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Halperin-Barbatto SEGUROS 2001

1) El prólogo presenta la tercera edición actualizada del libro "Seguros" escrito originalmente por Isaac Halperin. 2) La obra de Halperin tuvo gran trascendencia internacional en el derecho de seguros y fue fundamental para la reforma de la Ley de Seguros 17418 en Argentina. 3) El actualizador Nicolás Barbato se encargó de actualizar la obra de Halperin de manera cuidadosa y respetuosa, preservando el texto original siempre que fue posible.
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Halperin-Barbatto SEGUROS 2001

1) El prólogo presenta la tercera edición actualizada del libro "Seguros" escrito originalmente por Isaac Halperin. 2) La obra de Halperin tuvo gran trascendencia internacional en el derecho de seguros y fue fundamental para la reforma de la Ley de Seguros 17418 en Argentina. 3) El actualizador Nicolás Barbato se encargó de actualizar la obra de Halperin de manera cuidadosa y respetuosa, preservando el texto original siempre que fue posible.
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Halperin, Isaac - Barbato, Nicolás H.

LexisNexis - Depalma

SEGUROS
2001

PRÓLOGO DE LA TERCERA EDICIÓN

Cabe preguntarse si aquel adolescente que dialogaba con otro adolescente (éste, Carlos Juan
Zavala Rodríguez, luego gran jurista) en los pasillos de la antigua Facultad de Derecho, acerca
de cómo se hallaban preparados para rendir el examen de ingreso a la carrera de abogacía, por
entonces soñó con la trascendencia internacional que tendría su obra.

Es que si Isaac Halperin fue prolífico en materia de derecho societario, tal trascendencia
internacional la logra en el ámbito del derecho de seguros.

En efecto, su tesis doctoral, laureada con el premio accessit ("La acción directa . . ."), confirmó
en el ámbito local las cualidades que había demostrado en sus trabajos publicados en la
"Revista Crítica de Jurisprudencia" -que fundara con su hermano Nicolás- y en "La Ley". En
tanto la obra "Contrato de Seguro", publicada en la década de 1940, lo proyectó al ámbito
internacional.

Se trató de un libro comparable con las obras más importantes del mundo en la materia, como
los escritos por Hans M”ller, Joaquín Garrigues, Picard y Besson y el propio Donati, con su
estilo de pocas palabras, pero con riqueza de ideas.

Por ello no es de extrañar que el Poder Ejecutivo nacional lo seleccionara para redactar el
Anteproyecto de Ley General de Seguros, ni que fuera uno de los fundadores y vicepresidentes
de AIDA (Asociación Internacional de Derecho de Seguros).

Cuando ese Anteproyecto -luego Proyecto- fue finalmente ley (decreto-ley) 17418 , Isaac
Halperin escribió "Seguro. Exposición crítica de la ley 17418 ", el cual, con alguna "licencia
jurídica", puede ser considerado continuador de aquel "Contrato de seguro".

1
Fallecido Isaac Halperin en el año 1975, se procuró actualizar toda su obra. La primera fue
precisamente "Seguros", y su actualizador, el profesor Dr. Juan Carlos Félix Morandi.

Agotada esa edición se encaró una nueva actualización, también a cargo del profesor Morandi.
Su inesperado fallecimiento dejó trunca la tarea. El tomo I estaba terminado y restaba elaborar
la actualización íntegra del tomo II.

Con la editorial, especialmente con el señor Alberto Barón, hicimos algunos ofrecimientos para
actualizar el tomo II exclusivamente, hasta que decidimos comenzar de nuevo, lo cual
conllevaba el problema de elegir un nuevo actualizador para la totalidad de la obra.

Rápidamente coincidimos en la persona del profesor Dr. Nicolás Barbato, quien puso, luego
de acordar la modalidad de la actualización, manos a la obra. Sin pausa encaró la tarea que hoy
nos permite presentar esta nueva edición. Quiso Dios darle al querido Nico las fuerzas
suficientes para terminar su obra y corregir todas las pruebas, antes de dejarnos
definitivamente.

Y así se fue Nicolás, seguramente sufriendo (sin duda como sufrió Isaac en los últimos días),
pero en silencio, como fue en la vida, llena de virtudes pero sin estridencias, como los grandes.
Sus trabajos fueron fuente de creación y expresiones de sabiduría, pero con la sencillez en la
exposición escrita y oral, virtud exclusiva de aquellos que saben y testimonian el respeto de
quien no quiere apabullar al lector o contradictor.

David Andrés Halperin

PRÓLOGO DEL ACTUALIZADOR

Actualizar una obra como la del Dr. Halperin es una tarea muy delicada, que exige a quien la
lleve a cabo con la prudencia y el respeto que requiere toda obra excepcional, que ha sido guía
y fundamento de pronunciamientos judiciales y de volúmenes y monografías doctrinarios. Casi
no hay fallo sobre seguros que no acuda, directa o indirectamente, a la obra de quien fue
maestro de generaciones, no sólo en el seguro sino en otras áreas de lo jurídico (p.ej., el
derecho societario). A lo dicho se agrega la jerarquía del anterior actualizador, Dr. Juan Carlos
Félix Morandi, que constituye otra muestra de la excelencia que siempre rodeó a esta obra.

2
En el ámbito del seguro, este libro significó todo un remozamiento de análisis doctrinarios
efetuados sobre el Código de Comercio (el libro de Halperin tuvo su origen remoto en una
obra escrita por dicho autor sobre ese Código: su "Derecho de Seguros", publicado en 1946).
Luego, al dictarse la ley 17418 , buena parte de los conceptos contenidos en los análisis y
estudios obrantes en dicho trabajo pasaron a conformar pasajes que trajeron visiones
modernas a una materia gobernada hasta entonces por una legislación decimonónica, que, en
buena medida, marcaba las características y límites a las obras y estudios de doctrina
contemporáneos.

Posteriormente, el Poder Ejecutivo nacional encomendó al autor de esta obra la elaboración de


un anteproyecto de ley que constituyese la base de una reforma de la ley. El proyecto fue
elevado al entonces ministro de Educación y Justicia, con fecha 9 de junio de 1959, precedido
de una exposición de las ideas fundamentales que guiaron a su autor en la elaboración de ese
trabajo.

Con base en dicho Proyecto, se redactó luego, a través de una Comisión, otro que no difería
demasiado del original, salvo en algunos aspectos, como la sustitución, en el seguro de la
responsabilidad civil, de la acción directa por la citación en garantía -que otorgaba el proyecto
al tercero damnificado (art. 121 121)- y separaba las normas referidas a la empresa de seguros
(arts. 184 y ss.) y al seguro obligatorio de responsabilidad civil para automotores (arts. 124 124
y ss.). Ello culminó con el dictado de la ley 17418 elaborada por otra Comisión integrada por
notables juristas, que como la anterior, siguió las aguas del Anteproyecto Halperin, lo cual
permite sostener que la médula de esa reforma respondió esencialmente al trabajo del autor de
este libro.

Ante esa personalidad y su excepcional obra, quien tiene a cargo la actualización siente el peso
y la responsabilidad que emerge de la tarea encomendada.

Así, cabe destacar que todo lo que se pudo emplear de lo escrito en la primera edición de 1970,
fue utilizado, limitándose la actualización, en tales casos, a eliminar los preceptos derogados
(no en vano pasaron más de treinta años) y agregar las normas nuevas que los reemplazaron.

Por otra parte, en contados casos se efectuó un tratamiento de algunos supuestos que, por su
empleo casi diario por parte de los letrados en sus juicios, requerían una exposición un tanto
más actualizada (así, p.ej., en el tema de las cargas, la suspensión de cobertura, exclusiones a
ésta, seguros colectivos de vida, algunos aspectos del seguro de la responsabilidad civil; etc.). Y
se agregaron referencias a la jurisprudencia dictada a raíz de los temas reformados.

Pero siempre, insistimos, hemos conservado celosamente el texto originario, con su frescura
perenne (como ocurre con los clásicos).

3
Los parágrafos que corresponden a la actualización van precedidos por una (a), para
distinguirlos de los correspondientes al maestro autor del libro, indicación que resulta casi
redundante, dada la ya referida excelencia de su obra.

Nicolás H. Barbato

PRÓLOGO DE LA PRIMERA EDICIÓN

I. - La sanción de la ley (decreto) 17418 reviste una especial importancia en el movimiento


legislativo argentino, de renovación de sus códigos: elaborada cuidadosamente, se distingue por
su técnica depurada y porque señala un jalón importante en esta materia, ya que, con la de
Méjico, son las únicas leyes modernas en la materia, en Latinoamérica, cuya integración
económica requiere un sistema asegurador moderno.

La ley no puede cambiar los datos técnicos que fundan y justifican el seguro, pero ha innovado
profundamente en los criterios para resolver la armonización de los intereses concretos en
conflicto y hacer efectiva la función socio-económica que debe satisfacer. Desde este punto de
vista, la ley argentina -y en mayor medida el proyecto, ya que se le amputó sin justificación la
parte dedicada al régimen de la empresa-, aun con el defectuoso sistema de control del t.o.
1962, acentúa el papel económico del empresario asegurador, de intermediario entre la masa de
asegurados y el asegurado concretamente damnificado.

El sistema legal no se ha estructurado fundamentalmente sobre modelos extranjeros


(Alemania, Francia, Italia, Suiza, etc.), aunque los tuvo presentes: esencialmente ha tenido en
cuenta la calidad socio-económica argentina, apartando soluciones que podrían ser
excesivamente avanzadas en el estado actual del país.

El esquema fundamental del nuevo régimen innovó totalmente sobre el que consagraba el
Código de Comercio: trato de exponerlo en un análisis crítico, en el cual está presente el
sistema anterior, reelaborado por la jurisprudencia. Las nuevas normas se toman como punto
de partida de una nueva evolución, fundada en un acentuado criterio de función social del
seguro, del que la ley (decreto) 17418 hizo aplicación en muchas de sus disposiciones, del cual
el art. 118 118 es ejemplo destacado y el texto del art. 158 158 permite desarrollar en una
interpretación evolutiva y extensiva.

II. - La empresa aseguradora autorizada -privada o estatal-, como parte indispensable del
contrato, está presente en todas las instituciones y explica las regulaciones del contrato

4
(régimen de la reticencia y reajuste eventual del contrato; la agravación del estado del riesgo; la
interpretación del contrato; el sistema de sanciones, etc.) y el control estatal de esa empresa
aseguradora.

El control estatal -aun el deficiente, conservado- es un ejemplo vivo de la penetración del


derecho público en el derecho privado, su influencia decisiva, en razón de la función social del
seguro, de su importancia para el desarrollo económico del país y de la integración económica
latinoamericana.

Este desarrollo económico del país exige un sistema asegurador ágil, que llene rápida y
eficazmente la función reparadora que justifica su contratación, aplicado de modo cabal no
sólo en esa celeridad sino también en la lealtad de la determinación del monto de las
reparaciones: es así no sólo para restituir al patrimonio afectado su capacidad de producción,
sino también para alentar las inversiones cada vez más riesgosas y cuantiosas, que exige el
desarrollo del país.

El seguro concreta un sistema de reparto social de riesgos, por el cual las consecuencias de los
siniestros son, en definitiva, soportadas por toda la comunidad: el asegurador percibe las
primas de los asegurados, para formar una masa con la que afrontará las indemnizaciones
debidas a los siniestrados. El costo del sistema se traslada a la totalidad, a través de los precios,
pues la prima debida integra en cada caso el costo de producción. Un deficiente sistema
asegurador influye sobre este costo.

El sistema se funda en la recepción actual de contribuciones de la masa de asegurados, para


una prestación futura eventual. De ahí la necesidad del control permanente y eficiente de la
capacitación técnico-económica del asegurador, por un órgano estatal capacitado, por su
especialización, atribuciones y dotación de personal técnico.

De nada valdrían los textos legales, por perfectos que fueran, para hacer posible un sistema
asegurador idóneo, que ponga a disposición de la economía del país el instrumento que
satisfaga sus necesidades para su desarrollo: es indispensable complementarlo con el control
estatal eficiente, que en el momento actual ha sido tremendamente deterioriado:

a) La Superintendencia de Seguros ha sido, prácticamente, desmantelada. No obstante contar


con fondos especialmente afectados, pagados por los asegurados -tasa de superintendencia-,
que permiten dotarla de medios técnicos suficientes -personal, máquinas, locales-, ha sido
sometida al régimen general de economías, con las consecuencias que están a la vista y que se
sienten en el mercado asegurador: el personal técnico, formado durante largos años de
esfuerzo, ha sido desviado a la actividad privada o "contratado" por otras reparticiones
estatales con remuneraciones más acordes con su capacidad. Consecuencia: incapacidad
material para llenar su función y campo abierto para las conocidas depredaciones en el
mercado asegurador.

5
b) La falta de una auténtica independencia de la autoridad de control hace a ésta víctima de las
presiones de las empresas que deben estar sujetas a la vigilancia estatal; y la conducta de
quienes debieran respaldar su actuación, la inducen a obrar con extraordinaria timidez (1)

c) Esta timidez -o debilidad estructural, que es su causa- se tradujo en el texto de las nuevas
pólizas, aprobadas con motivo de la sanción del régimen vigente.

Es sorprendente la pasividad con que la mayor parte de las empresas aseguradoras contemplan
este creciente deterioro de la autoridad de control, que sólo puede favorcer a una minoría de
empresas que adultera la función del asegurador y hace del seguro un medio de
enriquecimiento apresurado, afectando profunda y duraderamente el funcionamiento leal y
cabal del seguro y la imagen del empresario privado.

Los textos legales proyectados para el nuevo régimen de las empresas de seguros y de la
Superintendencia -que se desglosaron del proyecto originario para formar otro-, y que podrían
ayudar a remediar este estado de cosas, deplorable por más de una razón, hace ya tres años que
se bota y rebota entre ministerios, secretarías y reparticiones, cuando no se extravía en su largo
e inacabable peregrinar.

Buenos Aires, 31 de mayo de 1970.

Isaac Halperin

(1) Así -y sólo a título de ejemplo-, por expediente 13818, año 1966, en 21 de abril de 1966 se
instruyó sumario a una compañía aseguradora; en 30 de enero de 1967 se recabó por la asesoría
la cancelación de la autorización por fraude en la constitución del capital y otros cargos de no
menor gravedad (asientos falsos, balances falsos), dictamen ampliado en 16 de agosto de 1967:
el decreto de cancelación nº 4120 se dictó recién en 30 de julio de 1969 ("B.O.", 11 agosto
1969).

-----

6
INTRODUCCIÓN

1. Origen.

La economía y el derecho antiguos no conocieron el seguro a prima fija. En Roma, la fidejussio


indemnitatis, el nauticum faenus, la pecunia trajecticia, eran instituciones próximas (2) ; de ellas
se desprende que si el concepto no era ignorado, no se alcanzó a crear una doctrina
independiente; se lo practicó confundido con otros contratos. Esta confusión obedeció a una
razón fundamental: el desconocimiento de los elementos técnicos (3) .

Las guildas medievales eran instituciones de asistencia, en las cuales las primas no estaban en
relación con las prestaciones (4) .

El seguro nació en las ciudades italianas del medievo. Su aparición, bajo forma de un préstamo
gratuito y, luego sobre todo, de venta por precio a pagarse si la cosa no llegaba a destino, se
debió fundamentalmente a la prohibición por Gregorio IX, en 1234, del interés en el préstamo
a la gruesa (5) .

Apareció en el siglo XIV con el seguro marítimo. Los primeros documentos conocidos son
italianos. Se conocen disposiciones del puerto de Cagliari (Breve Portus Kallaritani), de 1318;
los Statuti di Calimala, de 1322; un decreto del dogo de Génova, de 1336; los libros de
comercio de Francesco del Bene y Cía., de Florencia, de 1318-1350, y las Quitanze grossetana,
del 22 de abril de 1329. Si se discuten algunos de estos antecedentes históricos, existe

7
unanimidad en aceptar uno, datado el 23 de octubre de 1347, y en reconocer que ya en la
segunda mitad de este siglo XIV estaba ampliamente difundido en Pisa, Florencia y Génova,
que son las primeras en darle normas legislativas (6) . Los lombargos llevaron su práctica a
Francia, Portugal, Flandes, España, Inglaterra: la póliza inglesa más antigua que se conoce es
de 1547, y se halla escrita en italiano (7) .

2. Aparición de las diversas ramas: incendio, vida, responsabilidad civil, reaseguro.

El contrato ha evolucionado lentamente. Cada rama ha sufrido una evolución análoga:


practicada empíricamente en sus comienzos, llega en forma lenta a la etapa científica, momento
en que se puede señalar el comienzo del verdadero seguro (8) .

El seguro de incendio se introdujo en Inglaterra a consecuencia del incendio de Londres, en


1666. En 1667 se creó la Fire Office; en 1684 la Friendly Society, y en 1696 la Hand in Hand
(9) . En Alemania halló su desenvolvimiento en el siglo XVII, originado para los inmuebles en
el derecho nórdico, y para los muebles mucho después bajo la influencia inglesa (10) . En
Francia se conoce desde el comienzo del siglo XVIII, con las cajas de socorros, conocidas por
Bureaux des incendies, en París en 1717, y luego en el interior del país, y recién en 1750 se creó
la primera sociedad, la Chambre Générale des Assurances de Paris. Ya en 1786 la póliza usada
contiene la mayoría de las condiciones generales de las pólizas actuales. La Revolución de 1789
barrió con todas las compañías, pero reaparecieron al poco tiempo (11) .

El seguro sobre la vida apareció por primera vez en Inglaterra en el siglo XVI con la Casualty
Insurance, para rescatar presos de los turcos, y en Italia para el embarazo, bajo la forma de un
seguro temporario sobre la vida. Pero pronto se prohibió su práctica como operación de juego
e incitación a la muerte del asegurado: lo condenaron el Guidon de la Mer, la Ordenanza
francesa de 1681 y los juristas del siglo XVIII. Ni Inglaterra se salvó de la prohibición general:
prohibida por la Bubble Act de 1720, la ley de 1774 admitió su legitimidad si mediaba el
consentimiento de la persona asegurada y la fijación de la indemnización máxima conforme al
interés del asegurado. En Francia, la primera compañía fue autorizada en 1787 (12) . Téngase
en cuenta que recién en 1693 Halley publicó su tabla de mortalidad, y que en el siglo XVIII
encontró su expresión técnica.

8
El seguro de la responsabilidad civil halla su origen en el resarcimiento del abordaje en el
derecho marítimo. Su progreso se vio dificultado por dos principios, hoy en franca declinación:
que no hay responsabilidad sin culpa, y que el asegurador no indemniza los daños derivados de
actos o hechos culposos del asegurado o de sus dependientes. Los primeros contratos se
celebraron en Francia, a comienzos del siglo XIX -en 1825-, con referencia a los trasportes a
caballo, pero su desarrollo efectivo lo recibe con el seguro de los accidentes en la industria, en
el trasporte ferroviario, en el riesgo locativo (13) y por el empleo del automóvil.

El contrato de reaseguro apareció en el siglo XIV, poco después del contrato de seguro
marítimo. Empero, su gran desenvolvimiento es más bien reciente. Su nacimiento obedece a
las características iniciales del seguro que lo acercaban a una apuesta, y que obligaban al
asegurador, para hacer menos riesgosa su industria, a descargar en otro la responsabilidad
asumida (14) : téngase en cuenta que la prima se fijaba entonces menos por el riesgo que por el
estado del mercado (15) . Estas razones, la agravación del riesgo (16) o el lucro, es decir, para
beneficiarse con la diferencia de prima (17) , dieron nacimiento y auge al reaseguro. La
desaparición de estos factores no provocó la del reaseguro: actualmente funciona como el
complemento técnicamente necesario del seguro; de no existir, los aseguradores no podrían
afrontar sus obligaciones, por las enormes indemnizaciones comprometidas, ni aceptar los
grandes riesgos.

II

3. Evolución.

Los autores no están acordes en la consideración de la evolución del contrato. Así:

Bruck reconoce tres períodos (18) :

9
a) desde sus orígenes hasta mediados del siglo XV, en que se echan las bases de la institución;

b) el segundo período, hasta comienzos del siglo XVIII, en que aparecen, al lado del derecho
consuetudinario, las disposiciones legales, primero referentes al derecho marítimo, y luego al
seguro de incendio. Se crean los fundamentos del seguro sobre la vida, por las observaciones
de De Witt, en Holanda, y Von Neumann, en Breslau, estableciéndose en virtud de ellas la
primera tabla de mortalidad de Halley.

c) el tercer período, desde los comienzos del siglo XVIII hasta nuestros días. Caracterizado por
la codificación del derecho de los seguros; alcanza pleno desarrollo una doctrina general, y se
erigen las distintas ramas independientes, que el progreso técnico libera de la influencia
preponderante del seguro marítimo. Finalmente, se introduce el control del Estado.

Hémard (19) , por su parte, si bien reconoce tres períodos en esta evolución, los caracteriza así:

a) desde el siglo XV hasta el siglo XVIII: permanece siendo empírico; se separa lentamente de
la lotería, de la asistencia, de la previsión;

b) el siglo XIX: intenta llegar a ser científico, y lo logra por lo menos en el seguro sobre la vida;
es individualista y practicado por grandes sociedades que le dan una tendencia especulativa.
Aparecen los seguros de accidentes, de la responsabilidad civil, y el reaseguro para los seguros
terrestres. En Inglaterra se inicia el seguro popular sobre la vida y se impone el control estatal
sobre las empresas de seguro sobre la vida. En Estados Unidos se impone el control por el
Estado sobre toda clase de empresa: en Massachusetts en 1852, en New York en 1859, y luego
en los demás estados.

c) desde los últimos años del siglo XIX a nuestros días: adquiere un carácter científico, y
aparecen los seguros sociales. Halla su plena expansión en la mayoría de las ramas; su
perfeccionamiento técnico le da ese carácter científico, poniéndolo a tono con el desarrollo
económico y jurídico. Se amplía su dominio a todos los riesgos que pueden afectar al hombre,
en su persona y bienes. Se extiende el control por el Estado.

Vivante, a su vez, señala como rasgo fundamental de esta evolución el pasaje de la explotación
de la industria por personas a la cumplida por grandes empresas, por el cual cambia de
naturaleza y recibe un nuevo carácter jurídico (20) .

Donati (21) distingue en la evolución tres etapas:

10
a) la prehistoria, que abarca hasta los comienzos del siglo XIV: hasta este último momento se
dan las asociaciones asistenciales, las guildas, y los contratos accesorios de asunción del riesgo;

b) desde los comienzos del siglo XIV hasta el siglo XVIII, en la cual distingue dos épocas: 1)
una primera, hasta la mitad del siglo XVII, caracterizada por la estructuración del seguro
marítimo; 2) la segunda, de formación y consolidación de los seguros terrestres y de la empresa
de seguros;

c) la tercera fase incluye el desarrollo en los siglos XIX y XX. En el siglo XIX se establece la
legislación codificada, y al finalizar, las grandes leyes especiales; aparecen las pólizas colectivas
y de abono, surgen los seguros de la responsabilidad civil, agrícolas, de robo y otras ramas
menores; coincide con un florecimiento de notable elaboración científica. En el siglo XX
prosigue aceleradamente la evolución y aparición de nuevas ramas; pero sus rasgos destacados
son dados por las nuevas leyes de la materia, que se caracterizan: a) por no ser supletorias, sino
imperativas, para asegurar el equilibrio de las partes; b) la legislación del contrato prevé una
parte general, común a todas las ramas, y otra especial, que regula las ramas más importantes;
c) se legisla sobre la empresa aseguradora y su control estatal.

Garrido y Comas, que sigue el esquema de Manes, divide la evolución en cuatro épocas (22) :
1) la prehistoria, que comprende la antig edad y la Edad Media hasta el siglo XIV; 2) desde
mediados del siglo XIV hasta fines del XVII, caracterizada por la aparición de la póliza; 3)
desde el siglo XVIII hasta la mitad del XIX, cuya característica está dada por la aparición de las
compañías de seguros, y 4) hasta la actualidad, cuando se distingue por la explotación moderna
y por el derecho del seguro, público y privado.

III

4. Legislación.

11
Originariamente la legislación del seguro se limitó a recopilar las reglas referentes al seguro
marítimo. La Tabla amalfitana, los R“les d´Oléron, la Ordenanza francesa de 1681, el
Consulado del Mar, las Ordenanzas de Bilbao, el Guidon de la Mer, las leyes de Wisbuy,
incluso el propio Código de Comercio francés de 1807, no consideran sino el seguro marítimo.
Es necesario llegar al Código holandés para hallar un título dedicado a los seguros terrestres, de
donde pasó a los códigos de Portugal, Brasil y al nuestro, en el cual se ha mantenido
prácticamente intacta a pesar de la reforma de 1889.

Esta legislación del siglo XIX -y la dictada en otros países, España, Italia, etc.- se halla
inspirada en el principio dispositivo, en interés y protección del asegurador más que del
asegurado, no obstante el art. 503 Ver Texto de nuestro Código de Comercio.

El siglo XX marca una reacción notable: a ejemplo de Estados Unidos e Inglaterra, Alemania,
Suiza, Austria, primero, luego Francia, Suecia y otros países sancionan sus leyes especiales
sobre seguros y control de las empresas de seguros, encaminadas a la protección del asegurado,
fundadas en la naturaleza de contrato de masa del seguro (23) . Se tiende a establecer "un
conjunto de normas prohibitivas, orientado a dar a la institución una fisonomía rígida, no
modificable por la voluntad de las partes" (24) .

5. Legislación argentina.

La legislación argentina, cuyo atraso puntualizó el autor de este libro (25) , ha sido renovada
con la sanción de la ley 17418 Ver Texto. El Código de Comercio dejaba librada a los
contratantes la mayor parte de las disposiciones, y fijar el alcance de su art. 503 Ver Texto era
un problema grave (26) . La creación de la Superintendencia de Seguros, en 1937, introdujo el
control estatal activo, más o menos eficazmente ejercido, pero no pudo subsanar los defectos
de una legislación inspirada principalmente en el Código holandés proyectado en 1826.

La ley 17418 Ver Texto, en lo que al contrato de seguro se refiere, ha venido a reemplazar los
arts. 492 Ver Texto a 557 Ver Texto y 1251 Ver Texto a 1260 Ver Texto del Código de
Comercio (art. 253 Ver Texto), sustituyéndolos con los títulos I y II (arts. 1 Ver Texto a 162
Ver Texto).

12
La ley fue confeccionada sobre la base de un anteproyecto redactado por el autor de este libro,
por comisión del Poder Ejecutivo en 1959. El anteproyecto fue presentado el 9 de junio de
1959, con una exposición de motivos; y se sometió a una comisión asesora y revisora,
integrada, entre otros, por delegados del Poder Judicial, de los aseguradores argentinos y
extranjeros, de las Facultades de Derecho de Buenos Aires y de Córdoba, y de la
Superintendencia de Seguros. La comisión trabajó en estrecha colaboración con el redactor y
produjo despacho por unanimidad (27) , que fue elevado al Poder Ejecutivo el 10 de junio de
1961, con un amplio informe. El proyecto así elaborado no se envió al Congreso. Sometido en
1966 a una nueva comisión integrada por los profesores doctores Colombres, Fontanarrosa,
Michelson y Morandi, reprodujo en 1967 el proyecto de la comisión revisora con algún retoque
incidental no muy feliz y limitado al contrato de seguro (28) . El régimen de la empresa -que
integraba el anteproyecto- fue separado de la regulación del contrato de seguro, y finalmente
sancionado el 11/1/1973 como ley 20091 Ver Texto, que entró en vigencia a partir del 21 de
abril de 1977.

La ley sigue la orientación de la legislación más moderna, pero adecuando sus disposiciones a
las peculiares necesidades del territorio, del comercio y de la población del país.

En la Exposición de Motivos con que fue elevado el anteproyecto se expresaba:

"La extensión del proyecto lo enrola en la tendencia legislativa "reglamentaria". La explotación


del contrato de seguro se caracteriza por la contratación en masa, que requiere, por la técnica
de la institución, condiciones generales uniformes. Estas condiciones generales uniformes
aparecen impuestas a los asegurados, que no se hallan en condiciones (técnicas ni económicas)
para discutirlas.

"De ahí la ley reglamentaria, integrada por un número crecido de disposiciones imperativas o
sólo modificables en favor del asegurado. Estas calidades resultan no sólo de la declaración
expresa de la ley, sino también de su redacción imperativa y de su función.

"La protección que resulta así para el asegurado se completa con la derivada del contralor
activo que debe ejercer la Superintendencia de Seguros.

"A su vez, los aseguradores han de hallar su adecuada protección:

"a) frente a los asegurados, con severas normas de represión de las maniobras dolosas y actos
cumplidos con culpa grave;

13
"b) respecto de la autoridad de contralor, con restricción de la discrecionalidad administrativa
(en sentido jurídico), por una más clara regulación de sus atribuciones, por la previsión del
procedimiento aplicable y la inclusión de un recurso judicial de alzada.

"El saneamiento de las prácticas comerciales de los aseguradores queda sometido a la


Superintendencia de Seguros, a quien se le entrega un instrumento legal, integrado por un
conjunto de atribuciones y un sistema de sanciones que es resultado de veinte años de
experiencia del régimen vigente".

Estos caracteres fundamentales se han mantenido en la ley (29) .

IV

6. Breve noticia de los orígenes del comercio del seguro en la Argentina.

En la Argentina, la conveniencia de crear una compañía de seguros se menciona por primera


vez en la memoria del Consulado, del año 1796, redactada por Belgrano. Y en ese mismo año
se fundó La Confianza, que funcionó hasta 1802 (30) .

El 21 de octubre de 1811, por iniciativa atribuida a Rivadavia, el Triunvirato resolvió auspiciar


la creación de una compañía de seguros, sin que se llegara a realizar.

Recién en 1855 se instalan agencias de empresas extranjeras. Y en 1859, a poco de sancionado


el Código de Comercio para la provincia de Buenos Aires, se creó una empresa argentina,
seguida por otras nuevas.

La evolución de estas empresas ha sido azarosa: les siguió siempre la desconfianza, fundada en
la quiebra de algunas de ellas por su administración apartada de todo sano principio, y su
política poco seria hacia los asegurados. Esta desconfianza ha mermado en mucho por la
consolidación de algunas compañías, y la depuración y control ejercidos por la

14
Superintendencia de Seguros, originada en el decreto 108295 de 1937, ratificado por ley 12360 ,
que dio lugar al dictado de la ley 11672, art. 102 Ver Texto.

6 (a.1). - En el punto (sic) 2 del referido art. 102 de la ley 11672 (t.o. por decreto 11424/1938 )
se expresaba: "Créase la Superintendencia de Seguros, dependiente del Ministerio de Hacienda,
con los siguientes fines y atribuciones: controlar y fiscalizar la organización, funcionamiento,
solvencia y liquidación de las sociedades de seguros, en todo lo relacionado con su régimen
económico y especialmente los planes de seguros, tarifas, modelos de contratos, balances,
funciones y conductas de los agentes o intermediarios y publicidad en general". Y el punto 4
agregaba que quedaban sometidas a las disposiciones relativas a ese ordenamiento "las
sociedades nacionales o extranjeras que operen en seguros o reaseguros por cuenta propia o de
terceros", por lo cual, a los efectos de su constitución, la Superintendencia "entenderá en
forma exclusiva en toda solicitud, a cuyo fin deberán presentarse por los interesados los
antecedentes y constancias requeridos para el otorgamiento de la personería jurídica y los
estatutos para su aprobación". Las actuaciones debían luego ser elevadas por el Ministerio de
Hacienda al Ministerio de Justicia e Instrucción Pública -más tarde fue al Ministerio de
Educación y Justicia (decreto 1063/63 )-, aconsejando la resolución que correspondiera al
efecto de la concesión para denegar o retirar la personería, como también para la aprobación
de la cesión total o parcial de cartera. Acordada la personería, la Superintendencia disponía la
inscripción en el Registro de Sociedades de Seguros.

Estas disposiciones fueron reglamentadas por el decreto 23350/39, cuyo art. 1 disponía que
estaban obligadas a cumplir las disposiciones de dicho "Régimen Legal de Superintendencia de
Seguros", art. 102 de la ley 11672 (t.o. 1938) y las que se dictaran en su consecuencia, "las
entidades, tanto nacionales como extranjeras, que realicen cualquier género de operaciones de
seguros en el territorio de la República, ya sean sociedades anónimas, cooperativas, sociedades
de seguros mutuos, mutualidades de seguros, personas o sociedades de cualquier naturaleza
jurídica", y agregaba que dichas entidades debían dedicarse, en forma exclusiva, a operar en
seguros y a administrar los bienes en que tuvieran invertidos el capital y las reservas. Por
decreto 61138/40 se creó el Consejo Consultivo de la Superintendencia de Seguros, que tenía
por función dar su opinión sobre los aspectos fundamentales de la actividad aseguradora
(proyectos de ley, normas sobre contabilidad, balances y estadísticas, pólizas, tarifas, etc.).
Otras normas reglamentarias se fueron sucediendo, referidas a las facultades de la
Superintendencia para requerir información y la exhibición de libros y comprobantes (decreto
15846/48 ), el deber de las entidades aseguradoras de remitir copia de las actas de asambleas, e
informar la nómina de accionistas y composición del directorio (resolución 119/40 S.S.N.), etc.

El referido régimen legal fue luego reestructurado por el decreto 1063 , del 7 de febrero de
1963, que daba nuevo ordenamiento a las disposiciones legales entonces vigentes sobre control
y fiscalización de la actividad aseguradora, las cuales, empero, debían seguir siendo citadas
como "Régimen Legal de Superintendencia de Seguros", ley 11672 , edición 1943 (III-38), art.
150, t.o. 1962 (así lo disponía el art. 1 del decreto 1063/63).

15
Se mantenía la imposición a las aseguradoras de presentar ante la Superintendencia sus planes
de seguros, los modelos de pólizas -o los cambios que fueran a introducir en ellos-, sus
fundamentos técnicos y las tarifas a emplear. En los seguros de vida debían ir acompañados,
además, de las tablas de mortalidad y de conmutación y otros elementos técnicos en que se
fundaren sus planes. Las primas sólo serían observadas cuando fueren insuficientes, abusivas o
arbitrariamente discriminatorias, y se disponía el establecimiento de niveles mínimos
uniformes, a fin de que no se afectase la estabilidad del mercado ni la solvencia de los
aseguradores. Y ya entonces se establecía: "Las pólizas deben ser de condiciones equitativas y
redactadas en forma clara en idioma nacional, salvo las de riesgo marítimo, que podrán ser en
idioma extranjero" (punto 8).

A la Superintendencia de Seguros de la Nación se le confería el carácter de entidad autárquica


en jurisdicción del Ministerio de Economía, con personería para actuar en juicio y se le atribuía
como función el contralor de los aseguradores en lo relativo a su régimen económico y técnico,
a cuyo efecto podía fiscalizar y objetar la organización, funcionamiento, solvencia y liquidación
de las sociedades de seguros privadas, estatales o mixtas, y los planes, primas y modelos de
contratos que emplearen, sus balances y la publicidad que efectuasen de su actividad, y,
asimismo, el régimen y conducta de los intermediarios. A su propuesta, el Poder Ejecutivo
fijaba, mediante el Ministerio de Economía, los capitales mínimos para operar en seguros. Se
establecía, asimismo, que las sucursales y agencias de sociedades extranjeras debían mantener
radicados en nuestro país los capitales y reservas (punto 2).

El mantenimiento de dicho organismo se nutría de una cuota anual que fijaba el Poder
Ejecutivo, impuesta a las entidades que realizaban operaciones de seguros, y una tasa uniforme
sobre las primas directas, netas de anulaciones, recursos éstos destinados a atender los gastos
de funcionamiento de dicha Superintendencia (punto 1).

El ordenamiento establecía que en su régimen quedaban comprendidos todos "los


aseguradores sin excepción", nacionales y extranjeros, que operaren en seguros o reaseguros
por cuenta propia o de terceros; y la Superintendencia podía incluir en él a quienes realizasen
"operaciones asimilables al seguro", cuando su naturaleza y alcance lo justificara (puntos 2 y 4)
(31) .

La creación del Instituto Mixto Argentino de Reaseguros por la ley 12988 impuso a los
aseguradores el monopolio del reaseguro por este ente, el cual fue liquidado por la ley 14152 y
reemplazado por el Instituto Nacional de Reaseguros (Inder), organizado por el decreto 10073
Ver Texto de 1953 (t.o. por decreto 10307 , del 11 de junio de 1953).

6 (a.2). - Durante más de cuatro décadas, el Inder actuó como reasegurador monopólico en
calidad de empresa del Estado, y más tarde, por ley 21678 Ver Texto, quedó sometido al
régimen de las sociedades del Estado de la ley 20705 Ver Texto. Posteriormente, ante los
problemas económicos surgidos en su operatoria, la resolución 412/89 de la Superintendencia

16
de Seguros de la Nación autorizó a las aseguradoras de plaza a reasegurar libremente el 40% de
sus excedentes; el decreto 1615/91 Ver Texto lo declaró más tarde sujeto a privatización hasta
que, finalmente, el decreto 171/92 Ver Texto dispuso su disolución y liquidación; se llegó, así,
a un régimen de reaseguro libre (32) .

La forma en que en su primera época se ejerció el monopolio del reaseguro ha tenido


consecuencias altamente perniciosas para el comercio del seguro, tales como proliferación de
empresas que lucran con la comisión de reaseguro sin retención seria del riesgo, y como
consecuencia antiselección de los riesgos, pues los "malos riesgos" eran aceptados a las tarifas
comunes, insuficientes, porque se "descargaban" por vía del reaseguro sobre el Inder (33) , y
por éste -por la retrocesión al pool de aseguradores- a los demás aseguradores; control
exorbitante de dicha entidad estatal sobre las liquidaciones de los siniestros para evitar pagos
excesivos por el desinterés que generan esas bajas retenciones, con las consecuencias de quitar
agilidad al contrato y de imponer litigios en desmedro del buen nombre y seriedad del
comercio del seguro; etc. (34) .

7. Importancia del comercio del seguro en la Argentina.

Para tener una idea del comercio del seguro en el país, cabe recordar estos datos:

I) Primas emitidas en el ejercicio 1998-1999 (en millones de pesos):

1) Seguros patrimoniales: $ 4.147,00

Automotores $ 2.48300,

Riesgos del trabajo $ 603,20

Resto de coberturas $ 1.060,80

2) Seguros de personas: $ 2.170,40

17
Vida $ 1.536,90

Previsional $ 363,40

Individual y colectivo $ 1.173,50

Retiro $ 633,50

Renta previsional $ 287,00

Retiro previsional $ 346,50

Total $ 6.317,40

Distribución de la producción por ramos (12 meses cerrados al 30/6/1999):

a) Patrimoniales

Automotores $ 2.483,00 39,30%

Riesgos del trabajo $ 603,20 9,55%

Resto $ 1.060,80 16,79%

Vida

Previsional $ 363,40 5,75%

Individual y colectivo $ 1.173,50 18,58%

Retiro

18
Renta previsional $ 287,00 4,54%

Retiro $ 346,50 5,48%

Total general $ 6.317,00 100%

II) Siniestros pagados (1997/1998):

Patrimoniales: $ 2.201,00

Automotores $ 1.257,90

Riesgos del trabajo $ 426,20

Resto $ 516,90

Seguro de personas $ 706,00

Accidentes personales $ 18,50

Vida $ 658,00

Individual y colectivo $ 488,20

Previsional $ 169,80

Retiro $ 22,49

Retiro $ 1,30

Renta previsional $ 28,20

19
Total general $ 2.907,00

Señalaba el autor de esta obra, hacia 1960, que no obstante el aumento del número de
contratos celebrados, el desarrollo del mercado, medido en cifras absolutas, ponía en evidencia
la falta de un desarrollo adecuado, tanto en seguros patrimoniales como en los de vida;
agregaba que la inflación había tenido una influencia fundamental en este proceso y que no se
había aprovechado la experiencia extranjera en la materia (35) .

Capítulo I. CONCEPTO, NATURALEZA, DEFINICIÓN, CLASIFICACIÓN Y


ELEMENTOS DEL CONTRATO DE SEGURO

1. Los fundamentos.

El contrato de seguro, en el estado actual de su evolución, se funda en la mutualidad y en la


estadística.

El requisito de la estadística se impone porque el riesgo asumido debe tener cierta frecuencia
con relación a la masa de asegurados, respecto de la cual es menester que el siniestro aparezca
con la mayor certeza posible, aunque para el asegurado subsista la incertidumbre. Este siniestro
no puede ser raro ni muy frecuente: no puede ser raro, porque entonces no hay forma de
apreciarlo; ni muy frecuente, porque jurídicamente pierde la incertidumbre. Además, la
estadística -que sólo es cierta para el pasado, pues para el futuro no constituye sino una mera
hipótesis- sólo puede ser eficaz para hechos que se repitan con regularidad y constancia
determinadas, porque el azar, observado en grandes masas, obedece a la ley de los grandes
números (36) .

20
Este recaudo es cumplido eficazmente en el seguro sobre la vida, según las tablas de
mortalidad, fundamento de la fijación de las primas, que en estos seguros dependen de la
duración probable de la vida y la tasa del interés (37) .

Pero esto no quiere decir que la estadística o el cálculo estadístico sea fundamental para
determinar la existencia de un contrato de seguro. No sólo es así históricamente, ya que la
primera tabla de mortalidad data del siglo XVII, sino que existen ramas de estadística
deficiente -incendio, robo, granizo- y otros tipos nuevos que carecen por completo de tal base
técnica, como es el seguro de crédito, por ejemplo (38) , los riesgos por el empleo de la energía
atómica o por calamidades naturales.

2. Realización de la hipótesis estadística.

La estadística debe referirse a riesgos de naturaleza semejante, de objeto, valor y duración


homogéneos, y fundarse en la dispersión del riesgo, es decir, que no se trate de riesgos
generalizados, porque de lo contrario se tornan técnicamente no asegurables (39) .

La explotación que realiza el asegurador tenderá a reproducir el resultado de la estadística, por


medio de una rigurosa selección de los riesgos, creando una homogeneidad idéntica a la de las
tarifas: naturaleza, objeto, valor y duración de los riesgos. Esto no implica que no se acepten
los riesgos que se aparten de los datos estadísticos: se aceptarán como riesgos tarados
(agravados), con recargo de prima; esto es, la homogeneidad se logra mediante diversos planes,
por los cuales se crea diversidad de categorías (40) .

3. Mutualidad de asegurados.

21
Es menester que el asegurador realice la agrupación de los riesgos para reunir un fondo de
primas, condición indispensable para prometer y cumplir las obligaciones que asume. Es decir:
el seguro se funda en la mutualidad o agrupación más o menos consciente.

Esto resulta evidente en la sociedad de seguros mutuos y en la sociedad cooperativa de


seguros. En los seguros a prima fija explotados por una sociedad anónima aparece oculta por la
empresa aseguradora, que se interpone entre el asegurado o colectividad de asegurados y la
colectividad de siniestrados: los riesgos se reparten entre ellos por medio de la prima; el
asegurador es un mero intermediario, que sólo en muy pocas ocasiones pagará con dinero
propio.

Por esta razón, la operación aislada de seguro es un mero traslado del riesgo y no su
neutralización, causa por la cual se discute si en realidad importa un contrato de seguro (41) .
Para la ley 16432 (t.o. 1962, punto 14) esta operación aislada es un contrato nulo, solución que
se mantiene en el proyecto de régimen de empresas conforme a las disposiciones de los arts. 2
y 69, 2º párr., y concordantes.

No obstante, se afirma que el autoseguro es posible si reúne todos los caracteres técnicos de tal
(42) .

Es menester que sea el objeto principal de la operación, porque la asunción accesoria de un


riesgo ajeno no es seguro (43) , como no lo son las cláusulas de irresponsabilidad (44) .

Esta idea de mutualidad no debe ser exagerada; incluso para quienes es recaudo que se contrate
con una empresa, no es menester que esa mutualidad exista ya al tiempo de contratar el seguro;
para la validez del contrato individual es suficiente que se contrate con una empresa autorizada
(45) , esto es, en vista de su inserción en esa mutualidad.

3 (a). - A la estadística, como técnica de análisis del comportamiento del riesgo, y la


mutualidad, como mecanismo de atomización o neutralización de sus consecuencias
económicas desfavorables, cabe agregar otro aspecto fundamental del seguro: el traslado de
dichas consecuencias a una persona distinta (el asegurador) de aquella que sufre efectivamente
el impacto del siniestro (asegurado).

Esta trasferencia forma parte de la esencia del seguro, y es la que primero aparece en los
orígenes de la institución, a menudo asociada a formas rudimentarias de mutualidad.

22
No obstante, y tal como lo destaca el texto principal, para el seguro en su forma actual no
resulta suficiente la mera trasferencia de las consecuencias económicas del riesgo a otra
persona o grupo de personas: su explotación exige que quien recibe ese riesgo actúe conforme
a requerimientos técnicos inexcusables, dirigidos a la categorización y cuantificación del riesgo,
determinación de su probabilidad de ocurrencia y de la cuota de contribución para la
formación de un fondo común que, desde el punto de vista económico, implica un mecanismo
de distribución de dichas consecuencias, a priori, entre los integrantes de la mutualidad.

La técnica permite determinar con razonable aproximación cuántos siniestros van a acontecer
dentro de una rama o especie de seguro determinada en virtud de la información estadística
procesada y analizada en función de la ley de los grandes números; pero no sabe cuál de los
bienes o personas asegurados resultarán individualmente afectados. De allí que esa
incertidumbre (que es relativa, ya que opera sólo respecto de cada caso individual considerado
aisladamente, pero que se reduce si se la evalúa tomando la totalidad de las coberturas del
grupo) mantenga el carácter aleatorio esencial del contrato de seguro (art. 3 Ver Texto, ley
17418) (46) . Y la circunstancia de mantener estrecha vinculación técnica con la "ley de los
grandes números" hace que los sucesos siniestrales respondan con mayor precisión a las
hipótesis que se han elaborado en función de las estadísticas, a medida que sea mayor el
número de coberturas asumidas por el asegurador respecto de cada rama a la cual se refieran
los seguros por él celebrados. De allí que, como se ha señalado (47) , la empresa de seguros se
ve instada, por la propia naturaleza de su actividad, a extender de la manera más amplia posible
el ámbito de su accionar. Sin perjuicio de ello, cabe agregar, como más adelante se señala en
esta obra, que el efecto de homogeneización de los riesgos se logra también -y más
frecuentemente- por mecanismos técnicos complementarios tales como el reaseguro, el
coseguro, etc., con los cuales se puede neutralizar la insuficiencia de operaciones y permitir el
logro de una adecuada compensación de los riesgos asumidos (48) .

Otro aspecto propio del seguro es su finalidad de previsión. Tal característica es la que permite
distinguirlo del juego y le aporta su faceta ética que, junto con la económica, de resguardo de
las economías familiares y empresariales, le confieren su enorme importancia individual y social
y mueven a su protección y promoción.

Tal finalidad se relaciona íntimamente con las características que aquí se exigen al riesgo: éste
debe ser extraño a la voluntad del asegurado, quien, precisamente, busca evitarlo por medio del
seguro. Tal alienidad no significa que la conducta del asegurado deba permanecer en todos los
casos necesariamente neutra en relación con el riesgo; de lo contrario, no podrían existir los
seguros contra la responsabilidad civil, en especial cuando protege respecto de las
consecuencias patrimoniales derivadas de conductas culposas no graves (arts. 109 Ver Texto y
114 Ver Texto, LS.). Pero, precisamente, la voluntad no debe estar dirigida a crear ese riesgo,
que se tornaría entonces artificial, como ocurre con el juego, en el cual si bien existe riesgo

23
patrimonial, es generado y directamente buscado por el jugador. El seguro nace como acto de
previsión y responde a la necesidad de procurarse anticipadamente los medios con los cuales
atender a las dificultades económicas que el acaecimiento del siniestro puede ocasionar en la
vida normal de las personas o de las empresas frustrando u obstruyendo su desenvolvimiento
habitual.

Esa finalidad de previsión tipifica el riesgo, al cual impone caracteres peculiares que permiten
su distinción del contenido en otras especies de sucesos aleatorios capaces de causar perjuicios
o generar necesidades, en especial el del juego, producto del azar artificialmente creado, al cual
el jugador se somete voluntariamente. Efectuar la crítica del juego desde el punto de vista ético
y social constituye tarea más bien sencilla: se trata de una actividad que no sólo no posee
características que enfilen hacia la producción o previsión económicas, sino que muy
frecuentemente pone en peligro la estabilidad de las economías familiares o empresariales, y es
producto de incontinencias de la voluntad que no pocas veces culminan en tragedias (ruina
patrimonial, suicidio, etc.). El juego no es acto de prudencia (previsión), sino de sometimiento
voluntario e innecesario a un riesgo que, si asume una magnitud económica considerable,
puede llegar a hacer peligrar la estabilidad económica de quien lo lleva a cabo y de las personas
que de él dependen. Hasta la ley civil lo trata con disfavor, privando al jugador, en algunos
casos, de acción judicial para reclamar el cumplimiento de lo ganado (arts. 2052 Ver Texto a
2063 Ver Texto, CCiv.) (49) . A veces se lo tolera por motivos indirectos de beneficio social
(aplicación del producido de loterías, rifas, etc., a obras de beneficencia), al propio tiempo que
con frecuencia se combate su explotación particular.

La finalidad de previsión del seguro aparece manifiesta en los seguros patrimoniales, en los
cuales se persigue la indemnización de los perjuicios derivados del siniestro respecto de los
bienes sobre los cuales recae el interés asegurado, ya sea mediante su reparación o por el
reintegro de su valor económico en los casos de destrucción o desaparición. Asimismo, dicha
finalidad de previsión constituye también el elemento que permite mantener los seguros de
personas dentro del concepto general de "seguro", los cuales, como destaca el autor de esta
obra, poseen un "fuerte elemento de capitalización"; en ellos falta la exigencia de relación entre
la prestación prometida y el daño realmente sufrido. Si bien la finalidad de previsión reside, en
los seguros de personas, más bien en la naturaleza que en la esencia de dichas coberturas (su
ausencia no permite requerir la declaración de nulidad o inexistencia del contrato y,
demostrado el fallecimiento del asegurado, el asegurador debe proceder al pago del capital
asegurado al beneficiario, sin poder imponer como requisito la demostración de daño o
necesidad económica, etc.), su origen previsional y su función normal en tal sentido, en la
inmensa mayoría de los casos, erigen este elemento como suficiente para cobijar bajo el mismo
manto conceptual de la previsión ambas especies de seguros (patrimoniales y de personas),
aspecto que, además, se une a la similitud de su técnica (necesidad de mutualidad, análisis
estadístico, modalidad habitual de contratación mediante fórmulas de adhesión) y al carácter
eventual de la prestación del asegurador.

Esta problemática se analiza con mayor detenimiento al tratar sobre el concepto unitario del
seguro (§ 10 y ss.).

24
4. Ventajas del seguro.

Además de sus virtudes morales (50) , el seguro crea seguridad, capitales y crédito.

Crea seguridad en cuanto origina la protección en la medida que satisface la necesidad eventual
suscitada por el riesgo. En esta medida repercute en la economía, al desarrollar el espíritu de
empresa, mejorar los medios de producción, la posibilidad de reconstruir las instalaciones
dañadas, etc. (51) . En este sentido, socializa los riesgos, pues las personas sometidas al mismo
riesgo soportan, mediante el pago de las primas, los siniestros que sufren algunas de entre ellas.

Crea capitales, por la constitución de grandes reservas por los aseguradores para afrontar los
pagos de las indemnizaciones, con las pequeñas sumas pagadas por primas, y que ser deben
invertidos (52) .

Crea crédito, porque refuerza la garantía de los acreedores. Además, el asegurador otorga
préstamos a los asegurados, la póliza puede ser prendada, y el seguro de crédito permite al
comerciante una acción menos conservadora (53) .

(2) Besson y Picard, I, ps. 1 a 3; Hémard, nº 83.


Otros autores adoptan una opinión más radical; niegan toda noción de la materia: no sólo falta
de la técnica jurídica, sino del supuesto económico, la necesidad, que cuando aparecía
excepcionalmente era suplida por el Estado, como durante las Guerras Púnicas o en el reinado
de Claudio: Gasperoni, nº 1, ps. 813 y 814; Vance, p. 8.

(3) Hémard, nº 83; Vance, p. 9. Donati llama a esta etapa "la prehistoria" (ob. cit., I, ps. 55 y
ss.).
Bruck admite que se practicó entre los romanos confundido con los otros contratos (p. 4, nota
1).

25
(4) Hémard, nº 84.
Entre los germanos, señala Bruck, también existieron asociaciones militares y collegia
tenuiorum, sin contar los fondos para los sepelios y para el culto pagano. Entre los egipcios
existieron asociaciones análogas (p. 4, nota 1).

(5) Hémard, nº 85; Vance, p. 11.


Gasperoni señala que ya en el siglo XI se practicaba como accesorio de otros contratos; la
prima se daba en la diferencia de precio (nº 3, p. 814).
Vance indica en algunas investigaciones que halla su origen mediato en el Código de
Hammurabi, en las leyes de Manú, y difundida práctica de los fenicios (p. 10).

(6) Gasperoni, nº 3, p. 814; Hémard, nº 85; Vance, ps. 11 y ss.; Donati, I, nº 24.
Originariamente se practicaba bajo una forma de venta, cuyo precio se pagaba si el barco y la
mercadería no llegaban a puerto. Se adoptó esta forma para eludir la prohibición del préstamo
a interés: Besson y Picard, I, nº 1, ps. 1 a 3.
Bruck señala que el seguro de incendio es de origen germánico; indica como su fuente
legislativa la legislación islandesa de 1118 (ps. 8 y ss.).

(7) Hémard, nº 85; Vance, p. 15, cita un caso judicial litigado en 1545.

(8) Hémard, I, nº 10, p. 14; Donati, I, nº 26.

(9) Besson y Picard, I, ps. 5 y 6, y III, nº 1; Vance, p. 20.

(10) Bruck, ps. 4 y ss.

(11) Besson y Picard, I, ps. 5 a 7, y III, p. 5.

(12) Besson y Picard, I, ps. 3 a 5, y IV, nº 11; Hémard, I, nos. 88 a 96; Vance, p. 21. Existieron
contratos anteriores, pero su práctica fue inmediatamente prohibida (Vance, p. 21, nota 49).

(13) Gasperoni, vº Assic. di resp. civile, p. 840, nº 1.

(14) Persico, ps. 9 y 10. El contrato más antiguo que se conoce es de 1370.
Esta necesidad de los aseguradores los llevaba también a reunirse para buscar entre ellos
mismos una mejor información, sea en lugares determinados -origen del Lloyd´s, de Londres-
o en cámaras, como en Italia. Cfr. Vance, ps. 18 y ss.

(15) Tanto que el Guidon de la Mer establecía como motivo fundamental del contrato el
arrepentimiento del asegurador, y que autores clásicos han mantenido: Persico, ps. 11 y 12.

(16) Las ordenanzas de Hamburgo de 1730, de Estocolmo de 1750, y otras, imponían al


asegurador el deber de declarar el estado del riesgo al momento de tomar el reaseguro: Persico,
ps. 12 y 13.

(17) Esto fundó la prohibición en Inglaterra, de 1745, que se levantó en 1864, aunque ínterin
se siguió practicando: Persico, ps. 13 y 14.

26
(18) Ob. cit., ps. 3 y ss.
Benítez de Lugo, Reymundo, ob. cit., I, ps. 50 y ss., adopta un criterio análogo.

(19) Hémard, I, nros. 86 y ss.


En el nº 141 señala que en el tercer período pierde el carácter personal. La observación no es
totalmente exacta; veremos en el curso de nuestro estudio que es así sólo para alguna rama o
especie.

(20) "Merced a esta evolución, el comercio de seguros ha cambiado de naturaleza. El comercio


adventicio, grandemente aleatorio, se trasforma en un comercio sistemático y prudente, por el
cual si la empresa aseguradora asume aún frente a cada asegurado la obligación de pagar una
suma mucho mayor que la prima, está casi segura de pagar a todo el grupo menos de cuanto
percibió en conjunto. Bajo el impulso de la especulación, el oficio de las empresas aseguradoras
alcanzó el rango de una alta función social, puesto que dirigen los pequeños capitales recogidos
de los asegurados a la reparación de los siniestros y a la actuación de la previsión más benéfica.
En el método con el que se alcanzó este resultado, en la forma especial de seguridad, que
suministran a las actividades de los hombres, se debe buscar no sólo el carácter social, sino
también el jurídico del contrato de seguro" (Vivante, Trattato, nº 1857).

(21) Donati, ob. cit., I, ps. 53 y ss.

(22) Garrido y Comas, ob. cit., ps. 3 y ss.

(23) Gasperoni, ps. 817-818.

(24) Lordi, nº 563.


Señala como las ideas inspiradoras de esta orientación: ningún límite para la solución de las
declaraciones mentirosas del asegurado; doble protección del asegurado, por el control estatal
de las empresas y la nulidad de ciertas cláusulas (nº 499).

(25) En su libro Contrato de seguro, p. 7, nº 5.

(26) Segovia, nota 1748; Rivarola, p. 245, nota 1; Fernández, p. 438.

(27) El redactor elevó por separado el proyecto de ley de seguro obligatorio de la


responsabilidad civil por automotores, que desglosó, para no producir despacho en disidencia,
pues en la comisión revisora sólo lo apoyó escasa minoría.
Esto no significa que sobre las demás disposiciones existiera unanimidad de criterios: como
todo trabajo en comisión, es resultado de transacciones o concesiones para hacer posible un
resultado práctico de la tarea en colaboración. Además, dentro de las posibilidades políticas de
su sanción legislativa, cometida, entonces, a los órganos establecidos por la Constitución.

(28) Para un mayor detalle de los trabajos que culminaron en la sanción de la ley 17418 Ver
Texto, ver Morandi, La reforma del Código de Comercio en materia de seguros, JA 1967-VI.

(29) Para el seguro marítimo se estableció una legislación específica, en la ley de la navegación
20094 Ver Texto (que conforma el libro tercero del Código de Comercio), título III, capítulo
III, sección 6ª, "De los seguros" (arts. 408 Ver Texto a 470 Ver Texto).

27
(30) Manuel Belgrano, en el "Correo de Comercio de Buenos Aires", el 15 de diciembre de
1810, expresaba: "Asegurar o hacer el comercio de seguros es hacerse propio el riesgo de otro
sobre tal o cual objeto a condiciones recíprocas. Estas condiciones son explicadas en un
contrato mercantil bajo firma privada, que lleva el nombre de póliza de seguros. Una de las
condiciones es el precio llamado primer seguro". Y proseguía luego una extensa exposición de
las especies de seguro, las formas que podían adoptar los aseguradores, las características del
riesgo, sobreseguro, etc.

(31) El régimen actual de control de la actividad aseguradora está regido por la ley 20091 Ver
Texto, que se examina en el capítulo II.

(32) Ver § 49.

(33) No se imponía un mínimo de retención, y se han dado casos de reaseguro de la totalidad


del seguro sin observación por el Inder.

(34) El ex presidente del Inder Dr. Luis M. Otero Monsegur, por encargo del Poder Ejecutivo,
elevó un informe sobre la actuación de ese organismo, en setiembre de 1960, criticado
severamente por Zavala Rodríguez, ob. cit., II, nº 1819.

(35) Introducción, § 7, ed. 1970. Ver Demaría, La asegurabilidad de los riesgos presentes de
inflación, en "Assicurazioni", 1940, 1ª parte, p. 1; D´Addario, En torno a los contratos de
seguros de la responsabilidad civil independiente de las fluctuaciones del valor de la moneda,
en "Assicurazioni", 1942, 1ª parte, p. 129, y Fluctuaciones monetarias y seguros de la
responsabilidad civil: posibles mecanismos de reequilibrio, en "Assicurazioni", 1943, 1ª parte,
p. 94; Ferrarini, Valor del seguro y precios del mercado negro, en "Assicurazioni", 1949, 2ª
parte, p. 52; Pugnone, Las compañías vida y la crisis monetaria, en "Assicurazioni", 1949, 1ª
parte, p. 333; Donati, Manlio, Cláusulas oro, desvalorización monetaria y mora debendi, en
"Assicurazioni", 1951, 2ª parte, p. 120; Ferrarini, Problemas jurídicos de la desvalorización
monetaria en el seguro de daños, en "Assicurazioni", 1950, 1ª parte, p. 38; Tognoli, Sobre la
posibilidad de emitir pólizas de seguros sobre la vida y capitales revaluables en el caso de
desvalorización monetaria, en "Assicurazioni", 1950, 1ª parte, p. 364; Gasperoni, En materia de
desvalorización monetaria en el seguro de la responsabilidad civil, en "Assicurazioni", 1951, 2ª
parte, p. 92; Donati, Manlio, Inestabilidad monetaria y variación del riesgo, en "Assicurazioni",
1951, 2ª parte, p. 7; Donati, Antigono, Las variaciones del riesgo en las oscilaciones del poder
adquisitivo de la moneda, en "Assicurazioni", 1954, 2ª parte, p. 113; Arena, Ahorro asegurativo
y estabilizadores financieros, en "Assicurazioni", 1958, 1ª parte, p. 155; Beineix, R., La
indización del seguro de incendio y de los riesgos anexos en Europa, en "Rev. Gén. Ass.
Terr.", 1960, p. 417; Sánchez González, H., La revalorización del capital en el seguro de vida,
en "Riesgo y Seguro", 1953, p. 432.
La aplicación de índices para la actualización tiene graves dificultades prácticas. En Francia
existió prohibición administrativa de aplicación de índices generales en el seguro sobre la vida,
aunque en 1960 se admitió utilizar el salario-plafond (ver Besson y Picard, 2ª ed., I, p. 628). En
el seguro sobre la vida con reserva -añaden, ob. y loc. cits.- el aumento de la prima resultó
impracticable, por lo cual se intentó sobre la base de las reservas invertidas en bienes
indizables, pero prohibiciones sobrevinientes impusieron su abandono. Posteriormente se

28
utilizó al efecto el resultado financiero de los aseguradores en cuanto exceden los intereses de
tarifa. Ver ahí otros índices propuestos.
Ver sobre la influencia de la inflación el trabajo de D´Imperio, Inflación y monopolio de
reaseguro, 1963; el informe de Ambrose Kelly al II Congreso Panamericano de Seguros
(Buenos Aires, 1969); la comunicación de Ángel Di Veroli, La inflación en la Argentina y sus
repercusiones en los seguros de ramos elementales, y la disertación del Prof. Correa Sobrinho,
sobre la jurisprudencia brasileña en el mismo Congreso.

(36) Besson y Picard, I, ps. 117 a 119; Lepargneur, nº 1255; Donati, ob. cit., I, nº 5; Bruck-
M”ller, I, § 1, nº 4; Besson y Picard, 2ª ed., nros. 10, 11 y 12.

(37) Vivante, Contratto, nros. 450 y ss.; Lefort, I, ps. 83 a 94.

(38) Hémard, nros. 378 y ss.; Besson y Picard, I, p. 122.

(39) Besson y Picard, I, ps. 112 a 116; Donati, ob. cit., I, nº 5. Así ocurre con los terremotos,
las crisis económicas, etc.
Sin embargo, la experiencia reciente ha permitido el seguro de inmuebles contra los
bombardeos, de carácter obligatorio y explotado por el Estado, a pesar de la generalización del
riesgo; lo mismo ocurre con los riesgos de la agricultura, de cierta clase (helada, v.gr.).
Problema análogo plantea el riesgo por el uso de la energía atómica, que se busca resolver por
el seguro contratado sea con garantía estatal complementaria, sea por pools internacionales de
aseguradores: ya ha sido organizado el pool europeo, que opera efectivamente. La erección de
usinas atómicas y la aplicación de la energía nuclear a la navegación comercial hacen al
problema de rigurosa actualidad, incluso para nuestro país. La ignorancia de la entidad posible
de los daños, la concentración de éstos y su enorme difusión, hacen técnicamente imposible
que el seguro privado pueda enfrentar la contratación del riesgo atómico, ni siquiera con la
unión de las empresas (pool), que deben buscar, a su vez, el respaldo estatal en alguna de sus
formas, o renunciar a la indemnización total. La solución se debe encontrar en la
responsabilidad estatal directa, respaldada por un organismo internacional (Organización de las
Naciones Unidas), especialmente para la obtención de préstamos, que permita al Estado
responsable cumplir con las indemnizaciones. Será más económico porque eliminará la utilidad
empresaria (injustificada en el caso) y recargos en las primas por la deficiencia técnica para fijar
la entidad de riesgos, y por ende de las primas, y permitirá una cobertura plena, que en la
actualidad no rige. La limitación de la responsabilidad -consagrada por la Convención de
Viena- es un remedio con sacrificio de los terceros damnificados.
El seguro por calamidades naturales ha pasado a ocupar la actualidad en la técnica aseguradora,
en razón de grandes catástrofes ocurridas recientemente. La experiencia del país en materia de
seguro en los daños por heladas (ver infra, texto y notas 86 y ss.) es escasa. No ocurre en otros
países en los cuales se ejerce con diversa organización y con mayor amplitud: ver Del Chiaro,
Per una protezione assicurativa contro i rischi connessi alle calamit… naturali, en
"Assicurazioni", 1967, 1ª parte, p. 151; Palmieri, Per un sistema di protezione e di solidariet…
in caso di calamit… naturali, eod. loc., 1967, 1ª parte, p. 182.
En Yugoslavia rige desde el 1 de enero de 1968 el seguro obligatorio para el supuesto de
terremoto. En cambio, en Japón es optativo, explotado como otra rama del seguro privado
(informe del Prof. Kimura en la reunión de AIDA, Roma, mayo de 1967).
Ver un cuadro completo en la materia, en Atti della Giornata dell´Assicurazione contro le
Calamit… Naturali (INA, 1967).

29
(40) Besson y Picard, I, nros. 122 a 124.

(41) Hémard, nros. 54 a 58; Besson y Picard, I, p. 109; Castillo, nº 4; Segovia, nota 1752;
Lepargneur, nº 1255; C. Nac. Com., 30/4/1935, JA 50-281.
De ahí que no sea seguro la reserva que hace el propietario de la cosa para afrontar el siniestro:
Besson y Picard, I, nº 109.
Hémard -nº 62- estima que la falta de mutualidad convierte el seguro en juego, respecto del
asegurador, porque la mutualidad al hacer soportar el riesgo por todos y la indemnización por
la masa, le hace perder su carácter aleatorio para el asegurador: Hémard, nº 59; Vivante,
Trattato, nº 1859, y Contratto, nº 4; Lefort, ps. 136 y 137; Donati, en "Assicurazioni", 1937, 1ª
parte, p. 263, y Trattato, I, nº 62, y II, nº 250; Bruck-M”ller, I, § 1, nº 4.

(42) Hémard, nº 71.


Besson y Picard expresan que en ese caso hay mutualidad objetiva (I, p. 109). Donati, Trattato,
I, nº 3, lo niega. Ver nota precedente.

(43) Hémard, nº 57; Bruck, p. 51. Ver un elenco de operaciones incluidas y excluidas del
concepto de seguro por la jurisprudencia estadounidense en Vance, ps. 59 y ss. Ver asimismo
Patterson, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1939, p. 567.

(44) Hémard, nº 58; Donati, Trattato, I, nº 3, in fine.

(45) Hémard, nº 60. Piénsese en la empresa que recién se inicia. Ver capítulo II.

(46) En relación con el tema, y relativizando el carácter aleatorio del seguro, Ferri nos dice que
la función actual del asegurador no es más aquella de la asunción del riesgo, sino la de la
compensación de los riesgos o, si se quiere, la distribución de ellos entre los diversos
participantes del desarrollo de la vida económica; y agrega que la técnica asegurativa moderna,
basada en el cálculo de probabilidades y la ley de los grandes números, hace que un suceso
aisladamente considerado, sujeto a un álea, aparezca regido, en cambio, por leyes constantes
cuando está referido a una serie indefinida de hipótesis: "A través de la masa de seguros los
riesgos se compensan, el álea del asegurador se elimina y el lucro de éste no depende tanto de
que el evento se verifique o no, sino de la mayor o menor perfección técnica de su
organización y de la mayor o menor amplitud de la esfera de acción de su actividad" (Ferri,
Giuseppe, Manuale de diritto commerciale, nº 604, p. 911, Torino, 1980 -la bastardilla es
nuestra-).
La descripción precedente se ajusta a la moderna técnica del seguro y nadie puede discutir la
mayoría de tales afirmaciones ni cuestionar la inexcusable aplicación de esos mecanismos
técnicos. Pero es necesario no caer en una suerte de "pitagorismo jurídico" que nos lleve a
pensar que los cálculos del asegurador han trasfigurado el contrato individual al extremo de
convertir en absolutamente cierto lo que es por esencia incierto. Los del asegurador son, en
realidad, esfuerzos técnicos de conocimiento, evaluación y posterior dilución y dispersión del
riesgo, pero de ninguna manera se elimina fatalmente su presencia, su incidencia ni su peligro.
No se debe olvidar, además, que aun en esos cálculos técnicos de dispersión de la soportación
del riesgo y de estimación de la prima que cobrará para atender debidamente a los posibles
siniestros hay mucho de incertidumbre, en la cual el álea no deja de estar presente. Una
sucesión de hechos dañosos fuera de lo común, sea por tener lugar una desusada frecuencia

30
siniestral, o por revestir algunos una magnitud que los convierte en supersiniestros, o por
resultar insuficiente la información existente en ese momento sobre el riesgo, o por su novedad
o excepcionalidad, o por producirse cambios legislativos que influyan sobre él, etc., pueden
hacer tambalear toda esa idílica situación -claro está, ante el asegurador concreto (a quien lo
"tocó" la mano negra del álea)-, a pesar de haber hecho sus "cálculos" con afinada técnica y
sido prudente en la concreción de sus negocios. Queda siempre un margen sujeto a la suerte,
que diferencia netamente al seguro de otros negocios de empresa: aquí, los malos resultados no
devienen solamente de la existencia de competidores más hábiles ni de pérdidas de clientela o
de falta de cumplimiento de sus deudores, etc., sino que el negocio mismo tiene una
componente que nunca resulta absolutamente manejable (por ello se habla de cálculo de
"probabilidades"): la posibilidad de que el suceso dañoso aleatorio acontezca efectivamente a
ese asegurador, lo cual se va a reflejar inmediatamente en su siniestralidad. Y no se debe olvidar
que la ley de los "grandes números" no deja de constituir una abstracción, correcta sin duda, al
extremo de que hasta la física contemporánea recurra a ella (Bunge, Mario, El azar es real, "La
Nación", 30/8/97), pero abstracción al fin, cuyos porcentajes resultan inválidos en los casos
concretos en los cuales se da la probabilidad desfavorable. Las aseguradoras en estado de
liquidación, los reaseguradores afectados por los efectos asegurativos de catástrofes naturales o
grandes daños al medio ambiente, entre otros, son algunas muestras de que no todo lo
soluciona la técnica, necesaria, pero no infalible.
Por otra parte, los datos de la técnica no dejan de ser datos referidos a la realidad de los
hechos; por ello se ven sujetos a la movilidad de la vida y la fluencia de las cosas (ya señalada
por Heráclito de Éfeso hace 2.500 años: "No es posible bañarse dos veces en el mismo río,
pues nuevas aguas pasarán por él"), por lo cual la estadística corre detrás del hecho, lo verifica
y procesa, pero debe estarle además permanentemente encima y registrar sus variaciones
porque presenta una mutación constante, dependiente de las infinitas variables de la vida, tanto
en lo económico como en lo político, social, legislativo, jurisprudencial, por citar algunas, que
modifican de continuo los datos precedentes y pueden volverlos obsoletos con cierta rapidez o
hacerlos variar de unos países a otros. La vida es riesgo permanente, y éste, un monstruo
mutante y de infinitos rostros.

(47) Donati, Antigono, Trattato del diritto delle assicurazioni private, t. I, § 5.a, p. 13, 1952,
Milano.

(48) Se ha destacado que para la realización del procedimiento mutualístico es necesario


proceder a la formación de una comunidad de riesgos que reúnan los requisitos cualitativos y
cuantitativos apropiados para reducir, en la mayor medida posible, las diferencias entre la
probabilidad teórica y la frecuencia práctica del fenómeno que se considera. Se necesita
conformar una comunidad de riesgos cuyo número y homogeneidad sean tales que posibiliten
la compensación de los riesgos mismos, es decir, lograr el funcionamiento técnico y económico
de la mutualidad.
Pero resulta difícil que un equilibrio de esa especie pueda ser obtenido en el ámbito de una sola
empresa. Aparece, entonces, la necesidad de proceder a una fragmentación y reparto de los
riesgos entre una pluralidad de empresas, lo cual se logra ya en sentido horizontal (coseguro),
ya en sentido vertical (reaseguro). De cualquier manera, un primer acto, aunque sumario, de
homogeneización, lo realiza el asegurador al efectuar la selección del riesgo individual en el
momento de la asunción de él. Pero ni esta selección y categorización inicial ni la realizada
mediante el coseguro resultan, en general, suficientes para obtener una debida
homogeneización del riesgo, que se logra sólo a partir del instrumento del reaseguro. Todo

31
esto muestra que resulta prácticamente imposible que una empresa de seguros pueda subsistir -
y mucho menos progresar- si se mantiene aislada de otras empresas que operan en el mismo
sector (Fanelli, Giuseppe, Le assicurazioni, nº 6, ps. 22 y ss., 1973, Milano).

(49) Sobre el particular, recuerda Echevarría de Rada que al legislador se le ha planteado


siempre la disyuntiva de determinar si, "en tanto que susceptibles de graves consecuencias
patrimoniales, el juego y la apuesta han de ser admitidos y regulados o si, por el contrario, han
de ser prohibidos por sus negativos efectos particulares en gran número de personas". Y
culmina diciendo que la doctrina lo ha justificado, cuando se limita a un puro pasatiempo,
sobre la base de la máxima de minimis non curat praetor; pero cuando asume magnitudes
importantes, que persiguiendo la obtención de un lucro crean artificialmente riesgos
susceptibles de provocar disvaliosas consecuencias patrimoniales, los ordenamientos han
reaccionado apelando a una tradición que se remonta al derecho romano, la cual recordaba que
"algunos que jugaban y no conocían el juego sino sólo de nombre perdieron sus propios bienes
jugando, de día y de noche, plata, artefactos de piedra y oro", y culminaron así "blasfemando y
otorgando instrumentos". Cod. 3, 43, 1. Agrega que Pothier lo consideraba una actividad
contraria a la religión, y André Besson, como opuesto a la moral social (Echevarría de Rada,
Teresa, Los contratos de juego y apuesta, capítulo primero, I, p. 21, 1996, Barcelona).
Entre nosotros, Vélez Sarsfield, en la nota al art. 2055 Ver Texto, CCiv. (que prohíbe
demandar en juicio las deudas de juego o de apuestas, salvo las que provengan de ejercicios de
fuerza o destreza y siempre que con éstas no se hubiera contravenido las leyes o los
reglamentos de policía), dice que "no es fácil comprender el espíritu de la legislación de las
Partidas. Ellas guardan silencio sobre la deudas de juego" y niegan toda acción por injurias o
hurto que cometieren los jugadores contra el dueño de la casa que los recibe, "porque debía
suponer que eran ladrones".

(50) Hémard expresa que "aumenta en el asegurado el sentimiento de su libertad, de su


independencia, y de su responsabilidad" (cit. por Besson y Picard, I, p. 156).
La falta de difusión del seguro sobre la vida con sus múltiples beneficios adicionales (doble
indemnización en caso de accidente; asistencia médica y quirúrgica; renta en caso de
incapacidad en proporción al salario; bolsa para estudios de los hijos, etc.) ha sido un factor de
no escasa importancia en nuestro país para la manía jubilatoria, cuya ejecución pesa como una
losa pesadísima sobre el desarrollo económico-industrial del país -si es que efectivamente no lo
ahogará-, ya que llegó a insumir entre aportes obrero y patronal el 26 % de los salarios,
actualmente reducido a 16 %. En cambio, el seguro sobre la vida para empleados del Estado,
sin selección de riesgos (revisación médica previa), se hace con la prima de 1,20 %, sin límite
de edad y con algunos beneficios adicionales.

(51) Besson y Picard, I, ps. 156 a 160; Donati, Trattato, I, nº 6.

(52) Besson y Picard, I, ps. 160 a 162.

(53) Besson y Picard, I, ps. 162 a 165.


Además de su repercusión en el campo del comercio internacional, no es menor la influencia
que ha tenido en la evolución de diversas instituciones jurídicas: el contrato en favor de
terceros, la acción directa, la responsabilidad civil, la teoría de las cargas, la caducidad
convencional, la suspensión de la ejecución del contrato, etc.

32
Ver Braess, La funzione dell´assicurazione nell´economia nazionale, en "Assicurazioni", 1961,
1, p. 187; M”ller, L´aspirazione alla sicurezza e sua influenza sull´evoluzione del diritto della
responsabilit… e dell´assicurazione, en "Assicurazioni", 1961, 1, p. 386; Veullin Ganeff, Los
fundamentos sociales y jurídicos de los seguros, en "Assicurazioni", 1942, 1, p. 20.

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II. Caracteres jurídicos (54)

5. Contrato consensual.

El art. 4 expresamente dispone que "el contrato de seguro es consensual", solución aceptada
uniformemente por la doctrina contemporánea (55) .

Es también la consagrada por el art. 505 Ver Texto, CCom., derogado, y aceptada por nuestra
doctrina: Segovia, notas 1746 y 1796; Malagarriga, nº 155; III, nº 108; Obarrio, nº 3; Castillo, p.
14; Rivarola, nº 1114. También la jurisprudencia: ver C. Nac., sala especial, 9/4/1951, LL 62-
767 (ni siquiera requiere el pago de la prima). Para la doctrina extranjera, ver Vivante, Trattato,
nº 1872, y Contratto, nº 51; Persico, nº 73, p. 111; etc.

No obstante, es usual que por convenio de las partes se posterguen sus efectos hasta tanto se
emita la póliza; se afirma que hasta entonces queda en calidad de mero proyecto, del cual las
partes se pueden arrepentir, es decir que se lo convierte en un contrato solemne (56) . No creo
que se trasforme la naturaleza consensual del contrato, porque el asegurador está obligado a
emitir la póliza conforme al art. 11 Ver Texto y su demora en cumplir esa obligación no lo
liberará de la indemnización por el siniestro ocurrido en el plazo fijado para la garantía (57) . El
art. 4 Ver Texto de la ley es categórico acerca de su naturaleza y del tiempo en que comienzan
las obligaciones y derechos de las partes.

33
Repárese que subordinada la eficacia del contrato o la emisión de la póliza -que en éstas se
expresa como postergación de la garantía-, las variaciones del riesgo se rigen por los arts. 37
Ver Texto y ss., conforme al art. 44 Ver Texto y al propio art. 37 Ver Texto, lo cual tiene
grandes consecuencias prácticas atento las secuelas distintas atribuidas por los arts. 5 Ver Texto
a 10 Ver Texto a la reticencia, y por los arts. 37 Ver Texto a 45 Ver Texto, a la agravación del
riesgo, que se analizan más adelante.

En cambio, no existen discrepancias de que la mera postergación de la vigencia hasta el pago


efectivo de la prima no afecta su calidad de contrato consensual: no significa que hasta
entonces no exista contrato, y que el asegurado quede en libertad de pagar o no la prima: el
contrato existe, y sólo se pospone el nacimiento de las obligaciones del asegurador hasta el
pago de la prima (58) (arts. 30 Ver Texto, 31 Ver Texto y 32 Ver Texto).

En ciertos supuestos legales puede no ser consensual para alguna de las partes, o para ambas,
cuando la ley impone la celebración, como ocurría con el seguro de vida obligatorio para
empleados del Estado (que se imponía al empleado y a la Caja Nacional de Ahorro Postal),
mas ésta es una subclase que se acerca notablemente a un seguro social y tiene un régimen legal
propio, que ya señalé. Otros seguros obligatorios no dejan de ser consensuales, como el del
espectador de espectáculos deportivos. En cambio, no lo es el seguro estatal contra los daños
de heladas (Mendoza, San Juan, citados), porque la voluntad de los fruticultores incluidos no
cuenta: la ley les impone el seguro, su contribución, etc.

Jurisprudencia

Sobre el tema del carácter consensual del contrato se puede mencionar diversos
pronunciamientos. Así, se decidió que es innecesario celebrar el contrato de seguro en una
forma determinada, toda vez que por su naturaleza tiene carácter consensual (C. Nac. Com.,
sala B, 15/4/1970, "Hemisferio Compañía de Seguros S.A. v. Asociación Agentes de
Propaganda Médica de la República Argentina", ED 37-768). Se perfecciona por el mero
consentimiento de las partes y la póliza es un simple instrumento de prueba, por lo cual resulta
aceptable determinar la existencia temporal de la relación aseguradora por el comportamiento
de las partes (C. Nac. Com., sala B, 18/8/1982, "El Comercio Compañía de Seguros S.A. v.
Nieto Hnos S.A.", LL 1993-C-357 y ED 149-469), o por la confesión de la aseguradora
demandada; así como también por las constancias de los libros de comercio y la pericia
contable (C. Nac. Com., sala A, 22/8/1994, "Acuario Compañía de Seguros S.A. v. Nikko
Química S.A." Ver Texto, LL 1994-E-140), o por otros medios de prueba, atento que los
elementos contractuales de las entidades aseguradoras son aprobados por la Superintendencia
de Seguros de la Nación (C. Nac. Com., sala B, 9/9/1982, "Omega Cooperativa de Seguros
Ltda. v. Sueiro y Cía. S.C.A." Ver Texto, ED 103-146; Rep. LL XLIII-2182, nº 13); pero el art.
11 Ver Texto de la ley 17418 requiere "principio de prueba por escrito" como condictio de su
demostración completa o acabada por otras vías distintas de la póliza, sin perjuicio de que, en
orden a la seguridad del tráfico jurídico, los magistrados no pueden efectuar una suerte de
permuta probatoria convirtiendo indicios, testimonios e inferencias en "principio de prueba

34
por escrito", porque si bien éste no es un documento solemne, mantiene con los instrumentos
de los negocios convencionales la analogía conceptual de emanar de la parte a la cual se
pretende oponerlo o, cuanto menos, ser atribuible de algún modo a la autoría jurídica de la
parte que negare la vinculación convencional (C. Nac. Com., sala D, 4/4/1986, "Compañía
Argentina de Seguros Visión S.A. v. Robriel S.A." Ver Texto, ED 120-460).

También se resolvió que ese carácter consensual hace que los derechos y obligaciones de
asegurador y asegurado empiecen desde que se ha celebrado la convención, aun antes de ser
emitida la póliza (art. 4 Ver Texto, ley 17418); y si se fijó fecha de comienzo de la vigencia, rige
desde esa fecha (C. Nac. Civ., sala B, 9/5/1978: "Flock, Carlos, v. Gelmand, Víctor M.", LL
1980-B-426; y C. Nac. Trab., sala VII, 28/11/1986, "Aguirre, Jesús R., v. Coordinadora de
Servicios R.A.S.A.", DT 1987-A-967).

El contrato de seguro, instrumentado en la póliza, se perfecciona desde que se ha celebrado el


convenio y las partes quedan vinculadas y recíprocamente obligadas (Sup. Corte Bs. As.,
9/2/1982, "Slave, Espiridión D., v. Talleres Maipú S.R.L.", DJBA 122-323 y Rep. LL 1982-III-
2347, nº 7). El contrato de seguro es consensual y precede a la emisión de la póliza, la cual no
puede ser confundida con el contrato mismo (C. Nac. Civ., sala I, 3/10/1996, "Olea de
Barrera, María A., y otros v. Alonso, Raúl O." Ver Texto, LL 1997-F-970, sum. 12.117), y,
además, no requiere la pluralidad de ejemplares, constituyendo así una excepción al art. 1021
Ver Texto, CCiv. (C. Nac. Com., sala B, 13/12/1985, "La Estrella Compañía de Seguros S.A.
v. Semiconductores Lucero S.A.", LL 1986-D-655, sum. 37.384). La póliza, como documento
unilateral probatorio emanado en ejemplar único del asegurador, nunca lleva firma o
suscripción del tomador (C. Nac. Com., sala A, 6/9/1979, "Wasserman, Uszer, v. Touring
Club Cooperativa de Seguros Ltda.", Rep. LL XL-J-Z-2327, nº 11); igual eficacia cabe asignar a
las condiciones generales que, aunque impresas y no firmadas, integran el contrato (C. Nac.
Civ. y Com. Fed., sala I, 24/8/1982, "Quiroga de Flores v. Caja Nacional de Ahorro y Seguro"
Ver Texto, Rep. LL XLIII-2182, nº 12).

El carácter consensual no obsta a la jerarquía de los medios probatorios que la ley requiere para
acreditarlo (instrumento escrito -póliza- o principio de prueba por escrito para la admisibilidad
de otras pruebas complementarias), lo cual es congruente con las características del seguro
institucionalizado, que requiere un elevado estándar de certeza y claridad en la determinación
de la posición de las partes, comenzando por la celebración misma del contrato; por ello no se
puede permitir a los aseguradores la configuración de situaciones ambiguas, imprecisas u
oscuras; se debe estar, si media cierto margen de duda, en favor de la absolución de la
accionada, conforme al principio del favor debitoris -art. 218 Ver Texto, inc. 7, CCom.-. El
procedimiento de formación del contrato requiere, respecto del asegurado, que tome
conocimiento de la aceptación por parte del asegurador; no basta que éste haya aceptado si
guarda silencio al respecto -art. 11 Ver Texto, inc. 2, ley 17418-. Así, la emisión de la póliza es
inidónea para probar por sí sola -frente al asegurado- la celebración: es un instrumento que
emana unilateralmente del asegurador y resulta insuficiente si éste no logró acreditar el contrato
por otras pruebas; en especial si a ello se sumó que la accionada presentó asientos en sus libros
en contrario a los de la actora, los cuales neutralizó (art. 63 Ver Texto, CCom.); y el
requerimiento de la actora, por carta documento, no contestado, carece de relevancia por no

35
configurar ninguna de las circunstancias del art. 919 Ver Texto, CCiv. (C. Nac. Com., sala B,
14/11/1994, "Acuario Compañía de Seguros S.A. v. Polímeros Argentinos S.A." Ver Texto,
LL 1995-C-332, DJ 1995-2-427 y ED 164-911).

No obstante, la póliza presupone la perfección del contrato, del cual es consecuencia, prueba
capital y guía de interpretación; pero si bien resulta el instrumento probatorio por excelencia
del contrato, no es el único, pues la ley autoriza a probarlo por escrito o por otros medios si
concurre comienzo de prueba por escrito (C. Nac. Com., sala B, 1/3/1985, "Hollander,
Teodoro v. La Defensa Compañía de Seguros S.A.", LL 1985-C-530 y DJ 1985-53-715). La
existencia de una póliza de seguros no puede ser acreditada únicamente mediante un mero
principio de prueba por escrito, pues resulta necesaria la prueba complementaria tendiente a
demostrar que la relación asegurativa se perfeccionó con anterioridad al acaecimiento del
siniestro, o bien que la propuesta fue aceptada por la aseguradora antes de que ese evento
ocurriera. La recepción, suscrita por un dependiente de la aseguradora, de la solicitud de
emisión de una póliza, no implica que el contrato haya quedado automáticamente
perfeccionado (C. Nac. Com., sala C, 18/4/1996, "Iglesias, Jorge J., v. Anta Compañía de
Seguros" Ver Texto, LL 1997-F-970, sum. 12.119).

La recepción por parte de la aseguradora del reclamo de su asegurado mediante telegrama, a


causa de lo cual aquélla efectúa la contratación de un perito para investigarlo, que desarrolla
tareas a tal fin, no sólo presuponen la existencia del contrato de seguro, sino que importan
principio de ejecución de él en los términos del art. 1191 Ver Texto, CCiv. Así, probado el
contrato y su vigencia durante el siniestro, resulta indudable la obligación del asegurado de
pagar la prima correspondiente (C. Apel. Civ. y Com. San Martín, sala II, 28/3/1985,
"Conosud S.A. de Seguros v. Masa Vale S.A." Ver Texto, ED 115-329). Aunque la póliza
consigne una vigencia posterior a la fecha del siniestro, los pagos hechos por la aseguradora
con motivo de éste y en cumplimiento de su deber de indemnizar poseen indudable efecto
"recognoscitivo" de la vigencia del seguro y de los derechos del asegurado, lo cual demuestra,
inequívocamente que, en el caso, el contrato consensual de seguros (vigencia formal) comenzó
a regir (vigencia material) desde una fecha anterior a la mencionada en la póliza, por imperio
del art. 218 Ver Texto, inc. 4, del Código de Comercio y dada la independencia del contrato
respecto de tal instrumento (C. Nac. Com., sala B, 18/8/1992, ED 149-469).

También se resolvió que el silencio de la aseguradora respecto de la solicitud de aseguramiento


no implica la aceptación de ésta, puesto que ninguna regla de derecho establece esa
consecuencia. Si el pretensor no demostró que la aseguradora haya prestado aquiescencia a la
contratación pedida por él, no resulta estimable a consecuencia del silencio guardado por la
destinataria de la oferta contractual; a lo sumo, en algún caso, la omisión de expedirse, cuando
se hubiere pactado un plazo para ello, podría suscitar responsabilidad a título de culpa in
contrahendo, pero en ninguna hipótesis ese silencio implicará aceptación de la oferta
convencional (C. Nac. Com., sala D, 28/3/1993, "Pérez, Carlos A., v. Anta Compañía de
Seguros" Ver Texto, LL 1994-E-289 y ED 160-289). Pero si hay un recibo de pago de una
parte de la prima, ello implica un principio de ejecución de contrato, por lo cual se infiere que
la simple solicitud se ha convertido en una convención, al recibir el asegurador parte de la
prestación a cargo del proponente, más aún cuando entre ellas había existido una relación

36
previa de seguro (C. 5ª Civ. y Com. Córdoba, 9/8/1988, "Bulacio, Osvaldo H., v. Ludueña,
Carlos H.", LL Córdoba, 9/8/1989, p. 988). Si existió propuesta de seguro y se cobró la
primera de sus cuotas, se debe concluir que ha existido aceptación y perfeccionamiento del
contrato, pues el asegurado cumplió la obligación más importante a su cargo: el pago de la
prima -art. 27 Ver Texto, LS.-, que sólo se debe a partir de la celebración del contrato -art. 30
Ver Texto, ley citada- (C. Nac. Com., sala E, 10/2/1995, "Laurito, Oscar E., v. Omega
Cooperativa de Seguros Limitada", LL 1995-C-149 y DJ 1995-2-290; en análogo sentido, C.
Civ. y Com. San Isidro, sala 1ª, 24/4/1993, "Haberman, Víctor v. Unión Comerciantes
Compañía de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1993-D-95 y DJ 1993-2-890).

En cuanto a las solicitudes de emisión de seguros suscritas por el productor de la operación,


son inidóneas como principio por escrito, en tanto no se pueden atribuir a la voluntad de la
demandada en los términos de los arts. 1192 Ver Texto, 2º párr., CCiv., y 209, 1er. párr.,
CCom. (C. Nac. Com., sala B, 14/11/1994, "Acuario Compañía de Seguros S.A. v. Polímeros
Argentinos S.A." Ver Texto, LL 1995-C-332 y DJ 1995-2-427).

Asimismo, se ha decidido que las notas de cobertura son contratos definitivos de seguro, no
obstante su carácter provisional, y deben ser interpretadas según las condiciones de la "póliza
tipo" del asegurador. Se debe tener presente, además, que en nuestro país el texto de las pólizas
no es cuestión librada a la voluntad de los contrayentes, ya que al respecto rigen las normas de
la ley 20091 Ver Texto, en virtud de la cual ese texto debe ser aprobado por la autoridad de
control antes de su aplicación para verificar si se ajusta a los arts. 11 Ver Texto, parte 2ª, y 158
Ver Texto de la ley 17418, y para cuidar que las condiciones de contratación sean equitativas
(C. Nac. Com., sala B, 6/2/1987, "Italfoto S.A. v. Chacabuco Cía. de Seguros S.A." Ver Texto,
LL 1987-B-211, DJ 1987-2-316 y ED 125-535).

Respecto de las renovaciones del contrato, en las relaciones habituales entre asegurado y
asegurador, la manifestación tácita de continuar la relación vinculante del seguro no prescinde
de una expresión afirmativa y concreta de renovar el contrato, manifestación ésta que, iniciada
por la aseguradora, debe encontrar acogida favorable en el asegurado mediante alguna forma
idónea de perfeccionar el contrato motivo de la relación entre las partes (C. Civ. y Com.
Rosario, sala IV, 7/8/1980, "La Unión Gremial Compañía de Seguros S.A. v. Silva, Emiliano
M.", LL 1981-D-38).

La excepción de prescripción opuesta por la aseguradora demandada significa que acepta haber
estado obligada por un contrato vigente (C. Nac. Com., sala E., "Foigelman, Alejandro, v.
Arcadia Compañía de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1995-C-298 y DJ 1995-2-1077).

6. Bilateral.

37
Es un contrato bilateral, aunque en los últimos tiempos se ha resucitado la polémica sobre el
punto: el asegurado asume la obligación de pagar la prima e importantes cargas, y el asegurador
asume la obligación de pagar la prestación convenida en caso de siniestro (59) .

Bruck juzga que la obligación del asegurador es su capacitación técnico-económica para


cumplir su obligación eventual de indemnizar (60) . Haymann y Donati han replicado que el
asegurado paga o promete pagar para obtener la promesa de indemnización en caso de
siniestro; es decir, como ocurre en todos los contratos aleatorios. No hay tal obligación de
capacitación técnica, porque el asegurado no tiene acción alguna para hacerla cumplir, como
no la tiene el comprador de un contrato de suministros (61) ; ésta es una obligación que la
reglamentación le impone hacia el Estado como condición para concederle la autorización para
comerciar en seguros y conservarlo en el goce de esa autorización (puntos 7 y ss., t.o. 1962 del
régimen de la Superintendencia de Seguros, y arts. 10, 34, 38, 41, 55, 32, del proyecto de ley de
empresas), y no hacia el cocontratante; además, se trataría de obligaciones preparatorias e
instrumentales, dirigidas al cumplimiento de la obligación principal (62) .

La posición de Bruck tiende a evitar un problema falsamente planteado: la incompatibilidad de


que una de las obligaciones del sinalagma sea condicionada.

La bilateralidad se refiere al sinalagma genético, es decir, a la causa (en el sentido de que la


promesa de una parte es la causa de la promesa de la otra), y no a la ejecución (63) . Es el
supuesto de todos los contratos aleatorios (64) . Esto no significa que sinalagma y ejecución
dejen de estar vinculados: la acción por rescisión y la exceptio inadimpleti son el resultado de
esta vinculación.

7. Condicional.

Este problema de la bilateralidad se vincula al otro, de si la obligación del asegurador es o no


condicional.

38
El álea de este contrato no es más que una categoría de la condición, que se caracteriza por
afectar la obligación principal asumida por una de las partes, y que da su fisonomía peculiar a
esta especie de contratos.

Mientras que en los contratos conmutativos la condición no puede afectar la obligación


principal, so pena de desnaturalizarlos, en los contratos aleatorios su carácter radica justamente
en la condicionalidad de esa obligación: la propia definición del contrato aleatorio del art. 2051
Ver Texto, CCiv., justifica la conclusión (65) .

8. Oneroso.

Es oneroso. Respecto del asegurado, no existe seguro si no paga la prima (art. 31 Ver Texto,
salvo que se le conceda crédito: art. 30 Ver Texto, in fine). La existencia de un tercero
beneficiario no arguye en contra de la conclusión, porque la existencia de una liberalidad entre
asegurado y beneficiario no implica que ésta exista en las relaciones con el asegurador.

En lo que respecta al asegurador, la retención de la prima en el caso de que no se produzca el


siniestro se justifica porque es el precio del riesgo corrido.

No hay intención liberal (66) de enriquecer al asegurado o al asegurador según los supuestos.

9. Aleatorio.

Es un contrato aleatorio. Desde el punto de vista jurídico, queda incluido en la definición de


esta especie de contratos (art. 2051 Ver Texto, CCiv.) (67) . La circunstancia de que la ley civil
no lo enumere entre éstos no afecta, porque la ley no enuncia todos los contratos posibles: por
ejemplo, la clásica emptio spei, la compra de la redada del pescador, que ni siquiera se
menciona.

39
Quienes niegan este carácter no reparan en que justamente la prima se mide por el álea.

La alegación de que la explotación por una empresa elimina el álea para el asegurador pierde de
vista el contrato, confundiéndolo con la organización para su explotación industrial por una de
las partes; al contrario, esta organización supone el álea, puesto que se constituye para
contratar en masa y eliminar por este sistema el álea para ella: como expresa Vivante, se
definiría el contrato por la característica de la industria (68) . Aceptar esa razón sería negar el
carácter aleatorio del juego o apuesta explotado por empresas (lotería, ruleta, carreras de
caballos, etc.).

La circunstancia de que el asegurado se proteja del álea no excluye la naturaleza aleatoria del
contrato: justamente se protege de ella mediante un contrato aleatorio, y éste cumple su fin
porque es aleatorio (69) .

Considerando los contratos aisladamente, es aleatorio también el seguro sobre la vida para el
caso de muerte, porque si ésta es un hecho fatal, no se conoce la época en que se producirá.
De ahí la incertidumbre de la prestación del asegurador, que no existe en los contratos
conmutativos, en los cuales se da una equivalencia inicial, efectiva o presunta, de los valores
cambiados (70) . (El art. 1198 Ver Texto, 2º párr. -ley 17711 Ver Texto-, lo confirma.)

Este carácter ha sido negado entre otros por Bruck, en Alemania, Viterbo, en Italia, y Rivarola
entre nosotros.

Viterbo opina que es un contrato bilateral, en el cual la obligación del asegurador está
condicionada por un acontecimiento futuro e incierto, al cual no está condicionada la otra. No
hay reglas de los contratos aleatorios -afirma- capaces de influir sobre el seguro, ya que es una
categoría muy distinta (71) .

Bruck expresa que el asegurador recibe el premio por la asunción del riesgo; por ello el
asegurado recibirá la compensación por el daño que sufra -y no un beneficio-, y el asegurador,
por la explotación en masa, no sufre un perjuicio (72) . Es así lógico con su teoría de que la
obligación del asegurador consiste en la asunción del riesgo y que el siniestro con la obligación
de indemnizar no es distinto, sino esa asunción en estado agudo (ver Bruck-M”ller, I, § I, nº
49). Rivarola, quien sostiene solución análoga, afirma que no lo es si se diferencian los
contratos de las obligaciones que nacen de ellos. El contrato aleatorio -afirma- "no se reduce a
que sus efectos dependen de un acontecimiento incierto, sino que es también indispensable
que tales efectos sean ventajas o pérdidas para ambas partes o una de ellas, y, desde este punto
de vista, en el contrato de seguro, tal como hoy se realiza, no surgen ventajas ni pérdidas, sino

40
simplemente obligaciones que son puras y firmes para el asegurado (pago de la prima) y que
son condicionales para el asegurador". Lo que ocurre -agrega- es que la obligación del
asegurador es condicional; si por esto fuera aleatorio, lo serían todos los contratos con
obligaciones condicionales (73) .

Este razonamiento tan peculiar queda refutado con lo expuesto en los párrafos 7 y 9; piénsese
solamente en la relación entre el adquirente de un billete de lotería y la administración de la
lotería. Con el criterio impugnado tampoco sería aleatorio, sino meramente un negocio
condicional.

III

10. Concepto unitario del contrato.

El origen histórico y la evolución del seguro han trabado la formación de un concepto unitario
del seguro, que originariamente se fundó en la teoría de la indemnización, a la cual se quiso
incorporar el seguro sobre la vida (74) .

Es indiscutible el carácter resarcitorio del seguro de daños patrimoniales -como los designa la
ley 17418 Ver Texto- (conocidos en doctrina también con los nombres de seguro de interés o
seguro de daños); no sólo es así dogmáticamente (75) , sino que lo consagra expresamente la
ley en los arts. 1 Ver Texto, 61 Ver Texto, 62 Ver Texto, 63 Ver Texto, 65 Ver Texto, 68 Ver
Texto, 78 Ver Texto, 81 Ver Texto, 85 Ver Texto, 92 Ver Texto, 99 Ver Texto, 109 Ver Texto,
126 Ver Texto, etc.

En el siglo XIX se intentó extender esta teoría a los seguros sobre la vida; se afirmó que
también son resarcitorios porque se indemniza el perjuicio que puede ocasionar a otros la
pérdida de la vida asegurada; y no en el sentido que debe corresponder exactamente al daño
irrogado, porque el valor de esa vida se da por la apreciación personal del asegurado, que el
asegurador no puede impugnar por excesiva (76) . Cayó en abandono y ha sido recientemente

41
resucitada por Ascarelli y Donati, para quienes el daño está dado por la muerte prematura, y en
el seguro de supervivencia, por los daños que crea la mayor edad: la ley presume el daño juris
et de jure, de ahí que no sea necesaria la prueba del interés (77) .

El carácter resarcitorio no existe en el seguro sobre la vida, y menos en el de supervivencia. En


estas clases de seguros el capital se debe al tiempo del vencimiento del plazo o del siniestro
porque se percibió la prima correspondiente, sin prueba del daño, aunque se hayan cobrado
otros seguros o se haya percibido de un tercero la indemnización por la muerte, o aun si ésta
no produjo ningún daño, o también si ha sido beneficiosa.

El seguro contratado sobre la vida de un tercero no requiere interés concreto sobre la vida del
tercero, ya que el art. 128 Ver Texto -aplicable al seguro de supervivencia y al mixto, art. 148
Ver Texto- ha reemplazado el interés concreto, que exigían los arts. 549 Ver Texto y 550 Ver
Texto, CCom., por el consentimiento del tercero. Téngase en cuenta que el interés debería
existir al tiempo del siniestro y en la persona del beneficiario (78) .

Para aceptar la nueva impostación de la solución que auspician Ascarelli y Donati, habría que
llegar a que la conservación de la vida -que provoca el pago en el seguro de supervivencia-, que
es el mayor bien humano, provoca el daño indemnizable; y para ello alegan la repercusión que
el goce o conservación de este bien puede producir en el asegurado (mayor edad; menor
rentabilidad del trabajo, etc.), ya que el daño concreto se presume juris et de jure. Si la solución
fuera exacta no se debería excluir la subrogación del asegurador en los derechos contra el
tercero responsable, porque el asegurado -o el beneficiario- ya habría sido indemnizado (lo cual
no permite el art. 80 Ver Texto, § 3) y debieran explicar por qué se debe aun en el caso de que
un tercero haya indemnizado íntegramente.

Es exacto que la ley permite fijar el monto del daño a resarcirse en una suma determinada (art.
656 Ver Texto, CCiv.), pero aparte de que según la jurisprudencia (79) (y ahora por disposición
del propio art. 656 Ver Texto, reformado por la ley 17711 Ver Texto) este acuerdo es revisible
cuando la pena es excesiva, la Ley de Seguros permite expresamente la revisión de la suma o
valor tasado cuando supera notablemente el valor real del bien (art. 63 Ver Texto).

El art. 1 Ver Texto no abre juicio sobre el tema; soslaya intencionalmente el problema con la
redacción consagrada (80) . El anteproyecto adoptaba posición en el sentido auspiciado, como
resulta del texto trascrito en nota (81) .

42
Se debe señalar que el rechazo del concepto indemnizatorio como unificador del contrato lleva
a algunos autores a negar la unidad (82) .

11. Contratación con una empresa.

Aun cuando la opinión tiene precedentes en la doctrina germánica y francesa (83) , Vivante ha
sido el sostenedor más agudo y autorizado de que el rasgo unificador está en la contratación
con una empresa: "Todos -los seguros- tienen una identidad última y esencial. Consiste en este
fenómeno, que la empresa puede cubrir con seguridad los riesgos ajenos, porque merced a las
contribuciones de los asegurados, puede recoger un fondo correspondiente al valor actual de
las sumas que deberá pagarles más tarde. En esto consiste la verdadera, la única seguridad de
los asegurados, la condición imprescindible de su contrato. El riesgo que se traslada del
patrimonio de un particular al de otro no encuentra su seguridad: el asegurado esquivará el
riesgo del incendio o del granizo, pero afrontará el de la insolvencia de su llamado asegurador.
Ese riesgo sólo se pone a cubierto según la intención de los contratantes, si, colocándose en
una gran masa de riesgos homogéneos, es acompañado por un fondo de primas capaz de
adecuarse continuamente a las probabilidades de los siniestros y de las indemnizaciones. Una
empresa aseguradora que asuma los riesgos ajenos merced a una prima previamente fijada":
éstos son los tres elementos del contrato (84) .

Esta opinión de Vivante ha venido a recibir apoyo en nuestro derecho objetivo en las reglas
establecidas en materia de empresas aseguradoras; así se desprende de: a) el art. 2 Ver Texto de
la ley 20091, que establece quiénes son los que pueden "realizar operaciones de seguros"; b) el
art. 7 Ver Texto, cuando estipula las condiciones que deberán reunir las entidades para ser
autorizadas a operar en seguros; c) la sección VI de dicha ley, que expresamente lleva por título
"Gestión de la empresa de seguros"; d) el art. 61 Ver Texto, 2º párr., que sanciona con la
nulidad el contrato celebrado con asegurador no autorizado (85) .

12. Replanteo dogmático.

43
Sotgia y luego Ferri hacen un nuevo examen de la solución. Expresa Ferri que la mutualidad y
la ley de los grandes números no es obra ni interés exclusivo del asegurador; el asegurado,
cuando contrata, busca insertarse en un conjunto de contratos referentes a riesgos
homogéneos que tienen los siguientes significados o características jurídicas uniformes para
todos los contratos (86) - (87) :

a) contratación con empresa autorizada;

b) fijación técnica de la prima, calculada conforme al principio de mutualidad;

c) los regímenes de reticencia, agravación y rescate obedecen a la técnica, que es decisiva para
resolver que existen;

d) la inserción del contrato individual en la mutualidad tiene consecuencias propias del


contrato de seguro (reservas, seguridad técnica).

El contrato se realiza con una oposición de intereses (contrato de cambio), y no de comunión


de intereses: no hay comunión de intereses con los demás asegurados, sino coincidencia de
intereses.

La empresa influye en la estructura del contrato porque su existencia hace posible la aplicación
del principio de mutualidad al contrato particular, no sólo respecto del asegurado, sino también
para el asegurador, que si pudiera celebrar un contrato aislado de seguro, sería para él una
auténtica apuesta, porque estaría librado al puro azar; de ahí que también para él es
indispensable que se inserte en una comunidad de riesgos.

Es lo que prevén los regímenes administrativos de control, no sólo para eliminar el álea en el
asegurador, sino también para reforzar la posición del asegurado.

"Por lo tanto -dice-, contrato de seguro no es cualquier contrato dirigido a la cobertura de un


riesgo que no sea artificialmente creado y que atribuya el derecho o la expectativa jurídica a una
prestación eventual, sino que es el contrato en el que el asegurador se obliga a insertar, según
las reglas de la técnica asegurativa, el riesgo aislado en una masa de riesgos homogéneos, de
manera que la cobertura del riesgo pueda tener como correspectivo el pago por parte del
asegurado de un premio y hallar una efectiva realización según los principios de la técnica
asegurativa y una garantía específica sobre la masa de los premios".

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Cabe incluso así sostener que el coseguro y el reaseguro constituyen obligaciones del
asegurador.

13. Contratación en masa.

Como ha señalado Garrigues, con toda razón, los problemas de los contratos nacidos por la
necesidad del tráfico contemporáneo no se pueden resolver con el análisis torturado y
torturante de las nociones jurídicas romanistas, originadas en un sistema económico y para
necesidades del tráfico de hace dos mil años, para el molino de viento y la navegación a vela.
La economía contemporánea se caracteriza por la producción en masa de bienes y de servicios.

Los contratos comerciales actuales corresponden a este sistema de producción; se caracterizan


por la contratación en masa, con todas las consecuencias que esto significa -contratos tipo y de
adhesión, supresión de la discusión de sus términos, etc.-, por lo cual requieren una renovación
de los conceptos jurídicos.

La empresa aparece en el derecho comercial contemporáneo -aun para los regímenes


legislativos que todavía centran el Código de Comercio en el acto de comercio aislado- como
elemento capital para determinados contratos comerciales: contratos bancarios, de trasporte
comercial, de capitalización, de ahorro, de fondos de inversión, warrants, debentures, prenda
con registro, depósito en almacenes generales, o presuponen esa empresa para múltiples
disposiciones especiales.

De ahí que la mera noción de empresa no puede ser el requisito o elemento que nos dé la
unidad jurídica conceptual del seguro.

Mas si el concepto exclusivo de empresa no tiene ese alcance unificador, ¿su combinación con
otros elementos técnico-económicos podría dar la clave de la solución?

Como señala la doctrina general, en el derecho y en la economía contemporánea del seguro,


éste no existe sin repartición social del riesgo, para lo cual es esencial la empresa en cualquiera
de sus formas jurídicas para crear la mutualidad, en la cual se inserta el riesgo natural asumido;
de ahí que cuanto mayor sea el número de riesgos particulares asumidos, más se ajusta la prima
a la entidad de aquél, que requiere además la mayor homogeneidad posible de los riesgos para
su cálculo adecuado, conforme a una mejor agrupación o clasificación y selección por el
asegurador.

45
Estos datos técnico-económicos que se dan en todos los tipos de seguro determinan el
régimen jurídico.

Expresa Donati sobre el punto: "La finalidad y las grandes "directivas" técnicas que se
desarrollan en amplias series de distintas reglas técnicas, se traducen a su vez en "normas"
jurídicas. El derecho está inmediatamente interesado; el legislador crea la norma, el
administrador la aplica, el jurista la interpreta; todos deben tener bien presente finalidades e
instrumentos" (88) .

La técnica y la economía del seguro no sólo caracterizan la empresa, sino que determinan el
contenido del contrato particular, que se celebra sobre la base de contratos tipo, de textos
esencialmente uniformes, en los cuales normalmente está eliminada la discusión de sus
cláusulas.

Esta técnica es la que determina los regímenes especiales de la reticencia, la agravación del
riesgo, el rescate en los seguros plurianuales sobre la vida; es la misma que impone como
sustanciales para el seguro la aplicación del coseguro y del reaseguro, la necesidad de fijación y
retención de su pleno por el asegurador, etc.

Incluso, el régimen de informaciones y declaraciones impuesto al asegurado, con severas


sanciones para el supuesto de incumplimiento, es un resultado o exigencia de la técnica del
seguro. Donati destaca: "Prima facie, vistas en el ámbito del vínculo asegurativo individual
todas estas normas están establecidas en protección del asegurador: pero si se piensa que el
asegurador no es más que el intermediario, aunque sea por un legítimo fin de lucro, de la
mutualidad, se llega fácilmente a la conclusión de que, como para las que contemplan la
empresa aseguradora, también las normas sobre el contrato son normas que, justamente
severas con el asegurado individual que las viola voluntaria o culposamente, están puestas en
amparo de la colectividad de los asegurados" (89) .

Es indiferente que la regulación de la empresa de seguros se halle, en un ordenamiento de


derecho público, en el régimen de control de la empresa, porque el sistema jurídico debe ser
interpretado en su universalidad, en su conjunto, armonizando todas las normas que lo
integran, sean de derecho público o privado. De ahí que la anulación (o anulabilidad) del
contrato por empresa no autorizada no se puede dejar de valorar debidamente.

46
14. La empresa, integrante del concepto unificador.

En síntesis, si bien la pura noción de empresa no es ni puede ser por sí sola concepto
unificador del seguro, acompañada de otras nociones podría alcanzar a serlo. Tales elementos
técnico-económicos, uniformes para toda especie de seguro, privado o social, serían:

a) empresa con objeto único de crear una mutualidad de asegurados;

b) sujetos a riesgos naturales;

c ) mediante un precio (prima, cotización o contribución), fijado técnicamente.

Así se darían los caracteres fundamentales y uniformes para todas las operaciones de seguro:
sujetos, objeto, precio y causa.

El contrato particular queda así caracterizado jurídicamente, porque el tomador, que persigue
la seguridad del pago para el caso eventual del siniestro, busca la garantía de la inserción de su
contrato individual en esa mutualidad, que le da la seguridad del logro del fin buscado.

Este motivo esencial del tomador en el contrato individual integra la causa del contrato, en
razón de ser común a las partes, esencia implícita de la oferta o aceptación del asegurador.

"En resumen -expresa Betti (90) - la causa es la función de interés social de la autonomía
privada [. . .] es precisamente la función económico-social que caracteriza el tipo de ese
negocio como hecho de autonomía privada (en este sentido, típico) y determina su contenido
mínimo necesario".

Esta última es una de las funciones de la causa: sacar del ámbito de la libertad de las partes los
elementos mínimos que integran la función típica del negocio. De ahí también el sentido de la
distinción de los elementos en esenciales, naturales y accidentales del negocio.

A esta causa objetiva corresponde la causa subjetiva, que es su reflejo; esto es, la intención
práctica típica perseguida con el negocio. Los simples motivos individuales, irreconocibles para
la contraparte, resultan indiferentes para ésta.

47
En el contrato del seguro, ese motivo de la inserción del contrato en la mutualidad de
tomadores sometidos a riesgos homogéneos resulta expresamente del ordenamiento legal de la
empresa de seguros y una de las razones esenciales del control estatal y de su alcance.

La conclusión es extensible al primer contrato que celebre el asegurador, porque es una


empresa predispuesta para la formación de esa mutualidad, prevista por ambos contratantes y
esencial para el efectivo funcionamiento del contrato. Porque la empresa ya existe organizada y
en funcionamiento para ese fin único (autorización con planes aprobados, tarifas, pólizas, etc.),
aun dentro del concepto extremo que requiere esa organización y predisposición terminada
para la explotación, para que exista empresa.

Tan esencial para el contrato, que cuando la mutualidad organizada por una empresa
determinada no funciona debidamente y está en peligro la capacidad técnico-económica del
asegurador con la posibilidad del incumplimiento oportuno de sus obligaciones, el órgano
público le impone su reorganización o la cesión de la masa de contratos para impedir que se
frustre el fin común perseguido por las partes.

15. Satisfacción de una necesidad eventual.

Para este criterio, el rasgo común de los seguros es la satisfacción de una necesidad eventual
concreta (seguros patrimoniales, de daños o de intereses) o abstracta (seguro de personas) que
generalmente no se cumple en forma primaria, por la reconstrucción del bien dañado,
restitución de la cosa robada, etc., sino en forma secundaria, por la entrega de una suma de
dinero, medida por la necesidad concreta y real en el seguro de intereses, o en proporción a la
prima en el seguro de personas (91) .

Se arguyen dos razones fundamentales en contra: que la noción de necesidad es económica, y


no jurídica; y que puede no existir la necesidad eventual abstracta.

La noción de necesidad es económica; es exacto. Y como tal es el sustrato del remedio técnico-
jurídico, el contrato de seguro. Todo el derecho de los contratos reconoce un fundamento de
esta índole; de lo contrario no llenaría ninguna función.

El concepto de necesidad eventual es vecino al de indemnización, porque radica en "la


necesidad de una satisfacción eventual" (92) - (93) .

48
16. Indemnización.

Es evidente que el legislador adoptó el concepto de indemnización para los seguros


patrimoniales, como resulta de las nociones de interés asegurable para fijar el objeto del
contrato en general (art. 2 Ver Texto) y del seguro de daños en particular (art. 60 Ver Texto)
(94) , así como las reglas tendientes a evitar que se pueda enriquecer o lucrar el asegurado por
vía de la ejecución de este contrato (art. 61 Ver Texto, 1er. párr.; art. 62 Ver Texto, 2º párr.;
arts. 63 Ver Texto, 68 Ver Texto, etc.).

En cambio, esta noción no aparece en los seguros sobre la vida, para los cuales no se incluye el
interés como requisito para la celebración del contrato en el caso concreto (arts. 128 Ver Texto
y 143 Ver Texto), ni la prestación debida por el asegurador aparece medida por ese interés ni
por el daño concreto que se demuestre (arts. 1 Ver Texto, in fine, y 143 Ver Texto); y con
mayor razón cuando no es anual, porque, como señala el informe de la comisión redactora,
cuando es plurianual "el seguro sobre la vida encierra una compleja operación de ahorro [. . .]
en el que el capital o la renta que el asegurador pagará al tiempo del siniestro se solventa con
las primas acumuladas en las anualidades trascurridas desde la celebración".

IV

17. Seguro y juego.

La distinción del seguro y el juego, ambos contratos aleatorios, ha sido un problema


tradicional.

49
Viterbo es quien ha hecho la distinción más acertada. No la establece en la estructura del
negocio ni en el objeto o en la naturaleza de la condición, sino en la causa, en la función que
desempeñan ambos contratos. Mientras en el juego el riesgo -no la condición- es artificial, en el
seguro la condición es el nacimiento de la necesidad que satisface, y esta necesidad concurre en
todos los tipos de seguro (95) .

La diferencia radica entonces no sólo en que el jugador es artífice de su suerte, y en el seguro se


defiende contra el peligro no querido, sino también en la función que desempeñan uno y otro
contrato, y que justifica al seguro y hace reprobable el juego: el seguro cumple una función de
previsión, mientras que el juego y la apuesta tienen una función de lucro, que depende
puramente del azar. En el juego, el hecho aleatorio es económicamente indiferente, y por
efecto del contrato influye en el patrimonio del jugador; en el seguro, el evento puede influir en
el patrimonio del asegurado independientemente del contrato, y esa influencia se repara
mediante el contrato de seguro (96) .

18. Contrato de buena fe.

Se acostumbra afirmar que es un contrato de buena fe, uberrimae bona fidei.

Éste no es un rasgo peculiar del seguro. Domina todo el derecho de las obligaciones: las partes
se deben conducir con buena fe en la celebración y en la ejecución, como en todos los
contratos (la nueva redacción del art. 1198 Ver Texto, CCiv. -ley 17711 Ver Texto-, que recoge
los principios de la jurisprudencia, lo demuestra). Si los principios de la buena fe hallan una
aplicación más frecuente y rigurosa, se debe a la naturaleza del contrato y a la posición especial
de las partes. Respecto del asegurador, el tomador se debe conducir con la mayor lealtad
posible en cuanto se refiere a la descripción del riesgo y al mantenimiento del estado del riesgo.
Respecto del tomador, el asegurador se debe conducir con la mayor lealtad posible en todo
cuanto se refiere a la ejecución de sus obligaciones y a la interpretación de la póliza, por el
carácter del contrato, cuya comprensión generalmente escapa a la capacidad del tomador, y por
su naturaleza de contrato de masa, de condiciones generales uniformes (en principio) e
impuestas al asegurado (97) .

50
Y si se examina la cuestión, por ejemplo, desde el punto de vista de la interpretación de la
póliza, más bien es de derecho estricto -si es que esa distinción cupiera en nuestro derecho-,
porque ciertas normas del contrato deben ser aplicadas con estrictez rigurosamente (98) .

La Cámara en lo Comercial, repitiendo ese concepto, destacó como un rasgo específico que "es
un contrato que las partes se comprometen a cumplirlo sin dobleces y de buena intención" (99)
, como si existieran contratos que fuera posible ejecutarlos de mala intención y con
subterfugios (!).

18 (a). - La observación del autor destaca con acierto que la buena fe no es una característica
específica del seguro, sino que subyace en todo contrato, como ingrediente ético inexcusable
de la vida del derecho.

Pero es posible, no obstante, subrayar algunos aspectos, ya señalados en el texto, que muestran
la notoria influencia que el principio de la buena fe reviste en el contrato de seguro. Varias
características de dicho contrato y de la propia relación asegurativa concurren a que el tema de
la buena fe asuma aquí una importancia destacada, que apunta no sólo a resguardar la
confianza negocial -como en todos los contratos-, sino también a proteger el delicado
equilibrio entre las partes, dado lo sensible que resulta a ciertas conductas o actitudes que
pueden tener lugar en la vida del seguro (100) .

Ello deriva, por un lado, del carácter aleatorio que otorga buena parte de sus singularidades a la
relación asegurativa.

El asegurador promete una prestación eventual, que muy probablemente no tendrá lugar (pues
la técnica del seguro requiere, en principio, que el siniestro constituya un suceso de ocurrencia
excepcional, salvo en los seguros de vida para el caso de muerte), lo cual a menudo origina que
mientras no acontezca el hecho siniestral, el contrato permanezca en un ámbito de relativa
indiferencia por parte de quienes lo celebraron. Es frecuente que a partir de que se produzca
un siniestro, ante la necesidad de establecer si el hecho encaja debidamente en la cobertura
otorgada, las partes analicen sus características y su extensión y se puedan suscitar dudas y
controversias al respecto. Por ello, cabe sostener que es posible señalar un primer deber del
asegurador: la cobertura que ofrece debe estar suficientemente delineada y claramente
formulada en la descripción del riesgo asumido; el tomador del seguro tiene que estar en
condiciones de conocer el alcance del amparo, dado que constituye la causa de su obligación de
pago de la prima y el motivo que lo movió a contratar el seguro.

51
Esa exigencia pasa, en buena medida, por el ámbito de la configuración técnica de la cobertura,
que se vincula estrechamente a la influencia que reviste, en la celebración del contrato, la
especialización técnica del asegurador, en la cual confluyen ciencia y experiencia. Éste es uno
de los casos en los cuales la buena fe está relacionada con los conocimientos teórico-prácticos
de uno de los contratantes. Si hay un desnivel que se puede señalar entre las partes del contrato
de seguro no lo es tanto en el plano económico (pues no existirá en el caso de los grandes
asegurados), sino, más bien, en lo referente al manejo de los aspectos técnicos, que requieren
una compleja especialización.

Entonces, un primer campo en el cual el principio de la buena fe tendrá relevancia es el


referido a la precisión en la definición y estructuración de la cobertura y la claridad de su
formulación en la póliza. Así, el asegurado debe poder llegar a conocer qué amparo está
contratando para que resulte justificada su decisión de pagar una prima que no es sino el
equivalente económico (probabilístico) de la cobertura que se le promete, y se eviten sorpresas
desagradables a la hora del siniestro, fuente de conflictos que ningún favor le hacen a la imagen
del seguro.

Tal claridad debe surgir no sólo de la propia determinación del riesgo, resultante de un doble
mecanismo de formulación genérica de éste (aspecto positivo) y de delimitaciones mediante
cláusulas de exclusión de cobertura (aspecto negativo) (101) , sino también de la forma de
instrumentación, en la cual la multiplicidad de condiciones de póliza de diversa índole
(generales, especiales, específicas, etc.) no debe conducir a que se tenga que desplegar un
esfuerzo hermenéutico excepcionalmente complejo para poder establecer qué es lo que está
realmente cubierto y qué lo excluido. De allí que resulte de aplicación el principio de
interpretación que establece que las oscuridades, ambig edades o contradicciones se deben
interpretar en contra del asegurador que redactó el contrato y que es quien conoce la técnica
asegurativa de manera especializada. Este principio se ve ahora legislativamente confirmado
por la normativa protectora del consumidor (ley 24240, art. 37 Ver Texto), aplicable, en esta
parte, al seguro (102) .

En lo que se refiere al momento de la contratación, vemos que el principio de la buena fe


aparece formulando requerimientos a ambas partes. Al asegurado le exige una veraz
declaración del estado del riesgo y la información sobre los aspectos que pudiendo influir en él
lo agravan. Si bien en algunos casos tales agravaciones están conectadas con aspectos técnicos
ignorados por quien va a tomar el seguro (y, por ende, sobre los cuales no formulará
declaración por no conocerlos), es necesario destacar también que con frecuencia pueden
existir ciertas circunstancias que, por su propia naturaleza, resulta manifiesto y es por todos
sabido que acentúan notablemente la probabilidad del siniestro o son capaces de aumentar
significativamente la intensidad de sus consecuencias; por ello es fácil deducir, aun por parte de
las personas comunes, que tales circunstancias implicarán un aumento de primas o pueden dar
lugar a la negativa de otorgamiento del amparo: por eso, si el asegurado oculta o falsea su
información al respecto, estará violando la buena fe exigida, lo cual dará lugar a la aplicación de

52
la normativa referente a la reticencia de mala fe (arts. 5 Ver Texto y ss., LS.), con su efecto
nulificador de la relación. En este aspecto resulta también de gran importancia la actitud del
asegurador, quien tiene la posibilidad de incluir en los formularios de propuesta del seguro
preguntas específicas sobre el estado del riesgo, sus antecedentes y circunstancias relevantes
que guíen al asegurado respecto de establecer qué casos revisten trascendencia con el fin de
evaluar la contingencia por parte del asegurador para determinar si se cubre el riesgo propuesto
y a qué precio (103) .

Y de parte del asegurador cabrá requerir también una conducta paralelamente veraz. La
publicidad que efectúe no debe resultar engañosa ni dar la sensación de que cubre lo que en
realidad no ampara. Aquí cabe reiterar lo expresado respecto de la necesidad de claridad que
permita al asegurado saber qué está contratando; pero ello no se agota con la claridad
conceptual de las cláusulas sobre coberturas y exclusiones ni con el tamaño de la letra
empleada en su formulación instrumental, sino que a tal exigencia se suma la relativa a la
publicidad que realice el asegurador, conforme a lo que establece el art. 57 Ver Texto de la ley
20091.

Además, está el delicado problema del momento en que la celebración contractual queda
consumada. El seguro es un contrato en el cual normalmente no existe simultaneidad entre
oferta (que formula el asegurado) y aceptación (por parte del asegurador), según se puede ver
en el art. 4 Ver Texto, 2º y 3er. párr., de la Ley de Seguros, por lo cual resulta de aplicación el
régimen de los contratos entre ausentes (arg. arts. 1147 Ver Texto a 1156 Ver Texto, CCiv.).
Esta situación se complica porque, por otra parte, no rige aquí el requisito del doble ejemplar,
de manera que la instrumentación del acuerdo tiene lugar mediante una póliza, firmada
solamente por el asegurador (art. 11 Ver Texto, LS.). Queda entonces un lapso híbrido que va
desde la entrega de la propuesta (cuando la hay) hasta la emisión y consolidación de la póliza
(arts. 11 Ver Texto y 12 Ver Texto, LS.), en el cual la relación posee un marcado grado de
indeterminación que puede dar lugar a situaciones confusas y hasta reñidas con la buena fe,
salvo cuando han mediado actos o circunstancias que impliquen aceptación tácita por parte del
asegurador.

Y, más tarde, en el supuesto de acaecimiento del siniestro, también la buena fe adquiere


relevancia destacada, fundamentalmente por cuanto es, justo aquí, cuando se produce el efecto
al cual apunta el seguro: su función reparatoria del daño o satisfactoria de la necesidad que ha
dejado de ser eventual para constituirse en actual. La prestación del asegurador, normalmente
muy importante y en ocasiones cuantiosa, se torna reclamable, por lo cual cabe requerir una
actuación de buena fe, tanto de parte del asegurador que debe pagarla como del asegurado que
pretende percibirla.

Así, entonces, el asegurado no tiene que haber provocado voluntariamente el siniestro ni


actuado con culpa grave (arts. 70 Ver Texto y 114 Ver Texto, LS.); debe denunciar
prontamente el hecho (arts. 46 Ver Texto, 102 Ver Texto y 115 Ver Texto) y no modificar el
estado de cosas (art. 77 Ver Texto), para permitir y facilitar las investigaciones e indagaciones

53
del asegurador respecto de las causas del suceso y sus consecuencias relativas al seguro (art. 46
Ver Texto); y al encarar el asegurador la valuación de los daños, el asegurado se conducirá con
corrección al aportar las pruebas de preexistencia y valor de los bienes afectados por el
siniestro (art. 48 Ver Texto).

Por su parte, en esta etapa el asegurador actuará de manera diligente, evitando dilaciones
innecesarias y cumpliendo oportunamente con la prestación que prometió (arts. 49 Ver Texto
y 56 Ver Texto, LS.). Es en el momento de investigación y liquidación del siniestro cuando el
asegurador demuestra realmente la calidad de su amparo, la eficiencia de su organización
empresarial, su solvencia económica y las bondades de su estilo de actuación y el de quienes,
formando parte de su personal dependiente o contratado -en especial, liquidadores de
siniestros-, la llevan a cabo (art. 75 Ver Texto).

Se puede concluir, entonces, que si bien la buena fe no constituye, como lo destaca el autor de
esta obra, un elemento exclusivo del contrato de seguro, ya que es característica común de
todos los contratos -e incluso de toda relación jurídica (arg. arts. 931 Ver Texto, 933 Ver
Texto, 953 Ver Texto y 1198 Ver Texto, CCiv.)-, reviste en el seguro el carácter de un
principio que se traduce en una serie de normas positivas que claramente lo instituyen respecto
de situaciones especiales (celebración del contrato, investigación y liquidación del siniestro,
etc.) y lo protegen, y, por otro lado, representa una pauta de interpretación inexcusable cuando
se trata de establecer la calidad de la conducta de las partes en aquellos casos en los cuales, por
las particulares características de la relación asegurativa -que genera una permanente exigencia
de colaboración recíproca entre dichas partes- no encuentra solución expresa en las normas
legales vigentes.

Jurisprudencia

En la temática de la "buena fe" se ha resuelto que si bien es un débito implícito de ambas


partes en todo contrato, por aplicación de la regla incluida en el art. 1198 Ver Texto, CCiv., lo
es más cuando del contrato de seguros se trata (C. Nac. Com., sala B, 3/7/1984, "Acetta, Juan
C., v. Omega Cooperativa de Seguros Ltda.", ED 111-480 y Rep. LL XLIV-1968, nº 4). En el
contrato de seguro es donde el art. 1198 Ver Texto del Código Civil se aplica de la manera más
frecuente y rigurosa, por la naturaleza misma de la convención y la posición especial de las
partes (C. Nac. Com., sala B, 22/2/1989, "Álvarez de Dobson, Haydée B., v. La Buenos Aires
Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1989-D-251; sala C, 15/7/1997, "Agencia de Cambio
Florida S.R.L. v. Cenit Cía. de Seguros", LL 1997-E-1043, sum. 39.914), dado la índole
estrictamente resarcitoria y de previsión que allí cumple (C. Nac. Com., sala C, 17/12/1984,
"Gentile, Roberto, v. Unión General Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, ED 114-668); debe
existir inclusive en el período precontractual, a fin de no incurrir el asegurado en reticencia en
la declaración del riesgo, y presidir asimismo la etapa de ejecución del contrato, en la
inteligencia de que en caso de siniestro, el asegurado debe prestar un total apoyo y
colaboración para el esclarecimiento del hecho, de sus causas y sus consecuencias (misma sala,
16/9/1988, "Flametic S.A. v. La Buenos Aires Compañía de Seguros S.A." Ver Texto, LL
1989-A-461).

54
En el contrato de seguro las partes se comprometen a cumplirlo sin dobleces y de buena
intención, especialmente en la etapa de ejecución del negocio jurídico y sobre todo cuando el
asegurado sufre un siniestro, oportunidad en que la aseguradora debe demostrar mayor
trasparencia e inobjetabilidad en sus procederes (C. Nac. Com., sala B, 28/2/1986,
"Exportman S.A. v. Neptunia Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1987-C-427). El contrato
de seguro es un contrato uberrimae bona fidei y exige, por tanto, conducta clara y leal y
disposición pronta de ambas partes para el cumplimiento de sus obligaciones. Toca al
asegurado damnificado obrar de manera tal que su conducta no perjudique la situación del
deudor de la indemnización (asegurador), siempre por estar en juego esos principios de buena
fe que son base fundamental de este negocio jurídico (C. Nac. Com., sala B, 30/7/1979,
"Sacco, Jorge, v. La Agrícola Cía. de Seguros S.A.", ED 86-477).

La claridad de redacción que exige la ley 17418, art. 11 Ver Texto, 2º párr., no se limita a la
claridad formal que torna fácilmente legibles las cláusulas, sino que se extiende asimismo a la
claridad sustancial que las haga inteligibles, fáciles de comprender en su significado económico
jurídicamente relevante (C. Nac. Com., sala E, 11/4/1983, "García, Antonio, v. La Buenos
Aires Compañía de Seguros S.A." Ver Texto, ED 105-270).

VI

19. Fin del contrato.

El fin perseguido con el seguro es la traslación de un riesgo a un tercero, para que sus
eventuales consecuencias graviten sobre éste, que lo asume mediante el pago de una prima o
cotización, siempre que exista interés asegurable (arts. 1 Ver Texto y 2 Ver Texto, ley 17418).

El contrato puede tener por objeto toda clase de riesgos. La ley en su art. 2 Ver Texto lo
dispone expresamente, y lo reitera en el art. 60 Ver Texto; incluso el lucro esperado, si así se
convino expresamente (art. 61 Ver Texto).

Este objeto no puede resultar de operaciones ilícitas. El art. 496 Ver Texto, CCom., lo
establecía expresamente con imposición de una sanción. La ley 17418 dispone en el art. 60 Ver

55
Texto: "Puede ser objeto [. . .] cualquier riesgo si existe interés económico lícito de que un
siniestro no ocurra", que se debe tener presente, aunque riesgo ilícito e interés ilícito no son
conceptos idénticos.

Como señala Donati (104) , no es necesario que la ley lo prohíba expresamente; basta la
aplicación de los principios generales del derecho. Es suficiente la norma superior del art. 953
Ver Texto, CCiv.

Para que se aplique la anulación por ilicitud del riesgo son necesarias las siguientes condiciones:

1) Que se trate de una actividad ilícita (contrabando, juegos prohibidos, tráfico de


estupefacientes, explotación de la prostitución, etc.).

2) El evento asegurado debe estar en relación directa con la actividad ilícita, sin que deba ser su
causa: es suficiente que ocurra en ocasión de esta actividad (105) .

3) El asegurado debe desarrollar personalmente la actividad ilícita; esto es, que no afecta el
contrato si es de un dependiente suyo, mientras él se mantenga ajeno a esa actividad (106) .

Respecto del interés ilícito me ocuparé al considerar el interés asegurable (capítulo VII).

Obarrio, fundado en el art. 1168 Ver Texto, CCom., admite el seguro de riesgos resultantes de
la violación de la ley extranjera. La doctrina extranjera no tiene posición muy firme en la
materia (ver resumen en Donati, Trattato, II, p. 142 y sus referencias); pero en nuestro derecho
es evidente que la opinión de Obarrio no se puede aceptar por aplicación lisa y llana del art.
1208 Ver Texto, CCiv.: sería contrario al orden público internacional.

VII

56
20. Contrato único.

Es un contrato único, de ejecución continuada (107) , aunque esté dividido en términos


periódicos para facilitar el pago de la prima y el asegurado sea libre en ciertos contratos -seguro
sobre la vida, por ejemplo-, de abandonarlo al vencimiento de cada período (arts. 17 Ver
Texto; 19 Ver Texto, 2º párr., y 134 Ver Texto).

El consentimiento dado al comienzo rige todo el contrato por su entera duración; el riesgo se
determina una sola vez; al fijarse la prima se considera toda la duración.

La posibilidad de que el asegurado se retire al fin del período (art. 134 Ver Texto para los
seguros sobre la vida) es una condición resolutoria, que no es puramente potestativa, porque
no se cumple sin sacrificios o pérdidas para el asegurado, como veremos en el funcionamiento
del rescate o de la reducción en los seguros sobre la vida (art. 138 Ver Texto).

Este rasgo de contrato único trae como consecuencia que el asegurador es responsable hasta
que el contrato se rescinda (salvo la suspensión de la garantía por causas específicamente
establecidas: art. 31 Ver Texto, mora en el pago de la prima; art. 39 Ver Texto, sobre
agravación del riesgo), y puede aducir las causas originarias de nulidad del contrato (108) . En
cuanto a la agravación ocurrida con anterioridad, se debe tener en cuenta que el art. 42 Ver
Texto extingue el derecho de rescindir cuando la agravación ha desaparecido.

En el contrato de seguro, en consecuencia, la rescisión no tiene efecto retroactivo (principio


consagrado, por lo demás, por el art. 216 Ver Texto, CCom.): el riesgo asumido ha sido
soportado hasta que funciona la rescisión: las primas pagadas están definitivamente adquiridas
en la medida fijada por la ley (arts. 32 Ver Texto, 41 Ver Texto, 45 Ver Texto, 52 Ver Texto,
etc.); sus efectos son para el futuro; hasta ese momento se mantienen los derechos a las
prestaciones recíprocas.

(54) Ver un autorizado y breve resumen de teorías y opiniones en M”ller, "Assicurazioni",


1962, 1, p. 16, donde se reproduce su informe al Primer Congreso de AIDA, celebrado en
Roma, en abril de 1962.

(55) Zavala Rodríguez en dos artículos publicados en DJA, 29 de marzo y 26 de junio de 1968,
critica la calificación legal; sostiene que se debió dejar a la doctrina deducir ese carácter de los

57
efectos que la ley asignaba a la celebración del contrato libre de formalidades, e ilustra su
posición con larga trascripción de doctrina española (que, como señalé en mi artículo en DJA,
24 de mayo de 1968, justifica la prudencia de la ley).
Las otras argumentaciones de Zavala Rodríguez no resisten el análisis, ya cumplido en ese
artículo, por lo cual no vuelvo a ocuparme del tema.

(56) Vivante, Trattato, nº 1872, y Contratto, nº 51.

(57) No es diversa la conclusión cuando la aceptación por el asegurador se expresa recién con
la emisión de la póliza: no es que el contrato se torne en solemne, sino que el contrato se
concluye con una aceptación expresada con esa misión. Ver Bruck-M”ller, I, § 3, nros. 18 y ss.;
Besson y Picard, 2ª ed., I, nº 46; Gasperoni, Le assic., ps. 67 y ss.

(58) Haymann, en "Assicurazioni", 1938, 1ª parte, p. 59; Lordi, nº 486; Salandra, en


"Assicurazioni", 1938, 2ª parte, p. 152; Rivarola, nº 1111, ps. 333 y 338, nota 1; Lepargneur, nº
1274; Lefort, I, ps. 329 a 331; Gasperoni, Le assic., ps. 68 y ss.

(59) Obarrio, p. 106; Castillo, nº 11; Malagarriga, Trat. elem., II, p. 335; Lordi, nº 490; Lefort, I,
ps. 172 y 173; Fernández, II, p. 399; Bruck, ps. 60 y ss.; Besson y Picard, 2ª ed., I, nros. 32 y ss.
Se extiende al seguro sobre la vida.
Contra, Patterson, nº 12, p. 49, porque pagada la prima, sólo el asegurador está obligado a
hacer algo. Olvida que el asegurado, pendiente el contrato, debe cumplir distintas obligaciones
y cargas: mantener el estado del riesgo, denunciar sus modificaciones y evitar el daño, etc.
Además, dejaría de serlo toda vez que la prima se debiera pagar en cuotas, en el curso del
contrato.
Vance, ps. 67 y ss., opina que corrientemente es unilateral, pero nada se opone a que sea
bilateral. Admite que el asegurado debe cumplir cargas y obligaciones durante la vigencia del
contrato, a las cuales califica de condiciones.
Besson y Picard, ob. cit., 2ª ed., I, p. 46, sostienen que la prestación principal del asegurador
debe ser en dinero; de lo contrario no será contrato de seguro (v.gr., el asesoramiento fiscal por
abono).
El criterio es inaceptable, porque excluiría los seguros en los cuales la prestación del asegurador
es en especie (seguro de enfermedad, con mera asistencia médico-quirúrgica, suministro de
aparatos, etc.), como ocurre con organizaciones dedicadas a esta asistencia. Basta que sea
apreciable o sustituible con prestación en dinero.

(60) Bruck, ps. 366 a 381.

(61) Haymann, La prestazione dell´assicuratore, en "Assicurazioni", 1938, 1ª parte, ps. 49 y


142.
Para Gasperoni, nº 40, p. 836, la obligación del asegurador no consiste solamente en
indemnizar el siniestro, porque éste puede no producirse, y no obstante el asegurador debe
cumplir obligaciones y prestaciones.
Benítez de Lugo, Reymundo, I, p. 388, considera que la crítica del texto es una sutileza, que el
asegurado tiene acción para la salvaguarda y conservación adecuada de su derecho.
Bruck-M”ller, I, § 1, nros. 40 y ss., sostienen que el asegurador se debe preparar técnica y
económicamente, y si así no procede, puede ser coactivamente obligado e incluso dar derecho
a ser indemnizado por el daño que sufra (el asegurado).

58
(62) Donati, en "Assicurazioni", 1937, 1ª parte, ps. 403 a 413, y Trattato, II, nros. 256 y ss. y nº
261; Besson y Picard, I, nº 104, ps. 200 a 203.

(63) Sobre el problema de la causa, ver el claro estudio del profesor M. Yadarola, La causa en
los títulos de crédito, en Estudios en homenaje al profesor Leopoldo Melo, Buenos Aires,
1957.

(64) Donati, en "Assicurazioni", 1937, 1ª parte, ps. 423 a 433, y en Trattato, II, nros. 256 y ss.,
y 261; Besson y Picard, I, nº 104, ps. 200 a 203.

(65) Haymann, en "Assicurazioni", 1938, 1ª parte, ps. 49 y 142, y Viterbo, en "Riv. Dir.
Comm.", 1932, 1ª parte, ps. 40 y ss., niegan tal carácter condicional.
Besson y Picard, I, ps. 200 a 203, expresan que el álea no se debe confundir con la condición,
porque ésta suspende el contrato, mientras que aquélla constituye la causa o fondo mismo de
las obligaciones de un contrato cuya existencia es firme y definitiva.
En esto hay un error. La condición afecta a la obligación y no al contrato. Los contratos no
son condicionales: son firmes y definitivos o no son contratos, sino meros proyectos,
supeditado su perfeccionamiento a un hecho futuro. El contrato aleatorio es tan contrato
como la compraventa pura y simple; pero la obligación del asegurador está condicionada, y la
obligación del asegurado -monto de la prima- está medida por las posibilidades de que esa
condición se realice. Conf., Segovia, nota 1752.
Viterbo, en JA 65-109, secc. Doctrina, afirma que no es condicional porque la condición se
debe referir a todo el negocio y a los accidentalia, no a los essentialia negotii.
Ver sobre este problema, Gambino, L´assicurazione nella teoria dei contratti aleatori, 1964,
Milán, espec. ps. 133 y ss.

(66) Besson y Picard, I, ps. 203 a 205. Conf., entre otros, Obarrio, p. 13; Malagarriga, Trat.
elem., III, p. 336; Lordi, nº 490; Donati, Trattato, II, nº 260; etc.

(67) "Los contratos serán aleatorios cuando sus ventajas o pérdidas, para ambas partes
contratantes, o solamente para una de ellas, dependan de un acontecimiento incierto" (art.
2051 Ver Texto, CCiv.). Ver además de Gambino, ob. y lug. cits., conf., Gasperoni, p. 820;
Lordi, nº 491; Vance, p. 66; Obarrio, p. 13; Segovia, nota 1749; Malagarriga, Trat. elem., III, p.
337; Castillo, p. 16; Zavala Rodríguez, ob. cit., nº 1670; Carresi, en "Assicurazioni", 1960, 1, p.
120; Pino, eod. loc., 1960, 1, p. 236, y autores citados en nota 28.

(68) Vivante, Trattato, nº 1865, y Contratto, nº 10; Besson y Picard, I, ps. 210 a 212; Persico, nº
47, ps. 65 a 69; Lepargneur, nº 1253; Fernández, II, p. 399; Donati, Trattato, II, p. 42, nota
116.

(69) Besson y Picard, ob. cit., 2ª ed., afirman que es antialeatorio, y que para el asegurador
seguramente que no es aleatorio, pero en p. 62 reconocen la justeza de la observación, de que
es antialeatorio porque el contrato es aleatorio: el fin perseguido es ése, pero el medio
empleado para lograrlo es un contrato aleatorio, que tiene este carácter si se analiza el contrato
que celebra el asegurado aisladamente, sin considerar la mutualidad de asegurados que integra
mediante la explotación económica por el asegurador.

59
Ver una síntesis de la doctrina en la materia en la literatura contemporánea: Pelaggi, Antonio,
en "Assicurazioni", 1968, 1, 306.

(70) "En el contrato de seguro la prima es proporcional al riesgo, pero no es el equivalente,


porque el objeto, el resarcimiento del daño, queda subordinado a un acontecimiento incierto,
del que depende la ventaja para el asegurador": Persico, p. 69. Ver también Donati, Trattato, II,
nº 262.

(71) En "Riv. Dir. Comm.", 1932, 1ª parte, ps. 57 a 61.

(72) Bruck, ob. cit., p. 59. Concordantemente, Benítez de Lugo, Reymundo, ob. cit., ps. 21 y ss.

(73) Rivarola, Tratado, IV, ps. 253, 283 y 284.

(74) Ver el informe de M”ller al congreso mundial de seguros, de AIDA, indicado en nota 15.
Ver asimismo informes de Rodrigo Uría, en "Assicurazioni" 1962, I, p. 147; Buttaro, L., eod.
cit., 1962, I, p. 179; Halperin, Isaac, El concepto unificador del seguro, en LL 118-1066; Volpe
Putzolu, L´assicurazione privata contro gli infortunii, ps. 11 y ss.

(75) Ver Ascarelli, Tulio, La teoría indemnizatoria del seguro, en "Riv. Dir. Comm.", 1954, 1ª
parte, p. 85.

(76) Obarrio, ob. cit., ps. 105 y 121; Lefort, I, ps. 300 y 301; Lordi, nº 588, para quien el
carácter indemnizatorio no es esencial, sino sólo natural, y que en ciertos casos puede faltar
(que nuestro derecho rechaza, según vimos en el texto).

(77) Ascarelli, Sul concetto unitario del contratto di assicurazione, en Saggi giuridici, p. 397;
Donati, Trattato, II, nros. 251 a 255. Conf.: Zavala Rodríguez, II, nº 1631.

(78) Vivante, Trattato, nº 1862, y Contratto, nº 7. Conf.: Rivarola, ps. 293 a 296, y 345; Castillo,
p. 150; Hémard, nº 34; Lepargneur, nº 1381; Besson y Picard, IV, nº 2, y Volpe Putzolu, ob. y
lug. cits.
"La trasformación de las primas, es decir, de los pagos periódicos, en capitales, es un resultado
industrial que debe justificar todo contrato de seguro cualquiera que sea el motivo que induzca
al estipulante a asegurarse" (Vivante, Trattato, lug. cit.).
Hémard estima que cabe oponerle las mismas objeciones que a la teoría de la necesidad, a la
cual nos referimos más adelante (ob. cit., nros. 25 a 27).

(79) Ver la limitación de la inmutabilidad y por ende la reducción de la cláusula penal cuando
es excesiva, por aplicación de la norma del art. 953 Ver Texto, CCiv.: fallos registrados en LL
47-631, 49-489, 86-741, 90-40, 112-110, 106-283; JA 1962-VI-499, etc., aceptada por la
reforma del Código Civil en el nuevo texto del art. 659 Ver Texto.

(80) Así lo expresa claramente la Exposición de Motivos con que se elevó el proyecto al Poder
Ejecutivo. La norma del anteproyecto dio lugar a una discusión muy prolongada, en la cual el
Dr. Morandi, delegado de la Superintendencia de Seguros, sostuvo el criterio de Ascarelli y
Donati.

60
El art. 2 Ver Texto exige la existencia de interés asegurable, que el art. 51 Ver Texto define
para los seguros de daños patrimoniales, pero silencia cuando se refiere a los seguros sobre la
vida.

(81) Disponía el anteproyecto en su art. 1 Ver Texto: "El seguro es el contrato por el que el
asegurador, mediante el pago de una prima o cotización, se obliga a indemnizar al asegurado,
por el daño que sufra en razón de un siniestro causado por el riesgo asumido, o a pagarle un
capital o una renta al producirse un hecho atinente a la vida humana". Se completaba con el
art. 56 Ver Texto, acerca del interés como objeto del seguro contra daños patrimoniales, y el
art. 145 Ver Texto, acerca de la obligación de pagar, del asegurador, en el seguro de personas.

(82) Ver un elenco en Hémard, nros. 29 y 30. Adde: Brunetti, en "Azzicurazioni", 1935, 1ª
parte, ps. 444 a 450. Implícitamente, Segovia, nota 1570, para quien el seguro de vida es un
préstamo aleatorio; Lepargneur, nº 1381; Rivarola, p. 296, aunque en p. 293 acepta la posición
de Vivante.

(83) Ver Donati, Trattato, p. 14 y nota 38; Viterbo, ob. cit., p. 41; Hémard, nros. 37 y 38.
Ya Quenault la señalaba en 1828; y la idea la desarrollaron Goldschmidt en 1874 y Chaufton,
fundados en el funcionamiento técnico del seguro, en el cual el asegurador actúa como mero
intermediario en la mutualidad de asegurados (ver Hémard, ob. y lug. cits.).

(84) Vivante, Trattato, nº 1858, y Contratto, ps. 3 y 8. Conforme: Zavala Rodríguez, ob. cit., II,
nº 1627 y nota 5, sin perjuicio de adoptar también la noción indemnizatoria (ver nº 1631). Ver
Brunetti, en "Assicurazioni", 1935, 1, p. 414; Rivarola, IV, ps. 269 y ss.

(85) Donati, Trattato, II, nº 250, expresa que no es suficiente, porque "la función de un
negocio jurídico se manifiesta a través de elementos, las prestaciones, que constituyen el objeto
y de las que, por lo común, una solamente se manifiesta como típica, y no a través de
elementos extraños a ellas". Además, no distinguiría el seguro del juego explotado en forma de
empresa. Viterbo, ob. cit., ps. 48 y 49; Donati, Trattato, II, nº 250.
A su vez, Hémard, ob. cit., nros. 37 a 41, si bien reconoce que la técnica es esencial para la
existencia del seguro, afirma que descuida al asegurado: no enuncia las prestaciones de las
partes, no considera debidamente la idea de riesgo y de necesidad contractual.

(86) Ferri, L´impresa nella struttura del contratto di assicurazione, en Studi sulle assicurazioni,
1963, Roma, ps. 111 y ss. Ver Volpe Putzolu, ob. y lug. cits., espec. ps. 27 y ss.
Zavala Rodríguez, en los artículos ya citados, DJA, 29 de marzo y 26 de junio de 1968, critica
con razón que se haya separado la legislación de la empresa de seguro y se le haya dedicado
una ley especial. Ya he señalado mi opinión contraria al criterio aplicado por la comisión de
1967, pero la razón dada por ésta -invocación del art. 67, inc. 11 (actual art. 75 Ver Texto, inc.
12), de la Constitución nacional- es respetable. Zavala Rodríguez no ve obstáculo en esta
disposición constitucional, porque nada impide que integre el Código de Comercio. La
dificultad invocada por la comisión de 1967 era que se establecía el control nacional de las
empresas de seguro (como lo hace actualmente el art. 1 Ver Texto de la ley 20091) y la
competencia federal (art. 83 Ver Texto), lo cual se podía haber considerado contrario a la
salvedad de las jurisdicciones provinciales en la aplicación del Código de Comercio, punto que
Zavala Rodríguez no comenta y que, en realidad, no resulta sustentable.

61
(87) En rigor, Ferri vuelve aquí a apoyarse en la técnica moderna del seguro, a la cual intenta
convertir en un elemento estructural, esencial, al contrato de seguro, y para ello dice que "el
asegurador se obliga a insertar, según las reglas de la técnica asegurativa, el riesgo aislado en
una masa de riesgos homogéneos", y que el asegurado, cuando contrata, busca incorporarse en
un conjunto de contratos referentes a riesgos homogéneos que tienen características jurídicas
uniformes, según destaca precedentemente el autor de este libro.
Lo cierto es, a nuestro juicio, que en el contrato de seguro aislado (el que nos interesa aquí
analizar para determinar sus caracteres), el asegurador no se obliga nunca a "insertar" según las
reglas de la técnica, ese contrato en un grupo de contratos análogos: para ello basta con leer
cualquier póliza y se verá que sólo se obliga a indemnizar un daño o pagar un capital u otra
prestación comprometidos si ocurre el evento previsto (art. 1 Ver Texto, ley 17418).
Y en cuanto a que el asegurado requiera al contratar (causa final) que su contrato se inserte en
un conjunto de contratos análogos es algo que no responde a la realidad, al menos en la
inmensa mayoría de los casos: los asegurados normalmente no conocen la complicada técnica
del seguro ni tampoco están en condiciones de convertirla en una exigencia que puedan llevar a
los tribunales para que el asegurador la cumpla, o solicitar en ellos que se declare la nulidad del
contrato en caso de no verificarse su ejercicio. Esa técnica es, por otra parte, sumamente
compleja, y no puede ser sometida a simplificaciones conceptuales: los reaseguros en su
mayoría se toman respecto de una cartera o grupo de contratos atendiendo a la siniestralidad
general, o por comunidades globales de riesgos, lo cual torna muy complicado, cuando no
prácticamente imposible, seguir, a priori, el contrato individual a los fines de establecer su
posición dentro de aquéllos, previa al siniestro, ni establecer si las medidas adoptadas son
suficientes; los cálculos probabilísticos del asegurador resultan crípticos para el no
especializado, y el asegurado tampoco tiene acceso a ellos para ver si su cocontratante le está
cumpliendo esa pretendida obligación. A lo cual cabe agregar la complejidad extraordinaria del
negocio reasegurador, la influencia que la elección del coasegurador o reasegurador tiene en la
solidez (y en la eficacia concreta en el caso de ocurrir el siniestro) de los "cálculos técnicos" en
los cuales se basa este tipo de razonamientos, etc., por ello, esa supuesta "causa final" en la cual
se intenta apoyar el argumento se desdibuja totalmente.
Por tal motivo, entendemos que ese fundamento no sirve para proponer ese elemento, en tesis
general, como componente esencial del contrato de seguro ni como elemento unificador de
todas las especies de seguro. Por ello, también, tal exigencia se la impone mediante la
legislación referida a la empresa de seguro y su control (entre nosotros, la ley 20091 Ver
Texto), lo cual muestra que no es, en principio, un elemento que corresponda a la naturaleza
del contrato aislado; debe ser exigido legislativamente respecto de la actividad aseguradora, por
razones de protección del asegurado y de esa propia actividad. Si se lo impusiere
legislativamente como esencial al contrato y como requisito de validez de él (en alguna medida
ocurre indirectamente entre nosotros, al menos en cuanto a la exigencia de que el asegurador
esté autorizado a operar como tal y sometido a las normas técnicas de la actividad), sin duda lo
será; pero sólo por esa razón externa a la estructura del contrato mismo. La cuestión apunta a
una finalidad técnica: asegurar la solvencia que, por hipótesis, se podría llegar a garantizar por
otros medios (p.ej., exigencia de capitales propios, etc.). Y es más: si se está ante un asegurador
ya autorizado para operar, la mala gestión técnica posterior de su parte, la omisión de los
requisitos aconsejados por esa técnica, podrán dar lugar a sanciones de parte del ente de
control y aun a la revocación de la autorización para operar en seguros; pero eso no afectará la
validez jurídica de los contratos que haya celebrado con anterioridad a tal revocación, aunque
respecto de ellos las deficiencias técnicas se hubieren concretado y comprobado: dicha
revocación, en este aspecto, opera jurídicamente hacia el futuro.

62
En opinión también contraria a considerar que la empresa constituya, al menos entre nosotros,
elemento esencial del contrato de seguro, se expide Rubén S. Stiglitz (Derecho de seguros, t. I ,
nº 19, p. 30, 1997, Buenos Aires).

(88) Donati, Trattato, I, p. 71.

(89) Trattato, I, p. 74.

(90) Teoria generale del negozio giuridico, ps. 183 y ss.

(91) Ver sobre el punto: Bruck, ps. 53 a 58, que no es original, sino que se limita a concretar en
una fórmula las opiniones adelantadas por los sostenedores del criterio expresado.

(92) Las objeciones al criterio expuesto son múltiples: ver Viterbo, art. cit., p. 55, nº 3; Brunetti,
en "Assicurazioni", 1935, 1ª parte, ps. 437 a 444; Besson y Picard, I, p. 19; Donati, Trattato, II,
nº 248; etc.
Viterbo ha observado que todos los contratos satisfacen una necesidad y que los subordinados
a una condición satisfacen una necesidad eventual, por lo cual la formulación jurídica no le
conforma, aunque desde el punto de vista económico reconozca su exactitud. Hémard añade
que sólo tiene en cuenta al asegurado, dejando de lado al asegurador.
Brunetti agregó que en el seguro sobre la vida no se remedia una necesidad económica; que la
distinción entre la necesidad concreta y la abstracta no es afortunada, porque la necesidad
siempre se debe concretar. La observación deja de lado que con la distinción se hace justicia al
rasgo característico del seguro sobre la vida, de no investigación del daño concreto o perjuicio
sufrido por el tomador o por el beneficiario, resultante del fuerte elemento de capitalización,
que funda su sistematización y hace posible su difusión y aprovechamiento práctico,
especialmente en el caso del seguro plurianual y para el supuesto de supervivencia.
Donati sostiene que concretada la noción de necesidad al sentido objetivo, coincide con la
noción jurídica de daño, por lo cual juzga que se cae en la noción de indemnización (ob. cit., II,
nº 252), que analicé en el párrafo 10.

(93) Se han expuesto otros conceptos. Ver una reseña en Donati, Trattato, cit., II, nº 249, y en
Hémard, ob. cit., nros. 21 a 35; creo ocioso resumirlas porque nada aportan a la solución del
problema dogmático; sólo quiero señalar que entre nosotros Rivarola lo halla en la emptio
periculi. La noción expuesta en los comienzos del desarrollo del seguro lleva a englobarlo en la
compraventa. Con este criterio, la locación de cosas no es más que la enajenación de su uso y
goce, y así en muchos otros contratos (mutuo, depósito civil irregular, etc.) (ver su Tratado, IV,
p. 264, y un artículo en "Rev. Der. Com.", 1947, p. 341).

(94) "Puede ser objeto de estos seguros -dispone el art. 60 Ver Texto- cualquier riesgo si existe
interés económico lícito de que un siniestro no ocurra".

(95) Viterbo, art. cit., p. 61.

(96) Ver Lordi, en "Riv. Dir. Comm.", 1935, 2ª parte, p. 263; Gasperoni, p. 820; Persico, ps. 69
a 73; Spilrein, p. 87; Donati, Trattato, II, nº 265.
Patterson, p. 88, letra b, halla la distinción en que en el juego no hay interés pecuniario en la
realización del hecho; esto es, que la diferencia radica en el interés asegurable.

63
Malagarriga sostiene que la diferencia consiste en que en el juego nunca la ganancia es entera ni
la pérdida es absoluta (Comentario, III, nº 286), adhiriéndose a una consecuencia accidental,
que no influye en la esencia de los contratos.
Obarrio sostiene que en el juego la posibilidad de ganancias no corresponde a una disminución
patrimonial del ganador, y al momento de contratar ninguno recibe nada (p. 113). Además de
ser secundario, el rasgo es inexacto, porque en los juegos por empresa el jugador paga por
anticipado su participación (lotería, carrera de caballos, ruleta, etc.).
Ehrenberg -cit. por Viterbo- sostiene que el organizador no debe ser quien crea el hecho
fortuito del cual deriva el riesgo. Olvida, como indica Viterbo, que el bookmaker es ajeno a la
organización de la carrera (ob. cit., p. 50).

(97) Halperin, El juez y la aplicación del contrato de seguro, en RDCO, año 3 (1970), p. 1.

(98) Bruck, ps. 59 y 60; Persico, p. 78; Dupuich, nota en "Dalloz Périodique", 1897, 2ª parte, p.
153. Conf. con el texto, Malagarriga, ob. cit., III, p. 339.
Vance reitera el concepto corriente acerca de la concurrencia de la buena fe (ps. 74 y ss.), y así
también Zavala Rodríguez, II, nº 1671, donde critica nuestras apreciaciones. También Broseta
Pont respecto del reaseguro (ob. cit., ps. 28 y ss.).

(99) 31 de agosto de 1944, JA 1944-IV-253.


Ver sobre interpretación del contrato, infra, capítulo III, nº 47.

(100) Joaquín Garrigues señala que "el deber de buena fe en el seguro empieza a operar antes
que el contrato se concluya, y esto es característica de este contrato" (Contrato de seguro
terrestre, 1982, Madrid).

(101) Barbato, Nicolás Héctor, Exclusiones a la cobertura en el contrato de seguro, ED 136-


547.

(102) Ver lo que expresamos al respecto al tratar sobre la aprobación particular de los
elementos técnico-contractuales (capítulo II, § 17.a, nota 25 (a).

(103) Por ejemplo, la Ley Española de Contrato de Seguro, 30/1980 (con la modificación
introducida por la ley 21/1990, dispuesta para adaptar el derecho español a la directiva 88/357
de la CEE), establece en su art. 10: "El tomador del seguro tiene el deber, antes de la
conclusión del contrato, de declarar al asegurador, de acuerdo con el cuestionario que éste le
someta, todas las circunstancias por él conocidas que puedan influir en la valoración del riesgo.
Quedará exonerado de tal deber si el asegurador no le somete cuestionario o cuando, aun
sometiéndoselo, se trate de circunstancias que puedan influir en la valoración del riesgo y no
estén comprendidas en él" (la bastardilla es nuestra).

(104) Donati, Trattato, II, nº 315.

(105) Donati, Trattato, II, nº 315; Besson y Picard, I, p. 67.


Donati señala que en el supuesto del seguro marítimo, la causa del naufragio es la tempestad;
mas si ésta ocurre en una expedición de contrabando, éste es la ocasión, suficiente para anular
el contrato.

64
Picard y Besson, a su vez, en materia de seguro de incendio, señalaron la solución de la
jurisprudencia francesa, que en materia de seguro del inmueble dedicado a "posada" decidió
que la vinculación con la actividad inmoral era indirecta, y se pronunció por la validez del
contrato.
Idéntica solución da Vance para el seguro del automóvil robado, por el adquirente de buena fe,
no obstante la solución contradictoria establecida por la jurisprudencia norteamericana que cita
(ps. 135 y ss., y fallos cits. en sus notas 87 y 88).

(106) Ejemplo típico -como indica Donati, ob. y lug. cits. supra- es el de la participación del
capitán o de la tripulación en operaciones de contrabando.

(107) Simonetto, Ernesto, Considerazioni sul contratto di assicurazioni di rischi durevoli come
contratto a esecuzione continuata, en "Assicurazioni", 1965, 1, p. 131.

(108) Vivante, Trattato, nros. 1866 y 1867, y Contratto, nros. 11 y 12; Besson y Picard, I, p.
205; Castillo, p. 17; Fernández, p. 400; Donati, II, nº 263.
Lordi señala que puede no ser de ejecución continuada, como en el seguro de una carrera de
automóviles (ob. cit., nº 493).
Oppo, en "Riv. Dir. Comm.", 1943, 1ª parte, ps. 143 y 227, y 1944, 1ª parte, p. 17, impugna
para el seguro esta característica, considerando -tácitamente- el supuesto de siniestro total,
desconsiderando la asunción o soportación del riesgo por todo el lapso -que es la obligación
asumida por el asegurador- para el cual se debe preparar técnica y económicamente, y la
existencia de ciertas obligaciones accesorias (dirección del proceso en el seguro de la
responsabilidad civil, etc.).

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VIII

21. Definición.

Los autores aún no han acordado una definición del contrato (109) . El art. 1 Ver Texto de la
ley lo define: "Hay contrato de seguro cuando el asegurador se obliga, mediante una prima o
cotización, a resarcir un daño o cumplir la prestación convenida si ocurre el evento previsto"
(110) . Tiene las ventajas de no comprometer opinión acerca de la naturaleza del contrato y de
comprender a todas las especies de seguro (111) - (112) - (113) .

65
Son numerosas las definiciones propuestas en doctrina. Para Bruck, "es un contrato oneroso
por el que una parte (asegurador) espontáneamente (selbst„ndig) asume un riesgo y por ello
cubre una necesidad eventual de la otra parte (tomador del seguro) por el acontecimiento de un
hecho determinado, o que se obliga para un momento determinado a una prestación apreciable
en dinero, por un monto determinado o determinable, y en el que la obligación, por lo menos
para una de las partes, depende de circunstancias desconocidas en su gravedad o acaecimiento"
(114) .

Brunetti lo define como "el contrato bilateral, autónomo, a título oneroso, por el que una
sociedad de seguros, debidamente autorizada para el ejercicio de esa empresa, asume contra el
precio de una prima, corresponder al asegurado una prestación determinada, en capital o renta,
para el caso que en el futuro se realice un determinado evento contemplado en el contrato" (en
"Assicurazioni", 1935, 1ª parte, p. 414).

Reymundo Benítez de Lugo adoptó la "de ser aquella institución de previsión basada en la
mutualidad técnicamente organizada por la que, mediante el pago de una prima o cuota, única
o periódica, se adquiere el derecho de ser indemnizado por determinados daños o menoscabos
sufridos en nuestras personas o bienes o a la entrega de un capital o disfrute de una renta en
época y tiempo determinados" (ob. cit., I, p. 11).

Donati, siguiendo las huellas del art. 1882, Código Civil italiano, expresa que "puede definirse
como ese negocio en el que el asegurador, contra el pago u obligación al pago de una prima, se
obliga a resarcir al asegurado de las consecuencias de un hecho dañoso incierto, dentro de los
límites convenidos" (Trattato, II, nº 259).

Fernández sostiene "que es un contrato por el cual una de las partes se compromete, mediante
el pago por la otra de una prima o cotización, a abonar a esta última o a un tercero, cierta suma
en caso de ocurrir un riesgo determinado" (II, p. 397).

Según Gasperoni, "es la asociación de varias personas con el fin de satisfacer, con las fuerzas
de todos, las necesidades eventuales de algunos" (en Nuovo Digesto, vº Assicurazioni, nº 1, p.
813).

66
Besson y Picard adoptan con modificaciones la definición de Hémard para destacar los
elementos técnicos de la operación: "El seguro es una operación por la que una parte, el
asegurado, se hace prometer, mediante una remuneración, la prima, para él o para un tercero,
en caso de realización de un riesgo, una prestación por la otra parte, el asegurador, quien
asumiendo un conjunto de riesgos, los compensa conforme a las leyes de la estadística" (I, nº
42).

Lepargneur simplifica los términos: "Es el contrato por el que una persona, llamada
asegurador, promete a otra, que es el asegurado, una prestación subordinada a la realización de
un riesgo determinado, mediante una suma llamada prima o cotización" (ob. cit., nº 1252).

Para Patterson, "es la promesa por una persona de pagar a otra dinero o cualquier otra cosa de
valor por la ocurrencia de un hecho contingente, que se encuentra fuera del contralor efectivo
de las partes, en el que el promisario tiene un interés aparte del contrato" (ob. cit., p. 4).

Rivarola afirma que "es el conjunto de operaciones que se realizan en el comercio del riesgo, en
unos casos, o por el Estado, en otros, tendientes a organizar existencias económicas actuales
para atender las prestaciones y obligaciones creadas por la ley o por contrato, con relación a
hechos posibles o futuros comprendidos en el riesgo" (ob. cit., nº 255).

Segovia hace suya la definición de Th”l: "Es un contrato por el cual uno de los contrayentes
promete indemnizar un daño posible al asegurado, si realmente sucede" (nota 1752).

Vance lo define así: un contrato por el cual una de las partes por un precio, llamado prima,
asume un riesgo de daños o de responsabilidad que pesa sobre la otra, conforme a un plan para
la distribución de ese riesgo, es un contrato de seguro, cualquiera que sea su forma o nombre
que lleve (ob. cit., p. 57).

Viterbo lo precisa así: "Es un contrato bilateral, en el cual una de las obligaciones, la del
asegurador, está condicionada por un acontecimiento futuro e incierto, al que no está
condicionada la otra". Y si se acepta que el seguro de vida para el caso de muerte es un
contrato único, se agregaría: "El acontecimiento futuro e incierto puede ser tan sólo en cuanto
al tiempo en que se producirá" (artículo cit., ps. 58 a 60).

Vivante enuncia su concepto de acuerdo a que el requisito de la contratación con una empresa
es esencial; expresa: "Es el contrato por el cual una empresa, constituida para el ejercicio de
estos negocios, asume los riesgos ajenos mediante una prima fijada anticipadamente" (Trattato,
nº 1864, y Contratto, nº 26). La prima fijada anticipadamente lo distingue del seguro mutuo;
elimina la previsión.

67
22. ¿Es un derecho autónomo?

Donati expresa que en el sentido formal entra en el cuadro del derecho comercial; más que en
el sentido sustancial se puede hablar de un derecho de los seguros comprensivo de las normas
de derecho privado y público: "Se trata no ya de un derecho autónomo entendido como
sistema separado del sistema unitario del derecho o como sistema cerrado munido de
principios generales autosuficientes, sino de un derecho especial sea en relación a la unidad de
la materia (parte a todo), sea en relación a la confluencia sobre ella de normas de derecho
público y de derecho privado" (Trattato, I, nº 10. Ver asimismo su disertación en
"Assicurazioni", 1950, 1ª parte, p. 13). Conforme con él, Caballero Sánchez, en "Riesgo y
Seguro", 1953, p. 95.

Con este criterio, ¿no se llegaría también a un derecho de la compraventa, o de la locación


urbana o rural, dado que concurren las mismas razones para juzgarlas ramas autónomas?

Lo fundamental es que obedece a reglas generales comunes al derecho privado, carece de un


método propio (conf. Donati, I, nº 17), integra el cuadro del derecho económico privado y se
codifica -en nuestro país- con la legislación comercial.

La prevalecencia del derecho público en la regulación de alguna rama (seguros sociales, v.gr.)
no le da autonomía científica, máxime si se tiene en cuenta que la intervención estatal
(publicización) en los contratos y en el derecho privado en general (v.gr., régimen de la familia,
los menores, restricción de la libertad de testar, etc.) lleva a una interpenetración de los
derechos privado y público, aunque en algunos ámbitos del derecho privado se deje sentir más
que en otros.

Con el criterio y los fundamentos de Donati habría que reconocer también la autonomía de un
derecho bancario, de capitalización y ahorro, del régimen del llamado crédito recíproco, de los
fondos comunes de inversión, etc. Y todo hace prever la creciente intervención estatal, por lo
menos en el control de una de las partes organizada específicamente como empresa para la
contratación en masa de negocios que afectan el ahorro público, y la fijación de cláusulas
inmodificables en perjuicio de la contraparte, a fin de asegurarle condiciones de contrato
equitativas, razonables.

Una cosa es una rama autónoma del derecho, y otra diversa es afirmar que sus peculiaridades
lo erigen en categoría por sí mismo frente a los otros contratos (Mossa, en "Assicurazioni",
1942, 1ª parte, p. 185).

68
23. Elementos del contrato.

Los elementos del contrato son: un interés asegurable, un riesgo, la prima.

a) Por interés se entiende la relación lícita de valor económico sobre un bien. Cuando esa
relación se halla amenazada por un riesgo, es un interés asegurable (115) . El concepto que se
da por presupuesto en el art. 2 Ver Texto es definido en el art. 60 Ver Texto, cuando establece
el objeto de los seguros de daños: "Puede ser objeto de estos seguros cualquier riesgo si existe
interés económico lícito de que un siniestro no ocurra".

b) Riesgo "es una eventualidad que hace nacer una necesidad" (116) . Sobre el concepto de
necesidad me ocupé anteriormente. La noción de eventualidad excluye la certidumbre y la
imposibilidad; en cambio comprende el caso fortuito y aun la voluntad de las partes, siempre
que el acontecimiento no dependa inevitable o exclusivamente de ella. Es suficiente que la
incertidumbre sea económica (117) .

Estos conceptos son consagrados por la ley:

1) En el art. 2 Ver Texto establece el requisito de concurrencia del riesgo, que normalmente
debe ser futuro, ya que el art. 3 Ver Texto excluye el que se produjo o que ya no se pueda
producir al tiempo de la celebración. El segundo párrafo del art. 3 Ver Texto incluye el seguro
sobre buenas y malas noticias, de práctica especialmente en el seguro marítimo (118) .

2) En el art. 70 Ver Texto, respecto de los seguros patrimoniales, por el cual "el asegurador
queda liberado si el tomador o el beneficiario provoca el siniestro dolosamente o por culpa
grave"; y en los arts. 135 Ver Texto y 136 Ver Texto, respecto de los seguros sobre la vida,
considera la caducidad de los derechos por provocación intencional de la muerte.

c) La prima es el precio del seguro, la remuneración del asegurador por las obligaciones que
asume (119) . El art. 1 Ver Texto prevé que se pague una prima o cotización: distingue así el
precio fijo o prima fija, que es el pagado a los aseguradores estatales, sociedades anónimas y
cooperativas, esto es, no rectificable en razón del resultado de la explotación comercial del

69
asegurador; y la prima variable o cotización, que es la practicada por las sociedades de seguros
mutuos.

La ley 20091, en su art. 24 Ver Texto, párrafo final, prohíbe "los planes denominados
tontinarios y de derrama" (esto es, los que requieren contribuciones suplementarias; ello así, sin
perjuicio de lo dispuesto para las sociedades de seguros mutuos, respecto de las cuales el art. 19
Ver Texto les requiere la formación de "un fondo de garantía que equivaldrá al capital exigido
por el art. 7 Ver Texto, inc. c", y agrega que "los estatutos fijarán la responsabilidad
proporcional de los socios -con excepción de los honorarios y benefactores- para cuando se
afecte el fondo de garantía, la que deberá ser limitada"). Asimismo, se prohíben los planes que
incluyen sorteos (art. 24 Ver Texto cit.).

IX

24. Objeto del contrato.

El objeto del contrato de seguro es el riesgo si existe interés asegurable (art. 2 Ver Texto),
precisado para los seguros de daños patrimoniales por el art. 60 Ver Texto: "Cualquier riesgo si
existe interés económico lícito de que un siniestro no ocurra".

La doctrina contemporánea es unánime sobre el punto, y si emplea la expresión "cosa


asegurada" es por comodidad, por razón de brevedad, y no en sentido técnico (120) .

El absurdo de considerar que el objeto es la cosa sobre la cual versa el interés resulta
nítidamente en los seguros de personas y en la pluralidad de seguros referentes a un mismo
bien contratados por distintas personas (seguro de incendio contratado por el propietario y por
el acreedor hipotecario, v.gr.).

El objeto debe ser lícito. La ley ha suprimido el art. 496 Ver Texto, CCom. -que no ha tenido
aplicación en el país, ya que suponía la complicidad del asegurador-, y así se remite a las

70
disposiciones generales de las obligaciones y los contratos (arts. 1 Ver Texto y 207 Ver Texto,
CCom.; arts. 18 Ver Texto, 953 Ver Texto y 1167 Ver Texto, CCiv.). Ver cuanto se expresó en
el § 19.

En el capítulo VII se analiza más ampliamente el concepto de interés asegurable, y en el


capítulo V, el del riesgo.

24 (a). - Como destaca el texto, lo que cubren los seguros patrimoniales no son las "cosas" (a
pesar de que, por costumbre o comodidad, se hable de "cosa asegurada"), sino que el amparo
está referido al interés que el asegurado tiene sobre ellas. Así, el objeto del contrato de seguro
es la cobertura del interés (económico) amenazado por un riesgo (interés asegurado) (121) .

Las cosas no son las "aseguradas", pues éstas, acaecido el evento temido, resultarán
efectivamente afectadas (siniestro). El seguro opera a posteriori restableciendo el interés
perjudicado, que por su índole económica es susceptible de ser restituido de dos maneras: ya
sea mediante la reparación de la cosa dañada (elemento objetivo al cual ese interés se refiere,
que es, además, el que determina la cuantía económica de éste), o bien en virtud de una
indemnización dineraria equivalente al valor del perjuicio provocado por el siniestro.
Solamente escapa de ese carácter de posterioridad (reparación de un daño ya acaecido) el
seguro de la responsabilidad civil: prometiendo "mantener indemne" (patrimonialmente) al
asegurado, adopta una función preventiva y se anticipa al daño efectivo que podría sufrir el
patrimonio del asegurado en sus bienes con motivo de una ejecución entablada por el tercero
damnificado. Ello nos ha llevado a sostener el carácter "salvamentista", preventivo, del seguro
de la responsabilidad civil (122) , pues tiene por finalidad evitar el daño "concreto", consistente
en la salida de bienes del patrimonio efectivo del asegurado, y disminuir la magnitud de las
consecuencias sobre ese patrimonio o ambas finalidades (p.ej., cuando existen franquicias o
descubiertos, etc.).

Por otra parte, preciso es señalar que el interés asegurado integra el objeto del contrato
solamente en los seguros de daños, también llamados "por interés" o "patrimoniales". En
éstos, el interés representa una función esencial, la medida de la aptitud de aseguramiento que
posee su titular: de allí que la indemnización, en caso de siniestro, no pueda superar el valor de
ese interés, pues de lo contrario se produciría un enriquecimiento indebido, ajeno a la índole de
acto de previsión del seguro.

Pero el interés no se requiere, en nuestro derecho, en los seguros de personas y, por ende,
tampoco integra entonces su objeto. Por ello las fundamentales diferencias que existen entre
los seguros de daños y los de personas, que, a su vez, dan lugar a la compleja problemática de
la determinación del elemento unificador del seguro, esto es, la búsqueda de una característica
común que permita abarcar con la denominación de "seguros" tanto las coberturas de daños
como las de personas (ver capítulo I, § 10 y ss.).

71
X

25. Clasificación.

Para Bruck la clasificación de los seguros debe resultar de la función de la satisfacción de la


necesidad: según el sistema de la cobertura concreta de la necesidad, el asegurador sólo debe
indemnizar en la medida del daño efectivamente producido; ésta es su característica principal.
En el sistema de la necesidad abstracta, tal dependencia desaparece: el asegurador se obliga sin
vinculación con el daño concreto.

La clasificación resulta así para cada rama del seguro de que permita o no una u otra forma de
contratación: el sistema del daño concreto no puede ser sustituido por el abstracto, porque
llevaría al enriquecimiento del asegurado. (Señalo que la ley ha consagrado expresamente este
principio de no enriquecimiento como sin excepciones en los arts. 61 Ver Texto y 65 Ver
Texto, y para el supuesto de valor tasado, en el art. 63 Ver Texto.) Al contrario, el abstracto
puede ser sustituido por el concreto, como es posible en el seguro de accidente, enfermedad,
invalidez, etc. (123) .

De esto resultan dos grandes ramas: los seguros de intereses -que nuestra ley denomina de
daños patrimoniales, título I, capítulo II- y los seguros de personas, legislados en el capítulo III
del título I (124) .

A su vez los seguros de interés admiten dos tipos de clasificación, que no son excluyentes:

a) por el objeto, el interés puede ser sobre un bien determinado (seguro de incendio sobre un
inmueble, p.ej.); sobre un derecho determinado a un bien o derivado de un bien (seguro del
acreedor hipotecario o prendario respecto del bien que es garantía); y sobre el patrimonio
(v.gr., seguro de la responsabilidad civil) (también enunciado como referente al nacimiento de
un pasivo);

72
b) por la clase del interés asegurado, pueden ser sobre el interés del capital y el interés de la
ganancia.

Por su parte, los seguros de personas se dividen en dos grupos: de personas, en sentido estricto
(que nuestra ley regula con el nombre de seguros sobre la vida, arts. 128 Ver Texto y ss.),
categoría que incluye los seguros para el caso de muerte, de supervivencia y mixto (también
llamado en la práctica dotal), contratados conforme al sistema de necesidad abstracta; y de
personas en sentido amplio, que no dependen de la duración de la vida humana, sino de un
acontecimiento que afecta la salud o integridad corporal, y que pueden ser contratados por el
sistema del daño concreto (seguro de accidentes, v.gr.) (125) .

Donati sostiene que si el criterio de distinción del contrato radica en la causa, los subtipos
deben ser determinados por las distintas características de la causa (126) ; según su criterio de
contrato indemnizatorio, la clasificación debe ser bipartita cuando la indemnización se deba
por el daño concreta y efectivamente sufrido, o si el daño es siempre presunto y
predeterminado en el contrato en una suma que las partes no pueden cambiar.

Según esta bipartición se incluyen en las dos categorías:

a) seguros con función resarcitoria efectiva, que subdistingue en seguros de intereses sobre
cosas, que a su vez subclasifica según la naturaleza del riesgo (seguros contra eventos físicos y
naturales; seguros contra eventos jurídicos -seguro de insolvencia, reaseguro y seguro de la
responsabilidad civil-; y seguros contra eventos económicos), y según el interés expuesto al
riesgo; y seguros de intereses sobre personas (entre los cuales incluye los de accidentes,
enfermedad, etc.);

b) seguros con función indemnizatoria presunta, que son los atinentes a la duración de la vida
humana (para el caso de muerte, de supervivencia y mixtos).

Otras clasificaciones han sido enunciadas por Brunetti, Hémard, Lepargneur, Gasperoni,
Vance, Castillo, Rivarola, Besson y Piccard, etc.

Así, por ejemplo, Brunetti (127) afirma que se debe fundar en el interés, en el carácter
indemnizatorio y en el riesgo, que no existen en el seguro sobre la vida. Su clasificación es:

73
a) seguro de intereses (patrimoniales), atinentes a la pérdida o disminución de los elementos
patrimoniales materiales (incendio, robo, etc.); atinentes a la pérdida de una renta o ganancia
esperada; atinentes a la liberación de una deuda (responsabilidad civil);

b) seguro de personas, fundados en la duración de la vida humana;

c) seguros contra las desgracias accidentales, de carácter patrimonial: comprenden los seguros
contra accidentes del trabajo, enfermedades, individual de accidentes;

d) reaseguro.

Hémard (128) distingue los seguros de cosas, que incluyen "todo seguro contra las
consecuencias de un hecho que causa un daño al patrimonio", y los seguros de personas, que
engloban todos los seguros que consideran al asegurado en su persona, en cuanto a su
existencia, salud o integridad del cuerpo.

Subdivide el seguro de cosas en seguros de cosas propiamente dichas y seguro de la


responsabilidad.

Besson y Picard (129) los clasifican en seguros de daños y de personas. Aquéllos los subdividen
en seguros de cosas y de la responsabilidad civil. Y el seguro de personas, a su vez, en seguros
sobre la vida y en seguro individual contra los accidentes.

Lepargneur los clasifica por la naturaleza del riesgo en marítimos y terrestres. Los terrestres, a
su vez, en seguros de daños y de personas (130) .

Vance los clasifica en tres grandes grupos: el primero comprende: a) daños al interés sobre la
propiedad existente, que incluye los seguros marítimos, de incendio, cristales, robo, fidelidad,
ganado, etc.; b) pérdida del interés del lucro esperado, que comprende las ganancias perdidas,
etc.; el segundo grupo incluye los seguros contra la pérdida de las facultades de ganar: seguro
sobre la vida, accidentes, enfermedades, desocupación; el tercer grupo, contra la
responsabilidad civil, que abarca accidentes del trabajo, responsabilidad en general, reaseguro,
etc. (131) . Y en p. 63 enuncia estos tres grupos: 1) seguros de la propiedad (marítimos,
incendio, etc.); 2) de la responsabilidad civil, y 3) sobre la vida en sentido amplio.

74
Rivarola y Gasperoni adoptan clasificaciones análogas a las de Bruck (132) . Ver otras
clasificaciones en Donati, ob. y loc. cits. en nota 72.

26. Distinción de los seguros en terrestres y marítimos.

La tendencia actual de la doctrina es contraria a aceptar la distinción entre seguros terrestres y


marítimos, que cuenta no obstante con el apoyo de los autores franceses (133) . Éstos afirman
que se funda en la naturaleza del riesgo asumido.

En nuestra opinión, el seguro marítimo -casco y mercaderías- justifica su separación en una


subrama de los seguros de trasporte por la peculiaridad del riesgo, y a su vez integra los
seguros de interés. Este criterio es el que consagró el Código de Comercio, que legisló en los
arts. 1155 Ver Texto y ss. el seguro marítimo y en los arts. 1251 Ver Texto y ss. los demás
seguros del trasporte (terrestre y fluvial). La Ley de Seguros, 17418, disponía, en su art. 121 Ver
Texto, que el seguro de trasporte por ríos y aguas interiores se regía por las disposiciones
relativas a los seguros marítimos, con las modificaciones que establecía en los artículos
siguientes. La Ley General de la Navegación, 20094, en su art. 408 Ver Texto invirtió, en
alguna medida, el sistema, al establecer que el contrato de seguro marítimo se rige por las
disposiciones generales de la Ley General de Seguros (17418 Ver Texto), en cuanto no resulten
modificadas por dicha ley de la navegación: esa norma se aplica tanto a los seguros destinados
a indemnizar daños o pérdidas sufridos en una "aventura marítima", como también a los
acaecidos en aguas interiores y aun "durante las operaciones terrestres que fueren accesorias".
Si el viaje comprendiere trayectos combinados por agua y por tierra o por aire, se aplican, salvo
pacto en contrario, las normas del seguro marítimo (art. 409 Ver Texto, LGN.).

En el seguro para el trasporte aéreo rigen las disposiciones del Código Aeronáutico,
sancionado por ley 17285 Ver Texto, que fue luego modificado por las leyes 19620 , 20509 Ver
Texto y 22390 . Establece una regulación específica, que impone la obligación de asegurar al
personal navegante contra accidentes sufridos en el cumplimiento del servicio (art. 191 Ver
Texto), así como también la obligación de constituir un seguro por los daños (134) referidos en
el título VII (daños a pasajeros, equipajes o mercancías trasportados -capítulo I-, a personas
llevadas en trasporte gratuito -capítulo III-, y a terceros en la superficie, cuando se pruebe que
tales daños provienen de una aeronave en vuelo o de una persona o cosa caída desde ella o del
ruido anormal que la aeronave produzca, siempre que se acredite que los daños son
consecuencia directa de tales acontecimientos (art. 155 Ver Texto). El Código establece los
límites a que queda sujeta esa responsabilidad en los distintos supuestos (arts. 144 Ver Texto,
145 Ver Texto, 163 Ver Texto y 169 Ver Texto).

75
27. Seguros sociales y privados (135)

Se debe distinguir los seguros sociales de los seguros privados.

El seguro social es de difícil definición. Si bien ambas especies de seguro reúnen las
características del seguro, por lo cual es legítima su calificación de tales (136) , jurídicamente se
diferencian por distintos rasgos (137) ; el seguro privado se inspira en un interés personal
inmediato; se funda en un negocio privado, es normalmente voluntario (y aun cuando es
obligatorio, su regulación obedece a una relación jurídica voluntaria); el espíritu de lucro en el
asegurador privado, que normalmente es una persona de derecho privado. En cambio, el
seguro social satisface un interés social inmediato, y da origen a una relación jurídica que,
aunque puede excepcionalmente no ser obligatoria, está íntegramente regulada por la ley; no
existe en él un sinalagma funcional, ni equivalencia matemática de las prestaciones; el
asegurador es siempre persona de derecho público; los beneficiarios sólo pagan una parte de la
prima, la cual es integrada por aportes de un tercero (patrón o Estado) (138) . La diferencia no
es, pues, de naturaleza; no existe un divorcio de instituciones, sino que ambos son seguros que
se distinguen esencialmente por su función, que les dan respectivamente sus rasgos peculiares
(139) .

XI

(109) Como señala Hémard, ob. cit., I, nros. 14 y 15, se debe distinguir la noción o concepto
del seguro de su definición; el concepto muestra en qué consiste la operación del seguro,
presentando su carácter económico, jurídico y técnico (fin, efectos y organización); en cambio,
la definición se atiene exclusivamente a la noción jurídica, porque el contrato la traduce.

76
(110) El art. 492 Ver Texto, CCom., derogado, lo definía así: "Es un contrato por el cual una
de las partes se obliga, mediante cierta prima, a indemnizar a la otra de una pérdida o de un
daño, o de la privación de un lucro esperado que podrá sufrir por un acontecimiento incierto".

(111) Justamente, nuestra doctrina criticó severamente la definición del art. 492 Ver Texto,
CCom., derogado, porque no comprendía los seguros sobre la vida: Obarrio, p. 8; Castillo, p.
13; Segovia, nota 1749; Malagarriga, nº 109; Rivarola, IV, p. 248. A su vez, Zavala Rodríguez,
II, nº 1632, critica su inclusión en la ley -él se refiere al proyecto- porque definir no es función
de la ley.

(112) Zavala Rodríguez critica (ver DJA, 29 de marzo y 26 de junio de 1968) la ley por haber
definido el contrato de seguro; afirma que no llena función y señala leyes que no lo han hecho
y autores que participan de su criterio. Rechaza las razones dadas por mí en DJA, 24 de mayo
de 1968, y sostiene que la eventual confusión con el servicio de asesoramiento legal por un
abono, así como la eventual confusión con la fianza onerosa, son problemas superados:
a) en cuanto al servicio de asesoramiento, es problema que aún hoy divide a la doctrina y a la
jurisprudencia francesas (Besson y Picard, ob. cit., 2ª ed., I, p. 46). Ver M”ller, en
"Assicurazioni", 1969, 1, p. 226;
b) en lo que respecta a la fianza onerosa contratada por el acreedor, es un problema actual, ya
que no se ha dado un criterio satisfactorio para distinguirla del seguro de crédito (o
insolvencia), máxime cuando se explota por empresa (v.gr., bancos). Es la razón por la cual se
autoriza a los aseguradores esa explotación "cuando configuren económica y técnicamente
operaciones de seguros aprobadas" (decreto 7607 del 31 de agosto de 1961). No menor
dificultad plantea el seguro de caución por el deudor (ver Salemi, L´assicurazione del credito,
1959, Milán, espec. ps. 117 y ss.).

(113) La Ley de Contrato de Seguro de España (nº 50, de 1980) también define y lo hace en
forma análoga a la nuestra al expresar: "El contrato de seguro es aquel por el que el asegurador
se obliga, mediante el cobro de una prima y para el caso de que se produzca el evento cuyo
riesgo es objeto de cobertura, a indemnizar, dentro de los límites pactados, el daño producido
al asegurado o a satisfacer un capital, una renta u otras prestaciones convenidas" (art. 1).
Sánchez Calero y Tirado Suárez, al comentar esta norma, luego de destacar que se siguió el
ejemplo, entre otras, de la ley alemana (art. 1) y del Código Civil italiano (art. 1882), señalan
que se trata de una definición descriptiva, que si bien puede contener alguna imprecisión en la
determinación de la prestación del asegurador (al referirse a "otras prestaciones convenidas"),
constituye, en realidad, un reconocimiento de la libertad de las partes para acordar el objeto de
la prestación puesta a cargo del asegurador. Asimismo, expresan que dicho precepto legal
muestra la intención del legislador de alejarse de una concepción puramente indemnizatoria del
contrato -"al menos en su sentido tradicional"-, como aspecto común a toda especie de seguro,
lo cual, por otra parte, no implica renunciar al principio unitario del contrato, que se mantiene
reflejado en diversas normas comunes a todo tipo de seguros (Sánchez Calero, Fernando, y
Tirado Suárez, Javier, Ley de Contrato de Seguro, t. I, p. 9 -comentario al art. 1-, 1990,
Editorial Revista de Derecho Privado, Madrid).
Valioso es, también, recordar lo expresado por M”ller, cuando señala que definir los conceptos
de seguro y de contrato de seguro es "difícil y aun peligroso", en referencia al riesgo, implícito
en toda definición, de incurrir en errores u omisiones, en especial en el derecho (definitio in
jure civile periculosa, nos recuerda), y más aún si, como en este caso, es necesario abarcar todo

77
un complejo de fenómenos diversos, a lo cual se añade el constante surgimiento de nuevas
ramas asegurativas. Agrega, siguiendo a Ihering, que las definiciones jurídicas deben ser
formuladas en vista de determinados fines, revestir un especial carácter teleológico, estar
siempre en armonía con los fines de la norma que intenta conceptuar y a cuya aplicación debe
apuntar (que aquí podrían ser la vigilancia de la empresa de seguros, o bien la normativa del
contrato de seguro, etc.). Efectúa un detenido análisis de las diversas opiniones de la doctrina
respecto del concepto de seguro y de contrato de seguro, y formula una conclusión que
trasunta cierto optimismo: encuentra en la moderna teoría acerca de los principios
fundamentales del derecho de seguros una vasta concordancia de tesis y de opiniones; y si bien
permanecen algunas cuestiones controvertidas, ello se debe, nos dice, más que a la diversidad
de las legislaciones, a los distintos enfoques de los estudiosos. Culmina expresando que si en
tiempos pasados se decía que "la ley del océano debe ser una", en el futuro se deberá realizar
esfuerzos para lograr la unificación del derecho en el campo del contrato de seguro (M”ller,
Hans, Moderne teorie sul concetto di assicurazione e di contratto di assicurazione, en
"Assicurazioni", 1962, ps. 16 y 39, fasc. 1-2).

(114) Bruck, ob. cit., p. 57.

(115) El concepto de interés es desarrollado en el capítulo VII.

(116) Hémard, I, nº 44. Ver capítulo V. Aun cuando no se acepte el concepto de necesidad,
como básico o unificador del seguro, cabe aceptar que sirve satisfactoriamente para dar una
noción esquemática del riesgo.

(117) La noción de riesgo, sus caracteres, etc., se desarrollan en el capítulo V.

(118) La disposición se reproduce en el art. 468 del Anteproyecto Malvagni, y corresponde a


los arts. 514 Ver Texto, 515 Ver Texto y 516 Ver Texto, CCom., derogados.

(119) De la prima, sus caracteres, cálculo, modalidades de pago, etc., nos ocupamos en el
capítulo IV.

(120) Viterbo, en "Riv. Dir. Comm.", 1932, 1ª parte, ps. 68 y ss.; Bruck, ps. 475 y ss.; Rivarola,
IV, ps. 263 y ss., y p. 310; etc.
Ver en Besson y Picard, II, nº 7, las tentativas contemporáneas para suscitar nuevamente la
polémica en el punto.

(121) Ya hace años, Pipia observaba que decir que el objeto del seguro es la "cosa asegurada"
no es técnicamente correcto. "La cosa asegurada es, ciertamente, la materialidad física y
concreta que puede ser afectada por el siniestro y resultar dañada, pero no configura el objeto
del seguro, constituido en realidad por el riesgo, esto es, el posible peligro que, según el curso
natural de los eventos, puede afectar a un ente respecto del cual el asegurado posee interés. El
riesgo se incorpora, la más de las veces, en la materialidad de la cosa a la que se refiere el
seguro, de manera que ésta aparece en sustancia como el objeto del seguro, lo que acontece
especialmente en materia de seguros contra daños; pero, en su verdadera esencia [ese riesgo] es
un elemento abstracto que refleja la probabilidad del siniestro" (Pipia, Umberto, Trattato de
diritto commerciale, t. IV, n_ 984, p. 734, 1917, Torino).

78
(122) Barbato, Nicolás Héctor, La citación en garantía del asegurador, ED 150-158, § 5 a.

(123) Bruck, ps. 62 y 63.

