Karla Carreon TESIS
Karla Carreon TESIS
INSTITUTO DE INVESTIGACIONES
LINGÜÍSTICO-LITERARIAS
TESIS
PRESENTA
ASESORA:
Mi interés por los cuentos de Francisco Tario se gestó hace algunos años, en una clase de
Literatura Mexicana, cuando leí “Entre tus dedos helados” por primera vez. Esta lectura ha
tenido un lugar privilegiado entre aquellas que mantendría cerca los siguientes años de mi
formación.
La complejidad narrativa que posee la obra de este autor ha conferido gran dificultad
para situarlo en una sola categoría de la literatura nacional. En este contexto, comprendí que
tal vez había otro elemento que pudiese otorgar una perspectiva general de su obra, y así,
surgió mi interés por una presencia de sus cuentos, la noche. Me interesa lo nocturno porque
creadora de una poética que Francisco Tario seguiría desarrollando a lo largo de su obra. Así,
los cuentos de La noche convergen gracias a tal rasgo. Lo nocturno en estos cuentos,
definición abordada en el análisis, refiere a una propuesta estética que se encuentra en varias
No se alude a cualquier noche, sino a una sola que es significativa para los
protagonistas, una noche simbólica que cambiará sus tramas vitales para siempre. Los
personajes atestiguan una revelación dentro de ese marco nocturno e interrumpen su letargo
para iniciar una contienda contra su propia naturaleza. Finalmente, concluyen su travesía
inmersos en una oscuridad cada vez mayor, debido a la imprecisión de las situaciones y a su
lucha imposibilitada con tal atmósfera. Esta oscuridad remite a la interioridad de los
personajes, porque son melancólicos y emocionalmente inestables: tal como la oscuridad
y me detengo sobre todo en los posibles motivos por los que esta edición pasó prácticamente
categoría genérica en la que se ha situado al autor, así como las discusiones pertinentes al
respecto y realizo un recorrido por las diferentes temáticas y recursos con que se ha abordado
la obra de manera reciente. La recepción crítica se divide en los siguientes apartados: “La
por Mijaíl Bajtín. De acuerdo con el autor, este concepto refiere a toda conexión esencial de
de esta investigación, la correspondencia entre espacio y tiempo a la que refiere tal concepto
es evidente y se manifiesta sobre todo en dos aspectos. En primer lugar, en las acciones de
los personajes inscritos en la noche, ya que éstas responden a tal oscuridad para ocultarse o
de los personajes.
En este mismo capítulo, analizo los microespacios de la noche y los matices en que
se hallan configurados de acuerdo con las acciones de los personajes y las descripciones
espaciales. Esta sección del análisis está dividida en tres apartados: “Lo nocturno en el
desde la grieta: el narrador y su objeto de enunciación” examino quién narra, dónde narra y
la naturaleza de los acontecimientos narrados. Para ello, elijo algunos pasajes del íncipit de
los cuentos y los analizo, con la finalidad de identificar la oscuridad de las situaciones en que
de algunos objetos y su relación con los personajes humanos. Algunos protagonistas son
examinados desde su situación al interior de la trama, como seres que se tambalean entre uno
muerte”, explico e interpreto la situación final de los protagonistas como una degradación de
la cual es imposible recuperarse. Analizo cómo los personajes, por medio de sus acciones,
ocasionan su propia muerte simbólica, situación análoga a una oscuridad permanente a la que
son sometidos. Esta última sección se sustenta en autores que se dedicaron a definir
teóricamente algunos elementos de la narratología del cuento, como Gerard Genette, Boris
Tomachevsky y Claude Bremond, sobre todo en sus conceptos itinerario narrativo, intriga,
CAPÍTULO I
CAPÍTULO I
FRANCISCO TARIO, UN AUTOR RARO
APUNTES SOBRE LA RECEPCIÓN CRÍTICA DEL AUTOR DE LA NOCHE
Si bien el crítico resulta ser uno de los intermediarios entre el autor y su lector al ofrecer una
valoración de un texto, ¿qué sucede cuando no hay tal crítica de una obra literaria? En este
contexto, cabe recordar que el primer título publicado por Francisco Tario, La noche (1943),
La noche se publicó por primera vez en 1943 a cargo de la Antigua Librería Robredo,
posteriorme adquirida por José Porrúa Estrada, uno de los fundadores de la casa Porrúa. En
1958 este mismo título fue reeditado por Novaro con el título de La noche del féretro y otros
amores qué sabía, Breve diario de un amor perdido y Tapioca Inn. Mansión para fantasmas,
el tomo I de los Cuentos completos de Francisco Tario, editado por Lectorum en 2007. En
2015 el Fondo de Cultura Económica editó el primer volumen de la obra completa del
escritor, el cual incluye también este primer título. A pesar de las reediciones y compilaciones
literarias a las que pertenece, fue sólo a principios del siglo XXI que surgieron aproximaciones
En este primer capítulo elaboraré una revisión crítica y un diálogo con ella. En primer
lugar, se advertirán los posibles motivos por los que esta edición pasó prácticamente
genérica en la que se ha situado al autor, y por último, se revisarán las diferentes temáticas y
recursos con los que se ha abordado la obra desde una perspectiva más reciente. Es
11
indispensable reconocer que al cumplirse el primer centenario del nacimiento de Tario, se ha
cruzado una frontera que contrasta profundamente con el medio en el cual se desarrolló su
inéditos, por lo que nos encontramos cada vez más cerca de un panorama que aspira a revisar
En 1946, José Luis Martínez escribió: “Las obras de Tario –y con él las de muy pocos
escritores más– prefieren, antes que continuar una tradición, crearla por sí mismas, aunque
tal atrevimiento implique múltiples tanteos y no pocas dificultades” (13). Como ejercicio
premonitorio, la reflexión de Martínez había cobrado forma a mediados de siglo con las
momento más valoraciones críticas; de hecho, en vida, parecía que Tario figuraba en el
panorama de las letras mexicanas más como un fantasma que como un pionero de la literatura
fantástica, como afirmarían después Vicente Francisco Torres y Antonio Cajero Vázquez. Al
respecto, Juan Malpartida afirma que dadas estas condiciones, resulta aún difícil hallarlo en
1
Alejandro Toledo en su prólogo a las Obras completas del autor realiza un recuento para ubicar el
panorama en el cual se encuentra actualmente Francisco Tario no sólo como escritor, sino como una figura
indispensable para la cultura nacional: En el 2011 se reeditó la novela Aquí abajo (Conaculta) y apareció en
España una amplia antología de sus relatos bajo el título de La noche (Atalanta); se montó además una
exposición fotográfica en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia de la Ciudad de México con
imágenes obtenidas del archivo personal del autor, y surgieron textos nuevos, algunos de ellos inéditos y otros
rescatados. La Fonoteca Nacional recibió en donación y digitalizó un juego de acetatos de manufactura casera,
constancia de las tertulias que se registraban en la calle de Etla, y donde se escuchan las voces de Octavio Paz
y Elena Garro, entre otros invitados a esas fiestas, además de fragmentos de los radioteatros de obras clásicas
de terror como Drácula o interpretaciones al piano del propio Francisco Tario, sobre todo de los nocturnos de
Chopin. Fueron hallados una partitura inconclusa y al parecer de complicada ejecución: Fantasía de amor, y
una serie de dibujos eróticos de trazo fino. Incluso algunos fragmentos de su autoría, tomados de Equinoccio,
circularon en redes sociales de internet en algo que se denominó el TuiTario (Prólogo 2015).
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Advierte que a pesar del compañerismo con algunas grandes figuras de la literatura nacional,
A pesar de su notable valor como escritor, será casi inútil que el lector lo busque en
antologías e historias de la literatura hispanoamericanas. Pasó inadvertido, salvo
para unos pocos (por ejemplo, para lo críticos e historiadores de la literatura José
Luis Martínez y Christopher Domínguez Michael). Fue amigo y vecino de Carlos
Fuentes (de quien admiraba sus primeros títulos) y de Octavio Paz, y este último
escribió sobre la pintura de su hermano, Antonio Peláez; pero a Tario sólo lo
menciona una vez a lo largo de su obra (11).
Otra consecuencia evidente de la escasa difusión de su obra en los años cuarenta fue la
demora que ocasionó su reedición en la época actual. Aquí abajo (1943)2, primera novela del
autor, y Tapioca Inn (1952), no habían sido reeditados sino hasta 2011 y el 2004
para aparecer por segunda vez. Lejos de condenar, gran parte de la recepción crítica de la
acercamiento a la obra más que a la figura del escritor amigo de Octavio Paz y Carlos
singular por el personaje que encarnó Francisco Peláez. Estas consecuencias abrirían las
posibilidades al aparato crítico actual, quienes lo han catalogado como uno de “los raros” de
2
Este título merece una revisión detenida, pues críticos como Geney Beltrán Félix le ha reprochado “que
cojea en su prosa, lastrada por no pocos adjetivos de más y lugares comunes que viran hacia lo grandilocuente
y lo sentencioso, fallas de un narrador que acaso teme no dejar clara, con la mera descripción, lo pavoroso de
los hechos.” (“Zonas” párr. 2), y de igual manera, se insiste en la construcción gris e inmutable de sus
protagonistas. No obstante, cualquier lector de Aquí abajo puede, sin dudarlo, percibir que estos juegos entre
mostrar-ocultar del narrador responden a una propuesta explícita del autor: los binomios luz-oscuridad, arriba-
abajo, mostrar-ocultar son ejes fundamentales de su estructura; asimismo, es evidente la profunda
transformación que sufren sus personajes desde sus estados iniciales hasta los finales.
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Toledo explica, “se les llama ‘raros’ por aquel libro de Rubén Darío publicado a finales del siglo XIX o
comienzos del XX. También suele llamárseles, por Cortázar, “cronopios”. O inclasificables; o secretos. Lo
curioso de los autores raros es que no se parecen entre sí. Tienen un estilo por lo general único, y difícilmente
hay rasgos en común entre ellos” (Escritores 52). Sin embargo, es importante aclarar que la definición de “autor
13
Indagar acerca de las razones por las cuales un autor es considerado “raro” siempre
implica comprender las múltiples dimensiones a las que esta afirmación alude. De manera
“marginal”, sin explicar los rasgos que conducían a tal incidencia: si a su escritura, a su
personalidad, a los temas de su obra, o al largo desconocimiento al que estuvo sometida. Pues
bien, la particularidad de cada uno de estos aspectos y su conjunción han propiciado que sea
inevitable su clasificación en esta categoría. Al definir “lo raro” desde su significado más
simple, se podría decir que se refiere a lo diferente o lo opuesto a una costumbre, por lo que
Tario en su faceta como autor legal, es decir, el individuo llamado Franciso Peláez ya
cumpliría, de manera previa a su producción literaria, los estatutos de lo raro, puesto que
incluso excéntrico.
Durante su producción, los mecanismos de los cuales se valía para publicar no eran
los usuales: Equinoccio no tiene pie de imprenta, por lo tanto, es probable que se trate de una
edición financiada por el autor; lo mismo ocurre con Tapioca Inn, que a pesar de formar parte
escritor tenía la posibilidad de imprimir su propio libro–, de esta manera, existe la posibilidad
de que Tario se haya anticipado al dictamen y rechazo posible. Juan Pablo Villalobos explica
raro” cada vez resulta más confusa, pues la amplia difusión de obras y estudios críticos de autores insertos en
esta categoría ocasiona justamente que se le coloque en ese canon.
14
crítica, los vilipendiados por las instancias legitimadoras del mundo literario, los
desconocidos de los lectores no especializados” (2)4.
Se sabe que dado el contexto y las estructuras literarias de la época en que Tario comenzó a
distingue en la producción de Tario tres etapas de desarrollo: la primera, incluye títulos como
1946. Ésta se caracteriza por la aparición de elementos y rasgos tales como la pesadilla, lo
autor supo plantear que los verdaderos dramas sociales son universales). La segunda época
comienza a principios de los años cincuenta con Yo de amores qué sabía (1950), Breve diario
de un amor perdido, Acapulco en el sueño (1951) y Tapioca Inn. Mansión para fantasmas
contiene sólo Una violeta de más (1968), volumen que ofrece el cuento que lo ungió como
un escritor del género fantástico: “Entre tus dedos helados” (16-24). En la primera etapa,
aquello que González llama reflexivo se refiere a una exploración profunda de situaciones
internas o emocionales de los personajes. Las intrigas más significativas de estos primeros
Por otro lado, la última etapa, a pesar de que, de acuerdo con el crítico, se trate de una sola
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Acerca de la insistencia en recalcar lo excéntrico en el caso de Tario, Paola Velasco muestra preocupación: “El único
peligro, insisto, es que la obra de Tario termine en efecto en los anaqueles de los especialistas, de los sectarios, de unos
cuantos investigadores y no, como sería lo deseable, en las manos de un lector. Me pregunto, en suma, si dichos adjetivos
no terminarán por espantar más que acercar a los lectores” (268-269). Sin embargo, se ha podido comprobar que tal hipótesis
es falsa dado el considerable aumento de la recepción crítica de la obra de Tario, aunque se continúa destacando su rareza,
cada vez son más los lectores que desean acercarse a su literatura, quizás porque el estatuto de “raro” es ahora prestigioso,
en tanto marginal, de manera probable gracias al auge de los estudios culturales.
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obra, ha sido responsable de la relectura de Tario, ya desde una óptica mucho más entusiasta
sobre su legado.
indigenista. Esto, de acuerdo con Alfredo Pavón, permitió a Tario romper con la narrativa
dominante en las décadas de los años treinta y cuarenta del siglo XX. En cambio, acerca de
sus cuentos, explica que “en cada uno de ellos se va, con las particularidades del caso, hacia
Resulta necesario considerar que al referir esta ruptura, se alude al corolario del realismo
De esta manera, queda clara una estética centralizadora que no comparte las mismas
estructuras, temas y construcciones que las de este autor, por ello, he decidido a continuación
que estas mismas características son las que justamente enriquecen su obra y la catapultan
5
De acuerdo con Christopher Domínguez Michael, “el ciclo de los revolucionarios escribiendo sobre la
guerra aparece en 1915 con Los de abajo y se extiende durante los siguientes cuarenta años. En ese lapso se
coagula la vastísima épica menor y se escriben las obras mayores de Vasconcelos y Martín Luis Guzmán” (62).
De igual manera, no es posible dejar de lado autores como Ramón Rubín (El callado dolor de los tzotziles,
1949) , Rojas González (La negra Angustias, 1944), Juan de la Cabada (Incidentes melódicos del mundo
irracional 1944), Miguel Ángel Méndez (Nayar, 1940), quienes tratan temas indigenistas; Jesús Goytortúa
Santos (Pensativa, 1944) y José Guadalupe de Anda (La virgen de los cristeros, 1934) que exploran y dibujan
aspectos de la guerra cristera; Nellie Campobello (Las manos de mamá, 1937) y Francisco Luis Urquizo quien,
de hecho, publica su máxima novela en 1943: Tropa vieja, retratando la vida de las masas combatientes durante
el movimiento revolucionario. Por último, se acallarían las voces revolucionarias para dar paso a autores como
Juan Rulfo, José Revueltas y Carlos Fuentes, “este último con su antihéroe Artemio Cruz” (62).
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Los cuentos de La noche, al incluir en sus intrigas alteraciones de planos, y al apostar
por personajes atípicos –los cuales en su mayoría son objetos o bien animales
En esta visión de Cajero, notamos la tentativa –exitosa– del deslinde de la figura del autor
de la obra. Si bien Tario fue un individuo al cual no le interesaba llevar una vida social activa
– este aspecto resulta irrelevante para el buen crítico literario–, lo interesante es observar los
mecanismos inherentes a la obra que resultan responsables de tal omisión receptiva. Mientras
que Cajero considera que la poca difusión de la obra del autor se debió en gran parte a los
juegos entre los planos espaciales y temporales, que se alejaban de un modelo canónico
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La crítica ha insistido en destacar la relación de Tario con autores como Juan José Arreola y Juan Rulfo
sin embargo aclaran que a diferencia de los últimos dos, él no llegó a formar parte del canon de la literatura
mexicana. Leda Rendón afirma, “Francisco Tario fue contemporáneo de Juan Rulfo y Juan José Arreola, pero
a diferencia de ellos no formó parte del canon de la escritura en nuestro país. Quizá se deba a que su temática
era más cercana a la que plantearon los románticos del siglo XVIII y XIX, según palabras de Christopher
Domínguez: ‘fue ese afortunado lector de cuentos fantásticos que logró escribir algunos tan notables como las
grandes piezas del género que leyó con felicidad’” (Limbo 107). Por otro lado, Juan Malpartida sostiene que
“Tario escribió una obra fantástica en un México fundamentalmente inclinado al realismo. Cierto, está el gran
Juan José Arreola, y Juan Rulfo firmó una historia de fantasmas que muchos pretenden detalladamente realista;
pero el tono general de la literatura mexicana es ajena al mundo de Tario” (11). Estas afirmaciones revelan,
ciertamente, una necesidad de la crítica por utilizar al canon como punto de partida para clasificar un texto, no
obstante, la relación entre estos autores y Francisco Tario llega a ser bastante tenue.
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realista. Juan Malpartida, expone un elemento más evidente, enfocado más bien en la
Sus cuentos carecen de cualquier color local, localización geográfica o histórica. Sin
embargo, su literatura puede leerse, en parte, como una alegoría de un mundo
desalmado, con personajes marcados por la imposibilidad de reconocer la realidad
como otredad y con una percepción del yo delirante que proyecta sobre la realidad
sus propios laberintos encadenados e insustanciales (11)7.
excepciones –tal como en “La noche de Margaret Rose”, cuyos eventos ocurren entre Nueva
York y Londres, o bien, “El éxodo”, entre Inglaterra e Italia–, predomina en la obra del autor.
ejemplo, en La noche Tario sitúa a su lector más bien en un plano temporal muy específico.
En “La noche del féretro”, la única alusión a un espacio y tiempo específicos es la siguiente:
La noche era fría, lluviosa, y soplaba un viento de nieve. No apetecía yo, pues,
moverme de aquel escondrijo tan tibio, cubiertos mis largos miembros con una
suave capita de polvo, y mucho menos aventurarme –Dios sabe con qué rumbo– por
esas calles tan húmedas y resbaladizas” (Cuentos vol. I 33).
De esta manera, resulta evidente que no existe una preocupación por representar una realidad,
tal como la estética imperante requería. El resultado es una construcción referencial propia
en la cual se exaltan las preocupaciones internas de los personajes y se proyectan hacia esa
realidad, una estética más parecida a la de otros autores extranjeros que a los nacionales. Juan
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del siglo pasado, y sigue sin parecerlo hoy en día. Más allá de las discusiones sobre
la identidad mexicana o sobre las instancias legitimadoras de la literatura nacional,
hay una innegable cuestión de estilo. Christopher Domínguez Michael lo resumió a
la perfección: “la originalidad de Francisco Tario es la de aquellos escritores que
pudieron haber nacido ahora o hace cinco siglos y escribir en nuestra lengua o en
cualquier otra (párr. 7)8.
Mientras Villalobos apela al estilo como un elemento diferencial entre la literatura de Tario
aquello que motivaba la ingenua comparación con autores extranjeros –y que fomentó su
La obra de Francisco Tario obedece, como el caso de los poetas citados, a cuestiones
más individuales que sociales o históricas. “El terror no proviene de Alemania, sino
del alma", sugería Alan Poe; "El horror no es francés; el horror proviene del alma",
apostilló Jean Arthur Rimbaud. Francisco Tario indagó en uno de los terrenos menos
frecuentados en México durante los cuarenta: el miedo. Como Poe, Maupassant y
Hoffmann, no necesitó precedentes. Sin embargo, como suele ocurrir en nuestro
país, su literatura no tuvo continuadores ni se le ha otorgado todavía el lugar que
merece en las letras mexicanas (30).
Ambas posturas refieren a la singularidad de la obra de Tario gracias a una temática universal,
y bien podría ser esta la clave de la omisión crítica a mediados del siglo XX. Mientras que
Villalobos percibe este carácter general traducible en su particular estilo, Samperio detecta
resultaría innecesario afirmar que la obra del mexicano asemeja literaturas extranjeras, ya
que aunque el miedo es un tema al cual poco recurren los escritores nacionales de los años
8
Mario González Suárez en su prólogo a los Cuentos completos de Tario, emite una afirmación contundente:
“Si Francisco Tario no hubiera nacido en México hoy lo veríamos incluido en el canon de la literatura
hispanoamericana” (González 9).
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cuarenta, contiene un germen que pertenece más bien a la condición humana en su faceta
A Tario le gusta asustar al lector; así, procura el escándalo como recurso para
obligarlo a mirarse en el espejo. Sus senderos son tortuosos y dantescos. Es un
escritor maldito que con la arrogancia de los constructores de Babel se recluye en la
torre para escribir sobre hombres que quedan encintos, micos que salen de las llaves
del agua, muertos que asisten a su propio funeral como quien departe con sus
invitados en una fiesta de cumpleaños, trajes lujuriosos que ansían el cuerpo de una
mujer e infieles que se escapan de los espejos (58).
El miedo se encuentra presente en gran parte de la obra de Tario, y ya desde los cuentos de
La noche queda revelado. Los narradores son quienes portan las herramientas necesarias para
a través de la creación, como en el caso de “La noche de los cincuenta libros”, en el que el
protagonista, Roberto, planea escribir cuentos que causen temor a los demás, como venganza
por los maltratos de los que había sido víctima. El miedo del otro es entonces el objetivo
deseado.
de la obra de este autor para situarlo en un contexto literario mexicano específico 9. Torres
compara a Rafael Bernal, Ramón Rubín y Francisco Tario a partir de un común nominador:
la singularidad de su obra ante el canon literario mexicano. Este crítico, tuvo el acierto de
tomar en cuenta la diversidad de la obra de este autor, es decir, el hecho de que no sólo se
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literaturas menores. El primero la narración policiaca, el segundo el relato y la
novela indigenista y el tercero la narración fantástica. Y aquí hay una paradoja:
aunque se les ha identificado con una corriente literaria, son huidizos a las
clasificaciones por la diversidad de sus proyectos.” (13).
Se ha insistido en que la obra de Tario es fantástica, dejando de lado títulos como Aquí abajo,
Equinoccio, Acapulco en el sueño, entre otros que considero atípicos e inclasificables no sólo
aclarar que, aunque como explica Torres, este autor sí escribió cierta literatura que tendió a
lo fantástico –lo cual ya lo situaba en una literatura marginal para el momento, pero que
también dada la diversidad de su creación, aún existen estudiosos que toman con cautela tal
dada la dificultad para clasificar esta obra, el autor de La noche tuvo que esperar a que sus
críticos notaran este problema. Nada menos fijo que la escritura en Francisco Tario, y esto se
reserva para esta diversidad de títulos del autor. Este apartado dentro de sus Obras completas
incluye justamente títulos como Equinoccio –reunión de fragmentos que va del aforismo al
cuento breve– La puerta en el muro y Breve diario de un amor perdido (1951) –definido
como “prosemario”–, Yo de amores qué sabía –donde se indaga la percepción infantil ante
un triángulo amoroso–, y por último los textos de Acapulco en el sueño (1951), que se
complementa con las fotografías de Lola Álvarez Bravo. Como se advierte, cualquier
A finales del 2016, Tierra Adentro publicó una nota de Alejandro Toledo en la cual
da a conocer, con bastante detenimiento, los títulos que llaman más la atención de la
bilbioteca personal de Francisco Tario. Gracias a esta publicación, es posible tener acceso a
los títulos de las lecturas que lo entusiasmaban y que probablemente tuvieron influencia sobre
21
su escritura. Por lo tanto, las frecuentes presunciones de autores que mediaron la propuesta
estética del autor ya no pueden tener cabida. Entre los cien títulos destaca la Antología de la
literatura fantástica de Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges y Silvina Ocampo, que
precede por tres años la publicación de sus relatos fantásticos. La presencia de esta antología
en el acervo de Tario, lleva a Alejandro Toledo a suponer –casi confirmando–, que esa fue la
lectura que lo impulsó a escribir sus primeros relatos. Por otro lado, la frecuente sospecha de
que el autor había leído a Lautremont es también confirmada: Los cantos de Maldoror se
encuentran allí, al igual que títulos de Jean Cocteau y Paul Verlaine, El artista adolescente
obras de Aldous Huxley, Samuel Beckett, William Faulkner y a Truman Capote, a quienes
probablemente leyí. En cuanto a franceses, Toledo menciona dos títulos de Balzac, Los
Marcel Proust. Entre los clásicos antiguos tiene a Ovidio, Petronio y Suetonio; de poesía
española conservó títulos de Fray Luis de León, San Juan de la cruz, y de Rafael Alberti. Por
último, entre los autores mexicanos que se distinguen en su colección, aparecen López
Velarde, Guadalupe Amor, de Alfonso Reyes, Salvador Novo, Xavier Villaurrutia, Octavio
Paz, José Luis Martínez y José Revueltas. Este recuento corrobora de manera clara una
aseveración de Toledo: “Leyó bien a los autores ingleses, se interesó por algunos franceses,
degustaba los clásicos y era buen seguidor de los poetas españoles contemporáneos”
(“Biblioteca” 75), así, es posible reconocer que se confirman algunas sospechas y se abonan
reconocimiento a un ritmo significativo. Tal como afirma Vicente Francisco Torres, “cuando
tengamos una historia de la literatura mexicana, sus obras no podrán ser soslayadas gracias
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al reconocimiento paulatino de que van siendo objeto” (11). De igual manera, Geney Beltrán
Félix reconoce una razón posible por la cual el interés hacia la obra del autor se ha
incrementado en las últimas décadas: “la identificación de los lectores jóvenes con la
primeros libros del autor treintañero” (“Francisco” 185), y es posible agregar a esta
afirmación la burla ante tales desgracias, es decir, el humor macabro ante los infortunios que
este sector enfrenta. Para finalizar este apartado es imposible no mencionar que cada vez son
más los autores preocupados por destacar el significativo aporte de un autor motivado por las
exigencias de una literatura más auténtica que la de su propio contexto literario, un autor que
Quedan así expuestas las razones de tal respuesta silenciosa, mismas razones que detonarían
1.1 Lo fantástico
La necesidad de vincular la obra de Francisco Tario –ésta, por cierto, muy variada– a una
corriente, estilo, o categoría de índole literario, se ha hecho más que nada para facilitar la
las más variadas y arbitrarias deliberaciones. Entre todas ellas, ha destacado su estrecha
relación con obras de autores cuyas estéticas pertenecen a la literatura fantástica extranjera
–como Maupassant, Hawthorne e incluso Bécquer–, al igual que con la que se desarrolló en
el país durante la época: la de Alfonso Reyes, Juan José Arreola y Octavio Paz.
