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V Jornadas Estudio Historia Lanzarote-Fuerteventura (1991)

Este artículo analiza la esclavitud en la isla de Fuerteventura durante los siglos XVI y XVII utilizando documentos notariales. Explica que la esclavitud era común en Canarias desde antes de la conquista y que aumentó con la llegada de azúcar. Sin embargo, la mayoría de estudios se han centrado en Gran Canaria y Tenerife, por lo que este trabajo aporta información sobre cómo funcionaba el sistema en Fuerteventura.

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V Jornadas Estudio Historia Lanzarote-Fuerteventura (1991)

Este artículo analiza la esclavitud en la isla de Fuerteventura durante los siglos XVI y XVII utilizando documentos notariales. Explica que la esclavitud era común en Canarias desde antes de la conquista y que aumentó con la llegada de azúcar. Sin embargo, la mayoría de estudios se han centrado en Gran Canaria y Tenerife, por lo que este trabajo aporta información sobre cómo funcionaba el sistema en Fuerteventura.

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V JORNADAS DE ESTUDIOS SOBRE

FUERTEVENTURA Y LANZAROTE

TOMO I
^ . n.i-it

V JORNADAS DE ESTUDIOS
SOBRE
FUERTEVENTURA Y
LANZAROTE
23-27 de septiembre de 1991
Puerto del Rosario

TOMO I
HISTORIA. HISTORIA DEL ARTE.
PREHISTORIA - ARQUEOLOGÍA.

"^ism^^

SERVICIO DE PUBLICACIONES DEL


EXCMO. CABILDO INSULAR DE FUERTEVENTURA
EXCMO. CABILDO INSULAR DE LANZAROTE
PUERTO DEL ROSARIO, 1993
® [)c la edición: Excmo. Cabildo Insular de Fuerteventura.
© De ios textos: Los autores.
Servicio de Publicaciones del Excmo. Cabildo Insular de Fuerteventura.
Excmo. Cabildo Insular de Lanzarote.
Coordinadora de la edición: doña Rosario Ccrdeña Ruiz.
Diseño cubierta: Lorenzo Mateo Castañeyra.
[..S.B.N.. X4-X7461-33-6 (Obra completa)-
I.S.B.N.: X4-87461-.11-X (Tomo I).
Depósito Legal: M. 10.776-1994.
Imprime: Mariar, S. A. - Tomás Bretón, ."il - 28()4.S M A D R I D .
Impreso en físpaña.
ÍNDICE

HISTORIA

MANUEL LOBO CABRERA. La esclavitud en Fuertcventura


en los siglos XVI y XVII 13

ELISA TORRES SANTANA. Las cartas dótales de Fuertcven-


tura: siglo XVII 41

PEDRO QUINTANA ANDRÉS. Coyuntura y economía en el pn-


mer cuarto del siglo XVIII en Fuertcventura y Lanzarote 59

MANUEL HERNÁNDEZ GONZÁLEZ. La expansión del


comercio norteamericano en Canarias: el monopolio de la barri-
lla en Lanzarote y Fuertcventura 93

CANDELARIA GONZÁLEZ RODRÍGUEZ. JAVIER SOSA


HENRIQUEZ. Elecciones municipales en Arrecife durante el
sexenio revolucionario 1868-1874 107

VICENTE .1. SUAREZ GRIMON. La Dehesa de Guriame y el


motín de 1829 en Fuertcventura 135

JOSÉ MANUEL CASTELLANO GIL. Lanzarote y Fuertcven-


tura ante la amenaza de una escuadra norteamericana 161

JAVIER SOSA HENRIQUEZ. CANDELARIA GONZÁLEZ


RODRÍGUEZ. Población inmigrada a Las Palmas desde Fuer-
tcventura y Lanzarote 1835-1853 179

JOSÉ ANTONIO SÁNCHEZ SUAREZ. JUAN MANUEL


SANTANA PÉREZ. Fuertcventura y Lanzarote en el pobla-
miento de Luisiana 193

7
GREGORIO J. CABRERA DENIZ. Fuerteventura y Lanzarotc
desde la perspectiva del emigrante canario en Cuba: de la res-
tauración a la II República 217

MIGUEL SUAREZ BOSA. SERGIO MILLARES CANTERO.


JOSÉ ALCARAZ ABELLAN. Política y Sociedad en Fuerte-
ventura y Lanzarote durante el primer tercio de siglo XX . 231

SILVIA CHINESTA OLIVA. Cambio de denominación de la


capital de Fuerteventura 259

A. SEBASTIAN HERNÁNDEZ GUTIÉRREZ. El ingeniero


Rafael Clavijo Socas y el muelle de Las Palmas (1789) 285

HISTORIA DEL ARTE

JUAN SEBASTIAN LÓPEZ GARCÍA. Núcleos antiguos de


Fuerteventura y Lanzarote: análisis histórico, territorial y artís-
tico 307

ANA QUESADA AGOSTA. La Iglesia de Ntra. Sra. de la Can-


delaria en La Oliva. Tres siglos de reformas 329

JUAN RAMÓN GOMEZ-PAMO GUERRA DEL RIO. Aspec-


tos artísticos de la Iglesia Parroquial de Ntra. Sra. de Guadalupe
de Teguise en el tránsito del XVI al XVII 353

JOSÉ CONCEPCIÓN RODRÍGUEZ. Vicisitudes de la capilla


de la Venerable Orden Tercera del convento franciscano de
Teguise 359

GERARDO FUENTES PÉREZ. La iconografía de San Barto-


lomé Apóstol en las islas de Fuerteventura y Lanzarote 365

NATALIA FERRANDO RODRÍGUEZ. JUAN MIGUEL


ORTEGA GONZÁLEZ. La inspiración de Jesús Arcncibia en
Fuerteventura 375

EDILIA ROSA PÉREZ PÉÑATE. El espacio de la muerte:


notas para un estudio de la arquitectura funeraria en Lanzarote
y Fuerteventura 391

8
PREHISTORIA - ARQUEOLOGÍA

JOSÉ BARRIOS GARCÍA. Sobre las líneas de transmisión tex-


tual del Le Canarien: Manuscritos, copias y ediciones 415

JOSÉ DE LEÓN HERNÁNDEZ. M.' ANTONIA PERERA


BETANCORT. Avance de la carta arqueológica de la isla de
Lanzarote 431

M.' ANTONIA PERERA BETANCORT. Jandía: elementos de


análisis para una interpretación arqueológica de la cultura de los
majos 463
HISTORIA
LA ESCLAVITUD EN FUERTEVENTURA
EN LOS SIGLOS XVI Y XVII
MANUEL LOBO CABRERA
La esclavitud es un sistema consustancial al archipiélago canario.
Desde los tieinpos anteriores a la conquista los moradores de Canarias
eran esclavizados a través de razias y desembarcos repentinos que se
hacian en las islas. La empresa militar, tanto señorial como realenga,
hizo aumentar el número de cautivos aborígenes que fueron vendidos en
los principales mercados mediterráneos y andaluces: Genova, Mallorca,
Valencia, Sevilla y Lisboa conocieron su presencia'. Concluida la con-
quista, y ante la existencia de órdenes y provisiones que amparaban a
los canarios -, se hizo necesaria la importación de mano de obra esclava
de la costa africana. Bien mediante cabalgadas y rescates en las costas
de Berbería y a través de compras a los mercaderes portugueses o lle-
vando a cabo expediciones a Cabo Verde y Guinea", llegaban al archi-
piélago esclavos berberiscos y negros, necesarios en todos los sectores eco-
nómicos, para el desarrollo de la nueva sociedad. Un hecho económico,
la implantación de la caña de azúcar y el comercio del producto de ella
obtenido, incidió en una mayor demanda de mano de obra esclava, para
utilizarla en los trabajos que requería el ingenio, por ello diversos autores
asocian esclavitud al sistema de plantaciones, y en realidad así fue, pero
esto no quiere decir que el esclavo estuviese ausente de otras labores.
Quizá por estas razones las islas que han centrado la atención de los
investigadores en relación al tema hayan sido Gran Canaria y Tenerife',
desconociéndose como funcionaba el sistema en otras islas. Nosotros mis-

1. A este respecto hay bastante bibliografía, pero vamos a citar aqui la más importante
y exhaustiva. Vid. CORTES ALONSO, A.: La esclavitud en Valencia durante el reinado
de los Reyes Católicos. Valencia, 1964; GIOFFRE, D.: // mercato degli schiavi á Genova
nel secólo XV. Genova, 1971; FRANCO SILVA, A.: La esclavitud en Sevilla y su tierra
a íines de la Edad Media, Sevilla, 1979; VERLINDEN, Ch.: L'Esclavage dans l'Europe
Mcdiévale. T. I. Peninsule Iberique. France. Bruge, 1955.
2. RUMEU DE ARMAS. A.: La política indigenista de Isabel la Católica. Valladolid.
1969.
.1. LOBO CABRERA, M.; La esclavitud en las Canarias orientales en el siglo XVI
(negros, moros v moriscos). Las Palmas, 1982.
4. LOBO CABRERA, M.: Op. cit.: MARRERO RODRÍGUEZ. M.: La esclavitud en
Tenerife a raíz de la conquista. La Laguna, 1966.

15
mos nos hemos ocupado del tema en diversas ocasiones, pero ahora el
objetivo es conocer la trata y sus consecuencias en la isla de Fuerteven-
tura en los siglos XVI y XVII, utilizando para ello los protocolos nota-
riales. Esta fuente tiene algunas deficiencias, pero a la vez da muchas
posibilidades. El obstáculo mayor para conocer en profundidad toda la
trama de la trata lo encontramos en dos aspectos: por un lado la des-
aparición casi completa de los protocolos notariales pertenecientes a los
escribanos que actuaron en la Isla en el siglo XVI, salvo dos registros
de fines del siglo. La ausencia de los mismos en esta centuria está aso-
ciada a la invasión del pirata berberisco Xaban Arráez en 1593, año en
que asóla Fuerteventura, se lleva cautivos a más de sesenta de sus mora-
dores y quema la villa, ardiendo con ella casi toda su documentación.
Para el siglo XVII contamos con más fortuna, al haberse conservado
unos veinte protocolos pertenecientes a catorce escribanos públicos. Sin
embargo tenemos que lamentar el penoso estado de conservación: están
totalmente apolillados, rotos y casi ilegibles. No obstante, a pesar de las
deficiencias, podemos estar más o menos en disposición de conocer como
evolucionó la esclavitud en el citado período, ya que el material extrac-
tado nos presenta por un lado el panorama cuantitativo para ponerlo en
relación con el origen y sistema de arribada de los esclavos a la Isla. Las
ventas, documentos más abundantes, nos sirven para conocer el comercio
interno y externo de estos seres humanos privados de libertad, así como
sus precios, vendedores y compradores, lo mismo que la edad, el sexo
y tachas de los cautivos; con ellas hemos elaborado unos cuadros que
se incluyen como apéndice, donde se observa el ritmo de las mismas, la
evolución del precio y el status profesional de sus propietarios.

Documentación también de cierta importancia para el caso que nos


ocupa son los testamentos, pues en ellos se retrata social y moralmente
a los dueños, a la vez que nos indica la posesión de esclavos, y las cláu-
sulas que dedican a ellos, bien para liberarlos como para condicionarlos
a continuar en cautiverio; del mismo modo las cartas de libertad nos per-
mite conocer los modelos y procedimientos seguidos. Otros tipos docu-
mentales que dan información sobre los cautivos son los poderes, true-
ques, donaciones y pleitos. Con ellos son con los cuales acometemos el
citado trabajo, para profundizar sobre esta institución en la isla majorera.
Sobre la esclavitud en ella apenas si se ha incidido, salvo un trabajo
periodístico, lleno de tópicos y lugares comunes, y un apartado dedicado
a su endogamia, que no es tal, en la obra de Martínez Encinas'. Este
autor sólo utiliza para su estudio las actas parroquiales y especialmente
las de matrimonio, con lo cual da una visión sesgada del problema, al

5. MAR'IINt.Z l-NCINAS, V.; /,.i esclavitud en Fuerteventura. I594-ISJ6. "La Pro-


vincia.., 25 de febrcni de 1979, página.s especiales, 1-2; /,j endogamia en Fuerteventura. Las
Palmas, 19X0, pp. 412 y ss.
no ser importante su número, incidiendo sobremanera en el problema
morisco, que si bien fue importante en el siglo XVI, a partir de su natu-
ralización por cédula real de 1618, pierde vigencia, por cuanto se mezclan
con el resto de la población majorera. De hecho dan cuenta las pocas
referencias halladas sobre los mismos en las actas del Cabildo. Además
el autor omite la importancia de los esclavos negros que son los mayo-
ritarios en Fuerteventura en el siglo XVII, importados del exterior, por-
que ya no hay ocasión de irlos a buscar siquiera a Berbería por la vía
del rescate. Con estos presupuestos vamos a acercarnos al tema de la
esclavitud en Fuerteventura.

1. ORICÍEN

Puede decirse que la primera población esclava de importancia en


Fuerteventura es la morisca, procedente de la vecina costa de África.
Desde los primeros años del siglo XV comienzan los contactos entre la
Isla y Berbería de Poniente, indicándose que la primera entrada en África
fue realizada por Juan de Bethencourt en 1405, quien cautivó un buen
número de esclavos moros".
Rumeu de Armas, por su parte, mantiene que las incursiones de los
señores de Canarias en la vecina costa africana las inicia Diego de
Herrera'. Muerto Herrera en 1485, sus descendientes continuarán la labor
emprendida por aquél en el continente africano". Desde Fuerteventura
los organizadores más sobresalientes fueron los señores Hernando Arias
Saavcdra, doña María de la O Muxica y su hijo Gonzalo de Saavedra;
estos bien juntos o en compañía de las autoridades grancanarias prepa-
raban expediciones de cabalgadas o rescate a Berbería para traer cautivos.
Las mismas sufren un parón en 1572, fecha en que Felipe II por razones
políticas y diplomáticas las prohibe, aunque algunas son autorizadas pos-
teriormente en 1579 ". Aún en 1593 don Gonzalo de Saavedra organiza
una nueva cabalgada con el objeto de castigar a los moros que habían
invadido la Isla, quemando su capital y cautivando a parte de sus habi-
tantes'", y a comienzos del siglo XVII se realiza la última, tal como se

6. ABREIJ Y CiALlNDO. \ r. .1.: Historhi de ln conquista de las siete Islas Canarias.


Santa Cruz de Tenerife, 1977, p. 69. Esta incursión en África de Bethencourt ha sido dis-
cutida y puesta en duda por BONNFT REVERON, B.: [Link] Canarias y la conquista franco-
normanda: I. Juan de Bethencourt. L,a Laguna, 1944. pp. 89-90.
7. RIIMÍ'.U DE ARMAS, A.; Piraterías y ataques navales contra las Islas Cañarías.
Madrid, 1947, t. E, pp. 219 y .M7.
X. RlIMEll nr. ARMAS, A.: l:spaña en el África Atlántica. Madrid, 1957, p. 147.
9. LOBO CABRERA. M.; Op. cil.. pp. 62-64.
10. RUMEU DE ARMAS, A.: Ispaiia.... Op. cil.. p. 559; VIERA Y [Link].K), .1.: Noii-
cuis de la Historia i;eneial de las Islas Canarias. Santa Cruz de Teiicrife, 1967-1971, t. 1.,
p. 818.

17
comprueba por un auto de prisión decretado por la Audiencia de Cana-
rias en 1611 contra el gobernador de Fuerteventura y otros seis vecinos
por haber ido a saltear a Berbería".
A través de estas expediciones Fuerteventura se nutría de esclavos
moriscos, que eran utilizados como mano de obra en el campo, para
plantar y cuidar las sementeras y para andar con el ganado, además de
ser empleados como adalides en las cabalgadas a África, por conocer la
tierra, las fuentes y los lugares donde podían cautivar nuevos seres huma-
nos. Algunos de estos berberiscos, especialmente los de cierto prestigio
en sus tribus, eran intercambiados luego en el rescate, por esclavos
negros, en una proporción de dos a uno, aunque, a veces, se conseguían
más. Con este sistema se van a obtener dos tipos de esclavos, moriscos
y negros, que van a convivir luego en el suelo majorero.
A fines del siglo XVI los moriscos de Fuerteventura, a pesar de ser
abundantes, han alcanzado la condición de libres, tal como relata el vica-
rio y capellán de la Isla Ginés Cabrera de Betancor en 1595; éste señala
en el preámbulo del padrón de moriscos, mandado a confeccionar por
el tribunal de la Inquisición, que de sesenta años a aquella parte se
habían ahorrado, esto es liberado, en aquellas islas — Lanzarote y Fuer-
teventura— 300 casas de ellos'-. De acuerdo con el citado padrón los
moriscos constituían el 15,3% de la población majorera.
Años más tarde, cuando se plantea el problema de la expulsión, de
la cual quedaron exceptuados los moriscos de Canarias, se informa por
parte de Pablo María de Armas Monroy, vecino y regidor perpetuo de
la Isla y maestre de campo de ella, que residían en Fuerteventura de 55
a 60 moriscos, a los cuales llamaban naturales, que habían nacido y se
habían criado en ella, de los cuales era su capitán Esteban Pérez".
De este modo, concluidas y prohibidas las cabalgadas, y naturalizados
los moriscos, la fuente de esclavos que durante tanto tiempo habla sido
Berbería, se agotó, y se ha de recurrir a otras canteras y a otros pro-
cedimientos para reclutar la mano de obra esclava: ahora negra. Hemos
comentado que esclavos negros hubo en Fuerteventura desde el siglo
XVI, conseguidos a través de los rescates o comprándolos en otras islas
donde este contingente era numeroso, pues sólo en Gran Canaria los
negros representaban el 70 % de la población esclava ". Los habitantes
de Fuerteventura en el siglo XVII, cortadas sus vías con África, recurren
a otros sistemas. Uno de ellos era concertarse con los mercaderes por-

11. ANAYA HERNÁNDEZ, L. A.: La religión y la cultura de los moriscos de Lan-


zarote y Fuerteventura a través de los procesos inquisitoriales. «Actes du IV Symposium
International d'Etudes Morisques», Zaghouan, 1990, p. 175.
12. [Link] TORRES, A.: Colección de documentos para la Historia de Canarias.
T. II., fs. .18-41. Manuscrito. Museo Canario.
\'S. Archivo General de Simancas, Estado, leg. 243.
14. LOBO CABRERA, M.: Op. cit.

18
tugueses que transitaban por la Isla para que les compraran esclavos en
otras islas o lugares, así es corriente hallar escrituras en donde los lusi-
tanos, a cambio de una determinada cantidad de dinero se obligaban a
comprar para vecinos majoreros esclavos negros en Madeira y Cabo
Verde '•. En otras ocasiones, ante la demanda de esclavos en Fuerteven-
tura, son los propios lusitanos quienes envían esclavos negros a la Isla
para que se vendan en ella, como un capitán, residente en la isla por-
tuguesa, que envía un negro al sargento mayor Sebastián Trujillo Ruiz,
para que se lo vendiese en la cantidad que le pareciese". También Fuer-
teventura se provee de esta mano de obra a través de Tenerife, pues los
residentes de esta isla, vecinos principalmente de Garachico, La Orotava
y Santa Cruz, acuden con frecuencia a la isla majorera, a poner en cir-
culación esclavos negros naturales de Angola y Cabo Verde. Esto es
lógico, si tenemos en cuenta que Tenerife mantiene un tráfico importante
con Angola, gracias a la colaboración de los isleños con los portugueses;
de este modo el vino canario era trocado en aquellas partes de África
por esclavos, que luego llevan a América o traían a las islas ". También
la abundante población negra que tenía Santa Cruz, hacía que parte de
la misma se desviara hacia otros lugares, entre ellos Fuerteventura, donde
era comprada por mercaderes y personas principales. En efecto las escri-
turas notariales dan prueba de este hecho, siendo el propio señor de la
Isla don Andrés Lorenzo Arias y Saavedra, uno de los importadores de
esclavos, que luego vende a los vecinos'". Igualmente el capitán Juan de
Zarate y Mendoza, que había pasado a la Isla para aprehender la pose-
sión del estado de Lanzarote y Fuerteventura, por doña Luisa Bravo de
Guzmán"', lo imita, importando un negro de Angola, comprado en Tene-
rife por su orden, y vendido en Fuerteventura'". Esta actividad de los
principales es seguida por otros miembros de cierta importancia en la

15. A(rchiv(i) H(istórico) P(rovincial) de L{as) P(almas). Francisco Hernández Salva-


tierra, n." 2.987. f. 102 r. En 1600 el mercader portugués, vecino de Madeira, .luán Gon/ález.
se obligaba comprar para Bartolomé Pérez de León, en Madeira. un esclavo negro de 18
a 20 años, que le enviarla en el primer navio que saliera para Fuerteventura. por su cuenta
y riesgo, por cuanto había recibido de aquel 500 reales. ídem. f. l.'?2 v. En el mismo año
el mercader y mareante, vecino de Garachico, Alonso Gómez, se obligaba traerle a Blas de
Soto una esclava negra de 18 a 20 años, que iría a buscar a Cabo Verde o a aquellas partes,
por cuanto le había dado 100 ducados.
16. A.H.P.I..P.. Antonicj Díaz de León, n." 2.994. f. r. Como no encuentra en Fuer-
teventura quien lo quiera comprar, en 1669 lo remite a Gran Canaria con el alférez Fran-
cisco de Morales Negrin para que allí lo venda por el precio que ajuste.
17. CIORANESCU. A.: Historia de Sania Cruz de Tenerife. 1494-180.1. Santa Cruz de
Tenerife. 1977, t. I. p. 99.
18. A.H.P.L.P.. Melchor Duran, n." 2988. f. r. En 162.'t vende dos esclavos, que había
comprado, al veciiio Martín García.
19. VIERA Y CLAVLIO. .).: Op. cil.. t. L, p. 76.V
20. A.H.P.L.P., Melchor de Guevara, n." 2.989. f. r. A cambio de él recibe animales
cabríos y de otras especies.

19
sociedad majorera como el licenciado Miguel Fernández Ortega, comi-
sario del Santo Oficio y beneficiado de la Isla'. Al propio tiempo, los
vecinos y residentes en Tenerife hacen lo mismo, recorriendo con su
humana mercancía la isla majorera: en 1670 un vecino de Garachico
vende un esclavo negro, por poder otorgado en aquella isla por don
Pedro Guiraldo, propietario del mismo"; asimismo el alférez Domingo
de Sierra, vecino de La Orotava, vende en 1673 otro negro que había
sido del teniente general de la ciudad de La Laguna^", y el capitán
Roque González, vecino de Santa Cruz, vendía en 1678 otro negro, bau-
tizado en Santa Cruz, procedido de una esclava suya''. Los tinerfeños
remitían esclavos con poder para que fueran asimismo vendidos en Fuer-
teventura, como acontece en 1668, en que un vecino de la Isla, Pedro
de Medina, vende a otro una esclava mulata que le había enviado desde
Tenerife un vecino de Santa Cruz", pero también hacen este mismo tra-
bajo los vecinos de Tenerife, que llegan a Fuerteventura con poderes,
como Luis de Herrera Belcazer, que actúa en nombre de don Francisco
Bautista del Castillo, vecino de las islas del Hierro y de La Gomera, regi-
dor perpetuo de Tenerife, para vender dos esclavos negros*. También
de Gran Canaria llegan cautivos a Fuerteventura, bien directamente o
a través de terceras personas. El mercader Julián Arnao envió en 1643
una esclava negra al capitán Francisco Morales Mateo, sargento mayor
de la Isla, para que se la vendiera", y en 1694 se vende un negro que
había sido propiedad del capitán Domingo Lasso de la Vega, vecino de
Gran Canaria '*.

2. NlJMERO

Saber la cantidad de esclavos que entraron en Fuerteventura en estas


fechas es harto difícil, por las limitaciones que impone la documentación,
no obstante este problema no es nuevo y todos los estudiosos dedicados
al tema plantean la misma cuestión, pues una cosa son los esclavos regis-
trados y otra muy distinta la realidad. Por lo tanto hemos de conten-
tarnos con los datos que se nos ofrece, al no tener a nuestro alcance ni

21. A.H.P.L.P.. Antonio Día? de León, n." 2.992, f. r.


22. A.H.P.L.P., Antonio Díaz de León, n." 2.993, f. r.
23. A.H.P.L.P., Pedro Lorenzo Hernández, n." 2.998, f. 120 r.
24. A.H.P.L.P., Gabriel de Llarena Avellaneda, n." 3.000, f. 42 r.
25. A.H.P.L.P., Pedro Lorenzo, n." 2.998, f. r.
26. ['.1 poder lo da el regidor a Herrera para que representando su persona venda los
dos cautivos, varón y hembra, los cuales a su vez había comprado de don Roque Pérez y
del mercader inglés Tomás [Link]: A.H.P.L.P., Gabriel de Llarena Avellaneda, n." 3.000, f.
49 r.
27. A.H.P.L.P., Juan Alonso Hernández, n." 2.991, f. r.
28. A.H.P.L.P., Roque Morales Albertos, n." 3.005, I'. 95 r.

20
otras fuentes ni siquiera bibliografía en donde se incida sobre la escla-
vitud en la isla majorera.
Para el siglo XVI sólo se nos habla de moriscos, y las cifras que
sobre ellos nos dan son en unos casos aproximadas y en otros aumen-
tadas, para incidir casi siempre en lo mismo.

«sao tan misturados com os da Berbería, que hai mui poucos que nao
tenhan alguma cousa de mouriscos»-".

Omitiéndonos cuantos son esclavos y cuantos libres, en cifras redon-


das.
En la información que tenemos acerca de la población de Fuerteven-
tura en el siglo XVII, tampoco se aclara que cantidad o porcentaje de
la misma era esclava"', por lo cual hemos de contentarnos con las cifras
que hemos recogido en los protocolos notariales, aún cuando en los pri-
meros libros sacramentales de Betancuria hay referencias a los mismos,
como hijos de esclavas, nacidos en la Isla. Los libros matrimoniales, exhu-
mados y trabajados por Martínez Encinas ", también incluyen referencias
a matrimonios de cautivos, pero las cifras son más reducidas que las pre-
sentadas por nosotros. Entre 1602 y 1696 se celebraron en la parroquial
de la Concepción 13 matrimonios donde al menos uno de los cónyuges
era esclavo.
Las actas del Cabildo de la Isla tampoco recogen mucha información
sobre el tema, salvo algunas referencias aisladas, que aunque no den
números, constatan la presencia de los esclavos, así en enero de 1608 se
acuerda que ningún esclavo viva solo, fuera de la vecindad'-, y en 1665,
el consistorio acuerda, para la fiesta del Corpus Cristi, que se traigan los
esclavos de los campos a la villa, para adecentar las calles".
Nuestros datos ofrecen mayor volumen, aunque insuficientes si com-
paramos las cifras con la población de Fuerteventura en el siglo XVII.
Para todo el siglo, de acuerdo con los protocolos existentes, hemos con-
tabilizado unas 80 ventas de esclavos, a los que hay que añadir los veinte
cautivos que son manumitidos. Para una población que en la segunda
mitad del siglo ronda los cuatro mil habitantes los esclavos sólo repre-
sentan un 2,5 %. Quizá el porcentaje habria que duplicario, en razón del
estado de las fuentes y de la existencia de más escribanos que actuaban

29. FRUTIIOSO, G.: Livro Primeiro das Saudades da Terra, Ponta Delgada, 1984, p. 8.1
30. SÁNCHEZ HERRERO, J.: La población de ¡as Islas Canarias en la segunda mitad
del siglo XVII (I67Ó-I6K/Í). «Anuario de Estudios Atlánticos», 21, Madrid-Las Palmas, 1975,
pp. 2.17 y ss.
M. MARTÍNEZ ENCINAS. V.: Op. cit.. pp. 427-429.
.12. ROLDAN [Link], R.: Acuerdos del Cabildo de Fuerteventura, I. 1605-1659,
La Laguna. 1970, p. 68.
n. ROLDAN [Link], R.: Acuerdos del Cabildo de Fuerteventura. II. 1660-1728,
La Laguna, 1967, p. 71.

21
en Fuerteventura, cuyos registros no han llegado hasta nosotros; estima-
mos que tal índice está más cercano a la realidad, teniendo en cuenta
que allí el esclavo era utilizado en haciendas, estancias y rosas de los per-
sonajes principales, para labrar la tierra y cuidar el ganado, además de
aquellos que vivían en la Villa asistiendo a sus señores en labores domés-
ticas, de lo que sacamos en consecuencia que la posesión de esclavos no
estaba al alcance de todos, máxime en una isla con problemas frumen-
tarios de trágicas consecuencias, que aboca a sus naturales al hambre,
pues los años estériles de la segunda mitad del siglo ", impide a los veci-
nos el tener el suficiente numerario para comprar esclavos, de ahí que
algunos cautivos llevados a Fuerteventura para vender, se desvíen a otros
mercados más prometedores. En efecto en los años críticos de 1650, 1651
y 1652 sólo se realiza una operación de venta, lo mismo que en 1674 y
1675, mientras que a partir que la situación mejora los cautivos vuelven
a hacer acto de presencia en la Isla, obteniendo buena cotización. Tam-
bién en años de penuria hallamos algunas transacciones de cautivos, en
este caso para con su valor poder seguir subsistiendo, con lo cual el
esclavo se convertía en un bien valioso que podía sacar a sus propietarios
de apuros, en años críticos.
Del total de esclavos que comparecen en el mercado son los negros
los más numerosos, seguidos de los mulatos y blancos. La predilección
por el negro no es nueva, su mayor fortaleza física, su mejor naturaleza
y su carácter hacen que sean más demandados, aunque también esta
mayor presencia se debe a que son los que representan la mayor pro-
porción en todos los mercados de la época. En Fuerteventura el esclavo
negro acapara la atención de sus moradores a lo largo del siglo XVII.
De los esclavos que comparecen en el mercado los negros representan
el 60%, en su inmensa mayoría ladinos, lo que confirma que proceden
de otros mercados, pues sólo contamos con un bozal que es vendido en
1678 por un vecino de Tenerife a cambio de 60 fanegas de trigo, que .se
le han de entregar en el puerto de Tostón, libre de quintos '\ En cuanto
al sexo, son preferidos los varones, que suponen el doble de las hembras,
en proporción del 62,5% frente al 37,5%. Esta proporción viene moti-
vada por la necesidad de hombres para trabajar en el campo como labra-
dores y segadores, y a veces también para que pastoreen y cuiden el
ganado, mientras que las hembras son orientadas hacia el trabajo domés-
tico en la casa de sus señores, donde a veces se convierten en verdaderas
amas llevando todo el peso de la casa y cuidando a sus señores en sus
enfermedades; también las mujeres son apreciadas como procreadoras,
como amas de cría y como objetos de placer para sus dueños.

M. ROLDAN VERDE.I(). R.; F.l hambre en Fucrtcvenlum. 1600-ISOO. Santa Cruz de


Tenerife, 1968.
.^5. A.H.P.L.P.. Gabriel de Llarena Avellaneda, n." .'1.000, 1. 62 r.

22
En cuanto a la edad son preferidos los jóvenes entre 15 y 30 años,
aunque también concurren al mercado hombres y mujeres de mayor
edad, como un esclavo negro de 60 años que es vendido en 1606"";
cuando los esclavos llegan a esa edad, lo cual demuestra su resistencia
aún más viviendo en cautiverio, sus dueños no ven la ocasión para des-
prenderse de ellos, ya que más que beneficios le ocasionan gastos. La pre-
dilección por esclavos jóvenes, en edad de producir y rendir, se muestra
claramente en los encargos que hacen los majoreros a los mercaderes
para que se los traigan, con determinadas características, asi Bartolomé
Pérez de León encarga al mercader de Garachico Juan Ramos, que le
traiga de Cabo Verde un esclavo de hasta 20 años ", y al también mer-
cader Gonzalo González, vecino de La Madeira, una negra de la misma
edad, y si no la consigue un esclavo'". Dentro de los negros, hemos de
mencionar un esclavo negro-indio, probablemente de la India de Portugal,
que es vendido en Fuerteventura en 1643.
En cuanto a preferencia y concurrencia en el mercado le siguen los
mulatos. Estos, por lo general, son criollos, nacidos tanto en Fuerteven-
tura como en otras islas, fruto de las relaciones entre blancos y negras,
que igualmente son puestos en circulación a través del mercado. El
número de los mismos da la cifra de 16, en su mayoría varones y en eda-
des comprendidas entre los 6 y los 50 años. Los más pequeños, niños
entre dos y seis años, son por lo general nacidos en Fuerteventura, y
puestos en venta para paliar necesidades, como el esclavito Juan, tras-
pasado por la vecina Catalina Luzarda, y que formaba parte de la dote
que aportó al matrimonio " o la mulata María, hija de una esclava de
sus propietarios*'.
Finalmente nos quedan unos pocos esclavos, cinco, tres de los cuales
son moriscos o berberiscos y dos blancos, estos últimos niños de seis
años. El residuo de estos cautivos de origen beréber, puede estar en rela-
ción con la antigua población morisca del archipiélago, o que sean traí-
dos por los pescadores que faenaban en la costa de Berbería. Entre los
adultos figura uno que es traspasado en muy poco espacio de tiempo,
en dos ocasiones: Juan del Rocío o del Rosario; en 1666 el beneficiado
y comisario del Santo Oficio de la Isla, lo vende a Manuel de la Trini-
dad, después de haberlo comprado al capitán Martín Perdomo^', y cinco
años después lo traspasa al regidor Diego de Cabrera Mateos, por el

36. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. 418 v. Su precio fue de
218 reales.
.17. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987. f. 149 r.
,18. ídem. í.' 42 r.
.19. A.H.P.L.P., Juan Alonso Pérez, n." 2.990. f. r.
40. A.H.P.L.P.. Juan Alonso Hernández, n." 2.991, f. r.
41. A.H.P.L.P., Pedro Lorenzo Hernández, n." 2.997, s/f.

23
mismo precio'-. La poca utilidad del esclavo, con un defecto físico, y
quizá su poca productividad hace que no dure mucho tiempo en poder
de un mismo amo.

3. MERCADO

Conocemos el mercado a través de las escrituras de compraventa, pro-


cedimiento efectuado con las mismas características en todas partes. Los
cautivos llegados a la Isla o nacidos en ella eran puestos en circulación
a través de la misma fórmula: la venta; a través de ella el esclavo se que-
daba en Fuerteventura y pasaba a formar parte como servidor de las
mejores casas majoreras, aunque también eran llevados como fuerza de
trabajo a las haciendas, estancias y rosas distribuidas por toda la Isla.
Allí mantenían relaciones con otros cautivos o con personal libre, aumen-
tando así la masa esclava. En muchas ocasiones el ser traspasado de unas
manos a otras agravaba su suerte, pero en otras la mejoraba, pues sus
servicios eran remunerados mediante la promesa de carta de libertad.
Los contratos de compraventa nos permiten conocer todos los por-
menores, tanto el nombre y apellidos de las partes interesadas, vendedor
y comprador, como sus oficios y cargos, y tudos los detalles del esclavo:
nombre, edad aproximada, sexo, color y en ocasiones hasta el origen. A
la vez se repite constantemente una fórmula que incidía en la mercancía:
de buena guerra y no de paz, con lo cual se legalizaba el acto por el
cual un hombre pasaba a ser propiedad de otro; también se indican sus
tachas y virtudes «sus tachas buenas y malas, cubiertas y descubiertas»,
y luego se registra también que se vendía como «costal de huesos». Los
defectos físicos y los vicios de los cautivos también se consignan, porque
si alguno de ellos no se especificaba, y luego era descubierto por el com-
prador, éste podía devolverlo al primitivo dueño. En función de estos y
de que el esclavo fuera ladino o bozal, variaba el precio. Por último se
contempla el valor, declarado en la mayoría de las veces en reales, aun-
que también en especie. Para su pago las dos partes se ponían de
acuerdo: a veces se realizaba el mismo en el momento de la transacción,
en dinero de contado, y en otras ocasiones se establecían plazos; era
común pagar en especie, especialmente en frutos de la tierra o en
ganado. En 1623 dos esclavos son vendidos por 200 fanegas de trigo, y
una negra por 4 camellos, 2 bueyes y 60 cabritos''. Esto demuestra que
en muchos casos los esclavos son llevados a vender por gentes de otras
islas para a cambio obtener carne y cereales, deficitarios en ellas y abun-
dantes, cuando los años eran fértiles, en Fuerteventura.

42. A.H.P.L.P., Pciln. Lorenzo Hcrnánde/, n." 2.99X, f. r.


43. A.H.P.1..P., Melchor Duran, n." 2988, f. r.

24
En ocasiones más que venta se consuma una operación de trueque:
un esclavo mulato por otro negro; un varón por una hembra"; una niña
mulata, de tres años, muy enferma, por una camella parida y una came-
Ueja de cuatro años^\
Por estos sistemas los esclavos tanto entran como salen de Fuerte-
ventura a otras partes, pues se dan casos en que el cautivo es remitido
a Gran Canaria para allí ser vendido con poder de su dueño*, e incluso,
a veces, el esclavo es remitido a Indias; asi el capitán y sargento mayor
don Sebastián Trujillo Ruiz, familiar del Santo Oficio, gobernador de las
armas de Fuerteventura, en 1693, envia un esclavo mulato a Tenerife,
y da poder al licenciado Mateo Fernández Perdomo de Vera para que
lo cambie por otro, y éste sea remitido a La Habana^'.
Como hemos visto por tanto el sistema más usual de venta fue la
escritura individual otorgada entre dos o más personas; no obstante tam-
bién se otorga tal documento, después de la puja por el precio del
esclavo, pues en algunos documentos se señala que el mismo fue vendido
«de feria», es decir, mediante almoneda en mercado público.
El mercado, su saturación o necesidad, y la situación económica por
la que atraviesa la Isla incide en el precio de los esclavos. La oferta y
la demanda, además de otros elementos, propios de la coyuntura, harán
que el costo se eleve o disminuya. Sin embargo a lo largo del siglo XVII,
siglo al que corresponde la mayor parte de los datos con los que con-
tamos, los precios se mantienen más o menos estables entre los 1.000 y
los 1.600 reales. Por debajo de estos precios hallamos otros que se sitúan
en torno a los 500 reales. Sin embargo este menor costo no tiene nada
que ver con el mercado insular, sino que el mismo está en relación con
otros lugares donde los esclavos se consiguen a menor precio como
Madeira y Cabo Verde. Por ello, muchos vecinos, en aras de obtener
mayor ganancia, en una posible venta posterior, o para conseguir mano
de obra más barata, encargan la compra de los cautivos a mercaderes
portugueses. Por ello hemos de indicar que los esclavos consignados en
los cuadros, como comprados en 1599, 1600 y 1602 son mandados a bus-
car a las islas portuguesas.
El resto de las variaciones en los precios están en relación a otros ele-
mentos que inciden como la raza, el sexo, la edad y los defectos fisicos

44. A.H.P.L.P., Gaspar Armas Cabrera, n." .V003, f. r.


45. A.H.P.L.P., -Juan Alonso Pérez, n." 2.990, f. r.
46. A.H.P.L.P., .luán Alonso Pérez, n." 2.990, f. r. La vecina Luisa de Cabrera, viuda
de Juan Mateo Cabrera, da poder a Diego de Cabrera Leme, vecino de Lanzarote, para
que le venda en Canarias una esclava mulata de 18 años, por el mayor precio de maravedís
que pudiera concertar.
47. A.H.P.L.P., Roque Morales Albertos, n." .^OO."). s/f. Le da poder también para que
lo consigne al capitán don Antonio Mateo de Cabrera, su primo, o al capitán .luán de
Fuste, y éstos una vez recibido el esclavo lo pueda vender y guardar su orden para invertir
el dinero.

25
y morales del cautivo. La raza en este período no hace variar en exceso
los costos, si tenemos en cuenta que los negros son mayoría, no obstante
siguen siendo los más cotizados por su mayor resistencia, su carácter más
sumiso y su predisposición para todo tipo de tareas. Mayor incidencia
tiene la edad, que hace variar de manera notable el precio de los cau-
tivos. Asi mientras aquellos esclavos comprendidos entre los 18 y 30 años
mantienen un precio similar, los niños y los viejos tienen menos valor.
Los niños porque más que beneficios producen costos, pues son bocas
a alimentar y hasta que no llegan a la edad pupilar no generan trabajo,
antes al contrario muchos de estos infantes ni siquiera llegan a producir,
porque al estar expuestos a mayores eventualidades mueren antes, por
ello no es extraño que una negra vendida en 1644 alcance de costo 400
reales, y dos mulatitos de seis años tengan un valor cada uno de 350
reales. Estos niños no abundan en el mercado, y cuando sus dueños los
ponen en venta es posible que sea por necesidad. Debe tenerse en cuenta
que muchos han nacido en casa de sus propietarios, los cuales le suelen
tener cariño, quizá porque muchos son hijos suyos, por eso no es extraño
que el alférez Domingo de Silva cuando vende a su esclava Damiana,
de 22 años, hace una salvedad en el contrato indicando que la misma
está parida y lleva con ella un mulatito de 6 a 8 meses, que está criando,
pero que no vende, sino que es suyo, y como tal volverá a su servicio
cada y cuando que lo estime conveniente"".
Los viejos, cargados de años, a los cuales se les había extraído toda
su fuerza de trabajo, perdían cotización. Tampoco son abundantes, pues
pensamos que aquellos que figuran en el mercado, como un negro de 60
años y una mulata de 50, son transferidos por no haber cumplido fiel-
mente su servicio. Además un esclavo que llega a esa edad sólo ocasiona
gastos, y por tanto es más útil venderlo que seguir manteniéndolo, aun-
que sólo se consiga por ellos de 200 a 300 reales.
En cuanto al sexo indicar que en Fuerteventura, no existen grandes
diferencias, incluso, a veces, al contrario de lo que sucede en otros mer-
cados, las hembras alcanzan mayores precios, pues al no darse en Fuer-
teventura el sistema de plantación azucarera, eran preferidas. Debe
tenerse en cuenta que las mujeres, además de por su trabajo, como fieles
servidoras, convertidas, a veces, en las amas de las casas, llevando todo
el peso de las mismas, eran consideradas vientres para fecundar y pro-
ductoras de nuevos esclavos, en una isla donde faltaban, por ello no es
extraño que los valores más altos que se alcanzan en el mercado majo-
rero sean los de las hembras: 1.800 reales en 1666 y 1.930 en el mismo
año.
Además de estos elementos existían otros, que podían tanto aumentar
como disminuir el costo de los cautivos; éstos están en relación con sus

48. A.H.P.L.P., Antonio Díaz de León, n." 2.994, f. r.

26
cualidades y defectos. Pocos datos hemos hallado para conocer el por
qué del mayor valor de algunos esclavos, aunque eso si los ladinos eran
más apreciados que los bozales, especialmente por conocer la lengua y
estar instruidos en labores agrícolas y ganaderas, igualmente aquellas hem-
bras que en el momento de la venta se encontraban en estado de gra-
videz eran más cotizadas, porque en efecto el comprador se podia encon-
trar en poco tiempo con dos esclavos en su casa. El que tuvieran los
miembros sanos y buena dentadura también elevaba el precio.
Por el contrario los vicios o tachas, hacían descender el valor. Había
algunos que eran comunes para todos los esclavos y que tal vez, por si
acaso, se reiteran, para salvaguardarse el vendedor, tales como que eran
borrachos, ladrones, huidores y costales de huesos; el ser borracho y
ladrón se ve como algo inherente a la condición de los cautivos. A las
esclavas se les añade, a veces, la condición de putas y de dejarse preñar
con facilidad, y con tal tacha se vende. Los defectos físicos y las enfer-
medades eran también factores despreciativos. Entre ellos hallamos la
mutilación de miembros, esenciales para el trabajo, y la disminución de
la vista, pues algunos o eran bizcos o estaban aquejados por tener nubes
en los ojos.

4. DUEÑOS

Interesa conocer la personalidad de los propietarios para hacernos una


idea más amplia del significado de la esclavitud en Fuerteventura. Las
minutas notariales también en este caso nos pueden dar idea de los gru-
pos poseedores de esclavos, en su actuación tanto como vendedores y
como compradores; con el estudio de los mismos podemos conocer la
extensión de la institución y los grupos implicados en la trata. El hacerse
con un esclavo representaba un costo, recuperable, que no estaba al
alcance de todos, especialmente en períodos críticos. A veces poseer un
cautivo representaba una inversión y en otras ocasiones un elemento de
distinción social del propietario. Pero no siempre era así, pues también
se adquieren esclavos para valerse de su trabajo y de su cuerpo. Los cau-
tivos tenían, además, otras utilidades: servían para pagar deudas, y como
bien que podía ser hipotecado e incluso ser entregado para saldar una
promesa. En algunos ejemplos hallamos estos hechos. El vecino Gaspar
de Abreo, el mismo que vende un esclavo en 1643, se obligaba pagar a
otro vecino 1.304 reales en dineros de contado y en un esclavo de 20
años". Asimismo el capitán Baltasar Dumpiérrez, vecino de Malvassio,
declaraba en su testamento tener una esclava con tres negritos, dos hem-

49. A.H.P.L.P., Ricardo Gome? Núñez, n." 2.995, f. r. El dinero lo debia por 94 cabras,
un caballo castizo y 4 reses vacunas.

27
bras y un varón; había prometido que de las dos hembras, la más vieja
llamada María, si Dios fuese servido de darle fruto, el primero que
tuviese sería para la Virgen de Candelaria'". Además de resolver estos
asuntos con los esclavos, éstos tenían también para sus amos otras uti-
lidades, pues en muchos casos eran sus cómplices y confidentes, y las
hembras también les podían proporcionar al amo otros beneficios como
objetos de placer, pues no en vano el vicario Ginés Cabrera de Betancor
refiriéndose a las esclavas moras, señala que «sus amos usaban de ellas
libremente y las demás que a ellos les parecía en el vicio de la carne»".
Igualmente el obispo don Cristóbal de la Cámara y Murga se hace eco
de este uso, y de las prácticas inmorales que los dueños hacían de sus
esclavos, cuando dice en sus sinodales:
«Grave delito y digno de cxemplar castigo cometen los señores de escla-
vas, que usando mal del dominio que en ellas tienen, no sólo las consienten
estar amancebadas, pero las exponen a pecar...»
Todas estas razones movían a los moradores de Fuerteventura a
poseer esclavos, especialmente a los más pudientes que comparecen en
el mercado tanto para vender como para comprar. Los señores de la Isla
no están ajenos a este trato y así don Andrés Lorenzo Arias de Saavedra
vende tres esclavos varones en 1623, a cambio de los cuales obtiene trigo
y cebada '•. Igualmente don Fernando de Saavedra también participa en
el mismo negocio haciéndose con un cautivo en 1669 que compra al
vecino de Tenerife Francisco de Morales Negrín.
Los señores son imitados por el resto de los estamentos sociales de
Fuerteventura, especialmente por los miembros del Cabildo. Entre los
gobernadores figuran, entre otros Melchor Hernández Chaqueda y don
Juan de Zarate y Mendoza. El primero fue designado como tal en 1624,
habiendo ejercido de alguacil en 1623, año en que compra un esclavo por
1.500 reales. Su posición económica y la adquisición de esclavos queda
demostrada por la dote que da a su hija Ana Sánchez, casada con el
capitán Juan de León Cabrera, y por la posesión de tierras en Enduque,
Tabaibe, Río de Palmas y Betancuria". El capitán Juan de Zarate y Men-
doza fue nombrado gobernador por el Cabildo en 1625, habiendo des-
empeñado antes los oficios de alcalde mayor, quintador y capitán a gue-
rra de Fuerteventura''^; su prestigio con tanto nombramiento queda con-
firmado por la posesión de varios cautivos, dedicándose preferentemente

50. A.H.P.L.P., Ricardo Gómez Núñez, n." 2.995, f. r. El testamento fue otorgado en
las casas de su morada en agosto de 1647.
51. MILLARES TORRES, A.: Op. cit.. p. 40.
52. A.H.P.L.P., Melchor Duran, n." 2.988. f. r. Por dos esclavos que vende a Martín
García obtiene 200 fanegas de trigo, y por otro consigue 450 reales en 10 fanegas de cebada
romana, 20 de trigo y 40 de cebada rabuda, además de dinero en metálico.
53. ROLDAN VERDEJO, R.: Acuerdos.... 1605-1659. Op. cit.. pp. .•Í74-.175.
54. ídem. p. 377.

