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Introduccion A La Etica y Los Valores

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INTRODUCCION A LA ETICA Y LOS VALORES

Ética es la ciencia que se encarga del estudio de las normas morales de cada individuo,
normas que son muy necesarias para lograr equilibrio y armonía en la convivencia entre
todos y cada uno, así como ante una sociedad de individuos que se rige por su propia
moral, la moral es el juicio que como individuos o personas le damos a ciertos actos que
de acuerdo a nuestra moral pueden ser buenos o malos, ciertos o erróneos, el juicio de
cualquiera puede ser tan bueno como el de cualquier otra.

Cuando llega el momento que como personas individuales decidimos “vivir nuestra vida”,
no solo somos responsables de nuestra vida biológica, sino también física, mental,
psicológica, y moral y es aquí, en lo moral en donde se practican los juicios de valor para
lograr ser como humano mas humano, y así tener todas las posibilidades de vivir en un
mundo en donde la realización es el objetivo principal, no podremos vivir en paz personal,
familiar y social sin proponérnoslo y sin un esfuerzo. El hombre crece en humanidad
cuando tiene el valor de esforzarse por crecer y ese crecimiento se da poco a poco, los
valores que su familia (que es el eje central de la sociedad) le enseño durante la infancia,
niñez, adolescencia y juventud, serán bien aprendidos y duraran toda la vida, estos le
marcaran el camino y moldearan sus actos, durante adulto tiene la capacidad de adquirir
mas valores en base a lo ya aprendido, así que el desarrollo y crecimiento del individuo
depende mucho de sus actos morales, esto es el objetivo de estudio de la Ética.

La ética y la discusión sobre los valores han cobrado mucha importancia, las principales
características de la ética como disciplina filosófica a partir del estudio del carácter
histórico cultural de los códigos morales y los principios considerados universales:
mostrando enfoques y actitudes, propiciando un ambiente de tolerancia y respeto hacia
los valores. La axiología es una rama de la filosofía que estudia la naturaleza de los valores
y juicios valorativos, la axiología define el concepto de valor, sus propiedades y sus
manifestaciones, y juega una parte fundamental de la ética junto con la deontología. De
igual forma la deontología estudia el deber y las normas morales, que se basan a los
deberes y obligaciones morales y es conocida como la teoría del deber.

La ética es una reflexión racional sobre qué se entiende por conducta buena y se
fundamenta los juicios morales, su moral forma parte de nuestras vidas y costumbres, de
igual manera la ética y la moral se caracterizan de hechos reales y en normas que se
utilizan para orientar la conducta, y otra rama es la estética la cual su objetivo es estudiar
lo bello o la belleza y condiciones .Dentro la ética y los valores, el valor tiene una cualidad
que permite ponderar el valor ético o estético de las cosas por lo que es una cualidad
especial que hace que las cosas sean estimadas en sentido positivo o negativo, el valor es
resultado de la interpretación que hace el sujeto de la utilidad, deseo, importancia,
interés, belleza, su objetivo es dado por el sujeto en acuerdo a sus propios criterios e
interpretación.

La ética es un saber teórico-práctico que se ocupa del actuar humano guiado por valores,
conforme al “bien” se ocupa de aquello que conviene al hombre para ser propiamente
humano, para convivir de la mejor forma posible, la ética es un saber teórico practico,
reflexión sistemático sobre el ser del hombre para actuar conforme al bien o a la vida
buena, los valores son ideales por cumplir libertad, autonomía, igualdad, justicia,
tolerancia, solidaridad, su virtud es la practica concreta de estos valores tendente a
realizarlos con excelencia.

El objetivo principal de la ética y valores es brindar una guía de reflexionar, a partir de una
perspectiva ético-filosófica sobre los problemas morales de nuestro tiempo y sobre su
propia brusquedad de la libertad, la ética y los valores pretenden introducir al hombre una
compresión de ética de vida diaria de la vida cotidiana y en el estudio del universo de los
valores involucrados en diversos ámbitos: en la vida personal y familiar, en el ámbito social
y político, así como en el ámbito de la relación del ser humano con la naturaleza entera.

