TEMA 2.
TEORÍAS LINGÜÍSTICAS ACTUALES
1. Los antecedentes. La lingüística del siglo XIX
Se afirma con frecuencia que el siglo XIX conoció el nacimiento del estudio científico
del lenguaje en el mundo occidental. Desde estonces los hechos del lenguaje empezaron
a ser minuciosa y objetivamente investigados, y después explicados en términos de
hipótesis inductivas. Ese siglo presenta, en cualquier caso, una doble vertiente:
a) El historicismo. Se observa una cierta predilección por el razonamiento
histórico. Se arrumbaron las teorías “providenciales” propias de la tradición
cristiana y se impulsaron las teorías evolutivas. El éxito indudable de la
perspectiva positivista en biología –El origen de las especies (1859) de Darwin
–incitó a la búsqueda de las “leyes de evolución” en todas las ciencias sociales.
b) El comparativismo. Se centró en discernir los parentescos entre las lenguas,
metodología ésta que tiene su origen en el descubrimiento del parecido entre las
lenguas clásicas y el sánscrito, lengua sagrada de la antigua India.
Como destacables hechos en el avance científico hay que citar la ley de Grimm
–inventor de términos como fuerte/débil (aplicado a las flexiones), apofonía y
metafonía-, que demostraba las correspondencias parcialmente sistemáticas entre los
sonidos de palabras equivalentes en lenguas distintas; también destacan la ley de
Verner; Schleicher y su Stammbaumtheorie, modelo genealógico de familias
lingüísticas.
Sin embargo, son los neogramáticos los autores más característicos del momento.
Intentaron sujetar los cambios fonéticos a una serie de leyes fijas que operaban sin
excepciones: estas leyes aclaraban las más incómodas excepciones a las
correspondencias generales que mantenían las diversas lenguas indoeuropeas. El valor
metodológico del principio de la regularidad del cambio fonético fue extraordinario:
concentrando su atención sobre las excepciones, los estudiosos se obligaron a una
mayor precisión y a explicar de modo satisfactorio las palabras que no habían
evolucionado por la ley:
- Se podía de un préstamo de otra lengua.
- Por la analogía: la lengua en su desarrollo puede crear formas nuevas “por
analogía con” los modelos de formación más comunes y regulares de esa
lengua.
La lingüística comparativa del siglo XIX se preocupó por estudiar los cambios de las
lenguas y las relaciones de distinto grado que se pueden dar entre ellas:
- Los primeros heredaron la idea de la primacía de la escritura sobre la lengua
hablada. Muy pronto se vio que cualquier observación sistemática sobre el
desarrollo del lenguaje obligaba a reconocer teórica y prácticamente el
principio de que las letras no son más que símbolos de los sonidos en el
correspondiente lenguaje hablado. Así fue como la filología comparada
impulsó el desarrollo de la fonética.
- Se comprendió el parentesco entre lenguas y dialectos: éstos no son
versiones imperfectas y torcidas de las lenguas literarias, ni son menos
sistemáticos ni menos apropiados como instrumentos para la comunicación.
Las diferencias se deben más a razones culturales e históricas que
lingüísticas.
- No se acepta aquello de que las lenguas presentan la misma estructura
gramatical: todas las lenguas están sometidas al constante cambio.
2. La lingüística del siglo XX
2.1. El estructuralismo
El estructuralismo implica, según Tusón, un cambio de ciento ochenta grados respecto
de las dos tradiciones lingüísticas anteriores:
- Respecto del historicismo decimonónico, “el estructuralismo impone la
consideración sincrónica” y “el estudio de la lengua como sistema” en lugar
del “estudio parcial de los fenómenos del cambio”.
- Respecto de la gramática tradicional, “el estructuralismo rechaza el punto de
vista nocional” y “establece los principios de forma y función para delimitar
y clasificar las unidades de una lengua”.
2.1.1. El Cours de linguistique generale de Ferdinand de Saussure
La figura clave del cambio de actitud entre el siglo XIX y el siglo XX fue el lingüista
suizo Ferdinand de Saussure, conocido sobre todo como investigador en el campo del
indoeropeo. Aunque no publicó demasiado, las clases y conferencias que impartió
impresionaron tanto a sus alumnos, que en 1916 éstos las publicaron con el nombre de
Cours de linguistique genérale, auxiliándose no sólo de las notas tomadas en clase, sino
de todos los apuntes del propio profesor.
Su influencia en la lingüística del siglo actual aún no ha sido superada, hasta el extremo
de que la publicación de Cours ha sido comparada a una “revolución copernicana”. En
cualquier caso, muchas de sus ideas ya habían sido expresadas por Humboldt.
Saussure reclamó para la lingüística –lo que se destaca como uno de sus más notables
logros- su necesaria autonomía. El lenguaje ha de ser estudiado de manera científica.
Lo más habitual –y así lo vamos a hacer nosotros- es presentar a Saussure a través de
sus conocidísimas dicotomías: sincronía/diacronía, lengua/habla, paradigma/sintagma,
significante/significado, arbitrariedad/motivación del signo lingüístico y, por último,
mutabilidad/inmutabilidad. Ahora bien, conviene aclarar que, como dice Tusón, “ni
todas estas parejas son originales de Saussure, no en su conjunto tienen la misma
importancia en lo que concierne al valor metodológico”. Así por ejemplo:
1. “La teoría del signo tiene antecedentes desde los mismos orígenes de la reflexión
lingüística occidental”. En los estoicos puede comprobarse la consideración de la doble
cara del signo lingüístico.
2. El tema de arbitrariedad del signo lingüístico aparece en Platón y Aristóteles.
3. La mutabilidad/inmutabilidad del signo fue señalada en el siglo XIV por Dante.
Sincronía-diacronía
Aunque tampoco hubiese sido Saussure el creador de esta distinción –así lo cree
Coseriu-, él fue quien le dio forma y la introdujo en la lingüística. Hay que distinguir:
a) Un eje de simultaneidad que concierne a las relaciones entre cosas coexistentes,
de donde está excluida toda intervención del tiempo.
b) Un eje de sucesiones, en el cual nunca se puede considerar más que una cosa
cada vez, pero donde están situadas todas las cosas del primer eje con sus
cambios respectivos.
Por esta razón Saussure distingue dos lingüísticas. Después de buscar algunos términos
que las designasen, se inclinó por las expresiones lingüística sincrónica y lingüística
diacrónica: “Es sincrónico todo lo que se refiere al aspecto estático de nuestra ciencia, y
diacrónico todo lo que se relaciona con las evoluciones”.
La lingüística sincrónica se ocupará de las relaciones lógicas y psicológicas que unen
términos coexistentes y que forman sistema, tal como aparecen a la conciencia
colectiva. La lingüística diacrónica estudiará, por el contrario, las relaciones que unen
términos sucesivos no percibidos por una misma conciencia colectiva, y que se
reemplazan unos a otros sin formar sistema entre sí. Mientras que el objeto de la
lingüística sincrónica es establecer los principios fundamentales de todo sistema
idiosincrónico, los factores constitutivos de todo estado de lengua, el objeto de la
lingüística diacrónica lo constituyen no ya las relaciones entre términos coexistentes de
un estado de lengua, sino entre términos sucesivos que se sustituyen uno a otros en el
tiempo.
