Perversión, Philippe Julien
Perversión, Philippe Julien
Perversión
Memorias, para hacer que se reconociera su misión de re-
dentor».18
18
S. Freud, «Remarques psychanalytiques .. "" op. cit., pág. 273.
96
l. Un escandaloso descubrimiento
99
latina, vale decir, de <~tergiversan> el_bi~nJ¡n m31!:,Lo que era Por eso esta ausencia de demanda crea una ausencia de
bueno «Se desvía» y se invierte en su contrario; se hablará investigación psiquiátrica. Así, bastará con hablar de des-
así de efectos perversos. viaciones del instinto, de su inmadurez, de su fijación regre-
La inquietud de la predicación eclesiástica consistió en siva o de degeneración. Pero ¿por qué?
indicar por la ley la frontera que no había que traspasar y No obstante, a fines del siglo XIX se dio un paso adelan-
castigar a quienes la transgredieran. Pero la religión no tie- te, por ejemplo con Magnan en 1885, con Kraffi-Ebing en
ne ese privilegio. En efecto, la sociedad política está directa- 1887, con A. Moll en 1893, quienes hacían referencia al ins-
mente concernida. Y por eso el poder judicial actúa con una tinto sexual. La sexualidad es la verdadera razón de la per-
triple función: enunciar la frontera, castigar al transgresor, versión en la medida en que el placer sexual puede llevar a
proteger a la sociedad evitando la reincidencia del acto. la anormalidad.
Ahora bien, en lo que se refiere a las dos últimas funcio- ¿En qué caso? Kraff-Ebing nos responde en su texto reor-
nes, en el siglo XIX se produjo un nuevo acontecimiento: la ganizado por A. Moll:
apelación del poder judicial al discurso médico para que se
pronunciara sobre la responsabilidad del sujeto. ¿Se trata «Krafft-Ebing declaraba perversa cualquier exteriorización
de «perversidad» moral o de «perversión» patológica? del instinto sexual que no responde a la meta de la naturale-
E'n efecto, lo lega(y lo médico se encÜentrañ anteese fe- za, es decir, a la reproducción cuando surge la oportunidad
11Q!peno ~mano e i.!l.humano del exceso, l~ desmes~_ la- de una satisfacción sexual natural». 1
violencia de una fuer.za i!?-terior que se impone. Así, el juez
interroga al médico: si esta fuerza que empuja al acto de la La naturaleza nos da la finalidad consciente y no violen-
llamada transgresión «perversa» es tan irresistible y pode- ta de la sexualidad. Tergiversar ese bien en mal es transgre-
rosa, ¿no se debe a que el sujeto está enfermo y por lo tanto dir su objeto y su meta, si se admite que el objeto según la
es irresponsable? naturaleza es la unión genital heterosexual entre dos adul-
El ámbito médico responde hablando de monomanías tos; y la meta según la naturaleza es la satisfacción sexual
instint_ivas
- ..
(Efill.uirol), búsqueda
L-
de
-
excitació~t), - .
~- de uno y otro a raíz de esa conjunción.
restesias (Kraffi-Ebing), etc. La pericia consiste entonces en Así, la clasificación se modifica, se ordena y se diversifica
incluir tal o cual conducta en las clasificaciones descriptivas según el objeto y según la meta. Kraffi-Ebing fue con ello ca-
de la perversión. Se hace semiología, inventario y nomen- paz de clasificar las perversiones:
clatura para responder a los jueces.
Pero al someterse de tal modo a la demanda del campo «Las perversiones se dividen en dos grandes grupos: en pri-
judicial para evitar la reincidencia y proteger el entorno, el mer lugar, aquellas en las cuales la meta de la acción es per-
psiquiatra evita hacer progresar la ciencia de las causas. versa, y aquí hay que incluir el sadismo, el masoquismo, el
¿De dónde procede entonces esta anormalidad, calificada de fetichismo y el exhibicionismo; en segundo lugar, aquellas
patológica? en las cuales el objeto es perverso, mientras que la acción,
Podría pensarse que la psiquiatría progresó en la res- las más de las veces, lo es como consecuencia: es el grupo de
puesta, en la medida en que la clínica no se reduce a la peri- la homosexualidad, la pedofilia, la gerontofilia, la zoofilia y
cia. Y sin embargo no hay nada de eso, por la sencilla razón el autoerotismo». 2
de que el susodicho perverso no se considera como un enfer-
mo. La mayoría de las veces se trata de hombres o mujeres
respetables y respetados en su vida social, profesional y fa-
1 Psychopathia sexualis, edición refundida por A. Moll, Castelnau-le-
miliar, pero que tienen por lo demás, secreta y discretamen-
Lez: Climats, 1990, pág. 86. [Psychopathia sexualis, Valencia: La Máscara,
te, otra vida al margen de la mirada de los custodios del or-
2000.]
den médico-legal. 2 !bid., pág. 86.
100 101
Tal fue el avance de cierto saber psiquiátrico, a la vez embargo, ¿no nos indica Freud que la perversión sólo es con-
que, por otra parte, se salvaguardaba lo esencial: definir lo cebible artiCülada p oi," con y en el compléjo de Edipo? Res-
punible, proteger el futuro. ponder a-esta pregunta es retomar con Lacaii la lectura de
Freud en su investigación a partir y más allá de los Tres en-
sayos de 1905.
En 1915, en «Pulsiones y destinos de pulsión», Freud nos
La ruptura freudiana habla de su tentativa de hacer coincidir el amor por el otro
como objeto sexual con la síntesis posible de las pulsiones
El escándalo de la novedad del psicoanálisis radica en parciales en una sola pulsión totalizadora. Dice lo siguiente
suprimir la frontera entre perversión y normalidad. ¡Basta acerca del amor:
de condenas! Hay «impropiedad» (Unzweekmiissi1tkeit), es-
cribe Freud en los Tres ensayos de i905, «en el empleo r~pro «El uso de esta palabra para una relación semejante sólo
batorio de la palabra perversión». 3 puede comenzar con la síntesis de todas las pulsiones par-
En efecto, todos los niños son «polimorfamente perver- ciales de la sexualidad bajo la primacía de los órganos geni-
sos» en cuanto a la meta (Ziel) y el objeto (Objekt), porque la tales y al servicio de la función de reproducción». 5
sexualidad infantil es en su origen una libido de las pulsio-
nes parciales con objetos pregenitales (oral, anal, escópica, Pero, ¿es verdaderamente posible? Freud nos confiesa su
vocal). Ahora bien, es universal, ya que todo ser humano ha perplejidad: «Preferiríamos ver en el amor la expresión de la
sido un niño: pulsión sexual total, pero pese a ello no salimos del apuro».6
- En efecto, no es tan sencillo. Amor y sexualidad no se
«Frente al hecho, reconocido desde entonces, de que las in- confunden, como preferiríamos pensarlo y hacerlo creer. Si
clinaciones perversas estaban ampliamente difundidas, se amar es ser amado en el propio yo total y unificado, ¿pasa lo
nos impuso la idea de que la predisposición a las perversio- mismo con lo pulsional? ¿Amor y deseo sexual coinciden?
nes era la predisposición original y universal de la pulsión Podemos salir de este apuro si apelamos a otro Freud, el
sexual humana». 4 que poco a poco va a identificar perversión y Verleugnung .
