V Jornadas Estudio Historia Lanzarote-Fuerteventura (1991)
V Jornadas Estudio Historia Lanzarote-Fuerteventura (1991)
FUERTEVENTURA Y LANZAROTE
TOMO I
^ . n.i-it
V JORNADAS DE ESTUDIOS
SOBRE
FUERTEVENTURA Y
LANZAROTE
23-27 de septiembre de 1991
Puerto del Rosario
TOMO I
HISTORIA. HISTORIA DEL ARTE.
PREHISTORIA - ARQUEOLOGÍA.
"^ism^^
HISTORIA
7
GREGORIO J. CABRERA DENIZ. Fuerteventura y Lanzarotc
desde la perspectiva del emigrante canario en Cuba: de la res-
tauración a la II República 217
8
PREHISTORIA - ARQUEOLOGÍA
1. A este respecto hay bastante bibliografía, pero vamos a citar aqui la más importante
y exhaustiva. Vid. CORTES ALONSO, A.: La esclavitud en Valencia durante el reinado
de los Reyes Católicos. Valencia, 1964; GIOFFRE, D.: // mercato degli schiavi á Genova
nel secólo XV. Genova, 1971; FRANCO SILVA, A.: La esclavitud en Sevilla y su tierra
a íines de la Edad Media, Sevilla, 1979; VERLINDEN, Ch.: L'Esclavage dans l'Europe
Mcdiévale. T. I. Peninsule Iberique. France. Bruge, 1955.
2. RUMEU DE ARMAS. A.: La política indigenista de Isabel la Católica. Valladolid.
1969.
.1. LOBO CABRERA, M.; La esclavitud en las Canarias orientales en el siglo XVI
(negros, moros v moriscos). Las Palmas, 1982.
4. LOBO CABRERA, M.: Op. cit.: MARRERO RODRÍGUEZ. M.: La esclavitud en
Tenerife a raíz de la conquista. La Laguna, 1966.
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mos nos hemos ocupado del tema en diversas ocasiones, pero ahora el
objetivo es conocer la trata y sus consecuencias en la isla de Fuerteven-
tura en los siglos XVI y XVII, utilizando para ello los protocolos nota-
riales. Esta fuente tiene algunas deficiencias, pero a la vez da muchas
posibilidades. El obstáculo mayor para conocer en profundidad toda la
trama de la trata lo encontramos en dos aspectos: por un lado la des-
aparición casi completa de los protocolos notariales pertenecientes a los
escribanos que actuaron en la Isla en el siglo XVI, salvo dos registros
de fines del siglo. La ausencia de los mismos en esta centuria está aso-
ciada a la invasión del pirata berberisco Xaban Arráez en 1593, año en
que asóla Fuerteventura, se lleva cautivos a más de sesenta de sus mora-
dores y quema la villa, ardiendo con ella casi toda su documentación.
Para el siglo XVII contamos con más fortuna, al haberse conservado
unos veinte protocolos pertenecientes a catorce escribanos públicos. Sin
embargo tenemos que lamentar el penoso estado de conservación: están
totalmente apolillados, rotos y casi ilegibles. No obstante, a pesar de las
deficiencias, podemos estar más o menos en disposición de conocer como
evolucionó la esclavitud en el citado período, ya que el material extrac-
tado nos presenta por un lado el panorama cuantitativo para ponerlo en
relación con el origen y sistema de arribada de los esclavos a la Isla. Las
ventas, documentos más abundantes, nos sirven para conocer el comercio
interno y externo de estos seres humanos privados de libertad, así como
sus precios, vendedores y compradores, lo mismo que la edad, el sexo
y tachas de los cautivos; con ellas hemos elaborado unos cuadros que
se incluyen como apéndice, donde se observa el ritmo de las mismas, la
evolución del precio y el status profesional de sus propietarios.
1. ORICÍEN
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comprueba por un auto de prisión decretado por la Audiencia de Cana-
rias en 1611 contra el gobernador de Fuerteventura y otros seis vecinos
por haber ido a saltear a Berbería".
A través de estas expediciones Fuerteventura se nutría de esclavos
moriscos, que eran utilizados como mano de obra en el campo, para
plantar y cuidar las sementeras y para andar con el ganado, además de
ser empleados como adalides en las cabalgadas a África, por conocer la
tierra, las fuentes y los lugares donde podían cautivar nuevos seres huma-
nos. Algunos de estos berberiscos, especialmente los de cierto prestigio
en sus tribus, eran intercambiados luego en el rescate, por esclavos
negros, en una proporción de dos a uno, aunque, a veces, se conseguían
más. Con este sistema se van a obtener dos tipos de esclavos, moriscos
y negros, que van a convivir luego en el suelo majorero.
A fines del siglo XVI los moriscos de Fuerteventura, a pesar de ser
abundantes, han alcanzado la condición de libres, tal como relata el vica-
rio y capellán de la Isla Ginés Cabrera de Betancor en 1595; éste señala
en el preámbulo del padrón de moriscos, mandado a confeccionar por
el tribunal de la Inquisición, que de sesenta años a aquella parte se
habían ahorrado, esto es liberado, en aquellas islas — Lanzarote y Fuer-
teventura— 300 casas de ellos'-. De acuerdo con el citado padrón los
moriscos constituían el 15,3% de la población majorera.
Años más tarde, cuando se plantea el problema de la expulsión, de
la cual quedaron exceptuados los moriscos de Canarias, se informa por
parte de Pablo María de Armas Monroy, vecino y regidor perpetuo de
la Isla y maestre de campo de ella, que residían en Fuerteventura de 55
a 60 moriscos, a los cuales llamaban naturales, que habían nacido y se
habían criado en ella, de los cuales era su capitán Esteban Pérez".
De este modo, concluidas y prohibidas las cabalgadas, y naturalizados
los moriscos, la fuente de esclavos que durante tanto tiempo habla sido
Berbería, se agotó, y se ha de recurrir a otras canteras y a otros pro-
cedimientos para reclutar la mano de obra esclava: ahora negra. Hemos
comentado que esclavos negros hubo en Fuerteventura desde el siglo
XVI, conseguidos a través de los rescates o comprándolos en otras islas
donde este contingente era numeroso, pues sólo en Gran Canaria los
negros representaban el 70 % de la población esclava ". Los habitantes
de Fuerteventura en el siglo XVII, cortadas sus vías con África, recurren
a otros sistemas. Uno de ellos era concertarse con los mercaderes por-
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tugueses que transitaban por la Isla para que les compraran esclavos en
otras islas o lugares, así es corriente hallar escrituras en donde los lusi-
tanos, a cambio de una determinada cantidad de dinero se obligaban a
comprar para vecinos majoreros esclavos negros en Madeira y Cabo
Verde '•. En otras ocasiones, ante la demanda de esclavos en Fuerteven-
tura, son los propios lusitanos quienes envían esclavos negros a la Isla
para que se vendan en ella, como un capitán, residente en la isla por-
tuguesa, que envía un negro al sargento mayor Sebastián Trujillo Ruiz,
para que se lo vendiese en la cantidad que le pareciese". También Fuer-
teventura se provee de esta mano de obra a través de Tenerife, pues los
residentes de esta isla, vecinos principalmente de Garachico, La Orotava
y Santa Cruz, acuden con frecuencia a la isla majorera, a poner en cir-
culación esclavos negros naturales de Angola y Cabo Verde. Esto es
lógico, si tenemos en cuenta que Tenerife mantiene un tráfico importante
con Angola, gracias a la colaboración de los isleños con los portugueses;
de este modo el vino canario era trocado en aquellas partes de África
por esclavos, que luego llevan a América o traían a las islas ". También
la abundante población negra que tenía Santa Cruz, hacía que parte de
la misma se desviara hacia otros lugares, entre ellos Fuerteventura, donde
era comprada por mercaderes y personas principales. En efecto las escri-
turas notariales dan prueba de este hecho, siendo el propio señor de la
Isla don Andrés Lorenzo Arias y Saavedra, uno de los importadores de
esclavos, que luego vende a los vecinos'". Igualmente el capitán Juan de
Zarate y Mendoza, que había pasado a la Isla para aprehender la pose-
sión del estado de Lanzarote y Fuerteventura, por doña Luisa Bravo de
Guzmán"', lo imita, importando un negro de Angola, comprado en Tene-
rife por su orden, y vendido en Fuerteventura'". Esta actividad de los
principales es seguida por otros miembros de cierta importancia en la
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sociedad majorera como el licenciado Miguel Fernández Ortega, comi-
sario del Santo Oficio y beneficiado de la Isla'. Al propio tiempo, los
vecinos y residentes en Tenerife hacen lo mismo, recorriendo con su
humana mercancía la isla majorera: en 1670 un vecino de Garachico
vende un esclavo negro, por poder otorgado en aquella isla por don
Pedro Guiraldo, propietario del mismo"; asimismo el alférez Domingo
de Sierra, vecino de La Orotava, vende en 1673 otro negro que había
sido del teniente general de la ciudad de La Laguna^", y el capitán
Roque González, vecino de Santa Cruz, vendía en 1678 otro negro, bau-
tizado en Santa Cruz, procedido de una esclava suya''. Los tinerfeños
remitían esclavos con poder para que fueran asimismo vendidos en Fuer-
teventura, como acontece en 1668, en que un vecino de la Isla, Pedro
de Medina, vende a otro una esclava mulata que le había enviado desde
Tenerife un vecino de Santa Cruz", pero también hacen este mismo tra-
bajo los vecinos de Tenerife, que llegan a Fuerteventura con poderes,
como Luis de Herrera Belcazer, que actúa en nombre de don Francisco
Bautista del Castillo, vecino de las islas del Hierro y de La Gomera, regi-
dor perpetuo de Tenerife, para vender dos esclavos negros*. También
de Gran Canaria llegan cautivos a Fuerteventura, bien directamente o
a través de terceras personas. El mercader Julián Arnao envió en 1643
una esclava negra al capitán Francisco Morales Mateo, sargento mayor
de la Isla, para que se la vendiera", y en 1694 se vende un negro que
había sido propiedad del capitán Domingo Lasso de la Vega, vecino de
Gran Canaria '*.
2. NlJMERO
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otras fuentes ni siquiera bibliografía en donde se incida sobre la escla-
vitud en la isla majorera.
Para el siglo XVI sólo se nos habla de moriscos, y las cifras que
sobre ellos nos dan son en unos casos aproximadas y en otros aumen-
tadas, para incidir casi siempre en lo mismo.
«sao tan misturados com os da Berbería, que hai mui poucos que nao
tenhan alguma cousa de mouriscos»-".
29. FRUTIIOSO, G.: Livro Primeiro das Saudades da Terra, Ponta Delgada, 1984, p. 8.1
30. SÁNCHEZ HERRERO, J.: La población de ¡as Islas Canarias en la segunda mitad
del siglo XVII (I67Ó-I6K/Í). «Anuario de Estudios Atlánticos», 21, Madrid-Las Palmas, 1975,
pp. 2.17 y ss.
M. MARTÍNEZ ENCINAS. V.: Op. cit.. pp. 427-429.
.12. ROLDAN [Link], R.: Acuerdos del Cabildo de Fuerteventura, I. 1605-1659,
La Laguna. 1970, p. 68.
n. ROLDAN [Link], R.: Acuerdos del Cabildo de Fuerteventura. II. 1660-1728,
La Laguna, 1967, p. 71.
21
en Fuerteventura, cuyos registros no han llegado hasta nosotros; estima-
mos que tal índice está más cercano a la realidad, teniendo en cuenta
que allí el esclavo era utilizado en haciendas, estancias y rosas de los per-
sonajes principales, para labrar la tierra y cuidar el ganado, además de
aquellos que vivían en la Villa asistiendo a sus señores en labores domés-
ticas, de lo que sacamos en consecuencia que la posesión de esclavos no
estaba al alcance de todos, máxime en una isla con problemas frumen-
tarios de trágicas consecuencias, que aboca a sus naturales al hambre,
pues los años estériles de la segunda mitad del siglo ", impide a los veci-
nos el tener el suficiente numerario para comprar esclavos, de ahí que
algunos cautivos llevados a Fuerteventura para vender, se desvíen a otros
mercados más prometedores. En efecto en los años críticos de 1650, 1651
y 1652 sólo se realiza una operación de venta, lo mismo que en 1674 y
1675, mientras que a partir que la situación mejora los cautivos vuelven
a hacer acto de presencia en la Isla, obteniendo buena cotización. Tam-
bién en años de penuria hallamos algunas transacciones de cautivos, en
este caso para con su valor poder seguir subsistiendo, con lo cual el
esclavo se convertía en un bien valioso que podía sacar a sus propietarios
de apuros, en años críticos.
Del total de esclavos que comparecen en el mercado son los negros
los más numerosos, seguidos de los mulatos y blancos. La predilección
por el negro no es nueva, su mayor fortaleza física, su mejor naturaleza
y su carácter hacen que sean más demandados, aunque también esta
mayor presencia se debe a que son los que representan la mayor pro-
porción en todos los mercados de la época. En Fuerteventura el esclavo
negro acapara la atención de sus moradores a lo largo del siglo XVII.
De los esclavos que comparecen en el mercado los negros representan
el 60%, en su inmensa mayoría ladinos, lo que confirma que proceden
de otros mercados, pues sólo contamos con un bozal que es vendido en
1678 por un vecino de Tenerife a cambio de 60 fanegas de trigo, que .se
le han de entregar en el puerto de Tostón, libre de quintos '\ En cuanto
al sexo, son preferidos los varones, que suponen el doble de las hembras,
en proporción del 62,5% frente al 37,5%. Esta proporción viene moti-
vada por la necesidad de hombres para trabajar en el campo como labra-
dores y segadores, y a veces también para que pastoreen y cuiden el
ganado, mientras que las hembras son orientadas hacia el trabajo domés-
tico en la casa de sus señores, donde a veces se convierten en verdaderas
amas llevando todo el peso de la casa y cuidando a sus señores en sus
enfermedades; también las mujeres son apreciadas como procreadoras,
como amas de cría y como objetos de placer para sus dueños.
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En cuanto a la edad son preferidos los jóvenes entre 15 y 30 años,
aunque también concurren al mercado hombres y mujeres de mayor
edad, como un esclavo negro de 60 años que es vendido en 1606"";
cuando los esclavos llegan a esa edad, lo cual demuestra su resistencia
aún más viviendo en cautiverio, sus dueños no ven la ocasión para des-
prenderse de ellos, ya que más que beneficios le ocasionan gastos. La pre-
dilección por esclavos jóvenes, en edad de producir y rendir, se muestra
claramente en los encargos que hacen los majoreros a los mercaderes
para que se los traigan, con determinadas características, asi Bartolomé
Pérez de León encarga al mercader de Garachico Juan Ramos, que le
traiga de Cabo Verde un esclavo de hasta 20 años ", y al también mer-
cader Gonzalo González, vecino de La Madeira, una negra de la misma
edad, y si no la consigue un esclavo'". Dentro de los negros, hemos de
mencionar un esclavo negro-indio, probablemente de la India de Portugal,
que es vendido en Fuerteventura en 1643.
En cuanto a preferencia y concurrencia en el mercado le siguen los
mulatos. Estos, por lo general, son criollos, nacidos tanto en Fuerteven-
tura como en otras islas, fruto de las relaciones entre blancos y negras,
que igualmente son puestos en circulación a través del mercado. El
número de los mismos da la cifra de 16, en su mayoría varones y en eda-
des comprendidas entre los 6 y los 50 años. Los más pequeños, niños
entre dos y seis años, son por lo general nacidos en Fuerteventura, y
puestos en venta para paliar necesidades, como el esclavito Juan, tras-
pasado por la vecina Catalina Luzarda, y que formaba parte de la dote
que aportó al matrimonio " o la mulata María, hija de una esclava de
sus propietarios*'.
Finalmente nos quedan unos pocos esclavos, cinco, tres de los cuales
son moriscos o berberiscos y dos blancos, estos últimos niños de seis
años. El residuo de estos cautivos de origen beréber, puede estar en rela-
ción con la antigua población morisca del archipiélago, o que sean traí-
dos por los pescadores que faenaban en la costa de Berbería. Entre los
adultos figura uno que es traspasado en muy poco espacio de tiempo,
en dos ocasiones: Juan del Rocío o del Rosario; en 1666 el beneficiado
y comisario del Santo Oficio de la Isla, lo vende a Manuel de la Trini-
dad, después de haberlo comprado al capitán Martín Perdomo^', y cinco
años después lo traspasa al regidor Diego de Cabrera Mateos, por el
36. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. 418 v. Su precio fue de
218 reales.
.17. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987. f. 149 r.
,18. ídem. í.' 42 r.
.19. A.H.P.L.P., Juan Alonso Pérez, n." 2.990. f. r.
40. A.H.P.L.P.. Juan Alonso Hernández, n." 2.991, f. r.
41. A.H.P.L.P., Pedro Lorenzo Hernández, n." 2.997, s/f.
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mismo precio'-. La poca utilidad del esclavo, con un defecto físico, y
quizá su poca productividad hace que no dure mucho tiempo en poder
de un mismo amo.
3. MERCADO
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En ocasiones más que venta se consuma una operación de trueque:
un esclavo mulato por otro negro; un varón por una hembra"; una niña
mulata, de tres años, muy enferma, por una camella parida y una came-
Ueja de cuatro años^\
Por estos sistemas los esclavos tanto entran como salen de Fuerte-
ventura a otras partes, pues se dan casos en que el cautivo es remitido
a Gran Canaria para allí ser vendido con poder de su dueño*, e incluso,
a veces, el esclavo es remitido a Indias; asi el capitán y sargento mayor
don Sebastián Trujillo Ruiz, familiar del Santo Oficio, gobernador de las
armas de Fuerteventura, en 1693, envia un esclavo mulato a Tenerife,
y da poder al licenciado Mateo Fernández Perdomo de Vera para que
lo cambie por otro, y éste sea remitido a La Habana^'.
Como hemos visto por tanto el sistema más usual de venta fue la
escritura individual otorgada entre dos o más personas; no obstante tam-
bién se otorga tal documento, después de la puja por el precio del
esclavo, pues en algunos documentos se señala que el mismo fue vendido
«de feria», es decir, mediante almoneda en mercado público.
El mercado, su saturación o necesidad, y la situación económica por
la que atraviesa la Isla incide en el precio de los esclavos. La oferta y
la demanda, además de otros elementos, propios de la coyuntura, harán
que el costo se eleve o disminuya. Sin embargo a lo largo del siglo XVII,
siglo al que corresponde la mayor parte de los datos con los que con-
tamos, los precios se mantienen más o menos estables entre los 1.000 y
los 1.600 reales. Por debajo de estos precios hallamos otros que se sitúan
en torno a los 500 reales. Sin embargo este menor costo no tiene nada
que ver con el mercado insular, sino que el mismo está en relación con
otros lugares donde los esclavos se consiguen a menor precio como
Madeira y Cabo Verde. Por ello, muchos vecinos, en aras de obtener
mayor ganancia, en una posible venta posterior, o para conseguir mano
de obra más barata, encargan la compra de los cautivos a mercaderes
portugueses. Por ello hemos de indicar que los esclavos consignados en
los cuadros, como comprados en 1599, 1600 y 1602 son mandados a bus-
car a las islas portuguesas.
El resto de las variaciones en los precios están en relación a otros ele-
mentos que inciden como la raza, el sexo, la edad y los defectos fisicos
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y morales del cautivo. La raza en este período no hace variar en exceso
los costos, si tenemos en cuenta que los negros son mayoría, no obstante
siguen siendo los más cotizados por su mayor resistencia, su carácter más
sumiso y su predisposición para todo tipo de tareas. Mayor incidencia
tiene la edad, que hace variar de manera notable el precio de los cau-
tivos. Asi mientras aquellos esclavos comprendidos entre los 18 y 30 años
mantienen un precio similar, los niños y los viejos tienen menos valor.
Los niños porque más que beneficios producen costos, pues son bocas
a alimentar y hasta que no llegan a la edad pupilar no generan trabajo,
antes al contrario muchos de estos infantes ni siquiera llegan a producir,
porque al estar expuestos a mayores eventualidades mueren antes, por
ello no es extraño que una negra vendida en 1644 alcance de costo 400
reales, y dos mulatitos de seis años tengan un valor cada uno de 350
reales. Estos niños no abundan en el mercado, y cuando sus dueños los
ponen en venta es posible que sea por necesidad. Debe tenerse en cuenta
que muchos han nacido en casa de sus propietarios, los cuales le suelen
tener cariño, quizá porque muchos son hijos suyos, por eso no es extraño
que el alférez Domingo de Silva cuando vende a su esclava Damiana,
de 22 años, hace una salvedad en el contrato indicando que la misma
está parida y lleva con ella un mulatito de 6 a 8 meses, que está criando,
pero que no vende, sino que es suyo, y como tal volverá a su servicio
cada y cuando que lo estime conveniente"".
Los viejos, cargados de años, a los cuales se les había extraído toda
su fuerza de trabajo, perdían cotización. Tampoco son abundantes, pues
pensamos que aquellos que figuran en el mercado, como un negro de 60
años y una mulata de 50, son transferidos por no haber cumplido fiel-
mente su servicio. Además un esclavo que llega a esa edad sólo ocasiona
gastos, y por tanto es más útil venderlo que seguir manteniéndolo, aun-
que sólo se consiga por ellos de 200 a 300 reales.
En cuanto al sexo indicar que en Fuerteventura, no existen grandes
diferencias, incluso, a veces, al contrario de lo que sucede en otros mer-
cados, las hembras alcanzan mayores precios, pues al no darse en Fuer-
teventura el sistema de plantación azucarera, eran preferidas. Debe
tenerse en cuenta que las mujeres, además de por su trabajo, como fieles
servidoras, convertidas, a veces, en las amas de las casas, llevando todo
el peso de las mismas, eran consideradas vientres para fecundar y pro-
ductoras de nuevos esclavos, en una isla donde faltaban, por ello no es
extraño que los valores más altos que se alcanzan en el mercado majo-
rero sean los de las hembras: 1.800 reales en 1666 y 1.930 en el mismo
año.
Además de estos elementos existían otros, que podían tanto aumentar
como disminuir el costo de los cautivos; éstos están en relación con sus
26
cualidades y defectos. Pocos datos hemos hallado para conocer el por
qué del mayor valor de algunos esclavos, aunque eso si los ladinos eran
más apreciados que los bozales, especialmente por conocer la lengua y
estar instruidos en labores agrícolas y ganaderas, igualmente aquellas hem-
bras que en el momento de la venta se encontraban en estado de gra-
videz eran más cotizadas, porque en efecto el comprador se podia encon-
trar en poco tiempo con dos esclavos en su casa. El que tuvieran los
miembros sanos y buena dentadura también elevaba el precio.
Por el contrario los vicios o tachas, hacían descender el valor. Había
algunos que eran comunes para todos los esclavos y que tal vez, por si
acaso, se reiteran, para salvaguardarse el vendedor, tales como que eran
borrachos, ladrones, huidores y costales de huesos; el ser borracho y
ladrón se ve como algo inherente a la condición de los cautivos. A las
esclavas se les añade, a veces, la condición de putas y de dejarse preñar
con facilidad, y con tal tacha se vende. Los defectos físicos y las enfer-
medades eran también factores despreciativos. Entre ellos hallamos la
mutilación de miembros, esenciales para el trabajo, y la disminución de
la vista, pues algunos o eran bizcos o estaban aquejados por tener nubes
en los ojos.
4. DUEÑOS
49. A.H.P.L.P., Ricardo Gome? Núñez, n." 2.995, f. r. El dinero lo debia por 94 cabras,
un caballo castizo y 4 reses vacunas.
27
bras y un varón; había prometido que de las dos hembras, la más vieja
llamada María, si Dios fuese servido de darle fruto, el primero que
tuviese sería para la Virgen de Candelaria'". Además de resolver estos
asuntos con los esclavos, éstos tenían también para sus amos otras uti-
lidades, pues en muchos casos eran sus cómplices y confidentes, y las
hembras también les podían proporcionar al amo otros beneficios como
objetos de placer, pues no en vano el vicario Ginés Cabrera de Betancor
refiriéndose a las esclavas moras, señala que «sus amos usaban de ellas
libremente y las demás que a ellos les parecía en el vicio de la carne»".
Igualmente el obispo don Cristóbal de la Cámara y Murga se hace eco
de este uso, y de las prácticas inmorales que los dueños hacían de sus
esclavos, cuando dice en sus sinodales:
«Grave delito y digno de cxemplar castigo cometen los señores de escla-
vas, que usando mal del dominio que en ellas tienen, no sólo las consienten
estar amancebadas, pero las exponen a pecar...»
Todas estas razones movían a los moradores de Fuerteventura a
poseer esclavos, especialmente a los más pudientes que comparecen en
el mercado tanto para vender como para comprar. Los señores de la Isla
no están ajenos a este trato y así don Andrés Lorenzo Arias de Saavedra
vende tres esclavos varones en 1623, a cambio de los cuales obtiene trigo
y cebada '•. Igualmente don Fernando de Saavedra también participa en
el mismo negocio haciéndose con un cautivo en 1669 que compra al
vecino de Tenerife Francisco de Morales Negrín.
Los señores son imitados por el resto de los estamentos sociales de
Fuerteventura, especialmente por los miembros del Cabildo. Entre los
gobernadores figuran, entre otros Melchor Hernández Chaqueda y don
Juan de Zarate y Mendoza. El primero fue designado como tal en 1624,
habiendo ejercido de alguacil en 1623, año en que compra un esclavo por
1.500 reales. Su posición económica y la adquisición de esclavos queda
demostrada por la dote que da a su hija Ana Sánchez, casada con el
capitán Juan de León Cabrera, y por la posesión de tierras en Enduque,
Tabaibe, Río de Palmas y Betancuria". El capitán Juan de Zarate y Men-
doza fue nombrado gobernador por el Cabildo en 1625, habiendo des-
empeñado antes los oficios de alcalde mayor, quintador y capitán a gue-
rra de Fuerteventura''^; su prestigio con tanto nombramiento queda con-
firmado por la posesión de varios cautivos, dedicándose preferentemente
50. A.H.P.L.P., Ricardo Gómez Núñez, n." 2.995, f. r. El testamento fue otorgado en
las casas de su morada en agosto de 1647.
51. MILLARES TORRES, A.: Op. cit.. p. 40.
52. A.H.P.L.P., Melchor Duran, n." 2.988. f. r. Por dos esclavos que vende a Martín
García obtiene 200 fanegas de trigo, y por otro consigue 450 reales en 10 fanegas de cebada
romana, 20 de trigo y 40 de cebada rabuda, además de dinero en metálico.
53. ROLDAN VERDEJO, R.: Acuerdos.... 1605-1659. Op. cit.. pp. .•Í74-.175.
54. ídem. p. 377.
28
a importarlos para venderlos en la Isla; en 1627 vende uno, que por su
orden se había comprado en Tenerife, y a cambio de él obtiene muchas
cabras y otros animales"; en 1628 confesaba haber vendido hacia dos
años una esclava mulata al capitán Francisco de Morales Mateos, por
la cual recibió tantas fanegas de trigo y cebada, y algunos carneros•\
Los alcaldes mayores y regidores le siguen a la zaga. Entre estos des-
tacan por su personalidad y posición económica Sebastián Trujillo Ruiz
y Juan Mateos Cabrera. El primero ha llamado la atención de los his-
toriadores e incluso su figura aparece recogida en el Nobiliario de Cana-
rias. De este hombre se ha dicho que fue uno de los políticos de más
relieve de Fuerteventura en el Antiguo Régimen; desde 1661 ocupa cargos
en el Cabildo y durante su mandato no sólo favorece a los moradores
de la Isla sino que incluso realiza obras y remoza la Villa". Toda esta
actividad no le impide participar en la trata, comprando y vendiendo
esclavos, pues en tres ocasiones comparece ante escribano ocupado en
estos menesteres. Los cautivos le eran necesarios para trabajar en sus tie-
rras y haciendas, pues tenía propiedades repartidas por toda la Isla, desde
Gran Tarajal a Betancuria pasando por El Roque. La familia de Juan
Mateos Cabrera había desempeñado puesto de relevancia en Fuerteven-
tura desde el siglo XVI. En el XVII continúa la tradición, pues figura
como capitán y notario del Santo Oficio, y como tal adquiere esclavos.
Los miembros de las milicias, muchos de los cuales desempeñaron car-
gos en el Cabildo, especialmente los capitanes, alféreces y sargentos, son
igualmente asiduos en este trato de mercancía humana, lo mismo que los
clérigos y vicarios, pues son muy raros los eclesiásticos que no poseen
algún esclavo. Entre estos últimos sobresalen Sebastián Ramos que com-
pra dos cautivos en 1606, uno de ellos de 60 años, quizá para posterior-
mente manumitirlo y hacer así una obra de caridad, pues sólo le cuesta
218 reales. Los beneficiados Diego Cabrera Mateos, Miguel Fernández
Ortega, el doctor Pedro Pérez Manso y Sebastián Ortega Yanes hacen
lo mismo; este último hace acto de presencia ante el escribano de la Villa
en tres ocasiones por este motivo. Para los clérigos los esclavos eran obje-
tos de mucha utilidad, no sólo para que trabajaran sus tierras y cuidaran
sus sembrados y ganados, además de darle prestigio social cuando los
acompañaban a los actos públicos, sino también para que les atendieran
y cumplieran las faenas propias del servicio doméstico.
El resto de los vecinos de acuerdo a sus posibilidades también se inte-
resan por este negocio, pero en menor medida que las autoridades, a lo
sumo para hacerse con un esclavo que le sirviera de ayuda.
55. A.H.P.L.P., Melchor de Guevara, n." 2.989, f. r. Era un esclavo negro de Angola
que por su orden compró en Tenerife Francisco Báez del capitán Blas de Céspedes Spi-
nola.
56. A.H.P.L.P., Juan Alonso Hernández, n," 2.990, f. 71 v.
57. ROLDAN VERDEJO, R.: Acuerdos... 1660-1728. Op. al., pp. 18-20.
29
Los vendedores son en su mayoría foráneos, son personas que acuden
a la Isla para poner en venta esta mercancía y a cambio obtener por
ellos carne y cereales, que son demandados en otros mercados. Son abun-
dantes los vecinos de Tenerife, especialmente los de Garachico y Santa
Cruz, muchos de ellos dedicados al trato mercantil, además de algunos
portugueses y naturales de Lanzarote y Gran Canaria.
5. LIBERTAD
58. Códigos españoles. Partida 4.", Título 22, Ley, I, III, IV, V, VI, VII y VIII.
30
res esclavas, puede indicar la necesidad de mujeres en la isla de Fuer-
teventura, por lo cual sus moradores no dudan en unirse a cautivas para
tener descendencia.
