntad de Dios y su carne a favor de nuestra carne y su alma a favor de nuestras almas”.
Y de nuevo Clemente vuelve a colocar a los corintios ante el Crucificado, ante Aquél que
ha dado la vida por amor. El amor es algo que conduce a mirar más por el por el bien del prójimo
que por los propios intereses, a velar más por la comunión eclesial que por uno mismo. A pensar
de que no es la comunidad eclesial la que está a mi servicio, sino yo al servicio de la comunidad
eclesial.
“Los que se comportan con temor y amor desean más caer en ultrajes ellos mismos que el prójimo;
soportan mejor su propio menosprecio que el de la concordia, que bella y justamente nos ha sido
transmitida”.
Por eso Clemente pide que los cabecillas de la revuelta reconozcan su falta, para que no se
endurezca su corazón. Y les pide que actúen con un amor generoso hacia la comunidad eclesial,
incluso en perjuicio suyo. Les propone el destierro de la comunidad:
“Así pues, ¿Quién de vosotros es generoso, quien compasivo, quien repleto de amor? Diga: Si por
mi causa sucedió la revuelta, la discordia y los cismas, me marcho, me voy a donde queráis y hago lo que
sea mandado por el pueblo con tal de que el rebaño de Cristo se mantenga en paz con sus presbíteros
establecidos”.
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“El que haga esto se procurará una gran gloria en Cristo y cualquier lugar lo recibirá, pues del Señor
es la tierra y su plenitud. Los que han vivido así llevaron y llevarán la conducta de Dios de la que no cabe
arrepentirse”.
Actuando así, no harán sino lo que otros, incluso paganos, han hecho por amor a su pueblo.
Se dirige con una autoridad terrible. Es más en el cap. 59 llega a decir: “Si algunos desobedecen a
lo que ha sido dicho por Dios, por medio de nosotros sepa que se ligarán a una falta y peligro no pequeño”.
Habla con una autoridad tremenda. Hagan lo que hagan, la Iglesia no dejará de orar
fervientemente por ellos, lo que aprovecha Clemente, para ofrecer, hacia el final de la carta, un
bellísimo texto que quizás no pertenezca a él, sino una oración que formaba parte de la liturgia
eucarística de la comunidad de Roma.
Es en Antioquía donde por primera vez los discípulos recibieron el nombre de cristianos.
En estas cartas es la primera vez en que aparece el término cristianismo.
Antioquía era una gran ciudad, evangelizada muy prontamente, tanto los judíos como los
griegos. Cuenta con evangelizadores de primera línea como Bernabé, Pablo y Pedro.
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¿Por qué si fue detenido en Antioquía lo llevaron para cumplir la condena a Roma? Porque
Roma necesitaba condenados para sus espectáculos.
En el camino hasta Roma Ignacio va a escribir 7 cartas, a través de las cuales se puede
reconstruir el itinerario que siguió. En ese itinerario (mirarlo en el libro), a medida que va
pasando por las distintas comunidades, se va enterando de los problemas que hay en ellas. Estas
salen al encuentro del mártir. Se acercan sobornando a los guardias. Hay un fondo común en la
Iglesia para atender a aquellos que son detenidos en la cárcel, para llevarles comida, y también
para celebrar la eucaristía dentro de ella si hace falta. Ignacio escribe una de sus cartas para
decir a la iglesia de Roma que no mueva sus influencias porque anhela el martirio.
Tenemos esas 7 cartas, pero no sabemos totalmente qué pasó en Roma. Las actas
martiriales que se conservan relatando su martirio, son muy tardías y sin valor histórico.
Esas cartas, han sido objeto de discusión el s. XX . Pero muy pronto, hacia el s. IV, no sólo
se encuentran 7 cartas, sino 13 e incluso las 7 que conocemos por Eusebio de Cesarea son más
largas. Alguien ha introducido pasajes y ha compuesto otras 6 valiéndose de la autoridad de
Ignacio para hablar de ministerios que en tiempo de Ignacio no existían: subdiácono, ostiario…
Aparte de eso, se han conservado 3 cartas más breves en siriaco. Por eso se habla de la recensión
media, la larga y la breve.
Sobre estas cartas hubo una discusión enorme. Son las que, por primera vez, testimonian
que se han definido con claridad los ministerios de obispo, al frente de una asamblea de
presbíteros, y con sus diáconos. Los 3 ministerios aparecen perfectamente testimoniados y
definidos. Eso fue objeto de un debate enorme.
A finales del XIX se llegó a la conclusión de que la recensión de las 7 cartas es la auténtica.
La media es la auténtica. Durante el s. XX hubo una gran discusión sobre esas 7 cartas, porque
a la teología contemporánea le sentaba mal que a principios del s. II estuviesen tan bien definidos
los ministerios de obispo, presbítero y diácono.
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Las cartas son un testimonio precioso sobre cómo en estas primeras comunidades
cristianas hay una gran discusión sobre cómo concebir a Cristo, sobre quién es. La cristología se
está discutiendo muy fuertemente.
Es la primera vez que aparece de modo decisivo el lugar del obispo, de los presbíteros y
de los diáconos. Ya aparece clara para Ignacio y no en otros autores.
Las cartas han surgido por un motivo: en sus varios viajes, se da cuenta que se necesita ayuda
espiritual y material a los mártires.
Y entre otras cosas, se da cuenta de las problemas de estas comunidades y quiere salir al paso.
Las frases se comienzas pero no se terminan.
En estas cartas hay una profundidad inmensa.
Su pasión por Cristo aparece en todas partes en estas cartas.
Había distintas concepciones de Cristo y él quiere salir al paso. En algunas no hay
problema en hablar de la divinidad de Cristo pero no sabían cómo compaginarla con su
verdadera humanidad. (docetas)
En su viaje desde Antioquía de Siria hasta Roma va tomando noticia de los problemas que
aquejan a las diversas comunidades con las que trata. Tenían problemas entre ellos de división,
de distintas concepciones… y uno de los más importantes es el Cristológico (la única carta en
la que Ignacio no habla de problemas es en su carta personal que dirige a la Iglesia de Roma, ya
que de lo único que habla es de su anhelo de martirio, pero no habla de los problemas de la
comunidad de Roma [porque no la conoce personalmente]).
Cuando Ignacio va camino del martirio percibe cómo en aquellas comunidades hay
distintas concepciones acerca de Cristo. Él, en esa carta a los romanos, dice: “de nada me servirán
los confines del mundo ni los reinos de este siglo, para mí es mejor morir para Jesucristo que reinar sobre
los confines de la Tierra. Busco a aquel que murió por nosotros y quiero a aquel que resucitó por nosotros”.
Pero había otras maneras de concebir a Cristo. Planteamientos cristológicos distintos e incluso
enfrentados e incompatibles. Las cartas reflejan las tensiones que había.
-
>(dokeo) aparentar, parecer. El docetismo sigue siendo un problema actual. Son aquellos que
no tienendo reparo alguno en admitir la divinidad de Cristo, lo que no ven es la manera de
compaginar esa divinidad con su humanidad. Por ello dicen que su humanidad era apariencia,
aparentaba ser hombre. Dentro del docetismo hay distintas posturas.
Ignacio se enfrenta con algunos que pensaban que la humanidad de Cristo era pura
apariencia. Era Dios verdadero, que aparentaba haber nacido como hombre, que vivió como
hombre, que aparentaba haber padecido y haber resucitado.
De ahí vamos a encontrar a lo largo de las cartas todo un conjunto que van a recordar lo
que luego van a ser las profesiones de fe, los credos y símbolos. Por ejemplo el que hay en el
cap.9 de la carta a los tralianos:
32
“Haceos los sordos cuando alguien os hable a no ser de Jesucristo, el de la descendencia de David, el
hijo de María, que nació verdaderamente, que comió y bebió, que fue verdaderamente perseguido en tiempo
de Poncio Pilatos, que fue crucificado y murió verdaderamente a la vista de los seres celestres, terrestres e
infernales. Él resucitó verdaderamente de los muertos”
Su insistencia está motivada para salir al paso de aquellos que no teniendo problema en
reconocer la divinidad de Cristo, si la tenían en reconocer su verdadera humanidad.
Entre estos polos se va a desarrollar la cristología de Ignacio. Frente a ellos sólo cabe la
profesión de “Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre”. En la carta a Policarpo
encontramos este pasaje: “aguarda al que está por encima de todo acontecimiento, al intemporado, al
invisible que se hizo visible por nosotros, al impalpable, al impasible que se hizo pasible por nosotros, al
que por nosotros padeció de todas las maneras”. Ese Cristo, verdadero Dios y verdadero hombre,
Dios hecho hombre, es la clave y el fundamento para Ignacio de toda la existencia humana, y
partir de Él todo es relativo.
Es el autor en el que vamos a encontrar una primera reflexión sobre la teología trinitaria
muy incipiente. No podemos encontrar un tratado de teología, pero deja caer numerosas
alusiones que están dando a entender que se ha comenzado una reflexión acerca de la
preexistencia de Cristo.
Para Ignacio, el altísimo Dios urdió el designio de creación y salvación en el silencio. Que
fue entonces cuando Dios hace salir de sí a su logos para llevar a cabo una economía de creación
33
y salvación. Cuando Ignacio habla de ese logos que sale del Padre, en el horizonte teológico del
s. II es estar hablando del nacimiento del Hijo de Dios. Con la designación de “logos” (Palabra),
se está aludiendo a la ruptura del esquema de Dios, a la apertura del Dios trascendente, a la
posibilidad de que pueda haber una inmanencia, que pueda haber algo fuera de eso. Los
nombres que Ignacio da al Hijo preexistente, son nombres que aluden al que va a ser el mediador
entre el Padre y todo lo que venga después; por eso se le llamará a Cristo “el nombre por el cual
vamos a conocer al Padre”. Al Hijo lo llama “conocimiento de Dios”, por quien conocemos a
Dios. Lo llama “el designio de Dios”, aquel por el cual Dios va a llevar a cabo su designio y por
el cual vamos a conocer su designio.
Habla del Hijo antes de la creación. Y a esta Hijo Ignacio le va a dar un titulo –gnome- que
es difícil de traducir, se podría hablar de querer y pensar, lo intelectivo y lo volitivo.
En Él encontramos el pensamiento y el querer de Dios
El Hijo empezó a manifestarse antes de la creación.
Salm 33 “Habló y fue hecho”.
Presenta a JC en el AT.
Le interesa sobre todo los misterios de JC. Pero se concentra sobre todo en la encarnación.
Esto es lo que sobre todo quiere subrayar: que ha tomado carne, que es verdadero hombre.
Este Hijo que se encarna, fue impasible y invisible..y ahora se hace carne.
Algunos autores han querido adivinar en las expresiones de Ignacio que ya está presente,
aunque no explícitamente, las dos fases en la generación del Hijo. Cuando los cristianos
reflexionan sobre el Hijo (¿Cómo Dios puede tener un Hijo?) tienen que empezar a ver cómo lo
explican. Cómo afirmando que Dios es Padre y Dios es Hijo, sin embargo es un único Dios. Una
reflexión que van a utilizar mucho es una que se había dado en la filosofía estoica.
Reflexionando sobre el lenguaje, al hablar de la palabra, distinguían entre la palabra interior y
la exterior. Yo puedo tener una palabra en mi interior, no la pronuncio, está dentro de mí, sólo
la conozco yo (es la palabra interna), pero puede haber un momento en que esa palabra interna
la pronuncio hacia fuera, la externalizo (la palabra proferida).
Parece que en Ignacio está presente esta distinción entre la Palabra interna del Padre y la
Palabra que engendra el Padre hacia fuera. Sea lo que sea, Jesucristo es el pensar y el querer de
Dios, la Palabra que expresa el querer y el designio de Dios. De ahí que Ignacio siempre tienda
a presentar la unidad de voluntad entre el Padre y el Hijo, un mismo querer. El Hijo salió del
Padre para llevar a cabo los designios paternos en obediencia a Él, tratando de darle a conocer.
Hasta el punto de que apartarse de las enseñanzas de gracia de Jesucristo es apartarse de la
voluntad de Dios. Mirando a Cristo conocemos todo lo que es todo el querer de Dios. Es el
depositario de los misterios de Dios que lleva a cabo la obra creadora de Dios. El Padre lleva a
cabo la obra de la creación por medio del Hijo.
“Hay un único médico carnal y espiritual, creado e increado (corruptible e incorruptible), en la carne
ha llegado a ser Dios (no dice Dios hecho carne), en la muerte ha llegado a ser vida verdadera, con
origen en María y con origen en Dios, primeramente pasible y después impasible, Jesucristo nuestro
Señor”.
Está hablando de cómo aquellos que predicaban a Cristo son como perros rabiosos que
muerden y provocan una herida que es difícil de curar. A continuación dice que hay un médico
capaz de curar esas heridas, hay un solo médico carnal y espiritual…
En una primera lectura puedes pensar que es un himno que habla de la humanidad y de
la divinidad de Cristo. Si se pasara una línea que atravesase por el centro quedaría a un lado los
caracteres de la humanidad y al otro los de la divinidad.
Pero cuando se empieza a leer detenidamente saltan a la vista dos problemas: en la carne
llegó a ser Dios, parece que habla que la carne llega a ser Dios y no de Dios que se hace carne
(aunque no se nos olvide que Ignacio cree que el Verbo se ha hecho carne). El segundo problema
es el de primero pasible y luego impasible ¿no sería al revés, que el impasible se hizo pasible
por nosotros como dice la carta a Policarpo? Pero aquí no dice eso.
35
Carnal..no tiene inconveniente a decirle de Él porque este adjetivo meno que en una
ocasión lo relaciona al termino espiritual.
Los apóstoles: después de la resurrección tocaron y creyeron fundiéndose con su carne y
su espíritu.
A la dimensión de la carne se añade la del espíritu.
La resurrección ha traído algo nuevo: y esto Ignacio la refleja en la relación de JC cn el
Padre atribuyéndola al ES.
Pero, ¿Qué ha ocurrido en el que se hizo pasible? Le llama carnal y espiritual. Curioso que
lo que para nosotros es un adjetivo peyorativo (carnal) la primera teología lo está usando
tivo (Ef. 8). En las
“Y cuando Jesucristo, vino a los que estaban alrededor de Pedro, les dijo: Tomad, tocadme y ved que
no soy un fantasma incorpóreo”.
Jesús, incluso después de su Resurrección sigue poseyendo una carne pero la Resurrección ha
aportado una novedad con respecto a su anterior condición de carnal, y esta novedad, Ignacio
la sustantiva en una especial relación con el Padre que se atribuye al Espíritu. Algo ha
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No puede estarse refiriendo al logos que ya era uno con el Padre antes de la creación, sino
que tiene que referirse a lo carnal de Jesús, a su humanidad. Señala: “Cristo, aunque ahora ya no
lo podemos ver, no nos es visible, se manifiesta con mayor poder que antes por la fuerza del Espíritu”.
resurrección, y ese adjetivo del Espíritu, va a estar luego presente en los autores que estudiaremos
después como Ireneo, Hipólito o Hilario.
Carnal y espiritual, no como una oposición, sino viendo cómo la realidad del espíritu
puede tomar la carne “para que todo lo que hagáis, incluido lo que hacéis con la carne, sea espiritual”.
En la carne llegó a ser Dios. No se habla que Dios se hizo carne. Se habla de una
divinización de la carne. Indica un proceso, un dinamismo. Es la misma teología que veremos
más desarrollada en Ireneo o en Hilario de Poitiers. De hecho, en el s. V, estas expresiones se
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hacen problemáticas, la gente ya no las entiende. Cuando por ejemplo Teodoreto de Ciro cita
este pasaje de Ignacio, ya no lee “en la carne llegó a ser Dios” sino que dice “Dios en el hombre”,
pero esto es otra cosa.
La palabra agennentos es un título que se le da siempre al padre.
Pero esta palabra va unida a la corruptibilidad.
JC por la resurrección se hace incorruptible, y en la carne corruptible llega a ser
incorruptible.
La expresión “en la carne llegó a ser Dios” hay que ponerla en relación con otros pasajes
de las cartas de Ignacio. “cuando los apóstoles, después de la resurrección, lo tocaron y creyeron,
entonces fueron capaces de despreciar la muerte y de estar por encima de ella”. Esa actitud de los
apostoles es similar a la que Ignacio describe a propósito de sí mismo, la experiencia de los
apóstoles es la experiencia de Ignacio: “Todo lo soporto para sufrir con Él, porque habiendo llegado a
ser Cristo el hombre perfecto me fortalece”. Expresión unida a la de “economía del hombre nuevo”
que es Jesucristo (Ef. 20). El progresar de Cristo hacia la perfección culmina en su Resurrección,
precisamente cuando los apóstoles fueron fortalecidos para afrontar la muerte, como ahora
Ignacio también es fortalecido para afrontar el martirio. También Ignacio quiere alcanzar la luz
pura para llegar a ser hombre verdadero, plenificado según el designio relativo al hombre nuevo
y perfecto que es Jesucristo. Él quiere también llegar a esa perfección, para ello tiene que pasar
por la muerte, por el martirio. El camino que va de la Encarnación a la Resurrección de Cristo
es el camino del perfeccionamiento, de la culminación de la su humanidad, porque así llega a
ser el hombre nuevo y perfecto, el hombre que en la carne llega a ser Dios, en que su carne es
divinizada.
“De María y de Dios”.. Habla del nacimiento de María y tb del nacimiento de Dios después
de la resurrección. La resurrección es fruto del poder, del querer y bondad del Padre.
Su humanidad se presenta abierta a un designo que da la plenitud.
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TEMA VII.- CARTA DE LA IGLESIA DE ESMIRNA A LA IGLESIA
FILOMELIO. (MARTIRIO DE POLICARPO)
De los escritos, lo más importante es el conocido como “El martirio de Policarpo”, aunque
se debería llamar: “carta de la iglesia de Esmirna a la iglesia de Filomelio”. En Esmirna ha
muerto mártir el obispo de la ciudad, Policarpo. En Filomelio se han enterado, y desde allí
escriben a la comunidad de Esmirna preguntando qué ha pasado con Policarpo, cómo han sido
sus últimos días y qué ha ocurrido. La iglesia de Esmirna escribe una carta a la de Filomelio
narrando los últimos días de Policarpo, el martirio de Policarpo.
Estamos ante una carta que se convertirá en modelo para la literatura martirial. Al hilo de
ella hablaremos de la literatura martirial. Se describe el martirio de Policarpo a la luz de la Pasión
de Cristo. El mártir es visto fundamentalmente a la luz de la Pasión de Cristo, por eso todo
aquellos detalles que puedan coincidir con lo que le ocurrió a Cristo van a ser fuertemente
subrayados. Es un martirio conforme al evangelio, que no es buscado. Sale al paso del
montanismo que estaba naciendo y que invitaba al martirio, exigía y buscaba el martirio.
A veces nos hemos hecho una idea un poco extraña sobre los relatos martiriales. Creemos
que es simplemente el relato de unos hechos, pero cuando se estudian, uno se da cuenta que
hay además una lectura teológica sobre el martirio, lecturas teológicamente diversas. No
debemos ser ingenuos de pensar que simplemente nos están relatando los hechos, sino que se
está superponiendo una lectura teológica. Esta no invalida los hechos, sino que los hechos dan
pie a hacer una lectura teológica, que incluso puede ser herética. Por ejemplo, ¿Dios quiere
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mártires? NO, porque si quisiera, querría que alguien matara. Sin embargo hay relatos
martiriales donde lo que se manifiesta es que el corazón del verdugo está en manos de Dios,
por lo que ¿Quién es el malo, el asesino o el que ha hecho que el verdugo te mate?
Además sabemos que esa contestación está muy cerca de los hechos que han acontecido,
porque dice el autor de la carta que están a punto de celebrar el “días natalis”, que es el
aniversario del martirio. Es un término que los cristianos no sólo aplican al mártir sino a todo
cristiano que muere, es el día de su nuevo nacimiento. Por lo tanto, todavía no ha trascurrido
un año desde que ocurren los acontecimientos hasta que se escribe la carta. Es decir, está escrito
por aquellos que han convivido con Policarpo, que han conocido los hechos y que escriben a la
iglesia de Filomelio.
Pero, como hemos dicho, no es sólo un relato de los acontecimientos, detrás hay una visión
teológica del martirio, se quiere dar una concepción determinada del martirio, en este caso cómo
tiene que ser el martirio según el evangelio. En esta carta se insiste tanto en el martirio según
evangelio porque están naciendo concepciones del martirio que no son aceptables. Por eso el
relato se inicia hablando de unos apóstatas, los frigios,que en un primer momento se habían
entregado voluntariamente al martirio, pero cuando se vieron delante de las fieras apostataban.
Narran los hechos para mostrar que eso no es un martirio, que uno no se puede entregar al
martirio.
¿Quiénes son los frigios? Probablemente habla de un grupo que surge por esas fechas que
se llama: “los montanistas”. Grupo exaltado que nace en la región de Frigia, cristianos que
piensan que el mundo se va a acabar inmediatamente y que, por lo tanto, están exhortando a
que nadie se case, a que rompan todas las relaciones con la realidad mundana y que se entreguen
al martirio para acabar ya con todo.
Frente a esa entrega voluntaria al martirio, el autor de la carta, no sólo relata aquello que
le ha ocurrido a Policarpo, sino que tras ello quiere mostrar cual debe ser la concepción adecuada
del martirio: uno no puede entregarse voluntariamente al martirio.
Este es el primer relato martirial que ha llegado a nosotros de la iglesia primitiva, pero, a
partir de aquí, va a nacer una abundantísima literatura martirial.
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+ Por un lado hay una razón apologética. El martirio, en aquel momento, es una condena
de muerte. Ser condenado a muerte es un horror en aquella sociedad, escandaloso, oprobioso.
La ética del imperio consideraba a los ajusticiados como algo de lo que la sociedad tiene que
desprenderse, gente nefasta para la sociedad. El cristianismo quiere recuperar de alguna manera
la novedad de estos ajusticiados, que no son delincuentes ni deshechos de la sociedad.
+ Hay una razón también de tipo histórico. Existen otras comunidades que quieren saber
lo que ha pasado y la comunidad quiere guardar memoria. Si la sociedad, por un lado, los
considera delincuente, la comunidad cristiana los considera el supremo testimonio. Es
importante guardar la memoria de algo que le ha ocurrido a alguien cercano, con los que se ha
convivido.
+ Razones catequéticas. Estos relatos iban a servir para educar catequéticamente, para
trasmitir una catequesis a la comunidad. Sobre todo en épocas más tardías. Ahora la comunidad
sabe lo que es un mártir, porque normalmente han conocido de entre los suyos a alguien que ha
muerto mártir. Pero va a llegar un momento en el que esos martirios ya no existan, después del
s. IV se contemplan ya muy alejados, o la realidad del martirio no forma parte de la comunidad
cristiana habitualmente. Entonces volver a leer esos relatos es hacer una catequesis sobre el
martirio.
También va a ocurrir que con el paso del tiempo el mártir va a quedar como alejado de la
realidad cotidiana del cristiano. Desde el principio, los cristianos van a tener la costumbre de
que en el aniversario del mártir se reúna la comunidad en torno a su sepulcro para celebrar la
Eucaristía.
Se han llegado a encontrar las listas con los nombres de los mártires y todo lo ocurrido en
su martirio.
Pero al perderse la noción, llega un momento en el que la gente se pregunta que quién era
ese, y se comienzan a escribir actas martiriales absolutamente fantasiosas. En un principio eran
actas breves y escuetas, donde el juez pregunta al mártir y éste contesta con una sencillez
enorme, donde se le incita a apostatar, y ante la negación de hacerlo de nuevo es enviado a la
cárcel donde sufre torturas y nuevas interrogaciones, acabando con la sentencia de la pena de
muerte.
Cuando nacen los relatos posteriores ya no son tan simples ni tan sencillos. El mártir ya se
convierte en una especie de Rambo, porque se van describiendo torturas terribles, una tras otra
y el mártir no muere ni a tiros, incluso insulta a los jueces, haciéndoles unos discursos teológicos
terribles. Todo esto denota que son relatos fantasiosos. No pretendían engañar a nadie, no son
históricos, y son conscientes de ello, pero lo que pretenden es exhortar a la comunidad a ser
valiente. Muchos de esos relatos son iguales, aunque cambiando el nombre del mártir.
Por un lado se habla de actas martiriales y por otro lado se habla de pasiones martiriales.
Se pretende distinguir dos tipos de escritos. Las actas tenían las trascripción de un proceso
jurídico de un mártir o de un grupo de mártires. Normalmente, cuando se llevaba a cabo un
proceso martirial, había un notario que iba tomando nota, describiendo como se había
constituido el tribunal, quien es el que preguntaba, quien es el que respondía y de qué manera.
De esto quedaban copias en los archivos judiciales del imperio. Después, los cristianos
compraban a los funcionarios copias de esos documentos. Normalmente son documentos en los
que se trascriben las preguntas y respuestas entre el juez y el mártir, lo que dan a esos relatos
un cierto carácter dramático. Se trata de documentos muy escuetos en los que aparecen los datos
más importantes para confeccionar un documento público: fecha, nombres del presidente del
tribunal y del acusado/s, condición social. Siguen de manera muy escueta las preguntas del juez
y las respuestas del acusado, y a veces se cuentan las torturas sufridas.
El día del aniversario de la muerte del mártir se lee en la Iglesia el acta martirial.
Como algo distinto aparecen las Pasiones martiriales. Ya no sólo relatan los
acontecimientos y el proceso jurídico, sino que se narra también todo lo ocurrido desde su
detención, cómo ocurrió, de qué manera se lo llevaron, el proceso… (Por eso a esta carta se la ha
llamado en ocasiones la Pasión de Policarpo). Se describe lo que ocurría en la prisión y si recibía
visitas de las comunidades cristianas. Ejemplo de relatos de pasiones martiriales son los de
Perpetua y Felicidad.
Es una obra que siempre se cita como: “El pastor de Hermas”. Lo cual ha conducido a
pensar que es el título de la obra. Pero Hermas es el autor de la obra que se llama “El Pastor”.
Una obra, que si uno tiene mucho tiempo para dedicarse a ella, para leer con detenimiento
y paciencia, descubrirá que es una obra enigmática y preciosa, llena de imágenes apocalípticas.
En la primera iconografía cristiana hay una única vez en la que aparece una de las imágenes de
la obra.
El autor comienza a escribir la obra a finales del siglo I. Tenemos distintos momentos de
su composición. Comienza a escribirla a finales del s. I, en tiempos de Clemente de Roma, y
acaba a mediados del s. II.
43
Hermas es un liberto. Ha sido un esclavo que ha conseguido la libertad, y no sólo eso, sino
que ha conseguido hacer fortuna. Más aun, es hermano de uno de los obispos de Roma, el Papa
Pío.
A lo largo de la obra, Hermas se descubre una serie de datos autobiográficos. Casado con
una mujer que habla mucho, tiene hijos que han traicionado a sus padres, que los han delatado.
La obra que ha llegado a nosotros tiene tres partes claramente diferenciadas. 1) Cinco
visiones de claro sabor apocalíptico, 2) Doce mandamientos de carácter parenéticos y 3) Diez
parábolas o comparaciones en las que se alternan lo parenético y lo apocalíptico.
Es una obra que no se compone de una sola vez, sino que lo va haciendo a lo largo del
tiempo. Por eso vamos a ver cómo una misma imagen utilizada de una determinada manera en
la primera parte de la obra, en otra vuelve a utilizarla pero con otro significado, le da otro
planteamiento. Es el fruto de un largo proceso de composición, donde Hermas ha ido
rehaciendo la obra.
La obra de Hermas es una obra muy preocupada por la Iglesia y por la necesidad de
conversión. Lo que quiere mantener es que esa Iglesia que él está viviendo, necesita conversión.
Hay un personaje con mucha enjundia que se le aparece a Hermas, una anciana que le
muestra la construcción de una torre. Se está construyendo una torre que tiene un simbolismo
eclesial, es la construcción de la Iglesia que se levanta sobre las aguas, porque nuestra vida fue
salvada y se salvará por el agua. Torre que se construye sobre el bautismo, y que está cimentada
sobre la Palabra del Nombre Todopoderoso (Cristo).
Va a mostrar cómo para la edificación de esa torre se utilizan piedras que se ajustan para
ir construyendo esa iglesia. Por un lado hay piedras cuadradas brillantes y blancas que
simbolizan a los apóstoles, a los obispos, a los diáconos, al mártir, a aquellos que han caminado
en santidad. Luego se van acarreando otras piedras que son tomadas del abismo y que se van
utilizando para la construcción, se tienen que colocar de tal manera que se ajusten unas a otras
de forma que no se perciba que hay separación entre ellas, van entrando en una comunión donde
es imposible distinguirlas.
Pero hay piedras que se van acercando para construir la torre y son desechadas por los
ángeles. No sirven para construir la torre. Esas piedras son los creyentes que necesitan
convertirse y arrepentirse, serán útiles para la construcción de la torre, pero si se convierten.
Hermas pide que se le explique por qué apareció la anciana y por qué a lo largo de las
visiones, esa anciana ha ido cambiando de aspecto. Se le revela que esa anciana es la Iglesia
porque es la obra primera de Dios; aparece el tema de la Iglesia preexistente, Dios no pensó su
historia de salvación sin la Iglesia. La primera vez aparece muy anciana y sin fuerzas, sentada,
porque representa el espíritu marchito y viejo con el que viven los creyentes; porque la Iglesia
está compuesta de creyentes que se asemejan a algunos ancianos que, habiendo perdido la
esperanza de la juventud, no esperan otra cosa que el sueño de la muerte.
Esa anciana cambia de aspecto, en un segundo momento le pide a Hermas que anuncie
que se tienen que convertir. En la segunda visión la anciana aparece de pie con aspecto más
joven y alegre, aunque la carne y los cabellos siguen siendo viejos. El aspecto de la Iglesia se
había trasformado por el espíritu debilitado de los creyentes, el Señor les anunció la conversión,
se apiadó de ellos y recobraron la juventud.
Al final de las visiones va a aparecer “el personaje”. La obra se llama “El Pastor” porque
al final de la visión 5ª va a aparecer un personaje que se llama el ángel de la penitencia o de la
conversión. Dios se lo ha enviado a Hermas para que conviva con él, para que lo vaya educando.
A partir de este momento, la obra se convierte en un diálogo, más o menos bien llevado, entre
el ángel y el torpe de Hermas. Hermas le pregunta todo al ángel.
Las comparaciones, que algunos traducen también por parábolas, componen la última
parte. Son un conjunto de parábolas que el Pastor va a ir presentando a Hermas para ilustrarle.
Algunas de estas comparaciones no son tales, ni hay ninguna parábola, es la manera de dividir
en partes este final de la obra.
La segunda era una comparación sencilla, pero la quinta es una comparación donde se
propone una muy parecida a la de los evangelios pero que no tiene nada que ver con las de ellos.
Un señor que tiene una viña, que tiene un esclavo y un hijo, y a partir de ahí hace una parábola.
Es muy difícil de comprender. Hasta que uno se da cuenta de que es una parábola pero con tres
niveles de interpretación. Tres interpretaciones, cada una de ellas independiente de las demás.
46
aguas y la Palabra del Nombre Todopoderoso, ahora se construye sobre una piedra blanca
enorme que es el Hijo de Dios, la piedra es antigua (preexistencia de Cristo), que tiene una puerta
labrada recientemente que es la Encarnación del Hijo de Dios. A partir de ahí va a ir describiendo
la construcción de esa torre rodeada de doce montes en la llanura.
En un primer nivel de interpretación esos montes eran un signo del mundo con su variedad
de pueblos y razas, a los que se dirige la enseñanza del Hijo de Dios. Pero en un segundo
momento hay que interpretarlos de otra manera; ahora esos montes representan cada tipo de
creyentes, y las piedras son traídas de esos montes para construir la Iglesia. Unas piedras sirven
y otras no. (leer los tipos de piedras en el libro).
Ha hecho una descripción, una tipología de personas que forman parte de la Iglesia. Pero lo que
quiere, sobre todo, es llamarles a la conversión. La Iglesia necesita estar continuamente
entregada a la conversión y la penitencia., aun después de haber recibido el bautismo. El señor
de la torre va a desechar a los que no vivan convertidos. Ahora, mientras se está construyendo
la torre, es tiempo de hacer penitencia y convertirse, por eso la exhortación de que se curen
mientras todavía se construye la torre. El cristiano recibió un espíritu y tendrá que devolvérselo
limpio a Dios. Si se lo devuelves sucio no lo querrá.
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TEMA IX: 2ª CARTA DE CLEMENTE A LOS CORINTIOS
(HOMILÍA ANÓNIMA)
a. En 15 el autor señala que ha dado un consejo que salvará tanto al que lo siga
como al que lo ha dado El “autor habla” y los destinatarios “escuchan”.
consiguientemente no estamos ante un tipo literario destinado a ser leído, en
principio, sino a ser escuchado.
c. Lo mismo en 19, 1
2. Estructura y contenido.
48
a. Difícil de precisar.
3. Motivo.
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a. Está íntimamente relacionada con su temática el autor es testigo de un ambiente
en el que se percibe una importante efervescencia gnóstica (recurre a citas y
expresiones gnósticas como “Padre de la verdad”)
e. Otros autores:
i. Vincenzo Pavan Homilía dirigida a los neófitos.
ii. Donfried Cree que la intervención de Clemente de Roma en Corinto
consiguió restituir en su puesto a los presbíteros depuestos Sería el
discurso de dichos presbíteros que leyeron ante la comunidad.
50
TEMA X.- LOS DENOMINADOS APÓCRIFOS
Cuando en los primeros siglos se utiliza el término apócrifo, no aparece con un significado
único, sino diversos. Hay veces que se utiliza para hablar de escritos cuyo origen es desconocido,
aunque puedan ser atribuidos a tal o cual personaje, pero se duda de su origen. En este concepto
no hay de por sí nada negativo. Se hablaría de una obra cuyo autor verdadero no conocemos
aunque se haya atribuido a otro.
Pero en esos primeros siglos aparece también otro uso del término apócrifo. Es usado para
hablar del escrito que se caracterizan por tener errores doctrinales, es decir, escritos heterodoxos
aunque no todo en el escrito sea herético.
Hay una tercera concepción. Todo aquello que no es leído en la Eucaristía o reuniones públicas
eclesiales es considerado apócrifo.
La ambigüedad del uso se va a hacer más grande cuando llegue la reforma protestante, porque
ellos van a llamar apócrifo a los libros del A.T. que la Iglesia venía admitiendo y que ellos no
quieren asumir. Especialmente los libros griegos del A.T. Los católicos los llaman
deuterocanónicos. Hoy esta repugnancia que tenía Lutero hacia la Biblia griega va
desapareciendo.
En los últimos tiempos se comienza hablar de apócrifos del N.T. y del A.T. Con el término de
apócrifos del A.T. se querían agrupar un conjunto de obras, escritas entre el s. II a.C. y el s. II
d.C., que manifiestan parecidos con obras del A.T. o que los protagonistas son personajes del Él.
Por ejemplo hay un tercer y cuarto libro de Macabeos, hay un tercer y cuarto libro de Esdras,
hay toda una serie de libros de Henoc, las odas de Salomón y sus salmos, o los testamentos de
los doce patriarcas. Hay algunas obras que son judías pero también las hay cristianas. Existen
otras que originalmente eran judías pero han sido retocadas por los cristianos.
También se hablaba de apócrifos del N.T. Se los designaba a una serie de escritos de los primeros
siglos que también, o manifiestan parecidos con libros del N.T., o se ocupan de personajes
propios de Él. Así tenemos el evangelio de Pedro, el evangelio de Tomas, el protoevangelio de
Santiago, muchas cartas y apocalipsis.
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En los últimos tiempos se pretende descartar esa división entre apócrifos del A. y del N.
Testamento para hablar de apócrifos judíos y cristianos. Pero existe el problema de que algunos
textos no se pueden incluir en ninguno de los dos grupos.
+ Cristianos: libros compuestos en los primeros siglos de Iglesia, que se han trasmitido con
títulos similares a los libros canónicos, pero nunca formaron parte del canon. La mayoría de esa
literatura muestra alguna relación o con los escritos del A.T. (las odas de Salomón, la ascensión
de Isaías), o con alguna relación con libros del N.T. Unas veces se atribuyen a algunos de los
grandes personajes del A.T., o con un apóstol, o a J.C. Otras veces porque los protagonistas de
las obras son o bien J.C, o María, o S. José, o un apóstol, o María Magdalena. Otras veces esos
escritos se presentan con el ropaje literario de los escritos que hay en el N.T., aparecen con el
nombre de “evangelio de…”, “carta de…”, “Hechos de los apóstoles de…” o “Apocalipsis”.
La literatura apócrifa nunca constituyó por sí un corpus definido. No tuvo una unidad propia.
Esas obras fueron circulando cada una por su cuenta. De una a otra obra puede haber diferencias
abismales.
¿Podríamos dar una serie de características que unifique las obras de esta literatura?
+ Es una literatura anónima. Nunca se sabe con seguridad quien es el autor. Pero no toda
literatura anónima es apócrifa, aunque los apócrifos siempre son anónimos. Si están atribuidos
a alguien es una atribución ficticia.
+ Fue utilizada por los herejes. Aprovechan esta literatura para, bajo el nombre de Jesucristo, de
María o de los apóstoles, difundir doctrinas heterodoxas o una determinada moral, por ejemplo
una moral rigorista, o encratita, donde se detesta el matrimonio y se ensalza la virginidad; se
aconseja no casarse y comer determinadas cosas.
+ Literatura de tipo popular, que se va recreando a medida que se va difundiendo. No está fija,
el evangelio de Mt está más o menos fijo, a nadie se lo ocurre retocarlo. Muchos pensaron en ir
rehaciendo esta literatura a medida que la van leyendo. Es parecido a los cuentos de nuestra
infancia, el mismo cuento, pero se podía cambiar de una semana a otra, en función de lo que
hubiéramos hecho. Se va adaptando a las distintas circunstancias. Se pueden encontrar la misma
52
obra pero de manera distintas maneras, a veces hay que editarlas con una doble columna
dependiendo de las versiones.
+ Nace de preguntas ingenuas y sencillas, que se hacían los cristianos acerca de momentos de la
vida de Jesús, de la muerte de María; nacen así los apócrifos de la asunción de María. El mismo
relato aparece de muchas maneras distintas. Ese relato se leía la noche en que se celebraba la
asunción de la Virgen, en la que había que oír tres homilías del obispo: la primera cuenta la
asunción de María, cada obispo podía contarla a su manera, luego las dos homilías siguientes
eran de tipo doctrinal.
+ A veces son relatos que buscan explicar el origen de algo. Muchos intentan explicar la pronta
evangelización de una determinada Iglesia.
+ No toda literatura apócrifa es popular. Parte de los escritos de Graham Madi o el evangelio
copto de Tomás no se entienden muy bien sin las claves para entrar en esa literatura.
Cada vez que vemos en una pintura un calvario, muchas veces vemos una cueva y una calavera.
Eso viene de un apócrifo que se llama “La cueva de los Tesoros”. Es la cueva en la que fue
enterrado Adán, y que estaba en el Gólgota (calavera). El hombre (Adán) como tesoro de Dios,
guardado a través de los tiempos, y que, en la plenitud de los tiempos, la sangre de Cristo le
vivificará de nuevo. Es un escrito de carácter muy popular. Al final hay una enseñanza teológica:
Cristo es aquél que viene a vivificar, a dar la vida. Pero también hay distintas recensiones,
habiendo recreaciones en cada una. Por eso se editan las distintas recensiones.
En cambio, vamos a encontrar judíos que se hacen cristianos, orgullosos de su origen, y que
formaron grupos dentro de la iglesia; que seguían practicando sus viejas costumbres, como la
circuncisión; guardando el sábado; guardando los preceptos en torno a la alimentación, pero no
se los imponían a nadie.
Va a haber otros que siguen manteniendo esas costumbres y, además, las quieren imponer a
todos.
53
También encontramos grupos judeocristianos que incluso van a configurar una peculiar
teología, en contra de lo que se venía enseñando en la Iglesia.
¿Todo eso lo podemos llamar un sistema teológico de expresión judía, que se expresa en
categorías y en expresiones judías? Es cierto que en ellos podemos encontrar expresiones que se
enraízan en el judaísmo, pero eso es distinto a decir que manifiestan un sistema teológico
completo de expresión semítica.
Van a ser muchos los que se opongan a esa caracterización de Danieloú. Dentro de la 2ª edición,
en el prólogo, una estudiosa presenta que hasta Danieloú se fue dando cuenta de que llamar
judeocristiano a esa teología era un exceso.
Lo que quiso presentar el autor es que hasta el s. II la teología se expresaba en categorías judías,
y a partir del s. II comenzaría a presentarse en categorías griegas, helénicas.
Hoy no se puede aceptar. Sabemos que la fusión de ideas helénicas y judías se estaba
produciendo en Israel continuamente, antes del tiempo de Jesús, durante y después. La
interacción entre las dos culturas se había producido mucho tiempo antes.
Pero hay unos que si son perseguidos, con los cuales Justino no está de acuerdo. Hay algunos
grupos que además han elaborado una cristología peculiar. Entre estas comunidades, de las que
sabemos poco (solo sabemos por los heresiólogos, autores que dedicaban obras a describir los
pensamientos heterodoxos de aquellos siglos), destaca una que conocemos con el nombre de
“ebionitas”.
54
Algunos piensan que el nombre procede de un fundador llamado Ebión. Otros piensan que el
nombre tiene relación con una raíz hebrea, que daría a entender que los demás los denominaban
pobres, es decir que los ebionitas significarían los pobres. Pero aun así, no sabemos que se quería
dar a entender con ese nombre. ¿Era pobre de Yahvéh?, o, ¿Era un nombre satírico indicando
pobres en la fe?
Los ebionitas tenían su evangelio, que no sabemos cuál es. Algunos piensan que es una especie
de pre-mateo en arameo. Sí sabemos que los ebionitas no querían saber nada de los 4 evangelios
sinópticos, y mucho menos de Pablo. Para ellos Pablo es el apóstata de la ley, el impostor, el
falso apóstol, que ha traicionado la Ley judía, y Pedro su adversario.
Mantenían una peculiar lectura del A.T. No lo leían en cuanto tal, decían que estaba interpolado,
que había que saber leerlo adecuadamente, porque se introdujeron muchas noticias falsas. Van
a eliminar todos aquellos pasajes que ponen en mala situación a los grandes personajes del A.T.,
como el pecado de Adán, la embriaguez de Noé y la poligamia de Abraham y Jacob.
