Malvinas
Malvinas
EN LAS aulas
DOSSIER Nº12
LA GUERRA DE MALVINAS
Y EL DESPUÉS
Federico Lorenz
La entrega del poder por parte de las Fuerzas Armadas argentinas fue preci-
pitada por la guerra de Malvinas, librada entre abril y junio de 1982 por la Argen-
tina y Gran Bretaña. Fue un conflicto armado producido a partir de la disputa por
la soberanía sobre el archipiélago austral, ocupado por la fuerza por la corona britá-
nica en 1833. Breve y cruenta, la guerra de Malvinas produjo el descrédito del
gobierno militar y de las instituciones castrenses. El fracaso abrió la puerta para
masivas denuncias por violaciones a los derechos humanos, e impulsó a los gran-
des medios gráficos, reticentes hasta ese momento, a difundir con amplitud infor-
maciones acerca de las atrocidades cometidas por la dictadura.
En este marco, los ex soldados combatientes, sus familias, sus compatriotas
y el estado argentino (en su último año de gobierno de facto y primeros
democráticos) debieron procesar la experiencia de la guerra en las islas. Apareció
un concepto clave: desmalvinización. Acuñado por el sociólogo francés Alain Rou-
quié, rápidamente alcanzó publicidad, no sólo por su eficacia sino porque dife-
rentes políticas públicas que tenían a Malvinas como eje central se organizaron
en torno a la idea de que “algo había que hacer con la guerra de Malvinas”. En
líneas generales, la idea de la desmalvinización se entendió como la necesidad
de “olvidar” Malvinas, la guerra, y por extensión, la defensa de la soberanía, los
intereses nacionales, y a los protagonistas mayoritarios del conflicto: los jóvenes
conscriptos recientemente desmovilizados, que irrumpieron en el último año de
la dictadura y la “primavera democrática” con sus consignas radicales y su sim-
bología a veces excesivamente militar en aquellos años.
Pero ¿qué significa desmalvinizar? Reponer elementos para conocer su origen,
entender el contexto en el que se produjo y la forma en la que las primeras agru-
paciones de ex soldados conscriptos actuaron en relación con este y en respuesta
a otras políticas de olvido u ocultamiento es una forma de comprender los dile-
mas, las limitaciones y los desafíos que enfrentaba la sociedad argentina en la pri-
mera mitad de la década del ochenta.
La guerra
Cuando el 2 de abril de 1982 los argentinos amanecieron con la noticia del
desembarco en las islas Malvinas el país llevaba seis años de gobierno militar. El
Proceso de Reorganización Nacional había tomado el poder el 24 de marzo de
1976. El gobierno de facto, cuestionado en forma creciente tanto por su política
económica como por las violaciones a los derechos humanos (era notorio su ais-
lamiento exterior) se puso al frente de una reivindicación que tenía un fuerte res-
paldo popular, que lo tendría durante la guerra, y que sería deslegitimada con pos-
terioridad a la derrota. “Malvinas”, el territorio irredento ubicado frente a las cos-
tas patagónicas, se había transformado desde principios del siglo XX en un emblema
[Link] análisis de Rosana de la nacionalidad, en un proceso de construcción orientado fundamentalmente
Guber, ¿Por qué desde el Estado1. Estas raíces históricas profundas en relación con Malvinas son
Malvinas? De la causa las que permiten entender el amplio respaldo social que el desembarco tuvo, y
nacional a la guerra planteó dilemas a numerosos actores, notoriamente los opositores a la dicta-
absurda, Buenos Aires, dura pero para quienes el antiimperialismo era un pilar de su ideología.
FCE, 2001, profundiza en El plan original de la Junta Militar era el de “golpear para negociar”, pero la rápida
estas cuestiones. respuesta británica y el fuerte apoyo popular que el desembarco tuvo obligó a los
Uno no sabe qué fue lo que realmente pasó. Lo único que nos que-
dan ahora son interrogantes: ¿Por qué pasó todo esto justo ahora?
¿Qué pasó realmente?”
“Como argentino, además, me llama poderosamente la atención
la falta de homenaje a toda la muchachada que ha vuelto del Sur, casi
no se le ha rendido el menor de los respetos a ellos y a quienes no han
podido regresar”
“Yo creo que sobre todo nos han estafado. Nos hacían ver una realidad
ficticia y las consecuencias se detectan ahora en un pueblo desanimado.
Desmalvinización I
En marzo de 1983, último año de la dictadura militar, la revista Humor publicó
un reportaje de Osvaldo Soriano al sociólogo Alain Rouquié, quien afirmaba:
Desmalvinización II
El 10 de diciembre de 1983 asumió como presidente el radical Raúl Alfonsín.
Entre sus herencias se encontraba qué hacer con Malvinas. La política radical hacia
el pasado inmediato transitó un equilibrio delicado entre la voluntad de juzgar a
las cúpulas responsables de graves violaciones a los derechos humanos y, al mismo
tiempo, su real capacidad política para conducir la transición democrática, con-
dicionada por diversos actores sociales con objetivos políticos muy diferentes. Una
de las primeras medidas presidenciales fue anular por decreto el feriado que el
gobierno militar había establecido el 2 de abril, trasladándolo al 10 de junio, fecha
en la que en 1829 había asumido Luis Vernet como comandante militar de las
Islas Malvinas. Buscaba quitar, de este modo, un emblema a los sectores cas-
trenses.9 Sin embargo, el 2 de abril de 1984 Alfonsín encabezó el acto central
de conmemoración de la “recuperación de las islas Malvinas”, realizado en la ciu-
dad de Luján, sede de la basílica cuya virgen es patrona de la Argentina. Allí pro-
nunció un discurso emblemático.