Los más favorecidos dentro del conjunto son los hijos de negras, mula-
tos, lo que confirma que la esclavitud en el siglo XVII en Fuerteventura
era integrada por hombres y mujeres de color, pues los moriscos apenas
si son registrados. Estos, que formaron una importante masa en el siglo
XVI ya han obtenido la libertad; tampoco llegan nuevos esclavos de esta
etnia porque los señores no practicaban el sistema de cabalgadas en
África, habiéndose realizado las últimas por don Gonzalo de Saavedra.
Aquí en Fuerteventura, no podemos diferenciar bien si los esclavos
liberados pertenecían a zonas urbanas o rurales, al contar la Isla con un
sólo núcleo de importancia, y hallarse el resto de su población distribuida
por el conjunto del territorio, entregada a labores agrícolas y ganaderas,
con lo cual el esclavo era un elemento de ayuda en tales tareas. De ello
se deduce, que los manumitidos continuaban trabajando en aquellas acti-
vidades que desempeñaron durante su período de cautiverio.
Los testamentos en los cuales figuran reseñados esclavos, mediante
cláusulas relativas a su libertad, son en su mayoría otorgados en la villa
de Santa María de Betancuria, salvo uno realizado en Los Lajares y otro
en La Oliva, sin embargo esto no quiere decir que todos los otorgantes
residiesen en la Villa, sino que por el contrario era allí donde despacha-
ban los escribanos. En estas últimas voluntades y en algunas declaracio-
nes es donde hallamos los tipos de alhorría. En Fuerteventura sólo se
dan tres: incondicional, con condiciones y por pago.
El primer tipo viene marcado porque a través de él los esclavos acce-
den a la condición de libre sin tener que hacer frente a ninguna obliga-
ción ni a ningún desembolso de dinero por parte de sus parientes y ami-
gos. En algunos de estos casos hallamos relaciones familiares que ayudan
a que el cautivo consiga su manumisión más fácilmente, como un niño
de 6 a 7 meses, Juan, propiedad de Catalina Pérez y Felipe, su marido;
en la escritura que otorgan señalan haber comprado a este niño, al cual
tienen por nieto, y como tal lo declaran libre y horro de toda subjección
«por la amistad que le hemos puesto y otras justas causas»; en este caso
la manumisión lleva consigo otras condiciones, no para el esclavito sino
para sus familiares; así este matrimonio al considerarse ya viejo, y ser
su nieto tan criatura, quieren que éste esté con su hijo Andrés de León
durante diez años para que lo adoctrine y se sirva de él, y transcurrido
el tiempo quede libre a su voluntad-'. Con características similares son
59. A.H.P.L.P., Juan Alonso Hernández, n." 2.990, f. 76 r. Para salvaguardar la libertad
del niño, añaden en' el documento que si su hijo muriese antes de que el niño cumpla los
diez años, que al punto sea libre, sin que ninguno de sus hijos se entremeta a sujetarlo. Tam-
bién indican que si una vez cumplidos los diez años quisiera quedarse el niño con Andrés
de León, que éste por encargo de sus padres le dé buen tratamiento como a cosa suya.
31
beneficiados otros niños esclavos, nacidos en casa de sus dueños y cria-
dos por ellos. Asi la viuda del familiar del Santo Oficio, Francisco Mora-
les Perdomo, Felipa Anrique, en su última voluntad, señala tener como
cautivos a los niños Juan y María, de 5 y 2 años respectivamente, a los
cuales su marido tuvo por bien dejarlos horros, y comunicó con ella que
si muriese antes de criarlos pidiese a la mujer del capitán Juan de Zarate
y Mendoza, los criase, por lo cual le suplica los tenga como esclavos,
y cuando sean de edad les dé la libertad"'.
En otras ocasiones es liberada una familia esclava, la madre y sus
hijos, manumitiendo a la primera totalmente e imponiendo condiciones
a los hijos. La esclava Luisa, propiedad de Beatriz de Aguiar, viuda del
capitán Fernando de Cabrera, vecina de La Oliva, de sesenta años de
edad, es liberada en 1671 de toda sujeción al cautiverio por haberle ser-
vido a ella y a su marido bien y fielmente, a su gusto y voluntad, con
mucha satisfacción, y por sus buenos y leales servicios, dignos de remu-
neración ''. En este caso los trabajos realizados a sus señores durante 60
años, le permite conseguir al final su recompensa, es decir, obtener la
libertad. No obstante, en muchos casos, esta libertad es una trampa, por-
que al manumitir a un esclavo con tanta edad, los dueños lo que hacen
es quitarse de encima a un ser que ya no produce ni puede trabajar, y
que sólo ocasiona gastos. Sin embargo en este caso concreto no se da
tal circunstancia, por cuanto son también liberados sus hijos, uno de 33
y otro de 16 años, que pueden mantener con su trabajo a su madre. Por
condiciones similares son liberadas otras mujeres, para después de los
días de sus dueños'-.
También en atención a los servicios prestados obtiene la libertad una
familia completa: un matrimonio con sus hijos son manumitidos a través
de dos mandas. Francisca de Riberol por su testamento dejó libre a Ana
de León, mujer de Juan Fernández, mulata, y su heredero, el capitán
Juan de la Antigua Armas libera a una niña que había parido, porque
la había criado y por cuanto sus padres le habían servido y regalado;
en efecto el padre de la esclavita, Juan Fernández, de color moreno,
seguía sirviendo al capitán, vendiéndole mercancía y animales, por lo cual
tendrán pleito, que se zanja pagándole el moreno con ciertos animales".
60. A.H.P.L.P., .Juan Alonso Pérez, n." 2.990, f. r. Le comunica a la mujer del citado
capitán, doña Merenciana de Orantes y Maella, que crie a los esclavos con sus ahijados,
hijos de la declarante.
61. A.H.P.L.P., Pedro Lorenzo Hernández, n." 2.998, f. r.
62. A.H.P.L.P., Sebastián Trujillo, n." 2.996, f. r. En 1656 es manumitida Andresa por
el capitán Rodrigo de Cabrera, la cual había comprado a Baltasar Hernández Martín.
63. A.H.P.L.P., Juan Alonso Pérez, n." 2.990, f. .19 r. Entre los animales le entrega una
camella mansa de acarreto, una yegua rusia, una jumenta mohina, una camella mohina y
100 reales de plata, por el valor de 17 cabras y 2 garañones. Aunque en la escritura se
señala que le paga esto por cuentas que habían tenido, también cabe pensar que parte de
estos bienes podrían ser para pago del alhorría de su hija.
32
Otro modelo de libertad era aquél que llevaba aparejado una sene
de obligaciones que el esclavo debía cumplir después de la muerte de sus
amos. En alguno de estos casos se nota como los dueños no querían
dejar desamparados a sus cautivos, indicando que mientras cumplían la
edad para valerse por si mismos sirviesen a sus hijos y parientes. Las con-
diciones de estos servicios eran variadas, aunque las más comentes eran
aquellas que tienen relación con el acompañamiento a cónyuges e hijos.
Una mulata, Magdalena, esclava del familiar del Santo Oficio, Melchor
Hernández Xerez, a quien había servido desde su mocedad, con mucha
diligencia, a satisfacción de su dueño, quien le agradecía los servicios pres-
tados en su larga enfermedad, es liberada en pago a los mismos, con la
condición de que acompañase a su esposa doña Margarita de Betancor,
donde quiera que estuviese, así en la Villa como fuera de ella". Además
de esto le impone otros cargos, relacionados con mandas piadosas, que
presentan ataduras morales del recién liberto para con sus antiguos
dueños. Estas manumisiones condicionadas a deberes religiosos en sufra-
gio de sus amos, son típicas de los primeros siglos del Medievo''\ En
efecto esta misma esclava, al año siguiente después del enterramiento de
su amo, tiene la obligación de dar cera para encender en su sepultura
todos los días que fuere costumbre durante un año; además durante el
tiempo que le quedara de vida a su amo debía hacer una romería por
su curación, entre septiembre de 1628 y enero de 1629, a Nuestra Señora
de Candelaria en Tenerife, y en su convento cumplir una novena y
manda de nueve misas rezadas, que debía pagar a su costa. Estas alho-
rrias, condicionadas a servicios y prerrogativas eran bastante comunes,
pues similares cargas le impone doña Catalina Manchal, viuda del capi-
tán Juan de León Cabrera, a su esclava María Dumpiérrez. La señora
después de comentar que la había criado desde niña, que la tema conio
a su hija con mucho amor, por lo cual la deja libre, le impone que de
200 reales al año de su fallecimiento para el costo de la cera y misa. Sin
embargo, en este caso, el cargo se lo compensa dejándole algunos bienes
como un manto de añascóte, dos cajas y las demás menudencias de su
casa-. Doña Beatriz de Aguiar también libera a sus esclavos, pero añade
que dos de ellos, Luis y Juan, de 33 y 16 años [Link], por no
tener herederos, después del finiquito de su vida, sean obligados a man-
dar decir 120 misas rezadas por ella y su mando, en total 240, durante
dos años de la manera siguiente: 50 en la iglesia parroquial de la Isla,
34
albaceas pagaran a los propietarios el resto de la deuda, para que ellos
a cambio otorgaran la carta de libertad; los albaceas pagaron 161 reales,
y en atención a ello y a que el esclavo era cristiano y había recibido las
bendiciones en la iglesia de la Concepción, y además por buenos y leales
servicios que les habia hecho y esperaban les hiciera, lo declaran libre
y horro'". En el testamento del capitán Rodrigo de Cabrera se vuelve a
citar a este esclavo, donde se indica que es libre junto con su madre y
hermano por voluntad de su amo, añadiendo que el padre del esclavito
le habia dejado para su sustento un cahíz de trigo, una vaca y un
jumento™.
Otras veces el reconocimiento de paternidad de un hombre blanco
hacia un esclavo de color no es tan directo, sino que en última instancia
lo hace para evitar que sea vendido. En 1606 los albaceas de Simón Her-
nández Sanabria declaran que éste había dejado ciertos bienes para ven-
der, para que con el dinero obtenido se hiciese bien por su alma y entre
los mismos se hallaba un niño mulato, Diego, de tres años, hijo de una
esclava negra, el cual deciden vender pero no encuentran comprador; en
este punto se presenta ante ellos el sargento de la gente de a caballo de
la Isla, Juan de León Pérez, quien declara tenerlo como hijo, y por hacer
una obra de caridad ofrece por él 437,5 reales para que le den la liber-
tad. Los albaceas reconociendo que el precio prometido es más de lo que
puede valer, le hacen carta de alhorría y lo entregan a su padre '.
Una esclava, Catalina, mulata, casada con Diego de Vera, es liberada
porque su marido ofreció por ella 600 reales •.
Hay ocasiones en que se deja libre a los esclavos para que paguen
o se comprometan a ello después de los días de la vida de sus dueños.
Así en 1670 Diego de Cabrera León, en su testamento, confiesa tener por
esclavo a Juan, hijo a su vez de otra esclava suya, Luisa Cairasco; pues
bien ordena que éste dando 400 reales, 200 para hacer bien por su alma,
por su funeral y lo demás del entierro, y 100 para el oficio de cabo de
año, quede libre, ordenando a sus albaceas que le hagan carta de libertad
y conforme fuere pagando le fueran dando recibos; asimismo dispone que
si después de fallecido él no tuviera dinero, se le den largas para que
donde quiera que tenga ocasión de ganarse la vida con un jornal lo
pueda hacer, y se le dé la carta de alhorría, siempre que entregue su
sueldo a cuenta, y que para emplearlo sean preferidos sus herederos .
69 Sobreesté asunto se otorgaron dos escrituras ante los escribanos Ricardo Gómez
Núñez. n." 2.995, f. r. v Anton.o üiaz de León, n." 2.992, f. r. Fn esta " ' ' ' ^ - - f ;•"
lo liberan por haberlo cnado y el gran antor que le tenían, aunque en reahdad era el valor
crematístico lo que les movía a ello.
70. A.H.P.L.P.. Sebastián Trujillo. n." 2.996, I. r.
71. A.H.P.L.P..-Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, 1. 411 v.
72. A.H.P.L.P., Juan Alonso Pérez, n." 2.990, f. r. ^ , ,
73. A.H.P.L.P., Pedro Lorenzo Hernández, n." 2.998, I. r. Dice que hace esto por
haberlo criado y el amor y voluntad que le tiene.
35
En circunstancias similares se hallan los esclavos de María Ponce de
Figueroa, José y Andrés. Estos fueron nombrados en el testamento de
su marido, quien los dejó sujetos a servidumbre mientras ella viviese para
que después fuesen libres pagando 300 reales el primero y 150 el
segundo. Ella en su última voluntad reconoce haber recibido de Andrés
150 reales y de José 200, por lo cual los declara libres con la condición
de que mientras ella siguiera viva la sirvieran y asistieran, y después de
muerta pagaran cada uno 100 reales para hacer bien por su alma".
Por tanto como se ha podido comprobar la alhorría estaba condicio-
nada, en muchos casos a servicios y prerrogativas, consiguiendo con ella
muchos cautivos la ansiada libertad, sin embargo otros también por dis-
posición de sus amos quedaron cautivos de por vida, como el esclavo
Francisco, negro, ya viejo, que su dueño manda a vender y no hubo
quien lo comprara. La mujer de aquél en su testamento vuelve a mandar
que se venda, para que su precio se distribuya entre sus herederos''.
En definitiva el acto de la libertad, donde mejor se puede conocer es
a través de las escrituras notariales, redactadas en términos tan concretos,
tan directos que la cruda realidad de la vida aparece de modo inme-
diato "'. En estas escrituras, como ya comentamos, la libertad otorgada
por los amos, aparece perfectamente registrada en las cartas de alhorría
y en los testamentos, pero donde cada una de ellas, tal como hemos
visto, tiene diferencias sustanciales con resf)ecto a las demás, y sólo tienen
en común el objeto para el que se hacen; la variedad es expresada
mediante las condiciones y los tipos de pagos que el esclavo debe hacer.
Por último señalar que también, a veces, la libertad es reclamada por
los esclavos, quienes no dudan en acudir y presentarse ante las autori-
dades solicitando aquello a lo que creían tener derecho, como el mulato
Juan Patricio que fue enviado a vender a Gran Canaria, y allí se pre-
sentó ante la Audiencia poniendo demanda de libertad, lo cual ocasiona
a su propietario quebraderos de cabeza y gastos, al tener que nombrar
procuradores para seguir el pleito hasta el dictamen de la sentencia defi-
nitiva".
Obtenida la libertad los antiguos cautivos pasaban a integrarse en la
sociedad majorera, donde el negro por su color seguía siendo marginado,
a pesar de unirse en matrimonio a personas de condición humilde y blan-
36
eos, tal como se comprueba en las actas matrimoniales. De ahí que el
prejuicio racial y la ilegitimidad que les caracterizaba los condicionara
a formar parte de las gentes más desfavorecidas. No obstante las uniones
y la propensión de los hombres blancos hacia las negras, de quienes reco-
nocen a sus hijos, da cierta idea de la permeabilidad social y de la poca
incidencia del racismo. También en Fuerteventura, por la presencia de
moriscos y negros desde muy pronto, estos eran vistos como un elemento
más de la sociedad, confundiéndose a la larga los negros y mulatos con
los blancos.
37
APÉNDICE
CUADROS DE VENTAS
38
Esclavo Sexo Edad Color Precio
Año Vendídor Comprador
39
Año Vendedor Comprador Esclavo Sexo Edad Color Precio
1668 Pedro de Medina, v" Dommgo Arbelo, v" Cristina H. 50 Mulata 900
1669 Feo de Morales D. Fdo de Saavedra. Tomás V. Negra 1.500
Negrin. v" Tenerife señor de la Isla
1670 Salvador Garcia, v" Juan de Soto Francisco V. 37 Negro 1..300
Tenerife Armas, v"
1671 Manuel de la Diego de Cabrera Juan del V. Berberisco 800
Trinidad, v" Mateo, regidor, v" Rosario
1672 Juan Gle? Izquierdo Cap. [). Feo Lercaro Diego de V. 40 Mulato 100 fs.
V" de Tenerife Mujica. V" Mora trigo
1673 Pedro de Medina, v" Ldo Sebastián Yanes Andrés V. 16 Negro 1.600
de Ortega, vicario
1673 Alfére? Domingo de Sebastián de Dominga H. 24 Negra 1.500
Sierra, v" Orotava León, V"
1677 ,,., V " Ldo. Sebastián Dominga H. 36 Negra 1.100
Ortega Yanes. vicar.
1678 Cap. Roque Gle?, v" Andrés Martin de Gregorio V. 18 Negro 1.500
Tenerife Miranda, v"
167K Lui.s de Herrera Juan Glez de Juan V. 28 Negro 1.500
[Link], v" Tfe, Acosta. V"
1678 Luis de Herrera Andrés Martin de Isabel H. 19 Negra 1.750
Belcaser, v" Tfe. Miranda, v"
1678 [Link].s de Herrera, v" Cap. Juan de la Antonio V, 18 Negro 1.500
Trinidad
1678 Miguel de Aday. v" Andrés Borges, v" Antonia H. Negra 60 fs.
Tenerife Bozal trigo
1682 Simón Hde?. v" Cap. Luis de León Domingo V. 10 Negro 500 rs. y 50
Puerto de la Cruz Sanabria, v" fs. trigo
1683 .luán de León Sebastián Trujillo Diego V. Mulato 1.450
Arguela. v" Ruiz, sargt. may.
1684 Ginés Cabrera Andrés Leme Cabrera Agustina H. 6 Blanca 1.000
Betancor. v"
1684 Cap. Pedro Gutrre? Juan de Soto Manuel V. 30 Mulato 1.300
Peraza. res. Armas, v"
1690 Blas Feo de Ruiz. v" Juan de León Diaz Cayetano V. 12 Mulato 1.000
La Orotava, res.
1693 Amaro Martín, v" Feo Martínez de Bernabé V. 6 Blanco
Jofas. V"
1693 Ldo. Juan Pérez Manuel Fdez Bello José V. 29 Negro 900
Montañés admnís. estanco
1693 Domingo Hdez Mata, Sebastián Trujillo V. 36 540
res. Ruiz, clérigo, V"
1694 Cap. Pedro Sánchez Juan Borges. v" Francisco V. 16 Mulato [Link]
Umpiérrez, alcal.
1694 Juan Francisco, v" Cap. Luis Cabrera Nicolás V. 27 Negro 1.070
Gutiérrez
1694 Juan de Laguna, gob. Juan Gutiérrez Juan Antonio V. 28 Negro [Link]
Lanzar., res. Núñez. V"
1694 Juan Reburgo, v" Juan Yanes Ponte, v" Antonia H 20 Negra 1.200
1699 Fray Luis de Ldo. Esteban Pérez José V. II Negro 475
Herrera, res. de Socuera, clérigo
40
LAS CARTAS DÓTALES DE FUERTEVENTURA:
SIGLO XVII
ELISA TORRES SANTANA
Una sociedad es esencialmente un grupo de personas de mentalidad
análoga', por lo tanto si queremos acercarnos al estudio de la sociedad
majorera en el siglo XVII, será conveniente hacerlo mediante el análisis
de la mentalidad colectiva.
Debemos pues iniciar nuestro estudio por la actuación de los miem-
bros de esa colectividad a la hora de contraer matrimonio, de formar
una familia, dado que la estructura familiar es la base de la sociedad en
el Antiguo Régimen.
No obstante no debemos perder de vista el hecho de que la organi-
zación familiar es sólo una forma más de agrupación social, pero sin
duda la más extendida, ya que no existe una sociedad que no tenga fami-
lia, independientemente de las características que ésta posea; es más, es
la organización social lo que en estos momentos nos interesa.
Buena parte de la historia de las mentalidades puede abordarse desde
el estudio de fuentes ya clásicas, como los protocolos notariales, pero sin
embargo, es necesario hacerlo con criterios diferentes a como se ha
venido haciendo tradicionalmente-.
Los protocolos notariales, y en particular los testamentos, inventarios
de bienes, particiones y cartas dótales, se han convertido en instrumentos
básicos para el estudio del comportamiento individual y colectivo. No
obstante es necesario la confrontación de estos tipos documentales con
otras fuentes: parroquiales, privadas, etc., que puedan abordar los mismos
problemas desde perspectivas diferentes y más amplias.
Nos interesa en este estudio, avance de otro más ambicioso, que pen-
samos efectuar sobre la sociedad de la isla de Fuerteventura en el Seis-
cientos, el análisis de las cartas dótales, como medios para desentrañar
el comportamiento familiar y la formación de los grupos de poder en la
sociedad majorera.
43
Las cartas dótales junto con los testamentos y otros documentos nota-
riales:
«permiten aislar los grupos familiares más significativos de los cuales sólo
conocemos su comportamiento biológico, su capacidad fértil y su espacia-
miento temporal, la producción de hijos, la estacionalidad de la procreación
en relación con la actividad económica principal que desarrollan las dura-
ciones de la vida matrimonial y familiar y la decisión de embarcarse en una
nueva construcción familiar, tras el fallecimiento de uno de los cónyuges,
sino también sus comportamientos económicos y sociales»'.
1. ANÁLISIS DOCUMENTAL
44
Cuadro 1
45
sólo poseemos una, si tenemos bastantes más datos sobre este tema, ya
que en 16 escrituras dótales aparecen consignadas las arras que otorgan
los novios. Por ello hemos colocado un asterisco en el cuadro para expli-
car esta situación.
46
permitía también mantener la transmisión de los bienes de su familia en
la línea femenina, dado que, en la mayor parte de los casos, los bienes entre-
gados lo eran a cuenta de la legítima paterna y materna, y serían recupe-
rados por sus padres, herederos, cuando se produjera la disolución del matri-
monio".
Ya incluso desde Las Partidas de Alfonso X el Sabio, las dotes apa-
recen definidas como algo que la mujer da al marido'^
Asi pues en el mundo moderno continúa manteniéndose la idea de
que la dote debe ser entregada por la familia de la mujer, quien a su vez
se asegura el mantenimiento de los bienes en el patrimonio familiar, ya
que se pueden reclamar cuando el matrimonio quede disuelto. Como asi-
mismo también se aprecia una tendencia a conseguir por medio de leyes
una mayor moralización de la estructura familiar acentuada en tiempos
de Felipe II".
Canarias no debía de ser una excepción pues las cartas dótales mane-
jadas, manifiestan esa misma idea económica y social.
En Fuerteventura de las 58 cartas dótales encontradas, 9 de ellas
corresponden a finales del siglo XVI y el resto para la centuria siguiente.
Hemos observado como responden a lo que Benedicta Rivero denomina
para Gran Canaria «promesas dótales»".
No hemos hallado ni un sólo documento relativo a lo que la men-
cionada autora denomina «pacto familiar» ". Quizá la explicación podría
estar en que se produjo una diferenciación clara entre las islas, lo cual
nos parece poco probable; quizá, a la pérdida de buena parte de la docu-
mentación majorera, por lo cual la documentación de Fuerteventura
arroje un saldo cualitativo y cuantitativo diferente al de Gran Canaria.
También puede ser probable que incida en esa distinción la diferente cro-
nología entre ambos trabajos, el de la doctora Rivero y el nuestro.
En Fuerteventura lo que encontramos básicamente son promesas de
dotes efectuadas por los familiares cercanos a la novia, normalmente sus
padres, que se comprometen a entregar unas determinadas cantidades de
bienes materiales, una vez efectuada la unión.
Resulta interesante comprobar como el lenguaje del documento refleja
perfectamente el intento de sacralización de la institución matrimonial,
al que antes aludíamos. En la práctica totalidad de las promesas dótales
se emplea la siguiente fórmula en su inicio: «es voluntad de Nuestro
Señor, está tratado y concertado matrimonio por la Santa Madre Iglesia»;
47
tal como sucede, a modo de ejemplo; con la dote ofertada por Juan Lear-
dín y Antonia Viciosa, su mujer, vecinos de Fuerteventura ".
A continuación los padres de la novia estipulan los bienes que se van
a entregar en dote, bien su cuantía ", o una descripción pormenorizada
de ellos '*; con posterioridad se estipula el momento de entrega de la
dote.
Los plazos solían variar, pero en todas las cartas de promesa de dote
encontradas, se concierta la entrega después de celebrado el matrimonio.
Bien unos meses después, como en el casamiento entre Inés Francesa y
Melchor Robaina, ambos vecinos de Fuerteventura, cuya promesa de
dote se efectúa el 20 de marzo de 1603 y se acuerda hacerla efectiva a
finales de junio ". Como también podía acordarse el pago unos días des-
pués^", en este caso por San Juan de Junio.
La referencia a San Juan de Junio viene determinada por ser ésta
una fecha en la cual la recolección de la cosecha estaba efectuada, y en
una sociedad básicamente agrícola como lo era la majorera, al menos en
el siglo XVI, como recientemente ha señalado el profesor Lobo^'; era por
lo tanto la época en que sus habitantes podían disponer bien de nume-
rario, aunque fuese escaso, o de especies con que hacer efectivas sus deu-
das.
En otras ocasiones se especifica que la entrega de la dote se efectuaría
al año de la celebración del matrimonio", lo cual puede indicar que la
familia necesita disponer de más tiempo para reunir la cantidad ofertada,
o que desea comprobar que el matrimonio se ha consolidado.
Finalmente en aquellos casos en que no aparece especificado ningún
plazo concreto, si aparece consignado que la entrega se hará una vez efec-
tuado el matrimonio", y después de estar velados los nuevos desposados,
lo cual solía suceder en el plazo de un año después de la boda.
16. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n.° 2.987, f. 318 vto., 320 rto.
17. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. rto. Entregan 100 ducados
en ajuar de casa y hacienda.
18. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. 245 vto. En este caso se
entregan una casa en la aldea de Las Cuevas, dos camellos, uno manso de 8 a 9 años y
otro salvaje de 4 a 5 años; tres reses camellares, 40 cabras de año arriba, más 300 cabritas
y cabritos. 3 sayas, dos de fiesta y una ordinaria, además de un manto, una ropilla de rajeta
y añascóte, un colchón, 4 sábanas y dos almohadas, camisa y otras cosas apreciadas por
dos personas honradas.
19. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. 213 vto.
20. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. 339 vto.
21. LOBO CABRERA, M.: Los antiguos protocolos de Fuerteventura (1578-1606). En
"Anuario del Archivo Histórico Insular de Fuerteventura. Tebeto.» Anexo II, Puerto del
Rosario, 1991, p. 26.
22. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n.° 2.987, f. rto. Es una dote de 150
doblas a pagar un año después de los esponsales.
23. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. rto. Añade además de
la cláusula del año, que el matrimonio se hubiese velado.
48
Se desprende tras la lectura de las promesas dótales majoreras como
efectivamente había una preocupación, por parte de los familiares de la
novia, para asegurar que su dinero estuviese en buenas manos; por ello
establecen plazos y normas, para no perder del todo el control sobre esa
parte de sus bienes. Incluso, se manifiesta en la escritura, citada ante-
riormente, que si el novio no llega a efectuar el matrimonio, deberá
pagar a la novia, o a su familia, una multa de 50 doblas.
Otro aspecto interesante a destacar sobre las cartas dótales, es com-
probar quién ha efectuado el aporte económico. Ya hemos indicado que
normalmente son los padres los que suelen dar la dote, pero pueden pro-
ducirse otras circunstancias. Por ejemplo, que tras el fallecimiento de uno
de los progenitores, sea el otro el que otorgue la dote, independiente-
mente de que sea el padre o la madre ^^ En este caso es la viuda la que
lo hace.
Podía suceder también que tras la muerte de los padres, sean los her-
manos los que doten a sus hermanas, conocedores del hecho de que su
dotación económica significaba encontrar un marido seguro".
Si no eran sus hermanos, siempre había un familiar dispuesto a com-
padecerse de la huérfana, como le sucedió a María de Betancor, dotada
por sus tíos, que manifiestan que lo hacen porque la han criado tras
haberse quedado huérfana^*.
Sin embargo, no era preceptivo que cuando intervenían los familiares
hubiese orfandad, puesto que también en vida de los padres podía efec-
tuar la dote otro familiar, posiblemente porque dispondría de mejor situa-
ción económica. Es lo que le sucedió a María Ortega Melián cuyos dos
tíos, uno canónigo de Gran Canaria, Bartolomé López y el otro Miguel
Fernández Ortega, beneficiado de Fuerteventura, le entregan a su futuro
marido 500 ducados". En este caso, pensamos influye claramente el celi-
bato de los dos tíos, que al no tener hijos deciden escoger a su sobrina
como si lo fuese.
Observamos como el caso anterior marca una diferenciación con el
panorama que nos ofrece la doctora Rivero Suárez para el siglo XVI",
cuando nos dice que los familiares sólo dotaban por el fallecimiento de
24. A.H.P.L.P., Alonso Vázquez de Figueroa, n.° 3.001, f. rto. La madre es Ana de
Betancor viuda de Antonio Félix, y le ofrece a su futuro yerno diferentes partidas valoradas
en 1.972 reales y 8/4.
25. A.H.P.L.P., Francisco Hernández Salvatierra, n." 2.987, f. 247. Diego Viejo y Juan
Diepa dan a su hermana Inés Hernández, una casa en el Membrillo, tierras en el mismo
lugar y algo de ganado.
26. A.H.P.L.P., Juan Alonso Hernández, n.° 2.991, f. rto. Le entregan 60 doblas de
oro en bienes inmuebles y en ajuar de la casa.
27. A.H.P.L.P., Juan Alonso Hernández, n." 2.999, f. 71 rto. Manifiestan que lo hacen
por el amor que le tienen a su sobrina, pero que si ésta falleciese sin hijos, el dinero pasaría
a su otra sobrina, Catalina Fernández Ortega, hermana de la anterior.
28. RIVERO SUAREZ, B.: Las cartas dótales... Op. cit.
49
los padres, al menos en la categoría que dicha autora denomina «pacto
familiar».
A veces y como casos excepcionales, sólo detectados en dos ocasiones,
es el novio el que acude en ayuda de la novia, posiblemente sin los sufi-
cientes medios económicos, y le hace una donación de una determinada
cantidad para que pueda casarse". En este caso podemos admitir que
se trata de un matrimonio fuera de lo normal en la época donde priva-
ban más los intereses económicos que los de otro tipo, a la hora de efec-
tuar el enlace.
La dote no siempre estaba destinada a financiar un matrimonio laico,
sino que también servia para asegurar la subsistencia, o al menos permitir
la entrada en la vida religiosa a aquellos otros que habían escogido ese
camino. Es el caso de Bartolomé de Franquis Sarmiento, a quien su tío,
Juan Cardona Marín, dota para que se pueda ordenar sacerdote'".
