REVOLUCION FRANCESA
INDICE:
Introducción
CAPITULO UNO
Reseña Histórica de la Revolución Francesa
Antecedentes
Causas de la Revolución Francesa
La Ilustración
La Independencia de los Estados Unidos
El Auge de la Burguesía
El Antiguo Régimen
La Situación Económica de Francia
Proceso de la Revolución Francesa
Los Estados Generales
La Asamblea Nacional
La Asamblea Constituyente
La Asamblea Legislativa
La Convención Nacional
El Directorio
CAPITULO DOS
Impacto Histórico de la Revolución Francesa
Consecuencias de la Revolución
Abolición del Feudalismo
Pérdida del Poder de la Iglesia
La Declaración de los Derechos del Hombre
La Nueva Administración del Poder Político
CAPITULO TRES:
Derechos de la mujer
LA REVOLUCIÓN FRANCESA
INTRODUCCION:
Los principios de la libertad de culto y la libertad de
expresión tal y como fueron enunciados en la Declaración
de Derechos del hombre y del ciudadano, pese a no
aplicarse en todo momento en el periodo revolucionario,
condujeron a la concesión de la libertad de conciencia y
de derechos civiles de la humanidad.
Los ideales revolucionarios pasaron a integrar la
plataforma de las reformas liberales de Europa en el
siglo XIX, así como sirvieron de motor ideológico a las
naciones latinoamericanas independizadas en ese mismo
siglo, y continúan siendo hoy la clave de la democracia.
No obstante, los historiadores revisionistas atribuyen a
la Revolución unos resultados menos encomiables, tales
como la aparición del Estado centralizado en ocasiones
totalitarios y los conflictos violentos que desencadenó.
ANTECEDENTES:
La Revolución Francesa fue un proceso social y político
que se desarrolló en Francia entre 1789 y 1799 cuyas
principales consecuencias fueron la abolición de la
monarquía absoluta y la proclamación de la República,
eliminando las bases económicas y sociales del Antiguo
Régimen.
Si bien la organización política de Francia osciló entre
república, imperio y monarquía durante 75 años después
de que la Primera República cayera tras el golpe de
Estado de Napoleón Bonaparte, lo cierto es que la
revolución marcó el final definitivo del absolutismo y dio
a luz a un nuevo régimen donde la burguesía, y en
algunas ocasiones las masas populares, se convirtieron
en la fuerza política dominante en el país.
La Revolución Francesa fue producto de muchos factores
internos y externos que tuvieron mucha importancia a la
hora de la manifestación en general, que estos hechos
fueron provocados por el desequilibrio de la nación en
cuanto a aspectos económicos, sociales y culturales; ya
que no todos estaban en condiciones de igualdad, sin
embargo se ha establecido que la actividad
revolucionaria comenzó a gestarse cuando en el reinado
de Luis XVI (1774-1792) se produjo una crisis en las
finanzas reales, debido al crecimiento de la deuda
pública. Es importante mencionar que a pesar de que
Francia era un país con una economía en expansión,
tenía una estructura social conflictiva y un estado
monárquico en crisis. De hecho, puede hablarse de una
crisis del
Reseña Histórica de la Revolución Francesa:
CAPITULO UNO:
Antiguo Régimen en toda Europa Occidental, pero en el
Estado francés se torna en la causa principal de la crisis
del campo y los levantamientos campesinos, además de
la existencia de una burguesía que había adquirido
conciencia de su papel en cuanto a los cambios que
necesitaba la sociedad francesa de aquel entonces.
Existía así también una oposición generalizada contra
reglas económicas y sociales que favorecían a grupos
privilegiados, tal como se indica en la cita siguiente: “…la
mayor parte de la población estaba descontenta a causa
de la pobreza y la obligación de pagar impuestos
elevados…” a ello se sumaba la situación del Estado
francés, el cual padecía una grave crisis financiera;
gastaba mucho más de lo que ingresaba, en parte debido
al apoyo económico enviado por el gobierno a las 13
colonias inglesas en la guerra de independencia y por el
costo elevado que representaba la manutención de los
grupos privilegiados.
Durante el reinado de Luis XV y Luis XVI, diferentes
ministros, trataron sin éxito de reformar el sistema
impositivo y convertirlo en un sistema más justo y
uniforme. Tales iniciativas encontraron fuerte oposición
en la nobleza, que se consideraba a sí misma garante en
la lucha contra el despotismo. Dichos ministros tras un
estudio detallado de la situación financiera,
determinaron que ésta no era sostenible y que se
precisaba llevar a cabo reformas importantes. Proponían
un código tributario uniforme en lo concerniente a la
tenencia de tierras.
Aseguraba que así se permitiría un saneamiento de las
finanzas. Sin embargo, aunque se convenció al rey de la
necesidad de la reforma propuesta, la Asamblea de
notables rehusó aceptar estas medidas, insistiendo en
que únicamente podía aprobar dicha reforma un órgano
representativo preferentemente, o sea los Estados
Generales.
En tal sentido el Rey les pidió la renuncia por presiones
les pidió la renuncia, colocando en su lugar a otros que
intentaron llevar a cabo las reformas propuestas por los
anteriores ministros, pero éstas encontraron nuevamente
una fuerte oposición, sobre todo por parte del Parlamento
de París. Se trató de proseguir con la reforma tributaria
a pesar de los parlamentos, pero esto ocasionó una
masiva resistencia de los grupos pudientes que
desembocó en el retiro de los préstamos a corto plazo.
Tales préstamos daban oxígeno y vida a la economía del
estado francés en aquel momento, por lo que esto indujo,
prácticamente a una situación de bancarrota nacional.
De acuerdo a lo anterior se consideran como parte de los
antecedentes de la revolución la bancarrota en la que se
encontraba el Estado de Francia en 1778 y la negativa a
convocar a los Estados Generales por parte de Luis XVI,
para aumentar los impuestos de manera igualitaria, es
decir a toda la población y se toma como comienzo de la
revolución la convocatoria de los Estados Generales el
cinco de mayo de 1789, que se erigen en Cortes
Constituyentes.
Se considera que la Revolución Francesa tuvo dos fases
fundamentales: siendo la primera la Monarquía
constitucional entre 1789 y 1792 y otra la Convención
entre 1792 y 1794, en la cual que se distingue el Periodo
del Terror de 1793 y 1794, la misma concluye con el
Golpe de Estado que dió Napoleón Bonaparte.
Causas de la Revolución Francesa
En términos generales fueron varios los factores que
influyeron en la Revolución: un régimen monárquico
sucumbiendo a su propia rigidez en un mundo
cambiante; el surgimiento de una clase burguesa que
cobraba cada vez mayor relevancia económica y el
descontento de las clases más bajas, junto con la
expansión de las nuevas ideas liberales que surgieron en
esta época y que se ubican bajo la rúbrica de la
Ilustración, que de alguna manera tenía un gran
contenido de la ideología masónica que se fundamentaba
en el racionalismo. La Masonería que es una ideología
humanista proveniente del racionalismo y el
naturalismo. Según ella, la "naturaleza" está guiada por
la razón que lleva por si sola a toda la verdad y,
consecuentemente, a la "libertad, igualdad y
fraternidad". Este debía ser el "novus ordo seculorum" un
nuevo orden secular. La filosofía masónica es precursora
de la Revolución Francesa e influye mas tarde en la
filosofía comunista.
En términos generales fueron varios los factores que
influyeron en la Revolución y se pueden abordar a partir
de cuatro puntos de vista:
Desde el punto de Vista Social: se tiene el auge de la
burguesía, con un poder económico cada vez más grande
y fundamental en la economía de la época. El odio contra
el absolutismo monárquico se alimentaba con el
resentimiento contra el sistema feudal por parte de la
emergente clase burguesa y de las clases populares.
Desde el punto de Vista Político: Un estado anclado en
un sistema absolutista que no respondía a las exigencias
de una realidad cambiante, donde se rechazaba la
separación de los poderes del estado que trajo como
consecuencia el estancamiento de la sociedad.
Desde el punto de Vista Ideológico: tuvo importancia la
extensión de nuevas ideas producto del periodo de
Ilustración “… los conceptos de libertad política, de
fraternidad y de igualdad, o de rechazo a una sociedad
dividida, o las nuevas teorías políticas sobre la
separación de poderes del Estado…” fueron las nuevas
ideas expuestas por los exponentes del periodo de la
Ilustración: Mostequieu, Voltaire y Rousseau que
encontraron eco en la sociedad francesa, todo ello fue
rompiendo el prestigio de las instituciones del Antiguo
Régimen y ayudaron
Desde el punto de Vista Económico, la inmanejable
deuda del estado fue exacerbada por un sistema de
extrema desigualdad social y de altos impuestos que los
estamentos privilegiados, nobleza y clero, no tenían
obligación de pagar, pero que oprimía al resto de la
sociedad. Hubo un aumento de los gastos del Estado y el
descenso de los beneficios para los terratenientes, hubo
también una escasez de alimentos en los meses
precedentes a la Revolución, todo lo anterior con el
tiempo ayudó a la agudización de las tensiones, tanto
sociales como políticas, que se desataron cuando se
produjo una gran crisis económica a consecuencia de dos
hechos puntuales: la colaboración de Francia con la
independencia estadounidense que ocasionó un
gigantesco déficit fiscal y la disminución de los precios
agrícolas.