28
a importarlos para venderlos en la Isla; en 1627 vende uno, que por su
orden se había comprado en Tenerife, y a cambio de él obtiene muchas
cabras y otros animales"; en 1628 confesaba haber vendido hacia dos
años una esclava mulata al capitán Francisco de Morales Mateos, por
la cual recibió tantas fanegas de trigo y cebada, y algunos carneros•\
Los alcaldes mayores y regidores le siguen a la zaga. Entre estos des-
tacan por su personalidad y posición económica Sebastián Trujillo Ruiz
y Juan Mateos Cabrera. El primero ha llamado la atención de los his-
toriadores e incluso su figura aparece recogida en el Nobiliario de Cana-
rias. De este hombre se ha dicho que fue uno de los políticos de más
relieve de Fuerteventura en el Antiguo Régimen; desde 1661 ocupa cargos
en el Cabildo y durante su mandato no sólo favorece a los moradores
de la Isla sino que incluso realiza obras y remoza la Villa". Toda esta
actividad no le impide participar en la trata, comprando y vendiendo
esclavos, pues en tres ocasiones comparece ante escribano ocupado en
estos menesteres. Los cautivos le eran necesarios para trabajar en sus tie-
rras y haciendas, pues tenía propiedades repartidas por toda la Isla, desde
Gran Tarajal a Betancuria pasando por El Roque. La familia de Juan
Mateos Cabrera había desempeñado puesto de relevancia en Fuerteven-
tura desde el siglo XVI. En el XVII continúa la tradición, pues figura
como capitán y notario del Santo Oficio, y como tal adquiere esclavos.
Los miembros de las milicias, muchos de los cuales desempeñaron car-
gos en el Cabildo, especialmente los capitanes, alféreces y sargentos, son
igualmente asiduos en este trato de mercancía humana, lo mismo que los
clérigos y vicarios, pues son muy raros los eclesiásticos que no poseen
algún esclavo. Entre estos últimos sobresalen Sebastián Ramos que com-
pra dos cautivos en 1606, uno de ellos de 60 años, quizá para posterior-
mente manumitirlo y hacer así una obra de caridad, pues sólo le cuesta
218 reales. Los beneficiados Diego Cabrera Mateos, Miguel Fernández
Ortega, el doctor Pedro Pérez Manso y Sebastián Ortega Yanes hacen
lo mismo; este último hace acto de presencia ante el escribano de la Villa
en tres ocasiones por este motivo. Para los clérigos los esclavos eran obje-
tos de mucha utilidad, no sólo para que trabajaran sus tierras y cuidaran
sus sembrados y ganados, además de darle prestigio social cuando los
acompañaban a los actos públicos, sino también para que les atendieran
y cumplieran las faenas propias del servicio doméstico.
El resto de los vecinos de acuerdo a sus posibilidades también se inte-
resan por este negocio, pero en menor medida que las autoridades, a lo
sumo para hacerse con un esclavo que le sirviera de ayuda.
55. A.H.P.L.P., Melchor de Guevara, n." 2.989, f. r. Era un esclavo negro de Angola
que por su orden compró en Tenerife Francisco Báez del capitán Blas de Céspedes Spi-
nola.
56. A.H.P.L.P., Juan Alonso Hernández, n," 2.990, f. 71 v.
57. ROLDAN VERDEJO, R.: Acuerdos... 1660-1728. Op. al., pp. 18-20.

29
Los vendedores son en su mayoría foráneos, son personas que acuden
a la Isla para poner en venta esta mercancía y a cambio obtener por
ellos carne y cereales, que son demandados en otros mercados. Son abun-
dantes los vecinos de Tenerife, especialmente los de Garachico y Santa
Cruz, muchos de ellos dedicados al trato mercantil, además de algunos
portugueses y naturales de Lanzarote y Gran Canaria.

5. LIBERTAD

La libertad es la meta ansiada por todo esclavo, que le permite inte-


grarse en la sociedad como un vecino más, aunque siguieran pesando
sobre él estigmas raciales y sociales, especialmente los negros. Se podía
conseguir la misma por varios cauces, que comprometían a dueños y cau-
tivos; asimismo un hombre podía ser libre por méritos relativos a su rey
o señor, sin embargo la forma más natural y corriente por la cual se
obtenía la condición de libre era por carta de alhorría y por cláusula tes-
tamentaria. Todas las variaciones, incluidas las últimas, están recogidas
en el texto alfonsino de Las Partidas-". En Canarias como en otros luga-
res de la Península lo normal era acceder a la libertad por escritura otor-
gada ante notario, incluyéndose tanto en las cláusulas testamentarias
como en las cartas de manumisión ciertas variaciones, donde se recogen
aquellas que son otorgadas por los dueños de manera incondicional, por
servicios y por obras del esclavo, atendiendo al buen comportamiento del
mismo y a su conversión sincera al cristianismo; en otras se le obliga a
realizar algunos encargos a prestar después de libre y también se obtenía
mediante el pago de su carta, bien realizado por ellos mismos, como por
parientes y deudos.
La información que tenemos sobre este aspecto no es abundante, pero
si csclarecedora de las prácticas usuales en esta Isla, similares a las del
resto del territorio realengo. Del conjunto de esclavos puestos en venta
en la Isla, casi todas referentes al siglo XVII, unos 20 son citados en car-
tas y cláusulas de testamento para referirse a su libertad, de los cuales
nueve son hembras y 11 varones. De acuerdo con esto y atendiendo a
las cifras tenemos que obtienen esta gracia el 24%. El resto mueren en
el empeño, trabajando en las casas y haciendas de sus amos, o eran ven-
didos en otros lugares del archipiélago, para con lo obtenido satisfacer
los propietarios sus necesidades, especialmente en épocas de crisis. Tam-
bién la cifra nos muestra que las más beneficiadas eran las mujeres y los
niños, nacidos en casa de sus amos e hijos en muchos casos de hombres
blancos, siendo liberados en este caso por sus progenitores o por sus
parientes más cercanos. El reconocimiento de estos hijos habidos en muje-

58. Códigos españoles. Partida 4.", Título 22, Ley, I, III, IV, V, VI, VII y VIII.

30
res esclavas, puede indicar la necesidad de mujeres en la isla de Fuer-
teventura, por lo cual sus moradores no dudan en unirse a cautivas para
tener descendencia.
Los más favorecidos dentro del conjunto son los hijos de negras, mula-
tos, lo que confirma que la esclavitud en el siglo XVII en Fuerteventura
era integrada por hombres y mujeres de color, pues los moriscos apenas
si son registrados. Estos, que formaron una importante masa en el siglo
XVI ya han obtenido la libertad; tampoco llegan nuevos esclavos de esta
etnia porque los señores no practicaban el sistema de cabalgadas en
África, habiéndose realizado las últimas por don Gonzalo de Saavedra.
Aquí en Fuerteventura, no podemos diferenciar bien si los esclavos
liberados pertenecían a zonas urbanas o rurales, al contar la Isla con un
sólo núcleo de importancia, y hallarse el resto de su población distribuida
por el conjunto del territorio, entregada a labores agrícolas y ganaderas,
con lo cual el esclavo era un elemento de ayuda en tales tareas. De ello
se deduce, que los manumitidos continuaban trabajando en aquellas acti-
vidades que desempeñaron durante su período de cautiverio.
Los testamentos en los cuales figuran reseñados esclavos, mediante
cláusulas relativas a su libertad, son en su mayoría otorgados en la villa
de Santa María de Betancuria, salvo uno realizado en Los Lajares y otro
en La Oliva, sin embargo esto no quiere decir que todos los otorgantes
residiesen en la Villa, sino que por el contrario era allí donde despacha-
ban los escribanos. En estas últimas voluntades y en algunas declaracio-
nes es donde hallamos los tipos de alhorría. En Fuerteventura sólo se
dan tres: incondicional, con condiciones y por pago.
El primer tipo viene marcado porque a través de él los esclavos acce-
den a la condición de libre sin tener que hacer frente a ninguna obliga-
ción ni a ningún desembolso de dinero por parte de sus parientes y ami-
gos. En algunos de estos casos hallamos relaciones familiares que ayudan
a que el cautivo consiga su manumisión más fácilmente, como un niño
de 6 a 7 meses, Juan, propiedad de Catalina Pérez y Felipe, su marido;
en la escritura que otorgan señalan haber comprado a este niño, al cual
tienen por nieto, y como tal lo declaran libre y horro de toda subjección
«por la amistad que le hemos puesto y otras justas causas»; en este caso
la manumisión lleva consigo otras condiciones, no para el esclavito sino
para sus familiares; así este matrimonio al considerarse ya viejo, y ser
su nieto tan criatura, quieren que éste esté con su hijo Andrés de León
durante diez años para que lo adoctrine y se sirva de él, y transcurrido
el tiempo quede libre a su voluntad-'. Con características similares son

59. A.H.P.L.P., Juan Alonso Hernández, n." 2.990, f. 76 r. Para salvaguardar la libertad
del niño, añaden en' el documento que si su hijo muriese antes de que el niño cumpla los
diez años, que al punto sea libre, sin que ninguno de sus hijos se entremeta a sujetarlo. Tam-
bién indican que si una vez cumplidos los diez años quisiera quedarse el niño con Andrés
de León, que éste por encargo de sus padres le dé buen tratamiento como a cosa suya.

31
beneficiados otros niños esclavos, nacidos en casa de sus dueños y cria-
dos por ellos. Asi la viuda del familiar del Santo Oficio, Francisco Mora-
les Perdomo, Felipa Anrique, en su última voluntad, señala tener como
cautivos a los niños Juan y María, de 5 y 2 años respectivamente, a los
cuales su marido tuvo por bien dejarlos horros, y comunicó con ella que
si muriese antes de criarlos pidiese a la mujer del capitán Juan de Zarate
y Mendoza, los criase, por lo cual le suplica los tenga como esclavos,
y cuando sean de edad les dé la libertad"'.
En otras ocasiones es liberada una familia esclava, la madre y sus
hijos, manumitiendo a la primera totalmente e imponiendo condiciones
a los hijos. La esclava Luisa, propiedad de Beatriz de Aguiar, viuda del
capitán Fernando de Cabrera, vecina de La Oliva, de sesenta años de
edad, es liberada en 1671 de toda sujeción al cautiverio por haberle ser-
vido a ella y a su marido bien y fielmente, a su gusto y voluntad, con
mucha satisfacción, y por sus buenos y leales servicios, dignos de remu-
neración ''. En este caso los trabajos realizados a sus señores durante 60
años, le permite conseguir al final su recompensa, es decir, obtener la
libertad. No obstante, en muchos casos, esta libertad es una trampa, por-
que al manumitir a un esclavo con tanta edad, los dueños lo que hacen
es quitarse de encima a un ser que ya no produce ni puede trabajar, y
que sólo ocasiona gastos. Sin embargo en este caso concreto no se da
tal circunstancia, por cuanto son también liberados sus hijos, uno de 33
y otro de 16 años, que pueden mantener con su trabajo a su madre. Por
condiciones similares son liberadas otras mujeres, para después de los
días de sus dueños'-.
También en atención a los servicios prestados obtiene la libertad una
familia completa: un matrimonio con sus hijos son manumitidos a través
de dos mandas. Francisca de Riberol por su testamento dejó libre a Ana
de León, mujer de Juan Fernández, mulata, y su heredero, el capitán
Juan de la Antigua Armas libera a una niña que había parido, porque
la había criado y por cuanto sus padres le habían servido y regalado;
en efecto el padre de la esclavita, Juan Fernández, de color moreno,
seguía sirviendo al capitán, vendiéndole mercancía y animales, por lo cual
tendrán pleito, que se zanja pagándole el moreno con ciertos animales".

60. A.H.P.L.P., .Juan Alonso Pérez, n." 2.990, f. r. Le comunica a la mujer del citado
capitán, doña Merenciana de Orantes y Maella, que crie a los esclavos con sus ahijados,
hijos de la declarante.
61. A.H.P.L.P., Pedro Lorenzo Hernández, n." 2.998, f. r.
62. A.H.P.L.P., Sebastián Trujillo, n." 2.996, f. r. En 1656 es manumitida Andresa por
el capitán Rodrigo de Cabrera, la cual había comprado a Baltasar Hernández Martín.
63. A.H.P.L.P., Juan Alonso Pérez, n." 2.990, f. .19 r. Entre los animales le entrega una
camella mansa de acarreto, una yegua rusia, una jumenta mohina, una camella mohina y
100 reales de plata, por el valor de 17 cabras y 2 garañones. Aunque en la escritura se
señala que le paga esto por cuentas que habían tenido, también cabe pensar que parte de
estos bienes podrían ser para pago del alhorría de su hija.

32
Otro modelo de libertad era aquél que llevaba aparejado una sene
de obligaciones que el esclavo debía cumplir después de la muerte de sus
amos. En alguno de estos casos se nota como los dueños no querían
dejar desamparados a sus cautivos, indicando que mientras cumplían la
edad para valerse por si mismos sirviesen a sus hijos y parientes. Las con-
diciones de estos servicios eran variadas, aunque las más comentes eran
aquellas que tienen relación con el acompañamiento a cónyuges e hijos.
Una mulata, Magdalena, esclava del familiar del Santo Oficio, Melchor
Hernández Xerez, a quien había servido desde su mocedad, con mucha
diligencia, a satisfacción de su dueño, quien le agradecía los servicios pres-
tados en su larga enfermedad, es liberada en pago a los mismos, con la
condición de que acompañase a su esposa doña Margarita de Betancor,
donde quiera que estuviese, así en la Villa como fuera de ella". Además
de esto le impone otros cargos, relacionados con mandas piadosas, que
presentan ataduras morales del recién liberto para con sus antiguos
dueños. Estas manumisiones condicionadas a deberes religiosos en sufra-
gio de sus amos, son típicas de los primeros siglos del Medievo''\ En
efecto esta misma esclava, al año siguiente después del enterramiento de
su amo, tiene la obligación de dar cera para encender en su sepultura
todos los días que fuere costumbre durante un año; además durante el
tiempo que le quedara de vida a su amo debía hacer una romería por
su curación, entre septiembre de 1628 y enero de 1629, a Nuestra Señora
de Candelaria en Tenerife, y en su convento cumplir una novena y
manda de nueve misas rezadas, que debía pagar a su costa. Estas alho-
rrias, condicionadas a servicios y prerrogativas eran bastante comunes,
pues similares cargas le impone doña Catalina Manchal, viuda del capi-
tán Juan de León Cabrera, a su esclava María Dumpiérrez. La señora
después de comentar que la había criado desde niña, que la tema conio
a su hija con mucho amor, por lo cual la deja libre, le impone que de
200 reales al año de su fallecimiento para el costo de la cera y misa. Sin
embargo, en este caso, el cargo se lo compensa dejándole algunos bienes
como un manto de añascóte, dos cajas y las demás menudencias de su
casa-. Doña Beatriz de Aguiar también libera a sus esclavos, pero añade
que dos de ellos, Luis y Juan, de 33 y 16 años [Link], por no
tener herederos, después del finiquito de su vida, sean obligados a man-
dar decir 120 misas rezadas por ella y su mando, en total 240, durante
dos años de la manera siguiente: 50 en la iglesia parroquial de la Isla,

64. A.H.P.L.P., Juan Alonso Hcrnánde/., n." 2.990. f. 70 r.


65. GUAL CAMARENA. M.: Una cofradía de negros hhcrtos en el [Link] XV. «Escuela
de Estudios Medievales.., Zaragoza. 1952, p. 461. , ^ , • , , , „ , „ , „ MPIM
66 A H P L P Pedro Lorenzo Hernández, n." 2.998. f. r. En el m,smo testamento deja
otra esclava.' .luana, sobre la cual se hizo una venta simulada, al [Link] .luán Mateo
Cabrera.
33
allí mismo 40 a San Antonio, y las restantes en el convento de San Fran-
cisco, 100 por su alma y las 50 en la iglesia nueva de San Diego".
Otras veces la condición implicaba un servicio a los herederos del pro-
pietario. Así el capitán Pedro Fernández de Vera confiesa tener por su
cautivo al mulato Francisco, el cual había criado en su casa con sus hijos
desde que nació, y de quien había recibido buenos y leales servicios, lo
mismo que de su madre, Catalina; estas razones le hacen tener hacia él
sentimientos de amistad y de hacerle bien, por lo cual después de sus
días, su hijo el alférez Juan de Morales de Vera lo ha de llevar a su ser-
vicio con cargo y condición de que si en el período de diez años después
de su fallecimiento su hijo muriese, quede libre, pero si no todo el más
tiempo que su hijo fuere vivo Francisco sea su esclavo™.
Finalmente tenemos aquellos casos en que el esclavo accede al estado
de libertad mediante el pago de su rescate. Pagar la libertad para con-
seguirla era una forma generalizada; normalmente era sufragada por
parientes y amigos, especialmente en Fuerteventura por el padre de los
cautivos aunque también el propio esclavo podía conseguir su peculio por
mandas dejadas por familiares y deudos o consiguiéndolo en trabajos
extras que hacía fuera de las casas de sus dueños, y, a veces, robándolo.
Este dinero, conseguido de esta manera, lo entregaban a sus familiares
y amigos para que se lo guardaran con el fin de pagar con él su manu-
misión, pues si su dueño lo encontraba podía cogerlo, al considerar de
acuerdo con la legislación que los bienes del esclavo eran propiedad de
su amo.
Estos pagos se hacían normalmente en dinero, bien en un plazo o en
varios, e incluso en algunos servicios que el esclavo se comprometía a
realizar después de libre. Lo normal era que el rescate fuera pagado por
los padres de la criatura, si se trataba de niños, o por el cónyuge de la
esclava. Algunos ejemplos confirman estos asertos. Entre 1649 y 1656 se
otorgan tres escrituras relativas a la libertad de un niño llamado Mateo.
En el primer documento sus propietarios, el capitán Rodrigo de Cabrera
y su mujer Leonor Martín, vecinos del lugar de Toto, declaran como una
esclava suya, Andresa, se había dejado preñar, en resultas de lo cual
nació un niño, cuya edad en aquella fecha era de año y medio. El
mismo fue reconocido por su padre, el vecino de Pájara, José Luis
Rocha, quien trató de ahorrarlo, poniéndose para ello de acuerdo con
sus dueños, y ofreciendo por su alhorría 400 reales, por quererlo bien,
ser obra pía y servicio de Dios. A cambio de la libertad pagó parte de
lo convenido, pero tuvo necesidad de ir a Tenerife, lugar donde falleció.
Allí otorgó testamento, en el cual mediante una cláusula dispuso que sus
67. A.H.P.I..P., Pedro Lorenzo Hcrnándc/, n." 2.998, f. r. Estas misas debían pagarlas
los esclavos, siendo apremiados por el prelado del convento a cumplir la manda, pudién-
dosele ampliar el plazo para ello.
68. A.H.P.I..P., .luán Alonso Hernández, n." 2.990, f. r.

34
albaceas pagaran a los propietarios el resto de la deuda, para que ellos
a cambio otorgaran la carta de libertad; los albaceas pagaron 161 reales,
y en atención a ello y a que el esclavo era cristiano y había recibido las
bendiciones en la iglesia de la Concepción, y además por buenos y leales
servicios que les habia hecho y esperaban les hiciera, lo declaran libre
y horro'". En el testamento del capitán Rodrigo de Cabrera se vuelve a
citar a este esclavo, donde se indica que es libre junto con su madre y
hermano por voluntad de su amo, añadiendo que el padre del esclavito
le habia dejado para su sustento un cahíz de trigo, una vaca y un
jumento™.
Otras veces el reconocimiento de paternidad de un hombre blanco
hacia un esclavo de color no es tan directo, sino que en última instancia
lo hace para evitar que sea vendido. En 1606 los albaceas de Simón Her-
nández Sanabria declaran que éste había dejado ciertos bienes para ven-
der, para que con el dinero obtenido se hiciese bien por su alma y entre
los mismos se hallaba un niño mulato, Diego, de tres años, hijo de una
esclava negra, el cual deciden vender pero no encuentran comprador; en
este punto se presenta ante ellos el sargento de la gente de a caballo de
la Isla, Juan de León Pérez, quien declara tenerlo como hijo, y por hacer
una obra de caridad ofrece por él 437,5 reales para que le den la liber-
tad. Los albaceas reconociendo que el precio prometido es más de lo que
puede valer, le hacen carta de alhorría y lo entregan a su padre '.
Una esclava, Catalina, mulata, casada con Diego de Vera, es liberada
porque su marido ofreció por ella 600 reales •.
Hay ocasiones en que se deja libre a los esclavos para que paguen
o se comprometan a ello después de los días de la vida de sus dueños.
Así en 1670 Diego de Cabrera León, en su testamento, confiesa tener por
esclavo a Juan, hijo a su vez de otra esclava suya, Luisa Cairasco; pues
bien ordena que éste dando 400 reales, 200 para hacer bien por su alma,
por su funeral y lo demás del entierro, y 100 para el oficio de cabo de
año, quede libre, ordenando a sus albaceas que le hagan carta de libertad
y conforme fuere pagando le fueran dando recibos; asimismo dispone que
si después de fallecido él no tuviera dinero, se le den largas para que
donde quiera que tenga ocasión de ganarse la vida con un jornal lo
pueda hacer, y se le dé la carta de alhorría, siempre que entregue su
sueldo a cuenta, y que para emplearlo sean preferidos sus herederos .
69 Sobreesté asunto se otorgaron dos escrituras ante los escribanos Ricardo Gómez
Núñez. n." 2.995, f. r. v Anton.o üiaz de León, n." 2.992, f. r. Fn esta " ' ' ' ^ - - f ;•"
lo liberan por haberlo cnado y el gran antor que le tenían, aunque en reahdad era el valor
crematístico lo que les movía a ello.
70. A.H.P.L.P.. Sebastián Trujillo. n." 2.996, I. r.
71. A.H.P.L.P..-Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, 1. 411 v.
72. A.H.P.L.P., Juan Alonso Pérez, n." 2.990, f. r. ^ , ,
73. A.H.P.L.P., Pedro Lorenzo Hernández, n." 2.998, I. r. Dice que hace esto por
haberlo criado y el amor y voluntad que le tiene.

35
En circunstancias similares se hallan los esclavos de María Ponce de
Figueroa, José y Andrés. Estos fueron nombrados en el testamento de
su marido, quien los dejó sujetos a servidumbre mientras ella viviese para
que después fuesen libres pagando 300 reales el primero y 150 el
segundo. Ella en su última voluntad reconoce haber recibido de Andrés
150 reales y de José 200, por lo cual los declara libres con la condición
de que mientras ella siguiera viva la sirvieran y asistieran, y después de
muerta pagaran cada uno 100 reales para hacer bien por su alma".
Por tanto como se ha podido comprobar la alhorría estaba condicio-
nada, en muchos casos a servicios y prerrogativas, consiguiendo con ella
muchos cautivos la ansiada libertad, sin embargo otros también por dis-
posición de sus amos quedaron cautivos de por vida, como el esclavo
Francisco, negro, ya viejo, que su dueño manda a vender y no hubo
quien lo comprara. La mujer de aquél en su testamento vuelve a mandar
que se venda, para que su precio se distribuya entre sus herederos''.
En definitiva el acto de la libertad, donde mejor se puede conocer es
a través de las escrituras notariales, redactadas en términos tan concretos,
tan directos que la cruda realidad de la vida aparece de modo inme-
diato "'. En estas escrituras, como ya comentamos, la libertad otorgada
por los amos, aparece perfectamente registrada en las cartas de alhorría
y en los testamentos, pero donde cada una de ellas, tal como hemos
visto, tiene diferencias sustanciales con resf)ecto a las demás, y sólo tienen
en común el objeto para el que se hacen; la variedad es expresada
mediante las condiciones y los tipos de pagos que el esclavo debe hacer.
Por último señalar que también, a veces, la libertad es reclamada por
los esclavos, quienes no dudan en acudir y presentarse ante las autori-
dades solicitando aquello a lo que creían tener derecho, como el mulato
Juan Patricio que fue enviado a vender a Gran Canaria, y allí se pre-
sentó ante la Audiencia poniendo demanda de libertad, lo cual ocasiona
a su propietario quebraderos de cabeza y gastos, al tener que nombrar
procuradores para seguir el pleito hasta el dictamen de la sentencia defi-
nitiva".
Obtenida la libertad los antiguos cautivos pasaban a integrarse en la
sociedad majorera, donde el negro por su color seguía siendo marginado,
a pesar de unirse en matrimonio a personas de condición humilde y blan-

74. A.H.P.L.P.. Diego Cabrera Mateo, n." .'!.004, f. 34 v.


75. A.H.P.L.P., .luán Alonso Pérez, n." 2.990, f. r.
76. CABRILLANA, N.: Lu esclavitud en Almería según los protocolos notariales (1519-
1575). Tipología documental. ••Actas de Metodología de las Ciencias históricas», vol. V., San-
tiago, 1973, pp. .305-317.
77. A.H.P.L.P., CJaspar Armas Cabrera, n." 3.003, í. 178 r. En este caso el esclavo
había sido vendido al capitán y sargento mayor Sebastián Trujillo Ruiz, quien a su vez lo
envió a vender a Gran Canaria, por lo cual ante el pleito hubo de devolver el dinero al
comprador, con las costas que hiciera el esclavo hasta acabar el pleito.

36
eos, tal como se comprueba en las actas matrimoniales. De ahí que el
prejuicio racial y la ilegitimidad que les caracterizaba los condicionara
a formar parte de las gentes más desfavorecidas. No obstante las uniones
y la propensión de los hombres blancos hacia las negras, de quienes reco-
nocen a sus hijos, da cierta idea de la permeabilidad social y de la poca
incidencia del racismo. También en Fuerteventura, por la presencia de
moriscos y negros desde muy pronto, estos eran vistos como un elemento
más de la sociedad, confundiéndose a la larga los negros y mulatos con
los blancos.

37
APÉNDICE

CUADROS DE VENTAS

Año Vendedor Comprador Esclavo Sexo Fdad Color Precio

1599 Gonzalo Bartolomé Pérez H. 20 Negra 400 rs.


Clonzálc?, mercader León, V"
1600 ídem Ídem V. 18 Negro 500
1600 Al" Cióme/, mercader. Blas de Soto, v" H. 18 Negra 800
V" Garachico
1600 Gonzalo González Bartolomé Pérez V. Negro 500
1602 Juan Ramos, mercader, Bartolomé Pérez H 20 Negra 400
V" Garchico León
1600 ... Hernández, v" Juan Mateos V. 20 Negro 1.600
Cabrera, v"
1604 Gaspar Báez, zurrador Juan Mateos. Francisco V. 35 Negro
V" La Palma Cabrera, v"
1606 Manuel Luis de León Francisco V. 40 Negro 850
González, zapatero Sanabria, alférez
1606 Gaspar Martin Hdez Xerez Maria H. 30 Negra [Link]
Glez. zapatero, res. Cabrera, v"
1606 Melchor Hdez Juan Mateos Cabrera Domingos V. 18 Mulato 900 d.
Xerez, v" notario S.O. v"
1606 .Al" Gómez, v" Sebastián V. 20 Negro 900 rs.
üarachico Ramos, vicario
1606 LUIS Sanabria Inés de Armas Catalina H. 28 Mulata 1.000
Cahrera, capitán
1606 ,luan de Arias, v" Sebastián Gonzalo V. 60 Negro 218
Ramos, vicario
1623 Manuel Pacheco Juan de Cubas Magdalena H. 20 Negra 1.200
Suárez, mercader, rs Diepa
1623 .luán de Amador Doña Maria. v" Manuel V. 20 Negro 1.400
1623 Don Andrés Lorenzo Martín García, v" Antonio V. 30 Negro 200 fs.
Anas, señor isla Gonzalo V. 30 Negro trigo
1623 Cap. Blas García, v" Melchor Hdez Manuel V. 15 Negro [Link] rs.
(iarachico, res. Chaqueda, alguacil
1623 Don Andrés Lorenzo Francisco Morales, V. 1.000
Anas, señor isla familiar S.O.
1625 Marcos Perdomo Pablos Mateo Lucas V Mulato
Cabrera, v" Cabrera, su yerno
1627 Antón Martin, v" Bartolomé Pérez de Juan V. Negro 905
Lanzarote León, V"
1627 Cap. .luán de Baltasar Bartolomé V. 25 Negro 1.150
Zarate Mendoza, v" Dumpiérrez, v" Angola
1627 Melchor Rodríguez Manuel Fdez Feo, v" Juan V. 28 Negro 820
V" Lanzarote, est
1627 Pedro de Ldo. Lucas Barrios Juan V. 18 Negro 585?
Herrera, v" abogado Audiencia
1627 Luisa de Cabrera Francisca H. 18 Mulata
1627 LUIS de León .luán Pérez Domingos V. 18 Negro 1.070
Mongula, v" Sanabria. v"

38
Esclavo Sexo Edad Color Precio
Año Vendídor Comprador

1627 Ldo, Cabrera Mateos Juan V, 6 Mulato 350


Catalina
Luzarda. v" comisario S.O.
Alférez Esteban Cristóbal V. 6 Mulato 350
1627 Juan Lope? Peña, v"
Viña Morales, v"
1627 Dña. Bernardina de Andresa H. 12
Cabrera, v»
Juan Pérez Domingos V. 40 Negro 800
1627 Marcos Perdomo
Cabrera, v" Sanabria, sacristán
Melchor V. 18 Mulato 1.200
1627 Benef. Diego Alférez Esteban
Cabrera Mateos, v" Viña Morales, v"
H. 20 Mulata 1200
1628 Cap. Juan Zarate y Cap. Feo Morales Ana
Mendoza, v" Mateos, v"
Domingo de Heredia Antonio V. 12 Negro 800
1629 Diego Lorenzo, v"
Tenerife, esl. sargento mayor
Juan Pérez Mana H. 30 Negra 850
16.12 Cap. Jerónimo de
Aguilera Valdivia Sanabria, sacristán
Asencio Rodriguez, Agustín V. 30 Negro- l,20()
1643 Gaspar de Abreo
Indio
Estreñor, v" v"
Catalina H. 30 Negra I..500
1643 Cap. Feo Morales Diego Viejo
Mateo, sarg. may. Ruiz, el mozo, v"
H. Negra 1.400
1644 Don Fernando Juan de Arias
Lercaro. v" Peraza
Andrés de León, v" Andresa H. 2 Negra 400
1644 Cap. lorente de
.... V"
Andresa H. 32 Negra 1.500
1649 Ldo. Miguel Fdez Juan Mateos,
Ortega, benefic. Cabrera, su sobrino
1650 Alférez Luis Manuel de la Angelina H,
Sánchez de León, v Trinidad
Maria H. 6 Mulata 700
1655 Cap. Juan de León Diego Xara Lear, v"
Cabrera, v"
1656 Cap. Roque Glez, v" Francisco Ramos V.
Tenerife, res.
Sebastián V. 45 Morisco
1657
Antón V. 45 Moreno 1.200
1664 Cap. Sebastián Juan de la
Trujillo Ruiz, V" Trinidad, v"
V. 1.150
1664 Catalina de Cap. Sebastián Antón de
Soria, V'', viuda Trujillo Ruiz, V" Arias
H. Negra 1.800
1666 Cap, Al" de Sebastián Dominga
Vargas, v" La Palma Francisco, v"
V. Negro 1.650
1666 Juan Garda de Luis Diepa, v" Francisco
Alraeida, res.
H. Mulata 1.800
1666 Alférez Domingo de Cap. Juan Mateo Angela
Sierra, v" Cabrera, v"
María y H. Negra 3.200
1666 Alférez Feo Glez Dr. Pedro Pérez
Manso, beneficiado Antonio V. Mulato
Barbosa, res.
Manuel de la Juan del V. Morisco 800
1666 Benef. Sebastián
de Ortega Yanez Trinidad, v" Rocío
H. 22 Mulata 1.9.30
1666 Alférez Domingo de Feo Pérez Sanabria Damiana
Silva, v" v" La Oliva
Dominga H. .10 Negra 1.300
1667 Sebastián de Alférez Domingo de
León, V" Sierra

39
Año Vendedor Comprador Esclavo Sexo Edad Color Precio

1668 Pedro de Medina, v" Dommgo Arbelo, v" Cristina H. 50 Mulata 900
1669 Feo de Morales D. Fdo de Saavedra. Tomás V. Negra 1.500
Negrin. v" Tenerife señor de la Isla
1670 Salvador Garcia, v" Juan de Soto Francisco V. 37 Negro 1..300
Tenerife Armas, v"
1671 Manuel de la Diego de Cabrera Juan del V. Berberisco 800
Trinidad, v" Mateo, regidor, v" Rosario
1672 Juan Gle? Izquierdo Cap. [). Feo Lercaro Diego de V. 40 Mulato 100 fs.
V" de Tenerife Mujica. V" Mora trigo
1673 Pedro de Medina, v" Ldo Sebastián Yanes Andrés V. 16 Negro 1.600
de Ortega, vicario
1673 Alfére? Domingo de Sebastián de Dominga H. 24 Negra 1.500
Sierra, v" Orotava León, V"
1677 ,,., V " Ldo. Sebastián Dominga H. 36 Negra 1.100
Ortega Yanes. vicar.
1678 Cap. Roque Gle?, v" Andrés Martin de Gregorio V. 18 Negro 1.500
Tenerife Miranda, v"
167K Lui.s de Herrera Juan Glez de Juan V. 28 Negro 1.500
[Link], v" Tfe, Acosta. V"
1678 Luis de Herrera Andrés Martin de Isabel H. 19 Negra 1.750
Belcaser, v" Tfe. Miranda, v"
1678 [Link].s de Herrera, v" Cap. Juan de la Antonio V, 18 Negro 1.500
Trinidad
1678 Miguel de Aday. v" Andrés Borges, v" Antonia H. Negra 60 fs.
Tenerife Bozal trigo
1682 Simón Hde?. v" Cap. Luis de León Domingo V. 10 Negro 500 rs. y 50
Puerto de la Cruz Sanabria, v" fs. trigo
1683 .luán de León Sebastián Trujillo Diego V. Mulato 1.450
Arguela. v" Ruiz, sargt. may.
1684 Ginés Cabrera Andrés Leme Cabrera Agustina H. 6 Blanca 1.000
Betancor. v"
1684 Cap. Pedro Gutrre? Juan de Soto Manuel V. 30 Mulato 1.300
Peraza. res. Armas, v"
1690 Blas Feo de Ruiz. v" Juan de León Diaz Cayetano V. 12 Mulato 1.000
La Orotava, res.
1693 Amaro Martín, v" Feo Martínez de Bernabé V. 6 Blanco
Jofas. V"
1693 Ldo. Juan Pérez Manuel Fdez Bello José V. 29 Negro 900
Montañés admnís. estanco
1693 Domingo Hdez Mata, Sebastián Trujillo V. 36 540
res. Ruiz, clérigo, V"
1694 Cap. Pedro Sánchez Juan Borges. v" Francisco V. 16 Mulato [Link]
Umpiérrez, alcal.
1694 Juan Francisco, v" Cap. Luis Cabrera Nicolás V. 27 Negro 1.070
Gutiérrez
1694 Juan de Laguna, gob. Juan Gutiérrez Juan Antonio V. 28 Negro [Link]
Lanzar., res. Núñez. V"
1694 Juan Reburgo, v" Juan Yanes Ponte, v" Antonia H 20 Negra 1.200
1699 Fray Luis de Ldo. Esteban Pérez José V. II Negro 475
Herrera, res. de Socuera, clérigo

40
LAS CARTAS DÓTALES DE FUERTEVENTURA:
SIGLO XVII
ELISA TORRES SANTANA
Una sociedad es esencialmente un grupo de personas de mentalidad
análoga', por lo tanto si queremos acercarnos al estudio de la sociedad
majorera en el siglo XVII, será conveniente hacerlo mediante el análisis
de la mentalidad colectiva.
Debemos pues iniciar nuestro estudio por la actuación de los miem-
bros de esa colectividad a la hora de contraer matrimonio, de formar
una familia, dado que la estructura familiar es la base de la sociedad en
el Antiguo Régimen.
No obstante no debemos perder de vista el hecho de que la organi-
zación familiar es sólo una forma más de agrupación social, pero sin
duda la más extendida, ya que no existe una sociedad que no tenga fami-
lia, independientemente de las características que ésta posea; es más, es
la organización social lo que en estos momentos nos interesa.
Buena parte de la historia de las mentalidades puede abordarse desde
el estudio de fuentes ya clásicas, como los protocolos notariales, pero sin
embargo, es necesario hacerlo con criterios diferentes a como se ha
venido haciendo tradicionalmente-.
Los protocolos notariales, y en particular los testamentos, inventarios
de bienes, particiones y cartas dótales, se han convertido en instrumentos
básicos para el estudio del comportamiento individual y colectivo. No
obstante es necesario la confrontación de estos tipos documentales con
otras fuentes: parroquiales, privadas, etc., que puedan abordar los mismos
problemas desde perspectivas diferentes y más amplias.
Nos interesa en este estudio, avance de otro más ambicioso, que pen-
samos efectuar sobre la sociedad de la isla de Fuerteventura en el Seis-
cientos, el análisis de las cartas dótales, como medios para desentrañar
el comportamiento familiar y la formación de los grupos de poder en la
sociedad majorera.

1. BOUTHOUL, G.: Las mentalidades. Barcelona, 1970, p. 31.


2. HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A.: La familia extremeña en los tiempos modernos.
Badajoz, 1990, p. 21.

43
Las cartas dótales junto con los testamentos y otros documentos nota-
riales:

«permiten aislar los grupos familiares más significativos de los cuales sólo
conocemos su comportamiento biológico, su capacidad fértil y su espacia-
miento temporal, la producción de hijos, la estacionalidad de la procreación
en relación con la actividad económica principal que desarrollan las dura-
ciones de la vida matrimonial y familiar y la decisión de embarcarse en una
nueva construcción familiar, tras el fallecimiento de uno de los cónyuges,
sino también sus comportamientos económicos y sociales»'.

La utilización de los protocolos notariales para abordar el estudio de


las mentalidades, tienen ya por otra parte, una larga tradición en la his-
toriografia francesa e incluso española: Aries, Flandrín, Rodríguez Sán-
chez, son autores todos ellos de reconocida valía. Sin embargo en la
publicística canaria son bastantes menos frecuentes, por no decir prác-
ticamente nulos, pues con la excepción de un trabajo reciente aún en
prensa"* y el que abordamos en estas líneas, no se ha profundizado dema-
siado en esta línea de investigación.
Consideramos pues que en el ámbito de la historiografía canaria
resulta necesario continuar avanzando en esta dirección, que sin duda
dará buenos frutos, y nos ayudará a despejar cuestiones básicas de la
sociedad canaria del Antiguo Régimen aún desconocidas.
En esta comunicación efectuamos un estudio de las cartas dótales
encontradas sobre la isla de Fuerteventura para el siglo XVIL Un análisis
meramente formal, donde analizaremos los documentos en si y su posible
utilización, dejando para en un trabajo posterior más amplio, cuestiones
de fondo relativas a la constitución de las familias, el matrimonio, la
estructura del poder etc.

1. ANÁLISIS DOCUMENTAL

Nuestro estudio se basa en el análisis de 73 escrituras dótales, bien


cartas de dote propiamente dichas, o documentos relacionados con ellas,
como pueden ser: los finiquitos o las peticiones de licencia para vender
la dote, tras el fallecimiento de uno de los cónyuges; así como también
las escrituras de arras. Dichas escrituras se distribuyen de la siguiente
manera:
3. HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A.: La familia extremeña... Op. cit., p. 10.
4. RIVERO SUAREZ, B.: Las dotes en Gran Canaria en la primera mitad del siglo
XVI En Homenaje a Manuela Marrero Rodríguez.

44
Cuadro 1

TIPOLOGÍA DE LAS ESCRITURAS

Siglo Dotes Finiquitos Anas Donaciones Reclamación Ventas


XVI 9 2
XVII 53 4 1* 2 4 2

Contamos con un «coqjus documental» referente al siglo XVI, si bien


de su último cuarto, entre 1578 y 1599, que aunque sólo tiene caracteres
de muestra, dado que no corresponde a un vaciado exhaustivo de la
documentación, tiene la virtud, por otra parte, de servirnos de punto de
referencia a la hora de establecer comparaciones entre una centuria y
otra.
El resto de la documentación un total de 62 escrituras notariales, el
84,9%, corresponde íntegramente al siglo XVII, en el cual si se ha pro-
cedido a una consulta de la totalidad de los legajos notariales conser-
vados para ese período sobre Fuerteventura. Es pues toda la documen-
tación que se puede manejar al respecto'.
Hemos de manifestar que a pesar de la cifra considerable de escri-
turas, vienen a ser sólo una parte, pequeña tal vez, de lo que en realidad
debía de haber, dado el estado en que se encuentran muchos protocolos.
Es más, las incidencias históricas que ha sufrido esta documentación, de
todo tipo, han ocasionado la pérdida de escribanías enteras. Así pues nos
encontramos que desde 1606 a 1625 no existe ni un solo protocolo nota-
rial de la mencionada isla. No obstante efectuaremos nuestro estudio
basándonos en la documentación encontrada, pero haciendo hincapié en
sus carencias.
Si nos atenemos al cuadro anterior podemos observar la clasificación
que hemos establecido, que responde en definitiva a la que la propia
documentación nos ha ido aportando.
Así nos encontramos con que las cartas dótales suponen un total de
58 documentos un 79,4% del total, seguidas por los finiquitos, un 8,2%
y las reclamaciones con un 5,4%. Las ventas y donaciones ocupan un
porcentaje ya bastante más pequeño un 2,7% respectivamente. En última
instancia se situarían las arras con un porcentaje nimio.
Sin embargo, este último es un porcentaje engañoso puesto que aun-
que en el cuadro sólo figure una escritura de arras, porque realmente
5. Estimamos necesario realizar una llamada de atención a nuestras autoridades cul-
turales para que hagan un esfuerzo y se proceda a la microfilmación de los protocolos nota-
riales de la isla de Fuerteventura, para evitar la pérdida de tan importante legado histórico,
dado que la situación de muchos de ellos es bastante alarmante. El estado de algunos legajos
ya es irrecuperable y otros están en camino de serlo.

45
sólo poseemos una, si tenemos bastantes más datos sobre este tema, ya
que en 16 escrituras dótales aparecen consignadas las arras que otorgan
los novios. Por ello hemos colocado un asterisco en el cuadro para expli-
car esta situación.

2. LAS CARTAS DÓTALES

Constituyen unos documentos notariales en los cuales se recoge en


la mayoría de las ocasiones, la voluntad del padre o de algún familiar
directo de la novia; la predisposición a entregar al novio una serie de
bienes, muebles o inmuebles «para el sustento de las cargas^ del matri-
monio»'', una vez que éste se haya celebrado.
Decimos en la mayoría de los casos, porque efectivamente es rara la
ocasión en que la dote se entrega con anterioridad al matrimonio, sino
cuando éste se había celebrado canónicamente.
El matrimonio resulta ser una institución bastante reciente; su regu-
larización se inicia en la Edad Media cuando se produce una lucha entre
el poder profano, amparado en las leyes, y el poder sagrado, cuya auto-
ridad apoya a los eclesiásticos en su lucha para dominar las viejas cos-
tumbres, y situar al matrimonio en un lugar adecuado'. Hasta el siglo
XII no se definirá con precisión la concepción eclesiástica del matrimo-
nio, convirtiéndose en sacramento".
El modelo del matrimonio moderno estará claramente inspirado en
la concepción medieval y muchos de sus presupuestos continuarán vigen-
tes a lo largo de los siglos XVI y XVII.
Así pues en la Edad Media uno de los objetivos del matrimonio
era:

«mantener de generación en generación el estado de una casa; este es el


imperativo que rige toda la estructura del primero de estos modelos»'.
Como asimismo nos manifiesta el mismo autor. Le Goff:
Todos los compromisos del matrimonio, el sponsalicium, el dotalicium,
tienen entre otras funciones, la de proteger los intereses materiales de la
esposa y de su linaje'".
Esta característica económica de la dote no va a variar en el mundo
moderno, sino que continuará siendo el instrumento que:

6. A.H.P.L.P. Melchor de Guevara, n." 2.989, f. rto.


7. LE GOFF, J.: El amor en la Edad Media y otros ensayos. Madrid, 1991, p. 16.
8. HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A.; La familia extremeña... Op. cit., p. 36.
9. LE GOFF, J.: El amor en... Op. cit., p. 17.
10. ídem, p. 19.

46
permitía también mantener la transmisión de los bienes de su familia en
la línea femenina, dado que, en la mayor parte de los casos, los bienes entre-
gados lo eran a cuenta de la legítima paterna y materna, y serían recupe-
rados por sus padres, herederos, cuando se produjera la disolución del matri-
monio".
Ya incluso desde Las Partidas de Alfonso X el Sabio, las dotes apa-
recen definidas como algo que la mujer da al marido'^
Asi pues en el mundo moderno continúa manteniéndose la idea de
que la dote debe ser entregada por la familia de la mujer, quien a su vez
se asegura el mantenimiento de los bienes en el patrimonio familiar, ya
que se pueden reclamar cuando el matrimonio quede disuelto. Como asi-
mismo también se aprecia una tendencia a conseguir por medio de leyes
una mayor moralización de la estructura familiar acentuada en tiempos
de Felipe II".
Canarias no debía de ser una excepción pues las cartas dótales mane-
jadas, manifiestan esa misma idea económica y social.
En Fuerteventura de las 58 cartas dótales encontradas, 9 de ellas
corresponden a finales del siglo XVI y el resto para la centuria siguiente.
Hemos observado como responden a lo que Benedicta Rivero denomina
para Gran Canaria «promesas dótales»".
No hemos hallado ni un sólo documento relativo a lo que la men-
cionada autora denomina «pacto familiar» ". Quizá la explicación podría
estar en que se produjo una diferenciación clara entre las islas, lo cual
nos parece poco probable; quizá, a la pérdida de buena parte de la docu-
mentación majorera, por lo cual la documentación de Fuerteventura
arroje un saldo cualitativo y cuantitativo diferente al de Gran Canaria.
También puede ser probable que incida en esa distinción la diferente cro-
nología entre ambos trabajos, el de la doctora Rivero y el nuestro.
En Fuerteventura lo que encontramos básicamente son promesas de
dotes efectuadas por los familiares cercanos a la novia, normalmente sus
padres, que se comprometen a entregar unas determinadas cantidades de
bienes materiales, una vez efectuada la unión.
Resulta interesante comprobar como el lenguaje del documento refleja
perfectamente el intento de sacralización de la institución matrimonial,
al que antes aludíamos. En la práctica totalidad de las promesas dótales
se emplea la siguiente fórmula en su inicio: «es voluntad de Nuestro
Señor, está tratado y concertado matrimonio por la Santa Madre Iglesia»;

11. HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A.; La familia extremeña. Op. cit., p. 134.


12. ídem, p. Í 2 3 .
13. ídem, p. 43.
14. RIVERO SUAREZ, B.; Las cartas dótales... Op. cit.
15. ídem.

47
tal como sucede, a modo de ejemplo; con la dote ofertada por Juan Lear-
dín y Antonia Viciosa, su mujer, vecinos de Fuerteventura ".
A continuación los padres de la novia estipulan los bienes que se van
a entregar en dote, bien su cuantía ", o una descripción pormenorizada
de ellos '*; con posterioridad se estipula el momento de entrega de la
dote.
Los plazos solían variar, pero en todas las cartas de promesa de dote
encontradas, se concierta la entrega después de celebrado el matrimonio.
Bien unos meses después, como en el casamiento entre Inés Francesa y
Melchor Robaina, ambos vecinos de Fuerteventura, cuya promesa de
dote se efectúa el 20 de marzo de 1603 y se acuerda hacerla efectiva a
finales de junio ". Como también podía acordarse el pago unos días des-
pués^", en este caso por San Juan de Junio.
La referencia a San Juan de Junio viene determinada por ser ésta
una fecha en la cual la recolección de la cosecha estaba efectuada, y en
una sociedad básicamente agrícola como lo era la majorera, al menos en
el siglo XVI, como recientemente ha señalado el profesor Lobo^'; era por
lo tanto la época en que sus habitantes podían disponer bien de nume-
rario, aunque fuese escaso, o de especies con que hacer efectivas sus deu-
das.
En otras ocasiones se especifica que la entrega de la dote se efectuaría
al año de la celebración del matrimonio", lo cual puede indicar que la
familia necesita disponer de más tiempo para reunir la cantidad ofertada,
o que desea comprobar que el matrimonio se ha consolidado.
Finalmente en aquellos casos en que no aparece especificado ningún
plazo concreto, si aparece consignado que la entrega se hará una vez efec-
tuado el matrimonio", y después de estar velados los nuevos desposados,
lo cual solía suceder en el plazo de un año después de la boda.

16. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n.° 2.987, f. 318 vto., 320 rto.
17. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. rto. Entregan 100 ducados
en ajuar de casa y hacienda.
18. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. 245 vto. En este caso se
entregan una casa en la aldea de Las Cuevas, dos camellos, uno manso de 8 a 9 años y
otro salvaje de 4 a 5 años; tres reses camellares, 40 cabras de año arriba, más 300 cabritas
y cabritos. 3 sayas, dos de fiesta y una ordinaria, además de un manto, una ropilla de rajeta
y añascóte, un colchón, 4 sábanas y dos almohadas, camisa y otras cosas apreciadas por
dos personas honradas.
19. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. 213 vto.
20. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. 339 vto.
21. LOBO CABRERA, M.: Los antiguos protocolos de Fuerteventura (1578-1606). En
"Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura. Tebeto.» Anexo II, Puerto del
Rosario, 1991, p. 26.
22. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n.° 2.987, f. rto. Es una dote de 150
doblas a pagar un año después de los esponsales.
23. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. rto. Añade además de
la cláusula del año, que el matrimonio se hubiese velado.

48
Se desprende tras la lectura de las promesas dótales majoreras como
efectivamente había una preocupación, por parte de los familiares de la
novia, para asegurar que su dinero estuviese en buenas manos; por ello
establecen plazos y normas, para no perder del todo el control sobre esa
parte de sus bienes. Incluso, se manifiesta en la escritura, citada ante-
riormente, que si el novio no llega a efectuar el matrimonio, deberá
pagar a la novia, o a su familia, una multa de 50 doblas.
Otro aspecto interesante a destacar sobre las cartas dótales, es com-
probar quién ha efectuado el aporte económico. Ya hemos indicado que
normalmente son los padres los que suelen dar la dote, pero pueden pro-
ducirse otras circunstancias. Por ejemplo, que tras el fallecimiento de uno
de los progenitores, sea el otro el que otorgue la dote, independiente-
mente de que sea el padre o la madre ^^ En este caso es la viuda la que
lo hace.
Podía suceder también que tras la muerte de los padres, sean los her-
manos los que doten a sus hermanas, conocedores del hecho de que su
dotación económica significaba encontrar un marido seguro".
Si no eran sus hermanos, siempre había un familiar dispuesto a com-
padecerse de la huérfana, como le sucedió a María de Betancor, dotada
por sus tíos, que manifiestan que lo hacen porque la han criado tras
haberse quedado huérfana^*.
Sin embargo, no era preceptivo que cuando intervenían los familiares
hubiese orfandad, puesto que también en vida de los padres podía efec-
tuar la dote otro familiar, posiblemente porque dispondría de mejor situa-
ción económica. Es lo que le sucedió a María Ortega Melián cuyos dos
tíos, uno canónigo de Gran Canaria, Bartolomé López y el otro Miguel
Fernández Ortega, beneficiado de Fuerteventura, le entregan a su futuro
marido 500 ducados". En este caso, pensamos influye claramente el celi-
bato de los dos tíos, que al no tener hijos deciden escoger a su sobrina
como si lo fuese.
Observamos como el caso anterior marca una diferenciación con el
panorama que nos ofrece la doctora Rivero Suárez para el siglo XVI",
cuando nos dice que los familiares sólo dotaban por el fallecimiento de
24. A.H.P.L.P., Alonso Vázquez de Figueroa, n.° 3.001, f. rto. La madre es Ana de
Betancor viuda de Antonio Félix, y le ofrece a su futuro yerno diferentes partidas valoradas
en 1.972 reales y 8/4.
25. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. 247. Diego Viejo y Juan
Diepa dan a su hermana Inés Hernández, una casa en el Membrillo, tierras en el mismo
lugar y algo de ganado.
26. A.H.P.L.P., Juan Alonso Hernández, n.° 2.991, f. rto. Le entregan 60 doblas de
oro en bienes inmuebles y en ajuar de la casa.
27. A.H.P.L.P., Juan Alonso Hernández, n." 2.999, f. 71 rto. Manifiestan que lo hacen
por el amor que le tienen a su sobrina, pero que si ésta falleciese sin hijos, el dinero pasaría
a su otra sobrina, Catalina Fernández Ortega, hermana de la anterior.
28. RIVERO SUAREZ, B.: Las cartas dótales... Op. cit.

49
los padres, al menos en la categoría que dicha autora denomina «pacto
familiar».
A veces y como casos excepcionales, sólo detectados en dos ocasiones,
es el novio el que acude en ayuda de la novia, posiblemente sin los sufi-
cientes medios económicos, y le hace una donación de una determinada
cantidad para que pueda casarse". En este caso podemos admitir que
se trata de un matrimonio fuera de lo normal en la época donde priva-
ban más los intereses económicos que los de otro tipo, a la hora de efec-
tuar el enlace.
La dote no siempre estaba destinada a financiar un matrimonio laico,
sino que también servia para asegurar la subsistencia, o al menos permitir
la entrada en la vida religiosa a aquellos otros que habían escogido ese
camino. Es el caso de Bartolomé de Franquis Sarmiento, a quien su tío,
Juan Cardona Marín, dota para que se pueda ordenar sacerdote'".
Las cuantías de las dotes variaban en función de la riqueza o pobreza
de los dotadores; así pues, las cantidades oscilan y no se puede establecer
una clasificación demasiado generalizada. Es más, la parquedad de datos
que ofrecen los protocolos notariales majoreros sobre la profesión del
padre o familiares que dotan, nos impide poner en relación, como sería
de desear, el importe de los bienes ofertados con la ocupación del do-
tador.
Si esto hubiera sido posible tendríamos una idea bastante más clara
y definida sobre el nivel económico de los distintos grupos sociales de
la sociedad de Fuerteventura en el Seiscientos.
Esta dificultad encontrada por nosotros no lo es tanto para el trabajo
consultado sobre la centuria anterior", pues su autora ha podido esta-
blecer dicha relación. Como asimismo la doctora Hernández Bermejo ha
establecido unas consideraciones muy interesantes para el caso extremeño
sobre las dotes y la profesión de los padres".
Si bien no nos ha sido posible la calificación social, intentaremos efec-
tuarla de orden económico, atendiendo a la cuantía de la carta dotal.
Entenderemos como tal, todos los documentos que hagan referencia a
la dote, independientemente de su tipología: finiquitos, recibos, arras, etc.,
dado que el dato que nos interesa en este caso, es el estrictamente eco-
nómico.
Una dificultad añadida a lo expuesto con anterioridad, es la expresión
de los valores dótales en diferentes tipos de monedas, fundamentalmente
doblas y ducados, más algunas en reales. Es por lo que intentaremos,
29. A.H.P.L.P., Antonio Díaz de León, n." 2.993, f. rto. Gaspar de Chaqueda es el
novio que entrega a su novia 200 doblas para que pueda desposarse con él.
30. A.H.P.L.P., Antonio Díaz de León, n." 2.992, f. 55 vto. Le entregó tierras en la
Vega del Llano de Sta. Catalina, en Fuerteventura, unas 8 fanegadas.
31. RIVERO SUAREZ, B.: Las cartas dótales... Op. cit., en prensa.
32. HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A.: La familia extremeña... Op. cit., p, 145 y ss.

50
para una mayor sistematización, efectuar la conversión a doblas, que
resulta ser la moneda más utilizada, no sólo en Fuerteventura, sino tam-
bién en Gran Canaria".
Si nos atenemos a la afirmación de la doctora Hernández", cuando
el escribano no apunta la información sobre la profesión de los que
dotan, es porque éstos tienen un origen modesto. Creemos que en efecto
sucece así, pues de los documentos encontrados, 73, sólo en 5 ocasiones,
el 6,8% del total, se nos especifica la profesión del dotante, quedando
reflejado en el cuadro siguiente.

Cuadro 2
PROFESIÓN DE LOS DOTADORES
Profesión Doblas
mercader: 1 140
capitán: 2 600
notario y familiar S.O: 1 6.336
sacerdote: 1 528
TOTAL 7.604

Nos encontramos con que los dotadores que salen del anonimato tie-
nen una consideración alta, lo cual se constata además por las cuantías
de las cantidades ofertadas, bastante superiores a la media. La excepción
es el mercader que ofrece una dote de 140 doblas registrada en el cuadro
anterior, que no corresponde a un familiar suyo, sino que es producto
de una deuda previamente contraída, que se saldará de esa forma".
La cuantía mayor pertenece a un notario del Sto. Oficio y alguacil,
Francisco de Morales Mateos, que además figura como capitán'*, quien
entrega a su futuro yerno una cantidad de 6.000 ducados. Posiblemente
influya el hecho de que éste es D. Cristóbal del Castillo Olivares, capitán
de caballería y alguacil mayor del Sto. Oficio de la ciudad de Telde en
la isla de Canaria, y por lo tanto perteneciente al tronco del Condado
de la Vega Grande.
Por lo tanto, las dotes más elevadas corresponden, al igual que en
Extremadura a las personas entroncadas con la nobleza", o con los car-

33. RIVERO SUAREZ, B: Las cartas dótales... Op. cit.


34. HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A.: La familia extremeña... Op. cit.. p. 144.
35. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. 141 rto. Antonio Gon-
zález resulta ser dotador por el encargo testamentario que como albacea tiene, de Francisco
de Aguiar un mercader de Las Palmas que dejó a su sobrina la mencionada cantidad en
dote. González era deudor del testador.
36. A.H.P.L.P., Juan Alonso, n.° 2.991, f. rto.
37. HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A.; La familia extremeña... Op. cit., p. 145

51
gos dirigentes de la sociedad'*; como también parece ser que sucedía en
la isla de Gran Canaria en la centuria anterior".
El resto de la documentación, el 93,2%, no nos aporta datos sobre
la profesión de los dotadores, pero sí sobre la cuantía de las dotes.
Hemos establecido la clasificación que a continuación exponemos.

Cuadro 3

CLASIFICACIÓN ECONÓMICA DE LAS DOTES

Doblas Número %
menos de 100 8 12,9
de 100 a 200 12 19,3
de 200 a 300 16 25,8
más de 300 8 12,9
No consta 18 29,0
TOTAL 62 100,0

Nos encontramos pues, con que el 12,9% de las dotes, corresponden


a cantidades inferiores a 100 doblas, lo cual vienen a significar unos
1.041 reales, que responden a un estadio económico bastante bajo. Es
posible, dado que en esos casos no se especifica la profesión de los dotan-
tes, que el origen social sea del campesinado.
Entre 100 y 200 doblas, o sea 1.041 y 2.083 reales, suponen el 25,8%
del total. Si a éste grupo unimos el siguiente, entre 200 y 300 doblas, con
un porcentaje sensiblemente superior, en torno al 19,3%, tenemos que
en conjunto, ambos grupos alcanzan el 45,1 %, o sea prácticamente la
mitad del total. Esto significa, si mantenemos el criterio de la doctora
Hernández Bermejo, que la mayor parte de los padres pertenecen al sec-
tor artesanal*'.
Mientras que en última instancia, las dotes superiores a las 300
doblas, el 12,9% del total, son realmente escasas sobrepasando en sólo
tres ocasiones las 600 doblas, como en el caso de Melchor Hernández
Chaqueda, que otorga a su hija tal cantidad en diferentes bienes"'. Estas
dotes vienen a suponer un total de 6.250 reales, lo cual las sitúa, según
a la clasificación anteriormente aludida, en el sector de los labradores
y hortelanos "^ según la acepción castellana.

38. ídem, p. 149.


39. RIVERO SUAREZ, B.: Las cartas dótales... Op. cit.
40. HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A.: La familia extremeña... Op. cit.. p. 151.
41. A.H.P.L.P., Antonio Díaz de León, n." 2.992. f. rto.
42. HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A.: La familia extremeña... Op. cit., p. 151.

52
Tras un análisis de las cifras, tomándolas como muestra, podemos
decir que el sector social majorero que ofrece dotes a sus hijas, está
situado entre el campesinado, el artesanal y los labradores con riqueza,
lo cual es sin duda un reflejo de la composición socio-económica de la
isla en el siglo XVII.
Finalmente, un 29,0% de los dotantes no especifica la cuantía de los
bienes a entregar, sino que sólo efectúan una relación de todos ellos. Este
último grupo podría pasar a engrosar, en buena parte de los casos el
apartado del campesinado.
Con respecto a las cartas dótales nos queda por analizar cuáles eran
los bienes que las constituían. No pretendemos efectuar un inventario
exhaustivo, dado que esperamos abordar un trabajo más amplio, pero
sí intentaremos reflejar cuáles eran los bienes más apetecidos por los habi-
tantes de Fuerteventura.
Lógicamente el contenido de los bienes está intimamente relacionado
con la cuantía económica de la dote y la posición socio-económica de
los familiares de la novia, así como del futuro marido.
Efectuando una primera aproximación, y manteniendo incluso las
denominaciones aportadas por los documentos, nos encontramos con la
siguiente clasificación en tres apartados: ajuar de casa y preseas, hacienda,
que serían; aguas, casas, ganado y tierras y finalmente la ropa y joyas
de los novios.
Lo más frecuente es que una misma carta dotal incluya, aunque sea
en pequeñas proporciones, algunos bienes pertenecientes a cada uno de
los apartados ya referidos. Así por ejemplo, tenemos la dote que Juan
Fraha Pérez e Isabel Hernández su mujer, ofrecen a Luis Umpiérrez por
casarse con su hija"', que contiene: ganado, casas y ajuar para la casa.
En la mayor parte de las escrituras, para evitar el engaño se men-
ciona también, que todo será revisado y valorado por personas enten-
didas o peritos, como en la que acabamos de referir.
Las relaciones de los bienes dótales constituyen un muestrario inte-
resantísimo, no sólo de la forma de vida en Fuerteventura durante el
siglo XVII, sino también de las costumbres y de los símbolos de riqueza
y prosperidad, por consiguiente constituyen un ejemplo diáfano de la men-
talidad colectiva, digno de ser analizado en una monografía.

43. A.H.P.L.P., Melchor de Guevara, n." 2999, f. rto. Le ofrece un asiento de casas
en Pájara, 60 cabras mansas, 100 reses salvajes, 6 reses vacunas, 6 reses camellares, 4 jumen-
tos y lo demás en ajuar y preseas para la casa.

53
3. LAS ARRAS

Constituían las arras los bienes que el marido entregaba a la esposa


en virtud del casamiento. Al igual que en el caso de las dotes, las arras
se estipulaban en los contratos de promesa dotal, y se hacían efectivas
una vez que el matrimonio se realizaba.
Las arras o donaciones «propter nupcias», podían ser en bienes, joyas,
ajuar o dinero, y constituían un reconocimiento de la familia del novio,
o de él mismo, a las cualidades personales de la novia, o de la dote que
le había sido ofertada". A modo de ejemplo, tenemos la oferta de arras
que le hace Francisco Pérez de Bosa a su novia Rafaela Martín, «por
su limpieza y virginidad», tal como reza el documento *', convirtiéndose
por tanto, en todo un reconocimiento público de su virtud.
En Canarias tanto en el siglo XVI, como afirma Rivero Suárez*,
como para el XVII, como hemos comprobado nosotros, lo normal era
que las arras se ofertasen en dinero en metálico, y no en diferentes par-
tidas de bienes.
Lo más corriente, como sucede en el caso extremeño "^ es que la cuan-
tía de las arras estuviese en relación directa con la de la dote, pero no
siempre sucede así. Por ejemplo, en el caso de la mayor carta dotal
encontrada por nosotros, la que recibe el capitán de caballería y alguacil
del Sto. Oficio, D. Cristóbal del Castillo Olivares, a la cual ya hemos
hecho referencia con anterioridad, ésta no lleva aparejada la concesión
de arras por parte del novio.
La cuantía de las arras según estipulan algunos documentos corres-
pondía a la décima parte de los bienes del novio*". Sin ninguna duda la
escritura de arras que acabamos de citar, se corresponde con la dotación
mayor de las encontradas, unos 200 ducados, o sea 22.000 reales, ínti-
mamente relacionados, por otra parte con la dote recibida, que incluye:
casas, 4.000 reales, ganado, tierras, ajuar y una esclava, todo ello sin una
apreciación global. Así pues el novio no hace sino corresponder a lo que
ha recibido.
Sin embargo hemos de decir que ésta no es la tónica general, ya que
lo normal es que las arras sean bastante modestas, como también lo eran
las dotes que analizábamos en el apartado anterior, lo cual las convierte
en un reflejo más de la sociedad donde eran otorgadas.
Las 17 escrituras dótales que hacen referencia a arras nos presentan
el siguiente panorama:

44. HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A.: La familia extremeña... Op. cit.. p. 137,


45. A.H.P.L.P., Gaspar de Armas Cabrera, n." 3.003 f. 60 vto.
46. RIVERO SUAREZ, B.: Las cartas dótales... Op. cit.
47. HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A.: La familia extremeña... Op. cit., p. 134.
48. A.H.P.L.P., Gaspar de Armas Cabrera, n." 3.003, f. 60 vto.

54
Cuadro 4

CUANTÍA DE LAS ARRAS

Moneda Número
100 ducados 1
50 2
2000 1
30 doblas 1
50 " 5
80 " 1
100 " 3
200 " 1
no consta 2
TOTAL 17

Continuando con el mismo criterio empleado ya en anteriores oca-


siones, de convertir la moneda en reales y procediendo a un agrupa-
miento de las cantidades para una mayor sistematización, nos encontra-
mos con que:
Cuadro 5
RELACIÓN DE LAS ARRAS EN REALES
Reales Número %
hasta 1.000 9 52,9
de 1.000 a 2.000 5 29,4*
de 22.000 1 5,8
no costa 2 11,7
TOTAL 17 100

Observamos, cómo tras la lectura del cuadro anterior, el mayor por-


centaje lo ocupan aquellas dotaciones de arras que no alcanzan los 1.000
reales, y el segundo lugar las que superan los mil, pero se quedan en
2.000. Hemos incluido en este apartado una de 2.083, porque la diferen-
cia es nimia y no creíamos oportuno abrir un nuevo recuadro para esta
cantidad"'. Finalmente una sola donación alcanza los 22.000 reales y el
resto, dos hablan de arras, pero no especifican su cuantía.
Este cuadro por tanto, al igual que los anteriores, no hace sino con-
firmar la tesis, que venimos manteniendo a lo largo del trabajo, sobre
la preponderancia del sector campesino y artesanal en la sociedad majo-
rera del siglo XVII.

49. Hemos señalado esta situación con un * en el cuadro.

55
Ahora bien, no siempre eran las novias las que recibían una dote,
pues también podía suceder, que fuesen los padres o familiares del novio,
en circunstancias especiales, los que le donasen una serie de bienes, a
cuenta de su legítima'". Es lo que le sucedió a Juan Pérez Bermúdez, a
quien su madre, en el momento de concertarse matrimonio, «por el
mucho amor que le tiene, por las buenas obras que de él ha recibido y
por haberle acompañado y ayudado en lo que ha podido», le hace dona-
ción de una serie de bienes". Posiblemente este tipo de donaciones sir-
viese luego a los novios para poder otorgar sus arras.

4. FINIQUITOS Y PLEITOS

El finiquito es el documento mediante el cual el novio, una vez cum-


plidas las condiciones estipuladas en la carta dotal, sobre todo en lo refe-
rente al casamiento y posterior velatorio ante el altar, recibe ya la dote
y públicamente se da por entregado, otorgando carta de pago.
Normalmente en el finiquito se vuelve a realizar una exposición de
los bienes prometidos en la carta dotal, otorgando el novio la carta de
pago. Es lo que hace, por ejemplo, Juan de Vares", que recibe diferentes
bienes en: tierras, aguas, ganado, ajuar y 1 esclavo de corta edad. Todo
ello valorado en 2.786 reales de plata nuevos.
No siempre los contratos matrimoniales llegaban a buen término; ya
hemos indicado en las páginas anteriores, cómo estaba prevista una
indemnización si el novio incumplía su palabra. Pero también podía suce-
der que fuesen los familiares de la novia los infractores, sobre todo a la
hora de hacer efectiva la escritura dotal. Ello podía dar lugar a que el
marido ya, se sintiese perjudicado en sus derechos y bienes y entablase
una demanda contra sus suegros, o familiares de su mujer. En estos
casos, incluso la mujer comparece como demandante en contra de su pro-
pia familia, ya que se considera perjudicada en su legítima''.
No siempre será el novio, o los cónyuges los perjudicados, pues tam-
bién la familia de la novia, si se produce su fallecimiento sin herederos,
pleitearán con el yerno para que devuelva los bienes de la dote a la fami-

50. HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A.: La familia extremeña... Op. cit., p. 185.


5). A.H.P.L.P,, Pedro Lorenzo Hernández, n." 2.998, f. 28 rto.
52. A.H.P.L.P., Pedro Lorenzo Hernández, n." 2.997, s/f. Sus suegros Manuel de la
Trinidad y Francisca de Torres han dotado previamente a su mujer, María de Torres.
53. A.H.P.L.P., Gabriel de Llarena y Avellaneda, n." 3.000 f. rto. Diego de Cabrera
Mateo y Victoria Hernández Ortiz, marido y mujer, demandadas a su suegro y padre, para
que les entregue la dote prometida por memoria y la legítima que le pertenece a ella, por
fallecimiento de su madre, Catalina Ortiz.

56
lia. Es lo que hace Juan de Saavedra Medina padre de Isabel Medina,
tras su muerte".
También puede darse la circunstancia de que sea el hijo que tras el
fallecimiento de su madre, nuevas nupcias del padre y su muerte pos-
terior, pleitee contra la nueva mujer del padre, su madrastra, por enten-
der que ha habido menoscabo en sus derechos y bienes, pertenecientes
a la dote de su madre".
En definitiva, esta secuela de pleitos y conciertos nos hace hincapié
de nuevo, en el carácter básicamente económico que tenía la institución
matrimonial, que se convertía en un vínculo para reforzar la situación
económica de unos, los novios, y al mismo tiempo preservar los bienes
de las familias de las novias, que bajo ninguna circunstancia renunciaban
a los derechos que tenían sobre ellos, bien directos, bien a través de sus
herederos.
Finalmente, como colofón, queremos hacer hincapié en que, si efec-
tivamente se han producido cambios en la institución matrimonial a lo
largo de la historia, como es el hecho de que, a la hora de contraer
matrimonio ya no prive esencialmente el criterio económico, como lo
demuestra el hecho de, la práctica desaparición de la costumbre de dotar
a las novias, hay rasgos que han permanecido invariables hasta la actua-
lidad. Por ejemplo, cuando el novio, una vez que se había comprometido
y había dado su palabra de casamiento, pasaba el tiempo y por circuns-
tancias diferentes, éste no podía celebrarse, apoderaba a un familiar suyo,
para que pudiese representarle en la boda y se celebrase la ceremonia por
poderes. Es lo que hizo Pedro de Vera un vecino de Fuerteventura, natu-
ral de Tenerife, quien apoderó a su cuñado, para que pudiese represen-
tarle en Chasna (Tenerife) y se celebrase el matrimonio".

54. A.H.P.L.P., Antonio Díaz de León, n.° 2.922, f. 24 rto. Pleitea por una dote de
2.870 reales que le había entregado a su yerno. En este caso llegan a un acuerdo y el yerno
para evitar pleitos y costos le entrega: 20 cabras, 6 ovejas, I becerro, 15 f. de cebada y 175
reales en tres mese?.
55. A.H.P.L.P., Antonio Díaz de León, n." 2.992, f. rto. El pleito es contra Inés de
Grimanesca segunda mujer de Enrique Morales Mateos.
56. A.H.P.L.P., Roque Morales Alberto, n." 3.006, f. 108 rto. Por lo tanto Pedro García
Afonso se casará con su novia en Tenerife, y ésta esperará hasta que puedan encontrarse.

57
COYUNTURA Y ECONOMÍA
EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVIII
EN FUERTEVENTURA Y LANZAROTE
PEDRO QUINTANA ANDRÉS
1. INTRODUCCIÓN

La existencia de un régimen señorial jurisdicx:ional en las islas de Fuer-


teventura y Lanzarote a lo largo del Antiguo Régimen coaccionó deci-
sivamente su desarrollo económico-social y sus relaciones de producción,
en gran medida impuestas, basadas en la captación de la renta con carác-
ter feudal por el grupo privilegiado.
El papel que desempeñaron ambas dentro de la formación social cana-
ria venía determinado por su función de abastecedoras, principalmente
de cereales, de las islas centrales, Tenerife y Gran Canaria. A la vez,
debían importar gran parte de los productos que consumían producién-
dose un intercambio desigual entre las primeras y las segundas.
Esta situación precaria se agravaba pues la mayoría de los productos
que salían de las dos, transformados ya en capitales tras su venta, no
revertían de nuevo en ellas sino que se retenían o invertían en los lugares
de destino de los cargamentos, donde el grupo privilegiado de las dos
islas, terratenientes y grandes rentistas, como sucede con la casa de Lugo
—señores de Fuerteventura residentes en Tenerife— se encontraba asen-
tado.
Se traducía esta realidad en ambas islas en una fuerte penuria en la
población, en general, que se veía intensificada aún más por la existencia
de diversos derechos señoriales, especialmente el de quintos, que en
momentos de crisis daba lugar a conatos de gran virulencia por el exceso
de carga impositiva, como los sucedidos en la isla de Fuerteventura a
lo largo del siglo XVII y XVIII entre el Cabildo y el señor de la isla'.
Junto a estos derechos del señor jurisdiccional, se unen los de las ren-
tas eclesiásticas y las cargas de censos y tributos que servían para subra-
yar con mayor fuerza la presencia de unas relaciones feudales, que media-
tizan el desarrollo de la estructura económica y reproducen la repetición
secular de un modelo de producción frágil, fuertemente descapitalizado
y con una dependencia del exterior absoluta.
1. SANTANA GODOY, J. (1977): La crisis económica y conflictos sociales en Canarias
(¡660-1740). En «Historia General de las Islas Canarias», t. IV, pp. 194-210.

61
Las peculiaridades geoclimáticas de Fuerteventura y Lanzarote fueron
también una remora en su desarrollo, que daban lugar a ser más acu-
sados los prolongados períodos de sequías, plagas, etc., que se plasman
en continuados despoblamientos producidos en los momentos de máxima
carestía, teniendo como consecuencia la emigración y una fuerte sobre-
mortalidad.
Serán estas crisis las que pongan en evidencia la inexistencia de una
estructura de mercado interno coherente y articulado en el Archipiélago,
así como la ausencia de una organización económica capaz de enfrentarse
a una situación que se reproducía periódicamente.
Las coyunturas adversas del primer cuarto del siglo XVIII y la de los
años setenta del mismo siglo serán las que pongan en mayor evidencia
estas carencias, provocando mayor impacto que el que realmente debería
tener.
Afecta esta crisis a la formación social del Archipiélago donde el
grupo de poder, que impone el modelo de reproducción de la mano de
obra y de la acumulación de capitales, no aporta soluciones que permi-
tiera crear un cambio en la estructura económica sino que mantienen un
patrón que les beneficia, tomando algunas iniciativas siempre con pos-
terioridad a la catástrofe.
Este proceso es el que se produce en las crisis que aquí se estudian
típicas del Antiguo Régimen, que poseen una cadencia secular (así se suce-
den las de 1662, 1672, 1683, 1693, 1703, 1721 cimas de períodos más
amplios de carestías), pero que experimentan especial trascendencia en
el siglo XVIII, con dos etapas que hemos ampliado cronológicamente en
el tiempo para ver la evolución de la compra-venta de bienes; 1700-1705
y los años que van desde 1715 a 1725^

2. EMIGRACIÓN Y CRISIS EN LA PRIMERA DÉCADA DEL SIGLO XVIII

La pésima coyuntura climática-agrícola de principios del siglo XVIII


tiene su culminación en el año 1703, influyendo tanto las sucesivas
sequías pretéritas que arruinan las cosechas, como la indiscriminada saca
de cereales hacia las islas de realengo, que agotaban las reservas insulares
y descapitalizaban continuadamente las dos islas.
El impacto de dichas crisis comienza a manifestarse ya desde el año
1701 apareciendo ya los primeros movimientos migratorios en la pobla-
ción de Fuerteventura, intentándose regular éstos por el Regimiento de
la isla, a la vez que en dicho año el Cabildo obliga al cierre de las sacas

2. Para la realización de este trabajo hemos consultado los fondos de protocolos nota-
riales que se encuentran en el A(rchivo) H(istórico) P(rovincial) de L(as) P(almas), corres-
pondiente a las escribanías de Fuerteventura y Lanzarote.

62
de granos tanto el de libre comercio como el de la cilla eclesiástica para
amortiguar la fuerte carestía que se avecinaba'.
La coyuntura se agravó hasta su culminación en los años 1703-1704,
aunque con repercusiones que se extenderán a lo largo de décadas por
la despoblación que se produce, la ruina de campos y ganados.
En Lanzarote el impacto parece que tuvo una menor repercusión ini-
cial, quizá por encontrarse sus recursos y producción más diversificada,
lo cual le permitió incluso prestar ayuda a la población majorera que en
los primeros momentos se desplazaron a ésta a enajenar sus pequeñas
propiedades que poseían tanto en su isla como en Lanzarote, en un
último intento de escapar de la hambruna.
Será a partir de 1705 cuando comienza a disminuir la carestía, gracias
a las cosechas del año anterior, que se muestran suficientes para parar
la sangría migratoria y la sobremortalidad así como poder permitir el
regreso de parte de la población emigrante.

2.1. La crisis de subsistencia en Fuerteventura, 1700-1705

De la documentación estudiada para Fuerteventura, con fuertes lagu-


nas por el deterioro de parte de los legajos, entre 1700-1705 se extrae la
importante tendencia hacia el incremento en las enajenaciones a medida
que se intensificaba la crisis (ver gráfica número 1).
NUMERO DE ENAJENACIONES E INVERSIÓN TOTAL
ENTRE 1700-1705 EN FUERTEVENTURA
Número de Inversión total
Año
compra-ventas en reales de vellón
1700 7 1.400
1701 91 iO.360,5
1702 92 17.953
1703 80 28.737,5
1704 17 6.442
1705 13 3.404

Fuentes; Protocolos Notariales. Nota: Elaboración propia.

El valor medio de los traspasos de los bienes se acerca a los 233


reales de vellón, que estaba directamente relacionado con el precio medio
de la fanegada ^le tierra de pansembrar en las islas que era de 30 reales,
bajando ésta a 25 reales en los últimos años de este período.
3. ROLDAN VERDEJO, R., y DELGADO GONZÁLEZ, C. (1967): Acuerdos del
Cabildo de Fuerteventura (1660-1728). La Laguna.

63
FUERTEVENTURA (1700 - 1705)

34 -

as -
ao -
IB -

16

14 -

ia
10 -

s -

1701 1702
'"ir''

1703
Á/taS. GRAriCA 1
J
o '111111111111 iTi I i'i'i I i'n i'i'r'i'i'i'iTiTn'rm'n'i'i'i i i'n'i'n'i'i"i'i 1111111111
1700 1704 1706

FUERTEVENTURA (1700 - 1705)


mVEKSlON fff COMPKÁS ¡nnSÜALtS

5^

Wuíimm iiny,,'
1701 170a f7ú3 1704
A/ns. aKÁFicA a

64
El elevado número de enajenaciones de maretas, huertas, pozos, etc.,
así como derechos a bienes de alto valor, como son los esclavos, permite
que la cifra de esta media alcance tal cuantía.
Respecto al número de enajenaciones se observa que serán los años
1701-1702 donde se producen los momentos álgidos de los traspasos, que
coinciden con el incremento en la salida de habitantes de la isla.
La evolución del mercado de ventas, especificado mensualmente, tiene
dos fases claramente; una a comienzos del año 1702, entre los meses de
enero y febrero, con 13 y 18 ventas respectivamente, y una segunda etapa
que comienza en el mes de noviembre de dicho año prolongándose hasta
abril de 1703 con especial relevancia en los meses de enero, con 25 trans-
acciones, y diciembre, con 19. El resto de los meses se muestran con fuer-
tes tendencias en las alzas y bajadas que están relacionadas con el incre-
mento o disminución del azote de la crisis.
Estos datos fraccionados apenas nos permiten una evaluación tanto
en el volumen de los bienes traspasados, salida de emigrantes, etc., aun-
que si admite, en cierto modo, precisar la existencia de varios momentos
en las enajenaciones que está en función de la propia alternancia de la
coyuntura y de las posibilidades de sobrevivencia de los habitantes.
La inversión en la adquisición de estos bienes (gráfica número 2),
tiene una fuerte polaridad centrada en enero de 1703 cuando se produce
el máximo desembolso por los compradores, 14.816 reales de vellón, mien-
tras en el resto de los meses ésta no revasará los 6.000 reales.
El mes de enero de 1703 se muestra como el más crítico de la crisis
en Fuerteventura consecuencia de un otoño e invierno de 1702 particu-
larmente secos, que no permitieron que germinaran las simientes plan-
tadas, agravando aún más la situación de la población, obligando al cam-
pesino a emigrar a otras islas en busca de amparo y sustento, vendiendo
sus propiedades en su isla o en las de llegada.
Con posterioridad a esta fuerte inversión puntual se produce una ten-
dencia paulatina en la reducción de los desembolsos, pese a que el
número de compra-ventas era elevado, como sucede en abril de 1703,
pero no el de su valor perteneciendo éstos a pequeños propietarios que
los poseían en zonas marginales y que se veían abocados a la enajena-
ción.
En Fuerteventura, en conclusión, existe un incremento de las trans-
acciones entre los últimos meses de 1702 y comienzo de 1703, implicando
que una parte de su población utilizó este capital para trasladarse a otras
islas, así como para comprar alimentos que desembarcaran en ella, aun-
que es escaso el número de vendedores que mencionan esta posibilidad.
Aunque esto no significa que necesariamente todos los emigrantes debie-
ran vender sus propiedades, o que todo vendedor potencial tuviera que
salir de la isla.
65
La localización de las enajenaciones realizadas en Fuerteventura mues-
tran como éstas están casi totalmente centradas en la zona centro-norte
de la isla, lugar donde se asentaba la mayoría de sus habitantes"; la Vega
de Antigua con el 11 % del total de los traspasos (33 enajenaciones en
total), Tiscamanita con el 5,6%, la misma proporción que La Oliva
(ambas con 14 transacciones), la feraz Vega de Río Palmas con 12 ventas
(4%), teniendo el resto cifras menos significativas.
Era la tierra el tipo de bien que se transfirió en mayor número de
ocasiones con el 70% del total de lo vendido, siendo la media de los
lotes enajenados la siguiente:

DIMENSIONES DE LOS LOTES DE TIERRA ENAJENADOS


EN FUERTEVENTURA ENTRE 1700-1705
Dimensión % en el total
de las tierras vendidas de las tierras vendidas

Menos de una fanega 8,2


Entre 1 y 1,5 10,3
De 1,5 a 3 45,36
De 3,5 a 6 22,68
De 6,5 a 10 6,1
Más de 10 7,2

Fuentes: Protocolos Notariales Nota; Elaboración propia

El resto de los traspasos lo componen en un 11,5 % la venta de sitios


y viviendas, el 2,7% transacciones de esclavos, etc., así como una serie
de bienes sin precisar su volumen como son las diversas herencias ven-
didas entre los beneficiados de éstas como a terceros compradores.
La venta de esclavos es en la que destaca más ya que las transferen-
cias se realizan entre el grupo privilegiado de la isla, como vendedores,
y aquél que se encuentra de tránsito por ella como comerciantes que ges-
tionan la salida de cereales, arriendo de propiedades, etc., siendo éstos
todos vecinos de Tenerife.
Los vendedores proceden de múltiples puntos de la geografía insular
aunque coinciden a grandes rasgos su proporción con el la localización
de ventas por lugares; los vecinos de Antigua representan el 16,3% del
total, seguidos, ya de muy lejos, por los de La Oliva con el 7,3 %, Tri-
quivijate con el 6,6% y Tiscamanita y Tuineje con el 5,6% estando el
resto muy repartidos entre los diversos pagos y lugares.

4. Además de estas cifras encontramos en el resto de la isla el siguiente número de


compra-ventas: Tuineje con 11, Espinal 8, Santa Inés 9, Betancuria 9, Casillas de Morales
10, Triquivijate 6, Casillas de Ángel 7, Vallebrón 7, Tetir 4, y el resto con 4 o menos ena-
jenaciones a lo largo de los seis años.

66
Los compradores se encuentran en cambio concentrados en unos
determinados puntos: el 16,3% en la villa de Betancuria, teniendo ésta
sólo un 1,6% del total de los vecinos que enajenan, indicando un fuerte
proceso acaparador de bienes por parte del grupo de poder aprovechando
la salida al mercado de importantes bienes a bajo precio. Antigua y Casi-
llas de Angei con el 14,3% para cada una son las que siguen de cerca
a la villa principal.
La primera por causa del importante volumen de bienes inmuebles
que se traspasan en su término, que pasan en un primer momento a
manos de un destacado grupo de vecinos del lugar que posteriormente,
con el recrudecimiento de la coyuntura, se ven obligados a vender lo com-
prado, e incluso a enajenar propiedades que ya poseían antes de la crisis,
a miembros de la oligarquía local.
En Casillas la situación está determinada por la presencia en dicho
lugar de importantes hacendados que se aprovechan de la situación para
incrementar sus posesiones, como sucede con el capitán Goias y la fami-
lia Cabrera, que aglutinarán una sustanciosa cantidad de adquisiciones.
El grupo privilegiado será el que obtenga más beneficios, gracias a
los procesos especulativos que permite la crisis. Este grupo estaba com-
puesto por aquellos individuos que desempeñan en la isla tareas admi-
nistrativas, poseen el título de "don", son milicianos, comerciantes, ecle-
siásticos y aquellos que tienen cargos de cierta relevancia social así como
agricultores enriquecidos de relevancia en la isla, pero de difícil encuadre
en el corto espacio de tiempo consultado.
La intervención de esta oligarquía local en las transferencias es sólo
del 14,3 % del total pero que representan el 45,4 % de toda la inversión,
por su carácter selectivo, incrementándose su presencia ante el escribano
en los momentos de mayor rigurosidad de la crisis, que permite adquirir
bienes a un precio más barato.
Los principales compradores se integran en dicho grupo, destacando
sobre todo los milicianos que son los que mayores inversiones realizan;
el capitán Julián Cabrera Betancourt desembolsa en compras 1.685 reales
de vellón, el capitán Lorenzo Mateo Cabrera 1.832,5 reales invertidos en
tierras, y el capitán Francisco Martínez Goias, regidor y familiar del
Santo Oficio, que con sólo trece adquisiciones fue el máximo comprador
e inversor, con un volumen de 21.889 reales de vellón.
Este último miliciano aparece siempre como comprador en los
momentos culminantes y posteriores a la crisis; enero-junio de 1703 y a
mediados de los años 1704-1705, siendo sus compras de carácter espe-
culativo, cuando más baja está la cotización de la tierra, implicando un
proceso de acumulación y afianzamiento en el poder.
Un segundo grupo lo integran los agricultores enriquecidos, medianos
propietarios, entre los que destaca Juan Pérez Guillama, vecino de Casi-

67
lias, que adquiere varios lotes de tierras con una inversión total de 1.041
reales mostrándose como uno de los máximos beneficiados en esta
etapa.

2.2. Lanzarote entre 1700-1705

Por contra de lo que sucede para la documentación de Fuerteventura,


la de Lanzarote se mantiene casi íntegra, permitiendo unas mejores seria-
ciones tanto de las enajenaciones como de la inversión.
La crisis en la isla aparece, a través de las compra-ventas de bienes
(ver gráfica número 3), dividida en dos fases en los seis años estudia-
dos:
a) Una primera parte de la crisis que abarca desde julio de 1701 y
se prolonga hasta septiembre de 1702, con especial relevancia en el
número de enajenaciones que se dan en los meses de agosto y septiembre
de este último año, con 40 y 42 transacciones respectivamente, que sig-
nifican un paulatino incremento en las ventas.
b) Abarca desde enero a agosto de 1703, llegándose a este último
mes a 69 compra-ventas. Es el período más crítico dentro de la coyun-
tura al que inmediatamente sucede una caída en las transacciones, debido
a la fuerte emigración y mortalidad.
Los períodos de máxima enajenaciones entre Fuerteventura y Lan-
zarote no tienen un mismo momento y tiempo cronológico, pues mien-
tras es en enero de 1703 cuando se alcanza el máximo en Fuerteventura,
en la segunda será en agosto del mismo año, aunque comiencen a incre-
mentarse las enajenaciones desde enero y se prolonguen por todo el año
aunque bajando ya los traspasos lentamente.
Será ya en los primeros meses de 1704 cuando se vuelva a normalizar
en parte el movimiento de compra-ventas en Lanzarote, comparándolo
con el de comienzos del siglo, dilatándose a los años posteriores esta reac-
tivación.
El conjunto de enajenaciones e inversiones que se producen anual-
mente en Lanzarote permiten comprobar que existen unas fuertes alzas
en ambos parámetros en los años centrales del sexenio, decayendo con
posterioridad:

68
LANZAROTE (1700 - 1705)
HVMTKO XUr VISTAS UtNSUÁLÍS

ü -VW

A^Oa. GRÁFICA 3

LANZAROTE (1700 - / 705;


rnvgRsioif ifgKsuAL t s COMPRAS
Í3

5*

rri'iT
1701 170S 1703 1704 1706
AÑOS. GRÁFICA 4

69
TRANSACCIONES E INVERSIÓN EN LANZAROTE
ENTRE 1700-1705
Número de Inversión
Ano
compra-ventas en rs. de v.
1700 120 23.901,5 1/4
1701 249 63.613,5 1/4
1702 297 53.846
1703 476 66.293,5
1704 75 20.458
1705 76 32.733,5

Fuentes: Protocolos Notariales Nota: Elaboración propia

La media de inversión en el sexenio por compra es bastante baja,


pues apenas si alcanza los 202 reales de v., que estaba relacionada con
el precio medio que alcanzaba la fanega de tierra, 50 reales, llegándose
aún a fines de la crisis a rebajarse a 37,5 reales en algunas localidades.
El análisis de la inversión (ver gráfica número 4), permite comprobar
que los bienes de mayor valor medio se venden en el primer momento
de la crisis, hasta febrero de 1702, con los mayores desembolsos al prin-
cipio y finales de 1701, lo que significa que parte de la población con
propiedades de cierto valor las enajenó rápidamente, antes que éstas baja-
ran por la concurrencia de otras en el mercado, ya para poder acaparar
alimentos como para emigrar.
En los meses posteriores, hasta el año 1703, entran en el mercado de
la propiedad bienes de menor valor, quizá motivado por la tasación a
la baja, perteneciente a un elevado grupo de población que venden lo
único que tienen para arribar a lugares más seguros, aunque muchos
para sólo morir en ellos.
Existe una múltiple presencia de meses donde la inversión rebasa los
8.000 reales, que permiten distinguir dos etapas dentro de la gráfica
adjunta; una primera parte entre enero de 1701 y agosto de 1702 con un
número de ventas menor que en la siguiente fase pero con mayor valor
medio de éstas, llega a 288 reales de v., y otra entre marzo-agosto de
1703 con un importante incremento en las transacciones, pero con una
inversión media de 130 reales y 5 cuartos.
Sólo el movimiento del dinero parece recuperarse en 1705 gracias a
las enajenaciones puntuales de tierras y maretas en la zona de Tiagua,
marcando una tendencia al alza y a la normalidad del mercado tras la
coyuntura de recesión.
También en Lanzarote la tierra es el centro de las compras que se
realizan, el 71,7%, siendo los terrazgos entre 1,5 y 3 fanegadas los que
en mayor número de ocasiones se compran:
70
DIMENSIONES DE LOS TERRAZGOS ENAJENADOS
EN LANZAROTE ENTRE 1700-1705

Dimensión del terrazgo % dentro de Jas tierras vendidas


Menos de una fanega 18,57
Una 28,55
De 1,5 a 3 35,43
De 3,5 a 6 12,27
De 6,5 a 10 3,3
Más de 10,5 1,1
Más de 15 0,6
Fuentes: Protocolos Notariales Nota: Elaboración propia

La fuerte acumulación de ventas de parcelas entre una y menos de


una fanega explica que poseyendo mayor valor la fanega en Lanzarote
que en Fuerteventura, el precio medio de los bienes sea mayor en la
segunda. En ambas el grupo entre 1,5-3 fanegadas es mayoritario pero
sólo el 33,43% en Lanzarote frente al 45% en Fuerteventura.
Las viviendas y sitios es el otro grupo de bienes que por su volumen
de ventas tiene un lugar destacado, representan el 12,36% del total, con-
centrándose éstas especialmente en la villa de Teguise y el lugar de Haría,
en ésta última es especialmente el solar el que más se vende, destaca la
venta que realiza Miguel López, vecino de Tiagua, y en nombre de dos
vecinos de Fuerteventura, al Cabildo Catedralicio de un sitio para fabri-
car la cilla de Timanfaya'.
Aljibes, maretas, pozos, etc., tanto en fracciones como en su totalidad
representan el 11,1 % del resto de las propiedades vendidas distribuyén-
dose éstos por toda la geografía insular. Otro grupo de importancia son
los esclavos, que integran el 2,2% de las ventas, cuya transacción es la
que produce unos ingresos medios más altos al poseedor, adquiridos por
vecinos de Tenerife que se encuentran de paso por la isla, y en algún
caso dando poder a un vecino de la isla para la compra.
La localización de la venta es vital para discernir los lugares más afec-
tados por la coyuntura desfavorable, aunque sin que exista una fuerte
relevancia de algunas zonas, como si sucede en Fuerteventura; Teguise
concentra el 7,9% de los vendedores, Haría el 6,6%, Sóo el 3,1 %, Yaiza
el 2,5%, Finiquineo con el 2% como aquellos lugares destacables,
estando el resto por debajo de estas cifras.
Existe una contraposición con lo ocurrido en Fuerteventura, donde
existía una fuerte concentración de los lugares de venta, Betancuria, la
villa principal apenas se encontraba afectada en su término por las ena-

5. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano: Juan González de Sepúlveda. Legajo:


2.783. La venta se realiza por la cuantía de 42 reales de plata el 23 de marzo de 1701.

71
jenaciones. Por contra, quizá porque existen más datos, en Lanzarote se
observa mayor implicación de núcleos ya por una distribución más
amplia de la población junto a una diversidad en el número de terrazgos
y la explotación de éstos que permitía más bienes a la venta.
También los vendedores tienen fuerte variabilidad con cierto predo-
minio de los vecinos de la villa de Teguise, el 11,6%, pues en ella se
asienta con un importante número de propietarios que tienen repartidos
terrazgos por toda la isla. Haría con el 5,6%, Mancha Blanca con el
5,1% de los vendedores, San Bartolomé con el 3,6%, el pago de Sóo
con el 3,4%, la Vega de Muñique con un 2,5%, estando el resto de los
enajenadores de otras localidades por debajo del 2%.
En el conjunto de los vendedores hay una fuerte presencia de vecinos
de Fuerteventura, 73 en total, en su mayoría procedentes de los términos
de La Oliva y Tetir que arriban a la isla entre los años 1701-1703 ven-
diendo siempre tierra, adquirida en su mayoría a través de herencias.
Estos terrazos se sitúan en la zona sur de Lanzarote, siendo sus com-
pradores habitualmente vecinos de Yaiza, Uga, Femés, etc., todos de luga-
res cercanos a la zona donde se localizan las tierras.
Se añaden a éstos otros 26 majoreros que delegan en éstos o en cone-
jeros para las ventas, indicando estos arribos la menor incidencia que en
los primeros momentos tuvieron sobre la isla de Lanzarote.
Con respecto a los compradores el panorama cambia sensiblemente
ya que la concentración de éstos en determinados lugares es decisiva para
el estudio de los procesos de acumulación; en Teguise se localiza el 16%
de ellos y en La Vegueta el 14%.
Esta fuerte presencia de ambos núcleos es debida a que en el primero
existe un elevado número de vecinos que ya por ser hacendados, buró-
cratas, eclesiásticos, milicianos, etc., tienen la posibilidad de comprar reali-
zándose este proceso especialmente en los momentos más agudos de la
crisis captando parte de los bienes puestos en venta, en la segunda es la
presencia de la familia Betancurt y Ayala, destacados propietarios de tie-
rras, que compran varias parcelas para ampliar su terrazgo que influye
en la continuada aparición de sus vecinos y en concreto del capitán Luis
de Betancurt y Ayala.
Otras zonas importantes por el número de compradores son: Haría
con el 6,9%, Yaiza con el 6,7%, Tinajo con el 5,8%, San Bartolomé
con un 4,6%, etc., así como la presencia de siete vecinos de Tenerife,
uno de Cádiz y otro de Portugal que adquieren casi todos los esclavos.
El grupo privilegiado sólo participa en el 25 % de los traspasos glo-
bales aunque desembolsa el 42,32% del total de la inversión hecha, acu-
mulando en esta primera crisis un importante volumen de bienes gracias
al aprovechamiento de la coyuntura desfavorable.
En conjunto, esta primera crisis significa para ambas islas continuar
dentro de un proceso cíclico catastrófico, que no se debe achacar sólo
72
a sus condiciones geoclimáticas sino a su situación dentro de la forma-
ción canaria y a los procesos de descapitalización a la que se encontra-
ban sometidas.