Es la elección que hizo Lacan para upa diyisoria entre un no
y un sí. Por un lado, no se puede decir, según la lectura que
f
Sólo la primacía ulterior de lo genital debía permitir la
uperación de las perversiones por unificación de las pulsio- hacen algunos, que la perversión infantil universal no es
nes parciales de la vida infantil en una sola pulsión totali- más que un estadio provisorio del desarrollo de la sexuali-
zadora, dirigida hacia el llamado objeto genital heterose- dad humana. Esta es negación del instinto en cuanto ten-
xual, de acuerdo con el modelo de la finalidad biológica de la dencia finalizada por tal o cual objeto según una ley de la
~eproducción. naturaleza. La libido es la anti-physis, y en ese sentido es
Justamente en ese punto los psicoanalistas se dividen. perversa o no es. Lacan no dejará de repetir esta negación:
Para algunos,Ja_p_eJ:Y.e rsión swa1ª'..Qe.:rsistencia de u~
ción a una pulsión parcial: se trataría del signo de un retra- «La sexualidad sólo se realiza por la operación de las pulsio-
so en el desarrollo yilleVolución hacia la pulsión genital. Se nes en cuanto son pulsiones parciales, con respecto a la fina-
definiría por una detención (ein Verweilen) en tal o cual pla- lidad biológica de la sexualidad». 7
cer calificado de preliminar, pero que no tiene nada de tal.
5 S. Freud, «Pulsions et destins des pulsions», en Métapsychologie,
La transformación por el Edipo no habría tenido lugar. Sin
op. cit., pág. 40. [«Pulsiones y destinos de pulsión», en AE, vol. 14, 1979.)
6 lbid., pág. 34.
7 J . Lacan, Le Séminaire, Livre XI, Les quatre concepts fondamentaux de
3 S. Freud, Trois essais sur la théorie sexuelle, op. cit., cap. 1, § 3.
4 lbid., pág. 179. la psychanalyse, op. cit., pág. 161.
102 103
r --En efecto, «la pulsión, en tanto representa a la sexuali- jcomo falo desplazado.. ~a perversión es renegar de la dife-
dad en el inconsciente, nunca es sino pulsión parcial» ;8 y por l!encia sexual: todas las mujeres tienen el falo.
1~so «no hay acceso al Otro del sexo opuesto como no sea por •· Freud se mantendiá fiel a esta definición hasta su muer-
~ vía de las llamadas pulsiones parciales». 9 te, que interrumpirá la escritura del famoso artículo comen-
Ahora bien, esta negación de una finalidad totalizadora zado en 1938: «La escisión del yo en el proceso defensivo», en
es exactamente lo que Lacan leyó en Freud: el que !a Ichspaltu._ng es el efecto misplO de la Vfrleugnung,
: ecaída sobre la presencia del falo en la mujer. 0 d; . '-:/5'
1
~
ación <VerleugnÜng), e s-decir, una doble- posición a la vez: estabilidad se construye, justamente, en la medida en que él
econocimiento de
que la madre no tiene el falo y negación muestra a su madre lo que no es». 12 Sí, pero ¿cómo estar ala
e este reconocimiento: la madre lo tiene a través del fetiche altura del deseo de la madre?
8 J. Lacan, Ecrits, op. cit., pág. 849.
9 !bid. 11 Le Séminaire, Livre IV, La relation d'objet, op. cit. , pág. 193.
lO J . Lacan, Le Séminaire, Livre XI, op. cit., pág. 172. 12 !bid., pág. 194.
104 105
De lo imposible de responder nace la angustia de castra- SIR
ción. Por eso, sin duda, Lacan decía lo siguiente:
Ahora bien, esta lectura de Freud sólo es posible si se sa-
«Si hay castración, la hay en cuanto el complejo de Edipo es be descifrar en su texto estas tres funciones: simbólico, ima-
castración. Pero no por nada se advirtió, de manera tene- ginario, real. Sin esa distinción, no se entiende cómo puede
brosa, que la castración tenía tanta relación con la madre Freud, a partir de 1910, fundar la perversión sobre la rene-
como con el padre. La castración de la madre (. . .) implica
---
gación de la diferencia sexual.
para el niño la posibilldacT de ladevoraciün y el moraisco» .13 En efecto, no sin razón Lacan, en 1956 -vale decir, el
-- ' ·- año de su seminario La relación de objeto acerca de la per-
Ser el objeto fálico imaginario para colmar el deseo de la versión-, agrega su firma a un texto de W. Granoff justa-
madre es la angustia misma de ser tragado por ella. Freud mente titulado «El fetichismo: lo simbólico, lo imaginario y
lliililabá de horror (Gralien) a la ca stración de ia mujer. Lo lo real». 15 No ha escrito una línea de ese artículo, pero al fir-
hacía con referenciaa l fetichismo. En efecto, la perversió~ marlo da su acuerdo a lo que en adelante constituye saber
se origina allí como consecuencia de la angustia. compartido y comunidad de trabajo.
En ese texto, Granoffhace el análisis teórico de un caso 1Jº•·1
3.JLa madre tiene el falo de fetichismo presentado en 1930 por ~lexanderl,¡m:_anq: d., 4~. <'· <,
Tal es la Verleugnung: renegación de la primera posición, «Fetishism in statu nascendi». 16 Se trata de un varón de 1 <'
según la cual la madre no tiene el falo. Así, el sujeto puede cuatro años, Harry, a quien Lorand ve una o dos veces por
respirar: postula el fetiche como sustituto del falo faltante semana a lo largo de seis meses. El niño tiene la costumbre
{en la madre. Allí donde falta en ella el falo simbólico, el suje- de acariciar y besar los zapatos de las amigas de su madre.
~ sitúa un fetiche como falo imaginario. Pregunta si tal o cual de esas amigas tiene un gran «gatito»
«Lfl mujer, por lo tanto, tiene el falo en el mgirco ~ como su padre y dibuja tanto a las niñas como a los varones
de no tenerlo»,decía Lacan. 14 Es a la vez una cosa y la otra: con un «gatito».