A manera de síntesis se puede establecer que las causas
de la revolución son un conjunto de factores políticos,
económicos, sociales que pueden resumirse del modo
siguiente:
En el sentido anterior se determina que se había
producido, en último instancia un desajuste entre las
necesidades sociales, políticas y económicas del país y el
anquilosamiento de sus gobernantes.
La Ilustración:
El movimiento racionalista que comenzó durante el
Renacimiento culminó en el siglo XVIII, llamado siglo de
la Ilustración, Siglo de la Razón o Siglo de las Luces. A
este periodo también se le llamó época del Iluminismo,
en oposición a lo que denominaban Edad Oscura,
refiriéndose a la Edad Media.
Los Pensadores del siglo XVIII proclamaron la
transformación del mundo en otro y mejor, basado en lo
racional. A este movimiento intelectual se le denomina
Ilustración. Característica del siglo XVIII es el hombre
ilustrado, apasionado por el estudio de la ciencia y la
filosofía. Sin ser un sabio profesional ni un filosofo,
estudia y se apasiona por todo.
El razonamiento y la ciencia experimental fueron las
armas que utilizaron los hombres ilustrados para
abordar los problemas de su época, con el objeto de
sustituir las creencias y las explicaciones sobrenaturales
o mágicas por respuestas racionales. Los pensadores de
este siglo muestran una fe ciega en la razón, pensaban
que ella es capaz de asegurar el progreso de la
humanidad y que debe romperse con todo aquello que no
esté de acuerdo con ella.
El principal núcleo de difusión de esta corriente fue el de
los salones intelectuales de la burguesía del siglo XVIII,
en los que se organizaban tertulias y reuniones. Como
medio de difusión se empleó la empresa y 13 los libros.
La edición de libros, folletos, revistas y periódicos
prosperó extraordinariamente a pesar de las censuras y
prohibiciones. Siempre hubo un taller donde imprimirlos
y una organización clandestina para distribuirlos en
varios países.
El movimiento de la Ilustración se caracterizó por una
actitud de cuestionamiento de las verdades que hasta
entonces eran indiscutibles, entre ellas la autoridad de
las instituciones tradicionales como la iglesia y la
monarquía absoluta. De esta crítica surgió la idea de que
el hombre, por medio de la razón y el conocimiento, podía
reorganizar la sociedad con base en principios racionales
y progresar de manera indefinida.
La ilustración se difundió en la mayoría de los países
europeos, pero alcanzó mayor fuerza en Francia donde
sus exponentes más destacados fueron Charles Louis de
Secondat, barón de Mostequieu, Francisco Marie Arouet
mejor conocido como Voltaire y Jean Jacques Rousseau
El barón de Mostequieu propuso, en su obra el Espíritu
de las leyes, publicada en 1748, sustituir la monarquía
absoluta por la monarquía parlamentaria, en esta
última, el poder de los reyes queda limitado por las
decisiones de los representantes del pueblo, constituidos
en Parlamento. Además, Mostequieu elaboró la doctrina
política de la división de los poderes del Estado, la cual
sostiene lo siguiente:
Voltaire, criticó la vida política, las costumbres, las
prácticas religiosas y la autoridad de los poderosos de la
época. En sus escritos lanzó duros ataques contra el
despotismo de los monarcas y proclamó que todos los
ciudadanos sin excepción, debían obedecer las leyes
elaboradas por ellos mismos.
Rousseau afirmó que la soberanía, origen del poder,
proviene de la voluntad de los ciudadanos, representa la
autoridad y el poder supremo e inviolable; la soberanía
popular, En su obra El Contrato Social sostuvo que la
voluntad general debe imponerse a la de unos cuantos.
Todas esas ideas hicieron eco en la sociedad francesa que
estaba pasando por problemas de carácter financiero,
político y social.
La Independencia de los Estados Unidos:
A mediados del Siglo XVIII, gran parte del continente
americano se hallaba en poder de cuatro países europeos:
España, Portugal, Gran Bretaña y Francia. Las
posesiones de la corona británica se ubicaban en la costa
oriental de América del Norte, donde se formaron trece
colonias que años mas tarde dieron origen a Estados
Unidos de América.
Algunos colonos se dedicaban a la industria o el comercio,
otros a la agricultura, pero todos aspiraban a liberarse
del dominio inglés para constituir un gobierno propio. La
colonización inglesa de América comenzó a principios del
Siglo XVI, con la fundación de Virginia, donde los
primeros colonos establecieron plantaciones de tabaco.
El éxito de este asentamiento alentó la emigración de
otros europeos hacía América: capitalista, nobles
arruinados, comerciantes, artesanos y su gran número de
congregaciones religiosas perseguidas por sus creencias.
En enero de 1776, la publicación de un escrito de Thomas
Paine, llamado SENTIDO COMÚN, causó gran impacto
entre la población de las colonias. Además de criticar a la
monarquía y la constitución británica, el documento
destacaba los beneficios que la independencia traería a
los colonos, por lo cual los invitaba a sumarse al
movimiento independentista.
La Declaración de la Independencia de las trece colonias
estuvo inspirada en las ideas políticas de Jonh Locke y
los pensadores ilustrados franceses sobre la libertad e
igualdad de derechos de todos los hombres. De
conformidad con estas ideas, el gobierno es el resultado
de un acuerdo entre el pueblo y el gobernante para
proteger la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad;
si el gobierno no respeta esos principios, el pueblo tiene
el derecho de reformarlo o abolirlo para instaurar un
nuevo régimen.
En 1778 Francia interesada en establecer un mercado en
las colonias americanas y detener el avance colonizador
de Inglaterra, apoyó con tropas y armamento a la lucha
independentista. Por ello los ingleses declararon la
guerra a los franceses lo cual provocó que España se
aliara a Francia y en consecuencia con las colonias
norteamericanas.
El apoyo de las dos naciones alentó la lucha libertadora.
En 1781 las tropas norteamericanas derrocaron a los
ingleses. De ese modo Estados Unidos de América se
convirtió en la primera nación que puso en práctica el
modelo de democracia propuesto por los pensadores.
Ilustrados, sirviendo este hecho histórico de inspiración
para la Revolución Francesa y se torna en una causa que
debilita al antiguo régimen dado que el apoyo que
Francia dio a las colonias norteamericanas para alcanzar
su independencia comprometió más su devastada
economía.
Papel de la Burguesía en la Revolución Francesa
En el siglo XII surgen los Burgos, ciudades en donde
apareció la burguesía como nueva clase social. Los
burgueses estaban totalmente fuera del sistema feudal,
porque no eran ni señores feudales, ni campesinos, ni
hombre de iglesia, sino comerciantes quienes podían
radicar en las ciudades, tenían todo un nuevo mundo de
oportunidades que explotar.
En los Burgos surgieron muchas instituciones sociales
nuevas. El desarrollo del comercio llevó aparejado
consigo el del sistema financiero y la contabilidad. Los
artesanos se unieron en asociaciones llamadas gremios,
ligas, corporaciones, cofradías, o artes, según el lugar
geográfico. Surgió también el trabajo asalariado,
economía monetaria, surgimiento de la banca: crédito,
préstamos, letras de cambio algo virtualmente
desconocido en el mundo feudal y el cual origina un
incipiente capitalismo. También aparecen las
Universidades como respuesta de los gremios de
educadores.
Así surgió la burguesía en Europa y en Francia jugó un
papel importante pues fue el grupo social que dirigió la
revolución francesa. En ese sentido la burguesía
aprovechando la situación económica tan comprometida
del Estado de Francia, logro que se reunieran los Estados
Generales donde esta toma el control y comenzó a
sesionar como una Asamblea Nacional. El 14 de julio de
1789 la burguesía se vio apoyada por un gran sector
explotado por la nobleza: los campesinos, que en medio
de una agitada multitud revolucionaria que saturados de
injusticias y de hambre, toman la bastilla, la cual era el
símbolo de poder del régimen absolutista que provoca el
desplazamiento del poder de los nobles y los partidarios
del absolutismo, lo cual favorece a la burguesía
interesada en la implementación de un nuevo sistema
social, político y económico.
El Antiguo Régimen de Francia:
Absolutismo real, ausencia de representación popular y
papel privilegiado de la nobleza y el clero son las tres
características que definen en esencia lo que
históricamente se denomina Antiguo Régimen. Este
sistema, que se había desarrollado en Europa desde el
Renacimiento, comenzó a ser cuestionado durante el siglo
XVIII por las ideas de la Ilustración, que se difundieron
sobre todo entre la burguesía, que aspiraban a la
implantación de gobiernos verdaderamente
representativos, basados en dos derechos fundamentales:
libertad, para expresar las opiniones, e igualdad de todos
los hombres ante la ley. En los países católicos se
lucharía también por apartar a la Iglesia de la
intervención en la vida política y en la enseñanza. A
finales del siglo XVIII estas ideas fructificarían primero
en América, con la independencia de las Trece Colonias
inglesas de América del Norte 1776, y después en
Europa, con la Revolución francesa de 1789.