Entre los ebionitas vamos a encontrar discrepancias. Muchas veces se han presentado como una
cristología de tipo cristológico, aunque propiamente es de tipo trinitario. La cristología falla
porque falla su concepción de Dios. Van a mantener un monoteísmo regio, defienden la absoluta
unicidad de Dios, una unicidad concebida de tal manera que impedía una concepción trinitaria
del mismo. Dios no tiene un Hijo, un Verbo o una Sabiduría personal. Por tanto no tiene un Hijo
para enviar al mundo. No es posible que el Hijo de Dios se haga hombre, porque Dios no tiene
Hijo. Jesús no es más que un “puro hombre”, “nudus hommo” un hombre desnudo, desnudo
de divinidad. Nacido de hombres. Para el nacimiento de un simple hombre no se requiere
ninguna concepción virginal. Jesús es fruto del honesto matrimonio entre José y María. Jesús fue
un hombre bueno, honesto, que siguió la ley de Moisés. Por su buena conducta, por los méritos,
Dios lo va a elegir para ser el Mesías anunciado por la Ley y los profetas.
La elección va a tener lugar en el bautismo del Jordán: “El hijo adoptivo de Dios, al recibir el espíritu
de Dios (no el Esp. Santo 3ª persona), a la manera en que lo recibían los profetas veterotestamentarios,
sólo que de una manera superior a todos los ungidos del A.T.”
Las fuentes nos hablan de un segundo grupo de ebionitas que admitían el nacimiento virginal
de Jesús. Afirmaban que Jesús había nacido de la Virgen y de Espíritu Santo (espíritu de Dios,
no en sentido personal de la 3ª persona de la Trinidad). Pero no por ello, por ese nacimiento
virginal, había que deducir que fuese Dios, o Hijo de Dios preexistente, o Verbo de Dios
preexistente. La concepción virginal de María era como las concepciones milagrosas del A.T., al
estilo del de Sara o del de la madre de Juan Bautista.
Seguían aferrados a sus costumbres judías: circuncisión, guarda del sábado, veneración de
Jerusalén como casa de Dios. Aunque esta observancia no es la que la conduce a que la Iglesia
los rechace, sino la cristología que estaban desarrollando queriendo imponer esas costumbre
como necesarias a los demás cristianos. También son rechazados por el judaísmo.
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Los ebionitas no eran el mayor problema en esta época. El mayor problema vendría del
gnosticismo (tratado más adelante en otro tema), y de un personaje como Marción del Ponto.
Muy importante, ya que todos los grandes autores de la época dedican obras a refutarle.
Debió nacer hacia el año 85. Se cree que su padre era el obispo de Sínoque, quien había
excomulgado a su propio hijo de la comunidad cristiana (muy discutida esta anécdota). Tuvo
una gran fortuna como armador naviero. En el 139 se presenta en la Iglesia de Roma haciendo
un gran donativo. Muy pronto sus doctrinas empiezan a provocar el rechazo por parte de la
comunidad y, hacia el 144, es excomulgado por la iglesia de Roma, devolviéndole su donativo.
Va a fundar su propia iglesia. Con jerarquía propia. Con celebraciones litúrgicas similares a las
de la Iglesia de Roma. Creando una serie de comunidades que van a tener una gran difusión,
hasta el punto de que algunas todavía pervivían al comienzo de la edad media. Muere en torno
al 160.
Este personaje está en la base de algunos de los planteamientos modernos en los métodos
histórico-críticos.
La obra escrita de Marción no ha llegado hasta nosotros. Sabemos por otros autores que tenía
dos escritos fundamentales.
Por un lado, en un momento en que todavía no se puede decir que en la Iglesia haya canon, él
va a elaborar un canon de las escrituras que permita conocer el verdadero evangelio de Jesús, la
verdadera doctrina. Él lo llamaba “Instrumentum”. Se componía del evangelio de Lucas y de 10
cartas de Pablo, a las que él llamaba el “Apostolikón”. Pero Marción no los aceptaba tal cual,
sino que los va a someter a una reconstrucción para encontrar su forma original. Era necesario
eliminar interpolaciones y falsificaciones de los apóstoles, o de falsos apóstoles que no habían
entendido a Jesús. Hay que reconstruir al verdadero Jesús. En el evangelio de Lucas, para
encontrar al verdadero Jesús, hay que eliminar interpolaciones de todo aquello que haga
referencia al judaísmo o al Dios del A.T. Los apóstoles de Jesús no comprendieron el mensaje de
Jesús, por lo que el Señor va a mandar a Pablo como apóstol para que exponga el verdadero
evangelio. Pero sus cartas también fueron interpoladas por los judaizantes; hay que buscar al
verdadero Pablo.
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Además compone otra obra como las “Antítesis”. Eran unas justificaciones de la oposición que
había entre la revelación del A.T. y la revelación del N.T. Mostraba, mediante una serie de
fórmulas antitéticas, su pensamiento: Ley (A.T.) – Gracia (N.T.); justicia – bondad; esclavitud –
libertad; carne – espíritu. Estas antítesis se convertían en una clave exegética para poder
descubrir al originario y verdadero Jesús.
Esto le lleva a hablar de 2 dioses. Uno es el del A.T., y otro distinto es el Dios que anunció
Jesucristo, que no tenía nada que ver con el del A.T. Uno es el Dios del A.T. el creador, Yahvéh,
el Dios de Israel; y otro es el Padre de nuestro Señor Jesucristo.
Se presenta como el llamado a reconstruir el mensaje original de Jesús y de Pablo. Pretende ser
el descubridor del cristianismo puro, en su pureza. Era el único que había comprendido a Pablo
y, a su vez Pablo era el único que había sabido comprender el mensaje de Jesús en su verdadera
y radical novedad respecto a la fe de Israel. Con Jesús viene una novedad absoluta.
Ese cristianismo puro que buscaba, era el anuncio de un Dios que no tuviera contaminación
alguna del dios creador, del dios de A.T. El dios anunciado por Jesús como su Padre, no tenía
nada que ver con el Dios de Israel. Jesús traía una doctrina radicalmente nueva, y hablaba de un
nuevo Dios, un nuevo Hijo, un nuevo Espíritu, y de un nuevo pueblo nunca antes conocido por
nadie. Era el Dios extranjero, un Dios extraño.
Los apóstoles viciaron el mensaje originario de Jesús, de ahí que Jesús se revelase a Pablo y le
revelase su evangelio. Pablo será toda la vida fiel a ese evangelio, pero a su muerte los
judaizantes dominaban las iglesias e interpolaron sus cartas, las falsificaron, las llenaron de
referencias al A.T.
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Marción aceptaba el A.T. leído a la letra, literalmente, como la generación del dios creador. El
A.T. nos está hablando de dios, pero de un dios creador, no del Dios Padre de Jesucristo. De un
dios totalmente distinto al que anuncia Jesús. Para Marción este mundo está lleno de
limitaciones e imperfecciones, de inutilidad e inmundicia, y el responsable de ello es el que lo
creó, el creador. Además había creado a unos hombres que ni siquiera respetaban sus leyes.
Toda la historia del A.T. es la historia de un dios empeñado en que se respeten sus leyes, y unos
hombres que no las respetan. Entre un Dios que ejerce la justicia y no la bondad, y un pueblo
que se siente aplastado por los mandamientos cargados y abundantes de ese Dios.
A veces se incluye a Marción dentro del gnosticismo. Tiene paralelismos y doctrinas comunes
con las del gnosticismo, pero no es un gnóstico, es otra cosa. Los gnósticos decían que no todos
los hombres somos iguales por naturaleza, que hay distintas naturalezas de hombres, unos son
materiales, otros psíquicos y otros espirituales. No porque unos sean más perfectos, sino porque
por naturaleza tenemos una naturaleza distinta.
No han llegado hasta nosotros escritos sobre la antropología de Marción, pero algo podemos
intuir. Para Marción sólo hay una naturaleza de hombre. El hombre que está compuesto de
cuerpo y alma. Por un lado el distinguiría el cuerpo carnal y el alma y, a su vez, dentro del alma
distinguiría un corpus psíquico (que sería el sustrato del alma), y la parte superior del alma, a
la que él llamaría espíritu. Esto traerá problemas a la hora de entender una antropología de este
tipo porque algunos hablarán de resurrección de los cuerpos, pero ¿a qué cuerpo se refiere, al
carnal o al psíquico?
Marción no discute que este hombre, compuesto de cuerpo de carne y de alma, haya sido hecho
a imagen y semejanza de dios. Pero a imagen y semejanza del creador, del dios de Israel, no a
imagen y semejanza del Padre de Cristo. Lo que ha sido hecho a imagen y semejanza del
demiurgo es el alma. Esa alma la ha unido a la materia de manera que a las pasiones propias del
alma, alma hecha a imagen de un dios imperfecto, se unen las limitaciones de un cuerpo carnal
y material.
¿Por qué crea el dios del A.T. al hombre? Con la creación del hombre lo que el demiurgo estaba
buscando es alguien que le diese gloria. Eso muestra su mezquindad. Los eclesiásticos
inmediatamente dirán que Dios no nos ha creado para que le demos gloria, sino que nos ha
creado para poner su gloria en nosotros, para hacernos partícipes de su gloria. Marción dice que
Yahvéh es inconsciente de sus limitaciones, creía que estaba creando un mundo nuevo, pero en
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realidad estaba dando comienzo a una historia dominada por la ignorancia del verdadero dios.
Porque él mismo lo desconocía, el demiurgo desconocía al verdadero dios. La mayor muestra
de su ignorancia está en el Shemá (Deut. 6,4) “Escucha Israel, Yahvéh nuestro dios es el único
dios”. Se creía el único dios.
La imperfección del demiurgo se manifiesta en la imperfección con que creó al hombre. Un Dios
perfecto habría creado un hombre imperfecto, sería un Dios bueno que jamás habría amenazado
al hombre, no podría prohibir el conocimiento del bien y del mal, no podría ignorar donde se
escondió Adán después de su desobediencia. Era un dios envidioso, que prohíbe al hombre
comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. El mandamiento era abusivo porque prohíbe
comer de algo bueno, lo hizo porque era envidioso. Esa envidia se ve en Gn. 3,9 cuando el
demiurgo les dice a sus arcontes que Adán se había hecho como uno de ellos y no se podía
tolerar.
La serpiente debía ser uno de los arcontes del demiurgo que, por alguna razón, tuvo sus
problemas con el demiurgo, y lo que hace el arconte era revelar de alguna manera al hombre la
mentira del creador, le revela que Yahvéh, por envidia, les había prohibido comer del árbol,
para mantenerlos a raya y dominarlos. El demiurgo quiere una obediencia ciega, para hacer al
hombre un juguete de sus pretensiones.
Adán desobedeció el mandato del demiurgo, pero no fue un pecado, porque en realidad lo que
hizo fue desobedecer un mandamiento abusivo. Marción no hace responsable al hombre del
pecado y de la muerte, el culpable es el demiurgo que ha creado un hombre imperfecto y que lo
ha querido gobernar irracionalmente.
Como somos imagen de ese Dios, nos pasa que somos inconstantes, que hoy pedimos una cosa
y mañana la tiramos, hoy nos cansan cosas que ayer deseábamos. Al creador le pasa lo mismo,
porque somos imagen suya. Algunas veces quiere el culto de Israel y otras veces lo rechaza. Está
sometido a las mismas pasiones que el alma humana.
Se deduce de esto que Marción no tenia aprecio por las leyes judaicas. Pero dejaba a un lado el
decálogo, en el que vio, no la ley de Moisés (como una ley invisible y natural), sino como normas
positivas, que vivió en ignorancia del verdadero dios. Pero sobre lo que no era estrictamente el
decálogo, era tremendamente negativo, toda esa legislación no era más que la legislación por la
que Yahvéh se rodeaba de un pueblo devoto. Una legislación que no miraba al bien de las
criaturas, sino al honor que buscaba para sí mismo. Él rechaza este Dios del A.T. No dice que
no exista, existe, pero es el dios de la justicia, el creador, el de Israel.
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Existe otro dios, infinitamente superior, omnisciente, todo poderoso, que desconoce la
indigencia, no necesita de nada ni de nadie. Un dios que no se caracteriza por la justicia sino por
la bondad y la misericordia. Para Marción la justicia y la misericordia son incompatibles entre
sí, o se es justo o se es bueno. La bondad es el atributo del dios desconocido, un dios que tiene
su propio mundo, el mundo celeste, de lo invisible. El Dios del mundo del espíritu, que no tiene
otra ley que la ley del espíritu. Dios que da sin esperar nada a cambio, sin exigir ninguna
contraprestación.
Ese dios desconocido vio la suerte de los hombres bajo el dominio del creador, se conmovió ante
lo que sucedía y decidió liberarlos. Pero no lo quiso hacer valiéndose de su omnipotencia,
porque es un dios bueno, sino que lo quiso hacer valiéndose de lo más propio suyo, que es la
bondad y la misericordia. Quiso liberar al hombre valiéndose de su bondad. Por eso envía a su
propio Hijo, que vino sin ser anunciado, que vino sin que ninguna profecía lo preparase. El
Mesías que anunciaban las profecías del A.T. vendrá pero será el Cristo del creador, que no tiene
que ver nada con Jesús.
Ese Hijo tomó la apariencia de un judío, Jesús, que no nació, no se encarnó, sino que apareció en
la sinagoga de Cafarnaún, ya adulto, como a la edad de 30 años. Jesús se presenta como algo
totalmente nuevo. No iba a nacer de judíos, que son las cosas del creador. Es como una alteridad,
una novedad que aparece de pronto en esta creación, en la sinagoga. Aparece con una carne
aparente, no con una carne y un alma como la nuestra. El salvador no se podía dejar contaminar
por las sustancias mezquinas del creador. Se deja ver como si fuese hombre, pero no lo era
verdaderamente. No tenía un cuerpo de carne, sino un cuerpo dotado de propiedades tales que
le hacían pasar como si tuviese un cuerpo de carne. No es pura apariencia, es algo, pero algo
que no procede del creador, que no es como lo que nosotros tenemos. Por eso Jesús podía
conversar, sufrir y morir como si fuese un hombre, pero Jesús no tomó un verdadero cuerpo de
carne.
Jesús comenzó a predicar, pero anunciaba al Dios nuevo, a su Padre. Y les invitaba a abandonar
las leyes del creador. Abandonar las leyes del creador y aceptar el evangelio de la gracia y del
amor. La gente se asombraba de la predicación, porque era contraria a la de los profetas. Una
enseñanza opuesta a toda lógica, a toda moral y lógica mundana. La lógica y la moral del mundo
son a imagen del creador y, por lo tanto, nuestra lógica y nuestra moral mundana buscan
autoafirmarnos de la misma manera que el creador busca autoafirmarse. Frente a eso, Jesús
anuncia el evangelio que se funda en el don de sí hasta la muerte, y que no tiene sentido sino en
la medida en que más allá de la muerte se puede contar con una felicidad que sobrepasa todas
las recompensas propuestas por el creador.
Las bienaventuranzas compendian la verdadera enseñanza de Jesús. Opuesta a las leyes del
creador, que dan felicidad a los ricos y desgracia a los pobres. En cambio proclama a los
desposeídos de este mundo. El creador mandaba ojo por ojo y diente por diente, Jesús manda
presentar la otra mejilla. Jesús supone la irrupción del dios bueno, del dios extranjero, del dios
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desconocido. Supone la irrupción de una alteridad total respecto al egoísmo, la ambición, el afán
de poder, de riquezas, todo lo propio del creador.
Los milagros de Jesús eran el signo del bien que hacen la bondad y la misericordia. Pero, para
ello, los hombres tienen que alejarse y abandonar lo que han recibido del creador, y tienen que
acoger el amor y la gracia del dios bueno. En algunas comunidades marcionitas se entregaban
voluntariamente al martirio para dar una bofetada al creador. Como aniquilación de lo que el
creador había hecho, para entregarse al dios bueno.
No hay afinidad alguna entre el que salva, el dios bueno, y los salvados. Somos ajenos a esa
salvación. La salvación sólo puede consistir en el abandono del creador y sus pretensiones, para
entregarse por la fe al mensaje de salvación traído por Jesús.
Jesús viene para todas las gentes sin distinción. No quería quitarle al creador sus cosas, sus
criaturas. Venía a hacer el bien, a entregar la salvación. No buscaba su interés, sino el bien y el
interés de los hombres. Sólo quiere hacerlos partícipes de su propio bien. Nada ganaba el dios
bueno con la salvación de gente extraña. Nosotros somos los que salimos ganando al ser
elevados a un régimen superior, al que nos correspondía por naturaleza.
El dios bueno viene sólo a salvar las almas, las almas que acogieran las doctrinas de Marción, el
evangelio puro, originario. Para la carne no hay salvación. El cuerpo tiene su ley de corrupción
y de muerte, y solo el alma será la que entre en el reino de ese dios bondadoso. La salvación
depende de la fe en Jesús. Sólo son redimidos aquellos que dan fe al evangelio de Jesús. Creer
es abandonarse al inmerecido amor del dios bueno, y apartarse y despreciar al creador.
Además de a salvar las almas, Jesús vino también a refutar al dios de los judíos, a destronarlo
del puesto del único dios que él se había atribuido. Pero ese destronamiento de Jesús no fue
absoluto. Con su primera venida lo destrona, y en su segunda y definitiva medida, Jesús acabará
su obra para acabar con el creador.
El creador ignoraba quien era Jesús cuando lo ve aparecer en la sinagoga. Ve que alguien está
fomentando la desobediencia a las leyes del creador. Y el demiurgo reacciona haciendo que las
autoridades de Israel lo condenen a muerte. El creador eligió muy bien la muerte que había de
dar a Jesús, la muerte en cruz, una muerte que estaba maldita en la ley de Yahvéh, la muerte por
la que, según el A.T., alguien quedaba maldecido.
Pero Jesús, después de predicar y morir, va a bajar incluso a los infiernos, y va anunciar allí su
evangelio a todos los hombres que habían existido desde el principio de los siglos. Se va a
presentar anunciando un dios bueno. Lo que ocurre es que sólo le hacen caso todos los malos
personajes del A.T. como Caín, el Faraón. En cambio, los fieles del creador como Abraham, Noé,
Isaac… no cambian de dios, eran los fieles del creador y no aceptan la novedad.
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Su Resurrección y su subida al Padre manifiestan el triunfo de la nueva lógica. Jesús está vivo,
ha escapado a la justicia del creador. La humildad enseñada y practicada por Jesús es la
alternativa a la esclavitud que se vive bajo el creador.
Y el destino de sus seguidores será el mismo, ahora, los poderes de este mundo, que son del
creador, van a despreciar y a dar muerte a los marcionitas, pero después de la muerte les espera
el reino del amor absoluto, donde sólo entraran las almas.
Marción en ningún momento habla del origen del demiurgo, ni si era eterno. Tampoco menciona
la relación que existía entre Cristo y su Padre.
El dios de Israel creyó que la muerte de Jesús era una muerte como la de los otros hombres, y
no entendió el misterio que se escondía en aquella muerte.
En esa muerte en cruz, se manifiesta precisamente el abismo que existe entre el dios que es
bueno, y el dios que es justo, entre el Dios Padre de Jesucristo, y el Dios de Israel. El dios creador
es alguien que tiraniza a sus criaturas para tenerlos sometidos sin que verdaderamente los ame.
En cambio, el Dios bueno ama hasta sacrificar a su propio Hijo, con el fin de elevar a las criaturas
hasta su propio reino, por otro lado criaturas que no eran suyas, que le eran ajenas.
Su bondad se manifiesta en el envío del Hijo, y en ofrecerle a la muerte para liberar a los
hombres. Una manera de actuar muy contraria a lo que hizo Dios en Egipto. Para liberar a Israel
machacó a los egipcios, y eso es algo contrario a la bondad de Dios.
Jesús nos rescata con su sangre. Con esta idea, los marcionitas señalaban que el hombre era
propiedad de otro, propiedad del creador. Y el Dios bueno lo que hace es acogernos en adopción
y, de esta manera, el hombre ya no obedece a la ley de la carne, sino el influjo salvífico del
Espíritu del Dios bueno.
No porque Cristo muriese en la cruz adquiriese a los hombres con su sangre. Todos los hombres
se iban a salvar. Por la muerte de Cristo no todos los hombres pasarán al Dios bueno, sólo pasan
los que, con fe, abandonan al creador y se entregan al Dios bueno. Y el que no todos se salven,
no se ha de atribuir a una falta de bondad en Dios, sino a la falta de fe en el mensaje de Jesús, en
el Dios bueno. Para abrirse a la fe hay que rechazar la lógica del creador (la de “yo te doy y tú
me das”), de la ley, que exige la observancia de los preceptos para la salvación. Y Jesús viene a
romper las reglas de juego, la lógica del creador.
El Dios veterotestamentario es un dios que no sabe de humildad, es fanfarrón: “Yo soy el único
Dios”. El más ignorante. El actuar del dios veterotestamentario es una actuar basado en el
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ejercicio del poder, en el juicio que da a cada uno lo suyo, en una lógica del regateo (te doy para
que tú me des), del cálculo de derechos y deberes. Esas reglas del creador son rotas por Jesús en
nombre de la bondad absoluta del Padre que se comportará siempre renunciando a la fuerza, a
la reivindicación de derechos. Por eso, Jesús no reclamó sus derechos cuando fue condenado a
muerte, ni puso sobre la mesa “Aquí estoy yo”.
Para escapar a la lógica del creador, se hace necesario renunciar a cualquier seguridad que
proceda de la fuerza o del derecho, para entregarse a la humildad del Dios bueno, del Dios
extranjero. Y Jesús esto no sólo lo predicó, sino que fue, según Marción, lo que vivió. Viene a
destruir la ley no sólo con su predicación, sino con su manera de actuar. Y por eso, soportó el
peso de los castigos según la lógica del creador, para hacer triunfar la lógica de la bondad del
Dios bueno.
Hoy, quizás, nos pueda sorprender el éxito que tuvo la doctrina de Marción. A mediados del s.
II sabemos que estaba extendida por una zona de Turquía, en Libia, Corinto, Creta, Antioquia,
Alejandría, Roma, Lyon. Ya desde el sigl II habían muchas comunidades
Un éxito que pudo verse impulsado por causas muy diferentes en cada zona. Pudo influir una
cuestión u otra. El odio a la carne, muy propio de la filosofía de la época (Marción va a ir
respetando todos los axiomas de la filosofía medio platónica de la época, no se enfrenta a ellos).
Uno de esos axiomas era el desapego a la creación, entendida como cárcel, el cuerpo entendido
como cárcel. Liberarse de un mundo dominado por los poderosos y ricos, la conciencia de la
predilección del Dios bueno por los pobres y los perseguido, la salvación que se ofrecía a todas
las gentes sin fronteras raciales, una manera de entender las escrituras simple, sin
complicaciones.
Cada región tuvo sus preferencias. En algunos ambientes fue acogido el marcionismo por su
antijudaísmo, en otros por su mensaje contra los poderes y ricos de este mundo, en otros
pudieron sentirse por la simplicidad de su doctrina fácilmente asequible.
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Desde el s. XVIII Marción viene suscitando un enorme interés. Von Harnack llegó a decir que
Marción era la figura más significativa del cristianismo antiguo, entre Pablo y Agustín, y que su
reforma era superior a la que produciría Lutero. Marción va a ir entrando en los ambientes como
el modelo de los buscadores del cristianismo originario, del cristianismo puro. Más allá de
cualquier autoridad profética o apostólica.
Todos los grandes autores de la Iglesia se sentirán impulsados a escribir contra Marción.
Justino, Ireneo y Tertuliano escribirán contra Marción. Tienen mucha influencia. Cuando la
Vulgata comienza a circular, lo hace con unos prólogos marcionitas a los libros. Influyeron
poderosamente.
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TEMA XIII.- EL GNOSTICISMO
Es un fenómeno que corre a la par del marcionismo. Es distinto que agnosticismo. El gnosticismo
habla de conocimiento y el agnosticismo de desconocimiento. El gnóstico es “el que sabe de
Dios”, no necesita la fe, la fe es para los ignorantes. El agnóstico no sabe si Dios existe o no existe.
Pero el gnóstico si sabe, sabe hasta que él es consustancial con Dios.
Con frecuencia oímos estos términos (gnw=sij) ->ciencia en ámbitos distintos y variados, con
acepciones y connotaciones muy diversas. Es una palabra que presenta una ambigüedad
enorme. Para unos, el término aparece teñido de negatividad e incluso de rechazo, es algo que
hay que rechazar. Para otros, el término aparece con una aureola de elitismo cultural y religiosos
e incluso con un prestigio de tolerancia y superioridad.
Para unos, el término está dotado de una pluralidad de sentidos, y para otros de una
desconcertante equivocidad.
gnw=sij es una palabra griega que significa “conocimiento”. Un término que en la época
helenística no sólo sirvió para designar una actividad del entendimiento humano, sino que
servía también para designar un don gratuito de Dios, por el cual el Dios desconocido deja de
ser desconocido. Un don por el que Dios se da a conocer.
En el ámbito del judaísmo helenístico el conocimiento tiene un puesto de honor. En libros como
el de los Proverbios donde se puede leer en Pro. 2,6: “El Señor da la sabiduría, de su boca procede la
gnosis, el conocimiento y el entendimiento”. En Sab. 2,13 se nos dice que el hombre justo es aquel
que se gloría de tener la gnosis de Dios, de tener el conocimiento de Dios. En el N.T. también se
encuentra el término; S. Pablo da gracias a Dios porque ha enriquecido a la corintios con el don
del conocimiento (1 Cor. 1,5). No se tiene una concepción negativa del término, pero a medida
que va avanzando la carta, se establece y se subraya una contraposición entre gnosis y ágape,
entre conocimiento y amor. “El conocimiento hincha pero el amor edifica” (1 Cor. 8,1).
En la 2ª Carta a los Corintios 2,14, se señala que Dios manifiesta el aroma de su conocimiento
por medio de Pablo. En 2Cor. 4,6, se indica cómo Dios permite que Pablo irradie el conocimiento
de la gloria de Dios, más aun, Pablo, comparándose con sus adversarios que se presentaban
como supereminentes apóstoles, les dice en 2Cor. 11,6: “Quizá yo carezca de elocuencia pero no de
conocimiento”.
En cambio, en la 1ª carta a Timoteo 6,20-21 se lee: “Timoteo guarda el depósito dejando la palabrería
vana y las contradicciones de lo que con falsedad se llama conocimiento”. Nos habla de un
conocimiento que no es verdadero conocimiento.
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El término se puede encontrar también en los escritos de los Padres Apostólicos: en la Didaché,
en Clemente de Roma, en la 2ª Clementis, en Ignacio de Antioquía y en la epístola del Pseudo-
Bernabé. Se habla de una manera positiva.
En el s. II encontramos a Ireneo de Lyon, nacido en Asia menor y obispo en Lyon, en las Galias.
Utiliza el término gnóstico para hablar de una serie de maestros y de grupos, a veces enfrentados
entre sí, que se autodenominan con una nomenclatura variada, llamándose a sí mismos
gnósticos, perfectos, elegidos, descendientes de Set, hijos de la cámara nupcial. A propósito de
los cuales, Ireneo escribirá una obra que se titula: “Exposición y refutación de la que con falsedad se
llama gnosis”. Nos habla de una gnosis que es falsa.
Según esto, vemos que la palabra gnosis es tremendamente ambigua, aunque en el ámbito de la
patrología, cuando hablamos de gnósticos nos referimos a otra cosa.
En 1966, dada la dificultad de los términos, se reunieron los grandes especialistas del
gnosticismo en Mesina. Tratan de establecer una terminología clara: qué se quiere decir con
gnosticismo. Querían evitar equívocos, y se pusieron de acuerdo en establecer una terminología
que, a partir de ese momento, utilizarían todos, y que aclarará nuestra manera de hablar. No
sirvió para nada, pero era muy clarificadora de todo lo que se puede esconder bajo esos
términos.
Gnosis, decían ellos, designa el conocimiento de los misterios divinos, reservados a una élite
(grupos de privilegiados). Un cristianismo para una élite, aunque hará estragos entre los
sencillos. Pero dijeron que el término gnosticismo se debería reservar para el conjunto de
sistemas filosóficos y teológicos del s. II d.C., que implican una serie coherente de características
a pesar de su diversidad. Esas características que aúnan a todos los movimientos eran:
Hay en algunos hombres una centella de vida, de divinidad (no es el alma), algo que es divino
en el hombre. Esa centella proviene del mundo divino. Del mundo de arriba ha caído a este
mundo y se ve sometida al destino, al nacimiento y a la muerte. Esa centella de divinidad, que
se encuentra encerrada en este mundo, hay que despertarla, tiene que tomar conciencia para
volver al mundo del que vino. Esta es la esencia de lo que va a agrupar en cada secta de
gnosticismo.
El gnosticismo implica lo que hay en el hombre que es sustancialmente divino. Sólo tenemos
constancia de que estos sistemas filosóficos existían hacia el s. II, entonces ¿cómo pueden
hablarnos de la influencia del gnosticismo en la composición de los evangelios, que son
anteriores? Hay que matizar la forma de hablar. Muchas de las ideas que van a asumir estos
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gnósticos podían estar pululando de antes, por lo que había que llamarlas pregnosticismo o
protognosticismo, pero no son sistemas cerrados.
Estos sistemas, dicen algunos que surgen (no está claro) de dentro del cristianismo, otros que
son de origen judío, otros que son helenísticos, otros persa, otros mesopotámico, o a lo mejor
hay elementos de todas partes. Actualmente está en pie una discusión a la que nadie puede dar
una respuesta clara. Una postura dice que el gnosticismo es un movimiento dentro del
cristianismo, y por lo tanto fue forjado por cristianos, pero con precedentes judíos. Otra dice que
es una cosmovisión religiosa, no propiamente cristiana, que se puede adaptar a diversas
religiones, entre ellas el cristianismo y, por tanto, su origen no hay que suponerlo en el
cristianismo. Pero lo cierto es que en el único sitio donde encontramos esos sistemas es en el
seno del cristianismo.
El gnosticismo es también complejo, por la manera de explicar sus sistemas. Utilizan un lenguaje
mítico para hablar de Dios, recurren al mito. Aunque también existen textos en los que recurren
a términos normales. Hay un documento que se titula: “Carta de Tolomeo a Flora”. Tolomeo es un
valentiniano, el discípulo más agudo de Valentín. Flora es una mujer a la que Tolomeo quiere
captar para la secta. En esa carta recurre a términos normales, pero lo propio entre ellos es
utilizar un lenguaje críptico, por lo que son necesarias unas claves para entender algo.
La complejidad del gnosticismo procede también de las fuentes, a las que debemos acudir para
su estudio. Los escritos originales en lengua griega de los gnósticos del s. II han desaparecido
casi por completo. Lo que nos queda se ha conservado gracias los heresiólogos. La mayoría de
las obras que nos han llegado ha sido a través de traducciones coptas, y el copto es una lengua
pobre, a veces es incapaz de traducir adecuadamente el griego. El copto de los cristianos, a
medida que fue desarrollándose el cristianismo, tuvo que tomar préstamos del griego para
poder expresarse.
Primarias -> los textos en cuanto tales que nos han llegado de los gnósticos. Algunas obras
fueron descubiertas en el s. XVIII como la “Pistis Sofía”, los dos libros de Jeú, “el gran discurso
secreto”, “el códice de Berlín”, donde se encuentra el Evangelio de Mª Magdalena, “el apócrifo de Juan”,
“la Sabiduría de JC”, “el Evangelio de Pedro”. Pero el gran descubrimiento se da en Nag-Hammadi
(Egipto) entre 1946-1950. Algunos textos llevan el título de “Codex Jung”. Muchos son cartas de
apóstoles, evangelios, apocalipsis, oraciones.
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La Biblia de los herejes era la misma que la nuestra. No hicieron un canon, aceptan cualquier
cosa. Los gnósticos no cortan a Pablo, leen a Pablo entero, y a Juan, pero lo hacen con su
interpretación, una interpretación que en algunos ambientes comienza a provocar aversión
hacia ellos.
Dentro de la colección de Nag-Hammadi hay incluso obras no cristianas, como “la Republica de
Platón”.
Secundarias -> Heresiólogos de aquellos siglos que nos dieron a conocer esos escritos, y cuál
era el pensamiento de esos escritos. Nos dan las claves para poder entender el pensamiento
mítico de los gnósticos, claves para descifrar el lenguaje mitológico. Algunos de ellos son:
Ireneo, Clemente de Alejandría, Orígenes, Hipólito…
Los gnósticos no tenían ningún inconveniente en acoger los libros que la iglesia venía acogiendo
y utilizando, aunque dentro de esas sectas cada una tuviera su propia posición. Tienen un
sustrato común, pero cada una tenía su propio sistema, variando incluso dentro de una misma
escuela.
Valentinianos: Eran respetuosos con los libros que la iglesia venía acogiendo. Hablan del dios
de Israel. No lo consideran el dios supremo, pero saben leer el A.T. para encauzarlo hacia el
evangelio. Recurren a la exégesis alegórica, simbolismo de los números. La alegoría les permite
salir de la literalidad del texto. Leen, interpretan alegóricamente y, normalmente, no discuten
con nadie excepto con los eclesiásticos. La exégesis alegórica es lo propio de los hombres
perfectos y espirituales, mientras que la exégesis literal es de los hombres carnales, incapaces de
elevarse a las alturas del espíritu.
El uso alegórico que hacen de la Escritura no explica, sin más, el choque frontal que se produjo
entre los movimientos gnósticos y la iglesia. También dentro de la iglesia hay autores que
abusaron de la alegoría, como Orígenes. Hay que buscar una razón última que explique por qué
unos y otros, leyendo los mismos textos, chocan frontalmente.
Los gnósticos decían que las escrituras había que leerlas con discernimiento. Hay que saber
descubrir los diferentes niveles de mensaje. Los gnósticos eran los capaces de descubrir el
sentido último, el sentido espiritual y divino de las escrituras. Se mantienen en un sistema
riguroso. Eran caprichosos, arbitrarios exegéticamente, porque apoyaban su exégesis sobre una
serie de principios, axiomas, que eran eclesiásticamente incontrolables.
De un mismo pasaje, un eclesiástico puede dar varias interpretaciones. Legítimas, siempre que
no atentaran contra los principios que se trasmitían en la iglesia desde el principio, una regla de
fe, norma suprema. (Sobre todo que no vaya contra la interpretación apostólica. Esto lo dice S.
Ireneo).
Los valentinianos también hablan de tradición, pero no la que mantenía la Iglesia. Recurrían a
una tradición apostólica secreta, hasta el punto que establecían una cadena de sucesión que
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enlazaba con los apóstoles. Era una tradición compleja, que no se podía mantener con la sencillez
de la regla de fe de la iglesia (hecha de axiomas). Esa tradición la encontramos en todos los
códices de Nag-Hammadi. De ahí que nazcan tantos evangelios, apocalipsis, hechos…
atribuidos a los apóstoles. Con estos textos pretenden mostrar una tradición secreta que procede
desde Cristo. Eran conscientes de que esos textos no procedían de los apóstoles, pero era un
procedimiento para ir dejando caer su tradición secreta. Esa tradición era los grandes axiomas
de la filosofía del momento. Por eso los eclesiásticos no eran capaces de rebatir a los gnósticos
por el sentido de los pasajes de la escritura. Los gnósticos estaban haciendo exégesis a partir de
unos presupuestos que no eran la regla de fe, eran los de la filosofía pagana del momento.
El gnosticismo es el intento de ofrecer una visión del cristianismo que fuese aceptable por las
élites culturales de su tiempo, que no atentase contra aquello que era irrenunciable para la
filosofía del momento. Este afán de presentar esta imagen del cristianismo condujo a elaborar
una interpretación de la Escritura, en la que la revelación bíblica quedaba supeditada a los
presupuestos y racionalidad filosóficos. Eran los presupuestos medioplatónicos.
Pero cual eran las premisas de la interpretación? Pues, quieras o no era una interpretación
pagana.
La filosofía de la época identificaba materia y mal. Los gnósticos también lo hacían. Si eso es así
¿Cómo Dios pudo crear la materia, es decir, el mal? ¿No será necesario recurrir a un demiurgo
inferior que sea el responsable de la materia? ¿Cómo Dios puede encarnarse si la carne es el
mal? ¿Cómo puede ser salvada la carne?
El problema del mal es clave para comprender el gnosticismo. El mal, que aparece como un
hecho de experiencia inserta en la existencia en el mundo, impide que el hombre llegue a ser el
mismo.
En este mundo, en el que son extranjeros, se sienten como en una cárcel, caracterizada por la
maldad, oscuridad, falsedad, engaño… Este mundo es el infierno.
Se experimenta como algo de Dios que por alguna circunstancia se ve encerrado en un mundo
donde se siente como extraño, encadenado y añorando el mundo de arriba.
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No es bautismo el que salva sino la gnosis.
Apuleyo escribió dos obras, en una de ellas escribe una novela en las que haciendo una poción
mágica se convierte en un asno con una conciencia de hombre. Pero al final de la novela, dirige
una oración después de la cual alguien lo salva “quítame la esta fea visión de asno, y hazme el
lucio que soy”. El asno refigura el cuerpo, pero el aspira ser el mismo pero solo lo puede
conseguir si es liberado por su figura de asno. El gnóstico sabe que es el mundo y se siente un
extranjero porque no se siente en su hogar y se siente que pertenece a otro mundo, a un mundo
superior, a Dios.
En su interior se experimenta como algo que cayó del mundo divino a este mundo, hasta llegar
a estar encerrado en el interior de un cuerpo, encarcelado. Viven en la añoranza de su origen
divino.
En medio de esa situación de oscuridad va a recibir “La Iluminación”, a la que algunos van a
llamar resurrección. Es despertar la conciencia de lo que ellos son verdaderamente. El que posee
la gnosis es un ser de las alturas, conoce el lugar del que vino y el lugar al que se dirige.
A partir de esa experiencia van a hacer una lectura del Escritura. Elaboran un sistema que trate
de explicar eso. Lo hacen mediante un lenguaje mítico, mitológico.
Hay una legislación pura de Dios que no está mezclada con mal. Aquella que Jesús dijo que no
había venido a abolir. Esa es de Dios. Pero hay otra legislación mezclada con mal e injusticia,
que la ha abolido el Salvador porque no estaba de acuerdo, como la del talión. También está la
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legislación típica y simbólica, una serie de leyes, normas y dichos que hay que interpretarlos
simbólicamente, alegóricamente.
MITO DE TOLOMEO
Lo cuenta Ireneo:
Había, según dicen, un Eón perfecto, supraexistente, que vivía en alturas invisibles e innominables.
Llámale Pre-Principio, Pre-padre y Abismo (buqój), y es inabarcable en su manera de ser, invisible,
sempiterno e ingénito. Vivió infinitos siglos en magna paz y soledad. Con él vivía también Pensamiento
(e/)nnoia), a quien denominan así mismo Gracia (xa/rij) y Silencio (sigh/).
Van a apareciendo una serie de nombres, unos masculinos, como Abismo, y otros femeninos
como Eón (Ennoia) que sirve para caracterizar una característica de lo divino (por ej eternidad),
Gracia. Están hablando del Dios trascendente.
Dios vivía en soledad, sin lazo de comunicación hacia nadie. Por eso es supraexistente, PrePadre,
Abismo. No llaman a Dios Principio, sino Pre-Principio, para evitar cualquier relación de Dios
hacia fuera de sí. El Dios trascendente no es el ser origen del ser, es por encima del ser, anterior
al ser, con existencia exclusiva y absoluta de la que nadie participa. Dios no es un principio que
mire a lo principiado, sino que está por encima de todo eso. Subrayan la absoluta trascendencia
de Dios. Lo privan de cualquier relación de Dios con los seres. Buscan que no tenga nada que
ver con la basura y la maldad de este mundo. Es un Dios que está tan encima de todo y lo quieren
alejar de toda negatividad.
Ellos son monistas, porque todo parte del Dios supremo. Aunque luego se dirán dualistas.
Las mujeres del Dios. El Dios supremos tiene esposas y esto lo escandalizaba, pero estamos en
frente a un lenguaje mitológico. Dios está desposado con Sigé significa que es un dios silencioso.
Abismo, se piensa a sí mismo desde siempre, pero es un pensamiento que es silencioso, por eso
se dice que está desposado con Silencio. Y con Gracia, porque ese Dios, cuando quiera, puede
dar cabida a una economía gratuita, dar libertad.
El lenguaje mítico hace que a veces presenten a Dios en soledad y otras veces lo presenten con
una esposa. Si vivía sólo en paz y soledad ¿Porqué viven con él Gracia, Silencio y Pensamiento?
Esto quiere decir que Dios tenía su pensamiento, pero en su lenguaje mítico lo muestran como
desposado con Pensamiento. Quiere decir que es un dios silencioso, y por eso está desposado
con silencio. Desposado con Gracia quiere decir que en Dios hay una potencial maternidad que
le puede hacer salir hacia fuera de sí tanto como él lo quiera.
Utilizan ese lenguaje de lo masculino y lo femenino. Lenguaje que también utilizarían algunos
autores eclesiásticos que dicen que Dios en su infinito amor se hizo madre.
Dios pudo haber prolongado indefinidamente su quietud, su paz, su silencio. ¿Cómo se rompe
esa trascendencia para llegar al punto de que nos encontremos nosotros aquí? ¿Cómo se rompe
ese silencio y se inicia la economía de la “creación” (entre comillas porque para los gnósticos
71
nunca hay creación de la nada, todo es fruto de sucesivas degradaciones del mundo de lo
divino)?
Lo primero que hace Dios es pensar una economía: “Una vez, pensó este Abismo emitir (probale/sqai)
de su interior un principio de todas las cosas, y esta emisión que pensaba emitir la depositó a manera de
simiente (semen) en Silencio, que vivía con Él, como en una matriz. Habiendo ella recibido esta simiente
y resultando grávida, parió a Intelecto (Nou=j), semejante e igual al eminente (es JC!), y único capaz de
abarcar la magnitud del Padre. A este Intelecto lo llaman también Unigénito (Monogenh/j), Padre y
Principio de todas las cosas (dejan al Padre fuera de todas las cosas). Junto con Él fue emitida Verdad
(a)lh/qeia). Y ésta es, según ellos, la primera y principal Tétrada pitagórica, a la que llaman también Raíz
de todas las cosas. Hay, en efecto, Abismo y Silencio, después Intelecto y Verdad.
