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El sari rojo: Sonia Gandhi y la India moderna

El documento resume la historia de Sonia Gandhi, una mujer italiana que se casó con Rajiv Gandhi, hijo de Indira Gandhi. Describe cómo Sonia provenía de una familia humilde en Italia y conoció a Rajiv en la universidad de Cambridge. A pesar de la oposición inicial de su familia debido a las diferencias culturales, Sonia se enamoró de Rajiv y se mudó a la India después de casarse, adoptando la cultura india a lo largo de los años. El documento también proporciona antecedentes sobre la prominente familia política Gandhi en

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El sari rojo: Sonia Gandhi y la India moderna

El documento resume la historia de Sonia Gandhi, una mujer italiana que se casó con Rajiv Gandhi, hijo de Indira Gandhi. Describe cómo Sonia provenía de una familia humilde en Italia y conoció a Rajiv en la universidad de Cambridge. A pesar de la oposición inicial de su familia debido a las diferencias culturales, Sonia se enamoró de Rajiv y se mudó a la India después de casarse, adoptando la cultura india a lo largo de los años. El documento también proporciona antecedentes sobre la prominente familia política Gandhi en

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El sari rojo. Cuando la vida es el precio del poder


Les voy a hablar de un libro que en cierta medida, para los que
hayan leído Pasión India, es y no es una continuación. Es una
continuación histórica. Pasión India acaba en la independencia
de la India en 1947; es la crónica de los últimos años del imperio
británico a través de los ojos de una española que lo vivió en
primera fila. Yo quería continuar el escribir sobre la India. Ya he
escrito cuatro libros; uno de ellos sobre la India de los pobres,
que presente aquí con Dominique Lapierre hace unos años -Era
medianoche en Bhopal-; otro que era el libro Pasión India sobre
el final del Imperio, el nacimiento de un nuevo país; y me
interesaba contar la India de 1947 hasta nuestros días; y con
esto doy por cerrado, digamos, un ciclo de interés propio y
particular sobre este país, que conocí por primera vez a los 14
años.
Yo creo que todavía no me he repuesto del schock que supuso
aquella primera visita; un país con tanta gente que dormía en la
calle; un país con elefantes en las aceras, con osos
amaestrados, con encantadores de serpientes en todas las
esquinas -porque estoy hablando de la India de 1967-68-, y me
fascinó tanto y me turbó y me perturbó tanto, que luego, cuando
fui adulto, quise volver; y ya a partir de ahí me enganché; y mi
interés fue creciendo; y ya con los años, pues, vas haciendo
amigos, vas conociendo gente, vas conociendo los resortes de
esa sociedad, vas a empezando a entender las claves para
entender ese mundo tan complicado que es la India. Y poco a
poco, pues, se convirtió en mi patria literaria y, bueno, no creo
que lo siga siendo siempre, pero es una fuente inagotable de
inspiración la India. En este caso, encontré otro personaje que
me fascinó desde el principio, para contar esta India moderna,
esta India que va desde 47 hasta nuestros días; y este personaje
es Sonia Gandhi. Todo el que ha estado en la India y el que ha
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viajado a menudo a la India, se ha topado tarde o temprano con


la figura de los Gandhi. Esa familia omnipresente en el país que
lleva gobernando, el segundo país más poblado del mundo
desde la independencia; tarde o temprano, y yo por
circunstancias también personales y particulares -porque mi tío,
cuando iba a la India siempre iba a visitar a Indira Gandhi, que
era muy francófila y le encantaba hablar francés- y yo siempre
de pequeño oía hablar de los Gandhi, de la familia Gandhi.
Dominique tenía un problema para liberar una ambulancia que
estaba en la aduana y que no le dejan salir, pues llamaba a
Rasyid Gandhi, cuando él era primer ministro, y conseguía más
o menos arreglar el tema.
Y yo estaba en la India cuando mataron a Rasyid Gandhi en un
atentado terrorista. Y me dio, claro, mucha pena. Mucha pena
porque Indira había muerto hacía poco. Vamos, Sanjay también
había muerto en accidente de aviación. Una serie de desgracias.
Un poco como los Kennedy. Son unas familias que llevan esa
especie de marca, como golpeadas por la desgracia. Tienen algo
en común todas estas familias dinásticas, hablemos también de
los Bhutto, que eran amigos de los Gandhi. Los Bhutto también
golpeados por la desgracia, quizá porque la proximidad al poder
tiene algo de abrasador; acaba el poder por quebrarte como
persona, o por hacerte vivir un peligro que puede acabar por
destrozarte completamente.
Sonia Gandhi para mí tenía una ventaja añadida; es que era una
italiana, es decir, era una mujer occidental que se casó con el
hijo de Indira Gandhi, con Rayid Gandhi. Entonces me permitía
contar todos estos años de la India desde el punto de vista
nuestro, desde el punto de vista occidental y eso es muy
importante, porque nos permite entender mucho mejor el país y
el mundo en que se desenvuelve, en este caso, esta familia.
Porque no es nada fácil entender la alta política india: ¡menudo
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follón de país!. Lo que he intentado hacer, entonces, en El sari