El antiguo régimen, sistema caracterizado por la
monarquía absoluta y la sociedad estamental, es decir,
con una ordenación jerárquica y con la existencia de
grupos privilegiados, entró en una profunda crisis. La
nobleza y el clero compartían con los reyes el poder
político y no pagaban impuestos, eran grupos
privilegiados. En el Tercer Estado se distinguían
distintas categorías, alguna de las cuales había logrado
privilegios. La capa superior del estado llano era la
burguesía; la inferior, los obreros y campesinos. Estos
últimos soportaban pesadas cargas que les privaban de
las cuatro quintas partes del fruto de su trabajo. Debían
pagar los impuestos al estado, el diezmo a la iglesia y los
derechos feudales al señor.
En los orígenes de este sistema, solo se podía acceder a
los estamentos privilegiados por nacimiento; sin embargo
el desarrollo comercial propició la prosperidad de la
burguesía y su ascenso social mediante el matrimonio
con personas de la nobleza o la compra de títulos
nobiliarios.
Influida por las ideas de la ilustración la burguesía
estaba en contra del poder absoluto de los monarcas y los
privilegios de la nobleza y el clero. Los miembros de la
burguesía consideraban injustos esos privilegios y
defendían la idea de la soberanía nacional, según la cual
el poder reside en el pueblo y éste lo delega en
representantes elegidos.
Las concepciones de los pensadores ilustrados influyeron
en el estallido de la revolución y sirvieron de base para
denunciar la desigualdad social. La burguesía y algunos
grupos populares, marginados de la vida política fueron
campo propicio para la penetración de las ideas de
libertad e igualdad.
La Situación Económica de Francia:
La industria estaba entorpecida con excesivas
reglamentaciones e impuestos. Existían aduanas
internas; las pesas y medidas variaban según las
regiones; algunos artículos, como los cereales, debían
consumirse en el lugar de producción; se aplicaban
derechos de aduna que en muchos casos anulaban el
intercambio. Todo esto obviamente entorpecía el
crecimiento y desarrollo económico de la burguesía que
se fortalecía a través de la actividad comercial y que en
ese momento aspiraban al poder político. Así también
hacía más de un siglo antes de que Luis XVI ascendiera
al trono 1774, el Estado francés había sufrido periódicas
crisis económicas motivadas por las largas guerras
emprendidas durante el reinado de Luis XIV, la mala
administración de los asuntos nacionales en el reinado de
Luis XV, las cuantiosas pérdidas que acarreó la Guerra
Francesa en India 1754-1763 y el aumento de la deuda
generado por los préstamos a las colonias británicas de
Norteamérica durante la guerra de la Independencia
estadounidense. Los defensores de la aplicación de
reformas fiscales, sociales y políticas comenzaron a
reclamar con insistencia la satisfacción de sus
reivindicaciones durante el reinado de Luis XVI. De esa
cuenta el rey nombro un controlador general de las
finanzas (Turgot) que instituyo una política rigurosa en
lo referente a gastos del Estado; sin embargo se vio
obligado a dimitir por las presiones de los sectores
reaccionarios de la nobleza y el clero quienes eran
apoyados por la reina María Antonieta, su sucesor
Necker tampoco consiguió cambios debido a la razón
anterior, por lo cual abandonó el cargo. En ese sentido el
pueblo aclamó por hacer público un extracto de las
finanzas reales en el que se podía apreciar lo costoso que
resultaba para el Estado los sectores privilegiados. La
crisis empeoro durante los años siguientes; lo cual
requería de una transformación fundamental.
Proceso de la Revolución Francesa
Los Estados Generales de 1789
Los Estados Generales estaban formados por los
representantes de cada Estado. Estos estaban separados
a la hora de deliberar y tenían sólo un voto por
estamento. La convocatoria fue un motivo de
preocupación para la oposición, por cuanto existía la
creencia de que no era otra cosa que un intento, por parte
de la monarquía, de manipular la asamblea a su antojo.
La cuestión que se planteaba era importante. Estaba en
juego la idea de Soberanía Nacional, es decir, admitir que
el conjunto de los diputados de los Estados Generales
representaba la voluntad de la nación.
El tercer impacto de los Estados Generales fue de gran
tumulto político, particularmente por la determinación
del sistema de votación. El Parlamento de París propuso
que se mantuviera el sistema de votación que se había
usado en 1614, si bien los magistrados no estaban muy
seguros acerca de cuál había sido en realidad tal sistema.
Si se sabía, en cambio, que en dicha asamblea habían
estado representados: el clero (Primer Estado), la nobleza
(Segundo Estado) y la burguesía (Tercer Estado).
Inmediatamente, un grupo de liberales parisinos
denominado Comité de los Treinta, comenzó a protestar y
agitar, reclamando que se duplicara el número de
asambleístas con derecho a voto del Tercer Estado. El
gobierno aceptó esta propuesta, pero dejó a la Asamblea
la labor de determinar el derecho de voto. Este cabo
suelto creó gran tumulto.
El rey y una parte de la nobleza no aceptaron la
situación. Los miembros del Tercer Estamento se
autoproclamaron Asamblea Nacional, y se
comprometieron a escribir una Constitución. Sectores de
la aristocracia confiaban en que estos Estados Generales
pudieran servir para recuperar parte del poder perdido,
pero el contexto social ya no era el mismo que en 1614.
Ahora existía una élite burguesa que tenía una serie de
reivindicaciones e intereses que chocarían frontalmente
con los de la nobleza y también con los del pueblo, cosa
que se demostraría en los años siguientes.
Cuando finalmente los Estados Generales de Francia se
reunieron en Versalles, el 5 de mayo de 1789 y se
originaron las disputas respecto al tema de las
votaciones, los miembros del Tercer Estado debieron
verificar sus propias credenciales, comenzando a hacerlo
el 28 de mayo y finalizando el 17 de junio, cuando los
miembros del Tercer Estado se declararon como únicos
integrantes de la Asamblea Nacional: ésta no
representaría a las clases pudientes sino al pueblo en sí.
La primera medida de la Asamblea fue votar a favor de
la Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano. Si bien invitaron a los miembros del Primer
y Segundo Estado a participar en esta asamblea, dejaron
en claro sus intenciones de proceder incluso sin esta
participación.
Los Estados Generales
Asamblea Nacional
Las discusiones relativas al procedimiento se
prolongaron durante seis semanas, hasta que el se
constituyó en Asamblea Nacional el 17 de junio. Este
abierto desafío al gobierno monárquico, que había
apoyado al clero y la nobleza, fue seguido de la
aprobación de una medida que otorgaba únicamente a la
Asamblea Nacional el poder de legislar en materia fiscal.
Luis XVI se apresuró a privar a la Asamblea de su sala
de reuniones como represalia. Ésta respondió realizando
el 20 de junio el denominado Juramento del Juego de la
Pelota.
La primera medida de la asamblea fue votar a favor de la
DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DEL HOMBRE Y
DEL CIUDADANO. Disolverse hasta que se hubiera
redactado una constitución para Francia. En ese
momento, las profundas disensiones existentes en los dos
estamentos superiores provocaron una ruptura en sus
filas, y numerosos representantes del bajo clero y algunos
nobles liberales abandonaron sus respectivos estamentos
para integrarse en la Asamblea Nacional. Se produce así
una autentica revolución jurídica al sustituirse el
concepto de absolutismo real por el de soberanía nacional
Asamblea Constituyente
La Asamblea Nacional toma el nombre de Asamblea
Constituyente el 9 de julio de 1789, porque su finalidad
era redactar una Constitución, es decir, una ley
fundamental que organizase de otro modo la monarquía
francesa. El rey no tiene más remedio que claudicar,
invitando al clero y a la nobleza a unirse al Tercer
Estado en la recién constituida Asamblea, a la revolución
política se une la revuelta popular.
El 14 de julio el pueblo de París asalta la antigua
fortaleza de la Bastilla, utilizada como prisión y
considerada como símbolo del despotismo, dicho
precedente fue seguido en otras ciudades, donde
surgieron grupos de ciudadanos armados dispuestos a
relevar a las viejas autoridades.
La Asamblea Nacional Constituyente comenzó su
actividad movida por los desórdenes y disturbios que
estaban produciéndose en las provincias. El clima
revolucionario llegó también al medio rural. Los
campesinos se rebelaron contra el régimen señorial,
asaltando mansiones y reclamando la supresión de las
viejas cargas feudales. El mismo rey y su familia
tuvieron que huir de Versalles, trasladándose a París.
Este estado de exaltación y cambio produjo un clima de
temor conocido como El Gran Pánico, la Grande Peur
entre los nobles que huyeron al extranjero, conscientes
de que se gestaba el desmoronamiento del Antiguo
Régimen. El clero y la nobleza hubieron de renunciar a
sus privilegios en la sesión celebrada durante la noche
del 4 de agosto de 1789; la Asamblea aprobó una
legislación por la que quedaba abolido el régimen feudal
y señorial y se suprimía el diezmo, aunque se otorgaban
compensaciones en ciertos casos. En otras leyes se
prohibía la venta de cargos públicos y la exención
tributaria de los estamentos privilegiados.