La noche, primer título publicado por Tario en 1943, ciertamente posee características
y estructuras afines a esta corriene estética, por lo que parte de la crítica ha considerado a
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este autor como pionero del género fantástico en el país 10. No obstante, las diferentes
recepciones que ha tenido a través de los años se han encargado de matizar y explicar la
con una breve revisión de qué se entiende por la literatura fantástica, por lo cual es inevitable
explicar de manera breve los puntos más relevantes que Tzvetan Todorov, teórico
pertinencia en esta primera aproximación al tema reside en que acota los horizontes teóricos
que permiten considerar fantástica una obra literaria, definiciones a las cuales recurren
narración (39), mientras que en lo extraño el fenómeno se explica racionalmente al final del
relato (33), es decir, se evidencia el engaño de los sentidos. El primero refiere a todos los
10
Antonio Vázquez Cajero indica: “en pocas palabras, relatos tan acentuadamente originales en la historia
de la literatura nacional obligan a adjudicar a Tario el título de primer cultivador del género fantástico en
México de manera deliberada, con todo y la abrumadora recurrencia a la inversión de planos, la personificación
de objetos y animales (o prosopopeya) y la hipérbole: muestras de un estilo que terminan por agotarse de manera
prematura en sus propias estrategias” (140). No obstante, estas características, aunque ya exploradas en la
literatura universal, son escasas en el panorama literario de mitad de siglo. Tampoco podemos olvidar cómo
Amparo Dávila explora la prosopopeya con su “Alta cocina”, por citar sólo un ejemplo. Tal vez, lo que orilla a
la crítica a hacer afirmaciones como las que cita Cajero es la destreza con la cual son ejecutadas estas estrategias
en la obra de Tario.
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fantástico (23), la duda entre una explicación racional y una irracional. Por lo tanto, lo
Ahora bien, ¿Cuáles son los elementos por los cuales la obra de Tario es considerada
La afirmación de Rendón confirma la estrecha relación entre la obra del autor y lo fantástico
que allí se presentan, y resulta en el develamiento de otro universo posible que pasa
inadvertido. En La noche, Tario exige al lector un auténtico pacto de lectura con los diferentes
narradores, ya que en su mayoría son objetos, fantasmas o animales con conciencia humana:
“La noche del traje gris” narra el mundo del personaje – el traje –, al igual que sus andanzas
enfermizas motivadas por el deseo de vivir como un hombre. Estas visiones de un mundo
diferente provocan que se reconozca desde una mirada particular ajena, alejada de lo
ordinario, lo cual impacta de manera significativa en las atmósferas, puesto que éstas suelen
ser oscuras y siniestras. Juan Ramón Vélez explica las percepciones de los objetos
humanizados:
Ambas visiones, tanto la de Rendón como la de Vélez, aciertan en exponer cómo esta
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fantásticas convencionales, sin embargo, estas últimas son superadas al redimensionar sus
tratamientos.
Lo que Rendón cita como fundamento de lo fantástico es el titubeo del lector ante un
texto cuya composición transgrede una cotidianidad, y será el andamiaje narrativo aquello
que lo persuadirá para suponer que lo que está sucediendo allí es real o verosímil. Esa será
una ambigüedad que el autor convertirá en una forma de construir sus relatos, pues nunca se
llega a un juicio determinante. Francisco Tario exploró ampliamente estas posibilidades hasta
violeta de más dan continuidad a este convenio entre lector y narrador, pues proponen un
suerte que la duda ante lo que se ve queda manifestada y llevada hasta sus últimas
consecuencias.
“Entre tus dedos helados”, incluido en Una violeta de más –último volumen de
cuentos publicado por este autor–, cuenta la historia de un hombre durmiente, en cuyo sueño
acuden apariciones que demuestran que él ha matado a una mujer, por lo tanto, sólo hallando
la cabeza de una estatua puede salir de ese estado, es decir, despertar. Este hombre, consciente
lo que acontece se encuentra en el plano onírico o no, sino que los eventos expuestos ante la
mirada de su lector son considerados reales, verídicos, o bien, posibles dentro de esas
circunstancias y la lógica de lo onírico. De esta forma, para llegar a creer queda implícita
una duda inicial, un juego ya bastante explorado por los teóricos del género fantástico y por
En una entrevista realizada por el reportero José Luis Chiverto a Francisco Tario –la
única concedida por el escritor– publicada en 1971 en Hombres, hechos, ideas… y que
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posteriormente Alejandro Toledo y Guadalupe Dueñas reprodujeron en su “Retrato a voces”,
Ante todo convendría hacer notar que lo verdaderamente fantástico, para que nos
convenza, nunca debe perder contacto con la llamada realidad, pues es dentro de
esta diaria realidad nuestra donde suele tener lugar lo inverosímil, lo maravilloso.
No se trata aquí de arrancar lágrimas al lector porque el niño pobre no tuvo juguetes
en la noche de Reyes, sino porque su padre – un hombre perfectamente honorable–
quedó convertido en seto mientras regaba el jardín de su casa. Lograr que lo
inverosímil resulte verosímil, ésa es la tarea. Y a mayor simplicidad y audacia,
mayor mérito (14).
generador de gran parte de su obra, puesto que en ella el autor se ocupó por reconfigurar una
realidad asumida o bien una supuesta conducta humana en la peor de sus facetas. Para Tario,
no bastó con elaborar un retrato de sujetos sometidos a los infortunios del mundo y una
exploración de sus consecuentes emociones, sino que reelaboró estos elementos, colocando
a los individuos en situaciones inusitadas que los encolerizan. Entonces, ese punto de partida
Si bien lo fantástico debe partir de un horizonte objetivo, tal como sostiene el autor,
también existen otras perspectivas críticas que complementen esta idea. Antonio Cajero,
amplia exploración de mecanismos por los cuales Tario vulnera lo cotidiano. En primer lugar,
se encuentran los cuentos en los que esta alteración se halla desde el inicio del discurso
narrativo, por tanto no se parte –en apariencia– de un supuesto hecho objetivo y real. Ejemplo
de esto serían los cuentos en que los narradores son objetos o animales, como “La noche de
la gallina” o “La noche del traje gris”. Sin embargo, es necesario agregar que al existir una
voz narradora –cualquiera que sea, simulando un proyecto humano, es decir, un objetivo
específico coherente que implica emociones–, es innegable su relación con una naturaleza
conocida por el imaginario del lector; por lo tanto, el momento de transgresión sucede cuando
el lector percibe que ese relato es narrado por un animal o un objeto. Uno de los estudiosos
que más se han dedicado a indagar a propósito del carácter fantástico en la obra de Tario es
Miguel Francisco Torres, quien ejemplifica este primer tratamiento en La otra literatura
mexicana:
“La noche del féretro”, “La noche del buque náufrago”, “La noche del vals y el
nocturno”, “La noche del muñeco “y “La noche del traje gris” pueden considerarse
fantástico-maravillosos porque desde que iniciamos la lectura de cada cuento
sabemos que ingresamos a un juego, a un mundo que no existe porque ni los ataúdes,
ni los trajes, ni las gallinas hablan (146).
El juego al que alude Torres ilustra la complejidad y el riesgo que implica considerar a
Francisco Tario un creador de literatura fácilmente clasificable. En este caso, la visión crítica
de Torres tropieza con una excepción que no se inserta en la categoría requerida, y recurre a
una reelaboración de ella para definir los recursos utilizados por el autor. Estos cuentos no
pueden ser considerados fantásticos, ya que tal como afirma el crítico, desde su inicio el autor
categoría “maravilloso” tampoco tendría cabida en estos casos, pues el autor pretende mostrar
28
no otro universo, sino el mundo al que pertenecemos todos los hombres, sólo que desde otra
perspectiva, muy diferente al caso de los universos feéricos. A pesar de ello, en estos cuentos
sí existe una dinámica desde el inicio, mediante la cual el lector presencia y acepta un
universo con preceptos únicos. Si bien este recurso es explorado por los diversos mecanismos
característicos del género maravilloso, esto es, la omisión de cualquier explicación lógica y
El final inesperado es también una característica de otros cuentos del autor que no aparecen
en este último libro, ya que estos últimos son abordados desde la cotidianidad, o bien se
encuentran apegados a una normalidad explícita. Los desenlaces de estos cuentos tienen
cuentos que desde su inicio parten de un evento sobrenatural, como los que tienen un final
Continuando con la revisión de los estudios de Francisco Torres, éste afirma respecto a La
noche:
Cuentos propiamente fantásticos que dan un vuelco a la realidad resultan sólo dos:
“La noche de los cincuenta libros” porque más allá del desbordamiento escatológico
de su anécdota asistimos a la coincidencia de una muerte real con el fin en una
pesadilla. En “La noche de Margaret Rose” los planos de la realidad y la fantasía se
29
invierten. El lector piensa que el narrador se encuentra con una muerta y sucede que
quien cuenta es un fantasma y la mujer una viva que lo invoca” (147).
apariencia, al igual que sus relaciones y la manera en que están organizadas en la diégesis
son recursos efectivos para provocar suspenso en el lector. No obstante, el supuesto “vuelco”
al que alude Torres parece ser percibido en su acepción más sencilla e inocente. Es arriesgado
indicar que “La noche del buque náufrago” no atenta contra la realidad de manera categórica,
dadas las circunstancias en que este buque tiene deseos de morir de un modo honorable, o
bien cuando el traje gris de “La noche del traje gris” desea vivir desenfrenadamente, como
son los recursos expuestos por la crítica en relación con la presencia fantástica en la obra de
Francisco Tario, sin embargo, fue Antonio Vázquez Cajero quien evidenció la innovación y
La noche, en el libro homónimo y en Una violeta de más, enmarca los sucesos más
asombrosos, por lo que se anticipa, aunque nadie lo reclamó como precursor, a Juan
José Arreola, que publicaría sus primeros cuentos hacia finales de los cuarenta –y
no los más imaginativos–; a Carlos Fuentes, uno de los cultivadores del género
fantástico en la época del boom. Antes que Rulfo, asimismo, Tario empleó como
argumento literario el continuum entre la vida y la muerte, la idea de que los muertos
viven mientras se los recuerda o la de que los muertos mastican el recuerdo hasta el
hastío (147).
11
Al respecto, Antonio Cajero agrega más ejemplos: “La noche, en el libro homónimo y en Una violeta de
más, enmarca los acontecimientos más asombrosos: por un lado, el destino de un féretro contado por él mismo,
la relación de un buque suicida o la venganza de una caterva de personajes indeseables contra su creador; por
otro el éxodo de fantasmas ingleses hacia varios puntos del continente europeo, los encuentros amorosos de un
caballo y una yegua en la sala principal de un castillo, la pululación de ánimas en pena que no se dan cuenta de
que han muerto” (140).
30
Una voz crítica que disiente categóricamente de todas las visiones anteriormente expuestas
editados por Lectorum. Este autor desaprueba la obstinación que ha mostrado la crítica para
En los estudios literarios, son muchos los autores a los que se les ha impuesto una estimación
olvida que uno de los objetivos fundamentales de la literatura es dilatar las lindes perceptivas,
y no constreñirlas, como es el caso del autor de La noche, quien introduce en sus primeras
novedades, puesto que sólo de esa manera es posible una comprensión profunda del
en el trabajo literario de Francisco Tario, es evidente cómo gran parte de las estructuras y
espectro más amplio; aunque también es cierto, por otro lado, que gracias a esta flexibilidad
12
Esto ha sucedido prácticamente con todos los autores estudiados por la crítica, a excepción de aquellos a
los que se ha llamados raros, categoría que incluye a Francisco Tario. Sin embargo, creo que el resurgimiento
crítico del escritor contribuirá quizás para mudar esta acepción.
31
y a la exploración de formas, una investigación y análisis de su obra desde estas categorías
muchas veces limita las apreciaciones que pretenden nutrirla, en ese caso, fútilmente.
Una de las constantes que más destacan en la obra de Francisco Tario es la presencia de la
noche. Aunque resulte difícil ubicar un espacio referencial en sus textos, por ejemplo, en el
desarrollo de sus cuentos, es común que se sitúe al personaje en una atmósfera construida
La primera obra publicada por el autor dejaría ya un indudable predominio de la noche como
un espacio en el cual surgen las historias más insólitas, tal como en “La noche del féretro”,
“La noche del buque fantasma”, “La noche del muñeco”, “La noche de Margaret Rose”, “La
noche de los cincuenta libros”, “La noche del traje gris”, “La noche del loco”, entre otros
títulos. Para Antonio Cajero Vázquez, La noche (1943) consolida esa temporalidad como
Si bien al inicio de la cita se afirma que la noche constituye una dimensión espacial, al
referirse a “los cielos y la tierra”, posteriormente manifiesta que por medio suyo también se
13
Cajero continúa con esta idea: “Desde mi perspectiva, la omnipresencia de la noche en el primer libro de
Tario sirve de marco generador de hechos o metamorfosis inusitados. Por ejemplo, en ‘La noche del féretro’ la
noche rodea una situación inusitada y se colude con otros elementos naturales para amenazar el bienestar de un
narrador-personaje sin identificar” (141). De esta manera, la noche no es sólo un espacio en el cual transcurren
los eventos narrativos, sino que propicia y dirige su causalidad, puesto que es gracias a ella que se distingue en
los personajes un umbral en medio del antes y después de saberse frágiles ante el mundo.
32
conciben otra clase de dimensiones, mucho más relacionadas con la construcción de los
perspectiva, la noche tiene una función específica en las intrigas: propiciar los enigmas y los
actos a los que alude el crítico. A partir de las acciones enunciadas en la cita anterior –
durante la noche es justo cuando el ritmo de los relatos cambia, y asumen uno acelerado en
intrincadas:
Su mundo es muy amplio, pues recorre todas las cuevas de la conciencia y el mundo
submarino del sueño. Su arquitectura gótica tiene torres altísimas y montañas
rocosas, así como vías tan extraordinarias como las tuberías y transportes tan
innovadores como los féretros. Sus salidas y entradas son múltiples: se puede salir
por la ventana o entrar por el espejo. Y sólo hay un clima posible, el de la noche
fría, cuya inmensa luna reina sobre el negro impenetrable (58).
Este es el mapa literario y artístico que la obra de Tario construye constantemente a través
los personajes, y con esta consideración omite la complejidad que atañe esta característica
fundamental en la obra del autor. Por cierto, el primer crítico menciona un elemento
de la noche, ya que ésta última y sus códigos de representación siempre estarán vinculados
Leda Rendón, quien afirma que “los objetos inanimados tienen sentimientos y hay quien se
33
queda atrapado en sus sueños, que no son más que el reflejo de sus obsesiones diurnas”
(Limbo 107). Además el hecho de que las narraciones por sí mismas sean codificadas por
medio de lo onírico, suscita de manera frecuente los personajes insertos en éstas accedan al
componente que persiste como estabilizador de los deseos de los personajes, ya que los
tranquiliza y los dota de falsas esperanzas, lo cual provoca un aplazamiento de las acciones
y una tregua para estos individuos asediados por su infortunio. Este elemento reafirma la
Francisco Tario. De esta manera, en “La noche del féretro”, el féretro, al no conseguir unirse
a una mujer para la eternidad, decide dormir “como un novio impotente o tímido en su noche
de bodas” (Cuentos 37), y sueña con “dulces muertas blancas” 14. Sin embargo, al utilizar la
palabra “reflejo”, Rendón olvida que el sueño ofrece a estos personajes imágenes
exacerbadas de estas obsesiones, por lo que se torna en una alteración de la realidad y no sólo
en su reflejo 15.
14
El final de este cuento ejemplifica perfectamente la siguiente afirmación de Antonio Cajero: “Hay pocas
marcas contextuales en las dos colecciones que he elegido; apenas si puede darse cuenta de una temporalidad
regida por estaciones que se suceden de modo eterno, meses sin año, días sin fecha, relojes y, eso sí, la
omnipresencia de la noche y, por ende, la casi abolición del día” (138). Y continuando con el ejemplo de “La
noche del féretro”, Cajero explica: “Acaso por el ajetreo de la noche, y rotas sus expectativas, el féretro se
duerme y convoca el sueño; en él concreta las morbosidades que el destino le arrebató, sólo para despertar con
los rayos del sol encima; así, al contrario de lo esperado, la luz adquiere un sentido más negativo que la
oscuridad, que por lo menos le había concedido el sueño de una frenética noche de bodas: ‘Y soñé. Soñé con
dulces muertas blancas, cuyos muslos temblaban sobre mi piel…con ricos sepulcros de mármol, muy ventilados
y alegres…Soñé y las imágenes sibaríticas me hicieron tanto mal, que cuando abrí los ojos y vi penetrar el sol
por las vidrieras me sentía exhausto, vacío, postrado, como deben sentirse los hombres después de una óptima
noche de continuos placeres’. Este sueño, más que reparador, resulta una experiencia que anticipa un futuro
decepcionante” (142).
15
Antonio Cajero también percibe esta desproporción: “así, la noche no sólo testimonia la animación de
seres por esencia inanimados, contribuye a que éstos sufran los efectos de sus propios fantasmas nocturnos. El
sueño, como diría Góngora, ‘sombras suele vestir de rostro bello’; pero también acentúa la indeseable condición
del soñante” (142).
34
Por su parte, Guillermo Samperio explica cómo la construcción de la noche, al
pesadilla:
La pesadilla es el vértigo ante las alucinaciones evocadas por los personajes de Francisco
consecuencia inminente. Regina Freyman concuerda con esta idea de acosamiento: “El lector
tiene una sensación inquietante de que una sombra lo persigue y de que aquello que alcanza
cuerpo emerge flotando el miedo ancestral de lo irreconocible” (62). Esta sensación de algo
muy constantemente recurre Tario. Generalmente los narradores forman parte de la trama, y
de manera frecuente éstos resultan ser objetos, animales, locos, tísicos, o perturbados, de
manera que estos diferentes puntos de vista –al ser tan particulares– logran mostrar sólo una
visión representativa de ese extenso universo 16. En consecuencia, tanto personaje como lector
perciben esa oscuridad o vacío en torno de ellos que provoca una sensación de acoso, de ser
16
Aquí es necesario aclarar que, aunque la narración sea comprendida por estas focalizaciones tan
específicas, es a través de estas percepciones de mundo que se revela una muestra del panorama total del
universo de cada cuento. Así, en “La noche del traje gris”, éste explica las peculiaridades que implica ser un
traje, cómo se desenvuelve con los demás, y qué los diferencia de los humanos, esto implicaría un nivel micro,
en el cual se describe un universo particular; por otro lado, de manera sutil este mismo narrador percibe un
universo macro, en el cual también se encuentran los humanos, los espacios que ellos habitan, es decir, el
exterior de la casa, sus comportamientos y relaciones.
35
Miguel Francisco Torres añade una nueva visión del sueño en la obra de Tario
mediante algunos ejemplos. Para él, el sueño es un motivo que ya no sólo se inserta en esa
El sueño fue un territorio ideal para nuestro autor porque allí todo es posible, desde
unos hombres que salen de un estanque llevando velas encendidas hasta un cuento
donde el personaje de un sueño narra el romance que sostiene con la esposa del
hombre que sueña. Y aquí tendríamos que recordar “La semana escarlata” donde el
sueño actúa y tiene consecuencias sobre la realidad (166).
En la obra de Tario, sobre todo en sus cuentos, es posible notar que a veces la somnolencia
y la realidad se encuentran tan homogeneizados que resulta casi imposible percibir cuándo
primera publicación se construyen por medio de los códigos propios de la noche 17, y por
consecuencia, del sueño; sin embargo, sí es posible que el lector identifique algunos ejemplos
en que el narrador construye un sueño, ya que incluso éste último puede ver su propio cuerpo
durmiente en la habitación, como es el caso de “Entre tus dedos helados”. Si bien para este
Francisco Torres, en “La semana escarlata” el sueño actúa sobre la realidad, es posible
ampliar esta aseveración en función de todos los cuentos del autor que desarrollan el motivo
onírico afirmando que el sueño actúa sobre la realidad tanto como la realidad actúa sobre el
sueño.
desarrollo de las intrigas narrativas, pues por medio del sueño encontramos expuestos
36
sitio donde se desarrolla su infortunio –la noche–, y lo propio de su ser, –miedos, deseos,
angustias, esperanzas, etc–. Francisco Tario desafía a su lector y a sus personajes, ya que las
horas del día no se miden temporalmente, sino bajo un criterio espacial; fuera y dentro son
1.3 El fantasma
En la obra de Francisco Tario, uno de los componentes que más llama la atención, tanto de
apariciones –porque eso son, apariciones, dado que muchas veces el lector no se da cuenta
toda la obra del autor, sí se hallan en la mayoría de sus cuentos, e incluso otros géneros como
el aforismo. Mario González Suárez en su prólogo a los Cuentos completos de Tario, afirma:
Aquí es oportuno hacer un paréntesis para señalar que el arquetipo del fantasma es
acaso el elemento unificador de toda la obra de Tario, el actor de su cosmogonía, el
beneficiario de su poética. Para Tario, el fantasma es la cifra de uno mismo, es el Yo
profundo que trasciende los avatares de la carne. Él no habla de almas sino de
fantasmas porque éstos tienen vicios e historia y no saben cómo dejar de ser quienes
son (23).