(124) Bruck, p. 65; Besson y Picard, II, nº 1. Es preferible la denominación de seguros de


interés -y no de daños-, porque no sólo hace más clara la separación entre las dos grandes
ramas, sino también porque la denominación de daños tiene en cuenta las consecuencias, y no
el objeto.
No cabe asimilar el seguro de personas al de sumas, porque aquél puede comprender ciertas
prestaciones personales: asistencia médica, etc. Ver Bruck, ps. 62 y 65.
En artículo publicado en "Assicurazioni", 1934, 1ª parte, ps. 208 y 209, con posterioridad,
Bruck halló la diferencia en que en el seguro de interés la prestación del asegurador está
determinada por la extensión del daño, es decir que se funda en la noción de interés concreto,
ausente de los seguros de personas. Como señalan Besson y Picard, II, p. 2, si bien en el seguro
de personas puede existir en el tomador el móvil del resarcimiento, éste no es constante, ni es
la causa ni la razón de la operación (ni mide la prestación, agrego).

(125) Bruck, p. 65. Bruck-M”ller, I, § 1, nº 20, distinguen entre seguros de personas y seguros
que no son de personas, rechazando las denominaciones de seguros de daños y de sumas, y de
seguros patrimoniales o de indemnización, porque también se da el pago indemnizatorio en
algún seguro sobre la vida. Los seguros de indemnización los distinguen en seguros de activo
(v.gr., de incendio) y de pasivo (seguro de la responsabilidad civil) (en t. II, ps. 5 y ss.).

(126) Donati, Trattato, II, nº 270, y III, nros. 545 y ss., y tabla sinóptica de ps. 8 y 9.

(127) En "Assicurazioni", 1935, 1ª parte, ps. 419 a 424.

(128) Ob. cit., nros. 443 a 445.

(129) Ob. cit., I, ps. 16 y 17.

(130) Ob. cit., nº 1260.

(131) Ob. cit., p. 39.

(132) Rivarola, IV, p. 288; Gasperoni, ob. cit., p. 822.

(133) Contra la distinción, Bruck, ob. cit., p. 62, y en "Assicurazioni", 1935, 1ª parte, p. 32;
Brunetti, en "Assicurazioni", 1935, 1ª parte, p. 424.
En su favor, Hémard, ob. cit., nº 7; Besson y Picard, p. 14, y, entre nosotros, Castillo, p. 13.
Donati acepta la distinción con criterio análogo al expuesto en el texto (ob. cit., II, nº 270, y
III, nros. 545 y ss.).

(134) En rigor, un seguro de la responsabilidad civil.

(135) Son muchas las denominaciones propuestas: ver un elenco en Donati, ob. cit., I, p. 32,
nota 23.

79
(136) Donati, Trattato, I, nº 13; Santoro-Passarelli, en "Assicurazioni", 1962, 1, p. 40.

(137) Hémard, nros. 452 a 454; Donati, Trattato, I, nros. 13 y ss.

(138) De ahí que el seguro de accidentes del trabajo, en nuestro derecho, no es un seguro social
sino privado: el asegurado es el patrón, que cubre su responsabilidad civil por un contrato
voluntario cuya prima paga él. Contra: Castillo, p. 13.

(139) Ver sobre el tema el informe de Santoro-Passarelli al Primer Congreso Mundial del
Seguro de AIDA, celebrado en Roma, en 1962, publicado en "Assicurazioni", 1962, 1, p. 40; y
Boselli, en "Assicurazioni", 1949, 2, p. 91. Asimismo, ver Morandi, Unidad conceptual de la
relación jurídica de seguro, en Estudios en homenaje a Yadarola, III.
Ver Bruck-M”ller, I, § 1, nros. 13 y ss.
Entre nosotros, Simone, Osvaldo Blas, El concepto unificador de los seguros privados y de los
seguros sociales, LL 26/7/1999.

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28. Seguros de daños patrimoniales.

Los seguros de daños patrimoniales o de intereses comprenden varias ramas; la ley se limita a
regular las más importantes en la práctica comercial argentina:

a) Seguro de incendio, que es el seguro tipo para un riesgo específico de una cosa inmovilizada;
por lo cual sus principios se extienden a otros seguros (robo, cristales, etc.) (140) : para nuestra
ley, cubre los daños causados "a los bienes por la acción directa o indirecta del fuego, las
medidas para extinguirlo, de demolición, de evacuación o análogas" (art. 85 Ver Texto), así
como a los provenientes de explosión o rayo, si no media pacto en contrario (art. 86 Ver
Texto), y los bienes que se extravíen durante el incendio (art. 85 Ver Texto).

b) Los seguros de la agricultura se pueden referir a cualquier riesgo capaz de dañar la


explotación en determinada etapa o momento (art. 90 Ver Texto). La ley reglamenta el seguro
de granizo por el cual se asumen los daños "causados exclusivamente por el granizo a los
frutos y productos asegurados, aun cuando concurra con otros fenómenos meteorológicos"
(art. 91 Ver Texto). Sus normas se aplican al seguro de los daños causados por helada (art. 97
Ver Texto).

80
Su explotación choca con dificultades técnicas, además de la desconfianza de los agricultores:
la escasa duración, la gran importancia y difusión de los perjuicios, hacen aventurada su
contratación por una empresa.

En Francia lo practican las sociedades mutuales; y así se difundió por toda Europa,
especialmente en Austria. En Estados Unidos se realiza una notable experiencia mediante el
seguro estatal (141) .

En nuestro país, el seguro comercial se restringe al granizo, aunque en las provincias de


Mendoza y de San Juan existen leyes locales de seguro obligatorio (142) , cuya
constitucionalidad ha sido puesta en duda (143) . Frente a esta pobre práctica del seguro
agrícola, en un país en que la explotación del agro tiene fundamental importancia, el art. 90 Ver
Texto tiene por función repetir enfáticamente lo dispuesto por los arts. 2 Ver Texto y 60 Ver
Texto con un fin educativo, como lo señala la Exposición de Motivos.

c) Con criterio similar al del art. 90 Ver Texto, para los seguros de la agricultura, el art. 98 Ver
Texto se ocupa de repetir la licitud del seguro de "cualquier riesgo que afecte la vida o salud de
cualquier especie de animales; mas en los arts. 99 Ver Texto y ss. se circunscribe a regular el
seguro de mortalidad, por el cual "el asegurador indemnizará el daño causado por la muerte del
animal o animales asegurados o por su incapacidad total y permanente si así se conviene" (art.
99 Ver Texto) (144) .

d) El seguro de la responsabilidad civil alcanzó en la economía contemporánea una difusión


tan notable que lo trasformó en una de las grandes ramas del seguro. Nuestra ley lo regula en
general en los arts. 109 Ver Texto y ss., y lo define -en concepto tomado de Donati, Tratt., III,
nº 726- como el contrato en que "el asegurador se obliga a mantener indemne al asegurado por
cuanto deba a un tercero en razón de la responsabilidad prevista en el contrato, a consecuencia
de un hecho acaecido en el plazo convenido" (art. 109 Ver Texto).

Viterbo lo define como "la especie de seguro en el que el asegurador se obliga a indemnizar al
asegurado el daño patrimonial que éste sufre como consecuencia de una responsabilidad civil -
no penal- en que incurrió" (145) . Por su parte, Spilrein expresa que es el seguro que tiene por
objeto garantizar al asegurado contra las reclamaciones pecuniarias de los terceros, respecto de
quienes puede estar comprometida su responsabilidad en razón de un hecho perjudicial
determinado (146) . Bruck, a su vez, acorde con su criterio amplio, dice: "Es el seguro contra
una carga del patrimonio del asegurado, fundada en una disposición legal o la obligación de
responsabilidad hacia un tercero fundada en un contrato" (147) .

81
Se trata de un seguro en que el interés asegurado versa sobre todo el patrimonio; de ahí que no
se le apliquen algunas disposiciones generales previstas para otros seguros, como la regla
proporcional cuando no cabe establecer el valor asegurable (presupuesto del art. 65 Ver Texto,
2º párr.) (148) .

La prestación del asegurador consiste en la liberación del asegurado de las pretensiones o


reclamaciones de los terceros, por la concesión de asistencia jurídica, y en la liberación del
patrimonio del asegurado de las obligaciones impuestas por la satisfacción, reconocimiento o
fijación de las pretensiones de los terceros (149) , reconocido en la ley con las disposiciones de
los arts. 110 Ver Texto y 111 Ver Texto, sobre garantía por las costas del juicio civil (art. 110
Ver Texto, inc. a) y la procedencia limitada de las devengadas en la causa penal (art. 110 Ver
Texto, inc. b), así como las normas para el pago en las hipótesis de seguro parcial, rechazo de
la reclamación del tercero, y proceso mantenido por decisión del asegurador (art. 111 Ver
Texto).

No es un seguro en favor de tercero (150) : la ley reconoce al tercero, víctima del daño, un
privilegio absoluto sobre las indemnizaciones debidas por el asegurador (art. 118 Ver Texto,
1er. párr.), y puede citar en garantía al asegurador, con el efecto de que la sentencia que se dicte
hace cosa juzgada en su contra (art. 118 Ver Texto, 2º párr.) (151) .

Comprende la responsabilidad contractual (152) : no sólo el art. 109 Ver Texto no lo excluye,
sino que existen contratos de seguro de la responsabilidad contractual regulados por la ley: tal,
el seguro que ampara la responsabilidad del trasportador (art. 121 Ver Texto, LS.), o la
responsabilidad profesional médica (resolución 15517 , S.S.N.), o las responsabilidades a las
cuales normalmente se refiere la figura híbrida del art. 120 Ver Texto, LS., o el contrato de
reaseguro a que se refiere el título II de la ley, arts. 169 Ver Texto y ss., etc. También lo era
durante la vigencia de la ley 9688 Ver Texto y sus modificatorias, y luego en la ley 24028 Ver
Texto, el seguro de accidentes del trabajo (153) , ahora sustituido por la normativa de la ley
24557 Ver Texto, a cuyo contenido nos referimos más adelante (154) .

Difiere del seguro del daño patrimonial sobre bienes por la naturaleza del riesgo, por su objeto
y por el momento en que se produce el siniestro: a) difiere en la naturaleza del riesgo, que es
natural en los otros seguros, y artificial -legal- en éste; en aquéllos es de reparación -pérdida
sufrida-; en éste es de garantía, de reparación indirecta porque evita una pérdida por la acción

82
en responsabilidad de los terceros; b) difiere por el objeto, ya que el de responsabilidad se
aplica a todo el patrimonio y no a hechos o fenómenos que afectan bienes determinados; c) en
el seguro de la responsabilidad civil, en principio, el siniestro se produce por la reclamación del
tercero; esto es, el hecho generador -siniestro para la víctima del daño- no es contemporáneo;
en cambio, en los demás seguros, generalmente el riesgo se realiza al mismo tiempo que se
concreta el daño (155) .

Se distingue de la cláusula de irresponsabilidad en que en ésta no existe resarcimiento del daño,


sino eliminación del nacimiento de la responsabilidad (156) .

La tendencia contemporánea es de establecer el seguro obligatorio de la responsabilidad por el


uso de automotores (157) .

e) Seguro de trasporte. El Código de Comercio legislaba el seguro de trasporte -excluido el


marítimo- en los arts. 1251 Ver Texto y ss., reemplazados por los arts. 121 Ver Texto y ss. de
la ley especial.

Incluye "cualquier riesgo a que estén expuestos los vehículos de trasporte, las mercaderías o la
responsabilidad del trasportador".

Se debe tener presente, además de las normas de los arts. 121 Ver Texto y ss., otras dictadas en
el país:

1) Seguro de pasajeros en ferrocarriles nacionales. Por resolución 1794/50 se fijaron sus


caracteres y ámbito de aplicación: los riesgos cubiertos (muerte, incapacidad, asistencia médica
y farmacéutica), con determinación de los montos máximos. La iniciación de las gestiones para
el pago importaba renuncia a la reclamación judicial ulterior y, viceversa, la acción judicial
implicaba renuncia al cobro del seguro (158) .

2) Seguro de pasajeros por automotores. Por resolución 152, de 1950, se estableció el seguro
por muerte, incapacidad y gastos de asistencia de los pasajeros de automotores de empresas de
la Nación, sujeto a reglas análogas a las reseñadas precedentemente para los pasajeros en
ferrocarril (159) .

83
La ley 12346, referente a servicios públicos de trasporte automotor por caminos, estableció, en
su art. 10 Ver Texto, inc. f, que las empresas que hubieren obtenido permisos para realizar el
trasporte de pasajeros estarán obligadas a asegurar sus riesgos y los de las personas y cargas que
trasporten, comprendidos los riesgos de terceros. La resolución 150/75 (SETOP) incorporó al
régimen de seguros vigente una cobertura de accidentes a pasajeros por daños que sufran en el
trasporte por cualquier causa e independientemente de toda culpa del trasportista. Dicha
cobertura contemplaba también la asistencia médico-hospitalaria y la rehabilitación, y se
acumulaba a la que le correspondiere por la cobertura de responsabilidad civil.

Además, diversas provincias establecieron el seguro obligatorio para el trasporte de pasajeros:


1) Santa Fe, decreto 2454 , de 1944, que confirió a la víctima acción directa contra el
asegurador (160) ; 2) Córdoba, ley 3963 , reglamentada por decreto 30053-C, de 1947, que
estableció un régimen detallado y reconocía también la precitada acción directa (161) ;
posteriormente recibió nueva reglamentación mediante decreto 6025/86, imponiendo la
obligación de asegurar la responsabilidad civil hacia terceras personas trasportadas y no
trasportadas, y el riesgo de accidentes del trabajo de su personal; el art. 14, inc. 6, establecía que
la aseguradora debía expedir un certificado en el cual constase que no podía oponer la falta de
pago de la póliza a los terceros trasportados o no trasportados sin perjuicio de la acción de
repetición hacia el asegurado; si el trasporte se efectuare hacia el exterior, se debía especificar
qué cobertura se otorgaría hacia terceros, trasportados o no (inc. 9); en caso de rescisión por la
aseguradora, ésta debía comunicar a la Dirección General del Trasporte tal decisión, con un
preaviso de 15 días (inc. 8); 3) San Juan, ley 1271 , modificada por ley 1445 y reglamentada por
decreto 4765 , de 1948 (162) ; posteriormente, la ley 3879 de 1973, en su art. 13 establecía que
era obligación de los concesionarios de servicio público de trasporte el asegurar los riesgos
inherentes al trasporte, así como también los del personal y de los terceros, cobertura que se
debía mantener mientras durase la concesión; y en el decreto 2131/80, el art. 10 aclaraba que
los seguros previstos en el art. 13 de la ley 3879, respecto de terceros, deberían establecer
coberturas sin límite, y con relación a los accidentes del trabajo, al menos las consecuencias de
la Ley de Accidentes del Trabajo entonces vigente; 4) Buenos Aires, decreto ley 16378:
estableció que las empresas de trasporte debían asegurar sus propios riesgos, los de las
personas y bienes trasportados, los del trabajo de sus propios agentes y los daños a terceros. Su
reglamentación (decreto 6864/58) imponía multas por la violación de esa obligación.

Asimismo, con fecha 6/9/1997 se dictó la resolución S.S.N. 24833/96 , que aprobaba las
condiciones contractuales para el riesgo de responsabilidad civil de vehículos automotores
destinados al trasporte público de pasajeros, y más tarde la resolución S.S.N. 25429/97 , que
modificaba algunos artículos de la anteriormente citada y declaró abierto el Registro de
Entidades Aseguradoras que deseen operar en forma exclusiva en la cobertura del seguro de
responsabilidad civil de vehículos automotores del trasporte público de pasajeros. Se exige un
capital mínimo, del cual se pueden exceptuar las nuevas entidades aseguradoras que adopten la
forma jurídica de sociedades de seguros mutuos, siempre que en sus estatutos se establezca,
entre otras, la obligación de cada uno de los mutualistas para que, en el supuesto de resultar
afectado ese capital mínimo, repongan las pérdidas hasta un valor mínimo igual a las primas y

84
cuotas devengadas en los últimos doce meses o período inferior de vinculación; quedan
prohibidos los gastos de intermediación. Se propone también la formación de un fondo
optativo para cubrir déficit de capital mínimo. La percepción de los premios de los seguros se
deberá efectuar mediante entidades bancarias, a cuyo fin las aseguradoras tendrán que informar
a la autoridad de control los convenios celebrados con bancos a tal efecto. Las denuncias de
siniestro se realizarán en un formulario especial. Las aseguradoras, asimismo, informarán
mensualmente a la autoridad de control el listado de asegurados o afiliados, con indicación de
la vigencia de sus seguros. Se podrá ofrecer también la cobertura de casco. Por otra parte, por
resolución 25505 , S.S.N., se establecen nuevas condiciones contractuales para el seguro de
caución para permisionarios del sistema de trasporte automotor de jurisdicción nacional, para
la explotación de líneas de trasporte, que cubren el incumplimiento de las obligaciones
emanadas del permiso de explotación. Por resolución 26441 , S.S.N., se establecieron las
condiciones generales y particulares para la póliza de seguro de caución para prestatarios de
servicios de trasporte automotor de pasajeros urbano y suburbano, que amparan el
incumplimiento de las obligaciones emergentes de la prestación de servicios de oferta libre; y
por resolución 26442 , las de seguro de caución para el trasporte de pasajeros de turismo.

Respecto del trasporte de pasajeros en lanchas colectivas, la resolución 1169/78 (SEIM)


estableció que las empresas armadoras que realizan el servicio público regular de trasporte
fluvial de pasajeros debían contratar seguros que amparasen los riesgos de daños corporales y
bienes de pasajeros, así como también a terceros no pasajeros, por los importes que se
indicaban, todos ellos con cláusulas de reajuste periódico de los montos asegurados; se debía
acreditar asimismo la renovación 15 días antes del vencimiento de su vigencia.

En materia de trasporte de cargas por carretera, el decreto 405/81 estableció, en su art. 22 Ver
Texto, como requisito de inscripción en el Registro, la presentación de la constancia de haber
dado cumplimiento a las normas sobre seguros (inc. j). Por su parte, el art. 41 Ver Texto
contenía la obligación de contratar seguros que cubrieran: a) la responsabilidad civil sin límite
por daños a personas o cosas no trasportadas; b) accidentes del trabajo del personal; c) pérdida
total por accidente, incendio o robo de los vehículos afectados al trasporte. La empresa
permisionaria no podrá aceptar cargas si los riesgos de pérdida total o parcial o avería de ellas
no hubieren sido asegurados. Con la conformidad expresa o tácita del cargador podrán
asegurar esos riesgos por cuenta de éste, pero se percibirá el premio del seguro separadamente
del flete. Asimismo, se establece el deber de asegurar su responsabilidad civil por daños a la
carga, salvo que el asegurador del cargador haya renunciado a la acción resarcitoria. Igual
aseguramiento deberá efectuar la permisionaria de un servicio exclusivo.

Por otra parte, la Superintendencia de Seguros de la Nación, por resolución 25281/97 ,


autorizó con carácter general y obligatorio los elementos contractuales del seguro de
responsabilidad civil del trasportador carretero en viaje internacional por la Argentina, Bolivia,
Brasil, Chile, Paraguay, Perú y Uruguay, por daños causados a personas, o ambos rubros,
trasportadas o no, con excepción de la carga trasportada.

85
3) Seguro de vida obligatorio para el personal de pesca profesional, regulado por la ley 16517
Ver Texto. Por resolución 26856 , S.S.N., se aprobaron las condiciones generales para los
seguros de esa especie.

4) Seguro aeronáutico por el Estado, regulado por el decreto ley 1055/58 , modificado por la
ley 17336 , que a su vez sufrió indirectamente modificaciones por el Código Aeronáutico y por
la adhesión al Protocolo de La Haya, ley 17386 Ver Texto. Por ley 23217 se disolvió la entidad
Seguro Aeronáutico Empresa del Estado, que pasó su operatoria a la Caja Nacional de Ahorro
y Seguro. El Código Aeronáutico, en su versión luego de la ley 22390, le dedica su título X,
arts. 191 a 196 . Entre dichas normas, vale la pena destacar lo preceptuado por el art. 195 , que
dispone: "No podrá ser excluido de los contratos de seguros de vida o de incapacidad por
accidentes, que se concierten en el país, el riesgo resultante de los vuelos en servicios de
trasporte aéreo regular. Toda cláusula que así lo establezca es nula".

f ) Existen otros muchos tipos o ramas de seguros, entre los cuales cabe mencionar (163) :

1) de lucro esperado, autorizado por el art. 61 Ver Texto -como ya lo estaba por el art. 492 Ver
Texto, CCom.-, que se aplica en el seguro de trasporte -incluido el marítimo-, pérdida de
alquileres, suspensión de espectáculos por lluvia, etc. (164) .

Es muy útil como complementario del de incendio, cuando el siniestro impone la suspensión
de actividades durante la reconstrucción o reparaciones.

2) de crédito, por el cual se cubre la insolvencia del deudor. En nuestro país se practica
escasamente para el crédito interno, pero sí en Francia y Estados Unidos, y limitado al
comercio exterior en Alemania, Inglaterra, España, Brasil, etc. (165) . Plantea un problema de
difícil solución, como es su diferenciación de la fianza cuando es onerosa y se practica por una
empresa (banco, p.ej.) (166) . El seguro de crédito a la exportación fue organizado por la ley
17267 y su decreto reglamentario 3040/67 y, posteriormente regulado por la ley 20299 Ver
Texto y decreto 3145/73 .

28 (a). Seguro de caución. - Cabe señalar que ha adquirido entre nosotros singular desarrollo el
seguro de caución, legitimado por el art. 7 Ver Texto, inc. b, 2º párr., de la ley 20091, que
dispone que las entidades aseguradoras podrán otorgar fianzas o garantizar obligaciones de
terceros "cuando configuren económica y técnicamente operaciones de seguro aprobadas".

86
a) Al seguro de caución se lo puede ubicar dentro del género de los seguros de crédito
considerados lato sensu; pero en el de caución normalmente se cubre el mero incumplimiento
de una obligación no dineraria y es contratado por el deudor en favor del acreedor, en tanto
que en el de crédito la contratación la efectúa el propio acreedor, para sí, y se requiere, para la
configuración del siniestro, que tenga lugar la insolvencia del deudor, quedando cubiertas,
además, sólo obligaciones de dar sumas de dinero (167) .

b) El seguro de caución se comenzó a difundir en razón de que se perseguía evitar que en


ciertos contratos, en los cuales había que efectuar un depósito en garantía de dinero o bienes
que quedaban en poder del acreedor o a su disposición inmediata (p.ej., en un banco), se
tuviese que inmovilizar dichos bienes o recurrir al crédito o fianza bancarios, generalmente más
onerosos. Entonces se ideó este contrato, por el cual un asegurador, a cambio de una prima, se
hacía cargo de la obligación de afianzar, con el compromiso de pagar al acreedor la suma
convenida como indemnización o pena para el caso de incumplimiento del deudor. La póliza
es tomada a favor del acreedor, quien se convierte así en asegurado.

En nuestro país, esta forma de seguro es de época reciente. Aparece mencionada en la Ley de
Obras Públicas, 6021 Ver Texto, de la provincia de Buenos Aires (1959), y luego comenzó a
ser adoptada por otras provincias e, incluso, por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos
Aires (p.ej., ordenanza 33116 ) (168) . Pero es con la ley (nacional) 17804 Ver Texto, del 12 de
julio de 1968, sobre garantía para obras públicas, como se establece en la Ley de Obras
Públicas la posibilidad de su empleo. En el mensaje de elevación del proyecto de la ley citada
en último término se expresaba que mediante esa normativa se posibilitaría "que el
afianzamiento de las propuestas para la contratación de obras públicas, del contrato mismo y la
constitución o sustitución de fondo de reparos [. . .] se efectúen mediante el llamado seguro de
caución", sistema que había "adquirido predicamento en los últimos tiempos, tanto en nuestro
país como en el extranjero, debido a que se lo considera más conveniente, en ciertos casos, que
los otros medios de garantizar el mantenimiento de las propuestas y el cumplimiento de los
contratos, dado que posibilita una más ágil gestión del empresario constructor de obras, en lo
que hace al aspecto financiero de la construcción", lo cual resulta ventajoso al implicar "la
liberación de importantes sumas de dinero, hasta ahora directa o indirectamente inmovilizadas
para garantizar los contratos de obra pública", todo ello según operaciones de seguro
contratadas con entidades sujetas al control estatal de la Superintendencia de Seguros de la
Nación.

Pero los aseguradores no podían celebrar esa especie de seguros por cuanto no contaban con
la autorización para ello y se entendía que no configuraba una verdadera operación de seguro,
pues el decreto 25350/39 , que establecía el régimen al cual se debían sujetar las empresas de
seguro en su operatoria, requería que se dedicasen en forma exclusiva a operar en seguros.
Esto fue modificado por el decreto 7607/61 , que agregó que dichas compañías podían
"otorgar fianzas o garantizar obligaciones de terceros solamente cuando configuren económica
y técnicamente operaciones de seguro aprobadas". Con posterioridad, la ley 20091 siguió esta
misma solución, legitimante de esa forma asegurativa, pues si bien en su art. 29 Ver Texto, inc.

87
i, veda, en principio, a las entidades aseguradoras "otorgar fianzas o garantizar obligaciones de
terceros", agrega "salvo lo dispuesto en el art. 7 Ver Texto, inc. b", el cual, por su parte,
establece: "Podrán otorgar fianzas o garantizar obligaciones de terceros cuando configuren
económica y técnicamente operaciones de seguro aprobadas".

c) En el seguro de caución aparecen tres personas, vinculadas entre sí de alguna manera: 1) un


proponente-deudor (tomador); 2) un acreedor-asegurado (beneficiario); 3) un asegurador
(garante).

Aún se debate acerca de la naturaleza de esta forma asegurativa. Las opiniones se dividen entre
quienes consideran que constituye una especie dentro del género seguro, aunque con
modalidades especiales, en tanto que buena parte de la doctrina entiende que se trata de una
fianza con forma asegurativa. La determinación de si estamos o no ante un seguro reviste
interés a los fines de: 1) establecer si el amparo debe ser emitido por un ente autorizado por la
Superintendencia de Seguros de la Nación y quedar en el régimen de control de ésta; 2)
determinar si supletoriamente corresponde aplicar, a los aspectos no expresamente pactados,
las normas de la Ley de Seguros, 17418 Ver Texto (p.ej., régimen de reticencia, agravación del
riesgo, cargas, subrogación, pronunciamiento del asegurador sobre el siniestro, etc.); 3)
sujeción a las normas técnicas y económicas del seguro; 4) empleo del reaseguro, coseguro, etc.

Quienes consideran que se está en realidad ante una mera fianza y no frente a un seguro,
argumentan: 1) que este seguro carece de autonomía, pues aparece como accesorio de otro
contrato; 2) que el asegurado no es parte en el contrato; 3) que el siniestro es susceptible de ser
voluntariamente provocado por el deudor, eliminando así el ingrediente de aleatoriedad
esencial del seguro; 4) que el acreedor carecería de interés asegurable; 5) que el siniestro no
requiere insolvencia, sino que basta con acreditar el incumplimiento, por lo cual, al no existir
daño efectivo en el patrimonio del asegurado se afectaría el principio indemnizatorio, esencial
al seguro; etc.

Lo cierto es que los argumentos esgrimidos contra la naturaleza asegurativa de dicha cobertura
no aparecen, a nuestro juicio, decisivos:

1) Respecto de la falta de autonomía, se puede señalar que también en el seguro de la


responsabilidad civil contractual el riesgo está esencialmente referido a la inejecución o falta del
debido cumplimiento de un contrato (p.ej., en la responsabilidad emergente del trasporte, o de
las prestaciones médicas o de las de otros profesionales, etc.).

2) Que el asegurado no sea parte en el contrato tampoco implica óbice al reconocimiento del
carácter asegurativo de esta institución, pues tal forma constituye una modalidad específica de
los seguros "por cuenta de terceros". De allí que se hable de "tomador" y que el asegurado sea,
en rigor, un tercero en favor del cual se contrata (art. 504 Ver Texto, CCiv.). Es más: el art. 23

88
Ver Texto, in fine, de la Ley de Seguros, establece que se aplicarán las disposiciones del seguro
por cuenta ajena "cuando resulte que se aseguró un interés ajeno" (169) .

3) Que el siniestro sea susceptible de ser provocado voluntariamente por el tomador tampoco
constituye razón suficiente para justificar una postura negatoria. La legalidad de la cobertura
reside en que no es el asegurado (a quien va destinada la prestación del asegurador) quien
incurre en dicha provocación, la cual, por otra parte, resultaría absurda para el asegurado (salvo
caso de connivencia con el tomador), pues implicaría vedarse el acceso a la prestación
originaria emergente del contrato para someterse a los inconvenientes de la formulación de un
reclamo de otra, sustitutiva (que puede no constituir una cobertura integral y de una deuda
susceptible de ser mayor -p.ej., cláusulas penales que no se hayan cubierto-), condicionada al
cumplimiento de ciertas cargas contenidas en la póliza para que quede habilitado el acceso al
pago prometido por el asegurador, a lo cual se agrega que su derecho originario contra el
tomador se desplaza hacia el asegurador, en virtud de la subrogación legal.

4) Tampoco es argumento atendible la facilidad con que una provocación siniestral puede ser
llevada a cabo (basta el mero incumplimiento), pues la misma situación se da en las coberturas
de hurto, en las cuales para reclamar la indemnización del siniestro, le basta al asegurado con
denunciar la sustracción de la cosa a la cual se refiere el seguro (dadas las dificultades que
existen para acreditar sucesos delictivos de esa especie, normalmente producidos sin que el
asegurado ni otras personas adviertan el hecho en el momento de su ocurrencia, y en general
efectuados en sitios desiertos o mediante maniobras ocultas), siempre que lo denunciado
aparezca verosímil conforme a las circunstancias del caso.

5) Tampoco es cierto que el asegurado carezca de interés asegurable; al contrario, éste admite
el seguro en reemplazo de otras garantías, estipuladas en el contrato base, que le brindan la
necesaria confianza y razonable expectativa de que las obligaciones asumidas por el tomador le
serán cumplidas. El asegurado (tercero-acreedor) tiene evidente interés en el seguro, que
tornará posible la percepción oportuna de la indemnización o pena estipulada en su favor para
el caso de incumplimiento de las obligaciones de dicho contrato base por parte del deudor
(tomador de la cobertura). Por otro lado, como en todos los seguros "por cuenta", es en el
asegurado en quien reside el interés asegurable.

6) Que el siniestro no requiera en estos seguros la insolvencia del tomador es fundamento que
no tiene relación con la naturaleza asegurativa que pueda revestir esa especie de cobertura. Tal
aspecto sólo apunta a la configuración del siniestro. Como ya se ha señalado en doctrina, el
seguro de caución, en alguna de sus formas, "adelanta" el momento de configuración del
presupuesto fáctico constitutivo del suceso siniestral, exigiendo que el asegurador deba pagar
ante el mero incumplimiento de la obligación contractualmente asumida sin que sea menester
acreditar que existe insolvencia del deudor. Y esto no constituye motivo para negarle
naturaleza asegurativa a esa modalidad de cobertura. En ella se dan los elementos técnicos
propios del seguro: formación de un fondo común producto de la reunión de primas
calculadas sobre la base de análisis estadísticos y técnicos; explotación por empresa

89
aseguradora, sometida al contralor estatal técnico y financiero; empleo de formas de dispersión
del riesgo como el reaseguro, coseguro, etc.; hecho siniestral aleatorio (hemos visto que la
circunstancia de que el incumplimiento pueda resultar de un acto voluntario del tomador no
impide que exista cierto margen de aleatoriedad en estos seguros, puesto que se trata del hecho
de otro; y que, salvo en casos de excepción, si se produce el siniestro nace una acción de
regreso del asegurador contra el tomador, lo cual aventa la posibilidad de que éste desee
provocarlo, pues su responsabilidad subsistirá, ahora hacia el asegurador, lo cual veda todo
enriquecimiento de aquél); perjuicio en el asegurado aun en caso de mero incumplimiento, etc.

7) Se le ha negado también naturaleza asegurativa expresando que, al no requerirse la


insolvencia del deudor, no existiría todavía un "daño" en el acreedor, y por eso no se respetaría
el principio indemnizatorio, esencial a los seguros patrimoniales, dirigidos a resarcir al
asegurado de un perjuicio, dentro de los límites y características de la cobertura otorgada, y
evitar así que el seguro degenere en simple apuesta. A esto se puede responder señalando que
tal es, también, la hipótesis cubierta por el seguro de la responsabilidad civil, cuya fórmula,
precisamente, promete mantener indemne (esto es, sin daño) el patrimonio del asegurado, en la
medida del seguro (arts. 109 Ver Texto y 118 Ver Texto, LS.). Y, por otra parte, el solo
incumplimiento implica un daño para el acreedor, que ve, cuando menos, postergada la
percepción de la prestación de su deudor, lo cual sin duda acarreará inconvenientes más o
menos intensos, como el retardo en la ejecución de la obra o el tener que recurrir al crédito
para suplir la prestación no cumplida por su deudor, etc. El seguro se toma precisamente para
cubrir el perjuicio eventual que resultaría de la inejecución de la obligación por parte de su
deudor principal. El acreedor-asegurado no obtiene ningún beneficio adicional ni se enriquece
cuando percibe la prestación del asegurador, ya que ella requiere, por esencia, el traspaso del
crédito originario al asegurador, en la medida del pago de éste al asegurado (subrogación), con
todos sus accesorios (art. 80 Ver Texto, LS.). No puede, entonces, resultar violentado el
principio indemnizatorio, cuya función es, precisamente, impedir el enriquecimiento del
acreedor: aquí éste recibe la prestación, pero, a su vez, cede al asegurador su derecho,
"sustituido" por el seguro de caución.

8) Tampoco resulta óbice que el asegurador se comprometa a pagar aun cuando el


incumplimiento esté desvinculado en forma total de la conducta del deudor-tomador y
obedezca exclusivamente a caso fortuito. Tal circunstancia no impide su aseguramiento, ya que
constituye un hecho eventual (tan eventual que resulta imprevisible o inevitable y,
esencialmente, fortuito). El propio art. 513 Ver Texto del Código Civil admite que se pacte la
cobertura del caso fortuito y aun obliga al deudor en determinados supuestos (p.ej., en caso de
culpa o mora de éste). Esta desvinculación entre el incumplimiento (objetivo) y el tomador
aparece, incluso aquí, justificada por tratarse de un seguro contratado "por cuenta" del
acreedor-asegurado.

9) Asimismo, la circunstancia de que a veces se encuentre "prefijado" el importe de la


indemnización o se establezca a priori una penalidad patrimonial, que pueda no coincidir con
el perjuicio que realmente sufra el acreedor, no aparece como motivo suficiente para sostener
la inexistencia de una relación asegurativa. En este aspecto, el Código Civil admite la

90
posibilidad de pactar cláusulas penales "para asegurar el cumplimiento de una obligación" (art.
652 Ver Texto) y ella "entra en lugar de la indemnización de perjuicios e intereses" (art. 655
Ver Texto).

10) Por último, es de destacar que la ley denomina "seguro" a la cobertura de caución, la trata
como tal, exige su explotación por parte de empresas constituidas como aseguradoras,
autorizadas por la autoridad de control, la cual, además, vigila los aspectos financieros y
técnicos de dicha explotación. En nuestra opinión, estamos ante un verdadero seguro y no
meramente frente a una simple "forma asegurativa" de una garantía de otra especie.

Sobre las características del riesgo en este seguro, se puede ver capítulo V, § 30 (a).

29. Seguro único, seguro combinado.

El seguro único es el que cubre todos los riesgos que pueden afectar el bien; puede comenzar
con la producción de la materia prima hasta la entrega de la cosa elaborada al comprador. En
este caso, la indemnización debida crece constantemente y se determina por distintos medios,
según el momento en que ocurre el siniestro. Otro supuesto se da cuando se refiere a una
empresa, como ocurre en el trasporte, v.gr.

Se distingue del seguro combinado en que se funda en la universalidad de los riesgos asumidos,
aunque se excluyan determinados riesgos, mientras que el seguro combinado se funda en la
especialidad del riesgo, aunque comprende varios. De éstos surgen otras diferencias: el seguro
único sigue el proceso del bien, desde la elaboración hasta la entrega; siempre es un seguro de
indemnización; constituye una unidad orgánica y está sometido a condiciones unitarias. El
seguro combinado comienza según la voluntad de las partes; puede incluir seguros de
indemnización y de personas; es una combinación arbitraria, sometida a tantas disposiciones
diversas como riesgos se combinen, y estas disposiciones son separables. La ley no hace
referencia expresa a ellos, pero los considera en el art. 45 Ver Texto, cuando fija los efectos de
la rescisión.

Se diferencia del seguro flotante en que el interés existe desde un comienzo y durante la
vigencia no nace uno nuevo; sólo varía el valor del bien. En cambio, el seguro flotante o de
abono se refiere fundamentalmente a intereses futuros (170) .

91
30. Seguro flotante o de abono.

Puede ocurrir que sea menester cubrir intereses sobre bienes indeterminables al momento del
contrato, o que deben ser adquiridos en un tiempo que tampoco es posible fijar. En estos
supuestos es menester recurrir al seguro flotante o de abono.

En este modo de contratación, los intereses o las personas aseguradas son designados en
forma genérica, y a medida que el tomador las conoce. Tampoco se determina la prima, la cual
se establecerá en cada caso conforme a una tarifa dada. Por ello sus caracteres son: a)
pluralidad -por lo menos eventual- de personas e intereses cubiertos, o futuros -total o
parcialmente-, y distribuidos variadamente en el tiempo; b) indeterminación de los intereses o
personas cubiertas y del valor; c) determinación posterior (171) .

Es un contrato definitivo y único. De cada concurrencia de los elementos determinados no


nace un nuevo contrato, sino relaciones plurales, cuyo conjunto constituye el seguro de abono
o flotante. Esta característica no afecta el carácter definitivo del contrato ni su unidad, porque
la unidad no es incompatible con la conjunción de obligaciones distintas e independientes
(172) .

Dados estos caracteres, Donati lo define como "el contrato de seguro con el que se cubre, por
un tiempo determinado o no y hasta la concurrencia de una suma máxima o no, una pluralidad
de intereses (o de personas) distintos, indeterminados en el número y en las características
individuales, pero posteriormente determinables, por lo general futuros y variadamente
distribuidos en el tiempo (173) .

31. Declaración de alimento en el seguro flotante.

Esta forma del contrato impone al tomador, para la cobertura del interés, una declaración
especial, conocida con el nombre de declaración de alimento, con la cual se particularizan los
elementos del contrato, y al momento de formularse deben concurrir todas las circunstancias
de hecho o de derecho requeridas para la celebración de un contrato de seguro (174) .

92
El asegurado se obliga a llevar un libro en que son inscritos en orden cronológico todos los
riesgos que son incluidos en el seguro, y se obliga a informar en un plazo brevísimo, recaudos
con los cuales se impide agravar el daño u omitir la inscripción o denuncia (175) .

La violación del deber de hacer la declaración de alimento se sanciona diversamente según los
contratos. Y aunque se pacte la caducidad, ésta no afecta todo el contrato, sino solamente los
derechos del asegurado inherentes a la relación a la cual se refieren, aunque puede influir
respecto de las demás si impide la prosecución ulterior (176) .

Se debe tener en cuenta que la declaración se formulará en el plazo fijado o, si no hay tal plazo,
en cuanto sea posible. Pero se debe formular la declaración antes de que el siniestro haya
ocurrido, si el seguro es facultativo; norma que no es aplicable en el seguro flotante obligatorio,
porque no concurren las razones determinantes, que consisten en la imposibilidad de una
determinación honesta del riesgo una vez ocurrido el siniestro (177) .

(140) La ley no legisla específicamente estos tipos de seguros, por lo cual están sometidos a las
reglas generales de los arts. 1 Ver Texto a 84 Ver Texto y a las disposiciones de los contratos
que se celebran.

(141) Ver Rommel, El seguro de rendimiento de cosechas en Estados Unidos, en "Riesgo y


Seguro", 1952, p. 39; Rommel, L´assicurazione dei proventi dei raccolti, en "Assicurazioni",
1951, 1, p. 412, y 1966, 1, p. 184; Donati, eod. loc., 1955, 1, p. 314.

(142) En Mendoza el seguro es estatal, cubre todos los riesgos climáticos, aunque por el
momento la explotación está limitada a ciertos riesgos. Lo financian los propietarios, quienes
contribuyen según las zonas y las áreas. La indemnización se fija conforme a un promedio de
costo de producción y según porcentajes de producción. Se rige por las leyes 1963 , 2071 y
2377 , reglamentadas sucesivamente por los decretos 411 y 3940 , del año 1953; 561 y 1339 , de
1955.
En San Juan el seguro se extiende a la agricultura y en especial viticultura, olivicultura y
manzanos, hallándose minuciosamente reglamentadas las contribuciones, la administración del
seguro y la fiscalización por las leyes 1024 , 1621 y 1936 .

(143) Corte Suprema, 20/12/1940, JA 72-655.

93
(144) Ver D´Angelo, Mario Héctor, Seguros de ganado, 1968, Buenos Aires, donde se reúnen
distintas disertaciones sobre esta especie de seguro.

(145) Viterbo, ob. cit., p. 14, nº 1; en términos análogos se expide Gasperoni, p. 841.

(146) Spilrein, ob. cit., p. 56; Lepargneur, ob. cit., nº 1358, enuncia una definición análoga, y no
diversa, Besson y Picard, III, p. 388.

(147) Bruck, ob. cit., p. 75.

(148) Bruck-M”ller distinguen en cuanto puede referirse a la responsabilidad por daños a las
personas (v.gr., peatón embestido por el automóvil), a las cosas (v.gr., mercadería trasportada)
y al patrimonio genéricamente (v.gr., responsabilidad profesional) (ob. cit., II, p. 25).
Besson y Picard, 2ª ed., I, p. 489, en cambio distinguen: a) responsabilidad determinada, v.gr.,
por la restitución de un bien determinado (depositario, locatario); b) indeterminada, por los
daños causables a cualquiera por los hechos con o por una cosa (automóvil, p.ej.). Mas con
anterioridad, I, p. 259, de esta distinción extrajeron la consecuencia de un objeto determinado
o indeterminado, confundiendo objeto con la fuente del daño o responsabilidad del asegurado,
como por lo demás resulta de la definición que ellos mismos enuncian en p. 483: "contrato por
el que el asegurador garantiza al asegurado contra los daños que resulten de recursos en
responsabilidad ejercidos por terceros contra él".

(149) Bruck, p. 76; Viterbo, ob. cit., ps. 62 y 63; Besson y Picard, II, nº 3; Donati, Trattato, III,
nros. 726, 761, 762, 763 y ss.

(150) Ver Halperin, Isaac, La acción directa . . ., nº 81.

(151) Ver infra, capítulo VI, y Halperin, Isaac, La acción directa . . ., cit.

(152) Durante, ob. cit., p. 45, le opone objeciones análogas al seguro de la responsabilidad
delictual: exige que no concurra en el asegurado interés de que el siniestro se produzca, esto es,
en razón de su incumplimiento (v.gr., responsabilidad profesional del médico, trasportador,
responsabilidad del locatario, etc.).
Ver Vinicio, Geri, Oservazioni circa i limiti di assicurabilit… della responsabilit… civile
contrattuale, en "Assicurazioni", 1966, 2, p. 150.

(153) Ello así pues su función era reemplazar la responsabilidad patronal, legal o contractual,
en todas sus prestaciones. De ahí que su contratación no impedía que la víctima reclamase la
indemnización directamente al patrón.
En nuestra doctrina no se comprendió cabalmente esta naturaleza: ver Rivarola, ob. cit., IV, p.
455; Castillo, ob. cit., p. 193; Fernández, II, p. 399, para quien era un seguro de personas (!). En
la jurisprudencia, ver Trib. Sup. Santa Fe, 9/9/1941, LL 25-136, que decidió que era un seguro
a favor de tercero.

(154) Capítulo V, § 89. Respecto del seguro de la responsabilidad civil, ver, en ese mismo
capítulo, § 97 y ss.
No obstante la posición de los moralistas en materia de seguro (ver Pesce, P. Pier Giuseppe, La
dottrina delgi antichi moralisti circa la liceit… del contratto di assicurazione, en

94
"Assicurazioni", 1966, 1, p. 36), Besson y Picard, ob. cit., 2ª ed., I, p. 490, impugnan este
seguro por sus efectos: 1) multiplica las culpas y los daños; 2) aumenta los litigios en
responsabilidad; 3) tiende a aumentar los montos de las indemnizaciones e incita a su vez a
ampliar el seguro.
El aliciente a la negligencia se combate con el recurso contra el asegurado por la franquicia
incondicional (esto es, no asegurada) y el descubierto obligatorio.
El aumento del monto de las indemnizaciones no tiene su fuente en el seguro, sino en una
mayor conciencia social de la necesidad de la reparación integral a la víctima. El aumento de
los litigios es una consecuencia del crecimiento masivo de los hechos dañosos y de la
importancia de los daños por el incremento de empleo de medios cada vez más peligrosos.

(155) Hémard, nº 451; Gasperoni, p. 841; Besson y Picard, II, ps. 6 y ss.; Donati, Trattato, III,
nros. 726 y ss.; Durante, L´assicurazione di responsabilit… civile, 3ª ed., nros. 25 y ss.; Bruck-
M”ller, I, § 1, nº 29.
Ya carece de actualidad ocuparse del problema de su licitud: ver Halperin, Contrato de seguro,
2ª ed., p. 34.

(156) Spilrein, ob. cit., ps. 31 y ss.; Besson y Picard, III, nº 135; Donati, Trattato, III, nº 729.

(157) Ver sobre el tema: Matteucci, La responsabilidad civil de los automovilistas y el seguro
obligatorio en la reciente legislación alemana, en "Assicurazioni", 1940, 1ª parte, p. 446;
Molinaro, La cobertura obligatoria de los riesgos de la responsabilidad civil por autovehículos
en Gran Bretaña, en "Assicurazioni", 1949, 1ª parte, p. 129; Jannitti Piromallo, Seguro y
responsabilidad civil en la circulación de vehículos a motor, en "Assicurazioni", 1956, 1ª parte,
p. 32; Matteucci, El seguro obligatorio de los autovehículos en el ámbito europeo, en
"Assicurazioni", 1956, 1ª parte, p. 47; Piarlet, El seguro automóvil obligatorio en Bélgica, en
"Rev. Gén. Ass. Terr.", 1957, p. 5; Durante, Breves notas del pretendido carácter social del
seguro obligatorio de autovehículos, en "Assicurazioni", 1957, 1ª parte, p. 32; Picard, El seguro
automóvil obligatorio, en "Rev." cit., 1959, p. 5; De Cocci, El seguro obligatorio de los
vehículos a motor por la responsabilidad civil en Italia, en "Assicurazioni", 1960, 1ª parte, p.
497; Besson, El seguro automovilístico obligatorio en Francia, en "Assicurazioni", 1960, 1ª
parte, p. 531; Ehrenzweig, El seguro de la responsabilidad civil automovilística en los Estados
Unidos, en "Assicurazioni", 1960, 1ª parte, p. 548; Hellner, El seguro automovilístico en
Suecia, en "Assicurazioni", 1960, 1ª parte, p. 556; M”ller, El seguro automovilístico obligatorio
en la República Federal Alemana, en "Assicurazioni", 1960, 1ª parte, p. 569; Stark, El seguro
automovilístico obligatorio en Suiza, en "Assicurazioni", 1960, 1ª parte, p. 598; Wets, El seguro
automovilístico obligatorio en Bélgica, en "Assicurazioni", 1960, 1ª parte, p. 607; Peretti-Griva,
La ley francesa de 27 febrero 1958 sobre el seguro obligatorio de la responsabilidad civil por
autovehículos, en "Assicurazioni", 1958, 1ª parte, p. 115; Colasso, En materia de seguro
obligatorio de autovehículos, en "Assicurazioni", 1958, 1ª parte, p. 210; Molinaro, Luigi, Alcuni
aspetti del problema tecnico dell´obbligatoriet… delle assicurazioni di responsabilit… civile
autoveicoli: premi, costi e garanzie, en "Assicurazioni", 1964, 1, p. 507; La disciplina del
risarcimento del danno alle vittime della strada (Informe de la Comisión de AIDA), en
"Assicurazioni", 1965, 1, p. 46; Grigoli, Michele, Natura dell´assicurazione obbligatoria della
responsabilit… per danni sulla superficie, eod. loc., 1965, 1, p. 24; Olivencia Ruiz, M.,
Problematica dell´adozione dell´assicurazione obbligatoria di responsabilit… civile in Spagna,
en "Assicurazioni", 1965, 1, p. 116; Domagala, Marian, L´assicurazione automobilistica
obbligatoria en Polonia, en "Assicurazioni", 1964, 1, p. 536.

95
El crecimiento del número de víctimas hace de éste un problema grave, no sólo de
indemnización, sino de seguridad para el tránsito: sanciones penales, limitación de potencia de
los vehículos, etc.

(158) ADLA XV-A-690. Ver Halperin, Isaac, Seguro obligatorio de la responsabilidad civil por
el uso del automotor, en LL 44-915.

(159) ADLA XV-A-691.

(160) ADLA IV-1261.

(161) ADLA VII-1170.

(162) ADLA VIII-1572, IX-B-2795 y IX-B-2811, respectivamente.

(163) El incesante progreso, con la aparición de nuevas fuentes de responsabilidad o nueva


apreciación o consideración de formas clásicas, provoca el planteo de la asegurabilidad de esas
responsabilidades o nuevo enfoque de la cobertura. Ver, v.gr., Mohorade, A., El seguro de
protección e indemnidad, en LL 125, secc. Doctrina; Simone, O. B., El ruido de las aeronaves
en el nuevo Código Aeronáutico argentino, en LL 128, secc. Doctrina.

(164) Warkallo, Witold, L´assicurazione del profitto sperato . . ., en "Assicurazioni", 1966, 1, p.


390; Orsatti, Luigi, Considerazioni sull´assicurazione "ch“mage", en "Assicurazioni", 1965, 1,
p. 493.

(165) Para su estudio, ver Hémard, II, nros. 519 y ss.; Ancey, Les risques du crédit, 2ª ed.; De
Tarde Guillaume, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1930, p. 475, Les bases théoriques et pratiques de
l´assurance crédit; Des Brosses, Jean, L´assurancecrédit et les banques, en "Rev. Gén. Ass.
Terr.", 1930, p. 866; Vanard, R., L´insolvabilité au sens de l´assurance-crédit, en "Rev. Gén.
Ass. Terr.", 1933, p. 770; Besson y Picard, III, nros. 107 y ss.; Donati, Trattato, III, nº 704 y
ss.; Friedman, El seguro de crédito, en "Seguros y Bancos", 1936; Ravazzoni, A., Problemi
relativi al pagamento da parte dell´istituto garante nelle c. d. polizze o comisione fideiussorie,
en "Assicurazioni", 1964, 1, p. 493; Ravazzi, P., Andamento e prospettive dell´assicurazione dei
crediti all´esportazione, en "Assicurazioni", 1965, 1, p. 358; Gambari, A., en "Assicurazioni",
1965, 2, p. 68; De Duo Izaurieta, E., Seguro de crédito, en ED 12-841; Salemi, L´assicurazione
del credito, 1959, Milán.

(166) Ver una exposición del problema y las soluciones propuestas, en Donati, ob. cit., III,
nros. 707 y ss.

(167) Joaquín Garrigues señala que tanto el seguro de crédito como el de caución otorgan una
garantía que protege contra las consecuencias de la falta de pago de un crédito; pero que existe
una diferencia de grado: en tanto el seguro de crédito exige que se acredite la insolvencia del
deudor, en el de caución basta con el mero impago o incumplimiento. Ésta es una distinción
basada en la entidad del riesgo y no en su diferencia (Contrato de seguro terrestre, p. 350,
1983, Madrid). Esa diferencia de grado se verifica en los requisitos establecidos para la
configuración del siniestro en esta especie de seguros.

96
(168) A complementar dicha regulación concurren diversas disposiciones, entre ellas, las
normas de los decretos nacionales 411/69 Ver Texto, 4294/69 Ver Texto, 3869/71 Ver Texto
y 5720/72 Ver Texto, art. 34 , inc. f, y la resolución 73/76 del Ministerio de Economía;
garantías aduaneras, resoluciones 20486/79; 22004, art. 4; 2720/82 y 28312/85 , de la Junta
Nacional de Granos; decreto 8826/78 , art. 1.6.2, y decreto 2320/86 de la Municipalidad de la
Ciudad de Buenos Aires; decreto 3300/72 Ver Texto, art. 25, inc. 2, decreto 1833/83 , art. 1,
decretos 1340/84 Ver Texto y 2190/84 , art. 1, de la provincia de Buenos Aires, etc.

(169) Se podría llegar a sostener que en el seguro de caución existe también un interés del
tomador, que lo impulsa, precisamente, a contratar el seguro. Pero, por una parte, es de señalar
que por interés asegurado se debe entender aquel que está vinculado de modo específico a la
cobertura y que, si resulta afectado por el siniestro, el seguro va directamente a restaurar el
perjuicio sufrido. Los intereses indirectos no forman parte del "interés asegurable" ni dan
acción para reclamar del asegurador su resarcimiento. En este seguro, la inacción del tomador
es causa del daño y su patrimonio no está amparado por el seguro, que tomó "para otro". Es
más: la cobertura instituye expresamente una acción de reintegro en favor del asegurador, en la
medida del pago realizado al asegurado. No obstante, este seguro adquiere, aquí, modalidades
propias: la contratación aparece entonces netamente a favor del tercero, a quien no se le podrá
exigir el reintegro de la prima que establece el art. 25 Ver Texto, LS, para los seguros por
cuenta ajena en general, ni negársele la posesión material de la póliza, que instrumenta no sólo
el seguro sino, además, la obligación explícita de garantía asumida por el asegurador hacia ese
tercero asegurado, y se aparta así de lo establecido en dicho art. 25 Ver Texto, LS.

(170) Sobre este punto, ver Bruck, ps. 69 y ss.; Donati, Trattato, III, nro. 546.

(171) Donati, Il contratto di assicurazioni in abbonamento, en "Assicurazioni", 1935, 1ª parte,


p. 11, y Trattato, II, nros. 529 y ss. Ver también Quinteiro, Jesús, El seguro flotante de
pasajeros en las sociedades cooperativas, en "Rev. de Ciencias Económicas", Rosario, 1948, p.
49.
Donati, Trattato, III, nº 659, sostiene que el seguro polianual contra granizo es un auténtico
contrato de abono, porque varía en cada ciclo agrícola la clase del sembrado, la extensión, la
prima, etc.

(172) Donati, ob. cit., en "Assicurazioni", 1931, 1ª parte, p. 16, y Trattato, II, nros. 538 y ss.
Ver en Donati, art. cit., ps. 16 y ss., y en Gasperoni, vº Assicurazioni, nº 23, un elenco de las
doctrinas expuestas para explicar la naturaleza jurídica; se debe señalar las que niegan que se
trate de un contrato único, y las que consideran que existe un contrato preliminar o un
contrato normativo.

(173) Ob. y lug. cits. en nota 111. Para Besson y Picard, 2ª ed., I, p. 84, versa sobre objetos
susceptibles de cambio a voluntad del asegurado, y se completa con la declaración de alimento.

(174) Donati, en "Assicurazioni", 1935, 1ª parte, p. 25; y Trattato, II, nros. 540 y ss.
Es el momento en que nace el riesgo, y en que también nace la obligación de pagar la prima: C.
Nac. Esp. Cap., 9/4/1951, LL 62-766.
Se llama "declaración de alimento" por una acepción extensiva de este término: por ella
adquiere "vigor".

97
(175) Vivante, Trattato, nº 1874, y Contratto, nº 85; Donati, Trattato, II, nros. 541 y ss.

(176) Vivante, ob. y lug. cits. en nota 115; Gasperoni, vº Assicurazioni, nº 23; Donati, Trattato,
II, nº 542 (si existen declaraciones no contempladas, media exclusión).

(177) Vivante, Trattato, nº 1874; Donati, Trattato, II, nros. 541 y 542.
Sobre la trascendencia del retardo en la declaración de alimento, ver Ferrarini, en
"Assicurazioni", 1953, 2, p. 151.

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XII

32. Seguros de personas.

Seguros de personas son los que garantizan el pago de un capital o una renta cuando se
produce un hecho que afecta la existencia, salud o vigor del asegurado: generalmente terminan
en un pago en dinero, pero las prestaciones están subordinadas a hechos atinentes
directamente a la persona del asegurado (178) . La ley los legisla en los arts. 128 Ver Texto a
156 Ver Texto.

No tienen carácter resarcitorio (art. 49 Ver Texto, 2º párr., según el concepto del art. 1 Ver
Texto, in fine, y concordantemente con el tercer párrafo del art. 51 Ver Texto y art. 143 Ver
Texto, 1er. párr.). De ahí que no proceda la subrogación en los derechos contra el tercero
responsable (art. 80 Ver Texto, párrafo final) (179) , ni las reglas referentes al sobreseguro y al
infraseguro, limitadas al seguro de daños patrimoniales, por su ubicación en el capítulo II,
dedicado a éstos (ver art. 65 Ver Texto), y se apliquen normas especiales sobre rehabilitación
del contrato, como es el art. 142 Ver Texto.

98
Sobre esta suma asegurada -como uno de los elementos técnicos esenciales del contrato- se
calculará la prima.

Se incluyen en esta categoría no sólo el seguro para el caso de muerte del asegurado o de un
tercero (art. 128 Ver Texto), sino también cualquiera vinculado con la vida humana (de
supervivencia, mixto, etc.) (art. 148 Ver Texto), de accidentes personales (arts. 149 Ver Texto y
ss.), y ya sea que se contraten individualmente o en forma colectiva (arts. 153 Ver Texto y ss.).

(178) Lepargneur, nº 1371; Bruck, ps. 81 y 82; Besson y Picard, IV, nº 1; Donati, Trattato, III,
nº 828.

(179) De ahí que exista seguro sobre la vida cuando se convino el pago de una suma fija y se
dejó a los beneficiarios las acciones resarcitorias contra los terceros responsables: Sup. Corte
Bs. As., 27/8/1948, LL 52-736.
Sobre el carácter no resarcitorio, ver Vivante, Contratto, p. 367; Vance, ps. 80 y ss.; Rivarola,
nº 1179; así como los fallos de la Sup. Corte Bs. As., 8/6/1955, LL 80-589, y C. Nac. Com.,
19/10/1955, LL 83-384. Contra: Obarrio, ps. 105 y 121; Segovia, nota 1912. Adde: autores
citados supra, en nros. 10 y ss.
No cambia porque sea accesorio de otro: v.gr., combinado -sin costo- con depósitos en caja de
ahorro (circular 649 del Banco Central, 19/8/1968).

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33. Seguro sobre la vida.

El seguro sobre la vida es un verdadero seguro, no obstante los esfuerzos doctrinales para
considerarlo una especie de capitalización o mutuo (180) : se dan los dos elementos
repetidamente negados: riesgo y prima (181) .

99
Hay riesgo, "porque la muerte influye con un álea capaz de oscilaciones amplísimas sobre las
obligaciones de los contratantes, sea que apresure, retarde o excluya el cumplimiento". Si se
piensa que la muerte interrumpe el pago de la prima anual y anticipa el pago del capital
asegurado, y en la disminución progresiva del valor adquisitivo del dinero, aparece plenamente
el error de la opinión que niega a la muerte el carácter de riesgo en el seguro sobre la vida para
el caso de muerte (182) . Con tanta mayor razón si el seguro no es plurianual.

El pago de una suma única o periódica por el asegurado, tiene los caracteres jurídicos y
técnicos de la prima: es el precio del riesgo, calculado con arreglo a una hipótesis estadística y
financiera, y forma con las demás el fondo con que la empresa satisface sus obligaciones. Tiene
todos los caracteres de la prima: época de pago; es debido por cada período que comienza a
correr; se debe restituir si el riesgo desaparece antes de que el asegurador lo soporte; etc. El
pago facultativo -en el seguro plurianual- después del primer período (art. 134 Ver Texto, 1er.
párr.) no afecta: es la adaptación del contrato a las posibles variaciones económicas; es usual en
el seguro patrimonial como facultad de ambas partes (183) , y en muchos otros contratos de
ejecución continuada (locación de cosas y de servicios, contrato de suministros, etc.).

Téngase presente que en el seguro sobre la vida, en cualquiera de sus formas, esta facultad de
rescindir queda limitada al asegurado: que el asegurador no puede rescindir, no sólo resulta así
del art. 134 Ver Texto, que limita la facultad al asegurado, sino también por las características
del contrato, en que se asume por el asegurador un riesgo normal y crecientemente agravado
por la edad y estado de salud del asegurado. Esta exclusión ya era consagrada por la práctica
comercial.

34. Beneficios.

La práctica del seguro sobre la vida es altamente ventajosa como realización de un


pensamiento de previsión, en favor de quienes la desaparición del tomador puede importar
privaciones y miseria.

Con este criterio, la ley en su art. 128 Ver Texto, 3er. párr., autoriza a los menores que han
cumplido 18 años a contratarlo siempre que designen como beneficiarios a sus ascendientes,
descendientes o hermanos que se hallen a su cargo (esta capacidad ha quedado ampliada por la
ley 17711 Ver Texto, de reformas al Código Civil: v. infra, capítulo III, nº 2).

100
El temor de que pueda constituir un aliciente para el crimen no sólo no es serio (porque se
podría aplicar a las sucesiones, al usufructo, etc.), sino que se destruye por distintas
disposiciones de la ley:

a) Cuando es sobre la vida de un tercero, con el requisito de su consentimiento o del de su


representante legal si fuere incapaz (art. 128 Ver Texto), que el mismo artículo completa con la
prohibición de asegurar la vida del interdicto y del menor de 14 años, porque no se percibe el
interés efectivo en un seguro de estas personas.

Lo completa el art. 136 Ver Texto, 1er. párr., con la liberación del asegurador "si la muerte ha
sido deliberadamente provocada por un acto ilícito del contratante".

b) Cuando es un seguro en beneficio de un tercero, con la caducidad del beneficio cuando "el
beneficiario [. . .] provoca deliberadamente la muerte del asegurado con un acto ilícito" (art.
136 Ver Texto, 2º párr.), esto es, cuando no se trata de un cuasidelito (homicidio culposo, p.ej.,
mero accidente del tránsito).

35. Definición y caracteres.

Existe contrato de seguro sobre la vida cuando el capital o la renta que el asegurador se obliga
a pagar y la prima que recibe del estipulante están calculados sobre la duración de la vida
humana.

El art. 1 Ver Texto de la ley lo comprende en la amplitud de sus términos. En el art. 1 del
anteproyecto se aceptaba la definición del art. 1882, Código Civil italiano, trascrita infra, bajo
letra f.

La expresada es la definición de Vivante, a la cual hemos sustituido el requisito de la empresa,


reemplazando esta palabra por la de asegurador.

Se han enunciado muchas definiciones. Entre otras:

a) "Es el contrato consensual, bilateral, aleatorio, por lo general de ejecución continuada,


mediante el cual un contratante que se obliga a una prestación, generalmente anual o semestral,
y que se llama prima, se hace prometer por el asegurador el pago de una suma (suma

101
asegurada) al vencimiento de un término; o estipula que el asegurador pagará la suma asegurada
a la muerte o según la duración de la vida del asegurado (o de otra persona) al estipulante o a
sus herederos o a otro beneficiario" (Lordi, nº 808).

b) "Es un contrato por el que, por una cotización anual (prima), cuyo monto, fijado por
procedimientos matemáticos, se paga por una persona (asegurado), una individualidad,
asegurador, se obliga a pagar una suma determinada (capital asegurado o beneficio), cuando se
realicen en la existencia del asegurado ciertos acontecimientos, por ejemplo, si hay deceso, o,
por el contrario, si hay supervivencia en una época convenida" (Lefort, I, p. 6).

c) "Es un contrato por el que el asegurador, mediante una prima anual o única, promete una
suma de dinero al contratante o a sus derechohabientes, para ciertas eventualidades que
dependen de la vida o de la muerte del contratante o de un tercero asegurado" (Lepargneur, nº
1376).

d) "Es un contrato en virtud del cual uno de los contrayentes, el asegurador, se obliga respecto
del otro contratante, mediante una prima única o periódica, a pagar al mismo o a un tercero
designado o no designado aún, una suma de dinero representada por un capital o una renta, sea
a una época convenida, si la persona vive en esa época, sea a la muerte de la persona
determinada" (Castillo, nº 196, p. 144).

e) "Es una convención en virtud de la cual una persona se obliga hacia otra, mediante una
prestación única o periódica, a entregar al mismo contratante o a un tercero una suma de
dinero, ya constituya ésta un capital o una renta, en una época convenida, si la persona vive en
esa época o en la de su fallecimiento" (Obarrio, p. 112, nº 49).

f ) "Más precisa y analíticamente, como ese contrato de seguro por el cual el asegurador se
obliga a pagar un capital o una renta al verificarse la muerte del asegurado o su supervivencia a
determinada fecha o término fijo, cesando en tal caso, o que se verifique la premuerte, la
obligación de pagar la prima" (Donati, Trattato, III, nº 828). Aunque halla aceptables los
conceptos del art. 1882, Código Civil italiano: "Ese contrato con el que el asegurador, contra el
pago de la prima, se obliga a pagar un capital o una renta al verificarse un hecho atinente a la
vida humana", y también la muy sintética descripción de Gierke: "El seguro contra la
incertidumbre de la duración de la vida humana".

36. Clasificación. Distintos tipos.

102
La suma asegurada se puede pagar en forma de capital o de renta: no varía la naturaleza del
contrato (art. 143 Ver Texto).

El seguro puede ser sobre la vida propia o la ajena. Técnicamente no afecta. El art. 549 Ver
Texto, CCom., exigía la existencia de un interés en la vida del tercero al momento de contratar.
La ley requiere el consentimiento del tercero (art. 128 Ver Texto, 2º párr.): este consentimiento
prueba por sí la existencia del interés a que se refiere, en general, el art. 2 Ver Texto (184) .

La distinción de los seguros según sea incierto el momento del pago (de muerte, mixto) o si se
ignora si se pagará o no (temporario de muerte, de supervivencia puro), carece de
trascendencia para la unidad de la rama, porque son modalidades accesorias.

La clasificación racional está dada por la distinción de los seguros para los casos de muerte, de
vida (supervivencia) y mixtos:

a) en los seguros para el caso de muerte, se comprenden los contratos en que la muerte del
asegurado hace más grave la obligación del asegurador, sea que haga exigible la prestación del
asegurador o detenga el pago de las primas (cuando exista un plazo para el pago del capital,
aunque la muerte se produzca antes, v.gr.);

b) en los seguros para el caso de vida (supervivencia), se incluyen los contratos en que la
supervivencia del asegurado agrava las obligaciones del asegurador;

c) en los seguros mixtos se combinan ambos acontecimientos (185) .

En cuanto a la renta vitalicia, cuando es onerosa, se debe juzgar que se trata de un seguro:
Corte Suprema de la Nación, 11/4/1930, JA 32-922; C. Fed. La Plata, 18/11/1929, JA 31-802;
Vivante, Trattato, nº 1984, y Contratto, nº 483; Gasperoni, p. 820; Donati, Trattato, II, nº 265,
letra c.

Obarrio, p. 113, seguido por Malagarriga, nº 287, objeta que en la renta vitalicia se paga un
capital y se provee a una renta; mientras que en el seguro se pagan pequeñas sumas para recibir
un capital. Esta objeción olvida que el seguro se puede constituir con una prima única, y que la
liquidación del capital asegurado en forma de renta no le hace perder sus caracteres propios. Se
descuida que en la renta vitalicia también se especula sobre la vida humana: "El seguro de una
renta vitalicia -expresa Vivante- puede resolverse en una serie continua de seguros anuales para
el caso de vida".

103
En nuestro país los contratos más usuales son los mixtos, y algunos tipos para el caso de
muerte; en cambio, los contratos para el caso de vida son poco empleados. Los más corrientes
son:

1) Para el caso de muerte:

a) Después del pago de un número de anualidades, se paga al beneficiario designado.

b) Análogo al anterior, con cesación del pago de las primas si el asegurado fallece antes de
haberse pagado determinado número de anualidades.

c) De vida entera, por el cual se pagan las primas hasta la muerte del asegurado, momento en
que se abona al beneficiario el capital o la renta convenidos.

2) Para el caso de vida: las primas se pagan por un término dado, y la suma convenida, si el
asegurado sobrevive. Se combina con distintos beneficios adicionales.

3) Los contratos mixtos:

a) En su forma más frecuente, se paga la suma asegurada si el contratante sobrevive en


determinada fecha; o al beneficiario designado, si fallece con anterioridad.

b) Admite diversas combinaciones de liquidación de la suma asegurada, sea en forma de renta,


o uniendo el pago de una renta y un capital; o se difiere el pago del capital para una fecha fija,
etc.

Todos estos contratos admiten a su vez otros beneficios accesorios, si se pagan las sobreprimas
pertinentes (186) :

1) participación en las utilidades con reparto anual o quinquenal, que se pueden imputar al
pago de la prima, o aumentar el capital asegurado. Si no se distribuye anualmente, devenga
intereses (v. art. 29 del proyecto de ley de empresas).

2) doble indemnización en caso de muerte por accidente;

104
3) exención del pago de la prima en caso de accidente.

La inflación que azotó al país causaba la destrucción del ahorro produciendo un cambio
sustancial en la comercialización de este seguro, que era sustituido por planes de seguros
anuales, con graves inconvenientes para su perduración.

37. Seguro popular sobre la vida.

El seguro popular sobre la vida no se ha difundido en nuestro país. Halló un sustituto, aunque
en campo limitado, en el seguro obligatorio de los empleados del Estado (v. infra, nº 45).

Originado en Inglaterra, es muy empleado en Suiza, Alemania, Japón, Francia, Italia y Estados
Unidos; se presta a las mismas combinaciones que el seguro ordinario.

Se caracteriza por la falta de examen médico previo, que el asegurador compensa con un plazo
de no garantía (que se denomina de carencia), por el cual el asegurado no tiene derecho al
capital asegurado si el siniestro se produce en un término dado, dos o tres años. La prima se
paga en plazos breves (semanal o mensualmente); el capital asegurado es limitado, y las pólizas
son muy simples (187) . Exige notable estabilidad económica y monetaria para que llene una
función útil y pueda arraigar y difundirse.

(180) Ver Donati, Trattato, III, nº 828 y sus referencias; Vivante, Contratto, p. 365, nota 2, y nº
480, ps. 367 y ss.

(181) Y empresa, agrega Vivante, conforme a su teoría: Trattato, nº 1982.

(182) Vivante, Trattato, nº 1982, y Contratto, nº 478, y autores citados en nota 119.

(183) Ver obras citadas en nota 122.

(184) Donati, Trattato, III, nº 862, así lo sostiene para Italia, donde rige sistema análogo.

105
(185) Participo del criterio de Bruck, p. 81; Donati, Trattato, III, nº 831, y de la C. Nac. Civ. 2ª
Cap., 31/8/1934, JA 47-660.
Vivante los clasifica entre los seguros para el caso de muerte, porque la situación del
asegurador sólo es agravada por la muerte (Trattato, nº 1991, y Contratto, nº 522). Para otros,
son dos contratos instrumentados en un acto único: Besson y Picard, IV, p. 62. Ver en Donati,
ob. y lug. cits., un elenco más amplio sobre estas opiniones.

(186) En la práctica, estos tipos de seguros admiten gran variedad de combinaciones y


beneficios adicionales: ver un elenco en Vivante, Trattato, nros. 1991 y 1992, y Contratto, nros.
518 a 531; Lefort, I, ps. 96 a 135; Besson y Picard, IV, nros. 18 y ss.; Donati, Trattato, III,
nros. 830 y ss.; Di Lillo, A., en "Assicurazioni", 1966, 1, p. 165, sobre riesgo de invalidez; etc.

(187) Ver Hémard, II, nros. 639 y 640; Lepargneur, nº 180; Besson y Picard, IV, nros. 42 y ss.,
y 2ª ed., I, p. 639; Donati, Trattato, III, nº 836; De Larramendi, I., Seguro popular de vida, en
"Riesgo y Seguro", 1949, p. 397. La ley francesa de 1930, art. 83, le fija un capital máximo de
10.000 francos antiguos, y hace obligatorio el pago de la primera prima (actualmente, el
máximo es de 4.000 francos de capital y 90 francos de renta); en Italia no puede superar las
300.000 liras.

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37 bis. Seguro individual de accidentes.

El seguro individual de accidentes también es un seguro de personas (188) : así resulta


claramente de la ubicación de su régimen en la ley, la cual lo prevé en los arts. 149 Ver Texto a
152 Ver Texto, integrantes de la sección II del capítulo III, dedicado al seguro de personas.

Esta opinión no es pacífica, ya que la doctrina italiana se inclina a incluirlo entre los seguros de
daños (189) , aunque no existe acuerdo sobre en qué consiste el perjuicio: Valeri afirma que es
de lucro esperado; afirmación que Moraglia contradice enérgicamente (190) ; para Donati es el
daño que sufre el cuerpo, fijado forfetariamente (191) .

Valeri sostiene que no es seguro de personas por lo siguiente (192) :

106
a) sus bases técnicas: la estadística de siniestros, y no las tablas de mortalidad;

b) el riesgo garantizado, que en el de las personas es la vida o la muerte, sin causas


determinadas; mientras que las del infortunio son minuciosamente fijadas;

c) la prueba;

d) la intención resarcitoria. En los seguros de daños se cubren riesgos determinados, derivados


de causas inopinadas; el resarcimiento es accidental en el seguro sobre la vida. "Se trata de
hechos de orden particular, en oposición al riesgo genérico de mortalidad o longevidad; de
carácter dañoso, justamente como los que afectan bienes patrimoniales; de producción incierta,
a semejanza de los otros seguros de daños". La indemnización se adecua -en lo posible- al
daño económico: salario, gravedad de las lesiones, etc. Su fijación forfetaria es sólo una
modalidad de la liquidación, liquidación convencional, anterior al evento; con esto no se viola
la naturaleza resarcitoria del contrato. Tampoco cabe arg ir que se contrata sobre la persona
humana. La circunstancia de que el seguro del accidente del trabajo sea de indemnización
ratifica su opinión.

Moraglia los clasifica entre los de intereses:

a) por el interés asegurado; aunque excluye que sea de lucro esperado, "porque su objeto es el
interés del asegurado en conservar intacta de desgracias accidentales su potencia productiva
(valor actualmente existente) y evitar el dispendio consiguiente a una lesión"; y el seguro de
beneficio esperado, "tiene por objeto el interés que no sobrevenga ningún hecho que haga
imposible el beneficio o aumento de valor esperado";

b) por el álea, que tiene carácter distinto;

c) por su funcionamiento: el de vida es a largo plazo; la prima se reparte en cuotas anuales


periódicas. En cambio, el de accidentes no tiene una duración propia, sino que se pacta
libremente; la prima se debe íntegramente desde que el contrato entra en vigor, sin que el álea
influya en su medida (193) .

Rivarola adopta una posición ecléctica; si del accidente se produce la muerte, el seguro es de
persona; pero si resulta una incapacidad, es indemnizatorio. En realidad, afirma que hay una
combinación de dos contratos, que pueden funcionar aisladamente (194) .

107
Donati resume (195) su opinión en el mismo sentido:

1) Desde el punto de vista conceptual, no existe duda alguna de que el accidente es un


siniestro, que afecta un bien susceptible de valor, cuyo daño admite fijación forfetaria.

2) En materia de legislación de las empresas, se incluye entre los seguros de daños.

3) Por la función y estructura del vínculo: se le aplica la subrogación; falta la reserva


matemática y su correlativo, el rescate.

4) Su régimen es conciliable con el de daños.

Todos estos argumentos son inaplicables al beneficio adicional de indemnización de accidentes


en el seguro sobre la vida, en el cual la indemnización se calcula sobre el capital asegurado, sin
tener en cuenta la profesión o la renta del trabajo, … forfait.

En cuanto al seguro individual de accidentes, cabe señalar entre sus caracteres:

a) La suma asegurada no se fija en la práctica en proporción a las rentas o salarios ganados. Si


bien el asegurador considera esos ingresos, no lo hace para proporcionar la indemnización sino
para ponderar el azar moral, como lo hace también en los seguros sobre la vida.

b) El asegurador no se subroga en los derechos del accidentado contra los terceros (art. 80 Ver
Texto, último párrafo).

c) La suma o renta asegurada se pacta … forfait, según la duración o secuelas permanentes, sin
relación con los efectos de la incapacidad sobre el rendimiento del trabajo.

Volpe Putzolu (196) estima que no tiene la misma causa que el seguro sobre la vida; el interés
al resarcimiento se debe examinar en el asegurado y no en el beneficiario (p. 210); "[. . .] el
elemento determinante para los fines de la calificación indemnizatoria [. . .] aun para el caso de
muerte, es la naturaleza intrínsecamente dañosa del evento riesgo (infortunio mortal) y su
previsión como presupuesto del derecho a la indemnización en una categoría contractual
unitaria (póliza accidentes), esencialmente informada por la disciplina del seguro contra los

108
daños" (p. 214), careciendo de trascendencia la no subrogación del asegurador, porque éste es
un problema de política legislativa (p. 226).

Las razones expuestas por Valeri, Moraglia, Donati y Volpe Putzolu no destruyen las
conclusiones lógicas de estos caracteres.

No es requisito jurídico que los seguros de personas se ajusten a las tablas de mortalidad; ni
siquiera es técnico: por ejemplo, en el seguro sobre la vida, accesorio de la suscripción de un
periódico, o el seguro obligatorio de los empleados del Estado, en nuestro país (v. infra, nº 45),
o en el seguro automático anexo a una cuenta bancaria en caja de ahorros.

No es exacto que las causas del infortunio sean minuciosamente determinadas. Al contrario, la
enunciación es genérica: la determinación se hace en forma negativa, por exclusión de
determinadas causas, no mucho más extensas que para el seguro para el caso de muerte (197) .

La intención resarcitoria puede no existir; como puede existir en el seguro sobre la vida en
favor o garantía de un acreedor, sin que por esto cambie su naturaleza: el motivo de las partes
para contratar no puede trasformar la naturaleza jurídica de un contrato.

El interés asegurado no es patrimonial. Es análogo al interés exigido en los seguros sobre la


vida, que debe existir sólo al tiempo de celebrarse el contrato. Tampoco es necesario que exista
al tiempo de la ejecución por el asegurador. Es decir que el interés asegurado no reúne las
características fundamentales del recabado en los seguros de intereses.

El álea tiene carácter idéntico al álea de los seguros sobre la vida; por ejemplo, en los seguros
temporarios para el caso de muerte o en los seguros de supervivencia.

El plazo no afecta; es una modalidad accesoria. Sin contar que existen seguros sobre la vida de
plazo breve, como los temporarios, incluso sólo por días y hasta por horas.

Tampoco el plazo largo caracteriza al seguro sobre la vida, sino que permite una financiación
más cómoda para el tomador, porque de lo contrario le requerirá el pago de fuertes primas: no
hay que olvidar que el seguro sobre la vida, desde el punto de vista de su financiación, es una
operación de capitalización. De ahí la formación de la reserva matemática y el rescate, que no
existen en los seguros colectivos sobre la vida ni en los de duración muy breve (es decir, que
no sean plurianuales), cada vez más frecuentes sobre todo por el empleo de ciertos medios de
trasporte.

109
La fijación del monto a ser pagado según las lesiones recibidas y la incapacidad resultante es
una modalidad de la liquidación del capital o renta debida y no una indemnización, porque
puede concurrir con el resarcimiento que deba el tercero responsable y no existe subrogación
del asegurador que paga; por otra parte, como ya se destacó, la suma asegurada se fija
libremente (v. ap. a, precedente).

(188) Bruck, ps. 81 y 82; Hémard, II, nº 602; Besson y Picard, II, nº 11, y IV, nº 256; Zavala
Rodríguez, ob. cit., II, nº 1969; Donati, Manlio, en "Assicurazioni", 1953, 1, p. 41; Colasso,
eod. loc., 1961, 1, p. 448; Garobbio, eod. loc., 1954, 1, p. 154, con referencia al derecho suizo;
Malagarriga, III, p. 494.
La Corte de Casación de Italia lo ha resuelto así (fallos de 19 de mayo y 7 de junio de 1951,
"Assicurazioni", 1951, 2, ps. 10 y 17), al igual que la Corte de Casación francesa (26/11/1963;
ver Besson y Picard, 2ª ed., I, p. 615, nota 14 bis).
Ver respecto del seguro de accidente de un tercero, Sotgia, Sergio, en "Assicurazioni", 1964, 2,
p. 211, y Carresi, Franco, en "Assicurazioni", 1965, 2, p. 181.

(189) Ver Donati, Trattato, III, nº 810. Besson y Picard, ob. cit., 2ª ed., I, p. 625, se inclina por
juzgar que es un seguro de daños si sólo debe subvenir a los gastos de asistencia médica.

(190) Valeri, en "Riv. Dir. Comm.", 1909, 2ª parte, p. 535; Moraglia, en "Riv. Dir. Comm.",
1937, 2ª parte, p. 137.

(191) Donati, Trattato, III, nros. 810 y 811.

(192) Valeri, en "Riv. Dir. Comm.", 1907, 2ª parte, p. 558, y 1909, 2ª parte, p. 535.

(193) Moraglia, en "Riv. Dir. Comm.", 1932, 2ª parte, p. 137.

(194) Rivarola, IV, nº 1193, p. 489.

(195) Trattato, III, nº 811.

(196) Ob. cit., ps. 119 y ss.

(197) La póliza para accidentes personales, aprobada en 1968 -BO 27/6/1968-, dispone que
"se entiende por accidente toda lesión corporal que pueda ser determinada por los médicos de
una manera cierta, sufrida por el asegurado independientemente de su voluntad por la acción
repentina y violenta de o con un agente externo", y luego enumera diversos supuestos en los
cuales se considera que existe accidente.

110
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38. Seguro colectivo.

La ley le dedica los arts. 153 Ver Texto a 156 Ver Texto y el art. 120 Ver Texto.

Ha dado lugar a gran discusión doctrinal acerca de su naturaleza, complicada por la aplicación
contractual que se debe dar a la suma a pagar por el asegurador.

En los escasos fallos dictados por nuestros tribunales, no se ha reconocido que son contratos
en favor de tercero (198) ; se llegó a afirmar que engloban dos contratos: uno, del patrón con el
asegurador; y otro, de aquél con los beneficiarios (199) .

Según el art. 153 Ver Texto, se trata claramente de un seguro en favor de tercero, ya que los
integrantes del grupo o sus beneficiarios "tienen un derecho propio contra el asegurador desde
que ocurre el evento previsto" (es decir, nos hallamos en el supuesto legislado en el art. 504
Ver Texto, CCiv.). Con el efecto de que el producto o beneficio no ingresa a la sucesión (200) .
La facultad de reemplazar a los integrantes del grupo no afecta nuestra conclusión, porque el
beneficio no se adquiere definitivamente sino por el acaecimiento del siniestro previsto (tal
como ocurre en el seguro sobre la vida: art. 143 Ver Texto, 2º párr.).

39. Seguro colectivo: caracteres.

Es una forma de contratación -y no un tipo de seguro-, que en la práctica se refiere a los


seguros de personas (sea sobre la vida, sea de accidentes personales: art. 153 Ver Texto),
combinado con alguna frecuencia -en la práctica argentina- con el seguro de la responsabilidad
civil (art. 120 Ver Texto), especialmente la emergente del contrato de trabajo.

111
Son sus caracteres:

a) Se celebra con un tomador, que sólo puede ser asegurado cuando personalmente integra el
grupo por los accidentes que él mismo sufra (art. 156 Ver Texto, 1er. párr.), o cuando tiene un
interés económico lícito en la vida de un integrante y por el monto de este interés (art. 156 Ver
Texto, 2º párr.) -como es, por ejemplo, el supuesto del técnico contratado, que debe ser
reemplazado mientras dura la incapacidad; o por los gastos que se puedan imponer al tomador
en razón de esa incapacidad, como gastos de viaje del accidentado-. Asimismo, cabe que el
tomador sea beneficiario cuando se conviene que la suma a ser pagada debe cubrir en primer
término su responsabilidad civil hacia el integrante del grupo, siempre que la prima sea
íntegramente pagada por él (art. 120 Ver Texto) (201) .

Como se refiere a la vida de terceros, requiere el consentimiento de éstos (art. 128 Ver Texto).

b) Es por un plazo breve, generalmente anual; de ahí que no se constituyan reservas


matemáticas ni se aplique el rescate (art. 138 Ver Texto, inc. b).

c) Su monto es generalmente proporcional al salario, porque el capital se determina por la


prima que se paga, y ésta por el salario que se percibe.

d) "El contrato fija las condiciones de incorporación al grupo asegurado, que se producirá
cuando aquéllas se cumplan" (art. 154 Ver Texto, 1er. párr.) (p.ej., plazo de prueba en el
empleo).

e) Se ingresa al grupo sin examen médico previo; mas "si se exige examen médico previo, la
incorporación queda supeditada a esa revisación. Ésta se efectuará por el asegurador dentro de
los quince días de la respectiva comunicación" (art. 154 Ver Texto, 2º párr.), con el efecto de
que si el asegurador no realiza la revisación en ese término, integra el grupo por el mero
vencimiento del plazo, ya que su mora es automática (art. 15 Ver Texto, 1er. párr., in fine).

f ) La prima es uniforme.

g) La suma asegurada es variable, sea por la salida del grupo (p.ej., por cesantía o jubilación), o
por el ingreso de nuevos integrantes. El egreso del grupo se determina por el contrato: nada
impide convenir que quienes dejen de pertenecer a la empresa del tomador, v.gr., que
constituye el grupo, continúen como integrantes de él (expresamente así, art. 155 Ver Texto, in
fine).

112
(198) C. Nac. Com., 10/9/1912, "Jur. Trib. Nac.", setiembre 1912, p. 283; 23/6/1916, "Rev.
Leg. y Jur.", 9-79.

(199) C. Nac. Com., junio 1916, "Rev. Leg. y Jur.", 8-627. Ver C. Nac. Com., sala B,
"Rodríguez Haarley v. Wilson y Cía.", 1/9/1967, inédito.
Besson y Picard, 2ª ed., I, p. 637, sostienen que es un precontrato, que se torna definitivo
cuando se incorpora al grupo. Ver sobre esta materia Shaw, Gordon W., en "Assicurazioni",
1966, 1, p. 507, y Morandi, en RDCO, año 1 (1968), p. 59.

(200) C. Nac. Com., 23/6/1924, JA 13-557.

(201) La ley 17418 Ver Texto en las disposiciones citadas viene a derogar la circular 277,
25/1/1952, de la Superintendencia de Seguros (ADLA XII-A-1004), que prohíbe al tomador
ser beneficiario.
El tomador es el único que mantiene relación jurídica con el asegurador: C. Nac. Com., sala B,
"Rodríguez Harley v. Wilson y Cía.", 1/9/1967, inédito.

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40 (a). Seguro sobre la vida obligatorio para los empleados del Estado.

Este seguro fue creado por la ley 13003 , que sufrió diversas modificaciones, con un texto
ordenado establecido mediante el decreto 1548/77 Ver Texto. En su art. 1 se expresaba que se
implantaba con carácter obligatorio "un seguro de vida colectivo para todo el personal al
servicio del Estado, que cubre los riesgos de muerte, incapacidad total y permanente e
incapacidad parcial y permanente del agente para el trabajo, en la forma que fije la respectiva
reglamentación". La gestión y administración de dicho seguro fueron puestas originariamente a
cargo de la Caja Nacional de Ahorro y Seguro.

El decreto 1880/80 reglamentó dicha normativa legal estableciendo que el personal que se
incorporase al servicio del Estado quedaría automáticamente comprendido en este seguro (art.
2) (202) .

113
El referido decreto 1588/80 Ver Texto dispone, asimismo, que serán beneficiarios de este
seguro el cónyuge, los hijos o los padres del asegurado (en ese orden), salvo que el asegurado
manifieste su voluntad en contrario mediante designación expresa efectuada en la ficha de
incorporación, o cambio de beneficiario, o que las personas que hubiere designado hubiesen
fallecido antes que el asegurado. Si mediaren varias fichas con designaciones distintas,
prevalecerá la efectuada en último término (art. 41 Ver Texto). El asegurado podrá, en
cualquier momento, requerir por escrito el cambio de los beneficiarios (art. 42 Ver Texto). Si al
fallecer el asegurado no existiese alguno de los beneficiarios designados, acrecen los demás. Si
alguno de dichos beneficiarios falleciere después que el asegurado pero antes que se hiciere
efectivo el capital del seguro, la parte que le correspondía pasa a sus herederos en la forma y
proporción que establece el Código Civil. Si no existiere ninguno de los beneficiarios
designados, el derecho a percibir el capital asegurado pasará a los herederos del asegurado (art.
44 Ver Texto). Quienes dejen de pertenecer a la Administración pública, por jubilación o
retiro, podrán continuar incorporados al seguro, pero estará a cargo de los interesados el pago
de la prima, que será descontado de los haberes jubilatorios (decreto 1158/98 Ver Texto, art.
29 Ver Texto).

Además, en materia de prescripción, se aplicaba el término de diez años y las reglas del Código
de Comercio sobre suspensión e interrupción, con la aclaración de que la reclamación ante el
asegurador tenía efecto interruptivo: así lo disponía la ley 13003, art. 12 , t.o. por decreto
1548/1977 Ver Texto, luego modificado por el decreto 1158/98, art. 27 Ver Texto.

Es de recordar que el art. 157 Ver Texto de la ley 17418 establece que las disposiciones de su
título I ("Contrato de seguro") se aplican también al seguro obligatorio de vida de empleados
del Estado, salvo las que contradigan las normas de esa ley especial o su naturaleza.

41 (a). Seguro sobre la vida para espectadores de justas deportivas.

Fue organizado en forma obligatoria por la ley 14231 , posteriormente sustituida por la ley
19628 Ver Texto. Por resolución 26739 , S.S.N., se establecieron condiciones generales
uniformes para este seguro. La mencionada resolución determina dos fórmulas de contenido
análogo: una, para pólizas de contratación anual, y otra, para los seguros que fueren
contratados para un espectáculo o justa deportiva determinados.

En su art. 1 , dicha resolución expresa que ese seguro está destinado a cubrir, dentro de los
montos máximos de amparo que la ley determina, los daños que, en su integridad física, sufran
los espectadores de justas deportivas que se realicen en el país, en locales cerrados o al aire
libre, siempre que exista control de entrada. La cobertura comprende los riesgos de muerte,
incapacidad total o parcial permanente y los gastos de asistencia médica y farmacéutica,

114
originados por hechos ocurridos dentro de los locales o campos deportivos "en oportunidad
y/o con motivo del espectáculo" (arts. 1 Ver Texto y 2 Ver Texto, ley cit.). La póliza se
establece como intrasferible, y se determina que es "nula" toda cesión que se efectúe de ella
(cláusula 24, póliza cit.).

La cláusula 6 define el accidente como toda lesión corporal que pueda ser determinada por los
médicos de una manera cierta, sufrida por el asegurado independientemente de su voluntad,
por la acción repentina y violenta de un agente externo; y a continuación efectúa una larga
enunciación de hipótesis constitutivas de accidentes (203) .

Cuando el accidente causase una incapacidad parcial permanente, el asegurador pagará al


asegurado una suma igual al porcentaje calculado sobre el capital estipulado en las condiciones
particulares, conforme a un baremo que dicha cláusula incluye, según la índole de la lesión
sufrida.

Las primas deberán ser abonadas por los espectadores junto con la entrada y por el personal al
servicio del tomador (204) o de las instituciones que intervengan en la competencia, así como
también por quienes asistan gratuitamente al espectáculo, sean o no asociados (decreto cit., art.
4; y cláusula 9, condiciones generales, póliza establecida por la resolución 26739 ).

No obstante, las cláusulas de la pólizas imponen diversas cargas al tomador: a) cargas


presiniestrales: comunicar a la entidad aseguradora, con 72 horas de anticipación, el lugar,
fecha y hora en que se realizará la justa deportiva; efectuar la recaudación de las primas;
ingresar el importe de las primas a la entidad aseguradora y proporcionarle la documentación
respaldatoria, como también toda información que requiera, y permitirle las comprobaciones
que sean necesarias y razonables; hacer saber a los asegurados la existencia de este seguro y de
las obligaciones que les impone; etc.; b) cargas postsiniestrales: documentar el hecho o
accidente con intervención de la autoridad policial, y dejar constancia de los nombres y datos
de los espectadores fallecidos o lesionados y de los daños sufridos por ellos; efectuar también
la denuncia a la aseguradora, dentro de los cinco días, dando los detalles del hecho;
proporcionar al espectador, sus acompañantes (sic) o herederos el "formulario de instrucciones
para el caso de siniestro".

A los espectadores, sus acompañantes (205) o herederos también se les imponen cargas, en
virtud de las cuales deberán: presentarse, antes de abandonar el local, a las autoridades
deportivas o a la autoridad policial, para "dejar documentado el hecho o accidente"; permitir la
revisación de la víctima por médico de la aseguradora, bajo pena de caducidad; presentar la
documentación que se le exigiere para hacer efectiva la indemnización, en cuanto sea razonable
que el asegurado o sus herederos la suministren (cláusula 11).

115
La ley establecía que las entidades debían contratar este seguro con la Caja Nacional de Ahorro
y Seguro (hoy en liquidación), la cual debía emitir una póliza, para cada institución deportiva,
que contuviese el texto íntegro de la ley, de su reglamentación y de las condiciones particulares
del seguro (arts. 1 Ver Texto y 7 Ver Texto). Pero con fecha 16/6/1999, la Superintendencia
de Seguros de la Nación dictó la resolución 26739 , por la cual dispuso que podrán operar en
esa forma asegurativa todas las entidades de seguro; por ello estableció un modelo de
condiciones generales de la póliza a emplear, "al cual deberán adherirse (sic) las distintas
entidades", a fin de que se garantice "una ágil aprobación de los elementos técnico-
contractuales" por parte de ese ente de control, modelo que contiene "los aspectos normados
por las leyes y decretos vigentes para este seguro" (206) . Establece asimismo la creación de un
registro especial de carácter público, en el cual se deberán inscribir las entidades autorizadas a
operar en ese seguro, y prohíbe la incorporación de coberturas adicionales a las que se indican
en el modelo de póliza, la modificación de lo estipulado en las condiciones generales y la
incorporación de cláusulas de participación en las utilidades, de reajuste de primas, de
bonificaciones, ni de ningún otro concepto que guarde relación con los anteriores (art. 5 ,
resolución cit.).

Los antecedentes referidos quizá explican por qué la cláusula 21 de las condiciones generales
de la póliza establece el fuero federal respecto de "todas las cuestiones que pudieran suscitarse
con motivo de este seguro", no obstante que dicha regulación parte del supuesto de que se
halle ahora abierto en su explotación a toda compañía que demuestre estar en condiciones de
operarlo (resolución 26739 ).

La cláusula 1 de las condiciones generales de la póliza, aprobada por el referido decreto y


actualizada por la resolución precitada, define el concepto de justa deportiva diciendo que es
"todo torneo, concurso, lid, competencia, etc., donde se enfrenten personas o equipos de
personas a fin de determinar un triunfador, así como también los festivales deportivos,
exhibiciones, olimpíadas y juegos deportivos internacionales, organizados por instituciones
oficiales o privadas".

Las condiciones generales de póliza que había aprobado el decreto definían, en su art. 1, el
concepto de "estadio", entendido por tal todo recinto, local cerrado, cubierto o descubierto u
otros sitios que, sin estar destinados a esa finalidad, se habiliten expresamente para ello y
siempre que exista control de entrada de espectadores.

Es de recordar, asimismo, que el art. 157 Ver Texto de la ley 17418 establece que se aplican las
disposiciones de su título I (sobre contrato de seguro) también al seguro del espectador y
personal de espectáculos deportivos, salvo las disposiciones que contradigan esa ley especial
instituyente de ese seguro o la naturaleza de la cobertura.

116
42. Seguro escolar obligatorio.

En el orden nacional este seguro había sido establecido para las escuelas técnicas y
profesionales del Estado y particulares, por el decreto 30545 , año 1945, por el cual se pagaba
al alumno accidentado un subsidio conforme a las normas de la ley 9688 Ver Texto, de
accidentes del trabajo, hoy derogada.

Asimismo, el 14 de marzo de 1989, la Caja Nacional de Ahorro y Seguro, mediante resolución


interna 411-D-1989 había instituido una cobertura que denominó "seguro de vida colectivo"
(aunque las primas eran soportadas por la propia institución, con lo cual se trataba más bien de
un subsidio limitado y voluntario otorgado por la referida entidad), que ampara a los
concurrentes a jardín de infantes, alumnos de enseñanza preescolar y primaria, y "actividades
conexas", de todo el país (art. 1); ello dentro de los capitales máximos de cobertura por
persona que estableciese la entidad, conforme a lo propuesto por su gerencia de seguros de
vida y siempre que lo posibilite el fondo creado a tal efecto (art. 3).

El reglamento de dicha resolución especifica que están cubiertos por ese seguro los alumnos
regulares, desde los tres años de edad, que cursen los ciclos de jardín de infantes, preescolar y
enseñanza primaria en las instituciones oficiales y en las incorporadas a la enseñanza oficial,
incluidos los establecimientos de enseñanza primaria especial (art. 1). Se amparan los riesgos
ocurridos durante la permanencia en la escuela, dentro del horario establecido, y en el traslado
desde y hasta el domicilio, como también cuando los alumnos participen de actos, paseos,
excursiones, desfiles, visitas o cualquier otra actividad organizada y vigilada por la autoridad
educacional. Se fijan como beneficiarios al padre o la madre, indistintamente y, en su defecto,
al abuelo que haya asumido ante el establecimiento educacional la representación del alumno.
Los riesgos quedan cubiertos dentro de los límites máximos establecidos por dicha regulación
de montos muy reducidos y son los de muerte e incapacidad total o parcial permanente,
causados por accidente; se entiende por tal todo acontecimiento que origine una lesión
producida por causa externa, en forma súbita, instantánea y violenta, sin el concurso de la
voluntad, y quedan incluidos dentro de ese concepto las intoxicaciones o envenenamientos por
ingestión de sustancias tóxicas o alimentos en mal estado.

El grado de incapacidad lo determina la Caja, para lo cual el requirente se debe someter al


examen de los médicos de dicha institución. La reglamentación contiene un baremo por el cual
se fijan los porcentajes de incapacidad atribuibles a las lesiones, según sus características y
partes afectadas del cuerpo del lesionado. Por "pérdida total" se entiende la amputación o
inhabilitación funcional total y definitiva del órgano o miembro lesionado. La "pérdida parcial"
está constituida por la reducción definitiva de la respectiva capacidad funcional. La suma de
diversas incapacidades parciales permanentes no podrá dar lugar a una indemnización que
supere el 100% de la suma asegurada por persona afectada (art. 7 Ver Texto). La denuncia del
siniestro debe ser formulada por la dirección de la escuela a la cual pertenezca el accidentado,

117
que deberá hacer constar la calidad de alumno regular y el horario de la actividad desarrollada,
así como también (según modificación introducida por resolución 917-P-90 de la referida Caja
Nacional) constancia policial que determine el día y hora en que se produjo el accidente y las
circunstancias en que ocurrió, y un certificado extendido por médico oficial en el cual conste el
detalle de las lesiones sufridas, evolución y pronóstico de ellas, secuelas permanentes y
porcentaje de incapacidad física considerado desde el punto de vista médico (art. 8 Ver Texto).

En el ámbito de la provincia de Buenos Aires se instituyó un seguro de vida colectivo


obligatorio, que cubre, dentro de los límites establecidos en él, los riesgos de muerte,
incapacidad total y permanente e incapacidad parcial y permanente, derivados de accidentes
ocurridos a los estudiantes que cursen regularmente el ciclo de enseñanza media en
establecimientos dependientes del Ministerio de Educación y Cultura de la Provincia de
Buenos Aires.

Ese seguro ampara a tales estudiantes, dentro de los montos máximos indicados en la póliza
para cada asegurado, por los riesgos ocurridos durante su permanencia en el establecimiento de
enseñanza, dentro de los horarios de actividad escolar fijados para éstos, y también durante el
traslado desde y hasta el domicilio, cualquiera que sea el medio de trasporte, excluidas las
motocicletas. La cobertura se extiende también a los accidentes sufridos durante la
participación de los alumnos en actos, paseos, excursiones, desfiles o visitas, que estuvieren
organizados y vigilados por la respectiva autoridad educacional. En caso de muerte, serán
beneficiarios: a) para asegurados solteros menores, el padre o la madre en ejercicio de la patria
potestad; en su defecto, los herederos legales; b) asegurados solteros mayores: el padre o la
madre (en ese orden excluyente) y, en su defecto, los herederos legales del asegurado; c)
asegurados casados: el cónyuge y, en su defecto, los herederos legales del asegurado.

En distintas provincias se han establecido seguros escolares obligatorios que siguen reglas
análogas.

En la actualidad, en el ámbito nacional, la ley 24830 Ver Texto, modificando el art. 1117 Ver
Texto del Código Civil, ha instituido un seguro obligatorio a cargo de los "propietarios de
establecimientos educativos privados o estatales", que cubra la responsabilidad civil emergente
de "daños causados o sufridos" por sus alumnos menores cuando se hallen bajo el control de
la autoridad educativa, salvo caso fortuito. Esta obligación no comprenderá a los
establecimientos de nivel terciario o universitario.

Lo cierto es que la norma se limita a implantar dicha obligación, pero sin indicar montos ni
condiciones a las que deberá sujetarse ese seguro, lo que lleva a pensar que será motivo de
reglamentación en tal sentido por la Superintendencia de Seguros de la Nación u otra autoridad
que corresponda. No obstante, es de destacar que la ley no ha indicado cual será la autoridad a
cargo de tal reglamentación.

118
Dentro de los seguros colectivos obligatorios de personas, se pueden citar, entre otros: el
seguro colectivo de vida obligatorio del decreto 1567/74 , cuya nueva reglamentación se
efectuó por resolución 26871 de la Superintendencia de Seguros de la Nación; seguro de vida
obligatorio para las tripulaciones de embarcaciones de pesca (ley 16517 Ver Texto), regulado
por la resolución 26856 , S.S.N.; seguro de vida obligatorio para trabajadores rurales (ley 16600
Ver Texto), regulado por la resolución 26497 , S.S.N.

(202) Ese régimen establece que el personal amparado por este seguro llenará, al notificarse de
su designación, una ficha individual de incorporación que quedará en poder de la repartición a
la cual pertenece, que únicamente deberá ser remitida al asegurador en caso de producirse la
baja del agente por jubilación o retiro, o de denunciarse el fallecimiento o incapacidad total o
permanente. Aunque el agente desempeñe varios cargos en la Administración pública no
deberá llenar más de una ficha, que tendrá carácter de declaración jurada y deberá ser
certificada por funcionario autorizado (art. 9 Ver Texto).

(203) Menciona entre ellas las siguientes: asfixia o intoxicación por vapores o gases, asfixia por
inmersión u obstrucción en el aparato respiratorio que no provenga de enfermedad;
intoxicación o envenenamiento por ingestión de sustancias tóxicas o alimentos en mal estado
adquiridos en el local o campo deportivo; quemaduras de todo tipo producidas por cualquier
agente, salvo las derivadas de los rayos solares; el carbunclo, tétanos u otras infecciones
microbianas o intoxicaciones, cuando sean de origen traumático, rabia, luxaciones articulares y
distensiones, dilaceraciones y rupturas musculares, tendinosas y viscerales -excepto lumbalgias,
várices y hernias- causadas por esfuerzo repentino y evidentes al diagnóstico, etc. (cláusula 6,
condiciones generales de la póliza).

(204) Aunque quizá pueda pasar inadvertido, lo cierto es que, tal como lo definen dichas
condiciones generales de la póliza, el "tomador" es aquí la entidad deportiva que contrata el
seguro, y "asegurados" son los espectadores, quienes, por otra parte, pagan la prima (cláusula
9). Por consiguiente, estamos ante un seguro de personas, contratado por un tomador -el
organizador del espectáculo-, y es "asegurado" el espectador, que además, repetimos, es quien
lo paga. Por consiguiente, a nuestro juicio, este seguro no impide al que hubiere sufrido un
accidente y percibido el importe que correspondiere, según esta cobertura, formular asimismo
reclamación a quien resulte responsable de sus lesiones o perjuicios de que se trate, aunque
fuere el tomador, ya que así resulta de la índole de la cobertura, que no posee carácter
indemnizatorio sino que responde a otros principios. Es por tal motivo como el art. 80 Ver
Texto, LS., último párrafo, impide la subrogación del asegurador, propia de los seguros de
indemnización.
La naturaleza de seguro "de personas", que corresponde a esta cobertura, se ve confirmada por
otras normas: p.ej., la cláusula 14, in fine, de las condiciones generales, que para los casos de
muerte somete el régimen a aplicar a los beneficiarios a lo establecido por los arts. 145 Ver
Texto y 146 Ver Texto de la ley 17418; otro tanto ocurre con la cláusula 22, que en materia de
prescripción repite la norma del art. 58 Ver Texto, último párrafo, de la citada ley; etc.

119
(205) Las condiciones de póliza a las cuales nos venimos refiriendo crean una curiosa figura
jurídica: la del acompañante, a quien la cláusula 11 le impone cargas. El carácter sintético de
esta referencia impide analizar más profundamente sus características, pero indudablemente
presenta una marcada ambig edad.

(206) Estos fundamentos alegados en la resolución difieren de otras invocaciones efectuadas


con motivo "del proceso de desregulación de elementos contractuales utilizables por las
entidades aseguradoras", en las cuales el organismo sostuvo que "no cabe ya el conceder a las
aprobaciones el carácter de uniformidad", salvo cuando "las particularidades de una cobertura,
su desarrollo y la protección de los intereses involucrados lo justifiquen de manera
excepcional" (ver, p.ej., los considerandos de la resolución 27033/99 ).
Pensamos que esa libertad en la confección de los elementos contractuales, adoptada como
regla, no favorece, en los riesgos de amparo habitual, la misión y funciones del ente de control,
y es susceptible de producir una suerte de anarquía normativo-contractual que resulte
perjudicial para el mercado. Consideramos que el ente ha invertido la valoración: lo que debe
ser excepcional es el apartarse de los modelos generales de la rama, que se supone han sido
evaluados adecuadamente (arts. 23 Ver Texto, 24 Ver Texto y concs., ley 20091), y esa
modificación sólo se justifica cuando motivos de novedad de la cobertura o razones
funcionales debidamente acreditadas lo tornen necesario (ello, sin perjuicio de algunas
particularidades o variantes que se puedan introducir en el amparo propuesto). Es que la
uniformidad permite un mayor conocimiento de las coberturas por parte de los asegurados e
intermediarios, y el aprovechamiento de la interpretación que de tales condiciones
contractuales vayan efectuando los pronunciamientos judiciales.

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43. El contrato de reaseguro.

Cabe definirlo con Bruck como el seguro que, mediante una obligación de reembolso, cubre al
asegurador contra una carga patrimonial proveniente de los contratos de seguro que celebró
(207) . Es con este alcance como el art. 159 Ver Texto dispone que "el asegurador puede, a su
vez, asegurar los riesgos asumidos".

Son múltiples las definiciones propuestas por los autores. Entre otras:

"Es un contrato por el que una empresa que ejerce esa clase de negocios se obliga, mediante
una compensación hacia una empresa de seguros, a proveerle o a reembolsarle en todo o en

120
parte las sumas que deberá pagar en virtud de un contrato de seguro" (Persico, nº 72, ps. 108-
9).

"El reasegurador se obliga por una compensación a reembolsar, en todo o en parte, la


prestación que este último, en su calidad de asegurador, hizo al asegurado en base al contrato
originario de seguro" (Hermann-Dorsfer, cit. por Persico, p. 109, nota 1).

"Es una operación por la que un asegurador, llamado reasegurado, obtiene que un
reasegurador garantice todo o parte de los riesgos que ha cubierto, mediante el pago de una
prima" (Hémard, II, nº 600).

"Es el contrato por el que el asegurador trasfiere a un reasegurador, total o parcialmente, el


riesgo asumido, mediante el pago de una prima" (Lepargneur, nº 1367).

"En virtud de este contrato de seguro, un tercero (reasegurador) toma sobre sí, en todo o en
parte, mediante una prima convenida, el riesgo y la indemnización eventual a cargo del
asegurador reasegurado" (Segovia, nota 1822).

"Es un contrato en el cual el asegurador se obliga a indemnizar al asegurado la cantidad en que


uno o varios seguros, en los que actúa como asegurador, le obliguen a desembolsar"
(Malagarriga, nº 184).

"El reaseguro es un seguro contra el nacimiento de una deuda" (Donati, Trattato, III, nº 789).

"En virtud de este contrato, el asegurador primitivo hace a su vez asegurar por el reasegurador
el siniestro sobre el que ha versado el primitivo contrato" (CCom., 9/9/1916, GF 4-86. Con
mayor exactitud científica, expresó en un fallo anterior que su objeto es el pago que debe el
asegurador: 20/6/1895, Fallos 45:267).

La Corte Suprema de la Nación también admite que se trata de un contrato de seguro:


3/4/1926, GF 61-327 y JA 19-632.

La Cámara Federal de la Capital, 4/12/1936, JA 56-730, enuncia este concepto anacrónico:


tiene por objeto directo e inmediato asegurar las mismas cosas aseguradas, aunque
indirectamente cubra el patrimonio del asegurador.

Es un contrato independiente del de seguro, que le sirve de presupuesto (arts. 159 Ver Texto y
160 Ver Texto, frase inicial):

121
a) Se origina -o tiene su fuente, si se prefiere- en un acuerdo contractual independiente (art.
159 Ver Texto).

b) Se desenvuelve entre distintos sujetos (art. 160 Ver Texto).

c ) Tiene modalidades propias, que nacen del contrato: su celebración o extinción no influye
sobre el de seguro.

Mas esta independencia no es absoluta, ya que el reaseguro presupone el seguro, porque si el


asegurador no celebra el contrato de seguro no tiene interés asegurable. Esto crea la
interdependencia entre los contratos (208) , concretada en la expresión corriente en la práctica
aseguradora: "El reasegurador sigue la suerte del asegurador en todo lo no previsto por la ley o
las partes".

Debe ser distinguido del coseguro: el coseguro es el celebrado por el asegurado


simultáneamente con más de un asegurador sobre el mismo riesgo; esto es, supone pluralidad
de seguros, requiere el consentimiento del asegurado; en caso de siniestro, supone
multiplicación de liquidaciones, etc. (209) : está previsto, en relación con la emisión de la
póliza, en el art. 11 Ver Texto, in fine, y respecto de la liquidación y responsabilidad le son
aplicables las reglas de los párrs. 2º y 3º del art. 67 Ver Texto.

44. Caracteres.

Es un contrato oneroso, consensual, aleatorio, de ejecución continuada (210) .

La prima y las condiciones pueden ser distintas de las del contrato de seguro.

Impone a las partes las mismas obligaciones y cargas que el contrato de seguro (211) ; su
ejecución se regula por la norma del art. 162 Ver Texto: "[. . .] se rige por las disposiciones de
este título (II, de escasos cuatro artículos) y las convenidas por las partes", y la regla proverbial
en la materia, de que el "reasegurador sigue la suerte del asegurador". Negocio esencialmente

122
internacional -aun en nuestro país, en el cual rige el monopolio del Inder-, las condiciones para
el reasegurador no pueden derivar de la multitud de legislaciones particulares (212) .

El riesgo cubierto es distinto del correspondiente al seguro, porque consiste en la consecuencia


patrimonial para el asegurador (213) . El reasegurador debe examinar las condiciones del
seguro antes de aceptarlo: posteriormente no puede aducir nada sobre el punto (214) .

El interés del asegurador radica en el daño resultante de la ejecución del contrato de seguro
(215) .

Las reglas que gobiernan el seguro, especialmente en lo que se refiere a la liquidación del daño,
se consideran indirectamente, y podrán ser invocadas por el reasegurador sólo en la indagación
de la regularidad de la liquidación de la indemnización: el reasegurador sigue la suerte del
asegurador (216) .

Si bien nada se opone al reaseguro total, la retención de una parte del riesgo por el asegurador
es muy importante, porque hace necesaria la fiscalización y selección de los riesgos: su función
es idéntica a la reserva de una cuota del riesgo a cargo del asegurado (217) . Justamente, la
posibilidad del reaseguro total o con una retención mínima por el asegurador fomentaría la
antiselección de los riesgos y trasformaría a los aseguradores en meros corredores de seguros.

A su vez el reasegurador debe fijar su pleno y retroceder el excedente por otro contrato de
reaseguro (218) (que en la práctica se llama "de retrocesión"), y por ende sujeto a las mismas
reglas del reaseguro (art. 159 Ver Texto, 2º párr.).

El contrato es único: no cabe admitir clasificaciones sobre la base de las distintas ramas a que
se aplica (219) .

El reaseguro no crea ningún vínculo entre el asegurado y el reasegurador (art. 160 Ver Texto).

123
La ley le dedica el título II, integrado por cuatro artículos (arts. 159 Ver Texto a 162 Ver
Texto), que se limitan a establecer tres principios fundamentales en esta materia (220) :

a) la desvinculación de los contratos de seguro y de reaseguro (art. 160 Ver Texto);

b) el privilegio del asegurado sobre el saldo adeudado por el reasegurador, y forma de


calcularlo (arts. 160 Ver Texto y 161 Ver Texto);

c) la aplicación preponderante de las normas contractuales, con apartamiento de las contenidas


en el título I, sobre el contrato de seguro (art. 162 Ver Texto), que sólo se aplican
supletoriamente.

El comercio del reaseguro agrega el principio ya señalado: el reasegurador sigue la suerte del
asegurador.

45. Formas de contratación: reaseguro individual; tratados generales facultativos y obligatorios


(221)

Originariamente se celebraba por contratos individuales; es decir, se pactaba para cada contrato
de seguro, y se lo llamaba particular.

Actualmente esta forma es utilizada con menor frecuencia. Ha sido reemplazada por los
contratos generales (también llamados tratados o reglamentos), los cuales pueden ser
obligatorios o facultativos, por cuota o participación, y de excedente.

El reaseguro particular es empleado aun para cubrir riesgos excepcionales o que no forman
parte del objeto normal de la empresa aseguradora, o para riesgos excluidos del tratado general,
o para riesgos agravados. Existe "cuando el asegurador, después de la celebración de un
determinado contrato de seguro o de un número determinado de pólizas, celebra a su vez un
contrato de reaseguro por todo o parte del riesgo asegurado" (222) .

124
Entre sus muchos inconvenientes tiene el de dejar al asegurador en descubierto por un cierto
lapso, salvo que se celebre simultáneamente. Es menester que el asegurador se cubra en el
instante mismo que asume el riesgo, lo cual se obtiene automáticamente con el tratado general,
que es "la obligación asumida por el reasegurador de mantener indemne al reasegurado por las
pérdidas y daños derivados de los riesgos asumidos o a asumir de una categoría determinada,
pero indeterminados en la especie y número, dentro de un plazo dado" (223) .

En el tratado general el riesgo comienza para asegurador y reasegurador simultáneamente (o


con la declaración de alimento, si así se posterga). La extensión de la responsabilidad del
reasegurador depende del contrato: se puede determinar con una cifra, o con una fracción o
cuota, o parte de ésta (224) .

El tratado general puede ser:

a) facultativo para ambas partes: el reasegurado tiene la facultad de reasegurar y el reasegurador


de rechazar el riesgo en un plazo dado. Tiene el inconveniente de que permite al reasegurador
seleccionarlos riesgos más graves u onerosos, y para el reasegurado la incertidumbre de la
aceptación. Más bien que un tratado general, es un acuerdo para fijar las condiciones a que se
sujetarán los contratos particulares (225) .

b) obligatorio para una de las partes: sólo una de las partes está obligada a reasegurar. Agrava
los inconvenientes apuntados (226) .

c) general o recíprocamente obligatorio: es el más ventajoso, porque cubre plenamente al


asegurador -o por lo menos desde que formula la declaración de alimento- y da al reasegurador
gran cantidad de negocios, en la cual los buenos compensan los malos (227) .

Admite a su vez varios subtipos, según la extensión del reaseguro:

1) De cuota: por el cual cubre una cuota de los negocios. Es técnicamente criticable porque no
cubre el excedente del pleno; es más bien un fraccionamiento del riesgo (228) .

125
2) De exceso: cubre cuanto excede del pleno, para determinada especie o grupo de riesgos,
conforme a los límites indicados en los mismos contratos, llamados tablas de prioridad.
Admite diversas combinaciones (229) .

3) El "reinsurance cover": caracterizado por su duración breve y la limitación de la especie de


los riesgos asumidos. Se utiliza en Inglaterra para el seguro marítimo, y admite las variantes de
los tratados generales (230) .

En el reaseguro obligatorio la aplicación se hace mediante un bordereau, llamado declaración


de alimento, que se produce periódicamente, que contiene todos los detalles del seguro (prima,
monto, riesgo, etc.), con la cláusula de que cualquier error no afecta al reaseguro. Éste se sujeta
a las condiciones de la póliza originaria. Cualquier modificación debe comunicarse al
reasegurador, pero un olvido no afecta la cobertura (231) . No se le aplican las reglas de la
reticencia: cualquier mal cumplimiento sólo da derecho al resarcimiento de los daños, o a la
rescisión si concurre culpa grave o dolo (232) .

46. Reaseguro de "excess loss".

También se practica, especialmente en los países anglosajones, una operación llamada


reaseguro de excess loss: consiste en el reaseguro de los seguros en determinada rama, en
cuanto los siniestros exceden de una suma dada o porcentaje total. Se asemeja al reaseguro de
segundo riesgo (233) , pero se distingue en que éste se contrata para cada seguro, y aquél es
global, con una prima fijada … forfait (234) . (Cuando se refiere a la pérdida del ejercicio, se
denomina de stop loss.)

Tiene diversas ventajas: evita el registro de seguros y las declaraciones con su correspondencia
continua.

Pero las objeciones que se le han opuesto son muy importantes:

a) La prima se fija arbitrariamente, porque no hay bases para determinarla.

126
b) Las fortunas del asegurador y del reasegurador se disocian, pudiendo aquél ser llevado a
aceptar riesgos peligrosos o a tarifas bajas, o a ser generoso en las liquidaciones, sin que el
reasegurador pueda controlar esta política, porque su contrato no le da los medios necesarios
(esta dificultad se obvia con un pesado incremento de la prima cuando la pérdida excede de un
porcentaje determinado en el contrato).

c) El asegurador debe pagar la totalidad de los siniestros durante el año, y recién al finalizar el
ejercicio puede obtener el reembolso, con grave riesgo de su caja.

d) Y si el contrato llega a rescindirse en el curso de la ejecución, puede quedar en descubierto


peligroso (235) .

Estas características de su funcionamiento, especialmente su desvinculación del curso de los


contratos de seguro cuya suerte no le afecta, han llevado a negarle su carácter de reaseguro
(236) .

47. Naturaleza jurídica del reaseguro.

Es una clase de los seguros de la responsabilidad civil: se cubre el interés del reasegurado a la
conservación de su patrimonio (237) .

Otros autores han sostenido que se trata de un seguro de daños (238) . También se le atribuyó
el carácter de una sociedad en participación (239) .

Y no ha faltado quien sostenga la existencia de una cesión, en la extensión fijada en el contrato


y limitada en sus efectos a las partes (240) - (241) .

127
48. Distinción de la cesión de cartera.

El reaseguro se debe distinguir de la cesión de cartera. "La cesión de cartera es una trasferencia
cumulativa de contratos; por el contrario, el reaseguro es una asunción de riesgos" (242) .

El reaseguro es un negocio interno entre asegurador y reasegurador, sin ningún efecto para el
asegurado. La cesión produce el reemplazo del cedente en las relaciones con el asegurado (243)
.

En caso de duda se debe examinar los caracteres del contrato, y a veces la cesión se oculta tras
un reaseguro; pero se la reconocerá por la adquisición en propiedad de las reservas técnicas y el
mandato general para tratar con los asegurados (244) .

49 (a.1). El reaseguro en nuestro país.

Originariamente, hacia fines del siglo XIX, atento al desarrollo que iba adquiriendo el seguro
en nuestro país, se produjo un incipiente intercambio de excedentes entre empresas locales; en
tanto, la mayor parte de los reaseguros eran contratados en el extranjero. Posteriormente, hacia
1890 se funda en la ciudad de Rosario "La Reaseguradora Sudamericana", que sería la primera
constituida en el país. En los primeros años del 1900, una de las más importantes
reaseguradoras de ese momento (la "M nchener Ruck", alemana) estableció una empresa
subsidiaria en Buenos Aires con el nombre de "El Fénix Sudamericano Compañía de
Reaseguros S.A.", más tarde liquidada, por haber sido considerada "propiedad enemiga", hacia
fines de la Segunda Guerra Mundial. Asimismo, un grupo local había constituido "Coarfire",
entidad dedicada al reaseguro (245) .

Se dicta luego el decreto ley 15345/46 , regulatorio de la actividad aseguradora (246) , que
efectuaba la distinción entre aseguradoras argentinas y extranjeras, conforme a las ideas
vigentes en esa época, y establecía en favor de aquéllas la facultad de actuar en forma exclusiva
en la cobertura de riesgos del Estado nacional, de las provincias, de las municipalidades y de

128
los titulares de concesiones, permisos o franquicias otorgados por aquéllos; y también los
correspondientes a las importaciones y exportaciones cuando el riesgo del trasporte estuviera a
cargo de residentes en la Argentina. La infracción a esta norma y el aseguramiento en el
extranjero de personas, bienes o cualquier otro interés asegurable de jurisdicción nacional eran
penados con multa de hasta veinticinco veces el importe de la primas (arts. 12 Ver Texto y 13
Ver Texto). A las entidades extranjeras se les exigía ceder el 30% de las operaciones
contratadas en el país, en las condiciones originales.

El decreto creó, además, un ente reasegurador mixto, el Instituto Mixto Argentino de


Reaseguros (Imar), "entidad autárquica personalizada para la organización mixta del control y
distribución del reaseguro argentino", que tenía por objeto operar en reaseguros, a cuyo efecto
se establecía en su favor el monopolio de la actividad, con ciertas limitaciones (salvo los casos
en que dicho instituto "no pueda o no encuentre conveniente hacerse cargo del reaseguro") y
"dirigir la actividad del seguro en todo lo relativo a la absorción del seguro indirecto, proponer
la creación de nuevas ramas y asesorar al Poder Ejecutivo sobre la materia de su especialidad"
(art. 2 Ver Texto).

Dicha entidad estaba integrada por compañías argentinas (80% del capital) y el Estado nacional
(20%). Las compañías argentinas podían operar libremente entre sí, como cedentes y
cesionarias de reaseguros; pero el excedente de sus negocios sobre su propia retención, "que
no colocaren entre sí", se debía trasferir íntegramente al Instituto (art. 15 Ver Texto). Las
cesiones y excedentes que recibiera el Instituto, una vez fijada la propia retención, debía
ofrecerlas preferentemente a las compañías argentinas de seguro y, saturada la capacidad de
absorción de reaseguros de ellas, podía colocarlos "en compañías cuya dirección y capital no
estén radicados en el país o en mercados extranjeros" (art. 17 Ver Texto). Se expresaba que la
finalidad de la entidad no era utilitaria sino de protección del interés público del seguro y su
equitativa distribución entre las compañías argentinas, por lo cual no actuaría como
intermediario oneroso y debía abonar, por los excedentes y cesiones que recibía, comisiones y
retribuciones equivalentes a las que obtuviere por su colocación en plaza o en el extranjero; su
beneficio debía lograrlo del resultado industrial de su propia cartera y de las inversiones de
capital y reservas, y no estaba exento de tributos (art. 18 Ver Texto). Esta entidad comenzó a
funcionar en 1948.

Una vez asumido el poder por las autoridades constitucionales, el Congreso ratificó las normas
dictadas por el gobierno de facto mediante la ley 12988 (247) , aunque establecía en la temática
que analizamos ciertas modificaciones (248) .

En 1952 se sancionó la ley 14152 , que convirtió al Imar en una empresa del Estado: el
Instituto Nacional de Reaseguros (Inder), lo cual implicó que dejaran de operar en esa
actividad las entidades privadas que antes formaban parte del ente mixto (Imar). El decreto

129
10073/53 Ver Texto estableció el Estatuto Orgánico del Inder y, por decreto 10307/53 , el
texto ordenado de la ley 12988 , antes mencionado (249) .

El Instituto Nacional de Reaseguros (Inder) por varias décadas tuvo a su cargo el manejo del
reaseguro en nuestro país en forma monopólica.

Su régimen fue establecido por el citado decreto 10073/53 Ver Texto, dictado en mérito a la
delegación de facultades contenida en la ley 14152, art. 2 .

Según este decreto, el Inder:

a) funcionaba como empresa del Estado, dependiente del entonces Ministerio de Hacienda de
la Nación, "para la organización del control y distribución del reaseguro argentino" (art. 1);

b) ejercía el monopolio del reaseguro en el país (art. 3 Ver Texto, inc. a), y al efecto las
compañías argentinas debían cederle la totalidad de su excedente de retención (art. 4 Ver
Texto) ; a su vez, las sucursales y agencias de empresas no constituidas en el país debían
cederle no menos del 30% del excedente al costo originario, y el resto -en la medida que
determinara el Inder- en las mismas condiciones que las compañías nacionales (art. 5 Ver
Texto);

c) los excedentes de los reaseguros que recibía los ofrecía, a su vez, preferentemente a
empresas radicadas en el país (art. 6 Ver Texto). A ese efecto creó un pool de aseguradores, a
quienes efectuaba retrocesiones en proporciones predeterminadas.

d) cuando, por cualquier razón, decidía no reasegurar, podía autorizar a reasegurar


directamente en el extranjero (art. 6 Ver Texto); y en aquellas ramas en que no actuaba podían
los aseguradores reasegurar libremente en compañías argentinas o extranjeras (art. 8 Ver
Texto). Esta disposición, en realidad, contradecía lo dispuesto por el art. 7 de la ley 12988, que
dispuso la liquidación de entidades reaseguradoras privadas; de ahí que el proyecto de ley de
empresas de seguros, en su art. 93 Ver Texto, disponía su derogación para permitir el
reaseguro por compañías argentinas o extranjeras autorizadas, en los supuestos en que, según
el régimen del decreto orgánico del Inder fuera legítimo hacerlo. No obstante, la ley 20091 Ver
Texto no reprodujo esta norma.

Posteriormente, la ley 21678 Ver Texto sometió al Inder al régimen de las sociedades del
Estado (250) .

130
Ante los problemas, especialmente económicos, surgidos de su operatoria, por resolución
412/89 de la S.S.N. se autorizó a las aseguradoras de plaza a reasegurar libremente el 40% de
sus excedentes. Como la situación se fue agravando, el decreto 1615/91 Ver Texto declaró
sujeto a privatización al Inder, ad referendum del Congreso Nacional; pero más tarde, por
decreto 171 Ver Texto, del 23/1/1992, se dispuso directamente la disolución y liquidación del
Inder, y para atender los pasivos de dicha institución se recurrió al impuesto interno sobre las
primas.

Se llega así a un régimen de reaseguro libre. Las resoluciones 21099 y 21193 , S.S.N. (t.o. por
circular 2546/91), determinaron los requisitos que debían observar quienes quisieran actuar
como reaseguradores en nuestro país. Posteriormente, la resolución 23881 , del 10/5/1995,
efectuó un reordenamiento de las normas contenidas en las dos resoluciones precedentemente
mencionadas, para realizar así una regulación integral de la actividad reaseguradora, que fue a
su vez continuada por la resolución 24805 del 13 de setiembre de 1996; compendia dicha
resolución, las 24120 y 24686 , y la circular 3370, las cuales deroga (art. 21), pero constituyendo
un texto ordenado de ellas.

49 (a.2). Reglamento de la actividad reaseguradora.

1. Entidades reaseguradoras nacionales. En su art. 1, la resolución 24805 dispone que podrán


ser autorizadas para aceptar operaciones de reaseguro las siguientes entidades:

a) las sociedades anónimas, cooperativas y mutualidades nacionales que tengan por objeto
exclusivo operar en reaseguros;

b) las sucursales o agencias que se establezcan en la República Argentina de entidades de


reaseguro extranjeras, o agrupaciones de éstas que operen en su propio país;

c) las sociedades anónimas, cooperativas y mutualidades nacionales, las sucursales o agencias


de sociedades extranjeras y los organismos y entes oficiales o mixtos, nacionales, provinciales o
municipales, que se hallen autorizados para la práctica del seguro directo en la República
Argentina, en los mismos ramos a los cuales corresponda aquella autorización.

Dichas entidades deberán reunir las condiciones previstas en el art. 7 Ver Texto de la ley 20091
(requisitos para su autorización), y ajustarse, en materia de capitales mínimos, a lo que

131
disponen los puntos 30.1.2 y 30.1.4 de la resolución general 21523 .

Se entenderá por persona jurídica nacional toda sociedad constituida y domiciliada en la


República Argentina (art. 19 , resolución 24805).

1.1. Inscripción. Una vez otorgada la autorización para operar, la Superintendencia de Seguros
inscribirá la entidad en el registro respectivo en calidad de reaseguradora. Para las
comprendidas en el inc. c del art. 1 Ver Texto (aseguradoras autorizadas también para la
práctica del seguro directo en la República Argentina), la inscripción se limitará a una anotación
en su folio de origen.

1.2. Obligaciones. Las reaseguradoras deberán entregar a sus cedentes, dentro de los treinta
días de iniciada su vigencia, los contratos de reaseguro o, en su defecto, las notas de cobertura
que documenten las operaciones celebradas; en este último caso, el contrato respectivo deberá
ser entregado dentro de un plazo máximo de seis meses de iniciada su vigencia, con la
aceptación de todos los reaseguradores participantes (art. 3 Ver Texto, inc. d). Asimismo, las
entidades reaseguradoras informarán a la Superintendencia: 1) los siniestros mayores de u$s
100.000 (cien mil dólares estadounidenses) rechazados por la reaseguradora; 2) las anulaciones
o rescisiones de los contratos de reaseguro celebrados, dentro de los treinta días de producidas;
3) cualquier variación en la política de suscripción o decisión que reduzca las condiciones de
cobertura del seguro directo o afecte el normal cumplimiento de los contratos celebrados con
aseguradoras del mercado argentino, y comunicarla dentro de los treinta días; 4) cualquier
modificación introducida al estatuto social, acompañada de copia auténtica y legalizada de los
documentos en que ésta conste, dentro de los 30 días de aprobada la modificación; 5) cualquier
variación que experimente la entidad con relación a los antecedentes acompañados a los fines
de la inscripción; 6) cualquier otra información que la Superintendencia le requiera sobre los
contratos de reaseguros suscritos (art. 3 Ver Texto, incs. a, b, c y e).

1.3. Cancelación. La Superintendencia de Seguros podrá, por resolución fundada, cancelar la


inscripción de las reaseguradoras nacionales que no cumplan con los requisitos exigidos en el
art. 2 Ver Texto o con las obligaciones del art. 3 de dicha resolución 23881.

2. Reaseguradoras extranjeras. En cuanto a las reaseguradoras extranjeras, podrán ser


habilitadas para aceptar operaciones desde su país de origen si están autorizadas a tal efecto en
ese país y siempre que reúnan los siguientes requisitos: a) acreditar que se hallan legalmente
constituidas para reasegurar riesgos cedidos desde el exterior, con indicación de la fecha de
iniciación de las operaciones; b) acreditar que la legislación vigente en el país de origen les
permite cumplir con los compromisos, derivados de los contratos de reaseguros, en el exterior
y en moneda de libre convertibilidad; c) acreditar con informe de auditor externo que cuentan
con un patrimonio neto no inferior a u$s 30.000.000 (treinta millones de dólares
estadounidenses); d) presentar balances y estados de resultados de los últimos cinco ejercicios
con el respectivo dictamen de auditores externos; e) designar un apoderado con amplias

132
facultades administrativas y judiciales, incluso para ser emplazado en juicio, quien deberá
constituir domicilio en la Capital Federal, en el cual valdrán todas las notificaciones (art. 5 Ver
Texto).

2.1. Inscripción. Una vez otorgada la habilitación para operar, la Superintendencia de Seguros
procederá a inscribir a la entidad, en calidad de reaseguradora, en el registro respectivo.

2.2. Obligaciones. Son obligaciones de las entidades reaseguradoras extranjeras: a) presentar


anualmente, junto con el balance del último ejercicio económico, un informe emanado de
auditor independiente o de la autoridad de control del país de origen, mediante el cual acredite
el patrimonio neto mínimo exigido para operar; y acompañar una declaración jurada, efectuada
por su mandatario, de que se mantienen las restantes condiciones exigidas para obtener la
inscripción; b) comunicar el cambio del mandatario designado o la modificación del mandato,
dentro de los treinta días, remitiendo copia del nuevo poder; c) comunicar dentro de los treinta
días cualquier variación que experimente la entidad con relación a los antecedentes
acompañados a la inscripción; d) comunicar cualquier modificación al estatuto social, dentro de
los 30 días de aprobada la modificación; e) comunicar, dentro del mes, cualquier sanción que le
hubiere sido impuesta por la autoridad competente en el país de origen u otros en los cuales
opere; f ) informar, dentro de los treinta días, las anulaciones y rescisiones de contratos de
reaseguro celebrados, y los siniestros superiores a u$s 100.000 rechazados por la reaseguradora;
g) remitir cualquier información que la Superintendencia de Seguros le requiera sobre los
contratos de reaseguros suscritos; h) entregar a sus cedentes, dentro de los treinta días, los
contratos de reaseguro o las notas de cobertura que documenten las operaciones; en este
último caso, los contratos de reaseguro deberán ser entregados dentro del plazo máximo de
seis meses de iniciada su vigencia, con la aceptación de todas las reaseguradoras participantes; i)
informar cualquier variación en la política de suscripción y/o toda otra decisión que reduzca
las condiciones de cobertura del seguro directo que afecte el normal cumplimiento de los
contratos celebrados con entidades aseguradoras del mercado argentino, dentro de un plazo de
30 días (art. 6 Ver Texto).

2.3. Cancelación. Según el art. 7 Ver Texto, por resolución fundada, la Superintendencia de
Seguros podrá cancelar la inscripción en el registro de las entidades reaseguradoras extranjeras
que no cumplan con los requisitos exigidos en el art. 5 Ver Texto, o con las obligaciones
establecidas en el art. 6 Ver Texto.

3. Reaseguros pasivos. Las entidades autorizadas para operar en seguros en el país podrán
también suscribir contratos de reaseguro pasivo con entidades reaseguradoras extranjeras que
realicen sus operaciones desde su sede central y que no se hallen habilitadas conforme al art. 5
Ver Texto, siempre que haya intermediado en la operación un corredor de reaseguro habilitado
(art. 8 Ver Texto).

Las entidades aseguradoras que celebren sus contratos de reaseguro pasivo del modo
establecido en el párrafo anterior deberán acreditar, a la fecha de tales contratos, calificación

133
actualizada de las reaseguradoras intervinientes, efectuada por alguna de las calificadoras
internacionales de empresas que dicha resolución indica.

4. Intermediarios de reaseguros. Podrán actuar como intermediarios de reaseguros las personas


físicas o jurídicas, nacionales o extranjeras, que cumplan los siguientes requisitos: a) acrediten,
mediante copia completa de la póliza, certificada por escribano público, que han contratado un
seguro por un monto no inferior a u$s 1.000.000 (un millón de dólares), suma asegurada que
deberán mantener durante toda la vigencia de la póliza, para responder por el correcto y total
cumplimiento de todas las obligaciones emanadas de su actividad de corredor de reaseguros en
la República Argentina, como consecuencia de los perjuicios que por errores u omisiones
pueda ocasionar a quienes contraten por su medio. Dicha póliza de seguro deberá estar emitida
en favor de la persona (física o jurídica) del intermediario y permanecerá vigente hasta la
extinción de las obligaciones contraídas como corredor. Asimismo, cada renovación deberá ser
comunicada al ente de control. Si la emisora de la póliza es una entidad extranjera que no tenga
sucursal o agencia en la República Argentina, será necesaria la aprobación previa de la
Superintendencia de Seguros. En estas pólizas no se admitirán franquicias superiores a u$s
50.000; b) presentar declaración jurada del intermediario o de su representante legal, en la cual
se compromete a colocar los reaseguros con que intermedie en reaseguradoras que puedan
pagar las sumas que adeuden en moneda de libre convertibilidad; c) en caso de personas
jurídicas nacionales, deberán, además, remitir copia auténtica de los estatutos y de la escritura
de constitución social; d) cuando se trate de personas jurídicas extranjeras, éstas deberán,
además: 1) acompañar certificado actualizado, emitido por la autoridad competente del país de
origen del solicitante, que acredite que se halla constituido legalmente en él y puede intermediar
en riesgos cedidos desde el extranjero, con indicación de la fecha desde y hasta la cual se halla
autorizado para intermediar los ramos o riesgos en los cuales esté facultada para actuar; 2)
designar un apoderado, con amplias facultades administrativas y judiciales, e incluso para ser
emplazado en juicio, quien deberá constituir domicilio en la República Argentina, y en el cual
valdrán todas las notificaciones (art. 9 Ver Texto).

4.1. Inscripción. Una vez acreditado el cumplimiento de estos requisitos, se inscribirá a los
intermediarios en el registro que a tal efecto lleva la Superintendencia de Seguros.

4.2. Obligaciones. Son obligaciones de los intermediarios de reaseguros:

1) proporcionar a la Superintendencia de Seguros cualquier información que ésta les solicite


sobre los contratos de reaseguros en los cuales hubiesen intermediado;

2) entregar a las reaseguradoras cedentes, dentro de un plazo máximo de treinta días contado
desde la iniciación de la vigencia, los contratos de reaseguros correspondientes a su gestión o,
en su defecto, las notas de cobertura que documenten tales operaciones, caso éste en el cual
deberán entregar el contrato respectivo dentro de los seis meses, con la aceptación de todos los
reaseguradores participantes;

134
3) informar a la Superintendencia de Seguros las anulaciones o rescisiones de los contratos de
reaseguros en los cuales hubieren intermediado, dentro de los treinta días de producidas.
Asimismo, informarán al ente de control, dentro del mismo plazo, los siniestros superiores a
u$s 100.000 rechazados, correspondientes a los contratos en los cuales intermediaron.

4) comunicar a la Superintendencia de Seguros cualquier sanción que les hubiere sido impuesta
por la autoridad competente del país de origen u otros en los cuales operan, dentro del mes de
aplicada aquélla;

5) prestar asesoramiento técnico a sus clientes y obtener coberturas adecuadas a los intereses
de ellos;

6) actuar de conformidad con las normas legales y reglamentarias que regulan el reaseguro;

7) actuar con la debida diligencia y cuidado en la elección de los reaseguradores, especialmente


en cuanto a su capacidad técnica y patrimonial, así como en la oportuna remesa de fondos;

8) proporcionar al asegurador toda la información disponible sobre el reasegurador al cual se


cederán los riesgos mediante el reaseguro contratado;

9) informar, dentro de los treinta días, cualquier variación en la política de suscripción y toda
otra decisión de las empresas reaseguradoras con las cuales intermedien que afecten el normal
cumplimiento de los contratos celebrados con entidades aseguradoras del mercado argentino.

En relación con los intermediarios constituidos como personas jurídicas:

a) comunicar a la Superintendencia de Seguros, dentro de los treinta días, cualquier


modificación introducida al estatuto social, acompañada de copia auténtica y legalizada de los
documentos en que ella conste;

b) comunicar a la Superintendencia el cambio del mandatario designado o la modificación del


mandato otorgado a aquél, dentro de los treinta días, remitiendo copia del nuevo poder que se
hubiere conferido;

c) comunicar, dentro de los treinta días, cualquier variación que experimente la entidad en
relación con los antecedentes acompañados en la inscripción.

135
Asimismo, se establece que la falta de acreditación de que el intermediario ha renovado la
póliza requerida por el art. 9 Ver Texto, inc. a, del reglamento de la actividad reaseguradora,
resolución 23881/95 (esto es, la póliza que instrumenta el seguro que garantice que el
intermediario responderá por el correcto y total cumplimiento de todas las obligaciones
emanadas de su actividad de corredor de reaseguros en la República Argentina, como
consecuencia de los perjuicios que cause por sus errores u omisiones), será causal de
suspensión de la inscripción. Si tal omisión tuviere lugar durante un plazo de seis meses, será
cancelada la matrícula (art. 11 Ver Texto, resolución cit.). La Superintendencia de Seguros, por
resolución fundada, podrá cancelar la inscripción en el registro del intermediario que no
cumpla con los requisitos exigidos por el art. 9 Ver Texto, o con las obligaciones impuestas por
el art. 10 Ver Texto del reglamento en análisis (art. 12 Ver Texto).

5. Disposiciones generales. La Superintendencia de Seguros podrá exigir de los reaseguradores,


cuando lo estime necesario, otros antecedentes destinados a posibilitar la comprobación de la
solvencia de la entidad o corredor de reaseguros inscritos, como también la concurrencia de los
requisitos necesarios para inscribirse o permanecer inscrito en el registro correspondiente.
También podrá requerirles todos los elementos relativos a las operaciones que hubieren
realizado y la información que juzgare necesaria para la realización de sus funciones.

Los contratos de reaseguro deberán incluir una cláusula, para el supuesto de que la cedente
entre en liquidación forzosa o voluntaria, que establezca la obligación de la reaseguradora de
pagar directamente al liquidador los saldos que resulte adeudar eventualmente luego de la
compensación irrestricta de deudas recíprocas, con independencia de que la entidad haya
cumplido sus obligaciones con el asegurado o del estado de liquidación en que se halla (art. 15
Ver Texto).

Por otra parte, los contratos de reaseguro no podrán efectuar modificaciones retroactivas de
condiciones contractuales que puedan provocar variaciones en los niveles de reservas de la
cedente, ni sujetar la vigencia de los efectos del contrato de reaseguro a condición resolutoria
por falta de pago (se aclara en dicha norma que el término "condición resolutoria" se debe
entender con el alcance que surge del art. 553 Ver Texto del Código Civil argentino). En los
contratos en los cuales intervengan corredores de reaseguros no se podrá incluir ninguna
cláusula que limite o restrinja la relación directa entre la compañía de seguros y el reasegurador,
ni se les podrá conferir a dichos corredores poder o facultades distintos de aquellos necesarios
y propios de su labor de intermediario independiente en la contratación (arts. 16 Ver Texto y
17 Ver Texto).

Los contratos de reaseguro celebrados en violación de la resolución que reglamenta la actividad


no serán oponibles a la Superintendencia de Seguros para acreditar el cumplimiento de normas
legales o reglamentarias, ni se tendrán en cuenta para las relaciones técnicas de las entidades
cedentes. Tampoco serán oponibles los contratos de reaseguros celebrados con fecha posterior
a la constitución del pasivo por "siniestros pendientes" que impliquen deducciones a dicho

136
pasivo. Se considerará fecha de celebración la consignada en la comunicación a la
Superintendencia de Seguros de la Nación de conformidad a las normas vigentes.

Cuando se disponga la suspensión de la inscripción de una entidad reaseguradora o de un


corredor de reaseguros, no podrá el sancionado otorgar nuevas coberturas o intermediar en
ellas ni renovarlas, según el caso; su actuación queda limitada a la realización de las diligencias
necesarias para el cumplimiento de los contratos celebrados mientras estuvo vigente la
inscripción respectiva (art. 18 Ver Texto).

(207) Bruck, p. 76. Prefiero esta definición, porque fija la naturaleza jurídica de seguro de la
responsabilidad, que comparto. Ver Fernández, p. 452.

(208) Persico, nº 9, p. 19; Broseta Pont, ob. cit., ps. 155 y ss.

(209) Hémard, II, nº 600; Donati, Trattato, III, nº 790.

(210) Técnicamente se funda en los conocidos principios de que 1) cuanto mayor es el número
de riesgos homogéneos, tanto menor es el descarte posible; 2) la disparidad del valor de los
riesgos acentúa la trascendencia del descarte.

(211) Broseta Pont, ob. cit., p. 189.

(212) Persico, nros. 37, 38, 40; Donati, Trattato, III, nros. 791 y ss. Adde: Seeber, en JA 47-41,
secc. Doctrina; Rivarola, IV, p. 268; Vivante, Trattato, nº 1924, y Contratto, nº 120; Broseta
Pont, ob. cit., ps. 102, 122, 189, etc.
"El reaseguro participa de la naturaleza jurídica del seguro, y de los caracteres esenciales del
mismo, del que deriva directamente, sin el cual no tiene existencia posible y del que no puede [.
. .] considerarse independiente en sus constitutivos y antecedentes originarios" (Corte Sup.,
9/4/1926, JA 19-632).
Su contenido está dado por el contrato de seguro: su máximo se determina por el monto
asegurado y seguirá la suerte del seguro (reducción, rescisión, etc.: es nulo el convenio de pagar
también en estos casos). Pero cabe restringir el riesgo asegurado, y si no hay restricción expresa
se presume que coinciden los montos asegurados (Vivante, Trattato, nº 1925, y Contratto, nº
121).
El riesgo puede ser cuantitativa o cualitativamente distinto: Bruck, p. 78.

(213) Persico, nros. 42 y 45; Broseta Pont, ob. cit., p. 102.


La Corte Suprema ha resuelto que el objeto del contrato es un seguro (8/3/1934, JA 45-409).
Anotando el fallo, Enrique Díaz de Guijarro sostiene que se reaseguran las cosas aseguradas (!).
Afirma que es también así en la práctica, porque las pólizas imponen la denuncia del traslado
de las cosas aseguradas . . . (!!). Admite que su posición es objetable en los reaseguros globales.
Ésta no era una posición aislada en nuestro país. La C. Nac. Fed., 4/12/1936, JA 56-730,

137
sostuvo que el objeto directo e inmediato es asegurar las mismas cosas aseguradas. Una crítica
de este concepto primitivo y desprovisto de toda base jurídica resulta de lo expuesto en el
texto. Ver, además, Persico, nros. 43 y 44.

(214) C. Nac. Fed., 31/10/1934, JA 48-71. Sobre la reticencia, ver Broseta Pont, ob. cit., ps.
122 y ss.

(215) Persico, nº 50; Donati, Trattato, III, nº 794; Broseta Pont, ob. cit., p. 102.

(216) Persico, nº 88; Broseta Pont, ob. cit., ps. 183 y 189. Por eso el fallo de la sala A de la C.
Nac. Com., 21/3/1968, JA 1968-IV, nº 15.811, viola este principio.

(217) Persico, nº 77. La falta de denuncia de no conservar una parte del riesgo es reticencia. La
conservación de una parte es la regla: lo normal es que el asegurador reserve para sí el pleno, y
si no lo hace debe denunciarlo: Persico, nº 78.

(218) Ver Broseta Pont, ob. cit., p. 33; Besson y Picard, I, nº 68.

(219) La doctrina alemana tiende a separar el reaseguro de los seguros marítimos. Pero no
existe justificación, porque si bien depende de un seguro marítimo, no es un riesgo marítimo,
del mismo modo que el riesgo de la insolvencia de un asegurador marítimo no es un riesgo
marítimo (Persico, nº 71).

(220) Solari Brumana, en JA 1968-VI, ha criticado la ley por no haber legislado el contrato en
detalle, con olvido de su naturaleza jurídica de seguro -para el cual le rigen las reglas generales-
y de contrato de seguro de la responsabilidad civil.

(221) Ver una amplia enumeración de diversas prácticas contractuales en la materia, en Benítez
de Lugo, Reymundo, III, ps. 339 y ss.; Donati, Trattato, III, nros. 783 y ss.; Broseta Pont, ob.
cit., ps. 128 y ss.; De Larramendi, I. A., Clases de reaseguro, en "Riesgo y Seguro", 1950, p.
155; Lasheras-Sanz, Las diferentes modalidades de reaseguro de exceso de daños . . ., en
"Riesgo y Seguro", 1952, p. 203; Pr”ls, Standarizzazione dei contratti di riassicurazione, en
"Assicurazioni", 1949, 1, p. 101; Donati, eod. loc., 1944, 1, p. 1.

(222) Persico, nº 17; Bruck, p. 78; Besson y Picard, I, nº 69, ps. 131 y 132.

(223) Persico, nº 18; Vivante, Trattato, nº 1920; Bruck, p. 78.

(224) Persico, nº 25; Vivante, Trattato, nº 1920; Bruck, p. 78.


El tratado general (también llamado reglamento) es asimilable a la póliza flotante o de abono.
Cada declaración de alimento no constituye un contrato independiente, ni el tratado o
reglamento una promesa de contratar los seguros individuales (Persico, nº 62).

(225) Persico, nº 19. Para evitar que el asegurador se reserve los buenos riesgos y trasfiera los
malos, sólo se reasegura un porcentaje, debiendo declarar los riesgos en un plazo breve, de
observación esencial, porque es la única garantía que tiene el reasegurador (Vivante, Trattato,
nº 1923, y Contratto, nº 119).

138
(226) Persico, nº 20 y autores citados en nota 161.

(227) Persico, nº 21.


El riesgo comienza simultáneamente para ambos, y el retardo en la denuncia no excluye el
riesgo del reaseguro: el reasegurador se debe precaver, por otros medios, del peligro de que el
retardo se utilice para reservarse el riesgo bueno (Vivante, Trattato, nº 1923, y Contratto, nº
119).

(228) Persico, nº 24; Besson y Picard, I, nº 66.


Reduce los riesgos, pero no los iguala; de ahí que no suprima las desviaciones; incluye
contratos que pueden ser asumidos totalmente por el asegurador. No obstante, se emplea en
muchos casos: riesgos muy peligrosos; volumen escaso de negocios; reparto de riesgos entre
aseguradores de un mismo grupo; retrocesión (Besson y Picard, cit.).

(229) Persico, nº 25, y autores citados en nota 161.


Diversos autores estiman que éste es el verdadero reaseguro: Besson y Picard, por ejemplo, I,
nº 65. Tanto que Graziani juzga que sólo es reaseguro el que cubre el excedente del pleno y
por el riesgo no comprendido en la empresa, lo cual ha motivado una larga y fundada réplica
de Persico, ob. cit., nº 51.

(230) Persico, nº 22; Bruck, p. 78.

(231) Besson y Picard, I, nº 71. Pero la declaración se debe hacer efectivamente, para que el
reasegurador responda (Lordi, p. 827, nota 1). Los contratos prevén normalmente la forma de
fijar el excedente del pleno cuando el siniestro se produce antes de la declaración (Besson y
Picard, I, nº 72).
Broseta Pont, ob. cit., ps. 161 y ss., distingue la función según que el contrato sea obligatorio o
no; en el primer caso es una declaración de conocimiento o ciencia.

(232) Persico, nros. 80 y 83; Broseta Pont, ob. cit., p. 163.

(233) Se asume por el contrato cuando el siniestro excede de cierto monto; se utiliza respecto
del seguro de la responsabilidad civil (Besson y Picard, I, nº 67, p. 130).

(234) Picard, La réassurance en excédant de sinistres, en Études en honneur de H. Capitant, p.


613; Besson y Picard, I, nº 75.

(235) Picard, estudio citado en nota anterior; Besson y Picard, I, nº 76, y 2ª ed., II, p. 288.
Cabe dudar de que en esta práctica nos hallemos ante un auténtico reaseguro, y no ante un
seguro directo (contra: Besson y Picard, 2ª ed., II, p. 295).

(236) Picard, estudio citado en nota 172; Besson y Picard, I, nº 77.


El remedio utilizado, señalado sub b, quita fuerza a la objeción.
En lo que se refiere al contrato pool, utilizado en Alemania, no es un reaseguro, sino un
acuerdo entre aseguradores o reaseguradores, que establecen una oficina central única, reúnen
los riesgos y las primas, que soportan y gozan en la proporción pactada (Persico, nº 36, p. 49).

139
(237) Bruck, p. 77 y los autores que cita: Lordi, nº 661; Ferrarini, en "Riv. Dir. Comm.", 1934,
2, p. 35; Brunetti, en "Assicurazioni", 1938, 2, p. 197; Zavala Rodríguez, ob. cit., II, nº 1813;
Donati, Trattato, III, nº 789; Broseta Pont, ob. cit., ps. 41 y ss.
Broseta Pont distingue el seguro contra el nacimiento de una deuda (reaseguro, v.gr.) del
seguro de la responsabilidad civil (ob. cit., ps. 74 y ss.).
Ha sido negado por una doctrina muy autorizada:
Hémard sostiene que sólo hay responsabilidad cuando hay culpa y daño, lo cual no se da en la
ejecución normal de un contrato. Se trata -dice- de un seguro de recurso, tipo nuevo, que no
supone ninguna responsabilidad, y que se emplea para garantirse contra la ejecución de un
contrato (nº 601 ter). Lepargneur acepta estas razones (nº 1369).
Salandra le niega este carácter, porque si se comprende al seguro de vida hay un daño cierto y
se refiere a la ejecución de un contrato (en "Assicurazioni", 1934, 1, p. 318).
Viterbo se funda en que sólo hay responsabilidad cuando se violan las normas secundarias; en
cambio, en el reaseguro se cubre la deuda que nace por aplicación de la norma primaria,
asegurable porque es incierta (ob. cit., nros. 2 y 3, ps. 82 a 87. Conf.: Donati, Trattato, III, nº
789).
Persico aduce que "en el seguro de la responsabilidad civil existe una única asunción de un
riesgo directo: el del asegurado; en el reaseguro se trata del riesgo ajeno asumido por un tercero
(el asegurador), que constituye el riesgo asegurable" (ob. cit., nº 69; ver también nros. 70 y 72).
Todos estos autores aceptan que se trata de un seguro de intereses.
Su discrepancia radica en si el interés o el riesgo importa o no una responsabilidad civil, en el
concepto estricto enunciado por Viterbo.
La razón dada por Persico es inocua: existen contratos de la responsabilidad civil, de riesgos
ajenos voluntariamente asumidos por el asegurado; por ejemplo, el seguro voluntario de
accidentes del trabajo de obreros no amparados por la ley 9688 Ver Texto; de los pasajeros
trasportados; etc.
Los impugnantes olvidan cuál es la función del seguro de la responsabilidad civil: mantener la
indemnidad del patrimonio del asegurado contra las reclamaciones de terceros. La
responsabilidad contractual, aun por la ejecución de un contrato, no es ajena a esa función,
siempre que reúna los recaudos necesarios para considerarla un riesgo asegurable.
La circunstancia de que en el derecho de las obligaciones, estrictamente, se califique de
responsabilidad a la violación de las normas secundarias, no quita que en un concepto amplio
la responsabilidad incluya toda afectación del patrimonio por el cumplimiento de obligaciones,
de cualquier clase, que se asuman o por el incumplimiento de obligaciones contractuales o
legales (delitos y cuasidelitos).
Ver un autorizado examen de las diversas teorías propuestas, en Broseta Pont, ob. cit., ps. 51 y
ss.

(238) Ver autores citados en nota 175. Su réplica se hace en la nota anterior.
Persico sostiene que "es el mismo riesgo que se trasfunde en el asegurador y en el reasegurador
en cuanto concierne al hecho incierto que, hemos visto, es el vínculo entre los dos contratos"
(nº 69). ¿Aplicará también este criterio al reaseguro de los seguros personales?
Salandra -en "Assicurazioni", 1934, 1, p. 314- ha resucitado la noción clásica hoy abandonada:
"El asegurador asume sobre sí el riesgo de que están gravados los aseguradores originarios por
toda la parte a que se extiende el reaseguro; así como si él hubiese contratado directamente con
ellos, en vez y lugar del primer asegurador. Pero este riesgo no lo toma a su cargo a su
respecto, sino respecto del asegurador originario, con quien sólo entra en relaciones jurídicas".

140
La C. Nac. Fed. insiste en el viejo concepto de que se aseguran las mismas cosas aseguradas
(4/12/1936, JA 56-730). Posteriormente sostuvo que se trata de una fianza, confundiendo el
reaseguro con el reseguro del art. 501 Ver Texto, 3º párr., CCom. (29/4/1946, LL 42-658).

(239) Esta opinión se originó en Francia y pasó a Alemania, sostenida por Voigt y el Tribunal
Supremo. Ehrenberg admite que es un seguro cuando se reasegura la totalidad del riesgo; de lo
contrario existe sociedad, ya que ambas partes persiguen un fin común. Crémieu acepta esta
opinión (ver Persico, nros. 60 y 61).
Brunetti estima que coinciden un contrato de seguro y una sociedad en participación; su
régimen resultará de la opinión que se tenga sobre los contratos mixtos (en "Assicurazioni",
1938, 2, p. 199).
Es exacto que hay identidad de fines entre las partes, consistente en las utilidades, pero lo que
busca el asegurador es evitar el perjuicio por la realización del riesgo. El lucro por la diferencia
de primas no es el fin normal. Por ello su posición, análoga a la del seguro de la
responsabilidad civil, es antitética a la del reasegurador.
En la sociedad es menester que la utilidad sea común y se reparta proporcionalmente; en
cambio, en el reaseguro hay independencia de las utilidades, y una parte las obtiene en
detrimento de la otra: las utilidades de uno pueden corresponder a pérdidas en el otro. Sólo
hay identidad de intereses en la no realización del siniestro.
Además, no hay tal participación en las utilidades. La prima sólo es el precio del riesgo
asumido. Los gastos de liquidación representan el costo de un negocio cumplido en interés
común, por lo cual no se pueden calificar de contribución los gastos "sociales".
No hay participación en el riesgo de la empresa ni contribución a las pérdidas.
Sobre todas estas razones, ver Persico, ob. cit., nros. 59, 63, 64, 66 y 69; Viterbo, ps. 79 a 82;
Lordi, nº 663; Vivante, Trattato, nº 1922, y Contratto, nº 118.

(240) Moraglia, cit. por Persico, nº 57. De ahí la repercusión y los efectos que los actos
cumplidos en el seguro tienen en el reaseguro. Se funda esencialmente en la palabra "cesión",
empleada en el contrato por las partes.
Persico, nº 57, cit., ha refutado extensamente esta opinión:
a) La cesión trasfiere derechos y obligaciones, y realiza una sucesión singular sin crear nuevos
derechos y obligaciones.
b) La limitación a los efectos internos, sin notificación, olvida que el tercero cedido, que llegue
a conocerla, puede pagar al cesionario.
c ) Las partes no tienen intención de celebrar una cesión.
d) El asegurado no puede pagar la prima al reasegurador, ni éste exigirla.
e) La falta de pago de la prima o la insolvencia no repercuten sobre el reasegurador.
Ver, además, Salandra, en "Assicurazioni", 1934, 1ª parte, p. 317.

(241) También se le atribuyó la naturaleza de un mandato.


Basta pensar en la revocabilidad del mandato y en la responsabilidad hacia los terceros para
que toda la analogía superficial, deducida del funcionamiento del reaseguro, especialmente en la
liquidación del daño, se destruya. Se olvida que si bien la liquidación del daño cubierto
repercute en el reaseguro, por la relación entre ambos contratos, esa liquidación del seguro es
distinta de la que se cumple en el reaseguro. Omite considerar que cuando el asegurador liquida
el siniestro trata un negocio propio. Ver Persico, nº 56.
Segovia, nota 1777, y Malagarriga, Comentario, III, nº 136, afirman que se trata de una fianza,
opinión que parecen abandonar luego para adoptar el criterio de que es un seguro de daños

141
(nota 1822 y nº 186, respectivamente. Ver sobre la confusión con la fianza, C. Nac. Fed.,
29/4/1946, LL 42-658). El pensamiento de Malagarriga ha evolucionado, y en su Tratado
elemental, III, p. 390, afirma que es un seguro, accesorio de otro seguro, sin el cual no podría
subsistir.
Persico objeta con razón que el reaseguro no es un contrato accesorio; y el refuerzo de garantía
que significa es una consecuencia mediata e indirecta, extraña al asegurado (ob. cit., nº 55).
Hermannsdorfer opina que es un contrato parciario, que se da cuando alguien participa en la
producción económica de otro, que cooperó de algún modo a obtener el producto. No niega
que se trate de un contrato de seguro, pero con esa cláusula que cabe en una serie de contratos.
Persico ha negado el elemento parciario, porque éste requiere que las utilidades no sean
predeterminadas o predeterminables. Además, el reasegurador no participa en las utilidades del
asegurador, ya que la prima pagada no se puede considerar así, ni participa en el resultado de la
empresa del asegurador (ob. cit., nros. 67 y 68).

(242) Vivante, en "Assicurazioni", 1934, 1, p. 22.


Ver Besson y Picard, ob. cit., I, nº 64.
En la cesión total de cartera existe trasferencia del comercio: Donati, Trattato, I, nº 162.
La ley 20091 regula minuciosamente la operación y prevé el procedimiento con el propósito de
que resulte obligatorio para los asegurados y sus derechohabientes (arts. 46 Ver Texto y 47 Ver
Texto).

(243) Vivante, lug. cit.

(244) Vivante, lug. cit.; Besson y Picard, I, nº 64; Lordi, nº 661; Donati, Trattato, I, nº 161.
En el reaseguro global hay cesión de cartera: Donati, ob. cit., I, nº 161, nota 21, in fine. Ver
Papi, en "Assicurazioni", 1951, 1ª parte, p. 15.

(245) Fernández Dirube, Ariel, Evolución del reaseguro en la Argentina, comunicación


presentada ante las VIII Jornadas de Derecho de Seguros, Universidad de Morón, 1998.

(246) El proyecto estaba precedido de un informe del entonces ministro de Hacienda, Amaro
Ávalos, en el cual expresaba que se podía considerar satisfactoriamente tratado el aspecto de
policía del seguro mediante la creación de la Superintendencia de Seguros en 1937; pero en lo
referente a la economía del seguro no se había dado paso alguno de importancia para el
fortalecimiento de nuestro mercado interno, en el cual, por una falla de su organización, se
producía la consecuencia del desplazamiento de una gruesa cantidad de negocios de seguros en
favor de centros extranjeros, ya fuera tomando seguros directamente en el exterior o bien por
el gran número de reaseguros contratados en esas plazas o en entidades extranjeras que
funcionaban en el país. Se agregaba que el desplazamiento de operaciones representaba mucho
más que la simple traslación de un excedente que superase la capacidad de absorción de los
aseguradores del país. Por ello, proponía la creación de un instituto de reaseguros en el país, sin
perjuicio de proyectar una norma por la cual "en aquellos ramos en que el instituto no pueda o
no encuentre conveniente operar en la atención de sus reaseguros, autorizará a las compañías
aseguradoras argentinas a cubrir los mismos libremente en otras compañías del país o del
extranjero" (mensaje de elevación del proyecto, 24/5/1946).

142
(247) El art. 1 de esa ley expresaba: "Continuará en vigor con fuerza de ley a partir de la fecha
de su publicación el decreto 15345/46 sobre creación del Instituto Mixto Argentino de
Reaseguros".

(248) Por ejemplo, se eliminaba la posibilidad de que se efectuase intercambio previo de


reaseguros entre las compañías (art. 12 Ver Texto); se posibilitaba la incorporación de las
cooperativas y mutualidades (art. 17 Ver Texto); se establecía la proporción del capital del
Instituto y la correspondiente a los aseguradores privados integrantes del ente mixto, que era
ahora del 50 % para cada sector (art. 2 Ver Texto). Asimismo, se mantenía la prohibición de
asegurar en el extranjero a personas, bienes o cualquier interés asegurable de jurisdicción
nacional, prohibición cuya violación era sancionada con una pena para el asegurado e
intermediarios de hasta veinticinco veces el importe de la prima, y la obligación de cubrir
exclusivamente en compañías argentinas de seguros todas las personas, bienes, cosas, muebles
e inmuebles, semovientes, responsabilidad o daños que se resolviera asegurar y que fueran de
propiedad de la Nación, las provincias, las municipalidades, las entidades autárquicas o de las
personas físicas o jurídicas que explotasen concesiones, permisos o tuvieran franquicias,
exenciones o privilegios de cualquier índole en virtud de leyes o disposiciones de autoridades
de la Nación, las provincias o las municipalidades, con la misma pena, en caso de infracción,
que la mencionada en el punto anterior (arts. 10 Ver Texto y 11 Ver Texto).

(249) El art. 7 del decreto 10307/53 (reiterando lo dispuesto por el art. 20 del decreto
15345/46 y del art. 18 de la ley 12988) establecía que el texto del art. 20 de la ley 12988 sería el
siguiente: "Los contratos de reaseguros pasivos que las compañías argentinas de seguros
tuviesen vigentes en la fecha de esta ley deberán ser denunciados y continuarán en vigor hasta
la fecha en que en virtud de las disposiciones contractuales, se opere el vencimiento o la
rescisión"; y para el art. 23 de la citada ley se preceptuaba: "Las entidades reaseguradoras
cesarán en sus actividades como tales desde la fecha de esta ley, quedando autorizadas para
funcionar como entidades aseguradoras conforme a las disposiciones vigentes. Los contratos
de reaseguro activos y pasivos que tuviesen en vigor deberán ser denunciados y continuarán
vigentes hasta la fecha en que, en virtud de sus disposiciones contractuales, se opere el
vencimiento o sea posible la rescisión".

(250) El Inder imponía las reglas a las cuales se debían someter los reaseguros que se llevasen a
cabo con dicha institución mediante "reglamentos". Acerca de la naturaleza de ellos, señala
Steinfeld que tal normativa constituía, en realidad, "contratos de reaseguro automáticos, de
índole comercial, aunque de adhesión forzosa", derivada del monopolio. Se estaba ante
"verdaderos contratos que correspondían al ámbito comercial y, por ende, al derecho privado";
por eso la competencia recaía en la justicia federal en lo civil y comercial (Steinfeld, Eduardo,
Análisis jurídico del régimen legal de las empresas de seguro, en "Cuadernos del Instituto de
Derecho del Seguro del Colegio de Abogados de San Isidro", nº 2, febrero de 1997, p. 28).

-------------------

143
XIII

50. Distinción de los seguros mutuos y a prima fija.

Los seguros pueden ser mutuos o a prima fija: lo admite el art. 1 Ver Texto, porque el precio
de la asunción del riesgo en los seguros mutuos se denomina cotización.

El seguro mutuo, junto con el practicado por las sociedades cooperativas, integra el seguro
solidario (sección IV, Ley de Empresas de Seguros y su Control, 20091 Ver Texto). Esta ley ha
regulado específicamente las sociedades de seguros mutuos (arts. 18 Ver Texto a 22 Ver Texto)
(251) .

Económicamente no existe diferencia entre el seguro mutuo y a prima fija, "porque en el


estado actual de la evolución y de la técnica [. . .] la una y la otra efectúan la trasferencia del
riesgo de un sujeto a una colectividad de sujetos sometidos a riesgos de igual naturaleza, esto
es, una mutua cobertura o eliminación del riesgo, puesto que la colectividad de los asegurados
es siempre aseguradora de sí misma" (252) .

En el seguro mutuo -expresa Viterbo- "se trata de eliminar un riesgo individual creando una
certidumbre colectiva, asociando una masa de riesgos individuales". En el seguro a prima fija,
"la incertidumbre no se elimina, el riesgo no desaparece para dar lugar a una entidad de daño
determinado, sino que sólo se traslada". Añade que el sujeto que se hace cargo del riesgo trata
de trasformarlo después en una certidumbre como para, por lo menos, disminuir su
aleatoriedad, recurriendo a un sistema análogo al que acabamos de describir con referencia al
seguro mutuo, es decir, juntándolo con otros riesgos análogos que le habrán trasferido otros
sujetos; es un ardid técnico que está fuera del negocio, no esencial para la existencia de éste, y
por eso muchas veces falta (Viterbo, Teoría económica . . ., ob. cit., nº 3).

Bruck señala como rasgo distintivo que el seguro mutuo se ejerce con sentido corporativo, del
cual carece el otro (p. 61).

144
Para Rivarola el seguro mutuo "tiene lugar cuando la asociación constituida por los individuos
cuyas cosas, intereses o personas se encuentran sometidos a análogos riesgos, ha de proveer a
la reparación o indemnización del daño o al pago de la suma asegurada, mediante la
contribución de todos los asociados" (Tratado, p. 275).

Pero jurídicamente, aunque en la práctica de ciertos seguros las diferencias tienden a


desaparecer (253) , cabe señalar que:

a) El seguro a prima fija se caracteriza por lo siguiente:

1) La búsqueda de beneficios.

2) Las posiciones del asegurador y asegurado son distintas, con intereses opuestos.

3) La prima es invariable, salvo acuerdo de los contratantes.

4) En caso de insuficiencia de las primas percibidas, el asegurador debe pagar la indemnización


con capital propio; si hay beneficios, los distribuye entre sus accionistas (254) .

b) El seguro mutuo se caracteriza (255) por lo siguiente:

1) La relación asegurativa se vincula estrechamente a una relación societaria, de la cual depende


(art. 18 Ver Texto, 2º párr., ley 20091); es un contrato único.

2) No hay accionistas que buscan obtener beneficios: incluso el superávit de ejercicio recibe un
nombre típico, el de "excedentes"; y cuando éstos se producen, tienen una forma típica de
distribución: en proporción a las primas consumidas durante el ejercicio (art. 15 Ver Texto,
3er. párr., ley cit.).

3) Las cotizaciones son variables, según el resultado del ejercicio, hasta el máximo fijado por
los estatutos (art. 19 Ver Texto, 2º párr.).

Atendiendo a los caracteres específicos de este tipo de asociaciones, la Ley de Seguros 17418
dispone, en su art. 157 Ver Texto, último párrafo, que los seguros mutuos se rigen por las

145
disposiciones del título I (sobre contrato de seguro), "excepto las normas que sean contrarias a
su naturaleza" (256) .

Vivante señala como consecuencia de estos principios:

a) La póliza no puede ser cedida sin el consentimiento de la sociedad.

b) Si la sociedad cae en quiebra o en liquidación, el socio debe esperar el resultado, sin tener
derecho a rescindir, como en el seguro a prima fija.

c) El pago de las contribuciones se rige por las normas de los aportes sociales.

d) La mayoría no puede imponer las reformas que afectan las bases fundamentales (asumir
nuevas ramas, extender los negocios a otros territorios, contratar a prima fija, reducir las
garantías, etc.) (257) .

e) Se rige por el estatuto vigente al día en que tuvo derecho al beneficio (258) .

XIV

51. Legislación argentina de los seguros.

El Código de Comercio legislaba los seguros en dos partes: en el título VI del libro II,
dedicado a los seguros en general y a los terrestres, y en los títulos IX y X del libro III,
dedicados a los seguros marítimos y de trasporte (terrestre y fluvial), respectivamente.

146
Distintas leyes posteriores modificaron parcialmente esta legislación: la ley 3942 , de seguros
sobre la vida; la ley 3863 , sobre privilegio por las primas del seguro agrícola; la ley 11672, art.
150 , t.o. 1962, de creación de la Superintendencia de Seguros; la ley 12988 , modificada por la
ley 14152 , de explotación del reaseguro por el Estado (reglamentada por el decreto 10073 Ver
Texto, año 1953).

En 1959, el Poder Ejecutivo nacional me confió la tarea de preparar el anteproyecto de ley


general de seguros, que presenté en 9 de junio de 1959, y en virtud del cual se confeccionó con
la Comisión Revisora y Asesora (259) el proyecto elevado al Poder Ejecutivo con extensa
Exposición de Motivos. La nueva comisión designada en 1967 reprodujo ese proyecto y la
Exposición de Motivos, con ligeras modificaciones que no afectan mayormente los textos
proyectados.

La ley 17418 Ver Texto derogó los arts. 492 Ver Texto a 557 Ver Texto y 1251 Ver Texto a
1260 Ver Texto del Código de Comercio, y la ley 3942 (art. 163 Ver Texto, 2º párr.).

Es decir que del Código de Comercio -en materia de seguros- sólo quedó vigente el título X
del libro III, referente a los seguros marítimos, cuyo régimen quedó para ser incluido en la Ley
General de la Navegación (260) . A su respecto, el art. 157 Ver Texto dispone que las normas
de la Ley General de Seguros se le aplican "en cuanto no esté previsto por las leyes específicas
y no sean contrarias a su naturaleza".

52.

Diversas leyes especiales -v. supra, § 45 y ss.- prevén seguros de distinta especie, obligatorios o
voluntarios. La jurisprudencia ha debido pronunciarse sobre su régimen legal, y así decidió:

a) El seguro de incendio, practicado por el Banco Hipotecario Nacional, se rige por el Código
de Comercio (261) .

b) Al igual que el seguro sobre la vida incluido en los préstamos del Hogar Ferroviario, ley
11173 (262) .

147
c) El seguro sobre la vida de una mutualidad obligatoria "no nace de un contrato, sino de un
acto administrativo y, en consecuencia, está regido ante todo por el derecho público interno
administrativo, y sólo subsidiariamente por el derecho privado" (263) .

d) El seguro obligatorio contra granizo no es un seguro de derecho privado, cuyas normas sólo
se aplican supletoriamente (264) .

53.

En general, siendo el derecho comercial el derecho de los contratos y obligaciones comerciales,


rige para éstas el principio del art. 1197 Ver Texto, CCiv.; pero en materia del contrato de
seguro, en razón de su técnica y comercialización, esta norma consagratoria de la autonomía de
la voluntad sufre grave e importante restricción.

En razón de la técnica, el contrato de seguro exige que se celebre con una empresa (ley 11672 ,
t.o. 1962, puntos 4 y ss.; proyecto, art. 69) y en virtud de contratos de condiciones generales
uniformes (contratación en masa).

La ley ha debido, pues, alterar sustancialmente el régimen del art. 1197 Ver Texto cit., y por
ello ha dispuesto en el art. 158 Ver Texto normas sobre la obligatoriedad de sus disposiciones y
para que el asegurado tome conocimiento de las modificaciones de su régimen cuando las
autoriza. Ha dispuesto lo siguiente:

a) Existen normas total o parcialmente inmodificables en razón de su letra o de su naturaleza,


sin especificarlas (art. 158 Ver Texto). Deja así un amplio campo a la jurisprudencia para
incorporar progresivamente al número de disposiciones de orden público todas las reglas que
la evolución económica y social del país hagan conveniente para el mejor desarrollo del seguro
y para hacer efectiva su función de solidaridad social.

La aprobación de las pólizas por la Superintendencia de Seguros no impedirá, en su momento,


que el juez, en el caso concreto que se le someta, concluya que la regla contractual infringe una
norma legal que, por su naturaleza, era inmodificable.

148
b) Hay disposiciones totalmente inmodificables por las partes; enumera entre éstas los arts. 5
Ver Texto, 8 Ver Texto, 9 Ver Texto, 34 Ver Texto y 38 Ver Texto.

c) Hay disposiciones sólo modificables en favor del asegurado, que son las de los arts. 6 Ver
Texto; 7 Ver Texto; 12 Ver Texto; 15 Ver Texto; 18 Ver Texto, 2º párr.; 19 Ver Texto; 29 Ver
Texto; 36 Ver Texto; 37 Ver Texto; 46 Ver Texto; 49 Ver Texto; 51 Ver Texto; 52 Ver Texto;
82 Ver Texto; 108 Ver Texto; 110 Ver Texto; 114 Ver Texto; 116 Ver Texto; 130 Ver Texto;
132 Ver Texto; 135 Ver Texto, y 140 Ver Texto.

d) Si las condiciones del contrato se apartan de las disposiciones legales en los supuestos
autorizados por la ley, no pueden figurar entre las condiciones generales de la póliza; salvo
cuando la ley prevé expresamente la derogación por pacto en contrario (como ocurre en los
arts. 18 Ver Texto, in fine; 66; 67, 1er. párr.; 71; 74; 82, 1er. párr.; 86, 2º párr.; 94; 100; 126, 1er.
párr.). La norma persigue que la convención traduzca la efectiva voluntad del asegurado.

La ley analizada sigue así la orientación de la legislación contemporánea, en la cual se inspiró,


pero con una técnica mejorada.

54. Contratos celebrados con anterioridad.

¿Cuál es el criterio para la aplicación de estas normas a los contratos celebrados con
anterioridad?

Nuestra ley 17418 Ver Texto nada dispone sobre el punto.

Las normas de orden público, analizadas en el párrafo precedente sub a, b y c, se aplicarán


desde que la ley entre en vigencia, conforme al art. 3 Ver Texto, CCiv. (ley 17711 Ver Texto).
En cuanto a los hechos no cumplidos, se trataría de mera expectativa; esto es, "no son
derechos amparables por garantías constitucionales" (art. 3 Ver Texto cit.), por lo cual es
aplicable la doctrina establecida por la Corte Suprema de la Nación (265) . La Superintendencia
de Seguros, por resolución del 21 de febrero de 1968 (BO 29/2/1968) dispuso que se agregara
a todos los contratos vigentes una cláusula (endoso) extendiéndoles la aplicación de la ley
17418 Ver Texto.

149
55.

En cuanto a los contratos que se celebran con posterioridad en violación de las normas
imperativas de la ley, como señala Morandi (266) , "no tendría por efecto la nulidad del
contrato, sino la sustitución de la cláusula nula por la norma legal pertinente": conforme al art.
1039 Ver Texto, CCiv., es así para toda disposición separable, doctrina que debe extenderse a
cualquier regla contractual en materia de seguros, porque: a) el asegurador redacta el contrato;
b) la nulidad no elimina su responsabilidad por la nulidad incurrida por su culpa (art. 1056 Ver
Texto, CCiv.); c) la ley aplica esa doctrina en el art. 12, para una situación similar. El Código
Civil adopta solución análoga en materia de sociedades, art. 1653 Ver Texto, por el cual la
cláusula anulada no afecta la eficacia del contrato y es reemplazada por las normas legales
pertinentes.

La aprobación administrativa previa no altera la nulidad o impugnabilidad de las cláusulas


violatorias del régimen legal, atento a la naturaleza y alcance de esa aprobación administrativa
(ver infra, cap. II) (267) .

(251) La ley 20321 Ver Texto, sobre asociaciones mutuales las define como aquellas
"constituidas libremente, sin fines de lucro, por personas inspiradas en la solidaridad, con el
objeto de brindarse ayuda recíproca frente a riesgos eventuales, o de concurrir a su bienestar
material y espiritual, mediante una contribución periódica" (art. 2 Ver Texto). Ver sobre el
tema, capítulo II, § 27.

(252) Donati, Trattato, III, p. 206 y sus referencias bibliográficas.

(253) Besson y Picard, I, p. 13; Hémard, II, nº 437; Bruck, p. 84. Por ejemplo, en el seguro
sobre la vida, el seguro a prima fija se acerca mucho al seguro mutuo por la concesión de
ciertos beneficios accesorios, pero téngase en cuenta que para este otorgamiento media un
recargo en las primas.
Donati, Trattato, III, ps. 206 y ss., niega que jurídicamente existan diferencias. También Zavala
Rodríguez, ob. cit., II, nº 1847.

(254) Lepargneur, nº 1262.

150
(255) La referencia de Zavala Rodríguez en su artículo en DJA 26/6/1968 al auge del seguro
mutual de vida en Estados Unidos ha perdido de vista que se trata de mutualidades híbridas,
que funcionan encastradas en sociedades de capital.

(256) Vivante, Contratto, nº 41; Segovia, nota 1855. Confr. Malagarriga, Comentario, ob. cit.,
III, nº 222; Fernández, p. 466. Así la C. Nac. Civ., sala E, 7/4/1967, LL 127, fallo 58.727, hizo
prevalecer en la interpretación del estatuto el interés dominante del asociado, razón de la
sociedad misma. Se decidió, con fundamento en el régimen derogado, que los seguros sobre la
vida, por ejemplo, se rigen por la ley 3942 (C. Nac. Civ. 1ª, 10/5/1933, JA 42-137; 28/8/1951,
LL 44-50; Sup. Corte Bs. As., 27/10/1931, JA 36-1553). De ahí que la C. Nac. Fed. decidió
que se debe interpretar o aplicar conforme a los fines sociales de su creación (seguro
obligatorio estatal) (6/12/1965, ED 14-570). Pero el subsidio por fallecimiento de una
sociedad civil no es seguro (C. Nac. Com., 18/12/1941, LL 24-977). La Corte Suprema de
Mendoza, 4/4/1968, JA 1968-VI, fallo 1231, aplicó analógicamente las soluciones del seguro
comercial y en el seguro de vida reconoció así el derecho de acrecer de los beneficiarios.
En cambio, lo es el prorrateo de dos siniestros, entre los asegurados, que contribuyen en la
proporción correspondiente (C. Fed. Rosario, 11/8/1945, LL 40-336).

(257) Vivante, Contratto, nº 37. Aconseja que en los riesgos uniformes -incendio, etc.- se
acepte la reforma con derecho al receso al comienzo del nuevo período, y en los riesgos
agravados -sobre la vida- que el contrato no sea afectado por la reforma.

(258) C. Nac. Civ. 1ª, 16/10/1939, LL 16-475; C. Nac. Com., 31/8/1946, LL 44-109.
Con respecto a una cooperativa, se decidió la improcedencia de la reclamación judicial sin
agotar previamente las instancias previstas en el estatuto (C. Nac. Com., sala C, 30/3/1962,
inédito).

(259) La Comisión Asesora y Revisora se integró con delegados designados por la Corte
Suprema de la Nación, facultades de Derecho de Buenos Aires y Córdoba, Federación
Argentina de Colegios de Abogados, Facultad de Ciencias Económicas de Buenos Aires,
Superintendencia de Seguros, Instituto Nacional de Reaseguros, Caja Nacional de Ahorro
Postal -que nunca se incorporó-, Asociación de Aseguradores Argentinos, Asociación de
Aseguradores Extranjeros, Asociación de Cooperativas de Seguros. En un comienzo trabajó en
reuniones plenarias, mas la lentitud de su labor motivó la designación de una subcomisión,
integrada por los delegados de la Asociación de Aseguradores Argentinos, Asociación de
Aseguradores Extranjeros, Superintendencia de Seguros y el redactor del anteproyecto. Esta
subcomisión preparó los textos y la Exposición de Motivos, que sometió a la comisión en
pleno, la cual, salvo pequeñas modificaciones, en su mayoría de estilo, los aprobó, y así se elevó
al Poder Ejecutivo.

(260) La redacción del anteproyecto se confió al profesor Dr. Atilio Malvagni, quien lo
presentó en 1960, y se ocupa de los seguros marítimos -incluso la prescripción- en los arts. 465
a 527.

(261) C. Nac. Fed., 11/6/1934, JA 46-850.

151
(262) Corte Sup., 20/4/1932, JA 37-1183: el pacto incluido en la escritura hipotecaria es la
póliza, ya que reúne sus requisitos. Actualmente se aplica a todos los préstamos con garantía
real, del Instituto Nacional de Previsión Social.
Contra: C. Fed. Cap., 6/11/1931, JA 36-1625: es distinto al legislado en el Código de
Comercio, por los fines de la ley: el asegurado nada percibe si cancela antes de fallecer; la Caja
de Jubilaciones no es una compañía de seguros; no emite una póliza; es obligatorio.
La Cámara Federal incurre en evidente confusión de conceptos: el seguro es por un monto
decreciente en beneficio y garantía del acreedor hipotecario, sobre la vida del deudor, que paga
la prima, pero que no es el asegurado. La emisión de la póliza no es un requisito ad
solemnitatem. Ver capítulo III, infra. No es obligatorio, sino un recaudo para conceder el
préstamo. Si bien la Caja de Jubilaciones no es una empresa de seguros -requisito que sólo
surge de la ley de creación de la Superintendencia de Seguros-, está técnicamente organizada
como tal.

(263) C. Nac. Civ. 2ª, 8/8/1940, LL 19-677. Cita doctrina análoga de la C. Nac. Civ. 1ª, sin
indicar fecha ni publicación.
La Cámara Federal de la Capital decidió que se debe interpretar conforme al interés social que
inspiró su creación (6/12/1965, ED 14-570).

(264) Corte Sup., 19/8/1940, LL 19-1057: es el resultado del funcionamiento de una


institución de asistencia social, que por un impuesto ampara a la industria, y cuyas obligaciones
y derechos nacen de las leyes de creación y su reglamentación.

(265) Fallos 245:465 Ver Texto, 249:538 Ver Texto, 199:460, 252:18, y en LL 8-69. Si no se
consagra este criterio, se llegará al resultado paradójico, señalado por Donati, ob. cit., I, p. 97,
de que las normas perderían eficacia frente a disposiciones contractuales de prórroga, etc.
Los arts. 275 y 276 del anteproyecto lo preveían especialmente. Ver, C. Nac. Com., sala B,
"Freelco v. Coalce", 10/7/1968, inédito.

(266) En JA 1967-VI. El art. 276 del anteproyecto lo preveía especialmente.

(267) Las pólizas aprobadas incluyen cláusulas poco claras o que contradicen normas legales
imperativas (v.gr., incendio, sustracción durante el siniestro y art. 85 Ver Texto).

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XV

152
56. Derecho internacional privado.

En principio, en defecto de toda norma legal acerca del régimen del contrato en el derecho
internacional, se aplica la regla general de la lex loci actus para los recaudos de su validez,
forma y efectos, medios de prueba y jurisdicción (268) .

Conforme al Tratado de Montevideo de 1889, título III, los seguros terrestres y de trasporte
por ríos interiores se rigen por la ley del país en que está situado el bien sobre el que versa el
riesgo (art. 8); los seguros marítimos y de vida se rigen por la ley del país en que está
domiciliada la sociedad aseguradora o sus sucursales y agencias (269) .

El Tratado de Montevideo, de 19 de marzo de 1940, ratificado por el decreto ley 7771 Ver
Texto, año 1956 (270) , si bien en el art. 12 mantiene las mismas soluciones para la
determinación de la ley que rige el contrato, para la competencia judicial dispone en el art. 13
que, a opción del actor, entenderán los jueces del Estado cuya ley rige el contrato, o del
domicilio del asegurador -o de su sucursal o agencia-, o del domicilio del asegurado.

(268) Ver Romero del Prado, Manual de derecho internacional privado, p. 438, nº 12; Polak, F.
G., Aspectos internacionales del contrato de seguro, en "Lecciones y Ensayos", 1968, nº 38
(existe separata).
Bruck sostiene que en todos los casos se debe aplicar la ley de la empresa o de la sucursal,
según los casos: es un contrato de masa, de empresa, que exige que todos los contratos de la
misma especie sean regidos por la misma ley, ya que obedecen al mismo plan de financiación.
Cada contrato es un eslabón de una gran cadena. De ahí que el problema se deba considerar
respecto de cada grupo de contratos, y no de cada contrato (ob. cit., ps. 39 y ss.).
Bruck-M”ller, I, Introducción, nros. 88 y ss., dan preeminencia a la voluntad de las partes en la
elección de la ley aplicable, con las limitaciones que resultan de la naturaleza de algunas normas
legales (v.gr., sobre control estatal, las disposiciones de orden público, etc.). En caso de silencio
de las partes, el lugar de ejecución está excluido en el derecho alemán.

(269) Por el art. 6 Ver Texto del mismo Tratado se prevé que las sucursales y agencias se
juzgan domiciliadas y sujetas a la jurisdicción del lugar en que funcionan.

(270) De fecha 27/4/1956, ADLA XVI-A-328.


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153
Capítulo II. LA EMPRESA DE SEGUROS. CONTROL DEL ESTADO.
INTERMEDIARIOS

I. La empresa de seguros. Control estatal. Los intermediarios (271)

1. Quién puede ser asegurador.

Hemos visto en el capítulo anterior que el contrato de seguro, jurídicamente, no se puede


caracterizar por la circunstancia de ser explotado por una empresa.

Pero la explotación técnica del ramo de seguros requiere que el asegurador sea una empresa,
porque su funcionamiento exige la acumulación de una masa de riesgos, para la realización de
la hipótesis estadística que lo funda y la formación de un fondo de primas que permita afrontar
las obligaciones asumidas; no es posible alcanzar este resultado industrial "si los negocios no se
extienden a un amplio territorio, si no se continúan por una larga serie de años, si las primas
percibidas no se emplean segura y fructuosamente, si no se seleccionan los riesgos con cautela
técnica, y si no se gana la confianza de los asegurados con un capital inicial de garantía. Esta
tarea excede de las fuerzas de una persona y de cualquier sociedad que se funde en el crédito
personal" (272) .

En nuestro país, la ley 20091 Ver Texto, de entidades de seguro y su control (273) , resuelve el
punto, exigiendo que las aseguradoras sean entidades expresamente autorizadas, que revistan
determinados tipos societarios, como sociedades anónimas, cooperativas y de seguros mutuos -
a los cuales la ley agrega las sucursales o agencias de sociedades extranjeras de los tipos
indicados en el inciso anterior y los organismos y entes oficiales o mixtos, nacionales,
provinciales o municipales (art. 2 Ver Texto), y que tengan por objeto exclusivo efectuar
operaciones de seguro (art. 7 Ver Texto, inc. b), lo cual incluye, en el concepto de esta ley,
también la actividad reaseguradora (art. 1 Ver Texto, 2º párr.). Por ello, el contrato de seguro
celebrado con una empresa no autorizada es nulo, sin perjuicio de la responsabilidad en que

154
incurran respecto de la otra parte en razón de la nulidad (art. 61 Ver Texto, 2º párr.). La
sanción concuerda con la regla general del art. 18 Ver Texto del Código Civil, por la cual el
asegurador no autorizado deberá resarcir el siniestro producido por aplicación del art. 1056 Ver
Texto del mismo Código.

Existe empresa cuando se organizan bienes y servicios para la producción de bienes o de


servicios (274) .

La empresa de seguros está especificada por su objeto, que debe ser exclusivo en las privadas
(275) .

Todos estos principios han sido instituidos legalmente por la ley 20091 Ver Texto, de los
aseguradores y su control.

Dicha ley, que entró en vigencia el 21 de abril de 1977, en el art. 1 Ver Texto somete a su
regulación "el ejercicio de la actividad aseguradora y reaseguradora" en todo el territorio de la
Nación. A tal fin, establece que el control de todos los entes aseguradores es ejercido por la
Superintendencia de Seguros de la Nación, entidad autárquica con autonomía funcional y
financiera, que funciona dentro de la órbita del Ministerio de Economía (arts. 64 Ver Texto y
65 Ver Texto, LES.) (276) .

Respecto de la necesidad de que las empresas que realicen operaciones de seguros tengan
objeto exclusivo, el art. 7 Ver Texto, inc. b, así lo impone, al establecer los requisitos exigidos
para el otorgamiento de la autorización para operar como aseguradoras y reaseguradoras.

La ley aclara que cuando efectúa referencias a la expresión "seguro" se considera comprendida
en ella cualquier forma o modalidad de la actividad aseguradora, incluido el reaseguro (art. 1
Ver Texto, 2º párr.).

Los organismos y entes oficiales que operen en seguros o reaseguros están también sujetos a
esta ley de control de la actividad aseguradora, y se deben organizar con autarquía funcional y
financiera. Si no tuvieren como objeto exclusivo realizar tales operaciones, establecerán una
administración separada, con patrimonio propio y gestión independiente (art. 4 Ver Texto,
LES.). En cuanto a los contratos que celebraren entidades que no cuenten con la debida
autorización del ente de control, serán nulos (277) , y a quienes hayan actuado como
pretendidos aseguradores se les aplicará una multa, sin perjuicio de resultar además civilmente
responsables hacia la otra parte del contrato en razón de dicha nulidad. Si se tratase de

155
sociedades anónimas, cooperativas o mutuales, serán solidariamente responsables sus
directores, síndicos, integrantes del consejo de vigilancia y administradores; y en las sociedades
de otro tipo tal responsabilidad se extenderá a sus socios (art. 61 Ver Texto).

Jurisprudencia

El esquema jurídico-económico del seguro exige, entre otras condiciones, que las empresas de
seguros cuenten con una situación económico-financiera sólida, que les permita cumplir los
compromisos contraídos con los asegurados.

La prestación de las compañías de seguros es una prestación de empresa, pues se trata de


sociedades constituidas con la única y específica finalidad de liquidar siniestros y, en su caso,
pagar indemnizaciones cuando ha tenido lugar el evento previsto dentro del estado del riesgo
cubierto (C. Nac. Com., sala C, 18/4/1996, "La Central del Plata Cía. de Seguros S.A.", LL
1996-D-734; DJ 1996-2-1196).

El régimen de las entidades o empresas de seguros no se encuentra instituido primordialmente


para comodidad, ventaja o interés de los empresarios del seguro, sino que tiende a la tutela del
interés público, a la protección de los asegurados y al afianzamiento del mercado de seguros.
La fiscalización externa no se reduce al solo control de funcionamiento, veracidad de los
balances y estado económico publicado, sino que se proyecta sobre la eficacia de la prestación
del servicio y se debe cumplir permanentemente, velando por el funcionamiento regular de las
entidades, vigilando su solvencia o solidez mediante el cumplimiento de los planes financieros
y el ajuste de las bases técnicas, pues así se ofrecerán garantías suficientes para la posibilidad de
cumplimiento de sus obligaciones y brindar la seguridad, que es el fin mismo del seguro (C.
Nac. Com., sala C, 11/7/1978, "Impulso Sociedad Cooperativa de Seguros Ltda.", Rep. LL
XXXIX-J-Z-1990, sum. 4).

2. Tipos societarios.

En nuestro derecho, hasta la sanción de la ley 11672 Ver Texto, de creación de la


Superintendencia de Seguros, sólo cabía aplicar el art. 528 Ver Texto del Código de Comercio,
que exceptuaba a las agencias de aseguradores extranjeros de las normas del art. 287 Ver Texto
de dicho código y su modificación por la ley 8867 : el Poder Ejecutivo sólo podía hacer uso,
entonces, de su amplia facultad del art. 318 Ver Texto, última línea, del citado código, es decir,
denegar la autorización cuando la creación fuera "contraria al interés público".

156
La ley 11672 Ver Texto no resolvió el punto expresamente, pero de sus disposiciones resultaba
que sólo se podían constituir con la forma de sociedades anónimas, mutuas y cooperativas.
Concordantemente, el decreto reglamentario del 6 de febrero de 1939 y lo dispuesto por el art.
3 de la ley 11645, de sociedades de responsabilidad limitada.

Ahora, la ley 20091 establece expresamente, en el art. 2 Ver Texto, que sólo pueden realizar
operaciones de seguro: a) las sociedades anónimas, las cooperativas y las mutualidades; b) las
sucursales o agencias de sociedades extranjeras de los tipos indicados en el inciso anterior, y c)
los organismos y entes oficiales o mixtos, nacionales, provinciales o municipales.

Agrega dicha norma que la existencia o creación de las sociedades, sucursales, agencias,
organismos y demás entes precedentemente mencionados no los habilita, por sí, para operar en
seguros: requieren, para ello, la correspondiente autorización del ente de control.

Las sucursales o agencias de sociedades extranjeras, cuando sean autorizadas, ejercerán su


actividad en las condiciones establecidas para las sociedades anónimas constituidas en el país, y
siempre que exista reciprocidad respecto de éstas en el país de la casa matriz de aquéllas.
Deberán designar uno o más representantes con facultades suficientes para realizar todos los
actos propios del objeto de la sociedad y también para estar en juicio en nombre de ella. Esa
representación no faculta a quien la ejerza para ampliar o renunciar a la autorización para
operar en seguros ni para trasferir la cartera, actos éstos para los cuales la ley exige contar con
poder expreso a tal efecto (art. 5 Ver Texto).