Como paso previo a la Constitución, la Asamblea elaboró
y votó a favor de la Declaración de Derechos del Hombre
y del Ciudadano el 26 de Agosto de 1789, sintetizados
más tarde en tres principios: Libertad, Igualdad,
Fraternidad, verdadero emblema de la Revolución.
En ella se reconoce la igualdad, como derecho
inalienable, y la soberanía nacional. Pero también hay
contradicciones: la igualdad es sólo civil. Se admiten las
libertades de prensa y opinión pero no se menciona la de
asociación, la ley de Le Chapelier de 14 de junio de 1791
la prohibirá expresamente. Con todo, se trata de un texto
de carácter universal que todavía hoy sigue vigente. Se
destaca que el reconocimiento de la soberanía nacional
sentó las bases de una futura Monarquía constitucional,
a pesar del lógico disgusto del rey que no tuvo más
remedio que aceptarla.
Mientras la Asamblea deliberaba, la hambrienta
población de París, irritada por los rumores de
conspiraciones monárquicas, reclamaba alimentos y
soluciones. El 5 y el 6 de octubre, la población parisina,
especialmente sus mujeres, marcharon hacia Versalles y
sitió a Luis XVI y su familia fue rescatada por La
Fayette, quien les escoltó hasta París a petición del
pueblo. Tras este suceso, algunos miembros
conservadores de la Asamblea Constituyente, que
acompañaron al rey a París, presentaron su dimisión. En
la capital, la presión de los ciudadanos ejercía una
influencia cada vez mayor en la corte y la Asamblea.
El radicalismo se apoderó de la cámara, pero el objetivo
original, la implantación de una monarquía
constitucional seguía. Pero los principales problemas que
hubo que enfrentar la Asamblea fueron el religioso y el
financiero. Para evitar la temida bancarrota, se decidió
nacionalizar los bienes del clero, que fueron
posteriormente puestos a la venta para amortizar así la
deuda pública. Los títulos emitidos como reembolso de
las deudas pendientes del Estado se conocieron con el
nombre de asignados; es decir, el Estado emitió títulos de
la deuda garantizados por los bienes de la Iglesia, con los
cuales podían ser reembolsados.
Pero la emisión de estos fue tan grande que acabaron
funcionando como papel moneda, depreciándose
rápidamente y originando una fuerte inflación. Aunque
con la venta de los bienes de la Iglesia habían surgido
nuevos propietarios dispuestos a no perder lo
garantizado por la Revolución, la inflación galopante
introdujo un factor de inestabilidad social que acabaría
pasando factura.
Al perder sus bienes y suprimirse los diezmos, la Iglesia
francesa pasó a depender económicamente del Estado.
Por esta razón la Asamblea Constituyente hubo de
emprender una reforma y racionalización de la
organización eclesiástica que se concretó en la
Constitución civil del clero. Mediante esta norma
jurídica, la Iglesia francesa pasaba a tener un carácter
más nacional, alejándose de la dependencia del Papa. Se
reducía el número de obispos, se cambiaba el sistema de
nombramientos y se exigía prestar juramento
constitucional a todos los miembros del estamento
eclesiástico. Esta medida originó la división del clero
francés en juramentado o refractario, según jurase o no,
aportando un elemento más de discordia al asentamiento
de la Revolución.
El primer borrador de la Constitución recibió la
aprobación del monarca francés en unas fastuosas
ceremonias, a las que acudieron delegados de todos los
lugares del país, el 14 de julio de 1790.
Este documento suprimía la división provincial de
Francia y establecía un sistema administrativo cuyas
unidades eran los departamentos, que dispondrían de
organismos locales elegibles. Se ilegalizaron los títulos
hereditarios, se crearon los juicios con jurado en las
causas penales y se propuso una modificación
fundamental de la legislación francesa. Con respecto a la
institución que establecía requisitos de propiedad para
acceder al voto, sufragio censitario, la Constitución
disponía que el electorado quedara limitado a las clases
altas y media. El nuevo estatuto confería el poder
legislativo a la Asamblea Nacional, compuesta por 745
miembros elegidos por un sistema de votación indirecto.
Aunque el rey seguía ejerciendo el poder ejecutivo, se le
impusieron estrictas limitaciones. Su poder de veto tenía
un carácter meramente suspensivo, y era la Asamblea
quien tenía el control efectivo de la dirección de la
política exterior. El poder judicial sería desempeñado por
jueces elegidos por el pueblo. Quedaba abolido el
absolutismo, estableciéndose un régimen de monarquía
constitucional, claramente favorable a los intereses de la
nueva clase emergente: la burguesía adinerada.
Toma de la Bastilla por el pueblo parisino
La Bastilla símbolo de opresión de la Monarquía
Absoluta
La Asamblea Legislativa
Una vez concluida su misión, la Asamblea Constituyente
se disolvió, dando paso a la Asamblea Legislativa, que
tenía que formular leyes para desarrollar los principios
establecidos en la Constitución de 1791. Dentro del
nuevo sistema de gobierno, el poder legislativo lo
desempeñaba la Asamblea Legislativa, que estaba
compuesta por 263 diputados de derecha o defensores de
la Monarquía constitucional, y 136 de izquierda
(divididos en jacobinos y girondinos) partidarios de la
revolución y la república, en el centro quedaban unos 300
diputados equidistantes de ambos extremos. La división
de la burguesía dificultó el funcionamiento de la
Monarquía constitucional que apenas duró un año, pues
la inestabilidad interior y el comienzo de las guerras de
la Revolución con Europa, provocaron una segunda
revolución en agosto de 1792, que acabó con la
monarquía y estableció la primera república.
Diversas circunstancias crearon un ambiente
desfavorable para la consolidación de la monarquía
constitucional:
El rey buscó ayuda extranjera para acabar con la
revolución.
La tensión social, empeorada por la mala cosecha de
1791 que encareció el precio del pan y la presión
económica tras el fracaso de la emisión de asignados
Los nobles difamaron el nuevo régimen y trataron de
conseguir la invasión de Francia por las fuerzas
imperiales.
Los católicos, indignados con la constitución civil del
clero, se sublevaron en algunas regiones de Francia.
Los mismos revolucionarios estaban divididos.
Los constitucionales sostenían la aplicación estricta de la
constitución y el mantenimiento integral de los poderes
del rey. Los jacobinos buscaron reformar la constitución,
reduciendo los poderes del rey, eran de ideas más
revolucionarias y de cambios radicales con tendencia a la
instauración de un republica democrática con derechos a
la participación política y con la aplicación de medidas
más equitativas para la repartición de la riqueza y la
lucha contra el hambre popular.
Por el otro lado se tenia a los diputados llamados
girondinos, se convirtieron en dirigentes de la Asamblea
Legislativa, que querían llegar a un acuerdo con la
monarquía, deseaban la instauración de una monarquía
constitucional, es decir tenían una actitud moderada en
torno a los cambios políticos, sin embargo desarrollo una
política cada vez más violenta en contra Luís XVI. Para
desenmascarar al rey, y con la ilusión de extender por
Europa los principios revolucionarios, los girondinos
propiciaron la guerra, convencidos de que con ella
unificarían a los patriotas frente a enemigos comunes.
Otros gobiernos absolutistas europeos, temerosos de que
se propagaran las ideas revolucionarias, trataron de
detener el proceso revolucionario para restaurar la
monarquía absolutista de Luis XVI. En respuesta, el
gobierno de la revolución declaró la guerra a Prusia y
Austria, siendo derrotados por el ejército de Francia.
El creciente malestar social provocado por la guerra y la
crisis económica sumado al desprestigio de la Asamblea
por su negativa de destituir al Rey propició una nueva
oleada revolucionaria; sus resultados fueron los
siguientes:
El monarca Luis XVI fue enviado a prisión acusado de
conspirar contra la revolución.
Se disolvió la Asamblea Legislativa y se convocó a
comicios para elegir a los miembros de una Convención
Nacional.
La Convención Nacional de Francia y la Proclamación de
la República
En septiembre de 1792 fue elegida por medio del voto de
los ciudadanos la CONVENCION NACIONAL. Este
hecho significo el triunfo de aquellos que buscaban la
abolición de los privilegios feudales y una profunda
transformación de la sociedad francesa. La primera
decisión adoptada por la cámara fue la abolición de la
monarquía y la proclamación de la república.
Caído el rey y disuelta la Asamblea, la elección de la
nueva Convención Nacional supone un giro del proceso
revolucionario que toma un carácter más democrático y
popular. La Convención, elegida por sufragio universal
agrupa a sus 749 diputados en tres partidos: girondinos,
defensores de la legalidad constitucional y
representantes de la alta burguesía; la Montaña, entre
los que se encontraban los jacobinos de la anterior
legislatura, defensores de los principios revolucionarios y
más cercanos a la burguesía media y a las clases
populares; y La Llanura, una gran masa fluctuante entre
girondinos y montañeses, integrada por republicanos y
burgueses más moderados.