Tal como afirma González, podría considerarse uno de los elementos unificadores si
olvidemos que el prologuista apostilla dos elementos acertados: los vicios y su obstinado
carácter, los cuales podrían ser algunos de los rasgos más constantes de los personajes de este
37
Volviendo al fantasma, desde la primera publicación, tal figura ya realiza su primera
aparición en el cuento titulado “La noche de Margaret Rose”, en el cual durante un extraño
reencuentro del narrador, Mr. X, con la joven Margaret Rose, recuerda que efectivamente
ella está muerta, y posteriormente, hacia el final del texto, percibe alarmantemente su propia
de Tario ante su propia naturaleza, que de acuerdo con Mario González, no pueden evitar ser
quienes eran en vida, y que incluso no saben que están muertos (23). En contraste con la tesis
de Mario González Suárez, Regina Freyman Valenzuela explica que los fantasmas en la obra
muertos: “Los protagonistas de los relatos retan a la muerte y reconocen en ella su destino,
(58).
justamente la tensión entre ambas posturas lo que, en el universo construido por el autor,
repetición de una costumbre, es decir, algún acontecimiento representativo del pasado, y son
justo estas escenas las que permiten ese estado intermedio entre la vida y la muerte. En “El
balcón”, incluido en Una violeta de más, se describen dos fantasmas, una madre y su bebé,
este último con una anomalía física en el cráneo, al parecer, gigantismo. El lector comprende
que estos personajes recurren a la rutina de quedarse en casa para evitar los prejuicios del
otro, y sobre todo, sentarse en el balcón a observar, por lo que el día que la rutina queda
interrumpida y el bebé no aparece, la mujer no sabe cómo reaccionar. Por lo tanto, ellos
38
tienen la voluntad de dejar de reproducir estos protocolos, sin embargo la duda, el no saber
qué sucedería, los detiene. Además de este texto, la crítica identifica algunos de los cuentos
Desde La noche, pasando por Tapioca Inn, los fantasmas fueron caras presencias
para Tario, incluso yo me atrevería a decir que una obsesión y hasta una firme
creencia. En Una violeta de más, síntesis magistral de todos sus temas y recursos,
aparecen esas invisibles presencias. Están en “El balcón” para conocer una realidad
que no habían frecuentado en vida, en “El éxodo” donde se humanizan, sufren
promiscuidad y son un pretexto para que Tario recree la arquitectura morisca
española; “La mujer en el patio” y “La banca vacía” muestran dos fantasmas
femeninos y nos dicen que los fantasmas viven mientras las personas son recordadas
(Torres 166)18.
La irrupción del fantasma como personaje desde su primera publicación hasta Una violeta de
más muestra ciertos matices en sus construcciones. Mientras que en “La noche de Margaret
Rose” y “El balcón” los personajes fantasmales se muestran como retratos intentando revivir
a través del recuerdo, en “El éxodo”, que cuenta la historia de una familia de fantasmas que
deben migrar de un lugar a otro para sobrevivir, éstos son más dinámicos y actúan de acuerdo
con una especie de irónica supervivencia19. Antonio Cajero Vázquez, a diferencia de los
anteriores críticos, indica que no sólo los muertos de Tario viven mientras son recordados,
transformándose así en fantasmas, sino que también ellos mismos poseen la capacidad de
recordar quiénes eran en vida: “Tario empleó como argumento literario el continuum entre
19
También, vale la pena destacar la presencia de los fantasmas femeninos que refiere este último autor, ya
que son recurrentes. Su caracterización idealizada, casi como un retrato dado su carácter finito, bien definido y
perfecto, suspendido en el tiempo –aunque aún con vicios y defectos– consigue que a través de la narración
sean recordadas, tal como afirma Miguel Francisco Torres. Así, Margaret Rose es “exactamente igual a como
la conocía hace diez años. Igual de lánguida, de pálida, tal vez un poco más frágil, con sus dos ojos negros,
fenomenales, y su cabellera negra, lacia, recogida sobre la nuca” (Cuentos I 88); y en “El balcón”, la madre
recuerda el día que se casó joven, “tenía presente su rostro, igual que si se mirara hoy a un espejo” (Cuentos II
219). Al respecto, Alejandro Toledo recuerda que Francisco Tario “dedica Una violeta de más a su mujer
ausente, Carmen Farell, a la que llama ‘mágico fantasma’” (“Monstruos”, 43).
39
la vida y la muerte, la idea de que los muertos viven mientras se los recuerda o la de que los
aquí en términos generales dos formas de construcción del recuerdo, uno donde éste es activo,
y otro donde es pasivo. Por un lado, el propio fantasma recuerda su vida por medio de la
reproducción de su cotidianidad –“El balcón”–; por el otro, se encuentran los personajes que
recuerdan a sus fantasmas (seres amados que murieron) por medio de revelaciones oníricas
o simbólicas –“Entre tus dedos helados” –. Incluso, muchas veces estos personajes recuerdan
a los otros, a quienes solían amar. Mr. X, al recordar continuamente a Margaret Rose, no se
fermento que conforma los personajes fantasmales en la obra de Francisco Tario. Este autor
consigue exponer el interludio entre el pasado en relación directa con la vida y el futuro
enfoques con los que son abordadas estas figuras embona con la complejidad de los
personajes y con la postura de su autor ante ellos: la muerte no siempre es un final, sino que
40
1.4 La prosopopeya
representación, entre ellos, la prosopopeya. Este componente es considerado uno de los más
característicos de su obra, ya que forma parte de ese universo paradójico en el cual los
largo de su producción. Pero la crítica, a pesar del tibio recibimiento inicial, habrá de
recuperar este aspecto en el acercamiento a la obra de Tario, que ya desde La noche es visible,
pues dicho texto reúne gran parte de los recursos prosopopéyicos de la obra. Si bien en el
último libro, Una violeta de más, se sintetizan dichos recursos, en el primero, La noche, el
autor los prefigura, los muestra. En La noche, aquello que se humaniza corresponde en su
traje, un muñeco, una gallina y un perro integran los ocupantes personificados de esta primera
edición.
de Tario, y no son pocas las que conciben estos seres como ampliaciones reveladas del mundo
Alejandro Toledo se refiere a estas criaturas como “esas otras presencias inquietantes a las
que me he referido antes, y que no entran en ese terreno de lo fantasmal sino que representan
Esta distinción entre los seres humanizados y las demás criaturas nos aproxima a los
acercamientos que gran parte de la crítica ha decidido explorar a propósito de los personajes
41
Entre las páginas de los cuentos de Tario los objetos sienten con mayor intensidad
que los hombres, quienes, solitarios y grises, son sombras, espectros que viven en
el exilio y desprecian a la sociedad y sus convenciones, a la (absurda) familia y las
ridículas aspiraciones (Freyman 58).
Resulta de singular interés la oposición y la inversión de las características entre los animales
y objetos y los individuos de los cuentos de Francisco Tario. Mientras que los primeros
se recluyen de ella y ocultan cualquier tipo de sensibilidad. Por ejemplo, el traje de “La noche
del traje gris” se empeña en vivir experiencias humanas y busca la felicidad por medio de
ellas; entretanto, Roberto, de “La noche de los cincuenta libros”, prefiere el horror y la
desdicha ajena. Si bien las acciones de este último personaje manifiestan emociones que
resultan de sus relaciones familiares problemáticas, éste no expresa claramente sus motivos
situaciones inusitadas que caracterizan la obra del autor. No obstante, la crítica no deja de
lado el hecho de que a pesar de cualquier actitud esperanzadora por parte del primer grupo,
los resultados siempre tenderán a una fatalidad irrevocable, tal como señala Vélez:
Estos ‘strange tales of the morbid and macabre´ están protagonizados por tales
personajes, que conforman un muestrario de seres paratópicos a los cuales se otorga
voz, reservándose “para cada uno de ellos un pequeño drama casi siempre doloroso,
fatal, grotesco, nunca feliz ni gracioso” narrado “en la mayoría de los casos, desde
dentro de ellos” (61).
20
Regina Freyman Valenzuela continúa con esta idea: “Tario recorre senderos trazados por una generación
que explora al individuo, y por ello busca, mediante el conocimiento, mundos y dimensiones que parecen
insólitos porque escapan a la capacidad de entendimiento, y se sorprende ante la absurda existencia, la
cosificación del hombre y la humanización de los objetos que resulta de una cultura materialista y entrega seres
cada vez más solitarios” (Freyman 59). sin embargo, ahora es posible afirmar que esta ironización manifiesta
de manera inmediata la postura crítica de este autor ante los ritmos y cambios de esa sociedad de una manera
más amplia, con la tendencia a explorar un problema incluso universal.
42
La causa principal de esta característica es que dada la naturaleza de estas criaturas, su
desalentador. La fatalidad de la vida es, sin duda, sello diferenciador indiscutible de gran
parte de la obra de Francisco Tario frente al corolario de la literatura mexicana. En “La noche
la cual cree que la respetan y aman, no puede entender por qué debe ser sacrificada para que
su familia se alimente de ella, por lo cual planea su venganza y muerte; el traje de “La noche
del traje gris” halla inútil intentar vivir como un humano y se siente desdichado, y por ello
decide suicidarse; el protagonista de “La noche del féretro” tiene que vivir el resto de sus
días con un hombre obeso dentro de él, contra sus deseos iniciales. Sin embargo, el autor
opta por acompañar esta fatalidad con una fuerte carga humorística, lo cual es sumamente
complejo lograr. La síntesis entre fatalidad y humor equilibra este universo e invitan a no
animales humanizados, y toma como ejemplo el cuento titulado “La noche del perro”:
Este cuento narra la historia de un perro, animal que narra su relación con su dueño, un poeta
especie, sin embargo, cuando la salud de su amo agrava, el animal comprenderá que dichas
capacidades no servirán para ayudarlo. Esto ocasionará ciertas tensiones entre lo humano y
43
lo animal, que darán continuidad a una serie de eventos por los cuales tanto uno como el otro
que no le es posible hablar o cuidarlo mientras está agonizando y, por el otro, el hombre tísico
es incapaz de vivir en una sociedad a la cual no puede pertenecer dados sus vicios y su
enfermedad.
Fue el mismo Juan Ramón Vélez, en su artículo “Cuentos lívidos y crueles”, quien
profundizó en los mecanismos de los que se vale este autor para construir sus personajes
De esta manera, “como en las viejas fábulas, asistimos a la intimidad de unas criaturas
cuyo lenguaje solemos ignorar”. Lo paratópico de la literatura de Tario está, más que
en el plano de la expresión, en el de los contenidos, emparentados en este “libro de
pesadillas, fantasmas y pretensiones macabras” con el romántico “culto al misterio y
a lo nocturno, a lo extravagante y grotesco, de lo inquietante y de lo espectral, de lo
diabólico y de lo macabro, de lo patológico y de lo perverso” (61-62).
Lo que ocurre en estas narraciones es que reproducen, como en una traducción, aquello que
percepciones. De esta manera, a través de estos cuentos el lector puede acceder al mundo
interior de un perro, como en el caso de “La noche del perro”. Sin embargo, como en toda
cabal; en estos casos, la representación de esas visiones debe ser análoga a las expresiones
que dan continuidad a lo oculto y lo revelado: la voz es, por lo tanto, recurso primordial para
las construcciones humanizadas del autor. Sin embargo, este crítico olvida que el tono
narrativo en la obra de Tario es fundamental, ya que muchas veces aquello que parece un
drama profundamente triste, es matizado por una narración que explora el tono irónico hasta
44
Presentan una ilación de razonamientos e impresiones análoga a la que puede darse en
una mente humana, y algunos de ellos poseen rasgos físicos antropomórficos; así los
féretros del primer cuento son sexuados, como los trajes del que ahora nos ocupa, cuya
edad y carácter se reflejan asimismo en su aspecto; por otra parte, el buque náufrago
del segundo relato alude a sí mismo como dotado de entrañas y del sentido del gusto
(68-69)21.
Por lo tanto, la crítica identifica dos elementos imprescindibles para la configuración de estos
las características físicas de sí mismos descritas por esa voz que de igual manera contribuyen
a acercarlos más a lo humano. No obstante, los autores antes citados olvidan un componente
esto es, la capacidad de decisión que tiene cada uno de ellos ante sus situaciones de vida.
el tedio, y dadas estas circunstancias tienen deseos de nuevas experiencias y deciden, después
de un estado aparentemente pasivo, actuar a favor de cumplir estas aspiraciones. “La noche
del traje gris”, “La noche del buque náufrago”, y “La noche de la gallina” son ejemplos claros
de esta voluntad: el traje gris decide salir de casa para poder vivir una noche como hombre;
el buque, al desear una muerte honorable opta por hundirse junto con sus pasajeros y yacer
21
Juan Ramón Vélez continúa con el desarrollo de esta idea: “Al atender al discurso de estos últimos
quebrando así el aparentemente irrompible ‘silencio de ese ‘otro lado’ que se opone al mundo de la normalidad
cotidiana, estos textos adquieren el papel de completadores de las cosmovisiones tradicionalmente otorgadas
por lo fantástico en literatura, pues permiten que ‘ningún resquicio quede sin llenar’. Se nos proporciona una
inmersión a esas realidades paralelas en las que se desarrollan la vida y las reflexiones de los entes
aparentemente inanimados, de los marginados (ya sean humanos segregados por su aspecto o su conducta, o
animales) o (valga la paradoja) de los muertos” (Vélez 61). De esta manera, es posible notar que el ejercicio de
la prosopopeya en la obra de Francisco Tario no sólo funciona como complemento de un mundo aparentemente
inexplorado, sino que también responde a una evolución estética en cuanto a lo fantástico, categoría a la que se
ha relacionado buena parte de su obra.
45
por siempre en la profundidad del mar; por último, la gallina resuelve matar a sus dueños
Aquí me parece importante recordar lo que el narrador de Jardín secreto declara sobre
los objetos:
el ritmo de las intrigas, colocando estas acciones de voluntarias como puntos clave del relato.
cuento “La noche del traje gris”, en el que, de acuerdo con Antonio Vázquez Cajero:
El traje gris no sólo decide salir de la oscuridad del armario, sino poner tierra de por
medio entre él y su dueño: huye de la lujosa mansión con los bolsillos repletos de
dinero. De esta suerte, ni negro ni blanco, oscila entre estos extremos, entre la
tentación y la santidad. Ante estas dos opciones, el traje gris termina por sucumbir
ante la seducción de un mundo inexplorado. Asimismo, sufre una doble
transformación: primero en hombre y luego en remedo de hombre abyecto. Esta
conducta avanza in crescendo a lo largo de la narración: roba dinero de su dueño;
huye al amparo de la noche para sentirse libre; mata a un hombre para apropiarse de
un cuerpo. Los aires de cristiano y altruista que lo mueven en un principio,
asimismo, pasan por el purgatorio del insomnio y desembocan en un criminal
inescrupuloso (150).
Así, los objetos tienen más vitalidad que los hombres, y atentan un orden establecido que el
extracto citado de Jardín secreto, en sincronía con el ejemplo de Cajero, invitan a la reflexión
sobre el propósito de la prosopopeya en la obra de Tario, esto es, sondear las profundidades
46
la adquisición de propiedades que no son privativas del hombre. Esta fragmentación se
encuentra en sus personajes, quienes no llegan a ser individuos completos, puesto que tienen
limitantes. Ejemplo de esto se halla en cuentos como “La noche del perro”, en el que el
narrador es un animal con deseos y preocupaciones humanas que no pueden ser satisfechas.
Por lo tanto, nunca llega a completar su invidivualidad. Los objetos y animales de La noche
allí se encuentra esa distancia indicada, la que Francisco Tario pule de manera indiscutible.
1.5 El humor
Tanto para el lector como para el estudioso de la obra de Francisco Tario, llama la atención
un componente que resulta extraño dentro de ese universo colmado de personajes cuya
es un rasgo que este autor desarrolló a lo largo de su producción, y es otro aspecto que algunos
críticos como Mario González Suárez, Paola Velasco, Juan Pablo Villalobos, Vicente
Francisco Torres y Geney Beltrán Félix, entre otros, se han preocupado por destacar. La
finalidad de este mecanismo, a pesar del efecto inmediato que pueda tener en el lector, es
obligarlo a penetrar esa oscuridad melancólica de los personajes, y de igual manera, liberar
Dada esta característica en los textos de Tario, resulta innegable una ruptura ante la
proliferación de obras que pretendían desarrollar temas revolucionarios, muchas de las cuales
exigían para su desarrollo adoptar un tono sobrio22. Al respecto, Mario González Suárez
afirma:
22
Es necesario matizar, puesto que el humor se encuentra presente incluso desde periodos anteriores al
surgimiento de la literatura realista y de la revolución. No obstante, la propuesta de Francisco Tario es valerse
47
Varios cuentos de La noche parecen la transcripción de signos que se leen en una
pesadilla, por eso resultan inquietantes, ominosos y hasta insanos, como quien se
burla de un muerto. Su regodeo en lo esperpéntico y el humor macabro configuran
su sello característico, cualidades ambas que parecieron inapropiadas para el “gusto”
literario nacional (17).
Paola Velasco indica acerca de Tario que “no es frecuente ver escritores que inviten al lector
a reírse con ellos, que lo alienten a no sacralizar la página impresa ni al autor que se halla
detrás y que, finalmente, lo consigan” (274), y justamente por esto el autor de La noche
consigue una relación tan peculiar con su lector. Por un lado, sus temas tienden a ser
lugar en el mundo; por el otro, convida a firmar un contrato en el cual lo solemne queda
vetado, y como consecuencia, el lector mantiene una relación dinámica con el texto,
formando parte de un juego entre él y el autor. En la obra de Tario, este contrato se manifiesta,
de manera específica, como una advertencia: el lector sabe, al acceder al texto, que la historia
dinámica consiste en aceptar –de manera temerosa– el humor como un elemento que
distiende la pesadumbre del texto, a sabiendas de que algo horrible está sucediendo: es un
obra de Tario:
de este humor no para perseguir una supuesta reproducción de una realidad contemporánea, sino para describir
una condición humana independientemente de una etapa histórica.
48
Mientras que Velasco entiende este humor como diluidor de la sacralización, Villalobos lo
preceptos opuestos, es necesario matizar y reconocer que ambas perspectivas abonan ciertas
certezas. Es preciso explicar que estos críticos se refieren a diferentes niveles de la obra:
Velasco se refiere a Tario como el invocador del freno a la solemnidad, y Villalobos expresa
más bien una actitud narrativa encarnada en el texto, es decir, uno habla del autor y el otro
del narrador. Ejemplo de esta segunda certeza se encuentra en “La noche del traje gris”. Este
traje, al encontrar su vida tan aburrida, decide salir una noche del armario de su dueño para
cuerpo que cubrir para parecer humano, por lo que decide matar a un transeúnte. Aquí la
narración:
A pesar de lo terrible que resulta el asesinato, es inevitable hallar un tono humorístico claro
en este pasaje desde la premisa misma de la anécdota. Se percibe una actitud de superioridad
en la narración del traje, incluso se describe al hombre como un animal vacuno, ya que muge
al morir. En este universo, los personajes que han llegado a formar parte de su cotidianidad
y observan desde los rincones, son superiores al hombre. Este ejemplo es representativo de
uno solo de los múltiples tratamientos humorísticos de la producción del autor, que varían de
49
acuerdo con el tipo de personaje que lo ejecuta, y se halla en sus matices más oscuros: el de
sus cadáveres animados, sus locos, criminales, espectros y suicidas. Vicente Francisco Torres
El humor de Tario no sólo sabía ser grotesco, sino negro, como vemos en ese cuento
donde un vegetariano se convierte en antropófago (devoró a un rollizo niño de
pecho) y sueña que visita a un dentista para que le afile los dientes. En “Ragú de
ternera” el desenlace sorpresivo se da porque uno cree que el caníbal es el que narra
las cosas al doctor cuando a final de cuentas es el doctor quien le muestra sus
afilados colmillos al paciente detective (164).
Y finalmente:
Si se consideran estas variantes del humor en la obra de Francisco Tario, es posible reconocer
que convergen en un mismo sentido: el del empalme entre la risa y el horror. De acuerdo con
la cita de Torres, el humor macabro se inclina por tratar asuntos mortuorios, reconocible en
los cuentos donde los narradores son asesinos o locos, tal como el ejemplo ya citado de “La
noche del traje gris”, o bien “La noche del loco”. El protagonista de este último título, cuya
para así poder posesionarse de ella por medio de una sesión fotográfica erótica. El humor
grotesco hace burla de las deformaciones físicas de personajes, es decir, se mofa ante lo
antinatural en contra del ideal físico. Éste se halla en un cuento que pertenece a Una violeta
de más, “Ortodoncia”, donde un chimuelo prueba varias dentaduras postizas que le sientan
mal hasta que, una noche de cumpleaños, después de festejar que le ha nacido un diente, al
comer una avellana, pierde su única pieza. Por último, el humor negro, que puede contener
50
que deberían causar compasión, o bien, ante la pérdida de un ideal. Ejemplo claro del humor
negro en los cuentos de Francisco Tario es “La noche del féretro”, cuyo narrador, de modo
contrario a sus deseos, termina uniéndose en “matrimonio”, por el resto de sus días, con un
dosis de hilaridad.
resolución en estas simpatías inmediatas. Su finalidad en estos textos comprende más bien
los efectos posteriores a éstas, develando la profunda oscuridad ante la que se hallan sus
personajes:
Mas no todo resulta gracejo, ni esto significa que en los relatos de esta mansión para
fantasmas se halle sólo la levedad lúdica. Decía que por los cuentos de Tario circula
también la otra cara de la moneda: una melancólica amargura que, al ser contrapeso
del humor, se vuelve mucho más vasta y profunda, que nos recuerda la risa del
oscuro Heráclito y la paradoja que el autor hace notar desde el inicio de su libro en
el epígrafe con que le da inicio: Soy luz ¡ah si fuera noche! Pero estar rodeado de
luz es mi soledad (Velasco 277).
Gracias a la dosificación de optimismo que entraña el humor de estos textos, los infortunios
El traje gris no consigue la felicidad que creía hallar en la ciudad, por lo que decide
‘suicidarse’, pero esta acción podría no resultar tan desgraciada si no fuera porque
previamente este traje se mofaba del hombre al que decidió matar, del hombre a quien desea
imitar. Es así como el lector se vuelve cómplice de esta comicidad, ríe en compañía del
51
narrador, por lo que los efectos posteriores conllevarán sin duda a una serie de sentimientos
desafortunados.
Geney Beltrán Félix coincide con Paola Velasco, y apunta acerca de Equinoccio:
No son pocos los comentarios acerca de la obra de Tario que lo refieren como un autor
llanamente discorde con el pensamiento político nacional, siendo ésta una falacia y una
reducción sobre la que hace falta reflexionar. Beltrán advierte aquí la posición crítica del
autor, preocupado por el contexto nacional y sus cambios hacia una modernidad
contextuales son imprescindibles para el lector, aunque hacia el final de los relatos de Tario,
de cualquier especificidad.
Es justamente esa necesidad abarcadora del sentido humano uno de los rasgos
distintivos del autor de La noche, y el componente humorístico del que se vale confirma el
hecho de que requiere lectores hábiles, que perciban estos ejercicios lúdicos y participen de
ellos, pero que al mismo tiempo adviertan los abismos latentes en su narración, es decir, la
52
CAPÍTULO II
CAPÍTULO II
LO NOCTURNO EN LOS CUENTOS DE LA NOCHE
San Agustín
sugestiva: La noche. Tal vez el lector avezado pueda, al leer sus cuentos, olvidar por un
momento el título del volumen para dar paso a la lectura; no obstante, al haberlo estudiado
ser más precisos, puesto que representan el elemento que asocia a todos los cuentos entre sí
y que constantemente es evocado por el lector. La noche indica, de manera ineludible, que lo
nocturno será protagonista de estas narraciones, porque no refiere a “una noche”, sino a “la
a su vez, la que por su cualidad sombría provoca los más turbios pensamientos y revelaciones.
con lo que se practica de manera oculta. Así, la noche es el momento del día en que se
manifiesta una presunta calma que propicia el descanso, y a su vez impera en ella una
54
oscuridad en la cual se esconden los sucesos más extraordinarios de la naturaleza: es durante
la noche que todo retoño abre sus pétalos, la tierra intensifica sus perfumados olores y los
sonidos que durante el día son imperceptibles inician su estridente ostentación cuando ya no
Si coincidimos con José Luis Martínez, uno de los primeros críticos de La noche, la
De acuerdo con esto, Tario propone la noche como un espacio físico que da cabida a esos
“mundos lívidos” de lo insólito, al igual que como un elemento que pertenece a los personajes
noche no es tal sin un personaje que admire sus profundidades, y de igual manera, el
personaje se definirá siempre por sus acciones inscritas en un cronotopo nocturno que tiende
a lo simbólico.