Por otra parte, el art. 3 Ver Texto establece que la autoridad de control incluirá en el régimen
de la ley a quienes realicen "operaciones asimilables al seguro", cuando su naturaleza o alcance
lo justifiquen. En tal caso, fijará un plazo, que no podrá exceder de 90 días, para ajustarse al
régimen de la ley, no pueden realizar hasta entonces nuevas operaciones. Si no se diere
cumplimiento a ese requisito, la autoridad de control dispondrá la liquidación del infractor,
aplicando a tal efecto lo establecido en el art. 51 Ver Texto, y podrá imponer penalidades
conforme el art. 61 Ver Texto.

Los aseguradores autorizados para operar en seguros pueden abrir o cerrar sucursales en el país
y en el extranjero, pero requerirán para el efecto autorización de la Superintendencia de
Seguros. Sobre el tema, ver lo que se expone más adelante (nº 33) (278) .

3. Reaseguros.

157
En materia de reaseguros, nos remitimos a lo expresado en el capítulo I, nº 43.

4. Regulación legal.

La ley 20091 Ver Texto regula la organización de la empresa aseguradora, su control y la


autoridad de control.

El Estado puede adoptar, respecto de la actividad aseguradora, distintas actitudes:

a) Indiferencia, dejándola librada a la supuesta libre competencia y nominal igualdad jurídica de


las partes, desentendiéndose de su capacitación económico-financiera para afrontar las
obligaciones asumidas. Es el que se aplicó en nuestro país hasta la ley 11672, de creación de la
Superintendencia de Seguros de la Nación, art. 17 Ver Texto (t.o. de 24 de setiembre de 1938).

b) Control de las empresas por el Estado, complementado con un régimen legal del contrato
que asegure normas contractuales equitativas.

El sistema fue inaugurado en Massachusetts en 1856 (279) , se extendió luego a Nueva York,
Inglaterra, Alemania, Suiza, Austria, Francia, Italia, etc., hasta universalizarse en el mundo
occidental.

Establecido en nuestro país por el art. 17 Ver Texto de la ley 11672 (t.o. por decreto del 24 de
setiembre de 1938), modificado luego por distintas leyes, ha sido instituido finalmente en
forma orgánica por la ley 20091 Ver Texto.

El control estatal se justifica por la necesidad de resguardar la confianza pública en la


institución, la protección del público contra la incompetencia y la deshonestidad y la necesidad
de restablecer el equilibrio jurídico de las partes en un contrato de condiciones generales
uniformes, en el cual la contraparte muchas veces ignora el alcance de las cláusulas que acepta
(280) .

158
Los aseguradores acumulan grandes masas de ahorro nacional, cuya inversión y garantía debe
ser vigilada por el Estado. La ignorancia de la masa de los asegurados y las dificultades de la
vigilancia de los particulares imponen ese control. Piénsese en la enorme repercusión
económico-social de la liquidación de un asegurador, no sólo por los capitales comprometidos
en el desastre, sino porque, aplicado lealmente, el seguro es un notable elemento de
tranquilidad social, por cuanto reparte el daño entre muchos y lo reduce prácticamente a cero
(en los grandes números).

El Estado no se puede limitar a vigilar la inversión de las reservas y la marcha económica de la


empresa: debe controlar también los contratos proyectados, porque el gran número de
asegurados no está en condiciones de apreciar y discutir sus cláusulas, las tarifas, etc., y evitar
que le sean impuestas condiciones excesivas o primas desproporcionadas (281) .

Conviene que este control sea complementado por una actuación atenta del reasegurador, que
le permita mantener un control activo indirecto sobre la gestión de las empresas reaseguradas,
respecto de cómo analizan y toman las coberturas, cómo liquidan los siniestros y atienden los
reclamos judiciales de sus asegurados y de terceros, etc. (282) .

c) El monopolio estatal. En los países de la llamada "economía socialista" se daba


integralmente, en tanto que en otros, sólo para ciertas ramas, tal como ocurría en nuestro país
con el reaseguro según el régimen del decreto 10073/53 Ver Texto (283) .

El problema se agrava cuando, en un país, el seguro comercial no satisface las necesidades


económico-sociales que justifican su existencia, lo cual incrementa otras modalidades de
aseguramiento, tales como el seguro cooperativo o mutual o, a veces, mediante aseguradores
estatales que puedan proporcionar coberturas que otros no otorgan, o hacerlo a precios más
accesibles.

No se repara, a veces, por parte de los aseguradores y reaseguradores privados, en que el


seguro reviste una función esencial para la economía, que lo proyecta y aproxima al ámbito de
los servicios públicos (en sentido amplio), por lo cual, cuando deja de satisfacer la necesidad
pública, puede desembocar en modalidades estatizantes, aun a riesgo de implicar un mayor
costo económico. Así ocurrió en el pasado con algunos servicios (correos, aguas corrientes,
teléfonos, etc.), que hoy nuevamente han sido objeto de procesos de privatización que
persiguen evitar la burocracia y los altos costos operativos.

159
5. Fines y medios.

El autor de este libro, en su relación elevada al Primer Congreso Mundial de Seguros, Roma,
1962, precisó los fines y medios del control estatal en el seguro.

La ley 20091 Ver Texto complementa la ley de seguros 17418 Ver Texto (en el anteproyecto
primitivo integraban un texto único la normativa sobre el contrato de seguro y el régimen de la
empresa de seguros, este último regulado en el título II, arts. 184 Ver Texto y ss.) y traduce en
su letra los principios expuestos, dando al ente de control facultades amplias para hacer
efectiva su autoridad.

El contrato de seguro es uno de los ejemplos típicos de la trasformación del derecho comercial
contemporáneo por la producción en masa y, por ende, de la negociación por medio de
contratos tipo (o de masa).

A desemejanza de otras producciones en masa, su técnica es idéntica, sea que la asuma el


Estado o la realicen los particulares; sea que exista un intermediario en la producción (empresa
de seguros) o que no exista (en los seguros mutuos).

No sólo se da esta identidad de técnica, sino también la identidad de fines inmediatos:


distribuir las pérdidas causadas por un siniestro entre la masa de asegurables, que contribuye
con las primas. El seguro no funciona como un medio para el logro de una utilidad para el
empresario sino, primordialmente, para el logro de ese fin, que en la economía contemporánea
alcanza un carácter fundamental para su propio funcionamiento eficaz. En la medida en que el
empresario privado no tome en cuenta esta función esencial de su actuación, en primer plano,
corre el riesgo de ser reemplazado por la actuación estatal directa por imperio de las propias
fuerzas económicas, que reclamarán la sustitución.

6. Fines del control.

De estos dos aspectos del seguro (su técnica y su función social) resultan los fines perseguidos
por el control estatal, que halla actualmente la justificación en su propio funcionamiento.

A) La técnica del seguro exige la formación de una masa homogénea de riesgos, cuyos titulares
deben contribuir para habilitar al asegurador el pago oportuno de las indemnizaciones

160
previstas, esto es, que el asegurador recibe una masa de capitales que debe invertir y reservar
para afrontar sus obligaciones futuras eventuales o ciertas (vida) (284) .

De ahí que el primer fin del control estatal sea el de la capacitación económico-financiera del
asegurador para cumplir con sus obligaciones existentes y eventuales hacia los asegurados y sus
beneficiarios (285) .

B) Los fines sociales apuntados y la técnica de la producción fundada esencialmente en


contratos tipo, realizada por grandes empresas de actuación nacional (e internacional), originan
la necesidad de amparar a los asegurados con: 1) la regulación de condiciones equitativas de
póliza; 2) precios adecuados a los riesgos asumidos; 3) cumplimiento diligente por el
asegurador de las obligaciones contraídas.

En los países nuevos -como indica la experiencia argentina-, esta protección asume ciertas
particularidades que no se dan en los de economía asentada. En los primeros, la buena fe
aplicada al comercio es esquemática: se persigue el enriquecimiento rápido, aun con sacrificio
de una conducta leal; y ello se refleja sobre el espíritu de empresa. El empresario es, por lo
general, improvisado: cambia de empresa según la productividad de ella, que se mide con el
cartabón de la rapidez del enriquecimiento del empresario. El comercio del seguro no está libre
de estos vicios.

Jurisprudencia

Las normas que rigen la actuación del órgano que fiscaliza la actividad aseguradora
reglamentan los requisitos de orden técnico y jurídico que se deben satisfacer para actuar como
empresa aseguradora, actividad que no se puede desarrollar antes de haber obtenido la
inscripción en el registro de entidades de seguro (C. Nac. Cont.-Adm. Fed., sala 2ª, 27/5/1975,
"Córdoba Cía. de Seguros S.A. v. Gobierno nacional", ED 67-146).

Dicha normativa otorga a la Superintendencia de Seguros de la Nación extensas facultades de


control y decisión y una razonable amplitud para la apreciación de los complejos factores y
datos técnicos que entran en juego en la materia. La típica forma de producir en masa y la
función social del seguro exigen que la autoridad de control disponga de los medios
indispensables para proteger los fines que le son propios y el bien común específico ínsito en
ella (Corte Suprema de Justicia de la Nación, 21/10/1976, "Productores de Frutas Argentinas
Cooperativa de Seguros Ltda.", ED 70-195).

En análogo sentido se pronunció el mismo tribunal agregando que la fe pública ha sido


particularmente tenida en cuenta no sólo al redactarse la sección 3ª del capítulo I -titulada

161
"Condiciones de la autorización para operar"- de la ley 20091 Ver Texto, sino también al
reglamentar los planes y elementos técnicos y contractuales que deben observar las entidades
(sección 5ª del mismo título), al destacar, respecto del cálculo de las primas, que deben ser
suficientes para el cumplimiento de las obligaciones del asegurador y su permanente
capacitación económico-financiera, como la de proteger la estabilidad del mercado asegurador
-arts. 24 Ver Texto y 26 Ver Texto de la ley citada- ("Superintendencia de Seguros de la
Nación, s./Infracción tarifaria de Sud América Terrestre y Marítima", S. 31-XXIV, ED 152-
355).

El legislador ha estimado necesario proteger tanto a los asegurados como a los terceros
beneficiarios de aquellas situaciones que puedan afectar el cobro de la indemnización
respectiva. Así, entre otros recaudos, ha exigido la integración de un capital mínimo (art. 7 Ver
Texto, inc. c); duración mínima de la entidad, de acuerdo con la índole de los seguros a
explotar (art. 7 Ver Texto, inc. e); y que se detallen las bases para el cálculo de las reservas y los
fundamentos técnicos de las primas; destaca, respecto de éstas que deben ser suficientes para el
cumplimiento de las obligaciones del asegurador y su permanente capacitación económico
financiera. Los preceptos mencionados demuestran la precupación del legislador por
resguardar la confianza del público en el sistema de seguros, pues tienen la indudable finalidad
de obtener un manejo comercial eficiente de las empresas encargadas de atender una actividad
decisiva para el desarrollo económico de la comunidad, ya que, dadas las características del
mercado, su normal funcionamiento depende del grado de credibilidad pública que exista
respecto de las aseguradoras, toda vez que no es difícil advertir las graves consecuencias que se
podrían derivar, para el sistema en su conjunto, si esa confianza inicial que movilizó a los
asegurados a contratar sus coberturas quedase defraudada por incumplimientos o engaños. El
sistema de control que estructura la ley 20091 Ver Texto configura una razonable
reglamentación del derecho a comerciar que reconoce la Constitución nacional y, por ende, no
vulnera la garantía constitucional de igualdad ante la ley (Corte Suprema de Justicia de la
Nación, 18/9/1990, "Reaseguradora Argentina S.A. v. Estado nacional" -R. 411-XXII, R.E.-,
ED 141-828).

7. Medios directos.

¿Cuáles son los medios de control para asegurar esos fines?

En lo que se refiere a la capacitación económico-financiera, los medios pueden ser directos o


indirectos; varían los regímenes en cuanto a la medida en que se aplican, mas se puede decir
que en la generalidad de la legislación contemporánea son incluidos ambos medios como
herramientas para hacer eficaz ese control.

162
Los medios directos se pueden enumerar así:

1) Fijación de capitales mínimos. No obstante comprobar alguna oposición doctrinal a la


fijación de los capitales mínimos, lo cierto es que con ese capital se deben afrontar: a) los
gastos de establecimiento; b) los gastos de administración hasta la adquisición de riesgos
suficientes para formar la masa de riesgos que permita, con las primas percibidas, afrontar las
obligaciones asumidas; c) hacer frente a los descartes o apartamientos de la realización
comercial, en cuanto no reproduce en la realidad negocial la hipótesis tenida en vista (siniestros
extraordinarios, acrecentamiento de la siniestralidad, aumentos de los costos de adquisición,
pérdidas en las inversiones de reservas, etc.)

Estos capitales mínimos se deben reintegrar cuando se vean disminuidos por cualquier causa.

Jurisprudencia

El art. 31 Ver Texto de la ley 20091 prevé que, en caso de déficit del capital mínimo de una
entidad aseguradora, la Superintendencia de Seguros de la Nación deberá hacer adoptar
medidas urgentes para su reintegro.

El régimen tuitivo de la ley 20091 surge de la ley especial que rige las sociedades de seguro,
controladas por su objeto, cuyo art. 31 Ver Texto dispone que el asegurador deberá cumplir los
plazos y condiciones que la autoridad de control establezca. Este régimen es así de severo en
virtud de la importancia que el capital mínimo tiene en la economía de las compañías de seguro
y cuya intangibilidad obliga, en supuestos de déficit, a adoptar medidas urgentes para su
inmediato reintegro. Basta remitirse al art. 31 Ver Texto, 1er. párr., cuyo lenguaje es
imperativo. No es una facultad de Superintendencia de Seguros hacerlo, sino una obligación.
La omisión compromete la responsabilidad del funcionario y del Estado (C. Nac. Com., sala B,
14/10/1985, "Resguardo Compañía de Seguros S.A.", ED 123-207).

2) Aprobación de los planes técnicos al tiempo de la autorización.

El examen de los planes técnicos -especialmente en la rama vida- permite establecer la solidez
de los presupuestos técnico-económicos sobre los cuales se intenta poner la empresa en
marcha.

Estos planes deben contener: 1) las tarifas de primas a aplicar y sus fundamentos técnicos; 2)
las bases para el cálculo de las reservas técnicas; 3) el texto de las pólizas que se propone emitir.
Cuando se trate de la rama vida, se adecuarán a las peculiaridades de este seguro.

163
Jurisprudencia

Las normas que rigen la actuación del órgano que fiscaliza la actividad aseguradora
reglamentan los requisitos de orden técnico y jurídico que se deben satisfacer para actuar como
empresas aseguradoras (C. Nac. Cont.-Adm. Fed., sala 2ª, 27/7/1975).

Dicha normativa otorga a la Superintendencia de Seguros de la Nación extensas facultades de


control y decisión y una razonable amplitud para la apreciación de los complejos factores y
datos técnicos que entran en juego en la materia (Corte Suprema de Justicia de la Nación,
21/10/1976, "Productores de Frutas Argentinas Coop. de Seguros Ltda.", ED 70-195).

3) Formación de las reservas técnicas. Sin perjuicio de la libre administración del haber social y
de la gestión comercial (incluso las tablas de retención), la misma naturaleza de las obligaciones
asumidas -ya señalada- y la capacitación económico-financiera perseguida imponen la
formación de las reservas técnicas y de siniestros pendientes, según la naturaleza de la rama
explotada, en la medida necesaria para el cumplimiento de esas obligaciones con los
asegurados.

4) Inversión de las reservas técnicas. Estas reservas técnicas deben invertirse en bienes que
permitan la conversión segura y oportuna en moneda para el pago de las obligaciones y la
rentabilidad adecuada, ya que el tipo de interés debe contribuir al abaratamiento del seguro.

Se debe proceder con criterio riguroso; ello, porque en los países nuevos los gobiernos suelen
buscar, en momentos de emergencia financiera, un remedio a la escasez de tesorería con la
colocación de bonos o títulos públicos (286) .

5) Reorganización de la empresa en caso de pérdidas. Cuando las pérdidas afectan el capital


mínimo al cual se hizo referencia en el punto 1, es indispensable prever la reorganización de la
empresa para impedir la agravación de ese estado patrimonial, porque la liquidación forzada de
una empresa aseguradora debe ser prevenida en toda forma, puesto que es contraria al fin
social que cumple y por la repercusión altamente desfavorable en la masa de asegurables (287) .

La reorganización debe prever:

a) la reintegración del capital mínimo;

164
b) la reestructuración técnica de la explotación de la rama de la que deriva el déficit, incluso,
eventualmente, su supresión;

c) la reorganización administrativa para la disminución de los costos.

Si la situación económico-financiera de la empresa no permitiera su reorganización con estos


remedios, es menester capacitar a la autoridad de control para imponer la cesión de cartera, y si
ésta no es aceptable para los entes aseguradores, la liquidación de la empresa.

6) Sanciones. El régimen de control, esencialmente un conjunto de medidas preventivas, se


debe completar con un sistema de sanciones que es menester ajustar a los siguientes recaudos:

a) faltas o infracciones perfectamente tipificadas, con sanciones individualizadas;

b) la cancelación de la autorización debe ser reservada para los supuestos expresamente


previstos en que exista imposibilidad de reorganización;

c) procedimiento que asegure la audiencia del asegurador (incluso, la producción de prueba) y


la revisión judicial del pronunciamiento administrativo.

8. Medios indirectos.

Es indispensable completar la aplicación de estos medios directos con la de medios indirectos,


cuya adecuada utilización oportuna por la autoridad de control debería evitar medidas drásticas
en la reorganización de las empresas.

Entre los medios indirectos cabe señalar especialmente:

1) Control de los balances. La empresa aseguradora tiene que presentar balances anuales
redactados según modelos analíticos que permitan a la autoridad administrativa su rápida
verificación (art. 38 Ver Texto).

165
2) Aplicación de primas suficientes. Mientras en la rama vida es posible un cálculo actuarial de
las primas y, en consecuencia, exigir la aprobación previa de las tarifas, no ocurre lo mismo en
las demás ramas, donde la multiplicidad de características de los riesgos y la falta de estadísticas
ciertas impiden esa determinación actuarial.

El peligro principal radica en que un exceso de competencia lleva a la adopción de tarifas


insuficientes.

En consecuencia, el régimen de tarifas se debe sujetar a las siguientes normas:

a) aprobación administrativa previa para las tarifas de la rama vida;

b) facultad de la autoridad de control para observar las primas de las demás ramas, que resulten
insuficientes, abusivas o arbitrariamente discriminatorias (art. 26 Ver Texto); es un remedio
análogo al dispuesto en materia de tarifas para servicios públicos;

c) mercado de libre competencia, sana. Cuando la competencia desmedida afecte la situación


del mercado, la autoridad de control podrá fijar tarifas mínimas uniformes, netas de
comisiones.

3) Los fundamentos técnicos del seguro y la necesidad social de que funcione efectiva y
rápidamente en el caso de producido el siniestro imponen que el número de aseguradores se
limite a las necesidades del mercado, ya que un exceso de competencia conspiraría contra tales
fundamentos y necesidad. De ahí que sea indispensable que el Estado emplee la autorización
de nuevas empresas con criterio riguroso, según las necesidades del mercado asegurador.

La experiencia argentina en la materia fue desastrosa. Hace algunos años proliferaron


compañías de todo tipo sin que la autoridad administrativa se hubiere preocupado por ese
control, lo cual llevó a la casi duplicación del número de aseguradores mientras se reducía el
monto de las primas.

4) Uno de los medios indirectos más eficaces es el "reaseguro", cuya función regularizadora,
esencial para el asegurador, demanda por parte de éste una política comercial sana y sólida.

9. Protección del asegurado.

166
La otra función del control estatal fue señalada en el parágrafo 6 b: el amparo o protección del
asegurado, para hacer efectivas condiciones equitativas de póliza y una liquidación leal y rápida
de las indemnizaciones.

Existen también en esta materia medios directos y medios indirectos para la consecución de
ese objetivo.

Entre los medios directos se pueden mencionar:

1) la Ley de Contrato de Seguro, con la clara enunciación de normas inderogables por


convención de las partes y de normas sólo modificables en favor del asegurado; asimismo,
contiene un régimen adecuado de las caducidades, de la no abreviabilidad de la prescripción, de
atenuación de los efectos de la nulidad por reticencia no dolosa, etc.;

2) en materia de seguros sobre la vida, la aprobación administrativa previa de la póliza y de las


tarifas, según se destacó antes;

3) para reprimir la demora de los aseguradores en el cumplimiento de sus obligaciones, una


mayor responsabilidad para el supuesto de mora, esto es, abandonar el principio que el
resarcimiento del daño se limita al pago de los intereses para extenderlo al mayor daño que
pueda sufrir el asegurado.

Según la experiencia argentina, la demora en el pago tiene una influencia deletérea sobre la
difusión de la institución misma, y ese efecto no se limita al asegurador desleal. Ocurre
especialmente en los ramos del seguro de la responsabilidad por el automóvil, de daños de
automotores y de robo de éstos. Tal situación se complica por la conducta de los aseguradores
en materia de liquidación de siniestros.

4) en la liquidación de siniestros, el régimen convencional suele prever la fijación de los daños


por un juicio pericial cuyas conclusiones son irrevisibles judicialmente.

En la realidad, este juicio pericial y la demora del asegurador juegan para obtener del asegurado
la conformidad respecto de una liquidación de los daños inferior a la debida legal y
contractualmente. Tal situación crea así un espíritu de descreimiento sobre la eficacia y función
del contrato, que conspira contra su difusión.

El remedio está en las siguientes medidas:

167
1) pago a cuenta cuando se reconoce el derecho a la indemnización;

2) revisión judicial del dictamen pericial cuando se aparte notablemente del estado real de las
cosas;

3) elección de peritos realmente ajenos a las partes; en especial evitar la vinculación -que puede
llegar a la dependencia económica- con el asegurador, por ser el liquidador alguien
corrientemente empleado.

Jurisprudencia

La Cámara Comercial de la Capital Federal, en fallo plenario de fecha 29/11/1978, en autos


"Mussa de Gómez de la Vega, María H., v. La Defensa Compañía de Seguros S.A." Ver Texto,
resolvió que "en caso de mora del asegurador corresponde computar los efectos de la
depreciación monetaria al determinar la indemnización proveniente de un contrato de seguro".

Poco después, la Cámara Civil de la Capital Federal, con fecha 26/12/1978, también en fallo
plenario, dictado en autos "Ag ero, Ramón, v. Caso, Juan y otro" Ver Texto, decidió -esta vez
con relación al seguro de la responsabilidad civil-, que "en materia de seguros, la cobertura que
resulta de la póliza debe ser actualizada en base a la depreciación monetaria, en la misma
proporción en que se actualiza el monto de los daños".

10. Órgano idóneo. Control exclusivo y excluyente.

El ejercicio del control estatal, esencial para que la empresa de seguros cumpla adecuadamente
con su función socioeconómica, exige que el órgano que lo desempeñe no sólo cuente con las
normas legales idóneas, sino con los medios que le permitan ejercer esas atribuciones para
satisfacer el fin perseguido por el control (288) .

Por otra parte, en su art. 8 Ver Texto, la ley ha otorgado a la Superintendencia de Seguros de la
Nación el control exclusivo y excluyente de todas las entidades de seguros, sin excepción (lo
cual incluye también al reaseguro -art. 1 Ver Texto, 2º párr.- y, en su caso, a quienes realicen
operaciones asimilables al seguro -art. 3 Ver Texto-), con exclusión de toda otra autoridad

168
administrativa, nacional o provincial; sin perjuicio de que pueda requerir a éstas su opinión en
cuestiones vinculadas al régimen societario, cuando lo estime conveniente (ver parágrafo 22).

11. Autorización específica.

El control estatal comienza con la formación de la empresa aseguradora. La creación de los


entes con el objeto de operar en seguros "no los habilita para operar en seguros hasta ser
autorizados por la autoridad de control" (art. 2 Ver Texto, 2º párr., LESC.).

Creado el ente conforme a su naturaleza específica (sociedades comerciales, ley 19550 Ver
Texto; sociedades cooperativas, ley 20337 Ver Texto; sociedades mutuas, ley 20321 Ver Texto)
deben recabar autorización de la Superintendencia de Seguros, según el art. 2 Ver Texto de la
LESC., precedentemente referido. El art. 8 Ver Texto establece al respecto que las entidades
que se constituyan en el territorio de la Nación sólo podrán operar en seguros desde su
inscripción en el Registro Público de Comercio (o registros que correspondan en los casos de
cooperativas y mutuales) de la jurisdicción de su domicilio; y esta inscripción sólo procederá
cuando, conformado el acto constitutivo por la autoridad de control que corresponda según el
tipo societario o forma asociativa asumida, la Superintendencia de Seguros de la Nación haya
otorgado la autorización para operar, siempre que estén reunidos los requisitos del art. 7 Ver
Texto. La conformidad respecto del acto constitutivo, por parte de la Superintendencia de
Seguros, constituye un requisito previo impuesto por la ley 20091 Ver Texto para tornar
posible la inscripción ante el Registro Público de Comercio.

La ley 20091 Ver Texto impone requisitos específicos, que modifican el régimen general de
estos tipos de sociedades: algunos son comunes a todas; otros son propios de los distintos
tipos de sociedad.

12. Norma federal.

Las normas sobre control son de carácter federal (289) . Así resulta:

169
a) del art. 1 Ver Texto, 1er. párr.: "El ejercicio de la actividad aseguradora y reaseguradora en
cualquier lugar del territorio de la Nación está sometido al régimen de la presente ley y al
control de la autoridad creada por ella";

b) del art. 2 Ver Texto, 2º párr., acerca del requisito complementario de la autorización de
Superintendencia de Seguros;

c) del art. 4 Ver Texto, sobre los organismos estatales que explotan seguros privados;

d) de los arts. 83 Ver Texto y 85 Ver Texto, acerca de los recursos de que son pasibles las
resoluciones particulares y generales de la Superintendencia de Seguros.

Es así por la naturaleza misma de las normas, dictadas por el Congreso de la Nación en
ejercicio de las facultades atribuidas al gobierno federal por el actual art. 75 Ver Texto, inc. 13,
de la Constitución nacional y sobre materia prohibida a los gobiernos de provincia por el art.
126 Ver Texto (290) . Además, se trata del ejercicio del poder de policía sobre materia
reservada al gobierno federal, que es de competencia de éste, conforme a la doctrina
establecida en esta materia por la Corte Suprema de Justicia de la Nación (291) .

13. Requisitos comunes.

La ley 20091 Ver Texto se refiere a los entes aseguradores en su constitución, funcionamiento
y liquidación, en las secciones II a XII, arts. 2 Ver Texto a 57 Ver Texto, con normas
específicas para los entes estatales (art. 4 Ver Texto), sucursales y agencias de entidades
constituidas en el extranjero (art. 5 Ver Texto), sociedades de seguro solidario en general (arts.
11 Ver Texto a 16 Ver Texto), sociedades cooperativas (art. 17 Ver Texto, con las
modificaciones resultantes del art. 2 Ver Texto, incs. 10, 19 y 20 de la ley 20337), sociedades
mutuas (arts. 18 Ver Texto a 22 Ver Texto), así como también la situación de los entes que
realizan "operaciones asimilables al seguro" (art. 3 Ver Texto).

14. Constitución.

170
Ya se ha señalado que la constitución del ente no lo habilita a comerciar u operar en seguros
hasta no obtener la autorización de la Superintendencia de Seguros (art. 2 Ver Texto, 2º párr.).

La constitución de los entes privados en general se debe ajustar a las leyes nacionales dictadas
con arreglo al art. 75 Ver Texto, inc. 12, de la Constitución nacional, por lo cual su aplicación,
en cuanto al poder de policía, no asumido por la Nación, es ejercido por las provincias en esta
medida.

Mas en materia de seguros, el art. 8 Ver Texto de la ley 20091 dispone: "Las entidades que se
constituyan en el territorio de la Nación con el objeto de operar en seguros [. . .] sólo podrán
hacerlo desde su inscripción en el Registro Público de Comercio de la jurisdicción de su
domicilio", inscripción que procederá "cuando estando conformado el acto constitutivo por la
autoridad de control que corresponda según el tipo societario o forma asociativa asumida, la
Superintendencia de Seguros de la Nación haya otorgado la pertinente autorización para
operar".

Los correspondientes organismos de control societario, una vez conformado el acto


constitutivo según corresponda de acuerdo con el tipo societario o asociativo adoptado dentro
de lo dispuesto por el art. 2 Ver Texto, "pasarán el expediente a la Superintendencia de Seguros
de la Nación, la que dispondrá, en su caso, el otorgamiento de la autorización para operar. En
este supuesto, la Superintendencia girará directamente el expediente y un testimonio de la
autorización para operar al Registro Público de Comercio del domicilio de la entidad, para su
inscripción". También se requerirá la conformidad previa de la Superintendencia para cualquier
modificación del contrato constitutivo o del estatuto, y para los aumentos de capital, aunque
ellos no importen reforma del estatuto.

La inscripción en el Registro Público de Comercio deberá estar realizada dentro de los 60 días
de recibido el expediente; caso contrario, operará la caducidad automática de la autorización
para operar. Si se efectuara la inscripción debidamente, el registrador enviará a la
Superintendencia un testimonio de los documentos con la constancia de su toma de razón.

La resolución sobre la autorización para operar en seguros y su denegatoria no son revisibles


por la autoridad que tenga a su cargo la registración de la entidad; tal resolución sólo es
recurrible en la forma establecida por la ley 20091, esto es, conforme a lo establecido por el art.
7 Ver Texto, penúltimo apartado.

En materia de seguros, el art. 8 Ver Texto habilita a la Superintendencia de Seguros a examinar


la constitución de la entidad para decidir la autorización que se le requiere; y ella puede denegar
la autorización para operar en seguros si la constitución, estatutos, sus reformas, reglamentos
internos, aumentos de capital, constitución y funcionamiento de las asambleas y las ramas y

171
planes de seguro no se ajustaren a las leyes generales, a las normas de la ley 20091 Ver Texto y
a las resoluciones que con carácter general dicte la autoridad de control; cuida, asimismo, que
los estatutos de las sociedades de seguro solidario no contengan normas que desvirtúen su
naturaleza societaria o menoscaben el ejercicio de los derechos societarios de sus socios (art. 67
Ver Texto, inc. c). La Superintendencia de Seguros no revisa la autorización otorgada por las
provincias (lo cual no podría hacer porque lo veda el art. 7 Ver Texto de la Constitución
nacional), sino que la examina para decidir la autorización que se le requiere a fin de ejercer la
actividad aseguradora, autorización que se limita a la idoneidad para la explotación del seguro.

El art. 7 Ver Texto enumera los requisitos genéricos para la autorización para celebrar
contratos de seguro, que son desarrollados luego en otras disposiciones de dicha ley:

a) que "se hayan constituido de acuerdo con las leyes generales y las disposiciones específicas
de esta ley". Precedentemente se señaló cuál es el alcance del primer apartado de ese artículo,
armonizado con el art. 7 Ver Texto de la Constitución.

b) que "tengan por objeto exclusivo efectuar operaciones de seguro, pudiendo en la realización
de ese objeto disponer y administrar, conforme con esta ley, los bienes en que tengan
invertidos su capital y las reservas. Podrán otorgar fianzas o garantizar obligaciones de terceros
cuando configuren económica y técnicamente operaciones de seguro aprobadas. Los
organismos oficiales se ajustarán a lo dispuesto en el art. 4 Ver Texto".

La exigencia acerca del objeto es universal y obedece a la peculiaridad del negocio del seguro,
cuyos resultados no pueden ser afectados por la especulación menos feliz de otros comercios;
y, sobre todo, porque el control de la capacitación económico-financiera se haría imposible,
porque, para subsanar el déficit de la empresa o fijar sus causas, la autoridad administrativa
debería analizar la explotación comercial ajena al seguro, a la vez que imponer al asegurador
aumentos de tarifas y reservas extraordinarias en detrimento del comercio del seguro y en
perjuicio de los asegurados.

De ahí que dicha exigencia se extienda también a los entes estatales, entre los cuales se pueden
dar los que practican el seguro junto con otros objetos, como ocurría con la Caja Nacional de
Ahorro Postal. El citado art. 4 Ver Texto establece que éstos se deben organizar con autarquía
funcional y financiera para poder solventar las obligaciones contraídas y dedicar al objeto de su
creación una gestión ágil, comercial. Por esas mismas razones, cuando no tengan por objeto
exclusivo operar en seguros "establecerán una administración separada, con patrimonio de
gestión independiente".

Las agencias y sucursales de entes aseguradores constituidos en el extranjero, cualquiera que


sea el tipo de sociedad o naturaleza de constitución originaria, están sujetas, a su vez, a los
siguientes requisitos específicos, según el art. 5 Ver Texto:

172
1) las condiciones establecidas para las sociedades anónimas constituidas en el país;

2) reciprocidad para los entes aseguradores constituidos en el país, conforme a las leyes de su
domicilio;

3) representación en el país, con facultades suficientes para realizar con la autoridad de control
y los terceros todos los actos jurídicos atinentes al objeto del ente, y estar en juicio por éste.

c ) Integración total del capital mínimo (art. 7 Ver Texto, inc. c).

d) Los entes constituidos en el extranjero, para instalar agencia o sucursal, deberán acompañar
los balances de la casa matriz correspondientes a los últimos cinco ejercicios (art. 7 Ver Texto,
inc. d). Esta exigencia tiene por consecuencia indirecta requerir a la entidad una antig edad de
ejercicio del seguro no menor de 5 años, lo cual se justifica porque: 1) prueba su estado
económico-financiero; 2) acredita su experiencia en el comercio del seguro.

e) Duración mínima, según la naturaleza de la rama o ramas de seguro a ser explotadas (art. 7
Ver Texto, inc. e).

Una de las razones fundamentales para limitar los tipos de sociedad a los fijados en el art. 2
Ver Texto radica en que, por la clase del comercio y para seguridad de cumplimiento efectivo
de las obligaciones asumidas, es menester apartar al ente asegurador de las vicisitudes que
puedan afectar a las personas de los socios integrantes, y el amplio plazo de actuación
propuesto acorde con su objeto. Este plazo es variable: cuando se exploten seguros anuales,
nada impide que la duración sea relativamente breve, aun cuando no puede ser de pocos años,
porque es menester la necesaria para amortizar los gastos de establecimiento y pérdidas de los
primeros años de actuación; y cuando se opere en la rama vida, no se concibe una duración
que al tiempo preindicado no agregue el de los planes en explotación.

f ) Sus planes de seguros, que se han de ajustar a los requisitos de los arts. 24 Ver Texto y ss.

El plan de seguros consiste en la exposición de las tarifas de primas a aplicar y sus


fundamentos técnicos según la rama o ramas que se propone explotar; el texto de las pólizas a
emitir; el texto del cuestionario y de la propuesta de seguro; las bases del cálculo de las reservas
técnicas, cuando no existan normas generales aplicables (art. 24 Ver Texto).

g) Que el mercado de seguros torne conveniente su actuación ("conveniencia de mercado", art.


7 Ver Texto, inc. g).

173
Este requisito no es sino una adaptación a este tipo de ente del recaudo genérico del art. 33
Ver Texto del Código Civil referente al bien común. Este juicio está cometido exclusivamente
a la autoridad nacional de control (art. 2 Ver Texto, 2º párr.), con recurso ante el Poder
Ejecutivo nacional, cuya decisión es irrecurrible (art. 7 Ver Texto, penúltimo párrafo),
conforme la doctrina establecida por la Corte Suprema de Justicia de la Nación (292) .

El examen del mercado de seguros tiene por objeto considerar si es conveniente la


incorporación de la nueva empresa, dada la situación económico-financiera existente en razón
de las peculiaridades de nuestro mercado. Esto es, que el juicio no se funda en la solidez o
capacidad de la empresa peticionante, sino en las condiciones de las demás, cuya fortaleza se
puede ver comprometida por la acentuación o exceso de la competencia, capaz de llevar, sea
por la reducción de los precios (primas), incrementos de las comisiones o mayores coberturas
(beneficios adicionales sin incrementos de prima), a una depresión inconveniente para los
propios asegurados, a quienes no sólo interesa la baratura, sino también la seguridad en el
cobro de las indemnizaciones eventuales, lo cual se logra con la solidez económico-financiera
de los entes aseguradores, que la ley persigue empeñosamente hacer efectiva.

Jurisprudencia

Los preceptos contenidos en los incs. c y e del art. 7 Ver Texto; los incs. b y c del art. 24 Ver
Texto, y el art. 26 Ver Texto, todos de la ley 20091, demuestran la preocupación del legislador
por resguardar la confianza del público en el sistema de seguros, pues tiene la indudable
finalidad de alcanzar un manejo comercial eficiente de las empresas aseguradoras, ya que dadas
las características del mercado, su normal funcionamiento depende del grado de credibilidad
pública que haya respecto de las aseguradoras. No resulta, entonces, irrazonable por
desproporcionado al fin establecido en la norma, interpretar que dentro del concepto de
"conveniencia de mercado" -art. 7 Ver Texto, inc. g, ley 20091-, se debe contemplar la
incidencia que la autorización de una nueva entidad podría originar sobre el equilibrio
económico de las empresas que ya operan en la actividad aseguradora. Las razones dadas por la
Superintendencia de Seguros de la Nación para denegar la autorización reclamada por la actora,
esto es, la existencia de un excesivo contexto competitivo o la saturación del mercado, no
exceden del marco interpretativo de la norma contenida en el art. 7 Ver Texto, inc. g, citado,
pues resulta claro que el criterio que presidió el juicio de conveniencia tuvo en miras,
primordialmente, resguardar el equilibrio económico de las empresas autorizadas. El sistema de
control que estructura la ley 20091 Ver Texto configura una razonable reglamentación del
derecho a comerciar, que reconoce la Constitución nacional, y no vulnera la garantía de
igualdad ante la ley. Esto último es así toda vez que las diferentes normativas para supuestos
que se estimen distintos son valederas en tanto no sean arbitrarias, es decir, que no obedezcan
a propósitos de injusta persecución o indebido beneficio, sino a una causa objetiva para
discriminar, aunque su fundamento sea opinable (Corte Suprema de Justicia de la Nación,
18/9/1990, "Reaseguradora Argentina S.A. v. Estado nacional" Ver Texto -R. 411-XXII, R.E.-
, ED 141-828).

174
Determinar si en un caso específico se ha configurado o no la situación de emergencia a que
alude el art. 26 Ver Texto de la ley 20091 -esto es, cuando se afecte la estabilidad del mercado-,
es una facultad privativa del órgano al que se haya dado tal atribución y, en consecuencia,
irrevisable, en principio, por el Poder Judicial, pues éste no puede interferir en las razones de
oportunidad, mérito o conveniencia de las medidas que los funcionarios competentes hubiesen
adoptado. Por ello, las diversas resoluciones generales de la Superintendencia de Seguros de la
Nación por las cuales se han fijado primas mínimas y uniformes, fueron dictadas dentro del
marco que determina el art. 26 Ver Texto, 3er. párr., toda vez que esta norma faculta al ente
estatal a aprobar -por resolución fundada- primas mínimas uniformes netas de comisiones,
cuando se halle afectada la estabilidad del mercado, sin que la recurrente, en el caso, haya
demostrado ni aportado elementos que permitan tachar de irrazonable tal determinación. En
cuanto a la objeción subsidiaria referente a la inconstitucionalidad del art. 26 Ver Texto de la
ley 20091, al alegarse que vulnera el art. 14 Ver Texto de la Constitución nacional, se consideró
también que debía ser desestimada, habida cuenta de que la escueta y genérica impugnación
formulada en el caso no bastaba para que la Corte ejerza la atribución que reiteradamente ha
calificado como la más delicada de las funciones que pueda encomendarse a un tribunal de
justicia (Fallos 301:904 Ver Texto, entre otros), a lo cual cabe agregar que aquella norma
configura una razonable reglamentación del derecho a comerciar que reconoce la Constitución
nacional, habiéndose resuelto que los derechos y garantías consagrados por la carta magna no
son absolutos y su ejercicio está sometido a las leyes que los reglamentan, siempre que ellos
sean razonables, se adecuen al fin que requirió su establecimiento y no incurran en
arbitrariedad (Corte Suprema de Justicia de la Nación, 23/2/1993, "Superintendencia de
Seguros de la Nación, s./Sanción a Sud América Terrestre y Marítima Cía. de Seguros
Generales S.A." Ver Texto, LL 1993-C-265).

15. Resolución administrativa.

La decisión de la autoridad de control respecto de la solicitud de autorización para operar en


seguros se debe expedir mediante resolución fundada (art. 82 Ver Texto, 1er. párr.). La
violación de este requisito hace nula la decisión, la cual, en caso de resultar denegatoria, admite,
conforme el art. 7 Ver Texto, 9º párr., los siguientes recursos:

a) judicial: cuando la resolución denegatoria se funde en alguna de las causas establecidas en los
incs. a a f del art. 7 Ver Texto, ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial de la
Capital Federal, conforme al procedimiento establecido en el art. 83 Ver Texto;

175
b) ante el Poder Ejecutivo, cuando la denegación se funde "en el estado del mercado de
seguros" (art. 7 Ver Texto, inc. g), el cual tramitará por el procedimiento del art. 85 Ver Texto;
su decisión es irrecurrible.

16. Posibilidad de incluir otras empresas.

El art. 3 Ver Texto de la ley 20091 establece que la autoridad de control "incluirá en el régimen
de esta ley a quienes realicen operaciones asimilables al seguro cuando su naturaleza o alcance
lo justifique".

Esta disposición tiene la ventaja de resolver la situación de los contratos en que existe duda de
si constituyen o no seguro, pero que por sus modalidades jurídicas o forma de explotación se
pueden asimilar a él (293) .

La facultad de incluir (294) obedece a la existencia en el país de centenares de pequeñas


sociedades de socorros mutuos y otras asociaciones que conceden subsidios por fallecimiento,
atención farmacéutica, etc. De ahí la condición de "cuando su naturaleza o alcance lo
justifique", con lo cual se persigue no recargar a la Superintendencia de Seguros con una tarea
material de control que en los hechos no aparezca necesaria.

Cuando proceda la inclusión -dispone el segundo párrafo del art. 3 Ver Texto-, la autoridad de
control fijará un plazo no mayor de 90 días para ajustarse al régimen de la ley; en el ínterin no
se podrán realizar nuevas operaciones. En caso de incumplimiento, la autoridad de control
dispondrá la liquidación del infractor, de acuerdo con el art. 51 Ver Texto, sin perjuicio de la
pena que pueda llegar a aplicar conforme al art. 61 Ver Texto.

La decisión de la Superintendencia de Seguros se debe ajustar al procedimiento del art. 82 Ver


Texto; y es recurrible según el art. 83 Ver Texto.

El incumplimiento no sólo autoriza la liquidación forzosa (art. 3 Ver Texto, 2º párr., y art. 51
Ver Texto), sino que hace procedente también la aplicación de las penas previstas en el art. 61
Ver Texto, según su párrafo final.

176
(271) Además de la bibliografía general citada y la que se menciona en las notas siguientes, ver
Caballero Sánchez, Ernesto, Estudios sobre el control estatal de seguros. Comparación
legislativa entre Europa e Iberoamérica, 1966, Madrid; Braess, Das Rechnungslegung von
Versicherungunternehmen im Ausland, 1967, Berlin,; Reimer Schmidt, Europ„isches
Versicherungsaufsichtsrecht, 1964, Berlin; Morandi, Juan Carlos Félix, La ley 20091 . De los
aseguradores y su control, RDCO-1978-1105, Halperin, David, Estudios de derecho público
del seguro; El procedimiento administrativo en la ley 20091 , RDCO-1980-25; Alfano, Orlando
H., El control de seguros y reaseguros, 2000, Buenos Aires; La Torre, Antonio, La disciplina
giuridica dell´attivit… assicurativa, vol. I, 1987, Milano; Jerry, Robert H., Understanding
insurance law, § 22, ps. 68 y ss., 1992, Bender; Efrén Ossa, J., Teoría general del seguro. La
institución, p. 279, 1988, Bogotá; Tirado Suárez, Francisco Javier, Ley ordenadora del seguro
privado, 1984, Sevilla; Jean Bigot (director), Droit des assurances. Enterprises et organismes
d´assurance, 1992, Paris.

(272) Vivante, Trattato, nº 1885, y Contratto, nº 13. Conformes: Hemard, nros. 63 y ss.;
Persico, nº 74; Lordi, nº 502; Lefort, nº 136; etc. En contra: Donati, "Assicurazioni", 1937, 1,
p. 263.
Repárese en que el problema es diverso al considerado en el capítulo I: una cosa es la
organización de la explotación técnica del seguro y otra es el requisito de la empresa
aseguradora como rasgo distintivo, esencial y unificador del contrato de seguro.

(273) La ley 20091 Ver Texto, del 11/1/1973 (BO, 7/2/1973), aunque entró en vigencia el
21/4/1977 (confr. decreto 2567/76 ). Ello así por cuanto el art. 89 Ver Texto de dicha ley
20091 expresaba que ésta entraría en vigencia a los 6 meses de su promulgación, y que dentro
de los 30 días de dicha promulgación la Superintendencia de Seguros debía elevar al entonces
Ministerio de Hacienda y Finanzas de la Nación el proyecto de su estructura orgánica; agregaba
en su parte final que si ese proyecto no se aprobaba dentro de esos 30 días siguientes a la
promulgación, "el plazo de 6 meses previsto en el párrafo anterior para la vigencia de la ley se
prorrogará automáticamente por el mayor plazo que se emplee en la aprobación de dicho
proyecto".
Asimismo se dejaba constancia en ese art. 89 Ver Texto de que desde la fecha de promulgación
de esa ley quedaba derogado el Régimen Legal de Superintendencia de Seguros de la Nación,
ley 11672, edición 1943, art. 150 (t.o. 1962), así como el art. 52 del decreto ley 14682/46 (ley
12921 ), el art. 39 de la ley 15021, el art. 61 Ver Texto de la ley 15796, el art. 61 Ver Texto de la
ley 16432, los arts. 140 y 141 de las leyes de impuestos internos (t.o. 1938), el decreto del 2 de
enero de 1923 sobre trasferencia de carteras de sociedades de seguros, el decreto 23350/39 , el
decreto 61138/40 , el decreto 7607/61 , el decreto 1063/63 "y toda otra disposición que se
oponga a esta ley".

(274) Ver Supervielle, El establecimiento comercial, p. 9; Satanowsky, Tratado, II, ps. 189 y ss.;
Garrigues, Curso de derecho mercantil, 3ª ed., I, ps. 152 y ss.
El concepto expuesto deriva del art. 2555, Código Civil italiano, y fallo plenario en LL 10-662.

(275) En sentido análogo, en el derecho francés, ver: Traité de droit des assurances (entreprises
et organismes d´assurance), nº 47, p. 41 -con la dirección de Jean Bigot-, 1992, Paris.

177
(276) El párrafo final del art. 8 Ver Texto, LES., con el título "Control exclusivo y excluyente",
dispone que la Superintendencia de Seguros de la Nación ejerce "el control del funcionamiento
y actuación de todas las entidades de seguro sin excepción, con exclusión de toda otra
autoridad administrativa, nacional o provincial".

(277) En los países en los cuales la ley no establece la sanción se sostiene la improcedencia de
la nulidad; así lo auspició el autor de este libro con anterioridad, en su obra Contrato de seguro,
p. 77, y las referencias que allí señaló: Lucifredi, en "Assicurazioni", 1937, 1ª parte, p. 145;
Ascarelli, "Assic.", 1936, 1, p. 1; Salandra, "Assic.", 1935, 2, p. 402; Bruck, p. 84.
Ver la disparidad de soluciones en el derecho estadounidense en Vance, ps. 104 y ss.
Contra, por la nulidad, Vivante, Trattato . . ., ob. cit., nº 1886.

(278) El art. 6.1.1 del Reglamento de la ley 20091 Ver Texto expresa que se consideran
sucursales las "descentralizaciones que las entidades aseguradoras asienten investidas de
mandato representativo para contratar en forma directa operaciones de seguro, emitiendo
pólizas y demás documentos necesarios a la perfección de los contratos y a la atención,
liquidación y pago de las obligaciones emergentes de los mismos". El gerente de ellas es su
representante legal, y está asimismo facultado para efectuar las presentaciones ante la
Superintendencia (regl. cit., art. 6.1.2).

(279) Es el origen del sistema actual de control. Han existido otros precedentes, y Reymundo
Benítez de Lugo, Tratado de seguros, III, p. 507, cita una ordenanza real de Felipe II,
designando en 1570 comisario de seguros en Flandes.

(280) La Corte Suprema de los Estados Unidos ha reconocido la constitucionalidad del control
estatal porque se trata de un negocio monopolista, en el cual es engañoso hablar de libertad
(233 U.S. 389, cit. por Patterson, nº 7; ver Vance, ps. 92 y ss.
Sobre el control estatal, sus fundamentos y funciones, ver Patterson, nº 1; Segura, Luis G., El
contralor estadual del comercio asegurador, 1952, Buenos Aires; Lordi, nros. 541 a 543; Lefort,
I, ps. 33 y ss.; Vance, ps. 93 y ss.; Donati, Trattato, I, nros. 61 y ss., 131 y ss.

(281) Yvonne Lambert-Faivre señala que se torna necesaria la defensa de los asegurados frente
a las empresas aseguradoras, de forma que el poder público debe no sólo atender a la solvencia
financiera de ellas, sino además a las cláusulas contractuales empleadas, en protección de
asegurados y terceros, especialmente las víctimas en los seguros de la responsabilidad civil;
recuerda, asimismo, que según el art. L. 310-1 del Code des assurances, dicho control se ejerce
en el interés de asegurados, tomadores y beneficiarios. El control presenta, así, dos aspectos
principales: control jurídico de las cláusulas de los contratos y control financiero de la solvencia
de las empresas de seguros (Lambert-Faivre, Yvonne, Droit des assurances, nº 139, p. 96,
1990, Paris). Es que, como decían Picard y Besson, razones imperiosas imponen reglamentar
las empresas de seguro. La técnica del seguro no penetra solamente el derecho relativo al
contrato; regula asimismo la estructura de la empresa. Y se requiere que la protección del
asegurado sea efectiva, por cuanto éste, por la índole de la relación, adelanta el pago de su
prima al asegurador, quien se obliga condicionalmente a efectuar su prestación si ocurre el
siniestro, o bien a término, incierto o lejano. Por ello, la ley debe instituir disposiciones
rigurosas para que la situación financiera del asegurador esté siempre a la altura de las

178
obligaciones que asumió (Picard, M., y Besson, A., Les assurances terrestres en droit français, t.
II, nº 535, p. 14, 1977, Paris).
No obstante lo señalado precedentemente, otro parece ser el espíritu que guió la
reglamentación de la ley 20091, a estar por los considerandos de la resolución de
Superintendencia de Seguros de la Nación de fecha 2 de enero de 1992. Luego de recordar que
el gobierno nacional estableció en los fundamentos de otras normativas precedentes que
resultaba necesario continuar el ejercicio del poder de policía para afianzar y profundizar la
libertad económica, y que aparecía "imperioso" que la Superintendencia de Seguros
instrumentase el marco normativo imprescindible para "salvaguardar los intereses de los
asegurados", exigiendo adecuados márgenes de solvencia para el ejercicio de la actividad
aseguradora, señaló que propendería "al funcionamiento del mercado de seguros en
condiciones de competencia", agregando que la nueva reglamentación "ha sido suficientemente
debatida con el mercado asegurador en pleno". Parece haber estado ausente la figura del
asegurado, motivo de la tutela, y resulta particularmente inadecuado a esos fines lo dispuesto
en el art. 23.1.2 del reglamento citado, cuando establece que "la aprobación particular de
nuevos elementos técnicos contractuales", si bien deberá ser dispuesta por esa
Superintendencia dentro de los 90 días de su presentación ante ese organismo de control,
pasado el término, si la autoridad precitada "no hubiese formulado observación alguna", se
entenderá que los nuevos elementos "han sido tácitamente aprobados y podrán ser utilizados
válidamente a partir de ese momento" -sin perjuicio, claro está, de la facultad de
Superintendencia de "requerir posteriormente rectificaciones y/o adecuaciones"- (texto según
resolución 25172/97 ). En realidad, más que aprobación "tácita" se podría denominar
"aprobación por omisión" y "sin fundamentación". Por si fuera poco, el art. 23.1.3 agrega que
luego de 90 días contados desde que los elementos resultaron aprobados, cualquier otro
asegurador "autorizado a operar en la rama" podrá utilizarlos, límitándose a "comunicarlo" al
ente de control; de no mediar observación en 30 días desde la presentación, "quedarán
automáticamente autorizados" para utilizar tales elementos. El art. 23.1.5 establece que "a
pedido de interesado" la Superintendencia "dará vista" de los elementos técnico-contractuales
así aprobados. Autorizaciones tácitas, automáticas, no parecen constituir un modelo de
protección a los asegurados: la vigilancia quedaría prácticamente limitada a los aspectos
económicos -aunque los resultados no fueron tampoco brillantes, ante la sucesión de
liquidaciones de empresas de seguros a las cuales se asiste-. Resultaría casi totalmente declinado
el control de los elementos contractuales al relegar normas como, p.ej., los arts. 11 Ver Texto,
158 Ver Texto, etc., de la ley 17418, y los arts. 23 Ver Texto y ss. de la ley 20091. Y completa el
panorama el art. 26.1.1, cuando dice: "Los aseguradores establecerán libremente las tarifas de
primas"; y si bien se deben presentar ante el ente de control su experiencia siniestral y
fundamentos técnicos, si en 30 días éste no se pronunció, "se los tendrá por autorizados". Más
adelante nos referimos a todo ello.

(282) La Torre destaca que si se tiene en cuenta la interrelación que el procedimiento técnico
de la mutualidad establece entre contrato y empresa de seguro, cabe concluir que un control
estatal ejercido solamente sobre uno de tales aspectos, aunque no respecto de ambos, resultará
parcial y de escasa eficacia (La Torre, Antonio, La disciplina giuridica dell´attivit… assicurativa,
vol. I, nº 4, p. 8, 1987, Milano).

(283) El autor de esta obra señalaba que no puede haber un juicio de validez universal sobre el
monopolio estatal. En tal sentido expresaba que los países importadores de capitales y de
servicios hallan en la importación de éstos (seguros y fletes marítimos) fuente importante de su

179
déficit, que traba su desarrollo, como ha sido reconocido en las declaraciones adoptadas en
Brasilia, Alta Gracia y Ginebra (esta última, con adhesión de los países exportadores) y lo ha
establecido la ONU con sus servicios de investigación económica (Halperin, Informe al Primer
Congreso Panamericano de Seguros, 1964, Méjico, "Assicurazioni", 1964-I, nº 6).

(284) Vivante, Trattato, nº 1885, y Contratto, nº 13. Cfme.: Hemard, nros. 63 y ss.; Persico, nº
74; Lordi, nº 502; Lefort, p. 136; etc. Contra: Donati, en "Assicurazioni", 1937, 1, p. 263.

(285) Señala al respecto Bigot que, al igual que la banca, el seguro es también una actividad de
índole financiera; como el banquero, el asegurador mueve una masa considerable de dinero que
le confían sus asegurados, conformando un sector en el cual el riesgo de una falla implica una
repercusión mucho mayor que en otros sectores (Bigot, Jean, ob. cit., nº 49, p. 43). De ello
tenemos una amplia experiencia en nuestro país.

(286) Un ejemplo de ello fue el decreto 9168/61 , que impuso la inversión de mil quinientos
millones pesos en "bonos para la vivienda", de poca renta con relación al tipo de interés del
mercado argentino.

(287) La reciente experiencia argentina revela que la liquidación de la entidad aseguradora


resulta intensamente perjudicial, tanto para el asegurado como, en los seguros de la
responsabilidad civil, también para los terceros damnificados, quienes, como consecuencia
inevitable de la situación, proyectan el reclamo de su crédito sobre el asegurado,
frecuentemente insolvente o que se ve enfrentado a la necesidad de responder con su
patrimonio, a menudo escaso. Y es en los siniestros de mayor importancia en los cuales
asegurados y terceros reclamantes sufren intensos perjuicios por esta situación.

(288) La ley 20091, en su art. 81 Ver Texto, inc. b, establece como uno de los recursos con los
cuales se subvendrán los gastos de funcionamiento de la Superintendencia de Seguros de la
Nación una tasa uniforme que fija el Poder Ejecutivo y que no deberá exceder del 6‰ del
importe de las primas que paguen los asegurados. Mas esta tasa (es decir, tributo que se obla
para atender un servicio público diferenciado y específico) ha corrido una suerte varia, de
manera que a menudo fue a solucionar otras urgencias, y sólo en medida mínima se la empleó
para solventar los gastos de funcionamiento del ente de control -que es el destino que le
establece la norma precitada-, al cual se le fija un "presupuesto", cuyo exceso va a engrosar los
tributos comunes. Ello, en una época de frecuentes liquidaciones forzosas de aseguradores,
cuya tramitación la ley pone a cargo de la Superintendencia, que cumple, mediante quien
designe a tal efecto, una función análoga a la de una sindicatura concursal (arts. 51 Ver Texto y
52 Ver Texto, 1º párr., ley 20091), liquidaciones éstas en las cuales una parte muy importante
del pasivo está constituido por reclamos judiciales de terceros en los seguros de la
responsabilidad civil, que llegan a menudo a varios miles de litigios civiles, ello resulta poco
menos que inmanejable con los recursos con que cuenta el ente (en la actualidad, para más, la
Ley de Concursos y Quiebras, 24522 Ver Texto, dispone que "si una entidad aseguradora
hubiera sido citada en garantía y se hubiera dispuesto su liquidación de conformidad con lo
establecido en la ley 20091 Ver Texto, el proceso continuará ante el tribunal originario con
intervención del liquidador de la entidad o de un apoderado designado al efecto").
Sobre el tema cabe recordar las palabras de Fernando Legón cuando, ante la reiteración de
casos de liquidación de aseguradoras, lamentablemente incrementado más tarde, nos decía -ya
en 1987-, al señalar algunas causas que concurrían a crear tal situación, que en los últimos años

180
todos los gobiernos, sin excepción, han dado mayor relevancia y prestado más atención a los
organismos de recaudación que a los entes de fiscalización (Apostilla sobre la responsabilidad
estatal en la liquidación de entidades de seguros, Primer Congreso Nacional del Seguro, p. 356,
1987, Buenos Aires).
Otro ejemplo de lo dicho es lo acontecido con el "fondo de estímulo" para el personal del ente
de control, establecido por ley (art. 81 Ver Texto, inc. e, ley 20091) y neutralizado por decreto.

(289) Ya en la primera edición de este libro, su autor señalaba que el no haber tomado en
cuenta esta característica explicaba la crítica que le formuló Zavala Rodríguez a su explicación a
mérito del art. 67, inc. 11 (actual art. 75 Ver Texto, inc. 12) de la Constitución nacional (DJA
26/6/1968, p. 2).

(290) Dispone el actual art. 126 Ver Texto, CN., en lo pertinente: "Las provincias no ejercen el
poder delegado a la Nación. No pueden [. . .] expedir leyes sobre comercio".

(291) Fallos 257:159 Ver Texto, 259:157 Ver Texto, C. 120-XV, de 31/7/1967, inédito.
En la sentencia registrada en Fallos 257:159 Ver Texto, con profusión de citas de precedentes
nacionales y estadounidenses, expresó el alto tribunal en el considerando 7: "[. . .] el Congreso
puede legislar sobre los aspectos de las actividades interiores de las provincias susceptibles de
menoscabar u obstruir el comercio interprovincial y exterior, o perturbar el bienestar general
en el orden nacional, en el ejercicio de la facultad que le asiste para reglar aquéllas y fomentar a
éste, y en la medida que a tales fines fuese necesario".
Cabe destacar que en la sentencia del 31 de julio de 1967 (C 120-XV, inédita) se agregó esta
consideración fundamental: "[. . .] el Congreso no puede devolver a las provincias las
facultades que ellas le delegaron, porque, de lo contrario, quedaría librado a su voluntad
destruir el sistema federal de gobierno tal como lo establecieron los constituyentes, pues no a
otro resultado se llegaría mediante el reconocimiento a las provincias de atribuciones asignadas
por el referido art. 67 Ver Texto al Congreso".

(292) 7/12/1945, LL 42-880.

(293) Tal sería la fianza onerosa explotada orgánicamente, como sustitutiva del seguro de
crédito; o la hipótesis que tiene desde hace años dividida a la doctrina francesa de los entes
asesores en materia de accidentes del tránsito, que asumen la dirección del proceso y la carga
eventual de las costas (ver Besson y Picard, 2ª ed., I, p. 46).
El autor de esta obra consideró en la primera edición de ella (1970) y sobre la base del texto del
art. 3 del Proyecto de Ley de Entidades de Seguros de 1967 (que reiteraba la solución análoga
del proyecto de 1961, y ejemplificaba mediante referencia "a quienes garanticen al contratante,
asociado o beneficiario, el pago de un capital, una renta u otra prestación, al vencimiento de un
plazo cierto o incierto o al ocurrir un hecho que afecte su persona o la de un tercero"), que en
virtud de esto se podían someter a fiscalización las llamadas "clínicas privadas" que por el pago
de una mensualidad se obligan a la prestación médico-quirúrgica del "abonado".

(294) Se ha señalado que se trata de una facultad y no de un deber de la Superintendencia de


Seguros la inclusión de entidades de esas características dentro del régimen de control de la
Superintendencia. Lo cierto es que la expresión empleada por el art. 3 ("incluirá") no se aviene
totalmente con una facultad discrecional; más bien parece constituir un "poder-deber" que la

181
ley establece al funcionario controlante. No obstante, de alguna manera, un cierto carácter
facultativo deviene de la circunstancia de ser el ente de control quien evalúe si, a su criterio,
están dadas las condiciones requeridas por la norma: que la "naturaleza" o "alcances" de la
actividad del ente de que se trate lo justifiquen.

--------------------

II. Examen de los requisitos comunes

17. Plan de seguros.

El plan del ente asegurador al peticionar la autorización, así como sus modificaciones o nuevos
planes, deben ser aprobados por la autoridad de control (art. 7 Ver Texto, inc. f, y arts. 23 Ver
Texto y 24 Ver Texto).

17 (a).

El art. 23.1.2 del reglamento de la ley 20091 Ver Texto (texto conforme a resolución S.S.N.
25172/97 ) dispone que la aprobación particular de nuevos elementos técnico-contractuales, si
bien deberá ser dispuesta por la Superintendencia de Seguros de la Nación, tendrá lugar dentro
de los 90 días desde la presentación ante ese ente de control, porque pasado ese término, si la
autoridad no hubiese formulado observación alguna, los nuevos elementos quedarán
"tácitamente aprobados" y podrán ser utilizados válidamente. A ello se suma que cualquier
interesado puede solicitar vista de los elementos que hayan resultado aprobados (art. 23.1.5) y
cualquier asegurador autorizado para operar en la rama podrá, a su vez, trascurridos 90 días de
la aprobación, utilizar dichos elementos "comunicando" tal decisión al órgano de control; si
éste no formulase observaciones dentro de los 30 días corridos, contados desde la referida
comunicación, el presentante quedará habilitado también para usarlos en sus operaciones

182
asegurativas, aunque destacando que dicho procedimiento no se extiende a las condiciones
tarifarias.

Estas disposiciones, que establecen lo que denominan "aprobación tácita", o "automática" (o,
mejor aún, "por omisión"), constituyen, a nuestro juicio, una inadmisible declinación de
facultades de control que la ley 20091 Ver Texto estableció a favor de la Superintendencia de
Seguros de la Nación, y que son propias de su específica función de vigilancia en un tema que
se halla íntimamente ligado a la debida protección del asegurado y a la buena fe en la
operatoria. Es tradicional la crítica del hombre común cuando se queja contra lo que considera
los excesos en que a veces se incurre en "la letra chica" de la póliza, crítica que en muchos
casos ha sido recogida por la jurisprudencia al decidir que las oscuridades o contradicciones
que puedan contener las cláusulas deben ser interpretadas en contra del asegurador que las
redactó, en especial cuando se trata de cláusulas predispuestas con carácter general en los
formularios en los cuales se emiten las pólizas. Precisamente para evitar desbordes se
instituyeron normas como las de los arts. 11 Ver Texto, 36 Ver Texto y 158 Ver Texto de la
Ley de Seguros, 17418, y las contenidas en los arts. 23 Ver Texto, 24 Ver Texto y 28 Ver Texto
de la ley 20091 y 25.1 del reglamento (que impone, como anexo 1 de la póliza, que con letra
clara y destacada se deberán consignar todas las exclusiones a la cobertura que se estipulen
(295) , haciendo referencia a ello en el frente de la póliza); normas a las cuales se vienen a
sumar ahora las contenidas en los arts. 37 Ver Texto a 39 Ver Texto de la ley 24240, de
defensa del consumidor, aplicables al tema, aunque sólo por analogía, según pensamos (296) .

Por ello, lo expresado sobre este aspecto por la precitada resolución 21523/92 constituye la
legitimación de la omisión en el control, por parte de un organismo cuya finalidad estriba,
precisamente, en verificar la regularidad de la operatoria asegurativa -incluso la contractual- en
protección de los asegurados. El control de la actividad aseguradora en todos sus aspectos, que
es reservada a la Superintendencia de Seguros de la Nación con carácter "exclusivo y
excluyente", constituye para este ente estatal un "poder-deber" indeclinable, lo cual torna
arbitrario el régimen de aprobación tácita del art. 23.1.2 de la resolución precitada, que incluso
implica la eliminación efectiva del requisito de la publicación instituido por el art. 86, al
permitir que después de trascurridos 90 días corridos desde que elementos contractuales hayan
recibido aprobación expresa o tácita por parte de Superintendencia de Seguros de la Nación,
"cualquier asegurador autorizado a operar en la rama de que se trate podrá utilizarlos
comunicando previamente al órgano de control la decisión adoptada en tal sentido por su
órgano de administración. De no mediar observación por parte de Superintendencia de
Seguros de la Nación dentro de los 15 días corridos desde el momento de la referida
presentación, los aseguradores quedarán automáticamente autorizados para utilizar tales
elementos". Este procedimiento no rige respecto de "las condiciones tarifarias" (art. 23.1.3 ,
resolución cit.).

Culmina esta regulación expresando: "En las pólizas emitidas deberá identificarse el acto
administrativo por el cual la Superintendencia de Seguros de la Nación aprobó los elementos
técnico-contractuales utilizados. En el supuesto de aprobación tácita deberá indicarse el

183
número de registro de presentación al organismo, consignando la leyenda "aprobación tácita,
registro número . . ."" (art. 23.1.4 , resolución cit.).

Como se ve, atento a que la "aprobación tácita" no tiene lugar por resolución general sino por
simple omisión, resulta infringida la exigencia de publicidad establecida por el art. 86 Ver
Texto, ley 20091.

Jurisprudencia

Las particulares características que presenta el seguro, dentro de las cuales resalta el comercio
en masa, justifican la presencia de una autoridad de control que deba extremar su celo
moderador en el análisis de las condiciones contractuales de aquél, a fin de que no sean
vulnerados los legítimos intereses de los asegurados y el contrato cumpla con el objeto-fin
social que debe satisfacer como acto jurídico (del dictamen del fiscal de cámara, interviniendo
la C. Nac. Com., sala B, 21/6/1996, "La Rectora Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1997-F-
969, Jur. Agr., nº 12.110).

A) Reservas técnicas. Dado que el contrato de seguro tiene la peculiaridad de que los
aseguradores perciben del asegurado el precio (prima) para pagar eventualmente la
indemnización o el capital o renta prometidos, es esencial, para lograr la capacitación
económico-financiera del ente asegurador, que éste prevea la formación de las reservas técnicas
según las distintas ramas que explotará.

Cuando no existen normas generales, establecidas por la Superintendencia de Seguros, el ente


debe presentar las bases del cálculo de las reservas técnicas, salvo en la rama vida, en que se
aplica una norma distinta (art. 24 Ver Texto). La Superintendencia de Seguros ha dictado reglas
generales en materia de reservas para riesgos en curso.

En la rama vida, el art. 24 Ver Texto exige, además, que los planes para operar en seguros de
esa especie contengan:

I) el texto de los cuestionarios a utilizarse;

II) los principios y las bases técnicas para el cálculo de las primas y de las reservas puras; se
deben indicar, cuando se trate de seguros con participación en las utilidades de la rama o con
fondos de acumulación, los derechos que se concedan a los asegurados, los justificativos del
plan y el procedimiento a utilizarse en la formación de dicho fondo;

184
III) las bases para el cálculo de los valores de rescate, de los seguros reducidos en su monto o
plazo (seguros saldados) y de los préstamos a los asegurados.

Por otra parte, lo relativo a las primas y sus fundamentos técnicos, a las bases para el cálculo de
las reservas técnicas y a lo señalado en los puntos II y III precedentemente mencionados, se
deberán presentar acompañados de opinión actuarial autorizada.

Se debe tener en cuenta lo siguiente:

1) La autoridad de control (Superintendencia de Seguros) está facultada para establecer las


reservas técnicas que se constituirán, ajustada a tres requisitos: 1) la rama de seguros de que se
trate; 2) la medida necesaria para atender las obligaciones con los asegurados; 3) que tengan
carácter general y uniforme.

2) La Superintendencia de Seguros fija la inversión de tales reservas técnicas en los bienes


detallados en el art. 35 Ver Texto, apartados a a h, y las demás inversiones en la forma prevista
en el mismo art. 35 Ver Texto, último apartado; para los fondos no previstos allí (capital que
excede del mínimo, reservas libres, etc.), se aplica el art. 35 Ver Texto, 1er. párr.

Las inversiones a las cuales hace mención dicho art. 35 Ver Texto apartados a a h, deben ser
efectuadas íntegramente en los bienes indicados a continuación; se prefiere los que supongan
mayor liquidez y suficiente rentabilidad y garantía:

a) títulos u otros valores de la deuda pública nacional o garantizados por la Nación y títulos de
la deuda pública interna de las provincias, emitidos con arreglo a sus respectivas
Constituciones; y también los de las municipalidades que cuenten con la garantía de los
respectivos municipios;

b) títulos públicos de países extranjeros, hasta el importe de las reservas técnicas


correspondientes a pólizas emitidas en moneda de esos países;

c) debentures con garantía especial o flotante en primer grado sobre bienes radicados en el
país;

d) préstamos con garantía prendaria o hipotecaria en primer grado sobre bienes situados en el
país, con exclusión de yacimientos, canteras y minas.

185
El préstamo no excederá del 50% del valor de realización del bien, especialmente tasado al
efecto por el asegurador.

e) inmuebles situados en el país para uso propio, edificación, renta o venta;

f ) acciones de sociedades anónimas constituidas en el país o extranjeras comprendidas en el


art. 124 Ver Texto de la ley 19550, o de extranjeras que tengan por principal objeto la
prestación de servicios públicos dentro de la Nación, que se coticen en bolsas del país o del
extranjero;

g) préstamos garantizados con títulos, debentures y acciones de los incs. a, b, c y f, hasta el


50% del valor de mercado de esos valores;

h) operaciones financieras garantizadas en su totalidad por bancos u otras entidades financieras


debidamente autorizadas a operar en el país por el Banco Central de la República Argentina,
previa autorización, en cada caso, del ente de control, y siempre que lo permita el estado
económico-financiero del asegurador.

Agrega el art. 35 Ver Texto que la autoridad de control establecerá, con carácter general, los
porcentajes de inversión en tales bienes, y podrá impugnar las inversiones hechas en bienes que
no reúnan las características de liquidez, rentabilidad y garantía, o cuyo precio de adquisición
sea superior a su valor de realización. En este último caso, la autoridad de control dispondrá las
medidas conducentes a que dicha inversión registre en el balance un valor equivalente al de su
realización según el precio corriente de mercado. Los bienes adquiridos con gravamen serán
computados, para los porcentajes de inversiones, por su monto total neto de amortizaciones; y
para el balance de cobertura se considerarán con deducción del gravamen.

En los seguros de la rama vida, los aseguradores podrán deducir, de las reservas a invertir,
también los préstamos a los asegurados, las primas vencidas a cobrar y las fracciones de primas
a vencer.

Respecto de otras inversiones, el último apartado del referido art. 35 Ver Texto señala que el
capital, la reserva legal y los fondos de previsión y de amortización, así como también las
reservas que la autoridad de control establezca, con carácter particular, para cada entidad (con
deducción de cuanto se destine a bienes de uso para la instalación, explotación y desarrollo del
negocio de seguros, así como también los créditos por primas), deberán ser invertidos en los
mismos bienes antes indicados, sin sujeción a porcentajes, o en otros bienes, con autorización
previa del ente de control.

186
3) Los aseguradores deberán constituir, por la cuenta de ganancias y pérdidas o por
distribución de utilidades, según lo determine la autoridad de control, los fondos de
amortización, de previsión y las reservas que ella disponga, con carácter general, sin perjuicio
de los fondos que, con carácter particular, establezca dicha autoridad de control respecto de
cada entidad, según su situación económico-financiera (art. 34 Ver Texto).

4) La autoridad de control establecerá, con carácter general, los porcentajes de inversión en


tales bienes y podrá impugnar las inversiones hechas en bienes que no reúnan las características
de liquidez, rentabilidad y garantía, o cuyo precio de adquisición sea superior al valor de
realización. En este último caso, la autoridad de control dispondrá las medidas conducentes a
que tal inversión registre en el balance un valor equivalente al de su realización según el precio
corriente en el mercado (art. 35 Ver Texto). La autoridad de control establece normas
uniformes para la valuación del activo (art. 41 Ver Texto).

B) Texto de las pólizas que se propone emitir. En el título I, en los arts. 11 Ver Texto y 158
Ver Texto, de la ley 17418, con referencia al contrato de seguro se han fijado: 1) el contenido
necesario y el facultativo de la póliza (que es el instrumento normal probatorio del contrato,
conforme al art. 11 Ver Texto); 2) las disposiciones de la ley que no son modificables o que
sólo lo son parcialmente (art. 158 Ver Texto).

El texto de las pólizas se debe someter a la aprobación de la Superintendencia de Seguros, la


cual cuidará que "las condiciones contractuales sean equitativas". Se tendrán que ajustar a lo
dispuesto en los arts. 11 Ver Texto y 158 Ver Texto de la Ley de Seguros, 17418, y estar
redactadas en idioma nacional, salvo las de riesgo marítimo.

La modificación de la póliza a ser empleada con carácter general se debe someter a la


aprobación de la Superintendencia de Seguros (arts. 24 Ver Texto, inc. a, 25 Ver Texto y 28
Ver Texto). Si bien la infracción (esto es, el empleo de pólizas modificadas sin aprobación por
un asegurador autorizado a operar) no hace incurrir al infractor en la sanción del art. 61 Ver
Texto, sí resulta pasible de las penas previstas en el art. 58 Ver Texto para el "ejercicio anormal
de la actividad aseguradora", que son: a) llamado de atención; b) apercibimiento; c) multa; d)
suspensión de hasta 3 meses para operar en una o más ramas; e) revocación de la autorización
para operar. Estas penas serán graduadas razonablemente en función de la gravedad de la falta
y la existencia de reincidencia.

Por su parte, el art. 28 Ver Texto establece que cuando se trate de ramas ya autorizadas al
asegurador o de la modificación de elementos técnicos o contractuales, "la autoridad de control
resolverá dentro de los 90 días de la presentación de la respectiva solicitud de aprobación"
(297) (ver lo dicho en el parágrafo 17.a).

187
C) Texto del cuestionario y de la propuesta de seguro. El art. 24 Ver Texto de la ley 20091
establece, como norma general para todas las ramas, que los planes, "además de los elementos
que requiera la autoridad de control de acuerdo con las características de cada uno de ellos,
deben contener: a) el texto de la propuesta de seguro y el de la póliza".

En la celebración de seguros, en la práctica argentina, en los seguros de personas se aplica el


sistema del cuestionario, es decir, un conjunto de preguntas que responderá el solicitante, cuyas
respuestas permiten al asegurador formarse idea más o menos cabal del riesgo.

En las demás ramas, esta descripción del riesgo resulta de la propuesta, trasmitida
generalmente mediante un agente del asegurador o un productor-asesor de seguros (ley 22400
Ver Texto). No obstante las normas del ente de control que reiteran la obligatoriedad de la
propuesta escrita, en la práctica muchos aseguradores prescinden de ella o la hacen suscribir en
blanco, no obstante que las pólizas, en sus cláusulas particulares impresas, se remiten a ella
para precisar más detalles de las circunstancias del riesgo asumido, y el papel que la ley 17418 le
adjudica en el art. 12 Ver Texto.

Acerca de su trascendencia para el contrato, ver capítulo III.

D) Para la rama vida, el art. 24 Ver Texto citado, establece que los planes deberán contener:
apartado I (según resolución S.S.N. 21523/92 ): "El texto de los cuestionarios a utilizarse"; y el
apartado III agrega: "Las bases para el cálculo de los valores de rescate, de los seguros
reducidos en su monto o plazo (seguros saldados) y de los préstamos a los asegurados".

Esta norma concuerda con las disposiciones de los arts. 138 Ver Texto y 141 Ver Texto de la
ley 17418, de contrato de seguro, que dan al asegurado de vida, después de trascurridos 3 años
desde la celebración y hallándose al día en el pago de las primas, derecho a:

1) la conversión del seguro en otro, saldado -es decir, pagada la prima-, por una suma menor o
por un plazo menor (art. 138 Ver Texto, inc. a);

2) la rescisión del contrato, con el pago, por el asegurador, de una suma determinada, según
tablas aprobadas por la Superintendencia de Seguros (art. 138 Ver Texto, inc. b);

3) un préstamo, por un monto según la tabla inserta en la póliza, que se determina conforme a
los planes técnicos aprobados. Este préstamo se puede acordar automáticamente para pagar
primas no abonadas en término (art. 141 Ver Texto).

188
E) En la rama vida se practica un plan por el cual el asegurado tiene participación en las
utilidades. Según los arts. 24 Ver Texto, 2º párr., apartado II, y 27 Ver Texto, de la ley 20091,
los planes deben indicar, cuando se trate de seguros con participación en las utilidades de la
rama o con fondos de acumulación, "los derechos que se concedan a los asegurados, los
justificativos del plan y el procedimiento a utilizarse en la formación de dicho fondo".

Por su parte, el art. 27 Ver Texto establece que las utilidades de los seguros de la rama vida con
participación se determinarán y pagarán anualmente; pueden también ser imputadas a primas
futuras, o acreditarlas en una cuenta que devengará un interés no menor del que cobre el
asegurador por los préstamos sobre pólizas, o bien aplicarse al otorgamiento de beneficios
adicionales que hayan sido autorizados por la autoridad de control.

F) También respecto de la rama vida se prohíben los planes denominados "tontinarios", de


derrama y los que incluyan sorteos (art. 24 Ver Texto, ap. 3, ley 20091).

La "tontina" es un sistema aleatorio por el cual los capitales formados por las contribuciones
de varios se pagan a uno o más sobrevivientes del grupo. La prohibición se funda en que no
llena una función de previsión y es una forma de juego combinado con la duración de la vida
humana.

El sistema de "derrama" es un tipo de operación sobre la vida por la cual las pérdidas de la
ejecución del plan se cubren con las contribuciones de los participantes. Mientras el grupo
asegurado se mantiene en determinado número y se integra por personas que dan una edad
media juvenil, el costo suplementario -la "derrama" o contribución- es nulo, porque se realiza
la hipótesis considerada; mas cuando disminuye o no se renueva -esto es, sus integrantes
envejecen naturalmente-, las prestaciones a pagar se acrecientan e imponen los pagos
complementarios.

Los participantes del plan, inadvertidos de estas variaciones, lo abandonan en cuanto la


contribución se hace onerosa o se sienten engañados por la variabilidad del costo. Con ello los
vicios del sistema aumentan, porque incrementan desmesuradamente las contribuciones que
adeudan quienes permanecen en él.

Estas circunstancias se agravan en época de crisis, porque ante la reducción de los recursos se
eliminan los gastos personales menos necesarios, especialmente por parte de los integrantes
más jóvenes, que se desafilian del sistema y hacen así más onerosa la carga para quienes
permanecen.

Como consecuencia, la empresa que lo practique debe encarar irremisiblemente la impotencia


para hacer frente a las obligaciones asumidas con los asegurados.

189
El art. 19 Ver Texto de la ley 20091 establece alguna excepción respecto de las sociedades de
seguros mutuos, que se justifican:

a) por la naturaleza del ente asegurador, integrado por los asegurados (art. 18 Ver Texto);

b) porque prevé la existencia de un fondo de garantía, que equivaldrá al capital exigido por el
art. 7 Ver Texto, inc. c (art. 19 Ver Texto);

c) los estatutos fijarán la responsabilidad proporcional de los socios -con excepción de los
socios honorarios y de los benefactores- para cuando se afecte el fondo de garantía, la cual
deberá ser limitada (art. 19 Ver Texto).

18. Tarifas de primas.

La ley 20091 Ver Texto ha innovado en materia de tarifas de primas. Se establece el régimen de
libertad, pero sujeto a ciertas pautas fundamentales.

Conforme a su art. 24 Ver Texto, inc. b, los planes, además de los elementos que requiriese la
autoridad en cada caso, deberán contener, entre otros, las primas que se van a cobrar y los
fundamentos técnicos en que se basan; asimismo estarán "aprobados previamente por la
autoridad de control antes de su aplicación" (art. 23 Ver Texto).

Las primas, en todas las ramas, tienen que resultar suficientes para el cumplimiento de las
obligaciones del asegurador y su permanente capacitación económico-financiera. La autoridad
de control observará las primas que resulten insuficientes, abusivas o arbitrariamente
discriminatorias (art. 26 Ver Texto).

En la rama vida, los planes especificarán también "los principios y bases técnicas para el
cálculo de las primas y de las reservas puras" (art. 24 Ver Texto, apartado 2, punto II). Como
ya se destacó antes, cuando se trate de seguros con participación en las utilidades de la rama o
con fondos de acumulación, se establecerán "los derechos que se concedan a los asegurados,
los justificativos del plan y el procedimiento a utilizarse en la formación de dicho fondo".

El régimen específico para el seguro de vida se justifica porque:

190
1) En los seguros sobre la vida, la prima pura admite un cálculo matemático fundado en las
tablas de mortalidad, mientras que en los demás seguros la fijación se hace por métodos más
empíricos.

2) Mientras que en los seguros de vida la estadística da una duración media prácticamente
uniforme para todo el país -y el domicilio en determinado lugar, o la profesión o trabajo
insalubres ejercidos permiten incrementar la prima-, en los demás seguros no ocurre lo mismo.

3) La libertad de la prima -concordante con la libertad de comisiones- permite además hacer


efectiva la competencia y reducir la prima bruta en los casos en que sea el resultado de la
actuación de entes con mejor organización administrativa, atinada selección de riesgos,
reaseguro más económico, etc. Se trasladan así al comercio del seguro las ventajas de la
competencia en un mercado libre.

No obstante, este régimen de libertad trae consigo ciertos peligros, consistentes principalmente
en que:

a) un exceso en la competencia lleve a la reducción tal de la prima neta de comisiones que


ponga en peligro la aptitud económico-financiera de las empresas para cumplir con sus
obligaciones (298) ;

b) algunos aseguradores puedan contratar seguros con primas muy bajas, incluso a pérdida,
para dominar el mercado asegurador.

Para hipótesis de esta índole, en que la estabilidad del mercado se vería afectada, se podrán
aprobar primas mínimas uniformes, netas de comisiones, a pedido de una asociación de
aseguradores, luego de escuchar a las demás asociaciones de esa especie (art. 26 Ver Texto, 3er.
párr.).

La ley 20091 Ver Texto también hace referencia al pago de comisiones por intermediación. Al
respecto dice que dichas comisiones pueden ser libremente establecidas por los aseguradores
"dentro de los mínimos y máximos que autorice la autoridad de control" (art. 26 Ver Texto;
ver, asimismo, ley 22400, art. 5 Ver Texto).

La Superintendencia de Seguros actúa en estos casos:

191
1) de oficio, esto es, por sí, sin petición alguna, por el conocimiento que tiene del mercado.
Resolverá previa opinión del Consejo Consultivo del Seguro (art. 79 Ver Texto, inc. a 1).

2) por pedido de una asociación de aseguradores. En este caso, además de oír al Consejo
Consultivo, debe escuchar a las otras asociaciones de aseguradores que existan en ese
momento. Esta consulta es importante, porque los intereses pueden ser contrapuestos y
distinta la experiencia (especialmente entre entes estatales, sociedades anónimas y sociedades
cooperativas).

La disposición que dicte la Superintendencia de Seguros, que debe ser general -la ley se refiere
a tarifas mínimas "uniformes"-, es pasible de recurso ante el Poder Ejecutivo nacional,
conforme a lo dispuesto por el art. 85 Ver Texto.

Cuando no se afecte la estabilidad del mercado -requisito del art. 26 Ver Texto, 3er. párr.- y
sólo gravite sobre determinado o determinados aseguradores, la Superintendencia de Seguros
debe hallar el remedio con las medidas autorizadas por los arts. 31 Ver Texto, 33 Ver Texto, 38
Ver Texto, 44 Ver Texto y concordantes.

También en su política comercial y al amparo de la libertad establecida, por las vinculaciones


económico-financieras del asegurador, puede practicar éste una política de imposición de
tarifas abusivas o en favor de determinada industria (o industrial), etc. El art. 26 Ver Texto, 3er.
párr., ha dado a la Superintendencia de Seguros el medio legal para revisar esas tarifas cuando
resulten "insuficientes, abusivas o arbitrariamente discriminatorias".

Jurisprudencia

La Superintendencia de Seguros de la Nación tiene por función el control de los aseguradores


en toda la República en lo relacionado a su régimen económico y técnico, en salvaguarda
primordialmente de la fe pública (Fallos 295:552 Ver Texto) y de la estabilidad del mercado
asegurador, reglamentando a tal efecto no sólo las condiciones para operar en la actividad, sino
también los planes y elementos técnico-contractuales que deben observar las entidades; se
destaca, respecto del cálculo de primas, que éstas deben ser suficientes para el cumplimiento de
las obligaciones del asegurador y su permanente capacitación económico-financiera, y proteger
asimismo la estabilidad del mercado asegurador (arts. 24 Ver Texto y 26 Ver Texto de la ley
20091). De ello resulta no sólo la existencia de extensas facultades de control y decisión de la
Superintendencia, sino también la necesidad de reconocer al organismo una razonable
amplitud para apreciar los factores y datos técnicos que entran en juego en la materia. Por
consiguiente, determinar si en un caso específico se ha configurado o no la situación de
emergencia a que alude el art. 26 Ver Texto de la ley antes citada -es decir, "cuando se afecte la
estabilidad del mercado"- es una facultad privativa del órgano al cual se haya dado tal
atribución, y en consecuencia irrevisable, en principio, por el Poder Judicial, pues éste no
puede interferir en las razones de oportunidad, mérito o conveniencia de las medidas que los

192
funcionarios competentes hubiesen adoptado. Además, dicho art. 26 Ver Texto de la ley 20091
es compatible con la Constitución nacional, pues constituye una razonable reglamentación del
derecho a comerciar que ella reconoce. Por otra parte, las resoluciones generales de la
Superintendencia de Seguros que fijen primas mínimas uniformes han sido dictadas dentro del
marco que determina el art. 26 Ver Texto, 3er. párr., toda vez que esta norma faculta al ente
estatal a aprobar, por resolución fundada, primas mínimas uniformes netas de comisiones,
cuando se halle afectada la estabilidad del mercado, y además la recurrente no ha demostrado
ni aportado elementos que permitan tachar de irrazonable tal determinación (Corte Suprema
de Justicia de la Nación, 18/9/1990, "Reaseguradora Argentina S.A. v. Estado nacional -R.
411-XXII, R.E.- Ver Texto, ED 141-829; el mismo tribunal, 23/2/1993, "Superintendencia de
Seguros de la Nación, s./Rec. Sud América Terrestre y Marítima S.A." Ver Texto, LL 1993-C-
265).

En el mismo sentido expresó también que no corresponde revisar el mérito de la política


gubernamental implementada por la Superintendencia de Seguros de la Nación mediante ese
tipo de resoluciones, pues una vez realizado el control de constitucionalidad, no incumbe al
juez valorar materialmente las medidas de política económica emitidas por una entidad
autárquica creada en el ámbito del Ministerio de Economía (Corte Suprema de Justicia de la
Nación, 17/11/1994, "San Cristóbal Sociedad Mutual de Seguros Generales" Ver Texto, LL
1995-B-285, DJ 1995-I-747).

III. Normas específicas para la autorización

19. Inhabilitaciones.

La ley 20091 Ver Texto persigue depurar el mercado asegurador teniendo en cuenta dos
factores: 1) la importancia que ejercen en este comercio la personalidad y experiencia de
quienes asumen su gobierno y administración; 2) la característica de toda sociedad nueva,
renovada continuamente por la incorporación de nuevos integrantes, de olvidar fácilmente los
actos incorrectos e incluso deshonestos, sobre todo si han enriquecido a sus autores.

De ahí que el art. 9 Ver Texto haya establecido que no podrán ser promotores, fundadores,
directores, consejeros, síndicos, miembros de consejos de vigilancia, liquidadores, gerentes,
administradores o representantes de aseguradores:

193
a) las personas comprendidas en las inhabilidades, incompatibilidades y prohibiciones que,
según el caso, establece la Ley de Sociedades, 19550 Ver Texto;

b) los condenados por delitos cometidos con ánimo de lucro o por delitos contra la propiedad
o la fe pública, o por delitos comunes -excluidos los delitos culposos- castigados con penas
privativas de libertad o con inhabilitación, mientras no haya trascurrido otro lapso igual al
doble de la condena, y quienes se hayen sometidos a prisión preventiva por esos mismos
delitos, hasta su sobreseimiento definitivo;

c) los fallidos y los concursados, y los deudores morosos de la entidad;

d) los inhabilitados para el uso de cuentas corrientes bancarias o para el libramiento de


cheques, hasta un año después de su rehabilitación;

e) quienes hayan sido sancionados como directores, administradores o gerentes de una


sociedad declarada en quiebra, o declarados responsables de la liquidación de una entidad de
seguros conforme al art. 53 Ver Texto, o inhabilitados por aplicación de los arts. 59 Ver Texto
a 61 Ver Texto.

El art. 53 Ver Texto establece que la autoridad de control elevará al juez de la liquidación
forzosa de la aseguradora los antecedentes para hacer efectivas, respecto de sus
administradores, directores, consejeros, síndicos, integrantes del consejo de vigilancia y
gerentes, las medidas previstas en la Ley de Concursos para el fallido en ocasión de culpa o
fraude y, en su caso, le serán aplicables las penas previstas en el Código Penal para el quebrado
fraudulento o culpable.

La ley 24522 Ver Texto, de concursos y quiebras ha eliminado la calificación de conducta del
fallido, y en su art. 234 Ver Texto dispone: "El fallido queda inhabilitado desde la fecha de la
quiebra"; agrega el art. 235 Ver Texto que para el caso de quiebras de personas jurídicas, la
inhabilitación se extiende a las personas físicas que hubieren integrado sus órganos de
administración desde la fecha de la cesión de pagos.

Consideramos que la precitada reforma de la ley concursal no resulta demasiado relevante en


este tema, atento a que la ley 20091 Ver Texto establece como suficiente impedimento el
revestir la calidad de fallido o concursado (art. 9 Ver Texto). Por otra parte, continúa vigente lo
dispuesto por esta ley en relación con lo preceptuado por el Código Penal, arts. 176 Ver Texto
y ss. para el supuesto de fallido fraudulento o culpable.

194
Por su parte, el art. 59 Ver Texto de la ley 20091 establece una inhabilitación de hasta 5 años
para los productores, agentes, intermediarios, peritos o liquidadores, no dependientes del
asegurador, que violen las normas del art. 55 Ver Texto (éste impone la obligación de
desempeñarse conforme a las disposiciones legales y principios técnicos aplicables a la
operación en la cual intervienen, y a actuar con diligencia y buena fe). El art. 60 Ver Texto
establece pena de prisión de 1 a 6 años e inhabilitación del doble de la condena que haya
recaído en sede penal al productor o agente por "no entregar a su debido tiempo" al
asegurador las primas que hubieren recibido para el pago de los seguros (299) . A su vez, el art.
61 Ver Texto establece, con carácter de accesoria y para todos los casos, la pena de
inhabilitación de hasta 5 años a quienes directa o indirectamente anuncien en cualquier forma u
ofrezcan celebrar operaciones de seguros sin estar autorizados para actuar como aseguradores,
o celebren contratos de seguro sin la debida autorización, sin perjuicios de las multas que se
apliquen y de la nulidad de los contratos celebrados en infracción. Si la infractora fuere una
sociedad anónima, cooperativa o mutual, sus directores, administradores, síndicos, miembros
de consejos de vigilancia y gerentes serán solidariamente responsables por las multas y
consecuencias de la nulidad de los contratos celebrados en violación a la ley. Si se tratare de
sociedad de otro tipo, la responsabilidad se extenderá a los demás socios, y si fuere una
sucursal o agencia de sociedad extranjera, la responsabilidad pesará sobre el factor, gerente o
representante.

20. Sociedades de seguro solidario.

La ley 20091 Ver Texto, con el título "Sociedades de seguro solidario", introduce, en la sección
IV del capítulo I, normas relativas a las sociedades cooperativas y a las sociedades de seguros
mutuos, algunas de las cuales resultan comunes a ambas especies (arts. 11 Ver Texto a 16 Ver
Texto) y otras específicas a cada una de ellas (art. 17 Ver Texto, sociedades cooperativas; arts.
18 Ver Texto a 22 Ver Texto, sociedades de seguros mutuos).

21. Generalidades.

Las sociedades de seguro solidario (expresión que abarca a las sociedades cooperativas y a las
de seguros mutuos) tienen por característica que los asegurados integran el ente asegurador
(arts. 14 Ver Texto, in fine, 17 Ver Texto y 18 Ver Texto) que han organizado para lograr la
cobertura de sus asociados, sin que ellos perciban, por su calidad de tales, utilidades
provenientes de la explotación. De allí que la ley establezca que si existen excedentes realizados

195
y líquidos, deberán ser retornados a los socios "en proporción a las primas consumidas" por
cada uno durante el ejercicio. La ley buscó también evitar desviaciones que se pudieren dar, en
algún caso, en la práctica, para lo cual estableció una normativa específica que regula algunos
aspectos de este tipo de sociedades.

22. Control.

Las sociedades de seguro solidario se hallaban en un comienzo sujetas a un doble y hasta un


triple control: el correspondiente a los organismos encargados del control propio de la especie
de entidad (cooperativa; mutualidad); el de la Inspección General de Justicia, conforme el art. 1
del decreto 7112/52 (o sus equivalentes provinciales), y el de la Superintendencia de Seguros.
Ello daba lugar a que se suscitaran conflictos de competencia entre las distintas autoridades de
control.

La ley 20091 Ver Texto procuró poner término a esa superposición inútil de controles
mediante lo establecido en su art. 8 Ver Texto, al cual ya se ha hecho referencia, que dispone
que "el control de funcionamiento de todas las entidades de seguro, sin excepción,
corresponde a la autoridad de control organizada por esta ley", "con exclusión de toda otra
autoridad nacional o provincial"; agrega que la Superintendencia de Seguros de la Nación
podrá requerir a estas últimas su opinión en las cuestiones vinculadas con el régimen societario
de dichas entidades cuando lo estimara conveniente. Esta preceptiva, contenida en el último
párrafo del precitado art. 8 Ver Texto, es formulada con el título "Control exclusivo y
excluyente". Este régimen prevalece ante las leyes de cooperativas 20337 Ver Texto y de
mutualidades 20321, atento al carácter de "ley especial" que reviste la ley 20091 Ver Texto
(acerca de la validez constitucional de la policía sobre la actividad del seguro ejercida por ente
de control federal, ver, supra, § 12).

23. Arbitraje social.

Conforme el art. 11 Ver Texto, en las sociedades de seguro solidario los estatutos podrán
prever que las diferencias con los socios, derivadas del contrato de seguro, sean resueltas por el
órgano arbitral que ellos establezcan. En tal caso, se deberá reglamentar su constitución y
funcionamiento, así como también los recursos admisibles.

196
Pero sólo podrá operar ese mecanismo cuando sea aceptado, en cada caso concreto, por el
socio afectado. Se establece, así, este medio de solución de conflictos, con carácter optativo en
favor del socio respecto del cual haya surgido la cuestión que originó la controversia. Esta
salvedad protege y completa el principio contenido en el art. 57 Ver Texto de la Ley de
Seguros, 17418, que prohíbe la inserción de cláusulas compromisorias en las pólizas.

Se tendrá presente, además, que en el supuesto de que se recurra a esta institución arbitral, no
deberá resultar desvirtuado el funcionamiento eficaz del seguro ni la indemnización oportuna y
adecuada (arts. 49 Ver Texto y ss., ley 17418).

24. Gobierno y administración.

La ley 20091 Ver Texto también establece normas relativas al gobierno y administración de las
sociedades de seguro solidario.

Respecto de las asambleas, se dispone que en ellas sólo podrán votar los socios que en el
ejercicio hayan tenido contrato de seguro en vigencia. Los auxiliares remunerados a comisión
no podrán representar a los socios en las asambleas (art. 14 Ver Texto).

Se requiere la autorización de la asamblea para la adquisición o venta de inmuebles. Dicho


órgano social también puede disponer que se constituyan reservas facultativas (art. 15 Ver
Texto).

La administración o gestión social estará a cargo del consejo de administración, y no se podrá


delegar total ni parcialmente a terceros. Los consejeros, directores y síndicos pueden ser
retribuidos por las funciones que desempeñaren, pero la autoridad de control tiene facultad
para impugnar las retribuciones que no guarden proporción con la capacidad económico-
financiera de la entidad o que no se ajusten a la tarea efectuada, según la práctica del mercado.
Son aplicables a los síndicos los mismos requisitos, inhabilidades, incompatibilidades,
atribuciones, deberes y responsabilidades que a los de las sociedades anónimas.

En cuanto a la distribución de excedentes, los realizados y líquidos del ejercicio se retornarán a


los socios en proporción a las primas pagadas por éstos durante él, o bien conforme a lo que
dispusieren los reglamentos de participación que hayan sido aprobados para la entidad por la
autoridad de control (art. 15 Ver Texto, in fine). La solución legal coincide con el principio
cooperativo contenido en la ley 20337, art. 2 Ver Texto, inc. 6.

197
25. Reaseguro.

Las sociedades de seguro solidario podrán reasegurar con cualquier reasegurador y aceptar
reaseguros y retrocesiones aun de quienes no sean socios, en las condiciones que establezca la
autoridad de control, siempre que sus estatutos lo autoricen y no se viole el régimen de
reaseguros que se halla en vigencia en ese momento (art. 12 Ver Texto).

26. Intermediarios.

El art. 13 Ver Texto establece que las sociedades de seguro solidario podrán emplear auxiliares
a comisión (productores) para la celebración de contratos de seguros con los socios.

La norma se explicaba cuando regía la ley 11388, hoy derogada, cuyo art. 2 , inc. 10, prohibía
"remunerar con comisión ni con otra forma a quien aporte nuevos socios o coloque acciones",
lo cual generó discusiones acerca de si tal precepto alcanzaba a los productores de las
cooperativas de seguro.

No obstante, el autor de esta obra consideraba, aun dentro de ese contexto, que la norma del
art. 14, inc. c, del proyecto que sirvió de base a la ley 20091 Ver Texto -coincidente con el
actual art. 13 Ver Texto- se justificaba, por cuanto el método de comercialización del seguro en
el país se basa en el empleo de productores a comisión, y resulta muy útil a la cooperativa para
ampliar el número de contratos vigentes, difundir nuevos planes, etc., por lo cual privarla de
este medio de actuación implicaría una restricción a sus actividades legítimas.

27. Sociedades cooperativas de seguros.

198
La ley 20091 Ver Texto dedica un solo artículo específico a esta especie de entidad asegurativa
de seguro solidario, el 17, que disponía que las sociedades cooperativas sólo podrían contratar
seguros con sus socios, quienes debían ser titulares del interés asegurable al tiempo de la
contratación. Se trataba de una aplicación del principio que consagraba el art. 2 , inc. 13, de la
ley 11388.

Dicha normativa ha quedado modificada, atento a lo dispuesto por los arts. 2 Ver Texto, inc.
10; 4 Ver Texto, in fine; 19 Ver Texto, 1er. párr., in fine, y 42 Ver Texto, in fine, de la ley
20337. A ello se agrega que, como ya se ha visto, la propia ley 20091 Ver Texto autoriza la
contratación de reaseguros y retrocesiones con cualquier reasegurador, sea socio o no de la
entidad (art. 12 Ver Texto).

28. Sociedades de seguros mutuos.

Las características de este tipo de entidad de seguro solidario, que se proyectan sobre la
operatoria asegurativa desarrollada por ellas, requieren de una normativa especial para regular
los efectos peculiares que implica la particular naturaleza del vínculo que genera la relación
asegurativa a que da lugar, de la cual se discute si se trata de un seguro, o un mero vínculo
social, o una relación mixta, tema al cual ya se ha hecho referencia al comienzo de esta obra
(capítulo I, § 50). Aquí, en principio, la mutualidad no está limitada al aspecto económico,
propio de la relación externa de compensación de riesgos de los distintos asegurados, impuesta
por la empresa de seguros en el seguro comercial para la absorción técnica del álea, ajena al
contrato individualmente considerado, sino que forma parte de la relación asegurativa misma y
se exterioriza con plenitud, abarcándola integralmente: la celebración de seguros constituye la
finalidad inmediata y específica de esa relación, su razón de ser.

Pero lo que en realidad distingue conceptualmente al seguro mutual de otras formas


asegurativas es la manera de determinación de la contraprestación a cargo del asegurado, que,
en este caso, conforme a su naturaleza, se constituye mediante la participación societaria en los
perjuicios provocados por los hechos siniestrales del conjunto de los asociados-asegurados (en
los términos de la cobertura convenida); la configuración definitiva de tal participación tiene
lugar a posteriori, sin poseer el carácter de pago anticipado (de allí la distinción enunciada en el
art. 1 Ver Texto de la ley 17418, cuando habla de "prima o cotización").

No obstante, la técnica moderna del seguro, impuesta por toda la normativa de la ley 20091
Ver Texto, ha desdibujado las diferencias que implicaba esa peculiar característica, e incluyó a
estas entidades en la disciplina común de los requisitos, planes, cálculos, reservas, etc.,
impuestos a todas las aseguradoras, sin distinción. En tal sentido, el art. 30 Ver Texto dispone
que la autoridad de control establecerá, con criterio uniforme y general, para todos los

199
aseguradores sin excepción, el monto y las normas sobre capitales mínimos a que deberán
ajustarse los aseguradores, lo cual dará lugar a la formación de un fondo (con los pagos que los
asegurados vayan efectuando por sus seguros, cuyo monto resultará de las normas generales
precitadas); con él se hará frente al pago de los siniestros que se produzcan. Por su lado, el art.
19 Ver Texto expresamente dispone que las sociedades de seguros mutuos "tendrán un fondo
de garantía", que equivaldrá al capital exigido por el art. 7 Ver Texto, inc. c; y agrega, en el
párrafo final, que los estatutos "fijarán la responsabilidad proporcional de los socios [. . .] para
cuando se afecte el fondo de garantía, la que deberá ser limitada". Otro tanto cabe señalar en
relación con los requisitos que deberá llenar el contrato de seguro y los efectos que produce
(art. 157 Ver Texto, in fine, de la ley 17418).

El resto de las normas de la ley 20091 Ver Texto sobre sociedades de seguros mutuos resulta
bastante coincidente con el régimen establecido por la ley 20321 Ver Texto sobre asociaciones
mutuales. Ella define a tales asociaciones como aquellas "constituidas libremente, sin fines de
lucro, por personas inspiradas en la solidaridad, con el objeto de brindarse ayuda recíproca
frente a riesgos eventuales o de concurrir a su bienestar material y espiritual mediante una
contribución periódica" (art. 2 Ver Texto). Dicha ley fija, como prestaciones mutuales,
"aquellas que, mediante la contribución o ahorro de sus asociados o cualquier otro recurso
lícito, tiene por objeto la satisfacción de necesidades de los socios, ya sea mediante la asistencia
médica, farmacéutica, otorgamiento de subsidios, préstamos, seguros, construcción y
compraventa de viviendas, promoción cultural, educativa, deportiva y turística, prestación de
servicios fúnebres, así como también cualquier otra que tenga por objeto alcanzarles bienestar
material y espiritual" (art. 4 Ver Texto).

El art. 10 Ver Texto, inc. c, establece, entre las causas de exclusión, "cancelar el seguro, en las
mutuales de seguros", en lo cual coincide, en líneas generales, con lo dispuesto por el art. 18
Ver Texto, 2º párr., de la ley 20091: "Sólo puede adquirir la calidad de socio quien al
incorporarse celebre un contrato de seguro con la sociedad y dejará de serlo con la terminación
del vínculo de seguro, salvo disposición estatutaria en contrario que admita su interrupción por
el plazo máximo de un año". El autor de esta obra señalaba que una salvedad como la
contenida en la parte final del precepto trascrito precedentemente "tiene en vista ciertas
sociedades que no se dediquen al seguro sobre la vida corriente, sino a otros riesgos, en los
cuales cabe inexistencia de interés asegurable por ciertos lapsos".

El primer párrafo del precitado art. 18 Ver Texto de la ley 20091 señala que los estatutos
sociales establecerán los requisitos para ser socio y las causales para perder el carácter de tal,
coincidiendo con el art. 7 Ver Texto de la ley de mutualidades, la cual, por su parte, limita las
causas de exclusión a las señaladas en su art. 10 Ver Texto.

El tercer párrafo del art. 18 Ver Texto, ley 20091, establece que el estatuto debe resguardar la
igualdad de los socios en igualdad de condiciones. Asimismo, prohíbe conceder ventajas ni
privilegios a los iniciadores, consejeros, directores o síndicos, ni preferencias sobre parte alguna
del fondo social. El último párrafo de dicha norma dispone que los estatutos podrán prever
categorías de socios "honorarios" y "benefactores", pero carecerán de derechos sociales.

200
Halperin señalaba que esto último puede parecer obvio, pero apuntó a confirmar la legitimidad
de tal creación, por cuanto en función del principio enunciado en el segundo párrafo del art. 18
Ver Texto (exigencia de la contratación de un seguro para adquirir la calidad de socio) se
habían suscitado discusiones doctrinales.

Respecto de las asambleas, el art. 20 Ver Texto establece que la asamblea ordinaria se reunirá
anualmente, dentro de los 4 meses de cerrado el ejercicio, y podrá funcionar en primera
convocatoria con el quórum de la mayoría de socios (salvo exigencia estatutaria mayor), y en
segunda convocatoria, con cualquier número de asociados. Las decisiones se adoptarán por
mayoría de votos presentes (salvo que el estatuto exija una mayoría superior), los cuales se
computarán por personas.

Una diferencia importante se advierte entre la regulación de la ley 20091 Ver Texto y la de
asociaciones mutuales 20321 Ver Texto: mientras la primera establece, en el último párrafo de
su art. 20 Ver Texto, que "los estatutos pueden autorizar la representación por mandatario", la
ley 20321 Ver Texto dispone que "los asociados participarán personalmente y con un solo voto
en las asambleas, no siendo admisible el voto por poder" (art. 21 Ver Texto). En virtud de ello,
entendemos que debe prevalecer este último precepto, por tratarse de ley posterior y, además,
estar referido a un aspecto específicamente societario que, por otro lado, no tiene influencia
alguna en lo referente a la actividad aseguradora de esas entidades.

El órgano de administración estará integrado por no menos de 5 miembros, que son


reelegibles, aspectos en los cuales coinciden ambas leyes. Pero la ley 20321 Ver Texto establece
que la duración en el cargo podrá llegar hasta 4 años (art. 14 Ver Texto); y en lo relativo a la
fiscalización, dispone que sea llevada a cabo por un órgano formado por 3 o más miembros
(art. 12 Ver Texto), sin perjuicio de otros órganos sociales que establezcan los estatutos, y
tendrán igual duración que los integrantes del órgano directivo (art. 14 Ver Texto).

IV. Capital mínimo de las entidades de seguros

29. Función. Imposición.

No obstante la opinión que sostiene la función secundaria del capital social en esta clase de
empresas, éste tiene suma importancia, atento a que debe ser empleado para afrontar los gastos

201
de instalación, las pérdidas de los primeros ejercicios hasta formar una cartera suficiente
(mutualidad de asegurados suficientemente amplia), que permita formar con las primas las
reservas técnicas para pagar los siniestros y los gastos de administración y comisiones para la
adquisición de los negocios, y durante el ejercicio normal, el déficit causado por los
apartamientos de la hipótesis estadística, defectuosa selección de riesgos, etc.

Esta función del capital demuestra la necesidad de su fijación en el mínimo necesario para
cumplirla y la vigilancia para que se mantenga intacto o se reintegre en cuanto se vea afectado
por pérdidas.

La ley 20091 Ver Texto dedica al tema de los capitales mínimos, principalmente sus arts. 30
Ver Texto y 31 Ver Texto, a lo cual se agrega una normativa minuciosa emergente de su
reglamentación por resolución general de la autoridad de control; a ella nos referiremos más
adelante (§ 47).

El art. 30 Ver Texto precitado expresa: "La autoridad de control establecerá con criterio
uniforme y general para todos los aseguradores, sin excepción, el monto y las normas sobre
capitales mínimos a que deberán ajustarse los aseguradores que se autoricen o los que ya están
autorizados". Y en relación con las sucursales o agencias de sociedades extranjeras, dispone
que ellas "deberán tener y radicar en el país fondos equivalentes a los capitales mínimos
exigidos a los aseguradores constituidos en él".

Se puede ver, así, que lo relativo a capitales mínimos es regulado, según la ley, por la autoridad
de control, de manera uniforme "para todos los aseguradores, sin excepción", esto es,
cualquiera sea su índole societaria o su lugar de constitución, y mediante resoluciones de
carácter general (arts. 30 Ver Texto y 67 Ver Texto, inc. b), que serán publicadas en el "Boletín
Oficial" por un día (art. 87 Ver Texto), las cuales podrán ser recurridas según el art. 85 Ver
Texto. El art. 79 Ver Texto, inc. a.1, establece, asimismo, que el Consejo Consultivo del Seguro
tiene, entre sus funciones: "a) Dar su opinión sobre los siguientes asuntos, que le serán
consultados por el Superintendente: 1) Proyectos de [. . .] resoluciones generales que deban
cumplir las entidades aseguradoras", lo cual incluye las relativas a los capitales mínimos.

En ejercicio de la atribución conferida por los arts. 30 Ver Texto y 67 Ver Texto, inc. b, la
Superintendencia de Seguros de la Nación dictó la resolución 21523/92 , que instituyó el
denominado "Reglamento General de la Actividad Aseguradora" (reglamento de la ley 20091
Ver Texto), que en lo referente a los arts. 30 Ver Texto y 31 Ver Texto desarrolla el régimen
relativo a los capitales mínimos a acreditar por las entidades para poder ejercer la actividad
aseguradora. Posteriormente, por resolución 25804/98 se reforma dicho art. 30 Ver Texto, y
señalan los considerandos de esta resolución "que resulta conveniente la incorporación de
nuevos operadores, los que deberán acreditar niveles de solvencia adecuados", por lo cual
resulta necesario proceder a actualizar las disposiciones que hasta entonces contenía el referido
art. 30 Ver Texto, incrementando los requerimientos de capital a efectos de garantizar su
desenvolvimiento futuro. Asimismo se indica que se reformulan las normas relativas al cálculo

202
del capital computable, prefiriéndose aquellos activos que reúnan las características de liquidez,
rentabilidad y garantía.

El nuevo texto del art. 30 Ver Texto dispone, en su ap. 30.1, lo relativo al capital mínimo a
acreditar. A partir de los estados contables correspondientes a ejercicios o períodos
cualesquiera cerrados al 30 de setiembre de 1998 inclusive, se deberá acreditar un capital
mínimo que surgirá del mayor de tres parámetros: a) por ramas; b) en función de primas y
recargos; c) en función de la siniestralidad.

A) La resolución establece, para el parámetro fijado por ramas:

I) Para las entidades constituidas y autorizadas al 30/9/1998:

1) El capital mínimo a acreditar será de $ 2.250.000, para la rama automotores (excluido el


riesgo de responsabilidad civil por el uso de automotores destinados al trasporte público de
pasajeros).

2) De $ 750.000, para operar en cada uno de los siguientes agrupamientos de ramas: a) seguro
de la responsabilidad: comprende responsabilidad civil y aeronavegación; b) seguros de daños:
incluye los ramos de incendio y combinados; robo y riesgos similares; cristales; trasporte;
ganado; granizo; seguro técnico, y riesgos varios; c) seguros de caución y crédito: comprende
los ramos de caución y crédito, excepto las coberturas de crédito hipotecario.

3) El capital mínimo será de $ 750.000 para operar en seguros de personas, que comprende:
accidentes personales; salud; sepelio y vida, en este último caso, excepto la cobertura de vida
previsional.

4) El capital mínimo será de $ 3.000.000 para operar conjuntamente en los ítem 1, 2, y 3 antes
indicados.

5) Para las entidades que operan seguros de retiro (excluidas renta vitalicia previsional y rentas
de riesgos del trabajo) se requerirá un capital mínimo de $ 2.000.000.

6) Para las entidades que operan en la cobertura de renta vitalicia previsional y rentas de riesgos
del trabajo se requerirá un capital mínimo de $ 3.000.000. Este capital mínimo habilita para
operar en la rama definida en el ítem 5 precedente.

203
7) Para las entidades que operan en la cobertura definida en el art. 99 Ver Texto de la ley
24241, el capital mínimo a acreditar será de $ 3.000.000. Este capital mínimo habilita para
operar en la rama definida en el ítem 3 precedente.

8) Para operar en las coberturas de riesgos del trabajo contempladas en la ley 24557 Ver Texto
se requerirá un capital de $ 3.000.000. Para las entidades comprendidas en la cuarta disposición
adicional del art. 49 Ver Texto, ley 24557, se requerirá un capital adicional de $ 2.000.000.

9) Para operar en seguros de crédito hipotecario, el capital mínimo será de $ 3.000.000.

10) Para operar en el seguro de responsabilidad civil de vehículos automotores destinados al


trasporte público de pasajeros se requerirá un capital mínimo de $ 6.000.000, el cual revestirá
carácter de adicional cuando la operatoria no fuera monorrámica.

11) Para las mutuales que operan en forma exclusiva en el seguro de responsabilidad civil de
vehículos automotores destinados al trasporte público de pasajeros, el capital mínimo a
acreditar será de $ 2.000.000. El importe precedentemente indicado se incrementará con: a) un
importe equivalente al 3% de las primas y cuotas emitidas en cada trimestre, durante los dos
primeros años de ejercicio. A partir del tercer año dicha exigencia se elevará al 5%. Los fondos
así constituidos se acumularán hasta alcanzar el 100% del nivel de ingresos anuales, como
mínimo. b) la diferencia positiva, determinada al cierre de cada trimestre, entre: I) el importe
que surja de multiplicar la última tasa de riesgo aprobada por la Superintendencia de Seguros
de la Nación conforme a la cantidad de vehículos expuestos a riesgo en los 12 meses
precedentes, y II) las primas y cuotas emitidas en igual período.

12) Para las entidades que operan en forma exclusiva en el ramo sepelio, el capital mínimo es
de $ 750.000.

II) Para las entidades aseguradoras que se constituyan y sean autorizadas para operar a partir
del 1 de octubre de 1998:

1) El capital mínimo será de $ 10.000.000 para las entidades que se propusieran operar en las
ramas definidas en el ítem I.1 del parámetro por ramas precedentemente señalado.

2) El capital será de $ 5.000.000 para las entidades que se propusieren operar en forma
conjunta e indistinta en los agrupamientos de ramas definidos en el ítem I.2 precedente.

204
3) El capital mínimo será de $ 5.000.000 para las entidades que se propusieren operar en forma
conjunta e indistinta en los agrupamientos de ramas definidas en los ítem I.3 y I.7 precedentes.
Las entidades que se propusieren operar en estas ramas deberán ser de objeto exclusivo.

4) El capital mínimo será de $ 5.000.000 para las entidades que se propusieren operar en las
ramas definidas en los ítem I.5 y I.6 precedentes.

5) Para las entidades que se propusieren operar en cada una de las ramas definidas en los ítem
I.8 a I.11 precedentes, serán requeridos los mismos importes de capitales mínimos que los allí
exigidos.

B) Para el parámetro fijado en función de primas y recargos:

a) Serán tomadas en cuenta las primas por seguros directos, reaseguros activos y retrocesiones
o cualquier otro concepto, más adicionales administrativos, emitidos en los 12 meses anteriores
al cierre del estado en cuestión (neto de anulaciones).

b) Hasta $ 5.000.000 del monto determinado se aplicará el 18% y al exceso, si lo hubiere, el


16%; se sumarán ambos resultados.

c) El monto obtenido se multiplicará por el porcentaje resultante de comparar los siniestros y


gastos de liquidación pagados, netos de recuperos, salvatajes y reaseguros pasivos, de los 36
meses anteriores al estado en cuestión, con el importe bruto de dichos siniestros netos de
recuperos de siniestros y salvatajes. Este porcentaje no podrá ser inferior al 50%. A los efectos
indicados precedentemente, serán considerados los siniestros por seguros directos, reaseguros
activos y retrocesiones.

Para las entidades que inician actividades, el monto del capital mínimo a acreditar regulado en
este acápite se adaptará a las siguientes pautas:

Para el inc. a: se tomarán las primas por seguros directos, reaseguros activos y retrocesiones o
cualesquiera, más adicionales administrativos emitidos desde el comienzo de operaciones, hasta
alcanzar los 12 meses indicados en dicho inciso. En consecuencia, en el primer trimestre se
considerará la emisión de 1, 2 o 3 meses -según el caso-; en el segundo trimestre 4, 5 o 6
meses; y así sucesivamente hasta completar los 12 meses requeridos.

Para el inc. b: se aplicará lo estipulado en él.

205
Para el inc. c: de similar modo a lo consignado en el inc. a precedente, se determinará el
porcentaje indicado en este inciso hasta completar los 36 meses requeridos.

C) Parámetro fijado en función de los siniestros:

a) Se sumarán los siniestros pagados (sin deducir el reaseguro pasivo) por seguros directos,
reaseguros activos y retrocesiones o cualesquiera, durante los 36 meses anteriores al cierre del
período correspondiente. Al importe obtenido se le adicionará el monto de los siniestros
pendientes por seguros directos, reaseguros activos y retrocesiones o cualquier otro concepto
(sin deducir el reaseguro pasivo) constituido al final del período de 36 meses considerados y se
les restará el monto de dicho concepto constituido al comienzo del período en cuestión. La
cifra resultante se dividirá por 3.

b) Hasta el monto de $ 3.500.000 se aplicará un porcentaje del 26%, y al exceso, si lo hubiere,


del 23%, se sumarán ambos resultados.

c) El monto obtenido se multiplicará por el porcentaje indicado en el parámetro B.c


precedente.

Para las entidades que inician actividades, el monto del capital mínimo a acreditar regulado en
este acápite se adaptará a las siguientes pautas:

Para el inc. a: se sumarán los siniestros pagados (sin deducir el reaseguro pasivo) por seguros
directos, reaseguros activos y retrocesiones o cualquier otro concepto, durante los primeros 12
meses desde el inicio de actividades o el período intermedio menor, en su caso. Una vez
alcanzados los 12 meses del princicio de actividades y hasta 35 meses de dicha fecha, se
sumarán los siniestros en cuestión y se determinará el respectivo promedio mensual,
multiplicándose esta última cifra por 12. Al importe obtenido se le adicionará el monto de los
siniestros pendientes por seguros directos, reaseguros activos y retrocesiones o cualquier otro
concepto (sin deducir el reaseguro pasivo) constituido al cierre del período considerado, y se le
restará el monto de dicho concepto formado al comienzo de los 12 meses anteriores.

Para el inc. b: se aplicará lo estipulado en él.

Para el inc. c: se aplicará lo estipulado en él.

El ap. 30.1.2 dispone, a su vez, que a partir de los estados contables correspondientes a
ejercicios y períodos cualesquiera cerrados al 30 de setiembre de 1998 inclusive, las entidades
inscritas o a inscribirse en el Registro de Entidades de Reaseguros deberán acreditar un capital

206
mínimo no inferior a $ 10.000.000 y cumplir con lo dispuesto en los parámetros B y C
precedentes.

El ap. 30.1.3 se refiere a los seguros de vida y dispone:

1) Para los seguros de vida de coberturas con ahorro, el capital se calculará de la siguiente
forma: a) se tomará el 4% del total de las reservas matemáticas de seguro directo y reaseguro
aceptado y se multiplicará por la relación entre las reservas matemáticas de propia
conservación y las totales, que no puede ser inferior al 85%; b) se tomará asimismo el 0,3‰ de
los capitales a riesgo y se multiplicará por la relación existente entre capitales a riesgo de propia
conservación y los totales, la cual no puede ser inferior al 50%; c) se sumarán los resultados
establecidos conforme a los incs. a y b.

2) Para los seguros de vida de coberturas sin ahorro se aplicarán los procedimientos vistos en
los parámetros B y C antes descritos.

El capital mínimo a acreditar será la sumatoria de los importes determinados en los puntos
30.1.3.1 y 30.1.3.2 precedentes. En las entidades que operen, además, en seguros patrimoniales,
este importe se adicionará al que surja de la aplicación de los puntos B y C, según corresponda.

El ap. 30.1.4 dispone que las aseguradoras que registren primas de reaseguros activos por un
importe superior al 5% de las primas de seguros directos deberán acreditar el capital mínimo
consignado en el ap. 30.1.2.

El ap. 30.1.5 establece que las entidades que operen en seguro de retiro deberán acreditar un
capital mínimo que surgirá del mayor de los dos parámetros que se determinan a continuación:
a) el indicado en el parámetro A; b) el 4% de los compromisos técnicos. El importe resultante
se multiplicará por la relación entre los compromisos técnicos de propia conservación y los
totales. Esta relación no podrá ser inferior al 85%.

La reglamentación que estamos considerando se ocupa, asimismo, de los casos en los cuales no
se acreditaren los niveles de capital mínimo requeridos, según correspondiere, expresando en
su ap. 30.1.6 que en tal supuesto resultarán de aplicación las disposiciones contenidas en el art.
31 Ver Texto de la ley 20091.

La resolución 27687/2000 establece que en los puntos 30.3 y 35.2 del Reglamento General de
la Actividad Aseguradora, que se admitirá la inclusión, como factor de regulación de
situaciones deficitarias en materia de capitales mínimos o compromisos con los asegurados, del
importe de cheques de pago diferido que, integrando el rubro créditos, hayan sido
efectivamente acreditados en la cuenta de la aseguradora dentro de los treinta días corridos,

207
contados desde la fecha de esos estados contables. Ello no obstará a la adopción o el
mantenimiento de las medidas precautorias previstas en el art. 86 Ver Texto de la ley 20091
que hubiere adoptado el ente de control.

Ese art. 31 Ver Texto de la ley 20091 determina que cuando el capital mínimo resulte afectado
por cualquier pérdida, la autoridad de control, sin esperar la terminación del ejercicio
emplazará al asegurador para que dé explicaciones y adopte las medidas destinadas a mantener
la integridad del capital, a cuyo efecto la entidad aseguradora presentará un plan de
regularización y saneamiento dentro de los 15 días de haber sido emplazada. La autoridad de
control aceptará o rechazará el plan que se proponga: si lo aprueba, la aseguradora deberá
cumplir el plan en los plazos y condiciones que esa autoridad de control establezca; y si lo
rechaza (o no fuera presentado en término), reintegrará el capital en el plazo de 30 días.

1) El segundo apartado del art. 31 Ver Texto de la ley 20091 establecía que hasta tanto se
cumplieran las medidas de regularización y saneamiento, la autoridad de control establecería la
indisponibilidad de inversiones, por monto equivalente a las reservas constituidas para afrontar
las obligaciones con los asegurados.

La ley 24241, art. 155 Ver Texto, introdujo modificaciones a ese texto: agregó que hasta tanto
fuesen cumplidas las medidas de regularización y saneamiento, la autoridad de control
establecerá sobre las inversiones las medidas previstas en el art. 86 Ver Texto de la ley 20091.
Así, el ente de control podrá disponer, sin audiencia de parte, la prohibición, a la entidad
aseguradora, de realizar, respecto de sus inversiones, cualquier acto de disposición o los de
administración que específicamente indique a tal efecto, y de celebrar nuevos contratos de
seguros, en varios supuestos, entre los cuales menciona "la situación prevista en el art. 31 Ver
Texto de la ley 20091". Para hacer efectivas estas medidas, la Superintendencia de Seguros
ordenará su toma de razón a las entidades públicas (nacionales, provinciales o municipales) o
privadas que estime pertinentes. Las medidas se podrán levantar para cumplir obligaciones con
asegurados o para reinversión del bien de que se trate (en cuyo caso subsiste la medida sobre el
bien que entra en reemplazo), o cuando se compruebe que el asegurador se halla en
condiciones normales de funcionamiento. Los recursos administrativos o judiciales contra la
resolución que disponga alguna de estas medidas lo serán al solo efecto devolutivo.

2) Si la pérdida alcanza un 30% del capital mínimo que corresponda, se ordenará a la entidad
aseguradora que se abstenga de celebrar nuevos contratos de seguro en todas o algunas de las
ramas, según el caso, hasta tanto el capital vuelva a alcanzar el mínimo correspondiente dentro
del plazo determinado por la autoridad de control a ese fin. Si bien el art. 155 Ver Texto de la
ley 24241 sólo se refiere, en este aspecto, al primer párrafo de la segunda parte del art. 31 Ver
Texto, pensamos que, con más razón, aquella norma se torna aplicable al supuesto en que la
pérdida alcance el 30%, por lo cual nos remitimos a lo expresado en el punto anterior (si se
aplica a lo menor, se deberá aplicar a lo mayor).

208
El plan para absorber el déficit resultante se deberá ajustar a las disposiciones del punto 30.3
del reglamento. Dicho plan se presentará con los estados contables respectivos. Si fuera
aprobado por la Superintendencia de Seguros de la Nación, el asegurador de que se trate tendrá
que cumplirlo en los plazos y condiciones que ella establezca; si no lo cumpliera o si fuera
rechazado o no fuese presentado dentro del plazo estipulado en el párrafo anterior, se
completará la integración pertinente en el término de 30 días.

Si vencidos los plazos indicados precedentemente no se hubiere integrado el capital total


mínimo que correspondiere, se aplicará la sanción prevista en el inc. b del art. 48 Ver Texto de
la ley 20091 (revocación de la autorización concedida para operar en seguros).

Sin perjuicio de lo indicado en los párrafos anteriores, cuando a la fecha de presentación de los
estados contables no haya quedado completada la integración del capital mínimo requerido, se
procederá, según la naturaleza de la entidad, de la siguiente forma:

a) las sociedades anónimas no podrán distribuir dividendos en efectivo;

b) las cooperativas deberán capitalizar los excedentes y las mutualidades incrementar sus
fondos de garantía;

c) los organismos oficiales deberán destinar la totalidad de sus beneficios a incrementar su


capital;

d) las sucursales y agencias de sociedades extranjeras no podrán remesar utilidades a su casa


matriz.

La reglamentación establece asimismo la forma de "determinación del capital computable". A


los efectos de la acreditación del capital mínimo en cada caso, se tomará el patrimonio neto
menos los créditos por integración de capital social, la propuesta de distribución de utilidades
en efectivo y los importes activados en concepto de: a) cargos diferidos; b) inversiones y
disponibilidades constituidas o depositadas en el exterior que excedan del 30% del capital
mínimo a acreditar, salvo que estén depositadas en filiales de bancos oficiales en el exterior; c)
inmuebles rurales o ubicados en zonas no urbanizadas o dominios imperfectos (p.ej., campos,
yacimientos, canteras, minas, loteos, cementerios, tiempos compartidos, barrios privados, etc.)
que se incorporen al patrimonio de la entidad; d) acciones con cotización bursátil que excedan
del 15% del capital a acreditar, en los casos de que se trate de sociedades emisoras vinculadas o
controladas; e) toda inversión que no se corresponda con lo estatuido en los incs. a a h, art. 35
Ver Texto, ley 20091, o que no se halle expresamente autorizada por la Superintendencia de
Seguros de la Nación; f ) limítase la consideración del rubro "créditos" (excepto los
correspondientes al ramo vida, hasta la concurrencia de sus respectivas reservas matemáticas y
los créditos correspondientes a integración del capital social) hasta un importe que no supere el

209
de los restantes rubros que integren el activo computable. Cuando se determine un excedente
del rubro créditos por aplicación del párrafo anterior, se afectará tal exceso en primer término
al subrubro "premios a cobrar". Por la porción excluida de premios a cobrar se admitirá la
deducción proporcional de importes registrados en el pasivo por "comisiones por primas a
cobrar" e "impuestos y contribuciones a devengar por premios a cobrar". No se admitirán
deducciones adicionales a las precedentemente indicadas.

La resolución 27907/2001 modificó el apartado 3.2.1, que regula las inversiones realizadas en
el exterior, determinando un porcentaje máximo para las que se hubieren depositado o
constituído en el extranjero. En los considerandos de esa resolución se dice que dicho
porcentaje es establecido en concordancia con el criterio adoptado en la ley 24241 Ver Texto
para las inversiones del activo del fondo de jubilaciones y pensiones y con el que rige en
materia de rentas vitalicias previsionales y de rentas vitalicias de riesgos del trabajo.

El ap. 30.2.2 expresa que se entiende por "activo computable" el importe que surja del activo
del estado patrimonial pertinente, después de haberse practicado la deducción de los conceptos
indicados en el punto 30.2.1. Asimismo, se exceptúa de lo dispuesto en el punto 30.2.1.e, la
inversión en acciones de Compañía Argentina de Seguros de Crédito a la Exportación S.A. (ap.
30.2.2).

Los títulos que no registren cotización diaria en la Bolsa de Comercio de Buenos Aires o en el
Mercado Abierto S.A. no se tendrán en cuenta para acreditar relaciones técnicas requeridas en
materia de capitales mínimos y cobertura de compromisos con los asegurados y tampoco se
incluirán en el estado de cobertura de compromisos exigibles y siniestros liquidados a pagar.

Para acreditar relaciones técnicas requeridas en materia de capitales mínimos y cobertura de


compromisos con asegurados (art. 35 Ver Texto, ley 20091) no se computarán los importes
que excedan los límites máximos de inversiones en bienes previstos en el punto 35.1.1.b de la
reglamentación (inversiones en inmuebles y préstamos admitidos). Pero aclara que, no
obstante, y al solo fin del cómputo de capitales mínimos, se admitirá la consideración del
importe de inmuebles hasta un máximo del 45% del capital a acreditar, en el caso de que el
monto resultante fuere superior al que surja por aplicación de lo previsto en el párrafo anterior.

El punto 30.3 del reglamento establece la normativa aplicable al "plan de regularización".

Dicho plan, destinado a cubrir el déficit de capital mínimo, se debe ajustar a las siguientes
normas:

a) El plazo propuesto para la absorción del déficit no podrá exceder de 4 meses de la fecha de
cierre del ejercicio o período respectivo. Para las entidades que operen en seguros de retiro este
plazo se reducirá a 60 días contados de idéntica forma.

210
b) Si la absorción se efectúa mediante integraciones en efectivo, se deberán depositar en
cuentas bancarias abiertas a nombre de la entidad, utilizándose boletas de depósito
debidamente individualizadas.

c) Si se efectúa en títulos públicos de renta o en acciones que se ajusten a lo dispuesto en el inc.


f, art. 35 Ver Texto, ley 20091 (referido a inversiones en acciones de sociedades anónimas), el
importe a computar será el de cotización a la fecha de contabilización. Estos valores serán
depositados en custodia a nombre de la entidad, en la forma establecida por la normativa en
vigencia.

d) Si se efectúa en inmuebles, se deberá encontrar escriturada la trasferencia de dominio a


nombre de la entidad dentro del plazo mencionado en el inc. a y demostrar el ingreso en el
Registro de la Propiedad Inmueble de la solicitud de inscripción de dominio en su favor. La
incorporación del bien se efectuará por el importe que resulte de la valuación que a tal efecto
será requerida al Tribunal de Tasaciones de la Nación.

Iguales condiciones se requerirán en el caso de que, efectuadas integraciones de capital en


efectivo, ellas fueran posteriormente invertidas en inmuebles.

El ap. 30.3.2 del reglamento aclara que los "aportes" que se efectúen para absorber el déficit de
capital mínimo deberán serlo para integración de capital social, para lo cual la entidad
dispondrá su correspondiente aumento y la consecuente emisión de acciones. Mientras se
cumplan los trámites necesarios a estos efectos, los aportes deberán tener el carácter de
"irrevocables y a cuenta de futuras suscripciones". Los bienes que se incorporen o las
inversiones en que hubieren sido colocados los aportes en efectivo no podrán cambiar de
destino sin la previa autorización de la Superintendencia de Seguros de la Nación, la cual
considerará el pedido ateniéndose a fundadas razones y siempre que quede asegurada la
integridad patrimonial de la aseguradora. En el supuesto de que los aportes efectuados se
destinen a cancelar pasivos, sólo serán considerados si se hallan incluidos en el estado contable
que origina el déficit en cuestión. En el caso de cooperativas y mutuales, los importes de cuotas
de capital facturadas a los asegurados en los premios de seguros sólo se tendrán en cuenta en la
medida en que se destinen exclusivamente a inversiones admitidas por las normas vigentes.

Jurisprudencia

El art. 31 Ver Texto, ley 20091, prevé que, en caso de déficit del capital mínimo de una entidad
aseguradora, la Superintendencia de Seguros de la Nación deberá hacer adoptar medidas
urgentes para su reintegro.

211
El plazo previsto para que quede absorbido el déficit de capital mínimo mediante el plan de
regularización propuesto por la entidad aseguradora no está sometido a previo requerimiento
ni queda sujeto a las posibilidades fácticas de su cumplimiento.

La resolución 14595 (que fijaba las normas a las cuales se debían ajustar los planes de
regularización y saneamiento del capital mínimo de las entidades aseguradoras en los casos en
que se hubiera verificado déficit, previendo la forma en que se debe proceder para que las
respectivas integraciones se concreten, según se trate de dinero en efectivo, títulos públicos de
renta, acciones o inmuebles) es uno de esos actos de carácter general, comúnmente
denominados "reglamentos", por los cuales el poder administrador -en el caso, la
Superintendencia de Seguros de la Nación-, en ejercicio del poder de policía delegado por el
art. 31 Ver Texto de la ley 20091, dicta normas aplicables a todas las entidades de seguro,
configurando lo que se ha calificado de "acto normativo general", sin perder por ello su
esencial carácter de acto administrativo. Dicha resolución fue dictada por el órgano oficial de
control con el objeto de fijar las normas a las cuales se deberán ajustar los planes de
regularización y saneamiento (art. 31 Ver Texto, ley 20091) prevé dicho reglamento la forma en
que se debe proceder para las respectivas integraciones. No es invocable en el caso el art. 21
Ver Texto de la ley 19549, que establece que antes de disponer la caducidad de un acto
administrativo hay que intimar para que se cumpla la obligación en un plazo razonable, porque
habiéndose reglado de manera minuciosa el procedimiento a seguir ante la Superintendencia de
Seguros de la Nación, el requisito de la ley general queda sin sustento en el caso particular de
las entidades reguladas por la norma especial. Tampoco resulta atendible el argumento referido
a que, según los arts. 96 Ver Texto y 23 Ver Texto, inc. 4, ley 19550, se debería dar a los
accionistas la posibilidad de reintegrar el capital: el régimen tuitivo de la ley 20091 surge de la
ley especial que rige a las sociedades de seguro, controladas por su objeto, cuyo art. 31 Ver
Texto dispone que el asegurador deberá cumplir los plazos y condiciones que la autoridad de
control establezca. Este régimen es así de severo en virtud de la importancia que el capital
mínimo tiene en la economía de las compañías de seguro, y cuya intangibilidad obliga, en
supuestos de déficit, a adoptar medidas urgentes para su inmediato reintegro. Basta remitirse al
art. 31 Ver Texto, 1er. párr., cuyo leguaje es imperativo. No es una facultad de la
Superintendencia hacerlo, sino una obligación. La omisión compromete la responsabilidad del
funcionario y del Estado. En cuanto a los arts. 96 Ver Texto y 234 Ver Texto, inc. 4, ley 19550,
se refieren a la pérdida del "capital social", en tanto aquí se está ante un supuesto de "capital
mínimo". Por ello, resulta inaceptable pretender mezclar el régimen de la Ley de Sociedades
para los casos de capital social con el de la ley 20091 Ver Texto relativo al "capital mínimo",
sobre todo cuando se pretende sostener que luego de incumplido el plan de saneamiento y
regularización, la entidad tiene todavía derecho a ejercitar los dispositivos previstos en la Ley
de Sociedades para el supuesto de pérdida del capital social. Tampoco resulta invocable el
argumento basado en el art. 31 Ver Texto de la ley 20091, pues los 30 días se refieren a un
"plan no aprobado", mientras que aquí se está ante un "plan no cumplido". Y asimismo no
procede la invocación de la falta de constitución en mora según el art. 21 Ver Texto de la ley
19549: el referido artículo es inaplicable, a lo cual se agrega que, según la resolución 14595 ,
S.S.N., la mora se produce en forma automática, pues hay un plazo cierto, tanto en cuanto a
los días, como a desde cuándo corre. Por otra parte, el simple pedido de ampliación del plazo
implica reconocer que éste se había cumplido. No existe exceso ritual manifiesto, pues las
normas adjetivas que regulan la contienda surgen de una ley especial que con precisión
establece las reglas a las cuales se debe ajustar el procedimiento y, desde este punto de vista,

212
cabe llegar a la conclusión de que esas reglas se han respetado en la emergencia y que el
Estado, en la oportunidad de actuar respecto de los derechos subjetivos de la entidad, como
supresor de lo que había conferido mediante la pertinente autorización para operar en seguros,
lo ha hecho dentro de los cauces legales previstos y ejercitó facultades que le son propias, en el
marco de los preceptos rituales de la ley de la materia, que precisamente ha querido demarcar
en este tipo de cuestiones el camino procesal a seguir, tanto por los administrados como por la
autoridad de control; ello así por el carácter de las entidades que regula por su objeto. Por eso,
no se advierte que el organismo de control se haya apartado de la ley o que hubiere efectuado
irrazonable aplicación de sus facultades (C. Nac. Com., sala B, 14/10/1985, "Resguardo Cía.
de Seguros S.A.", ED 123-207).

Este fallo fue luego recurrido ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que hizo suyos
los fundamentos expresados por el procurador general de la Nación, quien señaló que, en lo
concerniente a la tacha de arbitrariedad, el tribunal a quo se debió expedir de un modo más
concreto de como lo hizo, verificando al menos los extremos indicados por la Corte Suprema
en la causa S-345, L. XXI, "Santillán, Juan E., y otros v. C.G.Z." Ver Texto, del 28/5/1987,
criterio reiterado en S-487. XXI, "Spada, Oscar, y otros v. Díaz Perera y otros, s./Ejec. de
honorarios" Ver Texto, 20/10/1987. No se consideró, empero, atendible la impugnación de
ilegitimidad que efectuó la apelante respecto de la resolución general 14595 , S.S.N., en tanto
ella ha sido dictada en ejercicio de facultades propias que la ley delegó en la Superintendencia
de Seguros de la Nación (arts. 31 Ver Texto y 67 Ver Texto, inc. b, ley 20091). Agregó que
tampoco se mostraba irrazonable dicha reglamentación, pues, como expresaba la cámara a quo,
"este régimen es así de severo en virtud de la importancia que el capital mínimo tiene en la
economía de las entidades de seguro y cuya intangibilidad obliga, en los supuestos de déficit, a
adoptar medidas urgentes para su inmediato reintegro". En cuanto a los agravios basados en la
omisión del tribunal de aplicar ciertas disposiciones de la ley 19550 Ver Texto y de la ley 19549
Ver Texto, se consideró que tampoco se habían rebatido las fundadas razones expuestas por la
cámara en punto a la inatingencia de tales normas para la solución del caso. En cambio, estimó
atendibles otros aspectos de la apelación al considerar que había omitido el tribunal a quo la
ponderación de extremos conducentes, e incurrido en un exceso de rigor formal. Expresó que
si bien es cierto que los agravios se referían a cuestiones de hecho, ajenas como principio a la
instancia extraordinaria, ello no resultaba óbice para la admisibilidad del recurso en la especie,
en tanto aquellas objeciones encontraban sustento en los antecedentes del caso. Las peculiares
características que ofrecía la litis, donde los dos actos más importantes de que consistía el plan
de regularización y saneamiento (incorporación de un bien y revalúo del otro) fueron
cumplidos casi simultáneamente con la resolución que canceló la autorización para funcionar,
como consecuencia, precisamente, de la omisión de esos mismos actos, exigían tomar en
consideración ese dato a fin de alcanzar una solución que no fuese una mera formalidad
despojada de contenido real. Y este criterio no resulta sólo aplicable en la órbita judicial sino,
también, en el ámbito administrativo, pues allí tampoco es dable conducir los procesos en
términos puramente sacramentales, en desmedro de la verdad jurídica objetiva, máxime cuando
se trata de asuntos de la magnitud del presente. Estimó que ese punto central del debate no
debía pasar inadvertido, porque más allá de la mecánica aplicación de los plazos
reglamentarios, resultaba necesario expedirse sobre la situación económico-financiera real de la
entidad afectada con relación a las exigencias legales, como un medio conducente a justificar la
decisión convalidatoria de lo actuado en sede administrativa. La Corte estimó que no
resultaban atendibles las razones del tribunal a quo para no tomar en cuenta los aportes en

213
efectivo hechos por los accionistas de la aseguradora a los fines de disminuir el déficit
verificado por la autoridad de contralor en el capital mínimo y, relacionado con esto, destacó
que no cabía argumentar ausencia de agravio específico al respecto, por cuanto, por una parte,
la imputación que se le formuló a la aseguradora en sede administrativa estuvo centrada en la
falta de cumplimiento de los términos del plan de regularización y saneamiento, esto es, en la
no concreción tempestiva de la escritura traslativa de dominio de un inmueble sito en una
provincia y del revalúo del inmueble donde tenía su sede la entidad, rubros con los cuales se
cubría más del 80% del déficit observado y, por la otra, toda vez que el tema concerniente a los
aportes en efectivo hechos por los accionistas surgía claramente del informe del administrador
judicial que el propio tribunal había requerido para mejor resolver, no podía éste ignorar luego
el resultado de dicho informe. Asimismo, se decidió que tampoco es posible sostener el
asentimiento de la recurrente respecto de la determinación del déficit de capital mínimo y la
circunstancia de no haber pedido un ajuste en ese momento por los aportes en efectivo
realizados, desde que esos aportes existieron realmente y no fueron observados por la
autoridad de contralor incorporados inmediatamente al patrimonio de la aseguradora, como
señaló el administrador judicial en su último informe; por ello, no resultaba admisible presumir
una renuncia de la apelante donde no la hubo (art. 874 Ver Texto, CCiv.). Y en cuanto a que
los preindicados aportes no se podrían considerar como "cumplimiento parcial del plan de
regularización y saneamiento" por ser anteriores a su proposición a la entidad, es un hecho
cierto pero que resultaba irrelevante: la presentación de la entidad incluía el campo situado en
provincia y el revalúo de su otro inmueble como medios para regularizar el déficit observado;
éste era el plan de regularización que la autoridad de control consideró tácitamente aprobado,
al igual que la cámara. Ya no interesaba precisar si los aportes en efectivo eran o no parte del
aludido plan -que no lo eran-, sino decidir si ellos podían o no ser tomados en cuenta a fin de
considerar saneado el déficit de capital mínimo al momento en que el a quo emitió su
pronunciamiento. Ésta era la cuestión conducente a decidir, y la respuesta no podía sino ser
afirmativa. Quedaba aún por resolver si alguna porción del capital mínimo no hubiese sido
cubierta, como parecía sugerirlo uno de los considerandos del fallo: al respecto, la Corte señaló
que el pronunciamiento recurrido omitió tomar en cuenta, en su integridad, los datos
consignados en el informe del administrador judicial, aunque conforme a las constancias de
autos y la verificación contable realizada, el déficit observado en el capital mínimo había sido
totalmente absorbido. Para arribar a esa conclusión, el informe computó, además de los
aportes comprendidos en el plan de regularización, los efectuados en efectivo, que el tribunal,
pese a mencionarlos en el relato de antecedentes, omitió luego considerarlos para decidir la
cuestión, sin dar razón alguna que justificara tal proceder, omisión que aparece incongruente
con los antecedentes de autos. Finaliza el decisorio del alto tribunal señalando que como se
desprendía de lo expuesto, al tiempo de ser emitido el pronunciamiento recurrido se
encontraba totalmente saneada la situación observada por la autoridad de contralor, por lo
cual, en este orden de ideas, resultaba aplicable el criterio establecido por la Corte Suprema en
un caso obrante en "Fallos de la Corte Suprema de Justicia", 263:556, entre otros, en cuanto a
que la preeminencia que se acuerda en el fallo al aspecto formal de la cuestión en debate,
desatendiendo la verdad jurídica objetivamente comprobada, vulnera la exigencia del adecuado
servicio de justicia, que es presupuesto de la garantía contenida en el art. 18 Ver Texto de la
Constitución nacional, como resolvió esa Corte en situaciones análogas (Fallos 238:550 Ver
Texto, 247:176 Ver Texto, 253:133 Ver Texto, 254:311 Ver Texto, 275:389 Ver Texto, 292:418
Ver Texto, y otros). Por ello, se declaró procedente el recurso extraordinario y se dejó sin
efecto la sentencia (Corte Suprema de Justicia de la Nación, 27/12/1988, "Resguardo Cía. de

214
Seguros S.A., s./Observaciones al balance del 30/6/1985 por la Superintendencia de Seguros
de la Nación" Ver Texto -R. 276-XXI, R.H.- ED, 137-510).

(295) Al tema de las exclusiones a la cobertura le hemos dedicado diversos trabajos; entre ellos
se pueden ver: Barbato, Nicolás H., Claúsulas de exclusión de cobertura, "Revista de Derecho
de Seguros", nº 7, p. 91, 1973, La Plata; y Exclusiones a la cobertura en el contrato de seguro,
ED 136-547, poniendo de resalto la necesidad de su regulación y control, prácticamente
ausente de la legislación de ese momento.

(296) La normativa de la Ley de Defensa del Consumidor Ver Texto no resulta, a nuestro
juicio, directa e íntegramente aplicable al seguro, al cual, a diferencia de otros ordenamientos
extranjeros, no menciona expresamente y cuya naturaleza no encaja exactamente en el
concepto de "servicio", tal como ha sido tipificado en dicha ley (art. 19 Ver Texto, 24 Ver
Texto, etc.), atento a la índole de las prestaciones asumidas por el asegurador; a lo cual se
agregan los problemas que se pueden suscitar respecto de la concurrencia de los entes de
control propios de cada área (Superintendencia de Seguros de la Nación, art. 1 Ver Texto y
concs., ley 20091; Secretaría de Industria y Comercio, art. 41 Ver Texto, ley 24240) que
pretendan actuar en cada caso en que tengan lugar violaciones que afecten al público usuario
contratante de seguros, con aplicación de sus reglas de procedimiento específicas, etc. La ley
20091, art. 8 Ver Texto, in fine, establece que la Superintendencia de Seguros de la Nación
ejerce el control del funcionamiento y actuación de todas las entidades de seguro, sin
excepción, con exclusión de toda otra autoridad administrativa, nacional o provincial. Sin
embargo, la Superintendencia podrá requerir a estas últimas su opinión en cuestiones
vinculadas con el régimen societario de las entidades cuando lo estime conveniente (ver lo que
se expresa en el § 22 de este capítulo). Pero, sin duda, son aplicables por analogía las normas de
la Ley de Defensa del Consumidor Ver Texto relativas a los defectos y desbordes que puedan
existir en el contenido de cláusulas predispuestas (arts. 37 Ver Texto a 39 Ver Texto, ley
24240), en cuya redacción sin duda ha influido la interpretación jurisprudencial relativa a las
cláusulas generales contenidas en las pólizas de seguro, que en la mayoría de los casos revisten
el carácter de contratos "de adhesión". Ver también, al respecto, lo expresado en la ponencia
presentada por el Instituto de Derecho del Seguro del Colegio de Abogados de San Isidro, en
las VII Jornadas Nacionales de Derecho de Seguro, Río Hondo, Santiago del Estero, 1996.

(297) Grandes riesgos. Según el art. 26.3 del reglamento general se considerarán grandes
riesgos aquellos que en conjunto presenten las siguientes características: a) posean valores
asegurables mayores de $ 10.000, en condiciones de cobertura especiales que se desean
aprobar; b) comprendan actividades industriales, comerciales o de servicios.
Los elementos técnico-contractuales se considerarán autorizados para ese riesgo a partir de la
fecha de su presentación, siempre que ésta cumpla ciertos requisitos: a) presentación del texto
proforma de las condiciones contractuales; b) conformidad del asegurable y/o beneficiarios del
seguro respecto de las condiciones del contrato; c) opinión letrada sobre su adecuación legal; d)
condiciones de reaseguro, con certificación actuarial donde conste que el nivel de retención a
asumir por la aseguradora no comprometerá su capacidad económico-financiera.

215
Si la póliza se hubiese efectivamente emitido, la aseguradora deberá presentar, dentro de los 60
días corridos, la copia correspondiente y las constancias de colocación del reaseguro. La falta
de cumplimiento de esta carga provocará la caducidad de la autorización conferida.

(298) Se dispone "neto de comisiones" no sólo por la libertad legal para establecerlas, sino
porque la experiencia demuestra la imposibilidad de controlar su monto, ya que se pagan
extracomisiones que se disfrazan en mil y una formas (p.ej., la creación de "fondos negros"
para su pago, alimentados con recursos también "negros": intereses no confesados por
préstamos más onerosos que el convenido; comisiones no pagadas efectivamente en seguros
directos; gastos fraguados; etc.). La norma resulta así más efectiva y seria.

(299) Ver lo expresado más adelante, en § 110 (a).

----------------------------

V. Administración de la empresa de seguros

30. Administración. Libertad.

La ley 20091 Ver Texto consagra el principio de libertad de administración y gestión


patrimonial de la empresa aseguradora. No obstante, este principio reconoce distintas
limitaciones.

31. Limitaciones.

La norma prohíbe a las compañías de seguros: "a) tener bienes en condominio, sin previa
autorización de la autoridad de control; b) gravar sus bienes con derechos reales, salvo que
tratándose de bienes inmuebles para uso propio lo sea en garantía del saldo de precio de

216
adquisición y en las condiciones que establezca la autoridad de control; c) emitir debentures ni
librar, para su colocación, letras y pagarés; d) descontar los documentos a cobrar de asegurados
o terceros, ni negociar los cheques que reciban, salvo que estos últimos se trasmitan mediante
endoso a favor de persona determinada; e) hacer frente a sus obligaciones con los asegurados
mediante letras o pagarés propios o de terceros; f ) efectuar pagos sino mediante cheques a la
orden del acreedor, salvo lo que pudiese disponer la autoridad de control respecto del manejo
del denominado "fondo fijo"; g) recurrir al crédito bancario por cualquier causa, salvo cuando
lo sea para edificar inmuebles para renta o venta, previa autorización, en cada caso, de la
autoridad de control; h) hacer disposiciones a título gratuito, excepto cuando se trate de
contribuciones para fines benéficos o culturales o lo sean con utilidades líquidas y realizadas
del ejercicio de acuerdo con lo dispuesto en el estatuto y lo resuelto por la asamblea; i ) otorgar
fianzas o garantizar obligaciones de terceros, salvo lo dispuesto en el art. 7 Ver Texto, inc. b [o
sea, otorgar fianzas o garantizar obligaciones de terceros cuando configuren económica y
técnicamente operaciones de seguro aprobadas por la autoridad de control]; y, j ) integrar otras
sociedades, salvo el supuesto del art. 35 Ver Texto, inc. f [inversiones en acciones de
sociedades anónimas constituidas en el país o extranjeras comprendidas en el art. 124 Ver
Texto de la ley 19550 o de extranjeras que tengan por principal objeto la prestación de
servicios públicos dentro de la Nación, que se coticen en bolsas del país o del extranjero]. La
autoridad de control podrá considerar comprendida en la nómina de las precedentes
prohibiciones cualquier operación asimilable a las previstas".

32. Directores.

Ya hemos examinado las "inhabilidades" establecidas por la ley en su art. 9 Ver Texto para ser
director o representante de un asegurador (ver, en este capítulo, el nº 19).

El art. 10 Ver Texto reitera una norma que existía desde hace muchos años (resolución
1341/48) por la cual los aseguradores no pueden retribuir a los directores, administradores,
síndicos, gerentes y personal de cualquier jerarquía con facultades de aceptar riesgos con
importes proporcionales a la producción bruta o neta, total o de secciones específicas y, en las
sociedades del denominado seguro solidario, con un porcentaje sobre las acciones o cuotas de
ingreso a la entidad.

La norma persigue evitar que, para incrementar la retribución, se caiga en la aceptación de


"riesgos malos", agravados, pero contratados con primas normales, constitutivos de
antiselección, o que quien disponga de la facultad de aconsejar o rechazar coberturas tenga
intereses en tales operaciones que puedan resultar opuestos a los de la aseguradora para la cual
se desempeña. Pero no obsta a que los dependientes de la aseguradora que no tengan a su
cargo la aceptación de riesgos sean así retribuidos, como ocurre, generalmente, con los
llamados "jefes de producción" u "organizadores" que formen parte del personal de la entidad.

217
33. Sucursal. Establecimiento.

El art. 6 Ver Texto de la ley 20091 dispone que las entidades aseguradoras autorizadas están
facultadas para abrir o cerrar sucursales en el país, así como sucursales o agencias en el
extranjero, "previa autorización de la autoridad de control", facultando a dicha autoridad de
control a establecer, con carácter general y uniforme, los requisitos y formalidades que se deba
cumplir a tal efecto.

La denegación por parte del ente de control es apelable ante el Poder Ejecutivo nacional, de
acuerdo con lo que dispone el art. 85 Ver Texto; es su decisión irrecurrible, solución que
concuerda con lo resuelto por la Corte Suprema de Justicia de la Nación (sentencia del
7/12/1945, LL 42-880).

Los aseguradores están obligados a mantener, tanto en el domicilio de su sede central como en
el de sus sucursales, a disposición de la Superintendencia de Seguros, todos los elementos
relacionados con sus operaciones, que dicha autoridad de control puede examinar con
amplitud (art. 68 Ver Texto).

En el caso de disolución, liquidación, quiebra o situación equivalente de una sociedad


extranjera, o de cierre de la agencia o sucursal de aquélla, la autoridad de control revocará la
autorización concedida para operar en seguros (art. 48 Ver Texto, inc. e). Sin perjuicio de ello,
también procederá la revocación de la autorización de esa sucursal si no inicia las operaciones
en el término de 6 meses, o si no cumple con lo dispuesto por el art. 31 Ver Texto en los casos
de pérdida del capital mínimo, o si el asegurador no funciona de acuerdo con los estatutos, o
con las condiciones de autorización, o no procede a la exclusión de directores, síndicos,
gerentes, etc., alcanzados por los impedimentos del art. 9 Ver Texto (art. 48 Ver Texto, incs. a,
b y c).

Por su parte, el Reglamento General de la Actividad Aseguradora, en su art. 6.1.1 define el


concepto de "sucursal" diciendo que se consideran tales a aquellas descentralizaciones
dispuestas por las entidades aseguradoras que están "investidas con mandato representativo
para contratar en forma directa operaciones de seguros, emitiendo pólizas y demás
documentos necesarios a la perfección de los contratos y a la atención, liquidación y pago de
las obligaciones emergentes de los mismos".

218
Al frente de ellas estará un gerente, quien será su representante legal, cuyo mandato lo habilita
asimismo para efectuar trámites y responder consultas de la autoridad de control (art. 6.1.2,
Regl.). Las pólizas, que serán firmadas por él (o por funcionarios debidamente apoderados a tal
efecto), se deberán ajustar a los modelos autorizados para la casa matriz, con las
modificaciones relativas a la cláusula de jurisdicción y demás reformas que se le exijan (art.
6.1.3).

También dispone dicha reglamentación que para gestionar la habilitación de una sucursal se
deberá requerir la autorización de la Superintendencia de Seguros de la Nación, acompañando
la presentación con copia del acta de directorio correspondiente, el reglamento de las
relaciones entre la sucursal y la casa matriz, la tabla de límites máximos a los cuales la sucursal
deberá ajustar las contrataciones de seguro que realice y los poderes otorgados.

Las modificaciones posteriores deben ser comunicadas con 15 días de anticipación a su entrada
en vigencia (art. 6.l.9) y deberán ser inscritas en el Registro Público de Comercio respectivo,
rubricando los registros y libros que exija la normativa vigente (art. 6.1.8).

La apertura de una sucursal, una vez autorizada por Superintendencia de Seguros de la Nación,
deberá ser inscrita en el Registro Público de Comercio correspondiente; y se rubricarán los
libros y registros exigidos por la normativa vigente. Las operaciones anotadas en los registros y
libros de la sucursal deben ser informadas a la casa matriz en forma mensual como máximo, a
fin de que sean volcadas en los libros generales por asientos que correspondan a cada concepto
de operaciones (art. 6.1.6). Las carpetas de póliza, los antecedentes originales de siniestros, los
comprobantes de pago y toda documentación perteneciente a operaciones de las sucursales
serán archivadas en sus sedes (art. 6.1.8).

Las sucursales o agencias de sociedades extranjeras deberán ser autorizadas para ejercer la
actividad aseguradora en las mismas condiciones establecidas por la ley para las sociedades
anónimas constituidas en el país, y siempre que exista reciprocidad según las leyes del domicilio
de la casa matriz (art. 5 Ver Texto, ley 20091). A tal fin deberán tener y radicar en el país
fondos equivalentes a los capitales mínimos exigidos a los aseguradores constituidos en él (art.
30 Ver Texto, 2º párr., ley 20091). Estarán a cargo de uno o más representantes con facultades
suficientes para realizar, ante la autoridad de control y con terceros, todos los actos jurídicos
atinentes al objeto de la sociedad, y también para estar en juicio por ésta. No obstante, dicho
representante no tendrá facultades para ampliar o renunciar a la autorización para operar en
seguros, ni para trasferir voluntariamente la cartera, salvo que se le otorgue poder expreso a tal
efecto (art. 5 Ver Texto, ley 20091).

34. Control estatal de primas y reservas.

219
El negocio del seguro tiene la característica -repetidamente señalada- de percibir de una masa
de contratantes el precio (prima o cotización), para pagar con su producido las prestaciones
contratadas para el supuesto de que se produzca el suceso prevenido. Esta característica es la
que justifica, en última instancia, el control estatal; de ahí que la ley se haya preocupado
especialmente por regular la formación de las reservas técnicas con el fin de que el asegurador
se capacite económicamente para afrontar esas obligaciones eventuales. De ahí también las
reglas establecidas específicamente en los arts. 33 Ver Texto a 36 Ver Texto, y las no menos
importantes del art. 31 Ver Texto sobre pérdidas que afecten el capital mínimo; de los arts. 37
Ver Texto y siguientes sobre confección de balances y su control; etc.

La ley ha concretado en diversas normas la obligación de constituir reservas, su cálculo e


inversión:

1) Los aseguradores deben constituir las reservas técnicas por los riesgos asumidos y de
siniestros pendientes, que sean suficientes para atender las obligaciones con los asegurados (art.
33 Ver Texto).

La Superintendencia de Seguros fijará el monto o forma del cálculo de estas reservas, con
resoluciones de carácter uniforme y general (art. 33 Ver Texto), por lo cual ha menester oír al
Consejo Consultivo del seguro (art. 79 Ver Texto, inc. a). Tales resoluciones admiten el recurso
legislado en el art. 85 Ver Texto, 1er. párr.

Se debe tener en cuenta que la Superintendencia de Seguros ha de aplicar un doble criterio en


la fijación de estas reservas:

a) la naturaleza de la rama (v.gr., en el seguro sobre la vida, la reserva técnica implica


modalidades especiales; en otras, ha de tener en cuenta distintos elementos);

b) la suficiencia para afrontar las obligaciones para con los asegurados.

Al respecto, el Reglamento General de la Actividad Aseguradora, en su art. 39.5 (versión según


resolución 26735 ) establece la forma de calcular la reserva de siniestros pendientes. Las reglas
son las contenidas en el anexo I de dicha resolución, que dispone:

1) Al cierre de cada ejercicio o período, las entidades aseguradoras y reaseguradoras deberán


estimar los siniestros pendientes de pago, a cuyo efecto se reunirá la mayor cantidad de
elementos de juicio posibles, tales como informes de asesores legales sobre el estado de los
juicios, informes de los médicos asesores respecto de las incapacidades sobre la base de las

220
cuales se hayan formulado reclamos, informes de inspectores, peritos tasadores, presupuestos
de talleres; etc., elementos éstos que deberán obrar en la carpeta de siniestro.

2) El pasivo por siniestros pendientes se calculará en forma individual para cada siniestro, y de
manera que cubra su costo final; se imputará al ejercicio en que tuvo lugar.

Se incluirán los siniestros ocurridos con anterioridad a la fecha de cierre del ejercicio
económico, denunciados dentro de los 30 días posteriores a tal fecha, y el importe respectivo
surgirá del porcentaje que representan tales siniestros sobre los restantes pendientes a dicha
fecha, a efectos de su aplicación en los estados contables de períodos intermedios del ejercicio
siguiente. Para estas situaciones se admitirá, como método alternativo y en reemplazo del
anterior, la constitución de un pasivo equivalente al 2,5% de las primas emitidas, netas de
anulaciones, correspondientes a los 12 meses anteriores al cierre de ejercicio o período. Si se
optare por este método, se aplicará para todos los ramos, excepto el de automotores
(resolución 25270/97 ).

3) En caso de que se hubiere promovido juicio, sea que la entidad se encontrare demandada, o
citada en garantía, o hubiere asumido la defensa del asegurado en juicio (incluidos también los
casos en que el reclamo por el siniestro esté sometido al régimen de mediación de la ley 24573
Ver Texto -según circulares 3379/96 y 3550/97-), las normas para el cálculo del pasivo serán:
a) Si existe sentencia definitiva, se tomará en cuenta su monto más los gastos causídicos
correspondientes, netos ambos conceptos de la participación de reaseguros. b) Si no existiere
sentencia definitiva, pero sí de primera instancia, se tomará ésta, más los gastos causídicos,
netos ambos de reaseguros, como en el caso anterior. c) De haberse llegado a celebrar
transacción luego de la sentencia de primera instancia, sólo se tomará en cuenta el importe
convenido si el acuerdo se encontrare debidamente documentado y firmado, y abarcase todos
los conceptos involucrados. Los importes se valuarán por índice de precios al consumidor
hasta el 31/3/1991 y luego se aplicará la tasa pasiva del comunicado 14290 del Banco Central;
y para los siniestros de automotores se podrá utilizar el índice de precios al por mayor (nivel
general). En los casos en que resultare aplicable la ley 24283 Ver Texto para actualizar el valor
de una cosa, bien o prestación, se tomará como límite el valor actual con más un 6% anual
desde la fecha del siniestro. d) Si no existiere sentencia pero sí informe pericial, se tomará en
cuenta éste. e) Para los juicios en que esté indeterminado el valor reclamado, se aplicará el
promedio que arrojen las sumas del pasivo constituido para los restantes juicios de cada
sección, netas de reaseguros, tomándose sección por sección. f ) En los demás casos se
pasivará por lo menos el 60% del monto demandado (actualizado), o bien la responsabilidad
total de la aseguradora, conforme a lo establecido en el seguro correspondiente (la que resulte
menor de ambas), neto de la participación correspondiente al reaseguro (art. 39.5.1.4.2). En
estos casos, cuando no se hubiese dictado sentencia (aunque fuere de primera instancia), la
aseguradora que haya sido demandada o citada en garantía podrá optar por emplear el método
que se detalla a tal fin en la resolución precitada (art. 39.5.2), y para ello se establece un
minucioso procedimiento de cálculo. Se excluyen de éste, por ende, los casos en que existiere
sentencia, y también cuando se trate de demandas por montos total o parcialmente
indeterminados, o transacciones celebradas pero aún no pagadas, o juicios en los cuales existe
dictamen de perito oficial o único (art. 39.5.2.1.2).

221
Se admitirá que no se constituya pasivo por siniestros pendientes en los casos en que se
verifique que no existe seguro.

A tal fin la entidad deberá presentar una declaración jurada suscrita por su presidente, síndicos
y auditor, con el detalle de los casos que se hallen comprendidos en esta excepción. No
obstante, se deberá constituir pasivo por los honorarios correspondientes a los juicios en
cuestión. Por otra parte, los supuestos en los cuales se haya planteado la inexistencia de seguro
no se podrán incluir en el cálculo del coeficiente siniestral (art. 39.5.1.4.5).

35. Procedimiento estadístico.

Para determinar la experiencia siniestral se consignarán todos los casos susceptibles de ser
incluidos, y su omisión, total o parcial, hará que el ente de control no tome en cuenta la
experiencia siniestral de la entidad y rectifique las cifras del pasivo según la metodología del art.
39.5.1.4.7 (es decir, hacer pasivo el 60% del importe demandado actualizado o la
responsabilidad menor asumida contractualmente por el asegurador, neto de participación del
reaseguro).

A partir de los estados contables cerrados al 30/6/96, el método de cálculo a emplear es el


siguiente:

a) Se tomarán todos los casos en que, en los 3 años calendarios anteriores al cierre de cada
período, se hayan dictado sentencias (estén o no firmes) o firmado transacciones (se
encuentren o no pagas), y se añadirán las costas y gastos causídicos. Si las costas y honorarios
no estuvieren determinados, se tomará como mínimo un 20% del capital de sentencia.

b) Se tomará el monto reclamado en la demanda judicial, excluidos los casos en que sean de
monto total o parcialmente indeterminado;

c) Se efectuará la corrección de los importes que correspondan a los dos puntos


precedentemente indicados, mediante la aplicación de lo establecido en el 4º párr. del punto
39.5.1.4.2 anteriormente expuesto, de acuerdo con la fecha expuesta en la sentencia o
transacción.

222
d) A los importes resultantes del punto anterior no se les deducirá la participación del
reasegurador.

e) Se agruparán, sección por sección, los importes corregidos, determinados en función de lo


indicado en los puntos precedentes.

f ) Se determinará el coeficiente que representan los importes con sentencia o transacción


respecto de los importes demandados, por totales de cada sección.

g) Se determinará el importe de los siniestros pendientes, sección por sección, aplicando el


coeficiente obtenido en el punto anterior, a todos los casos en que se haya promovido juicio
contra la entidad o que se la haya citado en garantía pero no se hubiera dictado sentencia
(incluso de primera instancia), sobre el importe demandado corregido conforme a lo previsto
en el 4º párr. del punto 39.5.1.4.2. El importe a hacer pasivo será el que resulte de tal cálculo o
el de la responsabilidad total asumida por el reasegurador en el contrato, neto de reaseguro -el
que resultare menor-. El importe resultante es el que corresponde poner en el pasivo en los
respectivos estados contables.

Las entidades aseguradoras deberán indicar, en nota consignada en los estados contables, cuál
es el método utilizado para el cálculo de los siniestros pendientes que hayan derivado en juicio
y el coeficiente seccional aplicado.

Una vez que se optó por utilizar el método de la experiencia siniestral, la aseguradora no podrá
volver a utilizar el método del 60%, salvo expresa y previa autorización del ente de control. Si
el coeficiente que resulte de la experiencia siniestral fuera superior al 60%, no será posible
optar por el "método del 60%".

La norma dispone asimismo que las entidades aseguradoras deberán adoptar las medidas
necesarias para que las carpetas de siniestro cuenten con todos los elementos indispensables
para efectuar una correcta valuación (copias de demanda y su contestación, copias de pericias
realizadas, informes periódicos de los abogados actuantes sobre el estado del juicio, así como
también informes de los médicos, inspectores, etc., en su caso. De registrarse pagos, ya sean
totales o a cuenta, deberá obrar en carpeta copia de los recibos y de las órdenes de pago
emitidos.

Los siniestros pendientes que no se hallen en juicio se valuarán teniendo en cuenta la mayor
cantidad de elementos posibles, a fin de pasivar el costo final en el ejercicio o período en el
cual se produjo el siniestro.

223
En los seguros de automotores, la resolución 24874/96, para evaluar los pasivos de esta rama,
reemplaza las disposiciones del Reglamento General contenidas en los arts. 39.5.1.4.7 y
39.5.1.4.8, por los siguientes:

a) El art. 39.5.10.1 dispone que para los casos del art. 39.5.1.4.7 (es decir, aquellos en los cuales,
habiéndose formulado reclamo judicial, no existiere sentencia ni dictamen de perito oficial, ni
valuación promedio ante reclamo por monto indeterminado, ni se estuviese ante un supuesto
de ausencia de seguro), se pasivará por lo menos el importe que resulte de aplicar, sobre los
montos actualizados de demandas -o sobre los montos mínimos-, los siguientes porcentajes:

Monto de demanda actualizada Pasivo a constituir

Importe en $% Monto mínimo

Hasta $ 20.000 65 $ -

De $ 20.001 a $ 100.000 50 $ 13.000

De $ 100.001 a $ 250.000 30 $ 30.000

De $ 250.001 a $ 1.000.000 10 $ 75.000

A los importes resultantes se les podrá deducir, por separado, la participación que le
corresponda al reaseguro.

Los siniestros con demandas actualizadas cuyos montos sean superiores a $ 1.000.000 se
valuarán sobre la base de los informes producidos por actuario y abogado. En este caso, el
importe a pasivar no podrá ser inferior a $ 100.000.

Por "monto de demanda actualizada" se entenderá el importe reclamado en la demanda,


actualizado conforme al ya analizado 4º párr. del art. 39.5.1.4.2, desde la fecha del siniestro o la
de interposición de la demanda, según corresponda.

Por circular 3624 se aclaró que las escalas precedentemente indicadas deberán ser aplicadas
demanda por demanda, según los importes de cada una de ellas; no es posible agrupar
demandas a los fines de ese cálculo, aun cuando hayan tenido origen en un mismo siniestro. La
participación del reaseguro se debe deducir por separado sobre el importe resultante de la

224
sumatoria de los importes de pasivos a constituir por cada demanda, agrupados por siniestro.
La circular precitada, punto 3, aclara que para el ramo automotores es opcional la constitución
del pasivo previsto en el punto 39.5.1.2 del Reglamento General, según redacción establecida
por resolución 25270 .

El art. 39.5.10.3 -versión según resolución 26735/99 - estableció que al cierre de cada trimestre
calendario, las aseguradoras constituirán, "de corresponder, un pasivo adicional por
insuficiencia en el cálculo de siniestros pendientes al cierre del año anterior", e indicar las
pautas conforme a las cuales se debe calcular.

Asimismo, por la misma resolución se modificó el punto 39.5.11 referido a los desvíos de
siniestralidad. Establece que al cierre de cada ejercicio se constituirá un pasivo denominado
"desvíos de siniestralidad", que se incluirá dentro del rubro "deudas con asegurados". Para el
cálculo se procederá así: a) Se determinará, para la cobertura de responsabilidad civil por tipo
de vehículo, la sumatoria de los siniestros pagados más los pendientes, para los que hayan
ocurrido en los últimos 12 meses. No se deducirán importes por reaseguros, recuperos o
salvatajes. b) Se calculará, por tipo de vehículo, el producto entre los vehículos expuestos a
riesgo en los últimos 12 meses, por la tasa de riesgo correspondiente, y se sumarán los valores
resultantes. c) Si el importe determinado conforme el punto b resulta superior al del punto a, la
diferencia deberá ser aplicada a la constitución del pasivo por desvíos de siniestralidad,
resolución 24874 . La normativa da las pautas para la definición de los que se deben considerar
"vehículos expuestos a riesgo".

También se dispone para el seguro de automotores la formación de una previsión por


incremento de vehículos asegurados (resolución 24833 ), que se incluirá, en el balance analítico,
dentro del rubro "previsiones".

36. Reservas técnicas: inversión.

La formación de las reservas sería insuficiente si la ley no previera cómo se invierten y se


asegura la conservación de su valor en balance.

El art. 35 Ver Texto de la ley 20091 establece el principio al cual se deben ajustar las
inversiones de los aseguradores cuando expresa que "los importes de las reservas previstas en
el art. 33 Ver Texto y de los depósitos de reservas de garantía retenidos a los reaseguradores -
deducidas las disponibilidades líquidas y los depósitos de reservas en garantía retenidas por los
reaseguradores-" se deben invertir íntegramente en los bienes indicados en esa misma

225
disposición, y preferir siempre los que supongan mayor liquidez y suficiente rentabilidad y
garantía.

Los bienes indicados en la ley son:

a) títulos u otros valores de la deuda pública nacional o garantizados por la Nación y títulos de
la deuda pública interna de las provincias emitidos con arreglo a sus respectivas
Constituciones, y también los de las municipalidades que cuenten con la garantía de los
respectivos municipios;

b) títulos de países extranjeros, hasta el importe de las reservas técnicas correspondientes a


pólizas emitidas en moneda de esos países;

c) obligaciones negociables que tengan oferta pública autorizada, emitidas por sociedades por
acciones, cooperativas o asociaciones civiles y en debentures, en ambos casos con garantía
especial o flotante en primer grado sobre bienes radicados en el país;

d) préstamos con garantía prendaria o hipotecaria en primer grado sobre bienes situados en el
país, con exclusión de yacimientos, canteras y minas. El préstamo no excederá del 50% del
valor de realización del bien, especialmente tasado al efecto por el asegurador.

La exclusión de yacimientos, canteras y minas obedece a la naturaleza del bien gravable, no


sólo porque su explotación es aleatoria en sí, sino porque se agota progresivamente e incluso
de modo inesperado (fracturas de veta, p.ej.). La exigencia de la tasación previa consagra la
práctica actual en el país. La generalidad de la norma permite incluir entre los autorizados los
préstamos para construir;

e) inmuebles situados en el país para uso propio, edificación, renta o venta;

f ) acciones de sociedades anónimas constituidas en el país o extranjeras comprendidas en el


art. 124 Ver Texto de la ley 19550, o de extranjeras que tengan por principal objeto la
prestación de servicios públicos dentro de la Nación, que se coticen en bolsas del país o del
extranjero.

Estos requisitos dan a la inversión una garantía adicional, resultante del control que significa la
autorización para cotizar en bolsa, que requiere el examen previo por la Comisión Nacional de
Valores;

226
g) préstamos garantizados con títulos, debentures y acciones de los incs. a, b y c, hasta el 50%
del valor de mercado de esos valores;

h) operaciones financieras garantizadas en su totalidad por bancos u otras entidades financieras


debidamente autorizadas a operar en el país por el Banco Central de la República Argentina,
previa autorización en cada caso de la autoridad de control, y siempre que lo permita el estado
económico-financiero del asegurador.

Agrega la disposición precitada que la autoridad de control establecerá con carácter general los
porcentajes de inversión en tales bienes, y podrá impugnar las inversiones hechas en bienes que
no reúnan las características de liquidez, rentabilidad y garantía, o cuyo precio de adquisición
sea superior a su valor de realización. En este último caso, dicha autoridad de control
dispondrá las medidas necesarias para que esa inversión se registre en el balance con un valor
equivalente al de su realización según el precio corriente de mercado.

En cuanto a los bienes adquiridos con gravamen, serán computados para los porcentajes de
inversiones por su monto total, neto de amortizaciones, y para el balance de cobertura se
considerarán con deducción del gravamen.

El capital, la reserva legal, los fondos de previsión y las reservas del art. 34 Ver Texto -con
deducción de cuanto se destine a bienes de uso para la instalación, explotación y desarrollo del
negocio de seguros y crédito por primas- deberán ser invertidos en los mismos bienes, sin
sujeción a porcentajes, o en otros bienes, con autorización previa de la autoridad de control
(art. 35 Ver Texto, último apartado). La sujeción a los bienes enumerados para las demás
inversiones por el art. 35 Ver Texto, 2º párr., cumple con el principio enunciado en el párrafo
inicial (inversión en bienes que ofrezcan mayor liquidez, rentabilidad y garantía); pero, al
mismo tiempo, atento a la función subsidiaria de garantía que tienen estos tipos de bienes, se
explica la atenuación que en este caso presenta la intervención del control estatal.

En la rama vida los aseguradores podrán deducir también, de las reservas a invertir, los
préstamos a los asegurados, las primas vencidas a cobrar y las fracciones de primas a vencer. La
razón de esta norma -que es de excepción- obedece a las peculiaridades del seguro sobre la
vida: 1) los préstamos a los asegurados son un tipo de inversión cuyo monto se recupera con
seguridad (puesto que se hace en proporción la reserva matemática), a más tardar a la época del
pago de la prestación debida, por compensación; 2) análogos fundamentos explican la
excepción respecto de las primas vencidas y fracciones a vencer. Estos fundamentos no se dan
en los demás seguros, por lo cual los créditos por primas a cobrar no se pueden considerar
para el balance de cobertura: resulta claramente de la limitación del texto.

227
Por último, se dispone en la norma que examinamos que los instrumentos representativos de
las inversiones deben ser mantenidos en el país, salvo excepción expresa autorizada por la
autoridad de control.

Hemos visto que la norma que venimos analizando expresa que "la autoridad de control
establecerá con carácter general los porcentajes de inversión en tales bienes". En cumplimiento
de ese mandato legal, el Reglamento General de la Actividad Aseguradora fija las pautas a que
se sujetará ese régimen de porcentajes en sus aspectos concretos. Así, dicha normativa
reglamentaria establece que las entidades de seguro invertirán los importes correspondientes a
los conceptos indicados en el art. 35 Ver Texto, 1er. párr., ley 20091, netos de las deducciones
allí mencionadas, en la siguiente proporción:

a) inversiones en activos cuya disponibilidad se opere dentro de los 180 días (contados desde el
momento en que se calcule el estado de cobertura), un 40% como mínimo;

b) inversiones en inmuebles y en préstamos admitidos, un 60%; no puede exceder cada


concepto el 45% de ambos porcentajes como máximo. En las entidades que operen en seguro
de retiro, la inversión en inmuebles y préstamos hipotecarios no podrá superar el 50% del total;

c) inversiones en otros activos con vencimiento superior a 180 días, contados a partir del
momento en que se calcule el estado de cobertura, el 30% como máximo (art. 35.1.1, Regl.).

Se entenderá por "disponibilidades deducibles" la suma de los saldos del rubro "caja" y de los
depósitos a la vista en entidades financieras autorizadas por los respectivos órganos de control
(art. 35.1.2).

La inversión de los fondos que excedan el monto de las reservas y depósitos a que se refiere el
art. 35.1.1 no está sujeta a los porcentajes allí establecidos y se podrá realizar libremente,
siempre que se observe el cumplimiento de los límites mínimos fijados por el punto 35.1.1.

Si las entidades, a la fecha de cierre del balance general o posterior comprobación efectuada
por la autoridad de control, no alcanzaran a cumplimentar los porcentajes de inversiones
requeridos, no podrán distribuir dividendos o excedentes en efectivo, y si se tratase de
sociedades extranjeras, no podrán remesar saldos de utilidades a sus casas matrices en el
exterior, ni compensarlos con saldos deudores de estas últimas.

Las entidades de seguro realizarán sus inversiones sin necesidad de formular consulta previa a
la Superintendencia de Seguros de la Nación sobre su procedencia, en tanto estén
expresamente permitidas por las disposiciones en vigor; queda supeditado a su responsabilidad
el cumplimiento de ellas y el encuadre dentro de los límites máximos y mínimos fijados para

228
cada tipo de inversión. Además, deberán mantener a disposición de la autoridad de control las
constancias de depósito de los títulos de renta y títulos valores en general, correspondientes a
movimientos y saldos mensuales calendarios. Sólo se admitirá el depósito en custodia de títulos
públicos de renta y títulos valores en general que se efectúe en entidades financieras
autorizadas por el Banco Central de la República Argentina, y siempre que sus sistemas
informativos permitan la emisión de las constancias con la periodicidad y nivel mínimo de
detalle adecuado: y sólo se admitirá que se incluyan en los estados patrimoniales y de situación
financiera de títulos de renta y títulos valores los que se encuentren depositados en esas
condiciones.

37. Libertad de inversión.

El restante patrimonio del ente asegurador -capital excedente del mínimo, reservas libres,
amortizaciones de estos bienes- se puede invertir en los bienes que libremente elija aquél.

La razón de esta libertad radica en que el control estatal a su respecto no se justifica, y ello
habrá de estimular a los aseguradores a incrementar el capital y formar mayores reservas libres,
lo cual facilitará la expansión y desarrollo del seguro en el país.

38. Inversiones en moneda extranjera.

Los arts. 33 Ver Texto, 2º párr., y 35 Ver Texto, inc. b, establecen las normas especiales acerca
de las inversiones y su conservación.

El art. 33 Ver Texto prevé que cuando el asegurador asume obligaciones en moneda extranjera,
"deben constituir las reservas técnicas correspondientes en las mismas monedas o en otras
permitidas que establezca la autoridad de control".

Como la actividad del asegurador puede llevarlo a asumir obligaciones en monedas "débiles", la
parte final de la norma trascrita faculta a la autoridad de control a fijar la moneda en que ser
pueden invertidas las reservas en ese caso, lo cual permite brindar solidez a las inversiones y
simplifica la administración del asegurador sin que se vea afectada la garantía. Asimismo,
nuestro país emite títulos en moneda extranjera que se cotizan incluso en mercados

229
extranjeros, a los cuales se agrega que el inc. h admite también la inversión en operaciones
financieras garantizadas en su totalidad por bancos o entidades financieras autorizadas por el
Banco Central, muchas de las cuales son efectuadas en moneda extranjera.

El art. 35 Ver Texto, inc. b, permite la inversión en títulos públicos de países extranjeros, pero
hasta el importe de las reservas técnicas correspondientes a pólizas emitidas en monedas de
esos países. Por su parte, el inc. f del mismo artículo posibilita la inversión en acciones de
sociedades anónimas extranjeras comprendidas en el art. 124 Ver Texto de la Ley de
Sociedades, 19550, o de extranjeras que tengan por principal objeto la prestación de servicios
públicos dentro de la Nación que coticen en bolsas del país o del extranjero.

Como ya se destacó antes, la parte final del art. 35 Ver Texto establece que los instrumentos
representativos de las inversiones deben ser mantenidos en el país, salvo las excepciones que la
autoridad de control autorice expresamente en cada caso. El requisito consagrado por la norma
apunta a evitar, cuando se trate de sucursales de empresas extranjeras, que la casa matriz
disponga de tales bienes. Se tendrá en cuenta, por otra parte, que lo expresado contempla el
supuesto de seguros contratados por aseguradores radicados en el país; mas no, v.gr., el de
sucursales en el extranjero de aseguradores argentinos: estas sucursales están sujetas al régimen
de control del país de su instalación.

39. Inversiones: reaseguro.

El art. 36 Ver Texto prevé la radicación de las inversiones en el caso de reaseguro.

La ley distingue tres supuestos:

a) el reaseguro facultativo ocasional (art. 36 Ver Texto, 3er. párr.) por el cual la práctica es
remitir al reasegurador la totalidad de la prima convenida;

b) el reaseguro en el exterior (art. 36 Ver Texto, 1er. párr.), por el cual el reasegurador debe
retener la reserva técnica correspondiente a la parte cedida de la prima original;

c) recíprocamente, cuando el asegurador argentino recibe reaseguros del exterior, las reservas
técnicas pueden ser retenidas en el extranjero (art. 43 Ver Texto, 2º párr.).

230
La parte final del art. 36 Ver Texto establece que en los contratos celebrados con
reaseguradores del exterior se deberá pactar una cláusula resolutoria para los casos de
incumplimiento, dificultades económico-financieras que sobrevengan al reasegurador y otros
supuestos que pueden poner en peligro los intereses del asegurador radicado en el país, tales
como guerra, invasión, guerra civil, rebelión, sedición, medidas gubernativas u otros
acontecimientos similares. En estos casos, el reasegurador se obligará a devolver las primas no
ganadas hasta el momento de la resolución; el asegurador, por su parte, tendrá derecho de
conservar en su poder las reservas retenidas hasta el total cumplimiento de las obligaciones del
reasegurador, y puede aplicarlas a ese objeto si las remesas no se efectuasen en un plazo
prudencial.

VI. Administración y balances

40. Administración. Contabilidad.

La libertad de administración que posee el asegurador sólo reconoce las limitaciones que le
impone la ley 20091 Ver Texto y su reglamentación.

El art. 37 Ver Texto dispone que los aseguradores deben efectuar los asientos de sus
operaciones en los libros y registros que determine la autoridad de control, llevados en idioma
nacional (este último requisito se aparta de lo establecido en la segunda parte del art. 66 Ver
Texto del Código de Comercio) y con las formalidades que ella disponga. La documentación
que le sirva de antecedente será archivada en forma metódica para facilitar las tareas de
fiscalización; la referente a los contratos de seguro se conservará por un plazo mínimo de 10
años de vencidos.

El Reglamento General de la Actividad Aseguradora efectúa una minuciosa regulación sobre


registraciones contables y societarias, en la cual se concreta la reglamentación a que hizo
referencia el art. 37 Ver Texto de la ley 20091.

Con relación a los plazos de registración distingue entre:

1) Movimiento de fondos

231
a) Las planillas de resumen del movimiento de ingresos y egresos de fondos diarios deberán
estar confeccionadas al cierre de las operaciones del día.

b) La copia de planillas analíticas de ingresos y egresos en registros rubricados o la


encuadernación provisional o definitiva de ellas se deberá efectuar dentro de los 15 días de
vencido el mes al cual se refieren dichos movimientos.

2) Emisiones y anulaciones

a) La confección de las planillas para copiar en registros rubricados o encuadernar se efectuará


dentro de los 15 días del mes siguiente al de la emisión o anulación de la póliza o endoso.

b) El copiado de planillas en registros rubricados o la encuadernación provisional o definitiva


de ellas, se deberá efectuar antes del día treinta del mes siguiente al de la emisión de la póliza o
endoso respectivo.

3) Aceptaciones de coberturas

Las anotaciones en el registro de aceptaciones de coberturas deberán ser llevadas al día. Si la


registración se efectúa mediante planillas de computación o encuadernadas, se deberá listar al
final del día las planillas con las coberturas aceptadas en el registro.

4) Denuncias de siniestros

La registración de las denuncias en el libro respectivo se deberá efectuar en el día, y si se llevase


la registración por el sistema de computación, se listarán al final del día las planillas con las
denuncias ingresadas.

5) Actuaciones judiciales

Las registraciones se deberán efectuar en el plazo de 3 días de la notificación de la demanda,


citación en garantía o de llegado el juicio a conocimiento de la aseguradora por comunicación
fehaciente del asegurado. Si la entidad es actora, la registración se efectuará dentro de los 3 días
de iniciado el juicio.

232
6) Elementos subsidiarios y registros auxiliares

a) La confección de planillas para copiar en los registros rubricados o para encuadernar se


deberá efectuar en un plazo que no exceda los 15 días del mes siguiente al de las respectivas
operaciones.

b) El copiado de las planillas en registros rubricados o la encuadernación provisional o


definitiva de ellas se deberá efectuar dentro de los 30 días del mes siguiente al de la operación a
la cual se refieran.

7) Diario general

a) Los asientos mensuales del diario general deberán estar confeccionados antes de la
finalización del mes inmediato posterior al de su contabilización en los registros auxiliares.

b) Para el copiado en el registro respectivo o la encuadernación provisional o definitiva se


dispondrá de 15 días corridos adicionales.

c) En oportunidad de la confección de los estados contables anuales o de los estados de


situación patrimonial trimestral, las registraciones por los meses a que correspondan tales
cierres deberán hallarse asentadas en los registros rubricados, al tiempo de la presentación de
tales estados ante la autoridad de control.

8) Inventarios y balances

Se deberá volcar los respectivos estados contables (anuales o trimestrales) con anterioridad a su
presentación a la Superintendencia de Seguros de la Nación.

Jurisprudencia

En materia aseguradora, la regulación estatal apunta a encauzar la actividad específica, en la


cual están interesadas las economías privadas y la general, como la producción nacional y la
confianza pública. Por ello se ha instituido un sistema de control permanente que establece
normas reglamentarias que imponen a las aseguradoras, entre otras, la obligación de llevar su
contabilidad en forma ordenada, de modo tal que posibilite el ejercicio del poder de policía
estatal en resguardo de la veracidad de las operaciones asentadas y de la solvencia económico-
financiera de la empresa. Ello implica para las aseguradoras no sólo contar con registros
contables claros y trasparentes, sino el prestar al ente de control la colaboración necesaria para

233
despejar toda duda que pueda surgir de dichos registros y, más aún, para justificar cualquier
operación que, a criterio de aquél, presente aspectos equívocos. Así, el descuido de la
aseguradora en llevar sus registros en forma regular configura no sólo un obstáculo real a la
fiscalización, sino también el ejercicio anormal de la actividad aseguradora (C. Nac. Com., sala
A, 9/12/1995, "Unión Comerciantes Cía. de Seguros S.A. -de los fundamentos del dictamen
del fiscal de cámara, que la sala mencionada hizo suyos-, LL 1997-B-803, sum. 39.390).

41. Plan uniforme de cuentas. Normas de contabilidad.

El art. 39 Ver Texto de la ley 20091 regula el plan uniforme de cuentas, a la vez que instituye
normas sobre contabilidad de las empresas de seguros, ambos "con carácter uniforme".

El plan de cuentas es la ordenación sistemática de las cuentas desde el punto de vista contable
a fin de sistematizar su registración y facilitar la fiscalización. En cambio, las normas de
contabilidad son disposiciones acerca de la administración de la empresa. No obstante, como la
propia norma lo destaca, se uniforman ambos sistemas para todas las entidades, sin perjuicio
de que, según se indica en la parte final de ese art. 39 Ver Texto, los aseguradores que deseen
apartarse de esas normas o de ese plan, para ampliarlos o reducirlos, deberán obtener la previa
aprobación, por parte de la autoridad de control, de las modificaciones que se propongan a tal
efecto, con expresión de los motivos de la propuesta. La resolución que se adopte al respecto
es recurrible en los términos del art. 83 Ver Texto, ley 20091, ante la Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Comercial de la Capital Federal.

Para el dictado de las normas uniformes sobre contabilidad y plan de cuentas, el


superintendente consultará al Consejo Consultivo del Seguro (art. 79 Ver Texto, inc. a), aps. 1
y 2.

El Reglamento General de la Actividad Aseguradora realiza una detallada regulación de


diversos aspectos relativos a esta temática, tales como normas contables y de valuación,
métodos de conversión a moneda constante, normas de ajuste y corrección de partidas, cargos
diferidos y otros créditos no liquidables en moneda de curso legal, etc. También establece
normas sobre revalúo técnico de inmuebles, cálculo de riesgos en curso, previsión por gastos
de cobranza, estimación de los siniestros pendientes, incluidos aquellos en los cuales existen
reclamos judiciales, publicidad de estados contables, estados de situación patrimonial, por
períodos intermedios dentro de un ejercicio económico, correspondientes al tercero, sexto y
noveno mes de iniciado aquél, estado de cobertura de compromisos exigibles y siniestros
liquidados a pagar, dictámenes profesionales contable y actuarial que, conforme al art. 38 Ver
Texto ley 20091, deben acompañar a los estados contables, etc.

234
Jurisprudencia

En el caso de sociedades que intervienen en el mercado asegurador, son particularmente


intensas las exigencias de las normas que reglamentan los balances y demás estados contables,
como también la celosa fiscalización estatal de su cumplimiento (C. Nac. Com., sala B,
21/6/1996, "La Rectora Cía de Seguros S.A." Ver Texto -del dictamen del fiscal de cámara-,
LL 1997-F-969, Jur. Agr., n_ 12.112).

42. Balances.

El art. 40 Ver Texto dispone que los aseguradores no están obligados a presentar balances
trimestrales; ello, sin perjuicio de que la Superintendencia de Seguros pueda requerirlos a
determinado asegurador cuando lo considere conveniente.

Asimismo, alivia sus obligaciones en cuanto concierne a la publicidad del balance: sólo impone
la publicación del balance anual, el cual autoriza que se haga en forma sintetizada según
formularios oficiales.

El Reglamento General de la Actividad Aseguradora dispone, por su parte, que las entidades
aseguradoras remitirán sus estados contables anuales para su publicación en el diario oficial de
publicaciones legales que corresponda a la jurisdicción del domicilio legal del asegurador. Para
ello, éste deberá emplear el modelo que dicho reglamento contiene como anexo a su
normativa. El plazo para tal remisión será de 2 meses a contar desde que la asamblea haya
aprobado tales estados contables y, en el caso de sucursales o agencias de sociedades
extranjeras o de organismos oficiales, desde la fecha de presentación del balance ante la
autoridad de control (art. 40.1, Regl.).

43. Balance analítico.

El balance a ser confeccionado es analítico, según formularios establecidos por la


Superintendencia de Seguros (art. 38 Ver Texto, 1er. párr.) y conforme a ciertas normas que se
establecen en distintas disposiciones legales:

235
1) la valuación del activo se efectuará según normas uniformes establecidas por la
Superintendencia de Seguros (art. 41 Ver Texto);

2) deben constituir los fondos de amortización, de previsión y las reservas que disponga la
autoridad de control con carácter general y uniforme, sin perjuicio de los fondos que con
carácter particular ella establezca respecto de cada entidad, según su situación económico-
financiera;

3) se constituirán las reservas técnicas y de siniestros pendientes, formadas según el art. 33 Ver
Texto ya examinado;

4) con relación a la rama vida, el art. 42 Ver Texto autoriza a incluir en el activo de sus balances
el rubro "comisiones a amortizar", constituido por las comisiones de adquisición que hayan
sido pagadas por los negocios nuevos realizados, los cuales, a los efectos de dicho rubro
comisiones a amortizar, no podrán exceder del límite máximo que fije la autoridad de control,
dentro del 80% del importe de una prima de tarifa anual para períodos de primas de 20 años o
más, o vida entera, con disminución del 2,5% de la prima anual por cada año menos de
duración. Las comisiones a amortizar se establecerán separadamente para cada año de pago.
Serán descargadas de esa cuenta y cancelados como pérdida los saldos de las comisiones
correspondientes a seguros terminados, caducados o rescindidos que aún falte amortizar. Las
comisiones de seguros de vida, al efecto del rubro comisiones a amortizar, serán amortizadas
en 5 años como máximo y en una proporción no menor que el 20% anual en los balances
generales, a contar desde el primer ejercicio en que se inserten en el activo.