Convención Girondina
Al comienzo la Convención tendrá un predominio
claramente girondino. Son estos primeros meses los más
conflictivos respecto a la toma de decisiones. Sin
embargo, las disensiones se habían intensificado
seriamente en el seno de la convención, donde el Llano
dudaba entre conceder su apoyo a los conservadores
girondinos o a los radicales jacobinos.
La primera gran prueba de fuerza se decidió en favor de
estos últimos, que solicitaban que la Convención juzgara
al rey por el cargo de traición y consiguieron que su
propuesta fuera aprobada por mayoría.
El monarca fue declarado culpable de la acusación
imputada con el voto casi unánime de la Cámara el 15 de
enero de 1793, pero no se produjo el mismo acuerdo al
día siguiente, cuando había de decidirse la pena del
acusado. Finalmente el rey fue condenado a muerte por
387 votos a favor frente a 334 votos en contra.
Luis XVI fue guillotinado el 21 de enero de 1793 .Su
muerte marco el distanciamiento definitivo entre la
Gironda y la Montaña y supuso un desafío abierto a la
Europa del Antiguo Régimen.
La influencia de los girondinos en la Convención
Nacional disminuyó enormemente tras la ejecución del
rey. La falta de unidad mostrada por el grupo durante el
juicio había dañado irreparablemente su prestigio
nacional, bastante mermado desde hacía tiempo entre la
población de París, más favorable a las tendencias
jacobinas.
Las propuestas de los jacobinos para fortalecer al
gobierno ante las cruciales luchas a las que Francia
debería enfrentarse desde ese momento fueron
firmemente rechazadas por los girondinos. No obstante, a
comienzos de marzo, la Convención votó a favor del
reclutamiento de 300.000 hombres y envió comisionados
especiales a varios departamentos para organizarse. Los
sectores clericales y monárquicos enemigos de la
Revolución incitaron a la rebelión a los campesinos
contrarios a tal medida. La guerra civil no tardó en
extenderse a toda Francia. A comienzos de 1793 Francia
se hallaba en guerra fuera y dentro de su territorio. Los
girondinos perdieron su mayoría en la Convención como
consecuencia de su equivocada política económica,
excesivamente confiada en la riqueza de los países
invadidos.
El Rey Luis XVI fue Condenado a la guillotina
Convención Jacobina
Comienza así la etapa de predominio montañés en la
Convención, que tendrá una doble forma de gobernar.
Por una parte, la Revolución pasará por una de sus fases
más sangrientas (el Terror). Por otra, se tomarán
medidas de carácter democrático y social que favorecerán
claramente a los sectores más desprotegidos de la
sociedad.
Dominada la Convención, los Montañeses trataron de
atraerse a la burguesía moderada, protegiendo la
propiedad privada, y a las clases populares,
especialmente a los campesinos. Permitieron la venta de
los bienes de los nobles emigrados, la división y reparto
de los bienes comunales y suprimieron las
indemnizaciones por los derechos señoriales, asestando
así el golpe definitivo a la aristocracia feudal.
La rebelión parisina obligó a la Convención a ordenar el
2 de junio la detención de veintinueve delegados
girondinos y de los ministros de este grupo. A partir de
ese momento, la facción jacobina radical que asumió el
control del gobierno desempeñó un papel decisivo en el
posterior desarrollo de la Revolución.
El Régimen del Terror
La Convención jacobina promulgó una nueva
Constitución el 24 de junio en la que se ampliaba el
carácter democrático de la República. La Constitución de
1793 reconocía el derecho al trabajo, a la asistencia social
y a la enseñanza gratuita para todos. El sufragio
censatario fue sustituido por el sufragio universal. Sin
embargo, este estatuto nunca llegó a entrar en vigor.
julio, la presidencia del Comité de Salvación Pública fue
transferida a los jacobinos, que reorganizaron
completamente las funciones de este organismo.
Los jacobinos implantaron medidas policiales extremas
para impedir cualquier acción contrarrevolucionaria. Los
poderes del Comité fueron renovados mensualmente por
la Convención Nacional desde abril de 1793 hasta julio
de 1794, a partir de esas acciones se da un periodo que
pasó a denominarse Reinado del Terror, fue así como
María Antonieta fue ejecutada el 16 de octubre, y 21
destacados girondinos murieron guillotinados el 31 del
mismo mes, por ser contrarios a su política. Tras estas
represalias iniciales, miles de monárquicos, sacerdotes,
girondinos y otros sectores acusados de realizar
actividades contrarrevolucionarias o de simpatizar con
esta causa fueron juzgados por los tribunales
revolucionarios, declarados culpables y condenados a
morir en la guillotina. El número de personas
condenadas a muerte en París ascendió a 2.639, las
penas infligidas a los traidores o presuntos insurgentes
fueron más severas en muchos departamentos
periféricos, especialmente en los principales centros de la
insurrección monárquica. El número total de víctimas
durante el Reinado del Terror llegó a 40.000. “Entre los
condenados por los tribunales revolucionarios,
aproximadamente el 8% eran nobles, el 6% eran
miembros del clero, el 14% pertenecía a la clase media y
el 70% eran trabajadores o campesinos acusados de
eludir el reclutamiento militar forzado, de deserción,
acaparamiento, rebelión u otros delitos”
Fue el clero católico el que sufrió proporcionalmente las
mayores pérdidas entre todos estos grupos sociales.
El odio anticlerical se puso de manifiesto también en la
abolición del calendario juliano en octubre de 1793, que
fue reemplazado por el calendario republicano. El Comité
de Salvación Pública, intentó reformar Francia
basándose de forma fanática en sus propios conceptos de
humanitarismo, idealismo social y patriotismo. El
Comité, movido por el deseo de establecer una República
de la Virtud, alentó la devoción por la república y la
victoria y adoptó medidas contra la corrupción y el
acaparamiento. Asimismo, el 23 de noviembre de 1793, la
Comuna de París ordenó cerrar todas las iglesias de la
ciudad esta decisión fue seguida posteriormente por las
autoridades locales de toda Francia y comenzó a
promover la religión revolucionaria, conocida como el
Culto a la Razón.
El Directorio
En 1975 la convención aprobó una nueva constitución,
dividió el poder legislativo en dos cámaras:
El Consejo de los quinientos, que preparaba las leyes
El Consejo de ancianos, encargado de aprobarlas.
Estos consejos se reunían en sesiones extraordinarias
para elegir a los cinco miembros del Directorio, en el que
se depositaba el poder ejecutivo. El directorio continuo la
lucha contra los partidarios de la monarquía y los
jacobinos. Atamientos contra el gobierno del Directorio se
ordenó la intervención del ejército, entre cuyos generales
comenzaba a destacar Napoleón Bonaparte. La guerra
contra los estados absolutistas de Europa continuaba. El
Directorio confió a Napoleón la dirección de los ejércitos
franceses.
El 9 de noviembre de 1979, Napoleón desconoció el
gobierno del directorio y el poder ejecutivo quedó en
manos de un consulado. De este modo termino la
revolución francesa; sin embargo, sus principios y
transformaciones políticas fueron difundidos en Europa
por los ejércitos de Napoleón.
“Bonaparte, investido con poderes dictatoriales, utilizó el
entusiasmo y el idealismo revolucionario de Francia para
satisfacer sus propios intereses. Sin embargo, la
involución parcial del país se vio compensado por el
hecho de que la Revolución se extendió a casi todos los
rincones de Europa durante el periodo de las conquistas
napoleónicas.”. De esa cuenta los principios de la
Revolución se difundieron por el Continente Europeo.
CAPITULO DOS:
A finales del siglo XVIII se dan acontecimientos de
naturaleza política y filosófica y unos de ellos es el auge
de un conjunto de ideas que transforman al mundo,
impulsadas por grandes pensadores, filósofos y juristas
de la época dándose la Revolución Francesa, que significó
el tránsito de la sociedad estamental, heredera del
feudalismo, a la sociedad capitalista, basada en una
economía de mercado apoyada por una burguesía, la cual
tenia un papel preponderante en la vida económica, que
logro desplazar del poder a la aristocracia y a la
monarquía absoluta. A partir de esta sucesión surge y se
afirma un nuevo sistema cuyos principios suponen la
quiebra del anterior régimen y la definición de uno nuevo
principio donde se fundamenta sobre la “Volunté
générale: La raison humaine” (5). Los revolucionarios
franceses no sólo crearon un nuevo modelo de sociedad y
estado, sino que difundieron un nuevo modo de pensar a
la mayor parte del mundo. De este extenso proceso se
resalta la base ideológica que da comienzo a un nuevo
criterio político, social, económico y jurídico que se
fundamenta en la génesis de la Revolución; los que más
resalta de estos preceptos son: el principio de igualdad, la
idea de la libertad y la concepción concreta de la
estructura y función del Estado.