Sincronía y diacronía deben entenderse, por tanto, como dos puntos de vista, como dos
formas racionales que debe adoptar el estudio de la lengua. Saussure establece
metodológicamente una distinción tajante entre los dos aspectos: “la oposición entre los
dos puntos de vista es absoluta y no tolera componendas”.
Saussure interpreta los procesos evolutivos y los estados de lengua así:
1. Los hechos diacrónicos no afectan al sistema; son puntuales. El sistema no se
modifica directamente nunca; en sí mismo, el sistema es inmutable: sólo sufren
alteración ciertos elementos.
2. Los hechos diacrónicos se originan en el habla. En el habla es donde se halla el
germen de todos los cambios.
3. Los hechos sincrónicos son fortuitos: la lengua no es un mecanismo creado y
dispuesto con miras a expresar conceptos.
4. Los hechos sincrónicos son siempre significativos: los fenómenos diacrónicos no
significan nada en relación con el sistema. Los cambios o deterioros en sus elementos
no llegan a impedir su funcionamiento: la lengua pone en sí misma un principio de
regeneración.
5. Ley sincrónica y ley diacrónica: los hechos sincrónicos son, dentro de ciertos límites,
regulares y generales, pero no imperativos. Los hechos diacrónicos, por el contrario, no
son generales pero se imponen a la lengua. Ni los unos ni los otros están regidos por
leyes en sentido estricto.
Se le ha criticado a Saussure, entre otras cosas, que con esta distinción se haya olvidado
de que la lengua es algo vivo que se transforma sin cesar. Coseriu le critica aquello de
que los cambios no afectan al sistema.
Langue-parole
Esta distinción consiste en oponer de modo sistemático la langue “lengua” a la parole
“habla”, aspectos ambos complementarios de una entidad más amplia le langage
“lenguaje”. Las diferencias fundamentales entre los dos fenómenos son:
a) La lengua es un vehículo de comunicación, y el habla es el uso de ese vehículo por un
individuo dado en una ocasión dada.
b) La lengua existe en un estado potencial: es un sistema de signos almacenados en
nuestra memoria presto para ser actualizado, traducido a sonidos físicos, en el proceso
del habla.
c) El habla es el uso de la lengua por una persona en una situación específica: es un acto
individual. La lengua, en cambio, trasciende lo individual: es una propiedad de la
sociedad en general, “institución social”.
d) Según la actitud del individuo: es dueño y señor de su habla; depende de él solo lo
que dirá, cómo lo dirá y hasta si lo dirá. Mientras que el individuo tiene el control
exclusivo sobre el habla, no es más que un recipiente pasivo en relación con la lengua.
e) El habla es un acto único estrictamente limitado en el tiempo, es pasajera, efímera e
irrecuperable. En contraste con esta naturaleza evanescente del habla, la lengua se
mueve tan lentamente que, a veces, parece completamente quieta.
f) El habla tiene dos aspectos diferentes, uno físico y el otro psicológico. Los sonidos
efectivos son acontecimientos físicos, mientras que las significaciones que expresan son
fenómenos psicológicos. La lengua, en cambio, es puramente psicológica: está
constituida de impresiones de sonidos, palabras y rasgos gramaticales depositados en
nuestra memoria, en donde permanecen constantemente a nuestra disposición.
Estructuras paradigmáticas-estructuras sintagmáticas
Para Saussure las relaciones y diferencias entre términos se despliegan en dos esferas
distintas. De un lado, en el discurso, las palabras contraen entre sí, en virtud de su
encadenamiento, relaciones fundadas en el carácter lineal de la lengua […] Los
elementos se alinean uno tras otro en la cadena del habla. Estas combinaciones que se
apoyan en la extensión se pueden llamar sintagmas. El sintagma se compone siempre,
pues, de dos o más unidades consecutivas. Por otra parte, fuera del discurso, las palabras
que ofrecen algo de común se asocian en la memoria, y así se forman grupos en el seno
de los cuales reinan relaciones muy diversas. Las llamaremos relaciones asociativas. La
conexión sintagmática es in praesentia; se apoya en dos o más términos igualmente
presentes en una serie efectiva. Por el contrario, la conexión asociativa une términos in
absentia en una serie mnemotécnica virtual.
A las relaciones asociativas se las ha llamada paradigmáticas –ligadas a la lengua como
sistema-, en tanto que las relaciones sintagmáticas están más próximas al habla.
Las relaciones sintagmáticas responden al hecho de que el habla es de naturaleza
sintagmática. Todo sintagma aparece en forma de elementos o partes concatenadas: ésta
es la naturaleza del flujo de la palabra.
Relaciones paradigmáticas-asociativas. Conocer qué sentido tiene “ahora” sólo es
posible si previamente se contrasta con todo un grupo de términos con los que puede
entrar en competencia: “ahora/antes/luego/hoy/mañana…vamos a clase”. El que figure
“ahora” y no cualquier otro de los términos, implica una elección para dar un sentido
concreto es este caso a la noción “tiempo”.
Psicológicamente, este proceso es de orden asociativo, y por tanto, en su mayor parte,
automático. Estas relaciones pueden ser:
a) De afinidad de sonido
b) De afinidad de sentido
c) De afinidad de sonido y de sentido, como ocurre en los paradigmas tradicionales
–dominus, domini…-, en la derivación de palabras –dominar, dominante…-.
d) De mera analogía de significado –enseñanza, instrucción…-
2.1.2. El Círculo Lingüístico de Praga
Entre las tres escuelas europeas que proceden directamente del Cours de Saussure se
encuentran las de Praga, Ginebra y Copenhague. Cronológicamente, la primera escuela
de las tres saussureanas es la Escuela Fonológica de Praga desarrollada en relación con
el Círculo Lingüístico de Praga. Aunque integrada por lingüistas checos, fueron los
rusos Trubetzkoy y Jakobson quienes imprimieron en la escuela la orientación
fonológica y estructuralista. La escuela se centra en la fonología como ciencia de los
sonidos en la lengua –opuesta a la fonética, ciencia de los sonidos en el habla o en
cuanto hechos materiales-, campo al que Saussure considera como marginal e incluso
exterior al sistema de la lengua; precisamente en este campo, la escuela praguense
afirma, en contra de la tesis de Saussure, no sólo el carácter “sistemático”, sino también
el sentido teleológico o finalista del cambio lingüístico, y por tanto la posibilidad de
aplicar el enfoque estructural también a los desarrollos.
Es en el campo de la fonología donde fueron más inmediatos e importantes los efectos
de la teoría estructural del lenguaje de Saussure: Trubetzkoy y los fonólogos de esta
escuela aplicaron la teoría al concepto de fonema (unidad mínima de significación).
Mientras que los sonidos pertenecían a la parole, el fonema pertenecería a la langue.
El fonema es considerado como un haz de rasgos pertinentes o relevantes y cada uno de
ellos tiene un valor que se delimita por oposición: los fonemas se caracterizan por
pertenecer a distintas clases de oposiciones.
El otro gran representante de esta escuela es Jakobson, quien desarrolla desde los años
cuarenta la teoría de los rasgos distintivos fonológicos. La selección que hace cada
lengua entre el “inventario universal” de rasgos no es arbitraria. En dicho inventario hay
una jerarquía que coincide con el orden cronológico en que el niño adquiere la
capacidad de distinguir los sonidos: así, resulta que los elementos fónicos
fundamentales enlazan con hechos de la psicología del lenguaje y el inventario
fundamental de estructuras fónicas al alcance de una persona normal es muy limitado y
está jerárquicamente ordenado.