44. Reserva legal.

Conforme al art. 43 Ver Texto, los aseguradores destinarán en concepto de "reserva legal" no
menos del 5% de las ganancias realizadas y líquidas que arroje el estado de resultados del
ejercicio, hasta alcanzar el 20% de su capital social; ello, sin perjuicio de lo que disponga la
autoridad de control en función del art. 34 Ver Texto sobre fondos de amortización, de
previsión y las reservas que con carácter particular estableciere la autoridad de control respecto
de cada entidad, según su situación económico-financiera.

236
45. Control administrativo.

El balance así confeccionado con los demás elementos mencionados en el párrafo 52 se


presentará en el plazo indicado.

La asamblea general se celebrará dentro de los 4 meses de cerrado el ejercicio; este plazo regirá
también para las sociedades cooperativas y de seguros mutuos.

La fecha de cierre de ejercicio de las sucursales y agencias extranjeras es la de la casa matriz,


salvo que optaren por la del 30 de junio de cada año: dentro de los 6 meses de aquella fecha
presentarán los elementos citados que sean pertinentes, referentes a las operaciones realizadas
en el país. La memoria será reemplazada por el informe del representante. Los aseguradores
que operen en la rama vida acompañarán un dictamen actuarial suscrito por profesional
autorizado y que no se halle en relación de dependencia de aquéllos (art. 38 Ver Texto).

La Superintendencia podrá objetar el balance (art. 44 Ver Texto).

De estas disposiciones resulta:

a) que el balance debe ser presentado a la Superintendencia de Seguros con anterioridad de no


menos de 30 días a la reunión de la asamblea;

b) que trascurrido ese plazo, la asamblea puede considerar el balance, haya sido o no
observado;

c) que si ha sido observado y de las impugnaciones resulta supresión o disminución de


utilidades, la Superintendencia de Seguros puede disponer que se suspenda o limite
correlativamente su distribución (art. 44 Ver Texto). Esta decisión admite recurso por ante la
Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial de la Capital Federal. Las personas físicas o
jurídicas que no sean aseguradores autorizados podrán optar por recurrir ante la Cámara de
Apelaciones en lo Federal y Contencioso Administrativo de la Capital Federal, opción que
deberán manifestar al interponer el recurso. Dicho recurso se interpondrá ante la
Superintendencia de Seguros de la Nación dentro de los 5 días hábiles desde la notificación,
con memorial de fundamentos, y posee solamente efecto devolutivo (art. 83 Ver Texto);

d) la facultad de observar el balance que posee la Superintendencia de Seguros de la Nación se


ve complementada, en los casos de disminución del capital mínimo que correspondiere, con la
de emplazar al asegurador para que dé explicaciones y adopte las medidas para mantener la

237
integridad del capital (plan de regularización y saneamiento), sin que se deba esperar la
terminación del ejercicio (art. 31 Ver Texto).

46. Publicidad.

El art. 45 Ver Texto establece la obligación del asegurador de poner a disposición de los
asegurados y de cualquier interesado que lo solicite la memoria, el balance y la cuenta de
ganancias y pérdidas. Pero ha omitido adrede establecer su gratuidad, que no se justifica, ante
los costos actuales.

Jurisprudencia

Las normas sobre contabilidad y plan de cuentas dictadas por la Superintendencia de Seguros
de la Nación consisten en disposiciones referidas a la administración de las entidades
aseguradoras y a la ordenación sistemática de las cuentas desde el punto de vista contable, y
deben ser de estricto cumplimiento, ya que tienen por finalidad racionalizar el control de las
entidades aseguradoras por parte de dicha Superintendencia (C. Nac. Com., sala D, 31/3/1986,
ED 120-610).

---------------------

VII. Pérdida del capital mínimo

238
47. Defensa del capital mínimo.

Ya examinamos la exigencia de un capital mínimo y sus funciones en el sistema legal. La ley


debe prever la situación cuando este capital mínimo sea afectado por pérdidas, porque no sólo
influye en las funciones que fundan su exigencia por la ley, sino que son síntomas de un estado
económico-financiero peligroso para mantener la capacidad de cumplir las obligaciones
asumidas.

Según el art. 31 Ver Texto, en cualquier momento en que la Superintendencia de Seguros, aun
antes de terminado el ejercicio, compruebe que las pérdidas afectan la integridad del capital
mínimo, "emplazará al asegurador para que dé explicaciones y adopte las medidas para
mantener la integridad de dicho capital". El lenguaje es imperativo: no es una facultad de la
Superintendencia de Seguros hacerlo, sino una obligación. La omisión compromete la
responsabilidad del funcionario y del Estado.

El asegurador emplazado podrá proponer a la Superintendencia de Seguros un "plan de


regularización y saneamiento" dentro de los 15 días del emplazamiento. La autoridad de
control aprobará o rechazará el plan y, si lo aprueba, el asegurador deberá cumplirlo en los
plazos y condiciones que aquélla establezca; si, en cambio, es rechazado, deberá reintegrar el
capital en el término de 30 días.

El nuevo texto establecido en el primer párrafo de la segunda parte del art. 31 Ver Texto,
conforme a la ley 24241, art. 155 Ver Texto, dispone que hasta tanto sean cumplidas las
acciones tendientes a la regularización y saneamiento, la autoridad de control establecerá sobre
las inversiones las medidas previstas en el art. 86 Ver Texto. Así, según la nueva redacción dada
a esta última norma:

1) Podrá disponer, sin audiencia de parte, la prohibición, a la entidad aseguradora de realizar,


respecto de sus inversiones, cualquier acto de administración o de disposición que
específicamente indique y de celebrar nuevos contratos de seguros, en los siguientes casos:

a) la situación prevista en el art. 31 Ver Texto de la ley 20091, según el texto modificado por la
ley 24241 Ver Texto;

b) disminución de la capacidad económica o financiera, o manifiesta desproporción entre ésta


y los riesgos retenidos, o déficit de cobertura de los compromisos asumidos con los
asegurados;

c) infracción a las normas sobre egresos o ingresos de fondos, y sobre depósito en custodia de
títulos públicos de renta y títulos valores en general;

239
d) falta de presentación, por el asegurador, de los estados contables, de publicidad, de situación
patrimonial, o de compromisos exigibles y siniestros liquidados a pagar en los plazos
reglamentarios;

e) irregularidades en la constitución o actuación de los órganos de administración y


fiscalización o de las asambleas;

f ) irregularidades en la administración o contabilidad que impidan conocer la situación


patrimonial de la entidad;

g) dificultad de liquidez que haya determinado demora o incumplimiento de sus pagos.

Para hacer efectivas estas medidas, la Superintendencia de Seguros de la Nación ordenará su


toma de razón a las entidades públicas nacionales, provinciales o municipales, o a las privadas
que estime pertinentes.

Las medidas se podrán levantar para cumplir obligaciones con asegurados, o para la
reinversión del bien de que se trate -en cuyo caso quedarán constituidas sobre el bien que entre
en su reemplazo-, o cuando se compruebe que el asegurador se halla en condiciones normales
de funcionamiento.

Los recursos administrativos o judiciales que se interpongan contra la resolución que disponga
alguna de estas medidas serán al solo efecto devolutivo.

2) Cuando la pérdida alcance al 30% del capital mínimo, se ordenará al asegurador que se
abstenga de celebrar nuevos contratos en todas o algunas de las ramas, según el caso, hasta
tanto el capital alcance el mínimo correspondiente, dentro del plazo que determine la autoridad
de control (art. 31 Ver Texto, 3er. párr.).

Jurisprudencia

A los fines del cumplimiento del plan de regularización y saneamiento del art. 31 Ver Texto,
ley 20091, no es invocable por la aseguradora recurrente el art. 21 Ver Texto de la ley 19549,
de procedimientos administrativos, que establece que antes de disponer la caducidad de un
acto administrativo se debe intimar a que se cumpla la obligación en un plazo razonable,
porque habiéndose reglado de manera minuciosa el procedimiento a seguir ante la
Superintendencia de Seguros de la Nación, el requisito de la ley general (19549 Ver Texto)

240
queda sin sustento en el caso particular de las entidades reguladas por la norma especial. No
resulta tampoco admisible, dentro de la ley 20091 Ver Texto, una suerte de denuncia de
ilegitimidad, consagrada por la ley 19549, art. 1 Ver Texto, inc. e: tal dispositivo no figura
consagrado en la ley especial, ni tampoco es procedente en un régimen destinado a regular la
actividad de las entidades aseguradoras, que por el carácter profesional que revisten no
requieren este tipo de protección. Los plazos procesales para interponer y fundar el recurso
generan, si son incumplidos, los siguientes efectos: a) pérdida del recurso, si no se interpone en
el plazo legal (5 días); b) deserción del recurso, si no se funda conforme a la ley; c)
intangibilidad del acto, una vez firme o consentido por vencimiento del plazo para impugnarlo
en sede judicial.

Si bien en el caso hubiera sido conveniente que la Superintendencia de Seguros de la Nación se


expresase concretamente aprobando o rechazando el plan de regularización y saneamiento,
ninguna duda pudo caberle a la sociedad recurrente que el plan propuesto había sido aprobado,
dado que en la resolución 68694 se decía: "La entidad deberá solucionar de inmediato el déficit
de capital mínimo señalado en el punto procedente", lo cual ponía a las claras la urgencia que
existía de que se revirtiese la situación difícil en que la entidad se hallaba; a lo cual se agrega que
la entidad aseguradora informó a Superintendencia de Seguros sobre una consulta, efectuada al
organismo oficial recaudador de tributos, acerca del tratamiento fiscal que correspondía dar al
acto a instrumentarse, lo cual revela que sabía con anticipación que el plan había sido
aprobado, y que cuando el ente de control le notificó que no se había cumplido con el plan de
regularización, aquélla se limitó a solicitar un plazo ampliatorio sin invocar la ausencia de
aprobación ni alegar la inconstitucionalidad de la resolución general 14595 que imponía los
plazos para el cumplimiento de los planes (C. Nac. Com., sala B, 14/10/1985, "Resguardo
Compañía de Seguros S.A.", ED 123-207).

Posteriormente la Corte Suprema de Justicia revocó ese pronunciamiento sosteniendo que en


el caso de que actos de magnitud, como son los relativos al plan de regularización y
saneamiento presentado por una aseguradora, hayan sido cumplidos casi simultáneamente con
la resolución que le canceló la autorización para funcionar como consecuencia, precisamente,
de la omisión de esos mismos actos, se debe tomar en cuenta ese hecho, a fin de alcanzar una
solución que no sea una mera formalidad despojada de contenido real; criterio éste que resulta
aplicable tanto en la órbita judicial como en el ámbito administrativo, pues allí tampoco es
dable conducir los procesos en términos puramente sacramentales, en desmedro de la verdad
jurídica objetiva (Corte Suprema de Justicia de la Nación, 27/12/1988, "Resguardo Compañía
de Seguros S.A." Ver Texto -R. 276-XXI, R.E.-, ED 137-509).

48. Infracción. Sanción.

241
Si el asegurador no acata las disposiciones de la Superintendencia de Seguros en la materia se
hace pasible de las penas previstas en el art. 58 Ver Texto, porque obstruir o no dar
cumplimiento a las medidas de regularización y saneamiento importa el "ejercicio anormal de la
actividad aseguradora" o una "disminución de la capacidad económico-financiera del
asegurador" (art. 58 Ver Texto), supuestos en los cuales el inc. d permite la suspensión de hasta
3 meses para operar en una o más ramas autorizadas, o aun la revocación de la autorización
para operar como asegurador.

Además, el inc. b del art. 48 Ver Texto faculta la cancelación del permiso concedido conforme
al art. 7 Ver Texto.

Por su parte, el art. 155 Ver Texto, 1er. párr., ley 24241, sobre administradoras de fondos de
jubilaciones y pensiones, expresa: "Sin perjuicio de las penas de prisión establecidas en este
título, la Superintendencia de Seguros de la Nación aplicará a las compañías de seguro, en caso
de incumplimiento de sus obligaciones emanadas de esta ley y sus normas reglamentarias, las
sanciones previstas en la ley 20091 Ver Texto, con los procedimientos que ella establece".
Asimismo, modifica también los arts. 31 Ver Texto, 58 Ver Texto, 86 Ver Texto y 87 Ver
Texto de la ley citada en último término, en la forma en que se analiza en esta obra al tratar
sobre tales preceptos legales.

49. Recurso.

La resolución de la Superintendencia de Seguros por aplicación del art. 31 Ver Texto es


recurrible ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial de la Capital Federal, pero
al solo efecto devolutivo (art. 83 Ver Texto).

Téngase en cuenta que según la modificación establecida por el art. 155 Ver Texto de la ley
24241 al art. 86 Ver Texto de la ley 20091, si la Superintendencia de Seguros aplica la
suspensión o la revocación de la autorización para operar en seguros, el tribunal de alzada
dispondrá, a pedido de la Superintendencia de Seguros de la Nación, la administración e
intervención judicial del asegurador, que no recaerá en la autoridad de control. La
Superintendencia de Seguros de la Nación podrá disponer, sin audiencia de parte, la
prohibición, a la entidad aseguradora de realizar, respecto de sus inversiones, cualquier acto de
disposición, o los de administración que específicamente indique, y de celebrar nuevos
contratos de seguro en los casos mencionados en el art. 86 Ver Texto (texto según art. 155 Ver
Texto, ley 24241). Ver § 83.

242
Por su lado, el 1er. párr. de dicho art. 86 Ver Texto de la ley 20091, no alcanzado por la
reforma, dispone que cuando la resolución de la Superintendencia de Seguros imponga el pago
de una multa, puede solicitar el embargo preventivo de bienes del infractor.

El art. 155 Ver Texto de la ley 24241 reformó también el inc. c del art. 58 Ver Texto de la ley
20091, estableciendo que en tal caso la multa oscilará entre el 0,01% y el 0,1% del total de las
primas y recargos devengados -neto de anulaciones- en el ejercicio económico anterior, que no
podrá ser inferior al 0,5% del capital mínimo requerido.

----------------------

VIII. Fusión y cesión de cartera

50. Fusión.

La legislación vigente prevé la fusión de sociedades en los arts. 82 Ver Texto a 87 Ver Texto de
la Ley de Sociedades, 19550. Por su parte, la ley 20091 Ver Texto establece, en su art. 46 Ver
Texto, 1er. párr., que "la fusión de aseguradores [. . .] requiere la autorización de la autoridad
de control".

La resolución que dicte la Superintendencia de Seguros admite el recurso legislado en el art. 83


Ver Texto ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial de la Capital Federal.

243
51. Cesión de cartera.

En lo que se refiere a la cesión de cartera, total o parcial, la peculiaridad del comercio del
seguro impuso establecer normas complementarias de las de la ley de trasferencia de fondos de
comercio.

La cesión total o parcial de cartera se debe ajustar a los siguientes requisitos y procedimientos:

1) que se haga a un asegurador legalmente establecido en el país conforme a nuestra normativa


específica (art. 46 Ver Texto, 1er. párr.);

2) que sea autorizada esta cesión por la autoridad de control (art. 46 Ver Texto, 1er. párr.). La
denegación es recurrible ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial de la Capital
Federal, según el art. 83 Ver Texto (art. 47 Ver Texto, 3er. párr.);

3) que el acto de cesión se otorgue por escrito, por instrumento público o privado (art. 47 Ver
Texto, in fine);

4) respecto de los asegurados o sus derechohabientes, la cesión total o parcial de cartera se


deberá ajustar al siguiente procedimiento:

a) se presentará el proyecto de cesión a la Superintendencia de Seguros y se publicarán edictos


por 3 días en los boletines oficiales de la sede central y sus sucursales;

b) los asegurados pueden formular objeción fundada a la cesión en el plazo de 15 días, contado
desde la última publicación;

c) vencido ese plazo, la autoridad de control resolverá dentro de los 30 días.

52. Desaprobación.

244
La aprobación puede ser negada si de los antecedentes y hechos comprobados resulta que los
intereses de los asegurados no están suficientemente amparados (art. 47 Ver Texto, 1º y 2º
párrs.).

La limitación de fundamentos obedece a que ésta es la razón justificativa de la intervención de


la Superintendencia de Seguros.

La denegación admite el recurso del art. 83 Ver Texto.

53. Aprobación.

La aprobación de la cesión por la Superintendencia de Seguros de la Nación hace obligatoria la


cesión, no sólo entre las partes, sino también para los asegurados y sus derechohabientes.
Respecto de los demás acreedores rigen las disposiciones sobre trasferencia de
establecimientos comerciales, cuando ello fuera procedente (art. 47 Ver Texto, 4º párr.).

Se establece así, hacia los asegurados, un régimen diverso del Código Civil, necesario por la
clase de comercio -de contratación en masa- y la peculiaridad de su técnica. Se debe tener en
cuenta que la medida tiene distinta trascendencia para las diferentes ramas: es esencial para los
seguros sobre la vida, en los cuales la preservación del contrato es importante para el
asegurado, cuyo envejecimiento hace más oneroso, si no imposible, el nuevo contrato; en
cambio, en las demás ramas, generalmente de contratación anual, el plazo breve o la
rescindibilidad libre remedian fácilmente cualquier discrepancia por parte del asegurado.

53 (a).

No obstante que estos fundamentos pueden resultar justificados en caso de no haberse


producido el siniestro (y siempre que la entidad cesionaria fuere solvente y de acreditada
trayectoria que asegure un debido conocimiento y empleo de la técnica -todo ello en resguardo
de los intereses de los asegurados, a los cuales hace referencia el art. 47 Ver Texto de la LESC.-
), cuando el siniestro tuvo lugar, especialmente en el seguro de la responsabilidad civil, la
cesión de cartera implica una cesión de deuda, un cambio del deudor elegido al contratar el
seguro, que no debería liberar sin más a los cedentes, a los cuales la ley tendría que haberles

245
exigido, al menos, otorgar y mantener fianza suficiente hasta la extinción de la obligación -o
por un plazo razonable-, garantía que podría haber operado sobre el precio de la trasferencia.
El no otorgamiento de esa garantía debería haber obstado, en tales casos, a la liberación de los
cedentes.

Otro tanto puede observarse a las cesiones de "ramas" y aun a las "parciales", si son
susceptibles de comprometer los intereses de los asegurados (arg. art. 47 Ver Texto, LESC.).
Debe tenerse presente que tales movimientos de cartera, sobre todo cuando revisten magnitud
importante, son susceptibles de dislocar el sistema técnico-económico de compensación de
riesgos, sobre el cual se basa la seguridad en el cobro por parte de asegurados y terceros
damnificados, por lo cual deberán acentuarse las cautelas a adoptar por parte del ente de
control antes de autorizar las cesiones, a fin de que queden garantizados los intereses de los
asegurados. Ello así, también, por cuanto aparece insuficiente en la práctica la notificación que
establece la primera parte del art. 47 Ver Texto, para que los asegurados formulen "objeción" a
la cesión. Más allá de las presunciones formales, casi nadie lee los edictos en los boletines
oficiales, por lo cual tal "notificación" aparece como un mero resorte procesal para justificar la
validez de un acto que, de hecho, se cumple a espaldas de los asegurados. Y a tal fin, el
concepto de "asegurado" debe ser entendido aquí en sentido amplio, comprendiendo también
a los terceros damnificados en el seguro de la responsabilidad civil, destinatarios exclusivos e
inmodificables de la indemnización que deba el asegurador en caso de siniestro (300) y titulares
de un derecho que, además de apoyarse en el contrato de seguro, está fortalecido por un
privilegio (art. 118 Ver Texto, LS.) que subraya la calidad de acreedor directo del tercero
respecto del asegurador, en virtud de ese seguro (301) .

Por otra parte, en razón de esa insuficiente notificación, agravada por la circunstancia de que a
asegurados y terceros les resulta muy difícil acceder a la información necesaria para evaluar la
razonabilidad y conveniencia de la cesión propuesta, en lo que a su situación particular se
refiere, el plazo de 15 días para formular "objeciones" aparece notoriamente insuficiente (302) .

Otro aspecto que debe ser considerado -y resuelto- es el referente a los reaseguros que
amparaban la cartera objeto de la cesión. Si bien el reasegurador sigue la suerte del asegurador
reasegurado, a causa de la cesión cambia aquí la figura de éste, lo cual requiere del ente de
control que verifique que se haya solucionado ese aspecto antes de aprobar la cesión (303) .

En síntesis: la situación de esos asegurados y terceros queda, pues, prácticamente en manos del
ente de control, por lo cual la actuación de éste en tal aspecto requiere particular cuidado y
diligencia.

246
54. Acreedores comunes.

Para los demás acreedores -esto es, quienes no son asegurados ni sus derechohabientes
(empleados, locadores, vendedores, etc.)-, rigen las reglas sobre trasferencia de
establecimientos comerciales cuando fuere procedente (art. 47 Ver Texto, 4º párr.).

La salvedad contenida en la norma legal ("cuando fuera procedente") se refiere a la cesión


parcial, cuando esta enajenación implique la trasferencia del establecimiento por ser parte
principal del activo.

(300) Halperin, David, Estudios de derecho público de seguros, p. 219.

(301) Barbato, Nicolás, La citación en garantía del asegurador, ED 150-149.

(302) El sistema francés (que sigue las aguas de la legislación suiza -Picard y Besson, Les
assurances terrestres en droit francais, n_ 670, p. 229-), en el cual está inspirado el nuestro,
concede un lapso de dos meses para que se formulen "observaciones" (art. 324.1, 2º párr.,
CA.). La legislación española -real decreto 2486/1998-, por su parte, otorga un plazo de un
mes para que los asegurados expresen las razones de su "disconformidad" y la cesionaria
deberá acreditar el margen de solvencia previsto para el caso que se lleve a cabo la cesión.
Además, la autorización administrativa concedida a la entidad cedente para ejercer la actividad
aseguradora caducará automáticamente en cuanto al ramo o ramos totalmente cedidos (art. 70).

(303) K. A. Camara, Le transfert de portefeuille dans les sociétés d´assurance en France, Paris,
1972, ps. 79/80.

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IX. Revocación de la autorización para operar en seguros

247
55. Casos en que procede.

La autorización del art. 7 Ver Texto es una licencia y no una concesión (304) . La ley que crea
el régimen ha debido prever cuándo esa licencia es cancelable: así lo hace la ley 20091 en el art.
48 Ver Texto, con determinación de sus efectos, en el art. 49 Ver Texto, y del procedimiento
para disponerlo (art. 48 Ver Texto, in fine).

La autorización "debe ser revocada por la autoridad de control" en los siguientes casos:

a) el asegurador no inicie efectivamente sus operaciones en el término de 6 meses.

En otras legislaciones el plazo es mayor, pero su abreviación en nuestra legislación ha tenido


en vista, según señalaba el autor de esta obra, la proliferación inusitada de empresas
aseguradoras, que se han creado ante la perspectiva de un aumento drástico del capital mínimo,
con el fin de especular con la negociación de la "empresa autorizada", mecanismo conocido en
el ambiente asegurador con la denominación de "venta de la llave". La abreviación del plazo
paliará las situaciones ya consumadas;

b) en los casos de pérdida del capital mínimo, cuando no se cumpla con lo dispuesto por el art.
31 Ver Texto, hipótesis ya examinada antes en esta obra;

c) cuando el asegurador no funcione conforme a sus estatutos (no se reúna la asamblea; no se


considere el balance anual; etc.), o con las condiciones de autorización (v.gr., art. 7 Ver Texto,
incs. a, b y c), o con el art. 4 Ver Texto (que se refiere a los entes estatales: administración
separada y patrimonio propio de gestión independiente);

d) cuando proceda la disolución por cualquier causa establecida por la ley a la cual corresponda
su forma societaria (v.gr., disolución por vencimiento del plazo, o por deliberación social en los
casos de disolución anticipada; etc.);

e) en los supuestos de liquidación forzosa, previstos en los arts. 50 Ver Texto, 51 Ver Texto y
52 Ver Texto, que se analizarán más adelante en esta obra;

248
f ) respecto de las agencias y sucursales de entes constituidos en el extranjero, son causales
específicas de revocación, además de las previstas en los párrafos a, b y c precedentes, las que
para la casa matriz corresponden los párrafos d y e, esto es, disolución, liquidación o quiebra (o
situación equivalente), o cierre de la agencia o sucursal.

Jurisprudencia

Ha sido decidido, por nuestro más alto tribunal, que el sistema de control que el Estado ha
confiado a la Superintendencia de Seguros de la Nación -entidad autárquica de jurisdicción del
Ministerio de Economía- tiene por objeto la salvaguardia de la fe pública (Fallos 295:552 Ver
Texto, 313:929). Ello se evidencia en las disposiciones de la sección III de la ley 20091 Ver
Texto ("Condiciones de la autorización para funcionar"), de la sección IX ("Revocación de la
autorización"), y en las exigencias técnicas que deben observar las entidades (sección V). Las
normas mencionadas muestran la preocupación del legislador por preservar un manejo
comercial eficiente de las empresas encargadas de administrar una fuerte masa de capital, en
cuyo desempeño regular existe un interés social comprometido. A fin de resguardar la
confianza del público en la actividad aseguradora, el poder de policía estatal es, en esta rama,
especialmente vigilante.

Por ello, cuando el legislador establece las sanciones que corresponde aplicar ante diversas
conductas de incumplimiento del asegurador, ha dotado a la autoridad de control de cierto
poder discrecional en la formación del juicio valorativo que exige la graduación razonable de la
sanción y, en su caso, la pertinencia de la pena más severa. Las sanciones de mayor grado están
contempladas en el inc. d de la ley 20091 Ver Texto y consisten en la interrupción temporaria o
definitiva de la posibilidad de operar en el mercado de seguro. El legislador ha reservado la
pena mayor, esto es, la revocación de la autorización para funcionar, a dos hipótesis -
independientes de las contempladas en el art. 48 Ver Texto, incs. b y c, también de carácter
sancionatorio-, que son el "ejercicio anormal de la actividad aseguradora o disminución de su
capacidad económico-financiera" (art. 58 Ver Texto, inc. d). Del texto de la ley -especialmente
del uso de la conjunción disyuntiva "o", que denota diferencia, separación o alternativa- resulta
que basta la configuración de uno solo de estos supuestos para que el asegurador sea pasible de
la sanción. Ella no deriva con carácter necesario de un estado jurídico o de hecho alcanzado
por la entidad (como sería, por ejemplo, el caso de los incs. a o e del art. 48 Ver Texto), sino
que es decidida por la autoridad de control según un criterio de razonabilidad (art. 58 Ver
Texto, 1er. párr., in fine).

Por esos motivos, la estimación por parte del ente administrativo del presupuesto fáctico
definido por la norma, que abre la posibilidad de aplicar la solución prevista por la ley, contiene
un elemento fuertemente discrecional en el caso de "ejercicio anormal de la actividad
aseguradora", habida cuenta de que ningún patrón legal califica de modo exhaustivo el criterio
de "normalidad" que la Superintendencia de Seguros de la Nación debe exigir en resguardo del
objetivo primordial de protección de la fe pública que se ha señalado. Ciertamente, lo "regular"
es la actividad que responda a las disposiciones de las leyes específicas y a sus reglamentaciones

249
y, en el caso, la conducta que se adecue a las medidas dispuestas en el supuesto concreto por la
autoridad de control.

La frontera entre lo regular y lo anormal, a los fines de la aplicación de la grave sanción del art.
58 Ver Texto, inc. d, ley 20091, contiene una estimación subjetiva que se puede calificar como
libertad de apreciación legal -esto es, atribuida por la ley-, jamás extralegal o autónoma. En
atención al componente discrecional que se encuentra cuantitativamente más acentuado en el
caso de "ejercicio anormal de la actividad aseguradora", corresponde concluir que un
prolongado estado de déficit financiero, confirmado por una serie de incumplimientos de las
obligaciones exigibles, habilita razonablemente a tener por satisfecho uno de los presupuestos
fácticos del inc. d, art. 58 Ver Texto, ley 20091, aun cuando no se haya efectuado una
apreciación directa del estado patrimonial de la entidad; para la revocación de la autorización
para funcionar -y el ingreso ministerio legis en la etapa de disolución e inmediata liquidación
(art. 49 Ver Texto, 1er. párr., ley 20091)- no es necesaria la configuración del estado de
cesación de pagos o insolvencia, porque, en el caso, la compañía ha dirigido su esfuerzo a
impugnar el juicio sobre la "capacidad económica de la entidad" y no a demostrar un estado de
aceptable disponibilidad financiera; no hubo acreditado con suficiente convicción, por otra
parte, que en el período al cual se refiere el tema en litigio ni en otra etapa posterior le hubiera
sido posible revertir la prolongada situación financiera deficitaria. No son relevantes, tampoco,
las argumentaciones de la entidad aseguradora recurrente, respecto de sus créditos contra el
reasegurador, si ellos no se encontraban determinados y disponibles (Corte Suprema de Justicia
de la Nación, 13/12/1994, "Superintendencia de Seguros de la Nación, s./Situación
económico-financiera de La Concordia Compañía de Seguros S.A." -S. 477-XXIV-, LL 1997-
E-1028 (sum. 39.851).

También se ha resuelto que para evaluar la gravedad del déficit financiero de una compañía
aseguradora -a los fines de revisar la decisión de Superintendencia de Seguros de la Nación que
con tal fundamento le revocó la autorización para funcionar-, se debe considerar que el aspecto
financiero es parte del económico, de modo que las dificultades financieras fatalmente afectan
el patrimonio cuando son de cierta permanencia. Si en sus operaciones comerciales una
persona no es capaz de generar fondos líquidos para atender sus compromisos, necesariamente
la obtención de fondos afectará el patrimonio mediante la venta de bienes o las cargas que
pesarán sobre éstos. Por tanto, una aseguradora puede contar con un sólido patrimonio y, sin
embargo, ver comprometida su situación financiera.

Así, para la evaluación del déficit financiero de una compañía aseguradora a los fines
precitados, no se puede incluir entre las disponibilidades un crédito contra el Instituto
Nacional de Reaseguros cuyo monto no está efectivamente disponible para la acreedora, ni lo
estará a corto plazo; no se trata de sumas líquidas con las cuales la entidad pueda solventar
directamente sus compromisos.

Es inconducente, entonces, la alegación de nulidad de la resolución de la Superintendencia de


Seguros de la Nación que revocó la autorización para funcionar de la compañía de seguros
apelante, alegación fundada en que una acción de amparo iniciada se encuentra en grado de

250
apelación por ante la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Contencioso-Administrativo, pues
los deberes y atribuciones del Estado en ejercicio del poder de policía en materia aseguradora
no pueden ser enervados sino mediante una sentencia judicial que pone fin al amparo,
haciendo lugar a la acción, o la que traba una medida cautelar. Si ello no ha ocurrido, no hay
razones que justifiquen la suspensión del procedimiento (C. Nac. Com., sala A, 21/10/1996,
"La Hispano Argentina Cía. de Seguros S.A.", LL 1997-C-993, Síntesis, n_ 11.357; DJ 1997-2-
1140).

La Superintendencia de Seguros de la Nación es una entidad autárquica que tiene por función
el control de los aseguradores en toda la República en lo relacionado con su régimen
económico y técnico, en salvaguarda primordialmente de la fe pública y de la estabilidad del
mercado asegurador (confr. causa R. 411-XXII, "Reaseguradora Argentina S.A. v. Estado
nacional" Ver Texto, del 18/9/1990, ED 141-828). Por ende, es necesario reconocer a este
organismo no sólo facultades de control y decisión, sino también razonable amplitud para
apreciar los factores y datos técnicos que entran en juego en la materia, ya que es necesario que
la autoridad de control disponga de los medios indispensables para salvaguardar los fines que le
son propios y el bien común específico ínsito en la materia (Corte Suprema de Justicia,
23/2/1993, "Superintendencia de Seguros de la Nación, s./Infracción tarifaria de Sud América
Terrestre y Marítima" Ver Texto, ED 152-355; en análogo sentido, anteriormente, Corte
Suprema de Justicia, 19/8/1976, ED 69-291; confr. Fallos 296:183 Ver Texto).

El sistema creado por la ley 20091 Ver Texto, que tuvo por norte formar un todo orgánico con
la ley 17418 Ver Texto, implica arbitrar un sistema destinado a garantizar los intereses de los
asegurados, para lo cual se ha dado un amplio marco de actuación al órgano de contralor: la
Superintendencia de Seguros de la Nación.

Siguiendo los lineamientos de la legislación comparada, se le otorgan a esta institución


importantísimas funciones dirigidas a la regulación y control del mercado asegurador: como se
ha dicho, se trata de un aspecto más de la moderna concepción del derecho administrativo;
ante el crecimiento del Estado -aun desde el principio de subsidiariedad- se torna necesario el
otorgamiento de mayores prerrogativas y el correlativo problema de proteger adecuadamente al
particular frente a ellas (C. Apel. Civ. y Com. Mercedes, sala II, 3/10/1980, "La Aseguradora
del Oeste Cía. de Seguros S.A.", LL 1981-C-10, DJBA 120-134).

En materia aseguradora, la regulación estatal apunta a encauzar una actividad específica en la


cual confluyen intereses vinculados no sólo con las economías privadas, sino con la nacional, la
producción en general y la confianza pública, en razón de las cuales se ha instituído este
sistema de control permanente, que comprende desde la autorización para operar hasta la
cancelación. De ello se deduce la razonabilidad de las normas reglamentarias que imponen a las
aseguradoras la obligación de llevar su contabilidad en forma ordenada y de modo tal que
posibilite el ejercicio del poder de policía estatal en resguardo de la veracidad de las
operaciones asentadas y de la solvencia económico-financiera de las empresas del ramo, lo cual
implica que es deber de las aseguradoras no sólo contar con registros contables claros y
trasparentes, sino prestar al ente de control la colaboración necesaria para despejar toda duda

251
que pueda surgir de dichos registros y, más aún, para justificar cualquier operación que, a
criterio de aquél, presente aspectos equívocos. Por tanto, el descuido de la aseguradora en el
cumplimiento de su deber de llevar los registros en forma regular configura no sólo un
obstáculo real a la fiscalización, sino también el ejercicio anormal de la actividad aseguradora.
Para cuestionar la resolución en que se impuso la sanción (en el caso, la suspensión por 90 días
para operar en todas las ramas) no basta con la alegación de que no se ha demostrado nada al
respecto en la causa, sino que por un deber de colaboración no se debió haber limitado a una
actitud pasiva, sino que debió producir descargo y proporcionar los elementos necesarios para
dejar en claro aquello que no lo estaba (C. Nac. Com., sala A, 9/12/1995, "Unión de
Comerciantes Cía. de Seguros S.A." -de los fundamentos del dictamen del fiscal de cámara, que
la sala mencionada hizo suyos-, LL 1997-B-803 -sum. 39.390-).

Si bien los sucesivos aportes de capital efectuados por la aseguradora parecieran, en principio,
haber superado la situación deficitaria, subsiste otra causa consistente en la emisión irregular de
pólizas, paralelas o "en negro", que no permite determinar con certeza si los cálculos basados
en la emisión regular son fiables a fin de evaluar la condición real de la aseguradora, puesto que
la emisión no volcada en los libros no permite apreciar la extensión de los compromisos
asumidos, tanto frente a los asegurados y terceros interesados como hacia el fisco. No resulta
audible la alegación de la aseguradora recurrente, que intentó atribuir la culpa de tal situación a
la administración anterior, con olvido de que lo que se trata de juzgar es la actividad de una
persona jurídica. La mera negligencia o, más aún, el ocultamiento malicioso por parte de la
aseguradora en relación con aspectos tan trascendentes como los relativos a la emisión de
pólizas con sus consiguientes previsiones, y la existencia de compromisos exigibles por parte
de los asegurados impiden o, al menos, entorpecen la objetiva valoración de su situación
económico-financiera. Quien incurrió en actos contra legem que se analizan en esta causa no
debe ser admitido en el servicio público de la actividad aseguradora. El art. 43 Ver Texto,
CCom., impone a todo comerciante "llevar cuenta y razón de sus operaciones y tener una
contabilidad mercantil organizada sobre una base uniforme y de la que resulte un cuadro
verídico de sus negocios y una justificación clara de todos y cada uno de los actos susceptibles
de registración contable"; todas las operaciones que haga el comerciante se asentarán "día por
día y según el orden en que se vayan efectuando" (art. 45 Ver Texto), "estándole prohibido
alterar el orden progresivo de las fechas y operaciones que deben hacerse", lo cual coincide con
lo preceptuado por el art. 37 Ver Texto de la ley 20091, que impone a los aseguradores
"asentar sus operaciones en los libros y registros que establezca la autoridad de control [. . .]
con las formalidades que aquélla disponga" (dictamen del fiscal de cámara, que la sala hizo
suyo). No se puede soslayar al respecto que, al contestar la vista que le fuera conferida, la
aseguradora no intentó desvirtuar la ausencia de registración de operaciones, comprobada por
un inspector del ente de control, sino que se limitó a señalar la imposibilidad de comprobar
aquellas irregularidades, invocar la renovación de los integrantes del consejo de administración
y alegar la falta de perjuicio para los asegurados, extremos que no hacen sino confirmar la
incertidumbre emergente de la operatoria irregular de la aseguradora, la cual no puede atribuir
responsabilidad a sus administradores para exonerarse de las consecuencias de los actos
celebrados en su nombre por aquéllos. Y la cuestión relativa a la ausencia de perjuicio efectivo
sufrido por los asegurados no enerva tal situación, más aún cuando no permite aventurar las
consecuencias futuras del obrar descrito, que configura ejercicio anormal de la actividad
aseguradora (C. Nac. Com., sala E, "La Unión Agrícola Cooperativa de Seguros Ltda", LL
1997-C-205, DJ 1997-2-45).

252
Ya durante la legislación anterior a la ley 20091 Ver Texto se había expresado que conforme el
régimen legal de la Superintendencia de Seguros, ley 11672, art. 150 (t.o. 1961), resultaba no
sólo la existencia de extensas facultades de control y decisión de ese organismo, sino también
la necesidad de reconocerle una razonable amplitud para apreciar los complejos factores y
datos técnicos que entran en juego en la materia. La típica forma de producir en masa y la
función social del seguro exigen que la autoridad de control disponga de los medios
indispensables para proteger los fines que le son propios y el bien común específico ínsito en
ella. En el caso se consideró que atento el carácter de tarifa mínima uniforme que revestía la
autorizada por el ente de control (resolución 9128 ), el procedimiento aplicado por la
aseguradora, consistente en tomar a su cargo y no trasladar a sus asegurados los impuestos
internos relativos a los seguros, afectaría la solvencia técnica de la prima, ya que la estructura de
las tarifas autorizadas sólo contemplaba los conceptos clásicos, es decir, la incidencia siniestral,
los gastos de explotación y producción y los desvíos o ganancias; pero no se habían previsto
márgenes que permitiesen, eventualmente, absorber el porcentaje de impuestos, circunstancia
que, de producirse, implicaría afectar la solvencia técnica de la prima. La decisión recurrida se
fundó en las "normas de contabilidad" y en el criterio uniforme adoptado por la
Superintendencia de Seguros de la Nación, aconsejado por una práctica inveterada, por lo cual
las motivaciones del ente de control para fundar la medida dispuesta le otorgan adecuado
sustento objetivo que, conforme a las atribuciones del organismo, excluye la impugnación de
ilegalidad que adujo la recurrente (Corte Suprema, 21/10/1976, "Productores de Frutas
Argentinas Cooperativa de Seguros Ltda." Ver Texto, ED 70-195).

Aunque las resoluciones, dictámenes o conclusiones de las entidades administrativas que


gobiernan y controlan el seguro tienen su marco de actuación y validez, el Poder Judicial no
está constreñido, en su esfera de actuación, por aquellos actos (C. Nac. Com., sala B,
17/6/1964, ED 9-741).

56. Procedimiento.

El procedimiento para disponer la revocación se ajustará, como regla general, al establecido


por el art. 82 Ver Texto, con el recurso judicial previsto en el art. 83 Ver Texto.

La resolución administrativa autoriza a solicitar la administración o intervención judicial del


asegurador (art. 86 Ver Texto, según texto establecido por ley 24241, art. 155 Ver Texto, antes
examinado).

253
Existen supuestos en los cuales el procedimiento del art. 82 Ver Texto es incompatible con la
causal de disolución, como es el de liquidación forzada prevista en el art. 51 Ver Texto, esto es,
el procedimiento sustitutivo de la quiebra, en que la Superintendencia de Seguros considera
que no es aconsejable la reorganización; en este caso, la disolución la dispone el juez que
conoce en el procedimiento (art. 51 Ver Texto, último párrafo).

57. Efectos.

"La revocación de la autorización importa la disolución automática, y el asegurador debe


proceder a su inmediata liquidación" (art. 49 Ver Texto).

Se ha de tener presente que cuando la revocación es dispuesta por la Superintendencia de


Seguros, la liquidación se practicará con arreglo a los arts. 51 Ver Texto y 52 Ver Texto, según
sean los casos, esto es, que en todos los supuestos en que la disolución no sea voluntaria, el
asegurador no es liquidado por sus órganos sino por el procedimiento previsto en estas
disposiciones.

Jurisprudencia

Dado que la revocación firme de la autorización para funcionar importa la disolución de la


aseguradora y se debe proceder a su inmediata liquidación (art. 49 Ver Texto, ley 20091), la
norma del art. 186 Ver Texto de la Ley de Concursos (actual art. 196 Ver Texto, ley 24522),
referente a la percepción por parte de los dependientes de los salarios posteriores a la sentencia
de quiebra es, en tales casos, inoperable. La conclusión de un contrato de trabajo por
liquidación de una entidad aseguradora opera ministerio legis y no se puede asimilar a la
denuncia voluntaria reglamentada por los arts. 231 Ver Texto de la Ley de Contrato de
Trabajo, que impone al empleador la obligación de cursar preaviso. Por lo tanto, el
dependiente no puede exigir ser preavisado como si su principal se encontrara in bonis (C.
Nac. Com., sala B, 19/10/1988, ED 135-199).

(304) Para las diferencias entre una y otra, ver Bielsa, Derecho administrativo, 6ª ed., t. II, ps.
254 y ss. La concesión es una delegación que coloca al concesionario en el lugar de la
administración pública (p. 254); es "un acto administrativo -contrato de derecho público- por

254
el cual se atribuye a una persona, con el fin de que ella gestione o realice el servicio público
concedido, un poder jurídico sobre una manifestación de la administración pública" (p. 255).

-----------------------

X. Liquidación del asegurador

58. Generalidades.

La ley 20091 Ver Texto, que prevé distintas causales de disolución del ente asegurador, ha
completado el régimen legal propuesto con el de la "liquidación". Contempla tres hipótesis: 1)
liquidación por disolución voluntaria (art. 50 Ver Texto); 2) liquidación por disolución forzosa
(art. 51 Ver Texto); 3) liquidación cuando estén reunidos los requisitos para declarársele en
quiebra (art. 51 Ver Texto, in fine).

59. Liquidación voluntaria. Fiscalización.

En los supuestos en los cuales el asegurador dispone voluntariamente su disolución, la


liquidación se cumplirá por sus órganos naturales, sin perjuicio de la fiscalización de la
autoridad de control (art. 50 Ver Texto, primera parte).

Mas como es posible que el asegurador disponga la disolución voluntariamente, sea para evitar
la revocación de la autorización por otras causales y así incurrir en la liquidación forzosa (art.
51 Ver Texto), o para evitar que algún acreedor ocurra al procedimiento del art. 51 Ver Texto,
última parte, la ley ha previsto que si la protección de los intereses de los asegurados lo
requiere, la autoridad de control podrá solicitar al juez ordinario competente que la designe
liquidadora.

255
No obstante tratarse de la aplicación de una norma federal y por una autoridad administrativa
nacional, se ha preferido la competencia del juez ordinario por su mayor experiencia en la
materia y para más armonía de las disposiciones de los arts. 51 Ver Texto y 52 Ver Texto.

La decisión -agrega el art. 50 Ver Texto, en referencia a la medida judicial- será dictada con
citación del asegurador, en juicio verbal convocado a ese fin, y sólo será apelable con efecto
devolutivo.

La implantación de normas procesales para formular la petición se justifica por ser esenciales
para la rápida y eficaz sustanciación y para dar un régimen uniforme para todo el país; de lo
contrario estaría subordinado a las distintas reglas vigentes en cada una de las provincias, con
procedimientos que pueden conspirar contra la celeridad con que se debe proveer a la medida
para tornar efectiva la función que la ley ha tenido en vista.

Jurisprudencia

En el supuesto de liquidación voluntaria de una compañía de seguros, la iniciativa es tomada


por el propio ente asegurador, por lo cual, en principio, el procedimiento de liquidación se
hace por medio de los órganos naturales de la empresa, sin perjuicio de la fiscalización de la
Superintendencia de Seguros de la Nación. En esta hipótesis de liquidación, la autoridad de
control tiene una función subsidiaria, pues sólo puede tomar iniciativa en caso de inactividad
de la entidad en liquidación o en el supuesto de aparecer en peligro la protección de los
asegurados. En esta hipótesis puede la Superintendencia -con citación del asegurador- solicitar
al juez ordinario competente su designación como liquidadora (C. Apel. Civ. y Com. Mercedes,
sala II, "La Aseguradora del Oeste Cía. de Seguros S.A.", LL 1981-C-10, DJBA 120-134).

La pretensión de someter a control jurisdiccional la decisión de disolución voluntaria prevista


en el art. 50 Ver Texto, parte primera, de la ley 20091 carece de sustento legal; así como la
petición de aplicación del trámite establecido en la segunda parte de la norma, por cuanto no
hubo, en el caso, requerimiento en tal sentido de la autoridad de control.

Pero la suspensión de los pedidos de quiebra que tramitaran ante el juez de grado -como
consecuencia de la primigenia pretensión, que se rechaza- tampoco puede ser acogida: la
sistemática que para la liquidación establece la sección X de la ley 20091 Ver Texto no permite
inferir que exista un orden de prelación que privilegie la aplicación del art. 50 Ver Texto con
relación al siguiente.

Del fallo de primera instancia que la sala confirmó:

256
La situación a la cual se refiere el art. 50 Ver Texto, primera parte, de la ley 20091 (liquidación
por disolución voluntaria) alude a una actitud inequívocamente voluntaria del asegurador que,
desde el punto de vista de la técnica societaria, cuando se tratare de un sujeto de ese carácter,
no presenta diferencia de estructura con la causal contemplada por el art. 90 Ver Texto de la
Ley de Sociedades, 19550. Y el sometimiento a los jueces, de pretensiones puramente
voluntarias, cuando ello no esté impuesto en forma expresa por la ley, se presenta
flagrantemente improcedente. La decisión de la entidad aseguradora de disolverse de modo
voluntario no constituye, entonces, materia justiciable, si no hubo requerimiento en tal sentido
de la autoridad de control.

Pero lo antedicho no constituye obstáculo para la prosecución de los pedidos de quiebra


formulados contra dicha aseguradora, que sí tienen contemplado un procedimiento judicial
específico. Por lo demás, la disolución no es, en el régimen vernáculo, impedimento para la
eventual falencia (o situaciones análogas, si se han de respetar pruritos teñidos de fuerte
nominalismo, de la legislación sobre el régimen de superintendencia aseguradora). La ley
argentina adopta, para las relaciones entre la sociedad antes de la disolución y el mismo ente en
liquidación la técnica llamada de la identidad: la disolución funciona aquí como mero prius del
pasaje instantáneo y sin solución de continuidad al estado de liquidación, durante cuyo
trascurso la sociedad es la misma y mantiene su personalidad con entera vigencia de la totalidad
de sus atributos, a pesar de la subsecuente restricción del objeto social. Por ello, no se ve
impedimento de esencia para el eventual concurso de la sociedad en liquidación, pues la
coincidencia en el objeto liquidatorio no obsta a la subsistente especificidad, para el caso de
falencia, del desapoderamiento forzoso y la sujeción a un trámite (aquí sí) judicial orientado,
preponderantemente, a la observancia oficial de la pars condictio creditorum (C. Nac. Com.,
sala B, 18/3/1992, "Aseguradora Rural Compañía de Seguros S.A." Ver Texto, ED 150-124).

Ante el cuestionamiento, efectuado por la aseguradora en liquidación voluntaria, respecto de


las medidas precautorias dispuestas por la Superintendencia de Seguros de la Nación en
ejercicio de las facultades conferidas por el art. 86 Ver Texto de la ley 20091 (prohibición de
realizar actos de disposición respecto de sus inversiones -a cuyo efecto se decretó la inhibición
general de sus bienes-, y de realizar actos de administración respecto de los fondos con que
contare a su disposición en la entidad que proporcionó el reaseguro), cabe sostener que las
atribuciones que le acuerda dicho artículo al ente de control de la actividad aseguradora no
deben ser interpretadas en sentido restrictivo, esto es, limitándolas a aquellas sociedades que se
encuentren en pleno funcionamiento. Cabe ahondar en la finalidad tenida en cuenta por el
legislador al establecer el control estatal de dicha actividad; se ha llegado a afirmar que las
empresas aseguradoras son una categoría intermedia entre las empresas meramente privadas y
las de servicios públicos y que tipifican emprendimientos que afectan los intereses públicos. Se
ha señalado que las características particulares que presenta el seguro, dentro de las cuales
resalta el comercio en masa, justifican la presencia de una autoridad de control que debe
extremar su celo a fin de que no resulten vulnerados los legítimos intereses de los asegurados y
que el contrato cumpla con el objeto -fin social- que debe satisfacer. A tal punto la ley
considera de fundamental importancia el cuidadoso control de lo atinente al cumplimiento del
deber de mantener incólume la garantía hacia los asegurados, que cabe concluir que el texto del
art. 31 Ver Texto de la ley 20091 es imperativo, norma que no concede una facultad, sino que

257
impone una obligación a la Superintendencia de Seguros, cuya omisión compromete la
responsabilidad del funcionario y del Estado; no es tampoco discrecional la imposición de
medidas cautelares. Tales principios deben servir de pauta que oriente acerca de la finalidad de
la ley 20091 Ver Texto: el principio de la liquidación voluntaria cede cuando así lo requiera el
interés de los asegurados, cuya protección está presente en todo el sistema normativo de la
precitada ley. Por ello, cualquier disminución en el patrimonio de las aseguradoras (y lo mismo
ocurre con la afectación de su capacidad financiera) habilita a su disolución forzosa. Es más: la
decisión societaria de no continuar operando torna más rigurosa la exigencia vinculada a la
aptitud económico-financiera de la entidad, porque la no concertación de nuevos contratos que
dieren lugar al consiguiente ingreso de primas deja tan sólo el patrimonio de la aseguradora
para hacer frente a los compromisos con los asegurados. Por ello, corresponde interpretar que
la atribución contenida en el art. 86 Ver Texto de la ley 20091 comprende a las sociedades en
proceso de disolución y liquidación voluntaria, sobre todo si el ente de control da cuenta de
una situación deficitaria (C. Nac. Com., sala C, 18/4/1996, "La Central del Plata Compañía de
Seguros S.A." -del dictamen del fiscal de cámara, que la sala hizo suyo-, DJ 1996-2-1194, fallo
11.307).

En el caso "I.A.B. Compañía de Seguros S.A., s./Concurso preventivo", la sala E de la C. Nac.


Com., en fallo de fecha 10/5/2000, sobre la base del art. 51 Ver Texto, ley 20091, que dispone
que "los aseguradores no pueden recurrir al concurso preventivo ni son susceptibles de ser
declarados en quiebra" (principio reiterado por el art. 2 Ver Texto de la ley 24522), y sin
perjuicio de manifestar que hubiese sido más adecuado, técnicamente, que la prohibición del
art. 51 Ver Texto se hubiera incluído en un principio más general, culmina expresando que
dicha prohibición alcanza a las compañías "disueltas voluntariamente"; en primer lugar, porque
del texto legal no surge distinción alguna y, asimismo, porque "la prohibición no se
circunscribe a la declaración de falencia, sino que se refiere también a la imposibilidad de
recurrir al concurso preventivo". La calificación del peticionario como "ex aseguradora"
tampoco permite considerarla excluida de dicha prohibición; ello, ya que la ley de E.S.C. la
incluyó bajo un subtítulo que también presupone la liquidación de la sociedad, bien que
forzosa, "sin que corresponda postular que las entidades que se encuentran en dicha situación -
por la imposibilidad de continuar operando en la contratación de seguros-" se hallan facultadas
para recurrir al remedio concursal. Por ello, concluye, no cabe afirmar que la prohibición del
art. 51 Ver Texto de la ley 20091 se circunscriba a los supuestos de liquidación forzosa. Las
sociedades que se disolvieron voluntariamente y están en proceso de autoliquidación
permanecen sujetas a la ley 20091 Ver Texto.

En análogo sentido se expidió la C. Civ. y Com. de Tres Arroyos, en autos "La Previsión,
Cooperativa de Servicios Agropecuarios, Sociales y Asistenciales, s./Concurso preventivo", del
18/4/2000, en los que manifestó que la entidad recurrente y solicitante del concurso
preventivo contrariaba sus propios actos, pues hasta casi dos años después de haber
modificado sus estatutos continuaba actuando en seguros y conservando su personalidad a
esos fines. No puede lograr tutela judicial la conducta de quien primero acata una normativa y
luego la desconoce, pretendiendo soslayar las consecuencias que derivan de una actuación de
tal naturaleza. Por ello, se rechazó el concurso preventivo solicitado (fallos inéditos).

258
60. Liquidación forzosa.

En los supuestos de revocación de la autorización para operar en seguros, por disolución que
impone la autoridad o la ley (es decir, en todos los supuestos del art. 48 Ver Texto, excepto la
disolución voluntaria del art. 50 Ver Texto) o cuando estén reunidos los requisitos para la
declaración de quiebra (art. 51 Ver Texto), se procede a la liquidación por medio de la
Superintendencia de Seguros.

Se dan así dos hipótesis, regidas por normas diversas: 1) liquidación por disolución forzosa
(art. 51 Ver Texto); 2) liquidación por procedencia de la quiebra (art. 51 Ver Texto, in fine).

61. Realización.

Cuando proceda la revocación de la autorización del art. 7 Ver Texto, por causa ajena a la
disolución voluntaria (art. 50 Ver Texto), la liquidación será asumida por la Superintendencia
de Seguros, "por medio de quien designe al efecto, con intervención del juez ordinario
competente" y con todas las facultades del síndico en las quiebras (ley 24522 Ver Texto).

En lo que se refiere a los contratos de seguros, el art. 52 Ver Texto distingue los de la rama
vida de los de las demás:

a) Los contratos que no son de la rama vida podrán ser rescindidos, con un preaviso de 15
días, notificando a los asegurados la rescisión por carta certificada con aviso de retorno. El
asegurador responde por los siniestros ocurridos ínterin, salvo que el asegurado celebre en
reemplazo otro contrato de seguro (art. 52 Ver Texto, 2º párr.).

b) "En los seguros de la rama vida dispondrá previamente la cesión de cartera, por licitación de
acuerdo con las bases que fije". Si tal cesión no fuere posible, se rescindirán los contratos
conforme a lo establecido en el punto anterior (art. 52 Ver Texto, 2º párr., in fine).

Se debe tener en cuenta: 1) que la responsabilidad en el plazo de preaviso también se aplica en


la rama vida, lo cual es obvio, pues el contrato subsiste hasta que se haga efectiva la rescisión;

259
2) que la salvedad del ap. a precedente (art. 52 Ver Texto, 2º párr.) es una excepción, fundada
en el art. 67 Ver Texto de la ley 17418, sobre pluralidad de seguros, que no se aplica en materia
de seguros sobre la vida.

Se consagra así, por el art. 52 Ver Texto, 2º párr., un régimen de excepción al de liquidación
"normal" de una empresa comercial, que debe cumplir los contratos concertados antes de su
disolución. Obedece a la peculiaridad de la explotación del comercio del seguro, porque
económicamente el asegurador actúa como mero intermediario entre la mutualidad de
asegurados y el siniestrado, y, cerrada la posibilidad de concretar nuevos contratos, la capacidad
económico-financiera del asegurador se halla radicalmente afectada. El distinto régimen para
los contratos sobre la vida respecto del establecido para los contratos de los demás ramos
obedece a las características de unos y otros.

Téngase en cuenta que la cesión de cartera aquí prevista no se aplica a los arts. 56 Ver Texto y
ss., que se refieren a la cesión convenida por el asegurador.

Jurisprudencia

En el caso de liquidación por revocación para operar en seguros, previsto en el art. 51 Ver
Texto, 1er. párr., de la ley 20091, realizada por la autoridad de control en alguna de las
situaciones que prevé el art. 48 Ver Texto de la misma ley, la Superintendencia de Seguros de la
Nación analiza la situación de la empresa, la juzga -sin perjuicio del régimen de recursos
administrativos y judiciales previsto en favor de la aseguradora- y, decretada la revocación,
asume la liquidación, por medio de quien designe y con intervención del juez ordinario
competente.

En el caso de liquidación de la compañía de seguros por disolución forzosa, el órgano judicial


que intervenga en ella debe partir de la decisión administrativa, sin poder analizar la
razonabilidad de ésta; el estado de liquidación no es materia de juzgamiento posible. En
cambio, debe analizar ese extremo el órgano jurisdiccional competente cuando entiende en el
recurso contra la resolución de liquidación dictada por la Superintendencia de Seguros de la
Nación. Pero, planteado uno de los recursos previstos contra la decisión de dicha
Superintendencia de Seguros, o la acción de rehabilitación, no cabe que el juez ordinario
provincial que actúa en la liquidación juzgue sobre el particular, atento a lo establecido en el
art. 83 Ver Texto de la ley 20091 (C. Apel. Mercedes, sala II, 3/10/1980, "La Aseguradora del
Oeste Cía. de Seguros S.A.", LL 1981-C-10, DJBA 120-134).

La parte financiera se extiende y se traslada a lo patrimonial cuando adquiere una cierta


permanencia, pues si los fondos liquidados no se generan por las operaciones de la empresa,
necesariamente se generarán a partir del patrimonio. La aseguradora puede contar con un
sólido patrimonio y, pese a ello, ver comprometida su situación financiera, esto es, no contar
con los fondos líquidos disponibles en lo inmediato para hacer frente a sus obligaciones.

260
No se puede afirmar que el saldo que se registra en favor de la aseguradora en la cuenta
corriente del Instituto Nacional de Reaseguros sea un fondo de inmediata disponibilidad, que
pueda ser tomado en cuenta en la determinación de su situación financiera, pues no se trata de
sumas líquidas con las cuales la entidad pueda solventar directamente sus compromisos (C.
Nac. Com., sala C, 10/5/1995, "Ancora Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, DJ 1995-2-505).

La Superintendencia de Seguros de la Nación es quien liquida a las aseguradoras y lo hace con


las atribuciones del síndico de la Ley de Concursos, que en las quiebras liquidativas es,
precisamente, un "liquidador". En modo alguno se puede extraer del texto legal que la
Superintendencia limita sus atribuciones (y deberes) a "proponer" o "designar" síndicos. Ella es
el síndico, aunque la actividad es desplegada mediante personas físicas delegadas, e interviene
en todo proceso liquidatorio, voluntario, judicial, o coactivo, de los aseguradores; como
síndico, reviste el carácter de órgano colaborador del tribunal judicial, el cual es la autoridad
máxima y quien tiene a su cargo la dirección del proceso.

El art. 51 Ver Texto de la ley 20091 prevé dos hipótesis de disolución forzosa. La primera es
aquella en que el proceso liquidatorio, consecuencia de la revocación de la autorización
concedida para operar, es asumido por la autoridad de control con intervención del juez
competente. La segunda se da cuando la autoridad de control no haya instado la liquidación
aludida precedentemente y, reunidos los requisitos de la declaración de quiebra, el juez
ordinario competente dispone la disolución y le encomienda la liquidación a la autoridad de
control. En ambos casos, la Superintendencia de Seguros, por imperio de lo dispuesto en el art.
64 Ver Texto, asume la condición de liquidador y, por ello, no le corresponde a ella
retribución, en el proceso, con que se remunera a los síndicos contadores o abogados en los
concursos comunes, pues tiene legalmente determinados los fondos con los cuales subvenir los
gastos de su funcionamiento (art. 81 Ver Texto, ley 20091), y entre ellos no se menciona la
posibilidad de cobrar honorarios por el desempeño de las tareas como autoridad de control en
las liquidaciones de aseguradoras.

En tales procesos liquidativos de aseguradores insolventes, el órgano liquidador, que es la


Superintendencia de Seguros, delega la realización concreta de las funciones legales respectivas
en personas físicas, empleados suyos o quienes así se desempeñan como funcionarios públicos,
expresando la voluntad del Estado en los límites de la respectiva competencia. La delegación
apuntada no quita el papel de liquidador a la propia Superintendencia, que permanece en él y
en la función con todos sus deberes, atribuciones y responsabilidades. Tal función atribuida a
dicho organismo, por ley, lo es en su calidad de "autoridad de control", razón por la cual se
trata de una función pública (arts. 51 Ver Texto y 64 Ver Texto), indelegable, que obviamente
deberá ser ejercida por la persona física de sus funcionarios. El art. 66 Ver Texto dispone que
la Superintendencia de Seguros de la Nación estará dotada del personal necesario para el
cumplimiento de sus funciones, integrado de preferencia en sus funciones técnicas por
graduados universitarios en ciencias económicas o derecho. En consecuencia, tales
profesionales, al ejercer la función liquidadora, no actúan como profesionales liberales, sino
como funcionarios públicos de la "autoridad de control" que, como tales, no pueden percibir

261
"honorarios", dado que la retribución de sus servicios sólo puede provenir de las
remuneraciones correspondientes a la relación de empleo público con dicho organismo de
superintendencia asegurativa (C. Apel. Civ. y Com. Rosario, sala 1ª, 4/7/1995, "Industria y
Comercio Cía. de Seguros S.A.", JA 1998-IV, Síntesis Ver Texto).

62. Impotencia patrimonial.

Los arts. 51 Ver Texto y 52 Ver Texto establecen un régimen especial para los entes
aseguradores en el supuesto de incapacidad patrimonial para afrontar sus obligaciones.

La ley ha instituido un régimen de liquidación y de reorganización de la empresa aseguradora


inspirado en buena parte en el sistema estadounidense de reorganización (305) .

"Los aseguradores no pueden recurrir al concurso preventivo ni son susceptibles de ser


declarados en quiebra" (art. 51 Ver Texto, 2º párr.). El pasivo más importante de estos entes
está constituido por las obligaciones respecto de los asegurados y sus derechohabientes;
además, autorizar la cancelación de estas obligaciones con moneda de concordato o de quiebra
afecta el prestigio mismo de la institución, conspira contra su difusión -como ocurrió
efectivamente en nuestro país-, en detrimento del desarrollo económico. De ahí la alta
conveniencia, si no la necesidad, de evitar en todo lo posible la liquidación falimentaria del ente
asegurador, sin que esto signifique la impunidad de los responsables de la situación de quiebra.
Además, si la autoridad de control aplica las atribuciones que la ley le confiere, la situación
patrimonial de quiebra no se podrá producir, salvo el supuesto de una crisis económica general
y sorpresiva, con retracción muy importante en la celebración de seguros.

63. Situación de los acreedores.

El art. 51 Ver Texto no excluye la actuación de los acreedores del asegurador. Al contrario,
presupone esa actuación, pues dispone que cuando están "reunidos los requisitos para la
declaración de quiebra" y no se haya iniciado la liquidación forzosa del primer párrafo de dicho
artículo, el juez ordinario competente dispondrá:

262
a) la disolución de la sociedad y su liquidación por la autoridad de control, cuando se den los
supuestos de los arts. 77 Ver Texto, incs. 2 y 3; 78 Ver Texto; 79 Ver Texto, y disposiciones
concordantes de la ley 24522; se debe tener presente la improcedencia de recurrir al concurso
preventivo ni someter al asegurador a las normas generales la quiebra (art. 51 Ver Texto, 2º
párr., ley 20091);

b) se deberán reunir los extremos de los arts. 82 Ver Texto y 86 Ver Texto de la ley 24522
cuando el asegurador solicite su propia quiebra; y los de los arts. 80 Ver Texto, 83 Ver Texto y
84 Ver Texto, de la misma ley concursal, si es a instancia de acreedor;

c) la liquidación voluntaria del art. 50 Ver Texto no impide la aplicación de este régimen
especial; sólo constituye excepción la liquidación forzosa, porque está sujeta, para su
realización, a las reglas de la liquidación falimentaria (art. 52 Ver Texto, ley 20091);

d) la petición se formulará ante el juez ordinario competente. La ley, no obstante tratarse de


empresas de seguros, que se hallan sujetas al control federal, mantiene la intervención de los
jueces locales (y, en la Capital Federal, la justicia nacional en lo comercial), con el fin de
conservar la unidad en la aplicación del sistema concursal -que estas disposiciones reemplazan-,
y dar intervención a jueces que por aplicación de la ley concursal tienen experiencia en la
interpretación de sus instrucciones.

Así como el Congreso de la Nación ha delegado en los jueces locales la aplicación de la Ley de
Concursos, ha podido hacerlo también con estas disposiciones.

Una vez que el juez compruebe que se hallan reunidos los extremos para la declaración de
quiebra conforme a las disposiciones citadas, y que no se inició la liquidación forzosa prevista
en el art. 51 Ver Texto de la ley 20091, dispondrá: que la Superintendencia de Seguros asuma la
disolución y liquidación forzosa por la Superintendencia de Seguros, que actuará con
intervención del juez competente (art. 51 Ver Texto, 1er. párr.). Tal asunción implica la
remoción, de pleno derecho, de los directores, administradores y síndicos de la entidad
aseguradora en liquidación.

Téngase en cuenta que este régimen no se aplica a los entes estatales, porque ni el Estado ni
sus reparticiones autárquicas son comerciantes, aun cuando realicen actos de comercio
(actividades de bancos, trasportes, etc.). En cambio, la disposición se aplica a las sucursales y
agencias de empresas extranjeras (art. 5 Ver Texto, ley 20091, y art. 36 Ver Texto del Tratado
de Montevideo de 1940).

La autoridad de control tiene, en tales casos, las atribuciones del síndico en las quiebras, debe
formular opinión fundada sobre los créditos sometidos a verificación (art. 35 Ver Texto, ley
24522). Asimismo, en su momento liquidará a la aseguradora según las normas de la Ley de

263
Concursos y Quiebras que resulten aplicables en función de la particular naturaleza de las
empresas de seguro y de las disposiciones de la ley 20091 Ver Texto.

Jurisprudencia

No son atendibles los agravios de la aseguradora contra la resolución de la Superintendencia de


Seguros de la Nación por la cual revocó la autorización para operar, fundada en que la
gravedad del déficit financiero y la imposibilidad de revertirlo tornaban encuadrable la
situación de la empresa en el art. 58 Ver Texto, inc. d de la ley 20091, si la recurrente no refuta
en forma alguna las circunstancias efectivas que tuvo en cuenta la Superintendencia para
considerar acreditada la situación deficitaria de la empresa y, por ende, la amenaza cierta para
los asegurados que, de no ser superado ese estado de impotencia patrimonial, encontrarán que
su garantía ha desaparecido. La afectada no negó, con el necesario rigor, el reproche
administrativo, limitándose a aducir que con la incorporación de nuevos accionistas había
comenzado un reordenamiento societario tendiente a regularizar la situación de la empresa y
que era intención de las nuevas autoridades superar el quebranto, a cuyo fin efectuó una
presentación ante la autoridad de control prometiendo la incorporación de bienes. Dicha
propuesta de reversión del déficit no hace sino confirmar que tal situación se encuentra
configurada, lo cual abona el juicio de valor efectuado por la administración sobre el punto. La
propuesta es, por otra parte, inadmisible, en tanto carece de concreción y no pasa de constituir
una mera enunciación de propósitos, nítidamente inidónea para dejar sin efecto el acto
recurrido. No se demostró, en consecuencia, que el quebranto se encontrase revertido, única
vía idónea para revocar la decisión del ente de control (C. Nac. Com., sala C, 12/10/1994,
"Chubut Cía. de Seguros S.A.", LL 1995-B-314, DJ 1995-I-876).

La hipótesis de liquidación por actuación de interesado ante la inactividad de la


Superintendencia de Seguros de la Nación presupone dicha inactividad; de allí que pueda
actuar cualquier interesado en obtener la liquidación del ente asegurador. En este caso es
necesario, por una parte, que no se haya iniciado la liquidación forzosa por "quien designe" la
autoridad de contralor y, por otra parte, que se encuentren reunidos los requisitos de la
quiebra. El interesado ocurre, entonces, ante el juez ordinario competente, quien, tomando la
iniciativa, "dispondrá la disolución de la sociedad y la liquidación". Pero esta tarea estará, no
obstante, a cargo de la autoridad de control (C. Apel. Civ. y Com. Mercedes, sala II, "La
Aseguradora del Oeste Cía. de Seguros S.A.", LL 1981-C-10, DJBA 120-134).

64. Situación de los administradores y gerentes.

El procedimiento sustitutivo de la quiebra no implica la impunidad de los responsables del


estado falimentario del ente asegurador: el art. 53 Ver Texto dispone que la Superintendencia

264
de Seguros "elevará al juez que conoció en la causa todos los antecedentes del asegurador, para
hacer efectivas respecto de sus administradores, directores, consejeros, síndicos, integrantes del
consejo de vigilancia y gerentes, las medidas previstas en la Ley de Concursos para el fallido en
el supuesto de culpa o fraude y, en su caso, les serán aplicables las penas previstas en el Código
Penal para el quebrado fraudulento o culpable".

La disposición buscaba dejar a salvo, en lo posible, los intereses generales y de los asegurados,
pero no establecer un régimen especial de lenidad para los responsables del descalabro
económico del ente asegurador. Al contrario, en estos entes, así como en los que administran
dineros o bienes ajenos (bancos, capitalización y ahorro, fondos de inversión, etc.), el régimen
penal debe ser más severo.

No obstante lo dicho, es de señalar que entre las reformas que respecto de la normativa que
contenía la ley 19551 Ver Texto estableció la nueva Ley de Concursos y Quiebras, 24522 Ver
Texto, se halla la eliminación de la calificación de conducta del fallido y de los terceros
involucrados en su accionar indebido, dejando el juzgamiento de los ilícitos en que pudieren
haber incurrido para que sean tratados por la justicia en lo penal.

El capítulo IX de la ley 24522 Ver Texto se limita a regular, en sus arts. 234 Ver Texto a 238
Ver Texto, la inhabilitación del fallido, su duración y sus efectos. Así, el fallido queda
inhabilitado desde la fecha de la quiebra (art. 234 Ver Texto, LCQ.), y cesa de pleno derecho al
cumplirse un año desde la fecha de la sentencia de quiebra, o desde que fue fijada la fecha de la
cesación de pagos conforme el art. 235 Ver Texto. Dicho plazo puede ser reducido o dejado
sin efecto por el juez de la quiebra, a pedido de parte y previa vista al síndico, si
verosímilmente, a criterio del magistrado, el fallido no estuviere prima facie incurso en delito
penal. La inhabilitación se prorroga o retoma su vigencia si el inhabilitado es sometido a
proceso penal y dura en este caso hasta que se dicte sobreseimiento o absolución, o, si mediare
condena, hasta el cumplimiento de la accesoria de inhabilitación que hubiera impuesto el juez
penal (art. 236 Ver Texto). El inhabilitado no puede, mientras lo sea, ejercer el comercio por sí
o por interpósita persona, ni ser administrador, gerente, síndico, liquidador ni fundador de
sociedades, asociaciones mutuales o fundaciones, ni integrar sociedades, o ser factor o
apoderado de ellas con facultades generales (art. 238 Ver Texto, LCQ.); sobre este último
aspecto se debe tener en cuenta lo establecido por la ley 20091 en su art. 9 Ver Texto.

65. Privilegio de los asegurados.

El art. 54 Ver Texto viene a llenar un vacío en nuestra legislación al regular el régimen de los
privilegios especiales en la liquidación de estos entes. Esta disposición legal prevé tres grados
especiales que, por su prelación, son:

265
a) primero, los gastos de liquidación, incluidos los devengados por la autoridad de control.
Equivalen a los gastos de justicia y son realmente créditos contra la masa, en el sentido del art.
240 Ver Texto de la nueva Ley de Concursos y Quiebras, 24522 (ex art. 264 Ver Texto de la
ley anterior).

b) los asegurados o los beneficiarios de la rama vida, por el capital o renta debidos (art. 143 Ver
Texto, ley 17418) o por las reservas matemáticas, gozan del "privilegio general" establecido por
el art. 246 Ver Texto de la ley 24522 (ex art. 270 Ver Texto), en el mismo grado que los
créditos mencionados en el inc. 1 del mencionado artículo y con igual extensión a la cual el art.
247 Ver Texto (ex art. 271 Ver Texto) de dicha Ley de Concursos y Quiebras otorga al capital
emergente de sueldos, salarios y remuneraciones;

c) los créditos por los siniestros producidos en los otros seguros.

65 (a).

Sobre el tema se plantea, según la Ley de Concursos y Quiebras, 24522, una cuestión de
particular importancia: en su art. 239 Ver Texto se expresa que "existiendo concurso, sólo
gozarán de privilegio los créditos enumerados en este capítulo"; y en el art. 241 Ver Texto, inc.
6, cuando se refiere al seguro, sólo menciona los arts. 118 Ver Texto y 160 Ver Texto de la ley
17418, guardando silencio respecto de la ley 20091 Ver Texto. ¿Significa ello que el art. 54 Ver
Texto de este último cuerpo legal ha quedado derogado? No pensamos así, por los siguientes
motivos:

a) Aun cuando el art. 52 Ver Texto de la ley 20091 establece que en los casos de liquidación de
la entidad aseguradora, sea voluntaria o forzosa, "la autoridad de control ajustará la liquidación
a las disposiciones de los concursos comerciales para las quiebras", lo cierto es que, como
señala Llambías (306) , para que se opere la derogación tácita de la ley anterior por la nueva, la
incompatibilidad de ésta respecto de la hasta entonces vigente debe ser absoluta, y no se dará
en tanto exista posibilidad de compatibilizar ambos textos.

En este caso no existe, a nuestro juicio, tal incompatibilidad absoluta por la sencilla razón de
que se trata de dos ordenamientos referidos a objetos distintos, que apuntan a diferentes
finalidades y a la protección de distintos intereses. Baste señalar que el art. 2 Ver Texto, inc. 2,
in fine, establece que no son susceptibles de ser declaradas en concurso las personas reguladas

266
por la ley 20091 Ver Texto, lo cual es, asimismo, confirmado por lo expresado en el art. 51 Ver
Texto, parte 2ª, 1er. párr., de la ley 20091, que dispone que los aseguradores no pueden recurrir
al concurso preventivo ni son susceptibles de ser declarados en quiebra.

b) La referencia que efectúa el art. 52 Ver Texto a la Ley de Concursos y Quiebras, pese a que
su texto habla de "disposiciones", aparece claro, a nuestro juicio, que está atendiendo a los
aspectos procesales de la liquidación, a fin de evitar la reiteración de normativas extensas que
ya estaban tratadas en otro cuerpo legal enfocado hacia análoga función. De lo contrario, si se
limitara a una lisa y llana aplicación de la Ley de Quiebras, no tendría sentido establecer que la
autoridad de control asumirá la liquidación y tendrá todas las atribuciones del síndico en las
quiebras.

c) El propio título del 2º párr. del art. 51 Ver Texto señala que se trata de un "procedimiento
sustitutivo de la quiebra".

Estas cuestiones ponen de manifiesto, por una parte, los inconvenientes que se generan,
habitualmente, cuando se recurre al sistema de la "ley en blanco", en referencia a una
normativa diferente que, si es reformada, puede variar tanto en su contenido como en la
numeración de los artículos a los cuales hace mención la remisión.

Además, cabe señalar, como ya ha sido hecho (307) , que precisamente por tratarse de
privilegios que deberán ser ejercidos en un procedimiento distinto del de la quiebra, la mención
que el art. 241 Ver Texto, inc. 6, efectúa a los privilegios de los arts. 118 Ver Texto y 160 Ver
Texto de la ley 17418 resulta equivocada, por el lugar elegido para hacer tal referencia, porque
las empresas aseguradoras, conforme al art. 51 Ver Texto, ap. 2, 1er. párr., no entran dentro del
régimen de la quiebra (sólo se estipula una aplicación supletoria -art. 52 Ver Texto, 1er. párr.,
LESC.- que, obviamente, se limita a los aspectos procesales no modificados por la ley 20091
Ver Texto, pero que no puede alterar los principios propiamente asegurativos y mucho menos
el especial régimen de privilegios de esta ley), por lo cual no se advierte entonces con qué
motivo son incluidos en dicha norma (que, por otra parte, muestra -si se piensa en una
legislación que pretenda guardar coherencia entre sus diversos ordenamientos- que el legislador
incurrió -afortunadamente- en el olvido del art. 54 Ver Texto de la ley 20091). La referencia al
art. 52 Ver Texto antes señalada, debe ser interpretada, a nuestro juicio, en la forma aquí
propuesta, pues de lo contrario no resultaría explicable el establecimiento de un régimen
especial de privilegios y una aplicación de otra ley que, aunque supletoria, se considerase como
prevaleciente respecto de lo establecido en la 20091 Ver Texto.

La mención que de los arts. 118 Ver Texto y 160 Ver Texto de la ley 17418 realiza el art. 241
Ver Texto, inc. 6, de la ley 24522, resulta, entonces, inoficiosa (pues las aseguradoras han sido
puestas fuera de los concursos y quiebras) y susceptible de generar confusiones, además de que
daría lugar a que alguien pretendiera, dentro de la liquidación de una aseguradora, sostener que
los privilegios de la ley 20091, art. 54 Ver Texto, se encuentran derogados tácitamente, y

267
resultar así atacados, entre otros, nada menos que los derechos de los asegurados de la rama
vida (art. 54 Ver Texto, inc. a, ley 20091), aun sobre la reserva matemática existente a ese
momento. Tal parece que el legislador olvidó la existencia de la ley 20091 Ver Texto en esta
parte.

66. Penas.

La ley 20091 Ver Texto subsanó la grave omisión que presentaba el régimen anterior: su
carencia de sanciones adecuadas, que dejó a la autoridad de control huérfana de remedios
idóneos en los supuestos de violaciones graves del régimen de fiscalización.

La ley establece un régimen que confiere a la Superintendencia de Seguros facultades efectivas


para el control buscado por ella, limitando su ejercicio dentro de límites claros y precisos, para
evitar el abuso. Tal régimen se integra por sanciones que regula en los arts. 58 Ver Texto a 63
Ver Texto. Estas penas son aplicables a los aseguradores (art. 58 Ver Texto), a los
intermediarios (arts. 59 Ver Texto y 60 Ver Texto), a los peritos y liquidadores (art. 59 Ver
Texto) y a quienes actúen como aseguradores sin hallarse autorizados (art. 61 Ver Texto).

(305) Ver Rossi, Guido, Il fallimento nel diritto americano, 1956, Padova.

(306) Llambías, Jorge J., Derecho civil, Parte general, t. I, nº 60 b, p. 62.

(307) Ponencia del Instituto de Derecho de Seguros del Colegio de Abogados de San Isidro, en
las VII Jornadas Nacionales de Derecho de Seguros (Río Hondo, Santiago del Estero, junio de
1996).

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268
A) Aseguradores

67. Tipificación.

El art. 58 Ver Texto regula las sanciones aplicables a los aseguradores fijando los elementos de
la infracción (o, si se prefiere, los presupuestos para la aplicación):

a) que exista infracción a la ley, o a las reglamentaciones previstas por ella, o a las medidas
dispuestas en su consecuencia por la autoridad de control;

b) que de ello resulte el ejercicio anormal de la actividad aseguradora, o una disminución de la


capacidad económico-financiera del asegurador, o un obstáculo real a la fiscalización;

c) el asegurador no podrá alegar la culpa o dolo de sus funcionarios o empleados para excusar
su responsabilidad. Este agregado se introdujo a causa de la eliminación de las sanciones
aplicables personalmente a los administradores, gerentes, etc. (existente en otras legislaciones).
Se juzgó que en nuestro medio, con sanciones tan importantes, y dadas las peculiaridades de la
comercialización actual, dificultaría la depuración indispensable, porque los hombres honestos
y capaces vacilarían en aceptar tan pesada responsabilidad.

68. Penas.

Las penas generales previstas son tres: a) llamado de atención; b) apercibimiento; c) multa
desde el 0,01% hasta el 0,1% del total de primas y recargos devengados -neto de anulaciones-
en el ejercicio económico anterior, no pudiendo ser inferior al 0,5% del capital mínimo
requerido (texto de este último inciso, conforme al art. 155 Ver Texto de la ley 24241).

Las penas especiales son las de suspensión de hasta 3 meses para operar en una o más ramas
autorizadas, y la de revocación de la autorización para operar como asegurador, en los casos de
ejercicio anormal de la actividad aseguradora o disminución de su capacidad económico-
financiera.

269
La revocación de la autorización se aplica como pena también para el supuesto del art. 31 Ver
Texto (disminución del capital mínimo por cualquier pérdida que no se regularice -art. 48 Ver
Texto, inc. b-), o cuando el asegurador no funcione según sus estatutos, con las condiciones de
la autorización, o con el art. 4 Ver Texto, o no proceda a la exclusión de los impugnados de
acuerdo con el art. 9 Ver Texto, después de aplicadas las multas previstas en esa disposición
(art. 48 Ver Texto, inc. c).

Los demás supuestos de revocación previstos en el art. 48 Ver Texto no funcionan como pena,
sino como consecuencia de un estado jurídico (disolución, liquidación forzosa) o de hecho (no
explotación efectiva del comercio -art. 48 Ver Texto, inc. a-).

B) Intermediarios

69. Tipificación.

En nuestro medio, en principio, los aseguradores realizan la comercialización del seguro con
auxiliares no dependientes, que reciben las más diversas denominaciones. Tanto en lo que se
refiere a la celebración del contrato (art. 53 Ver Texto, ley 17418) como para fijar el "deber
profesional" (art. 55 Ver Texto, ley 20091) o para reprimir los actos de inconducta (arts. 59 Ver
Texto y 60 Ver Texto, ley cit.) se emplean las expresiones genéricas con el fin de englobar a
todos quienes intermedian en el comercio del seguro -esto es, sin un vínculo de dependencia
con el asegurador porque, si existe, el sancionado será éste (art. 58 Ver Texto, in fine, ley
20091)-.

En consecuencia, los sujetos de las sanciones son "los productores, agentes, intermediarios [. .
.] no dependientes del asegurador" (art. 59 Ver Texto).

Las infracciones reprimidas por el art. 59 Ver Texto de la ley 20091 deben consistir, según este
artículo y el art. 55 Ver Texto de la misma ley, de:

1) incumplimiento de las disposiciones legales;

270
2) infracción a los principios técnicos aplicables a la operación en que intervienen;

3) no actuar con diligencia y buena fe;

4) no suministrar los informes que les requiera la autoridad de control en el ejercicio de sus
funciones.

Sin perjuicio de lo dispuesto por la ley 20091 Ver Texto, posteriormente se dictó la ley 22400
Ver Texto, que regula la actividad de intermediación en el seguro y establece que ésta se podrá
ejercer según las siguientes modalidades de actuación: a) productor-asesor directo; b)
"productor-asesor" organizador (art. 2 Ver Texto). Para el ejercicio de la actividad de
productor-asesor de cualquiera de las categorías precedentes, se deberá estar inscrito en el
registro creado por dicha ley, previo cumplimiento de los requisitos establecidos (art. 4 Ver
Texto). Las personas no inscritas no tienen derecho a percibir comisión ni remuneración
alguna si concertaren algún contrato de seguro (art. 7 Ver Texto), y les está vedado inscribirse
posteriormente (art. 8 Ver Texto, inc. g). El art. 10 Ver Texto establece las funciones y deberes;
en cuanto a las sanciones, se remite a los arts. 10 Ver Texto, 59 Ver Texto y 60 Ver Texto de la
ley 20091. Se puede ver este tema con mayor amplitud en el capítulo III de esta obra, referido a
los intermediarios.

70. Penas.

Las penas aplicables a los productores, agentes o intermediarios, cuando violen las normas del
art. 55 Ver Texto (desempeñarse conforme a las disposiciones legales y a los principios
técnicos aplicables a la operación en la cual han intervenido; actuar con diligencia y buena fe),
o no suministren los informes que les requiera la autoridad de control en el ejercicio de sus
funciones, son:

a) llamado de atención;

b) apercibimiento;

c) multa hasta de $ 5.000.

271
La pena se graduará de acuerdo con las funciones del infractor, la gravedad de la falta y la
existencia de reincidencia. Los responsables serán solidariamente obligados al pago de la multa.
La multa no pagada se trasformará en arresto, a razón de un día de arresto por cada $ 40, pero
no puede exceder de 60 días. A los aseguradores les está vedado pagar las multas impuestas.

d) inhabilitación de hasta 5 años. Los aseguradores no podrán abonar retribución alguna


cuando se disponga la inhabilitación.

Jurisprudencia

Intermediar en operaciones de una entidad aseguradora no autorizada a concertar operaciones


de seguros en el país constituye una clara infracción a las disposiciones legales, que determina
la aplicación de las sanciones contenidas en el art. 59 Ver Texto de la ley 20091 (C. Nac. Com.,
sala E, 27/8/1996, "Valencia, Manuel F.", LL 1997-C-994, Jur. Agr., n_ 11.541; DJ 1997-2-
1067).

71. Caso especial.

El art. 60 Ver Texto prevé un supuesto de inconducta que se ha creído necesario sancionar
especialmente, ante la interpretación del art. 173 Ver Texto del Código Penal, que se podrá
adecuar a otros supuestos, pero que en materia de los intermediarios del seguro -señalaba el
autor de esta obra- ha contribuido no poco a la corrupción del comercio del seguro y a su
desprestigio entre los asegurados.

Dispone el art. 60 Ver Texto de la ley 20091: "Los productores, agentes y demás intermediarios
que no entreguen a su debido tiempo al asegurador las primas percibidas, serán sancionados
con prisión de 1 a 6 años e inhabilitación por doble tiempo al de la condena".

Se trata, pues, de un delito, y el agente es cualquier intermediario. La infracción consiste en no


entregar a su debido tiempo, esto es: 1) la no entrega -actitud pasiva-, sin necesidad de
emplazamiento previo o actividad alguna del asegurador; 2) a su debido tiempo, que se debe
entender según la vinculación que tenga con el asegurador o para que el contrato al cual se
refiere el pago adquiera la vigencia convenida entre asegurador y asegurado (se tendrá en
cuenta el régimen de la mora: art. 509 Ver Texto, CCiv., conforme a la reforma de la ley 17711
Ver Texto).

272
Sobre este tema se ha planteado el interrogante de la subsistencia del precepto, atento a lo
establecido por la ley 20509 Ver Texto, que dejó sin efecto las disposiciones por las cuales se
hayan creado o modificado delitos o penas de delitos, ya existentes, que no fueron sancionadas
por el Congreso Nacional (308) . Analizamos el problema más adelante en el parágrafo 110 (a).

C) Peritos y liquidadores

72. Control de conducta.

Cuanto se expresó acerca de la importancia del intermediario en la comercialización se puede


extender al perito y al liquidador, por la trascendencia de su intervención en la determinación
del daño indemnizable: señala el autor de esta obra que su inconducta o la complacencia con
los intereses del asegurador que lo emplea con frecuencia contribuyen, en forma notable, al
desprestigio de la institución, porque el asegurado se siente defraudado al no lograr
injustamente el resarcimiento que se le debe, no obstante haber pagado por él.

La ley 20091 Ver Texto le confiere a Superintendencia de Seguros atribuciones expresas de


fiscalización de la conducta de peritos y liquidadores no dependientes del asegurador, en la
forma y por los medios que estime procedentes, y en virtud de ello conocer en las denuncias
que se formulen y sancionar las infracciones (art. 67 Ver Texto. inc. f ).

Asimismo, y en uso de tales facultades, la Superintendencia de Seguros de la Nación ha dictado


la resolución general 26385/98 , que crea el Registro de Liquidadores de Siniestros y Averías y
regula la actividad de ellos en todo el territorio de la República Argentina, para lo cual establece
las obligaciones propias de tal función y las sanciones por su incumplimiento (hace especial
remisión al art. 59 Ver Texto de la ley 20091, aplicable a estos colaboradores de la actividad
aseguradora), y enumera las inhabilidades establecidas para ejercer la función de liquidador. El
régimen se analiza más detalladamente en el capítulo en que se trata esta figura.

273
D) Aseguradores no autorizados

73. Represión.

Quien no conozca las peculiaridades del seguro en nuestro país se puede sorprender ante
disposiciones legales como las de los arts. 3 Ver Texto y 61 Ver Texto de la ley 20091. Un
mínimo de respeto a la ley y una justicia represiva eficaz e inteligente hubieran hecho
innecesarias reglas como las apuntadas.

El art. 61 Ver Texto reprime las actividades de quienes no están autorizados a operar en
seguros y prevé dos tipos de infracciones:

1) el anuncio directo o indirecto en cualquier forma o el ofrecimiento de celebrar operaciones


de seguro sin hallarse autorizado se castiga con multa de hasta $ 50.000;

2) la celebración de contratos de seguro sin la debida autorización se castiga con una multa que
alcanza al doble de la mencionada en el punto anterior, sin perjuicio de la responsabilidad en
que incurran respecto de la otra parte en razón de la nulidad, por lo cual, en caso de siniestro,
éste deberá ser indemnizado como si el contrato fuera eficaz. Si se anula antes del siniestro, se
deberá reembolsar la prima pagada (ver parágrafo 98).

73 (a).

Se debe así distinguir si quien realiza el seguro es un asegurador autorizado, que se aparta de la
póliza aprobada, o bien alguien que carece de toda estructura e idoneidad técnico-económica.

En la primera hipótesis, se estará ante un caso de ejercicio anormal de la actividad aseguradora,


procediendo la sanción del art. 58 Ver Texto, LESC, graduada según la importancia del caso.

En la segunda, en cambio, se aplica la norma del art. 61 Ver Texto, que establece no sólo la
nulidad del contrato celebrado, sino una multa. La sanción a aplicarse debe ser ejemplarizante,

274
ya que se está entregando un producto viciado, que coloca a la relación fuera del ámbito del
seguro y se interna en el campo del puro azar. Por ello es menester desalentar este tipo de
anomalías, que atentan contra la función técnico-económica del sistema, los intereses de
quienes necesitan del amparo asegurativo y aun contra la imagen social del seguro.
Corresponde, entonces, penar severamente tales desvíos.

74. Directores, gerentes, síndicos, etc.

Las sanciones se extienden a los directores, administradores, síndicos o integrantes del comité
de vigilancia, en su caso, y gerentes de la sociedad anónima, cooperativa o mutual de que se
trate, quienes serán solidariamente responsables por las multas y consecuencias de la nulidad
de los contratos celebrados. Si se tratare de sociedad de otro tipo, la responsabilidad solidaria
se extenderá, además, a todos los socios.

Si la infracción fuese cometida por una sucursal o agencia de sociedad extranjera, la


responsabilidad corresponderá al factor, gerente o representante.

Téngase en cuenta que, para todos los casos, la disposición del art. 61 Ver Texto prevé:

1) que la multa no pagada se convertirá en arresto, a razón de un día por cada $ 40; no puede
exceder de 6 meses;

2) que la sanción lleva consigo la de inhabilitación prevista en el art. 59 Ver Texto, esto es,
hasta 5 años, con la consecuencia de que no se podrá percibir remuneración alguna de
cualquier otro asegurador.

Cuando el ente dedicado a operaciones que se ha juzgado que deben ser sometidos al régimen
de control no cumple con la decisión firme, se aplican las sanciones del art. 61 Ver Texto.

E) Ejercicio de las sanciones. Represión penal

275
75. Multa.

Las multas se deben pagar en el término de 10 días de hallarse firme la resolución definitiva de
la autoridad de control. En caso de no verificarse el pago, la Superintendencia de Seguros lo
perseguirá judicialmente (art. 62 Ver Texto).

Impuesta la multa, el órgano de control podrá solicitar embargo preventivo sobre bienes del
infractor (art. 86 Ver Texto, 1er. párr.), siendo competente el juez en lo civil y comercial federal
de la Capital Federal, quien también lo será para el cobro judicial; la boleta de deuda que
extienda la Superintendencia de Seguros constituirá título ejecutivo hábil (art. 81 Ver Texto,
párrafo titulado "Cobro judicial"). El inc. d del art. 81 Ver Texto establece que la falta de pago
oportuno de las multas devengará automáticamente un recargo del 2% mensual, lo cual es
reiterado en el Reglamento General, art. 81.2 Ver Texto.

76. Suspensión.

En los casos en que proceda la suspensión del asegurador, la Superintendencia de Seguros la


hará efectiva con las medidas consiguientes, necesarias para el caso (designación de
administrador o interventor), con intervención judicial.

Hasta tanto quede firme la suspensión dispuesta, la Superintendencia de Seguros puede


solicitar esas medidas con carácter precautorio, y el tribunal de alzada (la Cámara Nacional de
Apelaciones en lo Comercial de la Capital Federal, según el art. 83 Ver Texto) decidirá en
cuanto a la urgencia y necesidad de la medida (art. 86 Ver Texto).

77. Revocación.

Cuando se dispone la revocación, la Superintendencia de Seguros procederá conforme al art.


51 Ver Texto.

276
Hasta tanto quede firme la decisión, podrá solicitar la designación de administrador o
interventor judicial, según el art. 86 Ver Texto, 2º y 3er. párrs.

78. Otras penas.

El art. 63 Ver Texto aclara que "las sanciones aplicables por esta ley no excluyen las que
puedan corresponder por delitos previstos en el Código Penal u otras leyes". Se resuelve así la
concurrencia de las infracciones al régimen de control con las de las leyes penales comunes y la
aplicación de las sanciones previstas por unas o por otras. No se trata de duplicar la pena que
corresponda a un solo hecho, sino de violaciones de distinta naturaleza reprimidas en los
ámbitos respectivos.

Agrega el art. 63 Ver Texto que "cuando la autoridad de control comprueba la existencia o
comisión de hechos que puedan constituir delito, lo pondrá en conocimiento del juez en lo
penal competente, con remisión de testimonio de los antecedentes que correspondan".

Se debe tener en cuenta que la Superintendencia de Seguros se puede constituir en parte


querellante en el proceso penal (art. 67 Ver Texto, último párrafo).

79. Procedimiento. Generalidades.

La ley 20091 Ver Texto establece un sistema idóneo de sanciones, ya analizado, y un


procedimiento de aplicación que suministra garantías al asegurador al estructurar un régimen
de apelación adecuado, según se trate de resoluciones particulares o de resoluciones generales,
y medidas precautorias.

A) Decisiones de carácter particular

277
80. Procedimiento.

El art. 82 Ver Texto organiza el procedimiento administrativo para las decisiones de carácter
particular, el cual se debe aplicar teniendo en cuenta las disposiciones de los arts. 67 Ver Texto,
incs. a, e y f, y 68 Ver Texto a 73 Ver Texto.

Cuando a causa de la aplicación de las facultades de control resulten observaciones o


imputaciones contra un ente asegurador, o intermediario, o perito o liquidador, o persona que
ofrezca u opere en seguros sin autorización, la Superintendencia de Seguros procederá a la
sustanciación del proceso administrativo, conforme a las siguientes reglas, enumeradas por el
art. 82 Ver Texto:

a) El sumario será instruido por el superintendente de Seguros o el funcionario en quien


delegue la sustanciación.

b) Correrá traslado de esas observaciones o imputaciones a los afectados responsables o


imputados, por el término de 10 días hábiles.

c) Al contestar el traslado, los responsables o imputados, además de enunciar todas las


defensas, deberán: 1) acompañar toda la prueba instrumental, o indicar el expediente, oficina o
registro notarial en donde se halle; 2) indicar la prueba testimonial que emplearán,
individualizando los testigos (esto es, nombre, apellido, domicilio, profesión), con enunciación
sucinta de los hechos sobre los cuales depondrán; 3) indicar los demás medios de prueba que
emplearán (v.gr., peritos) y su objeto; 4) proponer la prueba pericial y los puntos de pericia,
indicando la especialización que ha de tener el perito.

d) La autoridad que instruye la causa administrativa puede desechar cualquier prueba ofrecida o
indicada, por resolución fundada, que es irrecurrible; pero el interesado podrá reproducir su
petición en la alzada, y si fuera admitida, en la misma resolución se dispondrá la recepción de
esa prueba por la Superintendencia de Seguros. Remitidas las actuaciones, dentro del tercer día,
la Superintendencia recibirá la prueba y devolverá el expediente a la alzada, dentro de los 3 días
de producida (art. 82 Ver Texto, in fine).

278
e) Evacuado el traslado e indicadas y aceptadas las pruebas en la forma señalada en los
parágrafos sub b y c precedentes, se producirán las pruebas en un plazo que no exceda de 20
días hábiles.

La prueba se producirá con intervención de las partes, esto es: no se pueden recibir con
exclusión del ente o persona imputada. Se debe juzgar que son partes en la causa
administrativa, con el alcance, derechos y garantías que esta calidad tiene en el derecho
procesal, que traduce la garantía de la defensa en juicio (art. 18 Ver Texto de la Constitución).

Se sustanciará en audiencia pública. Las audiencias serán reservadas sólo cuando la parte así lo
solicite y no exista interés público en contrario. Esto es: que se prescindirá de la audiencia
pública sólo cuando concurran esos dos requisitos.

La audiencia pública tiene una doble función: poner límite a la discrecionalidad y aun al
eventual abuso del funcionario instructor de la causa; y la publicidad, para amparo del interés
público, a fin de hacer conocer la conducta de los aseguradores y la eficacia del control estatal.

f ) El art. 82 Ver Texto dispone que en la primera audiencia, siempre que se reputara
procedente la prueba pericial ofrecida, se determinarán los puntos de pericia y se procederá al
sorteo de un perito único que se desinsaculará de las listas que anualmente confeccionará el
tribunal de alzada, integrada por actuarios, contadores públicos y profesionales universitarios
especializados en la materia. En el supuesto de que no se hayan confeccionado esas listas, se
solicitará al tribunal de alzada que lo designe, a cuyo efecto la Superintendencia de Seguros
oficiará indicando la materia de la pericia y los puntos propuestos.

Presentada la pericia, la Superintendencia, a pedido de parte o para mejor proveer, podrá citar
al perito para dar explicaciones, que serán consideradas en una audiencia designada al efecto, o
bien dada por escrito, según lo disponga la autoridad de control, atento a las circunstancias del
caso.

g) Si se ha ofrecido prueba de informes, la Superintendencia tendrá las mismas facultades


acordadas a los jueces por el Código Procesal Civil y Comercial de la Nación.

h) En el mismo plazo probatorio, el funcionario instructor podrá disponer cualquier medida de


prueba, citar y hacer comparecer testigos, obtener informes y testimonio de instrumentos
públicos o privados y hacer producir pericias de cualquier naturaleza.

Al efecto podrá emplear las facultades que le dan los arts. 68 Ver Texto a 73 Ver Texto:
recabar la exhibición general de la contabilidad y documentación complementaria; hacer
compulsas, arqueos y verificaciones (art. 86 Ver Texto); requerir declaraciones juradas (art. 69

279
Ver Texto, 2º párr.); requerir órdenes judiciales de allanamiento y el auxilio de la fuerza pública
si halla resistencia para ejercer sus atribuciones (art. 73 Ver Texto); secuestrar documentos que
juzgue conducentes para sus tareas de fiscalización (art. 73 Ver Texto, in fine).

i ) Todas las resoluciones que sean dictadas durante la sustanciación son irrecurribles; pero el
tribunal del alzada puede conocer de las cuestiones si se reproducen ante él.

j ) Terminada la recepción de la prueba, las partes afectadas, responsables e imputados pueden


presentar un memorial sobre la prueba dentro de los 5 días hábiles.

k) El superintendente de Seguros dictará resolución definitiva, que debe ser fundada, dentro de
los 15 días hábiles. Si no se pronuncia en ese término, cabe un recurso de queja ante el tribunal
de alzada: la ley no lo establece expresamente, pero resulta del sistema mismo y del plazo
otorgado para resolver (309) .

81. Recursos.

La decisión así alcanzada es revisible por la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial


de la Capital Federal, según el art. 83 Ver Texto (salvo las decisiones previstas por los arts. 6
Ver Texto y 7 Ver Texto, inc. g), recurribles ante el Poder Ejecutivo nacional.

Las personas físicas, sociedades y asociaciones domiciliadas en el interior, que no sean


aseguradores autorizados ni estén gestionando ante la Superintendencia de Seguros la
autorización para operar, podrán optar por recurrir ante la Cámara Nacional de Apelaciones en
lo Federal y Contencioso Administrativo de la Capital Federal, opción que deberán efectuar al
interponer el recurso.

Según el art. 83 Ver Texto:

a) El recurso será interpuesto ante la Superintendencia de Seguros, en el plazo de 5 días hábiles


desde la notificación, con memorial en el cual serán expuestos los fundamentos y, en su caso,
reproducidos los agravios motivados por las decisiones adoptadas durante el procedimiento
administrativo, como también por las que desecharon pruebas que las partes reputen
pertinentes. Si el recurso no fuese fundado, será declarado desierto.

280
b) La Superintendencia de Seguros concederá o denegará el recurso dentro de los 5 días hábiles
y, en su caso, elevará el expediente dentro de los 5 días hábiles siguientes.

c) El recurso será concedido en relación y en ambos efectos; excepto en el caso de los arts. 31
Ver Texto (disminución de capital mínimo por pérdidas; plan de regularización y saneamiento;
indisponibilidad de inversiones; orden al asegurador de abstenerse de celebrar nuevos
contratos por haber alcanzado la disminución del capital mínimo un 30%) y 44 (suspensión o
limitación a la distribución de utilidades o excedentes por mediar observaciones al balance que
hayan tenido por resultado suprimirlos o disminuirlos), en los cuales el recurso procederá al
solo efecto devolutivo.

d) La Cámara de Apelaciones dictará sentencia dentro de los 15 días hábiles.

Esta decisión sólo es pasible del recurso del art. 14 Ver Texto de la ley 48 (art. 84 Ver Texto,
ley 10091) y del de arbitrariedad, creado por la jurisprudencia de la Corte Suprema de Justicia
de la Nación.

Jurisprudencia

La asimilación de la Superintendencia de Seguros de la Nación a un juez de primera instancia -


el cual, ciertamente, no emite juicio sobre la procedencia sustancial de las apelaciones dirigidas
contra las sentencias producidas- no es acertada. El órgano jurisdiccional y el órgano
administrativo ocupan, respectivamente, posiciones bien diferentes en el conflicto que atienden
uno y otro. El juez es un tercero ajeno al conflicto que resuelve, distinto de las partes
intervinientes en ese conflicto: dilucida un conflicto entre otros y generado por alguno o
ambos de esas terceras personas. En el caso, el órgano administrativo actuó en ejercicio del
poder de policía que le compete respecto del negocio de seguros, y en ejercicio de ese poder
que le es propio advirtió la existencia, según su criterio, de una cierta irregularidad o falta y
aplicó a la aseguradora la que estimó que era una condigna sanción; generó ella misma el
conflicto, al imponer la sanción ahora en revisión (si bien el conflicto se generó a partir de la
irregularidad cometida por la aseguradora, en la estructura de la controversia, en tanto que lo
criticado es la imposición de la sanción, bien se puede decir que ésa fue la fuente del conflicto
por resolver en la instancia jurisdiccional).

Por tanto, y a diferencia de lo que sucede con la actuación de los órganos jurisdiccionales, la
Superintendencia apelada, en cierto modo es parte de ese conflicto, generado por efectuarse la
sanción que ella aplicó, por lo cual, más allá del silencio que sobre el punto guarda la ley 20091
Ver Texto, el órgano de contralor bien pudo "defender" la procedencia sustancial de la
resolución apelada o, lo que es igual, criticar la procedencia sustancial de la apelación. Tal
criterio ha sido pacíficamente admitido y aplicado en el fuero, en el cual fueron
invariablemente aceptados y no rechazados ni desglosados los dictámenes como el aquí

281
cuestionado (se trataba de un dictamen de la gerencia jurídica de la Superintendencia de
Seguros acerca de la procedencia formal y sustancial del recurso deducido por la aseguradora).
Asimismo, se acepta la contestación que la aseguradora ha hecho de tal dictamen, pues si bien
resulta harto opinable, se aplica el principio no escrito, pero con fundamentos en el derecho de
defensa, según el cual el último en ser oído en el proceso es la parte acusada o sancionada,
papel que en este caso cumple la aseguradora. Con todo, y atento a lo confuso de la regulación
legal aplicable, sólo cabe adoptar la solución que mejor contempla el derecho de defensa de la
parte, esto es, la que impida la publicación de la sanción antes de que ésta sea examinada por el
órgano jurisdiccional de revisión de la medida sancionatoria (C. Nac. Com., sala D, 8/6/1994,
"Alba Compañía Argentina de Seguros, s./Inspección", ED 161-652).

B) Decisiones de carácter general

82. Procedimiento. Recurso.

Las decisiones de carácter general las dicta la Superintendencia de Seguros en los supuestos
establecidos por la ley 20091 (art. 67 Ver Texto, inc. b), y luego de escuchar la opinión del
Consejo Consultivo del Seguro cuando se relacionan con los asuntos a que se refiere el art. 79
Ver Texto.

Estas resoluciones generales -que no se ajustan al art. 82 Ver Texto-, así como las dictadas
conforme al art. 6 Ver Texto (instalación de sucursal en el país y sucursal o agencia en el
extranjero) y al art. 7 Ver Texto, inc. g (denegación de autorización para operar en seguro por
el estado del mercado), están sujetas a un recurso administrativo reglamentado por el art. 85
Ver Texto, al cual se aplicarán subsidiariamente las normas de la ley 19549 Ver Texto y decreto
1759/72 Ver Texto en lo que no encuentre regulación específica en la norma especial
precitada.

a) Puede ser interpuesto por un asegurador (y en los casos de los arts. 6 Ver Texto y 7 Ver
Texto, inc. g, por el afectado) o por alguna de las asociaciones que los agrupen. Se deducirá en
el plazo de 30 días a computar desde la publicación de la resolución en el "Boletín Oficial", o
desde que se haga pública por cualquier otro medio (art. 85 Ver Texto); en los casos de los arts.
6 Ver Texto y 7 Ver Texto, desde la notificación del interesado.

282
b) Procede al solo efecto devolutivo (art. 85 Ver Texto). De ahí que no afecte la amplitud del
plazo para deducir el recurso; está en el interés del recurrente la abreviación por la
interposición en el menor lapso.

c) El recurso debe ser fundado.

d) Se interpone ante el superintendente de Seguros como de revisión de su propia decisión, y


su denegación es recurrible ante el Poder Ejecutivo nacional (art. 85 Ver Texto).

e) Si la Superintendencia de Seguros no se pronuncia en tiempo razonable acerca del recurso


deducido, cabe entender que, ante la omisión de la ley 20091 Ver Texto de fijar un plazo
específico resultará de aplicación lo establecido en el art. 10 Ver Texto de la ley 19549, que
interpreta el silencio del ente público en sentido positivo; el recurrente puede optar por el
procedimiento establecido para los casos de mora de la autoridad administrativa, regulado por
el art. 28 Ver Texto de esa ley procesal.

f ) Denegada la revisión o juzgada como tal, la Superintendencia elevará de inmediato las


actuaciones con todos sus antecedentes al Ministerio de Economía (del cual depende).

g) La causa se puede recibir a prueba en la alzada administrativa, sea de oficio o a petición de


parte. En tal caso se podrá producir toda clase de pruebas, las cuales serán recibidas conforme
a las disposiciones del art. 82 Ver Texto de la ley 20091.

h) El recurso será resuelto por el Poder Ejecutivo por decreto.

Esta decisión del Poder Ejecutivo en algunos supuestos es definitiva por disposición de la ley
(art. 7 Ver Texto, inc. g y último párrafo), y en otros por la naturaleza de los fundamentos
(como el del art. 6 Ver Texto, sobre apertura de sucursales), o cuando se refiere a los capitales
mínimos (art. 30 Ver Texto), o fijación de primas uniformes mínimas (art. 26 Ver Texto, § 3.e),
y análogas, porque suponen apreciaciones de política económica general y de estado del
mercado asegurador, ajenos por su índole a la revisión judicial.

C) Medidas precautorias

283
83. Generalidades.

La ley, que ha previsto el efecto suspensivo de los recursos reglamentados contra resoluciones
de "carácter particular", se ha preocupado por regular las medidas precautorias que autoriza la
decisión alcanzada por la Superintendencia de Seguros.

La medida precautoria era autorizada con dos grandes limitaciones, con el fin de asegurar la
constitucionalidad (art. 95 de la Constitución, actual art. 109 Ver Texto):

a) la dispone el juez de primera instancia o el tribunal de alzada (arts. 81 Ver Texto y 86 Ver
Texto);

b) no se aplicaba automáticamente, por la mera existencia de la decisión administrativa, sino


que se disponía que "apreciará la urgencia y la necesidad de la medida precautoria solicitada"
(art. 86 Ver Texto, párr. 3.e).

La ley 24241 Ver Texto (promulgada el 13/10/1993) modificó el segundo y tercer párrafos del
art. 86 Ver Texto citado, estableciendo que cuando la resolución disponga la suspensión o
revocación de la autorización para operar en seguros, el tribunal de alzada actuante dispondrá,
a pedido de la Superintendencia de Seguros de la Nación, la intervención judicial y
administración del asegurador, "que no recaerá en la autoridad de control".

Asimismo, la Superintendencia de Seguros podrá disponer, sin audiencia de parte, la


prohibición de la entidad aseguradora de realizar, respecto de sus inversiones, cualquier acto de
disposición o los de administración que específicamente indique y de celebrar nuevos contratos
de seguro en los siguientes casos:

a) la situación prevista en el art. 31 Ver Texto de la ley 20091, según texto modificado por la
ley 24241 Ver Texto;

b) disminución de la capacidad económica o financiera, o la manifiesta desproporción entre


ésta y los riesgos retenidos o déficit de cobertura en los compromisos asumidos con los
asegurados;

c) infracción a las normas sobre egresos e ingresos de fondos y sobre depósitos en custodia de
títulos públicos de renta y títulos valores en general;

284
d) falta de presentación por el asegurador de los estados contables de publicidad, de situación
patrimonial o de compromisos exigibles y siniestros liquidados a pagar, en los plazos
reglamentarios;

e) irregularidades en la constitución o actuación de los órganos de administración y


fiscalización, o de las asambleas;

f ) irregularidades en la administración o contabilidad que impidan conocer la situación


patrimonial de la entidad;

g) dificultad de liquidez que haya determinado demora o incumplimiento de sus pagos.

Agrega la norma que para la efectivización de esas medidas la Superintendencia de Seguros


ordenará su toma de razón a las entidades públicas -nacionales, provinciales o municipales- o
privadas que estime correspondan. Las medidas se podrán levantar para permitir el
cumplimiento de las obligaciones con asegurados, para reinversión del bien de que se trate
(caso en el cual subsistirá sobre el bien que entre en su reemplazo) o cuando se compruebe que
el asegurador se halla en condiciones normales de funcionamiento.

Los recursos administrativos o judiciales que se interpongan contra esas medidas precautorias
lo serán al solo efecto devolutivo.

84. Clases.

La ley preveía dos medidas precautorias, según la naturaleza de la resolución dispuesta:

a) si impone una multa, embargo preventivo. Se diligenciará según las reglas aplicables del
Código de Procedimientos (ley 17564 Ver Texto, Código Procesal).

b) si impone la suspensión o la revocación de la autorización para operar en seguros, la


administración e intervención judicial del asegurador.

285
El nuevo texto del art. 86 Ver Texto, luego de su reforma por la ley 24241, art. 155 Ver Texto,
precedentemente referido, establece que la Superintendencia de Seguros de la Nación podrá
disponer, sin audiencia de parte, la prohibición a la entidad aseguradora de realizar, respecto de
sus inversiones, actos de disposición o los de administración que indique a tal efecto, y de
celebrar nuevos contratos de seguro, en los supuestos que allí se indican.

Las medidas precautorias se solicitarán, según el caso, ante el juez de primera instancia en lo
Civil y Comercial Federal de la Capital Federal (art. 81 Ver Texto, inc. e), o la Cámara Nacional
de Apelaciones en lo Comercial de la Capital Federal (arts. 83 Ver Texto, 1er. párr., y 86 Ver
Texto, 2º párr., ley 20091).

(308) Así lo destaca Soto, Héctor M., La negociación del contrato de seguro, § III-j-3, en JA
1997-IV-912 .

(309) Se ha planteado en doctrina (Halperin, David, Estudios de derecho público del seguro,
cap. 3, § 3.1.2.2 y ss.) la cuestión del efecto que sobre el procedimiento de la ley 20091 Ver
Texto haya producido el decreto nacional 722/96 Ver Texto. Éste establece que "en el ámbito
de la Administración pública nacional centralizada y descentralizada serán de aplicación
únicamente los procedimientos establecidos por la Ley Nacional de Procedimientos
Admnistrativos Ver Texto y por el Reglamento de Procedimiento Administrativo" -decreto
1759/72 Ver Texto, t.o. 1991-. Agrega la norma que "no obstante lo establecido en el párrafo
anterior, continuará en vigencia la norma especial que disponga y sólo en relación con ello: a)
el cumplimiento de requisitos previos a la interposición del recurso administrativo de que se
trate; b) la suspensión de los efectos del acto administrativo recurrido; c) la existencia de un
recurso judicial directo" (art. 1). Y en su art. 4 deroga "toda norma que hubiere establecido
procedimientos administrativos especiales para la Administración pública nacional centralizada
o descentralizada, con las limitaciones del art. 1 y las excepciones del art. 2" (las excepciones a
que hace referencia este artículo son: las normativas correspondientes a la AFIP, el régimen de
contrataciones del sector público nacional, el de las fuerzas armadas, de seguridad, policía e
inteligencia, los regímenes de derecho de reunión y electoral, los procedimientos sumariales y
lo relativo al ejercicio de la potestad correctiva interna de la Administración pública nacional,
los regímenes de audiencias públicas y los procedimientos ante tribunales administrativos).
Por su parte la Ley de Procedimientos Administrativos, 19549 Ver Texto, del 3/4/1972, había
facultado al Poder Ejecutivo a determinar cuáles serían los procedimientos aplicables, al
momento de su dictado, que continuarían vigentes y también a sustituir las normas legales y
reglamentarias de naturaleza estrictamente procesal de los regímenes de esa índole que
subsistieren, "con miras a la paulatina adaptación de éstos al sistema del nuevo procedimiento
y de los recursos administrativos por él implantados, en tanto ello no afectare las normas de
fondo a las que se refieren o apliquen los citados regímenes especiales"; y que dicha ley 19549
Ver Texto será de aplicación supletoria en las tramitaciones administrativas cuyos regímenes
especiales subsistan (art. 2 Ver Texto, inc. a).

286
Si bien se trata de un problema complejo y sumamente opinable, cabe el planteo de si tales
normativas permiten la subsistencia o no del régimen procesal de la ley 20091 Ver Texto,
atento a lo que resulta de lo precedentemente reseñado. A este respecto nos parece que se
pueden formular algunas consideraciones: 1) El procedimiento de la ley 20091 Ver Texto ha
sido incluido como parte de una normativa especial de carácter nacional, lo cual lleva a pensar
que el legislador la consideró una pieza integrada al mecanismo de control de la actividad
aseguradora. De ser ello así, podría entonces resultar aplicable la salvedad que el art. 2 Ver
Texto de la ley 19549 menciona en su inc. a ("en tanto ello no afectare las normas de fondo a
las que se refieren o apliquen los citados regímenes especiales"), que parece contener un
principio general, que da sustento a la excepción. Si tal circunstancia es aplicable a la
sustitución de preceptos, podría asimismo constituirse en principio de determinación de
subsistencia del régimen especial que, en el caso, es la ley 20091 Ver Texto. 2) La delegación de
la función legislativa que parece resultar del art. 2 Ver Texto de la ley 19549, cuando faculta al
Poder Ejecutivo nacional a "sustituir las normas legales [. . .] de índole estrictamente procesal"
no se ajustaría, en este caso, a lo preceptuado por el art. 99 Ver Texto, inc. 3, 2º párr., de la
Constitución nacional, cuando establece que "el Poder Ejecutivo no podrá en ningún caso,
bajo pena de nulidad absoluta e insanable, emitir disposiciones de carácter legislativo"; y
también el art. 76 Ver Texto, que si bien admite, con carácter de excepción, la delegación
legislativa en el Poder Ejecutivo, lo hace respecto de "materias determinadas de administración
o de emergencia pública", y sujetando esa facultad a un "plazo para su ejercicio", plazo que en
el segundo párrafo es calificado como de "caducidad" (que implica la de la normativa dictada
en esa forma), y que no fue fijado en este caso, como tampoco resultó, la normativa especial en
análisis, "determinada" en el decreto, que no la menciona. Todo ello, en especial, si se tiene en
cuenta que el régimen procesal instituido por la ley nacional 20091 Ver Texto fue
expresamente pensado para integrarlo con la normativa dirigida al control de la actividad
aseguradora en todo el país, como antes se destacó -y más allá del juicio de valor que se pueda
tener respecto de la eficacia y conveniencia, o ambas cosas, del sistema implementado por la
ley especial-.
Por otra parte, aun si se considera vigente el régimen procesal específico de la ley 20091 Ver
Texto, igualmente le serían aplicables diversas normas de la ley 19549 Ver Texto (como lo
señala David Halperin, ob. cit., § 3.1.2.2, in fine, en tanto tales preceptos estén referidos a los
requisitos esenciales del acto administrativo); a lo cual se añade la función supletoria de la ley
19549, establecida en su art. 2 Ver Texto, inc. a, in fine.

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XI. Organización de la autoridad de control

287
85. Generalidades.

La ley 20091 Ver Texto no innovó mayormente en la organización de la autoridad de control;


la mayor ventaja que introdujeron sus disposiciones está en la clasificación de las atribuciones y
deberes.

El control es ejercido por la Superintendencia de Seguros de la Nación, con las funciones


establecidas en la ley citada (art. 64 Ver Texto), asistida en ciertos casos por un consejo
consultivo (art. 79 Ver Texto).

A) Superintendencia de Seguros de la Nación

86. Concepto.

"Es una entidad autárquica con autonomía funcional y financiera", que actúa en jurisdicción
del Ministerio de Economía (art. 65 Ver Texto). La calificación de autárquica da idea cabal de
la independencia de su funcionamiento, reglamentado en lo esencial por el art. 67 Ver Texto.

"Está a cargo de un funcionario con el título de superintendente de Seguros, designado por el


Poder Ejecutivo nacional" (art. 65 Ver Texto). Tiene que dirigir la política del seguro del país, y
en tal sentido su actuación no debe ser por períodos breves ni sujeto al vaivén de cambios
ministeriales que no tengan reflejo fundamental en la política aseguradora.

Jurisprudencia

La Superintendencia de Seguros de la Nación es una entidad autárquica en jurisdicción del


Ministerio de Economía, que tiene por función el control de los aseguradores en toda la
República, en lo relacionado con su régimen económico y técnico, en salvaguarda,
primordialmente, de la fe pública. Está ampliamente facultada para fiscalizar las actuaciones de

288
los aseguradores, y es obligatorio para poder realizar operaciones de seguro estar inscrito en el
registro que a tal efecto lleva, inscripción que se supedita a los requisitos que la ley exige (Corte
Suprema de Justicia de la Nación, 19/8/1976, ED 69-291).

La fe pública ha sido particularmente tenida en cuenta, no sólo al ser redactada la sección 3ª del
capítulo I -titulada "Condiciones de la autorización para operar"- de la ley 20091 Ver Texto,
sino también al ser reglamentados los planes y elementos técnicos y contractuales que deben
observar las entidades (sección 5ª del mismo título). El legislador ha estimado necesario
proteger tanto a los asegurados como a los terceros beneficiarios de aquellas situaciones que
puedan afectar el cobro de la indemnización respectiva. Así, entre otros recaudos ha exigido la
integración de un capital mínimo (art. 7 Ver Texto, inc. c); una duración mínima de la entidad
de acuerdo con la índole de los seguros a explotar (art. 7 Ver Texto inc. e) y que se detallen las
bases para el cálculo de las reservas y los fundamentos técnicos de las primas; se destaca
respecto de éstas que deben ser suficientes para el cumplimiento de las obligaciones del
asegurador y su permanente capacitación económico-financiera (arts. 24 Ver Texto, incs. b y c,
y 26 Ver Texto).

Los preceptos mencionados demuestran la preocupación del legislador por resguardar la


confianza del público en el sistema de seguros, pues tiene la indudable finalidad de obtener un
manejo comercial eficiente de las empresas encargadas de atender una actividad decisiva para el
desarrollo económico de la comunidad.

Es que, dadas las características del mercado, su normal funcionamiento depende del grado de
credibilidad pública que exista respecto de las aseguradoras, toda vez que no es difícil advertir
las graves consecuencias que se podrían derivar, para el sistema en conjunto, si esa confianza
inicial que movilizó a los asegurados a contratar sus coberturas quedase defraudada por
incumplimientos o engaños.

Por ello, no resulta irrazonable por desproporcionado al fin establecido en la norma interpretar
que dentro del concepto "conveniencia de mercado" contenido en el art. 7 Ver Texto, inc. g,
de la ley 20091, se deba contemplar la incidencia que la autorización a una nueva entidad
podría tener sobre el equilibrio económico de las empresas que ya operan en la actividad
aseguradora. En consecuencia, las razones dadas por la Superintendencia de Seguros de la
Nación para denegar la autorización reclamada por la actora, esto es, la existencia de un
excesivo contexto competitivo o la saturación del mercado, no exceden el marco interpretativo
de la norma, pues resulta claro que, en el caso, el criterio que presidió el juicio de conveniencia
tuvo en miras, primordialmente, resguardar el equilibrio económico de las empresas
autorizadas.

El sistema de control así estructurado configura una razonable reglamentación del derecho a
comerciar que reconoce la Constitución nacional y no vulnera la garantía constitucional de la
igualdad ante la ley, toda vez que las distinciones normativas para supuestos que se estimen
diferentes son valederas en tanto no sean arbitrarias, es decir, no obedezcan a propósitos de

289
injusta persecución o indebido beneficio, sino a una causa objetiva para discriminar, aunque su
fundamento fuere opinable (cfr.: causa V. 251-XXI). En el caso, la ley 20091 Ver Texto no
procura crear un privilegio en favor de quienes se hallan autorizados a comerciar en seguros,
como sostiene la recurrente, sino que tiende a evitar situaciones que puedan afectar uno de los
elementos considerados imprescindibles para el normal desarrollo y adecuado crecimiento de
dicha actividad, como es la confianza que el sistema debe inspirar en la comunidad. Tampoco
resulta atendible la alegación de un exceso en la competencia comercial, pues tal apreciación se
sustenta en un juicio valorativo de los hechos económicos efectuado por la administración,
dentro del marco de las amplias facultades discrecionales previstas en la ley 20091 Ver Texto
(art. 7 Ver Texto, inc. g), respecto del cual no se advierte irrazonabilidad o falta de
fundamentación (Corte Suprema de Justicia de la Nación, 18/9/1990, "Reaseguradora
Argentina S.A. v. Estado nacional" Ver Texto -R. 411-XXII, R.H.-, ED 141-828) (310) .

En análogo sentido, mismo tribunal, 23/2/1993, en autos "Superintendencia de Seguros de la


Nación, s./Infracción tarifaria de Sud América Terrestre y Marítima" -S. 31-XXIV-, ED 152-
355, en que se reconoció la existencia de extensas facultades de control y decisión de la
Superintendencia y la razonable amplitud de criterio para apreciar los factores y datos técnicos
que entran en juego en la materia. La típica forma de producir en masa y la función social del
seguro exigen que la autoridad de control disponga de los medios indispensables para
salvaguardar los fines que le son propios y el bien común específico ínsito en ellos (ver Fallos
296:183 Ver Texto; LL 1977-A-296, 1993-C-265, DJ 1993-2-530; ídem, 13/12/1994, ED 163-
340, Rep. LL 1996-2184, n_ 6).

Las características particulares que presenta el seguro, entre las cuales se debe destacar el
comercio en masa, justifican la presencia de una autoridad de control que debe extremar su
celo moderador en el análisis de las condiciones contractuales de aquél, para que no resulten
vulnerados los legítimos intereses de los asegurados y el contrato de seguro cumpla con el
objeto-fin social que debe satisfacer como acto jurídico. La regulación estatal en la materia
apunta a encauzar una actividad específica, en la cual confluyen intereses vinculados no sólo
con las economías privadas, sino con la nacional, la producción en general y la confianza
pública, en razón de las cuales se ha instituido un sistema de control permanente que
comprende desde la autorización para operar hasta su cancelación. El esquema jurídico
económico del seguro exige, entre otras condiciones, que las empresas de seguros cuenten con
una situación económico-financiera sólida, que les permita el cumplimiento de los
compromisos contraídos con los asegurados. A tal punto la ley considera de fundamental
importancia el cuidadoso control de lo atinente al cumplimiento del deber de mantener
incólume tal garantía hacia los asegurados, que el texto del art. 31 Ver Texto de la ley 20091 es
imperativo: las providencias que esa norma contiene no constituyen una facultad de la
Superintendencia de Seguros de la Nación, sino una obligación de ella: su omisión
compromete la responsabilidad del funcionario y del Estado. Tampoco es discrecional la
imposición de medidas cautelares (C. Nac. Com., sala C, 18/4/1996, "La Central del Plata Cía.
de Seguros S.A.", LL 1996-D-734, DJ 1996-2-1196).

290
87. Atribuciones de control de empresas.

Los deberes y atribuciones de la Superintendencia de Seguros son enumerados por el art. 67


Ver Texto, y si bien respecto de los aseguradores en rigor habría bastado la norma del inc. a,
las enunciaciones de los incisos siguientes no son totalmente redundantes: precisan y aclaran
esa norma inicial.

Ejerce las funciones que la ley asigna a la autoridad de control (art. 67 Ver Texto, inc. a). Esto
es, toda vez que se hace referencia a la autoridad de control se entiende la Superintendencia de
Seguros, que actúa conforme a lo dispuesto en el capítulo II:

1) si se trata de resoluciones de carácter general, previa opinión del Consejo Consultivo del
Seguro (art. 67 Ver Texto, inc. b);

2) si es para hacer efectiva la fiscalización respecto de cada asegurador, conforme a los arts. 68
Ver Texto a 73 Ver Texto; y para aplicar sanciones según lo dispuesto por el art. 58 Ver Texto
(art. 67 Ver Texto, inc. f );

3) en lo que se refiere a los intermediarios (productores, agentes, etc.), peritos y liquidadores -


que se deben ajustar a lo dispuesto en los arts. 55 Ver Texto y 70 Ver Texto-, sus atribuciones
las cumplirá según la naturaleza de las medidas que adopte: si generales, con arreglo al art. 79
Ver Texto, a, 1; si particulares, según el art. 82 Ver Texto;

4) el inc. c del art. 67 Ver Texto también establece, entre sus atribuciones, la de "objetar la
constitución, los estatutos y sus reformas, los reglamentos internos, los aumentos de capital, la
constitución y funcionamiento de las asambleas y la incorporación de planes o ramas de
seguro, de todas las entidades aseguradoras, sin excepción, constituidas en jurisdicción nacional
o fuera de ella, que no estén de acuerdo con las leyes generales, las disposiciones específicas de
esta ley y las que con carácter general dicte en las citadas materias la autoridad de control,
cuidando que los estatutos de las sociedades de seguro solidario no contengan normas que
desvirtúen su naturaleza societaria o importen menoscabo del ejercicio de los derechos
societarios de los socios".

88. Atribuciones administrativas.

291
Además de esas atribuciones de control de quienes participan en el comercio del seguro, tiene
la Superintendencia de Seguros atribuciones de carácter administrativo, que enumera el mismo
art. 67 Ver Texto:

1) asesorar al Poder Ejecutivo en las materias relacionadas con el seguro (inc. g);

2) "nombrar, contratar, promover, separar y sancionar a su personal, y adoptar las demás


medidas internas que correspondan para su funcionamiento" (inc. j ).

El art. 66 Ver Texto prevé condiciones especiales para el nombramiento del personal e
incompatibilidades a su respecto:

a) El personal estará "integrado preferentemente en las funciones técnicas por egresados


universitarios, en ciencias económicas o derecho".

La actuación de control de la Superintendencia es técnica, y no cabe que se desempeñe,


eventualmente, por meros prácticos, con simple experiencia administrativa. Tanto el examen
de la actuación del asegurador como la aplicación del régimen legal a los casos específicos
requieren conocimientos técnicos -del seguro como contrato y como comercio, y de la
explotación empresarial- y jurídicos para aplicar la ley e instruir las causas administrativas.

b) Las incompatibilidades genéricas de la Administración pública -ley 22140 Ver Texto, sobre
el régimen jurídico básico de la función pública, reglamentada por decreto 1797/80 Ver Texto-
a las cuales se integran las establecidas en el art. 66 Ver Texto, 2º párr.: "Ningún funcionario o
empleado de la Superintendencia puede tener intereses en entidades aseguradoras, ni ocupar
cargo en ellas, salvo las excepciones establecidas por ley o cuando deriven de la calidad de
asegurado".

Agrega el art. 66 Ver Texto, en la segunda parte del 2º párr.: "Les está prohibido igualmente
tener interés directo o indirecto en las actividades o remuneraciones de productores, agentes,
intermediarios, peritos y liquidadores de seguros". La prohibición se explica por sí sola, ya que
aquéllos se hallan sujetos al control de la Superintendencia de Seguros (arts. 55 Ver Texto, 59
Ver Texto y 67 Ver Texto, inc. f ).

292
89. Capacidad para estar en juicio.

El art. 67 Ver Texto, último párrafo, aclara que "la Superintendencia puede iniciar acciones
judiciales y actuar en cualquier clase de juicio como actor o demandado y en juicio criminal
como querellante, y designar apoderados a estos efectos".

No obstante que la calificación del art. 65 Ver Texto ("la Superintendencia es una entidad
autárquica") debería ser suficiente para que se la juzgue capacitada para estar en juicio, la
discusión judicial reiterada del punto, respecto de las entidades autárquicas -aunque
actualmente la opinión aparezca pacífica- hace pensar en la conveniencia de la disposición
expresa.

90. Facultades.

Para el ejercicio de sus funciones, la Superintendencia puede:

a) "Examinar todos los elementos atinentes a las operaciones de los aseguradores y en especial
requerir la exhibición general de los libros de comercio y documentación complementaria, así
como de su correspondencia, hacer compulsas, arqueos y verificaciones" (art. 68 Ver Texto).

Aunque esta facultad está implícitamente en las disposiciones de los arts. 26 Ver Texto, 33 Ver
Texto, 34 Ver Texto, 35 Ver Texto, 37 Ver Texto, 38 Ver Texto, 39 Ver Texto, 40 Ver Texto,
41 Ver Texto, 42 Ver Texto, 43 Ver Texto, 44 Ver Texto, etc., la atribución taxativa de la
facultad aparece prudente por la norma del art. 57 Ver Texto del Código de Comercio, que,
aunque notoriamente tenga un distinto ámbito de aplicación, pudo dar fundamento a una
discusión contraria a esa facultad.

Como complemento de esa facultad, el art. 68 Ver Texto en su parte segunda dispone que "los
aseguradores están obligados a mantener en el domicilio de su sede central o sucursales a
disposición de la Superintendencia, todos los elementos relacionados con sus operaciones".

b) Requerir las informaciones específicas y concretas que juzgue necesarias para ejercer sus
funciones (art. 69 Ver Texto, 1er. párr.).

293
Para quien no conozca la situación existente, esta norma aparece desprovista de sentido,
porque la información por el asegurador es el medio primero y elemental para ejercer el control
con la menor interferencia en la actuación del asegurador. Mas, si se considera que esta
facultad fue negada y los pedidos de información desatendidos, se apreciará la necesidad de su
inclusión para hacer posible la sanción prevista en el art. 58 Ver Texto ("resulte [. . .] un
obstáculo real a la fiscalización").

En el segundo párrafo del art. 69 Ver Texto se introduce una modalidad en los informes que
tiene por fin aliviar la labor material de la Superintendencia de Seguros, a la vez que releva al
asegurador de la inspección efectiva, con las molestias y mayores costos que significa. Se
dispone: "La Superintendencia puede requerirles declaraciones juradas sobre hechos o datos
determinados".

Lógicamente, la falsedad de la declaración es pasible de severa sanción al asegurador, para lo


cual el art. 58 Ver Texto otorga elementos suficientes. Será necesario considerar si estas
falsedades no debieran ser objeto de sanción penal, ya que evidentemente buscan burlar la
policía estatal y frustar el fin de la ley.

Estas facultades de compulsar la contabilidad y requerir informaciones y declaraciones juradas


-con la consiguiente obligación por los sujetos pasivos-, "comprende a los administradores de
entidades aseguradoras y a los productores, agentes, intermediarios, peritos y liquidadores, no
dependientes del asegurador" (art. 70 Ver Texto).

Para determinar el alcance y razón de este art. 70 Ver Texto, es menester tener en cuenta:

1) que existen administradores de entes que no se desempeñan como integrantes de órganos de


éste; sino que son a su vez empresas de administración;

2) la referencia a los intermediarios, peritos y liquidadores no dependientes no se limita a los


supuestos en que se investigue su conducta (art. 67 Ver Texto, inc. f ), sino también la del
asegurador mismo.

c) También, toda persona física o jurídica está obligada a suministrar las informaciones que le
requiera la autoridad de control que resulten necesarias para el cumplimiento de su misión, aun
cuando estén sujetas al contralor de otros organismos estatales, nacionales, provinciales o
municipales, conforme a leyes específicas, y a exhibir sus libros de comercio y documentación
complementaria a inspectores de la Superintendencia, cuando ello fuere necesario para
determinar su situación frente al régimen de esta ley o bien establecer las condiciones en que
operan con una entidad aseguradora autorizada o con una persona física o jurídica, respecto de
la cual dicho organismo tenga iniciada actuación a los fines señalados en el art. 3 Ver Texto de
la ley (art. 70 Ver Texto).

294
d) La Superintendencia tiene también la vigilancia del correcto funcionamiento del ente
asegurador, no sólo cuando es una cooperativa o sociedad mutua, sino también una sociedad
anónima o mixta (arts. 1 Ver Texto; 2 Ver Texto, inc. a; 8 Ver Texto, in fine; 11 Ver Texto a 19
Ver Texto, y 67 Ver Texto, inc. c). De ahí su facultad para asistir a las asambleas (art. 72 Ver
Texto).

El interés en el correcto funcionamiento del ente persigue evitar que se susciten conflictos
internos cuya trascendencia puede afectar fundamentalmente la administración y, en definitiva,
la capacitación técnico-económica para cumplir sus obligaciones con los asegurados (art. 8 Ver
Texto, in fine).

e) Para el cumplimiento de sus facultades de fiscalización, "la Superintendencia puede requerir


órdenes judiciales de allanamiento y el auxilio de la fuerza pública para el ejercicio de sus
funciones. Puede secuestrar los documentos que juzgue conducentes para el cumplimiento de
sus tareas de fiscalización" (art. 73 Ver Texto).

El carácter judicial de la orden de allanamiento observa la disposición del art. 18 Ver Texto de
la Constitución.

El auxilio de la fuerza pública se puede volver necesario para hacer comparecer testigos,
peritos, etc. (art. 82 Ver Texto, 4º párr.).

f ) El art. 74 Ver Texto, en sus 2º y 3er. párrs., es una repetición de la obligación de guardar
secreto, que sanciona el art. 156 Ver Texto del Código Penal. Es una repetición cuyo fin
práctico radica en agregar énfasis específico sobre esta obligación.

Se completa con la regla del 1er. párr., que hace de las actuaciones de control elementos
confidenciales, éstos no pueden ser agregados como prueba en juicio civil, sino a petición del
propio asegurador o por el Estado.

La razón de la norma radica en la necesidad de dar a los aseguradora tranquilidad de que sus
informes o las comprobaciones por compulsa de documentación propia o reservada, o la
prueba de inconducta comercial en un caso determinado, no se empleen como elemento de
presión para alcanzar por un asegurado o por un tercero cualquier ventaja o beneficio
indebido. Como señaló la Corte Suprema de Justicia de la Nación en algún caso respecto del
art. 100 de la ley impositiva -derogado-, estas actuaciones se refieren exclusivamente a la
vinculación del ente con el Estado, y no pueden ser traídos a juicio sino por obra de éstos.

295
91. Inspección. Cumplimiento.

Cuando el funcionario a quien se encomendó la inspección de un asegurador o el control de un


balance presente un informe que da lugar a observaciones de la Superintendencia, ésta
entregará al asegurador interesado copia de las piezas de la inspección en que se fundan esas
observaciones (art. 71 Ver Texto).

El inspector siempre debe presentar un informe (art. 71 Ver Texto, frase inicial); pero se dará
copia al asegurador sólo cuando existan observaciones, por dos razones:

1) si esas observaciones no dan lugar a sanción, porque son un antecedente para rectificar su
actuación o porque pueden serlo en una causa ulterior, como elemento para juzgar su
conducta;

2) si dan lugar a formación de causa administrativa, por aplicación del art. 82 Ver Texto, ya
analizado.

91 (a).

En los últimos tiempos, ante el importante número de liquidaciones de entidades aseguradoras,


se ha planteado la cuestión de si, teniendo la Superintendencia de Seguros de la Nación el
"control exclusivo y excluyente" de la actividad, puede imputársele responsabilidad civil por
daños y perjuicios que sufran asegurados y terceros damnificados en razón de dichas
liquidaciones, cuando se constate que han existido defectos en ese control.

Para que se configure tal situación es menester que se hallen reunidos los elementos esenciales
a toda responsabilidad civil: un hecho antijurídico imputable al órgano, un daño por el que se
reclama, existencia de relación de causalidad entre el actuar o la omisión del ente de control y el
daño y un factor de atribución de esa responsabilidad.

Lo más frecuente es que pueda tener lugar responsabilidad por omisión: hay un deber del
Estado de controlar la actividad y de adoptar las medidas preventivas necesarias para evitar que

296
cualquier actuación indebida o situaciones que debiliten la solvencia de la aseguradora de que
se trate pongan en riesgo los compromisos que ha asumido con sus asegurados y, en especial,
su solvencia y aptitud de cumplimiento de sus obligaciones en caso de siniestro.

La omisión requiere que se configure una infracción a "lo debido", es decir, a lo que es
legítimamente justificado esperar que el obligado haga, conforme el art. 1074 Ver Texto, CCiv.,
norma ésta que es menester interpretar en sentido amplio, como haciendo referencia a la ley en
sentido material. Por ello, debe mediar un claro incumplimiento del ente a sus obligaciones y
que ello constituya la causa del daño o perjuicio reclamado.

Con relación al factor de atribución de responsabilidad, se ha señalado en doctrina la "falta de


servicio" por omisión o ejercicio irregular del control, que constituyan un desempeño
defectuoso de la función asignada al ente (311) . Ello conduce a postular la existencia de una
responsabilidad directa del Estado, de carácter objetivo" (312) , con fundamento en el art. 1112
Ver Texto del CCiv. (313) .

B) Consejo Consultivo del Seguro

92. Concepto. Integración.

"El superintendente de Seguros actúa asistido por el Consejo Consultivo del Seguro . . ." (art.
83 Ver Texto). Esta asistencia es meramente consultiva, como resulta de su designación y de
las atribuciones que le brinda el art. 79 Ver Texto, y para las decisiones de carácter general (art.
79 Ver Texto, inc. a, 1). De ahí que ninguna intervención le corresponda en el control de los
aseguradores individualmente ni en las causas que se instruyen debido a este control (art. 82
Ver Texto).

La ley mantiene así al Consejo Consultivo con las facultades que tuvo en el régimen anterior a
la ley 20091 Ver Texto, pero ha cambiado su estructura, a la vez que acentuó la eficacia de su
actuación.

297
Según el art. 76 Ver Texto, dispone la integración del Consejo, nombrados por el Poder
Ejecutivo nacional de una terna que formarán las respectivas entidades (art. 77 Ver Texto) por
5 miembros; uno, de las sociedades anónimas con domicilio en la Capital Federal; uno, de las
sociedades anónimas con domicilio en el interior del país; uno, de las sucursales y agencias de
aseguradores extranjeros; uno, de las sociedades cooperativas y de seguros mutuos, y uno, de
los entes aseguradores estatales.

Elegidos de las mismas ternas, se designarán consejeros suplentes, que actuarán en caso de
ausencia o incapacidad de los titulares; no obstante, en su carácter de meros suplentes pueden
concurrir a las reuniones del Consejo con voz pero sin voto (art. 77 Ver Texto, 2º párr.).

Para ser miembro del Consejo se requiere: a) tener por lo menos 5 años de antig edad en una
o varias entidades aseguradoras; b) desempeñar en forma efectiva, mientras sea consejero, el
cargo de gerente o miembro titular del directorio o consejo de administración de una entidad
aseguradora (art. 78 Ver Texto, incs. a y b).

Los consejeros duran 3 años en sus funciones y pueden ser reelegidos; los cargos son
honorarios (art. 78 Ver Texto, 3er. párr., in fine).

Los miembros del Consejo mantendrán las relaciones oficiales correspondientes a sus
funciones exclusivamente con el superintendente de Seguros (art. 80 Ver Texto, 4º párr.).

El Consejo se reunirá periódicamente el día que fije previamente con ese objeto, debe hacerlo,
además, cuando el superintendente lo considere necesario o lo solicite un consejero titular (art.
80 Ver Texto, 1er. párr.).

Las reuniones se celebrarán en la sede de la Superintendencia de Seguros, con la presencia, por


lo menos, de tres consejeros titulares, presididos por el superintendente (art. 80 Ver Texto, 2º
párr.).

Las manifestaciones o juicios emitidos durante la reunión serán asentados en un libro de actas
y considerados como opiniones del Consejo cuando la mayoría de los consejeros presentes se
hubiera expresado en un mismo sentido (art. 80 Ver Texto, 2º párr.).

En los proyectos de leyes o decretos que la autoridad de control eleve para la consideración del
Poder Ejecutivo se hará constar, cuando corresponda, la opinión que al respecto hubiera dado
el Consejo Consultivo (art. 80 Ver Texto, 3er. párr.).

298
Del Consejo está ausente el asegurado. No existen entidades que agrupen a los asegurados
como tales. Su interés resulta así exclusivamente representado, como interés público o general,
por la Superintendencia de Seguros.

93. Atribuciones.

El Consejo Consultivo tendrá, conforme al art. 79 Ver Texto, las funciones que indicamos
seguidamente:

a) dar su opinión sobre los siguientes asuntos, que le serán consultados por el superintendente:

1) proyectos de leyes, decretos y resoluciones generales que deban cumplir las entidades
aseguradoras o los auxiliares del seguro;

2) normas para la determinación del activo neto, sistemas de contabilidad, formularios de


balance y estadísticas;

3) pólizas de carácter general, tarifas generales y aranceles;

4) monto de la cuota anual y de la tasa uniforme sobre las primas;

b) someter a la consideración del superintendente iniciativas tendientes a promover el


perfeccionamiento del seguro en sus diversos aspectos;

c) dar su opinión sobre cuestiones de orden general que se susciten y respecto de las cuales sea
conveniente, a juicio del superintendente, conocer su criterio.

C) Fondos

299
94. Análisis.

La ley 20091 Ver Texto ha previsto los recursos con los cuales la Superintendencia de Seguros
subvendrá los gastos de su funcionamiento y los que demande el del Consejo Consultivo (art.
81 Ver Texto):

a) la contribución anual de los aseguradores, calculada en el tres por diez mil de las primas de
seguros directas, deducidas las anulaciones. La contribución no puede exceder de $ 2.000 por
asegurador.

La ley ha equiparado todos los entes aseguradores; deben la contribución las sociedades
anónimas como las cooperativas, los entes estatales como las sociedades de seguros mutuos.
La razón es que todos por igual están sujetos al control estatal.

b) una tasa uniforme que no exceda del 6‰ del importe de las primas que paguen los
asegurados. La tasa será fijada por el Poder Ejecutivo. Es pagada por los asegurados. Los
aseguradores la percibirán como agentes de retención y la liquidarán trimestralmente sobre los
seguros directos, deducidas las anulaciones. En cuanto al cálculo neto de anulaciones, se
justifica porque, al anularse se debe restituir todo o parte de la prima, con devolución total o
parcial, en consecuencia, de esta tasa.

c) las multas aplicadas conforme a la ley. Se refiere a las multas previstas en los arts. 58 Ver
Texto, 59 Ver Texto y 61 Ver Texto;

d) el recargo por falta de pago oportuno de los ingresos indicados sub a, b y c se devengará
automáticamente al tipo de 2% mensual;

e) los bienes que adquiera a cualquier título y los que ya posea.

Los recursos excedentes de un ejercicio pasarán al siguiente.

300
95. Fondo de estímulo.

El art. 81 Ver Texto, 3er. párr., previó la formación de un fondo de estímulo con el 1‰ de la
tasa prevista en el inc. b, que se distribuirá anualmente entre todo el personal de
Superintendencia, cualquiera que sea la categoría en que reviste.

La ley omitió fijar la forma de distribución, lo cual fue considerado acertado por parte del autor
de este libro, por cuanto debía funcionar como estímulo, principalmente de los funcionarios
técnicos de la repartición.

Dicho fondo de estímulo fue dejado sin efecto en virtud del decreto 1492/87 .

La Corte Suprema convalidó la eliminación de ese fondo en autos "Levy, Horacio Alberto, y
otros v. Estado nacional, Superintendencia de Seguros" Ver Texto, del 15/7/1997, con
disidencia de los Dres. Petracchi y Boggiano. Dichas disidencias expresaron que por tratarse de
"tributos vinculados", la causa de la prestación debe hallársela en un vínculo indisoluble con la
concreta aplicación que del tributo se efectúe conforme a lo previsto en la ley de su creación, lo
cual impide alterar o suprimir el objeto para el que fue instituido y, al mismo tiempo, mantener
en forma inalterada la percepción de su importe.

Agregó que el "fondo de estímulo", creado por el art. 81 Ver Texto de la ley 20091 en
beneficio de los agentes de la Superintendencia de Seguros, constituye un "derecho de
propiedad", del que sólo podrán ser privados por una norma de igual jerarquía que así lo
disponga (JA 1998-II-305 Ver Texto, LL fallo 96.949).

D) Otros entes asesores

96. Comisión asesora honoraria de la ley 22400 Ver Texto.

La ley 22400, que sancionó el Estatuto del Productor Asesor de Seguros, crea, en su art. 17 Ver
Texto, una comisión asesora honoraria, "que tendrá por función asesorar a la autoridad de
aplicación en las cuestiones vinculadas con la interpretación, aplicación y eventual

301
modificación de esta ley, así como intervenir en la redacción de los programas para los
exámenes de habilitación previstos en el art. 4 Ver Texto, inc. c".

Dicha comisión asesora honoraria estará integrada por los miembros del Consejo Consultivo
del Seguro, que representan a los distintos sectores de las entidades aseguradoras, y un
representante de los productores asesores, que será designado por la Superintendencia de
Seguros de la Nación (art. 18 Ver Texto, 1er. párr.).

La comisión podrá sesionar con un quórum de más de la mitad de sus miembros y será
presidida por el superintendente de Seguros o el funcionario que él designe. Se reunirá cuando
lo determine el superintendente de Seguros o lo solicite uno de sus miembros. Las opiniones o
deliberaciones producidas durante la reunión y las decisiones adoptadas serán asentadas en un
libro de actas que se llevará al efecto (art. 18 Ver Texto, 2º párr.).

Los miembros de dicha comisión asesora honoraria durarán 3 años en sus funciones y podrán
ser reelegidos; se desempeñarán honorariamente. El período de sus mandatos finaliza el 31 de
enero del año que corresponda, y los miembros reemplazantes se incorporarán a partir de esa
fecha. No obstante, los reemplazados continuarán en sus funciones hasta tanto se hagan cargo
los reemplazantes (art. 18 Ver Texto, último párrafo).

Para los demás aspectos de la ley 22400 Ver Texto, ver el capítulo en que se trata el tema de los
productores asesores y otros agentes de seguro.

97. Registros.

La autoridad de control debe llevar, conforme al art. 67 Ver Texto, inc. k, diversos registros,
relativos a las funciones que la ley ha puesto a su cargo:

1) registro de "entidades de seguros", en el cual se inscriben por orden numérico las


autorizaciones para operar y las revocaciones (art. 67 Ver Texto, inc. k, 1er. párr.);

2) registro de "antecedentes personales" actualizado, sobre las condiciones de responsabilidad y


seriedad de los promotores, fundadores, directores, consejeros, síndicos, integrantes del
consejo de vigilancia, liquidadores, gerentes, administradores y representantes de las entidades
aseguradoras (art. 67 Ver Texto, inc. k, 2º párr.);

302
3) registro de "profesionales desautorizados" para actuar en tal carácter ante la
Superintendencia de Seguros (art. 67 Ver Texto, inc. k, 3er. párr.);

4) registro de "sanciones" en el cual se llevarán las que se apliquen de conformidad con el


régimen previsto en los arts. 58 Ver Texto a 63 Ver Texto (art. 67 Ver Texto, inc. k, 4º párr.);

5) la ley 22400 Ver Texto dispone, asimismo, en su art. 3 Ver Texto, capítulo III, que está a
cargo de la Superintendencia de Seguros de la Nación el Registro de Productores Asesores de
Seguros;

6) por resolución general 26385 de la Superintendencia de Seguros de la Nación se crea el


"Registro de Liquidadores de Siniestros y Averías", que estará a cargo de la gerencia técnica de
dicha Superintendencia (art. 8 , resolución cit.).

XII. Validez de los contratos

98. Validez de los contratos celebrados por empresa no autorizada.

¿Qué validez tienen los contratos celebrados por quien no está autorizado para contratar
seguros? La ley alemana de 1931, en los arts. 140 y ss., se limita a establecer sanciones penales
para el asegurador y sus agentes. La ley italiana, en su art. 60, establece la rescisión optativa en
favor del asegurado, para el caso de falta de autorización, que su doctrina extiende al supuesto
de empleo de pólizas no aprobadas. En los Estados Unidos las soluciones varían, según que la
leyes estaduales impongan o no la sanción de nulidad.

Según el art. 61 Ver Texto, inc. d, ley 16432, modificatoria del Régimen Legal de
Superintendencia de Seguros, hoy derogado, al contrato celebrado en las condiciones indicadas
se lo consideró "nulo".

Esta misma solución consagra el art. 61 Ver Texto, ley 20091, cuando dispone que los
contratos celebrados por quien no tiene la debida autorización para operar en seguros serán

303
"nulos", sin perjuicio de la responsabilidad en que incurra respecto de la otra parte en razón de
la nulidad (art. cit., 2_ párr.).

Nulidad que igualmente se debe sancionar por aplicación del art. 18 Ver Texto, CCiv., y como
una consecuencia ineludible del control estatal, de sus fundamentos y función.

99. Validez del contrato que se aparta de la póliza aprobada.

La solución es diversa cuando el contrato celebrado se aparta del texto de la póliza aprobada.

Lucifredi, fundado en la naturaleza jurídica de la aprobación de las condiciones generales de la


póliza, sostiene que éstas no son normas legales, sino que conservan su naturaleza contractual.

La aprobación no es una aplicación de la actividad reglamentaria de la Administración, sino un


caso característico de resolución particular, porque se dicta con referencia al caso especial de
una empresa determinada, sobre la base de un juicio de oportunidad, que la Administración
pronuncia con un criterio de plena discrecionalidad y de una manera autónoma; en
consecuencia, no habría dificultades para que se niegue a una empresa cuanto se concedió a
otra. Ello lleva a rechazar que se trate de un reglamento de la autoridad pública.

Esta aprobación no trasforma la naturaleza jurídica de esas condiciones generales ni tiene por
efecto hacer del acto aprobado un acto del aprobante; la aprobación no es un elemento
integrante del acto, sino algo que se agrega a éste, y que mantiene su independencia.

Se trata de una medida de policía, cuyo contenido es autorizar el acto condicionándolo a ciertas
prescripciones; es decir: un mero acto de verificación, facilitando, a quien le interese, el
conocimiento y la prueba del contenido del acto aprobado.

Esta aprobación es una función típicamente administrativa, y no legislativa: "La autoridad


administrativa no imprime la obligatoriedad, sino que sólo desarrolla esa acción de control y
verificación que constituye el presupuesto de la obligatoriedad querida por la ley".

304
(310) Comentando el pronunciamiento, Bidart Campos expresa que casos como éste ponen de
manifiesto la existencia de "una zona fronteriza entre conveniencia y razonabilidad, que no
incomunica ni admite separar a una de la otra"; para juzgar la razonabilidad hay que internarse
en el tema de la conveniencia. Así, "hay razonabilidades que son tales porque dependen de la
conveniencia de lo que la reglamentación establece". Y culmina proponiendo, como principio
básico del derecho judicial, el siguiente: "Cuando para juzgar la razonabilidad y
constitucionalidad de una norma o de una medida tomada en aplicación de ella, se hace
necesario evaluar la conveniencia de la norma y/o de la medida, el examen judicial de esa
conveniencia es propio de los jueces y hace excepción al criterio de que ellos no controlan la
conveniencia, ni la oportunidad, ni el acierto, de las normas y de los actos que se someten a su
revisión" (Bidart Campos, Germán J., El juicio sobre la conveniencia de una medida a veces
hace parte del control judicial de razonabilidad constitucional, ED lug. cit.; en el texto, p. 828).
En referencia al concepto de "ejercicio anormal de la actividad aseguradora", David Halperin
señala que esa fórmula no implica dejar librado al libre arbitrio del órgano de control su
configuración en el caso concreto, sino que tal determinación requiere de un previo análisis
sobre si se da el supuesto de hecho fijado por la norma (existencia de infracción a las
disposiciones de la ley 20091 Ver Texto o de sus reglamentaciones, o incumplimiento de
medidas dispuestas en su consecuencia por la autoridad de control) o las consecuencias
jurídicas establecidas por ella, situación propia de los "conceptos jurídicos indeterminados"
(Halperin, David, El ejercicio de facultades discrecionales y el régimen de control de entidades
aseguradoras, ponencia presentada en las VIII Jornadas Nacionales de Derecho de Seguros,
Morón, septiembre de 1998); y en Estudios de derecho público del seguro, 2º estudio, § 8, p.
169.

(311) Halperin, David, Estudios de derecho público del seguro, p. 103. En el mismo sentido,
Stiglitz, Rubén S., Derecho de seguros, n_ 60, p. 90, quien, asimismo, recordando fallos
dictados respecto del control de la actividad bancaria (registrados en LL 1997-C-986, C. Com.,
sala E, 24/10/1996; y 1998-D-732, C. Com., sala B, 9/3/1998) destaca la existencia de
incompatibilidad en el ente de control, en el desarrollo de la función de sindicatura en la
liquidación de las aseguradoras, a la hora de estimar las causas de la situación que desembocó
en esa liquidación, pues entiende se vería afectada la objetividad e imparcialidad de esa
evaluación, de la cual podría luego resultar su responsabilidad civil. Otro tanto planteó respecto
de los casos en que el reasegurador de la entidad en liquidación fue el INDER, de cuyo
directorio formaba parte el superintendente de Seguros. De allí que propone que, para esos
supuestos, se designe un síndico ad hoc (Conflicto de intereses en la liquidación de empresas
aseguradoras, mientras la sindicatura la ejerza la Superintendencia de Seguros de la Nación, JA
28/6/2000, p. 20).

(312) En nuestro sentir, la "falta de servicio", si bien tiene carácter de factor de atribución
objetivo, en tanto basta con acreditar la omisión del ente público en el cumplimiento de sus
deberes, propios de las funciones que han sido puestas a su cargo, para que surja su
responsabilidad directa (sin necesidad de la individualización de los funcionarios que
incurrieron en el obrar irregular), conservaría, empero, algún aspecto que parece reposar sobre
lo subjetivo: debe tratarse de una "omisión de lo debido" por parte de funcionarios de ese ente
que tenían a su cargo la actividad omitida (aunque no sea necesario identificarlos), fórmula
aquélla que constituye una de las modalidades de la culpa: art. 512 Ver Texto, que, no está de
más señalarlo, caracteriza a la culpa como una omisión de diligencias exigibles conforme las

305
circunstancias. Ello llevará al juez a tener que determinar qué es "lo debido" y si esa omisión
resulta imputable a funcionarios del ente a los que les era exigible actuar. Para todo ello deberá
también evaluar el contexto fáctico en el cual se inserta la situación. La propia denominación
de origen (faute) está mostrando que la noción no se agotaría en la mera ausencia de la
prestación del servicio, sino que requiere se constate que ella es producto de una omisión de lo
debido, imputable a funcionarios del ente contra el que se reclama el resarcimiento. Como
señala David Halperin, "en los términos del art. 1112 Ver Texto, CCiv., será necesario indagar
acerca del cumplimiento irregular de las obligaciones legales de los funcionarios. Entre éstas se
halla el ejercicio de la actividad de policía. La omisión de su ejercicio será antijurídica cuando
sea razonable esperar la actuación por parte del Estado" (ob.cit. en nota anterior, p. 96).
Por otro lado, la responsabilidad directa del Estado por omisión es fundable en la combinación
de los arts. 43 Ver Texto, 1074 Ver Texto y 1112 Ver Texto del Código Civil.

(313) Sobre el tema de la responsabilidad de la Superintendencia de Seguros de la Nación por


omisión en el control, se registra un fallo de la Cámara Federal de Mar del Plata, del
23/3/2000, en autos "Sorba, Luis E., v. Superintendencia de Seguros de la Nación" Ver Texto,
en el que el tribunal tuvo por acreditados: la antijuridicidad en la actuación de dicha entidad
"por no ejecutar oportuna y razonablemente las medidas a que estaba obligado por la ley"; el
daño causado a los accionantes; y la relación de causalidad adecuada entre esa omisión y el
efecto dañoso. A raíz de lo cual se condenó a dicha Superintendencia a indemnizar esos daños
y perjuicios (ob. cit. en nota anterior, p. 17).

----------------------------------

100. La ley 20091 Ver Texto.

Dentro de la ley 20091 Ver Texto, la sanción de nulidad se reserva para quien celebre el
contrato sin estar autorizado como asegurador (art. 61 Ver Texto, 2º párr., y art. 2 Ver Texto,
2º párr.). Las pólizas y sus modificaciones deben ser aprobadas "antes de su aplicación" (arts.
23 Ver Texto, 2º párr., y 29 Ver Texto); el empleo de condiciones no aprobadas sólo halla
sanción específica si se dan los presupuestos del art. 58 Ver Texto; esto es, "ejercicio anormal
de la actividad asegurada".

La aprobación administrativa no es óbice para que la justicia anule alguna de las cláusulas
aprobadas.

Tales razones fundaron la opinión del autor de esta obra, en el sentido de que los contratos
celebrados sobre la base de condiciones generales no aprobadas no son nulos ni rescindibles.

306
Es la solución auspiciada por los autores alemanes, austríacos y suizos, en cuyas leyes está
ausente una sanción legislativa especial.

La solución podría ser distinta cuando la Administración pública impone las condiciones por
reglamentación.

Cuestión importante a tener en cuenta en la materia objeto de análisis es aquella de los


contratos celebrados en violación de las normas imperativas de la ley (art. 158 Ver Texto, ley
17418), que no tendría por efecto la nulidad del contrato, sino la sustitución de la cláusula nula
por la norma legal pertinente.

Jurisprudencia

Aun cuando el sistema contratado por la aseguradora sancionada, con una entidad de grupo
cerrado automotor, para cobrar el seguro (que cubría los riesgos que pesaban sobre los
automotores vendidos) en doce cuotas mensuales, en violación de la resolución 15162 , S.S.N.
(que disponía que el plazo máximo para la cancelación de la prima no podía exceder de 180
días a partir de la fecha de vigencia del seguro), hubiere sido en definitiva autorizado, ello no
significaría liberar a la aseguradora de su responsabilidad, pues la infracción ya había sido
cometida al celebrar contratos que estaban otorgados en condiciones irregulares. Igualmente
son inconducentes para enervar la sanción las ventajas del plan, pues ello debió ser sometido a
la autoridad de contralor previamente, para que ella concediese o no la autorización. El
sumario instruido por la Superintendencia de Seguros de la Nación a una aseguradora por
violación de una resolución no es el ámbito adecuado para solicitar autorización con el fin de
aplicar la operatoria sancionada, que infringe el sistema autorizado por dicha autoridad de
control (C. Nac. Com., sala D, 25/4/1983, "Sud Atlántica Cía. de Seguros S.A. v.
Superintendencia de Seguros de la Nación", LL 1983-C-418). En ese mismo fallo, disidencia
del Dr. Alberti: Los trámites de Superintendencia no han de ser tan rituales como para que las
administradas deban consentir ser sancionadas mientras piden, por expediente separado, que
sea autorizada una operatoria que la administradora misma calificó anticipadamente como de
"posible aprobación".

101 (a). La regulación profesional de los intermediarios.

En el capítulo III son tratados los efectos que la actividad de intermediación en el seguro
produce respecto de terceros, en especial los asegurados, conforme a la representación que, en
mayor o menor grado, pueda generar la actuación de los productores de seguros con relación al
asegurador a quien estén vinculados. Aquí, en cambio, analizaremos la regulación de dicha

307
actividad desde el punto de vista específicamente profesional, examinando los derechos y
obligaciones que la normativa legal adjudica a esos intermediarios, en virtud de un conjunto de
preceptos específicos.

Tal regulación la encontramos, fundamentalmente, en la ley 22400 Ver Texto, que lleva por
acápite "De los productores asesores de seguros y su reglamentación", aunque también hay
normas contenidas en otros cuerpos legales (por ejemplo, los arts. 55 Ver Texto, 59 Ver Texto
y 60 Ver Texto de la ley 20091, ya vistos, etc.).

La ley 22400 Ver Texto establece una categorización profesional, que denomina genéricamente
productor-asesor, para la cual establece en su favor el monopolio de la actividad de
intermediación (arts. 1 Ver Texto, 2 Ver Texto, 7 Ver Texto, etc., de la ley 22400), actividad
ésta que no puede ser ejercida válidamente por personas que no se hallen sujetas a dicho
régimen legal.

La "actividad de intermediación", a la cual hace referencia el art. 1 Ver Texto de la ley 22400,
genera, sin duda, una relación contractual que surte efectos sobre ambas partes del contrato. El
tema ha sido estudiado, entre nosotros, por Héctor M. Soto, en su trabajo Vinculación jurídica
del productor-asesor de seguros y las partes del contrato de seguros, en LL 1990-C-405 y ss.,
donde analiza detenidamente lo que denominó el "contrato de intermediación en la actividad
aseguradora" y señala sus elementos (nº IV, p. 407). Asimismo, al comienzo de ese análisis, al
tratar el tema de la intermediación en términos generales, dicho autor señala que quien actúa
como intermediario no podría hacerlo como representante legal o mandatario convencional de
alguna de las partes porque la intermediación excluiría la representación (ver también, del
mismo autor, La negociación del contrato de seguro: comercialización directa, intermediarios,
representantes y mandatarios, JA 1997-IV-912 , en especial, nº I-b; y su libro Intermediación
en el contrato de seguro, § II-5, p. 4, Buenos Aires, 2000).

Por nuestra parte pensamos que si bien la observación es, en principio, acertada en términos
generales, todo depende del alcance que se le confiera aquí a la expresión "intermediación".
Por un lado, la ley 22400 Ver Texto, reguladora de la profesión del productor-asesor de
seguros, la emplea en diversas oportunidades para calificar tal actuación, en especial en los arts.
1 Ver Texto y 2 Ver Texto, que hablan de "actividad de intermediación" sin definirla.

Considerada dicha expresión en sentido amplio, conforme su exteriorización fáctica, se puede


estar haciendo referencia a una actuación que se cumple ejerciendo una interposición negocial
de persona, dirigida a vincular de alguna manera a ambas partes principales de la celebración. Si
se la entiende con esa extensión, puede quedar comprendido aun el mandatario o el mero
representante. Cabe señalar, por otra parte, que la representación restringida que la
jurisprudencia le ha reconocido al productor, respecto de la empresa aseguradora, lo es con
relación a ciertos actos cumplidos según un contrato en el cual el acuerdo de voluntades que
cierra el sinalagma se produjo antes y, en la casi totalidad de los casos, con independencia de la
voluntad de dicho productor (la representación, por el contrario, requiere una expresión de

308
voluntad del representante, que se cumple sustituyendo la de otro, el representado, en su
emisión, sea por encargo de éste o por disposición de la ley; y en el supuesto en análisis, el art.
4 Ver Texto, LS., expresamente indica que la propuesta de seguro no obliga al proponente ni a
la aseguradora y que requiere aceptación de parte de ésta, que el productor no puede suplir
salvo autorización a tal efecto para el caso, o la que le hubiese sido otorgada expresamente con
carácter general -como ocurre en el supuesto del llamado agente "institorio"-). Ya Donati
señalaba que el productor en realidad provoca la oferta al estimular el espíritu de previsión de
parte del asegurado, aunque realiza una tarea favorecida por el asegurador: lleva a cabo un
trabajo de promoción, por otro lado, esencial al seguro, institución que necesita de una vasta
celebración de negocios para que el álea del contrato singular sea trasmutada en el sistema
técnico-económico asegurativo (Trattato, t. I, nº 228, p. 503).

La tarea a la cual se refiere el accionar del productor está esencialmente dirigida a lograr el
acercamiento de las partes del contrato de seguros, a fin de que éstas acuerden la relación
contractual, típica de la intermediación (art. 10 Ver Texto, inc. a), base de su remuneración
según los arts. 5 Ver Texto y 6 Ver Texto, ley 22400 (de allí que, en caso de rescisión o
modificación que den lugar a devoluciones de prima, esta última norma legal dispone que el
productor deberá reintegrar la parte proporcional de comisión que hubiere recibido por esa
contratación; de allí, también, la expresión "productor"). Pero su actividad, habitualmente,
implica otro tipo de actuaciones que le son encomendadas (cobranza de primas, entrega de
pólizas, recepción de denuncias de siniestros y otras más importantes que, con frecuencia, el
asegurador delega al productor, en especial en lugares alejados de las provincias); ellas son, en
rigor, ajenas a la función primordial del productor-asesor y por eso suelen formar un plexo
aparte de relaciones (normalmente posteriores a la celebración -se trata de actuaciones
sucesivas-) que dan lugar a que se puedan configurar las situaciones de convalidación tácita y
creación de apariencia de representación tomadas en cuenta por la jurisprudencia.

Por otro lado, en algunos casos puede ocurrir que el productor realice actos por cuenta del
asegurado -que al fin y al cabo es su cliente-, como cuando gestiona un mejor tratamiento del
siniestro en alguno de sus aspectos, en especial en el momento de la liquidación. El art. 10 Ver
Texto de la ley 22400 contiene algunas funciones impuestas al productor-asesor "directo"
referidas al asegurador (incs. a, b, c, e, f y g); otras vinculadas con el asegurado (incs. d y h), y
otras relacionadas sea con ambas partes principales de la relación asegurativa (inc. i) o bien con
la autoridad de control (incs. j, k, l y ll). Parecida situación tiene lugar en la ley respecto de los
productores "organizadores". Es dable señalar, particularmente, el inc. f, art. 10 Ver Texto, ley
22400, que entre las funciones y deberes del productor-asesor (capítulo VI) incluye la de
"cobrar las primas de seguro cuando lo autorice para ello la entidad aseguradora respectiva", lo
cual aparece como un caso típico de mandato, con la consiguiente función representativa
respecto del asegurador, ya que, en ese supuesto, no se podrá alegar luego, ante el siniestro, que
el pago no se había perfeccionado por no existir representación. Y a lo dicho se agrega el inc. i
del mismo artículo, que entroniza como principio general el ejecutar con diligencia y prontitud
las instrucciones que reciba de asegurados y de las entidades aseguradoras "en relación con sus
funciones".

309
Se trata, pues, de una figura de características peculiares, un tanto polifacética, pero que, en
principio, funciona entre nosotros, considerada en su faz económica, dentro del esquema de
comercialización del asegurador, que es quien le retribuye su accionar con comisiones (arts. 5
Ver Texto, 6 Ver Texto y 10 Ver Texto, inc. f). A tal extremo es así, que la ley se apresura a
destacar el carácter independiente que, desde el ángulo del derecho laboral, reviste la actividad
del productor-asesor (art. 11 Ver Texto, ley 22400).

El art. 1 Ver Texto dispone que "la actividad de intermediación promoviendo la concertación
de contratos de seguros, asesorando a asegurados y asegurables, se regirá en todo el territorio
de la República Argentina por la presente ley" (314) . La propia definición está mostrando que
la actividad principal es la de promoción dirigida a lograr la concertación de contratos de
seguro; las funciones de asesoramiento son complementarias de aquélla y van orientadas a
profesionalizar la actividad, a fin de que cumpla una tarea más eficaz y beneficiosa respecto de
quienes buscan asegurar sus bienes recurriendo a este tipo de intermediarios (315) .

Será autoridad de aplicación de la ley 22400 la Superintendencia de Seguros de la Nación (art. 3


Ver Texto de esa ley).

Jurisprudencia

Conforme a la ley 22400 Ver Texto, la actividad de intermediación que cumplen los
productores de seguros se hace de dos formas: promoviendo la concertación de seguros o
asesorando a asegurados y asegurables, de modo que toda otra actividad que realicen se debe
subsumir en una de esas dos (C. Nac. Civ., sala A, 15/12/1986, LL 1987-E-146).

Quien haya actuado en la celebración de un contrato de seguro en calidad de intermediario no


asume obligación personal alguna respecto del pago de la indemnización (en el caso, el
Automóvil Club Argentino, que actuó como tomador estipulante en favor de un socio frente a
la Caja Nacional de Ahorro y Seguro -C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 4ª, 18/12/1984, ED 114-
678-).

102 (a). Categorías profesionales.

La ley 22400 Ver Texto prevé, fundamentalmente, dos categorías de productores-asesores: a


quien denomina "directo", y al "organizador" (316) .

310
Según el art. 2 Ver Texto, productor-asesor directo es la persona física que realiza las tareas
indicadas en el art. 1 Ver Texto (esto es, la intermediación al promover la concertación de
contratos de seguros y al asesorar a asegurados y asegurables). Por su parte, productor-asesor
organizador es la persona física que se dedica a instruir, dirigir o asesorar a los productores
directos que forman parte de una "organización" (entendida como tal aquella que tiene
también por fin específico la actividad de intermediación en el seguro, que se deberá componer
de, al menos, 4 productores-asesores "directos", de los cuales uno de ellos puede ser el propio
organizador que actúe a su frente en tal carácter).

103 (a). Sociedades de productores-asesores.

No obstante la referencia reiterada al carácter de personas físicas requerido por la ley, el art. 20
Ver Texto de esa norma dispone que los productores-asesores "podrán constituir sociedades
de cualesquiera de los tipos previstos en el Código de Comercio" para realizar su tarea, siempre
que dichas actividades sean efectuadas por productores-asesores registrados e inscritos en
registros especiales que llevará la autoridad de aplicación. El art. 21 Ver Texto agrega que
cualquiera que sea la forma o tipo societarios elegidos, por lo menos cuatro de sus integrantes -
o todos ellos, en caso de constituir un número menor- tendrán que estar inscritos como
productores asesores en alguna de sus modalidades, y que uno de ellos se debe desempeñar
como director o gerente de la entidad. La reglamentación (art. 21.2 Ver Texto) agrega que en
los casos en que se constituya una sociedad de productores asesores con hasta cuatro
integrantes, y uno o más de ellos posea matrícula para intermediar únicamente en seguros de
vida, la sociedad será inscrita en el Registro de Sociedades de Productores de Seguros de Vida y
estará sujeta a las limitaciones establecidas para este tipo de productores-asesores. El art. 21.1
Ver Texto de dicha reglamentación dispone que cuando una sociedad de productores esté
constituida por hasta cuatro integrantes, y uno o más de ellos fuere beneficiario de la exención
que establece el art. 19 Ver Texto de la ley (exención de examen por estar domiciliado en
centro urbano de menos de 200.000 habitantes), la sociedad tendrá las mismas limitaciones que
tales beneficiarios en cuanto a las operaciones en que puedan intervenir.

Por su parte, el art. 22 Ver Texto de la ley 22400 establece que las sanciones por infracciones
cometidas por una sociedad de productores-asesores (o, individualmente, por uno de sus
socios, cuando cumpla una decisión social) alcanzará a los demás integrantes inscritos y,
asimismo, patrimonialmente a la sociedad, de conformidad con las normas del derecho común.
Pero si la infracción hubiese sido cometida por uno de sus integrantes y se comprobare su
exclusiva responsabilidad personal, la sanción no alcanzará a los otros socios en forma
individual; y la responsabilidad se determinará también por las normas del derecho común.

311
104 (a). Registro de productores-asesores.

La ley crea el Registro de Productores-Asesores de Seguros, que puso a cargo de la


Superintendencia de Seguros de la Nación. La reglamentación efectuada por el ente de control
estableció, asimismo, la creación del Registro de Productores-Asesores de Seguros de Vida, que
incluye a quienes intermedien en la concertación de seguros de vida, retiro y accidentes
personales, aunque limita su actuación a tales ramas porque pueden intermediar en otras
especies de seguros (arts. 3.1.1 y 3.1.2); crea, asimismo, el Registro de Sociedades de
Productores de Seguros (art. 3.2.1) y otro, de Sociedades de Productores de Seguros de Vida,
con igual limitación que la señalada precedentemente en virtud del art. 3.1.2 (art. 3.3.1).

La exclusividad en la actividad que otorga la matriculación se desprende de diversas normas.


Así, el art. 4 Ver Texto dispone que para el ejercicio de la actividad de productor-asesor en
cualquiera de las categorías previstas en la ley (las del art. 2 Ver Texto), los interesados deberán
estar inscritos en el registro mencionado en el párrafo anterior. El art. 7 Ver Texto establece
que las personas no inscritas en el registro precitado no tienen derecho a percibir comisión ni
remuneración alguna por las gestiones de concertación de contratos de seguros, y que las
entidades aseguradoras se deberán abstener de operar con personas no inscritas, quedándoles
prohibido el pago de comisiones o cualquier otra retribución a éstas. Por su parte, la
reglamentación de la ley, en su art. 7.1 Ver Texto, preceptúa que las compañías aseguradoras se
abstendrán de operar con productores-asesores de seguros que hayan sido dados de baja del
Registro por parte de la Superintendencia de Seguros de la Nación, a cuyo fin el órgano de
control entregará a las aseguradoras, trimestralmente, un disquete con la nómina de matrículas
vigentes; y culmina expresando que "la aceptación de operaciones en que intervengan
productores-asesores de seguros, personas físicas o jurídicas, cuya baja haya sido dispuesta por
la Superintendencia de Seguros de la Nación, importará ejercicio anormal de la actividad
aseguradora en los términos del art. 58 Ver Texto de la ley 20091". El art. 15 Ver Texto de la
ley 22400 establece que se considerará falta grave facilitar o cooperar de cualquier manera en el
ejercicio de actividades de las previstas en dicha ley con personas que, debiendo estarlo, no se
hallen inscritas en el registro correspondiente, por lo cual se aplicará el art. 59 Ver Texto de la
ley 20091.

105 (a). Requisitos para el ejercicio profesional.

312
En nuestro país, la actividad del productor-asesor no se agota en la mera intermediación, sino
que lleva ínsita la del asesoramiento: de allí la denominación que la ley le adjudica a esa
actividad y las consecuencias que de tal calidad se pueden deducir.

La ley 22400 Ver Texto, atendiendo a la finalidad de profesionalización de la actividad,


establecía como uno de los requisitos de inscripción en la matrícula acreditar competencia
técnica mediante un examen, que se deberá rendir sobre la base de un programa aprobado por
la Superintendencia de Seguros de la Nación (art. 4 Ver Texto, inc. c, ley cit.).

Por la resolución 25475 , dicha Superintendencia, al señalar que "es menester avanzar en el
cometido de jerarquizar la profesión de productores-asesores de seguros", decidió encomendar
a universidades nacionales y privadas y otras instituciones de educación superior no
universitaria el proceso de capacitación de los aspirantes y el examen de acreditación de
competencia que establece el art. 4 Ver Texto de la ley 22400; queda a cargo de esa
Superintendencia la formulación de los contenidos básicos y la carga horaria de los cursos a
dictar. Agrega que "la permanente aparición de nuevos productos" torna necesaria la
institucionalización de un programa de capacitación continuada, obligatoria para los
matriculados.

Por tal motivo, decidió la disolución definitiva de los tribunales examinadores que venían
actuando hasta ese momento, y dispuso: "Art. 2 Ver Texto, inc. 1. Las universidades nacionales
y privadas, los institutos universitarios y los establecimientos de educación superior no
universitaria autorizados por este organismo dictarán los cursos de capacitación para la
formación de productores-asesores de seguros y tendrán a su cargo los exámenes que acrediten
competencia, en virtud de cuya certificación la Superintendencia de Seguros de la Nación,
previo el cumplimiento de los otros requisitos establecidos por el art. 4 Ver Texto de la ley
22400 y su resolución reglamentaria 24828 , inscribirá a los peticionantes en el Registro de
Productores-Asesores de Seguros". Las instituciones autorizadas deberán presentar, previo al
comienzo de los cursos, sus programas analíticos a los fines de su aprobación por la
Superintendencia (inc. 3), la cual periódicamente convocará la reunión de una comisión
(formada por funcionarios del ente de control y representantes de las entidades que agrupan a
los productores-asesores de seguros y a las entidades aseguradoras), que revisará los contenidos
básicos y propondrá su actualización cuando así lo tornen necesario las necesidades de la
actividad (inc. 3). Conforme a las especialidades que hayan elegido, los cursantes podrán
obtener las certificaciones de productor-asesor de seguros patrimoniales y de las personas, o
bien la de productor asesor de seguros sobre las personas -según los módulos que hayan
aprobado- (inc. 4). La Superintendencia expedirá una credencial profesional identificatoria, con
la cual probarán su habilitación para el ejercicio de la actividad (art. 3 Ver Texto). Los
productores-asesores, al abonar el derecho de inscripción anual, deberán acreditar el
cumplimiento del programa de capacitación continuada; la falta de tal acreditación producirá la
suspensión automática de la matrícula. Esa capacitación continuada se cumplirá mediante la
asistencia a cursos, seminarios y talleres relacionados con la actividad, donde se profundizarán
los contenidos establecidos; cada matriculado deberá avalar su concurrencia como mínimo
durante 15 horas anuales. La Superintendencia podrá fijar objetivos o temas respecto de los
cuales juzgue necesario su estudio exhaustivo.

313
Cabe agregar, acerca del examen, que la reglamentación exime de rendirlo a quienes hayan
actuado como funcionarios de la Superintendencia de Seguros durante 5 años y alcanzaron la
categoría de jefe de departamento, como mínimo; deben presentar la solicitud de exención
dentro de los 360 días desde que haya cesado la inhabilidad prevista en el art. 8 Ver Texto de la
ley 22400. También estarán exentos quienes egresaron de carreras especializadas en seguros o
cursos de capacitación para productores-asesores, dictados en universidades nacionales y otros
establecimientos de educación terciaria autorizados, y realizados sobre la base de planes de
estudio aprobados por la Superintendencia de Seguros. Por otra parte, el art. 19 Ver Texto
dispone que la exigencia del examen previo regirá únicamente cuando la ubicación del riesgo o
el domicilio del asegurado o del productor se hallen en la Capital Federal, en el Gran Buenos
Aires o en centros urbanos de más de 200.000 habitantes.

La reglamentación prescribe asimismo, en su art. 19.1 Ver Texto, que quienes solicitaren su
inscripción invocando tal exención deberán acreditar 2 años de ininterrumpida residencia en
localidades o centros urbanos cuya población no supere los 200.000 habitantes; se considerará
válida la constancia del documento nacional de identidad (D.N.I.); pero quienes se vean
beneficiados con la exención no podrán, a su vez, intervenir en operaciones que comprendan
riesgos o personas asegurados ubicados o domiciliados en las zonas precedentemente
indicadas, por lo cual, obtenida la inscripción en esas condiciones, si realizan luego operaciones
de seguro en los lugares vedados son pasibles de las sanciones establecidas en las leyes 20091
Ver Texto y 22400 Ver Texto.

Sin perjuicio de lo expuesto, dichas personas deberán realizar los cursos, seminarios, etc.,
relativos al cumplimiento del programa de capacitación continuada, al cual se hizo referencia
precedentemente (resolución 25475, art. 4 ). Esta circunstancia no deja de ser llamativa en
tanto se requiere realizar cursos de actualización a quien no se le requirió estudios de índole
general. Es cierto que nuestro país posee vastas extensiones a cubrir en la actividad de
aseguramiento, pero se podría instituir un programa de enseñanza a distancia, conforme a las
modernas metodologías en vigor.

Los aspirantes a obtener la matrícula de productor-asesor de seguros y de productor-asesor de


seguro de vida deberán presentar la pertinente solicitud, acompañada también por copia
autenticada de título de estudios que acredite haber aprobado el nivel de enseñanza secundaria.
La solicitud no será aceptada a las personas que tuvieren en trámite denuncia o actuación
sumarial en su contra hasta tanto no sea resuelta.

Hay otros requisitos legales para ser productor: 1) tener domicilio en el país; 2) no hallarse
incurso en las inhabilidades que la ley prevé; 3) pagar el derecho de inscripción que establezca
la autoridad de control.

314
Con relación al domicilio, la reglamentación dispone que las personas físicas deberán denunciar
un único domicilio como asiento de su actividad, mediante declaración jurada, en él tendrán
que mantener sus registros y documentación respaldatoria de las operaciones, y allí serán
válidas las notificaciones y verificaciones que se efectúen por parte de la Superintendencia de
Seguros; esa dirección podrá coincidir con la real que deben tener en el país. Los cambios de
domicilio serán denunciados al ente de control por medio fehaciente, dentro de las 48 horas de
producidos; la omisión de denuncia mantendrá vigente el anterior, sin perjuicio de las
actuaciones sumariales a que pudiera dar origen.

106 (a). Inhabilidades.

La ley establece una serie de inhabilidades absolutas para matricularse como productor-asesor
de seguros. Así, conforme al art. 8 Ver Texto, no podrán ser inscritos en el Registro: a) quienes
no puedan ejercer el comercio; b) la ley establecía también inhabilidad para los fallidos por
quiebra culpable o fraudulenta, hasta 10 años después de su rehabilitación; y los fallidos por
quiebra casual o los concursados hasta 5 años después de la rehabilitación, con extensión de la
inhabilidad a los directores o administradores de sociedades cuya conducta se calificare de
culpable o fraudulenta, hasta 10 años después de su rehabilitación. Pero es necesario tener en
cuenta, al respecto, que a partir de la Ley de Concursos y Quiebras, 24522 Ver Texto, se ha
suprimido la calificación en la quiebra; c) los condenados penalmente con accesoria de
inhabilitación para ejercer cargos públicos, los condenados por hurto, robo, defraudación,
cohecho, emisión de cheques sin fondo y delitos contra la fe pública; los condenados por
delitos en la constitución, funcionamiento y liquidación de sociedades o en la contratación de
seguros: en todos los casos, hasta 10 años después de cumplida la condena; d) los liquidadores
de siniestros y los comisarios de averías; e) los directores, síndicos, gerentes, subgerentes,
apoderados generales, administradores generales, miembros del consejo de administración,
inspectores de riesgos e inspectores de siniestros de las entidades aseguradoras, cualquiera sea
su naturaleza; f ) los funcionarios o empleados de la Superintendencia de Seguros de la Nación
(la ley agregaba a los del Instituto Nacional de Reaseguros, actualmente en liquidación), así
como también a los funcionarios jerárquicos de las cámaras tarifadoras de las asociaciones de
entidades aseguradoras; g) quienes operen como productores-asesores sin estar inscritos (317)
y aquellos que sean excluidos del Registro de Productores-Asesores por infracciones a la ley,
ello, sin perjuicio de las sanciones previstas en el art. 13 Ver Texto. La autoridad de aplicación
dispondrá la cancelación o suspensión de la inscripción cuando tome conocimiento de la
existencia de alguna de dichas inhabilidades.

La reglamentación dispone, en su art. 8.1 Ver Texto, que si los productores inscritos en el
registro pertinente se vieran comprendidos por alguna de las inhabilidades absolutas previstas
en el art. 8 Ver Texto de la ley 22400, deberán solicitar la suspensión de la matrícula bajo
apercibimiento de emprender las actuaciones sumariales correspondientes. Producido el cese

315
de la inhabilitación, el interesado podrá solicitar el levantamiento de la suspensión con el pago
del importe de la matrícula del año en el cual solicite el levantamiento. Cabe inferir, respecto de
las inhabilidades mencionadas en los incs. d, e y f del art. 8 Ver Texto de dicha ley
(liquidadores, directores, síndicos, gerentes, etc., de aseguradoras; funcionarios del ente de
control y de las "cámaras tarifadoras" de las asociaciones de entidades aseguradoras), que la
inhabilidad cesa al finalizar la actuación en esos cargos.

Jurisprudencia

La norma del art. 8 Ver Texto, inc. 9, de la ley 22400, impide el ejercicio de una profesión
reglada cuando se carece de título habilitante, y la violación de tal prohibición acarrea la
imposibilidad de inscribirse en el registro pertinente. Ello no viola el derecho a trabajar y
ejercer una industria lícita, ya que se halla dentro del margen de razonabilidad con que el
legislador debe regular las garantías previstas por la carta magna, pues no se trata de una
sanción de carácter penal sino de la inhabilitación para lograr la inscripción dentro del régimen
que se ha violado (C. Nac. Com., sala E, 25/2/1988, in re "Organización Orbita", LL 1989-A-
535; DJ 1989-I-831).

107 (a). Funciones y deberes.

El art. 10 Ver Texto establece las funciones y deberes que tienen los productores-asesores de
seguros. Distingue al respecto entre productores-asesores directos y organizadores.

Los productores-asesores directos tienen facultad para: 1) gestionar operaciones de seguro; 2)


cobrar las primas de seguro cuando lo autorice la entidad aseguradora correspondiente (sobre
esta temática, ver lo expresado en el capítulo III). Y en cuanto a deberes y obligaciones, se
mencionan: a) informar sobre la identidad, antecedentes y solvencia moral y material de las
personas que contraten por su intermedio cuando se lo requieran las aseguradoras; b) informar
a la entidad aseguradora las condiciones en que se encuentra el riesgo; c) asesorar al asegurado
o asegurable a los fines de una adecuada cobertura, e ilustrarlo sobre las cláusulas del contrato,
su interpretación y extensión, y, asimismo, verificar que la póliza contenga las estipulaciones y
condiciones según las cuales el asegurado decidió cubrir el riesgo; y asesorar al asegurado,
durante la vigencia del contrato, sobre sus derechos, cargas y obligaciones, en particular con
relación a los siniestros; d) comunicar a la entidad aseguradora sobre cualquier modificación
del riesgo que llegue a su conocimiento; e) entregar o girarle al asegurador, en el plazo
convenido, el importe de las primas percibidas; no se puede exceder de los plazos establecidos
por la reglamentación. Cuando no estuviese expresamente autorizado a cobrar la prima, la
entregará o girará al asegurador dentro de las 72 horas. f ) comunicar a la autoridad de
aplicación toda circunstancia que lo coloque dentro de alguna de las inhabilidades previstas en

316
la ley; g) ajustarse, en materia de publicidad y propaganda, a los requisitos generales vigentes
para las entidades aseguradoras; si la publicidad que llevare a cabo se refiere a una entidad
aseguradora en particular, deberá contar con la autorización de ésta; h) llevar un registro
rubricado de las operaciones de seguros en que interviene; i) exhibir, cuando le sea requerido,
el documento que acredite su inscripción en el registro; j) en general, ejecutar con diligencia y
prontitud las instrucciones que reciba de los asegurables, asegurados y entidades aseguradoras,
relacionadas con su actividad y funciones.

En cuanto a los productores-asesores organizadores, se pueden señalar como facultades: 1)


cobrar primas de seguros en los casos en que hubieren sido autorizados en igual forma que lo
establecido para los productores "directos"; 2) seleccionar, asistir y asesorar a los productores-
asesores "directos" que forman parte de su organización. En cuanto a sus deberes y
obligaciones, se mencionan: a) informar a la entidad aseguradora sobre los antecedentes
personales de los productores asesores que integren su organización, cuando aquélla lo
requiera; b) asistir y asesorar a los productores directos de su organización, y facilitarles su
labor; c) comunicar a la autoridad de aplicación toda circunstancia que lo coloque dentro de las
inhabilidades previstas en la ley, y las que correspondan a productores de su organización; d)
ajustarse en materia de publicidad y propaganda a los requisitos generales vigentes para las
entidades aseguradoras y, si se refieren a una aseguradora en particular, contar con autorización
de ésta; e) llevar un registro rubricado de las operaciones de seguro en que intervenga; f ) en
general, contribuir a ejecutar con la debida diligencia y prontitud las instrucciones que reciba,
en forma directa o por medio de los productores-asesores vinculados a él, de los asegurables,
asegurados y aseguradores, relacionadas con sus funciones.

La reglamentación de la ley establece, en estos aspectos, algunas normas de importancia. Por


ejemplo, el art. 10.1.1 Ver Texto dispone que los productores-asesores de seguros autorizados
por el asegurador a cobrar las primas de seguro entregarán o girarán a éste, quincenalmente, el
importe de los premios que perciban, el día 15 y el último día de cada mes (si recayere en día
inhábil, vencerá el siguiente día hábil).

En el "Boletín Oficial" del 8/6/2000 se publicó la resolución 429/2000 del Ministerio de


Economía, que en su art. 1 Ver Texto expresa que los únicos sistemas habilitados para pagar
premios de contratos de seguro son: a) medios electrónicos de cobro (sic); b) entidades
bancarias, por el pago en ventanilla o débito en cuenta; c) tarjeta de débito, crédito o compra.
La lectura de esta resolución lleva a preguntar si no se considerará válido, entonces, el pago que
el asegurado efectúe en la caja de la aseguradora, ya que la citada resolución expresa que "las
entidades aseguradoras sólo podrán considerar cumplida la obligación de pago de premio de
los contratos de seguro cuando se produzca el efectivo ingreso de fondos en alguno de los
sistemas enumerados en el párrafo anterior" (lo cual contradiría lo establecido por los arts. 725
Ver Texto y 731 Ver Texto, inc. 1, del Código Civil).

Lo señalado trae apareadas algunas complicaciones adicionales: por ejemplo, hace depender de
la rendición que el banco efectúe al asegurador determinar si está cumplida (y cuándo) la
obligación de pago del premio, pues a partir de allí el asegurador tomará conocimiento de tal

317
circunstancia, esencial al seguro, de la cual depende que tenga o no lugar la suspensión de la
cobertura (art. 31 Ver Texto, ley 17418 y cláusulas de pago usuales), que dificultará de alguna
manera al asegurador realizar actos que impliquen cumplimiento del contrato; éstos obstarían
luego a que pretendiese efectuar invocaciones de suspensión de la cobertura por falta de pago
(arg. art. 79 Ver Texto, ley 17418; plenario C. Nac. Com. de la Capital Federal del 29/2/1972,
en autos "Caucholite S.R.L. v. Patria Cía. de Seguros S.A.", JA 15-1972-430 Ver Texto; etc.).
Cierto es que la información se puede ver demorada también en el cobro efectuado por
cobradores o productores, pero el efecto no es tan rotundo como el establecido en el texto de
la norma en análisis, pues en el cobro por vía ordinaria prevalece el momento del efectivo
pago, demostrado que sea por medios adecuados, en tanto que, en la resolución, el "efecto de
pago" tendría lugar con el ingreso bancario de los fondos. Y, en ese aspecto, más singularidad
exhibe el art. 2 Ver Texto de la resolución en cuestión al imponer a las aseguradoras el deber
de incluir en las propuestas de contratos de seguros, pólizas, certificados de cobertura, etc., la
advertencia a los asegurados y "asegurables" de que los únicos sistemas habilitados para
cancelar los premios son los precedentemente señalados, y que el pago realizado a los
aseguradores y productores "no es cancelatorio de su obligación hasta tanto se formalice el
ingreso de los fondos en alguno de los sistemas previstos" (cabe preguntar qué sucede con la
cobertura, entre tanto: éste es el tema principal).

Se impone, asimismo, a los aseguradores celebrar convenios de cobranza con los prestadores
de los servicios mencionados en el art. 1 Ver Texto; se señala que el tratamiento de la
información deberá ser confidencial (art. 3 Ver Texto), para lo cual requiere que se otorgue un
número de cuenta que identifique al asegurado o tomador (¿un número genérico, o uno por
póliza o por compañía aseguradora o para ambas?; además, surge el interrogante de para qué se
requiere este número, si lo que interesa es verificar fehacientemente el pago de una póliza, de
cuya lectura surgirá quién es el asegurado), número de póliza o endoso, identificación de la
rama, número de cuota (ordinal) e importe a pagar, en números y letras (nada dice del nombre
de la compañía aseguradora, dato de no poca importancia, sobre todo cuando el pago lo
efectuare directamente el asegurado en un banco). Impone también el deber, a los prestadores
del "servicio de cobranza", de "brindar toda la información que requiera la Superintendencia de
Seguros de la Nación relativa a las transacciones" que contempla dicha resolución. Culmina
ésta al expresar que las aseguradoras y los productores que perciban premios (¿en qué
carácter?) deberán ingresar el pago por los sistemas habilitados en el art. 1 Ver Texto dentro de
los 2 días hábiles, y "entregar el comprobante de cancelación a los asegurados dentro de las 24
horas hábiles posteriores al aludido ingreso" (¿además del recibo?; y habrá que ver, por otra
parte, qué comprobante le queda de ello al productor para justificar su pago: la norma no
contempla este importante aspecto). El plazo de depósito es ampliado, para los productores-
asesores que ejerzan su actividad en una localidad distante a más de 25 kilómetros de una
"boca de percepción" habilitada, a 5 días hábiles (art. 5 Ver Texto); pero la cuestión, como
señalamos antes, está en determinar en qué momento tiene cobertura el asegurado. Asimismo,
la documentación extendida por los productores-asesores de seguros no podrá incluir diseños
o marcas que identifiquen a ninguna entidad aseguradora o sus productos, y deberá advertir a
los asegurados de los efectos resultantes de la resolución (art. 6 Ver Texto), que serán
aplicables a la cobranza de premios que se realice a partir del 1 de setiembre de 2000 (art. 7 Ver
Texto).