Dios quiere salir de sí en un determinado momento, quiere iniciar algo fuera de sí, la economía.
Aparece una matriz donde deposita su simiente y aparece el Unigénito. Los gnósticos lo llaman
Padre y Principio de todo. En realidad, a partir de aquí, de lo que hablan es del Hijo, en lo que
la Teología eclesiástica trinitaria sería el Hijo. Pero lo llaman Padre porque el otro es la
trascendencia suprema, el supra-Padre. Quieren alejar a ese Dios trascendente de toda la
negatividad del mundo. El Principio de toda la realidad que venga después es el Hijo.
Estos cuatro elementos no son cuatro personas en Dios. Abismo y sus esposas no son más que
el Padre. Ahora va a ir apareciendo el Hijo, el nous. Desposado con Verdad. El nous se presenta
con dos relaciones, por un lado, mira al Dios supremo, es el único capaz de comprenderlo y de
revelarlo, de darlo a conocer. Pero nous mira también hacia abajo, hacia la futura creación, como
Padre y Principio de la creación.
El nous aparece desposado con alezeia. Indica que el Hijo es la verdad de todas las cosas. Ese
nous va a ser, por un lado, padre de todos los seres espirituales, y principio de todas las demás
realidades.
El Unigénito, comprendiendo el motivo por el que había sido emitido(en función de la economia), emitió
a su vez a Logos (lo/goj) y a Vida (zwh/); él (el Unigénito) era el Padre de todos los seres que iban a existir
después de él (no sólo del hombre, sino también de ángeles), y era principio y formación de todo el
Pléroma significa plenitud (ese mundo de los divino). Por el conyugio del Logos y Vida fueron
emitidos Hombre (a)/nqrwpoj) e Iglesia (e)kklhsi/a). Ésta es la Ogdóada primigenia, raíz y subsistencia de
todas las cosas, a la que designan con cuatro nombre: Abismo, Intelecto, Logos, Hombre.
De Logos y Vida fueron emitidos dos eones, Hombre e Iglesia. El Hijo va a ser el verdadero
hombre, el principio de los hombres pero, como los hombres están llamados a salvaguardarse
en una comunión, aparece desposado con Iglesia. La Ogdóada que surge no son más que
dimensiones del nous. En cuanto que el nous no mira sólo a Abismo sino a lo futuro.
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Esto ya va adelantando la posterior historia, lo que va a acontecer. Todo es una sombra, un
reflejo de algo que ha ocurrido en el mundo de lo divino, en el mundo del Pléroma. La Pasión
de Cristo, el Bautismo, la Eucaristía, son un reflejo de algo que sucedió en ese mundo.
Ahora bien, cada uno de ellos es andrógino (hombre y mujer), de la siguiente forma: primero, el Padre
primordial estaba unido formando conyugio con su Pensamiento, a la que llaman también Gracia y
Silencio; el Unigénito, es decir, el Intelecto con la Verdad; el Logos con la Vida, y el Hombre con la Iglesia.
Estos eones, emitido para gloria del Padre, queriendo también a su propia manera glorificar al Padre,
emitieron emisiones en conyugio. El Logos y Vida, después de emitir al Hombre y a la Iglesia, emitieron
a otros diez eones, cuyos nombres son los siguientes: Profundo y Mezcla, Inmarcesible y Unión, Genuino
y Placer, Inmóvil y Comunión, Unigénito y Beata. Éstos son los diez eones que, según ellos, fueron
emanados por el Logos y Vida. Por su parte el Hombre, en unión con Iglesia, emitió doce eones, a los que
otorgan los nombres siguientes: Paráclito y Fe, Paternal y Esperanza, Maternal y Caridad, Intelecto
Perdurable y Entendimiento, Eclesial y Beatitud, Deseado y Sabiduría.
Logos y Vida emiten diez eones a los que llaman década. Eones relativos a los seres racionales
que van a aparecer.
Hombre y Vida emiten la dodécada, 6 parejas de eones. Interesa la última pareja, Deseado y
Sabiduría.
Éstos son los treinta eones de su error, mantenidos bajo silencio y no conocidos, y éste es el Pléroma que
se imaginan, invisible y espiritual, dividido en tres: Ogdóada, Década, Dodécada. Y por esto dicen que el
Salvador –pues no quieren llamarlo Señor- no hizo nada en público durante treinta años, con lo cual puso
de relieve el misterio de estos eones.
Cada elemento de los que aparezcan en el mito van a buscar, por extraño que sea, ese elemento
en el N.T.
Según ellos, estos treinta eones vienen también clarísimamente indicados en la parábola de los obreros de
la viña: unos son enviados a la primera hora, otros a la tercera, otros a la sexta, otros a la novena, otros
finalmente, a la hora undécima. Sumadas esta horas, forman el numero treinta, pues 1+3+6+9+11=30.
Pretenden así que a través de las horas vienen indicados los eones. Y éstos son los grandes, maravillosos
e indecibles misterios que ellos cosechan, aprovechando todas las veces que las Escrituras dicen algo que
pueda ser adaptado y acomodado a su ficción.
73
Nos fijamos en los dos últimos eones. El Padre pensó en la economía y al hijo como el principio
de ella. El hijo es engendrado en función de la economía. Es el único que puede entender al
padre y que puede tener una relación con él. Todo este mundo está creado para ir hacia fuera, y
los eon han sido creados para la economía, y lo llamarán como SOPHIA. El pecado de Sofia,
que pensada para la economía quiso enamorarse del abismo y esto era pecado porque su misión
era otra, y da lugar a un abismo profundo.
Analizan minuciosamente todo lo que puedan encontrar, para que les salga lo que ellos buscan.
El padre emitió al nous para dar pie a una economía de creación y salvación. Todo este
desarrollo del mundo del Pléroma mira hacia abajo, está impulsado hacia la futura creación.
Sofía es el ultimísimo de los eones. Ahí va a ocurrir el pecado. Sofía había sido emitida para tirar
hacia abajo, hacia adelante. Pero Sofía, que tiene a su esposo, se enamora y se apasiona por
conocer a Abismo y unirse a Él.
Una vez que Sofía es purificada tenemos tres personas. El mundo del Abismo, que sería el Padre
en la teología eclesiástica. El mundo del Pléroma con todos sus eones, que sería el ámbito del
Hijo. Y, finalmente, tenemos la Ogdóada (no es la primigenia del principio), el ámbito del E.S.,
el ámbito de Sofía.
Una vez que Sofía es purificada queda un cúmulo de conversión, de pasiones. Lo que queda
fuera son elementos espirituales. También hay elementos psíquicos. Y también va a haber
elementos materiales. Todo revuelto. Desde arriba, el Salvador tratará de discriminar esos
elementos.
74
Desde ahora los gnósticos distinguen entre la formación sustancial y la formación gnóstica que
es la perfección dada a esta realidad.
El león Cristo no es solo que un
El ES en cambio, les enseñó a dar gracias (que en el lenguaje del mito es la eucaristía).
El Hijo va a estar acompañado de otro y nacen idealmente con Él, y estos son los gnósticos.
Para San Pablo, el hombre psíquico es el hombre dotado de alma, y el hombre espiritual es el
hombre guiado por el espíritu.
Va a aparecer del elemento psíquico que hay en el caos, el Demiurgo. Es el que va a llevar a cabo
la creación de este mundo con los elementos psíquicos y materiales. No hay creación de la nada,
es todo una continua degradación. En esa degradación, los grandes protagonistas van a ser
semillas espirituales que van a quedar encerradas en el mundo de lo psíquico y de lo material.
El mundo del Demiurgo es la hepdómada. Es el mundo de lo psíquico, todo lo que tenga que
ver con el alma pertenece al mundo del Demiurgo. Los gnósticos son elementos de Sofía que
quedaron atrapados aquí. La historia no tiene otro sentido sino que estos elementos atrapados
vuelvan a su mundo.
Van a quedar también las pasiones, el temor, la angustia. De estas pasiones va a quedar formado
el mundo de la materia, materia en un sentido superior al que nosotros tenemos para la materia,
materia visible (la nuestra) e invisible (el mundo del diablo).
Por degradación de lo divino han ido apareciendo diversos mundos. A partir de este momento
va a empezar a cobrar importancia el Demiurgo. Valiéndose de la materia y de su propio
mundo, va a formar este mundo, este cosmos que vemos. Lo va a hacer movido, de alguna
manera, por Sofía. Pero él no se da cuenta. Él se cree que es el único dios, pero es Sofía quien,
de alguna manera, le está dando las imágenes del mundo de arriba para que realice este mundo.
Es un ejecutor de Sofía.
De esta manera van a surgir tres razas de hombres. Tres naturalezas humanas. El Demiurgo crea
un hombre que es sustancia material (no quiere decir un cuerpo como nosotros). Probablemente
los gnósticos pensaran de una expresión paulina de 1 Cor. 15,44, donde Pablo habla de “cuerpo
de alma”. Una parte de esos hombres materiales o ílicos reciben un soplo del Demiurgo, y así
resultan los hombres psíquicos (la segunda raza). Pero, como han quedado elementos de Sofía
sueltos, algunos, sin que el Demiurgo se dé cuenta, van a estar presentes en algunos hombres.
Ese sería el hombre espiritual (la tercera raza). Habría hombres de las tres razas.
Es difícil identificar quien es quien. Estamos revestidos de lo que llaman una carne, túnicas de
piel. El hombre psíquico es imagen del Demiurgo. El hombre espiritual es consustancial a Sofía
y, por tanto, al Abismo, es una chispa de divinidad atrapada en este mundo, envuelto en esta
corporalidad.
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Es imp no identificar el hombre material con el cuerpo.
El hombre material está hecho de materia que no se ve. Hay algo dentro de este cuerpo que es
el cuerpo material. Tiene alma material. Estos eran normalmente los paganos.
El gnóstico dice que no son libres para salvarse. No deciden salvarse o no. Al ser consustancial
con Dios, necesariamente se van a salvar, van a volver a su lugar haga lo que haga, aunque Dios
no quiera. Por determinismo.
El hombre material no tiene otro destino que el destino de la materia, destino de muerte y
corrupción. No hay salvación para ellos, porque lo material no puede ser salvado. Dios no puede
salvar lo material. Están condenados a la desaparición absoluta. En ellos no hay libertad para
optar por la salvación.
El hombre psíquico es el único libre. Es un hombre al que Cristo, al venir, le ha abierto las puertas
de la fe en el Dios supremo, Bythos (la fe, no la gnosis). Cristo les habla de que hay un Dios por
encima del creador, y deben elegir entre uno y otro. Si no aceptan el mensaje de Jesús,
irremediablemente acabarán como los materiales. Si creen en Cristo, serán elevados a una cierta
salvación. El que haya aceptado la fe, el que haya aceptado hacer obras buenas, se salvará. Pero
nunca podrán entrar en la Gran Cámara Nupcial del esposo, los grandes misterios de Bythos.
No podrán verlo, permanecerán en la puerta, podrán oírlo pero no verlo.
Para un espiritual, lo propio es el saber, el conocer, no el creer. Cristo hace despertar en ellos ese
elemento espiritual. Les hace tomar conciencia de que ellos, en lo más íntimo de su ser, no son
de aquí. Hace que descubran su ser verdadero. El hombre espiritual se siente como extranjero
en este mundo hostil, y su más íntimo ser se da cuenta de su verdadero ser.
A esa experiencia de iluminación la llaman resurrección. Están salvados por naturaleza, con
independencia de sus acciones. No pierde su carácter de metal precioso aunque esté enterrado
en el lodo. Lo propio del hombre espiritual es la gnosis, el saber. No necesita la fe.
El gnóstico se autocomprende como divino y exiliado, pero la iluminación le hace darse cuenta
de su ser divino. Su experiencia en este mundo es esperar a madurar para volver a lo divino.
Todo este mundo material es como la placenta. Cuando el niño ya ha nacido, la placenta se
pierde. Lo mismo ocurre con lo material. El mundo gnóstico se limita a lo interior, a la
conciencia, a lo invisible.
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- Ascetas: Rigurosos. Manifestación de su aversión y odio al cuerpo. La ascesis es una
manera de castigar y despreciar lo creacional.
El Cristo gnóstico ha venido a liberar a los espirituales de este mundo material. El Cristo
proclamado por la predicación pública de la Iglesia no les interesa. Al verdadero Cristo, al Cristo
espiritual sólo lo conocen los espirituales. El psíquico sólo puede conocer al Cristo psíquico,
pero no al espiritual. Sólo pueden conocer al verdadero los espirituales, porque tienen la
tradición apostólica secreta de los espirituales que llega hasta el momento. Desprecian la Iglesia
visible, para hablar de una Iglesia invisible y celeste de los espirituales.
No les importa la manifestación del espíritu en la conducta. Por eso no tienen aprecio por el
martirio sensible y cruento. No van al martirio. El martirio era una manera de testimoniar la
fuerza del espíritu en una humanidad frágil y débil. Ellos no se entregaban al martirio, y lo
justificaban diciendo que el juez les preguntaba por el Cristo psíquico, el que ellos son capaces
de conocer, y no por el espiritual. Para ellos el martirio tiene que ser invisible, el de la conciencia.
De aquí que para ellos la virginidad no les interesaba, sólo les interesaba la virginidad de
espíritu. El espíritu no puede transparentarse en las realidades creadas ni trasformar las
realidades creadas.
Visión gnóstica de Cristo: Tenían muchas visiones de Cristo, muchas concepciones de Cristo.
Nos fijamos en dos sectas importantes de valentinianos.
+ Para una de las sectas, Jesús nace de la Virgen María, y lo que nace es un hombre. En la
concepción de ese hombre intervienen tres actores, dos son activos: E.S. y el Demiurgo; y un
actor pasivo: María. El E.S. infunde en María las primicias de lo espiritual, es decir, al seno de
María llega también una centella de divinidad, un hombre espiritual. Pero interviene también
el Demiurgo, que va a hacer que Jesús sea también un hombre psíquico.
El Jesús que nace de María es un hombre espiritual, predilecto, pero un hombre. Va a ser en el
bautismo del Jordán cuando descienda sobre Él el Hijo unigénito, y se va a unir en el Jordán de
manera personal con Jesús, y va a actuar a través de Jesús. Esa situación va a durar hasta el
momento de la Pasión, donde el Hijo, que es impasible y no puede ir a la Pasión, se va a retirar
de Jesús. El espíritu, lo divino, se retira. Por eso Jesús ya no habla, es sin más un hombre.
77
La unión del Hijo con el hombre Jesús dura doce meses, los de su predicación.
+ Otra línea dentro de los valentinianos afirma que el Hijo de Dios se ha unido a Jesús desde el
principio. Van a ir a presentar al Hijo de Dios como si fuera bajando por los distintos mundos,
y al ir bajando iba tomando el elemento de cada uno de ellos. Asume un hombre espiritual,
asume un hombre psíquico, pero lo que nunca asumirá será un hombre material.
Lo único que ocurriría en el Jordán sería que el Hijo de Dios empezaría a influir sobre el hombre
Jesús. En la Pasión el Hijo se oculta, no se retira ni se va, sino que se oculta. La Resurrección de
Jesús significaría que cada elemento vuelve a su sitio, lo espiritual a lo espiritual, lo psíquico a
lo psíquico y el Hijo a su mundo.
78
TEMA XIV.- LA LITERATURA APOLOGÉTICA
A medida que el cristianismo se ha ido extendiendo en los primeros siglos, no sólo ha habido
problemas en el interior de las comunidades, sino que paulatinamente a medida que fueron
creciendo esas comunidades se fueron haciendo presentes a lo largo de la cuenca del
mediterráneo, y van a surgir problemas con los que no eran cristianos, con el mundo intelectual,
con el mundo de la calle.
Va a aparecer una literatura que recoge toda esa problemática. Una literatura apologética que
no está desocupada de los problemas internos, pero que tiene que hacer frente a las cuestiones
de relación con el mundo no cristiano. Se centra en las objeciones del poder político hacia el
cristianismo, las objeciones del mundo intelectual hacia el cristianismo, y la reacción popular,
de la calle, de los foros, del teatro… sobre los cristianos.
Nos remontamos al año 442 a.C. Se representa una tragedia de Sófocles: “Antígona”, que era el
grito de la conciencia de una mujer frente al poder político. Antígona se subleva contra el poder
político. En el campo de batalla ha muerto el hermano de Antígona y el rey ordena como castigo,
por haber atacado a la ciudad, que nadie le dé sepultura ni le llore, que lo dejen como tesoro
para las aves rapaces. Antígona se revela, porque por encima de las órdenes del rey están las
leyes no escritas e inquebrantables de los dioses, el debido respeto a la piedad (es la relación
entre la familia). Esto le impide dejar a su hermano tirado. La hermana de Antígona le aconseja
que no obre por encima de sus posibilidades, pero el grito de Antígona pide la dignidad de
libertad de conciencia, la dignidad de la persona humana. No le importa morir enterrándolo.
Al cristiano se le persigue no porque es religioso sino porque es ateo, es decir porque no respecta
la religión del estado.
Roma no era tolerante con lo religioso. Cicerón decía que el pueblo romano era el mas religioso
del mundo. La religión de los romanos era propia y especifica del imperio y no pedía ninguna
conversión sino solo tener la ciudadanía, así que el extranjero no podía participar.
En el imperio se van a encontrar y desencontrar dos formas de pensar, dos estilos de vida, dos
concepciones del mundo, sociedad y religión. Sustancialmente dos modelos, porque dentro del
cristianismo y del paganismo podemos encontrar planteamientos diversos que provocan
reacciones, situaciones, desarrollos particulares.
La religión romana era tan particular como ellos mismos. La religión romana era propia y
específica de los ciudadanos romanos. No necesitaban conversión, únicamente la ciudadanía
romana. Los extranjeros no podían asistir a los ritos romanos a menos que el senado les dejara.
El romano estaba obligado a asistir.
Religión en la que el hombre no participaba a título individual, sino como miembro de una
comunidad política. La religión romana no buscaba la salvación personal, sino la de la ciudad,
de la república y del imperio. Lo cual exigía el respeto a los dioses.
Poco o nada importaba la dimensión personal e íntima. Tampoco importaban los sentimientos
del individuo, lo verdaderamente decisivo era la minuciosa y meticulosa ejecución de un
conjunto de ritos legados por la tradición. Ritos que trasmitían una peculiar visión de la sociedad
y del mundo, contra la cual no se debía pensar.
80
Una religión asentada sobre tales principios tuvo necesariamente que verse afectada por el
proceso histórico que condujo a una ciudad, situada a la orilla del Tiber, hasta convertirse en el
poder hegemónico de todo el Mediterráneo. Por esa expansión se van a encontrar con
novedades, nuevas situaciones económicas, sociales, culturales que, no sin tensión, todas esas
nuevas necesidades buscaron su reflejo en la religión oficial, de tal manera que la religión oficial
siguiera siendo el elemento de cohesión del sistema político y de los nuevos equilibrios sociales.
La religión se fue progresivamente adaptando a la nueva expansión. El imperio se va a abrir a
otros dioses y a otros cultos, en función de los intereses romanos. La apertura religiosa de Roma
tenía un valor político y diplomático. Tenía que reflejar las relaciones políticas que debían existir
entre Roma y sus ciudades. Roma no se convertía a otras religiones, sino que enriquecía su
panteón de divinidades, su patrimonio religioso, como signo de su expansión y su poderío.
Mommsen en su libro afirmaba que la religión era una declaración de lealtad a la comunidad.
Por eso no tenía problema en sacudir a otras religiones, que hubiera otras religiones pero
siempre que no saliese del ámbito personal y la privacidad. La tolerancia pero tenía un límite.
Hacia el 110-112 d.C., Plinio el joven gobernaba en Vitinia (zona del Asia menor). Desde allí
dirige una carta al emperador Trajano para, entre otras cosas, informarle de una superstición
insensata y extravagante que hay infectado las ciudades y las aldeas. Que está ocasionando el
abandono de la religión oficial y dejando vacíos los templos. En los foros, mercados, talleres,
posadas… están apareciendo hombres y mujeres que se llaman cristianos. En muchas ocasiones
se trata de gente sencilla e ignorante de la lengua y de las letras, pero también los hay de toda
condición, ricos y pobres, de toda edad y sexo. No se diferencian de los demás hombres ni por
el alimento, ni el vestido, ni el género de vida, ni por las necesidades vitales. Proceden de todos
los pueblos, razas, lenguas y naciones. Lo hacen como respuesta a un designio divino universal
81
que no se ve impedido por la diversidad de lenguas y costumbres. A pesar de la diversidad y
de no tener una nación ni fronteras, manifiestan una fuerte conciencia de pueblo. De un pueblo
que tiene su origen en Jesucristo, y al que Dios ha concedido una misión en relación a su designio
salvífico. Pueblo nuevo con vocación de eternidad, más allá de particularidades, idiosincrasias
y límites, tanto geográficos como temporales. Un pueblo que no se entiende sin la presencia de
su Dios.
Algunos cristianos llegan a hablar de que son un tercer pueblo, tercera raza, distinta del
judaísmo y del paganismo. Un pueblo con una misión respecto al mundo. Se extienden entre los
paganos por todo el orbe como la mala hierba y aumentan de día en día. Plinio lo define como
algo que se contagia
Tertuliano escribía: “Somos de ayer y hemos llenado ya el orbe y todo lo vuestro, ciudades, aldeas… sólo
hemos dejado para vosotros los templos”. Da testimonio de una rápida difusión del cristianismo.
La masa social cotilleaba sobre los cristianos, y las habladurías contaban que los cristianos
practicaban la promiscuidad, el incesto, el infanticidio, la antropofagia o la adoración de los
genitales de su jefe religioso.
Las mentes más preclaras del paganismo no piensan igual. No faltan entre los intelectuales
testimonios que decían que los cristianos se comportaban como verdaderos ciudadanos.
Los cristianos son acusados de enemigos de los emperadores, de las leyes, de las costumbres y
de la religión oficial. Y por tanto son considerados sacrílegos y enemigos públicos que están
provocando en desorden. También son llamados “los ateos”.
Tertuliano testimonia el ambiente que se estaba creando. Se pensaba que todos los desastres del
pueblo, desde el comienzo de los tiempos, tienen como causa a los cristianos.
La estrecha relación que había entre política, prosperidad del imperio y religión hacía casi
imposible que los cristianos se pudieran defender. Los cristianos se esforzaron en mostrar que
no tenían reparo alguno en satisfacer sus deberes fiscales, pagaban a hacienda. Acataban las
leyes buenas y justas. Mostraron que eran excelentes aliados y auxiliares de la paz romana en
cuanto promotores de una responsabilidad personal, porque ninguna nación pasa
desapercibida ante su Dios, y ante ese dios todos los hombres habrán de rendir cuentas.
Oran por los romanos. Rezan para que el imperio crezca y todos los hombres gocen de la paz
del imperio. Reconocen que la paz del imperio es beneficiosa para ellos.
Había pasajes en el N.T. que los primeros cristianos meditaron profundamente, los tenían
profundamente marcados. Como eran Mt 22,21: “Pagar al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que
es de Dios” ó 1 Tim 2,2: “Orar a favor de los reyes y de todos los que están es puestos de gobierno para
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que vivamos una vida apacible y tranquila con toda religiosidad y libertad” ó Rm. 13,1: “Que toda persona
se someta a las autoridades que nos presiden, pues no hay autoridad sino es bajo la acción de Dios, y las
que existen han sido constituidas bajo la acción de Dios”.
Esto caló en la conciencia de los cristianos, que vieron la autoridad de los gobernantes como una
misión recibida por Dios, y de la que un día tendrían que responder ante Él. Pero el respeto a la
autoridad política no implica divinización de la autoridad política, ni absolutización de la
misma.
Tertuliano escribe: “El emperador es grande, pero es menor que el cielo, porque él mismo pertenece a
aquel al que pertenecen el cielo y la tierra, él es emperador porque es hombre, deja de llamar Dios a quien
tiene necesidad de Dios”
Los cristianos son conscientes de que las instituciones políticas forman parte del designio
creador de Dios, pero también de que la creación en la que vivimos y desarrollamos las
estructuras políticas, está abierta al designio salvador de Dios, y ningún estado debe acaparar
ni impedir la plenitud que Dios ha prometido a su criatura, una plenitud que trasciende la
propia creación y la propia historia.
Orígenes dirá: “es un mal creer que la debida relación con Dios es salvaguardada en las leyes establecidas
en las constituciones de los estados”.
La pretensión del estado, por identificarse con el designio salvador de Dios, por acapararlo o
por impedirlo, hizo que el cristiano, consciente de que hay que obedecer a Dios antes que a los
hombres, alzase un grito en los primeros siglos: “Deus maior est, non imperatores”: lo más
grande es Dios, no los emperadores. Y mi relación con Dios no la puede determinar el estado,
ni puede acaparar la historia de la salvación.
Los cristianos se opusieron a los romanos cuando querían dictarle como relacionarse con Dios
Cuando a Policarpo le dicen que maldiga de Cristo y le liberan, éste les contesta: “86 años le llevo
sirviendo y nada malo me ha hecho, ¿cómo podré maldecir a mi rey que me ha salvado?”
Cuando los mártires respondían ante los tribunales con la expresión: “Soy cristiano”, no le es
posible al hombre decir nada más grande y más bello. Era su primer y principal nombre.
Cada una de las sentencias de muerte respondía a una vida que con su muerte clamaban un
grito de libertad. Hacían valer su libertad frente a reyes y príncipes.
La mártir Perpetua dice: “hemos venido hasta aquí voluntariamente, podríamos apostatar, pero
estamos libremente para que mi libertad no sea ajusticiada”.
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Los mártires fueron en carne y hueso estandartes de la libertad de conciencia y religiosa.
Junto a los mártires no iban a faltar aquellos que reflexionaran, e hicieran teología sobre ello.
Tertuliano: “Dejad que uno adore a Dios y otro a Júpiter, que uno ofrezca a Dios su propia vida y otro la
ofrezca, si quiere, a un macho cabrío, no vaya a ser que también se sumen a la alabanza de vuestra
irreligiosidad el privar de la libertad religiosa y prohibir la elección de la divinidad. De forma que no se
me permita a dorar a quien quiera, sino que me vea obligado a adorar a quien no quiero”.
Van a hacer esa petición como un derecho humano, diciendo que es una exigencia de la
naturaleza humana. Ya que no es propio de la religión obligarlos a creer.
En el sigl IV fue muy difícil para la Iglesia porque calló en la trampa de que iba a vivir desde la
política.
Tácito (55-117), cuando se ocupa del incendio de Roma, dice que Nerón presentó como reos y
castigó con suplicios a los que el vulgo llamaba crestianos. Cresto, el autor, había sido
condenado en tiempos de Poncio Pilato. Reprimida por algún tiempo esta perniciosa
superstición (que significa que no era la religión no oficial), irrumpía de nuevo en la urbe de
Roma. Los cristianos odian al género humano.
El filósofo estoico Epicteto (50-130). Se ocupó de los cristianos en algún pasaje de sus diatribas,
lanzando una acusación que de alguna manera luego va a estar presente en otros autores, como
las meditaciones del emperador Marco Aurelio o Galeno de Pérgamo. Tres intelectuales que, de
alguna manera, han sentido una cierta admiración hacia los cristianos, hay algo que les ha
admirado, que es la manera en que los cristianos afrontan la muerte, la manera en que los
cristianos afrontan las dificultades.
Galeno se siente sorprendido por la moralidad con la que viven. Para comprender el impacto
que estos primeros cristianos, que van a la tortura y a la muerte, conviene subrayar que los
filósofos de la época consideraban como una de las características fundamentales del hombre
sabio era saber soportar las adversidades, en saber afrontar el dolor y la muerte.
Los filósofos de la época imperial tenían ante los ojos el recuerdo imperecedero de Sócrates, que
había sido el primer mártir del amor a la sabiduría.
Es comprensible que se pudiera atribuir a los filósofos y a la filosofía, no sólo el poder de dar
una explicación de la naturaleza, ofrecer una regla de vida, de ayudar a bien morir, sino también
el de enseñar el camino de la salvación, entendiendo esta palabra en el sentido impreciso y
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complejo que en los comienzos de la era cristiana poseía. Ser salvado significaba ser preservado
de las ruinas y de los peligros de toda clase.
Marco Aurelio: “Si uno de los dioses te dijera que vas a morir mañana o pasado mañana, a mí
me daría lo mismo a que lo fuera a los 2 días. Me daría igual, a no ser que yo fuese el último de
los cobardes. Morir después de dilatados años, más bien que mañana, no supone gran cosa,
cuando llega hay que saber hacerlo”.
En este contexto, en que los grandes filósofos de la aristocracia y de la sabiduría son los que
saben afrontar con gallardía las dificultades y la muerte, donde ellos son sabios por esa actitud,
se quedan perplejos por la actitud de unos extraños que no han pasado por las escuelas
filosóficas, oscuros, iletrados, que hacen frente a la tortura y a las ejecuciones con la gallardía y
la serenidad de Sócrates.
Epicteto, Marco Aurelio o Galeno no critican esto, eso lo admiran de alguna manera, lo que
critican son las razones por las cuales tienen esa actitud. Según Epicteto, el filósofo debe buscar
una demostración racional del mundo, y esa explicación racional le tiene que permitir al filósofo
afrontar sin miedo las adversidades, el destino y la muerte. Ante el problema del dolor,
sufrimiento, persecución y muerte, se busca una explicación racional que permita liberarse del
miedo a esas situaciones, tener una explicación racional que nos permita asumir esas realidades
sin miedo. Eso se ha de hacer por vía racional, no por el camino de los locos, que no sienten
miedo ante esas situaciones, o por el camino de los galileos cristianos, que se comportan sin
miedo por una especie de hábito o costumbre.
No critica que hacen, sino por qué lo hacen. Según él ese comportamiento no es racional, es más
cercano al de los locos que al de los filósofos.
Marco Aurelio habla de lo bella que es un alma cuando está dispuesto a afrontar la muerte. En
ese contexto admira a los cristianos. Compara el comportamiento intrépido ante la muerte del
mártir a la figura del filósofo. Pero a continuación viene la crítica, la actitud cristiana no viene
de un juicio razonado, sino que su disponibilidad a afrontar la muerte es fruto de una
obstinación insolente y falta de moderación, carente de la racionalidad necesaria para convencer
a otros.
La crítica por parte de los intelectuales paganos más incisiva, más fundamentada, va a llegar en
los tiempos del emperador Marco Aurelio, entre los años 170-180. Un filósofo platónico llamado
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Celso escribe “El logos verdadero”. Orígenes escribirá una obra contra Celso. Es la crítica más
incisiva que se le hace al cristianismo por parte de alguien que conoce los escritos cristianos. Ha
leído el A.T. y los evangelios y, probablemente, obras de algunos cristianos.
Celso también lo acusa de falta de racionalidad, pero va a decir en qué consiste esa racionalidad
que le falta al cristianismo. Son irracionales porque atentan contra el sistema político establecido.
La racionalidad acaba siendo hundida por el poder político. Dice que Cristo es el fundador de
una rebelión.
Uno de los grandes biógrafos de Sócrates pudo indicar que lo más terrible de la muerte de
Sócrates es que Atenas pudo continuar como si nada hubiera sucedido. No ocurrió lo mismo
con la muerte de Cristo, que da lugar al nacimiento de un pueblo peculiar porque no respondía
a las características que configuran a cualquier otro pueblo. Era un pueblo que no era una
realidad nacional, superaba el conjunto de las naciones, que no respondía a una etnia
determinada, ni a una manera de vestir, ni a una clase social, ni a una lengua. Sin embargo,
tenían una fuerte conciencia de pueblo, pueblo nuevo, constituido por gente que estaba
abandonando las tradiciones de los mayores, los cultos tradicionales, las prácticas religiosas de
la patria y, sin embargo, no levantaban altares, ni estatuas, no tenían templos, no tomaban parte
en fiestas sagradas de la ciudad. Serian conocidos como los ateos, impíos.
A este nuevo pueblo, Celso lo ve como un enorme peligro para el imperio. Celso es un filósofo
piadoso, afirmaba una única divinidad suprema, bajo la cual estaban otras divinidades
subordinadas o integradas a esa divinidad suprema. Celso afirmaba que el hombre no debe
abandonar nunca a Dios, ni de día ni de noche, ni en público ni en privado, ni de palabra ni de
obra. El alma ha de vivir en tensión hacia el dios supremo. A ese dios supremo se le puede
aplicar que la suprema divinidad reina pero no gobierna, está por encima de todo, y quienes
gobiernan son los dioses de los pueblos. Las leyes del imperio responden al reinado de dios, que
gobierna a los pueblos por medio de potencias o divinidades intermedias.
Cada pueblo se ha dado sus leyes patrias para el bien común, y eso lo hace bajo la protección de
esos dioses tutelares que gobiernan cada pueblo. La desobediencia a las leyes patrias es una
impiedad, porque uno actúa de manera contraria a esos dioses intermedios. En cambio, quien
obedece las leyes de la patria está obedeciendo a Dios, porque Dios es la fuente última de la ley.
Cuando una persona participaba en alguna dimensión de esa vida patria, está dando culto a
Dios, no dar culto es una injusticia y una ingratitud, y eso es lo que hacen los cristianos. La
actitud de los cristianos puede traer durísimas consecuencias. Su rechazo al culto del estado
puede traer terribles consecuencias a la comunidad, porque esos dioses, que los cristianos está
rechazando, tutelan las diversas dimensiones de la vida y del cosmos.
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diciendo que los dioses del imperio son superiores a cualquier otro dios, porque el imperio se
ha impuesto sobre los bárbaros.
Celso dice que los cristianos no estaban dispuesto a reconocer el imperador, y por tanto dice que
somos enfermos de rebelión, contra al estado. Cristo es el fundador de la rebelión.
Tiene su fundamento en Mt 6,24 “nadie puede servir a dos amos.”
Ellos destrozan los fundamentos de la civilización del estado.
Según él el dios cristiano no puede garantizar el bienestar del imperio romano, basta ver el
pueblo judío y cristiano.
En el monoteísmo de Celso se justifica el culto a los príncipes, a los reyes, al emperador, que han
recibido su divinidad de los dioses. El emperador o el príncipe se convierten en una mediación
entre el pueblo y las divinidades intermedias.
Celso dice que los cristianos son unos enfermos, y esa actitud rebelde de los cristianos estaría en
los inicios mismos de su creación.
Grito de rebeldía de los cristianos que rompe la sociedad civil era: “No podemos servir a dos
dioses”. Su pasión rebelde la quieren trasladar a Dios
El dios altísimo de los cristianos es un dios que no puede garantizar la prosperidad y la gloria
de Roma. No puede tampoco garantizar la prosperidad al pueblo judío. Ni siquiera se lo puede
garantizar al cristianismo.
El padre Hamman en “La vida cotidiana de los primeros cristianos” dice: “en una Roma
pragmática, más supersticiosa que religiosa, donde los emperadores no son unos fanáticos, el
peligro más amenazante para los cristianos está en la calle, porque la opinión pública juega un
papel importante en la Roma imperial.”
En medio de este ambiente en que se ven envueltos los cristianos, en una difícil relación con el
poder político, con los intelectuales, en una difícil relación con la calle, va a nacer una literatura
apologética.
Creaciones literarias diferentes a la literatura que el cristianismo había generado hasta ese
momento. Escritos que miran a los problemas y dificultades que vienen desde fuera, que les
plantea el poder político, el mundo intelectual pagano y el ambiente de la calle.
Las apologías no son sólo un género literario de defensa, constituyen la expresión del
pensamiento cristiano al entrar en contacto con el mundo pagano, al chocar con una concepción
opuesta.
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Eso hace que la literatura apologética sea un fenómeno complejo en la que convergen tres
finalidades: pero no es solo una defensa de parte del cristianismo, son algo más. Van a constituir
el pensamiento cristiano al entrar en contacto con el pensamiento greco-romano.
+ Misionera, protréptica: es un género exhortatorio que utilizaron los filósofos para hacer
propaganda, dar a conocer y traer a gente a sus escuelas filosóficas.
Literatura que nace del deseo de los cristianos de comunicar a los demás la verdad, la alegría, la
gracia que ellos experimentaron, y por eso es una llamada a la conversión. Por eso los escritos
apologéticos no se reducen a una mera defensa, sino que es también un intento de darse a
conocer en sus diferentes aspectos: quién es Dios, quién Jesucristo, qué es el bautismo, qué es la
eucaristía, la diferencia entre un judío y un cristiano, o incluso tratando de dar a conocer al
mundo pagano la diferencia que hay entre la Iglesia, otras sectas y otros grupos que también se
llaman cristianos.
Podemos descubrir en la literatura apologética un resultado de los fines, esa literatura tiene una
dimensión especulativa. El choque entre maneras de ver la vida y el universo tendrían que traer
como consecuencia por parte de los cristianos, el cómo situarse ante la cultura dominante
grecorromana. El cristianismo, a la luz de esa cultura grecorromana, tenía también que
repensarse y repensar la cultura pagana, analizar qué relaciones podían existir entre esos dos
mundos que parecían antagónicos.
La reacción de los cristianos ante aquella civilización no fue unívoca, sino que se manifestaron
sensibilidades diversas. Mostramos dos sensibilidades:
+ También hay autores que buscan puentes entre ambas culturas. Viendo lo que podía haber de
bueno en esa cultura, tratando de comprender qué elementos había de verdad, bondad y belleza,
porque en el fondo eran criaturas de Dios. Es el caso de un autor como Justino, que intenta
acercarse a aquel pensamiento, lo que no fue obstáculo para que Marco Aurelio le cortase la
cabeza, pero intenta dialogar con esa cultura.
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Por otro lado, el paganismo les estaba lanzando cuestiones muy finas desde el punto de vista
intelectual, a las que había que hacer frente. La acusación de que son de ayer, en un ambiente
en el que tener una tradición era algo fundamental, de que no tienen historia. Eso va a conducir
a los pensadores cristianos a repensar cuál es la historia del cristianismo. Responden dejando
claro que su tradición comienza con la creación.
Otra pregunta que los paganos dirigieron a los cristianos era “Cur tam sero?” ¿Por qué tan tarde?
Si os quiere tanto, ¿por qué viene ahora a salvaros? Los cristianos tienen que reflexionar sobre
la historia y a hacer teología de la historia, tratando de responder a: ¿Ha estado Dios todo ese
tiempo olvidado de nosotros hasta ahora?
Por otro lado, estaban los enormes problemas que planteaba a aquella cultura una temática
como la Resurrección de la carne. En un mundo que no tenía ningún problema en admitir la
inmortalidad del alma. El problema es que los cristianos dijeran: “no inmortalidad del alma,
resurrección de la carne”. En un mundo dominado por una idea platónica, donde el cuerpo es
un sepulcro del que hay que liberarse lo más rápidamente posible. Por eso los filósofos
platónicos quemaban sus cuerpos, la incineración era un acto de fe para que no quede nada de
la prisión que le ha mantenido recluido.
Otras dificultades como pueden ser la encarnación de Dios, o como Dios puede ser un
ajusticiado.
+ El más importante de los apologistas, el más rico, uno de los autores más fascinantes es Justino.
+ Otro es Taciano. Nace en Siria, se educó en la retórica pagana. Fue un viajero incansable, lo
que lo puso en contacto con corrientes de pensamiento y religiones muy diversas. Se convirtió
al leer las escrituras bárbaras (los escritos bíblicos). Fue discípulo de Justino en Roma, aunque
tiene una actitud muy diferente respecto a él. Poco después de la muerte de Justino, Taciano se
va a separar de la Iglesia para dar origen a la secta encratita. Condenaba el matrimonio, el uso
de la carne, llegando a sustituir el vino de la Eucaristía por agua. Eran tan ascéticos que no
podían beber vino. Tiene una visión bastante pesimista de la humanidad. De él se no ha
conservado el discurso contra los griegos.
Su influencia en la Iglesia primitiva iba a ser muy importante. No tanto por su apología, sino
por una obra que se llama: “Diatéssaron”, es la buena noticia por medio de los cuatro, es decir
que funde los cuatros evangelios en uno.
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Compuso un evangelio unificado, escrito en siríaco. En la iglesia siríaca tuvo una gran
influencia, se leería el evangelio a partir de esta obra. S. Efrén escribirá un comentario a esta
obra.
+ Teófilo de Antioquía. Se convirtió ya adulto, y llego a ser obispo de Antioquía. A finales del
180 escribió: “A Autólico”, tres libros dirigidos a Autólico, un pagano que quiere conocer el
cristianismo. Es una obra sorprendente y muy extensa, porque no aparece nunca la palabra
Cristo, pero si elementos de teología trinitaria. Hay un intento de dialogar con la cultura
grecorromana. Es el primero que escribe una obra contra Marción.
+ Carta a Diogneto.
¿Cómo se presentaban estos autores en su conjunto (en líneas generales) ante este grupo
pagano?
Estos apologistas, tienen cada uno su estilo, y es peculiar, pero escriben como miembros de un
conjunto, que son los cristianos. Viven y escriben como si lo hicieran en nombre de los cristianos.
Ese “nosotros” de aquellos cristianos, cuando se ve en relación con aquel mundo, se presenta
como: “Nosotros, los cristianos, somos conscientes de pertenecer a un nosotros universal, el que configura
a todos los seres humanos en cuanto criaturas de Dios. Ante Dios ninguna criatura pasa desapercibida.
A todos los hombres nos hermana, no sólo la creación, sino también nos hermana la postración de la
creación. No fuimos creados para la muerte, sino que morimos por nuestra propia culpa. La libertad nos
arruinó, los que éramos libres nos hicimos esclavos, nos vendimos por el pecado. Nada malo está hecho por
Dios, nosotros producimos la maldad. Pero quienes la produjeron son también capaces de rechazarla.
He aquí que todos los hombres busquemos algo perdido, algo que nos falta. Hay un ansia de algo que no
tenemos: el don del Espíritu. Todos los hombres gozamos de una misma naturaleza que une como
hermanos a judíos, a gentiles y cristianos. Aunados en un nacimiento que por un lado nos hace hijos de
necesidad y de ignorancia, pero que por otro nos toma de una semilla ingénita, por la que todos llevamos
las huellas del logos primogénito de Dios.