El papel de Jakobson como puente entre las teorías europeas y americanas –más
interesadas en la psicología, sociología, etnografía…- es evidente. Es uno de los
maestros de Chomsky.
2.1.3. La Escuela de Ginebra
La escuela de Ginebra estuvo constituida, entre otros, por los discípulos y sucesores
directos de Saussure: Bally y Sechehaye. Se trata de las personas a quienes cabe el
honor de haber publicado el Cours, a partir de los apuntes tomados a su maestro durante
las lecciones que este explicó entre 1907 y 1911.
Esta escuela se caracteriza, según Coseriu, por la separación tajante de sincronía y
diacronía, por el casi total descuido del estudio estructural del plano de la expresión, por
la concentración en la sincronía y en la teoría del signo y por la resistencia a admitir el
carácter sistemático del cambio lingüístico y el estructuralismo diacrónico.
2.1.4. El Círculo Lingüístico de Copenhagen
Si bien se constituye en 1931, desde los años 1935-36 más que de escuela danesa,
conviene hablar, por su identificación cada vez más profunda con la doctrina lingüística
de Hjelmslev, de glosemática (esto es, teoría combinatoria de glosemas o rasgos
fonológicos y semánticos fundamentales no analizables lingüísticamente). La
glosemática se caracteriza por adoptar y desarrollar de modo coherente –y radical, a
decir de Tusón- la tesis de Saussure de que “la lengua en cuanto sistema de signos es
una forma, no una sustancia”. Sin embargo, a partir de esta misma idea, desplaza la
frontera entre lengua y habla. Mientras que para los saussureanos es lengua todo lo
“social”, para la glosemática es lengua sólo la forma pura, el esquema, y todo lo que
presente “sustancia” es uso, es decir, realización de la lengua o parole. La norma no es
más que una abstracción sin existencia real.
Según Hjelmslev, la lengua es forma pura carente de “materia” e independientemente
incluso de “sustancia” (=materia organizada lingüísticamente) en que se manifiesta y,
precisamente, tanto de la sustancia de la expresión –fonemas o sonidos- como de la
sustancia del contenido –significados-. Así, en el plano de la expresión, la misma forma
lingüística, la misma “lengua” como sistema formal podría manifestarse en varias
“sustancias”, correspondientes a la misma materia y también en “sustancias”
materialmente diferentes.
Por todo ello, las unidades básicas del plano de la expresión no son los fonemas, sino
los cenemas –se llaman así, no por carecer de “sustancia”, sino en cuanto unidades de la
expresión y por oposición a las unidades del contenido o pleremas-. En lo relativo a la
“sustancia” también los pleremas son unidades vacías, esto es, puramente formales. Los
cenemas son, pues, doblemente vacíos: son puras formas y no son formas del contenido
lingüístico. Puede decirse que es una unidad de orden superior que corresponde sólo a
aquello que puede ser común a un fonema y un grafema.
Coseriu ha dirigido su crítica a Hjelmslev en los siguientes puntos: para este autor, los
fonemas no son las unidades básicas de la expresión. Hay que mostrar que los hechos
lingüísticos no son meras formas, como los objetos matemáticos, sino “forma con
sustancia”, “sustancia formada”: que las unidades lingüísticas se distinguen y funcionan
como tales mediante determinados rasgos de sustancia y no mediante sus relaciones
puramente formales; en el lenguaje como, en general, en los objetos culturales, tampoco
la materia es indiferente, puesto que se trata de materia seleccionada por la función. La
materia gráfica no es equivalente a la fónica, sino secundaria respecto a ella. En
resumen, es cierto que el lenguaje puede estudiarse en sus aspectos puramente formales
pero, en tal caso, no se estudia como lo que es, como objeto cultural, sino como objeto
matemático.
2.1.5. Otros desarrollos de estructuralismo en Europa
En los inicios del estructuralismo, Tusón ha situado junto al propio Saussure a su
coetáneo Otto Jespersen. Este autor, si bien de modo independiente, trató con lucidez
algunos de los problemas y métodos de nuestra ciencia, que caracterizan la primera
mitad del siglo XX. Sin embargo, el hecho de que su obra abarcara una gran cantidad de
aspectos lingüísticos ha dificultado su conocimiento. Jespersen, tal como había hecho
Saussure, reaccionó contra los planteamientos de la lingüística del siglo XX. El método
por él propuesto es, eso sí, más bien simple: en su ruptura con la gramática tradicional,
persigue la realización, como indica Tusón, no de un estudio de las partes de la oración,
“sino que pretende atender primero a los fenómenos generales (caso, género, número,
etc.) para bajar luego a las manifestaciones concretas de esos fenómenos en cada lengua
y, dentro de ésta, en sus diferentes partes de la oración”.
Desde un punto de vista más general, la importancia concedida por Jespersen a las
relaciones entre lógica y lingüística, y entre los universales conceptuales y su correlato
lingüístico, lo insertan en una corriente muy fructífera de la historia de la gramática,
aquella que, como nos recuerda Tusón, “comienza con los especulativos medievales y
que constituye la gramática teórica, racionalista, filosófica, etc.”, lo que explica, dicho
sea de paso, el interés que por su obra ha mostrado recientemente Chomsky.
Sólo en parte se relacionará con Saussure, en concreto, por la distinción lengua/discurso
y por la concentración en los valores de lengua, la corriente que arranca de Guillaume,
que puede considerarse una forma especial de estructuralismo gramatical. Del
guillaumismo procede, a su vez, Pottier, otro de los fundadores de la semántica
estructural y uno de los más originales estructuralistas franceses.
En otros países europeos, salvo Inglaterra y la Unión Soviética, no han existido
orientaciones estructuralistas autónomas; en general se ha difundido el estructuralismo
de Praga, sobre todo en su forma fonológica, que ha tenido aceptación incluso entre
lingüísticas tradicionalistas. Merecen que los destaquemos autores como Benveniste o
Martinet.
Además de la teoría de Praga se deriva la llamada Gramática estratificacional
propuesta por Lamb en 1964. En la estructura del lenguaje por él propuesta hay que
considerar cuatro niveles para el análisis oracional:
Semémico: en él aparecen unidades de significado distintivo en una red de
relaciones.
Lexémico: las unidades lexicales se ligan en una estructura oracional.
Morfémico: se encuentran en él los morfemas en cadenas sucesivas.
Fonémico: donde haces simultáneos de rasgos distintivos forman una cadena de
unidades fonémicas.
El estructuralismo británico, por su parte, procede de Sweet, si bien no adquirió antes de
Jones y su “fonología fonética” su primera forma definida. Ahora bien, el verdadero
fundador de la escuela inglesa fue Firth, quien, entre los años 1944 y 1956, ocupó la
primera cátedra de lingüística general creada en Inglaterra, en la Escuela de Estudios
Orientales y africanos de Londres.
El estructuralismo de Firth representa una elaboración lingüística de la teoría contextual
de significado sostenida por el antropólogo y etnólogo Malinowski, quien distingue
entre el contexto de la realidad cultural, el contexto de la situación y el contexto verbal.
La teoría, por ello, podría llamarse posicional o, más generalmente, contextual.