_ay ~livaJe, di;isión, disyunción. Y el féticb,ismQ.__s e convierte ¿Cómo interpretarlo? W. Granoff responde: no se trata
en el ~aradigma de t~da perversión. Eirf?..litti~{}i por el lado del pene real, sino del falo en lo simbólico. En efecto, el feti-
: del obJeto materno tiene efecto de sphttingpor el lado del che debe tomarse comoelemeñ to de unaactividad simbólica
ujeto: él es el falo y no lo es, porque la madre no lo tiene en sin «confusión entre la palabra y Sl1 r~ferente» .17 La palabra
~
gustia del deseo de la madre; por eso, sin duda, tiene la mis:. si se presenta como símbolo». 18 En efecto, «el elemento ima-
ma funcióñqüela fobi~alar una protección en u~ pues- ginario tiene exclusivamente un valor simbólico». 19 Esta-
to de avanzada frente al peligro de ser devorado por el deseo mos «en el dominio de la búsqueda del sentido lenguajero
insaciable del Otro.
15 Publicado en inglés: W. Granoffy J. Lacan, «Fetishism: the symbolic,
the imaginary and the real», en Perversions: Psychodynamics and Thera-
py, Londres: The Ortolan Press, 1956.
16 lnternational Journal ofPsycho-Analysis, vol. 11, 1930. La traducción
francesa apareció en la revista Apertura, vol. 5, 1991, págs. 123-30.
17 Cf. el texto aparecido en francés en L'objet en psychanalyse, París: De-
13
Ibid., pág. 367. noel, 1986, pág. 24.
14
Le Séminaire, Livre V, Les formations de l'inconscient, op. cit., pág. 18 [bid.
453. 19 !bid.' pág. 26.
106 107
más que en el de vagas analogías visuales (por ejemplo, las
formas huecas que recuerdan la vagina),,.20
2. Delante o detrás del velo
El caso del pequeño Harry muestra claramente qué es la
interpretación analítica: pasar de la relación de dos según lo
imaginario visual a la relación padre-madre-sujeto según el
orden simbólico del intercambio. Así, la Verleugnung es el
~@9 de u:i:_i~~~cilación constru.ite entreu na y otra.- -
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El velo oculta la Nada [Ríen] que está más allá del Objg-
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to en cuanto deseo del Otro: lañ:nrrlre no tiene el fálo . Pero al
mismo tieiñP'OY p-ese a eIIO, el velo es el lugar en el cual se
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proyecta la imagen fija del fitlo simbólico: la madre tíeiiéef
fálo. · - -- ·• - - - _--- 1
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20 !bid., pág. 21. 1 Le Séminaire, Livre IV, La relation d'objet, op. cit., pág. 156.
108 109
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Delante del velo del Otro, 12 sorprende en su pudor y su intimidad; se intro-
duce en su mundo privado. ¿Gracias a qué? Ala hendidura.
Esta proyección de la imagen fálica que oculta y designa vr~ En el fantasma, el sujeto es la hendidura, a fin de que el
\
la Nada [Rien] es lo que el sujeto coloca delante de él. Según O!ro_g interes~a ców.p.,.gce, esté abierto a ese espectáculo
esta estructura, tenemos las siguientes perversiones: yparticipe en esa mostración.
El sujeto es hendidura, fisura del velo que seRara lo ocul-
Fetichismo
to de lo mostrado, lo privado de lo Rúblico d~spaci.Q__Qfil
Masoquismo Cftro~Freud habló de ello con referencia a la escena primiti-
Sujeto Objeto Nada [Rien] vá c~ncerniente a los padres. Lo que el Otro deja ver sin §1\.-.
Voyeurismo berlo es lo que permite negar Ía falta fálica, de conformidad
Homosexualidad con la cree;cia perversa: todos 108seres h~ffiaños tienen®
falo~ . ---- · -----·--., - - · ·
femenina
~
, :1 'Í UV' ,:r;>sicogénesis de un caso de homosexualidad femenina». En
3 .., '"""
Pone un velo sobre la falta fálica de la madre. El velo es ..,,.
, f"~~dicho caso, lo que_~a joven desea en la Dama está más allq
1 ,;:.
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2. El masoquismo
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tufla, la trenza, la cabellera. ".:" t , , ~ c9--rJ~ .:.
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pervers10nliomosexual consiste en velar esa falta mediante
un sustituto, un Ersatz: el hijo como imagen fálica.
No debe definirse en relación de complementariedad con 'Y Para la joven, esa actitud es posible al identificarse con
el sadismo, o a la inversa. Gilles Deleuze y J acques Lacan lo su padre y asumir su papel. Ella ama como un hombre
mostraron: ¡nada de sadomasoquismo! (mannliches Typus, dice Freud). Tiene el pene y lo da a la
Freud describió el masoquisriiü'eñ su artículo de 1919, Dama, que no lo tiene. Y lo da de acuerdo con la equivalen-
«Pegan a un niño»: es preciso que el Otro tenga el látigo co- cia pene imaginario/hijo.
ft f.· 1 ( mo poder fálico. Leopold de Sachér Mas oCli no dejó de des- ¿Cómo llegó hasta allí? En el momento de la declinación
1' ' ' -I: eribir en sus libros esa demanda dirigida a una mujer, para del Edipo, dirigía las miradas hacia su padre en la expecta-
que esta disfrutara de absolutamente todos los derechos. tiva de recibir un hijo de él. En efecto, se complacía en ac-
Fue un éxito público. En cambio, en su vida privada, su 11!!!:. tuar como una madre con un varón de cuatro años, hijo de
jer Wanda sólo pudo cumplir el contrato de azotar a Leopold unos amigos de sus padres. Pero, dura decepción, el padre
d.uri'n~ algunos años de matrimonio (1872-1883). embaraza a la madre; vuelto hacia esta, es a ella a quien da
un hijo. La joven, entonces, dirige su mirada hacia la Dama,
3. El voyeurismo más grande que ella.
No es el complemento del exhibicionismo, sino su parale- Hay una inversión: en el lugar de la frustración del obje-
lo. Lacan, al respecto, introduce la noción de hendidura to real (el hijo) por el padre simbólico, se establece una iden-
[{ente]. 2 El voyeur entra en el deseo del Otro por la hendíau: tificación con el padre imaginario. Ese duelo del objeto de-
iá, la-ranura, el postig~ (en francés se habla de,J'alous~[ce: mandado se cumple mediante la identificación con quien
losía]), el telescopado o cualquier pantalla. Enfoca erdeseo podría darlo, pero lo ha negado.
2
3 En Névrose, psychose et perversion, París: PUF, 1973, págs. 245 y sigs.
Seminario Le désir et son interprétation, clases inéditas del 3 y el 10 de [«Sobre la psicogénesis de un caso de homosexualidad femenina», en AE,
junio de 1959.
vol. 18, 1979.]