3. LA COYUNTURA DEL DESASTRE: 1719-1723

La convulsión traumática que se produce al comienzo de la segunda


década del siglo XVIII repite las mismas pautas que las producidas en épocas
anteriores, aunque ésta se ve aún más agravada por ser el culmen de una
acumulación de crisis que afectan a las islas desde finales del siglo XVII.
A los sucesivos años de temporales que se producen en 1713-1714 les
sigue, a partir de 1715, los de continuada sequía, que alcanza su máxima
manifestación en 1721-1723, produciéndose una fuerte emigración desde
las dos islas, que en muchos casos fue desesperada muriendo muchos en
los lugares de arribo:
«En Canarias sólo murieron más de 7.000 personas, por haber acudido
allí mucha gente de Fuerteventura y Lanzarote. En El Sauzal de Tenerife
desembarcaron de una vez 600 habitantes de dichas dos islas, buscando soco-
rro a la indigencia»''.
Llegándose en Fuerteventura a grandes cotas dentro de la miseria
colectiva sufrida en los años centrales de la adversa coyuntura:
«Se hallan los habitantes de esta isla de lugar en lugar y de puerta en
puerta pidiendo socorro, como no se puede imaginar, y nunca ha ocurrido,
pues habrá escasamente sesenta vecinos que puedan mantenerse un año, no
pudiendo socorrer a parientes ni a pobres»'.
La crisis arrecia entre 1720-1721 teniendo, su momento más crítico
este último año cuando se prohibe la entrada de habitantes en Gran
Canaria por orden de su Cabildo, lo que significó para muchos la pér-
dida de toda esperanza de ver amortiguado su sufrimiento, ya que emi-
grar era la única manera para el grupo no privilegiado de escapar a una
muerte casi segura como alegan varios vecinos:
«(...) según la fatalidad de mantenimiento que se padece en la isla (Fuer-
teventura) p. la falta de cosecha en ella, q. es de la q. los pobres nos soco-
rremos hallándose imposibilitada de medios para alimentar a dhos mis hijos
menores y del dho mi marido, y pa poder redimir la vexasion q. el tpo. pro-
mete y es usar salir fuera de la isla»'.
6. VIERA Y CLAVIJO, J., de (1982); t^otidas de la Historia General de las Islas Cana-
rías. T. n , p. 331. Santa Cruz de Tenerife.
7. ROLDAN. VERDEJO. R., y DELGADO GONZÁLEZ, C. (1967): Op. cit.. p. 242.
8. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano: Roque de Morales Albertos. Legajo:
3.008. Fols. sf. Fecha: 12/8/1720. La enajenación la lleva a cabo la vecina de Pájara Cata-
lina Díaz a favor del vecino del lugar, Melchor Sánchez, consistiendo en 8,5 almudes por
30 reales de vellón.

73
3.J. Fuerteventura entre 1715-1725
En esta isla se produce durante el decenio analizado un elevado
número de enajenaciones (ver gráfica número 5) que ya empiezan a mos-
trar una fuerte tendencia al crecimiento desde 1717-1718, por causa de
las sequías y las consiguientes malas cosechas. Se producen ventas masi-
vas desde marzo de 1719, incrementándose rápidamente su ritmo en
septiembre-marzo de 1720, para finalizar en una tercera etapa de alza
entre febrero y marzo de 1721, dando paso en los meses sucesivos a una
sensible bajada de éstas.
Estos altibajos en el mercado están directamente relacionados con la
posibilidad o no de abastecimiento que tenía la isla, que llevaba a los
vecinos a actitudes de traspaso o retención de sus propiedades. La puesta
en venta de 2.000 fanegadas de cebada blanca de la cilla eclesiástica en
noviembre de 1719 crea en parte de la población una disposición a man-
tenerse en la isla, apreciándose una brusca bajada de las enajenaciones.
La misma actitud se observa en los momentos en que el Cabildo de
la isla realiza diversos planteamientos de adquisición de cereales perte-
necientes a la renta del tabaco, diezmo, etc., quisieran o no cederlo sus
dueños, así como la utilización de la renta de quintos para la compra
de grano.
A partir de 1721 existe una caída de las ventas que debemos relacio-
narlo con la imposibilidad de emigración y con la masiva salida de veci-
nos que se había producido en los meses anteriores, así mientras en
marzo de 1721 las compra-ventas llegan a 37, al mes siguiente éstas ya
sólo son siete, momento en que se recibe en la isla la misiva del Cabildo
de Gran Canaria con la mencionada prohibición de arribada I
Los años posteriores se caracterizan por la bajada continuada en las
ventas, destacando sólo el mes de octubre de 1724 con 19, que está
unido a la mejora de las cosechas y la llegada de ahmentos desde fuera
de la isla que permitió poner ciertas propiedades en venta para adqui-
rirlos, a la vez que emigrar hacia otras islas una vez se había aplacado
la repercusión de la crisis, aunque no se recupera el dinamismo del mer-
cado anterior a 1719.
La inversión (ver gráfica número 6), es bastante moderada con sólo
una cota destacable en marzo de 1721, en cuyo mes se producen masivas
ventas de elevado valor medio, con 307 rs. de vellón, frente a los 228
reales y 5 cuartos de media de estos diez años estudiados, produciéndose
otra importante alza puntual en octubre.

9. ROLDAN VERDEJO, R., y DELGADO GONZÁLEZ, C. (1967): Op. cit.. p. 310.

74
FUERTEVENTURA [1715 - 1725)
mnivnn ni? vvnirifí uv^fiVAíyy

AÑOS. ÜRAi'KA a

FUERTE VENTURA {1715 725)


ÍNVFltSIOS MSHSLIAl fV COifPBÁS

171S 1716 1717 1716 1713 17S0 1721 17Z2 1723 1724 172S

AÑOS. GRÁFICA 6

75
ENAJENACIONES E INVERSIÓN EN FUERTEVENTURA
ENTRE 1715-1725

Número de Inversión total


Año en rs. v.
compra-ventas
1715 34 14.164,5
1716 38 13.478,5
1717 26 6.187,5
1718 54 15.007,5
1719 181 32.241,5
1720 145 30.465,5
1721 153 40.435
1722 74 13.969,5
1723 25 6.485,5
1724 56 8.697
1725 10 1.026,5

Fuente: Protocolos Notariales Nota: Elaboración propia

Una parte sustanciosa del desembolso se dirige hacia la adquisición


de tierras, con un bajo precio de la fanega que se sitiía entre ios 30-35
reales, por lo que en la mayoría de las inversiones las cantidades pagadas
son bajas, salvo si aparece en el mercado un importante lote de tierras,
fundamentalmente por parte del grupo acomodado.
Existe un incremento medio de la parcela de más venta con respecto
al quinquenio anterior pues tenía de media entre 1,5 a 6 fanegas:

DIMENSIONES DE LAS PARCELAS ENAJENADAS


EN FUERTEVENTURA ENTRE 1715-1725

Dimensión del terrazgo % en las tierras vendidas


Menos de una fanega 19,36
Una 27,7
De 1,5 a 3 37,28
Entre 3,5 a 6 8,9
De 6,5 a 10 3,1
Más de 10,5 1,4
Más de 15 2,0

Fuente: Protocolos Notariales Fuente: Elaboración propia

Es la tierra, una vez más, el bien más utilizado para enajenar, el


65,63%, seguida por la de viviendas y solares con el 19,5%, maretas y
aljives con un 2,7 %, marcas de ganado con el 2,3 % y esclavos que repre-
sentan el 1,8%, siendo éstos los productos que acaparan el mercado con
el 92% de las ventas.

76
Junto a éstos se encuentran otros bienes, que si bien no destacan en
número si lo hacen por el aporte de conocimiento de las relaciones eco-
nómicas que existían entre las islas y la estructuración de su comercio.
Las diversas compras que realizan vecinos de Tenerife de barcos o parte
de ellos, apareciendo casi todos los adquirientes como copropietarios con
vecinos de Fuerteventura, es un ejemplo de las compañías para transporte
y pesca que existían entre los vecinos de ambas islas. La venta del tercio
del barco llamado «La Perlita» adquirido por un copropietario vecino
del Puerto de La Orotava'", o la transacción de dos cuartos del barco
nombrado «de San José y de las Animas»" son ejemplos de estas unio-
nes.
La localización de los lugares de enajenación tienen unas áreas muy
parecidas a la del primer quinquenio estudiado: la Vega de Antigua el
11,9%, vendiéndose en ella exclusivamente tierras y solares, Tetir el
10,9%, La Oliva con 7,7%, Pájara, Casillas y Tiscamanita con el 6,2%,
Valle de Santa Inés con el 4,7%, Triquivijate con el 4,3%, Betancuria
sólo con el 3,7%, siendo gran parte de los bienes enajenados en esta
vivienda.
El mismo planteamiento se presenta en la vecindad de los vendedores;
en la Vega de Antigua el 13,6%, Tetir 8%, Pájara el 7,8%, La Oliva
6,9%, Tuineje 6,7%, Tiscamanita con el 6,1 %, Betancuria con el 5,7%,
siendo éstas las localidades donde tanto la concentración de los habitan-
tes como la calidad de la tierra que se encuentra en sus zonas influyen
determinantemente en su presencia en el proceso de compra-venta.
En aquellos lugares donde el precio medio de la fanega de tierra
alcanza entre los 150-300 reales, La Florida o zonas cercanas al lugar
de Villaverde, apenas si sus habitantes intervienen como vendedores,
0,7 % de bienes vendidos en esas zonas del total y 0,1 % de vecinos ena-
jenadores, ya que sus propietarios son habitualmente miembros del grupo
privilegiado, participando siempre como compradores y no a la inversa.
Los compradores se concentran en las zonas que aparentemente se
encontraban menos castigadas por la crisis por su limitada presencia en
las ventas; los vecinos de Casillas de Ángel compran el 17,45%, la villa
de Betancuria el 9,6%, Antigua con el 8,9%, la zona de La Oliva con
el 8,2%, el 6 , 1 % en Tuineje, el 6% de Pájara, etc.
10. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano: Roque Morales Albertos. Legajo; 3.009.
Año: 1722. El traspaso es realizado por el alférez José de Betancurt, vecino del Valle de
Santa Inés, al vecino del Puerto de la Cruz, alférez Miguel de Oramas al que pertenecía un
tercio del barco, siendo el resto de Francisco Pérez «El Rubio», vendiéndose por 1.019 reales
de vellón de los que el alférez Miguel de Oramas entrega 108 reales en 6 fanegas de trigo.
11. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano: Diego Betancort Cabrera. Legajo:
3.012. Año: 1715. Esta transacción es hecha por el sargento mayor Pedro González de
Socueva y Lorenzo Martín Betancurt a favor de don Lorenzo Martínez, vecino de Santa
Cruz de Tenerife, ambos con una cuarta parte del barco, por el precio global de 575 reales
de vellón.

77
La presencia del grupo privilegiado, todos vecinos de los tres primeros
núcleos mencionados anteriormente, es escasa en el número de traspasos
hechos con el 28%, pero que en volumen de inversión significan el
48,89% de la totalidad de los desembolsos. Su participación como ven-
dedores es escasa destacando dos casos especialmente; el primero tiene
como protagonista al capitán José de la Santa Ariza que dando poder
al teniente coronel de Fuerteventura, José Sánchez Umpiérrez, hará seis
ventas de tierras y casas en Triquivijate, Antigua y Ampuyenta 'I
El otro caso también lo protagoniza el vecino de Tenerife don Juan
Núñez de la Peña, padre del huérfano, a través de poder dado al capitán
Francisco Yanes, para que venda casas y tierras en Tuineje.
Los parámetros por los que se evaluaban las claves de la primera cri-
sis en la isla vuelven a ser válidos, en general, para estudiar la nueva rece-
sión económica, pues se manifiestan los mismos síntomas.
La situación, pese a la ayuda exterior propiciada por las gestiones
hechas por el capitán general don Juan de M u r ' \ no van a paliar las
diversas vicisitudes por las que pasan sus habitantes y que sirven para
incrementar aún más el poder de la oligarquía local en cada una de
ellas.

3.2. La crisis de 1721-1723 en Lanzarote


En esta isla los episodios vividos en este decenio parecen diferir bas-
tante de los del año 1703, tomando tintes tan trágicos como los de la
propia isla de Fuerteventura.
Estudiando la evolución de las compra-ventas (ver gráfica número 7),
se observa un fuerte incremento tanto de las enajenaciones como de la
inversión en los años centrales, 1719-1721.
El estudio de estos datos permite observar varias fases en la evolución
de la compra-venta:
a) Desde fines de 1717 empiezan a producirse alteraciones en la adqui-
sición de bienes, que ya a finales de 1718 hasta enero de 1719 se cris-
talizan en un alza importante en las compra-ventas, que se deben pro-
ducir por los inicios devastadores de la crisis.
b) Esta segunda fase comienza en febrero de 1719, tras el otoño e
invierno anterior sin lluvias, incrementándose las ventas desmesurada-
mente hasta enero-marzo de 1721, su punto culminante, para dar paso
a una desaceleración ante la imposibilidad de emigrar a Gran Canaria.
12. Estas propiedades las adquiere por entrega por parte de la justicia de los bienes
del capitán Manuel Fernández Bello, por impago de la renta del tabaco, y de Salvador Del-
gado por 3.074 reales. Las ventas son realizadas entre 1715-1720 por las que percibe 2.795
reales, de ellos cobra 1.300 reales en ganado y trigo en 1717.
13. Provisiones del Capitán General don Juan de Mur y de la Junta constituida en
Tenerife para socorrer a las islas de Fuerteventura y Lanzarote, en ROLDAN VERDEJO,
R., y DELGADO GONZÁLEZ, C. (1967); Op. cit., p. 310.

78
LANZARÓTE (1715 - 1725)
mmnta ar VTNTAS ugrfstiAurs

AÑOa. x^UAFlCA

LANZARÓTE [1715 - 1725)


INVFRSrON ürffSUAL WN COlfPKAB

S3

17Í6 trie 1717 1718 1719 1720 1721 1722 1733 1724 17SS
A/rOS. ÜRAFICA 6

79
VENTA E INVERSIÓN EN BIENES
EN LANZAROTE ENTRE 1715-1725

Número de Inversión en reales


Año
compra- ventas de vellón
1715 82 15.139
1716 156 42.884
1717 137 47.550
1718 128 41.601
1719 274 63.296
1720 287 43.463,5
1721 466 57.655,5
1722 208 25.349
1723 185 27.021,5
1724 98 21.211
1725 58 13.874,5

Fuente: Protocolos Notariales Nota: Elaboración propia

c) Desde 1721 a 1725 se produce una caída lenta pero continuada del
número de propiedades enajenadas, que debe entenderse como la entrada
en un proceso de reacción frente a la crisis donde se unen tanto las medi-
das encaminadas a dar auxilio a los vecinos, la propia despoblación de
la isla, así como la ausencia de compradores y de dinero para las adqui-
siciones, junto a una mejora climática que permite el incremento del ren-
dimiento agrícola de 1724-1725, aunque no sirvieron para eliminar del
todo la situación.
Los intentos de auxilio por parte de las instituciones también influ-
yeron de manera decisiva, así mediante la Real Orden de 7 de septiembre
de 1723 se concedió exención de derechos por las ventas de ganados que
se pasasen a otras islas desde Lanzarote y Fuerteventura, utilizándose el
dinero para la adquisición de cereales, uniéndose a ésta la Real provisión
del rey Luis I de octubre de 1724 que prohibía la salida de grano y pro-
curaba agilizar la entrada de éstos en ambas islas:
«(...) no Permitáis, ni deis Lugar que por persona alguna, se extraigan
granos de estos nuestros Reynos al de Portugal, ni otros, velando sobre ello
en buestros parajes, en la Justificación, y severidad, que os está encargada;
y asi mismo os mandamos no impidáis ni embaraseis ni permitáis se impida,
ni embarase la entrada de granos forasteros en estos nuestros Reynos, Libres
de dros. con tai que sean de Provincias y parte con quien se tiene comercio,
y que las entradas se executen por los mismos Puertos y paraxes que están
señalados»'".
14. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano: Nicolás Clavijo Alvarez. Legajo: 2.802.
Año: 1724. Fols. 113 v., 114 r.

80
Pese a estos intentos institucionales por erradicar la situación de crisis
ésta parece no solucionarse, ya que el síndico personero de la isla, capi-
tán Juan Matías de Cabrera, trasladando acuerdo del Cabildo de Lan-
zarote de 10 de enero de 1725, solicitando a la Real Audiencia de Cana-
rias el permiso para que algunos vecinos de la isla saquen ganado de ella
para la de Tenerife con la intención de adquirir granos para su sustento
ya que:

«(...) nos hallarnos con quinientas reses, y éstas están expuestas a morirse
de hambre por aver faltado las lluvias, y no aver verde donde mantenerse,
por lo qual avernos determinado el pasarlas a la Isla de Tenerife a escapar,
y en caso de tener salida venderlas para comprar granos con que mantener
nuestras obligaciones, respecto a que de faltar el año, como hasta aquí será
mui poca, o ninguna la cosecha que en la ysla abrá» ".

Dándose permiso para el embarque el 13 de marzo de ese mismo


año, que influye en las compra-ventas de marzo-abril de ese período, coin-
cidiendo con la salida del ganado, quizá por vecinos que quieren hacer
parte de sus bienes líquidos entregándolos a los que iban a Tenerife para
la compra de cereales.
La inversión (ver gráfica número 8), tiene unas características diame-
tralmente diferentes a la curva de traspasos. Aparece un elevado desem-
bolso hasta septiembre de 1719, con un precio medio de la adquisición
de 289 reales, debido a la venta de grandes propiedades y de esclavos,
18 en total, así como de varios derechos y partes de capillas en el con-
vento de San Francisco de Teguise cuyo principal comprador será el
teniente de capitán Luis de Armas que adquiere siete, así como la puesta
en el mercado de la tierra de varios cortijos en la zona de San Barto-
lomé y Tiagua.
En cambio, el precio medio de las ventas entre septiembre de 1719
y 1725 alcanza sólo 91 reales y un cuarto de media, ya que la mayoría
de las compras están compuestas por parcelas inferiores a las dos fane-
gas, uniéndose a ello la bajada de los precios, falta de compradores, etc.,
parejo a un incremento de la pobreza y desesperación, observable a tra-
vés de la documentación consultada, de aquellos que esperaron hasta el
final para no desprenderse de sus bienes.
La tipología de las propiedades vendidas va a sufrir en la isla una
evolución importante con respecto 1700-1705, pues la tierra ahora sólo
representa el 6 5 % del total de las transacciones, siendo a partir de 1719
cuando su presencia es mayor, por las ventas hechas por los miembros
del estamento no privilegiado de los grupos no privilegiados.

15. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano: Nicolás Clavijo Alvarez. Legajo: 2.802.
Año: 1725. Fols. 180 v., 181 r.

81
El precio medio de ia fanega no experimenta alzas sustanciales desde
1705, manteniéndose alrededor de 50-60 reales, aunque disminuye cada
vez más la media de la parcela vendida ya que más del 50% de éstas
tiene una o menos de una fanega, lo que incide directamente en el volu-
men de la inversión.

DIMENSIONES DE LAS PARCELAS VENDIDAS


EN LANZAROTE ENTRE 1715-1725
% en el total de las ventas
Dimensión de la parcela de tierras
Menos de una fanega 24,4
Una 32,9
Entre 1,5 a 3 32,7
De 3,5 a 6 7,2
De 6,5 a 10 1,4
Más de 10,5 1,0
Más de 15 0,5

Fuente: Protocolos Notariales Nota: Elaboración propia

Junto a los terrazgos será la venta de aljiiíes y maretas, algunos acom-


pañados con pequeños trozos de tierra, las que tengan un peso específico
importante dentro de la inversión total global, pese a que sólo represen-
tan el 9,6% pero con un alto valor intrínseco. Las viviendas y solares
son el 14,1 % de las enajenaciones correspondiendo a la villa de Teguise
casi la totalidad de las ventas de casas, mientras que de solares sólo
alcanza el 4,3% de los traspasados.
Los esclavos son otro grupo de especial relevancia por su valor,
siendo adquiridos tanto por el grupo privilegiado de la isla como por
vecinos de Tenerife, habitualmente de origen extranjero, como la realizada
de un esclavo mulato en junio de 1725 don Pedro Kint, vecino del
Puerto de la Cruz.
La localización de las compra-ventas presentan una fuerte dispersión,
como el 1700-1705, unido a la propia distribución geográfica de la pobla-
ción: Haría con el 9,5 % se muestra como la zona donde se realizan más
transacciones, tanto en el Valle del lugar, como en el Valle de los Cas-
tillos y en la Peña del Gato, en Teguise se produce el 6,3 % de las ventas
produciéndose la mayoría de éstas después de 1719, Yaiza con el 5,9%,
con importantes ventas de tierra en su Vega de calidad y precios altos,
Santa Catalina el 5,4%, gracias a la puesta en venta de gran parte de
la tierra de sus malpaíses, Femés llega al 4,6 % gracias a la extensión de
su territorio y las ventas que en ella realizan vecinos de Fuerteventura,
el resto apenas es reseñable salvo las dos partes que adquiere de Mon-
taña Clara el capitán Luis de Betancurt.

82
La vecindad de los vendedores sigue manteniendo las mismas cons-
tantes que al comienzo del siglo XVIII; Teguise se comporta como la
principal zona donde vendedores y compradores aparecen como mayo-
ritarios frente al resto de los pagos, asi tiene el 12,1 % de enajenadores,
por contra, los compradores se elevan al 16%, que adquieren la mayoría
de los bienes que transfieren los villanos, destacando como el máximo
comprador el licenciado, vicario y beneficiado de la parroquia matriz
José Joaquín Calleros y Figueroa, junto al teniente coronel y teniente
de alcalde Gaspar de Salazar Carrasco.
Haría con el 9,8 % del total, que lógicamente se corresponde en pro-
porción al número de ventas hechas allí, correspondiéndole también el
7,6% de los compradores existiendo un fuerte intercambio de propiedades
entre sus habitantes, Yaiza posee el 8,7% de las ventas y un 8,9% de
compradores, destacando el capitán Alonso de Aday, con una importante
actividad compradora en la zona en los momentos centrales de la crisis.
En San Bartolomé hay un 4,02% de vendedores y un 3 % de compra-
dores.
Pero será la zona de La Vegueta la que denota especial atención
siendo en la que reside el 7,7% de todos los compradores, pero sólo con
el 0,1 % de los vendedores. Destacan entre los adquirientes la mencionada
familia Betancurt, a través de don Gonzalo y el capitán Luis, que cata-
lizan y controlan la gran parte de las propiedades de la zona comprando
un número importante de cercados y otros bienes en la zona centro-norte
de la isla.
En Santa Catalina también la presencia de hacendados logra que el
número de compradores sea elevado, destaca el labrador enriquecido
Manuel González Guerra que adquiere importantes lotes de tierras y
maretas en el malpaís del lugar, con un 5,6% de vendedores y un 5,9%
de compradores. En Mancha Blanca los enajenadores representan el 3,5%
y el 2,3% los compradores, entre los que destaca el labrador Baltasar
Díaz Grano de Oro.
Los vecinos de Fuerteventura sólo aparecen como vendedores antes
de 1720 representando el 2,2% de todos los vendedores llegando hasta
el 3,5 % si incluimos a los que dan poder a los que se desplazan a Lan-
zarote para ventas.
El grupo privilegiado interviene en estas transacciones en un 28,1 %,
especialmente entre 1721-1725, adquiriendo terrazgos de dimensión media
que supone el 44,31% de la inversión.
En conclusión, si comparamos la evolución de las compra-ventas (ver
gráfica número 9), entre ambas islas en el decenio 1715-1725, se observa
la diferencia cronológica en la repercusión de la crisis, siendo más tem-
prana en Fuerteventura, debido a la precaria infraestructura que poseía
así como la existencia de un mecanismo automático por parte de la
población de emigración ante la posible llegada de una crisis, pese a que

83
FUERTEVENTURA - LANZAROTE
Küú

f7tS 1716 fTr: !Tia trio 72Ü irS1 t7SS Í72S 1724 17S.S
Aftas. ÜRAflCA 3
rucnnvENTURA LASZAROTE

FUERTEVENTURA ~ LANZAROTE
ISVtRSIOK AlfVAL (17iS - 17&6)

r
AÑOS. GRAriCA fO
a FUtKTKVENTURA IMfZAMTS

84
en momentos de cosecha su población era muy elevada, gracias a los
forasteros que ya como comerciantes, braceros, jornaleros, etc., recalaban
en ella, alcanzando en 1744, veinte años después de esta fuerte recesión,
7.382 almas frente a Lanzarote con 7.210'\
Ambas curvas muestran como mientras en Lanzarote hay una restric-
ción en las ventas al comienzo de la crisis, reservando sus vecinos las pro-
piedades ante la posible desaparición de la coyuntura, en Fuerteventura,
por contra, se incrementan las enajenaciones llegando a su máximo en
1719, momento en que se da un descenso continuado hasta el final del
período, salvo ciertos meses de 1721. En Lanzarote la tendencia al alza
se produce en 1718, aunque no será hasta 1721 cuando se produzca la
culminación con 466 ventas.
Las ventas caen en ambas pronunciadamente a partir de 1721, tanto
por la imposibilidad de emigrar como por la salida de gran parte de la
población expuesta a sufrir la crisis y, por tanto, la mayoría de los poten-
ciales vendedores, quedando los beneficiados con la especulación, aquellos
que permanecen hasta el último momento para no enajenar sus propie-
dades y el grupo que se ve obligado a mantenerse en el lugar por no
poseer medios ni posibilidades.
La inversión en la adquisición (ver gráfica número 10) que se realiza
en ambas es dispar, así crece bruscamente en Lanzarote desde 1715, con
varias cotas de máximo, hasta 1721 cuando ya en ambas hay una sen-
sible caída. Por contra, en Fuerteventura la subida es más gradual en la
inversión culminando también en 1721 con unos parecidos márgenes de
inversión desde 1719.
Las repercusiones que supuso para las dos islas la coyuntura de 1719-
1721 y su posterior repetición entre 1769-1772, indican que la estructura
económica canaria no supo solucionar los problemas internos que tenía
ni plantear una flexibilidad y apertura en su mercado de intercambio des-
igual entre las islas productoras, que abastecían el mercado interno, y
aquellas que absorvían la producción, así como la distribución de capi-
tales y redistribución de excedentes.

4. CONVULSIÓN ECONÓMICA Y ESPECULACIÓN

La presencia de un estamento prívilegiado supuso en el Antiguo Régi-


men un fuerte conflicto, al intentar esta fracción de la sociedad la cap-
tación de la renta mediante la coacción al resto de los estamentos en su
deseo de acumular bienes como base de la ostentación, poder y honor,
conceptos implicados dentro de la conciencia barroca del momento.
Este grupo ejerce también una labor de ideologización interna a la
vez que la trasladan al resto de la sociedad, donde éste intenta perpe-
16. VIERA Y CLAVIJO, J. de (1982): Op. cit.. t. I.

85
tuarse en el poder y en la memoria social mediante realizaciones de obras
religiosas, pías, etc., que buscan en su idea más profunda la anulación
de la contestación interna generalizada a la injusticia social imperante.
Las sucesivas crisis que afectan a Fuerteventura y Lanzarote durante
el primer cuarto de siglo XVIII, va a propiciar que ciertos elementos que
integran el estamento privilegiado intenten aprovecharse de las ventas
masivas de los emigrantes para acrecentar su hacienda acumulando tierras
de las zonas de más fertilidad y, por tanto, de mayor rendimiento.
Junto a éstos aparecen otras acciones especulativas como son los prés-
tamos, la acumulación de cargos administrativos, acopio de dádivas y
mercedes que repartían los señores de la isla.
Son ellos los principales implicados en seguir manteniendo el modelo
y papel jugado por ambas islas dentro del sistema de producción canario,
ya que de él sacaban su beneficio y rentabilidad, incluso en los momen-
tos en que la coyuntura se mostraba más desfavorable para la pobla-
ción.
Fuerteventura será la isla donde este proceso se encuentra más sin-
gularizado a través de la familia Goias de los que, junto a otros com-
pradores, se ha hecho reseña en la primera crisis de 1700-1705.
Es el capitán Francisco Martínez Goias, el más importante de sus
miembros, tendrá un papel destacado a lo largo de estos veinticinco años,
no sólo desde los aspectos económicos y especulativos sino también en
el de la acumulación de cargos; familiar del Santo Oficio de la Inqui-
sición, regidor del Cabildo, depositario del arca de Quintos en 1705
renunciando en 1712 por su avanzada edad, etc.
En el período de 1700-1705, el capitán Goias comienza a adquirir un
número elevado de bienes a partir de diciembre de 1702, concentrando
sus compras en: la Vega de Tetir, donde adquiere entre fines de 1702 y
principios de 1703 unas nueve fanegadas, varios cercados y huertos, dos
casas, pajeros, etc., por un montante total de 14.028 reales de vellón y
con sólo un gravamen en ellos de 350 rs. de vellón, principal al convento
de San Francisco de la isla.
A partir de marzo de 1703 y hasta marzo del siguiente año realiza
una fuerte actividad compradora, sobre todo de huertas, aguas y casas
en la Vega de Río Palmas, por un valor total de 5.290 reales de vellón
y con un principal global de 742 reales de carga censal, añadiéndose en
dicho período la compra de casas en la villa de Betancuria, tierras en
Tiscamanita y Casillas de Ángel por 2.911 reales.
Por la falta de gran parte de los datos para estos años, no es posible
conocer en toda su dimensión sus adquisiciones pero éstas deberían
haber aumentado mientras más aguda fue la crisis, cuando la población
que quedara en la isla tuviera que enajenar todavía a menor precio sus
bienes.

86
Junto al capitán Martínez Goias se encuentran otros compradores,
como los capitanes Julián Cabrera Betancurt y Lorenzo Mateo Cabrera
y el labrador Juan Pérez Guillama, que adquieren entre fines de 1701
y el año 1703 bienes por un global de 4.369 reales de vellón, sumando
el total de los desembolsos que realizan, justo cuando la curva de
compra-ventas aumenta de un modo espectacular y el precio medio de
las enajenaciones se reduce.
Posteriormente, entre 1715-1725 será otra vez el capitán Martínez
Goias el que polarice de modo casi absoluto las compras hechas por el
grupo privilegiado. En 1716 aparece por primera vez como comprador
en el decenio que estudiamos, incrementándose gradualmente su presencia
ante el escribano, llegando a ser bastante periódicas entre 1719-1721, no
impidiéndole la edad, que le apartó del cargo de recaudador, convertirse
hasta 1725 en el principal acumulador de riquezas.
Los objetivos de sus compras van a ser más diversificados que en la
primera etapa, 1700-1705, aunque con especial hincapié en la Vega de
Tetir donde desde 1719 a 1723 compra 86,5 fanegadas y 1,5 almudes, 6
botijas y un cuarto de diversas maretas de agua con un desembolso total
de 4.163,5 reales de vellón.
Será asimismo también la zona de Casillas de Morales otra de las
zonas predilectas en las adquisiciones; 38 fanegas y 10 almudes con casas,
pajeros, hornos, sitios, etc., por un total de 2.185 reales y 3 cuartos,
añadiéndose a estas compras otras localizadas en: la Vega del Sordo,
Vega de Río Palmas, La Oliva, Vega de Antigua, El Time, Pájara, Muni-
nugre, Valhondo, Tuineje, Tefía, Tiscamanita, Agua de Bueyes, siendo
en esta última donde la inversión media por adquisición es mayor, pues
adquiere huertas con casa y agua, cinco en total, con un valor global de
7.630 reales, destacando entre ellas la compra realizada a cinco vecinos
de la localidad, de dos casas terreras y cocina, por «la necesidad y ham-
bre extrema» ".
En conjunto, el capitán Martínez Goias realiza 96 compras entre
1715-1725, que seguramente puede incrementarse en número, por las cau-
sas ya mencionadas y por la existencia de ventas que se ratifican pasado
varios años después de regresar del lugar de emigración los vecinos. Se
eleva la inversión total a 27.964,5 reales (el 15,35% del desembolso en
la isla de 1715-1725), distribuyéndose esta cantidad en la adquisición de:
dos esclavos, una marca de ganado, 175,5 fanegas y 2,5 almudes, cuatro
rozas, once huertas con viña y árboles, seis botijas y un cuarto de mare-

17. A.H.P.L.P.'Protocolos Notariales. Escribano: Roque de Morales Alberto. Legajo:


.1.008. Año: 1721. Esta es realizada por Maria Candelaria viuda, Juan Manzano y Ana de
Cabrera su mujer, Domingo de Betancurt y María Dumpiérrez por 740 reales de vellón más
40 de principal que se deben pagar sus réditos a la Parroquia de Nuestra Señora de Gua-
dalupe.

87
tas, dos pozos, así como diversas partes de maretas, aljibes y horas de
agua, a las que se unen tres sitios y siete viviendas.
El protagonismo de este personaje se nos muestra en equivalencia al
de otros mismos prototipos que se encontraban en cada isla, y que eran
expresión de una formación social donde las relaciones giran en torno
a la captación de la renta, siendo su base la explotación de la tierra, su
apropiación y acumulación permitirá que aquellos que la controlen ten-
gan la posibilidad de manejar en su beneficio, tanto las ganancias ren-
tistas como el propio poder.
En Lanzarote el número de miembros del grupo privilegiado que inter-
vienen en la compra de bienes es superior al de Fuerteventura, que en
cierto modo se une a las características de la isla; producción más diver-
sificada y, por tanto, mayor riqueza a compartir por el grupo de poder,
siendo también éste más amplio.
Destacan entre 1700-1705 dos personajes, ya mencionados, con impor-
tantes cotas de poder en la isla; el capitán Gaspar Rodríguez Carrasco,
vecino de Teguise, y el capitán Luis de Betancurt y Ayala, personero
durante 1700-1705 en el Cabildo.
El primero centra sus compras en los alrededores de Teguise, con pre-
ferencia en la obtención de viviendas y en menor medida de tierras; de
las primeras adquiere quince, entre derechos a viviendas y casas, y de
la segunda sólo 56 fanegas y 8 almudes repartidos entre el Lomo de San
Andrés, Vega del Puerto de Arrecife, Vega de Finiquineo y Teguise, así
como la de dos esclavos y una esclava mulata.
Realiza dos importantes inversiones; la compra de una vivienda con
aljibe en Teguise por 6.520 reales, así como el quinto de oficio de escri-
bano público y del Cabildo de Lanzarote en 1703'".
Junto a éste aparece el capitán Luis de Betancurt y Ayala, vecino de
La Vegueta. No parece existir para él un punto de referencia de compra
sino que éstas se desperdigan por toda la isla, siendo en la primera crisis,
1700-1705, donde sus adquisiciones tienen mayor envergadura como suce-
de en los casos de la compra de los pagos de Isuedel en Montaña Clara,
derecho a las Dehesas de Yé, Orzóla, debajo del Risco, Malpaís de las
Cuevas y término de Haría que le lleva a desembolsar 1.500 reales".
18. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano; Juan González de Sepúlveda. Legajo;
2.785. La enajenación se realiza el 26 de octubre de 1703, por 1200 reales de vellón, obli-
gándose a pagar el comprador un rédito anual de 12 reales y un cuarto más otro de 20
reales al convento de San Francisco.
19. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano: Juan González de Sepúlveda. La venta
la realiza María de Cabrera, viuda, vecina de Timanfaya, que heredó dichas tierras de su
madre Catalina Martín. Los compradores son el capitán y Francisco Umpiérrez Rocha, cada
uno aporta 1.500 reales, se incluye un quinto de huerta y agua en Famara, en El Rincón,
y del total de su valor debe quedar 1733, dos cuartos y cuatro maravedís a favor de la parro-
quia de Haría y de 12 reales para la compra de arroba de aceite por las dos botijas que
se impusieron a favor del Santísimo Sacramento de la iglesia del lugar.
En todos los pagos procuraba una primera adquisición de agua y,
seguidamente, la compra de tierras o en su caso sólo de agua para sus
cortijos cercanos.
Guime será otro de los puntos de inversión pues adquiere seis dere-
chos a maretas y aljibes, en Inaguaden serán 62 fanegas y 6 almudes así
como cinco derechos a diversas maretas y dos casas, en Tomaren son 17
fanegas, en la Vega de Sóo diez derechos a maretas, así como 28,5 fane-
gas y 3 almudes, Tiagua con 22 fanegas y 4 celemines, además de una
variada adquisición en Muñique, Lomo de San Andrés, La Vegueta,
Timanfaya, Tisalaga, La Geria, Mancha Blanca, etc., uniéndose la compra
de los principales de varios censos consignativos, así como la adquisición
de cuatro esclavos. En total, en estos seis años realiza inversiones por un
total de 39.925 reales (19,22% del desembolso global de la etapa).
En la crisis del final del primer cuarto del siglo XVIH, el número de
compradores de cierta relevancia se ve aumentado en Lanzarote, exis-
tiendo también una aparente repartición de la isla en zonas de adqui-
sición entre los compradores ya que ninguno de ellos interfiere en la zona
de compra de los otros.
En estos once años los nuevos compradores son el capitán Alonso
Gaspar de Aday, vecino de Yaiza, que realiza adquisiciones en Teguise,
Uga, El Chupadero, Máguez, Tingafa, y, sobre todo, en su localidad, con
un total de 40 transacciones y un desembolso de 6.396 reales, adquirién-
dolas en gran parte entre 1720-1721 y en 1724.
El licenciado José Joaquín Calleros y Figueroa, miembro destacado
de una importante familia de propietarios de la isla, ya mencionado con
anterioridad, es otro de los sujetos del grupo de poder con especial rele-
vancia dentro de los compradores, que comienza a adquirir desde 1721
centrándose en acumular terrazgos en Haría, en las zonas del Valle de
los Castillos, Peña del Gato, Valle de Juan Alonso, Valle de El Mojón,
Máguez y Guatiza, éstas dos últimas de carácter más puntual.
En Haría, con un valor medio de la fanega de 50 reales, desembolsa
5.833 reales y 7 cuartos, en el resto de los pagos ésta llega a 5.666 reales
y 6 cuartos entrando en esta última cantidad el precio de una esclavita
y un esclavito criollo a 800 reales cada uno.
Aparece también, una vez más, la figura del capitán Luis de Betan-
curt y Ayala que ahora concentra su esfuerzo inversor en la zona de Tia-
gua donde adquiere un cortijo de 83 fanegadas en 1718^", añadiéndole
20. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano: José Rodríguez Ferrer. Legajo: 2.800.
La transacción se realiza el 1 de septiembre de 1718 entre el matrimonio formado por Juan
Beltrán Villareal y Catalina Pérez de Niz, vecinos de Tiagua, con dicho capitán por un total
de 11.144 reales de vellón, estando compuesto por 83 fanegadas de tierra labradía, casas,
tahona y una huerta con tres árboles. Dicha propiedad, junto al cortijo de la zona de Tim-
bayba, son el eje de su patrimonio, según se menciona en su testamento realizado ante el
escribano Diego Cabrera Betancor, ver A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Legajo: 2.799. Año:
1722.

89
en los sucesivos años tres casas terreras y 1.098 reales y siete cuartos en
tierras. Junto a este cortijo compra tierras cercanas a él, en las zonas de
YUGO, con 2.380 reales y tres cuartos en tierras y maretas, Timbayba,
otra importante hacienda del capitán, a la que añade tierras por valor
de 243,5 reales, en Tomaren invierte 1.003 reales y 32 maravedís.
El Bebedero (Tiagua), será una de las zonas con mayor desembolso,
al estar al lado de su cortijo de Tiagua, con 4.916 reales adquiriendo 89
fanegas y 4 celemines junto a una casa y 630 brazas de pared, Muñique
con 663,5 rs. v., la Vega de Finiquineo 1.155 rs. v., a los que se añaden
diversas obtenciones por valor de 20.650 reales, entre las que destacan
3 esclavos, así como las referidas dos partes de Montaña Clara.
Tras la muerte de éste, acaecida en 1722, sus herederos, principal-
mente su viuda doña Juliana de Betancurt, van a continuar el proceso
de acumulación de bienes especialmente en los alrededores de Tiagua,
acrecentando el cortijo del mismo nombre, y en La Vegueta ascendiendo
la inversión a 1.254 rs. de vellón.

5. CONCLUSIÓN

El desarrollo de las fuerzas productivas en las islas de Fuerteventura


y Lanzarote vienen determinados por la situación de dependencia exterior
tanto para la exportación de su producción como para su abasteci-
miento.
Forman parte de un sistema que lentamente se afianza desde la colo-
nización y que estructura su economía, y la del Archipiélago, en una divi-
sión insular de la producción y el abastecimiento. Así, ambas islas tienen
como función el surtir a las islas centrales, así como la exportación de
cereales desde sus puertos o desde los de Gran Canaria y Tenerife, prin-
cipalmente a la isla de Madeira.
En los momentos de crisis climáticas y la consiguiente penuria agrí-
cola estas islas, con una relación hombre medio dispar, llegan a padecer
fuertes pérdidas demográficas que no sólo son achacables a la falta de
una elemental previsión económica sino también a la propia estructura
de captación de la renta, que se basa en la acaparación absoluta por el
grupo privilegiado, el cual no duda por utilizar la crisis para medrar a
su favor.
Este intercambio desigual entre las islas favorece primordialmente al
grupo privilegiado, ya que la renta y capitales se concentran en los pun-
tos de llegada de los productos de Fuerteventura y Lanzarote, donde son
invertidos en gasto de ostentación y suntuarios por parte del grupo de
poder de la isla, especialmente sus señores.
Este hecho da lugar a que éstas sufran un proceso de descapitaliza-
ción drástica desde finales del siglo XVII para Fuerteventura, desde eta-
90
pas anteriores para Lanzarote, con el absentismo de sus señores y la cada
vez más debilitada posición de estas islas dentro del concierto del Archi-
piélago.
No es extraño, pues, que ambas recibieran con especial virulencia los
golpes de casi todas las crisis por su precaria situación dentro de la
estructura funcional, ya interna como externa, dentro de la formación
social canaria.

91
LA EXPANSIÓN DEL COMERCIO NORTEAMERICANO
EN CANARIAS: EL MONOPOLIO DE LA BARRILLA
EN LANZAROTE Y FUERTEVENTURA
MANUEL HERNÁNDEZ GONZÁLEZ
1. INTRODUCCIÓN

El protagonismo del comercio norteamericano en las Islas Canarias


es creciente a lo largo del Siglo XVIII. Desarrollado con cierto vigor con
anterioridad a la independencia, pese a las trabas británicas que prohi-
bían la introducción del vino isleño en sus colonias americanas, adquiere
mayor intensidad si cabe con su emancipación. La posición geoestratégica
de las islas, sus relativas carencias de cereales y madera, su carácter de
eslabón débil del comercio español, que posibilita una más fácil apertura
hacia el mercado americano, tanto en mercancías como en tráfico de
esclavos, son razones que justifican un creciente interés de las clases mer-
cantiles norteamericanas por aumentar sus conexiones con el Archipié-
lago.
El bloqueo continental napoleónico es un poderoso estímulo que po-
tencia ese comercio en el tránsito de los siglos XVIII y XIX. Como mues-
tra de la importancia de ese tráfico podemos decir que sólo en el año
1806, según el consulado norteamericano instalado en Tenerife desde
1795, 62 buques de esa nacionalidad se abastecen de productos insulares
en los puertos canarios'. En 1800-1802 y 1804, en plena expansión del
comercio británico, como consecuencia del bloque napoleónico, las expor-
taciones hacia los Estados Unidos representaban en la aduana del Puerto
de Santa Cruz un 43,6% del total, y en la del Puerto de la Cruz un
47,6% en 1804^
Un informe más tardío, de 20 de abril de 1836, remitido a la emba-
jada norteamericana en Madrid por el cónsul en las islas Joseph Cullen,
refiere que «de hecho nuestro comercio es más beneficioso a ellos que
el negocio hecho con Inglaterra en el consumo de sus artículos princi-
pales, vino y barrilla, es más grande en los Estados Unidos que en Ingla-
terra. El producto de los Estados Unidos importado aquí es sólo una

1. Archivos Nacionales de Washington. (A.N.W.) T690, n." 1.


2. ESCOLAR, F. M.: Estadísticas de las Islas Canarias. Introd. de Germán Hernández
Rodríguez. Las Palmas, 1984, vol. 3.

95
pequeña parte de sus exportaciones. Consecuentemente la balanza es gran-
demente en su favor»'. Era un comercio en el que no se extraía plata
de las islas sino que se intercambiaban mercancías, lo que lo convertía
en mucho más beneficioso para la economía insular que el inglés, en el
que la deficitaria balanza de pagos obligaba a retraer moneda del Archi-
piélago.
Sin embargo este comercio se ve obstaculizado por los intereses mer-
cantiles de grupos de poder interesados en gravar su expansión. «La
suma total de esas cargas resulta no solamente injuriosa a los intereses
de la navegación sino también al comercio de los Estados Unidos, desde
el cual estas islas reciben tantos beneficios, pues ellos son enteramente
dependientes de los mercados extranjeros para la venta de sus artículos,
vino y barrilla. La gente del país es consciente de las ventajas que ellos
reciben, pero el ánimo consiste en el secreto gobierno de personas que
están interesados en que esos abusos continúen». Entre esos abusos cita
el del Gobernador de Fuerteventura que cobra 4 dólares a cada barco
que va a esa isla a recoger barrilla. De esa coalición de intereses mono-
polistas es paradójicamente una buena prueba el intento de estancar la
comercialización de la barrilla por parte de un empresario norteamericano
que con su propuesta hizo entrar en contradicción a los distintos grupos
sociales de Lanzarote y Fuerteventura. Los grandes beneficiarios del
comercio de la barrilla, la oligarquía insular y los comerciantes del Puerto
de la Cruz, aunaron sus fuerzas para impedir que tal monopolio fruc-
tificase.

El autor de esta propuesta es Francisco Caballero Sarmiento. Por-


tugués de nacimiento, es miembro de una de las más poderosas familias
de la burguesía comercial de Filadelfia, el emporio mercantil por exce-
lencia en aquél entonces de los emergentes Estados Unidos. Casado con
Catalina Craig, es cuñado de dos poderosos comerciantes norteamerica-
nos, John Craig y Robert Oliver y está unido familiarmente al director
del Segundo Banco de los Estados Unidos, el político y financiero Nicho-
las Biddle. Asimismo su hija Juliana se casa con Eduardo Barry, here-
dero de una de las más poderosas casas de comercio de Canarias, con
estrechas vinculaciones con el tráfico de esclavos y plantaciones en Tri-
nidad y Venezuela \

3. A.N.W. T690, n," 1.


4. Véase al respecto, HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, M.; PAZ SÁNCHEZ, M.;
«Caballero Sarmiento y Canarias. Noticias sobre un comerciante ilustrado». Anuario de Estu-
dios Atlánticos, n." 3). Madrid-Las Palmas, 1985. HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, M.:
«Caballero Sarmiento y la independencia de Venezuela». Revista de Indias, n."* 192. Madrid,
1991. WAINWRIGHT, N.: «Andalusia. Countryseat of the Craig Family and of Nicholas
Biddle and his descendents». The Pennsylvania Magazine of History and Biography, n." 101.
Filadelfia, 1977. BRUCHER, S.: Robert Oliver, merchant of Baltimore. Baltimore, 1956.