Lo fundamental es, en cualquier caso, la distinción entre estructura y sistema: la
primera es la estructura sintagmática o combinatoria correspondiente a la cadena
hablada, y sistema es lo que en otros tipos de estructuralismo sería “clase” o
“paradigma”, esto es, el conjunto de elementos que pueden presentarse en una posición
determinada de una “estructura”. Esta distinción es similar a la de Saussure entre
relaciones sintagmáticas y asociativas, pero el objeto de Firth no es la langue sino la
lengua realizada en el hablar: los enunciados. Con todo, la diferencia es sólo aparente,
pues lo que Firth quiere descubrir es el sistema de regularidades que presentan los
enunciados: en el fondo, la lengua.
Por la concentración en los “enunciados” y por la concepción contextual del significado,
el estructuralismo inglés constituye claramente el puente entre las escuelas europeas
occidentales y la escuela y el norteamericano (hay quien habla, incluso, de la lingüística
atlántica).
2.1.6. El estructuralismo americano
El estructuralismo americano se desarrolla simultáneamente al europeo, aunque, como
doctrina explícita, puede decirse que incluso anterior a éste, ya que nace oficialmente en
1925, con la fundación de la Sociedad Americana de Lingüística y de su revista
Language.
El estructuralismo americano tuvo en parte orígenes prácticos, en las exigencias
impuestas por la descripción de las lenguas indígenas de América, para las que las
categorías propuestas por la gramática tradicional, heredadas de la gramática griega y
latina y propias de lenguas indoeuropeas, resultaban inadecuadas. Asimismo, no podían
estudiarse en los textos o filológicamente, por carecer de tradición escrita. En este
sentido su precursor fue el etnólogo y lingüista de origen alemán Boas. Boas afirma en
el prólogo de esta obra que toda lengua debe ser descrita de acuerdo con sus propias
categorías.
Aplica con coherencia este principio su discípulo Sapir, tanto en sus estudios sobre
lenguas indígenas y en varios escritos de teoría lingüística y gramatical, como en su
obra de introducción a la lingüística Language. Con ello, Sapir inauguraba el primer
estructuralismo americano, aunque fuera implícitamente. Dentro de este estructuralismo
Sapir procede dentro de la variante antropológica.
Igual que hace Whorf, Sapir entiende que las distintas lenguas organizan de diferente
manera la sustancia del contenido, según la visión del mundo que tengan.
Posteriormente acepta que el lenguaje está ligado a nuestros hábitos de pensamiento,
pero no sólo se debe contar con el lenguaje y el pensamiento, pero no sólo se debe
contar con el lenguaje y el pensamiento, sino añadir la sociedad y la cultura.
Su amplitud para estudiar el lenguaje le hace precursor de los estudios sobre los
sistemas de comunicación, ya sean verbales, gestos o símbolos; por eso no se limita al
estudio de la lingüística, sino que también abarca los campos de la Antropología, la
Sociología, la Filosofía, la Física o la Fisiología.
En Language formula algunos conceptos como:
“fonema” (aunque sin emplear el término) entendido como unidad fónica intuida
por los hablantes de una lengua;
“pattern” en relación con los sonidos (pauta/estructura) concepto típico del
estructuralismo americano y que corresponde a paradigma en el europeo.
La tagmémica sigue a Sapir al dar importancia al estudio del contenido y los aspectos
culturales del lenguaje. Su unidad gramatical fundamental es el tagmema. Los
tagmemas forman estructuras mayores como cláusulas y oraciones.
El estructuralismo implícito de Sapir queda superado, como metodología de la
descripción, por el estructuralismo explícito de Bloomfiled, germanista e indoeropeísta,
en un primer tiempo seguidor de la psicología de los pueblos de Wundt, pero convertido
luego al behaviorismo y muy activo desde el comienzo en la Sociedad Lingüística y en
su revista. Con Language (1933) queda definitivamente fundada la nueva lingüística
americana. En él confluyen todas las fuentes del estructuralismo. Su libro es el mejor y
más completo tratado de lingüística general.
El bloomfieldismo se caracteriza ante todo por el hecho de excluir de la lingüística el
estudio del significado, en particular del significado léxico, y de aspirar, en general, a
una descripción asemántica de las lenguas, una descripción hecha sin referencia al
significado.
En suma, el bloomfieldismo no se trata de una concepción del lenguaje, sino de una
concepción de la ciencia y del método científico, así que el significado no se elimina, en
realidad, del lenguaje sino que se excluye de la ciencia del lenguaje.
Como crítica cabe decir que el lenguaje no puede ser estudiado y ni siquiera ser
deslindado prescindiendo del significado, ya que sin él deja de ser lenguaje: el lenguaje
es esencialmente finalidad significativa y no puede considerarse como lenguaje
independientemente de tal finalidad.
Las dos unidades que admiten descripción objetiva, el fonema y el morfema, son las
unidades en las que se centra el estudio de Bloomfield. El modelo utilizado es el de la
distribución entendida como la frecuencia relativa de los fonemas de una lengua y el
hecho de que unos fonemas pueden aparecer en unas posiciones, pero no en otras. A
algunos por usar este modelo se les llamó distribucionalistas.
Por ejemplo, Harris (discípulo de Bloomfield y maestro de Chomsky) cuando dijo que
el método lingüístico debe seguir dos pasos: en primer lugar, establecer los elementos;
en segundo lugar, establecer la distribución de los elementos entre sí.
Terminar con Harris este repaso por el estructuralismo no es casual. A decir de Tusón,
este autor representa “la culminación de la lingüística estructural”.
2.2. Las gramáticas generativo-transformacionales
A finales de los años cincuenta, a raíz de la publicación de Estructuras sintácticas del
estadounidense Noam Chomsky (obra considerada por muchos como la más destacada
de la gramática occidental), la lingüística recibió un nuevo “golpe de timón”. Tusón
resalta la importancia de esta otra “revolución copernicana” comparándola con el
Cratilo y con la Techne en Grecia, los tratados De modis significandi en el medioevo, la
Grammaire de Port-Royal en el siglo XVII.
La gramática generativa surge ante todo como una reacción contra el bloomfieldismo
taxonomista imperante en Estados Unidos, en especial, contra tres de sus aspectos
fundamentales:
1. La dependencia estricta de los datos físicos: sólo eran admitidas las
“generalizaciones inductivas” que se obtenían a partir del examen riguroso de un
corpus dado.
2. El empirismo: sólo se tenían en cuenta aquellas categorías dotadas de correlato
físico.
3. El mecanismo psicológicamente: se considera al hablante –dice Tusón- “como
una tabula rasa” que aprende el lenguaje gracias a la repetición y a la analogía.
Tusón sitúa el origen del generativismo en tres inadecuaciones de esta lingüística de
corte estructural:
1. En lo que se refiere al método, la gramática generativa no está de acuerdo con
que los textos tengan sólo una dimensión lineal. De entre los ejemplos de
“constituyentes discontinuos” aducidos, se destaca el de “perfección”, que no está
en un único lugar, sino en dos, en el auxiliar haber y en el participio.
2. En lo que se refiere a los objetivos, la gramática generativa encuentra que
“ejercer sobre [las lenguas] un trabajo taxonómico era actuar sobre la pura
superficie de los fenómenos lingüísticos”. Frente a esto, persigue Chomsky
responder a preguntas del tipo de “cómo se aprende una lengua, cómo deduce un
hablante la gramática de su lengua, cómo es posible la paráfrasis, cuáles son las
condiciones que explican la detección de ambigüedades, etc.”. En fin, “la
lingüística pasaba de ser una actividad clasificatoria a convertirse en teoría del
lenguaje”.
