Procesos Sumarios en Derechos Reales
Procesos Sumarios en Derechos Reales
A) FUENTES LEGALES.
Como se ha referido la nueva L.E.C. ha prescindido de la denominación "inter-
dictos" (propia de la anterior L.E.C.), aunque no del contenido de esos juicios, mante-
niendo su singularidad dentro de la ordenación del juicio verbal como juicios en los que
se pretende una "rápida tutela de la posesión o tenencia", o aquellos que "provean una
inmediata protección frente a obras nuevas o ruinosas".
B) NATURALEZA JURÍDICA.
Dichos procesos ostentan la totalidad de las notas (limitación de la cosa juzgada
material, de la cognición y de la prueba, así como la rapidez en su tramitación) que
configuran a los procesos sumarios. Dicha tesis es compartida tanto por la doctrina como
por la jurisprudencia.
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1. REGULACIÓN Y PRESUPUESTO MATERIAL.
La nueva L.E.C., se refiere a los viejos interdictos de retener y recobrar la po-
sesión como litigios en los que se ventilan demandas que pretenden "la tutela sumaria de
la tenencia o de la posesión de una cosa o derecho por quien haya sido despojado de ellas
o perturbado en su disfrute" (art. 250.1.4°), o, más inequívocamente, "demandas que
pretendan retener o recobrar la posesión" (art. 439.1).
Se ha mantenido la regulación unitaria de ambos supuestos (ha diferencia de lo
que ha sucedido con los juicios de obra nueva y ruinosa que con la nueva L.E.C. han sido
regulados por separado), aspecto que es, sin ninguna duda, criticable.
No obstante, dicha enumeración común encierra, en realidad, dos pretensiones
distintas que afectan a dos situaciones perfectamente diferenciadas:
- Interdicto de Retener: La de la mera perturbación de la posesión.
- Interdicto de Recobrar: La de la expoliación o absoluto despojo de la posesión.
Como se observa no se está ante situaciones similares, por lo que en una hi-
potética demanda no se permitiría una acumulación de pretensiones "alternativas"
(retener y recobrar); más bien, se trata de relaciones, en cierta medida, contradictorias
(pues o se perturba o se despoja de la posesión) que permitirían, a lo sumo, una acu-
mulación subsidiaria de las mismas.
A) LA POSESIÓN:
Entre los dos grandes sistemas, nacidos en torno a la posesión, el romano de la
posesión jurídica y el germano o de la posesión de hecho, el artículo 250.1.4°, al requerir
sólo "la tenencia o la posesión de una cosa o derecho", claramente se inclina por el
segundo.
De este modo, podrán interponer la demanda interdictal no sólo quien posea a
título de dueño, sino también quien pueda detentar la posesión por cualquier otro título
(arrendatario frente a terceros o frente al arrendador, usufructuario, depositario).
Lo que protegen los interdictos es la "posesión de hecho o inmediata", presu-
puesto éste que se convierte en un requisito de legitimación activa, por lo que incluso el
poseedor "jurídico" (aun cuando goce de la presunción posesoria registral del art. 38
L.H.), habrá de acreditar que ostenta "físicamente" la posesión a fin de que pueda
prosperar la pretensión interdictal.
Como así ha señalado reiteradamente la jurisprudencia, para que prospere el
interdicto no es suficiente justificar la titularidad del derecho de propiedad, mediante la
presentación de la escritura inscrita en el Registro, sino que lo fundamental es que se
pruebe la posesión de hecho.
A) LA ACCIÓN:
Ha de existir una acción, mutación o perturbación física de la posesión de hecho.
Es por ello, por lo que las simples molestias efectuadas de palabra al poseedor sin que se
plasmen en actos concretos capaces de inquietar o despojar al poseedor, no son por sí
solas suficientes para abrir las puertas al procedimiento interdictal.
B) INQUIETACIÓN Y DESPOJO:
Como así establece el art. 250.1.4° la acción ha de concretarse en una "pertur-
bación" o "despojo" de la posesión.
Por “perturbación” hay que entender negativamente todos los actos que,
molestando al poseedor, no sean constitutivos de una expoliación de la posesión. Con-
sistirá en aquella conducta que, contrariando la voluntad del poseedor, se traduce en la
invasión o amenaza de invasión de la esfera de la posesión ajena, impidiendo o
dificultando su ejercicio, pero sin llegar a la privación de la posesión.