¿Qué tenía para decir sobre Malvinas un presidente democrático, cómo restañar
la herida al orgullo nacional? ¿Cómo se recuerda una derrota? La conmemoración
del desembarco en un proceso de ruptura con un pasado violento planteaba el pro-
blema de incorporar un enfrentamiento armado protagonizado por unas institu-
ciones militares muy cuestionadas. Era una contradicción entre los intentos por
construir una cultura “pacifista” basada en valores democráticos y la demanda de
conmemoración de un hecho “guerrero”, en un país cuya identidad cultural estaba
fuertemente marcada por la presencia militar en el panteón nacional.
Los estados republicanos deben reemplazar la noción de “gloria” militar por la
de “sacrificio” como una forma de ejercer la función pedagógica que el culto repu-
blicano a los muertos cumple en la conformación de las naciones. La muerte en
batalla es la máxima entrega en la defensa de los valores patrios, pero al mismo
tiempo constituye un ejercicio de los derechos cívicos. De este modo se le da un
sentido colectivo a las muertes, y al mismo tiempo se ofrecen vías para la elabo-
ración del duelo individual. En este esquema, los soldados-ciudadanos mueren en
defensa de una comunidad que a la vez los toma como modelos. En su discurso,
Alfonsín estableció este tipo de contrato:
9. Clarín, 2/4/984. Hoy 2 de abril vengo aquí a evocar con ustedes, delante de este
Los textos que ofrece este dossier apuntan a la profundización de algunos de los
problemas –pero también potenciales entradas para pensar el pasado- que presenta
la guerra de Malvinas. En primer lugar, ofrecemos dos documentos poco conocidos
que permiten comprender las dificultades que para la izquierda antidictatorial repre-
sentó tanto la asunción de una posición durante la guerra, como, consideramos, las
dificultades que implica asumir una responsabilidad en relación con aquel episodio
hoy. Esta dificultad, lo hemos señalado en esta misma revista,19 se traduce en el
abandono de un campo de investigación desde el punto de vista de la historia reciente.
Abre la selección la carta de un militante a sus compañeros en el exilio, publicada en
Testimonio latinoamericano, una publicación peronista del exilio en Barcelona, diri-
gida por Álvaro Abós, Jorge Bragulat y Hugo Chumbita. Ofrece una explicación poco
recorrida a la hora de analizar las adhesiones al desembarco en Malvinas, y las con-
tradicciones que se podían plantear. Si bien es conocida la posición de León Rozitch-
ner, por entonces exiliado en Venezuela, crítica a la posición del exilio en México, lo
es mucho menos la tarea brillante y valiente desarrollada en la Argentina por inte-
lectuales como Carlos Brocato, quien durante la guerra difundió anónimamente junto
a algunos compañeros ¿La verdad o la mística nacional?, una crítica, como señala
Alejandro Kaufman, a todas las posiciones de apoyo a la guerra. El texto, publicado
por Nueva Sión dos días antes de que la guerra terminara, fue reeditado en forma
completa por la revistas Confines en su número 21, de diciembre de 2007.
Le siguen extractos de las Conclusiones del Informe Rattenbach, el lapidario informe
presentado a las autoridades militares en septiembre de 1983 y que aún aguarda la
ocasión de ser publicado por el Estado, ya que hasta ahora conoce ediciones no ofi-
ciales. Los fragmentos elegidos dan idea de la magnitud del desastre que el gobierno
de facto produjo, condujo y buscó luego ocultar bajo versiones más halagüeñas acerca
de la guerra. El necesario conocimiento de lo sucedido en Malvinas es uno de los mayo-
res huecos en las disputas en torno al pasado reciente, y anularía muchas de las rei-
vindicaciones tanto de la guerra como, por extensión, del Proceso de Reorganización
Nacional. El Informe conoce dos ediciones no oficiales, además de haber aparecido por
entregas en la revista Siete Días, durante 1983, como parte de la puja interna entre las
18. Centro de Ex Fuerzas Armadas. Recientemente, el hijo de Benjamín Rattenbach difundió la noticia
Soldados de que el Informe, tal cual lo había redactado su padre, había sido adulterado: faltaban
Combatientes de
Malvinas. Documentos algunas páginas en las que se hablaba de la responsabilidad de Alfredo Astiz.
de Post Guerra., p. 23. El siguiente texto son fragmentos del reportaje que Osvaldo Soriano, aún en el
[Link] Lorenz,
exilio, le hizo a Alain Rouqié, el texto famoso –pero tan famoso como poco traba-
“La necesidad de
Malvinas”. jado- donde aparece el concepto clave de la desmalvinización contra la que se
1. Durante la guerra
1.1. Carta de un militante a sus compañeros en el exilio, publicada en
Testimonio Latinoamericano, Barcelona, Año III Nº 14 Junio 1982.
Queridos amigos:
No he querido dejar pasar muchos días para escribirles sobre los acontecimientos, porque creo importante
transmitirles las primeras impresiones de los hechos.
Y volvimos a la plaza... ¿Qué siente un peronista cuando vuelve a esa plaza que tanto significa para noso-
tros, y allí no está Perón? ¿Qué siente cuando sabe que, además, allí se encontrará a un enemigo? Esto pasó
el sábado a la mañana. Casi sin comunicarnos, pero con la intuición de que allí nos encontraríamos todos (yo
con mi mujer y mis tres chicos, que ya tienen edad para iniciarse en estas cosas). La convocatoria era con-
fusa y amplia, una radio largó la idea, desde el gobierno –con susto al principio- no la frenaron, y luego la apo-
yaron. Los partidos, la CGT, todos los sectores apoyaron la idea, y en menos de un día se armó la milonga.