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Por esas huellas del logos, semillas del logos, somos capaces de vislumbrar, aunque con dificultad, la
verdad, el bien, la belleza que en Él tiene su fuente. A quienes han vivido conforme a esas semillas, que
hay en la creación, ya sean griegos o bárbaros, nosotros los consideramos cristianos.
El cristiano hace de suyo cuanto de bueno hicieron esas personas, aunque a nosotros se nos ha concedido
vislumbrar la plenitud del logos gracias a la encarnación.
Quienes nos llamamos cristianos, procedemos tanto de la gentilidad, como del judaísmo, como del
samaritanismo (Justino era de Flavia, actual Naplús, en plena Samaría).
No sólo por nuestro origen constituimos un pueblo heterogéneo, sino también por el género de vida del
que procedemos. Somos un pueblo de convertidos.
Se nos acusa de promiscuidad, pero mantenemos unas costumbres castas. Algunos permanecemos
vírgenes durante toda la vida, y otros se casan con una única esposa para criar y educar a sus hijos. Y
todos formamos una especie de familia, de modo que respetamos y velamos el bien y la integridad de sus
miembros.
Tampoco tenemos la misma formación cultural, entre nosotros hay analfabetos, ignorantes y bárbaros en
su modo de hablar, aunque sabios y fieles de inteligencia por el poder de Dios.
Entre nosotros hay varones y mujeres, jóvenes y ancianos, pobres y ricos, feos y guapos… y todos ellos se
unen a nosotros, sin ánimo de gloria vana, para filosofar (abandonar el modo terreno y vulgar de razonar
y obedecer los preceptos de Dios y caminar en pos de la verdad)
Es posible también entre los cristianos diversidad de carismas proféticos, e incluso se puede dar diversidad
de doctrinas legítimas, sin que ellos sea un atentado contra la fe. También existen servicios específicos que
no todos ejercen, como el que se preside la celebración eucarística o los diáconos. Esa heterogeneidad no
atenta contra la identidad, pero hay una heterogeneidad que desvirtúa el cristianismo. Son aquellos que
en lugar de confesar a Cristo, niegan a Cristo ante los tribunales, o que llevan una existencia malvada, o
que son malhechores convictos, o profesan el cristianismo de forma fingida, o falsos profetas, o los que no
mantienen una recta doctrina.
Nacidos y partícipes del Nombre. Los cristianos no nos entendemos sino desde el misterio de Cristo, desde
su propio ser y actuar salvífico que remonta al misterio del designio de Dios Padre. Somos la Iglesia que
de su nombre nace y de su nombre participa, porque todos nos llamamos cristianos. Nacer y participar del
Nombre, es nacer y participar del espíritu que Cristo otorga para introducirnos en el misterio de su
relación filial con el Padre. Lo que era el Hijo antes del tiempo, se traduce en una carne humana, en un
tiempo concreto y en una geografía concreta. Así aparece el hombre nuevo, obediente a Dios hasta la
muerte.
Con la Resurrección el Padre, que había entregado todo al Hijo antes ya de la creación, ahora lo entrega
también a la humanidad de Jesús, para que lo pueda comunicar a los hombres. De esta manera, Cristo nos
ha llamado a la salvación preparada por el Padre. De modo que quienes participan de ese Nombre puedan
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ser hermanos de Jesús e hijos del Padre. Aparece aquí una nueva humanidad, ya no es que todos somos
hermanos porque participamos de una misma creación, hay una hermandad más fuerte, que es la que
genera el espíritu de Cristo. Por Cristo, que nos ha engendrado para Dios, nos llamamos y somos
verdaderos hijos de Dios.
El que antes del tiempo era el primogénito de la creación, por su encarnación y por su misterio pascual ha
sido constituido principio de un nuevo linaje, el linaje de los hijos de Dios. Nacidos del seno de Cristo, por
el bautismo del Espíritu somos una comunidad renovada, comunidad de renacidos, y ese renacer de los
cristianos tiene auras de liberación, de purificación, de sanación, de fortaleza. Porque ya no permanecemos
hijos de la necesidad. Ya no estamos sometidos a ese destino que se imponía sobre nosotros de manera
irremediable, estamos por encima del destino y hemos podido alcanzar el perdón de los pecados.
Ese nuevo linaje de los cristianos, no sólo sabe de cantos de liberación y sanación, sabe también de la
rebosante plenitud de Dios comunicada a la creación. Todos los misterios en carne de la vida de Jesús están
configurando la nueva vida de los cristianos. Que son hechos partícipes de la sabiduría, de la luz y de la
gracia de Cristo, con los dones del Espíritu que nos constituyen una sola alma, una sola asamblea, una
sola Iglesia, la Iglesia que de su espíritu nace, de su espíritu participa.
Por ello somos el verdadero Israel e hijos de Abraham. A nuestro nuevo nacimiento corresponde un nombre
nuevo, que no es sino participación en el Nombre que el Padre le otorgó al Hijo. Por eso somos verdaderos
hijos de Dios. Pero Cristo, aparte de llamarse Hijo, recibe otros muchos nombres que también se los dio el
Padre a Él, en atención a la economía de la salvación. Antes del tiempo, cuando el Padre proyecta la
economía de la salvación que va a hacer a través de Cristo, le da todos los nombres que Cristo desarrollará
en la economía de la salvación.
Por eso, en estos autores, vamos a encontrar una gran cantidad de nombres aplicados a Cristo. Sabiduría,
Ángel (en cuanto anunciador), Dios, Señor, Palabra. En Justino se pueden encontrar cerca de 100 títulos
aplicados a Cristo.
Uno de los nombres de Cristo es Israel. Si el patriarca recibió ese nombre fue porque el Hijo lo poseía desde
siempre. Porque Israel es nombre de Cristo, y Cristo, como descendiente de los patriarcas, culmina en su
carne la historia de santidad tejida en el viejo Israel, Cristo va también a participar el nombre de Israel a
los cristianos.
Hemos nacido del seno de Cristo y somos el verdadero linaje de Israel, somos linaje de Judá, linaje de Jacob,
de Isaac, de Abraham, pero no según la carne sino según el espíritu, que ha abandonado al viejo Israel
para poner su morada en la Iglesia, porque Dios no da su gloria más que a su Cristo.
De esta manera, Cristo, con su misterio pascual, nos ha hecho florecer como un pueblo nuevo que germina
como espigas frescas.
Somos pueblo elegido por Dios, pueblo santo. Cumplimiento de la promesa hecha a Abraham, que no era
simplemente la promesa de una descendencia numerosa según la carne, sino la promesa de una
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descendencia en la que serian bendecidas todas las naciones de la tierra. La promesa de un pueblo de una
fe igual a la de Abraham.
Y Cristo es la descendencia de Abraham, en la que son bendecidas todas las naciones de la tierra. Llamados
por la misma voz que llamó a Abraham. Hemos salido de la mala manera de vivir porque hemos creído
como Abraham, renunciando a las cosas del mundo hasta la muerte, para heredar un día con Abraham la
tierra santa.
Ese pueblo, el nuevo Israel, es el pueblo que custodia una tradición, la tradición de Jesucristo. Somos un
pueblo enraizado en una tradición. Una tradición que, por otro lado, no se limita a ser trasmisión de
enseñanza, sino que es actualizar y hacer presente continuamente la salvación de Cristo, lo que se nos ha
enseñado nosotros lo trasmitimos a todo el que lo quiera aprender. Remite a la enseñanza de Dios por
medio de su Hijo, cuyo testimonio aceptamos con firmeza, porque vemos que lo que Él dijo, se realiza y se
cumple. Testimonio de Cristo, que ha llegado a nosotros por medio de la predicación de los apóstoles, o por
medio de los recuerdos de los apóstoles (todavía no ha surgido la palabra evangelio) que escribieron los
apóstoles a sus discípulos.
De nuestra tradición forma parte los escritos proféticos (el A.T.) que el entorno judío los considera como
propios, pero no logran entender su sentido. Nosotros no dudamos en considerarlos nuestros. Los leemos
sin miedo, nos esforzamos en hablar y comportarnos de acuerdo con esas escrituras, porque fueron el Verbo
y el Espíritu quienes hablaron por medio de los profetas.
Las escrituras de A.T. hablan de Cristo tal como Él mismo nos enseñó a leerlas tras su Resurrección y nos
trasmitieron los apóstoles. No sólo hemos recibido esos escritos sino una determinada manera de leer esos
escritos. La forma en que Cristo nos ha enseñado, ha sido nuestro exegeta del A.T. bajo la acción de su
gracia, de Espíritu leemos y entendemos las escrituras. Comprendemos las escrituras porque descubrimos
en ellas la revelación de Jesucristo. De ahí que estos autores hagan una lectura cristológica del A.T.
Pero se equivocaría quien se limitase a vernos como un pueblo que trasmite un conjunto de enseñanzas,
libros proféticos. De nuestra tradición forma parte sobre toda la actualización de la salvación por medio
del bautismo y la eucaristía. El bautismo y la eucaristía son parte de esa traditio que custodia el pueblo al
que ha dado origen Cristo.
A quienes van a recibir el bautismo (en estos autores vamos a tener las primeras descripciones de la
manera en que se celebraban el bautismo y la eucaristía en los primeros siglos) de la conversión y del
conocimiento, los instruimos y los acompañamos en la oración y en el ayuno. Mediante los cuales suplican
a Dios el perdón de sus pecados, y luego los conducimos a un sitio donde hay agua y son regenerados del
mismo modo que nosotros fuimos regenerados. Son bautizados en el agua en el nombre del Padre y del
Hijo y del Espíritu Santo, y luego son conducidos hasta los hermanos de modo que, unidos todos en
oración, suplicamos, rezamos por todos los cristianos para que cuidemos celosamente con nuestro modo
de vivir el don recibido.
La iniciación se continúa con la Eucaristía, nombre con el que designamos el pan, el vino y el agua, que
tan sólo pueden tomar quienes han sido bautizados y viven tal como Cristo enseñó. Porque no tomamos
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esas cosas como pan común ni como bebida común, sino como la carne y la sangre de Jesús encarnado,
como alimento del que se nutre nuestra carne y nuestra sangre, pero nadie piense por ello que somos
antropófagos.
Esas realidades las estamos recordando continuamente unos a otros, y cuando llega el día del sol, el
domingo, nos reunimos en asamblea para celebrar la Eucaristía. En ella, el que nos preside (nunca aparece
en Justino el término obispo o presbítero, aparece el termino diácono) nos exhorta a seguir los bellos
ejemplos que hemos escuchado en los recuerdos de los apóstoles o en los escritos proféticos leídos con
anterioridad (relatan la celebración eucarística), tras lo cual, puestos en pie, elevamos nuestras preces.
En esa celebración, por un lado damos gracias a Dios por haber creado el mundo y lo que hay en él por
causa del hombre, por habernos librado del mal en el que nacimos, pero, por otro lado, hacemos memoria
de su encarnación mediante el pan y memoria de su sangre por medio del cáliz. Y eso son los sacrificios
que nosotros ofrecemos en todas las naciones, y lo hacemos el día del sol, el domingo, porque es el día
primero. El día en que Dios hizo el mundo trasformando las tinieblas y la materia, y el día en que Jesucristo
resucitó de entre los muertos.
También se presentan como casa de oración y de adoración. Linaje sacerdotal. Los cristianos hemos nacido
del seno de Cristo, como piedras extraídas de una cantera (seno de Cristo). Se alude a la construcción de
un templo, el templo eclesial que nace de Cristo (piedra angular). Nuestro Cristo nos ha hecho casa de
oración y de adoración. Dios nos ha despojado de las vestiduras inmundas para hacernos resplandecientes
por la llamada de su Verbo, y nos ha revestido de manera resplandeciente para ser linaje de sumos
sacerdotes, que en todas las naciones ofrecemos el sacrificio de la Eucaristía.
El culto no queda limitado a la celebración de la Eucaristía, penetra en todos los entresijos de la existencia
en cuanto que están consagrados a Dios. Nuestra existencia quiere ser en Espíritu y en Verdad culto
agradable a Dios, levantando nuestras manos puras, presentando una vida conforme al querer de Dios.
Nos hacemos gratos a Dios cuando nos hacemos conforme a su designio, conforme a su querer, haciendo
presentes entre nuestros hermanos los hombres su bien, su prudencia, su justicia y todo lo que es propio
de Dios. Esa es la manera de honrar a Dios.
Todo eso lo unimos a la oración para hacernos dignos de vivir y reinar con Él un día hechos incorruptibles.
No honramos a Dios sólo con los labios, sino también con las obras, con el conocimiento, con el corazón.
94
Nuestro modo de vivir está transido de esperanza de eternidad, la manera de vivir es una respuesta a la
iniciativa salvadora de Dios. Somos perseguidos por llamado cristianos.
Algunos los llamaban crestianos en vez de cristianos. Utilizan esto los apologetas. Crestos en griego
significa bueno, agradable, entonces ¿por qué nos perseguís?
Los cristianos no queremos ser juzgados por nuestro nombre, sino por nuestra manera de vivir, de modo
que, si entre nosotros, se encuentran algunos que, ajenos a la enseñanza de Cristo, viven de manera
malvada, que sean castigados. Pero no por cristianos, porque esa existencia malvada no es la que Cristo
nos enseñó.
Nosotros no tenemos inconveniente en que nuestra vida sea juzgada. Pedimos que sean examinadas las
acusaciones que se nos hacen, de modo que seamos castigados sólo en el caso de que resultemos convictos
como delincuentes. Por nuestra parte, nosotros tenemos la obligación de dar a conocer nuestra manera de
vivir, nuestras enseñanzas para no tener que responder ante Dios un día de la ceguera que pueda justificar
a los que se equivocan por desconocer lo que son. Que nadie tenga la escusa de que no sabe qué somos.
Cuando nos defendemos y exponemos nuestra manera de vivir y nuestras enseñanzas, lo que estamos
buscando es que la autoridades no atenten contra los fundamentos de la convivencia humana. Unos
gobernantes que castigan a inocentes guiados por los prejuicios, o por deseo de agradar a otros,
despotismo… son gobernantes que tienen el mismo poder que unos ladrones en medio del desierto, que se
hacen daño a sí mismo. Porque los gobernantes podéis matarnos, pero no hacernos daño, porque para
nosotros el único mal verdadero es ser convictos como obreros de la maldad.
A la muerte, que nos puede sobrevenir en cualquier momento, no le tenemos miedo, porque es una deuda
que todos tenemos que cumplir un día u otro. Pero nosotros, al dirigirnos a las autoridades, no estamos
pidiendo un castigo para quienes nos acusan, porque ya tienen bastante con la maldad que los acompaña
y la ignorancia.
Lejos de aborrecer a los que nos acusan y de buscar venganza, obedecemos a nuestro maestro, que nos
mandó orar por los enemigos, amar a quienes nos odian y bendecir a quienes nos maldicen. Lo que
buscamos es compartir lo nuestro.
La fe de Jesucristo nos ha hecho piadosos y justos, porque lo propio de nosotros es hacer la promesa de no
cometer injusticias ni tener pensamientos impíos, sino tratar con la paciencia y la mansedumbre, con la
bondad, la modestia y el amor. Esto lo podemos demostrar con muchos de los que han vivido entre vosotros,
que dejaron sus malos hábitos arrastrados por la constancia de vida de vuestros vecinos, o por la paciencia
de sus compañeros de viaje.
95
la Eucaristía socorre a los huérfanos, viudas, encarcelados… quienes antes estábamos envueltos en
guerras, hemos cambiado las espadas por arados para cultivar la piedad, la justicia, la fe…
De ahí que no podamos compartir algunas de vuestras costumbres, como el aborto, luchas, espectáculos
chabacanos, ni vemos las ejecuciones públicas. Y si no queréis seguirnos, al menos dejar que podamos
seguir nuestras enseñanzas en paz.
Nuestra manera de vivir está transida de deseo de eternidad, de aspiración ardiente a convivir por siempre
con Dios en cuerpo y alma, incorruptibles. Y eso, ya lo hemos comenzado a degustar en la presencia
histórica, aunque no se culminará hasta el día de la resurrección. Anhelamos la comunión del Padre, del
Hijo y del E.S. de ahí que, anclados en la primera venida de Cristo, vivamos en la espera de su segunda
venida, en que nos otorgará un reino eterno, una tierra santa. Una vida que no podemos expresar
adecuadamente. Un reino eterno que es el reino de Dios. Una esperanza que no se consigue en el presente
sin que por ello nos desinteresemos del momento presente.
Pagamos los tributos e impuestos, obedecemos a las autoridades, somos piadosos y justos en nuestra
relación con el imperio. Deseamos el bien del imperio, porque es nuestro bien también.
La tensión escatológica en la que vive el cristiano hace que los cristianos seamos los mejores auxiliadores
y aliados para alcanzar y mantener la paz. Las leyes humanas pueden ser burladas por los delincuentes,
pero nosotros situamos al ladrón, al malhechor o conspirador ante una responsabilidad y un juicio divino
que no podrá eludir, y del que dependerá su salvación o condenación.
Eso no lo puede conseguir la coerción de las leyes humanas sino el logos, que después de Dios, es el príncipe
más regio y justo. Ningún sabio elegirá aquello que el logos diga que no se puede elegir.
Somos conscientes de que vosotros consideráis imposible nuestra esperanza, incluso os burláis de ella, pero
ningún daño hacemos a nadie con ella. Hemos aprendido, y creemos que las leyes de la naturaleza no
maniatan ni limitan el poder de Dios, lo imposible para los hombres es posible para Dios.
Por lo mismo, tampoco dejamos de advertir que la existencia humana está revestida de gravedad y
responsabilidad, que no se acaba en la presente historia, la vida es algo diferente, porque aún es posible
condenarse por la eternidad.
Nosotros profesamos nuestra fe, la confesamos delante de los hombres. La existencia cristiana, que por la
fe nos conduce al seguimiento de Dios, está anclada en el designio de Dios, en una historia de salvación
que se puede profesar mediante una serie de afirmaciones, en las que los cristianos reconocemos la
objetividad de nuestra fe como fundamento de nuestra comunión.
Tenemos nuestra propia “paideia”, que no se queda constreñida por una visión cerrada del mundo, se
trata de nuestra filosofía, más antigua que la “paideia” griega. A pesar de ser una filosofía bárbara somos
capaces de argumentar sobre su verdad, aunque se trata de enseñanzas que profesamos que no tienen su
origen en los hombres sino en la propia voz de Dios.
Estamos presentando un pensamiento que es enseñanza de Dios, revelación de Dios. No por medio de
Moisés, sino por medio de Cristo creemos.
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Ese pueblo que confiesa su fe, luz de las naciones, vive con una actitud martirial. La fe ha sido causa de
felicidad, por ello queremos hacer partícipes a todos los hombres de nuestro bien. No queremos su mal,
sino su conversión a aquel que los puede liberar. Aunque solo logremos convencer a unos pocos, nuestra
ganancia será mucha, porque, como buenos labradores, recibiremos de nuestro señor la recompensa.
A nosotros se nos ha dado escuchar, entender, ser salvados por Cristo y conocer todo del Padre, para ser
luz de las naciones. Por más que nos consideréis unos charlatanes, o unos locos, una vez que hemos
conocido la verdad de Dios, no nos espera otro destino que el del justo, Cristo, el único sin mancha de
pecado.
Nosotros somos también odiados y aborrecidos injustamente. Convertidos en objeto de burlas e insultos,
calumniados, perseguidos por gentiles y judíos. Pero todo eso lo vemos como manifestaciones de la lucha
que las fuerzas del mal vienen manteniendo desde el inicio de la creación contra todos aquellos que han
creído y han vivido en fidelidad a su confianza.
A pesar de todo, a quienes hemos creído en Jesús, no hay quien nos turbe y nos esclavice. Se nos decapita,
se nos clavan cruces, se nos arroja a las fieras, a la cárcel, al fuego, se nos somete a toda clase de tormentos;
pero a la vista de todos está que no apostatamos de nuestra fe. Por el contrario, cuanto mayores son
nuestros sufrimientos, tanto más se multiplican los que abrazan la felicidad por el nombre de Jesucristo.
Como la viña, a la que se la cortan los sarmientos que ya han dado fruto, para que crezcan otros vigorosos
y feraces, esto es lo que nos sucede a nosotros. Pero la viña va a seguir dando su fruto.
Los cristianos eran conscientes de que podían escapar fácilmente a la persecución y a la muerte con el
simple negar su ser cristianos, pero decían: “nosotros no queremos vivir en la mentira, no queremos
refugiarnos en un dicho de Eurípides: “la lengua confiesa pero no el alma, y por lo tanto no importa”.
Decimos con la boca que no somos cristianos aunque no lo digamos con el corazón”.
Eso es vivir en la mentira, el bien que hemos experimentado no lo podemos ocultar, más aún, creemos que
se nos debe invitar a que exhortemos a la conversión. Porque el bien que proponen los cristianos supera
con mucho la eficacia de las leyes coercitivas de los estados.
Los cristianos no dejaremos de confesar a Cristo, aunque los hombres nos dejen, aunque el más cruel de
los cristianos nos violente para apostatar. Porque no podemos renunciar a la palabra de Dios, no podemos
renunciar ni siquiera de palabra a la salvación que nos ha preparado Dios Padre. Nuestra vida, tiene que
ser culto a Dios y su Cristo con las obras, el conocimiento, el corazón y la palabra hasta la muerte.
Esta era la forma en la que aquellos hombres se presentaban ante aquella sociedad.
97
TEMA XV.- SAN JUSTINO
Nace en torno al año 100 en Flavia Neápolis (antigua de Siquén del A.T.), es una colonia romana,
lo que es hoy la actual Naplús en la región de Samaría. Colonia fundada por Vespasiano hacia
el año 72 d.C.
Desde su juventud, cuando aún era pagano, se va a dedicar a la búsqueda de la verdad por las
diversas escuelas filosóficas. Él mismo, en su obra: “Diálogo con el judío Trifón”, nos cuenta su
peregrinar y su búsqueda de maestros, que lo introdujeron en la filosofía.
La filosofía, entendida por él como la ciencia del bien y de la verdad, como conocimiento de un
dios que implica y se implica en la existencia humana, un dios que es garantía y posibilidad de
felicidad. Una felicidad que sólo podía estar garantizada por un dios que se implicara en la
existencia humana.
Las andanzas de Justino por la filosofía van a ser en busca de la verdad, del dios de la felicidad.
La mayoría de los filósofos, maestros de filosofía que se encontró, no se ocupaban de dios, o si
lo hacían lo hacían como alguien que no era importante para la felicidad humana.
Se encontró con maestros que se dedicaban a repetir la doctrina de otros maestros, pero que
investigaban la verdad. Y eso le va a ir causando una serie de decepciones en su itinerario
filosófico.
Su primer maestro fue un estoico con el que pasó largo tiempo, pero llegó a darse cuenta de que
no avanzaba nada en el conocimiento de Dios, “no lo conocía. Y además decía que ese
conocimiento no era necesario.” Después de pasar largo tiempo, decepcionado lo abandona y
busca otro maestro.
Esas decepciones no le impedían que siguiese inquieto por buscar lo más sublime y bello de la
filosofía.
Por ello realiza otro intento. Encuentra un maestro pitagórico muy importante. El pitagórico le
pregunta que qué sabía de música, astronomía, geometría… (Ciencias mediante las cuales los
pitagóricos se adiestraban en la abstracción). Justino no conocía esas ciencias. El maestro dijo
98
que si no dominaba esas ciencias no podría llegar al conocimiento de Dios. Nueva decepción y
nuevo abandono.
Llega a la ciudad un célebre maestro platónico. Justino dice que conversaba con él y hacía
notables progresos. Está hablando de un platonismo medio, una determinada manera de ver a
Platón (no ha nacido todavía el neoplatonismo). El platonismo medio se caracteriza por su
impronta profundamente religiosa, por una impronta mística. Justino describe su experiencia
(lo cuenta después de convertido): “El pensamiento de lo incorpóreo, de lo espiritual me arrebataba, la
contemplación de las ideas daba alas a mi inteligencia. Llegué a pensar que en poco tiempo me había hecho
un sabio, y esperaba, en mi estupidez, que en seguida contemplaría a Dios”. Lo de la estupidez lo dice
después. Cuando está con ese maestro, lo que piensa es que va a llegar a una experiencia mística,
porque ese el fin de la filosofía del medio-platonismo, contemplar a Dios.
Por tanto, vemos como Justino se encontró a gusto con ese maestro platónico. El conocimiento
de la filosofía de Platón le condujo a buscar la soledad y el alejamiento de los hombres. Para
contemplar a Dios hay que alejarse de los hombres.
Un día, cerca del mar, se encuentra con un misterioso y venerable anciano, con el que va a
mantener una larga conversación en torno a la filosofía. Justino se había alejado al mar para
apartarse de los hombres y encontrarse con Dios. El anciano poco a poco le va a ir desmontando
el chiringuito, le va a ir descubriendo las aporías de la filosofía y de los filósofos. Al final Justino
le dice al anciano: “¿y de qué maestro se valdrá uno?, ¿de dónde sacará uno provecho si ni siquiera en
los filósofos se haya la verdad? Si en los filósofos no puedo encontrar la verdad, ¿en dónde la encontraré?”
Cuenta que aquel anciano comenzó a hablarle de los profetas, de Dios, de Cristo, del Espíritu
Santo, de las Sagradas Escrituras, en donde uno puede hallar la verdad. El anciano se despide
de Justino exhortándole a pedir que se le abran las puertas de la luz, porque nadie puede
comprender estas cosas si Dios y su Cristo no le conceden el don de entenderlas.
No es esta la primera vez que Justino ha oído hablar de los cristianos. Con anterioridad se había
sentido conmovido por la manera en que los cristianos afrontaban la muerte. “es así que yo mismo,
cuando seguía la doctrina de Platón, oía las calumnias contra los cristianos, pero al ver cómo iban
intrépidamente a la muerte y a todo lo que se tiene por espantoso me puse a reflexionar que era imposible
que esos hombres pudieran vivir en la maldad y en el amor a los placeres”. La manera en que los
cristianos afrontaban la muerte y la persecución, no podía corresponderse con las acusaciones
que se les hacía y las calumnias que se les atribuía.
Va a ser tras el encuentro con ese anciano cuando Justino siente que un fuego se apodera de él
y le enciende el amor a los profetas y a aquellos hombres que son amigos de Cristo. Se da cuenta
de que ha encontrado la única filosofía segura y provechosa, capaz de conmover, descansar,
hacer feliz y consumar al hombre, darle plenitud. “por esto soy yo filósofo, no por haber pasado por
todas las escuelas de filosofía, por esto soy yo filósofo”. Buscaba en la filosofía la verdad, el
99
conocimiento de Dios, la felicidad, y ahora, tras su peregrinar por diversas escuelas, le ha sido
dada la clave, Cristo el Verbo, el Hijo de Dios hecho carne.
Ese don, al que Justino le gusta llamar filosofía, es superior a cualquier filosofía humana.
“nuestra enseñanza supera a cualquier enseñanza humana porque la plenitud del logos se ha manifestado
en Cristo”. Ahí tenemos la plenitud, en Cristo se puede conocer la plenitud del Verbo, la plenitud
del logos.
Esta narración de la vida de Justino se realiza en primera persona y que pertenece a la obra
“Diálogo con el judío Trifón”. Justino se encuentra con un judío, Trifón, y un grupo de prosélitos
(paganos conversos al judaísmo) y al encontrarse con él le preguntan lo que hace, y él les relata
su vida tal y como la hemos descrito. Después de decir eso, los compañeros de Trifón estallaron
en una carcajada y él se sonrío disimuladamente. Trifón le dirá que más le hubiera valido seguir
a Platón que seguir a ese condenado de Jesucristo.
La risa por parte de los judíos y la persecución por parte de los paganos le llevan a la confesión.
“no dejaré de confesar a Cristo, aunque reciba los peores ultrajes”.
Hay que recordar como el descubrimiento de la filosofía platónica le había conducido a buscar
la soledad y a alejarlo de los hombres para buscar la contemplación de Dios. Ahora que se ha
encontrado con Cristo va a ocurrir un fenómeno totalmente contrario. Se va a vestir el vestido
característico del filósofo y va a acercar a los hombres con el deseo de que conozcan las
enseñanzas del salvador, con el fin de que los hombres lleguen a la verdad, la felicidad y la
perfección.
“lucho por apartar a los judíos y a los paganos del error, consciente de que quien puede decir la verdad y
no la dice será juzgado por Dios”.
Al final de sus años va a establecer una escuela en Roma, la primera escuela cristiana conocida.
Allí va a impartir su última lección. Será ante el tribunal del precepto judío-rústico, al ser
detenido junto a un grupo de sus discípulos. Detenido y acusado. Se han conservado las actas
martiriales del martirio de Justino, uno de los relatos martiriales más hermosos de la literatura
de aquellos siglos. El prefecto le pregunta ¿a qué te has dedicado? ¿Cuál ha sido tu vida? ¿A qué
enseñanzas te has consagrado? Y Justino le contesta: “he procurado conocer todas las enseñanzas
posibles, pero he prestado mi adhesión a las doctrinas verdaderas, las de los cristianos, a pesar de que no
agrada a los que siguen otras opiniones”
Pero el precepto quería conocer el contenido de la enseñanza de Justino: ¿qué te has dedicado a
enseñar? Y Justino la sintetiza de esta manera: “damos culto al Dios de los cristianos, al que
consideramos el único Dios, creador y arador de toda la creación visible e invisible, y al Señor Jesucristo
Hijo de Dios del que los profetas anunciaron que aparecería entre los hombres como heraldo de salvación
100
y maestro de hermosas enseñanzas. Pero yo soy un simple hombre, y considero que mis palabras son
incapaces de expresar la grandeza de Dios”
¿Dónde te reúnes con tus discípulos? “Yo he vivido junto a la casa de Martín, junto a la terna de
Timoteo, durante mi segunda estancia en Roma. No conozco ningún lugar de reunión sino este. Si alguno
quería venir junto a mí yo compartía las enseñanzas de la verdad”.
Como consecuencia de su testimonio fue decapitado en torno al 175. Era un hombre que se había
dedicado a buscar el dialogo con la filosofía, a buscar el dialogo con aquel mundo, pero eso no
impidió que al final le cortasen la cabeza.
De Justino se nos han conservado con certeza tres obras (aunque escribió muchas):
+ El dialogo con el judío Trifón (la más importante). Muestra la conversación que tuvieron sobre
el A.T. en torno a tres temas: ¿De quién son las Escrituras, nuestras o vuestras? ¿Quién es Cristo?
¿Quién es el nuevo Israel? Es una obra difícil pero bellísima. Logra desarrollar una cristología
muy poderosa.
Tuvo que preguntarse sobre la relación entre el cristianismo y aquella cultura pagana que estaba
a su alrededor. Recorre el imperio enseñando como un maestro, no fue obispo ni presbítero, fue
un laico. El fundamento de su enseñanza es Cristo.
En su peregrinar por el imperio se tuvo que encontrar con otros que se vestían como él, como
filósofos, pero que no pensaban como él. Profesaban pensamientos y religiones distintas, pero
también se rodeaban de discípulos. En Roma, hay un filósofo que es el que probablemente lo
delata y que lo acusa. Lo mismo debió de pasar por los sitios por los que se iba moviendo. Debió
de tener muchos diálogos con gente de todo tipo, debates entre diversas escuelas filosóficas.
Con frecuencia se ha recurrido a la enseñanza de Justino sobre lo que él llama las semillas del
Verbo o “logos spermatikós” (el logos sembrador de semillas). A veces, con fundamento en esta
doctrina, se ha pretendido que Justino lo que haría sería presentar el cristianismo como una
oferta más, tan legítima como las otras y viceversa. Cuando se presenta así el pensamiento, se
está haciendo una lectura sesgada y frívola de los textos.
101
Para comprender su enseñanza sobre el logos spermatikós, sobre como el Verbo ha dejado su
semilla, su huella, su simiente, en toda la creación y en todos los hombres, tenemos que partir
de su reflexión sobre el logos, sobre el Verbo, lo que nos conduce a la primera gran reflexión
cristiana en el seno de la Iglesia sobre la Trinidad, sobre como el único Dios puede ser Padre,
Hijo y Espíritu Santo.
Cuando Justino hace frente a la acusación de ateísmo dirigida contra los cristianos, afirma que
efectivamente los cristianos son ateos respecto a lo que el paganismo considera dioses. Los
cristianos veneran, adoran y honran al Dios verdaderísimo, padre de la justicia, de la prudencia
y de las demás virtudes, al Hijo y al Espíritu Santo.
El Dios de los cristianos, en la presentación que hace en las apologías, aparece jerarquizado. Por
un lado habla del Dios en verdad, inmutable, el Padre; en un segundo lugar habla del Hijo y en
un tercer lugar del Espíritu Santo. Sin que en la afirmación de “Padre, Hijo y E.S.” no vea una
contradicción con el mandamiento seguido por los cristianos de adorar solamente a Dios.
Establece dentro del P, H y ES una especie de jerarquía.
Esta presentación que hace del Dios cristiano, evoca fácilmente la jerarquización del mundo
divino que la lectura del “Timeo” platónico provocó en algunos filósofos medio-platónicos
como Numenio o Alcino. El medio-platonismo reinterpretaba el Timeo de Platón, aunque ellos
pensaran que eso era el mismo Platón. Por eso se llaman a sí mismos platónicos y no
medioplatónicos.
Platón distinguía el primer Dios, la potencia y el espíritu. Numenio y Alcino distinguían una
tríada divina, pero cuando Justino se expresa de esa manera, manifiesta una subordinación (el
que viene después del Padre…). El lenguaje se queda corto y nace un subordinacionismo que
hay que distinguirlo del de Arrio. Quieren salvar la divinidad del Hijo y en la búsqueda de
fórmulas recurren a término paganos bíblicos. Se quedan cortos en su querer expresar eso. Pero
lo que tienen claro es que Cristo es Dios. Parten de que Cristo es Dios. Arrio luego parte del
mismo esquema teológico y llega a afirma que Cristo no es verdaderamente Dios.
Cuando llegue Arrio, el subordinacionismo no es este. Dicen que como no pueden llegar y se
quedan cortos, por lo tanto no es Dios, Cristo no es Dios. Niegan lo que tenían claro los
eclesiásticos.
En la teología 1ª, el Padre no tiene origen, no toma principio de nadie, no nace de nadie. Esto va
acompañado por la inefabilidad (no se puede decir). El Dios que no ha nacido no tiene nombre
propio. Le llamamos Padre, creador… pero no son nombres en sentido propio, son nombres que
se lo ponemos por los dones que nos concede. Sólo se puede poner nombre de aquello de lo que
conocemos su naturaleza, y como no la conocemos no se lo podemos poner.
Si tuviera nombre habría algo por encima de Él que conocería su naturaleza.
102
Nadie conoce al Padre ni nadie lo ha visto sino el Hijo. Esto es el fundamento de Justino, es el
NT. Y de aquí es capaz de acercarse a la filosofía y de reinterpretarla.
Es un Dios que no puede ser pronunciado, el inefable, carece de nombres. La distinción entre el
nombre y las denominaciones era algo que ya estaba presente. El parte de que el nombre
empieza de la naturaleza de las cosas, entonces el ingenito no puede tener un nombre impuesto,
implicaría que alguien conociera su naturaleza.
¿Cómo romper esa trascendencia? ¿Cómo entrar en Dios? ¿Cómo acceder a lo divino? Todos los
filósofos de la época buscan saber cómo Dios puede romper el silencio, que esa inefabilidad se
pueda romper. Una cierta potencia mediante la cual pueda salir de Él. San Pablo habla de Cristo
como la potencia de Dios (1Cor 2, 24). Parece que Dios se hace presente en potencia y no en
esencia. Están queriendo salvar a Dios de este mundo, y esto hace que la trascendencia se rompe
y esté cercano a la realidad.
Justino también presenta a Cristo como el poder, la potencia del Padre inefable. Esa potencia es
una “Dinamis logike” (imposible de traducir). Esto no nos tiene que extrañar, era la cultura de
la época. Él entra en esta cultura aprovechándola para explicar. En esta época los cristianos son
capaces de recoger los mitos griegos para reinterpretarlos. Algunos lo traducen como potencia
racional, pero habría que decir “partícipe del logos”. Dice que la dinamis que procede del Padre
es el logos, el Verbo de Dios. El inefable engendra de sí a la Palabra.
Ese Hijo, el logos, es el único que conoce al Padre. Es llamado el ángel (en sentido de su misión
porque anuncia lo que se ha de conocer, y apóstol porque), es el ángel y el apóstol del Padre.
Ángel porque anuncia lo que de Dios es cognoscible y apóstol porque es quien se relaciona con
los hombres. El Padre, a través del Hijo, se relaciona con los personajes del A.T., con Sócrates,
Platón… No hay más acceso al Padre que a través de su Palabra, de su Hijo
El mundo pagano hablaba de una tríada. No eran tres dioses. Eran alteridades noéticas (de
pensamiento, de reflejo del pensamiento de Dios):
Filón de Alejandría (judío) había hablado del logos como Hijo primogenio. Pero en el fondo no
era más que otra metáfora para indicar que Dios sale de su trascendencia y así hablar de su
relación con el mundo.
Cuando Justino habla del logos, en él no es una metáfora, ni un procedimiento noético. Habla de
que junto al Padre, que hay otro antes de la creación del mundo que no es una metáfora. En Dios
103
hay una alteridad. Para Justino es necesaria para poder explicar la historia de la salvación. El
recurre a otro para explicarlo. Usa varias expresiones para explicar que procede del Padre.
En español lo traduciríamos igual (del Padre) pero en griego son distintas. De una hombre se
¿Cómo puede tener Dios un hijo? Hay que eliminar la idea de que sea de la misma manera que
los hombres. Pero tampoco es una mera metáfora ni un procedimiento noético. Toman ejemplos
de la naturaleza que puedan dar una idea de cómo puede ser eso. Dan muchos, y algunos de
ellos se niegan, luego se vuelven a aceptar, y luego se niegan de nuevo…; por ejemplo se decía
que era como los rayos del sol pero es porque por la noche se esconde, pero Cristo es un
nacimiento de algo que existe desde siempre y para siempre.
+ El fuego: del que se enciende una llama. Este fuego no disminuye al encender otro distinto.
Ya son dos fuegos. Pero no sirve para explicar la unidad.
En este momento sólo hablan de la preexistencia del Verbo. No se plantean la eternidad del
Verbo. Anterior al mundo no es lo mismo que eterno.
El Padre lo unge antes de la creación del mundo, para ello recurren al salmo
Eterno es el Padre, anterior al tiempo es el Hijo, el tiempo comienza con la creación.
El Padre lo convierte en el origen del ES. Desde ahora el Verbo y el ES están unidos de tal manera
que donde esté el Hijo él está derramando el Espíritu y al revés.
Entonces ¿cuándo engendró el Padre al Hijo? Ahora decimos eternamente, pero en este tiempo
distinguían eternidad y tiempo. La generación del Hijo hay que situarla antes del tiempo. Eterno
no significa sin más la eternidad del Padre.
En este Hijo ungido antes del tiempo es el que el Padre va a llevar a cabo la creación del universo,
creación ungida por el Espiritu, porque si el Hijo crea es a través del Espiritu. El Verbo y el Hijo
están en la creación. El trata de explicar que los cristianos tienen una tradición, y mayor que la
romana.
104
Nosotros hemos recibido la enseñanza que el Logos es el primogénito de la creación, ungido.
Continua Justino diciendo que los que han vivido conforme al Logos son cristiano, aunque
hayan sido considerados ateos, como Heráclito..
¿Que supone entonces la encarnación de Cristo?
Si no hubiera creado ni salvado al hombre dicen que no hubiera engendrado al Hijo, por eso es
el Hijo el que va a llevar a cabo el plan del Padre. El Hijo es el obrero de la creación. El Padre
crea por medio del Hijo. COMIENZO DEL EVANG. DE JN.
En torno al 311-312 aparece Arrio. Está de acuerdo con esa teología, pero entonces concluye que
Cristo no es Dios, porque si lo fuera sería eterno. El concilio de Nicea (325) decide quedarse con
el dato de fe (Cristo es Dios) pero desecharon el planteamiento teológico.
Justino dialoga con muchos pensadores, y se ha llegado a decir que Justino redujo el cristianismo
a una oferta religiosa tan válida como otras. Pero no es así. Su doctrina del “logos spermatikós”
(el sembrador) siembra la creación con sus semillas.
Afirma que todo hombre tiene en sí una semilla del logos por haber sido creado. Todo el género
humano ha participado del logos. Los que han vivido conforme al logos son cristianos aunque
hayan sido considerados ateos, como Sócrates, Heráclito… También los que con anterioridad
han prescindido del logos son inútiles enemigos de Cristo.
¿Qué aporta la encarnación entonces? “unos han vivido conforme a una parte del Verbo esparcido por
el mundo, pero nosotros hemos vivido en el conocimiento y contemplación del Verbo total que es Cristo”.
“confieso que soy cristiano e intento demostrarlo, no porque las doctrinas de Platón sean ajenas a Cristo,
sino porque no son lo mismo. Cada autor habla bien teniendo ante los ojos lo que le era connatural según
una parte del logos sembrado por el mundo”. “todo lo que de bueno ha sido dicho por ellos nos pertenece
a los cristianos”.
No todo es malo y perverso! Justino se da cuenta que muchos no han llegado a un cto inefable,
pero han dicho verdades, conforme a la participación al Logos presente en la creación. Así
afirma que todo lo bueno que han dicho pertenece a los cristianos porque pertenece al Logos
presente..él no quiere romper con la cultura greco-romana, sino descubrir lo que el Verbo habló
a ellos. Afirma “se hizo hombre como nosotros para participar de nuestras pasiones y curarnos”.
Los que participan de la naturaleza llagan a deslumbrar o incluso vivir en conforme al Logos.
Para vivir conforme al Logos es necesario vivir libres de pasiones, una vida justa, buena. Sin
embargo la encarnación de Logos, ha hecho posible que podamos contemplar el Logos hecho
carne. Ya no se trate de conquistas fragmentarias, sino que nos hallamos en frente a un don.
Ahora la verdad es accesible a todos, gente ignorante y sabia de letra, el verbo se ha hecho carne!
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Una cosa es lo que se nos dio por naturaleza y otra cosa es lo que se nos dio por la gracia del
Verbo encarnado.
Los autores alcanzaban un conocimiento precario y difícil porque no conocieron al Verbo total
que es el Verbo encarnado.