1.1.- LA ETICA Y SU CAMPO DE ESTUDIO

Debemos primero establecer las diferencias entre Ética y Moral porque comúnmente son
confundidas y entendidas, en el mejor de los casos, como sinónimos. La una y la otra
tienen igual significado aunque distinto origen: "Ethos", en griego, y "Mos" en latín y
ambos significan "costumbre", lo cual nos llevaría definirlas como "teorías de las
costumbres". Pero distingamos. La Ética - o teoría de la Moral - tiene como objeto de
estudio a la Moralidad y sus cánones o principios o reglas y las Conductas Morales de los
Humanos. Es una de las dos ramas de la Axiología o Teoría de los Valores, la otra es la
Estética. La primera se ocupa sobre lo bueno y lo malo, lo prudente y lo imprudente, lo
correcto y lo incorrecto, lo justo y lo injusto, el deber y la obligación; la responsabilidad
Moral y por supuesto el examen de si las normas o reglas Éticas son absolutas o relativas.
Es decir, o existen valores universales y objetivos; o particulares y subjetivos. Los distintos
Códigos Morales dictaminan el cómo debemos comportarnos, el qué hacer y el qué no
hacer; son ordenamientos, imperativos que pueden subsistir en ciertas sociedades sin un
ulterior análisis o valoración. En cambio los problemas éticos encuentran su campo de
investigación en indagar lo que es moralmente valioso, es decir, lo que sirve de guía en las
conductas o Creencias Morales. Pero la Ética no es la única disciplina que estudia el actuar
de los humanos; La Conducta Humana individual o colectiva es estudiada desde distintos
enfoques por especialidades científicas: el Antropológico dictaminará las costumbres
morales de los individuos –sea el caso- de determinada cultura en un tiempo específico.
La Psicología conductista, las conductas observadas en los individuos ante determinados
estímulos y la Sociología el comportamiento en general de los hombres y mujeres en
sociedad. Pero ninguna de las ciencias valora tales conductas, campo restringido a la Ética
como teoría de los valores. Aunque los conceptos "bueno" y "bien" son importantes en el
campo de la Ética, no todas las expresiones en las que se las usan se refieren a la Ética. Por
ejemplo "espero hoy tengamos un buen invierno", o "ella logró buenas calificaciones",
"qué bien que llegaste", "Juan salió bien de la operación", no se refieren a problemas
éticos. En cambio "es bueno creer en Dios" y "hacer el bien es la finalidad de todo
hombre", sí lo son. Otro concepto primordial en la Ética es la libertad. La responsabilidad
sólo tiene sentido si nuestros actos son libres. Respecto al significado de los principales
términos éticos se suele denominar metaética cuando se les otorga un significado "¿Qué
es el bien?", ¿"Qué es lo bueno?", ¿"Qué significa cuando afirmo que una conducta fue
"recta?". En pocas palabras, estamos en los dominios de la ética cuando valoramos o
desvalorizamos creencias o conductas humanas y cuando sometemos nuestros actos a
valoración filosófica "¿fue correcta la manera en la cual actué? ¿Fue justa? ¿Fue recta?
¿Fue buena?, ¿Deseable? ¿Positiva?

CAMPO DE ESTUDIO:

Por su carácter normativo y reflexivo, la ética ocupa un lugar especial dentro de las
ciencias y es posiblemente la que tiene mas estrecha relación con los otros ámbitos del
saber, que en una u otra forma tengan que ver con el actuar del hombre en relación con
sus semejantes. La ética valora este actuar e impone normas de conducta en todo campo
científico particular.

Ética y Religión marchan unidas estrechamente y se puede decir que una ha sido fuente de
la otra. Si como dice Schrecker, "en la experiencia histórica no se ha encontrado nunca una
etapa de la civilización en que no hubiera religión "; y por otra parte, como ya se vio, la
moral existe también desde los inicios de la convivencia humana, se puede concluir que la
valoración de los actos humanos puede darse en ambas dimensiones.

Las ciencias naturales, Química, Física y Biología tienen sus propias leyes inmutables y
necesarias, o sea que se cumplen inexoradamente y el científico actúa,
consecuentemente, en busca de esos principios verdaderos. Sin embargo, las acciones del
científico tanto en la búsqueda de la verdad como en la utilización de los resultados,
tienen un contenido de valor, ya que la norma moral es obligatoria en cualquier elección
que se haga. El uso bueno o malo del saber científico y de la tecnología que del se deriven,
caen dentro de la ética profesional sabido que desde tiempo inmemoriales científicos
siguen rígidos códigos de comportamiento moral.
Por lo que respecta a las ciencias sociales, la ética tiene relación directa con todas y cada
de ellas, en razón de lo que se dijo anteriormente respecto al carácter eminentemente
social de la misma.

La Ciencia Política se refiere al actuar humano en el gobierno de la sociedad, y todo ser


que pertenece a un Estado tiene que ver con ella. No hay seres apolíticos. Todas las
acciones gubernamentales deberán cumplir con los principios morales que se han
sustentado y no tendrá por que haber contra posición entre la legislación y la moral.

Las éticas también tienen una relación directa con otras ciencias resultantes de otras
actividades humanas como la economía y el derecho. La ciencia jurídica existe desde las
primeras sociedades ese establece como disciplina teórica y de aplicación practica con el
derecho Romano.

Sociología e historia también tienen relación estrecha con la ética. El turismo es un


fenómeno social que se manifiesta en conductas individuales y gripales y por tanto se
encuentra dentro del campo de estudio de la Sociología.

1.2.- APROXIMACIONES CONCEPTUALES AL MUNDO DE LOS VALORES

En diversos escenarios de la vida ciudadana, en los medios de comunicación social y en los


entornos relacionados con las ciencias de la educación, se habla de los valores de la crisis
de los valores y de la sociedad sin valores. Pero no se define que es un valor, a que valores
se alude si son éticos, estéticos, económicos.

Cabe señalar que desde nuestra perspectiva, el interés principal del campo axiológico se
alberga en dos escenarios: el proceso de la adquisición de los valores como formadores de
las rectitudes la conducta humana y la consideración del proceso de estudiar “el estudio”.

MAX SCHELER (1948) expone que los valores, considerados como productos sociales, no
pueden existir como tales sin el hombre, no son abstractos, sino son reales. Característica
esencial del hombre el ser autor de “actos espirituales” y “actos técnicos”

Actos espirituales: (actos de ideación) consiste en percibir un fenómeno le afecte o no.

Actos técnicos: implica una problematización con lo percibido, con búsqueda de


soluciones.

Del mismo modo distingue tres niveles en la conducta humana

La percepción: el pensamiento y los sentimientos

Los objetos sensibles: (las cosas) son objetos de percepción


Los conceptos: son objeto del pensamiento y los valores son objeto de los sentimientos es
decir sentidos.

