Leyenda del Súpay, el Diablo andino
El Súpay, también conocido como Zupay o Diablo andino, es el genio del mal,
un dios-demonio originario de las mitologías aimara e Inca de la Civilización
andina sudamericana. Su morada era denominada Supaihuasin, lo que en
lengua quichua señala los infiernos. Se lo relaciona con las brujas y la
Salamanca una guarida, llamada igual que la prestigiosa universidad española.
En esta cueva subterránea sus adeptos al asisten para aprender toda clase de
encantamientos maléficos con los que arruinar la vida del prójimo.
Según los mitos andinos, surgió de la esencia del caos es rebelde e instigador
por naturaleza y es muy temido debido a su capacidad de metamorfosis. Se le
ve comúnmente como un jinete muy bien vestido, sus finas ropas negras están
adornadas de oro y plata.
Deambula por las zonas del centro y norte de Argentina apareciéndose a los
viajeros en las noches de martes y viernes, días predilectos de las brujas y los
que se dedican a la hechicería. Después los lleva de juerga; tras unas horas de
sabrosa comida y bebida, el Súpay propone a su homenajeado un pacto difícil
de resistir, ofrece honores y riquezas por un tiempo definido a cambio de
su alma.
Corriente provoca un remolino, el cual se origina en medio del monte y se lleva todo lo
que le sale al paso.
Por esta razón cuando el viento sopla fuerte, las personas temerosas dicen — ¡Cruz!
¡Cruz! ¡Cruz!—pidiéndole a Dios que el maléfico remolino cambié de rumbo.
También puede aparecerse como un viento llamado Huayna Mayo, que al chocar con
otra
también los nativos hablan del pequeño Súpay, un travieso enano que deambula por
zonas rurales buscando niños que raptar y preparar con ellos pócimas de hechicería.