110
111
~
Así, la joven se sitúa en la posición de la perversión: ve- de un hombre cuyo fetiche era un impermeable (mackin-
ar la falta fálica en la Dama por el don del hijo como imagen tosh). Su presencia «como acompañamiento necesario de la
álica. sexualidad» era por su textura, lisa o no, un estimulante del
Y cuando el padre interviene públicamente con una erotismo de la ~l. Pero sobre todo, sefialaba S. Pa)'l!e,.J!!In
mirada furiosa dirigida hacia su hija y su amiga, la primera vivo recuerdo de sus tres años, cuando lo obligaban a usar
¡. s"'A~ pasa al acto; actúa un alumbramiento público de su amiga JI w cvi bombachas de goma, esfaba ligad oareXhibiCioñlsiñO, aT
ISP-'t~, mediante un niederkommen, «parir» [«mettre bas»]. Tal es la <.J espectáculo .Y al mlellO-iffáeastracioll.;,. 6 - - - - -· ·-- ·
significación de pasa;p~~-encima del parapeto- y «caer» so- --ne-d.icho iñ!edoprocede; en efe.Cto~ la función simbólica
~iA
tJ (. L1 Í<i bre las vías del ferrocarril. Ella «Se hace» la hija de la Dama, de ese fetiche: «El impermeable es una protección mucho
___
L< lt j como sustituto de la falta fálica en ella. ¡Perversión lograda más notoria que los zapatos o el corsé». Enmascara como
J (}..;
contra el padre! imagen fálica lo que designa como elemento simbólico, la
falta fálica de la madre como causa de angustia del sujeto.
Este cumple de manera activa esa operación de renegación
revistiendo públicamente el impermeable.
Detrás del velo Así, de esta posición del sujeto detrás del velo se deducen
varias perversiones posibles:
Pero el feti¡;;hg_ como falo imaginario no siempre es puesto
por el sujeto delante de la Nada [Rien] como más allá de la Travestismo
madre. A la inversa, puede ser puesto por un sujeto que, al
Sadismo
identificarse con la madre, lo presenta a partir de ese lu-
Sujeto Objeto Nada [Rien]
gar situándose detrás del velo: «No se sitúa delante del
Exhibicionismo
velo -dice Lacan-, sino detrás, es decir, en el lugar de la
mad~ 4 Homosexualidad
masculina
l. El travestismo
Como el impermeable, la actitud de envolverse en trajes
femeninos es una identificación del sujeto masculino con la
madre poseedora del falo. Así, la protección contra la angus-
tia es exitosa y se trata de «Ocultar la falta de objeto». 7 Es
preciso «que siempre sea poSí6fe""pensar que está precisa-
Velo mente donde no está».s . ---· ' - -
~~~~~·-- ~
112 113
sualmente grandes. Por fin, al completarse el proceso de la
ge de la angustia. ¿No es lo que consiguió Sade con la presi-
pubertad, llega el momento de permutar a la madre por otro
dente de Montreuil?
objeto sexual. Sobreviene entonces una inversión (Wend-
3. El exhibicionismo ung) repentina; el joven no abandona a su madre, sino que
en
$e identifica con ella; se trá~smuda elfuy ahora 15UsCaüb-
~
Hemos visto que el voyeurismo es presentación de la ~~
hendidura como entrada en el espacio del deseo del Otro. El jetos que puedan sustituirle al yo de él, a quienes él pueda ~A-;e111:
14
amar y cuidar como lo experimentó de su madre». ~$;....;;"',
¿;. .....,,;:¡ 1
y
exhibicionismo no es la recíproca, así como el masoquis- '(
Q&
mo no lo es del sadismo. El exhibicionista no espía como el
voyeur; «entreabre su lli!!!tfi.lla»,9 como un pantalón gue se En este punto, Lacan retoma a Freud y lo prolonga con ~#
abre, Eara ofrecerse a la ~is!a del Otro 1 tos arlo «más allá de una precisión: identificación, no con el deseo de la madre '¡
tampoco con su amor, sino con su goce. Hay repetición del
su pudor» 10 y ponerse -ªJner.c:e.d.d~~-~ mismo goce por inversión: el hijo, en tanto fue el objeto de
eja ver pa;; ver al Otro sorprendido por el develamien-
to. ¿En qué sentido hay perversión? Lacan decía: «La téc- tal goce del Otro, lo perpetúa gozando a su vez de un objeto
nica del acto de exhibir consiste, para el sujeto, en mostrar semejante a lo que él mismo fue. Hay pues narcisismo en
lo que tiene en la medida en que el Otro no lo tiene». 11 Se materia de elección de objeto, pero al servicio del goce del
tra~aerevelar arOfro lo que éSte;;;;;;:estamente ;;_~ tiene, Otro que debe mantenerse.
Sometida la clínica a la ley de la confidencialidad, reco-
para huna::u:10almi~ tiem[JO en la ':'..«::!.~enza ¡;fe lo_que le
falta». El sujeto presentifica a la madre como si en ella no jamos la experiencia de quienes testimoniaron públicamen-
----
hubiera falta.--·- - - - -----·-
_._
te esa «inversión».
4. La homosexualidad masculina
Por último, resulta claro que, en el caso de la homose-
xualidad, «en el sujeto se trata de su falo -decía Lacan-,
115
114
3. Dos casos de inversión
1 Pero a esta ley del amor se opone otra, la del goce del
~
Otro. En ese lugar se sitúa la madre de Madeleine, la tía
Mathilde, cuyo goce del cuerpo del joven André hizo de él el
objeto de una intrusión inolvidable:
117
atrae mi rostro contra el suyo, me rodea el cuello con su bra- Una extraña identidad
zo desnudo, baja la mano por mi camisa entreabierta, pre-
gunta riendo si soy cosquilloso, sigue más adelante ... Mi Esa semejanza singular que hemos visto entre André
sobresalto fue tan brusco que provoqué un desgarrón en la Gide y su tía Mathilde volveremos a encontrarla en Henry
casaca; con el rostro encendido, y mientras ella exclamaba: de Montherlant., con el nombre de la «extraña ident iaacr;;
"¡Vaya! ¡El gran tonto!", me escapé». 2 que su historiador constata entre los deseos y los sueños de
su madre y los de su hijo Henry. 5
Ahora bien, anota Lacan en los Escritos: «No puede dejar Esta identidad permanecerá secreta durante mucho
de señalarse que esas maniobras se parecen singularmente tiempo, hasta la publicación tardía, en 1969, de una auto-
a las atormentadoras delicias» 3 que Gide nos confesará biografía titulada Les garxons. 6 En ella, Montherlant deja
cuando haya cumplido su «inversión» freudiana. En efecto, por fin de atribuir eí dram;d;"su vida a sus educadores del
¿qué nos dice de su experiencia durante el viaje de bodas? colegio de Sainte-Croix de Neuilly, como lo hace en La uille
dont le prince est un enfant. Habla de una vez por todas del
«En el tren que nos traía de Biskra, tres escolares que vol- estrecho lazo entre el amor de su madre por él y el que él
vían a su liceo ocupaban el compartimento contiguo al nues- mismo sentía por un compañero. Amor único, irreemplaza-
tro, casi completo(. .. ) En cada una de las frecuentes pero ble, que nos confesará poco antes de suicidarse en 1972, en
breves paradas del tren, asomado por la ventanilla lateral, un texto que se publicará con el título~;dimons-nous
que había bajado, podía alcanzar con la mano a uno de los ceux que nous aimons? 7 Sin duda se trata de su testamento:
tres escolares, que se entretenía en inclinarse hacia mí, des- a partir de un sueño del 12 de diciembre de 1971, Monther-
de la ventanilla vecina, y se prestaba riendo al juego; yo sa- lant nos habla del objeto de su amor, el joven que perdió a
boreaba atormentadoras delicias al palpar la vellosa piel los diecisiete años:
ambarina que él ofrecía a mis caricias(. . .) Madeleine, sen-
tada frente a mí, no decía nada y simulaba no ver, no cono- «El sueño del 12 de diciembre me mostró que ese ser fue el
cerme .. . Llegados a Argel, solos en el ómnibus que nos lle- único a quien amé durante toda mi vida, que nuestros otros
vaba al hotel, me dijo por fin, con un tono en el que yo perci- amores no habían sido más que una caricatura de aquel y
bía aún más tristeza que censura: "Tenías la apariencia de que la felicidad misma había sido poca cosa luego de él».