Niveles de la conducta humana

Una clasificación de los valores mas completa y comprensiva es la de arroyo (en ramos,
2000).

Clasificación de valores de larroyo

CATEGORIAS VALORES

Vitales Salud, vigor, capacidad orgánica, euforia.

Hedónicos Placer, alegría, solaz, deleita.

Económicos Utilidad, valor de uso, valor de cambio

Cognoscitivos Verdad, exactitud, aproximación, probabilidad

Morales Bondad, veracidad, valentía, templanza.

Estéticos Belleza, gracia, elegancia. Ironía

Eróticos Dicha, ternura, cariño.

Religiosos Santidad, piedad.

Adicionalmente los valores desde el punto de vista del sujeto que lo valora tienen un cierto
carácter bipolar o tiene un contravalor asociado

VALOR CONTRA VALOR

Justicia Injusticia

Igualdad Desigualdad

Honradez Corrupción

Libertad Esclavitud

Honestidad Deshonestidad

Amor Odio

Jerarquía de los valores de Bloom


ATENCION INTERES IMPORTANCIA JERARQUIZACION
CARACTERIZACION

Las fases de este proceso se definen de la siguiente manera.

Atención: se mantiene a expensas de que el objeto sea interesante, si existe interés, la


intención pasa de ser fugaz a ser sostenida entonces pasaríamos a otra fase.

Jerarquización: se concatena con la etapa anterior del proceso, desde la consideración de


que puede haber muchos elementos.

Caracterización: ultima etapa del proceso de formación de valores en el individuo, implica


para esto el hecho de asumir sus propios valores

Para krahtwhol el proceso de formación de valores tiene connotaciones que involucran


elementos motivacionales, que incorporan la noción de voluntariedad progresiva al
proceso.

1.3.- LA DIMENSION ETICO AXIOLOGICA: CONFIGURADORA DE SUJETOS SOCIALES

En este trabajo, producto de la línea de investigación en educación y valores, se pretende


fundamentar por qué la dimensión ético-axiológica es configuradora de sujetos sociales.
Con tal propósito, previa precisión de las palabras clave, se abordan tres tópicos
profundamente interrelacionados:

1. Siglo XXI. Crisis, riesgos, esperanzas.

Se aborda la crisis estructural que se confronta y que incluso podría ocasionar riesgos. Y en
los sistemas educativos, pese a las reformas y al incremento en las inversiones, aún no se
logra superar los problemas, especialmente los de inequidad. Se asume que toda esta
crisis económica, social y ambiental es fundamentalmente de carácter moral, por lo que es
imprescindible enfatizar y fortalecer la formación ética.

2. El ser humano. Potencialidad axiológica.

Este tópico sustenta, a través de las categorías: reflexividad-reciprocidad, alteridad,


complejidad, eticidad, la potencialidad axiológica del ser humano y, por ende, el carácter
ético-moral de todo proceso educativo.

La axiología, en tanto ciencia de los valores, se integra orgánicamente al saber filosófico y


expresa una de sus determinaciones esenciales. El saber filosófico, en su expresión
sintética, integra momentos de carácter gnoseológico (cognoscitivo), axiológico
(valorativo), práctico y comunicativo. Esto se fundamenta en el hecho de que la filosofía
como autoconciencia de la cultura sociohistóricamente determinada, y núcleo teórico de
la concepción del mundo, resulta al mismo tiempo aprehensión práctico-espiritual de la
realidad, en su esencialidad y concreción. Se trata de un proceso complejo que reproduce
creadoramente la realidad y la aprehende en su síntesis por sujetos reales y actuantes.

Este proceso de asunción y aprehensión de la realidad se funda en la actividad humana.


De ahí que la actividad en su dimensión filosófica se determine y exprese como relación
sujeto-objeto y como relación sujeto-sujeto. En la primera relación, los momentos
gnoseológicos y axiológicos encarnan la propia práctica social, es decir, en la asunción
práctica de la realidad (objeto) al hombre (sujeto) no le interesa sólo qué son las cosas,
cómo revela su esencia y devela la verdad, sino, además, para qué le sirven, qué necesidad
satisfacen, qué interés realizan. El sujeto no sólo busca conocimiento, en tanto, modo de
existencia, sino también valores, en tanto ser de las cosas para el hombre, y modo en que
existen sus necesidades e intereses. En la segunda relación (sujeto-sujeto), tiene lugar el
proceso de comunicación como intercambio de actividad y sus resultados, conductas y
relaciones sociales. En esta relación, que solo es aislable por medio de la abstracción, los
aspectos gnoseológicos, valorativos y prácticos aparecen en síntesis, como trato humano,
actividad ínter subjetiva e interacción humana, social en esencia.

El componente valorativo de la actividad y de todo el proceso del devenir humano,


comprendido en sus diversas expresiones y niveles, como valor y valoración; y en la
relación dialéctica de lo objetivo-subjetivo, lo absoluto-relativo y lo general-particular,
posee una gran importancia teórico-metodológica y práctica para la comprensión del
hombre y la sociedad. Si bien el momento valorativo de la actividad humana resulta
imposible que exista al margen de los momentos práctico, gnoseológico y comunicativo,
pues constituyen una totalidad orgánica indisoluble y posee, como los restantes
momentos estructurales, una relativa autonomía. Esto determina que en algunos discursos
filosóficos prime o tenga más fuerza la axiología, o en otros, la gnoseología, la ontología,
etc. Esto, por supuesto, no niega en modo alguno la presencia de los restantes momentos
que les son inherentes y, más aún, inmanentes a todo quehacer humano, incluida la
filosofía como autoconciencia teórica.