Por "despojo" ha de entenderse la privación consumada de la posesión, alcan-
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zando el autor del ataque posesorio un poder de hecho estable sobre la cosa, some-
tiéndola a su voluntad y estableciendo sobre ella un poder autónomo e independiente.
Sin embargo, la desposesión no tiene que ser necesariamente absoluta, pudiendo
ser parcial.
C) EL ANIMUS SPOLIANDI.
Ha de existir además, por parte del vulnerador de la posesión, en contra del
poseedor de hecho la intención de inquietarle o despojarle ("animus spoliandi"). Este
elemento subjetivo estará presente cuando la persona que vulnera dicha posesión tenga
conocimiento suficiente de la antijuricidad del acto o de que su acción constituye un
obrar arbitrario contra el derecho del poseedor.
No obstante, el "animus spoliandi" es incapaz, por si solo, de generar el presu-
puesto material del procedimiento interdictal. Para que prospere la pretensión es ne-
cesario, como ya se ha dicho, la existencia de una acción perturbadora o expoliatoria. De
este modo, si la mera interiorización anímica no se concreta en una acción, no cabrá, en
ningún caso, la interposición de dichos interdictos.
Dicho elemento intencional no requiere de la existencia de dolo o culpa, sino que
es suficiente, el conocimiento del agente de que, mediante sus actos está vulnerando la
posesión de otro. De este modo, la creencia del infractor de que actúa en ejercicio de un
derecho no será óbice suficiente para enervar la pretensión interdictal. Incluso, el tener la
condición de poseedor legítimo no le habilitará para recurrir al empleo de la fuerza
contra el poseedor de hecho, sino que deberá de solicitar el auxilio judicial.
Por ello, el error tan sólo será suficiente para oponerse a la pretensión cuando
estribe en la ignorancia de que los actos de inquietación o despojo perturban la posesión
de otro.
El "animus spoliandi" constituye una pretensión iuris tantum que admite prueba
en contrario. Por lo tanto, en todo acto de perturbación se presume dicho elemento
intencional, lo que ha de producir en el procedimiento una inversión de la carga de la
prueba, debiendo el demandado acreditar la existencia de su error.
5. LA LEGITIMACIÓN.
Como así se deriva del art. 250. 1.4° L.E.C., la legitimación activa la ostenta
quien se hallare en la "tenencia o posesión de una cosa o derecho", y la pasiva el que
hubiera despojado o inquietado o perturbado a otro en el pacífico goce de su posesión.
A) ACTIVA:
La legitimación activa la ostenta el mero "poseedor de hecho", entendiéndose
portal el simple detentador, sin que el actual artículo 250.1.4° L.E.C. exija la posesión
civil, por lo que tiene legitimación activa tanto quien posee a título de dueño, como
quien posee por otro título, estando autorizado quien posee con carácter inmediato a
ejercitar los interdictos contra el poseedor jurídico mediato.
En los supuestos de "coposesión" la legitimación activa la ostenta cualquiera de
los coposeedores en el supuestos de que el infractor de la posesión sea un tercero. En el
supuesto de que el perturbador fuera alguno de los coposeedores la cuestión ya no parece
tan sencilla, habida cuenta de que la utilización de los interdictos por alguno de ellos
podría conllevar la negación de la posesión de los demás coposeedores. Es por ello, por
lo que la jurisprudencia paulatinamente va abriendo las puertas a dicha posibilidad,
aunque sometiéndola a la concurrencia de determinadas condiciones, tales les como la
necesidad de partición previa de la cosa común o la de que algún coposeedor haya
ocasionado un despojo absoluto y total a la posesión de los demás.
No obstante, para que le poseedor de hecho, en cualquier caso, pueda ostentar la
legitimación activa se hace necesario que, de conformidad con lo dispuesto en el art. 444
C.C., su posesión no la haya adquirido mediante "actos tolerados, clandestinos o
violentos".
B) PASIVA:
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La legitimación pasiva la tienen los autores de la perturbación o despojo. Ha de
entenderse por autor el "causante jurídico o impulsivo", de modo que, cuando quien
infrinja la posesión actúe en nombre de otra persona, legitimado pasivamente será esta
última y no la primera. Como así establece la S.A.P. de Vitoria, 22 mayo 1.986, "para
que prospere la acción interdictal de recobrar, la demanda habrá que dirigirla contra
quien, con ánimo de lucro, hubiere ejecutado los actos de perturbación o despojo, o
contra quien los hubiera ordenado en la medida en que los actos son de su
responsabilidad".