318
El sistema suscita diversos interrogantes (piénsese, p.ej., en el pago mediante cheques, tan
común, y el tiempo de acreditación de los fondos); pero lo que cabe fundamentalmente señalar
es que en un contrato como el de seguro, de naturaleza comercial (art. 8 Ver Texto, inc. 6,
CCom.), que tiene por finalidad brindar amparo contra los riesgos de manera inmediata, y que
está vinculado a menudo a la celeridad del comercio, no resulta razonable que se condicione
necesariamente su cobertura, en todos los casos, al ingreso bancario del premio, sino que,
atendiendo a la protección del asegurado -a la cual dicen los considerandos referirse, siguiendo
el Plan Estratégico de la Superintendencia-, se debe implementar un sistema en el cual la
cobertura comience a regir desde el mismo momento del pago, y no días después, como
pareciera surgir de la letra de la resolución; en particular, cuando ese pago haya sido realizado
por el asegurado directamente a la entidad aseguradora, en su sede.

Por último, last but not least, la resolución 429/2000 Ver Texto emana del Ministerio de
Economía, cuando la facultad de dictar resoluciones generales en materia asegurativa fue
otorgada a la Superintendencia de Seguros de la Nación (art. 67 Ver Texto, inc. b, ley 20091),
entidad autárquica con autonomía funcional (art. 65 Ver Texto, ley cit.), no obstante operar en
jurisdicción del aludido Ministerio, lo cual agrega otro matiz singular a esa normativa.

Posteriormente, el "Boletín Oficial" del 10/8/2000 publicó la resolución S.S.N. 27627/2000 ,


señalando que "resulta necesario dictar un régimen de aplicación" de la resolución MEN 429
Ver Texto, antes comentada (a pesar del casuismo de que hizo gala ésta). Así, los medios de
cobro establecidos en la resolución ministerial deberán ser "previamente habilitados por la
Superintendencia de Seguros", de acuerdo con lo que se señala en un anexo; las entidades
aseguradoras podrán solicitar la inclusión de "medios electrónicos de cobro alternativos"; y se
aclara que el inc. b del art. 1 Ver Texto de la resolución 429 "incluye a las entidades financieras
no bancarias reguladas por la ley 21526 Ver Texto (con las reformas introducidas por las leyes
24485 Ver Texto y 24627 Ver Texto)". Reitera aspectos ya contenidos en la resolución
ministerial, y agrega que los formularios para efectuar los pagos deberán "incluir las respectivas
fechas de vencimiento". El número de "propuestas aceptadas" o de los certificados de
cobertura "reemplazará al número de póliza", al emitirse la cual se hará referencia a aquel
número. Se instituye el uso de barras electrónicas y se indica la posición que deberán ocupar en
ellas los números, conforme a los distintos aspectos a los cuales se refieren (indicación de la
aseguradora; rama; póliza; endoso o refacturación; cuota, y, si correspondiere, sucursal
interviniente). Los convenios de cobranza celebrados con prestadores deberán ser presentados
para su autorización ante Superintendencia de Seguros. Las aseguradoras que adquieran
controladores fiscales que resulten habilitados podrán ponerlos a disposición de los
productores-asesores; aquéllas serán responsables frente a la S.S.N. y a la AFIP. Si el medio
habilitado expidiese un comprobante o tique, en él deberán constar los recaudos de la
resolución 429 Ver Texto, MEN, y, además, la aseguradora, fecha y hora de la operación, fecha
de vencimiento del premio o cuota y la forma de pago -efectivo o cheque-. El art. 7 Ver Texto
expresa que "se considerará cumplida la obligación de entrega del comprobante de
cancelación" prevista en el inc. b del art. 5 Ver Texto de la resolución 429, MEN, "mediante la
puesta a disposición del mismo en el domicilio que la entidad aseguradora o el productor-
asesor de seguros determine".

319
Este último precepto -sumado a la compleja y confusa normativa emergente de las
resoluciones precitadas- constituye un tratamiento a los asegurados que muestra la posición
precaria en que se los ha colocado al privilegiar los aspectos relativos a las cuestiones fiscales y
económicas, sin atender los intereses del personaje principal de la relación, en su carácter de
consumidor de seguros, como gusta ahora referírselo. Se le impone a éste una normativa, a
nuestro juicio, violatoria de normas legales específicas en tanto pretende, en virtud de una mera
resolución ministerial, privar de valor al pago efectuado directamente al acreedor (arts. 725 Ver
Texto y 731 Ver Texto, inc. 1, CCiv.); y deja en la nebulosa los efectos de ese sistema sobre el
régimen de la suspensión de la cobertura por falta de pago, instituido por el art. 31 Ver Texto,
LS., e instrumentado en las cláusulas de pago (es de reiterar que el art. 1 Ver Texto de la
resolución 429/2000 dispone que "las entidades aseguradoras sólo podrán considerar cumplida
la obligación del pago del premio de los contratos de seguros cuando se produzca el efectivo
ingreso de los fondos en alguno de los sistemas enumerados" en ese mismo artículo). Y luego
le suma a ese asegurado una carga adicional de la prueba, al limitarse a poner a disposición de
él el comprobante de cancelación en el domicilio que la entidad aseguradora o el productor
asesor de seguros determine, aunque esté situado a 25 kilómetros del domicilio del asegurado
(sólo si se omitiese consignar ese domicilio, cosa harto improbable, se presumirá que la entrega
se efectuará en el domicilio del asegurado). Ello, luego que la resolución 429/2000, MEN, en
su art. 5 Ver Texto, inc. b, establecía que las aseguradoras y productores deben entregar el
comprobante de cancelación a los asegurados dentro de las 24 horas hábiles posteriores al
ingreso del dinero en el sistema creado (y "entregar" es algo muy distinto a "poner a
disposición"; sobre todo si se está a 25 kilómetros del lugar de esa "puesta" a disposición). Con
el tiempo se verá si el sistema es pasible de funcionar adecuadamente y cuáles son las
interpretaciones que, en caso de conflicto, adopten los tribunales. Pero hubiera sido mejor
diseñar un método de cobranza mucho más simple y ajustado a la realidad y a las normas
jurídicas de mayor jerarquía.

Jurisprudencia

Los arts. 12 Ver Texto de la ley 22400 y 55 Ver Texto de la ley 20091 prescriben el deber del
productor-asesor de actuar con diligencia y buena fe, lo cual si bien, por aplicación del art.
1198 Ver Texto del Código Civil, es un principio implícito en todo contrato, lo es más cuando
se refiere al contrato de seguro, pues se vincula con el deber de cooperación establecido en
interés ajeno. No obstante, el art. 53 Ver Texto de la ley 17418 limita taxativamente sus
facultades y circunscribe su actuación a la realización de actos puramente materiales, salvo el
cobro de primas en ciertos casos. Por lo tanto, si no se ha demostrado que el productor de
seguros ha incurrido en un obrar antijurídico que causalmente hubiera imposibilitado que el
asegurado cobrara del asegurador la indemnización correspondiente, será infundado
condenarlo a reparar las consecuencias dañosas derivadas del incumplimiento de la aseguradora
(C. Nac. Com., sala A, 21/9/1994, ED 161-507).

Si el productor incurrió en un deficiente asesoramiento de su asegurado respecto de las


cláusulas del contrato, su interpretación y la extensión de la cobertura, y omitió asimismo
verificar que la póliza contuviera las estipulaciones y condiciones por las cuales el asegurado
decidió amparar el riesgo, lo hacen responsable de los daños que ello le ocasione al asegurado,

320
pues el contrato de seguro es uno de los cuales se debe caracterizar por la buena fe de las
partes. Así como no puede el asegurado obrar reticentemente, la aseguradora, por sí o por
medio de sus productores, debe poner en conocimiento del asegurado los verdaderos alcances
de las cláusulas del contrato. Este deber surge de la norma contenida en el art. 55 Ver Texto de
la ley 20091, que les impone la obligación de desempeñarse conforme a las disposiciones
legales y los principios técnicos aplicables a la operación en la cual intervienen y actuar con
diligencia (C. Nac. Com., sala E, 30/12/1998, "Defilippantonio, Luis Roberto, v. Fides
Compañía de Seguros S.A. y otros" Ver Texto, ED 184-236).

El productor que obrando al margen de la directiva de la buena fe provocó un daño al


asegurado consistente en el no cobro de la prestación del asegurador, a causa de que dicho
productor, apartándose de su obligación de mantener el seguro con una aseguradora
determinada lo derivó a otra que cayó en liquidación, debe resarcir los perjuicios causados a ese
asegurado, quien le había entregado el importe íntegro de la prima correspondiente a la póliza
contratada (C. Nac. Com., sala B, 7/5/1993, "Maruzza, Oscar, v. Rigada, Alejandro,
s./Ordinario", publicado en "RJASER", nº 23/24, p. 248).

108 (a). Libros.

En lo relativo a libros, el art. 10.2.1 Ver Texto establece que los productores-asesores de
seguros deberán llevar obligatoriamente el "Registro de Operaciones de Seguros" y el "Registro
de Cobranzas y Rendiciones", rubricados por la Superintendencia de Seguros de la Nación
(ello, sin perjuicio de la demás documentación a que estén obligados por disposición legal).

Estos libros tendrán que poseer tapa dura, estar foliados correlativamente, y podrán ser
llevados manualmente, o ser copiativos, o bien asentar las registraciones en planillas de
computación, que se encuadernarán en grupos de 100 folios correlativos. Las anotaciones de
todos estos registros asimismo contarán con el respaldo documental correspondiente, con
respeto del principio de cronología. En el supuesto de que tenga lugar la pérdida, robo o hurto,
deberá ser denunciado a la autoridad policial dentro de las 24 horas y acreditarlo ante
Superintendencia de Seguros de la Nación; en las 48 horas siguientes se deberán rubricar
nuevos libros, en los cuales se asentarán todas las operaciones y cobranzas efectuadas en los
últimos 5 años.

El productor-asesor de seguros, una vez inscrito (o levantada la suspensión que sobre él pesó),
recibirá constancia de inscripción, emitida por la Superintendencia de Seguros a pedido del
interesado.

321
109 (a). Remuneraciones.

El capítulo IV de la ley 22400 Ver Texto se refiere a las remuneraciones que perciba el
productor-asesor por su tarea. El art. 5 Ver Texto expresa que percibirá "las comisiones que
acuerden con el asegurador", salvo los casos en los cuales la autoridad de aplicación estime
necesario la fijación de máximos o mínimos. Agrega dicha disposición, con relación a los
productores-asesores "organizadores", que sólo percibirá comisiones en aquellas operaciones
en que hubieran intervenido los productores-asesores directos a quienes asiste; pero cuando se
trate de producción propia, será acreedor a comisiones en su doble carácter.

El derecho del productor-asesor a cobrar su comisión lo adquiere cuando la entidad


aseguradora recauda efectivamente el importe de la prima o, proporcionalmente, al percibir
cada cuota de prima en aquellos casos en que el seguro se hubiere contratado con esa
modalidad de pago. Si se produjere la modificación o rescisión del contrato de seguro que
diese lugar a devolución de prima, el productor deberá reintegrar proporcionalmente la prima
percibida. Se asimila al pago efectivo la compensación de obligaciones entre asegurado y
asegurador, pero no la entrega de pagarés, cheques y cualquier otra promesa u orden de pago
hasta tanto no hayan sido canceladas. En caso de seguros convenidos en moneda extranjera, la
comisión se podrá liquidar (a pedido del productor-asesor) en la misma moneda que la prima,
sin perjuicio de las disposiciones cambiarias vigentes y lo dispuesto por los arts. 607 Ver Texto,
608 Ver Texto y 617 Ver Texto del Código Civil.

En cuanto a las personas no matriculadas que hayan intermediado en operaciones de seguros,


ya hemos visto que no tienen derecho a percibir comisión ni remuneración alguna, les está
prohibido a las aseguradoras efectuar tales pagos y operar con personas en esas condiciones
(art. 7 Ver Texto), lo cual se ve confirmado por la norma del art. 15 Ver Texto, que considera
"falta grave" facilitar o cooperar de cualquier manera en el ejercicio de actividades de
intermediación en seguros por parte de personas no matriculadas.

110 (a). Sanciones.

La ley 22400 Ver Texto dedica su capítulo VII a las sanciones. Dice al respecto que el
incumplimiento de las funciones y deberes establecidos por el art. 10 Ver Texto hará pasible de
las sanciones previstas en el art. 59 Ver Texto de la ley 20091, tema que hemos visto antes al
tratar el régimen de control de la actividad aseguradora (art. 13 Ver Texto); agrega que

322
constituyen excepción a la regla precedente las disposiciones de los incs. 1, ap. g, y 2, ap. c, del
art. 10 Ver Texto (relativos al cobro de primas y su rendición al asegurador), que serán
juzgadas y sancionadas de conformidad con el art. 60 Ver Texto de la ley 20091 (art. 14 Ver
Texto, ley 22400).

El precitado art. 14 Ver Texto suscita varios problemas, puestos de resalto por Soto (318) . En
primer lugar, si la norma penal prevista en el art. 60 Ver Texto de la ley 20091 subsiste, atento
a que la ley 20509 Ver Texto dejó sin efecto las disposiciones por cuales se crearon o
modificaron delitos o penas de delitos ya existentes que no hayan emanado del Congreso
Nacional. En el caso de respuesta afirmativa, si resulta o no, entonces, aplicable la norma penal
contenida en ese art. 60 Ver Texto de la ley 20091, al cual se remite el art. 14 Ver Texto de la
ley 22400.

Con relación al primer tema, cabe así plantear la singular hipótesis de si, en razón de la
mención que efectúa el art. 14 Ver Texto de la ley 22400 a ese art. 60 Ver Texto de la ley de
control de empresas de seguro ("se exceptúan de la regla del artículo anterior", dice el art. 14
Ver Texto de la ley 22400), en caso de suponerlo derogado, esa remisión haría renacer una
norma extinguida con anterioridad (319) .

Pensamos que, efectivamente, la remisión del legislador a la norma en cuestión implica que la
considera vigente, y en tal sentido le da vida aun en caso de que estuviese extinguida, por
cuanto tal referencia lo es en el sentido de constituirla en contenido normativo del artículo al
cual se efectúa la remisión. No se trata de una norma interpretativa, sino, en tal caso, de un
acto legislativo en que se indica el contenido del precepto nuevo. Es lo que ocurre con las
llamadas leyes penales "en blanco", que a los fines de establecer su contenido punitivo se
remiten a otras normas; aquí, la diferencia estriba en que, en el ejemplo, la regla referenciada
habría estado extinguida, pero el enunciado punitivo es tomado e incorporado a la nueva
norma, por lo cual, aun en caso de duda, el precepto más antiguo cobraría nueva vigencia. La
norma penal en blanco, aun cuando se refiera a otras normas jurídicas vigentes, no hace
aplicación de ellas, sino que las invoca a los fines de dar contenido al tipo delictivo de que se
trate (320) .

Admitido que sea que la penalización funciona en la manera en que lo indica dicho art. 14 Ver
Texto, es de señalar que ese precepto penal constituye una forma agravada del delito de
defraudación por retención o apropiación indebida: se hallan reunidos los elementos idóneos
para configurar ese tipo delictivo (obligación de entregar en determinado tiempo; omisión de
tal entrega oportuna -art. 173 Ver Texto, inc. 2, CPen.-). No obstante, se ha señalado que,
conforme al texto del art. 14 Ver Texto de la ley 22400, el supuesto de retención de primas
quedaría exceptuado del régimen general de sanciones administrativas del art. 59 Ver Texto de
la ley 20091, y se limitaría a las sanciones penales del art. 60 Ver Texto de esa ley, si se estimase
que ellas se hallan vigentes (321) . Cabe agregar que tal situación podría resultar atenuada si se

323
efectúa la aplicación de la inhabilitación especial que impone el art. 20 Ver Texto del Código
Penal.

Otro aspecto a tener en cuenta estriba en quién es el sujeto pasivo del delito en cuestión: ¿el
asegurado o el asegurador? A estar por las características del tipo genérico, que si bien incluye
entre sus presupuestos la obligación de entregar, y ejemplifica asimismo con las figuras de la
comisión y la administración, emplea sin embargo el verbo "restituir", que en el caso estaría
referido al asegurado, que es quien le proporcionó el dinero de la prima. La norma del art. 60
Ver Texto, ley 20091, suele permanecer olvidada en las obras de derecho penal, por lo cual no
abundan los análisis sobre esta complicada problemática.

Jurisprudencia

Sobre el tema se ha decidido que si el productor incurrió en un deficiente asesoramiento de su


asegurado respecto de las cláusulas del contrato, su interpretación y la extensión de la
cobertura, y omitió, asimismo, verificar que la póliza contuviera las estipulaciones y
condiciones por las cuales el asegurado decidió amparar el riesgo, lo hace responsable de los
daños que ello le ocasione a éste, pues el contrato de seguro es uno de los cuales se debe
caracterizar por la buena fe de las partes.

Las responsabilidades y las consecuencias por el incumplimiento de los deberes por parte del
productor-asesor no se agotan con el contenido de la ley 22400 Ver Texto, porque dicha ley
sólo comprende el aspecto estrictamente profesional de ese auxiliar. Por tanto, el productor-
asesor es también, como cualquier otro ciudadano, responsable civilmente por su actuar
culposo, negligente o doloso frente al asegurado, y pasible de las consecuencias previstas en el
sistema de responsabilidades del Código Civil y el sistema punitivo del Código Penal (C. Nac.
Com., sala B, 7/5/1993, "Maruzza, Oscar, v. Rigada, Alejandro", ED 156-525).

Asimismo se ha resuelto que corresponde aplicar sanción de suspensión por 3 años al


productor-asesor de seguros que injustificadamente demoró la entrega, a la aseguradora, del
dinero pagado por el asegurado en concepto de prima, a la vez que existió discordancia entre la
fecha en que se materializó la entrega de los fondos y aquella en que registró el pago. La
instrumentación de la operatoria por medio de un cobrador dependiente del sancionado no
autoriza a apartarse de dicha conclusión, ni justifica los diferimientos alegados por éste como
fundamento de la pretensión recursiva. Tales irregularidades, al margen de la falta de
trasparencia en el mercado asegurador, conllevan consecuencias potencialmente dañosas para
los asegurados que, como ocurre en el caso, se pueden ver concretadas en la privación de
cobertura (C. Nac. Com., sala E, 10/4/1996, "Superintendencia de Seguros de la Nación,
s./Incumplimiento art. 10 Ver Texto, inc. 1, ap. i, ley 22400, por B., A. A." Ver Texto, DJ
1996-2-901, fallo 11.175; LL 1996-D-903).

324
También se ha decidido que los arts. 12 Ver Texto de la ley 22400 y 55 Ver Texto de la ley
20091 prescriben el deber del productor-asesor de actuar con diligencia y buena fe, que si bien
constituye un principio implícito en todo contrato por aplicación del art. 1198 Ver Texto,
CCiv., lo es más cuando del contrato de seguro se trata, pues se vincula directamente con el
deber de cooperación debido en interés ajeno. Mas, no habiéndose demostrado que el
productor de seguros incurrió en un obrar antijurídico que causalmente hubiera imposibilitado
que el asegurado cobrara del asegurador la indemnización correspondiente, resultará infundado
condenarlo a reparar las consecuencias dañosas derivadas del incumplimiento de la aseguradora
(C. Nac. Com., sala A, 21/9/1994, "Antelo Caamaño, José L., v. Comercio Español y
Argentino Cía. de Seguros S.A.", ED 161-507).

111 (a). Procedimientos y recursos.

En cuanto al procedimiento para la aplicación de sanciones y recursos que se pueden


interponer, sus efectos y formas de sustanciación, se rigen por las normas de la ley 20091 Ver
Texto, a las cuales se ha hecho expresa referencia en los parágrafos 80 y ss. de este capítulo.

112 (a). Comercialización mediante oferta masiva al público.

A las normas analizadas se han agregado otras que también se refieren a la intermediación en el
seguro. Por ejemplo, el decreto 855/94 , por el cual el Poder Ejecutivo autorizó "mecanismos
alternativos para la comercialización de aquellos seguros que se ofrecen al público en general",
y dejó librada a la Superintendencia de Seguros de la Nación la determinación de los ramos y
coberturas que se podrán ofrecer y las condiciones que deberán reunir los contratos de
adhesión; por ello, este organismo dictó la resolución 23469 (del 31/8/1994), que instituyó el
Reglamento para la Comercialización Masiva de Seguros.

Por su art. 1 se crea el Registro Especial de Seguros Comercializables Masivamente (decreto


855/94 ), que funciona en el ámbito de la gerencia técnica de la Superintendencia de Seguros,
en el cual deberán ser inscritos los planes y pólizas cuya intermediación se realice dentro del
marco previsto en el citado decreto.

El art. 2 del Reglamento aclara que podrán ser comercializados -previa inscripción en el
registro mencionado- los siguientes ramos y coberturas: a) las correspondientes al ramo

325
automotores y vehículos remolcados; b) las de combinado familiar e incendio de casas de
familia del ramo incendio, en ambos casos, a primer riesgo absoluto; c) las de alquiler de
inmuebles, del ramo caución; d) las coberturas individual y temporaria del ramo vida; e) la
cobertura individual del ramo accidentes personales.

A los fines de la comercialización masiva, tales seguros deberán contener un prospecto


indicativo que preceda a la póliza y que se considerará parte integrante de ella, en el cual se
hará constar: a) riesgo cubierto; b) alcance del resarcimiento; c) exclusiones a la cobertura; d)
breve explicación del procedimiento que deberá observar el asegurado en caso de siniestro, con
remisión expresa a las cláusulas aplicables; e) lugares y teléfonos a los cuales se podrá dirigir el
asegurado para consultas y denuncias ante siniestros; f ) últimos indicadores patrimoniales y
financieros de la aseguradora, según datos proporcionados por la Superintendencia de Seguros
de la Nación, consignados los parámetros sobre los cuales se toman y los valores de referencia
que establece dicho organismo de control. Si la empresa oferente ha sido calificada en su
riesgo, deberá asentar asimismo la calificación que haya merecido. La resolución requiere que
tales datos sean informados en forma clara y destacada, sin inducir a error de ninguna
naturaleza.

Las aseguradoras que soliciten inscribir planes de esa especie deberán acompañar un modelo
pro forma del frente de la póliza y del prospecto indicativo y, si el plan es registrado, se
limitarán a ofrecer y vender el seguro en las condiciones inscritas, sin alteraciones de ninguna
especie.

Las aseguradoras que operen en esta forma de comercialización sólo podrán hacerlo mediante
entidades que reúnan las siguientes condiciones: a) que sean sociedades anónimas, de
responsabilidad limitada o cooperativas, que por la naturaleza de su objeto, su actividad
habitual y estructura administrativa, garanticen la venta masiva de tales servicios; b) que
contraten una póliza por una suma equivalente a $ 100.000 en garantía del correcto
cumplimiento de las obligaciones emergentes de la tarea de intermediación que efectúen y,
particularmente, por los perjuicios debidos a errores u omisiones que puedan ocasionar a
quienes contraten por su medio; las coberturas permanecerán vigentes hasta la extinción de las
obligaciones contraídas en la tarea de intermediación y pueden, asimismo, ser reemplazadas
por aval bancario de igual monto; c) que registren debidamente las operaciones en las cuales
intermedien.

En todos los casos, las empresas de seguros deberán inscribir a los intermediarios en un
registro que a tal efecto habilitarán, e informarán la nómina de tales intermediarios a la
Superintendencia de Seguros. Si alguno de los inscritos en ese registro no cumpliese con los
requisitos impuestos por la ley, la aseguradora incurrirá en ejercicio irregular de su actividad y
serán responsables por los perjuicios que, por errores u omisiones cometidos en las gestiones,
hayan sufrido aquellos que contrataron seguros por ellos.

326
El art. 9 establece que, en todos los casos, la voluntad del asegurado en la celebración del
contrato deberá ser expresa: queda excluido cualquier mecanismo de contratación que presuma
la existencia de esa voluntad por la sola conducta omisiva de él.

El sistema implica, a nuestro juicio, la introducción de entidades societarias que la aseguradora


emplaza con el carácter de verdaderos agentes (intermediarios en sentido amplio). Como de
costumbre, la técnica legislativa empleada no es la más adecuada para permitir establecer con
claridad la naturaleza de esos intermediarios. Pero algunos aspectos conducen a concluir que
ejercen cierto grado de representación del asegurador, en tanto el decreto habla de "venta" del
seguro por parte de aquéllos y responsabiliza al asegurador por los perjuicios que sufra el
asegurado a causa de errores u omisiones que cometieren en ejercicio de tal menester. A tal fin
apunta, también, el aval o el seguro, o ambos, de responsabilidad civil cuya contratación
impone el decreto a esos intermediarios.

113 (a). Intermediación en el contrato de reaseguro.

La celebración del contrato de reaseguro se realiza en forma directa entre reasegurador y


asegurador cedente, o bien por intermediarios conocidos con la denominación de "brokers" de
reaseguros.

El broker es un profesional independiente que lleva a cabo una actividad de intermediación en


la celebración de contratos de reaseguro, labor en la cual brinda asesoramiento y apoyo técnico
y consejo comercial a sus clientes, mediante una organización que a veces adquiere magnitud
muy amplia y que supone contar con representaciones en muchos países (322) .

Estos intermediarios pueden contar con mandato del reasegurador para suscribir negocios en
su nombre y representación; si no posee tal facultad, se ha destacado que, no obstante tal
carencia, según la práctica internacional, el reasegurador queda obligado si ha prestado su
conformidad ante el broker respecto de la propuesta ("slip") que éste le presentare (salvo
existencia de dolo o disposición expresa en contrario); pero el contrato de reaseguro no queda
concluido hasta que reciba la conformidad de la otra parte (entre nosotros, atento a su carácter
consensual, resultante por extensión de lo establecido por el art. 4 Ver Texto de la ley 17418)
(323) .

La actividad del broker exige, como cualquier otra, el debido cumplimiento de los deberes y
obligaciones propios de ella. Si hubiere mediado una actuación imprudente, negligente o

327
contraria a las normas y reglas que rigen la actividad, y ello hubiese ocasionado daños a alguna
de las partes del contrato, deberá indemnizarlos. Es por eso que la resolución 23881 que
reglamenta la actividad reaseguradora en nuestro país establece, en su art. 9 , inc. a, que quienes
deseen actuar como intermediarios de reaseguros deberán, entre otros requisitos, acreditar la
contratación de una cobertura de seguro por un monto mínimo de u$s 1.000.000 (un millón de
dólares estadounidenses), emitida a nombre del intermediario, suma asegurada que se deberá
mantener durante toda la vigencia de la póliza, la cual será renovada a cada vencimiento; se
notificará cada renovación a la autoridad de control. No se admiten franquicias superiores a
u$s 50.000.

114 (a). La intervención de sujetos interpuestos que no revisten calidad de agentes.

Según destacamos en términos generales en los parágrafos anteriores, a veces aparecen algunos
sujetos o entes interpuestos entre el asegurador y el asegurado que no revisten, empero, la
calidad de agentes de comercialización, al menos en sentido estricto. Es lo que ocurre, en
especial, en los seguros contratados en forma colectiva mediante un tomador, que asume la
calidad de contratante que luego descarga en los asegurados propiamente dichos.

Esto es muy frecuente en los seguros de vida colectivos, hayan sido asumidos por el empleador
respecto de sus empleados o por administradores de círculos cerrados de ahorro para fines
determinados, etc. Pero también existen supuestos relativos a seguros correspondientes a las
llamadas ramas elementales (incendio, automotores, etc.).

Estas fórmulas de contratación, si bien tienen su origen en la normativa de los seguros por
cuenta de terceros, asumen, en cada caso, peculiaridades específicas derivadas de las
características de cada relación a la cual buscan atender, que influyen sobre las soluciones
legales a aplicar en caso de conflicto.

Uno de los aspectos que merecen análisis es el referido a la forma en que se ha configurado la
relación entre asegurador, ente intermedio y asegurado. Ello así, p.ej., en materia de celebración
del contrato, de cobranza de primas, de atención del siniestro, etc. No hay duda de que la
contratación originaria del seguro tiene lugar en el momento en que asegurador y tomador
cierran el acuerdo de voluntades, y también es cierto que tal contratación se puede llevar a cabo
"con o sin designación del tercero asegurado" (art. 21 Ver Texto, LS.), de manera que se está
ante un asegurado indeterminado aunque determinable. Si bien pareciera que a la norma citada
se la quiso referir, posiblemente, a un seguro en el cual el asegurado, si bien está indeterminado
en su identificación, ya existe como titular del interés cubierto por el seguro, la amplitud del
texto legal conduce a admitir que dicha indeterminación se extienda también a los intereses
concretos mismos a los cuales se vaya a cubrir en definitiva con el contrato. En rigor, no se

328
advierten motivos de objeción respecto de tal situación, pues en modo alguno ello puede
redundar en una afectación indebida de la relación asegurativa mientras no exista siniestro
(324) .

Vemos aparecer, entonces, una verdadera figura "abierta" de contratación, que parte de un
acuerdo preliminar posibilitador de las incorporaciones de quienes deseen cubrir sus intereses
concretos en la forma establecida en ese pacto inicial. No se trata de un precontrato; es un
contrato que se celebra como definitivo (art. 21 Ver Texto, LS.), pero que para poder
funcionar requiere la integración de terceros mediante adhesiones específicas, en las cuales se
identifica expresamente el interés cubierto y se consuma de tal manera la relación asegurativa
individual en cada caso.

Esta forma incompleta y colectiva de contratación genera efectos peculiares; se proyecta sobre
las relaciones individuales y deben ser tenidas en cuenta a la hora de resolver los conflictos que
se puedan ir suscitando entre las partes. Uno de los rasgos destacados es que si bien las
relaciones con los asegurados se concentran en la figura del tomador, mantienen su
individualidad; se gesta así lo que podríamos denominar un contrato plurilateral imperfecto,
que, a diferencia del societario, no establece vínculos entre los participantes entre sí, sino sólo
respecto del asegurador y, en alguna medida, del tomador (325) .

Esa ausencia de vínculos entre los asegurados hace que sus relaciones funcionen en forma
independiente, lo cual tiene gran importancia en la vida del contrato de seguro, pues los
incumplimientos de obligaciones y cargas sólo podrán ser opuestos con relación al asegurado
que incurrió en ellos.

En cambio, esa forma de contratación se proyecta con mayor intensidad respecto del
asegurador, por cuanto se trata de una modalidad diseñada o, al menos, aceptada por él y que
forma parte del pacto inicial. Ello origina que influya en varios aspectos, como, p.ej., la
modalidad de cobranza resultante, la formulación de denuncias y el cumplimiento de otras
cargas por parte del asegurado, etc. Con relación a lo primero, si el tomador se encarga de
realizar la cobranza, los pagos que recibiere o las retenciones que efectuare (p.ej., en caso del
tomador-empleador) implican cumplimiento del asegurado que impide invocar la mora, aunque
el tomador no haya ingresado ese pago en las arcas del asegurador. Otro tanto cabe concluir en
materia de denuncias de siniestros, agravaciones, etc.: la efectuada al tomador resultará
válidamente cumplida, siempre que así se desprenda de la modalidad de actuación establecida a
dicho tomador y, en su caso, de la actitud del asegurador que revelare conformidad con tal
actuación.

Pero esos efectos están restringidos al ámbito de la cobertura a la cual se refiere el pacto inicial,
no son pasibles de extenderlos a otras especies asegurativas ni a supuestos ajenos a la actuación
del tomador y a las actividades toleradas tácitamente por el asegurador que den origen a la

329
creación de facultades aparentes o a la configuración de mandatos tácitos. Los principios de
interpretación empleados en materia de agentes de intermediación resultan, mutatis mutandi,
aplicables también al supuesto que venimos analizando [ver capítulo III, § 44 (a.1) y siguientes].

115 (a). El tomador en los seguros colectivos.

En el parágrafo precedente nos hemos referido a la posición del asegurado y del asegurador en
los seguros colectivos. Cabe referirnos ahora a la que ocupa el tomador.

Por un lado, es parte en el pacto inicial, que abriendo la relación fija sus características, riesgo,
prima y demás condiciones de incorporación de los asegurados individuales. Pero influirá en la
posición del tomador el contexto dentro del cual se ha gestado el seguro, es decir, los fines a
que apunta dicho contrato y que constituyen el móvil que llevó a ese tomador a realizar una
contratación de tales características.

Es evidente que ello ocurre porque el tomador posee un interés personal vinculado a ese
seguro, que intenta integrar económicamente a la operación asegurativa. Pero ese interés no
reviste la calidad de interés asegurable, sino que constituye un interés indirecto, jurídicamente
ajeno al seguro. Así, p.ej., se buscará con ello facilitar el cumplimiento de obligaciones
emergentes de otras relaciones, aun laborales, o de garantizar la integración del saldo de precio
de un adherente a un círculo de ahorro para fines determinados, etc. Es que, en los seguros
"por cuenta", el interés asegurado pertenece al tercero, y así es como por la titularidad de ese
interés asegurado resulta posible determinar quién es el asegurado en los seguros por cuenta de
tercero indeterminado al momento de producirse el siniestro.

Otro aspecto a considerar en los casos de seguros contratados por exigencia de otro contrato
(p.ej., mutuos, círculos de ahorro, etc.), en los cuales el tomador resulta principal interesado
económico, es la índole de la relación que reviste dicho acuerdo base. Ello, por cuanto, con
gran frecuencia, la operación aseguradora integra el negocio general del tomador no sólo como
cobertura de saldos u otras finalidades análogas, sino como una operación de alguna
importancia en el resultado económico del negocio que está desarrollando con los asegurados,
que por ello son movidos a celebrarlo con carácter de requisito de admisión al contrato base.

En estos casos, como el seguro pasa a formar parte de una contratación de carácter masivo,
que integra el negocio considerado en general, el tomador gestiona las adhesiones, se ocupa de
percibir las primas y aun, en algunos casos (p.ej., seguros de vida), de recibir las denuncias,
requerir la documentación habilitante de los derechos al cobro del capital asegurado, etc. Se
suelen suscitar, entonces, cuestiones en los supuestos en que el asegurador decide el rechazo

330
del siniestro invocando causales que pueden ser materia de discusión, sea por estar referidas a
aspectos que requieren la producción de pruebas sobre los hechos invocados, sea porque la
cláusula en que el asegurador basa su rechazo resulta pasible de interpretación distinta a la
alegada por éste. En tales hipótesis es frecuente que el tomador, que además reviste en estos
casos la calidad de beneficiario irrevocable (en la medida de su crédito), se limite a adoptar una
actitud totalmente pasiva, dejando al asegurado librado a sus propias fuerzas, no obstante
haber influido de manera relevante en la elección del asegurador y haber asumido tareas
relativas al cumplimiento de obligaciones y cargas. Cabrá entonces establecer si, en cada caso
concreto, ese tomador ha actuado con la diligencia y buena fe requeridas para resguardar los
derechos del asegurado y habilitarle la amplia defensa de ellos.

Esta situación se ha visto a veces complicada por haberse alegado, frente a la acción del
asegurado o sus beneficiarios (y especialmente en el caso de éstos), que tal actuación resultaba
improcedente por cuanto éstos no son parte en el contrato (326) . Tal alegación resulta, por
cierto, insostenible: el hecho de que el tercero asegurado no sea parte en el contrato no implica
que de dicho contrato no surjan derechos en su favor, en virtud de constituir tal forma de
contratación una estipulación en favor de tercero (art. 504 Ver Texto, CCiv.). Ello,
especialmente, cuando ese beneficiario irrevocable, impuesto por necesidades del contrato
base, abandona las gestiones que asumió con relación al seguro, algunas de las cuales pueden
implicar la existencia de verdaderos mandatos, y se limita a informar al asegurado que el
asegurador rechazó el amparo. Ante esta tácita declinación de funciones de índole fiduciaria,
no cabe duda de que los asegurados o beneficiarios naturales del seguro se hallan habilitados
para ejercitar las acciones emergentes de ese seguro, conforme corresponda según los hechos
del siniestro y la índole de la cobertura contratada (arg. arts. 6 Ver Texto y 18 Ver Texto, ley
24441).

(314) La legislación francesa conceptúa la presentación de una operación de seguros como


aquella efectuada por intermediarios, personas físicas o jurídicas, que solicitan o recogen la
suscripción de un contrato de seguro o de capitalización o la adhesión a él, o que exponen por
escrito u oralmente a un suscritor o adherente las condiciones del contrato, a los fines de esa
suscripción o adhesión (art. 511-1, Code des Assurances). Para poder actuar, tales personas
deben haber cumplido, entre otras, con las condiciones que acrediten su capacidad profesional
previstas para cada categoría (art. 511-4, inc. 3).
Sobre el particular se ha expresado que la reglamentación concerniente a los contratos de
seguro está esencialmente orientada hacia la protección de los asegurados, pero que para que se
pueda efectuar un control eficaz, los poderes públicos han juzgado necesario extenderlo a los
intermediarios de tal actividad (Naimi, Jean-Chales, Le courtage d´assurance, 1995, Paris, p.
43).

(315) Ya Etcheverry, en su análisis de las funciones y características del productor-asesor en


nuestro medio -antes de la ley 22400 Ver Texto- señalaba que "ante la necesidad de mantener

331
una buena relación comercial con la empresa aseguradora y, a la vez, mantener a sus clientes, el
productor-asesor proseguirá atendiendo la evolución y vicisitudes del contrato, interviniendo
en ellas, ya fuera de su estricta labor de mediador, en la faz gestatoria del acuerdo" -la
bastardilla es nuestra- (Etcheverry, Raúl A., El productor-asesor de seguros. Delimitación de su
figura jurídica. Responsabilidad que genera su actuación, publicado en RDCO 1980-23).
Estas tareas complementarias que generalmente cumple el productor-asesor se tornan más
relevantes y necesarias en las localidades alejadas de las administraciones del asegurador, en las
cuales aquél constituye frecuentemente el rostro visible de éste; por ello la actividad concreta y
real del agente normalmente excede la mera promoción de la contratación y se proyecta hacia
buena parte de la operatoria del seguro (informaciones sobre el "estado del riesgo", cobro de
primas) y, en especial, al momento del siniestro (recepción de denuncias, formulación de
indicaciones sobre los requisitos a cumplir y conductas a seguir, informaciones al asegurador
sobre los hechos, etc.). Ello especialmente en los siniestros que no adquieren gran magnitud,
pues en estos últimos el asegurador suele enviar normalmente personal especializado propio o
contratado (investigadores, liquidadores, etc.).

(316) Se ha señalado que la categoría de "agente no institorio" ha perdido significación y


autonomía, por cuanto, para poder actuar como intermediario en tal carácter, se debe estar
matriculado como productor-asesor en los términos de la ley 22400, atento al monopolio
profesional creado por el art. 4 Ver Texto y concs. de dicha ley (Soto, Héctor M., La
negociación del contrato de seguro, cit., nº III-a-3, JA 1997-IV-912 ). Es que, en realidad, el
agente "no institorio" (definido como contrafigura del "institorio") no apuntaba al aspecto
profesional de la actividad -no regulada específica e integralmente al tiempo de ser dictada la
Ley de Seguros-, sino a fijar límites muy estrechos a su eventual función representativa
respecto del asegurador, según veremos en el próximo capítulo, problema que subsiste aun
luego de dictada la ley 22400 Ver Texto, como lo muestra la jurisprudencia surgida hasta
nuestros días (sobre estos aspectos, ver también, Simone, Osvaldo Blas, La intermediación en
seguros a partir de la ley 22400 , en la revista "Seguros", AAPAS -nota III-, en la cual señalaba
que la sanción de dicha ley determinó "la profesionalización de la intermediación en seguros en
el país" y que a partir de ese ordenamiento legal, tal actividad "sólo podrá ser realizada por los
productores-asesores directos o por los productores organizadores", previa inscripción en el
registro).

(317) La norma contenida en el art. 8 Ver Texto, inc. g, de tener el alcance que resulta de su
lectura, parece sin duda excesiva. Si bien es razonable que se sancione a quien actúa en una
actividad reglamentada sin estar habilitado para ello por la autoridad competente (actividad que
exige matriculación sobre la base del cumplimiento de ciertas exigencias previas -entre ellas, la
acreditación de idoneidad técnica-, y que otorga la exclusividad en el desarrollo de esa actividad
a los matriculados), no aparece justificado, en cambio, que la sanción consista en una
inhabilidad de por vida, que le impida intentar más tarde, cumplida la sanción que
correspondiere, la regularización de su actividad, previa observancia de los requisitos de la ley y
la matriculación. Lo contrario implica no sólo un exceso notorio en la sanción, sino que resulta
más gravosa que la aplicada a quienes hayan incurrido en delitos graves (hurto, robo,
defraudación, cohecho, delitos contra la fe pública, etc.), quienes están facultados a intentar su
incorporación luego de trascurridos 10 años de cumplida la condena (art. 8 Ver Texto, inc. c,
ley 22400).

332
(318) Ver Soto, Héctor Miguel, La negociación del contrato de seguro, en JA 1997-IV-912 ,
antes citado; y en su libro Intermediación en el contrato de seguro, capítulo XIII, III-5, p. 122.

(319) Así lo hace Soto, en el trabajo citado en la nota anterior, en el n_ III-j, aps. 2 y 3.

(320) A este engorroso sistema normativo se agrega, ahora, lo dispuesto por la resolución
429/2000 Ver Texto del Ministerio de Economía, a la cual nos hemos referido antes. Pareciera
reducir ella los plazos de entrega de la cobranza (a la cual, además, priva de su efecto natural
cancelatorio, condicionado ahora al ingreso de los fondos al sistema que implementa) a 2 y 5
días hábiles (según los supuestos indicados en su art. 5 Ver Texto), que se debe efectuar por los
medios bancarios y electrónicos mencionados en su art. 1 Ver Texto, para recién, una vez
ingresados los fondos en el sistema, tener por "cancelada" (en rigor, "pagada") la obligación del
asegurado (arts. 1 Ver Texto y 2 Ver Texto inc. b).
Cabe añadir la responsabilidad del banco (interpuesto en el mecanismo de cobro y rendición)
cuando, por causas atribuibles a éste, no se acredite en término debido (o se lo haga
erróneamente) el pago efectuado por el sistema en cuestión a la póliza a que estaba asignado,
especialmente si se ha producido un siniestro.
Como si esto no fuera suficiente, el Ministerio de Economía vuelve sobre sus pasos y modifica
el art. 1 Ver Texto de la resolución 429/2000, de la siguiente forma: "Los únicos sistemas
habilitados para el pago de premios de contratos de seguros son los siguientes: a) entidades
especializadas en cobranza, registro y procesamiento de pagos por medios electrónicos [?]; b)
entidades bancarias: pago en ventanilla o débito en cuenta; c) tarjetas de débito, crédito o
compras".
Se vuelve a reiterar que sólo se considerará cumplida la obligación de pago del premio del
seguro cuando los fondos ingresen en alguno de los sistemas mencionados precedentemente, y
que se deberá consignar en las pólizas la modificación que instituye la resolución. Nuevamente,
el poder administrador invade, en un acto carente de legitimidad, la esfera jurídica (p.ej.,
pretende dejar a un lado el art. 731 Ver Texto, inc. a, del Código Civil), y, además, con normas
de alta complejidad y de confusa hermenéutica, olvidando la división de poderes de la
Constitución nacional.
Por último, se agrega que cuando la percepción de premios se materialice por medio del
Sistema Único de Seguridad Social (SUSS), se considerará cumplida la obligación establecida en
la resolución, y, asimismo, son derogados los arts. 5 Ver Texto y 6 Ver Texto de la resolución
429/2000 Ver Texto.

(321) Soto, Héctor M., Intermediación en el contrato de seguro, cit., p. 122.

(322) Fernández Dirube, Ariel, Manual de reaseguros, 1993, Buenos Aires, § 6.3.2, p. 241.

(323) López Saavedra, Domingo M., y Perucchi, Héctor A., El contrato de reaseguro, 1999,
Buenos Aires, capítulo VII, § A.a.1, p. 29. Fernández Direbe, Ariel, lug. cit. en nota anterior.

(324) Es, en el fondo, el principio al cual responden los arts. 21 Ver Texto, 2º párr., y 22 Ver
Texto, LS., que admiten la indeterminación del interés; empero, esos supuestos exigen que se
halle perfeccionada la relación con el asegurado, es decir, que exista contrato respecto de éste,
no obstante lo cual su persona se puede hallar indeterminada. Es que mientras no existe
siniestro, no hay posibilidad de afectar el contrato efectiva y válidamente.

333
(325) El tomador, en la normativa del art. 23 Ver Texto, LS., tiene escasa relación con el
asegurado, que se limita a ciertas facultades indirectas respecto de éste: disponer a nombre
propio de los derechos que resulten del contrato y reclamar el reintegro de las sumas que haya
pagado de su peculio en concepto de prima del seguro; puede cobrar, con preferencia al
asegurado, sobre el importe que debe pagar el asegurador en caso de siniestro. La facultad de
modificación del contrato, no obstante su importancia, no surge de una relación con el
asegurado, sino del contrato celebrado con el asegurador.

(326) La jurisprudencia ha debido salir al cruce de este tipo de situaciones al señalar que,
conforme a lo que resulta de esa contratación, es el tomador quien se ha obligado a dar
cumplimiento a las obligaciones y cargas emergentes del contrato (ver, p.ej., C. Nac. Com., sala
C, 29/4/1996, ED, fallo 48.024 -con nota nuestra-; en este caso, el fallo incluyó en la condena
a la entidad tomadora al sostener que ésta, lejos de ser ajena a las relaciones emergentes del
seguro, fue parte directa y principal de él, colocándose como beneficiaria irrevocable y
facultada a reclamar los pagos; se trató, además, de un contrato celebrado con el fin de atender
intereses propios resultantes de la operación base).

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Capítulo III. CELEBRACIÓN DEL CONTRATO DE SEGURO Partes. Intermediarios.


Reticencia

I. Partes. Capacidad

1. Partes.

En el contrato de seguro intervienen normalmente dos partes: el asegurador y el asegurado,


titular del interés asegurado. La ley también emplea la denominación de tomador en algunas
disposiciones (v.gr., arts. 11 Ver Texto, 12 Ver Texto, 23 Ver Texto, 25 Ver Texto, 27 Ver
Texto, 29 Ver Texto, 38 Ver Texto, 39 Ver Texto, 40 Ver Texto, 45 Ver Texto, 46 Ver Texto,
etc.): el empleo de esta designación obedece a la circunstancia de que esas normas se refieren a
consecuencias del contrato de seguro respecto de quien puede no ser el titular del interés

334
asegurado no obstante haber celebrado el contrato (supuestos de contrato por cuenta ajena, o
por cuenta de quien corresponda, p.ej.) (327) .

El beneficiario del seguro sobre la vida (arts. 143 Ver Texto y ss.) o del seguro colectivo (arts.
153 Ver Texto y ss.) no es parte en el contrato, ya que, en principio, no asume ni se le imponen
obligaciones (328) .

Cuando el seguro sobre la vida se celebra respecto de la vida de un tercero, se requiere el


consentimiento por escrito del tercero o de su representante legal (329) . Pero este
consentimiento no le hace parte en el contrato aun cuando su reticencia sea oponible al
asegurado (330) .

Se debe tener en cuenta que para los llamados "riesgos argentinos" se aplican los arts. 12 , 13 y
14 de la ley 12988, que:

a) prohíbe asegurar en el extranjero a personas, bienes, o cualquier interés asegurable de


jurisdicción nacional (art. 12 );

b) "deben cubrirse exclusivamente en compañías argentinas de seguros a todas las personas,


bienes, cosas, muebles o inmuebles, semovientes, responsabilidad o daños que se resuelvan
asegurar", de propiedad o utilización estatal o por los concesionarios o beneficiarios de
exenciones o privilegios de cualquier índole (art. 13 );

c) "deben igualmente ser cubiertos en compañías argentinas [. . .] los seguros de toda clase de
bienes que entren al país, cualquiera sea la forma, cuyo riesgo de trasporte al mismo sea por
cuenta de quien lo reciba, así como los de los bienes que salgan del país, cualquiera sea la
forma, cuyo riesgo de trasporte al extranjero sea por cuenta de quien lo remita" (art. 14 ).

El decreto ley 14135 , de 1962, exceptuó de este régimen "los seguros marítimos sobre todas
las importaciones provenientes de los Estados Unidos de América", los cuales "podrán ser
contratados en compañías argentinas de seguros o en compañías autorizadas para operar en
seguros marítimos en cualquier estado de los Estados Unidos de América" (art. 1 ).

335
1 (a).

Actualmente comienza a abrirse paso la categoría que se podría denominar de los grandes
asegurados (y la correlativa, de los grandes riesgos), la cual, tal como su nombre lo indica, hace
referencia a la magnitud económica de ciertas empresas y a la importancia de los seguros que
contraten.

Sobre el tema podemos recordar lo establecido por el Reglamento de la Actividad


Aseguradora, art. 26.3, cuando define lo que denomina "grandes riesgos": entiende por tales
aquellos que, considerados conjuntamente: "a) posean valores asegurables mayores a $
10.000.000; b) involucren actividades industriales, de comercio o de servicios" (331) . En estos
casos, para la autorización de los elementos contractuales se requerirá sólo: a) el texto
proforma de las condiciones contractuales; b) la conformidad del asegurable y beneficiarios, o
de todos, respecto de todas las condiciones integrantes del seguro (condiciones contractuales,
valores asegurados, primas, gastos de adquisición y explotación, recargos, etc.); c) opinión
letrada acerca de que dichas condiciones se ajustan a lo normado por las leyes 17418 Ver
Texto, 20091 Ver Texto, y su reglamentación, y que no contraviene ninguna norma de orden
público; d) las condiciones de reaseguro a convenir, con indicación del nivel de retención a
asumir por el asegurador y que aquél no comprometerá su capacidad económico-financiera.

Si la póliza se hubiese emitido efectivamente, la aseguradora deberá agregar, dentro de los 60


días corridos, contados a partir de la presentación a la cual se refiere el párrafo anterior, la
copia de la constancia de colocación del reaseguro; la falta de cumplimiento de esta carga
provocará la caducidad de la autorización conferida.

2. Capacidad.

La validez del consentimiento de las partes, en lo que se refiere a la capacidad, se rige por las
reglas generales, excepto respecto del seguro sobre la vida.

El asegurador debe ser una empresa autorizada: la falta de autorización anula el contrato (art.
61 Ver Texto, ley 20091), sin perjuicio de la responsabilidad de la empresa aseguradora, que en
caso de siniestro puede ser el monto del daño cubierto con el contrato nulo (332) .

336
En lo que se refiere al tomador del seguro, esa capacidad se debe juzgar teniendo en cuenta
que, salvo el seguro sobre la vida, es un acto de mera administración; de ahí que se reconozca
capacidad al menor emancipado y al tutor (333) .

Según la reforma del Código Civil por la ley 17711 Ver Texto, se debe distinguir:

a) menor de 18 años cumplidos que trabaja o ejerce profesión, tiene la libre disposición de los
bienes adquiridos con su trabajo (art. 128 Ver Texto, 3er. párr., CCiv.), por lo cual también
puede contratar seguro a su respecto;

b) menor de 18 años cumplidos, habilitado: es plenamente capaz (art. 131 Ver Texto, 3er. párr.,
CCiv.), por lo cual también lo es para contratar seguros;

c) menor emancipado por matrimonio:

1) sin autorización, no tiene la administración de los bienes adquiridos a título gratuito (art. 131
Ver Texto, 2º párr., CCiv.), por lo cual no tiene capacidad para contratar seguros respecto de
ellos;

2) con autorización, está habilitado para todos los actos de la vida civil (art. 133 Ver Texto,
CCiv.). Las limitaciones de los arts. 134 Ver Texto y 135 Ver Texto, Cód. cit., en su redacción
conforme ley 17711 Ver Texto, no afectan su capacidad para contratar seguros, aun para
aquellos bienes de los cuales no puede disponer.

d) además de los enfermos mentales (art. 141 Ver Texto, CCiv.) y de los sordomudos incapaces
de administrar sus bienes (art. 155 Ver Texto, Cód. cit.), la ley conoce a los inhabilitados
judicialmente (art. 152 bis Ver Texto, Cód. cit.). Estos últimos pueden administrar libremente,
salvo las limitaciones contenidas en la sentencia, por lo cual se les debe reconocer capacidad
para celebrar seguros de daños respecto de sus bienes.

e) con relación a la mujer casada, su capacidad es plena respecto de los bienes propios y de los
gananciales que administra (art. 1276 Ver Texto, CCiv.), por lo cual su capacidad es indudable.

3. Capacidad. Seguro sobre la vida.

337
El seguro sobre la vida para el caso de muerte o en beneficio de un tercero requiere capacidad
para disponer, porque sus beneficios no son recibidos por el tomador o contratante (334) .

La mujer casada puede hacerlo sin limitaciones si las primas se pagan con los gananciales de
bienes que administra (art. 1276 Ver Texto, CCiv., ley 17711 Ver Texto) o con bienes propios.

El art. 128 Ver Texto de la ley 17418 en su 2º párrafo amplió la capacidad de los menores de
edad, mayores de 18 años: se la reconoce para celebrarlo "sólo si designan beneficiarios a sus
ascendientes, descendientes o hermanos, que se hallen a su cargo" (335) . La ley 17711 Ver
Texto, de reformas al Código Civil, introdujo a su vez modificaciones, que deben ser
consideradas:

1) El menor emancipado por matrimonio con autorización está habilitado para todos los actos
de la vida civil (art. 133 Ver Texto, Cód. cit.), incluso para disponer de los bienes (art. 135 Ver
Texto, Cód. cit.), por lo cual se le debe reconocer capacidad para tomar seguro sobre su propia
vida en beneficio de tercero. Si hubiere contraído matrimonio sin autorización, sólo tiene la
capacidad del art. 128 Ver Texto, 3er. párr., ley 17418, de seguros, y la del art. 128 Ver Texto,
3er. párr., CCiv.

2) El menor mayor de 18 años puede disponer libremente de los bienes adquiridos con su
trabajo o profesión (art. 128 Ver Texto, 3er. párr., CCiv.), por lo cual se debe juzgar que puede
asegurar su vida en beneficio de tercero si el pago de las primas se hace con ese peculio de libre
disponibilidad.

3) El menor habilitado (art. 131 Ver Texto, 3er. párr., CCiv.) es juzgado plenamente capaz para
la vida civil, por lo cual podrá asegurar su propia vida en beneficio de tercero.

No cabe reconocer esa capacidad al inhabilitado judicialmente, salvo que medie conformidad
del curador (art. 152 bis Ver Texto, CCiv.).

El tutor y el curador no pueden contratarlo. A su respecto excede evidentemente de sus


facultades de conservación del patrimonio de los incapaces. Y si se contratara por vida entera o
en beneficio de un tercero, chocaría con el principio que inspira la prohibición del art. 450 Ver
Texto, inc. 5, CCiv. (336) .

338
Los esposos pueden contratarlo uno en beneficio del otro, sin que la prohibición del art. 1807
Ver Texto, inc. 1, CCiv., afecte al acto, no sólo porque el esposo beneficiario no es parte en el
contrato -argumento que no es válido cuando se designan beneficiarios recíprocamente en el
mismo contrato-, sino también porque no se trata de una donación (337) .

El fallido puede contratarlo si paga las primas con fondos propios, que no se deben incorporar
a la masa; por ejemplo, con los provenientes del trabajo personal (338) .

En la práctica, las empresas admiten contratar con analfabetos con ciertos recaudos especiales:
firma a ruego, con dos testigos, cuya firma certifica un escribano, o juez de paz; pero en su
práctica excluyen sistemáticamente el seguro de las mujeres analfabetas.

4. Capacidad. Tomador incapaz.

Según los arts. 1045 Ver Texto y 1049 Ver Texto, CCiv., el contrato celebrado por un incapaz
es anulable, pero sólo a petición de la parte incapaz si se trata del tomador. Se debe tener en
cuenta la disposición del art. 128 Ver Texto, 2º párr., sobre la capacidad excepcional del menor
que ha cumplido 18 años para celebrar contrato de seguro sobre la propia vida, que se amplió
por la ley 17711 Ver Texto, CCiv., según expuse precedentemente.

La disposición del 3er. párrafo del art. 128 Ver Texto no se refiere a la capacidad, sino al
interés asegurable cuando se asegura sobre la vida de un tercero.

4 bis. Asegurador autorizado.

En lo que se refiere al asegurador, se debe celebrar con un asegurador autorizado conforme al


art. 61 Ver Texto, ley 20091, so pena de nulidad, nulidad que si bien no exime a la empresa de
su obligación de indemnizar a título de resarcimiento del daño causado por haber contratado
sin hallarse autorizado (art. 1056 Ver Texto, CCiv.), es absoluta y puede ser declarada de oficio
(arts. 18 Ver Texto y 1047 Ver Texto, CCiv.).

339
5. Mandatario.

Cuando la contratación del seguro es un mero acto de administración -como ocurre en los
seguros de daños-, el mandato a este efecto es suficiente; aún más, existe en el mandatario
obligación de asegurar, como un acto normal y necesario (339) . Mas cuando excede y es un
acto de disposición o compromete derechos personalísimos, como ocurre en el seguro de
personas, se debe recabar poder especial.

Segovia, fundado en los arts. 273 Ver Texto, 900 Ver Texto y 931 Ver Texto, CCom.
(derogados), sostenía que en todos los casos se requiere poder especial para asegurar (340) .
Las disposiciones invocadas no se pueden extender por analogía: 1) el art. 273 Ver Texto no
requiere poder especial, sino que fija las consecuencias para el supuesto de que el comisionista
no cumpla con la instrucción impartida por el comitente, de asegurar; 2) el art. 900 Ver Texto
exigía al armador del buque autorización de los copartícipes para asegurar; es una hipótesis
peculiar del derecho marítimo, para excluir la solución lógica que daría al armador facultad de
asegurar sin el consentimiento de todos los partícipes; 3) y el art. 931 Ver Texto, al contrario,
incluía la facultad de asegurar entre las atribuidas por la ley al capitán; por lo cual es contraria a
la posición de Segovia.

Quien contrajo la obligación de asegurar responde por los daños en caso de omisión (341) .

6. Gestión de negocios.

Cabe contratar el seguro en cumplimiento de una gestión de negocios, supuesto en que entre el
tomador y el asegurado rigen las normas pertinentes de esa institución; así como en el de
comisión se aplica el art. 273 Ver Texto, CCom.

En el seguro de intereses se admite el seguro por cuenta ajena o de quien corresponda,


regulado por los arts. 21 Ver Texto y ss., que no se aplican en materia de seguros sobre la vida

340
(art. 21 Ver Texto, 1er. párr.). El seguro por cuenta ajena puede concurrir con el seguro por
cuenta propia.

(327) Ver Rivarola, ob. cit., ps. 305 y ss. Rechazamos el ejemplo del seguro de accidente de
trabajo que da en p. 306, nota 1, en el cual califica al obrero de beneficiario, ya que este seguro
es de la responsabilidad civil del patrón, y no en favor de tercero.
La expresión asegurado tiene en los autores y la práctica distintos significados: con ella se
designa al tomador del seguro, al titular del interés cubierto o al beneficiario; lo corriente es
que coincidan en una sola persona. Gasperoni, vº Assicurazioni, nº 20.
Designamos tomador del seguro al estipulante, y asegurado, al titular del interés y del derecho a
la indemnización.
En el seguro sobre la vida pueden aparecer hasta cuatro personas: el asegurador; el estipulante
o tomador del seguro; el tercero, cuya muerte o supervivencia determina la prestación, y el
beneficiario.

(328) Ver infra, capítulo V, sobre "Obligaciones del asegurador".

(329) Ver infra, capítulo VI, sobre "Siniestro".

(330) Lefort, I, ps. 524 a 526, e infra, en este capítulo, § 15 y ss., sobre "Reticencia", y capítulos
IV y VII, sobre "Obligaciones del asegurado" y "Siniestros".

(331) Esta modalidad también figura propuesta en el art. 134 del proyecto de reformas a la ley
de seguros 17418 Ver Texto elaborado por la comisión encabezada por los Dres. Domingo
López Saavedra y Eduardo Baeza. Dicho artículo lleva por título "Grandes riesgos o grandes
asegurados", y define los grandes riesgos como aquellos en los cuales la suma asegurada sea
"superior a $ 10.000", suma que se deja sujeta a la posibilidad de modificación por la autoridad
de control cuando ésta estime que las circunstancias o los factores de asegurabilidad o de
reasegurabilidad de tales riesgos lo tornen aconsejable. Y por grandes asegurados entiende a las
sociedades que tengan: 1) un capital social que exceda de $ 7.500.000; 2) una facturación anual,
correspondiente al ejercicio anterior al de la celebración del seguro de más de $ 13.000.000, y
3) más de 250 empleados al momento de la celebración del contrato de seguro. Agrega que
para que una sociedad sea considerada como "gran asegurado" deberá reunir, por lo menos,
dos cualesquiera de los requisitos precedentemente indicados; asimismo, como en el caso
anterior, deja igualmente librado al criterio de la autoridad de control modificar esos requisitos.
La norma proyectada establece que en los casos de grandes riesgos o de grandes asegurados, y
salvo para los seguros que puedan ser obligatorios, las partes podrán pactar libremente las
condiciones del contrato de seguro que los vincule, excepto que se trate de artículos
inderogables conforme al primer párrafo del también proyectado art. 133 Ver Texto.

(332) Art. 1056 Ver Texto, CCiv.; confr. art. 69, proyecto de ley de empresas de seguros. Ver lo
expuesto en el capítulo II. Se ha cambiado así la solución legal.

341
(333) Vivante, Contratto, nros. 147 y 148; Giannatasio, en "Assicurazioni", 1953, 2, p. 129.
Respecto del tutor y curador, conf. Fernández, p. 403.
La omisión del seguro por el tutor podría hacerle incurrir en responsabilidad, según las
circunstancias, especialmente la existencia de la costumbre de asegurar y el monto de las
primas (Vivante, ob. cit., nº 148).
Limita la capacidad del menor emancipado y la excluye en el caso de fondos de comercio (ob.
cit., nº 147). La limitación se debe rechazar, porque conforme al art. 10 Ver Texto, CCom., el
menor emancipado o autorizado para ejercer el comercio se reputa mayor para todos los actos
y obligaciones comerciales. Tampoco se ve por qué el seguro del edificio contra incendio es un
mero acto de administración, y no lo es el del establecimiento comercial.
El menor emancipado no comerciante se debe sujetar a las limitaciones de los arts. 134 Ver
Texto y 135 Ver Texto, CCiv.: podrá asegurar los bienes que administra libremente, según el
criterio establecido, pero no podrá contratar seguro sobre su vida a beneficio de tercero, que
no se pague con rentas. La violación producirá la nulidad del contrato a petición del menor.

(334) Las limitaciones de los arts. 134 Ver Texto y 135 Ver Texto, CCiv., para el menor
emancipado han quedado modificadas por la ley 17711 Ver Texto, de reformas al Código Civil,
conforme se analiza en el texto.

(335) Ver infra, capítulo VI.

(336) Contra, respecto del tutor, Lefort, I, p. 259.

(337) Confr. Vivante, ob. cit., nº 498, quien admite que puede caer dentro de la prohibición si
es por una suma elevada.
Para Besson y Picard, IV, p. 134, se trata de una liberalidad, sujeta a las normas especiales de la
ley de 1930, y a las generales sobre donación que no han sido declaradas inaplicables por esa
ley.
Ver en capítulo V un desarrollo más amplio de nuestra opinión, cuando nos ocupamos de la
colación en materia de primas.

(338) Lefort, I, ps. 270 y 271; Besson y Picard, IV, p. 132.

(339) Besson y Picard, I, nº 114. Y no sólo el mandatario, sino también quienes tienen respecto
de los bienes una obligación de guarda o custodia: depositario, v.gr. (ver en materia de
warrants, art. 5 Ver Texto, ley 9643). Ver Gorla, en "Assicurazioni", 1941, 1, p. 297.

(340) Segovia, nota 1756.

(341) La ley 17418 Ver Texto no reproduce el art. 510 Ver Texto, CCom.
Ver C. Nac. Com., 30/3/1921, JA 6-238; Vivante, Contratto, nº 92, quien rechaza que se le
considere a él mismo asegurador.
Tal, por ejemplo, en ciertas especies de compraventa a distancia. En la compraventa CIF, el
incumplimiento por el vendedor será inejecución del contrato (ver Halperin, nota en LL 79-
239).
El mandatario que no cumple con la instrucción de asegurar, responde ante su mandante por
los daños que la omisión le cause (en caso de siniestro, v.gr., por los daños que sufra el interés

342
asegurable). Reproducirlo era redundante (art. 1904 Ver Texto, CCiv., y art. 228 Ver Texto,
CCom.).

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II. Oferta

7. Oferta.

Dado su carácter de consensual (art. 4 Ver Texto, encabezamiento), para que exista contrato es
suficiente el acuerdo de voluntades, sin que se halle subordinado al pago de la prima o a la
emisión de la póliza (342) .

La oferta y la aceptación se rigen por las normas comunes. No constituyen un precontrato, ni


aun en el seguro flotante, que tiene en cuenta la celebración de un contrato válido, y no un
precontrato (343) .

Aunque por lo general y en la práctica el asegurador es quien busca el negocio, jurídicamente el


asegurado es el proponente: el agente no formula una oferta, sino que invita a hacerla (344) .

En casi todos los seguros la oferta es escrita.

Si bien la oferta -o solicitud de seguro- no forma parte integrante de la póliza, puede quedar
incorporada a ella por referencia, tal como ocurre en la práctica; y es esencial para la
interpretación del contrato, máxime cuando sus términos son coincidentes (345) .

343
Si bien el asegurado puede formular una oferta conforme al derecho común, generalmente la
oferta es precisa y completa, se basta por sí misma: indica, con la mayor precisión posible, el
riesgo, su estado, tipo de póliza que se desea, etc.

Para formular la oferta se puede seguir el sistema de la declaración o el del cuestionario, lo cual
tiene especial importancia en materia de reticencia.

En el seguro de granizo, el cuestionario exige la indicación de lo sembrado, los linderos del


campo, la denuncia de los daños existentes. Alguna empresa requiere la indicación de
existencia de prenda agraria y, en su caso, el detalle pertinente; otra, recaba la distancia a la
estación o pueblo más cercano. Por lo demás, son idénticos.

En el seguro sobre la vida, corrientemente el cuestionario es minucioso. El asegurado debe


contestarlo sin entrar a juzgar su valor. El asegurador completa este informe con otro que
recibe de su agente, sobre la reputación, medios de vida, conducta del asegurado, estado
aparente de la salud, etc., y con la revisación médica.

En lo que se refiere al cuestionario, su complejidad es variable. Por ejemplo, algunas empresas


se limitan a inquirir si actualmente no sufre enfermedad; si goza de buena salud, y no siente
síntomas de enfermedad; si tiene y ha tenido siempre costumbres serias y morigeradas; si ha
viajado o residido fuera de la Argentina o tiene intención de hacerlo; si utiliza la vía aérea para
sus viajes, o emplea o tiene la intención de emplear algún medio de locomoción aérea para
otros fines (346) .

Otros aseguradores emplean un cuestionario más detallado en lo que se refiere a las


ocupaciones, consumo de bebidas alcohólicas, órganos enfermos y enfermedades, análisis de
sangre, hemoptisis, accidentes, intervenciones quirúrgicas, curas en estaciones climáticas,
antecedentes de familia, etc.

La oferta, aunque se redacte con el consejo o la colaboración del agente del asegurador, es un
acto unilateral del asegurado. El asegurador forma su concepto del riesgo sobre la base de ella
(347) .

344
8. Vigencia de la oferta.

La propuesta no obliga al asegurador, aunque éste es quien entrega el formulario de


cuestionario o gestiona el contrato (art. 4 Ver Texto, 2º párr.) (348) .

Tampoco obliga al asegurado (art. 4 Ver Texto, 2º párr.), hasta que sea aceptada, aunque
contenga todas las cláusulas de la póliza (349) , porque hasta tanto sea aceptada, puede ser
retractada, salvo que el asegurado haya fijado un plazo para mantenerla, supuesto en que no
cabe retractación hasta el vencimiento (350) .

El silencio del asegurador no vale como aceptación, sino como rechazo de la oferta (351) .
Tampoco está obligado a comunicar su negativa de aceptar la oferta, por lo cual no cabe
responsabilizarlo por su aceptación tardía o su negativa o por el retardo en la respuesta (352) ;
excepto que quepa culpa in contrahendo conforme a las circunstancias del caso (entonces no
existirá aceptación, sino responsabilidad).

La oferta se debe redactar en tal forma que con su aceptación exista, sin más, acuerdo sobre los
puntos contractuales importantes (353) .

Toda modificación de las condiciones de la oferta importa, a su vez, la oferta de un nuevo


contrato (354) . Pero téngase presente que si el asegurador, en vez de formular una
contraoferta, emite la póliza con modificaciones, el asegurado puede impugnarla en el término
de un mes y no obstante considerar vigente el contrato en lo restante (art. 12 Ver Texto), con
lo cual se impone una solución acorde con la buena fe y de repulsa de modificaciones o
condiciones sorpresivas para el asegurado (355) .

Esta aceptación implícita requiere que se cumpla con el segundo párrafo del art. 12 Ver Texto,
esto es, que se advierta al asegurado de su derecho. Esta advertencia requiere:

1) Que se haga en el caso específico en que exista la modificación. No puede resultar de una
condición general impresa, de una cláusula de estilo, porque no llena la función de la ley.

345
2) En las pólizas aprobadas se inserta una cláusula general, recordando este derecho del
asegurado. Es un error, porque lo que la ley persigue es que el asegurado sepa que en la póliza
que se le entrega existen modificaciones de su propuesta. Este fin de la ley no se obtiene si ese
llamado de su atención se enuncia en términos genéricos y en hipótesis.

3) La redacción del art. 12 Ver Texto supone que se indica al asegurado las cláusulas que se
modifican. Sería un enorme contrasentido que el asegurado debiera estudiar y comparar las
diversas cláusulas de su propuesta con la nutrida y compleja enunciación de condiciones de la
póliza. En cada póliza se requeriría asesoramiento letrado para estudiarlas, y éste no es el fin de
la ley ni la función de esa norma.

4) De ahí que también la ley exija que la cláusula se inserte en caracteres destacados en el
anverso de la póliza (art. 12 Ver Texto, 3er. párr.), esto es, fuera del texto de las condiciones
generales.

9. Seguros mutuos.

En lo que se refiere a los seguros mutuos, rigen en general las mismas reglas, aunque difiere su
mecanismo, porque el asegurado se convierte a su vez en asociado. Por ello el
perfeccionamiento dependerá del momento en que los estatutos atribuyen eficacia a la solicitud
de adhesión (356) .

10. Aceptación de la oferta.

El asegurador debe aceptar la propuesta; con la aceptación se perfecciona el contrato.


Subordinarlo a la emisión de la póliza, como se practica corrientemente en los seguros de
intereses, no influye en el perfeccionamiento, sino eventualmente al comienzo del plazo de
cobertura, conforme al art. 4 Ver Texto (de ahí que la demora en emitir la póliza no afecta la
cobertura, atento a su mera función probatoria: art. 11 Ver Texto).

346
El asegurador no tiene plazo para aceptar la oferta. Hemos visto que su silencio no tiene
consecuencias jurídicas (357) , excepto que se den circunstancias para establecer
responsabilidad por culpa in contrahendo.

El consentimiento del asegurador debe darlo persona autorizada (358) . Rigen las disposiciones
de los arts. 53 Ver Texto y 54. Fijado un plazo de mantenimiento de la oferta, la demora del
agente, encargado de recibirlas (art. 53 Ver Texto, inc. a), importará culpa in contrahendo para
el asegurador que lo emplea (359) . El hecho de que el agente mediador acepte pagarés en pago
de la prima, aunque haya otorgado el recibo correspondiente (360) , no varía la solución acerca
de la eficacia de la aceptación de la oferta, salvo que esté en posesión de un recibo extendido
por el asegurador (art. 53 Ver Texto, inc. c).

La aceptación debe ser comunicada al asegurado y obliga al asegurador en los términos de los
arts. 1154 Ver Texto y 1155 Ver Texto, CCiv. (361) (aunque corrientemente se expresa con la
emisión de la póliza, con el peligro de que se revoque la oferta).

11. Requisito de buena salud en los seguros de personas.

En los seguros sobre la vida era corriente insertar en la oferta o en la póliza que el contrato rige
si el tomador goza de buena salud al momento de la entrega de ésta (362) .

Por buena salud se debe entender que el estado de salud es el mismo que el comprobado en la
oferta; y si ha variado, que no se trate de un mal pequeño o pasajero, porque éstos no afectan
aunque en su evolución posterior se agraven y causen la muerte (363) .

Sustancialmente, la solución es una aplicación del art. 44 Ver Texto al seguro de personas.

347
12. Prórroga. Propuesta.

En cambio, la propuesta de prórroga del contrato por el asegurado se sujeta a norma distinta:
el art. 4 Ver Texto, en su 3er. párrafo, dispone que salvo en los seguros de personas, "la
propuesta de prórroga [. . .] se considera aceptada por el asegurador si no la rechaza dentro de
los 15 días de su recepción".

Naturalmente que al proponerse la prórroga el asegurado debe denunciar todas las variaciones
del riesgo "que hubiese impedido el contrato o modificado sus condiciones si el asegurador
hubiere sido cerciorado del verdadero estado del riesgo" (art. 5 Ver Texto).

La distinta solución del art. 4 Ver Texto, 3er. párr., respecto de la prórroga, obedece a la
presunción lógica de aceptación derivada de la propuesta y el vínculo antecedente (doctrina del
art. 919 Ver Texto, CCiv.).

La excepción para los seguros sobre la vida no sólo se funda en que generalmente éstos son
plurianuales y se paga al finalizar el término (dotal, de supervivencia) u ocurrir el evento
previsto, sino que aun en los seguros para el caso de muerte en un plazo corto -ahora, plan
anual (364) - las peculiaridades del riesgo no permiten una aceptación tácita (incluso puede
requerir revisación médica previa).

(342) Es menester declarar la aceptación de la oferta, para impedir su retractación (art. 1150
Ver Texto, CCiv.). Cuestionada la existencia, el asegurador debe probar esa aceptación (ver
nota 33, in fine).

(343) La noción del precontrato, en la cual se engloba el deber de informar sobre el estado del
riesgo, desconoce la naturaleza de éste. Ver la crítica, en Bruck, p. 161, nota 1. Ver también
Genovese, en "Assicurazioni", 1951, 2, p. 138: si no existe indicación de la prima, sostiene que
existe remisión al valor corriente.

(344) Donati señala con acierto que la propuesta, no obstante, puede formularla -en sentido
jurídico- el asegurador, como en los casos de bagajes en estaciones, socios de clubes, etc. Mas
alcanza una solución inaceptable, porque sostiene que se concluye con el retiro del documento
y pago de la prima, por lo cual juzga que entonces es formal y real (Trattato, II, nº 407).
¿Acaso en la compraventa en mostrador, en la cual se paga y se recibe el bien, estamos ante un
contrato real? Lo que ocurre es que nos hallamos ante supuestos de ejecución contemporánea

348
de ciertas obligaciones con la celebración misma del contrato (entrega de la póliza, pago de la
prima).
Bruck-M”ller señalan los supuestos del seguro automático (v.gr., el celebrado en aeropuertos) o
el verbal (ob. cit., I, § 1, nº 69).

(345) C. Nac. Com., 31/7/1935, JA 51-261; Vance, ps. 232 y ss.


Si la póliza expresa que la solicitud firmada por el asegurado integra el contrato, ésta debe estar
firmada por el asegurado; si lo está por un tercero, carece de valor (C. Nac. Com., 16/12/1936,
JA 56-925).
Téngase en cuenta que la Superintendencia de Seguros ha declarado obligatoria la propuesta de
seguro por circular nº 5, 18/2/1955, con excepción de los seguros marítimos flotantes,
trasportes terrestres, coseguro, o por plazo no mayor de 30 días (circular nº 15, 22/7/1955).
Reymundo Benítez de Lugo entiende "que si en esa proposición o cuestionario no va impresa
una solicitud concreta y terminante o no va acompañada de una carta del asegurado o de otra
manifestación de voluntad real y susceptible de prueba en la que se acredite su oferta concreta
y decidida, tal proposición solamente tendrá el alcance de un acto preparatorio que no obliga a
las partes" (ob. cit., t. I, p. 134).
Bruck-M”ller, ob. cit., I, nº 72, entienden que se debe separar del deber o carga de informar
verazmente, excepto que, conforme a la póliza, la oferta llene la función de manifestación o
declaración del estado del riesgo asumido.

(346) El Código Aeronáutico dispone, en su art. 195 Ver Texto: "No podrá ser excluido de los
contratos de seguros de vida o de incapacidad por accidentes que se concierten en el país el
riesgo resultante de los vuelos en servicios de trasporte aéreo regular. Toda cláusula que así lo
establezca es nula".

(347) Vivante, Trattato, nº 1869, y Contratto, nº 48.


El asegurado no puede alegar que la firmó en blanco, y así la entregó al asegurador (C. Nac.
Com., 19/7/1935, GF 117-171).
La influencia de la participación del agente en la confección de la oferta sobre la reticencia del
asegurado se examinará más adelante, en este capítulo, § 25.

(348) Antes de la ley 17418, ya la C. Nac. Com., 12/11/1930, JA 34-907; C. Apels. Rosario,
19/12/1967, DJA, 31/5/1968, p. 10. Ver Besson y Picard, I, nº 119.
Zavala Rodríguez, II, nº 1772, critica la solución legal y prefiere la contraria.
En los Estados Unidos, en materia de seguros sobre la vida, el asegurador entrega un recibo de
la oferta, que comprueba el pago de la prima y establece que el seguro, conforme a la póliza
corriente, entrará en vigor a la fecha del examen médico, si el asegurador juzga el riesgo
asegurable y conforme al plan solicitado: constituye un seguro temporal, sujeto a rescisión por
el asegurador. El asegurador debe justificar el rechazo honesto del riesgo, aun cuando no es
necesario que sea razonable (Patterson, ps. 74 y 75). (¿El rechazo honesto no exige que sea
razonable?)
Para Patterson, si el asegurado paga la prima contra la entrega de la póliza, la emisión de la
póliza no sólo importa una oferta por parte del asegurador (nº 14). En esto hay un error; la
falta de pago de la prima posterga la vigencia de las obligaciones del asegurador, pero no puede
cambiar el papel de ofertante del asegurado.

(349) C. Nac. Com., 12/11/1930, JA 34-907.

349
(350) CCiv., arts. 1150 Ver Texto, 1154 Ver Texto y concs. De ahí que no se cubre el siniestro
ocurrido en el intervalo, aunque se emita la póliza fijando su vigencia desde una fecha anterior
a aquél, si el asegurador ignoraba su acaecimiento (C. Nac. Com., 12/11/1930, JA 34-907).
En este sentido, cabe aceptar la afirmación de Castillo de que la propuesta no impone
obligaciones al asegurado (nº 19).
Es distinto en las legislaciones que le fijan un plazo de validez (Besson y Picard, I, nº 119).
Ver Buttaro, Proposte irrevocabile e conclusione del contratto, en "Assicurazioni", 1950, 2, p.
167, quien sostiene la trasmisibilidad de la propuesta a los herederos, salvo en el seguro sobre
la propia vida; Salandra, Morte del assicurato nel corso della conclusione del contratto, en
"Assicurazioni", 1949, 2, p. 17, quien analiza la suerte de la propuesta y el pago de la prima.
Asimismo, ver Carresi, en "Assicurazioni", 1959, 2, p. 165, que expone la eficacia de la
propuesta según el art. 1887, Código Civil italiano.

(351) Bruck, p. 172; Lordi, nº 485; Besson y Picard, nº 122; Garrido y Comas, ob. cit., p. 76.
Contra: Vivante, Trattato, nº 1871, y Contratto, nº 50, que admite responsabilidad si media
retardo culposo; Haymann, que funda la responsabilidad en la culpa in contrahendo, en
"Assicurazioni", 1936, 1, p. 156. Vance, p. 188, se puede aceptar la solución contraria si retiene
la prima remitida con la oferta. Sobre culpa in contrahendo, ver Bruck-M”ller, I, nº 90.
Patterson critica la solución, acogida por la generalidad de la jurisprudencia norteamericana,
porque el asegurador es quien solicita las ofertas, disidencia aceptada por algunos fallos (ob.
cit., ps. 54 a 57).

(352) Bruck, ps. 105 y 172; Lordi, nº 485. Ni por el retardo del agente en trasmitirla (Bruck, ps.
150 y 151).
En este problema, Lordi establece que no hay responsabilidad si el asegurador fijó que no
habrá contrato si no se emite la póliza. Es un punto ajeno a la cuestión: la emisión obligada de
la póliza se refiere a que la aceptación sólo puede tener esta forma; mientras que la
responsabilidad se fundaría en el retardo de la aceptación o rechazo.
La doctrina hace una salvedad cuando la oferta se refiere a modificaciones de un contrato en
vigor, supuesto en que responsabiliza al asegurador por su retardo (Bruck, p. 172); principio
que sigue la ley francesa de 1930, art. 7, para todos los seguros terrestres, con excepción del de
vida.
El proyecto del Instituto de Estudios Legislativos impone al asegurador la respuesta, so pena
de resarcimiento de los daños (art. 7).
Patterson admite la acción por daños en caso de demora, y así fue sancionado por diversas
cortes norteamericanas (ob. cit., nº 15). Solución que Vance parece no compartir, ya que la
califica de sorprendente (ps. 190 y ss.).

(353) Bruck, p. 167. Es la solución impuesta por el art. 9 del proyecto del Instituto de Estudios
Legislativos.
Si en la oferta no se fija la prima y se excluye el procedimiento de estar a la corriente en el
comercio, esa oferta se debe considerar un pedido de fijación de prima, la cual debe ser
aceptada por el asegurado (Bruck, p. 167, nota 21).
Si la oferta es incompleta, no cabe integrarla con los elementos inscritos en los libros del
asegurador: se tratará de la voluntad de éste, pero no del asegurado; tales defectos impedirán la
existencia del contrato (C. Nac. Com., sala A, 18/8/1965, ED 13-631).

350
(354) Art. 1152 Ver Texto, CCiv.
Por ejemplo, por una suma inferior. Se decidió que si el ofertante primitivo la rechaza, el
asegurador deberá restituir cuanto recibió por anticipado (C. Fed. Cap., 27/6/1914, "Jur. Trib.
Nac.", junio de 1914, p. 71); solución dudosa, porque debió rechazar ese pago anticipado.
O si se emite una póliza distinta de la correspondiente a la oferta y prima pagada (Patterson, nº
14). Ver, sobre el punto, Bruck-M”ller, I, § 1, nº 81.

(355) El sistema de la ley ha sido objeto de crítica por Zavala Rodríguez. Originariamente
(DJA, 29/3/1968) fundado en que se había apartado de la ley austríaca, que exige nota
separada advirtiendo al asegurado de la diferencia contenida en la póliza. Luego amplió esa
crítica al sistema mismo de la ley (DJA, 26/6/1968).
Creo que ha sido un error apartarse del régimen del anteproyecto, pero el sistema consagrado
importa un progreso respecto del régimen legal anterior, porque: 1) el asegurado debe ser
advertido de la modificación (aunque sea en la póliza), advertencia que no puede resultar de
cláusula impresa, por la propia naturaleza y motivo de la advertencia (por lo cual considero
inocua la insertada en la póliza aprobada para el seguro de cristales); 2) apartando la
aplicabilidad del art. 1146 Ver Texto, CCiv., el asegurado tiene un mes para impugnar la póliza
en cuestión y, no obstante la diferencia que haría aplicable el art. 1152 Ver Texto, CCiv.,
quedará igualmente amparado por el seguro en los términos del art. 12 Ver Texto, ley 17418.
Ver, además, debate en el Colegio de Abogados, trascrito en JA 1969-IV.
El anteproyecto de ley de seguros elaborado por el autor de este libro establecía, en su art. 4:
"Cuando el texto de la póliza difiera del contenido de la propuesta, la diferencia se considerará
aprobada por el tomador si no reclama dentro de un mes de haber recibido la póliza.
"Esta aceptación se presume sólo cuando el asegurador acompaña la póliza con una nota,
advirtiendo detalladamente al asegurado acerca de esas diferencias y el plazo de un mes para no
aceptarlas.
"La eliminación o el rechazo de la diferencia no afecta la eficacia del contrato en lo restante".

(356) Besson y Picard, I, nº 124.

(357) Texto y nota 24. En materia de seguros de granizo se inserta la obligación de aceptar o
rechazar en el término de 8 días de recibida la oferta.

(358) La doctrina francesa aprecia esta autorización según las normas del mandato aparente, si
razonablemente se lo pudo creer autorizado (Besson y Picard, nº 122). Es una aplicación de las
nociones corrientes en materia de representación.

(359) Ver sobre éste y otros aspectos de la culpa in contrahendo en este contrato, Bruck-
M”ller, ob. cit., I, § 1, nº 90.

(360) C. Nac. Com., 27/10/1931, GF 95-18.


La solución será diversa si se halla en posesión de un recibo del asegurador (art. 53 Ver Texto,
inc. c).

(361) Algún fallo norteamericano decidió que media aceptación cuando el agente anuncia la
llegada de la póliza, aunque difiera de la oferta del asegurado (Patterson, p. 69).
En materia de seguros sobre la vida, la jurisprudencia estadounidense adoptó un criterio más
riguroso: ha resuelto que la aceptación obliga al asegurador una vez firmada la póliza, aunque

351
se halle en las oficinas de éste; o si envió la póliza y es retenida por el agente por haberse
producido el siniestro o una enfermedad grave, etc. (Patterson, ps. 69 y 70).
El envío de la póliza al corredor del asegurado perfecciona el contrato, aun cuando éste, a su
vez, no comunique nada al asegurador ni le remita la prima pagada conforme al recibo firmado
que el asegurador le remitió (Besson, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1943, p. 124). Estaremos en
un supuesto de aplicación del art. 213 Ver Texto, CCom.
Si se cuestiona, el asegurador debe probar que aceptó la propuesta: C. Nac. Com., sala B, "Sud
América v. Chiavantono", 31/3/1967, inédito; aunque sea tácitamente: "Áncora v. Molinelli",
19/4/1968.

(362) Se prohibió por resolución 1918/50 (ADLA X-A-886). Mas no varía la solución, porque
el tomador debe denunciar las variaciones sobrevinientes a la entrega del cuestionario (art. 44
Ver Texto).

(363) Conf., la jurisprudencia estadounidense citada por Patterson, ps. 71 y 72.


Las cortes estadounidenses también deciden que la entrega de la póliza por el agente, con
conocimiento de éste del mal estado de salud, importa renuncia a la cláusula. Conclusión que
sólo es aceptable en nuestro derecho en el supuesto de que el agente tenga facultades para
introducir modificaciones en el contrato (art. 54 Ver Texto).

(364) Es una de las tantas deficiencias de los planes anuales.

---------------------------

III. Nota de cobertura

13. Clases.

La gestión del contrato se suele prolongar, y en el ínterin el asegurado puede quedar en


descubierto; para obviar esta dificultad, el asegurador otorga una garantía provisional o nota de
cobertura, de alcance variable, sea que se conceda durante el tiempo que insuman las
negociaciones, sea que importe la aceptación lisa y llana de la oferta y se otorgue hasta la firma
del contrato (365) .

352
La ley 17418 Ver Texto no reglamenta la institución: sólo se refiere a ella en el art. 30 Ver
Texto, al declarar exigible la prima cuando se emite.

Cuando sustituye provisionalmente el instrumento del contrato (póliza), obliga definitivamente


a las partes (art. 4 Ver Texto):

su reemplazo posterior por la póliza no afecta la validez y duración del contrato; la reticencia
cometida al tiempo de la emisión de la nota de cobertura vicia el contrato; el plazo del contrato
es el fijado en la nota de cobertura (366) .

En cambio, cuando sólo importa una garantía provisional, las partes conservan su libertad
sobre la suerte del contrato; si el asegurador rechaza la oferta, cesa su garantía resultante de la
nota de cobertura y se restituye la prima por el plazo no cubierto, plazo que generalmente se
fija en ésta. Es decir, se trata de un seguro provisional (367) .

14. Forma. Requisitos. Efectos.

La nota emana del asegurador; él sólo la firma, pues generalmente reviste la forma de una carta,
por la cual se obliga a garantizar al asegurado inmediatamente, por un determinado riesgo, en
condiciones también determinadas. Supone el acuerdo previo, pues debe mediar una oferta
anterior del asegurado o el consentimiento del pago de la prima. No tiene una forma
determinada ni es necesario que se inserten en ella las condiciones generales de la póliza (368) ,
pero es menester que contenga todos los elementos esenciales (369) . Si no se fijan, rigen
supletoriamente los determinados por la ley (370) .

El asegurador tiene derecho a la prima pactada o usual, correspondiente al seguro (371) .

El asegurador está obligado a indemnizar el siniestro que se produzca (372) . La mora en el


pago de la prima no le autoriza a suspender la garantía acordada, para reanudarla en cuanto se
pague, salvo pacto expreso en contrario (373) .

353
Termina, a más tardar, con la emisión de la póliza, cuando sustituye provisionalmente al
contrato, o con el fracaso de las negociaciones, cuando importa una garantía provisional (374) .

(365) Besson y Picard, I, nº 122; Lepargneur, nº 1279; Gasperoni, nº 24; Vance, p. 182; Donati,
Trattato, II, nº 412; Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 1, nros. 91 y ss.
Es menester distinguirla del contrato y de la confirmación de cobertura. Del contrato, porque
puede no existir aún acuerdo; de la confirmación de cobertura, que consiste en la declaración
del asegurador cuando se debe agregar un nuevo seguro, de que su obligación no ha
experimentado interrupción (Bruck, p. 172 y nota 43).
También se debe distinguir del certificado que el asegurado con una póliza flotante emite al
comprador de los efectos cuyos riesgos cubre. Este certificado se expide por el asegurado, en
un formulario firmado por el asegurador, y se remite al comprador, con los demás documentos
de carga. El portador del certificado no está obligado sino por las condiciones del seguro, que
figuran en el certificado (Patterson, p. 75).

(366) Besson y Picard, I, nº 135; Vance, p. 182.

(367) Besson y Picard, I, nº 135.

(368) Besson y Picard, I, nº 135.


No cabe deducirla del silencio del asegurador: ver texto nº 8 y nota 24. Adde: Spilrein, ps. 97 y
98.

(369) Besson, nota en DP 1934-2-28.

(370) Bruck, p. 173. En los Estados Unidos se aplica la póliza usual del asegurador (Vance, p.
195).

(371) Bruck, p. 174.

(372) Lepargneur, nº 1279.

(373) Bruck, p. 174. Sería contrario al efecto mismo de la nota.

(374) Bruck, p. 174.


Cuando se emite una nota de cobertura, la emisión de la póliza importa la garantía inmediata,
sin que se pueda aplicar la cláusula general que fija un término a contar del cual comenzará esa
garantía, porque hay una renuncia a él (Besson, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1941, p. 148).

354
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IV. Declaraciones falsas y reticencia (375)

15. Deber de declarar el estado del riesgo. Fundamento.

El asegurador debe conocer todas las circunstancias que influyen en la apreciación del riesgo.

En todos los demás contratos, la verificación del estado o condiciones del bien objeto de la
contraprestación queda, generalmente, librada a la diligencia de la parte interesada (376) . Esta
actividad del asegurador se hace imposible, no sólo por onerosa, sino también por incompleta:
no está en condiciones de establecer por sus propios medios, por grande que sea la diligencia
aplicada, los elementos de hecho que le permitirían apreciar el riesgo.

A esto cabe agregar -como señala Parella (377) - que se trata de un contrato aleatorio, en el
"que basta la simple reticencia de una de las partes hacia la otra, sobre circunstancias que
pueden hacer aparecer más o menos probable la realización de ese hecho, al que se confía la
ventaja o desventaja económica de la relación, para que turbe esa paridad de condiciones, que
es el secreto de la licitud de las negociaciones".

Por eso, esas informaciones deben ser lo más completas posible, para que el asegurador pueda
hacer el examen y clasificación del riesgo (378) .

355
16. Naturaleza del informe.

Cuanto más exacta es la técnica del seguro, tanto mayor es el deber de informar (379) .

La reglamentación legal, en este sentido, tiende en su estrictez, a satisfacer esa necesidad


técnica, con la norma rigurosa del art. 5 Ver Texto de la ley (380) , que mantiene en su primer
párrafo la regla del art. 498 Ver Texto, CCom., aun cuando modifique las consecuencias en los
arts. 6 Ver Texto a 9 Ver Texto con la introducción de distintas atenuaciones.

Para Bruck, no se trata de un deber contractual, aun cuando se cumpla en ocasión de un


contrato. Es una carga (381) del asegurado, cuya violación libera al asegurador; y que halla su
fuente en el deber de diligencia del asegurado (382) .

Esta información no es una declaración de voluntad, sino una declaración de conocimiento; su


fin es aportar ese conocimiento al asegurador. De ahí que sólo tenga importancia la verdad o
falsedad de la información, y no se pueda impugnar por la existencia de vicios de la voluntad
(383) , pero sí importa su ignorancia excusable de los hechos o circunstancias sobre las cuales
debe informar y por ende su culpa en no conocer.

17. Es un régimen especial de los vicios de la voluntad del asegurador.

El art. 5 Ver Texto, 1er. párr., ley 17418, legisla el punto en los siguientes términos, que
mantienen el régimen del art. 498 Ver Texto citado: "Toda declaración falsa o toda reticencia
de circunstancias conocidas por el asegurado, aun hecha de buena fe, que a juicio de peritos
hubiera impedido el contrato o modificado sus condiciones si el asegurador hubiese sido
cerciorado del verdadero estado del riesgo, hace nulo el contrato".

Esta norma sujeta el contrato a un régimen especial, distinto al general de los actos jurídicos,
que legisla el Código Civil (384) , cuyas reglas no pueden ser invocadas por el asegurador.

356
El art. 5 Ver Texto de la ley 17418, al igual que el art. 498 Ver Texto derogado, establece un
sistema de anulación fundado en el error del asegurador acerca del estado del riesgo, causado
por dolo o culpa del asegurado (385) , culpa que consiste en no conocer la circunstancia
omitida en razón de una negligencia inexcusable (386) .

De esto se sigue que el contrato no se anula por dolo del tercero (387) , ni por error excusable
del asegurador, en que incurre sin reticencia o falsa declaración del asegurado, ni por error del
asegurador provocado por la ignorancia excusable del asegurado -es decir, ignorancia no
culposa-.

El sistema es objetivo, porque no toma en cuenta la intención del asegurado para juzgar
anulable el contrato, aunque la toma en cuenta para el reajuste (arts. 6 Ver Texto y 7 Ver
Texto) y para la sanción prevista en el art. 8 Ver Texto.

El fundamento de este régimen especial se halla en el del deber de informar y la función que
éste desempeña en el contrato; de ahí que se anule el contrato aun cuando la circunstancia
callada o falsamente declarada no influyan efectivamente en el acaecimiento del siniestro ni en
la extensión del daño: se trata de vicio en la voluntad del asegurador.

La alegación reiteradamente invocada, que sanciona el dolo y el error incidentales, por lo cual
es inaplicable el régimen general (388) , es fácilmente destruida, sea que se invoque la garantía
del asegurado de la veracidad de cuanto informa, o que siempre es esencial, porque la
circunstancia callada traslada el riesgo de una categoría a otra (389) , por los efectos que debe
tener para hacer impugnable el contrato.

Quienes sostienen el régimen general deben explicar por qué se anula el contrato cuando el
vicio no influye sobre el siniestro y su extensión.

Además, les debería llevar a anular el contrato por la concurrencia de error en el asegurador,
sin que en él haya influido para nada la conducta del asegurado.

O en los supuestos en que medie ignorancia excusable del asegurado.

357
O en los cuales un tercero cometa reticencia dolosa, que hace incurrir en error esencial al
asegurador.

No obstante, doctrina y jurisprudencia sostienen casi uniformemente que en todos estos


supuestos el asegurador no puede aducir la nulidad por vicios de la voluntad.

17 bis. Plazo para alegarla.

Si bien el art. 5 Ver Texto reproduce en su primer párrafo el art. 498 Ver Texto, CCom.,
derogado, su segundo párrafo, que fija el término de 3 meses para impugnar el contrato,
computado desde que el asegurador conoció la reticencia o falsedad (390) , así como los
concordantes, arts. 6 Ver Texto a 9 Ver Texto, introducen modificaciones sustanciales en el
funcionamiento de la institución.

En el anteproyecto, el sistema era más favorable a la conservación del contrato, reajustándolo


en todos los casos al verdadero estado del riesgo; mas la mayoría de la comisión revisora
consideró peligroso un paso tan amplio (ver nota 27 bis).

El anteproyecto establecía:

a) La reticencia sería causa de nulidad cuando el asegurado incurría en ella con dolo o culpa
grave (art. 5 Ver Texto).

b) El asegurador no podía alegar la reticencia, si ésta cesó antes de acaecer el siniestro, o si


producido éste no habría influido en su acaecimiento ni en la medida de la prestación, salvo
que existiera fraude del tomador (art. 6 Ver Texto, inc. 3).

c) El asegurador que alegara la reticencia no dolosa ni por culpa grave en el plazo fijado podría
rescindir el contrato o reajustar la prima al verdadero estado del riesgo (art. 7 Ver Texto, 1er.
párr.).

d) Si se alegara en el plazo legal pero ya ocurrido el siniestro, la indemnización se reduciría en


la medida en que la reticencia hubiera influido en la producción del siniestro o en el monto de
la indemnización (art. 7 Ver Texto, 2º párr.).

358
Esto es que se consagraba un sistema subjetivo de anulación atenuada, acorde con la naturaleza
del vicio, siguiendo las tendencias más destacadas de la legislación (Francia, ley de 1930, arts.
21 y 22; Italia, Código de 1942, art. 1892; Alemania, ley de 1908, modificada en 1939, arts. 12 y
22; Austria, art. 3. Suiza, si bien regula un sistema objetivo, prevé sanción especial para el
supuesto de mala fe -art. 26 Ver Texto-) y concordante con la explotación por una empresa,
sobre la base del sistema de contratación en masa para la formación de grupos de riesgos
homogéneos: para esto, era suficiente la rectificación del encasillamiento del riesgo, dejando
bajo la sanción de nulidad los casos de reticencia dolosa o con culpa grave.

17 bis (a).

En este complejo tema de la reticencia pensamos que corresponde distinguir dos situaciones,
inherentes tanto a la determinación de su naturaleza y efectos como al plazo para alegarla
válidamente.

Adherimos a la opinión del autor de este libro en cuanto sostiene que se está aquí ante un
régimen especial de los vicios de la voluntad, que si bien establece algunos presupuestos
específicos, trae como efecto la anulabilidad del contrato (art. 1045 Ver Texto, CCiv., que
puede ser planteada tanto por vía de acción como de excepción, conforme a lo preceptuado
por el art. 1058 bis Ver Texto, CCiv.) y salvo, claro está, los supuestos de reajuste del contrato
en los seguros de vida, en los casos en que ha mediado buena fe del asegurado (391) , no
obstante lo cual esta última hipótesis se ve condicionada por la exigencia de configuración de
ciertos presupuestos -reajustabilidad a juicio de peritos, adecuación a la práctica comercial del
asegurador y que la nulidad cause perjuicio al asegurado- (art. 6 Ver Texto, LS.). Pero ello nos
lleva a recordar que se trata de un instituto que está directamente vinculado al momento de la
celebración de ese contrato, por lo cual apunta a su disolución, en virtud de haberse generado
error en el asegurador respecto del verdadero estado del riesgo, provocado por dolo o culpa
del asegurado. Como toda nulidad, responde a un vicio originario, es decir, que se da en el
momento de la celebración del acto. Y es a la invocación de ese vicio a la cual se refiere el art. 5
Ver Texto, LS., cuando establece el plazo de 3 meses para formular la alegación que persiga la
nulidad del contrato, término que, como destaca el autor de este libro, constituye un plazo de
caducidad que se impone respecto del asegurador.

Pero distinto es el caso -por cierto, el más frecuente- en que el vicio de falsedad o reticencia del
asegurado es descubierto por el asegurador con motivo de la ocurrencia de un siniestro. Y aquí
va a operar otra norma, la del art. 9 Ver Texto, LS., que nos dice: "En todos los casos, si el

359
siniestro ocurre durante el plazo para impugnar (392) , el asegurador no adeuda prestación
alguna" (salvo el valor de rescate que corresponda en los seguros de vida).

Este supuesto nos lleva a pensar que, aquí sí, estamos ante la existencia de una carga legal,
generalmente calificada como "precontractual", aunque, por nuestra parte, preferimos
mencionarla como carga de celebración. La peculiar normativa del seguro, en este instante del
acuerdo de voluntades en la concertación del seguro, privilegia -por los mismos motivos que
instituye el régimen de anulabilidad del contrato- la declaración veraz del asegurado respecto
del estado del riesgo y, en consecuencia, establece una suspensión de cobertura para el caso de
que, habiendo mediado reticencia o falsa declaración en las condiciones descritas en el art. 5
Ver Texto, se produce el siniestro "durante el plazo para impugnar". Sabido es que la
suspensión deja "en potencia" el efecto caducante de la violación de una carga presiniestral, y
esa situación se acomoda perfectamente a la hipótesis del art. 9 Ver Texto, que nos dice que si
media reticencia o falsedad del asegurado y el siniestro ocurre dentro del plazo para impugnar,
el asegurador se libera de su obligación principal y no adeuda entonces prestación alguna por
ese siniestro. Estamos, pues, como dijimos, ante una "carga de celebración".

Pero esta duplicidad de situaciones (393) nos lleva a otros problemas que son consecuencia de
tal distinción conceptual: ocurrido el siniestro en ese lapso habilitante para la impugnación,
¿cuál es el plazo en que el asegurador deberá invocar la reticencia?, ¿el del art. 5 Ver Texto o el
del art. 56 Ver Texto de la Ley de Seguros, 17418 -cuando este último resulte aplicable-? Y de
adoptar esta última tesis, ¿cómo jugarán los eventuales pedidos de información
complementaria, que condicionan el comienzo de ese plazo, conforme al art. 56 Ver Texto -y
aun el plazo del art. 49 Ver Texto-? (394) .

Por nuestra parte, pensamos que por tratarse, en esta hipótesis, de una situación de caducidad
derivada de una suspensión establecida por la ley (art. 9 Ver Texto, LS.), la reticencia o falsa
declaración debe estar sometida al régimen informativo del art. 46 Ver Texto, 2º párr., y ser
planteada dentro del plazo del art. 56 Ver Texto, en su caso, ya que responde a otros efectos
que los establecidos para la acción nulificante del art. 5 Ver Texto, LS. La cuestión tiene
importancia práctica porque los pedidos de información pueden alongar la decisión de rechazo
siniestral más allá de los tres meses, en especial si media demora u omisión del asegurado en
proporcionar esa información. Como dijimos, se trata de un supuesto que reviste
independencia del establecido por el art. 5 Ver Texto, norma ésta que, en cambio, importa a la
subsistencia o no del contrato por el desequilibrio técnico que genera, y no tanto por la sanción
de pérdida de derecho en ocasión de siniestro, situación ésta para la cual se ha formulado la
norma del art. 9 Ver Texto, LS.

Pero no cesan aquí los interrogantes. Determinada la existencia de reticencia o falsa


declaración del asegurado dentro de las circunstancias del art. 9 Ver Texto: ¿cuál será el destino
del contrato ante esta situación? Entendemos que la invocación de la caducidad del art. 9 Ver

360
Texto, LS., arrastra también a la situación del art. 5 Ver Texto de la misma ley, es decir,
requiere la anulación del contrato. Ello, en virtud de la coherencia fáctica exigida por la teoría
de los propios actos, pues si el asegurador ha considerado intolerable la reticencia e invocado la
caducidad del derecho del asegurado ante el siniestro acaecido, ello mismo lo obliga a proceder
a la anulación del contrato, porque no se explicaría entonces la continuación de éste a pesar de
la subsistencia del vicio que motivó el rechazo del siniestro ni la percepción de primas por tal
contratación viciada, etc. Y tal requerimiento de declaración de nulidad también se debe
plantear dentro del plazo del art. 56 Ver Texto, LS., por los mismos motivos que tornan
incongruente la permanencia de la relación entre las partes. No obstante, pensamos también
que los pedidos de información complementaria que, dentro del plazo del art. 56 Ver Texto,
LS., se formulen justificadamente al asegurado, alongarán el término para plantear la nulidad,
dado que la invocación de ella exige que el asegurador tenga el debido conocimiento de la
existencia de la reticencia o falsedad (arg. art. 5 Ver Texto, in fine, LS.) (395) .

Por otra parte, el efecto de caducidad, emergente -en ambos sentidos- de los arts. 5 Ver Texto
(respecto del asegurador, si vence el plazo de 3 meses sin invocación de la reticencia) y 9
(respecto del asegurado, si al existir reticencia descrita por el art. 5 Ver Texto el siniestro ocurre
dentro del plazo para impugnar), torna inoficioso, a nuestro juicio, analizar la cuestión de si el
plazo de prescripción para plantear la nulidad se rige por el art. 4030 Ver Texto, CCiv. (dos
años), o por el art. 58 Ver Texto de la Ley de Seguros (un año).

Cabe agregar que en los últimos tiempos, a fin de evitar el pesado mecanismo instituido por el
sistema de impugnación por reticencia o falsa declaración del asegurado (arts. 5 Ver Texto y
ss., LS.), comienzan a aparecer cláusulas que excluyen de la cobertura sucesos ocurridos en
virtud de causas nacidas con anterioridad a la contratación (p.ej., enfermedades preexistentes,
en los seguros de vida, etc.). El sistema se objetiva, así, notablemente, por lo cual ya no jugarán
los conceptos de dolo y culpa ni el régimen de reajustabilidad previsto en la ley 17418 Ver
Texto, condicionado a la ausencia de mala fe. Ello lleva al planteo de un nuevo problema: el de
la legitimidad de tal mecanismo, ante el carácter de inmodificabilidad otorgado por el art. 158
Ver Texto al art. 5 Ver Texto de la Ley de Seguros.

18. Contenido de la declaración.

"El contenido específico de la declaración consiste en la comunicación de todas las


circunstancias que según el uso no se reputan conocidas por el asegurador [. . .]. Por esto, del
lado positivo las declaraciones deben ser rigurosamente conformes con la verdad; del lado
negativo, no deben contener omisiones (de circunstancias no conocidas de manera cierta por el
asegurador)", que puedan influir sobre la apreciación del riesgo (396) , lo cual ha sido resumido

361
por Vivante en una expresión ya clásica en la materia: el asegurado debe decir exactamente
cuanto declara y declarar cuanto sabe (397) .

Las circunstancias deben ser importantes para la asunción del riesgo o para que el asegurador
juzgue el riesgo a asumir (398) . Es importante toda circunstancia que influye en la celebración
del contrato o para fijar sus condiciones; pero no lo son las que determinarán disminuciones en
favor del asegurado. Esto no se decide por consideraciones subjetivas de las partes, sino por el
juicio de peritos (art. 5 Ver Texto, que mantiene el régimen del art. 498 Ver Texto, derogado)
(399) .

No se debe informar sino las circunstancias particulares del riesgo, y no las generales que
afectan a todos o a muchos, que deben considerarse conocidas por el asegurador, por su
experiencia (400) .

El momento decisivo para establecer el conocimiento por el asegurador es el comienzo formal


del seguro, aun cuando el efectivo o material sea anterior o posterior. De ahí que se deba
informar cuanto se sepa, aun después de formulada la oferta. El conocimiento posterior al
comienzo formal puede ser importante para cumplir el deber de informar la modificación del
riesgo (art. 44 Ver Texto) (401) .

Las circunstancias sobrevinientes a la oferta deben ser comunicadas sin demora, conforme a
los medios disponibles; si se procede así, es indiferente que lleguen a conocimiento del
asegurador al momento o después de celebrarse el contrato o en circunstancias en que no
puede contar con esa información (art. 36 Ver Texto, encabezamiento, respecto de las
sanciones por incumplimiento de las cargas y obligaciones) (402) .

19. La reticencia o falsa declaración debe ser culposa.

La reticencia o falsa declaración exige saber, o deber saber. La expresión reticencia de buena fe,
que emplea el art. 5 Ver Texto, repitiendo el art. 498 Ver Texto, derogado, es defectuosa,
porque la reticencia, por lo menos, debe ser culposa, ya que no se puede declarar cuando se

362
ignora sin negligencia; lo contrario sería absurdo (403) . Este tipo de falsa declaración o
reticencia se puede dar cuando no se declaran circunstancias importantes, y que se callan por
juzgarlas carentes de importancia (404) , o se declara cuanto se cree ser la verdad (405) , o
cuando media negligencia para conocer o para llevar el dato a conocimiento del asegurador
(406) . La distinción es importante para aplicar los arts. 6 Ver Texto, 7 Ver Texto y 8 Ver
Texto (407) .

20. Violación no culposa.

La violación no culposa del deber de informar existe cuando la circunstancia callada era
desconocida por el informante (408) , o cuando tiene derecho a considerarla no importante o
cuando se produce por un tercero por cuya conducta no responde. Para juzgarla se tendrá en
cuenta la personalidad del informante -en especial su mentalidad-, la clase y forma de la
pregunta -su claridad y posibilidad de mala interpretación-, la conducta del agente y del médico
del asegurador al formular las preguntas y anotar las respuestas, etc. (409) .

Existe violación sancionada por la ley cuando se comete intencionalmente, o por negligencia o
por error, cualquiera que sea el motivo honesto o deshonesto. El art. 158 Ver Texto no
autoriza cambiar el régimen del art. 5 Ver Texto, por lo cual no parece lícito pactar el requisito
del dolo o fraude, que parte de la doctrina admite (410) .

La falsedad no se debe juzgar literalmente, sino en el sentido del informe y apreciando el


conjunto. Es menester que sea contraria a la verdad objetiva, dando un concepto más estrecho
del riesgo y que influya para que el asegurador no se resista a contratar (411) o acepte contratar
en condiciones menos onerosas. Por ello no existirá cuando el informe sea sustancialmente
cierto.

363
21. Formas.

Los informes no tienen formas legales, aunque contractualmente se exige que se suministren
por escrito (412) .

Se pueden dirigir al asegurador, a sus agentes (art. 53 Ver Texto, inc. a), representantes (art. 54
Ver Texto), o corredor que intervino por aquél. Cuando hay varios asegurados, cada uno puede
informar a cualquiera de las distintas personas autorizadas (413) .

22. Obligados a informar.

El tomador del seguro está obligado a informar, sea que contrate por cuenta propia o ajena,
solo o con otros, sea personalmente o por medio de representante legal o convencional, en la
medida de su conocimiento (arts. 10 Ver Texto y 26 Ver Texto) (414) .

Si bien debe hacer memoria en el momento de informar, no cabe exigirle que informe sobre
circunstancias olvidadas o no conocidas; ni que realice investigaciones para conocer; pero sí
imputarle negligencia o dolo en su falta de conocimiento (415) .

Es indiferente la fuente de su conocimiento. Debe trasmitir todos los informes que le lleguen,
aunque los estime infundados, o poco seguros, habilitando así al asegurador a comprobarlos
(416) .

La particularidad de que la circunstancia se refiera a un hecho notorio no lo exime del deber de


informar; quedan excluidas del concepto de hecho notorio las circunstancias que el asegurador
debe conocer en razón de su profesión de asegurar (417) .

La circunstancia puede ser futura, si con ella cuenta (418) .

364
El asegurado no se exime de su deber por el hecho de que la información pueda obstruir o
impedir el contrato (419) .

Cuando son varios asegurados -condóminos, por ejemplo- el conocimiento de uno perjudica a
los demás, y por ende la infracción de uno afecta a los demás (420) .

Si el contrato se celebra por medio de representante o de un tercero sin mandato, también se


debe considerar el conocimiento de éstos, incluso el deber de conocer (art. 10 Ver Texto) (421)
. En cambio, en el supuesto de representación legal, sólo lo afecta cuando el asegurado es
responsable por los actos de ese representante conforme a los principios de la responsabilidad
(422) . Si el mandante conoce la circunstancia después de otorgado el mandato, debe
comunicarlo inmediatamente, con la mayor celeridad posible, recurriendo al telégrafo, si la vía
postal no le da tiempo para la comunicación oportuna: de lo contrario, incurre en reticencia. La
fuerza mayor lo exime de la sanción (423) . Para el caso análogo de agravación del riesgo, el art.
40 Ver Texto, 2º párr., letra a, exime de sanción la demora u omisión sin culpa o negligencia.

Cuando el contrato se celebra por cuenta ajena, el conocimiento del asegurado influye en su
validez, salvo cuando éste ignora la celebración o cuando ya no es factible suministrar la
información. La indiferencia del conocimiento del asegurado exige que el tomador haga
presente que contrata sin mandato (art. 26 Ver Texto) (424) .

23. Responsabilidad del tomador por los actos de un tercero.

El tomador no es responsable de la conducta de un tercero, porque sería contrario a la


naturaleza jurídica del deber de informar (425) , aunque se trate de terceros que adquieren
derechos con el contrato (cesionarios, acreedores hipotecarios o prendarios, dependientes y
herederos) (426) , excepto cuando el asegurado conocía la violación o su ignorancia obedece a
negligencia (427) .

365
Si el tercero debe necesariamente aceptar o consentir en el contrato, también se considerará su
conocimiento al momento de la aceptación o aprobación (428) . Es uno de los supuestos del
art. 10 Ver Texto, 2º párr.; en el seguro por cuenta ajena, que incluye el seguro por cuenta de
quien corresponda, el conocimiento del tercero, titular del interés al tiempo del siniestro,
influirá si ya era interesado al tiempo de la celebración (art. 26 Ver Texto).

En el seguro sobre la vida de un tercero o de accidente que pueda afectar a un tercero, el


conocimiento del tercero se equipara al del tomador (art. 129 Ver Texto) (429) .

24. Subsanación del vicio por conocimiento del asegurador o del agente.

El conocimiento oportuno del asegurador, por cualquier vía, de las circunstancias calladas o
inexactamente declaradas, le impide alegar la nulidad del contrato (430) . El anteproyecto lo
establecía expresamente en el art. 6 Ver Texto, pero la comisión lo eliminó por juzgar que era
una solución obvia según los principios generales.

El asegurador no debe investigar el estado del riesgo ni la veracidad de las declaraciones del
asegurado, quien está obligado a cumplir lealmente el deber a su cargo y garantizar la fidelidad
de cuanto declara (431) . No obstante, si realiza la investigación, no por ello el asegurado puede
eludir o dejar de cumplir con su deber de información completa y leal (432) .

El asegurador renuncia o pierde el derecho de alegar la reticencia o falsa declaración cuando:

a) acepta las respuestas incompletas (433) , y este silencio acep-

tado, por su vinculación con otras declaraciones, no se puede juzgar como una afirmación o
una negación inexacta (434) ;

366
b) después de conocer la circunstancia omitida o falseada, percibe nuevas primas o paga
indemnizaciones (435) o, en general, ejecuta sus obligaciones (art. 1063 Ver Texto, CCiv.), esto
es, observar una conducta que conforme a la buena fe excluye la alegación (436) .

Si bien el art. 5 Ver Texto, 2º párr., fija un plazo de 3 meses para alegar la nulidad por la
reticencia, si en este lapso ejecuta cualquiera de sus obligaciones perderá el derecho de aducirla:
es una aplicación de la confirmación tácita prevista en el art. 1063 Ver Texto, CCiv.

c) emite la póliza conociendo plenamente los hechos. No sólo es una aplicación de la doctrina
del art. 1063 Ver Texto, CCiv., cit., porque la emisión de la póliza es ejecución de una
obligación suya (art. 11 Ver Texto, 2º párr.), sino también aplicación de la doctrina del art. 15
Ver Texto, 2º párr.: la solución contraria sería repugnante a la buena fe (437) .

d) el asegurador debía conocer el verdadero estado del riesgo (en razón de su profesión, o por
la naturaleza del bien sobre el cual recae el interés asegurable, etc.) (438) ;

e) por cláusula de la póliza, se dan por cumplidas las obligaciones de información


precontractual (439) .

En materia de seguros sobre la vida, los aseguradores mantienen una oficina que concentra la
información de seguros rechazados, a la cual automáticamente los aseguradores recaban
informes en cada caso: la omisión de hacerlo en un caso concreto, en que el asegurado calló el
rechazo de una solicitud de seguro, se puede considerar un supuesto de ignorancia por culpa
del asegurador si hubo tiempo para recabar el informe.

Se debe tener en cuenta que las manifestaciones verbales al agente sin facultad de celebrar
contrato, por regla general, no valen como si se expresaran al asegurador; sólo tienen eficacia
las declaraciones escritas que se le remiten (art. 47 Ver Texto), excepto que por su actuación,
ese agente pueda ser considerado representante aparente y por ende incluido en el art. 54 Ver
Texto.

367
25. Conocimiento por el asegurador o su agente.

El asegurador no puede aducir el vicio, si lo provocó con su conducta contractual (440) , o si


aceptó como suficiente determinado documento (441) , o si media conocimiento personal de
quien tiene capacidad para obligarlo, como es su gerente (442) .

El conocimiento del agente obliga al asegurador cuando tiene facultades para celebrar el
contrato (art. 48 Ver Texto); en el supuesto de que carezca de estas facultades, es decir, si actúa
como mero mensajero de él, limitándose a gestionar el contrato, su conocimiento, por regla
general, no tiene importancia (art. 47 Ver Texto) (443) , salvo que concurra la circunstancia
apuntada más arriba.

En este último caso no cabe aducir que hay culpa del dependiente, y por ende responsabilidad
refleja del principal, por la no inclusión de la circunstancia omitida cuando él redacta la oferta
por el tomador (444) , porque no hay culpa en conocer la verdad, salvo que engañe al tomador
y le haga creer que la propuesta está en forma (445) . Solución que se extiende al supuesto en
que el agente llena el cuestionario, porque ésta es tarea del asegurado; y con mayor razón
cuando las respuestas no son sinceras (446) . Téngase en cuenta cuanto expresé
precedentemente, acerca del agente que actúa con representación aparente.

26. El examen médico en el seguro de personas.

El examen médico en los seguros de personas no libera al asegurado de su deber de informar


ni de las consecuencias de su reticencia. No se puede alegar que hay culpa del dependiente del
asegurador, porque, además de premiarse así la malicia posible del asegurado, se olvida que el
médico no induce al asegurado a mentir ni le hace objeto de un acto culposo suyo; y se haría
valer contra el asegurador una medida que toma para su protección, quitándole la garantía del
cumplimiento del deber de declarar (447) .

368
No obstante, el examen médico favorable crea la presunción de que el asegurado no estaba
enfermo al momento de contratar (448) .

Pero si el asegurado lo declaró al médico o éste conoció la enfermedad (aunque no trasmitió su


conocimiento), el asegurador no puede alegar reticencia, porque se conoció en su esfera de
acción (449) por quien tenía por función conocer o hacer conocer ese estado del riesgo.

27. Sistemas para obtener la declaración del asegurado.

Los sistemas para obtener las declaraciones del asegurado son, en su esencia, dos: el de la
declaración espontánea y el del cuestionario. Las legislaciones modernas no han adoptado una
solución uniforme: mientras la ley alemana de 1908 sanciona el cuestionario, la ley francesa de
1930 se inclinó por la declaración espontánea (450) .

Si bien la declaración espontánea tiene la ventaja de amoldarse a cada riesgo, suscita el


inconveniente de que, como se cumple por el asegurado bajo su propia responsabilidad y con
su exclusiva inspiración, lo deja en la incertidumbre de saber qué debe declarar, máxime si se
tiene presente su escasa capacidad para discernirlo. De ahí la necesidad del cuestionario para
llamar la atención sobre esos puntos (451) .

El cuestionario no sólo tiene esas ventajas, pese a los defectos de su minuciosidad y lenguaje
técnico (452) , sino que también fija los deberes de los contratantes. Por parte del asegurador
interesa precisar las circunstancias importantes: no puede aducir que las omitidas lo sean (453) .
Se presumen esenciales las circunstancias que son objeto de una pregunta determinada, si se
refiere a cuestiones precisas (454) , porque las genéricas carecen de importancia -no pueden
fundar la alegación de nulidad, salvo la existencia de fraude-, y dejan librada la respuesta al
criterio del asegurado (455) .

369
El cuestionario debe ser claramente redactado, en lenguaje llano, para que pueda ser
contestado por la experiencia común del asegurado, redactado en forma que no suscite dudas
(456) .

Cuando el asegurador acepta el cuestionario en que se omite una respuesta, no le es lícito


aducir luego tal omisión: es la prueba de que carecía de importancia (457) .

Las contestaciones se aprecian en conjunto, y no aisladamente, si dependen lógicamente unas


de otras o están vinculadas o condicionadas entre sí, o una califica o limita a la otra (458) .

La respuesta, concretada en una opinión, cumple con el recaudo de la información (459) .

La interpretación no puede agregar términos favorables al asegurador (460) .

28. Circunstancias que deben ser declaradas.

El asegurador tiene derecho a confiar en las declaraciones del tomador sobre circunstancias
que debe conocer normalmente sobre su persona o sus cosas propias, sin que éste se halle
obligado a realizar investigaciones técnicas. Esta información no se limitará a las circunstancias
que afectan materialmente a la cosa o a la persona, sino sobre todas las circunstancias, aun las
accesorias, que influyan en la justa apreciación del riesgo, aun cuando no se reflejen sobre la
prima aplicable; es decir, incluso las que constituyen el llamado riesgo subjetivo o azar moral,
porque afectan la personalidad del asegurado (por ejemplo, interés asegurable, moralidad del
asegurado, siniestros anteriores, seguros rechazados, solvencia, seguros en vigencia, etc.) (461) .
Pero es menester que afecten la apreciación del riesgo: el asegurador no puede exigir
declaraciones ajenas a éste (462) .

Las circunstancias pueden constituir indicios contradictorios; no obstante, se deben igualmente


denunciar (463) .

370
No es posible enunciar reglas generales para fijar cuáles son las circunstancias importantes,
porque las que lo son para un riesgo, dejan de serlo para otro.

Entre las circunstancias importantes se hallan:

a) el interés asegurable (464) ;

b) la individualización de la cosa (465) ;

c ) si el seguro se contrata por cuenta propia o ajena, si se realiza con mandato o sin
conocimiento del asegurado (arts. 10 Ver Texto y 26 Ver Texto);

d) la existencia de seguros anteriores vigentes (art. 67 Ver Texto) (466) ;

e ) la quiebra anterior (467) ;

f ) los siniestros anteriores (468) ;

g) el valor de la cosa (469) ;

h) la persona del asegurado (470) .

(375) Además de la bibliografía general y de algunos estudios que se citarán en el curso de la


exposición, ver: Besson, André, La conclusion du contrat d´assurance, en "Rev. Gén. Ass.
Terr.", 1933, ps. 5 y 281; Brunetti, Antonio, Le dichiarazioni dell´assicurato particolarmente

371
nell´assicurazione marittima, en "Assicurazioni", 1937, 1, p. 585; De Gregorio, Alfredo, Le
conseguenze dell´errore nella valutazione del rischio secondo le clausole di polizza e l´art. 429,
Codice di Commercio, en "Assicurazioni", 1934, 2, p. 65; Haymann, Franz, Le disposizioni
generali sui vizi di volont… in rapporto all´obbligo di denuncia precontrattuale da parte
dell´assicurando, en "Assicurazioni", 1934, 1, p. 332; De Juglart, Michel, L´obligation de
renseignements dans les contrats, en "Rev. Trim. Droit Civil", 1945, p. 1; Lordi, Luigi, L´errore
dell´assicuratore nella conclusione del contratto e la teoria della presupposizione, en
"Assicurazioni", 1935, 1, p. 585; Félix Morandi, Juan Carlos, Función del riesgo en el seguro e
importancia de su correcta declaración a la conclusión del contrato, en JA 1969-III, secc.
Doctrina; Picard, Maurice, La connaissance pour l´assureur des faits omis ou inexactement
déclarés pour l´assuré, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1935, p. 14; Sarfatti, Mario, Il particolare
vizio del consenso dell´assicuratore dovuto a dichiarazioni false o erronee o a reticenza
dell´assicurato in diritto comparato, en "Assicurazioni", 1935, 1, p. 312; Patterson, E. W., Le
dichiarazioni dell´assicurando nel diritto degli Stati Uniti, con particolare riguardo
all´assicurazioni sulla vita, en "Assicurazioni", 1938, 1, p. 512; Parella, Declaraciones falsas,
erróneas o reticentes del asegurado según el nuevo código, en "Assicurazioni", 1942, 1, p. 1;
Brunetti, La importancia jurídica de la reticencia, en "Assicurazioni", 1941, 2, p. 93; Schmidt,
Reimer, L´influenza del comportamento dell´assicurato sulla garanzia prevista in contratto, en
"Assicurazioni", 1966, 1, p. 448.

(376) Ver las limitaciones de esta afirmación en Parella, La reticencia en los negocios jurídicos,
en "Rev. Crít. Jur.", 1932, p. 221.

(377) Parella, ob. y lug. cits., p. 230.

(378) Bruck, p. 179; Vance, ps. 334 y ss.; "Callar cuando se tiene la obligación de hablar, es lo
mismo que mentir": Parella, en "Assicurazioni", 1934, 1, p. 194.

(379) De ahí la diferencia entre el seguro sobre la vida y el de intereses: en aquél se impone,
además del cuestionario minucioso, el examen médico; en éstos, se circunscribe al deber de
informar (Bruck, p. 178).

(380) Esta sanción, según Lordi, hace pendant con la prohibición de enriquecerse con el
seguro. La pena es mayor que en la exageración del valor, porque es más peligrosa y el
asegurador no está en condiciones de controlar las declaraciones (ob. cit., nros. 621 y 647).

(381) En el capítulo IV fijamos la distinción entre obligaciones y cargas.

(382) Bruck, ps. 179 y 180, quien cita en nota 8, p. 180, en favor de su opinión, a Kisch y
Hagen. En cambio, señala que para Ritter y Roelli se trata de un deber legal; y Ehrenberg
rechaza ambos conceptos.

(383) Bruck, p. 180, IV. De ahí que la reticencia exista, aunque se incurra en ella por
negligencia u olvido (C. Nac. Com., "Jur. Trib. Nac.", 1910, p. 1622).
Contra: Brunetti, para quien es una declaración de voluntad, porque en la formación del
contrato es el modo en que se exterioriza la obligación de declaración veraz (en
"Assicurazioni", 1937, 1, ps. 587 y 588).

372
(384) Segovia, nota 1764; Bruck, p. 175; Besson y Picard, I, nº 173; Salandra, en
"Assicurazioni", 1936, 2, p. 289; Moraglia, en "Assicurazioni", 1937, 1, p. 40; Brunetti, en
"Assicurazioni", 1937, 1, ps. 588 a 592; Spilrein, p. 75.
Contra: Vivante, Trattato, nº 1899, y Contratto, nº 218; Lordi, nros. 622 a 626, 638 y 639;
Lefort, I, ps. 284 y ss.; Donatti, Trattato, II, nros. 414 y ss.

(385) Respecto del art. 498 Ver Texto, derogado, ver conforme, C. Nac. Com., sala B,
12/7/1963, inédito.

(386) El texto de la ley es tan claro, que resulta difícil entender la crítica de Zavala Rodríguez
sobre el punto (ver DJA, 29/3/1968). En su artículo en DJA, 26/6/1968, la ampliación de su
impugnación no es más clara.

(387) Implícitamente, en contra, C. Nac. Com., 3/8/1943, LL 31-862, en que juzgó


derechamente la existencia de ese dolo sin considerar su improcedencia; 16/4/1928, GF 74-10,
certificado falso de salud, que induce al médico del asegurador a no revisar.

(388) Besson y Picard, nº 173; Spilrein, p. 75; Moraglia, en "Assicurazioni", 1937, 1, p. 40;
Segovia, nota 1764. Ver Donati, Trattato, nº 414; Malagarriga, Trat. elem., III, ps. 322 y ss.

(389) Lordi, ob. cit., nros. 622 a 626, 638 y 639; Vivante, Trattato, nº 1899, y Contratto, nros.
218 y 219.
Para Vivante la norma sólo se refiere a ciertos medios idóneos para provocar el error sustancial
en el asegurador, completando el régimen general.

(390) Zavala Rodríguez estima (ver DJA, 29/3 y 26/6/1968) que el plazo de caducidad de 3
meses para alegar la reticencia no varía el estado anterior, creado por el Código de Comercio,
señalando que le bastará al asegurador afirmar que recién conoció la reticencia.
Repito cuanto expresé en otra oportunidad (DJA, 24/5/1968), que le corresponderá al
asegurador probar que el vicio lo conoció con posterioridad a la celebración del contrato
(doctrina y jurisprudencia del art. 4030 Ver Texto, CCiv.). A esto debo agregar, en materia de
seguros personales, la limitación del art. 130 Ver Texto, ley 17418.

(391) Nos referimos sólo al seguro de vida, por cuanto en los seguros patrimoniales el reajuste
es establecido como una opción en favor del asegurador, quien de inclinarse por la subsistencia
del contrato lo convertiría en una confirmación del acto anulable, puramente potestativa para
éste (arg. art. 1059 Ver Texto, CCiv.).

(392) Esta referencia al "plazo para impugnar" refuerza la idea de que la ley establece al
asegurador, en el art. 5 Ver Texto, la carga de invocar la reticencia o falsedad dentro de ese
término, luego del cual caduca su derecho a hacerlo e implica una tácita aceptación de las reales
condiciones del riesgo.

(393) No es el único caso en que un mismo supuesto genera una situación de caducidad (que
estaba postulada con forma de suspensión) y, a la vez otro distinto. Tal ocurre, por ejemplo, en
materia de pago de la prima: la mora genera una suspensión de la cobertura, pero, a la vez, el
asegurador posee una facultad para reclamar el pago de ella judicialmente, conforme al tiempo
trascurrido de vigencia. Ver Donati, Trattato, t. II, § 445.e, p. 356.

373
(394) Hemos desarrollado más extensamente esta temática en nuestro trabajo titulado La
declaración veraz del estado del riesgo: ¿carga precontractual o requisito del consentimiento?,
en "Derecho y Empresa", Universidad Austral, nº 7/8, Rosario, 1997 (publicación en
homenaje al Prof. Dr. Juan Carlos Félix Morandi).

(395) Es de señalar que el presupuesto del art. 5 Ver Texto actúa a su vez como integrante del
supuesto regulado por el art. 9 Ver Texto, LS. Por tal motivo, también, una vez invocada la
caducidad dentro del plazo del art. 56 Ver Texto, LS., igualmente se deberá determinar, por
parte del asegurador, la existencia de reticencia del asegurado que resulte asegurativamente
relevante, mediante el dictamen pericial especializado. El presupuesto de hecho es el mismo en
ambos casos.

(396) Brunetti, en "Assicurazioni", 1937, ps. 587 y 588. La doctrina estadounidense sostiene
que la adhesión rigurosa a la verdad no se debe exagerar; es suficiente con que las declaraciones
sean sustancialmente ciertas (Vance, p. 373, especialmente, ps. 376 y ss.).

(397) Vivante, Trattato, nº 1900, y Contratto, nº 220.

(398) No se podrá considerar, cuando el asegurador, en la conducción de los negocios, no la


juzgó importante (Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 16, p. 321).
Fernández opina que deben estar relacionadas con el siniestro o la extensión de los daños (p.
431), y cita nuestra opinión en favor.
Hay un doble error: en la cita y en la opinión sustentada. En LL 6-728, hemos criticado el
régimen argentino, pero no sostuvimos la solución que propugna Fernández. En cuanto a ésta,
piénsese en todos los supuestos en que no ocurre siniestro: no se podría impugnar el contrato
hasta tanto ese siniestro ocurra, lo cual es absurdo.
Pero no vician las omisiones que no disminuyen el concepto del riesgo (v.gr. enfermedades
curadas que no disminuyen la salud): C. Nac. Com., sala B, 21/3/1969, inédito.

(399) Algunas pólizas argentinas se remiten a los efectos según la práctica de la empresa. Tal
remisión carece de valor ante la norma legal. Los peritos se deben fundar en un concepto
objetivo (confr. Bruck, p. 186).
Es posible que una circunstancia en sí objetivamente importante no haya influido, en el caso
particular, en la decisión del asegurador (Bruck, p. 186).
En los Estados Unidos se anula en todos los supuestos en que ocurre fraude, aunque no sea
importante, siempre que haya perjudicado en algo (Vance, p. 361).

(400) Bruck, p. 185; Patterson, p. 398; Vivante, Contratto, nº 227, en los ejemplos que
enumera; Brunetti, en "Assicurazioni", 1937, 1, p. 609.
Ver nota 71.

(401) Bruck, ps. 182 y 189; Vance, ps. 349 y ss.; Patterson, nº 90; C. Nac. Com., 11/4/1930, JA
32-1096 y GF 85-306.
Las circunstancias falsas o erróneas declaradas después de celebrado el contrato no afectan su
validez (C. Nac. Com., 11/4/1930, citado); la reticencia no puede provenir de hechos
posteriores (C. Nac. Com., sala A, 11/7/1966, ED 16-269).

374
(402) Bruck, ps. 182 y 204; Patterson, nº 90; Vivante, Contratto, nros. 229, 566 y 567; Lefort,
II, p. 524; Zavala Rodríguez, ob. cit., nros. 1683 y 1686.
Si el tomador encomendó la contratación a un agente o mandatario, debe comunicar a éstos
esas circunstancias, sin demora (Patterson, p. 397).
La exigencia de que el asegurado vida se halle en buena salud cuando recibe la póliza, aunque
antes se haya pagado la prima o sea incontestable desde su emisión, no es sino la aplicación del
principio a esta clase de seguros (Vivante, Contratto, nº 567). En cambio, para Bruck es una
condición para la asunción del riesgo (p. 183). Patterson opina que si el asegurador recibió la
prima con la oferta, no puede rechazarla por el sobrevenimiento de hechos que afectan el
riesgo, v.gr., un accidente (ob. cit., nº 90).

(403) Bruck, p. 204; Vance, p. 340; Malagarriga, Comentario, III, nº 124; Brunetti, en
"Assicurazioni", 1937, 1, ps. 592 y ss.; Besson y Picard, nº 174; Dupuich, nota en DP 1894-2-
425; Lepargneur, nº 1387; Fernández, p. 429; Morandi, ob. y lug. cits; C. Nac. Com., 6/5/1929,
GF 80-80; 16/4/1928, JA 27-597; sala B, "Pricolo de Paglia, E., v. Sudamérica", 21/3/1969,
inédito, y sentencias indicadas en nota 69.
La regla de que aun la reticencia cometida de buena fe vicia el contrato halla su origen en un
voto de lord Mansfield, en 1766 (cit. por Patterson, ps. 380 y 381).
Patterson critica la exclusión: "Haya o no mala fe, el asegurador es engañado en su perjuicio, y
el asegurado obtuvo la admisión en un grupo al cual no pertenece: la rescisión del contrato lo
excluye del grupo. Permite que los malos riesgos sean asegurados en las mismas condiciones
que los buenos riesgos; a la larga llega a ser injusto para el asegurador y para los asegurados
portadores de buenos riesgos. Se han escogido varias argumentaciones ingeniosas tendientes a
endosar una culpa moral al autor inocente de declaraciones inexactas, con el fin de justificar la
rescisión del contrato, pero el efecto de la declaración sobre la persona a la que se dirige (aquí,
el asegurador) es suficiente para justificar la norma. Ésta puede llamarse la "teoría objetiva de
las declaraciones inexactas"" (en "Assicurazioni", 1938, 1, p. 520).
Altavilla sostiene que la reticencia no puede ser de buena fe, porque presupone mala fe, que
excluye el error, error que requiere que sea bilateral ("Assicurazioni", 1941, 1, p. 145).
Zavala Rodríguez -DJA, 29/3 y 26/6/1968- considera que la norma "aunque sea de buena fe",
carece de sentido. El sentido es el que damos en el texto (conf.: Donati, Trattato, II, p. 310,
nota 85 y nº 420). Las leyes deben ser interpretadas razonablemente y para alcanzar el fin
perseguido por la norma.

(404) C. Nac. Com., 13/10/1937, LL 8-1083; 20/10/1937, LL 8-1104.


La doctrina estadounidense exige que el hecho sea ocultado con conocimiento de su
importancia, que el asegurado conozca o deba conocer esa importancia (Patterson, nº 88,
especialmente ps. 390 a 393).

(405) Para Lepargneur, no sería un caso de reticencia (ob. cit., nº 1387).

(406) Contra: Besson y Picard, nº 174, quienes afirman que se trata de un supuesto de buena
fe. Será así si buena fe se contrapone a mala fe, lo cual no es el caso; ya que no se puede decir
que existe buena fe cuando hay culpa en adquirir el conocimiento o en hacerlo llegar a tiempo
al asegurador.

375
(407) El art. 520 Ver Texto, CCom., derogado, también distinguía el supuesto de reticencia o
falsedad sobre el valor de la cosa a cuyo respecto versa el interés, y que la ley 17418 Ver Texto
ha suprimido. Ver un caso de aplicación de ese art. 520 Ver Texto derogado en LL 86-634.

(408) Garrido y Comas, ob. cit., p. 109, afirma que existe prevención de conocimiento en el
proponente y de inexcusabilidad en el de circunstancias fundamentales que no es normal
ignorar. Ver Morandi, ob. y lug. cits.

(409) Bruck, p. 204. Ver cuanto se expone más adelante en § 24 a 26.

(410) Bruck, p. 194; Lordi, nº 629.

(411) Bruck, p. 192.


Debe inducir al asegurador a creer que los riesgos son menores, y otras las cosas aseguradas (C.
Fed. Cap., 28/5/1923, JA 10-467).
De ahí que no exista si los informes son sustancialmente ciertos (Vance, ps. 373 y ss.).
Por ello no incluye la falsedad en el domicilio: es un dato baladí (C. Nac. Com., 31/10/1947,
LL 48-943). Ver infra, nota 135.

(412) No obstante esta forma contractual, es eficaz el informe verbal si el asegurador toma
conocimiento de esa circunstancia (Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 16, p. 319). Habrá llenado su
función.

(413) Bruck, p. 181.

(414) Bruck, p. 181; si muere antes de celebrarse el contrato, los herederos están obligados a
informar a su vez.
Contra: Brunetti, en "Assicurazioni", 1941, 2, p. 93, para quien existe un deber de diligencia,
para que el riesgo declarado coincida lo mejor posible con el real.

(415) Bruck sólo sanciona la ignorancia intencional (p. 189). Igual solución rige en los Estados
Unidos e Inglaterra, en que se admite que el asegurado "puede permanecer absolutamente
ignorante de las peligrosas condiciones que afectan su propiedad o salud", sin exigirle una
diligencia razonable para investigar el riesgo que se propone asegurar (Patterson, p. 395).

(416) Bruck, p. 189.

(417) Bruck, p. 189; Lordi, Obbligazioni, nº 633, y en "Assicurazioni", 1935, 1, p. 594.


Si bien el asegurador local puede o debe conocer ese hecho o circunstancia notoria, dado el
carácter internacional de este comercio y la trasferencia de los contratos o su reaseguro,
importará para los aseguradores o reaseguradores la ignorancia de esa circunstancia.
Además, plantea el problema de cuándo el hecho se debe considerar notorio: ¿cuando lo
conoce la generalidad del pueblo, la rama del comercio particular, la clase social afectada?
En el derecho marítimo se acepta esta excepción.
Contra: Vivante, Contratto, nros. 227 y 228, que impone al asegurado la prueba de la
notoriedad pública, para la cual no bastan las publicaciones periodísticas. Pero al ejemplificar -
nº 227-, se refiere a supuestos que no son "hechos notorios", sino a cualidades de la cosa sobre

376
la cual versa la relación; por ejemplo: procedimiento industrial peligroso; inflamabilidad de las
mercaderías, etc. Adde: Segovia, nota 1764.
Se confunde hecho notorio con el de conocimiento general y los tópicos técnicos, que se
presume que conocen profundamente, por ser atinente a la especie de seguro (Patterson, p.
398; Bruck, p. 185).

(418) Por ejemplo, si en el edificio que asegura contra incendio tiene la intención de establecer
una empresa más expuesta al fuego (Bruck, p. 188, letra C).
En la práctica del seguro sobre la vida, en el cuestionario se incluyen preguntas referentes a la
intención de realizar viajes, cambios de profesión, practicar deportes peligrosos, etc.

(419) Bruck, p. 190.


Justamente es una de las funciones que desempeña el informe: habilitar al asegurador para fijar
condiciones más onerosas que las corrientes o rehusar la aceptación de la oferta.
La jurisprudencia estadounidense -criticada por Patterson- exime de la obligación de informar
"las cuestiones que ningún caballero discutiría con un extraño" (ps. 400 a 402).

(420) Bruck, ps. 190, 195 y 211.

(421) Si existiera sustitución del mandato, se considerará el conocimiento de los tres:


mandante, sustituyente y sustituido (Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 19, p. 342).

(422) Bruck, ps. 190 y 195; Vivante, Trattato, nº 1905, y Contratto, nº 230; Patterson -respecto
del agente del asegurado-, ps. 395 a 397; Segovia, nota 1764, respecto del comisionista; Vance,
ps. 354 y ss., con referencia al representante o agente del asegurado.
El art. 10 Ver Texto no consagra la distinción, pero estimo que es obvia: considérese los
supuestos del curador del insano, del síndico de la quiebra, etc.
La buena fe del mandatario no cubre al mandante, porque se lo utilizaría para consumar el
engaño (Vivante, lug. cit.).

(423) Vivante, Trattato, nº 1905, y Contratto, nº 230; Vance, p. 358.

(424) Es la solución del art. 79, ley alemana.

(425) Bruck, p. 195; Patterson, p. 370. Ver las citas de las notas siguientes.
La Cámara en lo Comercial lo aceptó como causal posible de nulidad; se trataba de un
certificado de salud, falso, que indujo al médico del asegurador a no practicar el examen
(16/4/1928, GF 74-10). Ver también fallos citados en nota 58.

(426) Bruck, ps. 191 y 181.

(427) Bruck, p. 211.

(428) Bruck, ps. 191 y 195.

(429) Bruck, ps. 181 y 195 (la ley alemana, arts. 161 y 174, se limita a autorizar la equiparación);
Vivante, Contratto, nº 565, por temor a la colusión; Lefort, I, p. 523; Fernández, p. 528.

377
Carresi, en "Assicurazioni", 1958, 1, p. 33, afirma que se debe considerar tal porque el tercero
cuya vida se asegura integra la parte compleja, asegurada, integra el centro de interés (debo
señalar que, en cambio, en materia de suicidio no lo considera parte, sino mero portador del
riesgo, lo cual en cierto sentido es contradictorio). Ver también De Cupis, en "Assicurazioni",
1954, 2, p. 44, conforme; Gasperoni, en "Assicurazioni", 1962, 1, p. 83, para el supuesto que el
asegurado conozca la reticencia; Poggi, en "Assicurazioni", 1962, 2, p. 99, para el caso de que el
tomador incurra en dolo o culpa grave (ver ahí, Corte de Casación de Italia, 6/3/1962).
Contra: Malagarriga, fundado en que el art. 498 Ver Texto, CCom. (análogo al art. 5 Ver Texto
de la ley), exige que la falsa declaración o reticencia sea del asegurado (Trat. elem., III, p. 425).

(430) Vivante, Trattato, nº 1902; Picard, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1935, ps. 17 y 18; Segovia,
nota 1764; Malagarriga, Comentario, III, nº 124; Fernández, p. 432; Brunetti, en
"Assicurazioni", 1937, 1, p. 609; Besson y Picard, nº 180; Bruck, p. 181; Vance, p. 353;
Morandi, ob. y lug. cits.
C. Nac. Com., 3/5/1892, Fallos 23:161; 2/9/1926, JA 22-419; 12/6/1931, JA 35-1415; C. Fed.
Cap., 28/5/1923, GF 44-211 y JA 10-467; 20/6/1930, GF 87-371.
Si existe pluralidad de aseguradores, el conocimiento de uno de ellos vale para todos, si se
hallan vinculados al contrato. El conocimiento para una rama vale para las demás del mismo
asegurador, porque la empresa debe estar razonablemente organizada, siempre que, conforme
a la buena fe, el asegurado así pueda confiar (Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 325).
¿La inspección cuidadosa de la cosa hace presumir la inexistencia de reticencia? Así lo resolvió
la C. Nac. Com., 26/9/1904, Fallos II:137; conf.: Fernández, p. 432; Morandi, ob. y lug. cits.
La regla no se puede aceptar como principio; dependerá de la circunstancia callada y de la
naturaleza de la cosa.
Si mantiene, p.ej., el contrato después de conocida la reticencia: Corte de Casación de Francia,
6/2/1957, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1957, p. 155, con nota conforme, en general, de Besson;
o si rescinde en esas condiciones el contrato: Corte de Casación de Francia, 27/1/1960, "Rev."
cit., 1961, p. 52.

(431) Contra: C. Nac. Com., 6/8/1928, GF 76-12; 28/4/1931, GF 92-43.


"Las sociedades de seguros que poseen tan poderosos medios de información cuando llega la
oportunidad de pagar, debieran emplearlos con más provecho cuando van a contratar" (C.
Nac. Com., 28/10/1911, "Jur. Trib. Nac.", octubre de 1911, p. 285).
Implícitamente, C. Nac. Com., 29/12/1930, JA 34-1362, en que imputó al asegurador su
inactividad para verificar la veracidad de las declaraciones del asegurado.
Conf., la jurisprudencia estadounidense, cit. por Patterson, nº 87.
Ver más adelante, en notas 112 y 159, fallos de la C. Nac. Com. que contradicen este principio.
Para Bruck, el conflicto entre el deber de investigar del asegurador y la carga de informar del
asegurado se resuelve en favor de aquél cuando trasforma la carga de informar en la de
contestar el cuestionario (p. 179).

(432) Vivante, Trattato, nº 1903, y Contratto, nº 228. No se puede exigir que el asegurador
investigue hechos que el asegurado conoce (Patterson, p. 399).
De ahí que el error inexcusable del asegurador tampoco lo libere (Lordi, nº 641). No obstante,
no cabría aplicar el principio en ciertos casos de ignorancia crasa -Segovia, nota 1764- o de
veracidad imposible -por ejemplo, la afirmación de un hombre de 55 años de haber tenido
nunca necesidad de médico: C. Nac. Com., 6/5/1913, "Jur. Trib. Nac.", mayo de 1913, p. 212-.

378
(433) Besson y Picard, I, nº 91; C. Civ. 2ª La Plata, 31/12/1940, JA 73-714.
Bruck-M”ller, ob. cit., § 18, p. 337, sostienen que en este caso autoriza a impugnar cuando el
silencio fuere malicioso.

(434) Así lo preveía expresamente el art. 6, ap. 2, del anteproyecto, mas la comisión prefirió
eliminarlo por juzgarlo redundante, ya que es aplicación específica de principios generales.

(435) Vivante, Contratto, nº 568; y Trattato, nº 1902: no cabe presumir que se haya querido
engañar al asegurado cobrándole las primas para después oponerle la defensa; Lordi, nº 645;
Fernández, p. 432; C. Fed. Cap., 20/6/1930, JA 33-433. Besson y Picard parecen exigir que
trascurra el plazo de prescripción (I, nº 180). Ver nota 95, in fine.
La C. Nac. Com., 29/12/1930, GF 90-214, negó la acción fundada en que el asegurador no se
preocupó de verificar las declaraciones (!).

(436) Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 333; Besson y Picard, ob. cit., 2ª ed., I, p. 152; Morandi, ob. y
lug. cits.

(437) No obstante, ver en Patterson, nº 95, la discrepancia de la jurisprudencia estadounidense


en lo federal.

(438) Vivante, Contratto, nº 490.

(439) Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 333.

(440) Brunetti, en "Assicurazioni", 1937, 1, p. 699.

(441) C. Fed. Cap., 30/6/1943, LL 31-249, certificado de sanidad de una mercadería, aceptado,
que pretende discutir una vez ocurrido el siniestro (art. 6, inc. 2, del anteproyecto).

(442) C. Nac. Com., 11/4/1930, GF 85-306.

(443) Bruck, p. 201, letra e; Vivante, Contratto, nros. 489 y 568; Picard, en "Rev. Gén. Ass.
Terr.", 1935, p. 14; Besson y Picard, I, nº 181; Salandra, en "Assicurazioni", 1940, 2, p. 20;
Vance, ps. 446 y ss.
No obstante, ver Vivante, Contratto, nº 225, respecto del conocimiento del interés asegurable.
Contra: Patterson, nº 94, ps. 416 y 417; Dupuich, nota en DP 1894-2-593; Lepargneur, nº
1389.
Para Vance, p. 446, esta regla no puede ser modificada.
Para Greco, el conocimiento del agente, en ambos supuestos, no obliga al asegurador, porque
para éste sólo tienen valor las respuestas escritas, único medio de información aceptado (en
"Assicurazioni", 1938, 1, ps. 1 a 13).
Gasperoni distingue el caso en que el agente tiene facultad de recoger las declaraciones del
asegurado de aquel que no la tiene; en el primer supuesto, obliga al asegurador; en el segundo
no (ob. cit., nº 24, ps. 827 y 828).
Bruck-M”ller, en un extenso análisis, sostienen algunas conclusiones que se debe señalar
especialmente (ob. cit., I, ps. 1008 y ss.):
a) ¿Existe reticencia en omitir un informe de circunstancia reconocida por el agente, máxime si
éste obra en virtud de este conocimiento? ¿No es contrario a la buena fe la afirmativa?

379
b) ¿Su conocimiento elimina la reticencia dolosa? V.gr., entrega del cuestionario en blanco,
consejo del agente o interpretación de éste, etc.
c) Los poderes limitados para realizar actos posteriores dan eficacia a su conocimiento de
hechos que debieron ser denunciados antes.
d) En caso de duda, por las circunstancias concurrentes, se debe juzgar que su conocimiento
obliga al asegurador, porque éste lo presenta como persona de su confianza.

(444) Picard, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1935, p. 14; Besson y Picard, I, nº 181: no se puede
afirmar que el agente obra en los límites de sus funciones; Greco, cit., porque hay un conflicto
de intereses entre su deber como agente y su acto en favor del asegurado.

(445) Picard, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1935, p. 14; Besson y Picard, I, nº 181.
Castillo incluye el caso en que el agente indujo a cometer la reticencia (nº 224), y la
jurisprudencia francesa agregaba el supuesto de que el agente redactó la propuesta después de
inspeccionar la cosa (fallos citados por Picard, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1935, p. 15). En
contra de esas soluciones: Lepargneur, nº 1389.

(446) Greco, en "Assicurazioni", 1938, 1, p. 1.


La jurisprudencia estadual estadounidense no acepta esta solución, discrepando con la federal
(ver Patterson, nº 97. Confr. Vance, ps. 218 y ss., y 445 y ss.).
La solución es obvia cuando media colusión entre el asegurado y el agente. Ver Patterson, p.
417.

(447) Vivante, Trattato, nº 1903, y Contratto, nros. 228 y 563; Lefort, I, ps. 320 a 329, y II, ps.
521 a 532; Lepargneur, nº 1388; Malagarriga, nº 303; C. Nac. Com., 22/11/1932, JA 40-240 y
GF 101-163 -era un caso de dolo-; 20/10/1937, JA 60-221; 25/3/1966, ED 16-289, disid. del
Dr. Malagarriga; C. Apels. Rosario, I, 2/12/1947, LL 49-352; Corte de Casación de Italia,
16/4/1941, en "Assicurazioni", 1942, 2, p. 49; 5/8/1959, eod. loc., 1959, 2, p. 259.
Degni y Lordi admiten esa solución, pero agregan que si comprueba el mal y no informa, la
reticencia queda sanada, porque actúa como mandatario del asegurador ("Assicurazioni", 1934,
2, p. 9, y 1935, 1, p. 594, nº 12, respectivamente). La solución es inadmisible, porque el médico
es un dependiente que no representa al asegurador, y no un mandatario, ya que no se puede
decir que examinar al asegurado sea un acto jurídico. La posición de Lordi se contradice con lo
que expone en Obbligazioni commerciali, II, nº 632.
Zavala Rodríguez, ob. cit., nº 1691, acepta que subsane la reticencia cuando el médico ha sido
negligente o si la comprobación era fácil (mera prueba de glucosa o urea en la sangre).
También Morandi, ob. y lug. cits.
Contra: Díaz de Guijarro, en JA 1942-II, secc. Doctrina, p. 16; Vance, p. 425; Fernández, p.
432; C. Nac. Com., 16/4/1928, JA 27-597, con nota de E. Díaz de Guijarro; 29/10/1930, JA
34-581 y GF 89-38.
Sancionó como negligencia del asegurador, la de sus médicos que habrían podido determinar la
enfermedad del asegurado con un simple análisis de sangre (C. Nac. Com., 31/8/1938, LL 12-
190).

(448) Vivante, Trattato, nº 1903, y Contratto, nº 228; Dupuich, nota en DP 1894-2-425; C.


Nac. Com., 6/5/1913, "Jur. Trib. Nac.", julio de 1913, p. 236; 29/8/1916, GF 4-141.
Lo que pone a cargo del asegurador la prueba de que la enfermedad existía entonces y era
conocida por el asegurado (C. Fed. Cap., 6/8/1937, JA 59-391).

380
Si el asegurado es veraz en sus declaraciones y se pone sin reservas a disposición del médico, la
culpa o negligencia de éste corre por cuenta del asegurador (C. Nac. Com., 20/9/1947, LL 48-
411).

(449) Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 16, p. 325.

(450) Por ello es equivocada la afirmación de Rivarola sobre el punto en p. 286; y que al deber
de informar del asegurado, corresponde la obligación del asegurador de preguntar.

(451) Besson y Picard, I, nº 143; Lepargneur, nº 1300.


Vance señala que cuando el asegurador no propone cuestionario, la jurisprudencia
estadounidense autoriza al asegurado a presumir que el asegurador adquirió el conocimiento
suficiente del riesgo directamente o por sus agentes (p. 346).

(452) Besson y Picard, I, nº 144.

(453) Vivante, Contratto, nº 562; si fuera de otra manera, el asegurado sería víctima de una
insidia, porque el asegurador habrá distraído su atención (Trattato, nº 1901). Conf.: Lefort, I,
ps. 465 a 467; Rivarola, p. 287; Lepargneur, nº 1386; Castillo, nº 21; Gasperoni, nº 26, p. 828;
Fernández, p. 433.
La opinión contraria de Bruck, p. 187, se funda en la disposición expresa de la ley alemana, art.
18.
Brunetti hace salvedad de las cuestiones que por su importancia no pueden ser omitidas o que
es del uso incluir en la declaración (en "Assicurazioni", 1937, 1, p. 609, nros. 11 y ss.). Y Vance
agrega aquellas que el asegurado no puede omitir sin violar la buena fe (p. 343).
La regla del texto es extendida por De Lalande y Couturier al sistema de la declaración, porque
los agentes proceden por interrogación para fijar los caracteres del riesgo (ob. cit., nº 229).

(454) Vivante, Contratto, nº 562, y Trattato, nº 1901; Lordi, nº 627; Vance, p. 348; Patterson,
ps. 350 a 354; Castillo, nº 21; Fernández, p. 433. Bruck opina que cabe la prueba en contrario;
que el cuestionario sólo invierte la carga de la prueba sobre el punto; que en la duda se debe
juzgar importante (p. 187); pero sólo en caso de duda (Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 323).

(455) Vivante, Contratto, nº 562. En el Trattato, nº 1901, afirma que basta la inexactitud
culposa, con lo cual no habría diferencia con las demás inexactitudes. Conf. con el texto,
Patterson, en "Assicurazioni", 1938, 1, ps. 534 y 535. Se debe tener asimismo en cuenta que las
preguntas generales no pueden exigir respuestas especiales (v.gr., ¿existen circunstancias
agravantes del riesgo?), ni un juicio de mérito por parte del tomador: Bruck-M”ller, ob. cit., I,
p. 323.
Lefort, en cambio, frente a la misma pregunta: "¿Ha tenido otras enfermedades graves?",
sostiene que se debe concretar todos los males sufridos, salvo las indisposiciones pasajeras (II,
ps. 532 a 534. Ver Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 323).
Para Fernández será una cuestión de hecho, a ser resuelta en cada caso (p. 433). Lo que es
injusto para el asegurado, cuyo contrato queda librado al rigor pericial, víctima de la falta del
propio asegurador. Mas se debe tener en cuenta que con estas preguntas generales, el
cuestionario no tiene que caer en el sistema de la declaración (Bruck-M”ller, ob. y lug. cits.).

(456) Bruck, p. 187.

381
(457) Bruck, p. 187; Lordi, nº 631; Patterson, ps. 349 y 350.
La negligencia del asegurador para disipar las contradicciones del asegurado a las respuestas del
cuestionario no lo afecta, si la declaración del estado real lo hubiera llevado al rechazo del
seguro (C. Nac. Com., 14/5/1945, JA 1945-II-717; en el caso, habría conducido a comprobar
el cáncer, ignorado por el asegurado).

(458) Bruck, p. 192; C. Nac. Com., 29/12/1930, JA 34-1362.

(459) Bruck, p. 192.


En este caso, la inexactitud no vicia el contrato (Lordi, nº 640). Solución que no comparte
Patterson, para el supuesto de mala fe (en "Assicurazioni", 1938, 1, p. 525, y ob. cit., ps. 346 y
277 y ss.).
En la jurisprudencia y la doctrina angloestadounidense se decide que una declaración sobre
hechos se refiere a hechos exteriores a quien declara. "Las declaraciones no calificadas se
interpretarán como de opinión, si el hecho al que se refieren se juzga como no susceptible de
determinación exacta y concluyente por el asegurado. En otras palabras, una afirmación no
calificada referente a una situación o hecho acerca del cual puedan existir evidentemente
diferencias de opinión, se interpretará como una declaración de opinión". Corrientemente, la
generalidad de la manifestación es decisiva: por ejemplo, la manifestación de estar en buena
salud (Patterson, nº 78). En el campo del seguro sobre la vida hay una tendencia a ampliar el
campo de las declaraciones que son opiniones o creencias -salud, enfermedades, e incluso
hábitos- (Patterson, nº 77); por ejemplo, la larga lista de enfermedades; pero la negativa de
estar afectado de una determinada enfermedad, ya diagnosticada, es una declaración de hechos
(ob. cit., p. 345). Adde: Vance, ps. 366 y ss.

(460) Patterson, nº 79.

(461) Vivante, Contratto, nros. 221 y 222; Besson y Picard, I, nros. 138, 140, 141; Bruck, p.
184.
No obstante, en un seguro contra incendio de un automóvil, la C. Nac. Com. negó este
principio si no se discute la identidad del asegurado (!), porque se cubre (!!) (26/11/1926, GF
66-62). El tribunal olvidó el azar moral.
En el fallo de 31/10/1947, LL 48-943, la C. Nac. Com. juzgó que existía en la no declaración
de un seguro anterior rechazado; en éste, anterior, reconoció que padecía de sífilis en
evolución, lo cual habría fundado el rechazo. En la segunda solicitud negó haber padecido de
sífilis y además reconoció haber conocido el rechazo de la primera solicitud de seguro.

(462) Besson y Picard, I, nº 139.

(463) Bruck, p. 184.

(464) Vivante, Contratto, nº 225; Lepargneur, nº 1301.


Se justifica porque da la clave de la diligencia que se puede esperar en la vigilancia, y evita
confusiones si se produce el siniestro (Gasperoni, vº Assic. incendi, nº 14, quien estima
indiferente que el esposo silencie el carácter de bien propio de la cónyuge).
Ver capítulo VII.

382
Contra: C. Fed. Cap., 28/5/1923, GF 44-211, calidad falsa de propietario, en el caso; porque se
debe referir a la cosa, es decir, disminuir la opinión del riesgo o cambiar el sujeto, o sea que los
riesgos son menores y que la cosa asegurada es otra. Con este criterio tampoco afecta la
falsedad en el interés asegurable ni sería necesaria su existencia para la validez del contrato.
No incurre en reticencia el inquilino que construyó las mejoras, si asegura en calidad de
propietario y realmente lo era de las construcciones (C. Nac. Com., 4/3/1920, GF 25-67).
No quien adquiere por mensualidades (C. Nac. Com., 6/8/1928, GF 75-311), o sólo es titular
de un boleto privado (15/5/1894, Fallos 35:5).
La naturaleza del crédito que funda el interés -quirografario o hipotecario-, no tiene
importancia para apreciar el riesgo en el seguro marítimo (C. Fed. Cap., 4/4/1932, GF 111-
143).

(465) Un simple error de hecho o de enunciación de la individualización no lo invalida: se


trataba del inmueble, bien único del asegurado (C. Nac. Com., 28/5/1918, GF 14-205 y JA 1-
757. Conf.: Patterson, p. 255).
O la diferencia en el número de cilindros del automóvil, si no lo hay en el número del motor,
marca y patente municipal, aun cuando exista sobre el modelo, más antiguo que el declarado
(C. Nac. Com., 19/7/1935, JA 51-243).
Besson juzga que el error en el número del motor del automóvil cubierto contra todo riesgo no
anula el contrato, opinión no compartida por la Corte de París (en "Rev. Gén. Ass. Terr.",
1938, ps. 716 y 713, respectivamente).

(466) Vivante, Contratto, nº 576; Lefort, I, p. 476; De Lalande y Couturier, nros. 232 y 233;
Lepargneur, nº 1301.
Con anterioridad, algunas pólizas exigían esa declaración bajo pena expresa de caducidad.
Contra: C. Nac. Com., 16/12/1932, GF 101-318, porque no se ve cómo ha podido influir en el
siniestro, o en el aumento de los daños; al contrario, favorece al asegurador, porque prorratea
con el otro asegurador (!).
La sentencia viola flagrantemente el texto de la ley y de los principios más elementales. El art.
498 Ver Texto, CCom. -ahora el art. 5 Ver Texto-, se refiere a la apreciación del riesgo y no a la
producción del siniestro. Además, afecta al azar moral, es decir, al riesgo subjetivo. La razón
que beneficia al asegurador (sic), porque así prorratea con el otro asegurador (!), importa un
olvido inexcusable de la regla proporcional del art. 502 Ver Texto, 2º párr., CCom.,
reproducido por el art. 65 Ver Texto, 2º párr., de la nueva ley.
La exigencia de denunciar los otros seguros rige también en el seguro sobre la vida, en el cual
es lícito asegurarse por cualquier suma; incluso interesa conocer las ofertas anteriores no
prosperadas, reiteradas o rechazadas, porque tienden a averiguar los antecedentes y permiten
apreciar el riesgo subjetivo (Vivante, Contratto, nº 576; Lefort, I, p. 476).
En el seguro individual de accidentes tiende a evitar que el seguro por fuertes sumas induzca al
asegurado a actuar con temeridad o malicia, sea por la garantía de la pensión o para gozar de
ésta (Vivante, en "Riv. Dir. Comm.", 1903, 2, p. 99; Besson, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1941,
p. 395).

(467) Lepargneur, nº 1301.

(468) Lepargneur, nº 1301.

383
(469) Téngase en cuenta que en el supuesto del art. 520 Ver Texto, CCom., derogado, ha
quedado incluido en el régimen general del art. 5 Ver Texto. Para la jurisprudencia anterior, ver
C. Nac. Com., 20/7/1927, JA 27-687; sala A, 28/12/1956, LL 86-634.

(470) Vivante no lo acepta: exige que se demuestre que era un elemento esencial del contrato
(Contratto, nº 224).
La C. Nac. Com. sancionó con la nulidad la omisión de declarar el nombre anterior usado por
el asegurado, "porque imposibilita el conocimiento de la persona" (10/6/1905, Fallos II:553).
Ver texto y nota 126.

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29. En el seguro de incendio.

En el seguro de incendio, la póliza argentina usual (471) exige que se declare, so pena de
nulidad (cláusula 2ª):

a) si procede por cuenta propia o por cuenta de terceros, en virtud de mandato o sin su
conocimiento;

b) si es propietario exclusivo o condómino, etc., y en general en qué carácter o interés actúa


(472) ;

c) la situación, naturaleza de la construcción, destino o uso del edificio, y si está edificado en


terreno propio o ajeno, derecho a las mejoras, etc., o en el cual están almacenadas las cosas
aseguradas contra el riesgo (473) ;

d) la existencia de mercaderías o de productos peligrosos, inflamables, muy inflamables y


explosivos (474) ;

384
e) si sobre la cosa asegurada existen otro u otros seguros (475) ;

f ) la construcción, destino y uso de los edificios linderos (476) .

Además se debe denunciar la existencia de siniestros anteriores, porque sirve para apreciar el
riesgo, el azar moral (477) , siempre que sean importantes (478) .

Los datos personales que la ley exige incluir en la póliza (art. 11 Ver Texto, 2º párr.) son
importantes para determinar el riesgo subjetivo; la falsedad de su información se debe
sancionar con la nulidad (479) .

(471) Sin ser póliza uniforme, los términos eran prácticamente idénticos. Me refiero a la póliza
en uso antes de la sanción de la ley 17418 Ver Texto.

(472) Ver los fallos citados en nota 129; adde, C. Nac. Com., 13/6/1911, "Jur. Trib. Nac.",
junio de 1911, p. 257, en favor de la anulación.
Gasperoni considera indiferente que el esposo no declare que el bien es propio o ganancial (vº
Assic. incendi, nº 14).

(473) La Cámara en lo Comercial tiene resuelto que:


1) no afecta el simple error de hecho de ubicación del bien (28/5/1918, JA 1-757 y GF 14-
205);
2) ni la omisión del asegurado de declarar su calidad de inquilino, si él construyó las mejoras
aseguradas (11/3/1920, GF 25-67);
3) ni quien adquiere por mensualidades (6/8/1928, GF 75-311);
4) ni el exceso de bancos de carpintero, sobre los declarados, si no se utilizan en la explotación
del negocio (28/6/1938, LL 7-336);
5) pero sí lo es denunciar que se trata de un negocio al por menor de artículos de bonetería,
cuando en realidad es una casa de remates de tales artículos (6/6/1928, GF 74-314 y JA 27-
1032).
Confr. Patterson, p. 256; Besson y Picard, III, nº 14.

(474) Ver el capítulo VIII, nº 7.

385
(475) Ver nota 131. Adde, en favor de la sanción, C. Nac. Com., 28/3/1911, "Jur. Trib. Nac.",
marzo de 1911, p. 246; Besson y Picard, III, nº 14.

(476) Por la cláusula 25, el destino y uso de los linderos que no están en comunicación con el
riesgo asegurado, no afectan la prima fijada. Adde, Besson y Picard, III, nº 14.
En alguna oportunidad se resolvió que si en la póliza no se fija el destino de los linderos, la
errónea declaración del asegurado, que no aumenta el riesgo, no vicia el contrato (C. Civ. 2ª La
Plata, 31/12/1940, JA 73-714).

(477) Gasperoni, vº Assicurazioni incendi, nº 14.

(478) C. Nac. Com., 7/10/1913, "Jur. Trib. Nac.", octubre de 1913, p. 289. Confr. nota 111.

(479) Contra: C. Nac. Com., 26/11/1926, JA 23-465, porque no importan al objeto asegurado
(!).
¿Qué interés legítimo media en ocultar la verdadera personalidad del asegurado?

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30. En el seguro sobre la vida.

En el seguro sobre la vida, el sistema del cuestionario ha llegado a predominar; su progresiva


simplificación le redime de muchos de los cargos vertidos por la doctrina.

La indicación falsa o errónea de la edad no afecta la validez del contrato (art. 131 Ver Texto,
1er. párr.) (480) , siempre que por la edad real, el riesgo esté dentro de los cubiertos por el
asegurador según sus planes (art. 131 Ver Texto, 1er. párr.) (481) : cuando la edad real sea
mayor, el capital asegurado se reducirá conforme con aquélla y la prima pagada (art. 131 Ver
Texto, 2º párr.); cuando sea menor, el asegurador restituirá la reserva matemática constituida
con el excedente de la prima pagada y reajustará las primas futuras (art. 131 Ver Texto, 3er.
párr.).

El error en la identidad anula el contrato. Si un tercero se sustituye en la revisación médica, no


existe contrato porque no coinciden las voluntades sobre el mismo riesgo (482) .

386
La diferencia en el nombre no anula el contrato, si no hay dudas sobre la identidad, ni afecta el
riesgo subjetivo (483) .

La falsa declaración del domicilio puede fundar la nulidad, si impide comprobar el riesgo
moral, o agrava el riesgo objetivo porque el domicilio real se tiene en zona o región insalubre
(484) .

Idéntica solución se debe aplicar en lo referente a la profesión, pues existen las que inducen al
asegurador a rehusar el riesgo -la de buzo, p.ej.- o a recargar la tarifa normal, sea para el riesgo,
sea para los beneficios accesorios (485) .

Se deben declarar los males capaces de abreviar la vida. No afecta el silencio de la enfermedad -
aunque grave- que ha sido curada, y ya no ejerce influencia sobre la salud (486) . La negación
de enfermedad sólo significa un estado de salud ordinario y tal que la vida pueda ser asegurada
como debiendo alcanzar el término común de las personas de la edad y condición del
asegurado (487) .

La pregunta sobre la asistencia médica anterior se debe referir a un tratamiento asiduo o, por lo
menos, prolongado aunque accidental; la omisión de las visitas médicas esporádicas o de una
enfermedad intrascendente no constituye reticencia (488) .

Toda respuesta inexacta a una pregunta particularizada -no genérica- del cuestionario
constituye reticencia, siempre que se formule dentro del interés del asegurador de aportar
elementos para apreciar el riesgo (489) .

El examen médico no libera al asegurado de su deber de informar ni de las consecuencias de su


falsa declaración o de sus omisiones, aunque medie culpa o negligencia del médico del
asegurador (490) .

También se denunciarán los males congénitos, así como los antecedentes hereditarios capaces
de afectar la vida del asegurado, sin que se pueda exigir manifestaciones completas y

387
categóricas sino dentro de lo posible, ya que es posible ignorarlos o tener sobre ellos un falso
recuerdo o creencia (491) .

Las mujeres deben denunciar embarazos, partos anteriores, abortos, etc., y su estado actual
(492) .

La ignorancia de las enfermedades no vicia el contrato (493) .

La negativa de haber solicitado un seguro anterior, y su rechazo, no constituyen falsa


declaración que vicia el contrato (494) : la razón radica en que media culpa del asegurador vida
en no conocer, pues los aseguradores de esta rama mantienen una oficina central de
información de los seguros rechazados. No cabe arg ir que se trata de la organización interna
de la empresa, y que la omisión del asegurador no puede beneficiar al asegurado: se trata de
una falta de diligencia en conocer el verdadero estado del riesgo, que si se rechaza en otros
supuestos (revisación médica) obedece a la excesiva onerosidad y el retardo que provocaría en
la celebración. No cabe arg ir tampoco que así se hace recaer sobre el asegurador las
consecuencias de su propia organización, que es problema interno de éste, porque es
justamente por su organización de empresa que puede ser autorizado a contratar seguros y
seleccionar los riesgos. Será necesario que el rechazo de la solicitud anterior conste en el
expresado registro, y que el informe se haya omitido.

La manifestación acerca de las actividades futuras no afecta, salvo que se incurra en fraude
(495) .

(480) Porque el error afecta la cantidad y no la calidad; de ahí que su efecto sea reducir el
capital asegurado (Vivante, Contratto, nº 573; Lefort, II, p. 547; Rivarola, nº 1186; Bruck, p.
193; Besson y Picard, IV, nº 69).
Era la solución de las pólizas argentinas, de los fallos nacionales -ver nota 146- y la aceptada
también por las leyes alemana, art. 162, y francesa de 1930, art. 81.

(481) Se trata de los planes aprobados por la autoridad de control. Era la solución consagrada
por la jurisprudencia (C. Nac. Com., 5/5/1914, "Jur. Trib. Nac.", mayo de 1914, p. 233,
disidencia de Castillo; 28/9/1916, GF 4-236, disidencias de Estévez y Castillo; 26/10/1921,
GF 35-317; 16/4/1928, GF 74-10; Rivarola, nº 1186; Malagarriga, Trat. elem., III, p. 376).

388
La ley alemana autoriza a rescindir (art. 162); Bruck comprueba que en la práctica no se hace
uso de tal derecho (p. 193, nota 81). La ley francesa de 1930, art. 81, en cambio, establece la
nulidad.
La diferente solución del 2º y 3º párr. obedece a que en el supuesto de menor edad, 3º párr., el
asegurador ha incurrido en gastos (pago de comisión, etc.), por lo cual no puede reducir la
prima proporcionalmente desde el origen. Nada impide que las partes acuerden otra solución.
La edad del asegurado se debe probar con la partida de nacimiento; la prueba supletoria sólo es
admisible en los casos fijados por el Código Civil (C. Nac. Com., 21/9/1911, "Jur. Trib. Nac.",
setiembre de 1911, p. 401; 28/10/1911, "Jur. Trib. Nac.", octubre de 1911, p. 285). Si se
omitió presentar en el juicio por el cobro del seguro, la condena está subordinada a esa
presentación (C. Fed. Rosario, 3/4/1918, JA 1-392).

(482) Vivante, Trattato, nº 1988, y Contratto, nº 515.

(483) Vivante, cit. en nota 147; Malagarriga, Comentario, III, nº 306.

(484) Lefort, I, ps. 468 a 474.


Para Vivante es indiferente -lug. cit., nota 147-, opinión que siguió la C. Nac. Com.,
16/4/1928, JA 27-597 y GF 74-10, fundada en el art. 556, CCom., derogado, sin reparar que
ahí se fijaba, precisamente, la salvedad "si fuesen de tal naturaleza que el asegurador no hubiese
celebrado el contrato o no lo habría celebrado en las mismas condiciones a mediar el nuevo
estado de cosas". Sin salvedad, también C. Nac. Com., 31/10/1947, LL 48-943.

(485) Para Vivante no influye; pero si se calla una profesión peligrosa, el criterio de solución lo
halla en la cláusula que prohíbe dedicarse a ciertas profesiones; si el asegurador puede rescindir
en tal caso, hay que pensar que no lo habría celebrado. Las profesiones no prohibidas se deben
juzgar que no influyen (Contratto, nº 575).
Contra: Lefort, para quien sirve para apreciar el riesgo (I, ps. 468 a 474).

(486) Vivante, Contratto, nº 570.

(487) Marshall, cit. por Lepargneur, p. 706 y nota 1.

(488) C. Nac. Com., 28/10/1911, "Jur. Trib. Nac.", octubre de 1911, p. 285; ver Patterson, en
"Assicurazioni", 1938, 1, p. 537.
La falsa declaración debe tener por fin ocultar una enfermedad grave; de lo contrario no afecta
(Vivante, Contratto, nº 572).
La C. Nac. Com., con disidencia del Dr. Casares, 16/4/1928, JA 27-597, decidió que no anula
el contrato la falsa declaración de no tener médico habitual, de no haber consultado nunca a un
médico.
El médico del asegurado debe respetar el secreto profesional (Corte de París, 2/2/1962, con
nota aprobatoria de Besson, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1963, p. 58).

(489) Aunque no pueda modificar el concepto del riesgo, agrega Vivante, Contratto, nº 571.
De ahí que exista reticencia si niega la enfermedad precisamente preguntada, que pudo
desconocer, si sabía que el órgano estaba enfermo (en el caso, bronquitis) (C. Apel. Rosario, I,
2/12/1947, LL 49-352).
Ver supra, texto § 27 y sus notas.

389
(490) Ver supra, texto § 26 y sus notas.
A las sentencias en contra, citadas ahí, adde C. Nac. Com., 31/8/1938, LL 12-190, caso del
médico que calló la existencia de cicatrices indelebles de una intervención quirúrgica ocultada,
y de las cuales se pudo deducir el mal del asegurado; 29/12/1930, GF 90-214 y JA 34-1362, en
un caso en que se ocultó el exceso en el consumo de bebidas alcohólicas y estupefacientes,
porque el asegurador se puede apartar del resultado del examen médico (!).
Contra, Zavala Rodríguez, II, nº 1691.

(491) Conf., Lefort, I, ps. 468 a 474.

(492) Lefort, I, ps. 468 a 474. Se incluyen expresamente en los cuestionarios; supra, nota 154.

(493) C. Nac. Com., 12/7/1937, LL 7-990, y 31/8/1938, LL 12-190; Lefort, I, ps. 468 a 474.
Ver supra, texto § 19 y sus notas.
Dupuich expresa que la opinión del asegurado acerca de la escasa importancia del mal no
elimina la reticencia (en DP 1894-2-593). Puede ser así si tal opinión es infundada o temeraria a
ese momento, porque existen males mortales que en sus primeros síntomas se presentan como
ligeros trastornos y dolores, confundibles con neuralgias o molestias sin importancia; tal ocurre
con ciertas manifestaciones del cáncer o de la arteriosclerosis, etc.

(494) C. Nac. Com., 29/12/1930, GF 90-214 y JA 34-1362, aunque sus fundamentos son
criticables.
Contra: C. Nac. Com., 14/3/1939, LL 14-87.

(495) Patterson, p. 344; aunque señala que existen fallos que exigen que sean sustancialmente
ciertos, lo cual juzga una aberración (ps. 354 y ss.).

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31. Reaseguro.

Las reglas expuestas sobre el deber de informar y la sanción del art. 5 Ver Texto y concs. se
extienden al reaseguro (art. 159 Ver Texto). No obstante, se debe tener en cuenta que en los
tratados o contratos generales es usual reemplazar la sanción de nulidad por el derecho a
indemnización (496) .

390
El reasegurador en el reaseguro facultativo debe conocer todas las circunstancias informadas
por el asegurado y las que el asegurador conoció por su parte hasta el momento de hacer su
declaración. No es menester que se denuncien todos los hechos al detalle, porque las
condiciones normales se consideran conocidas; es suficiente que el reasegurador conozca las
condiciones y leyes aplicables para poder fijar las obligaciones del asegurador, incluso la
moneda en que se debe pagar la indemnización; la fecha del seguro; la prima y todas las
condiciones anormales (497) .

Es menester que la circunstancia callada o declarada en forma inexacta sea efectivamente


ignorada por el reasegurador, y no considerarse conocida por éste con exactitud. Se debe
referir a un hecho importante, reputándose tal, en general, cuanto "se refiere a la apreciación de
las probabilidades y la extensión de la indemnización, por lo que vician:

"a) cuanto se refiere objetivamente al riesgo asumido por el asegurador;

"b) al alcance del contrato de reaseguro, la ley aplicable, etc.;

"c ) todo lo que se refiera a la administración y liquidación de los siniestros" (498) .

Así lo será la ocultación de que se reasegura íntegramente (499) .

En el tratado o contrato general, las conclusiones son diversas, y depende del tipo de contrato
celebrado; además, la reticencia podrá afectar la declaración de alimento si por la especie de
contrato ésta fuese necesaria para la aplicación del reaseguro.

(496) Ver Vivante, Contratto, nº 233.

(497) Persico, nº 76; Vivante, Contratto, nº 233.

(498) Persico, nº 75.

(499) Persico, nº 78; Vivante, Contratto, nº 232; porque lo normal es que reserve para sí el
pleno, y si trasfiere íntegramente es porque se trata de un mal riesgo.

391
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32. Efectos de la reticencia.

La ley 17418 Ver Texto ha establecido un nuevo régimen de efectos de la reticencia. Si bien
reitera la sanción de impugnabilidad del contrato por el asegurador (nulidad relativa) que ya
consagraba el art. 498 Ver Texto reemplazado (art. 5) (500) , introdujo diversas atenuaciones:

1) Si la reticencia no es dolosa, el asegurador, "a su exclusivo juicio", puede anular el contrato


con restitución de la prima previa deducción de los gastos, o reajustarlo con la conformidad del
asegurado al verdadero estado del riesgo (art. 6 Ver Texto) (501) .

En el seguro sobre la vida el reajuste puede ser impuesto al asegurador en el supuesto de que la
nulidad resultare perjudicial para el asegurado (art. 6 Ver Texto): p.ej., si en razón de la edad o
estado de salud el contrato resultaría en el momento de la anulación excesivamente oneroso, si
no imposible, y ello fuera así por circunstancias sobrevinientes, esto es, ajenas a la reticencia. El
reajuste exige el juicio favorable de peritos y que el contrato se hubiera celebrado conforme a la
práctica comercial del asegurador (art. 7 Ver Texto, in fine) (502) .

Cuando el contrato incluye varias personas o intereses es aplicable el régimen del art. 45 Ver
Texto (art. 6 Ver Texto, 2º párr.): el asegurador puede rescindir todo el contrato si no lo
hubiera celebrado en las mismas condiciones respecto de los intereses o personas no afectados.
Al contrario, si el asegurador ejerce su derecho hacia una parte de los intereses, el tomador
puede a su vez rescindir el contrato en lo restante.

El régimen del art. 45 Ver Texto no es aplicable cuando los contratos son separables, esto es,
cuando existe una unidad formal, salvo cuando exista una influencia recíproca (p.ej., incendio y
robo; bien en condominio; inmuebles vecinos, del cual uno amenaza al otro -seguro de
incendio-; etc.) (503) . Cuando hay sólo unidad formal, realmente existe pluralidad de contratos
de seguro, y no pluralidad de intereses o de personas cubiertas por un solo contrato.

392
2) Si bien la ley en el art. 6 Ver Texto no distingue si la reticencia se alega antes o después de
ocurrido el siniestro con relación a los seguros de intereses, dejando así al asegurador aun en
este supuesto decidir si invoca o no la nulidad del contrato (504) , respecto del seguro sobre la
vida establece en el art. 7 Ver Texto una excepción en favor del asegurado de buena fe: si la
reticencia se alega después de ocurrido el siniestro, la prestación debida se reducirá
consiguientemente, si el contrato fuese reajustable a juicio de peritos (505) y se hubiera
celebrado conforme a la práctica comercial del asegurador (506) .

La excepción se funda en razones de diverso orden:

1) el reajuste no perjudica al asegurador, que habría igualmente asumido el riesgo, con la prima
rectificada o por una menor suma a igual prima;

2) la necesidad de hacer efectivo este seguro, verdadera previsión individual, y así fomentar su
práctica, bastante escasa en nuestro medio.

33. Efectos respecto de la prima.

Respecto de la prima, la ley introduce un régimen más racional que el del Código de Comercio
derogado:

1) Si la reticencia fuese dolosa o de mala fe, el asegurador tiene derecho a las primas de los
períodos trascurridos y del período en cuyo trascurso invoque la reticencia o falsa declaración
(art. 8 Ver Texto).

La solución es análoga a la que consagraba el art. 523 Ver Texto, Código de Comercio,
derogado.

La norma es de orden público, ya que no se puede variar por acuerdo de partes (art. 158 Ver
Texto) (507) , y funciona como una sanción al asegurado y de indemnización al asegurador,

393
por los daños y gastos (organización, producción, etc.), que sólo se cubren por la gran masa de
contratos (508) . De aplicarse las normas generales sobre nulidad, debería restituir la prima y
reclamar la indemnización de los perjuicios efectivamente sufridos (arts. 1050 Ver Texto, 1052
Ver Texto y 1056 Ver Texto, CCiv.).

2) Si la reticencia no es dolosa y el asegurador opta por rescindir, debe restituir la prima con
deducción de los gastos (art. 6 Ver Texto).

La solución se adecua a los principios y a las necesidades de la práctica. Es distinta de la


consagrada por el art. 522 Ver Texto, CCom., derogado, y se justifica porque el asegurador,
por la anulación, no soporta el riesgo, ni en todo ni en parte.

3) Si el seguro cubre una pluralidad de intereses y el asegurador opta por anular la totalidad del
contrato, se aplicarán los arts. 6 Ver Texto y 8 Ver Texto, según exista o no dolo en el
asegurado. Mas si el asegurador sólo ejerce su derecho respecto de una parte de los intereses
comprendidos y el asegurado rescinde por la restante, se aplicará respecto de la prima lo
dispuesto por el art. 41 Ver Texto, inc. b: esto es, el asegurador tiene derecho a las primas
devengadas por los períodos anteriores y la del período en curso, lo cual se justifica porque
respecto de esos intereses ha soportado el riesgo. Sobre la pluralidad de intereses, ver lo
expuesto en el nº 32, ap. 1, in fine.

4) Téngase en cuenta que "en todos los casos, si el siniestro ocurre durante el plazo para
impugnar, el asegurador no adeuda prestación alguna, salvo el valor de rescate que corresponda
en los seguros sobre la vida" (art. 9 Ver Texto).

Asimismo es menester tener en cuenta para el seguro sobre la vida que la solución del art. 9
Ver Texto sólo se impone cuando el contrato no fuere reajustable conforme al art. 7 Ver
Texto, ya considerado.

34. Nulidad.

La nulidad es relativa (art. 1045 Ver Texto, CCiv.), ya que se funda en el vicio de la voluntad
del asegurador. Debe solicitarla el asegurador, sin que pueda hacerlo el asegurado (art. 1048
Ver Texto, CCiv.).

394
No es menester que la circunstancia omitida o inexactamente declarada subsista al tiempo que
se recaba la nulidad (509) .

La reticencia debe ser alegada por el asegurador dentro de los 3 meses de haber conocido la
reticencia o falsedad (art. 5 Ver Texto, 2º párr.): se trata de un plazo de caducidad legal, atento
a su naturaleza y función, por lo cual el vicio queda purgado por su mero trascurso sin la
impugnación (510) . Este plazo no puede ser modificado por las partes (art. 158 Ver Texto).

Se cuenta desde que el asegurador conoció o debió conocer el vicio; queda a su cargo la prueba
del momento posterior a la celebración en que tuvo conocimiento (511) .

La acción se dirigirá contra el tomador del seguro, y si son varios asegurados, contra todos
ellos, teniendo en cuenta las representaciones legales, concursos, etc. Si el bien fue enajenado,
se accionará contra el vendedor asegurado si el asegurador no fue notificado de la trasferencia.
Además, se demandará también al tercero, por cuya cuenta se contrató, y al cesionario, ya que
la anulación hará desaparecer sus derechos nacidos del contrato.

Si la reticencia consiste en la ocultación de distintos hechos, el plazo correrá separadamente


para cada uno de ellos (512) .

35. Carga de la prueba de la existencia del vicio.

La prueba de la existencia de la reticencia, así como su trascendencia (ver nº 36), incumbe al


asegurador (513) . Debe acreditar que la circunstancia omitida o inexactamente declarada
existía al tiempo de la celebración del contrato (514) , el momento en que conoció el verdadero
estado de las cosas (515) , que cobra especial importancia por el plazo de caducidad legal para
impugnar (art. 5 Ver Texto, 2º párr.), y el conocimiento por el asegurado (516) . Se juzgará con
los elementos existentes a la fecha del contrato (517) , y si se pactó que el cuestionario forma
parte integrante de la póliza, las falsas declaraciones sólo se pueden probar exhibiéndolo (518) .

395
El asegurado debe probar su falta de culpa o dolo (519) , o que comunicó el hecho al
asegurador (520) , o que éste lo conocía o debía conocer (culpa del asegurador en no conocer)
(521) . Si se trata de una persona jurídica, se juzgará por la conducta de su administrador, y si el
órgano de administración fuere colegiado no bastará el de uno de sus integrantes (522) , salvo
que por su función permita esa extensión (v.gr., ejercicio de la representación).

36. Medios de prueba. Valor de la prueba de peritos.

La trascendencia de la falsedad o reticencia sólo se puede establecer por dictamen pericial,


único medio indicado por la ley (523) . De ahí que esta prueba sea esencial e indispensable
(524) , y que omitida, la nulidad sea improcedente (525) , aun cuando se prueben los hechos
que la constituyen (526) ; es una prueba legal que implica una excepción al principio de la
libertad de apreciación de las pruebas (527) y cuyas conclusiones por unanimidad o por
mayoría debe admitir ineludiblemente el juez (528) , si están fundadas científicamente y sus
apreciaciones no son arbitrarias. La pericia se cumplirá conforme a las peculiaridades del caso
(529) sobre todas las manifestaciones impugnadas del asegurado y no sólo respecto de una
parte de ellas (530) .

El dictamen pericial se impone al juez, quien no se debe apartar de él (531) , aunque se pueda
formar otra convicción con las demás pruebas acumuladas (532) , siempre teniendo en cuenta
lo expresado: que el dictamen esté fundado y sus apreciaciones no sean arbitrarias.

396
37. Reticencia y "rebus sic stantibus".

La reticencia se debe distinguir de la rebus sic stantibus. Ésta prevé el sobrevenimiento de una
circunstancia que rompe el equilibrio o estado de cosas previsto por un hecho ajeno a las
partes (ver art. 1198 Ver Texto, CCiv., reformado por la ley 17711 Ver Texto); en la reticencia
y falsa declaración, lo callado o falseado se vincula al estado de hecho al tiempo de la
celebración del contrato, y se refiere a un acto voluntario -culposo o doloso- de la parte (533) ;
además, mientras la reticencia es una causal de nulidad, la alteración del statu quo sólo es una
causa de rescisión o de modificación de las condiciones del contrato.

38. Reticencia y presuposición.

La presuposición es el condicionamiento de la declaración de voluntad a la existencia de un


hecho pasado, presente o futuro; la verificación de su inexistencia lleva a la ineficacia de la
declaración de la voluntad: se quiso bajo ciertas condiciones; éstas no existen; luego, no hay
declaración de voluntad. Si fuera posible establecer estas condiciones así, tácitamente y sin
conocimiento de la contraparte, desaparecería la estabilidad de los contratos. De ahí que las
leyes se limiten a consagrar soluciones ocasionales, como en materia de vicios redhibitorios,
revocación del testamento por subsiguiente matrimonio, etc.

En cambio, en la reticencia el riesgo declarado resulta distinto del afirmado; y así desaparece un
elemento esencial del contrato. No se está en el campo del presupuesto, que es condición
tácitamente supuesta, sino de vicio de la voluntad o falta de voluntad para celebrar un contrato
en esas condiciones, falta de voluntad expresa a contrario, y que resulta de un recaudo
taxativamente establecido en el fundamento del contrato (534) .

38 bis. Atenuación de los efectos de la reticencia.

397
La grave sanción impuesta a la falsa manifestación y a la reticencia, aun cumplida de buena fe,
si bien es necesaria para la mejor protección del asegurador -y por ende para los demás
asegurados, dados los presupuestos técnicos del seguro-, introduce un elemento de
inseguridad.

La ley 17418 Ver Texto busca obviar este elemento de inseguridad con:

a) la exigencia de que la reticencia se alegue en el lapso de 3 meses de conocida (art. 5 Ver


Texto, 2º párr.), ya analizada;

b) la cláusula de incontestabilidad, obligatoria para los seguros sobre la vida (art. 130 Ver
Texto), por la cual, trascurridos 3 años, al asegurador no le es posible ya aducir la reticencia,
excepto que fuese dolosa. Esta norma sólo se puede modificar contractualmente en favor del
asegurado (art. 158 Ver Texto), por lo cual es admisible: 1) abreviar el plazo para la
incontestabilidad; 2) incluir la reticencia dolosa, ya que el art. 512 Ver Texto, CCiv., prohíbe
pactar sobre las consecuencias del dolo futuro o contemporáneo, pero no sobre las del dolo
pasado (535) .

La solución es importante para los seguros plurianuales, especialmente para los de vida, y se
funda en que el trascurso del plazo prueba la bondad del riesgo (536) .

La contestación debe consistir en la promoción de una causa judicial antes de que venza el
plazo contractual (537) . Es un plazo de caducidad, y no de prescripción abreviada (538) .

El plazo debe estar cumplido al día del siniestro, sin tener en cuenta cuándo es denunciado o
conocido por el asegurador (539) . Si el seguro se suspende, el plazo no debe volver a correr
íntegramente (540) .

c) el reajuste del contrato (arts. 6 Ver Texto y 7 Ver Texto), según:

1) Si se trata de seguros de daños y la reticencia no es dolosa, el asegurador, según su exclusivo


juicio, puede proponer el reajuste del contrato; mas si el asegurado no lo acepta, sólo puede
impugnarlo de nulidad o mantenerlo en vigencia en los términos originarios (541) .

398
2) Idénticamente, para los seguros sobre la vida; mas si la rescisión fuese perjudicial para el
asegurado, el reajuste puede ser impuesto al asegurador, si fuere posible a juicio de peritos
(542) y se hubiera celebrado conforme a la práctica comercial del asegurador.

3) Cuando el asegurado vida fuese de buena fe y la reticencia se alega después de ocurrido el


siniestro -que es lo usual- la prestación se reducirá si el seguro es reajustable conforme al art. 6
Ver Texto (analizado sub 2).

Jurisprudencia

En materia de reticencia se ha resuelto que para decidir acerca de la trascendencia de dicha


reticencia del asegurado se debe estar al juicio de peritos (C. Nac. Com., sala A, 4/7/1961,
"Chirotarrab de Baredes, Josefa, v. La Inmobiliaria Compañía de Seguros S.A.", ED 1-959),
cuyo dictamen constituye una prueba legal que comporta una excepción al principio de la
apreciación judicial del valor de las pruebas: los jueces no se pueden apartar de las conclusiones
de la pericia (C. Nac. Com., sala C, 6/12/1962,"González García, Isabel, v. El Comercio
Compañía de Seguros S.A.", ED 4-174, y "Fernández, José, v. Iguazú Cía. de Seguros S.A."
Ver Texto, ED 176; en el mismo sentido, sala D, 17/7/1997, "Banco de la Provincia de
Buenos Aires v. Sud América Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1997-F-970, sum. 12.121).
Se trata de una prueba esencial e indispensable: omitida ésta, resulta improcedente la nulidad
del seguro, aun cuando se prueben los hechos que la constituyen (C. Nac. Com., sala E,
25/7/1984, "Cassaglia, Pedro A., v. Betania Cooperativa Ltda. de Seguros Generales" Ver
Texto, ED 111-446).

La prueba del ocultamiento o de la falsedad no basta para acreditar la reticencia en el contrato


de seguro, sino que se debe además justificar la trascendencia que habrían tenido los
antecedentes ocultados u omitidos, si hubiesen sido conocidos, en la celebración del contrato y
en la estipulación de sus condiciones. La apreciación de estas circunstancias queda librada al
juicio de peritos, pues se trata de una prueba legal que obliga al juez y que es insusceptible de
ser reemplazada por otros medios probatorios (C. Nac. Fed., sala Civ. y Com., 19/11/1965,
"La Argentino Sueca Compañía de Seguros S.A. v. Spinardi, Paglietti y Cía.", ED 13-577). Así,
por muy convincentes que sean las pruebas ofrecidas por el asegurador, los jueces no están
facultados para apreciar si la falsedad o la reticencia de las declaraciones del asegurado
hubieran impedido el contrato o modificado sus condiciones (C. Nac. Com., sala A, 9/4/1965,
ED 11-207). Por ello, no puede prosperar la alegación de reticencia si se le dio por perdido al
asegurador el derecho a producir la indispensable prueba pericial (C. Nac. Com., sala B,
11/9/1964, "Gómez, Héctor, v. Iguazú Compañía de Seguros S.A.", ED 10-165).