La encarnación hace posible la plenitud del hombre, el conocimiento del Verbo encarnado.
Ahora se puede alcanzar la plenitud de la verdad contemplando al Verbo encarnado.
El cristianismo puede desempeñar dos funciones respecto a los demás conocimientos humanos
debido al misterio pascual:
+ La universalidad: Todo lo que hay de bueno en cualquier cultura es huella de Cristo. La verdad
del mito de Orfeo la podemos hacer nuestra.
Es un escrito muy utilizado. Pero es un escrito muy extraño porque nunca es citado en la
antigüedad cristiana. De repente aparece en el s. XV en un montón de papeles para envolver
pescado. El joven que lo encontró se hizo franciscano y el manuscrito acaba en Estrasburgo, más
tarde en una guerra desapareció. Sólo sabemos de él por aquellos que lo han leído.
Es muy corto y con lagunas. Los últimos capítulos no son de la carta. Responde a una pregunta
que Diogneto (un pagano) hace a un cristiano. Le pregunta por el Dios de los cristianos y la
manera en que lo adoran. “La manera en que los cristianos afrontáis el mundo y la muerte produce
extrañeza. Eso tiene que tener una causa. Parece que se encuentra en vuestro Dios y en la manera en que
lo adoráis.”
También se cuestiona por el amor de los cristianos entre sí. Le pide al cristiano una razón que
justifique la aparición del cristianismo ahora, teniendo en cuenta que los paganos y los judíos
ya llevaban mucho tiempo.
106
Hay 8 cuestiones importantes. Estamos ante un pagano que tiene mucho interés por la religión
cristiana y por esto plantea tantas cuestiones.
Él le pide a Dios las actitudes para hablar con Dios. El autor va respondiendo a las cuestiones
de Diogneto. La critica que el autor realiza sobre la idolatría la encontramos ya en autores
paganos anteriores. Y la crítica a los sacrificios se mueve sobre lugares comunes, y el rechazo
sobre estos sacrificios los encontramos ya anteriormente. Quindi podemos decir que no hay
nada original.
El autor les echa en cara la materialidad del culto que se le ofrece a Dios en el judaísmo. La
motivación que se le ofrece a estas ofrendas a Dios “lo hacéis porque creéis que Dios tiene
necesidad de ellas..pero en realidad no los necesita”.
Se fija en 4 elementos del ritual judio
Afirma que el misterio de la religió cristiana no puede ser explicado.
Dice que los cristianos no tienen una nación ni una lengua, ni el vestido, ni ciudades
proprias..nada de esto sirve para caracterizar los cristianos. Habitan en sus ciudades y
manifiestan la admirable condición de su ciudadanía que parece ser lo característico, es decir
que su culto es su manera de estar en el mundo y ante el mundo. Cada uno habita en su patria
pero como forasteros. Participan en todo pero sabe que esto no es definitivo ni absoluto. Están
en la carne pero no viven según la carne. El desprecio y las ofensas no las pueden ahogar. En
medio de la persecución no desaparece el dinamismo del designio universal de Dios. Los
cristianos pueden seguir amando, vivificando aunque parece que no, puede seguir haciendo el
bien, amando para seguir el designio universal de Dios. Esta visión se la encomendó Dios. Y Él
le dio una misión tan importante que no pueden desertar, tanto que afirma que lo que es el alma
en el cuerpo, así son los cristianos en el mundo.
No tiene una estructura de carta sino de un escrito exhortatorio.
El autor subraya una serie de características del alma. Pero toma características del alma en las
diversas filosofías para luego explicar la del cristianismo.
En el cap.5 y 6 se preguntan quien es el alma del mundo y por algunos son los filósofos y por
otros los políticos, y para el autor son los cristianos. Lo interesante es como lo presenta: presenta
el culto judío y luego el culto cristiano. Esto significa lo mismo que Mt 5 “vosotros sois la luz y
la sal”. Viene del Levítico: asolanarás con sal en toda ofrenda que donas a tu Dios, es la sal de la
alianza de tu Dios. Así la imagen de los cristianos serian aquellos en el cual llegan a ser una
ofrenda agradable a Dios y su función tienen carácter sacerdotal, es el sacerdocio que los
cristianos tienen en el mundo. En los primeros siglos se vivían con más naturalidad el
sacerdocio.
Hay una pregunta que el autor responde de un modo un poco peculiar al preguntarse porque
tan tarde. Aquí el autor procede de otra manera que los otros apologetas y él llama el tiempo de
la injusticia de los hombres y de la paciencia de Dios donde Él está preparando el tiempo de la
justicia y no habla del tiempo del AT..parece entonces que hay influencias marcionitas.
107
El culto del cristianismo es una admirable manera de vivir en el mundo. Participan en todo como
ciudadanos y todo lo soportan como extranjeros. El cristiano no es una patria, tiene patria. No
se identifica con ninguna patria en particular, ningún designio particular de los hombres. El
designio de Dios es tan universal que toda tierra extraña donde se realiza el designio de Dios es
también patria mía. Esa extraña ciudadanía consiste en que Dios estableció en un puesto tan
grande a los cristianos que no les está permitido desertar. Lo que es el alma en el cuerpo son los
cristianos en el mundo. El alma del mundo.
No sabemos mucho de su vida. Los datos proceden de sus obras y a través de Eusebio de
Cesárea, que cita pasajes de obras de Ireneo que no nos han llegado.
De su relación con Policarpo nos dice que su nacimiento hay que situarlo en torno al 130 d.C. El
mismo Ireneo testimonia cómo estando en una edad temprana, tuvo relación con Policarpo:
“Policarpo no sólo fue enseñado por los apóstoles, y trató con muchos que habían estado con nuestro Señor,
sino que además fue establecido por los apóstoles como obispo de la Iglesia que está en Esmirna. A Policarpo
lo vimos en nuestra primera edad, pues vivió mucho tiempo y salió de esta vida dando un testimonio
gloriosísimo y nobilísimo. Siempre enseño lo que había aprendido de los apóstoles, lo cual también
transmitió a la Iglesia de Esmirna, y es lo único verdadero”.
Eusebio de Cesárea también se hace eco de esta relación de Ireneo con Policarpo. Es más, el gran
historiador nos ha dejado un fragmento precioso de una obra perdida de Ireneo, obra que se
titula “A Florino” o “Sobre la monarquía” o “Que Dios no es autor del mal”. Fragmento en el
que Ireneo cuenta sus recuerdos de Policarpo.
“Estas opiniones, Florino, hablando con moderación, no son propias de un pensamiento sano. Estas
opiniones disuenan de las de la Iglesia y arrojan en la mayor impiedad a cuantos las siguen. Estas
opiniones, ni siquiera los herejes que están fuera de la Iglesia, se atrevieron a proclamarlas. Estas opiniones
no te las han trasmitido los presbíteros que nos han precedido. Los que juntos frecuentaron la compañía
de los apóstoles.
Porque siendo yo niño todavía te vi en casa de Policarpo. Cuando tenías una brillante actuación en el
palacio imperial y te esforzabas por acreditarte ante Policarpo, es que yo me acuerdo más de los hechos de
entonces que de los recientes. Lo que se aprende de niños va creciendo con el alma, y se va haciendo uno
con ella. Tanto, que puedo incluso decir el sitio en el que el bienaventurado Policarpo dialogaba sentado,
así como sus salidas y sus entradas, la índole de su vida y el aspecto de su cuerpo. Los discursos que hacia
al pueblo, cómo describía sus relaciones con Juan y con los demás que habían visto al Señor. Y cómo
108
recordaba las palabras de unos y otros, y qué era lo que había escuchado de ellos acerca del Señor, de sus
milagros, de su enseñanza, y cómo Policarpo, después de haberlo recibido de estos testigos oculares de la
vida del Verbo, todo lo relataba en consonancia con las Escrituras.
Estas cosas tuvo para conmigo entonces, yo también las escuchaba diligentemente y las anotaba. Pero no
era en papel sino en mi corazón. Y por la Gracia de Dios siempre las estoy rumiando fielmente. Y puedo
atestiguar delante de Dios, que si aquel bienaventurado y apostólico presbítero hubiera escuchado aquello
que tú dices, habría lanzado un grito, se habría taponado los oídos y diciendo como era costumbre: Dios
bondadoso, ¿hasta qué tiempo me has conservado para tener que soportar estas cosas?” Ireneo tiene la
experiencia de alguien que le ha hablado de aquellos que convivieron con Jesús.
No se puede afirmar de Ireneo ninguna otra cosa hasta que lo encontramos en el año 177 d.C.
en una ciudad de las Galias, Lyon. Un importante enclave occidental por sus vías comerciales,
terrestres y fluviales. Los cristianos de Lyon y de una ciudad cercana, Vienne (no confundir con
Viena), están sufriendo una terrible persecución.
Entre los mártires y confesores se encontraba Potino (obispo de Lyon), hombre mayor. Los
mártires dirigían cartas, una de ellas la dirigen al obispo de Roma Eleuterio. El mensajero es
Ireneo. En esa carta hay una recomendación para Eleuterio (lo llaman padre) para que elija a
Ireneo, porque es celador (guardián) del testamento de Cristo.
Este joven, que nace y se cría en Esmirna, Asia menor (Turquía), ¿cómo está en el 177 en Lyon
como presbítero? Algunos dicen que había muchos flujos de población en el imperio
procedentes de Asia menor, esto explicaría por qué casi todos los mártires que escriben las cartas
tienen nombres griegos y por qué escriben cartas a las iglesias de Asia. Los esclavos de Asia
menor estaban muy cotizados porque eran cultos. También explicaría que la teología de Asia
esté tan presente en las Galias.
Esa Iglesia de Lyon está muy relacionada con la Iglesia de Roma. Ireneo guarda costumbres de
la iglesia de Roma, distintas de las costumbres de las iglesias de Asia menor, como la celebración
de la Pascua. El afecto de Irineo con la iglesia de Roma, con la cual toda iglesia debe coincidir,
es muy fuerte. Conoce perfectamente a los autores que han escrito en Roma. Se ha pensado,
incluso, que Ireneo, antes de asentarse en las Galias, hubiese podido pasar un periodo de su
vida en Roma. Sabemos que Policarpo fue a Roma a entrevistarse con el Papa Niceto, y puede
que Ireneo estuviera presente.
Cuando Ireneo vuelve de llevar la carta, los mártires han muerto. Cuando Potino, con 90 años,
murió en compañía de los mártires de la Galia, Ireneo recibió en sucesión el episcopado de la
iglesia de Lyon. Ireneo se va a convertir en el sucesor de Potino. Después de ese momento vuelve
el silencio sobre la vida de Ireneo, hasta que llegamos al pontificado del Papa Víctor.
Durante el pontificado del Papa Víctor (189-198) va a surgir una controversia muy virulenta en
el seno de la Iglesia apropósito de la celebración de la Pascua.
109
Ya hacia el año 155, Policarpo había visitado en Roma al Papa Niceto. Trataron diversos asuntos,
pero especialmente la divergencia que había en las iglesias en torno a la celebración de la Pascua
¿Cuándo debía celebrarse la Pascua? Ni Niceto ni Policarpo llegaron a un acuerdo, pero no fue
impedimento para mantener la comunión eclesial.
En otras iglesias, como Roma, Alejandría, Las Galias, la celebración de la Pascua no se celebraba
el 14 de Nisán sino el domingo siguiente al 14 de Nisán, porque Jesús Resucitó un domingo. En
función de ese día las iglesias fijaban días de ayuno, que debían guardar los fieles. Se están
produciendo cambios de población y desplazamientos, a Roma llegan de todas partes. Ahora
hay comunidades que celebraban la Pascua en días distintos, cuando están ayunando, otros ya
han celebrado la Resurrección. Eso trajo conflictos y tensiones en las comunidades.
El Papa Víctor quiere unificarlo, quiere acabar con la práctica de celebrar la Pascua el 14 de
Nisán. Trata de acabar con ella, pero los obispos de Asia menor se revelan. Le dicen a Víctor que
ellos siguen esa fecha siguiendo una costumbre que entre ellos se remonta a los mismos
apóstoles. Víctor reacciona con desmesura, queriendo separar de la comunión eclesial a las
comunidades de Asia y de las zonas limítrofes. Esa medida no fue del agrado de los demás
obispos, que no dudaron en escribirle para que mantuviera la paz, la comunión y la unidad
entre las diversas iglesias.
Uno de los que escriben es Ireneo, aunque siga la tradición de Roma. Escribe una carta que se
conserva: “La controversia no es sólo acerca del día, sino también acerca de la duración del ayuno, porque
unos piensan que deben ayunar un día, otros que dos, otros que más. Una tal diversidad de observantes
no se ha producido ahora, esto viene de tiempo atrás. No por eso vivieron menos en paz. El desacuerdo del
día de la Pascua o del ayuno manifiesta un acuerdo más profundo que es el de la fe. Aunque luego esa fe
se exprese en prácticas distintas”.
Ireneo dice a Victor que la comunión no se fundamenta sobre las prácticas, sino sobre la fe.
Según Ireneo, lo importante no es la unidad de las prácticas, sino la unidad de la fe que deben
expresar esas prácticas. Le recuerda a Víctor la actitud de los otros obispos de Roma, que no
entraron en conflicto con las demás comunidades. Pudieron vivir la comunión eclesial
perfectamente en esa diversidad de prácticas.
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“Entre ellos también los presbíteros antecesores de Sotero, que presidieron la Iglesia que tú riges ahora.
Ni ellos mismos miraron el día. Pero no por eso vivían menos en paz con los que observaban ese día 14.
Nunca se rechazó a nadie por causa de esta forma. Los mismos presbíteros, tus antecesores, que no
observaban esas prácticas, enviaron la Eucaristía a las demás iglesias que si que las observaban.”
El querer de Ireneo por mantener la unidad de las iglesias impidió que Víctor llevara a cabo el
propósito de excomulgar a diversas comunidades eclesiales. Habría sido dramático.
No volvemos a saber nada de él. Muere el 202 o 203 d.C. Creemos que no fue mártir aunque
algunos digan que sí. Los más inmediatos a él lo llama mártir. Si la iglesia hubiera tenido
constancia del martirio de Ireneo, antes que el título de obispo el más importante era el de mártir.
Pero no tenemos ningún dato históricos, sino que los autores que los citan después no hablan
de él como el mártir, es una tradición que empiezan en el sigl. VI.
Escribió bastantes obras, pero con seguridad sólo nos han llegado dos obras:
+ Adversus Haereses. Su obra más importante. 5 libros contra las herejías. Su título original
sería: “Desenmascaramiento y refutación de la que, con falso nombre, se llama gnosis”.
Tampoco se ha conservado el original griego excepto en algunos pasajes. Sólo ha llegado una
traducción latina completa, una traducción armenia de los 2 últimos libros. La traducción se
hace en Hispania, en el s. IV, cuando detectan que está surgiendo un movimiento que algunos
tachan de gnosticismo, movimiento de Prisciliano obispo de Ávila. Éste tiene un pensamiento
con planteamientos cercanos a lo gnóstico. Para salir al paso del gnosticismo que ven en
Prisciliano traducen el libro de Ireneo.
La traducción latina que nos ha llegado es muy literal, pero nos da señal de la literalidad que el
traductor quería mantener. Es la misma traducción que conocía San Agustín.
La obra se compone de 5 libros. La Concibe para salir al paso del gnosticismo, de Marción, y de
los ebionitas.
En el prólogo al libro I va a dar una idea de lo que pretende hacer y de lo que está viviendo; se
lee: “Hay quienes rechazan la verdad e introducen falsas enseñanzas, y genealogías inacabables. Más
aptas para suscitar disputas que para la obra constructiva de Dios en la fe. A través de una artimaña,
alevosamente presentada, descarrían la inteligencia de los sencillos y los cautivan…”.
111
Si los gnósticos sólo hubieran querido dialogar con la cultura del momento, a lo mejor se hubiera
quedado en eso, e Ireneo no hubiera escrito nada. Ireneo percibe como obispo que ese tipo de
pensamiento está afectando a los sencillos de la comunidad.
“…y los cautivan falsificando las palabras del Señor y haciéndose pésimos interpretes de doctrinas que
son buenas. Son, para muchos, causa de ruina al apartarlos bajo pretexto de ciencia, de gnosis. Para
apartarlos de Aquel que ha creado este universo, como si les fuera posible mostrar un ser más excelso y
mejor que el Dios que ha creado el cielo, la tierra y todo lo que en ellos se contiene.
En primer lugar, del cuidado de lo símil y por medio de una cuidada retórica arrastran a los sencillos hacia
el proyecto de la investigación, luego los llevan a la perdición. Y contando doctrinas blasfemas e impías
acerca de su creador a personas que son incapaces de distinguir lo verdadero de lo falso.
El error no se muestra claramente para evitar ser denunciado por su propia desnudez, sino que se recubre
de unas vestimentas de lo símil, y trata de aparecer más verdadero que la misma Verdad a los ojos de los
ignorantes gracias a esta apariencia exterior.
Respecto a ellos, un hombre superior a nosotros dijo: la esmeralda, piedra preciosa y de gran valor para
algunos, recibe injuria cuando se ve suplantada por un pedazo de cristal trucado, hasta que un experto
realiza la comprobación y denuncia el malintencionado trucaje. ¿Acaso podrá un inexperto verificar
debidamente el fraude?”
“Podría darse que por culpa nuestra algunos fueran arrebatados como ovejas por lobos, engañados por las
pieles de oveja con que llegan recubiertos, y de esos, el Señor nos previno para que nos guardáramos. Pues
si bien habla como nosotros.
Por mi parte, he leído los tratados de los discípulos de Valentín, y he tenido encuentros con algunos de
ellos para poder entender sus doctrinas. Por todo ello, consideré necesario explicarte esos extraordinarios
y profundos misterios que tanto nos compete. Porque no todos han escupido en su cerebro…”
“…Una vez los hayas comprendido los explicarás a todos los que están contigo y le exhortarás a guardarse
del abismo, de la ensaña y de la blasfemia contra Dios. Pondremos todo nuestro tesón en explicar su
doctrina tal como actualmente la enseñan, refiriéndose en concreto a los del grupo de Tolomeo, cuyas
doctrinas constituyen la flor y nata de la escuela de Valentín. Lo haremos con brevedad y claridad, además
proporcionaremos, de acuerdo con nuestras posibilidades, los criterios para su refutación. Poniendo de
manifiesto cómo sus doctrinas son absurdas, inconsistentes e irreconciliables con la Verdad.”
Esto es lo que va a hacer en sus dos primeros libros contra las herejías. El primero es una
descripción del pensamiento de las distintas escuelas gnósticas. Trata de exponerlas en el primer
libro. En el segundo libro las refuta tratando de mostrar las inconsistencias e incoherencias que
hay dentro de su pensamiento, viendo las contradicciones que cree observar dentro del
gnosticismo.
112
“En realidad no tenemos la costumbre de escribir ni estamos bregados en las artes de la retórica, pero la
verdad nos impulsa a explicarte a ti y a los que están contigo una serie de cosas que hasta el momento
permanecían ocultas y que se han puesto ya de manifiesto gracias a Dios.”
“Por fin sabemos qué piensan. A nosotros, que vivimos entre los celtas, que la mayor parte de tiempo
usamos una lengua extranjera, no nos exigirás ni alta retórica, que no hemos aprendido, ni destreza de
pluma, que no hemos ejercitado, ni elegancia de expresión ni arte persuasoria, que no conocemos.
Simplemente te escribimos con verdad y sencillez para que lo que con amor te hemos escrito, tú con amor
lo recibas y lo alimentes con tu propia aportación, puesto que eres más capaz que nosotros. Será como si
hubieras recibido de nosotros una semilla y unas primicias. Todo lo que con concesión te hemos expresado
fructificará en la amplitud de tu inteligencia, y transmitirás con vigor a los que están contigo lo que aquí
te hemos comunicado. Tal como nos pediste hace tiempo, hemos procurado enseñarte su doctrina, no sólo
explicándotela con claridad, sino suministrándote, además, procedimientos para demostrar su falsedad.
Ahora tú podrás, con todo el interés, servir a los demás según la Gracia que el Señor te ha otorgado, de
manera que en adelante los hombres no se dejen arrastrar por la falsa persuasión de aquellos herejes.”
El afán de Ireneo es casi pastoral. Le importan los sencillos, y que sus colegas se enteren de lo
que está pasando, qué ocurre y qué se enseña.
En el prólogo del libro V hace un resumen de todo lo que ha intentado (se encuentra en una
hoja aparte).
En el libro V se dedica a las enseñanzas de nuestro Señor y de los apóstoles. La primera parte
quiere anunciar lo que negaban los gnósticos, el Dios creador. Quiere mostrar que este Dios
creador es el mismo anunciado en el AT y por Cristo.
Intenta dar pruebas, con una relectura de la Escritura, reflexione desde la historia de la salvación,
tal como está testimoniada en la SE.
El cristiano no busca una perfección filosófica o ética, el cristiano quiere ser prudente como
Cristo es prudente, o célibe como él lo fue. Porque en Cristo el hombre se va a descubrir a si
mismo.
+ De otras obras hay fragmentos. Un ejemplo es la carta de Florino. También algunos defienden
que él fue el que escribió el relato del martirio de los mártires de Lyon y Vienne.
113
PENSAMIENTO DE IRENEO DE LYON
La creación del universo no la trataremos. Se puede tratar en un trabajo de Juan José Ayán que
se llama “La creación de Cristo”.
Zeus se dirige al filósofo Epicteto para mostrarle su desprecio por el cuerpo humano y le dice:
“Epicteto, si hubiera posible, yo hubiera hecho tu miserable cuerpo libre y sin trabas, pero ahora no olvides
que ese cuerpo no es el tuyo sino que es sólo barro ingeniosamente amasado”.
Ireneo se va a dar cuenta de que es fundamental recuperar una visión positiva de la creación
para poder tener una visión positiva del creador. Por eso va a hacer de la corporalidad incluso
el eje de su antropología y de su teología.
Cuando los primeros pensadores cristianos comienzan a reflexionar sobre el hombre, había
adquirido consistencia una definición: “El hombre es una animal racional”. Animal capaz de
inteligencia y de ciencia. Esa definición también estará en escritos cristianos.
Era una definición insuficiente, incapaz de reflejar el designio de Dios sobre el hombre.
Admitirán que el hombre es animal racional capaz de inteligencia y de ciencia, pero lo más
profundo suyo, la más íntima riqueza, le viene de haber sido creado a imagen y semejanza de
Dios.
La definición de animal racional era una definición que podía conducir a la consideración del
hombre como una especie más dentro del universo. Una especie que, en cuanto libre y racional,
será capaz de hacer progresos en el arte, en la ciencia, en la técnica o en ética, pero sin salir nunca
de las capacidades naturales de su especie. No dejará de ser una especie sometida al rigor de
esa naturaleza y al despliegue que esa naturaleza pueda dar de sí.
114
Séneca escribía en la carta 41: “Alaba en el hombre lo que no puede ser arrebatado, ni ser dado, ni se le
puede quitar, ni se lo puedes dar. Lo que es propio del hombre. Buscas de qué se trata. Alma y razón
perfecta en el alma. El hombre es un animal racional, su bien se consuma si cumple aquello para lo que ha
nacido. ¿Y qué es lo que esta razón exige de él? Algo facilísimo, vivir según su naturaleza.”
El relato del Génesis no es solo lo que ha sido, sino tb una profecía. Es lo que está llamado a ser.
El universo requiere el tiempo. El hombre necesita crecer, madurar para poder alcanzar la visión
de Dios.
Esto está abierto a una economía, a una plenitud que para alcanzarla tiene que estar abierto a
Dios. El designio de Dios tiene cuenta todo esto pero no se deduce por su composición físico-
química, porque no llegará a la plenitud sino tb por la economía de Dios, por su gracias. Toda
la creación esta llamada a ser protagonista aunque el protagonista principal será el hombre.
Todo el universo está llamado a perseverar por siempre y alcanzar la plenitud. Esta es su
llamada. El cosmo ha sido y es creador..
Dios quiere salvar al mundo, no aniquilarlo. Pero el cosmos fue creado para al hombre (hombre
niño). Y en medio de las realidades creadas surga un fruto: que el hombre aprenda la obediencia.
La creación le fue entregada al hombre para que fuera el lugar donde Dios pudiera compartir
con el hombre su bien y su gloria, para que el hombre alcance su plenitud.
El hombre es aquel que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y esto los primeros padres
veían su plenitud.
Lo proprio de la creación: el Hijo está al servicio del Padre. Pero se requiere algo más en la
creación, se requiere que actúe la mano del ES. Es el otro diacono del Padre.
La sabiduría, el ES, es aquel que da armonía a las cosas.
En él no hay confusión cuando habla del Hijo y del ES..el punto es que no ve separada sus
actividades.
Propone la doctrina que llamamos LA CRUZ COSMICA. El verbo creador estaba clavado en la
cruz cósmica. No se trata de la cruz del calvario, sino
Cuando hablamos de cruz cósmica tenemos que quitar la idea del sufrimiento sino mirar los
brazos abierto, el Hijo está abrazando a todo el cosmos, a todo el universo, de norte a sur, de
oriente a occidente!!
Crecer de un modo libre abierto a su naturaleza. Pero una naturaleza que está cerrada en sí
misma. No hay apertura a la gracia, apertura a la acción de un Dios que tiene un designio sobre
el hombre, que supera las capacidades y las fuerzas de la naturaleza cerrada sobre sí. El hombre,
por tanto, se encuentra en la prisión de su naturaleza. Es capaz de ciertos progresos, pero nunca
podrá salir de ese ámbito. No hay, por lo tanto, apertura a la Gracia.
Para los primeros cristianos, definir al hombre así es cerrar el camino de la imagen y de la
semejanza.
115
En las primeras reflexiones cristianas se va a dejar notar en los ámbitos cristianos la influencia
de un judío, Filón de Alejandría. Iba a tener una influencia enorme sobre el cristianismo. Hasta
el punto de que los cristianos han conservado una grandísima obra suya. Elaboró una peculiar
exégesis de la creación del hombre. Al comienzo del libro del Gn. tenemos dos relatos distintos
de la creación.
En el cap. 1 Dios, por su palabra eficaz, va dando el ser a todas las cosas. Y culmina la obra de
creación con el hombre. Muestra su proyecto de hacer al hombre a su imagen y semejanza en
Gn. 1,26.
En Gn. 2,7 el hombre aparece al principio de la obra creadora. Dios no se limita a crear por su
palabra eficaz, sino que, como si fuera un alfarero, toma polvo de la tierra, lo modela y le infunde
un hálito de vida.
A partir de esto, Filón dedujo una doble creación del hombre. El hombre hecho de Gn. 1,26 era
distinto al plasmado en Gn. 2,7. Lo que Dios crea en Gn. 1,26 (usa el verbo poieo, crear) era una
especie de alma, de nous, y esa realidad es la que estaría hecha a imagen y semejanza de Dios.
En cambio, Gn. 2,7 (se usa el verbo plaszeis –plamar- ) nos está hablando de la creación de ese
hombre ligado a lo corporal, a lo material.
Esa doble creación pasó a algunos pensadores cristianos, que ligaron los conceptos de Filón a la
reflexión paulina sobre el hombre interior y el hombre exterior, a la reflexión paulina sobre el
hombre espiritual y el hombre animal. Pero para ello tenían que violentar a San Pablo, porque
para Pablo el hombre espiritual no es lo primero, el hombre espiritual aparece en Cristo.
Orígenes va a amontonar, sobre el hombre hecho de Gn. 1,26, las características platónicas del
nous, y las características que San Pablo atribuye al hombre interior espiritual. Pero el hombre
de Gn. 2,7 lo van a concebir con las características que los platónicos atribuían al hombre sensible
y material, así como las que Pablo otorgaba al hombre exterior. Es un hombre animal, es un
hombre terreno, es un hombre viejo. Más aún, entre una y otra creación, Orígenes va a introducir
el pecado de los noej (plural de nouj), el pecado de las almas, de los seres espirituales. Dios nos
pensó como seres espirituales, nos creó a todos por iguales y al mismo tiempo, pero esos
espíritus, almas, hay un momento en el que se enfrían en el amor a Dios, pecan y, como
consecuencia, Dios va a tener la misericordia de otorgarles un cuerpo y una creación como esta,
donde tendrán que mostrar, que corregirse de su pecado para volver a su situación primera.
Este bautismo, que algunos cristianos hicieron de la doctrina de Filón, iba a tener unas
repercusiones gravísimas en el ámbito de la antropología. Porque para ellos, el designio
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primigenio de Dios era una economía que solamente afectaba a hombres espirituales, ajenos a
lo carnal y a lo sensible.
De esta manera, iba a aparecer una antropología que se fundaba en el alma. El alma sería el
centro de la economía de la salvación, con menosprecio hacia lo carnal y corporal.
Va a convertir la carne y la corporalidad, frente a todos los menosprecios que venía trayendo
del mundo pagano, en la protagonista de su reflexión antropológica.
¿Cómo definiremos al hombre, a partir de lo que es al principio, o a partir de lo que está llamado
a ser? ¿A partir del barro originario, o a partir del designio que Dios tiene sobre ese barro?
Los dos relatos del Gn. hablan de un único hombre, del mismo hombre. Se fundamenta en
elementos como el barro de la tierra, un Dios que modela el barro, algo que va a concebir como
un don y una profecía. Ser creado a imagen y semejanza es algo que se le da al hombre
inicialmente y que tiene que llevar a una culminación.
Para llevar a cabo al hombre, Dios no necesita de elementos sublimes. Parte del polvo, del barro.
Ireneo, que quiere mostrar el cuidado y el mimo de Dios al crear, dice que el Padre tomó lo más
puro y lo más fino de la Tierra. Polvo a fin de cuentas. La antropología de Ireneo te cuenta cómo
un puñado de barro sería el comienzo del hombre, algo que viene a ser, cómo llega a su plenitud
en la humanidad gloriosa de Cristo. El itinerario desde el barro originario hasta la humanidad
gloriosa de Cristo.
Comienza mostrando cómo Dios crea a Adán a partir de una tierra virgen. Aquella tierra, aquel
barro, era un barro que nadie había tocado ni había llovido sobre él, nadie lo había labrado. Era
una tierra como la nuestra, como aquella sobre la que Jesús escupió para hacer barro. Tierra
paciente, pasiva, dispuesta a acoger el mimo y la ternura de Dios.
117
Lo más originario del hombre no es otra cosa que barro de Dios, constituido de tierra árida,
humedecida por el poder del Padre. Capacitada por el poder del Padre para que un día pueda
ser más que tierra, para que llegue a ser barro hecho Dios.
Modelar, plasmar, es lo que hacen las manos de un artesano con el barro. La idea no es exclusiva
del Gn. El hombre, a lo largo de la historia, ha expresado la acción de Dios recurriendo a esa
imagen: “Tus manos me modelaron y me crearon” Salmo 118. Cuando el A.T. habla de las manos
de Dios no sólo se refiere a la eficacia de las manos de Dios sobre el hombre, sino que lo extiende
a toda la creación. Los cielos son obra de sus manos.
También para Ireneo toda la creación es obra de las manos de Dios, pero sólo al hombre refiere
el hecho de ser modelado, plasmado, amasado por las manos de Dios. Es un privilegio del
primer hombre. “El Padre, con la Palabra, confirió la existencia al universo entero y en este universo
hay también ángeles. Al hombre, en cambio, lo modeló con sus propias manos. Y lo modelaron de una
manera peculiar. Dios, con sus manos, dio a aquel plasma su propia fisonomía, de modo que le hombre,
aun en lo visible, fuera imagen de Dios. Porque el hombre fue puesto en la tierra modelado a imagen de
Dios.”
Pero Adán no fue el único beneficiario de la acción creadora de las manos de Dios. Las manos
de Dios también nos modelan a nosotros y nos siguen modelando, nos siguen haciendo.
“Que el Verbo de Dios nos plasma en el seno materno lo dice Jeremías: Antes de modelarte en el seno
materno te conozco.”
Las manos de Dios configuran a todo hombre, lo modela. Esto es lo que quiso mostrar Cristo
cuando curó al ciego de nacimiento (Jn 9). Ireneo distingue dos tipos de curaciones. Jesús curó
dolencias y enfermedades con su sola palabra, como es el caso del paralítico Jn 5,8; pero también
hizo otras curaciones mediante una acción, como es el caso de la curación que Jesús lleva a cabo,
por ejemplo, metiendo los dedos en el oído del sordomudo, o tocando con su saliva su lengua;
o el ciego de nacimiento.
Señala Ireneo cómo al ciego de nacimiento, Jesús no le dio la vista de palabra sino mediante una
obra, una acción. Señala que actuó así muy intencionadamente. “Lo hizo con su cuenta y razón, a
fin de revelar la mano de Dios que en el principio modeló al hombre”, los apóstoles indagaban si aquella
ceguera era fruto del pecado del ciego o de sus padres. Jesús les responde: “Ni éste pecó ni sus
padre, sino para que se den a conocer en él las obras de Dios.” Las obras de Dios son la plasmación
del hombre, toda la obra de Dios no busca otra cosa que modelar al hombre. Ese hombre, había
nacido ciego para dar a conocer cómo había sido modelado el hombre, y todo el actuar de Dios,
desde el principio hasta el final. No tiene otra misión que acabar de modelar al hombre. Si hay
sacramentos es para eso, si el Hijo se encarna es para eso, si hay Iglesia es para eso, si hay perdón
de los pecado y Eucaristía es para eso.
118
Pero la plasmación de Adán no se realizó de palabra, sino mediante una acción de las manos de
Dios, que tomaron barro y lo modelaron. Y para mostrar eso, Jesús escupió en la tierra e hizo
barro, lo puso en los ojos, mostrando cómo fue la antigua plasmación y revelando, a los capaces
de entender, la mano de Dios por cuyo medio fue modelado de barro el hombre. Lo que el Verbo
creador dejó por modelar en el seno materno, lo completó en público para que se manifieste en
él las obras de Dios.
Las acciones de Jesús ponen de manifiesto, por un lado, cómo tuvo lugar la creación del hombre,
y por otro, cual es la mano de Dios que modela al hombre.
Tanto Adán como Cristo fueron formados a partir de tierra virginal. Adán a partir de tierra
virgen, Cristo a partir de María, tierra virgen. Con los demás no sucede lo mismo.
La infusión del alma afecta al cuerpo modelado por las manos de Dios. El polvo no se podía
modelar, hacía falta humedecer la tierra, hacer barro para que fuese modelable. Para Ireneo, la
infusión del alma afecta al barro, a la tierra. Y esa humedad que el Padre había puesto en la
tierra para que fuese barro. La humedad es algo que Ireneo siempre liga al tema del Espíritu.
Que la tierra árida reciba la humedad del Padre quiere decir que recibe la humedad del Espíritu.
En el primer actuar del espíritu, se encontró con la pasividad creatural del barro, porque en
aquel barro no había alma, no había racionalidad, ni libertad capaces de responder libre y
responsablemente a la iniciativa de Dios.
No identifica el alma con el espíritu. “La vida primigenia fue alentada como don debido por el soplo”,
no por el espíritu. Una cosa es “el soplo de vida” que hace al hombre dotado de alma, y otra
cosa distinta es el espíritu vivificante que lo convierte en hombre espiritual.
El hombre fue hecho a imagen y semejanza de Dios. En los primeros siglos cristianos se
distinguía entre imagen y semejanza. Algunos se dieron cuenta de que en Gn. 1,26 Dios expresa
su proyecto: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza”; pero en el versículo siguiente se
dice: “Hizo Dios al hombre a su imagen”. No decía nada de que lo hiciera a semejanza. Una cosa
es ser creado a imagen de Dios, y otra cosa es ser creado a semejanza de Dios. El ser creado a
imagen de Dios es algo inicial que está reclamando una culminación, está abierta a una plenitud.
Esa plenitud de la imagen inicial es ser creado a semejanza de Dios. Sólo puede dar la imagen y
la semejanza de Dios aquel que la tiene, y quien la tiene son el Hijo y el Espíritu Santo.
El tema de la imagen y semejanza está ligada a la trinidad. Imagen es la del verbo y la semejanza
es la del ES.
119
Hay ocasiones en las que habla Ireneo de la semejanza con Dios en función de la libertad y de la
racionalidad. “Como el hombre es libre desde el principio en su albedrío, y libre es también Dios en su
albedrío, a cuya semejanza fue hecho el hombre, siempre le aconseja guardar el bien.” Ireneo habla de
una cierta semejanza de naturaleza, que podría aplicarse tanto al alma del hombre como al
ángel. La libertad es una propiedad que el alma tiene para cumplir su misión, pero estamos en
un plano meramente natural y análogo.
Pero la semejanza de Gn. 1,26 está significando otra cosa, porque tiene que ver la semejanza con
la acogida del Espíritu de Dios. La racionalidad y la libertad, por tanto, poder decir que el
hombre es semejante a Dios porque el hombre también es racional y libre, es una semejanza que
conviene a todos los hombres, santos y no santos. Pero la semejanza de Gn. 1,26 sólo se consigue
en obediencia al E.S. sólo se consigue en el santo.
Aquí ya no se habla de una analogía, sino de una realidad unívoca. Es una semejanza que se
consuma por la presencia de Dios en el hombre.
¿Qué puede significar que el Verbo, mano de Dios, modeló el barro a imagen de Dios?
Ireneo afirma que la carne ha sido plasmada a imagen de Dios. ¿Dios tiene forma humana, tiene
miembros como los nuestros? Cuando Ireneo afirma que la carne de Adán es imagen de Dios,
está afirmando que la carne de Adán es imagen del futuro Verbo encarnado. Cuando Dios
modelaba el barro estaba mirando a la plenitud de los tiempos en que el Verbo se haría carne.
La Encarnación no obedece al pecado de Adán simplemente, obedece a la creación del hombre,
luego asumirá todas las particularidades como consecuencia del pecado, pero Dios no piensa a
Adán sin pensar en su Hijo hecho carne. Al crear a Adán, Dios se estaba comprometiendo a
crear a Cristo.
La carne de Adán estaba orientada desde el origen a la carne de Jesucristo. Esto es lo que
significa que el hombre ha sido creado a imagen de Dios. Que el hombre fuera creado a imagen
y semejanza de Dios sólo se pudo explicar una vez que el Hijo se hizo carne.
La humanidad de Cristo pasó por diversos estadios. Conoció un proceso de plenitud, desde su
concepción en el seno de María, hasta llegar a su glorificación después de la Resurrección.
Donde aparece la verdadera imagen, la plenitud de la imagen, es cuando uno mira a Cristo
resucitado, a Cristo glorioso. En Jesús glorificado emerge en plenitud el proyecto originario de
Dios, proyecto iniciado con la modelación del barro. La vocación del hombre es Cristo
glorificado. Nuestro ser está abierto y anhelante de la plenitud que aparece en Jesús resucitado.
La Encarnación, por tanto, no es un momento concreto, sino que es todo ese proceso que lleva y
culmina en la Resurrección.
120
La semejanza es anunciada. Es el propio Hijo de Dios que reveló la semejanza. Es la perfección
a la que Dios había predestinado al hombre.
Ese caminar, ese proceso, es obra del E.S. No es posible que el hombre alcance su plenitud sin
el don del Espíritu.
El ser a imagen es algo que está grabado en nuestra carne, algo que no podemos perder, aunque
blasfememos contra Dios. El ser a semejanza es algo que se puede perder, en la medida en la
que uno se hace indócil a la acción del E.S. La imagen se nos da al nacer, la semejanza es la
vocación que todo hombre debe alcanzar. El ser semejante una persona lo pierde al perder el
camino que el ES quiere revelar al hombre su plenitud.
Todo esto implica que la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios no se realiza de una
manera puntual, sino mediante todo un largo proceso por el que las manos de Dios van
conduciendo al hombre a su plenitud a lo largo de la historia. En ese proceso confluyen todas
las obras de Dios. Dios nos sigue creado.
Esto equivale a decir que Dios sigue haciendo a su criatura a lo largo del tiempo conforme a su
designio anterior a los tiempos. Para Ireneo, toda la historia es tiempo de creación. Tiempo en
que las manos creadoras no se desentienden de la criatura, sino que siguen cuidando de su
criatura para que alcance su meta. No hemos sido creados, sino que estamos siendo creados. Esa
creación del hombre lleva la historia entera.
De las manos de Dios salió una criatura llamada a crecer, a alcanzar su plenitud a lo largo del
tiempo. Dios no lo modela de golpe, lo va modelando a lo largo del tiempo para que haga un
camino, desde el barro originario hasta la carne vestida de Dios a imagen de Cristo glorioso.
El hombre no sale de las manos de Dios acabado según su designio (el designio no es ser de una
especie de la creación), sale como un “acabado de hacer”, un niño, un crío (actitud por la que
uno todavía no tiene demasiada experiencia, le falta madurar). El hombre tiene que aprender a
ser criatura, experimentarlo. Lo propio de la criatura es ser hecho por Dios a lo largo del tiempo.
121
Dios crea siempre para derramar su bien en el hombre. Lo propio de Dios es ser donación y
fuente de gloria para el hombre. El hombre es un vaso que Dios quiere colmar de bien. El hombre
es órgano de la gloria de Dios, en el que Dios manifiesta su gloria glorificando al hombre. Dios
es glorificado en el hombre en la medida en que éste se deja poseer por Dios.
Dios me ha hecho para poner su gloria en mí. Y esto es darle su gloria. Así se entiende el texto
de Is 46, 6-7
Ireneo dice “Dios es la gloria del hombre”. Las obras son de Dios y el hombre es vaso de toda su
sabiduría y su poder. La iniciativa, las obras, son de Dios. No es el esfuerzo humano el que se
da la gloria, el hombre es un vaso que es llenado por Dios. Así brilla la gloria de Dios en el
hombre. Cuanta más poca cosa es el barro, más brilla la gloria de Dios.
Lo propio del hombre es ser receptáculo abierto para acoger libremente la gloria de Dios. Así se
realiza el encuentro entre Dios, que no tiene necesidad de nada, y el hombre, que está necesitado
de su Dios. Toda la historia es tiempo para dejarse crear por las manos de Dios. La mano de
Dios nos forma desde el principio hasta el final. Las dos manos actúan conjuntamente. Actúan
para ir perfeccionándolo a lo largo de la historia hasta llegar a ser imagen de Cristo glorificado.
