T30764
T30764
Madrid, 2009
REFLEJOS URBANÍSTICOS
A Alejandro,
por hacer que la vida sea infinitamente más divertida.
ABREVIATURAS
CILA II: GONZÁLEZ FERNÁNDEZ, J., Corpus de Inscripciones Latinas de Andalucía, II,
Sevilla, 2, La Vega (Itálica), Sevilla 1999.
CPIL: HURTADO, R., Corpus Provincial de Inscripciones latinas. Cáceres, Cáceres 1977.
ERAE: IGLESIAS, G., Epigrafía romana de Augusta Emerita, Tesis doctoral inédita, Madrid.
1973.
EREP: GARCÍA Y BELLIDO, A., Esculturas romanas de España y Portugal, Madrid 1949.
FC : ÉTIENNE, R., FABRE, G., Épigraphie. Fouilles de Coninbriga, II, París 1976.
PIR: KLEBS, E., VON ROHDEN, P., DESSAU, H., Prosopographia Imperii Romani (saec. I, II,
III), vol. I-III, Berlín 1897-1898.
PIR2: GROAG, E., STEIN, A; PETERSEN, L., Prosopographia Imperii Romani (saec. I, II, III),
Berlín- Leipzig, 1933.
RPC: BURNETT, A., AMANDRY, M. Y RIPOLLES, P. P., Roman Provincial Coinage, vol. I,
Londres-París 1992.
*Nota: La abreviación del título de las revistas citadas sigue los criterios establecidos por la revista L´Année
Épigraphique.
Estaba aún en Roma, terminando de recopilar la documentación necesaria para escribir la
Historiografía de Tusculum, cuando José María Luzón me propuso dedicar el estudio de la tesis
doctoral al culto imperial. La decisión de volver mis pasos hacia la Historia antigua, retomar las
fuentes clásicas, estudiar un tema que me permitiera aprender religión romana, antropología,
filosofía política, arqueología... me llenaba de ilusión. Cuando empecé a leer, comencé a ser
consciente de la complejidad del asunto. La tesis se fue esbozando muy poco a poco, como un lienzo
blanco en el que cada mancha de color modifica la luz, los contrastes, los matices de todo el
conjunto. Quiero agradecer a José María Luzón, guía de mis estudios durante los siete últimos años
de mi vida, que me ofreciera un tema tan apasionante, que haya permitido que durante estos cinco
años de trabajo no me haya cansado nunca de querer seguir aprendiendo. Presento esta tesis
consciente de que toda una larga vida no bastaría para agotar los problemas que aquí se tratan.
Dos personas más me ayudaron a comprender y a modificar parte de los planteamientos de
esta tesis. Uno fue W. Trillmich, quien me acogió en el Instituto Arqueológico Alemán de Berlín
durante seis meses. Y Milagros Navarro, quien iluminó gran parte de mi camino. Sus enseñanzas y
charlas en el Instituto Ausonius de Burdeos fueron absolutamente imprescindibles. Allí tuve la
suerte de trabajar en un centro de investigación modélico, donde cada día se aprendía algo nuevo.
Agradezco a todos los que compartieron aquellos meses conmigo su amabilidad, su alegría y sus
muchas enseñanzas, pero especialmente a J. P. Bost, y a mis amigos Benjamin, Laurent, Stephanie,
Manuela, Donatella y a Charo. A Borja le debo el haberme mostrado la Carta Digital con la que
pude dibujar los mapas de Hispania que se incorporan a este trabajo.
A mis padres, a mi hermana y a mis amigos les agradezco que no se hayan cansado nunca de
preguntar cuánto me quedaba para acabar la tesis y cuándo pensaba entregarla y que a pesar de no
tener nunca respuesta, hayan estado siempre dispuestos a ayudarme.
En todos estos años ha sido más que imprescindible la ayuda y la presencia de Alejandro. A
él le debe mucho este trabajo. Primero porque me enseñó en vivo y en directo qué es la propaganda
política y el “culto” al rey en un país como Marruecos. Allí pude asistir a las ovaciones que el
pueblo dedica a su monarca cuando acude a rezar a la Mezquita de Hasam II en Tánger; allí pude
leer por montañas, desiertos y playas las dedicaciones “Dios, Patria y Rey”; en Marruecos pude
recopilar todo tipo de imágenes de la familia real y de sus antepasados, distribuidas por todos los
lugares públicos de las ciudades (Mohamed con su esposa e hijos, Mohamed, general en jefe de
todos los ejércitos; Mohamed como guía espiritual de su pueblo y como buen musulmán), y también
conocer a quienes colocaban en el ámbito doméstico el retrato del rey. Marruecos fue probablemente
el mejor libro sobre propaganda política y culto al monarca al que he tenido acceso en todos estos
años. Pero a Alejandro le debo también su inestimable ayuda para traducir y comprender los textos
jurídicos y las muchas correcciones que ha hecho no sólo a la interpretación de las fuentes latinas,
sino a la redacción general de la tesis. Mi mayor agradecimiento, sin embargo, no se debe a
cuestiones intelectuales, sino a algo mucho más importante, a hacer que la vida sea más hermosa,
más interesante y mucho más divertida.
ÍNDICE DE CONTENIDO
PARTE I. ARCO TEÓRICO E IDEOLÓGICO DE LA PROPAGANDA IMPERIAL Y DEL CULTO TRIBUTADO AL PRIMUS INTER
PARES .................................................................................................................................................................. 21
CAP. II. JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO. TEORÍAS SOBRE LA REALEZA Y REALEZA MACEDÓNICA 51
I. 2. CIRCUNSTANCIAS QUE FAVORECIERON LOS HOMENAJES PÚBLICOS A JEFES POLÍTICOS Y MILITARES EN EL MUNDO
ROMANO ................................................................................................................................................ 94
CAP. IV. FIESTAS DEL ESTADO. CONMEMORACIÓN DE FECHAS Y PERSONAJES DE LA POLÍTICA IMPERIAL .................. 121
I. CALENDARIO FESTIVO ...............................................................................................................121
I.1. INTRODUCCIÓN ............................................................................................................................ 121
I. 2. FUENTES DOCUMENTALES ................................................................................................................ 126
I. 3. LA VACILACIÓN EN LA UTILIZACIÓN DEL TÍTULO DE DIVUS EN LOS DOCUMENTOS OFICIALES ....................... 128
8
PARTE II. PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA. DESARROLLO URBANÍSTICO DE COLONIAS,
MUNICIPIOS Y CIUDADES ESTIPENDIARIAS ............................................................................................................ 259
CAP. II. LUGARES DE REPRESENTACIÓN IMPERIAL EN COLONIA AUGUSTA EMERITA ............................................. 287
I. PROBLEMAS SOBRE LA FUNDACIÓN CESARIANA O AUGUSTEA DE EMERITA. FUENTES LITERARIAS, EPIGRÁFICAS Y
ARQUEOLÓGICAS .......................................................................................................................287
II. EVOLUCIÓN URBANÍSTICA E INTEGRACIÓN DE LOS PROGRAMAS ARQUITECTÓNICOS DE LA POLÍTICA IMPERIAL EN
EMERITA AUGUSTA ........................................................................................................................296
II. 1. ARQUEOLOGÍA EMERITENSE EN EL SIGLO XIX..................................................................................... 296
II. 2. EL LLAMADO “TEMPLO DE DIANA”- ¿TEMPLO DE CULTO IMPERIAL? ....................................................... 301
II. 2. 1. Material epigráfico vinculado al templo colonial............................................................. 305
II. 2. 2. Material escultórico y decorativo vinculado al templo colonial....................................... 310
II. 2. 2. 1. Fase de construcción del templo ............................................................................... 311
II. 2. 2. 2. Fase tiberiana y claudio-neroniana............................................................................ 312
II. 2. 2. 3. Fase flavia ................................................................................................................. 320
INTRODUCCIÓN Y ENFOQUE METODOLÓGICO 9
COL. IV. CORDUBA COLONIA PATRICIA. ESPACIOS DE REPRESENTACIÓN IMPERIAL Y COLABORACIÓN DE LAS ÉLITES
PROVINCIALES ................................................................................................................................................ 443
CAP. VII. DIFUSIÓN DE LA IDEOLOGÍA IMPERIAL EN COLONIA IULIA URBS TRIUMPHALIS TARRACO ..................... 607
I. TARRACO, PROPOMPEYANA Y PROCESARIANA .....................................................................................611
II. COLONIA Y CAPITAL DE LA PROVINCIA HISPANIA CITERIOR .......................................................................613
III. LA PRESENCIA DE AUGUSTO EN COLONIA IULIA URBS TRIUMPHALIS TARRACO..................................................617
III. 1 .EL ALTAR DE LA PALMERA............................................................................................................... 621
IV. LAS SERIES NUMISMÁTICAS DE ÉPOCA TIBERIANA: ALTAR, TEMPLOS Y DEO AUGUSTO ......................................626
IV. 1. DEO AUGUSTO/ AUGUSTO DEO ............................................................................................................ 629
V. EL URBANISMO DE TARRACO DURANTE LA DINASTÍA JULIO-CLAUDIA.........................................................636
V. 1. EL FORO COLONIAL ....................................................................................................................... 636
V. 1. 1.TEMPLO DEDICADO A JÚPITER CAPITOLINO ............................................................................... 638
V. 1. 2. LA BASÍLICA DEL FORO ........................................................................................................... 641
V. 1. 3. LA “PLAZA DE LAS ESTATUAS” ................................................................................................. 650
VI. EL TEATRO ..........................................................................................................................661
VI. 1. RESTOS EPIGRÁFICOS ..................................................................................................................... 663
VI. 2. RESTOS ESCULTÓRICOS ................................................................................................................. 671
VII. LA REFORMA URBANA EN ÉPOCA FLAVIA. EL PROYECTO DE MONUMENTALIZACIÓN DE LA PARTE ALTA DE TARRACO
.............................................................................................................................................678
VII. 1. RESTOS EPIGRÁFICOS DE LAS TERRAZAS DE TARRACO .......................................................................... 686
a) Dedicaciones honoríficas concedidas por el concilium provinciae Hispaniae citerioris. ... 687
INTRODUCCIÓN Y ENFOQUE METODOLÓGICO 11
1
U. Eco, Appunti per una semiologia della comunicazione visive, Milán 1967. Una buena síntesis de la
influencia de las teorías lingüísticas en la escritura de la Historia la ofrece P. Vázquez, “¿Qué le pasó al giro
lingüístico? De la narratividad a la interpretación en Historiografía”, RICE 22. 2, 2006, pp. 237-257.
2
F. Salcedo, Africa. Iconografía de una provincia romana, Madrid 1996, introducción y pp. 1-17.
14 ROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
3
J. P. Bost, “L´empereur parle a l´Empire: image et texte sur les monnaies du Haut-Empire romain”, Anejos
del AEspA XXXIII, 2004; A. Wallace-Hadrill, “Image and Authority in the Coinage of Augustus”, JRS 76,
1986, pp. 66-87; O. Hekster, “Coins and messages: audience targeting on coins of different denominations?”,
en The representation and perception of Roman Imperial Power. Proceedings of the third workshop of the
international network. Impact of Empire (Roman Empire c. 200 B.C.-A.D. 476), (Needherlands Institut in
Rome, 20-23 march), 2002, Amsterdam 2003, pp. 20-35.
INTRODUCCIÓN Y ENFOQUE METODOLÓGICO 15
4
S. Wood, Imperial women. A study in Public Images (40 BC- AD 68), Leiden, Boston, Colonia 1999, pp. 9
ss.
16 ROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
puesto que las esculturas producidas copiaban tipos y modelos oficiales generados por el
poder central, inalterables, creados para la manipulación de la opinión pública, las esculturas
imperiales, independientemente de quién pagara su realización, eran objetos de propaganda
imperial y no de culto al emperador. Los patronos y los miembros de las élites provinciales
promovían su reproducción para demostrar su lealtad al emperador, para afianzar un sistema
político que los beneficiaba y, por lo tanto, con la intención de mejorar su condición social y
política a través de la adulación del líder. Los prototipos escultóricos establecían el icono
que convenía ser divulgado para crear una imagen carismática del emperador y de su
familia, para establecer exempla de comportamiento cívico. Los miembros de la domus
Augusta hacían circular nuevos prototipos cuando se producían cambios políticos relevantes
que se querían dar a conocer y hacían uso de sus colaboradores más cercanos. Las ciudades
en su conjunto, los gobernadores provinciales y los comitentes privados, en particular,
deseosos de medrar en la escala social se encargaban de su reproducción e instalación en los
lugares más relevantes de las ciudades.
La arquitectura ha sido considerada también como un medio de comunicación de
masas, que, además de estar destinada a un fin concreto, sirve para la difusión de mensajes
entre diferentes grupos sociales. Para que tenga efecto como elemento coercitivo, es
necesario que la arquitectura esté ligada a una serie de reglas en un juego dialéctico del que
forma parte el conjunto de los “consumidores”, de los receptores e intérpretes de los
significantes icónicos incorporados a la macroestructura arquitectónica. Éstos deben
referirse al imaginario colectivo, deben satisfacer las expectativas, los intereses y las
exigencias del pueblo. Independientemente de la función primaria del objeto arquitectónico,
éste está dotado, por su forma, de una capacidad denotativa y connotativa. Por esa razón, no
se debe confundir ni extrapolar la función de un espacio arquitectónico a partir de los
elementos decorativos que éste incorpore, algo que se viene haciendo de forma reiterada en
el análisis de los conjuntos urbanísticos imperiales hispanos, interpretados de forma
automática como lugares o edificios de culto imperial desde el momento en que reproducen
motivos icónicos o elementos decorativos relacionados con la propaganda monárquica. La
arquitectura, como tipo particular de mass media, es un amplificador del mensaje
porpagandístico de la clase política, un canal a través del cual un mensaje se difunde
rápidamente y de forma más contundente entre un grupo numeroso de receptores5. Saussure
fue el primero en proponer el estudio de la arquitectura como un sistema de comunicación
de masas, aunque no hay que perder de vista que ésta, a diferencia de la lengua, suma a su
función primaria la capacidad de comunicación a través de elementos generados según
5
U. Eco, Función y signo: La semiótica de la arquitectura. En: El lenguaje de la arquitectura, Méjico 1984;
E. De Marrais, L. J. Castillo y T. Earle, “Ideology, Materialization and Power Strategies”, Current
Anthropology, 37, 1996, pp. 15-31; M. Parker y C. Richards, “Architecture and Order. Spacial Representation
and Archaeology”, en Architecture & Order. Approaches to Social Space, Nueva York- Londres 1999, pp. 38-
72; R. de Fusco, Arquitectura como “mass medium”. Notas para una semiología arquitectónica, Barcelona
1970.
INTRODUCCIÓN Y ENFOQUE METODOLÓGICO 17
6
P. Pensabene, “Mármoles y talleres en la Bética y otras áreas de la Hispania romana”
en D. Vaquerizo y J. F. Murillo (edd.), El concepto de lo provincial en el mundo antiguo, Córdoba 2006, p.
105.
18 ROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
ser considerados fruto de la propaganda imperial y cuáles están relacionados con el culto al
emperador. Cuando la traducción ha sido tomada de una versión española del texto clásico,
se indica entre paréntesis el nombre del autor que la realizó.
Es necesario subrayar también la diferencia que existió en el mundo antiguo entre el
culto entendido como manifestación de devoción a una divinidad y el culto entendido como
la manifestación de devoción hacia una persona, hacia un mortal. El culto a los dioses
romanos, claramente inserto en la esfera de lo religioso, se diferenciaba claramente del culto
tributado a los líderes políticos y a los adalides militares por parte del pueblo,
manifestaciones de “devoción” definidas por Tácito con el sustantivo adulatio. Los dos
ámbitos, el estrictamente sagrado y el político-religioso, nunca llegaron a confundirse,
aunque la política recurriese a la religión para legitimar su poder. Como bien advierte S. R.
F. Price, los dioses del panteón romano jamás fueron agentes de culto, jamás fueron
representados como ejecutantes de un ritual. Eran, simplemente, los destinatarios de dichos
rituales. Los emperadores, en cambio, elevados a la esfera de lo divino por muchos
investigadores, se representan no sólo como agentes de rituales dirigidos a los dioses, sino
como jefes espirituales del pueblo, promotores del culto a los dioses olímpicos, en los que
legitimaban sus actuaciones políticas. Sin una religión estable y sólida, el poder monárquico
no se hubiera consolidado.
Cuando R. Étienne escribió su monografía sobre el culto imperial en Hispania, Kur
Latte, según cuenta el autor, le escribió una carta diciéndole que el culto imperial era una
invención de los padres de la Iglesia y de los doctores de la fe cristiana7. En su época, como
actualmente, los investigadores han defendido o rebatido la existencia del culto imperial,
entendido como verdadera manifestación de devoción religiosa hacia un emperador
divinizado. Muchos de los argumentos utilizados para defender la teoría de un culto
religioso tributado a los divi se basa en pasajes literarios descontextualizados, en los que no
se han tenido en cuenta ni los elementos que influyeron en la producción del texto ni el
contexto sociocultural al que pertenecía su autor. Puesto que los rituales impuestos por
Roma para demostrar la lealtad a la potencia dominante fueron interpretados de forma muy
diferente por los pueblos sometidos, a la hora de interpretar los textos hay que tener en
cuenta el substrato cultural y religioso de quien los escribió. Lo que un pueblo,
acostumbrado a la parafernalia de Corte, aceptaba de forma casi espontánea, otros pueblos
(el judío, por ejemplo) lo interpretaron como un intento de igualación de un mortal con la
divinidad suprema que ellos adoraban, algo que se consideraba inaceptable.
Desde que R. Étienne publicara su libro Le culte impérial... en 1958, ejemplo de
investigación arqueológica para la España de aquella época, se han producido numerosos
hallazgos en los yacimientos de la Península. Se han descubierto ciudades de las que no se
tenían apenas noticias; el desarrollo urbanístico de las ciudades actuales a lo largo del siglo
7
Carta del 9 de julio de 1958, citada por R. Étienne en “Du nouveau sur le debut du culte impérial municipal
dans la Péninsule ibérique”, en A. Small, Subject and Ruler, JRA Supp. 17, Ann Arbor 1996, p. 153.
20 ROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
XX ha puesto al descubierto los restos romanos sobre los que éstas se levantaban; han
aparecido epígrafes, grupos escultóricos, edificios, nuevos textos jurídicos... La historia de
la arqueología española ha experimentado un intenso desarrollo, que se ha visto
complementado con numerosos descubrimientos producidos en diferentes países europeos,
que han modificado y rebatido ideas anteriormente aceptadas o que han corroborado
hipótesis propuestas hace tiempo. En el presente estudio sobre propaganda y culto imperial
en Hispania tratamos de hacer una revisión y una lectura crítica de la arqueología de ámbito
público teniendo en cuenta los nuevos hallazgos y las nuevas propuestas de interpretación.
Pero los descubrimientos más recientes no se pueden desvincular de los antiguos, ni de las
piezas que desde hace siglos se conocían en nuestro territorio. Por esa razón, incluimos en
algunos capítulos la información historiográfica que permite determinar con exactitud el
lugar en el que fueron descubiertas y poner en relación los restos arqueológicos con otros
materiales pertenecientes al mismo contexto en el que fueron hallados.
La enorme profusión bibliográfica que se ha generado en relación al tema tratado en
esta tesis y el intento de hacer un estudio conjunto de todos los materiales nos ha obligado a
establecer un criterio de selección de las ciudades que serán sometidas a análisis. Hemos
determinado estudiar las capitales de las tres provincias hispanas, Emerita Augusta,
Corduba y Tarraco. Puesto que las tres son colonias, es decir, tienen un sistema de
administración jurídica equivalente al de la Urbe, hemos seleccionado cuatro ciudades más
con diferente estatuto jurídico y con diferente substrato indígena, con el fin de establecer si
existen diferencias en la plasmación del culto y de la propaganda imperial y determinar si
dichas diferencias están relacionadas con el grado de romanización de los individuos que
habitaban en ellas.
Ha sido una constante en el estudio del culto imperial recopilar listas de sacerdotes
ligados a la gestión religioso-política de las ciudades, especialmente cuando la titulatura
sacerdotal iba determinada por un complemento en genitivo o por el adjetivo augustalis. La
elaboración de listas de personajes que cumplieron un sacerdocio municipal o provincial
durante su cursus honorum ha sobrevalorado la presencia y el papel de los flámines y
augustales de las ciudades. No se ha distinguido, por lo general, si el epígrafe era
conmemorativo o funerario, si el pedestal y la estatua del sacerdote estaban colocados en un
ámbito público o privado o si los epígrafes homenajeaban al conciudadano con brillante
carrera política y militar o al emperador. En nuestro estudio, daremos absoluta preferencia al
análisis contextual, es decir, nos interesa saber quiénes promovían la adulación política,
quiénes invertían sus fortunas en mejoras urbanísticas o en edificios para ensalzar el poder
de Roma, independientemente de que hubieran ejercido o no el flaminado o la augustalidad.
Como veremos, las manifestaciones de “culto imperial” en Hispania son mínimas y éstas se
integran dentro de un proceso más amplio de promoción social de las élites provinciales.
PRIMERA PARTE
I.1. EL CONCEPTO “hÀrwj” EN LOS POEMAS HOMÉRICOS. TÚMULOS EN LOS QUE SE CELEBRA
1
Od. XI. 29-36: polla\ de\ gounou/mhn neku/wn a)menhna\ ka/rhna, ƒ e)lqwÜn ei¹j ¹Iqa/khn steiÍran bou=n, hÀ
tij a)ri¿sth, ƒ r(e/cein e)n mega/roisi purh/n t' e)mplhse/men e)sqlw½n, ƒ Teiresi¿v d' a)pa/neuqen oÃi+n
i¸ereuse/men oiã% ƒ pamme/lan', oÁj mh/loisi metapre/pei h(mete/roisi. ƒ tou\j d' e)peiì eu)xwlv=si litv=si¿
te, eÃqnea nekrw½n, ƒ e)llisa/mhn, ta\ de\ mh=la labwÜn a)pedeiroto/mhsa ƒ e)j bo/qron, r(e/e d' aiâma
kelainefe/j: ai¸ d' a)ge/ronto. “Acto seguido, supliqué con fervor a las inanes cabezas de los muertos, y voté
que, cuando llegara a Ítaca les sacrificaría en el palacio una vaca no paridera, la mejor que hubiese, y que en su
obsequio llenaría la pira de cosas excelentes y también que a Tiresias le inmolaría aparte un carnero
completamente negro que descollase entre nuestros rebaños. Después de haber rogado con votos y súplicas al
pueblo de los difuntos, tomé las reses, las degollé encima del hoyo, corrió la negra sangre”.
2
Il.XVIII, 117: ou)de\ bi¿h ¸Hraklh=oj fu/ge kh=ra. “Ni siquiera el vigor de Heracles escapa a la muerte”.
ANTECEDENTES HELÉNICOS 25
carencia que los diferencia de los seres divinos: el sello de lo transitorio y de lo pasajero3;
oiàh per fu/llwn geneh\ toi¿h de\ kaiì a)ndrw½n4, “cual la generación de las hojas, así la de
los hombres”. El cuerpo, abandonado a la mutabilidad del tiempo, a la degeneración y a la
decrepitud, opone la criatura humana a aquellos que “son incesantemente”, oiJ aeiv ovnte"5.
Pero no sólo la muerte, Thánatos, establece la diferencia entre lo humano y lo divino, sino
también su hermano, Hýpnos, el sueño, y sus compañeros, Pónos, Limós, Gerás,
“cansancio, hambre y vejez”, todo aquello que limita la energía y la fuerza física de un
mortal, hijos además del Kháos, el bostezo originario, el abismo primordial. Los dioses
quedan definidos precisamente por la negación de lo mortal, aj-qavnatoi, por estar provistos
de una sangre incorruptible: ajmbroton ai`ma6, y por saciar su hambre con la divina
ambrosía.
Cuando llegaba la hora de la muerte y desaparecía la fuerza que parecía
inquebrantable, todas las almas se desdibujaban en una masa sombría de espíritus
indiferenciados; no existía para aquella mentalidad arcaica un mundo reservado a las almas
privilegiadas. El único modo de sobrevivir era a través de la fama, del recuerdo de los vivos,
de las fábulas narradas en las que se alababan y engrandecían las proezas y hazañas de
hombres heroicos, que servían de ejemplo al resto de los mortales7. Por ello, era
imprescindible la realización de los ritos funerarios – sin cuyo cumplimiento el muerto no
3
En relación a la concepción homérica del cuerpo y la diferenciación entre los humanos y los dioses que
refleja el léxico de la épica arcaica, véase el interesante artículo de J. P. Vernant, “Corps obscur, corps
éclatant”, Le temps de la réflexion 1986, pp. 19-45.
4
Il. VI, 146.
5
Sobre el concepto de eternidad divina, léase a E. Benveniste, “Expression indo-europeéne de l´eternité”,
Bulletin de la socièté de linguistique, 38, fasc. I, pp. 103-113.
6
Vésae N. Loraux, “Le corps vulnérable d´Arès”, Le temps de la réflexion, 1986, pp. 335-354.
7
Esta idea, fundamento de la ideología homérica, la expresó Simónides de Ceos con estas palabras (fr. 121):
“Dejando una fama inmortal aquí éstos en pro de su patria/ se vieron envueltos en la negra nube de la muerte./
No están muertos, aunque murieran, pues su valor/ del dominio del Hades los alza y corona de gloria”.
Es la misma idea que recogen las palabras de Héctor en Il. XXII, 304-305: “No, no puedo concebir morir sin
lucha ni sin gloria, sin realizar siquiera alguna hazaña cuyo relato sea conocido por los hombres del mañana”:
mh\ ma\n a)spoudi¿ ge kaiì a)kleiw½j a)poloi¿mhn,/ a)lla\ me/ga r(e/caj ti kaiì e)ssome/noisi puqe/sqai.
Tal es la bella muerte, kallós thánatos, que hace al joven guerrero igual al mejor, áristos, y que le otorga fama
eterna. Dice Sarpedón: “Si escapando a esta guerra pudiéramos vivir eternamente exentos de vejez y muerte,
ten por cierto que yo no lucharía en primera línea ni te lanzaría hacia esa batalla donde los hombres conquistan
la gloria... Pero, puesto que ningún mortal puede esperar no perecer, vayamos y concedamos la gloria a otro o
que él nos la conceda a nosotros” (Il. XII, 322-328: wÕ pe/pon ei¹ me\n ga\r po/lemon periì to/nde fugo/nte/
ai¹eiì dh\ me/lloimen a)gh/rw t' a)qana/tw te/ eÃssesq', ouÃte/ ken au)to\j e)niì prw¯toisi maxoi¿mhn/ ouÃte/
ke se\ ste/lloimi ma/xhn e)j kudia/neiran:/ nu=n d' eÃmphj ga\r kh=rej e)festa=sin qana/toio/ muri¿ai, aÁj
ou)k eÃsti fugeiÍn broto\n ou)d' u(palu/cai,/ iãomen h)e/ t% euÅxoj o)re/comen h)e/ tij h(miÍn.)
La idea aquí expresada coincide con el parecer de J. P. Vernant, “La bella muerte y el cadáver ultrajado”, El
individuo, la muerte y el amor en la Antigua Grecia, París 1989, publicado en francés en G. Gnoli y J. P.
Vernant (edd.), La mort, les morts dans les sociétés anciennes, “L´ideologie de la mort héroïque dans l´Iliade”,
Cambridge 1982, pp. 45-76. Léase también N. Loraux, “La belle mort ou l´impossible élaboration d´un bios
politikos”, en N. Loraux, L´invention d´Athènes. Histoire de l´oraison funèbre dans la “cité classique, París
1993.
26 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
hallaba descanso en el más allá8– y la vinculación de dichos ritos a un lugar fijo, para que la
regularidad y la repetición de los actos cultuales fuera posible. Ése lugar, que podía no
contener siquiera los restos del difunto, era la tumba, generalmente túmulo en la Edad
Oscura9, al que quedaba ligado el recuerdo imperecedero de la vida truncada del guerrero.
El terraplén, visible a larga distancia, quedaba integrado en el paisaje como hito
inconfundible en los derroteros de navegantes, asociado a un nombre mítico y a una historia
legendaria, repleta de episodios gloriosos, que conquistaba nuevas tierras y nuevos
significados al ritmo de las exploraciones de territorios aún desconocidos. Los términos
griegos que designan las tumbas de época arcaica son buena muestra de su función deíctica
y conmemorativa10: shvma es “señal” que marca el lugar donde descansa la memoria del
héroe (pues sus restos pueden reposar o no bajo esa tumba)11; mnhvma, de la raíz de
mimnevskw, ìrecordar”, y del mismo campo semántico que shvma, es usado para referirse a
las tumbas familiares y, en época arcaica, es el término utilizado con mayor frecuencia para
aludir a la tumba. El monumento funerario no sólo sirve como refuerzo de la memoria, sino
que se convierte también en objeto material para la manipulación simbólica12. Para recordar
la gloria imperecedera del héroe, klevo" ajfqiton13, la repetición periódica de canciones y
fiestas en honor al muerto quedaba unida al túmulo erigido. La tumba de guerreros
8
Il. XXIII, 72-74: qa/pte/ me oÀtti ta/xista pu/laj ¹Ai¿+dao perh/sw. ƒ th=le/ me eiãrgousi yuxaiì eiãdwla
kamo/ntwn, ƒ ou)de/ me/ pw mi¿sgesqai u(pe\r potamoiÍo e)w½sin, ƒ a)ll' auÃtwj a)la/lhmai a)n' eu)rupule\j
ãAi+doj dw½. “Entiérrame cuanto antes para que pase las puertas del Hades/ me cierran el paso las almas,
imágenes de los que fueron/ y no me dejan aún cruzar el río para juntarme con ellos/ mas por la mansión de
anchas puertas del Hades sin fin merodeo”.
9
Sirva de ejemplo la gran construcción de Lefkandi, excavada por Mervyn Popham, datada en torno al 950
a.C., y cuya grandeza remite al líder de la comunidad.
10
Sobre la terminología usada para los diferentes monumentos funerarios, léase Ch. Sourvinou-Inwood,
"Reading" greek death, to the End of the Classical Period, Clarendon Press-Oxford 1996, cap. III, “Signs of
the Dead: the grave monument in Homer and the Archaic Age”.
11
Il. XXIII, 255-257: tornw¯santo de\ sh=ma qemei¿lia/ te proba/lonto / a)mfiì purh/n: eiåqar de\ xuth\n
e)piì gaiÍan eÃxeuan, /xeu/antej de\ to\ sh=ma pa/lin ki¿on. “Y el redondel del sepulcro marcaron, y echaron
cimientos / en torno a la pira; y tierra en montón sobre ella vertieron; / y, alzado el sepulcro, tornaban al
campo.” (Trad. A. García Calvo).
En Il. VII, 336-337 se eleva un terraplén de tierra para guardar los cadáveres de los aqueos muertos en
combate. En este caso el túmulo recibe el nombre de tuvmbo", término que denota el túmulo con estela (como
demuestra el verso Il. XI, 372). La diferencia entre shvma y tuvmbo" depende de la mayor insistencia en la
función o en las características físicas del monumento fúnebre. Se usa formularmente xuth\n e)piì gaiÍan
eÃxeuan, con algunas variantes, en las descripciones de funerales en Od. III, 258; Il. VI, 464; XVI, 114, etc.
La tendencia a agrandar las dimensiones de las estelas que coronaban el túmulo para llamar la atención del
observador obligó a poner límites a su construcción y a regular la aparición de elementos ostentosos en la
arquitectura funeraria. Sobre el túmulo de tierra se permitía, en época de Demetrio Falereo, colocar una
columna de tres codos (1,32 m) únicamente, altura controlada por un magistrado nombrado para este propósito
(Cic. Leg. II.66). Platón limitaba la altura de la tumba al trabajo que pudieran realizar cinco hombres en cinco
días y prohibía situar sobre ella cualquier otro objeto que no fuese el elogio del muerto, nunca mayor de cuatro
hexámetros (Cic. Leg. II. 68).
12
En el epitafio de Midas atribuido a Cleóbulos de Rodas y en Simónides, fr. 581 PMG, se articula de manera
explícita la noción de que la tumba preserva la memoria del muerto.
