EL ORIGEN DEL NOMBRE PARA LOS HUITOTO
Según los indígenas Huitotos, hace mucho tiempo, al principio de la humanidad existió un viejo que se
llamaba Drújoma y era el dueño de los remedios. Sabía de todas las plantas que curan a los hombres y
un día su hija salió a la orilla de la quebrada y encontró la cría de una boa de agua y le pareció muy
linda y se la trajo para la casa y la crió. La boa comenzó a crecer y a crecer, y creció tanto que una
mañana se tragó a la hija de la mujer, una niñita chiquita. Entonces Drújoma se fue a buscarla y se hizo
tragar de la boa. Claro que él ya iba armado con todos sus elementos mágicos como eran la coca y el
ambil o tabaco líquido, y empezó a tasajiarla por dentro de a poquitos y como le dolía mucho la
barriga, la boa se tuvo que ir. Pero a medida que nadaba el espíritu de la coca le iba diciendo al
Drújoma por dónde iban. La boa viajó por todos los ríos de la tierra: se metió por el Putumayo y el
espíritu le decía: “vamos por el Putumayo”. Y a medida que el espíritu le decía a Drújoma por qué río
iban, así fue como nacieron los nombres para todos, para el Putumayo, para el Caquetá, para el
Igaraparaná, para el Miritiparaná, para el Cahuinarí, para el Amazonas…
Pero a todas estas, el hombre seguía tasajiándola por dentro con un cuchillo de bambú hasta que la boa,
después de tan bregar a que el tipo se muriera adentro, se dio por vencida y regresó al bañadero de
donde había salido. En ese momento, el espíritu le dijo a él: “Ya llegamos”, y entonces la terminó de
cortar y salió. Una vez afuera, mandó a llamar gente – que en esa época todavía no tenían nombre – y
cogieron la boa y se la repartieron de a pedacitos y así fueron adquiriendo nombre, porque la gente que
en ese entonces estaba cogiendo canangucho, cuando los mandaron a llamar para darles su pedacito de
boa, se quedó como “la gente de canangucho”. Los que estaban bañandose en el agua, quedaron como
“la gente del agua”. Los que en ese entonces estaban cazando danta, quedaron como “la gente de la
danta”. Los que estaban cazando chucha, quedaron como “la gente de la chucha”. Los que estaban
cogiendo milpeso, quedaron como “la gente del milpeso” y los que en ese entonces tenían mucha
hambre, quedaron como “la gente del hambre”. Por eso hoy los grupos familiares tienen esos nombres
que equivalen a los apellidos de los blancos.
EL ORIGEN DE LOS ALIMENTOS DEL BOSQUE Y LA RIQUEZA PARA LOS HUITOTO
Hace mucho tiempo, en la época antigua, osea, cuando empezó la gente, había un hombre bueno que se
llamaba Monaya Jurama y él vivía en su maloca con su mujer y con su hija, y la hija era muy bella y se
llamaba Monaya Tirisa. Muchos hombres se habían querido casar con ella, pero ella les decía que no.
Era muy orgullosa y muy pretensiosa y el secreto era que ella tenía un hombre que se llamaba Cuyo
Buinaima. El era muy hermoso, muy trabajador, tenía grandes músculos y era muy sabio, pero era un
espíritu y por eso no se podía casar con ella. Entonces, junto al fogón de la casa había un punto donde
Monaya Tirisa siempre se sentaba para ayudar a la mamá a hacer el casabe y se sentaba en una
esterillita y en el suelo había un agujero, entonces Buinaima se convirtió en lombriz para esconderse en
el agujero. Para que no los vieran cuando ella se sentaba al lado del fuego, él salía por el orificio y se le
metía a ella por donde se hacen los hijos. Así se querían… Los padres no se daban cuenta y de pronto a
la mujer le empezó a crecer el vientre y ellos dijeron: ¿pero cómo? Si nuestra hija no tiene hombre y
ahora espera un hijo. Le preguntaron cuál era su novio y ella lo negaba, que estaba engordando y su
padre le dijo: si nosotros no tenemos casi comida, ¿cómo va a estar engordando?
