RESUMEN DE LA OBRA EL SEXTO DE JOSE MARIA ARGUEDAS
El Sexto, breve novela de Jose Maria Arguedas (1961),
cuenta las experiencias de Gabriel durante su prisión en la
conocida cárcel limeña. La fetidez, el aspecto sombrío, el
envilecimiento de la persona son las notas primeras que
diseñan la forma de la cárcel y su mundo cerrado. Gabriel
ingresa en ella a causa de su actividad como líder
estudiantil: al hacerlo, tiene la impresión de haber
penetrado en una ciudad turbulenta y desconocida. Los
personajes que encuentra (criminales, maleantes,
degenerados, presos políticos y estudiantes), su conducta,
los hechos insólitos convertidos en norma carcelaria, la
estratificación del penal –especie de jaula rectangular dividida en tres pisos
horizontales– en donde se distribuyen, de abajo hacia arriba: vagos y asesinos,
maleantes no avezados, y detenidos políticos; la noche y la mañana contempladas
desde la celda, todo esto, por fin, en frente de Gabriel, y al mismo tiempo en su
contorno, lo impele a buscar perspectivas –íntimas y externas– para ordenar la
secuencia de figuras disformes que lo cercan…
Esa realidad –que no es paisaje natural– cosificada en el volumen oscuro de la cárcel,
lo incita al recuerdo de la infancia serrana, bajo el sol brillante que fustiga el campo. La
lluvia menuda, el cielo descolorido le recuerdan que la cárcel está en Lima; el ruido de
los automóviles, la torre de la iglesia cercana, no obstante su proximidad, le recortan el
espacio y lo insertan en el paisaje de la prisión, crucero principal de la ciudad
moderna. El Sexto, erguido y voluminoso, se le antoja un monstruo que tritura a sus
huéspedes impertubablemente. En diálogo con Cámac, su compañero de celda,
sindicalista minero, intuitivo y serrano como él, Gabriel aprende las más claras
lecciones sobre la cárcel y la vida. Cámac tenía un ojo enfermo que le supuraba sin
pausa; pero por el sano irradiaba una luz convincente, de tenaz rebeldía. La opacidad
y el fulgor de sus ojos impresionan a Gabriel y trasuntan la lucidez y el desvarío de las
pláticas; entretanto, el monstruo cosificado adquiere otra significación: en él se
apretuja la estructura humana y económica del Perú contemporáneo, sólo que,
paradójicamente, el sector popular ocupa el nivel más alto, cual si se hubiese invertido
la pirámide.
Gabriel ensambla su análisis con las desordenadas observaciones de Cámac, y
reconoce que le confieren razón al minero; mas, aparte el acuerdo conceptual, percibe
que una fuerza emotiva, no-lógica, lo aproxima a éste y otros hombres de distintos
credos, y que en cambio lo separa del frío sustento analítico que caracteriza a los
dirigentes de los partidos organizados en el penal. En la tabulación de las costumbres
carcelarias, de la conducta de los reclusos, y de las amistades y los odios, entra en
juego un conjunto de apreciaciones y sentimientos pertinazmente serranos. Las tres
figuras capitales: Gabriel, Cámac, Juan, son de origen andino. La intuición y el
sentimiento, la reminiscencia y la furia despojada de doctrina, hermanan a estos
hombres en su percepción del país como secuencia de espacios (sierra-costa), y como
espacio con profundidad, en el prisma de base rectangular que es el Sexto y todo el
Perú.
La vida carcelaria debería ser entonces una experiencia compartida, mas, puesto que
en ella se revelan igual que al microscopio los vicios y virtudes del país, Gabriel
descubre que el suyo, como el problema de los otros políticos, no es un caso personal,
no es un caso de conciencia, y sin embargo está anegado de individualismo. “La
soledad no se goza; la soledad se sufre”: junto a la escoria humana, en El Sexto se
hallan los seres más idealistas del país; sin embargo, la discrepancia en las cuestiones
prácticas aleja a los hombres más que las ideas, y lo que distingue a la persona, –para
Gabriel ¡intelectual!– no son las teorías, sino la conducta. Frente al monstruo
cosificado, los hombres se autodefinen y desunen, a pesar de haber comprendido el
secreto de la cárcel y de la sociedad.
Después de oír las opiniones de Cámac sobre el estado del Perú y el remedio de su
crisis, Gabriel comenta: “Aun en la cárcel me parecían temerarias esas palabras”.