rojo, es tejer, valga la comparación, un sari con tres hi
El hilo primero es la historia de esta mujer europea, que se casa
por amor y se va a vivir a la India y contrariamente al personaje
de mi anterior libro -Anita Delgado, la princesa de Kapurtala, que
después de pasar 25 años en la India cuando volvió a Europa
volvió como española-, esta mujer, Sonia Gandhi, después de
estar treinta y pico años en la India se ha hecho una mujer india,
se ha metarfoseado en una mujer de allí, realmente, aunque no
pierde por eso sus raíces italianas. Eso era ya una diferencia
muy notable y muy interesante de investigar: cómo es posible
que alguien cambie tanto y adopte esa cultura, esa historia de
amor entre el país y ella; cómo se produjo, cómo se fue
desarrollando, cómo se hizo, hasta dónde la llevó, y claro,
cuando fui descubriendo a dónde la había llevado es cuando ya
mi interés por la historia creció a un más. Esta mujer Sonia
Gandhi se casa en 1968 enamoradísima de su marido Rayiv
Gandhi. Se han conocido en la universidad de Cambridge, en
1965. Ella sólo tenía una idea en vida, hacerse azafata de
Alitalia. Pero para hacerse azafata de Alitalia necesitaba
aprender inglés y, entonces, los padres le mandan a un colegio
de idiomas en Cambridge.
Allí conoció a un chico indio muy simpático, muy afable, que
también por primera vez en su vida disfrutaba del placer de vivir
de manera anónima; se llama Rayid Gancho, pero cuando la
gente le pregunta si tenía parentesco con Gandhi, el decía “no,
no tiene nada que ver; mi apellido es pura casualidad”, lo que es
verdad, pero se abstenía de decir que él era el nieto de Nehru.
Nehru, primer ministro de la India independiente, padre fundador
de la India independiente; y no lo decía. Siempre Rasyid ha sido
muy modesto, muy afable, muy técnico, nada orientado hacia la
política. Siempre ha huido de esa vida, de esa vida donde el
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había crecido. Sonia dijo al principio, “nuestras familias no


podían ser más diferentes”. Él se había criado entre oropeles, en
el palacio de su abuelo, en Delhi y hacía los deberes al volver
del colegio en una mesa, en un salón, y en el salón de al lado a
lo mejor estaba su madre departiendo con Miterrand o con
Jackie Kennedy, que venían a visitarles. Ese tipo de ambiente es
el que había vivido Rasyid Gandhi, y él para su vida lo único que
quería era hacerse piloto de aviación, porque era su gran pasión
casarse y tener la vida más normalita que uno pueda tener. En el
fondo aspiraba a ser de la clase media y lo que encontró en
Sonia fue una mujer que también le gustaba eso; el anonimato y
el comfort de la clase media era lo que en el fondo a los dos les
unió y que los dos deseaban ardientemente.
Y ella era hija de un pastor de vacas de un pueblecito en los
montes prealpes del Veneto en Italia. La biografía oficial suya en
la India dice que era hija de un empresario turinés, pero eso
suena a gran burgués turinés, y es verdad que el padre luego
acabó prosperando y montando una pequeña empresa de
construcción en un pueblo que se llama Orbassano, a las fueras
de Turín, pero eran los más pobres de la rama de los Maino o la
familia Maino de origen alemán instalada en este poblado. Y la
casa donde ella nació es una casa de pastor, auténtica casa de
pastor, la última de la calle, con una vista impresionante al valle.
Ella nació un 9 de diciembre de 1946, es decir, en plena
postguerra; y en plena postguerra Italia era un país pobre, muy
pobre. Una pobreza como la que nosotros conocimos aquí en
aquellos años, no muy distinta de eso. Pero eso a ella la marcó;
los diez primeros años de su vida vivió en aquel pueblecito
perdido en la montaña y el padre para salir un poco de las
estrecheces tan grandes con las que vivía se hizo albañil. Iba a
Suecia a trabajar un par de meses, volvía con dinero y luego se
volvia a marchar a Suiza hasta que, cuando Sonia tenía 10 años,
decidió emigrar a Orbassano, en la periferia de Turín, el polo
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industrial que crecía al calor de la FIAT; y allí se convirtió -era un