Las cuantías de las dotes variaban en función de la riqueza o pobreza
de los dotadores; así pues, las cantidades oscilan y no se puede establecer
una clasificación demasiado generalizada. Es más, la parquedad de datos
que ofrecen los protocolos notariales majoreros sobre la profesión del
padre o familiares que dotan, nos impide poner en relación, como sería
de desear, el importe de los bienes ofertados con la ocupación del do-
tador.
Si esto hubiera sido posible tendríamos una idea bastante más clara
y definida sobre el nivel económico de los distintos grupos sociales de
la sociedad de Fuerteventura en el Seiscientos.
Esta dificultad encontrada por nosotros no lo es tanto para el trabajo
consultado sobre la centuria anterior", pues su autora ha podido esta-
blecer dicha relación. Como asimismo la doctora Hernández Bermejo ha
establecido unas consideraciones muy interesantes para el caso extremeño
sobre las dotes y la profesión de los padres".
Si bien no nos ha sido posible la calificación social, intentaremos efec-
tuarla de orden económico, atendiendo a la cuantía de la carta dotal.
Entenderemos como tal, todos los documentos que hagan referencia a
la dote, independientemente de su tipología: finiquitos, recibos, arras, etc.,
dado que el dato que nos interesa en este caso, es el estrictamente eco-
nómico.
Una dificultad añadida a lo expuesto con anterioridad, es la expresión
de los valores dótales en diferentes tipos de monedas, fundamentalmente
doblas y ducados, más algunas en reales. Es por lo que intentaremos,
29. A.H.P.L.P., Antonio Díaz de León, n." 2.993, f. rto. Gaspar de Chaqueda es el
novio que entrega a su novia 200 doblas para que pueda desposarse con él.
30. A.H.P.L.P., Antonio Díaz de León, n." 2.992, f. 55 vto. Le entregó tierras en la
Vega del Llano de Sta. Catalina, en Fuerteventura, unas 8 fanegadas.
31. RIVERO SUAREZ, B.: Las cartas dótales... Op. cit., en prensa.
32. HERNÁNDEZ BERMEJO, M. A.: La familia extremeña... Op. cit., p, 145 y ss.
50
para una mayor sistematización, efectuar la conversión a doblas, que
resulta ser la moneda más utilizada, no sólo en Fuerteventura, sino tam-
bién en Gran Canaria".
Si nos atenemos a la afirmación de la doctora Hernández", cuando
el escribano no apunta la información sobre la profesión de los que
dotan, es porque éstos tienen un origen modesto. Creemos que en efecto
sucece así, pues de los documentos encontrados, 73, sólo en 5 ocasiones,
el 6,8% del total, se nos especifica la profesión del dotante, quedando
reflejado en el cuadro siguiente.
Cuadro 2
PROFESIÓN DE LOS DOTADORES
Profesión Doblas
mercader: 1 140
capitán: 2 600
notario y familiar S.O: 1 6.336
sacerdote: 1 528
TOTAL 7.604
Nos encontramos con que los dotadores que salen del anonimato tie-
nen una consideración alta, lo cual se constata además por las cuantías
de las cantidades ofertadas, bastante superiores a la media. La excepción
es el mercader que ofrece una dote de 140 doblas registrada en el cuadro
anterior, que no corresponde a un familiar suyo, sino que es producto
de una deuda previamente contraída, que se saldará de esa forma".
La cuantía mayor pertenece a un notario del Sto. Oficio y alguacil,
Francisco de Morales Mateos, que además figura como capitán'*, quien
entrega a su futuro yerno una cantidad de 6.000 ducados. Posiblemente
influya el hecho de que éste es D. Cristóbal del Castillo Olivares, capitán
de caballería y alguacil mayor del Sto. Oficio de la ciudad de Telde en
la isla de Canaria, y por lo tanto perteneciente al tronco del Condado
de la Vega Grande.
Por lo tanto, las dotes más elevadas corresponden, al igual que en
Extremadura a las personas entroncadas con la nobleza", o con los car-
51
gos dirigentes de la sociedad'*; como también parece ser que sucedía en
la isla de Gran Canaria en la centuria anterior".
El resto de la documentación, el 93,2%, no nos aporta datos sobre
la profesión de los dotadores, pero sí sobre la cuantía de las dotes.
Hemos establecido la clasificación que a continuación exponemos.
Cuadro 3
Doblas Número %
menos de 100 8 12,9
de 100 a 200 12 19,3
de 200 a 300 16 25,8
más de 300 8 12,9
No consta 18 29,0
TOTAL 62 100,0
52
Tras un análisis de las cifras, tomándolas como muestra, podemos
decir que el sector social majorero que ofrece dotes a sus hijas, está
situado entre el campesinado, el artesanal y los labradores con riqueza,
lo cual es sin duda un reflejo de la composición socio-económica de la
isla en el siglo XVII.
Finalmente, un 29,0% de los dotantes no especifica la cuantía de los
bienes a entregar, sino que sólo efectúan una relación de todos ellos. Este
último grupo podría pasar a engrosar, en buena parte de los casos el
apartado del campesinado.
Con respecto a las cartas dótales nos queda por analizar cuáles eran
los bienes que las constituían. No pretendemos efectuar un inventario
exhaustivo, dado que esperamos abordar un trabajo más amplio, pero
sí intentaremos reflejar cuáles eran los bienes más apetecidos por los habi-
tantes de Fuerteventura.
Lógicamente el contenido de los bienes está intimamente relacionado
con la cuantía económica de la dote y la posición socio-económica de
los familiares de la novia, así como del futuro marido.
Efectuando una primera aproximación, y manteniendo incluso las
denominaciones aportadas por los documentos, nos encontramos con la
siguiente clasificación en tres apartados: ajuar de casa y preseas, hacienda,
que serían; aguas, casas, ganado y tierras y finalmente la ropa y joyas
de los novios.
Lo más frecuente es que una misma carta dotal incluya, aunque sea
en pequeñas proporciones, algunos bienes pertenecientes a cada uno de
los apartados ya referidos. Así por ejemplo, tenemos la dote que Juan
Fraha Pérez e Isabel Hernández su mujer, ofrecen a Luis Umpiérrez por
casarse con su hija"', que contiene: ganado, casas y ajuar para la casa.
En la mayor parte de las escrituras, para evitar el engaño se men-
ciona también, que todo será revisado y valorado por personas enten-
didas o peritos, como en la que acabamos de referir.
Las relaciones de los bienes dótales constituyen un muestrario inte-
resantísimo, no sólo de la forma de vida en Fuerteventura durante el
siglo XVII, sino también de las costumbres y de los símbolos de riqueza
y prosperidad, por consiguiente constituyen un ejemplo diáfano de la men-
talidad colectiva, digno de ser analizado en una monografía.
43. A.H.P.L.P., Melchor de Guevara, n." 2999, f. rto. Le ofrece un asiento de casas
en Pájara, 60 cabras mansas, 100 reses salvajes, 6 reses vacunas, 6 reses camellares, 4 jumen-
tos y lo demás en ajuar y preseas para la casa.
53
3. LAS ARRAS
54
Cuadro 4
Moneda Número
100 ducados 1
50 2
2000 1
30 doblas 1
50 " 5
80 " 1
100 " 3
200 " 1
no consta 2
TOTAL 17
55
Ahora bien, no siempre eran las novias las que recibían una dote,
pues también podía suceder, que fuesen los padres o familiares del novio,
en circunstancias especiales, los que le donasen una serie de bienes, a
cuenta de su legítima'". Es lo que le sucedió a Juan Pérez Bermúdez, a
quien su madre, en el momento de concertarse matrimonio, «por el
mucho amor que le tiene, por las buenas obras que de él ha recibido y
por haberle acompañado y ayudado en lo que ha podido», le hace dona-
ción de una serie de bienes". Posiblemente este tipo de donaciones sir-
viese luego a los novios para poder otorgar sus arras.
4. FINIQUITOS Y PLEITOS
56
lia. Es lo que hace Juan de Saavedra Medina padre de Isabel Medina,
tras su muerte".
También puede darse la circunstancia de que sea el hijo que tras el
fallecimiento de su madre, nuevas nupcias del padre y su muerte pos-
terior, pleitee contra la nueva mujer del padre, su madrastra, por enten-
der que ha habido menoscabo en sus derechos y bienes, pertenecientes
a la dote de su madre".
En definitiva, esta secuela de pleitos y conciertos nos hace hincapié
de nuevo, en el carácter básicamente económico que tenía la institución
matrimonial, que se convertía en un vínculo para reforzar la situación
económica de unos, los novios, y al mismo tiempo preservar los bienes
de las familias de las novias, que bajo ninguna circunstancia renunciaban
a los derechos que tenían sobre ellos, bien directos, bien a través de sus
herederos.
Finalmente, como colofón, queremos hacer hincapié en que, si efec-
tivamente se han producido cambios en la institución matrimonial a lo
largo de la historia, como es el hecho de que, a la hora de contraer
matrimonio ya no prive esencialmente el criterio económico, como lo
demuestra el hecho de, la práctica desaparición de la costumbre de dotar
a las novias, hay rasgos que han permanecido invariables hasta la actua-
lidad. Por ejemplo, cuando el novio, una vez que se había comprometido
y había dado su palabra de casamiento, pasaba el tiempo y por circuns-
tancias diferentes, éste no podía celebrarse, apoderaba a un familiar suyo,
para que pudiese representarle en la boda y se celebrase la ceremonia por
poderes. Es lo que hizo Pedro de Vera un vecino de Fuerteventura, natu-
ral de Tenerife, quien apoderó a su cuñado, para que pudiese represen-
tarle en Chasna (Tenerife) y se celebrase el matrimonio".
54. A.H.P.L.P., Antonio Díaz de León, n.° 2.922, f. 24 rto. Pleitea por una dote de
2.870 reales que le había entregado a su yerno. En este caso llegan a un acuerdo y el yerno
para evitar pleitos y costos le entrega: 20 cabras, 6 ovejas, I becerro, 15 f. de cebada y 175
reales en tres mese?.
55. A.H.P.L.P., Antonio Díaz de León, n." 2.992, f. rto. El pleito es contra Inés de
Grimanesca segunda mujer de Enrique Morales Mateos.
56. A.H.P.L.P., Roque Morales Alberto, n." 3.006, f. 108 rto. Por lo tanto Pedro García
Afonso se casará con su novia en Tenerife, y ésta esperará hasta que puedan encontrarse.
57
COYUNTURA Y ECONOMÍA
EN EL PRIMER CUARTO DEL SIGLO XVIII
EN FUERTEVENTURA Y LANZAROTE
PEDRO QUINTANA ANDRÉS
1. INTRODUCCIÓN
61
Las peculiaridades geoclimáticas de Fuerteventura y Lanzarote fueron
también una remora en su desarrollo, que daban lugar a ser más acu-
sados los prolongados períodos de sequías, plagas, etc., que se plasman
en continuados despoblamientos producidos en los momentos de máxima
carestía, teniendo como consecuencia la emigración y una fuerte sobre-
mortalidad.
Serán estas crisis las que pongan en evidencia la inexistencia de una
estructura de mercado interno coherente y articulado en el Archipiélago,
así como la ausencia de una organización económica capaz de enfrentarse
a una situación que se reproducía periódicamente.
Las coyunturas adversas del primer cuarto del siglo XVIII y la de los
años setenta del mismo siglo serán las que pongan en mayor evidencia
estas carencias, provocando mayor impacto que el que realmente debería
tener.
Afecta esta crisis a la formación social del Archipiélago donde el
grupo de poder, que impone el modelo de reproducción de la mano de
obra y de la acumulación de capitales, no aporta soluciones que permi-
tiera crear un cambio en la estructura económica sino que mantienen un
patrón que les beneficia, tomando algunas iniciativas siempre con pos-
terioridad a la catástrofe.
Este proceso es el que se produce en las crisis que aquí se estudian
típicas del Antiguo Régimen, que poseen una cadencia secular (así se suce-
den las de 1662, 1672, 1683, 1693, 1703, 1721 cimas de períodos más
amplios de carestías), pero que experimentan especial trascendencia en
el siglo XVIII, con dos etapas que hemos ampliado cronológicamente en
el tiempo para ver la evolución de la compra-venta de bienes; 1700-1705
y los años que van desde 1715 a 1725^
2. Para la realización de este trabajo hemos consultado los fondos de protocolos nota-
riales que se encuentran en el A(rchivo) H(istórico) P(rovincial) de L(as) P(almas), corres-
pondiente a las escribanías de Fuerteventura y Lanzarote.
62
de granos tanto el de libre comercio como el de la cilla eclesiástica para
amortiguar la fuerte carestía que se avecinaba'.
La coyuntura se agravó hasta su culminación en los años 1703-1704,
aunque con repercusiones que se extenderán a lo largo de décadas por
la despoblación que se produce, la ruina de campos y ganados.
En Lanzarote el impacto parece que tuvo una menor repercusión ini-
cial, quizá por encontrarse sus recursos y producción más diversificada,
lo cual le permitió incluso prestar ayuda a la población majorera que en
los primeros momentos se desplazaron a ésta a enajenar sus pequeñas
propiedades que poseían tanto en su isla como en Lanzarote, en un
último intento de escapar de la hambruna.
Será a partir de 1705 cuando comienza a disminuir la carestía, gracias
a las cosechas del año anterior, que se muestran suficientes para parar
la sangría migratoria y la sobremortalidad así como poder permitir el
regreso de parte de la población emigrante.
63
FUERTEVENTURA (1700 - 1705)
34 -
as -
ao -
IB -
16
14 -
ia
10 -
s -
1701 1702
'"ir''
1703
Á/taS. GRAriCA 1
J
o '111111111111 iTi I i'i'i I i'n i'i'r'i'i'i'iTiTn'rm'n'i'i'i i i'n'i'n'i'i"i'i 1111111111
1700 1704 1706
5^
Wuíimm iiny,,'
1701 170a f7ú3 1704
A/ns. aKÁFicA a
64
El elevado número de enajenaciones de maretas, huertas, pozos, etc.,
así como derechos a bienes de alto valor, como son los esclavos, permite
que la cifra de esta media alcance tal cuantía.
Respecto al número de enajenaciones se observa que serán los años
1701-1702 donde se producen los momentos álgidos de los traspasos, que
coinciden con el incremento en la salida de habitantes de la isla.
La evolución del mercado de ventas, especificado mensualmente, tiene
dos fases claramente; una a comienzos del año 1702, entre los meses de
enero y febrero, con 13 y 18 ventas respectivamente, y una segunda etapa
que comienza en el mes de noviembre de dicho año prolongándose hasta
abril de 1703 con especial relevancia en los meses de enero, con 25 trans-
acciones, y diciembre, con 19. El resto de los meses se muestran con fuer-
tes tendencias en las alzas y bajadas que están relacionadas con el incre-
mento o disminución del azote de la crisis.
Estos datos fraccionados apenas nos permiten una evaluación tanto
en el volumen de los bienes traspasados, salida de emigrantes, etc., aun-
que si admite, en cierto modo, precisar la existencia de varios momentos
en las enajenaciones que está en función de la propia alternancia de la
coyuntura y de las posibilidades de sobrevivencia de los habitantes.
La inversión en la adquisición de estos bienes (gráfica número 2),
tiene una fuerte polaridad centrada en enero de 1703 cuando se produce
el máximo desembolso por los compradores, 14.816 reales de vellón, mien-
tras en el resto de los meses ésta no revasará los 6.000 reales.
El mes de enero de 1703 se muestra como el más crítico de la crisis
en Fuerteventura consecuencia de un otoño e invierno de 1702 particu-
larmente secos, que no permitieron que germinaran las simientes plan-
tadas, agravando aún más la situación de la población, obligando al cam-
pesino a emigrar a otras islas en busca de amparo y sustento, vendiendo
sus propiedades en su isla o en las de llegada.
Con posterioridad a esta fuerte inversión puntual se produce una ten-
dencia paulatina en la reducción de los desembolsos, pese a que el
número de compra-ventas era elevado, como sucede en abril de 1703,
pero no el de su valor perteneciendo éstos a pequeños propietarios que
los poseían en zonas marginales y que se veían abocados a la enajena-
ción.
En Fuerteventura, en conclusión, existe un incremento de las trans-
acciones entre los últimos meses de 1702 y comienzo de 1703, implicando
que una parte de su población utilizó este capital para trasladarse a otras
islas, así como para comprar alimentos que desembarcaran en ella, aun-
que es escaso el número de vendedores que mencionan esta posibilidad.
Aunque esto no significa que necesariamente todos los emigrantes debie-
ran vender sus propiedades, o que todo vendedor potencial tuviera que
salir de la isla.
65
La localización de las enajenaciones realizadas en Fuerteventura mues-
tran como éstas están casi totalmente centradas en la zona centro-norte
de la isla, lugar donde se asentaba la mayoría de sus habitantes"; la Vega
de Antigua con el 11 % del total de los traspasos (33 enajenaciones en
total), Tiscamanita con el 5,6%, la misma proporción que La Oliva
(ambas con 14 transacciones), la feraz Vega de Río Palmas con 12 ventas
(4%), teniendo el resto cifras menos significativas.
Era la tierra el tipo de bien que se transfirió en mayor número de
ocasiones con el 70% del total de lo vendido, siendo la media de los
lotes enajenados la siguiente:
66
Los compradores se encuentran en cambio concentrados en unos
determinados puntos: el 16,3% en la villa de Betancuria, teniendo ésta
sólo un 1,6% del total de los vecinos que enajenan, indicando un fuerte
proceso acaparador de bienes por parte del grupo de poder aprovechando
la salida al mercado de importantes bienes a bajo precio. Antigua y Casi-
llas de Angei con el 14,3% para cada una son las que siguen de cerca
a la villa principal.
La primera por causa del importante volumen de bienes inmuebles
que se traspasan en su término, que pasan en un primer momento a
manos de un destacado grupo de vecinos del lugar que posteriormente,
con el recrudecimiento de la coyuntura, se ven obligados a vender lo com-
prado, e incluso a enajenar propiedades que ya poseían antes de la crisis,
a miembros de la oligarquía local.
En Casillas la situación está determinada por la presencia en dicho
lugar de importantes hacendados que se aprovechan de la situación para
incrementar sus posesiones, como sucede con el capitán Goias y la fami-
lia Cabrera, que aglutinarán una sustanciosa cantidad de adquisiciones.
El grupo privilegiado será el que obtenga más beneficios, gracias a
los procesos especulativos que permite la crisis. Este grupo estaba com-
puesto por aquellos individuos que desempeñan en la isla tareas admi-
nistrativas, poseen el título de "don", son milicianos, comerciantes, ecle-
siásticos y aquellos que tienen cargos de cierta relevancia social así como
agricultores enriquecidos de relevancia en la isla, pero de difícil encuadre
en el corto espacio de tiempo consultado.
La intervención de esta oligarquía local en las transferencias es sólo
del 14,3 % del total pero que representan el 45,4 % de toda la inversión,
por su carácter selectivo, incrementándose su presencia ante el escribano
en los momentos de mayor rigurosidad de la crisis, que permite adquirir
bienes a un precio más barato.
Los principales compradores se integran en dicho grupo, destacando
sobre todo los milicianos que son los que mayores inversiones realizan;
el capitán Julián Cabrera Betancourt desembolsa en compras 1.685 reales
de vellón, el capitán Lorenzo Mateo Cabrera 1.832,5 reales invertidos en
tierras, y el capitán Francisco Martínez Goias, regidor y familiar del
Santo Oficio, que con sólo trece adquisiciones fue el máximo comprador
e inversor, con un volumen de 21.889 reales de vellón.
Este último miliciano aparece siempre como comprador en los
momentos culminantes y posteriores a la crisis; enero-junio de 1703 y a
mediados de los años 1704-1705, siendo sus compras de carácter espe-
culativo, cuando más baja está la cotización de la tierra, implicando un
proceso de acumulación y afianzamiento en el poder.
Un segundo grupo lo integran los agricultores enriquecidos, medianos
propietarios, entre los que destaca Juan Pérez Guillama, vecino de Casi-
67
lias, que adquiere varios lotes de tierras con una inversión total de 1.041
reales mostrándose como uno de los máximos beneficiados en esta
etapa.
68
LANZAROTE (1700 - 1705)
HVMTKO XUr VISTAS UtNSUÁLÍS
ü -VW
A^Oa. GRÁFICA 3
5*
rri'iT
1701 170S 1703 1704 1706
AÑOS. GRÁFICA 4
69
TRANSACCIONES E INVERSIÓN EN LANZAROTE
ENTRE 1700-1705
Número de Inversión
Ano
compra-ventas en rs. de v.
1700 120 23.901,5 1/4
1701 249 63.613,5 1/4
1702 297 53.846
1703 476 66.293,5
1704 75 20.458
1705 76 32.733,5
71
jenaciones. Por contra, quizá porque existen más datos, en Lanzarote se
observa mayor implicación de núcleos ya por una distribución más
amplia de la población junto a una diversidad en el número de terrazgos
y la explotación de éstos que permitía más bienes a la venta.
También los vendedores tienen fuerte variabilidad con cierto predo-
minio de los vecinos de la villa de Teguise, el 11,6%, pues en ella se
asienta con un importante número de propietarios que tienen repartidos
terrazgos por toda la isla. Haría con el 5,6%, Mancha Blanca con el
5,1% de los vendedores, San Bartolomé con el 3,6%, el pago de Sóo
con el 3,4%, la Vega de Muñique con un 2,5%, estando el resto de los
enajenadores de otras localidades por debajo del 2%.
En el conjunto de los vendedores hay una fuerte presencia de vecinos
de Fuerteventura, 73 en total, en su mayoría procedentes de los términos
de La Oliva y Tetir que arriban a la isla entre los años 1701-1703 ven-
diendo siempre tierra, adquirida en su mayoría a través de herencias.
Estos terrazos se sitúan en la zona sur de Lanzarote, siendo sus com-
pradores habitualmente vecinos de Yaiza, Uga, Femés, etc., todos de luga-
res cercanos a la zona donde se localizan las tierras.
Se añaden a éstos otros 26 majoreros que delegan en éstos o en cone-
jeros para las ventas, indicando estos arribos la menor incidencia que en
los primeros momentos tuvieron sobre la isla de Lanzarote.
Con respecto a los compradores el panorama cambia sensiblemente
ya que la concentración de éstos en determinados lugares es decisiva para
el estudio de los procesos de acumulación; en Teguise se localiza el 16%
de ellos y en La Vegueta el 14%.
Esta fuerte presencia de ambos núcleos es debida a que en el primero
existe un elevado número de vecinos que ya por ser hacendados, buró-
cratas, eclesiásticos, milicianos, etc., tienen la posibilidad de comprar reali-
zándose este proceso especialmente en los momentos más agudos de la
crisis captando parte de los bienes puestos en venta, en la segunda es la
presencia de la familia Betancurt y Ayala, destacados propietarios de tie-
rras, que compran varias parcelas para ampliar su terrazgo que influye
en la continuada aparición de sus vecinos y en concreto del capitán Luis
de Betancurt y Ayala.
Otras zonas importantes por el número de compradores son: Haría
con el 6,9%, Yaiza con el 6,7%, Tinajo con el 5,8%, San Bartolomé
con un 4,6%, etc., así como la presencia de siete vecinos de Tenerife,
uno de Cádiz y otro de Portugal que adquieren casi todos los esclavos.
El grupo privilegiado sólo participa en el 25 % de los traspasos glo-
bales aunque desembolsa el 42,32% del total de la inversión hecha, acu-
mulando en esta primera crisis un importante volumen de bienes gracias
al aprovechamiento de la coyuntura desfavorable.
En conjunto, esta primera crisis significa para ambas islas continuar
dentro de un proceso cíclico catastrófico, que no se debe achacar sólo
72
a sus condiciones geoclimáticas sino a su situación dentro de la forma-
ción canaria y a los procesos de descapitalización a la que se encontra-
ban sometidas.
73
3.J. Fuerteventura entre 1715-1725
En esta isla se produce durante el decenio analizado un elevado
número de enajenaciones (ver gráfica número 5) que ya empiezan a mos-
trar una fuerte tendencia al crecimiento desde 1717-1718, por causa de
las sequías y las consiguientes malas cosechas. Se producen ventas masi-
vas desde marzo de 1719, incrementándose rápidamente su ritmo en
septiembre-marzo de 1720, para finalizar en una tercera etapa de alza
entre febrero y marzo de 1721, dando paso en los meses sucesivos a una
sensible bajada de éstas.
Estos altibajos en el mercado están directamente relacionados con la
posibilidad o no de abastecimiento que tenía la isla, que llevaba a los
vecinos a actitudes de traspaso o retención de sus propiedades. La puesta
en venta de 2.000 fanegadas de cebada blanca de la cilla eclesiástica en
noviembre de 1719 crea en parte de la población una disposición a man-
tenerse en la isla, apreciándose una brusca bajada de las enajenaciones.
La misma actitud se observa en los momentos en que el Cabildo de
la isla realiza diversos planteamientos de adquisición de cereales perte-
necientes a la renta del tabaco, diezmo, etc., quisieran o no cederlo sus
dueños, así como la utilización de la renta de quintos para la compra
de grano.
A partir de 1721 existe una caída de las ventas que debemos relacio-
narlo con la imposibilidad de emigración y con la masiva salida de veci-
nos que se había producido en los meses anteriores, así mientras en
marzo de 1721 las compra-ventas llegan a 37, al mes siguiente éstas ya
sólo son siete, momento en que se recibe en la isla la misiva del Cabildo
de Gran Canaria con la mencionada prohibición de arribada I
Los años posteriores se caracterizan por la bajada continuada en las
ventas, destacando sólo el mes de octubre de 1724 con 19, que está
unido a la mejora de las cosechas y la llegada de ahmentos desde fuera
de la isla que permitió poner ciertas propiedades en venta para adqui-
rirlos, a la vez que emigrar hacia otras islas una vez se había aplacado
la repercusión de la crisis, aunque no se recupera el dinamismo del mer-
cado anterior a 1719.
La inversión (ver gráfica número 6), es bastante moderada con sólo
una cota destacable en marzo de 1721, en cuyo mes se producen masivas
ventas de elevado valor medio, con 307 rs. de vellón, frente a los 228
reales y 5 cuartos de media de estos diez años estudiados, produciéndose
otra importante alza puntual en octubre.
74
FUERTEVENTURA [1715 - 1725)
mnivnn ni? vvnirifí uv^fiVAíyy
AÑOS. ÜRAi'KA a
171S 1716 1717 1716 1713 17S0 1721 17Z2 1723 1724 172S
AÑOS. GRÁFICA 6
75
ENAJENACIONES E INVERSIÓN EN FUERTEVENTURA
ENTRE 1715-1725
76
Junto a éstos se encuentran otros bienes, que si bien no destacan en
número si lo hacen por el aporte de conocimiento de las relaciones eco-
nómicas que existían entre las islas y la estructuración de su comercio.
Las diversas compras que realizan vecinos de Tenerife de barcos o parte
de ellos, apareciendo casi todos los adquirientes como copropietarios con
vecinos de Fuerteventura, es un ejemplo de las compañías para transporte
y pesca que existían entre los vecinos de ambas islas. La venta del tercio
del barco llamado «La Perlita» adquirido por un copropietario vecino
del Puerto de La Orotava'", o la transacción de dos cuartos del barco
nombrado «de San José y de las Animas»" son ejemplos de estas unio-
nes.
La localización de los lugares de enajenación tienen unas áreas muy
parecidas a la del primer quinquenio estudiado: la Vega de Antigua el
11,9%, vendiéndose en ella exclusivamente tierras y solares, Tetir el
10,9%, La Oliva con 7,7%, Pájara, Casillas y Tiscamanita con el 6,2%,
Valle de Santa Inés con el 4,7%, Triquivijate con el 4,3%, Betancuria
sólo con el 3,7%, siendo gran parte de los bienes enajenados en esta
vivienda.
El mismo planteamiento se presenta en la vecindad de los vendedores;
en la Vega de Antigua el 13,6%, Tetir 8%, Pájara el 7,8%, La Oliva
6,9%, Tuineje 6,7%, Tiscamanita con el 6,1 %, Betancuria con el 5,7%,
siendo éstas las localidades donde tanto la concentración de los habitan-
tes como la calidad de la tierra que se encuentra en sus zonas influyen
determinantemente en su presencia en el proceso de compra-venta.
En aquellos lugares donde el precio medio de la fanega de tierra
alcanza entre los 150-300 reales, La Florida o zonas cercanas al lugar
de Villaverde, apenas si sus habitantes intervienen como vendedores,
0,7 % de bienes vendidos en esas zonas del total y 0,1 % de vecinos ena-
jenadores, ya que sus propietarios son habitualmente miembros del grupo
privilegiado, participando siempre como compradores y no a la inversa.
Los compradores se concentran en las zonas que aparentemente se
encontraban menos castigadas por la crisis por su limitada presencia en
las ventas; los vecinos de Casillas de Ángel compran el 17,45%, la villa
de Betancuria el 9,6%, Antigua con el 8,9%, la zona de La Oliva con
el 8,2%, el 6 , 1 % en Tuineje, el 6% de Pájara, etc.
10. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano: Roque Morales Albertos. Legajo; 3.009.
Año: 1722. El traspaso es realizado por el alférez José de Betancurt, vecino del Valle de
Santa Inés, al vecino del Puerto de la Cruz, alférez Miguel de Oramas al que pertenecía un
tercio del barco, siendo el resto de Francisco Pérez «El Rubio», vendiéndose por 1.019 reales
de vellón de los que el alférez Miguel de Oramas entrega 108 reales en 6 fanegas de trigo.
11. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano: Diego Betancort Cabrera. Legajo:
3.012. Año: 1715. Esta transacción es hecha por el sargento mayor Pedro González de
Socueva y Lorenzo Martín Betancurt a favor de don Lorenzo Martínez, vecino de Santa
Cruz de Tenerife, ambos con una cuarta parte del barco, por el precio global de 575 reales
de vellón.
77
La presencia del grupo privilegiado, todos vecinos de los tres primeros
núcleos mencionados anteriormente, es escasa en el número de traspasos
hechos con el 28%, pero que en volumen de inversión significan el
48,89% de la totalidad de los desembolsos. Su participación como ven-
dedores es escasa destacando dos casos especialmente; el primero tiene
como protagonista al capitán José de la Santa Ariza que dando poder
al teniente coronel de Fuerteventura, José Sánchez Umpiérrez, hará seis
ventas de tierras y casas en Triquivijate, Antigua y Ampuyenta 'I
El otro caso también lo protagoniza el vecino de Tenerife don Juan
Núñez de la Peña, padre del huérfano, a través de poder dado al capitán
Francisco Yanes, para que venda casas y tierras en Tuineje.
Los parámetros por los que se evaluaban las claves de la primera cri-
sis en la isla vuelven a ser válidos, en general, para estudiar la nueva rece-
sión económica, pues se manifiestan los mismos síntomas.