“Tenía 23 meses de secuestro en el penal y había recuperado allí el hábito de la
libertad” . No se había juzgado con tan punzante amargura a nuestros regímenes
dictatoriales; en ellos, la cárcel, negación de la persona, disforme reflejo de la
sociedad, le ofrece al hombre lo que la vida ciudadana le arrebata: la libertad de
comprender y de expresarse; le promete, en fin, el sueño de un nuevo país. Y aunque
sólo sea en el plano simbólico, esta realidad se desborda del prisma, y expande e
incorpora las secciones parciales del territorio en un nuevo “todo” ideal. Ese ideal
habita en el Sexto; en ese sentido uno de los reclusos dirá “Esta es nuestra casa…”.
Vetas religiosas: El Sexto
Á diferencia de las obras anteriores donde El Dorado de mi pesquisa parecía
asomarse reluciente y al alcance de la mano, al acercarme al Sexto sentí que tenía
que andar hurgando con linterna, palos y uñas. Fui tentada a lanzarme en búsqueda
de otras vetas en la mina literaria arguediana. Una que me sedujo fue la consideración
de un posible paralelismo entre la cárcel con sus tres niveles, el enfrentamiento de dos
partidos, los diferentes núcleos raciales, la pugna por el poder, etc, con la sociedad
peruana o limeña. Este era tema recurrente en las tertulias de reflexión política de los
presidiarios y en varias ocasiones los escuchamos delineando similitudes. Una noche,
indignados por tener que conformarse con ser testigos impotentes de las brutalidades
y bajezas de Puñalada y Maravi hacia “Clavel”, Cámac se preguntas: “¿Dónde está la
diferencia entre el negocio de esos, de afuera, y de éstos, aquí adentro? “.
Otra tentación fue buscar una continuación entre Gabriel, la voz narrativa y personaje
principal, en quien, por ser un serrano con altos “ideales de justicia y libertad” y “un
estudiante sin partido” se podría trazar una continuidad con Ernesto de Los ríos
profundos, en quien ya se percibía gran sensibilidad social. De todas maneras, a pesar
de estos deslumbramientos efímeros, decidí seguir abocada a mi faena, a pesar de
que en esta oportunidad la paga sea magra y el esfuerzo más arduo.
Encontré que a lo largo de toda la obra hay rastros de creencia cristiana en algunos
presos, aunque más no sea una ligera mención de Dios. Tal es el caso del piurano,
que ante el injusto e inhumano trato que recibían los más débiles de la penitenciaría
exclama “No hay dios” Caso similar fue el de Luis, quien lo invoca como el último
recurso de establecer justicia y castigo y otro preso se refiere a Dios como un modelo
a imitar de alguien que no murió “feliz, a pesar de que salvaba al mundo” .
El único preso que demuestra visiblemente su fe es Mok`ontullo, quien “se persignó
con cierta ironía”, al entrar en una celda donde se estaba llevando a cabo una
acalorada discusión política y quien, ante el cuerpo muerto de Cámac asume el
liderazgo del sencillo velatorio e invita a rezar “un Padrenuestro en voz alta”.
Es notable que en Gabriel la única referencia al cristianismo es visual y evocativa. Al
contemplar la cúpula de la María Auxiliadora al atardecer, ésta despertaba
reminiscencias, al igual que Ernesto, de las bonitas iglesias cusqueñas de “Santo
Domingo y la catedral” . Por otro lado, también con cierta similitud al personaje de Los
ríos profundos, Gabriel parece haber abrazado creencias de origen indígena. Atribuye
vida a los espíritus de los muertos y luego de la muerte de Cámac, en voz alta le da
algunas recomendaciones a su espíritu y le pide que obre de mensajero con los
espíritus del Pianista y el Japonés . Esta creencia de la vida de los muertos se ve
reforzada cuando luego comenta que en algunos años “en símbolo levantado sobre la
helada plaza de esa ciudad….Alejandro Cámac permanecerá vigilando. Si aparece
algún tipo d esclavitud, cualquiera que ella sea, Cámac se echará a andar de nuevo,
levantando a los tiranizados; los convocará lanzando voces, igual que Pachacámac”.