hombre muy trabajador- en un pequeño y próspero empresario y
hacía casas. Empezó haciendo reformas, y luego, chalets, casas
y, por fin, el sueño de su vida era hacerse una propia casa con
tres pisos, que luego pensaba distribuir a cada una de sus hijas.
Le falló el plan al pobre señor Stefano Maino porque una de sus
hijas llegó de Cambridge diciendo que estaba enamoradísima de
un indio y al pobre señor Maino casi se le cae el alma al suelo en
ese momento y le da un patatús. “¿Cómo que te has enamorado
de un indio? Pero, bueno, un indio era lo peor que le podían
decir a este hombre porque era como un terrone. Terrone es
como llaman en Italia despectivamente a los emigrantes del Sur,
a los sicilianos y los calabreses que van a buscar trabajo al
norte; este era como un terrone, pero con el agravante de que ni
siquiera era católico. Entonces era cruz y raya, no le hicieron ni
caso. “Esta niña se ha vuelto medio loca. Esto te pasa por
mandarla a estudiar al extranjero”. Como ella insistía tanto le dijo
“yo no te permito ni que vayas a la India ni a conocerle hasta que
no tengas la mayoría de edad. Olvídate de esta historia; y ella
esperó; y 15 días después de cumplir la mayoría de edad se
compró un billete a Nueva Delhi y se fue a Nueva Delhi y nunca
más volvió”.
El padre no fue a la boda, la madre sí vino, y la madre se la
encontró, la madre la vio vestida de rojo, con un sari rojo, con las
manos llenas de henna, y casi le da algo. “Menos mal que tu
padre no te ha visto así, porque se hubiera llevado el disgusto de
su vida y, bueno, cuando ella se va al aeropuerto a despedir a su
madre después de la boda, allí es cuando se da cuenta de
verdad del paso que ha dado, porque ya no hay retorno y se ha
ido a la India y la India de 1968 no era la de hoy en día. Había un
solo hotel, más o menos aceptable; no se podía comprar queso,
por ejemplo, ni aceite; faltaban bienes de consumo normal; pero
ella, por fin, había conseguido lo que más anhelaba que era
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casarse con su novio Rajiv. El día de la boda Indira, su suegra,


le viene con un paquete envuelto en celofán y le dice “Sonia, me
gustaría que hoy llevases este sari; es el sari que yo llevé el día
de mi boda”. Y le entrega un sari rojo -el rojo es el color de las
novias en la India, como aquí es el blanco-; entonces Indira le
contó la historia. Cuando Indira le anunció a su padre Nehru que
iba a casarse con un tal Firoz Gandhi, que no tenía nada que ver
con el Mahatma Gandhi, le dijo “bueno, el único regalo que te
puede hacer desde la cárcel -porque estaba encarcelado en una
de las numerosas estancias que pasó en la cárcel- el único
regalo que te puedo hacer desde la cárcel es hilarte un sari para
tu boda”. Hilar se había convertido en un símbolo de resistencia
a la colonización inglesa. El Mahatma Gandhi había convertido la
rueca en el símbolo de autarquía; la rueca e hilar en rueca se
había convertido en una manera de decir “nosotros podemos
fabricar nuestros tejidos sin necesidad de que los ingleses nos
obliguen a comprar sus propias telas”, y la rueca hoy en día en
un símbolo que está en la bandera nacional india.
Entonces, Nehru le hiló aquel sari, que llevó Indira el día de su
boda y que luego llevó Sonia el día de su boda, sin imaginar por
un momento que al hacerlo entraba a formar parte ella también
de la historia de la India moderna y veinte y pico años más tarde,
su hija Priyanka. La hija de Sonia también llevó ese sari.
Entonces, ese sari rojo, es el símbolo de esta familia dinástica
que lleva en el poder tantísimos años. Pro para entender el
personaje de Sonia Gandhi, yo no he querido hacer una
biografía; lo que me interesaba hacer era la historia de la saga
familiar y, al mismo tiempo, como decía al principio, del país, a
través de sus ojos. Pero para entender a ella había que
remontase a su familia política, a Nehru, al patriarca de los
Nehru, que se llama Motilal Nehru. Era una personaje fabuloso,
era un abogado cultísimo, brillante; de los pocos indios que era
recibido a pie de igualdad por los altos funcionarios del imperio
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británico. Decían que era tan rico, decía la leyenda que mandaba
la ropa a la tintorería a Londres y se había construido un
palacete maravilloso en la ciudad de Allahabad y en ese
palecete nació el Pandit Nehru y, luego, nació allí Indira.
Y Motilal Nehru estaba loco por su hijo, porque había perdido
cuatro hijos anteriores, de niños y el que le quedó, el que
sobrevivió, el que luego se dio a conocer como Nehru, aparte de
todo era un niño muy brillante, con un gran valor académico.
Motilal Nehru lo que hizo fue mandarlo a estudiar a Inglaterra
cuando cumplió los 13 años. Con todo el dolor de su corazón,
escribió una carta desgarradora diciendo “lo que más siento en
este mundo es desprenderme de ti, pero lo hago porque quiero
hacer de ti el mejor hombre posible”. Y lo consiguió. Porque la
verdad es que podía no haberlo hecho. Tenía tantísimo dinero
Motilal Nehru que podía haberle puesto un negocio a su hijo y
haberse olvidado del problema y su hijo no hubiera tenido ningún
problema para sobrevivir, pero realmente lo mandó a Oxford, y
años después volvió Nehru con un expediente académico
brillantísimo. En efecto, era un hombre hecho para estudiar y
había terminado dos carreras con un éxito muy admirable.
Y ahí volvió y empezó a trabajar en el despacho de abogados de
su padre. Pero un día conoce a otro abogado y este otro
abogado acaba de llegar de Sudáfrica, lleva unas gafas
metálicas, así redondas, y, lo más curioso de todo, va vestido
como un indio pobre, va vestido con una especie de túnica y
unos pantalones de algodón, el dothi, y camina como un ave
zancuda, con unas especie de bastón -¡qué tipo tan raro!- y se
hacen amigos. ¿Por qué? Porque los dos comparten el mismo
sueño; los dos quieren hacer de la India un país independiente, y
la visión que no tiene Nehru se la va a dar Gandhi. Gandhi le
manda a ver el campo, a conocer a los pobres de la India, lo
manda literalmente, y lo lleva; se va con él y “mira, así viven” y
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es ahí, en esos años, cuando Nehru se da cuenta de la amplitud