Llegamos cerca de las once, y ya había gente. No era como antes, no había consignas, lugares ni organi-
zación. Frente al Cabildo, me encuentro con unos compañeros, abrazos, alegría y la onda: vamos a estar por
Rivadavia. Comentamos la situación, esta coyuntura tan confusa, y n compañero expresa una síntesis: Se
han montado encima de un tigre. Enseguida vemos aparecer un cartel de los nuestros (“Primero la patria, des-
pués el movimiento, por último los hombres” Juan Perón), nos vamos atrás, y empiezan a llegar los bombos.
Y la plaza se llenó. No tanto como con Perón, pero se llenó: a ojo de zorro viejo, unas 80.000 personas. El
grupo nuestro, más otro también peronista, harían unos 5 a 7.000 compañeros. Empezaron los bombos, y noso-
tros latíamos con ellos. Más de uno dejó escapar una lágrima. Uno de mis pibes, después de recorrer toda la
plaza, y mirando a los muchachos que nos rodeaban, dice riéndose; “Aquí está lo peor de la plaza”. El único sec-
tor popular neto estaba allí, muchachos sin camisa saltando y tocando el bombo, muchos jóvenes, predomi-
nando sobre los militantes de nuestra generación...
Siguieron los cantitos: “Aserrín, aserrán, que se vaya el Alemann”, y poco a poco se fueron envalentonando:
“Y ya lo ve, y ya lo ve, vinimos el 30 y hoy también”, “Se siente, se siente, Perón está presente”, y muchas
más. Luego vino el himno, pasado por los parlantes, y enseguida largamos la marcha. ¿Te das cuenta? La mar-
cha peronista! Desde el palco hacían de todo para taparnos con música y consignas.
Luego vino el discurso de Galtieri. En varios momentos se lo silbó, si lo vieron por tele o leen el discurso,
se nota que intenta dialogar y contestar a los silbidos. De todos modos, fuimos los menos, ya que la mayoría
lo único que coreó fue “Argentina, Argentina”. Un pequeño grupo del PC trató de taparnos, y en algún momento
impuso alguna consigna (“el pueblo unido jamás será vencido”).
Y así terminó el acto. A la salida nos encolumnamos por Avenida de Mayo a lo largo de unas cinco cua-
dras. Entonces se puso bueno. Cantamos la marcha a reventar, siete, ocho veces, todas las consignas ante-
riores y más que no me acuerdo. “Se va a acabar, la dictadura militar”, otra sobre los desaparecidos, en fin,
de todo. Muchos aplausos desde las ventanas y la vereda. Estaban Lorenzo, Ubaldini, etc.
La gente fue sola y se organizó allí. No había dirigentes. Aparte del peronismo, se vieron expresiones míni-
mas de la izquierda. El gobierno no cuenta con fuerza propia. Es importante señalar que el viernes pasado no
encontró eco para convocar a la gente, fueron pocos.
Ahora los militares han asumido un compromiso terrible. La cúpula militar ha dado un salto en el vacío. Y
están francamente asustados. Nosotros pensamos en un primer momento que la ocupación era un arreglo,
que todo estaba preparado para dar un triunfo fácil al gobierno. Luego, las reacciones de los ingleses, el escán-
dalo político en Europa, los viajes de Haig y la flota inglesa, nos hacen pensar que fue una aventura que no eva-
luó bien, en el fondo una actitud irresponsable e inconsulta. ¿Qué pasará ahora? Creo que es claro para
todos que si fracasan en esto es el fin del Proceso.
A.O.
Durante los años últimos nuestras fuerzas había extendido mayoritariamente y se las escu-
armadas mataron a argentinos sin juicio previo ni chaba; es difícil ya hacer bajar los dedos que los
siquiera sumario, asesinaron a argentinos que se señalan. Sin embargo, hoy, minutos después de lo
encontraban en situación de prisioneros, sometie- que decimos, estas mismas fuerzas armadas
ron a argentinos a la condición de rehenes que envían a la muerte, sin ninguna necesidad ni justi-
después fueron en algunos casos asesinados y en ficación, a otros argentinos y reciben, por el con-
otros corrieron distinta suerte. De todo esto se trario, la convalidación, entre otras instituciones y
trata, en rigor, cuando se habla eufemísticamente sectores, de todos los partidos políticos. Todos.
de “desaparecidos”. No negamos que hayan Desde los más reaccionarios y patrioteros,
matado, también, en encuentros frontales o en pasando por las dos vertientes del nacional-popu-
capturas resistidas. Tampoco negamos que lismo (radicales y peronistas) hasta las organiza-
muchas de las víctimas –nos referimos a los gue- ciones de izquierda y las de extrema izquierda.
rrilleros urbanos- utilizaban los mismos métodos Estas últimas, claro, utilizando el antiguo expe-
enajenados e inhumanos que los victimarios. Pero diente caratulado como “apoyo crítico” (?). Los par-
también cayeron argentinos que no tenían nada tidos tradicionales, a su vez, expresándolo “con
que ver con esa “guerra de aparatos”. No nos olvi- reservas”. Ninguno, absolutamente ninguno de los
damos, por último, que antes de 1976 las bandas partidos del espectro político argentino, ha dicho
“parapoliciales” (otro eufemismo) que armó, aus- no al despropósito de esta carnicería. Ni siquiera
pició y toleró el gobierno peronista asesinaron del no al costo económico inaudito de esta aventura
mismo modo; y recordamos también que una de en un país arruinado y con su población empobre-
las ramas de las AAA funcionaba en la Unión cida como nunca. Cabe, entonces, preguntarse:
Obrera Metalúrgica que comandaba el señor una de dos, o las fuerzas armadas se han redimido
Lorenzo Miguel. En efecto, no olvidamos. Se com- de sus métodos para resolver las guerras, o las
prende por lo que decimos que no nos sujetamos expresiones políticas orgánicas de la sociedad
ni nos sujetaremos a las visiones ideológicas de argentina están irredimiblemente descompues-
las distintas corrientes y sus intereses; razona- tas.(...)