3. En cuanto a la teoría, se consideró que ni “el mecanismo, y su base inductista”
ni el empirismo permitían “verdaderas generalizaciones que condujeran a la
formulación de hipótesis” ni explicaban “los aspectos más significativos de la
adquisición y el uso del lenguaje”.
Uno de los principios previos es el de la gramática universal: puesto que la mente
humana ya tiene una orientación lingüística específica, existe una gramática universal,
que no es otra cosa que la posesión de facultad lingüística. Ello explica que interese la
extracción de principios generales que formen parte de la gramática universal.
La formación lingüística de Noam Chomsky se benefició de las influencias de su padre,
profesor de lengua hebrea. Uno de los más destacados logros de Chomsky ha sido llevar
al análisis de una lengua natural como es la inglesa problemas que los matemáticos y los
lógicos habían abordado en lenguas formales.
La gramática propugnada es generativa, “explícita y proyectiva”. Lo de explícito ha de
entenderse en el sentido de que las reglas de esta gramática deben especificarse de
manera rigurosa. La gramática es proyectiva porque proyecta un conjunto dado de
oraciones sobre el conjunto, posiblemente infinito, de oraciones que constituyen la
lengua que se explica. La lengua queda así concebida como un sistema axiomático.
La preocupación metodológica de Chomsky permite la distinción continua entre niveles
concretos y abstractos.
Desde un punto de vista oracional, se distingue entre oraciones generadas por la
gramática mediante reglas y expresiones emitidas por el hablante.
En general se distingue entre la competencia lingüística del hablante-oyente,
entendida ésta como la capacidad que el individuo posee para generar oraciones
correctas mediante el empleo de los mecanismos gramaticales, y, por otra parte,
la actuación o aplicación concreta de esa competencia en la producción de un
hecho lingüístico concreto.
Los hablantes de una lengua conocer implícitamente su gramática –son poseedores de
una competencia lingüística-, y actualizan los conocimientos en su producción, en sus
actuaciones lingüísticas. El fin de la gramática será hacer explícito ese conocimiento
implícito de los hablantes.
2.2.1. Las fases de la gramática generativa
En los años transcurridos desde 1957 se han producido tantas modificaciones intrínsecas
a este modelo, que no resulta ni justo ni posible hablar de una única gramática
transformacional o generativa. Por encima de estos cambios lo más destacable estriba en
el intento de esta corriente por construir una ciencia lingüística que explique la
capacidad humana de lenguaje.
Primera fase. Se limitó a la aplicación de dos algoritmos consecutivos, que relacionan
dos “planos”, una representación más abstracta, primitiva o profunda y una estructura
de la realización concreta o superficial.
Tusón destaca en esta primera obra la pretensión de su autor por superar alguna de las
inadecuaciones del estructuralismo entonces en boga:
1. Una gramática que, como ocurría en Bloomfield o Harris, sólo opera con reglas
lineales o sintagmáticas es insuficiente.
2. La teoría lingüística debe suministrar los mecanismos que permitan la selección
de una gramática, pues en una misma lengua puede haber más de una gramática.
Según Chomsky, una gramática “adecuada”, entre las “posibles” es la que “genere
todas las secuencias gramaticales de la Lengua es cuestión y ninguna de las
agramaticales”.
3. Chomsky establece en la obra la forma misma de la gramática. Ésta aparece
integrada por tres niveles, el de las reglas sintagmáticas, el de las reglas
transformacionales y el de las morfofonológicas.
La segunda etapa comienza en 1965, con la publicación de Aspectos de la teoría de la
sintaxis del mismo Chomsky, pero que, según Tusón, fue realmente “obra cuasi
colectiva”. Dos años antes, Katz y Fodor habían intentado incorporar la semántica a la
descripción lingüística sistemática (en la primera fase el aspecto fundamental era la
sintaxis): según estos autores, no se puede determinar el conocimiento del mundo que
un hablante posee, pero sí el conocimiento de su lengua. Se admite el papel auxiliar de
la semántica, lo que no obsta para que, dentro de la teoría, se haga necesario el
establecimiento de unos límites de selección mediante los dos elementos siguientes:
1. Un diccionario o inventario léxico (el conocido léxicon)
2. Una reglas de proyección que combinan los significados de las palabras
individuales en los significados posibles para toda la oración.
Todas estas críticas al modelo chomskiano desembocaron en la segunda fase, la llamada
teoría estándar, en la cual la semántica forma parte de la descripción lingüística, aunque
la forma –sintaxis- sea independiente del significado –semántica-. El papel de la
semántica no es generativo, es decir, no hay una semántica proyectiva y explícita, sino
sólo interpretativa: asigna una interpretación a la estructura profunda, la representación
semántica. Esta estructura profunda se entiende como un nivel sintáctico independiente,
base por lo demás exclusiva de la que arranca la interpretación semántica.
Chomsky tuvo que solventar en 1966 el siguiente error: la única entrada para obtener la
representación semántica era la de la estructura profunda. El autor, para subsanarlo, se
vio obligado a modificar el esquema de la teoría estándar –se trata de “la teoría estándar
ampliada”- de la siguiente manera:
1. Propuso que las inserciones léxicas pudieran ser previas a las transformaciones.
2. Propuso que también las estructuras superficiales sirvieran de entrada al
componente semántico para obtener la representación semántica.
Esta modificación de paso a un período extremadamente complejo en el que las
diferencias básicas enfrentan a interpretativistas y semantistas generativos. Los
primeros mantienen que en la estructura profunda la sintaxis está en un nivel
independiente y que la semántica es sólo interpretativa. Los segundos, al negar la
autonomía de la sintaxis, coinciden en que es inútil postular un nivel independiente de
estructura profunda; asimismo, exigen inserciones léxicas después de ciertas
transformaciones y tienden hacia una estructura semanto-sintáctica.
A lo largo de los años setenta se va perfilando una serie de criterios y principios que
culminarán a principios de los ochenta con una versión, una gramática transformatoria
llamada la teoría de la reacción y el ligamiento.
3. Últimas corrientes en lingüística
Casi todos los autores, eso sí, están de acuerdo en que estas recientes tendencias
inciden, de modo fundamental, en una “falla” de los modelos explicativos
inmediatamente anteriores. Se ha obviado en ellos al hablante (y todas las circunstancias
en que este se desenvuelve) y, por otra parte –en estrecha relación con ese abandono-, se
ha dejado de lado el uso real y efectivo del lenguaje, el discurso, que diría Saussure.
Asistimos en la lingüística actual a un cambio de ciento ochenta grados, cambio
consistente en la superación de las limitaciones autoimpuestas por el ahora denostado
inmanestismo; como dice Fuentes, hay que comenzar a estudiar “la lengua allí donde se
produce: en el encuentro comunicativo real de dos interlocutores”. Sin embargo, como
reconoce esta autora, son muy variadas las “pretendidas nuevas perspectivas” que
intentan dar una solución al problema planteado. Pueden distinguirse dos corrientes
fundamentales, que son la lingüística del texto y la pragmática, atendiendo a las dos
características de la investigación actual señaladas por Fuentes:
Adopción del texto como unidad global de análisis.
