0% encontró este documento útil (0 votos)
949 vistas4 páginas

Cisma de Oriente

El Gran Cisma separó la cristiandad de Oriente y Occidente en el siglo XI. La controversia sobre el filioque y las disputas de autoridad entre el Papa y el Patriarca de Constantinopla llevaron a la mutua excomunión en 1054. Esta división marcó el desarrollo de las iglesias ortodoxa y católica por siglos.

Cargado por

Yayo Mefui
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
949 vistas4 páginas

Cisma de Oriente

El Gran Cisma separó la cristiandad de Oriente y Occidente en el siglo XI. La controversia sobre el filioque y las disputas de autoridad entre el Papa y el Patriarca de Constantinopla llevaron a la mutua excomunión en 1054. Esta división marcó el desarrollo de las iglesias ortodoxa y católica por siglos.

Cargado por

Yayo Mefui
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Cisma de Oriente 1

Cisma de Oriente
El Cisma de Oriente y Occidente, también conocido como Gran Cisma (aunque a veces también se aplica este
término al Cisma de Occidente) es el nombre dado al evento de mutua excomunión que separó al Papa y a la
cristiandad de Occidente, de los patriarcas y cristiandad de Oriente, especialmente del principal de ellos, el Patriarca
Ecuménico de Constantinopla.

Controversia filioque
En el año 589, durante el Tercer Concilio de Toledo, donde tuvo lugar la solemne conversión de los visigodos al
catolicismo, se produjo la añadidura del término filioque (traducible como "y del Hijo"), por lo que el Credo pasaba a
declarar que el Espíritu Santo procede no exclusivamente del Padre como decía el credo Niceno, sino del Padre y
del Hijo al decir:
Credo in Spiritu Sancto qui ex Patre Filioque procedit ("Creo en el Espíritu Santo, que del Padre y del Hijo
procede")
En el año 1009 el nombre del Papa fue retirado de los dícticos del patriarcado de Constantinopla. Se discute todavía
entre los historiadores cuál haya sido el motivo de este cambio. Una causa pudo ser el hecho de que el Papa Sergio
IV había enviado al patriarca de Constantinopla una profesión de fe que contuviera el filioque y eso habría
provocado la incomprensión de parte del patriarca Sergio II.
En 1014 con motivo de su coronación como emperador de Sacro Imperio, Enrique II solicitó al papa Benedicto VIII
la recitación del Credo con la inclusión del filioque. El papa, necesitado del apoyo militar del emperador, accedió a
su petición con lo que por primera vez en la historia el filioque se usó en Roma.
Según cuenta un historiador del tiempo, Rodolfo Glabro, la iglesia griega quería en aquellos primeros años del
milenio encontrar una especie de entendimiento con la iglesia latina de manera que «con el consenso del Romano
Pontífice la Iglesia de Constantinopla fuese declarada y considerada universal en su propia esfera, así como Roma en
el mundo entero».[1] Esto implicaba una doble forma de ser una sola Iglesia católica. El Papa Juan XIX pareció
vacilante ante la propuesta de la iglesia griega lo cual le supuso recibir la recriminación de algunos monasterios que
estaban por la reforma eclesial.[2]

Cisma

Origen del cisma de Oriente


En 857 el emperador griego Miguel, llamado el beodo, y su ministro Bardas, expulsaron de su sede de
Constantinopla a San Ignacio, que reprendía sus crápulas. Le reemplazaron por Focio, quien en seis días recibió
todas las órdenes de la Iglesia. Focio se sublevó contra el Papa y se declaró patriarca universal. Fue descripto como
"el hombre más artero y sagaz de su época: hablaba como un santo y obraba como un demonio". Su tentativa fracasó.
Fue encerrado en un monasterio, donde murió en 886.
En el año 1054, el Papa León IX quien, amenazado por los normandos, buscaba una alianza con Bizancio, mandó
una embajada a Constantinopla encabezada por su colaborador, el cardenal Humberto de Silva Candida, y formada
por los arzobispos Federico de Lorena y Pedro de Amalfi. Los legados papales negaron, a su llegada a
Constantinopla, el título de ecuménico al Patriarca Miguel I Cerulario y, además, pusieron en duda la legitimidad de
su elevación al patriarcado. El patriarca se negó entonces a recibir a los legados. El cardenal respondió publicando su
Dialogo entre un romano y un constantinopolitano, en el que se burlaba de las costumbres griegas y, tras
excomulgar a Cerulario mediante una bula que depositó el 16 de julio de 1054 sobre el altar de la Iglesia de Santa
Sofía, abandonó la ciudad. A su vez, pocos días después (24 de julio), Cerulario respondió excomulgando al cardenal
y a su séquito, y quemó públicamente la bula romana, con lo que se inició el Cisma. Alegaba que, en el momento de
Cisma de Oriente 2