13
Od IV.584: xeu=' ¹Agame/mnoni tu/mbon, iàn' aÃsbeston kle/oj eiãh. “Levantó la tumba a Agamenón, para
que tuviera una gloria imperecedera”.
ANTECEDENTES HELÉNICOS 27
14
Od. X.492-495: yuxv= xrhsome/nouj Qhbai¿ou Teiresi¿ao, ƒ ma/ntioj a)laou=, tou= te fre/nej eÃmpedoi¿
ei¹si: ƒ t%½ kaiì teqnhw½ti no/on po/re Persefo/neia ƒ oiã% pepnu=sqai: toiì de\ skiaiì a)i+s
¿ sousin. “(...)
para consultar al alma del tebano Tiresias, adivino ciego, cuyas mientes se conservan íntegras. A él tan sólo,
después de muerto, diole Perséfone inteligencia y saber, pues los demás revolotean como sombras”.
15
Burkert, en Glotta 39, 208-213, propone una etimología para Elysion, aceptada por Heubeck y West. Según
el investigador alemán el término se asocia a ejleuvsomai a través de ejnhluvsion “lugar golpeado por un rayo”
o de ejnhluvsio", “ser golpeado por el rayo”. La muerte causada por un rayo tenía una consideración especial
en el mundo griego y los que así morían eran enviados a un lugar privilegiado en el más allá (baste recordar el
mito de Semele y de Asclepio), al que se llamó Elysion, de donde la palabra pasó a significar el lugar del otro
mundo donde vivían los bienaventurados. Burkert explica la creación del vocablo Elysion en lugar de
Enelysion por un falso corte: ejnhlusivwi se entendió como ejn jHlusivwi. La idea del poder del fuego como
medio de inmortalización del difunto está presente también en los mitos de Tetis y Aquiles (en la versión en
que Tetis arroja a su hijo al fuego para otorgarle la vida eterna) y en el de Deméter y Demofonte, según el
Himno homérico a Deméter, 239-245. Se desconoce, sin embargo, el momento en el que nació la idea de
apoteosis vinculada a la incineración (Un interesante estudio sobre el Elýseon ha sido realizado por W. J.
Knight, Elysion: On Ancient Greek and Roman Beliefs concerning a Life after Death, Londres 1970. Los
Campos Elíseos se describen como un lugar situado en Occidente, en el extremo de la tierra, donde sopla el
Céfiro, donde no hay invierno ni nieve y se vive dichosamente: Od. IV, 563; Pind. Ol.II, 71 ss. (descripción de
las Makavrwn nhvsoi); Hes. Trabajos y días, 171 ss.
16
Plat. Symp. 202 d.13-e.7: kaiì ga\r pa=n to\ daimo/nion metacu/ e)sti qeou=
qeou te kaiì qnhtou=
qnhtou. Ti¿na, hÅn d'
e)gw¯, du/namin eÃxon; ¸Ermhneu=on kaiì diaporqmeu=on qeoiÍj ta\ par' a)nqrw¯pwn kaiì a)nqrw¯poij ta\
para\ qew½n, tw½n me\n ta\j deh/seij kaiì qusi¿aj, tw½n de\ ta\j e)pita/ceij te kaiì a)moiba\j tw½n qusiw½n...
“Y ciertamente todo “daimon” está entre un dios y un mortal. “¿Qué poder tenía?” – preguntaba yo. -
28 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
Informaba y llevaba a los dioses los asuntos de los hombres y a los hombres los asuntos de los dioses, en
relación a las súplicas y sacrificios incruentos por un lado y a los mandatos y respuestas de los sacrificios por
otro.
17
Hdt. Hist. I.168.3-7: ...ple/ontej e)piì th=j Qrhi¿khj kaiì e)nqau=ta eÃktisan po/lin ãAbdhra, th\n
pro/teroj tou/twn Klazome/nioj Timh/sioj kti¿saj ou)k a)pw¯nhto, a)ll' u(po\ Qrhi¿kwn e)celasqeiìj
tima\
tima\j nu=n u(po\ Thi¿wn tw½n e)n ¹Abdh/roisi w¨j hÀrwj eÃxei. “... navegando hacia Tracia, y allí fundaron la
ciudad de Abdera que, antes de ellos, había fundado el clazomenio Timesio, aunque sin resultado positivo,
pues fue expulsado de allí por los tracios, siendo honrado en la actualidad como un héroe por los teyos de
Abdera”. También en Ael., Var.Hist. XII.9.1-6.
18
Así se especifica en relación a Miltíades, cuyo culto heroico se celebraba en el Quersoneso: Hdt. Hist.
VI.38.4-7: Kai¿ oi¸ teleuth/santi XersonhsiÍtai qu/ousi w¨j no/moj oi¹kistv=, kaiì a)gw½na i¸ppiko/n te
kaiì gumniko\
gumniko\n e)pista=si, e)n t%½ Lamyakhnw½n ou)deniì e)ggi¿netai a)gwni¿zesqai. “Y los habitantes del
Quersoneso, como suele hacerse para recordar al fundador de una ciudad, ofrecen en su honor sacrificios y en
su memoria celebran un certamen ecuestre y atlético en el que no puede participar ningún natural de
Lámpsaco.”
Comparto la opinión de J.A. Hild, s.v. “heros”, Daremberg-Saglio, p. 146 cuando declara: “Le culte des
héros n`etant que la forme la plus relevée sous laquelle le sentiment religieux pouvait pratiquer le respect des
morts, on s´attend à ce que, par une conséquénce logique et rapide, il s´étende des personnalités fabuleuses ou
semi- historiques aux personnalités réelles, non plus seulement d´un temps reculé, mais de tous les temps, et
enfin que ses applications, de publiques et nationales qu´elles sont d´abord, se fassent insensiblement privées
et purement familiales”.
ANTECEDENTES HELÉNICOS 29
ausencia de los dioses, cada vez más parecidos a los hombres. La progresiva banalización
del mundo de los dioses movió al pueblo a la búsqueda de protectores más eficaces. El
acercamiento de la esfera divina a la humana hizo posible a su vez que personajes de la vida
real asumieran características divinas y que se rodearan de un halo sobrenatural que los
convertía en “héroes” de la comunidad. Son numerosos los ejemplos de ciudadanos que, por
su especial participación en la vida de la pólis o por ser protagonistas del restablecimiento
de la paz o de la libertad19, recibieron el homenaje espontáneo de sus conciudadanos: los
tiranicidas, Harmodio y Aristogitón, recibían honras fúnebres (e)nagi¿smata) por parte del
polemarco de Atenas20; Brásidas, considerado fundador de Anfípolis tras su victoria, recibió
un culto que sustituyó al que Hagnón recibía anteriormente, llegándose incluso a demoler
las construcciones que recordaban a éste como verdadero fundador21. Por la misma razón
que los anfipolitanos honraron a Brásidas, los siracusanos acordaron honrar como héroe
salvador a Dión en el 356 a.C.22. Entre las honras ofrecidas se contaban la celebración del
19
Arist. Pol. II. 7.13 (1267 a): “Y por eso los grandes honores se dan al que mata no a un ladrón, sino a un
tirano”.
20
Arist. Ath. Pol. 58.1-58.2: 58.1: ¸O de\ pole/marxos qu/ei me\n qusi¿aj tv= te ¹Arte/midi tv= a)grote/r#
kaiì t%½ ¹Enuali¿%, diati¿qhsi d' a)gw½na to\n e)pita/fion, kaiì toiÍj teteleuthko/sin e)n t%½ pole/m% kaiì
¸Armodi¿% kaiì ¹Aristogei¿toni e)nagi¿smata poieiÍ
poieiÍ. “El polemarcos realiza sacrificios incruentos en honor
de la Ártemis agreste y de Enualio, y además establece la competición fúnebre y realiza sacrificios en honor de
Harmodio y Aristogitón y de cuantos murieron en batalla”. Entre otras honras ofrecidas se contaban: la
erección de sus estatuas en el Ágora de Atenas, libaciones mortuorias y la entonación de un canto especial que
celebraba el coraje divino que había inspirado la liberación de la patria. Aristóteles (Pol. V. 10. 15, 1311a) y
Platón (Symp. 182 C) apuntaban como causa del tiranicidio la insolencia y calumnia de los Pisistrátidas hacia
Harmodio, cuya hermana había sido ultrajada. Tucídides (VI. 54), sin embargo, indica como causa una
rivalidad amorosa. Véase C. N. Fornara, “The cult of Harmodius and Aristogeiton”, Philologus 114, 1970, pp.
155 ss.
21
Thuc. Hist. V.11.1: meta\ de\ tau=ta to\n Brasi¿dan oi¸ cu/mmaxoi pa/ntej cu\n oÀploij e)pispo/menoi
dhmosi¿# eÃqayan e)n tv= po/lei pro\ pro\ th=j nu=n a)gora=j ouÃshj: kaiì to\ loipo\n oi¸ ¹AmfipoliÍtai,
periei¿rcantej au)tou= to\ mnhmeiÍon, n w¨j hÀrwi¿ te e)nte/mnousi kaiì tima\j dedw¯kasin a)gw½naj kaiì
e)thsi¿ouj qusi¿aj, j kaiì th\n a)poiki¿an w¨j oi¹kistv= prose/qesan, katabalo/ntej ta\ ¸Agnw¯neia
oi¹kodomh/mata kaiì a)fani¿santej eiã ti mnhmo/suno/n pou eÃmellen au)tou= th=j oi¹ki¿sewj
perie/sesqai, nomi¿santej to\n me\n Brasi¿dan swth=ra... a “Después de esto, todos los aliados participaron
con sus armas en las exequias de Brásidas, celebradas oficialmente, y le dieron sepultura dentro de la ciudad, a
la entrada de la plaza actual. Desde entonces los habitantes de Anfípolis, tras cercar el sepulcro con una verja,
hacen sacrificios en su honor en calidad de héroe y han establecido en señal de reconocimiento juegos y
sacrificios anuales y le han dedicado la ciudad, como si fuera el fundador de la colonia, tras haber demolido las
edificaciones de Hagnón y haber hecho desaparecer cualquier cosa que pudiera persistir como recuerdo de su
fundación de la colonia. Consideran a Brásidas como su salvador”. La sustitución del fundador Hagnón por
Brásidas responde a un fin puramente político, de alianzas e intereses de la ciudad en su relación con los
lacedemonios y atenienses. Es muy importante tener en cuenta el lugar en el que se erige la tumba del héroe
fundador, en este caso en la entrada de la plaza de Anfípolis. El sepulcro se protege mediante una verja que lo
rodea y se instituye la celebración de juegos y sacrificios anuales junto a él.
22
Diod. Sic. Hist. XVI.20.6: kaqara\n de\ tw½n nekrw½n poih/saj th\n po/lin kaiì tro/paion sth/saj
eÃquse toiÍj qeoiÍj u(pe\r th=j swthri¿aj. sunaxqei¿shj d' e)kklhsi¿aj o( me\n dh=moj eu)xaristw½n au)t%½
strathgo\n e)xeiroto/nhsen au)tokra/tora to\n Di¿wna kaiì tima\ tima\j a)pe/neimen h(rwika/j, o( de\ Di¿wn
a)kolou/qwj toiÍj pepragme/noij e)pieikw½j tou\j me\n e)xqrou\j aÀpantaj a)pe/luse tw½n e)gklhma/twn
((...). oi¸ de\ Surako/sioi pandh/moij e)pai¿noij kaiì a)podoxaiÍj mega/laij e)ti¿mwn to\
to\n eu)erge/thn w¨j
mo/non swth=ra gegono/ta th=j patri¿doj. “Después de haber limpiado de cadáveres la ciudad y de haber
levantado un trofeo, ofreció sacrificios a los dioses por la salvación. Convocada la asamblea, el pueblo
expresando su gratitud hacia él eligió a Dión como general con pleno poder y acordó honores heroicos para él
30 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
nacimiento del héroe23 con carreras ecuestres y certámenes gimnásticos y musicales, tal
como establecieron los siracusanos para Timoleón, hijo de Timaineto, en agradecimiento a
la libertad conquistada24. La conmoción general del pueblo liberado del tirano Laphystio25 y
el luto sentido implicaban el nombramiento casi inmediato del benefactor como héroe
popular al que venerar periódicamente, para que el recuerdo del bien realizado (la dotación
de leyes y la muerte de los tiranos, entre otras causas) no se perdiera jamás26. El decreto en
y Dión, en conformidad con su conducta absolvió a todos sus enemigos personales de los cargos imputados en
su contra (...). Los siracusanos, con plegarias estatales y con elaborados testimonios de aprobación, honraron a
su benefactor como el único salvador de su tierra natal”.
23
Sobre la conmemoración del día del nacimiento, léase: W. Schmidt, s.v. “Geburtstag im Altertum”,
Religionsgeschichte Versuche und Vorarbeiten, VII. 1, Giessen 1908, pp. 1, 10. 18.
24
Diod. Sic. Hist. XVI, 90, 1.1- 1.15: de\ th\n Sikeli¿an Timole/wn o( Kori¿nqioj aÀpanta toiÍj
Surakosi¿oij kaiì toiÍj Sikeliw¯taij katwrqwkwÜj e)teleu/thse, strathgh/saj eÃth o)ktw¯. oi¸ de\
Surako/sioi mega/lwj a)podedegme/noi to\n aÃndra dia/ te th\n a)reth\n kaiì to\ me/geqoj tw½n
eu)ergesiw½n megaloprepw½j eÃqayan au)to\n kaiì kata\ th\n e)kfora\n a)qroisqe/ntoj tou= plh/qouj to/de
to\
to\ yh/fisma a)nhgo/reusen <o( Dhmh/trioj oÁj hÅn megalofwno/tatoj tw½n to/te khru/kwn: e)yh/fistai>
o( da=moj tw½n Surakosi¿wn Timole/onta Timaine/tou ui¸o\n to/nde qa/ptein me\n a)po\ diakosia=n mna=n,
tima=sqai de\ ei¹j to\n aÀpanta xro/non a)gw¯nessi mousikoiÍj kaiì i¸ppikoiÍj kaiì gumnikoiÍj, oÀti tou\j
tura/nnouj katalu/saj kaiì tou\j barba/rouj katapolemh/saj kaiì ta\j megi¿staj tw½n ¸Ellhni¿dwn
po/lewn a)noiki¿saj aiãtioj e)genh/qh ta=j e)leuqeri¿aj toiÍj Sikeliw¯taij. “Timoleón murió en Sicilia
después de poner en orden todos los asuntos de los siracusanos y de los siciliotas y tras haberlos comandado
durante ocho años. Los siracusanos lo reverenciaron extraordinariamente por su virtud y por la grandeza de sus
servicios y lo enterraron magníficamente y se proclamó el siguiente decreto cuando el cuerpo se llevó en
presencia de las masas. Demetrio, que tenía la más poderosa voz de todos los caballeros de su tiempo dijo: “El
pueblo de los siracusanos ha votado enterrar a Timoleón, hijo de Timaineto, de Corinto, por el precio de
doscientas minas, y rendirle homenaje al final de su vida con certámenes de música, carreras ecuestres y
juegos gimnásticos, porque él destruyó a los tiranos, venció a los bárbaros y restableció la grandeza de las
ciudades griegas y así se convirtió en la causa de la libertad para los griegos de Sicilia”.
25
Hace referencia a él Corn. Nepos Vit. Timol. V.1.1-V.4.3.
26
Plut. Tim. 39.1-7, describe con mayor detalle el sentimiento que la muerte de Timoleón produjo entre los
siracusanos: ¹En toiau/tv de\ ghrotrofou/menoj timv= met' eu)noi¿aj wÐsper path\r koino/j, e)k mikra=j
profa/sewj t%½ xro/n% sunefayame/nhj e)teleu/thsen. h(merw½n de\ doqeisw½n, toiÍj me\n Surakosi¿oij
ei¹j to\ paraskeua/sai ta\ periì th\n tafh/n, toiÍj de\ perioi¿koij kaiì ce/noij ei¹j to\ sunelqeiÍn, ta/ t'
aÃlla lampra=j xorhgi¿aj eÃtuxe, kaiì to\ le/xoj oi¸ yh/f% tw½n neani¿skwn prokriqe/ntej eÃferon
kekosmhme/non dia\ tw½n Dionusi¿ou turannei¿wn to/te kateskamme/nwn. prouÃpempon de\ pollaiì
muria/dej a)ndrw½n kaiì gunaikw½n, wÒn oÃyij me\n hÅn e(ortv= pre/pousa, pa/ntwn e)stefanwme/nwn kaiì
kaqara\j e)sqh=taj forou/ntwn, fwnaiì de\ kaiì da/krua, sugkekrame/na t%½ makarism%½ tou=
teqnhko/toj,
oj ou) timh=j a)fosi¿wsin ou)de\ leitourgi¿an e)k probouleu/matoj, a)lla\ po/qon di¿kaion
e)pedei¿knunto kaiì xa/rin a)lhqinh=j eu)noi¿aj. te/loj de\ th=j kli¿nhj e)piì th\n pura\n teqei¿shj,
Dhmh/trioj, oÁj hÅn megalofwno/tatoj tw½n to/te khru/kwn, gegramme/non a)neiÍpe kh/rugma toiou=ton: "o(
dh=moj tw½n Surakosi¿wn Timole/onta Timodh/mou Kori¿nqion [to/nde] qa/ptei me\n <a)po\> diakosi¿wn
mnw½n, e)ti¿mhse d' ei¹j to\n aÀpanta xro/non a)gw½si mousikoiÍj i¸ppikoiÍj gumnikoiÍj, oÀti tou\j
tura/nnouj katalu/saj, kaiì tou\j barba/rouj katapolemh/saj, kaiì ta\j megi¿staj tw½n a)nasta/twn
po/lewn <a)n>oiki¿saj, a)pe/dwke tou\j no/mouj toiÍj Sikeliw¯taij." e)poih/santo de\ th\ th\n tafh\
tafh\n tou=
sw¯matoj e)n a)gor#=, kaiì stoa\stoa\j uÀsteron peribalo/ntej kaiì palai¿straj e)noikodomh/santej,
gumna/sion toiÍj ne/oij a)nh=kan kaiì Timoleo/nteion proshgo/reusan. au)toiì de\ xrw¯menoi politei¿#
kaiì no/moij ouÁj e)keiÍnoj kate/sthsen, e)piì polu\n xro/non eu)daimonou=ntej diete/lesan. “Envejeciendo,
pues, en medio de tanto honor y benevolencia como padre común de todos, a la mínima ocasión, que agravó su
edad, falleció finalmente. Diéronse algunos días a los siracusanos para disponer su entierro y a los
circunvecinos y forasteros para concurrir a él. Dispusiéronse coros brillantes, y jóvenes señalados de antemano
por un decreto llevaron el féretro, ricamente adornado, pasándolo por los alcázares tiránicos de los Dionisios,
entonces asolados. Acompañáronle millares y millares de hombres y mujeres, que hacían una perspectiva muy
ANTECEDENTES HELÉNICOS 31
el que se proclamaban las virtudes del muerto y se enumeraban las honras era hecho público
por un heraldo. Del mismo modo eran realizados los funera indictiva en Roma, de uno de
los cuales, el celebrado en honor a Germánico en el año 19 d.C., se tratará en el capítulo
dedicado a las fiestas del Estado. Tanto el contenido como la duración del elogio fúnebre,
así como la persona que lo hacía público estaban regulados por las leyes desde la época de
Solón27. Según Aristóteles, Hipódamo de Mileto, inventor del trazado regular de las
ciudades, fue el primero que razonó acerca del mejor régimen político y, en el ideal que
proyectaba, se contaba ya con un sistema de honras especiales para quienes aportaran
alguna cosa útil a la ciudad. Instituía, entre otras cosas, que las familias de los muertos en la
guerra fueran compensadas con una paga vitalicia por cuenta del erario público28.
A partir de la descripción de Plutarco, sabemos que la tumba del honrado y
celebrado ciudadano Timoléon fue situada en el ágora, como la de Brásidas en Anfípolis, y
que, tras el enterramiento, se amplió el lugar de culto al levantarse en derredor un pórtico
(estoa), una palestra y un gimnasio, conocidos como Timoleóntion. En Naxos, por ejemplo,
decorosa, como en una solemnidad, llevando todos coronas y vestidos de fiesta; mas los gritos y lágrimas,
mezclados con los elogios del muerto, lo que demostraban era, no un oficio de honor ni unas exequias
ordenadas de antemano, sino un dolor justo y el reconocimiento que inspira un amor verdadero. Al final,
colocado el féretro en la pira, Demetrio, que era de los heraldos el que tenía más voz, hizo público este pregón
que llevaba escrito: “El pueblo de los siracusanos ofrece doscientas minas para el entierro de Timoleón, hijo de
Timodemo, natural de Corinto, y decreta honrarle perpetuamente con agones musicales, competiciones
ecuestres y gimnásticas, porque, habiendo abatido a los tiranos, vencido a los bárbaros y repoblado muchas
ciudades desiertas, dio leyes a los sicilianos”. Púsose su monumento en la plaza, y cercándole más adelante
con pórticos y edificando palestras, formaron para los jóvenes un gimnasio, que llamaron Timoleontio: y ellos,
disfrutando del gobierno y leyes que les estableció, por largo tiempo vivieron prósperos y felices”.
27
Solón puso límite a las expresiones de luto que se manifestaban en los funerales. En su legislación
contemplaba el control del número de asistentes, para disminuir la expresión de dolor, y la prohibición de que
se acompañase al cadáver con lamentaciones, recogida también en la ley de las XII tablas. El respeto a las
tumbas estaba también reglamentado en las leyes de Solón, así como su magnificencia. Únicamente se
permitía hacer el elogio del muerto en las tumbas públicas y a quien estuviera designado para ello. Cicerón lo
detalla en el siguiente pasaje (Leg. II. 64): De sepulcris autem nihil est apud Solonem amplius quam 'ne quis
ea deleat neue alienum inferat', poenaque est, 'si quis bustum (nam id puto appellari TU/MBON) aut
monumentum' inquit 'aut columnam uiolarit, deiecerit, fregerit'. Sed post aliquanto propter has amplitudines
sepulcrorum, quas in Ceramico uidemus, lege sanctum est, 'ne quis sepulcrum faceret operosius quam quod
decem homines effecerint triduo', neque id opere tectorio exornari, nec 'hermas' hos quos uocant, licebat
imponi nec de mortui laude nisi in publicis sepulturis, nec ab alio nisi qui publice ad eam rem constitutus esset
dici licebat. Sublata etiam erat celebritas uirorum ac mulierum, quo lamentatio minueretur; <auget> enim
luctum concursus hominum. Quocirca Pittacus omnino accedere quemquam uetat in funus ali<en>orum. Sed
ait rursus idem Demetrius increbuisse eam funerum sepulcrorumque magnificentiam, quae nunc fere Romae
est. “En relación a los sepulcros en Solón no leemos más que la prohibición de que “nadie los destruya ni
introduzca en ellos un cadáver extraño a la familia” y determina el castigo para quien “viole, deteriore o rompa
una tumba (creo que así podemos traducir la palabra tymbon), un monumento o una columna funeraria.” Pero
algo después, debido a la magnificencia de los sepucros, que vemos en el Cerámico, se estableció una ley “que
nadie hiciera un sepulcro que requiriera más trabajo que el que podían realizar diez hombres en tres días” y
que no debían decorarse con estuco ni adornarse con las estatuillas llamadas hermes, ni hacer el elogio del
muerto más que en las sepulturas públicas y por quien estaba designado para ello. Se suprimió también la
concurrencia numerosa de hombres y mujeres, para que disminuyeran las lamentaciones, pues es claro que con
el concurso de personas se aumenta la expresión de dolor. Por este motivo prohíbe absolutamente Pítaco asistir
a los funerales de otro. Pero dice el mismo Demetrio que se renovó el lujo de los funerales y de las tumbas, tal,
poco más o menos, como ahora en Roma”. (Trad. J. Guillén, Ed. Tecnos, 20003). Véase C. Clairmont, Patrios
nomos. Public burial at Athens during the fifth and fourth centuries b. C., Oxford 1983.
28
Arist. Pol. II. 8. 3 (1267b).
32 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
una mujer de nombre Policrités fue considerada salvadora de la patria por haber encendido
el amor de un general enemigo y por haber evitado con su pasión la destrucción de su
pueblo29. Con gran pompa y boato, los habitantes de Sición rendían homenaje a Arato, al
que consideraban como un héroe: se celebraban dos fiestas, las Soteria, en honor a Zeus
Sóter el día en que Arato los liberó de los tiranos, y una segunda, que conmemoraba el día
del nacimiento del tiranicida30; los juegos escénicos y la procesión constituían los elementos
más llamativos de la fiesta. En la Arcadia, los habitantes de Megalópolis decidieron erigir
algunas estatuas a Philopoemen y levantar en su honor un altar en el interior de un témenos.
Con el nombre de Soteria se bautizaron también los juegos gimnásticos y las carreras
hípicas que se realizaban en su honor31. A veces los certámenes poéticos formaban parte de
29
Parthen.IX.8.6-9: kaiì au)th\n dhmosi¿# qa/ptousin e)n t%½ pedi¿% pa/nta e(kato\n e)nagi¿santej
au)tv=. “Y a ésta la enterraron por orden del Estado en la llanura, haciendo cien sacrificios en su honor”.
30
Plut. Arat. 53: komisqei¿shj de\ th=j mantei¿aj, oià t' ¹Axaioiì su/mpantej hÀsqhsan diafero/ntwj, kaiì
oi¸ Sikuw¯nioi metabalo/ntej ei¹j e(orth\n to\ pe/nqoj eu)qu\j e)k tou= Ai¹gi¿ou to\n nekro\n e)stefanwme/noi
kaiì leuxeimonou=ntej u(po\ paia/nwn kaiì xorw½n ei¹j th\n po/lin a)nh=gon, kaiì to/pon e)celo/menoi
peri¿opton wÐsper oi¹kisth\n kaiì swth=ra th=j po/lewj e)khdeusan. kaiì kaleiÍtai me/xri nu=n
¹Ara/teion, kaiì qu/ousin au)t%½ qusi¿aj, th\n me/n, v th\n po/lin a)ph/llace th=j turanni¿doj, h(me/r#
pe/mptv Daisi¿ou mhno/j, oÁn ¹AqhnaiÍoi kalou=sin ¹Anqesthriw½na, kaiì th\n qusi¿an e)kei¿nhn Swth/ria
prosagoreu/ousi, th\n de\ tou= mhno\j e)n %Ò gene/sqai to\n aÃndra diamnhmoneu/ousi. th=j me\n ouÅn
prote/raj <o(> tou= Dio\j tou= Swth=roj kath/rxeto quhpo/loj, th=j de\ deute/raj o( tou= ¹Ara/tou,
stro/fion ou)x o(lo/leukon, a)lla\ mesopo/rfuron eÃxwn: me/lh d' vÃdeto pro\j kiqa/ran u(po\ tw½n periì
to\n Dio/nuson texnitw½n, kaiì sunepo/mpeuen o( gumnasi¿arxoj, h(gou/menoj tw½n te pai¿dwn kaiì tw½n
e)fh/bwn, eiåt' e)fei¿peq' h( boulh\ stefanhforou=sa, kaiì tw½n aÃllwn politw½n o( boulo/menoj. wÒn eÃti
dei¿gmata mikra\ taiÍj h(me/raij e)kei¿naij e)cosiou/menoi diafula/ttousin: ai¸ de\ pleiÍstai tw½n timw½n
u(po\ xro/nou kaiì pragma/twn aÃllwn e)kleloi¿pasin. “Muerto Arato de esta manera en Egio en su
decimoséptimo generalato, deseaban los aqueos que allí fuese sepultado y que se le erigiesen los monumentos
correspondientes a sus hazañas; los de Sición miraban como una calamidad el que el cuerpo no pudiera ser
entre ellos depositado, pues aunque habían alcanzado de los aqueos que se lo permitieran, había una ley que
prohibía que nadie fuera sepultado dentro de los muros; y como sobre la observancia de esta ley hubiese una
poderosa superstición, enviaron a Delfos a consultar a la Pitia sobre este objeto, y la Pitia les dio este oráculo
¿Consultas ¡oh Sición! qué premio por tu salud dispensarás a Arato y qué honores y exequias funerales harás
al héroe que sin vida yace? Quien a honrarle se oponga será impío contra el cielo extendido, el mar y tierra.
Traído el oráculo, se alegraron todos los aqueos, especialmente los sicionios, y convirtiendo el duelo en fiesta,
al punto trasladaron el cadáver, coronados de flores y vestidos de blanco, con cánticos de regocijo y con coros,
de Egio a la ciudad; y habiendo designado un lugar vistoso, le hicieron el entierro que correspondía a su
fundador y salvador. El sitio llámase hasta ahora Aracio, y se le hacían sacrificios, uno el día en que los libró
de la tiranía, que es el quinto del mes Desio, llamado por los atenienses Antesterión, dando a este sacrificio el
nombre de Sotería, y el otro, el día en que hacen conmemoración de su nacimiento. El primero lo presidía el
sacerdote de Zeus Salvador, y el segundo el de Arato, llevando una venda no del todo blanca, sino entretejida
con púrpura. Cantábanse a la cítara himnos por los actores del teatro, y conducía el gimnasiarca la pompa de
los muchachos y mancebos, siguiéndose luego el consejo coronado, y de los ciudadanos el que quería. De todo
esto conservan algunas leves muestras para celebrar aquellos días; pero la mayor parte de los honores
referidos, con el tiempo y la serie de otros sucesos, han caído en desuso”.
31
Plut. Phil. 21.3-10: To\ de\ sw½ma kau/santej au)tou= kaiì ta\ lei¿yana sunqe/ntej ei¹j u(dri¿an
a)nezeu/gnusan, ou)k a)ta/ktwj ou)d' w¨j eÃtuxen, a)ll' e)pini¿kio/n tina pomph\n aÀma taiÍj tafaiÍj
mei¿cantej. hÅn me\n ga\r e)stefanwme/nouj i¹deiÍn, hÅn de\ tou\j au)tou\j kai dakru/ontaj, hÅn de\ tou\j
e)xqrou\j desmi¿ouj a)gome/nouj. au)th\n de\ th\n u(dri¿an u(po\ plh/qouj tainiw½n te kaiì stefa/nwn mo/lij
o(rwme/nhn e)ko/mizen o( tou= strathgou= tw½n ¹Axaiw½n paiÍj Polu/bioj kaiì periì au)to\n oi¸ prw½toi tw½n
¹Axaiw½n. oi¸ de\ stratiw½tai <kaq>wplisme/noi me\n au)toi¿, toiÍj d' iàppoij kekosmhme/noij
e)phkolou/qoun, ouÃq' oiâon e)piì pe/nqei tosou/t% kathfeiÍj, ouÃte tv= ni¿kv gauriw½ntej. e)k de\ tw½n dia\
ANTECEDENTES HELÉNICOS 33
me/sou po/lewn kaiì kwmw½n a)pantw½ntej, wÐsper au)to\n a)po\ stratei¿aj e)panio/nta deciou/menoi, th=j
u(dri¿aj e)fh/ptonto kaiì sumproh=gon ei¹j Mega/lhn po/lin. w¨j ouÅn sunanemei¿xqhsan au)toiÍj oi¸
presbu/teroi meta\ gunaikw½n kaiì pai¿dwn, o)lofurmo\j hÃdh dia\ panto\j e)xw¯rei tou= strateu/matoj
‚‚‚‚ ei¹j th\n po/lin, e)pipoqou=san to\n aÃndra kaiì bare/wj fe/rousan, oi¹ome/nhn sunapobeblhke/nai
to\ prwteu/ein e)n toiÍj ¹AxaioiÍj. e)ta/fh me\n ouÅn w¨j ei¹ko\j e)ndo/cwj, kaiì periì to\ mnhmeiÍon oi¸ tw½n
Messhni¿wn ai¹xma/lwtoi kateleu/sqhsan. de\ pollw½n me\n ei¹ko/nwn au)tou=, mega/lwn de\ timw½n mw½n
aÁj ai¸ po/leij e)yhfi¿santo, ¸RwmaiÍoj a)nh\r e)n toiÍj periì Ko/rinqon a)tuxh/masi th=j ¸Ella/doj
e)pexei¿rhsen a)neleiÍn a(pa/saj kaiì diw¯kein au)to/n, e)ndeiknu/menoj wÐsper eÃti zw½nta ¸Rwmai¿oij
pole/mion kaiì kako/noun gene/sqai. “Quemaron luego el cuerpo de Philopoemen y, recogiendo en una urna
los despojos, dispusieron su traslado, no sin orden ni concierto, sino reuniendo con las exequias una pompa
triunfal, porque a un mismo tiempo se les veía ceñir coronas y derramar lágrimas; y juntamente con los
enemigos cautivos se veía la urna tan cubierta de cintas y coronas que apenas podía distinguirse. La portaba
Polibio, hijo del general de los aqueos y, a su lado, iban los más destacados de entre ellos. Los soldados,
armados y con los caballos vistosamente enjaezados, seguían la pompa, ni tan tristes como en tan lamentable
caso, ni tan alegres como en una victoria. De las ciudades y pueblos por los que pasaban salían al encuentro
como para recibirlo cuando volvía de la batalla. Se acercaban a la urna y concurrían a llevarla a Megalópolis.