mos. E invitamos a otros argentinos a que tam- La recuperación armada de las Malvinas sólo
bién razonen; a que, independientemente de que era un problema para abordar con ganancia por el
tengan o no posiciones de partido, no acepten gobierno militar argentino. Esto lo sabe todo el
sustituir el razonamiento por los slogans doctrina- mundo; algunos comentaristas lo dejan entrever;
rios, las fórmulas ideológicas, los caballitos de los dirigentes políticos lo callan. El pueblo argen-
batalla. Que defiendan la verdad por encima de tino, convidado de piedra en esta orgía de discur-
toda adhesión programática. sos, lo sabe desde el primer día. fue un zarpazo
Las fuerzas armadas emplearon los métodos aventurero para restañar el “frente interno”, peligro-
citados, según dijeron, para ganar la guerra. Al samente resquebrajado por la situación económica
principio recibieron el apoyo explícito de un sector y política asfixiante y los últimos acontecimientos
reducido de nuestra sociedad, la conformidad de protesta. No importa. Si el motivo era condena-
implícita y ambigua de un sector importante de ble, callemos, pues ahora ha logrado dinámica pro-
ella y el repudio silencioso y contenido de la mayor pia y parece que la Unidad Nacional es un hecho.
parte de la población. En los últimos tiempos y Por lo menos, en la “opinión pública”. sobre esta
hasta minutos previos a la recuperación armada miseria y la consiguiente especulación de sus resul-
de las islas Malvinas, la repulsa emocional y la tados, están muriendo argentinos en el sur y habrá
condena moral de los métodos que emplearon – más hipoteca y hambre para todos, salvo para la
en violación a toda norma civil e incluso militar- se casta militar y los de siempre. No importa, la guerra
es heroica y el honor nacional nos alimenta. El este enanismo, de esta metodología de comité de
semanario confesional Esquiú acaba de titular la que no parece redimirse la vieja dirigencia. Y
evangélicamente su tapa: “Paz con Honor”. La igle- esto induce una reflexión hacia el futuro.
sia Católica ha emitido el mismo mensaje ambiguo Como todas las maniobras urdidas a espaldas
e hipócrita, para componer con Dios y con César. de la historia real de los pueblos, esta del régimen
¿Honor para quiénes? Para los argentinos. ¿Y la militar argentino ha comenzado a caminar por su
iglesia católica británica por quien reza? Cristianos cuenta. Una cosa son los planes de la astucia polí-
ecuménicos... La entraña del nacionalismo no se tica y otra diferente la dinámica propia que
muestra en toda su desnudez sino en la guerra. comenzó siendo a todas luces una estratagema
Pero sólo parecen verla los que desean todavía para salvar al régimen militar de una situación que
razonar, los que no quieren dejarse aturdir por la lo amenazaba gravemente, puede terminar convir-
gritería. tiéndose en su sepultura. Las viejas direcciones
Nosotros decimos simplemente: paz. Ni una políticas argentinas, que han perdido todo menos
sola gota de sangre argentina por la recuperación el olfato y la zorrería, han comenzado a percibirlo y
bélica de esas islas legítimamente nuestras. Ni un empiezan a moverse en consecuencia. También
solo peso arrebatado a los hospitales y escuelas deben estar moviéndose media docena, por lo
argentinos que vaya a solventar esta aventura gue- menos, de grupúsculos cívico-militares que acari-
rrerista. Ni una sola moneda más para la guerra, cian la idea de levantarse con este botín político en
las fuerzas de represión o la expansión castrense oferta que constituye nuestro país desquiciado.
sobre la sociedad civil. Retiro nuestras tropas y Esta guerra de las Malvinas es para unos y para
reanudación de las negociaciones (...) otros una partida de ajedrez, que ha comenzado
No pasamos por alto el carácter dictatorial del apenas. El sacrificio de los peones es, se sabe,
gobierno que nos ha llevado a esto. No lo hemos mera alternativa del juego.
eludido, como se ha visto, en algunas reflexiones Es probable, en definitiva, que esta aventura
complementarias. Y, sin embargo, las fuerzas polí- concluya con un acortamiento brusco de los pla-
ticas argentinas que acompañan esta aventura zos militares para su Proceso, y los políticos
también han capitulado en esto: llaman a solidari- pasen a una ofensiva con relación de fuerzas
zarse con las fuerzas armadas y a unir voluntades favorables y agrupados sobre ellas; que se abra
bajo su dirección. Las reservas que expresan con el camino para una reinstitucionalización, la trigé-
respecto a su usurpación de la soberanía nacional sima. Y entonces preguntarnos: ¿qué perspectiva
y los padecimientos que inflige su política econó- se despliega para salir de esta profunda declina-
mica, resultan cuestionamientos tan ambiguos y ción a que ha sido llevada la sociedad argentina
reverenciales como la “paz con honor” de los sec- si los dirigentes que conducirán esta salida serán
tores confesionales. Son meras maniobras para los viejos dirigentes, con los mismos viejos méto-
componer los intereses el poder con los de la clien- dos comiteriles y la misma vieja verborrea de
tela electoral. Lo que en estos años fueron objeta- punteros? ¿Debemos confiar en que la sociedad
dos por las fuerzas políticas como usurpadores de argentina está forjando por debajo de ellos los
la soberanía, han sido ahora aceptados con nuevos hombres y por sobre todo los nuevos
beneplácito en su continuidad de tutores de la métodos? No hay, todavía, ningún signo para
voluntad soberana para acometer esta gesta de alentar esa confianza.
reivindicación territorial. El pueblo pude esperar Sólo si crece la cantidad de argentinos dispues-
para recuperar su soberanía: la Nación no debe tos a pensar con independencia y críticamente, a
aguardar para rescatar sus territorios. resistirse a toda mistificación, formen parte o no de
El hecho de que ni una sola fuerza política de una corriente política determinada, será factible
las que vienen actuando en la sociedad argentina impulsar esa confianza. Y aún si esa confianza
se haya manifestado más inclinada por la verdad encontrara dificultades para forjarse, esos argenti-
que por la terrible derrota argentina de la década nos que aún piensan deberán luchar para consti-
del 70 no ha dejado lecciones para ninguna de tuirse un mínimo espacio para respirar en esta
ellas. La crisis profunda de la sociedad civil argen- sociedad, o serán condenados como ahora a la mar-
tina se está expresando, en todo caso, a través de ginación y el silencio, a la indignación impotente.