del problema de la miseria en la India, de la pobreza; esa masa
enorme que dice de pobres de la India, sufriendo desde hace
siglos y siglos servidumbre, ataduras, explotación; esa es la
masa de la cual hay que liberar ahora del yugo de los ingleses. Y
empieza la lucha por la independencia, pero la llegada de
Gandhi a la familia Nehru les trastoca a todos; transforma al viejo
Motilal Nehru, que pasa de vestir trajes de franela a vestir como
Gandhi, también un dothi y pantalones; y toda la casa se
transforma y se convierte en el cuartel general de la lucha por la
independencia; y es el lugar donde se funda un día un partido
que va a aglutinar esa lucha, que se llama el Partido del
Congreso, que hoy en día es la organización política
democrática más grande del mundo.
Y ahí es donde empieza la lucha. Luego Nehru acabará siendo
el primer ministro de la India independiente y un día llamará a su
hija Indira para que venga a ayudarle, a hacer de primera dama,
cuando el pierda su mujer. Indira va ahí a vivir con los niños que
son Rajiv y Sanjay y viven ahí la infancia, mientras que Nehru es
primer ministro. Y pasa una cosa muy curiosa en esta familia
que, luego, se va a repetir con Sonia cuando existe una
costumbre en la India de todos los gobernantes una costumbre
heredera de los mongoles de hacer un un darshan por la
mañana. El darshan es cuando el gobernante recibe una
delegación del pueblo, pero del pueblo llano; cualquiera es
aceptado, ya sean campesinos, maestros de escuela, doctores;
cualquiera puede venir a tener un contacto con ese gobernante.
Y todas las mañanas Nehru, a las ocho de la mañana, tenía su
darshan con el pueblo. Cuando muere Nehru, ¿qué pasa?, que
los pobres que tenían la costumbre de ir a verle a su casa, no
van a casa del primer ministro que sucede a Nehru; esos pobres
se presentan en casa de Indira.
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Entonces Indira, cuando muere Nehru, sólo tiene una idea en la


cabeza: ser secretaria, encontrar un trabajo de secretaria e irse a
vivir a Londres. Ella no quiere el poder, ni siquiera lo ha
pensado, y Nehru se hubiera opuesto si lo hubiera pensado, y de
lo que se da cuenta Indira es que ella ha heredado el carisma de
su padre y algo más que el carisma de su padre; ella ha
heredado el poder de su padre, porque esos pobres la reclaman.
Cuando sale a la calle, se encuentra que está seguida por gente,
cuando se presenta en un acto del partido, la aclaman a ella, y la
gente ningunea a los políticos oficiales. Entonces, el partido se
da inmediatamente cuenta de que necesita la hija de Nehru y,
entonces, ya el poder va a por ella, la necesita, la quiere, la va a,
de alguna manera captar, y así empieza la carrera política de
Indira Gandhi.
Años más tarde, un poco de lo mismo va a suceder con Sonia
Gandhi. El peso del apellido es muy grande; uno no se llama
Gandhi impunemente en la India, y es curioso, porque en las
dinastías modernas ya sea con los Gandhi en la India, o con los
Kennedy en Estados Unidos, es también lo mismo. La dinastía
no es una palabra adecuada en el sentido en que es una
dinastía, la dinastía servían para mantener el control social; pero
hoy en día, las dinastías, el puesto se lo tienen que ganar. Si
John Fitzgerald Kennedy no hubiera sido presidente de los
Estados Unidos; si no hubiera ganado las elecciones Indiria
Gandhi no hubiera sido Presidenta de la India durante 18 años.
Y a Sonia le pasó lo mismo; no hubiera llegado a donde ha
llegado, de no haber arrasado en las elecciones. Su caso es
especialmente interesante y atractivo porque es extranjera.
Imagínense ustedes que en España gana las elecciones una
mujer, pero encima India o nacida en la India, sería impensable
que pudiera asumir el puesto de primer ministro porque la
Constitución no lo contempla, pero en la India, sí, y de ahí el
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escándalo cuando ella ganó. Pero, en fin, para haceros la