Cuando ya pudieron incorporárse los ancianos con las mujeres y los niños, el llanto del ejército discurrió por
toda la ciudad, afligida y desconsolada con tal pérdida, previendo que decaía al mismo tiempo la gloria de
tener el primer lugar entre los aqueos. Se le dio, por tanto, honrosa sepultura como correspondía y en las
inmediaciones de su sepulcro fueron apedreados los cautivos de los Mesenios. Siendo muchas sus estatuas y
muchos los honores que las ciudades decretaron en su honor, hubo un romano que en los infortunios que la
Grecia experimentó en Corinto propuso que se destruyeran todas, para perseguirle después de muerto, como
manifestación de que durante su vida había sido contrario y enemigo de los romanos.”
32
L. Ross, Inscr. Grae.. Ineditae, III, 311, inscripción de la isla de Cos en la que se describe un cenismó» en
honor a Heracles.
33
L. Ross Taylor, The divinity of the roman emperor, Conettica 1931, pp. 9-10. La autora pone en relación el
agathodaimon con el fravashi persa y el ka egipcio, relacionados con el genius romano.
34
Suda, s.v. Klearchos, 1714.18-21: proskuneiÍsqai de\ kaiì taiÍj tw½n ¹Olumpi¿wn gerai¿resqai timaiÍj
h)ci¿ou kaiì stola\j hÃsqhto qeoiÍj sunh/qeij kaiì toiÍj a)ga/lmasi toiÍj e)kei¿nwn e)piprepou/saj: to/n te
34 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
especiales por parte de los atenienses, que habían sido liberados por aquéllos de un régimen
opresor. En el año 307 a. C., los dos reyes helenísticos fueron aclamados con el título de
“rey”; se concedió el que sus imágenes fuesen bordadas en el péplos de Atenea junto a la de
otros dioses; se cambió el nombre del mes de munichion (enero) por el de demétrion; se
dedicó un altar en el lugar en el que Demetrio había descendido por primera vez de su carro,
que le dio el epíteto de Katabaités y se hacían fiestas semejantes a las dedicadas a Deméter
y Diónisos cada vez que ambos llegaban a Atenas. En el año 290 a.C., Atenas dedicó un
himno a la gloria de Demetrio, al que exaltaba como el más grande, el más bello y el más
querido por los dioses, hijo de Poseidón y de Afrodita. En un fragmento lírico griego se
revela la razón de tanta exaltación de los libertadores: ellos eran los únicos capaces de
asegurar la paz y el bienestar a un pueblo que consideraba que los dioses estaban demasiado
lejos como para garantizarles la ayuda: “Porque los demás dioses están demasiado lejos,
donde ellos no pueden oír, donde ellos no se ocupan para nada de nosotros; a ti nosotros te
tenemos presente, no de madera ni de piedra, sino de verdad; nosotros te suplicamos que nos
des la paz”35. Los reyes helenísticos, ligados por sus acciones a libertadores del pueblo,
benefactores o fundadores, eran considerados hombres dotados de cualidades divinas, por lo
que podían recibir honores “semejantes” (wj") a los divinos. Pero, puesto que esa “piedad”
popular dependía de la política, si el honrado perdía su poder, las honras desaparecían36.
Como se verá más adelante, en el mundo romano de fines de la República y durante
el Principado y la Monarquía, el pueblo eligió el mismo modo de honrar a determinados
personajes y de mantener el recuerdo de acontecimientos fundamentales de su historia. La
celebración anual del natalicio de un emperador o de un evergeta, la realización de
competiciones gimnásticas, juegos, certámenes teatrales y musicales, banquetes públicos,
oraciones de agradecimiento, plegarias por la salud del benefactor, inclusión en rezos y
juramentos, etc., constituían un medio eficaz para recuperar y afianzar determinados
recuerdos. Tal como sucedía en el mundo griego, en el mundo romano la práctica estaba
condicionada por intereses políticos y la conservación del recuerdo de algunos difuntos o
sucesos se debía, no tanto a los méritos o la importancia de aquéllos, como al futuro de los
herederos y de la propia política imperial37. Por otro lado, fue esencial también tanto en el
ui¸o\n to\n e(autou= Kerauno\n e)ka/lesen. “Se consideraba digno de que se arrodillaran ante él y de ser
honrado con honores propios de los Olímpicos y vestía estola como amigo de los dioses y se mostraba en
estatuas como las de aquéllos. Llamó a su hijo “Keraunós” (Rayo)”.
35
FGrHist. II, 76, F 13 = Ateneo 6, 253 D-F.
36
J. Béranger, “Grandeur et servitude du souverain hellénistique”, Principatus. Ètudes de notions et d´histoire
politiques dans l´Antiquitè gréco-romaine, Ginebra 1975, pp. 35-48 (en especial p. 41).
37
El importante papel que desarrolla el héroon en relación con la formación de una conciencia política en el
nacimiento de las ciudades y de las colonias está desarrollado por C. Bérard, “Récupérer la mort du prince:
héroïsation et formation de la cité”, en G. Gnoli y J. P. Vernant, La mort, les morts..., o.c. pp. 89-105. Recojo
una de las citas que me parecen más interesantes para el análisis posterior del culto al emperador en el Imperio
Romano: “L´héroïsation a son rôle à jouer dans ce processus: elle facilite aux grands genê la récupération de
ces privilèges royaux. Dès le VIIIe siècle, le héros incarne l´un des avatars du roi préhistorique. Il en conserve
le prestige, mais non les aspects absolutistes, desormais intolérables. Et puisqu´il est mort, finalement, il ne
saurait perturber le délicat équilibre qui s´instaure entre les nouveaux responsables. On peut lui demander
conseil puisqu´il habite souvent sur l´agora, et lui faire dire ce que l´on veut, pour le moins lui faire cautionner
ANTECEDENTES HELÉNICOS 35
mundo romano como en el griego el lugar que ocuparon los propios monumentos
conmemorativos, a veces, la tumba misma de aquellos seleccionados por la memoria
histórica, que podía llegar a ser transformada e integrada en el proceso de urbanización y
ampliación de las ciudades.
El valor que la tumba y los monumentos honoríficos tenían para el recuerdo y la
perpetuación de la memoria de un personaje de la vida pública se pone de manifiesto en una
cita de Plinio, en la que vincula la tradición de representación del mundo romano a las
prácticas de conmemoración “heroica” del mundo griego: “No sé si fueron los atenienses los
primeros que erigieron estatuas con fondos públicos a los tiranicidas Harmodio y
Aristogitón. Esto sucedió en el mismo año en el que los reyes de Roma fueron expulsados.
Después, este uso fue adoptado por todo el orbe de las tierras a causa de una ambición muy
humana: que, en los foros de todos los municipios, las estatuas comenzaran a ser ornamento
y que fuera propagada la memoria de los hombres, y que sus honores fueran inscritos en los
pedestales para que pudiera leerlos la posteridad y no se leyeran sólo en los sepulcros.
Después, incluso se hizo un “foro” en las casas particulares; la consideración de los clientes
decidió honrar así a sus patronos en los atrios de las mismas”38.
le nouveau régime. Il en légitime les décisions dans la continuité dynastique... l´héroïsation est une allégorie de
la royauté, c´est-à-dire un moyen détourné, littéralement autre, de dire la royauté et d´en récupérer certaines
prérogatives disparues avec l´abolition de l´exercice monarchique.”, (Ibidem, p. 98). Las tumbas se convierten
en un emblema de perennidad, continuidad y estabilidad de la comunidad. “Les cercles aristocratiques, n´en
doutons pas, savent faire parler le mort pour justifier leurs initiatives politiques” (Ibidem, p. 102).
38
PlinSen Nat 34.17.1-10: Athenienses nescio an primis omnium Harmodio et Aristogitoni tyrannicidis
publice posuerint statuas. hoc actum est eodem anno, quo et Romae reges pulsi. excepta deinde res est a toto
orbe terrarum humanissima ambitione, et in omnium municipiorum foris statuae ornamentum esse coepere
propagarique memoria hominum et honores legendi aevo basibus inscribi, ne in sepulcris tantum legerentur.
mox forum et in domibus privatis factum atque in atriis: honos clientium instituit sic colere patronos. El
pasaje fue citado por J. Ruiz de Arbulo, “El foro de Tarraco”, Cypsela 8, 1990, p. 119.
36 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
sepultados bajo la misma tierra o agrupados en una misma zona y el culto que reciben es
colectivo. Con él se crea una conciencia colectiva, “nacional”, contra el enemigo, con la que
se define al grupo en su conjunto frente al otro. La heroización que se produce es simultánea
para todos los caídos en el tumulto de la batalla; el recuerdo de cada uno de ellos se reduce
únicamente al nombre que aparece inscrito sobre el monumento, un nombre entre otros
muchos que conforman la larga lista de combatientes muertos y que, a diferencia de lo que
ocurre en tumbas individuales, está desligado de la osamenta y del cuerpo inerme; el héroe
es entonces la ciudad, el nombre de ésta, como denominación unitaria de las realidades
diferentes que la constituyen; el héroe es el conjunto de los guerreros, la tropa que lucha
contra el enemigo39. Buen ejemplo de ello es lo que ocurrió en Grecia cuando se enfrentó
contra el Imperio Persa, una lucha simbolizada por la contraposión entre lo civilizado y lo
bárbaro, lo racional y lo irracional. La amenaza persa potenció en Grecia el sentimiento de
piedad ante sus héroes, en cuya protección confiaban más que en la de los propios dioses
para la salvación de la patria. Los guerreros que combatían y perdían la vida en la batalla
ascendían al rango de héroes nacionales y eran enterrados en tumbas comunes mediante un
ritual especial: así ocurrió con los caídos en Platea40 y con los muertos en Maratón41, en
recuerdo de los cuales se instituyeron ceremonias anuales, tal como las describe Tucídides.
Según el historiador griego, los muertos de la batalla de Platea fueron llevados a Atenas,
donde se organizaron públicamente las ceremonias fúnebres: se expusieron durante tres días
los huesos de los soldados en una tienda, a la que podían acudir los parientes para entregar
cada uno la ofrenda que desease; pasados los tres días, los huesos se agrupaban por tribus y
se destinaba un carro fúnebre para cada una de ellas. Se llevaba además un féretro vacío
para los muertos cuyos cadáveres habían desaparecido. El lugar reservado para los héroes de
la patria donde se excavarían para siempre sus tumbas, excepto para los muertos en
Maratón, que fueron enterrados en el mismo lugar donde perecieron, era el Cerámico,
situado en el más hermoso barrio de la ciudad de Atenas, fuera de los muros, en el camino
que iba de Dípilon a la Academia42. Una vez cubiertos de tierra, un hombre destacado de la
ciudad era elegido para pronunciar el elogio fúnebre. Pericles fue el primero en hacerlo,
39
No estoy de acuerdo con la idea que desarrolla N. Loraux en “Mourir devant Troie, tomber pour Athènes”,
en G. Gnoli y J. P. Vernant (edd.), La mort, les morts dans les sociétés anciennes, Cambridge 1982, pp. 27-43.
La autora considera los enterramientos colectivos en Atenas como consecuencia de la democracia ateniense y
de la negación del individuo que ésta conlleva. Yo no lo creo así sino que considero que los ejemplos que se
analizan responden a lo expuesto más arriba, a la identificación de la colectividad bajo unos valores
determinados por oposición a un pueblo enemigo completamente diferente. Esa diferenciación con el “otro” es
algo automático, un formante de la conciencia colectiva que funcionó en la Grecia democrática al igual que
sigue funcionando en cualquier situación dramática de pueblos en guerra, democráticos o no, que se ven
obligados a levantar tumbas colectivas donde enterrar a sus guerreros muertos y que convierten tales lugares
de enterramiento en lugares de culto colectivo que potencian precisamente los valores que definen a su pueblo
frente al grupo que los ha asesinado.
40
Plut. Arist. XI. 2.5-3.2.
41
Paus. I. 32.4.8-11: se/bontai de\ oi¸ Maraqw¯nioi tou/touj te oiá para\ th\n ma/xhn a)pe/qanon hÀrwaj
o)noma/zontej kaiì Maraqw½na a)f' ou t%½ dh/m% to\ oÃnoma/ e)sti... “Los de Maratón honran a los que
murieron en la batalla llamándolos héroes y a Maratón, por el que el pueblo tiene su nombre...”
42
Thuc. II. 34.
ANTECEDENTES HELÉNICOS 37
sobre una alta tribuna erigida para que la voz llegara a toda la muchedumbre43. Pericles, en
su lógos epitáphios, insistía una vez más en que el túmulo levantado hacía eterna la fama y
la gloria de los allí enterrados: “La mayoría de los que aquí han hablado anteriormente
elogian al que añadió a la costumbre el que se pronunciara públicamente este discurso,
como algo hermoso en honor de los enterrados a consecuencia de las guerras. Aunque lo
que a mí me parecía suficiente es que, ya que llegaron a ser de hecho hombres valientes,
también de hecho se patentizara su fama como ahora mismo veis en torno a este túmulo que
públicamente se les ha preparado; y no que las virtudes de muchos corran el peligro de ser
creídas según que un solo hombre hable bien o menos bien. Pues es difícil hablar con
exactitud en momentos en los que difícilmente está segura incluso la apreciación de la
verdad. (...)”44.
Plutarco, en la Vida de Arístides, ofrece una de las más completas relaciones de la
celebración de una ceremonia pública en un pasaje en que se refiere al homenaje rendido a
los héroes nacionales de la batalla de Platea45: una procesión a la tumba de los héroes que
43
Ibidem.
44
Thuc. II. 36 (Trad. A. Guzmán, ed. Alianza).
45
Plut. Arist. 21.1-6: ¹Ek tou/tou genome/nhj e)kklhsi¿aj koinh=j tw½n ¸Ellh/nwn, lh/nwn, eÃgrayen
¹Aristei¿dhj yh/fisma sunie/nai me\n ei¹j Plataia\j kaq' eÀkaston e)niauto\n a)po\ th=j ¸Ella/doj
probou/louj kaiì qewrou/j, aÃgesqai de\ pentaethriko\n a)gw½na tw½n ¹Eleuqeri¿wn, eiånai de\ su/ntacin
¸Ellhnikh\n muri¿aj me\n a)spi¿daj, xili¿ouj d' iàppouj, nau=j d' e(kato\n e)piì to\n pro\j tou\j barba/rouj
po/lemon, PlataieiÍj d' a)su/louj kaiì i¸erou\j a)fi¿esqai t%½ qe%½ qu/ontaj u(pe\r th=j ¸Ella/doj.
kurwqe/ntwn de\ tou/twn, oi¸ PlataieiÍj u(pede/canto toiÍj pesou=si kaiì keime/noij au)to/qi tw½n
¸Ellh/nwn e)nagi¿zein kaq' eÀkaston e)niauto/n. kaiì tou=to me/xri nu=n drw½si to/nde to\n tro/pon. tou=
Maimakthriw½noj mhno/j, oÀj e)sti para\ BoiwtoiÍj ¹Alalkome/nioj, tv= eÀktv e)piì de/ka pe/mpousi
pomph/n, hÂj prohgeiÍtai me\n aÀm' h(me/r# salpigkth\j e)gkeleuo/menoj to\ polemiko/n, eÀpontai d'
aÀmacai murri¿nhj mestaiì kaiì stefanwma/twn kaiì me/laj tau=roj kaiì xoa\j oiãnou kaiì ga/laktoj e)n
a)mforeu=sin e)lai¿ou te kaiì mu/rou krwssou\j neani¿skoi komi¿zontej e)leu/qeroi: dou/l% ga\r ou)deno\j
qe/mij e)stiì tw½n periì th\n diakoni¿an e)kei¿nhn prosa/yasqai dia\ to\ tou\j aÃndraj a)poqaneiÍn u(pe\r
e)leuqeri¿aj: e)piì pa=si de\ tw½n Plataie/wn o( aÃrxwn, %Ò to\n aÃllon xro/non ouÃte sidh/rou qigeiÍn
eÃcestin ouÃq' e(te/ran e)sqh=ta plh\n leukh=j a)nalabeiÍn, to/te xitw½na foinikou=n e)ndedukw¯j,
a)ra/meno/j q' u(dri¿an a)po\ tou= grammatofulaki¿ou cifh/rhj e)piì tou\j ta/fouj proa/gei dia\ me/shj th=j
po/lewj. eiåta labwÜn uÀdwr a)po\ th=j krh/nhj au)to\j a)polou/ei te ta\j sth/laj kaiì mu/r% xri¿ei, kaiì
to\n tau=ron ei¹j th\n pura\n sfa/caj kaiì kateuca/menoj Diiì kaiì ¸Ermv= xqoni¿%, parakaleiÍ tou\j
a)gaqou\j aÃndraj tou\j u(pe\r th=j ¸Ella/doj a)poqano/ntaj e)piì to\ deiÍpnon kaiì th\n ai¸makouri¿an.
eÃpeita krath=ra kera/saj oiãnou kaiì xea/menoj e)pile/gei: "propi¿nw toiÍj a)ndra/si toiÍj u(pe\r th=j
e)leuqeri¿aj tw½n ¸Ellh/nwn a)poqanou=si"3. tau=ta me\n ouÅn eÃti kaiì nu=n diafula/ttousin oi¸
PlataieiÍj. “Se celebró una junta pública y común de todos los griegos y Aristides redactó un proyecto de
decreto para que cada año concurrieran a Platea legados y prohombres de Grecia, se celebraran juegos
quinquenales en memoria de la libertad y se hiciera entre los griegos una contribución, para la guerra contra
los bárbaros, de diez mil hombres de infantería, mil de caballería y cien naves, quedando exentos los de Platea,
consagrados al dios para hacer sacrificios por la salud de Grecia. Sancionado este decreto, tomaron a su cargo
los de Platea el hacer exequias cada año por los griegos que murieron y descansan allí, lo que hasta el día de
hoy ejecutan de esta manera: el día 16 del mes Memacterión, que para los Beocios es Alalcomenio, forman
una procesión, a la que desde el amanecer precede un trompeta, que toca un aire marcial, yendo detrás carros
llenos de ramos de mirto y de coronas y un toro blanco; se lleva después en ánforas vino y leche para las
libaciones, y jóvenes libres conducen cántaros de aceite y ungüentos, porque a ningún esclavo se le permite
intervenir en aquella celebración, ya que los hombres en cuyo honor se hace la ceremonia murieron por la
libertad. Viene, por fin, el Arconte de los de Platea y, aunque no le es lícito en ningún otro momento tocar el
hierro ni usar vestidos que no sean blancos, entonces se viste una túnica de púrpura y, tomando del aparador
38 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
marcha al son de un himno guerrero entonado por un trompeta que guía a la comitiva; a
continuación siguen carros adornados de mirto y guirnaldas de flores, jóvenes con ánforas
destinadas a las libaciones de vino, leche, aceite y perfumes, y un toro negro que se inmola
en el altar para saciar la sed de sangre de Zeus Ctonio y de Hércules Psicopompo. Ese día se
limpian las estelas y se perfuman. A estas mismas ceremonias se refirieron Astímaco, hijo
de Asopolao, y Lacón, hijo de Eimnesto, en el discurso transcrito por Tucídides en su
Guerra del Peloponeso46.
Los homenajes públicos ofrecidos por el pueblo de los que hasta el momento se ha
hablado coinciden con el culto que, según refleja la literatura, recibieron los antiguos reyes
legendarios, convertidos en héroes, protagonistas de las más famosas sagas míticas. Estos
héroes fueron en muchos casos fundadores y protectores de las ciudades a las que, además,
dieron nombre47. Remontar el origen de la ciudad a un personaje legendario o a un hombre
insigne añadía nobleza a su historia. Los héroes literarios por excelencia fueron Diónisos,
una divinidad descendida de rango, más cercana a los hombres que a los inmortales dioses,
y Hércules, un mortal divinizado48, además de algunos nobles guerreros cuyo nombre se
un ánfora, se acerca hasta los sepulcros, por medio de la ciudad, con la espada desenvainada. Cuando llega al
lugar, toma agua de una fuente, la esparce sobre las pirámides o columnas y las unge con un ungüento;
sacrifica después un toro sobre la hoguera e, invocando a Zeus y a Hermes infernal, convida a los excelentes
varones que murieron por Grecia para que gusten de aquel banquete y de aquella sangre; echando luego vino
en una taza y vaciándolo después pronuncia estas palabras: “Sea en honor de los varones que murieron por la
libertad de los Griegos”, ceremonias todas ellas con las que todavía hoy cumplen los Plateenses”. Compárece
este pasaje con la ley del ara de Forum Clodii incluida en el capítulo dedicado a las fiestas de Estado.
Pausanias en la Descripción de Grecia, IX, 2, 5, incluye una narración del ritual en honor a los héroes
caídos en batalla prácticamente idéntica a la transmitida por Plutarco.
46
Thuc. 3.58.4. a)poble/yate ga\r e)j pate/rwn tw½n u(mete/rwn qh/kaj, ouÁj a)poqano/ntaj u(po\ Mh/dwn
kaiì tafe/ntaj e)n tv= h(mete/r# e)timw½men kata\ eÃtoj eÀkaston dhmosi¿# e)sqh/masi¿ te kaiì toiÍj aÃlloij
nomi¿moij, oÀsa te h( gh= h(mw½n a)nedi¿dou w¨raiÍa, pa/ntwn a)parxa\j e)pife/rontej, euÅnoi me\n e)k fili¿aj
xw¯raj, cu/mmaxoi de\ o(mai¿xmoij pote\ genome/noij. wÒn u(meiÍj tou)nanti¿on aÄn dra/saite mh\ o)rqw½j
gno/ntej. “Volved la mirada a las tumbas de vuestros antepasados, que, muertos a manos de los medos,
recibieron sepultura en nuestro territorio: los hemos honrado cada año públicamente con los vestidos y todas
las ofrendas rituales, y les hemos ofrecido también las primicias de cuantos frutos nos brinda la tierra, como
tributo criado por gente amiga en una tierra amiga, y como aliados para quienes un día fueron compañeros de
armas.” (trad. de A. Guzmán Guerra).
47
El santuario heroico de Heracles en Thasos tiene como función la de ser guardián de la puerta de la ciudad y
protector de los soldados, a los que asegura la victoria. Es el polemarca, que asume las funciones guerreras, el
que se encarga de realizar el funeral ctónico. También el héroe tebano Melanipo, llevado a Sición, conservaba
como héroe su función de guardián militar de la ciudad (Hdt. V, 67).
48
El culto a Hércules no fue homogéneo en todos los lugares: en algunas regiones recibía culto como dios y en
otras como héroe, lo cual suponía una importante variación en el proceso cultual y en los monumentos erigidos
para su honra: Hrdt. Hist. II. 44. 2-15 y II. 44. 18: eÃplwsa kaiì e)j Tu/ron th=j Foini¿khj, punqano/menoj
au)to/qi eiånai i¸ro\
o\n ¸Hrakle/oj aÀgion.
ion Kaiì eiådon plousi¿wj kateskeuasme/non aÃlloisi¿ te polloiÍsi
a)naqh/masi,
asi kaiì e)n au)t%½ hÅsan sth=lai du/o, h( me\n xrusou= a)pe/fqou, h( de\ smara/gdou li¿qou
la/mpontoj ta\j nu/ktaj mega/lwj. ¹Ej lo/gouj de\ e)lqwÜn toiÍsi i¸reu=si tou= qeou= ei¹ro/mhn o(ko/soj
ANTECEDENTES HELÉNICOS 39
vinculó a menudo con el de Zeus (Zeus Agamenón, Zeus Trophonion, etc.49) y, por
supuesto, Aquiles, el héroe homérico que prefirió morir joven tras haber conquistado la
gloria en el combate que vivir una larga vida sin fama, igualado al resto de los mortales. En
Atenas, la estatua que representaba al fundador de la ciudad se levantaba delante del
Pritaneo, en el Cerámico, y de la Asamblea de los Quinientos.
Fue una práctica también corriente el convertir en héroe a la propia ciudad, como
abstracción de todos sus ciudadanos, definida –como se dijo antes– por unas características
propias de lengua o dialecto, religión y sistema político. La heroización del nombre de la
ciudad, es decir, el establecimiento de un ritual en honor a la ciudad, fue habitual cuando
ningún personaje concreto, literario-mítico o histórico-político, había asumido la función de
héroe protector del lugar: se veneraba en ese caso al héroe epónimo50. La personificación de
nociones abstractas, vagas, es un fenómeno que comienza a desarrollarse en los siglos V y
IV a.C., época en la que se propaga la noción de “personalidad”, que desde la política y el
xro/noj eiãh e)c ou sfi to\ i¸ro\n iàdrutai: euÂron de\ ou)de\ tou/touj toiÍsi àEllhsi sumferome/nouj:
eÃfasan ga\r aÀma Tu/r% oi¹kizome/nv kaiì to\ i¸ro\n tou= qeou= i¸druqh=nai, eiånai de\ eÃtea a)p' ou Tu/ron
oi¹ke/ousi trihko/sia kaiì disxi¿lia. (...) ¹Apiko/mhn de\ kaiì e)j Qa/son, e)n tv= euÂron i¸ro\n ¸Hrakle/oj
u(po\ Foini¿kwn i¸drume/non, oiá kat' Eu)rw¯phj zh/thsin e)kplw¯santej Qa/son eÃktisan: (...) kaiì
doke/ousi de/ moi ouÂtoi o)rqo/tata ¸Ellh/nwn poie/ein, oiá dica\ ¸Hra/kleia i¸drusa/menoi eÃkthntai, kaiì
t%½ me\n w¨j a)qana/t%, ¹Olumpi¿% de\
de\ e)pwnumi¿hn qu/ousi,
usi t%½ de\
de\ e(te/r% w¨j hÀrwi e)nagi¿zousi.
ousi “Navegué
también hasta tiro de Fenicia, al enterarme de que allí había un santuario consagrado a Heracles. Lo vi
ricamente adornado y, entre otras muchas ofrendas, en él había dos estelas, la una de oro puro y la otra de
esmeralda, que de noche refulgía extraordinariamente. Y, al entrar en conversaciones con los sacerdotes del
dios, les pregunté cuánto tiempo hacía que habían erigido el santuario, y comprobé que ellos tampoco
coincidían con los griegos, pues sostenían que el santuario del dios había sido erigido al tiempo de fundarse
Tiro y que hacía dos mil trescientos años que habitaban la ciudad. (...) Y me llegué asimismo a Tasos, en
donde encontré un santuario de Heracles erigido por los fenicios que zarparon en busca de Europa y fundaron
Tasos. (...) En mi opinión obran muy acertadamente los griegos que han erigido, a título personal, templos a
dos Heracles; a uno le ofrecen sacrificios como a un inmortal bajo la advocación de Olímpico, mientras que al
otro le tributan honores como a un héroe” (trad. de C. Schrader).
Pausanias describe los monumentos erigidos en relación con el heroon de Heracles, coincidentes con los que
fueron erigidos en honor a Timoleón. Nótese la relación del culto heroico con el gimnasion del ágora. En el
pasaje Paus. II.10.1.1-2, es interesante analizar el ritual que se describe: e)n de\
de\ t%½ gumnasi¿% th=j a)gora=j
oÃnti ou) makra\n ¸Hraklh=j a)na/keitai li¿qou ou, Sko/pa poi¿hma. eÃsti de\ kaiì e(te/rwqi i¸ero\ ro\n
¸Hrakle/ouj: to\n me\n pa/nta e)ntau=qa peri¿bolon Paidizh\ Paidizh\n o)noma/zousin, e)n me/s% de/ e)sti t%½
peribo/l% to\ i¸ero/n, e)n de\ au)t%½ co/anon a)rxaiÍon, n te/xnh Fliasi¿ou Lafa/ous. e)piì de\ tv= qusi¿#
toia/de dra=n nomi¿zousi. FaiÍston e)n Sikuwni¿# le/gousin e)lqo/nta katalabeiÍn ¸HrakleiÍ sfa=j w¨j
hÀrwi e)nagi¿zontaj:
ontaj ouÃkoun h)ci¿ou dra=n ou)de\n o( FaiÍstoj tw½n au)tw½n, a)ll' w¨j qe%½ qu/ein. kaiì nu=n
eÃti aÃrna oi¸ Sikuw¯nioi sfa/cantej kaiì tou\j mhrou\j e)piì tou= bwmou= kau/santej ta\ me\n e)sqi¿ousin
w¨j a)po\ i¸erei¿ou, ta\ de\ w¨j hÀrwi tw½n krew½n e)nagi¿zousi. “En el gimnasio, que no está lejos del ágora,
está ofrendado un Heracles de mármol, obra de Escopas. Hay también en otro lugar un santuario de Heracles; a
todo el recinto de allí lo llaman Pedice, y en medio del recinto está el santuario y en él un xóanon antiguo, obra
de Láfaes de Fliunte. En los sacrificios acostumbran a hacer el siguiente rito: dicen que Festo, cuando llegó a
Sición, encontró que hacían sacridicios a Heracles como a un héroe, pero no quiso Festo hacer ningún rito de
este tipo, sino ofrecerle sacrificios como a un dios; y ahora todavía los sicionios matan un cordero y,
quemando los muslos en el altar, comen una parte como si fuera una víctima consagrada, mientras la otra parte
de las carnes la ofrecen en sacrificio como si fuera un héroe”
49
Paus. IX, 39-40; Hrdt.. VII, 159; Lycophr. Alex.335, 1124, 1369.
50
Roma, como se verá más adelante, crea el culto a la dea Roma, a la que se asocia el nombre de los diferentes
emperadores reinantes, venerados al tiempo como representación del Estado y de la conservación del mismo.
40 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
arte alcanza el dominio religioso51. Tal práctica, impuesta durante el Imperio Romano en su
culto a dea Roma, contribuye a la creación de una conciencia de unidad, de pertenencia a un
grupo, entre los habitantes que la constituyen. La explicación de esta manifestación piadosa
podría encontrarse en la más primitiva mentalidad de la sociedad indoeuropea, ligada a
creencias mágicas que confieren al nombre poderes divinos capaces de transmutar los
acontecimientos de la vida terrenal52. Sin embargo, ya en el siglo III-II a.C., el culto a la dea
Roma o al demos de los romanos es un culto de naturaleza política, un medio para reconocer
la fidelidad del pueblo conquistado hacia la gran potencia extranjera, con el fin de ganar
independencia y mayor número de privilegios53.
51
L. Cerfaux y J. Tondriau, Le culte des souverains..., o.c., p. 118.
52
Existen numerosos textos védicos que, quizá por su mayor antigüedad, ayudan a comprender este fenómeno.
Consiste en convertir en divinidad cada cosa, cada nombre, con la idea de que en la abstracción cabe la
manipulación de la realidad. En el mundo todo está expuesto a la corrupción, al envejecimiento, a la
degradación, porque todo está determinado por el tiempo y por el espacio, que influyen en los objetos
animados e inanimados. Existía la creencia mágico-religiosa de que el nombre de las cosas tenía un poder
especial sobre la cosa misma, porque éste no estaba influido por esas coordenadas espacio-temporales del
mundo terreno. En esencia, se trata de un pensamiento muy abstracto, un antecedente del conceptualismo
lingüístico. La creencia mágico-religiosa de que a través del nombre se podía manipular y alterar la realidad se
materializaba en determinados rituales, descritos en el Atharvaveda, o Libro de los himnos, idénticos a algunos
mencionados por Catón el Censor en relación a la medicina. Por ejemplo, para que un órgano enfermo sanase,
al tiempo que se aplicaba una cura (que era la razón por la que sanaba, sin duda, dicho miembro) se hacía un
conjuro que, en general, no era otra cosa que la mera pronunciación del nombre del miembro dañado.