En cualquier caso, al demandante no se te puede imponer la carga de determinar
quien es el causante jurídico en el caso de que la relación de mandato o de representación
constituya un convenio privado al que hayan de tener imposible acceso los terceros. De
este modo, el principio de "buena fe" obliga a que la excepción de falta de legitimación
pasiva tan sólo pueda prosperar en el supuesto de que, en el momento de producirse la
acción infractora de la posesión, pueda ser racionalmente conocida por el actor la
cualidad de simple ejecutor del agresor.
7. PROCEDIMIENTO.
A) DEMANDA:
La demanda se sustanciará en los términos establecidos en el art. 437 L.E.C.,
sobre la forma de la demanda en el juicio verbal, sin ninguna otra especialidad.
b) EL PETITUM:
Tratándose de una pretensión mixta, "declarativa" y de "condena", se habrá de
solicitar el reconocimiento del goce pacífico de la posesión de hecho (absteniéndose el
demandante de impetrar declaraciones jurisdiccionales acerca de su naturaleza, las cuales
tienen su adecuado cauce en el correspondiente procedimiento plenario) y la condena al
demandado a la restitución de la posesión, caso del interdicto de recobrar, o que se
abstenga de realizar en lo sucesivo los actos de perturbación en el de retener, así como al
pago de las costas.
Debido a la vigencia del principio civil de congruencia y a la prohibición de
acumulación de pretensiones incompatibles, la jurisprudencia suele ser bastante rígida a
la hora de desestimar demandas interdíctales por haber utilizado un interdicto (de retener
o de recobrar) inadecuado o por utilizar ambos acumulativamente. Por ello, el
demandante habrá de extremar su celo en la calificación del interdicto en el "petitum" y,
en su caso, acumularlos subsidiariamente. No obstante, nada impide, debido a la vigencia
de la doctrina de la sustanciación de la demanda, que, si de lo que se trata es de una
defectuosa calificación jurídica, habiéndose equivocado el interdicto de "recobrar", el
juez admita el de "retener".
Cuando el juez inadmita la demanda, dicho auto no gozará de los efectos ma-
teriales de las cosa juzgada, por lo que el art. 447.2 L.E.C., admite la posibilidad de que
se ejercite nuevamente la acción mediante el procedimiento plenario correspondiente y,
aunque el precepto no lo diga expresamente, si la inadmisión obedece a la omisión de un
requisito formal, de naturaleza sanable, nada obsta a que se vuelva a interponer la
demanda interdictal una vez subsanado dicho requisito.
Contra le auto de inadmisión cabe apelación en un solo efecto (arts. 455.1 y
456.2 L.E.C.). Por contra, si el auto fuera de admisión de la demanda, contra dicha
resolución sólo cabe recurso de reposición (arts. 451 y 455.1 L.E.C.).
C) SENTENCIA:
La sentencia que recaiga en estos litigios se regirá por las normas comunes del
juicio verbal (art. 447). El fallo no ha de tener pronunciamiento especiales según la clase
de interdicto (aspecto que sucedía con la anterior L.E.C.), sino que queda regulado por el
principio de la congruencia con los pedimentos de las partes del art. 218 L.E.C., sin que
sea necesario incluir fórmulas o formulismos prescritos por la Ley.
De este modo, la nueva L.E.C., a diferencia de la anterior, no exige que se haga
constar en el fallo la vieja fórmula "sin perjuicio de tercero" que era superflua, pues la
cosa juzgada habrá de extender, en cualquier caso, sus efectos a quienes hayan sido parte
en el procedimiento, ni que e haga la reserva del derecho que puedan tener las partes
sobre la propiedad o posesión, y que podrán utilizar en el juicio correspondiente.
La naturaleza sumaria de dichos juicios determina que la sentencia que en ellos
recae no produce la plenitud de los efectos de cosa juzgada. En este sentido, el art. 447.2
establece (con cierta incorrección) que "no producirán efectos de cosa juzgada las
sentencias que pongan fin a los juicios verbales sobre tutela sumaria de la posesión",
cuando, como es sabido, estas sentencias sí extienden la cosa juzgada al limitado aspecto
de la relación jurídica debatida (la posesión).