Impacto Histórico de la Revolución Francesa
En el sentido anterior se dice que el impacto de la
Revolución Francesa en el mundo puede medirse en
función de sus consecuencias, las cuales se detallan a
continuación:
Consecuencias de la Revolución
Abolición del Feudalismo
El 4 de agosto de 1789, en la llamada Noche de la locura,
la Asamblea Nacional abolió el feudalismo, eliminando
las prebendas que recibía el Primer Estado (el clero) y los
derechos señoriales del Segundo Estado (los nobles). En
cuestión de horas, los nobles, el clero, las provincias,
ciudades, pueblos y compañías perdieron sus privilegios.
El curso de los acontecimientos conllevaba la
transformación de un Estado, que llevó cuatro años para
la consecuencia directa; que consistió en la abolición de
la monarquía absoluta en Francia. Asimismo, este
proceso puso fin a los privilegios de la aristocracia y el
clero. La servidumbre, los derechos feudales y los
diezmos fueron eliminados; las propiedades se
disgregaron y se introdujo el principio de distribución
equitativa en el pago de impuestos. Debido a la
redistribución de la riqueza y de la propiedad de la
tierra, Francia pasó a ser el país europeo con mayor
proporción de pequeños propietarios independientes.
Implantación del nuevo proceso que cambió todo el curso
de la historia. Otras de las transformaciones sociales y
económicas iniciadas durante este periodo fueron la
supresión de la pena de prisión por deudas, la
introducción del sistema métrico y la abolición del
carácter prevaleciente de la primogenitura en la herencia
de la propiedad territorial.
Pérdida del Poder de la Iglesia
La Revolución originó un masivo traspaso de poder de la
Iglesia al Estado. En 1790 se eliminó la autoridad de la
Iglesia para imponer impuestos sobre las cosechas, se
eliminaron también los privilegios del clero y se
confiscaron los bienes de la Iglesia. Bajo el Antiguo
Régimen la Iglesia era el mayor terrateniente del país.
Más tarde se promulgó legislación que convertía al clero
en empleados del Estado. Éstos fueron unos años de dura
represión para el clero, siendo comunes la prisión y
masacre de sacerdotes en toda Francia. El Concordato de
1801 entre la Asamblea y la Iglesia finalizó este proceso
y establecieron normas de convivencia que se
mantuvieron vigentes hasta el 11 de diciembre de 1905
cuando la Tercera República sentenció la separación
definitiva entre la Iglesia y el Estado. El viejo calendario
gregoriano, propio de la religión católica fue anulado en
favor de un nuevo calendario que establecía como primer
año el 22 de Septiembre de 1792.
“La Revolución también desempeñó un importante papel
en el campo de la religión. Los principios de la libertad de
culto y la libertad de expresión tal y como fueron
enunciados en la Declaración de Derechos del hombre y
del ciudadano, pese a no aplicarse en todo momento en el
periodo revolucionario, condujeron a la concesión de la
libertad de conciencia y 40
de derechos civiles para los protestantes y los judíos. La
Revolución inició el camino hacia la separación de la
Iglesia y el Estado.”
La Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano
Se redactó en 1789 la Declaración de los Derechos del
Hombre y del Ciudadano, y una nueva Constitución de
tipo democrático que reconocía el sufragio universal.
La gran revolución de alcance histórico fue la de los
derechos del hombre y del ciudadano. En su doble
vertiente, moral (derechos naturales inalienables) y
política; condiciones necesarias para el ejercicio de los
derechos naturales e individuales, condiciona la
aparición de un nuevo modelo de Estado, el de los
ciudadanos, el Estado de Derecho, democrático y
nacional. Aunque la primera vez que se proclamaron
solemnemente los derechos del hombre fue en los
Estados Unidos (Declaración de Derechos de Virginia en
1776 y Constitución de los Estados Unidos en 1787), la
revolución de los derechos humanos es un fenómeno
puramente europeo. Será la Declaración de Derechos del
Hombre y del Ciudadano que se da durante la Revolución
Francesa de 1789 la que sirva de base e inspiración a
todas las declaraciones tanto del siglo XIX como del XX.
El distinto alcance de ambas declaraciones es debido
tanto a cuestiones de forma como de fondo.
La declaración francesa es indiferente a las
circunstancias en que nace y añade a los derechos
naturales, los derechos del ciudadano. Pero sobre todo, es
un texto atemporal, único, separado del texto
constitucional y, por tanto, con un carácter universal, a lo
que hay que añadir la brevedad la sencillez del lenguaje
que se utiliza para redactar dicha declaración, de tal
forma que el mensaje llegue a todo hombre. De ahí su
trascendencia y éxito tanto en Francia como en Europa y
el mundo occidental en su conjunto.
Esta es una consecuencia que se da en el transcurso de la
Revolución: la Declaración de los Derechos del Hombre y
del Ciudadano, fue uno de los primeros hechos
desencadenados por la misma.
El 26 de agosto de 1789, la Asamblea Constituyente
aprobó un documento que contenía las ideas políticas de
la burguesía: la Declaración de los Derechos del Hombre
y del Ciudadano. Éste fue redactado a fin de proporcionar
un marco previo a la redacción de una constitución en los
primeros momentos de la Revolución Francesa.
Este documento revistió una doble importancia: no sólo
se convirtió en la base de la futura Constitución sino que
también expresó la tendencia universal de la Revolución
Francesa.
Un elemento fundamental en este documento es que
afirma que la fuente del poder es la Nación, no Dios; con
ello eliminó el fundamento del absolutismo real e
inauguró un tipo de gobierno en el que el poder reside en
el pueblo. Antes de esta Declaración, los reyes asumían
el mando por Derecho Divino, es decir que eran reyes
porque eran representantes de Dios y de Él recibían su
derecho a reinar y gobernar.
La Declaración planteó que los reyes deberían ser
elegidos por el pueblo y no por Dios como supuestamente
se hacía, definía los derechos naturales del hombre entre
los que se consideraban básicos la libertad, individual, de
pensamiento, de prensa y de credo, la igualdad que debía
estar garantizada al ciudadano por el Estado en los
ámbitos legislativo, judicial y fiscal, la seguridad y la
resistencia a la opresión. También proclamaba el respeto
por la vida y la propiedad como los fundamentos del
Nuevo Estado.
Esta declaración fue un manifiesto para las clases
medias que controlaban la Asamblea y para todos los
liberales europeos del siglo siguiente.
Aunque los principios fundamentales exhibidos por la
Declaración constituyeron las bases del liberalismo
político del siglo XIX, no fueron aplicados en la Francia
revolucionaria: el monarca no aceptó que sus anteriores
súbditos fueran ahora soberanos y la Asamblea
Legislativa aceptó el veto del rey. Al cabo de tres años, se
abolió la monarquía y se estableció la república. Otras
dos declaraciones de los derechos del hombre y del
ciudadano fueron aprobadas posteriormente durante el
transcurso de la Revolución Francesa. La Declaración de
1793 tuvo un carácter más democrático (defendía el
derecho a la sublevación frente a la tiranía y prohibía la
esclavitud) y precedió a la Constitución de 1793 y tuvo
una gran repercusión en España y en la América
española siendo uno de los elementos fundamentales que
estimularon la implantación de las nuevas ideas.
Como se dijo antes, la Declaración no obtuvo
directamente sus consecuencias ya que no fue aceptada
por el rey. Pero poco a poco fue llevando al pueblo francés
a partir de un tipo de gobierno cada vez más cercano a la
democracia en cuanto a su elección. Ayudó también a la
difusión y propagación de las nuevas ideas. Fue una
forma de pensamiento nacida en el siglo XVII que
pretendía un mejoramiento de la Humanidad guiada por
la Razón Iluminada y se basaba, entre otros, en los
siguientes ideales como metas de gobierno: soberanía
popular, igualdad social, libertad personal, garantía de
justicia y tolerancia religiosa. Esta influencia, sumada a
otros acontecimientos, produjo que en algunas colonias
españolas americanas surgiera la idea de
independización.
Aunque su verdadera aplicación tardó bastante tiempo se
puede decir que la Declaración de los Derechos del
Hombre y del Ciudadano fue muy beneficiosa para
Francia, el resto de Europa y toda América por su
contenido humano, que no se puso en práctica de manera
inmediata pero sentó las bases a partir de sus ideales.
LA NUEVA ADMINISTRACIÓN DEL PODER
POLÍTICO:
Liberalismo político que surge en el seno de la sociedad
francesa, que se sustenta en los principios de soberanía
nacional popular y división de poderes. Locke,
Montesquieu y Rousseau establecieron las bases del
nuevo régimen político producto de la Revolución, donde
surge una potente y eficaz Administración que significa
la quiebra total de la ideología del antiguo régimen,
aunado esto al conjunto de circunstancias y sucesos que
hicieron posible el robustecimiento de una
Administración que dio origen a lo que hoy se conoce
como Derecho Administrativo.