Sobre este asunto, al que no se le puede dedicar un estudio más detallado en esta tesis, para no desviarnos del
tema principal, destaco la siguiente bibliografía: J. Broarving, “Magic reconsidering the Grand Dichotomy”,
en D. Jordan, H. Montgomery y E. Thomassen (edd.), The world of ancient magic. Papers from the Norwegian
Institute at Athens 4, Atenas 1997, pp. 21-54; J. L. Calvo (ed), "Magia literaria y magia real", en Religión,
magia y mitología en la Antigüedad clásica, Granada 1998, pp. 39-60; E. Cassirer, Filosofía de las formas
simbólicas. Tomo I: El lenguaje, Méjico 1998; D. Frakfurter, “Narrating Power: The theory and practise of
Magica Historiolae in Ritual Spells”, en P. Merecki y M. Meyer (edd.), Ancient magic and Ritual Power,
Leiden-N.Y.- Köln 1995, pp. 457-476; D. Frankfurter, “The magic of writing and the writing of magic: the
power of the Word in Egyptian and Greek Traditions”, Helios 1994, n. 21, pp. 189-221; F. Graf, “Theories of
magic in antiquity”, en P. Merecki y M. Meyer, (edd.), Magic and ritual in the Ancient World, Leiden-
Boston-Köln 2002, pp. 93-104; F. Graft, La magia nel mondo antico, Roma 1995; L. Honko, “Theories
concerning the ritual Process: an orientation” en L. Honko (ed.), Science of Religion, Studies in Methodology;
Proceedings of the Study Conference of the International Association for the History of Religions, Finlandia
1973, pp. 369-390; R. Panikkar, I veda Mantramanjari. Testi fondamentali della rivelazione vedica. Milán
2001; B. Snell, La estructura del lenguaje, Madrid 1966 (Hamburg 19521); S. J. Tambiah, Magic, science,
religion and the scope of rationality, Cambridge 1990; E. Thomassen, “Is magic a subclass of ritual?”, en D.
Jordan, H. Montgomery y E. Thomassen (edd.), The world of ancient magic. Papers from the Norwegian
Institute at Athens 4, Atenas 1997, pp. 55-66; V. Turner, Dramas, Fields and Metaphors: symbolic action in
Human Society, Cornell University Press, Ithaca- London 1975; H. S. Versnel, “The poetics of teh magical
charms. An essay inthe power of words”, en P. Merecki y M. Meyer (edd.), Magic and ritual in the Ancient
World, Leiden-Boston-Köln 2002, pp. 105-158; id., “Some reflections on the relationship magic-religion”,
Numen XXXVIII, fasc. 2, pp. 177-197; id. (ed.), Faith Hope and Worship: aspects of Religious Mentality in
ancient world, Leiden, 1981 (cap. 1: H. S. Versnel: “Religious mentality in ancient prayer”, pp. 1-65); A. B.
Weiner, “From words to Objects to magic: hard words and the boundaries of social action”, Man 18, 1983 pp
690- 709; W. D.Whitney, Atharvaveda Samhita, translated with a critical and exegetical commentary, revised
and brought nearer to completion and edited by Charles Rochwell Lanmar, Cambridge 1905; A. F. Xristidis,
“H magikhv crhvsh th" glwvssa"”, en Glwvssa kai Mageiva. Keivmena apo thn arcaiovthta. Atenas 1997,
pp. 52-65.
53
Según C. Fayer, el culto a la dea Roma, cuyos más antiguos testimonios provienen de Esmirna (195 a.C.,
durante el consulado de M. Porcio: Tac. Ann. IV, 56), de Delfos (189-188 a.C.: Syll. 611.1.6) y de Alabanda
(170 a.C.: Liv. 43, 6), pudo haber reproducido el más antiguo a la diosa Roda, que los rodios instituyeron
ANTECEDENTES HELÉNICOS 41
cuando su poder se extendió por los paises orientales. De igual modo, el culto al demos de los romanos,
conocido ya en el 184-183 a.C. en Atenas, se forjó sobre la base del culto al demos de los atenienses,
practicado desde el siglo III a.C., asociado al culto a las Charites. En el 163 a.C., los rodios erigieron una
estatua colosal al pueblo romano en el santuario de Atenea. (Véase: C. Fayer, “Il culto del demos dei romani.
Un asptetto del culto tributato al potere romano nel mondo greco d´Oriente”, Studi Romani 26, pp. 461-477.
Sobre el culto a dea Roma, las obras de referencia son R. Mellor, “QEA RWMH: the Worship of the Goddess
Roma in the Greek World”, Hypomnemata H, 42, 1975, pp. 1- 234 y C. Fayer, Il culto della dea Roma.
Origine e diffusione nell´Impero, Pescara 1976).
54
Paus. X, 4.7.
55
Sof.Oed. Col. 58-63: oi¸ de\ plhsi¿oi gu/aiƒ to/nd' i¸ppo/thn Kolwno\n euÃxontai sfi¿sin ƒ a)rxhgo\n
eiånai, kaiì fe/rousi touÃnoma ƒ to\ tou=de koino\n pa/ntej w©nomasme/noi. ƒToiau=ta/ soi tau=t' e)sti¿n, wÕ
ce/n', ou) lo/goijƒ timw¯men', a)lla\ tv= cunousi¿# ple/on. “Los campos vecinos tienen a gloria el contar por
patrón al caballero Colono que aquí ves (mostrándole la estatua del héroe epónimo) y todos los habitantes
llevan en común su nombre. Esto es lo que puedo decirte, extranjero, acerca de este lugar, menos conocido por
las palabras de los hombres que por el culto que le rinden sus ciudadanos”.
56
Eckhel, Doct. Num. IV, p. 342.
42 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
Desde los tiempos más remotos y en cualquier parte del mundo, la muerte ha
planteado un grave problema que había que resolver: ¿qué hacer con los cadáveres, cuya
carne putrefacta es foco de enfermedades y de pestes? Cada cultura ha incorporado en sus
“mandamientos” la obligación moral y cívica de separarlos físicamente de la comunidad, de
deshacerse de los cadáveres a través de la inhumación, la cremación o la exposición para
servir de pasto a los animales carroñeros. Una cuestión puramente práctica y una medida
higiénica es progresivamente envuelta en la leyenda, edulcorada con mitos y creencias que
tratan de solucionar otra de las más tormentosas cuestiones de la humanidad, la de la
existencia de una vida después de la muerte. Una vez instituidas las ceremonias, el ritual que
sanciona el paso definitivo al otro mundo, al mundo de los muertos, se siguen planteando
nuevos problemas: si un hombre ha sido más importante que otro en vida, ¿por qué no ha de
seguir siéndolo al morir? De este modo, algunas personalidades que la comunidad ha
considerado excepcionales en su vida política son agasajadas con mayor número de honras,
57
J. Tondriau escribe que es probable que los reyes griegos primitivos fueron considerados como
encarnaciones del dios supremo, sus “daímones”, y que “morts, ils continuaient à aider leur tribu en la
préservant et la perpétuant (comme Zeus Sôter), en la fortifiant (comme Zeus Teleios), en veillant à ses
intérêts (comme Zeus Epopsios)”: L. Cerfaux y J. Tondriau, Un concurrent du christianisme. Le culte des
souverains dans la civilisation gréco-romaime. París 1957, p. 105.
58
Por ejemplo, Antígono cambió el nombre de Sición por Demetríada, en homenaje a Demetrio, e instituyó
juegos anuales y sacrificios para conservar la memoria del rey, tal como describe Diod. Sic., Hist. XX.10.2-
10.3.4.
59
Ya en la República hay ejemplos de la aclamación de un personaje político como pater patrias. Cicerón
regresó del destierro, al que había sido condenado tras la conjuración de Catilina, con el título de padre de la
patria y fue comparado al mismo tiempo con un nuevo Rómulo, de lo que él se regocijaba en sus discursos:
“Oh fortunatam me consule Romam!” (Sal. Cic.5.8.).
ANTECEDENTES HELÉNICOS 43
con funerales que, si bien repiten el esquema básico, intensifican algunos elementos que
garantizan la perduración en el recuerdo de las hazañas heroicas del muerto. Los
homenajeados son adoptados por la comunidad como símbolos de virtudes beneficiosas para
la vida política, como ejemplos de “areté”. En algunos casos, interesaba la celebración del
éxito y de la gloria de una persona viva, lo cual le confería un rango privilegiado, un puesto
a medio camino entre los dioses y los hombres; la pólis los convertía en “semi theoi andres”
u “hombres semejantes a los dioses”, pero no en dioses60. El norte de Grecia, Tracia, Beocia
y la Magna Grecia honraron a numerosos ciudadanos de sus poleis con honras heroicas y, en
algunos casos, con honores semejantes a los tributados a los dioses, “isotheoi timai”.
Determinadas situaciones políticas recuperaron o instauraron el culto heroico de
determinados personajes de vida no precisamente intachable, atletas cuya leyenda contiene
una transgresión social duramente castigada. El culto a cada uno de ellos fue dictado por el
oráculo de Apolo Pítico en Delfos y practicado durante las dos primeras décadas del siglo V
a.C. en ciudades enfrentadas política y económicamente a otras potencias. Tal es el caso de
Euthymos de Locres, hijo de Asticlés, que venció en los Juegos Olímpicos del 484, 476 y
472 a.C. y cuyo culto se estableció en una época de grave crisis religiosa, reflejada en la
recuperación de ritos arcaicos como un intento desesperado de atraerse el favor de nuevos
dioses61. La Lócride, por consejo de Delfos62, recupera el recuerdo de un vencedor atlético,
una personalidad excepcional que representa los valores de la patria. En torno a su figura se
forja una historia mítica: su nacimiento se liga al símbolo más característico de la pólis, el
río Caicinos, siempre perteneciente a su territorio y frontera natural, durante mucho tiempo,
de la amenazante y tiránica Regio. Otro caso semejante fue el de Cleomedes de Astipalea63,
una de las islas de las Espóradas: su culto fue sugerido por el oráculo pitio; Mileto había
sido vencida en el 494 a.C. y Quíos había sufrido la más terrible derrota. El mito de
Cleomedes asume elementos históricos que no tuvieron que pertenecer necesariamente a su
tierra natal. De él se cuenta que había matado a sesenta niños al abatir el pilar que sujetaba
el techo de la escuela en la que estaban. Por tal suceso la ciudad decretó su lapidación, pero
desapareció en el interior del santuario de Atenea donde se había refugiado. Un suceso
semejante había ocurrido en Quíos, como presagio de su nefasto futuro64: sólo dos de cien
jóvenes regresaron de una embajada enviada a Delfos, el resto murió contagiado por la
peste; sólo uno de ciento veinte niños sobrevivió al derrumbarse el techo de su escuela.
Épocas de crisis, de sucesos terribles que abaten el ánimo de la ciudad, llevan a la
creencia de que los dioses la han abandonado y buscan la salvación en personajes
60
F. Dupont, La vita quotidiana nella Roma repubblicana, Bari 1989, cap. I, “Il nome e l´onore”, pp. 7-34.
61
Se pone en práctica la prostitución de los hijos durante la fiesta de Afrodita en una época en la que la ciudad
estaba amenazada por la tiranía de Anaxilaos de Regio, la ciudad vecina de la que estaba separada por el río
Caicinos. También se desarrolla un movimiento popular de culto a Afrodita y Perséfone como diosas de la
fertilidad, testimoniado por un gran número de tablillas del 480 al 460 a.C.
62
Plinio, NH, VII, 152.
63
Paus. VI, 9, 6.
64
Hdt. VI, 27.
44 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
65
Clem. Alex. Protr. 4, 54.
66
L. Delatte, Traités, p. 128, citado por L. Cerfaux y J. Tondriau, Le culte des souverains..., o.c., p. 107.
67
Por ejemplo, Keramós era el héroe-patrón de los ceramistas; Lykos el de los tribunales; Stephanéphoros de
las cecas, etc.
ANTECEDENTES HELÉNICOS 45
68
Empédocles, fr. 115, 146-147.
69
Theágenes de Thasos fue un famoso pugilista, vencedor en numerosas ocasiones. La leyenda popular lo hizo
hijo de Hércules que, bajo la forma de Timosthénes, padre del atleta, se unió a su madre; también se le
atribuían grandes hazañas desde su niñez e incluso algunos “milagros” post mortem (Paus. VI, 6.5). Al igual
que en relación con Euthymos de Locres y Cleomedes de Astipalea, también respecto de Euthyclés de Locres
o Diognetos de Creta, fue la Pitia de Delfos la que ordenó a los habitantes de su ciudad natal que fueran
venerados como héroes. Véase : F. Bohringer, “Cultes d´athlètes en Grèce classique: propos politiques,
discours mythiques”, Revue des Études Anciènnes, 81, 1979, pp. 5-18 ; J. Pouilloux, “Theogenes de Thasos
quarante ans apres”, Bulletin de correspondance hellénique, 1994, pp. 199-206.
70
L. Cerfaux y J. Tondriau, Le culte des souverains..., o.c., anexos I-II.
46 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
prácticas que se realizaban junto a los túmulos-tumba de personajes singulares y del ritual
funerario con el que se sellaba el paso definitivo del muerto al más allá. Sin la celebración
del rito, con la presencia física o no del cadáver, el alma del muerto no podía alcanzar el
descanso eterno y vagaba en los márgenes de la laguna Estigia, en espera de cruzar al otro
lado para reunirse con el resto de las almas. Es de nuevo la poesía homérica la que ha
transmitido las más antiguas descripciones de estos rituales, testimonio literario que da luz a
los restos arqueológicos del final de la época micénica. Los funerales de Patroclo son quizá
la mejor muestra de los elementos que formaban parte de la definitiva despedida del héroe
del mundo de los mortales71. Se ofrecían animales inmolados con cuya sangre saciaban el
ansia de muerte de los dioses ctónicos, e incluso se sacrificaban víctimas humanas; se
celebraban juegos, procesiones, carreras de caballos en torno a la gran pira funeraria; se
vertían perfumes, se entonaban cánticos en los que se incluía el nombre del muerto y se
preparaba un banquete en el que los convidados celebraban las hazañas gloriosas del
sepultado. El ritual, que clausuraba de este modo el ciclo de la vida, se repetía
periódicamente hasta que el olvido o la muerte de aquéllos que conmemoraban al difunto
obligaba a abandonar el espacio reservado al recuerdo, el séma o mnéma, el túmulo
funerario.
En torno a las tumbas de personajes legendarios como Aquiles, Patroclo, Ayax,
Orestes, Pélope, etc., se desarrollaba un ritual análogo al que se celebraba en
conmemoración de los muertos. El homenaje al héroe tenía una finalidad práctica que no era
otra que la de ganarse el favor de seres que podían servir de intermediarios entre dioses y
hombres, para que aquéllos velasen por la buena fortuna de la ciudad. Por esta razón, en
ocasiones, existía más de una tumba para un héroe y varios lugares, a un mismo tiempo,
reclamaban la custodia de los restos de su héroe protector72.
La naturaleza escatológica del culto lo teñía de determinados elementos que lo
diferenciaban del culto dirigido a los dioses celestes. El más allá, situado en los confines de
la tierra o por debajo de ella, según fuese considerado en un eje horizontal o vertical, queda
asociado al campo semántico de la noche, que incluye la ausencia de luz, lo negro, lo
sombrío y lo terrible73. La vinculación de la muerte con un mundo inferus determinó desde
71
Il. XXIII, 12 ss y Virg. Aen. XI, 155 ss.
72
Por ejemplo, diferentes ciudades por las que se había transmitido el mito de Eneas, desde las costas de Jonia
hasta Italia, celebraban el culto a este héroe. En cuanto a la protección sobrenatural que garantizaba la tumba
heroica, encontramos ejemplos en Hdt. I, 67; Paus. III, 3.5; 11, 8; VIII, 54,4; V, 13.3; VI, 23.2; VII, 1.3; IX,
39,7; Diod. IV. 62; Plut. Thes. 35; Cim. 8.
73
Como han demostrado los estudios de cognitivismo lingüístico, teoría ya esbozada por Michel Bréal en sus
“leyes intelectuales del lenguaje”, las realidades abstractas pasan a conceptualizarse por medio de expresiones
pertenecientes a la experiencia sensible. Operan los llamados “modelos cognitivos idealizados” que ordenan
las categorías de los espacios mentales. Los mejores ejemplos de cómo operan estos modelos cognitivos se han
presentado en G. Lakoff y M. Jonhson, Metáforas de la vida cotidiana. Introducción de José Antonio Millán y
Susana Narotzky, Madrid 1991. Según su teoría, la experiencia de la muerte queda expresada en el lenguaje a
través de una serie de metáforas cognitivas: el concepto abstracto es orientado en un espacio imaginario,
vertical, en el que “arriba” es positivo y “abajo” es negativo. Sobre este eje orientacional se conforman otras
metáforas que sirven para expresar el carácter positivo o negativo: color-brillo, en la que lo blanco-claro es
positivo y lo negro-oscuro es negativo.
ANTECEDENTES HELÉNICOS 47
su origen las características de las honras heroicas (ejnagivsmata74): los honores rendidos a
los héroes se celebraban una vez caída la tarde, cuando las tinieblas de la noche ocultaban
todo aquello que era considerado contaminante, perjudicial para el mundo de los vivos75. La
víctima destinada al sacrificio debía ser negra y su inmolación se realizaba no sobre un altar,
bwvmo", como ocurría con las ofrecidas a los dioses olímpicos, sino directamente sobre el
suelo, en un lugar delimitado para el fuego, ejscavra, rodeado por un canal por el que
circulaba la sangre con la que se alimentaba a los dioses subterráneos76. En torno al fuego,
se delimitaba con árboles, generalmente olivos, un espacio sagrado, sh`ko" y en sus
cercanías se instalaba una fuente. Por lo demás, el culto no se diferenciaba del ofrecido a los
dioses: la proskýnesis, gesto de humillación ante un ser superior que los griegos tomaron de
Oriente, se hacía también en ocasiones ante los héroes.
La tumba y los elementos que la circundaban, espacio inviolable por su sacralidad,
sufrió un proceso de “petrificación” y de consolidación: el túmulo de tierra se transformó en
tumba circular construida en piedra, el cerco de olivos en muro perimetral y el fuego a ras
del suelo en altar. Las tumbas heroicas, por su valor profiláctico para con las ciudades, se
convirtieron en ocasiones en santuarios a los que el pueblo podía acudir a reforzar los
vínculos de la vida terrena con el mundo de los dioses. El ritual, al principio ligado
íntimamente a la tumba del personaje heroico, se fue desvinculando progresivamente del
espacio funerario para ligarse a los espacios de adoración del resto de las divinidades:
capillas, templos, altares, etc. El santuario heroico podía estar dotado de diferentes capillas,
con estatuas, bajorrelieves, altares e inscripciones. Otras veces, el héroe quedaba asociado al
culto de un dios y su lugar de culto, en el interior de un templo (la tumba de Edipo se
74
La diferencia real existente entre las honras tributadas a los dioses y las de los héroes se plasma en una
oposición léxica significativa, en la que qusi¿ai denota los honores divinos y e)nagi¿smata los heroicos o
semidivinos. La distinción sólo es efectiva cuando se explicita la oposición, pues cuando ésta no se da,
qusi¿ai aparece como término no marcado del par léxico, aplicándose tanto a las honras divinas como a las
heroicas o humanas. Diodoro Sículo prefiere marcar la diferencia semántica a través de la adjetivación de
timavi, siendo ijsoqeoi y hJrwikavi según el culto decretado. Se trata por tanto de una oposición restrictiva o
inclusiva, en la que el término negativo es qusi¿ai, capaz de prescindir de su rasgo específico y de generalizar
su significado cuando no se especifica la oposición. Una explicación ejemplar de los pares léxicos y su
aplicación a los textos filológicos fue realizada por T. Calvo, El poema de Parménides, Tesis doctoral inédita,
1971.
75
Diog. Laert. VIII, 33; Cic. Pro Cluentio, 9, 27: puer… ante noctem mortuus et postridie, antequeam luceret,
combustus est.
76
La fosa sobre la que se sacrifica la víctima está atestiguada en el Pelopeion de Olimpia así como en el
santuario de Trofonio en Lebadia, o un templo dedicado a divinidades ctónicas en Tebas y en Samotracia. A
tal abertura en la tierra se refiere Paus. X. 4.10. en relación a la tumba del héroe Xantipos: eÃsti de\ th=j
Dauli¿aj xw¯ra kaloume/nh Trwni¿j: e)ntau=qa h(r%½on hÀrw ¹Arxhge/tou pepoi¿htai: to\n de\ hÀrw tou=ton
Ca/nqippon ou)k a)fanh= ta\ e)j po/lemon, oi¸ de\ Fw½kon eiånai to\n ¹Ornuti¿wnoj tou= Sisu/fou fasi¿n.
eÃxei d' ouÅn e)piì h(me/r# te pa/sv tima\j kaiì aÃgontej i¸ereiÍa oi¸ FwkeiÍj to\ me\n aiâma di' o)ph=j
e)sxe/ousin e)j to\n ta/fon, ta\ de\ kre/a tau/tv sfi¿sin a)nalou=n kaqe/sthken. “Hay un lugar de Dáulide
llamado Trónide. Allí hay un heroon fundador. Este héroe algunos dicen que es un Jantipo, un famoso soldado;
otros dicen que es Foco, hijo de Ornitión, hijo de Sísifo. De cualquier modo, todos los días recibe honores y
los focidios le llevan la sangre de las víctimas y la vierten dentro de la tumba a través de un agujero; y está
establecido que las carnes sean consumidas allí.” (Trad. M. C. Herrero, Gredos 1994).
48 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
1
Isócrates, Discursos completos, Barcelona 1951, (traducción y notas de A. Ranz Romanillos).
52 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
2
Dem. Fil. I. 8.
3
El estoico Zenón fue maestro de Antígono, sucesor de Alejandro Magno, y su teoría monárquica, de tradición
socrática, ejerció una gran influencia en el comportamiento político del rey macedonio.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 53
4
Según Stobeo IV. 7. 27, Ptolomeo leyó el tratado por consejo de Demetrio Phalereo. El Perì Basileías es
mencionado por Diógenes Laercio V. 22 y Dion. Hal. V. 73.
5
J. Bielawski y M. Pleiza, Lettre d´Aristote à Alexandre sur la politique envers les cités, (Texto árabe
restituido y traducido), Cracovia 1970 ; M. Lemon, From biography to romance, Ann Arbor 1993, pp. 239-
249.
6
M. A. Wes, “Quelques remarques à propos d´une lettre d´Aristote à Alexandre“, Mnemosyne, 1972, pp. 261-
295.
7
Dion. Halic. Antiq. Rom., V. 73.
8
Diog. Laert. VII. 36.
9
Arist. Pol. III. 7, 14, 1-5 (1285 a-b).
54 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
10
Arist. Pol. II. 24, 7 (1261b); III. 17. 2 (1288).
11
Arist. Pol. III. 16. 2 (1287 a).
12
Arist. Pol. III. 15, 4 (1286 a): “El punto de partida es si conviene más ser gobernados por el mejor hombre o
por las mejores leyes. Los que consideran conveniente la monarquía opinan que las leyes hablan sólo en
términos generales, y no dan disposiciones para los casos concretos, de modo que en cualquier arte es
insensato mandar según la letra de las normas (...)”.
13
Plat. Pol. 294 a.
14
Arist. Pol. III. 16. 3 (1287 a).
15
Arist. Pol. III. 16. 10 (1287b).
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 55
problema de si la soberanía real debía ser transmitida a los hijos, Aristóteles opinaba que
“pretender lo contrario iba en contra de la propia naturaleza humana”16.
16
Arist. Pol. III. 15, 14.
17
Arist. Pol. III. 17. 4.
18
Arist. Pol. III. 15. 11; III. 17. 5: “Cuando suceda que toda una familia o incluso cualquier individuo llegue a
distinguirse por su virtud tanto que la suya sobresalga sobre la de todos los demás, entonces será justo que esa
familia sea real y ejerza la soberanía sobre todos y que ese individuo único sea rey”; V. 10. 7-8. : Así pues,
como dijimos, la monarquía está situada en correspondencia con la aristocracia, pues se basa en el mérito o en
la virtud personal, o en el linaje, o en los beneficios prestados, o en estas cosas y en el poder; pues todos los
que habían prestado servicios o eran capaces de prestarlos a las ciudades o a los pueblos, alcanzaron este
honor. Unos, como Codro, impidiendo que fueran esclavos en la guerra; otros, por haberles dado la libertad,
como Ciro; o por haber fundado ciudades o conquistado territorios, como los reyes de Lacedemonia, de
Macedonia y de los Molosos”.
19
Arist. Pol. III. 4. 17-18 (1277b): “Pero en el gobernado no es virtud la prudencia, sino la opinión verdadera,
pues el gobernador es como un fabricante de flautas y el gobernado como el flautista que las usa”. La
comparación está tomada de Platón, Rep. X. 601D, Leyes 711e- 712a y Crátilo, 388 ss.
20
Arist. Pol. V. 9. 1. También en Polibio, V. 11. 6 o Platón, Rep. V. 473; VI. 487e (la realeza debe perseguir la
felicitas inspirándose en los modelos celestes y el rey debe ser paradigma de virtud y justicia).
21
Marcianus, Instit. I. p. 11, 25.
22
Aelianus Soph., Var. hist. 2. 20. 7: "ou)k oiåsqa" eiåpen, "wÕ paiÍ, th\n basilei¿an h(mw½n eÃndocon eiånai
doulei¿an;"
56 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
23
J. Bielawski y M. Pleiza, Lettre d´Aristote..., o.c., cap. 1-2.
24
Ibid. cap. 4-7.
25
E. R. Goodenough, “The political philosophy of hellenistic kingship”, Yale Classical Studies, I, 1928, pp.
55-102 (en concreto, p. 60). La misma idea de Árquitas de Tarento aparece en la Pol. de Platón, 300c., Arist.
Pol. 1288 a, b.
26
Jenof. Mem. IV. 6. 12.
27
El más completo estudio que se ha realizado sobre este concepto es del de J. P. Martin, Providentia deorum.
Aspects Religieux du pouvoir romain, EFR 1982, un auténtico ejemplo de investigación lingüística y
filosófica.
28
A. Bravo, “Acerca del rey ideal...”, Helmantica 75, 1973, pp. 551-558.
29
J. P. Martin, Providentia deorum..., o.c., p. 8, nota 10.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 57
30
Ibid., p. 9, nota 16.
31
J. Bielawski y M. Pleiza, Lettre d´Aristote..., o.c., cap. 9.
32
Polibio, X. 5. 8, acusa a los imprudentes de culpar a los dioses de su falta de previsión. También en Pol. XI.
24. 6; XV. 12. 4.
33
Platón, Men. 90 c-d, donde afirma que el hombre político debe poseer justeza de ideas, por una inspiración
divina semejante a la de los poetas.
58 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
(Sobre la Ley y la Justicia), el rey era la “ley viva” (novmo~ ejvpmyuxo~), estaba “lleno de
ley” (novmimo~) por estar inspirado por la armonía cósmica34, la misma idea que subyacía en
el pensamiento persa e hindú. En el Zend-Avesta el rey era presentado como la ley viva ante
su pueblo y en el Arthacastra el rey era la reencarnación de la ley divina, del “dharma”35.
La estrecha relación entre política y religión y la posibilidad de que el rey fuera un
instrumento de los dioses para garantizar la justicia entre los hombres inspiraba la ambigua
figura del rey-dios, utilizada por una cuestión de dignidad real y como medio de
legitimación del poder monárquico entre las masas36. La eficacia de esta asociación entre el
rey y el dios que lo inspiraba había sido probada entre los persas y era bien conocida por los
griegos del siglo IV, aunque éstos tenían clara la supremacía del monarca por sus virtudes y
no por la posesión de un don divino. Jenofonte, por ejemplo, describió en la Ciropedia todo
el “montaje escénico” que usaba el rey persa cuando aparecía ante sus súbditos, con el fin de
parecer “menos humano” y de aumentar el poder persuasivo de sus palabras. Una
vestimenta que ocultara sus defectos personales, un calzado alto para aumentar su
envergadura, el uso de cosméticos para dar brillo a su rostro, todo ello contribuía a
transformar su figura mortal y a acercarla más a la imagen ideal de los dioses37. La
majestuosidad podía garantizar la admiración de la multitud; el cuidado físico podía hacer al
rey más popular y creíble e incluso inspirar en la gente miedo y respeto hacia él38. Los reyes
helenísticos hacían uso del mismo sistema para ganarse el favor del pueblo, mostrándose
como encarnación de la Ley y como elegidos por la divinidad para reinar entre los
hombres39.
El halo divino de la realeza no servía, sin embargo, en los ambientes cultos, en los
que la legitimidad del poder imperial venía dada por las asambleas, el pueblo, la ley y, sobre
34
Stob. IV, i, 132, 135-139 (IV, 79, 82-88); IV.v, 61 (IV. 218).
35
U. Ghohal, A history of hindoo political theories, Londres-Calcuta 1923.
36
L. Cerfaux y J. Tondriau, Un concurrent du Christianisme: le culte des souverains dans la civilisation
gréco-romaine, París 1957, pp. 113-116; E. R. Goodenough, “The political philosophy... ”, art. cit., pp. 72 ss.
37
Jen., Cirop. VIII. 1. 40-42.
38
Diotógenes, filósofo de inspiración pitagórica cuya obra resulta difícil de datar (se propone una fecha que
oscila entre época helenística hasta el siglo III d.C.), dedica todo un capítulo a la “majestuosidad” que debe
presentar el rey. Citado por Stobeo, IV, 7. 62. “Y él tendrá éxito si primero ofrece una impresión de
majestuosidad por su apariencia y expresión (...) después, él debe ser agraciado tanto en la conversación como
en su aspecto, y en sus evergesías. (...) Por su majestuosidad, cosa divina, puede hacerse admirar y honrar por
la multitud; la elegancia le hará más popular y amado.(...) El rey debe separarse de las pasiones humanas y
arrimarse a los dioses, no en arrogancia, sino en su alta disposición y en la grandeza de su virtud. Él debe
envolverse a sí mismo de esta distinción y superioridad en su apariencia, en su pensamiento vital y en sus
reflexiones, en el carácter de su alma, en sus acciones, movimientos y actitudes de su cuerpo. (...) Él es
también majestuoso e imponente tanto por su preeminencia como por la grandeza de su virtud. Él recibe la
gracia de sus actos benefactores y de su generosidad, por lo que ha sido llamado por el poeta jónico “padre de
dioses y hombres”; y él inspira miedo por el hecho de castigar a los malhechores, y controla y rige todas las
cosas, y tiene el rayo en su mano como símbolo de temerosidad. Respecto a estas cosas, hay que recordar, la
realeza es una imitación de la divinidad”. Sobre los problemas de datación, véase M. Mazza, Le maschere del
potere..., o.c., pp. 55-93; E. R. Goodenough, “The political philosophy... ”, art. cit., pp. 55-102.
39
J. Béranger, “Grandeur et servitude du souverain hellénistique”, Principatus. Ètudes de notions et d´histoire
politiques dans l´Antiquitè gréco-romaine, Ginebra 1975, pp. 35-48.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 59
todo, por la demostración pública de las virtudes éticas del líder, que le concedían la
verdadera superioridad entre los hombres. Pues primaba más la justificación del poder
monárquico por la naturaleza especial del príncipe que por las leyes constitucionales que lo
avalaban40.
El concepto de prónoia, usado precisamente para establecer la diferencia positiva
entre el rey y el pueblo, estaba, por tanto, íntimamente asociado a una serie de conceptos en
virtud de lo que los semiólogos llaman actualmente un “marco relacional”41, formado por
una serie de abstracciones que conforman la imagen prototípica del optimus princeps, cada
una de ellas consecuencia de la anterior:
El esquema no era fijo, aunque todos sus elementos, combinados en diversos modos,
formaban parte de estructuras equivalentes. Por ejemplo, para algunos filósofos como
Platón, Aristóteles y Crisipo, iustitia no era una virtud derivada de la virtud primordial del
buen político, de la providentia, sino que era una de las cuatro virtudes morales en las que
subdividía la propia providentia, junto con la frovnhsi~ (prudencia, capacidad de juicio), la
swfrosuvnh /temperantia (justa medida) y la ajndrei`a/ fortitudo (fuerza moral ante lo
adverso)42.