El art. 5 Ver Texto de la ley 17418 establece un régimen procedimental específico para lograr la
tipificación de la reticencia, sometiendo la cuestión al juicio de peritos para que, en base al

399
dictamen de éstos, se pueda apreciar la gravitación que aquella omisión tuvo sobre la voluntad
de las partes al momento de celebrar el contrato de seguro, en especial, para poder determinar
si, en caso de que la aseguradora hubiera conocido el hecho, habría celebrado el contrato o
modificado sus condiciones (C. Civ. y Com. Tucumán, sala 1ª, 19/11/1985, "Alba Compañía
de Seguros S.A. v. Cooperativa La Flor Cañeros Ltda.", ED 120-675). No obstante, la
determinación de si hubo o no reticencia por parte del asegurado es una cuestión que compete
al tribunal y la declaración acerca de los efectos de esa reticencia respecto de la celebración del
contrato es un aspecto que interesa a los peritos; pero dicho dictamen pericial resulta
irrelevante si el juez no admite que hubo reticencia (C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 1ª,
17/12/1985). Asimismo, si bien la reticencia a la cual alude el art. 5 Ver Texto de la Ley de
Seguros debe ser establecida por "juicio de peritos", que es esencial para acreditar su
importancia y que no puede ser suplida por otro medio de prueba, resulta necesario que,
previamente, se demuestren los hechos que constituyen la falsedad u omisión; queda a cargo de
los peritos estimar si, sabido el verdadero estado del riesgo, ello hubiera determinado que el
asegurador no celebrara el contrato o modificara sus cláusulas (Corte Sup., 4/5/1982,
"Pritchard, John Wayne, v. Minerva Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, ED 100-137 y LL 1982-
D-130).

La reticencia es inherente a la formación del contrato de seguro y no puede,


consiguientemente, provenir de hechos del asegurado posteriores a la celebración de aquél (C.
Nac. Com., sala A, 11/7/1966, "Suárez, José M., v. Galicia y Río de la Plata Cía. de Seguros
S.A.", ED 16-269). La reticencia versa sobre circunstancias anteriores al contrato de seguro
(art. 5 Ver Texto, ley 17418) y su efecto es la anulabilidad de éste (C. Nac. Com., sala A,
11/7/1966, "Suárez, José, v. Galicia y Río de la Plata Compañía de Seguros S.A.", ED 16-269;
sala C, 26/12/1984, "Soto, Roque F., v. San Lorenzo Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, ED
113-334 y LL 1985-E-400, sum. 37041).

La trascendencia de la falsedad o reticencia sólo se puede establecer por dictamen pericial,


único medio indicado por la ley. De ahí que esta prueba sea esencial e indispensable y que,
omitida, la nulidad sea improcedente, aun cuando se prueben los hechos que la constituyen: es
una prueba legal que implica una excepción al principio de la apreciación de las pruebas y cuyas
conclusiones por unanimidad o por mayoría debe admitir indudablemente el juez, si están
fundadas científicamente y sus apreciaciones no son arbitrarias (C. Nac. Com., sala E,
25/7/1984, "Cassaglia, Pedro A., v. Betania Cooperativa de Seguros Ltda." Ver Texto, LL
1985-A-148). En el mismo sentido, sala D, 5/9/1986, "Glaria, Elena R., v. Arco Iris
Cooperativa de Seguros Ltda.", LL 1987-D-633, sum. 37.710, donde se agrega que la prueba
legal que exige el art. 5 Ver Texto de la ley 17418 para probar la reticencia del asegurado no se
puede considerar producida con el dictamen pericial médico en el cual el médico legista
dictaminó ampliamente sobre las características, etiología, complicaciones, evolución y terapias
de la enfermedad que sufrió el asegurado, mas no expresó juicio ni opinión sobre si esa
dolencia hubiese impedido, en caso de ser conocida por la aseguradora, la celebración del
contrato de seguro, o hubiese modificado sus condiciones. Por tal motivo, si la aseguradora no
produjo esa prueba legal establecida por el art. 5 Ver Texto, ley 17418, no cuadra analizar la
circunstancia de si el asegurado debió o no debió denunciar su enfermedad al incorporarse al
seguro.

400
La declaración formulada por el asegurado en forma reticente, errónea o silenciando
circunstancias particulares que rodean el bien asegurado, impide a la compañía de seguros la
valoración adecuada del estado del riesgo o conduce a una apreciación errónea de aquél, que
puede llegar al riesgo ilícito o a la celebración del contrato en otras condiciones. También cabe
tener presente la inexistencia o no del riesgo subjetivo, que se relaciona con la situación
personal del asegurado (C. Nac. Com., sala B, 2/4/1986, "Calderón, Jorge, v. La Agrícola
Compañía de Seguros S.A.", ED 121-420).

Si bien el art. 5 Ver Texto de la ley 17418 preceptúa que toda declaración falsa o toda reticencia
de circunstancias conocidas por el asegurado, aun hechas de buena fe, que a juicio de peritos
hubiera impedido el contrato o modificado sus condiciones, si el asegurador hubiera sido
cerciorado del verdadero estado del riesgo, hace nulo el contrato, cabe señalar que también
produce efectos legales la reticencia en caso de ignorancia del asegurado, siempre que tal
ignorancia sea al menos culposa; requiere saber o deber saber lo que se calla. Pero el
asegurador no puede pretender que se declare lo que se ignora sin negligencia (C. Nac. Civ.,
sala F, 15/3/1973, "Calla de Ferrón, María E., v. Auxilio Familiar Cooperativa de Seguros
Ltda.", ED 55-634 y LL 153-419 sum. 30.908; C. Nac. Com., sala B, 21/3/1969, "Pricolo de
Paglia, Estela, v. Sud América Compañía de Seguros de Vida S.A.", LL 135-631, JA 1969-III-
271 y ED 28-357). La culpa o negligencia del asegurador no libera al asegurado de su deber de
informar con veracidad el estado del riesgo y no se puede invocar como justificación o disculpa
de la ocultación de antecedentes de importancia, cuando está fuera de lo verosímil que el
asegurado los hubiese olvidado o los ignorase. La eventual negligencia de la aseguradora en
haber admitido una declaración de salud del asegurado sin pedir explicaciones o bien una
revisación médica, no puede ser alegada para cubrir la mala fe, malicia o dolo del asegurado,
que por una evidente reticencia logró concluir un seguro mediante un engaño al asegurador. El
art. 5 Ver Texto de la ley 17418 solamente deja librada al juicio de peritos, con el carácter de
prueba legal, la circunstancia de si los hechos, cuya reticencia o falsa declaración invoca el
asegurador, hubiesen impedido el contrato o modificado sus condiciones; sobre este punto, el
dictamen pericial es indispensable y no puede ser sustituido por otros medios de prueba. Pero
las afirmaciones de los peritos en todo aquello que exceda los estrechos límites legales pueden
ser analizadas por el juez de acuerdo con las reglas de la sana crítica. En materia de reticencia,
las afirmaciones de los peritos, en todo aquello que no es asunto propio de la "prueba legal",
carecen de valor vinculante para el órgano judicial, que se puede apartar de ellas con la
apoyatura de razones serias. La reticencia se debe aplicar sólo respecto de aquellas
circunstancias conocidas por el asegurado que éste oculta o declara incorrectamente, sin
importar que ello suceda de buena fe y en la creencia de que carecen de importancia. Por ende,
la reticencia debe ser, por lo menos, culposa, pues no puede ser declarado lo que se ignora. La
declaración del asegurado es reticente cuando la circunstancia influyente sobre el riesgo es
omitida, declarada en forma incompleta o de manera confusa, y resulta falsa cuando la
circunstancia es declarada de modo que no corresponda a la realidad. Por tanto, en uno como
en otro caso, el asegurador puede pedir la nulidad del contrato si las circunstancias declaradas
inexactamente o silenciadas fueron de tal importancia que, de haberlas conocido, no hubiese
dado su consentimiento para concluir el contrato. La expresión "buena fe" utilizada en el art. 5
Ver Texto de la ley 17418 no se debe interpretar como un deber de declarar lo que se ignora,
porque no se puede callar falsamente aquello que no se conoce; pero es necesario que esa
ignorancia no sea culposa o negligente por parte del asegurado (C. Nac. Com., sala B,

401
30/6/1988, "Sucesión de Jorge Risso Patrón y otros v. Círculo Cerrado S.A. de Ahorro para
Fines Determinados, y otros" Ver Texto, ED 130-367).

La prueba de la reticencia corresponde a la aseguradora (C. Nac. Com., sala E, 25/7/1984,


"Cassaglia, Pedro A., v. Betania Cooperativa de Seguros Ltda." Ver Texto, LL 1985-A-148). Si
la primera vez que el asegurador alegó la reticencia cometida por el tomador del seguro fue en
el memorial de agravios, su consideración es improcedente, pues debió serlo en la primera
oportunidad, esto es, al contestar la demanda (C. Nac. Com., sala B, 30/3/1970, "De la Fuente
de López, Consuelo, v. Cosmos Compañía de Seguros S.A.", ED 39-778).

El asegurador no puede invocar la reticencia, salvo dolo, si ella no influyó en el siniestro ni en


la medida de la prestación. Pero este criterio debe ser aplicado con prudencia, especialmente en
el supuesto de que aquél impugne el contrato con posterioridad al siniestro (C. Nac. Com., sala
B, 21/2/1992, ED 148-124; en sentido análogo, C. Nac. Com., sala D, ED 141-621, y C. Civ. y
Com. Rosario, sala 3ª, 29/6/1973, ED 55-407).

Finalizado el contrato con el siniestro total, la reticencia conocida en esa circunstancia puede
dar lugar a la impugnación en el plazo legal, pero sin que lleve a presuponer la acción de
nulidad; puede el asegurador efectuar su defensa por vía de excepción (C. Nac. Com., sala C,
17/6/1977, "Villada, Héctor L., v. La Continental Compañía de Seguros S.A.", JA 1978-I-448).

El silencio sobre enfermedades, aun graves, pero curadas o que no disminuyen la salud que el
afectado posee o siente poseer, no vicia la veracidad de la declaración (C. Nac. Com., sala B,
21/3/1969, "Pricolo de Paglia, Estela, v. Sud América Compañía de Seguros de Vida S.A.",
ED 28-357). Y cuando se trata de seguro sin reconocimiento médico, no es aceptable que la
reticencia atribuida al asegurado se juzgue con estrictez mayor que la disposición del
asegurador a tomar dicho seguro. Lo expuesto no es sino una aplicación del principio que
impone la buena fe recíproca a ambos contratantes y la imposibilidad de invocar la propia
torpeza. Si en la planilla de declaraciones el asegurado contestó negativamente a todas las
preguntas, con respuestas que resultan claramente anormales y, frente a ello, el asegurador no
intentó someterlo a examen médico, sino que decidió lisa y llanamente contratar, debe éste
entonces asumir las consecuencias de esa conducta (C. Nac. Com., sala C, 6/6/1974, "Grimber
de Waimberg, Beatriz, y otros v. El Mundo Cía. de Seguros S.A.", LL 156-127).

Si a la fecha de la declaración el tomador sufría las manifestaciones de un proceso que


aparentaba ser reiteración de uno denunciado como "enfermedad curada", en buena fe no
podía hacer una afirmación de salud normal para obtener, sin examen médico, la contratación
de un seguro de vida (C. Nac. Com., sala C, 17/6/1977, "Villada, Héctor L., v. La Continental
Compañía de Seguros S.A.", JA 1978-I-448).

Si figuraba en blanco en la solicitud de seguro el casillero destinado a declarar el uso del


vehículo, ello demuestra que para la aseguradora no tenía trascendencia el destino del vehículo

402
y que si emitió la póliza sin que se aclarase la circunstancia, no puede invocar que haya
mediado reticencia. Aceptar que la aseguradora invoque reticencia basada en la ocultación del
destino del automotor, cuando emitió la póliza sin el dato correspondiente, es violar el
principio de la buena fe que debe imperar en todo contrato de seguro (C. Nac. Com., sala E,
25/7/1984, "Cassaglia, Pedro A., v. Betania Cooperativa de Seguros Ltda." Ver Texto, LL
1985-A-148, DJ 1984-9-278 y ED 111-446). Si los actos preparatorios para la habilitación del
taxímetro fueron posteriores a la contratación del seguro como automotor particular, no es
posible hablar de reticencia, puesto que no se ha probado que a la época del contrato ha
mediado falsedad u omisión, por parte del tomador, de circunstancias que influyeron sobre el
riesgo asumido (C. Nac. Com., sala C, 26/12/1984, "Soto, Roque F., v. San Lorenzo Cía. de
Seguros S.A." Ver Texto, ED 113-334 y LL 1985-E-400, sum. 37.041).

Cabe desestimar la imputación de reticencia alegada por la compañía de seguros si el


representante de ésta examinó los objetos asegurados -en el caso, cuadros- e informó al
respecto y dejó referencia expresa en el detalle de las pólizas acerca del nombre, dimensiones,
tipo de pintura y autor o escuela del cuadro (Corte Sup., 4/5/1982, "Pritchard, John Wayne, v.
Minerva Cía. de Seguros S.A.", ED 100-137).

Configura reticencia la omisión, por parte del asegurado, de informar la existencia de dos
siniestros de robo anteriores a la contratación del seguro, ya que tales hechos no se hallan
dentro de las circunstancias que, razonablemente, podían ser investigadas por la aseguradora
(C. Nac. Com., sala B, 8/7/1976, "Asturi, Gregorio, v. Industria y Comercio Compañía de
Seguros S.A.").

(500) Segovia, nota 1764; Malagarriga, nº 125; Obarrio, p. 66; Lordi, nº 634; Lefort, II, ps. 539
a 543; Vivante, Trattato, nº 1901, y Contratto, nros. 226 y 559; Besson y Picard, I, ps. 338 y ss.;
Donati, II, nros. 419 y ss.; Zavala Rodríguez, II, nros. 1680, 1826, etc.
La legislación contemporánea se aleja de esta sanción con la introducción de diversas
atenuaciones, a que también hace referencia nuestra ley, aunque en forma más leve: ver
Halperin, nota en LL 6-726; Francia, ley de 1930, arts. 21 y 22 (ver Besson y Picard, I, ps. 219,
364, etc.); Italia, Código de 1942, arts. 1892 y 1893 (ver Donati, II, § 417 y ss.); Alemania, ley
de 1908, modificada en 1939, arts. 16, 22 y 41; Suiza, arts. 26 y 8; Austria, arts. 3 y 30; etc.

(501) La comisión revisora rechazó las limitaciones de los arts. 5 y 7 del anteproyecto para la
reticencia; por lo cual no cabe un control judicial de la decisión del asegurador (ver Besson y
Picard, 2ª ed., I, nº 93. Para el sistema alemán, que llega a solución más acorde con la función
del contrato, ver Bruck-M”ller, I, § 22, nros. 3 y ss.).
Zavala Rodríguez, en su crítica corriente en DJA, 29 de marzo, reiterada en DJA, 26/6/1968,
no ha percibido que este art. 6 exige que la reticencia haya sido aceptada; sostiene que basta
que haya sido alegada por el asegurador. Tal interpretación considera la poco feliz expresión

403
del art. 6 cit. con prescindencia del art. 5 de la misma ley, y no creo que ningún juez pueda
considerar legítima esa interpretación.

(502) El dictamen de los peritos así como la celebración por el asegurador conforme a su
práctica se deben referir al contrato libre de reticencia remitido al momento de la celebración, y
no a la época en que se debe cumplir el reajuste.

(503) Bruck, ps. 208 a 213. Vivante, Trattato, nº 1876, y Contratto, nros. 162 y 163, señala que
no cabe una teoría general; que se trata de una cuestión de hecho, para la cual no bastan la
distinta medida de la prima ni la distinción de las cosas o de las sumas aseguradas; aun cuando
anota que existe divisibilidad si los distintos intereses se designan también con sumas distintas,
aunque paguen prima única, y cuando se fijan sumas distintas y se pagan primas diversas.
Confr. Patterson, ps. 305 y ss.
Ver: Donati, Trattato cit., II, nº 424; Besson y Picard, ob. cit., I, nº 162.

(504) La ley se aparta así de la orientación de la legislación universal, que reajusta el contrato en
todas las ramas si no existe dolo: Francia, art. 22; Italia, art. 1893; Alemania, art. 41; Austria,
art. 30 (si no existe culpa); Suiza, arts. 5, 6 y 7.
El anteproyecto adoptaba esa solución amplia en el art. 7.
La comisión revisora juzgó peligroso introducir ya en el país esa solución, por la escasa buena
fe comercial, propia de los países jóvenes, que induciría a la comisión de reticencia, amparado
por el álea de su no descubrimiento oportuno y la dificultad de la prueba del dolo.

(505) Téngase en cuenta que los peritos no son los peritos médicos que establecen la existencia
de la enfermedad, sino peritos actuarios.

(506) Besson y Picard, IV, nº 68, señalan las dificultades de aplicación de la ley francesa, que no
contiene el requisito de la práctica por el asegurador del seguro agravado.

(507) Respecto del art. 523 Ver Texto cit., ya lo había declarado la jurisprudencia (C. Nac.
Com., 29/3/1935, JA 49-645).

(508) Lordi, ob. cit., nº 644.

(509) El anteproyecto adoptaba una solución diversa: extinguía la acción del asegurador si
había dejado de existir antes de acaecer el siniestro (art. 6, inc. 3), siguiendo el art. 40 de la ley
alemana; art. 8 de la ley suiza, y art. 4 de la ley austríaca (salvo dolo).
Esta solución del anteproyecto está más acorde con el sistema de contratación en masa del
seguro que la consagrada en definitiva por la ley.

(510) La ley argentina se refiere a impugnación que presupone acción judicial en nulidad;
diversa es la solución alemana, que se satisface con una declaración dirigida al asegurado
(Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 20).

(511) Ver Rezzónico, Obligaciones, 2ª ed., II, ps. 1174 y ss. y sus notas; y nota 179, infra.

(512) Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 20.

404
(513) Besson y Picard, I, nº 171; Bruck, p. 192; Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 323; Vivante,
Contratto, nº 569; Fernández, p. 433; C. Nac. Com., 20/8/1914, "Jur. Trib. Nac.", agosto de
1914, p. 208; 12/9/1916, GF 4-108; 13/10/1937, LL 8-103; C. Civ. 2ª La Plata, 31/12/1940,
JA 73-714.
El asegurador debe acreditar la autenticidad de las declaraciones atribuidas al asegurado (C.
Nac. Com., sala C, 27/8/1967, inédito).

(514) Vivante, Contratto, nº 569; C. Nac. Com., 6/5/1929, JA 29-749. Y que el asegurado la
conocía (Vivante, Contratto, nº 220; Malagarriga, Trat. elem., III, p. 427).

(515) C. Nac. Com., 29/12/1930, GF 90-214.

(516) Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 16, p. 328. Esta prueba se establecerá por presunciones.
Imponer al asegurado la prueba de su ignorancia sería cargarle con una prueba diabólica,
imposible.
No se debe confundir ignorancia con buena fe.

(517) C. Nac. Com., 29/10/1930, GF 89-38.

(518) C. Nac. Com., 16/12/1936, LL 6-726: es menester que esté firmado por el asegurado.

(519) Bruck, p. 204.


Contra: Malagarriga, Comentario, III, nº 304, y Trat. elem., III, p. 426 y nota 61.
Esta prueba es difícil; será generalmente de presunciones. Por ejemplo, en el seguro sobre la
vida, la revisación médica lo será del buen estado de salud (ver nº 26 y nota 113).

(520) Si no se hizo mención expresa en la póliza, puede probarlo por cualquier medio (C. Nac.
Com., 27/6/1927, JA 25-332).

(521) Bruck, p. 201.

(522) Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 342.

(523) C. Nac. Com., 31/8/1938, LL 12-190; 21/11/1928, LL 12-964; 14/3/1939, JA 65-862;


24/11/1943, JA 1943-IV-466, con nota de Juan D. Pozzo; 14/12/1945, JA 1945-II-717;
Viterbo, nota en JA 65-862; Fernández, ps. 430 y 433. Díaz de Guijarro sostiene que se puede
variar el procedimiento por convenio de partes (nota en JA 49-645); solución rechazada por la
Superintendencia de Seguros (Memoria, año 1943, I, p. 154), al rehusarse a aceptar una póliza
que contenía una cláusula en tal sentido, decisión aprobada por la C. Fed. Cap., como ejercicio
prudente de las facultades legales conferidas a la Superintendencia (7/11/1947, LL 48, fallo
23.504).
Ver fallos y autores indicados en notas 188 y 195.
En el derecho angloestadounidense se siguen dos criterios:
a) El juicio del mismo asegurador, que si tiene la ventaja de no imponer a una compañía
conservadora el criterio arriesgado de sus competidores, deja al asegurado librado al arbitrio del
asegurador.
b) El juicio de un asegurador razonable, norma que sigue el § 20 de la Britisch Marine
Insurance Act y auspicia Patterson, nº 82, y la mayoría de las sentencias estadounidenses.

405
En general, las leyes, aun las más modernas, dejan el punto librado a las reglas generales y a la
apreciación del juez. Vivante señala que las tarifas de primas pueden ser una guía técnica para
fijar la influencia, y que en caso de duda se interpretan contra el asegurador (Contratto, nº 223);
pero tiene el inconveniente de no considerar el azar moral. En el mismo sentido que Vivante,
De Lalande y Couturier, nº 220.
El sistema argentino es preferible. El apartamiento del juez de las conclusiones de los peritos,
conforme a la regla general de apreciación de la eficacia de los dictámenes periciales, impondría
al juez entrar en polémica con éstos acerca del fundamento actuarial de sus conclusiones, y no
está en condiciones de hacerlo, salvo supuestos excepcionales, o recurrir a un asesoramiento
ajeno a la causa y sin el control de las partes. Naturalmente, el dictamen pericial debe ser
fundado en razones científicas y sus apreciaciones no pueden ser arbitrarias: si lo fueran, cabe
la impugnación.
Zavala Rodríguez critica (ver DJA 29/3/1968 y 26/6/1968) duramente el sistema de
apreciación pericial de la reticencia que consagra el art. 5, sin advertir al lector (especialmente
en el artículo de 26/6/1968) que ese juicio de peritos versa exclusivamente sobre la
trascendencia de la reticencia (probada por cualquier medio de prueba) sobre el contrato de
seguro, y que -como todo juicio, pericial o no- debe ser fundado y razonable (cuando deje de
serlo, será impugnable).
La circunstancia de que el sistema del art. 5 sea único en la legislación universal no significa
que sea desacertado, ya que funcionó satisfactoriamente por más de 100 años en el país (estaba
previsto en el Código de 1862): las leyes no se pueden juzgar por mimetismo, sino por la
eficacia en su aplicación.

(524) C. Nac. Com., 16/5/1918, GF 14-38; 11/5/1925, JA 15-970; 11/4/1930, GF 85-306 y


JA 32-1096; 29/10/1930, GF 89-38 y JA 34-581; 29/12/1930, GF 90-214 y 217 y JA 34-1362
y 1364; 28/4/1931, GF 92-43; 16/12/1932, GF 101-318 y JA 40-618; 29/3/1935, GF 116-11;
12/7/1937, LL 7-990 y JA 59-232; 31/8/1937, LL 8-201; 31/8/1938, LL 12-190 y JA 63-672;
28/8/1946, LL 44-117; 20/9/1947, LL 48-411; 31/10/1947, LL 48-943; 5/10/1951, LL 66-
807, con nota de referencias jurisprudenciales; 23/5/1962, LL 108, fallo 49.292; 8/2/1963,
"Doct. Jud.", 1963, p. 174; 11/9/1964, ED 10-166; 9/4/1965, ED 11-207; 6/10/1965, ED 13-
571; C. Fed. Cap., 28/5/1923, GF 44-211; 19/11/1965, ED 13-578; Trib. Sup. Santa Fe,
26/6/1942, LL 27-774; etc.
Algunos fallos se han apartado de esta orientación:
a) no es esencial cuando la opinión de los peritos no puede llevar a distinta conclusión (C. Nac.
Com., 27/10/1910, "Jur. Trib. Nac.", 1910, p. 1622; 6/6/1928, JA 27-1032);
b) o cuando la apreciación de los hechos está al alcance de todos (C. Nac. Com., 30/12/1918,
JA 2-961).

(525) C. Nac. Com., 6/8/1928, GF 74-12.

(526) C. Nac. Com., 26/10/1915, JA 1-736; 16/5/1918; JA 1-736; 16/12/1926, JA 23-1038.

(527) C. Nac. Com., 5/10/1951, LL 66-807.

(528) C. Nac. Com., 28/8/1946, LL 44-117.

(529) De lo contrario sería ineficaz (C. Nac. Com., 29/12/1930, GF 90-214, y JA 34-1362).

406
(530) Carecería de todo valor (C. Nac. Com., 29/12/1930, GF 90-214 y JA 34-1362).

(531) Segovia, nota 1764; Castillo, nº 22; C. Nac. Com., 6/8/1928, JA 28-165; 29/3/1935, GF
116-11; 31/8/1938, LL 12-190; 14/3/1939, LL 14-87.
Contra: Rivarola, p. 288 y nota 1.

(532) C. Nac. Com., 29/3/1935, JA 49-645.

(533) Lordi, nros. 648 a 650, y en "Assicurazioni", 1935, 1, p. 612.

(534) Lordi, ob. cit., nº 651, y en "Assicurazioni", 1935, 1ª parte, ps. 615 a 617.

(535) Salandra, en "Assicurazioni", 1936, 1, p. 289; Besson y Picard, ob. cit., 2ª ed., I, p. 650.
Donati, Trattato, II, nº 425, sostiene que es un plazo de caducidad o renuncia condicionada de
la acción.
Ver también Garrido y Comas, ob. cit., ps. 315 y ss.; Gasperoni, Nicola, Appunti sulla clausola
d´incontestabilit…, en "Assicurazioni", 1966, 1, p. 133.

(536) Conf.: Capitant, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1930, p. 770, nota 37; Lordi, ob. cit., nº 658.
Contra: Picard, en "Rev." cit., 1932, p. 236; Zavala Rodríguez, ob. cit., nº 1687.
Las pólizas italianas exceptúan la mala fe. Por tal, la jurisprudencia entiende las maniobras
positivas, mas no la reticencia, opinión que apoya Maroi, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1930, p.
443, y 1931, p. 674; Salandra, en "Assicurazioni", 1936, 2, p. 289; e impugnan Lordi, nros. 653
a 656; Mossa, en "Riv. Dir. Comm.", 1933, 1, p. 309; Fanelli, cit. en nota 202, y también
Vivante, Contratto, nº 561. Adde: Gasperoni, en "Assicurazioni", 1944, 2, p. 98; Bianchi
D´Espinosa, en "Assicurazioni", 1958, 2, p. 107; Simonetto, en "Assicurazioni", 1959, 2, p.
260.

(537) Patterson, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1930, p. 430.

(538) Fanelli, en Nuovo Digesto Italiano, vº Assic. vita, nº 10.

(539) Lordi, nº 660; Donati, en "Assicurazioni", 1934, 2, p. 25; Fanelli, cit. en nota 202.
El comienzo del plazo es el de la celebración del contrato, si éste no fija otro. Ver Fanelli, en
"Assicurazioni", 1941, 2, p. 139; Salandra, en "Assicurazioni", 1941, 2, p. 215; Boselli, en
"Assicurazioni", 1955, 2, p. 145.
Sobre los efectos del siniestro ocurrido durante el plazo, ver Salandra, en "Assicurazioni",
1942, 2, p. 186; Leone, en "Assicurazioni", 1956, 2, p. 8; La Torre, en "Assicurazioni", 1959, 1,
p. 284; Favara, en "Assicurazioni", 1959, 2, p. 61.

(540) Contra: Donati, en "Assicurazioni", 1935, 2, p. 228.


Ver capítulo IV, § 28 y sus notas 155 y 156.

(541) Besson y Picard, ob. cit., 2ª ed., I, p. 145.

(542) Besson y Picard, ob. cit., 2ª ed., I, p. 654, hallan dificultad en la inexistencia de tarifas
especiales.

407
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V. Voluntad del asegurado

39. Vicios de la voluntad del asegurado.

El asegurado puede impugnar el contrato por vicios de su voluntad, conforme a las reglas de
los contratos; no rige en el punto el art. 5 Ver Texto de la ley 17418 (543) .

(543) Segovia, nota 1764; Besson y Picard, I, nº 113; Bruck, p. 177; Dupuich, nota en DP
1913-2ª parte-289 (5).

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VI. Agentes del asegurador

39 bis. Los intermediarios. Clases.

408
Para obtener contratos, la empresa de seguros recurre normalmente al concurso de los agentes,
dependientes o no, cuya actuación la ley 17418 Ver Texto se ha propuesto regular en cuanto al
contrato, su celebración y ejecución, en los arts. 53 Ver Texto a 55 Ver Texto, en tanto ha
dejado regular a las leyes 20091 Ver Texto y 22400 Ver Texto lo referente a su actividad
profesional, control y sanciones.

Según el punto 11 del art. 102 , ley 11672, t.o. 1962 (hoy derogado por la ley 20091, art. 89 Ver
Texto), la Superintendencia de Seguros debía llevar un registro de agentes de seguros, y los
aseguradores sólo podían recurrir a la intermediación de esos agentes inscritos (544) .
Actualmente rigen los arts. 55 Ver Texto, 59 Ver Texto, 60 Ver Texto y 61 Ver Texto de la ley
20091 y las normas de la ley 22400 Ver Texto.

El agente es quien media o celebra el contrato de seguro. Se diferencia del empleado en que
soporta el resultado de la gestión, siendo indiferente que reciba o no órdenes -ya que al agente
se le imparten instrucciones- o que perciba subvenciones o se le asegure una remuneración
mínima (545) .

No hay un concepto fundamental que autorice una teoría unitaria. Se dividen en dos
categorías: agentes institorios (art. 54 Ver Texto) y agentes no institorios o dependientes (art.
53 Ver Texto), según que expresa o tácitamente estén o no autorizados a emitir pólizas y
celebrar contratos. Los primeros tienen una actividad jurídica; los segundos, una esencialmente
material, salvo algunos actos jurídicos secundarios (percepción de primas, recepción de
declaraciones, por ejemplo) (546) .

Es muy importante la apariencia con que el agente actúa en público (547) , porque se halla en
situación análoga a la de un factor de comercio (548) .

El asegurador responde no sólo por los actos autorizados expresamente, sino también por los
comprendidos implícitamente. La aquiescencia con un acto del agente, en exceso de sus
poderes, autoriza al asegurado a considerarlo facultado para ese acto en contratos o diligencias
futuras (549) ; además de las facultades que le atribuye la costumbre (550) .

409
40. Agente institorio: facultades (551)

Las facultades del agente de celebración o institorio se extienden a todos los actos
pertenecientes y útiles para el comercio del principal (arts. 54 Ver Texto y 55 Ver Texto).
Puede por esto percibir primas, conceder esperas, otorgar recibos, recibir declaraciones de
cambio y agravación de los riesgos, rechazar propuestas de contratos, su prórroga o rescisión;
modificar los contratos en curso, recibir las declaraciones de siniestros, liquidar los daños, etc.
Incluso se puede apartar de las condiciones generales, aceptar riesgos excluidos o no previstos
(art. 54 Ver Texto). Este mandato no halla más limitación que la resultante del interés efectivo
del asegurador. La violación de las instrucciones del asegurador lo responsabilizan frente a éste,
pero no son oponibles al asegurado. En una palabra, la facultad de celebrar contratos hace
presumir en el agente las facultades para ejecutarlo: liquidar los daños, transar sobre ellos, estar
en juicio, pagar, etc. (doctrina de los arts. 54 Ver Texto y 55 Ver Texto) (552) : se trata de un
factor.

Las facultades pueden resultar limitadas por las condiciones generales de la póliza, y oponibles
por ello al asegurado, ya que elimina su buena fe, por dolo o por su negligencia en conocer la
verdad (553) , pero sólo respecto a los actos posteriores a la emisión de la póliza: en la
apreciación es muy importante la conducta del agente y la del asegurador, por lo cual sólo
caben soluciones de principio, sometidas a las condiciones de hecho concurrentes. Estas
limitaciones sólo son admisibles en la medida en que se pueden conciliar con la naturaleza de la
preposición, e inadmisibles las que suprimirían sus características. Sraffa contrapone, a este
efecto, los actos pertenecientes al ejercicio del comercio a los actos necesarios a ese ejercicio
(554) - (555) . El público ignora tales limitaciones, por lo cual su actuación obliga al asegurador
"todas las veces que los terceros pueden razonablemente creer que el agente tenía calidad para
obrar en nombre del asegurador, aun cuando en la realidad haya excedido sus poderes" (556) .

Las limitaciones de sus poderes deben ser inscritas en el Registro Público de Comercio (art.
138 Ver Texto, CCom.), y si no fuese factor por aplicación del art. 36 Ver Texto del mismo
código. Sus limitaciones pueden referirse: a) a la rama; b) al territorio o zona de actuación; c) a
sus facultades.

La frase final del art. 54 Ver Texto de la ley 17418 se debe entender en sentido amplio: bienes
existentes en la zona o intereses asegurables pertenecientes a las personas que ahí tengan su
residencia habitual (557) .

410
41. Agente dependiente: facultades.

Los agentes dependientes cumplen una tarea esencialmente material, salvo alguna accesoria,
como es la de percibir las primas si se hallan en poder de un recibo del asegurador (art. 53 Ver
Texto). Sus facultades se determinan por el art. 53 Ver Texto y los usos (558) : deben percibir
las primas en las condiciones indicadas, retrasmitir las informaciones de la agravación de los
riesgos y denuncias de siniestros, entregar los instrumentos emitidos por el asegurador, recibir
propuestas de celebración o de modificación de contratos, etc. (559) .

Es práctica universal establecer en la póliza que el agente no puede alterar o modificar las
condiciones del contrato (560) , ni celebrarlo, o rescindirlo o rehabilitarlo, y se le califica de
mero intermediario (561) ; esta cláusula es eficaz respecto de los actos posteriores, subordinada
esta eficacia a la práctica o conducta del asegurador al respecto.

Puede llenar la oferta por el asegurado, en su calidad de agente, porque facilita los negocios
(supuestos del asegurado analfabeto o incapaz de comprender el formulario). El asegurador
que lo tolera, que no veta esta colaboración, implícitamente comprende la tarea entre sus
funciones. Si el agente, en esta tarea, en ignorancia del asegurado, calla una circunstancia
esencial del riesgo, el asegurador no puede alegar reticencia (562) . Si la oferta, redactada por el
agente, es firmada por el asegurado, le incumbirá probar que ha sido víctima del engaño del
agente, que no pudo verificar la exactitud de cuanto escribió (por ejemplo, por su condición de
analfabeto, o su estado de enfermedad, etc.). Si el asegurado se complicó con el agente en la
maniobra, ya no puede alegar la conducta de éste (563) .

Sus promesas o garantías -especialmente en cuanto se refiere a la aplicación de las sanciones


pactadas- no obligan al asegurador (564) , como tampoco los falsos consejos para celebrar el
contrato (565) .

411
Mas si se alega la nulidad o ineficacia de la póliza, el asegurador no puede invocar sus cláusulas
para limitar las facultades del agente: en tal caso, su extensión se decidirá por las reglas
supletorias (566) .

No es hábil para recibir notificaciones sobre la agravación o el cambio del riesgo (art. 53 Ver
Texto) (567) : si las recibe, actúa como un mero buzón, salvo que por su actuación, consentida
o tolerada por el asegurador, se pueda establecer una autorización.

42. Responsabilidad del asegurador por la conducta del agente.

El asegurado tiene derecho a impugnar el cuestionario o la oferta si lo ha suscrito por


maniobras dolosas del agente (568) , impugnación extensible al contrato, si media dolo del
agente (569) .

El asegurador responde hacia el asegurado por las culpas cometidas por el agente en el
desempeño de sus tareas, como cualquier otro principal (570) , aunque no exista vínculo
laboral.

Si el agente se halla autorizado para percibir primas, el asegurador no puede discutir el pago
(571) . El

art. 53 Ver Texto, ap. c, requiere la posesión del recibo del asegurador; la entrega de la póliza,
por sí sola, si no hace referencia al pago de la prima o no incluye cláusula que vale recibo de la
prima, no presume la autorización, porque el art. 30 Ver Texto, último párrafo, presume para
este caso -entrega de la póliza sin cobrar la prima- la concesión de plazo para el pago (572) .

El agente o comisionista que endosa los pagarés recibidos en pago de las primas no es
responsable hacia el asegurador, si no media una convención especial de garantía (573) .

412
La compañía es responsable de lo actuado por su agente respecto de otros aseguradores (574) .

El asegurador está obligado a reembolsar al agente sus gastos de propaganda, instalación, etc.
Pero revocada esa autorización para actuar por el asegurador, éste nada adeuda si esos gastos
no le son útiles (575) . Extinguida la relación, el agente debe entregar el archivo de la agencia
inmediatamente (576) .

Conserva su derecho a comisión por los pagos posteriores a su cesantía, por contratos hechos
por él: es la compensación adquirida por su intervención en el negocio. Pero no tiene derecho
a ella sobre las primas devengadas con posterioridad, porque desaparecen estas razones:
percepción de las primas, relaciones con el cliente, liquidación de siniestros, etc. (577) .

43. Corredores.

El corredor de seguros se diferencia del agente en que sólo una de las partes le confía
ocasionalmente la celebración del contrato; mientras que el agente es un encargado permanente
del asegurador a ese efecto (578) - (579) .

El corredor que actúa por el asegurado se limita a recoger la oferta o la demanda, y trasmitirla,
como cualquier otro corredor (580) : no representa al asegurador, por lo cual el pago de la
prima que reciba no es un pago hecho al asegurador (581) .

44. El médico en los seguros de personas.

413
En los seguros de personas, los aseguradores utilizan los servicios de otro dependiente, el
médico. No es un representante que actúa en nombre del representado, sino un locador de
obra o de servicios, un técnico de la confianza del asegurador, encargado de una tarea limitada
y objetiva (582) .

El examen del médico no sana la reticencia cometida por el asegurado, aunque medie culpa o
impericia de aquél (583) . Pero el asegurado no incurre en violación de sus deberes si el médico
no reproduce exactamente sus declaraciones, y no está en condiciones de controlarlo (584) .

El asegurador es responsable hacia el asegurado por los actos culposos del médico en el
desempeño o con motivo de la función encomendada: lesiones en la revisación, por ejemplo
(585) .

44 (a.1). Regulación legal de la actividad de intermediación en el seguro en nuestro país.

En la actualidad, la actividad de intermediación en el contrato de seguro aparece regulada,


fundamentalmente, por tres leyes: la Ley de Seguros, 17418 Ver Texto, la Ley de Aseguradores
y su Control, 20091 Ver Texto, y la Ley de Productores-Asesores de Seguro, 22400 Ver Texto.

Estas normativas emplean distintas denominaciones, que contribuyen a aumentar las


dificultades de categorización, ya de por sí compleja, de aquellos a quienes se suele abarcar con
la denominación de "agentes de seguro". La Ley de Seguros habla de "auxiliares",
"productores" y "agentes"; la ley 20091 Ver Texto, de "intermediarios", "productores" y
"agentes"; por su parte la ley 22400 Ver Texto hace referencia a "productores-asesores", a
quienes a su vez califica en las especies de "directos" y "organizadores" e, implícitamente, los
ubica como "intermediarios" al definir su tarea como "actividad de intermediación".

Vemos, así, que la única denominación común que aparece en los tres cuerpos legales citados
es la de "productor" (a la cual la ley 22400 Ver Texto añade la calificación de "asesor"), nombre
con el cual, por otra parte, se los acostumbra a llamar en nuestro país.

414
Ante esta diversidad de denominaciones surge el interrogante de si se está mencionando una
misma actividad y, sobre todo, si esos nombres y esas leyes contemplan el fenómeno desde un
mismo punto de vista, o bien se refieren a diversos enfoques del tema.

Por un lado, ya se ha señalado, en el texto principal de esta obra (§ 39 bis y ss., en este
capítulo), que quienes intermedian en la celebración de un contrato de seguro pueden presentar
diversas características, ya sea que tengan o no facultad de representación activa y pasiva, o
ambas, del asegurador, o bien se limiten, en cambio, a tareas de índole preponderantemente
material; que pueden estar íntimamente ligados a la estructura empresarial del asegurador (sea
con relación de dependencia o de manera independiente) o no; que actúen con exclusividad o
bien se desempeñen para varios aseguradores simultáneamente; que posean un vínculo con
éstos que tenga mayor o menor permanencia, o se trate de relaciones esporádicas; que actúen
mediante una estructura empresarial propia capaz de llegar a revestir la apariencia de una
modalidad de descentralización administrativa del asegurador respecto del cual actúa, o bien se
limiten tan sólo a emplear un portafolio (de allí la expresión "cartera" de seguros) (586) como
único elemento material del que se vale para su operatoria diaria; que empleen a terceros que
colaboren con ellos, como simples dependientes, o bien, cuando ostenten la calidad de
"productores-asesores organizadores", que instruyan, dirijan y asesoren a "productores-
asesores directos"; que actúen en forma aislada o bien conformando sociedades.

Cabe, entonces, intentar establecer de qué manera regulan los distintos cuerpos legales
precedentemente mencionados a los intermediarios del seguro y aun a los del reaseguro.

44 (a.2). Aspectos de la regulación.

Consideramos que se pueden distinguir dos grandes aspectos en dicha regulación:

1) el resultante de la Ley de Seguros, 17418 Ver Texto, que disciplina la faz "externa" o de
representación que el intermediario puede llegar a ejercer, respecto del asegurador, en sus
relaciones jurídicas con el asegurado (intermediario como "representante", con mayor o menor
amplitud en tal calidad);

2) el que deriva de la ley 20091 Ver Texto y, en especial, de la ley 22400 Ver Texto, que regulan
la actividad del productor, a quien considera en sí mismo (calidad profesional, al fijar los
requisitos que debe llenar para acceder a dicha labor, sus deberes y responsabilidades, sus
derechos, etc.), ya como agente del asegurador (ejecutante de actos "materiales" o de naturaleza

415
económica, propios de la actuación de tales intermediarios), ya como asesor del asegurado
(587) .

Es esta diversidad de aspectos, puesta de relieve por el plano de la realidad práctica, la cual a
veces da lugar a algunas imprecisiones y oscuridades a la hora de determinar categorías
conceptuales y brindar solución a problemas concretos que se suscitan a causa de la actuación
de los intermediarios en el seguro.

44 (a.3). Los intermediarios en la Ley de Seguros, 17418 Ver Texto.

En este lugar nos limitaremos a efectuar algunas referencias complementarias relativas a la


regulación contenida en la Ley de Seguros (arts. 53 Ver Texto a 55 Ver Texto), pues lo
relacionado con las calidades profesionales de los intermediarios ha sido analizado antes
[capítulo II, § 101 (a) y siguientes].

Al respecto cabe señalar que la Ley de Seguros, 17418 Ver Texto distingue dos especies de
intermediarios:

a) aquellos que, en el art. 53 Ver Texto, con el título de "auxiliares", menciona como
"productores" o "agentes" de seguro; autorizados para la intermediación, les son determinadas
sus facultades "con respecto a las operaciones en las cuales intervienen";

b) quien, bajo una figura específica, la ley denomina "agente institorio", al cual también le
establece determinadas facultades y límites.

Como ya señalamos, se busca en ambos casos regular la función de representación que los
intermediarios puedan ejercer, respecto del asegurador, hacia terceros. En el del "agente
institorio", tal función aparece explícita en la norma del art. 54 Ver Texto, que hace referencia
al supuesto en que el asegurador designa un representante o agente "con facultades para actuar
en su nombre" y celebrar contratos, y le aplica supletoriamente las reglas del mandato (en el
caso, un mandato general, para actuar en las distintas contrataciones que se vayan suscitando
por medio de él, aunque contenga limitaciones). La norma del art. 55 Ver Texto completa el
sistema al disponer que el conocimiento del representante o agente institorio, en cuanto a los
casos indicados en el art. 54 Ver Texto, "equivale al del asegurador", en referencia a los seguros
que está autorizado a celebrar.

416
La distinción de los arts. 53 Ver Texto y 54 Ver Texto se halla, en forma análoga, establecida
con frecuencia en el derecho comparado. Lo habitual es que se denomine "agente" a quien
tiene la representación de la aseguradora -se requiere en algunos casos la exclusividad-, en tanto
que a quien se limita a conectar negocialmente a las partes se lo denomina "corredor" o
"mediador". P.ej.: la ley 9/92, de mediación en seguros privados, española, en el art. 1 expresa
que su normativa tiene por objeto regular las condiciones en las cuales se debe ordenar y
desarrollar la "actividad mercantil de mediación en seguros privados"; y en su art. 2 se señala
que dicha actividad "comprenderá la mediación entre tomadores del seguro y asegurados, de
una parte, y las entidades aseguradoras autorizadas para ejercer la actividad aseguradora
privada, de otra"; agrega que también incluye "la promoción y asesoramiento preparatorio de la
formalización de contratos de seguro y la posterior asistencia al tomador del seguro, al
asegurado o al beneficiario". El art. 6 define al "agente de seguros" como la persona física o
jurídica que, mediante la celebración de un contrato de agencia con una entidad aseguradora
para desarrollar esa actividad (contrato escrito y de carácter mercantil, que impone a las partes
un "deber recíproco de lealtad" -art. 7- y al cual supletoriamente se aplicarán las normas del
contrato de agencia), se compromete ante ésta a realizar la actividad de mediación en seguros
privados, exigiéndosele, en principio, exclusividad, salvo autorización del asegurador para
operar simultáneamente con otra aseguradora -art. 8-). En su documentación y en la publicidad
que realicen los agentes de seguros deberá figurar la expresión "agente de seguros" o "sociedad
de agencia de seguros", en su caso, indicando asimismo para qué aseguradora actúan y el
número de registro otorgado por ésta (art. 10). Las comunicaciones y pagos que efectúe el
tomador del seguro al agente que haya mediado en el contrato surtirán "los mismos efectos
que si se hubiesen realizado directamente a la entidad aseguradora" (art. 10). El art. 14 define al
"corredor de seguros" como la persona física o jurídica que realiza la actividad mercantil de
mediación en seguros privados, "sin mantener vínculos que supongan afección con entidades
aseguradoras o pérdida de independencia respecto de éstas", quien proporcionará asimismo
"asesoramiento imparcial" sobre las condiciones del contrato y coberturas adecuadas a quienes
requieran el amparo de sus riesgos, deber que se extiende a la prestación de asistencia y
asesoramiento en caso de producido el siniestro. En su documentación y publicidad deberán
consignar la expresión "corredor de seguros" -o "correduría de seguros", si se trata de personas
jurídicas-. El pago de prima efectuado al corredor no se considera realizado al asegurador,
salvo que se entregue recibo de éste. Para el otorgamiento de autorización al corredor, a fin de
que pueda actuar como tal, se exige, entre otros requisitos, estar en posesión de diploma de
"mediador de seguros titulado" y la contratación de un seguro de responsabilidad civil (art. 15).
Sobre dicha normativa se puede ver: Tirado Suárez, Francisco Javier, Comentarios a la nueva
ley de mediación en seguros privados, 1992, Madrid.

En Francia se distingue entre agentes generales de seguros, mandatarios de la compañía de


seguros para la cual actúan, y el corredor (courtier) de seguros, que vincula a los tomadores de
seguros con las empresas aseguradoras, los asesora respecto de las coberturas y, en caso de
siniestro, les presta su ayuda y colaboración. El agente, que no reviste carácter de comerciante,
actúa en exclusividad hacia la compañía, que ésta le retribuye asignándole zonas de actuación.
El courtier es considerado un comerciante (art. 632, Código de Comercio francés), sujeto a las
obligaciones de tal: se debe matricular, llevar contabilidad, y su actividad puede ser ejercida en
forma independiente, por una persona física o sociedad comercial. Su correspondencia y

417
publicidad tiene que estar encabezada por el nombre de la persona o sociedad actuante en tal
carácter, indicar el asiento del tribunal ante el cual se matriculó, su número de inscripción y la
garantía o seguro de responsabilidad civil: es un intermediario de seguros sometido a las
condiciones de habilitación establecidas en la reglamentación (Naimi, Jean-Charles, Le
courtage d´assurance, 1995, Paris, ps. 41 y ss.). Algunos los consideran mandatarios del
asegurado y no de la aseguradora (Deschamps, Jacques, L´agent général d´assurances, 1975,
Paris, n_ 2, p. 16).

En Italia se ha dicho que las dos figuras principales son los agentes, auxiliares de la empresa
aseguradora, y los mediadores (o brokers) de seguros y reaseguros, auxiliares que
preponderantemente tutelan los intereses del asegurado. Han sido objeto de específica
regulación, que subordina el ejercicio de la actividad a la inscripción en el registro, previa
prueba de idoneidad y otros requisitos: dicha inscripción y la regulación tienen por finalidad
garantizar la calificación profesional y el correcto ejercicio de la actividad. Agente de seguros es
la persona física o jurídica que asume con carácter permanente el encargo, de una empresa de
seguros, de promover la conclusión de contratos asegurativos por cuenta de ésta (adquisición
de cartera), en una zona que le ha sido asignada (aunque no necesariamente en exclusividad),
debe seguir las directivas que le imparta dicha empresa, la cual tiene derecho a controlar su
operatoria, y es compensado con comisión. El agente no tiene facultad de concluir el contrato
en nombre del asegurador, salvo que éste lo haya facultado expresamente. Si posee tal
autorización, se presume que puede también acordar modificaciones y la resolución del
contrato, como asimismo ejercer la representación procesal activa y pasiva respecto de juicios
relativos al cumplimiento de obligaciones emergentes de actos realizados en ejercicio del
mandato, y solicitar medidas precautorias y actos conservatorios de los derechos del
proponente. Se trata de un colaborador autónomo del asegurador, que actúa a su propio riesgo
y que si emplea medios materiales y personas, asume carácter de empresario comercial (Donati,
Antigono, y Volpe Putzolu, Giovanna, Manuale di diritto delle assicurazioni private, 1995,
Milano, capítulo X, n_ 1, ps. 79 y ss.). La agencia representa, dentro de la estructura de la
aseguradora, una unidad fundamental de venta, y reviste a veces cierta autonomía funcional. El
agente es, en sí mismo, un empresario, y no puede, entonces, ser equiparado al intermediario,
que actúa en forma autónoma, ni al trabajador subordinado. La normativa general del contrato
de agencia (arts. 1742/1752, Código Civil Comercial italiano) se le aplica sólo en cuanto no se
halle derogada por otras normas legales, o por los usos, y en tanto resulten compatibles con la
naturaleza de la actividad asegurativa (art. 1753), ya que su actuación presenta particularidades
que lo distinguen de la figura del agente en general: no se limita a lograr la conclusión del
contrato, sino que, atento al carácter de "contrato de duración" que reviste el seguro, su
gestión se extiende a actividades dirigidas a la administración y conservación de la cartera de
seguros y a la ejecución de los contratos, lo cual incide en el avviamento. Así, debe evitar que
se produzca la cancelación de contratos, de forma que la cartera se mantenga cuanto menos
intacta, actualizando las coberturas y ajustándolas a las nuevas necesidades, y tratar de que los
premios sean pagados oportunamente; al momento del siniestro recibe las denuncias y debe
trasmitirlas a la empresa aseguradora tempestivamente, etc. (Casali, Luciano, L´agente e il
broker di assicurazione, 1993, Milano, capítulo II, nos. 1 y 1.2, ps. 16 y 24).

Pero aun en el caso del "productor o agente" meramente "autorizado para la mediación" por el
asegurador, el enfoque aparece proyectado hacia el tema de la representación, y si bien la

418
normativa legal pareciera adjudicarle simples funciones "materiales" (tales como recibir
propuestas, entregar pólizas y otros instrumentos elaborados por el asegurador, aceptar pagos
de primas si está en poder del recibo otorgado por éste), tales actos materiales están
formulados en un contexto que se refiere a la actuación representativa. Es que la finalidad de la
norma del art. 53 Ver Texto, LS., no es otra que intentar delimitar un área -mínima- de
representación al productor. Si los enunciados tuviesen un sentido exclusivamente "material"
no habría motivo para expresarlo en la ley, y mucho menos enunciarlos como "facultades" del
productor. No se está, entonces, ante un mero "buzón" o medio de relación material
(recepción, trasporte y entrega de papeles), sino ante una actuación con aptitud de
representación respecto del asegurador ante terceros (aunque muy limitada), lo cual origina que
los actos comprendidos en esa especie se consideren como si hubiesen sido cumplidos por el
propio asegurador.

Lo dicho no obsta a que se reconozca que las facultades concedidas por la ley en este caso
resultan más que limitadas:

1) Recibir propuestas de celebración y modificación no tiene gran trascendencia, por cuanto, al


tratarse precisamente de ofertas, su recepción material no implica aceptación de ellas ni, mucho
menos, la celebración del contrato o la aceptación de la modificación propuesta: se requiere la
aceptación del asegurador (art. 4 Ver Texto, 2º párr., LS.); y atento a la naturaleza de contrato
entre ausentes que caracteriza al de seguro, dada la falta de simultaneidad entre propuesta y
aceptación, mientras dicha propuesta no sea aceptada por el asegurador carece de fuerza
vinculatoria respecto de éste.

2) La segunda "facultad" otorgada por el art. 53 Ver Texto, LS., muestra un carácter
preponderantemente "material": la entrega de pólizas y suplementos relativos al contrato de
seguro, que normalmente constituyen la forma en que se exterioriza la aceptación de la
propuesta, por parte del asegurador, la cual cierra el circuito negocial.

3) La tercera de las facultades concedidas por la norma en análisis posee algún contenido
representativo mayor, al permitir al intermediario que "acepte el pago" a nombre del
asegurador, cuando posea recibo de éste, lo cual otorga fuerza cancelatoria a tal pago, aspecto
muy importante en lo inherente al mantenimiento de la cobertura relacionado con la
integración oportuna de la prima; se evita con ello que tenga lugar la suspensión de la
cobertura por falta de adecuado pago de esa prima. La circunstancia de que la firma del
asegurador sea "facsimilar" en nada modifica la cuestión, puesto que en virtud del texto legal se
considera documento con igual grado de eficacia que uno con firma manuscrita, concesión
hecha por el legislador ante las necesidades de celeridad requeridas por la moderna
contratación en masa.

La representación que estudiamos está postulada por la norma respecto del asegurador y no del
asegurado, lo cual refuerza la idea que propone, como interpretación válida del precepto, que el
productor está aquí considerado como "agente del asegurador", como integrante del equipo de

419
promoción para la celebración de contratos de seguro, de carácter estable y remunerado,
actuación típica en todo agente comercial.

Si bien el art. 53 Ver Texto dice que el productor "sólo está facultado" a realizar las actividades
que allí se describen, cabe señalar que, pese a lo enfático del texto, pensamos que las facultades
representativas del intermediario son pasibles de ampliación y que tal incremento de aptitudes
puede tener lugar ya en forma expresa, ya de manera tácita. En la expresa, como lo demuestra
el art. 54 Ver Texto, LS., al regular el "agente institorio", a quien el asegurador ha facultado
para actuar en su nombre, y al cual le aplica las reglas del mandato; tácita cuando el agente
desarrolla en forma pública, ostensible, habitual y no objetada, funciones o actos que
impliquen una situación de representación, como más adelante se señala.

Esta última hipótesis es rica en efectos jurídicos y ha servido para que la jurisprudencia fuera
dando respuesta a situaciones propias de la actividad de los intermediarios en la realidad diaria,
que no encontraba debida ubicación en la estrecha normativa legal del referido art. 53 Ver
Texto, LS. Es que las funciones que ordinariamente cumplen los intermediarios del seguro en
nuestro medio desbordan el limitado catálogo que enuncia el precepto legal mencionado,
devenido notoriamente insuficiente y, por lo tanto, desajustado con relación a las situaciones
concretas que pretendía gobernar jurídicamente.

En cuanto al denominado "agente institorio", regulado en el art. 54 Ver Texto, LS., es definido
como aquel "representante o agente del asegurador con facultades para actuar en su nombre",
a quien dicho asegurador designa expresamente en calidad de representante, y agrega que se
aplican las reglas del mandato, mención que, consideramos, está enfocada a fijar un marco de
referencia en el cual se inserta la figura y del cual extraer las soluciones que correspondan en
los supuestos no contemplados expresamente en el apoderamiento, situación análoga a aquella
que se regula en el art. 1870 Ver Texto del Código Civil, cuando extiende las reglas del
mandato a las representaciones necesarias (padres, tutores, curadores, etc.) y a las
representaciones de corporaciones y fundaciones, etc., casos en los cuales no se está ante
mandatarios stricto sensu. Por otra parte, atento a la clase de actividad que desarrolla el agente,
se trata de un mandato de índole comercial (arts. 8 Ver Texto, inc. 6, y 223 Ver Texto, CCom.).
Por tal motivo, también, la designación de tales agentes y las limitaciones a las cuales hace
referencia el art. 54 Ver Texto, LS., deben ser inscritas en el Registro Público de Comercio (art.
36 Ver Texto, inc. 4, y arg. arts. 133 Ver Texto y 147 Ver Texto, igual código).

La ley no establece por sí misma facultades específicas de las cuales goce el agente institorio en
todos los casos, pero realiza una interpretación, supletoria, de algunas de sus posibles variantes.
Así, si se tiene la facultad de celebrar seguros, se posee también la de pactar modificaciones o
prórrogas del contrato, como también la de recibir notificaciones y formular declaraciones de
rescisión de él, salvo limitación expresa en contrario. Y si la designación está referida a una
zona determinada, sus facultades se limitan a negocios o actos jurídicos que se refieran a
contratos de seguro respecto de cosas que se hallen en esa zona, o de personas que tengan en
ella su residencia habitual.

420
La facultad de recibir notificaciones es inherente a la representación pasiva del asegurador y se
limita a las que estén referidas al contrato de seguro, sea en lo relativo a su forma o contenido
(p.ej., arts. 11 Ver Texto y 12 Ver Texto), sea a sus aspectos intrínsecos (p.ej., agravaciones del
riesgo, art. 38 Ver Texto), o bien a su faz de ejecución, ya se trate de cuestiones que acaezcan o
cargas que deban ser cumplidas antes o después del siniestro.

Jurisprudencia

Con relación al art. 54 Ver Texto de la Ley de Seguros se ha decidido que el "agente institorio"
es un representante comercial a quien el asegurador faculta expresamente para realizar uno o
varios actos jurídicos en su nombre y representación; se debe instrumentar el acto institorio,
por el cual se designa al agente y se mencionan taxativamente las facultades que su mandante le
otorga, en el mismo contrato de agencia o por separado. El contrato de agencia de seguros en
general -contenga la cláusula institoria o no- responde a la categoría de los contratos celebrados
de empresa a empresa, lo cual supone, no sólo para el asegurador sino también para el agente o
productor de seguros, ser titular de una organización empresarial cuyo objeto es el de
promover negocios para el primero, contando para ello con los elementos necesarios de
capital, dirección y trabajo, independientemente de revestir o no el carácter de institorio o no
institorio (C. Nac. Com., sala C, 21/9/1992, "Ruiz, Héctor F., v. La Defensa Cía. de Seguros
S.A." Ver Texto, LL 1993-E-438).

Pero, por otra parte, se ha dicho que si bien es cierto que el art. 53 Ver Texto de la ley 17418
limita las atribuciones del productor-asesor conforme a la enumeración que esa norma
establece, ello no importa decir que, en los hechos, el asegurador no pueda modificar las
facultades que allí se enumeran y originar en el asegurado de buena fe la creencia de que el
productor-asesor se hallaba dotado de ellas. El concepto de "buena fe-creencia", dentro del
campo jurídico, se ofrece en virtud de la adquisición de derechos que, si adolecen de vicios, al
provenir de actos cumplidos de buena fe cubren sus deficiencias -por ejemplo, en la
representación- en beneficio de quien la posee. La buena fe reemplaza, en su potencia
creadora, los elementos objetivos considerados necesarios para la validez del acto, y tiene la
energía de dar al hecho la fuerza del derecho mismo. De este modo se protege al adquirente
del derecho en atención a su buena fe, que lo alcanza a pesar de no tenerlo el disponente; y esta
adquisición de un no titular no se ha de considerar derivada, sino originaria, porque nace en
cabeza de un tercero -en el caso, el asegurado-, a pesar de que el derecho competía al titular y
no al disponente. De este modo, el tercero adquiere el derecho en forma originaria. No
obstante, la aplicación de la "buena fe-creencia", en especial con relación a la representación
aparente, merece algunas aclaraciones, porque no corresponde exagerar la influencia de aquélla
convirtiendo los derechos en meras creencias, lo cual implicaría confundir los derechos con
una de sus fuentes que, por lo demás, reviste una naturaleza subsidiaria, ya que atempera los
rigores de ciertos principios absolutos como el "nemo dat quod non habet". Es necesario,
entonces, que haya un fundamento real y serio para la formación de tal creencia, para cuya
determinación es menester comprobar el valor de los factores externos, dado que los hechos,
según se hayan manifestado, son los que deben provocar la apariencia del derecho; y, por otra
parte, aquel a cuyo cargo se ponen los efectos de la apariencia debe haberla originado de un

421
modo a él imputable, en tanto que la parte beneficiada habrá confiado razonable y
normalmente, observando la diligencia del tráfico, de modo que no se podrá alegar cuando el
desconocimiento del verdadero estado de cosas provenga de una negligencia culpable (C. Nac.
Com., sala B, 18/12/1986, "Badell, Jacinto F., v. Compañía de Seguros Unión Comerciantes"
Ver Texto, en "RJASER", n_ 17/20, p. 298).

44 (a.4). Conclusiones.

La normativa de los arts. 53 Ver Texto a 55 Ver Texto devino, en rigor, inapropiada para
atender las reales manifestaciones que muestra la intermediación en el seguro en nuestro país,
conforme a las características con que opera en nuestro ámbito, motivo por el cual la
jurisprudencia debió ir construyendo una conceptuación más ajustada a tales manifestaciones,
en las cuales, con frecuencia cotidiana, aparecen formas de representación del asegurador por
el lado de los intermediarios. Tal construcción se basó, fundamentalmente, en dos pautas: por
una parte, la figura del mandato tácito regulada por el art. 1874 Ver Texto, CCiv., resultante de
la realización de actos, por el intermediario, a nombre del asegurador, ante la vista y paciencia
de éste e, incluso, con su conformidad, resultante también de actos concretos que suponen un
acuerdo implícito (p.ej., el pago de comisiones por determinada actuación); y, por la otra, de
los efectos de la apariencia creada por el intermediario, a menudo apoyada de diversas formas
por el asegurador, quien proporciona elementos que crean en los asegurados la impresión de
hallarse ante modos de descentralización administrativa de la compañía (por el empleo del
nombre del asegurador en oficinas, carteles, papelería, logotipos, publicidad y la actuación
misma en actos propios de la actividad de ese asegurador, llevados a cabo en forma habitual -
recepción de propuestas de seguro y de denuncias de siniestro, realización de inspecciones,
otorgamiento de coberturas, cobro de primas, a veces con recibos con el membrete del
asegurador, pago de siniestros, etc.-, circunstancia que se intensifica en zonas rurales o
localidades pequeñas y alejadas).

Se quiere privilegiar la buena fe, aspecto que, en el seguro, reviste especial importancia, por sus
peculiares características (588) .

Jurisprudencia

Sobre esta temática se ha resuelto que si bien es cierto que sólo los actos celebrados por
agentes institorios, en tanto receptores de la representación del asegurador, obligan al principal,
ello no se puede entender como limitación absoluta, ya que encuentra importantes excepciones
derivadas de los principios de la apariencia y de la buena fe. De esta manera, más allá de las
facultades que la ley concede a los agentes institorios, toda vez que haya un mandato tácito

422
resultante de la apariencia con que éstos actúan a la vista del asegurador, este último será
responsable en los términos del art. 1874 Ver Texto del Código Civil. Si existen irregularidades
en el proceder del agente, ello es responsabilidad de la aseguradora, toda vez que ésta lucra con
tal actividad de gran repercusión pública, para la cual tienen la obligación de elegir
cuidadosamente a sus agentes, generadores de esperanza y confianza públicas. Así resulta de
los clásicos desarrollos, determinantes de una orientación hoy predominante, que privilegian la
apariencia en beneficio de terceros ("Quien crea una apariencia se hace prisionero de ella" -
Josserand, Derecho civil, t. 11, vol. I, p. 393, n_ 512-).

Por ello, si la aseguradora facilitó al productor los formularios de recibo con su membrete, el
asegurado no está obligado a ir más allá respecto de las atribuciones de aquél que aquellas que
impongan las exigencias de la buena fe y una diligencia razonable, atento a que es posible crear
una apariencia de mandato en esa relación entre asegurador y productor que no puede ser
utilizada en perjuicio del asegurado. Por ello, si la conducta del asegurador ha sido tal como
para darle al asegurado fundamentos razonables para creer, de buena fe, que el agente
(productor) tenía realmente los poderes ejercidos, está impedido de afirmar que eran falsas las
apariencias creadas por su propia conducta y no puede sostener que el agente actuó sin
facultades, porque el asegurador responde no sólo por los actos autorizados expresamente,
sino también por los comprendidos implícitamente.

En esa misma línea se decidió que se debe proteger la buena fe-creencia, manifestada en la
confianza depositada en la apariencia: ello surge del hecho de que el accionante tenía con el
mismo agente y la misma aseguradora otros seguros. Por tanto, el ordenamiento jurídico
protege, mediante sus principios generales, la buena fe en la realización o subsistencia de un
estado jurídico efectuado mediante negocio jurídico que no se basa sólo en una declaración de
voluntad, sino en la apariencia de una situación jurídica. Para que tenga lugar ese efecto, aquel a
cuyo cargo produce efectos tal apariencia debe haberla producido o mantenido de modo a él
imputable, y la otra parte debe haber confiado en esa apariencia. La consecuencia de ello es que
se ha de considerar realizado o subsistente el efecto jurídico de que se trata. En estos casos de
responsabilidad por la apariencia jurídica se está ante una responsabilidad emanada de la
confianza, complemento de la responsabilidad derivada de los negocios jurídicos (C. Nac.
Com., sala B, 19/11/1998, "Carollo, José, v. Acuario Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL,
fallo 100.226; misma sala, 27/2/1992, "Quisi, Adrián O., v. Omega Cooperativa de Seguros
Limitada" Ver Texto; y sala C, 16/2/1979, JA 1979-III-229). El principio por el cual sólo los
actos de los agentes o productores de seguros que revisten la categoría de institorios (en tanto
ostentan la representación del asegurador) obligan a su principal, y los de los agentes "no
institorios" lo harán en la medida en que hayan obrado con facultades suficientes, no puede ser
entendido de modo absoluto, ya que hay importantes limitaciones derivadas del principio de la
apariencia jurídica y del de la buena fe. Así, toda vez que haya un mandato tácito resultante de
la apariencia con que actúa el agente en sus relaciones con los asegurados a la vista del
asegurador, este último resultará responsable en virtud de lo dispuesto por el art. 1874 Ver
Texto del Código Civil (C. Nac. Com., sala A, 6/12/1984, ED 114-613). Si bien es cierto que
el art. 53 Ver Texto de la ley 17418 limita las atribuciones del productor-asesor conforme a la
enumeración que esa norma legal establece, ello no importa decir que, en los hechos, el
asegurador no pueda modificar las facultades que allí se indican y crear en el asegurado de
buena fe la creencia de que el auxiliar se hallaba dotado de ellas. Así, el asegurador responde no

423
sólo por los actos autorizados expresamente, sino también por los comprendidos
implícitamente. La aquiescencia con un acto del productor en exceso de sus poderes autoriza al
asegurado a considerarlo facultado para este acto en contratos o diligencias futuras (C. Nac.
Com., sala B, 18/12/1986, "Badell, Jacinto F., v. Unión Comerciante Cía. de Seguros S.A." Ver
Texto, LL 1989-A-51; en sentido análogo, sala C, 16/2/1979, "Marino, Félix, v. LEFA
Cooperativa de Seguros Ltda." Ver Texto, ED 86-471). Las compañías de seguros son
responsables por los actos cumplidos por sus agentes con la forma de una apariencia tolerada
e, incluso, a veces, promovida por aquéllas (C. Nac. Com., misma sala, 15/3/1985, ED 115-
173).

Fue considerado también que si existen irregularidades en el accionar del agente de seguros,
ello es responsabilidad de la empresa aseguradora, que lucra con tal actividad, de gran
repercusión pública, al par que tiene la obligación de elegir cuidadosamente a sus agentes,
generadores de esperanza y confianza públicas. El operar de los agentes de seguro y su marco
legal de referencia hallan escaso eco en la ley positiva, por lo cual, ante la ausencia de una
regulación propia para estos agentes -libres o dependientes, según los casos- es necesario
aplicar las reglas generales de la representación mercantil (C. Nac. Com., sala A, 26/4/1979,
"Lavenia, Héctor C. D., v. Ruta Cooperativa de Seguros Ltda." Ver Texto, ED 83-293; en
sentido análogo, misma sala, 15/8/1980, "Paul, Marcelo, v. Touring Cooperativa de Seguros
Ltda.", ED 91-579, en el cual se expresó que la conducta del productor de la aseguradora
demandada, al no verificar la existencia física del automotor, asegurado por una suma mayor,
trasmite a aquélla el proceder negligente que lleva ínsita; ver también ED 109-516; sala B,
30/9/1983, "Compañía de Seguros La Franco Argentina S.A. v. Pereyra, Raúl H." Ver Texto,
ED 108-610, e igual sala, 19/11/1998, LL, fallo 13.844. Las omisiones en que incurra el
productor de seguros en su relación con el asegurador son ajenas al asegurado, por tanto,
inoponibles a éste (C. Nac. Com., sala A, 23/2/1995, "Estancia El Carmen S.R.L. v. Capital
Compañía Argentina de Seguros Generales S.A." Ver Texto, en "RJASER", n_ 25/26, p. 415).
Las compañías de seguros tienen la facultad de estructurar su organización técnica del modo
que consideren más conveniente a sus intereses, creando, a tal fin, por necesidades propias de
la explotación comercial, diferentes proyecciones de su persona, que no son ni más ni menos
que ellas mismas en función polifacética, aprovechando, claro está, el lucro obtenido de tal
desenvolvimiento; pero, por tal razón, deberán soportar las derivaciones desfavorables o
inconvenientes que esa multiplicación genera, ya que en este aspecto no cabe establecer
diferencias entre su persona y las de sus distintos representantes (C. Nac. Civ. y Com. Fed.,
sala 1ª, 1/10/1985, "Fernández, Eduardo A., y otros v. Bons, Luis G., y otros" Ver Texto, LL
1987-B-583, sum. 37.573).

El art. 53 Ver Texto de la ley 17418 establece las facultades mínimas del productor, que no
pueden ser disminuidas, aunque sí ampliadas, por la aseguradora. Se trata de un intermediario
que usan con predominio las compañías aseguradoras al extender su actividad a un amplio
ámbito geográfico. Factores tales como seguridad, comodidad, etc., hacen que, por lo general,
tales actividades de intermediación comprendan no sólo la captación del cliente y las
actividades mencionadas por el art. 53 Ver Texto de la Ley de Seguros, sino una permanente
atención luego de celebrado el contrato en las diversas eventualidades que tienen lugar en su
cumplimiento, de manera tal que el trato entre asegurador y asegurado es habitualmente
indirecto, mediante el agente, pese a que la relación nacida del contrato es, por lógica, directa.

424
Se genera así una "apariencia" no sólo tolerada sino en cierto modo promovida por las
compañías aseguradoras, que aprovechan esa expansión en beneficio propio, evitan
complicaciones laborales, etc. (C. Apels. Concepción del Uruguay, sala Civ. y Com.,
14/12/1978, "Maquiavelo, R. E., v. La Primera Cía. de Seguros S.A.", Rep. LL XLIII, J-Z-
2182, n_ 6; "Zeus", 1980-21, p. 300).

Por ello, dada la gran repercusión pública de la actividad aseguradora se debe hacer una
cuidadosa selección de los agentes auxiliares que a veces actúan en su relación con el
asegurado, ya que el modo de operar de dichos agentes crea una apariencia de mandato -tal la
naturaleza jurídica de la preposición institoria- que no puede ser utilizada en perjuicio del
asegurado, pues éste no está obligado a avanzar más allá de la buena fe y de la actuación
diligente razonable. Si la intervención del agente auxiliar ha creado una apariencia distinta de la
realidad, que le dio al tercero elementos para creer razonablemente y de buena fe que aquél se
encontraba investido de determinados poderes, la aseguradora no puede sostener la falsedad de
ese aspecto por ella consentido por acción u omisión y rechazar las facultades que el tercero
creyó que existían en cabeza del intermediario, pues mal puede pretender la aseguradora
beneficiarse exclusivamente con los efectos positivos de tal apariencia irreal desconociendo las
consecuencias negativas que ella genere (C. Nac. Com., sala B, 9/12/1986, "Pintos, Ramón D.,
v. Compañía de Seguros La Franco Argentina S.A." Ver Texto, ED 125-509).

La aseguradora debe responder por la acción de sus productores, porque en virtud de la


celebración del contrato se beneficia con la percepción de la prima y lucra con la actividad de
aquéllos, de gran repercusión, lo cual la debe mover a elegir cuidadosamente a sus agentes,
generadores de esperanza y confianza públicas; a tal efecto, es irrelevante que se trate de un
productor independiente, libre, o sin relación de dependencia con la aseguradora (C. Nac.
Com., sala E, 30/12/1998, "Difilippantonio, Luis Roberto, v. Fides Compañía de Seguros S.A.
y otros" Ver Texto, ED 184-236).

No se puede calificar de productor independiente al de una agencia que ostensiblemente


operaba en el mercado en representación de una aseguradora, y que aparece ante los terceros
aparentando contar con autorización suficiente como para obligar a dicha agencia, ya que
extendía las constancias de los pagos que recibía en formularios de ella, y los firmaba en su
nombre y representación. Por el contrario, cabe concluir que existía entre ellos un vínculo
jurídico tal, que la actuación del primero en el mercado asegurador resultaba una extensión de
la actuación de la agencia de seguros, de modo que las operaciones por él concertadas
vinculaban jurídicamente a la compañía de seguros representada (C. Nac. Com., sala C,
18/3/1991, "Monia Vda. de Cidoni, Cristina, v. La Fortuna S.A. Argentina de Seguros
Generales" Ver Texto, ED 147-272).

Cuando el asegurador tolera, admite o permite el ejercicio de un mandato aparente -o sea, la


actuación más amplia del agente o productor de seguros-, ello implica conferirle un mandato
tácito en los términos del art. 1874 Ver Texto del Código Civil; como consecuencia, los actos
jurídicos concluidos por el agente o productor de seguros serán oponibles al asegurador de
conformidad a la norma del art. 1946 Ver Texto del Código Civil (C. Civ. y Com. Salta, sala 5ª,

425
29/6/1996, "Aguirre, Pedro B., v. Moreno de Chibán, Irene, y otro", LL NOA 1998-5-50).
Más allá de las facultades que la ley otorga a los agentes "no institorios", siempre que haya un
mandato tácito resultante de la apariencia con que ellos actúan a la vista del asegurador, este
último será responsable en los términos del art. 1874 Ver Texto del Código Civil. Si la
conducta del asegurador ha sido darle al asegurado fundamentos razonables para creer, de
buena fe, que el productor tenía realmente los poderes ejercidos, aquél no puede afirmar que
eran falsas las apariencias creadas por su propia conducta y sostener que el agente obró sin
facultades, porque el asegurador responde no sólo por los actos autorizados expresamente,
sino también por los comprendidos implícitamente. Esa responsabilidad, derivada de la
apariencia jurídica, constituye una responsabilidad por declaraciones de voluntad imputables
como propias por la confianza generada, que no resulta de la teoría del negocio jurídico sino
como complemento de la responsabilidad derivada de los negocios (C. Nac. Com., sala B,
19/11/1998, LL, fallo 13.844).

El pago efectuado al productor de seguros posee tanta eficacia y validez como si hubiera sido
realizado directamente a la compañía de seguros, si así lo impone, en el caso, el mandato tácito
resultante de la apariencia con que actuó el agente a la vista del asegurador. El momento del
pago es el que figura en los recibos emitidos por el autorizado. La posterior rendición de
cuentas del cobrador o productor frente a la aseguradora es ajena al cumplimiento de las
obligaciones del asegurado. La aseguradora no puede pretender liberarse del cumplimiento de
sus obligaciones sobre la base de sus propios registros contables, donde ha asentado los pagos
con las fechas de la liquidación efectuada por el productor autorizado para recibirlos, pues esta
mecánica interna es inoponible al asegurado.

Si de los testimonios del productor y del cobrador surge con evidencia que no se respetaba la
correlación en la numeración de los recibos, que los talonarios provistos por la aseguradora se
distribuían sin llevar ningún control y que se utilizaban duplicados como originales, estos
hechos, en lugar de acreditar una connivencia entre el asegurado y los productores, prueban la
irregularidad de estos últimos y la consiguiente responsabilidad de la aseguradora por los actos
de quienes actuaban frente al asegurado como mandatarios de ella (arts. 1933 Ver Texto y 1934
Ver Texto, CCiv.).

La circunstancia de que la aseguradora haya desconocido los pagos que el asegurado efectuó al
productor importa un peligro para el cumplimiento de las obligaciones de las aseguradoras
hacia sus asegurados y terceros y, por lo tanto, configuran ejercicio anormal de la actividad.

No resulta tampoco admisible la alegación del productor en el sentido de que la aseguradora


sabía que los cheques que él le había entregado no podrían ser cobrados, no sólo por no
haberlos acreditado, sino también porque el libramiento de cheques a sabiendas de que no
pueden ser cobrados configura un delito que, obviamente, no es pasible de generar derechos,
en especial, si tal libramiento está relacionado con un incumplimiento anterior, consistente en
no haber rendido la cobranza en término. Así, el productor ha colocado a asegurados y
terceros en riesgo potencial y real de no obtener satisfacción de reclamos a causa de sus
incumplimientos, a lo cual se suma el libramiento de cheques a sabiendas de que no podían ser

426
pagados. Éstas son faltas de suma gravedad: comprometen seriamente la responsabilidad del
productor y lo hacen inmerecedor de continuar desarrollando la tarea de productor-asesor de
seguros, hechos que tornan razonable la cancelación de su matrícula (C. Nac. Com., sala A,
4/9/1996, "Superintendencia de Seguros de la Nación, s./Inc. A., E. M." Ver Texto, publicado
en DJ 1996-2-1389 -del dictamen del fiscal de Cámara, que la sala hizo suyo-).

El productor tiene normativamente limitada su actuación dentro del marco que suministra la
Ley de Seguros, art. 53 Ver Texto, ámbito que es desbordado en virtud del mandato aparente,
cuando se consiente la actuación del agente con un asegurado que obra de buena fe (C. Nac.
Com., sala B, 28/9/1995, "Occidente Cía. de Seguros S.A. v. Cía. de Seguros del Interior S.A."
Ver Texto, ED 161-507).

En aplicación de esta doctrina se puede también recordar un fallo que decidió que luego que el
agente de seguros hubo instrumentado la deuda del asegurado en pagarés de la compañía,
otorgando recibos propios al percibir el pago de ellos, y cancelar pólizas trasfiriendo el saldo a
una nueva que también concretó, por lo cual recibió además un pago extemporáneo y una
denuncia de siniestro en formulario de la compañía, todo lo cual se hizo con el consentimiento
de la aseguradora, la cual no manifestó objeción alguna al respecto, ello implicó, por el
contrario, conferir al agente la calidad de mandatario, desde la óptica de la apariencia jurídica,
dotándolo de más amplias facultades, a punto tal de investirlo del carácter de un verdadero
"agente institorio", en el sentido que a esta expresión le asigna el art. 54 Ver Texto de la ley de
la materia (C. Nac. Com., sala A, 15/3/1985, "Guerreiro Martins, Víctor E., v. Sud América
Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1985-C-538 y DJ 1985-53-712).

En la misma línea, aunque de sentido contrario, se puede citar un fallo que decidió que como
el asegurado no acreditó la aceptación de la aseguradora de la propuesta de modificación de las
pólizas vigentes por él realizada telefónicamente al productor, ni tampoco que existiera un
mandato aparente al respecto en cabeza de este último, la mentada modificación se debe tener
por inexistente, así como también los derechos invocados que dimanen de ella (C. Nac. Com.,
sala A, 29/9/1995, "Diseños Puntanos S.A. v. Comercio Español y Argentino Compañía de
Seguros S.A.", ED 167-500). La misma sala, al resolver un recurso interpuesto contra una
resolución de Superintendencia de Seguros de la Nación que intimaba a dos sociedades a que
cesaren en su operatoria de intermediación en seguros, por no haber estado autorizadas para
hacerlo, hizo propio el dictamen del fiscal de Cámara, quien expresó que es ya obsoleta la
clasificación entre agentes institorios y no institorios y que en la actualidad hay un solo
productor-asesor de seguros, contemplado por la ley 22400 Ver Texto, que hace desaparecer
como "clase" al agente institorio, enfrentado al no institorio, por lo cual la relación será juzgada
como institoria o no de acuerdo con la actividad desarrollada; pero la figura profesional y
estatutaria será la del productor-asesor, que podrá ser institorio o no (C. Nac. Com., sala A,
12/3/1998, "Superintendencia de Seguros de la Nación, s./Recurso interpuesto por J. C.
Sanucci" Ver Texto, "RJASER", n_ 32, p. 228; LL, fallo 48.992).

427
44 (a.5). Categorías conceptuales relativas a los intermediarios de seguros.

Al respecto, si bien ya habíamos destacado anteriormente (589) que la regulación de la ley


17418 Ver Texto no atendía de manera suficiente las realidades que en nuestro país mostraba la
intermediación en la vida diaria del seguro, pensamos que ello es así por cuanto agentes
institorios y no institorios, por una parte, y productores-asesores, por la otra, constituyen
categorías diferentes que se pueden superponer en ocasiones en forma total o parcial, ya que
corresponden a enfoques distintos: un caso se refiere a la aptitud de representar al asegurador,
en tanto que el otro responde a la intermediación autónoma en el negocio del seguro, aunque
dentro del esquema de organización de la empresa aseguradora. Cabe recordar, al respecto, que
la exposición de motivos de la ley 22400 Ver Texto señala que su normativa no regula a los
agentes institorios y que, por su parte, un productor-asesor podrá tener o no algún grado de
representación respecto del asegurador, según resulte de facultades expresas o de autorización
tácita o, en su caso, de la apariencia creada o tolerada por dicho asegurador.

En cambio, los pronunciamientos han señalado que, respecto del asegurado, no existe, en
principio, representación. Así, se pueden recordar los siguientes fallos:

Jurisprudencia

Se deben distinguir dos categorías de productores de seguros: a) los agentes institorios, que
tienen una actividad jurídica; b) los agentes no institorios, cuya actividad es esencialmente
material, salvo algunos actos jurídicos secundarios como, por ejemplo, la percepción de la
prima (C. Nac. Com., sala B, 7/5/1993, "Maruzza, Oscar, v. Rigada, Alejandro", ED 156-525).

No existen normas que constituyan al productor en representante del asegurado. No surge tal
cosa de las leyes 17418 Ver Texto, 20091 Ver Texto y 22400 Ver Texto. Por ello, la
comunicación que el productor efectuó a la aseguradora resulta inoponible al asegurado en
tanto no se haya probado que tal comunicación responde verdaderamente a la voluntad del
asegurado. Si alguna aptitud representativa ha sido atribuida al productor por la sola
calificación de tal, ésta ha vinculado como presunta representada a la aseguradora y no al
asegurado (C. Nac. Com., sala D, 14/9/1984, "Israele, Gustavo, v. La Confianza Cía. de
Seguros S.A." Ver Texto, LL 1986-C-533; misma sala, en "Paredes, Gustavo, v. Resguardo Cía.
de Seguros S.A." Ver Texto, 31/3/1987, LL 1987-D-167).

El productor-asesor es un intermediario que debe seguir las instrucciones de las partes


comprometidas. Por ello, no puede constituir ningún derecho sin la autorización expresa o
tácita de quien es depositario de la facultad de ejercerlo. La trasferencia de la póliza de seguro a

428
una nueva compañía sin autorización del asegurado determina la responsabilidad del
productor, que de tal manera violó su obligación de actuar con "diligencia y buena fe". Ello
provoca un daño resarcible, consistente en la indemnización de la cual se vio privado el
asegurado ante la liquidación de la compañía aseguradora a la cual el productor derivó la póliza
(C. Nac. Com., sala B, 7/5/1993, "Maruzza, Oscar, v. Rigada, Alejandro", ED 156-525).

El productor de seguros está autorizado para recibir propuestas de contratos, pero no para
aceptarlas. De tal modo, su intervención no se puede traducir en el perfeccionamiento del
contrato, que queda concluido al producirse la aceptación del asegurador, pues el productor
carece de representación para comprometer al asegurador y no se halla autorizado para
modificar las pólizas ya emitidas (C. Nac. Civ., sala A, 12/10/1995, "B. R. G. v. Benini, Gastón
E., y otro" y "S. R. M. v. Benini, Gastón E." Ver Texto, LL 1996-D-826).

(544) La misma disposición agregaba que la Superintendencia podía suspender al agente o


revocar la inscripción cuando se comprobara que no reunía los requisitos para la inscripción o
que había violado las disposiciones a las cuales se debía ajustar.
Sobre el régimen en los Estados Unidos, ver Patterson, nº 10.

(545) Bruck, ps. 136 y ss.


Donati, Trattato, I, p. 506, define al agente: "Es quien asume de manera autónoma
establemente y con exclusividad recíproca el encargo de promover por cuenta de un
empresario de seguros o de otro agente de seguro y por una retribución, la conclusión de
contratos de seguro en una determinada zona o respecto de una categoría de clientes".

(546) Valeri, en "Riv. Dir. Comm.", 1908, 2, p. 413; Vivante, Trattato, nº 1890, y Contratto, nº
18; Bruck, p. 142 y notas 34 y 35. Contra esta distinción, Benítez de Lugo, Reymundo, ob. cit.,
I, ps. 201 y ss., sin dar los fundamentos.
Gasperoni -ob. cit., nº 19, p. 824- señala que los agentes pueden ser o no dependientes del
asegurador. Conforme a esta relación pueden existir: a) agencias de gestión independiente; b)
agencias en "economía"; y c) agente personal.
En la agencia de gestión libre, el agente instala la oficina a su costa y ejerce esencialmente una
tarea de intermediario; se lo puede considerar un locador de obra, porque promete el resultado
del trabajo. No hay relación de empleo, porque no hay dependencia jerárquica ni disciplinaria;
"es un comercio separado y distinto, organizado y dirigido con medios propios", por lo cual su
titular es independiente y comerciante. Esto no impide que pueda representar al asegurador en
la celebración de los contratos, percepción de primas, recepción de denuncias, verificación y
liquidación de daños, etc.: entonces acumula la calidad de representante en sentido técnico.
En la agencia en "economía", se trata de un empleado, que percibe una retribución fija o una
comisión.
En la agencia personal, falta la empresa autónoma o la filial; el agente por sí, o por medio de
terceros, actúa como un mero mandatario comercial, que es empleado del asegurador.

429
El agente -señala Donati, ob. cit., nº 228- desempeña función múltiple: a) adquisición del
negocio; b) su conservación (cobranza, etc.); c) información genérica para el asegurador:
situación del mercado, necesidades de la zona, solvencia de los clientes, etc.
Ver Minervini, Noterelle in tema di rappresentanza degli agenti di assicurazione, en
"Assicurazioni", 1954, 2, p. 49.
Ver una exposición más extensa sobre el tema de las facultades del intermediario en la
celebración del contrato de seguro en LL 46-1046.

(547) Bruck, p. 142; Vance, ps. 410 y ss.


La doctrina francesa decididamente le da las facultades que resultan del poder aparente:
Besson, nota en DP 1934-2-28 y en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1938, p. 247. Ver nota 218.

(548) Castillo, nº 29, letra b, p. 32.

(549) Patterson, ps. 414 y 415; Vance, p. 410.

(550) Patterson, p. 415; Vance, p. 411.


Bruck sostiene, de acuerdo con el sistema de la ley alemana, arts. 43 y ss., que las facultades
pueden ser restringidas, pero no ampliadas por el uso del comercio. Las limitaciones deben ser
conocidas o hacerse conocer a los terceros, y la carga de la prueba pesa sobre el asegurador.
Para determinar el conocimiento tiene importancia la persona del asegurado y la existencia de
culpa grave, por ejemplo, si las restricciones están inscritas en la póliza (p. 145).

(551) Por resolución 1591/49 (ADLA IX-B-1613), la Superintendencia de Seguros define la


sucursal: "la representación que las compañías argentinas de seguros faculten para contratar en
forma directa operaciones de seguros, emitiendo pólizas y demás documentos necesarios a la
perfección de los contratos, y a la atención, liquidación y pago de las obligaciones emergentes
de los mismos" (art. 1).
La Superintendencia podrá exigir su instalación cuando la representación sola resulte
insuficiente (art. 2).
Se inscribirán en el Registro Público de Comercio, llevarán los libros rubricados que se indican,
y los que disponga la Superintendencia de Seguros (art. 3). Se les debe aplicar los arts. 36 Ver
Texto y 138 Ver Texto y ss., CCom.

(552) Valeri, en "Riv. Dir. Comm.", 1908, 2, ps. 414 y 415. Adde: Vivante, Trattato, nº 1891;
Vance, ps. 416 y ss.
Si el contrato no se ha hecho público, las facultades y naturaleza pueden resultar de su
actuación y de la propaganda realizada (Vivante, Contratto, nº 19).
Ver un supuesto de capacidad para estar en juicio del representante de compañía extranjera, en
C. Nac. Com., sala C, 15/2/1963, inédito.
De Lalande y Couturier sostienen que el asegurador queda obligado por la tarifa menor
aplicada por el agente; pero no por la asunción de un riesgo ajeno a los estatutos de la empresa
(ob. cit., nº 19). La solución es lógica, porque en el primer caso no hay un exceso aparente en
el ejercicio del mandato, y en el segundo ese exceso es aparente.
Conforme a la ley alemana, Bruck le reconoce facultades menos amplias: obliga al asegurador
por lo que contrata; puede rescindir y formular declaraciones en los límites de la
representación. No puede reconocer o desconocer las pretensiones del asegurado, ni
determinar los daños, ni estar en juicio. Su conocimiento efectivo o debido es conocimiento

430
por el asegurador (ob. cit., p. 144). Su intervención en el cumplimiento de la obligación
precontractual de informar da lugar a diversas cuestiones: si el agente aclara la pregunta dudosa
en forma errónea, el error del asegurado no se puede invocar por el asegurador; al igual que
cuando se interpreta una cláusula del contrato pasible de varios significados. Pero el asegurado
lo hará a su riesgo si se atiene al informe falso o erróneo cuando la cláusula no admite dudas
(ob. cit., p. 146). Ver sobre este punto lo que expresamos sobre reticencia, supra.
Bruck-M”ller manifiestan que no cabe una respuesta general, doctrinal: la solución dependerá
de circunstancias de hecho concurrentes para alcanzar una solución justa, equitativa (ob. cit., I,
ps. 329 y ss., donde citan una rica casuística de la práctica alemana).

(553) Valeri, en "Riv. Dir. Comm.", 1908, 2, p. 419; Bruck, p. 145; Vance, ps. 433 y ss.; Bruck-
M”ller, ob. cit., I, ps. 1101 y ss.
Pero, evidentemente, es inaplicable a las gestiones anteriores a la emisión de la póliza (Vance,
p. 434). Y por ello no podría afectar una nota de cobertura, ni la póliza definitiva que debe
emitirse según esa nota de cobertura.
También se pueden por ello limitar en la oferta misma firmada por el asegurado (Vance, ps.
434 y ss.). Sobre los problemas que suscita en el derecho estadounidense, confr. Vance, ps. 529
y ss.

(554) Valeri, en "Riv. Dir. Comm.", 1908, 2, p. 418. Por eso admite que se limite a contratar
ciertos riesgos o por encima de determinadas sumas, o sean excluidos negocios no usuales o
sean restringidos los referentes a la liquidación de los daños. Confr. Vance, ps. 437 y ss.

(555) Para la doctrina francesa -ver nota 210-, la notoriedad pública que asigna a una persona la
calidad de agente de un asegurador le permite contratar con él válidamente, si las circunstancias
permiten creer en la existencia de un mandato otorgado por el asegurador. Como interesa el
aspecto exterior, y no su contenido, las limitaciones internas, no determinadas por el uso, son
inoponibles. Empero, esos usos no existen, por la gran variedad de hipótesis que presenta la
práctica comercial, y le falta a la relación de agencia la precisión necesaria, que legitime la buena
fe de los terceros (Valeri, en "Riv. Dir. Comm.", 1908, 2, p. 411).
En la nota 215 hemos visto que la doctrina alemana debe ser tomada con reservas, y con tal
criterio ahí trascribimos la opinión de Bruck.
Ehrenberg -cit. por Valeri- sostiene que "el contrato de agencia pertenece a la categoría de los
mandatos, pero las reglas romanistas no pueden aplicársele sin más, porque es un contrato
autónomo, cuyas normas deben deducirse, conforme a los usos comerciales vigentes, de la
naturaleza de las cosas. El público, con razón, considera a los agentes como auxiliares, como
hombres de confianza de la compañía, la única que ha tenido libertad de elegirlos, por lo que
está autorizado a responsabilizarla por sus actos jurídicos. Esta responsabilidad no puede
resolverse en virtud de conceptos generales, sino como consecuencia del examen de las
funciones específicas del agente, para ver si en éstas existen elementos inherentes a la
representación, e inspirado sólo en las necesidades del comercio. Así, el mandato de los
agentes tiene un contenido legal, no derogable, ni limitable por las reglas generales de la póliza,
que el público no lee ni entiende y debe recurrir justamente a los agentes para interpretarlas. La
esfera de esta representación puede ser ampliada aun tácitamente; los agentes de cierta clase
pueden así celebrar contratos". Para Valeri, la teoría se explica, pero no se justifica, porque -por
lo menos en derecho italiano- ese mandato no puede tener un contenido legal, sino voluntario.
Superior a la posición de los autores franceses, no obstante concede poca importancia a ciertas

431
facultades (de emitir pólizas y celebrar contratos, por ejemplo), que trasforman la institución
(en "Riv. Dir. Comm.", 1908, 2, p. 412).
Ver Malagarriga, Juan Carlos, en JA 1962-IV-60.

(556) Besson y Picard, ob. cit., 2ª ed., I, p. 75.


La apariencia creada, por lo menos con la tolerancia del asegurador, es fundamental para
establecer el alcance de las facultades de los agentes, cualquiera que sea su vinculación con el
asegurador (ver Bruck-M”ller, ob. cit., I, ps. 1083 y ss., ps. 1075, 1043 y ss.).

(557) Conf. Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 1097.

(558) Valeri, en "Riv. Dir. Comm.", 1908, 2, p. 421. Confr. Vance, ps. 418 y ss.

(559) Vivante, Trattato, nº 1892, y Contratto, nº 20. Confr. Vance, ps. 419 y ss.
"Fundamentalmente, el agente mediador tiene derecho a realizar una cantidad de actos que en
mayoría son pasivos: sirve en la rama de seguros para la que fue designado, como apoderado
para recibir ofertas, las revocaciones de tales ofertas para informaciones y declaraciones que se
relacionan con el vínculo asegurativo, para recibir primas, intereses y costas pertinentes,
siempre que se halle en posesión de una liquidación de la prima firmada por el asegurador.
Nunca puede hacer, por el asegurador, declaraciones que lo liberen de sus obligaciones
condicionales, reconocer o desconocer el deber del asegurador de indemnizar, intervenir en
causa judicial a nombre propio. El agente mediador desarrolla una actuación activa sólo
limitadamente: debe entregar al asegurado la póliza del seguro celebrado o de su prórroga. En
su esencia, es en esto mandadero, vínculo de unión entre asegurador y asegurado" (Bruck, ps.
143 y 144).
"El corredor de seguros -decidió la C. Nac. Com., 31/12/1946, LL 45-534- es, en realidad, un
gestor de los intereses de la compañía de seguros, de quien recibe instrucciones y para quien
busca clientes, procurando, desde luego, lograr las mayores ventajas en beneficio de su
comitente. En las negociaciones obra como representante de la compañía, ejerciendo en
definitiva un mandato tácito o expreso".
Es menester que el asegurador ratifique su actuación y acepte el contrato (C. Nac. Com.,
27/10/1931, JA 36-1507); aun cuando acepte pagarés en pago de la prima (9/2/1922, GF 36-
309 y JA 8-41). En este caso, se rige por las normas del Código Civil, referentes al contrato
celebrado entre ausentes.
En sentencia de 13/5/1955, LL 81-544, la C. Nac. Com. resolvió que si estaba autorizado para
entregar la póliza, también lo estaba para recibir la prima (que en el caso se hizo por entrega de
pagarés). Idénticamente, 31/12/1946, LL 45-534.
Las facultades pueden variar en las distintas ramas. Martín y Herrera sostuvo en sentencia de
4/5/1921, GF 32-35, que en el seguro de granizo es normal que tenga la facultad de celebrar el
contrato, por la urgencia; lo cual negó la Cámara en el fallo citado de GF 36-309 y JA 8-41.
En la rama vida parece ser unánime la aceptación de la limitación de las facultades, tal como se
expresa en el texto (Vivante, Contratto, nº 488; Patterson, p. 50).
Pero no en incendio, en los Estados Unidos, en donde se les reconoce la facultad de aceptar la
oferta (Patterson, p. 50).

(560) En Suiza lo prohíbe la ley, art. 34. En los Estados Unidos es materia de cláusula de la
póliza, la non-waiver clause (Patterson, p. 452, nº 3; Vance, ps. 433 y ss.). En el mismo sentido

432
el art. 14, 2º párr., del proyecto del Instituto de Estudios Legislativos. Ver el resumen de la
jurisprudencia estadounidense en "Harvard Law Review", 1948, XI, p. 87.
La razón está en que rompe "la homogeneidad de los riesgos, que facilita el equilibrio de las
buenas y malas fortunas, y surgirían dificultades para el rápido reaseguro de los riesgos
normales, arbitrariamente asumidos por ellos, e ignorados por la sede central" (Vivante,
Trattato, nº 1860, letra i, y Contratto, nº 5). Ver Lordi, nº 520, que responsabiliza al asegurador
por la culpa del agente.
No obstante, Patterson admite que la non-waiver clause no funciona toda vez que el asegurado
siguió una determinada conducta, fundado en la variación del contrato concedida por el agente;
por ejemplo, omite asegurarse con otra compañía (ob. cit., ps. 452 y 453).

(561) Así se establece en las pólizas empleadas en la Argentina, excepto en el seguro contra
granizo, en el cual se dispone que "la correspondencia entre la compañía y el asegurado, así
como todo pago de indemnización, debe hacerse por medio de la subagencia que entregó la
póliza, salvo disposición contraria de la compañía; de otro modo no producirá efecto alguno".
Esta excepción obedece a las modalidades de este seguro, en que el agente local es el verdadero
titular de la cartera.
En los Estados Unidos, las cortes federales admiten ampliamente la eficacia de esta limitación,
que la conducta del asegurador puede dejar sin efecto (Patterson, p. 416).

(562) Vivante, Trattato, nº 1895, y Contratto, nº 23: en nota 76 cita doctrina y jurisprudencia
italianas, francesas y alemanas, conformes. Adde: Bruck, p. 148; Lordi, nº 520. Salandra, en
"Assicurazioni", 1940, 2, ps. 20 y 171, sostiene que el asegurador contrata en virtud de las
declaraciones del asegurado y el agente no puede obligar con su conducta fuera del límite de
sus facultades.
Bruck-M”ller, ob. cit., I, ps. 1004 y ss., con un criterio más acorde con la vida mercantil,
afirman que quien se beneficia con la ampliación de su campo de acción con el obrar de un
tercero debe cargar con las desventajas que este obrar trae, vinculadas a esas tareas confiadas.
Sin embargo, ver cuanto expresa en p. 1023.
La Corte de Casación de Italia, 16/1/1940, en "Assicurazioni", 1940, 2, p. 171, decidió que el
asegurador no se puede librar alegando mala fe del agente en el ejercicio de las tareas confiadas.

(563) Vivante, Trattato, nº 1895, y Contratto, nº 23; Lordi, nº 520.

(564) Son meros intermediarios del contrato que se celebra directamente entre las partes
(Vivante, Trattato, nº 1893, y Contratto, nº 21; Patterson, nº 98, ps. 446 a 449). La
jurisprudencia exceptúa el caso en que está facultado para hacer endosos, excepción que
Patterson critica, por violatoria de la non-waiver clause (ps. 451 y 452).
No obstante, el asegurador responde por la afirmación del agente, acerca del comienzo de la
garantía, a pesar de lo expresado en la póliza, si lo hizo por escrito, en papel con membrete del
asegurador, con poder aparentemente suficiente al efecto (Picard, nota en "Rev. Gén. Ass.
Terr.", 1935, p. 769).

(565) Bruck, p. 150.

(566) C. Nac. Com., 4/12/1931, GF 95-263.

433
(567) Contra: C. Nac. Com., 24/10/1927, GF 71-31: en el caso, se trataba del agente que
entregó la póliza.

(568) Por aplicación del art. 935 Ver Texto, CCiv. Ver conf.: Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 1012.

(569) Por aplicación del art. 935 Ver Texto, CCiv. En nuestro derecho, estas soluciones no han
menester de las razones expuestas por Bruck, p. 148; Mossa, en "Riv. Dir. Comm.", 1915, 2, p.
95; Lordi, nº 520; Vivante, Trattato, nº 1894.
Lordi incluye en esta responsabilidad el supuesto de la modificación del contrato sin facultades;
no obstante que niega esa eficacia a la prórroga del plazo para pagar la prima (ob. cit., nº 520).

(570) Vance, ps. 412 y ss.; Vivante, Trattato, nº 1894, y Contratto, nº 22, p. 36: la repulsa de
esta responsabilidad es ineficaz; es una consecuencia inseparable de la función que desempeña;
es el lado pasivo de su actividad: no pueden ser agentes para cuanto realizan correctamente, y
dejar de serlo para lo actuado deslealmente. Es indiferente que lo elija la compañía o su
representante.
El asegurador no responde por la demora del agente en trasmitir la oferta, porque no está
obligado a aceptarla (Bruck, ps. 150 y 151).
La responsabilidad del agente hacia el asegurador, por la demora en comunicar ofertas e
informes, se rige por el Código Civil; como si entrega la póliza, omitiendo percibir la prima
(Bruck, p. 149).

(571) C. Nac. Com., 26/10/1927, GF 71-19. Conf. Bruck, p. 149, quien presume la
autorización por la posesión de la cuenta firmada por el asegurador, si es auténtica.
"Independientemente de cualquier convención en contrario, se entenderá que los agentes
generales y demás personas mencionadas en el punto anterior [se refiere al 1º: sucursales,
agentes, corredores u otras personas autorizadas para el cobro] se hallan autorizadas para el
cobro de las primas, cuando se les hubiere remitido los recibos oficiales de la entidad. Dichas
personas no podrán, en ningún caso de cobro de prima, extender recibos no oficiales" (art. 3)
(resolución 1788/49, Superintendencia de Seguros, ADLA X-A-883).

(572) La C. Nac. Com., 29/9/1923, GF 46-409, dedujo de la entrega de la póliza autorización


para cobrar la prima; en el caso, el asegurador había considerado vigente el contrato, puesto
que se había reasegurado.

(573) C. Nac. Com., 30/12/1932, JA 40-647.

(574) Por la competencia desleal, por ejemplo (Vivante, Contratto, nº 24).

(575) Vivante, Trattato, nº 1897. Vivante, Contratto, nº 25, hace responsable al agente por las
reducciones de tarifa, que concedió sin autorización, pero no por las indemnizaciones en razón
del siniestro. No comparto la solución: no celebra el contrato, sino que lo concluye el
asegurador; si no está de acuerdo éste con las condiciones del contrato, no debe otorgarlo. La
solución sólo es aceptable para el supuesto de que el agente se halle autorizado para celebrar el
contrato (art. 54 Ver Texto).

(576) No puede retenerlo, ni aun alegando que le es necesario para rendir cuentas (Vivante,
Trattato, nº 1898).

434
(577) Vivante, Trattato, nº 1896, y Contratto, nº 26.

(578) Bruck, p. 136; Vance, ps. 420 y ss.

(579) Cabe señalar que, como se expone en los parágrafos siguientes, aun para actuar como
mero corredor se requiere, en la normativa actual, que quien realice esa tarea se halle inscrito
como productor-asesor, previo cumplimiento de los requisitos impuestos a tal fin, conforme lo
establecen los arts. 3 Ver Texto, 4 Ver Texto, 7 Ver Texto, 8 Ver Texto, inc. g, y 15 Ver Texto
de la ley 22400; por consiguiente, le son exigibles los deberes que esta ley establece en su art.
10 Ver Texto.

(580) Gasperoni, nº 19, p. 824.


La Cámara Nacional en lo Comercial admitió implícitamente la solución en un caso de endoso
de los pagarés librados en pago de la prima, haciendo aplicación de los arts. 97 Ver Texto y 107
Ver Texto, CCom. (30/12/1932, GF 102-233).
Su intervención termina con la celebración del contrato, salvo prueba en contrario (Vance, ps.
421 y ss.).

(581) Castillo, p. 32, nº 29, letra c.

(582) Fanelli, vº Assic. vita, en Nuovo digesto italiano, nº 8.


Ver supra, nº 26, sobre reticencia en el seguro sobre la vida.
La doctrina estadounidense sostiene que el conocimiento de la verdad por el médico impide al
asegurador alegar reticencia o falsa declaración (Vance, p. 425).

(583) Fanelli, ob. y lug. cits.


Contra: Donati, Trattato, II, nº 421, cuando el médico conoce el verdadero estado de salud.

(584) Lordi, nº 520. Adde, Bruck, p. 158.

(585) Bruck, p. 158.

(586) En el derecho italiano se emplea la expresión "portafoglio" y en el francés "portefeuille"


(ver, p.ej., Donati, A., Trattato, t. I, n_ 162-c, p. 365; Picard y Besson, Les assurances
terrestres, t. II, cap. III, sección 4, n_ 670 y ss., p. 228; Code des Assurances, art. 324-1; etc.).

(587) Barbato, Nicolás H., Agentes de seguros, en "Revista de Derecho Económico", año I, n_
8, p. 707 y nota 5.

(588) Se ha dicho que junto con la apariencia de titularidad, la apariencia de representación es


fundamento de legitimación extraordinaria; el representante aparente puede realizar en nombre
ajeno actos eficaces en la esfera del dominus; se citan como ejemplos la eficacia de los actos
realizados por un representante ignorando la muerte del representado, respecto de los terceros
que hayan contratado con éste de buena fe y, en materia mercantil, la revocación de un poder,
no inscrita (Ladaria Caldentey, J., Legitimación y apariencia jurídica, 1952, Madrid, p. 155).
Entre nosotros, el art. 1966 Ver Texto del Código Civil establece análogo efecto validante.

435
(589) Barbato, N. H., Agentes de seguros, cit., p. 702.

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VII. Póliza

45. Importancia. Eficacia. Obligación de entregarla. Persona a quien se debe entregar. Lugar de
entrega. Costo. Doble ejemplar. Pérdida.

Si bien el contrato es consensual, generalmente se lo celebra por escrito y se posterga la


vigencia hasta la emisión de la póliza, pero no por ello cambia la naturaleza del contrato ni del
instrumento (590) . La póliza presupone la perfección del contrato (591) , del cual es una
consecuencia (592) , su prueba capital y guía de interpretación (593) .

Si bien es el instrumento probatorio por excelencia del contrato, no es el único; la ley autoriza
probarlo por escrito, o por otros medios si concurre comienzo de prueba por escrito (art. 11
Ver Texto) (594) .

Si la póliza se pierde por caso fortuito, se admite toda clase de prueba sobre las estipulaciones
del contrato (595) ; las condiciones generales se establecen por las comunes para la clase del
riesgo cubierto (596) , y para las particulares se aplica la regla indicada del art. 11 Ver Texto,
cit., para lo cual vale como principio de prueba por escrito la confesión del asegurador de la
celebración efectiva del contrato (597) .

436
Sólo prueba cuanto se expresa en ella. Puede no contener todo el contrato; cabe la existencia
de convenios intencionalmente no insertados; si el asegurador quiso excluir la vigencia de
cuanto no se incluyó en la póliza debió declarar que su vigencia dependía de su inserción (598)
. Sobre las diferencias con la propuesta, ver infra, nº 50.

El asegurador debe entregar la póliza, debidamente firmada, con redacción clara y fácilmente
legible (art. 11 Ver Texto, 2º párr.) (599) . La ley no fija la sanción cuando la redacción no es
clara o la impresión no la hace fácilmente legible, pero la sanción no podría ser la nulidad del
contrato, porque el defecto afecta sólo el instrumento probatorio. Creo que es menester hacer
algunas distinciones (600) :

a) si la cláusula establece una sanción para el asegurado, tal sanción será inaplicable;

b) si la cláusula modifica la norma legal (art. 158 Ver Texto, 2º párr.), tal modificación se
juzgará no escrita.

Es exacto que la expresión "fácilmente legible" es muy elástica, y de eficacia, por lo tanto,
relativa; pero fija un criterio para el examen de la póliza por el juez y la sanción ejemplificada
sub a y b.

También se puede demandar judicialmente la entrega de la póliza (601) , si el contrato es


perfecto sin su emisión; y en caso de siniestro, la prueba de las condiciones se hará por todos
los medios de prueba, conforme al art. 11 Ver Texto, 1er. párr. (602) .

Se debe entregar al tomador o a su representante expresa o tácitamente facultado. Si son varios


coasegurados, se entregará a todos; uno de entre ellos sólo puede exigir que se entregue a
todos, ya que no son acreedores solidarios. En el caso del seguro por cuenta ajena, sólo puede
reclamarla el tomador del seguro (arts. 11 Ver Texto, 2º párr., y 25 Ver Texto); el asegurado
podrá a su vez recabarla o no al tomador, según la relación jurídica que los vincule (ver art. 25
Ver Texto) (603) .

437
La póliza será entregada en el lugar de ejecución, a expensas del asegurador -salvo casos
especiales en los cuales percibe el costo, como gasto accesorio, con la primera prima- y a su
riesgo y peligro (604) .

Si bien el contrato de seguro y póliza son cosas distintas, la póliza es la instrumentación del
contrato, y según el rigor de los principios se debería extender en doble ejemplar conforme al
art. 1021 Ver Texto, CCiv. Pero en la práctica sólo se otorga el ejemplar firmado por el
asegurador (605) y que corresponde al tomador, porque éste cumple con parte de sus
obligaciones -pago de la prima- antes o al momento de emitirse (art. 30 Ver Texto de la ley
17418, que hace aplicable el art. 1124 Ver Texto, CCiv.). Además, la validez del contrato no se
afecta, conforme al art. 1123 Ver Texto, CCiv., y art. 11 Ver Texto de la ley. Este art. 11 Ver
Texto consagra la citada práctica: sólo exige la emisión de un solo ejemplar.

El asegurador puede tener interés en poseer un ejemplar de la póliza firmado por el tomador
para acreditar las condiciones particulares y generales, especialmente el régimen de sanciones
de la inejecución por el tomador de sus cargas y obligaciones (606) : el art. 11 Ver Texto citado
no se opone a la emisión en doble ejemplar o de un recibo por el asegurado con trascripción
de la póliza.

En caso de pérdida, destrucción o robo de la póliza, el asegurador debe entregar un duplicado,


a costa del tomador (art. 14 Ver Texto). Algunas pólizas argentinas prevén el supuesto,
agregando que sólo serán válidas las modificaciones que consten en ese duplicado (607) .

Los recaudos para otorgar este duplicado varían, según que la póliza sea nominativa -es decir,
mero instrumento probatorio-, o si es a la orden o al portador. En el primer supuesto, el
asegurador emitirá el duplicado con la prueba de la verosimilitud de la pérdida o destrucción.
En cambio, si está redactada a la orden o al portador, "podrá acordarse su reemplazo por
prestación de garantía suficiente" (art. 13 Ver Texto, 3er. párr.), con lo cual se da un
procedimiento más práctico que la aplicación del regulado por los arts. 746 Ver Texto y ss.,
CCom. (608) . En caso de diferencias acerca de la suficiencia de la garantía, se decidirá
judicialmente.

46. Condiciones generales.

438
Las condiciones generales, aunque impresas y no firmadas, integran el contrato, y obligan al
tomador como si fueran manuscritas y firmadas (609) .

La aprobación por la autoridad de control no trasforma su naturaleza (610) .

47. Modificaciones: endoso o "avenant".

Todos los cambios o modificaciones del contrato es conveniente hacerlos insertar en la póliza,
por un escrito que en la práctica de nuestro país se llama endoso o agregado, y que en la
literatura universal se denomina con la expresión francesa avenant.

No es imprescindible hacerlo así; pero su conveniencia es evidente, si se piensa que toda


alteración en los hechos requiere actos inequívocos y reiterados, muchas veces de difícil
prueba, si es que no se concluye que los actos escritos deben ser modificados por escrito
(doctrina de los arts. 1193 Ver Texto, CCiv., y 209 Ver Texto, CCom.). Además, la fecha es
importante para fijar el estado del riesgo a ese momento, su conocimiento por el asegurado y el
cumplimiento del deber de informar.

Estas modificaciones forman un todo único con la póliza, y si contradicen sus constancias,
priva el endoso o avenant.

No tiene efecto retroactivo, salvo que interprete el alcance del contrato o de la póliza, o
rectifique errores (611) .

48. Enunciaciones que debe contener la póliza.

439
La ley 17418 fija en los arts. 11 Ver Texto y 158 Ver Texto y el art. 1155 Ver Texto, CCom.,
para los seguros marítimos, las enunciaciones que debe contener la póliza en los seguros que
ahí se legislan.

Las omisiones no hallan sanción, no obstante que algunas de las circunstancias recabadas son
importantes.

La posibilidad de su omisión es muy remota, dado el sistema de pólizas impresas y el control


de la Superintendencia de Seguros; no obstante, en cada caso nos ocuparemos de la solución
correspondiente, haciendo desde ya presente que estas enunciaciones generalmente no son
esenciales; se pueden suplir conforme al art. 11 Ver Texto de la ley (612) .

a) Fecha. La ley no la exige. No es esencial; puede ser suplida por todos los medios de prueba,
aun cuando su falta suscite dificultades. La fecha de la póliza puede ser distinta de la del
contrato y de su vigencia.

Importante en todo acto jurídico, aquí es mayor aún, porque con ella se determinará el
cumplimiento oportuno del deber de informar y el estado del riesgo. También puede tenerlo
para la asunción efectiva del riesgo, aunque la ley recaba que se fijen expresamente las fechas
de comienzo y fin de la asunción de los riesgos.

b) Residencia. En el seguro sobre la vida es importante, por las condiciones de salubridad de la


zona.

En todos los seguros, el domicilio es importante, porque en el indicado, y hasta tanto conozca
el asegurador el cambio, se le deben hacer al asegurado todas las notificaciones y
comunicaciones, e idénticamente respecto del asegurador (art. 16 Ver Texto, 2º párr.).

c) Profesión. Al igual que la residencia, no es mencionada por la ley, pero es necesario


establecerla, porque en los seguros de personas hay ocupaciones que importan un riesgo
agravado (art. 133 Ver Texto), cuyo abandono dará derecho a una disminución de la prima.
Tan esencial que, corrientemente, la asunción de determinadas profesiones riesgosas faculta al
asegurador a rescindir (art. 133 Ver Texto cit.).

d) En los seguros de intereses, el requisito del nombre del tomador, si bien importante, puede
ser suplido por cualquier medio de prueba, incluso la firma (613) .

440
Pero si es por cuenta ajena -por cuenta de quien corresponda- no es menester que dé el
nombre del interesado; basta que denuncie esta circunstancia (art. 21 Ver Texto).

En los seguros de personas, el nombre reviste igual importancia: individualizar al asegurado y


evitar la sustitución en el examen médico (614) .

e) La indicación del interés o de la persona asegurada es esencial; sirve para establecer la validez
del seguro (arts. 2 Ver Texto y 60 Ver Texto) o su cesación (art. 81 Ver Texto), o la necesidad
del consentimiento del tercero cuya vida se asegura (art. 128 Ver Texto), etc., porque la ley no
expresa cómo se individualiza el interés asegurable y la cosa sobre la cual versa: en el seguro de
incendio de inmuebles por la determinación de su ubicación y los linderos; la ubicación se
puede hacer por calle y número, o por cualquier medio que sirva para individualizarlo (615) .
Para los muebles y las mercaderías la exigencia debe ser la misma, aunque su designación puede
ser genérica, porque las existencias de mercaderías y otros muebles pueden hallarse en
constante renovación.

Si se trata de máquinas, conviene indicar su estado, modelo, número, fábrica y destino.

f ) En los seguros agrícolas, se individualizarán las plantaciones y se indicarán los linderos,


distancia de la estación, etc., para individualizar el lugar del sembrado asegurado (616) . La
ubicación de los linderos sirve para determinar el inmueble sembrado; además se señalará la
cantidad sembrada de cada clase de cultivo.

En el seguro de ganado se especificará el número, clase, marca o tatuaje, etc., y si se trata de


animales de lujo o de sangre, se les hará objeto de una designación especial que vuelva efectiva
la individualización (617) .

En los seguros de personas se precisará el nombre de la persona cuya vida o integridad se


asegura (art. 133 Ver Texto).

g) En los seguros de intereses, aunque la ley no lo requiere (art. 11 Ver Texto), se fijará el valor
del interés asegurable, porque establece a ese momento el valor asegurable (618) . Se puede
hacer en conjunto, por todos los bienes asegurados, o individualizando las distintas clases: es
importante en el supuesto de que algún vicio afecte el contrato respecto de alguno de los
bienes, para apreciar la divisibilidad de la póliza. Su exageración puede ser perjudicial por la
aplicación de la regla proporcional en caso de siniestro, que se aplicaría sobre cada categoría de
cosas (art. 65 Ver Texto, 2º párr.) (619) .

441
h) La suma asegurada. Aunque el dato es esencial, su omisión no perjudica el contrato, toda
vez que se pueda establecer el monto de la suma asegurada, que habrá de resultar de otras
constancias y expresiones de la póliza, de la prima aplicada, del reaseguro, etc. (620) .

i ) El riesgo asumido (art. 11 Ver Texto). Respecto del Código de Comercio, Segovia (621) y
Rivarola (622) opinan que la mención es esencial, porque se asegura el riesgo, y no la cosa,
además de fijar la validez y subsistencia del contrato, la responsabilidad del asegurador, y la
validez de otros seguros por riesgos no cubiertos (623) , la prima aplicable, etc.

j ) La fecha del comienzo y plazo por el cual se asume el riesgo: son esenciales para la validez
del contrato, porque de ellos puede depender la existencia del riesgo, o la superposición de
contratos, o la coexistencia de varios contratos, o la garantía del siniestro (arts. 67 Ver Texto,
81 Ver Texto, etc.).

k) La prima. Su determinación es esencial (624) ; si se omite no habrá contrato; el juez no


puede fijarla, ni aplicar las tarifas porque no hay remisión tácita a ellas, ya que no es la
costumbre referirse tácitamente a las tarifas (625) , generalmente ignoradas por el asegurado.

l ) Otras enunciaciones. La póliza debe contener cuanto las partes han contratado; en lo
posible debe ser la instrumentación de lo convenido (art. 11 Ver Texto). Puede tener
trascendencia para la aplicación de la sanción del art. 5 Ver Texto, por declaración inexacta del
estado de riesgo (626) .

m) La firma del asegurador es esencial; empero, su falta no torna ineficaz el contrato, pasible
de otros medios de prueba (art. 11 Ver Texto).

La firma del asegurado no sólo no es indispensable, ya que el asegurador la emite para el


asegurado, sino que generalmente tampoco se suscribe una copia para el asegurador (627) .

442
n) En los seguros de personas se enunciará el beneficiario y la persona del tercero, cuya vida se
asegura, si existen.

49. Adiciones. Valor.

En la práctica -especialmente en el seguro marítimo- se emplean adiciones insertadas por


medio de volantes adheridos o sueltos, sin fechar ni firmar.

La doctrina discrepa acerca de su valor jurídico (628) .

50. Impugnación de la póliza por el asegurado. Efectos.

El asegurado puede impugnar las constancias de la póliza, y actuar judicialmente, para que ésta
se ajuste a los términos convenidos (629) cuando los apartamientos son en su perjuicio (si le
favorecen no tiene interés). El art. 12 Ver Texto de la ley ha creado un sistema completo, del
cual sólo cabe apartarse en favor del asegurado (art. 158 Ver Texto):

a) Si el texto de la póliza difiere del contenido de la propuesta, "la diferencia se considerará


aprobada por el tomador si no reclama dentro del término de un mes de haber recibido la
póliza" (art. 12 Ver Texto, 1er. párr.).

Esta aceptación tácita sólo es aplicable: 1º) cuando la oferta no fue aceptada antes por el
asegurador, porque de lo contrario ya existe un contrato perfecto; 2º) "cuando el asegurador
advierte al tomador sobre este derecho por cláusula inserta en forma destacada en el anverso
de la póliza" (art. 12 Ver Texto, 2º párr.). Si no se inserta en estas condiciones, se tendrá por
no escrita, y por ello esa aceptación tácita no se aplicará y el asegurador queda obligado en los
términos de la propuesta original del asegurado (630) . Doy por reproducido cuanto expresé
sobre el punto bajo el nº 8.

443
Los recaudos exigidos para esta advertencia son dos:

1) inserción de la cláusula en forma destacada, es decir, en caracteres notables, que llamen la


atención del asegurado (631) ;

2) insertada en el anverso de la póliza.

Persiguen que el asegurado, que inicialmente tenía conocimiento de las condiciones


particulares del seguro, compare las condiciones de su propuesta con las escritas en la póliza.
De ahí que si no se cumplen no tendrá aplicación la aceptación tácita resultante de la no
impugnación.

b) El asegurado puede rescindir el contrato o impugnarlo (art. 12 Ver Texto, 3er. párr.). Si lo
impugna no afecta la vigencia del contrato en lo restante. La ley no ha previsto el supuesto en
que la impugnación verse sobre la extensión de la cobertura.

En los seguros de daños, el asegurado optará por rescindir, por ser la solución más
conveniente, ya que elude la discusión con el asegurador acerca de los verdaderos términos del
contrato, no obstante que puede ser más onerosa para él (onerosidad poco notable por la
escasa vigencia de la garantía), salvo el supuesto en que se produjo el siniestro, o resulte difícil
hallar cobertura en el mercado por la naturaleza del riesgo, u otras circunstancias.

En los seguros de la rama vida puede ser importante por las variaciones del estado de salud del
asegurado en el ínterin.

El asegurador no puede impugnarla; para él se torna definitiva desde que el asegurado la acepta
(632) .

Para la prueba no rigen las reglas generales sobre la carga de la prueba, aplicables en el
supuesto del contrato celebrado, cuyo contenido debe ser establecido por las partes desacordes
sobre él; sino que es menester que el asegurador pruebe que la póliza se ajusta a lo contratado:
es quien está en mejores condiciones para hacerlo y quien pretende que es así (633) . Su carga
se facilita por la propuesta del asegurado, que obra en su poder.

El efecto de la impugnación aceptada es reemplazar la cláusula errónea por la realmente


pactada, sin afectar la eficacia del contrato (634) .

444
Tienen derecho a impugnar la póliza el tomador, sus sucesores, el cesionario (635) .

Si bien el asegurado puede impugnar solamente alguno o algunos de los apartamientos de su


propuesta, no puede aceptar los que le favorecen, que están técnicamente vinculados o
condicionan los que rechaza: forman una unidad. Además, sería contrario a la buena fe.

Téngase en cuenta que no existe apartamiento de la propuesta cuando el asegurado se limita a


suplir condiciones omitidas, en los términos usuales y sin que aisladamente o en su conjunto
las contradiga.

51. Formas de la póliza: nominativa, a la orden, al portador. Naturaleza de la póliza.

La póliza se puede extender en tres formas: nominativa, a la orden y al portador


(implícitamente, art. 13 Ver Texto) (636) , excepto en los seguros de personas, en los cuales
necesariamente debe ser nominativa (art. 13 Ver Texto, 4º párr.).

La doctrina discute los efectos de la inserción de las cláusulas a la orden y al portador, es decir,
si trasforman a la póliza en un título de crédito.

Dada su naturaleza -reconocimiento de una obligación, cuya ejecutabilidad depende del


cumplimiento de diversas cargas por el tomador o el asegurado-, la póliza no puede circular
como un título de crédito, porque no lo es de un derecho abstracto, sino de un derecho
concreto, material; por lo cual su titular soporta todas las defensas nacidas del contrato (637) ,
"excepto la falta de pago de la prima si su deuda no resulta de la póliza" (art. 13 Ver Texto, 1er.
párr.). Es decir que la póliza podrá ser, según los casos, un documento probatorio o un título
de legitimación -si concurren otros elementos, según el momento en que se trasfiere- pero no
un título de crédito. Esto es, hace inaplicable el art. 212 Ver Texto, CCom., y sus concordantes.

La cláusula al portador y a la orden, por lo general, no tiene más alcance que legitimar el pago a
quien presenta la póliza (art. 13 Ver Texto, 2º párr.), a fin de que el asegurador no incurra en
responsabilidad en la verificación del derecho de quien recibe ese pago. En este caso, el

445
portador no es más que un cesionario, exento del deber de notificar la trasferencia, a quien se
le pueden oponer todas las defensas personales existentes contra el autor, contra él y las que
emanen del título, además de exigírsele la exhibición de su propio título a la póliza, excepto la
deuda de la prima, si no consta en el título. Si el asegurador sospecha de la legitimidad del
título o media oposición al pago, debe abstenerse de hacerlo. El asegurador sólo puede pagar si
se le exhibe la póliza (art. 23 Ver Texto) (638) .

Puede tener un alcance más amplio: reconocer al portador el derecho a ser pagado y al
asegurador la obligación de pagarle, si así se conviene en la póliza misma. En este supuesto,
legitima por sí sola el cobro, y sólo puede hallar las limitaciones o defensas nacidas del título
mismo, con exclusión de toda excepción personal al tomador (639) .

Téngase en cuenta que las cooperativas pueden emitir estas pólizas a la orden o al portador
siempre que el socio tomador sea titular del interés asegurable al tiempo de la contratación
(conforme art. 14, inc. d, proyecto de ley de empresas de seguros).

52. Interpretación de la póliza y del contrato. Reglas especiales.

La interpretación del contrato y de la póliza plantea diversos problemas.

Ante todo, es menester aclarar la posición de autores y jurisprudencia, que afirman


enfáticamente que se trata de un contrato de buena fe (640) . Todos los contratos son de buena
fe, y se los debe interpretar conforme a los principios de ésta (art. 1198 Ver Texto, CCiv.,
reformado por la ley 17711 Ver Texto). La peculiaridad está dada por la naturaleza aleatoria del
contrato, en el cual el asegurador queda librado, en lo que respecta al estado del riesgo, a los
informes del tomador, por lo cual se le impone a éste una veracidad y diligencia mayores que
en los contratos conmutativos, en los cuales, en principio, se acepta el dolus bonus.

Además, se debe combatir la tendencia del asegurado de obtener beneficios no pactados, en


detrimento de la comunidad de asegurados (641) .

446
También se aplica al asegurador, para proteger al asegurado, entregado virtualmente a la
actuación monopolizada de aquél, y hacer servir el contrato para los fines previstos por las
partes (642) , tomando en debida consideración su naturaleza de contrato de masa.

"Es cierto que [. . .] el contrato de seguro es de interpretación restrictiva, lo que lleva a


establecer que hay que ajustarse para determinar los derechos y obligaciones de los
contratantes a los términos de las estipulaciones respectivas, toda vez que el riesgo que toma a
su cargo el asegurador debe estar necesariamente en relación con la suma que se fija como
prima a cargo del asegurado; pero, correlativamente con este concepto, corresponde tener en
cuenta, según lo ha dicho en forma reiterada el tribunal, que en materia tan rigurosamente
ajustada a la buena fe conforme a la doctrina universal, dada la índole estrictamente resarcitoria
que inspira los contratos de seguro, en la dilucidación de las cuestiones que se suscitan, así
como el amparo de la justicia es necesario para resguardar a los aseguradores contra las
maniobras dolosas, menester es también la severidad de los jueces para que los asegurados
obtengan las satisfacciones de la justa indemnización a que son acreedores, fines a los que, en
ambas situaciones, la ley y las cláusulas del convenio han de contribuir a servirlos, bajo una
inteligencia que consultando los principios dominantes, no se ciña a una interpretación rígida
de los textos que resulte reñida con su espíritu" (643) .

Además de las normas generales de interpretación de todos los contratos (644) , la naturaleza
de este contrato o la importancia de los conflictos en juego han llevado a establecer:

a) La extensión del riesgo y los beneficios otorgados deben ser interpretados literalmente (645)
(ver infra, letra g).

b) "La aplicación de los usos interpretativos sólo corresponde en el caso único de que haya
razón para creer que los contratantes han querido adoptarlos" (646) .

c) Las restricciones a la libre actividad del asegurado deben ser formuladas expresamente (647)
.

d) La responsabilidad asumida en términos generales, como fin del contrato, sólo se puede
restringir por cláusulas expresas (648) .

447
e) Las cláusulas manuscritas predominan sobre las impresas, porque son las particulares o
especiales del contrato (649) .

f ) Es menester interpretar las condiciones generales según la función que desempeñan; unas
tienden a la homogeneidad para la explotación técnica del seguro y deben ser interpretadas en
favor del asegurador; las otras no influyen en esa homogeneidad técnica y deben ser aplicadas
con diversos criterios (650) .

g) Cuando la cláusula es ambigua u oscura, se interpreta en contra del asegurador, por ser quien
la redactó (651) ; y por el principio del art. 11 Ver Texto, 2º párr.

h) Las cláusulas que imponen la caducidad del derecho del asegurado son de interpretación
restrictiva en su alcance y en los hechos que tienden a acreditar su procedencia (652) , y su
redacción debe ser clara (art. 11 Ver Texto, 2º párr.).

i ) Las cargas impuestas convencionalmente al asegurado deben ser razonables. Este concepto
de razonabilidad de las exigencias ha sido aceptado por la ley en los arts. 46 Ver Texto, 3er.
párr., 72 Ver Texto, 1er. párr., 73 Ver Texto y 150 Ver Texto, e implícitamente en los arts. 47
Ver Texto, 95 Ver Texto, 111 Ver Texto, 3er. párr., aunque con el empleo de expresión
análoga. La aprobación administrativa no importa reconocimiento incontrovertible de esta
razonabilidad: el juez, en el caso concreto, decidirá si así lo es efectivamente.

La jurisprudencia anterior consagró este criterio en dos sentencias del 11 de octubre y 22 de


noviembre de 1967, en las cuales desestimó la pretensión del asegurador de cumplimiento de
una carga por el asegurado, que, materialmente posible, no era razonablemente exigible
(verificación de la habilitación del avión taxi empleado, que partía de un aeropuerto).
Análogamente no se le puede exigir que cumpla con poner el automóvil a disposición del
asegurador si el vehículo está a disposición del juez penal (C. Nac. Com., sala C, 31/8/1965,
ED 14-577).

Se debe tener en cuenta que la equidad debe presidir las convenciones sobre seguros (C. Nac.
Com., 18/12/1937, LL 9-325) y que no caben pactos contrarios al fin perseguido por la ley (de
ahí que la Cámara Federal de la Capital juzgara nula la cláusula de póliza por la cual se
renunciaba a la vía procesal del art. 1231 Ver Texto, CCom., por aplicación del art. 953 Ver
Texto, CCiv., ya que pugna con el fin legal de provocar la rápida y eficaz reparación del daño).

448
(590) De ahí que toda la doctrina afirme que se trata de un instrumento probatorio; que el
contrato es perfecto aun cuando no se emita una póliza (Segovia, nota 1797; Malagarriga, Trat.
elem., III, p. 359; Rivarola, nº 1123; Fernández, p. 440; Bruck, p. 215; Lordi, nº 482;
Gasperoni, nº 28; Vivante, Trattato, nº 1873, y Contratto, nº 52; Patterson, nros. 17 y 19;
Vance, ps. 196 y 204; Besson y Picard, I, nº 123; Lefort, I, ps. 331 a 333; C. Nac. Com.,
3/4/1940, LL 20-611).
El art. 4 Ver Texto, 1º párr., de la ley 17418, funda concluyentemente esta opinión.
Ver sobre el tema, Salandra, La póliza y el perfeccionamiento del contrato de seguro, en
"Assicurazioni", 1940, 2, p. 3; Sotgia, Suscripción de la póliza de seguro y prueba del contrato,
eod. loc., 1954, 2, p. 89; Stolfi, La póliza de seguros, eod. loc., 1962, 1, p. 232.

(591) C. Nac. Com., 22/6/1942, LL 27-66; Malagarriga, nº 155.

(592) Rivarola, nº 1188; C. Com., 8/9/1954, LL 76-483.

(593) C. Nac. Com., 3/4/1940, LL 20-611.

(594) Es la solución universal: Bruck, p. 218; Rivarola, nº 1115; Castillo, nº 16; Segovia, nota
1798; Malagarriga, Trat. elem., III, p. 359; Lefort, I, ps. 373 y 374; Obarrio, nº 18; Lordi, nº
482; C. Nac. Civ., sala D, 9/10/1956, LL 84-539.
Contra: Lepargneur, que sólo admite la confesión y el juramento, nº 1281; Besson y Picard, I,
nº 131.
La C. Nac. de Paz, sala IV, 20/4/1954, LL 76-128, decidió que no son suficientes los libros del
asegurador si el contrato no se refiere al giro común de ambos comerciantes. En el caso, el
asegurador reclamaba el pago de la prima; y el tribunal le reprochó no haber hecho firmar al
asegurado un ejemplar de la póliza. En el mismo sentido, C. Nac. de Paz, sala IV, 4/4/1956,
LL 84-14. En un supuesto de subrogación contra el tercero responsable, íd. C. Nac. Civ., sala
D, 9/10/1956, LL 84-539, excepto cuando el mismo tercero ofrece la prueba.
La C. Nac. Com., 31/12/1946, LL 45-534, decidió que antes de emitirse la póliza el contrato se
prueba por cualquier medio; pero después de emitida, sólo con la póliza (¿y si se destruye?, ¿o
se extravía?). En contra, admitió cualquier medio de prueba por el asegurador que sostuvo la
emisión, negada por el asegurado, C. Nac. Com., sala B, 25/9/1963, inédito.

(595) Segovia, nº 1798; Malagarriga, Trat. elem., III, ps. 359 y ss.
Y en defecto de toda prueba se debe estar a las convenciones admitidas por el asegurador (C.
Nac. Com., 7/9/1925, GF 58-125).

(596) C. Nac. Com., 4/6/1937, LL 7-100 -caso en que el asegurado no presentó la póliza-;
Castillo, nº 27.
Contra: C. Nac. Com., 26/11/1928, GF 77-214.

(597) Castillo, nº 27.


Sobre qué se considera principio de prueba por escrito, ver Jofré, Manual de procedimiento, 5ª
ed., con notas de I. Halperin, p. 233, nº 5.

449
(598) Si el asegurado acepta la póliza con omisiones, sin impugnarla, queda obligado por ella
(ver art. 12); conf. Bruck, p. 218. En Estados Unidos la regla no se aplica rigurosamente y se
acepta la solución contraria, porque se admite la costumbre de aceptar la póliza sin leerla
(Vance, ps. 214 y ss.). Ver infra, texto y notas de nº 50.

(599) Es un concepto elástico, que dependerá de la apariencia material del instrumento


(impresión en caracteres notables, empleo de distintas tintas para las cláusulas más importantes
o modificatorias de la ley, subrayados, etc.).

(600) En Francia, las disposiciones de los arts. 8 Ver Texto, 5 Ver Texto y 9 Ver Texto han
dado lugar a divergencias de interpretación, que ahora se uniforma por la aplicación de un
criterio análogo al señalado en el texto (ver Besson y Picard, I, p. 258 y fallos citados en notas 1
y 5).
Confr. Vance, ps. 206 y ss., acerca de la solución en el derecho estadounidense.

(601) Contra, C. Nac. Com., 6/10/1919, JA 3-954, que admitió la rescisión en un seguro de
vida.
Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 3, II, sostienen que es una típica carga, pero admiten que el
asegurado puede demandar la entrega; se fundan en que el asegurador no tiene derecho a
reclamar el pago de la prima. Asimismo, sostienen que el asegurador responde por culpa in
contrahendo (ob. cit., § 35, p. 470), conclusión que no cabe en nuestro derecho: la
responsabilidad será contractual, porque el contrato es perfecto aun antes de ser emitida la
póliza.

(602) Segovia, nota 1797; Bruck, p. 215; Fernández, p. 444.


Ver los problemas suscitados en los Estados Unidos acerca de la entrega válida de la póliza, en
Vance, ps. 206 y ss.

(603) Bruck, p. 216 y nota 10.

(604) Bruck, p. 217.

(605) C. Nac. Com., 9/10/1956, LL 84-539.

(606) Contra: Castillo, nº 23, quien sostiene que el asegurado es el único interesado, con olvido
de los casos planteados ante la Justicia y que él mismo considera en el nº 27. Obarrio estima
que carece de interés una vez pagada la prima (nº 18), lo cual no es exacto, como hemos visto.
Se debe tener en cuenta que con el régimen de control estatal y la aprobación de las
condiciones generales de la póliza la situación del asegurador es más simple.

(607) Es la solución universal: ley alemana, art. 3; proyecto del Instituto de Estudios
Legislativos, art. 16; Bruck, p. 228; etc.

(608) Sobre la aplicabilidad del procedimiento de los arts. 746 Ver Texto y ss., CCom, Bruck,
p. 228. En Francia se ha dictado una ley especial que prevé expresamente el régimen: ley del
3/12/1930.

450
(609) C. Nac. Com., 27/6/1927, JA 25-332; 6/2/1929, GF 78-358; 7/10/1932, JA 39-855;
26/8/1939, JA 68-156; Castillo, nº 24; Vivante, Contratto, nros. 53 y 54; Vance, ps. 232 y ss.;
Donati, Trattato, I, nº 42.
Algún fallo exige que la póliza, en la parte suscrita, haga referencias a ellas (C. Nac. Com.,
16/5/1911, "Jur. Trib. Nac.", mayo de 1911, p. 323).
Las pólizas argentinas hacen generalmente expresa referencia a esas condiciones generales,
como ley para las partes.

(610) Supra, capítulo II, nº 16.

(611) Ver Besson y Piccard, I, nº 136; Lepargneur, nº 1286; Lefort, I, ps. 361 y ss.
Para muchos autores franceses, el endoso o avenant tiene siempre efecto retroactivo -lo que es
equivocado-, e interpretando el art. 8 de la ley de 1930 sostienen que es indispensable para toda
modificación. Contra, con toda razón, Besson y Picard, I, nº 136.
¿Y los agregados, pegados a la póliza, sin firma de las partes? Para Besson son válidos porque
han sido aceptados (en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1953, p. 41); Giannattasio, en "Assicurazioni",
1955, 2, p. 40. Contra, Sumien -cit. por Besson, lug. cit.-, que exige aceptación inequívoca.

(612) Segovia, notas 1784, 1799 y 1800, sería contrario a la naturaleza consensual del contrato.
Obarrio, nº 19; Castillo, nº 26; Malagarriga, Trat. elem., III, ps. 359 y ss.; Rivarola, p. 348. La
omisión de elementos esenciales del contrato (suma asegurada, bien, valor asegurable) no se
puede suplir con los indicados en los libros del asegurador, porque falta el consentimiento del
asegurado (C. Nac. Com., sala A, 18/8/1965, ED 13-631).

(613) Segovia, nota 1786; Obarrio, nº 20; Malagarriga, Trat. elem., III, p. 362.
La indicación inexacta no afecta el contrato, salvo que constituya reticencia (Segovia, nota
1787), como cuando afecta el azar moral.

(614) Castillo -nº 221- opina que la mera falsedad no cae bajo la sanción del art. 498 Ver Texto,
CCom. (equivalente al art. 5 Ver Texto de la ley); que ésta se comete por la sustitución de
personas en el examen médico. No es totalmente exacto: la falsedad en el nombre puede servir
para ocultar sus antecedentes, registrados en otras compañías, supuestos de seguros
rechazados, etc.

(615) Patterson, p. 67; incluso, sería suficiente indicar "mi residencia", si es única.
Ver: Obarrio, nº 21; Malagarriga, Comentario, III, nº 148; Segovia, nota 1863.

(616) Besson y Picard, III, nº 54.

(617) Besson y Picard, III, nº 70.

(618) En el código derogado, art. 519 Ver Texto, no se exigía (C. Nac. Com., 20/7/1927, JA
25-687) y parte de la doctrina sostiene esa solución (Lordi, nº 484; Rivarola, nº 1118), porque el
valor se habrá de determinar al tiempo del siniestro; y con la omisión no se elude la aplicación
de la regla proporcional. Acerca de su importancia, falsa declaración, etc., nos ocupamos en el
capítulo VII.

(619) De Lalande y Couturier, nros. 173 a 176.

451
(620) Segovia, en nota 1790, opina que el enunciado es útil para el asegurador, para fijar el
monto de su responsabilidad, pero no es esencial, como resulta del art. 1190 Ver Texto,
CCom. El antecedente invocado no funda la opinión: en el primer párrafo, precisamente, ese
art. 1190 Ver Texto anula el contrato de seguro de un buque, si no se fija su monto. En cuanto
al párrafo segundo, prevé el seguro por una suma única y sin discriminación, del buque y su
carga, que es una hipótesis distinta.
Obarrio estima que el dato es esencial cuando el seguro es parcial, y no lo es cuando el seguro
es total; agrega que la omisión importa reconocer que el seguro es total. Sería una presunción
fácilmente destruible con el resultado de la prima aplicada, y además sólo vigente para los
seguros de intereses.

(621) Segovia, nota 1791.

(622) Rivarola, nº 1151.

(623) La opinión contraria de Obarrio, nº 23; Malagarriga, nº 151; Fernández, p. 442, debe ser
rechazada.
Obarrio afirma que la omisión se debe interpretar en el sentido de que se cubren todos los
riesgos que pueden afectar a la cosa, siempre que de las circunstancias no resulte una
limitación, como son los riesgos a cuya explotación se dedica el asegurador. Se funda en los
arts. 1158 Ver Texto y 1207 Ver Texto, CCom., para el seguro marítimo, que fijan esa solución.
Las razones dadas por Obarrio no se aplican a los seguros terrestres. La solución del art. 1207
Ver Texto, CCom., es clásica para el seguro marítimo, que es esencialmente un seguro por
todos los riesgos del mar que puedan afectar a la cosa; la limitación es la excepción y por ello
debe ser expresa.
En cambio, en los seguros terrestres, la norma es la individualización del riesgo.
Piénsese por un momento en los seguros agrícolas, por ejemplo, a los cuales Malagarriga
extiende su solución -Trat. elem, III, p. 364-, y se concluirá con Rivarola que es técnicamente
imposible.

(624) De Lalande y Couturier, nº 829; Vivante, Trattato, nº 1910, y Contratto, nº 61.


Contra, C. Nac. Com., 8/9/1954, LL 76-483, porque se fija según tarifas conforme al riesgo y
plazo.

(625) Vivante, ob. y lug. cits. en nota 282.


La prueba está en que cuando hay disminución del riesgo y las partes no acuerdan la reducción
pertinente de la prima, el asegurado podrá rescindir. Ver Vivante, ob. y lug. cits.
Rivarola no expresa su opinión, que parece ser idéntica, porque según él deben ser enunciadas
todas las modalidades de su pago, por los efectos del incumplimiento (nº 1120).
Contra: Segovia, nota 1793; Obarrio, nº 25; Malagarriga, Trat. elem., III, p. 364; Bruck, p. 248;
Fernández, p. 443.

(626) Rivarola expresa su disentimiento, porque la declaración inexacta habrá de resultar de la


propuesta anterior al contrato; además, de poco servirá, porque la otorga el propio asegurador
(nº 1121, ps. 357 y 358). La crítica es infundada, porque esas enunciaciones se inscriben en la
póliza de conformidad a la propuesta; además, ésta puede no existir por escrito. La

452
circunstancia de que la otorgue el asegurador no obsta a su valor probatorio, por cuanto el
asegurado la acepta sin observación, la invoca y cumple las estipulaciones en ella establecidas.

(627) Segovia, nota 1795, lo considera conveniente, y algún caso judicial le ha dado razón.

(628) Si el texto de la póliza hace referencia expresa a ese agregado -lo cual sería excepcional-,
cabe considerarlo incorporado a su texto. La jurisprudencia francesa se inclina por no
reconocerle valor (ver Besson y Picard, ob. cit., 2ª ed., I, p. 88), sin que quepa asignar mayor
trascendencia a la aprobación administrativa de esas cláusulas, y menos para oponerlas a
terceros (v.gr., acreedor del asegurado).

(629) La ley alemana, art. 5, ha establecido expresamente la solución, que la doctrina y la


jurisprudencia han interpretado, elaborando una construcción completa del punto (Bruck, ps.
224 y ss.).
Zavala Rodríguez, II, nº 1770, critica la solución; estima que como generalmente la póliza no se
lee, se debió imponer la norma de la ley austríaca, de que se comunicara al asegurado por nota
por separado.

(630) Así se evitan las dudas de la doctrina alemana (Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 5, nros. 17 y 19)
y se sanciona al asegurador desleal.

(631) La advertencia se debe hacer en caracteres mayores, en texto especial, incluso en color,
de manera que "salte a los ojos" (Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 5, nº 10).

(632) Bruck, p. 228.

(633) Bruck, ps. 224 y 225; Rivarola, p. 349, letra c. En Alemania, los aseguradores se cubren
con la cláusula de aceptación de la póliza.
Appleton requiere comienzo de prueba por escrito para aceptar la de testigos (en DP 1908-1-
249).

(634) Bruck, p. 228.

(635) Bruck, p. 225, quien niega ese derecho al asegurado en el supuesto del seguro por cuenta
ajena, al tercero a quien se reconoce un derecho, al acreedor prendario que ejecuta el derecho
nacido del contrato, al tercero sobre cuya vida se contrata.

(636) Vivante, Contratto, nº 137; Segovia, nota 1795; Obarrio, nº 26; Besson y Picard, I, nº
132; Kisch, I tipi di polizze di assicurazioni con particolare riguardo al diritto germanico, en
"Assicurazioni", 1936, 1, p. 409.
En algunos seguros creados por la práctica contemporánea, toman formas especiales,
adheridos al boleto o pasaje o recibo (v.gr., seguro automático aeronáutico vida; de equipajes o
de guardarropas; de espectadores de espectáculos públicos; de pasajero de ferrocarril; en
algunas provincias, de pasajero de ómnibus con seguro obligatorio, etc.): ver Bruck-M”ller, ob.
cit., I, § 3, nº 3.

453
(637) Vivante, Contratto, nros. 135 y 136; Bruck, ps. 221 y ss.; Kisch, cit.; Gasperoni, nº 29, p.
830; Lefort, I, ps. 365 a 369; Fanelli, vº Assic. vita, nº 21; Zavala Rodríguez, ob. cit., II, nº
1771.
En la doctrina italiana, Ascarelli, Brunetti, Scorza, fundados en que la autonomía del derecho
cartulario no está reñida con la causalidad del título, admiten esta calidad de título de crédito, y
concluyen que si el poseedor es un tercero, sólo le son oponibles las excepciones personales a
él y las ex causa que se refieren al negocio de trasferencia. Pero si se concluye que la autonomía
queda excluida por la causalidad, la póliza se trasforma en un documento probatorio o de
legitimación (Gasperoni, nº 29). Para Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 3, nros. 22 y ss., y § 4, nros. 18
y ss., sólo excepcionalmente.
Donati, Trattato, II, nº 431, sostiene que la trasferencia es una cesión de créditos; que la forma
a la orden o al portador no la trasforma en un título de crédito, porque no incorpora el
derecho, sino que es una modalidad de ejecución. Mas luego se pregunta si las partes pueden
elevarlo a título de crédito; lo admite si resulta literalidad, incorporación y autonomía, pero
siempre serán oponibles las excepciones ex causa para dejar a salvo los principios esenciales del
seguro, sin afectar los derechos del asegurador (nº 432), con lo cual de título de crédito poco o
nada le quedaría. Concordantemente, Brunetti, en "Assicurazioni", 1943, 2, p. 92; Scalone, para
quien el contrato circula íntegramente (en "Assicurazioni", 1951, 1, p. 176). Ver Corte de
Casación de Italia, 18/6/1943, en "Assicurazioni", 1945-1946, 2, p. 8. En cambio, en favor,
Garrido y Comas, ob. cit., ps. 283 y ss.
Las formas a la orden o al portador son empleadas en los países germánicos; no se usan en
Italia e Inglaterra; y la forma al portador está prohibida en Francia para los de vida.

(638) Vivante, Contratto, nº 140; Bruck, ps. 221 y ss.

(639) Vivante, Contratto, nº 139.

(640) C. Nac. Com., 9/11/1927, JA 26-747; 20/7/1938, LL 11-371; 6/6/1928, JA 27-1032;


etc.

(641) Besson y Picard, I, nº 110: "Al afirmar que el contrato de seguro es un contrato de buena
fe excepcional, no se hace más que condenar semejante mentalidad: se subraya el deber de
colaboración de los asegurados, la lealtad y la franqueza que deben aportar a la formación y a la
ejecución del contrato. No se trata de una simple afirmación platónica: la idea es fecunda en
resultados prácticos. Ella explica la severidad de ciertas reglas; justifica, especialmente, las
sanciones aplicadas a los asegurados que no observan escrupulosamente su deber de
colaboración: las caducidades no tienen otro fin que asegurar el respeto de esta buena fe
esencial" (p. 215). Adde, Rivarola, ps. 284 a 286.

(642) C. Nac. Com., 7/5/1937, LL 7-88; 15/7/1938, LL 12-134.


"Los principios de la equidad deben presidir las convenciones sobre seguros" (C. Nac. Com.,
18/12/1937, LL 9-325).
De ahí que la C. Fed. Cap. juzgó nula la cláusula de póliza, por contraria al art. 953 Ver Texto,
CCiv., por la cual se renunciaba a la vía procesal del art. 1231 Ver Texto, CCom., por ser
contraria al fin legal de procurar la rápida y eficaz reparación del daño.

(643) C. Nac. Com., 30/12/1944, LL 37-526, voto del Dr. Rodríguez Ribas; 31/12/1946, LL
45-534; 7/11/1945, LL 41-362; 22/3/1950, LL 58-830.

454
(644) C. Nac. Com., 17/7/1929, JA 30-494.
Por ejemplo, la póliza se debe analizar por el conjunto de sus disposiciones, y no las diversas
cláusulas aisladamente. Ver sobre este tema también Zavala Rodríguez, ob. cit., II, nº 1769;
Arena, en "Assicurazioni", 1940, 2, p. 153; Salandra, eod. loc., 1940, 2, p. 75; Escohotado, eod.
loc., 1962, 2, p. 69; Neppi, eod. loc., 1957, 2, p. 125; Speyer, C. H., en ED 14-566.
De ahí la importancia de los actos de ejecución del contrato (C. Nac. Com., 27/4/1962,
inédito; 4 y 5 de abril de 1963, inéditos).
La aprobación administrativa no influye; deben ser interpretados como los demás contratos
(Arena, lug. cit.). C. Nac. Com., sala B, 17/6/1964, ED 9-741.
Neppi, lug. cit., excluye, en general, la interpretación analógica; y por su parte Salandra, ob. cit.,
sostiene que deben serlo de manera similar a las normas legales, esto es, investigando la
voluntad objetiva traducida en sus expresiones, los intereses de la generalidad (de aseguradores
y de asegurados) y de las exigencias técnicas de la industria, preferentemente a la intención
subjetiva de los contratantes concretos.

(645) "Cualquier concesión o interpretación que importara ampliar los beneficios acordados
producirá un grave desequilibrio en el conjunto de las operaciones de la compañía" (C. Nac.
Com., 2/11/1921, JA 7-465. Ver Castillo, nº 14; C. Fed. Cap., 30/6/1943, LL 31-249; C. Nac.
Com., 23/5/1956, LL 84-89; C. Nac. de Paz, sala IV, 10/4/1956, LL 83-599; C. Nac. Com.,
sala B, 2/8/1963, inédito; 22/12/1965, ED 14-566).
Ver, v.gr., además de los citados, los registrados en ED 8-888 (el de robo no cubre el mero
hurto); 13-632 (el de robo de dinero en poder del empleado no incluye el dejado por éste en el
automóvil); 14-575 (si se ampara "dinero en tránsito y en caja de hierro", no ampara el que
tuviera en los bolsillos).
Pero el asegurador no puede restringir su responsabilidad en virtud de una cláusula confusa,
que pudo recibir de buena fe una interpretación más amplia por el asegurado (C. Nac. Com.,
14/12/1955, LL 81-659). Ni dejar al contrato sin función alguna, atento a las características del
riesgo concreto cubierto (C. Nac. Com., 23/5/1962, LL 108, fallo 49.292, caso en que de
aplicarse literalmente la cobertura, sin tener en cuenta los antecedentes peculiares del contrato,
éste hubiera quedado sin contenido). O cuando la limitación pretendida por el asegurador es
contraria a la naturaleza del riesgo cubierto (v.gr., pérdida o daño de joyas por accidente, que
ampara su extravío: C. Nac. Com., 3/3/1965, ED 12-48). Ver art. 11 Ver Texto, 2º párr.
Ver texto y nota 302, supra.
En los seguros mutuos, la jurisprudencia civil se inclina "hacia la solución más favorable al
asociado, en la seguridad de que en tal forma se consultan mejor los móviles de ayuda y
amparo mutuo" tenidos en vista (C. Civ. 2ª, 21/9/1943, LL 32-344). Es un criterio cerrado,
que olvida los intereses de los demás asociados, tan respetables y tan dentro de los móviles
mutualistas como los del cuestionado.
El riesgo cubierto por una póliza no consiste en cualquier acontecimiento que, materialmente
considerado, caiga bajo el título o denominación genérica referido en la póliza o tenga cierta
afinidad con él, sino aquel que está rodeado de todas las circunstancias y condiciones previstas
en ella (C. Nac. Com., 11/9/1963, inédito, autos "Basch de Resnik v. Helvetia").

(646) C. Fed. Cap., 17/9/1943, LL 32-3. En el caso, el tribunal lo excluyó erróneamente,


fundado en que la póliza sólo admitía su modificación por estipulación expresa, ya que son dos
cosas absolutamente distintas.

455
(647) Vivante, Contratto, nº 55.

(648) Vivante, Contratto, nº 55.

(649) Vivante, Contratto, nº 53; Lepargneur, nº 1284; Patterson, p. 249; De Lalande y


Couturier, nº 254; Malagarriga, Comentario, III, nº 140; C. Fed. Cap., 24/7/1922, GF 39-209;
6/6/1934, JA 46-842; C. Nac. Com., 11/9/1963, inédito; y las pólizas de todos los riesgos.
Es así aun cuando no exista incompatibilidad absoluta, si del conjunto del contrato y de las
circunstancias resulta que las partes han tenido la intención de derogar las condiciones
generales (Lepargneur, nº 1284; De Lalande y Couturier, nº 253).
Si se insertan como suma asegurada dos cifras distintas, ambas en letras, se decidirá por la que
coincida con la tarifa aplicada (C. Nac. Com., 26/4/1935, GF 116-33 y JA 50-272, con nota de
E. Díaz de Guijarro).
El asegurador no puede, con una cláusula impresa, establecer que éstas prevalecen sobre las
manuscritas (Patterson, p. 305).

(650) Rivarola, p. 303. Confr. C. Nac. Com., 5/6/1931, JA 35-1401 y GF 92-319.


El plan presentado a la autoridad de control para su aprobación es un elemento
importantísimo al efecto, porque contiene las bases a que deben subordinarse los seguros (C.
Nac. Com., 2/11/1921, GF 35-194). Los datos técnicos son antecedentes para la
interpretación (C. Nac. Com., 6/7/1938, JA 63-245).
En este sentido tiene importancia su carácter de contrato de masa (ver Mossa, en
"Assicurazioni", 1942, 1, p. 185), para crear una mutualidad de riesgos homogéneos.

(651) Besson y Picard, I, nº 134 -no se aplica la norma más favorable para la liberación del
deudor-; Patterson, ps. 77 y 408; Vivante, Trattato, nº 1875, y Contratto, nº 55: "No debe
aprovecharse de reticencias, quizá calculadas con arte, para atraerse primero la clientela y no
pagarle luego los siniestros"; De Lalande y Couturier, nº 255; Lepargneur, nº 1285; Lefort, I,
ps. 333 a 335; C. Nac. Com., 5/9/1918, GF 16-107, confirma el fallo de GF 14-148; 6/7/1938,
JA 63-245; 1ª instancia, 4/5/1921, GF 32-35; 24/8/1955, LL 80-365; 14/12/1955, LL 81-659;
24/12/1952, LL 70-208; 27/2/1963, inédito; 25/10/1966, ED 17-249.
Si es imputable al asegurador, salva la Corte de Casación de Francia, 2/1/1957, en "Rev. Gén.
Ass. Terr.", 1957, p. 48.
Si dos cláusulas son aparentemente contradictorias para un hombre de negocios, aunque no lo
sean para un versado en derecho, se debe dar preferencia a la que mantiene en vida la acción
(C. Nac. Com., 9/5/1923, GF 45-22). Coincide así con el criterio fundamental expuesto por el
justice Cardozo -cit. por Patterson, p. 214-, que el contrato debe ser interpretado conforme a la
expectativa razonable y al propósito del hombre corriente de negocios.
Es menester que el asegurado haya interpretado la póliza en ese sentido, y que haya podido
hacerlo de buena fe (Stiefel, en "Assicurazioni", 1937, 2, p. 239).
Mas no puede arg irse ignorancia o falta de comprensión de algunas disposiciones (Castillo,
nº 25).
Cuando la contradicción está entre la nota de cobertura y la póliza, prevalece ésta, por ser
posterior (Besson, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1957, p. 53).

(652) C. Nac. Com., 16/11/1927, JA 26-765; 16/12/1932, JA 40-618; 20/7/1938, LL 11-371.


Menos categórico, C. Nac. Com., 5/6/1931, JA 35-1401 y GF 92-319, que sólo exige cautela y
estudio minucioso, especialmente de la prueba (!!).

456
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VIII. Vigencia: comienzo

53. Comienzo de vigencia del contrato.

El contrato de seguro reconoce tres momentos de iniciación de su vigencia: formal, material y


técnico, que pueden no coincidir.

Formalmente comienza con la celebración del contrato; el comienzo material -que en general
coincide con el formal-, depende corrientemente de cuanto se pacte: es el momento en que el
asegurador asume el riesgo; y el técnico es el momento en que se percibe la prima. A estos tres
momentos de iniciación corresponden tres duraciones (653) .

Corrientemente en la póliza se fijan la hora y el día precisos en que comienza la garantía, en


general al mediodía, siempre que la prima haya sido pagada. Veremos más adelante que este
pago de la prima puede ser postergado sin afectar la vigencia de la garantía (art. 30 Ver Texto)
(654) . Si no se fija la hora se entiende que es desde el mediodía (art. 18 Ver Texto, 1er. párr.).
La postergación de la garantía hasta el pago efectivo de la prima tiene sentido jurídico sólo
cuando el asegurado debe acudir al domicilio del asegurador para pagar, mas no cuando el
asegurador debe requerir el pago en el domicilio del asegurado, porque la garantía no puede
quedar subordinada a la voluntad o diligencia del asegurador (655) .

El comienzo material no debe coincidir con el formal, ya que puede ser anterior, pues es lícito
retrotraer la garantía; el asegurador responde por el siniestro ocurrido en el intervalo si el
tomador no conocía que ya se había producido (art. 3 Ver Texto, 2º párr., in fine), y percibe la

457
prima correspondiente a ese plazo si no conocía la imposibilidad de que ocurriera el siniestro
(art. 3 Ver Texto, 2º párr.), porque si el asegurador conocía la imposibilidad de que el siniestro
ocurriera, el seguro también es nulo (art. 3 Ver Texto, 2º párr.) (656) .

Si la póliza no fija fecha de iniciación de la garantía, ésta depende del pago de la prima (657) .

El envío anterior de la oferta no afecta la fecha de vigencia (658) . Si el asegurador percibe la


prima, no puede pretender que su garantía comienza en una fecha posterior, máxime si la
postergación obedece a su demora en emitir la póliza (659) .

Si la prima debe ser cobrada por el asegurador en el domicilio del asegurado, la garantía
comienza desde el primer momento si no reclama el pago; como también cuando rehúsa el
pago ofrecido, o concede un plazo para pagar, o si entrega una nota de cobertura sin percibir
prima (660) : téngase en cuenta que "la entrega de la póliza sin la percepción de la prima hace
presumir la concesión de crédito para su pago" (art. 30 Ver Texto, 3er. párr.); esto es, que el
asegurador soporta el siniestro que ocurra en el intervalo, hasta que se cumpla la rescisión
conforme al art. 31 Ver Texto, 2º párr. El art. 30 Ver Texto, 3er. párr., es una disposición del
derecho del contrato de seguro, y nada dice sobre las normas de la autoridad de control
dictadas para hacer efectiva la capacitación económica de los aseguradores (plazo máximo,
reservas especiales por primas pendientes de cobro, etc.). La expresión "concesión de crédito"
del art. 30 Ver Texto cit. significa dar plazo para el pago: es el alcance jurídico, técnico y
mercantil de la expresión.

54. Comienzo de vigencia del contrato de reaseguro.

En el contrato de reaseguro general obligatorio, su comienzo material coincide con el


comienzo material del seguro, aun cuando se denuncie después y así tenga un efecto
retroactivo aparente, sin que quepa distinguir entre los reaseguros de cuota y de excedente
(661) .

458
En el reaseguro facultativo esta solución no es automática, sino que dependerá del contrato y
de la diligencia con que actúe el asegurador. En el reaseguro individual se requiere un pacto
especial para que coincida con el comienzo material del seguro (662) .

IX. Duración

55. Duración del contrato de seguro.

A los comienzos formal, material y técnico del seguro, corresponden duraciones formal,
material y técnica. La duración formal es el tiempo por el cual existen las relaciones del seguro;
termina en el momento prefijado. La duración material es el plazo por el cual el asegurador
soporta el riesgo, y depende de la convención de las partes. La duración técnica es el plazo para
el cual se debe imputar la prima pagada; se halla indisolublemente unida a la material, salvo en
el caso de la póliza de vida saldada; en ella la vigencia material se prolonga por un término
mayor que la técnica. A su vez, la duración material no puede exceder de la formal (663) .

Generalmente se fija un plazo determinado; mas no se excluye el indeterminado, pero


determinable, como podría ser la duración de la sociedad mutual (664) .

En cuanto a la duración, la ley suple el silencio del contrato: por el art. 17 Ver Texto se
presume que el período de seguro es de un año, salvo que por la naturaleza del riesgo la prima
se calcule por tiempo distinto.

La regla del art. 11 Ver Texto exige la indicación del plazo en la póliza; mas en caso de
omisión, la regla del art. 17 Ver Texto permite obviar el silencio del contrato. Téngase en
cuenta que por el art. 19 Ver Texto, 2º párr., se puede celebrar por un plazo indeterminado,
supuesto en el cual las partes pueden rescindir libremente, derecho a rescindir al cual se puede
renunciar por un plazo no mayor de 5 años. Esta disposición es inaplicable al seguro sobre la
vida.

459
Este mismo art. 17 Ver Texto permite auspiciar para los seguros de la agricultura la solución de
Segovia para el art. 545 Ver Texto, CCom., derogado: el plazo de un año es el corriente para
recoger la cosecha; pero si se trata de frutos cuya recolección exige un plazo mayor de un año,
se juzgará contratado por este plazo mayor, porque de lo contrario el seguro carecería de todo
objeto (665) .

De ahí también, en estos seguros, si al vencimiento no está terminada la recolección, se


prorroga sin pago de sobreprima, salvo que la prórroga se imponga por hechos excepcionales y
no previsibles o que el sembrado se halle en zona perjudicada (666) .

Si es por varios años, el asegurado queda en libertad de variar los cultivos, modificándolos por
cada ciclo agrícola; pero deberá notificar indefectiblemente al asegurador para el reajuste de la
prima o del monto de la suma asegurada si aquélla no varía (667) . En nuestro país se practica
el seguro anual.

En el seguro de mortalidad animal, por el art. 108 Ver Texto el asegurador responde por la
muerte ocurrida después de extinguida la relación contractual hasta un mes después, si es a
causa de enfermedad o lesión producida durante la vigencia del contrato, con derecho a cobrar
la prima por este lapso.

En los seguros sobre la vida, el plazo de duración ha quedado a la libre contratación por las
partes, reservando al asegurado la libertad de rescindir sin limitación alguna después del primer
período de seguro: esta rescisión se presume si no se paga la prima en los términos convenidos
(art. 134 Ver Texto, 1er. párr.), con la modificación que resulta del art. 139 Ver Texto.

El problema de si el seguro sobre la vida es anual con renovación periódica facultativa por el
tomador, o si es un contrato único con facultad de rescindir por parte del tomador, lo
consideramos al estudiar el pago de la prima; anticipamos nuestra opinión por la segunda
solución.

56. Duración del contrato de reaseguro.

El contrato de reaseguro se puede concertar por un plazo distinto al del seguro (668) .

460
57. Renovación tácita.

Si bien hasta ahora la renovación tácita no se practica extensamente en el país, la evolución


económica y la restitución de la libertad en el comercio del seguro impondrán la contratación
plurianual y la renovación tácita para disminuir costos y mantener la cartera, esto es, la
clientela; además, para el asegurado tiene la ventaja de que le mantiene la garantía, pues no es
infrecuente que descuide el vencimiento del seguro (669) . De ahí que la ley 17418 Ver Texto
se haya preocupado por regularla, aprovechando la experiencia de los mercados extranjeros
para evitar los abusos a que puede dar lugar (670) .

El art. 19 Ver Texto permite la prórroga tácita por el término de un período (ver art. 17 Ver
Texto), salvo para los seguros flotantes.

Requiere:

1) un contrato de duración limitada, cualquiera que sea; ya que si es indeterminado rige el 2º


párrafo del art. 19 Ver Texto;

2) que el plazo del contrato haya expirado, porque es su prolongación sin que ninguna de las
partes se oponga a esa prórroga (671) ; téngase en cuenta cuanto dispone el 3er. párrafo del art.
4 Ver Texto;

3) una cláusula expresa que la prevea: art. 19 Ver Texto, 1er. párr.

Para apreciar su validez y efectos, hay que juzgarla a la época en que la prórroga entra en
vigencia (672) ; se debe tener en cuenta que el pago de la prima no es condición para su
eficacia: implícitamente, art. 31 Ver Texto, 1er. párr.

461
58. Fin del contrato.

El contrato termina normalmente por vencimiento del plazo; esta extinción es automática,
aunque el riesgo esté pendiente (excepto para la agricultura; ver supra, nº 55) o el siniestro sea
inminente (sin embargo, para seguro de ganado, art. 108 Ver Texto) (673) .

Además, se extingue por rescisión, sea por siniestro total, o por desaparición del riesgo, o por
quiebra, o por las cláusulas que facultan a ambas partes a rescindir en ciertos supuestos, o por
caducidad en que incurra el asegurado; etc. (674) .

El derecho de rescindir está regulado en los arts. 18 Ver Texto y 19 Ver Texto y se funda en su
naturaleza de contrato de duración:

a) En los seguros de intereses:

1) Por plazo determinado, cualquiera de las partes puede rescindir libremente, sin expresar
causa, pero el asegurador deberá dar un preaviso no menor de 15 días (art. 18 Ver Texto (675)
). La diferente solución que crea la ley es obvia: se debe poner al asegurado en condiciones de
obtener nueva cobertura del riesgo, pero no se debe ejercer abusivamente ni en contra de la
buena fe (arts. 1071 Ver Texto y 1198 Ver Texto, CCiv.), ni cuando el siniestro fuere
inminente (v.gr., art. 108 Ver Texto, para el seguro de ganado).

2) Por plazo indeterminado, se aplica esa norma del art. 18 Ver Texto, pero se admite pactar la
renuncia a esa facultad por el término máximo de 5 años (art. 19 Ver Texto, 2º párr.).

3) Respecto de la prima, si rescinde el asegurador debe reembolsar la prima,


proporcionalmente al plazo no corrido. En cambio, si rescinde el asegurado, debe recibir el
reembolso según las tarifas de corto plazo; esto es, se calculará el seguro como celebrado por el
término hasta la resolución del contrato, aplicándose la tarifa pertinente (más onerosa por los
mayores costos) (ver art. 18 Ver Texto, 2º párr., aplicable también en el supuesto de plazo
indeterminado, art. 19 Ver Texto).

b) En el seguro sobre la vida:

462
1) No se admite el contrato por tiempo indeterminado (art. 19 Ver Texto, 2º párr., in fine).

2) La rescindibilidad por cualquiera de las partes queda excluida (art. 18 Ver Texto, 2º párr.). La
rescindibilidad se rige por el art. 134 Ver Texto, que reserva esta facultad al asegurado, después
del primer período de seguro. Téngase presente que en el seguro plurianual, trascurridos 3
años, el asegurado tiene derecho al pago de una suma determinada (valor de rescate), según los
planes aprobados que se deberán insertar en la póliza (arts. 138 Ver Texto, 139 Ver Texto y
140 Ver Texto).

(653) Bruck, ps. 230 y ss.; Gasperoni, nº 35, p. 833.


Puede ocurrir que sea accesorio de otro contrato, v.gr., sobre la vida en garantía de un mutuo:
ver C. Nac. Civ., 19/4/1966, ED 17, fallo 9.149.

(654) De ahí que la indicación del comienzo no es esencial; se puede omitir. Ocurrirá, v.gr.,
cuando entrega la póliza sin percibir la prima (art. 30 Ver Texto).

(655) Besson y Picard, 2ª ed., I, p. 80.

(656) Vivante, Contratto, nº 56; ley alemana, art. 2.


La C. Nac. Com. lo reconoció (12/11/1930, GF 89-171), pero expresó que el asegurador no
responde por el siniestro ignorado por él al tiempo de emitir la póliza (el fallo debió agregar "y
conocido por el asegurado", porque de lo contrario el efecto retroactivo sólo servirá para pagar
una mayor prima).

(657) Bruck, p. 232. Como esto puede provocar la postergación de la vigencia de la garantía, se
utiliza la nota de cobertura, ya analizada.
En rigor, es desde la celebración del contrato: desde este momento el asegurado debe la prima,
y si el asegurador está en mora de recibirla no por eso se posterga la cobertura, como se
expresa en el texto, más adelante.

(658) C. Nac. Com., 25/6/1937, LL 8-70.


Contra: C. Nac. Civ. 2ª, 2/11/1921, JA 7-450, que lo consideró vigente desde la solicitud; y
cuando la aceptación se remite por correo, que ampara el siniestro ocurrido la víspera.

(659) 1ª instancia, 4/5/1921, GF 32-35.

(660) Besson y Picard, I, nº 130.

(661) Persico, nº 95; Bruck, p. 235.

(662) Bruck, ps. 234 y 235; Persico, nº 95. Si el asegurador no actuara así, se abriría el camino
para que sólo se aseguraran los riesgos desfavorables o agravados.

463
(663) Bruck, ps. 235 y ss.; 240 y 242. De ahí que trascurrida la duración material no se deba
más prima, salvo las excepciones fundadas en el principio de la indivisibilidad de la prima.
La posibilidad de notificar un daño, en el seguro de la responsabilidad, vencidos estos
términos, no es una excepción. Como no lo es la liquidación del siniestro. Contra: Bruck, p.
240.

(664) Besson y Picard, I, nº 283; Rivarola, nº 1132.


C. Nac. Com. -27/10/1931, JA 34-1553- estableció que la exigencia del art. 549, CCom.,
derogado, sólo se aplicaba a los seguros comerciales, pero no a los mutuos.
Vivante, fundado en el Código de Comercio italiano, derogado en 1942, opinaba que si no se
fijaba, se deduciría de la naturaleza del objeto asegurado, y si no fuera posible, de la ley y de los
usos; y si aun no cupiera determinarlo en ninguna forma, cualquiera de las partes podía pedir la
rescisión (Trattato, nº 1944; Contratto, nº 76).

(665) Segovia, nota 1905. Conf. en esencia, Besson y Picard, III, nº 51.
Segovia, nota 1905, sostiene que se trata de una presunción simple, que debe ceder a la prueba
contraria: si resulta, por ejemplo, del fin propuesto y de la naturaleza de las cosas. Adde,
Malagarriga, Comentario, III, nº 274.
Rivarola entiende que ya no se trataría de destruir la presunción, sino de establecer el plazo
contratado (nº 1153). Con el texto del art. 17 Ver Texto, esta opinión de Rivarola halla claro
apoyo en la disposición legal, como señalo en el texto.

(666) Castillo, nº 174; Gasperoni, vº Assic. agricole, nº 17.

(667) Vivante, Contratto, nº 431; Gasperoni, vº Assic. agricole, nº 9; Besson y Picard, III, nº
56.

(668) Art. 162; Persico, ps. 116 y 117.

(669) Besson y Picard, I, nº 289.

(670) Ley alemana, art. 8; ley francesa de 1930, art. 5; proyecto del Instituto de Estudios
Legislativos, art. 23.
Garrido y Comas, ob. cit., ps. 208 y ss., critica la solución; se inclina por la prohibición porque:
1) las pólizas generalmente no se leen o no se comprenden; 2) el término mayor no beneficia al
asegurado o lo beneficia menos que al asegurador.

(671) La aceptación condicionada o modificada vale rechazo (Besson y Picard, ob. cit., I, p.
76).
Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 8, nº 5, dan como ejemplo de prórroga tácita el pago de la prima
contra entrega de la misma póliza, pero advierten que no existirá si no se rechaza la póliza
enviada o si el asegurador aceptó por error el pago de la prima.

(672) Besson y Picard, I, nros. 290 y 291.


En ciertos aspectos es un contrato distinto: v.gr., concurrencia con otros contratos de seguro
(ver Besson y Picard, ob. cit., 2ª ed., p. 247, y fallo de la Corte de Casación cit. en su nota 22).

464
Ver Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 8, nº 9, para quienes no se debe cumplir con las cargas
precontractuales, sino con las de agravación de los riesgos.

(673) Bruck, p. 239; Besson y Picard, I, nº 284; C. Nac. Com., 8/6/1925, GF 56-398, para un
caso de nota de cobertura.
La misma C. Nac. Com. se apartó del principio, en el caso registrado en JA 65-184, en un
supuesto de siniestro inminente en seguro de ganado.
La ley alemana extiende la garantía después de vencido el plazo, en el seguro de ganado, si al
vencer el animal se halla enfermo (art. 127), solución acogida por la ley 17418, art. 108 Ver
Texto.

(674) La ley francesa de 1930 faculta a rescindir también cada 10 años, con preaviso de 6
meses, si se pactó por mayor duración (art. 5). El proyecto del Instituto de Estudios
Legislativos adopta la solución, reduciendo el término a 5 años (art. 22).

(675) La disposición legal ha suscitado la crítica de Zavala Rodríguez, que integra sus
disertaciones insertas en DJA, 29 de marzo y 26 de junio de 1968.
Esta norma del art. 18 Ver Texto es motivo de especial análisis. No figuraba en el anteproyecto
y fue introducida por la Comisión Revisora de 1961.
Las pólizas argentinas vigentes la prevén y en general la práctica universal (ver Donati, Tratt.,
cit., II, nº 522; Besson y Picard, 2ª ed., I, nros. 161 y 162, acerca de la legalidad). La ley, para
evitar el abuso, introdujo un preaviso razonable.
Zavala Rodríguez ha criticado también en este aspecto la ley, por los abusos que se pueden
cometer, y ejemplifica.
Aparte de que los ejemplos no son muy felices, ha descuidado que esa norma se inserta en un
sistema jurídico y que no se puede ejercer el derecho abusivamente, en contra de los fines y
función de la norma misma (arts. 1071 Ver Texto y 1198 Ver Texto, CCiv.).

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Capítulo IV. OBLIGACIONES Y CARGAS DEL ASEGURADO

465
1. Obligaciones y cargas del asegurado.

El asegurado asume diversas obligaciones y cargas. Además de la pecuniaria de pagar la prima,


debe cumplir otras, en todos los seguros; su número depende de la naturaleza del riesgo
asumido: cuanto menor sea la posibilidad de que la conducta del tomador pueda variar el
riesgo, tanto menores serán sus obligaciones y cargas; de ahí la diferencia entre los seguros de
personas o contra el granizo y los demás seguros de intereses (676) .

Estas obligaciones o cargas se refieren o se hallan en estrecha vinculación con el riesgo


asumido, para mantener el estado del riesgo, para limitar los efectos dañosos del siniestro, etc.
(677) .

Algunas de estas obligaciones y cargas las impone la ley (arts. 27 Ver Texto, 38 Ver Texto, 46
Ver Texto, 67 Ver Texto, 72 Ver Texto, 74 Ver Texto, 77 Ver Texto, 80 Ver Texto, 82 Ver
Texto, 103 Ver Texto, 104 Ver Texto, 105 Ver Texto, 106 Ver Texto, 115 Ver Texto, 122 Ver
Texto, 132 Ver Texto, 133 Ver Texto, 150 Ver Texto), y otras -casi todas las referentes al
deber de informar-, los contratos, los cuales también fijan la sanción, que la ley ha limitado (art.
36 Ver Texto, que se debe combinar con el art. 158 Ver Texto).

Por su contenido, se distinguen en obligaciones y cargas de información y de conducta. Los


informes se refieren a circunstancias que son importantes para que el asegurador aprecie el
estado del riesgo al momento de la celebración del contrato y durante su vigencia, en especial,
las circunstancias importantes o agravantes, la producción del siniestro y los hechos
equiparados a él, la enajenación de la cosa, la celebración de otros seguros, los daños sufridos,
etc. (678) . Las cargas referentes a la conducta del tomador o del asegurado se traducen en un
hacer, un no hacer, o ambos simultáneamente: por ejemplo, la prohibición de variar el estado
del riesgo, el deber de conjurar o disminuir los daños (679) .

1 (a). Clasificación de las cargas.

466
En el seguro, las cargas se pueden clasificar, desde diversos ángulos de mira, según su fuente y
los distintos efectos que la ley les adjudique.

Tenemos, así, cargas: a) legales y contractuales; b) presiniestrales y postsiniestrales; c)


vinculadas al trascurso de un plazo o a otras circunstancias; d) de información y de conducta;
e) del asegurado y del asegurador.

a) Las cargas legales son, como su denominación lo indica, aquellas que la ley impone
expresamente respecto de una situación determinada, les fija un régimen y un efecto
específicos e indica asimismo sus presupuestos objetivos y subjetivos (680) . En tal sentido
muestran una gran diversidad, y se interpenetran con las otras clasificaciones (pueden ser,
además, pre o postsiniestrales, de información o de conducta, vinculadas o no al trascurso del
tiempo, etc.).

Las cargas convencionales o contractuales, en cambio, son las establecidas por el contrato, y
quedan sujetas al régimen genérico del art. 36 Ver Texto, LS., que las abarca a todas. Su
contenido es esencialmente variable, pues responde a las diversas situaciones que presenta cada
riesgo al cual estén referidas. No obstante, todas ellas caen bajo ese art. 36 Ver Texto, que
impone presupuestos objetivos (vinculación causal con el acaecimiento del siniestro o con la
magnitud de sus efectos) y subjetivos (culpabilidad en el incumplimiento de la conducta
requerida).

Respecto del elemento subjetivo, si bien la Ley de Seguros sólo hace referencia, en el art. 36
Ver Texto, a "culpa o negligencia", podemos agregar el "dolo", pues, al ser la figura más grave
del incumplimiento, queda lógicamente implicado entre los presupuestos subjetivos: de allí que
hablemos de "culpabilidad", expresión que abarca tanto la culpa en sentido estricto como el
dolo.

Es de señalar que la normativa del art. 36 Ver Texto, LS., está destinada a evitar excesos en la
facultad de predisposición de cláusulas contractuales que contengan cargas que pesen sobre el
asegurado; por ello, las acota entonces mediante esas exigencias de vinculación causal del
incumplimiento con el acaecimiento del siniestro o con la magnitud de sus consecuencias, y
con existencia de culpabilidad en la conducta. Dicho art. 36 Ver Texto figura entre los que
"sólo se podrán modificar en favor del asegurado" (art. 158 Ver Texto, LS.).

Se puede agregar que resultan también de aplicación analógica las disposiciones de la Ley de
Defensa del Consumidor Ver Texto sobre cláusulas predispuestas.

b) Las cargas pueden ser también presiniestrales o postsiniestrales, y ello así, ya se trate de
cargas legales o convencionales.

467
La distinción presenta interés en varios supuestos como, por ejemplo, en materia de cargas
convencionales, en la cual el art. 36 Ver Texto impone diversos presupuestos causales; o en el
art. 118 Ver Texto, que establece la limitación de defensas oponibles por el asegurador al
tercero damnificado reclamante, etc.

Una carga legal parece revestir ambas calidades: nos referimos a la carga de salvamento, que
resulta exigible desde que el siniestro aparece inminente y busca evitarlo (por ende, es
presiniestral), pero se extiende hasta que resulte posible que el siniestro continúe originando
daños (postsiniestral).

Por otra parte, las cargas presiniestrales están esencialmente vinculadas a la institución de la
suspensión de cobertura, como explicaremos después [§ 26 (a)].

Asimismo, respecto de algunas conductas se discute si revisten carácter de cargas, o bien


constituyen situaciones de otra especie: así, p.ej., el deber de informar verazmente el estado del
riesgo, resultante del art. 5 Ver Texto, LS., que para una parte de la doctrina se trata de un vicio
del consentimiento, en tanto que otros lo consideran una carga precontractual (681) .

Por nuestra parte, en un reciente análisis del tema hemos llegado a una posición intermedia: la
normativa de los arts. 5 Ver Texto y ss., cit., regulan, en principio, vicios del consentimiento
del asegurador causados por declaración falsa o reticente del asegurado: de allí el efecto de
nulidad establecido por la norma. Pero la ley atribuye, a la vez, el carácter de una carga a esa
exigencia de declaración veraz para un supuesto específico: que tenga lugar el siniestro dentro
del plazo con que cuenta el asegurador para impugnar (art. 9 Ver Texto, LS.). No se debe
olvidar que si bien la existencia de tales defectos en la declaración del asegurado se suele
advertir en ocasión del siniestro, la normativa del art. 5 Ver Texto y ss., LS., es más amplia, y
resulta aplicable aun antes de todo siniestro, de comprobarse la existencia de reticencia o falsa
declaración (682) .

c) Las cargas pueden estar vinculadas o no al tiempo, esto es, tratarse de conductas que deben
ser cumplidas dentro de un lapso establecido por la ley o el contrato, o bien constituir otra
especie de actuaciones, en las cuales la referencia temporal resulta ajena a su finalidad o, al
menos, juega un papel secundario.

Entre las primeras podemos señalar, p.ej., la carga de denunciar el cambio del interés asegurado
(art. 82 Ver Texto); la agravación del riesgo (art. 38 Ver Texto) y el acaecimiento del siniestro
(arts. 46 Ver Texto, 47 Ver Texto, 67 Ver Texto, 93 Ver Texto, 103 Ver Texto, 115 Ver Texto,

468
124 Ver Texto, etc.); la de pagar la prima (arts. 30 Ver Texto y 31 Ver Texto); la de rechazar el
seguro si el texto difiere del de la propuesta (art. 12 Ver Texto).

Pero no todas las caducidades están relacionadas con el trascurso del tiempo (683) : algunas
consisten en la realización de determinadas conductas, cuyo objetivo es lograr la colaboración
del asegurado en ciertos aspectos requeridos para un normal y adecuado funcionamiento del
riesgo o de las operaciones inherentes a la comprobación del siniestro y la evaluación de sus
consecuencias. En tal sentido se puede señalar, p.ej., las cargas de suministrar información
complementaria requerida por el asegurador por resultarle necesaria para verificar
adecuadamente el siniestro o la extensión de sus consecuencias (art. 46 Ver Texto, 2º párr.), o
de proporcionar determinada documentación (íd., 3er. párr.), de no exagerar maliciosamente
los daños ni emplear pruebas falsas para acreditarlos (art. 48 Ver Texto), de salvamento (arts.
72 Ver Texto y 104 Ver Texto), de no introducir cambios en las cosas dañadas por el siniestro
(arts. 77 Ver Texto y 95 Ver Texto) o en los frutos o productos afectados que no presentan
urgencia (art. 95 Ver Texto), de no maltratar o descuidar gravemente al animal asegurado (art.
105 Ver Texto) ni sacrificarlo sin consentimiento del asegurador (art. 106 Ver Texto), de no
reconocer responsabilidad ni celebrar transacción sin anuencia del asegurador, etc.

d) Las cargas del asegurado también se pueden clasificar, como lo señala el autor de esta obra,
en deberes de información o de conducta.

Aunque es verdad que, en última instancia, informar constituye también una conducta, lo
cierto es que las de información componen un grupo de cargas que revisten fundamental
importancia para el debido funcionamiento de la relación asegurativa. Es que el asegurador
depende, en gran medida, de la información que le aporte el asegurado, por ser éste quien se
halla normalmente cerca de los bienes sobre los cuales recae el interés asegurado, y también
suele estar en el lugar del siniestro y tomar conocimiento más o menos inmediato de la
ocurrencia del hecho. Por ello, la información le resulta necesaria al asegurador, tanto para
conocer lo más certeramente posible la naturaleza y caracteres del riesgo y sus variaciones,
como, en caso de siniestro, para averiguar prestamente sus causas, circunstancias y la magnitud
de sus consecuencias.

Se podría pensar que la clasificación responde de una manera simétrica a la distinción jurídica
entre declaraciones de conocimiento y declaraciones de voluntad, en las cuales ciertos aspectos,
como, p.ej., el requisito de la capacidad de quien la emite, resulta esencial en las segundas, en
tanto que pierde relieve en las de mera información. Pero es de señalar que la circunstancia de
estar constituido el contenido de una carga por una conducta no significa que se esté
necesariamente ante declaraciones de voluntad. Es más: el cumplimiento de estas cargas no
requerirá normalmente la formulación de declaraciones de voluntad, sino que configurarán
meras conductas de hacer o de no hacer (p.ej., no variar el estado de cosas, realizar actos de
salvamento, etc.), pero no "declaraciones" en sentido estricto.

469
En líneas generales, las cargas de información se cumplen proporcionando los datos requeridos
al asegurador, para ponerlo en condiciones de analizar la índole del riesgo, la naturaleza y
causas del siniestro y evaluar sus consecuencias; por ello, en general resultará suficiente la
información sintética de las circunstancias que estén en conocimiento del asegurado, aunque
no significa que deba efectuar complejas indagaciones ni llevar a cabo operaciones técnicas
para obtener esa información: el proceso de investigación de circunstancias relativas al seguro,
en especial las referidas al siniestro, es tarea que corresponde al asegurador (arg. art. 76 Ver
Texto, LS.). Ello es así aun en la carga de proporcionar información complementaria, que se
debe referir a aspectos conocidos por el asegurado. Por otra parte, estas cargas tienen,
lógicamente, una finalidad informativa, por lo cual, con frecuencia se considerarán cumplidas si
el asegurador ha llegado a tener efectivo conocimiento, en el plazo establecido, de la situación
o circunstancia que debía denunciarle el asegurado (arg. arts. 15 Ver Texto, 2º párr.; 40 Ver
Texto, inc. b; 79 Ver Texto, in fine; etc.).

e) En la relación asegurativa, las cargas pueden afectar tanto al asegurado como al asegurador.
Sin duda, las referidas al asegurado son mucho más numerosas, pero ello no significa que el
asegurador se halle exento de sus exigencias. Normalmente, tales cargas resultarán de la Ley de
Seguros, tal como acontece con la que impone que se invoque la reticencia o falsedad dentro
del plazo de 3 meses de conocidas (art. 5 Ver Texto, 2º párr.); el rechazo de la propuesta de
prórroga, dentro de los 15 días de recibida (art. 4 Ver Texto, 3er. párr.); de alegar la caducidad
convencionalmente establecida mediante carga presiniestral, dentro del mes de conocido el
incumplimiento (art. 36 Ver Texto, inc. a); de otorgar preaviso para rescindir el contrato (arts.
31 Ver Texto; 40 Ver Texto; 42 Ver Texto; 45 Ver Texto; 52 Ver Texto, 2º párr.; etc.); de
pronunciarse sobre el derecho del asegurado (en rigor, del "no derecho": art. 56 Ver Texto);
etc.

Como se advierte, las cargas antes señaladas se hallan íntimamente vinculadas al trascurso de
plazos determinados, que deben ser observados para que el derecho que se quiere ejercitar se
configure válidamente (preavisos), o bien no se extinga al vencer el lapso que fue acordado
(caducidad).

Por último, aunque se trata de casos de excepción, nada obsta a que una carga sea impuesta al
asegurador por cláusula contractual. Pero en este caso no regirá el art. 36 Ver Texto,
claramente dirigido a regular la caducidad de los derechos del asegurado.

Jurisprudencia

En materia de cargas y caducidades se ha destacado que el régimen de las caducidades


convencionales carece de "automaticidad", por lo cual recae sobre el asegurador la carga
probatoria de los presupuestos subjetivos y objetivos de la norma que invoca, a fin de que no
se produzca en su favor un indebido enriquecimiento a expensas del asegurado; se debe tener
presente, además, que para que la sanción estipulada se torne operativa, deberá ser alegada
dentro del perentorio plazo legal de un mes (684) de conocido el incumplimiento (C. Nac.

470
Com., sala A, 2/9/1995, ED 167-500) y que la caducidad se debe distinguir de la rescisión,
porque en tanto esta última afecta todo el contrato, es decir, el vínculo contractual en sí, la
caducidad sólo lo hace respecto de un derecho de una de las partes (C. Nac. Com., sala A,
6/12/1984, "Corona de Schellmann, Catalina, v. La Defensa Cía. de Seguros S.A." Ver Texto,
LL 1986-A-642, sum. 37.153).

En el contrato de seguro, la caducidad y la suspensión guardan estrecha relación, pues la


suspensión de la cobertura existe cuando el asegurado no ejecuta, en el curso del contrato, una
determinada obligación a su cargo que tiene los efectos de una caducidad temporaria. Pero la
pretensión de invocar esta caducidad temporaria se detiene frente a la realización de ciertos
actos o conductas que impliquen el cumplimiento de las obligaciones a cargo del asegurador,
las cuales constituyen, o bien una renuncia tácita al derecho de oponer la caducidad, o un
supuesto de reconocimiento tácito del derecho del asegurado a la indemnización prometida
(Sup. Corte Just. Mendoza, 27/12/1993, "Maradona, Jorge, v. García Baigorria, Gladys" Ver
Texto).

2. Naturaleza jurídica de las cargas.

¿Cuál es la naturaleza de estos deberes o cargas del asegurado? La doctrina alemana ha


discutido agudamente el problema.

Para una parte de ella, en esencia, su naturaleza es la de las obligaciones civiles, que se fundan
en el Código Civil (685) .

Bruck señala, con razón, que si fueran obligaciones civiles tendrían las cualidades de éstas:
exigibilidad de la ejecución, ejecución forzada, daños y pena, como reacción del orden jurídico
en caso de incumplimiento. Pero el asegurador no tiene interés en demandar judicialmente su
cumplimiento, porque una vez violadas, la situación de equilibrio en la relación asegurativa está
destruida, y a aquél le es innecesario porque está protegido en otra forma. Tampoco puede
reclamar resarcimiento, porque éste supone la disminución patrimonial, que no existe en el
caso; la ley -y el contrato- satisfacen al asegurador con otros medios: por la liberación total o
parcial, definitiva o temporaria. En realidad, el asegurador se beneficia, no se perjudica. El
incumplimiento daña al asegurado, nunca al asegurador, porque el cumplimiento se realiza en
el propio interés del asegurado, que evita la pérdida de un derecho. "Las sanciones previstas no
representan ninguna coacción del asegurador para asegurarse el derecho a una prestación, sino
que son consecuencias necesarias nacidas de los fundamentos de la técnica del seguro, que se
originan en la inobservancia de deberes [del asegurado] en interés propio" (686) .

471
Otra parte de la doctrina establece que el cumplimiento de la carga es el presupuesto para la
eficacia de la prestación o su extensión o para algún hacer del asegurador. El punto de partida
de esta teoría es que todos los contratos del asegurador constituyen una comunidad de riesgos.
El asegurador clasifica cada unidad, por determinado estado del riesgo, al momento de la
celebración del contrato, y para ello debe conocer todas las circunstancias para evitar una
clasificación errónea y percibir una prima menor. La comunidad no debe soportar el daño.
Igual protección se debe dar contra la alteración arbitraria del estado del riesgo: eslabón de la
gran cadena, es menester que no exceda de la elasticidad prevista, porque de lo contrario se
romperá. Asimismo, antes y después del siniestro es necesario observar la conducta
preestablecida por el asegurador, para no romper la igualdad en esa comunidad y destruirla.
Todas las cargas -salvo excepciones insignificantes- sirven para considerar, fijar, mejorar, un
determinado estado del riesgo; para disminuir y aun impedir la materialización del riesgo. Le
imponen así una conducta al asegurado. Y el asegurador se libera o sólo cumple en forma
reducida, cuando no se observan esas cargas. Por lo cual la conducta del asegurado es el
presupuesto de la prestación del asegurador, presupuesto no en el sentido de una
contraprestación de la otra parte y fundada en motivos ocultos e ignorables, sino fundada en el
contenido expreso del contrato: el derecho vigente no conoce obligaciones ocultas. El
asegurador puede invocar la violación de las cargas, cuando han sido expresamente -y no
tácitamente- impuestas. Si el asegurado cumple esas cargas, lo hace en su propio interés,
aunque hayan sido impuestas por la peculiaridad de la empresa de seguros. El asegurado que
no las observa no perjudica al asegurador, sino que obra en su propio perjuicio. Si bien se
requiere una violación culposa (art. 36 Ver Texto) de la carga, esta apariencia externa no le da
el carácter de una obligación en sentido jurídico estricto. En resumen: al deber del asegurado
no corresponde un derecho del asegurador, porque no liga obligacionalmente a dos personas,
sino que establece una cierta conducta del tomador del seguro, como presupuesto para hacer
valer su pretensión contra el asegurador (687) , aunque para la ley 17418 Ver Texto en algunos
supuestos se resuelve en indemnización de daños (p.ej., art. 80 Ver Texto, LS.) (688) .

La posición -de la cual participamos- es fecunda en resultados.

2 (a).

No hay duda alguna de que existe una marcada diferencia estructural y funcional entre cargas y
obligaciones: si bien ambas poseen un sujeto pasivo, en las cargas falta el acreedor que, en
cambio, constituye elemento esencial (parte activa) de las obligaciones, como titular de un
derecho subjetivo (facultad) a reclamar del deudor (parte pasiva) el cumplimiento de la

472
prestación adeudada. La carga, en vez, funciona como un mecanismo jurídico que sólo opera
sobre un sujeto (pasivo), al cual le requiere implícitamente el cumplimiento de una conducta
que, si no es cumplida, da lugar a un efecto disvalioso, normalmente, la pérdida de derechos
(689) ; de allí que resulte posible distinguir una doble función: 1) de motivación, mediante la
amenaza de la consecuencia disvaliosa, y 2) de sanción, en caso de que la conducta postulada
como debida no lo sea, como hecho impeditivo de tal efecto disvalioso.