La situación, pese a la ayuda exterior propiciada por las gestiones
hechas por el capitán general don Juan de M u r ' \ no van a paliar las
diversas vicisitudes por las que pasan sus habitantes y que sirven para
incrementar aún más el poder de la oligarquía local en cada una de
ellas.
78
LANZARÓTE (1715 - 1725)
mmnta ar VTNTAS ugrfstiAurs
AÑOa. x^UAFlCA
S3
17Í6 trie 1717 1718 1719 1720 1721 1722 1733 1724 17SS
A/rOS. ÜRAFICA 6
79
VENTA E INVERSIÓN EN BIENES
EN LANZAROTE ENTRE 1715-1725
c) Desde 1721 a 1725 se produce una caída lenta pero continuada del
número de propiedades enajenadas, que debe entenderse como la entrada
en un proceso de reacción frente a la crisis donde se unen tanto las medi-
das encaminadas a dar auxilio a los vecinos, la propia despoblación de
la isla, así como la ausencia de compradores y de dinero para las adqui-
siciones, junto a una mejora climática que permite el incremento del ren-
dimiento agrícola de 1724-1725, aunque no sirvieron para eliminar del
todo la situación.
Los intentos de auxilio por parte de las instituciones también influ-
yeron de manera decisiva, así mediante la Real Orden de 7 de septiembre
de 1723 se concedió exención de derechos por las ventas de ganados que
se pasasen a otras islas desde Lanzarote y Fuerteventura, utilizándose el
dinero para la adquisición de cereales, uniéndose a ésta la Real provisión
del rey Luis I de octubre de 1724 que prohibía la salida de grano y pro-
curaba agilizar la entrada de éstos en ambas islas:
«(...) no Permitáis, ni deis Lugar que por persona alguna, se extraigan
granos de estos nuestros Reynos al de Portugal, ni otros, velando sobre ello
en buestros parajes, en la Justificación, y severidad, que os está encargada;
y asi mismo os mandamos no impidáis ni embaraseis ni permitáis se impida,
ni embarase la entrada de granos forasteros en estos nuestros Reynos, Libres
de dros. con tai que sean de Provincias y parte con quien se tiene comercio,
y que las entradas se executen por los mismos Puertos y paraxes que están
señalados»'".
14. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano: Nicolás Clavijo Alvarez. Legajo: 2.802.
Año: 1724. Fols. 113 v., 114 r.
80
Pese a estos intentos institucionales por erradicar la situación de crisis
ésta parece no solucionarse, ya que el síndico personero de la isla, capi-
tán Juan Matías de Cabrera, trasladando acuerdo del Cabildo de Lan-
zarote de 10 de enero de 1725, solicitando a la Real Audiencia de Cana-
rias el permiso para que algunos vecinos de la isla saquen ganado de ella
para la de Tenerife con la intención de adquirir granos para su sustento
ya que:
«(...) nos hallarnos con quinientas reses, y éstas están expuestas a morirse
de hambre por aver faltado las lluvias, y no aver verde donde mantenerse,
por lo qual avernos determinado el pasarlas a la Isla de Tenerife a escapar,
y en caso de tener salida venderlas para comprar granos con que mantener
nuestras obligaciones, respecto a que de faltar el año, como hasta aquí será
mui poca, o ninguna la cosecha que en la ysla abrá» ".
15. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano: Nicolás Clavijo Alvarez. Legajo: 2.802.
Año: 1725. Fols. 180 v., 181 r.
81
El precio medio de ia fanega no experimenta alzas sustanciales desde
1705, manteniéndose alrededor de 50-60 reales, aunque disminuye cada
vez más la media de la parcela vendida ya que más del 50% de éstas
tiene una o menos de una fanega, lo que incide directamente en el volu-
men de la inversión.
82
La vecindad de los vendedores sigue manteniendo las mismas cons-
tantes que al comienzo del siglo XVIII; Teguise se comporta como la
principal zona donde vendedores y compradores aparecen como mayo-
ritarios frente al resto de los pagos, asi tiene el 12,1 % de enajenadores,
por contra, los compradores se elevan al 16%, que adquieren la mayoría
de los bienes que transfieren los villanos, destacando como el máximo
comprador el licenciado, vicario y beneficiado de la parroquia matriz
José Joaquín Calleros y Figueroa, junto al teniente coronel y teniente
de alcalde Gaspar de Salazar Carrasco.
Haría con el 9,8 % del total, que lógicamente se corresponde en pro-
porción al número de ventas hechas allí, correspondiéndole también el
7,6% de los compradores existiendo un fuerte intercambio de propiedades
entre sus habitantes, Yaiza posee el 8,7% de las ventas y un 8,9% de
compradores, destacando el capitán Alonso de Aday, con una importante
actividad compradora en la zona en los momentos centrales de la crisis.
En San Bartolomé hay un 4,02% de vendedores y un 3 % de compra-
dores.
Pero será la zona de La Vegueta la que denota especial atención
siendo en la que reside el 7,7% de todos los compradores, pero sólo con
el 0,1 % de los vendedores. Destacan entre los adquirientes la mencionada
familia Betancurt, a través de don Gonzalo y el capitán Luis, que cata-
lizan y controlan la gran parte de las propiedades de la zona comprando
un número importante de cercados y otros bienes en la zona centro-norte
de la isla.
En Santa Catalina también la presencia de hacendados logra que el
número de compradores sea elevado, destaca el labrador enriquecido
Manuel González Guerra que adquiere importantes lotes de tierras y
maretas en el malpaís del lugar, con un 5,6% de vendedores y un 5,9%
de compradores. En Mancha Blanca los enajenadores representan el 3,5%
y el 2,3% los compradores, entre los que destaca el labrador Baltasar
Díaz Grano de Oro.
Los vecinos de Fuerteventura sólo aparecen como vendedores antes
de 1720 representando el 2,2% de todos los vendedores llegando hasta
el 3,5 % si incluimos a los que dan poder a los que se desplazan a Lan-
zarote para ventas.
El grupo privilegiado interviene en estas transacciones en un 28,1 %,
especialmente entre 1721-1725, adquiriendo terrazgos de dimensión media
que supone el 44,31% de la inversión.
En conclusión, si comparamos la evolución de las compra-ventas (ver
gráfica número 9), entre ambas islas en el decenio 1715-1725, se observa
la diferencia cronológica en la repercusión de la crisis, siendo más tem-
prana en Fuerteventura, debido a la precaria infraestructura que poseía
así como la existencia de un mecanismo automático por parte de la
población de emigración ante la posible llegada de una crisis, pese a que
83
FUERTEVENTURA - LANZAROTE
Küú
f7tS 1716 fTr: !Tia trio 72Ü irS1 t7SS Í72S 1724 17S.S
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FUERTEVENTURA ~ LANZAROTE
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r
AÑOS. GRAriCA fO
a FUtKTKVENTURA IMfZAMTS
84
en momentos de cosecha su población era muy elevada, gracias a los
forasteros que ya como comerciantes, braceros, jornaleros, etc., recalaban
en ella, alcanzando en 1744, veinte años después de esta fuerte recesión,
7.382 almas frente a Lanzarote con 7.210'\
Ambas curvas muestran como mientras en Lanzarote hay una restric-
ción en las ventas al comienzo de la crisis, reservando sus vecinos las pro-
piedades ante la posible desaparición de la coyuntura, en Fuerteventura,
por contra, se incrementan las enajenaciones llegando a su máximo en
1719, momento en que se da un descenso continuado hasta el final del
período, salvo ciertos meses de 1721. En Lanzarote la tendencia al alza
se produce en 1718, aunque no será hasta 1721 cuando se produzca la
culminación con 466 ventas.
Las ventas caen en ambas pronunciadamente a partir de 1721, tanto
por la imposibilidad de emigrar como por la salida de gran parte de la
población expuesta a sufrir la crisis y, por tanto, la mayoría de los poten-
ciales vendedores, quedando los beneficiados con la especulación, aquellos
que permanecen hasta el último momento para no enajenar sus propie-
dades y el grupo que se ve obligado a mantenerse en el lugar por no
poseer medios ni posibilidades.
La inversión en la adquisición (ver gráfica número 10) que se realiza
en ambas es dispar, así crece bruscamente en Lanzarote desde 1715, con
varias cotas de máximo, hasta 1721 cuando ya en ambas hay una sen-
sible caída. Por contra, en Fuerteventura la subida es más gradual en la
inversión culminando también en 1721 con unos parecidos márgenes de
inversión desde 1719.
Las repercusiones que supuso para las dos islas la coyuntura de 1719-
1721 y su posterior repetición entre 1769-1772, indican que la estructura
económica canaria no supo solucionar los problemas internos que tenía
ni plantear una flexibilidad y apertura en su mercado de intercambio des-
igual entre las islas productoras, que abastecían el mercado interno, y
aquellas que absorvían la producción, así como la distribución de capi-
tales y redistribución de excedentes.
85
tuarse en el poder y en la memoria social mediante realizaciones de obras
religiosas, pías, etc., que buscan en su idea más profunda la anulación
de la contestación interna generalizada a la injusticia social imperante.
Las sucesivas crisis que afectan a Fuerteventura y Lanzarote durante
el primer cuarto de siglo XVIII, va a propiciar que ciertos elementos que
integran el estamento privilegiado intenten aprovecharse de las ventas
masivas de los emigrantes para acrecentar su hacienda acumulando tierras
de las zonas de más fertilidad y, por tanto, de mayor rendimiento.
Junto a éstos aparecen otras acciones especulativas como son los prés-
tamos, la acumulación de cargos administrativos, acopio de dádivas y
mercedes que repartían los señores de la isla.
Son ellos los principales implicados en seguir manteniendo el modelo
y papel jugado por ambas islas dentro del sistema de producción canario,
ya que de él sacaban su beneficio y rentabilidad, incluso en los momen-
tos en que la coyuntura se mostraba más desfavorable para la pobla-
ción.
Fuerteventura será la isla donde este proceso se encuentra más sin-
gularizado a través de la familia Goias de los que, junto a otros com-
pradores, se ha hecho reseña en la primera crisis de 1700-1705.
Es el capitán Francisco Martínez Goias, el más importante de sus
miembros, tendrá un papel destacado a lo largo de estos veinticinco años,
no sólo desde los aspectos económicos y especulativos sino también en
el de la acumulación de cargos; familiar del Santo Oficio de la Inqui-
sición, regidor del Cabildo, depositario del arca de Quintos en 1705
renunciando en 1712 por su avanzada edad, etc.
En el período de 1700-1705, el capitán Goias comienza a adquirir un
número elevado de bienes a partir de diciembre de 1702, concentrando
sus compras en: la Vega de Tetir, donde adquiere entre fines de 1702 y
principios de 1703 unas nueve fanegadas, varios cercados y huertos, dos
casas, pajeros, etc., por un montante total de 14.028 reales de vellón y
con sólo un gravamen en ellos de 350 rs. de vellón, principal al convento
de San Francisco de la isla.
A partir de marzo de 1703 y hasta marzo del siguiente año realiza
una fuerte actividad compradora, sobre todo de huertas, aguas y casas
en la Vega de Río Palmas, por un valor total de 5.290 reales de vellón
y con un principal global de 742 reales de carga censal, añadiéndose en
dicho período la compra de casas en la villa de Betancuria, tierras en
Tiscamanita y Casillas de Ángel por 2.911 reales.
Por la falta de gran parte de los datos para estos años, no es posible
conocer en toda su dimensión sus adquisiciones pero éstas deberían
haber aumentado mientras más aguda fue la crisis, cuando la población
que quedara en la isla tuviera que enajenar todavía a menor precio sus
bienes.
86
Junto al capitán Martínez Goias se encuentran otros compradores,
como los capitanes Julián Cabrera Betancurt y Lorenzo Mateo Cabrera
y el labrador Juan Pérez Guillama, que adquieren entre fines de 1701
y el año 1703 bienes por un global de 4.369 reales de vellón, sumando
el total de los desembolsos que realizan, justo cuando la curva de
compra-ventas aumenta de un modo espectacular y el precio medio de
las enajenaciones se reduce.
Posteriormente, entre 1715-1725 será otra vez el capitán Martínez
Goias el que polarice de modo casi absoluto las compras hechas por el
grupo privilegiado. En 1716 aparece por primera vez como comprador
en el decenio que estudiamos, incrementándose gradualmente su presencia
ante el escribano, llegando a ser bastante periódicas entre 1719-1721, no
impidiéndole la edad, que le apartó del cargo de recaudador, convertirse
hasta 1725 en el principal acumulador de riquezas.
Los objetivos de sus compras van a ser más diversificados que en la
primera etapa, 1700-1705, aunque con especial hincapié en la Vega de
Tetir donde desde 1719 a 1723 compra 86,5 fanegadas y 1,5 almudes, 6
botijas y un cuarto de diversas maretas de agua con un desembolso total
de 4.163,5 reales de vellón.
Será asimismo también la zona de Casillas de Morales otra de las
zonas predilectas en las adquisiciones; 38 fanegas y 10 almudes con casas,
pajeros, hornos, sitios, etc., por un total de 2.185 reales y 3 cuartos,
añadiéndose a estas compras otras localizadas en: la Vega del Sordo,
Vega de Río Palmas, La Oliva, Vega de Antigua, El Time, Pájara, Muni-
nugre, Valhondo, Tuineje, Tefía, Tiscamanita, Agua de Bueyes, siendo
en esta última donde la inversión media por adquisición es mayor, pues
adquiere huertas con casa y agua, cinco en total, con un valor global de
7.630 reales, destacando entre ellas la compra realizada a cinco vecinos
de la localidad, de dos casas terreras y cocina, por «la necesidad y ham-
bre extrema» ".
En conjunto, el capitán Martínez Goias realiza 96 compras entre
1715-1725, que seguramente puede incrementarse en número, por las cau-
sas ya mencionadas y por la existencia de ventas que se ratifican pasado
varios años después de regresar del lugar de emigración los vecinos. Se
eleva la inversión total a 27.964,5 reales (el 15,35% del desembolso en
la isla de 1715-1725), distribuyéndose esta cantidad en la adquisición de:
dos esclavos, una marca de ganado, 175,5 fanegas y 2,5 almudes, cuatro
rozas, once huertas con viña y árboles, seis botijas y un cuarto de mare-
87
tas, dos pozos, así como diversas partes de maretas, aljibes y horas de
agua, a las que se unen tres sitios y siete viviendas.
El protagonismo de este personaje se nos muestra en equivalencia al
de otros mismos prototipos que se encontraban en cada isla, y que eran
expresión de una formación social donde las relaciones giran en torno
a la captación de la renta, siendo su base la explotación de la tierra, su
apropiación y acumulación permitirá que aquellos que la controlen ten-
gan la posibilidad de manejar en su beneficio, tanto las ganancias ren-
tistas como el propio poder.
En Lanzarote el número de miembros del grupo privilegiado que inter-
vienen en la compra de bienes es superior al de Fuerteventura, que en
cierto modo se une a las características de la isla; producción más diver-
sificada y, por tanto, mayor riqueza a compartir por el grupo de poder,
siendo también éste más amplio.
Destacan entre 1700-1705 dos personajes, ya mencionados, con impor-
tantes cotas de poder en la isla; el capitán Gaspar Rodríguez Carrasco,
vecino de Teguise, y el capitán Luis de Betancurt y Ayala, personero
durante 1700-1705 en el Cabildo.
El primero centra sus compras en los alrededores de Teguise, con pre-
ferencia en la obtención de viviendas y en menor medida de tierras; de
las primeras adquiere quince, entre derechos a viviendas y casas, y de
la segunda sólo 56 fanegas y 8 almudes repartidos entre el Lomo de San
Andrés, Vega del Puerto de Arrecife, Vega de Finiquineo y Teguise, así
como la de dos esclavos y una esclava mulata.
Realiza dos importantes inversiones; la compra de una vivienda con
aljibe en Teguise por 6.520 reales, así como el quinto de oficio de escri-
bano público y del Cabildo de Lanzarote en 1703'".
Junto a éste aparece el capitán Luis de Betancurt y Ayala, vecino de
La Vegueta. No parece existir para él un punto de referencia de compra
sino que éstas se desperdigan por toda la isla, siendo en la primera crisis,
1700-1705, donde sus adquisiciones tienen mayor envergadura como suce-
de en los casos de la compra de los pagos de Isuedel en Montaña Clara,
derecho a las Dehesas de Yé, Orzóla, debajo del Risco, Malpaís de las
Cuevas y término de Haría que le lleva a desembolsar 1.500 reales".
18. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano; Juan González de Sepúlveda. Legajo;
2.785. La enajenación se realiza el 26 de octubre de 1703, por 1200 reales de vellón, obli-
gándose a pagar el comprador un rédito anual de 12 reales y un cuarto más otro de 20
reales al convento de San Francisco.
19. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano: Juan González de Sepúlveda. La venta
la realiza María de Cabrera, viuda, vecina de Timanfaya, que heredó dichas tierras de su
madre Catalina Martín. Los compradores son el capitán y Francisco Umpiérrez Rocha, cada
uno aporta 1.500 reales, se incluye un quinto de huerta y agua en Famara, en El Rincón,
y del total de su valor debe quedar 1733, dos cuartos y cuatro maravedís a favor de la parro-
quia de Haría y de 12 reales para la compra de arroba de aceite por las dos botijas que
se impusieron a favor del Santísimo Sacramento de la iglesia del lugar.
En todos los pagos procuraba una primera adquisición de agua y,
seguidamente, la compra de tierras o en su caso sólo de agua para sus
cortijos cercanos.
Guime será otro de los puntos de inversión pues adquiere seis dere-
chos a maretas y aljibes, en Inaguaden serán 62 fanegas y 6 almudes así
como cinco derechos a diversas maretas y dos casas, en Tomaren son 17
fanegas, en la Vega de Sóo diez derechos a maretas, así como 28,5 fane-
gas y 3 almudes, Tiagua con 22 fanegas y 4 celemines, además de una
variada adquisición en Muñique, Lomo de San Andrés, La Vegueta,
Timanfaya, Tisalaga, La Geria, Mancha Blanca, etc., uniéndose la compra
de los principales de varios censos consignativos, así como la adquisición
de cuatro esclavos. En total, en estos seis años realiza inversiones por un
total de 39.925 reales (19,22% del desembolso global de la etapa).
En la crisis del final del primer cuarto del siglo XVIH, el número de
compradores de cierta relevancia se ve aumentado en Lanzarote, exis-
tiendo también una aparente repartición de la isla en zonas de adqui-
sición entre los compradores ya que ninguno de ellos interfiere en la zona
de compra de los otros.
En estos once años los nuevos compradores son el capitán Alonso
Gaspar de Aday, vecino de Yaiza, que realiza adquisiciones en Teguise,
Uga, El Chupadero, Máguez, Tingafa, y, sobre todo, en su localidad, con
un total de 40 transacciones y un desembolso de 6.396 reales, adquirién-
dolas en gran parte entre 1720-1721 y en 1724.
El licenciado José Joaquín Calleros y Figueroa, miembro destacado
de una importante familia de propietarios de la isla, ya mencionado con
anterioridad, es otro de los sujetos del grupo de poder con especial rele-
vancia dentro de los compradores, que comienza a adquirir desde 1721
centrándose en acumular terrazgos en Haría, en las zonas del Valle de
los Castillos, Peña del Gato, Valle de Juan Alonso, Valle de El Mojón,
Máguez y Guatiza, éstas dos últimas de carácter más puntual.
En Haría, con un valor medio de la fanega de 50 reales, desembolsa
5.833 reales y 7 cuartos, en el resto de los pagos ésta llega a 5.666 reales
y 6 cuartos entrando en esta última cantidad el precio de una esclavita
y un esclavito criollo a 800 reales cada uno.
Aparece también, una vez más, la figura del capitán Luis de Betan-
curt y Ayala que ahora concentra su esfuerzo inversor en la zona de Tia-
gua donde adquiere un cortijo de 83 fanegadas en 1718^", añadiéndole
20. A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Escribano: José Rodríguez Ferrer. Legajo: 2.800.
La transacción se realiza el 1 de septiembre de 1718 entre el matrimonio formado por Juan
Beltrán Villareal y Catalina Pérez de Niz, vecinos de Tiagua, con dicho capitán por un total
de 11.144 reales de vellón, estando compuesto por 83 fanegadas de tierra labradía, casas,
tahona y una huerta con tres árboles. Dicha propiedad, junto al cortijo de la zona de Tim-
bayba, son el eje de su patrimonio, según se menciona en su testamento realizado ante el
escribano Diego Cabrera Betancor, ver A.H.P.L.P. Protocolos Notariales. Legajo: 2.799. Año:
1722.
89
en los sucesivos años tres casas terreras y 1.098 reales y siete cuartos en
tierras. Junto a este cortijo compra tierras cercanas a él, en las zonas de
YUGO, con 2.380 reales y tres cuartos en tierras y maretas, Timbayba,
otra importante hacienda del capitán, a la que añade tierras por valor
de 243,5 reales, en Tomaren invierte 1.003 reales y 32 maravedís.
El Bebedero (Tiagua), será una de las zonas con mayor desembolso,
al estar al lado de su cortijo de Tiagua, con 4.916 reales adquiriendo 89
fanegas y 4 celemines junto a una casa y 630 brazas de pared, Muñique
con 663,5 rs. v., la Vega de Finiquineo 1.155 rs. v., a los que se añaden
diversas obtenciones por valor de 20.650 reales, entre las que destacan
3 esclavos, así como las referidas dos partes de Montaña Clara.
Tras la muerte de éste, acaecida en 1722, sus herederos, principal-
mente su viuda doña Juliana de Betancurt, van a continuar el proceso
de acumulación de bienes especialmente en los alrededores de Tiagua,
acrecentando el cortijo del mismo nombre, y en La Vegueta ascendiendo
la inversión a 1.254 rs. de vellón.
5. CONCLUSIÓN
91
LA EXPANSIÓN DEL COMERCIO NORTEAMERICANO
EN CANARIAS: EL MONOPOLIO DE LA BARRILLA
EN LANZAROTE Y FUERTEVENTURA
MANUEL HERNÁNDEZ GONZÁLEZ
1. INTRODUCCIÓN
95
pequeña parte de sus exportaciones. Consecuentemente la balanza es gran-
demente en su favor»'. Era un comercio en el que no se extraía plata
de las islas sino que se intercambiaban mercancías, lo que lo convertía
en mucho más beneficioso para la economía insular que el inglés, en el
que la deficitaria balanza de pagos obligaba a retraer moneda del Archi-
piélago.
Sin embargo este comercio se ve obstaculizado por los intereses mer-
cantiles de grupos de poder interesados en gravar su expansión. «La
suma total de esas cargas resulta no solamente injuriosa a los intereses
de la navegación sino también al comercio de los Estados Unidos, desde
el cual estas islas reciben tantos beneficios, pues ellos son enteramente
dependientes de los mercados extranjeros para la venta de sus artículos,
vino y barrilla. La gente del país es consciente de las ventajas que ellos
reciben, pero el ánimo consiste en el secreto gobierno de personas que
están interesados en que esos abusos continúen». Entre esos abusos cita
el del Gobernador de Fuerteventura que cobra 4 dólares a cada barco
que va a esa isla a recoger barrilla. De esa coalición de intereses mono-
polistas es paradójicamente una buena prueba el intento de estancar la
comercialización de la barrilla por parte de un empresario norteamericano
que con su propuesta hizo entrar en contradicción a los distintos grupos
sociales de Lanzarote y Fuerteventura. Los grandes beneficiarios del
comercio de la barrilla, la oligarquía insular y los comerciantes del Puerto
de la Cruz, aunaron sus fuerzas para impedir que tal monopolio fruc-
tificase.
96
Se instala en el Puerto de la Cruz en 1787. Su casa comercial se espe-
cializa en el comercio entre los Estados Unidos y Canarias. Exporta vinos
isleños a cambio de harinas norteamericanas, como elementos fundamen-
tales de ese comercio. Una parte de esas harinas las reexporta hacia
Cuba, beneficiado por un bajo arancel de entrada, aunque su brusco
incremento en 1792 lo obstaculizaría gravemente.
La estancia en Canarias permite a Sarmiento introducirse en los meca-
nismos comerciales y burocráticos del Estado español. La instrumenta-
lización en su favor de los privilegios concedidos por Manuel Godoy es
una de las bazas que desarrolla el portugués para penetrar en el codi-
ciado mercado indiano.
2. EL MONOPOLIO DE LA BARRILLA
5. MILLARES CANTERO, A.: «Arrecife, el puerto de la barrilla (En torno a los orí-
genes y desarrollo ¿e una ciudad burguesa canaria entre el antiguo y el nuevo régimen».
Boletín Millares Cario, n.° III, 1. Las Palmas, 1982. NADAL FARRERAS, J.: Comercio
exterior con Gran Bretaña (1777-1914). Madrid, 1978.
6. A.G.I. Indiferente General Leg. 3115A.
97
mentó de millo de la América Inglesa le ha expedido a seis y medio y
siete pesos, precio a que jamás había subido en las mismas islas» \
La propuesta de Sarmiento trata de contraponer los intereses de los
cosecheros frente al de los monopolistas de su comercialización: «Por esta
gracia o privilegio sacudirán los propios naturales el yugo y las cadenas
que han labrado cuatro monopolistas, a saber vuestro gobernador militar
en Fuerteventura Agustín Cabrera Bethencourt, su confidente Juan Anto-
nio Brito, Ginés de Castro y Luis Cabrera en Lanzarote, quienes, a pre-
texto de sus caudales y de la distancia, ejercen una soberanía sobre aque-
llos infelices, que éstos no son arbitros de separarse de su voluntad. Estos
cuatro acaudalados, que cada uno de ellos acaso lo es más que cual-
quiera otro de estos naturales, poseen los mejores terrenos y en toda su
extensión casi no se ve otra planta que la barrilla; obligan a los pobres
que a su ejemplo la siembran también en las tierras que habían de pro-
ducir el pan, cuando hay otras a propósito en que poderlo hacer y es
muy fácil guardar un equilibrio en la labranza y cultura de los campos.
Después éstos carecen del preciso aliento y tienen que tomarlo al más
alto precio a que aquellos se lo hacen pagar, recibiéndoles en cambio la
piedra barrilla que sólo se la abonan a 12 y 15 reales de vellón, y si en
estos dos últimos años la han pagado con alguna más estimación es satis-
faciéndoles en efectos que los cargan con un 200% sobre el interés que
ya les ha considerado el comercio, de cuyos almacenes los sacan, y de
aquí es que los pueblos de aquellas dos islas están sumergidos en la mise-
ria y sus habitantes en los meses más críticos abandonan sus casas para
buscar el pan para sus hijos en el resto de la provincia. Y ¿Qué hacen
luego estos cuatro individuos de tanta barrilla como producen que segu-
ramente según el actual sistema no bajan de 200.000 quintales en cada
año? Venderla a los comerciantes de Tenerife hasta a 80 reales, cuando
ellos la han tomado a 15, siguiéndose de esto el que no pueda dársele
salida en los mercados de Europa por el subido precio y vendrá a suce-
der lo mismo que con la orchilla, cuya estimación ha decaído en aquellos
mercados por las mismas razones, pues se trabajó en el norte hasta des-
cubrir otra yerba equivalente que supiese por ella, y así se ha perdido
en islas este ramo»*.
Las imputaciones de Sarmiento tenían necesariamente que herir a esa
oligarquía acaparadora dominada por Agustín Cabrera, del que decía
Francisco María de León que «era el hombre más rico de la provincia.
Había adquirido la mayor parte de los terrenos de aquella isla (Fuerte-
7. A.G.I. Indiferente General. Leg. 3115C. Sobre la polémica de la expansión de la
barrilla y los obstáculos al desarrollo de la economía de autoconsumo interno en Lanzarote
y Fuerteventura véase, HERNÁNDEZ GONZÁLEZ, M.: «Libertad de comercio y economía
de autoconsumo: Lanzarote y Fuerteventura como islas granero durante el Trienio Liberal».
I Jornadas de Historia de Lanzarote y Fuerteventura. Puerto del Rosario, 1987.
g. A.G.L Ibidem.
98
ventura) y grandes propiedades en Lanzarote y Canaria; y esta excesiva
acumulación de tierras debía de producir envidias, y realmente males de
consideración, porque siempre será un mal para un pueblo la acumula-
ción de todo su territorio en unas solas manos»'. Millares Cantero, quien
ha estudiado detenidamente el proceso de acaparamiento de propiedades
desarrollado por Agustín Cabrera en este período, señala que llegó a ser
el mayor cosechero de barrilla y grano de Lanzarote y Fuerteventura'".
En cuanto a sus agentes lanzaroteños, Luis Cabrera fue alcalde mayor
de la isla y gobernador militar. Dedicado como su hijo Lorenzo a las
actividades mercantiles, poseía en Arrecife dos casas, dos bodegas con
alambique, un almacén, cuatro lonjas, un sitio, cuatro aljibes, un barco
de descarga, quince fanegas de pan sembrar, dos cercados y nueve cele-
mines de barrilla "; Ginés de Castro, en su testamentaria, declara poseer
diez casas, dos almacenes, diez lonjas y dos aljibes, amén de tres cerca-
dos, una fanega de barrilla y tres de pan sembrar en el término muni-
cipal de Arrecife ". Gobernador militar y alcalde de Arrecife, su biografía,
relatada por Alvarez Rixo, es bien expresiva de sus rápidos progresos.
Hijo de un guardián de un castillo de Arrecife, había sido «pastor en
estos contornos, después patrón de una goletita, en cuyo manejo ahorró
y ganó muchos reales, o dicen que los halló, también sargento de arti-
llería; y desde que los cargos militares se han tornado mercancía, llegó
a ser capitán de estas milicias. Ni aquí queda más que pretender viviendo
el coronel de esta isla. Le hacen ya con más de cien mil pesos de caudal;
codicioso, presta dinero a interés» ". Juan Antonio Brito, en su testamen-
taria, declara poseer una casa, tres bodegas y alambique, medio almacén
y tres fanegadas '\ De él refiere Alvarez Rixo que «no sabe leer, pero que
se ha enriquecido rápidamente con baratos arriendos de las islas Salvajes
y otras fincas donde ha establecido el cultivo de la barrilla» '^
Frente a ese monopolio no escrito pero real. Sarmiento propone la
compra directa de la barrilla por 30 reales en contado por cada quintal,
tomando los efectos que necesiten de sus almacenes a los precios del mer-
cado. Delimita la extensión del cultivo a aquellos terrenos que basten a
producir la necesaria a la extracción anual con el objetivo de no dismi-
99
nuir de forma peligrosa el área destinada a cultivos de autoconsumo. Su
objetivo consistiría en trazar un equilibrio entre ambos sectores, que no
trajera consigo drásticas consecuencias para el mercado interno. La acen-
tuación de esos desequilibrios, en última instancia se traduciría en impor-
taciones masivas de productos de primera necesidad, inasequibles para
los campesinos, y en un aumento espectacular de la emigración hacia el
exterior que se intensificará en este período. «De este modo no carecerán
las familias del sustento para sus familias, ni tendrán que peregrinar en
solicitud de él por pueblos y países extraños, y por último no serán escla-
vos de sí mismos ni tributarán homenaje a aquellos cuatro poderosos
quienes, si cabe el decirlo, usurpan indirectamente a V.M. el respeto y
obediencia que le deben sus vasallos, pues se hacen venerar como unos
semidioses. Tal es la autoridad y la prepotencia con que todo lo sojuz-
gan. La libertad en que hoy se hallan es una libertad mal entendida y
que la verdadera es la que el exponente les proporcionará redimiéndoles
del monopolio que hoy les tiraniza». Su monopolio, expone, no se opone
a la libertad del comercio por ser limitado a sólo 5 años'".