La asociación de los conceptos de “justicia”, “paz” y “buen gobierno” no era fruto
únicamente del pensamiento filosófico griego del siglo IV, sino también de su más antiguo
pensamiento mítico. La personificación de las tres nociones recibía en los más antiguos
documentos artísticos y literarios una única forma y un nombre común jWrai/ Horae.43
40
M. Mazza, Le maschere del potere. Cultura e politica nella tarda antichità, Nápoles 1986. Es muy
interesante la apreciación que hace sobre el significado de “culto imperial”. Considera que la limitación a la
importancia del significado de “culto imperial” que proponía Bickerman en su libro Le culte des souverains
era exagerada porque “è abbastanza ovvio che non è mai esistito un culto, unitario ed imposto dall´alto,
dell´imperatore – ma chi mai ha sostenuto una tesi così estrema? -; ma è anche vero che la Vergottung
dell´imperatore comportava un culto, un´adesione emotiva del fedele ad una entità sovrumana” (Ibid. pp. 7-8,
nota 9). Mª José Hidalgo de la Vega, en “La teoría monárquica y el culto imperial”, Veleia 16, 1999, p. 81,
inspirada en el libro de Mazza, afirma: “Entre los sectores populares la idea de un emperador divino no
presentaba ningún problema particular, pero en los ambientes cultos greco-romanos esta cuestión era difícil de
aceptar y sólo se consideraba como manifestación de los honores imperiales”.
41
J. E. Vargas, Bases de la teoría de los marcos relacionales, Méjico 2006.
42
M. P. Charlesworth, The virtues of a Roman Emperor: propaganda and the creation of belief, Oxford 1937.
43
J. A. Hild, s.v. Horae, en Ch. Daremberg y E. Saglio, Dictionnaire des Antiquités grecques et romaines,
París 1900, pp. 249-256.
60 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
Hesíodo fue el primero que las diferenció y les otorgó una genealogía: Eunomía, Díke e
Eiréne (Buen gobierno, Justicia y Paz) eran para el poeta hijas de Zeus y de Themis. De
ellos habían heredado su doble naturaleza: personificaban tanto las leyes que regulaban la
renovación cíclica de la naturaleza, como las leyes que garantizaban la armonía entre los
hombres. Para Píndaro, la doble función de las tres hermanas se manifestaba en una serie de
imágenes poéticas como la llegada de la primavera, el vigor de la juventud, el
amamantamiento de los hijos, acompañado por la suave brisa de la primavera44, imágenes
que traen a la memoria uno de los relieves orientales del Ara Pacis augustea45 y los versos
de Virgilio, en el libro V de las Bucólicas, que anunciaban la “edad dorada” bajo el
gobierno de Octaviano. La representación iconográfica de las Horae, benefactoras de la
naturaleza y de los hombres, establecía la imagen de éstas como divinidades de la vida
campestre, jóvenes rodeadas de flores y frutos, dones que ellas garantizaban, cubiertas por
velos ligeros elevados por el Bóreas y el Zéfiro, vientos de los que los mitógrafos las hacían
amantes46. Y para marcar el carácter cíclico de las estaciones que ellas regulaban, poetas y
artistas las asociaban con algunas aves migratorias, con cuyo vuelo se marcaba el fin de la
primavera y el comienzo del otoño/invierno, confundido en una única estación hasta la
división científica que propuso la escuela pitagórica en el siglo V a.C. La delimitación de
sus atributos y la clara diferenciación de los tres personajes no fue precisa hasta el siglo IV.
Todas ellas se fundían en una, la Hora de la Primavera, o se separaban en tres, como
manifestación múltiple de su naturaleza creadora. En el plano moral, las tres hermanas eran
la expresión inseparable de una idea única, en la que no era posible la existencia de una sin
la presencia de las otras dos. Demóstenes, por ejemplo, las consideraba expresión del orden
universal y divino, que garantizaba el orden cívico y la prosperidad entre los hombres.
44
Pind. Olimp. IV, 1; XIII, 1 ss: “Al entonar la loa de esta casa vencedora tres veces en Olimpia, afable para
sus conciudadanos y atenta servidora para el huésped, reconoceré en ella a la rica Corinto, cuna de ilustres
héroes y atrio de Posidón, señor del Itsmo. Pues en ella Eunomía vive, y su hermana, Dike, inquebrantable
sostén de las ciudades, y aquella que creció a su lado, Eirene, las tres para los hombres dispensadoras de
riqueza e hijas áureas de Themis, buena consejera, siempre dispuestas a apartar a Hybris, audaz madre de
Koro.” (trad. J. Alsina); Pyth. IX, 60 ss. “La augusta Libia, ahora de amplios prados, acogerá propicia en sus
palacios de oro a esta afamada novia y va a ofrecerle al punto un lote de terreno para que sea su dominio; que
nunca habrá de verse privado de frutales de toda especie, ni ha de ser ignaro de las fieras más varias. Allí un
hijo tendrá que Hermes ilustre entregará a las Horas de bellos tronos, y a la Tierra, tomándolo de los brazos de
su madre. Y ellas en su regazo acunarán al niño, y néctar y ambrosía verterán en sus labios, y lo harán
inmortal: un Zeus, un santo Apolo, un gozo para sus amigos, celador cuidadoso de rebaños.”
45
Nos referimos al panel llamado tradicionalmente como “de Tellus”, objeto de múltiples interpretaciones que
trataban de identificar a la figura sentada en el centro de la composición. A mediados del siglo XX, Tellus fue
reinterpretada como Venus Genetrix por Galinsky, una lectura que encajaría con el ciclo mitológico del altar.
Zanker, sin embargo, la identificó como Pax Augusta, dispensadora de prosperidad (véase E. La Rocca, Ara
Pacis, Roma 2006). Muy acorde con esta interpretación estaría la que proponemos de reconocer en las tres
mujeres del relieve como a las tres hijas de Zeus y Themis, una de ellas, seguramente la central, aunque con la
misma ambigüedad que mantuvieron desde su origen en el mito, Paz, a los lados Eunomía y Justicia, con los
atributos propios de su naturaleza primigenia, reguladora del ciclo de la naturaleza, garantes de la prosperidad
de los campos, del nacimiento de los frutos, y agrupadas las tres en una escena semejante a la descrita en los
versos de Píndaro.
46
Hym. Orf. 42; Ovid. Fast. V. 217; Serv. Virg. Ecl. V. 48.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 61
47
M. Mazza, Le maschere del potere..., o.c., p. 83; J. F. Fears, “The cult of Virtues and Roman Imperial
Ideology”, ANRW II, 17. 1, pp. 827-948; M. P. Charlesworth, “The virtues of a Roman Emperor. Propaganda
62 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
justificaba su preeminencia por medio de sus virtudes éticas, por ser el mejor hombre, el
más carismático, el “elegido”. Si la naturaleza del político estaba dotada de la virtus por
excelencia, de la prónoia, si su capacidad de análisis era suficientemente sagaz y todo su
pensamiento se concentraba en garantizar el bien común, en ese caso, la paz, la justicia, la
concordia y la pietas quedaban aseguradas. Cuantos se beneficiaban de la aplicación de las
virtudes concretas del gobernante podían dirigir hacia el autor del beneficio honores
concretos, como la erección de estatuas, la dedicación de sacrificios por su salvación, etc. 48
La inversión de todo este constructo ético- político determinaba la imagen opuesta a
la del “optimus princeps”, es decir, la del tirano49. En griego, aunque en los testimonios más
antiguos de su uso (en Arquíloco, Simónides, Píndaro o Heródoto) equivalía
semánticamente al término basiléus, rey o jefe, con la diferencia de la obtención ilegítima
del poder, comenzó pronto a cargarse de connotaciones negativas, que lo asociaban con la
violencia y la crueldad. Al contrario que el buen político o monarca, que debía velar por el
bien de la comunidad aplicando la razón y controlando, por medio de ella, sus impulsos y
sus pasiones más bajas, el tirano se caracterizaba principalmente por carecer de esa virtud
esencial. “La tiranía no mira en nada al bien común, sino a su provecho personal. El
objetivo del tirano es el placer, el del rey es el bien. Por eso, entre las ambiciones, las del
tirano son las riquezas, las del rey las que hacen referencia al honor; y la guardia del rey es
de ciudadanos, la del tirano es de mercenarios”50.
Al no contar con la capacidad de previsión, control y reflexión, el tirano se define
por su incapacidad de poner freno a la tovlma, a la temeridad y al ardor característicos del
gobierno tiránico51. Por la falta de moderación en los impulsos, las pasiones arrastran al
tirano a cometer los mayores delitos52 y, en consecuencia, los beneficios garantizados por la
posesión de la prónoia – justicia, paz, concordia y piedad hacia los dioses y los antepasados
– no existen bajo el gobierno tiránico. “El tirano es un provocador de guerras, para que estén
ocupados sus súbditos y tengan constantemente necesidad de un jefe”, escribía Aristóteles53
y advertía en su carta a Alejandro: “Porque el poder que reposa en la violencia es
and the creation of a Belief”, PBA 23, 1937, pp. 105-133; A. Wallace-Hadrill, “The emperor and his virtues”,
Historia 30, 1981, pp. 298- 323.
48
Ariarathes Eusebés de Capadocia fue representado en una estatua de bronce por el colegio de actores de
Atenas para celebrar su eusebeia, dikaiosyne y philotimía. La imagen se colocó junto a la de Dionisos.
49
A. Humpers, s.v. “Tyrannus”, en Daremberg-Saglio, Dictionnaire des Antiquitès grecques et romaines, Graz
1969, pp. 567-573; A. Sánchez de la Torre, La tyrannie dans la Grèce antique, Burdeos 1999; J. Béranger,
“Tyrannus. Notes sur la notion de tyrannie chez les romains particulièrement a l´époque de César et de
Cicéron”, Revue de études latines 1935, pp. 85 ss (= Principatus, Ginebra 1975, pp. 51-60); T. Kalvias, “The
Tyranny of Dictatorship: When the Greek Tyrant Met the Roman Dictator”, Political Theory 2007; 35, pp.
412-442; Ch. Millon-Delsol, Essai sur le pouvoir occidental. Démocratie et despotisme dans l´Antiquité, París
1985.
50
Arist. Pol. V. 10. 9. 1311a.
51
J. P. Martin, Providentia deorum..., o.c., p. 16.
52
Arist. Pol. II. 7. 13 (1267 a); III. 6. 11 (1278b); IV. 10. 2 (1295a).
53
Arist. Pol. V. 11. 10.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 63
deshonroso y es el poder del tirano, que trata a sus súbditos como a esclavos (como el rey
persa) o como a bestias”54. El término tyrannós era para Platón el antónimo del concepto
díkaion, “lo justo”, puesto que designaba de manera inequívoca al político egoísta e injusto
por excelencia.
El carisma que arrastra a las masas a apoyar con entusiasmo al tirano en sus primeros
años de gobierno queda reducido a la nada cuando éste da muestras de su verdadera
catadura moral. Aristóteles consideraba que los mejores medios para conseguir que la tiranía
se conservase eran: “truncar a los que sobresalen y suprimir a los orgullosos; no permitir
comidas en común, ni asociaciones, ni educación, ni ninguna cosa semejante, sino vigilar
todo aquello de donde suelen nacer los sentimientos: nobleza de espíritu y confianza; no
debe permitir la existencia de escuelas ni de otras reuniones escolares y debe procurar por
todos los medios que todos se desconozcan lo más posible unos a otros, pues el
conocimiento hace mayor la confianza mutua...”55. Y en otro pasaje: “La tiranía tiende a tres
objetivos: uno, que los súbditos piensen poco (pues un apocado no podría conspirar contra
nadie); en segundo lugar, que desconfíen unos de otros (pues la tiranía no se derriba hasta
que algunos ciudadanos confían en sí mismos; por eso también luchan contra las clases
superiores considerándolas nocivas para su poder, no sólo porque no se resignan a ser
gobernados despóticamente, sino también porque son leales a sí mismos y a los demás
ciudadanos y no acusan ni a los suyos ni a los demás). Y en tercer lugar, la imposibilidad de
acción (pues nadie emprende lo imposible, de modo que la tiranía no se derriba si no se
dispone de fuerza)”56.
Según cuándo muriese el tirano y, sobre todo, según quién fuese el sucesor de éste,
la masa podía continuar dando muestras de afecto y lealtad incluso al cadáver del tirano y
otorgarle honores en el ágora, tal como se acostumbraba a hacer con los fundadores,
evergetas, generales victoriosos, etc. Jenofonte se sorprendía, por ejemplo, de que al tirano
Jasón el pueblo le hubiese honrado en la plaza pública, como si hubiese sido un hombre
noble57.
No conozco ningún resumen tan acertado de la evolución psicológica que se opera
entre el pueblo y su líder despótico como el que escribió Gregorio Marañón en relación con
el Conde Duque de Olivares58, aplicable tanto al valido del rey Felipe IV como a cualquiera
54
J. Bielawski y M. Pleiza, Lettre d´Aristote..., o.c., cap. 12.
55
Arist. Pol. V.11. 4.
56
Arist. Pol. V. 11. 15-16.
57
Xen. HG. 3. 12.
58
G. Marañón, El Conde-Duque de Olivares, Madrid 198516, pp. 48-51: “Todo gobernante absoluto, llámese
dictador, tirano o valido, pasa, casi sin excepción, por tres fases de su mandato. Una primera en la que el
nuevo jefe carece aún de fuerza propia y organizada, pero se la da el pueblo, que acoge siempre toda novedad
política con alegría y esperanza, y sobre todo en el caso del dictador, cuya característica es la capacidad de
sugestión, el magnetismo de su gesto, sin lo cual no hay dictadura posible. El jefe absoluto ha de justificar la
expectación y el acatamiento populares con actos de gobierno llamativos, numerosos y fuera de lo común, de
los que forma parte inevitable la persecución de los que le precedieron y el revocamiento de buena parte del
antiguo orden. (...). En la segunda fase, la opinión empieza a ser hostil al jefe, porque éste ha de mandar con
64 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
de los que fueron juzgados como tiranos en el pasado o en el presente. Entre los rasgos del
tirano destaca el magnetismo y carisma especial de su carácter, capaz de subyugar a las
masas confiadas; su deseo de innovación y renovación del régimen previo; el apoyo del
poder en las armas, en la eliminación progresiva de los contrarios y en el uso de una política
basada en el miedo; y, por último, la embriaguez del poder, que desemboca en la locura.
Cuando el término griego tyrannus fue introducido en el mundo romano a través de
la traducción de la Odisea por Ennio, la Odusia, no podía ya deshacerse de la connotación
negativa que tenía. Sin embargo, su escansión silábica, breve-larga-breve (+ < +), era ideal
para ser encajado en un verso hexamétrico, por lo que Virgilio, Ovidio, Lucano o Propercio,
que lo usaron en numerosas ocasiones, neutralizaron poéticamente su valor peyorativo y lo
usaron como sinónimo de rey, usando el adjetivo saevus para marcar su sentido más
extendido59. Fuera del ámbito poético, tirannus denotaba siempre el rey aborrecido, capaz
de todos los crímenes, tema recurrente en los ejercicios de declamación romana, en los que
tradicionalmente se tomaba como ejemplo de tiranía a Fálaris de Agrakas y a Dionisio de
Siracusa. Tan constantes eran los rasgos de la tiranía que dos de los rétores que trataron el
tema en tiempos de Calígula y Domiciano, Carrinas Secundus60 y el sofista Maternus61,
encontraron la muerte al poner en evidencia el tipo de gobierno bajo el cual vivían. Autores
como Valerio Máximo, César, Tito Livio, Quinto Curcio o Justino optaron por utilizar como
sinónimo de tiranía otros sustantivos como regnum o dominatio, que contenían en su sema
cada una de las definiciones del término griego. Rex y dominus, como tyrannus, incluyen en
su definición la característica de crueldad, excepto cuando los términos latinos se oponen a
la palabra griega. En la oposición tyrannus-rex, presente únicamente en los debates
violencias; y la violencia fatiga pronto a la multitud. Las reformas se va advirtiendo que no siempre son
efectivamente eficaces. Las libertades públicas, antes despreciadas, se echan ahora de menos con angustia, y el
ansia de recuperarlas se fomenta en la tensión que produce la clandestinidad. Ésta favorece también la
propensión a la calumnia: una de las inevitables es la inmoralidad del dictador. Pero, frente a esta marea
adversa, el dictador ha adquirido fuerza propia que le permite contrarrestar el descontento y permanecer firme
en su altura. (...). Según los casos, dura más o menos tiempo el equilibrio entre las dos fuerzas contrarias. Pero,
al fin, inevitablemente, llega el día en que las tendencias adversas dominan a las que asisten al dictador. El
descontento va ganando, desde el pueblo, a planos cada vez más altos de la sociedad y se infiltra en los
círculos mismos que rodean al jefe. A veces éste no comete errores considerables, pero es igual: nada contiene
la marea que sube. Si sobreviene un fracaso, no hay que decir que el lento flujo ascendente se convierte en
tempestad. (...). Él mismo, embriagado del mando, puede no darse cuenta de que están rompiéndose allá dentro
los resortes de su magia personal (...). Gran parte de su fuerza es la sugestión; pero sugestión que empieza por
él mismo, que se cree predestinado a las grandes empresas salvadoras. Por eso, cuando se quiebra la fe en la
propia eficacia, la magia sobre los demás se ha roto también y con ella la razón de su poder (...). Se perfila
cada día con mayor precisión el sentimiento terrible, inexorable, de que, mientras más se avanza, se ve menos
clara la continuidad con la historia futura; porque toda dictadura, como toda revolución, termina en un tajo,
detrás del cual, claro es, la historia sigue, pero en el que los héroes de la revolución o de la tiranía se suelen
despeñar. Y cuando esas fuerzas adversas, de fuera y de dentro, adquieren una tensión superior a las fuerzas de
resistencia, un día, al aparecer como los otros, el período final del ciclo se cumple y el gran tinglado del poder,
que parecía eterno, cae estrepitosamente.”
59
J. Béranger, “Tyrannus. Notes sur la notion de tyrannie chez les romains, particulièrement à l´époque de
César et de Cicéron”, en id., Principatus..., o.c.., pp. 51-60, en concreto las p. 52-53 (= REL 1935, pp. 85 ss.).
60
Cass. Dio, 59. 20. 6; Juv. 7. 205.
61
Cass. Dio, 67. 12. 5.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 65
Carón de Lámpsaco, Dionisio de Mileto, Ctesias o Helánico) y a las historias que él mismo
había escuchado durante sus largas estancias en Persia, los postulados filosóficos acerca de
la monarquía propios de su época, especialmente los de la escuela socrática a la que había
pertenecido. Ciro se convierte así, en la narración de Jenofonte, en un príncipe socrático y
estoico cuya virtud, suma de la kalokagathía griega y de la areté persa, se sustenta en la
educación, el respeto a las leyes humanas y divinas, el amor a la patria, la moderación y la
previsión63. El comportamiento del Ciro de Jenofonte determinaba las pautas de actuación
esperadas en los reyes helenísticos, que habían de devolver la paz y la estabilidad a las
ciudades griegas bajo un imperio de gentes diversas, con lenguas diferentes y tradiciones
dispares. Ciro aparece en primer lugar como un rey piadoso. Uno de los primeros consejos
que recibe de su padre, Cambises, es el de ser respetuoso con los dioses y seguir siempre el
consejo de la divinidad, siendo capaz de comprender las señales divinas sin necesidad de
intermediarios64; la segunda virtud esperada en un rey, después de la eujsevbeia, era la
justicia, principal objetivo de la educación persa y fundamento del Estado65 y, en tercer
lugar, el aijdwv~, vergüenza o respeto, cualidad de los héroes homéricos en la que Platón
fundamentaba el arte político, junto a la justicia66. En cuanto a la relación del rey con sus
súbditos y con el pueblo, Ciro manifiesta una gran generosidad, eujergesiva, que lo
convertía en un protector amado, al tiempo que filavnqrwpo~ de los suyos. El amor y la
obediencia hacia él quedaban garantizados por la dulzura de su trato y por su carácter
63
Xen. Cyr 1. 6. 8: “Me doy cuenta de que juzgan necesario que el gobernante se distinga de los gobernados
en comer más abundantemente, tener más oro en su casa, dormir más tiempo y vivir más descansadamente que
los gobernados. Pero yo creo que el gobernante se tiene que distinguir de los gobernados no por su vida
muelle, sino por su previsión y celo y en el trabajo”.
64
Xen. Cyr 1.6.2.4-2.11: e)gwÜ ga/r se tau=ta e)pi¿thdej e)didaca/mhn, oÀpwj mh\ di' aÃllwn e(rmhne/wn ta\j
tw½n qew½n sumbouli¿aj suniei¿hj, a)ll' au)to\j kaiì o(rw½n ta\ o(rata\ kaiì a)kou/wn ta\ a)kousta\
gignw¯skoij kaiì mh\ e)piì ma/ntesin eiãhj, ei¹ bou/lointo/ se e)capata=n eÀtera le/gontej hÄ ta\ para\ tw½n
qew½n shmaino/-mena, mhd' auÅ, eiã pote aÃra aÃneu ma/ntewj ge/noio, a)poroiÍo qei¿oij shmei¿oij oÀ ti
xr%½o, a)lla\ gignw¯skwn dia\ th=j mantikh=j ta\ para\ tw½n qew½n sumbouleuo/mena, tou/toij pei¿qoio.
(...) Cyr 1.6.3.3-7: me/mnhmai ga/r, eÃfh, a)kou/saj pote/ sou oÀti ei¹ko/twj aÄn kaiì para\ qew½n
praktikw¯teroj eiãh wÐsper kaiì par' a)nqrw¯pwn oÀstij mh\ o(po/te e)n a)po/roij eiãh, to/te kolakeu/oi,
a)ll' oÀte ta\ aÃrista pra/ttoi, to/te ma/lista tw½n qew½n memnv=to: “- (...) Yo te enseñé convenientemente
a que entendieras, sin la ayuda de intérpretes, los designios de los dioses y a que fueras tú quien comprendiera
las señales visibles o audibles, sin necesitar de los adivinos, por si ellos te quisieran engañar diciéndote algo
diferente de lo indicado por los dioses y, también, para que, si alguna vez te vieras sin adivino, no tuvieras
dificultades para interpretar los designios divinos, sino que, conociendo a través de la adivinatoria los
designios de los dioses, los pudieras obedecer. (Entonces dijo Ciro): - (...) puede tener más influencia, tanto
cerca de los dioses como de los hombres, aquél que no adula a los dioses cuando está en dificultades, sino que
se acuerda de los dioses especialmente cuando las cosas le salen bien”.
65
Xen. Cyr 1.2.6: oi¸ me\n dh\ paiÍdej ei¹j ta\ didaskaleiÍa foitw½ntej dia/gousi manqa/nontej
dikaiosu/nhn: kaiì le/gousin oÀti e)piì tou=to eÃrxontai (...)dida/skousi de\ tou\j paiÍdaj kaiì
swfrosu/nhn: me/ga de\ sumba/lletai ei¹j to\ manqa/nein swfroneiÍn au)tou\j oÀti kaiì tou\j
presbute/rouj o(rw½sin a)na\ pa=san h(me/ran swfro/nwj dia/gontaj. (...) dida/skousi de\ kaiì
e)gkra/teian gastro\j kaiì potou (...) “Los niños que van a la escuela pasan su tiempo aprendiendo la virtud
de la justicia y dicen que van allí con este propósito (...). Enseñan a los niños también la virtud de la sabiduría,
y contribuye en gran manera a su aprendizaje el hecho de ver cómo sus mayores viven con sabiduría cada
momento del día (...). Les inculcan además, la sobriedad en el comer y en el beber (...)”.
66
Plat. Prot. 322 d.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 67
67
Xen. Cyr 1. 5. 1: kaiì eiã pote e)n e(ortv= eu)wxi¿a ge/noito, e)pidido/nta ma=llon au)to\n tou= e(autou=
me/rouj v)sqa/nonto hÄ prosdeo/menon. “Si alguna vez se celebraba un festín durante una fiesta, más bien
entregaba su propia parte que pedía más”. Xen. Cyr 1. 6. 24.4-25.1: euÅ ga\r oiåmai deiÍn poiou=nta fanero\n
eiånai. ¹Alla\ tou=to me/n, eÃfh, wÕ paiÍ, xalepo\n to\ a)eiì du/nasqai euÅ poieiÍn ouÁj aÃn tij e)qe/lv: to\ de\
sunhdo/meno/n te fai¿nesqai, hÃn ti a)gaqo\n au)toiÍj sumbai¿nv, kaiì sunaxqo/menon, hÃn ti kako/n, kaiì
sunepikoureiÍn proqumou/menon taiÍj a)pori¿aij au)tw½n, kaiì fobou/menon mh/ ti sfalw½si, kaiì
pronoeiÍn peirw¯menon w¨j mh\ sfa/llwntai, tau=ta/ pwj deiÍ ma=llon sumparomarteiÍn. “Creo que uno
se debe mostrar como su protector (para hacerse amar por los soldados). Pero, hijo mío, dijo, es difícil todo
esto: tener la capacidad de beneficiar siempre a quienes uno desee beneficiar, mostrar que compartes su alegría
si les sobreviene un éxito, que compartes su aflicción si les ocurre una desgracia, que tienes interés en
ayudarles en las dificultades, que temes que vayan a cometer un error y que intentas tomar medidas para que
no lo cometan.”
68
Xen. Cyr. 1. 6. 10.4-8: su\ de\ pezh\n me\n du/namin e)nqe/nde eÃxwn eÃrxv a)nq' hÂj oiåd' oÀti
pollaplasi¿an aÃllhn ou)k aÄn de/caio, i¸ppiko\n de/ soi, oÀper kra/tiston, to\ Mh/dwn su/mmaxon
eÃstai. poiÍon ouÅn eÃqnoj tw½n pe/ric ou) dokeiÍ soi kaiì xari¿zesqai boulo/menon u(miÍn u(phreth/sein
kaiì fobou/menon mh/ ti pa/qv; “Tú sales de aquí con una infantería que sé que no aceptarías cambiar por
otra más numerosa, y la caballería más poderosa, la de los medos, será tu aliada. Por ello, ¿qué pueblo vecino
crees que no querrá ponerse a tu servicio por deseo de agradarte o por temor a sufrir alguna represalia?”
69
Xen. Cyr 1.1. 5-6: kaiì toi¿nun tou/twn tw½n e)qnw½n hÅrcen ouÃte au)t%½ o(moglw¯ttwn oÃntwn ouÃte
a)llh/loij, kaiì oÀmwj e)duna/sqh e)fike/sqai me\n e)piì tosau/thn gh=n t%½ a)f' e(autou= fo/b%, wÐste
kataplh=cai pa/ntaj kaiì mhde/na e)pixeireiÍn au)t%½, e)duna/sqh de\ e)piqumi¿an e)mbaleiÍn tosau/thn
tou= [pa/ntaj] au)t%½ xari¿-zesqai wÐste a)eiì tv= au)tou= gnw¯mv a)ciou=n kuberna=sqai, a)nhrth/sato de\
tosau=ta fu=la oÀsa kaiì dielqeiÍn eÃrgon e)sti¿n, oÀpoi aÄn aÃrchtai¿ tij poreu/esqai a)po\ tw½n
basilei¿wn, hÃn te pro\j eÀw hÃn te pro\j e(spe/ran hÃn te pro\j aÃrkton hÃn te pro\j meshmbri¿an.
“Gobernó sobre todos estos pueblos que no tenían la misma lengua que él ni una lengua común entre ellos; y,
sin embargo, pudo abarcar tan extenso territorio por el temor que les inspiraba, de suerte que a todos aterrorizó
y nadie intentaba nada en su contra, y fue capaz de infundirle tanto deseo de que todos le agradaran, que en
todo momento exigían ser gobernados según su criterio, y se anexionó tantos pueblos, que es costoso incluso
recorrerlos sea cual sea la dirección en la que se comience a marchar desde el palacio real, hacia el este o hacia
el oeste, hacia el norte o hacia el sur”. Xen. Cyr 1. 6. 21: e)piì de\ to\ kreiÍtton tou/tou polu/, to\ e(ko/ntaj
pei¿qesqai, aÃllh e)stiì suntomwte/ra. (...) oÀtan de\ oiãwntai peiqo/menoi kako/n ti lh/yesqai, ouÃte
zhmi¿aij pa/nu ti qe/lousin eiãkein ouÃte dw¯roij e)pai¿resqai. ou)de\ ga\r dw½ra e)piì t%½ au(tou= kak%½
e(kwÜn ou)deiìj lamba/nei. Le/geij su/, wÕ pa/ter, ei¹j to\ peiqome/nouj eÃxein ou)de\n eiånai a)nusimw¯teron
tou= fronimw¯teron dokeiÍn eiånai tw½n a)rxome/nwn. “A quien los hombres estiman más diestro que ellos en
lo tocante a sus propios intereses, a éste lo obedecen sumamente gustosos. (...) En cambio, cuando creen que
por obedecer van a recibir algún mal, ni quieren ceder con castigos ni se dejan arrastrar por los regalos, pues
nadie recibe voluntariamente regalos para su propia desgracia. – ¿Quieres decir, padre, que para hacerse
obedecer no hay medio más eficaz que parecer más diestro que sus subordinados?, preguntó Ciro.”
68 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
70
J. M. Candau, F. Gascó y A. Ramírez de Verger, La imagen de la realeza en la Antigüedad, Madrid 1988,
pp. 37-53; E. R. Goodenough, “The political philosophy of hellenistic kingship”, Yale Classical Studies, I,
1928, pp. 55-102; Jenofonte, Ciropedia, Madrid, Gredos, 1987 (traducción y notas de A. Vegas), p. 49.
71
Ad Quintum fratrem I. 1. 23ss.
72
Ad familiares IX. 25. 1.
73
Isocr. Panath. 49-50: “Conviene que quienes gobiernen con rectitud (...) graben la justicia en las almas”.
74
Isocr. A Nicocl. 29: “Sé señor de ti mismo no menos que de los demás, y considera que lo más digno de un
rey es no ser esclavo de ningún deleite y gobernar sus deseos más que a sus súbditos.”
75
Isocr. Evag. 41-67.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 69
trató de convertir a Evágoras en modelo a seguir por su hijo Nicocles, al que dedicó dos
obras, una Pròs Nicocléa, epístola dirigida al príncipe acerca del modo de reinar, y la otra
Nicocles, discurso del príncipe dirigido a sus súbditos tras asumir la corona en el 374. En la
primera, Isócrates previene al joven príncipe de la adulación de sus súbditos: “Los que
acostumbran, Nicocles, a regalaros a los reyes vestidos, muebles de metal y oro, o algunas
otras alhajas de esta especie, que ellos han menester y a vosotros os sobran, me parece que
dan a entender claramente que no regalan, sino que venden, y esto con mucha más astucia y
maña que aquellos que comercian pública y expresamente”76 y le recuerda la principal
finalidad de su gobierno: “librar al pueblo de males, conservarlo en el bien y hacerlo grande
de pequeño”77. Para un rey debía ser siempre mejor dar que recibir y, como había hecho
Ciro, no debía recibir compensación alguna (musqov~) por sus evergesías, pues en tal caso se
perdería el valor social de la obra78. Únicamente podría garantizarse el amor del pueblo, no
con la severidad y el castigo, sino aventajando al resto en prudencia, ofreciendo la certeza
de que cuidaría mejor de los asuntos de los demás que los propios interesados79. “Los que
son bien tratados sirven a su benefactor con mucho gusto”80. Pero, puesto que Isócrates no
tenía la calidad moral de Nicocles en tan alta estima como la de su padre, le recomendaba
confiar sus decisiones a hombres sabios de la corte, filósofos o personas que pudieran guiar
su gobierno en la rectitud y la justicia. Isócrates, al igual que Jenofonte, parangonaba el
gobierno de un rey con el cuidado de un padre por su casa y por su familia, cuyo éxito
subyacía en la previsión, el cálculo, la moderación, la generosidad, el respeto y la piedad81.
Convencido de que el sistema monárquico en manos de un rey sabio y virtuoso podía
devolver a Atenas la paz y la prosperidad, Isócrates escribió a Filipo varias epístolas (al
menos tres de ellas se consideran auténticas) en las que exhortaba al rey de Macedonia a
convertirse en benefactor, evergeta de los griegos y a liderar la lucha contra Persia, cuyo
éxito estaba asegurado gracias a su filanthropía, eúnoia, euergesía y praóteta, palabras que
se convirtieron en títulos oficiales de la propaganda macedónica82.