La razón por la que he utilizado la categoría cronotopo se debe a que ésta se manifiesta
55
tiempo y espacio: por primera vez, desde un punto de vista teórico o metodológico, ambos
Continuando con esto, es posible afirmar que el tiempo se hace visible por medio de acciones
inscritas en un espacio, por lo que es notable cómo en la narrativa moderna –sobre todo en el
cuento debido a su capacidad de síntesis e intensidad–, las acciones entre las situaciones
23
Para un acercamiento a los estudios del espacio, es importante considerar la complejidad a la que dicha
categoría se ha visto sometida. El espacio es, sin duda, una noción que por mucho tiempo pareció pertenecer a
disciplinas que, de manera aparente, poco tienen que ver con literatura. Fue Isaac Newton quien en sus
Principia, con el objetivo de estudiar el tiempo, tuvo que recurrir necesariamente a las categorías de espacio y
movimiento (Marquina, 1052). Esta publicación, realizada en 1687, marcaría ya una pauta para todo aquel
investigador interesado en un examen espacial, dado que evidenciaría los estrechos vínculos de dichos
elementos y su imposible separación. Posteriormente, con el surgimiento de los estudios literarios, estas
categorías comenzaron a ser estudiadas, sin embargo, muchos de los críticos olvidaron –aunque fuesen
disciplinas diferentes– la tríada de Newton y su prometedora funcionalidad para este ámbito. Mientras que en
las ciencias estos tres elementos han sido siempre inherentes desde los Principia, los teóricos literarios
demorarían varios años en llegar a su comunión. La tendencia inicial se inclinaba por el tiempo como
componente principal de la conformación de los textos narrativos, no obstante, tal afirmación resulta ineficiente
para el investigador interesado en el estudio espacial, puesto que el total predominio del tiempo y la presunta
anulación del espacio son excesivos: sin el espacio no es posible percibir el tiempo. Por lo tanto, en respuesta a
estas conclusiones, Joseph Frank, con la publicación de su ensayo titulado “Spatial Form in the Modern Novel”,
en 1945, consideró una tendencia en la literatura moderna hacia la simultaneidad, y, en consecuencia, hacia la
atemporalidad (Zubiaurre, 16). Esto quiere decir que la linealidad cronológica queda suprimida y, en cambio,
el lector se encuentra obligado a atender los elementos de la obra en yuxtaposición con el espacio, o sea, sin un
desarrollo en el tiempo. De nuevo, el problema teórico resultaría evidente, ya que la abolición del tiempo deriva
en la anulación de acciones, esto es, que entonces en el texto narrativo no existiría una trama o intriga.
Para estos análisis, tanto el predominio temporal y la consecuente anulación espacial como su contrario
categórico subvierten la naturaleza misma de cualquier texto narrativo, pues enfocarse en el espacio no implica
ausencia de tiempo, y viceversa. Sólo a través del espacio logra el tiempo convertirse en una entidad visible, y
el espacio no es tal sin un actante que lo observe y accione en él. Por lo tanto, la contribución de Mijail Bajtin
a estos estudios significó un parteaguas para estos estudios.
56
La noche de Francisco Tario, las situaciones iniciales y finales tienen transformaciones
acentuadas, dado que muchas veces los personajes pasan de un estado de felicidad y
el punto inicial y el final, serán estas acciones las que obtendrán una temporalidad y
construyendo un cronotopo: un mismo lugar puede denotar dos espacios o más dependiendo
En La noche, es justamente en ese momento del día que ocurren las acciones más
inusitadas, o bien, las revelaciones. Muchos de los cuentos relatan acontecimientos que
inician durante la noche, y concluyen en el día –“La noche del féretro”, “La noche del traje
gris”, “La noche del perro”, “La noche de Margaret Rose” –, otros inician al atardecer,
concluyendo en el día –“La noche de la gallina” –, y los demás se llevan a cabo sólo durante
la noche, pero con la espera de un día implícito que traerá consecuencias considerables para
sus personajes –“La noche de los 50 libros”, “La noche del buque náufrago”, “La noche del
situaciones y atmósferas nocturnas, que sin embargo confluyen en una sola preocupación del
autor, esto es, construir a la noche como un lugar propicio para la revelación de una verdad,
pero no cualquier verdad, sino una generalmente aterradora y siniestra, que da como resultado
categoría cronotopo es evidente en estos cuentos, y se manifiesta, sobre todo, en dos aspectos:
57
1) Las acciones de los personajes inscritos en la noche responden a esa oscuridad, en
del durmiente. De esta manera, el féretro de “La noche del féretro” se asemeja al durmiente
hasta que una noche se prepara para su destino, que es el entierro; el loco de “La noche del
loco” se escabulle del sol y durante la noche profana una tumba sin ser visto; en “La noche
de los cincuenta libros”, Roberto disfruta esconderse de su familia en la oscuridad del bosque,
y también se regocija en ella al escribir libros que traten temas escatológicos, que provoquen
horror a los hombres; el traje de “La noche del traje gris” permanece escondido en la
oscuridad del armario hasta ser usado; en “La noche del muñeco” su protagonista permanece
durante la noche en su escaparate para llorar por su soledad, y, por último, el hombre de “Mi
noche” prepara la escena de su suicidio, justamente, durante la noche. Esta convivencia y co-
de cada cuento –y, en consecuencia, en La noche– un cronotopo nocturno, puesto que tanto
interioridad de los personajes. Así, por ejemplo, en “La noche del perro”, este animal
encuentra la noche tan fría, silente y quieta como él mismo, triste e imposibilitado para
la puesta del sol y la describe tal como la fatalidad de su vida: “Pero lejos de ser así, miro al
sol bajar, bajar allá en el horizonte, y en mi interior algo también desciende, se ensombrece,
calla, y temo –algún día necesariamente ha de ser– que fenezca” (82), y posteriormente, como
ocasionan, como de costumbre, que mi ánimo decline y mis pensamientos sean más densos”
58
(82); el personaje hombre de “Mi noche” explica: “No hay la menor prisa. El reloj tiene
excepcionalmente ecuánime. ¿No lo he sido acaso siempre, siempre, desde que me conozco?”
(120). Esta característica también concilia espacio y tiempo, ya que las diferentes
de la trama.
Es así que se manifiestan las intersecciones del espacio y el tiempo en estos cuentos,
de los acontecimientos de la diégesis. No obstante, estos dos aspectos no son los únicos que
pueden denotarlo, dado que cualquier relación entre la atmósfera nocturna, los personajes y
Es posible afirmar, de acuerdo con lo dicho, que lo nocturno aquí está compuesto por
24
Muchos pintores buscaron lograr un estado de ánimo o atmósfera propia de la noche. Fue James McNeil
Whistler quien por primera vez bautizó un tipo de composición con el nombre de “nocturno”, inspirado en
ciertos títulos musicales. De acuerdo con Lily Litvak, su Nocturno, azul y oro. Valparaíso (1866), realizado a
base de suaves matices y contornos difuminados, escandalizó a un público acostumbrado a los colores brillantes
y las formas precisas. A pesar de ello, el artista había iniciado una novedosa manera de interpretar la noche
como una visión atmosférica, fantasiosa y delicada de la ciudad moderna (96-98). Lo significativo de estas
primeras producciones con el título “nocturno”, es que ellas le permitían al artista evocar no sólo un espacio
físico empapado por la oscuridad de la noche, sino que también exponía un estado de ánimo consecuente con
esa oscuridad. De acuerdo con Litvak, esto propiciaba que se le otorgara un interés tan sólo secundario al
59
De acuerdo con Chevalier, la noche prepara y muestra lo oculto. Esta espera y preparación
del devenir refiere a actividades específicas: durante la noche, la actividad más representativa
saber, un estado meditabundo en que la lucidez se confunde con la oscuridad, que opaca los
límites de las formas, y provoca así confusión, sueños, y muchas veces revelaciones que
durante el día no tendrían sentido. Como es evidente, los ejemplos descritos del corpus del
presente estudio responden a estos motivos, pues se preparan para un destino, se encuentran
de lo nocturno es, sin duda, el germen de una preocupación a la que recurrirá este autor
incluso hasta Una violeta de más, su último título. “Entre tus dedos helados”, cuento de esta
última publicación, y posiblemente el más celebrado por la crítica, reúne y condensa los
recursos de lo nocturno y lo onírico hasta sus últimas consecuencias, pues la noche es fecunda
para el sueño y las pesadillas: en este cuento, lo nocturno es llevado a su exceso, por lo que
da cuenta de que ha matado a una mujer, no obstante un aspecto interesante del tratamiento
contenido narrativo, ya que despreciaba tanto la anécdota como el detallismo, porque “el tema no tiene nada
que ver con la armonía del sonido y el color”, y explicaba la presencia de un personaje en su Nocturno en gris
y oro; Nieve en Chelsea, (1878), diciendo que no le importaba “el pasado, presente o futuro de esa figura, que
estaba allí tan sólo porque se necesitaba un toque de color negro” (98). No obstante, todo estado de ánimo y su
reproducción artística contiene, de manera directa o no, una dimensión estrictamente narrativa, debido a que
los elementos y la figura que se observa caminando en la calle oscura narran ya una historia.
En el caso de la poesía, la temática de lo nocturno emergió como la expresión de un estado de ánimo
subjetivo motivado por la oscuridad de la noche, y, de nuevo, la imprecisión de la forma era su mayor atractivo.
Autores como Novalis, Rainer María Rilke, Goethe, Friederich Schiller, Paul Celan y Friederich Holderlin
exploraron en su obra la temática nocturna, y no podemos olvidar a autores latinoamericanos como Rubén Darío
y Xavier Villaurrutia.
60
de este cuento consiste en el hecho de que este personaje debe comprender ese universo que
nocturno y cómo configura este motivo en su primera publicación, es decir, el objeto de este
partirá desde, como ya se ha dicho, el interés del autor por construir a la noche como un lugar
que armoniza con sus personajes, acciones y emociones, propicio para la revelación de una
verdad siniestra, que después de ocultar, muestra aquello que durante el día no puede ser
percibido. Es importante considerar que dicho interés atiende a una tradición inclinada a
autores como Edgar Allan Poe, Guy de Maupassant y E.T.A Hoffman atendieron estas
exploraciones de lo nocturno en que lo onírico, los fantasmas y las revelaciones, hallan sus
trasciende las atmósferas desde sus conformaciones físicas a las íntimas –en otras palabras,
la estrategia que el autor emplea para manifestar simbólicamente lo nocturno y cómo a través
25
Recordemos que autores como Guillermo Samperio y Leda Rendón hallaron vínculos entre estos
autores y Francisco Tario, tanto por sus preocupaciones estéticas, como por sus temas.
61
2.1 Los microespacios de la noche
Hasta aquí, es necesario reconocer que el espacio está conformado por diversos componentes
acciones como estados de ánimo, contribuyen a tejer una compleja red espacial, y la armonía
entre los elementos físicos y psicológicos expuestos por el narrador será clave para su
elementos –lugares físicos, estados emocionales y praxis–, se analizarán los aspectos que
cumple una función primordial. Los personajes la configuran a través de interpretaciones que
antes formaron parte de una experiencia sensorial, por lo que las dosis de subjetividad con
las que se describe la atmósfera de la ficción son indiscutibles. Este aspecto me induce a
puesto que “será preciso despertar la experiencia del mundo tal como se nos aparece en
cuanto somos-del-mundo por nuestro cuerpo, en cuanto percibimos al mundo con nuestro
espacio, sino que es parte de él, y en esta dirección, los sentidos son vínculos entre el interior
fenómeno físico, o bien, un elemento físico espacial no surge desde mi interior, es decir, no
puede concebirse desde una abstracción, sino que es posible asimilarlo sólo por medio de una
experiencia perceptiva.
A pesar de que las percepciones son variadas y complejas, María del Carmen Bobes
62
(subjetiva) del espacio (196-197). En este análisis, será evidente que cada pasaje descriptivo
será revelado por medio de la mirada atenta de los protagonistas. A partir de esta mirada, será
posible identificar distintos juegos espaciales y se distinguirá desde qué posición está
narrando tal personaje en relación con los demás elementos. Bobes continúa:
Tanto los objetos como los personajes son vistos en la novela tradicional –ya lo
hemos dicho– con “mirada semántica”, es decir, como signos que dan coherencia a
una historia y a las relaciones que en ella se establecen. La presencia de un entorno
susceptible de ser captado con la mirada adquiere significado si alguien lo destaca,
si alguien lo relaciona con contenidos precisos o vagos (213-214).
De esta manera, narrar un espacio requiere de manera inapelable de una mirada que ordene
de La noche suelen ser observadores meticulosos de aquello que les rodea dada su irónica
naturaleza a caballo entre lo objetual y lo humano. Ya que algunos narradores son objetos,
resultan irónicos los juicios y las reflexiones profundamente emotivos, e incluso, en contraste
con estos seres cargados de subjetividad, se describe a los humanos en un estado de letargo,
casi como objetos inanimados, es decir, se lleva a cabo una inversión de las características
que son naturales a cada uno de ellos. Respecto a esto, Audrey Louyer reflexiona acerca de
26
María Teresa Zubiuarre coincide con esta característica del espacio fantástico, aunque desde su
estructuración en la novela realista: “El espacio, dotado de un fuerte contenido semántico, habla indirectamente
de los personajes y contribuye metonímicamente a su definición. El valor metonímico del espacio, empero, y
con ser esencial y característico sobre todo de un tipo determinado de novela, no debe hacernos olvidar su
carácter muchas veces redundante” (22). Es claro que, de manera paralela a las estéticas romántica y realista,
63
Aunque aquí no será predominante una lectura desde las posibles características fantásticas
no pueden ser desligadas entre sí, por lo que se revisarán en conjunto en este apartado. Para
otorgarle a este estudio un orden funcional, será dividido en tres espacios representativos de
La noche: el almacén, la casa y la ciudad; y en algunos de ellos se integrarán otros, dado sus
macroespacio, la noche, por lo que cada uno de estos será examinado en relación con ella.
El rincón es el lugar desde el que los protagonistas comienzan a narrar sus infortunios con
mayor recurrencia: lo hallamos en “La noche del féretro”, “La noche del muñeco” y “La
noche del traje gris”, e incluso, los personajes humanos de alguna manera narran desde un
conductas consideradas inapropiadas por los demás personajes. Por lo tanto, la construcción
de lo nocturno en estos cuentos inicia en los sitios a los que sus protagonistas pertenecen –
exponen para así otorgar al lector una visión de mundo más amplia (o más clara). Se revisará,
las cuales manifiestan un paralelismo interno y externo categórico, identificable en su lectura, La noche requiere
una lectura aguda respecto al espacio. Tal como afirma Zubiuarre, la “redundancia” metonímica entre el espacio
y personajes se manifiesta en la cuentística de Tario, pues no hay una sutilidad, más bien una complejidad, pues
Francisco Tario erige un perfil interno intrincado y muchas veces perturbado, en correspondencia con su
atmósfera física.
64
a continuación, cómo son estas construcciones iniciales de lo nocturno en los cuentos
Hay una justificación fundamental que explica por qué mi análisis parte de estas
construcciones espaciales. El volumen de cuentos inicia con “La noche del féretro”, y la
narración de su héroe –un féretro– se verifica desde su mirada, situada en un lugar reducido,
de exhibición, puesto que se trata de un objeto casi olvidado, por el tiempo transcurrido en
estado de reposo. Dentro de ese almacén, el rincón que habita el narrador personaje ya es
sugerente de inicio, pues, recurriendo a las articulaciones simbólicas del espacio establecidas
por Gaston Bachelard, el rincón es el hogar de los objetos y es “un refugio que nos asegura
inmovilidad. El rincón es una especie de semicaja, mitad muros, mitad puerta. Será una
En esta escena existen los elementos suficientes para comprender la dicotomía categórica
entre lo humano y lo objetual que se encuentra presente a lo largo de La noche. Mientras que
el hombre se halla aterrado ante el lugar en el que irrumpe, ya que el féretro es un recordatorio
fatal de la muerte, el féretro, por otra parte, percibe al almacén como un sitio acogedor
65
La noche era fría, lluviosa y soplaba un viento de nieve. No apetecía yo, pues,
moverme de aquel escondrijo tan tibio, cubiertos mis largos miembros con una
suave capita de polvo, y mucho menos aventurarme –Dios sabe con qué rumbo– por
esas calles tan húmedas y resbaladizas (28).
relación con el espacio, y la armonía que el protagonista exhibe al habitar la noche. Mientras
que el féretro percibe al almacén como un lugar seguro y cómodo del cual no desea salir, el
enlutado parece horrorizado por el ese mismo espacio. También aquí se introduce un tema
que interesa para este análisis: la analogía del almacén con la taberna indican ya una alusión
al carácter nocturno de esa espacialidad, puesto que la taberna es un lugar cuya actividad
primordial se lleva a cabo durante la noche. Ambos espacios son receptáculo de una espera
entre ambos radica, en primera instancia, en la evidente carga negativa que el almacén de
ataúdes tiene para los hombres y, en segunda, en sus residentes: en el primero se encuentran
los féretros y su vendedor en espera de algún cliente; en el segundo, los hombres, quienes
en la taberna hallan el lugar apropiado para saciar o aliviar sus vicios. La descripción de
“aquella luz amarilla y sucia” (27) muestra al lector un espacio descuidado, cuya iluminación
no es natural, sino una simulación que recuerda una atmósfera casi onírica, en la cual es
posible confundir las percepciones, es decir, un lugar suspendido y petrificado hasta que la
muerte le confiera un propósito. Es claro que esta ambientación turba sólo al hombre
Se puede observar cómo la consonancia del héroe en relación con el espacio cobra
mayor sentido cuando detalla las actividades a las que los féretros se ven sometidos durante
su vida. Estas prácticas han sido llevadas a cabo por el féretro hasta esa noche, en que ansía
66
Mientras permanecemos en el almacén somos célibes. Sin embargo, estamos
fatalmente destinados al matrimonio; es decir, a lo que en el mundo común y
corriente se designa con otro nombre estúpido: el entierro. Semejante
acontecimiento es el más importante de nuestra vida, y de ahí que meditemos tan a
menudo acerca del cónyuge que nos deparará la suerte (35).
Todos estos elementos colocan al protagonista en una situación inicial parecida a una
descanso semiactivo: la posición del féretro en ese escondrijo tibio y cómodo simula la
postura del durmiente que ha sido despertado de un largo sueño 27. El almacén, entonces, es
un espacio que se encuentra petrificado, pero en una situación relacionada con lo nocturno
dadas las actividades llevadas a cabo allí. La noche, con sus cargas semánticas, es conciliable
con la espera inicial del féretro en ese rincón: es durante la noche que el individuo gesta,
también se ha dicho que lo íntimo tiene un papel esencial. Los aspectos afectivos que se
reconocen en este pasaje preliminar refieren a estados de ánimo relacionados con la tristeza
y pérdida por parte del hombre, e introspección, indisposición y desprecio por parte del
féretro. Es notable que estas emociones se encuentran estrechamente vinculadas con las
relaciones espaciales que establecen los participantes del relato, así, tal como afirma
Merleau-Ponty, “se da un espacio mítico en el que las direcciones y las posiciones están
féretro, que se encuentra cómodamente situado en su rincón del almacén, coloca a éste último
27
Resulta evidente el hecho de que Francisco Tario, en esta primera publicación, se interesa por proponer
una postura crítica manifestada por medio del contraste. Como ya se ha dicho, en La noche prevalece una
constante pugna entre los objetos y los humanos.
67
como el centro de su universo, puesto que es su hogar, en el cual acostumbra la meditación
conjuga para conformar una red entramada de relaciones que apunta a una construcción
espacial específica, y es justo cuando ambas convergen que se indica la presencia de una
noche predominante, la cual ninguno de ellos desea enfrentar. En este cuento, el espacio tiene
una fuerte carga negativa para ambos personajes, ya que se encuentran en una situación no
deseada: la noche fuera del almacén, presentada como fría y lluviosa, intimida al narrador,
por lo que todo elemento externo representa una amenaza, y por parte del hombre, esa noche
noches, la noche dentro del almacén, relacionada con la espera, inmovilidad y tranquilidad
El segundo cuento a analizar en este apartado es “La noche del traje gris” que, como
en el caso anterior, ofrece a un personaje protagónico que yace, al inicio del relato, en un
rincón; en este caso se trata de un armario. El cuento comienza con una serie de observaciones
que el traje hace sobre su dueño humano, sin embargo, a diferencia del caso anterior, lo hace
desde una actitud de respeto e idolatría, pues su amo es rico y tiene acceso a toda clase de
sobre el humano, el lector comprende que el traje –narrador y protagonista– observa siempre
Gran parte de estos pormenores los observaba por mí mismo; otros, en cambio, los
aprendí de labios de mis compañeros. ¡Ah!, prisioneros en el armario, cuando todo
calla en la residencia, dialogamos los trajes sabrosamente, mas con cautela,
cuidando de no ser sorprendidos (106).
68
A diferencia del almacén, el armario aquí se encuentra dibujado con una analogía que lo dota
de una percepción e interpretación negativas, puesto que representa para el personaje una
capacidad para dotar de características específicas a cada microcosmos, dado que a partir de
nuevo, Francisco Tario recurre a una confección espacial cuya praxis implica reposo y la
espera de una inminente liberación; en este caso, incluso, los habitantes del armario deben
permanecer silentes. Es un espacio que fluctúa entre la acción y la pasividad, casi como una
Ahora bien, en “La noche del traje gris”, el narrador comienza a construir la atmósfera
Pues bien. Mi amo esta vez ha procedido a desnudarse con toda calma, ordenando
celosamente mis tres piezas sobre una silla, cual si se propusiera utilizarme de nuevo
mañana. Ya ha quitado la luz, y lo siento revolverse entre las sábanas. Todo está en
sombras, recogido, expectante. Del jardín asciende, a impulsos de aire, el perfume
de los claveles, las mimosas y los rosales. Escucho el gotear del agua en la fuente
de piedra y el canto de los grillos. También, de tiempo en tiempo, viene hasta mí el
rumor del reloj en la planta baja del edificio y, regularmente, sus campanadas
siniestras, profundas, alarmantes.
“El tiempo fluye”, pienso encomendándome a Dios. Pero acude el diablo
(108).
Este es un pasaje ejemplar en el cual se corrobora el hecho de que la noche no puede ser un
complicado sistema en el cual las profundidades anímicas y prácticas del personaje son
condensados en esta descripción y producen una reacción en el traje gris. Este es el momento
del descanso, tanto para el traje como para su amo, por lo que el espacio “en sombras,
69
recogido y expectante” es nada menos que una extensión del protagonista, quien, atento a las
flores sólo puede ser apreciado en la noche, al igual que el más mísero ruido, como una gota
o un tic-tac de reloj. Se revela ante el traje gris un nuevo mundo en el que la esencia de las
cosas puede ser descubierta, pues la noche es donde la verdad es mostrada sin miramientos,
y esa verdad es, tal como lo expresa el narrador, que “el tiempo fluye”, es decir, que la llegada
En este sentido, Francisco Tario utiliza aquí dos componentes interesantes para la
construcción de esta atmósfera nocturna: las sombras y lo siniestro. Las sombras son un
apariencias debe ser desmentida, y en este sentido, el pasaje recuerda la alegoría de la caverna
de Platón: al superar las falsas percepciones, es decir las sombras, es posible hallar la verdad.
En este sentido, la sombra, “por una parte, es lo que se opone a la luz y, por otra parte, la
propia imagen de las cosas fugitivas, irreales y cambiantes” (Chevalier, 955). Si bien “todo
está en sombras”, puesto que todo aparenta ser algo que no es en esa atmósfera nocturna, la
causa espanto precisamente porque no es conocido o familiar (Freud, párr. 3). Lo siniestro
parte de una supuesta realidad cotidiana para luego utilizar sus recursos y alejarse de ella,
ritual ordinario –esto es, llegar a casa y apagar las luces para el descanso– el traje, de manera
70
gradual, se percata de los olores y sonidos de la noche, es decir, de las sensaciones en un
sentido más amplio. Su constante repetición comienza a ser percibida como un recordatorio,
y el repicar del reloj es, hacia el final, distorsionado. No obstante, aquí lo familiar no actúa
Francisco Tario elabora en este cuento una atmósfera inicial que favorece las
condiciones para una revelación. Se ha dicho antes que la noche está firmemente relacionada
con un estado de introspección, pues para los personajes es el único momento del día en que
interpretaciones a propósito de lo que importa a los personajes, y en este caso, las sombras y
son evidentes hasta que la revelación de una verdad opera como un despertar simbólico, y
las actividades previas a este despertar simulan, de manera parecida al caso anterior, un
De manera similar a “La noche del féretro” y “La noche del traje gris”, Bobby, el
héroe de “La noche del muñeco”, inicia su narración observando y percibiendo un mundo
desde un escaparate de juguetería. Desde allí, ve a los niños ir y venir sin que ellos adviertan
su presencia:
Desde mi solitario ataúd de cartón veo desfilar por las aceras rostros de niñas y niños
que se trastornan de gozo ante cualquier chuchería: una aldeana panzona, una pistola
de agua, un camello con su botín, un carro de bomberos. Los veo saltar y chillar con
sus piernecitas rosadas y sus vocecitas tan frescas. Los ojos se les inundan de llanto,
retratada en ellos la alegría. Pero no me compran, no se percatan siquiera de mi
presencia; cuando más, detienen en mí sus miradas perdidas como una expresión
titubeante o desconfiada. ¡Yo los entiendo de sobra! Se preguntan:
“¿Y qué es eso tan viejo y tan feo que está al fondo del escaparate?” (95-96).