“Esto es lo que hay que tener muy claro: la soberanía argentina sobre las Malvinas abre la
posibilidad de una lucha popular en el interior del país para impedir que los gobernantes de turno
la desbaraten en los hechos mediante la entrega en cambio, la pérdida de esa soberanía implica
la consolidación a largo plazo del dominio imperialista sobre un área cuya importancia Inglaterra
y Estados Unidos vienen a confirmar con sus acciones. En el primer caso, se trataría de un triunfo
parcial que las fuerzas progresistas de Argentina se encargarán de completar; en el segundo caso,
se trataría lisa y llanamente de una gravísima derrota no ya para el gobierno que se lanzó a
esta aventura sino para la nación en su conjunto”.
“Reivindicar en la actual situación la indiscutible soberanía argentina sobre las Malvinas no
implica, como lo quieren algunos y en primer lugar el propio gobierno, echar un manto de olvido
sobre su política desde 1976 hasta el presente. Por el contrario, para dar su sentido cabal a esta
justa reivindicación se requiere como condición indispensable, asumir una posición resuelta y
clara de repudio a dicha política La dictadura no es menos dictadura por el mero hecho de haber
ocupado las Malvinas e izado en ellas la bandera argentina. En este sentido, la represión brutal
y la opresión económica contra el pueblo llevadas al paroxismo a partir de marzo de 1976; los crí-
menes políticos de Videla, de Viola y de Galtieri tanto como los crímenes económicos de Martí-
nez de Hoz, de Sigaut y de Alemann; la inexistencia de libertades y derechos políticos y la ver-
gonzante, y a veces desvergonzada, intervención en Bolivia, en El Salvador, en Guatemala, en
Honduras; la censura y la persecución culturales y el desempleo y el hambre; todos estos hechos,
y muchos otros, marcan íntimamente la coyuntura actual y por lo tanto definen también su sig-
nificación objetiva. Decidir olvidarlos bajo la figura generalizante de la “unidad nacional” supondría
no sólo renunciar a la necesaria labor de esclarecimiento que el momento exige, sino también
suscribir la “versión política de los hechos” que la propia Junta Militar pretende imponer y los obje-
tivos que persigue con ella”. (señalaba el Manifiesto del Grupo de Discusión Socialista en la pág.8)
2. Después de la guerra
2.1. Fragmentos del reportaje de Osvaldo Soriano a Alain Rouquié en París.
Humor, Nº 101, marzo de 1983.
-Lo que usted llama “colonización del Estado por los militares”, ¿hasta qué
punto va a condicionar la salida democrática?
-Ahora incluso en los civiles que han formado parte del gobierno hasta hace poco,
lo que se llama “el elenco estable” del militarismo, se descubren sentimientos democrá-
ticos inéditos. Del mismo modo quienes se beneficiaron con el proceso se han con-
vencido, transitoriamente al menos, de que no se puede confiar en los militares, que el
peor de los gobiernos civiles no podría ser más malo que este régimen. Este elemento
puede ser muy positivo, si es duradero, para una futura desmilitarización del sistema
político: si los sectores que se beneficiaron en el plano social y económico consideran
por diferentes razones que los militares ya no son una garantía para sus intereses, si
se han convencido de que el crimen no paga, entonces hay una salida posible. Las razo-
nes son claras: el fiasco económico, la aventura militar de las Malvinas y la tentativa de
establecer alianzas “contra natura”. Porque no creo que la oligarquía se haya estre-
mecido de placer ante el histórico abrazo de Costa Méndez con Fidel Castro. (...)
También hay cosas muy negativas. Pasemos por alto lo que todo el mundo conoce:
el miedo a un Nüremberg, los desaparecidos, el fracaso económico en el sentido
más amplio, que abarca la destrucción de la industria, la pauperización del país y
en general la situación en la que el régimen deja a la Nación luego de siete años de
ejercicio del poder. en Argentina, como en otros países, se considera que cuando
un sistema militar se va, lo reemplaza una democracia, un proceso normalizador,
y que no existe contagio entre ellos. Es un grave error. Sobre todo cuando se habla
de la Argentina, donde existe una perfecta interpretación entre régimen militar y sis-
tema democrático. O, mejor dicho, entre la clase política civil y las élite militares.
Hay una militarización profunda de la vida política y a la vez una politización de
los militares que no es fácil de eliminar. Por eso cuando se dice que hay que
cambiar las Fuerzas Armadas o que hay que modificar los programas de las escue-
las, instaurar cursos de educación democrática para que los militares sean
mejores, se incurre en idealismo. Lo que hay que cambiar en profundidad no son
sólo los militares, sino también los civiles. Lo que hay que cambiar son las expec-
tativas, el sistema de valores, de normas que conducen a la militarización del
sistema político y a la politización del sistema militar.
