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El Gordo, Óscar Liera

Este documento presenta una conversación entre Zoraida, la Tía, Eloy y Lola sobre la lotería. Discuten números de suerte y mala suerte, historias de personas que han ganado o perdido oportunidades de ganar grandes premios, y lo que harían si ganaran la lotería. La Tía en particular cree firmemente en los números de buena y mala suerte asociados con su familia.

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El Gordo, Óscar Liera

Este documento presenta una conversación entre Zoraida, la Tía, Eloy y Lola sobre la lotería. Discuten números de suerte y mala suerte, historias de personas que han ganado o perdido oportunidades de ganar grandes premios, y lo que harían si ganaran la lotería. La Tía en particular cree firmemente en los números de buena y mala suerte asociados con su familia.

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EL GORDO

ZORAIDA
LA TIA
ELOY
LOLA

SOBREMESA EN LA COCINA DE LA CASA DE LA TIA, TOMANDO CAFÉ, UNA


MESA FREGADERO Y ALACENA, MACETAS, LAMPARAS, CUBETAS, UN RADIO.
EPOCA ACTUAL
ZORAIDA: Dos mil ochocientos cincuenta y cuatro, por ejemplo. Son dos ocho
cinco y cuatro. Si lo sumas son ocho y dos: diez y cinco quince y cuatro
diecinueve. Diecinueve son uno y nueve y suman diez. Uno y cero igual a uno,
en este caso tienes uno y no checa, tendrían que sumar entre todos cuatro,
que es el número final. Tendrían que ser, por ejemplo, en lugar de dos mil,
cinco mil; así sumarían cinco y ocho, trece y cinco dieciocho y cuatro
veintidós. Veintidós son dos y dos que dan cuatro, que es el número final.
LA TÍA: ¡Ay es muy complicado!
ZORAIDA: Pero dicen que siempre sale.
ELOY: Yo conozco a una señora que soñó un número y que anduvo
buscándolo por toda la ciudad. Preguntó en las oficinas de la lotería en dónde
había sido vendido y le dijeron que lo habían mandado a la Paz. Pues se fue al
aeropuerto sin maleta ni nada y cuando llegó, el numero ya había sido
vendido. Pues lo anduvo buscando por la ciudad a ver si se lo querían vender
pero no lo pudo conseguir. Y claro al día siguiente, ese número traía el gordo.
LA TÍA: ¡Pobre, qué habrá sentido!
ELOY: Pues duró mucho tiempo sin poder dormir.
LA TÍA: No si cuando no le toca a uno no le toca. Dos de las hermanas de mi
madre, que eran muy caritativas, se encontraron un día al entrar a la iglesia
con un inválido que vendía billetes de lotería, y les dio tanta lástima, que el
dinero que traían para la limosna de la Virgen de los Augurios se lo dieron al
hombre aquél; bueno le compraron todos los billetes. A la Virgen le dijeron
que los hacían como una limosna al prójimo, que al cabo si le pegaban al
gordo le traerían el dinero íntegro. Y pues la Virgen no se hizo del rogar. Al
día siguiente se anunció que el gordo había caído en la ciudad y el pobre
hombre que les vendió el billete fue a buscarlas para que le dieran las
albricias, pero ellas le dijeron que el dinero era de la santísima Virgen y que
se lo tendrían que llevar íntegro, que ellas ya le habían ayudado a él al
comprarle los billetes y que lo habían hecho como una limosna. Pues nadie
las pudo convencer de que sólo le dieran una parte a la Virgen. Ellas tenían
muchas necesidades, no podían trabajar, ya estaban viejas, vivían de lo que
les daban los familiares. Pues no hubo poder humano que las convenciera.
ZORAIDA: No, y lo terrible fue que llegaron con el cura y le contaron lo que
había sucedido, y el cura empezó a gritar como poseído: ¡Milagro! ¡Milagro!