El 29 de abril de 1799 se reúne en Teguise el cabildo de la isla para
tratar sobre el tema. Lo preside su alcalde mayor Manuel Antonio Tra-
vieso y lo constituyen los regidores Francisco Guerra y Clavijo, coronel
y gobernador de armas de la isla, los capitanes Nicolás de Salazar
Carrasco y José Luis de Betancourt y el teniente Manuel García del
Corral. Actúan como diputados Pedro Vega, Melchor González, Mariano
de Paz y Carlos Méndez y como Síndico Personero General Carlos Ramí-
rez y Casañas.
Se lee primeramente el informe del Síndico. En él expone que en el
año 1784 «se dio principio en esta isla a poner en cultivo la yerba nom-
brada barrilla y a venderse el quintal de piedra en que se convierte a
siete y medio reales de vellón, cuyo precio ínfimo, mirado con indiferen-
cia por los labradores, no fue capaz de poner en movimiento sus deseos
y aplicación para fomentar con esmero la siembra y cultura de esta
planta hasta que en el año de 90, conociendo los comerciantes de la isla
de Tenerife que la calidad de ella era de las más excelentes que se cono-
cen fue elevando sucesivamente su precio hasta pagar el quintal de dicha
piedra a 60, 70 y 80 reales de la misma especie, por lo que se han dedi-
cado a su cultivo en tal ardor y actividad que, además de conseguir abun-
dantes cosechas, han hecho fructíferas una considerable porción de terre-
nos que, por su naturaleza, eran inútiles para otros frutos y produccio-
nes». Frente a las cosechas catastróficas de 1790 y 1797, sólo la produc-
ción de barrilla permitió el sustento de los isleños. La distribución con
anticipación y por fiado de harinas angloamericanas por los comerciantes
de la barrilla había impedido la emigración exterior que había acontecido
100
con particular gravedad en los años 70 y 71. Finalizó su exposición refi-
riendo que si se pone la compra de la barrilla en una persona «ésta seña-
lará el precio que le parezca, la pagará en efectos o en el que mejor le
acomode, como se experimenta con las orchillas y no les anticipará su
precio para socorrer en tiempos de necesidades creen se verán en la pre-
cisión de abandonar con dolor el ramo». La propuesta es aprobada por
el Cabildo por unanimidad. Parecía que la posición general de los grupos
sociales dominantes de la isla era uniforme.
En Fuerteventura, por su parte, monopolizado el poder por Agustín
Cabrera Betancourt, administrador del señorío y coronel y gobernador
de armas de la isla, la unanimidad parece indiscutible. El Cabildo se reu-
nió el 6 de mayo de 1799 en la villa de Teguise. Fue presidido por su
alcalde mayor Juan Andrés Sánchez y contó con la participación de los
regidores Juan Mateo Cabrera, Antonio Espinosa y Agustín Brito, el
diputado del común Juan de Febles y el Síndico Personero Diego Espi-
nosa de los Monteros. En él, como en Lanzarote, se lee la exposición
del Síndico Personero, en ella se sostiene que la barrilla se ha desarro-
llado en los últimos años en terrenos inadecuados para la labranza. El
panegírico de Agustín Cabrera es bien expresivo de su control del
Cabildo: Deben «su permanencia en la isla los pocos vecinos que en ella
se hallan al caritativo auspicio del caballero coronel de los Reales Ejér-
citos y Gobernador Militar Don Agustín Cabrera Betancourt, que no
sólo es constante a todos, ha desaguado los graneros de sus pajeros en
beneficio general, sino que ha hecho venir muchas porciones de millo en
considerable cantidad al valor de más de 25.000 pesos, con los que ha
socorrido al fiado, sin esperanzas de reintegrarse de ellos en muchos años
si las lluvias no se muestran propicias en la isla» ".
Si se confirma el monopolio de Sarmiento, «es evidente que la isla
caminará con mucha aceleración a su total exterminio y ruina». Su tesis,
reafirmada unánimemente por la sala, incide en el hambre experimentado
por los majoreros desde el año de 1795, «aún aquellos que tienen arrai-
gos y propiedades», que había ocasionado «la voluntaria expatriación de
tantas casas de familias enteras para las otras, y las más sin esperanza
de volver a los pueblos de sus naturales, por haber consumido en sus
alimentos cuanto ha habido a que echar mano por no perecer (...). En
toda su extensión no quedaron apenas doscientos vecinos por todo el
mes de agosto, y éstos mantenidos con mucha escasez y trabajos, por
carecer del pan necesario, como de carnes, pues las reses vacunas, cabrias
y ovejunas las han embarcado y continúan embarcando para Canaria y
Tenerife, por faltarles también a estos animales pasto para su conserva-
ción». La solución a estos males la cifra el Síndico en «el siempre acre-
101
ditado compasivo corazón y patriótico celo del insinuado caballero coro-
nel y Gobernador y de los otros pocos acomodados vecinos que contri-
buían con sus haberes en la parte que queda» para asegurar el repuesto
de las semillas para el año próximo ".
Pero si en Fuerteventura la unanimidad parece reinar, en Lanzarote
bien pronto se desata la tormenta. Gonzalo Betancourt, capitán de mili-
cias provinciales y regidor perpetuo de la isla y José Feo de Armas,
teniente de artillería, sustituto fiscal y regidor exponen el 29 de abril de
1799 que la representación hecha al Monarca pidiéndole la supresión de
ese monopolio «no es obra de estos infelices, sino que, compulsos y apre-
miados, firmaron aquel papel que desde el Puerto de la Orotava remitió
extendido la casa de comercio de Cólogan para que se solicitasen quienes
prestarán sus firmas, y esto no fue difícil porque Juan Antonio Brito,
que hace muy pocos años no era más que un pobre buhonero y hoy uno
de los naturales de esta provincia que cuentan con más talegas en sus
baúles, más terrenos en la isla y más granos en sus pajares, este Juan
Antonio Brito, corresponsal de vuestro Gobernador militar de la isla de
Fuerteventura, que en todo proceden a concilio y de acuerdo, tiranizan
a estos miserables isleños, vendiéndoles a precio de sangre el alimento
y el vestido y recibiendo en cambio la piedra barrilla cuando más a 15
reales de vellón para después cargar a 80 ó 90 a los comerciantes de
Tenerife. Este Brito, asociado con dos sectarios de sus máximas que lo
son Don Ginés de Castro y Don Luis Cabrera, pudieron persuadir al Per-
sonero y algunos otros de su facción para firmar el expuesto memo-
rial» ".
Sostienen que, «como la Casa Cólogan tiene liga con aquellos cuatro
de Lanzarote y Fuerteventura y puede decirse que cuanta barrilla se
extrae corre por aquel conducto, no les es grato el privilegio que solicita
Sarmiento porque, concediéndosele, deja de reportar las considerables
sumas que por este respecto entran anualmente en sus arcas». Consideran
que el monopolio, al ser limitado será de notoria utilidad para hacer esti-
mable y duradero este ramo de comercio «que hoy en cierto modo se
halla estancado en esas cuatro manos. Estos isleños jamás han recibido
ni esperan recibir por el quintal de piedra barrilla 30 reales en efectivo,
precio a que ofrece pagarlo «siendo más beneficioso» recibir en dinero
el precio del fruto de su sudor y comprar después al contado lo que nece-
sitan, que darlo a cambio del pan y el vestido que les cargan una usura
reprobada». Reconocen que Sarmiento solicita esta gracia en su propio
interés «pero esto resultará en beneficio de todas las islas», siendo además
el primero que introdujo su siembra y le dio estimación^".
102
Gonzalo Betancourt y José Feo de Armas son dos destacados miem-
bros de la oligarquía lanzaroteña tradicionalmente desafectos al omní-
modo poder alcanzado por Agustín Cabrera en ambas islas. Particular-
mente el segundo se caracteriza por su bien marcada oposición a aquél
que mostró abiertamente en la colonización de Jandía^', promovida por
él en 1817. La oposición al régimen cuasi monopolista de los Cólogan
se percibe con claridad. El mayor negocio ejercido por éstos está en la
venta abusiva de los efectos, en los que cifran su más elevada tasa de
beneficios al no tener competencia por este procedimiento de adquisición.
Como ha estudiado Agustín Guimerá, el 62% de los beneficios los
obtiene la Casa Cólogan de la venta de efectos en el mercado interno".
Debemos de tener en cuenta el hecho de que Estados Unidos en este
periodo histórico no era un país industrial, sino una potencia de mediana
entidad. Los géneros que estaba interesado en introducir Sarmiento eran
fundamentalmente harinas. De ahí que no esté especialmente interesado
en el negocio de los efectos, en los que cifraban los comerciantes espe-
cializados en el mercado inglés la base fundamental de sus ingresos. Al
proponer la compra al contado de la barrilla estaba ocasionando un serio
daño a los intereses de la burguesía comercial tradicionalmente asentada
en el Puerto de la Cruz y a sus intermediarios en Lanzarote y Fuerte-
ventura, que se enriquecían de forma desmesurada con la alta tasa de
beneficios acumulada en este procedimiento de venta de sus géneros y
estimulaba a otros comerciantes a apoyarle para agrietar el monopolio
de la venta de los efectos y los alimentos de primera necesidad.
El 1 de mayo de 1803 se convoca a los vecinos de la isla a Cabildo
General". Esta reunión, claramente manipulados por Agustín Cabrera
Betancourt, deciden oponerse al monopolio de Sarmiento con la excep-
ción de los propietarios Don Francisco Guerra y Don José Gutiérrez.
El Síndico Personero Ignacio Santiago de la Torre critica el proceso de
convocatoria del Cabildo, «respecto al corto número de cosecheros de
21. MILLARES CANTERO, A.: «Sobre la gran propiedad...» p. 260.
22. QUIMERA RAVINA, A.; «La burguesía mercantil canaria en la etapa del libre
comercio (1765-1824): una aproximación a su estudio». Dentro de VARIOS. El comercio
libre entre España y América Latina, 1765-1824. Madrid, 1987, p. 281.
23. A.G.l. Ibídem. Los vecinos asistentes fueron el teniente Bartolomé de Torres, Dio-
nisio García del Corral, Diego Cabrera Vicioso, José de Herrera, Manuel Pérez, Marcial
González, Diego Palero, Andrés Parrilla, Francisco de la Concepción, Francisco de Acosta,
Miguel Perdomo, Francisco de Acuña, Marcial Mújica, Rafael Gutiérrez, el sargento Leandro
Berriel, Cayetano Perdomo, Francisco de Acuña y Gaspar Mancha en representación de
Teguise. Por Yaiza Sebastián Medina, Juan José Curbelo y Sebastián Delgado. Por San Bar-
tolomé, Don José Guerra y Don Francisco de la Cruz Guerra y Ferrer; por Tías José del
Pino; por el Puerto de Arrecife Don José Ginory y Don Juan de Aguiar; por Tinajo Mar-
cial Rodríguez Curbelo, el sargento Don Francisco Duarte, Don Gerardo Morales; por Tia-
gua Don José Carrión; por Sóo Pablo García y Manuel Ferreira Mancha; Juan Verde, José
Concepción y Juan Roque de Teguise y el pago de Taiga; y José Cabrera Granado y José
Perdomo.
103
barrilla que han concurrido y a que los representantes de algunos pueblos
han expresado no haber sido convocados ni nombrados para elegir per-
sona que active en la corte el recurso». Esta argumentación no fue admi-
tida alegando que «hallándose representada la mayor parte de la isla por
los que traen la voz y voto de los pueblos hablan a nombre de los cose-
cheros». Significativamente es propuesto como representante de la isla
ante la Corte en este pleito Juan Cólogan por 19 votos a favor, reci-
biendo 13 el candidato propuesto por el Síndico, Don Santiago Feo y
Bethencourt, hijo del citado José Feo y Armas".
Pero las disidencias continúan. Carlos Ramírez, que se había mani-
festado como Síndico Personero de la isla en contra del monopolio, modi-
fica su posición inicial. En un escrito fechado el 11 de noviembre de 1811
se considera engañado por «la codicia de los compañeros que los alarmó
entre sí y alarmaron al que expone con las aparentes razones (...), los
que, avivadas en el interior dolor que le sugerían los lucros que ya pre-
veían perdidos alucinaron al de esta representación para que diera el
paso». Sin embargo, tras maduro examen, considera que con la propuesta
de Sarmiento «se evitan muchos monopolios, porque los compradores,
hermanándose entre sí ponen el precio a su satisfacción con grave per-
juicio de los colonos que por su miseria se ven en la dura precisión de
vender dicho fruto a aquellos para ocurrir a sus necesidades, al paso que
los efectos se los dan al más subido, sin que satisfagan a su hipócrita
avaricia el ganar un ciento por ciento. La experiencia nos está dando la
razón: Cuantos mercaderes hay en esta isla de bien limitados principios
han llegado al mayor cúmulo de las riquezas sólo con las exorbitantes
ganancias de la barrilla. La isla, trabajada con tantos años fatales segui-
dos unos de otros, en lugar de hallar alivio en ellos sólo se han servido
para aumentarle su miseria, valiéndose de la ocasión hacen venir algunos
granos de provincias extrañas, expendiéndolos a un precio muy caro, sin
haber quien les vaya a la mano, recreciendo de este modo las deudas
públicas en grave daño de la república, que se ve privada de muchos
miembros útiles a la labranza expatriados por esta razón». Contrapone
las ventajas del precio fijado en 30 reales frente a la amenaza real de la
competencia del de Alicante con la que no habrá quien lo pague a 15,
mientras que seguirán comprando los géneros al mismo precio que en
los almacenes al doble de su precio real, sin tener nadie que los socorra
con granos a precios equitativos".
Carlos Ramírez Casañas, primo y representante en Lanzarote del
comerciante del Puerto de la Cruz Genaro Casañas^*, modificaría su pos-
104
tura ante las mayores ventajas que le supondría a la empresa familiar
el liberarse del monopolio de los efectos ejercidos por los Cólogan.
Los argumentos de la oligarquía lanzaroteña, expuestos en una repre-
sentación fechada en 25 de enero de 1804, redundan en los beneficios pro-
porcionados por los comerciantes en los años estériles. Estos fiaban «el
millo o maíz extranjero por la barrilla que esperaban coger». Un pueblo
sin industria ni manufacturas y «que no ha salido de la clase de agri-
cultor no tiene otro medio para llamar a los comerciantes extranjeros y
que le provean de los alimentos necesarios sino la fruta de la tierra». Si
ésta se estanca «fijará el precio que le acomode y cuando podrían sacar
de un quintal de barrilla el alimento necesario para una familia en una
semana no le rendirá lo suficiente para un día». Sus puntos de vista pare-
cen, como efectivamente se les imputa, salir de la pluma del propio Cólo-
gan, su diputado:
«Siendo menor el consumo de los géneros que entran por la isla de Tene-
rife bajarán precisamente las rentas de aquella Real Aduana; desaparecerá
el pequeño tráfico que hay en aquellos países; y por último, no pudiendo
el comercio de Tenerife pagar los géneros extranjeros con sus vinos y la barri-
lla, llegará a extraerse el numerario, contraviniendo a las Reales Ordenes con
perjuicio de la Provincia y la nación toda. Su intento no es otro que hacer
un monopolio de esta plata» 2'.
El Gobierno español decidió negar el 17 de enero de 1804 la gracia
solicitada por Sarmiento ante el éxito de las presiones ejercidas desde Lan-
zarote y Fuerteventura. La derrota de su monopolio demostró hasta que
punto en el tránsito de los siglos XVIII y XIX se estaba afianzando en
las más orientales de las Canarias el poder socio-económico de una mino-
ría privilegiada enriquecida con el comercio de granos y de la barrilla
y estrechamente relacionada con la burguesía comercial del Puerto de la
Cruz.
105
ELECCIONES MUNICIPALES EN ARRECIFE DURANTE
EL SEXENIO REVOLUCIONARIO (1868-1874)
CANDELARIA GONZÁLEZ RODRÍGUEZ
JAVIER SOSA HENRIQUEZ
A lo largo del siglo XIX se va a producir en España la implantación
política del régimen liberal cuya estructura necesitará de una organización
y participación política que actúen como elementos de dominación de los
sectores hegemónicos de la sociedad. Estas actuaciones se concretarán en
los intentos de control de las instituciones de poder y de los medios que
permiten el acceso a ellas por parte de estos grupos hegemónicos.
El estudio de estos medios y de las instituciones de poder político
debe tener en cuenta las características específicas de cada lugar y, en
este sentido, el Archipiélago Canario cuenta con una serie de peculiari-
dades que lo distinguen del resto del Estado.
El propio hecho insular y la dependencia económica canaria respecto
a los mercados exteriores, contribuyen a explicar la dinámica de esta
región donde un grupo social minoritario, que actúa de forma hegemó-
nica, acapara gran parte de la producción obtenida por el conjunto de
la sociedad, constituyéndose en instrumento de subordinación e impi-
diendo cualquier intento firme de oposición.
Esta realidad, como ha señalado José Miguel Pérez García, explica
la orientación que tomará la actuación política de los sectores dominan-
tes, así como la incidencia que tendrán en Canarias los cambios de coyun-
tura política que se producen a lo largo del siglo'.
La Revolución de Septiembre de 1868 que abre paso al período cono-
cido como «Sexenio Revolucionarío», supuso, en palabras de María Vic-
toria López Cordón, una brusca sacudida en la historia del siglo XIX
española Pero este fenómeno nacional no produce el mismo efecto en
Canarias pues, como indica Sánchez de Enciso, lo que sucedía en Cana-
rias no era un puro reflejo de acontecimientos previamente sucedidos en
la Península'.
Las primeras noticias de la Revolución llegan a las islas a principios
del mes de octubre, aceptándose plenamente la nueva situación política,
1. José M. PÉREZ GARCÍA: Elecciones y Diputados a Cortes en Las Palmas durante
el siglo XIX, p. 13.
2. M." Victoria LÓPEZ CORDÓN: La Revolución de 1868 y la I República, p. 1.
3. Manuel SÁNCHEZ DE ENCISO; «El Sexenio Revolucionario en Tenerife», en His-
toria General de las Islas Canarias, t. V, p. 59.
109
administrativa y económica surgida como consecuencia de la misma. En
este contexto, las modificaciones producidas en la legislación liberal per-
mitirán la ampliación del bloque de poder del cual seguirán formando
parte las clases dominantes que con anterioridad ostentaban su hegemo-
nía en las diferentes instancias de gobierno, amoldándose a los cambios
producidos, en una estrategia de continuidad de ese papel protagonista
y de control del poder que hasta entonces venían ejerciendo.
En este sentido, el presente estudio intenta ser un primer acercamiento
a esa clase dirigente arrecifeña que detenta el poder durante los años del
Sexenio. Clase dirigente que, teniendo su base en la burguesía mercantil
y propietaria, es reflejo del orden establecido y nos informa de la reali-
dad global del municipio.
La aproximación a estos sectores la conseguimos a través del análisis
de las vías que permiten el acceso a las instancias del poder. En este sen-
tido, el principal objeto de estudio queda definido por las elecciones muni-
cipales llevadas a cabo a lo largo de estos años. Ahora bien, para des-
velar los engranajes sustentadores del poder político en Arrecife es nece-
sario conocer la formación socio-económica sobre la cual actúa.
Desde mediados del siglo XVIII se generaliza en la isla el cultivo de
la barrilla, móvil de la expansión que experimentará Arrecife sobre todo
en la primera mitad del XIX. En esta coyuntura económica favorable,
la burguesía de procedencia agraria y comercial, irá adquiriendo un papel
cada vez más relevante, ocupando puestos de importancia en las esferas
del poder político, y es que, los cambios en el terreno socio-económico
se producen de forma paralela a las transformaciones socio-políticas del
aparato estatal a lo largo del XIX, llevando a la consolidación de un régi-
men burgués.
Arrecife se convierte en una ciudad controlada por una oligarquía inte-
grada por los grandes propietarios tradicionales y la burguesía comercial
que, con mentalidad inversora, adquiere propiedades rústicas y desarrolla
algún tipo de actividad industrial.
Un caso ejemplificador de esta burguesía sería el de los hermanos
Topham Cabrera. Guillermo, propietario de tierras en otros municipios,
presidente del Círculo de Recreo de Arrecife, es nombrado diputado pro-
vincial por Lanzarote en 1868 y elegido, por el partido judicial de Arre-
cife en marzo del 69. Junto a su hermano Juan, crean la empresa
«Topham Hermanos». Este, a su vez, llega a ser consignatario de la
«Compañía Peninsular y Norteafricana» y de la «Compañía General de
Navegación a Vapor», además, forma parte de la Junta Local de Primera
Enseñanza de Arrecife en 1869 \
4, Agustín MILLARES CANTERO: «Arrecife, el Puerto de la Barrilla (en torno a los
orígenes y desarrollo de una ciudad burguesa canaria entre el antiguo y el nuevo régimen)»,
en Boletín Millares Carió. Vol. III, pp. 117-118. El Eco de Gran Canaria (3-2-1869). El País
(5-3-1869).
lio
Nos encontramos ante un núcleo poblacional donde la actividad
comercial, cultural y política tienen un nexo de unión en la burguesía,
este grupo social que pese a las crisis padecidas desde mediados de los
años treinta, a partir del hundimiento del mercado de la barrilla, con-
sigue mantenerse y desempeñar, unas décadas más tarde, un papel si no
igual, parecido al de etapas anteriores.
De esta forma, nos encontramos que en los albores de la Revolución
del 68, Arrecife había perdido aquella vitalidad proporcionada por el
comercio de la barrilla. Tras superar diversos momentos de crisis que
tuvieron una repercusión negativa en el desarrollo demográfico de la
población, se llega al 68 donde se producirá una nueva situación crítica
para la agricultura isleña.
Arrecife que había conseguido arrebatarle la titularidad de capital de
la isla a Teguise en el 47, entre otras cuestiones por el rápido crecimiento
económico y demográfico experimentado a raíz de la comercialización
de la barrilla, sufre un descenso poblacional considerable quedando en
una posición de considerable inferioridad respecto a su antigua compe-
tidora '.
La situación en que se vio envuelta la ciudad desde mediados del
XIX puede quedar reflejada en las siguientes palabras de Agustín Millares
Cantero:
«No pretendemos hacer alarde de las constantes pruebas que este pueblo
ha venido dando de sus interesadas ideas liberales: diremos, sí, que fue uno
de los primeros que secundó con noble entusiasmo el glorioso Alzamiento
Nacional inaugurado en Cádiz en el mes de septiembre último. Diremos tam-
bién que al constituir su Junta revolucionaria, usó de su soberano poder
111
popular (...), para atender las justas reclamaciones de sus representados, y
prestarles la debida protección, ya que hasta entonces venían siendo lasti-
mosamente oprimidos por los sicarios del odioso Gobierno derrocado»'.
Pero a pesar de traer consigo transformaciones administrativas, polí-
ticas y económicas, el Sexenio mantendrá en el control de los resortes
del poder, a ese grupo minoritario que integra la oligarquía local.
Las repercusiones en el aparato administrativo se concretan en la pro-
mulgación de una serie de leyes y decretos tendentes a la reorganización
de dicho aparato y que afectan a los diferentes niveles que lo conforman.
La Ley Municipal y Provincial del 21 de octubre, regula y define lo que
debe ser el municipio y la provincia, quienes son sus componentes, sus
órganos de gobierno y cómo funcionan*.
Esta ley se verá complementada con el Decreto sobre el Sufragio Uni-
versal del 9 de noviembre del mismo año, donde se regula el nuevo sis-
tema electoral establecido".
El Municipio de Arrecife quedará afectado por estas disposiciones en
la forma siguiente:
— Elecciones celebradas en enero de 1869 (Días: 1-4)'°.
El Municipio se constituye como distrito electoral único, con un sólo
colegio electoral cuya mesa se instala en las dependencias de las Casas
Consistoriales. Con arreglo a la escala determinada por la Ley Municipal
del 21 de octubre, le corresponden un total de siete concejales (un
Alcalde y seis Regidores)".
7. «Manifiesto del Puerto del Arrecife», en El País, 27 de octubre de 1868, n.° 586, p. 1.
8. Ley publicada en la Gaceta de Madrid del 22 de octubre, n.° 296 y en el B.O.P.C.
del 16 de noviembre, n.° 136 y 27 de noviembre, n." 141.
Esta ley no es otra que la ley progresista del 56, sin mantener el sufragio censitario,
entrando en vigencia de forma provisional hasta la promulgación de la Ley Municipal de
1870 (Concepción DE CASTRO: La Revolución Liberal y los municipios españoles, p. 187).
La Ley Municipal del 20 de agosto de 1870, se publica en la Gaceta de Madrid, en el suple-
mento del n." 233 y en el suplemento del B.O.P.C. del 21 de septiembre de ese mismo año.
9. Decreto publicado en la Gaceta de Madrid y el 10 de noviembre, n." 315 y en el
B.O.P.C. del 25 y 27 de noviembre, n."" 140 y 141, respectivamente, afectando únicamente
a los varones mayores de 25 años.
10. El primer día de elecciones, y para todas las convocatorias, se constituye la mesa
tras votación de los electores asignados en cada colegio, y los otros tres días se votan a los
futuros integrantes de la Corporación Municipal.
11. Esta escala estipula el número de alcaldes y regidores que corresponde a los muni-
cipios, en función del número de vecinos empadronados en cada uno de ellos. Para estas
elecciones, se publica la lista de los diferentes municipios de la provincia (Canarias) con el
número de los alcaldes y regidores que les corresponde, en el B.O.P.C. del 18 de diciembre
de 1868, n." 150.
Arrecife, con 454 empadronados, se sitúa en el grupo de los municipios entre 101 y 500
vecinos, según establece el artículo 33 de la Ley Municipal del 21 de octubre.
112
— Elecciones de marzo de 1872 (Días: 6-9).
En estas elecciones el Municipio, distrito electoral único, queda divi-
dido en dos colegios electorales: el de Naciente y el de Poniente. El pri-
mer colegio (Naciente) se sitúa en un local de la calle Principal y el
segundo (Poniente), en la sala de sesiones del Ayuntamiento.
Esta división se realiza conforme a la escala estipulada en el capítulo
segundo de la Ley Municipal del 20 de agosto de 1870, según la cual,
corresponde al Municipio de Arrecife, en función del número de residen-
tes del mismo, un Alcalde, dos Tenientes de alcalde y siete regidores, en
total, diez concejales ".
12. Ley Municipal del 20 de agosto de 1870. Op. cit. (art. 37).
CircuJar n." 118 del Gobierno de la Provincia, publicada en el B.O.P.C. del 24 de octubre
de 1870, n." 126, En esta circular Arrecife aparece con un total de 2.699 habitantes, situán-
dose por ello, en el grupo quinto de la escala establecida por la Ley del 20 de agosto donde
se incluyen los municipios entre 2.000 y 3.000 residentes.
13. El articulo 6 de la Ley del 24 de junio señala que sólo se constituirá una mesa en
los pueblos con menos de 800 vecinos. (Gaceta de Madrid del 26 de junio de 1873, n." 177
y B.O.P.C. del 7 de julio de 1873, n." 78.)
Tanto el número de concejales como todo el proceso electoral, están regulados por la
Ley del 20 de agosto de 1870.
14. José Miguel PÉREZ GARCÍA: Op. cit., p. 18.
113
A pesar de ello, resulta de gran utilidad ya que, como indica el
mismo autor, junto a otras fuentes documentales nos dan un panorama
aproximado de esta realidad '^
Abordaremos el análisis de los diferentes parámetros enmarcándolos
en dos grandes bloques:
1. Sufragio y electores.
2. Control de la participación.
1. SUFRAGIO Y ELECTORES
En este primer bloque se intenta observar las características y varia-
ciones de la participación electoral en las diferentes convocatorias. Para
ello, nos fijamos en los siguientes indicadores:
114
Figura 1
ELECTORES - POBLACIÓN
Elecciones 1869-1873
TOTALES
116
Figura 2
PARTICIPACIÓN ELECTORAL
INCREMENTO N." ELECTORES
PORCENTAJES
Incremento
Cuadro 1
Votantes
254 49%
Votantes
69 13%
Abstenciones
477 87%
Abstenciones
262 51 % 1872
1869
Votantes Votantes
96 12% 125 16%
O
Abstenciones Abstenciones \
680 88% 651 84%
AGOSTO SEPTIEMBRE
121
Figura 5
PARTICIPACIÓN ELECTORAL (1869- 873)
FRECUENCIA DEL VOTO
Tres veces 8 1 %
Dos veces 29 5%
VOTANTES
123
quedando constancia con la proclamación como concejales de individuos
no incluidos en las listas de mayores contribuyentes.
La participación de los mayores contribuyentes en la vida pública
durante estos años es significativa, no tanto por el porcentaje que repre-
senta este grupo respecto al total de población electora y participante,
sino por su constante presencia a lo largo de todo el período y no sólo
en las urnas, también estará presente en las mesas electorales y en la com-
posición de los diferentes ayuntamientos designados.
124
Cuadro 2
125
Cuadro 3
CORPORACIONES MUNICIPALES DE
ARRECIFE DE LANZAROTE DE 1869 A 1873
126
supone una presencia bastante respetable de los sectores acomodados de
la sociedad arrecifeña en este órgano de administración local. A éstos,
habría de añadirse los individuos que si bien no aparecen en estas listas
de contribuyentes, estarán incluidos en relaciones posteriores como es el
caso de Manuel CoU, administrador de las propiedades de los condes de
Santa Coloma en Lanzarote y fabricante de jabones, situado en el
número diecinueve de la lista de mayores contribuyentes «por industrial»
de Canarias en 1871 y en el puesto catorce en 1872".
Se constata la presencia de miembros del Comité Republicano de
Arrecife creado a finales de mayo del 69, favorecida por la situación de
libertad creada con la instauración del nuevo régimen político. (Ver apén-
dice.)