El mundo y el tiempo son el lugar donde el hombre ha de madurar. La razón de ser de este
mundo y tiempo radica en la adecuación paulatina, gradual, de la criatura a los bienes cada vez
mayores con que Dios la quiere colmar. Toda la historia ha sido pensada como el lugar de la
divinización progresiva del hombre, como lugar en el que se va desplegando progresivamente
el amor de Dios por el hombre.
Equivale a preguntarse por qué Dios no nos hizo dioses desde el principio. Pero es renunciar a
nuestra condición de criatura. Para Dios todo es posible, pero todas las demás cosas, por el mero
hecho de ser creadas, fue menester que esas cosas fueran inferiores a su creador.
La criatura es infantil, sin experiencia. Una madre no le da un solomillo a su hijo recién nacido.
No puede tomar un alimento superior a sus fuerzas. Así también Dios, por su cuenta, podría
haber dado al hombre desde el principio la creación, pero el hombre es el que no puede recibirla
de golpe, por ser creatura. Porque necesita de la historia y del tiempo.
Dios quiere darse como Dios a una criatura, lo hace adecuándose a la condición de su criatura.
Para hacerlo crecer y madurar paulatinamente. No querer asumir este proceso de maduración
humana es irracional.
Dios quiere llevar al hombre a la plenitud, quiere deificarlo a imagen de la humanidad gloriosa
de Cristo. Pero lo quiere hacer respetándolo como hombre. Esa ley de proceso de maduración
quiere educar al hombre para que no se ignore como hombre, para que conozcamos cual es
nuestro verdadero ser de criatura y para que sepamos apreciar el don de Dios.
122
La historia está llena de tiempo que se nos da para que nos comprendamos como hombres y
comprendamos hasta donde somos capaces de llegar con nuestras fuerzas, y cuál es el don de
Dios que nos quiere llevar más allá de nuestras limitaciones.
Dios quiere llevar al hombre a plenitud (como hombre), poniendo su gloria en él. El hombre
para él sale como un niño en las manos de Dios. Este carácter infantil alude tb a su carácter de
perfectibilidad, de progresar y crecer en la historia. Es el proceso de maduración de la carne
humana.
El hombre sale niño de las manos, y en cuanto niño es incapaz de recibir toda la gloria divina
de golpe. “Convenía que el hombre primero fuese creado, y creado fuese en aumento, e incrementado se
robusteciera, y robustecido se multiplicara, y multiplicado madurara, y madurado fuese glorificado, y
glorificado contemplase a Dios. Porque es Dios quien ha de ser visto, y la visión de Dios es la que procura
la incorruptibilidad.” Y así, el hombre carnal pueda ver algún día a su Dios.
Dios guía la persona hacia la plenitud pero al ritmo de la criatura. Así toda la historia se
convierte en la relación entre Dios y el hombre, Dios quiere que nuestra libertad se ponga en
juego. Dios no le impone al hombre la perfección, se la ofrece. La plenitud y la perfección no
sucederán sin nuestra libertad. Por esto sale al encuentro con el hombre sin violencia. Dios
dialoga con la libertad del hombre. Cada vez que sale a nuestro encuentro con su buen consejo
busca mover nuestra libertad para poder responderle. Cada acción verdaderamente libre se
convierte en un momento de encuentro con Él, donde se pone en juego nuestra libertad para
seguir en la obra salvadora de Dios. La libertad de Dios crea y la del hombre es que se deja crear.
No estamos en frente solo delante de algo éticamente bueno o malo, sino que el hombre alcanza
su madurez en la obediencia que responde a la condición ontológica del ser criatura, es decir
aquel que alcanza su plenitud a la que fue destinado.
Dios conduce ese proceso hasta la plenitud del hombre sin violencia. El Dios que se acerca al
hombre, es el creador que entabla dialogo con su criatura, una criatura que ha creado para
mantener relación, y de esa relación depende la plenitud de la criatura.
Ese proceso de maduración del hombre no se realiza si éste no pone en juego su libertad. Dios
sale al paso del hombre y le pide que ponga en juego su libertad. Dios sale sin cesar al paso de
la libertad del hombre porque quiere que esos dones y esa gloria sean acogidos libre y
meritoriamente. Ya no somos sólo barro vacío, ahora Dios sale al encuentro, pero reclamando la
libertad. El hombre, ante su destino, no es una simple marioneta en manos de Dios, Dios nos
quiere libres. Por eso no le impone al hombre la perfección, se la ofrece. Dios ha creado al
hombre sin contar con él, pero no sucede lo mismo con la plenitud. La perfección y la plenitud
no acaecerán sin poner en juego la libertad, y con la libertad el mérito. Dios sale al encuentro
con un consejo bueno, no obliga, aconseja.
123
“Habla, no obliga. Nos aconseja apartarnos del error pero no nos obliga a ello, no nos violenta. Dios sale
al encuentro del hombre no con violencia sino con un consejo benévolo, que busca siempre el bien del
hombre, sin atentar a su libertad.”
La libertad y la razón no tienen más importante valedor que Dios mismo, su creador. Por eso
no podemos nunca desertar de la razón ni de la libertad, porque son dones de Dios al hombre.
Y no hay nadie más interesado en salvaguardar la libertad que Dios, por ello cuando actúa
salvíficamente no quiere atentar contra la libertad.
Dios sale al encuentro, y abre a la razón y a la libertad un horizonte que ellas eran incapaces de
darse a sí mismas. Dios “salva nuestra libertad”, viene a librarla de aquellos que la obstaculiza.
Dios pide la docilidad para seguir siendo creados, para poder seguir poniendo sus dones en
nosotros. Viene ofreciendo algo que nosotros no nos podemos dar ni podemos encontrar por
otro camino. El don que nos ofrece y que podemos rechazar, no tenemos otro camino para
conseguirlo.
Eso que Dios nos ofrece está fuera del alcance de nuestras fuerzas. La salvación del hombre está
por encima de su fragilidad y su fuerza. De ahí que la puesta en juego de nuestra libertad no sea
algo dentro, porque cada acción es un momento de relación con el creador, un momento en el
que Él sale a nuestro encuentro para seguir con su creación. La libertad es el don que permite al
hombre ejercer digna y meritoriamente la obediencia sin ser una marioneta en las manos de
Dios.
Toda la obra salvadora es diálogo de dos libertades, la libertad creadora de Dios y la libertad
creada del hombre. Dos libertades aunque desiguales, la libertad de Dios crea, la libertad del
hombre se puede dejar crear o no. Cuando la libertad humana obedece a la libertad divina acoge
el don, el bien, el horizonte salvífico que Dios ofrece. Cuando la libertad humana es
desobediente a la libertad de Dios, el hombre rechaza el bien de Dios y con ello está rechazando
su propio bien.
Podemos distinguir los mandamientos en los que se manifiesta la ley natural por la que el
hombre conoce lo que se debe hacer y lo que se debe evitar. Mediante ese decálogo, el hombre
conoce lo que conviene a su naturaleza de hombre, a sus capacidades. El hombre mira lo que es
hasta ese momento, y descubre aquello que construye su naturaleza o que la destruye.
Pero hay otros mandamientos que no corresponden tanto a la naturaleza originaria, sino al
destino al que estamos llamados. Son mandamientos que no fluyen de la naturaleza creada, sino
de la vocación gratuita a la que esa naturaleza es llamada.
¿Brotará de nuestra naturaleza mandamientos como el de “vende todo lo que tienes, dáselo a
los pobres y sígueme” o “sal de tu tierra y vete a la tierra que yo te mostraré” o “sacrifícame a
124
tu hijo”? ¿No son más bien mandamientos que miran a la perfección a la que Dios nos llama?
Son mandamientos que abren a un horizonte de plenitud que la naturaleza no se puede dar a sí
misma, brotan de Dios que sale al paso del hombre, invitándolo a un horizonte de plenitud que
supera y excede las fuerzas de la naturaleza. Son mandamientos de Gracia, mediante la
obediencia, los que el hombre ya no obedece simplemente a las exigencias de la creación
primera, sino que obedece a las exigencias de una llamada de Gracia a ser configurados con
Cristo glorioso.
La vocación del hombre a la gloria no se resuelve simplemente con la obediencia a la ley donde
se expresa la voluntad de Dios, comienza por ahí, pero se ha de ir culminando con la obediencia
a las exigencias de una llamada al designio gratuito de ser configurado con Cristo glorioso. Por
los que Dios va configurando a lo largo de la historia el barro hasta hacerlo semejanza de Cristo
glorioso.
A la luz de esto, hemos de comprender el mandamiento que Dios pone a Adán en el paraíso, de
que coma de todos los árboles excepto del de la ciencia del bien y del mal. ¿Cómo Dios prohíbe
algo bueno si lo había creado todo bueno? El árbol no tiene nada de malo en sí. Teófilo afirma
que el árbol de la ciencia era bueno, y tb su fruto, porque el árbol no produjo la muerte sino fue
la desobediencia...fue por la edad de Adán que aún era niño. El árbol era bueno y su fruto, la
ciencia, también era bueno; pero Adán era niño y por eso no podía recibir todavía la ciencia. No
se trata de prohibir algo malo, era algo destinado al hombre, pero el hombre tenía que saber
esperar. Se trataba de un bien para el que el hombre todavía no estaba preparado, era necesario
que madurase en obediencia a los tiempos de Dios.
El hombre debe saber reconocer su carácter de criatura, que es carácter obediencial que sabe de
su limitación. Saber que su plenitud depende de la obediencia a Dios, no sólo a los preceptos
que dimanan de la naturaleza del hombre, sino también obediencia a las disposiciones de los
tiempos de Dios para que el hombre llegue e la gloria a la que la predestinó.
Ante esto va a surgir la tentación de Adán. Es la tentación de todo hombre, es distraer al hombre
de la obediencia a Dios, que el hombre rompa sus límites de unión con Dios. La tentación es que
el hombre intente conseguir la plenitud (que anhela su corazón) por caminos distintos a los
diseñados por Dios. Es la mentira que encierra implícitamente un reproche y una rebeldía contra
el creador. La tentación era hacerle ver al hombre que hay otros caminos más fáciles y cómodos
para alcanzar lo que Dios tiene pensado para él.
La tentación de Adán se ilumina desde las tentaciones de Jesús. Las tentaciones de Jesús
narradas en el evangelio iluminan la tentación de Adán y las tentaciones de todo hombre. Jesús
ahí está enseñando cómo el hombre ha de vencer la tentación.
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+ La primera tentación nos presenta a Jesús que, después de ayunar, tiene hambre. El diablo lo
tienta, y le pide que convierta las piedras en pan para saciar su hambre. El diablo no le propone
algo malo en sí, sacar pan de las piedras no es algo malo en sí, como tampoco era algo malo el
árbol de la ciencia del bien y del mal. Y sin embargo Jesús ve en esas palabras del diablo una
seducción de distraerlo de la obediencia al creador.
Jesús, a pesar del hambre, sabe aguardar pacientemente, abandonado al querer de Dios que se
manifiesta en su palabra “No sólo de pan vive el hombre” Jesús hace de las palabras de Dt. 8,3”No
sólo de pan vive el hombre” una especie de mandato, por el que el hombre debe saber aguardar los
tiempos y los momentos de Dios, sabe someterse a ellos y sabe abandonarse a ellos. Sabe que el
alimento fundamental es la obediencia al creador.
Y el designio de Dios es ajeno a las prisas del diablo. El hombre auténtico es el que sabe acoger
con paciencia el ritmo del creador. El ritmo del creador es el ritmo adecuado y apropiado a la
criatura, que poco a poco es conducida a la plenitud.
Los que buscan en las riquezas la satisfacción del hambre, acaban con el recuerdo de Dios, se
olvidan de Dios.
La primera tentación es la que no enseña a esperar con paciencia el designio de Dios, ni siquiera
corregir el designio de Dios. El diablo mete prisas.
+ La segunda tentación nos presenta a Jesús en el pináculo del templo, el más alto. Se dirige el
diablo a Jesús con palabras tomadas de la Escritura, aunque haciendo un uso inadecuado de
ella, del Salmo 91: “Si eres Hijo de Dios tírate abajo porque está escrito: A sus ángeles te encomendará
y en sus manos te llevarán para que tu pie no tropiece en la piedra.” La Escritura mal leída puede ser
una tentación.
El diablo busca seducirlo recurriendo, como había hecho Jesús en la primera tentación a la
Palabra de Dios. Usa la Escritura para encaminar a Jesús hacia una gloria vana. Quiere que Jesús
pierda la cabeza por las alturas en el pináculo. Quiere encaminar a Jesús hacia un deseo de gloria
que no corresponde al querer de Dios. Usa la Palabra de Dios para apartarlo de Dios, para
sugerir lo contrario al querer de Dios.
Jesús responde con otro pasaje de la Escritura de Dt. 6,16: “No tentarás al Señor, tu Dios.” Jesús
está profesando su condición de hombre, que no puede tentar a Dios, que no puede exigir una
gloria para la que aún no ha llegado el momento. El primer Adán tuvo muchas prisas para llegar
a ser como Dios, saltándose los tiempos de Dios. Cristo, el segundo Adán, a pesar de ser el Hijo
de Dios, sabe que ha de profesarse hombre sumiso a los tiempos de Dios.
Estar en la cima de los carismas, o vivir en las obras de la justicia y de la santidad, o verse en un
eminente ministerio, todo esto es el pináculo del templo. Son situaciones que pueden dar lugar
a la tentación. Vivir santamente, en la cima de los carismas, en un eminente ministerio puede
ser lugar de tentación.
126
El cristiano que ha sido hecho partícipe por el bautismo de la unción de Cristo, puede hacer de
su dignidad un motivo de orgullo, y en el pináculo del templo puede sentir el vértigo de la
altura. Los que viven en justicia y santidad pueden distraerse de la obra de Dios y confiarse
hasta el punto de considerar que Dios está obligado con ellos, como el fariseo de la parábola,
había orgullo, creía que Dios estaba obligado con él, que le debía algo. Hay aquellos a los que
Dios ha dotado de un eminente ministerio y ese ministerio no es para alardes de gloria sino para
estar al servicio de todos.
+ La tercera tentación el diablo le muestra a Jesús todos los reinos de este mundo y su gloria.
Entendida esta expresión a la luz de la teología de la creación. La creación del mundo, con su
gloria, es obra de Dios, hecha por Dios para el hombre. Lo malo no está en esos reinos del
mundo, sino en: “Todo esto te daré si me adoras.” El diablo se hace pasar por Señor de la creación,
pero eso es mentira, él no es el Señor de la creación. Y pide un acto de adoración, prometiendo
dar a cambio lo que él no puede dar, porque los reinos de este mundo son de Dios.
La creación y su gloria sólo están prometidas al hombre sumiso a su creador, obediente. De ahí
la respuesta de Jesús: “Al Señor, tu Dios, adorarás y sólo al Él servirás.”
Dice Ireneo que de la actitud de Jesús en esta tentación se siguen tres lecciones:
+“Nos enseñó a no dejarnos sorprender por las riquezas, por la gloria mundana y la fantasía presente, la
apariencia presente, porque todo puede conducir al hombre al olvido de Dios.”
Eso fue lo que le ocurrió al rico epulón, tanto se distrajo con la riqueza y con la opulencia de la
creación, que no sacó tiempo para darse cuenta de que toda la creación estaba al servicio de la
gran obra de Dios.
+ “Una segunda lección es la necesidad de adorar al Señor Dios, y adorarle solamente a Él. Toda acción
que verdaderamente esté guiada por el Espíritu del señor tiene que acabar siendo homenaje, culto y servicio
a Dios. Y lo que no acabe en eso acabará en adoración del que se autoproclama falsamente Señor de los
reinos de este mundo.”
+ “En tercer lugar nos enseñó a no confiar en las promesas del diablo. Promete con falsedad lo que no
puede dar, la creación no es suya. En realidad sólo dispone de ella en la medida en que los hombres le dan
ese poder al poner su libertad al servicio del que se considera príncipe de este mundo sin serlo. Porque no
tiene verdadero título de propiedad sobre la creación. Lo propio del diablo no es otorgar gloria sino hacerte
caer de la gloria de Dios”
Las tres tentaciones de Jesús iluminan la tentación de Adán. El pecado está en el rechazo del
buen consejo de Dios. El hombre rechaza el bien y la gloria que Dios le ofrece, para ir en busca
de otra gloria pero ilusoria. Dejar el consejo bueno de Dios no es dejar de lado algo que no valga,
es caer de la gloria de Dios.
127
Cuando la criatura rechaza la relación de dependencia con su creador, está distorsionando la
realidad más profunda de las cosas. La desobediencia constituye el meollo del pecado, la esencia
del pecado.
“Es un bien no errar en la propia naturaleza, alzarse el hombre contra Dios y presumir de la propia gloria
le acarrea mucho mal porque le quita, a la vez, la verdad y el amor para con su creador, se olvida de su
origen, de que es barro y que lo grande que tiene es que es un barro modelado por las manos de Dios.”
El hombre, con el pecado, se hace desagradecido, se llena de olvido de Dios, aunque esté en el
pináculo del templo. El pecado es un desequilibrio del corazón humano porque, al anhelo más
profundo del corazón humano puesto por Dios en el hombre, que es el ansia de felicidad y de
plenitud, el hombre llega a desobedecer a Dios. Y eso genera un desequilibrio enorme porque
Dios es el único que puede colmar ese anhelo.
La historia del pecado del hombre es vista por Ireneo a la luz de la parábola de la cizaña. Dios
había creado el mundo, su campo, en el que sembró buena semilla. Los hombres se descuidaron,
se durmieron, y dejaron que el enemigo sembrara cizaña. El enemigo sembró la semilla (está
retratando al diablo) por iniciativa propia, sin que nadie lo sedujera, y lo hizo a escondidas, con
mentira, aprovechándose de la falta de vigilancia y del descuido del hombre.
“Dios apartó de su comunión a quien por iniciativa propia sembró a escondidas la cizaña, introdujo el
pecado. Se apiadó, en cambio, del hombre que, con descuido pero sin malicia espontánea, dio cabida a la
desobediencia.”
Ireneo dice que Dios actúa con rigor con el que persuade, pero tiene una gran misericordia con
el seducido, el hombre. Ireneo carga las culpas contra el demonio y se apiada de Adán y, por
tanto, de todo hombre.
Ireneo habla del pecado del diablo. El primero que peca es un ángel, no la materia, como decían
los gnósticos. Es un pecado de impenitencia.
Para Ireneo lo peor que puede ocurrir en este mundo no es el pecado, el pecado tiene remedio.
Lo que no tiene remedio es la impenitencia. Se fija en el pecado de Caín. Caín había engendrado
en su interior envidia y deseo de dominio sobre su hermano, el justo Abel, y a pesar de los
consejos de Dios, lo que Caín concibió en su interior lo llevó a cabo y mato a Abel. Eso es malo.
Y a esa luz va a interpretar la muerte de Jesús, el justo por excelencia. Lo malo no está en dar
muerte al justo (que es malo, es un pecado) sino que lo peor es lo que vino después en Caín, que
ante el llamamiento de Dios, que sigue llamando a Caín después de haber matado a su hermano,
Caín se insolenta contra Dios “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?” Esa es la impenitencia,
la cerrazón al Espíritu que puede sacarte del pecado.
128
Ireneo se fija en esto para luego presentar la penitencia de Adán. Hace una bellísima lectura para
presentar el tema de la penitencia. Después de haber presentado la impenitencia de Caín escribe:
“A propósito de Adán no sucedió una cosa semejante, sino todo lo contrario, porque Adán, que había sido
seducido por otro bajo pretexto de inmortalidad, al punto se siente presa del temor y se esconde, no como
si pensase que le era posible huir de Dios sino compungido porque, al haber trasgredido su mandamiento,
no es digno de estar en presencia de Dios y de dialogar con Él, pero el temor de Dios es principio de
comprensión. Y la compresión de la trasgresión, del pecado produce penitencia. Y a los que hacen
penitencia Dios les regala copiosamente su bondad.”
Adán fue seducido por otro. En cuanto pecó se sintió desnudo del Espíritu de santidad, que le
permitía el trato familiar con Dios. Y Adán, desnudo de santidad, se escondió compungido
porque sabe lo que ha hecho. Y el temor de Dios es el comienzo de la comprensión. Comprender
qué significa trasgresión, comprender cuál es la verdadera situación de desnudez del hombre,
trae penitencia. Y sobre esos que hacen penitencia Dios les colma de bienes.
“En efecto Adán muestra su penitencia con una acción, por medio de un taparrabos, cubriéndose con hojas
de higuera, aunque existían otras muchas hojas que podían molestar menos a su cuerpo. Hizo un
vestimenta digna de la desobediencia, con miedo por el temor de Dios y, reprimiendo el descarado ímpetu
de la carne porque había seguido el comportamiento infantil y había acabado en el pensamiento de lo peor,
ciñó a sí y a su esposa con un freno de continencia porque tenía a Dios y esperaba su venida como si
quisiera significar: puesto que por la desobediencia perdí el vestido de santidad que había recibido del
Espíritu, ahora sé que merezco también este otro atuendo, que no aporta deleite alguno al cuerpo sino que
lo mortifica y se adhiere. Y sin duda Adán habría conservado siempre esa indumentaria, humillándose a
sí mismo si el Señor, que es misericordioso, no los hubiera vestido con túnicas de pieles en lugar de hojas
de higuera. Pues Dios odió al que sedujo al hombre pero con el que fue seducido fue misericordioso
gradualmente y poco a poco.”
Nos presenta a Adán que manifiesta su penitencia y dolor por la desobediencia mediante una
acción, un taparrabos de hojas de higuera. Podía haberlo hecho con otro material menos
molesto. Pero, reconociendo cual era su situación de desobediencia, sabe permanecer en el sitio
que le corresponde. Reconoce su debilidad, sabe que ha perdido su vestido de santidad que
había recibido del Espíritu. Sabe que ahora su carne está abandonada a sus tendencias sin que
el Espíritu de Dios la proteja y la haga inocente. Sabe que a su desobediencia sólo le corresponde
ese freno de continencia. Tal era la conciencia de Adán, que habría permanecido siempre así si
la misericordia de Dios no hubiera cambiado el taparrabos por pieles.
Cuando el hombre toma conciencia y vive en esa situación, ha comprendido qué supone estar
sin Dios, entonces Dios derrama su bien sobre esos que hacen penitencia. Dios no maldice a
Adán, pero Dios no lo deja sin represión, para que no despreciaran a Dios. Si Dios hubiera
maldecido al hombre, hubiera supuesto una condenación definitiva, una enemistad eterna. El
hombre vive bajo un régimen de imprecación, que supone que el hombre ya no va a caminar lo
129
mismo que antes, que el hombre se ha adentrado en una situación de pecado, aunque esa
situación no será definitiva. La reprensión o imprecación supone una invitación a la conversión,
a la penitencia. También supone una situación en la que se va a seguir experimentando las
consecuencias tristes y dolorosas del pecado, que Dios va a utilizar como medio pedagógico con
el fin de que el hombre aprecie los dones de Dios, que no se tome el pecado a broma.
En el libro III se ocupa Ireneo del signo de Jonás. Va a leer la historia de Jonás en la historia de
Adán y, por tanto, la historia del hombre. Ireneo se refiere a la magnanimidad de Dios (generoso
para perdonar las ofensas recibidas, grandeza del alma). Dios fue magnánimo en la caída de
Adán.
“Dios fue magnánimo cuando el hombre cayó porque veía de antemano la victoria que le había de dar por
medio del Verbo, por medio del Hijo. Pues así como el poder manifestaba su perfección en la debilidad,
Dios manifestaba su bondad y su muy magnífico poder.”
En esa debilidad de Adán Dios va amostrar su grandeza. Tras la caída, Dios no lo abandonó.
Quiso que su poder resplandeciera en la debilidad del hombre caído, y lo quiso hacer otorgando
al hombre la victoria sobre su enemigo por medio del Hijo hecho carne. Si la carne de Adán, la
del hombre, fue derrotada en el Paraíso, otra carne, la del Hijo, la del segundo Adán, traerá la
victoria al género humano.
Pone en relación y paralelismo el signo de Jonás con el pecado de Adán. Al hombre le ocurrió
lo mismo que al profeta Jonás.
“Dios soportó pacientemente que Jonás fuese engullido por el cetáceo. No para que fuese engullido y
pereciera definitivamente, sino para que vomitado por el pez, se sometiera más a Dios y glorificase a Aquel
que le ha dado una salvación inesperada, y produjera una penitencia mínima en los ninivitas de modo que
se convirtiesen al Señor para que los librase de la muerte, atemorizados por el signo que había hecho con
Jonás.”
Una mirada superficial vería en la acción con la que fue engullido Jonás un castigo de Dios. No
es ese el modo de proceder de Dios. Dios soportó que Jonás fuese engullido. No consintió que
fuese engullido definitivamente, que se perdiese, sino que hizo que fuese vomitado. Porque de
ello se seguiría el bien, una vez que Dios le otorgase la salvación de ser vomitado.
Por un lado estaba el bien personal de Jonás que se sometería y confiara más a Dios. Por otro
lado miraba al bien de los ninivitas que, ante el signo de Jonás, podían hacer firme penitencia y
convertirse al Señor para que los librara de la muerte.
Y después de hacer esa reflexión sobre el signo de Jonás, lo pone en relación con el pecado de
Adán. “Así también en el principio, Dios soportó con paciencia que el hombre fuese engullido por el
cetáceo que fue el autor de la prevaricación. No para que engullido Adán pereciera definitivamente, sino
130
como quien dispone y prepara el camino de la salvación que fue realizada por el Verbo, por medio del signo
de Jonás, para aquellos que tuvieron el mismo parecer de Jonás.”
Dios fue paciente con el hombre, con todo hombre. Dios lo soportó porque aquello que era
engullido era su obra predilecta. Lo soportó no para que pereciera sino como el que dispone el
modo de salvarlo, salvación que realiza el Verbo mediante el signo de Jonás, mediante el
misterio pascual de Cristo.
Pero esa salvación está destinada a los que profesan la misma fe de Jonás, que se reconocen
criaturas de Dios, que hizo que Cristo fuese vomitado de la muerte. Que Jonás fuese vomitado
del vientre del cetáceo es algo inesperado, tan inesperado como la salvación del hombre, como
que un hombre resucite del sepulcro. Esa inesperada salvación consistió en que el hombre
resucitará de los muertos, del vientre de la muerte, y con las mismas palabras de Jonás lo
glorificará para siempre.
“Esta fue la magnanimidad de Dios, que el hombre pasase por todo y tuviese conocimiento de la muerte.
Y viniese después a la resurrección de los muertos y aprendiese por experiencia de donde ha sido liberado,
para que viva siempre agradecido al Señor. Al que más se le perdona más ama.”
Ante la salvación inesperada, el hombre debe responder con una continua acción de gracias al
Señor, con un mayor amor, porque Dios lo ha amado todavía más que al principio, porque sin
mérito alguno, ha sido liberado del abismo de la muerte, del que no podía salir con sus propias
fuerzas.
Y Jonás y el hombre, pasando por todo lo que tienen que pasar, tienen que aprender mucho más
de cuál es su condición y de cuál es el don de Dios.
Tras el pecado de Adán, Dios no abandona a su criatura. La criatura entregó su libertad a quien
no tenía que entregársela. Pero no por eso Dios se desentiende de ella. Jamás escapa Adán a las
manos de Dios. Las manos de Dios siguen detrás de todo hombre. Dios no cesa en su sueño de
conducir al hombre a la plenitud a la que lo había destinado.
A lo largo de la historia, las manos de Dios no dejan de salir al paso del hombre para continuar
su obra hasta la perfección. Dios no salva al hombre en la historia, sino desde la misma historia.
Salva a través de la creación, a partir de lo concreto. No quiere decir que la creación no esté
necesitada de salvación. Pero Dios dialoga con el hombre por medio de lo creado. Las manos de
Dios hacen que eso concreto se pueda abrir a la salvación. La salvación es algo tan concreto
como la humanidad glorificada del Hijo de Dios, la carne glorifica del Hijo de Dios.
131
Esa humanidad de Cristo, que es una humanidad concreta, con rasgos concretos, se ha ido
preparando a lo largo de la historia a través de acontecimientos y situaciones concretas. La
humanidad de Cristo ha sido largamente preparada por Dios.
Todas las obras de Dios, desde la creación misma, confluyen hasta la carne gloriosa del Hijo,
hacia la carne de Dios.
En el A.T., toda la historia de la salvación se va a ver con dos dimensiones que están unidas. Por
un lado, Dios va preparando a la humanidad en su conjunto para la plenitud de los tiempos y,
por otro lado, ir preparando a lo largo de esa historia una humanidad individual concreta, la de
Jesús. Lo hizo de muchas maneras. Iniciativas con las que quería educar y disponer al hombre
para que acogiese a aquél que en su día iba a dar la plenitud al tiempo, a la historia.
Todo miraba a la plenitud de los tiempos, en que las manos del Padre van a modelar al Hombre
Viviente, nacido de la Virgen. Era una formación peculiar. Es cierto que las manos de Dios
modelan a todo hombre desde el seno materno, pero en la formación de Cristo actuaran de una
manera especial, tan especial que las manos de Dios se van a unir a aquella humanidad que
modelaron para que lo nacido de María no fuese sólo un hombre sino el Verbo encarnado, el
Hijo hecho carne. Además el E.S. vendría a reposar de manera definitiva y permanente sobre
aquella humanidad nacida de María.
Adán fue modelado a partir de una tierra virgen sobre la que aun no había llovido, no había
sido manipulada ni trabajada por nadie. Aquella tierra virgen anunciaba otra tierra virgen,
María, de la que nacería el Hombre, de la que se manifestaría el cumplimiento del designio de
Dios cuando creó al hombre a su imagen y semejanza.
“¿De dónde proviene la esencia del primer Adán? De la voluntad y de la sabiduría de Dios y de la tierra
virgen. Porque Dios aun no había enviado lluvia a la tierra antes de que el hombre fuese plasmado y antes
de que el hombre estuviese allí para cultivar la tierra. De esa tierra, todavía virgen, Dios tomó barro y
plasmó al hombre, principio del género humano. Para dar cumplimiento, para llevar a la perfección a aquel
hombre formado del barro, asumió el Señor la misma disposición suya de corporeidad. Y nació de una
virgen por la voluntad y por la sabiduría de Dios, para manifestar también Él la identidad de su
corporeidad con la de Adán, y para que se cumpliese lo que en el principio se había escrito: el hombre a
imagen y semejanza de Dios.”
La tierra virgen inicial, que con docilidad se dejó modelar con la sabiduría y la voluntad de Dios
para que se formase el hombre, anunciaba a María, tierra virgen, que, con docilidad, se deja
hacer para que en sus entrañas las manos de Dios modelen la humanidad de Cristo. María es
tierra virgen y dócil en las manos del creador.
“Si el primer Adán fue tomado de la tierra y modelado por el Verbo de Dios, convenía que este Verbo, al
efectuar en sí mismo la recapitulación de Adán, tuviese un modo de generación similar a él.”
132
¿Por qué no tomó Dios otra vez barro? Para que no resultase una plasmación distinta, ni
tampoco fuese distinta la plasmación que era salvada, sino que fuese recapitulada la misma
plasmación conservando la semejanza. Si la carne de Cristo hubiese sido formada por Dios
directamente de la tierra como sucedió con Adán, la carne de Cristo habría sido algo
absolutamente nueva y distinta a la de Adán. La naturaleza de Cristo debía tener la misma
naturaleza de Adán.
Si venía a salvar la naturaleza que todos hemos heredado de Adán, ¿Por qué no nace de padre
y madre? El pecado de Adán se trasmite a través de la vieja levadura de la generación. En la
plenitud del tiempo se requería que la carne de Jesús fuese la misma naturaleza de Adán, pero
a la vez se requería un nuevo nacimiento, fruto de la acción de Dios sobre la mujer, que diese
lugar a un nacimiento virginal. Si la carne de Cristo hubiera nacido según la generación normal
Jesús, habría nacido con una carne vencida y cautiva, en pecado, y no habría podido ser el
salvador. Necesitaría Él de alguien que viniera a vencer y Él no podría ser el Salvador.
Si Jesús iba a ser el Salvador, no podía nacer comprometido con la trasgresión de Adán. Esto
significa que en Adán todos caímos. Era necesario que en virtud de un nuevo nacimiento viniese
a este mundo, pero no como hijo de ira y necesitado de redención.
“Los ebionitas no admiten por la fe la unión de Dios y el hombre, sino que perseveran en la vieja levadura
de la generación, y se resisten a entender que el E.S. vino a María y el poder del altísimo la cubrió con su
sombra, por lo cual también el fruto de la generación es santo e Hijo del altísimo Dios Padre de todo. El
cual obró la Encarnación y consagró la nueva generación, a fin de que como de la anterior generación
hemos heredado muerte, por esta nueva generación heredemos la vida.”
Quien concibe a Cristo como un simple hombre nacido por los antiguos camino de la
generación, se cierra a la salvación, se empeña en seguir siendo levadura antigua de Adán.
“Cómo van a abandonar con superación los hombres la vieja generación de Adán si no nace de nuevo con
la nueva generación, otorgada maravillosa e inesperadamente por Dios para signo de salvación el
nacimiento de Cristo de la Virgen.”
El nacimiento de Jesús de tierra virgen no aludía sólo a este aspecto redentor, había más, el
nacimiento virginal era un signo admirable e inesperado. Es un signo de salvación impensable
que supera a la naturaleza humana. Con este signo Dios quiere proclamar que la salvación
ofrecida es algo tan grande que sólo puede proceder de Dios, imposible para los hombres. Dios
quiere dar a entender que dona una salvación que el hombre no puede atribuirse a sus propias
fuerzas, a sus propias capacidades y posibilidades. La salvación sólo puede ser acogida, pero no
facturada por el hombre.
Reconocer la virginidad de María es reconocer que la salvación sólo puede venir de Dios.
“El Verbo de Dios, por su amor sin medida, se hizo lo que nosotros para hacernos perfectos con la
perfección de Él.”
133
En esta carne el verbo se hizo discípulo. El Hijo unigénito es el que conoce la profundidad del
Padre, y al hombre no le es posible conocer a Dios por su grandeza, pero si le es posible conocerle
por el amor.
El Hijo Unigénito es el que conoce los secretos, la intimidad del Padre. Es el único que lo ha visto
y lo conoce. El hombre no tiene capacidad para llegar al seno del Padre por sus fuerzas.
“No podíamos nosotros aprender las cosas de Dios mientras nuestro maestro, sin dejar de ser el Verbo, no
se hiciese hombre. Ningún otro había capaz de exponernos las cosas del Padre fuera de su propio Verbo.
Sólo el que está en el regazo del Padre, en la intimidad del Padre, puede dar a conocer esa intimidad.”
Se trata de que el hombre aprenda de la carne del Verbo, y de cómo la carne alcanza su plenitud
y llegar a vivir el designio de Dios como en Gn 26. Y esto se realiza solo si el hombre entra en
comunión con la carne de Jesús planificada.
Ese designio sólo se puede realizar si el hombre entra en comunión con la carne del Verbo
plenificada, por medio del Espíritu derramado por la carne de Jesús. Comunión con la
humanidad del Hijo llevada a plenitud. Hacernos perfectos por comunión con su humanidad,
con su carne.
De las entrañas de María, el Verbo asumió una carne verdaderamente humana, sin pecado, pero
carne humana. Al Verbo lo podemos caracterizar con todas las perfecciones propias de Dios,
increado, creador, no tiene comienzo ni fin, no tiene necesidad de nada, es fuente de todos los
bienes… En cambio, a la carne del Verbo la podemos caracterizar con todas las características
de la criatura: es creada, tiene comienzo, un progreso, puede conocer la desolación, tiene
necesidad del que la ha creado, es colmada y enriquecida, se encuentra en situación de
dependencia. La humanidad de Jesús, como toda carne humana, es una carne en vías de
plenitud, en camino hacia la perfección. No era una carne gloriosa, las manos de Dios la van a
ir conduciendo hacia la gloria de Dios.
Ireneo llama sombra a la carne de Jesús que las manos de Dios tejieron en el seno de María.
“Sombra por haber venido a ser sombra de la gloria del Espíritu que velaba, que ocultaba.” La palabra
Espíritu indica la naturaleza divina, divinidad, el Padre y el Hijo también son Espíritu.
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La frase se podría expresar también así: “Sombra por haber venido a ser sombra de la divinidad
del Verbo que velaba.” La carne es presentada como una sombra que vela la divinidad del
Verbo, su gloria. En un primer momento parecería que cuando habla de la carne como sombra
de la divinidad sonase mal, que oculte en vez de revelar, que quite en vez de dar, como si fuera
un obstáculo. Pero es que una sombra no es sin más oscuridad y opacidad, la sombra no es
posible sin que se haga presente la luz de alguna manera, para que haya sombra se requiere la
presencia de la luz y de lo que no es luz. De la misma manera en Cristo se da la presencia de
Dios y de lo que no es Dios.
En Cristo está la gloria del Verbo, pero no se muestra porque la naturaleza creada la vela, impide
que aparezca en todo su esplendor. La sombra es una manera de hacerse presente la luz.
Es decir que para que haya sobra se necesita que haya la luz. La gloria del Verbo debe darse en
todo su esplendor, y la carne de Jesús lo permite. La sombra no es un obstáculo, sino como se
hace presente la gloria de Dios aunque este filtrada por la humanidad.
Inspirándose en Hch. 5,15 en donde se dice cómo la gente sacaba a los enfermos a la presencia
de San Pedro para ver si su sombra sanaba a alguno de ellos, lo aplica a la divinidad de Cristo.
Todos los que alcanzaban su sombra se salvaban.
Que la carne de Jesús fuese sombra de su divinidad obedece a la pedagogía de Dios sobre el
hombre niño. El hombre niño, por su fragilidad, necesita acercarse a la gloria de Dios protegido
por la sombra de la carne de Cristo. De la misma manera que no se puede mirar al sol
directamente y hay que protegerse. Dios va educando al hombre al paso de su desarrollo.
La Encarnación nos va preparando en ese camino. Para no cegarnos, Dios se hace visible para
nuestros ojos, se hace niño para hablar con el niño. El pan perfecto se hace alimento de pequeños.
Después de alimentarnos de su carne llegaremos a madurar para ver la gloria de Dios. El
hombre debe ir entrenando.
En la carne del Hijo la gloria de Dios se va adaptando, se traduce a nuestro lenguaje precario.
En la medida en que las manos de Dios vayan capacitando al hombre, éste podrá ir tomando un
alimento más sólido.
Y mientras tanto, el Verbo de Dios habitó en el hombre y se hizo hombre para acostumbrar al
hombre a captar a Dios, y acostumbrar a Dios a que habite en el hombre. El Hijo, en cuanto
habita en el hombre y entre los hombre, nos está acostumbrando a captar, a saborear, a percibir
(percipere) a Dios. El Hijo de Dios da a conocer de hombre a hombre, de carne a carne, el
conocimiento que Él como Hijo tiene de Dios. Nos traduce la intimidad del Padre.
135
El Hijo de Dios hecho hombre acostumbra a Dios a habitar en el hombre, como hombre pasible.
Enseñando al hombre cómo se ha de vivir en obediencia al Padre. Dios se acostumbra a vivir en
obediencia en la carne para enseñar a los hombres.
En el seno de María, el Verbo se unió a una humanidad modelada por las manos de Dios, pero
hacía falta que el Espíritu se uniese dinámicamente a aquella carne. No personalmente como en
la Encarnación, en la que el Hijo se une personalmente con una carne. Se trata de una unión
dinámica con el Espíritu. Era necesario que el E.S. entrase en comunión con esa carne y que fuese
asimilando esa carne, esa criatura.
La unción que tiene lugar cuando Jesús acude al Jordán supone un momento capital. No se trata
que en el bautismo el Espíritu comience a dinamizar la carne de Jesús. En la unción del Jordán
hay una novedad, es ungida con la plenitud del Espíritu de Dios, para que el Espíritu de Dios
permanezca definitivamente en esa carne, y esa carne un día se convierta en fuente del Espíritu
para todos los hombres.
Se trata de una unción que afecta a la humanidad de Jesús y es hecha a favor de todos los
hombres. El Espíritu de Dios descansa en la humanidad de Jesús.
Ireneo marca los dos tiempos. El tiempo de la Encarnación, por el que Verbo encarnado es
llamado Jesús, y el tiempo de la unción, por el que el Verbo encarnado recibe el título de Cristo,
Ungido. El misterio de Jesús no se limita sólo a que el Verbo ha asumido una carne, se requiere
además que el Padre unja la carne con el Espíritu septiforme (Sabiduría, ciencia, piedad,
entendimiento, fuerza…)
La unción de la carne de Jesús marca un “novum” en su caminar histórico. Dispone a Jesús para
su misión salvífica. En virtud de esa unción ya no solamente el Verbo, sino la carne de Jesús
puede gritar que ha sido ungida para aliviar a los pobres, para anunciar la liberación, para dar
la vista a los ciegos.
Gracias a esto podemos seguir al Verbo. Podemos tener experiencia de lo que pasó a JC en el
Jordán, el ES habitó en el Hijo, descansó en ella y este espíritu es el que nos hace hijos en el Hijo,
nos hace partícipe de la humanidad de JC. “para que fuéramos salvados, participando de la
abundancia de su unción”. Este es la salvación!!
El E.S. al descansar en Jesús, lo habilitó, Jesús comienza a hacer milagros. No supone una
novedad respecto a lo que hacía el Espíritu en el A.T. Lo más novedoso reside en el Espíritu
como capaz de que le hombre acceda a una vida que está por encima de sus posibilidades.
136
filiación infiel, que se fue traduciendo en su humanidad a lo largo del tiempo, que se fue
perfeccionando a lo largo del tiempo hasta culminarse con la Resurrección.
La naturaleza divina de Jesús no tiene necesidad de la unción del Jordán. Jesús es ungido en su
humanidad, en su carne. El E.S. tras descansar en la humanidad de Jesús, va a ser Espíritu de
filiación que haga a los hombres hijos de Dios. Si podemos entrar como hijos en el misterio del
Hijo es porque sobre nosotros se ha derramado el Espíritu que vivió en la humanidad de Jesús.
Participamos de esa unción.
Juan el Bautista, después del Jordán, dice: “Ahí tenéis al que acaba de ser ungido, en Él está el
conocimiento de la salvación.” Por ser Hijo de Dios, por tener poder para salvar, es el Salvador.