Cuando después de cincuenta años, por múltiples razones, los militares aparecen
como partenaires casi legítimos del juego político, a tal punto que hay una casi insti-
tucionalización de la participación militar en la vida política normal, no se puede
pensar que de un día para el otro por obra y gracia de las elecciones, habrá una des-
militarización del sistema. Y dejar de lado todos los subterfugios por lo s cuales los mili-
tares podrían imponer su participación política. Pero incluso si no hay subterfugios
como la institucionalización de un consejo de seguridad de otras cosas, los militares
estarán presentes porque habrá civiles que los llamarán y habrá militares que harán
captación de líderes civiles, pues existe una cultura política de inestabilidad. No hay
que olvidar que en la Argentina hay una oligarquía que no creyó jamás en la demo-
cracia y una socialización de la clase obrera al margen de los valores democráticos,
digo bien “socialización”, porque es necesario hablar del peronismo. Yo vuelvo ahora
de otros países de América Latina falta en ellos la poderosa combatividad de los sin-
dicatos argentinos frente a las dictaduras militares, y eso se debe sin duda al pero-
nismo. Pero los pocos sindicatos que combaten en esos países son democráticos, y
no estoy tan seguro de que en la Argentina, donde los sindicatos son fuertes, sus dirigen-
tes consideren que la democracia sea un valore que merezca ser defendido (...)
-No hemos hablado todavía de Malvinas.
-Sobre eso le diré sólo un par de cosas. Contrariamente a lo que una personalidad anó-
nima ha dicho en un librito azul aparecido recientemente, yo no creo, y ninguna persona sen-
sata lo creería, que el hecho de que los militares estuvieran en el poder no tuvo nada que
ver con la capacidad operacional de las Fuerzas Armadas. Por otra parte, las disidencias y
conflictos internos en las tres armas no facilitaron una estrategia y una táctica unificadas.
A tal punto, que es evidente que cada uno hizo la guerra por su lado. ¡Es cierto eso de que
la guerra es una cosa demasiado seria para confiarla a los militares! Esta ha sido la mejor
prueba. Además, confiarla a fuerzas que luchan cada una por su cuenta es la mejor manera
de perderla. Es evidente que hubo cambios respecto al libreto inicial. Si tenemos en
cuenta la propuesta de que la ocupación consistía en un golpe de propaganda internacio-
nal para luego retirarse y negociar, hay que admitir que era un buen libreto. Pero si se tra-
taba de hacer la guerra contra Gran Bretaña, contra Estados Unidos, y en definitiva, contra
la OTAN, ése era un mal proyecto. Claro que eso nunca fue planteado, se hizo sobre la mar-
cha, a ver quién echaba más leña al fuego. Otra conclusión evidente es que es más fácil
hacer la guerra contra los civiles que contra un ejército de verdad. Esto tiene que tener
consecuencias políticas: por ejemplo, desacralizar las Fuerzas Armadas. Porque pese al anti-
militarismo táctico de los últimos tiempos, en abril de 1982 otra vez hubo quienes sacrali-
zaron el ejército. Otra vez con “San Martín, el santo de la espada” y todo eso. Ahora, con este
error, esta debacle, esta utilización incalificable de la tropa y el material, puede que se desa-
cralicen las Fuerzas Armadas. Con una condición –que los militares no aceptarán fácilmente
-, y que es ésta: quienes no quieren que las Fuerzas Armadas vuelvan al poder, tienen que
dedicarse a “desmalvinizar” la vida argentina. Eso es muy importante: desmalvinizar. Por-
que para los militares las Malvinas serán siempre la oportunidad de recordar su existen-
cia, su función y, un día, de rehabilitarse. Intentarán hacer olvidar la “guerra sucia” contra
la subversión y harán saber que ellos tuvieron una función evidente y manifiesta que es la
defensa de la soberanía nacional. Por eso toda la diplomacia argentina está hoy dedicada
a revalorizar las Malvinas. Por supuesto que es una reivindicación histórica respetable, pero
no es solamente eso; y malvinizar la política argentina agregará otra bomba de tiempo en la
Casa Rosada. Hoy hay problemas más importantes, en un país que está en plena descom-
posición, que una reivindicación histórica pero secundaria si se la compara con la crisis finan-
ciera, la industria en decadencia, la reconcialiación nacional necesaria, la reconstitución del
tejido económico, y hasta el hambre. Cuando se tienen 45 millones de dólares de deuda,
un producto bruto industrial que ha bajado más del diez por ciento, llevar al centro de la vida
política la reconquista de un archipiélago desértico, aún si ustedes lo llevan en el corazón
por razones históricas, es algo voluntariamente destinado a desviar la evolución de la vida
política de los canales que debería adoptar. Eso es lo que puedo decir sobre las Malvinas.
-Y la derrota, ¿cómo habrá repercutido en el seno de las Fuerzas Armadas?
-Ha habido armas menos presentes que otras que intentan demostrar hoy que hicie-
ron más y mejor... lo que ha habido, sin duda, es la frustración de jóvenes oficiales que
habían aprendido a hacer la guerra y querían hacerla sobre el terreno y esa frustración
los ha vuelto hostiles a sus jefes. Son los que estaban junto a la tropa y vivieron el sufri-
miento de los soldados y no pueden perdonar lo ocurrido. Entre ellos hay de todo: los que
querían pedir apoyo a la Unión Soviética y también los que piensan que el Ejército no debe
estar más tiempo en el poder, que debe volver a los cuarteles para recuperarse física y
moralmente; convertirse en un ejército de comandos, eficaz para defender la soberanía.
Allí hay un gran traumatismo que prueba que si el régimen ya no tenía apoyo de las bases
civiles, hoy no lo tiene tampoco de las bases militares. Es una paradoja.
ARGENTINO
USTED ha sido convocado por la patria
para defender su soberanía y oponerse a
intenciones colonialistas y de opresión.
Ello le obligó a una entrega total y desin-
teresada.
USTED luchó y retribuyó todo lo que la
PATRIA le ofreció: el orgullo de ser ARGEN-
TINO
Ahora la PATRIA le requiere otro esfuerzo:
de ahora en más USTED DEBERÁ:
- No ser XXXXX en sus juicios y
apreciaciones
- No proporcionar información
sobre movilización, organización del elemento
al cual perteneció y apoyo con los cuales
contó.
