ÓRGANOS VESTIGIALES
La vestigialidad es la retención durante el proceso de evolución de estructuras o
atributos genéticamente determinados que han perdido parte o la totalidad de su
función ancestral en una especie determinada.1 La evaluación de la vestigialidad
generalmente debe basarse en la comparación con características homólogas en
especies relacionadas. La aparición de vestigios ocurre por procesos evolutivos
normales, generalmente por la pérdida de función de una característica que ya no
está sujeta a presiones de selección positivas cuando pierde su valor en un entorno
cambiante.
1. El apéndice, uno de los órganos vestigiales más conocidos
Este órgano, cuyo nombre completo es el de apéndice vermiforme, forma una
especie de cilindro sin salida conectado a la primera porción del intestino grueso.
2. Pezones masculinos.
Más allá de las imaginativas funciones que se nos puedan ocurrir, el pezón femenino
sirve para para facilitar el amamantamiento de los bebés. Por este motivo, su
conservación evolutiva en las mujeres está más que justificada, ¿pero para qué
sirve en los hombres?
3. Muelas del juicio
Estas cuatro muelas; que, en caso de salir, se sitúan justo al fondo de nuestra
mandíbula, le eran muy útiles a nuestros antepasados cuando su alimentación se
basaba en la ingesta de productos como nueces, raíces y carne cruda. Sin embargo,
ahora que seguimos una dieta mucho más blanda, no sirven para nada más que
doler, incordiar y sacarnos de nuestras casillas.
4. Erector pili
El erector pili es un músculo, inserto en el folículo piloso y controlado por el sistema
nervioso simpático, que da lugar a la erección del vello corporal que conocemos
como “piel de gallina“.
5. Plica semilunaris
Este pequeño pliegue que todos tenemos en el canto del ojo es un vestigio de los
tiempos en que los humanos teníamos el tercer párpado, típico de aves, reptiles y
peces, que sirve para lubricar y limpiar el ojo sin perder la visión.
Al contrario que otros órganos vestigiales, éste sí sigue conservando una utilidad,
ya que mantienen el drenaje del lagrimal; pero, desde luego, ya le queda muy poco
de lo que un día fue.