historia corta sólo diré que otro de los personajes, el personaje
casi principal aparte de Sonia de El sari rojo es Indira Gandhi.
Indira es un personaje que es materia misma de literatura porque
es tan contradictoria, tan fenomenal. De niña, una niña
acomplejada, una niña tuberculosa, que vivió una infancia en
soledad, porque los padres estaban constantemente en la cárcel.
Ella pasó muchos años muy sola y le confiaba a Mahatma
Gandhi sus angustias de chiquilla. Tuvo una infancia horrorosa y
lo que le salvó a Indiara Gahndi fue la aparición de los
antibióticos. Con su madre no llegaron a tiempo, pero con Indira,
sí. E Indira, de repente, cuando se ve proyectada en la vida
política, cambia; se convierte en una estadista formidable; llegó a
ser considerada en Estados Unidos la mujer más admirada del
mundo. Y consigue ganar la guerra de Bangladesh.
Todo eso está contado en el libro con gran detenimiento, pero es
realmente un prodigio de inteligencia lo que consigue hacer esta
mujer, a quien Nixon trataba de “vieja zorra”; la odiaba porque
era representante de un país socialista, no alineado, y no
conseguía que ella se hiciese del campo de los de Estados
Unidos. Entonces, era una mujer capaz de hacer un discurso
delante de un millón de personas y nada más terminar el
discurso llamar a casa para ver si el niño se había terminado el
plato de macarrones. Tenía esa capacidad de ocuparse de las
cosas enormes y de las cosas pequeñas con la misma
intensidad. Era capaz de anunciar al país entero en el
Parlamento la victoria contra Pakistán, de volver a casa de
sentarse con su secretaria Usha. “A ver, Usha, las cosas
importantes”, ... “El día 9 es el cumpleaños de Sonia”... “dame
una lista de regalos que le puedan gustar”... “el día 25 es
Navidad, ¿dónde cenamos? ... un menú, ... vamos a ver qué
menú hacemos”... Estaba en todo
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Sonia e Indira desarrollan una relación de afecto muy grande.


Sonia es la hija que no ha tenido y le gusta esta mujer porque no
es ambiciosa, porque es llana, es directa, es franca, es ama de
casa. Al principio Sonia intenta integrarse en esa familia y, claro,
le cuesta, porque no le gusta el picante de las comidas, no le
gusta llevar el sari porque le da la impresión de que se va a caer
de golpe y se va a quedar desnuda delante todo el mundo; no le
gusta el calorazo, que es tremendo antes de los monzones.
Pero, bueno, vive, de todas maneras, como una privilegiada, en
el sentido de que está viviendo en la primera familia de la India, y
bueno, pues aporta su grano de arena como puede. Una de las
maneras es que sabe muy bien cocinar. Ha aprendido a cocinar
gracias a su madre, y entonces, introduce la cocina italiana en la
casa y les encanta a todos, claro. Entonces van las bromas de
que ella italianiza a la familia en lugar de que ellos la están
indianizando a ella. Pero es una familia felizmente muy
cosmopolita, donde entran todas estas bromas y todos estos
juegos, eso sí, siempre de puertas a dentro, porque como lo
sepa la oposición se monta enseguida el escándalo. Poco a
poco Sonia se convierte en la ayudante de Indira. Es ella quien
la elige los saris cuando tiene que ir de viaje; Indiri se la lleva
muchas veces de viaje, y confía mucho en esta mujer y llega a
decir que cuando sale de viaje está muy tranquila, porque
mientras que Sonia está en casa, sabe que no va a ver ningún
problema.
Y, bueno, Sonia vive dentro de esta familia de la manera más
independiente posible. Su marido es piloto de aviación y viven 16
años se puede decir de gran felicidad. Ella se ocupa de sus
niños, se ocupa de que la casa vaya bien; de vez en cuando
llama a Indira diciendo “oye que viene Miterrand y 30 franceses a
cenar; a ver si puedes organizar algo” y, bueno, de repente, tiene
que..., porque era todo como muy improvisado siempre y
parecería chapucero hoy en día. Pero, bueno, era así como se
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vivía en casa de Indira Gandhi en aquel entonces, y, claro, el


pacto que hace con Rajiv es que nunca te metes en política,
nunca te meterás en política, y Rajiv tampoco se quiere meter en
política. Pero, claro, la política invade, se mete por debajo de la
puerta. Cuando ella quiere dar a luz, se quiere ir a Italia a dar a
luz, no quiere a dar a luz sola en un país como la India, pero no
puede, porque, claro, Indira dice “si te vas, qué va a decir la
prensa, qué va a decir la oposición; porque estamos aquí en un
país que es una gran democracia también, donde hay prensa
libre y prensa que se mueve; qué van a decir si te vas, que aquí
no hay sanidad, que aquí no hay un médico capaz de dar a luz a
la nuera de Indira Gandhi”. Ella se tiene que quedar y la política,
poco a poco, va haciéndose pervasiva y lo que es increíible es
que una mujer fuerte, como Indira Gandhi, que tiene un talón de
Aquiles enorme que es su otro hijo Sanjay. Y Sanjay es lo
contrario del marido de Sonia, Sanjay la manipula, Sanjay es
ambicioso, Sanjay quiere acumular poder, tiene prisa por
cambiar la India, tiene prisa porque la India se haga un país
moderno y, poco a poco, va realmente arrastrando a su madre
primero y, realmente, a toda la familia hacia el abismo.
No os voy a contar aquí toda el libro, pero toda esa parte es la
historia de una familia, que puede ser como la suya o como la
nuestra. Todas las familias se parecen, en todas las familias hay
cuñadas que se miran con recelo, hay suegros que no les gusta
mucho el yerno y viceversa. Hay todo esto, sólo que en la familia
de los Gandhi todo esto ocurría a la luz pública, pero había algo
fascinante en el caso de los Gandhi, es que de lo que hablaban
en la mesa a veces eran temas que involucraban la suerte de
millones de personas, es que de repente como me contaba la
secretaria de Indira, estaban desayunando a lo mejor Sonia,
Indira y Rajiv, e Indira preocupadísima porque las lluvias
monzónicas se habían retrasado una semana; y sabían por el
departamento de estadísticas que si las lluvias monzónicas se
13