D) COSTAS:
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La nueva L.E.C. no establece ninguna particularidad en esta materia respecto al
criterio general del art. 394 L.E.C., que prescribe el criterio relativo del vencimiento,
pues éste queda atemperado por el de la discrecionalidad judicial cuando "razone que el
caso presentaba serias dudas de hecho o de derecho" debiendo, en este último caso,
"tener en cuenta la jurisprudencia recaída en casos similares". En el supuesto de
estimación parcial de la demanda, cada parte abonará las causadas a su instancia y las
comunes por mitad salvo que el juzgador aprecie temeridad en la conducta de una de
ellas (art. 394.2 L.E.C.).
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impugnación.
B) OBJETO.
No es el interdicto de obra nueva un verdadero "juicio posesorio". Es cierto que a
través del mismo se puede proteger la posesión de un inmueble frente a los perjuicios
que en ella pueda producir la construcción de una obra, pero su objeto es mucho más
amplio.
Dicho interdicto protege la "posesión", pero también la "propiedad" y cualquier
"derecho real" sobre un inmueble, si bien la jurisprudencia suele ser reacia a considerar
también los derechos personales como protegibles en esta clase de interdicto.
Los referidos derechos de dominio y reales, han de verse expuestos a un perjuicio
como consecuencia de la construcción de una obra. Por obra ha de entenderse aquí no
sólo los edificios, sino toda "construcción relevante", por lo que no pueden ser objeto de
dicho interdicto las simples reparaciones, arreglos y mejoras que no alteren lo existente.
Es necesario, para que prospere la demanda, que la obra nueva no esté terminada,
en cuyo caso, no se podrá solicitar su suspensión. A dichos efectos, se considera
terminada una obra cuando se hubiera causado ya o consumado el daño que, a través del
interdicto, se pretendía evitar.
De igual modo, es necesario que la construcción de la obra produzca o pueda
producir algún género de perjuicio en el titular del derecho protegido y que exista una
relación de causalidad entre la obra nueva y el daño producido.
C) FINALIDAD.
Su finalidad es, en términos generales, impedir los irreparables daños que pu-
dieran producir la definitiva construcción de una obra, pero la inmediata es obtener su
suspensión o paralización.
De este modo, a través del interdicto de obra nueva no se puede conseguir la
demolición de la obra ilícitamente realizada (aspecto que se podrá perseguir mediante el
juicio declarativo plenario correspondiente o a través del "interdicto de recobrar" la
posesión).
Se admite la interposición de dicho interdicto aunque la construcción se realice
sobre el predio del demandante. El problema surge a la hora de determinar si el poseedor
de dicho inmueble puede ejercitar el interdicto de recobrar y obtener la demolición de lo
construido. En este sentido, el artículo 1.675 L de la anterior L.E.C., parecía abogar por
la necesidad de acudir al declarativo plenario correspondiente y la jurisprudencia ha
venido manteniéndose reacia a dicha posibilidad, dados los graves daños que par el
constructor puede ocasionar, obligando, al actor a ejercitar el interdicto de obra nueva y a
conseguir exclusivamente la suspensión de la obra. El silencio de la nueva L.E.C. nos
conduce a estimar ahora, al igual que antes, que esta última doctrina habrá de ponderarse
en cada caso y examinar también, a los efectos del interdicto de recobrar, si existe una
auténtica intención de despojar y si el objeto de este juicio posesorio puede recaer sobre
un objeto distinto (por ejemplo, el derecho al vuelo en solarlos con contrato de permuta)
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al protegible a través del interdicto de obra nueva.
2. LEGITIMACIÓN.
La legitimación activa corresponde al propietario, poseedor o titular de un dere-
cho real a quien perjudique la nueva obra.
La legitimación pasiva la ostentará el dueño o titular de la obra que se trata de impedir,
sin que pueda "obligarse a quien ve perturbado su derecho a afrontar una costosa y difícil
investigación para descubrir al beneficiario final de la agravación de que es objeto,
bastándole con traer a juicio aquel que se presenta como autor inmediato de los actos que
entiende contrarios a su derecho" (S.A.P. Baleares, 7 julio 1.994).
3. PROCEDIMIENTO.
A) DEMANDA.
La demanda se presentará en la forma ordinaria del juicio verbal (art. 437 L.E.C.)
y en su "suplico" se solicitará la suspensión de la obra. Alternativamente podrá
ejercitarse el interdicto de recobrar, pero nunca en forma acumulativa.