un criminal o un loco"». 4
Y agrega: «Sólo se ama una vez, y cuando lo pienso se
~
Tal es el sen~l~prueba de padecer la 0-- abre ante mí la desolación».s
romisión d~! O! ro en el propio cuerpo, convertido en el l?ª- Pero, ¿de dónde procede entonces la unicidad de ese en-
ente de la arbitrarieclaa-c:re·su goce. cuentro, relat~~fes ¡¿an;ons, e~tre Henry, llai:i~<!o_Al_- ¡f{J;.1,,
4'""'-- ---·- ~an, ª-e di~ciséis a~os y ~e~io, y el i:'-d~}esce~~e llamado §er- · Jt {°;; '-
ge, de catorce años y medio? En lo fundamental, del lugw ('
-------·-·- ·~ -
2 André Gide, La porte étroite, París: Gallimard, «Folio», 1959, pág. 21.
119
118
Pero, ¿de dónde viene ese beso en los párpados? El final
irreemplazab~~-gueJI.J).!!fY.!~S.Lbió _qe
S2:1 mª.Q.re: De este mo- de la obra nos da la respuesta, cuando nos habla de la ma-
do, al hablar de sí mismo, escribe lo siguiente:
dre de Alban, el seudónimo de Henry.
~
Hasta los doce años iba a la cama de su madre, una media U na mañana en que está muy decaída, ella dice a su hijo:
ora antes de acostarse. Ella, en camisa de noche, lo apreta-
a contra sí, cálido como un polluelo». 9 «Soñé que te tenía sobre las rodillas, a los doce años, con
pantalones cortos. Bajabas la cabeza para que sólo te pudie-
Esa situación se prolonga hasta el día en que, «Sin saber ra besar en el pelo. Luego volvías a subirla suavemente y te
ué hacía, tocó a su madre donde no debía». 10 Y cuando su besaba en los párpados, como lo hacía a menudo cuando
U
hijo tiene catorce años, ella le escribe: dormías ("conocemos eso", se dijo Alban). Pero entonces me
daba cuenta de que ya no eras tú; era Souplier. Te habías
~
Cómo te amo! Es verdaderamente terrible, porque mi convertido en Souplier... ».
mor no hace sino aumentar día tras día(. .. ) Querría vivir
il años para poder amarte mil años». En esas últimas agonías, suspendida por encima de un
infinito terrible, ella confundía a esos dos niños, culpables o
Su marido cuenta muy poco; no tienen gran cosa que de- no culpables, para hacer de ellos un bien único. Y él, por su
cirse el uno al otro. En cambio, el amor por Henry es salvaje parte, pensaba: «Si mi madre lo vio tan a menudo en sueños,
13
y fuerte: quiere decir que tengo derecho a amarlo».
A11ora bien, esta reconstrucción del hijo le permite ver
«Mi vida -escribe su madre- está absorbida en la tuya de que aquello de que goza en Serge Souplier es el goce mismo
una manera inverosímil, y no deseo a mi peor enemigo de su madre:
amar como yo te amo». 11
«Y repentinamente, Alban por fin comprendió. Ese tono car-
nal que ella adoptaba para hablar de él, esos sueños en los
·-~ ·-··-·
tenga un encuentro - con ~n~-
amoroso ·---
En efecto, la pasión va a desencadenarse cuando Hen
el cole- que él se le aparecía, su anhelo de hacerlo ir a la casa y, por
ii0Samte:c;~~Apá7ece entonces fa «extraña ícféñtidad:>. último, luego del incidente final, su manera sorprendente
El mome~eclsivo que va a provocar la expulsión defini- de echar aAlban en sus brazos ... ¡Qué claro le parecía todo
tiva del colegio es el de la cita en el invernadero: ahora!». 14
«Como si presintiera que era la última vez en su vida que Por eso, «más que nunca, ella permanecía en su vida por
1
iba a tocar el rostro de ese niño, como si hubiese sabido que Serge. Por Serge, ella lo conservaba». 5
la suerte estaba echada y que no quedaba sino poner algo de Así, Montherlant puede concluir:
dulzura inolvidable en lo que no iba a ser más por toda la
eternidad, se arrodilló junto a Serge. Se deshizo calmosa- Era ella quien, por sus insinuaciones, había dado a Alban
mente de la bufanda y hundió la cara en su cuello cálido; le a idea de un acto con Serge -el del frontón vasco-, acto en
1 cual él no pensaba y que, en consecuencia, no deseaba
rodeó el rostro con el brazo y lo besó en los párpados. Todo
eso con lentitud y en un completo abandono a su destino». 12 U ... ) Es terrible que esa madre, con todo su amor maternal,
toda su honestidad, toda la vivacidad de su espíritu, toda su
9 Les garr;ons, op. cit., pág. 43.
10 !bid., pág. 44.
11 13 !bid., pág. 306.
Citado por P. Sipriot, Montherlant sans masque, op. cit. , vol. I, págs.
14 !bid., pág. 353.
125-6.
15 !bid., pág. 165.
12 Les garr;ons, op. cit., págs. 195-6.
121
120
"educación", no entrara casi nunca en la vida de su hijo co-
mo no fuera para falsearla, para rebajarla o para desasose- 4. Una desmentida de lo real
arla. Pero ¿qué? ¿Era su culpa, o es simplemente que los
~ dultos, hagan lo que hicieren, no hacen nunca sino echar a
erder la adolescencia y la infancia?,,.16
1959.
122
123
Sí, pero en cuanto mujer, ¿qué pasa entonces? Esta es la 1966-1973: del deseo al goce
pregunta que debemos responder ahora.