Sólo Dios puede salvar. Pero presenta Ireneo a Juan diciendo: “Pero ahí tenéis también la
Salvación.” Por ser Hijo de Dios es el Salvador, y por ser carne es la Salvación. Para saber qué
es la Salvación basta con mirar la humanidad de Jesús, lo que Dios hizo en ella. No sólo es
Salvación, también es “Salutaris” (saludable) por ser carne ungida por el Espíritu, porque el
Espíritu con el que ha sido ungido va a ser derramado sobre los hombres y obrará la salvación
en ellos.
El Espíritu hizo una historia en la humanidad de Jesús. Esa historia es como va a conducir la
carne de Jesús a llegar a ser carne de Dios. El milagro de los milagros sucedió en la mañana del
primer domingo de Pascua, en la que el Espíritu actúa sobre la más grande de las fragilidades,
un cuerpo muerto depositado en un sepulcro, tomó la carne que había sido dócil y obediente
hasta la muerte. Un cadáver es glorificado. La carne de Jesús ya no es hecha hombre por el
Espíritu sino teofanía de la gloria de Dios. La luz del Padre abrazó una carne muerta para hacerla
radiante, para colmarla de incorruptibilidad, para mantenerla en victoria continua sobre la
muerte y la corrupción, sin menoscabar su condición de criatura.
La glorificación de la carne de Jesús significa que esa carne ha sido hecha plenamente de la vida
divina junto al Padre. La carne es colmada con la gloria que el Hijo tenía antes de la creación del
mundo. Introduce a la humanidad de Jesús en la vida gloriosa de la Trinidad. Carne glorificada
sin dejar de ser carne. Si del seno de María nació Dios hecho carne, del seno de un sepulcro se
abrazó una carne hecha Dios, llegando a plenitud el intercambio que comenzó en el seno de
María.
Pero eso que aconteció en la humanidad de Jesús en la primera mañana de Pascua, nos está
hablando del día de la creación. Humanidad acabada por el Espíritu, llevada a plenitud,
plenitud que no tenía antes.
Ante los ojos de los discípulos va a aparecer manifestado en una humanidad concreta el designio
originario de Dios sobre la creación. En esa humanidad plenificada de Cristo el hombre puede
descubrir su destino, su misión, para qué lo creó Dios. Jesús resucitado ilumina el inicio de la
existencia, los orígenes de la creación, porque en Él emerge en plenitud el proyecto originario
de Dios.
137
Frente a los gnósticos, que buscaban la verdad fuera de este mundo, Ireneo recurre al Salmo
84,12: “La verdad ha nacido de la Tierra.” Ireneo afirma que la verdad de Dios, el designio de
Dios sobre su criatura ha nacido de la tierra por dos veces, primeramente de María, tierra virgen,
y después nació de la tierra del sepulcro, gracias a la Resurrección.
Ireneo entiende la Ascensión a la luz de la parábola de “La oveja perdida”. Cristo es el buen
pastor que ha encontrado a Adán, la oveja perdida, haciéndose carne como él, y ahora la sube
hasta el Padre y le dice: “Aquí tienes la oveja perdida. En mi propia carne has encontrado la
oveja perdida.” Una humanidad ha entrado en el Cielo.
La historia de la Salvación, que se inicia con la vocación de la nada al ser, Dios llama de la nada
al ser, es también el llamamiento de una naturaleza ínfima, el barro, a la comunión íntima con
Dios. El contraste entre la naturaleza de la carne y la de Dios es el camino que ha de andar la
acción salvadora de Dios. La distancia que hay entre la naturaleza frágil y débil de la carne y la
naturaleza de Dios es la que quiere superar, salvar, el designio de Dios. Ese designio supera las
leyes físicas. Para las ciencias físicas, que la carne pueda ser divinizada es imposible, y sin
embargo ese designio evidencia la grandeza del poder de Dios.
La salvación de la carne, la divinización de algo tan débil es el gran reto para el poder de Dios,
en el que va a brillar el poder de Dios y el amor por su criatura. Amor que es capaz de vencer la
sustancia de la naturaleza de la carne.
En 2Cor 7-9. Hay una confesión que resulta conmovedora, consoladora e inquietante. San Pablo
decía: “Para que no me engría con la sublimidad de esas revelaciones fue dado a mi carne un aguijón, un
ángel de Satanás que me abofetea para que no me engría. Por este motivo tres veces rogué al Señor que se
alejase de mí ese aguijón. Pero Dios me dijo: Mi Gracia te basta, que mi poder se muestra perfecto en la
flaqueza. Por tanto, con sumo gusto seguiré gloriándome sobre todo en mis flaquezas para que habite en
mí al fuerza de Cristo.”
¿Quién le dio el aguijón a Pablo? Pablo utiliza un pasivo teológico (para no hablar directamente
de Dios como hacían los judíos) para no expresar de manera tan radical lo que luego dirá Ireneo
al hacerse eco de la objeción que algunos levantaron ¿Acaso el Señor quiso que su apóstol fuese
abofeteado y padeciese? Ireneo responde ¡sí!
“Sí, dice el Verbo, porque mi poder se muestra perfecto en la flaqueza. Y hace mejor a quien, a través de
su propia flaqueza, reconoce el poder de Dios.”
Aunque no hubiera habido nunca pecado, la carne es una criatura de Dios, frágil y débil. Tras el
pecado el hombre se sintió desnudo del Espíritu que le permitía vivir en comunión consigo
mismo y con el mundo de Dios. Y al perder el vestido del Espíritu la carne no puede ser más
que carne, débil y frágil, herida por el pecado contra su propio ser de criatura en obediencia. La
138
carne herida vive según las tendencias naturales. Tras el pecado Dios quiere que el hombre
experimente la debilidad de la carne que ha atentado contra su ser de criatura, para que
reconozca cual es su naturaleza y qué es la salvación de Dios, lo que el hombre puede hacer por
sus propias fuerzas y lo que puede llegar a hacer cuando acoge la Gracia de Dios.
Por eso Ireneo afirma que Dios quiso que el apóstol se sintiese abofeteado por el aguijón. Por la
flaqueza de su carne quiso que experimentase lo que era suyo propio, lo que da de sí la flaqueza
y la debilidad de la carne. En todo ello se escondía una pedagogía, quería manifestar en esa
carne débil el brillo del resplandor de la fuerza de Dios.
Donde crece el amor Dios adquiere más gloria. Lo malo esta en apropiarnos en los dones de
Dios como si fueran nuestros. El hombre necesita vivir colgado de su amor y su misericordia, lo
único que los puedan hacer caminar en su debilidad y flaqueza abandonado al poder de Dios.
Es todo el hombre que ha sido llamado a la salvación.
El hombre en su totalidad está llamado a la salvación. No basta definir al hombre por lo que es
al principio, sino por lo que está llamado a ser. El hombre no puede ser definido como una
conjunción de cuerpo y alma, el hombre no se puede entender sin la acogida del Espíritu de
Dios, que no es el alma, no es un elemento antropológico propiamente dicho, no pertenece en
sentido estricto a la naturaleza del hombre.
Esa comunión del hombre con el Espíritu de Dios se inicia durante la existencia en la Tierra, y
culminará cuando entremos definitivamente en el seno del Padre. Sólo entonces el hombre
alcanzará la perfección a la que le hombre está llamado. Mientras tanto es un peregrino hacia la
casa del Padre, que vive según las arras del Espíritu (es una realidad pero que no está en
plenitud). Cuando Dios culmine su obra, Dios será glorificado en el barro modelado por las
manos de Dios.
¿Qué es el hombre perfecto y acabado? Aquel que vive y obra guiado por el Espíritu de Dios. El
hombre ha de ser concebido tal como Dios lo soñó para vivir en eternidad con Él. El hombre
perfecto el cuerpo, alma y Espíritu. Esas realidades en el hombre lo configuran de distinta
manera.
El Espíritu en cuanto tal, es el E.S., por lo tanto don de Dios al hombre. Participación del E.S. en
cuanto es comunicado al hombre. El Espíritu es participación del hombre en el E.S. Pero esta
realidad del Espíritu no es permanente en el hombre, es don ofrecido por Dios que el hombre
139
puede rechazar, puede perderlo al rechazarlo. El concepto es paralelo a nuestro concepto de
Gracia.
El alma es algo creado como soplo de vida para que anime al cuerpo. Una parte natural del
hombre vinculado a la animación de la carne.
La carne, modelada por las manos de Dios a imagen de su Hijo, es lo más específicamente
humano. Hasta el punto de que al Espíritu y al alma se les puede llamar humanos en cuanto
que son recibidos, acogidos en una corporalidad. Pero la carne por sí misma tampoco se le puede
llamar hombre si no tuviese un alma que la animase, si no hubiera en ella una libertad por la
que pueda abrirse o no al Espíritu de Dios.
Cada uno de estos elementos tiene importancia. El hombre perfecto no alcanzará su vocación si
no se abre al Espíritu.
San Pablo dice: “La carne y la sangre no pueden heredar el Reino de los cielos.”
Precisa Ireneo: “El Espíritu salva y configura, la carne recibe unidad y es configurada, el alma, que media
entre el Espíritu y la carne, que sigue al Espíritu es elevada por Él. Pero si consiente a los deseos de la
carne cae en las concupiscencias terrenas.”
Ireneo indica la función que ejerce cada una de las partes. Quien salva la carne no es el alma,
por sí sola no puede levantar la carne a la vida de Dios. Eso lo hace el Espíritu, que va
configurando a la carne del hombre de acuerdo con el cuerpo glorioso de Cristo. Si el Espíritu
de Dios no viniese en ayuda de la carne para salvarla y configurarla, la carne acabaría en
dispersión, en corrupción. El alma no salva, pero presta un servicio indispensable a la salvación
de la carne por el Espíritu para evitar que la carne caiga y se disperse, el alma hace que la carne
pueda ser “merecedora de salvación”.
El alma que es mediadora, y por su libertad puede inclinarse por el Espíritu o por abandonarse
a la corrupción de la carne. El Espíritu en el hombre es siempre bueno, la carne, que no es libre,
no es ni buena ni mala, tiene su naturaleza. El alma es buena si obedece al Espíritu, y mala si
cede a las tendencias naturales de la carne hacia la dispersión y la corrupción. El alma, con su
libertad, hace al hombre responsable y hace posible que el Espíritu salve a la carne sin atentar
contra la libertad del hombre. Para entrar en comunión con Dios hay que obedecer libremente
al Espíritu de Dios.
Desde estos presupuestos Ireneo explica la afirmación de San Pablo: “La carne y la sangre no
pueden heredar el Reino de los cielos.”
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Ireneo escribe: “Por tanto, los que no poseen lo que salva, configura y da unidad (El Espíritu) se llamarán
carne y sangre como quienes no tienen en sí el Espíritu de Dios. No tienen el Espíritu que vivifica al
hombre. Cuando el hombre no acoge el Espíritu de Dios es carne y sangre. Siendo sólo carne y sangre no
heredaremos el Reino de Dios.”
“El Señor testimonió: la carne es débil y el Espíritu está próximo. El Espíritu tiene poder para cumplir lo
que ardientemente desea. Si alguien infunde a modo de estímulo en la flaqueza de la carne lo animoso del
Espíritu, necesariamente lo fuerte triunfa sobre lo débil. La flaqueza de la carne será absorbida por la
fortaleza del Espíritu y el individuo ya no será carnal sino espiritual, merced a la comunión del Espíritu.
De ambos se compone el hombre viviente, gracias a la participación del Espíritu, hombre merced a la
sustancia de la carne.”
El Espíritu viene en ayuda de la carne para comunicarle sus propiedades, vigor y fuerza,
incorruptibilidad y eternidad. El Espíritu viene a revestir la carne de fortaleza y de la victoria
de Dios. La vida del Espíritu, sin destruir la carne, viene a devorar la debilidad de la carne, y
viene a fortalecerla con la fuerza del Espíritu.
El hombre no deja de ser carne y sangre sino que es llevado a vivir en carne y sangre a las alturas
del Espíritu. La carne humana, de esta manera, pasa a ser testimonio de la victoria de Dios sobre
la debilidad, la fragilidad humana clama que el poder de Dios muestra su perfección en nuestra
debilidad. El hombre, sin dejar de ser carne y sangre, llega a ser hombre viviente que vive no
sólo de la animación natural del alma, sino de Espíritu de Dios.
Ireneo nunca dirá que si la carne y la sangre acogen el Espíritu de Dios heredarán el Reino de
los Cielos. La carne y la sangre no heredan. La carne no es heredera sino herencia. El Espíritu es
el heredero con respecto a la carne. El Espíritu ha heredado nuestra carne para que sea
conducida a la vida eterna de Dios. El hombre, en cuanto participa del Espíritu, es heredero; en
cuanto carne, es herencia del Espíritu. La carne debe ser llamada herencia, es el Espíritu que ha
heredado nuestra carne para que sea conducida a la vida eterna.
El hombre, quebrado, podrá ser rehecho, recreado por las manos de Dios sin las huellas ni las
marcas del pecado. El Espíritu que un día heredó la carne es más fuerte que la muerte.
141
Cuando Cristo reclame a la muerte la carne que el Espíritu recibió en herencia, el hombre
participará de la Resurrección de Cristo. Así como la luz del Padre acudió a la Carne de nuestro
Señor, de la misma manera de su Carne vendrá a nosotros esa luz del Padre, y el hombre se
adentrará en la incorruptibilidad envuelto en la luz del Padre. La luz del Padre pasó a la carne
del Hijo como cabeza de la Iglesia, y de la carne del Hijo pasa como miembros suyos a la carne
de los creyentes.
La visión de Dios: La visión de Dios no sólo está al final de la historia, sino que se da desde el
comienzo. Califica todo el A.T. como visión profética de Dios, nuestro tiempo lo ve como visión
adoptiva de Dios (el ver a Dios propio de los hijos de Dios) y la tercera etapa de la visión sería
al final de todo, que será la visión paterna.
De la misma manera que el que entre en la luz es iluminado por ella, también el que entra en el
seno del Padre al final de la historia es poseído enteramente en sus cinco sentidos por Dios.
El hombre verá a Dios, lo tocará, lo gustará por afinidad, por comunión de vida con la propia
gloria de Dios. A Dios se le ve por afinidad de Espíritu, y toda la historia es un irnos habituando
al Espíritu.
De Dios recibimos su gloria. En la última etapa, la carne humana, impregnada de la luz, sin
perder su identidad y su sustancia de criatura, vive la luz, la gloria que Dios comunica. Será la
etapa en la que la gloria de Dios vive en nuestra carne. De esta manera Dios se hará asequible a
nuestra carne.
Si en el A.T. se afirmaba que nadie verá a Dios y vivirá, cuando llegue la plenitud se afirmará
que la carne verá a Dios para vivir. Esa visión de Dios es principio de vida continua, de sabiduría
inagotable, de bien que nunca acaba, y por eso dice que el hombre nuevo perseverará en la vida
para siempre conversando siempre novedades con Dios. Conversar es estar en una comunión
de vida, un trato con Dios que es siempre nuevo. Sin temor a agotarlo.
A ese hombre impregnado de la gloria del Padre por todo su ser, es del que Ireneo dice: “La
gloria de Dios es el hombre viviente y la vida del hombre es ver a Dios.” Dios quiere la gloria para el
hombre. Dios busca la gloria del hombre, y esa gloria es regalo de Dios al hombre. Busca que el
hombre sea glorificado con la gloria misma de Dios, y cuando el hombre se deja embriagar de
la gloria de Dios, éste es glorificado, porque en la debilidad de la carne, en la fragilidad y
pobreza del barro, se ha manifestado la perfección de su sabiduría y de su poder. Se ha mostrado
lo que Dios es capaz de hacer.
Lo que nos mantendrá en corruptibilidad es la visión de Dios! Esto es todo lo contrario de lo que
pasaba en el AT que quien veía a Dios moría, y ahora dice S. Ireneo que vivirá.
142
TEMA XVIII.- HIPÓLITO
Pertenece al mismo ámbito teológico que S. Ireneo por esto dicen que es discípulo de él.
Es un personaje enigmático. Se ha discutido mucho sobre este autor.
Es el personaje sobre el que hoy la investigación está en efervescencia.
Hay varias noticias confusas de la época antigua sobre alguien que se llamaba Hipólito. Entre
esas noticias tenemos según unos que era obispo de una sede no precisada, según otros era
obispo de una sede oriental, según otros fue un mártir, según otros fue discípulo de Ireneo,
según otros fue un mártir romano, según otros era un presbítero romano.
De la época antigua también se nos habían conservado los nombres de una serie de obras en las
que habría escrito un tal Hipólito.
En el s. XVI (1551 en la vía Tiburtina) se descubre una estatua (sin cabeza) de alguien sentado
en una cátedra, teniendo en un lateral de un sillón hay una serie de títulos de obras que se
corresponden con algunas de las que conocíamos que eran de Hipólito, y en el otro lateral un
calendario con las fechas de la Pascua. Pensando que la estatua podría ser de Hipólito, un artista
la restauró con un aspecto de hombre barbudo.
En 1853 Dölinger escribe “Hipólito y Calixto”. Todas las noticias sobre Hipólito las recopiló
para que saliera una historia de Hipólito. Presbítero romano que se enfrentó al papa Calixto.
Acabó siendo elegido obispo de Roma por un pequeño grupo, convirtiéndose así en el primer
antipapa de la historia. Se enfrentó al Papa por dos motivos. El primero de tipo disciplinar.
Calixto era demasiado benevolente con los pecadores, e Hipólito quería una Iglesia de puros.
Decía que se daba la comunión con mucha facilidad a los pecadores. El otro problema es
doctrinal, Hipólito sería partidario de una cristología del Logos, en cambio, Calixto sería de
tendencias monarquianas (no distingue tres personas distintas en la Trinidad, sino una sola
143
persona que a veces se presenta como Padre, a veces como Hijo y a veces como E.S.) Hipólito
habría muerto en el destierro en una persecución. Esto tiene mucho de novela.
Después van a ir apareciendo manuscritos interesantes. Casi todas las obras eran en lengua
oriental. Al poner las obras en relación con la “Refutatio”, se dieron cuenta de que esos textos
no podrían ser de la misma persona, porque había tendencias doctrinales distintas. Así que todo
ese conjunto de obras que se empezó a atribuir a Hipólito lo dejaron de ser.
En 1947 Pier Nautin, autor muy polémico, dice que en las obras hay divergencias de doctrina,
cultura, estilo, datos cronológicos discordantes entre unas obras y otras. Según esto señaló dos
grupos de obras. Un grupo habría que atribuirlas a Hipólito y otro las atribuía a un tal Josipo.
Llega a sospechar que el primer bloque de obras sería de un Hipólito romano, pero que otro
grupo de obras serían de un obispo oriental.
A la vez se decía que el mártir Hipólito estaba enterrado en el puerto. Un equipo de arqueólogos
de Roma comienza a escavar en la zona del puerto de Roma. Escavan en donde había una
basílica que se llamaba de San Hipólito, debajo había otra basílica y un sepulcro con la
inscripción: “Aquí descansa el mártir Hipólito.”
A partir de ese año se comenzaron a celebrar varios congresos en los que los autores lanzan una
hipótesis que en gran medida retomaba lo que Nautin había dicho. Las obras en torno a Hipólito
se han de atribuir a dos autores diferentes, el autor del primer bloque sería Hipólito de Roma
(presbítero que se enfrentó a Calixto y que acabaría muriendo mártir); pero el autor del segundo
bloque sería un obispo oriental, que habría escrito antes que el romano, a caballo entre el s. II y
el s. III, muy ajeno a los problemas del Hipólito de Roma, muy centrado en un horizonte
eminentemente eclesial y con sentimientos profundamente antirromanos.
Piensan que la confusión de noticias se puede deber a que en esa época hubiera dos personajes
llamados Hipólito, con obras muy distintas unas de otras, uno oriental y otro romano.
Refutatio -> Es una obra heresiológica de primera magnitud. Da toda una serie de referencias
sobre gnósticos y otros sistemas heterodoxos muy importantes. Para la historia de la filosofía es
144
también muy importante porque ha conservado fragmentos de filósofos griegos que no se han
conservado en ningún otro lugar.
La exégesis de Hipólito venía enmarcada en obras de tipo doctrinal. Con Hipólito la exégesis se
convierte en género literario autónomo. Comienzan a existir obras dedicadas expresamente a la
interpretación de libros enteros de la Escritura o de pasajes amplios de la Escritura.
Los primeros que comenzaron a hacer ese tipo de exégesis fueron los gnósticos. Hipólito es el
primero que ofrece comentarios exegéticos en sentido estricto, realizados casi siempre citando
el texto, el título, y a continuación se comenta. A veces es un comentario muy conciso.
Excepto la obra del “Anticristo” (que en realidad es una serie de florilegios de carácter
escatológico enlazados), los comentarios son sobre libros del A.T. Probablemente por una
preocupación antimarcionita y antignóstica.
Saber fijar con precisión y seleccionar los materiales de la tradición anterior, saber enriquecerlos
y ampliarlos.
A partir de ese pie que le da el texto bíblico, es capaz de hacer un recorrido por la historia de la
salvación. Remontándose incluso a lo trinitario.
145
“Así como el ungüento perfumado que está dentro de un frasco debe ser abierto, esparcido para comunicar
hacia fuera su perfume, de la misma manera el Verbo de Dios que estaba en el Padre, en un determinado
momento tiene que ser emitido hacia fuera, para comunicar el Espíritu de la vida.”
El ungüento del cantar le evoca el misterio del Verbo, del Hijo. Hipólito va a explicar el tema del
Verbo pronunciado, que es emitido hacia fuera, a partir de la imagen del ungüento. La
descripción del estadio en que el Verbo estaba en el corazón del Padre (logos endiacetós). Pero
estando en el corazón del Padre, como el ungüento cuando está encerrado en un frasco, el Verbo
no realizaba su finalidad, no difunde su aroma, aunque tiene poder para difundirlo pero no se
realiza.
“Así como el vaso en el que está el ungüento, mientras está protegido y sellado no emite perfume, aunque
tenga poder, sino que cuando lo abren emite su arome y llena el ambiente. De la misma manera el Verbo
estaba en el corazón del Padre y hasta que no hubo salido no daba alegría a nadie. Sino que cuando el
Padre emitió la brisa del Verbo difundió el Verbo para dar alegría a todos.”
Estaba hablando de la generación del Verbo, valiéndose de la imagen del perfume, del
ungüento. El Verbo fue engendrado por el Padre para que el mundo se llenase de su aroma.
“En cuanto unigénito tiene una personalidad distinta a la del Padre que lo engendra. El Verbo es el
revelador del Padre en la creación y en la palabra de los profetas. Es el que reúne al pueblo, el que comunica
la vida divina a los hombres. El Espíritu que penetra la creación, que inspira a los profetas y santifica al
pueblo en el tiempo de la espera, es el Espíritu del Verbo. Y sin embargo todavía no es Espíritu de filiación,
éste será difundido como aroma del Hijo cuando el Verbo llegue a ser Hijo perfecto en la carne, Cuando
cumpla el designio para el que salió del Padre.”
Pero esta imagen que utiliza para hablar de lo trinitario, cuando llega el momento de la
Encarnación vuelve a utilizar la imagen pero ahora le cambia el significado. El vaso va a adquirir
un significado nuevo. El vaso en la Encarnación ahora es la humanidad de Cristo, que encierra
el ungüento de su divinidad. Cuando Cristo sufre sobre el leño hasta ser traspasado en el
costado después de su muerte, la carne de Cristo se rompe, el vaso se rompe para dejar esparcir
el ungüento y su aroma. Pero el paso de la humanidad del Verbo, humanidad que se rompe y
se destroza para salir la vida divina para ser comunicada a los hombres.
“En Cristo la vida divina está velada por la humanidad pero presente en ella. Y para poderla manifestar
plenamente a los hombres Él va a llevar a cabo el acto más profundo de amor, dar la vida. Se va a romper
para comunicar esa vida. Los hombres pueden recibir la riqueza de aquel que encerraba en sí la divinidad.”
Esa efusión que se ha hecho del aroma y del ungüento, Hipólito la vuelve a aplicar ahora para
hablar del creyente. El hombre debe saber acoger en su propia humanidad el don gratuito. Tiene
que hacerse portador de alegría. Ese es el significado también de la Iglesia hoy. La Iglesia es el
146
vaso que encierra el misterio de Dios, que lleva en sí el misterio de Dios. “Aroma derramado de
ungüento es tu nombre (escribe Hipólito) por eso te aman las doncellas.”
“Las iglesias, aquellos que acogen por la fe el misterio de Cristo, que muere para comunicarle a las
doncellas, a las iglesias el aroma de la vida.”
El misterio cristológico funda el misterio eclesiológico. Las doncellas representan a las iglesias,
así como la esposa del Cantar es considerada la Iglesia por Hipólito. La Iglesia nace en virtud
de la efusión del aroma de Cristo sobre la humanidad. La Iglesia es la protagonista humana del
Cantar. En el tiempo de la preparación (A.T.) la esposa era la sinagoga, el pueblo de Israel;
después de Cristo, después de la efusión de la divinidad de Cristo, el misterio se realiza en
plenitud en la nueva comunidad que se construye también, no sólo con los procedentes de la
sinagoga, sino también con los gentiles. Y las mujeres son el símbolo del nuevo pueblo.
“Ellas en la mañana de aquel primer domingo de Pascua buscaban a Jesús en el sepulcro. Cuando se les
da el anuncio de la Resurrección creyeron y desde ese momento la sinagoga calla y la Iglesia resplandece
de gloria.”
Ahora, la Iglesia, por el aroma recibido de Cristo, tiene que convertirse en ofrecimiento
aromático a Dios. Los santos (los bautizados, los llamados a la santidad) ahora en la Iglesia son
los que tienen que difundir ese aroma suave, que es el aroma de Cristo. Y la Iglesia en este
tiempo tiene que estar continuamente ejerciendo su función paterna. Hipólito va a recurrir a
una imagen del Apocalipsis: La mujer vestida de sol.
En nosotros la imagen ha quedado reducida a María, la mujer vestida de sol. Hay que decir que
hasta muy tarde no encontramos (no quiere decir que no existiese) esa imagen aplicada a María.
La imagen de la mujer vestida de sol es interpretada, en los primeros siglos cristianos, como
referencia a la Iglesia.
“La mujer vestida de sol mostró claramente a la Iglesia, revestida del Logos del Padre que brilla más que
el sol, y, encinta, grita como quien tiene dolores como de parto, y está para dar a luz, porque la Iglesia no
deja nunca de engendrar en su corazón al Verbo. La Iglesia es aquella que está continuamente alumbrando
al Verbo, aunque en el mundo venga perseguida por los no creyentes. Y dio a luz un hijo varón destinado
a apacentar las naciones. El varón perfecto, Cristo, Hijo de Dios, Dios y hombre, que los profetas
anunciaron. La Iglesia lo engendra incesantemente y lo enseña a todos los pueblos.”
147
TEMA XIX.- LOS ORÍGENES DEL CRISTIANISMO LATINO
Comienza muy tarde. Los autores romanos han escrito en griego. Las primeras huellas de una
literatura cristiana en latín las encontramos a finales del s. II. Son obras que no tienen gran valor
literario.
El griego era la lengua del imperio, era la lengua de las personas cultas y del comercio, de los
negocios. El cristianismo había venido a través de misioneros procedentes de oriente, de lengua
griega. Probablemente los primeros grupos entre los que el cristianismo empieza a difundirse
hablan griego.
Muy pronto el cristianismo empieza a extenderse entre personas que no hablaban el griego. De
ahí la necesidad en un primer momento de traducir, y lo primero que hay que traducir es la
Escritura. Se comienzan a crear las primeras traducciones latinas de textos bíblicos. En un latín
muy literal al griego, un latín bastante pobre.
Hoy sabemos que no existió una sola traducción sino diversas traducciones. Por eso tendemos
a hablar de “Veteres latinae” [antiguas traducciones latinas].
Estas biblias traducen el texto griego, no el hebreo, el texto griego de la Biblia de los LXX que
era el texto que se venía utilizando desde el comienzo.
No se han conservado manuscritos enteros de esas Veteres latinae. Sabemos que existían por
los textos de los Padres de la Iglesia quienes usaron esas traducciones.
Hay que tener cuidado porque a veces se usa el término de Veteres latinae para hablar de
traducciones antiguas pero posteriores a la Vulgata de San Jerónimo para distinguirla de ella.
En este sentido amplio, Veteres latinae significaría traducciones antiguas de la Biblia griega.
Cuando los cristianos comienzan a usar el latín se ven con la dificultad de cómo volcar una
lengua rica, como era el griego, en una lengua no tan rica, como era el latín. Eso va a traer una
serie de problemas, y va a provocar que el latín cambie en algunos aspectos.
Los cristianos van a introducir en el latín muchos términos nuevos, neologismos del griego,
palabras nuevas que antes no existían en la lengua latina. Por ejemplo: Apóstata, baptisma,
catecúmenos, diaconus, ecclesia, epíscopos, euangelio, mártir, neofitus, presbiter, profeta…
148
Y junto a ese introducir nuevas palabras va a haber otro fenómeno, palabras que en latín tenían
un determinado significado, ese significado cambia, le dan uno nuevo: fides, credere, spiritus,
caro, sacramentum (en latín era la fianza que los litigantes depositaban ante un sacerdote para
hacer frente a la multa de aquel que perdía el juicio; también era juramento. Se comenzó a
utilizar para traducir el griego “misterio”. También llaman sacramento al bautismo).
Incluso los cristianos van a empezar a formar palabras nuevas dentro del latín: Trínitas,
revelatio, salvator.
Esto hizo que en el siglo pasado surgiese la escuela de “Nimega” (en los Países Bajos) dedicada
al estudio del latín cristiano. Su iniciador es Schrijnen. Su tesis afirmaba que el latín cristiano era
una lengua distinta al latín anterior.
Poco a poco se fue matizando, y se dijo que los cristianos tenían una lengua particular para
hablar.
Los primeros testimonios de literatura cristiana, sin ser obras literarias estrictamente, serían los
escritos conocidos como “Las actas martiriales de los mártires escilitanos” (Scillium, cerca de
Cartago). Actas de mártires en torno al año 180. Se conserva el testimonio precioso de su diálogo
con el juez.
Fijándonos en obras estrictamente literarias, hay dos autores que se disputen en ser los primeros
latinos. Uno es Tertuliano y el otro es Minucio Félix, que escribió el “Octavio”. Octavio es el
nombre propio de un cristiano. La obra es un diálogo entre un cristiano y un pagano (Cecilio).
Pasean por Roma y de pronto, ante el gesto que hace el pagano ante una de las estatuas de los
dioses, comienza un diálogo entre el cristiano Octavio y el pagano Cecilio. Una discusión sobre
cristianismo e idolatría. Es una obra de tipo apologético, que tiene muchas connotaciones y
muchas semejanzas con alguna de las obras de Tertuliano.
Los orígenes de la literatura latina, en los testimonios que nos han llegado, tienen su fuerza en
el norte de África. ¿Cómo llegó el cristianismo al África romana (Argelia, Túnez y Libia)? Hay
dos hipótesis enfrentadas, aunque probablemente cada una tenga su parte de razón. Todo hace
pensar que muy pronto llegan misioneros del Asia Menor (de ahí la presencia de la teología
asiática en el norte de África). Otros piensan que es consecuencia de los fuertes contactos entre
Cartago y Roma.
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El norte de África (en el que desarrolla su actividad Tertuliano) vive una época dorada desde el
punto de vista político, social y económico. El cristianismo está conociendo una gran expansión
en todas las capas sociales. El mismo Tertuliano escribirá: “Somos tan numerosos como se dice.”
Hay cristianos en los campos, en las aldeas, en las barriadas y en las ciudades. Y se lamentan de
que gente de todo sexo, edad y dignidad se conviertan al cristianismo.
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TEMA XX.- TERTULIANO
El norte de África (en el que desarrolla su actividad Tertuliano) vive una época dorada desde el
punto de vista político, social y económico. El cristianismo está conociendo una gran expansión
en todas las capas sociales. El mismo Tertuliano escribirá: “Somos tan numerosos como se dice.”
Hay cristianos en los campos, en las aldeas, barriadas y en las ciudades. Y se lamentan de que
gente de todo sexo, edad y dignidad se conviertan al cristianismo.
Tertuliano nace en el seno de una familia de clase media: La clase media en Roma era más que
nuestra clase media, era burguesía alta. Hijo de una alto militar. Se sitúa su nacimiento entre los
años 155 y 165, en Cartago, donde trascurre su vida.
Va a recibir una sólida formación literaria tanto latina como griega. Se va a interesar por las
ramas más dispares del saber, se interesa en cuestiones de filosofía, de derecho, de medicina…
Tiene una juventud bastante tormentosa. “Yo sé bien que no he cometido adulterio en otra carne sino
en esta, y que no es distinta la carne en la que ahora mes esfuerzo en ser continente.”
Se educa como un pagano que en sus orígenes desprecia y se ríe del cristianismo. “En otro tiempo
yo también me reído de estas cosas. Yo procedo de los vuestros, porque el cristiano no nace, se hace.”
Sobre su conversión no se sabe nada. Se sitúa entre el 190-195, cuando ya estaba casado. La
conversión de una personalidad tan fuerte y controvertida no podía pasar inadvertida en la
comunidad eclesial de Cartago. Una vez convertido busca el beneficio de la fe, se dedica al
estudio de la Biblia y lee a los autores cristianos, conoce a Justino, Irene y Hermas.
Va a desarrollar una intensa actividad literaria, es uno de los autores prenicenos de los que más
obras se nos han conservado, más de 30. No deja de intervenir en todos los asuntos que afecten
a la comunidad cristiana. Pero lo hace de una manera muy peculiar, tiene páginas muy buenas
y páginas por las que le apedrearíamos por lo radical y rigorista que resulta. Pero influye
tremendamente en la comunidad cristiana posterior. Muere fuera de la Iglesia.
151
Entra en la Iglesia queriendo defenderla frente a todos; paganos, judíos, herejes, heterodoxos,
incluso a buena parte de la comunidad cristiana.
Como Tertuliano era muy intransigente, la moral rigorista de los montanistas comenzó a hacer
huella en él. Va a considera al montanismo como los verdaderos herederos de las primeras
comunidades cristianas. Por otro lado, la exaltación del E.S. le conducirá a enfrentarse a la
institución eclesial.
En un primer momento, Tertuliano empieza a dejarse calar por las ideas montanistas sin
separarse de la Iglesia (207-212), a un progresivo acercamiento al montanismo sin romper con
la Iglesia. En el 213 rompe con la Iglesia y se va a hacer montanista, debido a la condena de la
Iglesia de Roma hacia el montanismo.
A partir de ese momento en sus obras comienza a notarse cada vez más la intransigencia, el
rigorismo y el desprecio hacia lo que él llamaba “los psíquicos” (los católicos).
Pero se va a mantener fiel a lo que en aquel momento era la ortodoxia trinitaria y cristológica.
Por eso se encuentran durante esa época algunas de sus mejores obras dogmáticas cómo el “Ad.
Praxeas”. Es la primera vez que comenzamos a oír hablar de una persona en Cristo y dos
naturalezas, aunque esa definición no se hará hasta Calcedonia.
Cuando los montanistas, que no habían tenido problemas dogmáticos con la Iglesia, comiencen
a apoyar a los monarquianos, Tertuliano se va a separar de ellos. Al final de su vida acaba
fundando una secta, la secta de los Tertulianistas, que seguirá vigente en tiempos de San
Agustín.
En los dos tratados que escribe y dirige a su mujer, que son como su testamento espiritual, la
exhorta a no volverse a casar si muere antes que ella. No le da ese consejo por una especie de
celos, pero lo hace con tanta insistencia que traiciona su impoluta preocupación. En el segundo
libro le dice que si se casa sea con un cristiano.
En el alma de todo sectario entra el orgullo. Tertuliano se hace tan pequeño y humilde que se
adivina una modestia forzada. Él mismo se llama hombre inconsecuente o el último de los fieles,
pecador reprensible en todo. Pero en el momento en el que alguien contesta a sus ideas olvida
152
su humildad. Deja entrever un desdén por las pobres gentes que creen en su palabra. No tiene
paciencia.
Su rigorismo le hace anhelar una Iglesia sin pecado. Le lleva cada vez más a apartarse, queriendo
formar una Iglesia de puros. Vemos tensiones en su pensamiento de, por un lado, acoger
genialmente los pensamientos de Ireneo, pero por otro lado, se queda a medio camino.
Hay que saber situarlo en frente de con quién está discutiendo. Hay que entenderlo según la
polémica que está desarrollando en cada momento y, como buen retórico, quiere ganar siempre
la discusión, tratando de defender algo que él cree legítimo. Pero no hay que darle importancia
al instrumental que usa en algunas ocasiones como si fuese para él definitivo, hay que
contrapesarlo con lo que dice en otro lugar.
Tertuliano es un autor que está influido por la cultura pagana. Asimila conceptos de su cultura.
Por ejemplo dice que Dios tiene cuerpo, se refiere a que tiene consistencia (no corporalidad),
incluso el espíritu es consistente, es real. Es un concepto estoico.
La primera obra que escribe antes del año 200, cuando es un simple laico, es una carta que escribe
a los mártires que están presos: “Ad Martiras”. “La señora madre Iglesia, os cuida, os lleva alimentos
a la prisión, procura estar con vosotros, visitaros, procura estar a vuestro lado y ayudaros en esa penalidad.
Yo, por mi parte, os envío esta pequeña exhortación.”
Luego se dedica a escribir obras de tipo apologético. “Ad Nationes” y “Apologeticum”. Tratan
de lo mismo. Es como si en la primera obra se diera cuente de que está embarullada y en la
segunda lo volviera a escribir con más claridad. La apologética griega tiene un momento
culminante en esta obra latina del Apologeticum. En ella se recoge buena parte de toda la
apologética anterior, pero culminándola de una manera brillantísima en su confrontación con el
mundo que perseguían a los cristianos. Se encuentran afirmaciones sobre la libertad religiosa,
libertad de conciencia, sobre los derechos humanos.
En esta primara época también hay una obra llamada “El testimonio de alma”. Es una obra en
la que quiere sacar el testimonio de una alma que no haya sido tocada por las escuelas, que no
haya sido influida por nadie. Pero empieza a ver cómo en el hombre hay una serie de deseos,
de anhelos, que están testimoniando un anhelo cristiano, que tienen su respuesta en el
cristianismo. Hay en el hombre una serie de elementos que están reclamando lo cristiano. El
cristianismo como respuesta a las más intimas y profundas aspiraciones del hombre.
Ya a partir del año 200 se encuentran otras obras como “Sobre los espectáculos”. Se van a
celebrar en Cartago algunos juegos, y diversos cristianos de la comunidad preguntan si pueden
asistir o no. Él trata de mostrar la crueldad de los espectáculos y su relación con el culto pagano
idolátrico a los dioses.
153
“La prescripción de los Herejes”. Con esta obra quiere conseguir una especie de criterio a partir
del cual uno pueda barruntar los pensamientos heterodoxos. Con ese criterio cree que están
refutadas todas las herejías, y no hace falta hacerlo una a una.
Escribe obras catequéticas. “El tratado sobre la oración”, que es comentario al Padre Nuestro.
“Sobre el bautismo”, “La paciencia”, “La penitencia”. “De cultu feminarum” en el que trata
sobre cómo se deben de arreglar las mujeres, maquillarse o no…
Escribirá un tratado “contra Hermógenes”. Este es un hereje que había mantenido que la materia
era eterna, y Dios lo único que habría hecho era modelarla en la creación.
“Contra los judíos”. Polémica teológica sobre cómo hay que entender el A.T. Se encuentran
muchas de las ideas de Justino.
Ya a partir del año 207 las ideas montanistas están empezando a cobrar peso. En los últimos
libros de una obra fundamental ya se nota el marcionismo. Esa obra es “Adversus Marcionem”.
También va a escribir contra los valentinianos. Es una obra que depende del primer libro de
Ireneo “Contra las Herejías”.
“Scorpiace” -> El antídoto contra los escorpiones. Tratado interesante. Los escorpiones son los
gnósticos, el veneno que tratan de inocular entre los creyentes es que no hay que ir al martirio.
A parir del 213 se radicaliza su pensamiento. Está separado de la Iglesia.
Escribe la “Huida en la persecución”. Si a los cristianos les persiguen en una ciudad pueden
marcharse a otra ciudad, pero que si les cogen no pueden negar a Cristo en el tribunal. Pero
Tertuliano es muy riguroso y dice que no pueden marcharse a otra ciudad.
Su obra dogmática más importante es “Ad. Praxeas”. Praxeas era un monarquiano que no
distinguía las tres personas en la divinidad, no había más que uno que unas veces se presentaba
como Padre, otras como Hijo, y otras como E.S. Tertuliano reflexiona y recoge una buena parte
que habían desarrollado los apologistas pero la profundiza. Llega más allá que Ireneo, que
guarda silencio sobre cómo ha podido ser engendrado el Hijo del Padre,
Tertuliano quiere hablar y profundizar en esos temas. Supera el pensamiento del los apologetas
como Justino, que le costaba explicar la unidad de las tres persona. Tertuliano acude a nuevas
fórmulas para explicarlo.
154
“El Ayuno” Rigorismo en el ayuno.
155
TEMA XXI.- CIPRIANO DE CARTAGO
Cipriano atrae con equilibrio a Tertuliano bajo la regla eclesiástica. En el campo de visión
de este responsable de la Iglesia, se tratan los mismos temas que, bajo otra luz, el del intelectual
apasionado que no conoce reparos.
1. Vida y obra
No se puede fechar a ciencia cierta su nacimiento, pero debió de ser entre el 200 y el 210, en
Cartago, de padres acomodados. Fue maestro de retórica. Pero, según dice San Jerónimo en De
viris ilustribus, más bien se debió orientar hacia la administración pública. Busca cumplir su
misión espiritual como obispo con el estilo del magistrado, de los cónsules o procónsules.