En este caso, la ley no exige para el ejercicio de la acción plazo de caducidad
alguno. No obstante, debido al carácter y finalidad de dicho interdicto "de obra nueva",
la demanda debe ejercitarse tan pronto como la obra se produzca y genere perjuicios,
puesto que, de lo contrario, puede observarse "mala fe" en el demandante y la ley no
puede amparar el "abuso del derecho" (arts. 7.2 C.C., 11.2 L.O.P.J. y el art. 247 L.E.C.).
B) FASE ASEGURATORIA.
El art. 441. 2 L.E.C. se refiere particularmente a la pretensión de suspensión de
obra nueva entre las "actuaciones previas a la vista en casos especiales", y regula esta
fase aseguratoria o preventiva encaminada a la paralización inmediata de la obra nueva
que perturba el ejercicio de derechos posesorios del titular. Según dicha disposición, el
tribunal, admitida la demanda y "antes incluso de la citación para la vista, dirigirá
inmediata orden de suspensión al dueño o encargado de la obra, que podrá ofrecer
caución para continuarla, así como la realización de obras indispensables para conservar
lo ya edificado. El tribunal podrá disponer que se lleve a cabo reconocimiento judicial,
pericial o conjunto, antes de la vista".
Esta nueva regulación ha simplificado los trámites, asegurando la contradicción,
dando posibilidad al dueño o encargado de la obra para solicitar su continuación y
oponerse a la suspensión adoptada, pero imponiendo al Juez, al admitir la demanda, que
dirija inmediata orden de suspensión al dueño o encargado de la obra aún antes de oír a
éste.
No obstante, puede el dueño de la obra ser requerido para ofrecer caución para
continuar la obra (mediante dinero en efectivo, aval o cualquier otro medio que garantice
el cobro de la cantidad a juicio del tribunal", o bien, para realizar las obras
indispensables para conservar lo ya edificado.
En un caso como en otro, el juez puede disponer que se lleve a cabo recono-
cimiento judicial, pericial o conjunto en esta fase previa al juicio, lo que dará lugar a la
apertura "ex oficio" de una fase probatoria que deberá de respetar el contradictorio.
Con la nueva L.E.C. dichas pruebas se practican con anterioridad a la apertura del
juicio, resolviendo entonces sobre el ofrecimiento del demandado sobre la continuación
de la obra o sobre la realización de obras de conservación de lo edificado, así como la
forma y cuantía de la caución ofrecida. Debido al silencio de la nueva L.E.C. en relación
con el carácter recurrible del auto que acuerde o no la realización de las obras
absolutamente indispensables para la conservación de lo edificado, la cláusula general
del art. 451. L.E.C. obliga a que tal resolución sea recurrible en reposición sin efectos
suspensivos.
C) FASE DECLARATIVA.
Tras la fase aseguratoria, comenzará la declarativa, cuya finalidad es la de
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ratificar o levantar la suspensión provisional de la referida obra.
Dicha fase declarativa se realizará mediante la normas generales del juicio verbal.
4. SENTENCIA
La nueva L.E.C. no señala un plazo especial para dictar sentencia en este juicio
interdictal que, por tanto, será el de diez días siguientes al de la terminación de la vista
(art. 447.1).
El contenido de la sentencia podrá ser estimatorio de la petición del actor, lo que,
en su caso, supondrá la ratificación de la suspensión provisional ya acordada, o
desestimatorio, lo que implicará, de haberse producido, el alzamiento definitivo de la
suspensión acordada.
A) SENTENCIA ESTIMATORIA.
Dicha sentencia puede comprender dos supuestos diferentes. El primero, consiste
en la ratificación de la suspensión provisional; el segundo, hace referencia a la nueva
posibilidad de que la obra haya continuado de manera provisional gracias a la caución
prestada por el constructor.
a) RATIFICACIÓN DE LA SUSPENSIÓN.
Si de modo cautelar ya se acordó la suspensión provisional de la obra, la sen-
tencia estimatoria implicará la ratificación de dicha suspensión y su conversión en de-
finitiva.
La nueva L.E.C. no establece una regulación especial de la ejecución de la
sentencia que accede a la pretensión de suspensión deducida. De este modo, ya no le es
posible al demandado iniciar un procedimiento declarativo en reconocimiento de su
derecho a continuar la obra e iniciar un procedimiento incidental, al mismo tiempo o con
posterioridad a la demanda principal. En su lugar, la ejecución provisional o definitiva de
la sentencia habrá de regirse por las normas generales de la nueva L.E.C. en esa materia.