Francisco Tario se vale aquí de la inmovilidad como una metáfora sobre el aislamiento al que
se ve confinado este personaje al no ser deseado por ningún niño: la caja en la cual se
71
encuentra Bobby es un “ataúd de cartón”, puesto que, al no ser notada su presencia por nadie,
anteriores, es vista como una posibilidad y esperanza para remediar la soledad a la que se
encuentra sometido el protagonista. Asimismo, el espacio que habita este narrador se rodea
de una serie de prácticas vinculadas con un estado inactivo, pero en este caso el autor lleva
hasta sus últimas consecuencias esta característica y coloca al personaje en una actitud
vivacidad. El contraste es evidente, ya que los niños presentan una actitud activa y alegre, lo
cual ratifica el estado de letargo en el cual se encuentra el muñeco, al igual que su tristeza.
Esta soledad parece ser la misma durante la noche: “Pero de noche, en cuanto el
empleado echa abajo la cortina de acero y apaga las luces, la soledad me envuelve, siento
frío y me entran unas ganas locas de llorar. Y lloro” (98). Sin embargo, durante la noche estas
que un solo sitio puede ofrecer dos espacios diversos gracias a las diferentes visiones de sus
la juguetería durante el día, que mantiene un carácter nocturno dadas las prácticas de Bobby,
y otro más activo y animado gracias a las actividades de los niños; por el otro, en las noches,
de nuevo, se muestra el espacio tal como es, y se muestra una verdad: sin los niños es un
lugar triste y solitario. Una vez más acciones, emociones y la dimensión física se imbrican
para producir una atmósfera relacionada con la construcción de lo nocturno revisada en esta
través de ella que se pretende mostrar la verdad de las cosas y los hechos. Por lo tanto, lo
72
inanimado forma parte de esa demostración de la verdad, y ser testigo de un conflicto humano
padecido por un objeto se convierte en una profunda consideración: ¿es que acaso no son los
Estos espacios responden a un estado nocturno inaugural petrificado que roza con lo
onírico, puesto que sus habitantes realizan prácticas relacionadas con el descanso, la
escaparate construyen una atmósfera que funge como un espacio simbólico que se asemeja
a los protagonistas, esto causa en ellos una serie de emociones como tristeza, melancolía,
angustia, miedo y soledad, por lo tanto, la noche funge de manera constante como un espacio
sólo con una temporalidad, sino con un estado confeccionado por una subjetividad inmersa
Culturalmente, la casa es considerada el lugar más seguro para el hombre. Una casa
mismo y al mundo que lo rodea: a partir de ella se desarrolla y construye toda una visión del
identidad pero, sobre todo, por su valor inicial, es decir, otorgar seguridad a su habitante,
pues de acuerdo con Bachelard, en la casa “se participa de este calor primero, de esta materia
73
A Francisco Tario siempre le interesó recrear en su obra el paso de lo familiar
de tales espacios reside en las diversas transformaciones a las que se ven sometidas gracias
a sus atmósferas nocturnas. Como se observará, durante la noche, las casas de estos cuentos
adquieren un matiz muy distinto a sus acepciones más comunes, pues un halo de oscuridad
las envuelve y sus habitantes y acciones simpatizan con él. Así, la noche que propone
Francisco Tario en este corpus transforma todo cuanto en ella se encuentra: oculta y revela
En estos cuentos, durante el día, las casas y las prácticas cotidianas que se llevan a
cabo en dichos sitios se presentan algunas veces como un espacio seguro y agradable, y otras
como un lugar en el cual se exhibe el desprecio y la soledad. “La noche de la gallina” narra,
en su comienzo, la gratitud que su protagonista tiene hacia los humanos, ya que la dotaron
de una casa; por otro lado, en “La noche de los cincuenta libros”, Roberto describe cómo en
la casa que habita con su familia se halla el afecto negado, los rechazos constantes, y la
frialdad:
74
Aquí, se halla una descripción que no responde a las acepciones más convencionales de la
casa como espacio familiar –esto es, el amor y la seguridad–, no obstante, es interesante cómo
a pesar de ello, la familia, al encontrarse en una situación cotidiana, pretende mantener –de
manera fallida, claro– cierta apariencia ante Roberto, es decir, busca que la casa asemeje un
lugar más o menos funcional aunque en realidad no sea así. Las dos casas, tanto de la gallina
como de Roberto, convergen en un aspecto que sólo prevalece durante el día: se construye
una fachada o un simulacro para mantener una apariencia específica. Es así que Francisco
Tario muestra otra preocupación en estos cuentos, esto es, la manifestación del día como un
espejismo o una ilusión –elemento reiterativo en su obra–, dado que el día se presenta como
verdad.
culminará en una deliciosa comida para los integrantes de la familia, sin embargo, ¿no es
acaso ese el propósito de criar una gallina?, y en el caso de “La noche de los cincuenta libros”,
es durante la noche que la madre del protagonista lo visita en su habitación para llevar a cabo
Y cuando a fuerza de escuchar sin descanso el insensato vocablo siento que la cabeza
me va a estallar como un globo, se oscurece la Tierra, cantan los gallos y aparece la
madrecita en mi cuarto, vestida con un hábito negro y una lámpara en la mano. Al
verme, posa la luz en el suelo y, metiendo los dedos en la bacinica que está bajo la
cama, me salpica de orines el rostro, tratando de espantar al demonio (54).
Se presentan en estos pasajes nocturnos dos elementos claros que no deben perderse de vista.
En primer lugar, el hecho de que las moradas se muestren seguras –o procuran parecerlo–
durante el día, mientras que en la noche son inseguras y hostiles. En segundo lugar, en la
noche se llevan a cabo acciones que pretenden ser veladas, pero que manifiestan una verdad
75
sobre los personajes y su naturaleza. En este último punto es notable cómo elementos como
nocturno propuesta por Tario, pues el hecho de que ciertas acciones se lleven a cabo en una
casa las dota de una dimensión incluso más siniestra que si se llevaran a cabo en cualquier
otro espacio. En el espacio de la casa, con su carga cultural, queda comprendido su carácter
hasta cierto punto sagrado, pues es un templo que no se debe profanar con actos turbios,
como los que comete Roberto según su familia, de acuerdo con las acciones de su madre,
durante la noche, la oscuridad resguardará y propiciará una transformación del hijo, pues
La imagen de la madre como portadora de luz –ya que incluso lleva, al parecer, una
proveedora del amor y la piedad, sin embargo, en esta descripción todo rastro de amor queda
subvertido, incluso se presenta sumamente oscura, pues lleva a cabo un acto ritual en contra
del ‘demonio dentro de su hijo’. De esta manera, las acciones de Roberto, percibidas como
infractoras, pretenden ser disipadas durante la noche, pero por medio de otro acto que
transgrede las acepciones comunes del espacio familiar: “metiendo los dedos en la bacinica
que está bajo la cama, me salpica de orines el rostro” (54), que por llevarse a cabo en medio
de ese ambiente noctámbulo pareciera ser más válido. Es decir que la oscuridad en casa
resguarda y justifica actos transgresores, pues parece ser el cronotopo apropiado para llevar
a cabo tales prácticas, y por otro lado, la sutil luz en esa negrura muestra una certeza: ni
En esta escena, se evidencia otro aspecto que confirma el hecho de que a pesar de que
durante la noche las acciones ejecutadas por sus personajes puedan ser semejantes a las que
llevan a cabo durante el día, conllevan un significado completamente diferente. Roberto narra
76
que un día su hermana lo espiaba cuando éste volvía del bosque, y como castigo, el
protagonista la orina. De manera paralela, la madre salpica a este último del mismo líquido
durante la noche. El carácter escatológico de dicha acción queda matizado, pues pretende ser
del espacio doméstico implica ocultar o bien difuminar aquello que durante el día parece
grotesco y transgresor. Estas disposiciones me incitan a coincidir con Antonio Cajero cuando
afirma que la noche en estos cuentos “también tiene la virtud de disimular las apariencias,
los disfraces, las transformaciones, el deseo y los apetitos de seres atormentados. Se trata de
Algo parecido sucede en “La noche del perro”. Aunque en este cuento no se describe
“¡Qué silencio más horrendo el de esta noche de diciembre! ¡Qué quietud y qué nieve más
espantosas! ¡Qué infamia la vida! Y yo, un perro, un triste ser inútil, incapaz de algo
armonía con el perro, muestra o revela su interior, esto es, una serie de sensibilidades
relacionadas con su imposibilidad para hablar y cuidar de su amo, lo cual le parece horrendo.
Aquí, la noche se presenta hostil incluso dentro de casa, es decir, de nuevo este espacio no
es un lugar que proteja a sus habitantes, y es, en cierto modo, extensión también del personaje
precaria, pues sólo come pan duro y leche cortada, es decir, no tiene la capacidad para cuidar
de él mismo ni de los demás: “perro”, “amo” y “casa nocturna” forman una tríada que
funciona en un mismo eje, porque esta última tampoco cumple con su función habitual, no
los resguarda del frío y la soledad durante la noche. Esta composición del autor señala ya una
autor respecto a las construcciones de las casas, es decir, cómo enmarca y configura estos
espacios en el cronotopo nocturno. Estas moradas son lugares que sufren ciertas
transformaciones durante ese lapso, las cuales se relacionan con una aparente ocultación y,
decir que el autor propone a los espacios nocturnos como propicios para que sus personajes
hallen su lugar en el mundo, a pesar de las consecuencias que ocasione, es decir, que aquello
que durante el día no tiene cabida o no puede ser descifrado, en la noche será revelado.
Asimismo, el hecho de que estas acciones se lleven a cabo en la casa otorga una
nocturna para Francisco Tario, a pesar de mostrar una verdad, es siniestra y aterradora, pues
sus personajes identifican sus propias deficiencias con esa oscuridad; además, muestra lo más
bajo del ser humano, puesto que ni siquiera en el lugar más afectuoso hallará la dicha, y esta
es la verdad que el autor pretende mostrar al lector a través del panorama nocturno de la casa.
Siguiendo con lo anterior, también es posible afirmar que las viviendas enmarcadas
en la noche fungen como una especie de prisión, pues tanto Roberto como la gallina y el
perro se ven condicionados por ella, lo cual provoca tristeza, miedo, impotencia y odio. La
desarrollo hacia el final de los cuentos, como se revisará de manera posterior, dado que la
gallina obtiene su liberación sólo por medio de una venganza –envenenar a sus dueños–,
78
Roberto planea dejar su primera casa para ser libre en el bosque, y el perro halla su
los lleva hasta sus últimas consecuencias es “La noche de Margaret Rose”. La diferencia de
la casa dibujada en este cuento radica en que dicha morada no es la del protagonista, sino de
Margaret Rose, la mujer de la que Mr. X siempre estuvo enamorado. La historia aparenta
sencillez en su argumento: Mr. X recibe una carta de Margaret Rose en la cual lo invita a
visitar su casa, éste hace lo propio, y durante el camino recuerda el amor entre ellos. No
obstante, hacia el anochecer, su llegada y su estancia en la casa muestran al lector una serie
de sugerencias, que van conforme avanza el relato, de que algo secreto se esconde en esa
atmósfera. Mr. X recuerda súbitamente que Margaret Rose murió hace años, sin embargo,
hacia el final de la narración, el protagonista resulta ser el fantasma, y ella una mujer
trastornada por su aparición en la casa. De esta manera, hay una inversión de los órdenes de
lo real y de lo irreal.
anterioridad cobra un papel significativo por medio de las descripciones, y es notable cómo
éstas en relación con el interior del personaje son completamente conciliables. Al ingresar a
Esta descripción converge en dos aspectos relacionados con los cuentos revisados. Tal como
en “La noche del perro”, la atmósfera narrativa de “La noche de Margaret Rose” es una
79
extensión del protagonista: la luz es escasa y titubeante como el personaje al entrar en la casa.
A su vez, tal espacio connota desde el inicio oscuridad y ausencia de actividad, elementos
pero significativa, puesto que muestra un espacio que sin ella no sería percibido. Francisco
Tario construye una atmósfera nocturna de apariencias, y algo allí se encuentra oculto, lo
cual es reafirmado cuando Margaret se sienta frente al protagonista para jugar ajedrez: “Arde
–no sé por qué razón en primavera– un fuego gigantesco en la chimenea de piedra. El salón
La insistencia en crear una atmósfera nocturna donde la luz tenue cobre un papel
fundamental es evidente28, pues este pasaje es semejante al de “La noche de los cincuenta
libros”. Lo que sucede en ambos cuentos se relaciona con la combinación entre luz y
oscuridad, pues inevitablemente crea sombras, y éstas últimas no sólo develan una presencia
física, sino también sentimientos, hechos e ideas del protagonista. De acuerdo con esto, Tario
insiste, para la construcción de estas casas nocturnas, en la idea platónica del mundo de las
apariencias, en la que una vez vistas las cosas tal como son se puede acceder a la verdad, y
ambas casas son durante la noche espacios propicios para hallarla, pues sólo a través de la
noche es posible evidenciar el carácter velado de las moradas en las que habitan los
personajes: todo cuanto en ella se halla tiene algo oculto –sombras– que es necesario develar.
28
Esta característica es recurrente incluso en publicaciones posteriores del autor. En el cuento “Entre tus
dedos helados” –que cierra el último volumen de cuentos del autor, Una violeta de más–, uno de los primeros
indicios que remiten a la configuración de un espacio nocturno en el que las percepciones se difuminan es la
siguiente escena: tres hombres salen de un estanque con una vela que, incluso dentro de ese estanque permanece
encendida. De manera análoga a estos cuentos, la vela está allí porque algo necesita ser explicado y revelado.
80
La conjunción de todos estos componentes incide inevitablemente en un tipo de
construcción que Francisco Tario perfeccionó a lo largo de su obra, esto es, la casa como
se encuentra inscrita la raíz de una búsqueda estética que caracterizó las producciones más
admiradas del autor. Como se ha dicho, la noche en estos cuentos funciona como espacio de
transformaciones, y en el caso de este último, la percepción de ese espacio por parte del
nuevo; y mi voz es tan lejana que me sorprendo de ser yo mismo quien esté hablando-. ¿Es
la actividad primordial es dormir, por lo que el sueño y sus códigos no difieren mucho de las
acepciones que en estos cuentos se le otorgan a este espacio temporal: el sueño también
muestra lo oculto, agudiza ciertas percepciones y explora los sitios más íntimos de la vida.
De acuerdo con esto, Francisco Tario confecciona aquí un espacio nocturno en que el sueño
y la realidad no son distinguibles ni opuestos, no hay un límite entre uno y otro ni una
29
En Una violeta de más Francisco Tario insiste en perfeccionar la construcción de la casa como espacio
onírico, o bien como un espacio suspendido. En “El balcón” y “Entre tus dedos helados” el autor recupera
muchos de los aspectos sondeados en este apartado. El primer cuento, explora una casa de fantasmas, muy
parecida a la de “La noche de Margaret Rose”, pues sus personajes también recurren a actividades llevadas a
cabo con regularidad en el pasado: para Margaret Rose y Mr. X era el juego de ajedrez, mientras que para la
madre y el bebé enfermo de “El balcón” era sentarse en su balcón durante las tardes. En este cuento, hacia el
atardecer, la madre no encuentra al bebé, y se comprende que conforme se instala la oscuridad de la noche el
peligro fuera de casa sería desastroso. La casa es, por lo tanto a diferencia del corpus de La noche, segura y
agradable, hasta que la rutina es interrumpida, y sin embargo mantiene cierta propiedad oculta en ella. Por otro
lado, la casa de “Entre tus dedos helados” sondea una oscuridad penetrante, en que, de nuevo, los límites de la
realidad se ven completamente ausentes, puesto que se encuentra en un sueño: el protagonista se ve durmiendo
en su cuarto y debe resolver un asesinato con los elementos que se encuentran en aquella casa, su casa. De
nuevo, el carácter nocturno onírico de ese espacio oculta una serie de acontecimientos que hacia el final del
cuento quedan expuestos.
81
Y en efecto: una desazón agudísima, completamente indescifrable, vase apoderando
de mí a cada minuto que transcurre. Una sensación por demás extraña, ni de
incomodidad o angustia, ni de ansiedad o sobresalto, ni de pavor o desconfianza,
sino propiamente de vacío, de inestabilidad o ausencia, como si mi personalidad,
pongo por caso, fuese anulada gradualmente por otra personalidad intrusa que
ocupada su lugar. Bien como al despertar de un sueño, bien como al entrar en él
(86).
sino que, como sucede en los otros cuentos, impera sobre todas las cosas, tanto al interior del
personaje –puesto que en él gobierna una inestabilidad manifiesta–, como de manera física y
perceptiva –se desdibujan los límites de la realidad, pues no se sabe si se está dentro de una
casa o dentro de un sueño–. Las últimas líneas del pasaje resumen la construcción nocturna
del espacio: entrar a la casa de Margaret Rose significa entrar a un sueño, o bien, a un lugar
casa nocturna de este cuento coincidiría, entonces, con “la alucinación propia de lo
figura de la casa, la cual tiene un sentido que inscribe al hombre en el mundo, puesto que es
la imagen de su identidad. Si bien se ha dicho que Francisco Tario alejó su obra de esta
concepción convencional, es posible afirmar que distanció lo suficiente a sus personajes con
el propósito de volver a ella, pues, hacia el final de los cuentos, éstos sí establecen una
relación tan profunda con este espacio nocturno que hallan en él su destino y su naturaleza –
verdades siempre trágicas–. La negrura de la noche en las casas de esta obra impera sobre
todas las cosas, y provoca sombras, sueños e imposibilidad: el proyecto de Tario es, sin duda,
82
resignificación de la casa como un espacio de apariencias que llegan a asemejarse incluso al
sueño, y que ocultan las acciones y emociones más desagradables del hombre, pues la casa
es una extensión de él. En este sentido, personaje y casa son elementos que sólo funcionan
cuando aparecen en la misma coordenada, pues en ambos reside, de manera velada, el horror
Se ha dicho con anterioridad que no hay espacio sin una visión que lo interprete y lo configure
por medio de acciones. El espacio urbano resulta de una complejidad singular, puesto que en
situaciones cotidianas. La ciudad nocturna es otro de los microespacios que Francisco Tario
reprodujo en su literatura, y por medio de ella se evidencia que una de las grandes
preocupaciones del autor es evocar una crítica contundente hacia el hombre inmerso en un
colectivo cuyos estandartes son la soledad, el hastío y el letargo. Esta apreciación del autor
Fue a finales del siglo XIX que la ciudad nocturna comenzó a ocupar un papel de
transmutación a una metrópolis permisiva, en que los vicios y las actividades prohibidas
el caso de esta novela realista es que esos despliegues debían ser justificados, esto es, que la
metrópoli debía ser representada en función de una continuidad respecto a la diurna, pues
tales acercamientos repentinos a un espacio de dichos atributos sólo podía fungir como un
contrapunto de la urbe virtuosa, llena de luz. Ahora bien, en el caso de La noche, sólo se
83
presenta este espacio enmarcado en una atmósfera nocturna, es decir, no se muestra una
retratar una visión de quienes la conforman –o construyen, incluso– de manera integral, esto
es, trabajadores y obreros, que sólo en el trayecto nocturno les es posible un encuentro con
ella. De igual manera, la omisión de la ciudad en su versión diurna contrasta con los demás
espacios explorados en el presente capítulo, ya que, por ejemplo, la casa mantiene sus dos
versiones: la construcción espacial del día funge como el mundo de las apariencias, y en la
noche ocurren revelaciones significativas para los personajes y el lector. Así, estos cuentos
aparentan mostrar una visión parcial de la ciudad; sin embargo, el análisis que Francisco
atmósfera nocturna profundiza aún más su naturaleza oscura, oscuridad que se manifiesta en
sus funciones dentro de la construcción de una atmósfera específica: en ella se esconde una
verdad, aunque también su naturaleza pétrea se confunde con la pasividad de sus habitantes,
los oculta.
individuos enajenados de la clase media obrera, sino a objetos o humanos ruines que no
cumplen este tipo de labores. Ahora bien, ¿por qué Francisco Tario decide colocar la mirada
en estos personajes, si se pretende una exploración crítica del individuo urbano común? Esta
perspectiva externa permite al lector y estudioso de la obra de este autor reconocerlo como
un creador que observó y analizó a la sociedad en sus más amplias relaciones, por lo tanto,
al haber sido un individuo que formó parte de un momento en que el desarrollo científico,
calcular cierta distancia entre el narrador y el fragor de una nueva ciudad. La distancia existe,
84
está allí por lo menos inicialmente, en cuanto este último enuncia su naturaleza periférica,
alejada e incomprendida por el colectivo. Es el caso del vagabundo loco de La noche del
La segregación por parte de los protagonistas que perciben la metrópoli y sus habitantes es
también un elemento que unifica gran parte de la producción de este autor. Esta característica
de los personajes se halla en casi todos los cuentos de La noche30, por ser animales, locos,
ciudad hasta el punto de que todos los hombres, como producto del paso hacia la modernidad,
son incapaces de pertenecer por completo a este mundo incipiente. En el caso del cuento
citado arriba, la carencia de vínculos con los otros demuestra que esta es una imposibilidad
que tiene el ciudadano promedio incluso rodeado por individuos, porque éstos se hallan
desinteresados por sus semejantes. De igual manera, “La noche del féretro” introduce una
Allí estaba yo, tendido sobre no sé qué mueble absurdo, y los hombres desfilaban
ante mí con sus levitas y sus rostros descompuestos. Me miraban a hurtadillas, y
tosían o se alejaban rápidamente. Nadie se mantenía ecuánime en mi presencia, cual
si yo fuera una especie de monstruo, culpable de la muerte de los hombres (30).
En este sentido, lo que hace Tario en estos primeros acercamientos de sus narradores con los
comunicación y empatía, pues en La noche todos los habitantes de la ciudad nocturna siguen
30
Y de gran parte de su producción, pues no podemos olvidar que los fantasmas, los locos, los suicidas,
incomprendidos de la sociedad, son personajes nucleares para comprender la propuesta estética de Francisco
Tario.
85
un mismo aislamiento y letargo que justamente resulta en un cronotopo nocturno: en la
ciudad no hay tales correspondencias porque sus habitantes se encuentran adormecidos, casi
como autómatas dentro de un sueño y con sus rostros descompuestos, pues en La noche,
concluye en una característica común de los hombres que pertenecen a la ciudad, pues incluso
los desencuentros del vagabundo y los demás ciudadanos en “La noche del loco” terminan
por converger. Es en este punto que la relación entre los individuos y el espacio nocturno de
Una vez más, tres dimensiones armonizan para configurar el cronotopo nocturno: la física,
funciones primordiales se llevan a cabo durante el día. No obstante, se presenta aquí como
introduce una cuestión: ¿los individuos se encuentran envueltos, también, por esa aura? Si
bien en este caso el narrador revela una distancia entre él y lo descrito, también es posible
ciudad nocturna, y esto refiere más bien a la dimensión práctica del cronotopo nocturno, es
decir, a las acciones: el trayecto de regreso a casa, posterior a la jornada de trabajo, es una
ilusión, pues en realidad, tal como anuncia el narrador, los hombres nunca saben hacia dónde
86
van31. Esta analogía entre el vagabundo y el hombre enmarcado en la ciudad nocturna
implicaría múltiples lecturas, y justamente en ello reside gran parte de la riqueza de este
cuento, no obstante, en este punto resulta manifiesto el hecho de que, de acuerdo con la
perspectiva del loco, todos los hombres son iguales a él, es decir, todos los hombres, al
recorrer la ciudad nocturna, son como vagabundos en busca de una dirección. Por lo tanto,
en la ciudad nocturna de La noche todos los hombres son igual de desdichados y mantienen
un estado de profunda soledad entre la multitud, por lo que es posible afirmar que Francisco
Este sentido se halla con mayor fuerza en “La noche del féretro”, que a diferencia del
necesario recordar que este protagonista –un féretro– había permanecido por mucho tiempo
en un estado de espera parecido a una hibernación en un almacén, hasta que una noche lo
31
Al reflexionar acerca de este sentido, es posible encontrar su afincamiento de manera evidente en la
totalidad de su obra. Esta particularidad es suscitada, generalmente, por algún evento insólito que ocurre a sus
protagonistas: en el caso de La noche puede ser una simple –aunque perturbadora– revelación, mientras en el
caso de, por ejemplo Una violeta de más, a veces es la aparición de elementos grotescos tangibles, como
criaturas extrañas. A través de estos eventos, los protagonistas, quienes llevaban una vida aparentemente
normal, al no saber qué hacer con tales situaciones, no muestran una voluntad explícita por resolverla, sino que,
justamente, toman decisiones “firmes” sin saber hacia dónde los llevarán. En “El mico” se narra la aparición de
una criatura en la casa de un hombre, de la manera más misteriosa: por el grifo de la bañera; al no hallar ningún
otro sustantivo para nombrarlo, es llamado “mico”. No obstante, el protagonista sólo se muestra perturbado por
un breve momento, y posteriormente retoma su vida y la adapta al animal, como si fuese normal tal
circunstancia, sin saber realmente cómo terminará. De igual manera, en “La noche del traje gris”, éste, a partir
de una revelación, toma una serie de decisiones irreflexivas, aunque se encuentra totalmente convencido de que
una noche de excesos es lo necesario para apaciguar sus inquietudes. Estos dos ejemplos demuestran que los
personajes de Tario no procuran un destino específico, sin embargo el propio autor coloca el hito que por
siempre limitará al hombre: la muerte.