96
Se instala en el Puerto de la Cruz en 1787. Su casa comercial se espe-
cializa en el comercio entre los Estados Unidos y Canarias. Exporta vinos
isleños a cambio de harinas norteamericanas, como elementos fundamen-
tales de ese comercio. Una parte de esas harinas las reexporta hacia
Cuba, beneficiado por un bajo arancel de entrada, aunque su brusco
incremento en 1792 lo obstaculizaría gravemente.
La estancia en Canarias permite a Sarmiento introducirse en los meca-
nismos comerciales y burocráticos del Estado español. La instrumenta-
lización en su favor de los privilegios concedidos por Manuel Godoy es
una de las bazas que desarrolla el portugués para penetrar en el codi-
ciado mercado indiano.

2. EL MONOPOLIO DE LA BARRILLA

El floreciente desarrollo del comercio de la barrilla en las islas de Lan-


zarote y Fuerteventura en las últimas décadas del Siglo XVIII constituía
una oportunidad que él no podía desaprovechar'.
En octubre de 1797 solicita al Monarca se le conceda privilegio exclu-
sivo por diez años para plantar y sembrar en los terrenos incultos de
Lanzarote y Fuerteventura sosa y barrilla. Su objetivo era aprovechar los
«terrenos de la costa, llenos de matorrales y arbustos inútiles, y en que
jamás ha entrado el arado, porque la maréela aniquilaria las sementeras».
De esa forma no se perjudicarían las tierras de pan sembrar y se tomaría
a sus dueños los terrenos en arrendamiento. Esta petición fue denegada
el 17 de enero de 1801 \
El 6 de mayo de 1799 Francisco Sarmiento hace extensiva esa peti-
ción al monopolio del comercio de la barrilla de Lanzarote y Fuerteven-
tura por espacio de cinco años. Este consistiría en su extracción prudente
con un doble objetivo: «que este ramo no decaiga de su estimación en
los mercados de Europa, y al mismo tiempo será un motivo para que
los mismos naturales no se dediquen enteramente al cultivo de esta
planta abandonando, como lo está, la siembra de los granos, renglón
principalísimo de la primera necesidad para la vida, pero hoy el más desa-
tendido, pues cuando dichas islas solicitan socorrer a las demás en los
años estériles ya necesitan que les lleven de fuera el alimento, y lo que
nunca se ha visto uno de aquellos que en pocos años se ha enriquecido
con la sangre y sudor de sus pobres paisanos ha hecho traer un carga-

5. MILLARES CANTERO, A.: «Arrecife, el puerto de la barrilla (En torno a los orí-
genes y desarrollo ¿e una ciudad burguesa canaria entre el antiguo y el nuevo régimen».
Boletín Millares Cario, n.° III, 1. Las Palmas, 1982. NADAL FARRERAS, J.: Comercio
exterior con Gran Bretaña (1777-1914). Madrid, 1978.
6. A.G.I. Indiferente General Leg. 3115A.

97
mentó de millo de la América Inglesa le ha expedido a seis y medio y
siete pesos, precio a que jamás había subido en las mismas islas» \
La propuesta de Sarmiento trata de contraponer los intereses de los
cosecheros frente al de los monopolistas de su comercialización: «Por esta
gracia o privilegio sacudirán los propios naturales el yugo y las cadenas
que han labrado cuatro monopolistas, a saber vuestro gobernador militar
en Fuerteventura Agustín Cabrera Bethencourt, su confidente Juan Anto-
nio Brito, Ginés de Castro y Luis Cabrera en Lanzarote, quienes, a pre-
texto de sus caudales y de la distancia, ejercen una soberanía sobre aque-
llos infelices, que éstos no son arbitros de separarse de su voluntad. Estos
cuatro acaudalados, que cada uno de ellos acaso lo es más que cual-
quiera otro de estos naturales, poseen los mejores terrenos y en toda su
extensión casi no se ve otra planta que la barrilla; obligan a los pobres
que a su ejemplo la siembran también en las tierras que habían de pro-
ducir el pan, cuando hay otras a propósito en que poderlo hacer y es
muy fácil guardar un equilibrio en la labranza y cultura de los campos.
Después éstos carecen del preciso aliento y tienen que tomarlo al más
alto precio a que aquellos se lo hacen pagar, recibiéndoles en cambio la
piedra barrilla que sólo se la abonan a 12 y 15 reales de vellón, y si en
estos dos últimos años la han pagado con alguna más estimación es satis-
faciéndoles en efectos que los cargan con un 200% sobre el interés que
ya les ha considerado el comercio, de cuyos almacenes los sacan, y de
aquí es que los pueblos de aquellas dos islas están sumergidos en la mise-
ria y sus habitantes en los meses más críticos abandonan sus casas para
buscar el pan para sus hijos en el resto de la provincia. Y ¿Qué hacen
luego estos cuatro individuos de tanta barrilla como producen que segu-
ramente según el actual sistema no bajan de 200.000 quintales en cada
año? Venderla a los comerciantes de Tenerife hasta a 80 reales, cuando
ellos la han tomado a 15, siguiéndose de esto el que no pueda dársele
salida en los mercados de Europa por el subido precio y vendrá a suce-
der lo mismo que con la orchilla, cuya estimación ha decaído en aquellos
mercados por las mismas razones, pues se trabajó en el norte hasta des-
cubrir otra yerba equivalente que supiese por ella, y así se ha perdido
en islas este ramo»*.
Las imputaciones de Sarmiento tenían necesariamente que herir a esa
oligarquía acaparadora dominada por Agustín Cabrera, del que decía
Francisco María de León que «era el hombre más rico de la provincia.
Había adquirido la mayor parte de los terrenos de aquella isla (Fuerte-
7. A.G.I. Indiferente General. Leg. 3115C. Sobre la polémica de la expansión de la
barrilla y los obstáculos al desarrollo de la economía de autoconsumo interno en Lanzarote
y Fuerteventura véase, HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, M.: «Libertad de comercio y economía
de autoconsumo: Lanzarote y Fuerteventura como islas granero durante el Trienio Liberal».
I Jornadas de Historia de Lanzarote y Fuerteventura. Puerto del Rosario, 1987.
g. A.G.L Ibidem.

98
ventura) y grandes propiedades en Lanzarote y Canaria; y esta excesiva
acumulación de tierras debía de producir envidias, y realmente males de
consideración, porque siempre será un mal para un pueblo la acumula-
ción de todo su territorio en unas solas manos»'. Millares Cantero, quien
ha estudiado detenidamente el proceso de acaparamiento de propiedades
desarrollado por Agustín Cabrera en este período, señala que llegó a ser
el mayor cosechero de barrilla y grano de Lanzarote y Fuerteventura'".
En cuanto a sus agentes lanzaroteños, Luis Cabrera fue alcalde mayor
de la isla y gobernador militar. Dedicado como su hijo Lorenzo a las
actividades mercantiles, poseía en Arrecife dos casas, dos bodegas con
alambique, un almacén, cuatro lonjas, un sitio, cuatro aljibes, un barco
de descarga, quince fanegas de pan sembrar, dos cercados y nueve cele-
mines de barrilla "; Ginés de Castro, en su testamentaria, declara poseer
diez casas, dos almacenes, diez lonjas y dos aljibes, amén de tres cerca-
dos, una fanega de barrilla y tres de pan sembrar en el término muni-
cipal de Arrecife ". Gobernador militar y alcalde de Arrecife, su biografía,
relatada por Alvarez Rixo, es bien expresiva de sus rápidos progresos.
Hijo de un guardián de un castillo de Arrecife, había sido «pastor en
estos contornos, después patrón de una goletita, en cuyo manejo ahorró
y ganó muchos reales, o dicen que los halló, también sargento de arti-
llería; y desde que los cargos militares se han tornado mercancía, llegó
a ser capitán de estas milicias. Ni aquí queda más que pretender viviendo
el coronel de esta isla. Le hacen ya con más de cien mil pesos de caudal;
codicioso, presta dinero a interés» ". Juan Antonio Brito, en su testamen-
taria, declara poseer una casa, tres bodegas y alambique, medio almacén
y tres fanegadas '\ De él refiere Alvarez Rixo que «no sabe leer, pero que
se ha enriquecido rápidamente con baratos arriendos de las islas Salvajes
y otras fincas donde ha establecido el cultivo de la barrilla» '^
Frente a ese monopolio no escrito pero real. Sarmiento propone la
compra directa de la barrilla por 30 reales en contado por cada quintal,
tomando los efectos que necesiten de sus almacenes a los precios del mer-
cado. Delimita la extensión del cultivo a aquellos terrenos que basten a
producir la necesaria a la extracción anual con el objetivo de no dismi-

9. LEÓN Y XUAREZ DE LA GUARDIA, F.; Historia de las Islas Canarias. 1776-


IS68. Introd. de Marcos Guimerá. Tenerife, 1978, p. 88.
10. MILLARES CANTERO, A.: «Sobre la gran propiedad en las Canarias orientales
(Para una tipificación de la terratenencia contemporánea)». En MILLARES TORRES, A.:
Historia General de las Islas Canarias. Las Palmas, 1977. Tomo V., p. 260.
11. MILLARES CANTERO, A.: -Arrecife...», p. 97.
12. MILLARES CANTERO, A.; «Arrecife...», pp. 98-99.
13. ALVAREZ RIXO, J. A.: Historia del puerto de Arrecife. Prólogo de Enrique
Romeu Palazuelos. Tenerife, 1982, p. 101.
14. MILLARES CANTERO, A.: «Arrecife...», p. 97.
15. ALVAREZ RIXO, J. A.; Op cit., p. 105. Véanse más adelante los comentarios
sobre este personaje vertidos por Casañas Ramírez.

99
nuir de forma peligrosa el área destinada a cultivos de autoconsumo. Su
objetivo consistiría en trazar un equilibrio entre ambos sectores, que no
trajera consigo drásticas consecuencias para el mercado interno. La acen-
tuación de esos desequilibrios, en última instancia se traduciría en impor-
taciones masivas de productos de primera necesidad, inasequibles para
los campesinos, y en un aumento espectacular de la emigración hacia el
exterior que se intensificará en este período. «De este modo no carecerán
las familias del sustento para sus familias, ni tendrán que peregrinar en
solicitud de él por pueblos y países extraños, y por último no serán escla-
vos de sí mismos ni tributarán homenaje a aquellos cuatro poderosos
quienes, si cabe el decirlo, usurpan indirectamente a V.M. el respeto y
obediencia que le deben sus vasallos, pues se hacen venerar como unos
semidioses. Tal es la autoridad y la prepotencia con que todo lo sojuz-
gan. La libertad en que hoy se hallan es una libertad mal entendida y
que la verdadera es la que el exponente les proporcionará redimiéndoles
del monopolio que hoy les tiraniza». Su monopolio, expone, no se opone
a la libertad del comercio por ser limitado a sólo 5 años'".
El 29 de abril de 1799 se reúne en Teguise el cabildo de la isla para
tratar sobre el tema. Lo preside su alcalde mayor Manuel Antonio Tra-
vieso y lo constituyen los regidores Francisco Guerra y Clavijo, coronel
y gobernador de armas de la isla, los capitanes Nicolás de Salazar
Carrasco y José Luis de Betancourt y el teniente Manuel García del
Corral. Actúan como diputados Pedro Vega, Melchor González, Mariano
de Paz y Carlos Méndez y como Síndico Personero General Carlos Ramí-
rez y Casañas.
Se lee primeramente el informe del Síndico. En él expone que en el
año 1784 «se dio principio en esta isla a poner en cultivo la yerba nom-
brada barrilla y a venderse el quintal de piedra en que se convierte a
siete y medio reales de vellón, cuyo precio ínfimo, mirado con indiferen-
cia por los labradores, no fue capaz de poner en movimiento sus deseos
y aplicación para fomentar con esmero la siembra y cultura de esta
planta hasta que en el año de 90, conociendo los comerciantes de la isla
de Tenerife que la calidad de ella era de las más excelentes que se cono-
cen fue elevando sucesivamente su precio hasta pagar el quintal de dicha
piedra a 60, 70 y 80 reales de la misma especie, por lo que se han dedi-
cado a su cultivo en tal ardor y actividad que, además de conseguir abun-
dantes cosechas, han hecho fructíferas una considerable porción de terre-
nos que, por su naturaleza, eran inútiles para otros frutos y produccio-
nes». Frente a las cosechas catastróficas de 1790 y 1797, sólo la produc-
ción de barrilla permitió el sustento de los isleños. La distribución con
anticipación y por fiado de harinas angloamericanas por los comerciantes
de la barrilla había impedido la emigración exterior que había acontecido

16. A.G.I. Ibídem.

100
con particular gravedad en los años 70 y 71. Finalizó su exposición refi-
riendo que si se pone la compra de la barrilla en una persona «ésta seña-
lará el precio que le parezca, la pagará en efectos o en el que mejor le
acomode, como se experimenta con las orchillas y no les anticipará su
precio para socorrer en tiempos de necesidades creen se verán en la pre-
cisión de abandonar con dolor el ramo». La propuesta es aprobada por
el Cabildo por unanimidad. Parecía que la posición general de los grupos
sociales dominantes de la isla era uniforme.
En Fuerteventura, por su parte, monopolizado el poder por Agustín
Cabrera Betancourt, administrador del señorío y coronel y gobernador
de armas de la isla, la unanimidad parece indiscutible. El Cabildo se reu-
nió el 6 de mayo de 1799 en la villa de Teguise. Fue presidido por su
alcalde mayor Juan Andrés Sánchez y contó con la participación de los
regidores Juan Mateo Cabrera, Antonio Espinosa y Agustín Brito, el
diputado del común Juan de Febles y el Síndico Personero Diego Espi-
nosa de los Monteros. En él, como en Lanzarote, se lee la exposición
del Síndico Personero, en ella se sostiene que la barrilla se ha desarro-
llado en los últimos años en terrenos inadecuados para la labranza. El
panegírico de Agustín Cabrera es bien expresivo de su control del
Cabildo: Deben «su permanencia en la isla los pocos vecinos que en ella
se hallan al caritativo auspicio del caballero coronel de los Reales Ejér-
citos y Gobernador Militar Don Agustín Cabrera Betancourt, que no
sólo es constante a todos, ha desaguado los graneros de sus pajeros en
beneficio general, sino que ha hecho venir muchas porciones de millo en
considerable cantidad al valor de más de 25.000 pesos, con los que ha
socorrido al fiado, sin esperanzas de reintegrarse de ellos en muchos años
si las lluvias no se muestran propicias en la isla» ".
Si se confirma el monopolio de Sarmiento, «es evidente que la isla
caminará con mucha aceleración a su total exterminio y ruina». Su tesis,
reafirmada unánimemente por la sala, incide en el hambre experimentado
por los majoreros desde el año de 1795, «aún aquellos que tienen arrai-
gos y propiedades», que había ocasionado «la voluntaria expatriación de
tantas casas de familias enteras para las otras, y las más sin esperanza
de volver a los pueblos de sus naturales, por haber consumido en sus
alimentos cuanto ha habido a que echar mano por no perecer (...). En
toda su extensión no quedaron apenas doscientos vecinos por todo el
mes de agosto, y éstos mantenidos con mucha escasez y trabajos, por
carecer del pan necesario, como de carnes, pues las reses vacunas, cabrias
y ovejunas las han embarcado y continúan embarcando para Canaria y
Tenerife, por faltarles también a estos animales pasto para su conserva-
ción». La solución a estos males la cifra el Síndico en «el siempre acre-

17. Archivo Histórico de Fuerteventura (A.H.F.). Actas del Cabildo de Fuerteventura.


Mi agradecimiento a Francisco Cerdeña Armas por las facilidades dadas para su consulta.

101
ditado compasivo corazón y patriótico celo del insinuado caballero coro-
nel y Gobernador y de los otros pocos acomodados vecinos que contri-
buían con sus haberes en la parte que queda» para asegurar el repuesto
de las semillas para el año próximo ".
Pero si en Fuerteventura la unanimidad parece reinar, en Lanzarote
bien pronto se desata la tormenta. Gonzalo Betancourt, capitán de mili-
cias provinciales y regidor perpetuo de la isla y José Feo de Armas,
teniente de artillería, sustituto fiscal y regidor exponen el 29 de abril de
1799 que la representación hecha al Monarca pidiéndole la supresión de
ese monopolio «no es obra de estos infelices, sino que, compulsos y apre-
miados, firmaron aquel papel que desde el Puerto de la Orotava remitió
extendido la casa de comercio de Cólogan para que se solicitasen quienes
prestarán sus firmas, y esto no fue difícil porque Juan Antonio Brito,
que hace muy pocos años no era más que un pobre buhonero y hoy uno
de los naturales de esta provincia que cuentan con más talegas en sus
baúles, más terrenos en la isla y más granos en sus pajares, este Juan
Antonio Brito, corresponsal de vuestro Gobernador militar de la isla de
Fuerteventura, que en todo proceden a concilio y de acuerdo, tiranizan
a estos miserables isleños, vendiéndoles a precio de sangre el alimento
y el vestido y recibiendo en cambio la piedra barrilla cuando más a 15
reales de vellón para después cargar a 80 ó 90 a los comerciantes de
Tenerife. Este Brito, asociado con dos sectarios de sus máximas que lo
son Don Ginés de Castro y Don Luis Cabrera, pudieron persuadir al Per-
sonero y algunos otros de su facción para firmar el expuesto memo-
rial» ".
Sostienen que, «como la Casa Cólogan tiene liga con aquellos cuatro
de Lanzarote y Fuerteventura y puede decirse que cuanta barrilla se
extrae corre por aquel conducto, no les es grato el privilegio que solicita
Sarmiento porque, concediéndosele, deja de reportar las considerables
sumas que por este respecto entran anualmente en sus arcas». Consideran
que el monopolio, al ser limitado será de notoria utilidad para hacer esti-
mable y duradero este ramo de comercio «que hoy en cierto modo se
halla estancado en esas cuatro manos. Estos isleños jamás han recibido
ni esperan recibir por el quintal de piedra barrilla 30 reales en efectivo,
precio a que ofrece pagarlo «siendo más beneficioso» recibir en dinero
el precio del fruto de su sudor y comprar después al contado lo que nece-
sitan, que darlo a cambio del pan y el vestido que les cargan una usura
reprobada». Reconocen que Sarmiento solicita esta gracia en su propio
interés «pero esto resultará en beneficio de todas las islas», siendo además
el primero que introdujo su siembra y le dio estimación^".

18. A.G.I. Ibídem.


)9. A.G.I. Ibídem.
20. A.G.I. Ibídem.

102
Gonzalo Betancourt y José Feo de Armas son dos destacados miem-
bros de la oligarquía lanzaroteña tradicionalmente desafectos al omní-
modo poder alcanzado por Agustín Cabrera en ambas islas. Particular-
mente el segundo se caracteriza por su bien marcada oposición a aquél
que mostró abiertamente en la colonización de Jandía^', promovida por
él en 1817. La oposición al régimen cuasi monopolista de los Cólogan
se percibe con claridad. El mayor negocio ejercido por éstos está en la
venta abusiva de los efectos, en los que cifran su más elevada tasa de
beneficios al no tener competencia por este procedimiento de adquisición.
Como ha estudiado Agustín Guimerá, el 62% de los beneficios los
obtiene la Casa Cólogan de la venta de efectos en el mercado interno".
Debemos de tener en cuenta el hecho de que Estados Unidos en este
periodo histórico no era un país industrial, sino una potencia de mediana
entidad. Los géneros que estaba interesado en introducir Sarmiento eran
fundamentalmente harinas. De ahí que no esté especialmente interesado
en el negocio de los efectos, en los que cifraban los comerciantes espe-
cializados en el mercado inglés la base fundamental de sus ingresos. Al
proponer la compra al contado de la barrilla estaba ocasionando un serio
daño a los intereses de la burguesía comercial tradicionalmente asentada
en el Puerto de la Cruz y a sus intermediarios en Lanzarote y Fuerte-
ventura, que se enriquecían de forma desmesurada con la alta tasa de
beneficios acumulada en este procedimiento de venta de sus géneros y
estimulaba a otros comerciantes a apoyarle para agrietar el monopolio
de la venta de los efectos y los alimentos de primera necesidad.
El 1 de mayo de 1803 se convoca a los vecinos de la isla a Cabildo
General". Esta reunión, claramente manipulados por Agustín Cabrera
Betancourt, deciden oponerse al monopolio de Sarmiento con la excep-
ción de los propietarios Don Francisco Guerra y Don José Gutiérrez.
El Síndico Personero Ignacio Santiago de la Torre critica el proceso de
convocatoria del Cabildo, «respecto al corto número de cosecheros de
21. MILLARES CANTERO, A.: «Sobre la gran propiedad...» p. 260.
22. QUIMERA RAVINA, A.; «La burguesía mercantil canaria en la etapa del libre
comercio (1765-1824): una aproximación a su estudio». Dentro de VARIOS. El comercio
libre entre España y América Latina, 1765-1824. Madrid, 1987, p. 281.
23. A.G.l. Ibídem. Los vecinos asistentes fueron el teniente Bartolomé de Torres, Dio-
nisio García del Corral, Diego Cabrera Vicioso, José de Herrera, Manuel Pérez, Marcial
González, Diego Palero, Andrés Parrilla, Francisco de la Concepción, Francisco de Acosta,
Miguel Perdomo, Francisco de Acuña, Marcial Mújica, Rafael Gutiérrez, el sargento Leandro
Berriel, Cayetano Perdomo, Francisco de Acuña y Gaspar Mancha en representación de
Teguise. Por Yaiza Sebastián Medina, Juan José Curbelo y Sebastián Delgado. Por San Bar-
tolomé, Don José Guerra y Don Francisco de la Cruz Guerra y Ferrer; por Tías José del
Pino; por el Puerto de Arrecife Don José Ginory y Don Juan de Aguiar; por Tinajo Mar-
cial Rodríguez Curbelo, el sargento Don Francisco Duarte, Don Gerardo Morales; por Tia-
gua Don José Carrión; por Sóo Pablo García y Manuel Ferreira Mancha; Juan Verde, José
Concepción y Juan Roque de Teguise y el pago de Taiga; y José Cabrera Granado y José
Perdomo.

103
barrilla que han concurrido y a que los representantes de algunos pueblos
han expresado no haber sido convocados ni nombrados para elegir per-
sona que active en la corte el recurso». Esta argumentación no fue admi-
tida alegando que «hallándose representada la mayor parte de la isla por
los que traen la voz y voto de los pueblos hablan a nombre de los cose-
cheros». Significativamente es propuesto como representante de la isla
ante la Corte en este pleito Juan Cólogan por 19 votos a favor, reci-
biendo 13 el candidato propuesto por el Síndico, Don Santiago Feo y
Bethencourt, hijo del citado José Feo y Armas".
Pero las disidencias continúan. Carlos Ramírez, que se había mani-
festado como Síndico Personero de la isla en contra del monopolio, modi-
fica su posición inicial. En un escrito fechado el 11 de noviembre de 1811
se considera engañado por «la codicia de los compañeros que los alarmó
entre sí y alarmaron al que expone con las aparentes razones (...), los
que, avivadas en el interior dolor que le sugerían los lucros que ya pre-
veían perdidos alucinaron al de esta representación para que diera el
paso». Sin embargo, tras maduro examen, considera que con la propuesta
de Sarmiento «se evitan muchos monopolios, porque los compradores,
hermanándose entre sí ponen el precio a su satisfacción con grave per-
juicio de los colonos que por su miseria se ven en la dura precisión de
vender dicho fruto a aquellos para ocurrir a sus necesidades, al paso que
los efectos se los dan al más subido, sin que satisfagan a su hipócrita
avaricia el ganar un ciento por ciento. La experiencia nos está dando la
razón: Cuantos mercaderes hay en esta isla de bien limitados principios
han llegado al mayor cúmulo de las riquezas sólo con las exorbitantes
ganancias de la barrilla. La isla, trabajada con tantos años fatales segui-
dos unos de otros, en lugar de hallar alivio en ellos sólo se han servido
para aumentarle su miseria, valiéndose de la ocasión hacen venir algunos
granos de provincias extrañas, expendiéndolos a un precio muy caro, sin
haber quien les vaya a la mano, recreciendo de este modo las deudas
públicas en grave daño de la república, que se ve privada de muchos
miembros útiles a la labranza expatriados por esta razón». Contrapone
las ventajas del precio fijado en 30 reales frente a la amenaza real de la
competencia del de Alicante con la que no habrá quien lo pague a 15,
mientras que seguirán comprando los géneros al mismo precio que en
los almacenes al doble de su precio real, sin tener nadie que los socorra
con granos a precios equitativos".
Carlos Ramírez Casañas, primo y representante en Lanzarote del
comerciante del Puerto de la Cruz Genaro Casañas^*, modificaría su pos-

24. A.G.I. Ibídem.


25. A.G.I. Ibídem.
26. ARBELO GARCÍA, A.: «Burguesía tinerfeña y comercio de la baniUa: el ejemplo
de la familia Casañas». Tebeto, n." 3: Fuerteventura, 1991.

104
tura ante las mayores ventajas que le supondría a la empresa familiar
el liberarse del monopolio de los efectos ejercidos por los Cólogan.
Los argumentos de la oligarquía lanzaroteña, expuestos en una repre-
sentación fechada en 25 de enero de 1804, redundan en los beneficios pro-
porcionados por los comerciantes en los años estériles. Estos fiaban «el
millo o maíz extranjero por la barrilla que esperaban coger». Un pueblo
sin industria ni manufacturas y «que no ha salido de la clase de agri-
cultor no tiene otro medio para llamar a los comerciantes extranjeros y
que le provean de los alimentos necesarios sino la fruta de la tierra». Si
ésta se estanca «fijará el precio que le acomode y cuando podrían sacar
de un quintal de barrilla el alimento necesario para una familia en una
semana no le rendirá lo suficiente para un día». Sus puntos de vista pare-
cen, como efectivamente se les imputa, salir de la pluma del propio Cólo-
gan, su diputado:
«Siendo menor el consumo de los géneros que entran por la isla de Tene-
rife bajarán precisamente las rentas de aquella Real Aduana; desaparecerá
el pequeño tráfico que hay en aquellos países; y por último, no pudiendo
el comercio de Tenerife pagar los géneros extranjeros con sus vinos y la barri-
lla, llegará a extraerse el numerario, contraviniendo a las Reales Ordenes con
perjuicio de la Provincia y la nación toda. Su intento no es otro que hacer
un monopolio de esta plata» 2'.
El Gobierno español decidió negar el 17 de enero de 1804 la gracia
solicitada por Sarmiento ante el éxito de las presiones ejercidas desde Lan-
zarote y Fuerteventura. La derrota de su monopolio demostró hasta que
punto en el tránsito de los siglos XVIII y XIX se estaba afianzando en
las más orientales de las Canarias el poder socio-económico de una mino-
ría privilegiada enriquecida con el comercio de granos y de la barrilla
y estrechamente relacionada con la burguesía comercial del Puerto de la
Cruz.

27. A.G.I. Ibídem.

105
ELECCIONES MUNICIPALES EN ARRECIFE DURANTE
EL SEXENIO REVOLUCIONARIO (1868-1874)
CANDELARIA GONZÁLEZ RODRÍGUEZ
JAVIER SOSA HENRIQUEZ
A lo largo del siglo XIX se va a producir en España la implantación
política del régimen liberal cuya estructura necesitará de una organización
y participación política que actúen como elementos de dominación de los
sectores hegemónicos de la sociedad. Estas actuaciones se concretarán en
los intentos de control de las instituciones de poder y de los medios que
permiten el acceso a ellas por parte de estos grupos hegemónicos.
El estudio de estos medios y de las instituciones de poder político
debe tener en cuenta las características específicas de cada lugar y, en
este sentido, el Archipiélago Canario cuenta con una serie de peculiari-
dades que lo distinguen del resto del Estado.
El propio hecho insular y la dependencia económica canaria respecto
a los mercados exteriores, contribuyen a explicar la dinámica de esta
región donde un grupo social minoritario, que actúa de forma hegemó-
nica, acapara gran parte de la producción obtenida por el conjunto de
la sociedad, constituyéndose en instrumento de subordinación e impi-
diendo cualquier intento firme de oposición.
Esta realidad, como ha señalado José Miguel Pérez García, explica
la orientación que tomará la actuación política de los sectores dominan-
tes, así como la incidencia que tendrán en Canarias los cambios de coyun-
tura política que se producen a lo largo del siglo'.
La Revolución de Septiembre de 1868 que abre paso al período cono-
cido como «Sexenio Revolucionarío», supuso, en palabras de María Vic-
toria López Cordón, una brusca sacudida en la historia del siglo XIX
española Pero este fenómeno nacional no produce el mismo efecto en
Canarias pues, como indica Sánchez de Enciso, lo que sucedía en Cana-
rias no era un puro reflejo de acontecimientos previamente sucedidos en
la Península'.
Las primeras noticias de la Revolución llegan a las islas a principios
del mes de octubre, aceptándose plenamente la nueva situación política,
1. José M. PÉREZ GARCÍA: Elecciones y Diputados a Cortes en Las Palmas durante
el siglo XIX, p. 13.
2. M." Victoria LÓPEZ CORDÓN: La Revolución de 1868 y la I República, p. 1.
3. Manuel SÁNCHEZ DE ENCISO; «El Sexenio Revolucionario en Tenerife», en His-
toria General de las Islas Canarias, t. V, p. 59.

109
administrativa y económica surgida como consecuencia de la misma. En
este contexto, las modificaciones producidas en la legislación liberal per-
mitirán la ampliación del bloque de poder del cual seguirán formando
parte las clases dominantes que con anterioridad ostentaban su hegemo-
nía en las diferentes instancias de gobierno, amoldándose a los cambios
producidos, en una estrategia de continuidad de ese papel protagonista
y de control del poder que hasta entonces venían ejerciendo.
En este sentido, el presente estudio intenta ser un primer acercamiento
a esa clase dirigente arrecifeña que detenta el poder durante los años del
Sexenio. Clase dirigente que, teniendo su base en la burguesía mercantil
y propietaria, es reflejo del orden establecido y nos informa de la reali-
dad global del municipio.
La aproximación a estos sectores la conseguimos a través del análisis
de las vías que permiten el acceso a las instancias del poder. En este sen-
tido, el principal objeto de estudio queda definido por las elecciones muni-
cipales llevadas a cabo a lo largo de estos años. Ahora bien, para des-
velar los engranajes sustentadores del poder político en Arrecife es nece-
sario conocer la formación socio-económica sobre la cual actúa.
Desde mediados del siglo XVIII se generaliza en la isla el cultivo de
la barrilla, móvil de la expansión que experimentará Arrecife sobre todo
en la primera mitad del XIX. En esta coyuntura económica favorable,
la burguesía de procedencia agraria y comercial, irá adquiriendo un papel
cada vez más relevante, ocupando puestos de importancia en las esferas
del poder político, y es que, los cambios en el terreno socio-económico
se producen de forma paralela a las transformaciones socio-políticas del
aparato estatal a lo largo del XIX, llevando a la consolidación de un régi-
men burgués.
Arrecife se convierte en una ciudad controlada por una oligarquía inte-
grada por los grandes propietarios tradicionales y la burguesía comercial
que, con mentalidad inversora, adquiere propiedades rústicas y desarrolla
algún tipo de actividad industrial.
Un caso ejemplificador de esta burguesía sería el de los hermanos
Topham Cabrera. Guillermo, propietario de tierras en otros municipios,
presidente del Círculo de Recreo de Arrecife, es nombrado diputado pro-
vincial por Lanzarote en 1868 y elegido, por el partido judicial de Arre-
cife en marzo del 69. Junto a su hermano Juan, crean la empresa
«Topham Hermanos». Este, a su vez, llega a ser consignatario de la
«Compañía Peninsular y Norteafricana» y de la «Compañía General de
Navegación a Vapor», además, forma parte de la Junta Local de Primera
Enseñanza de Arrecife en 1869 \
4, Agustín MILLARES CANTERO: «Arrecife, el Puerto de la Barrilla (en torno a los
orígenes y desarrollo de una ciudad burguesa canaria entre el antiguo y el nuevo régimen)»,
en Boletín Millares Carió. Vol. III, pp. 117-118. El Eco de Gran Canaria (3-2-1869). El País
(5-3-1869).

lio
Nos encontramos ante un núcleo poblacional donde la actividad
comercial, cultural y política tienen un nexo de unión en la burguesía,
este grupo social que pese a las crisis padecidas desde mediados de los
años treinta, a partir del hundimiento del mercado de la barrilla, con-
sigue mantenerse y desempeñar, unas décadas más tarde, un papel si no
igual, parecido al de etapas anteriores.
De esta forma, nos encontramos que en los albores de la Revolución
del 68, Arrecife había perdido aquella vitalidad proporcionada por el
comercio de la barrilla. Tras superar diversos momentos de crisis que
tuvieron una repercusión negativa en el desarrollo demográfico de la
población, se llega al 68 donde se producirá una nueva situación crítica
para la agricultura isleña.
Arrecife que había conseguido arrebatarle la titularidad de capital de
la isla a Teguise en el 47, entre otras cuestiones por el rápido crecimiento
económico y demográfico experimentado a raíz de la comercialización
de la barrilla, sufre un descenso poblacional considerable quedando en
una posición de considerable inferioridad respecto a su antigua compe-
tidora '.
La situación en que se vio envuelta la ciudad desde mediados del
XIX puede quedar reflejada en las siguientes palabras de Agustín Millares
Cantero:

«(...) Sin una industrialización como apoyatura, el capital comercia] creó


una microciudad burguesa fundamentada en una economía exportadora que
expansionó coyunturalmente sectores complementarios (...). Este proceso no
trajo consigo un desarrollo armónico y quedó obstaculizado desde que la oli-
garquía mercantil, el patriciado burgués, vio cómo se venía abajo el principal
soporte de su poderío (...). La burguesía comercial no podía transformarse
en burguesía industrial, y los condicionantes estructurales truncaron la apa-
rición de una ciudad altamente productiva (...)»*.
En este contexto Arrecife entra en la situación política creada con la
Revolución del 68. El ambiente que se respiraba en los primeros momen-
tos en el municipio, queda plasmado en la cita siguiente:

«No pretendemos hacer alarde de las constantes pruebas que este pueblo
ha venido dando de sus interesadas ideas liberales: diremos, sí, que fue uno
de los primeros que secundó con noble entusiasmo el glorioso Alzamiento
Nacional inaugurado en Cádiz en el mes de septiembre último. Diremos tam-
bién que al constituir su Junta revolucionaria, usó de su soberano poder

5. En el repartimiento del presupuesto de presos pobres del partido judicial de Arrecife


de 1871, aparece /^rrecife con 610 vecinos, mientras que Teguise cuenta con 847, siendo éstos
los dos pueblos con mayor número de vecinos empadronados. (Boletín Oficial de la Pro-
vincia de Canarias (B.O.P.C.) del 28 de agosto de 1871, n.° 102.)
6, MILLARES CANTERO, A.: Op. cit., p. 159.

111
popular (...), para atender las justas reclamaciones de sus representados, y
prestarles la debida protección, ya que hasta entonces venían siendo lasti-
mosamente oprimidos por los sicarios del odioso Gobierno derrocado»'.
Pero a pesar de traer consigo transformaciones administrativas, polí-
ticas y económicas, el Sexenio mantendrá en el control de los resortes
del poder, a ese grupo minoritario que integra la oligarquía local.
Las repercusiones en el aparato administrativo se concretan en la pro-
mulgación de una serie de leyes y decretos tendentes a la reorganización
de dicho aparato y que afectan a los diferentes niveles que lo conforman.
La Ley Municipal y Provincial del 21 de octubre, regula y define lo que
debe ser el municipio y la provincia, quienes son sus componentes, sus
órganos de gobierno y cómo funcionan*.
Esta ley se verá complementada con el Decreto sobre el Sufragio Uni-
versal del 9 de noviembre del mismo año, donde se regula el nuevo sis-
tema electoral establecido".
El Municipio de Arrecife quedará afectado por estas disposiciones en
la forma siguiente:
— Elecciones celebradas en enero de 1869 (Días: 1-4)'°.
El Municipio se constituye como distrito electoral único, con un sólo
colegio electoral cuya mesa se instala en las dependencias de las Casas
Consistoriales. Con arreglo a la escala determinada por la Ley Municipal
del 21 de octubre, le corresponden un total de siete concejales (un
Alcalde y seis Regidores)".
7. «Manifiesto del Puerto del Arrecife», en El País, 27 de octubre de 1868, n.° 586, p. 1.
8. Ley publicada en la Gaceta de Madrid del 22 de octubre, n.° 296 y en el B.O.P.C.
del 16 de noviembre, n.° 136 y 27 de noviembre, n." 141.
Esta ley no es otra que la ley progresista del 56, sin mantener el sufragio censitario,
entrando en vigencia de forma provisional hasta la promulgación de la Ley Municipal de
1870 (Concepción DE CASTRO: La Revolución Liberal y los municipios españoles, p. 187).
La Ley Municipal del 20 de agosto de 1870, se publica en la Gaceta de Madrid, en el suple-
mento del n." 233 y en el suplemento del B.O.P.C. del 21 de septiembre de ese mismo año.
9. Decreto publicado en la Gaceta de Madrid y el 10 de noviembre, n." 315 y en el
B.O.P.C. del 25 y 27 de noviembre, n."" 140 y 141, respectivamente, afectando únicamente
a los varones mayores de 25 años.
10. El primer día de elecciones, y para todas las convocatorias, se constituye la mesa
tras votación de los electores asignados en cada colegio, y los otros tres días se votan a los
futuros integrantes de la Corporación Municipal.
11. Esta escala estipula el número de alcaldes y regidores que corresponde a los muni-
cipios, en función del número de vecinos empadronados en cada uno de ellos. Para estas
elecciones, se publica la lista de los diferentes municipios de la provincia (Canarias) con el
número de los alcaldes y regidores que les corresponde, en el B.O.P.C. del 18 de diciembre
de 1868, n." 150.
Arrecife, con 454 empadronados, se sitúa en el grupo de los municipios entre 101 y 500
vecinos, según establece el artículo 33 de la Ley Municipal del 21 de octubre.

112
— Elecciones de marzo de 1872 (Días: 6-9).
En estas elecciones el Municipio, distrito electoral único, queda divi-
dido en dos colegios electorales: el de Naciente y el de Poniente. El pri-
mer colegio (Naciente) se sitúa en un local de la calle Principal y el
segundo (Poniente), en la sala de sesiones del Ayuntamiento.
Esta división se realiza conforme a la escala estipulada en el capítulo
segundo de la Ley Municipal del 20 de agosto de 1870, según la cual,
corresponde al Municipio de Arrecife, en función del número de residen-
tes del mismo, un Alcalde, dos Tenientes de alcalde y siete regidores, en
total, diez concejales ".

— Elecciones de agosto de 1873 (Días: 1-4).


Arrecife continúa siendo distrito electoral único contando, en esta oca-
sión, con un sólo colegio electoral de acuerdo con el artículo 6 de la Ley
promulgada por las Cortes Constituyentes el 24 de junio de 1873, esta-
bleciéndose en la sala capitular del Ayuntamiento. Para la renovación
total del Ayuntamiento se designan un total de diez concejales ".

— Elecciones de septiembre de 1873 (Días: 19-22).


Estas serán elecciones parciales como consecuencia de la renuncia pre-
sentada por cinco concejales elegidos en los comicios de agosto y acep-
tarse las excusas presentadas por los mismos.
Al quedar el Ayuntamiento reducido a menos de los dos tercios del
número total de concejales que debía formar la Corporación, y no poder
quedar constituido, se vuelven a celebrar elecciones con el fin exclusivo
de cubrir las vacantes producidas, según lo señalado en el artículo 43 de
la Ley de agosto del 70.
Para lograr un acercamiento a la realidad electoral durante los años
del Sexenio en el Municipio de Arrecife, creemos necesaria una aproxi-
mación al estudio de los indicadores del proceso electoral aunque éstos,
por sí solos, presenten problemas de fíabilidad puesto que, como señala
Pérez García, el falseamiento es constante durante todo el XIX, haciendo
imposible cualquier intento de explicación racional '*.

12. Ley Municipal del 20 de agosto de 1870. Op. cit. (art. 37).
CircuJar n." 118 del Gobierno de la Provincia, publicada en el B.O.P.C. del 24 de octubre
de 1870, n." 126, En esta circular Arrecife aparece con un total de 2.699 habitantes, situán-
dose por ello, en el grupo quinto de la escala establecida por la Ley del 20 de agosto donde
se incluyen los municipios entre 2.000 y 3.000 residentes.
13. El articulo 6 de la Ley del 24 de junio señala que sólo se constituirá una mesa en
los pueblos con menos de 800 vecinos. (Gaceta de Madrid del 26 de junio de 1873, n." 177
y B.O.P.C. del 7 de julio de 1873, n." 78.)
Tanto el número de concejales como todo el proceso electoral, están regulados por la
Ley del 20 de agosto de 1870.
14. José Miguel PÉREZ GARCÍA: Op. cit., p. 18.

113
A pesar de ello, resulta de gran utilidad ya que, como indica el
mismo autor, junto a otras fuentes documentales nos dan un panorama
aproximado de esta realidad '^
Abordaremos el análisis de los diferentes parámetros enmarcándolos
en dos grandes bloques:
1. Sufragio y electores.
2. Control de la participación.

1. SUFRAGIO Y ELECTORES
En este primer bloque se intenta observar las características y varia-
ciones de la participación electoral en las diferentes convocatorias. Para
ello, nos fijamos en los siguientes indicadores:

A) Número de electores y total de población


La relación que se establece entre estos dos elementos nos permite
conocer eJ grado de representatividad del proceso electoral. Pero antes
de pasar al análisis de este primer indicador, conviene señalar los factores
que limitan el voto.
A partir de la Revolución de Septiembre dejan de tener vigencia las
normativas que restringían el sufragio en función de la renta (sufragio
censitario) pero, a pesar del Decreto del 9 de noviembre del 68, se man-
tienen otra serie de limitaciones como son la edad o el sexo.
Para poder ser elector era necesario ser español (varón) y tener cum-
plidos veinticinco años, además era imprescindible ser vecino del muni-
cipio donde se quisiera ejercer el derecho al voto. Una serie de excep-
ciones impedían el ejercicio de este derecho: los procesados por algún
acto delictivo, los deudores a los fondos públicos, etc. "*.
Las variaciones que se producen en el sufragio son consecuencia
directa de los cambios que se originan en la legislación electoral. Así, en
1868, en los momentos anteriores a la Revolución de Septiembre, y para
el caso de Arrecife, el número de electores ascendía a 119, es decir, un
4,9% del total de la población del municipio (2.490 habitantes)'\ Este
porcentaje es semejante al obtenido en otros puntos de la geografía cana-
ria como en el caso de Las Palmas de Gran Canaria donde no se sobre-
pasa el 5%. (Ver Figura n." 1.)
En la convocatoria de enero de 1869 el número de personas con dere-
cho electoral aumenta como consecuencia del Decreto de 9 de noviembre.
El número de electores asciende a 516, lo que equivale á un 21,4% de

15. Ibídem, p. 18.


16. Artículo segundo del Decreto sobre el Sufragio Universal. Op. cit.
17. MILLARES CANTERO, A.: «Arrecife el Puerto de la Barrilla», p. 148. Utiliza los
datos ofrecidos por los padrones municipales en varios años.

114
Figura 1
ELECTORES - POBLACIÓN
Elecciones 1869-1873

TOTALES

1868 1869 1872 1873


ANOS

Población total ^^J Electores

Fuente: Expedientes municipales. Padrones de población.


Elaboración propia.
los habitantes de Arrecife según el padrón del 68, suponiendo un incre-
mento del 3,9% respecto al total de electores de la etapa anterior. (Figu-
ras 1 y 2.)
En este punto, habría que señalar la falta de coherencia entre los
datos de población ofrecidos por distintas fuentes. Por un lado, los expe-
dientes municipales nos señalan que para 1868 el total de vecinos del
municipio era de 566, por otro, el Boletín Oficial de la Provincia de
Canarias número 150, correspondiente al 18 de diciembre de 1868 publica
una relación en la cual Arrecife aparece con 454 vecinos. Esta disparidad
que supone una diferencia de 112 vecinos, o sea, aproximadamente unas
475 personas aplicando el coeficiente 4,24, supone para Arrecife la pér-
dida de cuatro concejales susceptibles de ser elegidos, pues según lo regu-
lado por la Ley Municipal del 21 de octubre del 68, a los municipios
entre 100 y 500 vecinos les correspondía siete concejales, mientras que
los incluidos entre 501 y 1.000, les correspondía once.
Todo ello nos lleva a pensar, a modo de hipótesis, en la existencia
de un control e intento de concentración de poder tal que lleva a unos
pocos a manipular la información disminuyendo los totales.
Las elecciones de marzo del 72, ven variar en muy poco el número
de electores. La tendencia al alza que se observa se debe, probablemente,
a un aumento en el número de jóvenes llegados a la edad reglamentada
para poder disfrutar del ejercicio de este derecho. A pesar del aumento
cuantitativo, 546 electores, el porcentaje en relación con la población dis-
minuye, situándose en un 20,3% respecto al total de habitantes (2.684).
(Figura 1.)
En los comicios celebrados en 1873, tanto en agosto como en sep-
tiembre, se experimenta un fuerte aumento en el número de electores
(776). Respecto a los de anteriores comicios, supone un incremento del
2,3 %. (Figuras 1 y 2.)
El mayor número de electores es evidente como consecuencia de los
cambios producidos en la legislación electoral. La ley republicana de 24
de junio de 1873 reduce el límite de edad para tener derecho a voto a
los 21 años, permitiendo el acceso al ejercicio del sufragio a un grupo
de población que anteriormente se veía privado del disfrute de este dere-
cho '".
Los porcentajes de electores de estos años en Arrecife son similares
a la media nacional: entre un 24 y un 27%, y a la de otros núcleos
municipales de la provincia como Las Palmas, donde el porcentaje hacia
1873 era del 25%.
A pesar del aumento del número de electores que se produce a lo
largo de estos años, indicador del grado de representatividad de las elec-

18, Artículo 7 de la Ley del 24 de junio de 1873, publicada en la Gaceta de Madrid


del 26 de junio, n." 177 y en el B.O.P.C. del 7 de julio, n." 78.

116
Figura 2
PARTICIPACIÓN ELECTORAL
INCREMENTO N." ELECTORES

PORCENTAJES

1868-1869 1869-1872 1872-1873


AÑOS

Incremento

Fuente: Expedientes municipales.


Elaboración propia.
ciones, descubrimos que la participación de estos electores no sigue la
misma trayectoria. Esto lo extraemos del análisis de un segundo indica-
dor.

B) Número de electores y total de votantes


Estableciendo una relación entre los totales de electores y de votantes
obtenemos el grado de participación electoral en las diferentes convoca-
torias.
La ampliación del derecho electoral por el Decreto de noviembre de
1868 no supone un aumento real de la participación, sólo en las elec-
ciones de enero del 69 y septiembre del 73 las cifras de votantes superan
al número de personas que antes de la Revolución de Septiembre tenían
derecho a voto. (Ver Cuadro n.° 1.)

Cuadro 1

ELECTORES, VOTANTES Y ABSTENCIONES EN LAS ELECCIONES


MUNICIPALES DE ARRECIFE DE 1869 A 1873

Año N.' ' Electores Votan % Abstenciones %


1868 119
1869 516 254 49,2 262 50,8
1872 546 69 12,6 477 87,4
1873 (agosto) lid 96 12,3 680 87,7
1873 (sept.) lid 125 16,1 651 83,9
Fuente: Expedientes municipales del Ayuntamiento de Arrecife, Legajos 18-40.
Elaboración propia.