La sentencia que accede a la pretensión de condena del actor que no sea firme
podrá ser ejecutada provisionalmente a su instancia, conforme al art. 524. 2 L.E.C.. Por
tratarse de una sentencia de condena de no hacer, no comprendida en los casos previstos
en el art. 525 L.E.C., el actor podrá "sin simultánea prestación de caución, pedir y
obtener la ejecución provisional" de acuerdo con lo previsto en los arts. 526 y siguientes.
Dicha ejecución provisional consiste en mantener la situación existente durante la
tramitación del recurso de apelación. Por ello, el art. 527. 1 L.E.C. impone al
demandante pedir la ejecución provisional de la sentencia en cualquier momento desde la
notificación de la providencia en que se tenga por preparado el recurso de apelación
hasta que haya recaído sentencia en éste. El tribunal la despachará y si la denegara se
dará un recurso de apelación que se tramitará y resolverá con carácter preferente, (art.
527. 4 L.E.C.).
B) SENTENCIA DESESTIMATORIA.
a) REVOCACIÓN DE LA SUSPENSIÓN.
Si el juez decidiera en la sentencia alzar la suspensión provisionalmente acor-
dada, procederá su ejecución provisional no obstante la interposición del recurso de
apelación, que lo es en un sólo efecto (art. 456.2 L.E.C.). El actor podrá, sin embargo,
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oponerse a la ejecución provisional alegando al imposibilidad o extrema dificultad de
restaurar la situación anterior a la ejecución provisional (art. 528.2.2 L.E.C.).
No obstante, y debido a la limitación objetiva de los efectos materiales de la cosa
juzgada, característica propia de estos procesos sumarios, el demandante tiene expedito
el proceso plenario correspondiente para obtener la demolición de la obra (art. 447.2
L.E.C.).
5. MEDIOS DE IMPUGNACIÓN.
Ya sea estimatoria o desestimatoria la correspondiente sentencia, ésta, conforme a
la regla general del art. 445.1 L.E.C., será apelable en el plazo de cinco días. En el
primer caso, la sentencia será susceptible de ser ejecutada provisionalmente (art. 456.3
L.E.C.); y en el segundo, solamente cuando desestima la demanda ordenando el
alzamiento de la suspensión acordada con carácter cautelar.
2. LEGITIMACIÓN.
A) ACTIVA.
La nueva ley no establece normas generales en cuanto a la legitimación, por lo
que se regirá por las normas generales de la tutelas de intereses legítimos que puede
ostentar no sólo el propietario de inmuebles colindantes, sino cualquier titular de un
derecho real o personal afectado por la amenaza que le representa esa situación de riesgo
de daño.
En base al art. 250.1.6 L.E.C., la legitimación para solicitar sumariamente la
demolición o el derribo corresponde a quien la obra ruinosa "amenace causar daño". Al
actor corresponderá justificar su interés acreditando su relación inmediata con el riesgo
que puede afectar no sólo a los bienes raíces colindantes sino a titulares de derechos
reales de servidumbre o de uso, o derivados de un contrato de arrendamiento o quienes
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ostentan la mera tenencia de esos bienes y a los meros viandantes por algún camino, vía
o senda, que pasen por la inmediación del edificio ruinoso.
B) PASIVA.
Está legitimado pasivamente el dueño o titular del bien en ruina, si bien, caso de
que no pueda determinarse o no fuera habido, la demanda puede ejercitarse también
contra el arrendatario o inquilino.
1. CONCEPTO Y REGULACIÓN.
Para salvaguardar la protección registral de los derechos reales inscritos en el
Registro de la Propiedad, el art. 41 de la Ley Hipotecaria, de 8 de febrero de 1.946, creó
un procedimiento especial, que fue desarrollado por los artículos 137 y 138 del
Reglamento para la ejecución de la Ley Hipotecaria, de 14 de febrero de 1.947, y por el
Decreto de 17 de marzo de 1.959, que incorporó determinadas normas a los citados
preceptos del Reglamento.
La nueva L.E.C. incluye este procedimiento en el ámbito del juicio verbal, por
razón de la efectividad de la tutela judicial reclamada, para sustanciar las demandas "que,
instadas por los titulares de derecho reales inscritos en el Registro de la Propiedad,
demanden la efectividad de esos derechos frente a quienes se opongan a ellos o perturben
su ejercicio, sin disponer de título inscrito que legitime la oposición o la perturbación"
(art. 250.1.7°).