87
Es posible, hasta este punto, notar que el espacio nocturno de este cuento, tanto dentro del
almacén, como fuera de él, mantiene valoraciones diferentes dependiendo de la mirada del
objeto y del humano. Dado que en el almacén el féretro halla un lugar ideal, en la ciudad
parte de sus habitantes, lo cual tiene que ver justamente con un estado nocturno de todos los
construcción urbana de “La noche del féretro”: “Lo carnavalesco (Bajtín) de la vida nocturna
permitido es manifestado por el deseo del protagonista por poseer un cuerpo femenino; en
este sentido, la ciudad y sus dinámicas guardan semejanza con el deseo del féretro: el hombre
habita esos edificios tal como los féretros anhelan habitar un espacio con sus respectivas
parejas. La ciudad como espacio propicio para la lascivia es otra perspectiva desde la cual
el autor desarrolla su construcción, y una vez más interior del personaje y exterior físico se
muestran análogos. Esto sucede tanto en el ejemplo anterior de “La noche del féretro” como
en “La noche del loco”, cuyo protagonista, al recorrer la ciudad da cuenta de que los pájaros
Continuando con el pasaje citado, una nueva analogía se encarga de situar una
perspectiva del protagonista ante la vida humana, pues el hombre se encuentra aprisionado,
en un estado de letargo parecido al del protagonista. Esta idea es reafirmada gracias a los
88
adjetivos utilizados para esta descripción: las calles son silenciosas y lóbregas, la gente pasea
con lentitud bajo paraguas negros, una plazoleta triste y edificios tenebrosos crean una
atmósfera en que la noche citadina es percibida como un espacio siniestro y triste habitado
por hombres lentos y taciturnos. De esta manera, respecto al féretro, el hombre está
vida, se hallan suspendidos en la muerte, y esto sólo podría ser vislumbrado en una atmósfera
que apuntan a una humanización de la ciudad, puesto que sus calles son “silenciosas” y
ciudad monstruosa, la cual incluso podría fungir como un personaje más del cuento. La
ciudad como cuerpo grotesco y en descomposición será retomada en “La noche del loco”,
sin embargo, aquí se presenta también como un cuerpo enfermo, en el que se conglomeran
Primero cruzamos una plaza, en cuyo centro hay una fuente; otra plaza sin fuente;
calles, calles, todas gemelas, huecas, como el sistema de una tubería. Aparecen los
árboles, las chimeneas de las fábricas, los lavaderos. Estamos en los suburbios.
Diviso la luna -¡y es hermosa!-. Proseguimos: el campo. La llanura plana, quieta,
igual que el pecho de un tísico (44).
Este pasaje anticipa el desenlace del cuento, pues el loco anhela profanar un cadáver, y en
este sentido, una vez más el cronotopo nocturno devela una verdad: la metrópoli se encuentra
vacía e infectada, tal como sus habitantes. La ciudad como monstruo que engulle a los
obstante, en este infierno citadino no hay fuego que queme, no hay gritos ni una
89
desesperación explícita, sino todo lo contrario, pues el cronotopo nocturno se desarrolla en
resignación. En consecuencia, es posible afirmar que los dos supuestos en que convergen los
este capítulo-, son consumados en la ciudad nocturna de La noche: las acciones de los
ocultarse en ella o permanecer en un estado de letargo semejante al del durmiente, así, por
ejemplo, el loco afirma, “cada día me atildo más; cada día me escabullo con mayor pavor del
sol” (40). De igual manera, las descripciones físicas de los espacios nocturnos responden a
perpetuo, y quienes son capaces de revelar este hecho son los narradores que los perciben
como seres que son consecuencia de un tiempo acelerado, con el cual no parecen
Resulta interesante y desde luego muy significativo que la pasión espacial haya
irradiado en todos los órdenes de la ciencia y la existencia justo cuando el nuevo siglo
nos enfrenta a decisivos cambios de paradigmas, obligándonos a reconducir,
necesariamente, nuestra relación con el espacio que habitamos, nuestra complicidad
con el entorno, en medio de la vorágine moderna que parece alejarnos del mismo.
“sumiendo al hombre en una nueva sintomatología, el síndrome del ‘Anyplace’ (ningún
lugar), el mal moderno del “sin-espacio” (Llarena, 21).
La razón por la cual la distribución de este capítulo concluye con un análisis de la ciudad
nocturna en La noche se debe a que si bien ya se han revisado los microespacios compuestos
espacio más amplio que, por medio de sus descripciones a partir de una mirada
ausencias. El auténtico estado de soledad nocturno que lleva a la introspección –el cual ya se
90
problema que pertenece no a un grupo limitado de individuos, sino a todos los hombres. Es
en este punto que las experiencias individuales de los personajes trascienden, en función de
lo inmaterial, esto es, por un lado, la urbe como muros y calles y, por otro, los individuos que
la recorren. La apreciación que la voz narrativa tiene de estos individuos se confunde con lo
material, pues son entes errantes, sólo carne y huesos. Así, la paradoja que formula Francisco
Tario por medio de la voz narrativa radica en el hecho de que los hombres como masa
91
CAPÍTULO III
CAPÍTULO III
LO NOCTURNO EN LA NARRACIÓN, LOS PERSONAJES Y LAS INTRIGAS DE LA
NOCHE
Francisco Tario
Me interesa partir de los incipit de los cuentos de La noche para revisar algunas
consideraciones que considero corresponde explorar en este apartado: quién narra, dónde
mencionados, se esclarecerán tales marcas de lectura y señalarán algunas pautas para abordar
Las primeras frases de este volumen de cuentos albergan oraciones como “Entró un
señor enlutado” (“La noche del féretro”); “Me hubiera gustado ser un asesino” (“La noche
del muñeco”); “Aquí el reloj de cuco, grotesco, nefasto” (“Mi noche”); “Mi amo está
32
Al respecto, Alberto Vital indica en su artículo “Teoría de la recepción” que el texto literario no
puede cotejarse con una realidad extratextual, sino que sus significados pueden analizarse a partir de las marcas
de lectura que responden quién habla, dónde ocurren los hechos, cuándo ocurren y a quién se habla (248).
93
muriendo” (“La noche del perro”) o “Los hombres son vanos y crueles” (“La noche de la
gallina”). Estas conceden al lector un referente temporal específico, puesto que el “yo”
implica una cercanía inmediata, y por lo tanto, se narran sucesos que no se hallan en un
tiempo lejano y mítico 33, sino en un presente, y sobre todo, desde la voz de un narrador
Ya que este tiempo se percibe cercano, el lector advierte, conforme avanza con su
lectura, que muchos de estos cuentos refieren a un mundo cotidiano en que los objetos y
animales cobran vitalidad y que, de manera parecida al relato maravilloso, tienen una
coherencia interna que sostiene ese rasgo. Dentro de esa coherencia, de forma gradual se
revela al interior de la narración que el mundo del narrador personaje representa una fisura
subordinada a otro mundo, el de los humanos, al que pertenece el orden “natural” de las
cosas. Lo que ocurre es que estos personajes esconden su propia naturaleza de los hombres,
porque al existir como seres reflexivos deben permanecer en secreto en ese universo. Así, los
trajes de “La noche del traje gris”, por ejemplo, procuran que su dueño no sepa acerca de su
33
“Había una vez” es la frase inaugural de “El hombre del perro amarillo”, cuento incluido en Una
violeta de más. En contraste con este tipo de íncipit de La noche, este tipo de enunciación implica una
particularidad que comprende parte de la obra cuentística del autor: las convergencias que puede mantener con
el relato maravilloso. Al respecto, Rodrigo Pardo Fernández expone lo siguiente: “De manera simultánea, la
frase antes citada nos acerca al cuento, remitiéndonos a la fórmula conocida de los cuentos maravillosos
destinados en primera instancia al público infantil, pero que, como ha quedado demostrado en análisis más
detallados (pensamos en Bruno Bettelheim) manifiestan contenidos que corresponden a relaciones sociales y
problemáticas adultas” (párr. 6). Para profundizar en el aspecto que destaca Pardo, es preciso revisar algunos
rasgos del relato maravilloso, el cual tiene su origen en el mito33. Como ya ha explicado Mircea Eliade, el
tiempo del mito refiere a un tiempo primordial, es decir, aquel tiempo en que las cosas comenzaron a ser por
primera vez, y por lo tanto escapa “del tiempo profano, cronológico, y se desemboca en un tiempo
cualitativamente diferente, un tiempo «sagrado», a la vez primordial e indefinidamente recuperable” (11). Este
tiempo característico de los mitos hizo su recorrido en la evolución de lo oral a lo escrito, y una de sus vertientes
fue el relato maravilloso, pues la singularidad de este tipo de narraciones reside en la evocación de tal tiempo
mítico: la expresión illo tempore “en aquél tiempo” o “había una vez” remite a una temporalidad distante al
narrador porque es un tiempo idealizado, diferente al tiempo común. En este sentido, en “El hombre del perro
amarillo” se remite a ese tiempo maravilloso que refiere a una época distante a lo ordinario, pero también, en
consecuencia, a un mundo autónomo que cuenta con características propias y una causalidad que resulta
coherente por sí misma.
94
capacidad de conversar, por lo que el narrador explica: “prisioneros del armario, cuando todo
calla en la residencia, dialogamos los trajes sabrosamente, mas con cautela, cuidando de no
ser sorprendidos” (106). Por lo tanto, el lector puede advertir dos planos en el universo que
construye Francisco Tario: el de los objetos y el de los hombres. Aunque ambos comparten
un mismo espacio y se relacionan en tanto que los humanos utilizan a los objetos para ciertos
fines, estos últimos tienen vetado mostrar su cualidad de seres conscientes, es decir,
Lo interesante de los cuentos de La noche es que son este tipo de personajes los que
narran sus desgracias, por lo tanto, en la narración trasciende la subjetividad del relato. Como
ejemplo, en “La noche de los cincuenta libros”, Roberto explica: “De pequeño era yo
esmirriado, granujiento y lastimoso. Tenía los pies y las manos desmesuradamente largos; el
cuello, muy flaco; los ojos, vibrantes, metálicos; los hombros, cuadrados, pero huesosos,
inseguro y condicionado por prejuicios. Resulta inevitable para el lector percibir un tono que
exalta la subjetividad del personaje no sólo porque se describe un “yo” de manera física, sino
también por los adjetivos seleccionados para ello. A las descripciones físicas habría que
sumarle, también, las cargas emocionales que ayudan a conformar un personaje. Un ejemplo
de esto último se halla en “La noche del muñeco”, cuya narración inicia de la siguiente
manera: “Me hubiera gustado ser asesino, cirquero, o soldado, y soy, en cambio, un grotesco
muñeco de trapo...” (95). De nuevo, la presencia del “yo” que enuncia es trascendente desde
el inicio del cuento, pues otorga información al lector acerca de la identidad del personaje:
es tan infeliz por su condición, que incluso hubiera preferido ser un asesino. Así, por medio
En “La noche del féretro”, un féretro narra cómo, después de una larga espera,
deciden comprarlo para después ser enterrado con un hombre –de manera contraria a sus
deseos–; “La noche del buque náufrago” es narrada por un buque que ha viajado por todos
los continentes y conoce con precisión a los hombres, pues durante muchos años se ha
dedicado a observarlos. Su temor a la vejez hace que, de manera repentina, decida hundirse
En “La noche del loco”, un hombre que vaga por la ciudad narra cómo intenta, de
manera obsesiva, entablar una conversación con las mujeres que pasan caminando cerca de
él. Al no obtener una respuesta, llega a la conclusión de que todas las mujeres ya tienen una
pareja predestinada y no existe ninguna para él. Ante esta triste situación, al hablar con un
hombre en el metro, se le ocurre una idea: buscar en el cementerio a una mujer ya muerta
para emparejarse, por lo que lleva a cabo su empresa y concluye por retratarse y finalmente,
casa no es apreciada su presencia, pues su aspecto físico y sobre todo su mirada resultan
complace en molestar a su hermana menor. Como una manera de hallar su lugar en el mundo,
decide comenzar a escribir para horrorizar a todo aquel que lea sus cincuenta libros, no
obstante, a partir de un giro onírico, resulta que el propio personaje es perseguido por los
96
En “La noche de la gallina”, este animal relata el hecho de que su familia –los
humanos que la poseen– deciden alejarla de sus compañeras para comerla. Antes de ser
capturada, recuerda que su madre le insistía que no comiera las bayas del jardín o moriría.
La tristeza y la impotencia causada por su próxima muerte la impelen a comer todas las bayas
que puede para envenenar a los comensales. Por tanto, la gallina resulta más hábil porque
“La noche del perro” es contada por Teddy, un perro cuyo dueño es un poeta tísico,
Teddy asiste al entierro. El desconsuelo ante tal evento ocasiona que al caminar abstraído en
Rose, mujer de la que estaba enamorado cuando ella aún era muy joven. En el reencuentro,
Mr. X recuerda que la mujer frente a él había muerto hace algún tiempo, sin embargo, hacia
el final del texto este narrador percibe de manera alarmada su propia condición también
fantasmal. Lo que parecía ser un encuentro agradable, resulta en una experiencia devastadora.
En “La noche del muñeco”, Bobby cuenta cómo es despreciado por los niños que lo
ven en el aparador de una juguetería, al igual que por sus compañeros de exhibición, que se
burlan constantemente de él por su aspecto físico. Un día, un niño lo compra, y ante tal
emoción, Bobby profiere un grito, sólo para darse cuenta de que está despertando de un
Un traje gris, al percatarse de que el tiempo corre muy rápido y ha desperdiciado toda
su vida, decide una noche salir de casa y disfrutar de ciertos placeres de los hombres. En “La
noche del traje gris”, este personaje se encarga de matar a un transeúnte para utilizar su
cuerpo. Invita a dos mujeres a un hotel, y más tarde las lleva a un lago. Intempestivamente
97
su desesperación y melancolía lo empujan a lanzarse al lago, pues no puede ser una persona,
La relevancia de identificar quiénes son los narradores en los cuentos radica en que a
mayor presencia del narrador como protagonista, más se define su personalidad al describirse
a sí mismo. Así, se coloca, junto con sus juicios e ideología, en el centro del relato 34. Los
personajes no sólo son seres inadaptados ante los demás, sino que muchos de ellos también
se asumen como inferiores a partir de sus propias descripciones. Por tanto, la disminución
narración.
una desgracia ocurrida al personaje en un pasado–, y al igual que en cualquier otro texto, el
narrador selecciona qué narrar y qué no. A partir de tal selección, el narrador nunca especifica
34
Los relatos de este volumen de cuentos es construido por medio de una focalización interna, que Genette
explica: “En la focalización interna el foco coincide con un personaje que se convierte en el «sujeto» ficticio de
todas las percepciones, incluidas las que le afectan como objeto: el relato puede decirnos, entonces, todo lo que
percibe y piensa ese personaje (no lo hace nunca, porque se niega a dar informaciones no pertinentes o porque
retiene deliberadamente esta o aquella información pertinente (paralipsis), como el momento y el recuerdo del
crimen en Roger Ackroyd; en principio, no debe decir nada más; si lo hace, es, de nuevo, una alteración
(paralepsis), es decir, una infracción, deliberada o no, de la posición modal del momento, como cuando Marcel
«percibe» y no adivina los pensamientos de Madame Vinteuif en Montjouvain” (Nuevo 51-52).
35
A excepción de “La noche del perro” y “Mi noche”, en los cuales los narradores seleccionan el tiempo
presente para los relatos.
98
el sitio o condiciones desde los cuales se halla organizando lo narrado, sino que es tarea del
lector, hacia el final de la lectura de cada texto, advertir cuál es el lugar de enunciación de
los narradores. Con el fin de comprender este quehacer del lector para determinar el sitio de
enunciación, “La noche del féretro” resulta un cuento esclarecedor. El féretro narra cómo esa
noche fue elegido entre todos los demás en el almacén para cumplir su deseo, ser enterrado.
No obstante, de manera contraria a sus planes, debe contener a un hombre obeso dentro de
él. Ya que el narrador deja claro que los eventos se llevaron a cabo en el pasado, y los hechos
probablemente, el sitio de enunciación del féretro es bajo tierra. Para el féretro, lo placentero
Otro cuento que sirve de ejemplo para inferir el sitio de enunciación del narrador es
“La noche del buque náufrago”. Este narrador rememora cómo decidió hundirse en el mar:
“Y me hundí. Me hundí cruelmente con un mundo a cuestas; con el hombre que limpiaba sus
gafas; con la compota de cerezas; con el acordeón de los marineros […]” (36). Incluso, el
Y otro mundo más noble, infinitamente más bello, salió a mi encuentro. Un mundo
húmedo, susurrante y pleno. Un mundo de fosforescencias extrañas, de monstruos
casi divinos, de sombras gráciles que se deslizan sin ningún ruido, de mujeres azules
y hombres con escamas rojas, de copas cargadas de sal. Un mundo de floraciones
perpetuas; de miradas inalterables; de paz y regocijo continuos (37).
Hacia el final de la lectura, se deduce que el buque que narra estos sucesos se encuentra en
el fondo del mar, rodeado de esas criaturas extrañas y de la paz permanente a la que refiere.
El sitio de enunciación ya no es bajo tierra, como en el caso del féretro, sino bajo la superficie
del mar.
99
Los lugares de enunciación, el del féretro y el del buque, se asemejan en la oscuridad
física que los rodea, sin embargo, contienen matices diferentes, porque el sitio de enunciación
del féretro alude a una imposibilidad, y el del buque a un estado de paz. Estos sitios señalan
una última consecuencia de las acciones de los personajes, una frontera o límite entre su
retorno. Los personajes se adentran en estos lugares oscuros, ya sea por voluntad propia o
contra ella.
gallina cuenta cómo un día su familia decide comerla. Al inicio, evoca su pasado, es decir,
cuando era feliz y confiaba en los hombres. No obstante, de manera posterior deja claro que
sido atrapada: “Heme aquí confinada en una celda tenebrosa, condenada a muerte” (64). Se
su vida. La cautividad desde la cual narra marca una pauta entre un antes y un después, porque
ahora ya no goza de libertad y lo que esta implica. La gallina, el féretro y el buque enuncian
El acto de narrar se lleva a cabo desde una grieta en el orden natural de los
acontecimientos, desde sitios donde impera una oscuridad insondable, desde la muerte o la
reclusión. Los ejemplos anteriores señalan que los personajes de La noche rememoran lo
lago o en el mar, o de consumirse bajo tierra. El acto de narrar parece mantenerlos en esa
frontera entre ser y no ser, y con ello se actualiza su agonía y se prolonga su sufrimiento. A
pesar de esa doble oscuridad, la de los espacios físicos y la de la extrañeza de los hechos,
100
resulta verosímil. Tanto narrador como lector se encuentran en un entretejido en el cual uno
En el relato más sobrio, alguien me habla, me cuenta una historia, me invita a oír cómo
la cuenta, y dicha invitación –confianza o presión– constituye una actitud innegable de
narración y, por tanto, de narrador: ya la primera frase de The Killers, cumbre del relato
«objetivo», «The door of Henry's lunch-room opened ... » [«La puerta del comedor de
Henry se abrió»], presupone a un oyente capaz, entre otras cosas, de aceptar la
familiaridad ficticia de «Henry» (Figuras 69-70).
Quien enuncia puede ser un objeto o un animal, y de manera natural el lector asume la
verosimilitud del texto. Algunos personajes deben ocultar sus atributos ante los humanos, y
sólo la narración los revela. La narración puede asemejarse a una ventana por la cual se
muestra una vida secreta al lector de la cual los otros personajes no participan, tiene acceso
situaciones, complejiza su recepción. Es por ello que los narradores y los sitios de
enunciación son elementos valiosos para comprender cómo están construidos los relatos de
La noche.
Un ejemplo en que los personajes se ocultan de los humanos se halla en “La noche
del perro”. El amo nunca llega a percibir todo aquello que reflexiona su mascota:
“¡Si supieras las lágrimas que he derramado, viendo el pan duro y la leche agria que
almuerzas! ¡Si supieras qué noches de insomnio he pasado bajo tu catre oyéndote
toser, toser implacablemente, con esa tos seca y breve que me duele más que todos
los golpes sufridos!” (73).
Este pasaje señala el hecho de que el narrador personaje padece de manera paralela –o incluso
más– a su amo tísico, no obstante, el amo se encuentra en una posición en la que posee más
poder que el perro. Esto es claro gracias a las continuas muestras de violencia infligidas por
parte del amo, y la incapacidad de defensa del agredido. El cuento también exhibe la
101
imposibilidad del protagonista para dialogar con su propietario: “Pero no sé hablar. Sólo sé
menear la cola y llorar con mis lágrimas estériles. ¿Me permites acariciarte?” (73). Aquí, la
capacidad reflexiva del perro permanece velada no por voluntad propia, sino por su condición
animal.
ante los hombres– se halla en cuentos como “La noche del buque náufrago”, ya que los
pasajeros nunca se percatan de las intenciones del buque; “La noche de la gallina”, pues a
pesar de sus constantes reclamos ningún humano parece entenderla; “La noche del loco”,
porque aunque el protagonista insiste en iniciar una conversación con las mujeres de la ciudad
éstas lo ignoran y “La noche del féretro”, quien grita hasta el cansancio pero nadie lo escucha:
“Yo grité y no me oyó nadie” (31). Así, el lector sabe que algunos personajes no tienen acceso
En este sentido, para responder a la última cuestión que concierne a este apartado –
¿cuál es la naturaleza de lo que se narra?–, conviene destacar que mientras los narradores se
hallan contando desde esta grieta, también narran situaciones que corresponden a una fisura:
la noche. Aquí, la noche también funciona como límite porque es catalizador del
acontecimiento insólito. Sólo durante la noche algunos de estos personajes se muestran como
realmente son: seres con emociones, y deseos. En “La noche del muñeco” el protagonista
indica: “Pero de noche, en cuanto el empleado echa abajo la cortina de acero y apaga todas
las luces, la soledad me envuelve, siento frío, y me entran unas ganas locas de llorar. Y lloro.
Lloro a escondidas, sin ningún aspaviento” (98). Así, la noche enmarca el momento en que
puede ser mostrado lo que debería permanecer resguardado. Es un límite porque los
102
“La noche del traje gris” también ejemplifica este rasgo, pues muestra una
transformación del personaje en ese marco nocturno. Inicialmente el traje está inscrito en una
moralidad cotidiana, y luego se desplaza a una alterada, en la cual ejecuta actos fuera de la
normalidad, pues nunca antes los había ejecutado: asesinato, vicios como el alcohol o la
antes no tenía.
“The night fascinated (and continues to fascinate) because one could move in the blink of an
eye from the most legitimate and respectable locations in this nocturnal matrix to a far more
disorderly, vulnerable, or exciting position” (8) 36. Este paso de lo legítimo a lo ilegítimo es
evidente en cada una de las intrigas. Cuentos como “La noche del buque náufrago”, “La
noche de la gallina”, “La noche del traje gris” y “Mi noche”, muestran el desplazamiento
hasta el suicidio; luego, en “La noche de la gallina” y “La noche del traje gris” los personajes
transgresión de lo legal.
“La noche del loco” también expone un proceso en que se vulnera la legalidad, ya que
concluir el relato deriva en un necrófilo. Por otro lado, en “La noche de Margaret Rose” el
las lindes universales vida-muerte. Por último, se hallan los cuentos en que los protagonistas
36
“La noche fascinó (y sigue fascinando) porque uno puede moverse, en un abrir y cerrar de ojos, desde los
lugares más legítimos y respetables de esta matrix nocturna hacia otros más desordenados, vulnerables o
excitantes”. La traducción es mía.