Nos encontramos que, en ningún caso, la participación llega tan


siquiera al 50% del total de electores, lo cual es indicativo de un alto
índice de abstención, entre el 51 y 88%. (Cuadro n." 1.)
El máximo de votantes lo encontramos en los comicios del 69, ascen-
diendo a un 49,2% del total de electores. Posteriormente las cifras dis-
minuyen hasta un 13% para 1872 y un 12% en agosto de 1873, eleván-
dose ligeramente y por última vez dentro de este período, a un 16% en
las elecciones parciales de septiembre del 73. (Figuras n." 3 y n." 4.)
De los datos anteriores se desprende la existencia de una falta de inte-
rés o posícionamientos ideológicos por parte de la población electoral.
El aumento en el índice de participación en el 69 y septiembre del 73
quizá se deba, en el primer caso, a esos momentos iniciales de euforia
causados tras la Revolución y el ser las primeras elecciones donde la
118
Figura 3
PARTICIPACIÓN ELECTORAL 1869-1872

Votantes
254 49%

Votantes
69 13%

Abstenciones
477 87%

Abstenciones
262 51 % 1872
1869

Fuente: Expedientes municipales.


Elaboración propia.
Figura 4
PARTICIPACIÓN ELECTORAL 1873

Votantes Votantes
96 12% 125 16%
O

Abstenciones Abstenciones \
680 88% 651 84%

AGOSTO SEPTIEMBRE

Fuente: Expedientes municipales.


Elaboración propia.
población electora no era seleccionada en función de su capacidad eco-
nómica, añadiéndose a todo ello, el ambiente de «libertad» creado con
la nueva situación política que probablemente fue aprovechado por deter-
minados sectores sociales para movilizar a un gran número de electores,
dirigiendo su participación y por tanto, su voto hacia el lado más con-
veniente para los primeros.
Puede ser significativo el caso publicado en «La Correspondencia
Isleña» y recogido por «El País», donde un grupo de veintinueve vecinos
de Lanzarote quieren imponer un candidato de aquella isla en las elec-
ciones a Cortes. Creemos que este caso sirve para ejemplificar y apoyar
la hipótesis lanzada anteriormente:
«[...] En dicho escrito se impone á esta [isla] de Gran Canaria, la con-
dición de que, caso de proponer á aquellos electores que apoyen el candidato
que aquí se determine, ha de ser con la precisa condición, de que los elec-
tores de Gran Canaria, á su vez, han de votar ó dar sus sufragios en favor
del diputado que entre los veinteinueve firmantes se les designe» "'*.
El ligero aumento producido en septiembre del 73 responde a la
urgencia de constituir la corporación municipal más que a causas de
carácter ideológico pues, su desarticulación obstaculizaba el avance de
los trámites burocráticos estancados a raíz de la situación de interinidad
creada tras las renuncias de agosto.

C) La frecuencia del voto


El seguimiento del voto de los electores nos permite llegar a establecer
un último indicador: la regularidad de la participación.
La falta de algunos datos referentes a los electores que participaron
en el 69, impide que el análisis y fijación de este índice sea del todo fia-
ble. Con todo, nos atrevemos a una aproximación de éste, observando
primeramente, la existencia de una mayoría de votantes que participa
sólo una vez, 507 (93,2 %). Dos veces votan 29 (5,3 %) y 8 lo hacen tres
veces (1,5%). (Figura 5.)
Por tanto, y en líneas generales, podemos indicar que la regularidad
en la participación electoral no es la tónica dominante en las elecciones
municipales celebradas en estos años, demostrándolo el número de votan-
tes que acuden a las urnas en más de una ocasión, 37, o sea, el 7% del
total (544).
En esta escala de regularidad, los electores que por su nivel de con-
tribución también lo eran antes de septiembre del 68, suponen alrededor
del 24% de aquellos que repiten sufragio durante estos años. Esta cifra
no es en absoluto desdeñable y apoya la hipótesis sobre el interés que
tienen las clases bien avenidas en la vida política municipal.

19. El País. 5 de enero de 1869, n." 596, p. 3.

121
Figura 5
PARTICIPACIÓN ELECTORAL (1869- 873)
FRECUENCIA DEL VOTO

Una vez 507 9 3 %

Tres veces 8 1 %
Dos veces 29 5%

VOTANTES

Fuente: Expedientes municipales.


Elaboración propia.
2. EL CONTROL DE LA PARTICIPACIÓN

El segundo gran bloque que incluye el análisis de los indicadores del


proceso electoral, nos lleva a intentar un estudio de carácter cualitativo
respecto a los protagonistas de este proceso.
Descubrir quienes son los electores y los elegidos no es tarea fácil
creando, en ocasiones, lagunas insalvables a la hora de establecer con-
clusiones.
Gracias a la información obtenida en fuentes documentales comple-
mentarias de los expedientes municipales, hemos podido hacernos una
idea de quienes eran muchos de aquellos protagonistas de la vida política
arrecifeña durante el Sexenio.
Para una mejor comprensión, hemos dividido este bloque en tres apar-
tados:
A) Los mayores contribuyentes.
B) Las mesas electorales.
C) La composición de los ayuntamientos.

A) Los mayores contribuyentes


Como señala José M. Pérez, «el papel de los mayores contribuyentes,
en la vida pública local, es amplio. El Ayuntamiento los convoca frecuen-
temente para estudiar propuestas de solución a problemas diversos: con-
tribuciones (...), reparto de impuestos vecinales (...) y, por supuesto, todo
lo relacionado con el cometido electoral»™.
En esta ocasión y para el caso que nos ocupa, advertimos la parti-
cipación de mayores contribuyentes en la elaboración de las listas de elec-
tores anteriores a septiembre del 68. Listas donde sólo incluían a los con-
tribuyentes que por un nivel de renta determinado podían acceder a las
urnas. (Ver apéndice.)
Para ser elector y elegible, la cuota mínima de contribución se esta-
blecía en 135 reales de vellón aproximadamente, mientras que la cuota
para los electores no elegibles descendía hasta los 80 reales de vellón.
Existían electores no elegibles con cuotas superiores o iguales a las de
los electores del primer grupo, pero no podían ser incluidos en la cate-
goría de los elegibles por la profesión o cargo que estuviera desem-
peñando en esos momentos. Es el caso de Andrés Cabrera Pérez: militar,
o el de Leandro de Lara: presbítero^'.
Con la llegada de la «Revolución» y el Decreto de Sufragio Universal,
el acceso a las urnas se abrió, al menos teóricamente, de forma consi-
derable no sólo para los electores sino también para los posibles elegidos.

20. José Miguel PÉREZ GARCÍA: Op. cit., p. 23.


21. Ley de 18 de julio de 1865. Expedientes municipales del Ayuntamiento de Arrecife.
Legajo n." 18, pp. 5 r. 7 v.

123
quedando constancia con la proclamación como concejales de individuos
no incluidos en las listas de mayores contribuyentes.
La participación de los mayores contribuyentes en la vida pública
durante estos años es significativa, no tanto por el porcentaje que repre-
senta este grupo respecto al total de población electora y participante,
sino por su constante presencia a lo largo de todo el período y no sólo
en las urnas, también estará presente en las mesas electorales y en la com-
posición de los diferentes ayuntamientos designados.

B) Las mesas electorales


Como ha indicado José M. Pérez, las mesas electorales serán un ele-
mento de garantía de las decisiones que se toman antes de la emisión
de los votos".
La ausencia de quejas y el análisis de los componentes de las mesas
hacen pensar en la existencia de éstas como elementos de control.
El cuadro n." 2 nos muestra a los componentes de las diferentes
mesas electorales en las elecciones municipales celebradas entre 1869 y
1873. Entre ellos encontramos comerciantes como Eduardo Coll Ramírez,
profesionales como Domingo Lorenzo, profesor y miembro de la Socie-
dad Económica de Amigos del País de Las Palmas desde 1871, y
Lorenzo Cabrera, médico titular de Arrecife. Numerosos individuos que
serán votados en los comicios de estos años como: Eduardo J. de la
Cruz, Ginés García Rosa o Félix Rosa Díaz. Otros tantos que estaban
incluidos en las listas de contribuyentes con derecho electoral antes del
69 como: Lorenzo Cabrera o Tomás García Panasco.
Un total de diecinueve individuos elegidos por votación entre los elec-
tores de las correspondientes mesas electorales y de los cuales, cinco serán
designados en más de una ocasión para componer dichas mesas.
Se puede observar cómo los miembros de estas mesas electorales si
no pertenecen a un sector económicamente bien establecido, al menos,
son personas que gozan de cierto prestigio en el municipio. Todo ello,
nos hace pensar en una endogamia política tendente a controlar y garan-
tizar los resultados electorales.

C) Composición de los ayuntamientos


Los resultados electorales nos permiten aproximarnos a los individuos
que formarán parte de la Corporación Municipal.
El cuadro n." 3 nos presenta la composición de los ayuntamientos sur-
gidos con las elecciones municipales a partir de 1869. Observamos como
del total de los treinta y cuatro elegidos, doce pertenecían al grupo de
contribuyentes con derecho a voto antes de octubre del 68, lo cual

22. José Miguel PÉREZ GARCÍA: Op. cit., p. 24.

124
Cuadro 2

COMPOSICIÓN DE LAS MESAS ELECTORALES (1869-1873)

1869 (colegio electoral único)


PRESIDENTE: Eduardo Coll Ramírez
SECRETARIOS: Eduardo J. de la Cruz
Jerónimo del Castillo y Cabrera
Lorenzo Cabrera y Cabrera
Tomás García Panasco

1872 (primer colegio electoral)


PRESIDENTE: Alfredo Cabrera Topham
SECRETARIOS: Domingo Hernández Pérez
Ginés García Rosa
Eduardo Coll Ramírez
Domingo Lorenzo y Bethencourt

1872 (segundo colegio electoral)


PRESIDENTE: Félix Rosa Díaz
SECRETARIOS: Lucas Medina García
Rafael Pérez
Miguel Ayala Toledo
José González Aguiar

1873 (agosto) (colegio electoral único)


PRESIDENTE: Simón Ballester Alorda
SECRETARIOS: Miguel Ayala Toledo
Manuel Federico González
Miguel Medina Rosales
Alfredo Cabrera Topham

¡873 (septiembre) (colegio electoral único)


PRESIDENTE: Manuel Federico González
SECRETARIOS: Miguel Medina Rosales
Gonzalo Molina Pérez
Alfredo Cabrera Topham
Miguel Ayala Toledo

Fuente: Expedientes municipales. Legajos 19-40.


Elaboración propia.

125
Cuadro 3

CORPORACIONES MUNICIPALES DE
ARRECIFE DE LANZAROTE DE 1869 A 1873

1869 Juan Melgarejo Caballero


Manuel Coll y Carrillo
Andrés Cabrera Pérez
Simón Ballester Alorda
José M.' Díaz Reyes
Juan Cabrera del Castillo
Ginés García Rosa

1872 Simón Ballester Alorda


Andrés Lemes Pérez
Juan Cabrera del Castillo
Ginés García Rosa
Joaquín Reguera y Romero
José Luis Bethencourt
José M." Díaz Reyes
Santiago Pineda Romero
Miguel Ayala Toledo
Francisco Lazo Cabrera

1873 (agosto) Policarpo Medinilla Morales


Rosendo Cabrera Hernández
Felipe Recio (r.) 1.
Félix Rosa Díaz (r.)
Ildefonso Hernández
Domingo Negrín Suárez
Eduardo J. de la Cruz (r.)
Vicente Santana
José Quintana (r.)
Francisco Espino Cárdenas (r.)

1873 (sept.) Juan Garrido Velasco


Manuel Federico González
Raimundo Navarro (r.)
Ramón de León
Juan Sánchez

Fuente: Expedientes municipales. Legajos 19-40.


Elaboración propia.
1. (r.) = renuncia y se admite.

126
supone una presencia bastante respetable de los sectores acomodados de
la sociedad arrecifeña en este órgano de administración local. A éstos,
habría de añadirse los individuos que si bien no aparecen en estas listas
de contribuyentes, estarán incluidos en relaciones posteriores como es el
caso de Manuel CoU, administrador de las propiedades de los condes de
Santa Coloma en Lanzarote y fabricante de jabones, situado en el
número diecinueve de la lista de mayores contribuyentes «por industrial»
de Canarias en 1871 y en el puesto catorce en 1872".
Se constata la presencia de miembros del Comité Republicano de
Arrecife creado a finales de mayo del 69, favorecida por la situación de
libertad creada con la instauración del nuevo régimen político. (Ver apén-
dice.)
La mayoría de éstos son elegidos en el 72 y agosto del 73, no supe-
rando en ningún caso el 30% de los miembros de la Corporación. Es
curioso cómo entre éstos se encuentran individuos que antes de la Revo-
lución de Septiembre podían votar e incluso ser elegidos. Este es el caso
de Domingo Negrín, marino, armador y naviero quien también fue miem-
bro fundador de la logia masónica Atlántida n." 92 de Arrecife en 1875,
y el de José Luis Bethencourt el cual formó parte de la Junta Local de
Primera Enseñanza de Arrecife en 1869".
La ausencia de una definición política clara en los primeros momen-
tos del Comité Republicano es criticada por la prensa afin a las ¡deas
republicanas en la forma que sigue:

«El cinco del actual se llamó al pueblo, por medio de unos avisos fijados
en las esquinas, para que acudiese al local que ocupan las casas Consisto-
riales, con el objeto de constituir un comité sui generis, sin color al principio,
pero con un tinte tan revuelto después, que se veían allí mezclados los más
furibundos liberalotes con los neos más aferidos por sus hechos pasados, pre-
sentes y futuros.

El comité se constituye y se proclama en republicano, siendo miembros


activos de él los mismos que en la discusión manifestaron ideas contrarias
á esa forma de Gobierno, resultado del guirigay más completo que se puede
imaginar.
Según he oído decir después el tal comité ha permanecido largo tiempo
en la más completa inacción, por falta de trabajo, dispersándose muchos de
sus miembros y permaneciendo solo cinco personas firmes en sus puestos
como constantes adalides de la idea liberal.
Deseando la juventud de este pueblo que la buena idea prevalezca, ha
resuelto formar un comité verdaderamente democrático federal, y el pensa-

23. B.O.P.C, 10 de febrero de 1871 y 19 de febrero de 1872.


24. El País, 18 de junio de 1869. Manuel DE PAZ SÁNCHEZ: Historia de la fracma-
sonería en Cananas (1739-1936). El País, 5 de marzo de 1869.

127
miento ha sido apoyado con entusiasmo, habiendo fundados motivos para
creer que no se quede en proyecto, como otras muchas cosas de por
aquí» ".

Los miembros de las distintas Corporaciones Municipales serán ele-


gidos, no tanto por sus tendencias o ideologías políticas como por el
carisma, respetabilidad o prestigio del que disfrutaban dentro del muni-
cipio, coincidiendo a su vez con la pertenencia de éstos, a las clases eco-
nómicamente acomodadas lo cual tendrá como consecuencia, que la
mayoría de los reelegidos sean miembros de ese grupo social. Las cifras
lo muestran claramente: de siete concejales reelegidos, cuatro formaban
parte de las listas de mayores contribuyentes con derecho electoral antes
de octubre del 68 y uno, estará incluido en relaciones hechas con pos-
terioridad. En definitiva, cinco que suponen el 71 % del total de los con-
cejales reelegidos, cantidad ésta a tener muy en cuenta.
En definitiva, podemos señalar que el Sexenio pudo haber supuesto,
para el caso concreto del Municipio de Arrecife, una oportunidad de par-
ticipación en la vida política local, para un gran número de sus habi-
tantes los cuales, ni antes ni bastante después de este paréntesis de seis
años, podrán volver a intervenir en ella.
Esta «oportunidad» que vino de la mano del Decreto sobre el Sufra-
gio Universal no se aprovechó totalmente, quedando demostrado con la
escasa participación de los electores quizá, por una falta de conciencia
política o por una posición de conformismo que les llevó a dejar en
manos de unos pocos la toma de decisiones concernientes a toda la comu-
nidad.
La constante presencia de las clases acomodadas en los comicios muni-
cipales celebrados en estos años, ratifica la idea de la mayor participación
de estos sectores que, con un cierto nivel cultural y de rentas, tiene y
defiende sus intereses en la localidad.
El resultado de todo ello es la configuración de unas Corporaciones
no muy diferentes de las formadas con anterioridad a este período de
la historia política local y donde, a pesar de la incorporación de elemen-
tos novedosos a este cuerpo como son los republicanos, las actitudes y
actuaciones municipales serán semejantes a las de ayuntamientos prece-
dentes.
Podemos concluir dejando patentes estas últimas afirmaciones con las
siguientes citas:
«A la actual autoridad local corresponde hoy la abolición de los repetidos
abusos que aquel vecindario ha venido lamentando hace dos ó tres años, y

25. Escrito del corresponsal del periódico El País en Arrecife. El País, 29 de enero de
1869, n." 603, p. 3.

128
si existe alguna cantidad consignada para gastos de alumbrado, que no
suceda lo que antes, que los lechuzos se bebían el aceite hasta que desapa-
recieron los faroles por arte de birli-birloque»^''.
"¿Qué hace el Ayuntamiento de Arrecife que no procura proveer á aque-
lla localidad, capital de la isla, del necesario, del indispensable alumbrado
público? ¿Qué hace aquella autoridad que no persigue sin descanso a los
delincuentes? (...).
Es necesario que se comprenda por los encargados de vigilar por la tran-
quilidad del vecindario, cuales son sus deberes»".
«Vamos, vamos, ciudadano Alcalde de Arrecife, descargue V. del presu-
puesto municipal algunas cantidades cuyo destino no se vé, y aplíquelas V.
á la vigilancia y alumbrado del pueblo; pues de lo contrario esos habitantes
se verán obligados á emigrar a la vecina África, donde se creerán más segu-

26. E¡ País, 2 de febrero de 1869, n." 604, p. 2.


27. El País, 18 de mayo de 1869, n.» 632, p. 3.
28. El País, 25 de junio de 1869, n." 643, p. 3.

129
APÉNDICE

MAYORES CONTRIBUYENTES CON DERECHO ELECTORAL


ARRECIFE (LANZAROTE) AGOSTO 1868

Electores elegibles

Nombre Nombre

Agustín Borges Martín Juan Sánchez Ginebra


Agustín de Medina Llambias Juan Rosa Alvarez
Andrés Hernández Abreu Juan González Velázquez
Antero Curbelo Ramírez Juan A. Topham y Cabrera
Antonio Hernández Paiz Juan A. Cabrera del Castillo
Antonio de la Torre y Torres Juan Melgarejo Caballero
Bartolomé Barreto Díaz Julián Ferrer y Fuentes
Blas CoU y Carrillo Julián Martín Ferrer
Blas Curbelo Guerra Leandro Pérez Fagundo
César Cabrera Carrillo Leandro de Nir Mozegue
Domingo Hernández Bermúdez Lucas Medina García
Domingo Negrín Suárez Manuel González Velázquez
Domingo Gil Arbelos Manuel Cabrera y Armas
Enrique Hernández Díaz Manuel Curbelo Paiz
Eusebio Lazo Cabrera Manuel Gopar Serdeña
Felipe Cabrera Paiz Manuel Cabrera Lorenzo
Félix Rosa Díaz Manuel Borges Díaz
Félix Martín Perera
Manuel Medina González
Francisco Marrero Camejo
Matías de la Concepción Paz
Francisco González Velázquez
Miguel Ayala Toledo
Francisco Espino Cárdenes
Nicasio de Medina Llambias
Francisco Sánchez Ginebra
Nicolás de Paiz Gómez
Francisco Martín Valiente
Pedro Medina Cabrera
Francisco González Ruano
Pedro Medina Rosales
Francisco Acosta Guillen
Francisco Lazo Cabrera Pedro Rodríguez Ramírez
Francisco Hernández y Hernández Pedro Rojas Fuentes
Ginés García Rosa Pedro Gramas y Morales
José Padrón Artiles Pedro Vidal Guadalupe
José Colunna Martín Rafael Rancel y Valenciano
José Cabrera y Cabrera Ramón Delgado González
José Viera Batista Rosendo Cabrera Hernández
José María Cabrera Hernández Santiago Acosta Morales
José Baro Barreto Saturnino Miranda Torres
José de Medinilla Ordóñez Simón Acosta Felipe
José Gopar Serdeña Tomás García Panasco
Juan Santana y Santana Ventura García Roque

130
Electores no elegibles (continuación)

Nombre Nombre

Agustín de Paiz Curbelo ....


Ambrosio Pereira Ru.z ... . ' ° " . ' " ^^'^'^
. , , , . _ , escribano
Andrés Luis Bethencourt I-
Andrés Cabrera Pérez
.. • , , „, militar
Atanacio López Pérez .

Bartolomé Arroyo y A r m a s : : : : : : : : : : : : : : ^111^"""''''°'"''


Basilio Cabrera Torres .... , , . , .
Benito Cabrera :::::::: fortincaciones
Cipriano Cabrera
Eduardo González Sánchez •,.
Elias Martinón Cabrera
Francisco Alvarez Pérez
Francisco Frías Armas
Ginés Suárez León
Guillermo Topham y Cabrera i
, . , . „ . [ . ^ , militar
José Luis Bethencourt Cabrera i- • ,

José Martín Pérez :::::::::::::::::::: '•""'^'^do


Julián Montero Aguiar
, , , , marino
Leandro de Lara
Lorenzo Hernández González ^^^ ' ^^"
Luis Cabrera del Castillo j ••
Manuel Delgado González administrador de correos
Manuel Hernández Cruz ... . .

Manuel Bienes Medina :::::::::::::::::::::::::: ^"'"'^^'^°' ^'^ consumos


Manuel González Pérez
Marcial Cabrera Bermúdez
Mateo Pefia Oropesa
Nicolás Toledo Duque
Onofre Carreflo García
Pedro Duque Gutiérrez
Rafael Pineda y Romero „„,
t, r 1 ^ L „ . notario
Rafael Cabrera y Cabrera „•,•,,
e , , . . ' militar
Salvador de la Torre Alvarez
Serafín del Castillo :::::::: secretario
Valentín Cabrera

Vicente Reyes Hernández :.:::::::::::::::::::::::::::::: depositario


Vicente Recio ^„ i , j ,
,, ^ „ .. „, empleado de hacienda
Vicente Gutiérrez Sánchez

131
Capacidades (no elegibles) (continuación)
Nombre Datos

Bernardo Cabrera arcipreste beneficiado


Domingo Lorenzo Betancort profesor de instrucción primaria
José Antonio Hernández Guerra promotor fiscal
José M." Bethencourt Lezcano médico cirujano
Juan Ybáñez Pavía coronel retirado
Lorenzo Cabrera Cabrera médico titular
Luis Tresguerras Meló juez de I." instancia
Santiago Hernández Pérez farmacéutico

Fuente: Expedientes municipales del Ayuntamiento de Arrecife. Legajo n." 18, pp. 5r.-7v.

COMPONENTES DEL COMITÉ REPUBLICANO


D E A R R E C I F E (1869)

Cargo Nombre

PRESIDENTE José Bethencourt


VICEPRESIDENTE Santiago Pineda
VOCALES Eduardo Coll
Domingo Negrin
Doctor Lorenzo Cabrera
Miguel Pereira
Ildefonso Hernández
Felipe Recio
José M." Díaz
Segundo Martinón
Ginés Cerda
SECRETARIOS Carlos Schwartz
Domingo Vázquez
Fuente: El País, 18 de junio de 1869.

M I E M B R O S F U N D A D O R E S D E LA L O G I A M A S Ó N I C A
A T L A N T I D A , N." 92 D E A R R E C I F E (1875)

Nombre Datos

Bernase, Luis L comerciante propietario


Cabrera Topham, Blas abogado
Espinóla y Vega, Alfonso médico
Fernández Castañeyra, Ramón comerciante
Medinilla y Morales, Policarpo propietario
Merino, José notario
Negrin y Suárez, Domingo marino, armador, naviero
Schwartz y Fernández, Carlos negociante, comerciante
Vanes Volcán, Aureliano comerciante, marino

Fuente: De Paz Sánchez, Manuel: Historia de la fracmasonería en Canarias.

132
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

1. Fuentes
Expedientes Municipales del Ayuntamiento de Arrecife de Lanzarote. Serie: Elecciones muni-
cipales.

Legajos:
n." 18 (1868)
n.» 19, 20, 22 y 25 (1869)
n." 34 y 35 (1872)
n.» 38 y 40 (1873)

Anales de la Sociedad Económica de Amigos del País de Las Palmas (1874-1880).


Boletín Oficial de la Provincia de Canarias (1868-1873).

Prensa:
El Eco de Gran Canana (1868-1869).
£ / / ' a / í (1868-1869).
La Verdad (1870-1875).

2. Bibliografía

ALVAREZ RIXO, J. A.: Historia del Puerto de Arrecife. Aula de Cultura de Tenerife.
Santa Cruz de Tenerife, 1982.
BURRIEL DE ORUETA, E. L.: Población y agricultura en una sociedad dependiente.
Oikos-Tau. Barcelona, 1981.
DE CASTRO, C : La Revolución Liberal y los municipios españoles. Alianza Universidad.
Madrid, 1979.
DE PAZ SÁNCHEZ, M.: «Introducción a la historia de la fracmasonería del Archipiélago
Canario (1815-1936)», en Historia General de las Islas Canarias. Tomo V. Edirca. Santa
Cruz de Tenerife, 1977.
DE PAZ SÁNCHEZ, M.; Historia de la fracmasonería en Canarias (¡739-1936). Excmo.
Cabildo Insular de Gran Canaria. Las Palmas, 1984.
HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, M.: «Cambio Social y transformaciones culturales en Lan-
zarote durante el siglo XIX», en / / / Jornadas de Estudios sobre Fuerteventura y Lan-
zarote. Tomo I. Excmo. Cabildo Insular de Fuerteventura y Excmo. Cabildo Insular de-
Lanzarote. Puerto del Rosario, 1989.
LÓPEZ CORDÓN, M.» V.: La Revolución de 1868 y la I República. Siglo XIX. Ma-
drid, 1976.
MILLARES CANTERO, A.: «Arrecife, el puerto de la barrilla (en torno a los origenes y
desarrollo de una ciudad burguesa canaria entre el antiguo y el nuevo régimen)», en Bole-
tín Millares Carió. Vol. III, n." 5. Junio, 1982. U.N.E.D., centro regional de Las Palmas.
MILLARES CANTERO, A.: «Sobre la gran propiedad en las Canarias Orientales (para una
tipificación de la terratenencia contemporánea)», en Historia General de las Islas Cana-
rias. Tomo V. Edirca. Santa Cruz de Tenerife, 1977.
NOREÑA SALTO, M.» T.: «La clase política canaria, I850-19I5», en Historia General de
las Islas Canarias. Tomo V.
OJEDA QUINTANA, J. J.: La Desamortización en Canarias (1836-1855). C.I.E.S., Cua-
dernos Canarios de Ciencias Sociales. N." 3, Las Palmas de Gran Canaria, octubre 1977.
PÉREZ GARCÍA, J. M.: Elecciones a Cortes en Las Palmas durante el siglo XIX. Cabildo
Insular de Gran Canaria, col. Guagua. Las Palmas, 1990.

133
SÁNCHEZ DE ENCISO, A.: «El Sexenio Revolucionario en Tenerife», en Historia Genera]
de las Islas Canarias. Tomo V.
SUAREZ GRIMON, V., y RAMOS QUINTANA, A.; «Elecciones municipales en Teror:
del sufragio restringido al sufragio universal (1836-1869)», en Revista de Historia de Cana-
rias. Tomo 38. Santa Cruz de Tenerife, 1984-1986,
VERNEAU, R.: Cinco anos de estancia en las Islas Canarias. J.A.D.L. Santa Cruz de Tene-
rife, 1987.

134
LA DEHESA DE CURÍAME Y EL MOTÍN DE 1829
EN FUERTEVENTURA
VICENTE J. SUAREZ GRIMON
La sociedad canaria del Antiguo Régimen puede ser definida como
una sociedad litigiosa tanto desde el punto de vista institucional como
individual. A los conflictos jurisdiccionales de carácter civil o eclesiástico
se añaden los que con carácter individual o colectivo se dirimen ante los
tribunales de justicia por la disputa de un derecho de propiedad sobre
la tierra o agua, la defensa de los derechos de pasto, etc. El fracaso de
la vía administrativa o judicial en estas disputas que afectan a colectivos
numerosos o que podían tener como protagonistas a pueblos o islas ente-
ras, podía ser el detonante del estallido popular. Son, precisamente, estas
circunstancias las que se dan en el motín objeto del presente estudio: el
de la dehesa de Guriame en 1829.
Los conflictos sociales registrados en Canarias desde 1648 a 1847 bajo
sus distintas denominaciones de motín, tumulto, asonada, alboroto, suble-
vación, etc., alcanzan la cifra del centenar'. Por islas, el mayor porcen-
taje, 61 %, se registra en Gran Canaria y le sigue en orden de importan-
cia Tenerife con el 20%. Con porcentajes inferiores figuran Lanzarote
con el 9% y Fuerteventura y La Gomera con el 4%, figurando con un
sólo ejemplo La Palma y el Hierro. El caso de La Palma invalida la posi-
ble relación entre bajos porcentajes e islas de señorío. No obstante, puede
suceder, como ha señalado Bethencourt Massieu, que la falta de una tra-
dición o la motivación política administrativa, que despoja a la tensión
de un carácter ético-económico, unido al escarmiento de alguna experien-
cia reciente, justifiquen el escaso índice registrado en las islas de seño-
río -.
Las alteraciones populares ocurridas en Canarias desde mediados del
siglo XVII son de diverso signo, sin embargo el mayor porcentaje, 46%,
corresponde a los relacionados con la propiedad de la tierra-usos comu-
1. SUAREZ GRIMON, V. J.: «La conflictividad social en Canarias». En Historia de
Cananas siglo XVIII. Tomo 11, Alzira, 1992», en Volumen III «El siglo XVIII» de la His-
toria de Canarias de Editorial Prensa Canaria (en prensa). En este trabajo no se incluye el
motín de 1829 en Fuerteventura, por lo que la cifra dada es de 99 conflictos desde 1648
a 1847.
2. BETHENCOURT MASSIEU, A.: «La asonada de la «pobrera» de Lanzarote en
1789. Reflexiones .socio-politicas», en A.E.A., n." 34. Madrid-Las Palmas, 1988, pp. 445-476.

137
RELACIÓN DE CONFLICTOS POR ISLAS Y SIGLOS
EN CANARIAS
Islas Siglo XVII S. XVIII S. XIX Total

Gran Canaria — 32 29 61

Tenerife 6 II 3 20

Lanzarote — 7 2 9

Fuerteventura — 2 2 4

Gomera I 2 1 4
Hierro — 1 1

La Palma — 1 1

TOTAL 7 56 37 100

nales y el agua. Asimismo, la mayoría de estos conflictos pueden ser con-


siderados como tensiones o conflictos de tipo vertical, iniciados por la
masa de vecinos de un lugar contra un elemento «foráneo» política o eco-
nómicamente más fuerte: un corregidor o alcalde mayor, un intendente,
un hacendado o arrendatario, etc.
El motín de Curíame aparece relacionado tanto con la propiedad de
la tierra-usos comunales (disputa de la titularidad y aprovechamiento de
la dehesa de Guriame) como con los conflictos de tipo vertical (los veci-
nos de los pueblos de Villaverde, Lajares y La Oliva contra los arren-
datarios de la dehesa). La disputa entre vecinos y arrendatarios de la
dehesa en torno a la titularidad y aprovechamiento de la misma se inicia
unos años antes del estallido del tumulto y es, precisamente, el fracaso
de la vía administrativa o judicial lo que provoca el estallido popular.
Es muy probable que el decreto de las Cortes de 8 de junio de 1813 que,
entre otras cosas, mandaba acotar y cercar los predios particulares, sea
el responsable último del litigio y tumulto en torno a los aprovechamien-
tos de los pastos y cosco de la dehesa. El pleito sostenido tanto en el
Juzgado Real Ordinario de Fuerteventura como en la Real Audiencia de
Canarias sobre la titularidad y aprovechamiento de la dehesa, los hechos
del motín y, finalmente, su represión, constituyen las cuestiones básicas
analizadas en las páginas siguientes.

1. LA DISPUTA EN TORNO A LA DEHESA DE CURÍAME

La dehesa de Curíame, Ugríame o Huriamen estaba situada en el


extremo norte de la isla de Fuerteventura y, más concretamente, en el
ámbito territorial de los pueblos pertenecientes a la parroquia de La

138
Oliva, es decir, Villaverde, Lajares y la propia Oliva'. De acuerdo con
los argumentos esgrimidos por los vecinos de estos pueblos, Guriame for-
maba parte del gran término de Mascona o zona de pastos de la costa
que circunvala toda la isla y que estaba separado de los demás terrenos
cultivables o de la Vega de pan sembrar mediante una pared fabricada
a expensas del conjunto de los vecinos. En la época de labor y mientras
las mieses estaban en el campo, los ganados menores pastaban en la
costa y, una vez recogidas las mieses, volvían a las vegas y tanto en una
como en otra parte pastaban común y libremente los ganados. Sin
embargo, los arrendatarios de la dehesa consideran que desde los tiempos
más cercanos a la conquista se señalaron como particulares los términos
y dehesas de Jandía y Guriame en los que se establecieron ganados pro-
pios de sus dueños para pastar dentro de ellos con expulsión del común
del pueblo. La consideración de pasto común o privado defendida por
una u otra parte, así como la titularidad y aprovechamiento de la dehesa,
se convierten en la cuestión básica que se dilucida en el litigio que ambas
partes inician en 1825. Sin embargo, la razón última del litigio y del
motín de 1829 más que en el derecho o limitación de los pastos se
encuentra en el uso industrial de la hierba cosco.
La dehesa o «término de Ugriame» con sus dos cabanas donde se ha-
ce el provecho del ganado y que llaman Bayuyo y las Atalayas, con tres
rozas de bebederos y sus aguas y acogidas, con la fuente y pozuelo de
dicho término, fue vinculada por testamento otorgado el 28 de octubre
de 1610 por don Gonzalo Arias y Saavedra, señor territorial de la isla,
juntamente con la jurisdicción que le tocaba en la isla de Lanzarote,
como señor de ella, y las rentas que le tocan de los quintos y cosechas
de las orchillas. Desde la fundación del mayorazgo y hasta el siglo XIX,
los distintos poseedores (don Fernando y don Matías Arias y Saavedra,
don Francisco Bautista de Lugo, el mayor, y don Francisco Bautista, el
menor) fueron tomando posesión de la dehesa y recogiendo las orchillas
y demás frutos que el término producía, con absoluta separación de cuan-
tos intentaban interrumpirles.

3. En la posesión dada, de mandato de la Real Audiencia, el 20 de mayo de 1637 por


don Félix Castillo Cabeza de Vaca, Alcalde Mayor de Fuerteventura, a favor de Don Blas
üarcia Gallegos de los bienes, derechos, acciones y jurisdicción de dicha isla, como bienes
quedados al fallecimiento de don Gonzalo de Saavedra, señor que fue de la isla, figuraba
el término de Guriame con tres leguas de terrazgo y Montañas de Tamboril hasta Montaña
Roja y Piedra Erguida, con 800 cabras criaderas con sus provechos, libres de quintos, con
poza, maretas y rozas de sembrar. Asimismo, en los aprecios de los bienes del Señorío de
dicha isla practicados a petición del señor don Francisco Bautista de Lugo, el mayor, el 5
de noviembre de'1737. el término de Guriame tenía por linderos: Saliendo de Montaña Roja
a dar por debajo de las Atalayas a Cien Hombres, y de allí al mojón de Juagar a dar a
los Corrales de Muchitivite. y de allí a la Montaña de los Encantados y a las Lagunas y
al mar, y la costa del mar a Corralejo, y de allí la costa en el «mano» a cerrar con el pri-
mer lindero de Montaña Roja.

139
En el siglo XIX, el mayorazgo recae en doña Elena Sebastiana Bení-
tez de Lugo y Saavedra, hija de don Francisco Bautista de Lugo y
vecina de La Orotava, quien en 1822 arrienda la dehesa a don José
Felipe Rodríguez, vecino de Candelaria, por espacio de tres años y por
el precio de 5.400 r.v. anuales. Como fiador actúa su tío el teniente capi-
tán don Domingo García del Corral y el 7 de abril de 1823 se incorpora
como compañero en el arrendamiento su hermano el capitán don Manuel
García del Corral. A partir del 18 de junio de 1823, los hermanos García
del Corral, vecinos de Yaiza en Lanzarote, asumen la titularidad del
arrendamiento en sustitución de su sobrino José Felipe. Entre las con-
diciones que regulan el contrato destaca la prohibición de introducir gana-
dos de fuera en la dehesa y la de no:
«permitir que alguno o algunos particulares hagan fábricas, como lo han
intentado en todos los terrenos o términos que comprenda dicho arrenda-
miento para recoger barrilla, orchilla o con cualquiera otro motivo, a fin de
que no se perjudique en manera alguna la propiedad o posesión de su legí-
timo dueño» "•.
La hierba cosco, cuyo uso industrial hacía poco tiempo que se cono-
cía (1790), había provocado una auténtica invasión de la dehesa por
parte de los vecinos de Fuerteventura y de Lanzarote, que los arrenda-
tarios tratan de atajar a partir de 1824.
Los hermanos García del Corral, una vez posesionados en el arren-
damiento, no pudieron evitar por sí mismos la entrada en la dehesa de
los vecinos y ganados de los pueblos de La Oliva, Villaverde y Lajares
ni tampoco pudieron recuperar el valor del cosco recogido, por lo que
debieron recurrir a la Justicia Real haciendo valer sus particulares dere-
chos y los de la vinculación a que estaban sujetos los terrenos de
Curíame. De esta forma, el 5 de julio de 1825 y en el Juzgado Real
Ordinario de Fuerteventura, se inician autos por parte de los hermanos
García del Corral sobre que:
«los vecinos de La Oliva, Villaverde, Lajares, Tostón y demás partes de
la isla no disfruten en las cabanas del término de Guriame, rosas y otros
puntos de ella, ganados mayores y menores, y menos aprovechen el cosco,
leña y demás arbustos que produce el indicado término» ^
Fruto de la denuncia efectuada por el procurador Antonio Ruiz de
Medina es el auto expedido el mismo día por don Juan Umpiérrez,
Alcalde Ordinario Interino por ausencia del propietario, dando comisión
a los alcaldes de La Oliva, Villaverde y Lajares para que mandasen reti-
rar a cuantas personas estuviesen recolectando cosco en la dehesa, cabana
de Guriame, Bayuyo y demás propiedades arrendadas, entendiéndose lo

4. A.H.P.L.P. Sala de la Real Audiencia. Documento-signatura 1-3.632, año 1825, f. 2 r.


5. Ibídem, 2." pieza, f. 2 r.

140
mismo para con los de Lanzarote «para que dejen en libertad las costas
como está prevenido por circulares y acuerdos del Ayuntamiento». El
cosco que se había cogido se pondría en depósito para partir con los
arrendatarios conforme al trabajo hecho, advirtiendo de su cumplimiento
a los alcaldes con 50 ducados de multa a cada uno. Los alcaldes de los
pueblos afectados convocan a sus vecinos y acuerdan personarse en
dichos autos por mediación de sus síndicos personeros toda vez que se
les había violentado, sin ser vencidos en juicio, en el libre uso de la
cogida de yerba cosco, debiéndose pedir al Alcalde Ordinario que sus-
penda el derecho de posesión y, en caso necesario, el de propiedad.
Se inicia, pues, el conflicto por la vía administrativa o judicial, sus-
tentándose la pretensión de los vecinos en:
a) Negar a los hermanos García del Corral personalidad para inter-
venir en este juicio al no ser dueños sino arrendatarios de la dehesa y
no contar con poderes de doña Elena S. Bautista. Inicialmente, incluso,
se duda de que tengan esta condición (el arrendamiento se hizo a su
sobrino José Felipe Rodríguez) y, posteriormente, consideran que ha expi-
rado el plazo de los tres años del arrendamiento. Cuando la parte con-
traria acredite la prórroga hecha por el coronel don Agustín Cabrera del
contrato de arrendamiento por otros tres años más, la defensa de los veci-
nos alega que dicho Coronel «no acreditó, insertándolo en la misma escri-
tura, el encargo y discernimiento que judicialmente se le hubiese hecho
de la tutela de doña Elena Bautista de Lugo».
b) Poner en discusión la titularidad de la dehesa por parte de la Casa
de Saavedra. La dehesa de Guriame, según la defensa de los vecinos, era
sólo una pequeña porción de terreno que se halla en el gran término de
Mascona que circunvala toda la isla, separado por una pared fabricada
a expensas de todos los vecinos de los demás terrenos cultivables y en
el que entraban a pastar libremente todos los ganados. En él, cada dueño
o pastor fabricaba una choza o cabana que les servía de abrigo, para
ordeñar el ganado y hacer el queso. Desde lo antiguo, este derecho se
consideró común a todos los vecinos y, si bien no se extendía al terreno
donde pastaban los ganados, sí que lo tenían sobre las cabanas, rozas
y pozos que se hacían para abrevar el ganado, y acabó por convertirse
en objeto de enajenación y transmisión por medio de los títulos estable-
cidos para adquirir legítimamente el dominio de las cosas. Esto fue lo
que sucedió con don Gonzalo de Saavedra que, como cualquier otro par-
ticular que conducía sus ganados a dicho término, fabricó dos cabanas,
hizo dos rozas y un pozo o fuente para abrevarlo, ejerciendo sobre ellos
una verdadera propiedad que acabó vinculando en 1610. Este era, por
tanto, el origen en el que debían buscarse los legítimos y verdaderos dere-
chos de los que, adelantándose en el tiempo, han usurpado una impor-
tante porción de terrenos, cuyo uso era común a todos los vecinos. Esto

141
fue precisamente lo que ocurrió con don Francisco Bautista, abuelo de
doña Elena, que en 1744 levantó un coto en el que sólo se permitía la
entrada de los ganados de su Casa y no otros. De aquí se infiere que
don Gonzalo de Saavedra no poseía más que un partido para criar
ganado como cualquier otro vecino y que sólo era dueño de las dos
cabanas, pozos y bebederos para abrevar el ganado. ¿Por qué el terreno
acotado o usurpado en 1744 no fue reclamado? Después de considerar
que la reclamación debieron hacerla los ayuntamientos de aquella época,
desisten de hacerlo ahora porque se podría alegar la prescripción de tan-
tos años. Pero no por ello iban a permitir que se les prive del derecho
que comunalmente tienen en los demás terrenos de la dehesa de Guriame
no comprendidos en el coto con el fin de aprovechar los pastos, cosco
y otros arbustos que allí se producen.

Por su parte, los hermanos García del Corral articulan su defensa


demostrando:
a) La personalidad de ios arrendatarios para intervenir en el proceso.
b) La titularidad de la dehesa a favor de la Casa de Saavedra no
sólo con la presentación de títulos o documentos, sino también haciendo
hincapié en el hecho de que don Gonzalo de Saavedra era señor de la
isla y no tenía necesidad de usurpar ni ampliar sus posesiones legítima-
mente habidas. Entre los documentos que justifican la propiedad y pose-
sión de la dehesa figuran:
1. La escritura de fundación del mayorazgo en 1610.
2. Un testimonio librado por don Francisco González Escobar, escri-
bano receptor de la Audiencia, con fecha de 20 de mayo de 1637 con
inserción de una real provisión por la que se ordena al Alcalde Mayor
de Fuerteventura de posesión a don Blas García Gallegos de los bienes
quedados por muerte de don Gonzalo de Saavedra, figurando entre ellos
el término de Guriame.
3. Un documento de 4 de febrero de 1669 expedido por don Fer-
nando de Arias y Saavedra, señor de Fuerteventura, relativo a la reco-
gida de orchilla en la dehesa de Guriame.
4. Un testimonio del inventario practicado a la muerte de don Fer-
nando de Arias fechado el 15 de marzo de 1696, figurando entre sus bie-
nes el término de Guriame.
5. Un testimonio Hbrado por el escribano Felipe Fernández sobre
los aprecios de los bienes del señorío de Fuerteventura practicados a peti-
ción de don Francisco Bautista de Lugo, el mayor, su fecha 5 de noviem-
bre de 1737 y entre los que figura el término de Guriame.
6. Un testimonio con fecha 11 de septiembre de 1773, inserto en los
autos seguidos por el coronel don José Feo de Armas sobre posesión de

142
la dehesa de Jandía, relativo a la toma de posesión de la dehesa de
Guriame por el apoderado de don Francisco Bautista de Lugo.
c) La independencia de los pastos de la dehesa respecto de los del
común de la isla y de la que eran expulsados los ganados extraños.
d) La inconsistencia de los derechos esgrimidos por los vecinos del
pueblo de Villaverde toda vez que éste no tuvo principio hasta el año
1730 con motivo de la erupción del volcán de Lanzarote.
Los autos fueron recibidos a prueba por auto de 30 de enero de
1826. Se trató de descartar del pleito todo lo inútil e inconexo, dejándolo
reducido a que las partes usasen de sus respectivos derechos. Los unos
respecto del usufructo que pretendían tener en la dehesa en virtud del
contrato de arrendamiento; los otros el de entrar en ella para aprove-
charse de sus producciones.
El 29 de noviembre de 1827 el Alcalde Mayor Teodoro Antonio
Evora declaró los autos conclusos para sentencia, remitiéndose al asesor
don José de Zarate, previa citación de las partes, para dictamen del auto
definitivo. El 20 de marzo de 1828 don Vicente Pérez León, Alcalde
Mayor y Juez Ordinario de Fuerteventura, tras declarar que los herma-
nos García del Corral habían probado en bastante forma su acción y
derecho, según probarlo les convenía, y que los contradictores no habían
hecho alguna que favorecerles pueda, dispone que los citados arrenda-
tarios;
«sean restituidos, manutenidos y conservados en el uso y aprovecha-
miento exclusivo, tanto de la yerba cosco como de las demás producciones
naturales e industriales de la nombrada dehesa de Guriame y de cuanto se
comprende en su arrendamiento por todo el tiempo de la conducción, sin
que persona alguna, sea de la clase o condición que fuere, les interrumpa
ni turbe ni pueda introducirse en parte alguna de los mismos terrenos por
si ni con sus ganados ni animales, a hacer fábricas, panificaciones, pastar
ni utilizar alguna cosa sin expresa licencia de los mismos conductores o en
virtud de contratos que con ellos celebren, lo que se les prohibe bajo la
multa a los contraventores de cada veinte y cinco ducados por la primera
vez, doble por la segunda, y de procederse contra ellos en razón de la rein-
cidencia como inobedientes a los preceptos judiciales, a más de perder en
todo caso las fábricas, semillas y aprovechamientos que reporten y de quedar
responsables a los daños y perjuicios que se originen».
Asimismo, se condena a todos los que por haberse introducido arbi-
trariamente a aprovechar la hierba cosco dieron origen a la presente
demanda a que:
«restituyan a los arrendatarios la mitad de la que hubiesen extraído o su
valor a los, precios corrientes al tiempo de las recolecciones, para cuya ave-
riguación, en defecto de acuerdo y conformidad de los interesados, se pro-
cederá breve y sumariamente en obiación de gastos y demoras» ^
¡bidem. f. 2 v. 3 r.