retrasaban más de un mes eso equivalía a más de un millón de


muertes en los campos; y cuando tienes esas decisiones, esos
problemas en la mesa, ya te cambia el chip, como se dice.
Y se trata de gente normal, como ustedes y como yo, pero
enfrentados a problemas de dificilísima solución y, poco a poco,
Sonia se va dando cuenta de que donde está viviendo esto no es
un país normal, no es un país como Italia, con todas sus
diferencias, o como España, que estamos aquí siempre
protestando porque este país es ingobernable “porque, mira, las
comunidad autónomas...”, pero aquí, más o menos, todos somos
blancos y todos somos más o menos católicos. Pero imagínense
lo que es la India, 1.200 millones de personas, más de 500
dialectos, 17 idiomas oficiales, veneran a 330 millones de
divinidades, no sé cuantas religiones hay ya, es que ya es
incontable; un indio del Cachimira no se parece a un indio del
Sur, no tienen el mismo color de piel, no comen lo mismo, no
visten igual, no veneran los mismos dioses, no hablan por
supuesto el mismo idioma; es una especie de olla a presión
donde bullen las aspiraciones de una sexta parte de la
humanidad. Y esto es lo que Indira Gandhi tenía en sus espaldas
y, claro, Sonia veía todo esto desde lejos. ¿Quién hubiera podido
pensar entonces que todo este peso acabaría recayendo en los
hombros de esta italiana? Ese era el misterio que encerraba
para mí esta historia. Porque, como dijo ya no sé qué gran
escritor, toda la novela encierra en su interior un misterio, y el
misterio para mí era este, cómo era posible que Sonia Gandhi,
que toda su vida ha odiado la política, que ha intentado por todos
los medios que su marido no entrase en política, que ha
intentado disuadir a sus hijos de que entren en política, un día se
lanza al ruedo y, ella misma, se lanza en política, y no sólo eso,
sino que acaba arrasando en unas elecciones con el retruécano
de la historia de que ella es italiana y acaba así convirtiéndose
en la mujer más poderosa de la India y según una revista una de
14

las tres mujeres más influyentes del mundo. No me digan que no


extraordinario.
Claro, yo, cuando me enteré de todo esto y cuando fui
empezando a investigar y descubrí lo que había representado,
digamos, ese camino de Sonia Gandhi, esa evolución de esta
mujer, claro para mí era fascinante. Cómo es posible, dónde
están las claves de esta transformación. Cómo es posible que
una mujer tan apolítica, tan tímida, que nunca quiso dar una
entrevista -nunca dio una entrevista, claro, por supuesto, a mí
tampoco-, acabase donde ha acabado. Claro, el problema era
cómo conseguir entender la evolución del personaje principal,
porque al entenderlo se podía entender también la evolución de
la India de los últimos años, y es verdad, ambas historias están
entretejidas y forman ese tejido, el sari rojo, valga la
comparación.
Yo tuve una dificultad enorme al principio de hacer este libro,
porque, claro, yo fui a intentar a hablar con ella, ingenuo de mi;
allí no me hacía caso nadie porque ella no quiere que se escriba
sobre ella; ella está en una posición ahora muy, muy delicada;
ella por el simple hecho de ser italiana, y por el simple hecho de
ser la mujer con más poder en un país de 1.200 millones de
personas, que se dice pronto, tiene muchísimos enemigos. Y,
luego, tiene una historia trágica; han matado a Mahatma Gandhi,
¿quién fue? Un fundamentalista hindú. Mataron a Rajiv Gandhi
¿quién fue? Los terroristas tamiles, mataron a Indira Gandhi, que
murió en sus brazos. La mataron fundamentalistas sijs. ¿En
cuantas listas de terroristas locos estará Sonia Gandhi que
representa a esta familia? Claro, lo sabe ella, lo sabe el
gobierno, y su equipo de seguridad está compuesto de 300
personas, que tiene una logista muy complicada cada vez que
ella hace un movimiento. Ella vive así, completamente encerrada
en una especie de torre de marfil, sin ninguna libertad,
15