Más adelante ante la desoladora bajeza de la prostitución de “Clavel”, le pide al
Hermano Cámac, quien ya era “todopoderoso” que lo lleve a “alguno de los ríos
grandes de nuestra patria “ donde se purificará de “todo los que he visto en esta cueva
de Lima” Esta creencia en las virtudes purificadoras de los ríos era común entre los
quechuas, quienes veneraban las huacas o espíritus de los ríos y los consideraban
lavatorios santos de los pecados y las enfermedades. Recordemos que Ernesto
también al final de Los ríos profundos adjudica al río Pachachaca poderes curativos
por ser el sitio donde residía “el espíritu purificador de doña Marcelina”
II VERSION
RESUMEN DE LA OBRA EL SEXTO DE JOSE MARIA ARGUEDAS
- Argumento de la obra "El Sexto".
Empieza con el ingreso de Gabriel Osborno a la prisión y
lo primero que oye es la canción de “La Marsellesa De Los
Apristas” que es cantada por los presos políticos del tercer
piso.
Gabriel es conducido al pabellón de los presos políticos y
es introducido en una celda.
Alejandro cámac Jiménez y Gabriel serán compañeros de
celda. Cámac, a medida que pasaban los días, le fue
enseñando a los presos uno por uno: Maraví, el amo del
sexto; el Negro Puñalada, el Piurano, Rosita, el Pato, el
Pacasmayo, entre otros.
También le dice que en el primer pabellón están los vagos
(2º piso) están los delincuentes mas avezados
(violadores, asesinos, estafadores) y en el tercer piso, se
encuentran los presos políticos.
En la novela se narra la muerte del pianista, la violación de Libio Tasaico por
parte del negro puñalada, la muerte de el pato” por manos del piurano, el suicidio
de “Pacasmayo”, la muerte del Japonés, la locura del delincuente “clavel”, la
muerte del “negro puñalada”.
La obra del sexto es más una novela testimonial porque narra con una exactitud
como es la vida dentro de una cárcel peruana los atropellos que se realiza dentro
de la cárcel la corrupción, el homosexualismo, la desigualdad.
El escritor José Maria Arguedas cuenta el drama humano de una cárcel peruana.
El dolor, la angustia, el sufrimiento y la muerte, son elementos vitales que giran
alrededor de la obra.
ZORRO DE ARRIBA Y EL ZORRO DE ABAJO
RESUMEN DE LA OBRA "EL ZORRO DE ARRIBA Y EL ZORRO DE ABAJO
- Jose Maria Arguedas -
Argumento de "El zorro de arriba y el zorro de abajo", libro de Jose Maria Arguedas.
El zorro de arriba y el zorro de abajo es una novela que se diferencia del resto
de la obra arguediana por los temas que trata: testimonio, lenguaje diaspórico,
transculturación, globalización, diatriba a los
poderes hegemónicos, migración, abuso de
la homosexualidad, predominio de la
oralidad, etc.
Los sub-géneros que se fusionan en está
original novela son diversos: discurso, diario
personal, relato, drama, ensayo, poesía,
canción, etc.
Todas estas características revelan que este
relato es al mismo tiempo una construcción
literaria como también un documento casi
histórico de lo que fue la sociedad peruana
de la década de los sesentas del siglo XX y la
vida del autor.
Desde el introito-discurso, dado con ocasión
del premio Inca Garcilaso de la Vega, se
revelan ciertos índices de lo que para
Arguedas fue prácticamente un proyecto:
“Pero este discurso no estaría completo si no
explicara que el ideal que intenté realizar, y
que tal parece que alcancé hasta donde es
posible, no lo habría logrado si no fuera por
dos principios que alentaron mi trabajo desde el comienzo.”
Estos diarios son reveladores sobre la personalidad ambigua, casi bipolar del
escritor, que vivió entre “confusión” y “belleza más que deslumbrante” ; una vida
dicotómica que ponía sobre la tela del juicio elementos tan importantes como la
ideología y el compromiso político:
“¿Hasta dónde entendí el socialismo? No lo sé bien. Pero no mató en mi lo
mágico".
Más adelante, en sus diarios, se vislumbran sus tentativas suicidas, sus lagunas
literarias, la literatura como terapia, el arte y el compromiso literario y algunas
definiciones de lo que es un escritor profesional o no, respondiendo a una
definición de Julio Cortázar:
Y había decidido hablar hoy algo sobre el juicio de Cortázar respecto del escritor
profesional. Yo no soy escritor profesional, Juan –refiriéndose a Juan Rulfo— no
es escritor profesional, ese García Márquez no es escritor profesional.