Los valores, en tanto determinación primaria de las necesidades e intereses del hombre,
sirven de mediación esencial entre los momentos gnoseológico y práctico, entre
conocimiento y práctica. El hombre conoce la realidad impelido por las necesidades y
aplica los conocimientos en la técnica y la práctica para realizar su ser esencial, que es, al
mismo tiempo, proyectar su ser hacia el deber-ser, es decir, realizar lo por venir,
completando lo que le falta: satisfacer sus necesidades. De ahí que el fenómeno designado
con la palabra valor, constituya una compleja formación que está contenida no sólo en las
estructuras cognoscitivas, sino, fundamentalmente, en los profundos procesos de la vida
social y la cultura, en la concepción del mundo del hombre. De aquí que la categoría que
designa o expresa este fenómeno, puede ser tratada, por lo menos, en tres significados
fundamentales: como concepto sociocultural, como concepto psicológico y como
concepto lógico-gnoseológico. Esta amplia dimensión de la categoría valor evidencia que
ella concentra en sí una serie de problemas heterogéneos por su contenido y, al propio
tiempo, en algo idéntico.

La dimensión valorativa de la actividad humana, en todas sus mediaciones,


condicionamientos y determinaciones, deviene fuerza propulsora y motivación esencial
del despliegue constante del hombre que se sabe sujeto del acontecer histórico.
Ciertamente, conocimiento y práctica en su interacción recíproca están mediados por los
valores, la propia comunicación ínter subjetiva, en tanto intercambio de actividad y trato
humano, discurre como proceso, también internamente mediado por los valores. Todo el
desenvolvimiento del proceso humano, que de una forma u otra, encarna las necesidades
e intereses del hombre, los valores como ser de la realidad para éste y forma de existencia
de sus aspiraciones, deseos, anhelos; tiene un carácter proyectador, en el sentido en que
impulsan los fines con sus respectivos medios de realización. En este contexto los valores,
incluida la valoración, los juicios de valor, se integran como el eslabón que media el
tránsito del devenir ser al deber-ser, del presente al futuro.

Como al hombre no sólo le preocupa qué son las cosas, cuál es su esencia (conocimiento),
sino ante todo, para qué le sirven, qué necesidades satisfacen o qué le falta para realizarlas
(valor, valoración, juicios valorativos) en la aprehensión práctico-espiritual de la realidad, la
dimensión valorativa de su actividad cumple una función orientadora-reguladora en la
realización de su ser esencial. Los valores y la valoración humana, al ser desprendimiento
de la praxis misma, le imprimen vialidad, (vitalidad) energía creadora, imaginación para
superarse a sí mismo y transitar a nuevos peldaños de realización. No es lo mismo conocer
una necesidad, la carencia de algo, que esforzarse por darle realidad efectiva, por convertir
el en sí, en para sí, e integrarlo al devenir humano en formas nuevas y superiores de
realización. Por eso el componente cognoscitivo de la actividad humana se completa y
hace realidad efectiva, en estrecha interacción con el componente valorativo.

Conocer la realidad, hacerla objeto y valorarla, que es al mismo tiempo, evaluarla,


superarla e integrarla en función de las necesidades e intereses del hombre y la sociedad,
comporta realizar el ser esencial del hombre, en tanto sujeto. Es identificar su naturaleza
humana, en esencia social, e integrarla al cuerpo de la cultura como contenido y medida
de su desarrollo. En esta misma dirección de análisis, elucidación y discernimiento del
valor, como concepto sociocultural, como concepto psicológico y como concepto lógico-
gnoseológico, se integra en su expresión sintética a la concepción del mundo y, por
consiguiente, como una totalidad sistémica inserta en la subjetividad humana. La
dimensión axiológica de la actividad humana concedida como valor y valoración, y como
proceso y resultado, en tanto momento esencial del devenir humano, deviene atributo
cualificador de la subjetividad humana, como lo son también los momentos gnoseológicos,
prácticos y comunicativos de la actividad humana.

Sin embargo, en el discurso filosófico en torno a la subjetividad humana existen diversos


estilos y modos de expresión del problema, en correspondencia con la concepción del
mundo, el sentido de la vida, misión y oficio del hombre que reflexiona sobre la realidad,
las circunstancias sociales en que desarrolla su pensamiento y acción y otras mediaciones
y condicionantes; pues como se dijo anteriormente, existen múltiples discursos que
privilegian o enfatizan más el aspecto gnoseológico, otros el axiológico-valorativo, etc. Esto
no significa que se soslayen de modo absoluto los otros momentos, pero se da primacía a
uno específico.

En el caso del pensamiento sociofilosófico de José Martí, la subjetividad humana ocupa un


significativo lugar, y la axiología, su núcleo cualificador central; en torno al cual despliega
gran parte de su pensamiento y su obra. Pero no se trata de una axiología del libre
albedrío y al margen de condicionamientos y determinaciones, pues como bien señala J.
Marinello, “está en Martí un concepto capital […] Para él ser es antes que el crear y por
ello dijo más de una vez que la América Latina, su América, debía ser, existir en plenitud,
para crear plenamente y la existencia de su mundo –madre de la posibilidad creadora-,
sólo se alcanza con el ejercicio de una voluntad sin coerciones ni acechanzas”. La primacía
del existir sobre el crear, la realidad como fundamento de la imaginación, fundado en el
sentido de lo real e histórico en tanto proceso, imprime un sello especial a su axiología en
los marcos de la subjetividad humana.