103
se mueven desde una cotidianidad en espera de cumplir sus deseos, los cuales no pueden
satisfacer y por ello pasan a un estado final de tristeza, locura, muerte o soledad: “La noche
del féretro”, “La noche de los cincuenta libros”, “La noche del perro” y “La noche del
muñeco”. De tal suerte que cada relato presenta aquello que “no debería suceder”, una
subordinado a los hombres, un mundo en que la oscuridad física y simbólica los consume.
que tiene acceso a tales eventos ocultos a los hombres. Los narradores enuncian desde la
oscuridad porque la narración de estos ocurre desde una situación límite, y por otro lado, la
naturaleza del referente que se enuncia presenta el paso de lo legítimo a lo ilegítimo, umbral
que la noche se encarga de producir en estos cuentos. Se narra desde y acerca de lo oculto,
entre lo legítimo y lo ilegítimo que encarnan por medio de sus deseos e imposibilidades.
complejidad, porque todos ellos son marginales de una u otra manera. Unos, por su
constitución de seres objetuales o animales con una interioridad humana: “La noche del
féretro” (un féretro), “La noche de la gallina” (una gallina), “La noche del perro” (un perro),
“La noche del buque náufrago” (un buque) y “la noche del traje gris” (un traje). Otros, aunque
completamente humanos, por su situación aberrante frente a la sociedad: “La noche de los
cincuenta libros” (Roberto), “La noche del loco” (el loco) y “Mi noche” (el suicida). Y los
104
últimos, por encontrarse instalados entre la vida y la muerte, como fantasmas o apariciones
Estos personajes son marginados porque son exiliados de la sociedad. Este exilio es
consecuencia de sus acciones, aspecto físico o por su naturaleza extraña a una “normalidad”
rechazo frente a un orden, lo cual muchas veces conduce a su anulación como individuos.
Por ello algunos personajes de Francisco Tario, dada su constitución, transitan en la oscuridad
o animales humanizados, es necesario destacar que sus rasgos muchas veces mantienen
características de los demás grupos mencionados, dando como resultado una doble
halla en “La noche del perro”. Teddy es marginado debido a su naturaleza animal que le
impide ayudar a su amo, pero además lo es dada su situación decadente: su amo lo maltrata
resulta significativo porque sienta las bases de la configuración de los personajes: su doble
marginalidad motivará sus deseos y conflictos, como se explicará de manera posterior. Otro
personaje que comparte este rasgo se halla en “La noche del féretro”. El féretro es segregado,
105
en principio, porque es un objeto que recuerda lo inevitable de la muerte. De esta manera, el
hombre solloza al mirar los féretros en el almacén porque son como monstruos que en
cualquier momento pueden reclamar su cuerpo: “cual si temiera que uno de nosotros, en un
momento dado, pudiera abrir la boca y tragarlo” (28). A esta marginalidad se le suma
también la situación a la que se ve sometido, porque aunque es un objeto que causa miedo y
aversión a los hombres, en realidad es tan patético que no puede tomar una sola decisión de
su vida.
cuestión, y por otro lado la accesoria, esto es, las circunstancias de cada uno de ellos, la
particularidad que los hace “individuos” o que los humaniza. Estos ejemplos demuestran
también que Francisco Tario no sólo determina a sus personajes de manera física y
circunstancial, sino que lleva cada uno de estos aspectos hasta sus últimas consecuencias. Al
otorgar esta doble marginalidad, se expone una dimensión más profunda y detallada de los
personajes. De acuerdo con esta propuesta del autor surge una posible lectura: sólo en las
objeto humanizado no sólo radica en otorgarle una voz, sino que los seres inanimados son
construidos como individuos en su totalidad, con deseos y miedos específicos, desde tal
“Se le llama así a la tendencia a dotar a los seres y las cosas de las emociones, los
37
Como se ha mencionado, muchas veces las acciones de los protagonistas no tienen un efecto
explícito en la percepción humana, sino que el drama verdadero y la lucha de fuerzas se halla en su interior.
106
sentimientos, las reacciones, las preocupaciones, las ambiciones, etc., propias de los
hombres” (18) 38. Este es el rasgo que Tario perfeccionó a lo largo de su obra, y uno de los
de estos temas. El féretro da por sentado un solo destino para todos los féretros, el entierro:
“Semejante acontecimiento es el más importante de nuestra vida, y de ahí que meditemos tan
a menudo acerca del cónyuge que nos deparará la suerte” (29). Al notar que será enterrado
con un hombre y comprobar que dicho destino no es el que esperaba, lo embarga una
desesperación que le ocasiona un conflicto existencial. Por otro lado, en “La noche del buque
“No deseaba yo –viajero de lunas y soles- verme arrumbado en un muelle de fuego, bajo una
desierto inútil. No deseaba ser ruina, guarida de aves y teatro de experimentos marinos” (35).
Teddy lucha incansablemente por el amor de su amo, al igual que el muñeco por el de un
niño, a pesar del dolor y sufrimiento que ambas situaciones implican. Por último, el traje gris
largo de su vida: “¡Oh, tu vida es tonta, tonta, inútil! Muy pronto envejecerás y todo habrá
38
De manera previa a la publicación de La noche, como ya se ha explicado, hubo varias ediciones en
las que se dejaban ver seres que comparten estas características. El particular caso de la literatura mexicana del
siglo XX, Alfonso Reyes se vale de la prosopopeya en Los siete sobre Deva publicado por primera vez en 1923,
y más cercano a la publicación de La noche se encuentra “La pobre zorra” de Amado Nervo en 1939, y habrá
muchos más títulos de inicios de siglo, sin duda, que posean tal recurso.
107
te aplastará bajo su peso. ¡Hay que vivir!” (109). Tales conflictos dotan a los personajes
antropomórficos de una complejidad que ni siquiera poseen los hombres que los rodean.
De acuerdo con la perspectiva de los protagonistas, los hombres son simples y vanos.
La gallina exclama: “¡Cuán crueles y vanos son los hombres! ¿Por qué nos asesinan? ¿Por
qué nos comen? ¿Qué daño les he hecho yo, por ejemplo?” (65). Así, la apariencia de los
hombres en este cuento es de unos asesinos sin causa, de seres impiadosos y bárbaros.
También, el traje gris protesta al respecto, sin embargo, llega a otra conclusión:
Aquí, los humanos no son individuos, pues no tienen diferencia unos y otros y no constan de
se asemejan a tumbas, pues su destino, aunque gocen de bienes materiales, sigue siendo el
que poseen, termina por significar una farsa para el traje gris.
Por otro lado, el féretro se burla de los humanos, pues le parece absurdo el miedo que
les provoca:
Entretanto, tuve que realizar indecibles esfuerzos para contener la risa. Allí estaba
yo, tendido sobre no sé qué mueble absurdo, y los hombres desfilaban ante mí con
sus levitas y sus rostros descompuestos. Me miraban a hurtadillas y tosían o se
alejaban rápidamente. Nadie se mantenía ecuánime en mi presencia, cual si yo fuera
una especie de monstruo, culpable de la muerte de los hombres (30).
El miedo que tienen los hombres a la muerte se manifiesta injustificado, pues los personajes
108
otro estadio, uno mejor. En estos cuentos, los personajes antropomórficos se encargan de
construir una imagen negativa de los hombres, pues son los responsables de sus infortunios.
limita a matar algún animal para poder comerlo, o bien a comprar suficientes trajes que vestir.
Así, la carencia de humanidad por parte de los hombres de los cuentos contribuye a exaltar
aún más la de los personajes antropomórficos. Tal como afirma la gallina: “¡Y tengo mi alma
–chiquita y débil- pero mi alma! ¡Aquí está! ¡Quiero salvarla! ¡Quiero salvarla!” (68).
personajes se describen a sí mismos con una anatomía humana. Cuando el féretro recibe el
primer indicio de que será enterrado con un hombre, siendo que su propio sexo es también
masculino, este señala: “Sentí que el corazón me dejaba de latir dentro del pecho, que la
(31). Así, la angustia aquí es representada por medio de un malestar físico. De esta manera,
en “La noche del féretro” el protagonista señala: “En tanto, mi cerebro trabaja sin descanso.
¿Hacia qué lugar me conducirán? ¿Qué clase de destino me aguarda?” (29). De nuevo, el
personaje apunta, primero, a un rasgo físico con el cual se explica un circunstancia anímica.
Un último ejemplo se halla en un pasaje de “La noche del traje gris”, en el que el personaje
estira las piernas y brazos, se viste y yergue “hecho un hombre”, y previo a ello explica
detalladamente:
Los bolsillos son nuestros órganos capitales: el hígado, los pulmones, el corazón, el
estómago. Las costuras, nuestras arterias. Nuestras solapas, el rostro. De ahí que
cuando deseemos conocer la edad, salud o condición moral de un individuo, fijemos
109
nuestra atención en éstas: las arrugas, la calvicie y el artritismo se reflejan
inevitablemente en ellas (107)39.
De acuerdo con este pasaje, la vida de los trajes se halla encarnada en su aspecto físico, tal
como en el caso de los hombres. Al igual que estos últimos, los trajes envejecen y, al parecer,
también mueren.
pues ¿cómo sería posible que un objeto se cuestione y sufra si no tiene un corazón, un cerebro
y una vida que se lo permitan? Los personajes, al establecer equivalencias entre su propia
constitución con una humana, invitan al lector a simpatizar con ellos, pues se señalan como
individuos incluso desde sus “entrañas”, desde las partes más íntimas de su hechura 40. No
obstante, aún con estas alusiones, para la mirada humana estos siguen siendo animales u
objetos, y esta es la causa por la cual impera la imposibilidad a la que se ven sometidos. Así,
a unos y otros personajes antropomórficos. Dos personajes sirven para distinguir esta
gradación: el féretro y el traje. En “La noche del féretro”, su protagonista se halla en un estado
de imposibilidad casi total: “Quise gritar protestando. Quise incorporarme y echar a correr
sin ningún rumbo, pero no pude. Cuatro pesadas manos, cubiertas de vello, me sujetaron por
39
Si tal ser tiene emociones, ¿cómo podría expresarlas sin poseer tal vez un rostro, una boca mediante
los cuales pueda transmitirlas? Al dotar a seres fantásticos, animales y monstruos de estas características, como
caminar en dos patas o hablar, se les antropomorfiza.
40
Hay cuentos en que los protagonistas, aun siendo objetos, no comparten este último tipo de
composición figurativa, como “La noche del buque náufrago”. El buque, a pesar de expresar una interioridad
humanizada, no se describe a sí mismo como humano, mientras que en “La noche del muñeco” no es necesario
precisar una conformación física de este tipo, pues se comprende de antemano que al ser un muñeco, conserva
rasgos físicos antropomórficos.
110
pies y cabeza y no supe más de mí” (31)41. Por otro lado, “La noche del traje gris” alberga un
protagonista más activo, que acciona cuando una voz le recuerda lo efímera que es su vida:
Ambos ejemplos muestran cómo la construcción más humana del traje implica también un
mayor grado de libertad, pues incluso exclama: “¡Ya soy libre, libre, libre!” (110). De manera
contraria, en “La noche del féretro” la antropomorfización física del personaje resulta más
sutil, y por lo tanto, se halla imposibilitado al movimiento. Así, a mayor semejanza con una
constitución humana, más activos y “libres” suelen ser los personajes antropomórficos de La
noche. Ellos mismos parecen tener claro esto último, pues saben que sólo al asemejarse a los
hombres es posible satisfacer sus deseos. El traje gris es consciente de que por sí mismo no
es posible acceder a los sitios nocturnos que quiere visitar, por lo que afirma que “es menester
adjudicarse un hombre” (111). También, el perro Teddy desea poder actuar como un hombre
para así consolar a su dueño: “Mi amo se está muriendo, y, como soy un perro, no acierto a
impedirlo. No puedo secar el sudor de su frente; no puedo espantar la fiebre que lo consume;
no puedo aliviar su respiración ahogada; no puedo ofrecerle ni un vaso de agua” (72). Una
perspectiva aparentemente distinta es mostrada en “La noche del muñeco”, pues este último
41
También, en “La noche del perro” la imposibilidad es acentuada: “Pero no sé hablar. Sólo sé
menear la cola y llorar con mis lágrimas estériles (73).
111
nunca anuncia de manera explícita su ansia de autonomía, ni lleva a cabo alguna actividad
para lograrla, no obstante sí es claro su deseo de ser amado, necesidad esencialmente humana.
libertad, pues al ser objetos no poseen la autonomía que pudiera mudar sus trágicos destinos.
No obstante, esta libertad no es auténtica, porque aunque poseen una conciencia humana, su
casi totalmente imposibilitado, fracasa después de sus incontables intentos por deshacerse
del cadáver masculino que le es impuesto, y finalmente se resigna: “Me encogí de hombros
y opté por dormirme. Dormirme como un novio impotente o tímido en su noche de bodas”
(32). Teddy, quien anhela poder salvar a su amo tísico, nunca lo consigue, y afirma cuando
este último ya está muerto: “Pues allí está. Allí, donde lo han echado ahora. Donde la
humedad penetra y el sol no. Y sus blancas manos de poeta –sus manos llenas de lágrimas y
versos– pronto serán unas impuras raíces, retorcidas como dos culebras” (76). Incluso el
personaje más activo, el traje gris, no cumple de manera satisfactoria sus aspiraciones, pues
aunque desea ser humano por una noche no lo consigue genuinamente. Luego de unas horas
del suicidio: “¡Oh dolor, dolor, dolor! Y la desesperación hace presa en mí. Reniego de mi
hay un límite que es imposible cruzar, y así, el fracaso se les presenta de manera abrupta, y
los restringe. Su reciente conciencia acerca de la libertad queda interrumpida para siempre.
112
En la obra de Francisco Tario, la libertad es sólo un ideal al que a sus personajes,
incluso humanos, les es difícil acceder. En algunas de sus novelas y cuentos, la libertad es
sólo un simulacro breve, pequeños asideros que engañan a personajes condicionados por
múltiples causas: familia, trabajo, dinero, matrimonio, religión, locura o soledad 42. La noche
es precedente de este rasgo en la obra del autor. Así, por ejemplo, después de la convicción
con el corazón maltrecho, decepcionado de la noche, de los billetes, de Lucifer y del regocijo
humano, me dejo caer sobre el césped húmedo de un parque” (114). También, esta falsa
libertad puede ocurrir en el sueño de algún personaje, como en el caso de “La noche del
muñeco”. Bobby nunca es elegido por los niños que asisten a la juguetería, y además es
motivo de burla por parte de los demás juguetes que se hallan en el escaparate. Hacia el final,
Bobby indica que un niño pobre comienza a jugar con él, y lo lleva a su casa. Bobby conoce
Al tomar en cuenta gran parte de la obra de Francisco Tario, el fracaso de la libertad de los
personajes antropomórficos de La noche resulta coherente: ¿cómo sería posible que puedan
42
Un ejemplo de esta configuración de libertad en la obra de Tario se halla en su primera novela, Aquí
abajo. Su protagonista, Antonino, es un trabajador mediocre, tímido y escéptico que busca complacer
económicamente a su bella y creyente mujer, Elvira. A lo largo de la novela, Antonino se ve enclaustrado en su
deber de padre y marido, pero halla en el alcohol una manera de olvidarse de ello. Después de enterarse de que
su mujer ha cometido adulterio con su primo, Antonino cree que es necesaria la confesión para así liberarse de
tal desgracia. No obstante, aún al confesarse, esto no le resulta reconfortante, y de manera semejante a un loco,
comienza a gritar desesperadamente en la iglesia, este es el mayor gesto de libertad y carácter por parte del
protagonista. La muerte de su hijo y separación de Elvira confirman el hecho de que cualquier gesto de libertad
resulta inútil.
113
alcanzar la libertad, si incluso los mismos hombres no pueden acceder a ella? Los cuentos de
La noche conceden al lector una serie de contrastes entre los objetos humanizados y los
hombres. El motivo que muestra tal contraste reside en que, en el universo propuesto por
Tario, el mundo objetual desea la autonomía humana, pero de manera simultánea los
humanos son condicionados por medio de estos objetos. Para ahondar en esto, tomaré como
En “La noche del buque náufrago” destaca el predominio de los objetos sobre los
hombres porque las principales funciones que resguarda este personaje son actividades
tanto, los humanos dependen en gran medida del protagonista, quien funge como
He transportado de extremo a extremo del planeta las mercancías más exóticas: del
trópico, vainilla, azúcar y piedras preciosas; de los climas templados, aceite, nueces
y vinos; de las crestas heladas maderas sólidas y pieles. Conozco el uranio, la seda,
la morfina y la dinamita; el champagne, el plomo y el éter. He tenido entre mis
brazos a hombres de todas las razas; he escuchado lenguas de todas las latitudes. He
sido testigo de los ritos más paganos, de los más obscuros raptos. Innúmeras veces
llevé conmigo al amor, a la muerte y a la esperanza (33-34).
Incluso, las vidas de los hombres dependen del buque y su buen funcionamiento, pues hacia
el final del relato el suicidio del protagonista supone la muerte de todos sus pasajeros. Por
otro lado, en “La noche del traje gris” el dueño de este aunque no lo considera su
indumentaria favorita lo utiliza con frecuencia: “Mi amo esta vez ha procedido a desnudarse
con toda calma, ordenando celosamente mis tres piezas sobre una silla, cual si se propusiera
utilizarme de nuevo mañana” (108). Esto evidencia el hecho de que un traje es un producto
perspectiva del protagonista: “¿Y para esto se multiplican? –cavilo-. ¿Y para esto defienden
114
con semejante furor sus vidas? ¿Y para esto se mandan a hacer trajes caros, cuando podrían
Como último ejemplo de este aspecto, “La noche del muñeco” expresa el mismo
sentido: un objeto puede determinar a los hombres incluso desde la infancia. El muñeco
Bobby desea ser amado por un niño, y se infiere también la necesidad constante de los niños
que atienden el local por adquirir un juguete. Así, Francisco Tario presenta un sentido
reflexivo por medio de la conformación de estos personajes: ¿cómo serían aquellas cosas que
poseemos y nos definen si tuvieran consciencia? De acuerdo con La noche, la respuesta sería:
como individuos patéticos, débiles, tristes, mundanos, crueles y fríos, sin libertad alguna,
dadas las necesidades de definirse por medio de aquello que consumen, es decir, como los
hombres. Aquí, los objetos “consumen” las diferentes necesidades humanas y por medio de
ellas se definen, mientras que los humanos consumen objetos para determinarse.
Como mencioné de manera previa, la “vida secreta” de estos personajes sólo tiene
lugar en la noche porque es un espacio que ocasiona ruptura. Durante el descanso nocturno
de los hombres, lo único que queda son los objetos en la oscuridad. En este principio de no
ver y no escuchar durante la noche se halla la posibilidad de que otros mundos estén
Así, estos personajes se saben ocultos y limitados, y esto los obliga a establecer su vida
legítimo, porque desean lo que no pueden ser: su deseo de ser más humanos es una
115
transgresión del orden que nunca llega a ser concretado porque siempre resulta en su fracaso.
físico humano que les permita accionar de acuerdo con sus deseos, su mayor tragedia resulta
ser quienes son, seres marginados que no pueden aspirar más que a la oscuridad que los rodea.
necesario revisar cómo es su recorrido por medio de sus deseos y acciones, y sobre todo, cuál
es la última consecuencia de sus actos. La situación final de los personajes concede a los
En algunos cuentos de La noche, los protagonistas sufren en su trama vital una degradación
existe solución a sus desgracias y a pesar de sus esfuerzos, sus deseos y acciones los internan
cada vez más en esa zona oscura, en esa indeterminación. Explicar e interpretar este rasgo
narrativo ayudará a comprender cómo funciona la noche en este corpus y cuál es la propuesta
La noche en estos cuentos es una región extraña porque en ella ocurren sucesos que
no tienen precedentes para los protagonistas. Al respecto, el mito del héroe tradicional indica,
hacia una zona de oscuridad. Joseph Campbell define el estadio previo a este desplazamiento
del recorrido del héroe mitológico como “la llamada a la aventura”, que da lugar a la
116
y peligro puede ser representada en varias formas: como una tierra distante, un
bosque, un reino subterráneo, o bajo las aguas, en el cielo, una isla secreta, la áspera
cresta de una montaña; o un profundo estado de sueño; pero siempre es un lugar de
fluidos extraños y seres polimorfos, tormentos inimaginables, hechos sobrehumanos
y deleites imposibles” (40).
La inmersión a la oscuridad es parte fundamental del recorrido del héroe, sin embargo lo que
ocurre con los personajes de La noche es que ellos no podrían considerarse héroes
tradicionales, pues no consiguen salir de ese abismo. Desde el título de la obra el autor
distingue una noche única que funge como parteaguas para los personajes, y esto define de
transgredir los principios que rigen el universo de los protagonistas, adentrándolos cada vez
más a ese extraño destino 43. En esa noche los personajes por primera y única vez viven una
caída.
Para ilustrar lo anterior, partiré de “Mi noche”, último cuento del volumen. Este
cuento contiene una serie de reflexiones que pueden funcionar como explicación de lo que
ocurre en los demás cuentos, y por lo tanto, cumple la función de conclusión metapoética de
esta obra. A partir de sus afinidades con los otros relatos, demostraré cómo la caída de los
personajes equivale a su muerte, y cómo esta última concluye por ser un concepto
haberlo planeado de manera detallada. Al inicio, ejecuta un repaso mental de cuanto le rodea
43
De hecho, Campbell considera que la noche “es una región de lo desconocido. Por ello, en ella se
reflejan los deseos más oscuros y se encuentran las criaturas que durante el día no existirían” (51).
117
en tal espacio: los muebles, el revólver frente a él, y la ventana por la cual penetra “lo negro,
signifique para el protagonista un último vistazo a la vida que deja atrás, al mundo material
que no tiene cabida en la muerte. Afuera, percibe una muchedumbre que se agita en los
que es mejor desatender lo que pase fuera de sí mismo. Al dispararse, el suicida describe de
manera detallada la pérdida de sangre, lo cual origina una serie de reflexiones acerca de la
contigo adonde vayas cerca, muy cerca de ti, de modo que yo sienta sobre mis hombros la
Tal descripción se asemeja a aquella en la que están enmarcados los personajes de los demás
cuentos:
Y en aquella noche de que te hablo era imposible respirar. El cielo estaba demasiado
bajo, la tierra demasiado alta, y las raíces eran demasiado hondas. En aquella noche
pavorosa los hombres gemían, aullaban o se dejaban caer sobre cualquier superficie;
y si guardaban silencio –lo cual no era muy frecuente– percibíase a mil leguas de
distancia el estridor de una maquinaria exhausta, próxima a estallar (127).
La semejanza entre esta noche y la de los otros cuentos reside en que constriñe a los
previo. Así, por ejemplo, el traje gris es asediado por las sombras, por la atmósfera “recogida
y expectante” de la noche, y concluye el relato con las siguientes líneas: “Y por primera vez
atroces pensamientos, de las alucinaciones más tenebrosas” (109). Tal como indica el
118
personaje, será víctima de sí mismo, de sus pensamientos, deseos y acciones, hasta sus
Es notable también que el pasaje citado describe una noche en la cual los hombres
sufren y se lamentan de manera perpetua, rasgo evidente en muchos cuentos. En “La noche
del muñeco” el protagonista se lamenta: “Lloro a gusto, fatalmente olvidado. Lloro por
Mariuca que ya tiene marido; lloro por esa música tan triste que están tocando; lloro por los
niños pobres que no tienen juguetes. Lloro, y cuando no me restan ya más lágrimas, me
duermo” (103). Bobby es un personaje cuyos infortunios lo llevan a padecer por múltiples
razones: no ser un juguete con el que los niños quieran jugar, no poder casarse con la bella
Mariuca, e incluso se lamenta por la desgracia ajena de los niños pobres. La soledad que
Otro pasaje que ejemplifica el lamento de los personajes se halla en “La noche de
Margaret Rose”. Margaret confiesa afligida a Mr. X: “¡Algún día si usted gusta le haré mis
confesiones y usted se horrorizaría! ¡Qué terrible, oh, qué terrible y espantoso ha sido todo!”
(90). Mr. X, al suponer que Margaret Rose es un fantasma, solloza: “¡Estás muerta! ¡Estás
muerta! ¡No oses moverte porque estás muerta!” (91). Aquí, el enfrentamiento de ambos
personaje. Por medio de este grito pretenden reafirmar o convencerse de una aparente verdad:
cuando Mr. X exclama a Margaret Rose “¡estás muerta!”, en realidad confirma que de hecho
él es el difunto, pues tal clamor jamás es escuchado. Su carácter fantasmal impide que sus
con los otros. En este sentido, el fantasma de Mr. X podría ser el personaje más
Perdóname por haber nacido perro. Perdóname por no poder hacer otra cosa que
verte morir. Perdóname ¡Si supieras las lágrimas que he derramado, viendo el pan
duro y la leche agria que almuerzas! ¡Si supieras qué noches de insomnio he pasado
bajo tu catre oyéndote toser, toser implacablemente, con esa tos seca y breve que
me duele más que todos los golpes sufridos! (73).