Después de que le pasó la locura, les contó que la Virgen le había pedido un
templo y que le había dicho entre sueños que dos santas mujeres le iban a
entregar el dinero. Ellas por su puesto, tomaron su aureola y le entregaron
los millones. El cura lo primero que hizo fue comprarse un coche y se fue
luego a Europa para escoger, según él, algún templo que le gustara para
hacerle uno igual a la Virgen.
LA TÍA: Bueno para no alargar más el cuento, mis tías se enfermaron y nadie
las quiso ayudar; se quedaron en la miseria, Algún vecino les llevaba un plato
de sopa si acaso. Y ahí tienen la iglesia de la Virgen de los Augurios que hizo
el cura, que no le costó ni diez mil pesos.
LOLA: Yo por eso no compro billetes de lotería.
ELOY: Es un juego interesante, la gente a veces persigue números, se
encariña con ellos, y llega hasta enamorarse. Hay gente que compra siempre
el mismo, a ver si algún día. Unos amigos de mi familia tienen veinte años
comprando el mismo número y nunca se han sacado nada, ni aproximaciones
siquiera.
ZORAIDA: Un amigo de mi papá, ¿verdad tía? También compraba siempre el
mismo número. Un día lo mandaron a trabajar a otra ciudad por unas
semanas y le dejo a su esposa el dinero del billete para que le comprara
mientras él estaba fuera. La mujer, como tenían tastos años comprando el
mismo número y nunca se sacaban nada, no lo compro un día porque tenía
que comprar algo que le hacía falta para la comida. Ese día cayó el gordo. El
marido cuando se enteró, allá en la ciudad donde estaba, que el número que
perseguía desde hace años traía el premio mayor, les dijo a todos sus amigos
que se había sacado la lotería y pidió diez mil pesos prestados, en ese tiempo
diez mil pesos eren mucho dinero. Ah pues los gastó con sus amigos, no
volvió al trabajo, tuvo la música tocándole día y noche. Cuando se le acabo el
dinero volvió a su casa y cuando se enteró que ese día no se había comprado
el billete casi se da un tiro. Dice mi papá que ese hombre no volvió a hablar
en su vida, siempre se le veía trabajando en silencio para pagar la deuda, y
nunca nadie volvió a oírle hablar. Qué terrible ¿verdad?
ELOY: Es que no les tocaba.
LOLA: Yo por eso, mejor nunca compro lotería, ni entro a rifas ni esas cosas.
ELOY: ¡Ah sí, yo si compro! Cincuenta o cien pesos se los gasta uno en un café
o en una cerveza, mejor los invierto allí, a ver si acaso, si no, pues mala
suerte.
LA TÍA: Yo también siempre, tengo (sacándolos) dos para el jueves, uno
termina en cinco y otro en seis.
ZORAIDA: A ver tía déjame ver las sumas mágicas para ver si traen premio
(los toma)
LA TÍA: (Se los arrebata) Los vas a salar, los billetes que yo compro no me
gusta que los manosee nadie.
ZORAIDA: Bueno dame nomás los números, no voy a tocar el billete.
LA TÍA: ¡No m,hijita, lo que no debe manosearse es el número! Yo pienso en
mi número y nomás; lo único que se dice en la lotería es la terminación y
nomás.
ELOY: Yo también tengo para el jueves, pero en ocho que es mi número
favorito.
LA TÍA: ¡Ay el ocho es un número muy feo! Yo nunca compro en ocho.
ELOY: Que barbaridad, para nosotros siempre ha sido de mucha suerte. Mire,
nosotros fuimos ocho hermanos, mis papás a los ocho años de casados se
sacaron una casa en una rifa, y el número de la casa termina en ocho.
LA TÍA: Pues para nosotros lo contrario, mis papás tuvieron un accidente el
día ocho de agosto, que es el octavo mes ¿eh? Cuéntales Zoraida que más
nos ha pasado con los ochos.