En Martí, la bondad, la belleza, la verdad, -valores que concibe en estrecha conexión y


condicionamiento- no constituyen esencias a priori, sino que “los encuentra” en la
naturaleza humana, y los proyecta como modelos a seguir, y no como arquetipos a los
cuales tiene que adecuarse la conducta humana. Valores que encuentra porque están en
él y porque cree en el hombre. La tesis, según la cual, los valores humanos son camino y
no llegada constituye, más que una premisa, una clave interpretativa para aprehender la
esencia de su axiología. Es una vía de acceso y penetración en sus atributos cualificadores
y fundamentalmente hermenéutico para discernimiento, elucidación y comprensión de
nuevas aristas del objeto de análisis que, por supuesto, rebasan los límites de este trabajo.

La asunción de esta tesis en calidad de principio lógico estructurador de la axiología


martiana y premisa insoslayable para su comprensión, en tanto sistema, posee
fundamentos de naturaleza cosmovisiva, sociocultural y antropológica. Por eso, no es
posible olvidar la concepción filosófica general de Martí, sobre el carácter del ser,
compuesto universal y su dinamismo y evolución constante. Esto lo conduce a ver el
carácter del mundo y la sociedad, en tanto proceso, y al hombre y su subjetividad como
proyecto en constante avance y perfeccionamiento.

La axiología martiana es un culto al devenir humano, en estado perpetuo de superación y


perfeccionamiento. Es una fuente inagotable de utopías, pero no en la acepción de
irrealización, sino en el sentido de proyección humana, trascendencia y esfuerzo y trabajo
para su realización efectiva. Una evidencia clara la palpamos cuando destacando el papel
del maestro en la formación de valores, sentencia: “La cruzada se ha de emprender ahora
para revelar a los hombres su propia naturaleza, y para darles, con el conocimiento de la
ciencia llana y práctica, la independencia personal que fortalece la bondad y fomenta el
decoro y el orgullo de ser criatura amable y cosa viviente en el magno universo. He ahí,
pues, lo que han de llevar los maestros por los campos. No sólo explicaciones agrícolas e
instrumentos mecánicos, sino la ternura, que hace tanta falta y tanto bien a los hombres”.

La proyección axiológica de Martí, núcleo central de su cosmovisión filosófica, dignifica al


hombre, como sujeto que piensa, razona y siente. En su intelección, revelar la propia
naturaleza humana es una premisa para cultivar la independencia personal y fomentar
valores que cualifican lo humano. Bondad, decoro y orgullo de ser como se es, exigen
conocimiento, ciencia y práctica, pero no se reduce a ello, pues sin cultura de los
sentimientos, tal y como enseñaron Varela, Luz y Mendive, entre otros, no es posible
realizar proyecto humano alguno. De ahí la necesidad de “la ternura que hace tanta falta y
tanto bien a los hombres”.

Es una axiología que sin reducirse al psicologismo, ni al intelectualismo, ni al pragmatismo


utilitarista, integra, en los valores, razón y sentimiento, ciencia y conciencia, teoría y
práctica. Esto en gran medida explica el porqué los valores en Martí más que llegada son
camino, proceso, devenir humano, realización y proyección de fines, en resumen,
dignificación de la condición humana.

Esta dialéctica se expresa en el hecho de que los seres humanos establecen relaciones con
el medio natural y social en que ellos se desenvuelven y, a través de su actividad
productiva, intelectual, artística, deportiva y otras, se ponen en contacto con objetos
materiales e ideales (un producto tangible, una cualidad de la personalidad, una
concepción, un sentimiento, etc.). En este proceso de la actividad humana, en permanente
comunicación social, surgen en el ser humano necesidades materiales y espirituales, que
al concretarse en objetos materiales y espirituales que las satisfacen, se convierten en
valores.
Los valores se forman en el proceso de socialización bajo la influencia de diversos factores
(familia, escuela, medios masivos de comunicación, organizaciones políticas, sociales,
religiosas, etc.) No son inmutables ni absolutos, ya que se tornan vulnerables porque su
contenido puede modificarse por circunstancias cambiantes y pueden expresarse de
manera diferente en condiciones concretas también diferentes. En la medida en que los
seres humanos se socializan y la personalidad se regula de modo consciente, se va
estructurando una jerarquía de valores que se va haciendo estable, aunque puede variar
en las distintas etapas de desarrollo.

Los valores son significaciones sociales positivas que poseen las cosas, las personas, etc.
Dicha significación se refiere al grado en que se expresa el progreso y el
redimensionamiento humano en cada momento histórico o circunstancia particular. Son
cualidades reales externas e internas al sujeto. Al decir de Xavier Zubiru:”No es un objeto,
ni una persona, sino que está en ellas”.

Como importantes formaciones motivacionales, los valores no se enseñan, no se insertan,


ni se trasmiten de una personalidad a otra; aunque indiscutiblemente es innegable la
influencia de un modelo digno de imitar. Los valores, por el contrario, se educan, se
forman, hasta llegar a convertirse en convicciones y luego revelarse en conductas en el
proceso de su vida personal y profesional.