Análisis de las unidades en el contexto comunicativo, lo que conlleva el intento
de sistematización de “todos los fenómenos contextuales y cotextuales que
afectan al signo lingüístico”.
3.1. La lingüística del texto
Los modelos estructuralistas y generativistas no han conseguido superar en sus análisis
de “frontera” de la unidad oración, considerada tanto por unos como por otros la unidad
fundamental de la gramática.
La primera vez que apareció el término lingüística del texto fue en un conocido artículo
de Coseriu que data de 1954. Allí llegaba a decir que el texto debe ser estudiado por una
nueva disciplina.
Estas ideas, sin embargo, no tuvieron continuidad hasta finales de los sesenta y, con
notable desarrollo, en los años setenta.
Así pues, los lingüistas se dieron cuenta de que muchos fenómenos sintácticos no
podían ser entendidos de manera adecuada si no atendía al contexto verbal, esto es, las
oraciones anteriores y/o posteriores del mismo texto.
La lingüística del texto incluye una gramática de conjuntos de oraciones o textual que
analiza las relaciones en el texto, más amplias que las que puede analizar una gramática
oracional. La gramática textual debe explicar por qué un texto no es una simple
alineación de frases, puesto que la significación del texto es superior a la suma de las
frases que lo componen:
1. El texto es el cuadro en el que se desambiguan las frases.
2. El texto tiene implicaciones y presuposiciones distintas de las frases que lo
integran.
3. El texto tiene distintas posibilidades de paráfrasis que la frase.
Es bien conocida la propuesta de Van Dijk para analizar el contenido de los textos. En
vez de partir de la oración y sus componentes, hay que hacerlo a partir de unas unidades
superiores de contenido a las que él denomina macroestructuras. Una macroestructura
es la “proposición subyacente que representa el tema o ‘tópico’ de un texto y constituye
la síntesis de su contenido”. Se llega a determinar el ‘tópico’ de un texto, gracias a
nuestra capacidad de resumir. Van Dijk cree que para conseguirlo realizamos una serie
de operaciones mentales regidas por macrorreglas como las siguientes:
Macrorregla de supresión
Macrorregla de integración
Macrorregla de construcción
Macrorregla de generalización
3.1.1. El texto
Aun reconociendo la importancia de esta unidad comunicativa, no existe acuerdo entre
los investigadores acerca de qué se entiende por texto. A decir de Calsamiglia y Tusón,
“actualmente hay unanimidad en considerar que el texto es una unidad comunicativa de
un orden distinto al oracional; una unidad semántico-pragmática de sentido y no solo de
significado; una unidad intencional y de interacción, y no un objeto autónomo.
Las definiciones tradicionales suelen presentarse como demasiado restringidas:
1. Se entiende que cualquier producto del habla, sea una palabra, sea una frase, es
un texto.
2. Sólo puede ser texto lo escrito.
3. Texto es el conjunto de enunciados que analizamos, de ahí que texto es lo
mismo que fragmento.
La definición de texto sólo será posible desde la pragmática. Así, en el texto cabría
distinguir tres caracteres: en primer lugar, es comunicativo y, por ello, social; en
segundo lugar, es pragmático, puesto que aparecen implicados emisor, contexto y
destinatario. Por último, el texto está estructurado, porque existen reglas específicas del
nivel de análisis textual.
Ahora bien, para que un texto sea comunicativo debe “cumplir” las siete normas de
textualidad propuestas por Beaugrande y Dressler, esto es cohesión, coherencia,
intencionalidad, aceptabilidad, situacionalidad, intertextualidad e informatividad.
Además, la comunicación textual está controlada por tres principios:
1. Eficacia
2. Efectividad
3. Adecuación
Detengámonos en las normas de textualidad propuestas por Beaugrande y Dressler:
1. Cohesión. Los elementos que integran la superficie de un texto dependen, por
tanto, unos de otros. Los procedimientos cohesivos son, siguiendo a Halliday y
Hasan:
La sustitución
La elipsis
La cohesión léxica
La referencia
2. Coherencia. Podríamos decir que es el ajuste o no del texto a su unidad
organizadora de intención, al principio temático o intencional que le dio origen.
Esa adecuación es la coherencia, que está a otro nivel, no es el puramente
formal. Ésta parece estar referida a la unidad de sentido que tiene el texto en
total. La coherencia depende directamente de la intención comunicativa del
hablante, es correspondencia a ese plan global que sirve de expansión de las
intenciones comunicativas. Tal plan de texto se desarrolla según las siguientes
fases:
El hablante tiene una intención comunicativa.
El hablante desarrolla un plan global que le permitirá, teniendo en cuenta
los factores situacionales, etc., conseguir que tenga éxito su texto, es
decir, que se cumpla su intención comunicativa.
El hablante realiza las operaciones necesarias para expresar verbalmente
ese plan global, de manera que a través de las estructuras superficiales el
oyente sea capaz de reconstruir o identificar la intención comunicativa
inicial.
3. Intencionalidad. En esta noción queda incluida todo lo relativo a las intenciones
del productor de un texto.
4. Aceptabilidad. Se trata de la actitud que acostumbran a adoptar los receptores de
los textos durante el intercambio comunicativo; con su “aceptación” se implican
en el texto. Esta noción es más amplia e importante que la de gramaticalidad.
5. Informatividad. Con esta noción se evalúa hasta qué punto el contenido de las
secuencias de un texto es predecible o inesperado, si esas secuencias transmiten
información ya conocida o si es novedosa.
6. Situacionalidad. Noción relativa a los factores que hacen que un texto sea
relevante en la situación en la que aparece.
7. Intertextualidad.Alude a la relación de dependencia que se establece entre:
Los procesos de producción y recepción de un texto determinado.
El conocimiento que los participantes en la interacción tengan de otros
textos anteriores relacionados con él.
Se parte de la idea de que todos los textos están agrupados por clases y
subclases. Cada clase, cada subclase cumple dterminadas funciones sociales.
Puede hablarse de la existencia de géneros, siempre que no se entiendan como
normas o convenciones fijas, sino como “moldes”. La intertextualidad supone
que todo texto está inserto en una serie, el una historia…
3.2. La pragmática
En su corta existencia la pragmática ya ha sido objeto de numerosas definiciones. Es
casi un lugar común comenzar por referirse a la introducción del término por Charles
Morris en 1938, autor para quien la “ciencia de los signos” o semiótica consta de tres
partes, la sintaxis, que se centra en las relaciones que entablan los signos entre sí, la
semántica, que se ocupa de la relación entre los signos y los objetos que designan y, por
último, la pragmática, que se encarga de la relación de los signos con sus intérpretes.
La gran mayoría de las definiciones suele estar de acuerdo, según indica Fuentes, en que
se trata del “estudio de la lengua en su contexto”.
Reyes señala que el lenguaje natural puede entenderse desde muy distintas perspectivas.
Así:
Según Bloomfield, es “un objeto exterior”, “la totalidad de las enunciaciones
que se pueden producirse en una comunidad de habla”.
Siguiendo a Saussure, es “un sistema gramatical virtualmente existente en los
cerebros de un grupo de individuos”.
En fin, siguiendo a Chomsky, es “un sistema de conocimiento, el conjunto de
representaciones mentales internalizadas por el individuo”.