143
Las partes litigantes tuvieron conocimiento de este auto el 6 de mayo
de 1828 y, el 13 de mayo, los vecinos de La Oliva y Villaverde a través
de sus síndicos personeros (Francisco Alvertos y Vicente Guerra) apelan
ante la Real Audiencia, la cual les fue admitida libremente y en ambos
efectos por decreto de 24 de mayo de dicho año. A petición de los sín-
dicos personeros, la Audiencia ordena el 26 de junio la remisión a Gran
Canaria de los autos originales. Corría el año 1829 cuando don Francisco
Cerdeña, en representación de los síndicos, solicita a la Audiencia el 4
de abril que el auto proveído por el Ordinario de la isla de Fuerteven-
tura fuese declarado nulo de ningún valor ni efecto o, al menos, revo-
cado por injusto, proveyendo a favor de sus representados. Los argumen-
tos expuestos vienen a ser los mismos que se alegaron en la primera ins-
tancia, añadiendo que desde que:
«se reconocía en esta Isla la yerba cosco, ha sido recogida común e indis-
tintamente por todos los vecinos de la isla en las costas y términos eriales;
que en los años estériles sirve su semilla para hacer gofio con el cual se ali-
menta una gran parte de la Isla que de otra manera perecería de hambre
y de miseria; que desde el año de mil setecientos noventa que empezó a reco-
nocerse el uso del cosco reduciéndolo a piedra, siempre se ha recogido tam-
bién por todos ios vecinos sin que en ningún tiempo se hubiera tratado de
privárseles de este auxilio»'.
Se trataba, pues, de poner de relieve que el uso del cosco como ali-
mento era el único recurso que quedaba a los vecinos de Fuerteventura
para conservar la vida en los años estériles, bastante frecuentes en la
isla.
Por su parte, don Francisco Morales Betancourt, en representación
de los hermanos García del Corral, solicita el 11 de abril de 1829 la con-
firmación del auto del Ordinario con las costas de ambas instancias. Su
defensa también se articula sobre los mismos argumentos expuestos en
la primera instancia. Se insiste, a su vez, en que la clave del pleito está
en el aprovechamiento del cosco que ya:
«nadie lo aprovecha con los ganados, todos lo manufacturean y todos
lo comercian con e! extranjero y tanto, que esta yerba y la barrilla hacen
la fortuna de los propietarios de Fuerteventura y Lanzarote, sin necesitar en
el día de ella para el sostén de sus ganados, que, o bien, los han disminuido
o los han destinado a otras comedurías»*.
Vistos los autos para sentencia, la Audiencia el 7 de julio de 1829
confirma el auto dado por el Ordinario de la isla de Fuerteventura el
20 de marzo de 1828. Al día siguiente, la representación de los síndicos
de La Oliva y Villaverde apela el auto anterior para la Audiencia de Gra-

7. Ibídem, f. 18 r.
8. Ibidem, f. 33 r.

144
dos de Sevilla. La parte de los hermanos García del Corral pide que la
apelación sea denegada «o cuanto más oiría en sólo el efecto devolutivo,
declarando no hacerse lugar en el suspensivo». Se trataba de averiguar
por qué los síndicos introducían la apelación y si, atendida la clase y
naturaleza del fallo de que se interpone, era susceptible de él. En cuanto
al motivo, don Francisco Morales no duda en señalar que de lo que se
trata es de dar largas al pleito para continuar en el disfrute desordenado
de las hierbas cosco y pata que producían los terrenos de la dehesa. Por
otro lado, considera que no hay razón para usar del recurso de apela-
ción, calificada de frivola y maliciosa, porque no se trataba de mejorar
la Justicia ante otro tribunal sino de paralizar el fallo dado, quedándose
en la conocida detentación de los frutos con evidente daño del dueño y
sus arrendatarios. Por consiguiente, la apelación se les debía denegar en
el efecto suspensivo, admitiéndola sólo en el devolutivo. Así lo acuerda
la Audiencia el 15 de julio de 1829, distinguiendo dos vías en la reso-
lución del litigio de la dehesa;
1. La vía de la apelación a la Audiencia de Grados de Sevilla. Sin
embargo, ésta no tuvo efecto porque los síndicos de La Oliva, Villaverde
y Lajares dejaron transcurrir el plazo estipulado para mejorar la apela-
ción. Por ello, el 2 de octubre de 1830 la Audiencia declara desierta, a
petición de don Francisco Morales, la apelación interpuesta al auto de
vista de la Sala de 7 de julio de 1829 y éste por consentido y pasado en
autoridad de cosa juzgada.
2. La puesta en práctica del auto de la Audiencia 7 de julio de 1829
que confirmaba el del inferior de 20 de marzo de 1828. Para ello, el 18
de julio de 1829 se expide, a petición de don Francisco Morales, la corres-
pondiente Real Provisión encomendando su cumplimiento al Alcalde
Mayor de Fuerteventura. Este la obedece y manda cumplimentarla a los
alcaldes pedáneos de los pueblos de La Oliva, Villaverde y Lajares so
pena de 200 ducados de multa'. El Teniente Alguacil Mayor de la isla
convoca en la dehesa de Guriame a los citados alcaldes, pero éstos se
limitan a hacer ligeras insinuaciones a los que estaban recogiendo el
cosco y la pata para que abandonasen la dehesa y entregasen a los arren-
datarios la mitad de la hierba recogida ">. El 4 de agosto, don Manuel
Guerra y don Mateo Melián, alcaldes de Villaverde y Lajares, hicieron
entrega de la dehesa limpia de los «cosqueros» a don Manuel García,

9. En escrito dirigido a la Audiencia por don Francisco Morales Betancourt el 13 de


febrero de 1830 se señala que fue un error dejar en manos de las mismas partes interesadas
en el pleito, los alcaldes y los síndicos, el cumplimiento de lo dispuesto en la Real Provisión
porque son los resortes principales que dan impulso para poner en movimiento los cortos
vecindarios.
10. Todo esto ocurría el 5 de agosto de 1829, día en que tiene lugar el motín, y entre
los que recogían el cosco estaban los hijos y dependientes de don Manuel Guerra, alcalde
de Villaverde.

145
así como de la lista de los que tenían cogido y sin coger el cosco en ella
para recibir de ellos la mitad. Sin embargo, la Real Provisión no fue obe-
decida a pesar de las exigencias de los hermanos García del Corral que
solicitan al Alcalde Mayor expida nueva providencia para acabar con
tales excesos, debido a:
a) Que el cosco estaba siendo reducido a piedra tanto durante el día
como de la noche. En un solo día unos 30 hombres habían extraído más
de 440 quintales de piedra.
b) Que el alcalde de Villaverde, además de los quintales que ya había
sacado, estaba exigiendo a todas las personas que no eran vecinas de los
tres pueblos afectados un quintal de piedra con el pretexto de destinarlo
a la prosecución del pleito.
c) Que el citado alcalde había tratado de deslindar la dehesa con el
fin de dejar fuera la principal cosecha de cosco.
Sin embargo, el Alcalde Mayor Francisco Carlos Ocampos en lugar
de acudir personalmente a atajar estos desórdenes se limita a comisionar
de nuevo el 6 de agosto a los alcaldes pedáneos para que bajo la multa
de 300 ducados, sin perjuicio de los 200 impuestos con anterioridad, cum-
pliesen en el plazo de tres días con la entrega de la mitad de la hierba
cosco y pata. Este nuevo decreto es considerado por la representación
de los arrendatarios como una coartada para salvar su responsabilidad,
pues resultaba evidente que tanto el Alcalde Mayor como los pedáneos:
«caminaban de acuerdo para enervar y dejar sin efecto la Real Provisión,
puesto que cuando se dictó, que fue el 6 de agosto, ya no había yerba en
la dehesa, ya cada cual había retirado sus respectivas porciones como la pie-
dra que en la propia dehesa se hallaba manufacturada, y ya también el
tumulto o asonada que los tres pueblos reunidos habían hecho para dirigirse
contra la persona de don Manuel García, uno de mis constituyentes, se había
verificado el día y noche anterior 5 del expresado mes»".

El plan, por tanto, había tenido éxito ya que se logró recoger la tota-
lidad del cosco, no se cumplimentó la Real Provisión y se expulsó de la
isla por medio del motín a don Manuel García, que era el que se había
presentado para activarla.
El 13 de febrero de 1830 y ante la gravedad de los hechos, don Fran-
cisco Morales pide a la Audiencia que arbitre los medios necesarios para
que no queden impunes. Sin embargo, esa comisión no debía encargarse
al actual Alcalde Mayor, don José Mauricio Ocampos, por ser hermano
del saliente ni a los demás individuos del Ayuntamiento por estar vin-
culados entre sí y, tal vez, interesados en retardar la ejecución de lo pre-
venido. La petición de Morales se centra en tres puntos fundamentales:

11. A.H.P.L.P. Sala de la Real Audiencia. Documento-signatura 1-3.632, pieza 2, f. 158 v.

146
1. Que se despache una nueva Real Provisión, sobrecarta de la
dada, a favor de don Lázaro Rugama, vecino de Puerto de Cabras, para
que por sus reconocidas cualidades de independencia y rectitud proceda
a su cumplimiento, averiguando las personas que extrajeron el cosco y
les apremie a su entrega por venta y remate de bienes. Sí carecieran de
ellos se debía dirigir responsabilidad mancomunada contra el ex Alcalde
Mayor Francisco C. de Ocampos y los alcaldes y síndicos pedáneos de
los pueblos de La Oliva, Villaverde y Lajares.
2. Que se haga saber a dichos alcaldes y síndicos que no otorguen
escritura de venta alguna, so pena de nulidad, porque se estaban pro-
duciendo:
«ventas fingidas... de los expresados sus bienes, temerosos con funda-
mento del resultado de la asonada que proyectaron como último arbitrio
para no dar cumplimiento a la Real Provisión o al menos entorpecerlo» '2.

3. Que se declare desierta la apelación interpuesta ante la Audiencia


de Grados de Sevilla.
Por acuerdo de la Audiencia de 15 de abril de 1830 se expide Real
Provisión sobrecarta de la dada el 18 de julio de 1829 a favor de don
Lázaro Rugama para dar cumplimiento a la ejecutoria que los hermanos
García del Corral ganaron contra los personeros de La Oliva, Villaverde
y Lajares sobre el aprovechamiento del cosco de la dehesa de Guriame,
así como para seguir la causa sobre el tumulto que tuvo lugar en dicha
dehesa contra don Manuel García. Sin embargo, los procedimientos segui-
dos por Rugama no gustaron a García del Corral que, tras recusarle,
exige la presencia en la isla del letrado don Antonio Urquía para que
se hiciese cargo de ambas causas. Pero Urquía sólo se hizo cargo de la
causa del tumulto, quedando la Real Provisión sobre el cosco en poder
de Rugama sin que ningún otro comisionado la reclamase hasta que el
de 6 de mayo de 1831 la remite a la Audiencia. Por consiguiente, el cum-
plimiento de la sentencia del Juez Ordinario de marzo de 1828, confir-
mada por la Audiencia en julio de 1829, queda en el olvido hasta el año
1845. El 5 de mayo de dicho año, don José Falcón Ayala, como apo-
derado de don Luis Benítez de Lugo, marido de doña Elena Sebastiana
Benítez de Lugo, pide en la Audiencia que los autos se saquen del
archivo y, tras comprobar su estado, solicita el 21 de junio que se con-
fiera nueva comisión al Juez de Primera Instancia del Partido de Teguise
para que por medio de los alcaldes de los pueblos donde está situada
la dehesa de Guriame «se de por fin su pleno y cabal cumplimiento a
la sentencia referida» ". El I de julio de 1845, la Audiencia acuerda comi-
sionar al Juez de Teguise para el cumplimiento de la sentencia del largo

12. Ibídem, f. 161 r.


13. Ibídem. í. 170 v.

147
pleito sobre la dehesa de Guriame. No obstante, desconocemos si el
citado comisionado llevó a cabo su cometido y si hasta entonces los veci-
nos de Fuerteventura continuaron aprovechando la hierba cosco de la
dehesa bien como alimento (gofio), bien como uso industrial.

2. E L M O T Í N D E L 5 D E A G O S T O D E 1829

La pretensión interpuesta en 1825 sobre la dehesa de Guriame por


los vecinos de La Oliva, Villaverde y Lajares tanto en el Juzgado Ordi-
nario de Fuerteventura como ante la Real Audiencia de Canarias se
resuelve con sendas sentencias favorables a la parte contraria, los her-
manos García del Corral, en los años 1828 y 1829. El fracaso ante los
tribunales es el origen del motín o tumulto que tiene lugar en dicha
dehesa el día 5 de agosto de 1829, al sublevarse los vecinos de los cita-
dos pueblos con el objeto de impedir el cumplimiento de la sentencia
(dar posesión de la dehesa y entregar la mitad del cosco y pata extraídos
a los hermanos García del Corral) y de expulsar de Fuerteventura a don
Manuel García por ser él quien se había presentado en la isla para acti-
var el cumplimiento de la ejecutoria. La cabeza del motín, según se des-
prende del relato de los hechos remitidos por don Manuel García al
Alcalde Ordinario el 6 de agosto, correspondía a Villaverde'", si bien se
mandaron avisos a los pueblos de Lajares, La Oliva y Caldereta. El movi-
miento, sin duda, no fue espontáneo y se había venido preparando en
los días anteriores. En la noche del día 1 de agosto se produjo una reu-
nión de 20 o 30 hombres en la ermita de Villaverde para desde allí «salir
a buscar al comisionado de este Alcalde Real Ordinario a quitarle los
papeles y echarlo a palos para la Villa, y en seguida pasar a esperar a
don Manuel García y hacer lo mismo en cuanto llegare a Guriame» ".
Asimismo, el 3 de agosto, cuando los alcaldes de Villaverde y Lajares
visitaron a don Manuel García en su casa de Guriame para que se
hiciese cargo del cosco que le entregaban los vecinos, éste les manifestó
que se tenían noticias de que se estaba preparando la rebelión, pero ellos
lo negaron. Después del tumulto, los alcaldes consideran que la causa
del movimiento estuvo en la reunión de los «cosqueros» que el propio
don Manuel García convocó en su casa para tratar la forma en que
debían hacerle entrega de su parte de cosco.

14. Para el alcalde don Manuel Guerra, sin embargo, el tumulto «quizá lo ocasionarían
no los vecinos de mi pueblo, ni los comarcanos, sino tal vez de los demás de la isla y fuera
de ella»,
15. A.H.P.L.P. Sala de la Real Audiencia. Documento-signatura 1-6.034, año 1829, f.
70 V. 71 r.

148
a) Los hechos
El tumulto se inicia hacia las 14.30 de la tarde del día 5 de agosto
de 1829 cuando, en torno a la casa de don Manuel García del Corral
en la dehesa de Guriame, se concentran unos 400-500 hombres armados
con garrotes y, al son de ¡Viva Fuerteventura!, proferían gritos amena-
zantes contra él y la Audiencia por considerar que:
«no había más Audiencia que los garrotes y que lo que quisieran era
coger entre sus manos a los ministros (del) Tribunal para hacer con toda
la Audiencia lo mismo que conmigo (Manuel García)» '*•.
Con anterioridad se había celebrado una reunión en la ermita de San
Vicente de Villaverde con el objeto de tratar sobre las medidas a poner
en práctica para que don Manuel García del Corral no percibiese la
mitad del cosco que habían recogido '\ El objetivo de los amotinados
era:
1. Apresar a don Manuel García para conducirle al puerto de Corra-
lejo y embarcarle para la isla de Lanzarote.
2. Exigir la entrega de la Real Provisión y de todos los papeles rela-
cionados con la dehesa.
3. Exigir que se presentase el Alcalde Ordinario de la isla para darle
su merecido al igual que a García del Corral.
Por influjos del propio García del Corral y por las noticias traídas
por Rafael Alonso y Ventura Valiente, vecinos de Villaverde, de que en
Corralejo no había barco disponible, deciden volver sobre sus pasos y,
tras celebrar varios conciliábulos, acuerdan pedir al detenido la firma de
un documento en el que se recogiese su separación de los términos y
aprovechamientos de la dehesa. Había caído la noche y la oscuridad
impide la redacción del documento, circunstancia que aprovecha García
del Corral para pedir a los amotinados que le trasladen a la ermita de
San Vicente. De esta manera, el tumulto se dirige hacia Villaverde, pero
se detiene en el paraje de la «Aljibe de la Costa de don Julián Sicilia»
en espera, según señala el Subdelegado de Policía de la isla, de los cabe-
cillas del motín. Allí, mientras esperaban a los vecinos de Lajares, cele-
bran nuevos conciliábulos y se vive el momento más crítico del tumulto
al surgir una voz entre los más de 200 amotinados que gritaba que «lo
mejor es meterle un clavo por la cabeza y salir pronto del paso». Era
ya medianoche y los mecanismos de represión o, mejor, de pacificación
del tumulto se habían puesto en marcha por parte de las autoridades mili-

16. Ibidem, f. 25 r.
17. Algunos de los testigos del sumario justificarán su participación en el tumulto por
el hecho de haber sido convocados por don Manuel García a su casa para tratar cómo y
cuándo entregar la mitad del cosco que cada uno habia cogido.

149
tares de la isla. Ello no sólo va a permitir salvar la vida a García del
Corral sino que también facilita una solución airosa del motín.
En la madrugada del día 6 de agosto, la tropa que había sido movi-
lizada por don Francisco Manrique de Lara, Coronel-Gobernador de
Fuerteventura, y que se mantenía a un tiro de fusil del «Aljibe» entra
en negociaciones con los amotinados '*. En dos ocasiones, Jerónimo Valen-
tín Dumpiérrez, cabo miliciano, les exigió de orden del subteniente don
Manuel de Cubas la entrega de García del Corral y la disolución del
tumulto. Por tercera vez se presenta el sargento José Espinosa con la
orden de que si no se liberaba a don Manuel García la tropa abriría
fuego sobre los amotinados. Esta vez sí tuvo éxito la negociación y se
libera a García del Corral y es conducido a La Oliva, donde permanece
varios días refugiado en las casas del Coronel de la isla hasta el día 9
de agosto en que bajo la protección de don Joaquín de Vila, Subdele-
gado de Policía, se embarca para Lanzarote por Puerto Cabras.
Aunque García del Corral fue liberado y el tumulto disuelto, la tropa
no logró apresar a ninguno de los participantes en el tumulto. Unos días
más tarde, el 10 de agosto y tal vez porque hasta esa fecha no se había
tomado providencia alguna por parte de la Justicia, en la ermita de Villa-
verde y a la salida de la misa de precepto, se reunió el pueblo y se repi-
tieron:
«conversaciones alarmantes diciendo que si no conseguían su empresa de
continuar disfrutando los aprovechamientos de los términos de aquella
dehesa, que no harán centinelas ni atalayas ni servicio en conservación de
la Isla» I".
No obstante, la tranquilidad volvió a reinar en los pueblos de la
parroquia de La Oliva y tan sólo se vio alterada en los meses siguientes
por la detención de los reos o inculpados cuyos nombres fueron dados
por los testigos de la sumaria. Pese a ello, se consiguió retrasar hasta
1845 el cumplimiento de la ejecutoria de la Audiencia sobre la dehesa
de Curíame.

b) Los apoyos externos del motín


Después de la exposición de los hechos, cabe preguntarse si el motín,
independientemente del pretendido derecho que decían tener sobre la
dehesa de Guriame los vecinos de La Oliva, Villaverde y Lajares, contó
con apoyos externos a la propia comunidad rural o fue estimulado por
18. La tropa venía al mando del subteniente don Manuel Cubas que, con una escolta
de 15 milicianos que el Coronel-Gobernador de las Armas había reunido en La Oliva, se
dirige hacia Guriame y en el camino se les unen otros milicianos que venían de Villaverde
al mando del capitán de Cazadores don José Severiano y del alcalde don Manuel Guerra,
quien tuvo noticias del tumulto al regresar por la noche a su casa desde La Oliva.
19. Informe del Subdelegado de Policía a la Audiencia el 10 de agosto de 1829.

150
las mismas autoridades municipales de los pueblos antes citados. Con
anterioridad, hemos visto cómo en el pleito sobre la dehesa el procurador
don Francisco Morales Betancort acusaba al Alcalde Mayor Francisco
Carlos Ocampos de estar confabulado con los alcaldes de los pueblos
toda vez que no había adoptado medidas disciplinarias contra ellos por
no haber cumplimentado la ejecutoria de la Audiencia. El mismo don
Manuel García acusa, en el relato de los hechos, a los alcaldes de Villa-
verde y Lajares (don Manuel Guerra y don Mateo Melián) de estar impli-
cados en la organización del tumulto pues, aunque el día que se produjo
estaban fuera de sus pueblos practicando diligencias con el Teniente
Alguacil Mayor en el lugar de La Oliva, los demás individuos de los
ayuntamientos no tomaron medidas para evitar los desórdenes. Ni tan
siquiera pusieron los hechos en conocimiento del Coronel y Gobernador,
quien tuvo noticias del tumulto por recados particulares dados por María
del Carmen Gutiérrez, vecina de Tetir^». Don Joaquín Vila, Subdelegado
de Policía, expone a la Audiencia que el disimulo y pasividad con que
se había actuado por parte de las autoridades en la identificación de los
autores del motín hacían aconsejable la presencia de un comisionado que
administrase justicia con rigor, pues se tenían indicios de que fueron los
propios alcaldes los que convocaron a los vecinos de Guriame. Algunos
de los testigos del sumario, aunque con un sentido muy distinto, llegan
a responsabilizar del motín a los alcaldes de Villaverde y Lajares por
haber expulsado de la dehesa, en cumplimiento de lo mandado por la
Real Audiencia, a los que estaban cogiendo y quemando la hierba cosco.
Para Vila, la cabeza del motín era el presbítero don Rafael de Cubas
que;

«traía en continua agitación a estos vecinos y que la asonada que se medi-


taba nacía de sus consejos dirigidos a sostener a los incautos en el capricho
de que los pastos y aprovechamientos de los términos de propiedad parti-
cular son comunes»-'.

20. María del Carmen había salido la tarde del 5 de agosto de Villaverde con dirección
a Guriame en compañía de Ana M." García, vecina de Triquivijate. Al llegar a la Montaña
de Lenguas encontraron bastante gente reunida y, aunque un grupo de hombres intentó rete-
nerlas, lograron alertar a García del Corral. Este las envió a avisar al Coronel de la isla,
lo que consiguieron después de despistar a otro grupo de hombres que intentaron cerrarles
el paso por la punta de la Atalaya.
21. A.H.P.L.P. Sala de la Real Audiencia. Documento-signatura 1-6.034, año 1829, f.
71 V. De no ser el motor del motín, señala Vila en su informe dirigido a la Audiencia el
10 de agosto, le sería fácil pacificar a los vecinos por el ascendiente que tiene sobre ellos.
Incluso señala que el Venerable Cura de La Oliva, por manifestaciones que éste hizo a Vila,
le había pedido «que se deje de hacer pedimentos, que se retire y no se mésele en cosas de
pueblo, que aprecie más su tranquilidad y no entienda en otra cosa que en su casa y minis-
terio, pero es necesario confesar que tiene un natural terco y que se labra su ruina teme-
rariamente con desprecio de mis consejos (párroco)».

151
Su implicación parecía estar fuera de duda toda vez que en la tarde
del domingo 2 de agosto estuvieron reunidos en sus casas el párroco de
La Oliva, los alcaldes de Villaverde y Lajares, el cabo de Milicias Roque
Viera, Vicente Guerra, Vicente Alvarez el Viejo y otros más «que salían
y entraban con frecuencia» en ella. La acusación de Vila contra el pres-
bítero Cubas le lleva a señalar «que en estos pueblos no se reconoce más
soberano ni autoridad que la del presbítero Cubas, ni rigen otras leyes
ni preceptos que los que imprimen en estos incautos el capricho y teme-
ridad de este presbítero». Como quiera que era el autor de todos los
males que se han producido y de los que están por venir, era conveniente
se le expulsara de la isla como primer paso para podfer formar la causa
sobre la asonada.
No menos significativa resulta, al menos en una ocasión tan crítica
y apurada como la que se estaba viviendo, el repentino cambio de los
empleados municipales de La Oliva. El mismo día 2 de agosto se reúne
el vecindario para conocer los nuevos electos propuestos por la Audiencia
para ejercer los empleos de alcalde, diputado y síndico. Don Esteban
Negrín, considerado por el Subdelegado de Policía como hombre «simple
de espíritu», fue convencido para que renunciase y no acepte el despacho
de alcalde; en tanto que a don Vicente Alvarez Betancourt, nuevo dipu-
tado electo, le sacaron «miles imposiciones y tranquillas para no entre-
garle el título», continuando el saliente Gregorio Alvertos. Sin embargo,
el lunes se convocó cabildo urgente e hicieron comparecer a Alvarez
Betancourt y le hicieron entrega de su nombramiento, circunstancia que
aprovechó Negrín para pedir el suyo cuando la tarde del día anterior,
indiferente a la multa que la Audiencia le imponía, resistió tomarlo.
Este cambio repentino en la provisión de los empleos públicos de La
Oliva daban a entender, y así lo consideró don Joaquín Vila, que tra-
taban de «contener la revolución, pero al estar los espíritus inquietos y
dispuestas las cosas para el día señalado:
«no hubo tiempo de andarlo y se verificó la asonada sin las cabezas en
quienes confiaban, resultando un tumulto vacilante que, variando cada corto
tiempo de dirección, decían vamos a La Oliva, como aspirando a aproxi-
marles a donde pudieran dirigirlos, como en efecto el Aljive en que hicieron
alto, a la proximidad de Villaverde, es el recto camino a La Oliva» 22.
Sea cual fuere la implicación de los alcaldes en la organización y des-
arrollo del tumulto, lo cierto es que acabaron siendo relevados en el
cargo por los diputados de abastos. Incluso, el de Villaverde, don Manuel
Guerra, fue apresado al igual que lo fueron don Domingo Quintero, sín-
dico de Lajares, don Vicente Guerra y don José Tomás de Vera, síndicos
de Villaverde en 1828 y 1829, respectivamente.

22. Ibídem, f, 73 r.

152
c) La represión
Una vez disuelto el motín por intervención de las Milicias se inician
las diligencias para averiguar sus promotores y participantes. Como ya
se ha señalado, la autoridad militar de la isla tuvo noticias del conflicto
por recados particulares que se le dieron el mismo día 5 y, a su vez, lo
notificó al Comandante General de las islas. Sin embargo, el Alcalde
Ordinario sólo tuvo noticias de los acontecimientos el día 6 a través del
relato de los hechos que le remitió don Manuel García del Corral. La
Audiencia fue informada por el Subdelegado de Policía el 10 de agosto,
no teniéndose noticias vía Alcalde Ordinario, como encargado del cui-
dado y tranquilidad de la isla, hasta el 27 de agosto. Unos días antes,
el 25 de agosto, el fiscal de la Audiencia señala que un tumulto o aso-
nada de 400-500 personas que con mano fuerte acometieron la dehesa
de Guriame y que requirió de fuerza armada para ser dispersado, no
podía pasar desapercibido a la Justicia de la isla. Se resiste el fiscal a
pensar que el Alcalde Ordinario, por connivencia con los amotinados,
no haya tomado providencia alguna y que la falta de noticias se debía
más a los peligros del mar que a la no formación del sumario.
Sin embargo y aunque hasta el 27 de agosto no se da parte a la
Audiencia, desde el día 7 la Justicia Ordinaria de la isla había ordenado
al alcalde de Villaverde que proceda a la formación de la correspondiente
sumaria con remisión a la real cárcel de los que resultaren reos, aunque
disfruten del fuero militar, con advertencia de que de no hacerlo se le
consideraría como uno de tantos agresores. El alcalde don Manuel Gue-
rra, que no sabía leer ni escribir, expresa su protesta porque en su pue-
blo no existen personas capacitadas para llevar a cabo esta comisión sin
perjuicio de culpar al inocente y de liberar al culpable. Tal actitud es con-
siderada por el Alcalde Ordinario como un intento de ocultar el tumulto
y el 14 de agosto de 1829 le reclama la sumaria que debió haber practica-
do desde el mismo día del tumulto y los reos. Mientras, desde el día 8
y hasta el 16 de agosto, don Manuel Guerra había empezado a tomar
declaraciones a unos 30 testigos de Villaverde, 12 de La Oliva, 1 de Tetir
y I de Lajares. La mayoría declara no haber tenido noticias del tumulto
sino de oídas por estar ausentes de la localidad o enfermos. Si se excep-
túa al mayordomo de la dehesa, Antonio Laureano, que da los nombres
de 5 personas, el resto de los que acompañaron o formaban parte de la
tropa declara no haber visto ni conocido a nadie bien por la lejanía o
por la oscuridad de la noche.
De la información recogida por don Manuel Guerra no resultaba quié-
nes eran los tumultuados y menos se podía probar con los de Villaverde
y pueblos inmediatos. Por este motivo, el Alcalde Ordinario pide —17
de agosto— al Coronel y Gobernador de las Armas que facilite los auxi-
lios militares que fuesen necesarios y que ordene al oficial, sargentos,
153
cabos y soldados que acudieron a Guriame a contener el tumulto se pre-
senten en Betancuria para prestar declaración. Esta comienza el 20 de
agosto con el cabo Jerónimo Valentín, el sargento José Espinosa, el sub-
teniente Manuel de Cubas y los milicianos Antonio Cabrera, Marcial
Elvira, José Espinosa, Marcial Torres, Francisco Rodríguez, Juan
Lorenzo Cedrés, José Acosta, vecinos de La Oliva, que declaran no
haber conocido a nadie por la oscuridad de la noche y sólo sabían por
haberlo manifestado don Manuel García que entre los tumultuados
estaba el miliciano Valentín Betancort, vecino de Lajares. A finales de
agosto, el Alcalde Ordinario pretendió seguir la causa en La Oliva, pero
el día 31 decide celebrar la audiencia de los testigos en el pueblo de Tetir
como consecuencia de los rumores vertidos por una mujer de tierra aden-
tro relativos a que:
«los de Villaverde esperaban al señor Alcalde Mayor en el lugar de La
Oliva y sus pagos con su escribano y ministro, que se le habían de hallar
porque ya estaban perdidos y querían acabarse de perder» 2'.
Los días 1 y 2 de septiembre se toma declaración en Tetir a 5 tes-
tigos (medianeros de la dehesa y sus mujeres) que, bien por haberlos
visto o por oírlo a terceros, identifican a unas 14 personas. Al resto de
los testigos que no comparecieron se les toma declaración a partir del
día 9 de septiembre y se prolongan hasta el siguiente año de 1830. En
oficio del Alcalde Ordinario dirigido a la Audiencia el 15 de diciembre
de 1829 se justifica la lentitud del proceso por la distancia entre la capi-
tal, los pueblos del tumulto y la fortaleza donde residen los presos,
«teniendo muchas veces que arbitrar medios de alimentos, aun para las
personas presas y aun para los mismos que las conducen porque aquí no
hay fondos públicos que puedan subvenir estos gastos (ia conducción de sol-
dados y reos) y ni aun los del papel» ^''.
La Audiencia, no obstante, exigirá a fines de 1829 que el Alcalde
remita cada 15 días un parte sobre el estado y progresos de la causa. A
las personas inculpadas con anterioridad se van añadiendo nuevos nom-
bres, pero la mayoría de los testigos siguen manifestando no tener noti-
cias del tumulto o no haber conocido a nadie por la oscuridad de la
noche o la distancia.
Mientras, la Audiencia había acordado pedir al Alcalde Ordinario
remisión del testimonio de la causa formada y de la que el Subdelegado

23. Ibídem, f. 54 r. Esta declaración la hizo María Perdigón, vecina de Tetir, quien oyó
decir a dicha mujer que «si estos perros no querían abrir la puerta de la Iglesia (la ermita
de San Juan), que se deje ir para Villaverde el Alcalde con sus escribanos que ellos estaban
ya perdidos y que poco se les daría hacerles lo mismo que a don Manuel del Corral». Ibí-
dem, f. 55 r.
24. ¡bídem, f. 167 v.

154
de Policía debió haber formado por corresponderle, de acuerdo con el
artículo 12 del decreto de 8 de enero de 1824 confirmado por la R.C.
de 19 de agosto de 1827, el impedir las reuniones tumultuarias que ame-
nazan la tranquilidad de las ciudades y campos. El Alcalde, por auto de
13 de septiembre, ordena su remisión y el arresto de unos 36 reos en los
fuertes de la isla y en la cárcel real de la capital. Entre los que debían
ser arrestados en el fuerte de Caleta de Fustes figuran el alcalde y per-
sonero de Villaverde y el personero de La Oliva. Por su parte, el Sub-
delegado de Policía ordena el 14 de septiembre, a requerimiento del
Alcalde Ordinario, que los matriculados y dependientes de Marina debían
obedecer «ciegamente» las disposiciones del citado Alcalde en lo relativo
a la causa sobre la asonada de Guriame. En cuanto al sumario que
debió haber formado manifiesta, como ya lo había expuesto a la Audien-
cia, que no ha podido proceder a su formación debido a la:
"descarada persecución declarada a esta Subdelegación de Policía por el
constante partido tumultuario de esta parroquia (La Oliva) y que, entorpe-
cidas sus funciones del modo más atrevido, no le han permitido poner en
práctica nada de sus deberes»".

No obstante, pone en conocimiento del Alcalde Ordinario las siguien-


tes observaciones:
1. Que José Trujillo, vecino de los Lajares, ha manifestado por oírlo
decir al alcalde de Villaverde que el presbítero Cubas le dijo a dicho
alcalde que se fuera a la Villa «porque de no eran ambos perdidos».
2. Que el mismo Trujillo ha dicho que cuando el alcalde de Villa-
verde fue a casa de dicho presbítero a consultarle sobre la formación de
la causa, éste le dijo que nombrara para acompañado a don Vicente
Alvarez Betancourt pero el alcalde se negó porque era amigo del Sub-
delegado de Policía.
3. Que se oye decir al presbítero don Manuel Rodríguez que Valen-
tín Betancort citó a Marcial el Conejero y al personero de los Lajares
Domingo Quintero para que concurriesen al motín.
4. Que Gregorio Morera había modificado la declaración hecha ante
el alcalde de Villaverde toda vez que ahora negaba haber reconocido a
Ginés Vello entre los que fueron a avisarle que concurriera al motín
cuando estaba quemando en un horno de cosco en la costa.
5. Que el escandaloso hecho de la asonada, la libertad y descaro
con que de ella se habla y los partes que él ha dado sobre la materia,
son antecedentes bastantes para el acierto de la formación de la causa
en que el Alcalde se halla entendiendo.

25. Ibídem, f. 78 v.

155
Una vez ordenado el arresto de los reos, el Alcalde Ordinario dispone
la movilización de la primera y segunda Compañía de Milicias con sedes
en Betancuria y La Oliva para proceder a su detención en este último
pueblo. Esta disposición suscitó un conflicto de competencias con el Coro-
nel de la isla por haber puesto sobre las armas a la primera compañía
sin su autorización y constituir una demostración excesiva de fuerza el
tener dos compañías movilizadas. Al problema de la movilización se une
el de la alimentación y alojamiento de la tropa al negarse el Subdelegado
de Reales Rentas a suministrar el prest a las dos compañías que se halla-
ban sobre las armas, pues considera que era obligación del Alcalde Ordi-
nario el sacar víveres de los pueblos para mantenerlos. Por decreto de
16 de septiembre y ante la necesidad de repartir por las distintas forta-
lezas de la isla a los reos capturados y poner en todas ellas guardias sufi-
cientes, el Alcalde Ordinario manda al de La Oliva que nombre persona
que:
«cobre y habilite la cuota de alimentos y prest que reparta entre los pue-
blos de La Oliva, Lajares y Villaverde, y que sean bastantes a contribuir con
el correspondiente diario para la manutención de la tropa que se destine a
dichos puntos por el señor Gobernador de las armas y para la manutención
de los reos»2'>.

Sin embargo, estas contribuciones nunca se dieron. A fines de sep-


tiembre el Intendente de la Provincia ordena al Contador y Tesorero que
oficie a sus subalternos en Fuerteventura para que socorran a las dos
compañías movilizadas con dos reales vellón diarios desde el día de su
reunión hasta el de su disolución, pero con la calidad de reintegro por
los causantes de la movilización. Lo abonado por el Real Erario hasta
mediados de octubre ascendía a 1.074 r.v., hasta finales de 1829 se abo-
naron 2.100 y en los tres primeros meses de 1830 se abonaron 2.400
reales por el prest de la tropa del Regimiento Provincial que guarnecía
el castillo del Tostón. Estas cantidades, aunque no tenemos constancia
de ello, debían ser satisfechas por los que originaron la asonada.
El 15 de septiembre se remiten presos al cuartel de prevención de La
Oliva a don Manuel Guerra y a don José Vera, alcalde y personero de
Villaverde, quedando encomendada la jurisdicción de dicho pueblo al
diputado don Isidro Pérez. El mismo día se ordena a don Vicente Alva-
rez, diputado de abastos y alcalde real interino de La Oliva, los remita
con tropa armada al fuerte de Caleta de Fustes, junto con don Domingo
Quintero, personero de Lajares, y don Francisco Alvertos, que lo había
sido de La Oliva, así como otros 19 vecinos de Villaverde, Time, Oliva
y Peña Erguida. A éstos se añaden otros 7 milicianos que debían per-
manecer, salvo que el Coronel dispusiese otra cosa, en el cuartel de pre-

26. Ibídem, f. 84 r.

156
vención de La Oliva a disposición del Alcalde Ordinario como tumul-
tuarios. Estos, finalmente, fueron a parar a la fortaleza de Caleta de Fus-
tes. En total son 30 las personas que debían ser detenidas. Sin embargo,
el 17 de septiembre sólo han ingresado en la fortaleza de Caleta de Fus-
tes unos 20 presos, incluidos cuatro cargos municipales. El resto no pudo
ser detenido a pesar de que el Subdelegado de Policía había adoptado
las medidas convenientes para que no se diera pasaporte ni permita el
embarque a los reos para otras islas.
Después de 26 días de arresto en la fortaleza de Caleta de Fustes, los
presos, ante las dificultades para proveerse de agua, leña y alimentos, soli-
citan al Alcalde Ordinario su traslado a la fortaleza del Tostón:
«por ser más proporcionable para el fin por tener agua, leña y demás,
y que se halla inmediata a una población grande que es el pueblo de Tostón
y que, por lo menos alli, se les puede socorrer sus necesidades» 2'.
La solicitud es tenida en cuenta y a fines de octubre se produce el
traslado. Por esa época (26 de octubre) se producen nuevas detenciones,
tal como se observa en el Cuadro I, y se liberan algunos de los dete-
nidos.
¿Qué había pasado con los eclesiásticos denunciados por el Subde-
legado de Policía como cabecillas del tumulto? El 16 de octubre de 1829,
el Alcalde Ordinario solicita del Vicario General de la isla que ordene
la comparecencia de don José Rivero, venerable cura de La Oliva, y del
presbítero don Manuel Rodríguez, cura de los Lajares, para tomarles
declaración. En la solicitud no se incluye al presbítero Cubas, cabecilla
del tumulto según don Joaquín Vila. Tanto uno como otro comparecen
en Betancuria el 20 de octubre pero se niegan a declarar por considerar
que la causa era criminal de gravedad y el concilio les impedía mezclarse
en ella sin autorización del Obispado. El día 22 se pide autorización al
Obispo, circunstancia que también es puesta en conocimiento de la
Audiencia. En enero de 1830 se obtiene respuesta en el sentido de que
no se daría licencia a los eclesiásticos sin que antes se remita al Juez Ecle-
siástico testimonio de las preguntas que les iban a formular. Hasta el 23
de junio de 1830 no se remiten las preguntas a dicho Juez, si bien des-
conocemos el contenido de las declaraciones evacuadas y las imputaciones
que se hicieron al párroco Rivero y a los presbíteros Manuel Rodríguez
y Rafael Cubas.
Las deficiencias de la documentación nos han impedido conocer el
final de la causa criminal que en el Juzgado de Fuerteventura se siguió
contra los autores y los cómplices del tumulto del 5 de agosto de 1829.
Aunque a principios de 1830 el Alcalde Ordinario somete la causa a dic-
tamen de un asesor, a mediados de junio quedan pendientes algunas cues-

27. Ibídem, f. 135 r.

157
Cuadro 1

RELACIÓN DE PRESOS EN LA FORTALEZA DE CALETA


DE FUSTES Y EL TOSTÓN

Nombre Vecindad Profesión Libertad

Francisco Al verlos La Oliva Personero de 1828 y tam- 18-9-1829


bor mayor
Domingo Quintero Lajares Personero y labrador 23-9-1829
Vicente Guerra Villaverde Personero de 1828, mili- 24-11-1829
ciano y labrador
Diego Pérez Villaverde Miliciano y labrador 27-9-1829*
José Machín Villaverde Miliciano y jornalero
Lucas Sánchez Villaverde Miliciano y jornalero
José Rodríguez La Oliva Miliciano y jornalero
Miguel Romero Villaverde Miliciano y jornalero
Antonio Gutiérrez Villaverde Jornalero
José Tomás de Vera Villaverde Personero y labrador
Manuel Guerra Villaverde Alcalde y labrador
Valentín Betancort Lajares Labrador
Policarpo Betancort La Oliva Miliciano y jornalero
Antonio C. Reyes Lajares Jornalero
Estanislao Umpiérrez Villaverde Jornalero o cogedor de
Diego Betancort Villaverde orchilla
Antonio de Vera Villaverde Jornalero
Antonio R. Palenzuela Villaverde Jornalero
Rafael Alonso Villaverde Jornalero
Antonio Hernández Villaverde Jornalero
Marcial de León Villaverde Jornalero
Marcial Martín Villaverde La mar
Juan Ramón de Vera Villaverde Jornalero
Ginés Vello Villaverde Jornalero
Domingo Rodríguez Time Jornalero
Juan Martín Time Jornalero •*
José A. Hernández La Oliva Jornalero •*
José M. Gutiérrez Lajares Herrero ••*
Juan Saavedra Lajares Jornalero *••
Marcos Medina Lajares Jornalero'" 4-12-1829
Juan Hernández Villaverde Labrador-la mar*** 4-12-1829
Marcial Lorenzo La Oliva Jornalero****
Vicente Guerra Villaverde Jornalero ****
Vicente Guerra Villaverde Jornalero*****
* Liberado bajo fianza por enfermedad de Jornalero
su mujer y madre.
*• Estos estaban en la Fortaleza del Tostón, a donde en octubre de 1829 fueron tras-
ladados el resto de los presos.
*** Fueron detenidos en la Fortaleza del Tostón por decreto del Alcalde Ordinario de 20
de noviembre de 1829.
***• Fueron detenidos en el Tostón por decreto del mismo Alcalde el 23 de noviembre
de 1829.
Fueron detenidos en el Tostón por decreto de 24 de noviembre de 1829 y se liberó
a Vicente Guerra el Viejo.
• No pudieron ser detenidos por enfermedad o no encontrarse en su casa o en el pueblo:
Benito Hernández, Ventura Rodríguez, Bernardino Machín, Antonio Cordovés, Alejo Guerra
y José Nicolás.

158
tiones como la toma de declaración de don Manuel García del Corral
y de los eclesiásticos citados en la causa, la detención de algunos de los
implicados que se encontraban huidos, el embargo de bienes de los reos
para «asegurar el pago de lo suplido por la Real Hacienda para el sus-
tento de la tropa y demás costas de la causa», etc. Los presos siguen en
la fortaleza del Tostón y alguno fue trasladado a Gran Canaria (don
Manuel Guerra). En cualquier caso, a fines de 1833 todavía no se ha
resuelto la causa pues en el poder otorgado el 12 de diciembre de dicho
año por don Manuel Guerra, alcalde que fue de Villaverde en 1829 y
preso en la cárcel real de Las Palmas, a favor de su mujer María Sabina
Pérez se indica que en el Juzgado de Fuerteventura se estaba siguiendo
causa de oficio contra:
«los autores de una asonada hecha en la dehesa de Guriame con objeto
a impedir el aprovechamiento o recolección del cosco, yerba que allí nace,
en la cual se atribuye al compareciente cierta complicidad»^*.
Doña María Sabina pretendía introducir una demanda de tercería en
dicho Juzgado reclamando el desembargo de sus bienes que le fueron
embargados como pertenecientes a su marido. Es posible que los impli-
cados en la causa, temerosos de su resultado, procediesen a otorgar ven-
tas fingidas con el objeto de preservar sus bienes. Este hecho fue denun-
ciado en 1830 por el procurador de los hermanos García del Corral,
Francisco Morales Betancourt, pero esta denuncia no ha podido ser con-
firmada a través de la documentación notarial, aunque se pudieron otor-
gar ventas por papel simple o albalá.

3. A MODO DE CONCLUSIÓN

El motín, tumulto o asonada de Guriame de 1829 presenta los mis-


mos rasgos que caracterizan al conjunto de los conflictos sociales que tie-
nen lugar en Canarias durante el Antiguo Régimen. Se trata de un movi-
miento de carácter local y rural que se circunscribe al ámbito de la parro-
quia de La Oliva, siendo el pueblo de Villaverde el escenario en el que
se desarrollan los hechos. Su convocatoria no se hace por el toque de
caracoles, campanas o tambores, sino mediante el aviso o recados de
forma individual o por pelotones o grupos de 4 ó 5 hombres. Aunque
se inicia durante el día, continúa durante la noche bien porque no saben
qué hacer con don Manuel García del Corral o para evitar ser recono-
cidos amparándose en la oscuridad de la noche. A través del proceso no
se observa el uso de disfraces o los rostros embozados ni las hablas
mudadas por parte de los participantes en el tumulto. Los testigos que

28. A.H.P.L.P. Protocolos notariales. Escribano: Manuel Sánchez. Legajo: 2.189, f. 206.

159
declaran no conocer a los participantes en el motín sustentan su decla-
ración en la oscuridad de la noche o la distancia y no en el uso de dis-
fraz. Tan sólo un reo, Valentín Betancort, declara el 5 de octubre de
1829 que cuando el día del tumulto fue a casa de Ángel Rodríguez,
vecino de Lajares, a pedirle unos reales le salieron al encuentro «tres
hombres disfrazados» preguntándole por el alcalde de dicho pueblo. El
armamento es bastante rústico, garrotes, y esa rusticidad explica el que
la violencia sea blanca y no roja: agresiones verbales o sustracción por
la fuerza del arrendatario de la dehesa. Desde el punto de vista socio-
profesional, los amotinados son mayoritariamente labradores, jornaleros
o cogedores de cosco y milicianos, no faltando los hombres de mar, arte-
sanos o camelleros. Aunque no hay participación directa de cargos muni-
cipales y clérigos el día del tumulto, sin embargo no parece descartable
su implicación en su organización. A pesar de la prisión y, sin duda, pos-
terior castigo de los reos, podemos señalar que el tumulto se ve coronado
con el éxito desde el momento en que el cumplimiento de la ejecutoria
de la Audiencia sobre la dehesa se ve retrasada hasta 1845.

160
LANZAROTE Y FUERTEVENTURA
ANTE LA AMENAZA DE UNA ESCUADRA
NORTEAMERICANA
JOSÉ MANUEL CASTELLANO GIL
Toda la documentación militar del siglo XIX pone de manifiesto con
rotunda claridad la situación indefensa del Archipiélago canario. Esta
realidad se recrudecía en momentos coyunturales de conflictos y amena-
zas como es el caso del episodio del desembarco de fuerzas alemanas en
el archipiélago de Las Carolinas. Como era de rigor cada vez que se pro-
ducía un suceso de esta naturaleza, las órdenes desde Madrid pidiendo
informes y las solicitudes de las instituciones canarias sobre la necesidad
de obras defensivas y artillado se sucedieron una tras otra. A decir ver-
dad la cuestión de Las Carolinas aceleró el proceso de realización de algu-
nas remodelaciones en las antiguas baterías y fuertes ya existentes así
como permitió la renovación de parte de la artillería de los mismos. Sin
embargo estos nuevos aires no afectaron por igual a todas las Islas ya
que, una vez más, se siguió el viejo criterio de centrar la defensa de
Canarias en los dos núcleos considerados más importantes, Tenerife y
Gran Canaria, dejando el resto de las Islas en un segundo plano'.
El posterior arreglo amistoso del contencioso referido con el Imperio
Alemán relajó las tensiones, si bien los proyectos de renovación y moder-
nización siguieron su curso. En julio de 1888 el Ministerio de la Guerra
ordenó la remisión de un estado general de las defensas del Archipiélago,
al objeto de elaborar un plan de actuación con el que hacer frente a las
evidentes deficiencias observadas. Un estudio de las líneas generales envia-
das a Madrid patentiza, una vez más, la teoría de los dos puntos defen-
sivos. Sin embargo, a principios de 1892 se lleva a cabo un nuevo
informe defensivo que presenta como gran novedad una mayor concien-
cia sobre la necesidad de preocuparse por la defensa de las otras islas ^:
«Preciso es también recordar que este Archipiélago comprende siete islas,
cuya población según el último censo es de 287.739 habitantes, cinco de ellas
indefensas por completo, y tan importante cada una de ellas por lo que a

1. Memorial sobre el estado defensivo de las Islas Canarias, 3 de septiembre de 1882.


Archivo Capitanía General de Canarias. 3.' Sección, i.' División, Legajo núm. 8.
2. Informe del Estado Defensivo de Canarias, iniciado a principios de 1892 y fínalizado
en septiembre de 1893. Archivo Capitanía General de Cananas. 3.' Div., 3.» Secc., Leg. núm. 8.