Como consecuencia, una parte importante de las disposiciones del anterior art. 41
L.H. han sido llevadas puntualmente a la normativa común, como "especialidades"
procedimentales del juicio verbal único que la nueva ley procesal regula (arts. 439.2,
inadmisión de la demanda; 440.2 , citación para la vista; 441.3, medidas cautelares;
444.2 contenido de la vista y 447. 3, ausencia de cosa juzgada. La reforma procesal del
año 2.000 se complementa, en este sentido, con la modificación del art. 41 L.H., que
ahora queda redactado del siguiente modo: "Las acciones reales procedentes de los
derechos inscritos podrán ejercitarse a través del juicio verbal regulado en la L.E.C.,
contra quienes, sin título inscrito, se opongan a aquellos derechos o perturben su
ejercicio. Estas acciones, basadas en la legitimación registral que reconoce el artículo 38,
exigirán siempre que por certificación del Registrador se acredite la vigencia, sin
contradicción alguna, del asiento correspondiente" (Disp. final 9ª.1 L.E.C.).
El nuevo procedimiento, transvasado a la L.E.C., modifica la estructura del an-
terior, al incluir la fase "sumaria" en la regulación común del juicio verbal, aunque con
las necesarias matizaciones. Conserva, sin embargo, su especialidad más importante que
estriba en la posibilidad de eludir la contradicción, de este modo, si el demandado no
comparece o si compareciere y no presta caución, el juez dictará sentencia acordando las
actuaciones que, para la efectividad del derecho inscrito, hubiere solicitado el actor, así
como el carácter sumario del procedimiento, ya que el art. 447.3 L.E.C. establece
expresamente que carecerá de efectos de cosa juzgada la sentencia que en él se dicte.
2. NATURALEZA.
Sobre la naturaleza de dicho procedimiento ha existido una importante polémica
doctrinal. Así una parte de la doctrina lo consideró como un procedimiento mixto o
doble, surgido a consecuencia de la confusión de dos tipos procedimentales, el ejecutivo
y e! declarativo. Según otro sector doctrinal éste era únicamente un proceso de
ejecución, para otro se trataba de un proceso cautelar.
Dejando de lado posibles discusiones, este procedimiento constituye un proceso
sumario toda vez que en él están presentes todas y cada una de sus características
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esenciales: cognición limitada, limitación de los medios de defensa y ausencia de efectos
materiales de la cosa juzgada.
3. ÁMBITO DE APLICACIÓN.
Sólo podrán ejercitar el derecho de acción a través de este procedimiento sumario
los titulares de "derechos reales inscritos".
Se requiere así, el ostentar la titularidad de un derecho real (lo que supone que los
derechos personales, aun cuando puedan ser inscritos en el Registro, no son susceptibles
de protección mediante dicho procedimiento) y, además, que el referido derecho real se
encuentre inscrito en el Registro de la Propiedad.
No se podrá utilizar dicho procedimiento para obtener la protección de los de-
rechos reales sobre montes catalogados.
4. COMPETENCIA.
La competencia objetiva corresponde a los Juzgados de Primera Instancia, y la
territorial el de la demarcación judicial en la que esté sito el inmueble o, de estar situado
en diferentes demarcaciones, cualquiera de esos Juzgados a elección del actor (art. 52. 1
L.E.C.).
5. LEGITIMACIÓN.
A) ACTIVA.
La poseen los titulares de derechos reales inscritos en el Registro de la Propiedad,
cuyos correspondientes asientos se encuentren vigentes y sin contradicción alguna al
momento de la presentación de la demanda.
A los efectos de la incoación de este procedimiento, no es necesario esperar el
transcurso de los dos años de la inscripción de la matriculación, al que se refiere el art.
207 L.H., siendo suficiente que dicha inscripción se haya realizado de conformidad con
lo establecido en el art. 205 L.H..
B) PASIVA.
Están legitimados pasivamente aquellos que, sin ostentar título inscrito alguno, se
opusieran a un derecho real inscrito o perturbaran su ejercicio, y, a pesar de que la nueva
L.E.C. no lo prevea expresamente, quienes, aun cuando tuvieran su título inscrito, ello no
fuera suficiente para justificar los actos de oposición o perturbación (arts. 41 L.H. y
250.1.7° L.E.C.).