76
Isocr. Pros Nic. I. 1.
77
Isocr. Ad Nic 9.5 -7: po/lin dustuxou=san pau=sai kaiì kalw½j pra/ttousan diafula/cai kaiì mega/lhn
e)k mikra=j poih=sai.
78
Xen. Cir. 3.3.3.4.
79
Isocr. Ad Nic 23-24: Tou\j pollou\j fo/bouj e)cai¿rei rei tw½n politw½n, kaiì mh\ bou/lou perideeiÍj
eiånai tou\j mhde\n a)dikou=ntaj: oÀpwj ga\r aÄn tou\j aÃllouj pro\j sauto\n diaqv=j, ouÀtw kaiì su\ pro\j
e)kei¿nouj eÀceij. (...) ¹Arxiko\j eiånai bou/lou mh\ xalepo/thti mhde\ t%½ sfo/dra kola/zein, a)lla\ t%½
pa/ntaj h(tta=sqai th=j sh=j dia-noi¿aj kaiì nomi¿zein u(pe\r th=j au(tw½n swthri¿aj aÃmeinon au(tw½n se\
bouleu/esqai. Polemiko\j me\n iãsqi taiÍj e)pisth/maij. “No permitas que vivan en el temor tus ciudadanos,
ni quieras hacerte formidable a los que en nada han delinquido. Porque del mismo modo que tú mires al
pueblo, así el pueblo te habrá de mirar a ti. (...) Haz de rey no con la severidad ni con los crueles castigos, sino
aventajando a todos en prudencia, y haciéndoles creer que cuidas más de su bien que ellos mismos.”
80
Xen. Ages. 4.4.
81
Isocr. Ad Nic. 19.
82
K. Bringmann, “The king as benefactor: some remarks on ideal kingship in the age of Hellenism”, en
Images and ideologies: self definition in the Hellenistic World, Londres 1993.
70 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
Las ideas de Isócrates, que se difundieron por todo el mundo helénico y que
conformaron en parte la opinión pública promacedónica, tuvieron su continuación en
discípulos como Teopompo de Quíos, quien habitó en la corte de Filipo durante parte de su
vida, autor de los cincuenta y ocho libros de las Filípicas en los que relataba la historia
Macedonia desde la llegada al trono de Filipo II hasta su muerte. La obra de Éforo de Cime
y de Calístenes de Olinto, sobrino de Aristotéles, fue también de corte promacedónico.
83
F. Gr. Hist. 117.
84
F. Gr. Hist. 134.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 71
Pella o Cares de Mitilene, transmitieron la vida de Alejandro una serie de autores que no
desaprovecharon la oportunidad de convertir en novela de aventuras el excepcional material
que les proporcionaba la arriesgada vida de un general victorioso. Calístenes, Anaxímenes,
Hegesias de Magnesia, Aristóbulo de Casandrea, Clitarco, Diodoro de Sicilia, Plutarco,
Curcio Rufo, Justino y gran parte de los legómena de Arriano modelaron paulatinamente la
nueva imagen de Alejandro, la que conquistó los sueños de los más ambiciosos políticos y
militares posteriores y la que inspiró toda una leyenda medieval, en la que el concepto de
realeza se adaptaba a los cambios ideológicos de la época y se cristianizaban algunos
elementos de la realidad histórica. Así, por ejemplo, se lee en la Historia de Preliis del
arcipreste León de Nápoles85, reelaborado por Alberich de Besançon, o en el Libro de
Alexandre, la General Estoria de Alfonso X el Sabio86; el Poema de Fernán González, el
ms. Mar de historias, que transmite una versión del epitafio de Alejandro; Loor de don
Alonso Carrillo; Tratado de la perfección del triunfo militar o la Crónica de don Juan II, en
la que el macedonio se convierte en ejemplo de conducta caballeresca87. No faltaron, sin
embargo, quienes, conocedores de los hechos históricos, se atrevieron a lanzar duras críticas
contra Alejandro, como Edipo de Olinto88 y otros, a quienes los sucesores y partidarios de la
monarquía macedónica se encargaron de condenar al olvido. Eclipsó la realidad de los
hechos el atractivo de la fantasía inspirada por los episodios novelescos del viaje hacia
Oriente, a los que se añadieron otros sucesos, inventados por completo, como el diálogo con
los gimnosofistas incluido en el Pseudo-Calístenes y en la versión armenia de la vida de
Alejandro.
Toda esta literatura promacedónica, panegirista y novelada, distorsiona sobremanera
la realidad política del siglo IV. Alejandro Magno, como heredero del ambicioso programa
de conquista de Filipo II, puso en marcha un complejo mecanismo idóneo para afianzar el
poder de Macedonia entre pueblos con diversas lenguas y costumbres, en el que era
fundamental el control de la opinión del pueblo. Por vez primera en el mundo griego, todos
los medios que podían servir para crear una ideología común se pusieron al servicio del
monarca: las imágenes acuñadas en las monedas, los eslóganes que acompañaban tales
imágenes, las estatuas que adornaban los lugares públicos, los oráculos que comunicaban el
parecer de los dioses, adaptados todos ellos en cada caso a los códigos tradicionales de cada
lugar. Convencido el pueblo de que Alejandro, elegido entre los hombres por sus virtudes
éticas y militares, por su noble ascendencia y por voluntad divina, garantizaba la paz y la
justicia, y con el orgullo de pertenecer al más poderoso imperio, fue posible retroalimentar
tan vasta maquinaria con el apoyo de los propios conquistados.
85
Codex Bambergensis EIII, 14. Editado por T. González Rolán, Historia novelada de Alejandro Magno.
Historia de Preliis, Madrid 1982.
86
“La General Estoria: notas literarias y filológicas”, Romance Philology 12, 1958-1959, pp. 111-142.
87
M. R. Lida de Maquiel, “Datos para la leyenda de Alexandro en la Edad Media castellana”, Romance
Philology, 15, 1962, pp. 421-423; J. R. Horst, A critical index to references to Alexander the Great in Roman
literature, Ann Arbor 1989.
88
F. Gr. Hist. 126.
72 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
89
J. C. Chirinos, La reina de los cuatro nombres: Olimpia, madre de Alejandro, Madrid 2005.
90
D. G. Hogarth, “The deification of Alexander the Great”, The English Historical Review, vol. 2. 6, abril
1887, pp. 317-329, en especial pp. 321-323.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 73
despreciaban a Alejandro por tener su sangre mezclada con la de los reyes epirotas. Años
después, en el año 338 a. C., madre e hijo fueron expulsados de la corte, suplantados por
una nueva preferida del rey, Cleopatra, sobrina de Átalo. Olimpíade se exilió a su patria y
Alejandro se marchó a Iliria. Un año después regresaron de nuevo a Pella y Olimpíade se
aseguró de que la inestabilidad sentimental de Filipo no pusiera de nuevo en peligro los
derechos de su hijo. En el 336 a.C. Filipo fue asesinado por un ardid de su esposa, tal como
sugieren las fuentes, durante los esponsales de su hija Cleopatra en Aigai. Los crímenes y
ardides de Olimpíade, comparables con los de Livia, las dos Agripinas o Mesalina, no
acabaron aquí: eliminó a la viuda de Filipo y a su hijo pequeño, posible rival de Alejandro y,
posteriormente, a Filipo Arrideo y a Adea Eurídice, por oponerse a sus intereses sucesorios
tras la muerte de Alejandro, focalizados en su nieto Alejandro o en alguno de los maridos de
su hija Cleopatra.
Para confirmar su derecho de sucesión ante los ojos de la nobleza macedonia y del
pueblo, Alejandro dirigió en persona las ceremonias fúnebres de Filipo, en las que se
disponía al muerto con los honores que merecía por su riqueza, linaje y posición, y se
exaltaban públicamente sus virtudes, para contribuir a la elevación de su gloria y fama
eterna. El acto era un símbolo de continuidad dinástica, que quedaba sancionado con la
elección de Alejandro como sucesor en la Asamblea popular macedonia. Su
comportamiento como general del ejército y como máximo soberano respondería en lo
sucesivo a los preceptos anteriormente citados, aprendidos de sus instructores, Leónidas y
Aristóteles. Como rey, se esperaba de él la demostración constante de su excepcionalidad y
de la excelsitud de su carácter y virtudes: su capacidad de autocontrol, previsión, su pietas
filial y divina, su generosidad con los pueblos conquistados y su filantropía con los hombres
que estaban a su servicio.
Para reforzar la autoridad de su monarquía, Alejandro siguió el camino que había
trazado su padre: embellece la capital, Pella, y la convierte en centro magnificente de la vida
política y cultural del nuevo imperio; difunde monedas con el mineral que le proporcionaba
la recién conquistada Tracia, acuñadas con la efigie del rey y con eslóganes
propagandísticos que se difunden por todos los rincones de las tierras conquistadas.
Asimismo difunde su imagen a través de pinturas y esculturas en mármol o en bronce, que
distribuye por santuarios, templos, y espacios públicos, y crea un retrato ideal de su persona,
capaz de provocar el miedo y la admiración y de mantener subyugados a sus súbditos. En el
templo de Artemisa de Éfeso, por ejemplo, el más célebre pintor griego, Apeles, estampó su
imagen en una de las paredes; en Luxor, se amplió el santuario con una capilla en cuyas
paredes era representado como faraón, frente al dios Min, al que rendía homenaje.
Alejandro adopta los sistemas de representación propios de cada pueblo, así como los
símbolos, ceremoniales de corte y rituales de lealtad, incluso cuando éstos eran criticados
por los griegos por ser considerados humillantes o por significar, según la tradición helena,
la soberbia elevación de un mortal a la categoría de un dios, como la proskýnesis,
considerado por los persas como un simple gesto de “vasallaje” que consistía en enviar un
74 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
beso al Gran Rey con la mano derecha, mientras se inclinaba la cabeza. Como medida
política, Alejandro se aseguró también el control de los oráculos, importantes centros de
manipulación política en la Antigüedad. E involucró también a las élites locales de los
diferentes pueblos conquistados, que sostenían con inversiones privadas los gastos de un
ingente imperio.
Precisamente algunos episodios de la vida
de Alejandro Magno han alimentado un
extenso debate acerca de su “divinización”
en vida. Aunque no podemos detenernos en
ellos tal y como la incontable bibliografía
exigiría, es necesario sin embargo llamar la
atención sobre ellos, por ser elementos
comunes a la actuación de los emperadores
romanos, sin olvidar que el propio
Alejandro era considerado el ideal de buen
monarca al que muchos emularon. La
propuesta de “divinización” de Alejandro
Magno que numerosos estudiosos han defendido se basa en episodios interpretados
equívocamente.
Uno de ellos es precisamente un gesto del ritual de audiencia oficial en la corte
persa, que Alejandro adoptó siguiendo la tradición aqueménida91. Según muestran algunos
bajorrelieves de Persépolis, era costumbre entre los persas realizar un gesto de deferencia
cuando eran recibidos en audiencia por el Gran Rey, para demostrar sumisión y lealtad hacia
él, que consistía en enviar un beso desde la distancia, al tiempo que se inclinaba la cabeza y
se bajaba la mirada.
Cuando Alejandro conquistó Persia, para legitimar su poder necesitaba apropiarse de
los códigos de representación de la realeza, lo que suponía adoptar un lenguaje simbólico
diferente al griego. La incorporación de rituales, la asimilación de las vestimentas y adornos
persas permitían establecer una línea de continuidad con la dinastía a la que él había
derrotado. A los ojos de un persa, Alejandro pretendía presentarse no como usurpador sino
como elegido por el gran dios Ahura-Mazda. Los cronistas griegos que acompañaban al
macedonio en su expedición interpretaron los rituales que observaban en su caudillo según
el código griego y no según el código persa en el que estaba cifrado el mensaje. Dieron al
gesto un significado religioso y no político. Para un griego, el beso persa de vasallaje
equivalía al gesto de postración que ellos practicaban ante sus dioses, la proskýnesis (del
verbo kunevw, que significa “besar”), y consideraban por ello que la incorporación de ese
gesto por parte de Alejandro suponía su deseo de divinización, de igualación con los dioses.
91
D. G. Hogarth, “The deification of Alexander the Great”, art. cit., pp. 319-321; L. Ross Taylor, “The
“Proskynesis” and the Hellenistic Ruler Cult”, JHS 47, 1927, pp. 53-62; W. Heckel, “Leonnatus, Polyperchon
and the Introduction of Proskynesis", AJPh, 99, 1978.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 75
Pero más que la soberbia del caudillo, ofendía a los macedonios que lo acompañaban el ser
obligados a realizar los mismos gestos que se imponían al enemigo derrotado, a “ser
tratados en un plano de igualdad con los persas”92. El protocolo regio persa adoptado por
Alejandro sirvió de pretexto para tramar un complot a personajes como Filotas o Calístenes,
sobrino de Aristóteles, contrarios a la política colaboracionista emprendida por Alejandro.
El mundo persa tenía incorporado desde siglos todo un protocolo de tratamiento de
deferencia hacia el rey. Además del beso de vasallaje, dirigido según algunos historiadores
griegos hacia el daimon del rey, existía un tipo de enterramiento privilegiado, acompañado
de una serie de rituales en torno a la tumba monumental que aseguraban la perduración de la
fama del muerto y la legitimación del poder heredado por el rey vivo93. Los rituales en torno
a las tumbas reales aqueménidas no distaban demasiado de las honras fúnebres que la poesía
homérica recordaba que se dedicaban a los reyes legendarios de Grecia: juegos, libaciones,
ofrendas e incluso peregrinación de los fieles hasta el lugar donde reposaban los huesos de
quien durante años había asegurado la paz y el bienestar del pueblo.
La visita al oráculo de Amón en el oasis de Sivah fue otro episodio de la vida de
Alejandro que ha servido para proponer su deseo de divinización en vida. Sin embargo, tal
como el anterior, tiene su explicación en el proceso de asimilación de códigos de
comunicación diferentes del macedonio, en un intento de crear un imperio mestizo, donde
cada pueblo podía conservar sus tradiciones, creencias religiosas y lenguajes simbólicos. El
mensaje que trataba de propagar Alejandro, en todo caso, era siempre el mismo: su
supremacía y su derecho a convertirse en el representante político de un vasto imperio. Pero
cambiaban los sistemas de codificación del mensaje, que se adaptaban al contexto
sociocultural para que su decodificación fuera posible.
En el caso de la visita al oráculo de Sivah, Alejandro perseguía la legitimación de su
poder conforme a la tradición egipcia, es decir, obteniendo la colaboración de los sacerdotes
de Amón, la divinidad suprema tutelar de la teocracia faraónica. El rey de todos los dioses
otorgaba la capacidad regia y el poder guerrero a los que se proclamaban reyes de Egipto.
Alejandro había liberado a los egipcios del peligro persa, se había presentado ante ellos
como salvador y libertador, lo que le valió la coronación como faraón en la ciudad de
Menfis. Como los faraones anteriores a él, Alejandro veía la necesidad de congraciarse con
el clero del dios que sancionaba tales concesiones de soberanía. A principios del año 331
a.C. comenzó el descenso del Nilo y fundó Alejandría, cerca de Racotis, según el proyecto
dictado a Demócrates de Rodas94. Su condición de fundador se sumaba a la anterior de
libertador, dos de las hazañas más valoradas en el mundo griego, merecedoras de honras y
elogios “heroicos”. Después de aquello, comenzaron seis semanas de arduo viaje hasta el
92
P. Brian, Alejandro Magno, de Grecia al Oriente, Madrid 1991, p. 92.
93
Arriano, Anab. VI. 29, hace una descripción exhaustiva de la tumba de Ciro el grande, custodiada por dos
guardias de cuerpo, vestidos con un atuendo especial, encargados también de realizar ofrendas diarias de vino
al muerto.
94
Ph. Vandenberg, El secreto de los oráculos, Barcelona 1991, pp. 34-37.
76 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
interior del desierto, hasta el oráculo de Amón, donde fue recibido por el clero del dios.
Pronto comenzó a difundirse el rumor de que, en la secreta conversación de los sacerdotes,
había sido proclamado “hijo de Amón”. No hubo ningún testigo y Alejandro jamás declaró
las palabras que le habían sido comunicadas. Probablemente los sacerdotes le habían
proporcionado información secreta sobre el enemigo al que aún debía vencer, sobre los
pasos de Darío, y sobre posibles tácticas para derrotarlo. Quizá también contaba Alejandro
con la convicción de que quienes lo acompañaban, presas de la superstición y del temor
religioso, aumentarían su adhesión hacia él cuando comenzaran a correr habladurías sobre
su relación con Amón, identificado con Zeus en el imaginario religioso griego. Pero, sobre
todo, la visita al oráculo suponía la confirmación de su supremacía monárquica y la sanción
de su capacidad militar según el código egipcio. Ninguno de los cronistas de la expedición
macedónica supo nunca qué palabras se pronunciaron en el interior del templo y,
precisamente por ello, los biógrafos posteriores reconstruyeron la enigmática conversación,
adaptándola a la novelada visión de un personaje que había vivido varios siglos antes. Según
Plutarco, el oráculo de Sivah fue consultado también públicamente en relación a la
venganza por el asesinato de Filipo y se le vaticinó también en presencia de los soldados
que llegaría a ser rey de todos los pueblos.
Lo que en vida de Alejandro no había sido más que un medio de asegurarse el apoyo
de los pueblos a los que conquistaba se convirtió tras su muerte, por interés de los diádocos,
en un símbolo de su naturaleza superior. Engrandecer al antepasado con relatos milagrosos
creados con un fin propagandístico era un sistema de máxima eficacia, probado y ejecutado
desde tiempos inmemorables95.
La mezcla de griegos y bárbaros en el ejército de Alejandro y la variedad de pueblos
sometidos le obligaban a adoptar diferentes lenguajes para consolidar una gran nación.
Asumió diferentes tradiciones y esposó a numerosas mujeres para cohesionar a los pueblos
vencidos; otorgó la libertad mediante decretos como el que se leyó en las Olimpíadas del
año 324 a.C.96; realizó importantes donaciones y regalos y licenció a numerosos soldados,
con el fin de ganar popularidad y respeto de todos aquéllos cuya lealtad requería. No es de
extrañar que entre los más favorecidos se levantasen voces espontáneas e interesadas, como
la de Demades en Atenas, que reclamasen la concesión de honores especiales para el
conquistador97.
Alejandro utilizó todos los medios propagandísticos eficaces en la Antigüedad con el
fin de consolidar su poder y de alzarse como general victorioso, rey de reyes, conquistador,
fundador y salvador de pueblos. La creación de un linaje divino al mismo tiempo que se
engrandecía la figura del rey difunto del que había heredado el poder y el ejército, el control
de los centros religiosos capaces de generar mensajes ambiguos para amedrentar y controlar
95
Arriano III, 3, 4.
96
Diodoro Sic. XVII, 109.
97
Plut. Politikav paraggevlmata 8.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 77
98
Plutarchus Biogr. et Phil. Isis y Osiris 360.D.1-360.D.4: euÅ de\ kaiì Lu/sippoj o( pla/sthj ¹Apellh=n
e)me/myato to\n zwgra/fon, oÀti th\n ¹Aleca/ndrou gra/fwn ei¹ko/na kerauno\n e)nexei¿risen: au)to\j de\
lo/gxhn, hÂj th\n do/can ou)de\ eiâj a)fairh/setai xro/noj a)lhqinh\n kaiì i¹di¿an ouÅsan. “El escultor Lisipo,
en su pleno derecho, regañó a Apeles, porque al pintar la imagen de Alejandro le había puesto en la mano el
rayo, mientras que él le había colocado la lanza. La gloria de la lanza, auténtica y propia de aquél, nunca le
sería arrebatada por el tiempo”. P. Moreno, Scultura ellenistica, Roma 1994, pp. 25-26.
99
“The deification of Alexander the Great”, art. cit., pp. 317-329. Algunos autores, como I. Worthington,
(“How "Great" Was Alexander?”, The Ancient History Bulletin (internet), 13.2, 1999) analizan los actos de
“deificación” trasmitidos por la literatura como actos propios de un hombre afectado por la megalomanía. P.
Goukowsky, Essai sur les origines du mythe d´Alexandre, I-II, Nancy 1978-1981 es uno de los estudios más
completos sobre el tema de la divinización. La bibliografía sobre el tema es ingente. Véanse, entre otros, E.
Badian, “A King's Notebooks”, Harvard Studies in Classical Philology 1967, pp. 183-204; id., “The
Deification of Alexander the Great”, Centre for Hermeneutical Studies Colloquy 21, Berkeley, 1976; id.,
“Alexander the Great: Between two Thrones and Heaven”, en A. Small, ed., Subject and Ruler: the Cult of the
Ruling Power in Classical Antiquity, J.R.A. Supplementary Series 17, Ann Arbor, 1996, pp. 11-26; J. P.V.D.
78 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
al oráculo de Sivah, la difusión de su imagen con atributos divinos en monedas, etc. no eran
otra cosa que mecanismos para elevar su dignitas y maiestas, medios de legitimación del
poder heredado por sus sucesores, enfrentados entre sí en el reparto de un vasto territorio
tras haber eliminado al único heredero legítimo, el hijo de Alejandro y Roxana, en el año
310-309 a.C. Porque existía una imperiosa necesidad de justificar lo que, según definición
del propio Antígono Gonatas, nieto de uno de los generales sucesores de Alejandro,
Antígono, significaba la realeza macedónica, una esclavitud gloriosa100. Era necesario, por
ello, presentar razones de peso para convencer a los subyugados de la necesidad de aceptar
una realeza que les privaba de la libertad, pero que podía ofrecerles una serie de ventajas
que mejorarían su calidad de vida.
El rey (basileuv") –pues tal es el título que asumió en el 306 Antígono y, en
diferentes momentos, el resto de los diádocos, Ptolomeo en el año 305, Lisímaco, Casandro
y Seleuco, en el 309-308 a.C. —se presentaba como primer servidor del Estado, elegido
entre sus iguales para sacrificar su vida en pro de sus conciudadanos—. Y su sacrificio y
obediencia se debían a algo que estaba por encima del poder real: la Ley, según la idea
socrática de que era necesaria la sumisión servil a las leyes soberanas de la ciudad para
poder vivir en comunidad101. La realeza (basileiva) no significaba más que una virtud de
mando, en primer lugar sobre el ejército y después sobre el Estado, exactamente igual que el
término latino imperium, calco de la noción helenística que designaba el “poder de
comandar”. Como copia de la titulatura helenística, el título de imperator precedía en Roma
al nombre del general: imperator Caesar102. La realeza helenística y, como émula de
aquélla, el imperio romano, suponía la concentración del poder absoluto en manos de un
solo hombre, rodeado de consejeros elegidos entre sus amigos personales y apoyado en una
asamblea que no podía poner límite a su poder103. El rey era la personificación de la Ley. El
poder temporal, además, se reforzaba con el poder religioso, puesto que la realeza
helenística era una realeza teocrática, en la que se hacía creer al pueblo que el rey era el
elegido por los dioses para servir de intermediario con los hombres, lo que hacía surgir
manifestaciones de devoción por parte de algunos particulares, convencidos de que su
bienestar dependía de la vida y las obras del rey.
Balsdon, "The Divinity of Alexander", Historia 1, 1950, pp. 363-388; A. B. Bosworth, Conquest and Empire:
the Reign of Alexander the Great, Cambridge, 1988; M. A. Flower, "Agesilaus of Sparta and the Origins of
Ruler Cult", Classical Quarterly, vol. 38, 1988, pp. 123-134; E. A. Fredricksmeyer, “Three Notes on
Alexander's Deification”, American Journal of Ancient History 4, 1979, pp. 1-9; H. J. Dell (ed.), Ancient
Macedonian Studies in Honour of Charles F. Edson, Tesalónica 1981, pp. 27-71 y 145-156; J. R. Hamilton,
"The Origins of Ruler-Cult", Prudentia 16 (1984) 3-16; N. G. L. Hammond, Alexander the Great: King,
Commander and Statesman, Londres 1994.
100
Aelianus Soph., Var. hist. 2. 20. 7.
101
J. Béranger, Principatus. Ètudes de notions et d´histoire politiques dans l´Antiquité gréco-romaine, Ginebra
1975, pp. 35-48.
102
Ibidem, p. 38.
103
C. Lattey, “The Diadochi and the Rise of King-worship”, The English Historical Review 128, 1917, pp.
321-334.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 79
El rey helenístico, sin embargo, no era más que un general en jefe, legislador, jefe
religioso, sometido a una serie de obligaciones y a un canon de comportamiento excelente
basado en sus virtudes: sabiduría, filantropía, justicia, etc. Cada una de las cualidades por
las que destacaban los soberanos helenísticos constituía el epíteto que acompañaba su
nombre y su condición “divina”: Antígono y Demetrio eran “salvadores y benefactores”
(swth`re" kaiv eujergevtai) e incluso “fundadores” (ktivsth"); Seleuco era el “victorioso”
(nikavtwr); Ptolomeo, “benefactor” (eujergevth"). No existía, pues, ningún tipo de
divinización del soberano, sino de las cualidades “divinas” o de las virtudes por las cuales el
rey merecía el aprecio del pueblo. El rey no era un dios, aunque recibiese honores
semejantes a los que el pueblo tributaba a los dioses en agradecimiento por su protección y
beneficio. Las honras, los testimonios de lealtad no eran otra cosa que una muestra de
piedad utilitaria por parte del pueblo al político que tenía el poder. Cuando éste lo perdía, el
culto y las manifestaciones de agradecimiento público se desvanecían104.
La posesión del cadáver de Alejandro Magno fue uno de los primeros motivos de
enfrentamiento entre sus herederos. La rivalidad entre los diádocos convirtió el recuerdo de
Alejandro en un arma política y en un medio eficaz para asegurar la lealtad del cuerpo de
veteranos macedonio. Conocedores de la admiración y temor que causaba entre los
conquistados, Ptolomeo y Pérdicas trataron de establecer la tumba en su propio territorio,
para declararse públicamente herederos de su carisma, de su valor, de su sabiduría. El oficial
Arrideo se encargó del cortejo fúnebre, del carro que portaba el féretro105 y de los ritos
fúnebres con los que se clausuraba la vida heroica de Alejandro. El talento militar, las
victorias obtenidas, las tierras conquistadas, el territorio recorrido, el carisma de Alejandro
nada tenían que ver con el bagaje del resto de sus contemporáneos, por lo que las honras que
recibió en su funeral no podían ser parangonadas con las de ningún otro muerto. Transmitir
la grandeza de los preparativos suponía para los historiadores tener que recurrir a símiles
comprensibles para sus lectores. Según Diodoro, los honores sobrepasaban a cuantos se
ofrecían a los humanos y su tumba se convirtió pronto en un lugar de peregrinaje.
Admiración, devoción, curiosidad... movían a muchos a acudir a su tumba en Alejandría,
incluso a aquéllos que soñaban con alcanzar la gloria del macedonio, como Julio César u
Octaviano.
La supremacía militar, política y económica de los sucesores de Alejandro motivaron
la utilización esporádica de un epíteto de límites poco definidos: theós. Como demuestra S.
R. F. Price, el adjetivo, usado siempre como predicativo cuando acompañaba el nombre de
un líder político, no implicaba naturaleza divina, sino que indicaba el derecho que tenía un
político a recibir honores en compensación por sus actos benefactores. Theós no indicaba
los deseos de divinización de los monarcas helenísticos que comenzaron a usarlo, sino que
104
J. Béranger, Principatus..., o. c., p. 41.
105
Diodoro Sic. XVIII. 26. 7.
80 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
106
S. R. F. Price, “Gods and Emperors: the greek language of the roman imperial cult”, JHS 1984, pp. 79-95,
en concreto, pp. 80-81.
107
E. E. Devine, “Stoicism on the best regime”, Journal of the history of ideas 31, 1970, pp. 323-336
(especialmente 329-336); I. Hadot, “Tradition stoïcienne et idées politiques au temps des Graques”, REL 1970;
A. Long, From Epicurus to Epictetus: studies in Hellenistic and Roman philosophy, Oxford 2006; M. Straaten,
Panétius, sa vie, ses écrits et sa doctrine avec une édition des fragments, Amsterdam 1946. Sobre el origen
helenístico de la teoría monárquica romana, véase: M. J. Hidalgo de la Vega, “La teoría monárquica y el culto
imperial”, Veleia 16, 1999, pp. 73- 84; ead. “La teoria monarchica e il culto imperiale”, en S. Setis (ed.), I
Greci. Storia cultura arte società, vol. II (Una storia greca), Bari 1996, pp. 1015-1058; ead. El intelectual, la
realeza y el poder político en el Imperio Romano, Salamanca 1995.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 81
108
Los administradores del santuario de Epidauro comenzaron a hacer dedicaciones a PRONOIA en el siglo III
a.C., en su deseo de ser dotados de esta cualidad indispensable para la buena organización del lugar.
109
L. Bieler, Historia de la literatura romana, Madrid 1992, pp. 95-103.
110
SIG 617.
111
M. Torelli y Th. Mavrojannis, Grecia, Milán 1997, p. 125.
82 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
Panecio de Rodas en Roma, entre ellos el ya mencionado Escipión o sus yernos, Gayo
Fannio y Quinto Mucio Escévola, discípulos también del filósofo rodio. Cicerón declaraba
en el propio diálogo que Panecio de Rodas había sido uno de los griegos más expertos en
asuntos políticos112. Otro profundo conocedor de la materia política admirado por Cicerón
era Polibio, el cual había llegado como rehén a Italia, junto con otros mil aqueos, en el año
167 a.C., y había sido llevado a la casa de Lucio Emilio Paulo, quien lo designó educador de
sus hijos. Fue Escipión el Joven precisamente el que puso en contacto a sus dos maestros y
consejeros, Polibio y Panecio de Rodas.
Tanto en uno como en otro, el concepto “humanizado” de prónoia denotaba la
capacidad de determinación del hombre, de tal modo que las decisiones de cada individuo
tenían que estar en armonía con el resto de la comunidad. La razón debía velar por el interés
general y garantizar la justicia, tal como proponía el Antiguo Pórtico. Díke o Iustitia
garantizaría a su vez el orden dentro de la comunidad, de tal manera que cada individuo
recibiría lo que le correspondiese, en función de un acuerdo común pactado previamente. De
Iustitia derivarían a su vez y de forma automática otras virtudes como magnanimidad,
paciencia, coraje y temperancia, aspectos fundamentales de la virtud práctica
(ejgkravteia)113. Todas ellas constituían la “ética del jefe político”, del gran hombre de
Estado, capaz de consagrar su vida por el bien de la comunidad, pues la grandeza de ánimo
del dirigente político inspirada por la prónoia era la principal garantía de la justicia y de
todas las demás virtudes morales que se esperaban en “el mejor de los ciudadanos”.
Al círculo intelectual instruido por Panecio y Polibio le siguió el círculo de Cicerón
y Pompeyo, conocedores de las teorías de los maestros anteriores, pero formados a su vez
por un discípulo de aquéllos: Posidonio de Apamea, el tercer representante del estoicismo
Medio en Roma. En un intento de adaptar la teoría filosófica sobre el mejor gobierno a los
nuevos tiempos, Posidonio trató de recuperar la idea del Antiguo Pórtico sobre la existencia
de un principio rector supremo, garante de la armonía cósmica, de la que dependía la
humana. La vida de los hombres volvía a vincularse a una voluntad divina, que decidía
sobre su destino y seleccionaba a aquéllos que debían mediar y hacer cumplir los deseos
dictados por los dioses. No faltaban, sin embargo, voces contrarias a tal teoría, que
mantenían a los dioses alejados de la vida de los hombres y complacidos en su felicidad
eterna, en su ataraxía. Así lo predicaba Lucrecio en De rerum natura, un tratado que
112
Cic. Rep 1.15.7 - 15.8: Hic Scipio: Quam vellem Panaetium nostrum nobiscum haberemus! “Aquí
Escipión: -¡Cómo quisiera que tuviéramos entre nosotros a nuestro Panecio!”; Cic Rep 1.34.9 -13: quod
memineram persaepe te cum Panaetio disserere solitum coram Polybio, duobus Graecis vel peritissimis rerum
civilium, multaque colligere ac docere, optimum longe statum civitatis esse eum, quem maiores nostri nobis
reliquissent. “(Habla Lelio a Escipión) – (...) porque recuerdo que tú has mantenido frecuentes conversaciones
sobre este tema con Panecio, en presencia de Polibio, los dos griegos más entendidos en asuntos políticos, y
que después de muchos ejemplos y teorías viniste a concluir que indudablemente la mejor forma de gobierno
es la que nos habían legado nuestros antepasados.” Además de ser mencionado en De Republica, Panecio
aparece citado en otras cincuenta y cuatro ocasiones en la obra de Cicerón. Citaré los pasajes que sean
oportunos para el tema en páginas posteriores.