La perversión va a introducirse con el punto de inflexión
de 1966. En el seminario La logique du fantasme (1966-
1967), Lacan enuncia lo siguiente: «El Otro, al fin y al cabo,
1960-1966: del fetiche al fantasma si aún no lo adivinaron, es el cuerpo». 3
~
Esto no es lacanismo, por cíeftü,p'éro es el nuevo camino
Pero responderla supone un desvío, el desvío de una .e Lacan: el Otro, porque no existe, porque está barrado, de-
primera etapa entre 1960 y 1966, durante la cual Lacan e reducirse al objeto a minúscula.
hace silencio sobre la perversión. Lo que importa está en Ese es sin duda el camino del análisis: no conformarse
otra parte: la invención del objeto a minúscula a partir de la con la palabra y el deseo, sino alcanzar el deseo del Otro, es
agalma del Banquete de Platón en el seminario Le transfert decir, del cuerpo; pues sólo hay goce del cuerpo. Por eso el
(1960-1961). Esta invención del objeto a como causa del de- objeto a no sólo es caü'Sa del deseo, sino lá aruesta de un
seo por el lado del sujeto permitirá escribir el famoso grafo plus de gozar. Allí vuelve a ocupar su lugar la perversión. ~· ~~/- ,z
del deseo en el artículo «Subversión del sujeto y dialéctica Pero, ¿en qué sentido? ;,, ~~:l
del deseo». 2 Dos años después, con D'un Autre a l'autre (1968-1969), ~
¿Por qué se introduce? Porque hay incompletud de lo Lacan dicta un seminari; sob~eTa ñeurosis_y fa perversió![ ~t(í;f;_~v
simbólico, que Lacan anota S(.~). El Otro está barrado; el ¿CU.ares entüñ ées la posición del sujeto en la perversión? No "''
~ significante que daría respuesta final a la pregunta del su- se conforma con el fantasma como respuesta a la cuestión / 1 ,
,<\l jeto, «¿qué quieres? Che vuoi?», falta para siempre; el falo del deseo del Otro, sino que el sy jeto se hag;.pl~if#t.B.al sG,Wi: o.¡¡e.l-c
1
>a:
'{J ¡{ como significante que permitiría responder está fuera del ¡jg,Q_tlgoc~ de!,.Otro. Esa es efectivamente la novedad pre- ( r-i<t ' :...,
sistema. Entonces, ¿voy a esperar sin fin como el neurótico?
/1f1 No, el sujeto engendra la respuesta sitl!;ang o e!!.~§e a@i~IQ_
sentada en la clase J el 26 de marzo de_!969.{Xvt)
(- Ese día, Lacan se levanta contra un juicio que suele ha-
VJ"'..-, 1")
en lo simbólico-su fantasma, anotado $ oa
zón a mimiscula). - - - . ·- - -
barrado pun-
- -· - -
es cerse, según el cual el llamado perverso no piensa más que
en su propio goce y no tiene en cuenta al Otro. Es al revés:
- A.hora bien, ¿qué es entonces esa a minúscula como obje- «Lejos de fundarse en un desprecio del Otro, la función del
to parcial? Es lo pulsional mismo, subje9:vidad según los ~\~) perverso es algo que se debe calibrar de una manera muy . ,J.
cuatro objetos: pecho, heces, mirada, voz. lfº:Ja.fo) rica (. .. ) Es uien se consa ra a ta ar e~e · e 1 ~ ..vi 1'
Ese lazo entre el sujeto y el objeto pulsiortal se efectúa f.'d~ ~trg. ~e en rega - e
y se de~ca al goce del Otro, para que el t?~. tí·. ·r.,.,,
según el modo reflexivo del verbo: ni activo ni pasivo, sino tro exista no barrado, no mcompleto. ir4 1 v&
reflexivo. El sujeto se hace manducar, rechazar, ver, oír; esto Así, según las dos pulsiones, la escópica y la invocante, el
es, se hace deseo del deseo del Otro. ¿~jeto se hace objeto a en favor de uQplus de gozar del OtrO,
Así, la palabra «fantasma» pierde su sentido peyorativo; de acuerdo con dos modalidades: - ·- - - - - -
da lugar a lo pulsional más allá del lenguaje. En este caso, e:.---- ·-- - --
2
~ -
rn ; ,.,.,. n
.C.1:.!:!.-::.::'L.L - --~_.,.,
J; 17l<. 1 3 Seminario La logique du fantasme, clase inédita del 10 de mayo de
París: Seuil, 1966, Ecrits, págs. 793-827. /«Subversión del sujeto y dia-
léctica del deseo en el inconsciente freucliano», en Escritos ll, op. cit.] 1967.
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Un suplemento una similitud en espejo, de modo que uno más uno fuera
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1 ~al a uno. N O,-eif imposible_. -
r,. Q._y. /..P- El voyeur interroga por la mirada lo que falta como falcf ~
Jv t'-'1 f tA.
~¡<;·v::p. e~ el Otr? p.ara darle, ~n suplemento y de tal. modo. reme-
;\·¡).. J ·y<'"' diarlo. As1m1smo, el sad1co da voz al Otro; se erige en mstru-
.JJ··1 mento de lo que supone faltante en el Otro para su goce. La perversión
12·-re e U~ Vt-t Í'?'V'I, í ,._,,.[,.. J u·O-t //J a..r ri t ( D J,,.o
Por lo tanto, la perversión toma su lugar a-p.~rtir de esa
. fal.ta en lo_ si~bólico [que hay que anot. arfsCÁ)J ~ gracias al
Un complemento procedente del Otro ' ' .oh.Jeto a mmuscula, hacer de comn.lement;k J5Íementoil.el
"- Otro en beneficio de su plenitud, que debe anotarse S(b).
- Esa era la lógica ~lá~c-a:-una relación necesaria y, por
El exhibicionismo apunta a hacer aparecer en el Otro la
mirada como signo de posible complicidad en el goce. [,/ ende, que no cesa de escribirse, entre dos universales, el
De igual modo, el masoquista se somete totalmente a la hombre y la mujer.
~
voz del Otro y se desloma para que ella surja y se imponga. Así, por el lado del hombre, Lacan podrá decir: «Si El
Ahora bien, la apuesta de un plus de gozar del Otro pro- ombre quiere a La mujer, sólo la alcanza al fracasar en el ,(
sigue sin fin, sin toparse con mngún límite. ¿Por qué? ampo de la perversión». 4 Ypor el lado de la mujer, dirá: «La "'':·< '. ·¡v
e)u---;-yu; I: r-n, a ,.., . . . ·r "'" ¿.) v ü .¿ ,.{J (}-/y.o mujer no entra en funciones en la relación sino ~;7aln'to l~ ,;~ 1~ 1~.:i ';;..
madre». 5 En efecto, allí donde no es toda porque S(.Q\.), «en- 1-rr•u"h
Una nueva lógica contrará el tapón de ese a que será su hijo», 6 de modo que, ,;;,:, - JH'"
~cuanto madre, estará toda ent.m:..a.JID.lllgoce fál~ ::~/re..,,,,,.