Todas estas perspectivas tienen un denominador común, que es, según Reyes, haber
dejado fuera del estudio del lenguaje “los principios que guían” su uso.
3.2.1. Conceptos básicos de pragmática (cf. Escandell)
Dichos elementos pueden ser bien físicos –los podemos describir objetivamente- o
inmateriales –consistentes en las relaciones que se establecen entre aquellos:
Físicos:
- Emisor/hablante: es una persona real, que produce intencionadamente una
expresión lingüística.
- Destinatario/oyente: el destinatario es la persona (o personas) a la que el
emisor dirige su expresión lingüística.
- Enunciado/mensaje: enfrentamos aquí la expresión lingüística mínima que
produce el emisor a la información transmitida mediante cualquier tipo de
código.
- Entorno. Son las coordenadas espacio-temporales que rodean el acto físico
de la comunicación (el aquí y el ahora).
Componentes relacionales:
- Información pragmática. Son las experiencias anteriores (compartidas o no)
de emisor o destinatario en referencia al mundo que les rodea. Puede ser de
distintos tipos: general, situacional o contextual.
- Intención. El emisor, al producir una expresión lingüística, está movido por
una intención. El destinatario debe reconocerla para interpretar
correctamente el mensaje.
- Relación social. Los interlocutores, por pertenecer a una sociedad, están
relacionados de cierta manera.
3.2.2. El desarrollo de la pragmática
En líneas generales, pueden distinguirse dos grandes etapas. La primera de ellas fue,
como dice Reyes, “de pura especulación filosófica”: los filósofos pioneros de la
pragmática “propusieron que hablar es hacer, y a veces es hacer mucho, y buscaron los
principios que guían los comportamientos tan peligrosos de los hombres, las mujeres y
los niños”. Nos encontramos, superada esa etapa, en una fase caracterizada por una
mayor experimentación con los datos que proporciona el uso lingüístico: “la pragmática
se está volviendo una disciplina crecientemente empírica, que intenta incluir en sus
análisis los factores sociales, psicológicos, culturales, literarios, que determinan la
estructura de la comunicación verbal y sus consecuencias” (Reyes).
3.2.2.1. Austin y la filosofía del lenguaje corriente
Las aportaciones de Austin a la pragmática pueden resumirse, según ha destacado
Escandell, en las siguientes:
1. Austin revaloriza el lenguaje corriente.
2. La idea de que, en contra de lo que pensaba la mayoría de los filósofos, el
lenguaje no es sólo descriptivo, de ahí que los enunciados no han de ser
necesariamente verdaderos o falsos: pensemos por ejemplo en las no tan poco
frecuentes preguntas, mandatos, expresiones desiderativas…
3. El estudio de los enunciados “realizativos”, enunciados en que lenguaje y acción
establecen un estrecho vínculo. Frente a los enunciados “constatativos”, que
describen realidades del tipo que sean y son o verdaderos o falsos, los
realizativos “están ligados a la ejecución de ciertos tipos de actos
convencionales o ritualizados”.
4. La tricotomía locutivo/ilocutivo/perlocutivo. A Austin le debemos la conocida
distinción de carácter teórico de tres actos que al hablar se realizan de maneta
simultánea. El acto locutivo es el que realizamos por el mero hecho de decir
algo; posee significado. En una actividad de este tipo cabe, a su vez, distinguir el
acto fónico (acto que consiste en la emisión de ciertos sonidos), el acto fático
(acto que consiste en la emisión de palabras) y el acto rético (estas secuencias
cuentan con un sentido y una referencia determinados).
El acto elocutivo es, según Escandell, “el que se realiza al decir algo”, posee
fuerza. Es muy diferente que estemos aconsejando o meramente sugiriendo, o
realmente ordenando, o que estemos prometiendo en sentido estricto o sólo
anunciando una vaga intención.
El acto perlocutivo es el que, según Escandell, “se realiza por haber dicho algo”
y se refiere a los efectos que se consiguen en el oyente. Logra, en contraste con
los anteriores, efectos.
3.2.2.2. Searle y la teoría de los actos de habla
La noción central de la teoría de Searle es la de acto de habla, entendida como unidad
mínima de comunicación lingüística. Desarrollando una de las ideas más interesantes de
Austin, Searle cree que el uso del lenguaje en la comunicación debe concebirse como un
tipo particular de acción. Como novedad respecto a su maestro, según este autor, “estos
actos son en general posibles gracias a, y se realizan de acuerdo con, ciertas reglas para
el uso de los elementos lingüísticos”. Ahora bien, los principios que regulan el lenguaje
no serían diferentes, en opinión de este autor, de los que regulan cualquier otra actividad
humana.
Con todo, Searle cree que el significado de cualquier oración puede analizarse en dos
partes, lo que él llama denominador proposicional, o contenido expresado por la
proposición, y un indicador de fuerza elocutiva “que muestra en qué sentido (con qué
fuerza elocutiva) debe interpretarse la proposición”.
Indica, a partir de aquí, las cuatro condiciones que gobiernan la adecuación de los
enunciados:
- Condiciones de contenido proposicional, para agradecer algo el contenido
proposicional debe referirse a un acto pasado hecho por el oyente.
- Condiciones preparatorias, para que le ordenemos a alguien, debemos tener
autoridad sobre esa otra persona.
- Condiciones de sinceridad.
- Condiciones esenciales. Condiciones que caracterizan tipológicamente el
acto realizado.
El problema aparece con los llamados actos de habla indirectos, casos en los que el
hablante quiere decir algo distinto de lo que realmente expresa, con lo que se rompería
la relación constante entre forma gramatical y acto elocutivo defendida por el autor.
Para solventarlo propuso lo siguiente:
“El hablante comunica al oyente más de lo que dice basándose en la información
de fondo compartida, tanto lingüística como no lingüística, y en los poderes
generales de raciocinio e inferencia del oyente […] No hace falta suponer la
existencia de ningún tipo de postulado conversacional […] ni de ningún
imperativo oculto u otras ambigüedades similares.”
3.2.2.3. Grice y el principio de cooperación
Grice se ha ocupado fundamentalmente de estudiar qué principios regulan la
interpretación de los enunciados. Quizá lo más conocido de este autor ha sido su
propuesta de las máximas o principios no normativos que aceptan tácitamente los
participantes en cualquier conversación.
Las cuatro categorías con que este principio general se desarrollan son las siguientes:
- Cantidad: relacionada con la cantidad de información. Comprende, a su vez,
las máximas que siguen:
- Que su contribución sea todo lo informativa que requiera el propósito
del diálogo, pero
- Que su contribución no sea más informativa de lo necesario.
- Cualidad: se trata de la máxima “intente que su contribución sea verdadera”,
especificada así:
- No diga algo que crea que sea falso.
- No diga algo de lo que no tenga pruebas suficientes.
- Relación: contiene la máxima “diga cosas relevantes”, que vengan “a
cuento” en la conversación que hemos entablado con nuestro interlocutor.
- Modalidad: relacionada con el modo de decir las cosas, más que con el tipo
de las cosas que hay que decir. Se trata de la máxima “sea claro”,
complementada con las siguientes:
- Evite la oscuridad de expresión.
- Evite la ambigüedad
- Sea breve (no sea innecesariamente prolijo)
- Sea ordenado.