Se encuentran incluidos los titulares de servidumbres, cuyo derecho no les
autoriza a negar o perturbar las restantes facultades dominicales; los perturbadores que
no ostenten la titularidad de una concesión administrativa y el copropietario/arrendador
frente a los demás copropietarios.
6. PROCEDIMIENTO.
Dicho procedimiento consta de dos fases diferenciadas por la personación o
ausencia del demandado: la fase "sumarísima" y la "sumaria".
En él es necesaria la asistencia de abogado y procurador.
A) FASE SUMARÍSIMA.
a)DEMANDA Y DOCUMENTO.
Dicho procedimiento, como especialidad del juicio verbal, se inicia por demanda
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(art. 437.1 L.E.C.).
La admisión de esta demanda queda condicionada al cumplimiento de los si-
guientes requisitos: (art. 439.2 L.E.C.)
- Que se "expresen las medidas que se consideren necesarias para asegurar la
eficacia de la sentencia que recayere".
- Que se renuncie expresamente o se señale la caución "que ha de prestar el
demandado en caso de comparecer y contestar, para responder de los frutos que haya
percibido indebidamente, de los daños y perjuicios que hubiere irrogado y de las costas
del juicio".
- Que "acompañe certificación literal del Registro de la Propiedad que acredite
expresamente la vigencia, sin contradicción alguna, del asiento que legitima al de-
mandante".
Respecto a las medidas de aseguramiento que ha de proponer el actor, la amplitud
de su formulación lleva a su equiparación con las correspondientes medidas cautelares
previstas en el art. 727 L.E.C. y, que pueden consistir en el embargo preventivo de
bienes; en la intervención o administración judiciales de bienes productivos;
la anotación preventiva de la demandada; o la orden judicial de cesar provisionalmente
en una actividad o la abstenerse temporalmente de llevar a cabo una conducta; y en
general, aquellas "que se estimen necesarias para asegurar la efectividad de la tutela
judicial que pudiere otorgarse en la sentencia estimatoria que recayere en el juicio.
La falta de cumplimiento de alguno de los requisitos de la demanda, determina la
inadmisión de la misma. En el supuesto hipotético de que la misma se admitiera, la
denuncia del demandado provocaría el archivo de las actuaciones por no ser subsanable
el defecto cometido por el actor. Por tanto, la falta de aportación de la certificación
registral, como documento preceptivo, no podrá ser corregido con su posterior
aportación, provocando no sólo la preclusión sino la finalización anticipada del pleito
(no ha de olvidarse que, a diferencia de lo que sucedía en la anterior L.E.C., en la nueva
ya no existen diligencias para mejor proveer, sino unas meras diligencias finales que,
además, sólo son aplicables al juicio ordinario y no al verbal).
La inadmisión se acordará mediante auto que podrá ser apelado, siendo este
recurso de tramitación preferente (art. 455.3 L.E.C.).
b) ADMISIÓN Y EMPLAZAMIENTO.
La admisión de la demanda se rige por las normas del juicio verbal (art. 440
L.E.C.) con las especialidades que este artículo y el 441 establecen: en la citación del
demandado para la vista, además de la advertencia, común a los dos litigantes, de que se
ha de concurrir con los medios de prueba de que intente valerse, se le hará el doble
apercibimiento de que, en caso de no comparecer, se dictará sentencia acordando las
actuaciones que para la efectividad del derecho inscrito hubiere solicitado el actor; y se
dictará, en su caso, la misma resolución si compareciendo al acto de la vista no prestase
caución en la cuantía que, tras oírle, el juez determine, dentro de la solicitada por el actor
(art. 440.2 L.E.C.). De este modo, en dichos supuestos, el juez dictará sin más trámites
sentencia acordando las medidas que "para la efectividad del derecho inscrito hubiere
solicitado el actor",
Cuando la demanda cumpla los requisitos exigidos, se dictará auto en el que se
ordenará su admisión y traslado al demandado, citando a las partes para la celebración de
la vista. El juez, "tan pronto admita la demanda, adoptará las medidas solicitadas que,
según las circunstancias, fueren necesarias para asegurar en todo caso el cumplimiento
de la sentencia que recayere" (art. 441.3 L.E.C.). Dichas medidas se adoptarán en una
resolución previa a la vista, en forma de auto, contra la que cabrá recurso de apelación
sin efectos supensivos (art. 735.2 L.E.C.).
B) FASE SUMARIA.
La fase sumaria comienza si el demandado comparece, en tiempo y forma, presta
caución requerida y formaliza su oposición.
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