- Destacar e profundo conoci-
miento y convencimiento de la causa que se
estaba defendiendo.
- Exaltar los valores de com-
pañerismo puesto de manifiesto en situa-
ciones tan adversas.
- Remarcar que la juventud es capaz de hechos heroicos.
- No comentar rumores ni anécdotas fantasiosas, hacer referencia a hechos con-
cretos de experiencias vividas personalmente.
- RECORDAR QUE TODOS debemos perpetuar la forma heroica como nuestro sol-
dados que dieron sus vidas por la Soberanía Nacional.
Comisión Rattenbach
Determinación de las responsabilidades (IV Parte) Presidente de la Nación
Capítulo IX – Responsabilidades de nivel político 793. El Presidente de la Nación era,
nacional simultáneamente, miembro de la Junta Militar y
Comandante en Jefe del Ejército y, además, por su
Junta Militar condición de tal, integrante del Comité Militar.
790. De acuerdo con lo detallado en los Ejerció así una suma de tareas, funciones y
capítulos precedentes, la Comisión considera que responsabilidades, lo que incidió negativamente
sus miembros de la Junta Militar, órgano supremo en el desempeño eficaz dé estos importantes
del Estado son responsables de: cargos.
A juicio de esta Comisión, es responsable de:
A. Conducir la nación a la guerra con gran
bretaña, sin estar debidamente preparada para un A. Asumir atribuciones que competían a la
enfrentamiento de estas características y junta militar, en el proceso de la toma de
magnitud con las consecuencias conocidas de no decisiones de política internacional, las que luego,
lograr el objetivo político y de haber colocado al tendrían influencia en el desarrollo del conflicto, al
país en una crítica situación política económica y aprobar el comunicado ampliatorio del 02 -mar-82
social. que resulto inoportuno a los fines que se
B. No realizar una apreciación integral de todos perseguían y alertó innecesariamente al gobierno
los factores que podían incidir en la situación, en británico.
detrimento de los objetivos que se pretendían B. Asumir ante el pueblo de la nación, en
lograr. circunstancias en que era aconsejable la
C. Conducir a las FFAA, como consecuencia de moderación compromisos que coartaron la
un planeamiento apresurado, incompleto y libertad de acción del gobierno nacional, crearon
defectuoso, a un enfrentamiento para el cual no falsas expectativas populares y contribuyeron a
se hallaban preparadas ni equipadas, dificultar la búsqueda de una salida negociada al
contribuyendo con ello a la derrota militar. conflicto.
D. No adoptar en el campo de la política C. Omitir la consulta y el asesoramiento de los
internacional las necesarias acciones organismos especializados; que pudieron haber
diplomáticas precautorias y conducentes al logro clarificado el análisis previo de la situación y el
del objetivo político que se perseguía, o a la proceso de la toma de decisiones (Secretaria de
neutralización de los efectos que previsiblemente Planeamiento y CNI); no obstante el secreto
se producirían, en caso de no lograrse aquel. impuesto a la planificación para la ocupación de
E. Escoger un momento inoportuno para llevar las islas Malvinas.
a cabo las acciones diplomáticas y militares D. Confundir un objetivo circunstancial de
tendentes al logro del objetivo propuesto, política interna (necesidad de revitalizar el PRN)
mostrando así una actitud equivoca respecto de con una gesta de legítima reivindicación histórica
las verdaderas motivaciones de la decisión y dar lugar a que se interpretara que pretendía
adoptada y del adelanto de su ejecución. capitalizar para si el rédito político, en caso de una
solución favorable.
Poder Ejecutivo Nacional y Gabinete Nacional
792. En lo que hace al Poder Ejecutivo (Y sigue la determinación de responsabilidades…)
Nacional y Gabinete Nacional, la Comisión ha Responsabilidades en el nivel estratégico
evaluado a las autoridades de dicho ámbito y militar : Ministro de Relaciones Exteriores y Culto,
considera que las mismas quedan alcanzadas por Comité Militar, Comandante en Jefe del Ejército,
las responsabilidades que se señalan a Comandante en Jefe de la Armada, Comandante
continuación. en Jefe de la Fuerza Aérea.
Al lector
El informe Rattenbach, dedicado al estudio de la actuación de las tres Armas en el conflicto
de Malvinas, constituye en si mismo un trabajo de seria investigación, analítico y por demás
interesante. En él podrá encontrar un conjunto de explicaciones técnicas sobre lo actuado
por las [Link]. y, le reservamos a usted, el derecho y la responsabilidad de extraer las conclu-
siones políticas de la participación militar, como así también de las acciones diplomáticas.
Sin duda su lectura le aportará elementos de juicio categóricos. Se preguntará entonces:
¿Por qué este informe no fue utilizado cabalmente en los juicios? ¿Por qué permaneció tanto
tiempo bajo llave? ¿Por qué se ignoró un documento tan decisivo y concerniente para la eva-
luación de los hechos?
Su legítima pregunta dará lugar, sin duda, a una legítima respuesta. Tan legítima como la
bronca que la acompaña.
Será una razón más para que usted, comprenda nuestro deseo de que sea público. Los
ex – soldados combatientes de Malvinas nos sentimos traicionados en el frente pero, además,
nos sentimos marginados de todas las instancias de decisión en las que se ha encarado algún
enjuiciamiento de lo ocurrido. Hemos hecho miles de “guiños” para que se nos permitiera expre-
sar nuestra verdad. Sin embargo, tanto la esfera del poder político como los militares involu-
crados, juzgaron y juzgan nuestro testimonio como de escaso o nulo valor, pese a que fuimos
nosotros los que pusimos el pecho en el combate. Lo descalifican por ser “subjetivo”, “intere-
sado”, “pasional”, cuando no lo consideran simplemente como una falacia.
