Hedonismo
El hedonismo (del griego ἡδονή hēdonḗ 'placer' e -ismo)1 es una doctrina moral que
establece la satisfacción como fin superior y fundamento de la vida. Su principal objetivo
consiste en la búsqueda del placer que pueda asociarse con el bien.
El hedonismo no consiste en afirmar que el placer es un bien, ya que dicha afirmación ha sido
admitida por otras muchas doctrinas éticas muy alejadas del hedonismo, sino en considerar
que el placer es el único y supremo bien.
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Hedonismos[editar]
El término «hedonismo» puede tomarse en dos sentidos, lato y estricto. En el primero, el
hedonismo sería una teoría ética de gran amplitud en la que la palabra placer tendría un
significado muy extenso, que abarcaría tanto el placer como la utilidad; en este sentido,
el utilitarismo se encuadraría dentro del hedonismo.
En un sentido más restringido, el hedonismo se diferencia del utilitarismo, fundamentalmente,
porque el primero cifra el bien en el placer individual, mientras que el segundo afirma como
bien solo el placer, el bienestar y la utilidad social.
El hedonismo tiene un carácter individualista, el utilitarismo es de índole social y sostiene el
punto de vista de que la satisfacción humana se encuentra en la búsqueda y posesión del
placer material y físico.
Dentro del hedonismo en sentido estricto se pueden distinguir dos formas del mismo, de
acuerdo con los dos significados que tiene el término placer. Este designa al placer sensible, o
inferior, y al placer espiritual, o superior. En consecuencia, habrá dos formas de hedonismo
llamadas hedonismo absoluto y hedonismo mitigado, o eudemonismo.
El hedonismo radical sostiene que todos los placeres físicos deben ser satisfechos sin ninguna
restricción, mientras que el hedonismo moderado afirma que las actividades placenteras
deben ser moderadas, para que así aumente el placer. En ambos casos el placer es la
principal motivación del comportamiento
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Historia
Las escuelas clásicas del hedonismo[editar]
Las dos escuelas clásicas del hedonismo, formuladas en la Antigua Grecia, son la escuela
cirenaica y el epicureísmo.
Escuela cirenaica[editar]
Aristipo de Cirene, discípulo de Sócrates y fundador de la escuela cirenaica de filosofía fue
uno de los máximos representantes del hedonismo. Él consideraba el placer como principal
objetivo, es decir, como fin que al ser alcanzado rápidamente es posible llegar a la felicidad.
Resalta más el placer del cuerpo sobre los placeres mentales.
La escuela cirenaica, fundada entre los siglos IV y III a. C., plantea que el placer es elegible
por uno mismo, caso contrario de la felicidad que no es más que el conjunto de los distintos
placeres. El placer es guiado por la prudencia pues es el hombre quien debe dominar al placer
y no dejarse dominar por él. Tanta prioridad se le otorga al placer, que sobrepone la
realización de los deseos personales para satisfacerse de manera inmediata ignorando los
intereses de los demás incluso si esto implicara actos inmorales. Su interés por el placer
presente invita a preocuparse por el hoy, ya que el futuro es incierto.
Fue enseñada por Epicuro de Samos, filósofo ateniense del siglo IV a. C. (341 a. C.) que
fundó una escuela llamada Jardín y cuyas ideas fueron seguidas por otros filósofos,
llamados epicúreos.1
El epicureísmo es un movimiento filosófico que abarca la búsqueda de una vida feliz
mediante la búsqueda inteligente de placeres, El gusto, para el epicureísmo, no debía
conformarse al cuerpo, sino que debía ser también intelectual. Además, para Epicuro la
presencia de placer o felicidad era un sinónimo de la ausencia de dolor o de cualquier tipo de
aflicción: el hambre, la tensión sexual, el aburrimiento, etc. Era un equilibrio perfecto entre la
mente y el cuerpo que proporcionaba la serenidad
Según el filososo Adolfo Sánchez Vázquez, «el epicúreo alcanza el bien, retirado de la vida
social, sin caer en el temor a lo sobrenatural, encontrando en sí mismo, o rodeado de un
pequeño círculo de amigos, la tranquilidad de ánimo y la autosuficiencia».2
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Puntos en común[editar]
Las dos escuelas convergen en su repudio por la superstición y la religión y sus bases en la
conducta y el juicio mediante la experiencia y la razón. Así anticipan las posiciones
del humanismo e iluminismo posteriores.
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Opositores y sus puntos de vista[editar]
La fe católica se opone a las formas más sensuales del hedonismo, considerando que
minan los valores y las virtudes del eudemonismo espiritual, en el cual el Cristianismo
frecuentemente ha fundado su moral.
El hedonismo es considerado por muchas religiones una actitud carente de moral pero no
porque aprecie algún placer, sino porque lo antepone a las exigencias del amor a Dios y al
prójimo. Para el catolicismo, es una actitud que corre el riesgo de caer en el egocentrismo,
el cual incapacita gravemente al sujeto para relacionarse con otros, a menos que sea para
explotarlos y satisfacer su afán de placer.
El filósofo británico G. E. Moore dedica gran parte de su libro Principia Ethica (1903) a la
refutación del hedonismo. Entiende que considerar que el placer y solamente el placer es
bueno significa caer en lo que llamó «falacia naturalista». Al decir que «el placer y solamente
el placer es bueno», el placer se convierte en un equivalente de «bueno». Así, la proposición
«el placer es bueno» significa realmente «el placer es el placer», tautología de ningún interés
ético.