La mayoría de éstos son elegidos en el 72 y agosto del 73, no supe-
rando en ningún caso el 30% de los miembros de la Corporación. Es
curioso cómo entre éstos se encuentran individuos que antes de la Revo-
lución de Septiembre podían votar e incluso ser elegidos. Este es el caso
de Domingo Negrín, marino, armador y naviero quien también fue miem-
bro fundador de la logia masónica Atlántida n." 92 de Arrecife en 1875,
y el de José Luis Bethencourt el cual formó parte de la Junta Local de
Primera Enseñanza de Arrecife en 1869".
La ausencia de una definición política clara en los primeros momen-
tos del Comité Republicano es criticada por la prensa afin a las ¡deas
republicanas en la forma que sigue:
«El cinco del actual se llamó al pueblo, por medio de unos avisos fijados
en las esquinas, para que acudiese al local que ocupan las casas Consisto-
riales, con el objeto de constituir un comité sui generis, sin color al principio,
pero con un tinte tan revuelto después, que se veían allí mezclados los más
furibundos liberalotes con los neos más aferidos por sus hechos pasados, pre-
sentes y futuros.
127
miento ha sido apoyado con entusiasmo, habiendo fundados motivos para
creer que no se quede en proyecto, como otras muchas cosas de por
aquí» ".
25. Escrito del corresponsal del periódico El País en Arrecife. El País, 29 de enero de
1869, n." 603, p. 3.
128
si existe alguna cantidad consignada para gastos de alumbrado, que no
suceda lo que antes, que los lechuzos se bebían el aceite hasta que desapa-
recieron los faroles por arte de birli-birloque»^''.
"¿Qué hace el Ayuntamiento de Arrecife que no procura proveer á aque-
lla localidad, capital de la isla, del necesario, del indispensable alumbrado
público? ¿Qué hace aquella autoridad que no persigue sin descanso a los
delincuentes? (...).
Es necesario que se comprenda por los encargados de vigilar por la tran-
quilidad del vecindario, cuales son sus deberes»".
«Vamos, vamos, ciudadano Alcalde de Arrecife, descargue V. del presu-
puesto municipal algunas cantidades cuyo destino no se vé, y aplíquelas V.
á la vigilancia y alumbrado del pueblo; pues de lo contrario esos habitantes
se verán obligados á emigrar a la vecina África, donde se creerán más segu-
129
APÉNDICE
Electores elegibles
Nombre Nombre
130
Electores no elegibles (continuación)
Nombre Nombre
131
Capacidades (no elegibles) (continuación)
Nombre Datos
Fuente: Expedientes municipales del Ayuntamiento de Arrecife. Legajo n." 18, pp. 5r.-7v.
Cargo Nombre
M I E M B R O S F U N D A D O R E S D E LA L O G I A M A S Ó N I C A
A T L A N T I D A , N." 92 D E A R R E C I F E (1875)
Nombre Datos
132
FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA
1. Fuentes
Expedientes Municipales del Ayuntamiento de Arrecife de Lanzarote. Serie: Elecciones muni-
cipales.
Legajos:
n." 18 (1868)
n.» 19, 20, 22 y 25 (1869)
n." 34 y 35 (1872)
n.» 38 y 40 (1873)
Prensa:
El Eco de Gran Canana (1868-1869).
£ / / ' a / í (1868-1869).
La Verdad (1870-1875).
2. Bibliografía
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Santa Cruz de Tenerife, 1982.
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Madrid, 1979.
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Cabildo Insular de Gran Canaria. Las Palmas, 1984.
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133
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de las Islas Canarias. Tomo V.
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del sufragio restringido al sufragio universal (1836-1869)», en Revista de Historia de Cana-
rias. Tomo 38. Santa Cruz de Tenerife, 1984-1986,
VERNEAU, R.: Cinco anos de estancia en las Islas Canarias. J.A.D.L. Santa Cruz de Tene-
rife, 1987.
134
LA DEHESA DE CURÍAME Y EL MOTÍN DE 1829
EN FUERTEVENTURA
VICENTE J. SUAREZ GRIMON
La sociedad canaria del Antiguo Régimen puede ser definida como
una sociedad litigiosa tanto desde el punto de vista institucional como
individual. A los conflictos jurisdiccionales de carácter civil o eclesiástico
se añaden los que con carácter individual o colectivo se dirimen ante los
tribunales de justicia por la disputa de un derecho de propiedad sobre
la tierra o agua, la defensa de los derechos de pasto, etc. El fracaso de
la vía administrativa o judicial en estas disputas que afectan a colectivos
numerosos o que podían tener como protagonistas a pueblos o islas ente-
ras, podía ser el detonante del estallido popular. Son, precisamente, estas
circunstancias las que se dan en el motín objeto del presente estudio: el
de la dehesa de Guriame en 1829.
Los conflictos sociales registrados en Canarias desde 1648 a 1847 bajo
sus distintas denominaciones de motín, tumulto, asonada, alboroto, suble-
vación, etc., alcanzan la cifra del centenar'. Por islas, el mayor porcen-
taje, 61 %, se registra en Gran Canaria y le sigue en orden de importan-
cia Tenerife con el 20%. Con porcentajes inferiores figuran Lanzarote
con el 9% y Fuerteventura y La Gomera con el 4%, figurando con un
sólo ejemplo La Palma y el Hierro. El caso de La Palma invalida la posi-
ble relación entre bajos porcentajes e islas de señorío. No obstante, puede
suceder, como ha señalado Bethencourt Massieu, que la falta de una tra-
dición o la motivación política administrativa, que despoja a la tensión
de un carácter ético-económico, unido al escarmiento de alguna experien-
cia reciente, justifiquen el escaso índice registrado en las islas de seño-
río -.
Las alteraciones populares ocurridas en Canarias desde mediados del
siglo XVII son de diverso signo, sin embargo el mayor porcentaje, 46%,
corresponde a los relacionados con la propiedad de la tierra-usos comu-
1. SUAREZ GRIMON, V. J.: «La conflictividad social en Canarias». En Historia de
Cananas siglo XVIII. Tomo 11, Alzira, 1992», en Volumen III «El siglo XVIII» de la His-
toria de Canarias de Editorial Prensa Canaria (en prensa). En este trabajo no se incluye el
motín de 1829 en Fuerteventura, por lo que la cifra dada es de 99 conflictos desde 1648
a 1847.
2. BETHENCOURT MASSIEU, A.: «La asonada de la «pobrera» de Lanzarote en
1789. Reflexiones .socio-politicas», en A.E.A., n." 34. Madrid-Las Palmas, 1988, pp. 445-476.
137
RELACIÓN DE CONFLICTOS POR ISLAS Y SIGLOS
EN CANARIAS
Islas Siglo XVII S. XVIII S. XIX Total
Gran Canaria — 32 29 61
Tenerife 6 II 3 20
Lanzarote — 7 2 9
Fuerteventura — 2 2 4
Gomera I 2 1 4
Hierro — 1 1
La Palma — 1 1
TOTAL 7 56 37 100
138
Oliva, es decir, Villaverde, Lajares y la propia Oliva'. De acuerdo con
los argumentos esgrimidos por los vecinos de estos pueblos, Guriame for-
maba parte del gran término de Mascona o zona de pastos de la costa
que circunvala toda la isla y que estaba separado de los demás terrenos
cultivables o de la Vega de pan sembrar mediante una pared fabricada
a expensas del conjunto de los vecinos. En la época de labor y mientras
las mieses estaban en el campo, los ganados menores pastaban en la
costa y, una vez recogidas las mieses, volvían a las vegas y tanto en una
como en otra parte pastaban común y libremente los ganados. Sin
embargo, los arrendatarios de la dehesa consideran que desde los tiempos
más cercanos a la conquista se señalaron como particulares los términos
y dehesas de Jandía y Guriame en los que se establecieron ganados pro-
pios de sus dueños para pastar dentro de ellos con expulsión del común
del pueblo. La consideración de pasto común o privado defendida por
una u otra parte, así como la titularidad y aprovechamiento de la dehesa,
se convierten en la cuestión básica que se dilucida en el litigio que ambas
partes inician en 1825. Sin embargo, la razón última del litigio y del
motín de 1829 más que en el derecho o limitación de los pastos se
encuentra en el uso industrial de la hierba cosco.
La dehesa o «término de Ugriame» con sus dos cabanas donde se ha-
ce el provecho del ganado y que llaman Bayuyo y las Atalayas, con tres
rozas de bebederos y sus aguas y acogidas, con la fuente y pozuelo de
dicho término, fue vinculada por testamento otorgado el 28 de octubre
de 1610 por don Gonzalo Arias y Saavedra, señor territorial de la isla,
juntamente con la jurisdicción que le tocaba en la isla de Lanzarote,
como señor de ella, y las rentas que le tocan de los quintos y cosechas
de las orchillas. Desde la fundación del mayorazgo y hasta el siglo XIX,
los distintos poseedores (don Fernando y don Matías Arias y Saavedra,
don Francisco Bautista de Lugo, el mayor, y don Francisco Bautista, el
menor) fueron tomando posesión de la dehesa y recogiendo las orchillas
y demás frutos que el término producía, con absoluta separación de cuan-
tos intentaban interrumpirles.
139
En el siglo XIX, el mayorazgo recae en doña Elena Sebastiana Bení-
tez de Lugo y Saavedra, hija de don Francisco Bautista de Lugo y
vecina de La Orotava, quien en 1822 arrienda la dehesa a don José
Felipe Rodríguez, vecino de Candelaria, por espacio de tres años y por
el precio de 5.400 r.v. anuales. Como fiador actúa su tío el teniente capi-
tán don Domingo García del Corral y el 7 de abril de 1823 se incorpora
como compañero en el arrendamiento su hermano el capitán don Manuel
García del Corral. A partir del 18 de junio de 1823, los hermanos García
del Corral, vecinos de Yaiza en Lanzarote, asumen la titularidad del
arrendamiento en sustitución de su sobrino José Felipe. Entre las con-
diciones que regulan el contrato destaca la prohibición de introducir gana-
dos de fuera en la dehesa y la de no:
«permitir que alguno o algunos particulares hagan fábricas, como lo han
intentado en todos los terrenos o términos que comprenda dicho arrenda-
miento para recoger barrilla, orchilla o con cualquiera otro motivo, a fin de
que no se perjudique en manera alguna la propiedad o posesión de su legí-
timo dueño» "•.
La hierba cosco, cuyo uso industrial hacía poco tiempo que se cono-
cía (1790), había provocado una auténtica invasión de la dehesa por
parte de los vecinos de Fuerteventura y de Lanzarote, que los arrenda-
tarios tratan de atajar a partir de 1824.
Los hermanos García del Corral, una vez posesionados en el arren-
damiento, no pudieron evitar por sí mismos la entrada en la dehesa de
los vecinos y ganados de los pueblos de La Oliva, Villaverde y Lajares
ni tampoco pudieron recuperar el valor del cosco recogido, por lo que
debieron recurrir a la Justicia Real haciendo valer sus particulares dere-
chos y los de la vinculación a que estaban sujetos los terrenos de
Curíame. De esta forma, el 5 de julio de 1825 y en el Juzgado Real
Ordinario de Fuerteventura, se inician autos por parte de los hermanos
García del Corral sobre que:
«los vecinos de La Oliva, Villaverde, Lajares, Tostón y demás partes de
la isla no disfruten en las cabanas del término de Guriame, rosas y otros
puntos de ella, ganados mayores y menores, y menos aprovechen el cosco,
leña y demás arbustos que produce el indicado término» ^
Fruto de la denuncia efectuada por el procurador Antonio Ruiz de
Medina es el auto expedido el mismo día por don Juan Umpiérrez,
Alcalde Ordinario Interino por ausencia del propietario, dando comisión
a los alcaldes de La Oliva, Villaverde y Lajares para que mandasen reti-
rar a cuantas personas estuviesen recolectando cosco en la dehesa, cabana
de Guriame, Bayuyo y demás propiedades arrendadas, entendiéndose lo
140
mismo para con los de Lanzarote «para que dejen en libertad las costas
como está prevenido por circulares y acuerdos del Ayuntamiento». El
cosco que se había cogido se pondría en depósito para partir con los
arrendatarios conforme al trabajo hecho, advirtiendo de su cumplimiento
a los alcaldes con 50 ducados de multa a cada uno. Los alcaldes de los
pueblos afectados convocan a sus vecinos y acuerdan personarse en
dichos autos por mediación de sus síndicos personeros toda vez que se
les había violentado, sin ser vencidos en juicio, en el libre uso de la
cogida de yerba cosco, debiéndose pedir al Alcalde Ordinario que sus-
penda el derecho de posesión y, en caso necesario, el de propiedad.
Se inicia, pues, el conflicto por la vía administrativa o judicial, sus-
tentándose la pretensión de los vecinos en:
a) Negar a los hermanos García del Corral personalidad para inter-
venir en este juicio al no ser dueños sino arrendatarios de la dehesa y
no contar con poderes de doña Elena S. Bautista. Inicialmente, incluso,
se duda de que tengan esta condición (el arrendamiento se hizo a su
sobrino José Felipe Rodríguez) y, posteriormente, consideran que ha expi-
rado el plazo de los tres años del arrendamiento. Cuando la parte con-
traria acredite la prórroga hecha por el coronel don Agustín Cabrera del
contrato de arrendamiento por otros tres años más, la defensa de los veci-
nos alega que dicho Coronel «no acreditó, insertándolo en la misma escri-
tura, el encargo y discernimiento que judicialmente se le hubiese hecho
de la tutela de doña Elena Bautista de Lugo».
b) Poner en discusión la titularidad de la dehesa por parte de la Casa
de Saavedra. La dehesa de Guriame, según la defensa de los vecinos, era
sólo una pequeña porción de terreno que se halla en el gran término de
Mascona que circunvala toda la isla, separado por una pared fabricada
a expensas de todos los vecinos de los demás terrenos cultivables y en
el que entraban a pastar libremente todos los ganados. En él, cada dueño
o pastor fabricaba una choza o cabana que les servía de abrigo, para
ordeñar el ganado y hacer el queso. Desde lo antiguo, este derecho se
consideró común a todos los vecinos y, si bien no se extendía al terreno
donde pastaban los ganados, sí que lo tenían sobre las cabanas, rozas
y pozos que se hacían para abrevar el ganado, y acabó por convertirse
en objeto de enajenación y transmisión por medio de los títulos estable-
cidos para adquirir legítimamente el dominio de las cosas. Esto fue lo
que sucedió con don Gonzalo de Saavedra que, como cualquier otro par-
ticular que conducía sus ganados a dicho término, fabricó dos cabanas,
hizo dos rozas y un pozo o fuente para abrevarlo, ejerciendo sobre ellos
una verdadera propiedad que acabó vinculando en 1610. Este era, por
tanto, el origen en el que debían buscarse los legítimos y verdaderos dere-
chos de los que, adelantándose en el tiempo, han usurpado una impor-
tante porción de terrenos, cuyo uso era común a todos los vecinos. Esto
141
fue precisamente lo que ocurrió con don Francisco Bautista, abuelo de
doña Elena, que en 1744 levantó un coto en el que sólo se permitía la
entrada de los ganados de su Casa y no otros. De aquí se infiere que
don Gonzalo de Saavedra no poseía más que un partido para criar
ganado como cualquier otro vecino y que sólo era dueño de las dos
cabanas, pozos y bebederos para abrevar el ganado. ¿Por qué el terreno
acotado o usurpado en 1744 no fue reclamado? Después de considerar
que la reclamación debieron hacerla los ayuntamientos de aquella época,
desisten de hacerlo ahora porque se podría alegar la prescripción de tan-
tos años. Pero no por ello iban a permitir que se les prive del derecho
que comunalmente tienen en los demás terrenos de la dehesa de Guriame
no comprendidos en el coto con el fin de aprovechar los pastos, cosco
y otros arbustos que allí se producen.
142
la dehesa de Jandía, relativo a la toma de posesión de la dehesa de
Guriame por el apoderado de don Francisco Bautista de Lugo.
c) La independencia de los pastos de la dehesa respecto de los del
común de la isla y de la que eran expulsados los ganados extraños.
d) La inconsistencia de los derechos esgrimidos por los vecinos del
pueblo de Villaverde toda vez que éste no tuvo principio hasta el año
1730 con motivo de la erupción del volcán de Lanzarote.
Los autos fueron recibidos a prueba por auto de 30 de enero de
1826. Se trató de descartar del pleito todo lo inútil e inconexo, dejándolo
reducido a que las partes usasen de sus respectivos derechos. Los unos
respecto del usufructo que pretendían tener en la dehesa en virtud del
contrato de arrendamiento; los otros el de entrar en ella para aprove-
charse de sus producciones.
El 29 de noviembre de 1827 el Alcalde Mayor Teodoro Antonio
Evora declaró los autos conclusos para sentencia, remitiéndose al asesor
don José de Zarate, previa citación de las partes, para dictamen del auto
definitivo. El 20 de marzo de 1828 don Vicente Pérez León, Alcalde
Mayor y Juez Ordinario de Fuerteventura, tras declarar que los herma-
nos García del Corral habían probado en bastante forma su acción y
derecho, según probarlo les convenía, y que los contradictores no habían
hecho alguna que favorecerles pueda, dispone que los citados arrenda-
tarios;
«sean restituidos, manutenidos y conservados en el uso y aprovecha-
miento exclusivo, tanto de la yerba cosco como de las demás producciones
naturales e industriales de la nombrada dehesa de Guriame y de cuanto se
comprende en su arrendamiento por todo el tiempo de la conducción, sin
que persona alguna, sea de la clase o condición que fuere, les interrumpa
ni turbe ni pueda introducirse en parte alguna de los mismos terrenos por
si ni con sus ganados ni animales, a hacer fábricas, panificaciones, pastar
ni utilizar alguna cosa sin expresa licencia de los mismos conductores o en
virtud de contratos que con ellos celebren, lo que se les prohibe bajo la
multa a los contraventores de cada veinte y cinco ducados por la primera
vez, doble por la segunda, y de procederse contra ellos en razón de la rein-
cidencia como inobedientes a los preceptos judiciales, a más de perder en
todo caso las fábricas, semillas y aprovechamientos que reporten y de quedar
responsables a los daños y perjuicios que se originen».
Asimismo, se condena a todos los que por haberse introducido arbi-
trariamente a aprovechar la hierba cosco dieron origen a la presente
demanda a que:
«restituyan a los arrendatarios la mitad de la que hubiesen extraído o su
valor a los, precios corrientes al tiempo de las recolecciones, para cuya ave-
riguación, en defecto de acuerdo y conformidad de los interesados, se pro-
cederá breve y sumariamente en obiación de gastos y demoras» ^
¡bidem. f. 2 v. 3 r.
143
Las partes litigantes tuvieron conocimiento de este auto el 6 de mayo
de 1828 y, el 13 de mayo, los vecinos de La Oliva y Villaverde a través
de sus síndicos personeros (Francisco Alvertos y Vicente Guerra) apelan
ante la Real Audiencia, la cual les fue admitida libremente y en ambos
efectos por decreto de 24 de mayo de dicho año. A petición de los sín-
dicos personeros, la Audiencia ordena el 26 de junio la remisión a Gran
Canaria de los autos originales. Corría el año 1829 cuando don Francisco
Cerdeña, en representación de los síndicos, solicita a la Audiencia el 4
de abril que el auto proveído por el Ordinario de la isla de Fuerteven-
tura fuese declarado nulo de ningún valor ni efecto o, al menos, revo-
cado por injusto, proveyendo a favor de sus representados. Los argumen-
tos expuestos vienen a ser los mismos que se alegaron en la primera ins-
tancia, añadiendo que desde que:
«se reconocía en esta Isla la yerba cosco, ha sido recogida común e indis-
tintamente por todos los vecinos de la isla en las costas y términos eriales;
que en los años estériles sirve su semilla para hacer gofio con el cual se ali-
menta una gran parte de la Isla que de otra manera perecería de hambre
y de miseria; que desde el año de mil setecientos noventa que empezó a reco-
nocerse el uso del cosco reduciéndolo a piedra, siempre se ha recogido tam-
bién por todos ios vecinos sin que en ningún tiempo se hubiera tratado de
privárseles de este auxilio»'.
Se trataba, pues, de poner de relieve que el uso del cosco como ali-
mento era el único recurso que quedaba a los vecinos de Fuerteventura
para conservar la vida en los años estériles, bastante frecuentes en la
isla.
Por su parte, don Francisco Morales Betancourt, en representación
de los hermanos García del Corral, solicita el 11 de abril de 1829 la con-
firmación del auto del Ordinario con las costas de ambas instancias. Su
defensa también se articula sobre los mismos argumentos expuestos en
la primera instancia. Se insiste, a su vez, en que la clave del pleito está
en el aprovechamiento del cosco que ya:
«nadie lo aprovecha con los ganados, todos lo manufacturean y todos
lo comercian con e! extranjero y tanto, que esta yerba y la barrilla hacen
la fortuna de los propietarios de Fuerteventura y Lanzarote, sin necesitar en
el día de ella para el sostén de sus ganados, que, o bien, los han disminuido
o los han destinado a otras comedurías»*.
Vistos los autos para sentencia, la Audiencia el 7 de julio de 1829
confirma el auto dado por el Ordinario de la isla de Fuerteventura el
20 de marzo de 1828. Al día siguiente, la representación de los síndicos
de La Oliva y Villaverde apela el auto anterior para la Audiencia de Gra-
7. Ibídem, f. 18 r.
8. Ibidem, f. 33 r.
144
dos de Sevilla. La parte de los hermanos García del Corral pide que la
apelación sea denegada «o cuanto más oiría en sólo el efecto devolutivo,
declarando no hacerse lugar en el suspensivo». Se trataba de averiguar
por qué los síndicos introducían la apelación y si, atendida la clase y
naturaleza del fallo de que se interpone, era susceptible de él. En cuanto
al motivo, don Francisco Morales no duda en señalar que de lo que se
trata es de dar largas al pleito para continuar en el disfrute desordenado
de las hierbas cosco y pata que producían los terrenos de la dehesa. Por
otro lado, considera que no hay razón para usar del recurso de apela-
ción, calificada de frivola y maliciosa, porque no se trataba de mejorar
la Justicia ante otro tribunal sino de paralizar el fallo dado, quedándose
en la conocida detentación de los frutos con evidente daño del dueño y
sus arrendatarios. Por consiguiente, la apelación se les debía denegar en
el efecto suspensivo, admitiéndola sólo en el devolutivo. Así lo acuerda
la Audiencia el 15 de julio de 1829, distinguiendo dos vías en la reso-
lución del litigio de la dehesa;
1. La vía de la apelación a la Audiencia de Grados de Sevilla. Sin
embargo, ésta no tuvo efecto porque los síndicos de La Oliva, Villaverde
y Lajares dejaron transcurrir el plazo estipulado para mejorar la apela-
ción. Por ello, el 2 de octubre de 1830 la Audiencia declara desierta, a
petición de don Francisco Morales, la apelación interpuesta al auto de
vista de la Sala de 7 de julio de 1829 y éste por consentido y pasado en
autoridad de cosa juzgada.
2. La puesta en práctica del auto de la Audiencia 7 de julio de 1829
que confirmaba el del inferior de 20 de marzo de 1828. Para ello, el 18
de julio de 1829 se expide, a petición de don Francisco Morales, la corres-
pondiente Real Provisión encomendando su cumplimiento al Alcalde
Mayor de Fuerteventura. Este la obedece y manda cumplimentarla a los
alcaldes pedáneos de los pueblos de La Oliva, Villaverde y Lajares so
pena de 200 ducados de multa'. El Teniente Alguacil Mayor de la isla
convoca en la dehesa de Guriame a los citados alcaldes, pero éstos se
limitan a hacer ligeras insinuaciones a los que estaban recogiendo el
cosco y la pata para que abandonasen la dehesa y entregasen a los arren-
datarios la mitad de la hierba recogida ">. El 4 de agosto, don Manuel
Guerra y don Mateo Melián, alcaldes de Villaverde y Lajares, hicieron
entrega de la dehesa limpia de los «cosqueros» a don Manuel García,
145
así como de la lista de los que tenían cogido y sin coger el cosco en ella
para recibir de ellos la mitad. Sin embargo, la Real Provisión no fue obe-
decida a pesar de las exigencias de los hermanos García del Corral que
solicitan al Alcalde Mayor expida nueva providencia para acabar con
tales excesos, debido a:
a) Que el cosco estaba siendo reducido a piedra tanto durante el día
como de la noche. En un solo día unos 30 hombres habían extraído más
de 440 quintales de piedra.
b) Que el alcalde de Villaverde, además de los quintales que ya había
sacado, estaba exigiendo a todas las personas que no eran vecinas de los
tres pueblos afectados un quintal de piedra con el pretexto de destinarlo
a la prosecución del pleito.
c) Que el citado alcalde había tratado de deslindar la dehesa con el
fin de dejar fuera la principal cosecha de cosco.
Sin embargo, el Alcalde Mayor Francisco Carlos Ocampos en lugar
de acudir personalmente a atajar estos desórdenes se limita a comisionar
de nuevo el 6 de agosto a los alcaldes pedáneos para que bajo la multa
de 300 ducados, sin perjuicio de los 200 impuestos con anterioridad, cum-
pliesen en el plazo de tres días con la entrega de la mitad de la hierba
cosco y pata. Este nuevo decreto es considerado por la representación
de los arrendatarios como una coartada para salvar su responsabilidad,
pues resultaba evidente que tanto el Alcalde Mayor como los pedáneos:
«caminaban de acuerdo para enervar y dejar sin efecto la Real Provisión,
puesto que cuando se dictó, que fue el 6 de agosto, ya no había yerba en
la dehesa, ya cada cual había retirado sus respectivas porciones como la pie-
dra que en la propia dehesa se hallaba manufacturada, y ya también el
tumulto o asonada que los tres pueblos reunidos habían hecho para dirigirse
contra la persona de don Manuel García, uno de mis constituyentes, se había
verificado el día y noche anterior 5 del expresado mes»".
El plan, por tanto, había tenido éxito ya que se logró recoger la tota-
lidad del cosco, no se cumplimentó la Real Provisión y se expulsó de la
isla por medio del motín a don Manuel García, que era el que se había
presentado para activarla.
El 13 de febrero de 1830 y ante la gravedad de los hechos, don Fran-
cisco Morales pide a la Audiencia que arbitre los medios necesarios para
que no queden impunes. Sin embargo, esa comisión no debía encargarse
al actual Alcalde Mayor, don José Mauricio Ocampos, por ser hermano
del saliente ni a los demás individuos del Ayuntamiento por estar vin-
culados entre sí y, tal vez, interesados en retardar la ejecución de lo pre-
venido. La petición de Morales se centra en tres puntos fundamentales:
146
1. Que se despache una nueva Real Provisión, sobrecarta de la
dada, a favor de don Lázaro Rugama, vecino de Puerto de Cabras, para
que por sus reconocidas cualidades de independencia y rectitud proceda
a su cumplimiento, averiguando las personas que extrajeron el cosco y
les apremie a su entrega por venta y remate de bienes. Sí carecieran de
ellos se debía dirigir responsabilidad mancomunada contra el ex Alcalde
Mayor Francisco C. de Ocampos y los alcaldes y síndicos pedáneos de
los pueblos de La Oliva, Villaverde y Lajares.
2. Que se haga saber a dichos alcaldes y síndicos que no otorguen
escritura de venta alguna, so pena de nulidad, porque se estaban pro-
duciendo:
«ventas fingidas... de los expresados sus bienes, temerosos con funda-
mento del resultado de la asonada que proyectaron como último arbitrio
para no dar cumplimiento a la Real Provisión o al menos entorpecerlo» '2.
147
pleito sobre la dehesa de Guriame. No obstante, desconocemos si el
citado comisionado llevó a cabo su cometido y si hasta entonces los veci-
nos de Fuerteventura continuaron aprovechando la hierba cosco de la
dehesa bien como alimento (gofio), bien como uso industrial.
2. E L M O T Í N D E L 5 D E A G O S T O D E 1829
14. Para el alcalde don Manuel Guerra, sin embargo, el tumulto «quizá lo ocasionarían
no los vecinos de mi pueblo, ni los comarcanos, sino tal vez de los demás de la isla y fuera
de ella»,
15. A.H.P.L.P. Sala de la Real Audiencia. Documento-signatura 1-6.034, año 1829, f.
70 V. 71 r.
148
a) Los hechos
El tumulto se inicia hacia las 14.30 de la tarde del día 5 de agosto
de 1829 cuando, en torno a la casa de don Manuel García del Corral
en la dehesa de Guriame, se concentran unos 400-500 hombres armados
con garrotes y, al son de ¡Viva Fuerteventura!, proferían gritos amena-
zantes contra él y la Audiencia por considerar que:
«no había más Audiencia que los garrotes y que lo que quisieran era
coger entre sus manos a los ministros (del) Tribunal para hacer con toda
la Audiencia lo mismo que conmigo (Manuel García)» '*•.
Con anterioridad se había celebrado una reunión en la ermita de San
Vicente de Villaverde con el objeto de tratar sobre las medidas a poner
en práctica para que don Manuel García del Corral no percibiese la
mitad del cosco que habían recogido '\ El objetivo de los amotinados
era:
1. Apresar a don Manuel García para conducirle al puerto de Corra-
lejo y embarcarle para la isla de Lanzarote.
2. Exigir la entrega de la Real Provisión y de todos los papeles rela-
cionados con la dehesa.
3. Exigir que se presentase el Alcalde Ordinario de la isla para darle
su merecido al igual que a García del Corral.
Por influjos del propio García del Corral y por las noticias traídas
por Rafael Alonso y Ventura Valiente, vecinos de Villaverde, de que en
Corralejo no había barco disponible, deciden volver sobre sus pasos y,
tras celebrar varios conciliábulos, acuerdan pedir al detenido la firma de
un documento en el que se recogiese su separación de los términos y
aprovechamientos de la dehesa. Había caído la noche y la oscuridad
impide la redacción del documento, circunstancia que aprovecha García
del Corral para pedir a los amotinados que le trasladen a la ermita de
San Vicente. De esta manera, el tumulto se dirige hacia Villaverde, pero
se detiene en el paraje de la «Aljibe de la Costa de don Julián Sicilia»
en espera, según señala el Subdelegado de Policía de la isla, de los cabe-
cillas del motín. Allí, mientras esperaban a los vecinos de Lajares, cele-
bran nuevos conciliábulos y se vive el momento más crítico del tumulto
al surgir una voz entre los más de 200 amotinados que gritaba que «lo
mejor es meterle un clavo por la cabeza y salir pronto del paso». Era
ya medianoche y los mecanismos de represión o, mejor, de pacificación
del tumulto se habían puesto en marcha por parte de las autoridades mili-
16. Ibidem, f. 25 r.
17. Algunos de los testigos del sumario justificarán su participación en el tumulto por
el hecho de haber sido convocados por don Manuel García a su casa para tratar cómo y
cuándo entregar la mitad del cosco que cada uno habia cogido.