Esta definición de la perversión como dedicación al goce Tenemos por lo tanto esta definición de la pervers10n con
del Otro como su complemento o su suplemento se demues- la siguiente proposición universal: tggo goce fálico es per-
tra a partir de una nueva lógica, de acuerdo con estas tres verso, es decir que hace relación sexual gracias al Otro, com-
coordenadas: pleto. Definición última de Lacan, que enunciará por ejem-
plo el 11 de mayo de 1976: «Toda sexualidad humana es per-
versa si seguimos con claridad lo que dice Freud», 7 Freud
leído por Lacan.
Lo real
La fórmula de Lacan se enuncia así: «No hay relación se- Un nuevo clivaje
xual». O sea: como el Otro, en cuanto lugar de los significan-
tes, es incompleto y barrado, se revela un imposible en lo
«Ya lo sé, pero, sin embargo», decía Octave Mannoni para
concerniente a la i.!.!§fti.es:~í~ q~e pueda constitüir "rela - articular la Verleugnung. Aho¡:;-~e tr"ata d; ·otro clivaje, un
ción. ¿Entre qué? Entre dos goce'8,el a e un hombre ~eL.de. .._.. _._,,_'
Uiia'müjer, ae tal modo que,-eñ -el llamado encuent~exual, 4 Télévision, París: Seuil, 1973, pág. 60. [«Televisión», en Psicoanálisis:
1 _,...ª~dos n"o hagª1! más. q-Q.~ u.n9·.-Es imposible, vale decir: lo radiofonía y televisión, Barcelona: Anagrama, 1980.]
§
que no cesa de no escribirse es lo real de la no-relación se- Le Séminaire, Livre XX, Encare, París: Seuil, 1975, pág. 36. [El Se-
xual. Negación de lo que constituiría relación si hubiese un nario.de Jacques ~acan, Libro 20, Aun, 1972-1973, Buenos Aires: Pai-
Otro del Otro, que inscribiera el saber del decir de toda la s, 1989.J f'41j
!bid. _~- -
-·\J verdad. Por ejemplo, habría una comfil..e_mentariedad hom- ·7-Seminario Le Sinthome (1975-1976), clase inédita del 11 de mayo de
bn:)-m.3i_er, de modo qu~_ios mitades hicieran uno;~ 1976.
126 127
clivaje entre do •~·Uno es fálico, el otro está más allá III. Neurosis obsesiva
del goce fálico.
~
Así, hay dis ción entre, por un lado, ~l .egstulado d~
t1N· . ,
erversión:
. gracias al objeto a y, por el otro, el enigma ~ ¡ti 0-1 J..,-";, f'I,,\ ~ ~ {_ <J 1/tJ h ,.......
1'}-
que es el no sab~r de .!!!!.. gocedist imo del perverso: SCA).
Lacan lo llama inadecuación:
cfe-v.\ )/bÍ{.(·Jt!i-, , Ji""',.V (.:n... ea ~<.r~\í ; ,,...:.,,
~.,&,,.~r -b 1..,, G."'~"'·""--~ .1< ~.J ~rD"+' c..o, fv._..,A._,.
11 ,pv «No hay relación sexual porque el goce del Otro tomado co- f¡t..'V?f f,¿A_(Ád:¡.::> ~G. 1,~t.-vi./,
oÍ--;J l°" .l.,. ,f~'-f •'- f<"~ et r(e~ <-o
¡- ~ mo cuerpo siempre es inadecuado, perverso por un lado en
tant~l Qt~Q..§_e reduce al objeto f! , y por el otro, yo dirí~
o 1 ¡
~ ~;) ~
.PJ
.
,...... GP---,.::U"' ~ CA.;oQ•""-''"I .Íl
1 '
.......
C,...
loco, enigmático»."
1
~ ' .:J • mujer: pura contingencia; lo imposible del «no escribirse»
1.
l '.1., •.
~.
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cesa. ¿No es lo que permite"'iin día la experiencia analítica,
X I bO. {/'fi""
1-""" ~ "'" cJ >/"C..(¡ """> ,,
e:~'- \ "'*"'' "'fl "'
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~ Cl. W ,f¡. ,
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'J.,.._ .._.iV _Joto rv ,·. l1 J..,.. j;t 1.-·•
Perversión S(A) S(J/,.)
v., C.""1
¡.. , .
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V
a La Mujer ---- _____ ,. Una mujer /..;> f ·~ I ( ..-'.... (,_.
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Hombre
µo+,.." *'<" ,f1"'t.~ ,, ( ri!>-c ~...,
Mujer
_______________ ...,_ El Hombre ---- -----+ Un hombre ~l <ft,. f..:>--- f./L 1"""' ... C'R
-------a-- ..,..-.-......~..!:; '"' ...._......._ce. f. e<'~
niño
~·· " A..'""" l:....::!'I .J .a:¡
!{JJ ~ e· , º r -,< ' {y''.,¡
..
V , t)
G'I """' Cq """,
Si el hombre alcanza a La mujer en la perversión, ¿qué
~
asa con una mujer? En tanto madre, hay «naturalmente» _
erversión; en cambió,Sí"'ñoes toCla madre, «una mujer sFo
~u~nt~a El hombre en la psicosis», decía Lacan. 9
Por eso, agregaba, ella «Se lo prohíbe» habitualmente,
pues ese universal de El hombre «es la locura»; así, al prohi-
bírselo, ella no está toda del lado del goce fálico. En una par-
te de sí misma está en otro lugar, del lado de «Un goce que se
siente y del que no se sabe nada». 10 Se trata de un goce otro
que sexual; el otro que es el heteros griego, lo cual hacía de-
cir a Lacan: «Digamos heterosexual por definición, aquello
que ama a las mujeres, cualquiera sea su propio sexo». 11
128
l. La neurosis normal
a zw-;;:;;;s-;;;;;;;;;;;
Í~zdel psicoanalista) Si Freud
puao mventar la regla fundamental parafáiilst eria, no nos
hace sentir tan cómodos con ella en lo que se refiere a la
neurosis obsesiva. El mismo lo reconocerá en 1926:
Q
bsesiva tropieza con una dificultad particular para seguir
a regla fundamental del análisis». 1
:1;
'-·.
Por eso, sin duda, Lacan tuvo que inventar las sesiones,
no cortas, sino de duración. variable, como cond.ición del acto
analítico. En efecto, la neutralidad inmutable se hace cóm-
plice del obsesivo queñoespera más que eso :P~r.~ w os_t;iik
ii§)osible:";c~~-se cia! á cu~nt~,~hi!y_11nl.>!2.<1~~.'~>
· Nos es preciso, por lo tanto, restablecer el lazo con Freud
e inventar con él a partir de la clínica misma:
131
El horizonte de Freud de preocupación por el orden o la limpieza y síntomas de
obstinación.