A manera de síntesis sin caer en subjetivismos se puede
decir que el impacto de la Revolución Francesa en el
mundo fue de gran escala, con todo y sus excesos de
violencia y apoyada por la masa que no tenia una
ideología bien definida; se deja llevar o influenciar por un
grupo económicamente fuerte y que solo necesitaba el
poder político para mejorar las condiciones que le
permitieran su desarrollo como clase social, se puede
decir que de todas las revoluciones contemporáneas, la
francesa fue la única ecuménica. Sus ejércitos se
pusieron en marcha para revolucionar al mundo, y sus
ideas lo lograron. Sus repercusiones, van más allá que la
revolución norteamericana, ya ocasionaron
levantamientos que llevarían a la liberación de los países
iberoamericanos después de 1808. Su influencia directa
irradió hasta Bengala, en donde Ram Mohan Roy se
inspiró en ella para fundar el primer movimiento
reformista hindú. La influencia indirecta de la
Revolución francesa es universal, pues proporcionó el
patrón para todos los movimientos revolucionarios
subsiguientes, y sus lecciones interpretadas conforme al
gusto de cada país o cada caudillo fueron incorporadas en
el moderno socialismo y comunismo.
Conclusión:
La Revolución Francesa fue un proceso social y político
que se desarrolló en Francia entre 1789 y 1799 cuyas
principales consecuencias fueron la abolición de la
monarquía absoluta y la proclamación de la República,
eliminando las bases económicas y sociales del Antiguo
Régimen, que sucumbió a su propia rigidez en un mundo
cambiante, donde el surgimiento de una clase burguesa
que recobraba cada vez mas relevancia económica, y el
descontento de las masas, junto a la expansión de las
nuevas ideas liberales lograron la transformación de
Francia que serviría más delante de modelo a otras
sociedades para abolir el absolutismo. En términos
generales se puede decir que los factores que se
convirtieron en las causas de la revolución fueron de
índole política, económica y social. Dicho proceso inicia
en 1789 con la convocatoria de los Estados Generales y
llega hasta el Directorio cuando Napoleón Bonaparte se
asienta en el poder a raíz de un golpe de estado.
El impacto histórico de dicho acontecimiento se mide a
partir de sus consecuencias que representan el
significado de la revolución a nivel mundial. En tal
sentido sus consecuencias se diversificaron en toda
Europa y llegan a América. Las mismas van desde la
abolición del feudalismo, la separación de la iglesia del
Estado, la Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano siendo este último el aporte más significativo
para la humanidad, ya que a partir de ello se reconocen
los Derechos del Hombre a un nivel más universal, así
como también se le está fijando como el ente
fundamental que participa en la política de su país.
Además de ser el origen de lo que hoy se conoce como el
Estado de Derecho donde la democracia incipiente de ese
momento se vuelve el modelo de otras naciones. De esa
cuenta tiene gran influencia en el mundo y Guatemala
está dentro de ese contexto, la filosofía humanista que es
la base de la ideología de la revolución, es hoy la clave de
modelos educativo; donde el centro de la educación el es
hombre y la mujer. Así también los principios de
igualdad, fraternidad y libertad que están reconocidos en
la constitución de la republica permiten en la actualidad
al hombre que se le reconozca como un ser con autonomía
que toma sus propias decisiones, donde el estado no tiene
ingerencia, pero si debe de velar porque se respeten.
Para terminar se hace un balance critico de la Revolución
Francesa, la cual ha sido estudiada por multitud de
autores desde el mismo momento en el cual se produjo.
La discusión sobre su inicio, duración, etapas y hechos,
ha sido el centro de la polémica desde su inicio.
En ese sentido la Revolución Francesa ha sido siempre
un asunto complicado de interpretar. Fue considerada
como modelo de revolución política, en el que la
burguesía desplazaba a la aristocracia en el poder. Sin
embargo, no fue una mera transferencia de poder, sino
un cambio en el concepto del ejercicio poder y de
administración del país. Así en este apartado se trata de
establecer una postura critica función de este hecho, sin
caer en ideologismos, determinismos u otros, por
supuesto este acercamiento critico es fundamentado en
las diversas formas en que se ha concebido por estudiosos
de dicho hecho.
La Revolución Francesa, como hecho histórico es
comprendida como un proceso de correlación de fuerzas
sociales que, aprisionadas por el peso de una sociedad
tradicional definida por el absolutismo monárquico, el
sistema feudal, y una diversificación de grupos sociales
segmentados a través de estamentos generaron ante una
crisis profunda, una reacción encadenada de cambios
irreversibles no sólo para la historia de Francia, sino que
como se expande la expresión transformadora general
desde el siglo XIX en adelante Europa y por ende para
América. Se ha dicho que es la revolución por excelencia,
ya que con ella emergen todos los mecanismos políticos,
grupos sociales, e imaginarios colectivos de las
revoluciones del mundo entero.
Pero, como todo hecho histórico, la revolución francesa no
es sólo aquello que fue, sino que es como una
construcción cultural deliberadamente intencionada,
imposible de mirar en su forma pura y alienada de
conceptos que, cargados de ideología, han permitido
deducir de ella no sólo el proceso de transformaciones
como la culminación de la correlación de fuerzas que le
da vida, sino como la bisagra histórica para muchos otros
procesos.
La Revolución Francesa es, en tanto un hecho histórico
que tiene muchas formas de concebirse y que de alguna
manera se proyecta en el desarrollo histórico de los
hombres.
Ante todo, cabe mencionar que la Historia de la
Revolución Francesa comenzó a escribirse casi
paralelamente al desarrollo de ella misma, desde una
perspectiva que rayaba más en noticias que en lo que hoy
se conoce como la Historia. En ese sentido las masas
sociales, para este desencanto generalizado de las clases
cultas de la sociedad francesa, aparecen barbarizados en
extremo, tal y como lo establece Edmond Burke en
Inglaterra, condenaba el uso de la violencia dándole como
calificativo el hito más violento en la historia.
Así también la visión conservadora y valórica, promovida
desde luego por la Iglesia Católica, pone énfasis en una
explicación sustentada en la trasgresión de los valores
que inspiraba la constitución integra de hombres rectos
(nobleza), demonizando a hombres ambiciosos, sin
escrúpulos, y con ansias de poder, que en este caso serían
los burgueses.
Por otro lado se tiene que las ideas propagadas por
Montesquieu, Voltaire y Rosseau constituyen la columna
vertebral del proceso revolucionario. Los liberales
soportan el peso de esta historia en la mitificación de
aquellas instancias civiles en dónde se hicieron vivas las
solidaridades nacionales en contra del poder absolutista
e irracional.
La materia esencial de las ideas revolucionarias está en
la Ilustración y, por ello toma distancia de aquellas
expresiones de terror que vendrían luego con la república
jacobina. Los burgueses liberales consideraban el terror,
en estos casos, como un mal necesario, pero un arma de
doble filo. En opinión de Hegel, la revolución francesa es
la razón en si misma, el principio que debe gobernar toda
realidad, y la superación dialéctica del sujeto y su
conciencia, a través de los principios fundamentales
(Declaración de los derechos del ciudadano). La
experiencia del terror, según la visión hegeliana,
manifiesta la dificultad de conjugar racionalmente la
libertad del hombre y la organización política y social en
un equilibrio extremo; es decir, cuando ninguno de los
dos polos es reducido y disuelto en el otro se da el final de
la libertad objetiva y la vida del Espíritu.
Para Marx, la revolución francesa es una revolución
burguesa, que echó mano de la fuerza social del
campesinado y proletariado francés, pero que no
promovió grandes cambios sino la superación de una
sociedad sustentada en el andamiaje estamental, hacia
una sociedad marcada por la aparición de las clases
sociales, y un nuevo escenario para la lucha de clases,
que se sustenta en al menos tres ejes fundamentales: la
abolición del feudalismo, el ascenso de la burguesía al
poder, y en la fusión de la soberanía nacional en los
nacionales. Considera que se trató de una sola revolución
liberal, pero sustentada por fuerza con el apoyo del
movimiento de campesinos, una masa informe, anónima,
pero irresistible, que cargaba con todo el recelo hacia la
tradición feudal, que los mantenía pobres y hambrientos.
Para terminar este balance critico de la revolución
francesa se puede decir que el desarrollo histórico hacia
el triunfo de la revolución francesa, sería la concreción de
los ideales burgueses con la fuerza de las capas
populares sustentado en un pacto temporal que tendría
por finalidad la destrucción del orden del antiguo
régimen, y la superposición de un orden nuevo. La
Revolución se inició con medidas radicales, pero en sí
mismas esperanzadoras. Se exigió una nueva
constitución política para Francia. Se rompieron las
diferencias entre nobles, burgueses y plebeyos. El pueblo
llano fue la nación y se definió como el soberano. Muchos
bienes de la Iglesia fueron puestos al servicio de ese
pueblo llano. Los bienes de la nobleza tenían que
legitimarse por su productividad, por el beneficio que
producían y así podían venderse y comprarse. Se afirmó
el derecho del hombre a la igualdad, a la educación, a la
propiedad, a la cultura. Nadie podía dudar que se tratara
de una causa noble. Como dijo Kant, los hombres no
quisieron ser solo felices, sino ser libres y dignamente
felices.