Se convirtió por influencia del presbítero cartaginés Ceciliano, como dice su biógrafo Poncio
(Vita Cypriani 4). Estudió la Biblia y los escritos de Tertuliano. Escribió el Ad Donatum para
estimular a un amigo al que considera tibio y al que quiere apartar de los honores y bienes
materiales. Es la obra de un retórico que multiplica las envestidas contra los gustos perversos
de un mundo apasionado por espectáculos escandalosos. Subraya que la verdadera felicidad y
seguridad es romper con el mundo y conservar siempre la gracia e inocencia bautismal. Dice:
“Pero una vez que con la ayuda del agua engendradora, fue lavada la mancha de mi etapa
anterior y se difundió dentro de mí, reconciliado y puro, la luz de lo alto, después de recibido el
Espíritu celeste y de que un segundo nacimiento me reparó como hombre nuevo, de modo
admirable se acabaron mis dudas, quedó abierto lo cerrado, lúcido lo tenebroso, resultaba fácil
lo que antes parecía difícil, posible de hacer lo que juzgaba imposible, como el reconocer como
terreno lo que antes, nacido de la carne, me hacía vivir inclinado a los pecados; como divino, lo
que ya desde antes animaba el Espíritu Santo”.
Escribe libros de colección sobre textos bíblicos (testimonia) como el Ad Quirinum (248-249).
Realiza una lectura cristológica del AT, donde llega a encontrar prescripciones y enseñanzas
cristianas sobre el Bautismo, la Eucaristía y el Sacerdocio. Del N.T., lo que más le interesa son
los dichos de Jesús (praecepta, mandata). Hace una interpretación tipológica.
Los lapsi pedían la reconciliación. También estaban los sacrificati, que sacrificaron ante el miedo
al emperador, los thurificati, que ofrecieron incienso, los libellatici, que sobornaron a los
funcionarios para obtener el certificado. Los lapsi solicitaron la intervención de los confesores
para readmitirlos. Eso complicó la situación. Cipriano estaba en su refugio cuando saltan las
antiguas rivalidades con los confesores. Algunos clérigos se negaron a obedecerle, uniéndose a
los confesores. Se elige al diácono Felicísimo como obispo. Al final triunfa Cipriano, ya que en
el Sínodo de Cartago se opta por la vía media. Frente a la nueva persecución, dos años más
tarde, se decide admitir directamente a los penitentes para hacer causa común y resistir.
Toda controversia la plasma Cipriano en De lapsis. Con el De Ecclesiae Catholicae Unitate sale al
paso del cisma de su iglesia con el Novaciano en Roma (rigorista extremado frente al papa
Cornelio). Son dos movimientos diametralmente opuestos el de iglesia y el de la de Roma. En
De unitate considera el último como una revuelta contra la autoridad.
Desarrolla una exitosa labor literaria. Muchas veces toma temas y pensamientos de Tertuliano.
Usa un lenguaje de experto predicador de la comunidad. Escribe: De zelo et livore, De bono
patientiae, De habitu virginum, De opere et elemosynis, De dominica oratione, Ad Demetrianum, De
mortalitate (los dos últimos con claro matiz escatológico).
3. Persecución y martirio
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Tras diez años de la persecución de Decio, está convencido de la preeminencia del martirio. Ante
la persecución de Valeriano, se queda para afrontarla. Cipriano fue exiliado en agosto del 257 a
una ciudad poco alejada. En el Ad Fortunatum exhorta al martirio a su grey, ante la persecución
que previó.
En julio del 258 se intensifica la persecución y se extiende a los laicos. Sixto de Roma muere
mártir. Cipriano es traído de nuevo a Cartago y quedó en arresto domiciliario. No quiso escapar,
pese a las ocasiones; quería morir en su ciudad y entre su pueblo. Por eso no se escondió cuando
el procónsul quiso juzgarlo en su ciudad de veraneo y reapareció cuando volvió a la capital.
Durante el proceso y ejecución (14-09-258) una gran multitud entusiasta le dio escolta triunfal.
4. Eclesiología
Muestra que no se puede quebrar la organización actual de la Iglesia sin cortarse la raíz que la
funda. La Iglesia es Cuerpo, pero también Madre, Esposa, Casa de Dios, que saca su fecundidad
de Cristo, su Esposo. Sólo la Esposa del que tiene el Espíritu puede engendrar espiritualmente
hijos de Dios. El tema de la Domus Dei es también escatológico y eucarístico: la Iglesia es ya la
que será en el cielo; el cuerpo eclesial está unido al Esposo en la unidad de un solo Cuerpo: el
del Señor, que se hace presente en la Eucaristía. Es Madre al dar el bautismo, y Cuerpo al
celebrar la Eucaristía.
Es Madre sobre toda la jerarquía, el obispo asegura la recta fe y la unidad. El Cuerpo es sobre
todo el pueblo, que no se deja arrastrar hacia los cismáticos, sino que está guiado por el obispo.
El obispo representa la unidad y santidad de la Iglesia.
La intercomunión de los obispos hace la unicidad del episcopado, que con la unicidad del obispo
local, es condición de la unicidad de la Iglesia. El obispo individual representa a la Iglesia. La
unión de la Iglesia en un solo cuerpo se hace por la unión de los obispos. Cipriano no reconoce
a Roma un “Primado” en el sentido actual; pero sí de todas las iglesias, que están fundadas súper
Petrum. La Iglesia de Roma es principal, matriz y raíz, porque Cristo hizo a Pedro el origen de
158
la unidad y el signo de este origen. La unión con Roma es un signo necesario de la unidad
originaria.
Ya percibimos que hay una traducción latina de la biblia porque Cipriano la usa.
Es Cipriano que afirma que el bautismo hecho por los herejes no es válido. Casi va a acabar
excomulgado de la Iglesia de Roma por esta cuestión del rebautizo. Pero al final termina mártir.
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TEMA XXII.- LA ESCUELA DE ALEJANDRÍA
Cuando hablamos de escuela de pensamos a dos cosas: una en sentido estricto y local, y en este
sentido seria lo que nos habla Eusebio, que es una escuela ligada a la Iglesia de Alejandría donde
se sucedieron varios maestros entre ellos Orígenes.
Pero por escuela de alejandria en sentido amplio se entiende la mayoría de los autores que se
caracterizan por unas característica especificas:
Son escritores que tienen:
Hacen una lectura alegórica de la SE. (hay una fuerte influencia de Filón de Alejandria que es
judío).
También quieren empezar una gnosis ortodoxa con una mentalidad influida por el pensamiento
platónico de la época, el platonismo medio (donde predominaba una lectura fuertemente
mística donde se buscaba la unión con Dios).
En sentido estricto nos fijamos en un centro académico de Alejandría. Sobre ese centro tenemos
por un lado las noticias de Eusebio de Cesárea, que se contradicen con las que nos dan por otro.
Según eso, en la Iglesia de Alejandría habría habido una escuela oficial, catequética, que habría
estado dirigida por personajes ilustres como Panteno, Clemente de Alejandría y Orígenes.
Escuela catequética oficial de Alejandría.
Sin embargo, hoy se tiende a pensar que la Escuela de Alejandría como centro oficial de la Iglesia
de Alejandría sólo existió con Orígenes, pero que antes eso no habría sido más que las iniciativas
personales de Panteno, Clemente y Orígenes por dar a conocer el cristianismo al modo como lo
hizo Justino en Roma.
160
TEMA XXIII.- CLEMENTE DE ALEJANDRÍA
Su vida trascurre aproximadamente entre 150- 215. Procede de Atenas. Sus obras manifiestan
una exquisita formación literaria. Si leemos las obras de Clemente veremos que es un hombre
que conoce muy bien la literatura clásica, hace referencia de los filósofos, poetas y eruditos, y
conoce muy bien la cultura pagana. Sus obras son un arsenal de fragmentos de obras de filósofos
clásicos.
Recibe una magnifica formación. Parece que fue adepto a algunas de las religiones mistéricas.
Hacia los años 202-203 abandona Alejandría y va a la Capadocia (actual Turquia) buscando
ayuda de su amigo Alejandro de Cesárea, que más tarde sería obispo de Jerusalén.
Hacia el 215-216 escribe una carta a Orígenes en la que habla como si Clemente no siguiera vivo.
La obra de Clemente se estima mucho. Se le llama bienaventurado y santo. Hasta los tiempos
de Benedicto XV en el s. XVII, su santo se celebraba el día 4 de Diciembre. Sin embargo, el hecho
de que su nombre fuera ligado al de Orígenes, a veces en las controversias origenistas, y sobre
todo a la polémica en el XVIII va a provocar que Clemente salga del santoral.
“El Protréptico” -> Género literario de la filosofía griega. Genero exhortatorio, exhortar a alguien
para que se dedicara a la vida filosófica. Alude al Verbo que exhorta a la conversión.
“El Pedagogo” -> El Logos pedagogo. El Logos no sólo exhorta a la conversión sino que educa.
“Strómata” -> Se debería llamar “Stromateis” porque es en plural. Significa “Tapices”. Obra en
la que se encuentra de todo, como en un tapiz donde hay muchas cosas. Aborda diversos temas,
como la gnosis verdadera, el martirio, el matrimonio, la virginidad, la filosofía.
Clemente de Alejandría es un autor que fascina. Pero es un autor diletante, cambia de tema con
mucha facilidad. Es muy sugerente, pero con profundas tensiones en su pensamiento..
Como por ejemplo la división entre fe y gnosis. La fe como propia de los creyentes simples, y la
gnosis propia del creyente perfecto, del espiritual.
161
Hay un momento en que cuando el obispo le encarga la catequesis deja de enseñar la gramática
porque lo ve como incompatible y corta y vende su biblioteca e a cambio recibe 4 obulos diarios
para poder apenas vivir. Desde este momento lleva una vida muy ostera y se toma en serio el
pasaje de Mt (hay algunos que están llamados a vivir como eunucos).
162
TEMA XXIV.- ORÍGENES
Von Baltasar: “No hay en la Iglesia ningún hombre que haya permanecido invisiblemente tan
omnipresente como Orígenes.”
Henric Crouzel: “Durante 18 siglos Orígenes ha sido el más sorprendente signo de contradicción de la
historia del pensamiento cristiano.”
Se le atribuyeron muchas opiniones que nunca tuvo. San Jerónimo, en un primer momento, es
un ferviente admirador de Orígenes y más tarde se convierte en un gran enemigo. Pero a la vez
que lo critica saquea su pensamiento.
Todas estas controversias consiguieron que el nombre de Orígenes se relacionara con error
teológico y herejía.
Nace en torno al 185 en Alejandría. Su padre Leónidas era un miembro destacado cristiano y se
ocupa de que Orígenes acuda a la escuela para seguir los estudios que capacitaban para una
formación filosófica superior. También se encarga de que recibiera formación cristiana en casa,
haciéndole conocer la Escritura.
La persecución de Severo había conseguido que los maestros, catequistas y el obispo con su
clero, abandonasen la ciudad. A pesar de eso no faltaban los que querían conocer el cristianismo,
y acuden a Orígenes para que los instruya en la vivencia cristiana y en la fe. Es una iniciativa
privada de Orígenes.
163
Esa actividad, privada con el paso de tiempo, a la vuelta del obispo Demetrio se va a convertir
en un encargo oficial por su parte, encargándose de la escuela catequética de Alejandría.
Cuando Orígenes vio que cada vez acudían más discípulos rompió con el estudio de la
gramática, porque era incompatible con la escuela catequética. Vendió su biblioteca de literatura
cristiana. Rompe con su tradición de estudio. Hay un momento en que divide la escuela
catequética en dos grupos; uno de ellos se hace cargo un discípulo suyo, Heraclas, que se
encargó de los principiantes, y de los avanzados se ocupaba el mismo Orígenes.
Por esta actividad catequética, escribir no era lo único que hacía, viajaba mucho, motivado por
conocer alguna iglesia, otras veces es solicitado por su visión del cristianismo y para instruir a
alguien. Cuando vuelve del viaje a Jordania, la ciudad de Alejandría vive momentos de gran
tensión, porque el emperador ha visitado la ciudad y los estudiantes se han dedicado a mofarse
de él por las calles. La medida que toma el emperador es cerrar todas las escuelas en Alejandría.
Los maestros se marchan. Orígenes se marcha a Cesárea de Palestina. Allí va a ser muy bien
acogido, tanto por el obispo como por el de Jerusalén (Alejandro). Conocen la competencia de
Orígenes en el estudio de la Escritura. Estos obispos hacen que Orígenes predique delante de
las asambleas litúrgicas, incluso delante de ellos, aunque es un laico. Esto escandaliza y vienen
las protestas del propio obispo de Alejandría, Demetrio, que probablemente lo que quería es
que Orígenes volviese. Demetrio escribe a esos obispos para decirles que nunca ha sucedido que
los laicos pronuncien homilías en presencia de los ellos, y les pide que vuelva.
Entre el 231 y 233 parte a Atenas para discutir teológicamente, pero dando un rodeo pasa por
Cesárea y Jerusalén para ver a sus amigos. En ese paso por Cesárea, el obispo, con el
consentimiento del de Jerusalén, lo ordena presbítero. Parte a Atenas y cuando regresa,
Demetrio ya no quiere que enseñe. Orígenes vuelve a Cesárea y se dedica a la literatura,
organizando una escuela y creando una magnifica biblioteca. Se va a iniciar una nueva faceta
de predicar todos los días. También sigue viajando.
Hay un momento en que divide la escuela de Alejandría en dos grupos. Él se queda con los
aventajados, y con los principiantes se queda Heraclas.
“Pero tras ellos se esconde una decisión más profunda cuyas claves las delata el mismo Orígenes en un
fragmento de una carta suya: Como quiera que yo me daba a la doctrina, y la fama de nuestra capacidad
se iba esparciendo y se me acercaban ya herejes ya gente que provenían de las ciencias griegas, sobre todo
164
filósofos, me determiné a examinar las opiniones de los herejes y cuanto proclaman los filósofos acerca de
la verdad.”
El contacto con los herejes y filósofos hizo que se dedicara a examinar sus opiniones. La división
de la escuela catequética no es sólo una división entre los diferentes niveles de catecúmenos,
sino que está creando un centro con una nueva orientación, con destinatarios y contenidos
diversos, donde herejes y filósofos se darán cita en sus clases. Les instruía no sólo en las cosas
divinas sino incluso en la filosofía circundante.
El contacto con los herejes hizo que regresara a los estudios de la cosas paganas de modo mas
profundo. Orígenes estaba creado algo nuevo, con unos destinatarios nuevos y un contenido
distinto.
La empresa de Orígenes era la iniciativa privada del genio misionero cristiano. Su proyecto
miraba a los paganos y herejes. Acude un tal Ambrosio (no el de Milán), hombre rico, que había
abandonado la Iglesia para ser valentiniano porque buscaba una fe ilustrada. Orígenes consigue
que vuelva a la Iglesia. Ambrosio lo anima a escribir, le da todos los medios necesarios.
Por los días de Orígenes, el cristianismo no gozaba de buena reputación entre la clase intelectual
del mundo pagano. A finales del siglo II Celso, el filósofo pagano, había escrito su “Logos
verdadero”, que era un ataque agudo contra el cristianismo. Orígenes da respuesta a esa obra.
Según Celso los cristianos son una ristra de murciélagos, hormigas que salen de su agujero,
ranas que celebran sus sesiones al borde de la charca, gusanos que en un barrizal tienen sus
reuniones. Los cristianos son hombres incapaces de dialogar con hombres discretos y sensatos,
sólo convencen a vulgares y estúpidos, a esclavos, mujercillas y chiquillos. Porque en realidad
las explicaciones que dan sobre Jesús no merecen mejor consideración que los machos cabríos
de los egipcios.
El cristianismo aparecía como una fe irracional, hostil a la tradición cultural y religiosa de los
griegos. Y ante esa necesidad de dar autoridad y credibilidad al cristianismo en el mundo
intelectual había llegado el gnosticismo, pero la presentación que había hecho el gnosticismo
había vaciado al cristianismo de su originalidad, había reducido el cristianismo a las categorías
de la filosofía. Por eso la filosofía va a gozar entre los cristianos de poca estima.
Hasta llegar a un poco estima de la filosofía.
Cuando abandona Alejandría y va a Cesárea crea allí la escuela y continúa su labor pedagógica.
Allí va a tener como discípulo a alguien que iba de paso hacia Beirut para formarse en derecho.
Se llamaba Gregorio Taumaturgo, que luego será obispo de Cesárea del Ponto. Pasa cinco años
con Orígenes. Gregorio le compone un discurso de agradecimiento. El testimonio sobre la
165
manera en que Orígenes enseñaba nos indica que iniciaba a sus discípulos en la lectura y
conocimiento de todos los filósofos y poetas griegos, con exclusión de los ateos (epicúreos y
peripatéticos).
Escribe Gregorio: “Para que no nos sucediera lo mismo que a otros muchos, no nos conducía a una sola
doctrina filosófica ni nos permitía atacarla, sino que nos llevaba a todas, y no quería que dejáramos de
conocer ninguna opinión griega. Él mismo nos acompañaba marchando el primero y llevándonos de la
mano como en un viaje por si en alguna ocasión encontrábamos algo difícil. Era todo un gran experto al
que, familiarizado de gran manera sobre los discursos, nada le era extraño ni desconocido, sino que se
mantenía expectante en la seguridad misma, y nos salvaba ofreciendo su mano como quien tira hacia
arriba de los que se ahogan. En verdad recogía y nos confiaba todo lo útil y verdadero de aquellos filósofos,
destruía lo que era falso, sobre todo lo que hacía referencia a la piedad humana, acerca de eso también nos
aconsejaba que no nos adhiriéramos a nadie, ni aunque fuera celebrado por todos los hombres como el más
sabio, sino que la adhesión sólo se podía prestar a Dios y a sus preceptos”.
“Como tú sabes las disposiciones naturales de la inteligencia, cuando han recibido un ejercicio adecuado,
pueden tener como resultado conducir en la medida de lo posible a la culminación del fin que han
perseguido ese ejercicio. Tus disposiciones naturales pueden hacer de ti un acabado jurista romano y un
filósofo griego perteneciente a una de las escuelas que gozan de renombre, pero yo quisiera verte utilizar
todas las fuerzas de tu inteligencia en bien del cristianismo que debe ser tu meta suprema, para que la
alcances con certeza deseo que tomes de la filosofía griega el tipo de conocimientos aptos para servir de
introducción al cristianismo. Y las nociones de geometría y astronomía que puedan resultar útiles para la
explicación de los libros sagrados, de modo que aquello que los filósofos dicen de la geometría, de la música,
de la gramática, de la retórica, de la astronomía, que son auxiliares de la filosofía, podamos decirlo nosotros
de la propia filosofía con respecto al cristianismo.”
Orígenes compara la tarea que le propone a Gregorio con la acción que llevaron a cabo los
israelitas cuando antes de salir de Egipto se hicieron con objetos de oro y plata, que luego les
servirían para construir el tabernáculo de Yavéh. Lo mismo le propone a Gregorio con respecto
a la ciencia, tomar de la ciencia el oro y la plata para construir el pensamiento cristiano.
No era Orígenes un ingenuo que ignorase los problemas que un uso incorrecto de la filosofía
había ocasionado y ocasionaba, pero era consciente de que una actitud cerrada con respecto a la
166
ciencia y a la filosofía podía hacer estéril la visión cristiana. El cristianismo tiene un corazón
católico que quiere aunar, consumar y llevar a plenitud cuanto de bueno, bello y verdadero hay
en la creación y en la cultura de los hombres.
Orígenes no estaba dispuesto a renunciar a esa visión. Era consciente de que el uso inadecuado
de la filosofía podía conducir a la herejía. En la carta a Gregorio señala que son raros los hombres
que han sabido tomar de Egipto lo útil para destinarlo al culto divino, por el contrario son
muchos los que se han aprovechado de sus conocimientos griegos para engendrar pensamientos
heterodoxos. Por ello se muestra tremendamente crítico y cauteloso con respecto a la filosofía.
Sobre todo con la absolutización de la filosofía.
En la actitud de Orígenes se dan cita varias dimensiones que pueden ocasionar cierta tensión.
Por un lado la primacía absoluta de la Palabra de Dios, por otro lado la necesidad de la visión
cristiana en el mundo cultural de la época, y por un tercer lado, el peligro que puede comportar
el uso inadecuado de la filosofía.
Aparecen esas tensiones por ejemplo en la exegesis que hace Orígenes sobre el asalto a Jericó
por parte de Josué. Para orígenes Jericó es la figura de este mundo, mundo que está rodeado por
las murallas de la idolatría, de la magia, y que está fortificado por las torres de las opiniones
filosóficas. Cuando Jesús, figurado por Josué, hace sonar las trompetas, es decir, su predicación
mediante los evangelistas y los apóstoles, se desploma hasta los cimientos las murallas de la
ciudad de Jericó, se derrumba la idolatría.
Pero Jericó, a excepción de la casa de la prostituta Rajab, símbolo de la Iglesia procedente del
pecado, es condenada a la destrucción del anatema, destruida entera, sin poder tomar botín. Si
Orígenes hubiese sido lógico con la alegoría que ha mostrado, tendría que haber condenado en
anatema todo lo que había en Jericó, incluidas las torres de las opiniones filosóficas.
A propósito de la tragedia llevada a cabo por un soldado, que había sustraído un lingote de oro
de Jericó, Orígenes comenta: “Hay mucha seducción en las palabras de los filósofos y retóricos, y una
gran belleza en sus discursos. Ahora bien, todos ellos son hombres de la ciudad de –Jericó. Si encuentras
en los filósofos doctrinas perversas engalanadas con afirmaciones que engañan, eh ahí el lingote, gasta
cuidado para no dejarte seducir por la brillantez de sus obras, dejarte engañar por la belleza de un lenguaje
precioso. Acuérdate de la orden de Josué, anatema para todo oro encontrado en Jericó. Si lees las brillantes
composiciones de un poeta que habla de dioses y diosas en sus melodiosos versos, no te dejes seducir por
la dulzura y elocuencia, ese es el lingote de oro. Si tú lo tomas y dejas entrar en tu corazón sus doctrinas,
tú mancharás a toda la Iglesia, es lo que ha hecho Valentín y Marción.”
Orígenes introduce un deslizamiento para que el anatema sólo alcance a los falsos principios
filosóficos. Su talante le impedía una condena total. Era consciente de la utilidad de ir a la ciudad
de los filósofos para conseguir botín.
Deut. 21, 10-13: “Cuando vayas a la guerra contra tus enemigos y Yavéh, tu Dios, los entregue en tus
manos y te entregue sus cautivos, si ves entre ellos una mujer hermosa, te prendas de ella y quieres tomarla
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por mujer, la llevarás a tu casa. Ella se rapará la cabeza y se cortará las uñas, se quietará su vestido de
cautiva y quedará en tu casa llorando a su padre y a su madre un mes, después de esto podrás ligarte a
ella y serás su marido y ella será tu mujer.”
Orígenes comenta este pasaje en sus homilías: “Ha menudo yo he partido a hacer la guerra contra
mis enemigos (al acercarse a la filosofía griega), y he visto en el botín una bella mujer, todo lo que
encontramos de bueno y razonable en nuestros enemigos. Si leemos en ellos algo expresado con sabiduría
y ciencia tenemos que purificarlo, arrancarlo de su ciencia y cortarle todo lo que sea muerte e inutilidad
como el guerrero corta los cabellos y las uñas de la cautiva encontrada entre los despojos de los enemigos.
Sólo así podremos desposarla, cuando ya no haya en ella nada de aquello que, por su infidelidad, se llama
muerte. Cuando no haya muerte ni en su cabeza ni en sus manos de manera que ni en sus pensamientos
ni en sus obras comporte impureza o muerte.”
Orígenes salió a guerrear muchísimo y se encontró muchas bellas cautivas, pero supo cortar
adecuadamente los cabellos y las uñas impuras de todas. Es una pregunta!! Lo habrá logrado?
Dicen que no. Por ej el caso de introducir la creación, admitir los mundos Ni siquiera los más
grandes admiradores del maestro alejandrino dejan de reconocer que sus incursiones y batallas
por los previos de la filosofía lo condujeron a tomar botines difícilmente conciliables con la fe
cristiana.
Jamás tuvo reparo en asumir la cosmología de corte platónico. Con un esquema de dos mundos,
el de arriba y verdadero; y el de abajo que es un mundo de sombras. En ese esquema introduce
su comprensión y exégesis de la Escritura.
Esto nos lleva a preguntar cual es la diferencia entre el gnóstico Valentino y Origenes.Eso ha
llevado a muchos a considerarlo como un gnóstico. Pero la actitud filosófica de orígenes difiere
esencialmente de la de un gnóstico por su vinculación a la regla de fe, a la enseñanza de los
apóstoles, trasmitida por orden de sucesión y conservada públicamente en las iglesias.
Si acudimos al prefacio de “De principiis”, dice: “Puesto que muchos de los que profesan la fe en
Cristo están en desacuerdo no sólo en cuestiones de poca o mínima importancia, sino en puntos de mucha
y máxima importancia, parece que es necesario exponer a propósito de cada una de las cuestiones la línea
cierta y la regla manifiesta antes de investigar sobre toda cuestión. Puesto que hay muchos que se creen
tener los sentimientos de Cristo mientras que unos que piensan de distinta manera de nosotros, se debe
guardar la predicación de la Iglesia, trasmitida a partir de los apóstoles por orden de sucesión y conservada
en las iglesias hasta el presente y sólo debe ser creída la verdad que no esté en desacuerdo con la tradición
eclesiástica y apostólica. Es necesario saber que los santos apóstoles cuando predicaron la fe en Cristo
trasmitieron muy claramente a todos los creyentes todo lo que juzgaron necesario.
En cambio dejaron la tarea de investigar la razón de sus afirmaciones a aquellos que merecieran los dones
más eminentes del Espíritu, y sobre todo a los que hubieran recibido del E.S. la gracia de la palabra, de la
sabiduría y del conocimiento.
168
De estas realidades los apóstoles hablaron de su existencia pero no hablaron de su manera de ser y de su
origen, seguramente para que a continuación lo más celosos, por amor a la sabiduría, tuvieran en que
ejercitarse.”
La labor teológica no puede prescindir de la regla de fe, de la labor apostólica tal y como se ha
trasmitido y conservado en las Iglesias. Sólo debe ser creído aquello que no esté en desacuerdo
con la regla. Pero la regla de fe no siempre ha dado las razones de sus afirmaciones, a veces la
regla de fe no ha hablado con claridad de otras realidades y sin embargo el hombre se pregunta
por ellas, deseoso de dar razón de su fe y esperanza.
Cuando la regla de fe no dice nada, él se siente libre para levantar hipótesis y explicaciones. Esto
es lo que le ocurre en el esquema cosmológico de los dos mundos.
“En la predicación de la Iglesia se dice que este mundo ha sido hecho y que ha comenzado a existir en un
determinado momento. Pero ¿Qué hubo antes de este mundo? y ¿Qué habrá después? Muchos no lo saben.
Nada se dice de manera clara en la predicación de la Iglesia.”
Por ello en Orígenes es frecuente que a la hora de abordar una cuestión teológica, o a interpretar
un pasaje de la Escritura, no ofrece una solución sino varias.
Hay veces en que para una cuestión dice muchas cosas y hay que optar por alguna. Otras veces
son complementarias y tienden a expresar el carácter antitético con que la razón humana
presenta el misterio, no porque el misterio sea antitético sino porque la razón, al acercarse a él
desde su debilidad, lo ve como antitético. A veces se inclina por alguna de las hipótesis y otras
no se inclina por ninguna de ellas, dejando al lector que haga su opción.
El misterio, para Orígenes, sobrepasa al hombre. Lo sobrepasa de tal manera que el hombre
necesita de la gracia para acercarse al misterio. La teología es una actividad que requiere el don
del Espíritu, y precisamente por ello el teólogo tiene que percibir la distancia que separa sus
169
pensamientos y reflexiones de la realidad del misterio, entre lo que piensa de Dios y lo que es
dios en si, y por esto afirma que la teología se tiene que hacer desde un profundo sentimiento
de la humildad, que entre lo que decimos y pensamos y el misterio de Dios hay un abismo. Eso
hace que el teólogo tenga que ser humilde a la hora de exponer su pensamiento.
“Si en el debate se presenta un pensamiento profundo hay que exponerlo pero sin afirmarlo
categóricamente. Eso sería lo propio de un hombre temerario que ha perdido el sentido de la fragilidad
humana y se ha olvidado de lo que verdaderamente es. O sería lo propio de hombres perfectos que han sido
enseñados por el mismo Señor Jesús. O sería lo propio de aquellos que han recibido del cielo respuestas
divinas tras haber entrado en el torbellino y la tiniebla donde Dios mismo está. Pero nosotros por el simple
hecho de que creemos en el Señor Jesús, aunque mediocremente, y por el hecho de que nos gloriamos en
ser sus discípulos, no nos atrevemos a decir que hemos percibido cara a cara el sentido que nos han
trasmitido los libros divinos. Porque estoy seguro que ni el mundo mismo podría contenerlo, por eso
nosotros no nos atrevemos a hablar de ello como lo pudieron hacer los apóstoles, mientras muchos ignoran
su propia ignorancia y dan a conocer como afirmaciones verdaderísimas todo lo que pasa por su cabeza
sin orden ni concierto, a veces necia y míticamente, nosotros damos gracias a Dios por el hecho de que no
ignoramos nuestra ignorancia a propósito de realidades tan grandes y de todo lo que nos sobrepasa.”
Cuando Orígenes se adentra por los caminos más allá de la regla de fe, habla con miedo y
cautela. A manera de discusión y examen, sin presentar sus afirmaciones y reflexiones como
afirmaciones ciertas y definidas. Por eso a lo largo de toda su obra, incluso en sus homilías, se
pueden encontrar frases como: “Si alguien puede encontrar algo mejor y confirmar lo que dice con
afirmaciones más evidentes encontradas en la Escritura, que sus palabras sean acogidas antes que las
mías.”
Consciente que el Espíritu de Dios se derrama sobre todos los creyentes, y no sólo sobre
Orígenes, el teólogo pide a sus oyentes que disciernan si lo que dice es verdadero o no, si es un
falso maestro.
Por nada del mundo quiere apartarse de la enseñanza de la Iglesia, de la fe de la Iglesia. “Yo
deseo ser un hombre de Iglesia y no quiero ser conocido por el nombre del fundador de una herejía, sino
por el nombre de Cristo, que es un nombre bendito por toda la tierra. Me anhela ser y seguir siendo
llamado cristiano tanto por mis obras como por mi pensamiento.”
Orígenes piensa que Cristo se manifiesta en la Iglesia, y se queja de la mediocridad que a veces
observa en la Iglesia. Reconoce que la Iglesia es más grande que él y pide a la Iglesia de ser
juzgado por ella.
170
Como presenta la historia de la salvación.
Adoptar esta idea obedecía a su afán de defenderla de frente a marcionitas y gnósticos, éstos
decían que Dios creador había generado inigualdades inaceptables.
Para salir al paso de ese mundo en el que hay tanta desigualdad, recurre Orígenes a la
preexistencia de las almas. Habla de vous, es decir que el Dios crea creaturas racionales, todas
iguales, a imágenes de Dios, con cuerpo etéreo, sutil, similares a los ángeles, y estos intelectos o
almas (lo propio seria hablar de almas, nous) son dedicados a la contemplación divina que
configuraron la iglesia de la preexistencia. Una de estas almas estaba unida al Hijo de Dios y
este era el esposo de la Iglesia preexistente. Las criaturas racionales fueron creadas todas a la
vez e iguales en un determinado momento. Todas a imagen de Dios, con una corporeidad no
como la nuestra sino como la de los ángeles.
Los noes fueron creados indiferenciados, las diferencias son fruto de la libre decisión de la
criatura, no del creador.
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La creación de este mundo en que vivimos y nuestro cuerpo no tiene que ver con el designio
originario de Dios, es una segunda creación, es sensible y material, de la que Dios se sirve para
llevar a cabo la redención del hombre. Es un según designio para salvar las almas caídas.
Aparece entonces una historia de la salvación muy distinta de la que presenta Ireneo.
Todo lo creado después, y como consecuencia de la caída para Orígenes, tiene una importancia
secundaria. Al final volveremos al comienzo de la preexistencia. Nuestra historia no refleja el
proyecto originario de Dios.
Todo esto crea tensiones con la fe de la Iglesia. La Escritura y la regla de fe le obligan a prestar
atención de los misterios en carne del Hijo de Dios. La Encarnación (asunción de un cuerpo
como el nuestro) va a quedar poco valorada porque le interesaba más el Verbo eterno que los
misterios en carne.
Por eso encontramos afirmaciones desconcertantes, para lo carnales hay que anunciar el
evangelio corporal pero para los espirituales no.
La carne le estorbaba en Cristo porque para él el hombre verdadero es el que fue creado como
nous.
Como ve la creación: Este mundo y creación para Orígenes es Egipto, tierra del faraón, símbolo
de la esclavitud, no sólo situación moral sino que Egipto es la creación a la que dio lugar la caída
de los seres racionales. Eso no implica que lo considere como algo moralmente malo, no hay mal
sin libertad.
Este mundo y este cuerpo no son el resultado necesario del pecado sino consecuencia del
pecado, pero creación libre de Dios con el fin de salvar a esos seres racionales que habían pecado.
Pero este universo y este cuerpo no son malos, son creación libre de Dios para redimir a los noes.
Pero tampoco son creaciones neutras porque el nous está como extraño en el cuerpo, sin poder
desplegar todos sus potenciales.
La existencia del alma en la carne es en prisión, aunque sea una medida para luego poder ser
reinsertado en el mundo preexistente. Los santos nunca celebran el día de su nacimiento sino el
de su muerte. Por esto salir de este mundo es desligarse de la materia corpórea. Nacer es
entonces na desgracia porque significan que haber pecados.
172
La existencia en este mundo está vinculada al pecado, que nos retiene entre cadenas.
El hecho de nacer en trae ceguera en este mundo que es sombra de muerte, y por eso lo podemos
considerar verdadera muerte del alma.
El hombre viene en este mundo ciego, y está alejado de la vida verdadera que era en la viva en
la preexistencia.
La unión del alma con el cuerpo implica una mancha, no pecado, un alejamiento de Dios, un
impedimento para su conocimiento. Hasta el mismo Cristo padece la misma mancha al
encarnarse.
Orígenes tiene formas ambiguas para hablar de la Resurrección. ¿Qué resucita, este cuerpo, la
corporalidad del nous? ¿Habla de Resurrección verdadera o de inmortalidad del nous?
Orígenes es el hombre de la Escritura. No tiene afán científico, sino que se reconforta con la
Escritura.
Es conocido como el exegesis espiritual de la escritura.
Como interpretar la Escritura? El habla de la interpretación espiritual de la escritura.
Comenta el pasaje de la carta a los Romanos -> “¿Quién nos separará del amor de Dios?”.
Debemos buscar el descanso en la Escritura de Dios, donde ninguna angustia me oprimirá.
La Escritura es el pan bajado del cielo. Las imágenes de la Eucaristía las lleva a las Escrituras.
Irá a la comprensión mística, espiritual de las Escrituras.
Cuando se lee el A.T. buscando un sentido literal a la Escritura, se puede tener problemas porque
no se toma en su sentido de palabra viva de Dios que hay que interpretar.
El salmo 37 nosotros lo tenemos cortado, pero los primeros cristianos no, y ellos buscaban el
sentido y lo entendían correctamente.
Orígenes ha pasado como el maestro de la alegoría, aunque también se interesó por el texto y la
letra de la Escritura. Quería entrar en contacto con los maestros judíos. Comprobaba y verificaba
todo lo que ponía en la Escritura.
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En su diálogo con los judíos se dio cuenta de que había cosas que ellos no leían ni aceptaban.
Los cristianos adptaron la traducción griega de la Biblia hecha por los judíos y para judíos. Es el
A.T. en griego, la Septuaginta (LXX).
Orígenes compone una obra grandísima llamada “Las Hexaplas”. No se ha conservado entera.
Coge palabra por palabra del A.T. y coloca en columnas (normalmente 6). En una primera
columna coloca la palabra en hebreo, en la segunda coloca la trascripción (como se pronuncia
en griego), en las siguientes columnas coloca las distintas traducciones que hay en griego del
hebreo (Aquila, Simaco, LXX, Teodoción).
Además usa los signos que utilizaban en las escuelas filosóficas en Alejandría para las
traducciones de Homero para ir marcando qué textos no se pueden utilizar para hablar con un
judío.
Su interés principal no es la exégesis literal sino que quiere ir más allá de la literalidad. Quiere
fundarlo. Niega numerosos pasajes del evangelio y de San Pablo para justificarse en lo que
quiere hacer, como cuando Felipe dice que ese del que habló Moisés y los profetas lo han
encontrado.
Lo que a él le interesa no es tanto la letra sino el sentido que hay detrás de cada texto. Esto que
llamamos lectura espiritual tentemos que distinguir claramente entre los dos método:
Entre la lectura tipológica que eredan los cristiano, tiene su origien en el NT. Es descubrir como
en el AT hay tipo, figuras de JC y de la Iglesia. Ej. Jn 1,45
También (Jn 5, 39-46) Jesús les dice a los judíos que las Escrituras son las que dan testimonio de
Él porque Moisés escribió de Él. (Lc. 24,25-32) Jesús, empezando por Moisés y continuando por
los profetas les explicó lo que había de Él en las Escrituras.
1 Cor. 9,9-11 Porque está escrito en la ley de Moisés, no pondrás bozal al buey que trilla, ¿es que
se preocupa Dios de los bueyes? o ¿lo dice expresamente por nosotros? Se escribió por nosotros.
1 Cor. 10,1-11 No quiero que ignoréis que nuestros padres estuvieron todos bajo la nube… dice
Pablo: estas cosas sucedieron en tipos, para nosotros la roca era Cristo. Esta interpretando este
pasaje.
Gal 4,21-31 se habla de Abrahán y sus dos esposas… lo interpreta que está hablando la Cristo y
de la Iglesia.
2 Cor. 3,4-16 Como Moisés al bajar del monte se tuvo que cubrir el rostro…
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Col. 2,16-17 que nadie os juzgue en cuanto al beber y comer, en materia de fiestas o sábado, que
no son sino sombra de las realidades que habían de vivir.
La tipoplogia es una interpretación de la Escritura es algo que ayuda para llegar a Cristo, en la
clave de la
Esto hay que distinguirlo de la alegoría, que tb es un método exegético, donde no es necesario
afirma la existencia de Cristo. ¿? Fue usada en la Grecia y tb en el AT. Pero en el paganismo no
se la fuerza a las palabras…
..
Origenes habla de un Evangelio eterno que es acudir a descubrir el mundo de la preexistencia,
por lo tanto la carne le estorbaba, asumió el principio ..
A propósito de Gal 4,21-31, San Pablo dice que estas cosas se han escrito en alegoría. Se inserta
en el marco de las dos esposas de Abrahán que prefiguran las dos alianzas, y los hijos prefiguran
a los judíos y a los cristianos. Es la única vez que aparece la palabra “alegoría” en todo el N.T.
En los demás casos, Pablo no utiliza esa palabra sino que recurre “tipos”. Esto es una revolución
en el ámbito exegético. Porque el término tipos, Pablo lo está cambiando de significado,
significaba el sello, la marca que se imprime en la cera como molde para luego sacar de ese
molde las obras ya creadas. Pablo lo cambia, y con esta novedad quiso establecer la diferencia
que había entre la tipología del A.T. y el uso que daban los paganos de la alegoría, donde era
entendida como el procedimiento de decir una cosa y significar otra.
Filón de Alejandría usa también la alegoría, pero distinto del que hacia el mundo pagano. Filón
es capaz de interpretar toda la Escritura alegóricamente. Los personajes y los hechos tienen valor
histórico literario, y no como Zeus y Era para los paganos. Cuando Filón habla de la unión de
Abrahán con Sara no niega que Sara fuese la esposa, pero busca otro significado, y dice que es
la unión de la inteligencia (Abrahán) y la virtud (Sara), porque deben ir unidas.
La confección de Pablo está más cerca de la filoniana que de la pagana. Busca significados más
profundos. Pero hay algo que también lo diferencia de Filón, éste hace a los personajes símbolos
de realidades invisibles y celestes (inteligencia y virtud) propio del platonismo. La alegoría de
Pablo se mueve en una línea histórica de hechos y culminación. En el diálogo de Dios con los
personajes del A.T. está la culminación del diálogo de Dios con el hombre, culminación que es
Cristo.
Para Filón, lo que ocurre en nuestro mundo alude, en sombra, de lo que ocurre en el mundo de
arriba.
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Pero para Pablo no es así, lo que ocurre en este mundo, en nuestra historia, se prepara la
culminación que es Cristo, pero dentro de nuestro mundo.
Hay que distinguir entre tipología y alegoría. Danielou decía que la tipología era cristiana y la
alegoría era pagana.
Dos procedimientos distintos de tipología es propia de todos los autores cristianos, pero la
alegoría está muy presente en la exegesis de Orígenes.
Núm. 21: Las serpientes muerden a los israelitas y Dios ordena a Moisés que haga la imagen de
una serpiente y que todos los que la miren se salvarán. Tipológicamente queda interpretado en
el evangelio de Jn. A partir de aquí este pasaje se verá como una figura de Cristo.
Orígenes lo que introduce es lo propiamente alegórico. En sus homilías del Gn., el relato de la
creación acaba siendo una alegoría del alma, donde el hombre y la mujer son el Espíritu y el
alma que si se entienden tendrán hijos, los pájaros son los que proceden del alma, los peces son
los deseos de la carne. No aparece Cristo.
Cuando Orígenes lee la historia de los patriarcas, para él es una alegoría. Abrahán es el alma
que pasa del mundo de las apariencias al mundo de la realidad. Abrahán se casa con Agar que
es el símbolo de la cultura humana, y Sara es la virtud del mundo de arriba.
El problema de Orígenes es que no la limita al A.T. sino que la lleva al N.T. Al interpretar los
evangelios alegóricamente, pierden fuerza. Lo importante es el valor espiritual de los milagros
y no la historicidad.
Cuando Orígenes interpreta los milagros de Jesús, los remite a figuras del alma. Hay que
interpretar la doctrina de las enfermedades del alma, la historicidad para los simples.
Pero esto también lo hace con las palabras de Jesús y no sólo con los hechos. No buscaba el
evangelio sino el evangelio eterno. Esto es un exceso de Orígenes. Se puede deformar el mensaje
del evangelio con la alegoría.
Mt. 10,39: “El que encuentre su vida la perderá, pero el que pierda su vida por mí la encontrará”.
Este juego de palabras siempre se vió como el martirio.
Clemente de Alejandría dice: “La ascesis que se ejerce por causa del Señor aleja al alma del
cuerpo y la hace grata. Quien encuentra su alma la perderá y quien la pierda la encontrará.
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