Más que teorizar sobre los valores, nos preocupa encontrarlos, cultivarlos en la conducta
del hombre como medio de ascensión humana, para revelar un conjunto unitario de
cualidades humanistas, coherentemente estructuradas en torno a la persona, su razón de
ser y los modos de conducir la creación de condiciones sociales favorables, ya que los
valores son también modos esenciales del devenir del hombre en su naturaleza social,
integrados en la cultura, a manera de formas de existencia del ser humano y sus
necesidades materiales y espirituales.

Si pretendemos formar valores, partiendo de la intuición hipotética de que estos se


revelan en la actuación del sujeto en su vida personal y profesional, debemos sustentarnos
de las cualidades morales positivas porque son las que devienen en valor. Esta idea es muy
importante, ya que compartimos la opinión de que no es posible la construcción de
nuevos valores si no tomamos en cuenta el desarrollo de cualidades morales positivas,
pues el hecho mismo de que el individuo en todo el proceso de su formación, juzgue la
importancia de poseer cualidades como humanismo, patriotismo, lealtad, honradez,
solidaridad, etc., por encima de las de egoísmo, traición, deslealtad, deshonestidad; así lo
confirma, al constatarse en la práctica la inclinación a desarrollar más las primeras que las
segundas, en las que se pone de manifiesto el desprecio y el rechazo, por los integrantes
del grupo o el colectivo, según sea el caso que nos ocupe.
Así, los valores, encarnados en la cultura, constituyen el contenido esencial del ideal de
racionalidad humana puesto de manifiesto en el conjunto de ideas o de creencias de
alguien que siempre luchó por alcanzarlos. Se trata de una axiología de la acción, en el
decir de Cintio Vitier, que va a la raíz del hombre porque sabe de su grandeza interior; de
una eticidad concreta que busca el hombre futuro en el hombre actual, con sorprendente
consagración, animada por una tarea fundada en el pueblo, cuyo resultado identifica la
belleza con la humanidad y la virtud con el único bien, que solamente reside en la
felicidad.

En el paradigma que sustentamos, los valores éticos y políticos se integran en un nivel tal
de concreción que prácticamente se identifican. Por eso, más que encarnación individual,
son conciencia de su necesidad y eficacia. Esto impregna optimismo, fuerza y vitalidad al
proyecto que emprendemos, como expresión de nuestro pueblo que lo siente. La
existencia de un sistema de valores conformados en la cultura, hechos conciencia, como
valencias sociales expresados en términos ideo políticos, matizan una idea, configuran un
ideal, que impulsa, orienta y regula el hacer práctico-espiritual en la realidad que nos
embarga. Este paradigma, marcado por su visión del mundo, del hombre, por la
experiencia cubana y, sobre todo, por su sabiduría política, traza caminos, crea confianza,
cultiva razón, sentimiento y prepara a las nuevas generaciones para realizar el ideal de
nuestra nación.

Los valores ético-morales penetran lo político, hasta concebirlo como empresa cultural
humana de las grandes masas. Lo ético y lo estético, encarnando racionalidad conceptual
propia, imprimen una determinada especificidad a la axiología, ya que su vinculación
estrecha en los marcos de una concepción unitaria de la cultura, en tanto resultado de la
actividad humana y medida del desarrollo del hombre y la sociedad, abren perspectivas
nuevas para acceder a la realidad humana y conformar un ideal de racionalidad, como
proyecto formador que integra y sustancia el sistema orgánico de la bondad, la verdad, la
belleza y, junto con ello, la virtud, el amor, la valentía; así como, la felicidad, la justicia, la
razón, la libertad; en fin, la dignidad plena del hombre.

La inserción de los valores en la cultura, hecho que (en opinión de mi tutor), ya casi nadie
niega; así como la concepción de esta última como resultado social del pueblo, funda una
idea nueva que determina una connotación especial que se pone de manifiesto no sólo en
la relación ética-política, sino además, en la relación ética-estética y sus mediaciones.

Nuestra concepción de los valores, penetrada de un sentido de lo real e histórico, la


expresamos como un proceso que evita que los pensemos y abordemos como arquetipos
o a priori, sino como hacer humano. Por eso la bondad no es tal, porque es algo
presupuesto como verdadero, sino porque es buena en la praxis social. La belleza no es tal
en tanto establecida externamente, sino en tanto acción bella dimanante del
comportamiento humano. Al igual que la verdad no es tal, como esencia válida en sí
misma, sino como expresión de la realidad para el hombre. Esto no es practicismo, ni
negación de lo universalmente dado, sino sentido práctico-valorativo, que busca,
encuentra y proyecta los valores en el hombre, haciendo historia, en su acción y en la
cultura, en que toma cuerpo.

Este concepto de buscar los valores en la realidad, en su despliegue, como devenir


cultural, en y por el hombre, como sujeto social; explica el sustrato ético-moral de la
estética y política encarnada en la tradición humanista cubana, ya que los motivos de
carácter artístico siempre aparecen vinculados a la conducta cívica del hombre, en
próceres como José Martí, en quien subyace un mensaje de carácter moral, al abordar la
esencia y las formas de creación humana con arreglo a las leyes de la belleza, porque su
motivo central es el hombre en toda su integridad. Él sabe que la belleza en sí, aislada del
verdadero ser existencial del hombre, resulta superflua, estéril. En Martí la “belleza”
externa, desvinculada de una cultura de los sentimientos, fundada en el amor y la bondad,
no constituye un valor definidor de la naturaleza humana. Una persona, aunque “bella
externamente” si no es portadora de sentimientos nobles, de solidaridad humana,
desinterés, justicia y dignidad personal, no se realiza como hombre, genéricamente
hablando y su conducta resulta rechazada por la propia sociedad en que vive.