Otra distinción fundamental en Grice atañe a la que se establece entre “lo que se dice” y
“lo que se comunica”. Las implicaturas han de ser estudiadas a partir de los principios
que, como ya hemos visto, organizan la conversación. Son de dos tipos, convencionales
o derivadas directamente del significado de las palabras o no convencionales, categoría
bastante extensa dado que resultan de la combinación de criterios muy variados. Estas
últimas se dividen, a su vez, en conversacionales o no conversacionales según si
regulan la conversación o si los principios que ponen en funcionamiento son de otra
naturaleza.
Grice parte de la idea de que, mientras no se diga lo contrario, los participantes en una
conversación cumplen el principio de cooperación y las máximas.
El autor señala los siguientes tipos de incumplimiento de alguna de las máximas:
- Violación encubierta, discreta y sin ostentación, de una máxima.
- Supresión abierta de las máximas y del principio.
- Conflicto o colisión entre el cumplimiento de las diferentes máximas, que
obliga a elegir una de ellas en detrimento de otras.
- Incumplimiento o violación abierta de una de las máximas, pero sujeción a
las demás.
3.2.2.4. Anscombre y Ducrot y la teoría de la argumentación
La lingüística inmanentista ha obviado que, cuando hablamos, rara vez nos limitamos a
informar, sino que de manera casi constante intentamos persuasivamente ganarnos al
otro. Anscombre y Ducrot proponen, a partir de esta idea, un concepto de argumentar,
de argumentación algo distinto del que tenía la retórica o la lógica. Su aspecto
fundamental se resume en la misma definición de estos autores:
“Un emisor hace una argumentación cuando presenta un enunciado (o un conjunto
de enunciados) E1 (argumentos) para hacer admitir otro enunciado (o conjunto de
enunciados) E2 (conclusión).”
La argumentación se entiende, como un tipo particular de relación discursiva, como un
“acto ilucutivo” por medio del cual el emisor relaciona un argumento (o varios) –que
pueden ser o no buenos, esto es lo de menos- con una conclusión.
Los elementos lingüísticos con que la lengua nos pertrecha a tal fin, los marcadores,
pueden ser de dos tipos: bien operadores si, modificando su “carga” argumentativa,
afectan a un único enunciado; bien conectores si sirven de enlaces entre unos
enunciados y otros (aquí cabe incluir conjunciones, locuciones, adverbios… estudiados
por la gramática desde siempre sin tener en cuenta este contenido). Los conectores, por
su parte, suelen clasificarse atendiendo a tres criterios distintos:
- Según cuál sea su función el conector introduce un argumento (pues, puesto
que, porque, ya que, pero…) o una conclusión (luego, entonces, por tanto, en
consecuencia…)
- Según la valencia, según el número de enunciados con se combinen. Pues,
puesto que y similares se combinan con dos enunciados (argumento y
conclusión); además, encima y similares pueden combinarse con tres (dos
argumentos y una conclusión).
- Según la orientación; si tenemos dos argumentos y ambos conducen a una
misma conclusión, hablamos de argumentos coorientados; si cada uno de los
dos argumentos considerados apunta a una distinta conclusión, se trata de
argumentos antiorientados. Por ejemplo en español los conectores con
contenido “adversativo” son prototípicamente enlaces de argumentos
antiorientados.
3.2.2.5. Sperber y Wilson y la teoría de la relevancia
Según estos autores, al comunicarnos activamos dos sistemas en principio
independientes, pero que se suelen combinar para reforzarse recíprocamente:
- Uno de ellos, el “verbal”, basado en el proceso “convencional” de
codificación y descodificación –el estudiado por la lingüística inmanentista.
- El segundo de los sistemas, “no verbal”, “de naturaleza no convencional” se
fundamenta en la distinción ostensión/inferencia.
Así las cosas, la comunicación ostensiva consiste, según Escandell, es “crear muestras,
pruebas o evidencias que atraigan la atención sobre un hecho o conjunto de hechos para
comunicar que algo es de una determinada manera, con la intención de que el otro
infiera a qué realidad se está haciendo referencia y con qué objetivo”.
La inferencia, por su parte, es un proceso deductivo: “es el proceso que nos hace aceptar
como verdadero un supuesto sobre la base de la verdad de otro supuesto”.
Sperber y Wilson, además, distinguen explicatura e implicatura. La explicatura es el
contenido que mediante un enunciado se comunica de manera explícita. La implicatura
es el contenido que se deduce y construye sobre la base de supuestos anteriores. Esta
distinción sería erróneo hacerla equivaler con contenido descodificado y contenido
inferido, respectivamente.
Atendiendo a esta distinción la comunicación verbal seguirá las siguientes fases:
El destinatario para interpretar un enunciado comenzará por recuperar las
explicaturas. La descodificación constará, a su vez de tres etapas:
- La desambiguación utiliza la información que ofrece la situación.
- La asignación de referente consiste en determinar a qué ente concreto señala
una determinada expresión lingüística.
- El enriquecimiento es la especificación de referencia de expresiones vagas.
La determinación de las implicaturas, cuyas fuentes son:
- El contexto mismo
- El conocimiento enciclopédico almacenado en la memoria.
- Deducciones por inferencia a partir de las explicaturas y el contexto.
3.2.2.6. El estudio de la cortesía
La cortesía se define como:
- El conjunto de normas establecidas por cada sociedad que sirve para regular
el comportamiento de sus integrantes. Prohíben algunas conductas y
favorecen otras.
- El conjunto de estrategias conversacionales según las cuales el enunciado del
emisor debe adaptarse no sólo a sus intenciones y objetivos, sino también a
la categoría y papel social del destinatario.
En toda conversación puede observarse la tensión entre dos principios:
- El principio de cooperación entre emisor y destinatario que debe asegurar
una eficaz transmisión de la información (Grice).
- La cortesía que está al servicio de las relaciones sociales.
Si lo más importante es transmitir eficazmente información, se impone la concisión y la
claridad a la cortesía. Por ejemplo:
“¡¡Socorro!! ¡Sálveme, que me ahogo!”
“¡Socorro! ¿No le importaría salvarme, por favor? Es que, verá usted, me estoy
ahogando.
Leech establece en relación con la cortesía cuatro tipos de acciones principales:
- Acciones que apoyan la cortesía: agradecer, felicitar, saludar, ofrecer,
invitar…
- Acciones indiferentes a la cortesía: afirmar, informar, anunciar…
- Acciones que entran en conflicto con la cortesía. Si no compensamos estas
acciones con fórmulas corteses la relación puede deteriorarse. Por ejemplo:
preguntar, pedir, ordenar…
- Acciones dirigidas frontalmente contra el mantenimiento de la relación entre
los interlocutores: amenazar, acusar, insultar, maldecir…
Brown y Levinson, por su parte, han estudiado las estrategias de cortesía que son
utilizadas en la conversación. Pueden darse juntas. Van desde:
- Abierta y directa: “¡Baja la basura!”
- Abierta indirecta. Se muestra claramente la intención del emisor pero se
intenta “compensar el daño”:
De manera positiva, expresándose el aprecio hacia el destinatario y sus
deseos.
De manera negativa, se expresa que el acto realizado no limitará la
libertad de acción de destinatario.
- Estrategia encubierta. El emisor pretende enmascarar o disimular su
verdadera intención y es el destinatario el que debe interpretarla. Por
ejemplo: “Este informe necesita una revisión a fondo” o “La basura está
empezando a oler mal”.