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Soberanía Indígena en Chile: Desafíos Actuales

Los principales pueblos originarios en Chile son los aymaras, kolla, rapa nui, mapuches, quechua, atacameños, kawéskar, yagán y diaguitas. A lo largo de la historia, el Estado chileno ha alterado constantemente la autonomía y forma de organización de estos pueblos a través de un sistema institucional que no respeta su cultura. Actualmente, el Gobierno de Chile y representantes indígenas han establecido un acuerdo para institucionalizar las demandas indígenas a través de
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Soberanía Indígena en Chile: Desafíos Actuales

Los principales pueblos originarios en Chile son los aymaras, kolla, rapa nui, mapuches, quechua, atacameños, kawéskar, yagán y diaguitas. A lo largo de la historia, el Estado chileno ha alterado constantemente la autonomía y forma de organización de estos pueblos a través de un sistema institucional que no respeta su cultura. Actualmente, el Gobierno de Chile y representantes indígenas han establecido un acuerdo para institucionalizar las demandas indígenas a través de
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Para comprender e introducirnos en el tema de la soberanía de los pueblos originarios

debemos partir de la base de cuáles son los principales pueblos originarios en tierras
chilenas. Aquí encontramos a los Aymaras, Kolla, Rapa Nui, Mapuches, Quechua,
Atacameños, Kawéskar, Yagán y Diaguitas. La historia de cada pueblo tiene su
estructura y forma de gobernación; pese a esto, hay una continua alteración en
la autonomía de su organización, debido a que se deben regir según un sistema
institucional chileno que altera constantemente su visión y forma de organización
social.

Esto impulsará el principio del reconocimiento y respeto de la pluriculturalidad


preexistente en el país, además de proteger y fomentar la transmisión de la
cultura ancestral dentro de las familias en las formas tradicionales utilizadas
por los pueblos originarios.

Cuando hablamos de tierras chilenas, nos referimos a su territorio independizado, este


Chile que dio inicio a una república independiente, abusada por un imperio español.
Del mismo modo, los indígenas siguieron el camino de la lucha y una constante
represión en contra a un Estado monopolista por naturaleza, secuestrado por una
elite donde los indígenas no formaban parte de ésta y no estarían contemplados para el
desarrollo del crecimiento republicano.
La problemática de los pueblos originarios con el Estado de Chile ha sido
constante a lo largo de la historia, las demandas por territorialidad y el ejercicio de
derechos fundamentales han tomado una gran relevancia; no tan solo en Chile, sino a
nivel de América Latina y el Caribe en el siglo XXl. “La dirigencia indígena
lentamente ha ido abriendo espacios nacionales e internacionales para plantear la
necesidad del reconocimiento de los derechos fundamentales de los Pueblos Indígenas,
siendo la recuperación de tierras, territorios y control de los mismos las demandas que
irrumpen con más fuerza en la actualidad. Se plantea que estos derechos deben
garantizarse mediante normas jurídicas especiales. También se reitera un llamado a los
Estados para la ratificación del Convenio Internacional de la OIT y la normativa del
Convenio de Diversidad Biológica con plena y efectiva participación indígena”
(Globalización económica y derechos indígenas, 1997).
La situación de Chile no escapa de la norma, la soberanía de los pueblos originarios
está señalada en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los
Pueblos Indígenas, suscrita por Chile el año 2007: “Los pueblos indígenas tienen
derecho a la libre determinación. En virtud de ese derecho determinan libremente su
condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y
cultural (art. 3)”.
La soberanía de estos pueblos se define previa al estado; al igual que los derechos
indígenas, la autodeterminación indígena ha sido fundamental en la lucha
discriminatoria que se ha hecho a lo largo de la historia, esta lucha que ha arrebatado
territorios y recursos naturales, lucha que ha causado hasta hoy vidas humanas.
“De acuerdo a la Encuesta Casen del Ministerio de Planificación realizada el 2009, la
población que se autoidentifica como perteneciente pueblos indígenas alcanza a
1.188.340 personas; es decir, un 7% del total de la población chilena. De acuerdo a la
misma encuesta, un 68,9% de la población indígena es urbana. Un 77% no habla ni
entiende lenguas originarias y sólo un 12% habla y entiende, siendo la mayoría de ellos
mayores de 60 años. Por otra parte, un 20% de la población indígena en Chile vive
en pobreza, y en promedio perciben sueldos más bajos que una persona con el mismo
nivel educacional no perteneciente alguna etnia” (Morales, 2014).
El Estado de Chile hoy en día sigue imponiendo su soberanía nacional por encima
de la soberanía de los pueblos originarios; es impresentable el avance en políticas
nacionales en tema de pueblos originarios, su inclusión no regulada dejando de lado la
autonomía de los pueblos originarios ha generado el quiebre generacional, lo que se ve
reflejado en la pérdida de la lengua, en la perdida de los eventos ancestrales. Su cultura
se pierde por un sistema perverso que busca solo un crecimiento económico
desproporcionado.
Hoy en día, Chile desconoce a través de su Constitución la multiculturalidad; la
plurinacionalidad que enfrenta la realidad del contexto nacional es uno de los desafíos,
para que se promueva la integración y el respeto a nuestros pueblos ancestrales.
“Si nos preguntan qué queremos ser, la respuesta es inmediata: no queremos un Estado
protector por sobre nosotros, queremos que el Estado nos restituya la soberanía
usurpada, es decir, como ocurre en países modernos, tener autodeterminación, si así lo
decidimos autonomía, y a través de ella recuperar las potestades de derecho público, las
potestades estatales o de gobierno que fueron expropiadas a nuestros ancestros”
(Bacián, 2000).
Nuestro país debe enmendar la represión, dominación y el abandono hacia los
pueblos indígenas. “Las políticas llevadas a cabo por el Estado Chileno a través de las
legislaciones indígenas han sido caracterizadas por algunos investigadores como anti-
indígenas. Ha tendido sistemáticamente a privarles de sus derechos, en una primera
etapa (1813-1827) en nombre del Estado y de sus derechos soberanos, sobre todo el
territorio nacional; y, en un segundo período, a pretexto de incorporar al indígena a la
nacionalidad. Ha desconocido la realidad objetiva e incuestionable, cual es que los
mapuches y en general todos los pueblos indígenas constituyen culturas distintas del
resto de la sociedad chilena” (Navarro, 2012).
Cuando analizamos la situación de hoy en día, en Chile claramente hay un largo
proceso que realizar para garantizar justicia a los pueblos originarios, que el Estado se
haga cargo de esta demanda y se generen diálogos resolutivos, en conjunto con las
agrupaciones indígenas. El Gobierno de Chile, junto con los representantes de CNCA,
estableció un acuerdo con los pueblos originarios, que busca institucionalizar las ideas
y demandas indígenas; esto se realizará a través del Ministerio de las Culturas, las
Artes y el Patrimonio. Esto impulsará el principio del reconocimiento y respeto
de la pluriculturalidad preexistente en el país, además de proteger y fomentar la
transmisión de la cultura ancestral dentro de las familias en las formas tradicionales
utilizadas por los pueblos originarios.
El Estado chileno tiene un gran desafío, una deuda con los pueblos originarios. Basta
de criminalizar esta lucha constante, faltan voluntades para abordar la temática. Es
necesario el reconocimiento constitucional, escuchar y debatir la demanda para que el
mapudungún sea reconocida como lengua oficial en el sur del país. Respeto y dignidad
para la ciudadanía y los pueblos indígenas.

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