la excomunión, León IX había muerto y por lo tanto el acto excomunicatorio del cardenal de Silva no habría tenido
validez; añade también que se excomulgaron individuos, no Iglesias.
Con esto se ve que el Gran Cisma fue más bien resultado de un largo período de relaciones difíciles entre las dos
partes más importantes de la Iglesia universal. Las causas primarias del cisma fueron sin duda las tensiones
producidas por las pretensiones de suprema autoridad (el título de "ecuménico") del Papa de Roma y las exigencias
de autoridad del Patriarca de Constantinopla. Efectivamente, el Obispo de Roma reclamaba autoridad sobre toda la
cristiandad, incluyendo a los cuatro Patriarcas más importantes de Oriente; los Patriarcas, por su lado, alegaban,
segun su entendimiento e interpretación de la Sagrada Tradición Apostólica y las Sagradas Escrituras, que el Obispo
de Roma solo podía pretender ser un "primero entre sus iguales" o "Primus inter pares". Por su parte, los Papas,
según su interpretación de la Tradición Apostólica y las Sagradas Escrituras, declaraban que "es necesario que
cualquier Iglesia esté en armonía con la Iglesia (de Roma), por considerarla depositaria primigenia de la Tradición
apostólica" (San Irineo de Lyon, s. II d. C.). También tuvo gran influencia el Gran Cisma en las variaciones de las
prácticas litúrgicas (calendarios y santorales distintos) y disputas sobre las jurisdicciones episcopales y patriarcales.
La Iglesia se dividía entonces a lo largo de líneas doctrinales, teológicas, políticas y lingüísticas (griego para las
liturgias en Oriente, latín en las occidentales).

Reunión ecuménica
Se puede alegar que ambas iglesias se reunieron en 1274, en el Segundo Concilio de Lyon y en 1439, en el Concilio
de Basilea, pero en cada uno de estos eventos, las intenciones conciliares se vieron frustradas por el mutuo repudio
posterior.
En años recientes, algunas Iglesias orientales decidieron aceptar la primacía absoluta del Papa y ahora se denominan
Iglesias orientales católicas.
Con todo, tanto la Iglesia Ortodoxa como la Iglesia Católica Romana, reivindican también la exclusividad de la
fórmula: "Una, Santa, Católica y Apostólica" implicándose cada una como la única heredera legítima de la Iglesia
primitiva o universal y atribuyendo a la otra el haber "abandonado la iglesia verdadera" durante el Gran Cisma. No
obstante estas consideraciones, tras el Concilio Vaticano II (1962), la Iglesia Católica Romana inició una serie de
iniciativas que han contribuido al acercamiento entre ambas iglesias, y así el Papa Pablo VI y el Patriarca Ecuménico
Atenágoras I decidieron, en una declaración conjunta, el 7 de diciembre de 1965, «cancelar de la memoria de la
Iglesia la sentencia de excomunión que había sido pronunciada»

Desarrollo de los grupos cristianos desde el Cristianismo primitivo. Gran Cisma (siglo XI).
Cisma de Oriente 3

Enlaces externos
• Wikisource contiene el texto de la Declaración conjunta de S.S. Pablo VI y S.B. el patriarca Atenágoras
[Link]

Referencias
[1] Texto latino de la fuente: «cum consensu Romani pontificis, liceret ecclesiam Constantinopolitanam in suo orbe, sicuti Roma in universo,
universalem dici et haberi» RAOUL GLABER, Les cinq livres de ses Histoires (900-1044), M. PROU (ed), Paris 1886, lib. IV, cap. I, p. 92).
[2] Véase, por ejemplo, la carta que Guillermo di Volpiano envió al Papa invitándolo a defender la unidad del poder espiritual de Pedro, cf. R.
GLABER, ibidem. pág. 93.
Fuentes y contribuyentes del artículo 4

Fuentes y contribuyentes del artículo


Cisma de Oriente  Fuente: [Link]  Contribuyentes: Adrii94, Airunp, Aromera, Der Kreole, Diegusjaimes, Eduardosalg, Egaida, Espilas, FrancoGG,
Gacelo, Gmagno, Guillefc, Hectorpal, Hmsmariano, Ialad, JMCC1, Jamb14, Javierito92, Jjvaca, Ketamino, Macarrones, Maialen Gómez de Balugera, Mgallege, Mriosriquelme, Netito777,
Paganel, R Católico, Ralphloren171, RoyFocker, Rαge, Snakefang, Tano4595, Vespuccia, VityUvieu, 89 ediciones anónimas

Fuentes de imagen, Licencias y contribuyentes


Archivo:linaje [Link]  Fuente: [Link]  Licencia: GNU Free Documentation License  Contribuyentes: Mriosriquelme,
Siebrand, Wst, 2 ediciones anónimas
Archivo:[Link]  Fuente: [Link]  Licencia: logo  Contribuyentes: Nicholas Moreau

Licencia
Creative Commons Attribution-Share Alike 3.0 Unported
http:/ / creativecommons. org/ licenses/ by-sa/ 3. 0/

También podría gustarte