En el seguro, la finalidad de las cargas impuestas al asegurado es promover la realización de


conductas requeridas para lograr un adecuado funcionamiento técnico-económico de la
relación asegurativa. De allí su carácter normalmente sancionatorio, que se advierte en la
circunstancia de que el efecto disvalioso no consiste aquí en la pérdida del derecho dejado de
ejercitar, sino en la extinción (caducidad) de un derecho diferente: el del asegurado a reclamar
del asegurador el cumplimiento de la prestación fundamental que éste prometió para el caso de
producirse el siniestro, y para obtener el cual el asegurado contrató el seguro y pagó la prima
(690) .

En nuestra opinión, en la generalidad de los casos estamos, entonces, ante una sanción, dado
que se trata de un efecto consistente en la pérdida (caducidad) de un derecho que hasta ese
momento se poseía, extinción que tiene lugar como consecuencia del incumplimiento, por
parte del sujeto pasivo, de una conducta postulada como debida. No se trata de una mera
opción entre ejecutar una conducta o dejar de obtener un efecto deseado, sino ante la pérdida
de un derecho, poseído hasta entonces por el asegurado, caducidad que tiene lugar a causa del
incumplimiento de la conducta requerida, propuesta en calidad de "hecho impeditivo" de esa
caducidad. El derecho que se pierde no es, por otra parte, el no ejercitado, sino uno diferente:
el derecho a reclamar del asegurador el cumplimiento de la prestación principal por éste
prometida para el caso de acaecer el siniestro, en vista de la cual el tomador contrató el seguro.

Así, si se reconoce a esa extinción de derechos (caducidad) el carácter de sanción ante el


incumplimiento de una conducta requerida por la norma, dicha conducta asume la calidad de
deber jurídico, cuyo origen puede estar dado ya por la norma, ya por el contrato. Ello lleva a
concluir que si bien las cargas se distinguen de las obligaciones por la falta de un sujeto activo
(acreedor) con aptitud jurídica para exigir del sujeto pasivo (deudor) el cumplimiento de una
prestación determinada, aquéllas, cuando son impuestas al asegurado, poseen, no obstante, una
característica común que las reúne y las ubica dentro del derecho de las obligaciones,
considerado en sentido amplio: la existencia de un deber jurídico de realizar una conducta
determinada cuando se dan ciertos presupuestos, actuación que si se omite origina la pérdida
de un derecho (en este caso, el del asegurado a reclamar del asegurador, en caso de siniestro, el
cumplimiento de la prestación principal que éste prometió para ese supuesto).

La existencia de un deber lleva también a señalar otro elemento común que se advierte en
ambos mecanismos jurídicos y es que existe un sujeto pasivo, alguien sometido a la exigencia
de realizar la conducta requerida por la norma legal o la disposición contractual como

473
"debida", con la amenaza de pérdida del derecho a recibir la prestación fundamental del
asegurador.

También se advierte en las cargas que se establecen en el seguro la existencia de elementos


subjetivos característicos del derecho de las obligaciones, que se subsumen en el concepto de
culpabilidad, esto es, culpa (a veces con gradación, como en las categorías de "grave",
"inexcusable", "asimilable al dolo", etc.) y dolo (en ocasiones, también, con la variante de
"malicia", "mala fe", etc.), y que aparecen tanto como elementos integrantes del presupuesto de
hecho de una caducidad como, en otros casos, constitutivos de exclusiones causales de
raigambre subjetiva.

Por último, el fuerte elemento motivador contenido en las cargas que amenazan caducidades
está dirigido, como señala el autor de esta obra, a evitar erróneas clasificaciones del riesgo
asumido, o su alteración arbitraria, o bien, ocurrido el siniestro, a obtener un adecuado grado
de colaboración de parte del asegurado para posibilitar la determinación de las causas que lo
produjeron, su adecuación a la cobertura otorgada y la magnitud de las consecuencias. Pero
ello no implica, a nuestro juicio, que tal finalidad esté dirigida, en primer lugar, a proteger la
comunidad de riesgos, aunque ese efecto se logre asimismo en forma adicional, por
implicancia: el objeto inmediato de esos requerimientos es lograr un satisfactorio
funcionamiento de la relación individual del seguro establecida por el contrato, de manera que
ella se desenvuelva adecuadamente conforme al esquema técnico-económico que se halla en su
base. Tal circunstancia no es óbice, empero, para que el efecto perseguido se extienda a todo el
sistema que vincula a los contratos de una rama en virtud de la mutualidad, precisamente
porque esa relación se inserta en el grupo de los demás contratos y se producirá, entonces, el
fenómeno técnico-económico de la compensación de los riesgos. La comunidad puede faltar
en un asegurador determinado, p.ej., en los casos de coberturas excepcionales -grandes riesgos-
, supuestos de alta probabilidad, etc., que buscará la atomización del riesgo por otros
mecanismos (reaseguro; coseguro; etc.); pero ello no implicará que dejen de existir los motivos
que dieron lugar a requerir las conductas exigidas en las cargas, pues sigue siendo necesaria la
colaboración del asegurado para lograr un adecuado funcionamiento de la relación asegurativa
individual, tanto antes como después del siniestro.

3. Cumplimiento de las cargas: lugar, obligados, violación por terceros, etc.

Estas cargas deben ser cumplidas conforme a la buena fe, según los usos comerciales (691) y
las posibilidades del asegurado (692) : sobre este último aspecto el art. 36 Ver Texto fija una
regla general en cuanto reprime culpa o negligencia del asegurado en el incumplimiento (693)
(ver conf. art. 47 Ver Texto en el deber de informar el siniestro; art. 69 Ver Texto, sobre
celebración de pluralidad de contratos; etc.) o un grado mayor de culpa (en sentido amplio)

474
(v.gr., malicia en el deber de informar o probar los daños, art. 48 Ver Texto; dolo o culpa
grave, en el de salvamento, art. 72 Ver Texto; etc.).

Las cargas de información deben ser ejecutadas en el domicilio del asegurador. Las cargas de
conducta, en el del tomador o en el lugar de la cosa, sea que se trate de seguros de personas o
de intereses (694) .

Es indiferente quién cumple con las cargas: sólo interesa que se cumplan. Es una consecuencia
de su naturaleza. Así ocurre cuando se trata de ejecutar un acto, como es la carga de informar,
aunque en los hechos es difícil que pueda hacerlo un tercero (por ejemplo, en la agravación de
los riesgos); y cuando se refiere a una abstención, por ejemplo, el mantenimiento del estado del
riesgo, la prohibición de alterarlo, naturalmente que sólo él puede cumplirla (arts. 39 Ver Texto
y 40 Ver Texto). Reglas que se observarán salvo que la ley o el contrato determinen quién
ejecutará las cargas (695) .

De estas cargas, están las que se agotan en un acto único; en cambio, otras exigen una
conducta continuada, como la de mantener el estado del riesgo, la de disminuir o evitar el
daño, etc. (696) .

El tomador debe cumplir con las cargas; y en el seguro por cuenta ajena, también el asegurado,
para poder ejercer sus derechos. En el supuesto de enajenación, es menester que las cumpla el
adquirente, a quien es oponible la inejecución por el vendedor. Cuando son varios asegurados
o beneficiarios, basta que uno solo cumpla con la carga, si la acción de los demás nada puede
agregar: se satisface la función a que está destinada (por ejemplo, las informaciones). Cuando
se trata del seguro de intereses, es menester considerar la naturaleza del vínculo que une a los
coasegurados: si éste es solidario, el cumplimiento o violación por parte de uno de ellos afecta
a los demás, mas si es una relación mancomunada, cada asegurado se beneficia por el
cumplimiento de los demás, pero no se perjudica por la violación; empero, si la violación afecta
a la totalidad de la relación -por ejemplo, agravación del riesgo por un condómino-, sus efectos
se producen respecto de todos los asegurados (697) (es un efecto de la indivisibilidad, porque
la agravación afecta el riesgo en su integridad).

En lo que se refiere a la responsabilidad por los terceros cuyos servicios se utilizan para
cumplir con las cargas, las soluciones pueden variar, según se considere que se trata de
obligaciones civiles o del cumplimiento de cargas. Si se estima que son obligaciones, se juzgará
con arreglo a los principios generales de éstas. Si cargas, se distinguirán las cargas en que sólo

475
interesa el mero hecho de su ejecución o inejecución, de las que sólo sancionan el
incumplimiento culposo o malicioso. En las primeras, el tomador es responsable por sí y por
los actos de los terceros por quienes debe responder. Para las demás, es necesario distinguir la
carga de informar de las demás cargas. En el cumplimiento de la carga de informar, se puede
emplear a un tercero como representante o mensajero, y en tal caso se responde por la mala
elección o vigilancia de éstos como por las comunicaciones inapropiadas (falsas, tardías,
omitidas); además, el conocimiento del mandatario es conocimiento del mandante, y el
tomador responde por su violación, sea su representante legal o contractual (698) . Cuando las
cargas consisten en una conducta, el tomador sólo responde por la suya personal (p.ej., malicia,
art. 48 Ver Texto; dolo o culpa grave, art. 72 Ver Texto; etc.); esto es, no responde por los
terceros: cuando trasfiere la guarda de la cosa o está imposibilitado de ejercerla materialmente.
En este último caso cumple con confiar esa vigilancia a un tercero y con la elección cuidada de
éste; por ello, su responsabilidad por sus actos u omisiones será por culpa in vigilando o in
eligendo. En ambos casos, el hecho o la omisión del tercero será un acto imprevisible, respecto
del cual justamente buscó protegerse con el seguro (699) .

Como el asegurador no puede exigir su cumplimiento, son imprescriptibles (700) .

4. Forma de cumplimiento.

Cómo se debe cumplir la carga depende de su contenido específico. Cuando consiste en


informes, sólo interesa su veracidad: es una declaración de conocimiento y no de voluntad; por
ello los vicios de ésta carecen de toda significación, ya que sólo importa si se ajustan o no a la
verdad.

No hay formas legales fijadas, pero para algunas de ellas -por ejemplo, para las de informar- se
determinan en el contrato (701) ; mas la inobservancia de la forma es indiferente si el
asegurador obtiene el conocimiento perseguido: la función de la forma es la seguridad, y
obtenido el conocimiento su exigencia carece de fundamento (ver v.gr., art. 146 Ver Texto,
sobre designación de beneficiario).

476
5. Cumplimiento.

El cumplimiento efectivo de las cargas sigue las modalidades de éstas. Si consisten en un


hecho, en cada caso se juzgará si se cumplió o no (702) .

Se ejecutarán sin necesidad de intimación o exigencia previa del asegurador: la mora es


automática (para las denuncias y declaraciones, art. 15 Ver Texto, 1er. párr., in fine) (703) . Ésta
se requiere generalmente en los contratos para completar los informes; en tal caso, se cumplirá
en la medida de la exigencia (704) .

Es suficiente que reciban una ejecución sustancial (705) .

El asegurado no debe cumplir con sus cargas si el asegurador desconoce su obligación de


indemnizar (706) , mas el incumplimiento no puede agravar el daño sufrido (707) .

La fuerza mayor o el caso fortuito o la imposibilidad de hecho sin culpa o negligencia (art. 47
Ver Texto, in fine, para la denuncia del siniestro) excusan la demora del asegurado (708) . En
cuanto la carga la impone el contrato, se requiere culpa del asegurado (art. 36 Ver Texto), y en
algunos supuestos de cargas legales, es requisito la concurrencia de dolo o culpa grave: arts. 70
Ver Texto y 114 Ver Texto, provocación del siniestro; art. 72 Ver Texto, 2º párr., carga de
salvamento; art. 105 Ver Texto, asistencia veterinaria y maltrato de los animales asegurados; en
otros supuestos se exige malicia: art. 77 Ver Texto, cambio de las cosas después del siniestro;
art. 48 Ver Texto, en la información complementaria para liquidar el daño.

Asimismo, se debe tener en cuenta que el asegurador no puede imputar violaciones que están
de acuerdo con las costumbres o la índole del bien o de la persona del asegurado, si son
conocidas por aquél (709) .

6. Sanciones por el incumplimiento.

477
La ley 17418 Ver Texto ha variado sustancialmente el régimen de sanciones por violación de
las cargas. Con el sistema del Código de Comercio, la jurisprudencia admitió para todos los
casos la cláusula contractual de pérdida de derechos por violación de la carga, liberación que se
conoce con el nombre de caducidad (710) .

Con la ley 17418 Ver Texto adquiere importancia la distinción entre las sanciones impuestas
por la ley por cargas previstas por ella, de las establecidas por el contrato (art. 36 Ver Texto).

Si la ley prevé la sanción, ésta no puede ser modificada sino en favor del asegurado (art. 158
Ver Texto). Cuando la sanción es legal, habrá que estarse a la norma para fijar la consecuencia
de la violación. Así, v.gr.:

1) en la de informar la agravación, el asegurador se libera si el siniestro se produce cuando


subsiste la agravación, excepto que no exista culpa o negligencia en la omisión o demora (art.
40 Ver Texto, 1er. párr.);

2) en la de informar el siniestro, el asegurador se libera (art. 46 Ver Texto, 1er. párr.), excepto
que exista imposibilidad de hecho sin culpa o negligencia, así como en la violación de la carga
de suministrar la información complementaria acerca del siniestro o los daños producidos (art.
46 Ver Texto, § 21), en caso de incumplimiento malicioso (art. 48 Ver Texto);

3) en la de informar la pluralidad de seguros, la violación produce la caducidad, salvo pacto en


contrario (art. 67 Ver Texto, 1er. párr.);

4) en la de salvamento, el asegurador se libera en la medida en "que el daño habría resultado


menor sin esa violación", si concurre dolo o culpa grave (art. 72 Ver Texto, 2º párr.);

5) la de no variar el estado de las cosas después del siniestro libera al asegurador si se infringe
maliciosamente (art. 77 Ver Texto, 3er. párr., in fine).

Téngase presente que cuando la ley sanciona la violación de la carga con la caducidad del
derecho del asegurado, cabe atenuar esa sanción con la mera suspensión de la garantía.

Si la obligación o carga es contractual, o si es legal pero la ley no prevé la sanción, las partes
pueden convenir la caducidad, mas sujeta a estas condiciones (art. 36 Ver Texto) (711) :

478
a) Que la violación obedezca a culpa o negligencia. La expresión legal es redundante, ya que la
negligencia presupone culpa en la omisión o en la comisión deficiente. Pero se adoptó por dos
razones fundamentales: 1) porque en el concepto corriente, negligencia es omisión; 2) porque
en la práctica aseguradora nacional, negligencia es un grado de culpa. Jurídicamente
equivalentes, la repetición tiene el mérito de dejar bien claro el concepto legal (712) .

b) Si la carga se debe cumplir antes del siniestro, el asegurador debe alegar la caducidad dentro
del mes de conocido el incumplimiento (art. 36 Ver Texto, ap. a). Si el siniestro ocurre antes de
que el asegurador alegue la caducidad, debe la prestación si el incumplimiento no influyó en el
acaecimiento del siniestro o en la extensión de la obligación del asegurador (art. 36 Ver Texto,
ap. a).

c) Si la carga u obligación se debe ejecutar después del siniestro, el asegurador se libera si el


incumplimiento influyó en la extensión de la obligación asumida (art. 36 Ver Texto, ap. b).

d) Se debe insertar en las condiciones particulares de la póliza (art. 158 Ver Texto, 2º párr.), en
cláusula fácilmente legible y con redacción clara (art. 11 Ver Texto); se debe advertir al
asegurado de su inserción cuando no aparece en la propuesta (art. 12 Ver Texto).

e) Mientras el asegurador no alegue la sanción, el contrato debe ser cumplido si el siniestro


ocurre en el intervalo del plazo fijado en el art. 36 Ver Texto, inc. a. Así resulta de: 1) el
segundo párrafo del inc. a citado; 2) el plazo otorgado al asegurador para aducir la caducidad,
ya que dejaría al asegurado sin cobertura retroactivamente en ese lapso (713) .

El art. 158 Ver Texto, 1er. párr., impide cambiar esta solución por la de la aplicación
automática, porque agravaría la condición del asegurado; ni aun en la forma aparentemente
más beneficiosa, de suspensión automática o retroactiva de la garantía.

7. Caducidad.

¿Cuál es la naturaleza de la caducidad? La caducidad es una institución que tiene amplias


aplicaciones en todas las ramas del derecho, incluso en el administrativo (p.ej., en la concesión
de servicios públicos). La doctrina discrepa fundamentalmente en la determinación de su

479
naturaleza (714) . En anterior publicación me incliné por considerar que se trata de una pena
(715) . La sanción de la ley 17418 Ver Texto obliga a una revisión de este concepto, y a
distinguir la caducidad legal de la convencional:

a) La caducidad legal funciona como una sanción: acreditados los hechos incluidos en la litis, es
aplicable de oficio por el juez como toda norma de derecho interno, con las consecuencias
específicas fijadas por ella. Esta aplicación de oficio exige la resistencia al cumplimiento por
parte del asegurador, fundado en hechos que acarrean la sanción (716) .

b) En cambio, la caducidad convencional funciona como una rescisión contractual (717) : la


defensa debe ser alegada al contestar la demanda (esto es, ser incluida como tal en la litis) y ser
juzgada conforme a los principios que rigen en materia de rescisión expresa, especialmente en
cuanto a la trascendencia e importancia del incumplimiento con relación al sistema de
contratación en masa y técnica del seguro, y respecto a la medida de las obligaciones del
asegurador.

Téngase presente asimismo lo expuesto en el parágrafo anterior, nº 6, bajo la letra e.

La caducidad se debe distinguir de la exclusión de ciertos riesgos y de la nulidad (718) :

a) En la exclusión de ciertos riesgos o no seguro, el siniestro no está previsto, es un riesgo


fuera de la garantía; es decir, es una falta de derecho. Para determinarlo no juegan para nada las
nociones de pena, sanción, culpa o mala fe, sino que es un problema de extensión del contrato.

La caducidad, en cambio, se refiere a un riesgo aceptado, y en consideración del cual se fijó la


prima; el riesgo que se realiza es el asumido por el asegurador, pero que no se indemniza o no
se indemniza en la medida pactada por la infracción del asegurado; es decir, su efecto es la
pérdida de un derecho, total o parcial.

b) De ahí que también se deba distinguir de la nulidad, porque ésta aniquila todos los efectos
del contrato pasados y futuros; e incluso en algunos supuestos el asegurador debe restituir la
prima (p.ej., art. 6 Ver Texto, en caso de reticencia no dolosa).

480
La sanción de caducidad debe ser expresa (art. 36 Ver Texto), lo cual resulta de su propia
naturaleza (719) .

7 (a.1).

Por caducidad se entiende, en el derecho de seguros, la extinción del derecho que el asegurado
poseía para reclamar del asegurador el cumplimiento de la prestación principal que éste le
prometió si llegaba a ocurrir el siniestro (extinción que se establece como efecto del
incumplimiento de una carga u obligación) (720) .

Tal concepto revela que la caducidad sólo afecta el derecho del asegurado a requerir el
cumplimiento de esa prestación; pero no alcanza al contrato, que continúa en vigencia. De tal
forma, si aconteciere un nuevo siniestro y el asegurado hubiese cumplido sus obligaciones y
cargas respecto de él, el asegurador deberá la prestación por este segundo acontecimiento
cubierto por el seguro. No cabe entonces, en rigor, hablar de "caducidad del seguro" ni del
"contrato de seguro"; sólo caduca el derecho del asegurado respecto del siniestro al cual estaba
referido.

7 (a.2).

Si bien la caducidad general, estudiada por el derecho civil, posee una característica común con
la caducidad del seguro referida al asegurado, pues ambas provocan la extinción de un derecho
y no sólo la de la posibilidad de su ejercicio, tales formas de ese instituto jurídico presentan
marcadas diferencias en cuanto a sus presupuestos y sus efectos, que permiten ubicarlas en
categorías relativamente separadas.

La caducidad general (que denominaremos "civil", para distinguirla de la que estamos


analizando) posee una característica de automatismo e irreversibilidad que no se halla en la
caducidad propia del ámbito del seguro. Aquélla es reacia a admitir factores interruptivos (de la
índole de los que existen en el ámbito de la prescripción), y su configuración posee un marcado
automatismo que le da carácter intensamente abstracto (721) .

481
La caducidad en el seguro, en cambio, está normalmente sujeta a la posibilidad de que tengan
lugar presupuestos inhibitorios objetivos (imposibilidad de hecho -art. 47 Ver Texto-;
conocimiento, por el asegurador, de la circunstancia que se debía denunciar -art. 40 Ver Texto,
inc. b; art. 46 Ver Texto, 1er. párr., in fine-; y, fundamentalmente, la omisión del asegurador de
pronunciarse sobre el derecho del asegurado -art. 56 Ver Texto, LS.-) y requisitos subjetivos
(culpa -art. 36 Ver Texto-, culpa grave o dolo -art. 70 Ver Texto-, malicia -arts. 48 Ver Texto,
77 Ver Texto-, etc.). Es que en estas cargas la caducidad va dirigida, como vimos, a motivar
una conducta de colaboración en el asegurado que ayude a obtener un adecuado nivel
funcional en la relación asegurativa respecto de sus necesidades técnico-económicas; por ello,
la obtención de la finalidad perseguida, aun por otros medios, priva de su efecto extintivo a la
caducidad. Y si, no obstante, se produce el incumplimiento de la conducta requerida, surge la
sanción establecida por la carga: extinción del derecho del asegurado.

En particular, cabe destacar que para que la caducidad en el seguro se consolide, es necesario
que el asegurador se expida rechazando el derecho del asegurado. De no hacerlo, el efecto
caducante desaparece, pues "la omisión de pronunciarse importa aceptación" (art. 56 Ver
Texto, LS.). Ello rige tanto para las cargas legales como para las de origen convencional.

Por otra parte, la caducidad no siempre reviste carácter total; a veces se la postula con efecto
proporcional a la incidencia del incumplimiento de la carga: por ejemplo, en el art. 72 Ver
Texto, que dispone que "el asegurador queda liberado de su obligación en la medida que el
daño habría resultado menor sin esa violación".

7 (a.3). La ausencia de cobertura.

Otro aspecto al cual cabe referirse es el relativo a las diferencias entre caducidad y exclusiones
a la cobertura. En rigor, sería más ajustado a esta problemática hablar, como lo hace la doctrina
francesa (722) , de situaciones de no seguro, que es un concepto más abarcador, pues
comprende no sólo los supuestos excluidos, sino también los no incluidos, que han quedado
fuera del amparo como consecuencia de la definición general del riesgo cubierto.

El tema del no seguro, o inexistencia de cobertura, es resultante del procedimiento de


determinación del riesgo, que comprende dos momentos: uno positivo, en el cual se enuncia,
con carácter general, el riesgo que se cubre (p.ej., el riesgo de incendio, o robo, o
responsabilidad civil, etc.); y una segunda operación que, partiendo del riesgo ya enunciado
genéricamente, coloca situaciones especiales fuera de la cobertura asegurativa por tratarse de

482
supuestos técnicamente no asegurables, o pasibles de ser cubiertos a un precio mayor (lo cual
hará que se pueda amparar mediante el pago de una prima adicional); de esa forma es posible
establecer una cobertura básica a precio accesible para un número considerable de personas;
esto resulta conveniente a la relación aseguradora, porque la hipótesis estadística se configura
mejor cuanto mayor sea la cantidad de riesgos asegurados de una misma especie, conforme a la
ley de los grandes números, como lo señalamos antes.

Sin perjuicio de lo expuesto, la delimitación puede también surgir de la definición positiva


(genérica) del riesgo, en tanto la determinación de sus límites conceptuales supone dejar fuera
lo que resulta extraño a él (p.ej., si se enuncia la cobertura de incendio, quedan fuera otros
riesgos, no mencionados ni implicados: robo, responsabilidad civil; etc.); lo ajeno al riesgo
amparado también configura "no seguro" (723) .

Lo cierto es que, hasta época reciente, la ausencia de cobertura o situación de "no seguro" ha
sido frecuentemente confundida con la caducidad. Ello así, posiblemente, porque ambas
poseen un efecto común (el asegurado no cobra), y también porque en su modalidad, objeto de
mayor número de debates judiciales, el no seguro resulta de cláusulas de exclusión,
delimitadoras del riesgo, lo cual contribuía a que fueran confundidas con cláusulas de
caducidad (724) .

Pero las diferencias entre ambos tipos de cláusulas son notables: las de exclusión de cobertura
son delimitativas del riesgo, son descriptivas de él, enuncian situaciones colocadas fuera del
amparo desde el comienzo del contrato, ya que influyen en la configuración del contenido de
ese contrato desde el momento mismo de su celebración; las de caducidad, en cambio, son
sancionatorias, suponen un riesgo inicialmente cubierto y, por ello, generador de un derecho
en favor del asegurado que luego caduca ante el incumplimiento de la carga (725) .

Jurisprudencia

Con respecto al tema de las exclusiones de riesgos o "no seguro", la jurisprudencia ha tenido
oportunidad de pronunciarse en diversos fallos, entre otros, los que decidieron que, desde el
punto de vista de la responsabilidad del asegurador, es de gran importancia la individualización
del riesgo en el contrato de seguro, cuya delimitación surge de precisiones que, si bien tienen
dos fuentes, no son excluyentes, sino que se complementan: la una, positiva, en cuanto indicará
las situaciones, intereses, cosas, tiempo, lugar, etc., amparados por el seguro, y negativa la otra,
al enumerar situaciones que son excluidas de dicha cobertura. Uno de los requisitos
fundamentales del riesgo es que debe estar determinado específica y concretamente, recaudo
necesario para el asegurador, a los fines de que pueda establecer exactamente su naturaleza y
medir su alcance en el momento de la celebración del contrato (C. Nac. Com., sala A,
23/10/1979, "Abieri y Cía. S.A. v. La Defensa Compañía de Seguros S.A." Ver Texto, LL

483
1980-C-60; ED 86-354), y que en el contrato de seguro el riesgo debe ser cuidadosamente
individualizado y precisado; con mayor razón resulta exigible esa concreta, formal y
particularizada determinación cuando se trata de exclusiones o limitaciones a la garantía,
porque constituye principio recibido en el derecho de seguros que en caso de duda acerca de la
extensión del riesgo, se debe estar por la obligación del asegurador, habida cuenta de que es
quien se encuentra en mejores condiciones para fijar con precisión y de manera indubitable la
extensión clara de sus obligaciones, evitando crear en el espíritu del tomador la falsa creencia
de una garantía inexistente (C. Nac. Com., sala C, 17/5/1984, "Bourre, Jorge A., v. Arco Iris
Cooperativa de Seguros Ltda." Ver Texto).

También se decidió que afirmar o negar que se ha verificado el riesgo asegurado es siempre el
resultado de un juicio cuyas premisas son, por una parte, la abstracta indicación hecha por la
ley y por la póliza de los límites del riesgo cubierto y, por la otra, el examen de las
circunstancias especiales en las cuales el hecho se ha producido (C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala
2ª, 22/12/1981, "Mediterranean Austral v. La Tandilense Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, JA
1983-I-94).

En la medida en que el asegurador pretenda exonerarse de la responsabilidad sobre la base de


que el daño acaecido no se vincula con el riesgo asegurado, deberá producir la prueba de dicho
extremo (C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 3ª, 2/11/1987, "Agencia Marítima Robinson S.A. v.
Sol Decoraciones S.R.L.", LL 1989-D-607, sum. 6559).

Cuando hay "exclusión de riesgo", el asegurador manifiesta explícitamente en la póliza su


voluntad de "no" cubrirlo. Desde el principio del contrato declara no tomarlo a su cargo y el
asegurado no tiene derecho a indemnización alguna. En este supuesto se origina una falta de
cobertura, se configura un "no seguro", porque el riesgo se halla formalmente fuera de la
garantía dada en la póliza respectiva: existe una diferencia cualitativa entre riesgo asumido y
riesgo excluido; lo significativo es que se trata de un riesgo "diverso" del previsto en la póliza,
es decir, de aquel sobre cuya base se efectuó el contrato. Así, habrá riesgo excluido o evento no
cubierto todas las veces en que el siniestro se produzca en ocasiones en que el contrato prevé
expresamente como no idóneas para hacer funcionar la garantía del asegurador. El riesgo
asegurado es siempre un "riesgo calificado" y constituye una parte del "riesgo genérico"
aludido en la póliza, según la rama del seguro de que se trate. El "riesgo asegurado" o "riesgo
asumido" es, pues, la posibilidad de que el evento dañoso se concrete en las condiciones
contempladas en la póliza. Las condiciones de riesgo que funcionan como "límites" de la
cobertura pueden tener su origen en circunstancias "objetivas" o "subjetivas"; se debe destacar
que cuando se estructuran las condiciones de los seguros se evalúa, además de los aspectos
objetivos del riesgo, las condiciones que se relacionan con la persona del asegurado,
especialmente cuando se trata de ramas en las cuales el factor subjetivo tiene una importancia
capital -v.gr., seguros de robo, de alhajas y pieles, etc.- (C. Nac. Com., sala B, 14/11/1979,
"Musante, Jorge, v. La Agrícola Cía. de Seguros S.A.", LL 1980-B-160).

El contrato de seguro se debe interpretar literalmente en los supuestos en que la cobertura está
expresada claramente; no es posible otorgarle una interpretación extensiva toda vez que la

484
enumeración de los riesgos y la extensión de la cobertura se deben apreciar limitativamente
(Sup. Corte Bs. As., 18/3/1980, "Aranda, Mario V., v. Valli, Héctor R." -acuerdo 28.723-,
DJBA 118-238; en análogo sentido, mismo tribunal, 13/4/1993, "A., E. R., v. Montenegro,
Francisco", LL 1993-C-140; C. Civ. y Com. 1ª Mar del Plata, 28/5/1982, "Hernandorena,
Jorge R., v. Martín, Jorge R.", ED 102-307; C. Nac. Com., sala D, 24/10/1995 -del voto del
Dr. Alberti-, "M., A. A., v. La Estrella Cía. de Seguros S.A.", LL 1996-B-224). La cobertura se
debe interpretar literalmente, sin restringirla en sus términos claros en favor del asegurador ni
ampliarla en favor del asegurado (C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 2ª, 22/12/1981,
"Mediterranean Austral v. La Tandilense Compañía de Seguros S.A." Ver Texto, JA 1983-I-
94). Pero en caso de ser redactadas en forma oscura, equívoca o confusa y en presencia de
duda, serán entonces interpretadas en contra del asegurador, que ha sido quien las ha redactado
(C. Nac. Com., sala D, 7/8/1975, "Cosacmov, Jesús, v. Arcadia Cía. de Seguros S.A.", LL
1976-A-259).

No cabe restringir la responsabilidad del asegurador, salvo cuando del contrato, literalmente,
dimane que sea así (C. Apels. Civ. y Com. Mercedes, sala I, 19/3/1987, "García, César O., v.
Chapartegui Hnos. y otros", DJ 1987-2-276). Las exclusiones o limitaciones de responsabilidad
son de interpretación restrictiva y deben ser formales e individualizadas (C. Apels. San Nicolás,
3/11/1981, "Chitarroni, Juan A., v. Morello, Jorge O." Ver Texto, DJBA 122-530; LL 182-A-
530). La extensión de la cobertura, en el contrato de seguro debe ser apreciada limitativamente;
no es admisible una interpretación extensiva (C. Nac. Com., sala C -del voto del Dr. Di Tella-,
24/5/1989, "Babijackzuk, Nicolás, v. La Meridional Compañía de Seguros S.A." Ver Texto, LL
1989-E-73), pues su ampliación producirá un grave desequilibrio en el conjunto de las
operaciones de la aseguradora (C. Apels. Civ. y Com. Junín, 30/11/1988 -voto del Dr.
Azpelicueta-, "Rodríguez, Antonio J., v. Sud América Cía. de Seguros S.A.", LL 1989-25-298).

También se ha decidido que si la aseguradora opuso en su defensa una causa que la excluía
objetivamente del deber de responder por los daños ocasionados por su asegurado y,
comprobado ello, el juzgador ha hecho lugar debidamente a la cláusula del contrato de seguro
que contempla tal circunstancia, ha existido la objetiva aplicación de una causal de exoneración
de la obligación de indemnizar pactada expresamente por las partes (Sup. Corte Bs. As.,
2/12/1980, "Salguero, Marco E., v. Deffonchio, Luis F." -acuerdo 29.018-, DJBA 120-149;
ED 94-226); pero que no puede ser considerado en la sentencia un supuesto de liberación de la
obligación de indemnidad si la aseguradora no lo alegó temporáneamente (mismo tribunal,
27/12/1988, "Janout, Hugo E., v. Caamabo, Juan C., y otro" Ver Texto, DJBA 136-1635).

Si el vehículo es conducido por quien carece de registro habilitante, se produce


contractualmente un supuesto de inexistencia de cobertura y no puede la víctima pretender que
la condena alcance a la aseguradora, que al momento del accidente carecía, por ese motivo, de
vínculo con el responsable: se trata de un supuesto de delimitación del riesgo o de no seguro,
en el cual resultan extrañas las consideraciones relativas a la función social del seguro y a la
protección de la víctima (C. Nac. Civ., sala H, 26/12/1996, "Herrera, Verónica, v. Portillo,
Nélida" Ver Texto, LL 1997-C-994, sum. 11.550).

485
7 (a.3.1). La ausencia de cobertura y el art. 56 Ver Texto, LS.

Una cuestión que se suscita en nuestro derecho al analizar los efectos que produce la ausencia
de seguro es si, ante la inexistencia de cobertura de un supuesto determinado, resulta o no
aplicable el art. 56 Ver Texto, LS.; éste exige que el asegurador se pronuncie "sobre el derecho
del asegurado" dentro de 30 días, contados según la forma en que la misma disposición legal
indica (aunque de manera un tanto indirecta).

Por los motivos precedentemente señalados entendemos que no resulta aplicable el art. 56 Ver
Texto, LS., a los supuestos de inexistencia de cobertura o de "no seguro": el referido art. 56
Ver Texto requiere determinadas calidades subjetivas para su aplicación, ya que habla de un
deber del asegurador, de pronunciarse respecto del derecho del asegurado; y nadie resulta
"asegurador" ni "asegurado" respecto de riesgos o situaciones que han sido colocados fuera del
amparo asegurativo al concertarse el contrato y que, por ende, no integran el contenido de éste,
al cual necesariamente se debe referir cualquier pretensión que alegue una persona respecto de
quien invoca como su asegurador (726) .

Es de señalar que la admisión de esta tesis no implica que todo rechazo de las pretensiones del
asegurado que el asegurador formule vaya a tener como efecto, sin más, la extinción del
derecho invocado por el asegurado. La existencia de la cobertura podrá ser motivo de
controversia judicial, que deberá decidir la sentencia en función del contenido del contrato y
las pruebas sobre la naturaleza del hecho en el cual se apoya la acción deducida; simplemente
se evita que la cuestión sea resuelta por el solo conteo de un plazo.

Si bien la jurisprudencia se ha pronunciado preponderantemente en favor de la aplicación del


art. 56 Ver Texto aun en los casos de coberturas excluidas, diversos pronunciamientos
decidieron en sentido opuesto, como se verá a continuación.

Jurisprudencia

a) Fallos que declaran aplicable el art. 56 56 a los supuestos de ausencia de cobertura ("no
seguro").

El art. 56 Ver Texto de la ley 17418 establece que el asegurador se debe pronunciar acerca del
derecho del asegurado dentro de los 30 días de recibida la información complementaria
prevista en el 2º y 3er. párrs. del art. 46 Ver Texto. La omisión de pronunciarse importa

486
aceptación. De modo, entonces, que la ley concede a la aseguradora, por este artículo, un plazo
de 30 días para que se pronuncie sobre el derecho del asegurado, contados a partir de la
denuncia del siniestro, plazo que se puede ver ampliado si resulta necesario requerir la
información complementaria a que se refieren los incs. 2 y 3 del art. 46 Ver Texto citados, en
cuyo caso se cuenta desde que es recibida esa información (C. Nac. Com., sala A, 21/12/1984,
"Moya, Víctor, v. La Agrícola Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, ED 116-646; LL 1986-A-627,
sum. 37.113).

Una vez denunciado el siniestro, el asegurador se debe pronunciar sobre el derecho del
asegurado en un plazo cuyo cómputo solamente puede interrumpir mediante el requerimiento
de información complementaria que sea razonable, tanto en lo concerniente a la necesidad de
conocer del asegurador como en la posibilidad de que sea suministrada por el asegurado (C.
Nac. Com., sala C, 8/5/1984, "Industrias Pirelli S.A. v. Resguardo Cía. de Seguros S.A." Ver
Texto, ED 15/8/1984).

El deber de pronunciarse acerca de la indemnización del siniestro constituye una carga que
pesa sobre el asegurador y que busca poner un límite razonable al tiempo dentro del cual éste
debe decidir si va o no a indemnizar o, por el contrario, invocará algún incumplimiento de la
contraparte para eximirse de ejecutar su obligación principal. Tal omisión neutraliza los efectos
del incumplimiento de la carga u obligación asumida por el asegurado, e importa un
reconocimiento tácito del derecho del asegurado, pues la ley -art. 56 Ver Texto, Ley de
Seguros- hace una interpretación del silencio acorde con lo que establece el art. 919 Ver Texto
del Código Civil. De tal modo, cualquier incumplimiento alegado fuera de ese plazo por el
asegurador es inoperante, por haber caducado el derecho de articular tal defensa, ante lo
extemporáneo de la manifestación (C. Nac. Com., sala A, 30/5/1986, "Vergara, Arturo, y otra
v. La Agrícola Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1986-D-176.

Si el asegurador entiende que existe una suspensión en la cobertura por mora en el pago de la
prima, debe invocar esa circunstancia dentro del plazo previsto en el art. 56 Ver Texto, ley
17418, pues tal causa no opera ipso iure, de modo que si no cumple con esa carga pierde la
posibilidad de hacerlo y la defensa devendrá improponible (C. Nac. Com., sala A, 29/2/1996,
"Zorrilla de Carrizo, Ángela, v. Inca Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1996-D-179, DJ
1996-II-178 y ED 171-114; íd., 10/9/1997, en "Matos de De Marco, Shirley W., v. Libertad
Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1997-C-244).

La necesidad de expedirse dentro del plazo establecido por el art. 56 Ver Texto de la ley 17418
constituye un deber jurídico que no es meramente formal, sino sustancial, y que por haber sido
impuesto por la ley posibilita la aplicación del art. 919 Ver Texto del Código Civil: ante la carga
de expedirse acerca del derecho del asegurado, el silencio del asegurador permite otorgarle el
sentido de una manifestación de voluntad que importa aceptación (Sup. Corte Bs. As.,
22/5/1990, "Arena, Adrián, v. Bocca, Alfredo D." Ver Texto, DJBA 140-615).

487
Si el asegurador no pidió información complementaria ni se pronunció en manera alguna, cabe
tener por configurada la aceptación tácita de responsabilidad, con los efectos del art. 56 Ver
Texto, LS. Este tipo de aceptaciones tiene efectos absolutos, que impiden considerar
sobreviniente cualquier causal exonerativa del asegurador, por grave que fuese, dado que el
asegurador es un empresario especializado en razón de su objeto. El aludido mecanismo (art.
56 Ver Texto citado) constituye un típico modo mercantil de determinar rapidez y certeza en el
tráfico, que debe ser tutelado en su operatividad y aplicado por los jueces con el máximo rigor
en tanto se trata del tráfico asegurador, en el cual actúa un sujeto del mercado -la entidad
aseguradora- que por definición posee una empresa apta para ello y puede afrontar un
cometido de significativa relevancia social. La ratio legis del mecanismo legal en cuestión
reside, justamente, en evitar dilaciones intentadas por el asegurador con base en la necesidad de
determinar el daño invocando cargas del asegurado, pero con incumplimiento de sus propios
deberes (C. Nac. Com., sala B, 20/5/1998, "Mayol, Nelly Mirtha, v. Sudamérica Cía. de
Seguros de Vida y Patrimoniales S.A." Ver Texto, ED 179-511).

El silencio del asegurador ante la obligación impuesta por el art. 56 Ver Texto de la ley 17418,
de pronunciarse sobre el derecho del asegurado a cobrar la indemnización, no es cuestión que
pueda ser enervada en sus consecuencias, pues se trata de un elemento sustancial que, a partir
de la regla del art. 919 Ver Texto del Código Civil, reconoce plurales aplicaciones en la Ley de
Seguros. Una interpretación distinta estaría en pugna con el valor seguridad en los negocios
que persigue ese plazo para pronunciarse y con la presunción que se extrae del silencio del
asegurador, relevante como productor de efectos en el cumplimiento del contrato y como
supuesto de silencio calificado desde que es elemento útil para computarlo como manifestación
de la voluntad (C. Nac. Com., sala B, 18/8/1992, "El Comercio Cía. de Seguros S.A. v. Nieto
Hnos. S.A." Ver Texto, LL 1993-C-357 y DJ 1993-II-551; en análogo sentido, C. Nac. Trab.,
sala 1ª, 31/8/1995, "M, A., y otro v. Estructura Horizontal S.R.L.", DT 1996-A-359).

La omisión de la aseguradora de pronunciarse acerca del derecho del asegurado en el plazo


previsto por el art. 56 Ver Texto, LS., revela que, a partir de la aceptación del siniestro, operada
por imperio de la ley y por el mero trascurso del tiempo, se hallaban reunidos a su respecto los
requisitos legales y convencionales necesarios para hacerse cargo de la reparación, es decir, la
vigencia de un contrato de seguro entre las partes y el acaecimiento de un siniestro previsto y
cubierto (C. Nac. Com., sala C, 24/11/1996, "El Comercio Cía. de Seguros S.A. v. Nieto
Hnos. S.A." Ver Texto, LL 1996-B-248).

El art. 56 Ver Texto de la ley 17418 impone al asegurador pronunciarse dentro de los 30 días
acerca del derecho del asegurado, y tal amplitud en el objeto sobre el cual recae la carga no
permite distinciones apoyadas en la diversa naturaleza del incumplimiento (Sup. Corte Bs. As.,
7/7/1992, "Machado, Fermín, y otra v. Zito y Valentini S.A. y otra" Ver Texto, LL 1993-E-
412. En igual sentido, 20/9/1994, "Acosta, Abel I., v. Otero, Luis A." Ver Texto, DJBA 147-
704).

Es requisito sustancial de admisibilidad de las defensas que el asegurador pretenda oponer al


reclamo del asegurado el oportuno pronunciamiento exigido imperativamente por el art. 56

488
Ver Texto de la ley 17418. En consecuencia, no corresponde siquiera ingresar en la
consideración de las razones invocadas para excusar la responsabilidad, si no se rechazó la
procedencia del reclamo dentro del plazo legal, cuyo mero trascurso importa aceptación (C.
Nac. Com., sala C, 25/6/1987, "Tres Ases S.A. v. Astro Cooperativa de Seguros Ltda.", LL
1988-A-247 y DJ 1988-I-922. En sentido análogo, sala B, 22/11/1988, "Suárez, Eduardo O., v.
Ruta Cooperativa de Seguros Ltda." Ver Texto, LL 1989-C-193 y DJ 1989-II-444; sala A,
29/2/1996, "Zorrilla de Carrizo, Ángela, v. Inca Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1996-D-
178).

Lo sinalagmático de la relación asegurativa impone que el concepto de carga sea extensible a


todas las partes contratantes. Al asegurado, al exigirle información y conductas concretas; al
asegurador, al requerirle la razonable y debida diligencia en lo relativo a la determinación del
siniestro y la prontitud en el cumplimiento de su obligación de indemnizar. De allí que la ley
17418 consagró, en el art. 56 Ver Texto, la obligación del asegurador de pronunciarse acerca
del derecho del asegurado, constriñéndolo bajo severa sanción a que lo ejercite dentro de los
30 días de recibida la información complementaria prevista en el 2º y 3er. párrs. del art. 46 Ver
Texto (C. Nac. Com., sala A, "Deibe, Juana A., v. Caja de Jubilaciones, Subsidios y Pensiones
del Personal del Banco de la Provincia de Buenos Aires", JA 1982-I-400 Ver Texto).

Los aseguradores deben poner el mayor empeño para que las tareas a su cargo se realicen en el
menor tiempo, a fin de satisfacer cuanto antes sus obligaciones. Por ello, y para paliar el tardío
cumplimiento de las obligaciones por parte del asegurador, el art. 56 Ver Texto, LS., dispone
que éste se debe pronunciar dentro de los 30 días de recibida la información complementaria
prevista en el 2º y 3er. párrs. del art. 46 Ver Texto, y que la omisión de hacerlo importa
aceptación (C. Nac. Com., sala B, 27/12/1985, "Vetriglia, Federico, v. Patronal Cooperativa de
Seguros Ltda.", LL 1986-E-701, sum. 37.449).

Si la aseguradora no es diligente en pedir las informaciones que necesita acerca del siniestro y
los daños o se demora injustificadamente en realizar las verificaciones pertinentes a fin de
terminar cuanto antes la liquidación de la indemnización, da lugar a que corra el plazo
establecido por el art. 56 Ver Texto de la ley 17418, por aplicación de lo dispuesto por el art.
512 Ver Texto, CCiv. (C. Nac. Com., sala B, 28/2/1985, "Plus Ultra Cía. de Seguros S.A. v.
Lomoro, Julio S.", ED 116-184 y LL 1986-B-616, sum. 37.220).

La falta de diligencia del asegurador hacia el requerimiento de informes importa la


consecuencia de que el plazo del art. 56 Ver Texto, ley 17418, se compute desde el momento
en que se debió requerir la información: ello, sin perjuicio de interpretar, más drásticamente
aún, que tal omisión acarrea el cálculo ininterrumpido del plazo desde el día en que se
denunció el siniestro. El asegurador deberá probar que requirió del asegurado la información,
la fecha en que lo hizo y en que se le contestó, en su caso, para la determinación del curso del
plazo. En defecto de ello, solamente cabe aplicar la consecuencia que previene el art. 56 Ver
Texto, ley 17418, por su omisión (C. Nac. Com., sala C, "Industrias Pirelli S.A. v. Resguardo
Cía. de Seguros" Ver Texto, ED 110-121 y DJ 1985-13-405).

489
Que la aseguradora haya requerido mayor información al damnificado, en los términos de los
arts. 46 Ver Texto y 56 Ver Texto de la ley 17418, implica que subordinó la exigibilidad del
pago pretendido a la aceptación de los datos solicitados, por lo cual debe ser considerado
como prorrogado el plazo previsto por el art. 56 Ver Texto como consecuencia lógica de ello
(C. Nac. Com., sala C, 5/12/1989, "Rojas, Carlos J., v. Sud América Cía. de Seguros S.A." Ver
Texto, LL 1990-C-289).

La aceptación del derecho del asegurado conforme al art. 56 Ver Texto, ley 17418, impide al
asegurador alegar defensas, esto es, desconocer el derecho del asegurado a ser indemnizado (C.
Nac. Com., sala B, 18/12/1986, "Bandell, Jacinto F., v. Unión Comerciantes Cía. de Seguros
S.A.", LL 1989-A-51 y JA 1987-III-107 Ver Texto). La defectuosa contestación de la
aseguradora respecto del reclamo indemnizatorio efectuado por el asegurado importa la
aceptación de la cobertura, tal como lo dice el art. 56 Ver Texto, ley 17418. A no otra
conclusión cabe llegar frente a un rechazo vago y genérico (C. Nac. Com., sala A, 23/10/1979,
"Ros, Manuel, y otro v. Patronal Cooperativa de Seguros Ltda." Ver Texto, LL 1980-A- 558).

El plazo establecido por el art. 56 Ver Texto, LS., se calcula a partir de la denuncia del
siniestro, y sólo puede ser interrumpido por el pedido de información complementaria
autorizado por el art. 46 Ver Texto, 2º y 3er. párrs. del mismo cuerpo normativo. En su
defecto, la falta de pronunciamiento dentro de los 30 días siguientes al de la denuncia del
siniestro importa el reconocimiento del derecho del asegurado con arreglo al citado art. 56 Ver
Texto; la aseguradora incurre en mora por el mero vencimiento del plazo conforme a lo
dispuesto por el art. 51 Ver Texto, LS. (C. Nac. Com., sala E, 30/8/1999, "Contreras, Andrés,
v. La Íbero Platense Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, ED, fallo 50.303).

b) Fallos que declaran inaplicable el art. 56 56, LS., a los casos de ausencia de cobertura, o
limitan en algunos supuestos los efectos de dicha norma.

En los supuestos de cláusulas de caducidad, el evento está originariamente dentro del amparo
asegurativo, por lo cual la conducta impropia del asegurado -tipificada como tal por la norma o
por la convención- enerva el derecho a la prestación del asegurador. Las delimitaciones de la
cobertura, en cambio, hacen que determinados hechos resulten extraños al ámbito contractual
y que persistan en esa condición durante todo el trascurso de la relación. Así, acaecido el
supuesto excluido, ninguna repercusión genera, pues no hay prevista prestación a su respecto.
En el seguro de la responsabilidad civil, las exclusiones son siempres oponibles al damnificado,
pues son tales desde el principio del contrato y, por lo tanto, en todos los casos resultan
anteriores al hecho perjudicial: atañen a la medida del seguro que menciona el art. 118 Ver
Texto, LS., que no se agota en su aspecto cuantitativo, sino que incumbe a sus límites, fuera de
los cuales no hay cobertura. La diferencia también se advierte con relación al tiempo útil para
su invocación: el asegurador debe esgrimir la caducidad dentro del plazo de 30 días de recibida
la información complementaria (art. 56 Ver Texto, LS.); trascurrido éste sin que se hubiere
verificado, o la observancia de una conducta opuesta a la posterior declinación, obstan a la
alegación. Al contrario, la exclusión de cobertura no cuenta con plazo perentorio de

490
invocación, pues alude a un "no seguro", a un acaecer no previsto para originar derechos del
asegurado. La hipótesis de que se halla fuera del vínculo convencional, por haber sido excluida
de él o por no habérsela incluido nunca, impide hablar de "asegurado" y "asegurador" referidos
a aquélla. Consecuentemente, el art. 56 Ver Texto no encuentra aquí el sustento necesario para
su aplicación (Trib. Sup. Just. Córdoba, 24/3/1993, "Fortuna de Mendoza, Gladys Noemí, v.
Bonza, Raúl A., y otro, s./Ejecución de sentencia. Recurso de revisión", "Revista de Derecho
Privado y Comunitario", 1995, p. 461).

La obligación que el art. 56 Ver Texto, ley 17418, establece a cargo del asegurador a fin de que
se pronuncie acerca del derecho del asegurado, supone la vigencia de la cobertura, por lo cual
no es invocable en el supuesto de que la mora en el pago de la prima originó automáticamente
la suspensión de la garantía -arts. 31 Ver Texto y 56 Ver Texto, LS.- (Sup. Corte Bs. As.,
11/7/1995, "Passarotto, Luis C., v. Buccolini, Osvaldo" Ver Texto, DJBA 149-4883; LL Bs.
As. 1995-1030; mismo tribunal, 22/3/1988, "Miceli, Miguel U., v. Quiroz, Marcos A." Ver
Texto, acuerdo 38.693, LL 1988-D-45 y DJ 1988-II-1166) (727) .

También se ha decidido que si bien el art. 56 Ver Texto, ley 17418, implica, respecto del
asegurador que omite pronunciarse en el plazo legal, el reconocimiento del derecho del
asegurado, tal precepto legal y la sanción que establece sólo están referidos a los supuestos en
los cuales haya mediado una tramitación normal de la denuncia y acreditación del siniestro;
pero que de ninguna manera se puede entender aplicable dicha norma al asegurador cuando
quedó acreditado que el asegurado realizó alguno de los actos previstos por el art. 48 Ver
Texto de la mencionada ley -dejar de cumplir maliciosamente las cargas del art. 46 Ver Texto,
2º párr., o exagerar fraudulentamente los daños, o emplear pruebas falsas para acreditarlos- (C.
Nac. Com., sala B, 28/2/1986, "Exportman S.A. v. Neptunia Cía. de Seguros S.A." Ver Texto,
LL 1987-C-437, sum. 37.640). Ello así, por cuanto el art. 56 Ver Texto, ley 17418, tiene como
presupuesto que la gestión de verificación y liquidación se cumpla de modo regular. De ahí que
los mecanismos establecidos por la Ley de Seguros para no demorar el pago de la
indemnización no se pueden convertir en medios expurgatorios de articulaciones engañosas y
deben ceder paso a la demostración de aquellas conductas que por su dolo, malicia o fraude
encuentran sanción en la propia ley atendiendo a una directiva constante que el legislador
imprime a lo largo de su articulado. El plazo de dicho art. 56 Ver Texto fue establecido para
tutela del asegurado leal, esto es, aquel que satisface verazmente la necesidad de conocer de su
contraparte (C. Nac. Com., sala B, 16/9/1988, "Flametic S.A. v. El Sol de Buenos Aires Cía.
de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1989-A-461 -este fallo fue revocado por la Corte Suprema de
Justicia de la Nación, que resolvió que el art. 56 Ver Texto resulta aplicable aun cuando el
asegurado haya violado las cargas establecidas por los arts. 48 Ver Texto y 77 Ver Texto, LS.
En disidencia votó el Dr. Belluscio: JA 1989-IV-47 Ver Texto-).

La conducta positiva que el art. 56 Ver Texto de la ley 17418 pone en cabeza de la aseguradora
está supeditada a que se haya configurado la situación riesgosa prevista en el contrato. Por ello,
no rige el deber del art. 56 Ver Texto de la ley 17418 en situaciones en que no se da la relación
asegurativa, como, v.gr., en los casos de coberturas excluidas de la garantía o en hipótesis de

491
"no seguro" (C. Apels. Civ. y Com. Junín, 30/11/1988, "Rodríguez, Antonio J., v. Sud
América Cía. de Seguros S.A." -del voto en disidencia del Dr. Azpelicueta-, LL 1989-B-298).

En los casos de exclusión de cobertura no rige el plazo del art. 56 Ver Texto, ley 17418, para
rechazar la pretensión indemnizatoria. Por lo tanto, el silencio de la aseguradora frente a la
denuncia del siniestro por el asegurado no importa aceptación y es oponible en todos los casos
al tercero reclamante, pues al tratarse de exclusión de cobertura o de riesgo, y no de caducidad,
no es una defensa posterior al siniestro (C. Apels. Civ. y Com. Azul, 30/3/1994, "Fernández
Begue de Aller, Blanca D., y otros v. González, Justo, y otro", LL Bs. As. 1994-903).

Si el art. 56 Ver Texto, ley 17418, impone la carga de manifestarse sobre la existencia de
circunstancias que impidan al asegurado beneficiario exigir el cumplimiento de la prestación
comprometida por el asegurador, tanto un supuesto de caducidad como uno de no seguro
importan una circunstancia impeditiva. Pero en el no seguro, el riesgo de que se trata nunca se
incluyó en el seguro; luego, es correcto que si no existe contrato alguno no funcione el art. 56
Ver Texto de la norma citada, como tampoco cuando el riesgo no estaba cubierto en ninguna
circunstancia, como, por ejemplo, si al haber contratado un seguro de responsabilidad civil se
denuncia un siniestro que afectó la cosa de propiedad del asegurado, pues no existe asegurado
ni asegurador, calidades que requiere el art. 56 Ver Texto de la ley. El art. 56 Ver Texto, LS.,
tiene por finalidad que el asegurado sepa a qué atenerse antes del eventual juicio, importa una
manifestación particular de los efectos del silencio como expresión de la voluntad ante la
necesidad de explicarse por imposición legal; pero ello es así en tanto el riesgo que se denuncia
esté incluido en el seguro (C. Civ., Com. y Cont.-Adm. San Francisco, Córdoba, 17/8/1995,
"Trossero, Raúl T., y otros v. Sierra, Pablo B.", LL Córdoba 1995-931).

El simple correr del plazo contemplado en el art. 56 Ver Texto de la ley 17418 no significa que
queden comprendidos en ese reconocimiento y en la zona de cobertura todos aquellos rubros
que han sido excluidos expresamente y ab initio del seguro pactado entre las partes, pues dicha
solución implicaría el enriquecimiento indebido del asegurado (Sup. Corte Just. Mendoza,
21/12/1995, "Triunfo Cooperativa de Seguros Ltda. v. Intraguglielmo, Víctor" Ver Texto, LL
1996-D-182; DJ 1996-I-872 y "RJSER", n_ 34, p. 201, pronunciamiento éste en el cual,
asimismo, se hace referencia, en tal sentido, al fallo de la C. Fed. Córdoba, sala A, recaído in re
"Delta Empresa Constructora v. Banco Hipotecario Nacional", LL Córdoba 1995-400) (728) .

El precepto contenido en el art. 56 Ver Texto requiere, para su operatividad, determinadas


calidades subjetivas (asegurado-asegurador), y exige a este último pronunciamiento sobre el
derecho del primero. Por ello, el tiempo útil en el cual el asegurador debe contestar una
exclusión de cobertura no es el plazo del art. 56 Ver Texto de la Ley de Seguros, sino el que
indique cada regulación procesal (C. 1ª Civ. y Com. Córdoba, 26/10/1998, "Lamón, Ángel, v.
España y Río de La Plata Cía. de Seguros S.A.", LL Córdoba 1999-1489).

492
La circunstancia de que la entidad aseguradora no se haya expedido en el plazo establecido por
el art. 56 Ver Texto, ley 17418, no habilita per se a considerar aceptado el pedido de cobertura
formulado por el accionante, con el argumento de haber mediado "aceptación" del derecho del
asegurado en los términos establecidos en dicha regla legal. La omisión por la aseguradora del
deber jurídico que le impone el art. 56 Ver Texto de la Ley de Seguros (deber de pronunciarse
sobre el derecho del asegurado) no puede derivar por sí misma, inmediatamente, en el
reconocimiento de una cobertura que no existía ni convalidar un no seguro o falta de cobertura
(C. Nac. Com., sala D, 7/12/1999, "Ledezma, Rubén Ireneo, v. Omega Cooperativa de
Seguros Ltda." Ver Texto, ED, fallo 50.085).

No constituye cuestión federal que justifique la concesión del recurso extraordinario lo


atinente a si la aseguradora demandada cumplió o no con lo dispuesto en el art. 56 Ver Texto
de la Ley de Seguros, 17418 (C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 2ª, 24/9/1998, "Bargas, Isidro, v.
Caja Nacional de Ahorro y Seguro" Ver Texto, LL, fallo 99.051).

7 (a.4).

Otro aspecto en el cual interesa esta diferencia es que mientras la caducidad convencional está
sometida a la órbita limitativa del art. 158 Ver Texto, LS. (que incluye expresamente al art. 36
Ver Texto), la exclusión de cobertura, que casi siempre es de índole convencional (729) , queda
librada a la voluntad del asegurador predisponente de las cláusulas; por ello resulta
fundamental el control previo de los elementos contractuales que requieren los arts. 23 Ver
Texto y 25 Ver Texto de la ley 20091 (hoy un tanto debilitado ante la aprobación automática
resultante de la falta de pronunciamiento, por parte del ente de control, en el plazo de 30 días:
art. 23.1.2 , in fine, de la resolución 21523) (730) y, en última instancia, el control de legalidad
que se efectúe en sede judicial en razón del art. 953 Ver Texto del Código Civil y, ahora, de la
normativa emergente de la ley 24240 Ver Texto, de protección del consumidor, aplicable aquí
por analogía. Otras legislaciones, en cambio, imponen requisitos o establecen límites a la
formulación de exclusiones mediante cláusulas insertas en las pólizas (ley española 50, de 1980,
art. 3; ley francesa, Code des Assurances, art. 112.4, según ley 81-5 del 7/1/1981; etc.).

Es de señalar, además, que cabe plantearse en qué medida pueden ser motivo de exclusión, en
todos los casos, las conductas que, por su naturaleza, resulte más adecuado someterlas al
régimen de la caducidad.

493
7 (a.5).

Se distingue también la caducidad de la nulidad: ésta responde a la existencia de un vicio


originario, es decir, existente al tiempo de la contratación; ataca el vínculo mismo y provoca su
disolución; en tanto, hemos visto que la caducidad obedece a causas sobrevinientes,
implicando la existencia de un derecho que luego fenece, y no tiene por causa vicios
originarios, sino incumplimientos de cargas legal o contractualmente establecidas. Las causas
de nulidad sólo emanan de la ley; las de caducidad pueden ser creadas contractualmente.

Otra diferencia a señalar es la que media entre caducidad y rescisión o resolución contractual.
Estas últimas, si bien tienen lugar con posterioridad a la celebración, producen la disolución del
vínculo en tanto que, como vimos antes, la caducidad sólo ataca el derecho del asegurado a
reclamar la prestación principal en caso de siniestro, pero deja intacta la relación asegurativa,
que puede resultar afectada por siniestros posteriores, salvo que el evento en que se aplique la
caducidad haya sido total y provocase la desaparición o destrucción de la cosa, o bien sobre los
cuales recae el interés asegurado, con lo cual se extinguirá el contrato por falta de objeto (el
interés asegurado requiere, para su existencia, del correlato objetivo, constituido por la cosa o
bien al cual se refiere: dicho interés es una relación de índole económica entre una persona y
una cosa o bien).

En cuanto a las distinciones que cabe formular respecto de la suspensión de cobertura, nos
referimos a ellas al tratar ese aspecto de la ineficacia asegurativa (ver, en este capítulo, § 26 y
ss.).

8. Renuncia a la caducidad.

El asegurador puede renunciar a esa caducidad, tácita o expresamente (731) , por actos
inequívocos (art. 874 Ver Texto, CCiv.). Se entenderá que existe renuncia cuando adopta una
conducta incompatible con la caducidad (732) . Expresamente, el art. 79 Ver Texto dispone
que "la participación del asegurador en el procedimiento pericial de la valuación de los daños
del art. 57 Ver Texto importa su renuncia a invocar las causales de liberación conocidas con
anterioridad que sean incompatibles con esa participación". Y en el art. 46 Ver Texto se aplica
la misma doctrina respecto de la violación de informar el siniestro si participa en las
operaciones de salvamento o de verificación del siniestro o del daño.

494
La jurisprudencia anterior resolvió que importan renuncia: el cumplimiento del contrato,
aunque sea parcialmente (733) ; la continuación de la discusión y apreciación de las
consecuencias del siniestro, a pesar de la omisión de los informes del siniestro (734) o la
exageración del daño (735) ; la manifestación de postergar el pronunciamiento sobre la garantía
hasta no conocer el informe del liquidador importa renunciar a la sanción de caducidad por
mora en el informe sobre los daños sufridos (736) ; la designación de los peritos para avaluar el
daño (737) ; la liquidación de los daños sin reservas (738) ; o si atendió siniestros anteriores sin
exigir el cumplimiento de la carga violada (739) ; o si el directorio del asegurador resolvió pagar
la indemnización (740) ; el reconocimiento en principio del derecho (741) .

Las inejecuciones deben ser alegadas expresamente; de lo contrario, se interpretará que se


reconoce su cumplimiento (742) . Debe aducirlas al tiempo de contestar la demanda (743) y ser
anteriores a su declinación de la garantía.

8 (a).

En doctrina y jurisprudencia se habla de "renuncia tácita a la caducidad" en aquellos supuestos


en los cuales el asegurador, conociendo -o debiendo conocer- un determinado incumplimiento
de cargas por parte del asegurado, realiza por su lado algún acto que implique cumplimiento
del contrato de seguro.

Se trata, en última instancia, de una aplicación de la teoría de los propios actos al seguro, que
consagra la ininvocabilidad de la caducidad cuando tiene lugar una conducta de ejecución
contractual del asegurador incompatible con el previo conocimiento de esa caducidad y la
decisión de alegarla.

495
La denominación introduce la calificación de "tácita", por cuanto no proviene de una
declaración expresa en tal sentido, sino de la incongruencia entre el conocimiento previo y la
posterior conducta de cumplimiento de obligaciones que hubiera podido evitar el asegurador
mediante la simple invocación de la caducidad en el marco establecido por el art. 56 Ver Texto,
LS. Existe un deber de coherencia en el actuar jurídico que aquí se agudiza por el carácter tan
grave de la sanción impuesta al incumplimiento, que libera al asegurador de sus obligaciones de
tal con relación al siniestro al cual estaba referida la carga violada, aun cuando éste haya
percibido la prima del seguro.

Es que, como antes se destacó, las cargas son impuestas para motivar conductas del asegurado
que resulten necesarias para obtener un grado adecuado de funcionalidad del contrato, que
permita fluidamente el juego de los mecanismos técnico-económicos de la relación asegurativa:
pero no constituyen un fin en sí ni una contraprestación sinalagmática que responda, dentro
del equilibrio de las prestaciones, a la obligación del asegurador. Tienen, en el fondo, una
función instrumental, un carácter procesal, dirigido a crear un ámbito funcional adecuado a la
relación asegurativa, que permita el fluido desarrollo de ésta en sus diversos aspectos, tanto pre
como postsiniestrales.

Por otra parte, pese a su denominación, estaríamos, más que ante una renuncia, frente a un
reconocimiento de obligaciones (art. 718 Ver Texto y ss., CCiv.). La renuncia, si bien puede
tener lugar en forma tácita, no se presume, y puede ser revocada antes de que la acepte la
contraparte. En cambio, el efecto derivado de la incongruencia de un acto de cumplimiento
contractual respecto de una situación que permitía la liberación de la obligación que luego se
ejecuta aparece, más bien, como un reconocimiento tácito (art. 721 Ver Texto, CCiv.), del cual
es ejemplo paradigmático la norma del art. 56 Ver Texto, in fine, LS., que emplea la
denominación menos técnica de "aceptación".

Jurisprudencia

Respecto del tema generalmente denominado "renuncia tácita a la caducidad" (para nosotros,
reconocimiento de derechos), se ha decidido que la aseguradora no puede aducir la caducidad
del seguro si posteriormente, de alguna forma, ejecutó actos que implicaron, aunque sea
parcialmente, diligencias destinadas al cumplimiento de sus propias obligaciones derivadas del
contrato (C. Civ., Com. y Trab. Villa Dolores, Córdoba, 14/10/1982, "Giuridi, Daniel V., v.
Empresa de Transportes Grillo", LL Córdoba 1984-372).

Así, entonces, la omisión de plantear en término oportuno la caducidad del seguro en virtud
del art. 47 Ver Texto, ley 17418, es un acto incompatible con su ejercicio, que debe ser
considerado como una renuncia tácita a su invocación (C. Fed. Mendoza, sala A, 14/5/1996,
"Antonucci, Haydée, v. Caja Nacional de Ahorro y Seguro", LL 1997-D-876, sum. 11.745).

496
El nombramiento de peritos liquidadores por parte de la compañía aseguradora implica la
renuncia a la caducidad, pues hubo aceptación de la ejecución tardía de las cargas del
asegurado. Dicha designación resulta, entonces, un acto inequívoco de aceptación de la
responsabilidad de indemnizar emergente del contrato (C. Nac. Com., sala C, 11/2/1997,
"Malosetti, María A., v. Sud América Cía. de Seguros de Vida y Patrimoniales S.A." Ver Texto,
LL 1997-C-996, sum. 11.564).

No obstante, la simple designación del liquidador no implica la renuncia del asegurador al


derecho de alegar toda causal de eximición, ya que de sostenerse tal interpretación se limitarían
inaceptablemente las facultades otorgadas por el art. 46 Ver Texto, 2º párr., ley 17418,
negándole el derecho a investigar el siniestro en sus causas, lo cual contradice la práctica
aseguradora (C. Nac. Com., sala E, 26/6/1996, "Destuet, Patricio E., y otro v. El Cabildo Cía.
Argentina de Seguros", JA 1997-I-576 Ver Texto.

Se debe entender que el asegurador renuncia a la invocación de la caducidad de la cobertura si


dejó trascurrir el tiempo sin alegar que la denuncia fue tardía y no intentó verificar el daño y la
extensión de la prestación que el siniestro ponía a su cargo, si tenía todas las posibilidades de
hacerlo (C. Apels. Concepción del Uruguay, sala Civ. y Com., 10/9/1996, "Fogg, George T., v.
La República Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL Litoral 1997-1210).

El proceder de la aseguradora demandada -negarse al cumplimiento de su obligación


indemnizatoria alegando la falta de pago de la prima por parte del asegurado- no se adecua a la
exigencia de la buena fe que debe regir en la ejecución de los contratos, máxime si se trata de
un contrato de seguro, si antes y después del siniestro aceptó sin ningún tipo de objeciones el
pago en cuotas efectuado por el asegurado (C. Nac. Com., sala C, 18/12/1996, "Aptiluz S.R.L.
v. Aseguradores Industriales S.A." Ver Texto, LL 1997-C-996, sum. 11.565).

9. Interpretación de la caducidad.

La pena de caducidad se interpreta restrictivamente: es así por su naturaleza sancionatoria, por


las consecuencias y porque su aplicación liberal puede llevar al enriquecimiento del asegurador
a costa del asegurado (744) , esto es, no puede ser contraria a la buena fe o las buenas
costumbres (745) .

El incumplimiento de la carga no acarrea la caducidad, si se produjo: a) sin culpa o negligencia


(art. 36 Ver Texto); b) por caso fortuito o fuerza mayor (746) ; c) o el cumplimiento sustancial,

497
aunque no sea literal, de la carga (747) . En este último sentido, el segundo párrafo del ap. a del
art. 36 Ver Texto. Téngase en cuenta además lo expresado en el § 6, letra e.

9 bis. Carga de la prueba del incumplimiento.

La prueba de la inejecución pesa sobre el asegurador; es decir que el asegurado no cumplió la


carga o lo hizo en forma incompleta. En cambio, la culpa del incumplimiento resulta de la
misma inejecución (art. 513 Ver Texto, CCiv.), y pesará sobre el asegurado acreditar su falta de
culpa o negligencia (748) .

10. Régimen especial en materia de accidentes del trabajo.

La cobertura de los accidentes y enfermedades del trabajo se halla actualmente regulada por la
ley 24557 Ver Texto, sobre riesgos del trabajo (LRT.) (749) .

Esta normativa modificó profundamente el régimen tradicional, instaurado por la ley 9688 Ver
Texto y sus modificatorias y que había continuado la ley 24028 Ver Texto: ambas establecían
una cobertura asegurativa de carácter facultativo, que cubría la responsabilidad objetiva
impuesta por la ley a los patronos (750) .

No obstante, admitían que el trabajador optase por plantear su demanda en el ámbito del
derecho civil, para lo cual debía entonces ajustarse a los requerimientos y presupuestos de éste
(751) .

Como era de prever, el sistema estalló, y lo hizo por el lado del seguro de accidentes del
trabajo, que le servía de soporte económico. En realidad, la reacción comenzó por el lado del
reaseguro, porque las aseguradoras mantenían bajas retenciones y cedían la mayor parte del

498
riesgo al Instituto Nacional de Reaseguros, ente estatal y monopólico, que dispuso no amparar
ciertas dolencias que constituían el grueso de los reclamos (várices, afecciones columnarias,
etc.) y en los cuales, como destacamos, no se discriminaba el grado de incidencia causal laboral
respecto de las causas propias de la constitución física de cada reclamante.

Posteriormente se dictó la ley 24028 Ver Texto, que introdujo varias novedades: se permitían
las coberturas asegurativas parciales (art. 6 Ver Texto) (752) : se eliminaba el empleo de la
"indiferencia de la concausa", por lo que correspondía, en cada caso, indagar, por una parte, la
incidencia causal del trabajo y, por la otra, la de las condiciones personales propias de cada
individuo (art. 2 Ver Texto); se admitía también la posibilidad de llegar a acuerdos
transaccionales en el ámbito administrativo o judicial (art. 13 Ver Texto); y, en la Capital
Federal, se establecía la competencia civil para que entendiera en los casos de opción en favor
del derecho común (art. 16 Ver Texto). Finalmente, el sistema fue sustituido por el régimen de
las A.R.T. (administradoras de riesgos del trabajo, ley 24557 Ver Texto), que modificó en
forma drástica los anteriores y creó, respecto de las coberturas de las incapacidades, una
regulación que ya hemos analizado y que, a nuestro juicio, se aparta de la naturaleza del seguro
privado e ingresa en otros ámbitos, más cercanos al de la seguridad social (753) .

10 bis. Seguro de la responsabilidad civil.

Respecto del seguro de la responsabilidad civil con relación al damnificado, el art. 118 Ver
Texto ha creado un régimen especial, que se analizará más adelante.

(676) Bruck, p. 276.

(677) Bruck, p. 277; Morandi, en JA 1969-III, Doctrina, y en JA 1969-IV, Doctrina.

(678) Bruck, p. 278. Ver sobre el art. 36 Ver Texto, Halperin, en "Rev. Der. Com. y Oblig.",
año 2 (1969), p. 719; Steinfeld, en JA 1969-IV, Doctrina.

(679) Bruck, p. 278. Ver Halperin, Isaac, Algunos problemas del seguro de la responsabilidad
civil, en LL 45-683.

499
La doctrina -especialmente la alemana- admite otras clasificaciones, fundadas en ciertos estados
objetivos de hecho y los que suponen un estado subjetivo, que a su vez se combinan con los
deberes de informar y de conducta (Bruck, lug. cit.).

(680) Es de destacar que, en ocasiones, las pólizas reiteran en sus cláusulas o condiciones
algunas de las cargas legales (p.ej., la que impone el deber de denunciar el siniestro dentro de
determinado plazo). Pero el hecho de que puedan hallarse trascritas en la póliza no convierte
estas cargas en contractuales, aunque formen parte del cuerpo del contrato, sino que continúan
siendo cargas legales, por cuanto se las aplica estén o no contenidas expresamente en el texto
contractual, y su régimen será el establecido, para la especie de que se trate, en la ley.

(681) En la posición que considera que la normativa del art. 5 Ver Texto y ss. de la Ley de
Seguros establece un régimen especial respecto de los vicios del consentimiento del asegurador,
provocados por la declaración falsa o reticente del asegurado, podemos señalar, entre otros, al
autor de esta obra (ver capítulo III, § 17); en cambio, sostienen que se trata de una carga
precontractual impuesta al contratante en interés del asegurador, Donati, Antigono (Trattato
del diritto delle assicurazioni private, cit., t. II, § 417-á, p. 305), seguido por Morandi, J. C. F.
(Estudios de derecho de seguros, p. 224 y notas 33 y 33 bis).

(682) Ver lo expresado sobre el tema en Barbato, Nicolás Héctor, La declaración veraz del
estado del riesgo: ¿carga precontractual o requisito del consentimiento?, en "Derecho y
Empresa", Universidad Austral, año 1997, n_ 7/8 -en homenaje al Prof. Dr. Juan Carlos Félix
Morandi-, ps. 13 y ss.

(683) Agudamente apunta Fanelli que, en general, el análisis de la caducidad en la doctrina


civilista ha tenido por finalidad distinguir la noción de prescripción extintiva de otros
conceptos afines relativos a los efectos del tiempo sobre la subsistencia de los derechos
subjetivos, lo cual originó un doble orden de consecuencias: limitar las investigaciones a la
caducidad legal, con la casi completa exclusión de la caducidad de naturaleza negocial; y,
asimismo, la escasa consideración de los supuestos de caducidad que no estén conectados con
el trascurso del tiempo, dejando en las sombras una amplia gama de supuestos de caducidad,
sea tanto legal como convencional (Fanelli, Giuseppe, La decadenza nelle assicurazioni, en
"Assicurazioni", 1938, p. 482, y en Saggi de diritto delle assicurazioni, ps. 3 y ss., 1971, Milano.

(684) Cabe observar que la Ley de Seguros emplea una fórmula distinta en los arts. 36 Ver
Texto, inc. 1 (un mes), y 56 Ver Texto (30 días). Ello origina la siguiente distinción: si el
cumplimiento corresponde a una carga contractual que es a la vez presiniestral, regirá el plazo
de un mes, si no ha tenido lugar el siniestro. Pero si el incumplimiento ha sido descubierto
luego de ocurrido el siniestro -y es lo más frecuente-, con motivo de la investigación de éste, se
aplicará entonces el plazo de 30 días del art. 56 Ver Texto, ya que prevalece sobre aquél por
estar específicamente referido al siniestro. La diferencia interesa por cuanto hay meses de 28,
29, 30 y 31 días, por lo cual no siempre coincide la cifra representativa del día del siniestro con
la análoga del mes siguiente.

(685) Es la opinión, entre otros, de Ehrenzweig, Josef, Gierke, Ritter, cits. por Bruck, ps. 279 y
ss.

500
(686) Bruck, ps. 279 a 282; Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 6, nros. 5, 25 y 35. Conf. con la
distinción, entre nosotros, Zavala Rodríguez, II, nº 1677. Ver Halperin, en "Rev. Der. Com. y
Oblig.", año 2 (1969), p. 719.
Donati, Trattato, II, nros. 461 y ss., expresa que se establecen en interés del asegurador, pero
no por ello son obligaciones: la sujeción excluye elección, la obligación deja elegir entre
sacrificio espontáneo y el forzado del propio interés; la carga deja la elección entre el sacrificio
de un interés y el sacrificio de otro interés. La ley opta por la carga -añade- cuando el
funcionamiento de ésta protege suficientemente el interés tutelado. Ver asimismo sobre el
tema: Donati, en "Assicurazioni", 1953, 1, p. 404, y Cesaro, en "Assicurazioni", 1961, 1, p. 499;
Broseta Pont, ob. cit., ps. 166 y ss., en materia de reaseguro.

(687) Bruck, ps. 282 a 285. Es la posición que va adoptando la doctrina europea continental.
Sobre este punto de la inexigibilidad por el asegurador, conf. Patterson, nº 12.

(688) Ver Halperin, ob. cit. en nota 3, y Steinfeld, ob. cit. en nota 3.

(689) Por ello Goldschmidt habla, en el caso de las "cargas", de "imperativos del propio
interés", a diferencia de las obligaciones, en las cuales el imperativo (pagar la deuda) se cumple
en interés del acreedor. Agrega dicho autor que se trata de condiciones de la conservación de
un derecho, y que el imperativo se manifiesta "bajo amenaza de un perjuicio" (Goldschmidt,
James, Teoría general del proceso, n_ 37, ps. 82 y ss., 1936, Barcelona.

(690) Excepcionalmente el efecto del incumplimiento de una carga no consiste en la caducidad


del derecho a reclamar la prestación principal comprometida por el asegurador: tal ocurre, p.ej.,
con la del art. 46 Ver Texto, inc. 2, de la ley 17418, en los casos en que ese incumplimiento no
ha sido malicioso. Pero es de señalar que, al menos, produce una función inhibitoria de ese
derecho, porque hasta que no se dé cumplimiento a ese deber no comenzará a correr el plazo
del art. 56 Ver Texto de dicha ley, como expresamente lo indica esta última disposición, y, con
ello, tampoco entrará en mora el asegurador en el cumplimiento de sus obligaciones (art. 49
Ver Texto, LS.); a ello se suma que la ejecución tardía de ese deber por parte del asegurado
tendrá como límite el que corresponda, según la índole de lo requerido, en el contexto del
siniestro concreto, de forma que conserve la vigencia y utilidad requeridas por los hechos. En
otros supuestos de cargas legales, el incumplimiento se puede resolver en daños y perjuicios
(p.ej., art. 80 Ver Texto, 1º párr, in fine), o en la habilitación de una acción de rescisión en
favor del asegurador (p.ej., art. 82 Ver Texto, 1º párr.); etc. Si no se le fijó efecto alguno al
incumplimiento, ni se puede determinar por la naturaleza del deber impuesto, sólo cabrá la
imposición de daños y perjuicios, si los hubiere causado, cuando la carga haya sido impuesta
claramente como deber, lo cual habilitará asimismo a decidir la resolución del contrato (art. 216
Ver Texto, CCom.).

(691) Bruck, p. 288.


Ver cuanto se expone en especial sobre cada obligación y carga.

(692) Por ejemplo, por las características del siniestro: C. Nac. Com., 31/8/1937, JA 59-632.
En este sentido, C. Nac. Com., sala C, 11/10/1967, y sala A, 22/11/1967, inéditos.

501
(693) Ver Halperin, ob. cit. en nota 3. La culpa no se mide por estándares abstractos y
uniformes para todos los seguros, sin que esto signifique que deba ser en concreto del
asegurado de que se trate, sino el del tráfico: Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 6, nº 29.

(694) Bruck, p. 289.

(695) Bruck, ps. 285-286 y 291. Las cargas tienen un sujeto cuando no se refieren a un estado
de hecho objetivo, sino que dependen esencialmente de la culpa de ciertas personas.

(696) Bruck, p. 287.

(697) Bruck, ps. 286 y 287.

(698) Bruck, ps. 291 y 292; la ley alemana hace varias aplicaciones de este principio.

(699) Bruck, ps. 293 y 294.

(700) Bruck, p. 290.

(701) Bruck, p. 287. Greco entiende que si el asegurado debe realizar la comunicación por
escrito, el asegurador está obligado a emplear idéntica forma y medio de envío, máxime si de
esta comunicación comienza a correr un plazo (en "Assicurazioni", 1938, 2, p. 85).

(702) Bruck, p. 287.

(703) Cuando se dispone cumplir sin dilación, se entiende sin dilación culposa (Bruck-M”ller,
ob. cit., I, § 6, nº 34).

(704) Bruck, p. 288.

(705) Patterson, nº 69; así, por ejemplo, en lo que se refiere a medidas de prevención, bastará
que cumplan el fin perseguido, aunque no sean idénticas, si son análogamente eficaces; o
cuando la agravación del riesgo carece prácticamente de importancia; o si es meramente
temporal -por ejemplo, en el traslado de las cosas aseguradas-.
La C. Nac. Com. tiene resuelto que los libros de sueldos y salarios que el asegurado está
obligado a llevar, en el seguro de los accidentes de la ley 9688 Ver Texto, pueden ser suplidos
por el aporte de los antecedentes que esos libros deben probar (7/5/1937, LL 7-88).

(706) C. Nac. Com., 20/12/1946, LL 45-683 (en el caso, falta de comunicación de documentos
en un seguro de la responsabilidad civil).
Contra: Greco, en "Assicurazioni", 1937, 2, ps. 17 y 18, porque si el asegurado considera
injustificada la negativa, la consecuencia lógica es que cumpla con sus deberes, que
condicionan el ejercicio de su derecho.
Además de no llenar función este cumplimiento, sería contrario al sinalagma funcional.

(707) Por ejemplo, las medidas de salvamento, el mantenimiento del derecho contra el tercero
responsable, etc., porque no puede agravar la situación del asegurador. Ver nota anterior.

502
(708) Para una explicación de la jurisprudencia anterior a la ley 17418 Ver Texto, del concepto
del art. 47 Ver Texto, in fine, ver C. Nac. Com., 3/12/1930, JA 34-1322, en el caso,
imposibilidad de informar el siniestro y los daños por incomunicación del asegurado. El
16/6/1920, GF 27-92, la misma cámara justificó la demora por ausencia del lugar del siniestro.
Admitió que justifica la mora en el pago de la prima del seguro sobre la vida, la enfermedad
grave, con pérdida de conocimiento y muerte posterior, porque la sanción de caducidad
requiere fundarse en un acto voluntario del asegurado (sic): C. Nac. Com., 9/11/1927, GF 71-
105.
Ver fallos citados en notas 130, 316 y siguientes.
Las jurisprudencia estadounidense distingue los deberes cuyo cumplimiento afecta
materialmente al riesgo y al pago de la prima, para los cuales no admite la excusa, de aquellos
que se deben cumplir después del siniestro, para los cuales la admite (Patterson, nº 70).
Solari Brumana, JA 1968-VI, critica la variedad de plazos fijados por la ley 17418 Ver Texto,
pero no ha tomado en cuenta la razón de esa variedad, que está dada por la distinta función en
cada caso concreto.

(709) Patterson, nº 70, señala por ejemplo el pequeño comercio de un analfabeto que,
asegurado contra robo, se le adujo la falta de libros de comercio.

(710) C. Nac. Com., 7/8/1941, LL 23-685; 4/4/1945, JA 1945-II-320.


Con la consecuencia del derecho a repetir cuanto se pagó en razón del seguro, al asegurado o a
terceros (6/3/1934, JA 45-660).

(711) Ver Halperin, ob. y lug. cits. en nota 3.

(712) La culpa puede ser personal del asegurado, o del tercero que emplea, o del representante
o dependiente o factor.

(713) Ver Halperin, ob. y lug. cits. en nota 3.

(714) Ver Eduardo G. Rodríguez, en "Rev. Crít. Jur.", 1934, p. 208.

(715) Contrato de seguro, p. 163.

(716) Ver infra, texto, párrafo 8, notas 45 y 46.

(717) Ver C. Nac. Com., 8/6/1925, GF 56-366. La discusión en torno a la naturaleza del plazo
para demandar (ver Rodríguez, Eduardo G., en "Rev. Crít. Jur.", 1934, p. 208), ha perdido
actualidad atento a la prohibición del art. 59 Ver Texto, in fine.

(718) Ver Besson y Picard, I, nº 216, y II, nº 57; Besson, nota en "Dalloz", 1936, 1ª parte, p. 84;
Houin, R., Diferencias entre la caducidad y la exclusión del riesgo en los seguros terrestres,
respecto al peso de la prueba, en "Sirey", 1948, 1ª parte, p. 125; Hémard, J., Si el seguro que
cubre un vehículo "conducido o no por el personal del asegurado" garantiza el accidente
causado por el prestatario de él, en "Sirey", 1948, 1ª parte, p. 21; Isaac Halperin, Distinción
entre no garantía y caducidad en el contrato de seguro, en LL 58-830.

503
(719) Solución establecida por la jurisprudencia para el Código derogado (C. Nac. Com.,
10/9/1920, JA 5-228).

(720) La definición aquí postulada se refiere a la caducidad de los derechos del asegurado, que
es a la cual normalmente se alude cuando se menciona dicho instituto. Pero la caducidad
también afecta, en algunos supuestos, al asegurador: es de destacar, por otra parte, que en este
último caso la caducidad se comporta de manera análoga a la que presenta esa institución en el
derecho civil, constituye la pérdida de un derecho por su falta de ejercicio dentro de
determinado plazo, establecido en la norma; la caducidad afecta, aquí sí, el mismo derecho no
ejercitado (p.ej., art. 56 Ver Texto, LS.).

(721) Ver, entre otros, Llambías, Jorge J., Derecho civil. Parte general, t. II, § 2148, p. 699,
1986, Buenos Aires; Gómez Corraliza, Bernardo, La caducidad, capítulo VIII, § 2.2, p. 255,
1990, Madrid.

(722) Ver, p.ej., Picard y Besson, Les assurances terrestres, t. I, § 125, p. 217. Estos autores, al
señalar diferencias entre la caducidad y el no seguro, expresan que en este último no se está
ante una sanción o una pena, sino ante una ausencia de derecho: no existe cobertura
asegurativa en favor del titular de la póliza, porque el hecho acaecido no constituía, desde el
comienzo del contrato, un riesgo puesto a cargo del asegurador (lug. cit., p. 218).

(723) Por ello se ha dicho que en virtud de la naturaleza de las cosas, la definición del objeto
del contrato supone, ipso facto y a contrario, el "no seguro" de todo aquello que quede fuera
de él, por lo cual esas exclusiones externas tienen una naturaleza tácita (Lambert-Faivre,
Yvonne, Droit des assurances, 1990, Paris). Es la distinción filosófica entre el "ser" y el "no
ser".

(724) Ni la ley 17418 Ver Texto ni la 20091 Ver Texto regularon en forma específica este
aspecto del contrato de seguro. Es a partir del reglamento de la ley citada en último término
que se establece, en su art. 25.1: "Como anexo I de la póliza, con letra clara y en forma
destacada, se deberán consignar todas las exclusiones de cobertura que se estipulen, haciendo
referencia al mismo en el frente de la póliza".
En el derecho francés, las exclusiones deben ser formales y limitadas y contenidas en la póliza
(art. 113-1, Code des Assurances). Por su parte, la Ley de Contrato de Seguro española dispone
que "las condiciones generales y particulares se redactarán en forma clara y precisa. Se
destacarán de modo especial las cláusulas limitativas de los derechos de los asegurados, que
deberán ser específicamente aceptadas por escrito" (art. 3 Ver Texto, 1º párr., in fine).

(725) Analizamos más extensamente la naturaleza de las cláusulas de exclusión en nuestro


trabajo titulado: Exclusiones a la cobertura en el contrato de seguro, en ED 136-547.

(726) Hemos analizado esta cuestión en el trabajo citado en la nota anterior (Las exclusiones a
la cobertura en el contrato de seguro), punto 5, ED 136-547; también, en Cláusulas de
exclusión de cobertura, "Revista de Derecho de Seguros", n_ 7, ps. 94/95, 1973, La Plata; y en
nuestro libro Culpa grave y dolo en el derecho de seguros, § 14, ap. c.4, p. 46, 1988, Buenos
Aires. Ver también lo expresado por Soto, Héctor, en su estudio Finalización de la liquidación
del siniestro. Pronunciamiento del asegurador sobre el derecho del asegurado, en LL 1990-A, §
V, n_ 17: dicho autor allí expresa: "si el peticionante ocurre ante la justicia pretendiendo hacer

504
valer la presunción legal, debe acreditar en el proceso respectivo su calidad de asegurado",
puesto que si no lo hiciere, "no puede darse curso a su pretensión, a pesar de la omisión del
asegurador en pronunciarse, ya que la presunción del art. 56 Ver Texto de la ley 17418 sólo
beneficia a quienes invisten tal carácter".

(727) Si bien los presupuestos en que se basan estos dos pronunciamientos de la Suprema
Corte de la Provincia de Buenos Aires constituyen casos de suspensión de cobertura, y como la
suspensión es un supuesto de caducidad (es una caducidad en potencia: Halperin, I., en este
libro, capítulo IV, § 26; Picard y Besson, Les assurances terrestres en droit français, t. I, § 108,
p. 192), la cual presupone un riesgo originariamente cubierto y, por ende, torna entonces
aplicable el art. 56 Ver Texto, LS., el argumento del fallo, mutatis mutandi, es en el fondo
análogo al empleado en nuestra tesis respecto de los supuestos de ausencia de seguro: la
aplicabilidad de dicha norma está condicionada a la existencia de una cobertura, y que se halle
vigente al momento del siniestro.

(728) No obstante, necesario es destacar que la magistrada preopinante, Dra. Kemelmajer de


Carlucci, dejó constancia, en el referido fallo de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza, que
adhería a una posición intermedia entre las dos tesis que analizamos, al considerar aplicable el
art. 56 Ver Texto, LS., también a los supuestos de ausencia de la cobertura, sobre todo si se
está ante cláusulas de no seguro confundibles, por su propia naturaleza, con cláusulas de
caducidad; salvo que el asegurado pretenda indemnización por riesgos manifiestamente
excluidos de la cobertura, o ab initio claramente excluidos, o si medió dolo del asegurado, o si
el asegurador no tuvo posibilidad material de determinar la exclusión en el plazo previsto en
esa norma legal, o si el riesgo es notoriamente extraño al contrato (fórmula esta última que
recuerda la del art. 58 Ver Texto de la Ley de Sociedades Comerciales, 19550). Agrega que esto
ocurre, p.ej., cuando la defensa opuesta "colinda o entra en la zona gris de las cláusulas de
caducidad".

(729) No obstante, en algunos pocos casos son de origen legal, como las de vicio propio (art.
66 Ver Texto), dolo y culpa grave (arts. 70 Ver Texto, 114 Ver Texto, 136 Ver Texto, 152 Ver
Texto, etc.), hechos de guerra civil o internacional, motín y tumulto popular (art. 71 Ver
Texto), cambio de ruta en el trasporte, etc.

(730) ¿Un nuevo art. 56 Ver Texto, LS., esta vez aplicable al Estado controlante?

(731) Ver un amplio desarrollo del punto en Vance, ps. 470 y ss., porque en el derecho
estadounidense integra la institución denominada waiver, es decir, la renuncia a un derecho
conocido.
Lógicamente, la prueba de esa renuncia pesa sobre el asegurado (Besson y Picard, 2ª ed., I, p.
203).

(732) C. Nac. Com., 26/11/1912, "Jur. Trib. Nac.", noviembre de 1912, p. 297; 27/9/1932, JA
39-551; Besson y Picard, I, nº 237; Patterson, nº 101.
Conocidas por el asegurador: C. Nac. Com., sala C, 23/5/1966, JA 1967-IV, fallo 14.439; sala
B, "Kals de Kovacs v. La Sueco Argentina", 26/9/1966, inédito; "Martínez v. Nalmel",
10/3/1967, inédito.
No caben reservas mentales: C. Nac. Com., 7/11/1945, LL 41-362.

505
"Todo pedido al asegurado de diligencias que le causen incomodidades o gastos, [. . .] se
considerará renuncia a la caducidad" (Patterson, nº 101).

(733) C. Nac. Com., 7/12/1928, GF 77-309; 21/5/1930, GF 86-190 -ejercer el derecho a


dirigir el proceso, en el seguro de la responsabilidad civil-, y 10/3/1967, LL 128, fallo 58.055,
con nota crítica de Guillermo Moreno Hueyo; 27/9/1932, GF 100-187; 13/5/1929, JA 29-776
-prestación de asistencia médica en el seguro de accidentes del trabajo-; hacer reparar el
vehículo con el cual se causó el daño (27/3/1957, LL 88-374; 7/11/1945, LL 41-362).

(734) C. Nac. Com., 17/3/1933, GF 103-160; 15/12/1910, "Jur. Trib. Nac.", 1910, p. 2460.
Pero no ha reconocido este efecto al envío del liquidador, porque la intención no es inequívoca
(C. Com., 27/6/1927, JA 25-332; 16/12/1927, JA 26-1288).

(735) C. Nac. Com., 7/9/1925, GF 58-138.

(736) C. Nac. Com., 9/8/1940, LL 19-715.

(737) C. Nac. Com., 7/9/1925, JA 17-657; 22/7/1936, JA 55-249; 3/8/1938, JA 63-595;


27/4/1938, LL 10-641; 10/3/1939, LL 14-205; 20/5/1939, LL 14-670; 9/8/1940, LL 19-715;
28/6/1937, LL 7-891.
Contra: C. Nac. Com., 11/6/1919, GF 21-51; a lo más, será una prórroga del plazo para
cumplir -informe de los daños-.
Ver Fanelli, en "Assicurazioni", 1943, 2, 23, y 1945-1946, 2, 38. Asimismo, ver C. Nac. Com.,
sala C, 11/9/1963, inédito, y sala B, 5/9/1962, inédito.

(738) C. Nac. Com., 10/3/1939, JA 65-856; 31/12/1940, JA 1942-I-531; 12/11/1941, JA


1942-I-212.

(739) C. Nac. Com., 25/3/1944, JA 1944-II-218: en el caso, seguro por accidentes del trabajo,
en que el asegurado omitió llevar el libro de jornales.

(740) C. Nac. Com., 15/5/1929, JA 29-777.

(741) C. Nac. Com., 20/10/1933, JA 43-1178.

(742) C. Fed. Bahía Blanca, 17/12/1931, JA 37-134.

(743) C. Nac. Com., 2/7/1914, "Jur. Trib. Nac.", julio de 1914, p. 246; 15/5/1929, JA 29-777.
Contra, cuando declina la responsabilidad extrajudicialmente: C. Nac. Com., 20/12/1946, LL
45-683, con nota crítica de Isaac Halperin.

(744) Conf.: C. Nac. Com., 26/12/1933, GF 110-46 y JA 44-800; 16/10/1931, JA 36-1496;


4/4/1945, JA 1945-II-320; 5/4/1945, LL 38-910, con nota de Raymundo L. Fernández,
Cláusulas de caducidad en el contrato de seguro. Validez e interpretación de las mismas;
20/12/1946, LL 45-683, con nota de Isaac Halperin; 19/12/1947, LL 50-127; 14/3/1949, LL
58-830; 13/5/1955, LL 81-544; 27/6/1956, LL 85-209; C. Nac. de Paz, III, 10/6/1955, LL 80-
240; C. Apels. Bahía Blanca, 23/11/1956, LL 88-199; Lordi, "Riv. Dir. Comm.", 1937, 2, p.
299; Lepargneur, nº 1316; Besson y Picard, nº 226.

506
Incluso respecto de los elementos de juicio que sirven para justificarla (C. Nac. Com.,
16/10/1931, JA 36-1496).
Así, el plazo para el arreglo definitivo de cuentas, no rige para el cobro de ese importe (C. Nac.
Com., 2/9/1916, GF 4-173).

(745) Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 6, nº 21, quienes añaden también el supuesto del escaso daño
recibido por el asegurador en razón de ese incumplimiento.

(746) Besson y Picard, I, nº 238; Lepargneur, nº 1317; C. Nac. Com., 9/9/1932, JA 39-527;
26/8/1926, JA 25-1119.
Besson y Picard añaden que la retractación, cuando es posible, también borra el efecto de la
caducidad. Debe ser espontánea y anterior a toda reacción del asegurador, y no dejar
subsistente ningún perjuicio para el asegurador (nº 239).
Téngase en cuenta que conforme al texto del art. 36 Ver Texto cit. es suficiente la ausencia de
culpa o negligencia; que no es menester probar existencia de fuerza mayor o caso fortuito.

(747) Patterson, nros. 65 y 69, y p. 466.


La violación temporaria no es sustancial (Patterson, p. 296).
Debe ser útil. Si no lo es, la violación es indiferente (art. 36 Ver Texto, y Lordi, en "Riv. Dir.
Comm.", 1937, 2, p. 299). De ahí que la C. Nac. Com. haya resuelto, con anterioridad a la
nueva ley, que no existe cuando en un segundo proceso no se cita al asegurador si media
condena de un coaccidentado, que haría inútil la defensa (27/9/1932, JA 39-551).

(748) Se extienden simplemente las reglas generales en materia de inejecución de obligaciones y


carga de la prueba. Conf.: Bruck, p. 289; Besson y Picard, I, nº 227; C. Nac. Com., sala C,
21/10/1966, ED 17-749.
En cambio, Patterson impone al asegurado la prueba del cumplimiento de las principales
obligaciones y cargas (pago de la prima, informe del siniestro, informes de los daños); y exige
que el asegurador pruebe la infracción específica de la carga que imputa (ob. cit., nº 65). No se
percibe la razón por la cual es menester apartarse de las reglas generales en materia de
ejecución de obligaciones contractuales: la parte que no imputa incumplimiento cuando se la
demanda para que ejecute las obligaciones que asumió reconoce, implícitamente, que la
contraparte cumplió lealmente con las suyas.

(749) Sancionada el 13/9/1995 y promulgada por decreto 545 , del 3/10/1995.

(750) La ley 9688 Ver Texto fue una de las primeras normativas que introdujeron en nuestro
derecho la responsabilidad objetiva (la ley 17711 Ver Texto, modificatoria del Código Civil en
este aspecto, es muy posterior: 29/4/1968).

(751) Lo cierto es que la opción dispuesta por la ley 9688 Ver Texto, que en su origen implicó
una alternativa concedida al trabajador entre la invocación de la responsabilidad objetiva
(otorgada en los casos de accidentes y enfermedades laborales que se enumeraban en un
catálogo) y el régimen general del Código Civil (que en ese entonces establecía una
responsabilidad cuyos factores de atribución eran de raigambre subjetiva -culpa o dolo del
causante del daño-), resultó alterada al ser modificado el Código Civil por la ley 17711 Ver
Texto -en especial, el art. 1113 Ver Texto de dicho Código-. Se invocó, entonces, en las
opciones la responsabilidad objetiva derivada de esta norma; la objeción de que se trataba de

507
una relación contractual (art. 1107 Ver Texto, CCiv.) fue desestimada por la jurisprudencia. A
ello se sumó el hecho de que, sistemáticamente, los tribunales laborales se declararon
competentes para entender aun en los casos de opción por el derecho civil, aplicando además
los principios y presunciones del derecho laboral: p.ej., esos tribunales empleaban el principio
(pretoriano) de la "indiferencia de la concausa" derivada del trabajo sobre la extensión de la
incapacidad que se hubiere determinado; se dejó a un lado el listado de enfermedades de la ley,
para desembocar en una libre determinación de la causalidad laboral para configurar la
"enfermedad del trabajo"; por último, se echó mano del art. 75 Ver Texto de la ley de contrato
de trabajo 20744 (precepto de particular ambig edad en los casos concretos, por su referencia
a las imprecisas normas sobre seguridad y salubridad del trabajo) para fundar la opción por el
derecho civil, que permitía eludir los topes cuantitativos sin someterse al mayor rigor
conceptual y procesal de las normas civiles.
Esto generó una gran litigiosidad, en especial mediante la invocación de enfermedades, que se
enlazaban en grupos de cuatro o cinco, situación que en un trabajo anterior sobre el tema
("Doctrina Laboral", t. V, p. 468) denominamos "el advenimiento del enfermo plural": las
incapacidades originadas en el trabajo no se distinguían causalmente de las provenientes de
carencias físicas propias de la particular constitución natural originaria del reclamante.

(752) Durante la vigencia de las leyes anteriores, la jurisprudencia entendió que el seguro al cual
se refería la ley revestía carácter integral (a pesar de que se trataba de una cobertura voluntaria,
que el patrono podía contratar o no, según lo considerase conveniente), por lo cual no se
admitía que el seguro cubriese algunas dolencias y excluyese otras.

(753) Ver capítulo V, § 89 (a). Asimismo, en los últimos tiempos se advierte un aumento de los
planteos judiciales en que se formulan cuestionamientos constitucionales a algunas de las
normas de la ley 24557 Ver Texto. Cabe mencionar, como intento gubernamental de evitar o
atenuar tales planteos, el aumento en las prestaciones y la apertura en la caracterización de las
enfermedades profesionales comprendidas en el sistema (ley 24557, arts. 6 Ver Texto, inc. 2.b;
11 Ver Texto, inc. 4, y 14 Ver Texto, etc., texto según decreto 1278/2000 Ver Texto).

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Capítulo IV. OBLIGACIONES Y CARGAS DEL ASEGURADO

508
1. Obligaciones y cargas del asegurado.

El asegurado asume diversas obligaciones y cargas. Además de la pecuniaria de pagar la prima,


debe cumplir otras, en todos los seguros; su número depende de la naturaleza del riesgo
asumido: cuanto menor sea la posibilidad de que la conducta del tomador pueda variar el
riesgo, tanto menores serán sus obligaciones y cargas; de ahí la diferencia entre los seguros de
personas o contra el granizo y los demás seguros de intereses (676) .

Estas obligaciones o cargas se refieren o se hallan en estrecha vinculación con el riesgo


asumido, para mantener el estado del riesgo, para limitar los efectos dañosos del siniestro, etc.
(677) .

Algunas de estas obligaciones y cargas las impone la ley (arts. 27 Ver Texto, 38 Ver Texto, 46
Ver Texto, 67 Ver Texto, 72 Ver Texto, 74 Ver Texto, 77 Ver Texto, 80 Ver Texto, 82 Ver
Texto, 103 Ver Texto, 104 Ver Texto, 105 Ver Texto, 106 Ver Texto, 115 Ver Texto, 122 Ver
Texto, 132 Ver Texto, 133 Ver Texto, 150 Ver Texto), y otras -casi todas las referentes al
deber de informar-, los contratos, los cuales también fijan la sanción, que la ley ha limitado (art.
36 Ver Texto, que se debe combinar con el art. 158 Ver Texto).

Por su contenido, se distinguen en obligaciones y cargas de información y de conducta. Los


informes se refieren a circunstancias que son importantes para que el asegurador aprecie el
estado del riesgo al momento de la celebración del contrato y durante su vigencia, en especial,
las circunstancias importantes o agravantes, la producción del siniestro y los hechos
equiparados a él, la enajenación de la cosa, la celebración de otros seguros, los daños sufridos,
etc. (678) . Las cargas referentes a la conducta del tomador o del asegurado se traducen en un
hacer, un no hacer, o ambos simultáneamente: por ejemplo, la prohibición de variar el estado
del riesgo, el deber de conjurar o disminuir los daños (679) .

1 (a). Clasificación de las cargas.

509
En el seguro, las cargas se pueden clasificar, desde diversos ángulos de mira, según su fuente y
los distintos efectos que la ley les adjudique.

Tenemos, así, cargas: a) legales y contractuales; b) presiniestrales y postsiniestrales; c)


vinculadas al trascurso de un plazo o a otras circunstancias; d) de información y de conducta;
e) del asegurado y del asegurador.

a) Las cargas legales son, como su denominación lo indica, aquellas que la ley impone
expresamente respecto de una situación determinada, les fija un régimen y un efecto
específicos e indica asimismo sus presupuestos objetivos y subjetivos (680) . En tal sentido
muestran una gran diversidad, y se interpenetran con las otras clasificaciones (pueden ser,
además, pre o postsiniestrales, de información o de conducta, vinculadas o no al trascurso del
tiempo, etc.).

Las cargas convencionales o contractuales, en cambio, son las establecidas por el contrato, y
quedan sujetas al régimen genérico del art. 36 Ver Texto, LS., que las abarca a todas. Su
contenido es esencialmente variable, pues responde a las diversas situaciones que presenta cada
riesgo al cual estén referidas. No obstante, todas ellas caen bajo ese art. 36 Ver Texto, que
impone presupuestos objetivos (vinculación causal con el acaecimiento del siniestro o con la
magnitud de sus efectos) y subjetivos (culpabilidad en el incumplimiento de la conducta
requerida).

Respecto del elemento subjetivo, si bien la Ley de Seguros sólo hace referencia, en el art. 36
Ver Texto, a "culpa o negligencia", podemos agregar el "dolo", pues, al ser la figura más grave
del incumplimiento, queda lógicamente implicado entre los presupuestos subjetivos: de allí que
hablemos de "culpabilidad", expresión que abarca tanto la culpa en sentido estricto como el
dolo.

Es de señalar que la normativa del art. 36 Ver Texto, LS., está destinada a evitar excesos en la
facultad de predisposición de cláusulas contractuales que contengan cargas que pesen sobre el
asegurado; por ello, las acota entonces mediante esas exigencias de vinculación causal del
incumplimiento con el acaecimiento del siniestro o con la magnitud de sus consecuencias, y
con existencia de culpabilidad en la conducta. Dicho art. 36 Ver Texto figura entre los que
"sólo se podrán modificar en favor del asegurado" (art. 158 Ver Texto, LS.).

Se puede agregar que resultan también de aplicación analógica las disposiciones de la Ley de
Defensa del Consumidor Ver Texto sobre cláusulas predispuestas.

510
b) Las cargas pueden ser también presiniestrales o postsiniestrales, y ello así, ya se trate de
cargas legales o convencionales.

La distinción presenta interés en varios supuestos como, por ejemplo, en materia de cargas
convencionales, en la cual el art. 36 Ver Texto impone diversos presupuestos causales; o en el
art. 118 Ver Texto, que establece la limitación de defensas oponibles por el asegurador al
tercero damnificado reclamante, etc.

Una carga legal parece revestir ambas calidades: nos referimos a la carga de salvamento, que
resulta exigible desde que el siniestro aparece inminente y busca evitarlo (por ende, es
presiniestral), pero se extiende hasta que resulte posible que el siniestro continúe originando
daños (postsiniestral).

Por otra parte, las cargas presiniestrales están esencialmente vinculadas a la institución de la
suspensión de cobertura, como explicaremos después [§ 26 (a)].

Asimismo, respecto de algunas conductas se discute si revisten carácter de cargas, o bien


constituyen situaciones de otra especie: así, p.ej., el deber de informar verazmente el estado del
riesgo, resultante del art. 5 Ver Texto, LS., que para una parte de la doctrina se trata de un vicio
del consentimiento, en tanto que otros lo consideran una carga precontractual (681) .

Por nuestra parte, en un reciente análisis del tema hemos llegado a una posición intermedia: la
normativa de los arts. 5 Ver Texto y ss., cit., regulan, en principio, vicios del consentimiento
del asegurador causados por declaración falsa o reticente del asegurado: de allí el efecto de
nulidad establecido por la norma. Pero la ley atribuye, a la vez, el carácter de una carga a esa
exigencia de declaración veraz para un supuesto específico: que tenga lugar el siniestro dentro
del plazo con que cuenta el asegurador para impugnar (art. 9 Ver Texto, LS.). No se debe
olvidar que si bien la existencia de tales defectos en la declaración del asegurado se suele
advertir en ocasión del siniestro, la normativa del art. 5 Ver Texto y ss., LS., es más amplia, y
resulta aplicable aun antes de todo siniestro, de comprobarse la existencia de reticencia o falsa
declaración (682) .

c) Las cargas pueden estar vinculadas o no al tiempo, esto es, tratarse de conductas que deben
ser cumplidas dentro de un lapso establecido por la ley o el contrato, o bien constituir otra
especie de actuaciones, en las cuales la referencia temporal resulta ajena a su finalidad o, al
menos, juega un papel secundario.

Entre las primeras podemos señalar, p.ej., la carga de denunciar el cambio del interés asegurado
(art. 82 Ver Texto); la agravación del riesgo (art. 38 Ver Texto) y el acaecimiento del siniestro

511
(arts. 46 Ver Texto, 47 Ver Texto, 67 Ver Texto, 93 Ver Texto, 103 Ver Texto, 115 Ver Texto,
124 Ver Texto, etc.); la de pagar la prima (arts. 30 Ver Texto y 31 Ver Texto); la de rechazar el
seguro si el texto difiere del de la propuesta (art. 12 Ver Texto).

Pero no todas las caducidades están relacionadas con el trascurso del tiempo (683) : algunas
consisten en la realización de determinadas conductas, cuyo objetivo es lograr la colaboración
del asegurado en ciertos aspectos requeridos para un normal y adecuado funcionamiento del
riesgo o de las operaciones inherentes a la comprobación del siniestro y la evaluación de sus
consecuencias. En tal sentido se puede señalar, p.ej., las cargas de suministrar información
complementaria requerida por el asegurador por resultarle necesaria para verificar
adecuadamente el siniestro o la extensión de sus consecuencias (art. 46 Ver Texto, 2º párr.), o
de proporcionar determinada documentación (íd., 3er. párr.), de no exagerar maliciosamente
los daños ni emplear pruebas falsas para acreditarlos (art. 48 Ver Texto), de salvamento (arts.
72 Ver Texto y 104 Ver Texto), de no introducir cambios en las cosas dañadas por el siniestro
(arts. 77 Ver Texto y 95 Ver Texto) o en los frutos o productos afectados que no presentan
urgencia (art. 95 Ver Texto), de no maltratar o descuidar gravemente al animal asegurado (art.
105 Ver Texto) ni sacrificarlo sin consentimiento del asegurador (art. 106 Ver Texto), de no
reconocer responsabilidad ni celebrar transacción sin anuencia del asegurador, etc.

d) Las cargas del asegurado también se pueden clasificar, como lo señala el autor de esta obra,
en deberes de información o de conducta.

Aunque es verdad que, en última instancia, informar constituye también una conducta, lo
cierto es que las de información componen un grupo de cargas que revisten fundamental
importancia para el debido funcionamiento de la relación asegurativa. Es que el asegurador
depende, en gran medida, de la información que le aporte el asegurado, por ser éste quien se
halla normalmente cerca de los bienes sobre los cuales recae el interés asegurado, y también
suele estar en el lugar del siniestro y tomar conocimiento más o menos inmediato de la
ocurrencia del hecho. Por ello, la información le resulta necesaria al asegurador, tanto para
conocer lo más certeramente posible la naturaleza y caracteres del riesgo y sus variaciones,
como, en caso de siniestro, para averiguar prestamente sus causas, circunstancias y la magnitud
de sus consecuencias.

Se podría pensar que la clasificación responde de una manera simétrica a la distinción jurídica
entre declaraciones de conocimiento y declaraciones de voluntad, en las cuales ciertos aspectos,
como, p.ej., el requisito de la capacidad de quien la emite, resulta esencial en las segundas, en
tanto que pierde relieve en las de mera información. Pero es de señalar que la circunstancia de
estar constituido el contenido de una carga por una conducta no significa que se esté
necesariamente ante declaraciones de voluntad. Es más: el cumplimiento de estas cargas no
requerirá normalmente la formulación de declaraciones de voluntad, sino que configurarán
meras conductas de hacer o de no hacer (p.ej., no variar el estado de cosas, realizar actos de
salvamento, etc.), pero no "declaraciones" en sentido estricto.

512
En líneas generales, las cargas de información se cumplen proporcionando los datos requeridos
al asegurador, para ponerlo en condiciones de analizar la índole del riesgo, la naturaleza y
causas del siniestro y evaluar sus consecuencias; por ello, en general resultará suficiente la
información sintética de las circunstancias que estén en conocimiento del asegurado, aunque
no significa que deba efectuar complejas indagaciones ni llevar a cabo operaciones técnicas
para obtener esa información: el proceso de investigación de circunstancias relativas al seguro,
en especial las referidas al siniestro, es tarea que corresponde al asegurador (arg. art. 76 Ver
Texto, LS.). Ello es así aun en la carga de proporcionar información complementaria, que se
debe referir a aspectos conocidos por el asegurado. Por otra parte, estas cargas tienen,
lógicamente, una finalidad informativa, por lo cual, con frecuencia se considerarán cumplidas si
el asegurador ha llegado a tener efectivo conocimiento, en el plazo establecido, de la situación
o circunstancia que debía denunciarle el asegurado (arg. arts. 15 Ver Texto, 2º párr.; 40 Ver
Texto, inc. b; 79 Ver Texto, in fine; etc.).

e) En la relación asegurativa, las cargas pueden afectar tanto al asegurado como al asegurador.
Sin duda, las referidas al asegurado son mucho más numerosas, pero ello no significa que el
asegurador se halle exento de sus exigencias. Normalmente, tales cargas resultarán de la Ley de
Seguros, tal como acontece con la que impone que se invoque la reticencia o falsedad dentro
del plazo de 3 meses de conocidas (art. 5 Ver Texto, 2º párr.); el rechazo de la propuesta de
prórroga, dentro de los 15 días de recibida (art. 4 Ver Texto, 3er. párr.); de alegar la caducidad
convencionalmente establecida mediante carga presiniestral, dentro del mes de conocido el
incumplimiento (art. 36 Ver Texto, inc. a); de otorgar preaviso para rescindir el contrato (arts.
31 Ver Texto; 40 Ver Texto; 42 Ver Texto; 45 Ver Texto; 52 Ver Texto, 2º párr.; etc.); de
pronunciarse sobre el derecho del asegurado (en rigor, del "no derecho": art. 56 Ver Texto);
etc.

Como se advierte, las cargas antes señaladas se hallan íntimamente vinculadas al trascurso de
plazos determinados, que deben ser observados para que el derecho que se quiere ejercitar se
configure válidamente (preavisos), o bien no se extinga al vencer el lapso que fue acordado
(caducidad).

Por último, aunque se trata de casos de excepción, nada obsta a que una carga sea impuesta al
asegurador por cláusula contractual. Pero en este caso no regirá el art. 36 Ver Texto,
claramente dirigido a regular la caducidad de los derechos del asegurado.

Jurisprudencia

En materia de cargas y caducidades se ha destacado que el régimen de las caducidades


convencionales carece de "automaticidad", por lo cual recae sobre el asegurador la carga
probatoria de los presupuestos subjetivos y objetivos de la norma que invoca, a fin de que no
se produzca en su favor un indebido enriquecimiento a expensas del asegurado; se debe tener
presente, además, que para que la sanción estipulada se torne operativa, deberá ser alegada

513
dentro del perentorio plazo legal de un mes (684) de conocido el incumplimiento (C. Nac.
Com., sala A, 2/9/1995, ED 167-500) y que la caducidad se debe distinguir de la rescisión,
porque en tanto esta última afecta todo el contrato, es decir, el vínculo contractual en sí, la
caducidad sólo lo hace respecto de un derecho de una de las partes (C. Nac. Com., sala A,
6/12/1984, "Corona de Schellmann, Catalina, v. La Defensa Cía. de Seguros S.A." Ver Texto,
LL 1986-A-642, sum. 37.153).

En el contrato de seguro, la caducidad y la suspensión guardan estrecha relación, pues la


suspensión de la cobertura existe cuando el asegurado no ejecuta, en el curso del contrato, una
determinada obligación a su cargo que tiene los efectos de una caducidad temporaria. Pero la
pretensión de invocar esta caducidad temporaria se detiene frente a la realización de ciertos
actos o conductas que impliquen el cumplimiento de las obligaciones a cargo del asegurador,
las cuales constituyen, o bien una renuncia tácita al derecho de oponer la caducidad, o un
supuesto de reconocimiento tácito del derecho del asegurado a la indemnización prometida
(Sup. Corte Just. Mendoza, 27/12/1993, "Maradona, Jorge, v. García Baigorria, Gladys" Ver
Texto).

2. Naturaleza jurídica de las cargas.

¿Cuál es la naturaleza de estos deberes o cargas del asegurado? La doctrina alemana ha


discutido agudamente el problema.

Para una parte de ella, en esencia, su naturaleza es la de las obligaciones civiles, que se fundan
en el Código Civil (685) .

Bruck señala, con razón, que si fueran obligaciones civiles tendrían las cualidades de éstas:
exigibilidad de la ejecución, ejecución forzada, daños y pena, como reacción del orden jurídico
en caso de incumplimiento. Pero el asegurador no tiene interés en demandar judicialmente su
cumplimiento, porque una vez violadas, la situación de equilibrio en la relación asegurativa está
destruida, y a aquél le es innecesario porque está protegido en otra forma. Tampoco puede
reclamar resarcimiento, porque éste supone la disminución patrimonial, que no existe en el
caso; la ley -y el contrato- satisfacen al asegurador con otros medios: por la liberación total o
parcial, definitiva o temporaria. En realidad, el asegurador se beneficia, no se perjudica. El
incumplimiento daña al asegurado, nunca al asegurador, porque el cumplimiento se realiza en
el propio interés del asegurado, que evita la pérdida de un derecho. "Las sanciones previstas no
representan ninguna coacción del asegurador para asegurarse el derecho a una prestación, sino

514
que son consecuencias necesarias nacidas de los fundamentos de la técnica del seguro, que se
originan en la inobservancia de deberes [del asegurado] en interés propio" (686) .

Otra parte de la doctrina establece que el cumplimiento de la carga es el presupuesto para la


eficacia de la prestación o su extensión o para algún hacer del asegurador. El punto de partida
de esta teoría es que todos los contratos del asegurador constituyen una comunidad de riesgos.
El asegurador clasifica cada unidad, por determinado estado del riesgo, al momento de la
celebración del contrato, y para ello debe conocer todas las circunstancias para evitar una
clasificación errónea y percibir una prima menor. La comunidad no debe soportar el daño.
Igual protección se debe dar contra la alteración arbitraria del estado del riesgo: eslabón de la
gran cadena, es menester que no exceda de la elasticidad prevista, porque de lo contrario se
romperá. Asimismo, antes y después del siniestro es necesario observar la conducta
preestablecida por el asegurador, para no romper la igualdad en esa comunidad y destruirla.
Todas las cargas -salvo excepciones insignificantes- sirven para considerar, fijar, mejorar, un
determinado estado del riesgo; para disminuir y aun impedir la materialización del riesgo. Le
imponen así una conducta al asegurado. Y el asegurador se libera o sólo cumple en forma
reducida, cuando no se observan esas cargas. Por lo cual la conducta del asegurado es el
presupuesto de la prestación del asegurador, presupuesto no en el sentido de una
contraprestación de la otra parte y fundada en motivos ocultos e ignorables, sino fundada en el
contenido expreso del contrato: el derecho vigente no conoce obligaciones ocultas. El
asegurador puede invocar la violación de las cargas, cuando han sido expresamente -y no
tácitamente- impuestas. Si el asegurado cumple esas cargas, lo hace en su propio interés,
aunque hayan sido impuestas por la peculiaridad de la empresa de seguros. El asegurado que
no las observa no perjudica al asegurador, sino que obra en su propio perjuicio. Si bien se
requiere una violación culposa (art. 36 Ver Texto) de la carga, esta apariencia externa no le da
el carácter de una obligación en sentido jurídico estricto. En resumen: al deber del asegurado
no corresponde un derecho del asegurador, porque no liga obligacionalmente a dos personas,
sino que establece una cierta conducta del tomador del seguro, como presupuesto para hacer
valer su pretensión contra el asegurador (687) , aunque para la ley 17418 Ver Texto en algunos
supuestos se resuelve en indemnización de daños (p.ej., art. 80 Ver Texto, LS.) (688) .

La posición -de la cual participamos- es fecunda en resultados.

2 (a).

No hay duda alguna de que existe una marcada diferencia estructural y funcional entre cargas y
obligaciones: si bien ambas poseen un sujeto pasivo, en las cargas falta el acreedor que, en

515
cambio, constituye elemento esencial (parte activa) de las obligaciones, como titular de un
derecho subjetivo (facultad) a reclamar del deudor (parte pasiva) el cumplimiento de la
prestación adeudada. La carga, en vez, funciona como un mecanismo jurídico que sólo opera
sobre un sujeto (pasivo), al cual le requiere implícitamente el cumplimiento de una conducta
que, si no es cumplida, da lugar a un efecto disvalioso, normalmente, la pérdida de derechos
(689) ; de allí que resulte posible distinguir una doble función: 1) de motivación, mediante la
amenaza de la consecuencia disvaliosa, y 2) de sanción, en caso de que la conducta postulada
como debida no lo sea, como hecho impeditivo de tal efecto disvalioso.

En el seguro, la finalidad de las cargas impuestas al asegurado es promover la realización de


conductas requeridas para lograr un adecuado funcionamiento técnico-económico de la
relación asegurativa. De allí su carácter normalmente sancionatorio, que se advierte en la
circunstancia de que el efecto disvalioso no consiste aquí en la pérdida del derecho dejado de
ejercitar, sino en la extinción (caducidad) de un derecho diferente: el del asegurado a reclamar
del asegurador el cumplimiento de la prestación fundamental que éste prometió para el caso de
producirse el siniestro, y para obtener el cual el asegurado contrató el seguro y pagó la prima
(690) .

En nuestra opinión, en la generalidad de los casos estamos, entonces, ante una sanción, dado
que se trata de un efecto consistente en la pérdida (caducidad) de un derecho que hasta ese
momento se poseía, extinción que tiene lugar como consecuencia del incumplimiento, por
parte del sujeto pasivo, de una conducta postulada como debida. No se trata de una mera
opción entre ejecutar una conducta o dejar de obtener un efecto deseado, sino ante la pérdida
de un derecho, poseído hasta entonces por el asegurado, caducidad que tiene lugar a causa del
incumplimiento de la conducta requerida, propuesta en calidad de "hecho impeditivo" de esa
caducidad. El derecho que se pierde no es, por otra parte, el no ejercitado, sino uno diferente:
el derecho a reclamar del asegurador el cumplimiento de la prestación principal por éste
prometida para el caso de acaecer el siniestro, en vista de la cual el tomador contrató el seguro.

Así, si se reconoce a esa extinción de derechos (caducidad) el carácter de sanción ante el


incumplimiento de una conducta requerida por la norma, dicha conducta asume la calidad de
deber jurídico, cuyo origen puede estar dado ya por la norma, ya por el contrato. Ello lleva a
concluir que si bien las cargas se distinguen de las obligaciones por la falta de un sujeto activo
(acreedor) con aptitud jurídica para exigir del sujeto pasivo (deudor) el cumplimiento de una
prestación determinada, aquéllas, cuando son impuestas al asegurado, poseen, no obstante, una
característica común que las reúne y las ubica dentro del derecho de las obligaciones,
considerado en sentido amplio: la existencia de un deber jurídico de realizar una conducta
determinada cuando se dan ciertos presupuestos, actuación que si se omite origina la pérdida
de un derecho (en este caso, el del asegurado a reclamar del asegurador, en caso de siniestro, el
cumplimiento de la prestación principal que éste prometió para ese supuesto).

516
La existencia de un deber lleva también a señalar otro elemento común que se advierte en
ambos mecanismos jurídicos y es que existe un sujeto pasivo, alguien sometido a la exigencia
de realizar la conducta requerida por la norma legal o la disposición contractual como
"debida", con la amenaza de pérdida del derecho a recibir la prestación fundamental del
asegurador.

También se advierte en las cargas que se establecen en el seguro la existencia de elementos


subjetivos característicos del derecho de las obligaciones, que se subsumen en el concepto de
culpabilidad, esto es, culpa (a veces con gradación, como en las categorías de "grave",
"inexcusable", "asimilable al dolo", etc.) y dolo (en ocasiones, también, con la variante de
"malicia", "mala fe", etc.), y que aparecen tanto como elementos integrantes del presupuesto de
hecho de una caducidad como, en otros casos, constitutivos de exclusiones causales de
raigambre subjetiva.

Por último, el fuerte elemento motivador contenido en las cargas que amenazan caducidades
está dirigido, como señala el autor de esta obra, a evitar erróneas clasificaciones del riesgo
asumido, o su alteración arbitraria, o bien, ocurrido el siniestro, a obtener un adecuado grado
de colaboración de parte del asegurado para posibilitar la determinación de las causas que lo
produjeron, su adecuación a la cobertura otorgada y la magnitud de las consecuencias. Pero
ello no implica, a nuestro juicio, que tal finalidad esté dirigida, en primer lugar, a proteger la
comunidad de riesgos, aunque ese efecto se logre asimismo en forma adicional, por
implicancia: el objeto inmediato de esos requerimientos es lograr un satisfactorio
funcionamiento de la relación individual del seguro establecida por el contrato, de manera que
ella se desenvuelva adecuadamente conforme al esquema técnico-económico que se halla en su
base. Tal circunstancia no es óbice, empero, para que el efecto perseguido se extienda a todo el
sistema que vincula a los contratos de una rama en virtud de la mutualidad, precisamente
porque esa relación se inserta en el grupo de los demás contratos y se producirá, entonces, el
fenómeno técnico-económico de la compensación de los riesgos. La comunidad puede faltar
en un asegurador determinado, p.ej., en los casos de coberturas excepcionales -grandes riesgos-
, supuestos de alta probabilidad, etc., que buscará la atomización del riesgo por otros
mecanismos (reaseguro; coseguro; etc.); pero ello no implicará que dejen de existir los motivos
que dieron lugar a requerir las conductas exigidas en las cargas, pues sigue siendo necesaria la
colaboración del asegurado para lograr un adecuado funcionamiento de la relación asegurativa
individual, tanto antes como después del siniestro.

3. Cumplimiento de las cargas: lugar, obligados, violación por terceros, etc.

Estas cargas deben ser cumplidas conforme a la buena fe, según los usos comerciales (691) y
las posibilidades del asegurado (692) : sobre este último aspecto el art. 36 Ver Texto fija una
regla general en cuanto reprime culpa o negligencia del asegurado en el incumplimiento (693)

517
(ver conf. art. 47 Ver Texto en el deber de informar el siniestro; art. 69 Ver Texto, sobre
celebración de pluralidad de contratos; etc.) o un grado mayor de culpa (en sentido amplio)
(v.gr., malicia en el deber de informar o probar los daños, art. 48 Ver Texto; dolo o culpa
grave, en el de salvamento, art. 72 Ver Texto; etc.).

Las cargas de información deben ser ejecutadas en el domicilio del asegurador. Las cargas de
conducta, en el del tomador o en el lugar de la cosa, sea que se trate de seguros de personas o
de intereses (694) .

Es indiferente quién cumple con las cargas: sólo interesa que se cumplan. Es una consecuencia
de su naturaleza. Así ocurre cuando se trata de ejecutar un acto, como es la carga de informar,
aunque en los hechos es difícil que pueda hacerlo un tercero (por ejemplo, en la agravación de
los riesgos); y cuando se refiere a una abstención, por ejemplo, el mantenimiento del estado del
riesgo, la prohibición de alterarlo, naturalmente que sólo él puede cumplirla (arts. 39 Ver Texto
y 40 Ver Texto). Reglas que se observarán salvo que la ley o el contrato determinen quién
ejecutará las cargas (695) .

De estas cargas, están las que se agotan en un acto único; en cambio, otras exigen una
conducta continuada, como la de mantener el estado del riesgo, la de disminuir o evitar el
daño, etc. (696) .

El tomador debe cumplir con las cargas; y en el seguro por cuenta ajena, también el asegurado,
para poder ejercer sus derechos. En el supuesto de enajenación, es menester que las cumpla el
adquirente, a quien es oponible la inejecución por el vendedor. Cuando son varios asegurados
o beneficiarios, basta que uno solo cumpla con la carga, si la acción de los demás nada puede
agregar: se satisface la función a que está destinada (por ejemplo, las informaciones). Cuando
se trata del seguro de intereses, es menester considerar la naturaleza del vínculo que une a los
coasegurados: si éste es solidario, el cumplimiento o violación por parte de uno de ellos afecta
a los demás, mas si es una relación mancomunada, cada asegurado se beneficia por el
cumplimiento de los demás, pero no se perjudica por la violación; empero, si la violación afecta
a la totalidad de la relación -por ejemplo, agravación del riesgo por un condómino-, sus efectos
se producen respecto de todos los asegurados (697) (es un efecto de la indivisibilidad, porque
la agravación afecta el riesgo en su integridad).

En lo que se refiere a la responsabilidad por los terceros cuyos servicios se utilizan para
cumplir con las cargas, las soluciones pueden variar, según se considere que se trata de

518
obligaciones civiles o del cumplimiento de cargas. Si se estima que son obligaciones, se juzgará
con arreglo a los principios generales de éstas. Si cargas, se distinguirán las cargas en que sólo
interesa el mero hecho de su ejecución o inejecución, de las que sólo sancionan el
incumplimiento culposo o malicioso. En las primeras, el tomador es responsable por sí y por
los actos de los terceros por quienes debe responder. Para las demás, es necesario distinguir la
carga de informar de las demás cargas. En el cumplimiento de la carga de informar, se puede
emplear a un tercero como representante o mensajero, y en tal caso se responde por la mala
elección o vigilancia de éstos como por las comunicaciones inapropiadas (falsas, tardías,
omitidas); además, el conocimiento del mandatario es conocimiento del mandante, y el
tomador responde por su violación, sea su representante legal o contractual (698) . Cuando las
cargas consisten en una conducta, el tomador sólo responde por la suya personal (p.ej., malicia,
art. 48 Ver Texto; dolo o culpa grave, art. 72 Ver Texto; etc.); esto es, no responde por los
terceros: cuando trasfiere la guarda de la cosa o está imposibilitado de ejercerla materialmente.
En este último caso cumple con confiar esa vigilancia a un tercero y con la elección cuidada de
éste; por ello, su responsabilidad por sus actos u omisiones será por culpa in vigilando o in
eligendo. En ambos casos, el hecho o la omisión del tercero será un acto imprevisible, respecto
del cual justamente buscó protegerse con el seguro (699) .

Como el asegurador no puede exigir su cumplimiento, son imprescriptibles (700) .

4. Forma de cumplimiento.

Cómo se debe cumplir la carga depende de su contenido específico. Cuando consiste en


informes, sólo interesa su veracidad: es una declaración de conocimiento y no de voluntad; por
ello los vicios de ésta carecen de toda significación, ya que sólo importa si se ajustan o no a la
verdad.

No hay formas legales fijadas, pero para algunas de ellas -por ejemplo, para las de informar- se
determinan en el contrato (701) ; mas la inobservancia de la forma es indiferente si el
asegurador obtiene el conocimiento perseguido: la función de la forma es la seguridad, y
obtenido el conocimiento su exigencia carece de fundamento (ver v.gr., art. 146 Ver Texto,
sobre designación de beneficiario).

519
5. Cumplimiento.

El cumplimiento efectivo de las cargas sigue las modalidades de éstas. Si consisten en un


hecho, en cada caso se juzgará si se cumplió o no (702) .

Se ejecutarán sin necesidad de intimación o exigencia previa del asegurador: la mora es


automática (para las denuncias y declaraciones, art. 15 Ver Texto, 1er. párr., in fine) (703) . Ésta
se requiere generalmente en los contratos para completar los informes; en tal caso, se cumplirá
en la medida de la exigencia (704) .

Es suficiente que reciban una ejecución sustancial (705) .

El asegurado no debe cumplir con sus cargas si el asegurador desconoce su obligación de


indemnizar (706) , mas el incumplimiento no puede agravar el daño sufrido (707) .

La fuerza mayor o el caso fortuito o la imposibilidad de hecho sin culpa o negligencia (art. 47
Ver Texto, in fine, para la denuncia del siniestro) excusan la demora del asegurado (708) . En
cuanto la carga la impone el contrato, se requiere culpa del asegurado (art. 36 Ver Texto), y en
algunos supuestos de cargas legales, es requisito la concurrencia de dolo o culpa grave: arts. 70
Ver Texto y 114 Ver Texto, provocación del siniestro; art. 72 Ver Texto, 2º párr., carga de
salvamento; art. 105 Ver Texto, asistencia veterinaria y maltrato de los animales asegurados; en
otros supuestos se exige malicia: art. 77 Ver Texto, cambio de las cosas después del siniestro;
art. 48 Ver Texto, en la información complementaria para liquidar el daño.

Asimismo, se debe tener en cuenta que el asegurador no puede imputar violaciones que están
de acuerdo con las costumbres o la índole del bien o de la persona del asegurado, si son
conocidas por aquél (709) .

520
6. Sanciones por el incumplimiento.

La ley 17418 Ver Texto ha variado sustancialmente el régimen de sanciones por violación de
las cargas. Con el sistema del Código de Comercio, la jurisprudencia admitió para todos los
casos la cláusula contractual de pérdida de derechos por violación de la carga, liberación que se
conoce con el nombre de caducidad (710) .

Con la ley 17418 Ver Texto adquiere importancia la distinción entre las sanciones impuestas
por la ley por cargas previstas por ella, de las establecidas por el contrato (art. 36 Ver Texto).

Si la ley prevé la sanción, ésta no puede ser modificada sino en favor del asegurado (art. 158
Ver Texto). Cuando la sanción es legal, habrá que estarse a la norma para fijar la consecuencia
de la violación. Así, v.gr.:

1) en la de informar la agravación, el asegurador se libera si el siniestro se produce cuando


subsiste la agravación, excepto que no exista culpa o negligencia en la omisión o demora (art.
40 Ver Texto, 1er. párr.);

2) en la de informar el siniestro, el asegurador se libera (art. 46 Ver Texto, 1er. párr.), excepto
que exista imposibilidad de hecho sin culpa o negligencia, así como en la violación de la carga
de suministrar la información complementaria acerca del siniestro o los daños producidos (art.
46 Ver Texto, § 21), en caso de incumplimiento malicioso (art. 48 Ver Texto);

3) en la de informar la pluralidad de seguros, la violación produce la caducidad, salvo pacto en


contrario (art. 67 Ver Texto, 1er. párr.);

4) en la de salvamento, el asegurador se libera en la medida en "que el daño habría resultado


menor sin esa violación", si concurre dolo o culpa grave (art. 72 Ver Texto, 2º párr.);

5) la de no variar el estado de las cosas después del siniestro libera al asegurador si se infringe
maliciosamente (art. 77 Ver Texto, 3er. párr., in fine).

Téngase presente que cuando la ley sanciona la violación de la carga con la caducidad del
derecho del asegurado, cabe atenuar esa sanción con la mera suspensión de la garantía.

521
Si la obligación o carga es contractual, o si es legal pero la ley no prevé la sanción, las partes
pueden convenir la caducidad, mas sujeta a estas condiciones (art. 36 Ver Texto) (711) :

a) Que la violación obedezca a culpa o negligencia. La expresión legal es redundante, ya que la


negligencia presupone culpa en la omisión o en la comisión deficiente. Pero se adoptó por dos
razones fundamentales: 1) porque en el concepto corriente, negligencia es omisión; 2) porque
en la práctica aseguradora nacional, negligencia es un grado de culpa. Jurídicamente
equivalentes, la repetición tiene el mérito de dejar bien claro el concepto legal (712) .

b) Si la carga se debe cumplir antes del siniestro, el asegurador debe alegar la caducidad dentro
del mes de conocido el incumplimiento (art. 36 Ver Texto, ap. a). Si el siniestro ocurre antes de
que el asegurador alegue la caducidad, debe la prestación si el incumplimiento no influyó en el
acaecimiento del siniestro o en la extensión de la obligación del asegurador (art. 36 Ver Texto,
ap. a).

c) Si la carga u obligación se debe ejecutar después del siniestro, el asegurador se libera si el


incumplimiento influyó en la extensión de la obligación asumida (art. 36 Ver Texto, ap. b).

d) Se debe insertar en las condiciones particulares de la póliza (art. 158 Ver Texto, 2º párr.), en
cláusula fácilmente legible y con redacción clara (art. 11 Ver Texto); se debe advertir al
asegurado de su inserción cuando no aparece en la propuesta (art. 12 Ver Texto).

e) Mientras el asegurador no alegue la sanción, el contrato debe ser cumplido si el siniestro


ocurre en el intervalo del plazo fijado en el art. 36 Ver Texto, inc. a. Así resulta de: 1) el
segundo párrafo del inc. a citado; 2) el plazo otorgado al asegurador para aducir la caducidad,
ya que dejaría al asegurado sin cobertura retroactivamente en ese lapso (713) .

El art. 158 Ver Texto, 1er. párr., impide cambiar esta solución por la de la aplicación
automática, porque agravaría la condición del asegurado; ni aun en la forma aparentemente
más beneficiosa, de suspensión automática o retroactiva de la garantía.

7. Caducidad.

522
¿Cuál es la naturaleza de la caducidad? La caducidad es una institución que tiene amplias
aplicaciones en todas las ramas del derecho, incluso en el administrativo (p.ej., en la concesión
de servicios públicos). La doctrina discrepa fundamentalmente en la determinación de su
naturaleza (714) . En anterior publicación me incliné por considerar que se trata de una pena
(715) . La sanción de la ley 17418 Ver Texto obliga a una revisión de este concepto, y a
distinguir la caducidad legal de la convencional:

a) La caducidad legal funciona como una sanción: acreditados los hechos incluidos en la litis, es
aplicable de oficio por el juez como toda norma de derecho interno, con las consecuencias
específicas fijadas por ella. Esta aplicación de oficio exige la resistencia al cumplimiento por
parte del asegurador, fundado en hechos que acarrean la sanción (716) .

b) En cambio, la caducidad convencional funciona como una rescisión contractual (717) : la


defensa debe ser alegada al contestar la demanda (esto es, ser incluida como tal en la litis) y ser
juzgada conforme a los principios que rigen en materia de rescisión expresa, especialmente en
cuanto a la trascendencia e importancia del incumplimiento con relación al sistema de
contratación en masa y técnica del seguro, y respecto a la medida de las obligaciones del
asegurador.

Téngase presente asimismo lo expuesto en el parágrafo anterior, nº 6, bajo la letra e.

La caducidad se debe distinguir de la exclusión de ciertos riesgos y de la nulidad (718) :

a) En la exclusión de ciertos riesgos o no seguro, el siniestro no está previsto, es un riesgo


fuera de la garantía; es decir, es una falta de derecho. Para determinarlo no juegan para nada las
nociones de pena, sanción, culpa o mala fe, sino que es un problema de extensión del contrato.

La caducidad, en cambio, se refiere a un riesgo aceptado, y en consideración del cual se fijó la


prima; el riesgo que se realiza es el asumido por el asegurador, pero que no se indemniza o no
se indemniza en la medida pactada por la infracción del asegurado; es decir, su efecto es la
pérdida de un derecho, total o parcial.

b) De ahí que también se deba distinguir de la nulidad, porque ésta aniquila todos los efectos
del contrato pasados y futuros; e incluso en algunos supuestos el asegurador debe restituir la
prima (p.ej., art. 6 Ver Texto, en caso de reticencia no dolosa).

523
La sanción de caducidad debe ser expresa (art. 36 Ver Texto), lo cual resulta de su propia
naturaleza (719) .

7 (a.1).

Por caducidad se entiende, en el derecho de seguros, la extinción del derecho que el asegurado
poseía para reclamar del asegurador el cumplimiento de la prestación principal que éste le
prometió si llegaba a ocurrir el siniestro (extinción que se establece como efecto del
incumplimiento de una carga u obligación) (720) .

Tal concepto revela que la caducidad sólo afecta el derecho del asegurado a requerir el
cumplimiento de esa prestación; pero no alcanza al contrato, que continúa en vigencia. De tal
forma, si aconteciere un nuevo siniestro y el asegurado hubiese cumplido sus obligaciones y
cargas respecto de él, el asegurador deberá la prestación por este segundo acontecimiento
cubierto por el seguro. No cabe entonces, en rigor, hablar de "caducidad del seguro" ni del
"contrato de seguro"; sólo caduca el derecho del asegurado respecto del siniestro al cual estaba
referido.

7 (a.2).

Si bien la caducidad general, estudiada por el derecho civil, posee una característica común con
la caducidad del seguro referida al asegurado, pues ambas provocan la extinción de un derecho
y no sólo la de la posibilidad de su ejercicio, tales formas de ese instituto jurídico presentan
marcadas diferencias en cuanto a sus presupuestos y sus efectos, que permiten ubicarlas en
categorías relativamente separadas.

La caducidad general (que denominaremos "civil", para distinguirla de la que estamos


analizando) posee una característica de automatismo e irreversibilidad que no se halla en la
caducidad propia del ámbito del seguro. Aquélla es reacia a admitir factores interruptivos (de la

524
índole de los que existen en el ámbito de la prescripción), y su configuración posee un marcado
automatismo que le da carácter intensamente abstracto (721) .

La caducidad en el seguro, en cambio, está normalmente sujeta a la posibilidad de que tengan


lugar presupuestos inhibitorios objetivos (imposibilidad de hecho -art. 47 Ver Texto-;
conocimiento, por el asegurador, de la circunstancia que se debía denunciar -art. 40 Ver Texto,
inc. b; art. 46 Ver Texto, 1er. párr., in fine-; y, fundamentalmente, la omisión del asegurador de
pronunciarse sobre el derecho del asegurado -art. 56 Ver Texto, LS.-) y requisitos subjetivos
(culpa -art. 36 Ver Texto-, culpa grave o dolo -art. 70 Ver Texto-, malicia -arts. 48 Ver Texto,
77 Ver Texto-, etc.). Es que en estas cargas la caducidad va dirigida, como vimos, a motivar
una conducta de colaboración en el asegurado que ayude a obtener un adecuado nivel
funcional en la relación asegurativa respecto de sus necesidades técnico-económicas; por ello,
la obtención de la finalidad perseguida, aun por otros medios, priva de su efecto extintivo a la
caducidad. Y si, no obstante, se produce el incumplimiento de la conducta requerida, surge la
sanción establecida por la carga: extinción del derecho del asegurado.

En particular, cabe destacar que para que la caducidad en el seguro se consolide, es necesario
que el asegurador se expida rechazando el derecho del asegurado. De no hacerlo, el efecto
caducante desaparece, pues "la omisión de pronunciarse importa aceptación" (art. 56 Ver
Texto, LS.). Ello rige tanto para las cargas legales como para las de origen convencional.

Por otra parte, la caducidad no siempre reviste carácter total; a veces se la postula con efecto
proporcional a la incidencia del incumplimiento de la carga: por ejemplo, en el art. 72 Ver
Texto, que dispone que "el asegurador queda liberado de su obligación en la medida que el
daño habría resultado menor sin esa violación".

7 (a.3). La ausencia de cobertura.

Otro aspecto al cual cabe referirse es el relativo a las diferencias entre caducidad y exclusiones
a la cobertura. En rigor, sería más ajustado a esta problemática hablar, como lo hace la doctrina
francesa (722) , de situaciones de no seguro, que es un concepto más abarcador, pues
comprende no sólo los supuestos excluidos, sino también los no incluidos, que han quedado
fuera del amparo como consecuencia de la definición general del riesgo cubierto.

El tema del no seguro, o inexistencia de cobertura, es resultante del procedimiento de


determinación del riesgo, que comprende dos momentos: uno positivo, en el cual se enuncia,

525
con carácter general, el riesgo que se cubre (p.ej., el riesgo de incendio, o robo, o
responsabilidad civil, etc.); y una segunda operación que, partiendo del riesgo ya enunciado
genéricamente, coloca situaciones especiales fuera de la cobertura asegurativa por tratarse de
supuestos técnicamente no asegurables, o pasibles de ser cubiertos a un precio mayor (lo cual
hará que se pueda amparar mediante el pago de una prima adicional); de esa forma es posible
establecer una cobertura básica a precio accesible para un número considerable de personas;
esto resulta conveniente a la relación aseguradora, porque la hipótesis estadística se configura
mejor cuanto mayor sea la cantidad de riesgos asegurados de una misma especie, conforme a la
ley de los grandes números, como lo señalamos antes.

Sin perjuicio de lo expuesto, la delimitación puede también surgir de la definición positiva


(genérica) del riesgo, en tanto la determinación de sus límites conceptuales supone dejar fuera
lo que resulta extraño a él (p.ej., si se enuncia la cobertura de incendio, quedan fuera otros
riesgos, no mencionados ni implicados: robo, responsabilidad civil; etc.); lo ajeno al riesgo
amparado también configura "no seguro" (723) .

Lo cierto es que, hasta época reciente, la ausencia de cobertura o situación de "no seguro" ha
sido frecuentemente confundida con la caducidad. Ello así, posiblemente, porque ambas
poseen un efecto común (el asegurado no cobra), y también porque en su modalidad, objeto de
mayor número de debates judiciales, el no seguro resulta de cláusulas de exclusión,
delimitadoras del riesgo, lo cual contribuía a que fueran confundidas con cláusulas de
caducidad (724) .

Pero las diferencias entre ambos tipos de cláusulas son notables: las de exclusión de cobertura
son delimitativas del riesgo, son descriptivas de él, enuncian situaciones colocadas fuera del
amparo desde el comienzo del contrato, ya que influyen en la configuración del contenido de
ese contrato desde el momento mismo de su celebración; las de caducidad, en cambio, son
sancionatorias, suponen un riesgo inicialmente cubierto y, por ello, generador de un derecho
en favor del asegurado que luego caduca ante el incumplimiento de la carga (725) .

Jurisprudencia

Con respecto al tema de las exclusiones de riesgos o "no seguro", la jurisprudencia ha tenido
oportunidad de pronunciarse en diversos fallos, entre otros, los que decidieron que, desde el
punto de vista de la responsabilidad del asegurador, es de gran importancia la individualización
del riesgo en el contrato de seguro, cuya delimitación surge de precisiones que, si bien tienen
dos fuentes, no son excluyentes, sino que se complementan: la una, positiva, en cuanto indicará
las situaciones, intereses, cosas, tiempo, lugar, etc., amparados por el seguro, y negativa la otra,
al enumerar situaciones que son excluidas de dicha cobertura. Uno de los requisitos
fundamentales del riesgo es que debe estar determinado específica y concretamente, recaudo

526
necesario para el asegurador, a los fines de que pueda establecer exactamente su naturaleza y
medir su alcance en el momento de la celebración del contrato (C. Nac. Com., sala A,
23/10/1979, "Abieri y Cía. S.A. v. La Defensa Compañía de Seguros S.A." Ver Texto, LL
1980-C-60; ED 86-354), y que en el contrato de seguro el riesgo debe ser cuidadosamente
individualizado y precisado; con mayor razón resulta exigible esa concreta, formal y
particularizada determinación cuando se trata de exclusiones o limitaciones a la garantía,
porque constituye principio recibido en el derecho de seguros que en caso de duda acerca de la
extensión del riesgo, se debe estar por la obligación del asegurador, habida cuenta de que es
quien se encuentra en mejores condiciones para fijar con precisión y de manera indubitable la
extensión clara de sus obligaciones, evitando crear en el espíritu del tomador la falsa creencia
de una garantía inexistente (C. Nac. Com., sala C, 17/5/1984, "Bourre, Jorge A., v. Arco Iris
Cooperativa de Seguros Ltda." Ver Texto).

También se decidió que afirmar o negar que se ha verificado el riesgo asegurado es siempre el
resultado de un juicio cuyas premisas son, por una parte, la abstracta indicación hecha por la
ley y por la póliza de los límites del riesgo cubierto y, por la otra, el examen de las
circunstancias especiales en las cuales el hecho se ha producido (C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala
2ª, 22/12/1981, "Mediterranean Austral v. La Tandilense Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, JA
1983-I-94).

En la medida en que el asegurador pretenda exonerarse de la responsabilidad sobre la base de


que el daño acaecido no se vincula con el riesgo asegurado, deberá producir la prueba de dicho
extremo (C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 3ª, 2/11/1987, "Agencia Marítima Robinson S.A. v.
Sol Decoraciones S.R.L.", LL 1989-D-607, sum. 6559).

Cuando hay "exclusión de riesgo", el asegurador manifiesta explícitamente en la póliza su


voluntad de "no" cubrirlo. Desde el principio del contrato declara no tomarlo a su cargo y el
asegurado no tiene derecho a indemnización alguna. En este supuesto se origina una falta de
cobertura, se configura un "no seguro", porque el riesgo se halla formalmente fuera de la
garantía dada en la póliza respectiva: existe una diferencia cualitativa entre riesgo asumido y
riesgo excluido; lo significativo es que se trata de un riesgo "diverso" del previsto en la póliza,
es decir, de aquel sobre cuya base se efectuó el contrato. Así, habrá riesgo excluido o evento no
cubierto todas las veces en que el siniestro se produzca en ocasiones en que el contrato prevé
expresamente como no idóneas para hacer funcionar la garantía del asegurador. El riesgo
asegurado es siempre un "riesgo calificado" y constituye una parte del "riesgo genérico"
aludido en la póliza, según la rama del seguro de que se trate. El "riesgo asegurado" o "riesgo
asumido" es, pues, la posibilidad de que el evento dañoso se concrete en las condiciones
contempladas en la póliza. Las condiciones de riesgo que funcionan como "límites" de la
cobertura pueden tener su origen en circunstancias "objetivas" o "subjetivas"; se debe destacar
que cuando se estructuran las condiciones de los seguros se evalúa, además de los aspectos
objetivos del riesgo, las condiciones que se relacionan con la persona del asegurado,
especialmente cuando se trata de ramas en las cuales el factor subjetivo tiene una importancia
capital -v.gr., seguros de robo, de alhajas y pieles, etc.- (C. Nac. Com., sala B, 14/11/1979,
"Musante, Jorge, v. La Agrícola Cía. de Seguros S.A.", LL 1980-B-160).

527
El contrato de seguro se debe interpretar literalmente en los supuestos en que la cobertura está
expresada claramente; no es posible otorgarle una interpretación extensiva toda vez que la
enumeración de los riesgos y la extensión de la cobertura se deben apreciar limitativamente
(Sup. Corte Bs. As., 18/3/1980, "Aranda, Mario V., v. Valli, Héctor R." -acuerdo 28.723-,
DJBA 118-238; en análogo sentido, mismo tribunal, 13/4/1993, "A., E. R., v. Montenegro,
Francisco", LL 1993-C-140; C. Civ. y Com. 1ª Mar del Plata, 28/5/1982, "Hernandorena,
Jorge R., v. Martín, Jorge R.", ED 102-307; C. Nac. Com., sala D, 24/10/1995 -del voto del
Dr. Alberti-, "M., A. A., v. La Estrella Cía. de Seguros S.A.", LL 1996-B-224). La cobertura se
debe interpretar literalmente, sin restringirla en sus términos claros en favor del asegurador ni
ampliarla en favor del asegurado (C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 2ª, 22/12/1981,
"Mediterranean Austral v. La Tandilense Compañía de Seguros S.A." Ver Texto, JA 1983-I-
94). Pero en caso de ser redactadas en forma oscura, equívoca o confusa y en presencia de
duda, serán entonces interpretadas en contra del asegurador, que ha sido quien las ha redactado
(C. Nac. Com., sala D, 7/8/1975, "Cosacmov, Jesús, v. Arcadia Cía. de Seguros S.A.", LL
1976-A-259).

No cabe restringir la responsabilidad del asegurador, salvo cuando del contrato, literalmente,
dimane que sea así (C. Apels. Civ. y Com. Mercedes, sala I, 19/3/1987, "García, César O., v.
Chapartegui Hnos. y otros", DJ 1987-2-276). Las exclusiones o limitaciones de responsabilidad
son de interpretación restrictiva y deben ser formales e individualizadas (C. Apels. San Nicolás,
3/11/1981, "Chitarroni, Juan A., v. Morello, Jorge O." Ver Texto, DJBA 122-530; LL 182-A-
530). La extensión de la cobertura, en el contrato de seguro debe ser apreciada limitativamente;
no es admisible una interpretación extensiva (C. Nac. Com., sala C -del voto del Dr. Di Tella-,
24/5/1989, "Babijackzuk, Nicolás, v. La Meridional Compañía de Seguros S.A." Ver Texto, LL
1989-E-73), pues su ampliación producirá un grave desequilibrio en el conjunto de las
operaciones de la aseguradora (C. Apels. Civ. y Com. Junín, 30/11/1988 -voto del Dr.
Azpelicueta-, "Rodríguez, Antonio J., v. Sud América Cía. de Seguros S.A.", LL 1989-25-298).

También se ha decidido que si la aseguradora opuso en su defensa una causa que la excluía
objetivamente del deber de responder por los daños ocasionados por su asegurado y,
comprobado ello, el juzgador ha hecho lugar debidamente a la cláusula del contrato de seguro
que contempla tal circunstancia, ha existido la objetiva aplicación de una causal de exoneración
de la obligación de indemnizar pactada expresamente por las partes (Sup. Corte Bs. As.,
2/12/1980, "Salguero, Marco E., v. Deffonchio, Luis F." -acuerdo 29.018-, DJBA 120-149;
ED 94-226); pero que no puede ser considerado en la sentencia un supuesto de liberación de la
obligación de indemnidad si la aseguradora no lo alegó temporáneamente (mismo tribunal,
27/12/1988, "Janout, Hugo E., v. Caamabo, Juan C., y otro" Ver Texto, DJBA 136-1635).

Si el vehículo es conducido por quien carece de registro habilitante, se produce


contractualmente un supuesto de inexistencia de cobertura y no puede la víctima pretender que
la condena alcance a la aseguradora, que al momento del accidente carecía, por ese motivo, de
vínculo con el responsable: se trata de un supuesto de delimitación del riesgo o de no seguro,
en el cual resultan extrañas las consideraciones relativas a la función social del seguro y a la

528
protección de la víctima (C. Nac. Civ., sala H, 26/12/1996, "Herrera, Verónica, v. Portillo,
Nélida" Ver Texto, LL 1997-C-994, sum. 11.550).

7 (a.3.1). La ausencia de cobertura y el art. 56 Ver Texto, LS.

Una cuestión que se suscita en nuestro derecho al analizar los efectos que produce la ausencia
de seguro es si, ante la inexistencia de cobertura de un supuesto determinado, resulta o no
aplicable el art. 56 Ver Texto, LS.; éste exige que el asegurador se pronuncie "sobre el derecho
del asegurado" dentro de 30 días, contados según la forma en que la misma disposición legal
indica (aunque de manera un tanto indirecta).

Por los motivos precedentemente señalados entendemos que no resulta aplicable el art. 56 Ver
Texto, LS., a los supuestos de inexistencia de cobertura o de "no seguro": el referido art. 56
Ver Texto requiere determinadas calidades subjetivas para su aplicación, ya que habla de un
deber del asegurador, de pronunciarse respecto del derecho del asegurado; y nadie resulta
"asegurador" ni "asegurado" respecto de riesgos o situaciones que han sido colocados fuera del
amparo asegurativo al concertarse el contrato y que, por ende, no integran el contenido de éste,
al cual necesariamente se debe referir cualquier pretensión que alegue una persona respecto de
quien invoca como su asegurador (726) .

Es de señalar que la admisión de esta tesis no implica que todo rechazo de las pretensiones del
asegurado que el asegurador formule vaya a tener como efecto, sin más, la extinción del
derecho invocado por el asegurado. La existencia de la cobertura podrá ser motivo de
controversia judicial, que deberá decidir la sentencia en función del contenido del contrato y
las pruebas sobre la naturaleza del hecho en el cual se apoya la acción deducida; simplemente
se evita que la cuestión sea resuelta por el solo conteo de un plazo.

Si bien la jurisprudencia se ha pronunciado preponderantemente en favor de la aplicación del


art. 56 Ver Texto aun en los casos de coberturas excluidas, diversos pronunciamientos
decidieron en sentido opuesto, como se verá a continuación.

Jurisprudencia

a) Fallos que declaran aplicable el art. 56 56 a los supuestos de ausencia de cobertura ("no
seguro").

529
El art. 56 Ver Texto de la ley 17418 establece que el asegurador se debe pronunciar acerca del
derecho del asegurado dentro de los 30 días de recibida la información complementaria
prevista en el 2º y 3er. párrs. del art. 46 Ver Texto. La omisión de pronunciarse importa
aceptación. De modo, entonces, que la ley concede a la aseguradora, por este artículo, un plazo
de 30 días para que se pronuncie sobre el derecho del asegurado, contados a partir de la
denuncia del siniestro, plazo que se puede ver ampliado si resulta necesario requerir la
información complementaria a que se refieren los incs. 2 y 3 del art. 46 Ver Texto citados, en
cuyo caso se cuenta desde que es recibida esa información (C. Nac. Com., sala A, 21/12/1984,
"Moya, Víctor, v. La Agrícola Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, ED 116-646; LL 1986-A-627,
sum. 37.113).

Una vez denunciado el siniestro, el asegurador se debe pronunciar sobre el derecho del
asegurado en un plazo cuyo cómputo solamente puede interrumpir mediante el requerimiento
de información complementaria que sea razonable, tanto en lo concerniente a la necesidad de
conocer del asegurador como en la posibilidad de que sea suministrada por el asegurado (C.
Nac. Com., sala C, 8/5/1984, "Industrias Pirelli S.A. v. Resguardo Cía. de Seguros S.A." Ver
Texto, ED 15/8/1984).

El deber de pronunciarse acerca de la indemnización del siniestro constituye una carga que
pesa sobre el asegurador y que busca poner un límite razonable al tiempo dentro del cual éste
debe decidir si va o no a indemnizar o, por el contrario, invocará algún incumplimiento de la
contraparte para eximirse de ejecutar su obligación principal. Tal omisión neutraliza los efectos
del incumplimiento de la carga u obligación asumida por el asegurado, e importa un
reconocimiento tácito del derecho del asegurado, pues la ley -art. 56 Ver Texto, Ley de
Seguros- hace una interpretación del silencio acorde con lo que establece el art. 919 Ver Texto
del Código Civil. De tal modo, cualquier incumplimiento alegado fuera de ese plazo por el
asegurador es inoperante, por haber caducado el derecho de articular tal defensa, ante lo
extemporáneo de la manifestación (C. Nac. Com., sala A, 30/5/1986, "Vergara, Arturo, y otra
v. La Agrícola Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1986-D-176.

Si el asegurador entiende que existe una suspensión en la cobertura por mora en el pago de la
prima, debe invocar esa circunstancia dentro del plazo previsto en el art. 56 Ver Texto, ley
17418, pues tal causa no opera ipso iure, de modo que si no cumple con esa carga pierde la
posibilidad de hacerlo y la defensa devendrá improponible (C. Nac. Com., sala A, 29/2/1996,
"Zorrilla de Carrizo, Ángela, v. Inca Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1996-D-179, DJ
1996-II-178 y ED 171-114; íd., 10/9/1997, en "Matos de De Marco, Shirley W., v. Libertad
Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1997-C-244).

La necesidad de expedirse dentro del plazo establecido por el art. 56 Ver Texto de la ley 17418
constituye un deber jurídico que no es meramente formal, sino sustancial, y que por haber sido
impuesto por la ley posibilita la aplicación del art. 919 Ver Texto del Código Civil: ante la carga
de expedirse acerca del derecho del asegurado, el silencio del asegurador permite otorgarle el

530
sentido de una manifestación de voluntad que importa aceptación (Sup. Corte Bs. As.,
22/5/1990, "Arena, Adrián, v. Bocca, Alfredo D." Ver Texto, DJBA 140-615).

Si el asegurador no pidió información complementaria ni se pronunció en manera alguna, cabe


tener por configurada la aceptación tácita de responsabilidad, con los efectos del art. 56 Ver
Texto, LS. Este tipo de aceptaciones tiene efectos absolutos, que impiden considerar
sobreviniente cualquier causal exonerativa del asegurador, por grave que fuese, dado que el
asegurador es un empresario especializado en razón de su objeto. El aludido mecanismo (art.
56 Ver Texto citado) constituye un típico modo mercantil de determinar rapidez y certeza en el
tráfico, que debe ser tutelado en su operatividad y aplicado por los jueces con el máximo rigor
en tanto se trata del tráfico asegurador, en el cual actúa un sujeto del mercado -la entidad
aseguradora- que por definición posee una empresa apta para ello y puede afrontar un
cometido de significativa relevancia social. La ratio legis del mecanismo legal en cuestión
reside, justamente, en evitar dilaciones intentadas por el asegurador con base en la necesidad de
determinar el daño invocando cargas del asegurado, pero con incumplimiento de sus propios
deberes (C. Nac. Com., sala B, 20/5/1998, "Mayol, Nelly Mirtha, v. Sudamérica Cía. de
Seguros de Vida y Patrimoniales S.A." Ver Texto, ED 179-511).

El silencio del asegurador ante la obligación impuesta por el art. 56 Ver Texto de la ley 17418,
de pronunciarse sobre el derecho del asegurado a cobrar la indemnización, no es cuestión que
pueda ser enervada en sus consecuencias, pues se trata de un elemento sustancial que, a partir
de la regla del art. 919 Ver Texto del Código Civil, reconoce plurales aplicaciones en la Ley de
Seguros. Una interpretación distinta estaría en pugna con el valor seguridad en los negocios
que persigue ese plazo para pronunciarse y con la presunción que se extrae del silencio del
asegurador, relevante como productor de efectos en el cumplimiento del contrato y como
supuesto de silencio calificado desde que es elemento útil para computarlo como manifestación
de la voluntad (C. Nac. Com., sala B, 18/8/1992, "El Comercio Cía. de Seguros S.A. v. Nieto
Hnos. S.A." Ver Texto, LL 1993-C-357 y DJ 1993-II-551; en análogo sentido, C. Nac. Trab.,
sala 1ª, 31/8/1995, "M, A., y otro v. Estructura Horizontal S.R.L.", DT 1996-A-359).

La omisión de la aseguradora de pronunciarse acerca del derecho del asegurado en el plazo


previsto por el art. 56 Ver Texto, LS., revela que, a partir de la aceptación del siniestro, operada
por imperio de la ley y por el mero trascurso del tiempo, se hallaban reunidos a su respecto los
requisitos legales y convencionales necesarios para hacerse cargo de la reparación, es decir, la
vigencia de un contrato de seguro entre las partes y el acaecimiento de un siniestro previsto y
cubierto (C. Nac. Com., sala C, 24/11/1996, "El Comercio Cía. de Seguros S.A. v. Nieto
Hnos. S.A." Ver Texto, LL 1996-B-248).

El art. 56 Ver Texto de la ley 17418 impone al asegurador pronunciarse dentro de los 30 días
acerca del derecho del asegurado, y tal amplitud en el objeto sobre el cual recae la carga no
permite distinciones apoyadas en la diversa naturaleza del incumplimiento (Sup. Corte Bs. As.,
7/7/1992, "Machado, Fermín, y otra v. Zito y Valentini S.A. y otra" Ver Texto, LL 1993-E-
412. En igual sentido, 20/9/1994, "Acosta, Abel I., v. Otero, Luis A." Ver Texto, DJBA 147-
704).

531
Es requisito sustancial de admisibilidad de las defensas que el asegurador pretenda oponer al
reclamo del asegurado el oportuno pronunciamiento exigido imperativamente por el art. 56
Ver Texto de la ley 17418. En consecuencia, no corresponde siquiera ingresar en la
consideración de las razones invocadas para excusar la responsabilidad, si no se rechazó la
procedencia del reclamo dentro del plazo legal, cuyo mero trascurso importa aceptación (C.
Nac. Com., sala C, 25/6/1987, "Tres Ases S.A. v. Astro Cooperativa de Seguros Ltda.", LL
1988-A-247 y DJ 1988-I-922. En sentido análogo, sala B, 22/11/1988, "Suárez, Eduardo O., v.
Ruta Cooperativa de Seguros Ltda." Ver Texto, LL 1989-C-193 y DJ 1989-II-444; sala A,
29/2/1996, "Zorrilla de Carrizo, Ángela, v. Inca Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1996-D-
178).

Lo sinalagmático de la relación asegurativa impone que el concepto de carga sea extensible a


todas las partes contratantes. Al asegurado, al exigirle información y conductas concretas; al
asegurador, al requerirle la razonable y debida diligencia en lo relativo a la determinación del
siniestro y la prontitud en el cumplimiento de su obligación de indemnizar. De allí que la ley
17418 consagró, en el art. 56 Ver Texto, la obligación del asegurador de pronunciarse acerca
del derecho del asegurado, constriñéndolo bajo severa sanción a que lo ejercite dentro de los
30 días de recibida la información complementaria prevista en el 2º y 3er. párrs. del art. 46 Ver
Texto (C. Nac. Com., sala A, "Deibe, Juana A., v. Caja de Jubilaciones, Subsidios y Pensiones
del Personal del Banco de la Provincia de Buenos Aires", JA 1982-I-400 Ver Texto).

Los aseguradores deben poner el mayor empeño para que las tareas a su cargo se realicen en el
menor tiempo, a fin de satisfacer cuanto antes sus obligaciones. Por ello, y para paliar el tardío
cumplimiento de las obligaciones por parte del asegurador, el art. 56 Ver Texto, LS., dispone
que éste se debe pronunciar dentro de los 30 días de recibida la información complementaria
prevista en el 2º y 3er. párrs. del art. 46 Ver Texto, y que la omisión de hacerlo importa
aceptación (C. Nac. Com., sala B, 27/12/1985, "Vetriglia, Federico, v. Patronal Cooperativa de
Seguros Ltda.", LL 1986-E-701, sum. 37.449).

Si la aseguradora no es diligente en pedir las informaciones que necesita acerca del siniestro y
los daños o se demora injustificadamente en realizar las verificaciones pertinentes a fin de
terminar cuanto antes la liquidación de la indemnización, da lugar a que corra el plazo
establecido por el art. 56 Ver Texto de la ley 17418, por aplicación de lo dispuesto por el art.
512 Ver Texto, CCiv. (C. Nac. Com., sala B, 28/2/1985, "Plus Ultra Cía. de Seguros S.A. v.
Lomoro, Julio S.", ED 116-184 y LL 1986-B-616, sum. 37.220).

La falta de diligencia del asegurador hacia el requerimiento de informes importa la


consecuencia de que el plazo del art. 56 Ver Texto, ley 17418, se compute desde el momento
en que se debió requerir la información: ello, sin perjuicio de interpretar, más drásticamente
aún, que tal omisión acarrea el cálculo ininterrumpido del plazo desde el día en que se
denunció el siniestro. El asegurador deberá probar que requirió del asegurado la información,
la fecha en que lo hizo y en que se le contestó, en su caso, para la determinación del curso del

532
plazo. En defecto de ello, solamente cabe aplicar la consecuencia que previene el art. 56 Ver
Texto, ley 17418, por su omisión (C. Nac. Com., sala C, "Industrias Pirelli S.A. v. Resguardo
Cía. de Seguros" Ver Texto, ED 110-121 y DJ 1985-13-405).

Que la aseguradora haya requerido mayor información al damnificado, en los términos de los
arts. 46 Ver Texto y 56 Ver Texto de la ley 17418, implica que subordinó la exigibilidad del
pago pretendido a la aceptación de los datos solicitados, por lo cual debe ser considerado
como prorrogado el plazo previsto por el art. 56 Ver Texto como consecuencia lógica de ello
(C. Nac. Com., sala C, 5/12/1989, "Rojas, Carlos J., v. Sud América Cía. de Seguros S.A." Ver
Texto, LL 1990-C-289).

La aceptación del derecho del asegurado conforme al art. 56 Ver Texto, ley 17418, impide al
asegurador alegar defensas, esto es, desconocer el derecho del asegurado a ser indemnizado (C.
Nac. Com., sala B, 18/12/1986, "Bandell, Jacinto F., v. Unión Comerciantes Cía. de Seguros
S.A.", LL 1989-A-51 y JA 1987-III-107 Ver Texto). La defectuosa contestación de la
aseguradora respecto del reclamo indemnizatorio efectuado por el asegurado importa la
aceptación de la cobertura, tal como lo dice el art. 56 Ver Texto, ley 17418. A no otra
conclusión cabe llegar frente a un rechazo vago y genérico (C. Nac. Com., sala A, 23/10/1979,
"Ros, Manuel, y otro v. Patronal Cooperativa de Seguros Ltda." Ver Texto, LL 1980-A- 558).

El plazo establecido por el art. 56 Ver Texto, LS., se calcula a partir de la denuncia del
siniestro, y sólo puede ser interrumpido por el pedido de información complementaria
autorizado por el art. 46 Ver Texto, 2º y 3er. párrs. del mismo cuerpo normativo. En su
defecto, la falta de pronunciamiento dentro de los 30 días siguientes al de la denuncia del
siniestro importa el reconocimiento del derecho del asegurado con arreglo al citado art. 56 Ver
Texto; la aseguradora incurre en mora por el mero vencimiento del plazo conforme a lo
dispuesto por el art. 51 Ver Texto, LS. (C. Nac. Com., sala E, 30/8/1999, "Contreras, Andrés,
v. La Íbero Platense Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, ED, fallo 50.303).

b) Fallos que declaran inaplicable el art. 56 56, LS., a los casos de ausencia de cobertura, o
limitan en algunos supuestos los efectos de dicha norma.

En los supuestos de cláusulas de caducidad, el evento está originariamente dentro del amparo
asegurativo, por lo cual la conducta impropia del asegurado -tipificada como tal por la norma o
por la convención- enerva el derecho a la prestación del asegurador. Las delimitaciones de la
cobertura, en cambio, hacen que determinados hechos resulten extraños al ámbito contractual
y que persistan en esa condición durante todo el trascurso de la relación. Así, acaecido el
supuesto excluido, ninguna repercusión genera, pues no hay prevista prestación a su respecto.
En el seguro de la responsabilidad civil, las exclusiones son siempres oponibles al damnificado,
pues son tales desde el principio del contrato y, por lo tanto, en todos los casos resultan
anteriores al hecho perjudicial: atañen a la medida del seguro que menciona el art. 118 Ver
Texto, LS., que no se agota en su aspecto cuantitativo, sino que incumbe a sus límites, fuera de
los cuales no hay cobertura. La diferencia también se advierte con relación al tiempo útil para

533
su invocación: el asegurador debe esgrimir la caducidad dentro del plazo de 30 días de recibida
la información complementaria (art. 56 Ver Texto, LS.); trascurrido éste sin que se hubiere
verificado, o la observancia de una conducta opuesta a la posterior declinación, obstan a la
alegación. Al contrario, la exclusión de cobertura no cuenta con plazo perentorio de
invocación, pues alude a un "no seguro", a un acaecer no previsto para originar derechos del
asegurado. La hipótesis de que se halla fuera del vínculo convencional, por haber sido excluida
de él o por no habérsela incluido nunca, impide hablar de "asegurado" y "asegurador" referidos
a aquélla. Consecuentemente, el art. 56 Ver Texto no encuentra aquí el sustento necesario para
su aplicación (Trib. Sup. Just. Córdoba, 24/3/1993, "Fortuna de Mendoza, Gladys Noemí, v.
Bonza, Raúl A., y otro, s./Ejecución de sentencia. Recurso de revisión", "Revista de Derecho
Privado y Comunitario", 1995, p. 461).

La obligación que el art. 56 Ver Texto, ley 17418, establece a cargo del asegurador a fin de que
se pronuncie acerca del derecho del asegurado, supone la vigencia de la cobertura, por lo cual
no es invocable en el supuesto de que la mora en el pago de la prima originó automáticamente
la suspensión de la garantía -arts. 31 Ver Texto y 56 Ver Texto, LS.- (Sup. Corte Bs. As.,
11/7/1995, "Passarotto, Luis C., v. Buccolini, Osvaldo" Ver Texto, DJBA 149-4883; LL Bs.
As. 1995-1030; mismo tribunal, 22/3/1988, "Miceli, Miguel U., v. Quiroz, Marcos A." Ver
Texto, acuerdo 38.693, LL 1988-D-45 y DJ 1988-II-1166) (727) .

También se ha decidido que si bien el art. 56 Ver Texto, ley 17418, implica, respecto del
asegurador que omite pronunciarse en el plazo legal, el reconocimiento del derecho del
asegurado, tal precepto legal y la sanción que establece sólo están referidos a los supuestos en
los cuales haya mediado una tramitación normal de la denuncia y acreditación del siniestro;
pero que de ninguna manera se puede entender aplicable dicha norma al asegurador cuando
quedó acreditado que el asegurado realizó alguno de los actos previstos por el art. 48 Ver
Texto de la mencionada ley -dejar de cumplir maliciosamente las cargas del art. 46 Ver Texto,
2º párr., o exagerar fraudulentamente los daños, o emplear pruebas falsas para acreditarlos- (C.
Nac. Com., sala B, 28/2/1986, "Exportman S.A. v. Neptunia Cía. de Seguros S.A." Ver Texto,
LL 1987-C-437, sum. 37.640). Ello así, por cuanto el art. 56 Ver Texto, ley 17418, tiene como
presupuesto que la gestión de verificación y liquidación se cumpla de modo regular. De ahí que
los mecanismos establecidos por la Ley de Seguros para no demorar el pago de la
indemnización no se pueden convertir en medios expurgatorios de articulaciones engañosas y
deben ceder paso a la demostración de aquellas conductas que por su dolo, malicia o fraude
encuentran sanción en la propia ley atendiendo a una directiva constante que el legislador
imprime a lo largo de su articulado. El plazo de dicho art. 56 Ver Texto fue establecido para
tutela del asegurado leal, esto es, aquel que satisface verazmente la necesidad de conocer de su
contraparte (C. Nac. Com., sala B, 16/9/1988, "Flametic S.A. v. El Sol de Buenos Aires Cía.
de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1989-A-461 -este fallo fue revocado por la Corte Suprema de
Justicia de la Nación, que resolvió que el art. 56 Ver Texto resulta aplicable aun cuando el
asegurado haya violado las cargas establecidas por los arts. 48 Ver Texto y 77 Ver Texto, LS.
En disidencia votó el Dr. Belluscio: JA 1989-IV-47 Ver Texto-).

534
La conducta positiva que el art. 56 Ver Texto de la ley 17418 pone en cabeza de la aseguradora
está supeditada a que se haya configurado la situación riesgosa prevista en el contrato. Por ello,
no rige el deber del art. 56 Ver Texto de la ley 17418 en situaciones en que no se da la relación
asegurativa, como, v.gr., en los casos de coberturas excluidas de la garantía o en hipótesis de
"no seguro" (C. Apels. Civ. y Com. Junín, 30/11/1988, "Rodríguez, Antonio J., v. Sud
América Cía. de Seguros S.A." -del voto en disidencia del Dr. Azpelicueta-, LL 1989-B-298).

En los casos de exclusión de cobertura no rige el plazo del art. 56 Ver Texto, ley 17418, para
rechazar la pretensión indemnizatoria. Por lo tanto, el silencio de la aseguradora frente a la
denuncia del siniestro por el asegurado no importa aceptación y es oponible en todos los casos
al tercero reclamante, pues al tratarse de exclusión de cobertura o de riesgo, y no de caducidad,
no es una defensa posterior al siniestro (C. Apels. Civ. y Com. Azul, 30/3/1994, "Fernández
Begue de Aller, Blanca D., y otros v. González, Justo, y otro", LL Bs. As. 1994-903).

Si el art. 56 Ver Texto, ley 17418, impone la carga de manifestarse sobre la existencia de
circunstancias que impidan al asegurado beneficiario exigir el cumplimiento de la prestación
comprometida por el asegurador, tanto un supuesto de caducidad como uno de no seguro
importan una circunstancia impeditiva. Pero en el no seguro, el riesgo de que se trata nunca se
incluyó en el seguro; luego, es correcto que si no existe contrato alguno no funcione el art. 56
Ver Texto de la norma citada, como tampoco cuando el riesgo no estaba cubierto en ninguna
circunstancia, como, por ejemplo, si al haber contratado un seguro de responsabilidad civil se
denuncia un siniestro que afectó la cosa de propiedad del asegurado, pues no existe asegurado
ni asegurador, calidades que requiere el art. 56 Ver Texto de la ley. El art. 56 Ver Texto, LS.,
tiene por finalidad que el asegurado sepa a qué atenerse antes del eventual juicio, importa una
manifestación particular de los efectos del silencio como expresión de la voluntad ante la
necesidad de explicarse por imposición legal; pero ello es así en tanto el riesgo que se denuncia
esté incluido en el seguro (C. Civ., Com. y Cont.-Adm. San Francisco, Córdoba, 17/8/1995,
"Trossero, Raúl T., y otros v. Sierra, Pablo B.", LL Córdoba 1995-931).

El simple correr del plazo contemplado en el art. 56 Ver Texto de la ley 17418 no significa que
queden comprendidos en ese reconocimiento y en la zona de cobertura todos aquellos rubros
que han sido excluidos expresamente y ab initio del seguro pactado entre las partes, pues dicha
solución implicaría el enriquecimiento indebido del asegurado (Sup. Corte Just. Mendoza,
21/12/1995, "Triunfo Cooperativa de Seguros Ltda. v. Intraguglielmo, Víctor" Ver Texto, LL
1996-D-182; DJ 1996-I-872 y "RJSER", n_ 34, p. 201, pronunciamiento éste en el cual,
asimismo, se hace referencia, en tal sentido, al fallo de la C. Fed. Córdoba, sala A, recaído in re
"Delta Empresa Constructora v. Banco Hipotecario Nacional", LL Córdoba 1995-400) (728) .

El precepto contenido en el art. 56 Ver Texto requiere, para su operatividad, determinadas


calidades subjetivas (asegurado-asegurador), y exige a este último pronunciamiento sobre el
derecho del primero. Por ello, el tiempo útil en el cual el asegurador debe contestar una
exclusión de cobertura no es el plazo del art. 56 Ver Texto de la Ley de Seguros, sino el que

535
indique cada regulación procesal (C. 1ª Civ. y Com. Córdoba, 26/10/1998, "Lamón, Ángel, v.
España y Río de La Plata Cía. de Seguros S.A.", LL Córdoba 1999-1489).

La circunstancia de que la entidad aseguradora no se haya expedido en el plazo establecido por


el art. 56 Ver Texto, ley 17418, no habilita per se a considerar aceptado el pedido de cobertura
formulado por el accionante, con el argumento de haber mediado "aceptación" del derecho del
asegurado en los términos establecidos en dicha regla legal. La omisión por la aseguradora del
deber jurídico que le impone el art. 56 Ver Texto de la Ley de Seguros (deber de pronunciarse
sobre el derecho del asegurado) no puede derivar por sí misma, inmediatamente, en el
reconocimiento de una cobertura que no existía ni convalidar un no seguro o falta de cobertura
(C. Nac. Com., sala D, 7/12/1999, "Ledezma, Rubén Ireneo, v. Omega Cooperativa de
Seguros Ltda." Ver Texto, ED, fallo 50.085).

No constituye cuestión federal que justifique la concesión del recurso extraordinario lo


atinente a si la aseguradora demandada cumplió o no con lo dispuesto en el art. 56 Ver Texto
de la Ley de Seguros, 17418 (C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 2ª, 24/9/1998, "Bargas, Isidro, v.
Caja Nacional de Ahorro y Seguro" Ver Texto, LL, fallo 99.051).

7 (a.4).

Otro aspecto en el cual interesa esta diferencia es que mientras la caducidad convencional está
sometida a la órbita limitativa del art. 158 Ver Texto, LS. (que incluye expresamente al art. 36
Ver Texto), la exclusión de cobertura, que casi siempre es de índole convencional (729) , queda
librada a la voluntad del asegurador predisponente de las cláusulas; por ello resulta
fundamental el control previo de los elementos contractuales que requieren los arts. 23 Ver
Texto y 25 Ver Texto de la ley 20091 (hoy un tanto debilitado ante la aprobación automática
resultante de la falta de pronunciamiento, por parte del ente de control, en el plazo de 30 días:
art. 23.1.2 , in fine, de la resolución 21523) (730) y, en última instancia, el control de legalidad
que se efectúe en sede judicial en razón del art. 953 Ver Texto del Código Civil y, ahora, de la
normativa emergente de la ley 24240 Ver Texto, de protección del consumidor, aplicable aquí
por analogía. Otras legislaciones, en cambio, imponen requisitos o establecen límites a la
formulación de exclusiones mediante cláusulas insertas en las pólizas (ley española 50, de 1980,
art. 3; ley francesa, Code des Assurances, art. 112.4, según ley 81-5 del 7/1/1981; etc.).

Es de señalar, además, que cabe plantearse en qué medida pueden ser motivo de exclusión, en
todos los casos, las conductas que, por su naturaleza, resulte más adecuado someterlas al
régimen de la caducidad.

536
7 (a.5).

Se distingue también la caducidad de la nulidad: ésta responde a la existencia de un vicio


originario, es decir, existente al tiempo de la contratación; ataca el vínculo mismo y provoca su
disolución; en tanto, hemos visto que la caducidad obedece a causas sobrevinientes,
implicando la existencia de un derecho que luego fenece, y no tiene por causa vicios
originarios, sino incumplimientos de cargas legal o contractualmente establecidas. Las causas
de nulidad sólo emanan de la ley; las de caducidad pueden ser creadas contractualmente.

Otra diferencia a señalar es la que media entre caducidad y rescisión o resolución contractual.
Estas últimas, si bien tienen lugar con posterioridad a la celebración, producen la disolución del
vínculo en tanto que, como vimos antes, la caducidad sólo ataca el derecho del asegurado a
reclamar la prestación principal en caso de siniestro, pero deja intacta la relación asegurativa,
que puede resultar afectada por siniestros posteriores, salvo que el evento en que se aplique la
caducidad haya sido total y provocase la desaparición o destrucción de la cosa, o bien sobre los
cuales recae el interés asegurado, con lo cual se extinguirá el contrato por falta de objeto (el
interés asegurado requiere, para su existencia, del correlato objetivo, constituido por la cosa o
bien al cual se refiere: dicho interés es una relación de índole económica entre una persona y
una cosa o bien).

En cuanto a las distinciones que cabe formular respecto de la suspensión de cobertura, nos
referimos a ellas al tratar ese aspecto de la ineficacia asegurativa (ver, en este capítulo, § 26 y
ss.).

8. Renuncia a la caducidad.

El asegurador puede renunciar a esa caducidad, tácita o expresamente (731) , por actos
inequívocos (art. 874 Ver Texto, CCiv.). Se entenderá que existe renuncia cuando adopta una
conducta incompatible con la caducidad (732) . Expresamente, el art. 79 Ver Texto dispone
que "la participación del asegurador en el procedimiento pericial de la valuación de los daños
del art. 57 Ver Texto importa su renuncia a invocar las causales de liberación conocidas con
anterioridad que sean incompatibles con esa participación". Y en el art. 46 Ver Texto se aplica

537
la misma doctrina respecto de la violación de informar el siniestro si participa en las
operaciones de salvamento o de verificación del siniestro o del daño.

La jurisprudencia anterior resolvió que importan renuncia: el cumplimiento del contrato,


aunque sea parcialmente (733) ; la continuación de la discusión y apreciación de las
consecuencias del siniestro, a pesar de la omisión de los informes del siniestro (734) o la
exageración del daño (735) ; la manifestación de postergar el pronunciamiento sobre la garantía
hasta no conocer el informe del liquidador importa renunciar a la sanción de caducidad por
mora en el informe sobre los daños sufridos (736) ; la designación de los peritos para avaluar el
daño (737) ; la liquidación de los daños sin reservas (738) ; o si atendió siniestros anteriores sin
exigir el cumplimiento de la carga violada (739) ; o si el directorio del asegurador resolvió pagar
la indemnización (740) ; el reconocimiento en principio del derecho (741) .

Las inejecuciones deben ser alegadas expresamente; de lo contrario, se interpretará que se


reconoce su cumplimiento (742) . Debe aducirlas al tiempo de contestar la demanda (743) y ser
anteriores a su declinación de la garantía.

8 (a).

En doctrina y jurisprudencia se habla de "renuncia tácita a la caducidad" en aquellos supuestos


en los cuales el asegurador, conociendo -o debiendo conocer- un determinado incumplimiento
de cargas por parte del asegurado, realiza por su lado algún acto que implique cumplimiento
del contrato de seguro.

Se trata, en última instancia, de una aplicación de la teoría de los propios actos al seguro, que
consagra la ininvocabilidad de la caducidad cuando tiene lugar una conducta de ejecución

538
contractual del asegurador incompatible con el previo conocimiento de esa caducidad y la
decisión de alegarla.

La denominación introduce la calificación de "tácita", por cuanto no proviene de una


declaración expresa en tal sentido, sino de la incongruencia entre el conocimiento previo y la
posterior conducta de cumplimiento de obligaciones que hubiera podido evitar el asegurador
mediante la simple invocación de la caducidad en el marco establecido por el art. 56 Ver Texto,
LS. Existe un deber de coherencia en el actuar jurídico que aquí se agudiza por el carácter tan
grave de la sanción impuesta al incumplimiento, que libera al asegurador de sus obligaciones de
tal con relación al siniestro al cual estaba referida la carga violada, aun cuando éste haya
percibido la prima del seguro.

Es que, como antes se destacó, las cargas son impuestas para motivar conductas del asegurado
que resulten necesarias para obtener un grado adecuado de funcionalidad del contrato, que
permita fluidamente el juego de los mecanismos técnico-económicos de la relación asegurativa:
pero no constituyen un fin en sí ni una contraprestación sinalagmática que responda, dentro
del equilibrio de las prestaciones, a la obligación del asegurador. Tienen, en el fondo, una
función instrumental, un carácter procesal, dirigido a crear un ámbito funcional adecuado a la
relación asegurativa, que permita el fluido desarrollo de ésta en sus diversos aspectos, tanto pre
como postsiniestrales.

Por otra parte, pese a su denominación, estaríamos, más que ante una renuncia, frente a un
reconocimiento de obligaciones (art. 718 Ver Texto y ss., CCiv.). La renuncia, si bien puede
tener lugar en forma tácita, no se presume, y puede ser revocada antes de que la acepte la
contraparte. En cambio, el efecto derivado de la incongruencia de un acto de cumplimiento
contractual respecto de una situación que permitía la liberación de la obligación que luego se
ejecuta aparece, más bien, como un reconocimiento tácito (art. 721 Ver Texto, CCiv.), del cual
es ejemplo paradigmático la norma del art. 56 Ver Texto, in fine, LS., que emplea la
denominación menos técnica de "aceptación".

Jurisprudencia

Respecto del tema generalmente denominado "renuncia tácita a la caducidad" (para nosotros,
reconocimiento de derechos), se ha decidido que la aseguradora no puede aducir la caducidad
del seguro si posteriormente, de alguna forma, ejecutó actos que implicaron, aunque sea
parcialmente, diligencias destinadas al cumplimiento de sus propias obligaciones derivadas del
contrato (C. Civ., Com. y Trab. Villa Dolores, Córdoba, 14/10/1982, "Giuridi, Daniel V., v.
Empresa de Transportes Grillo", LL Córdoba 1984-372).

Así, entonces, la omisión de plantear en término oportuno la caducidad del seguro en virtud
del art. 47 Ver Texto, ley 17418, es un acto incompatible con su ejercicio, que debe ser

539
considerado como una renuncia tácita a su invocación (C. Fed. Mendoza, sala A, 14/5/1996,
"Antonucci, Haydée, v. Caja Nacional de Ahorro y Seguro", LL 1997-D-876, sum. 11.745).

El nombramiento de peritos liquidadores por parte de la compañía aseguradora implica la


renuncia a la caducidad, pues hubo aceptación de la ejecución tardía de las cargas del
asegurado. Dicha designación resulta, entonces, un acto inequívoco de aceptación de la
responsabilidad de indemnizar emergente del contrato (C. Nac. Com., sala C, 11/2/1997,
"Malosetti, María A., v. Sud América Cía. de Seguros de Vida y Patrimoniales S.A." Ver Texto,
LL 1997-C-996, sum. 11.564).

No obstante, la simple designación del liquidador no implica la renuncia del asegurador al


derecho de alegar toda causal de eximición, ya que de sostenerse tal interpretación se limitarían
inaceptablemente las facultades otorgadas por el art. 46 Ver Texto, 2º párr., ley 17418,
negándole el derecho a investigar el siniestro en sus causas, lo cual contradice la práctica
aseguradora (C. Nac. Com., sala E, 26/6/1996, "Destuet, Patricio E., y otro v. El Cabildo Cía.
Argentina de Seguros", JA 1997-I-576 Ver Texto.

Se debe entender que el asegurador renuncia a la invocación de la caducidad de la cobertura si


dejó trascurrir el tiempo sin alegar que la denuncia fue tardía y no intentó verificar el daño y la
extensión de la prestación que el siniestro ponía a su cargo, si tenía todas las posibilidades de
hacerlo (C. Apels. Concepción del Uruguay, sala Civ. y Com., 10/9/1996, "Fogg, George T., v.
La República Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL Litoral 1997-1210).

El proceder de la aseguradora demandada -negarse al cumplimiento de su obligación


indemnizatoria alegando la falta de pago de la prima por parte del asegurado- no se adecua a la
exigencia de la buena fe que debe regir en la ejecución de los contratos, máxime si se trata de
un contrato de seguro, si antes y después del siniestro aceptó sin ningún tipo de objeciones el
pago en cuotas efectuado por el asegurado (C. Nac. Com., sala C, 18/12/1996, "Aptiluz S.R.L.
v. Aseguradores Industriales S.A." Ver Texto, LL 1997-C-996, sum. 11.565).

9. Interpretación de la caducidad.

La pena de caducidad se interpreta restrictivamente: es así por su naturaleza sancionatoria, por


las consecuencias y porque su aplicación liberal puede llevar al enriquecimiento del asegurador
a costa del asegurado (744) , esto es, no puede ser contraria a la buena fe o las buenas
costumbres (745) .

540
El incumplimiento de la carga no acarrea la caducidad, si se produjo: a) sin culpa o negligencia
(art. 36 Ver Texto); b) por caso fortuito o fuerza mayor (746) ; c) o el cumplimiento sustancial,
aunque no sea literal, de la carga (747) . En este último sentido, el segundo párrafo del ap. a del
art. 36 Ver Texto. Téngase en cuenta además lo expresado en el § 6, letra e.

9 bis. Carga de la prueba del incumplimiento.

La prueba de la inejecución pesa sobre el asegurador; es decir que el asegurado no cumplió la


carga o lo hizo en forma incompleta. En cambio, la culpa del incumplimiento resulta de la
misma inejecución (art. 513 Ver Texto, CCiv.), y pesará sobre el asegurado acreditar su falta de
culpa o negligencia (748) .

10. Régimen especial en materia de accidentes del trabajo.

La cobertura de los accidentes y enfermedades del trabajo se halla actualmente regulada por la
ley 24557 Ver Texto, sobre riesgos del trabajo (LRT.) (749) .

Esta normativa modificó profundamente el régimen tradicional, instaurado por la ley 9688 Ver
Texto y sus modificatorias y que había continuado la ley 24028 Ver Texto: ambas establecían
una cobertura asegurativa de carácter facultativo, que cubría la responsabilidad objetiva
impuesta por la ley a los patronos (750) .

No obstante, admitían que el trabajador optase por plantear su demanda en el ámbito del
derecho civil, para lo cual debía entonces ajustarse a los requerimientos y presupuestos de éste
(751) .

541
Como era de prever, el sistema estalló, y lo hizo por el lado del seguro de accidentes del
trabajo, que le servía de soporte económico. En realidad, la reacción comenzó por el lado del
reaseguro, porque las aseguradoras mantenían bajas retenciones y cedían la mayor parte del
riesgo al Instituto Nacional de Reaseguros, ente estatal y monopólico, que dispuso no amparar
ciertas dolencias que constituían el grueso de los reclamos (várices, afecciones columnarias,
etc.) y en los cuales, como destacamos, no se discriminaba el grado de incidencia causal laboral
respecto de las causas propias de la constitución física de cada reclamante.

Posteriormente se dictó la ley 24028 Ver Texto, que introdujo varias novedades: se permitían
las coberturas asegurativas parciales (art. 6 Ver Texto) (752) : se eliminaba el empleo de la
"indiferencia de la concausa", por lo que correspondía, en cada caso, indagar, por una parte, la
incidencia causal del trabajo y, por la otra, la de las condiciones personales propias de cada
individuo (art. 2 Ver Texto); se admitía también la posibilidad de llegar a acuerdos
transaccionales en el ámbito administrativo o judicial (art. 13 Ver Texto); y, en la Capital
Federal, se establecía la competencia civil para que entendiera en los casos de opción en favor
del derecho común (art. 16 Ver Texto). Finalmente, el sistema fue sustituido por el régimen de
las A.R.T. (administradoras de riesgos del trabajo, ley 24557 Ver Texto), que modificó en
forma drástica los anteriores y creó, respecto de las coberturas de las incapacidades, una
regulación que ya hemos analizado y que, a nuestro juicio, se aparta de la naturaleza del seguro
privado e ingresa en otros ámbitos, más cercanos al de la seguridad social (753) .

10 bis. Seguro de la responsabilidad civil.

Respecto del seguro de la responsabilidad civil con relación al damnificado, el art. 118 Ver
Texto ha creado un régimen especial, que se analizará más adelante.

(676) Bruck, p. 276.

(677) Bruck, p. 277; Morandi, en JA 1969-III, Doctrina, y en JA 1969-IV, Doctrina.

(678) Bruck, p. 278. Ver sobre el art. 36 Ver Texto, Halperin, en "Rev. Der. Com. y Oblig.",
año 2 (1969), p. 719; Steinfeld, en JA 1969-IV, Doctrina.

542
(679) Bruck, p. 278. Ver Halperin, Isaac, Algunos problemas del seguro de la responsabilidad
civil, en LL 45-683.
La doctrina -especialmente la alemana- admite otras clasificaciones, fundadas en ciertos estados
objetivos de hecho y los que suponen un estado subjetivo, que a su vez se combinan con los
deberes de informar y de conducta (Bruck, lug. cit.).

(680) Es de destacar que, en ocasiones, las pólizas reiteran en sus cláusulas o condiciones
algunas de las cargas legales (p.ej., la que impone el deber de denunciar el siniestro dentro de
determinado plazo). Pero el hecho de que puedan hallarse trascritas en la póliza no convierte
estas cargas en contractuales, aunque formen parte del cuerpo del contrato, sino que continúan
siendo cargas legales, por cuanto se las aplica estén o no contenidas expresamente en el texto
contractual, y su régimen será el establecido, para la especie de que se trate, en la ley.