113
J. P. Martin, Providentia deorum..., o.c., p. 27.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 83
buscaba la solución al enigma de la vida en un proceso casual, mecánico, que devolvía a los
hombres su libertad y la responsabilidad sobre sus actos. Desde una concepción estoica, sin
embargo, la fuerza suprema que controlaba el universo era la única responsable del destino
de los hombres. Puesto que el futuro estaba dictado por los dioses y no dependía de la
actuación ni de las decisiones del hombre, era importante atender a los designios divinos, a
las señales que se enviaban desde los astros para conocer la voluntad suprema. Desde esta
concepción, la providentia cobraba un nuevo significado, pues se convertía en la capacidad
del hombre para prever su propio destino, leyendo las señales astrológicas.
Cicerón, que había traducido el Timeo de Platón, los tratados de la corriente
epicureísta, los de la Nueva Academia y los del Medio Pórtico, educado por Philón de
Larissa, Antíoco de Ascalón y Posidonio de Apamea, defendía la teoría de que los dioses
velaban por los hombres y que el Estado estaba protegido por una voluntad suprema, la
Providentia, que se manifestaba con señales mánticas. El hombre estaba también dotado de
una razón, semejante a la Razón que gobernaba el cosmos, gracias a la cual podía adaptarse
al mundo. Sin embargo, además de la razón de la que estaban provistos todos los hombres,
sólo unos pocos estaban dotados de la Mens, de la capacidad de reflexión que permitía
vencer la temeridad, el pánico, prever las consecuencias de los actos, discernir, sopesar los
acontecimientos, etc. La separación semántica entre providentia y mens surgió en torno al
217 a.C., tras el desastre de Trasimene, momento en el que se dedica el primer templo a
Mens en cumplimiento del mandato exigido por Libros Sibilinos114. Era necesario, por tanto,
que el hombre dotado no sólo de providentia sino también de mens se pusiera al servicio del
Estado.
El hombre prudens115, dotado de capacidad de previsión, debía observar las reglas
fundamentales e inmutables del universo para mantener la pax deorum, la estructura del
Estado. Para ello, debía ayudarse de sacerdotes conocedores de los deseos de los dioses, y
de los arúspices, que podían leer los auspicios para evitar así la cólera divina. El hombre de
Estado dotado de prudencia debía dominar sus pasiones, controlar su ira y evitar la cólera,
para que su capacidad de juicio no quedara anulada. El tirano, definido justamente por la
carencia de autocontrol, por imprudente, era peligroso para el mantenimiento de la armonía
del Estado; era el antónimo del “buen político”.
El hombre sabio era útil para sus conciudadanos, como un médico para un enfermo o
el piloto de un navío para su tripulación, siguiendo las metáforas más utilizadas para
referirse al político. El Estado, como un cuerpo, podía mostrar signos de su enfermedad y el
político, como el médico, debía comprender los síntomas para asegurar la salus, para poner
remedio a los males que se preveían. El Estado, como un navío, podía evitar la tempestad si
su piloto llevaba el timón con prudencia (gubernari), atisbando el cielo de forma reflexiva.
114
Ibidem, p. 37.
115
Cic. De Leg. I. 60: prudentia virtus ex providendo est appellata. “Esta virtud es llamada prudencia a partir
de prever”.
84 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
116
Cic. Ad Fam. I. 2. 4.
117
Cic. Cat. 3. 4; Phil.VII. 19.
118
Cic. De Resp. I. 47 (=71).
119
Cic. Ad Att. VII. 14. 2; De Imp. Gn. Pomp. 29.
120
M. J. Hidalgo de la Vega, “La teoría monárquica...”, art. cit., p. 74.
121
Cic. De Resp. 6. 26. 6-15: Tu vero enitere et sic habeto, non esse te mortalem, sed corpus hoc; nec enim tu
is es, quem forma ista declarat, sed mens cuiusque is est quisque, non ea figura, quae digito demonstrari
potest. Deum te igitur scito esse, siquidem est deus, qui viget, qui sentit, qui meminit, qui providet, qui tam
regit et moderatur et movet id corpus, cui praepositus est, quam hunc mundum ille princeps deus; et ut mun-
dum ex quadam parte mortalem ipse deus aeternus, sic fragile corpus animus sempiternus movet. “Sí,
esfuérzate, y ten entendido que tú no eres mortal, sino este cuerpo; porque tú no eres aquello que manifiesta la
apariencia exterior, sino que eso es la mens de cada uno, no la figura que puede señalarse con el dedo. Conoce
que eres un ser divino, si ser divino es el que vive, siente, recuerda, prevé, que gobierna y modera y mueve
este cuerpo sobre el que está colocado, tanto como el dios supremos dirige y gobierna el mundo; y al igual que
el dios eterno mueve al mundo, en cierta parte mortal, así el sempiterno ánimo mueve el frágil cuerpo”.
122
Cic. Tusc. 1. 66; Pro Mil. 84; Cat. III. 18.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 85
conjunto de cualidades racionales del alma inmortal constituían la virtus, de la que debía
estar dotado quien tuviese cualquier responsabilidad política o jurídica123.
El ideal de hombre de Estado en Cicerón gravitaba en torno a la idea de sapientia, de
conocimiento y capacidad de juicio, porque sólo por medio de ella era posible perseguir el
bien común y garantizar la libertad124. La virtus, la providentia, de la que la sapientia era
una manifestación, generaba también diligentia, con la que se aseguraba el bienestar y la
seguridad común; industria, voluntad de conquista; labor, energía del hombre político;
fortitudo, firmeza para las grandes empresas; constantia, perseverancia necesaria para los
magistrados; gravitas, apariencia de seriedad, indispensable para el cónsul; fides, confianza
mutua entre el que manda y el que recibe las órdenes; auctoritas, mando del hombre político
que suscita influencia y persuasión; moderatio, justa medida y discernimiento a la hora de
tomar decisiones125. La autoridad del hombre de Estado, su aspecto sobrio, sereno y
moderado, su cálculo exacto de las reacciones ante determinados sucesos, su conocimiento
amplio de la realidad, el cumplimiento de los deberes debidos a los dioses (religio), la
lealtad, etc. permitían crear el consenso entre los ciudadanos (consensus omnium), la
concordia, y lograba con ello la iustitia y la libertas126, su interdependencia, regulada por el
juicio y la reflexión, dentro de unos límites marcados por el princeps, primus inter pares, el
hombre político superior.
El programa político propuesto por Cicerón estaba definido por todos los términos
mencionados, dentro de una definición estoica-platónica del político como hombre sabio,
reflexivo, prudens, que antepone a su voluntad y a sus deseos el bien de la comunidad y que
consigue con su autoridad y carisma la justicia y la concordia entre los hombres. Como
salvaguarda de los derechos cívicos, el hombre que gobierna garantiza la salus del
Estado127. Pero se sitúa siempre en un plano inferior al de los dioses, a los que debe mostrar
siempre gratitud y respeto, pues depende plenamente de las indicaciones divinas y de los
augurios para realizar el gobierno perfecto. Su actuación debe estar siempre de acuerdo con
123
E. Lepore, Il princeps ciceroniano e gli ideali politici della tarda repubblica, Nápoles 1954, pp. 102-106.
124
J. P. Martin, Providentia deorum..., o.c., p. 54.
125
Cicerón opone moderator a dominus, rex y tyrannus, porque frente a aquél, éstos imponen el poder de
forma injusta, sin someter las decisiones a la razón, atendiendo a los impulsos de la parte mortal del hombre.
126
Cic. Ad Fam. IX, 24.4. Aristóteles afirmaba en su Política (V. 11. 25 (1315a): “El rey debe mostrarse
siempre con un interés extraordinario con lo que concierne a los dioses (pues los ciudadanos temen menos
sufrir alguna ilegalidad de tales hombres, si consideran que el que los gobierna es temeroso de la divinidad y
piensa en los dioses, y conspiran menos contra él pensando que tiene también a los dioses como aliados), pero
debe mostrarse en tal sentido sin parecer ridículo. De honrar de tal modo a los que se han distinguido por su
bondad en algo, que no crean que habrían sido más honrados por los ciudadanos libres y debe distribuir esos
honores él personalmente; en cambio, los castigos por medio de magistrados y tribunales. Una medida
preventiva común a toda monarquía es el no engrandecer a nadie, pero si se hace, engrandecer a varios (pues
así se vigilarán mutuamente); y si es necesario engrandecer a alguien, que al menos no sea de carácter osado
(pues el carácter de tal clase es el más emprendedor en todas las empresas) y si decidiera desposeer a alguien
de su poder, debe hacerlo gradualmente y no quitarle toda la autoridad de una vez”.
127
Cic. Verr. 2. 28; V. 146; Cat. 3. 4; Pro Cael. 22; Pro Murr. 4; Ad Q. f. 1.1. 31; Phil 3. 27; Tusc. 5. 62; Ad
Fam. 9. 24. 4.
86 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
la voluntad divina y debe hacer uso de las cualidades de su parte inmortal para actuar
correctamente. El principio de buen gobierno se basaba en algo tan sencillo como el
equilibrio entre el conocimiento teórico y la experiencia práctica, para deducir las
consecuencias de cualquier acto o el desarrollo de cualquier circunstancia sin que lleguen a
término. En un marco político en el que el fin primero era la lucha y la oposición contra la
tiranía, caracterizada por la desmedida y la falta de juicio, no resulta extraño que el modelo
de buen gobernante reuniese las características contrarias a las del tirano, las virtudes de las
que aquél precisamente estaba desprovisto128.
Parece evidente que para quienes, como Cicerón, creían en la existencia de un alma
inmortal y tenían la certeza de que existían determinadas personas que destacaban por sus
cualidades anímicas, por las virtudes que les acercaban más a los dioses que al resto de los
mortales, el hombre de Estado debía estar destinado a una existencia más allá de la muerte,
cerca de los dioses inmortales. La política no podía quedar desligada de la religio, pues el
hombre político debía conocer de primera mano, con la ayuda de sacerdotes preparados para
ello, la voluntad divina, que se manifestaba en la tierra por señales diversas. El político
debía interpretar los signos divinos y actuar conforme a su significado para garantizar la pax
deorum, la concordia entre los dioses y los hombres, que garantizaba el bienestar del pueblo.
Desde el punto de vista teórico y filosófico, la definición de hombre de Estado, princeps o
político ideal estaba clara. La actuación de cuantos competían por el poder en los últimos
años de la República debía poner de manifiesto aquellas cualidades destacadas y podía
servirse de la religión para atraerse la lealtad y la confianza de los ciudadanos. Puesto que,
en opinión de Cicerón, había varios hombres que mostraban las cualidades del optimus vir,
el gobierno ideal se regía por una “constitución mixta” que relegaba la monarquía a un
segundo plano129.
Cicerón, por la influencia que ejercía en él la teoría estoica del Nuevo Pórtico, veía
clara la relación entre las cualidades racionales del alma humana y la divinidad. Sin
embargo, esta vinculación entre la parte inmortal o divina del hombre con los dioses no
parecía tan clara a otros contemporáneos suyos, como César. Para el estratega, como para el
filósofo, la previsión y el cálculo, la inteligencia y la reflexión eran elementos
128
Cic. Resp 6.29.1-13: sunt autem optimae curae de salute patriae, quibus agitatus et exercitatus animus
velocius in hanc sedem et domum suam pervolabit; idque ocius faciet, si iam tum, cum erit inclusus in corpore,
eminebit foras et ea, quae extra erunt, contemplans quam maxime se a corpore abstrahet. Namque eorum
animi, qui se corporis voluptatibus dediderunt earumque se quasi ministros praebuerunt inpulsuque libidinum
voluptatibus oboedientium deorum et hominum iura violaverunt, corporibus elapsi circum terram ipsam
volutantur nec hunc in locum nisi multis exagitati saeculis revertuntur. “Ahora bien, son excelentes las
preocupaciones por la salud de la patria, por las cuales movido y ejercitado el ánimo más velozmente volará
hasta esta sede y casa suya. Y esto lo hará más antes pues si ya entonces, cuando estaba encerrada en el cuerpo
salía fuera y, contemplando lo que estaba más allá, cuánto más será capaz de abstraerse del cuerpo ahora. Pues
las almas de quienes se entregaron a los placeres del cuerpo y de convirtieron casi en esclavos de éstos, y,
violaron los juramentos de los dioses y de los hombres, por el impulso de los deseos que obedecen a los
placeres, sacadas de los cuerpos dan vueltas en torno a esta tierra y no vuelven a este lugar sino tras verse
atormentadas durantes muchos siglos”.
129
J. Béranger, Recherches sur l´aspect idéologique du principat, París 1953, p. 331.
JUSTIFICACIÓN TEÓRICA DEL RÉGIMEN MONÁRQUICO 87
130
M. J. Hidalgo de la Vega, “La teoria monarchica e il culto imperiale”, en S. Setis (ed.), I Greci. Storia
cultura arte società, vol. II (Una storia greca), Bari 1996, pp. 1023-1032.
131
Ibidem, pp. 1032-1043.
132
M. J. Hidalgo de la Vega, “La paideia griega, iniciación a la Realeza: los Peri basileias de Dión
Crisóstomos”, Studia historica. Historia antigua (Identidades y culturas en el mundo romano), 22, 2004, pp.
71-90.
88 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
todas sus decisiones. El Numa, Alejandro, Teseo, Agesilao, Cleómenes, etc. que retrata
Plutarco en sus Vidas paralelas no son reyes divinos, sino reyes perfectos133.
133
J. M. Candau, F. Gascó y A. Ramírez de Verger, La imagen de la realeza en la Antigüedad, Madrid 1988,
pp. 89-113.
CAPÍTULO III
Durante los últimos siglos de la República, Italia entera estaba sumida en un terrible
caos; sangre que reclamaba más sangre sin saciarse nunca, guerras pendientes con pueblos
extranjeros y luchas internas que encendían el odio, la envidia, el ansia de poder y de gloria.
No había paz; se había olvidado la justicia; se vendía al padre y al hermano; se traicionaba1.
No cabía duda de que los dioses se habían olvidado de los hombres que habitaban la Tierra;
nada daban a cambio de las ofrendas y sacrificios que se hacían sobre los altares a ellos
consagrados. Do ut des, lema de la religión romana, no era efectivo. Hacían falta nuevos
dioses, intermediarios capaces de cambiar el rumbo de las cosas, de devolver la paz al
pueblo, de lograr la victoria para acabar con las guerras constantes que azotaban Roma,
Italia, el Mediterráneo entero.
La actuación despótica de los últimos reyes etruscos había sido condenada. La
limitación temporal de las magistraturas trataba de evitar que Roma cayese en manos de
nuevos tiranos. Los símbolos de la realeza eran aborrecidos por el pueblo. Sin embargo,
siempre existía el peligro de ser seducido por el deseo de gloria, de fama eterna, de poder
ilimitado, de anhelar los honores que únicamente merecían los dioses y los héroes; un deseo
que podía incluso hacer olvidar al hombre sus limitaciones como mortal. Precisamente en
aquellos momentos y lugares en los que se otorgaba el reconocimiento público de los éxitos,
hazañas o victorias, se recordaba al hombre su diferencia con los dioses; gnosce te ipsum,
reconoce tu temporalidad finita, tu destino ineludible de morir; mortalem esse memento,
1
Lucrecio, De rerum natura, III, 73-78: Consimili ratione ab eodem saepe timore macerat invidia: ante
oculos illum esse potentem,/ illum aspectari, claro qui incedit honore,/ ipsi se in tenebris volui caenoque
queruntur./ Intereunt partim statuarum et nominis ergo. “Por la misma razón y, a menudo, por el mismo
temor, los roe la envidia: que ante sus ojos aquél sea poderoso; que aquél que pasa sea observado con ilustre
honor. Aquéllos se quejan de que se revuelcan en sombras y lodo; los hay que mueren por estatuas o por un
nombre glorioso”.
90 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
repetía susurrante el esclavo que coronaba al jefe vencedor, émulo por un día de Júpiter,
durante el cortejo triunfal.
A pesar de que en época republicana la divinización de un humano era algo
inconcebible, se daban suficientes motivos para que el pueblo concediera honores y
privilegios a aquéllos a los que consideraba sus benefactores. La conciencia de la masa, la
“razón común”, operaba de una manera casi previsible en agradecimiento del cambio de su
mísera condición. En el fondo, latía la antigua creencia de que todo estaba lleno de dioses,
de que cada acto, cada suceso, estaba dictado por una decisión divina2. La victoria o la
derrota en el combate, el éxito o el fracaso de una empresa, la posesión de determinadas
dotes poéticas, musicales, artísticas, etc. hallaban su causa y su principio en los dioses3. La
vida de determinadas personas estaba marcada por una “buena estrella”, dotada de una
“gracia” especial que la hacía brillar frente al resto casi indiferenciado de seres humanos.
Tales hombres estaban, a ojos del pueblo, más cerca de los dioses que los demás.
Aunque en ámbito político se ponía freno a cualquier manifestación exagerada de
poder y la asimilación de la vida humana con la divina era considerada un acto de soberbia,
de hybris, en la mentalidad popular tenían cabida tales equiparaciones. La épica griega y las
principales sagas míticas hacía tiempo que eran conocidas por los romanos. La Odusia,
traducción de la Odisea en los versos saturnios4 de Livio Andronico, de fines del siglo III
a.C., se aprendía de memoria en las escuelas5 y, con ellos, entraba en el imaginario latino
una larga serie de ejemplos de seres favorecidos por los dioses, a medio camino entre lo
humano y lo divino, de héroes descendientes de un dios y de un mortal. El pasado
legendario de Roma estaba protagonizado por héroes fundadores, predestinados al gobierno
desde su nacimiento, igualados a los dioses tras su muerte: la leyenda de Rómulo y Remo
contenía el primer ejemplo de los episodios que imitaron siglos después los líderes políticos
romanos: nacimiento mítico, vinculación de la sangre romana con la griega y troyana,
2
Ibidem, V, 1186-1187: ergo perfugium sibi habebant omnia divis/ tradere et illorum nutu facere omnia flecti.
“Tenían por costumbre achacarles todo a los dioses y hacer que todo se doblegase a las órdenes de éstos”. Cic.
Leg. I, 21: Dasne igitur hoc nobis, Pomponi (...) deorum immortalium <n>ut<u>, ratione, potestate, mente,
numine (siue quod est aliud uerbum quo planius significem quod uolo) naturam omnem regi? “¿Me concedes,
Pomponio, que el universo está gobernado por el poder de los dioses inmortales, por su juicio, por su poder,
por su mente, por su numen o, si hay alguna otra palabra con la que expresar mejor lo que quiero, por su
naturaleza entera?”
3
Platón dedica el diálogo Ión a demostrar que la poesía es fruto de la inspiración y no del conocimiento. Ión,
un rapsoda que llega a Atenas tras haber vencido en un certamen poético en Eleusis, trata de demostrar que su
maestría es resultado del conocimiento y estudio de los grandes poetas griegos. Sócrates le demuestra que el
poeta no conoce ninguno de los ámbitos de los que hablan los versos que él recita y que, puesto que no sabe de
lo que habla, la poesía es pura inspiración de las Musas. En el diálogo se expone la teoría de la inspiración:
una serie de eslabones que conectan al rapsoda que reproduce los versos del poeta con las Musas, con las
diosas que los inspiran. La poesía es fruto de una “posesión” divina; el poeta simplemente escucha e imita las
palabras de las Helicónidas.
Al igual que la poesía, también la areté del guerrero, la virtus heroica, el amor, etc. son fruto de la
intervención de los dioses, de su participación directa y constante en la vida de los hombres.
4
Sobre el verso saturnio, véase E. Fraenkel, Eranos 49, 1951, pp. 170 ss.
5
Todavía Horacio la aprendía con Orbilio, según cuenta en Epist.II, 1, 69-71.
ENSAYOS DE PODER ABSOLUTO POR DERECHO DIVINO 91
recepción de los augurios, fundación de ciudades bautizadas con el nombre del fundador
(ktístes, evergeta y padre de la patria), celebración de triunfos, erección de trofeos,
apoteosis, consagración y asignación de un sacerdote especial para asegurar el
cumplimiento regular de los ritos. Pero había una importante diferencia: los héroes míticos
no dejaban un cadáver, no morían, sino que desaparecían de forma misteriosa; las tumbas en
las que se les hacían las ofrendas debidas a los muertos estaban vacías. Los emperadores, en
cambio, envejecían y morían, como todo ser humano, a pesar de que su mortalidad quedase
velada por las narraciones fabulosas que los situaban en un lugar privilegiado en el más allá.
6
Rea Silvia fue asimilada a una diosa Agdistis, madre de los dioses.
7
El esquema narrativo es semejante al de los cuentos populares en los que el futuro príncipe es el hijo menor y
“maltratado” de una familia pobre que, para conquistar su reino, tiene que pasar por diferentes pruebas, entre
las que se incluye un viaje al mundo de los muertos. El análisis de la estructura primitiva de los mitos de reyes
fundadores ha sido analizada por V. Propp, en Edipo a la luz del folclore, Madrid 1980, pp. 87-141 y del
mismo autor, Raíces populares del cuento popular ruso, Madrid 1998, pp. 45-60.
92 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
los fundadores y de los sacerdotes del templo de Jano, cuyas puertas se abrían al declararse
la guerra.
El mito de Rómulo incluye también la celebración del primer triunfo. Rómulo paseó
los spolia opima hasta el templo de Júpiter Feretrio, donde talló una encina sagrada con la
forma de trofeo. Las armas que colgaban en ella pertenecían a Acrón, rey de Caenina, que
quiso castigar el rapto de las sabinas, por temor a que se volviese a cumplir con las mujeres
ceninetas. Coronado de laurel, Rómulo alzó el trofeo sobre la diestra y con él hizo la
primera procesión triunfal en Roma.
La muerte de Rómulo quedó cubierta por la sombra del misterio. Su persona
desapareció de repente. Unos contaban que los senadores lo habían despedazado en el
templo de Vulcano y que repartieron su cuerpo. Otros, que la noche se lo tragó a las afueras
de Roma. El cielo se ennegreció, la luz del sol se eclipsó y sobrevino una sombra envuelta
en huracanes. Rómulo desapareció a los cincuenta y cuatro años de edad y a los treinta y
ocho de su reinado. Nadie volvió a verlo. Julio Próculo refirió al pueblo que se lo encontró
de vuelta desde Alba y que le dijo: “Los dioses han dispuesto que, por haber fundado una
ciudad de gran poder y gloria, regrese como habitante del cielo. Yo, bajo el nombre de
Quirino, seré siempre vuestro genio tutelar”. Rómulo fue honrado bajo un nuevo nombre, el
de Quirino, en el Quirinal8. La historia real de la fundación de Roma quedó absolutamente
desdibujada por la narración, desarrollada según patrones populares, deformada por el
lenguaje del mito, por la fantasía del relato y por la admiración, el miedo, la superstición,
etc. que éste suscitaba. Los filtros hiperbólicos del mito eliminaron una verdad que se iba
olvidando con el paso del tiempo.
Los textos antiguos transmiten otros ejemplos de divinización de personalidades que
si, en algún tiempo existieron, quedaron convertidas en meras leyendas, en seres a los que se
atribuyeron poderes sobrenaturales. Es el caso de Jano, Saturno, Pico, Fauno, Evandro,
Eneas, Tito Tacio, Numa o Servio Tulio9. A todos ellos se les otorgó un especial cuidado
por parte de los dioses, con los que quedaban vinculados mediante parentescos inventados.
De Servio Tulio se decía, por ejemplo, que era hijo de Vulcano y Ocresia, reina de
Otriculum10, y que tenía una especial vinculación con la diosa Fortuna, a la que dedicó un
templo11. El nombre del rey fue incluido también en el templo de Diana en Nemi.
8
Plut., Rom. 28; Ennio, Ann. 110-117; Ovidio, Met. 14, 813-15; Ovid., Fasti, II, 504-508; Liv., I,.16.6-8; Cic.
Leg. I, 3.
9
Véase L. Cerfaux y J. Tondriau, Un concurrent du christianisme. Le culte des souverains dans la civilisation
gréco-romain, París 1957, pp. 269-286.
10
Arnobio, Adu. Nat.5, 18; Dio. Hal., 4,1.
11
Varro, Ling.lat. 6. 17: dies Fortis Fortunae appellatus ab Servio Tullio rege, quod is fanum Fortis Fortunae
secundum Tiberim extra urbem Romam dedicavit Iunio mense. “El día fue llamado por el rey Servio Tulio “de
la Fuerte Fortuna”, porque él dedicó en el mes de junio, fuera de la ciudad de Roma, cerca del Tíber, un
templo de la Fuerte Fortuna”.
94 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
nuevas fábulas sobre personas que, al morir, fueron contadas en el número de los dioses.
Más aún en los momentos de crisis de la religión tradicional y de las costumbres atávicas.
Los hombres que habían aprendido a no confiar en la respuesta de los dioses a sus rezos,
que aceptaban la separación de los inmortales en la ataraxía, despreocupados de los
sinsabores de la humanidad, recaían en las viejas creencias de la religión “et dominos acris
adciscunt, omnia posse quos miseri credunt”14, y depositaban su confianza en tiranos
crueles a los que consideraban capaces de todo, omnipotentes.
La igualación metafórica de algunos caudillos con Júpiter o con héroes famosos por
su valor guerrero fue un hecho frecuente entre los soldados. Mediante el lenguaje y los actos
se produce la paulatina transposición de imágenes y conceptos religiosos, divinos, al ámbito
humano. Epítetos que acompañan inseparablemente el nombre de algunos dioses o que
definen sus más específicas actuaciones son aplicados metafóricamente a los hombres. Y
también atributos que evocan el poder de los inmortales, al principio exclusivos de los
dioses, se ofrecen como premio a hombres sobresalientes. Fácil regalo el de la lengua y el
de la semejanza, plasmada en la metáfora lingüística o plástica, para quien es capaz de
suscitar la admiración, el respeto y el miedo de los demás.
El control psicológico del jefe militar sobre su tropa, su poder para movilizar los
ánimos atrapados por el furor de la guerra, desencadenaba sentimientos de veneración hacia
el cabecilla. La identificación de la salvación del grupo con la vida del jefe militar podía
conducir a situaciones dramáticas en caso de que éste muriese y podía desencadenar estados
de anomía (de los que se tratará en el próximo capítulo). El líder, militar o político, era la
salvación del ejército y del pueblo, era el garante de la estabilidad, el que posibilitaba la
victoria y la consecuente paz. La salus de la masa subordinada no podía desvincularse de la
salus del princeps en su sentido etimológico, del que encabezaba las filas del ejército. Por
eso también era nombrado pater y sóter, salvador y padre de la gran familia que constituye
el Estado.
El ofrecimiento de determinados honores heroicos o divinos era consecuencia de un
sentimiento que vacilaba entre el miedo y la admiración. La armada que luchó contra los
galos honró a C. Fabio Dorsuo por haberlos conducido a la victoria prope divina
veneratione15; Marco Manlio Capitolino era igualado a Júpiter16. Sin duda, hubo muchos
colocan en el llamado foro; casi siempre lo ponen de pie, a la vista de todos, aunque alguna vez lo colocan
reclinado. El pueblo entero se aglomera en torno del difunto y, entonces, si a éste le queda algún hijo adulto y
residente en Roma, éste, o en su defecto algún otro pariente, sube a la tribuna y diserta acerca de las virtudes
del que ha muerto, de las gestas que en vida llevó a cabo. El resultado es que, con la evocación y la memoria
de estos hechos, que se ponen a la vista del pueblo ―no sólo a la de los que tomaron parte en ellos, sino a la
de los demás―, todo el mundo experimenta una emoción tal, que el duelo deja de parecer limitado a la familia
y pasa a ser del pueblo entero. Luego se procede al enterramiento y, celebrados los ritos oportunos, se coloca
una estatua del difunto en el lugar preferente de la casa, en una hornacina de madera (...)” (Trad. de M.
Balasch, Gredos 2000).
14
Lucrecio, De rerum natura, VI, 63.
15
Val. Max. I, I. 11: Eadem rei publicae tempestate C. Fabius Dorsuo memorabile exemplum seruatae
religionis dedit: namque Gallis Capitolium obsidentibus, ne statum Fabiae gentis sacrificium interrumperetur,
gabino ritu cinctus, manibus umerisque sacra gerens per medias hostium stationes in Quirinalem collem
96 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
que se aprovecharon de esta “impía e irreverente” identificación. Marco Furio Camilo, tras
su victoria sobre Veyes, tuvo la osadía —así fue considerada entonces― de subir al
Capitolio montado sobre un carro guiado por caballos blancos, escena que lo asimilaba, en
la mente de todos los espectadores, con Júpiter y el Sol, dioses a los que únicamente se tenía
reservado este honor17. Sin duda, utilizó la identificación entre griegos y toscanos de su
nombre, Camillus, con Mercurio18. Otros, como Fabio Máximo y, posteriormente, Sila (del
que se tratará en páginas siguientes), erigieron estatuas propias en bronce, sobre el
Capitolio, lugar de representación de la patria, escenario repleto de símbolos de la
conservación del Estado, bajo la tutela del dios supremo. Las cualidades por las que
destacaban se atribuían inmediatamente a la intervención de la divinidad en su persona: la
sagacidad de F. Máximo se consideraba sobrenatural, lo cual beneficiaba su filiación con
Hércules, de quien se decía descendiente19.
La exaltación de cualidades divinas en el jefe militar comenzaron a explotarse de
forma consciente por Escipión el Africano20. Según él, los dioses lo inspiraban y el trato
directo con los inmortales ―con Júpiter21, a quien el pueblo sabía que le consultaba en
privado en el Capitolio22, o con Neptuno23, especialmente― era la razón de sus éxitos
peruenit. ubi omnibus sollemni more peractis in Capitolium prope diuina ueneratione uictricium armorum
perinde uictor rediit.
16
Liv. VI, 17, 4. 16- 5. 5: non obuersatam esse memoriam noctis illius quae paene ultima atque aeterna
nomini Romano fuerit? non speciem agminis Gallorum per Tarpeiam rupem scandentis? non ipsius M. Manli,
qualem eum armatum, plenum sudoris ac sanguinis ipso paene Ioue erepto ex hostium manibus uidissent?
selibrisne farris gratiam seruatori patriae relatam? et quem prope caelestem, cognomine certe Capitolino Ioui
parem fecerint eum pati uinctum in carcere, in tenebris obnoxiam carnificis arbitrio ducere animam?
17
Plut. Camil. 7; Liv. V, 23, 5-6; Cassio Dio, LII, 13. 3-4.
18
Plut. Num. 7, 6; Macr. Sat.III, 8, 5.
19
Juv. Sat. 8. 13-4 : cur Allobrogicis et magna gaudeat ara/ natus in Herculeo Fabius lare...; Ovid. Fasti, II,
237; Ovid. Pont. III, 3, 100.
20
Liv. XXVI, 19, 4-7: fuit enim Scipio non ueris tantum uirtutibus mirabilis, sed arte quoque quadam ab
iuuenta in ostentationem earum compositus, pleraque apud multitudinem aut per nocturnas uisa species aut
uelut diuinitus mente monita agens, siue et ipse capti quadam superstitione animi, siue ut imperia consiliaque
uelut sorte oraculi missa sine cunctatione exsequerentur. ad hoc iam inde ab initio praeparans animos, ex quo
togam uirilem sumpsit nullo die prius ullam publicam priuatamque rem egit quam in Capitolium iret
ingressusque aedem consideret et plerumque solus in secreto ibi tempus tereret. hic mos per omnem uitam
seruatus seu consulto seu temere uolgatae opinioni fidem apud quosdam fecit stirpis eum diuinae uirum esse,
rettulitque famam in Alexandro magno prius uolgatam, et uanitate et fabula parem, anguis immanis concubitu
conceptum, et in cubiculo matris eius uisam persaepe prodigii eius speciem interuentuque hominum euolutam
repente atque ex oculis elapsam. his miraculis nunquam ab ipso elusa fides est; quin potius aucta arte quadam
nec abnuendi tale quicquam nec palam adfirmandi. multa alia eiusdem generis, alia uera, alia adsimulata,
admirationis humanae in eo iuuene excesserant modum; quibus freta tunc ciuitas aetati haudquaquam
maturae tantam rerum molem tantum— que imperium permisit. También Liv. XXVI, 50, 13; Eutropio, III, 11;
Pol. X, 2-5; XI y XIV; A. Gel. VI, 1.