Este horizonte se nos abre en las tres etapas cumplidas En esta perspectiva toma su lugar en 1909 el análisis del
porFreud. «Hombre de las Ratas». La revelación a este del «horror de
un goce ignorado por sí mis~~'~; pro~rante el famo-
sorelato que hace.el capitán X de un suplicio oriental de or-
De 1894 a 1905 den anal. Contra es~entación surgen conminacio-
nes y juramentos: (Eú debes. ~
La innovación nosográfica de Freud consistió en hablar En 1913, en el arffélílo '~J:'a predisposición a la neurosis
de Zwangsneurose a partir de los síntomas de ideas o actos obsesiva», Freud establece así un lazo entre esta neurosis y
compulsivos. Ahora bien, Freud con,;stTIJ,ye es!_a...E..1;1eva neu- las pulsiones erótic.o_anales sádicas. Las pulsiones parcia-
rosis por analogÍI! con_e(méCanismo de la histeria, de acuer- es ya es an concentr~ s_en_un e eccióñ de objeto, minqU:e
doco~ est~~ dos tiempos~d ----~-.. ··· -··· ·--- fódavía no se haya est lecido 1 primacía de las zoñll's ge-
.
mtales.
-- -·- \ .
- un primer tiempo, de orden etiológico. En la infancia
hubo una excitación sexual precoz (en principio supuesta- e t:-0,,.
/)
'l ( e(
1
p~;,¿,.{~·A,,~ tdt
r,,,,..,e.: ¡,,~ ai. fl"--r·1.A.~..r,....,""".
mente provocada por el adulto y luego, después de 1897, se De 1913 a 1929 (f',.,., r-<J
presume que espontánea). Así como ese trauma se sufre pa-
( c_ c.t1 v9
sivamente en la histeria, en la neurosis obsesiva, al contra- Este último período es al mismo_ti~mpo el más audaz y
rio, hubo actividad con placer; problemático. Freud aplica e «tú debes» el «Hombre de las
- un segundo tiempo. Los afectos que resultan de él, por Ratas» a cualquier neurosis o ses1va: ay relación intrínse-
ser inconciliables con el yo, se separan de sus representacio- ca entre esta Ylafu""~6ndei superyó, de acuerdo con la se-
nes primeras para efectuar una «falsa ligazón» con nuevas gunda tópica.
representaciones por desplazamiento. Esta sustitución es En 1923, en El yo y el ello, Freud postula que la declina-
una defensa del yo. No hay represión sin retorno de lo repri- ción del complejo de Edipo proviene de una inter~acióñ
mido, no por conversión somática como en la histeria, sino deillprohiOiC1on patérñ a. Tal es, e~ cuanto conciencia mo-
por transposición a otras representaciones más conciliables raT,'laao1ñ iñación del superyó sobre el .Y2· Pero ¿de dónde
n el yo. Esas son las obsesiones propiamente dichas como procede entonces la fuerza de ese imperativo categórico,
li
r lx.1-(¡;' ormaciones de compromiso: reproches a sí mismo, inhibi-
U oJ ~ 10nes para actuar, aislamiento de una representación, anu-
°"111" ación de a-contecimi~ntos pasados, ttua~es prrv;dos.
vuelto contra el yo?
En el último capítulo, el 5, al hablar de sadismo, Freud
agrega:
~
o que reina en el superyó es una pura cultura de la pul-
{_; ,t'.f C-:>
I
De 1905 a 1913 ón de muerte (. .. ) El superyó puede volverse hipermoral
punto de inflexión, al mostrar la importancia capital de las Se aplica al superyó lo que incumbía al sadismo de la
zonas erógenas y las pulsiones parciales, con la apuesta de erótica añat_¿Con'ío e8p0sifiíe? Eñ 1926,eñ!nfiib/,c"i'óñ;Sin-
un Lustgewinn (un plus de gozar, traducirá Lacan). Las de-
fensas del yo efectúan un retorno regresivo al estadio anal.
El artículo de 1908, «Carácter y erotismo anal,~, establece e'l
3 «Le moi et le 1;a», en Essais de psychanalyse, París: Payot, 1981, págs.
lazo entre el objeto anal y la neurosis obsesiva con síntomas 268-9. [El yo y el ello, en AE, vol. 19, 1979.]
132 133
toma y angustia, Freud nos confiesa su perplejidad con res- La cuestión es muy distinta, y concierne a la «peste», el «Ve-
pecto a la neurosis obsesiva: neno» que es la sexualidad misma, contra la cual hay que
efenderse a toda costa. ·
~
ay que confesar que si queremos penetrar más profun- Con honestidad, Freud nos informa de sus interrogan-
amente en su naturaleza, no podemos aún prescindir de tes, así como de la sucesión de sus respuestas: erotismo
oponer hipótesis inciertas y suposiciones carentes de anal, superyó, pulsiones de destrucción y de muerte. Pode-
uebas». 4 mos señalar el rasgo claramente destacado por Freud: el su-
peryó es una instancia que habla adentro, que da sin cesar
Así, en este último período, Freud nos presenta un doble <Ñ oz», Taññsma que se átribuye a la có"~ciencia moraf ··
fenómeno: uno de ~~mesura1J;~l.otJ:.o.--. e inversión. -~:ra bieñ, ¿no compete-ese objeto vacar a-Üna pÚlsión,
Hay en primer lugar un "fdesmesura. Durante la declina- la pulsión invocante? ¿No debe, en ese caso, distinguirse del
ción del Edipo, hay creación · o idación del superyó. erotismo anal? Cuestiones que queda por dilucidar... ¡con
Ahora bien, «en la neurosis obsesiva, esos procesos superan Lacan!
la medida normal; a la destrucción del complejo de Edipo se
suma la degradación regresiva de la libido; el superyó se
vuelve especialmente severo y duro, mientras que el yo, a
una orden de aquel, desarrolla importantes formaciones
reactivas, que adoptan la forma del escrúpulo, la piedad, la
limpieza». 5
Freud hace la desconsoladora constatación en los dos úl-
timos capítulos de El malestar en la cultura, de 1929: cruel-
dad y severidad contra sí mismo con sentimiento decuii2a
süñtañfo- íñás implacables cuanto ñiás virtuoso es, de he-
cho, el s11jeto-:- ~ --
. ¿Cómo explicarlo? ·e!!d responde mediante una segun-
da hipótesis: ha inversión el sadismo de la erótica anal.
~c4iertzp4ia. i~~~§.?~, es ec~r, en
agres10n contra si mismo. ~SieSel superyo en su sadismo:
ia ap1icacion a síñllsmo a:e una aestrucciÓn antigua dirigida
cmrtra el <'.>w~-D-;altí proceñe laéXtrañeza de la deducción
~:
134 135