trabajando para la “causa” digamos, de su familia, desde por la


mañana hasta por la noche, pero no participando en absoluto en
lo que es la farándula de Nueva Delhi. Es lo admirable de esta
persona, que ha cambiado mucho en el sentido en que se ha
hecho india, pero en otro sentido no ha cambiado nada, sigue
siendo aquella montañesa hija de familia pobre, con unos
principios, en este caso religiosos muy, muy fuertemente
implantados. Y no se olvida nunca de quien ha sido, y no se
olvida de la pobreza que conoció de niña. Ella es la que en los
últimos cuatro años ha luchado hasta con su propio gabinete,
con el ministro de finanzas, para que se pongan en práctica los
programas de ayuda a los pobres, que ella misma prometió
durante la campaña electoral. Ella no es una persona que va a a
prometer algo y luego no cumplirlo, cueste lo que cueste. Ella ha
demostrado ser de una pieza, una mujer ante todo íntegra, todo
esto yo lo he ido descubriendo al hilo de la investigación, porque
al principio yo no tenía una idea muy predeterminada de ella. Yo
pensaba lo que pensaba la prensa, “¡pobre chica, se casó, qué
drama, qué horror!”
Ahí está, bueno, pero no, no; es mucho más que eso Sonia
Gandhi, y al entenderla lo que ha salido a la luz es una política
ejemplar. Yo no conozco muchos políticos que hayan
abandonado el poder después de haber arrasado en las
elecciones como hizo ella. Lo que pasa es que en su caso se le
volvió un poco en contra, porque al abandonar el poder y al
designar un primer ministro, se hizo todavía más poderosa,
como una reina en la sombra. Ella reina realmente en la India. El
primer ministro Manmohan Singh es quien gobierna, pero no se
hace nada importante en ese país enorme sin que ella lo sepa y
es admirable, esta chica, esta azafata -de Alitalia quería ser-,
que ha visto todos sus sueños truncados, es una historia con
ingredientes de tragedia griega, que tiene ingredientes mismos
del más puro drama; ingredientes profundamente literarios,
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porque son personajes que no han podido elegir su destino. El


destino les ha elegido a ellos.
Hay una foto en que se ve Benazir Bhutto y Rajiv. Eran muy
amigos, claro, son dos familias paralelas, y la muerte de Benazir
Bhutto es muy paralela a la muerte que tuvo Rajiv. Ambos
habían perdido el poder y ambos intentaban recuperarlo, ambos
estaban enfrentados al conflicto de, o hacer caso a sus guardas
de seguridad y abrazar, ir a restregarse con el pueblo, que es
como se ganan las elecciones, o hacer caso y alejarse del
pueblo. Y los dos no hicieron demasiado caso a sus guardas de
seguridad y prefirieron no hacerse llevar por lo que ellos sentían
que era ese abrazo, ese dar manos, ese hacerse al pueblo, y
eso lo pagaron caro los dos; lo pagaron con sus propia vida.
Paralelismos muy, muy curiosos. Y esto la gente dice, bueno,
que es una novela. Bueno, yo matizaría; esto es lo que se llama
una novela de no ficción, como lo dicen en Estados Unidos, no
ficción dramatizada. Esto es toda una historia verídica, y aquí no
hay personajes inventadas, no hay situaciones inventadas,
porque bastantes es esta familia como para, encima, tener que
inventar algo. Es que ya es más increíble que cualquier ficción
todo lo que les ha pasado, pero para explicar el tipo de libro que
es, yo les pongo un ejemplo. Yo entrevisté a un altísimo miembro
del gobierno que había sido testigo de una escena privada entre
Sonia Gandhi y su marido.
Esto ocurrió en el hospital, cuando los médicos estaban
remendando el cadáver de Indira Gandhi. Indira, como dije
antes, había muerto en brazos de Sonia. Sonia estaba sola; de
repente llega Rajiv, que venia de viaje y se abraza a él, y él le
dice “todo el país me pide que asume el cargo de Primer Ministro
antes de que caiga la noche”, el poder no soporta el vacío. En
aquel entonces no se sabía si había sido un atentado puntual o
si era parte de un golpe de estado. Y, entonces, Rajiv le dice a
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ella que le van a nombrar primer ministro y ella le recuerda que


ese no era el pacto que habían tenido cuando se casaron, que él
no entraría en política y si lo hacían nunca lo haría aceptando un
puesto en el gobierno; y, bueno, le saca todos los argumentos
que puede. Y en un momento dado ella se enfada y le dice, pues
me divorcio, me llevo a los niños a Italia y aquí se acaba de todo.
Y él sigue insistiendo; le dice “pero es que no puedo hacer otra
cosa aunque yo quisiera”; y ella le dice “pero te mataran, Rajiv, si
aceptas; no aceptes, no hagas caso a estos tiburones que están
utilizando el nombre de la familia desde hace tantos años para
su propio provecho político personal; no lo hagas porque te
mataran”; y el contesta “lo sé, sé que me matarán, pero no
puedo no hacerlo, el país entero me lo está pidiendo y en ese
momento entra un edecán y le dice “Rajiv Gandhi, la toma de
posesión está fijada para las seis de la tarde, tenemos que salir
ya”; y se va con él. Y Sonia se queda allí, porque ella sabe ya,
que la felicidad personal que ha vivido se acaba, que todo ese
mundo se acaba.
Y, bueno, esta escena me la cuenta este hombre que fue uno de
los testigos de la escena y, claro, yo ¿qué hago? Yo la
reconstruyo. Yo sabía cómo estaba vestida ella, sabía como
estaba vestido él, sabía más o menos el humor en el que se
encontraba, conozco el hospital porque fui a visitarlo para poder
describirlo, pero, luego, lo que hago es que pongo frases en su
boca. Yo no sé si las frases que pongo son exactamente igual
que las que si dejaron en ese momento, pero, desde luego, lo
que sí sé es que de eso hablaron, porque tengo la
documentación que me lo avala. En este sentido es una novela
porque me tengo que inventar ese diálogo, pero siempre basado
en una documentación que tanto me costo conseguir.
Porque, ahora, para terminar, lo peor en este libro ha sido
intentar conseguir esa documentación e intentar luchar contra
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Sonia y su fortaleza para conseguir todo el material. Y yo quería