21
Decía que su madre lo había concebido al unirse con una serpiente monstruosa, metamorfosis de Júpiter.
Liv. XXVI, 10 y Aul.Gel N.A., VI.1.6. Ver J. Carcopino, Sylla..., o.c., p. 98.
22
Apiano Iber 88.1-89.3: oÁ de\ to/lmv kaiì tu/xv po/lin eu)dai¿mona kaiì dunath\n e(lwÜn h(me/r# mi#=,
teta/rtv th=j e)p' au)th\n a)fi¿cewj, e)ph=rto mega/lwj kaiì ma=llon e)do/kei kata\ qeo\n eÀkasta dra=n:
au)to/j te ouÀtwj e)fro/nei kaiì ouÀtwj e)logopoi¿ei kaiì to/te kaiì e)j to\n eÃpeita bi¿on, a)rca/menoj e)c
e)kei¿nou. polla/kij gou=n e)j to\ Kapitw¯lion e)sv/ei mo/noj kaiì ta\j qu/raj e)pe/kleien wÐsper ti para\
tou= qeou= manqa/nwn. “Éste, por haber tomado en un sólo día, el cuarto de su llegada, una ciudad poderosa y
ENSAYOS DE PODER ABSOLUTO POR DERECHO DIVINO 97
militares. El montaje religioso fue mantenido por sus familiares incluso después de su
muerte, pues colocaron su máscara mortuoria en el Capitolio, como si el templo fuera su
propia casa, junto al Júpiter al que Escipión llamaba padre. Siglos después, en la época en la
que Apiano escribió su Historia romana, se seguía llevando en procesión desde el Capitolio
solamente la estatua de Escipión, a diferencia del resto de las estatuas de hombres ilustres
que se llevaban desde el foro24. Sin embargo, sólo la parte inmortal de su ser, librada de las
ataduras del cuerpo mortal, podría unirse a la esencia divina de la que un día se separó. Esa
pequeña parte del hombre mortal podía ser considerada divina. La unión del alma inmortal
de Escipión con los dioses —mal considerada, en mi opinión, como “apoteosis”—,
celebrada por Ennio y por Cicerón, ponía el broche final a ese teatro político.
El contacto de Roma con las monarquías orientales, sobre todo con la egipcia de
Ptolomeo Filadelfo y con la siria y pergamea, contribuyó sin duda a aumentar la penetración
de ejemplos de homenajes “heroicos” a jefes militares y políticos25. Durante los siglos de la
República romana se creó el caldo de cultivo propicio para aceptar el tipo de honores
requeridos para el Principado. Cuando Cicerón y su hermano regresaron de su proconsulado
en Asia, les fue ofrecida la erección de un templo que rechazaron26. Tampoco aceptaron las
estatuas, altares y cuadrigas que les ofrecían27. Sí aceptó Apio Claudio, en cambio, el
rica, debido a su audacia y buena estrella, se sintió presa de un gran orgullo y daba la impresión, en mayor
medida, que ejecutaba cada acción de acuerdo con los designios de la divinidad. No sólo lo pensaba así él
mismo en su interior, sino que lo manifestaba públicamente en sus discursos de entonces, y desde aquel
momento, durante el resto de su vida. Muchas veces, en efecto, penetraba solo en el Capitolio y cerraba las
puertas tras de sí, como si se dispusiera a recibir alguna información de parte de la divinidad”.
23
Liv. XXVI, 45, 9 : hoc cura ac ratione compertum in prodigium ac deos uertens Scipio (...) Neptunum
iubebat ducem itineris sequi ac medio stagno euadere ad moenia. “Escipión, adjudicando a los dioses y a un
prodigio algo descubierto por su preocupación y por su pensamiento, (...) ordenaba seguir a Neptuno como
guía del camino y marchar por mitad de la laguna hasta las murallas.”
24
App. Iber 89.3 - 90: kaiì nu=n eÃti th\n ei¹ko/na th\n Skipi¿wnoj e)n taiÍj pompaiÍj mo/nou profe/rousin e)k tou=
Kapitwli¿ou, tw½n d' aÃllwn e)c a)gora=j fe/rontai. “Y aún ahora la imagen de Escipión sacan en procesión en
los cortejos desde el Capitolio, mientras que las de los otros las llevan desde el ágora”.
25
Comparto la idea defendida por L. Ross, en The divinity of the roman emperor, Conettica 1931.
26
Cic. Ad Q. Fr. I, 1, 26. 7-20: quamquam has querelas hominum nostrorum illo consilio oppressimus (quod
in Asia nescio quonam modo, Romae quidem non mediocri cum admiratione laudatur), quod, cum ad
templum monumentumque nostrum civitates pecunias decrevissent, cumque id et pro meis magnis meritis et
pro tuis maximis beneficiis summa sua voluntate fecissent, nominatimque lex exciperet ut ad templum et
monumentum capere liceret, cumque id quod dabatur non esset interiturum sed in ornamentis templi futurum,
ut non mihi potius quam populo Romano ac dis immortalibus datum videretur, tamen id in quo erat
dignitas, erat lex, erat eorum qui faciebant voluntas accipiendum non putavi (...) “Aunque ahogamos las
quejas de nuestros hombres con aquel consejo (porque en Asia desconozco de qué modo, pero en Roma se
alaba con una admiración no mediocre), que, al haber decretado las ciudades partidas de dinero para un templo
y un monumento nuestro y al haber hecho esto por mis grandes méritos y por tus máximos beneficios según su
voluntad suma, y al estipular nominalmente la ley que es lícito aceptar esto para un templo o un monumento, y
como aquello que se daba no se iba a perder, sino que iba a ser empleado en los ornamentos de un templo, para
que pareciera que se iba a entregar no a mí, sino al pueblo romano y a los dioses inmortales, sin embargo, no
pensé en aceptar aquello en lo que estaba la dignidad, la ley y la voluntad de quienes lo hacían”
27
Cic. Att.V.21.7: qua ex insula (non uJperbolikw" sed verissime loquor) nummus nullus me obtinente
erogabitur. ob haec beneficia, quibus illi obstupescunt, nullos honores mihi nisi verborum decerni sino;
statuas, fana, teqrippa prohibeo (...) “De esta isla (no hablo de forma hiperbólica, sino verazmente) ni una
sola moneda fue pagada para que yo la obtuviera. Por causa de estos beneficios, por los que aquéllos pierden el
98 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
templo que levantaron en su honor en Cilicia, así como el que se diera nombre de Appius a
una de las ciudades que se fundaron o refundaron en la provincia, cuyos habitantes
adoptaron el gentilicio de Appiani. Mucio Escévola recibió como honor la celebración de
unos juegos que llevaban su nombre, los Mucia28. Todo ello no era sino la respuesta al
impacto de las imágenes que los generales erigían como muestra de su extraordinario poder:
representaciones simbólicas de los pueblos sometidos, de las victorias logradas o de los
dioses que apoyaban cada acto y cada decisión tomadas por ellos. Verres, en el 73-71 a.C.,
se había hecho representar en una figura ecuestre que se situó sobre el ático de un fornix
(arco) que él mismo mandó construir, junto a la figura desnuda de tipo heroico de su hijo29.
Con el botín de las guerras de Hispania del 196 a.C., L .Stertinius mandó levantar fornices,
arcos en los que se representaban él y sus antepasados30, como en el Fornix Fabianus; o en
el caso de Escipión31, arcos de tipo honorífico, sustitutos de la columna honorífica greco-
helenística en el mundo romano32. Cualquiera de ellos suponía un símbolo de poder, un
trofeo con el cual se informaba al pueblo del poder personal y militar del personaje que
había encargado y sufragado los gastos de la obra33.
La demostración de lealtad de los pueblos orientales hacia Roma, que había
comenzado con el culto al pueblo de los romanos y a su abstracción divina, la dea Roma, se
focalizó progresivamente en personajes particulares que, según su consideración, eran
representantes del poder que los había subyugado. Existía la tendencia de erigir templos a
los procónsules34, se honraba al Senado de Roma (theós synklétos), a cuyos integrantes se
les llamaba “dioses salvadores”35; se hacían ofrendas de agradecimiento a los
sentido, yo no consiento que sean decretados para mí honores ningunos excepto los de las palabras; prohíbo las
estatuas, los templetes, las cuadrigas (...)” También en Fam. III. 7.5: postea vero quam ita et cepi et gessi
maxima imperia ut mihi nihil neque ad honorem neque ad gloriam acquirendum putarem, superiorem
quidem numquam, sed parem vobis me speravi esse factum. “Después de que acepté y gestioné los máximos
imperios de tal modo que pensaba que nada sería adquirido en beneficio mío ni para mi honor ni para mi
gloria, ciertamente nunca sentí el deseo de ser hecho superior, sino igual a vosotros”.
28
Cic. Verr. II, 2, 51.
29
Cic. Verr. II. 154.
30
Liv AUC 33.27.3: L. Stertinius ex ulteriore Hispania, ne temptata quidem triumphi spe, quinquaginta milia
pondo argenti in aerarium intulit, et de manubiis duos fornices in foro bouario ante Fortunae aedem et matris
Matutae, unum in maximo circo fecit et his fornicibus signa aurata imposuit. “Lucio Estertinio llevó al erario
desde la Hispania Ulterior, sin probar siquiera la esperanza del triunfo, cincuenta mil monedas de plata, y
levantó dos arcos en el foro Boario, delante del templo de la Fortuna y de Mater Matuta, y a la vez construyó
uno en el Circo Máximo y puso encima de estos arcos estatuas doradas”.
31
Liv. AUC 37.3.7.1: P. Cornelius Scipio Africanus, priusquam proficisceretur, fornicem in Capitolio
aduersus uiam, qua in Capitolium escenditur, cum signis septem auratis et equis duobus et marmorea duo
labra ante fornicem posuit. “Publio Cornelio Escipión Africano, antes de continuar, levantó un arco en el
Capitolio, al otro lado de la vía por la que se asciende al Capitolio, con siete estatuas doradas, dos caballos y
dos pilas de mármol delante del arco.”
32
Plinio, NH, 34. 27.
33
Sobre la utilización política y simbólica de los arcos (fornix, ianus, arcus, etc.), véase J. Arce, “Arcos
romanos en Hispania”, AEspA 60, 1987, pp. 73-88.
34
Cic. Flac. 55-56.
35
Así fueron saludados los senadores romanos por el rey Prusias de Bitinia.
ENSAYOS DE PODER ABSOLUTO POR DERECHO DIVINO 99
36
C. Marcio Censorino era llamado sóter y euergetés en Mylasa, donde se instituyeron las Kensorinea (CIG
2698 b).
37
IGV 2, 435.
38
Pol. X, 38 cuenta que los hispanos reverenciaban al jefe militar con la proskýnesis: tw½n d'
a)nqomologhsame/nwn same/nwn dio/ti parakolouqou=si kaiì proskunhsa/ntwn au)to\n kaiì
prosfwnhsa/ntwn basile/a oi¸ me\n paro/ntej e)peshmh/nanto to r(hqe/n, o( de\ Po/plioj e)ntrapeiìj
qarreiÍn au)toiÍj parv/nei: teu/cesqai ga\r eÃfh sfa=j a(pa/ntwn tw½n filanqrw¯pwn u(po\ ¸Rwmai¿wn.
“(Los íberos) reconocieron que estaban de acuerdo con ello y empezaron a postrarse ante él y a llamarlo “rey”.
Los presentes aplaudieron ante tal palabra y Escipión, conmovido, los animó a recobrar la confianza; les
aseguró que los romanos los tratarían bien.” (Trad. M. Balasch, Gredos 2000).
39
Sertorio se creía inspirado por Diana, según Plutarco, Sert. XII, 13.
40
Fue nombrado salvador por los romanos en Hispania, compartiendo su consulado con Sila. Su victoria sobre
Sertorio le valió la construcción de altares y la realización de sacrificios. Macr. Sat. 3, 13; Plu. Sert. 24.
41
El festival anual que los siracusanos ofrecieron a Claudio Marcelo, al que honraban como sóter, fue abolido
por Verres, que lo reemplazó por uno en su honor. Cic. Verr. II, 2, 51-52; Cic. Verr. II. 154 y Plut. Marc. 32.
42
Plut. Flam. XII, 11-12 : a)natiqeiìj ga\r ei¹j Delfou\j a)spi¿daj a)rgura=j kaiì to\n e(autou= qureo/n,
e)pe/graye : Zhno\j i¹wÜ kraipnaiÍsi gegaqo/tej i¸pposu/naisi / kou=roi, i¹wÜ Spa/rtaj Tundari¿dai
basileiÍj, /Ai¹nea/daj Ti¿toj uÃmmin u(pe/rtaton wÓpase dw½ron, / ¸Ella/nwn teu/caj paisiìn e)leuqeri¿an.
a)ne/qhke de\ kaiì xrusou=n t%½ ¹Apo/llwni ste/fanon, e)pigra/yaj gra/yaj: To/nde toi a)mbrosi¿oisin
e)piì ploka/moisin eÃqhke /keiÍsqai Latoi¿+da xrusofah= ste/fanon, /oÁn po/ren, Ai¹neada=n tago\j me/gaj.
a)ll' ¸Eka/erge/ a)lka=j t%½ qei¿% ku=doj oÃpaze Ti¿t%. “Así él mismo estaba sumamente satisfecho con
haber procurado la libertad de Grecia, y habiendo consagrado en Delfos unas monedas de plata y su propio
escudo, puso esta inscripción: “¡Salve! Dióscuros, prole del gran Zeus, al Placer dados de ágiles caballos:
¡Salve! hijos de Tíndaro, que reyes fuisteis de Esparta, esta sublime ofrenda el Enéada Tito en vuestras aras lo
100 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
libertadores del pueblo, Tito Quinto Flaminio había derrotado a Filipo V de Macedonia y
había sido nombrado por ello salvador (sóter) en el 198-190 a.C. En Calcis se elevó un
gimnasio consagrado a Heracles y a él, y un delphinium en honor a Apolo, con un sacerdote
que controlaba el cumplimiento del culto. Su nombre fue incluido en un peán, donde se
mencionaba también a Apolo, Zeus, Fides y Roma y que acababa diciendo: “salud, Tito,
nuestro salvador”43.
Medio siglo antes de que Lucio Cornelio Sila se contara entre los hombres más
poderosos de Roma, un griego, amigo de Escipión el Africano, de nombre Polibio,
subrayaba en sus Historias el carácter religioso y supersticioso del pueblo romano. La
deisidaimoni¿a, el temor a los dioses, presente en la vida pública y privada de un modo
exagerado a ojos de un extranjero, garantizaba el mantenimiento y la perpetuación de las
instituciones romanas y del orden social. La finalidad de un sentimiento religioso tan hondo
no era otra que el control del pueblo, de una masa “llena de pasiones injustas, de rabia
irracional y de coraje violento”44. Para controlarla, bastaba con generar el miedo hacia las
consagra, por haber labrado/la libertad de la oprimida Grecia.”. Dedicó también a Apolo una corona de oro con
estos versos: “Descanse esta corona, ínclito Febo, sobre tu rubia y crespa cabellera.De la raza de Eneas el
caudillo te la ofrece, Flechero, y da tú en premio gloria y honores al divino Tito”.
43
Plut. Flam. XVI, 5-6 : ouÀtw diaswqe/ntej oi¸ XalkideiÍj ta\ ka/llista kaiì me/gista tw½n par'
au)toiÍj a)naqhma/twn t%½ Ti¿t% kaqie/rwsan, wÒn e)pigrafa\j eÃsti toiau/taj aÃxri nu=n o(ra=n: "o( dh=moj
Ti¿t% kaiì ¸HrakleiÍ to\ gumna/sion." e(te/rwqi de\ pa/lin: "o( dh=moj Ti¿t% kaiì ¹Apo/llwni to\ Delfi¿nion."
eÃti de\ kaiì kaq' h(ma=j i¸ereu\j xeirotonhto\j a)pedei¿knuto Ti¿tou, kaiì qu/santej au)t%½ tw½n spondw½n
genome/nwn #Ãdousi paia=na pepoihme/non, ou taÅlla dia\ mh=koj h(meiÍj pare/ntej, a)negra/yamen aÁ
pauo/menoi th=j %©dh=j le/gousi: Pi¿stin de\ ¸Rwmai¿wn se/bomen /ta\n megaleuktota/tan oÀrkoij
fula/ssein: me/lpete kou=rai/ Zh=na me/gan ¸Rw¯man te Ti¿ton q' aÀma ¸Rwmai¿wn te Pi¿stin:/ i¹h/i+e
Paia/n, / wÕ Ti¿te sw½ter. “Por lo tanto, estando a salvo los Calcidenses gracias a su intervención, consagraron a
Tito los más bellos y grandiosos monumentos que pudieron, cuyas inscripciones todavía hoy se leen: “El pueblo a
Tito y a Heracles este Gimnasio”; y en otra parte, en la misma forma: “El pueblo a Tito y a Apolo el Delfinio.”
Todavía hoy se elige y consagra a un sacerdote de Tito, se le ofrecen sacrificios y, hechas las libaciones, cantan un
peán o himno de victoria en verso; del cual, dejando lo demás por ser demasiado difuso, transcribimos lo que cantan
al fin del himno: Objeto es de este culto la fe de los Romanos, aquella fe sincera que guardarles juramos. Cantad,
festivas ninfas, a Zeus el soberano, y en pos de Roma y Tito, la fe de los Romanos.¡Io peán, oh Tito, oh Tito nuestro
amparo!”
44
Polib. Hist.VI, 56. 7: kai¿ moi dokeiÍ to\ para\ toiÍj aÃlloij a)nqrw¯poij o)neidizo/menon, tou=to
sune/xein ta\ ¸Rwmai¿wn pra/gmata, le/gw de\ th\n deisidaimoni¿an: e)piì tosou=ton ga\r
e)ktetrag%¯dhtai kaiì pareish=ktai tou=to to\ me/roj par' au)toiÍj eiãj te tou\j kat' i¹di¿an bi¿ouj kaiì
ta\ koina\ th=j po/lewj wÐste mh\ katalipeiÍn u(perbolh/n. oÁ kaiì do/ceien aÄn polloiÍj eiånai
qauma/sion. e)moi¿ ge mh\n dokou=si tou= plh/qouj xa/rin tou=to pepoihke/nai. ei¹ me\n ga\r hÅn sofw½n
a)ndrw½n poli¿teuma sunagageiÍn, iãswj ou)de\n hÅn a)nagkaiÍoj o( toiou=toj tro/poj: e)peiì de\ pa=n plh=qo/j
e)stin e)lafro\n kaiì plh=rej e)piqumiw½n parano/mwn, o)rgh=j a)lo/gou, qumou= biai¿ou, lei¿petai toiÍj
a)dh/loij fo/boij kaiì tv= toiau/tv trag%di¿# ta\ plh/qh sune/xein. dio/per oi¸ palaioiì dokou=si¿ moi ta\j
periì qew½n e)nnoi¿aj kaiì ta\j u(pe\r tw½n e)n #Àdou dialh/yeij ou)k ei¹kv= kaiì w¨j eÃtuxen ei¹j ta\ plh/qh
ENSAYOS DE PODER ABSOLUTO POR DERECHO DIVINO 101
cosas desconocidas con ficciones acerca de lo sobrenatural, de lo divino y del más allá,
historias inculcadas no por casualidad (ou)k ei¹kv= kaiì w¨j eÃtuxen...), sino con plena
conciencia de su poder.
Algunos supieron hacer uso de todos los medios que brindaba la tradición para
suscitar el miedo y el respeto en la masa y, de este modo, asegurar el dominio sobre ella. Si
bien ya durante los primeros siglos de la República había sido ensayado en numerosas
ocasiones por personajes como los ya nombrados Fabio Dorso, Marco Manlio Capitolino,
Marco Furio Camillo, Fabio Máximo, Escipión el Africano, Mucio Escévola o Tito Quinto
Flaminio45, por citar tan sólo algunos nombres, fue durante los años de agonía de esta forma
de gobierno cuando se puso en marcha un complejo mecanismo de encumbramiento y de
exaltación de la figura política, basado en la fascinación, en el temor y en el respeto
religioso. Se aprovechaba una época de confusión de los dogmas acerca de la divinidad, en
la que se multiplicaban las supersticiones y las creencias mágicas, unas de los etruscos, otras
traídas por griegos y orientales, contra las que se levantaron algunas voces que predicaban el
“ateísmo”46; un tiempo en el que los hombres buscaban errantes el camino de la vida,
rivalizaban en talento y contendían en nobleza para adueñarse del poder47.
El primer artífice de este complejo montaje propagandístico fue L. Cornelio Sila, al
que las fuentes que a nosotros han llegado describen como un tirano sediento de sangre, de
poder y de gloria48. No le bastó el entusiasmo popular que de forma espontánea
pareisagageiÍn, polu\ de\ ma=llon oi¸ nu=n ei¹kv= kaiì a)lo/gwj e)kba/llein au)ta/. “Y me parece a mí que
ha sostenido a Roma una cosa que entre los demás pueblos ha sido objeto de mofa; me refiero a la
superstición. Entre los romanos, este elemento está presente hasta tal punto y con tanto dramatismo, en la vida
privada y en los asuntos públicos de la ciudad, que es ya imposible ir más allá. Esto extrañará a muchos, pero
yo creo que lo han hecho pensando en las masas. Si fuera posible constituir una ciudad habitada sólo por
personas inteligentes, ello no sería necesario. Pero la masa es versátil y llena de pasiones injustas, de rabia
irracional y de coraje violento; la única solución posible es contenerla con el miedo de cosas desconocidas y
con ficciones de este tipo. Por eso, creo yo, los antiguos no inculcaron a las masas por casualidad o por azar las
imaginaciones de dioses y las narraciones de las cosas del Hades; los de ahora cometen una temeridad
irracional cuando pretenden suprimir estos elementos.”
45
Todos estos ejemplos fueron analizados por L. Cerfaux y J. Tondriau, Un concurrent du christianisme. Le
culte des souverains dans la civilisation grèco-romaine, París 1957, pp. 269-286. Los caudillos militares
buscaron la exaltación de su persona a través de la creación de paralelos visuales, de la metaforización de sus
actos, que eran equiparados a escenas protagonizadas por los dioses en la mente de un espectador múltiple. A
través del lenguaje, capaz de teñir la narración de las hazañas gloriosas con elementos sobrenaturales y de
convertir la historia real en leyenda así como por medio de actos cargados de simbolismo, se hizo posible la
paulatina transposición de las imágenes y de los conceptos religiosos y divinos al ámbito humano.
46
Lucrecio escribió su tratado filosófico, heredero del pensamiento de Epicuro, para liberar el ánimo de los
apretados nudos de las supersticiones (como declaraba él mismo en De rerum natura I, 932). Valga como
ejemplo de ese esfuerzo el siguiente pasaje (De rerum natura, I, 104-109): quippe etenim quam multa tibi iam
fingere possunt/ somnia, quae vitae rationes vertere possint/ fortunasque tuas omnis turbare timore!/ et
merito; nam si certam finem esse viderent/ aerumnarum homines, aliqua ratione valerent/ religionibus atque
minis obsistere vatum. “Pues ¡cuántas cosas pueden hacerte imaginar los sueños, que puedan incluso trastornar
las razones de tu vida y turbar con el miedo todas tus venturas! Y con razón, porque si vieran los hombres que
hay un fin certero de sus pesadumbres, con algún argumento serían capaces de oponerse a las supersticiones y
a las amenazas”.
47
Así lo veía Lucrecio, De rer. nat. II, 10-13, y de igual modo lo había vaticinado Polibio, Hist. VI, 57, 5.
48
Sal. De bell Iug.XCV, 2 ss: eruditus, animo ingenti, cupidus voluptatum sed gloriae cupidior, otio luxurioso.
“Erudito, de ánimo ingente, deseoso de placeres pero más deseoso aún de gloria, de divertimentos lujuriosos.”
102 PROPAGANDA POLÍTICA Y CULTO IMPERIAL EN HISPANIA
acostumbraba a ensalzar y honrar el genio militar con homenajes semejantes a los rendidos
a los dioses y héroes patrios; persiguió la glorificación a través de la alabanza encarecida de
hazañas sancionadas por los dioses y de una vida inspirada por la divinidad. Usó aun sin fe
y con fines propagandísticos las antiguas formas rituales, se sirvió de profecías, de sueños y
señales divinas para promover su fama; se convirtió en depositario único de los auspicios
absolutos; se invistió de las magistraturas que conservaban los símbolos de la antigua
monarquía y recurrió, en fin, a espectáculos sobrecogedores cuyo fin era ganar la reverencia
del pueblo hacia su persona.
Las mismas artes emplearon posteriormente, si no con mayor inteligencia, sí con
mayor tino, César y Augusto para legitimar su política imperial. Pero Sila había establecido
por vez primera las condiciones que garantizarían posteriormente la magnificación de la
figura del emperador, un sistema manipulado en dos direcciones: a través de mensajes
emitidos por el interesado, inspirados en las tradiciones e instituciones greco-romanas
vigentes, que conformaban un sólido sistema de propaganda capaz de suscitar la reverencia
de los receptores; y a través de las respuestas espontáneas de un público que identificaba y
personificaba la salvación de la res publica con la conservación del cabeza del Estado. El
resultado de todo ello fue la consolidación de un gobierno absoluto apoyado y legitimado en
la protección divina49.
Para L. Cornelio Sila no se inventó una prosapia divina. Descendía de una familia
patricia venida a menos50 y su juventud, falta de dinero, había transcurrido en una pensión
en la que vivía de alquiler. No era tampoco un ejemplo de virtud moral. Plutarco, principal
fuente biográfica sobre Sila, lo tachaba de hombre cruel y libertino51. Sin embargo, su vida
y sus obras, según quiso él hacer creer al pueblo, participaron de la intervención divina,
manifestada a través de prodigios anunciados por magos y adivinos de origen oriental,
incluidos en las narraciones literarias que mitificaron su biografía: sus gestos y movimientos
reflejaban su futura grandeza, según le comunicó un caldeo durante su campaña en
49
En mi opinión, el artículo de E. S. Ramage, “Sulla´s propaganda”, Klio 73, 1991, pp. 93-121, adolece de una
carencia importante, pues no hace distinción de los emisores en el proceso comunicativo que conforma este
sistema propagandístico. No tienen la misma significación los mensajes de exaltación de la figura política
emitidos por el propio interesado, por Sila en este caso, que las respuestas del pueblo ante tales
“provocaciones”. También éstas, sin duda, contribuyen a potenciar la magnificación de la figura política con la
construcción de obras que repiten las asimilaciones lingüísticas o iconográficas deseadas por éste. Sin embargo
tales respuestas no pueden ser consideradas parte del sistema de propaganda, sino una reacción ante el mismo,
cifrada en honras y homenajes con una fuerte carga religiosa. Paul Zanker propone en su último libro (Un´arte
per l´impero. Funzione e intenzione delle immagini nel mondo romano, Roma 2001, pp. 7-9) la aplicación de
un análisis “lingüístico” en el diálogo social que genera la instrumentalización de las imágenes.
50
Sal. De bell. Iug. XCV.3: gentis patriciae nobilis fuit, familia prope exstincta maiorum ignavia.
51
Plut. Syll. I.
ENSAYOS DE PODER ABSOLUTO POR DERECHO DIVINO 103
Capadocia52. Cuando cerca de Laverna, durante la guerra social, se abrió en la tierra una
sima de la que surgió una gran llama que ascendió al cielo, los adivinos interpretaron el
fenómeno como un anuncio de la llegada al poder de un varón a)gaqo\j oÃyei dia/foroj kaiì
peritto\j53. Durante su enfrentamiento contra Mitrídates, numerosos presagios anunciaron
el desastre de la guerra —cuervos que devoraban a sus polluelos, ratones que se comían a
sus crías, trompetas que sonaban en medio de un cielo claro, fasces que ardían sin razón
aparente... —, todos ellos interpretados por los adivinos etruscos como señales de una
mudanza política y de la llegada de una nueva generación, de las ocho que habrían de
integrar la historia de la humanidad54. Discordia y sedición anunciadas por los adivinos del
templo de Belona (con los que Sila consumía su tiempo mientras el Senado se reunía) al ver
un gorrión que llevaba en su pico una cigarra; incendio y destrucción encubiertos en un
sueño, en el que la diosa capadocia Belona le entregaba un rayo en la cabecera misma de su
cama55; o la victoria, simbolizada por una corona de laurel, reflejada en la extremidad de un
52
Plut. Syll. V.5.5-6.5 : i¸storeiÍtai de/ tij a)nh\r tw½n meta\ ¹Oroba/zou atabebhko/twn, XaldaiÍoj,
ei¹j to\ tou= Su/lla pro/swpon a)pidwÜn kaiì taiÍj kinh/sesi th=j te dianoi¿aj kaiì tou= sw¯matoj ou)
pare/rgwj e)pisth/saj, a)lla\ pro\j ta\j th=j te/xnhj u(poqe/seij th\n fu/sin e)piskeya/menoj,
ei¹peiÍn w¨j a)nagkaiÍon eiãh tou=ton to\n aÃndra me/giston gene/sqai, qauma/zein de\ kaiì nu=n pw½j
a)ne/xetai mh\ prw½toj wÔn a(pa/ntwn. “Se cuenta asimismo que uno de los caldeos, que fue de la comitiva
de Orobazo, habiendo reparado en el semblante de Sila y estado atento a los movimientos de su ánimo y de su
cuerpo, examinando por las reglas que él tenía cuál debía ser su índole y carácter, había exclamado que
necesariamente aquel hombre debía de ser muy grande, y aun se maravillaba cómo podía aguantar el no ser ya
el primero de todos”.
53
Plut. Syll. VI. 6.6-7.3: i¸storeiÍ xa/sma th=j gh=j me/ga gene/sqai periì Labe/rnhn: e)k de\ tou/tou
pu=r a)nablu=sai polu\ kaiì flo/ga lampra\n sthri¿sai pro\j to\n ou)rano/n. ei¹peiÍn dh\ kaiì tou\j
ma/nteij w¨j a)nh\r a)gaqo\j oÃyei dia/foroj kaiì peritto\j aÃrcaj a)palla/cei tv= po/lei taraxa\j
ta\j parou/saj. “Refiere (en sus Comentarios) que se abrió una gran sima cerca de Laverna, de la cual salió
mucho fuego y una llama muy resplandeciente, que subió hasta el cielo, y que acerca de ello habían dicho los
agoreros que un insigne varón, de bella y excelente figura, haría cesar aquellas grandes agitaciones, y éste da
por supuesto no ser otro que él.”
54
Plut. Syll. VII.3.9-5.1: Turrhnw½n de\ oi¸ lo/gioi metabolh\n e(te/rou ge/nouj a)pefai¿nonto kaiì
metako/smhsin a)poshmainein to\ te/raj. eiånai me\n ga\r o)ktwÜ ta\ su/mpanta ge/nh, diafe/ronta
toiÍj bi¿oij kaiì toiÍj hÃqesin a)llh/lwn, e(ka/st% de\ a)fwri¿sqai xro/nwn a)riqmo\n u(po\ tou= qeou=
sumperaino/menon e)niautou= mega/lou perio/d%. kaiì oÀtan auÀth sxv= te/loj, e(te/raj
e)nistame/nhj kineiÍsqai¿ ti shmeiÍon e)k gh=j hÄ ou)ranou= qauma/sion, w¨j dh=lon eiånai toiÍj
pefrontiko/si ta\ toiau=ta kaiì memaqhko/sin eu)qu\j oÀti kaiì tro/poij aÃlloij kaiì bi¿oij
aÃnqrwpoi xrw¯menoi gego/nasi, kaiì qeoiÍj hÂtton hÄ ma=llon tw½n prote/rwn me/lon