149
tares de la isla. Ello no sólo va a permitir salvar la vida a García del
Corral sino que también facilita una solución airosa del motín.
En la madrugada del día 6 de agosto, la tropa que había sido movi-
lizada por don Francisco Manrique de Lara, Coronel-Gobernador de
Fuerteventura, y que se mantenía a un tiro de fusil del «Aljibe» entra
en negociaciones con los amotinados '*. En dos ocasiones, Jerónimo Valen-
tín Dumpiérrez, cabo miliciano, les exigió de orden del subteniente don
Manuel de Cubas la entrega de García del Corral y la disolución del
tumulto. Por tercera vez se presenta el sargento José Espinosa con la
orden de que si no se liberaba a don Manuel García la tropa abriría
fuego sobre los amotinados. Esta vez sí tuvo éxito la negociación y se
libera a García del Corral y es conducido a La Oliva, donde permanece
varios días refugiado en las casas del Coronel de la isla hasta el día 9
de agosto en que bajo la protección de don Joaquín de Vila, Subdele-
gado de Policía, se embarca para Lanzarote por Puerto Cabras.
Aunque García del Corral fue liberado y el tumulto disuelto, la tropa
no logró apresar a ninguno de los participantes en el tumulto. Unos días
más tarde, el 10 de agosto y tal vez porque hasta esa fecha no se había
tomado providencia alguna por parte de la Justicia, en la ermita de Villa-
verde y a la salida de la misa de precepto, se reunió el pueblo y se repi-
tieron:
«conversaciones alarmantes diciendo que si no conseguían su empresa de
continuar disfrutando los aprovechamientos de los términos de aquella
dehesa, que no harán centinelas ni atalayas ni servicio en conservación de
la Isla» I".
No obstante, la tranquilidad volvió a reinar en los pueblos de la
parroquia de La Oliva y tan sólo se vio alterada en los meses siguientes
por la detención de los reos o inculpados cuyos nombres fueron dados
por los testigos de la sumaria. Pese a ello, se consiguió retrasar hasta
1845 el cumplimiento de la ejecutoria de la Audiencia sobre la dehesa
de Curíame.
150
las mismas autoridades municipales de los pueblos antes citados. Con
anterioridad, hemos visto cómo en el pleito sobre la dehesa el procurador
don Francisco Morales Betancort acusaba al Alcalde Mayor Francisco
Carlos Ocampos de estar confabulado con los alcaldes de los pueblos
toda vez que no había adoptado medidas disciplinarias contra ellos por
no haber cumplimentado la ejecutoria de la Audiencia. El mismo don
Manuel García acusa, en el relato de los hechos, a los alcaldes de Villa-
verde y Lajares (don Manuel Guerra y don Mateo Melián) de estar impli-
cados en la organización del tumulto pues, aunque el día que se produjo
estaban fuera de sus pueblos practicando diligencias con el Teniente
Alguacil Mayor en el lugar de La Oliva, los demás individuos de los
ayuntamientos no tomaron medidas para evitar los desórdenes. Ni tan
siquiera pusieron los hechos en conocimiento del Coronel y Gobernador,
quien tuvo noticias del tumulto por recados particulares dados por María
del Carmen Gutiérrez, vecina de Tetir^». Don Joaquín Vila, Subdelegado
de Policía, expone a la Audiencia que el disimulo y pasividad con que
se había actuado por parte de las autoridades en la identificación de los
autores del motín hacían aconsejable la presencia de un comisionado que
administrase justicia con rigor, pues se tenían indicios de que fueron los
propios alcaldes los que convocaron a los vecinos de Guriame. Algunos
de los testigos del sumario, aunque con un sentido muy distinto, llegan
a responsabilizar del motín a los alcaldes de Villaverde y Lajares por
haber expulsado de la dehesa, en cumplimiento de lo mandado por la
Real Audiencia, a los que estaban cogiendo y quemando la hierba cosco.
Para Vila, la cabeza del motín era el presbítero don Rafael de Cubas
que;
20. María del Carmen había salido la tarde del 5 de agosto de Villaverde con dirección
a Guriame en compañía de Ana M." García, vecina de Triquivijate. Al llegar a la Montaña
de Lenguas encontraron bastante gente reunida y, aunque un grupo de hombres intentó rete-
nerlas, lograron alertar a García del Corral. Este las envió a avisar al Coronel de la isla,
lo que consiguieron después de despistar a otro grupo de hombres que intentaron cerrarles
el paso por la punta de la Atalaya.
21. A.H.P.L.P. Sala de la Real Audiencia. Documento-signatura 1-6.034, año 1829, f.
71 V. De no ser el motor del motín, señala Vila en su informe dirigido a la Audiencia el
10 de agosto, le sería fácil pacificar a los vecinos por el ascendiente que tiene sobre ellos.
Incluso señala que el Venerable Cura de La Oliva, por manifestaciones que éste hizo a Vila,
le había pedido «que se deje de hacer pedimentos, que se retire y no se mésele en cosas de
pueblo, que aprecie más su tranquilidad y no entienda en otra cosa que en su casa y minis-
terio, pero es necesario confesar que tiene un natural terco y que se labra su ruina teme-
rariamente con desprecio de mis consejos (párroco)».
151
Su implicación parecía estar fuera de duda toda vez que en la tarde
del domingo 2 de agosto estuvieron reunidos en sus casas el párroco de
La Oliva, los alcaldes de Villaverde y Lajares, el cabo de Milicias Roque
Viera, Vicente Guerra, Vicente Alvarez el Viejo y otros más «que salían
y entraban con frecuencia» en ella. La acusación de Vila contra el pres-
bítero Cubas le lleva a señalar «que en estos pueblos no se reconoce más
soberano ni autoridad que la del presbítero Cubas, ni rigen otras leyes
ni preceptos que los que imprimen en estos incautos el capricho y teme-
ridad de este presbítero». Como quiera que era el autor de todos los
males que se han producido y de los que están por venir, era conveniente
se le expulsara de la isla como primer paso para podfer formar la causa
sobre la asonada.
No menos significativa resulta, al menos en una ocasión tan crítica
y apurada como la que se estaba viviendo, el repentino cambio de los
empleados municipales de La Oliva. El mismo día 2 de agosto se reúne
el vecindario para conocer los nuevos electos propuestos por la Audiencia
para ejercer los empleos de alcalde, diputado y síndico. Don Esteban
Negrín, considerado por el Subdelegado de Policía como hombre «simple
de espíritu», fue convencido para que renunciase y no acepte el despacho
de alcalde; en tanto que a don Vicente Alvarez Betancourt, nuevo dipu-
tado electo, le sacaron «miles imposiciones y tranquillas para no entre-
garle el título», continuando el saliente Gregorio Alvertos. Sin embargo,
el lunes se convocó cabildo urgente e hicieron comparecer a Alvarez
Betancourt y le hicieron entrega de su nombramiento, circunstancia que
aprovechó Negrín para pedir el suyo cuando la tarde del día anterior,
indiferente a la multa que la Audiencia le imponía, resistió tomarlo.
Este cambio repentino en la provisión de los empleos públicos de La
Oliva daban a entender, y así lo consideró don Joaquín Vila, que tra-
taban de «contener la revolución, pero al estar los espíritus inquietos y
dispuestas las cosas para el día señalado:
«no hubo tiempo de andarlo y se verificó la asonada sin las cabezas en
quienes confiaban, resultando un tumulto vacilante que, variando cada corto
tiempo de dirección, decían vamos a La Oliva, como aspirando a aproxi-
marles a donde pudieran dirigirlos, como en efecto el Aljive en que hicieron
alto, a la proximidad de Villaverde, es el recto camino a La Oliva» 22.
Sea cual fuere la implicación de los alcaldes en la organización y des-
arrollo del tumulto, lo cierto es que acabaron siendo relevados en el
cargo por los diputados de abastos. Incluso, el de Villaverde, don Manuel
Guerra, fue apresado al igual que lo fueron don Domingo Quintero, sín-
dico de Lajares, don Vicente Guerra y don José Tomás de Vera, síndicos
de Villaverde en 1828 y 1829, respectivamente.
22. Ibídem, f, 73 r.
152
c) La represión
Una vez disuelto el motín por intervención de las Milicias se inician
las diligencias para averiguar sus promotores y participantes. Como ya
se ha señalado, la autoridad militar de la isla tuvo noticias del conflicto
por recados particulares que se le dieron el mismo día 5 y, a su vez, lo
notificó al Comandante General de las islas. Sin embargo, el Alcalde
Ordinario sólo tuvo noticias de los acontecimientos el día 6 a través del
relato de los hechos que le remitió don Manuel García del Corral. La
Audiencia fue informada por el Subdelegado de Policía el 10 de agosto,
no teniéndose noticias vía Alcalde Ordinario, como encargado del cui-
dado y tranquilidad de la isla, hasta el 27 de agosto. Unos días antes,
el 25 de agosto, el fiscal de la Audiencia señala que un tumulto o aso-
nada de 400-500 personas que con mano fuerte acometieron la dehesa
de Guriame y que requirió de fuerza armada para ser dispersado, no
podía pasar desapercibido a la Justicia de la isla. Se resiste el fiscal a
pensar que el Alcalde Ordinario, por connivencia con los amotinados,
no haya tomado providencia alguna y que la falta de noticias se debía
más a los peligros del mar que a la no formación del sumario.
Sin embargo y aunque hasta el 27 de agosto no se da parte a la
Audiencia, desde el día 7 la Justicia Ordinaria de la isla había ordenado
al alcalde de Villaverde que proceda a la formación de la correspondiente
sumaria con remisión a la real cárcel de los que resultaren reos, aunque
disfruten del fuero militar, con advertencia de que de no hacerlo se le
consideraría como uno de tantos agresores. El alcalde don Manuel Gue-
rra, que no sabía leer ni escribir, expresa su protesta porque en su pue-
blo no existen personas capacitadas para llevar a cabo esta comisión sin
perjuicio de culpar al inocente y de liberar al culpable. Tal actitud es con-
siderada por el Alcalde Ordinario como un intento de ocultar el tumulto
y el 14 de agosto de 1829 le reclama la sumaria que debió haber practica-
do desde el mismo día del tumulto y los reos. Mientras, desde el día 8
y hasta el 16 de agosto, don Manuel Guerra había empezado a tomar
declaraciones a unos 30 testigos de Villaverde, 12 de La Oliva, 1 de Tetir
y I de Lajares. La mayoría declara no haber tenido noticias del tumulto
sino de oídas por estar ausentes de la localidad o enfermos. Si se excep-
túa al mayordomo de la dehesa, Antonio Laureano, que da los nombres
de 5 personas, el resto de los que acompañaron o formaban parte de la
tropa declara no haber visto ni conocido a nadie bien por la lejanía o
por la oscuridad de la noche.
De la información recogida por don Manuel Guerra no resultaba quié-
nes eran los tumultuados y menos se podía probar con los de Villaverde
y pueblos inmediatos. Por este motivo, el Alcalde Ordinario pide —17
de agosto— al Coronel y Gobernador de las Armas que facilite los auxi-
lios militares que fuesen necesarios y que ordene al oficial, sargentos,
153
cabos y soldados que acudieron a Guriame a contener el tumulto se pre-
senten en Betancuria para prestar declaración. Esta comienza el 20 de
agosto con el cabo Jerónimo Valentín, el sargento José Espinosa, el sub-
teniente Manuel de Cubas y los milicianos Antonio Cabrera, Marcial
Elvira, José Espinosa, Marcial Torres, Francisco Rodríguez, Juan
Lorenzo Cedrés, José Acosta, vecinos de La Oliva, que declaran no
haber conocido a nadie por la oscuridad de la noche y sólo sabían por
haberlo manifestado don Manuel García que entre los tumultuados
estaba el miliciano Valentín Betancort, vecino de Lajares. A finales de
agosto, el Alcalde Ordinario pretendió seguir la causa en La Oliva, pero
el día 31 decide celebrar la audiencia de los testigos en el pueblo de Tetir
como consecuencia de los rumores vertidos por una mujer de tierra aden-
tro relativos a que:
«los de Villaverde esperaban al señor Alcalde Mayor en el lugar de La
Oliva y sus pagos con su escribano y ministro, que se le habían de hallar
porque ya estaban perdidos y querían acabarse de perder» 2'.
Los días 1 y 2 de septiembre se toma declaración en Tetir a 5 tes-
tigos (medianeros de la dehesa y sus mujeres) que, bien por haberlos
visto o por oírlo a terceros, identifican a unas 14 personas. Al resto de
los testigos que no comparecieron se les toma declaración a partir del
día 9 de septiembre y se prolongan hasta el siguiente año de 1830. En
oficio del Alcalde Ordinario dirigido a la Audiencia el 15 de diciembre
de 1829 se justifica la lentitud del proceso por la distancia entre la capi-
tal, los pueblos del tumulto y la fortaleza donde residen los presos,
«teniendo muchas veces que arbitrar medios de alimentos, aun para las
personas presas y aun para los mismos que las conducen porque aquí no
hay fondos públicos que puedan subvenir estos gastos (ia conducción de sol-
dados y reos) y ni aun los del papel» ^''.
La Audiencia, no obstante, exigirá a fines de 1829 que el Alcalde
remita cada 15 días un parte sobre el estado y progresos de la causa. A
las personas inculpadas con anterioridad se van añadiendo nuevos nom-
bres, pero la mayoría de los testigos siguen manifestando no tener noti-
cias del tumulto o no haber conocido a nadie por la oscuridad de la
noche o la distancia.
Mientras, la Audiencia había acordado pedir al Alcalde Ordinario
remisión del testimonio de la causa formada y de la que el Subdelegado
23. Ibídem, f. 54 r. Esta declaración la hizo María Perdigón, vecina de Tetir, quien oyó
decir a dicha mujer que «si estos perros no querían abrir la puerta de la Iglesia (la ermita
de San Juan), que se deje ir para Villaverde el Alcalde con sus escribanos que ellos estaban
ya perdidos y que poco se les daría hacerles lo mismo que a don Manuel del Corral». Ibí-
dem, f. 55 r.
24. ¡bídem, f. 167 v.
154
de Policía debió haber formado por corresponderle, de acuerdo con el
artículo 12 del decreto de 8 de enero de 1824 confirmado por la R.C.
de 19 de agosto de 1827, el impedir las reuniones tumultuarias que ame-
nazan la tranquilidad de las ciudades y campos. El Alcalde, por auto de
13 de septiembre, ordena su remisión y el arresto de unos 36 reos en los
fuertes de la isla y en la cárcel real de la capital. Entre los que debían
ser arrestados en el fuerte de Caleta de Fustes figuran el alcalde y per-
sonero de Villaverde y el personero de La Oliva. Por su parte, el Sub-
delegado de Policía ordena el 14 de septiembre, a requerimiento del
Alcalde Ordinario, que los matriculados y dependientes de Marina debían
obedecer «ciegamente» las disposiciones del citado Alcalde en lo relativo
a la causa sobre la asonada de Guriame. En cuanto al sumario que
debió haber formado manifiesta, como ya lo había expuesto a la Audien-
cia, que no ha podido proceder a su formación debido a la:
"descarada persecución declarada a esta Subdelegación de Policía por el
constante partido tumultuario de esta parroquia (La Oliva) y que, entorpe-
cidas sus funciones del modo más atrevido, no le han permitido poner en
práctica nada de sus deberes»".
25. Ibídem, f. 78 v.
155
Una vez ordenado el arresto de los reos, el Alcalde Ordinario dispone
la movilización de la primera y segunda Compañía de Milicias con sedes
en Betancuria y La Oliva para proceder a su detención en este último
pueblo. Esta disposición suscitó un conflicto de competencias con el Coro-
nel de la isla por haber puesto sobre las armas a la primera compañía
sin su autorización y constituir una demostración excesiva de fuerza el
tener dos compañías movilizadas. Al problema de la movilización se une
el de la alimentación y alojamiento de la tropa al negarse el Subdelegado
de Reales Rentas a suministrar el prest a las dos compañías que se halla-
ban sobre las armas, pues considera que era obligación del Alcalde Ordi-
nario el sacar víveres de los pueblos para mantenerlos. Por decreto de
16 de septiembre y ante la necesidad de repartir por las distintas forta-
lezas de la isla a los reos capturados y poner en todas ellas guardias sufi-
cientes, el Alcalde Ordinario manda al de La Oliva que nombre persona
que:
«cobre y habilite la cuota de alimentos y prest que reparta entre los pue-
blos de La Oliva, Lajares y Villaverde, y que sean bastantes a contribuir con
el correspondiente diario para la manutención de la tropa que se destine a
dichos puntos por el señor Gobernador de las armas y para la manutención
de los reos»2'>.
26. Ibídem, f. 84 r.
156
vención de La Oliva a disposición del Alcalde Ordinario como tumul-
tuarios. Estos, finalmente, fueron a parar a la fortaleza de Caleta de Fus-
tes. En total son 30 las personas que debían ser detenidas. Sin embargo,
el 17 de septiembre sólo han ingresado en la fortaleza de Caleta de Fus-
tes unos 20 presos, incluidos cuatro cargos municipales. El resto no pudo
ser detenido a pesar de que el Subdelegado de Policía había adoptado
las medidas convenientes para que no se diera pasaporte ni permita el
embarque a los reos para otras islas.
Después de 26 días de arresto en la fortaleza de Caleta de Fustes, los
presos, ante las dificultades para proveerse de agua, leña y alimentos, soli-
citan al Alcalde Ordinario su traslado a la fortaleza del Tostón:
«por ser más proporcionable para el fin por tener agua, leña y demás,
y que se halla inmediata a una población grande que es el pueblo de Tostón
y que, por lo menos alli, se les puede socorrer sus necesidades» 2'.
La solicitud es tenida en cuenta y a fines de octubre se produce el
traslado. Por esa época (26 de octubre) se producen nuevas detenciones,
tal como se observa en el Cuadro I, y se liberan algunos de los dete-
nidos.
¿Qué había pasado con los eclesiásticos denunciados por el Subde-
legado de Policía como cabecillas del tumulto? El 16 de octubre de 1829,
el Alcalde Ordinario solicita del Vicario General de la isla que ordene
la comparecencia de don José Rivero, venerable cura de La Oliva, y del
presbítero don Manuel Rodríguez, cura de los Lajares, para tomarles
declaración. En la solicitud no se incluye al presbítero Cubas, cabecilla
del tumulto según don Joaquín Vila. Tanto uno como otro comparecen
en Betancuria el 20 de octubre pero se niegan a declarar por considerar
que la causa era criminal de gravedad y el concilio les impedía mezclarse
en ella sin autorización del Obispado. El día 22 se pide autorización al
Obispo, circunstancia que también es puesta en conocimiento de la
Audiencia. En enero de 1830 se obtiene respuesta en el sentido de que
no se daría licencia a los eclesiásticos sin que antes se remita al Juez Ecle-
siástico testimonio de las preguntas que les iban a formular. Hasta el 23
de junio de 1830 no se remiten las preguntas a dicho Juez, si bien des-
conocemos el contenido de las declaraciones evacuadas y las imputaciones
que se hicieron al párroco Rivero y a los presbíteros Manuel Rodríguez
y Rafael Cubas.
Las deficiencias de la documentación nos han impedido conocer el
final de la causa criminal que en el Juzgado de Fuerteventura se siguió
contra los autores y los cómplices del tumulto del 5 de agosto de 1829.
Aunque a principios de 1830 el Alcalde Ordinario somete la causa a dic-
tamen de un asesor, a mediados de junio quedan pendientes algunas cues-
157
Cuadro 1
158
tiones como la toma de declaración de don Manuel García del Corral
y de los eclesiásticos citados en la causa, la detención de algunos de los
implicados que se encontraban huidos, el embargo de bienes de los reos
para «asegurar el pago de lo suplido por la Real Hacienda para el sus-
tento de la tropa y demás costas de la causa», etc. Los presos siguen en
la fortaleza del Tostón y alguno fue trasladado a Gran Canaria (don
Manuel Guerra). En cualquier caso, a fines de 1833 todavía no se ha
resuelto la causa pues en el poder otorgado el 12 de diciembre de dicho
año por don Manuel Guerra, alcalde que fue de Villaverde en 1829 y
preso en la cárcel real de Las Palmas, a favor de su mujer María Sabina
Pérez se indica que en el Juzgado de Fuerteventura se estaba siguiendo
causa de oficio contra:
«los autores de una asonada hecha en la dehesa de Guriame con objeto
a impedir el aprovechamiento o recolección del cosco, yerba que allí nace,
en la cual se atribuye al compareciente cierta complicidad»^*.
Doña María Sabina pretendía introducir una demanda de tercería en
dicho Juzgado reclamando el desembargo de sus bienes que le fueron
embargados como pertenecientes a su marido. Es posible que los impli-
cados en la causa, temerosos de su resultado, procediesen a otorgar ven-
tas fingidas con el objeto de preservar sus bienes. Este hecho fue denun-
ciado en 1830 por el procurador de los hermanos García del Corral,
Francisco Morales Betancourt, pero esta denuncia no ha podido ser con-
firmada a través de la documentación notarial, aunque se pudieron otor-
gar ventas por papel simple o albalá.
3. A MODO DE CONCLUSIÓN
28. A.H.P.L.P. Protocolos notariales. Escribano: Manuel Sánchez. Legajo: 2.189, f. 206.
159
declaran no conocer a los participantes en el motín sustentan su decla-
ración en la oscuridad de la noche o la distancia y no en el uso de dis-
fraz. Tan sólo un reo, Valentín Betancort, declara el 5 de octubre de
1829 que cuando el día del tumulto fue a casa de Ángel Rodríguez,
vecino de Lajares, a pedirle unos reales le salieron al encuentro «tres
hombres disfrazados» preguntándole por el alcalde de dicho pueblo. El
armamento es bastante rústico, garrotes, y esa rusticidad explica el que
la violencia sea blanca y no roja: agresiones verbales o sustracción por
la fuerza del arrendatario de la dehesa. Desde el punto de vista socio-
profesional, los amotinados son mayoritariamente labradores, jornaleros
o cogedores de cosco y milicianos, no faltando los hombres de mar, arte-
sanos o camelleros. Aunque no hay participación directa de cargos muni-
cipales y clérigos el día del tumulto, sin embargo no parece descartable
su implicación en su organización. A pesar de la prisión y, sin duda, pos-
terior castigo de los reos, podemos señalar que el tumulto se ve coronado
con el éxito desde el momento en que el cumplimiento de la ejecutoria
de la Audiencia sobre la dehesa se ve retrasada hasta 1845.
160
LANZAROTE Y FUERTEVENTURA
ANTE LA AMENAZA DE UNA ESCUADRA
NORTEAMERICANA
JOSÉ MANUEL CASTELLANO GIL
Toda la documentación militar del siglo XIX pone de manifiesto con
rotunda claridad la situación indefensa del Archipiélago canario. Esta
realidad se recrudecía en momentos coyunturales de conflictos y amena-
zas como es el caso del episodio del desembarco de fuerzas alemanas en
el archipiélago de Las Carolinas. Como era de rigor cada vez que se pro-
ducía un suceso de esta naturaleza, las órdenes desde Madrid pidiendo
informes y las solicitudes de las instituciones canarias sobre la necesidad
de obras defensivas y artillado se sucedieron una tras otra. A decir ver-
dad la cuestión de Las Carolinas aceleró el proceso de realización de algu-
nas remodelaciones en las antiguas baterías y fuertes ya existentes así
como permitió la renovación de parte de la artillería de los mismos. Sin
embargo estos nuevos aires no afectaron por igual a todas las Islas ya
que, una vez más, se siguió el viejo criterio de centrar la defensa de
Canarias en los dos núcleos considerados más importantes, Tenerife y
Gran Canaria, dejando el resto de las Islas en un segundo plano'.
El posterior arreglo amistoso del contencioso referido con el Imperio
Alemán relajó las tensiones, si bien los proyectos de renovación y moder-
nización siguieron su curso. En julio de 1888 el Ministerio de la Guerra
ordenó la remisión de un estado general de las defensas del Archipiélago,
al objeto de elaborar un plan de actuación con el que hacer frente a las
evidentes deficiencias observadas. Un estudio de las líneas generales envia-
das a Madrid patentiza, una vez más, la teoría de los dos puntos defen-
sivos. Sin embargo, a principios de 1892 se lleva a cabo un nuevo
informe defensivo que presenta como gran novedad una mayor concien-
cia sobre la necesidad de preocuparse por la defensa de las otras islas ^:
«Preciso es también recordar que este Archipiélago comprende siete islas,
cuya población según el último censo es de 287.739 habitantes, cinco de ellas
indefensas por completo, y tan importante cada una de ellas por lo que a
163
la integridad respecta que desde el momento en que una nación poderosa
fije en ellas sus miras con escuadra y elementos que carecemos, le bastaría
intentarlo para apoderarse siquiera de la más insignificante, donde acumu-
lando sus depósitos lograría su objeto y desde la que (...) amenazar a las
demás».
Pese a estas consideraciones, el informe nada dice sobre las medidas
a tomar y sólo cita al Puerto de Arrecife, en Lanzarote, como otro
punto a tener en cuenta, aunque afirma que para proteger a aquella
población y a la Isla en general sería suficiente con la reforma y moder-
nización de los fuertes de San José y San Gabriel, admitiendo sólo la
necesidad de construir un fuerte en el interior de la Isla y dos baterías
que protegieran el fondeadero del Río.
1. L A A M E N A Z A N O R T E A M E R I C A N A EN 1898
164
de la población. Así, el Gobernador Militar de La Palma informaba
sobre este particular ^•
«La frecuencia con que de alguno tiempo a esta parte se ven cruzar
buques al parecer de guerra (...) siempre a las primeras horas de la mañana,
ignorándose la nacionalidad, porque no izan bandera».
165
«Por confidencias que merecen crédito he sabido que algunas casas ingle-
sas tratan de llevarse con las gabarras de su propiedad los carbones a la
Madera dando lugar a sospechar próximo conflicto internacional anunciado
y en íntimas reuniones de Yngleses verificadas en los alrededores de esta
plaza en brindis que declaraban próxima posesión de Canarias por Yngla-
terra».
Por otro lado, otro tema que muy bien pudiéramos asociar a este
estado de psicosis colectiva viene dado por la inquietud de las institu-
ciones militares en controlar y vigilar la actividad de posibles espías extran-
jeros en Canarias. En este sentido, el Gobernador Militar de Gran Cana-
ria participaba al Capitán General sobre sus fundadas sospechas de que
el Cónsul del Uruguay practicaba el espionaje":
«El cónsul (...) llamado Duarte nombrado recientemente y casado con
una yanki que ha venido con él se ocupa en espionaje y hacer planos desde
alturas inmediatas de nuevas baterías. No tiene criado alguno y vive con el
mayor aislamiento e incomunicación con todo el mundo tapando hasta ojos
de llaves de la casa donde habita».
La primera medida adoptada fue la permanente vigilancia de este
diplomático, «pero resulta en extremo difícil conseguir pruebas por el ais-
lamiento en que vive» ". El Capitán General, ante la escasez de resultados
decidió que se interceptara su correspondencia ". Asimismo informó al
Consejo de Ministros de la situación, recomendando que en el caso de
que el Cónsul fuera sorprendido tomando datos de las fortificaciones, tro-
pas o medios de defensa fuera expulsado del Archipiélago'". Hasta tal
punto llegó este problema, que el Embajador de Uruguay en España pro-
metió destituir del cargo a su representante en Canarias, D. Ezequiel
Duarte '^ Sin embargo, continuó en su cargo por lo menos hasta el mes
de agosto, fecha en que dirigió un escrito al Capitán General del distrito
manifestando entre otras cosas lo siguiente'":
«He sido dolorosamente impresionado por la grosera denuncia (...) de
que el que suscribe estaba tomando apuntes o croquis de las fortifica-
ciones de esta plaza. (...) no es más que el producto de una mezquina in-
triga (...)».
11. Comunicación del Gobernador Militar de Gran Canaria al Capitán General, 27 de
junio de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.
12. Comunicación del Gobernador Militar de Gran Canaria al Capitán General, 29 de
junio de 1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3.= Div., Leg. núm. 9,
13. Comunicación del Capitán General al Gobernador Militar de Gran Canaria, 29 de
junio de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.
14. Comunicación del Consejo de Ministros al Capitán General, 30 de junio 1898.
A.C.G.C. i." Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.
15. Telegrama del Ministerio de la Guerra al Capitán General de Canarias, 6 de julio
de 1898. A.C.G.C. 3.' Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.
16. Comunicación del Cónsul del Uruguay, en Las Palmas de Gran Canaria, al Capitán
General de Canarias, 9 de agosto de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.
166
Durante el mes de marzo el Ministerio de la Guerra por medio de
telegramas cifrados notificaba la próxima llegada a las Islas del agregado
naval de los Estados Unidos en París " y del Cónsul de Estados Unidos
en Liverpool '*, para que se adoptaran las medidas de vigilancia durante
la permanencia de éstos en el Archipiélago. Por otro lado, el Cónsul de
España en Londres informaba al Ministro de Estado de la salida de
puerto inglés o norteamericano de un enviado con objeto de conocer las
existencias de carbón y los medios defensivos de Canarias ".
167
fuerte multa ". Asimismo estaba prohibido la pesca con luz en el litoral
evitando así una posible orientación a los barcos.
El alcalde del barrio de Taganana «atendiendo a los deseos de este
vecindario» solicita del Alcalde de Santa Cruz que interceda ante el Capi-
tán General por considerar insuficiente el pequeño destacamento que guar-
necía su localidad y que solicite del Capitán General un aumento de la
guarnición ^'.
Con el objeto de disponer en la ciudad de La Laguna de un núcleo
de fuerzas que con rapidez pudiera acudir a cualquier punto amenazado
por un desembarco se dispuso, el 21 de mayo, trasladar una partida de
500 hombres del Batallón Regional n." I, «con la dotación de municiones
reglamentaria en pie de guerra» y dos piezas de tiro rápido, al mando
del Teniente Coronel D. Sebastián Díaz Zamorano. Esta fuerza tenía la
misión de efectuar marchas en distintas direcciones con el objetivo de
conocer y reconocer el terreno para poder combatir en situación venta-
josa. Efectuarían ejercicios nocturnos con la artillería pero previniendo
antes al vecindario la realización de estas prácticas para evitar alarmas
infundadas. Estaba a su cargo mantener la comunicación con La Orotava
tanto de día como de noche; de noche con luces de bengalas o cohetes
y de día por medio de señales con banderas.