La queja de Teddy es una disculpa por su naturaleza canina impedida para cuidar a su amo.
Sin embargo, tampoco parece tener un interlocutor, pues el perro afirma que no puede ser
escuchado. Estos ejemplos demuestran que lamentarse es un acto distintivo de los personajes
de La noche. Lo extraño de la noche y lo insólito que esta ocasiona, es decir, los eventos
trágicos que no tenían precedentes para los personajes, los traslada a un estado de
desesperación.
prevalezcan hasta las situaciones finales de los personajes, e incluso se intensifiquen. Así, de
acuerdo con Boris Tomachevsky el itinerario narrativo refiere a los intereses capaces de
contrario, por ejemplo, vida en muerte, riqueza en pobreza, etc. Para demostrar cómo ocurre
esto en La noche, partiré de dos elementos que activan las intrigas: el deseo y la acción. Estos
son los responsables de desplazar a los personajes al interior de los relatos, y aunque su orden
“La noche del loco” ilustra de manera clara estas marcas narrativas. Al inicio, el loco
recorre la ciudad y observa a las mujeres que la transitan, sin poder obtener contacto con
ellas. Mientras esto ocurre, el personaje describe una zona que le resulta irreconocible, lo
120
traviesas y vanas. Ignoro hacia dónde me dirijo, pero mi paso es firme, según debe
serlo, sin excepción, el del hombre sobre la tierra… (40).
Este pasaje evoca una situación de oscuridad porque el personaje no encuentra manera de
resolver su situación como individuo de una sociedad. Al no poder integrarse a los otros
porque no ha encontrado una mujer para él ocasiona, de manera imprevista, un deseo que
transgrediría un orden: poder cenar con todas las mujeres de la ciudad. Tal comportamiento
es entendible en este caso, porque la naturaleza del loco se fundamenta en su oposición con
el resto de los individuos. Michel Foucault explica cuál es la condición del loco en relación
El camino es indirecto en que no hay percepción de la locura más que por referencia
al orden de la razón, y a esta conciencia que tenemos ante un hombre razonable, que
nos asegura de la coherencia, de la lógica, de la continuidad del discurso; esta
conciencia permanece dormida hasta la irrupción de la locura, que aparece
manifiestamente, no porque sea positiva sino, justamente, porque es del orden de la
ruptura (13).
De acuerdo con este pasaje, el deseo es justificado y genuino dada la esencia discorde del
loco, es decir, resulta verosímil. Sin embargo, el personaje sabe que al intentar ejecutar tal
lo lleva, de manera repentina, a lucubrar las razones por las cuales ninguna mujer en la ciudad
desea cenar con él: “Mas he aquí que, de súbito, una horripilante idea cruza mi mente: Todas
las mujeres tienen su hombre. ¡Todas, todas! He nacido demasiado tarde y ya no hay un
Tal conclusión motiva en el personaje la necesidad de efectuar una acción para poder
satisfacer sus deseos. Ya que ninguna mujer en la ciudad accede a acompañarlo, el loco cree
necesario desplazarse hacia otro punto de la ciudad, el único sitio en que no habrá obstáculo
para cumplirlos: el cementerio. Es importante destacar que aunque para el loco esta
121
causalidad sea clara en su razonamiento, aquello que busca satisfacer, al igual que sus
En este ejemplo es posible detectar el recorrido del protagonista, y deducir cómo las
acciones son responsables de su proceder al interior del relato, por lo tanto, nos hallamos ante
una microestructura fundamental del cuento, la intriga. Cualquier itinerario narrativo gesta
entre los personajes, acompañados por el reagrupamiento de estos últimos y por la táctica de
cada grupo en sus acciones contra otro” (206). En esencia, la intriga trae a escena dos
En este sentido, en “La noche del loco” es evidente que el final del protagonista
concluye por ser una circunstancia degradada en relación con su situación inicial. El deseo
es el principal impulsor de las acciones del loco, y aunque parece inadecuado, se funda en la
evasión de un estado que muchos hombres aborrecen o temen: la soledad. En este cuento el
deseo de compañía per se no es extraño, sino la acción ejecutada para lograrlo, es decir,
profanar una tumba para estar con un cadáver, al igual que sus consecuencias. Si bien la
solución del loco tiene sentido gracias a su carácter de individuo que transgrede un orden, tal
como afirma Foucault, al final del cuento, es clara la insatisfacción del personaje ante el
resultado de sus acciones: “Y como entonces, también, hube más tarde de colocar entre
nuestros ardientes cuerpos mis ropas negras muy bien dobladas, porque los pechos enhiestos
de ella penetraban en mi carne igual que dos afiliados cuchillos” (48). Esta marca concluye
122
que el loco ha llegado a un límite, a una zona de extrañeza y oscuridad de la cual será difícil
salir. No hay una solución real a su soledad aunque haya hecho su mayor esfuerzo para estar
En una ciudad en que todo es impreciso y en la cual no existe para el personaje una
comunicación genuina con los demás individuos, lo único que puede representar una certeza
es la muerte. El protagonista inicia su recorrido por la noche desde la pena que le causa la
soledad, pero termina por adentrarse aún más en esa atmósfera nocturna y oscura. La caída
es evidente, ya que el deseo se obtiene por medio de una transgresión que modifica al
personaje: al inicio es sólo un loco, pero en el desenlace también comete actos ligados a la
necrofilia que lo degradan. La segregación inicial se agudiza y no hay una resolución o salida
de esa trágica situación, pues las consecuencias de sus acciones no son restaurables.
De acuerdo con “La lógica de los posibles narrativos” de Claude Bremond, “todo
humano. Estos hechos, según favorezcan o contraríen tal proyecto, pueden clasificarse en dos
igual que en “La noche del loco”, es posible reconocer este mismo proceso accional en otros
cuentos de La noche. Aunque sus tratamientos son desiguales, siempre obedecen a una caída
cada vez más profunda de los personajes que conduce a la imposibilidad de restablecimiento
44
Caída: Mejoramiento demeritorio (mala acción) → Degradación merecida (castigo) (119).
123
Como mencioné en otro apartado, las consecuencias físicas son sólo un resultado
simbólico de este declive interno. “La noche del buque náufrago” y “Mi noche” coinciden en
este aspecto, pues para sus protagonistas el descenso a la oscuridad lleva como consecuencia
un resultado físico análogo: terminan su recorrido en el fondo del mar (el buque), y en la
muerte (el suicida). Lo que interesa aquí, sin embargo, es que en los dos cuentos es recreado
Este motivo popular subraya la lección de que el paso del umbral es una forma de
autoaniquilación. Su parecido a la aventura de las Simplégades es obvio, pero aquí,
en vez de ir hacia afuera, de atravesar los confines del mundo visible, el héroe va
hacia adentro, para renacer. Su desaparición corresponde al paso de un creyente
dentro del templo, donde será vivificado por el recuerdo de quién y qué es, o sea
polvo y cenizas a menos que alcance la inmortalidad (Campbell, 57).
autodestrucción del buque y del suicida no tiene como finalidad su renacimiento heroico,
sino que se pretende una desaparición, es decir, la aniquilación es el fin mismo de los
personajes. En estos cuentos, el umbral al que refiere Campbell es el acceso a la muerte por
medio de un “ir hacia adentro”, hacia la parte más oscura de ellos. En “Mi noche” el personaje
45
En “La noche del buque náufrago”, por ejemplo, su protagonista aclara: “No ansié nunca ser
inmortal, porque ello presupone el hastío. Tampoco temí jamás a la muerte” (34). De esta misma manera, los
personajes tienen aspiraciones vanas, desean cumplir urgencias que en apariencia nada tienen que ver con la
trascendencia que requiere un héroe tradicional.
124
confuso, diluido, vertiginoso (…) ¡Ah, no se volverá a repetir esto nunca! ¿Lo
entiendes bien? ¡No se volverá a repetir esto! (120).
Tal como explica este protagonista, las obsesiones de los personajes los llevan a vivir más
dentro de sus problemáticas vitales, que en la vida exterior con los otros. Para ambos, las
situaciones externas son caóticas e insufribles 46 y su particular perspectiva de vida les hace
percibir que sus decisiones y sus acciones tienen cierta lógica interna. Esta lógica se
tiempo me asediaba el terror, la congoja, todos esos sentimientos pestilentes que agitan al
acogería: sólo diez, quince metros de agua turbia, pesada, multicolor por la abundancia de
desperdicios” (35). Aquí, el final de la “vida” de los barcos viejos no es el que él desea,
porque lo considera degradante. El personaje aspira a un final más honorable, y por ello
prefiere “morir” en mar abierto. Sólo esta muerte puede dignificarlo como objeto porque así
ya no son los hombres quienes deciden cuándo y cómo debe terminar, sino que el mismo
buque tiene la posibilidad de decretar su fin. De nuevo, lo que ocurre fuera de él poco importa,
porque no le interesa que tal acto provoque la muerte de cientos de pasajeros. Lo importante
de manera simbólica como resultado de sus acciones. Esto se debe a que su rebeldía los lleva
46
El suicida de “Mi noche” describe que fuera de él impera una vorágine de malestares y angustias:
“Fuera, el estruendo, lo espantosamente desgarrador de una muchedumbre inocente que se agita y se ahoga
entre las fachadas de los edificios sucios triturando las vidrieras, derribando las puertas, volteando los párpados,
convulsionando los dedos, haciendo estallas sus pulmones en gritos que pueden ser de alegría” (119).
125
a terrenos oscuros que provocan incluso la disolución de su identidad: se rebelan contra sí
mismos, contra su naturaleza. En este sentido, Juan Tomás Martínez apunta que “La noche
es una miscelánea de crónicas del fracaso, de seres que sucumben ante el mundo que los
subyuga, a pesar de que generalmente sea la revelación contra su destino lo que motive su
final” (1).
Es posible que las reflexiones de “Mi noche” otorguen otra perspectiva acerca del
prevalece en cada cuento podría relacionarse con las reflexiones del suicida de este último.
Cuando el personaje exclama “dentro, dentro, en el interior es donde va a ocurrir algo. Donde
describiendo los demás relatos del volumen. Es en el interior de cada personaje donde ocurren
sus desgracias, y no fuera. El mundo es hostil, solitario y caótico, y lo único que les queda es
su vida interior que da cierto orden y coherencia a lo grotesco de algunas de sus acciones.
Hay una sola noche determinante en sus destinos, pues en ella se enfrentan a un abismo sin
Los protagonistas que sí tienen éxito en la satisfacción de sus deseos son aquellos que
buscan la muerte como fin único. La diferencia entre el buque y el suicida y otros personajes
reside en que los primeros son conscientes de su búsqueda de tal objetivo, mientras que los
demás no. Los suicidas de La noche son personajes interesantes porque su naturaleza los
encamina a la conclusión de que deben ser aniquilados para conseguir alguna redención o
propuesta por Francisco Tario: la extrañeza que implica que asuman su esencia en la noche
los aproxima a otra noche dentro de su noche real, a la muerte, ese lugar inabarcable y
que ofrece otras posibilidades, pues ya no es negativa al morir. El buque expresa su deseo:
“Así, pues, deseé fenecer en la inmensidad de la noche, del mar abierto, bajo las estrellas
Y otro mundo más noble, infinitamente más bello, salió a mi encuentro. Un mundo
húmedo, susurrante y pleno. Un mundo de fosforescencias extrañas, de monstruos
casi divinos, de sombras gráciles que se deslizan sin ningún ruido, de mujeres azules
y hombres con escamas rojas, de copas cargadas de sal. Un mundo de floraciones
perpetuas; de miradas inalterables; de paz y regocijo continuos.
Cuando caí al fondo escuché el canto triunfal de todos los buques muertos. Y me
eché a dormir así, un poco fatigado, otro poco orgulloso, pensando con angustia en
esos muelles infames donde los barcos decrépitos se retuercen vencidos, cobardes,
enfermos… (37).
La imposibilidad que caracteriza a otros personajes queda socavada aquí por un acto de
voluntad que sí satisface los deseos del protagonista. Tal motivo coloca a “La noche del
buque náufrago” en un lugar señero en La noche, pues el buque es el único personaje que
bajo su condición objetual logra concretar su voluntad con éxito. Consciente de su carácter
utilitario, decide acabar con este rasgo suyo y elige formar parte de un lugar en el cual ya no
llevará a cabo su función primordial. De nuevo, la muerte es única certeza ante lo inevitable
de su imposibilidad instrumental, porque no puede decidir quién lo utiliza o para qué, pero sí
En otros cuentos también prevalece, al comienzo, una intención heroica en tanto este
aspecto de emancipación del sistema en el cual se hallan inmersos sus personajes: el féretro
quisiera decidir qué cadáver albergar; el loco quiere poder tener una relación con sus
semejantes; Roberto desea la reclusión por medio de la escritura; la gallina quisiera asesinar
a sus comensales por venganza, y el traje desea su autonomía y libertad. En este aspecto,
¿qué es más heroico que esta búsqueda de libertad? si, de acuerdo con Fernando Savater,
“cuando actuamos de veras como sujetos, no como simples objetos circunstanciales estamos
127
adoptando la perspectiva del héroe” (71). Desde este enfoque, el trayecto de los dos suicidas
sí podría relacionarse con una construcción heroica, porque “el héroe representa el paradigma
de quien logra emanciparse del espíritu servil y representa la lucha contra la instrumentalidad
similar a la del buque. Aquí, la sangre, la piel, los ojos, y los órganos viriles del suicida son
ofrecidos a la muerte porque el cuerpo ya no es importante. Este rasgo contrasta con los
demás cuentos, pues en ellos los personajes sufren al no poder acceder a un cuerpo humano,
y los humanos al no poder satisfacer sus deseos terrenales. De manera que este trance indica
un cambio de paradigma del personaje en relación con los otros, conciliable con su
732). En el caso de “Mi noche” y “La noche del buque náufrago” una posible lectura de este
rasgo concluiría que sólo por medio de la muerte es posible acabar con el sufrimiento
ocasionado por el cuerpo. Es importante destacar también que estas son las últimas líneas de
La noche.
128
En este sentido, el trayecto que ambos protagonistas (el buque y el suicida) recorren
es paradójico porque no llevan a cabo un descenso hacia una zona oscura de la cual no pueden
salir, como los demás. En cambio, culmina en una especie de reivindicación, pero a la vez en
una completa disolución de la individualidad. La muerte como destino final muestra un viaje
interno hacia lo más oscuro de estos personajes: desear morir refiere al exterminio del “yo”,
y la muerte es por sí misma desconocida, pues no hay lugar más recóndito y no hay regreso
posible47. Así, la muerte de ambos personajes se relaciona con una muerte para renacer, una
muerte que es el pasaje intermedio entre dos vidas, tal como la noche, que se halla en medio
de uno y otro día: “La muerte tiene, en efecto, varias significaciones. Liberadora de las penas
y las preocupaciones, no es un fin en sí misma; abre el acceso al reino del espíritu, a la vida
verdadera: mors janua vitae (la muerte puerta de la vida)” (Diccionario 732).
Para finalizar, me parece importante recuperar una reflexión del protagonista de “Mi
noche”, pues explica: “y en aquella noche de que te hablo era imposible respirar”. Si se habla
de aquella noche, entonces ¿cuál sería esta noche? Si bien, como revisé al comienzo de este
apartado, aquella estaría refiriendo a la noche en la cual se hallan los personajes que sufren
47
Resulta interesante el hecho de que Francisco Tario haya decidido configurar como suicidas a
algunos de sus personajes. Entre 1920 y 1940 el factor religioso no parecía penetrar de manera tan profunda en
el tema del suicidio. En su obra El suicidio. Estudio histórico, filosófico, jurídico y sociológico, publicada en
1924, “José Cantú Corro, mencionó que las principales causas que determinaban, en los pueblos civilizados,
los suicidios, eran ‘la falta de fe católica y la influencia de las doctrinas contrarias.’ Las doctrinas antirreligiosas
se propagaban, según el autor, en: tratados científicos, novelas, revistas y periódicos, teatros y cinematógrafos
y conferencias y pláticas. Estableció que ‘de esta quíntuple manera las ideas contra la fe invaden la sociedad,
la ofuscan, la corrompen y la orillan a la desesperación que es el dintel psicológico de todos los suicidios”
(Reynoso, 43). Este tema aparentemente escabroso para la época, también fue, sin embargo, una situación que
se volvía cada vez más usual. De acuerdo con Ramón Beteta, “en los primeros cinco años, de la década 1917-
1926, el promedio de los suicidios consumados en la ciudad de México fue de 27.4 y el de los suicidios
frustrados de 2.4. En los últimos cinco años de la década, el promedio de suicidios consumados creció a 51; es
decir, un aumento de poco menos de 100% sobre los cinco años anteriores, y el número de suicidios frustrados
subió a 25; esto es, hubo un aumento de más de 1000%” (85).
129
y se lamentan, entonces esta noche estaría aludiendo a la muerte: la noche auténtica, la que
-Ya
…………………………………………………………………………….
mismos por medio de acciones que los hacen degradarse hasta perder su identidad. En este
sentido, el estadio final de los protagonistas es siempre recóndito y oscuro, y por tanto no
hay retorno posible. Es por esto que, ante la adversidad en que se hallan, lo único que otorga
Es posible concluir que en La noche coexisten dos noches, la de la vida como continuo
sufrimiento, y la noche como muerte que da fin a tal desgracia. Ya que los personajes tienden
siempre a una muerte simbólica, Francisco Tario propone a la vida como una continua
130
CONCLUSIONES
imposible dejar de lado que aún prevalecen varias discusiones acerca de la obra del autor,
pues la necesidad de posicionarlo en el amplio catálogo de la literatura del país motiva que
Al haber analizado los cuentos de La noche es palpable el hecho de que Tario, desde
su primera publicación, buscó construir una propuesta en la cual la noche fungiera como un
múltiples matices, todos relacionados con una misma coordenada de significados: descanso,
revelación y muerte. Así, por ejemplo, varios protagonistas parten de un encierro relacionado
con el reposo y la espera, y de igual manera, sus estados de ánimo iniciales se relacionan con
descubrimiento de una verdad generalmente trágica y es revelado aquello que durante el día
no tiene cabida o no puede ser descifrado. Esto quiere decir que el autor propone a los
espacios nocturnos como propicios para que sus personajes busquen su identidad, a pesar de
y la práctica. Estas tres son configuradas a partir de la percepción de los protagonistas, desde
131
integran estos elementos apuntando hacia un mismo sentido: los personajes se hallan
inmersos en un letargo semejante al del durmiente, hasta que se les presenta una revelación.
Por lo tanto, lo nocturno en La noche incluye todos aquellos elementos que se encargan de
de la casa tiene una resignificación durante la noche, pues ya no es un espacio que implique
seguridad y familiaridad, sino uno de apariencias, en tanto que sus personajes ocultan los
actos y emociones más desagradables del hombre. Las acciones que llevan a cabo los
personajes en el espacio de la casa pueden ser semejantes durante el día y la noche, sin
embargo, tienen significados diferentes. Un acto transgresor efectuado en el día, por ejemplo
orinar a otro personaje para agraviarlo como Roberto a su hermana en “La noche de los
cincuenta libros”, puede ser replicado durante la noche con un significado de purificación,
tal como acciona la madre de Roberto al salpicarlo con el mismo líquido. Así, la casa nocturna
confiere a los personajes una especie de concesión de sus actos, por más despreciables que
sean.
hacia la modernidad y a sus habitantes que no terminan de adaptarse a ella. Se podría afirmar
que el objetivo de Tario al describir a la ciudad sólo en una atmósfera nocturna fue reproducir
las prácticas de los ciudadanos promedio, trabajadores y obreros que sólo durante la noche
adormecidos durante sus trayectos de regreso a casa. La ciudad encarna, en este sentido, un
estado que comparten todos los hombres. Las experiencias individuales de los personajes que
la habitan trascienden en función de esa condición universal, pues quienes se hallan en ella
132
experimentan la soledad incluso inmersos en su vorágine. De esta manera, las dimensiones
espaciales y prácticas que sintetizan la casa y la ciudad nocturnas define un cronotopo que
En cuanto a los narradores personajes, estos responden también a una condición que
armoniza con la oscuridad de la noche y sus significados, pues muchos de ellos se hallan en
un mundo subordinado, un mundo en que la oscuridad física y simbólica los consume. De tal
suerte que al final de la lectura de cada cuento, es posible inferir el sitio de enunciación de
los narradores: varios de ellos narran desde debajo de la tierra o del mar, como en el caso del
féretro de “La noche del féretro” o del buque de “La noche del buque”, por ejemplo. Por otro
lado, en el interior de algunas narraciones se revela que el mundo del narrador personaje
representa una fisura del mundo humano, al que pertenece el orden “natural” de las cosas.
Estos personajes esconden su propia naturaleza de los hombres, porque al existir como seres
reflexivos deben permanecer en secreto en ese universo. De esta manera, los trajes de “La
noche del traje gris”, procuran que su dueño no sepa acerca de su capacidad de conversar.
Así, los personajes rememoran lo ocurrido y por medio de la narración parecen prolongar su
destaca como elemento de análisis de los cuentos, pues gracias a ella el lector tiene acceso a
tales eventos ocultos. La narración es el único medio para mantenerlos con vida y es
testimonio de su existencia, ya que los mantiene en ese límite de ser-no ser o vivir-morir.
la cual es difícil distinguir con la mirada los objetos, los personajes se hallan en una continua
antropomorfizados, son marginados de una u otra manera, ya que son exiliados de un orden
133
establecido y no es posible que se ajusten a él. A partir de las descripciones de sí mismos, los
personajes no sólo son seres inadaptados ante los demás, sino que muchos de ellos también
que en ella los hombres no dan cuenta de su presencia y es un espacio en que se da lugar a lo
investigación, estos personajes desean lo que no pueden ser: su deseo de ser más humanos es
una transgresión que nunca llega a ser concretada ya que siempre termina en su fracaso. De
este modo, son doblemente marginados porque mientras su naturaleza se tambalea entre lo
humano y lo objetual, también sufren una tragedia irreparable, pues al no tener acceso a un
en su muerte simbólica debido a que se enfrentan a sí mismos por medio de acciones que los
hacen degradarse hasta perder su identidad. El estadio final de los protagonistas es siempre
único medio por el cual los protagonistas pueden acceder a una redención, pues implica
enfrentarse al abismo que habita en ellos, a la noche que cada uno posee. Los personajes
prefieren “vivir muriendo” en el letargo hasta encontrar aquello que los hace humanos,
aunque implique confrontar de manera violenta a la noche. Como ejemplo de ello, el buque
anhela hundirse en la profundidad del mar antes que ser un buque más, abandonado sobre la
arena: “No deseaba ser ruina, guarida de aves y teatro de experimentos marinos […] Así,
134
pues, deseé fenecer en la inmensidad de la noche, del mar abierto, bajo las estrellas
chispeantes y la luna roja” (35). En este sentido, sólo el caso de los suicidas de La noche
contrasta de manera profunda con el resto de los cuentos porque la muerte ya no es un estadio
último, sino que es entendida como un pasaje intermedio entre dos vidas. Tal como la noche
se halla entre uno y otro día, la muerte en estos cuentos divide la vida anterior de otra, una
que otorga calma y paz a los personajes. Enfrentarse a la noche o bien al abismo de la muerte,
los dignifica
De acuerdo con el análisis de las intrigas, es posible concluir que la noche en este
volumen de cuentos refiere al recorrido hacia la muerte de cada personaje. Tal muerte puede
ser física o simbólica, ya que cada protagonista se enfrenta a sí mismo hasta autoaniquilarse.
Los personajes viven la noche como un límite, como un recordatorio de que así como el día
tiene su noche, la vida tiene también su contraparte: la muerte. Así, la noche y la muerte son
entidades equivalentes en este corpus, porque indican el final de una etapa, y a veces, el inicio
de otra.
varias aristas: la configuración física del espacio, el tejido interior emocional de los
que organiza todos los elementos. Los significados de la noche que aporta el presente estudio
destacan en esta primera publicación del autor, pero también es posible hallarlos en
posteriores. Como mencioné con anterioridad, resumir la obra de Francisco Tario en un par
de categorías es imposible, no obstante, cada título literario cobija algún concepto clave para
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