¡No es profesión escribir novelas y poesías! O yo, con mi experiencia nacional,
que en ciertos resquicios sigue siendo provincial, entiendo provincialmente el
sentido de esta palabra oficio como una técnica que se ha aprendido y se ejerce
específicamente, orondamente para ganar plata.
Se puede destacar que Arguedas expone una clara defensa a lo que significa la
manipulación artificial o mecánica del arte, como afirma Julio Ortega en su
ensayo Los Zorros de Arguedas: migraciones y fundaciones de la modernidad
andina, ya no solamente por la tecnología, sino también por el sistema mercantil
que explota la literatura como un medio de enriquecimiento.
Posición política o no sobre lo que representa la literatura como tal para
Arguedas, nos hace pensar de igual manera ¿Cuál es el propósito de la literatura
y por antonomasia del escritor? ¿Cuál es el futuro de la literatura? ¿Será
emergida en el mundo del espectáculo?
Y como se pregunta Arguedas: ¿no es natural que nos irritemos cuando alguien
proclama que la profesionalización del novelista es un signo de progreso, de
mayor perfección? .
Ya en la novela, lo primero que se puede destacar es el lenguaje; un lenguaje
marginal, decadente, revelador, hasta cierto punto diaspórico: el idioma de los
pescadores de Chimbote:
-“!Padrazo, padrenuestro!”, me rogabas anoche, mocoseando en el callejón del
burdel. Putamadre, maricón Mudo; aquí ti’hago hombre.
-Yo soy hijo de puta, patrón. Tú sabes.
-No güevón. Aquí, carajo, a bordo, todos son putamadres menos el patrón .
Otra vez vemos una característica que sobrevuela la obra arguediana: el sexo, la
prostitución, los burdeles, el lenguaje de los costeños, que como en El sexto,
revela un visceralismo voraz, vivo, a veces escatológico:
-¿No vomitas? Entonces vas derecho a la anchoveta que Braschi, el culemacho,
li’ha quitado a los cochos alcatraces .
Estas particularidades se comparan con aquellas del estadounidense Maxwell,
que pueden ser el de quien ha vivido una experiencia de transculturación: una
persona foránea que adquiere el lenguaje local, toca charango y toma chicha.
La crítica a los poderes hegemónicos también está presente en la novela. Como
en Todas las sangres, se ve el poder casi absoluto de las grandes corporaciones
internacionales –relacionadas con las empresas pesqueras en este caso- y su
dominio todopoderoso de estas sobre el pueblo, que, como en todos los casos,
son “los de abajo”:
Sólo desde esas alturas se manda, se dispone, se arregla, se pone en vereda a
mezcolanzas tan peores que mierda de chancho de barriada, como es esta... país
II VERSION
RESUMEN Y ANÁLISIS EL ZORRO DE ARRIBA Y EL ZORRO
DE ABAJO José María Arguedas
Biografía:
Nació en Andahuaylas en 1911. Su madre falleció en
1914. En 1917, su padre se casa por segunda vez; por
su trabajo, éste viaja a distintos pueblos, dejando a José
María con su madrastra y con Pablo Pacheco, su
hermanastro, prototipo del gamonal cruel, prejuicioso,
abusivo y racista. Como era además exhibicionista y
sádico, obligó a Arguedas a presenciar sus abusos
sexuales y lo relegó a la posición de sirviente, rol que
sólo abandonaba cuando llegaba su padre…su refugio y
amparo fueron los sirvientes, quienes le daban
consuelo. En 1932 fallece su padre; un año antes había
ingresado a estudiar a la UNMSM.
En 1937 sufrió un año de prisión por su militancia
antifascista. El proceso cubano, la guerra de Vietnam y
el gobierno de Velasco fueron motivo para determinar y
tomar posiciones que muchas veces resultaron
controversiales. En gran parte de su narrativa son
revelados los sucesos traumáticos que iniciaron sus
dolencias; frente a un mundo lleno de los goces de la
naturaleza y la música, ritos y costumbres, existen
repetidas escenas de violación, de agresión y de
injusticia. Sufre de fuertes depresiones cíclicas y finalmente se suicida.
Trascendencia del autor:
Las más substanciales fueron su narrativa andina y sus ensayos sobre folklore, etnología,
antropología y cultura indigenista.
Conflictos sociales, culturales y políticos se reflejan en su obra.
ANALISIS DE LA OBRA
Tema principal de la obra:
El conflicto que representa el pasar del Ande a la cultura urbana y también, pone prueba la
existencia del mundo andino.