ZORAIDA: Pues un día, cuando tembló a las ocho de la mañana se nos cayó
una casita que habían comprado mis abuelos, luego un compadre de mi papá
perdió un hijo de ocho años. (a la tía) ¿Digo lo de la Romina?
LA TÍA: Cómo eres chismosa, pero dilo ándale.
ZORAIDA: Pues la Romina una de las hijas de otra tía, nació con ocho dedos,
sufría mucho por eso, y un día se suicidó a las cinco de la tarde.
ELOY: Ya ve, ya por ahí apareció un cinco.
ZORAIDA: No, porque en realidad las cinco de la tarde son las diecisiete
horas.
ELOY: Bueno pues ya hay un diecisiete.
ZORAIDA: No, porque diecisiete son uno y ocho y sumados dan ocho.
LOLA: Yo por eso, mejor ni volteo para donde están los números ¿qué es eso
de que tenga la gente que agarrar un número de batalla?
LA TÍA: ¡Ay Lola! Pero si hay números preciosos, Mira, por ejemplo.: el
setenta y tres. ¡Que numero más bello! Fíjate bien setenta y tres. Es como si
dijeras: “te sienta bien” (a Eloy) ¡Ah no y de que hay números lujuriosos los
hay! Y mire hasta parece que concuerdan con la edad, y si no, cuando ande
usted de paseo por los cuarenta ya vera, acuérdese de aquel desquiciamiento
sexual que hubo allá por los años cuarenta, ¡ay Dios nos asista con los
nacidos por esos años!
ZORAIDA: Ay tía cuéntales lo que paso con el veintitrés.
LA TÍA: ¡Cállate la boca criatura! ¿Delante de la Lola? No yo no puedo contar
esas barbaridades.
ELOY: El uno es la unidad, dice Pitágoras, lo es todo. El tres es un número
mágico y el nueve es el número perfecto porque está encerrado el tres, tres
veces. Yo casi siempre compro con terminación en ocho, pero ahora para el
jueves tengo el nueve. Es un número muy bonito el que compré, no lo voy a
decir porque dice usted que da mala suerte.
LA TÍA: Y hace muy bien.
Zoraida: Yo compre con terminación en cero.
ELOY: Yo nunca compro en cero; como que no significa mucho para mí.
ZORAIDA: Pues para mí también significa “la nada”, es como un principio,
como una nueva vida a partir de cero.
LA TÍA: (Soñando) Si me saco la lotería el jueves, lo primero que voy a hacer
es salirme de este cochino edificio y comprarme una casa; y ya con casa y
todo, me iré a pasear por todos los países que quiero conocer.
ELOY: Yo lo primero que haría, seria internarme en un hospital, para
reponerme del susto, después me rentaría un salón y contrataría un grupo
para mí solo, los ángeles azules, yo mismo escogería las canciones. Para
empezar algo así chido, el abandonarme (baila)
ZORAIDA: Yo soy muy vanidosa, yo lo primero que haría sería cambiar todo ,i
guardarropa y confeccionarme muchos vestidos largos, (jala un mantel y se lo
pone de capa) y llegaría a las fiestas como una reina, con un atuendo muy
especial (se pone la pantalla de una lámpara en la cabeza) Sería yo quien
impusiera la moda en el país, todo el dinero me lo gastaría en ropa, zapatos,
bolsas…
ELOY: Qué bárbara, no te iba a alcanzar la vida para ponerte todo.
ZORAIDA: (Arranca una cortina y se la pone) Me cambiaría hasta tres veces al
día y siempre, después de ponerme cada vestido, saldría caminando así y así
por las calles, para que la gente me viera y dijera: “miren es ella, el
guardarropa que tiene es una maravilla, parece princesa”
LA TÍA: Pues yo rompería toda la loza que tengo (empieza a romper platos y
tazas que estaban en la mesa) Y eso si pura vajilla limoges, cristal cortado,
porcelana de Lladro.