Al maestro, sin soslayar otros problemas, le interesa el hombre, su subjetividad en relación


con la naturaleza y la sociedad. Esto confiere a su filosofía un sello especial. Los valores, los
ideales, se reiteran en toda su obra, pero no al margen de su conocimiento y la práctica
social. Cree en el hombre, en los valores. La verdad, el bien y la belleza, adquieren en él
una sustanciación tal que devienen entes, en unidad indisoluble y relación recíproca. Ama
la verdad por sobre toda las cosas y cree en los valores universales y en la forma de
afianzarlos a través del amor. Esto imprime optimismo a su concepción del hombre y del
mundo, así como medios para analizarlos y cambiarlo.

En la Edad de Oro, obra martiana dedicada a formar hombres creadores, con ciencia y con
conciencia, la intención del maestro se hace patente. “El niño -escribe Martí- ha de
trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse
hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso. Pero
nunca es un niño más bello que cuando trae en sus manecillas de hombre fuerte una flor
para su amiga o cuando lleva del brazo a su hermana para que nadie se la ofenda…”.

Es perfectamente comprensible que en este lenguaje simple, sencillo, para niños, el


mensaje ético-humanista no falta. ¿Cómo formar al hombre como sujeto, con ciencia,
creatividad y con conciencia, si no se cultiva lo esencialmente humano: el sentido del
deber, la bondad, el amor al trabajo, en fin la sensibilidad humana, capaz de transformar lo
feo en bello? Más que un simple mensaje es una clave cultural paradigmática, que con
visión preclara y de meridiana lucidez, deviene obra fundadora. “Las cosas buenas -dice
Martí a los niños en el último número de la Edad de Oro- se deben hacer sin llamar al
universo para que lo vea a uno pasar. Se es bueno porque sí; y porque allá adentro se
siente como un gusto –continúa Martí, identificando lo moral con lo estético– cuando se
ha hecho un bien, o se ha dicho algo útil a los demás. Eso es mejor que ser príncipe; ser
útil. Los niños debían echarse a llorar, cuando ha pasado el día sin que aprendan algo
nuevo, sin que sirvan de algo”.

Con esto, Martí, no sólo evoca y predica la necesidad de sembrar y cultivar humanidad en
el hombre para que nazca, eche raíces y se multiplique, sino además, funda una cultura de
los valores, imprescindible para la convivencia social y para el propio despliegue de las
energías creadoras que el hombre lleva en sí y desarrolla en función de la sociedad. Así,
refiriendo a Buda, enseña a los niños que, “(…) no se ha de reposar hasta que el alma sea
como una luz de aurora, que llene de claridad y hermosura al mundo, y llore y padezca por
todo lo triste que hay en él, y se vea como médico y padre de todos los que tienen razón
de dolor: es como vivir en un azul que no se acaba, con un gusto tan puro que debe ser lo
que se llama gloria y con los brazos siempre abiertos”.

Es que en Martí se capta el bien y la esfera humana en general como medio y fin que
supone e impulsa la voluntad, y toda la subjetividad humana en el devenir social. Los
valores morales devienen motivos catalizadores de creación, originalidad y proyección. Es
como si los valores éticos y también estéticos se fundieran en un todo único, ínter
conexionado, al igual que los restantes valores como componentes de la cultura.

La plasmación de la axiología como conducta, inserta en la cultura en todos sus


componentes estructurales (valores) y sus expresiones jerárquicas, no resulta una tarea
fácil. Nosotros estamos conscientes de ello, y por eso damos razones de la necesidad de
que los valores morales se conciban como medios, y fines intrínsecos al devenir humano,
como móviles de perfección del hombre. Con esto, el bien, el deber, no aparecen sólo
como mandatos de la razón, como a priori, sino que su realización y proyección deben
asumirse con satisfacción, con gusto, deseo, pasión, amor y con espíritu de consagración.
Por eso deben mover y despertar sensibilidad, que es al mismo tiempo encontrar belleza,
placer por la acción o el deber cumplido; de lo contrario no deviene cultura diaria, ni
norma de actuación, ni se encarnan en convicción.

De ahí la necesidad de comprender la dimensión del devenir humano como hecho


cultural, como empresa eminentemente moral, porque incluso, las expresiones políticas,
jurídicas, etc., si se fundan en la cultura y son expresión auténtica del pueblo, resultan
bellas, despiertan sensibilidad y gusto estético. Se debe tratar de develar en la realidad,
sobre todas las cosas, humanidad, que es al mismo tiempo encontrar el lado bueno a las
cosas; es decir, descubrir bondad y belleza en los actos humanos y asumir lo bueno, lo
justo, lo heroico, como manifestaciones bellas a plenitud, en tanto realizan la naturaleza
social humana.

En este sentido, la acción esencialmente humana es heurística y adquiere una dimensión


estética, porque “sólo lo que del alma brota..., en elocuencia, en poesía, llega al alma”.No
son renglones que se suceden, sino valores que penetran la razón y los sentimientos
porque nacen del hombre y su entorno social y son apropiación humana; encontrando
recepción porque despiertan sabiduría, conceptos e ideas humanistas. Con ello se
convierten en resortes para la acción y nuevos modos creadores y originales de
aprehensión.