Por lo que respecta a la isla de La Palma, a principios de mayo de
1898 se encontraba, movilizado el batallón de reserva n." 3 y a punto de
finalizar su instrucción para ser enviados, con el objetivo de vigilancia
a los puntos posibles de desembarco que presentaba la isla: Tazacorte,
Puerto Naos, Fuencaliente y San Andrés y Sauces. Mientras tanto en la
ciudad se disponía la requisa de carros y caballería. La fuerza con que
disponía la isla de La Palma era de 628 hombres, de los cuales 118 se
hallan destacados en los citados puntos de Tazacorte, Puerto Naos, Fuen-
caliente y San Andrés y Sauces, quedando 510 soldados en la capital de
la isla. Contaba además, la isla, con un destacamento de Artillería com-
puesto por 24 individuos de tropa.
El gobernador militar de La Palma consideraba necesario además esta-
blecer, «en la punta más saliente del litoral de esta isla un Faro deno-
minado Punta Cumplida, a donde casi todos los buques hacen su reca-
lada y por donde muy bien pudiese el enemigo intentar un desembarco»,
un destacamento del Batallón Movilizado n." 3 compuesto de I sargento,
2 cabos y 16 soldados.
A finales de junio, el jefe del batallón de reserva de Canarias n." 3
solicitaba de la máxima autoridad militar la autorización pertinente para
22. Comunicación de la Comandancia de la Marina al Capitán General de Canarias.
Santa Cruz de Tenerife, 13 de julio 1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3.' Div., Leg. núm. 9.
23. Comunicación del Alcalde de Santa Cruz al Capitán General de Canarias, 1 de
junio de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, 3.' Div., Leg. núm. 9.
168
armar y municionar a dicho batallón para que éstos pudieran acudir al
toque señalado al sitio designado en caso de hostilidades.
Por su parte, el gobernador militar de El Hierro solicita un incre-
mento de su fuerza, sin embargo por el momento era posible aumentar
la guarnición de la isla y se concentra en guarnecer los dos puntos más
accesibles a un desembarco: la Estaca y el desembarcadero del Golfo. En
este segundo, destacaría una fuerza de 10 hombres, que a juzgar por el
gobernador militar era más que suficiente para evitar un desembarco
hasta que fuera reforzado por el núcleo del Batallón que se hallaba en
Valverde. En cambio el puerto de la Estaca esta guarnecido por cuatro
soldados y un cabo.
En otros puntos de la isla herreña se destinaría simplemente a una
labor de vigilancia a cargo del servicio de voluntarios. El principal núcleo
de su fuerza se debía establecer en Valverde, Capital de la isla, para con
ella recurrir con oportunidad sobre el punto por donde pudiera intentarse
una invasión.
En junio de 1898 se perfilaba ya definitivamente el Plan de Defensa
para la isla de Tenerife. Contemplaba este plan los diferentes supuestos
de actuación, caso de ser atacada la isla, y la manera de emplear las esca-
sas fuerzas disponibles para conjurar los posibles peligros. Establecía pri-
meramente unas líneas generales de actuación, haciendo hincapié en la
conveniencia de agilizar la información, comunicando al mando, y éste
a todos los destacamentos, la presencia de cualquier escuadra enemi-
ga en las costas, consiguiendo así la puesta en pie de guerra de las de-
fensas.
Recomendaba también el empleo de los lugareños en actividades de
apoyo tales como conducción de partes, construcciones de atrincheramien-
tos y demás servicios, teniendo mucho cuidado «de no exigirles sino aque-
llo que está en la medida de sus fuerzas y procurando lo hagan volun-
tariamente»'*. Prevenía, igualmente, la necesidad de concentrar a todos
los individuos reservistas no movilizados con sus armas en los centros
de reunión reservados a sus unidades respectivas.
Pero esto no eran más que indicaciones generales, ya que el Plan,
notoriamente exhaustivo, se entretiene en contemplar todas las vías de
penetración del enemigo en la Isla. Comienza por aseverar que las con-
diciones topográficas de Tenerife facilitaban considerablemente su defensa,
más aún con el limitado número de fuerzas de que se disponía en ese
momento. Estimaba que una correcta utilización de esos escasos recursos
y el conocimiento del propio terreno harían muy difícil al invasor la con-
servación del territorio-':
24. Plan de Defensa de la Isla de Tenerife, junio de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, 3.» Div,,
Leg. núm. 9.
25. Ihídem.
169
<•(...) el conocimiento de las posiciones ventajosas y la tenacidad en la
resistencia que ha de oponerse (...) al enemigo son prenda de un seguro
triunfo, y de que el menor descalabro que este sufra ha de causarle daños
de muy difícil reparación por la falta de elementos para reponer sus fuerzas;
tanto más cuanto que en el presente caso, no puede concentrar todas las
suyas al solo objetivo de emprender la conquista de un territorio (...) abier-
tamente hostil».
Pese a esta opinión, no se oculta la existencia de ciertos puntos en
la costa de la isla por los que el atacante podría introducirse de una
manera relativamente fácil, como en el litoral de Candelaria y en
Abona.
La defensa de la capital también es analizada de una forma porme-
norizada. En este sentido son previstas varias hipótesis. En primer lugar
se teoriza sobre la posibilidad de un ataque directo, precedido de un bom-
bardeo naval destinado a apagar el fuego de las baterías costeras. La otra
posibilidad estudiada es la de un ataque por sorpresa.
Cuando el enfrentamiento con los [Link]. se hizo inevitable, al igual
que en Tenerife, el Gobierno Militar de Gran Canaria elaboró un plan
de actuación en previsión de un ataque-'. Lo cierto es que el plan y las
órdenes anexas son muy concretas. El territorio a defender, la ciudad y
el litoral próximo, fue dividido en dos grandes zonas, cada una de las
cuales se fragmentó a su vez en sectores. La primera zona comprendía
desde las últimas casas de la calle llamada Paseo de las Victorias hasta
el final de la Isleta y estaba al mando del Coronel D. Manuel Díaz
Rodríguez. La segunda zona, desde el barranco de Guiniguada hasta la
línea determinada por las liltimas casas de la calle Paseo de las Victorias
y la finca conocida de D. Cayetano Lugo, se puso bajo la responsabi-
lidad del Teniente Coronel de Ingenieros D. Salvador Pérez y Pérez.
Aparte de estas dotaciones se constituyó otro gran núcleo de tropas des-
tinado a ser una especie de reserva para intervenir allí donde se hiciera
necesario. El mando de esta formación fue encomendado al Teniente
Coronel de Ingenieros D. Salvador Bethancourt Clavijo y al oficial del
mismo rango, aunque del cuerpo de artillería, D. Luis de la Torre. Las
tropas afectas ascendían a dos compañías del Batallón de Cazadores
n. 2, una compañía de Ingenieros y una batería de artillería de montaña.
Aparte de estas especificaciones, las órdenes dadas a cada jefe de zona
y sector obligaban a los mismos a estudiar con detenimiento el terreno
que comprendía la suya respectiva, demandando el mayor celo y cuidado
en las directrices que por escrito les eran remitidas periódicamente y en
las cuales podemos apreciar instrucciones precisas y detalladas con planos
parciales de los objetivos principales que debían atender en el desarrollo
de su mando.
26. Este plan se concretó específicamente en una Orden General fechada el 12 de mayo
de 1898. A.C.G.C. 1 ' Secc, 3:-' Div., Leg. núm. 9.
170
En todo momento las previsiones defensivas dan por sentado la posi-
bilidad de rechazar cualquier ataque que tuviera por objetivo, más que
el dominio de la Isla en sí, la ocupación de su capital. No obstante se
contemplaba la posibilidad de que esta contrariedad ocurriera, por lo cual
también se dieron instrucciones en caso de tener que evacuar la plaza".
Tres fueron las salidas contempladas como principales: la carretera de
Agüimes, al sur, la de San Mateo, al centro, y la de Guía, al norte. En
todo momento las autoridades correspondientes debían mantener el orden
necesario, muy especialmente en los puentes y cruces, aligerando la cir-
culación en todo lo posible.
La concentración de esfuerzos para la defensa en las Islas centrales
suscitó un malestar notable entre las demás, las cuales se consideraron
relegadas, cuando no olvidadas, y que por lo mismo demandaron con
mayor o menor intensidad más atención a su defensa. En algunas islas,
como La Palma y Fuerteventura, este sentimiento de indefensión dio
lugar —sobre todo en la primera— a un destacado movimiento ciuda-
dano expresado a través de sus ayuntamientos o sus sociedades culturales
y recreativas.
Conforme los acontecimientos fueron desarrollándose y el enfrenta-
miento con los [Link]. adquirió mayores visos de estallar, en la isla de
La Palma creció la inquietud, expresada de una manera clara en las peti-
ciones y comunicaciones enviadas al Capitán General e, incluso, al mismo
Ministerio de la Guerra. Tales peticiones partieron en su mayoría de una
Junta Patriótica que se formó en la capital, integrada por personalidades
relevantes, presidentes de sociedades, directores de periódicos, etc., con
el fin de velar por la mejora de la defensa de la Isla.
El 24 de mayo un escrito de esta junta fue recibido en Capitanía, des-
tacando entre sus párrafos los siguientes^':
«La Junta Patriótica de esta isla, teniendo en consideración que los ele-
mentos de defensa de que aquí se dispone son (...), muy insuficientes para
rechazar cualquier ataque, ha telegrafiado al Excmo. Sr. Ministro de la Gue-
rra suplicándole ordene lo conducente a que con la oportunidad debida se
envíen refuerzos de tropa y material de guerra, tanto más necesarios (...)
cuanto que, siendo esta isla el punto de recalada de los buques procedentes
de América, podría despertar (...) el deseo de apoderarse de ella (...)».
De igual forma la Alcaldía de Santa Cruz de La Palma y la de la
villa de Los Llanos de Aridane hicieron llegar a Tenerife su preocupación
por lo que consideraban evidente estado de indefensión. Las críticas se
27. Instrucciones para evacuar la Plaza de Las Palmas de Gran Canaria en caso nece-
sario, 19 de mayo de 1898. A.C.G.C. 3.» Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.
28. Escrito de la Junta Patriótica de La Palma, fechado el 24 de mayo de 1898, dirigido
al Capitán General. A.C.G.C. 3.-' Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.
171
concentran en aspectos tales como la falta de artillería y de efectivos,
como lo hizo el consistorio Uanense en una extensa exposición":
«(...) en esta isla de las tropas peninsulares sólo hemos recibido (...) dos
compañías de Luchana que guarnecen y defienden la capital de la misma
más confiadas al valor de sus pechos que a las balas de sus fusiles que según
tenemos entendido son menos que suficientes para un fuego prolongado
172
«Esta isla (...), únicamente contaba para su defensa con los seiscientos
treinta y siete hombres que poco más o menos compone la cuarta compañía
del Batallón de Reserva de Canarias n.° 6; fuerza que con gran sorpresa de
nuestra parte marcha casi en su totalidad a incorporarse a la cabecera del
batallón de cuya isla nos separan algunas leguas de mar (...).
Nosotros, Excmo. Sr. nos encontramos completamente aislados, sin comu-
nicación telegráfica (...), sin medios fáciles de comunicación (...). Nosotros,
que jamás nada pedimos (...), recurrimos hoy a V. E. para que se nos haga
justicia (...)»•
173
(...), que en un momento dado, por su proximidad a esta isla, los refuerzos
de aquella protegerían con facilidad a esa, aconsejan no modificar por ahora
el plan estudiado de la distribución dada a las tropas».
El caso de Lanzarote fue muy distinto al de Fuerteventura. La mayor
consideración dada a esta Isla vino dada por la creencia de que la misma
estaba en el punto de mira de los americanos, quienes pensaban conver-
tirla en una base de operaciones desde la que intentar la conquista del
resto del Archipiélago y desde donde hostilizar, incluso, a la propia Penín-
sula. Este ataque, al parecer, sería llevado a cabo por una flota al mando
del almirante Watson '*•:
«Según confidencia que parece proceder del agregado naval de Estados
Unidos en Paris la escuadra de Watson elegirá como base de operaciones
Lanzarote de donde ha recibido datos sobre sondeos y recursos (...). Sigúese
careciendo toda noticia segura respecto marcha dicha escuadra».
En las semanas siguientes asistimos a un abundante intercambio de
informaciones al respecto entre Madrid y Capitanía, en la cual el deno-
minador común es la incertidumbre y la inexistencia de datos fiables así
como la recomendación de que se tomaran todas las medidas posibles
para contrarrestar esa amenaza":
«No hay noticia oficial salida escuadra americana que le comunicaré tan
luego se reciban como cualquiera otra referente a ello no obstante esté pre-
venido por si se presenta enemigo inesperadamente».
Podemos afínnar que esta es la tónica general del intercambio de noti-
cias, sólo rumores que se acrecentaron a finales de julio cuando se llegó
a pensar que los barcos yankis navegaban en las cercanías de
Madeira ":
«Ruego me comunique noticias que tenga de salida de escuadras o barcos
americanos de guerra rumbo probable así como propósitos que se le atri-
buyen y cuantos datos tenga sobre el particular pues aquí circula con insis-
tencia noticia de hallarse algunos barcos a la altura de Isla Madera».
Especial atención se empeñó, ante este panorama, en fortificar la isla
de Lanzarote de una manera conveniente, toda vez que, como pusieron
de manifiesto los primeros informes, ésta no contaba con demasiados
medios para atender un eventual ataque. En efecto, hasta esos momentos
la defensa de su territorio se reducía a la de la Plaza de Arrecife, con
dos baterías costeras, San José y Punta Bufona que se hallaban situadas
174
en los dos flancos del Puerto y un fuerte en el interior con una misión
puramente terrestre.
Además, para defender el fondeadero de El Río, situado entre la
costa norte de la Isla y la de La Graciosa, se contaba con la batería del
Risco, cuyas piezas estaban ya emplazadas desde hacía tiempo. El arti-
llado de las baterías de San José Bufona, aprobado por R. O. de 1 de
agosto de 1895, estaba constituido por dos piezas de 15 cm. y otras dos
de 12 cm. de tiro rápido, cada una. El del fuerte ascendía a dos cañones
del 12, otros dos del 21 y dos más de tiro rápido".
Las primeras noticias del estado defensivo lanzaroteño ponen el
acento en la necesidad de realizar un estudio previo, «siquiera fuera lo
más ligero posible de cada una de las posiciones, pues de aquella plaza
no hay nada proyectado, supuesto que su defensa siempre se consideró
en segundo término con relación a la de Las Palmas»*. Lo cierto es que
era del todo imprescindible invertir más recursos en la mejora y amplia-
ción de las defensas, máxime cuando en esos momentos sólo la batería
del Risco estaba en condiciones de hacer fuego con alguna garantía,
puesto que la opinión general es que los demás baluartes únicamente con-
taban con una mínima dotación que era necesario reforzar.
Este estado de cosas dio lugar a que desde Capitanía se enviaran
órdenes al Gobierno Militar de Las Palmas para que pusiera en marcha
los estudios previos para mejorar las posiciones, tanto las existentes en
Arrecife como las del Río y otras que se considerara apropiado cons-
truir"', la respuesta desde la capital grancanaria fue rápida":
"En cumplimiento a cuanto V. E. se digna ordenarme (...), tengo el
honor de manifestarle que en mi opinión debiera hacerse un estudio de la
defensa del puerto de Arrecife con el carácter de provisional en la inteligen-
cia que dicho estudio sería conveniente se supeditase a que los trabajos ulte-
riores fueran de rápida ejecución y a ser posible amoldarse cuanto se pudiera
al artillado definitivo, teniendo en cuenta por lo que respecta al número y
clase de piezas (...) reemplazar los cañones de tiro rápido por piezas de 9
cm., toda vez que no hay en existencia piezas de aquella clase. Respecto al
fondeadero del Río podría reforzarse la defensa de la batería del Risco con
otros 4 cañones de 21 cm.».
39. Informe sobre las fortificaciones de Lanzarote, 13 de junio de 1898. A.C.G.C. 3.»
Secc, i.' Div., Leg. núm. 9.
40. JbJdem.
41. Ordenes de Capitanía al Gobernador Militar de Las Palmas de 23 y 26 de junio
de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, i.» Div., Leg. núm. 9.
42. Escrito del Gobernador Militar de Las Palmas, 27 de junio de 1898. A.C.G.C. 3.'
Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.
175
instancia al Ministerio de la Guerra en solicitud de una mayor atención",
petición que dio lugar a la remisión desde Madrid de una orden empla-
zando al mayor cuidado en todo lo concerniente a estos temas. Como
siempre, tales muestras de intenciones se quedaban en eso, puesto que,
como se reitera una y otra vez desde Tenerife y Las Palmas, la escasez
de medios impedía acudir con la prontitud que todos hubieran querido
a solventar tales carencias.
La lentitud en la toma de decisiones también fue la nota. En un
momento dado, y para realizar los estudios pertinentes, se propuso desde
el Gobierno Militar de Las Palmas el envío a Lanzarote de una sección
de la Brigada Topográfica destinada en esta ciudad. Esta petición, con-
siderada de urgente necesidad, topó de inmediato con trabas burocráticas
pues «los trabajos encomendados a (...) la Brigada Topográfica que se
halla en Las Palmas se refieren únicamente a dicha Plaza» y dicho tras-
lado «habría de proponerse a la superioridad»". Así pues, fue necesario
pedir permiso a Madrid para llevar a cabo el traslado, orden que no
llegó hasta transcurrido cierto tiempo, con el retraso que esto suponía
para la mejora defensiva de la isla*'.
Paralelamente se llevaron a cabo también estudios de sondeos y recur-
sos en todo el territorio lanzaroteño y en sus costas y aguas próximas,
datos de los que se carecía hasta el momento. En estos estudios se prestó
especial atención al fondeadero de El Río, punto el cual, dadas sus con-
diciones geográficas, era altamente probable que fuera el elegido para una
agresión"":
«Ante posibilidad de que enemigo intente apoderarse de Lanzarote ocu-
pando con su escuadra el fondeadero del Río, conviene estudiar sus condi-
ciones y la de la batería que lo defiende, dicte órdenes para evitar se des-
cubra su existencia por hacer fuego antes de que éste sea eficaz».
El estado de este puesto defensivo fue mejorado con el emplazamiento
de cuatro obuses y dos morteros, desplazando para su guarnición medio
batallón de La Luchana y tres compañías del Batallón de Reserva de
43. Instancia del Ayuntamiento de Arrecife al Ministerio de la Guerra de 18 de mayo
de 1898. En telegrama del Ministerio fechado el 5 de junio tenemos noticia, asimismo, de
otro enviado por este mismo Ayuntamiento el día anterior:
«Ayuntamiento Arrecife en telegrama ayer participa haber acordado interesar inmediata
fortificación isla lo digo a V. E. para que resuelva lo que estime conveniente».
44. Informe de la Comandancia de Ingenieros acerca del traslado a Lanzarote de una
sección de la Brigada Topográfica, 7 de julio de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, 3." Div., Leg.
núm. 9.
45. Un telegrama fechado en Madrid el 19 de julio se expresaba de la siguiente manera:
«Autorizo a V. E. para que pase a Lanzarote la sección Brigada Topográfica Ingenieros de
Las Palmas a levantar planos que expresa en su telegrama (...)». A.C.G.C. 3.» Secc, 3." Div.,
Leg. núm. 9.
46. Telegrama cifrado al Gobernador Militar de Las Palmas, 18 de julio de 1898.
A.C.G.C. 3.» Secc, 3." Div., Leg. núm. 9.
176
Lanzarote. Estaba claro, a la luz de los informes reservados, que estas
fuerzas no serían suficientes para contrarrestar un ataque a gran escala,
pero se estimaban suficientes para parar la primera embestida y disponer
del tiempo suficiente para trasladar tropas desde otros puntos.
Este tema de los efectivos fue singularmente criticado por las auto-
ridades militares. La documentación estudiada está poblada de peticiones
de concentrar un mayor número de hombres en la Isla, peticiones al fin
atendidas desde la Península a finales de julio"':
«Me propongo enviar Lanzarote Batallón mil cincuenta plazas y batería
montaña de seis piezas; manifiesten si hay allí condiciones de alojamiento
para dicha fuerza o lo que necesita».
La llegada de este contingente no dejaba de presentar problemas en
cuanto al alojamiento y la alimentación, aspectos éstos que fueron estu-
diados en el tiempo siguiente y que no se presentaban nada fáciles de
resolver en una Isla que apenas si producía lo suficiente para alimentar
a sus habitantes. Conscientes de esta realidad las autoridades militares
terminaron por prohibir la exportación de cereales y legumbres, proyec-
tándose hacer lo mismo en Fuerteventura, donde se prestó especial aten-
ción a la numerosa cabana ganadera (cifrada según estadísticas de la
época en más de treinta mil cabezas) y a la producción de cereales, aun-
que la cosecha de ese año corría el peligro de perderse por la escasez de
recolectores "*:
"Prohibido exportación de cereales y garbanzos abundan abastecimiento
en Lanzarote, donde sólo podrán faltar víveres pasados dos meses si no se
importan. Al propio tiempo creo oportuno significarle escasez fuerzas para
defensa Fuerteventura donde existen según datos estadísticos treinta mil cabe-
zas de ganado y se recolectan doscientas mil fanegas de grano anuales (...).
Imposible distraer un sólo soldado escasez fuerzas esta isla (...)».
La cuestión del alojamiento de las tropas tampoco era sencilla de
resolver. La perspectiva de la llegada de los refuerzos obligó al Gobierno
militar de Las Palmas y a la comandancia de Lanzarote a realizar sobre
la marcha un plan de distribución de las fuerzas, aumentando significa-
tivamente el contingente de las mismas en lugares como Haría y El
Risco. Con esta reubicación el Comandante Militar de la Isla consideraba
resuelto el problema del alojamiento a la vez que veía «posible con
dichos elementos la defensa enérgica y prolongada» del territorio bajo
su mando"'.
47. Telegrama cifrado remitido desde el Ministerio de la Guerra, fechado el 19 de julio.
A.C.G.C. 3.' Secc, 3." Div., Lcg. núm. 9.
48. Telegrama .cifrado remitido desde el Gobierno Militar de Las Palmas, 29 de julio
de 1898. A.C.G.C, 3.'' Secc, 3.» Div., Leg. núm. 9.
49. Telegrama cifrado del Comandante Militar de Lanzarote al Capitán General y al
Gobernador Militar de Las Palmas, 28 de julio de 1898. A.C.G.C. 3." Secc, X' Div., Leg.
núm. 9.
177
Sin embargo, el 14 de agosto se recibía en la Capitanía General de
Canarias un telegrama que causaría, sin duda, un respiro y que alejaba
por el momento los viejos temores de invasión: «Participo a V. E. que
ha sido acordada por gobiernos España y Estados Unidos suspensión hos-
tilidades entre fuerzas mar y tierra».
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POBLACIÓN INMIGRADA A LAS PALMAS DESDE
FUERTEVENTURA Y LANZAROTE. 1835-1853
JAVIER SOSA HENRIQUEZ
CANDELARIA GONZÁLEZ RODRÍGUEZ
Los desplazamientos internos en el marco de las Canarias Orientales
han tenido a Las Palmas de Gran Canaria como punto de destino, ya
sea población rural de la misma isla o bien procedentes de Lanzarote y
Fuerteventura. En el siglo XIX una serie de acontecimientos dan mayor
protagonismo al fenómeno: las continuas crisis de hambre y sequías de
principios del siglo y la fuerte atracción de mano de obra que ejerce la
construcción del Puerto de La Luz en la segunda mitad y tenemos a lo
largo de todo el siglo el fenómeno de la emigración americana, que uti-
liza como punto de salida el puerto de la capital Grancanaria.
Son esos emigrantes procedentes de Lanzarote y Fuerteventura entre
los años 1835-53 desplazados a Las Palmas los que intentamos estudiar
en el presente trabajo.
Este período comienza en 1835, año del primer padrón municipal con-
servado en el Ayuntamiento de Las Palmas y se ha procedido al análisis
de los años 1835, 1844, 1847 y 1853, teniendo en cuenta las caracterís-
ticas de estos documentos demográficos para la etapa pre-estadística.
Un primer acercamiento nos revela que en todos los años que ana-
lizamos, la población procedente de Fuerteventura es superior en número
a la de Lanzarote (un 85% frente a un 15%) lo cual demuestra la impor-
tancia de ese grupo de inmigrantes de Fuerteventura con respecto a la
población total de la ciudad de Las Palmas, que ha sido establecida en
torno al 9%, según datos aportados por Martín Ruiz y Pérez García'.
La frecuencia de llegada a la ciudad de Las Palmas de esta población
inmigrante alcanza su máximo en los años 40 y ya en 1853 desciende a
niveles incluso inferiores a los de 1835. La década de los años cuarenta
es especialmente crítica en Lanzarote y Fuerteventura, lo que da lugar
a penosos episodios de hambre por sequías y malas cosechas.
«Desde 1840 las sequías habían asolado los campos, especialmente en Lan-
zarote y Fuerteventura (...). En 1844 una plaga de langosta destruyó múl-
tiples cosechas (...). En 1845, la viruela (...). A partir de 1846 se inicia un
181
ciclo de drásticas consecuencias. La pérdida de las cosechas de papas (...)
afectó a un producto primordia) entre los componentes de la dieta alimen-
ticia...» 2.
Evidentemente estas crisis que azotan las islas más orientales se van
a traducir en intensos flujos migratorios que tienen como punto de des-
tino Las Palmas tanto como lugar de asentamiento o bien como tram-
polín para la aventura americana:
«A partir de 1830 se prodigan los años calamitosos en Lanzarote. Espan-
tosas sequías provocan malas cosechas y hambrunas. La caída de la barrilla
agudizó la precaria situación del campesinado, que se vio en trance de tener
que malbaratar sus frutos seis meses antes de la recolección para sobrevi-
vir»
«En 1847 y 1851 (...) las sequías y los temporales causaron un binomio
de efectos terribles. La persistencia de las pobres cosechas no permitió gene-
ralmente sino que se recogieran las semillas, y aún ni eso en ocasiones»".
La presencia de emigrantes procedentes de Lanzarote y Fuerteventura
en América queda constatada por las solicitudes que se realizan para emi-
grar libradas a través del Ayuntamiento de Las Palmas. La salida desde
estas islas con destino a las islas mayores queda patente pues,
«En las playas de Lanzarote y Fuerteventura se encontraban por esos
años apiñadas de gentes que suplicaban desesperadamente a los capitanes de
los veleros que les condujesen a las islas mayores a cualquier precio»'.
Junto a esta población que es censada como activa y de la cual se
describe su dedicación profesional, se constata igualmente un amplio
grupo de pobres que representan casi el doble de la población activa y
que constituyen el reflejo de una realidad social que se está dando en
la ciudad, la pobreza y mendicidad.
Se trata de población que huye de las duras condiciones de sus luga-
res de origen. Pero aiin en la primera mitad del siglo XIX la ciudad de
Las Palmas mantiene un régimen demográfico antiguo y las enfermedades
y el hambre están presentes en diversos períodos. Por ello los totales ofre-
cidos por los padrones municipales en cuanto a la población considerada
como activa, se verían alterados en función del elevado porcentaje de
pobres y población cuya actividad es desconocida (se ha calculado para
el período estudiado un total de 430 inmigrantes de Lanzarote y Fuer-
teventura empadronados como activos y 711 como pobres).
182
Los pobres son empadronados según el barrio pero de ellos no se da
información ni de su procedencia ni del sexo ni del estado civil.
Creemos que el mayor número de estos pobres proviene de Fuerte-
ventura, tanto por el ritmo de llegada de emigrantes a Las Palmas, como
por el del decrecimiento producido en esa isla para el período que estu-
diamos:
"Fuerteventura descendió a un ritmo del 1 % en su crecimiento natural
entre 1837-60 pues el hambre era prácticamente endémica. En Lanzarote el
crecimiento fue del —0,41 % » \
Las características por unidades familiares han sido estudiadas en base
al análisis de familias completas. El número de ellas a lo largo del
período evoluciona, dándose el máximo en 1844 con 87 familias. La
media de familias para el intervalo 1835-53 es de 40. De estas células
familiares hemos separado las familias emigradas sin padre, que coinciden
en haber más en los años en que se produce menor inmigración (1835
y 1853), pero los años 40 son testigo de inmigraciones de familias com-
pletas (en torno al 80 % del total de familias) lo cual corroboraría el dato
señalado de salida masiva de la isla debido a la crisis y el hambre'.
Por años, la media del número de hijos oscila entre 2,2 y 2,5.
La pirámide de edades de estos años, tomando en conjunto la pobla-
ción de Fuerteventura y de Lanzarote en el primer y último año del
período que estudiamos, demuestra que en 1835 el grupo de población
femenina es superior, constatándose un elevado número de viudas y sol-
teras (116,3% y 309,8% respectivamente) frente a un 221,5% que corres-
ponde a las casadas.
En el grupo de población masculina los casados representan una
ligera mayoría (193%) frente a los solteros (144,4%) y a un escaso
número de viudos (11%).
En el año 1835 los grupos de edad más numerosos dentro de esta
población inmigrada son los de 10-15, 20-30 y 35-45 para los hombres,
quedando cohortes cuasi vacías las de 0-10 y la de más de 65 años. En
las mujeres destacan los grupos de edad de 25-35 y 40-55 cubriéndose
en general todas las cohortes aunque con bajas significativas en los gru-
pos de 0-10, 55-60 y 75-80 (ver figura 1).
La pirámide de población inmigrada en el último año del período que
estudiamos, 1853, sigue presentando mayoría de mujeres, especialmente
significativas en el grupo de edad de 15-25, 30-35 y también aunque algo
menos en el grupo de 45-65. Aumenta con respecto a la anteríor la base
pero la población joven es la dominante. La población masculina cuenta
6. MARTIN RUIZ, J. F.: Dinámica y estructura de la población de las Canarias Orien-
tales (siglos XIX y XX). 1985, p. 29, tomo I.
7. Muchos de estos varones casados que no aparecen registrados en los padrones muni-
cipales podrían corresponder a emigrantes en América.
183
Ficruo'ot riSl
F±gi_ii"a n s ;
oo
con mayor presencia en los grupos de 10-25 y 30-40, disminuyendo con
respecto a la pirámide anterior los efectivos de población comprendidos
en los grupos de edades de más de 40 años. Igualmente la base es más
ancha que en 1835 (ver figura 2).
Con respecto al estado civil de esta población en el año 1853, su estu-
dio nos revela un aumento de solteros en ambos sexos, en porcentajes
del 301,4% para el grupo de los hombres y 326,2% en las mujeres, des-
cendiendo los casados a 142% hombres y 155,8% en las mujeres. Ello
podría indicar cierta tendencia al trabajo de las solteras como criadas en
casas de la ciudad, tanto así como de varones, que estudiaremos en el
apartado de las profesiones.