El caos social y político determinó el dogmatismo de los
actores, inclinados a tomar decisiones drásticas y
radicales sin mayor detenimiento. La Ilustración no
había querido esta situación; ya que profesa una filosofía
humanista, donde el centro de todo es el hombre. Sin
embargo tampoco pudo impedirla. Con la Revolución
emergió lo imprevisible, lo impredecible de la historia, lo
que ninguna teoría podía anticipar ni dominar en su
concreción. 66
Sin embargo, ese hecho cambió la realidad social e
histórica de Europa. Por primera vez, las masas sociales
tuvieron acceso a la acción política y la determinaron. Se
alteró tanto la vida europea y mundial. La Revolución
creó poderes nuevos. El siglo XIX produjo los primeros
intentos de esa transformación de la Ilustración bajo el
nuevo contexto de la sociedad de masas y del Estado
moderno.
CAPITULO 3
Los Derechos de la Mujer:
Aunque antes de la revolución hubo mujeres que desde
una posición individual plantearon reivindicaciones en
pro de la igualdad femenina (un ejemplo es la ilustrada
española Josefa Amar con sus libros Importancia de la
instrucción que conviene dar a las mujeres (1784) o el
Discurso sobre la educación física y moral de las mujeres
(1769)), hubo que esperar a la Revolución Francesa para
que la voz de las mujeres empezara a expresarse de
manera colectiva.
Entre los ilustrados franceses que elaboraron el
programa ideológico de la revolución destaca la figura de
Condorcet (1743-1794), quien en su obra Bosquejo de una
tabla histórica de los progresos del Espíritu Humano
(1743) reclamó el reconocimiento del papel social de la
mujer. Condorcet comparaba la condición social de las
mujeres de su época con la de los esclavos.
Tras el triunfo de la revolución en 1789 pronto surgió
una contradicción evidente: una revolución que basaba
su justificación en la idea universal de la igualdad
natural y política de los seres humanos ("Liberté,
Egalité, Fraternité"), negaba el acceso de las mujeres, la
mitad de la población, a los derechos políticos, lo que en
realidad significaba negar su libertad y su igualdad
respecto al resto de los individuos.
"El hábito puede llegar a familiarizar a los hombres con
la violación de sus derechos naturales, hasta el extremo
de que no se encontrará a nadie de entre los que los han
perdido que piense siquiera en reclamarlo, ni crea haber
sido objeto de una injusticia.
Las Mujeres y la Revolución
La autora teatral y activista revolucionaria Olimpia de
Gouges (1748-1793) fue la protagonista de la
contestación femenina. En 1791 publicó la Declaración de
los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana (1791) que
era, de hecho, un calco de la Declaración de Derechos del
Hombre y del Ciudadano aprobada por la Asamblea
Nacional en agosto de 1789.
La comparación entre ambos textos es esclarecedora:
"Los representantes del pueblo francés, constituidos en
Asamblea Nacional, considerando que la ignorancia, el
olvido o el desprecio de los derechos del hombre son las
únicas causas de los males públicos y de la corrupción de
los gobiernos (...) reconocen y declaran (...) los siguientes
derechos del hombre y del ciudadano.
Las madres, las hijas y las hermanas, representantes de
la nación, piden ser constituidas en Asamblea Nacional.
Considerando que la ignorancia, el olvido o el desprecio
de los derechos de la mujer son las únicas causas de las
desgracias públicas y de la corrupción de los gobiernos,
han resuelto exponer en una solemne declaración los
derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer.
La libertad guiando al pueblo
"La libertad guiando al pueblo" Eugene Delacroix
Parafraseando el gran documento programático de la
revolución, Olimpia de Gouges denunciaba que la
revolución hubiera olvidado a las mujeres en su proyecto
igualitario y liberador.
Así afirmaba que la "mujer nace libre y debe permanecer
igual al hombre en derechos" y que "la Ley debe ser la
expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y
los Ciudadanos deben contribuir, personalmente o por
medio de sus representantes, a su formación".
La guillotina:
El programa de Olimpia de Gouges era claro: libertad,
igualdad y derechos políticos, especialmente el derecho
de voto, para las mujeres.
Sin embargo, el planteamiento feminista no era
compartido por los varones que dirigían la revolución,
incluso entre los más radicales de ellos.
"Los enragés (facción más radical de los revolucionarios)
no se habían atraído solamente a los más revolucionarios
de los sans culottes parisinos, también se habían atraído
a su órbita a las mujeres más revolucionarias.
En 1793 crearon la "Sociedad de las Republicanas
Revolucionarias" En su entusiasmo, unas llegaron a
vestir la escarapela tricolor sobre su peinado y otras, el
gorro frigio e, incluso, el pantalón rojo. Pero la fuerza de
sus enemigos fue tal que fracasaron en sus empeños. Uno
de ellos, Chaumette, misógino notorio, llegó a decir:
La lucha de clases en el apogeo de la Revolución
Francesa, 1793-1795
Napoleón Bonaparte:
El encarcelamiento y ejecución de Olimpia de Gouges
durante el período de la dictadura jacobina simbolizó el
fracaso de las reclamaciones feministas durante la
revolución.
El Código Civil napoleónico (1804), en el que se
recogieron los principales avances sociales de la
revolución, negó a las mujeres los derechos civiles
reconocidos para los hombres durante el período
revolucionario (igualdad jurídica, derecho de
propiedad...), e impuso unas leyes discriminatorias,
según las cuales el hogar era definido como el ámbito
exclusivo de la actuación femenina.
La larga lucha por los derechos de las mujeres en
Francia
En 1789, la Asamblea revolucionaria francesa aprobó la
Declaración de los Derechos del Hombre y del
Ciudadano. Pero recién en 1945 las mujeres pudieron
votar por primera vez en Francia.
Feminismo
El 26 de agosto de 1789, la Asamblea revolucionaria
francesa aprobó la máxima expresión del pensamiento
ilustrado, la Declaración de los Derechos del Hombre y
del Ciudadano. Pero cuando en la colonia francesa de
Haití los esclavos decidieron tomarse al pie de la letra su
artículo primero: “Los hombres nacen y permanecen
libres e iguales en derechos”, la represión desatada por
los “ciudadanos” esclavistas franceses y las tropas
coloniales no se hizo esperar, provocando como respuesta
la primera revolución independentista triunfante
latinoamericana, alcanzada a costa de un baño de sangre
y la destrucción del país.
Un destino similar sufrieron las mujeres francesas que
como Olympe de Gouges exigieron sin más la
equiparación jurídica y social, y proclamaron una
Declaración de los Derechos de la Mujer y de la
Ciudadana, que constaba de un preámbulo y 17 artículos
en los que su autora establecía los derechos políticos de
la mujer, el derecho a la anticoncepción y a la libertad
sexual.
Parafraseando a la declaración aprobada por la
Asamblea decía: “La mujer nace libre y debe permanecer
igual al hombre en derechos. La Ley debe ser la
expresión de la voluntad general; todas las ciudadanas y
los ciudadanos deben contribuir, personalmente o por
medio de sus representantes, a su formación”.
Esa osadía de reclamar la igualdad jurídica y los
derechos políticos, Olympe la terminó pagando en la
guillotina, al tiempo que otras mujeres –que desde el
inicio de las jornadas revolucionarias se destacaron en
las acciones de la “turba enfurecida” contra los
aristócratas y sus privilegios– padecieron persecución,
cárcel y, en muchos casos, la ejecución.
Pero también hubo hombres dignos que defendieron e
impulsaron los derechos de las mujeres como Condorcet,
quien pagó con su vida la escritura de textos como el
siguiente: “O bien ningún miembro de la raza humana
posee verdaderos derechos, o bien todos tenemos los
mismos; aquel que vota en contra de los derechos de otro,
cualesquiera que sean su religión, su color o su sexo, está
abjurando de ese modo de los suyos”.
Y en otro escrito señalaba: “Entre los progresos del
género humano más importantes para la felicidad
general debemos contar la entera destrucción de los
prejuicios que han establecido entre los dos sexos una
desigualdad de derechos, funesta aun a aquel mismo que
la patrocina. Esta desigualdad no tiene más origen que el
abuso de la fuerza, y es vano el empeño con que se ha
tratado de excusarla con sofismas”.
Para finales de 1793, Condorcet, el propulsor de la
igualdad de derechos entre el hombre y la mujer, autor
de Sobre la admisión de las mujeres en el derecho de
ciudadanía, vivía escondido y huyendo de sus
perseguidores. Fue condenado a la guillotina por
Robespierre, pero prefirió suicidarse en su celda.
El Código Civil de los Franceses (1804), el célebre
“Código Napoleón” que serviría de inspiración a la
legislación continental europea y a la de la mayoría de
las repúblicas latinoamericanas, negaba a las mujeres la
igualdad jurídica reconocida a los hombres y retaceaba
sus derechos de propiedad, de contratar y de disponer por
sí mismas de sus vidas.
Correría mucha agua del Sena bajo los puentes y mucha
sangre hasta que recién en 1945 las mujeres pudieran
ejercer sus derechos cívicos y votar por primera vez en
Francia.
BIBLIOGRAFÍA:
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derechos-mujeres-francia_0_HJdmnPsvf.amp.html
www.historiasiglo20.org/sufragismo/revfran.html