Pues bien, sí, los ex – soldados combatientes estamos interesados y apasionados en hacer
conocer todas las voces posibles en relación a las causas de la derrota.
Por otra parte, queremos destacar que, si recordamos frases tales como “vamos ganando”,
“no arriaremos el pabellón”, o “somos la vida”, puede apreciarse claramente que no somos
nosotros los que faltamos a la verdad.
Malvinas no es simplemente una categoría territorial, ni sólo un montón de islas en disputa.
Es también una categoría política, causa de un pueblo que jamás admitirá la presencia impe-
rialista, que jamás admitirá la traición a sus soldados y que, seguramente, comparte la nece-
sidad de una justicia soberana.
Este informe fue pedido por los altos mandos a una comisión formada por sus propios pares
retirados.
No contaron con que éstos se plantearan una investigación veraz, ética, soberana, en lugar
de seguir el camino del oprobio y degradación moral por el que se había agotado. Esta divergen-
cia fundamental lo transformó en un boomerang político que silenciaron con la “desaparición”.
Pero, como somos partidarios de la aparición con vida de todo lo desaparecido, lo presen-
tamos hoy como una contribución para poder mirar de frente la historia. Para decirle con sin-
ceridad que usted y nosotros fuimos y somos protagonistas de Malvinas, en distintos frentes
pero reconociendo un mismo enemigo, el que nos viola el derecho a la integridad territorial, el
que nos impide la autodeterminación como Nación.
Para recuperar nuestras islas tenemos que resolver otros problemas que nos involucran:
el desarrollo de nuestra verdadera liberación nacional y social. En este espíritu es que hoy
nos manifestamos aportando una nueva voz a un debate que pretenden cerrado.
Reflexionar sobre las conse- ¿Cuáles son los reclamos de los PARA INVESTIGAR:
cuencias individuales y colectivas ex combatientes? ¿Qué responsa- Entrevistar a ex combatientes
de la guerra de Malvinas bilidades atribuyen a las FFAA? ¿Y de tu localidad sobre la expe-
Analizar los diferentes momen- qué acusaciones? ¿Qué demandas riencia de la guerra y las secue-
tos de la memoria de Malvinas y hacen con respecto al valor del tes- las en el presente. ¿Cuáles son
las posiciones políticas al res- timonio y su rol en los posibles jui- sus reclamos ante el Estado y
pecto: el olvido, el silencio, la “mal- cios y acusaciones a militares? ante la sociedad en general?
vinización” y la “desmalviniza- ¿Qué objetivos políticos se ¿De qué manera se expresan
ción”. Identificar el contexto polí- manifiestan en la postura “des- las mismas en la localidad? ¿Qué
tico y social en que se manifes- malvinizar”? ¿Qué actores se ven diferentes posiciones pueden
taron estas posiciones interpelados? ¿Qué se entiende encontrarse ante la guerra desde
Indagar en las posiciones polí- por “malvinizar”? ¿Qué disputas las organizaciones de los ex com-
ticas de los ex combatientes en se visualizan al respecto en la batientes?
la construcción de la memoria construcción de la memoria de ¿Cuales son las posturas ante
Problematizar la idea de Malvinas? la recuperación de las islas? ¿Vol-
Nación, Patria e identidad nacio- Reflexionar sobre cuáles verían a actuar como soldados en
nal como categorías esencialista serían los pasos institucionales un conflicto armado?
e inmutables. y diplomáticos para evitar un con- PARA PENSAR:
flicto armado. ¿Cómo actuaron ¿Qué sentidos se le atribuye en
Sobre los documentos las FFAA en este sentido? ¿Exis- la escuela al territorio de las islas
Identificar los actores que pro- ten o existieron reclamos por Malvinas? ¿Qué narraciones nos
ducen cada documento y ubicar- parte de la sociedad para el han transmitido desde los prime-
los histórica y socialmente. seguimiento de los pasos ros años de enseñanza en la
¿De qué manera las FFAA inten- diplomáticos? escuela? ¿Estamos de acuerdo?
taron implementar una política de Comparar y analizar estos ¿Qué aportes podemos hacer
olvido y silencio después de la gue- documentos con los del apartado como jóvenes a estas narraciones?
rra? ¿Cuales fueron los objetivos? anterior. Reflexionar sobre el uso ¿Se puede pensar el sentido
¿Cuáles son las acusaciones de determinadas categorías como de Patria, de Nación y de identi-
en el informe Rattenbach? ¿Quié- “Soberanía nacional”, “Naciona- dad nacional de una manera no
nes se vieron implicados? Refle- lidad”, “Pueblo”, “Patria”, “inte- esencialista, sino dinámica y dialó-
xionar sobre la atribución de gridad territorial”. Debatir sobre gica? ¿Son categorías que pue-
responsabilidades en las mismas las disputas que se expresan en den cambiar su sentido? Debatir
y su incidencia en la sociedad. el uso de las mismas. sobre el uso de las mismas.
3. Bibliografía
Dalmiro Bustos. El otro frente de la guerra. Los padres de las Malvinas. Buenos Aires, Ramos Americana
Editora, 1982.
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rial Galerna, 1984.
Guber, Rosana ¿Por qué Malvinas? De la causa nacional a la guerra absurda, Buenos Aires, Fondo de Cul-
tura Económica, 2001
Guber, Rosana De chicos a veteranos. Memorias argentinas de la guerra de Malvinas, Buenos Aires,
IDES/Antropofagia, 2005.
Lorenz, Federico Las guerras por Malvinas, Buenos Aires, Edhasa, 2006
Rozitchner, León Malvinas: de la guerra sucia a la guerra limpia, Buenos Aires, CEAL, 1985.
COMITÉ DE REDACCIÓN:
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