ELOY: Yo le mandaría hacer un monumento al ocho, de ocho metales, de
ocho metros, iluminado con ocho colores diferentes y con ocho fuentes.
LA TÍA: ¡Cómo! ¿Pretende usted arruinarnos? ¿Quiere nuestra desdicha,
infeliz? Ese número ni siquiera se menciona en esta casa.
ELOY: Perdón entonces lo mandaré hacer en otra ciudad. Pero si le pego al
gordo me voy a comprar un yate y nos iremos juntos a pasear, los cuatro.
¿Qué les parece? Yo las invito, vénganse así como están. ¡Vámonos! (voltean
la mesa patas arriba y se suben los tres) No hay como el mar.
ZORAIDA: ¡Lola! ¡Lola! Súbete al barco. ¡Ay que mujer!
LA TÍA: Ay esta Lola pobrecita siempre tan aguada. ¡Anda mujer que nos
invitan! (la suben, Lola va sorprendida sin entender nada) Ay mujer con este
calorón y tú con suéter. ¡Anda mujer desvístete ponte cómoda!
ZORAIDA: Ay si no hay como los baños de sol (se desviste)
LA TÍA: Soltemos el timón a ver dónde nos lleva el barco mientras tomamos
el sol (todos se desvisten quedan en shorts. Lola está muy incómoda, se
siente mal, avergonzada siente náuseas) ¡Ay mira esta mujer ya se mareó!
ELOY: Rápido hay que darle limón. ¿Tiene?
LA TÍA: (A la sobrina) Anda tráete algunos del refri y de paso unas chelas para
mitigar la sed (sale la sobrina) Ay Lola, Lola tu siempre tan aguada ¡Ve el mar
mujer, mira ve ese cielo, respira el aire puro, mujer! ¿No ves que en la ciudad
nos estamos intoxicando a cada momento? Disfruta este silencio, este ir y
venir de las olas. ¡Ay que mujer tan aguada, por eso nunca se casó! (la tía
canta algo relacionado con el mar, luego entra la sobrina)
ZORAIDA: (Con las cosas) Aquí está todo tía-
LA TÍA: Dale a Lola el limón y a mí sírveme un vasito de cerveza.
ELOY: ¡Qué impresionante resulta el mar! ¿Verdad? (beben cerveza)
¡Brindemos por el mar,
Vengase el viento a cantar,
Desgránense las arenas
en voces de sirenas,
que nos revela el mar!
LA TÍA: ¿Es usted poeta?
ELOY: Es un versito que escribí un día, pero me dijeron que estaba cojo no sé
por qué.
LA TÍA: Ay Lola dinos aquella recitación que aprendiste en la escuela. (Lola
siempre renuente al juego) ¡Ay que mujer, a no querer servir ni para llevar a
un ciego a miar!
ZORAIDA: ¡Estamos rodeados de tiburones!
MUSICA
LA TÍA: ¿No podríamos sacar alguno para hacer una sopa de aleta de
tiburón? ¡Qué cosa más extraordinaria, que delicia! ¿Por qué no me traje el
recetario? Mira los tiburones Lola, abajo mujer, dentro del agua, no son
gaviotas, Ay que mujer, mira nomás, se vino sin lentes. (A la sobrina) Tráete
los lentes de la Lola los dejo en la mesita de la entrada, y me traes un
recetario del librerito (sale la sobrina) Anímese a pescar un tiburoncito de
esos chiquillos que andan en la orilla.
ELOY: Señora la pesca es todo un arte
LA TÍA: Pero si usted es un poeta.
ELOY: No señora soy apenas un declamador aficionado.
LA TÍA: No sea pretencioso (entra la sobrina con las cosas) Lola ponte los
lentes para que veas la creación. Bueno esta mujer desde que se puso lentes
de contacto no ha querido por nada del mundo ponerse los otros. Ya está
aquí el recetario; ay mi amor me trajiste el de repostería.
ZORAIDA: Pues haz un pastel tía.