163
la integridad respecta que desde el momento en que una nación poderosa
fije en ellas sus miras con escuadra y elementos que carecemos, le bastaría
intentarlo para apoderarse siquiera de la más insignificante, donde acumu-
lando sus depósitos lograría su objeto y desde la que (...) amenazar a las
demás».
Pese a estas consideraciones, el informe nada dice sobre las medidas
a tomar y sólo cita al Puerto de Arrecife, en Lanzarote, como otro
punto a tener en cuenta, aunque afirma que para proteger a aquella
población y a la Isla en general sería suficiente con la reforma y moder-
nización de los fuertes de San José y San Gabriel, admitiendo sólo la
necesidad de construir un fuerte en el interior de la Isla y dos baterías
que protegieran el fondeadero del Río.

1. L A A M E N A Z A N O R T E A M E R I C A N A EN 1898

En los meses previos al conflicto hispano-norteamericano se vivía en


Canarias un clima de continua psicosis colectiva generada tanto por rumo-
res de invasión como por el avistamiento de buques de guerra en las cer-
canías del Archipiélago. Ya en el mes de abril se temía una posible pre-
sencia enemiga en las aguas canarias'. Esta preocupación o psicosis de
invasión no era del todo desencaminada, y en la mayoría de las veces
respondía a rumores difundidos desde círculos oficiales \ Tal fue el caso
de la salida de dos acorazados norteamericanos de puertos ingleses':
«Según confidencias de autorizado origen han salido de Ynglaterra con
rumbo a Cádiz o Canarias los cruceros norteamericanos «Amazonas» y «San
Francisco» y aunque seguramente no habrán de intentar acto alguno agresivo
en tanto no se rompan hostilidades convendría vigilarlos y estar prevenidos
contra ellos si llegan a presentarse».
Asimismo el 7 de mayo de 1898 otro telegrama enviado por el Minis-
tro de la Guerra informaba al Capitán General de Canarias sobre la
salida de Brasil de dos buques norteamericanos, el «Oregón» y el
«Marietta», con dirección a estas Islas. Estas y otras noticias trajeron
como consecuencia que el simple avistamiento de barcos originara un
clima de inseguridad en las Islas. La multitud de avistamientos de buques
de guerra en las aguas del Archipiélago ejercía su impacto en el conjunto

3. Comunicación del Gobernador Militar de La Palma al Capitán General, 6 de abril


de 1898. Archivo Capitanía General de Canarias. 3.» Secc, 3.' Div., Leg. núm. 9.
4. Comunicación de la Comandancia de Marina al Capitán General de Canarias, 5 de
abril de 1898. Archivo Capitanía General de Canarias (A.C.G.C). 3." Secc, 3.» Div., Leg.
núm. 9.
5. Telegrama del Ministro de Guerra al Capitán General de Canarias, 4 de abril de
1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.

164
de la población. Así, el Gobernador Militar de La Palma informaba
sobre este particular ^•

«Ayer se vieron del puerto de Tazacorte distancia de 12 millas 3 vapores


veleros sin banderas pueblo alarmado lo mismo que esta población he orde-
nado salga destacamento (...)»•
También en el mes de mayo el Comandante Militar de la isla de El
Hierro informaba sobre la presencia de un buque de vapor, con luces
eléctricas que provocó alarma entre la población'.
El Alcalde de los Silos de Tenerife daba aviso de haber pasado varios
buques de guerra por aquella costa*:

«La frecuencia con que de alguno tiempo a esta parte se ven cruzar
buques al parecer de guerra (...) siempre a las primeras horas de la mañana,
ignorándose la nacionalidad, porque no izan bandera».

Esta situación llevó al Alcalde de los Silos a plantear ante la Coman-


dancia de la Marina la deficiente vigilancia «muchas veces sirven esta vigi-
lancia ancianos casi valetudinarios, por agotarse con frecuencia el turno
entre los pocos vecinos útiles que quedan en este pueblo». La única
ayuda posible dada por la Comandancia de la Marina fue la recomen-
dación a dicho Alcalde para redoblamiento de la vigilancia.
Y en el mes de julio, el Cabo de mar del Puerto de La Cruz telegra-
fía al Capitán General al tener «motivos para sospechar buque enemigo
a la vista (•••)»• Esta presencia de posibles buques enemigos interfería no
sólo en la tranquilidad cotidiana sino que además entorpecía el tráfico
marítimo insular. En este caso y como medida de precaución se ordenó
que los vapores «Hespérides» y «León y Castillo», preparados para salir
y con destino a Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de La Palma
respectivamente, quedaran por el momento surtos en el puerto, al mismo
tiempo que se procedía a la concentración de tropas.
En otras ocasiones el peligro venía dado por el considerable peso cua-
litativo de la colonia extranjera asentada en Canarias' y por los comen-
tarios y rumores procedentes de la propia colonia foránea'":

6. Telegrama del Gobernador Militar de La Palma al Capitán General de Canarias,


2 de mayo de 1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.
7. Comunicación del Gobernador Militar del Hierro al Capitán General, 10 de mayo
de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.
8. Comunicación del Alcalde de Los Silos al Gobierno Civil de la Provincia, 20 de
junio de 1898. A.C.G.C. 3.» Secc, i.' Div., Leg. núm. 9.
9. Revista del Estado defensivo en las Canarias Orientales, 24 de diciembre de 1893.
A.C.G.C. i.' Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.
10. Comunicación del Gobernador Militar de Gran Canaria al Capitán General de
Canarias, 17 de mayo de 1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.

165
«Por confidencias que merecen crédito he sabido que algunas casas ingle-
sas tratan de llevarse con las gabarras de su propiedad los carbones a la
Madera dando lugar a sospechar próximo conflicto internacional anunciado
y en íntimas reuniones de Yngleses verificadas en los alrededores de esta
plaza en brindis que declaraban próxima posesión de Canarias por Yngla-
terra».
Por otro lado, otro tema que muy bien pudiéramos asociar a este
estado de psicosis colectiva viene dado por la inquietud de las institu-
ciones militares en controlar y vigilar la actividad de posibles espías extran-
jeros en Canarias. En este sentido, el Gobernador Militar de Gran Cana-
ria participaba al Capitán General sobre sus fundadas sospechas de que
el Cónsul del Uruguay practicaba el espionaje":
«El cónsul (...) llamado Duarte nombrado recientemente y casado con
una yanki que ha venido con él se ocupa en espionaje y hacer planos desde
alturas inmediatas de nuevas baterías. No tiene criado alguno y vive con el
mayor aislamiento e incomunicación con todo el mundo tapando hasta ojos
de llaves de la casa donde habita».
La primera medida adoptada fue la permanente vigilancia de este
diplomático, «pero resulta en extremo difícil conseguir pruebas por el ais-
lamiento en que vive» ". El Capitán General, ante la escasez de resultados
decidió que se interceptara su correspondencia ". Asimismo informó al
Consejo de Ministros de la situación, recomendando que en el caso de
que el Cónsul fuera sorprendido tomando datos de las fortificaciones, tro-
pas o medios de defensa fuera expulsado del Archipiélago'". Hasta tal
punto llegó este problema, que el Embajador de Uruguay en España pro-
metió destituir del cargo a su representante en Canarias, D. Ezequiel
Duarte '^ Sin embargo, continuó en su cargo por lo menos hasta el mes
de agosto, fecha en que dirigió un escrito al Capitán General del distrito
manifestando entre otras cosas lo siguiente'":
«He sido dolorosamente impresionado por la grosera denuncia (...) de
que el que suscribe estaba tomando apuntes o croquis de las fortifica-
ciones de esta plaza. (...) no es más que el producto de una mezquina in-
triga (...)».
11. Comunicación del Gobernador Militar de Gran Canaria al Capitán General, 27 de
junio de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.
12. Comunicación del Gobernador Militar de Gran Canaria al Capitán General, 29 de
junio de 1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3.= Div., Leg. núm. 9,
13. Comunicación del Capitán General al Gobernador Militar de Gran Canaria, 29 de
junio de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.
14. Comunicación del Consejo de Ministros al Capitán General, 30 de junio 1898.
A.C.G.C. i." Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.
15. Telegrama del Ministerio de la Guerra al Capitán General de Canarias, 6 de julio
de 1898. A.C.G.C. 3.' Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.
16. Comunicación del Cónsul del Uruguay, en Las Palmas de Gran Canaria, al Capitán
General de Canarias, 9 de agosto de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.

166
Durante el mes de marzo el Ministerio de la Guerra por medio de
telegramas cifrados notificaba la próxima llegada a las Islas del agregado
naval de los Estados Unidos en París " y del Cónsul de Estados Unidos
en Liverpool '*, para que se adoptaran las medidas de vigilancia durante
la permanencia de éstos en el Archipiélago. Por otro lado, el Cónsul de
España en Londres informaba al Ministro de Estado de la salida de
puerto inglés o norteamericano de un enviado con objeto de conocer las
existencias de carbón y los medios defensivos de Canarias ".

2. EL ESTADO DEFENSIVO DEL ARCHIPIÉLAGO ANTE EL CONFLICTO


CON LOS [Link].

En julio de 1898 el conflicto hispano-norteamericano llega a su punto


más álgido. Prueba de ello, son las continuas medidas defensivas que se
adoptan a última hora y la desesperación de ellas. En este sentido, el
Comandante de la Marina de La Orotava propone, para evitar un posi-
ble desembarco en el Puerto de la Cruz, el cierre de dicha bahía ^"i
«se necesitan cadenas y argollones de muelle a fin de colocar aquellas
cerrando tal boca, y consiguiendo por este medio que no puedan entrar
embarcación alguna (...)».
Pocos días después se propone otra alternativa para cerrar la entrada
del «Puerto interior de la Cruz —Orotava— que tiene de ancho 50
metros y de fondo a pleamar 850 metros, se necesitan echar a pique car-
gadas de piedras 8 barcaras superpuestas las unas a las otras de 70 tone-
ladas cada una de ellas, de las que se emplean en este Puerto para depo-
sitar carbón»''.
Evidentemente, este tipo de medida refleja el grado de angustia y deses-
peración ante la amenaza de invasión. El 13 de julio de 1898 el alcalde
constitucional de Santa Cruz de Tenerife ordena como medida preventiva
que se apagasen desde las 23 horas todas las luces de las calles, plazas
y afueras de esta población hasta nueva orden. Además se prohibe en
las casas toda luz que pudiera verse desde el exterior so pena de una

17, Telegrama del Ministerio de la Guerra al Capitán General, 14 de marzo de 1898.


A.C.G.C. 3.» Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.
18. Telegrama del Ministerio de la Guerra al Capitán General, 17 de marzo de 1898.
A.C.G.C. 3.» Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.
19 Comunicación del Ministro de Estado al Capitán General de Canarias, 6 de mayo
1898. A.C.G.C. 3," Secc, 3.' Div., Leg. núm. 9.
20. Comunicación del Comandante de la Marina de La Orotava al Capitán General
de Canarias, 23 de julio de 1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.
21. Comunicación del Comandante de la Marina de La Orotava al Capitán General
de Canarias, 29 de julio de 1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.

167
fuerte multa ". Asimismo estaba prohibido la pesca con luz en el litoral
evitando así una posible orientación a los barcos.
El alcalde del barrio de Taganana «atendiendo a los deseos de este
vecindario» solicita del Alcalde de Santa Cruz que interceda ante el Capi-
tán General por considerar insuficiente el pequeño destacamento que guar-
necía su localidad y que solicite del Capitán General un aumento de la
guarnición ^'.
Con el objeto de disponer en la ciudad de La Laguna de un núcleo
de fuerzas que con rapidez pudiera acudir a cualquier punto amenazado
por un desembarco se dispuso, el 21 de mayo, trasladar una partida de
500 hombres del Batallón Regional n." I, «con la dotación de municiones
reglamentaria en pie de guerra» y dos piezas de tiro rápido, al mando
del Teniente Coronel D. Sebastián Díaz Zamorano. Esta fuerza tenía la
misión de efectuar marchas en distintas direcciones con el objetivo de
conocer y reconocer el terreno para poder combatir en situación venta-
josa. Efectuarían ejercicios nocturnos con la artillería pero previniendo
antes al vecindario la realización de estas prácticas para evitar alarmas
infundadas. Estaba a su cargo mantener la comunicación con La Orotava
tanto de día como de noche; de noche con luces de bengalas o cohetes
y de día por medio de señales con banderas.
Por lo que respecta a la isla de La Palma, a principios de mayo de
1898 se encontraba, movilizado el batallón de reserva n." 3 y a punto de
finalizar su instrucción para ser enviados, con el objetivo de vigilancia
a los puntos posibles de desembarco que presentaba la isla: Tazacorte,
Puerto Naos, Fuencaliente y San Andrés y Sauces. Mientras tanto en la
ciudad se disponía la requisa de carros y caballería. La fuerza con que
disponía la isla de La Palma era de 628 hombres, de los cuales 118 se
hallan destacados en los citados puntos de Tazacorte, Puerto Naos, Fuen-
caliente y San Andrés y Sauces, quedando 510 soldados en la capital de
la isla. Contaba además, la isla, con un destacamento de Artillería com-
puesto por 24 individuos de tropa.
El gobernador militar de La Palma consideraba necesario además esta-
blecer, «en la punta más saliente del litoral de esta isla un Faro deno-
minado Punta Cumplida, a donde casi todos los buques hacen su reca-
lada y por donde muy bien pudiese el enemigo intentar un desembarco»,
un destacamento del Batallón Movilizado n." 3 compuesto de I sargento,
2 cabos y 16 soldados.
A finales de junio, el jefe del batallón de reserva de Canarias n." 3
solicitaba de la máxima autoridad militar la autorización pertinente para
22. Comunicación de la Comandancia de la Marina al Capitán General de Canarias.
Santa Cruz de Tenerife, 13 de julio 1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3.' Div., Leg. núm. 9.
23. Comunicación del Alcalde de Santa Cruz al Capitán General de Canarias, 1 de
junio de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, 3.' Div., Leg. núm. 9.

168
armar y municionar a dicho batallón para que éstos pudieran acudir al
toque señalado al sitio designado en caso de hostilidades.
Por su parte, el gobernador militar de El Hierro solicita un incre-
mento de su fuerza, sin embargo por el momento era posible aumentar
la guarnición de la isla y se concentra en guarnecer los dos puntos más
accesibles a un desembarco: la Estaca y el desembarcadero del Golfo. En
este segundo, destacaría una fuerza de 10 hombres, que a juzgar por el
gobernador militar era más que suficiente para evitar un desembarco
hasta que fuera reforzado por el núcleo del Batallón que se hallaba en
Valverde. En cambio el puerto de la Estaca esta guarnecido por cuatro
soldados y un cabo.
En otros puntos de la isla herreña se destinaría simplemente a una
labor de vigilancia a cargo del servicio de voluntarios. El principal núcleo
de su fuerza se debía establecer en Valverde, Capital de la isla, para con
ella recurrir con oportunidad sobre el punto por donde pudiera intentarse
una invasión.
En junio de 1898 se perfilaba ya definitivamente el Plan de Defensa
para la isla de Tenerife. Contemplaba este plan los diferentes supuestos
de actuación, caso de ser atacada la isla, y la manera de emplear las esca-
sas fuerzas disponibles para conjurar los posibles peligros. Establecía pri-
meramente unas líneas generales de actuación, haciendo hincapié en la
conveniencia de agilizar la información, comunicando al mando, y éste
a todos los destacamentos, la presencia de cualquier escuadra enemi-
ga en las costas, consiguiendo así la puesta en pie de guerra de las de-
fensas.
Recomendaba también el empleo de los lugareños en actividades de
apoyo tales como conducción de partes, construcciones de atrincheramien-
tos y demás servicios, teniendo mucho cuidado «de no exigirles sino aque-
llo que está en la medida de sus fuerzas y procurando lo hagan volun-
tariamente»'*. Prevenía, igualmente, la necesidad de concentrar a todos
los individuos reservistas no movilizados con sus armas en los centros
de reunión reservados a sus unidades respectivas.
Pero esto no eran más que indicaciones generales, ya que el Plan,
notoriamente exhaustivo, se entretiene en contemplar todas las vías de
penetración del enemigo en la Isla. Comienza por aseverar que las con-
diciones topográficas de Tenerife facilitaban considerablemente su defensa,
más aún con el limitado número de fuerzas de que se disponía en ese
momento. Estimaba que una correcta utilización de esos escasos recursos
y el conocimiento del propio terreno harían muy difícil al invasor la con-
servación del territorio-':

24. Plan de Defensa de la Isla de Tenerife, junio de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, 3.» Div,,
Leg. núm. 9.
25. Ihídem.

169
<•(...) el conocimiento de las posiciones ventajosas y la tenacidad en la
resistencia que ha de oponerse (...) al enemigo son prenda de un seguro
triunfo, y de que el menor descalabro que este sufra ha de causarle daños
de muy difícil reparación por la falta de elementos para reponer sus fuerzas;
tanto más cuanto que en el presente caso, no puede concentrar todas las
suyas al solo objetivo de emprender la conquista de un territorio (...) abier-
tamente hostil».
Pese a esta opinión, no se oculta la existencia de ciertos puntos en
la costa de la isla por los que el atacante podría introducirse de una
manera relativamente fácil, como en el litoral de Candelaria y en
Abona.
La defensa de la capital también es analizada de una forma porme-
norizada. En este sentido son previstas varias hipótesis. En primer lugar
se teoriza sobre la posibilidad de un ataque directo, precedido de un bom-
bardeo naval destinado a apagar el fuego de las baterías costeras. La otra
posibilidad estudiada es la de un ataque por sorpresa.
Cuando el enfrentamiento con los [Link]. se hizo inevitable, al igual
que en Tenerife, el Gobierno Militar de Gran Canaria elaboró un plan
de actuación en previsión de un ataque-'. Lo cierto es que el plan y las
órdenes anexas son muy concretas. El territorio a defender, la ciudad y
el litoral próximo, fue dividido en dos grandes zonas, cada una de las
cuales se fragmentó a su vez en sectores. La primera zona comprendía
desde las últimas casas de la calle llamada Paseo de las Victorias hasta
el final de la Isleta y estaba al mando del Coronel D. Manuel Díaz
Rodríguez. La segunda zona, desde el barranco de Guiniguada hasta la
línea determinada por las liltimas casas de la calle Paseo de las Victorias
y la finca conocida de D. Cayetano Lugo, se puso bajo la responsabi-
lidad del Teniente Coronel de Ingenieros D. Salvador Pérez y Pérez.
Aparte de estas dotaciones se constituyó otro gran núcleo de tropas des-
tinado a ser una especie de reserva para intervenir allí donde se hiciera
necesario. El mando de esta formación fue encomendado al Teniente
Coronel de Ingenieros D. Salvador Bethancourt Clavijo y al oficial del
mismo rango, aunque del cuerpo de artillería, D. Luis de la Torre. Las
tropas afectas ascendían a dos compañías del Batallón de Cazadores
n. 2, una compañía de Ingenieros y una batería de artillería de montaña.
Aparte de estas especificaciones, las órdenes dadas a cada jefe de zona
y sector obligaban a los mismos a estudiar con detenimiento el terreno
que comprendía la suya respectiva, demandando el mayor celo y cuidado
en las directrices que por escrito les eran remitidas periódicamente y en
las cuales podemos apreciar instrucciones precisas y detalladas con planos
parciales de los objetivos principales que debían atender en el desarrollo
de su mando.

26. Este plan se concretó específicamente en una Orden General fechada el 12 de mayo
de 1898. A.C.G.C. 1 ' Secc, 3:-' Div., Leg. núm. 9.

170
En todo momento las previsiones defensivas dan por sentado la posi-
bilidad de rechazar cualquier ataque que tuviera por objetivo, más que
el dominio de la Isla en sí, la ocupación de su capital. No obstante se
contemplaba la posibilidad de que esta contrariedad ocurriera, por lo cual
también se dieron instrucciones en caso de tener que evacuar la plaza".
Tres fueron las salidas contempladas como principales: la carretera de
Agüimes, al sur, la de San Mateo, al centro, y la de Guía, al norte. En
todo momento las autoridades correspondientes debían mantener el orden
necesario, muy especialmente en los puentes y cruces, aligerando la cir-
culación en todo lo posible.
La concentración de esfuerzos para la defensa en las Islas centrales
suscitó un malestar notable entre las demás, las cuales se consideraron
relegadas, cuando no olvidadas, y que por lo mismo demandaron con
mayor o menor intensidad más atención a su defensa. En algunas islas,
como La Palma y Fuerteventura, este sentimiento de indefensión dio
lugar —sobre todo en la primera— a un destacado movimiento ciuda-
dano expresado a través de sus ayuntamientos o sus sociedades culturales
y recreativas.
Conforme los acontecimientos fueron desarrollándose y el enfrenta-
miento con los [Link]. adquirió mayores visos de estallar, en la isla de
La Palma creció la inquietud, expresada de una manera clara en las peti-
ciones y comunicaciones enviadas al Capitán General e, incluso, al mismo
Ministerio de la Guerra. Tales peticiones partieron en su mayoría de una
Junta Patriótica que se formó en la capital, integrada por personalidades
relevantes, presidentes de sociedades, directores de periódicos, etc., con
el fin de velar por la mejora de la defensa de la Isla.
El 24 de mayo un escrito de esta junta fue recibido en Capitanía, des-
tacando entre sus párrafos los siguientes^':
«La Junta Patriótica de esta isla, teniendo en consideración que los ele-
mentos de defensa de que aquí se dispone son (...), muy insuficientes para
rechazar cualquier ataque, ha telegrafiado al Excmo. Sr. Ministro de la Gue-
rra suplicándole ordene lo conducente a que con la oportunidad debida se
envíen refuerzos de tropa y material de guerra, tanto más necesarios (...)
cuanto que, siendo esta isla el punto de recalada de los buques procedentes
de América, podría despertar (...) el deseo de apoderarse de ella (...)».
De igual forma la Alcaldía de Santa Cruz de La Palma y la de la
villa de Los Llanos de Aridane hicieron llegar a Tenerife su preocupación
por lo que consideraban evidente estado de indefensión. Las críticas se

27. Instrucciones para evacuar la Plaza de Las Palmas de Gran Canaria en caso nece-
sario, 19 de mayo de 1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.
28. Escrito de la Junta Patriótica de La Palma, fechado el 24 de mayo de 1898, dirigido
al Capitán General. A.C.G.C. 3.-' Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.

171
concentran en aspectos tales como la falta de artillería y de efectivos,
como lo hizo el consistorio Uanense en una extensa exposición":
«(...) en esta isla de las tropas peninsulares sólo hemos recibido (...) dos
compañías de Luchana que guarnecen y defienden la capital de la misma
más confiadas al valor de sus pechos que a las balas de sus fusiles que según
tenemos entendido son menos que suficientes para un fuego prolongado

3. FUERTEVENTURA Y L A N Z A R O T E ANTE LA AMENAZA DE INVASIÓN


NORTEAMERICANA

Los mismos temores expresados desde La Palma también se hicieron


presentes en Fuerteventura. A fmales de abril un telegrama del Alcalde
de Puerto Cabras expresaba esa inquietud de la forma siguiente'":
«Alcalde Puerto Cabras en nombre de la isla suplica a V. E. permanezca
4.» Compañía en Fuerteventura única defensa que tiene. Faltándole queda
completamente abandonada».
Hacía referencia este telegrama al traslado al Puerto de Arrecife de
la Compañía del Batallón de Reserva de Lanzarote, única unidad des-
tinada a la defensa de la isla majorera desde que en 1886 fuera supri-
mido el Batallón de Reserva de Fuerteventura, integrándose a partir de
entonces los hombres del mismo en el de Lanzarote.
No paró aquí la cosa, puesto que a la petición anterior se añadió
poco más tarde una exposición más extensa, cuyo contenido es fiel reflejo
de esa sensación de indefensión a la que antes aludíamos. No es de
extrañar pues que la noticia de ese traslado, en el que se integraban casi
700 hombres, diera lugar a comentarios desesperanzadores":
«(...) ha llenado del más profundo sentimiento a estos habitantes, viendo
en la ida de sus hijos desvanecida la única esperanza de defensa que tie-
nen (...)».
Los propios vecinos del municipio firmaron también otra petición en
igual sentido que las anteriores, y si cabe más llena aún de frustración
y desencanto":

29. Exposición del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane al Capitán General, 15 de


mayo de 1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.
30. Telegrama del Alcalde de Puerto Cabras al Capitán General, 23 de abril de 1898.
A.C.G.C. 3.' Secc, 3.' Div., Leg. núm. 9.
31. Exposición de la Alcaldía de Puerto Cabras al Capitán General, 23 de abril de 1898.
A.C.G.C. 3." Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.
32. Escrito firmado por varios vecinos de Puerto Cabras dirigido al Capitán General,
23 de abril de 1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.

172
«Esta isla (...), únicamente contaba para su defensa con los seiscientos
treinta y siete hombres que poco más o menos compone la cuarta compañía
del Batallón de Reserva de Canarias n.° 6; fuerza que con gran sorpresa de
nuestra parte marcha casi en su totalidad a incorporarse a la cabecera del
batallón de cuya isla nos separan algunas leguas de mar (...).
Nosotros, Excmo. Sr. nos encontramos completamente aislados, sin comu-
nicación telegráfica (...), sin medios fáciles de comunicación (...). Nosotros,
que jamás nada pedimos (...), recurrimos hoy a V. E. para que se nos haga
justicia (...)»•

Estas peticiones tuvieron como resultados el acuerdo de organizar una


compañía de 250 hombres con el fin de procurar la defensa de la Isla.
Sin embargo esta solución tampoco satisfizo al Ayuntamiento majorero,
quien en escritos posteriores siguió considerando imprescindible la per-
manencia de todas las fuerzas en la Isla «pues mejor que nosotros sabe
V. E. que 500 hombres no pueden debidamente guarnecer un territorio
que tiene 182 leguas de superficie, y mucho menos pueden hacerlo 250,
que en el caso de una invasión se verán comprometidos, pensando (...)
que los elementos de ataque han de revestir más importancia que (...)
tan escasa fuerza»".
No se quedaron ahí las protestas; por entonces estaban en marcha
en algunas Islas obras de fortificación y artillado, vistas las cuales este
mismo Ayuntamiento se sintió olvidado, no entendiendo como tales pre-
parativos no se llevaban a cabo con igual premura en su territorio'":

«El Gobierno ha dispuesto se fortifiquen las Islas Canarias, pero Fuer-


teventura (...) no ha tocado los beneficios de esa disposición, lo cual ha pro-
ducido (...) el más profundo disgusto; y no pudiéndose ni aún en hipótesis
presumir pueda ser indiferente la Nación a lo que (...) la guerra pueda tener
reservado a esta isla, que como las otras contribuye (...) a las cargas públi-
cas, resulta inexplicable el olvido en que se la tiene (...)».
Pese a todo, las autoridades militares se mantuvieron inflexibles, con-
siderando que convenía más seguir con los planes previstos, sobre todo
teniendo en cuenta que en caso de ataque Lanzarote tenía más posibi-
lidades de ser agredida dada su posición estratégica":

«(...) aún cuando no desconozco la necesidad de la acumulación de los


(...) elementos de defensa (...), la escasez de fuerzas y la falta de cañones por
una parte, y por otra la consideración de su importancia estratégica (...),
tiene la referida isla de Lanzarote, por ser la amenazada en caso de ataque

33. Escrito del Ayuntamiento de Puerto Cabras al Capitán General. 12 de mayo de


1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.
34. Ibídem.
35. Respuesta del Capitán General al Alcalde de Puerto Cabras, 19 de mayo de 1898.
A.C.G.C. 3." Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.

173
(...), que en un momento dado, por su proximidad a esta isla, los refuerzos
de aquella protegerían con facilidad a esa, aconsejan no modificar por ahora
el plan estudiado de la distribución dada a las tropas».
El caso de Lanzarote fue muy distinto al de Fuerteventura. La mayor
consideración dada a esta Isla vino dada por la creencia de que la misma
estaba en el punto de mira de los americanos, quienes pensaban conver-
tirla en una base de operaciones desde la que intentar la conquista del
resto del Archipiélago y desde donde hostilizar, incluso, a la propia Penín-
sula. Este ataque, al parecer, sería llevado a cabo por una flota al mando
del almirante Watson '*•:
«Según confidencia que parece proceder del agregado naval de Estados
Unidos en Paris la escuadra de Watson elegirá como base de operaciones
Lanzarote de donde ha recibido datos sobre sondeos y recursos (...). Sigúese
careciendo toda noticia segura respecto marcha dicha escuadra».
En las semanas siguientes asistimos a un abundante intercambio de
informaciones al respecto entre Madrid y Capitanía, en la cual el deno-
minador común es la incertidumbre y la inexistencia de datos fiables así
como la recomendación de que se tomaran todas las medidas posibles
para contrarrestar esa amenaza":
«No hay noticia oficial salida escuadra americana que le comunicaré tan
luego se reciban como cualquiera otra referente a ello no obstante esté pre-
venido por si se presenta enemigo inesperadamente».
Podemos afínnar que esta es la tónica general del intercambio de noti-
cias, sólo rumores que se acrecentaron a finales de julio cuando se llegó
a pensar que los barcos yankis navegaban en las cercanías de
Madeira ":
«Ruego me comunique noticias que tenga de salida de escuadras o barcos
americanos de guerra rumbo probable así como propósitos que se le atri-
buyen y cuantos datos tenga sobre el particular pues aquí circula con insis-
tencia noticia de hallarse algunos barcos a la altura de Isla Madera».
Especial atención se empeñó, ante este panorama, en fortificar la isla
de Lanzarote de una manera conveniente, toda vez que, como pusieron
de manifiesto los primeros informes, ésta no contaba con demasiados
medios para atender un eventual ataque. En efecto, hasta esos momentos
la defensa de su territorio se reducía a la de la Plaza de Arrecife, con
dos baterías costeras, San José y Punta Bufona que se hallaban situadas

36. Telegrama cifrado enviado al Capitán General desde el Ministerio de la Guerra,


16 de julio de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, 3.^ Div., Leg. núm. 9.
37. Telegrama en clave enviado desde Madrid el 18 de julio de 1898. A.C.G.C. 3.«
Secc, 3.' Div., Leg. núm. 9.
38. Telegrama cifrado del Capitán General al Ministerio de la Guerra, 29 de julio de
1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.

174
en los dos flancos del Puerto y un fuerte en el interior con una misión
puramente terrestre.
Además, para defender el fondeadero de El Río, situado entre la
costa norte de la Isla y la de La Graciosa, se contaba con la batería del
Risco, cuyas piezas estaban ya emplazadas desde hacía tiempo. El arti-
llado de las baterías de San José Bufona, aprobado por R. O. de 1 de
agosto de 1895, estaba constituido por dos piezas de 15 cm. y otras dos
de 12 cm. de tiro rápido, cada una. El del fuerte ascendía a dos cañones
del 12, otros dos del 21 y dos más de tiro rápido".
Las primeras noticias del estado defensivo lanzaroteño ponen el
acento en la necesidad de realizar un estudio previo, «siquiera fuera lo
más ligero posible de cada una de las posiciones, pues de aquella plaza
no hay nada proyectado, supuesto que su defensa siempre se consideró
en segundo término con relación a la de Las Palmas»*. Lo cierto es que
era del todo imprescindible invertir más recursos en la mejora y amplia-
ción de las defensas, máxime cuando en esos momentos sólo la batería
del Risco estaba en condiciones de hacer fuego con alguna garantía,
puesto que la opinión general es que los demás baluartes únicamente con-
taban con una mínima dotación que era necesario reforzar.
Este estado de cosas dio lugar a que desde Capitanía se enviaran
órdenes al Gobierno Militar de Las Palmas para que pusiera en marcha
los estudios previos para mejorar las posiciones, tanto las existentes en
Arrecife como las del Río y otras que se considerara apropiado cons-
truir"', la respuesta desde la capital grancanaria fue rápida":
"En cumplimiento a cuanto V. E. se digna ordenarme (...), tengo el
honor de manifestarle que en mi opinión debiera hacerse un estudio de la
defensa del puerto de Arrecife con el carácter de provisional en la inteligen-
cia que dicho estudio sería conveniente se supeditase a que los trabajos ulte-
riores fueran de rápida ejecución y a ser posible amoldarse cuanto se pudiera
al artillado definitivo, teniendo en cuenta por lo que respecta al número y
clase de piezas (...) reemplazar los cañones de tiro rápido por piezas de 9
cm., toda vez que no hay en existencia piezas de aquella clase. Respecto al
fondeadero del Río podría reforzarse la defensa de la batería del Risco con
otros 4 cañones de 21 cm.».

Vista la situación, y como ocurrió en otras islas, el Ayuntamiento de


Arrecife, preocupado por el estado de las defensas de la isla, elevó una

39. Informe sobre las fortificaciones de Lanzarote, 13 de junio de 1898. A.C.G.C. 3.»
Secc, i.' Div., Leg. núm. 9.
40. JbJdem.
41. Ordenes de Capitanía al Gobernador Militar de Las Palmas de 23 y 26 de junio
de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, i.» Div., Leg. núm. 9.
42. Escrito del Gobernador Militar de Las Palmas, 27 de junio de 1898. A.C.G.C. 3.'
Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.

175
instancia al Ministerio de la Guerra en solicitud de una mayor atención",
petición que dio lugar a la remisión desde Madrid de una orden empla-
zando al mayor cuidado en todo lo concerniente a estos temas. Como
siempre, tales muestras de intenciones se quedaban en eso, puesto que,
como se reitera una y otra vez desde Tenerife y Las Palmas, la escasez
de medios impedía acudir con la prontitud que todos hubieran querido
a solventar tales carencias.
La lentitud en la toma de decisiones también fue la nota. En un
momento dado, y para realizar los estudios pertinentes, se propuso desde
el Gobierno Militar de Las Palmas el envío a Lanzarote de una sección
de la Brigada Topográfica destinada en esta ciudad. Esta petición, con-
siderada de urgente necesidad, topó de inmediato con trabas burocráticas
pues «los trabajos encomendados a (...) la Brigada Topográfica que se
halla en Las Palmas se refieren únicamente a dicha Plaza» y dicho tras-
lado «habría de proponerse a la superioridad»". Así pues, fue necesario
pedir permiso a Madrid para llevar a cabo el traslado, orden que no
llegó hasta transcurrido cierto tiempo, con el retraso que esto suponía
para la mejora defensiva de la isla*'.
Paralelamente se llevaron a cabo también estudios de sondeos y recur-
sos en todo el territorio lanzaroteño y en sus costas y aguas próximas,
datos de los que se carecía hasta el momento. En estos estudios se prestó
especial atención al fondeadero de El Río, punto el cual, dadas sus con-
diciones geográficas, era altamente probable que fuera el elegido para una
agresión"":
«Ante posibilidad de que enemigo intente apoderarse de Lanzarote ocu-
pando con su escuadra el fondeadero del Río, conviene estudiar sus condi-
ciones y la de la batería que lo defiende, dicte órdenes para evitar se des-
cubra su existencia por hacer fuego antes de que éste sea eficaz».
El estado de este puesto defensivo fue mejorado con el emplazamiento
de cuatro obuses y dos morteros, desplazando para su guarnición medio
batallón de La Luchana y tres compañías del Batallón de Reserva de
43. Instancia del Ayuntamiento de Arrecife al Ministerio de la Guerra de 18 de mayo
de 1898. En telegrama del Ministerio fechado el 5 de junio tenemos noticia, asimismo, de
otro enviado por este mismo Ayuntamiento el día anterior:
«Ayuntamiento Arrecife en telegrama ayer participa haber acordado interesar inmediata
fortificación isla lo digo a V. E. para que resuelva lo que estime conveniente».
44. Informe de la Comandancia de Ingenieros acerca del traslado a Lanzarote de una
sección de la Brigada Topográfica, 7 de julio de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, 3." Div., Leg.
núm. 9.
45. Un telegrama fechado en Madrid el 19 de julio se expresaba de la siguiente manera:
«Autorizo a V. E. para que pase a Lanzarote la sección Brigada Topográfica Ingenieros de
Las Palmas a levantar planos que expresa en su telegrama (...)». A.C.G.C. 3.» Secc, 3." Div.,
Leg. núm. 9.
46. Telegrama cifrado al Gobernador Militar de Las Palmas, 18 de julio de 1898.
A.C.G.C. 3.» Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.

176
Lanzarote. Estaba claro, a la luz de los informes reservados, que estas
fuerzas no serían suficientes para contrarrestar un ataque a gran escala,
pero se estimaban suficientes para parar la primera embestida y disponer
del tiempo suficiente para trasladar tropas desde otros puntos.
Este tema de los efectivos fue singularmente criticado por las auto-
ridades militares. La documentación estudiada está poblada de peticiones
de concentrar un mayor número de hombres en la Isla, peticiones al fin
atendidas desde la Península a finales de julio"':
«Me propongo enviar Lanzarote Batallón mil cincuenta plazas y batería
montaña de seis piezas; manifiesten si hay allí condiciones de alojamiento
para dicha fuerza o lo que necesita».
La llegada de este contingente no dejaba de presentar problemas en
cuanto al alojamiento y la alimentación, aspectos éstos que fueron estu-
diados en el tiempo siguiente y que no se presentaban nada fáciles de
resolver en una Isla que apenas si producía lo suficiente para alimentar
a sus habitantes. Conscientes de esta realidad las autoridades militares
terminaron por prohibir la exportación de cereales y legumbres, proyec-
tándose hacer lo mismo en Fuerteventura, donde se prestó especial aten-
ción a la numerosa cabana ganadera (cifrada según estadísticas de la
época en más de treinta mil cabezas) y a la producción de cereales, aun-
que la cosecha de ese año corría el peligro de perderse por la escasez de
recolectores "*:
"Prohibido exportación de cereales y garbanzos abundan abastecimiento
en Lanzarote, donde sólo podrán faltar víveres pasados dos meses si no se
importan. Al propio tiempo creo oportuno significarle escasez fuerzas para
defensa Fuerteventura donde existen según datos estadísticos treinta mil cabe-
zas de ganado y se recolectan doscientas mil fanegas de grano anuales (...).
Imposible distraer un sólo soldado escasez fuerzas esta isla (...)».
La cuestión del alojamiento de las tropas tampoco era sencilla de
resolver. La perspectiva de la llegada de los refuerzos obligó al Gobierno
militar de Las Palmas y a la comandancia de Lanzarote a realizar sobre
la marcha un plan de distribución de las fuerzas, aumentando significa-
tivamente el contingente de las mismas en lugares como Haría y El
Risco. Con esta reubicación el Comandante Militar de la Isla consideraba
resuelto el problema del alojamiento a la vez que veía «posible con
dichos elementos la defensa enérgica y prolongada» del territorio bajo
su mando"'.
47. Telegrama cifrado remitido desde el Ministerio de la Guerra, fechado el 19 de julio.
A.C.G.C. 3.' Secc, 3." Div., Lcg. núm. 9.
48. Telegrama .cifrado remitido desde el Gobierno Militar de Las Palmas, 29 de julio
de 1898. A.C.G.C, 3.'' Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.
49. Telegrama cifrado del Comandante Militar de Lanzarote al Capitán General y al
Gobernador Militar de Las Palmas, 28 de julio de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, X' Div., Leg.
núm. 9.

177
Sin embargo, el 14 de agosto se recibía en la Capitanía General de
Canarias un telegrama que causaría, sin duda, un respiro y que alejaba
por el momento los viejos temores de invasión: «Participo a V. E. que
ha sido acordada por gobiernos España y Estados Unidos suspensión hos-
tilidades entre fuerzas mar y tierra».

178
POBLACIÓN INMIGRADA A LAS PALMAS DESDE
FUERTEVENTURA Y LANZAROTE. 1835-1853
JAVIER SOSA HENRIQUEZ
CANDELARIA GONZÁLEZ RODRÍGUEZ
Los desplazamientos internos en el marco de las Canarias Orientales
han tenido a Las Palmas de Gran Canaria como punto de destino, ya
sea población rural de la misma isla o bien procedentes de Lanzarote y
Fuerteventura. En el siglo XIX una serie de acontecimientos dan mayor
protagonismo al fenómeno: las continuas crisis de hambre y sequías de
principios del siglo y la fuerte atracción de mano de obra que ejerce la
construcción del Puerto de La Luz en la segunda mitad y tenemos a lo
largo de todo el siglo el fenómeno de la emigración americana, que uti-
liza como punto de salida el puerto de la capital Grancanaria.
Son esos emigrantes procedentes de Lanzarote y Fuerteventura entre
los años 1835-53 desplazados a Las Palmas los que intentamos estudiar
en el presente trabajo.
Este período comienza en 1835, año del primer padrón municipal con-
servado en el Ayuntamiento de Las Palmas y se ha procedido al análisis
de los años 1835, 1844, 1847 y 1853, teniendo en cuenta las caracterís-
ticas de estos documentos demográficos para la etapa pre-estadística.
Un primer acercamiento nos revela que en todos los años que ana-
lizamos, la población procedente de Fuerteventura es superior en número
a la de Lanzarote (un 85% frente a un 15%) lo cual demuestra la impor-
tancia de ese grupo de inmigrantes de Fuerteventura con respecto a la
población total de la ciudad de Las Palmas, que ha sido establecida en
torno al 9%, según datos aportados por Martín Ruiz y Pérez García'.
La frecuencia de llegada a la ciudad de Las Palmas de esta población
inmigrante alcanza su máximo en los años 40 y ya en 1853 desciende a
niveles incluso inferiores a los de 1835. La década de los años cuarenta
es especialmente crítica en Lanzarote y Fuerteventura, lo que da lugar
a penosos episodios de hambre por sequías y malas cosechas.
«Desde 1840 las sequías habían asolado los campos, especialmente en Lan-
zarote y Fuerteventura (...). En 1844 una plaga de langosta destruyó múl-
tiples cosechas (...). En 1845, la viruela (...). A partir de 1846 se inicia un

]. MARTIN RUIZ y PÉREZ GARCÍA en III Coloquio de Historia Canaria Ameri-


cana 1978.

181
ciclo de drásticas consecuencias. La pérdida de las cosechas de papas (...)
afectó a un producto primordia) entre los componentes de la dieta alimen-
ticia...» 2.
Evidentemente estas crisis que azotan las islas más orientales se van
a traducir en intensos flujos migratorios que tienen como punto de des-
tino Las Palmas tanto como lugar de asentamiento o bien como tram-
polín para la aventura americana:
«A partir de 1830 se prodigan los años calamitosos en Lanzarote. Espan-
tosas sequías provocan malas cosechas y hambrunas. La caída de la barrilla
agudizó la precaria situación del campesinado, que se vio en trance de tener
que malbaratar sus frutos seis meses antes de la recolección para sobrevi-
vir»
«En 1847 y 1851 (...) las sequías y los temporales causaron un binomio
de efectos terribles. La persistencia de las pobres cosechas no permitió gene-
ralmente sino que se recogieran las semillas, y aún ni eso en ocasiones»".
La presencia de emigrantes procedentes de Lanzarote y Fuerteventura
en América queda constatada por las solicitudes que se realizan para emi-
grar libradas a través del Ayuntamiento de Las Palmas. La salida desde
estas islas con destino a las islas mayores queda patente pues,
«En las playas de Lanzarote y Fuerteventura se encontraban por esos
años apiñadas de gentes que suplicaban desesperadamente a los capitanes de
los veleros que les condujesen a las islas mayores a cualquier precio»'.
Junto a esta población que es censada como activa y de la cual se
describe su dedicación profesional, se constata igualmente un amplio
grupo de pobres que representan casi el doble de la población activa y
que constituyen el reflejo de una realidad social que se está dando en
la ciudad, la pobreza y mendicidad.
Se trata de población que huye de las duras condiciones de sus luga-
res de origen. Pero aiin en la primera mitad del siglo XIX la ciudad de
Las Palmas mantiene un régimen demográfico antiguo y las enfermedades
y el hambre están presentes en diversos períodos. Por ello los totales ofre-
cidos por los padrones municipales en cuanto a la población considerada
como activa, se verían alterados en función del elevado porcentaje de
pobres y población cuya actividad es desconocida (se ha calculado para
el período estudiado un total de 430 inmigrantes de Lanzarote y Fuer-
teventura empadronados como activos y 711 como pobres).

2. PÉREZ G A R C Í A , José M.: La situación política y social en Canarias Orientales


durante la época isabelina. 1989, p. 35.
3. MILLARES CANTERO, A.: -Arrecife, el puerto de la barrilla». 1982, p. 144.
4. ídem, p. 146.
5. HERNÁNDEZ GARCÍA, J.: La emigración de las Islas Canarias en el siglo XIX.
1981, p. 214.

182
Los pobres son empadronados según el barrio pero de ellos no se da
información ni de su procedencia ni del sexo ni del estado civil.
Creemos que el mayor número de estos pobres proviene de Fuerte-
ventura, tanto por el ritmo de llegada de emigrantes a Las Palmas, como
por el del decrecimiento producido en esa isla para el período que estu-
diamos:
"Fuerteventura descendió a un ritmo del 1 % en su crecimiento natural
entre 1837-60 pues el hambre era prácticamente endémica. En Lanzarote el
crecimiento fue del —0,41 % » \
Las características por unidades familiares han sido estudiadas en base
al análisis de familias completas. El número de ellas a lo largo del
período evoluciona, dándose el máximo en 1844 con 87 familias. La
media de familias para el intervalo 1835-53 es de 40. De estas células
familiares hemos separado las familias emigradas sin padre, que coinciden
en haber más en los años en que se produce menor inmigración (1835
y 1853), pero los años 40 son testigo de inmigraciones de familias com-
pletas (en torno al 80 % del total de familias) lo cual corroboraría el dato
señalado de salida masiva de la isla debido a la crisis y el hambre'.
Por años, la media del número de hijos oscila entre 2,2 y 2,5.
La pirámide de edades de estos años, tomando en conjunto la pobla-
ción de Fuerteventura y de Lanzarote en el primer y último año del
período que estudiamos, demuestra que en 1835 el grupo de población
femenina es superior, constatándose un elevado número de viudas y sol-
teras (116,3% y 309,8% respectivamente) frente a un 221,5% que corres-
ponde a las casadas.
En el grupo de población masculina los casados representan una
ligera mayoría (193%) frente a los solteros (144,4%) y a un escaso
número de viudos (11%).
En el año 1835 los grupos de edad más numerosos dentro de esta
población inmigrada son los de 10-15, 20-30 y 35-45 para los hombres,
quedando cohortes cuasi vacías las de 0-10 y la de más de 65 años. En
las mujeres destacan los grupos de edad de 25-35 y 40-55 cubriéndose
en general todas las cohortes aunque con bajas significativas en los gru-
pos de 0-10, 55-60 y 75-80 (ver figura 1).
La pirámide de población inmigrada en el último año del período que
estudiamos, 1853, sigue presentando mayoría de mujeres, especialmente
significativas en el grupo de edad de 15-25, 30-35 y también aunque algo
menos en el grupo de 45-65. Aumenta con respecto a la anteríor la base
pero la población joven es la dominante. La población masculina cuenta
6. MARTIN RUIZ, J. F.: Dinámica y estructura de la población de las Canarias Orien-
tales (siglos XIX y XX). 1985, p. 29, tomo I.
7. Muchos de estos varones casados que no aparecen registrados en los padrones muni-
cipales podrían corresponder a emigrantes en América.

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con mayor presencia en los grupos de 10-25 y 30-40, disminuyendo con
respecto a la pirámide anterior los efectivos de población comprendidos
en los grupos de edades de más de 40 años. Igualmente la base es más
ancha que en 1835 (ver figura 2).
Con respecto al estado civil de esta población en el año 1853, su estu-
dio nos revela un aumento de solteros en ambos sexos, en porcentajes
del 301,4% para el grupo de los hombres y 326,2% en las mujeres, des-
cendiendo los casados a 142% hombres y 155,8% en las mujeres. Ello
podría indicar cierta tendencia al trabajo de las solteras como criadas en
casas de la ciudad, tanto así como de varones, que estudiaremos en el
apartado de las profesiones.

1. ASENTAMIENTO ESPACIAL Y ACTIVIDAD PROFESIONAL DE LA


POBLACIÓN INMIGRADA

Estos dos aspectos del asentamiento de inmigrantes pueden estudiarse


en conjunto pues la mayoría de las veces será el tipo de actividad a desa-
rrollar la que determine el lugar de establecimiento de esta población en
Las Palmas.
En el periodo que estudiamos, los barrios de la ciudad que cuentan
con mayor presencia de inmigrantes procedentes de Lanzarote y Fuer-
teventura son (ver figura 3):
— Tríana con una media de asentamiento del 48,1 % de los inmigran-
tes de las islas orientales a lo largo del período 1835-53. En él, los cria-
dos son la actividad predominante.