el retrato humano, yo quería el detalle, yo quería lo pequeño, yo
quería no lo histórico, porque eso se encuentra, yo quería el
drama humano. Y me acuerdo que su hija que conocí, no me
devolvió una llamada, la madre por supuesto ni caso y, luego,
por fin, conseguí dar con un amigo de la familia que era primo de
los Nehru y ya pensé que me iba a dar una entrevista, que iba a
hablar conmigo y me dijo yo no te voy a contar nada de Sonia y,
claro, ni yo ni ninguno de sus amigos, nadie se quiere poner a
mal con la mujer más poderosa del país, lo cual se entiende.
Pero “¿qué gana ella con que tú escribas un libro sobre Sonia
Gandhi?” y yo le dije ingenuamente, “pues, no sé, que se le
conozca, notoriedad fuera, en el extranjero, porque se conoce
poco qué ha hecho, quién es...” Yo le daría el control, pues le
dejaría ver si le gusta si no le gusta. Mejor que lo haga yo que
conozco la India que lo haga otro. Yo no sabía qué decirle, pero,
en el fondo, él me cortó la hierba bajo los pies. “Pero es que tú
parece que te olvidas de una cosa; es que ella está allí no
porque lo ha buscado, sino a pesar de ella; entonces, no tiene
ningún interés en que se hable de ella y que se da a conocer su
vida; además, por su posición tan, tan delicada, en la cúspide del
país, tiene muchos enemigos y no quieren que recuerden sus
raíces cristianas, quiénes fueron las monjas que le educaron y
todo eso; entonces, mejor que no lo hagas”.
Claro, yo entendí por qué no existía ningún libro sobre ella por
qué ningún periodista o escritor italiano ha hecho el trabajo que
yo he hecho; porque es que se te quitan las ganas, o te las
quitan, o te las intentan quitar. Pero, ya me había pasado lo
mismo con Pasión India. Los maharajás tampoco me habían
ayudado nada en encontrar documentación sobre Anita Delgado
que, finalmente, encontré en la British Library de Londres. Yo
conozco la India y sé que es un gran país democrático, que al
final todo el mundo acaba por hablar, que hay que tener un poco
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de paciencia, y tenacidad. Entonces, me instalé, alquilé un piso


en Nueva Delhi, me instalé allí, y, al principio, fue horroroso
porque pasaban los días enteros esperando que llamase alguien
por teléfono, yo intentaba buscar la fisura, intenta buscar esa
persona que empezaría hablar y a indicarme otros que hablarían
para poder tirar del ovillo y tener ese material para reconstruir
esa historia.
Ese fue mi encuentro con Sonia Gandhi. Le dije que traduciría el
libro y se lo mandaría. El libro acaba de salir aquí hace 10 días;
yo espero que en el futuro cuando esté traducido lo lea y le
guste. Desde luego, ella sale bien parada, pero no sale bien
parada por amistad personal, porque no la hay, ni por nada que
ella haya hecho para salir bien parada; sale bien parada porque
yo creo que se lo merece, después de haber estudiado su
trayectoria, entendido el sentido de su sacrificio y entendido a lo
que ha llegado y, sobre todo, lo que ha hecho por la India, por
una sexta parte de la humanidad, que ha sido parar la deriva
nacionalista y fundamentalista religiosa que estaba llevando al
país hacia el abismo y restituir los valores de la familia, que son
los valores de Nehru; que básicamente son, estado de derecho,
todos iguales ante la ley, no vale refugiarse detrás de tu etnia o
detrás de tu religión, para hacer lo que te salga en gana; y
laicismo, aconfesionalidad; aquí todas las religiones son iguales
porque el partido opositor tiraba de la manta para su lado
cuestionando estos valores, que eran los valores de la
independencia y queriendo hacer de la India un país espejo de
Pakistán; “si Pakistán es una nación islámica, nosotros, en la
India tenemos que hacer una nación hindú, donde las demás
religiones estén supeditadas a la religión mayoritaria”. Entre
estas dos tendencias, la tendencia que en los 90 ganaba peso
era esta última, y era Sonia y su incursión en política lo que
consiguió darle la vuelta a la tortilla. Y eso es importantísimo. El
calibre y la dimensión de lo que hizo, todavía, claro, la historia
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estaba por escribirse. Pues por eso me enamoré de este tema,


porque es lo que cuento en El sari rojo, todo lo que ha supuesto
el trayecto absolutamente admirable, dramático y terrible de esta
mujer, esto es El sari rojo

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