LA TÍA: No pasteles no. esta Lola está engordando demasiado, esta mujer
tiene que sudar mucho, para ver si así baja algo.
ZORAIDA: Si tía hay que llevarla al Ecuador.
LA TÍA: Que Ecuador ni que mis polainas, esta mujer necesita el desierto, ahí
si hace mucho calor. Si le pegara al gordo nos iríamos a Egipto. No me quiero
morir sin que Lola conozca las pirámides, la Esfinge.
AHORA COLOCAN LA MESA VERTICALMENTE CON LAS PATAS HACIA EL
FONDOY SACAN UNAS MACETAS DONDE HAY UNAS PALMITAS, VOLTEAN UN
BOTE CON ARENA, HAY GRAN DESESPERO EN EL JUEGO, SE JUEGA CON
IMPACIENCIA, CON ARREBATO. EL JUEGO APARECE COMO LA UNICA
POSIBILIDAD DE LIBERTAD QUE LES QUEDA Y QUE SE HABIA ESCONDIDO EN
LOS TUNELES DE LA IMAGINACION Y ACABAR CON LA ASFIXIANTE
ABURRICION COTIDIANA
ZORAIDA: Tía no podemos ir así en traje de baño, ya sabes que tengo un
amigo en el Cairo y…
LA TÍA: (Arranca todas las cortinas, Eloy se pone el mantel) Toma este caftán
Lola. ¡Ay bueno que mujer! ¡Cada día está peor, no quiere viajar con
nosotros- Mira nomás todo lo que gastamos en ella para que ande con sus
aguadencias. ¡Mira mujer las pirámides! ¡voltea para arriba, abre los ojos,
que te pegue el sol mujer! Mira por aquí anduvo Moisés
LOLA: ¿Qué Moisés?
LA TÍA: ¡Ay Lola no es posible que no sepas quién es Moisés!
LOLA: Es que recibes tantas solicitudes de amistad que quién se acuerda.
ELOY: Tengan cuidado con esos árabes, nos están viendo con mucha
desconfianza. Finjan cotidianeidad, naturalidad; como que conocemos muy
bien este país. (entre dientes) Sonrían, sonrían, demuestren afecto, gracia,
gracia.
LA TÍA: Te están diciendo gracia Lola, gracia. Gracia Lola
ZORAIDA: Ya se van.
LA TÍA: Claro Lola los asusto (reprimiéndola) Lola cuando te digo “gracia Lola,
gracia ¿Qué es lo que tienes que hacer?
LOLA: Debo decir “de nada”
LA TÍA: ¡Ay bendito sea Dios, por eso te corrieron de tu clase de ballet!
ZORAIDA: Tía yo quiero pasear en camello.
ELOY: Sí, sí vamos a los camellos yo los quiero conocer de cerca y tocarlos y
subirme. Cuando estaba chico salí en una obra de teatro en la escuela, yo
hacía el papel de viento y de pronto daba un salto al escenario, tenía que
hacer una pausa hasta que se callara mi mamá porque siempre gritaba: ¡Ese
es mi hijo, ese es mi hijo! ¡Hijo vino tu papá, ya ves que no quería, pues vino!
¡Aquí está doña Cande con nosotros, vinieron la Carmen, Maribí, la Cata;
doña HectorÍna y el general Bringas están sentados allá… Cuando me dejaba
hablar las maestras comenzaban a soplar fuerte con la boca para que se
oyera el viento, yo sacaba el pecho y decía: “Por el desierto un pobre camello
pasó, iba sediento, cansado, muerto de calor. Pero no lejos de allí unas
palmeras lo vieron venir, y lo llamaron a voces diciéndole así…” Allí entraban
unas niñas vestidas de palmeras bailando y yo me tenía que ir a un rincón.
LA TÍA: Ay que bonita es la infancia, la gente no siente vergüenza de nada.