Los viejos empezaron a buscar y a buscar al hombre y para que ella no se diera cuenta la madre
le dijo: Vaya me trae agua en este canasto. Y como en los canastos no se trae el agua, ella duró mucho
tiempo en el quebradón y la vieja mientras tanto buscó y buscó y encontró un agujero junto al fogón, le
echó agua caliente y quemó a Cuyo Buinaima. Esa noche la muchacha se sentó en el mismo lugar pero
su hombre no salió, cuando de pronto sintió la voz de un espíritu que le decía: Yo soy Cuyo Buinaima,
tu madre me ha quemado con agua hirviendo, yo no quiero volver pero tampoco te puedo abandonar
porque nacerá un niño y entonces, eso si te quiero aconsejar que cuando a tenerlo te vas al bañadero en
la orilla del quebradón y cojes por el mismo hacia arriba, no para abajo, y ahí nacerá una planta que te
va a dar alimento, pero solo para ti, no para los demás. Entonces la muchacha cuando iba a tener a su
hijo haciendo caso se fue arriba del bañadero del quebradón que su hombre le indicó y allá nació una
mata de yuca… La planta fue creciendo, creciendo, creciendo y la muchacha recolectaba frutas que
brotaban de la planta y se dio cuenta de que eran muy buenas y eran de mucho alimento, pero haciendo
caso no le daba nada a su padre y a su madre, ni tampoco les contó nada. Fueron pasando los días y el
árbol iba creciendo un poco más, hasta que un día la muchacha dejó un pedazo de semilla en la puerta
de la maloca y el viejo le dijo a la vieja que le espulgara los piojos de la cabeza y se sentaron a la puerta
de la maloca y de pronto el viejo distraido vio aquella semilla, lo cogió y lo olió: ¿Qué es esto que
huele tan bien?. Lo probó y dijo: Debe ser de mi hija que lo estaba comiendo. Empezaron a indagar y le
echaron en cara su actitud: Usted es nuestra hija y está comiendo cosas muy buenas, nosotros somos
sus padres y no nos da nada, ¿cómo es eso?. Entonces ella se vio obligada a contar toda la historia y ya
la planta estaba muy grande, ya no solo producía yuca, también tenía frutas de Caimo, Chontaduro, de
todas las frutas de la selva. Fueron cogiendo y comiendo y el padre en las tardes se acostaba feliz en su
hamaca a cantar:
los que viven al otro lado,
comen puro árbol podrido,
comen puro gusano, comen pura rila.
Sus vecinos lo oian cantar y decian: ¡Ah! ¿Qué será lo que el abuelo está comiendo que está contento?
Vamos a preguntarle. Entonces se fueron a indagar y el les confesó lo que sucedía: Pero si ustedes
quieren que les dé de ese alimento, tienen que pagar con algo. Vayan de cacería. Entonces las gentes se
regaron por la selva y trajeron cerrillo, otros trajeron tente, otros trajeron paujil, otros trajeron danta,
otros trajeron venado, otros trajeron pescado, otros trajeron guacamaya. Tenían toda clase de cacería.
De ahí nació la costumbre que cuando hay baile, el dueño del baile pone toda la comida de sembrar o
de los árboles, y los invitados toda la carne… Entonces la gente vino y así los hombres hicieron el
primer baile. Pero como eran muchas personas, tuvieron que hacer la primera maloca, por eso cuando
la gente hace una maloca nueva tienen que hacer un baile para pisar bien el piso de la nueva casa y que
quede bien firme.
En esa fiesta fiesta la gente comió las frutas del árbol de Moniye Amena. Pero el árbol creció
tanto que las gentes no alcanzaban sus frutos, entonces dijeron: Ese árbol hay que cortarlo porque es la
única forma de que tenemos para tener frutas buenas. Entonces se les presentó el problema de como
cortarlo, no conocían el hacha, así que buscaron el hacha y hablaron con los animales de la selva que
en ese tiempo eran gente y hablaron y hablaron y nadie les ayudaba. Un día hablaron con el tucán, un
ave con el pico muy grande y dijeron: Ese pájaro con esa hacha tan grande de seguro nos ayuda y lo
llamaron pero no pudo hacer nada. Era un pájaro bobo que no sabía usar bien su gran pico. Entonces
llamaron a la zorra que es muy pícara y es muy hábil para trepar en los árboles y ella dijo: Sí, les
ayudo, pero yo no puedo cortar el árbol, solo puedo tirar los frutos abajo. Así que trepó y empezó a
comerse los frutos sin repartirlos, - por eso ahora la zorra se mete a la chagras y se come la yuca, los
caimos, todo – así que cuando bajó con la panza llena, los hombres la quemaron en el guargüero para
que no comiera más. Por eso tiene en el cuello una marca de pelo. Ahí le chamuscaron… Siguiendo con
la historia, siguieron buscando hasta que descubrieron un animal que sí tenía un hacha muy formidable
que era el Eto, al cual los blancos le dicel el pájaro carpintero. Lo llamaron y él si dijo: Yo les corto ese
árbol, y se puso a darle con el pico, a darle y a darle le sacaba pedazos de madera hasta que un día le
hizo un hueco tan grande que el árbol empezó a traquear y cayó para abajo del quebradón. Las raíces se
convirtieron en agua y formaron el mar. El tronco se volvió el río Amazonas y todas sus ramas los ríos
que le tributan: el Putumayo, el Caquetá, el Igaraparaná, el Apaporis…
Así se formaron todos los ríos que hoy se conocen, los frutos quedaron desperdigados y se
distribuyeron unas para unos y otras para otros, por eso hoy hay hombres que saben cultivar unas
plantas y otros que cultivan otras muy diferentes, les tocó escoger de otras al desperdigarse los frutos
en la tierra. Esa es la riqueza de la tierra: el agua y el alimento.