Intro
Para realizar cualquier actividad que requiera explosivos, se deben contemplar
instalaciones adecuadas para su almacenamiento seguro y apropiado, así como
también de las materias primas que son necesarias para su obtención. Nos referimos
especialmente al nitrato de amonio, el que se debe almacenar en canchas, sacos y/o
silos. Estas instalaciones son las llamadas polvorines.
Los explosivos estarán almacenados lejos de fuentes de calor y aislados de la
población y se deben guardar los explosivos (dinamita, emulsiones, anfo y cordón) en
un polvorín y los accesorios de voladura, en otro. El almacén está construido de
mampostería o materiales que eviten la posibilidad de generación de descargas
eléctricas estáticas. El almacén debe estar cercado y su acceso está prohibido a
personal ajeno al mismo. Además, debe tener señalamientos alusivos al contenido,
riesgos, precauciones y prohibiciones.
El almacén deberá estar limpio en todas sus áreas y no existirá pasto ni maleza en sus
cercanías. Se deberá disponer de extintores para el combate de incendios incipientes.
Todos los explosivos estarán empacados y los empaques indicarán claramente el
contenido y sus riesgos. El registro de almacén de explosivos incluye el nombre y
forma de los responsables de las entradas y salidas y las fechas de cada operación.
Definición
Almacén fijo o móvil que sirve para el almacenamiento de todos los productos
explosivos y sus accesorios. Estos recintos deben estar previamente autorizados para
su uso por organismos pertinentes.
Antecedentes
Desde el invento de la pólvora y su empleo para las bocas de fuego en la segunda
mitad del siglo XIV, es natural que existiera la idea de almacenarla, aunque
probablemente no sería en lugares especiales, en su mayoría sótanos de castillo o de
palacios particulares. Cabe suponer que la experiencia de voladuras y explosiones, y
así lo demuestra la historia de la fortificación, hizo que poco a poco se adoptaran
sistemas especiales para el almacenamiento y conservación de las provisiones de
guerra.
La escuela de fortificación italiana los coloca debajo de los caballeros y formados por
una bóveda de cañón seguido, y en la fortificación alemana, Speckle sitúa al lado de
las casamatas de los baluartes espacios abovedados dedicados a tal objeto que los
almacenes de pólvora debían colocarse detrás de los baluartes, en pequeñas torres
aisladas, evitando los grandes almacenes por el peligro que conllevaban.
En 1698, el célebre ingeniero Vauban fue encargado de completar y reformar las
defensas de la plaza de Neufbrisach, y construyó en el centro de las torres defensivas
de cada saliente y debajo de su terraplén, un gran espacio abovedado con destino
exclusivo al emplazamiento de las pólvoras.
Cormongtaingne los sitúa debajo de los caballeros, Belidor los separa, haciéndolos
aislados y de planta rectangular; Montalembert, en el sistema atenazado aprovecha la
torre de la tenaza menos atacada para almacén, y finalmente, Bousmard, Carnot y
otros no hacen sino seguir con ligeras variaciones las ideas de sus antecesores,
aplicando para almacenes los espacios abovedados y las casamatas.
No será hasta finales del siglo XVIII y comienzos del XIX cuando se comienza a
mostrar una mayor preocupación tanto por el acondicionamiento del local como por la
preservación de las pólvoras en condiciones de utilidad. Los primeros almacenes de
pólvora que figuran como edificio especial y sin formar parte de otra construcción,
datan de principios de siglo y fueron los llamados Belidor de planta rectangular, con
bóveda de cañón seguido trasdosada con un enorme caballete de mampostería y
contrafuertes exteriores. Estos edificios solían construirse aislados y sus principales
inconvenientes eran que evitaban la circulación del aire alrededor del edificio y
además detenían los proyectiles, que al explotar, los destruían junto con el muro. El
deseo de mejorar estas condiciones y dar menor desarrollo a los edificios hizo que se
construyeran los contrafuertes al interior, lo cual reducía la capacidad de almacenaje
de las pólvoras y además presentaba el inconveniente añadido de que la humedad se
concentraba en las numerosas aristas interiores creadas con esta disposición, no
tardando mucho en deteriorar las pólvoras.
Por todo esto fueron desapareciendo estas disposiciones con contrafuertes y hasta
mediados del siglo XIX se construyeron los almacenes rectangulares de estribo de un
solo espesor, cubiertos con un cañón seguido de bóveda circular, cerrando los
testeros con gruesos muros.
La cimentación se ejecutaba sobre bóvedas escarzanas, cuyo trasdós era horizontal,
formado de hormigón y casquijo, y encima una gruesa capa de asfalto u otra materia
bituminosa, capa que seguía al exterior para prevenir las humedades del almacén. Los
pisos se entarimaban con madera de encina perfectamente curada cuando el terreno
era húmedo, y solado o baldosado en caso contrario. Desde mediados de siglo,
especialmente en el último tercio, se proponen nuevos modelos de edificios cada vez
más especializados.
Polvorín modelo BELIDOR
Modelo francés
Modelo inglés