Lola, cántanos la canción de “la palmerita que se emborracho con el sol”
Siempre que te ponían el vestido rojo la cantabas. ¡Ay no si a esta Lola me la
cambiaron!
ZORAIDA: Si yo me saco la lotería, las invitaría al Polo Sur.
LA TÍA: ¿Has oído Lola? Estoy segura que lo hace por ti-
ZORAIDA: A Lola siempre le ha afectado el calor.
LA TÍA: Tu sueño Lola, hecho realidad: ver toda la tierra de color blanco. ¿Te
acuerdas? (con mucha fanfarronería) El primer poema de Lola comenzaba
así: “La tierra blanca, el humo blanco, la gente blanca…”(abre la ventana)
¡Lola abrígate bien del frio!
ZORAIDA Y ELOY VOLTEAN LA MESA, DE UNOS COJINES SACAN EL RELLENO Y
LO AVIENTAN COMO SI FUERA NIEVE, SE EMPIEZA A SENTIR EL FRIO EN EL
COMEDOR, TIRAN UNA SILLA PARA HACER UN TRINEO EN DONDE SUBEN A
LOLA.
LA TÍA: ¡Las focas, Lola, las focas sobre los témpanos! La nieve mujer. ¡Tu
poema Lola, tu poema! ¡Ve para el frente mujer! ¡Ay que criatura tan
pusteque; lo mismo le dan las tempestades del mar que las tempestades del
alma! Por eso la corrieron del Liceo.
ELOY: Hay que meternos a este iglú porque está nevando mucho y no vaya a
hacerle daño a Lola ¡Ojalá nos tocara una tormenta de nieve! (Se acomodan
en la mesa)
ZORAIDA: ¡Que frio! ¿Por qué no compramos ropa apropiada antes de venir
para acá?
LA TÍA: Pues tú, con tus prisas y tus locuras de siempre.
ELOY: Es que si no tomábamos el avión en ese momento ya no había vuelos
sino hasta una semana después. Y ya ve, Lola soñando siempre con la nieve,
su poema; el mundo blanco.
LA TIA: Ves Lola todo lo que hacen por ti ( se arropan con lo que pueden)
Mire aquello que parece una pared blanca enorme del cielo a la tierra, yo
creo que es una tormenta de nieve. Lo que querías Lola, te falto eso en tu
poema.
ZORAIDA: Hay que hacer fuego porque nos vamos a congelar.
LA TÍA: Si fuego, fuego rápido (toman una cubeta y encienden fuego) ¡Mira
Lola fuego, fuego Lola!
LOS TRES APASIONADOS JUGADORES ENLOQUECEN CON EL FUEGO, Y SE
INICIAN EN UN NUEVO RITO, REPITEN LA PALABRA FUEGO HASTA
CONFUNDIRLA CON JUEGO, BUSCAN PAPELES QUE PUEDAN QUEMAR; ASÍ
FUE QUE SE ENCUENTRAN CON LOS BILLETES DE LOTERÍA QUE DEJARON POR
ALLÍ AL PRINCIPIO DE TODO ESTE JUEGO.
LOLA: Cierren la ventana hace mucho frio.
ELOY: ¿Que ventana?
ZORAIDA: La ventana
LA TÍA: ¡Apaguen el fuego se va a quemar la casa!
ELOY: (Cuando lo ha apagado se encuentra con pedacitos de billetes de
lotería quemados) Es de mala suerte quemar los billetes viejos ¿no?
ZORAIDA: Yo no fui (viendo los pedazos) Jueves. ¡son los del jueves!
LA TÍA: ¿Dios mío que no hayan sido, los míos!
ZORAIDA: ¡Mi bolsa!
LOS TRES BUSCAN DESESPERADAMENTE SUS BILLETES, CAEN EN LA CUENTA
DE LO QUE HAN HECHO. AHORA LES INVADE EL TEMOR DE QUE LES PUDIERA
TOCAR EL GORDO.
ELOY: Aquí está un nueve. es la terminación de mi número.