Esta concepción de integrar los valores en la cultura, asumida del quehacer martiano como
producción del hombre, en función de la sociedad, sienta premisas teórico-metodológicas
para establecer jerarquías y niveles en cuanto a determinaciones del quehacer humano se
refiere. La unidad indisoluble entre lo ético y lo estético y el lugar que ocupan en los
marcos de la axiología, responden en gran medida a la necesidad de formar hombres de
pensamiento y acción, capaces de unir en su diario hacer misión y oficio.

Hay que comprender los valores, hacerlos concretos en el instante mismo en que se traen
al quehacer humano-social, y se le trasmiten sentido práctico, razón, inspiración y
sensibilidad. Por eso, al revelarlos y cultivarlos no podemos convertirlos en entes
abstractos, sino integrarlos a una cultura de la razón y los sentimientos, consustancial al
despliegue humano.

Esta proyección implica no sólo invocar y buscar valores humanos, sino descubrirlos; pero
en un “encontrar”, que es más que todo un ininterrumpido tránsito del ser al deber-ser,
como proyección humana, como remisión a la imaginación y a la creatividad cultural del
hombre. En esta dirección no interesa tanto qué es el hombre y cuáles son sus valores,
sino más que todo cómo deviene el hombre y su naturaleza humana constituida en un
sistema de valores dinámicos, fluidos, en tanto expresión social. Sólo a partir de esta
concepción, los valores adquieren trascendencia y vigencia. Trascienden porque son
valencias sociales y formas aprehensivas de conductas sociales hechas cultura.

Esto no significa la existencia de una actitud nihilista hacia los valores universales, ni una
concepción, pragmático-utilitarista de los mismos. Todo lo contrario, en la axiología hay
optimismo y como humanistas que confiamos en el hombre, en sus posibilidades de
perfeccionamiento, lo percibimos; pero no con un optimismo exacerbado que soslaya los
atributos negativos de las acciones y conductas humanas. Estos atributos son asumidos de
modos críticos y estigmatizados, al mismo tiempo, como no inherentes a lo
verdaderamente humano y como males que no se integran a la cultura.

Sin embargo, no basta con criticar el mal, sino además y sobre todo, proclamar el bien y
cultivarlo para que prevalezca, así como actuar con respeto y humanidad para no herir
sensibilidades. Cuando se le ofende al hombre su decoro y dignidad que es al mismo
tiempo vejar su integridad, más que cultivar en él el bien, lo bello, lo verdadero; valores
permanentes de su existencia, se mata su naturaleza. Se trata entonces de obrar con
humanidad para que crezcan y se impongan sobre la maldad, el egoísmo y todo lo que lo
deshumanice.

La bondad, la verdad, la belleza, la virtud, el amor y la valentía, no resultan cualidades


positivas abstractas o separadas de la realidad y la época en la cual vivimos; por eso,
evocamos el bien y buscamos las causas y los medios para transformar el mal en pos de la
libertad y la dignidad del hombre, demostrando la validez de estas cualidades, al regir la
integración de la conducta axiológica en la sociedad humana.

CONCLUSIONES

En suma, los pensadores que han elaborado teorías para poder proporcionarle al hombre
la felicidad "ya sea en sus ideales o en sus pasiones", han desarrollado desde la practica de
la moral y la teoría de la ética a través de la historia, varios y diferentes puntos de vista
para llegar a una posible forma de alcanzar la felicidad del hombre, lo que sucede es que
estas proposiciones carecen de universalidad, porque cada vez que se plantea una
solución ética a los problemas actuales de la humanidad, se enfoca en un determinado
número de hombres y ello genera que la propia ética en vez de ser una solución ante los
problemas humanos se convierta en la génesis de nuevos conflictos, porque genera
desigualdades las cuales traen como consecuencia guerras y malentendidos entre los
hombres. A partir de la falla de la ética, sólo queda que el sujeto trate de hacerse así
mismo, unas normas y unas leyes que le ofrezcan felicidad y bienestar propio y que tal
convicción propia e individual sea benéfica para los demás, a través de esta realización
propia se podrá erigir hombre, libre y feliz, pero, ¿qué hacer con los otros? si los otros
igualmente son hombres y tienen anhelos de libertad, y también querrán ser felices como
el hombre que lo es o que lo fue. Por lo tanto al tratar de dar una solución de carácter
netamente individualista, se cae en un error y es aquí donde pareciese que el hombre
estaría destinado a nunca ser feliz. De esta manera se reconsidera la proposición de la
felicidad del hombre y se formula que la felicidad al no lograrla en forma individual, habrá
que construirla de forma colectiva, teniendo en cuenta las complicaciones del
colectivismo, porque este colectivismo llevará a la perdida del sujeto. En conclusión, opino
que, la mejor forma de ser feliz es creando por sí mismo una convicción de querer ser
prudente en los actos cotidianos, junto con la construcción de un ideal que me lleve a
determinar lo que debo hacer. De lo anterior se seguirá la interacción con el otro, durante
esta interacción no habrán propuestas meramente teóricas, sino puramente practicas,
porque si hay un fundamento teórico de mis convicciones, tal fundamento implicará que
todo ha de ser igual y que no habrá la posibilidad de que ocurran cambios en la
cotidianidad y por ello se caería en el dogmatismo extremo. De esta manera propongo que
la ética y la moral no se deben entender como lo que significan sino como las acciones
diarias entre hombres que viven en sociedad, un nuevo planteamiento sin fundamentos,
con la aceptación del cambio de la naturaleza y la individualidad de cada hombre.

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