(681) En la posición que considera que la normativa del art. 5 Ver Texto y ss. de la Ley de
Seguros establece un régimen especial respecto de los vicios del consentimiento del asegurador,
provocados por la declaración falsa o reticente del asegurado, podemos señalar, entre otros, al
autor de esta obra (ver capítulo III, § 17); en cambio, sostienen que se trata de una carga
precontractual impuesta al contratante en interés del asegurador, Donati, Antigono (Trattato
del diritto delle assicurazioni private, cit., t. II, § 417-á, p. 305), seguido por Morandi, J. C. F.
(Estudios de derecho de seguros, p. 224 y notas 33 y 33 bis).

(682) Ver lo expresado sobre el tema en Barbato, Nicolás Héctor, La declaración veraz del
estado del riesgo: ¿carga precontractual o requisito del consentimiento?, en "Derecho y
Empresa", Universidad Austral, año 1997, n_ 7/8 -en homenaje al Prof. Dr. Juan Carlos Félix
Morandi-, ps. 13 y ss.

(683) Agudamente apunta Fanelli que, en general, el análisis de la caducidad en la doctrina


civilista ha tenido por finalidad distinguir la noción de prescripción extintiva de otros
conceptos afines relativos a los efectos del tiempo sobre la subsistencia de los derechos
subjetivos, lo cual originó un doble orden de consecuencias: limitar las investigaciones a la
caducidad legal, con la casi completa exclusión de la caducidad de naturaleza negocial; y,
asimismo, la escasa consideración de los supuestos de caducidad que no estén conectados con
el trascurso del tiempo, dejando en las sombras una amplia gama de supuestos de caducidad,
sea tanto legal como convencional (Fanelli, Giuseppe, La decadenza nelle assicurazioni, en
"Assicurazioni", 1938, p. 482, y en Saggi de diritto delle assicurazioni, ps. 3 y ss., 1971, Milano.

(684) Cabe observar que la Ley de Seguros emplea una fórmula distinta en los arts. 36 Ver
Texto, inc. 1 (un mes), y 56 Ver Texto (30 días). Ello origina la siguiente distinción: si el
cumplimiento corresponde a una carga contractual que es a la vez presiniestral, regirá el plazo
de un mes, si no ha tenido lugar el siniestro. Pero si el incumplimiento ha sido descubierto
luego de ocurrido el siniestro -y es lo más frecuente-, con motivo de la investigación de éste, se
aplicará entonces el plazo de 30 días del art. 56 Ver Texto, ya que prevalece sobre aquél por
estar específicamente referido al siniestro. La diferencia interesa por cuanto hay meses de 28,
29, 30 y 31 días, por lo cual no siempre coincide la cifra representativa del día del siniestro con
la análoga del mes siguiente.

(685) Es la opinión, entre otros, de Ehrenzweig, Josef, Gierke, Ritter, cits. por Bruck, ps. 279 y
ss.

543
(686) Bruck, ps. 279 a 282; Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 6, nros. 5, 25 y 35. Conf. con la
distinción, entre nosotros, Zavala Rodríguez, II, nº 1677. Ver Halperin, en "Rev. Der. Com. y
Oblig.", año 2 (1969), p. 719.
Donati, Trattato, II, nros. 461 y ss., expresa que se establecen en interés del asegurador, pero
no por ello son obligaciones: la sujeción excluye elección, la obligación deja elegir entre
sacrificio espontáneo y el forzado del propio interés; la carga deja la elección entre el sacrificio
de un interés y el sacrificio de otro interés. La ley opta por la carga -añade- cuando el
funcionamiento de ésta protege suficientemente el interés tutelado. Ver asimismo sobre el
tema: Donati, en "Assicurazioni", 1953, 1, p. 404, y Cesaro, en "Assicurazioni", 1961, 1, p. 499;
Broseta Pont, ob. cit., ps. 166 y ss., en materia de reaseguro.

(687) Bruck, ps. 282 a 285. Es la posición que va adoptando la doctrina europea continental.
Sobre este punto de la inexigibilidad por el asegurador, conf. Patterson, nº 12.

(688) Ver Halperin, ob. cit. en nota 3, y Steinfeld, ob. cit. en nota 3.

(689) Por ello Goldschmidt habla, en el caso de las "cargas", de "imperativos del propio
interés", a diferencia de las obligaciones, en las cuales el imperativo (pagar la deuda) se cumple
en interés del acreedor. Agrega dicho autor que se trata de condiciones de la conservación de
un derecho, y que el imperativo se manifiesta "bajo amenaza de un perjuicio" (Goldschmidt,
James, Teoría general del proceso, n_ 37, ps. 82 y ss., 1936, Barcelona.

(690) Excepcionalmente el efecto del incumplimiento de una carga no consiste en la caducidad


del derecho a reclamar la prestación principal comprometida por el asegurador: tal ocurre, p.ej.,
con la del art. 46 Ver Texto, inc. 2, de la ley 17418, en los casos en que ese incumplimiento no
ha sido malicioso. Pero es de señalar que, al menos, produce una función inhibitoria de ese
derecho, porque hasta que no se dé cumplimiento a ese deber no comenzará a correr el plazo
del art. 56 Ver Texto de dicha ley, como expresamente lo indica esta última disposición, y, con
ello, tampoco entrará en mora el asegurador en el cumplimiento de sus obligaciones (art. 49
Ver Texto, LS.); a ello se suma que la ejecución tardía de ese deber por parte del asegurado
tendrá como límite el que corresponda, según la índole de lo requerido, en el contexto del
siniestro concreto, de forma que conserve la vigencia y utilidad requeridas por los hechos. En
otros supuestos de cargas legales, el incumplimiento se puede resolver en daños y perjuicios
(p.ej., art. 80 Ver Texto, 1º párr, in fine), o en la habilitación de una acción de rescisión en
favor del asegurador (p.ej., art. 82 Ver Texto, 1º párr.); etc. Si no se le fijó efecto alguno al
incumplimiento, ni se puede determinar por la naturaleza del deber impuesto, sólo cabrá la
imposición de daños y perjuicios, si los hubiere causado, cuando la carga haya sido impuesta
claramente como deber, lo cual habilitará asimismo a decidir la resolución del contrato (art. 216
Ver Texto, CCom.).

(691) Bruck, p. 288.


Ver cuanto se expone en especial sobre cada obligación y carga.

(692) Por ejemplo, por las características del siniestro: C. Nac. Com., 31/8/1937, JA 59-632.
En este sentido, C. Nac. Com., sala C, 11/10/1967, y sala A, 22/11/1967, inéditos.

544
(693) Ver Halperin, ob. cit. en nota 3. La culpa no se mide por estándares abstractos y
uniformes para todos los seguros, sin que esto signifique que deba ser en concreto del
asegurado de que se trate, sino el del tráfico: Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 6, nº 29.

(694) Bruck, p. 289.

(695) Bruck, ps. 285-286 y 291. Las cargas tienen un sujeto cuando no se refieren a un estado
de hecho objetivo, sino que dependen esencialmente de la culpa de ciertas personas.

(696) Bruck, p. 287.

(697) Bruck, ps. 286 y 287.

(698) Bruck, ps. 291 y 292; la ley alemana hace varias aplicaciones de este principio.

(699) Bruck, ps. 293 y 294.

(700) Bruck, p. 290.

(701) Bruck, p. 287. Greco entiende que si el asegurado debe realizar la comunicación por
escrito, el asegurador está obligado a emplear idéntica forma y medio de envío, máxime si de
esta comunicación comienza a correr un plazo (en "Assicurazioni", 1938, 2, p. 85).

(702) Bruck, p. 287.

(703) Cuando se dispone cumplir sin dilación, se entiende sin dilación culposa (Bruck-M”ller,
ob. cit., I, § 6, nº 34).

(704) Bruck, p. 288.

(705) Patterson, nº 69; así, por ejemplo, en lo que se refiere a medidas de prevención, bastará
que cumplan el fin perseguido, aunque no sean idénticas, si son análogamente eficaces; o
cuando la agravación del riesgo carece prácticamente de importancia; o si es meramente
temporal -por ejemplo, en el traslado de las cosas aseguradas-.
La C. Nac. Com. tiene resuelto que los libros de sueldos y salarios que el asegurado está
obligado a llevar, en el seguro de los accidentes de la ley 9688 Ver Texto, pueden ser suplidos
por el aporte de los antecedentes que esos libros deben probar (7/5/1937, LL 7-88).

(706) C. Nac. Com., 20/12/1946, LL 45-683 (en el caso, falta de comunicación de documentos
en un seguro de la responsabilidad civil).
Contra: Greco, en "Assicurazioni", 1937, 2, ps. 17 y 18, porque si el asegurado considera
injustificada la negativa, la consecuencia lógica es que cumpla con sus deberes, que
condicionan el ejercicio de su derecho.
Además de no llenar función este cumplimiento, sería contrario al sinalagma funcional.

(707) Por ejemplo, las medidas de salvamento, el mantenimiento del derecho contra el tercero
responsable, etc., porque no puede agravar la situación del asegurador. Ver nota anterior.

545
(708) Para una explicación de la jurisprudencia anterior a la ley 17418 Ver Texto, del concepto
del art. 47 Ver Texto, in fine, ver C. Nac. Com., 3/12/1930, JA 34-1322, en el caso,
imposibilidad de informar el siniestro y los daños por incomunicación del asegurado. El
16/6/1920, GF 27-92, la misma cámara justificó la demora por ausencia del lugar del siniestro.
Admitió que justifica la mora en el pago de la prima del seguro sobre la vida, la enfermedad
grave, con pérdida de conocimiento y muerte posterior, porque la sanción de caducidad
requiere fundarse en un acto voluntario del asegurado (sic): C. Nac. Com., 9/11/1927, GF 71-
105.
Ver fallos citados en notas 130, 316 y siguientes.
Las jurisprudencia estadounidense distingue los deberes cuyo cumplimiento afecta
materialmente al riesgo y al pago de la prima, para los cuales no admite la excusa, de aquellos
que se deben cumplir después del siniestro, para los cuales la admite (Patterson, nº 70).
Solari Brumana, JA 1968-VI, critica la variedad de plazos fijados por la ley 17418 Ver Texto,
pero no ha tomado en cuenta la razón de esa variedad, que está dada por la distinta función en
cada caso concreto.

(709) Patterson, nº 70, señala por ejemplo el pequeño comercio de un analfabeto que,
asegurado contra robo, se le adujo la falta de libros de comercio.

(710) C. Nac. Com., 7/8/1941, LL 23-685; 4/4/1945, JA 1945-II-320.


Con la consecuencia del derecho a repetir cuanto se pagó en razón del seguro, al asegurado o a
terceros (6/3/1934, JA 45-660).

(711) Ver Halperin, ob. y lug. cits. en nota 3.

(712) La culpa puede ser personal del asegurado, o del tercero que emplea, o del representante
o dependiente o factor.

(713) Ver Halperin, ob. y lug. cits. en nota 3.

(714) Ver Eduardo G. Rodríguez, en "Rev. Crít. Jur.", 1934, p. 208.

(715) Contrato de seguro, p. 163.

(716) Ver infra, texto, párrafo 8, notas 45 y 46.

(717) Ver C. Nac. Com., 8/6/1925, GF 56-366. La discusión en torno a la naturaleza del plazo
para demandar (ver Rodríguez, Eduardo G., en "Rev. Crít. Jur.", 1934, p. 208), ha perdido
actualidad atento a la prohibición del art. 59 Ver Texto, in fine.

(718) Ver Besson y Picard, I, nº 216, y II, nº 57; Besson, nota en "Dalloz", 1936, 1ª parte, p. 84;
Houin, R., Diferencias entre la caducidad y la exclusión del riesgo en los seguros terrestres,
respecto al peso de la prueba, en "Sirey", 1948, 1ª parte, p. 125; Hémard, J., Si el seguro que
cubre un vehículo "conducido o no por el personal del asegurado" garantiza el accidente
causado por el prestatario de él, en "Sirey", 1948, 1ª parte, p. 21; Isaac Halperin, Distinción
entre no garantía y caducidad en el contrato de seguro, en LL 58-830.

546
(719) Solución establecida por la jurisprudencia para el Código derogado (C. Nac. Com.,
10/9/1920, JA 5-228).

(720) La definición aquí postulada se refiere a la caducidad de los derechos del asegurado, que
es a la cual normalmente se alude cuando se menciona dicho instituto. Pero la caducidad
también afecta, en algunos supuestos, al asegurador: es de destacar, por otra parte, que en este
último caso la caducidad se comporta de manera análoga a la que presenta esa institución en el
derecho civil, constituye la pérdida de un derecho por su falta de ejercicio dentro de
determinado plazo, establecido en la norma; la caducidad afecta, aquí sí, el mismo derecho no
ejercitado (p.ej., art. 56 Ver Texto, LS.).

(721) Ver, entre otros, Llambías, Jorge J., Derecho civil. Parte general, t. II, § 2148, p. 699,
1986, Buenos Aires; Gómez Corraliza, Bernardo, La caducidad, capítulo VIII, § 2.2, p. 255,
1990, Madrid.

(722) Ver, p.ej., Picard y Besson, Les assurances terrestres, t. I, § 125, p. 217. Estos autores, al
señalar diferencias entre la caducidad y el no seguro, expresan que en este último no se está
ante una sanción o una pena, sino ante una ausencia de derecho: no existe cobertura
asegurativa en favor del titular de la póliza, porque el hecho acaecido no constituía, desde el
comienzo del contrato, un riesgo puesto a cargo del asegurador (lug. cit., p. 218).

(723) Por ello se ha dicho que en virtud de la naturaleza de las cosas, la definición del objeto
del contrato supone, ipso facto y a contrario, el "no seguro" de todo aquello que quede fuera
de él, por lo cual esas exclusiones externas tienen una naturaleza tácita (Lambert-Faivre,
Yvonne, Droit des assurances, 1990, Paris). Es la distinción filosófica entre el "ser" y el "no
ser".

(724) Ni la ley 17418 Ver Texto ni la 20091 Ver Texto regularon en forma específica este
aspecto del contrato de seguro. Es a partir del reglamento de la ley citada en último término
que se establece, en su art. 25.1: "Como anexo I de la póliza, con letra clara y en forma
destacada, se deberán consignar todas las exclusiones de cobertura que se estipulen, haciendo
referencia al mismo en el frente de la póliza".
En el derecho francés, las exclusiones deben ser formales y limitadas y contenidas en la póliza
(art. 113-1, Code des Assurances). Por su parte, la Ley de Contrato de Seguro española dispone
que "las condiciones generales y particulares se redactarán en forma clara y precisa. Se
destacarán de modo especial las cláusulas limitativas de los derechos de los asegurados, que
deberán ser específicamente aceptadas por escrito" (art. 3 Ver Texto, 1º párr., in fine).

(725) Analizamos más extensamente la naturaleza de las cláusulas de exclusión en nuestro


trabajo titulado: Exclusiones a la cobertura en el contrato de seguro, en ED 136-547.

(726) Hemos analizado esta cuestión en el trabajo citado en la nota anterior (Las exclusiones a
la cobertura en el contrato de seguro), punto 5, ED 136-547; también, en Cláusulas de
exclusión de cobertura, "Revista de Derecho de Seguros", n_ 7, ps. 94/95, 1973, La Plata; y en
nuestro libro Culpa grave y dolo en el derecho de seguros, § 14, ap. c.4, p. 46, 1988, Buenos
Aires. Ver también lo expresado por Soto, Héctor, en su estudio Finalización de la liquidación
del siniestro. Pronunciamiento del asegurador sobre el derecho del asegurado, en LL 1990-A, §
V, n_ 17: dicho autor allí expresa: "si el peticionante ocurre ante la justicia pretendiendo hacer

547
valer la presunción legal, debe acreditar en el proceso respectivo su calidad de asegurado",
puesto que si no lo hiciere, "no puede darse curso a su pretensión, a pesar de la omisión del
asegurador en pronunciarse, ya que la presunción del art. 56 Ver Texto de la ley 17418 sólo
beneficia a quienes invisten tal carácter".

(727) Si bien los presupuestos en que se basan estos dos pronunciamientos de la Suprema
Corte de la Provincia de Buenos Aires constituyen casos de suspensión de cobertura, y como la
suspensión es un supuesto de caducidad (es una caducidad en potencia: Halperin, I., en este
libro, capítulo IV, § 26; Picard y Besson, Les assurances terrestres en droit français, t. I, § 108,
p. 192), la cual presupone un riesgo originariamente cubierto y, por ende, torna entonces
aplicable el art. 56 Ver Texto, LS., el argumento del fallo, mutatis mutandi, es en el fondo
análogo al empleado en nuestra tesis respecto de los supuestos de ausencia de seguro: la
aplicabilidad de dicha norma está condicionada a la existencia de una cobertura, y que se halle
vigente al momento del siniestro.

(728) No obstante, necesario es destacar que la magistrada preopinante, Dra. Kemelmajer de


Carlucci, dejó constancia, en el referido fallo de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza, que
adhería a una posición intermedia entre las dos tesis que analizamos, al considerar aplicable el
art. 56 Ver Texto, LS., también a los supuestos de ausencia de la cobertura, sobre todo si se
está ante cláusulas de no seguro confundibles, por su propia naturaleza, con cláusulas de
caducidad; salvo que el asegurado pretenda indemnización por riesgos manifiestamente
excluidos de la cobertura, o ab initio claramente excluidos, o si medió dolo del asegurado, o si
el asegurador no tuvo posibilidad material de determinar la exclusión en el plazo previsto en
esa norma legal, o si el riesgo es notoriamente extraño al contrato (fórmula esta última que
recuerda la del art. 58 Ver Texto de la Ley de Sociedades Comerciales, 19550). Agrega que esto
ocurre, p.ej., cuando la defensa opuesta "colinda o entra en la zona gris de las cláusulas de
caducidad".

(729) No obstante, en algunos pocos casos son de origen legal, como las de vicio propio (art.
66 Ver Texto), dolo y culpa grave (arts. 70 Ver Texto, 114 Ver Texto, 136 Ver Texto, 152 Ver
Texto, etc.), hechos de guerra civil o internacional, motín y tumulto popular (art. 71 Ver
Texto), cambio de ruta en el trasporte, etc.

(730) ¿Un nuevo art. 56 Ver Texto, LS., esta vez aplicable al Estado controlante?

(731) Ver un amplio desarrollo del punto en Vance, ps. 470 y ss., porque en el derecho
estadounidense integra la institución denominada waiver, es decir, la renuncia a un derecho
conocido.
Lógicamente, la prueba de esa renuncia pesa sobre el asegurado (Besson y Picard, 2ª ed., I, p.
203).

(732) C. Nac. Com., 26/11/1912, "Jur. Trib. Nac.", noviembre de 1912, p. 297; 27/9/1932, JA
39-551; Besson y Picard, I, nº 237; Patterson, nº 101.
Conocidas por el asegurador: C. Nac. Com., sala C, 23/5/1966, JA 1967-IV, fallo 14.439; sala
B, "Kals de Kovacs v. La Sueco Argentina", 26/9/1966, inédito; "Martínez v. Nalmel",
10/3/1967, inédito.
No caben reservas mentales: C. Nac. Com., 7/11/1945, LL 41-362.

548
"Todo pedido al asegurado de diligencias que le causen incomodidades o gastos, [. . .] se
considerará renuncia a la caducidad" (Patterson, nº 101).

(733) C. Nac. Com., 7/12/1928, GF 77-309; 21/5/1930, GF 86-190 -ejercer el derecho a


dirigir el proceso, en el seguro de la responsabilidad civil-, y 10/3/1967, LL 128, fallo 58.055,
con nota crítica de Guillermo Moreno Hueyo; 27/9/1932, GF 100-187; 13/5/1929, JA 29-776
-prestación de asistencia médica en el seguro de accidentes del trabajo-; hacer reparar el
vehículo con el cual se causó el daño (27/3/1957, LL 88-374; 7/11/1945, LL 41-362).

(734) C. Nac. Com., 17/3/1933, GF 103-160; 15/12/1910, "Jur. Trib. Nac.", 1910, p. 2460.
Pero no ha reconocido este efecto al envío del liquidador, porque la intención no es inequívoca
(C. Com., 27/6/1927, JA 25-332; 16/12/1927, JA 26-1288).

(735) C. Nac. Com., 7/9/1925, GF 58-138.

(736) C. Nac. Com., 9/8/1940, LL 19-715.

(737) C. Nac. Com., 7/9/1925, JA 17-657; 22/7/1936, JA 55-249; 3/8/1938, JA 63-595;


27/4/1938, LL 10-641; 10/3/1939, LL 14-205; 20/5/1939, LL 14-670; 9/8/1940, LL 19-715;
28/6/1937, LL 7-891.
Contra: C. Nac. Com., 11/6/1919, GF 21-51; a lo más, será una prórroga del plazo para
cumplir -informe de los daños-.
Ver Fanelli, en "Assicurazioni", 1943, 2, 23, y 1945-1946, 2, 38. Asimismo, ver C. Nac. Com.,
sala C, 11/9/1963, inédito, y sala B, 5/9/1962, inédito.

(738) C. Nac. Com., 10/3/1939, JA 65-856; 31/12/1940, JA 1942-I-531; 12/11/1941, JA


1942-I-212.

(739) C. Nac. Com., 25/3/1944, JA 1944-II-218: en el caso, seguro por accidentes del trabajo,
en que el asegurado omitió llevar el libro de jornales.

(740) C. Nac. Com., 15/5/1929, JA 29-777.

(741) C. Nac. Com., 20/10/1933, JA 43-1178.

(742) C. Fed. Bahía Blanca, 17/12/1931, JA 37-134.

(743) C. Nac. Com., 2/7/1914, "Jur. Trib. Nac.", julio de 1914, p. 246; 15/5/1929, JA 29-777.
Contra, cuando declina la responsabilidad extrajudicialmente: C. Nac. Com., 20/12/1946, LL
45-683, con nota crítica de Isaac Halperin.

(744) Conf.: C. Nac. Com., 26/12/1933, GF 110-46 y JA 44-800; 16/10/1931, JA 36-1496;


4/4/1945, JA 1945-II-320; 5/4/1945, LL 38-910, con nota de Raymundo L. Fernández,
Cláusulas de caducidad en el contrato de seguro. Validez e interpretación de las mismas;
20/12/1946, LL 45-683, con nota de Isaac Halperin; 19/12/1947, LL 50-127; 14/3/1949, LL
58-830; 13/5/1955, LL 81-544; 27/6/1956, LL 85-209; C. Nac. de Paz, III, 10/6/1955, LL 80-
240; C. Apels. Bahía Blanca, 23/11/1956, LL 88-199; Lordi, "Riv. Dir. Comm.", 1937, 2, p.
299; Lepargneur, nº 1316; Besson y Picard, nº 226.

549
Incluso respecto de los elementos de juicio que sirven para justificarla (C. Nac. Com.,
16/10/1931, JA 36-1496).
Así, el plazo para el arreglo definitivo de cuentas, no rige para el cobro de ese importe (C. Nac.
Com., 2/9/1916, GF 4-173).

(745) Bruck-M”ller, ob. cit., I, § 6, nº 21, quienes añaden también el supuesto del escaso daño
recibido por el asegurador en razón de ese incumplimiento.

(746) Besson y Picard, I, nº 238; Lepargneur, nº 1317; C. Nac. Com., 9/9/1932, JA 39-527;
26/8/1926, JA 25-1119.
Besson y Picard añaden que la retractación, cuando es posible, también borra el efecto de la
caducidad. Debe ser espontánea y anterior a toda reacción del asegurador, y no dejar
subsistente ningún perjuicio para el asegurador (nº 239).
Téngase en cuenta que conforme al texto del art. 36 Ver Texto cit. es suficiente la ausencia de
culpa o negligencia; que no es menester probar existencia de fuerza mayor o caso fortuito.

(747) Patterson, nros. 65 y 69, y p. 466.


La violación temporaria no es sustancial (Patterson, p. 296).
Debe ser útil. Si no lo es, la violación es indiferente (art. 36 Ver Texto, y Lordi, en "Riv. Dir.
Comm.", 1937, 2, p. 299). De ahí que la C. Nac. Com. haya resuelto, con anterioridad a la
nueva ley, que no existe cuando en un segundo proceso no se cita al asegurador si media
condena de un coaccidentado, que haría inútil la defensa (27/9/1932, JA 39-551).

(748) Se extienden simplemente las reglas generales en materia de inejecución de obligaciones y


carga de la prueba. Conf.: Bruck, p. 289; Besson y Picard, I, nº 227; C. Nac. Com., sala C,
21/10/1966, ED 17-749.
En cambio, Patterson impone al asegurado la prueba del cumplimiento de las principales
obligaciones y cargas (pago de la prima, informe del siniestro, informes de los daños); y exige
que el asegurador pruebe la infracción específica de la carga que imputa (ob. cit., nº 65). No se
percibe la razón por la cual es menester apartarse de las reglas generales en materia de
ejecución de obligaciones contractuales: la parte que no imputa incumplimiento cuando se la
demanda para que ejecute las obligaciones que asumió reconoce, implícitamente, que la
contraparte cumplió lealmente con las suyas.

(749) Sancionada el 13/9/1995 y promulgada por decreto 545 , del 3/10/1995.

(750) La ley 9688 Ver Texto fue una de las primeras normativas que introdujeron en nuestro
derecho la responsabilidad objetiva (la ley 17711 Ver Texto, modificatoria del Código Civil en
este aspecto, es muy posterior: 29/4/1968).

(751) Lo cierto es que la opción dispuesta por la ley 9688 Ver Texto, que en su origen implicó
una alternativa concedida al trabajador entre la invocación de la responsabilidad objetiva
(otorgada en los casos de accidentes y enfermedades laborales que se enumeraban en un
catálogo) y el régimen general del Código Civil (que en ese entonces establecía una
responsabilidad cuyos factores de atribución eran de raigambre subjetiva -culpa o dolo del
causante del daño-), resultó alterada al ser modificado el Código Civil por la ley 17711 Ver
Texto -en especial, el art. 1113 Ver Texto de dicho Código-. Se invocó, entonces, en las
opciones la responsabilidad objetiva derivada de esta norma; la objeción de que se trataba de

550
una relación contractual (art. 1107 Ver Texto, CCiv.) fue desestimada por la jurisprudencia. A
ello se sumó el hecho de que, sistemáticamente, los tribunales laborales se declararon
competentes para entender aun en los casos de opción por el derecho civil, aplicando además
los principios y presunciones del derecho laboral: p.ej., esos tribunales empleaban el principio
(pretoriano) de la "indiferencia de la concausa" derivada del trabajo sobre la extensión de la
incapacidad que se hubiere determinado; se dejó a un lado el listado de enfermedades de la ley,
para desembocar en una libre determinación de la causalidad laboral para configurar la
"enfermedad del trabajo"; por último, se echó mano del art. 75 Ver Texto de la ley de contrato
de trabajo 20744 (precepto de particular ambig edad en los casos concretos, por su referencia
a las imprecisas normas sobre seguridad y salubridad del trabajo) para fundar la opción por el
derecho civil, que permitía eludir los topes cuantitativos sin someterse al mayor rigor
conceptual y procesal de las normas civiles.
Esto generó una gran litigiosidad, en especial mediante la invocación de enfermedades, que se
enlazaban en grupos de cuatro o cinco, situación que en un trabajo anterior sobre el tema
("Doctrina Laboral", t. V, p. 468) denominamos "el advenimiento del enfermo plural": las
incapacidades originadas en el trabajo no se distinguían causalmente de las provenientes de
carencias físicas propias de la particular constitución natural originaria del reclamante.

(752) Durante la vigencia de las leyes anteriores, la jurisprudencia entendió que el seguro al cual
se refería la ley revestía carácter integral (a pesar de que se trataba de una cobertura voluntaria,
que el patrono podía contratar o no, según lo considerase conveniente), por lo cual no se
admitía que el seguro cubriese algunas dolencias y excluyese otras.

(753) Ver capítulo V, § 89 (a). Asimismo, en los últimos tiempos se advierte un aumento de los
planteos judiciales en que se formulan cuestionamientos constitucionales a algunas de las
normas de la ley 24557 Ver Texto. Cabe mencionar, como intento gubernamental de evitar o
atenuar tales planteos, el aumento en las prestaciones y la apertura en la caracterización de las
enfermedades profesionales comprendidas en el sistema (ley 24557, arts. 6 Ver Texto, inc. 2.b;
11 Ver Texto, inc. 4, y 14 Ver Texto, etc., texto según decreto 1278/2000 Ver Texto).

------------------------

II. Obligación de pagar la prima (754)

551
11. Objeto.

La prima es el precio del seguro, la remuneración del asegurador por las obligaciones que
asume; es decir, la contraprestación del asegurado (755) .

Se halla en rigurosa correlación con el riesgo, correlación que aparece en toda su importancia al
tiempo del siniestro (756) .

En las sociedades de seguros mutuos se llama cotización, diferencia de nombre que se explica
por el distinto mecanismo de la empresa (757) .

Es la obligación principal del asegurado (758) , y elemento esencial del contrato (759) , que
generalmente se paga íntegramente por adelantado, cuya inejecución, aunque insignificante,
provoca la pérdida de todo derecho (art. 31 Ver Texto) y su pago es exigible judicialmente,
excepto en el seguro sobre la vida (art. 134 Ver Texto, que establece la rescindibilidad unilateral
por el asegurado después del primer período) (760) .

Antes del trascurso de la duración técnica del seguro, en los seguros de intereses no cabe
liberarse de la obligación de pagar; esto sólo es posible en el seguro sobre la vida, sea
rescindiendo el contrato o trasformándolo en un seguro saldado (arts. 134 Ver Texto, 138 Ver
Texto y 139 Ver Texto).

La indemnización no comprende el importe de la prima. Para esto se debe incluir


expresamente en el contrato (761) .

En principio, es invariable; se puede modificar por:

a) pactos de variación por la inflación, p.ej. (cláusulas de indización para su reajuste u otras);

b) por variación del riesgo (agravación o reducción) o del interés asegurado;

552
c) por disposición de la autoridad de control (v.gr., por mayores costos administrativos).

11 (a.1).

Es cierto que el pago de la prima constituye una obligación en sentido estricto, pues existe un
acreedor titular de un derecho subjetivo y, por tanto, resulta reclamable judicialmente. Pero,
como lo observa con agudeza Donati (762) , el pago de la prima está, en el seguro, formulado a
la vez como obligación y como carga: esta última deriva del hecho de que, a la falta de pago, se
la vincula a una suspensión de cobertura que, como veremos, constituye una variante particular
de la caducidad asegurativa (763) . Así resulta no sólo del régimen legal (art. 31 Ver Texto, LS.),
sino también -y muy especialmente- de las denominadas "cláusulas de pago" que, en general, se
incluyen en las pólizas.

El pago de la prima constituye la contraprestación por la asunción del riesgo; por tal motivo,
debe estar en estricta correlación con el riesgo cubierto, tal como se destaca en el texto de esta
obra. Pero cabe señalar que esa correlación presenta, en el seguro, ciertas peculiaridades que
derivan del carácter aleatorio del contrato individualmente considerado. El asegurado paga, en
la mayor parte de los casos, una prima cuyo monto es sensiblemente inferior al que puede
llegar a tener la prestación del asegurador en caso de siniestro. Pero ese aparente desequilibrio
se ve compensado por la aleatoriedad del contrato, que hace que el asegurador pueda retener y
hacer suya la prima aunque, como acontece en la mayoría de los supuestos, el siniestro no
ocurra. Es que la prima constituye, en buena medida, el precio de la aleatoriedad, de la
frecuencia siniestral, que indicará su probabilidad; sin perjuicio de la incidencia que pueda
tener, asimismo, la naturaleza de los intereses amparados y la magnitud económica capaces de
alcanzar las consecuencias del siniestro. Pero aun estos últimos aspectos se ven abarcados
generalmente por la aleatoriedad, que no sólo influye en la posibilidad del siniestro, sino
también sobre sus consecuencias, como en alguna medida resulta de ciertos preceptos de la
Ley de Seguros (p.ej., arts. 36 Ver Texto; 46 Ver Texto, 2º párr.; 52 Ver Texto; 57 Ver Texto;
72 Ver Texto; 75 Ver Texto; 77 Ver Texto, etc., que implican la posibilidad de siniestro
parcial).

En lo referente al concepto de "cotización", propio del seguro mutual, cabe señalar que las
normas técnicas contenidas en la ley 20091 Ver Texto han ido desdibujando las diferencias,
puesto que se requiere a cada asociado-asegurado una contribución inicial calculada de forma
análoga a la de las primas stricto sensu (ver art. 19 Ver Texto de la citada ley).

553
11 (a.2).

Como su nombre lo indica, la prima se debe pagar al comienzo del contrato, requisito que
tiene su razón de ser, entre otros motivos, en exigencias de la técnica asegurativa, que requiere
que se forme un fondo común para atender los siniestros que vayan sufriendo los integrantes
del grupo. Ese pago al comienzo de la relación es, pues, requerimiento para la inserción en el
sistema de la mutualidad que vincula de manera técnico-económica los contratos de una misma
rama celebrados por el asegurador.

No obstante, motivos vinculados a la necesidad de facilitar la celebración de un mayor número


de contratos, que apunta no sólo a razones comerciales del asegurador, sino a la conveniencia
de posibilitar un funcionamiento más homogéneo del sistema, como respuesta más ajustada a
los requerimientos de la ley de los grandes números, han hecho que se generalice en muchas de
las ramas el pago fragmentado, en cuotas, generalmente mensuales, de la prima. Ello ocasiona,
con frecuencia, que se generen cuestiones derivadas de la falta de pago de cuotas que ha tenido
lugar con anterioridad al siniestro, con la consecuencia del efecto denominado suspensión de la
cobertura, al cual se hizo referencia precedentemente.

(754) No es una carga ni un presupuesto para hacer valer el derecho, sino una obligación en el
concepto del derecho civil (ver Bruck, p. 253).
El origen de la palabra "prima" no se halla en primo o pago anticipado, sino en pretium,
premium (ver Bruck, p. 246, nota 13).

(755) Besson y Picard, I, nº 31; Lepargneur, nº 1256; Vivante, Trattato, nº 1909, y Contratto, nº
60; Bruck, p. 261; Vance, p. 259; C. Fed. Cap., 22/7/1936, JA 55-69. Ver sobre este tema:
Gasperoni, El pago de la prima del seguro, en "Assicurazioni", 1959, I, p. 188.
Castillo -nº 49- y Obarrio -nº 13- afirman que es el precio del riesgo, expresión que recuerda la
noción de que el seguro es la venta de un riesgo. Segovia -notas 1793 y 1795- sostiene que es el
precio de la indemnización eventual que se compra (!), y no del riesgo.
Hémard adopta una expresión similar: "Precio mediante el cual el asegurador asume el riesgo"
(nº 48).
Donati, en cambio, expresa: "El objeto de la prestación del contratante que constituye la
contraparte de la prestación del asegurador subordinada al siniestro" (Trattato, II, p. 355).

(756) Besson y Picard, I, nº 31, y II, nº 14, y cuanto expresamos en el § 11 y capítulo V. Ver
Zavala Rodríguez, ob. cit., nº 1655.

(757) Besson y Picard, I, nº 31; Lepargneur, nº 1256.

554
(758) Lepargneur, nº 1306.

(759) Vivante, Trattato, nº 1861, letra a, y Contratto, nº 6: agrega que tanto es así que si el
asegurador, para cumplir una liberalidad, quisiera asegurar la percepción de una suma en
beneficio de sus propios agentes, deberá debitar la prima equivalente para integrar el fondo de
primas. Conf. para el reaseguro de intereses: Bruck, p. 248.
Contra: C. Nac. Com., 8/9/1954, LL 76-483.
Ver capítulo III, texto y notas 282 y 283.
La C. Nac. Com. denegó la rescisión del contrato, por diferencias entre la prima pactada y la
inscrita en la póliza: en el caso, el asegurador aún no había exigido el pago, y la diferencia era
mínima (13/2/1913, "Jur. Trib. Nac.", febrero de 1913, p. 128).
Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 457, afirman que no fijada la prima cabe una tácita remisión a la
tarifa aprobada, pero sin los costos adicionales no convenidos. De aceptarse la solución, se
deberán adicionar los impuestos, los recargos por mayores costos administrativos, etc.

(760) Lepargneur, nº 1306; Bruck, ps. 261 y 253; Besson y Picard, I, nº 182. Es condición
técnico-económica del contrato (Donati, Trattato, II, nº 445).
Lefort sostiene que es ilícita cuando se fija según tarifas no aprobadas (I, p. 301). La solución
se debe rechazar, no sólo por los efectos y naturaleza de la aprobación administrativa -capítulo
II, nº 16-, sino también porque existen numerosas circunstancias de hecho que pueden
autorizar discriminaciones fundadas. Lo que cabe sostener es que no es admisible que se
aplique a un asegurado condiciones más o menos onerosas que las aplicadas a otro en idénticas
circunstancias; regla que resulta de la forma monopolizada del comercio del seguro y común a
toda especie de explotación monopolizada -ferrocarriles, teléfonos, etc.-.
Esta solución es consagrada por la ley: el art. 26 Ver Texto de la ley 20091 sólo exige que sean
suficientes para el cumplimiento de las obligaciones por el asegurador y su permanente
capacitación económico-financiera, y faculta a la Superintendencia de Seguros para observar las
primas que sean abusivas o arbitrariamente discriminatorias.

(761) Vivante, Contratto, nº 128: la inclusión nunca se presume.

(762) Donati, Antigono, Trattato, cit., señala que la prestación del premio está dispuesta,
entonces, simultáneamente "in obligatione" e "in conditione" (t. II, § 445, p. 356).

(763) Ver, en este capítulo, § 26 y ss.

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12. Prima bruta.

555
La prima bruta, comercial, cargada o de tarifa, es la que comprende el recargo para subvenir a
los gastos y beneficios de la empresa (los impuestos, gastos de celebración, comisiones, costo
de administración, ganancias, y otras reservas) (771) .

La mora en el pago de estos costos accesorios tiene los mismos efectos que la mora en el pago
de la prima neta (772) .

(771) Besson y Picard, I, nros. 32 y ss.; Vivante, Trattato, nº 1861, y Contratto, nº 6; Bruck, nº
246; Castillo, nº 49; Lepargneur, nº 1256; etc.
Se pagan comisiones desmedidas por la celebración del contrato; además, se debe mantener
una organización administrativa para celebrar y mantener esos contratos -correspondencia con
agentes e interesados, propaganda, cobro de primas, liquidación de daños, etc.-, y para la
administración de las inversiones.

(772) Bruck, p. 246.

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13. Contrato de reaseguro.

En el reaseguro, la prima bruta es la pagada por el tomador del seguro al asegurador -también
llamada prima original-, y la prima neta es ésta con ciertas deducciones (773) .

556
(773) Bruck, p. 246; Persico, nº 81.

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14. Primas unitaria y periódica.

Las primas son unitarias o periódicas; la prima unitaria es el precio por la duración técnica del
seguro; la prima periódica es el precio que se percibe por distintos períodos determinados de la
duración técnica del seguro (774) .

15. Formas de pago.

No debe consistir forzosamente en dinero; puede serlo en cualquier obligación de dar (775) ;
incluso son admisibles todas las formas de pago; como la compensación (art. 27 Ver Texto),
que se debe operar antes de que se produzca la mora (776) , para valer como pago hábil u
oportuno, esto es, para mantener vigente la garantía sin variación.

Las partes fijan la prima con entera libertad: la aprobación administrativa de tarifas y planes no
los hace obligatorios (777) , conforme a la naturaleza de esa autorización y a la función del
control en esta materia.

Existen tipos de seguros en que la prima se conviene provisionalmente, para reajustarla


durante su vigencia o al vencimiento. Este reajuste se debe cumplir en el término de la

557
prescripción. La falsedad de la declaración inicial, para la fijación de la prima provisional,
provoca la nulidad del contrato por reticencia (778) .

15 (a).

En nuestros días, la aparición de nuevas modalidades de contratación ha motivado que el pago


de la prima tenga lugar, a veces, por retención en fuentes de ingreso (p.ej., deducción de lo que
se pague en concepto de sueldos, jornales, etc.), o bien como constitutivo de un importe
accesorio de pagos que presentan otro objeto (cuotas de préstamos, o de círculos de ahorro,
etc.), que a veces son recaudados por intermediarios que han adoptado distintas calidades
(p.ej., administradoras de círculos cerrados de ahorro para la adquisición de determinados
bienes, operadores bancarios o financieros en operaciones a las cuales está vinculado el seguro,
etc.) (779) . Ello hace que, para resolver las cuestiones que se puedan suscitar como
consecuencia del pago de la prima y de la operatoria del seguro todo, se deba analizar la
relación asegurativa dentro del contexto de tales situaciones.

Asimismo, si bien, como se indica en el texto, la forma de pago no tiene que consistir
necesariamente en dinero, al menos se debe traducir en términos monetarios, dado que, como
se indicó reiteradamente, la técnica asegurativa exige que el contrato de seguro se inserte
dentro del sistema técnico-económico que agrupa los contratos de una misma rama para que
tenga lugar la compensación de los riesgos; ello requiere, entonces, no sólo homogeneidad de
los riesgos agrupados, sino también de su contenido económico-financiero, para permitir ese
juego compensatorio y también la satisfacción de las necesidades concretas creadas a los
asegurados por los siniestros amparados en las coberturas otorgadas. Esto se refleja, asimismo,
en las normas que establecen qué especie y proporción de inversiones puede efectuar el
asegurador con las reservas formadas por la reunión de las primas percibidas de sus asegurados
(art. 35 Ver Texto, ley 20091).

(774) Bruck, p. 247.

(775) Obarrio, p. 29; Segovia, nota 1793; Bruck, p. 262.

(776) Bruck, p. 262. El agente y el corredor no pueden compensar con créditos personales
suyos (Bruck, cit.).

558
El asegurador puede alegar compensación de la indemnización debida con su crédito por
primas (art. 27 Ver Texto, 3º párr.).
En el tratado o contrato general de reaseguro, se establece entre asegurador y reasegurador una
cuenta, en la cual se pagan por compensación los créditos recíprocos (art. 161).

(777) De Lalande y Couturier sostienen que se trata de un mínimo (nº 144). Besson y Picard
señalan que la libertad no es absoluta; si no existe un máximo fijado, no se puede ofrecer una
tarifa inferior a la legal (I, nº 32).
Deben ser previamente aprobadas por la Superintendencia de Seguros; y si se refieren a
supuestos no contemplados en las tarifas ya aprobadas, también debían serlo previamente. La
violación acarrea sanciones administrativas, hasta la cancelación de la autorización (resolución
2323/52, ADLA XII-A-1001). Previamente a la celebración de contratos con entidades
nacionales, provinciales, municipales o mixtas, debe obtener aprobación de la prima, aunque se
apliquen tarifas aprobadas (resolución 2355/52, ADLA XII-A-1002). Esta resolución regula
los seguros que celebre el Estado como asegurado, y tiene por función evitar "desviaciones"
administrativas.
Bruck distingue los seguros de intereses y sobre la vida: en aquéllos, la libertad es absoluta; en
éstos, resulta de los planes aprobados por la autoridad de control (p. 248).
Nuestra opinión se funda en la naturaleza de la aprobación administrativa; ver capítulo II, § 16,
y lo dispuesto por el punto 14, t.o. 1962, decreto 1063 , año 1963, que sólo sanciona con
nulidad la celebración del contrato por empresa no autorizada para asegurar. El asegurado no
viola la ley. Sólo el asegurador infringe el régimen administrativo que lo rige, y está sancionado
por la misma ley, que no incluye esa nulidad. La contraprueba está en que cualquier
modificación de los planes y tarifas no afecta ni puede afectar los contratos en curso.

(778) Besson, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1939, p. 140; es así porque es una declaración que se
hace con la oferta, y su falsedad cae bajo la sanción del art. 5 Ver Texto. Mas no cabe
extenderlo al período de ejecución si la póliza fija los elementos para determinar la prima,
sujetos al contrato del asegurador.
Esto ocurría, por ejemplo, en materia de seguros contra accidentes del trabajo. El asegurado
debía exhibir su libro de sueldos y jornales a la expiración de cada mes; pero la fijación se hacía
al finalizar la vigencia de la póliza. Los contratos establecían detalladamente cómo se debían
llevar esos libros y cómo se calculaban las remuneraciones de los obreros.

(779) Estos intermediarios, normalmente relacionados en alguna forma con el asegurador,


deben luego ingresar el pago en las arcas de éste y rendirle cuenta de lo percibido.

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16. Monto en el contrato de reaseguro.

559
En el reaseguro la prima puede ser mayor o menor que la original; generalmente es menor,
porque deben ser deducidos los gastos efectuados por el asegurador; aunque puede ser mayor,
cuando los riesgos se han agravado (780) .

(780) Persico, nros. 6, 12 y 81. Ver Broseta Pont, ob. cit., ps. 155 y ss.
Lordi señala que la diferencia será mínima si el reasegurador también se dedica a seguros (ob.
cit., nº 667).

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17. Obligados al pago. Pago por un tercero.

Deudor de la prima es el tomador del seguro o el tercero que se obligó a pagarla (arts. 27 Ver
Texto y 25 Ver Texto). Si se contrata por mandatario, lo será el mandante; y si lo fuera por
gestión de negocios conocida por el asegurador, el dominus al día en que la ratifique. Si el
contrato es por cuenta ajena, responde el tomador, aunque el asegurado o beneficiario
soportará las consecuencias de la mora (781) ; y el asegurador puede reclamar el pago del
asegurado en el supuesto de insolvencia del tomador (art. 27 Ver Texto, 2º párr.). Si media
trasferencia del interés asegurado, el vendedor es responsable hasta el momento en que
notifique la enajenación al asegurador (art. 82 Ver Texto, 3er. párr.), si éste no opta por
rescindir; si rescinde, hasta el momento de la rescisión (art. 82 Ver Texto, 3er. párr.). Si la
trasferencia es por herencia, los herederos responden cada uno por su parte, ínterin se
adjudique el interés definitivamente, excepto en el supuesto del art. 140 Ver Texto, CCom.
(782) , o de los arts. 51 Ver Texto y 53 Ver Texto de la ley 14394. La quiebra no cambia al
obligado: pesará sobre la masa (783) .

El cesionario del interés, el acreedor prendario, el acreedor ejecutante del derecho del
asegurado, el corredor, el asegurado en el seguro de la persona de un tercero, el asegurado en el

560
seguro por cuenta ajena, el beneficiario en el seguro de personas, no están obligados al pago
(784) .

En el seguro de intereses el pago será efectuado generalmente por el deudor, pero el


asegurador no puede rehusar el pago ofrecido por un tercero, salvo que medie oposición del
asegurado (arts. 28 Ver Texto y 134 Ver Texto), y aun así tampoco podrá rehusar el cobro, si el
tercero puede ser perjudicado por el rechazo: acreedor hipotecario o prendario, acreedor
ejecutante del derecho del tomador, o titular del derecho de prenda sobre la póliza, etc. (785) .
El agente puede adelantar la prima: el pago será eficaz, aunque le esté prohibido hacerlo por su
contrato de trabajo con el asegurador (786) .

En el seguro de personas, ni el beneficiario a título gratuito ni el tercero pueden pagar por el


asegurado (art. 134 Ver Texto, in fine) ni pedir prórrogas a nombre propio (787) . Mas si la
designación del beneficiario es a título oneroso, podrá pagar la prima (art. 134 Ver Texto, in
fine) o solicitar prórrogas (788) .

17 (a).

En el seguro por cuenta ajena, la Ley de Seguros establece que el asegurador puede exigir el
pago de la primas al asegurado cuando el tomador ha caído en insolvencia (art. 27 Ver Texto,
2º párr.). Entendemos que el remedio resulta excesivo, ya que viola el principio de relatividad
de los contratos (art. 1195 Ver Texto, in fine), salvo que se perciba por deducción efectuada
respecto de la indemnización o prestación adeudada por el asegurador en caso de siniestro (art.
27 Ver Texto, último párrafo -arg. art. 22 Ver Texto, LS.-) o se demuestre que el tomador
contrató en razón de una obligación legal o por mandato del asegurado (art. 23 Ver Texto, in
fine). Lo cierto es que si la expresión "mandato" estuviere empleada aquí en sentido técnico,
existiría representación (arg. art. 1869 Ver Texto, CCiv.) y, por ende, no estaríamos ante un
verdadero seguro por cuenta de tercero, por lo cual el contrato sería atribuible al asegurado
mandante; a ello se suma que, de percibir el tomador la indemnización obrando en tal calidad,
se halla obligado a entregarla a su mandante (arts. 1909 Ver Texto y 1911 Ver Texto, código
citado).

Por otra parte, el tomador que ha pagado la prima tiene derecho a que ésta le sea reintegrada y
puede retener la póliza hasta que ello ocurra (art. 25 Ver Texto).

561
18. A quién se debe pagar.

El pago se debe hacer al asegurador o persona autorizada. Esta autorización se presume en el


agente con facultad de celebrar el contrato (art. 54 Ver Texto). El simple agente puede incluso
recibir el pago si le está confiada la entrega de la póliza que también sirve de recibo (789) o está
en posesión de un recibo firmado por el asegurador, aun con firma facsimilar (art. 53 Ver
Texto, inc. c) (790) . La demora del agente en trasferir los fondos o la falta total de entrega no
afecta al tomador que pagó bien (791) . El agente no puede perseguir judicialmente el cobro de
la prima a nombre propio (792) .

Téngase en cuenta que si el asegurador aceptó pagos hechos al agente aun sin haber expedido
los recibos previstos en el art. 53 Ver Texto, inc. c, nos hallaremos ante un mandato tácito y
deberá ser concluido por la eficacia de ese pago a su respecto (además, art. 218 Ver Texto, inc.
4, CCom.). Cualquier reserva ante esa práctica o esos precedentes sería ineficaz. Una solución
diversa sería además contraria a la buena fe (art. 1198 Ver Texto, CCiv.) (793) .

Cuando varios aseguradores intervienen en el contrato, cada uno debe recibir su parte de
prima, a menos que medie autorización para que alguno de entre ellos perciba la totalidad (794)
(por el art. 11 Ver Texto, in fine, se puede emitir una sola póliza, supuesto en el cual cabe
sostener que el asegurador que entrega la póliza tiene mandato implícito para percibir la prima:
es aplicación del mismo principio expuesto para el agente).

18 (a).

El principio que se extrae de los casos analizados en el texto es que la forma de pago empleada
por el asegurador en el caso concreto deberá ser tomada especialmente en cuenta al momento
de analizar la procedencia, validez y oportunidad de un pago de primas. En la actuación de

562
intermediarios serán de aplicación las normas y principios sobre mandato tácito, apariencia
creada por la operatoria, naturaleza de la relación existente entre quien recibe el pago y la
aseguradora, etc. Así, si se trata de intermediario a quien se le paga comisiones por cobranza,
no se podrá sostener luego que el pago no ingresó al asegurador en término, en especial si el
cobro se efectuó en el domicilio del asegurado. Si se trata de cobranza bancaria, tampoco se
podrá alegar demoras del banco en liquidar las primas ni problemas derivados de defectos en la
instrumentación de los recibos otorgados por dicha institución, o la liquidación del ente
bancario, etc. (795) .

19. Lugar de pago.

El Código de Comercio no fijaba lugar de pago de la prima, por lo cual se debían aplicar las
normas del Código Civil (art. 747 Ver Texto) (796) .

La ley 17418, en su art. 29 Ver Texto, 1er. párr., dispone que "la prima se pagará en el
domicilio del asegurador o en el lugar convenido por las partes".

Se consagra así la práctica aseguradora, que tiene las ventajas de un sistema menos oneroso de
cobranza y la posibilidad de la prueba de la mora, ya que el tomador deberá probar que acudió
efectivamente a pagar (797) .

Si se conviene que el asegurado pagará en la sede del asegurador, la práctica de éste, de cobrar
en el domicilio del tomador, modifica la cláusula (art. 29 Ver Texto, 2º párr.); no se trata de un
acto de cortesía, porque hace creer al asegurado en la existencia de un derecho suyo a que se
proceda así, y éste pudo legítimamente esperar a que se acudiera a cobrarle según ese acto o
actos precedentes, por lo cual las consecuencias del retardo u omisión del dependiente (o
agente) recaen sobre el asegurador. La solución también se aplica en el seguro sobre la vida,
pese a que el pago es facultativo: el asegurador debe concurrir a cobrar, y el contrato surte
todos sus efectos hasta tanto se rehúse el pago. De lo contrario, el tomador sería castigado por
un acto que le es ajeno (798) . El acto del agente -de acudir al domicilio del asegurado a cobrar-
obliga al asegurador: tiene eficacia para realizar esta trasformación (799) .

563
El pacto de la póliza que niega efectos a esa costumbre es inocuo (art. 158 Ver Texto): es
contrario a la buena fe, porque el asegurado confía en que el asegurador seguirá acudiendo a su
domicilio para cobrar; además, no es lícito rechazar los efectos de los propios actos (800) . La
demora del asegurador en hacer efectivo el cobro no afecta la garantía, la cual no puede
depender de un acto suyo (801) .

Basta que el asegurador acuda una sola vez a hacer efectivo el cobro (802) , en el último
domicilio del tomador, conocido por él (doctrina del 2º párr. del art. 16 Ver Texto) (803) , sin
mora del tomador (art. 29 Ver Texto, 2º párr.). Téngase en cuenta que la mora es automática
por la naturaleza de la obligación y la doctrina del art. 31 Ver Texto.

Se debe tener en cuenta, asimismo, que el asegurador puede dejar sin efecto esta práctica,
volviendo al lugar convenido en la póliza: requiere una comunicación previa (art. 29 Ver Texto,
2º párr.). Esta disposición obedece a la necesidad de posibilitar al asegurador la reorganización
de la administración de la empresa (supresión de sucursales y agencias, reducción de costos de
cobranza, etc.).

La mora del asegurado le obligará a realizar el pago en el domicilio del asegurador (804) .

20. Medios de pago.

Salvo pacto en contrario, se debe pagar en dinero efectivo; aunque el tomador puede
compensar con crédito suyo contra el asegurador (805) .

Es válido el pago por giro o cheque; se hará en el domicilio del asegurador y se considerará
efectuado cuando los fondos ingresen en la cuenta de éste (806) , salvo que expida recibo por
el pago de la prima (807) : mas siempre habrá que reconocer efecto retroactivo al pago al día
del depósito -si tenía provisión de fondos- y exigir diligencia en el asegurador para ese
depósito.

564
La entrega de pagarés no cancela la deuda por la prima. El recibo de los pagarés impedirá
alegar los efectos de la mora por la falta de pago de la prima hasta tanto venza: importa
conceder plazo y su aceptación no importa novación (art. 813 Ver Texto, CCiv.) (808) .

Téngase en cuenta que la entrega de la póliza sin percibir la prima importa concesión de plazo
(art. 30 Ver Texto, 3er. párr.), que hace aplicable el art. 31 Ver Texto, 2º párr.

Conforme a la resolución 3614 , año 1956, de la Superintendencia de Seguros, el vencimiento


del plazo produce la caducidad automática. Es una mera disposición administrativa y es usual
incluir la cláusula en las pólizas. No obstante, si el asegurador ejecuta el contrato a pesar de esa
caducidad pactada, existirá renuncia de ésta, según el principio ya analizado, sin perjuicio de las
sanciones administrativas a que se haya hecho acreedor este asegurador (809) .

La solución es aplicable también con la norma del art. 31 Ver Texto, 1er. párr., que prevé un
supuesto de pérdida de derecho a ser indemnizado por mora en el pago (doctrina del art. 79
Ver Texto).

20 (a).

Tanto la recepción de cheques como la de pagarés implica, de parte del asegurador, admitir
formas de cumplimiento relativas al pago de la prima diferentes de la que se efectúa mediante
dinero en efectivo. Aquéllas dan lugar a efectos diversos sobre la cobertura, derivados de la
peculiar naturaleza de esos elementos.

Si se trata de cheques, constitutivos de una orden de pago librada contra un banco, la


recepción del cheque implica el mantenimiento de la cobertura desde el momento en que es
recibido por el asegurador o persona autorizada por éste para el cobro. Pero tal recepción está
sujeta a la condición de que el cheque tenga provisión de fondos o exista autorización para
girar en descubierto, pues, en caso contrario, el pago se tendrá por no efectuado y la cobertura
volverá al estado en que se hallaba al momento de tener lugar la entrega de ese cheque. Al
respecto, es preciso tener en cuenta que se trata de un medio de pago que presenta ciertas
ventajas, pues confiere acción ejecutiva e, incluso, acciones penales, para el caso de inexistencia
de fondos o de autorización para girar en descubierto o, más aún, de cuenta cerrada. Por otra
parte, como se indica en el texto del autor de esta obra, la demora en depositarlo perjudica al
asegurador, por serle imputable.

565
Y en la hipótesis de entrega de pagarés, como medio que importa, por su naturaleza, diferir el
pago efectivo en el tiempo, su recepción por el asegurador implica conceder plazo de pago
hasta su vencimiento y, por ende, mantener la cobertura durante ese período. Si el pagaré no es
pagado a su vencimiento, la cobertura cesa desde ese momento.

Pero estos efectos requieren que la entrega de esos instrumentos haya sido realizada sin que
medie mora del asegurado; de lo contrario, sólo surtirán efectos hacia el futuro, como si se
tratase de una entrega de dinero, atento a la suspensión de la cobertura que se origina por el
mero hecho de la falta o demora en el pago (art. 31 Ver Texto y disposiciones de las cláusulas
de pago que habitualmente se incluyen en las pólizas), mora que se produce automáticamente
(arg. art. 15 Ver Texto). El pago previo al siniestro reviste el carácter de un presupuesto
necesario del mantenimiento de la cobertura asegurativa (salvo que medie concesión de plazo o
entrega de papeles de comercio con los efectos precedentemente indicados). A ese respecto, el
art. 31 Ver Texto establece que si el pago de la prima "no se efectuara oportunamente, el
asegurador no será responsable por el siniestro ocurrido antes del pago", lo cual constituye un
claro supuesto de "suspensión" de la cobertura.

Tal situación revela, atento a la peculiar característica del seguro, que resulta de particular
importancia determinar la hora en que el pago tiene lugar, a fin de evitar discusiones y litigios
que reconozcan su origen en esa circunstancia. En razón de ello, las cláusulas de pago de las
pólizas suelen establecer que si se halla la cobertura suspendida por falta de pago, la
reanudación del amparo asegurativo tiene lugar al día siguiente de aquel en que la prima
(premio) es pagada.

Considerada la suspensión de la cobertura una modalidad de la caducidad, como veremos más


adelante, el asegurador deberá invocarla dentro del plazo del art. 56 Ver Texto, LS. (810) . Y el
asegurado que alega la rehabilitación tendrá, por su parte, que acreditar que el pago se efectuó
con anterioridad al siniestro y en tiempo hábil para que se haya generado la efectiva
reanudación del amparo asegurativo, o que se ha configurado algún supuesto de aquello que se
ha denominado "renuncia tácita a la caducidad".

La exigencia del pago oportuno apunta a lograr una debida integración del fondo de primas
que hace posible el funcionamiento de la mutualidad y la compensación de los riesgos
asumidos por un mismo asegurador, requeridos por la moderna técnica del seguro.

566
21. Pago por adelantado.

La prima se debe desde la celebración del contrato, pero no es exigible sino desde la entrega de
la póliza (art. 30 Ver Texto, 1er. párr.) (salvo que se haya expedido un certificado o
instrumento provisional de cobertura). La solución se justifica, porque con sus intereses se
integra el fondo de primas para afrontar los siniestros y demás gastos, asegura la liquidez de la
caja del asegurador, y torna más fácil la percepción, que de hacerse ya comenzada la garantía
del riesgo se volvería difícil, cuando no exigiría la promoción de contiendas judiciales (811) .
Esto no impide que se postergue el cobro, sea aceptando pagarés u otorgando plazos en otra
forma, pero en tal supuesto se cargarán los intereses pertinentes (812) .

Cuando la prima se debe pagar por adelantado, las pólizas establecen que el seguro no entra en
vigencia hasta el efectivo pago de la prima (813) . Con esta cláusula no se subordina la
perfección del contrato al pago previo, sino que las obligaciones del asegurador no serán
exigibles hasta que se cumpla el pago. El pago no da eficacia retroactiva a la garantía, sino que
ésta regirá para lo futuro. El pago se debe hacer efectivamente; no basta que el asegurador lo
reclame, porque a esta reclamación no se le puede dar el sentido de una renuncia, frente a la
voluntad precisa de las partes, de subordinar el comienzo de la garantía al pago efectivo (814) .
La cláusula es inaplicable si la prima debe ser cobrada en el domicilio del asegurado (815) .

La postergación de la garantía hasta el pago efectivo no se aplica si se ha emitido la póliza (816)


: es aplicable la presunción de crédito, del art. 30 Ver Texto, 3er. párr.

Con mayor razón si el asegurador consideró vigente su garantía a pesar de la falta de pago
(817) , o si se fijó una fecha determinada para su comienzo (818) .

Existen ramas en que el pago se hace provisionalmente, subordinándose la liquidación


definitiva al curso de los hechos.

Generalmente es de pago anual; pero esta regla admite excepciones, sea cuando la prima es
única o el plazo es más breve que el año (819) . Es posible fraccionar los plazos para realizar
pagos trimestrales o semestrales; se trata de una facilidad concedida al tomador, que no afecta
el derecho del asegurador a la totalidad de la prima, porque sólo se trata de una modalidad del
pago (820) , que es una forma de crédito; de ahí que en tal caso se le agregan los intereses (821)

567
. El asegurador no puede rechazar el pago antes del vencimiento, pero no está obligado a hacer
quita sobre los intereses (822) . Si el siniestro total se produce, se debe pagar todas las cuotas
no vencidas, correspondientes al período (823) .

En los seguros de personas -sobre la vida e individual contra accidentes- se acostumbra


conceder un término de gracia, de un mes, para el pago (implícitamente autorizado por el art.
139 Ver Texto). Éste tiene por efecto mantener la vigencia de la garantía por ese plazo, por lo
cual el asegurador deberá indemnizar el siniestro ocurrido en este lapso (824) . El término varía
según las ramas, pero si se fija en un mes, se entenderá que es el mes comercial de 30 días (825)
. Si el plazo de gracia vence ya iniciado un nuevo período, el acaecimiento del siniestro impone
el pago por el período iniciado.

Téngase en cuenta que en los seguros de personas el pago de las primas posteriores al primer
período es facultativo (art. 134 Ver Texto, 1er. párr.) (826) .

Con los textos analizados, la ley 17418 Ver Texto ha eliminado los problemas de interpretación
que suscitaban los arts. 530 Ver Texto y 531 Ver Texto, CCom. (derogados), para el seguro de
incendio.

22. Mora en el pago. Efectos.

La ley 17418 Ver Texto ha reglamentado los efectos de la mora, supliendo el silencio del
Código de Comercio, que hacía con anterioridad aplicable el régimen del art. 509 Ver Texto del
Código Civil y el pacto de caducidad automática de la garantía, aunque los había previsto para
el seguro de incendio en el art. 532 Ver Texto.

En el derecho comparado han sido consagradas otras soluciones, algunas aceptadas por la ley
(827) .

568
Según la ley, se debe distinguir:

a) Si la prima por el primer período o la prima única no se paga al tiempo debido, el asegurador
no es responsable por el siniestro ocurrido antes del pago (art. 31 Ver Texto), esto es, entre el
vencimiento y el momento del pago (828) .

Significa, pues, que la mora en el pago produce la suspensión de la garantía (829) .

La sanción de la mora en el pago de las cuotas o períodos sucesivos queda sujeta a la libre
contratación, pero autoriza la rescisión (art. 32 Ver Texto).

b) Si el asegurador concedió crédito para el pago sin haberse fijado época del pago (supuesto
del 3er. párr. del art. 30 Ver Texto), si las partes nada han acordado, el asegurador podrá
rescindir con un preaviso de un mes, lapso durante el cual el asegurado puede pagar la prima
(art. 31 Ver Texto, 2º párr.) (830) ; y la garantía del asegurador se suspende 2 días después de
notificada la denuncia (art. 31 Ver Texto, 3er. párr.).

En el supuesto de rescisión por mora en el pago de la prima, el asegurador tiene derecho al


cobro de la prima única o a la prima del período en curso (831) .

Además, la mora tiene otros efectos accesorios:

a) Se devengan intereses por la prima adeudada.

b) El asegurado no puede ya pretender que el asegurador acuda a su domicilio a cobrar -en el


supuesto que así se acordara o practicara-; a partir de la mora, debe acudir a pagar al domicilio
del asegurador.

Téngase en cuenta que el asegurado no puede alegar su propia mora para recabar la rescisión
del contrato (832) (podrá rescindir si se autorizó por pacto de póliza -art. 18 Ver Texto- y en
las condiciones establecidas en esta disposición).

569
(781) Besson y Picard, I, nº 184, y IV, nº 123; Bruck, p. 253.

(782) Arts. 3410 Ver Texto y 3417 Ver Texto, CCiv. Si se requiere la posesión de la herencia, la
deuda se dividirá al recibirse ésta (art. 3414 Ver Texto, CCiv.). En materia mercantil se debe
tener en cuenta la solidaridad pasiva prevista en el art. 140 Ver Texto, CCom.

(783) Besson y Picard, I, nº 184. Ver capítulo X.

(784) Bruck, p. 254.


Esto vale como regla general; pueden estar obligados por pactos especiales.

(785) Art. 768 Ver Texto, CCiv.; Bruck, p. 261.

(786) Bruck, p. 261: corresponderá generalmente a la voluntad y al interés presunto del


asegurado. Conf.: Vivante, Contratto, nº 493.
La imputación de la prima al débito del corredor es pago para el asegurado, porque el
asegurador deja de ser su acreedor (Rivarola, p. 334, nota 1).

(787) Besson y Picard, 2ª ed., I, p. 678, admiten que lo haga el beneficiario a título gratuito,
haciendo así irrevocable la designación. Aceptar esta conclusión es admitir que puede existir un
seguro sobre la vida de tercero sin consentimiento de éste.

(788) Conf.: Sraffa, en "Riv. Dir. Comm.", 1908, 1, p. 500, quien no hace la distinción
formulada en el texto. La razón de la limitación radica en la facultad del asegurado de no pagar,
en la inexigibilidad de la prima a su respecto, porque -como dice Sraffa- el pago es contrahendi
causa.
Conf.: Lefort, I, ps. 529 y 530, que rehúsa el derecho aun en el supuesto de la designación a
título oneroso o cuando se entregó en garantía.
Contra: Malagarriga, Comentario, III, nº 291; Fernández, p. 522, fundado en el art. 768 Ver
Texto, inc. 3, CCiv., con olvido de que el asegurado no está obligado a hacer el pago, que se
trata de un acto personalísimo, y que su inejecución importa justamente revocación del
beneficio; Rivarola, nº 1200, con fundamentos análogos; Besson y Picard, IV, nº 124, en una
crítica a la solución anterior a la ley de 1930.
Donati, Trattato, III, nº 853, también admite que el tercero puede pagar la
prima, lógico con su conclusión del derecho propio condicional que reconoce al beneficiario a
título gratuito.
La ley francesa de 1930, art. 74, autoriza el pago por cualquier interesado en mantener el
seguro en vigencia, lo cual nos parece contrario al carácter personalísimo del contrato y de la
designación del beneficiario. Conforme con esta solución de la ley francesa, Benítez de Lugo,
Reymundo, ob. cit., I, ps. 329 y ss.

(789) Es la práctica en el régimen legal anterior (C. Nac. Com., 29/9/1923, JA 11-651 y GF
46-409).
Contra: C. Nac. Com., 27/11/1913, "Rev. Leg. y Jur.", t. 4, p. 71.

570
Vivante exige que posean el recibo especial, otorgado por el asegurador (Contratto, nº 492), lo
cual no se justifica, porque además es aplicable el principio del art. 148 Ver Texto, CCom.
La prohibición contenida en la póliza no se puede alegar, porque el asegurador discute
precisamente su vigencia (C. Nac. Com., 4/12/1931, JA 37-361). Como tampoco si, pese a la
prohibición, medió autorización (C. Nac. Com., 6/10/1920, GF 28-332; 4/3/1920, GF 25-67).

(790) El asegurador debe tomar las debidas precauciones para imposibilitar la falsificación. Su
responsabilidad es evidente si entregara el talonario de recibos al agente. Ver Bruck-M”ller, ob.
cit., I, § 3, nº 4.

(791) C. Nac. Com., 4/3/1920, JA 4-127 y GF 25-67; 6/10/1920, JA 5-447.

(792) Sup. Corte Bs. As., 11/9/1928, JA 28-485.

(793) Ver un caso de aplicación, C. Nac. Com., sala B, "India S.A. v. Martini" Ver Texto,
30/5/1969, inédito.

(794) Bruck, p. 263.

(795) Ello así, a nuestro juicio, aun teniendo en cuenta el régimen de cobranza de premios
establecido por la resolución 429/2000 Ver Texto ME, la cual, pese a lo enunciado en su art. 1
Ver Texto, sólo se refiere al efecto cancelatorio del pago que se efectúe (por otra parte, de
dudosa constitucionalidad), en tanto en los arts. 5 Ver Texto y 6 Ver Texto busca regular los
pagos realizados a la propia aseguradora o a productores-asesores de seguros. Quedan
obviamente vigentes las normas sobre pago y mandato de los códigos Civil y Comercial.

(796) Obarrio, p. 68; Segovia, nota 1793.

(797) La ley francesa de 1930, art. 16, establece como lugar de pago el domicilio del asegurado,
aunque admite que se pacte otro (si es en interés del asegurado: Besson y Picard, I, nº 187). La
ley alemana, art. 36, fija como lugar el domicilio del asegurado, quien debe remitir los fondos al
asegurador a su costa y riesgo. El proyecto del Instituto de Estudios Legislativos, art. 25,
determina como lugar el domicilio del asegurado, sin facultar expresamente un cambio
convencional.
La regla alemana importa en realidad fijar como lugar del pago el domicilio del asegurador
(Bruck, p. 263).
Ver Lordi, nº 685; Vance, p. 267.

(798) Es una solución universal: Vivante, Trattato, nº 1914, y Contratto, nros. 65 y 66; Bruck,
p. 264; Gasperoni, nº 37; Spilrein, p. 96; Besson y Picard, I, nº 186; Poncet, nota en DP 1892-
1-313; Dupuich, nota en DP 1897-2-153; Lordi, nº 687; Sraffa, en "Riv. Dir. Comm.", 1906, 2,
p. 330; etc.

(799) Vivante, Contratto, nº 492.

(800) Vivante, Trattato, nº 1915, y Contratto, nº 66; Dina, en "Riv. Dir. Comm.", 1904, 2, p.
439; Lepargneur, nº 1308; Lordi, en "Riv. Dir. Comm.", 1942, 2ª parte, p. 121.

571
Contra: Castillo, nº 56; Donati, Trattato, II, nº 453. Se fundan en que la convención escrita no
se puede derogar sino por escrito. Omiten una distinción que justifica la solución del texto: una
cosa es la modificación de la obligación asumida, no ejecutada, y otra es la modificación de la
obligación por los actos de ejecución. De ahí la eficacia de esos actos aunque la póliza disponga
lo contrario (conf.: Corte de Casación de Italia, 14/2/1944, "Assicurazioni", 1945-1946, 2, p.
24).

(801) Conf.: Spilrein, ps. 95 y 96: debe ser diligente (presentarlo al día siguiente de recibido,
expresan Besson y Picard, 2ª ed., I, p. 161).

(802) Con ese acto crea en el tomador una expectativa legítima, que le autoriza a esperar que
así también lo hará en los vencimientos sucesivos; por lo cual su espera, fundada, no puede
hacerle incurrir en las sanciones graves de la mora, porque ignora si se acudirá o no a cobrarle
(conf.: Dina, en "Riv. Dir. Comm.", 1904, 2, p. 439).
Sraffa, en "Riv. Dir. Comm.", 1906, 2, p. 330, exige que exista costumbre y que ésta sea
específica, es decir, referida al asegurado. Spilrein requiere la reiteración de los actos sólo
cuando media la cláusula negando toda eficacia e esa práctica (ps. 111 y 112). La ley alemana,
art. 37, recaba que se le cobre regularmente en su domicilio: esta solución se acuerda más con
la posición de la doctrina alemana, que estima que se trata de una mera facultad del asegurador.

(803) Conf.: Besson y Picard, I, nº 186: de lo contrario, se debería dedicar a realizar


investigaciones.

(804) Besson y Picard, I, nº 187.

(805) Besson y Picard, I, nº 188; Vance, ps. 271 y ss.; Bruck, p. 262.
Contra: Castillo, nº 57, para evitar cuestiones sobre la existencia real del crédito. Olvida que
para la compensación es menester que el crédito sea cierto, líquido y exigible, lo cual impide
justamente esas cuestiones temidas.
Si el agente concede la aceptación de otros medios de pago, la validez dependerá de las
facultades del agente (Vance, ps. 273 y ss.). Para determinarlas nos remitimos a lo expuesto
precedentemente.

(806) Besson y Picard, I, nº 189; Bruck, p. 264; Vance, p. 226.


Es así porque hasta entonces el tomador puede ordenar que no se pague, o extraviarse el
cheque, giro, etc. O que no tenga fondos: Donati, Trattato, II, nº 454. Estas entregas son pro
solvendo y no pro soluto.
Contra: C. Nac. Com., 7/9/1936, LL 3-1018, en que reconoció eficacia al giro, llegado a poder
del asegurador después del siniestro (el siniestro no era previsible al tiempo de girar).
Lordi estima que el asegurador debe procurar el cobro del giro o cheque, a los cuales equipara
otros títulos o papeles de cobro seguro: sólo la falta de pago de éstos permite considerar que
hay mora (ob. cit., nº 687). Conf.: Gasperoni, nº 37. Solución criticable, porque impone al
asegurador dedicarse a la cobranza o negociación de papeles, gravándolo en sus operaciones,
que al tornarse más onerosas sólo perjudican a los demás asegurados. Para Donati, ob. y lug.
cits., la eficacia del pago con cheque se condiciona a la existencia de fondos.
La jurisprudencia estadounidense equipara el pago con cheque con el efectuado en efectivo, si
se paga o existieron fondos en el banco por un tiempo prudencial. Pero está dividida en la
solución cuando el cheque no se paga (Patterson, nº 96; Vance, p. 278).

572
Si se remite por correo, las soluciones varían, según que se haya autorizado o no el medio de
envío: en el último caso se cuenta la llegada efectiva del dinero a poder del asegurador (Vance,
ps. 269 y ss.).
El recibo extendido por el asegurador contra entrega del cheque varía la solución (Besson, en
"Rev. Gén. Ass. Terr.", 1941, p. 144; Bianchi d´Espinosa, en "Assicurazioni", 1960, 2, p. 266).

(807) Corte de Casación francesa 2/12/1968, en "Rev. Trim. Droit Comm.", 1969, p. 550, con
nota aprobatoria de Cabrillac y Rives-Lange. Será un supuesto de aplicación de la doctrina del
art. 813 Ver Texto, CCiv.

(808) Algunos fallos ya antiguos decidieron lo contrario: C. Nac. Com., 5/12/1916, GF 5-277;
31/10/1933, JA 43-1198; 29/4/1937, LL 7-185; 23/8/1937, LL 8-103. Conf.: Zavala
Rodríguez, II, nº 1662, fundado en el fallo registrado en GF 89-265, que no tiene el alcance
que le atribuye.
Contra: Castillo, nº 54, para quien sólo es un plazo de gracia.
La producción del siniestro, antes del vencimiento del pagaré, impone el pago al asegurador. La
solución sería diversa si ocurre después del vencimiento sin cancelarlo (C. Nac. Com.,
12/5/1919, JA 3-416; 20/9/1917, GF 12-124). Pero es menester protestarlo para que exista
mora (C. Nac. Com., 31/5/1964, ED 8-882 -¿cabría mantener la solución ante la nueva norma
del art. 509 Ver Texto, CCiv., ley 17711 Ver Texto?-).
Vivante sostiene (Contratto, nº 71) que la aceptación de pagarés por las primas atrasadas no
importa el pago, y no se debe pagar la indemnización por el siniestro ocurrido en el intervalo:
su aceptación no importa renuncia a las sanciones por la mora ni novación, solución
inaceptable porque el asegurador concede crédito y en consecuencia la mora queda purgada
(ver fallos citados en nota 106).
Sobre la jurisprudencia estadounidense en la materia, ver Patterson, ps. 438 y 439; Vance, p.
277.
El asegurador debe reconvenir por los pagarés impagos, en el juicio en que se le reclama la
indemnización (C. Fed. Rosario, 3/4/1918, JA 1-392). El tribunal no explica el fundamento de
su solución, cuya arbitrariedad es evidente: el asegurador no está obligado a demandar.

(809) Exigir el pago de los pagarés importa renunciar a la caducidad cumplida (C. Nac. Com.,
30/12/1935, JA 52-914; 7/9/1936, LL 3-1018; 13/4/1962, sala B, inédito).
Es así si el pago que se reclama excede de la prima debida hasta la caducidad, lapso por el cual
tiene derecho por haber soportado el riesgo.
Ver asimismo, de la misma sala B, 30/8/1963, inédito, acerca de la vigencia de la caducidad
por falta de pago.

(810) C. Nac. Com., sala A, 29/2/1996, "Carrizo, Ángela del Valle Zorrilla de, v. Inca S.A.
Compañía de Seguros" Ver Texto, ED 171-114.

(811) Besson y Picard, I, nº 185; Vivante, Trattato, nros. 1861 y 1912, y Contratto, nros. 63 y
66; Castillo, nº 51; Vance, ps. 224 y ss.; Garrido y Comas, ob. cit., p. 178.
Conf.: ley alemana, art. 35; proyecto del Instituto de Estudios Legislativos, art. 26.

(812) Besson y Picard, I, nº 185; Vivante, Trattato, nº 1861, y Contratto, nº 6; Vance, ps. 224 y
ss.

573
Las facilidades de pago que se otorguen son personales; por lo cual no se extienden al tercero
(C. Nac. Civ. 2ª, 14/12/1938, JA 64-974).
Sobre la licitud de la postergación: C. Nac. de Paz Letrada, sala II, 5/8/1955, LL 80-487
(reconoció eficacia al seguro aun en el supuesto de pago moroso).

(813) Antes de la ley, la Superintendencia de Seguros dictó la resolución 1918, año 1950
(ADLA X-A-886), que consagró la práctica corruptora del mercado, de concesión automática
de plazo de 90 días. Esto trae la consecuencia de que existe cobertura sin contraprestación
durante ese plazo, con pérdida de intereses y disminución de liquidez. Esta resolución 1918 fue
sustituida por la 8034, de 23/11/1966, por la cual: a) se limita a 45 días la cobertura cuando en
este lapso no se concreta la forma de pago de la prima; b) el plazo máximo para la cancelación
total de la prima se limita a 150 días desde el comienzo de la garantía; c) caduca
automáticamente todo seguro, con prohibición de su ulterior rehabilitación, cuya prima no
haya sido totalmente cancelada en el plazo de 180 días desde el comienzo de la garantía.
Quedan exceptuados solamente los seguros enumerados en el art. 2.

(814) Besson, nota en DP 1933-1-17, estima que el reclamo importa renuncia.

(815) Besson, nota en DP 1933-1-17. La solución es lógica, porque de lo contrario la vigencia


de la garantía quedaría librada al arbitrio o diligencia del asegurador. En cambio, rechazamos
extender la solución al supuesto en que el asegurador reclama el pago cuando la prima debe ser
pagada en su sede, porque no hay justificación alguna para ella.

(816) Ver para la jurisprudencia anterior a la ley la solución contraria: C. Nac. Com.,
19/7/1925, JA 16-275: la emisión de la póliza no hace presumir el pago si no contiene
referencia a éste. Conf.: Vance, p. 228. Confr. C. Nac. Com., 2/12/1932, GF 101-222.
No obstante, la C. Nac. Com., 23/8/1937, LL 8-103, decidió que el asegurador no debe emitir
la póliza si la prima no está pagada; por lo cual no puede alegar esta defensa contra el tercero
subrogado en los derechos del asegurado (!).

(817) Para la jurisprudencia anterior, ver C. Nac. Com., 11/6/1940, LL 18-1065; C. Nac. de
Paz Letrada, sala II, 5/8/1955, LL 80-487.
O renunció al pago previo. La renuncia del agente con facultad de celebrar el contrato lo obliga
(art. 54); ver Vance, p. 227, quien cita otros supuestos de renuncia tácita aceptados por la
jurisprudencia estadounidense.

(818) Ver C. Nac. Com., 16/5/1930, GF 86-181 y JA 33-246; 31/8/1944, JA 1944-IV-253.

(819) Besson y Picard, I, nº 185. Cuando el plazo es mayor del año, se pagará anualmente por
la posible variación del riesgo; además, técnicamente se calcula sobre la base anual.
En caso de resolución, se tomará en cuenta la reducción por el mayor plazo originario; esto es,
se recalculará la prima por el plazo corrido (Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 515).

(820) Art. 31, 1º párr.; Besson y Picard, I, nº 185; Vivante, Contratto, nº 506. En este caso, se
puede presentar el problema de resolver si se trata de un pago en cuotas o de abreviación del
período de seguro, lo cual es importante para decidir la indivisibilidad de la prima del período
(Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 454).

574
(821) C. Nac. Com., 16/6/1937, LL 7-948.

(822) Art. 570 Ver Texto, CCiv.; Bruck, p. 255.

(823) Vivante, Contratto, nº 463; Malagarriga, Comentario, III, nº 234; Besson y Picard, IV, nº
125.
Creo que la solución se debe limitar al supuesto de siniestro total.

(824) C. Nac. Com., 22/10/1925, JA 18-284; Vivante, Contratto, nº 510.


Vivante añade que este término de gracia puede ser tácita o expresamente prolongado, a pesar
de cuanto se declare en contrario en la póliza.
En el derecho angloestadounidense no se acepta esta solución: dependerá del texto de la póliza
si se admite que durante el término de gracia rige o no la garantía; si se concede para pagar la
prima, se le atribuye el efecto apuntado (Vance, ps. 286 y ss.).
La Superintendencia de Seguros, por resolución 1788, año 1949 (ADLA X-A-883) reglamentó
el funcionamiento de este plazo:
a) Los pagos con cheque o giro posteriores al vencimiento deben ser rechazados por telegrama
colacionado dentro de las 24 horas de recibido, y devolver el papel por carta certificada (art. 1).
b) Si la demora no excede de otras anteriores no objetadas, no se puede rechazar el pago, salvo
comunicación telegráfica el día anterior al último del vencimiento del plazo de gracia, que
caducará si no se paga.

(825) 1ª instancia, juez Dr. Juan B. Estrada, "Rev. Leg. y Jur.", t. 7, p. 263; se discutía
justamente su aplicación al mes de febrero; confirmado en 19/12/1916, GF 6-186.
Esta interpretación no cabría en aquellas pólizas que conceden "un mes, no inferior a 30 días".

(826) Vivante, Contratto, nº 507, y Lefort, I, p. 487, consideran obligatorio el pago de la


primera prima. Es la práctica francesa, a pesar del art. 75 de la ley (Besson y Picard, IV, nros.
83 y 126).
La C. Nac. Com., 10/6/1931, JA 35-1443, no hizo distinción alguna.

(827) La ley francesa de 1930, en los arts. 16 y ss., exige que el asegurador intime el pago por
carta certificada, haciendo correr un plazo para cancelar la deuda; vencido este plazo, el
asegurador recién puede optar entre las distintas sanciones legales o convencionales. Ver
Besson y Picard, I, nros. 190 y ss.
La ley alemana adopta un sistema similar, variando el procedimiento según se trate de la prima
del primer período o de las sucesivas, y si ocurrió o no el siniestro (art. 39). Ver Bruck, ps. 245
y ss., y ps. 265 y ss.
Sobre las leyes estaduales estadounidenses, Vance, ps. 296 y ss.

(828) Pero no funcionará si el asegurador aceptó o requirió después pago de la prima (ver C.
Nac. Com., 17/6/1964, ED 9-741).

(829) Téngase en cuenta que cuando la prima se debe pagar en el domicilio del asegurado, el
asegurador debe probar haber concurrido efectivamente a cobrarla; de lo contrario, no existirá
mora. La solución no varía con el art. 509 Ver Texto, CCiv., modificado por la ley 17711 Ver
Texto.

575
(830) La interpretación de Zavala Rodríguez, II, nº 1659, que se refiere al seguro de prima
única, no tiene amparo en el texto de la ley. No expresa de dónde deduce su interpretación
restrictiva.

(831) No obstante, el asegurador se deberá limitar conforme a los términos de la póliza: C.


Nac. Com., sala B, "India S.A. v. Martini"Ver Texto, 30/5/1969, inédito.

(832) Es la solución general en materia de obligaciones (C. Fed. Cap., 1/3/1923, JA 10-112).
Podrá rescindir por invocación de los arts. 18 Ver Texto y 134 Ver Texto, mas entonces las
normas aplicables serán éstas.

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23. En el seguro de personas.

La mora tiene efectos especiales. Dispone el art. 139 Ver Texto que cuando el asegurado
interrumpe el pago de las primas y han trascurrido 3 años o más desde la celebración, tiene
derecho a optar por cualquiera de las tres soluciones enunciadas por el art. 138 Ver Texto (833)
:

a) la conversión del seguro en otro saldado por una suma reducida (en proporción a la prima
pagada y a los planes aprobados);

b) la conversión del seguro en otro por la misma suma pero de plazo reducido (también en
proporción a la prima pagada y a los planes aprobados);

c) la rescisión del contrato, con el pago de una suma determinada, según las anualidades
pagadas y conforme a los planes aprobados.

Si el asegurado, debidamente interpelado por el asegurador, no manifiesta su opción en el


término de un mes, "el contrato se convertirá automáticamente en un seguro saldado por una
suma reducida" (art. 139 Ver Texto, in fine).

576
El seguro o póliza saldada extingue la obligación de pagar la prima, pero mantiene la del
asegurador de pagar el capital o la renta, aunque reducido. El contrato subsiste incambiado en
sus demás condiciones. El derecho a trasformar el seguro corresponde al tomador, y si son
varios, a cada uno por su parte.

En el caso de seguro prorrogado por el préstamo (art. 141 Ver Texto, 2º párr.), el contrato
original se mantiene absolutamente inalterado, por el término que las reservas alcancen a cubrir
(834) .

El seguro sobre la vida conoce respecto de estas tres soluciones una institución peculiar,
llamada en el comercio asegurador rehabilitación, legislada por el art. 152 Ver Texto: "El
asegurado puede, en cualquier momento, restituir el contrato a sus términos originarios con el
pago de las primas correspondientes al plazo en el que rigió la reducción, con sus intereses al
tipo aprobado por la autoridad de contralor de acuerdo a la naturaleza técnica del plan y en las
condiciones que determine".

(833) Con el código derogado se admitió la validez del pacto de extinción del contrato por
mora en el pago (C. Nac. Com., sala B, 3/11/1967, LL 129, fallo 59.378).

(834) Ver en Vance, ps. 311 y ss., un análisis extenso del derecho estadounidense en el punto.

-------------

24. Supuestos de excepción.

No siempre la falta de pago produce la mora. El tomador puede no pagar si a su vez el


asegurador no está en condiciones de cumplir con sus obligaciones (835) , o si obedece al
procedimiento seguido para el cobro (836) , o si media fuerza mayor (837) .

577
En los seguros de personas, además exime de la mora la notificación del siniestro que,
conforme a la póliza, libera del pago de la prima, si ocurre antes del vencimiento (838) , o la
prórroga automática en el seguro sobre la vida en virtud del préstamo previsto por el art. 141
Ver Texto, 2º párr., ya analizado (839) .

25. Reclamación del pago: efectos.

La reclamación del pago de la prima no deja sin efecto la suspensión de la garantía, incluso si
se demanda judicialmente: hasta tanto se pague el asegurador queda relevado de su garantía
(art. 31 Ver Texto, 1er. párr.) (840) .

Mas la percepción de la prima en retardo importa consentir la continuación del contrato (841) .
Y el cobro o gestión de pago de primas posteriores importa renuncia a la caducidad (842) .

26. Suspensión.

El contrato de seguro conoce una institución peculiar para los casos de incumplimiento por el
asegurado, especialmente para el supuesto de mora en el pago de las primas: la suspensión.
"Existe suspensión cuando el asegurado no ejecuta, en el curso del contrato, una obligación
determinada que le es impuesta: se le retira la garantía hasta el día en que, espontáneamente, se
coloca nuevamente en las condiciones del seguro" (843) .

Se caracteriza porque el asegurador se desliga de la garantía, mientras que el asegurado debe las
primas vencidas y las que venzan en el futuro (844) . Es decir que funciona como una
verdadera pena privada, que depende de él hacer cesar: es una caducidad en potencia (845) .

578
Se aplica a todos los seguros, incluso a los de personas (846) .

Tiene cierta analogía con la caducidad, tanto que Besson y Picard juzgan que es una forma
especial de ésta (847) ; pero mientras la caducidad extingue el contrato y funciona
generalmente después de producido el siniestro, la suspensión actúa con independencia de
todo siniestro, por vía de amenaza, porque retira la garantía; y no es irrevocable, porque admite
la rehabilitación del contrato (848) .

Generalmente funciona como sanción a la mora en el pago de la prima (849) , supuesto para el
cual legisla el art. 31 Ver Texto.

Es suficiente que el asegurado incurra en mora con uno de los pagos; no es menester ponerlo
en mora en los sucesivos. Hemos visto que en nuestro derecho cae en mora por el vencimiento
del término; y si la prima se debía cobrar en su domicilio, por efecto de la mora deberá acudir a
pagar a la sede del asegurador (850) .

El pago que reactiva el contrato debe ser válido; es decir, es menester que el asegurador
conozca el estado del riesgo a ese momento, y el asegurado debe declararlo: así, será ineficaz si
se paga producido el siniestro u ocultando la agravación del riesgo (851) . El pago debe ser
completo; el parcial no hace cesar la suspensión (852) , ni tampoco la promoción de acción
judicial para el cobro.

Mas realizado el pago regularmente, la reactivación no requiere el consentimiento del


asegurador ni otra formalidad (853) , salvo en el seguro sobre la vida, en que se suele recabar
una nueva visita médica, cuyos resultados deben ser satisfactorios (854) . Téngase en cuenta
que la rehabilitación se producirá "de acuerdo a la naturaleza técnica del plan y en las
condiciones que determine" (art. 142 Ver Texto).

579
No es menester que corra un nuevo plazo de incontestabilidad, porque al reactivarse el
contrato el asegurado debe ser puesto en la misma condición en que se hallaba antes de la
suspensión; si el plazo sólo habría corrido en parte, se completará (855) .

Si se cubre el suicidio, el plazo fijado para esta garantía deberá volver a correr íntegramente
(856) .

La suspensión es oponible al beneficiario del seguro sobre la vida; a la víctima del accidente en
el seguro voluntario de la responsabilidad civil, si el accidente ocurre durante la suspensión
(857) .

El asegurador puede renunciar a los efectos de la suspensión (858) : pero ésta debe resultar de
actos inequívocos que traduzcan esta renuncia (art. 874 Ver Texto, CCiv.), como señalamos ya.

26 (a).

La suspensión constituye, a nuestro juicio, un supuesto particular de la caducidad en el seguro.


Es, como destacan Picard y Besson, una "caducidad en potencia" (859) .

Y ello es así por una razón muy sencilla: la caducidad, en el seguro constituye la extinción del
derecho del asegurado, establecida como sanción ante el incumplimiento de éste de una carga
impuesta por la ley o el contrato. Pero atacando sólo el derecho del asegurado, queda vigente el
contrato, que es pasible de amparar otros siniestros que ocurran durante su vigencia si el
asegurado hubiese cumplido, respecto de éstos, las cargas y obligaciones que se le impusieron.
Si se quiere extinguir el contrato, el asegurador deberá rescindirlo; no basta la caducidad para
producir la disolución del vínculo.

Es que la suspensión de la cobertura constituye el efecto propio de las cargas presiniestrales:


como la caducidad se alimenta del siniestro, pues constituye la extinción del derecho del
asegurado de reclamar la prestación del asegurador que éste prometió para el caso de ocurrir el
percance (indemnizar los daños; pagar el capital establecido en los seguros de personas, etc.), si
no se ha producido siniestro, la caducidad no tiene base sobre la cual operar; por ello se debe

580
limitar a formular una amenaza de caducidad para el supuesto de que, en algún momento,
pueda ocurrir lo azaroso. Se trata, entonces, de una caducidad que permanece como amenaza,
en potencia, pero que no puede operar efectivamente mientras no exista un siniestro que dé
nacimiento al derecho del asegurado a reclamar la prestación del asegurador, derecho que hasta
ese momento permanecía larvado, eventual, condicionado a que tuviera lugar el hecho
siniestral. Si éste se produce, entonces la caducidad se configura "en acto" y va a atacar el
derecho del asegurado: lo condiciona al proceso extintivo que requiere la actuación integrativa
del asegurador en los términos del art. 56 Ver Texto, LS., como cualquier otro supuesto de
caducidad.

Cabe agregar que la falta de oportuno pago de la prima no constituye el único supuesto de
suspensión: se da en todos los casos de incumplimiento de cargas presiniestrales (p.ej., arts. 36
Ver Texto, inc. a; 39 Ver Texto; 40 Ver Texto; 67 Ver Texto; 82 Ver Texto, in fine; etc.).

Jurisprudencia

Sobre el tema se ha dicho que la suspensión es una institución peculiar del contrato de seguro
para los casos de incumplimiento por el asegurado, especialmente para el supuesto de mora en
el pago de las primas (art. 31 Ver Texto, LS.). Existe suspensión cuando el asegurado no
ejecuta, en el curso del contrato, una obligación determinada que le es impuesta, por lo cual se
le retira la garantía hasta el día en que, espontáneamente, se coloca de nuevo en las condiciones
del seguro. Se caracteriza porque el asegurador queda desligado de la garantía, mientras que el
asegurado debe las primas vencidas y las que venzan en el futuro. La suspensión actúa por vía
de amenaza, porque retira la garantía, y no es irrevocable, pues admite la rehabilitación del
contrato (C. Nac. Com., sala A, 13/3/1981, "Instituto Coperativo de Seguros v.
Establecimiento San Ambrosio" Ver Texto, Rep. LL 1981-2964, sum. 40).

La suspensión de la cobertura del siniestro por falta de pago de la prima provoca la cesación
temporaria de la cobertura otorgada por el seguro, de manera tal que el derecho principal que
buscó el asegurado al contratar permanece en suspenso hasta que se dé cumplimiento al deber
asumido; por ende, el asegurador se ve liberado de su obligación de indemnizar durante
idéntico lapso. Si se produce un siniestro en el tiempo en que existe la suspensión de la
cobertura por falta de pago de la prima, el asegurador está exento de cumplir con su obligación
de indemnizar, ya que ningún derecho en vigencia poseía el asegurado respecto de este
siniestro. La suspensión de la cobertura del siniestro por falta de pago de la prima cesa a partir
del momento en que el asegurado da cumplimiento a sus deberes; pero aunque la póliza
comienza nuevamente a cubrir los riesgos, lo hace sólo hacia el futuro, pues si bien se le
reconoce al pago efecto rehabilitante, éste se produce "ex nunc", sin que la percepción de la
prima íntegra se pueda considerar como una conducta que signifique una purga de la mora y de
la suspensión ya operada. La ley 17418 indica en el art. 31 Ver Texto que si el pago de la prima
no se produce, el asegurador no será responsable por el siniestro ocurrido; este principio puede
ser extendido y regulado por las partes, siempre con el control de la Superintendencia de
Seguros de la Nación, que obra como organismo estatal moderador en cuanto tiene presente la
función social del seguro (C. Nac. Com., sala A, 18/3/1982, "Avícola Cañuelas S.A. v. Ítalo

581
Argentino de Seguros Generales S.A.", ED 100-538 y JA 1982-IV-611 Ver Texto). Es válida y
oponible la cláusula de una póliza que suspenda la cobertura por falta de pago, en tiempo
oportuno, de la prima convenida, pues dicha cláusula recoge la disposición supletoria del art.
30 Ver Texto de la Ley de Seguros (C. Nac. Trab., sala 1ª, 31/5/1994, "Arce, Ernesto, v.
Industrias Ganaderas Inga S.A.", DT 1995-752).

El pago en mora de la cuota del seguro deja en suspenso la garantía mientras duró aquélla, y la
rehabilitación opera hacia el futuro. Se trata de una defensa -la suspensión de cobertura- nacida
antes del siniestro y, por lo tanto, oponible al tercero damnificado, por lo cual en tal caso no
corresponde hacer extensiva la condena a la aseguradora (C. Nac. Civ., sala C, 19/12/1996,
"Scardillo, Margarita Y., v. Rabelino, Carlos O.", LL 1997-C-995, sum. 11.551).

27. Privilegio del crédito por las primas.

La prima, salvo la de los seguros agrícolas -ley 3863-, no goza de privilegio. La prima de los
seguros agrícolas goza del privilegio de los arts. 3911 Ver Texto y 3912 Ver Texto, CCiv. (860)
.

28. Supuestos especiales de pago de la prima.

En los arts. 33 Ver Texto a 35 Ver Texto la ley prevé distintos supuestos de reajuste de la
prima convenida:

a) En el supuesto de reticencia no dolosa, en la cual el asegurador opte por reajustar el contrato


(art. 6 Ver Texto, 1ª parte) o en el seguro sobre la vida en que este reajuste se le impone (art. 6
Ver Texto, 2ª parte), la diferencia de la prima que se deba en razón del reajuste "se pagará
dentro del mes de comunicada al asegurado" (art. 32 Ver Texto).

b) Asimismo, se regula el reajuste de la prima cuando erróneamente se denunció un riesgo más


grave: en este caso, la prima se reduce por los períodos posteriores a la denuncia del error,
según la tarifa aplicable al tiempo de la celebración del contrato (art. 34 Ver Texto, 1er. párr.).

582
La norma es útil cuando el seguro es por más de un período (art. 17 Ver Texto), y se justifica:
1) la tarifa vigente al tiempo de la celebración del contrato, porque se lleva a la verdadera
entidad del riesgo a ese momento; es la condición en que se habría celebrado; 2) por los
períodos posteriores al de la denuncia del error, porque el asegurador ha realizado gastos de
comercialización no recuperables, sobre la prima correspondiente al riesgo equivocadamente
denunciado (comisión, especialmente; pago de impuestos, etc.).

c) La disminución del riesgo es prevista por el art. 34 Ver Texto, 2º párr.: el reajuste de la prima
se hace por los períodos posteriores y según la tarifa aplicable al tiempo de la denuncia de la
disminución. La solución se justifica porque hasta ese momento el asegurador soportó el riesgo
en la extensión originariamente denunciada; se aplica cuanto se expuso sub b (861) .

d) Solución análoga, pero inversa a la sub c, se aplica por el art. 35 Ver Texto para el caso de
agravación del riesgo cuando el asegurador opta por no rescindir (arts. 39 Ver Texto y concs.)
o la rescisión es improcedente (art. 44 Ver Texto): la prima se reajustará con arreglo al nuevo
estado del riesgo y según la tarifa aplicable desde la agravación (en el supuesto del art. 44 Ver
Texto desde la conclusión del contrato).

Si el asegurador opta por el reajuste, lo propondrá al asegurado; si éste lo rechaza, el


asegurador puede decidir:

a) rescindir el contrato, si está en término;

b) que el reajuste se decida judicialmente, si la póliza nada prevé. Téngase en cuenta que el
reajuste se debe fundar en las tarifas aprobadas; que el asegurador no puede obtener una prima
mayor con la amenaza de resolver el contrato.

(835) Sup. Corte Bs. As., 20/12/1927, JA 26-1387: el asegurador solicitaba quitas para
restablecer su capacidad financiera.
Vance señala que para la jurisprudencia estadounidense el estado de insol-
vencia no es suficiente; es menester que el asegurador haya suspendido los negocios (p. 293).

(836) C. Nac. Civ. 2ª, 29/4/1936, LL 2-828 y JA 54-189: sociedad mutual que descontaba la
cuota directamente del sueldo del empleado al cobrar éste, y no se pagó por estar suspendido o
trasladado.

583
(837) Obarrio, p. 109; Vivante, Contratto, nº 74; Castillo, nº 53; Fernández, p. 489.
La C. Nac. Com. -9/11/1927, GF 71-105 y JA 26-747- la aplicó en un supuesto de seguro
sobre la vida: "¿Cómo el contrayente que paga el premio para ponerse al abrigo de los casos de
fuerza mayor, puede perder el capital que ha asegurado, precisamente para un caso de fuerza
mayor? Si esto fuera posible, contradiría el fin del seguro". Y párrafos antes expresó con
dudosa exactitud: "La solución de la cuestión no es dable buscarla, tratándose de contratos de
seguro, en las reglas puramente estrictas (?), porque esta convención es, por su esencia, un
contrato de buena fe, puramente indemnizatorio, que así como no debe dar lugar a provechos
ilegítimos de parte del asegurado, tampoco puede autorizar que el asegurador obtenga la
caducidad después de la vigencia de la póliza, por un acto que no puede imputarse a la
voluntad exclusiva del asegurado".
Al contrario, la mora supone la culpa en la inejecución, y la fuerza mayor la excluye: es la regla
general; ¿cuál es entonces la peculiaridad? Salvo que el tribunal requiera una inejecución
intencional, pero nada lo hace suponer.
La C. Nac. Com., 12/9/1896, Fallos 60:193, reconoció este carácter de fuerza mayor a la
enfermedad grave que causa la muerte y no permite ocuparse de asunto alguno (seguro sobre la
vida, en el caso).
Besson y Picard, I, nº 198, sostienen que la enfermedad o el fallecimiento no constituye fuerza
mayor, porque se pudo confiar el pago a un tercero, y los herederos no gozan de un plazo
especial. ¿Y si la muerte fuere súbita? ¿Si los herederos no estuvieren presentes? ¿Si el
asegurado no estuviere en condiciones de impartir instrucciones?
Contra, en general, Vance, p. 29.

(838) C. Nac. Com., 20/10/1937, LL 8-1104.

(839) C. Nac. Com., 16/6/1937, LL 7-948: la prórroga se extiende al plazo para el cual alcanza
el pago, incluso por fracción de un período si así lo admite la póliza.

(840) Es una aplicación elemental del sinalagma contractual, que funda el art. 1201 Ver Texto,
CCiv. Conf.: C. Nac. Civ. 2ª, 1/10/1920, JA 5-400; Segovia, nota 1874; Obarrio, nº 32;
Fernández, p. 490. Con la excepción prevista supra cuando se recibieron pagarés y se reclama
su pago (ver texto y nota 106).

(841) Conf.: Segovia, nota 1873; Malagarriga, Comentario, III, nº 239.


Sraffa sostiene que importa la renovación, porque la mora produce la rescisión ipso iure ("Rev.
Dir. Comm.", 1908, 1ª parte, p. 500), lo cual no es exacto en nuestro derecho (arts. 31, 1º párr.,
y 32): sólo crea un derecho a rescindir.

(842) Conf.: C. Nac. Com., 31/10/1933, GF 107-53; Patterson, ps. 458 y ss. Ver supra, texto y
nota 106.
Contra: C. Nac. Com., 26/5/1930, JA 33-281, en una solución contraria a la buena fe más
elemental.

(843) Besson, en Études en honneur de Capitant, p. 79.

(844) Besson y Picard, I, nros. 194 y 195; Besson, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1937, p. 483; en
Études en honneur de Capitant, p. 79, y en DP 1937-2-49; C. Nac. Com., 21/2/1911, "Jur.

584
Trib. Nac.", febrero de 1911, p. 233; 16/5/1911, "Jur. Trib. Nac.", mayo de 1911, p. 323; sala
B, "Cepeda v. El Comercio", 21/3/1969, inédito.
La Corte de Casación de Francia, 9/7/1957, con aprobación de Besson, afirma que la
suspensión se refiere a la prima que está en mora, mas no a las sucesivas, que deben ser
requeridas a su vez. Este apartamiento de las reglas generales sobre mora obedece a las normas
de la ley francesa de 1930.
El asegurador puede renunciar a esta suspensión, mas debe resultar de actos inequívocos
(Giannatasio, en "Assicurazioni", 1949, 2, p. 39).
La mora tiene eficacia por sí misma; si se concedió un plazo de tolerancia, la falta de pago
retrotrae sus efectos (Greco, en "Assicurazioni", 1943, 2, p. 141; ver eod. loc., Corte de
Casación de Italia, 12/8/1942).
Fernández adjudica un efecto retroactivo a la reactivación, la cual somete a la aceptación previa
por el asegurador (p. 490).
Naturalmente, excepto que la póliza disponga diversamente, como es la caducidad automática
por falta de pago (no opcional para el asegurador), supuesto en que sólo puede percibir la
prima por el lapso trascurrido de cobertura (C. Nac. Com., sala C, 8/5/1969, en JA 1969-III,
fallo 17.317), más el impuesto pagado por toda la duración (eod. loc.).

(845) Besson y Picard, I, nº 194.

(846) Se admite en la práctica asegurativa argentina, y lo acepta la doctrina general: Rivarola, nº


1194; Lordi, nº 801.
Contra: Besson y Picard, I, nº 195, porque el asegurador no puede exigir el pago de la prima; si
se quiere desligar, debe rescindir.

(847) Ob. cit., I, nº 241.

(848) Besson, en Études en honneur de Capitant, p. 79.


Las diferencias con la nulidad y la rescisión son obvias, y resultan de cuanto dijimos en el texto:
ver Lepargneur, nº 1310.

(849) Vivante, Contratto, nº 73.


Besson cita su aplicación, en el seguro de robo, al caso de desocupación o cierre del local; en el
seguro individual contra accidentes, los viajes por medios o lugares no autorizados -aunque
reconoce que en este supuesto hay más bien no garantía-, y en el seguro de incendio, el
traslado no denunciado de las cosas (en Études en honneur de Capitant, p. 79).

(850) En Francia se discute si el asegurado debe ser o no puesto en mora con cada
vencimiento, dado el régimen especial en la materia que contiene la ley de 1930: Besson y
Picard, I, nº 202.

(851) Vivante, Trattato, nº 1917, y Contratto, nº 68; Halperin, en LL 5-38, secc. Doctrina;
Greco, en "Assicurazioni", 1938, 2, p. 94; Bruck, p. 190; C. Nac. Com., 4/8/1938, JA 63-611.
Concordante con este criterio, la ley francesa de 1930, art. 49, ha fijado normas especiales en el
seguro de ganado. Ver Lepargneur, nº 1356: comprobación del estado del riesgo; no garantía
por siniestros, consecuencia de accidentes o enfermedades producidas durante la suspensión.
Contra: C. Nac. Com., 18/10/1935, GF 118-237, que admitió en un seguro sobre la vida que
se completara el pago después del fallecimiento.

585
(852) Besson y Picard, I, nº 197; Besson, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1944, p. 154, apoyando el
fallo de la Corte de Casación. Mas sostiene que la concesión de plazo de gracia en el juicio
importa aceptar la reactivación (en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1946, p. 37), y también cuando
otorga recibo por el total (eod. loc., 1962, p. 54).

(853) Besson y Picard, I, nº 195.


Mas si requiere que el asegurador acepte la rehabilitación, ésta no produce sus efectos hasta esa
aceptación, por lo cual no se cubre el siniestro producido en el intervalo (Besson, en "Rev.
Gén. Ass. Terr.", 1959, p. 44). Ver Schmitz, Sobre la cuestión de la interrupción de la
cobertura al renovar una póliza en vigor, en "Riesgo y Seguro", 1949, p. 555.

(854) El nuevo examen médico debe ser pactado: Halperin, cit. en nota 144; Greco, en
"Assicurazioni", 1938, 2, p. 94; Lordi, nº 689; Castillo, nº 240. Así resulta del art. 142, el cual
dispone que se producirá en las condiciones que determine el plan.
En caso de que exista contestación entre las partes acerca de la aceptabilidad del riesgo, se
decidirá judicialmente.

(855) Halperin, cit. en nota 144.

(856) Ver capítulo VIII, nº 30, y notas 125 y ss.

(857) En nuestro país, en materia de accidentes del trabajo, la cuestión ha perdido interés al
haber sido derogada la ley 24028 Ver Texto (que a su vez había reemplazado las normativas de
la ley 9688 Ver Texto y sus modificatorias), y sustituida por otro régimen diferente, establecido
por la ley 24557 Ver Texto, de riesgos del trabajo [ver capítulo V, § 89 (a)].

(858) Donati, Trattato, II, nº 546.


Por ejemplo, intervenir en la liquidación de la indemnización del siniestro ocurrido durante la
suspensión (C. Nac. Com., sala B, 30/10/1963, autos "Furlan v. El Cóndor", inédito).
Ver, también, Lanuzzi, en "Assicurazioni", 1954, 2, p. 139; Materi, en "Assicurazioni", 1958, 2,
ps. 73 y 174.

(859) Besson y Picard, Les assurances terrestres en droit français, t. I, n_ 108, p. 192.

(860) Rivarola, nº 1154, señala que el art. 19 Ver Texto, ley 9644 -análoga en el punto al art. 43
Ver Texto, decreto ley 15348, año 1946, ratificado por la ley 12962 Ver Texto-, podría llevar a
que el asegurador cobrara después que el acreedor prendario, contra lo cual arguye que: a) las
primas son de pago preferente a los arrendamientos, y éstos al crédito prendario; b) el seguro
existe en razón de la prima, a lo cual cabe agregar que beneficia al acreedor prendario a quien la
ley reconoce el derecho a cobrarse sobre la indemnización (art. 3).
La Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires, 13/4/1954, LL 75-358, le ha negado este
carácter de gasto de conservación.

(861) Si el asegurador resiste el reajuste, el contrato es rescindible por su culpa (art. 216 Ver
Texto, CCom.).

586
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III

29. Carácter de contrato único del seguro sobre la vida.

La circunstancia de que en el seguro plurianual sobre la vida los pagos sean generalmente
facultativos para el asegurado (arts. 134 Ver Texto y 138 Ver Texto) (862) ha planteado por
parte de la doctrina el problema de si se trata de un seguro único o de un seguro anual,
renovable por la voluntad del asegurado, expresada por el pago de la prima (863) .

En nuestra opinión, el contrato es único. No sólo por la forma como se calcula y fija la prima
anual -hasta determinada época, con cada prima anual se paga una parte del riesgo mediato,
correspondiente a los años posteriores, para facilitar no sólo el pago por el asegurado, sino
también para hacer más fácil la financiación de la empresa-, y por la voluntad de las partes
claramente expresada, sino también por su funcionamiento: con cada pago no hay visita
médica ni declaración del estado del riesgo; el asegurador no se puede negar a recibir los pagos
de los nuevos períodos aduciendo una agravación anormal, ajena a la edad misma; el asegurado
no debe abonar los presuntos gastos de renovación, etc. (864) . Es el concepto aceptado por la
ley 17418 Ver Texto, pues sirve de presupuesto a los arts. 130 Ver Texto; 134 Ver Texto; 131
Ver Texto, 3er. párr.; 138 Ver Texto, y 140 Ver Texto.

Quienes adoptan la opinión contraria quieren resolver así el problema del carácter aleatorio del
seguro sobre la vida, dado que de lo contrario la muerte, hecho fatal, les parece que excluiría
ese carácter aleatorio; opinión que ya rechazamos, porque si bien es un hecho fatal, se ignora
cuándo ocurrirá.

587
La razón del pago anual facultativo radica en una necesidad práctica: dejar al asegurado en
libertad de acción para el porvenir, porque no puede prever con muchos años de anticipación
su capacidad económica para proseguir la ejecución normal del contrato, o porque pueden
desaparecer las razones que lo llevan a contratarlo. Esta libertad o facultad del asegurado
coadyuva justamente a la difusión del seguro (865) .

IV

30. Indivisibilidad de la prima.

Corrientemente se afirma que la prima es indivisible, y que el asegurador nada debe restituir en
caso de extinción del contrato, cualquiera que sea el momento en que ocurra.

El principio general aceptado por la ley argentina es el de la indivisibilidad de la prima por el


período en curso, en el supuesto de que caduquen los derechos del asegurado (art. 36 Ver
Texto, in fine).

La indivisibilidad se funda en que las primas se calculan por períodos enteros, y la devolución
altera los cálculos para afrontar los siniestros; por esta razón, el asegurador debe adquirir
definitivamente la prima correspondiente, porque de lo contrario no estaría en condiciones de
soportar los riesgos asumidos en virtud de los numerosos contratos (866) .

La ley argentina sólo la acepta para el supuesto citado: es decir, cuando el contrato caduca
pendiente la asunción del riesgo. Cuando el contrato se anula por reticencia y el asegurado
actuó sin dolo, el art. 6 Ver Texto impone la restitución de la prima con deducción de los
gastos. Si incurrió en reticencia dolosa o de mala fe, el asegurador tiene derecho a las primas
correspondientes a los períodos trascurridos y del período en que se invoca la reticencia (art. 8
Ver Texto, para cuya aplicación se debe tener en cuenta lo dispuesto por los arts. 5 Ver Texto,
último párrafo, y 17 Ver Texto): es decir, se trata de una pena a la malicia del asegurado.

588
30 (a).

El principio de indivisibilidad de la prima se advierte, en nuestra opinión, cuando ocurre un


siniestro total. Es allí, aunque el hecho tenga lugar a poco de iniciada la vigencia del seguro,
cuando el asegurador posee derecho a percibirla en forma íntegra (p.ej., robo o destrucción de
la cosa a la cual se refiere la cobertura). Ello, así, porque la prima responde a un cálculo en que
se contempla el riesgo en cuanto a su incidencia económica en caso de siniestro ocurrido
durante determinado plazo, sin interesar que tenga lugar al comienzo o hacia el final de ese
lapso. Como expresa el autor de esta obra, "las primas se calculan por períodos enteros y la
devolución altera los cálculos para afrontar los siniestros".

Pero, a nuestro entender, tal situación no se configura en el supuesto de caducidad, entendida


ésta en el sentido estricto que hemos dado a dicha institución en el seguro. La caducidad no
afecta el vínculo contractual (y mucho menos aún en el caso de suspensión de cobertura);
queda perjudicado sólo el derecho del asegurado a reclamar la prestación del asegurador
respecto de un siniestro determinado. Entonces, si la vigencia y cobertura del seguro continúan
hacia el futuro, el asegurado deberá la prima como contraprestación de ese amparo y no como
sanción por falta de pago oportuno. Por tal razón estimamos que el último párrafo del art. 36
Ver Texto parte de un supuesto que no se da en los hechos, en cuanto implica la suposición de
que la caducidad extingue el contrato, lo cual hemos visto que no ocurre.

En cambio, sí se estará ante una pena si el asegurador, ante la mora, opta por rescindir (art. 32
Ver Texto); o si el asegurador anula el contrato cuando en la celebración de éste medió
falsedad o reticencia dolosa del asegurado en su información sobre el verdadero estado del
riesgo (arts. 5 Ver Texto y 8 Ver Texto, LS.).

Jurisprudencia

Respecto del supuesto de falta de pago de la prima, la jurisprudencia tiene decidido que la
obligación del asegurado de pagar la prima constituye una obligación de ejecución inmediata
cuya exigibilidad es coetánea con su nacimiento. Pero cuando se estipulan cuotas, el pago de
éstas en término constituye un presupuesto de la cobertura o garantía del riesgo por parte del
asegurador (C. Nac. Com., sala A, 8/5/1997, "Poggi, Lidia R., v. Siglo XXI Cía. Argentina de
Seguros S.A.", JA 1997-IV-631 Ver Texto). Por ello, la suspensión de la cobertura causada por
el no pago de la prima provoca la cesación temporaria de la cobertura otorgada por el seguro,
de modo que si se verifica el siniestro durante el tiempo de la suspensión, el asegurador está
eximido de cumplir con su obligación de indemnizar. Sin embargo, tal extinción del derecho
del asegurado no se produce ipso iure, en el instante del incumplimiento, sino a partir de que el
asegurador invoca la existencia de él para liberarse, y siempre, claro está, que ello se efectivice
dentro del plazo otorgado por el art. 56 Ver Texto de la ley 17418 (C. Nac. Com., sala A,

589
10/9/1996, "Matos de De Marco, Shirley W., v. Libertad Cía. de Seguros S.A.", LL 1997-C-
244 y DJ 1997-3-696).

En atención a que la prima es la contraprestación de la obligación convenida en la póliza, la


suma en que esta última quede cuantificada se debe adecuar a la exigencia legal de congruencia
entre la obligación del asegurador y la del asegurado, para evitar así el desequilibrio de los
contenidos patrimoniales de las obligaciones de las partes (C. Nac. Com., sala C, 31/3/1995,
"Icolano, Humberto, v. La Continental Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1995-D-697).

Las reglas que sobre cobranza de premios fueron elaboradas por el mercado asegurador con el
control de la Superintendencia de Seguros no resultan de aplicación cuando aparece indudable
que las partes se han querido apartar de ellas y sujetar sus relaciones a otras diferentes, como
puede ocurrir con las inducidas de sus respectivos comportamientos posteriores a la
celebración del contrato, en los términos del art. 218 Ver Texto, inc. 4, del Código de
Comercio (C. Nac. Com., sala A, 15/3/1985, "Guerrero Martins, Víctor E., v. Sud América
Cía. de Seguros S.A.", LL 1985-C-538 y DJ 1985-53-712).

La aceptación, por parte de la aseguradora, del pago de la prima, con lo cual puso en vigencia
una cobertura suspendida sin comprobar la existencia del riesgo asegurado, resulta suficiente
para tener por probada su preexistencia, pues nadie puede invocar su propia torpeza (C. Nac.
Com., sala E, 10/2/1995, "Foigelman, Alejandro, v. Arcadia Cía. de Seguros S.A." Ver Texto,
LL 1995-C-298 y DJ 1995-2-1077).

Si debido a la existencia de un saldo impago de la prima la póliza resultó anulada en el último


tramo del lapso de vigencia, ello no borra los efectos del contrato de seguro celebrado entre las
partes, pues, sin perjuicio de la suspensión de la cobertura producida, queda pendiente el saldo
impago de la prima que figura en el instrumento de anulación (C. Nac. Com., sala C,
30/11/1993, "Mansilla de Albornoz, Anselma, v. La Defensa Cía. de Seguros S.A." Ver Texto,
LL 1995-A-46).

El momento de efectuado el pago de la prima del seguro es el que figura en los recibos
extendidos por el autorizado, de modo tal que la posterior rendición de cuentas del cobrador o
productor frente a la aseguradora es ajena al cumplimiento de las obligaciones por parte del
asegurado y, por tanto, la aseguradora no puede pretender liberarse del cumplimiento de sus
obligaciones respaldada en sus propios registros contables, en los cuales asentó los pagos con
las fechas de las liquidaciones realizadas por el productor, pues tal mecánica es inoponible al
asegurado (C. Nac. Com., sala A, 4/9/1996, "Superintendencia de Seguros de la Nación,
s./Incidente por Amézaga, Ernesto M." Ver Texto, DJ 1996-2-1391).

590
31. Rescisión por el asegurador.

Cuando existe rescisión por voluntad del asegurador, el art. 41 Ver Texto, en materia de
agravación del riesgo, fija la regla general, a la cual se remiten otras disposiciones de la ley (arts.
45 Ver Texto, 2º y 3º párrs.; 52 Ver Texto, 2º párr.; 81 Ver Texto, 2º párr.; 82 Ver Texto, 2º
párr.) y que el art. 18 Ver Texto establece para el supuesto de resolución voluntaria:

a) Si la rescisión es por voluntad exclusiva del asegurador, esto es, no media culpa del
asegurado, el asegurador sólo tiene derecho a la prima proporcional al tiempo trascurrido (art.
41 Ver Texto, ap. a).

b) Si la rescisión se funda en la conducta culposa del asegurado, el asegurador tiene derecho a


la prima por el período en curso (art. 41 Ver Texto, ap. b), aplicado también por el art. 32 Ver
Texto para el supuesto de rescisión por mora en el pago de la prima.

La distinción busca sancionar al asegurado que no cumple cabalmente sus obligaciones; y no


alentar al asegurador a rescindir el contrato cuando no halla fundamento en la conducta
culposa del asegurado.

32. Rescisión por el asegurado.

Si quien rescinde es el asegurado, deberá pagar íntegramente la prima por el período en curso,
puesto que el asegurador soportó el riesgo, salvo expresa excepción legal, como en el caso del
art. 45 Ver Texto, 2º párr., que remite a las normas del art. 41 Ver Texto, o que se haya
pactado la libre rescindibilidad (art. 18 Ver Texto, 2º párr.). Ejemplo típico de aplicación de la
regla general es el art. 52 Ver Texto, 3er. párr., de rescisión en caso de siniestro parcial (867) .

Este régimen legal de la rescisión no puede ser cambiado (arts. 158 Ver Texto y 41 Ver Texto,
incs. a y b), salvo las disposiciones que autoricen otra sanción: arts. 18 Ver Texto, 2º párr., y 36.

591
33. Otras orientaciones.

La ley alemana consagró el principio de la indivisibilidad en el art. 40 Ver Texto. En cambio, la


ley francesa de 1930, siguiendo la hostilidad de su doctrina y de la jurisprudencia (Corte de
Casación, 6/6/1924, 1ª parte, p. 25), lo abandonó en los arts. 18, 22, 35, 47, 17 y 19, en los
cuales consagró la divisibilidad.

Ver Besson y Picard, I, nº 183; Lepargneur, nº 1307; Deroulede, La regla proporcional de


prima, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1931, p. 743; Sumien, Chronique, "Dalloz", 1945, p. 6;
Ripert, en nota al fallo citado, sostiene su solución, porque se viola el principio de los contratos
sinalagmáticos. "La indivisibilidad de la prima no es más que una fórmula, que ni siquiera es
exacta, porque la expresión indivisibilidad está empleada aquí para condenar el pago parcial. Se
necesitaría poder justificar esta indivisibilidad por un principio jurídico. Ciertas decisiones
arguyen que una modificación de los riesgos, posterior al contrato, no puede ejercer ninguna
influencia sobre las obligaciones de las partes, ya que es un contrato aleatorio. En efecto; no se
trata de una modificación de los riesgos, sino de una supresión, y por consiguiente de la
rescisión del contrato por imposibilidad de ejecución". Rechaza que se sobreentienda que el
asegurador adquiere la totalidad de la prima, porque habría que admitir que la rescisión por
fuerza mayor es lo normal.

Conf. Picard, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1944, p. 158.

En nota en "Dalloz", 1927, 1ª parte, p. 153, Ripert acepta que se pacte la indivisibilidad, lo cual
no parece ser aceptable en nuestro derecho, porque sería contrario a la naturaleza de las
normas ya analizadas (art. 158 Ver Texto, primera parte).

Zavala Rodríguez, II, nº 1873, fundado en el derogado art. 531 Ver Texto, CCom., opinaba
que en el seguro plurianual el asegurado pierde la integridad de la prima, y no la del período de
seguro. El art. 531 Ver Texto cit. creaba una mera presunción, y es contraria a la técnica
aseguradora de cálculo por períodos, que justifica la indivisibilidad analizada en el texto.

34. Efectos.

El principio de la indivisibilidad lleva a concluir que el asegurador gana la integridad de la


prima del período en curso en el supuesto de que ocurra el siniestro: el asegurado no tiene
derecho a una restitución proporcional de la prima única o del período en que ocurre, aun
cuando se produzca al día siguiente del siniestro y aunque éste no sea total (868) .

592
35. Variabilidad de la prima.

Mas esta indivisibilidad no significa invariabilidad de la prima: ya vimos su reducción y


aumento en los casos de reticencia no dolosa (art. 6 Ver Texto), denuncia de un riesgo más
grave que el real (art. 34 Ver Texto, 1er. párr.), o de disminución del riesgo durante la vigencia
del contrato (art. 34 Ver Texto, 2º párr.) o de la agravación (art. 35 Ver Texto). Igualmente,
cuando se produce un siniestro parcial, la prima convenida se reduce por los períodos
posteriores (869) (ver art. 52 Ver Texto y las diversas soluciones consagradas, que llevan a esta
solución, especialmente en su 2º párr.).

36. Prueba del pago de la prima. Carga.

El asegurado debe probar el pago de la prima (870) . La emisión de la póliza, por sí sola, no
permite presumirlo si nada expresa sobre el punto (art. 30 Ver Texto, 3er. párr.) (871) , o exige
la prueba por acto separado (872) , o el pago previo para su vigencia efectiva (873) .

El recibo de la prima que consta en la póliza puede destruirse por prueba en contrario (874) , a
cargo del asegurador (875) .

593
El agente que celebró el contrato o que intervino en la celebración (art. 54 Ver Texto) está
autorizado a percibir la prima (876) , así como el agente mediador que entrega la póliza que a la
vez sirve de recibo (877) . De lo contrario, se debe hallar en posesión de un recibo firmado por
el asegurador (art. 53 Ver Texto, inc. c),

o el asegurador haber aceptado la eficacia de los pagos hechos a este agente (art. 218 Ver
Texto, inc. 4, CCom., y los principios de la representación aparente) (v.gr., si los imputó a la
cuenta que mantiene con él, o remitidos por éste con posterioridad los aceptó efectuados a las
fechas en que el asegurado los realizó, etc.).

(862) Decimos generalmente, porque puede dejar de ser facultativo, como cuando existe
obligación hacia el beneficiario de pagar la prima, o hacia el acreedor garantizado con la póliza,
etc.: Picard, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1934, p. 1045; Lordi, nº 771.

(863) Lefort, I, ps. 141 y 142; II, ps. 59 y 60; Segovia, notas 1869 y 1912; Viterbo, en "Riv. Dir.
Comm.", 1932, 1, ps. 58 a 61.

(864) Vivante, Contratto, nº 505; Lepargneur, nº 1401; Vance, ps. 260 y ss.; Castillo, nros. 205
y 206; Malagarriga, Comentario, III, nº 285; C. Nac. Civ. 1ª, 2/10/1939, LL 18-1083 -algunas
de las afirmaciones de este fallo las hemos criticado en la nota ahí inserta-.
Incluso existen leyes que prohíben cobrar la prima natural, y no la prima media, como la ley
italiana de 1923 (ver Lordi, nº 764).

(865) Lepargneur, nº 1401; Lefort, I, ps. 144 y 143; Vivante, Contratto, nº 507; Bruck, p. 256.
Fundamentos análogos han llevado a las leyes modernas a facultar la rescisión de los contratos
de seguros de intereses cuando exceden de cierto plazo, y a limitar la renovación tácita.

(866) Bruck, ps. 249 y 250; Vivante, Trattato, nº 1911, y Contratto, nº 62. Confr. Vance, ps.
318 y ss., que resume el derecho angloestadounidense, en el punto, coincidente en la solución.
Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 514, la juzgan técnicamente necesaria para la mutualidad de
asegurados, dada la forma como se calcula y la distinción entre primas de corto y largo plazo.
Besson y Picard señalan otros fundamentos expuestos por los autores: 1) el riesgo se pudo
producir en el tiempo trascurrido; 2) la prima pierde su individualidad, y se confunde con los
demás fondos; 3) las primas pagadas por cada asegurado no se pueden considerar
aisladamente, sino que su conjunto permitirá afrontar todos los siniestros, ya que la prima
única se equilibra con las indemnizaciones debidas por los siniestros cubiertos por ella; 4) las
graves complicaciones con los reaseguros contratados (ob. cit., I, nº 183).
Zavala Rodríguez, ob. cit., nº 1658, la funda en el art. 1201 Ver Texto, CCiv.

594
Donati sostiene la solución porque sólo se puede calcular por determinada duración -y no
momento a momento-, que constituye la unidad estadística y no hay incumplimiento de su
parte (Trattato, II, nº 450).
Ver, además, sobre el tema, Greco, en "Assicurazioni", 1943, 2, p. 172; Ghionda, en
"Assicurazioni", 1945-1946, 1, p. 34; Ferrarini, en "Assicurazioni", 1945-1946, 2, p. 63. Confr.
Vance, ps. 318 y ss., que resume el derecho angloestadounidense en el punto, coincidente en la
solución.

(867) Ver Scalone, La risoluzione del contratto e l´inadempimento dell´assicuratore, en


"Assicurazioni", 1955, 2, p. 18.
¿La rescisión exige la previa restitución de la prima proporcional al riesgo no corrido? Lo
afirmó la Corte de Casación de Italia, 20/4/1959, con nota aprobatoria en general de Carresi
con excepción para el supuesto en examen, en "Assicurazioni", 1960, 2, p. 101. La Torre, a su
vez, ha sostenido que ese reembolso es un corolario de la rescisión y no su precio (en
"Assicurazioni", 1961, 2, p. 306), lo cual aparece evidente, puesto que está obligado a
reembolsar justamente porque se rescinde el contrato y queda sin efecto la garantía de la cual la
prima es contraprestación.

(868) Ver Vivante, Contratto, nº 51; Picard, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1944, p. 158; Benítez de
Lugo, Reymundo, ob. cit., I, ps. 320 y ss.; Besson, en "Dalloz", 1945, J. 44, quien ahí critica la
doctrina contraria de la Corte de Casación francesa en caso de siniestro total.

(869) Ver nota precedente, y art. 95, ley alemana.

(870) C. Nac. Com., 30/4/1925, GF 86-44.

(871) Jurisprudencia anterior concordante: C. Nac. Com., 19/6/1925, GF 56-450; 31/8/1928,


JA 28-208; 22/8/1927, GF 70-63.

(872) C. Nac. Com., 15/7/1927, GF 69-177 y JA 25-678.

(873) C. Nac. Com., 22/8/1927, GF 70-63.


La C. Nac. Com., 30/4/1930, JA 32-1124, decidió que era así aun cuando el asegurador haya
cumplido actos de ejecución de sus obligaciones. Esta solución es de dudosa exactitud, porque
la conducta del asegurador, ejecutando sus obligaciones, es una prueba de que juzgaba sus
obligaciones vigentes y exigibles (art. 218 Ver Texto, inc. 4, CCom.); si no importaban la
prueba del pago, por lo menos eran presunciones que imponían la prueba de la falta de pago a
cargo del asegurador. Solución semejante sería inadmisible con el nuevo régimen legal (arts. 31
Ver Texto, 3º párr., y 79 Ver Texto).

(874) C. Nac. Com., 27/11/1913, "Rev. Leg. y Jur.", t. 4, p. 71.

(875) C. Nac. Com., 2/12/1932, JA 40-593; 31/10/1933, GF 107-53.

(876) Ver capítulo III, nros. 39 bis y ss.


Respecto del agente que celebró el contrato, ver C. Fed. Cap., 27/6/1914, "Jur. Trib. Nac.",
junio de 1914, p. 71.

595
El recibo otorgado por el agente autorizado hace plena prueba, salvo que el asegurador
acredite colusión entre el asegurado y el agente (C. Nac. Com., 26/10/1927, JA 26-324).

(877) Ver nota 89.

-----------------------------

III

29. Carácter de contrato único del seguro sobre la vida.

La circunstancia de que en el seguro plurianual sobre la vida los pagos sean generalmente
facultativos para el asegurado (arts. 134 Ver Texto y 138 Ver Texto) (862) ha planteado por
parte de la doctrina el problema de si se trata de un seguro único o de un seguro anual,
renovable por la voluntad del asegurado, expresada por el pago de la prima (863) .

En nuestra opinión, el contrato es único. No sólo por la forma como se calcula y fija la prima
anual -hasta determinada época, con cada prima anual se paga una parte del riesgo mediato,
correspondiente a los años posteriores, para facilitar no sólo el pago por el asegurado, sino
también para hacer más fácil la financiación de la empresa-, y por la voluntad de las partes
claramente expresada, sino también por su funcionamiento: con cada pago no hay visita
médica ni declaración del estado del riesgo; el asegurador no se puede negar a recibir los pagos
de los nuevos períodos aduciendo una agravación anormal, ajena a la edad misma; el asegurado
no debe abonar los presuntos gastos de renovación, etc. (864) . Es el concepto aceptado por la
ley 17418 Ver Texto, pues sirve de presupuesto a los arts. 130 Ver Texto; 134 Ver Texto; 131
Ver Texto, 3er. párr.; 138 Ver Texto, y 140 Ver Texto.

Quienes adoptan la opinión contraria quieren resolver así el problema del carácter aleatorio del
seguro sobre la vida, dado que de lo contrario la muerte, hecho fatal, les parece que excluiría

596
ese carácter aleatorio; opinión que ya rechazamos, porque si bien es un hecho fatal, se ignora
cuándo ocurrirá.

La razón del pago anual facultativo radica en una necesidad práctica: dejar al asegurado en
libertad de acción para el porvenir, porque no puede prever con muchos años de anticipación
su capacidad económica para proseguir la ejecución normal del contrato, o porque pueden
desaparecer las razones que lo llevan a contratarlo. Esta libertad o facultad del asegurado
coadyuva justamente a la difusión del seguro (865) .

IV

30. Indivisibilidad de la prima.

Corrientemente se afirma que la prima es indivisible, y que el asegurador nada debe restituir en
caso de extinción del contrato, cualquiera que sea el momento en que ocurra.

El principio general aceptado por la ley argentina es el de la indivisibilidad de la prima por el


período en curso, en el supuesto de que caduquen los derechos del asegurado (art. 36 Ver
Texto, in fine).

La indivisibilidad se funda en que las primas se calculan por períodos enteros, y la devolución
altera los cálculos para afrontar los siniestros; por esta razón, el asegurador debe adquirir
definitivamente la prima correspondiente, porque de lo contrario no estaría en condiciones de
soportar los riesgos asumidos en virtud de los numerosos contratos (866) .

La ley argentina sólo la acepta para el supuesto citado: es decir, cuando el contrato caduca
pendiente la asunción del riesgo. Cuando el contrato se anula por reticencia y el asegurado
actuó sin dolo, el art. 6 Ver Texto impone la restitución de la prima con deducción de los
gastos. Si incurrió en reticencia dolosa o de mala fe, el asegurador tiene derecho a las primas
correspondientes a los períodos trascurridos y del período en que se invoca la reticencia (art. 8

597
Ver Texto, para cuya aplicación se debe tener en cuenta lo dispuesto por los arts. 5 Ver Texto,
último párrafo, y 17 Ver Texto): es decir, se trata de una pena a la malicia del asegurado.

30 (a).

El principio de indivisibilidad de la prima se advierte, en nuestra opinión, cuando ocurre un


siniestro total. Es allí, aunque el hecho tenga lugar a poco de iniciada la vigencia del seguro,
cuando el asegurador posee derecho a percibirla en forma íntegra (p.ej., robo o destrucción de
la cosa a la cual se refiere la cobertura). Ello, así, porque la prima responde a un cálculo en que
se contempla el riesgo en cuanto a su incidencia económica en caso de siniestro ocurrido
durante determinado plazo, sin interesar que tenga lugar al comienzo o hacia el final de ese
lapso. Como expresa el autor de esta obra, "las primas se calculan por períodos enteros y la
devolución altera los cálculos para afrontar los siniestros".

Pero, a nuestro entender, tal situación no se configura en el supuesto de caducidad, entendida


ésta en el sentido estricto que hemos dado a dicha institución en el seguro. La caducidad no
afecta el vínculo contractual (y mucho menos aún en el caso de suspensión de cobertura);
queda perjudicado sólo el derecho del asegurado a reclamar la prestación del asegurador
respecto de un siniestro determinado. Entonces, si la vigencia y cobertura del seguro continúan
hacia el futuro, el asegurado deberá la prima como contraprestación de ese amparo y no como
sanción por falta de pago oportuno. Por tal razón estimamos que el último párrafo del art. 36
Ver Texto parte de un supuesto que no se da en los hechos, en cuanto implica la suposición de
que la caducidad extingue el contrato, lo cual hemos visto que no ocurre.

En cambio, sí se estará ante una pena si el asegurador, ante la mora, opta por rescindir (art. 32
Ver Texto); o si el asegurador anula el contrato cuando en la celebración de éste medió
falsedad o reticencia dolosa del asegurado en su información sobre el verdadero estado del
riesgo (arts. 5 Ver Texto y 8 Ver Texto, LS.).

Jurisprudencia

Respecto del supuesto de falta de pago de la prima, la jurisprudencia tiene decidido que la
obligación del asegurado de pagar la prima constituye una obligación de ejecución inmediata
cuya exigibilidad es coetánea con su nacimiento. Pero cuando se estipulan cuotas, el pago de
éstas en término constituye un presupuesto de la cobertura o garantía del riesgo por parte del
asegurador (C. Nac. Com., sala A, 8/5/1997, "Poggi, Lidia R., v. Siglo XXI Cía. Argentina de
Seguros S.A.", JA 1997-IV-631 Ver Texto). Por ello, la suspensión de la cobertura causada por
el no pago de la prima provoca la cesación temporaria de la cobertura otorgada por el seguro,

598
de modo que si se verifica el siniestro durante el tiempo de la suspensión, el asegurador está
eximido de cumplir con su obligación de indemnizar. Sin embargo, tal extinción del derecho
del asegurado no se produce ipso iure, en el instante del incumplimiento, sino a partir de que el
asegurador invoca la existencia de él para liberarse, y siempre, claro está, que ello se efectivice
dentro del plazo otorgado por el art. 56 Ver Texto de la ley 17418 (C. Nac. Com., sala A,
10/9/1996, "Matos de De Marco, Shirley W., v. Libertad Cía. de Seguros S.A.", LL 1997-C-
244 y DJ 1997-3-696).

En atención a que la prima es la contraprestación de la obligación convenida en la póliza, la


suma en que esta última quede cuantificada se debe adecuar a la exigencia legal de congruencia
entre la obligación del asegurador y la del asegurado, para evitar así el desequilibrio de los
contenidos patrimoniales de las obligaciones de las partes (C. Nac. Com., sala C, 31/3/1995,
"Icolano, Humberto, v. La Continental Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, LL 1995-D-697).

Las reglas que sobre cobranza de premios fueron elaboradas por el mercado asegurador con el
control de la Superintendencia de Seguros no resultan de aplicación cuando aparece indudable
que las partes se han querido apartar de ellas y sujetar sus relaciones a otras diferentes, como
puede ocurrir con las inducidas de sus respectivos comportamientos posteriores a la
celebración del contrato, en los términos del art. 218 Ver Texto, inc. 4, del Código de
Comercio (C. Nac. Com., sala A, 15/3/1985, "Guerrero Martins, Víctor E., v. Sud América
Cía. de Seguros S.A.", LL 1985-C-538 y DJ 1985-53-712).

La aceptación, por parte de la aseguradora, del pago de la prima, con lo cual puso en vigencia
una cobertura suspendida sin comprobar la existencia del riesgo asegurado, resulta suficiente
para tener por probada su preexistencia, pues nadie puede invocar su propia torpeza (C. Nac.
Com., sala E, 10/2/1995, "Foigelman, Alejandro, v. Arcadia Cía. de Seguros S.A." Ver Texto,
LL 1995-C-298 y DJ 1995-2-1077).

Si debido a la existencia de un saldo impago de la prima la póliza resultó anulada en el último


tramo del lapso de vigencia, ello no borra los efectos del contrato de seguro celebrado entre las
partes, pues, sin perjuicio de la suspensión de la cobertura producida, queda pendiente el saldo
impago de la prima que figura en el instrumento de anulación (C. Nac. Com., sala C,
30/11/1993, "Mansilla de Albornoz, Anselma, v. La Defensa Cía. de Seguros S.A." Ver Texto,
LL 1995-A-46).

El momento de efectuado el pago de la prima del seguro es el que figura en los recibos
extendidos por el autorizado, de modo tal que la posterior rendición de cuentas del cobrador o
productor frente a la aseguradora es ajena al cumplimiento de las obligaciones por parte del
asegurado y, por tanto, la aseguradora no puede pretender liberarse del cumplimiento de sus
obligaciones respaldada en sus propios registros contables, en los cuales asentó los pagos con
las fechas de las liquidaciones realizadas por el productor, pues tal mecánica es inoponible al
asegurado (C. Nac. Com., sala A, 4/9/1996, "Superintendencia de Seguros de la Nación,
s./Incidente por Amézaga, Ernesto M." Ver Texto, DJ 1996-2-1391).

599
31. Rescisión por el asegurador.

Cuando existe rescisión por voluntad del asegurador, el art. 41 Ver Texto, en materia de
agravación del riesgo, fija la regla general, a la cual se remiten otras disposiciones de la ley (arts.
45 Ver Texto, 2º y 3º párrs.; 52 Ver Texto, 2º párr.; 81 Ver Texto, 2º párr.; 82 Ver Texto, 2º
párr.) y que el art. 18 Ver Texto establece para el supuesto de resolución voluntaria:

a) Si la rescisión es por voluntad exclusiva del asegurador, esto es, no media culpa del
asegurado, el asegurador sólo tiene derecho a la prima proporcional al tiempo trascurrido (art.
41 Ver Texto, ap. a).

b) Si la rescisión se funda en la conducta culposa del asegurado, el asegurador tiene derecho a


la prima por el período en curso (art. 41 Ver Texto, ap. b), aplicado también por el art. 32 Ver
Texto para el supuesto de rescisión por mora en el pago de la prima.

La distinción busca sancionar al asegurado que no cumple cabalmente sus obligaciones; y no


alentar al asegurador a rescindir el contrato cuando no halla fundamento en la conducta
culposa del asegurado.

32. Rescisión por el asegurado.

Si quien rescinde es el asegurado, deberá pagar íntegramente la prima por el período en curso,
puesto que el asegurador soportó el riesgo, salvo expresa excepción legal, como en el caso del
art. 45 Ver Texto, 2º párr., que remite a las normas del art. 41 Ver Texto, o que se haya
pactado la libre rescindibilidad (art. 18 Ver Texto, 2º párr.). Ejemplo típico de aplicación de la
regla general es el art. 52 Ver Texto, 3er. párr., de rescisión en caso de siniestro parcial (867) .

Este régimen legal de la rescisión no puede ser cambiado (arts. 158 Ver Texto y 41 Ver Texto,
incs. a y b), salvo las disposiciones que autoricen otra sanción: arts. 18 Ver Texto, 2º párr., y 36.

600
33. Otras orientaciones.

La ley alemana consagró el principio de la indivisibilidad en el art. 40 Ver Texto. En cambio, la


ley francesa de 1930, siguiendo la hostilidad de su doctrina y de la jurisprudencia (Corte de
Casación, 6/6/1924, 1ª parte, p. 25), lo abandonó en los arts. 18, 22, 35, 47, 17 y 19, en los
cuales consagró la divisibilidad.

Ver Besson y Picard, I, nº 183; Lepargneur, nº 1307; Deroulede, La regla proporcional de


prima, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1931, p. 743; Sumien, Chronique, "Dalloz", 1945, p. 6;
Ripert, en nota al fallo citado, sostiene su solución, porque se viola el principio de los contratos
sinalagmáticos. "La indivisibilidad de la prima no es más que una fórmula, que ni siquiera es
exacta, porque la expresión indivisibilidad está empleada aquí para condenar el pago parcial. Se
necesitaría poder justificar esta indivisibilidad por un principio jurídico. Ciertas decisiones
arguyen que una modificación de los riesgos, posterior al contrato, no puede ejercer ninguna
influencia sobre las obligaciones de las partes, ya que es un contrato aleatorio. En efecto; no se
trata de una modificación de los riesgos, sino de una supresión, y por consiguiente de la
rescisión del contrato por imposibilidad de ejecución". Rechaza que se sobreentienda que el
asegurador adquiere la totalidad de la prima, porque habría que admitir que la rescisión por
fuerza mayor es lo normal.

Conf. Picard, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1944, p. 158.

En nota en "Dalloz", 1927, 1ª parte, p. 153, Ripert acepta que se pacte la indivisibilidad, lo cual
no parece ser aceptable en nuestro derecho, porque sería contrario a la naturaleza de las
normas ya analizadas (art. 158 Ver Texto, primera parte).

Zavala Rodríguez, II, nº 1873, fundado en el derogado art. 531 Ver Texto, CCom., opinaba
que en el seguro plurianual el asegurado pierde la integridad de la prima, y no la del período de
seguro. El art. 531 Ver Texto cit. creaba una mera presunción, y es contraria a la técnica
aseguradora de cálculo por períodos, que justifica la indivisibilidad analizada en el texto.

34. Efectos.

601
El principio de la indivisibilidad lleva a concluir que el asegurador gana la integridad de la
prima del período en curso en el supuesto de que ocurra el siniestro: el asegurado no tiene
derecho a una restitución proporcional de la prima única o del período en que ocurre, aun
cuando se produzca al día siguiente del siniestro y aunque éste no sea total (868) .

35. Variabilidad de la prima.

Mas esta indivisibilidad no significa invariabilidad de la prima: ya vimos su reducción y


aumento en los casos de reticencia no dolosa (art. 6 Ver Texto), denuncia de un riesgo más
grave que el real (art. 34 Ver Texto, 1er. párr.), o de disminución del riesgo durante la vigencia
del contrato (art. 34 Ver Texto, 2º párr.) o de la agravación (art. 35 Ver Texto). Igualmente,
cuando se produce un siniestro parcial, la prima convenida se reduce por los períodos
posteriores (869) (ver art. 52 Ver Texto y las diversas soluciones consagradas, que llevan a esta
solución, especialmente en su 2º párr.).

36. Prueba del pago de la prima. Carga.

El asegurado debe probar el pago de la prima (870) . La emisión de la póliza, por sí sola, no
permite presumirlo si nada expresa sobre el punto (art. 30 Ver Texto, 3er. párr.) (871) , o exige
la prueba por acto separado (872) , o el pago previo para su vigencia efectiva (873) .

602
El recibo de la prima que consta en la póliza puede destruirse por prueba en contrario (874) , a
cargo del asegurador (875) .

El agente que celebró el contrato o que intervino en la celebración (art. 54 Ver Texto) está
autorizado a percibir la prima (876) , así como el agente mediador que entrega la póliza que a la
vez sirve de recibo (877) . De lo contrario, se debe hallar en posesión de un recibo firmado por
el asegurador (art. 53 Ver Texto, inc. c),

o el asegurador haber aceptado la eficacia de los pagos hechos a este agente (art. 218 Ver
Texto, inc. 4, CCom., y los principios de la representación aparente) (v.gr., si los imputó a la
cuenta que mantiene con él, o remitidos por éste con posterioridad los aceptó efectuados a las
fechas en que el asegurado los realizó, etc.).

(862) Decimos generalmente, porque puede dejar de ser facultativo, como cuando existe
obligación hacia el beneficiario de pagar la prima, o hacia el acreedor garantizado con la póliza,
etc.: Picard, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1934, p. 1045; Lordi, nº 771.

(863) Lefort, I, ps. 141 y 142; II, ps. 59 y 60; Segovia, notas 1869 y 1912; Viterbo, en "Riv. Dir.
Comm.", 1932, 1, ps. 58 a 61.

(864) Vivante, Contratto, nº 505; Lepargneur, nº 1401; Vance, ps. 260 y ss.; Castillo, nros. 205
y 206; Malagarriga, Comentario, III, nº 285; C. Nac. Civ. 1ª, 2/10/1939, LL 18-1083 -algunas
de las afirmaciones de este fallo las hemos criticado en la nota ahí inserta-.
Incluso existen leyes que prohíben cobrar la prima natural, y no la prima media, como la ley
italiana de 1923 (ver Lordi, nº 764).

(865) Lepargneur, nº 1401; Lefort, I, ps. 144 y 143; Vivante, Contratto, nº 507; Bruck, p. 256.
Fundamentos análogos han llevado a las leyes modernas a facultar la rescisión de los contratos
de seguros de intereses cuando exceden de cierto plazo, y a limitar la renovación tácita.

(866) Bruck, ps. 249 y 250; Vivante, Trattato, nº 1911, y Contratto, nº 62. Confr. Vance, ps.
318 y ss., que resume el derecho angloestadounidense, en el punto, coincidente en la solución.
Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 514, la juzgan técnicamente necesaria para la mutualidad de
asegurados, dada la forma como se calcula y la distinción entre primas de corto y largo plazo.
Besson y Picard señalan otros fundamentos expuestos por los autores: 1) el riesgo se pudo
producir en el tiempo trascurrido; 2) la prima pierde su individualidad, y se confunde con los

603
demás fondos; 3) las primas pagadas por cada asegurado no se pueden considerar
aisladamente, sino que su conjunto permitirá afrontar todos los siniestros, ya que la prima
única se equilibra con las indemnizaciones debidas por los siniestros cubiertos por ella; 4) las
graves complicaciones con los reaseguros contratados (ob. cit., I, nº 183).
Zavala Rodríguez, ob. cit., nº 1658, la funda en el art. 1201 Ver Texto, CCiv.
Donati sostiene la solución porque sólo se puede calcular por determinada duración -y no
momento a momento-, que constituye la unidad estadística y no hay incumplimiento de su
parte (Trattato, II, nº 450).
Ver, además, sobre el tema, Greco, en "Assicurazioni", 1943, 2, p. 172; Ghionda, en
"Assicurazioni", 1945-1946, 1, p. 34; Ferrarini, en "Assicurazioni", 1945-1946, 2, p. 63. Confr.
Vance, ps. 318 y ss., que resume el derecho angloestadounidense en el punto, coincidente en la
solución.

(867) Ver Scalone, La risoluzione del contratto e l´inadempimento dell´assicuratore, en


"Assicurazioni", 1955, 2, p. 18.
¿La rescisión exige la previa restitución de la prima proporcional al riesgo no corrido? Lo
afirmó la Corte de Casación de Italia, 20/4/1959, con nota aprobatoria en general de Carresi
con excepción para el supuesto en examen, en "Assicurazioni", 1960, 2, p. 101. La Torre, a su
vez, ha sostenido que ese reembolso es un corolario de la rescisión y no su precio (en
"Assicurazioni", 1961, 2, p. 306), lo cual aparece evidente, puesto que está obligado a
reembolsar justamente porque se rescinde el contrato y queda sin efecto la garantía de la cual la
prima es contraprestación.

(868) Ver Vivante, Contratto, nº 51; Picard, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1944, p. 158; Benítez de
Lugo, Reymundo, ob. cit., I, ps. 320 y ss.; Besson, en "Dalloz", 1945, J. 44, quien ahí critica la
doctrina contraria de la Corte de Casación francesa en caso de siniestro total.

(869) Ver nota precedente, y art. 95, ley alemana.

(870) C. Nac. Com., 30/4/1925, GF 86-44.

(871) Jurisprudencia anterior concordante: C. Nac. Com., 19/6/1925, GF 56-450; 31/8/1928,


JA 28-208; 22/8/1927, GF 70-63.

(872) C. Nac. Com., 15/7/1927, GF 69-177 y JA 25-678.

(873) C. Nac. Com., 22/8/1927, GF 70-63.


La C. Nac. Com., 30/4/1930, JA 32-1124, decidió que era así aun cuando el asegurador haya
cumplido actos de ejecución de sus obligaciones. Esta solución es de dudosa exactitud, porque
la conducta del asegurador, ejecutando sus obligaciones, es una prueba de que juzgaba sus
obligaciones vigentes y exigibles (art. 218 Ver Texto, inc. 4, CCom.); si no importaban la
prueba del pago, por lo menos eran presunciones que imponían la prueba de la falta de pago a
cargo del asegurador. Solución semejante sería inadmisible con el nuevo régimen legal (arts. 31
Ver Texto, 3º párr., y 79 Ver Texto).

(874) C. Nac. Com., 27/11/1913, "Rev. Leg. y Jur.", t. 4, p. 71.

(875) C. Nac. Com., 2/12/1932, JA 40-593; 31/10/1933, GF 107-53.

604
(876) Ver capítulo III, nros. 39 bis y ss.
Respecto del agente que celebró el contrato, ver C. Fed. Cap., 27/6/1914, "Jur. Trib. Nac.",
junio de 1914, p. 71.
El recibo otorgado por el agente autorizado hace plena prueba, salvo que el asegurador
acredite colusión entre el asegurado y el agente (C. Nac. Com., 26/10/1927, JA 26-324).

(877) Ver nota 89.

-----------

45. Seguro de incendio.

En materia de incendio, la ley 17418 Ver Texto no enuncia agravaciones típicas del riesgo; esto
es, lo somete a las normas generales y a las de la póliza. La póliza argentina uniforme anterior,
imponía informar:

a) el cambio de dueño de la cosa asegurada, excepto la trasferencia hereditaria, que con la


nueva ley se rige por los arts. 82 Ver Texto y 83 Ver Texto (923) ;

b) la convocatoria judicial de acreedores (924) ;

c ) el embargo o depósito judicial de las cosas aseguradas;

d) los nuevos seguros, que se rigen actualmente por los arts. 67 Ver Texto y ss. (925) ;

e) los cambios de uso y de destino de los edificios asegurados, o de los edificios donde se
hallan colocadas o almacenadas las cosas aseguradas (926) ;

605
f ) el traslado parcial o total de las cosas aseguradas a un lugar distinto del indicado en la póliza
(927) . La traslación autorizaba a rescindir, aun cuando no produjera una efectiva agravación
del riesgo, aunque efectivamente resultara una disminución del riesgo (928) .

g) las nuevas construcciones, refecciones o instalaciones en los edificios asegurados o en los


que contengan las cosas aseguradas (929) ;

h) la introducción de cosas de naturaleza distinta de las mencionadas en la póliza en los


edificios asegurados, o en los que contengan las cosas aseguradas (930) ;

i ) la instalación, en los edificios asegurados, de una fábrica, usina, sala de espectáculos o de


manipulación industrial o ramo de comercio distinto del mencionado en la póliza (931) .

(923) Es aceptada por la doctrina, porque el asegurador puede quedar ligado con quien no
conoce, ya que la persona del tomador influye sobre el riesgo (ver De Lalande y Couturier, nº
278). Es un aspecto del azar moral. ¿Y cuando se trata del cambio de los integrantes de una
sociedad? ¿Se deberá considerar si aquél importa o no la creación de un nuevo ente con la
consiguiente trasferencia? (ver De Gregorio, en "Assicurazioni", 1935, 2, p. 299).
Evidentemente existen sociedades en que por sus peculiaridades la duda planteada es
inadmisible (sociedades de responsabilidad limitada, anónima, cooperativa, v.gr.); no así en
otras, como es la colectiva o de capital e industria, p.ej., para las cuales, no obstante su
personalidad jurídica, el cambio en el elenco de socios puede importar cambio en el azar moral.

(924) La C. Nac. Com., 7/12/1928, GF 77-309, ha decidido que el desistimiento borra


jurídicamente el acto, por lo cual la convocatoria desistida no hace al tomador pasible de
caducidad. Solución acorde con el art. 42.

(925) El punto es considerado en el capítulo VII.

(926) Por ejemplo, dedicarse a una actividad prohibida (C. Nac. Com., 15/6/1928, GF 76-
138); el abandono de la finca destinada a habitación de familia e introducción en ella de
material fácilmente combustible (C. Nac. Com., 7/8/1941, LL 23-685); depósito de
mercaderías en vez de un comercio (C. Nac. Com., 11/8/1911, "Jur. Trib. Nac.", agosto de
1911, p. 40); el distinto destino de la cosa arrendada (C. Nac. Com., 30/6/1936, JA 57-302).

606
El seguro obligatorio y legal del Banco Hipotecario Nacional se rige por las reglas del seguro
común (entonces, CCom.): C. Fed. Cap., 11/6/1934, JA 46-850; y con especial referencia al
cambio de destino no denunciado: C. Fed. Cap., 28/10/1947, LL 48-591. La solución no debe
variar.

(927) Esta cláusula no impide el traslado dentro del mismo edificio, aun cuando se acumulen
en una sola habitación, en contra del destino de ésta, salvo cuando están específicamente
determinados, o existe limitación expresa: Vivante, Contratto, nº 78; De Lalande y Couturier,
nº 275. Conf.: Segovia, nota 1887, y Malagarriga, Comentario, III, nº 256, que no obstante
agregan la salvedad de que así no se expongan efectivamente a un mayor peligro.
Besson y Picard, III, ps. 41 y ss., señalan la evolución de la práctica francesa en la materia. La
póliza uniforme de 1913 sancionaba la misma solución; mas la póliza uniforme de 1941
introdujo otra, más favorable al asegurado.

(928) Art. 538 Ver Texto, CCom., y Segovia, nota 1887: porque se modificó una de las
condiciones esenciales del contrato; el peligro de los abusos; el riesgo de toda traslación; la
imposibilidad del asegurador de ejercer sus facultades de control. La sanción legal mereció la
crítica fundada de Segovia y Malagarriga (nº 254). La jurisprudencia intentó limitar los efectos
del art. 538 Ver Texto, cit., recabando un aumento en el riesgo, pero no ha insistido en sus
esfuerzos: C. Nac. Com., 3/11/1917, GF 11-75.

Téngase en cuenta que la restitución de las cosas, luego de un traslado temporario, quita al
asegurador derecho a alegar la rescisión o a pretender un aumento de prima (art. 42 Ver
Texto).
Cuando se autorizó el traslado, fijando el medio, se puede hacer por otro menos grave para el
riesgo cubierto (C. Nac. Com., 5/9/1918, GF 16-107).

(929) La construcción debe estar reñida con el destino de la cosa; así, la de madera adicionada a
una de material destinada a corralón de maderas no agrava el riesgo (C. Nac. Com., 7/10/1913,
"Jur. Trib. Nac.", octubre de 1913, p. 289).
Vivante sostiene que no lo hay en el mero aumento de la edificación, porque si aumentan los
habitantes, también es cierto que el aumento del valor hará al asegurado más cuidadoso,
porque él cubre lo no asegurado (Contratto, nº 248).
En una carpintería, no lo es el mayor número de bancos (C. Nac. Com., 28/6/1937, JA 58-
925).

(930) Mercaderías no inherentes al comercio, aunque se posean otras, tanto o más peligrosas
(C. Nac. Com., 28/3/1911, "Jur. Trib. Nac.", marzo de 1911, p. 246).
La prohibición de tener depósito de una mercadería es distinta de tener la mercadería para su
consumo, porque aquél requiere una cantidad tal que pueda aumentar el riesgo (nafta en el
caso) (C. Nac. Com., 4/11/1921, GF 36-31 y JA 7-468; 11/4/1923, JA 10-351).

(931) Es una individualización redundante del cambio de destino (ver nota 217).

607
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46. Seguro de granizo.

Aunque es difícil imaginar una agravación del riesgo en el seguro agrícola, las pólizas prevén la
prohibición de abandonar los cultivos y algunas exigen se informe la concertación de prenda
con registro (932) (incremento del azar moral).

(932) Ver Castillo, nros. 175 y 177.

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47. Seguro de cristales.

En el seguro de cristales, las pólizas imponen el deber de comunicar el traslado a otro local;
grabación, pintura o dibujo que se les agreguen; la venta del comercio.

También existe agravación cuando se hacen cambios importantes (reparación en el edificio) o


por el establecimiento de industrias excluidas por el contrato (933) .

608
(933) Gasperoni, en Nuovo Digesto Italiano, vº Assic. rami minori, nº 12.

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48. Seguro contra robo.

En el seguro contra robo, las pólizas corrientes requieren que se informe cualquier alteración
que sufran los edificios o lugares designados en la póliza, así como cualquier modificación en la
construcción; y la adopción de las medidas razonables para evitar el robo: que las puertas y
ventanas tengan herrajes y cerrojos en perfecto estado de conservación.

Cuando se pacta la instalación de un aparato de alarma, es menester mantenerlo en estado de


funcionamiento (934) .

La póliza aprobada considera: a) cuando se trata de habitación, la desocupación por más de 30


días consecutivos o 120 días en total en el año de vigencia (cláusula 3ª, letra d); b) si se trata de
comercio, industrias, etc., cuando la desocupación es por más de 5 días consecutivos, salvo el
supuesto de vacaciones anuales, que se extiende a 20 días (cláusula 3ª, letra d).

(934) Gasperoni, en Nuovo Digesto Italiano, vº Assic. rami minori, nº 2. Agrega que el
asegurador no podrá aducir la falta de funcionamiento si el robo ocurre en circunstancias y
horas en que generalmente no se aplica.

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609
49. Seguro de ganado.

En el seguro de ganado constituyen agravaciones el traslado del animal (935) , infligirle malos
tratos (art. 105 Ver Texto), el mal cuidado higiénico de los establos, la falta de consulta del
veterinario en los casos de enfermedad o accidentes (art. 105 Ver Texto), etc. (936) .

(935) C. Nac. Com., 6/12/1923, GF 101-248; Besson y Picard, III, nº 71.

(936) Gasperoni, en Nuovo Digesto Italiano, vº Assic. agricole, nº 26; Besson y Picard, III, nº
71.

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50. Seguro de la responsabilidad civil.

En el seguro de la responsabilidad civil es necesario tener en cuenta que el riesgo cambia y se


trasforma, y que el asegurador conoce y prevé estos cambios al momento de contratar; por lo
cual, en esta rama, la norma se entiende en el sentido de que no se deben producir variaciones
anormales no genéricamente previsibles al momento de celebrar el contrato, sean acciones u
omisiones (por ejemplo, en materia de responsabilidad por automotores, aplicación de un
compresor que aumenta la potencia de la máquina; negligencia anormal en el cuidado de los
frenos). La circunstancia de que este seguro cubra los actos culposos del asegurado y sus
dependientes no afecta las reglas de la agravación del riesgo, porque entonces el asegurador
carecería de toda base para determinar el riesgo y fijar la prima (937) .

610
Puede ocurrir que el hecho agravado provoque el siniestro; entonces estarán en conflicto las
normas de uno y otro: se resolverá recurriendo a los conceptos de siniestro y de estado del
riesgo. Es característica esencial del estado del riesgo su perduración, sin provocar
necesariamente el siniestro. Si la causa que provocó el siniestro pertenecía al estado del riesgo,
y surge como consecuencia de una agravación de este estado por hecho del asegurado, el
asegurador no responde (por ejemplo, siniestro debido a la rotura de los frenos, y ésta debido a
la culpa del asegurado, que incurrió en negligencia anormal en su cuidado: aparentemente,
siniestro por culpa, pero como media agravación anormal, no indemnizable (938) .

Se debe distinguir del riesgo excluido; la restricción se expresa por la definición del objeto y
extensión de la garantía, y sólo puede existir agravación si varía el riesgo en la medida en que es
cubierto.

En esta rama, la sanción de un nuevo régimen legal de la responsabilidad puede importar una
agravación (939) .

La jurisprudencia extranjera es muy copiosa en materia de la responsabilidad con el automóvil:


ha reconocido que importa agravación el trasporte de pasajeros en número superior a la
capacidad indicada en la póliza (940) , la locación del vehículo, su uso para un destino ajeno al
que le corresponde, el empleo cuando no está reparado o lo está defectuosamente, el
remolque, etc. (941) .

(937) Viterbo, § 2 y 3, ps. 133 a 139 y 139 a 141.


Las pólizas alemanas sólo dan derecho a rectificar la prima (Bruck, p. 304).

(938) Viterbo, § 3, ps. 138 a 141; Donati, Trattato, III, nº 753.

(939) Dupuich, nota en "Dalloz", 1913, 2ª parte, p. 205: debe revestir tal importancia que altere
los cálculos técnicos considerados al celebrar el contrato.

(940) Besson, en "Dalloz Hebdomadaire", Chronique, 1934, p. 5. Ver Stieffel, en "Rev. Gén.
Ass. Terr.", 1934, p. 42; Besson, nota en "Rev." cit., 1957, p. 189.

611
(941) Ver una copiosa casuística en Stieffel, Ernst, ob. cit. en nota 231. Asimismo, Donati,
Trattato, III, nº 753; Besson, notas en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1957, p. 58, y 1961, p. 145,
conductor ebrio.
Durante sostiene que no existe en el cambio del vehículo si el reemplazante es análogo (misma
marca, modelo, potencia, etc.) (ob. cit., p. 127).

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51. Seguro sobre la vida.

Conforme a la orientación general, legislativa y doctrinal (942) , y la propia práctica de algunos


aseguradores argentinos (943) , la ley 17418 Ver Texto ha establecido respecto de los seguros
sobre la vida:

a) Sólo se debe denunciar la agravación del riesgo expresamente prevista en el contrato con
indicación de las causas que la originan (art. 132 Ver Texto).

b) Los cambios de profesión o de actividad del asegurado autorizan la rescisión cuando


agravan el riesgo de modo tal que, de existir a la celebración, el asegurador no hubiera
concluido el contrato (art. 133 Ver Texto, 1er. párr.). Si lo hubiese concluido por una prima
mayor, la suma asegurada se reducirá en proporción (art. 138 Ver Texto, 2º párr.).

Esto es que el principio es la libertad de adoptar cualquier profesión y cambiar el domicilio,


excepto los que pueden importar agravación del riesgo, que deben ser específicamente
determinados (art. 132 Ver Texto) (944) .

Se debe tener en cuenta que no importan agravaciones todos los hechos que se puedan
considerar normalmente previsibles por el asegurador: vejez, enfermedades, accidentes, etc.

612
Pactada la exclusión por servicio militar en tiempo de guerra, comprende no sólo desde la
declaración de guerra, sino también desde la movilización (945) .

El empleo de los medios de trasporte no lo son; salvo que se limiten expresamente: así, se
permite el empleo de la aviación en calidad de pasajero; algunas pólizas prohíben el viaje
submarino.

Si se aseguró la vida de un tercero, las agravaciones se deben referir a éste.

(942) Ley alemana, art. 164; ley francesa, art. 15; Vivante, Contratto, nros. 553 a 556; Besson y
Picard, I, nº 151; Lepargneur, nº 1400; Lefort, I, ps. 501 a 504.

(943) No existía uniformidad: unas establecían la libertad de cambiar sin restricciones la


profesión y la residencia; otras incluían la de viajar; otras comprendían el servicio militar en
tiempo de paz; etc.

(944) De ahí que la crítica de Zavala Rodríguez, II, nº 1961, sea infundada.

(945) Vivante, Contratto, nº 557.


Hay pólizas argentinas que cubren el riesgo, salvo la participación al servicio de otro país; otras
lo dejan librado a las disposiciones que se dicten para el caso de guerra, etc.

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52. Reaseguro.

En materia de reaseguro, la solución varía según se trate de reaseguro obligatorio o facultativo.


En el reaseguro obligatorio, el asegurador está autorizado a aceptar todas las modificaciones
compatibles con el contrato de reaseguro; y si hay un aumento de prima, el reasegurador
participará en éste. En cambio, en el reaseguro especial, la modificación debe ser aceptada por
el reasegurador (946) .

613
(946) Persico, nº 92. La modificación del pleno durante el contrato debe ser comunicada al
reasegurador, al igual que la de la suma a cargo del reasegurador por sus reaseguros sucesivos:
Persico, nº 91. Conf.: Vivante, Trattato, nº 1926, y Contratto, nros. 101 y 122.

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52. Reaseguro.

En materia de reaseguro, la solución varía según se trate de reaseguro obligatorio o facultativo.


En el reaseguro obligatorio, el asegurador está autorizado a aceptar todas las modificaciones
compatibles con el contrato de reaseguro; y si hay un aumento de prima, el reasegurador
participará en éste. En cambio, en el reaseguro especial, la modificación debe ser aceptada por
el reasegurador (946) .

(946) Persico, nº 92. La modificación del pleno durante el contrato debe ser comunicada al
reasegurador, al igual que la de la suma a cargo del reasegurador por sus reaseguros sucesivos:
Persico, nº 91. Conf.: Vivante, Trattato, nº 1926, y Contratto, nros. 101 y 122.

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614
VII. Carga de informar el acaecimiento del siniestro

59 bis. Generalidades.

El acaecimiento del siniestro impone al asegurado las cargas de informar: a) el siniestro; b) los
daños sufridos.

59 bis (a).

Cuando tiene lugar el siniestro, pesa sobre el asegurado la carga de informar: a) su


acaecimiento; b) las consecuencias derivadas de aquél que se hallen comprendidas en la
cobertura del seguro.

60. Objeto, naturaleza, requisitos. Obligados. Plazo para ejecutarla. Formas. Contenido.

La denuncia del acaecimiento del siniestro tiene por objeto poner al asegurador en condiciones
de controlar las circunstancias en que se produjo, para establecer si realmente condice con la
garantía comprometida; para tomar medidas conservatorias urgentes, desbaratar posibles
fraudes, etc. De ahí que lo esencial sea que el asegurador conozca por medio de cualquier
persona, incluso por terceros ajenos a la relación (965) . La ley en su art. 46 Ver Texto no
menciona esta posibilidad, pero resulta de la naturaleza de la notificación, de su función y
efectos. Pero cuanto el tercero exprese, ajeno a la denuncia del hecho mismo, y que sea
desfavorable al tomador, no le es oponible a éste como confesión (966) . Es una declaración de
conocimiento y no de voluntad, por lo cual el tercero puede ser un incapaz (967) .

615
Requiere:

a) el acaecimiento del siniestro, que produzca la necesidad prevista;

b) el conocimiento cierto por parte del obligado a informar (968) .

Están obligados a denunciarlo el tomador, y el asegurado cuando es por cuenta ajena, o los
derechohabientes en su caso (art. 46 Ver Texto). Si son varios tomadores o asegurados, basta la
denuncia de uno de entre ellos, si es suficiente (969) (esto es, cumple los extremos de una
información idónea).

Se puede dirigir al asegurador, a sus representantes, pero no al mero agente intermediario (arts.
53 Ver Texto y 54 Ver Texto) (970) , excepto que por la práctica en las relaciones de las partes
o por su actuación, el asegurador lo acepte (art. 218 Ver Texto, inc. 4, CCom., y las reglas del
mandato aparente).

Es necesario enviar el informe en el término de 3 días de conocerlo (art. 46 Ver Texto), aunque
llegue ya vencido a poder del asegurador o de su agente (art. 15 Ver Texto). Este plazo sólo
puede ser modificado en favor del asegurado (art. 158 Ver Texto). En el cómputo se tendrán
en cuenta las reglas de los arts. 23 Ver Texto y ss. del Código Civil; por ello, si se fijó en días
no se computará el día en que ocurrió el siniestro o se tuvo conocimiento seguro de éste; mas
si es por horas, se contará desde el momento en que se produjo o se conoció (arts. 24 Ver
Texto y 27 Ver Texto, cód. cit.) (971) . Se presume que se conoció el día en que se produjo; el
asegurado probará que su conocimiento es posterior. El conocimiento debe ser cierto, y
tratarse de un siniestro cubierto (972) . El informe tardío funda la caducidad del derecho del
asegurado, siempre que no medie caso fortuito, fuerza mayor o imposibilidad de hacerlo sin
culpa del asegurado (art. 47 Ver Texto) (973) . Téngase en cuenta que el concepto
"imposibilidad sin culpa" se refiere a supuestos que en rigor no son de fuerza mayor; que
jurídicamente no se podrían considerar tales, pero que han hecho imposible para el asegurado
la comunicación oportuna: no es más que una aplicación de la buena fe esencial que inspira la
celebración y ejecución del contrato (art. 1198 Ver Texto, CCiv.) (ver infra, nº 61).

Si el asegurador considera que la denuncia es tardía, debe hacerlo saber al asegurado al acusar
recibo; si no lo hace, reconoce haber tomado conocimiento en tiempo útil (974) .

616
En el seguro de la responsabilidad civil, la ley adoptó la solución de la práctica argentina de
denunciar el hecho del cual nace la eventual responsabilidad: el plazo es de 3 días desde el
hecho, si lo conocía o debía conocerlo, o desde la reclamación del tercero, si no lo conocía (art.
115 Ver Texto).

La ley no fija una norma especial para el seguro individual de accidentes, por lo cual es
aplicable la regla de que se computa desde que se puede apreciar la gravedad de las
consecuencias del accidente (975) . Es así porque en estos casos la existencia del siniestro
depende de que se produzcan ciertas consecuencias, ya que éste no es el mero acaecimiento de
un hecho del que nace o pueden nacer los daños hacia la persona del asegurado.

En el seguro sobre la vida, el plazo se cuenta desde que el beneficiario tiene conocimiento de la
póliza y su designación (976) , pero se debe tener en cuenta lo dispuesto por el art. 58 Ver
Texto, 4º párr., acerca de la prescripción.

Es libre de formas, salvo que el contrato fije una, la cual deberá observarse (977) . La
inobservancia de la forma determinada no hace ineficaz el informe, siempre que el asegurador
alcance un conocimiento efectivo (doctrina de los arts. 15 Ver Texto, 2º párr., y 46 Ver Texto,
1er. párr.) (978) .

El costo del informe pesa sobre el asegurado (979) .

El asegurado no está obligado a realizar investigaciones para comprobarlo (980) . Su


conocimiento debe ser cierto y del siniestro mismo en concreto; el deber de conocer no se
equipara al conocimiento efectivo, salvo que exista culpa en no conocer (981) .

Es menester que el siniestro tenga cierta importancia (982) .

La información debe ser exacta (983) y de cuanto se sabe, sin errores imputables al asegurado.
Se redactará en términos que hagan suponer que se quiso notificar un siniestro cubierto. La

617
omisión de detalles exigidos en el contrato no se puede sancionar, porque el asegurador puede
recabar la ampliación (art. 46 Ver Texto, 2º párr.) (984) . El error involuntario no acarrea
ninguna sanción (doctrina de los arts. 47 Ver Texto y 48 Ver Texto) (985) .

La función ya señalada del informe fija su contenido (momento, lugar, condiciones,


consecuencias inmediatas del siniestro), pero no es posible exigir una declaración completa y
precisa sobre las causas ni las diversas responsabilidades incurridas: lo esencial es que el
asegurador tenga en su poder los elementos que le permitan hacer las investigaciones
necesarias y salvaguardar sus intereses (986) .

Si la póliza impone dar cuenta inmediata a la autoridad judicial o policial -incendio, robo, etc.-,
esta noticia no se suple con el informe al asegurador, y viceversa, el informe a la autoridad no
exime de la denuncia al asegurador (987) .

60 (a).

La ley establece un plazo general de 3 días para formular la denuncia; no agrega si se trata de
días corridos o hábiles, por lo cual, en principio, por aplicación del art. 28 Ver Texto, CCiv., se
debería entender que se trata de días corridos. No obstante, como se trata de una carga que hay
que cumplir ante el asegurador, se produce una situación inequitativa entre el asegurado cuyo
siniestro ocurrió en fecha a la cual siguen 3 días hábiles de aquel otro para quien el siniestro
acontece en la víspera de varios días inhábiles (p.ej., por existir un feriado que amplía el fin de
semana, o en Semana Santa, etc.), en que las oficinas de la empresa aseguradora, lugar natural
de formulación del aviso, se hallan cerradas; ello obligaría al denunciante a buscar formas
alternativas (p.ej., correo u otros modos de comunicación) y soportar los gastos de
modalidades que le permitan acreditar fehacientemente su expedición (988) .

En otro orden de cosas, cabe destacar que para ciertas coberturas, por su naturaleza, la ley
establece un plazo menor: así, el art. 103 Ver Texto, LS., para el seguro de mortalidad de
animales, estipula que la denuncia de la muerte del animal o de cualquier enfermedad que sufra
se debe efectuar dentro de las 24 horas.

618
61. Justificación de la mora por fuerza mayor o imposibilidad.

La fuerza mayor excusa la falta de informes o la demora; pero cesada la fuerza mayor, es
necesario informar inmediatamente (989) , según las circunstancias.

La ley en su art. 47 Ver Texto se refiere al caso fortuito, la fuerza mayor o imposibilidad de
hecho sin culpa o negligencia: este agregado no sólo evita la discusión de qué constituye fuerza
mayor, sino que también amplía el campo de la exención de caducidad sin necesidad de forzar
el concepto legal de fuerza mayor o de caso fortuito (arts. 513 Ver Texto y 514 Ver Texto,
CCiv.).

Se ha juzgado que constituye fuerza mayor:

a) la ignorancia del siniestro (990) . En la actualidad el texto del art. 46 Ver Texto hace
inaplicable la caducidad, porque exige el conocimiento del siniestro, o culpa en no conocerlo
(doctrina de los arts. 47 Ver Texto y 115 Ver Texto).

b) las circunstancias trágicas del siniestro (991) ;

c ) el estado físico y moral del asegurado a consecuencia del siniestro (992) ;

d) un hecho de guerra (993) ;

e ) la incomunicación del asegurado (994) ;

f ) la ausencia del lugar del siniestro (995) ;

619
g) las características del siniestro, y la naturaleza y amplitud de los informes (996) .

La no recepción del aviso efectivamente emitido no afecta al asegurado (art. 15 Ver Texto): por
lo cual es indiferente la polémica de la doctrina francesa sobre el punto (997) .

Se ha decidido que no constituye fuerza mayor:

a) el estado físico que no impide suministrar el informe por medio de un tercero (998) ;

b) la detención sin incomunicación (999) ;

c ) el viaje del asegurado (1000) ;

d) la detención del encargado de la custodia de la cosa (1001) .

La ignorancia del beneficiario, como la del heredero (1002) , acerca

del seguro, excusan la demora (1003) ; se debe tener presente lo dispuesto por el art. 58 Ver
Texto, 4º párr.

La no denuncia del siniestro por consejo del agente no constituye fuerza mayor (1004) ; pero si
se puede juzgar que actúa por el asegurador (representación aparente, v.gr.) no cabrá sancionar
la omisión del asegurado.

Téngase en cuenta que un cúmulo de circunstancias extraordinarias, que independientemente


no constituyen fuerza mayor, consideradas en conjunto pueden llegar a serlo (1005) .

620
Las partes no pueden pactar que la fuerza mayor no liberará al asegurado de su carga (1006) ,
porque es contrario a la esencia y función de la institución: jugaría como una limitación
disimulada del riesgo asumido, y sería contrario a la buena fe.

62. Sanción por la inejecución. Renuncia (1007)

El incumplimiento de esta carga, sea por omisión (1008) o por simple retardo (1009) , se
sanciona con la caducidad del derecho a la indemnización (art. 47 Ver Texto).

La jurisprudencia considera que se trata de una cláusula rescisoria, para evitar la mala fe de los
asegurados (1010) . La tendencia legislativa actual está en favor de su supresión, sustituyéndola
con la indemnización de los daños; pero el resarcimiento suministra una protección inadecuada
al asegurador, por la imposibilidad o dificultad de determinar cuál es la pérdida sufrida. La
disposición no persigue evitar un daño concreto, sino los siniestros provocados o culposos:
tiene una función preventiva además de las señaladas, que no se sustituye con la acción
resarcitoria posible (1011) .

El asegurador puede renunciar a la sanción expresa o tácitamente: habrá renuncia tácita


cuando, pese a la violación de la carga, el asegurador designa perito para fijar el daño o cumple
en alguna forma cualquiera de sus obligaciones (art. 79 Ver Texto), o acepta que el asegurado
cumpla las suyas (1012) .

El asegurador también pierde el derecho a alegar la caducidad si interviene en el salvamento o


en la comprobación del siniestro o del daño (art. 46 Ver Texto, 1er. párr., in fine), o cuando
por otra vía tiene conocimiento de él (art. 15 Ver Texto, 2º párr.) (1013) : en todos estos casos,
la sanción deja de llenar la función que la legitima.

La falta de perjuicio concreto para el asegurador no puede ser fundamento suficiente, en razón
de la técnica aseguradora.

621
62 (a).

La opinión de la jurisprudencia, recordada en el texto, que consideraba la caducidad con que se


castiga el incumplimiento de la carga como una cláusula rescisoria (nota 300), mueve a
observar que, como antes destacamos, la caducidad sólo extingue el derecho del asegurado a
reclamar la prestación del asegurador en caso de siniestro, en tanto que la rescisión acaba con
el vínculo asegurativo, lo cual implica que entre ambas instituciones hay una diferencia esencial.

Jurisprudencia

Con relación a la violación de la carga de denunciar el siniestro, se ha resuelto que el


incumplimiento culposo o negligente de una carga sólo trae como consecuencia la pérdida del
derecho al cobro de la indemnización cuando la ley así expresamente lo establece, como en el
supuesto previsto en el art. 46 Ver Texto de la ley 17418 sobre denuncia de siniestro (C. Nac.
Com., sala B, 30/7/1979, "Musante, Jorge, v. La Agrícola Cía. de Seguros S.A.", LL 1980-B-
160), y que en materia de denuncia de siniestros al asegurador, prevalece el criterio que
privilegia el conocimiento efectivo por parte de éste, aunque la denuncia provenga de un
tercero, cuando ha permitido que aquél pueda adoptar todas las medidas concernientes al
ejercicio de sus derechos y al cumplimiento de sus obligaciones. En un caso se decidió que el
cumplimiento tardío de la carga de denunciar el siniestro al asegurador resulta insuficiente para
considerar perdido el derecho a ser indemnizado, si en virtud del hecho intervino la autoridad
policial, con comunicación al juzgado criminal, y el asegurador no invocó la producción de
efectos negativos por la demora, ni puso en duda la veracidad del siniestro, ni las pruebas
aportadas a la causa penal, ni arrimó elementos que permitiesen pensar en la necesidad de una
investigación adicional del siniestro para descartar cualquier obrar doloso o con culpa grave del
asegurado (C. Nac. Com., sala A, 10/6/1997, "Hilandería Asunción S.R.L. v. Omega
Cooperativa de Seguros Ltda." Ver Texto, LL 1997-F-986, sum. 12.240).

También se resolvió que el incumplimiento de la actora, de su carga de denunciar el siniestro,


resulta insuficiente para considerar perdido el derecho, aunque la denuncia haya sido tardía, si
ya había intervenido de oficio la autoridad policial, y no se produjeron efectos negativos
debidos a la demora en que incurrió el asegurado (C. Nac. Com., sala D, 10/4/1996, "Soich de
Verbich, María C., v. La Hispano Argentina Cía. de Seguros S.A.", JA 1997-I-581 Ver Texto);
pero la carga de denunciar el siniestro ante el asegurador pesa sobre el asegurado. De allí que el
art. 47 Ver Texto, LS., establece que el incumplimiento de dicha obligación genera la pérdida
del derecho a ser indemnizado, salvo que se acredite caso fortuito, fuerza mayor o
imposibilidad de hecho sin culpa o negligencia (C. Nac. Civ., sala D, 11/10/1994, "Duarte,
Luis, v. Mellina, Cristóbal", JA 1995-II-654 Ver Texto).

622
La carga impuesta al asegurado por el art. 46 Ver Texto de la ley 17418 es una declaración de
conocimiento y no de voluntad, razón por la cual puede ser realizada por un tercero, aunque
fuere incapaz. En consecuencia, para que se configure el supuesto previsto en el art. 47 Ver
Texto de la ley mencionada, se debe producir un incumplimiento culposo o negligente de la
carga impuesta por el art. 46 Ver Texto (C. Nac. Civ. y Com. Fed., sala 3ª, 24/6/1994,
"Liberato, Ángel W., v. Caja Nacional de Ahorro y Seguro", LL 1995-A-115, DJ 1995-1-922 y
JA 1994-IV-195 Ver Texto) (1014) .

Si el actor celebró su contrato de seguro con quien se dice representante de la empresa, recibe
el importe de la prima y otorga recibo y, con posterioridad, la misma empresa convalida lo
actuado mediante la emisión de la póliza definitiva, cumpliendo todo lo que venga "a
maduras", parece razonable que cuando llegan las "duras" (el siniestro) admita el mismo canal
que antes autorizó al celebrar el contrato para recibir la denuncia del accidente hecha al
productor y elevada por éste (C. Apels. Civ. y Com. Rosario, sala 3ª, 9/11/1979, "Palmieri, G.
S., v. Cosecha Cooperativa de Seguros Ltda." -del voto en disidencia del Dr. Alvarado Velloso-
, "Zeus", 1981-22-208; Rep. LL 1983, Seguros, sum. 42).

Una vez producido el evento cubierto en el contrato de seguro surge para el asegurado, además
del deber de denunciarlo en término al asegurador, el de probar la existencia de las
circunstancias demostrativas de la obligación de indemnizarlo. Por ello, el asegurado debe
obrar en la emergencia de buena fe y decir todo lo que sabe, sin cometer errores que le sean
imputables; pero ello no implica que el asegurador pueda obligarlo a realizar investigaciones
especiales a los fines de suministrarle información (C. Nac. Com., sala B, 23/11/1992,
"Giachino, Juan N., v. España y Río de la Plata Cía. de Seguros S.A." Ver Texto, DJ 1993-2-
159).

Resulta contrario a la buena fe sostener que para poder aspirar a una actividad concreta de
investigación de la compañía aseguradora, el asegurado debe precisar exactamente que el
perjuicio sufrido coincide con el riesgo previsto en el contrato. Si el asegurado expone
circunstanciadamente en su denuncia los hechos constitutivos del siniestro y los daños
concretos producidos como consecuencia del suceso, no parece legítimo aducir la ausencia de
una mención sacramental de la frase "destrucción total" para pretender eludir la carga de
verificación de los daños y posterior indemnización, cuando de la descripción fáctica del
asegurado emana una cierta y razonable probabilidad de que el hecho se pueda encuadrar en la
cobertura pactada (C. Nac. Com., sala A, 30/10/1986, "Sommarucco, Carlos P., v. Fides Cía.
de Seg. S.A.", LL 1987-A-440).

Si bien es cierto que el art. 46 Ver Texto de la ley 17418 determina que la denuncia del siniestro
se debe efectuar dentro de los 3 días de conocerlo, resulta también cierto que si la aseguradora
ha recibido la denuncia y designado liquidador, la carga informativa subsiste mientras exista un
punto que deba ser aclarado; el asegurador debe dar expreso cumplimiento a lo prescrito en el
segundo párrafo de dicha norma y suministrar las pruebas que le requiera el asegurador según

623
el tercer párrafo del mismo artículo (C. Nac. Com., sala B, 14/5/1984, "Idagoya Molina, María
E., v. La Holanda Sudamericana Cía. Seguros S.A.", ED 2/8/1984).

En cuanto a la omisión de denuncia en término en el seguro de la responsabilidad civil, se


pueden mencionar pronunciamientos que han resuelto que la ausencia de denuncia de siniestro
es una situación necesariamente posterior y que, por lo tanto, queda marginada de la serie de
defensas que la ley de la materia permite oponer a la aseguradora (Sup. Corte Bs. As.,
10/7/1997, "Cheruzzo, María, v. Rodríguez, Jorge A., y otros", DJBA 153-5487; en análogo
sentido, mismo tribunal, 1/10/1996, "Escalera, Manuel G., v. Galván, Samuel" Ver Texto,
DJBA 151-6885); así como también que las consecuencias de la falta de cumplimiento de
formular la denuncia del siniestro por parte del asegurado son claramente oponibles a él, pero
ello no ocurre con relación al tercero, ya que la propia Ley de Seguros, cuando regula la
intervención de la aseguradora, claramente establece que ésta puede oponer las defensas
anteriores al siniestro y derivadas del contrato -art. 118 Ver Texto, LS.- (1015) (Sup. Corte Bs.
As., 20/12/1994, "Castro de Moreira, María E., v. Barri, Miguel A." Ver Texto, DJBA 148-
1303).

La falta de denuncia del accidente a la compañía aseguradora por parte del asegurado es una
defensa que se puede oponer sólo contra éste, ya que surge de la relación contractual que los
une y de la cual el tercero resulta ajeno; por lo tanto, resulta inoponible a la víctima del
siniestro (1016) (C. Nac. Esp. Civ. y Com., sala 5ª, 8/2/1984, "Pereyra, Ricardo, v. Fernández,
Osvaldo A."; ED 108-431).

No se puede admitir como defensa oponible a la víctima la causal de exclusión de cobertura


(1017) basada en la falta de comunicación en término de la iniciación del juicio civil, desde que
el art. 118 Ver Texto, 3er. párr., ley 17418, establece que en el juicio promovido por el
damnificado, "el asegurador no podrá oponer las defensas nacidas después del siniestro; ello,
más allá de cuál sea la interpretación de la aseguradora sobre el momento del siniestro" (Juzg.
Civ. y Com., 5ª Nominación, Córdoba, 17/5/1985, "F. de M., M., v. M., F. M., y otro", LL
Córdoba 1985-910).

(965) C. Nac. Com, 22/9/1926, JA 22-503; 13/5/1955, LL 81-544, con individualización de la


póliza; Bruck, p. 327, conforme al art. 33 de la ley alemana; Demogue, en "Assicurazioni",
1938, 1, p. 250; Fernández, p. 463; Donati, Trattato, II, nros. 472 y 473.
Puede darlo el propio agente del asegurador, espontáneamente (C. Nac. Com., 5/9/1918, GF
16-107).

624
El pacto de que ninguna circunstancia eximirá al asegurado de la denuncia sería nulo, porque al
resultar inútil para el asegurador, sería un abuso del derecho (art. 1071 Ver Texto, CCiv., ley
17711 Ver Texto) además de importar una insidia (art. 1198 Ver Texto, 1º párr., CCiv., ley
17711 Ver Texto: ver Demogue, lug. cit.
El asegurado deberá probar que el asegurador conoció el siniestro por otra vía (Demogue, lug.
cit.). Se ajusta a las reglas generales sobre prueba, ya que el hecho, excepción de la obligación
asumida, es aducida por él.
Ver infra, nota 277.

(966) Demogue, lug. cit.

(967) Bruck, p. 327; Demogue, lug. cit. Demogue lo justifica porque se trata de un acto de
conservación.

(968) Bruck, ps. 355 a 357; Besson y Picard, I, nº 203; Garrido y Comas, ob. cit., p. 219.
Basta que el hecho ponga al asegurado en condiciones de prever que se aplicará la garantía del
asegurador, sin ser menester que se halle en condiciones de informar precisamente la extensión
o medida de la garantía (ver nota de P.L.P. en "Dalloz Critique", 1942, p. 130).
Existen seguros en que el deber de informar es anterior al siniestro previsto: v.gr., en el de
ganado, en el cual se debe denunciar todo accidente o enfermedad que pueda producir la
muerte. Conf.: Besson, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1953, p. 84; ver fallo de la Corte de Casación
de Francia, 17/2/1953, ahí comentado.

(969) Bruck, p. 327; Demogue, lug. cit.

(970) Contra: Bruck, p. 327; C. Nac. Com., 5/9/1918, GF 16-107.


Demogue lo admite, y pone a cargo del asegurador las consecuencias de la demora u omisión
del agente en la retrasmisión de la denuncia. Si el agente no tiene facultades, agrega, deberá
hacerlo saber al denunciante, porque de lo contrario compromete la responsabilidad del
asegurador (lug. cit.).
Contra: C. Nac. Com., 2/11/1953, LL 72-673, pero en el caso se hizo verbalmente, en
violación de la forma pactada.

(971) Si el siniestro dura varios días, desde el momento que se prevé que se pondrá en juego la
responsabilidad del asegurador. Ver Bruck-M”ller, ob. cit., I, p. 425, y nota de P.L.P. en
"Dalloz Critique", 1942, p. 130.
La fijación por horas es criticable: así lo impone la póliza de granizo para las mutualidades, en
su cláusula 7ª, letra f.

(972) Demogue, lug. cit.; Bruck, ps. 328 y 329; Besson y Picard, I, nº 206.
Generalmente la doctrina extranjera no computa el día del siniestro (Demogue, cit.; Vivante,
Contratto, nº 303, y Trattato, nº 1959).
El deber de informar cuanto antes no es peculiar del seguro: existe toda vez que un hecho
afecta el patrimonio ajeno; así pone al interesado en condiciones de controlar todas las
circunstancias que le permitan defenderse (Lordi, nº 698).
Si afecta varias pólizas, es menester indicar todas (C. Nac. Com., 19/12/1947, LL 50-127).

625
(973) Solución que no admiten unánimemente la legislación y la doctrina extranjeras (Bruck, p.
331; Demogue, lug. cit.; Gasperoni, nº 39; Lordi, nº 697).
Contra: Lepargneur, nº 1315.

(974) C. Nac. Com., 19/12/1947, LL 50-127.

(975) C. Nac. Com., 19/11/1937, LL 9-142 y JA 60-595; C. Apels. Rosario, 1/3/1940, LL 17-
625; Picard, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1937, p. 336; Lordi, nº 697; Besson y Picard, IV, nº 281.
No puede alegar ignorancia de la gravedad, si guarda cama por muchos días (C. Com.,
19/2/1937, JA 57-504).
Contra: Greco, en "Assicurazioni", 1936, 2, p. 127; Apel. Milán, 21/3/1941, en
"Assicurazioni", 1942, 2, p. 103.
En materia de responsabilidad civil se aceptó la solución en casos de accidentes del trabajo (C.
Nac. Com., 9/5/1938, LL 10-702).
En lo que se refiere al seguro de la responsabilidad automóvil, la póliza argentina fija el plazo a
computarse desde el siniestro; por ello, la noción de siniestro en el seguro de la responsabilidad
civil es decisiva. Spilrein se aparta de esta solución y exige que se denuncie todo accidente, lo
cual es una noción distinta (ob. cit., ps. 131 y 132). Es la solución más conveniente para el
asegurador, pero puede ser abusiva respecto del asegurado, sobre todo cuando las primeras
características lo hacen aparecer como desprovisto de trascendencia. En la práctica, los
asegurados denuncian el accidente, sin esperar que se produzca el siniestro, en su concepto
jurídico.
Ver Bruck, ps. 325 a 327 y 331; Besson y Picard, I, nº 203.

(976) C. Nac. Com., 19/11/1937, LL 9-142. Solución que se extiende al supuesto de seguro
individual de accidentes (Besson y Picard, IV, nº 281).

(977) Bruck, p. 328; Demogue, lug. cit.; Besson y Picard, I, nº 207. C. Nac. Com., 2/11/1953,
LL 72-673, aviso dado verbalmente por un tercero y vencido el plazo de póliza.

(978) Bruck, ps. 328 y 331; Spilrein, p. 133, siempre que no haya culpa grave ni intención de
perjudicar al asegurador.
Contra: Demogue, lug. cit., salvo que el asegurador renuncie tácitamente a la irregularidad;
Besson y Picard, I, nº 207, tácitamente; Lepargneur, nº 1315; Donati, Trattato, II, p. 414.
Esta solución de Demogue y Besson y Picard es contraria a la esencia de la función que debe
cumplir el informe.
Ver C. Nac. Com., 2/11/1953, LL 72-673, que no es decisivo.
Zavala Rodríguez, comentando el Código derogado, sostuvo la exigibilidad de la forma pactada
(II, nros. 1699 y 1702; no obstante, ver nº 1702).

(979) Bruck, ps. 328 y 329.

(980) Bruck, ps. 328 y 329; Besson y Picard, I, nº 204.

(981) Bruck, p. 331.

626
(982) C. Nac. Com., 11/4/1923, GF 43-309. En el caso se trataba de dos pequeños incendios,
de tan escasa importancia que fueron sofocados inmediatamente; el asegurador aducía
caducidad por la falta de denuncia. Ver supra, texto y nota 266.

(983) En un supuesto de seguro de responsabilidad civil, la C. Nac. Com. decidió que la


manifestación de no haber sido responsable no importa falsedad cuando sobreviene la
sentencia condenatoria, porque no pertenece a la materialidad de los hechos (20/2/1946, LL
45-683, con nota de Isaac Halperin, aprobatoria de la solución), y las contradicciones que no se
refieren al siniestro en sí carecen de trascendencia al respecto (sala C, 21/11/1962, inédito).

(984) Demogue, lug. cit.

(985) Demogue, lug. cit.; Picard, en "Rev. Gén. Ass. Terr.", 1935, p. 545: no se puede exigir un
informe absolutamente exacto en el