ZORAIDA: A ver, déjame ver… no, no es nueve es el seis.
LA TÍA: ¡Ay Dios mío me muero! ¡Ese es mi número! ¡Busquen más!
ELOY: Ya no hay nada-
ZORAIDA: La “nada” mi número, yo quería partir de cero…
LA TÍA: ¡Ay si me toca yo me muero, y si no me muero me aviento por la
ventana! Cinco pisos y se acabó. ¿Lola no aprendiste algo sobre la muerte
cuando estuviste con las Vicentinas? ¡Ay que Lola!
ELOY: Si a mí me cae el gordo, yo si me aviento desde un quinto piso.
ZORAIDA: ¿Se imaginan si de pronto el jueves veo que mi número el 364980
sale premiado? Yo si me suicido
LA TÍA: Mis números eran preciosos, ya casi los oía en la boca de los gritones
de la lotería: 23765 o 9546. Se fijan en la sonoridad que tiene este último:
nueve mil quinientos cuarenta y seis, nueve mil, mil nueves, mil naves, mis
llaves… ¿Cuál era tu número Eloyito?
ELOY: Yo no lo digo porque da mala suerte.
LA TÍA: ¡Ay es verdad! Por qué los dije Dios mío, ¿Por qué? ¡Tú me indujiste,
tú…!
ZORAIDA: Tía que bueno que hayas dicho tus números para que tengas mala
suerte y no te saques tú el gordo-
LA TÍA: De veras.
ELOY: 84339, 84339, 8-4-3-3-9.
LOS JUGADORES REPITEN SUS NÚMEROS CON DESESPERO CON ALEGRÍA,
MIENTRAS LOLA SE EVADE DE LA REALIDAD JUGANDO CON LA ARENA, LAS
PLANTAS.DE PRONTO ZORAIDA LANZA UN GRITO, TODOS LA VOLTEAN AVER.
ELOY: ¿Qué pasa?
ZORAIDA: ¡No puede ser es terrible!
LA TÍA: ¿Qué cosa?
ZORAIDA: ¡La suma!
ELOY: ¿Qué suma?
ZORAIDA: ¡La suma de mi número!
ELOY: ¿La suma de su número? Ah no se apure, termina en cero.
ZORAIDA: Si en cero…
ELOY: Por más números que sume no obtendrá cero.
ZORAIDA: 364980, empieza con tres y termina en cero; si los sumo son 3 y 6,
9 y 4, 22 y 8 igual a 30: igual que mi número empieza con 3 y termina con
cero.
LA TÍA: ¡Dios mío! Revisa mis números.
ZORAIDA: Dímelos.
LA TÍA: 23765.
ZORAIDA: 23… son 2 y 3, cinco más siete, doce, doce y seis dieciocho y
cinco… 23.
LA TÍA: ¡Dios mío! 23, son los números del principio.
ELOY: Y dos y tres son cinco. Que es el número del final.
LA TÍA: (Mientras Eloy saca la cuenta de su número) Lola te voy a dejar sola
en este mundo, la única salida que me queda es la ventana….
ELOY: Mi número termina en nueve, y sumados también dan nueve. ¡Qué
horror!
LA TÍA: Mi otro número 9546; son 24.
ZORAIDA: Y dos y cuatro seis, no hay remedio uno de nosotros tendrá que
morir. Alguien tendrá que salir por esa ventana el jueves después del sorteo.
ELOY: Solo nos queda esperar hasta el jueves. Y habrá que morir.
LA TÍA: ¿Qué día es hoy?
LOLA: (Llorando) ¡Yo no quiero morir!
ELOY: No Lola, usted ya no juega a las loterías…
LOLA: (Con risa imbécil) ¿Ah que bueno! ¿verdad?
MUSICA
TELÓN
“LAS PERSONAS QUE PUEDEN JUGAR ASÍ, QUE PUEDE IMPORTARLES GANAR
EN LA LOTERÍA”

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