Estructura de la obra:
Maestría en el manejo de las acciones en la estructuración de los hechos y en la descripción
de caracteres.
Argumento de la obra
En esta obra, el sexo aparece como manifestaciones repelentes, representando lo más sucio
de la sociedad chimbotanas. Las confecciones del narrador, que están allí expresadas con
toda lucidez, la ternura y la desazón de la que un hombre en el límite de su existencia es
capaz, son presentadas como las del autor mismo, cuya muerte termina convirtiéndose en
testimonio final y que atraviesa el principio y fin de la novela.
Los personajes de la novela están sometidos a una doble amenaza: Por un lado, el ingreso
avasallador de la modernidad que se instala en un tranquilo y pacífico puerto pesquero bajo
la especie de una enorme industria que atrae a los pobladores del Ande y los obliga a
participar en nuevo sistema productivo (la pesca marítima y la industria de la harina de
pescado) que implica no sólo un violento y traumático cambio de valores, sino también un
proceso acelerado de adaptación que en muchos casos es asumido como un reto en medio
de las confusas reglas de sobrevivencia que impone el capitalismo dependiente. De otro
lado, el suicidio de Arguedas. Si los personajes podían morir devorados por la maquinaria
de un sistema social impuesto por distancias no demasiado visibles, también podían morir
si no seguían siendo escritos. La continuidad vital de los personajes tenía que ser
garantizada de algún modo, aun a despecho de la muerte física del autor. En el “¿Último
diario?”, cuando la decisión del suicidio está tomada, el narrador-personaje lamenta que su
muerte no le permita seguir registrando los sucesos que conforman su materia narrativa:
“…muchos hervores quedarán enterrados”, es decir, no narrados.
Desde que es enunciado en la primera línea, el suicidio queda convertido también en
“literatura”. De este modo, su muerte pertenecerá, con el mismo derecho que su vida, a la
ficción novelística a la que le da sentido; por eso proyecta imaginariamente la vida posible a
sus personajes.
Los personajes y el lenguaje de la obra:
Al ser zorro de arriba, el personaje de Diego participa de un sistema de conocimientos donde
los sentidos, y en particular el olfato, juegan roles comunicativos no del todo desvinculados
de la sensualidad natural; le permite a Diego significa a un pescador que labora en un medio
tan deshumanizante como la fábrica.
Por otro lado, el personaje de Ángel Rincón es un aculturado enajenante y
enajenado. Detrás de su imagen de criollo pequeño burgués que se esfuerza por disimular
su condición de mestizo y provinciano (cajamarquino de nacimiento, limeño de crianza), se
encuentra lleno de contradicciones; el zorro de abajo es capaz de sentir sobre el escritorio
un “aroma de polen, a viento con aire de flores silvestres serranas”.
Es evidente que las palabras empleadas por el zorro de abajo no fueron muy eficaces para
satisfacer la curiosidad del zorro de arriba, pues no pertenecían al universo comunal
andino. No encontramos pues, ante una confrontación entre el lenguaje “mítico” que es
reclamado en virtud de su eficacia narrativa frente a las confusiones producidas por el
lenguaje “moderno”.
Comentario Personal:
En esta obra, la palabra es aquella que puede transmitir las sensaciones de la experiencia,
que no proviene de la “cultura literaria” tal como se la entiende en términos académicos,
sino con la valoración de un lenguaje capaz de representar de manera transparente las
sensaciones de la experiencia vital. A Arguedas no parece importarle el hecho de que la
narrativa participe de las técnicas literarias más sofisticadas de su tiempo, sino que la
palabra todavía conserve una relación motivada con la naturaleza.
Escribir sobre la realidad social-político-cultural de Chimbote de los años sesenta supone la
constante confrontación y lucha, sobre todo si se tiene en cuenta que se está utilizando el
lenguaje del poder. El castellano “mal hablado” por interferencia quechua, funciona en
algunos personajes como un estigma que estorba el ascenso social y en otros como un
poderoso desestabilizador del proceso alienatorio de dominación a través del lenguaje.
Arguedas es producto de una época y de las circunstancias familiares, culturales, sociales
y políticas que lo rodearon, pero es también resultado de la actitud de una parte de la
interculturalidad peruana que no supo reconocer en ese momento, la verdadera dimensión
de su obra.
DANZA
YANTAKUY (MARINERA AYACUCHANA)
SUYMAQ