UNIVERSIDAD NACONAL DEL ALTIPLANO
FACULTAD DE CIENCIAS CONTABLES Y ADMINISTRATIVAS
ESCUELA PROFESIONAL DE CIENCIAS CONTABLES
ÁREA: Filosofía y Política Social
INTEGRANTES:
Alexandra Patricia Aceituno León
Jenifer Licely Hancco Betancur
Nancy Estefany Quispe Zela
DOCENTE: Julia Eva García Anco
SEMESTRE: II
GRUPO: “A”
2018
INTRODUCCIÓN
La Política en “El Príncipe” de Maquiavelo
Nicolás Maquiavelo fue un analista político y escritor de Florencia Italia, cuando
Lorenzo de Medici estaba en el poder Nicolás fue un funcionario público pero lo
acusaron por conspirar en contra de los Medici siendo así encarcelado en ese
periodo escribió su obra cumbre “El Príncipe” inspirado el Carlos Borgía y Fernando
II de Aragón, dedicado a Lorenzo con el objetivo de brindarle información acerca del
poder político del mundo.
EL FIN JUSTIFICA LOS MEDIOS
Estados o FORMA de gobierno relación entre el tipo gobernante y el tipo gobernado
LOS PRINCIPADOS
Características de la obligación política
Porque leer hoy en día
Esto se aproxima tal vez más a nuestras preocupaciones en el mundo actual. Lo
más relevante para nosotros en el pensamiento de Maquiavelo es no solo su nueva
ciencia del arte de gobernar, sino lo que podríamos llamar el “Maquiavelo
antimaquiavélico”. Precisamente ahí es donde debería comenzar una lectura no
maquiavélica de Maquiavelo. Maquiavelo no era maquiavélico, y los maquiavélicos
no son lectores intensos ni perspicaces de Maquiavelo. Por supuesto, es difícil no
juzgar su figura a través de la obra de una larga línea de comentaristas o atribuirle
las teorías a las que se ha recurrido posteriormente para explicar su pensamiento.
Es esencial descubrir en qué consiste exactamente su genio y en qué se asemeja su
actitud a la nuestra en relación con nuestras pasiones políticas. Maquiavelo es
nuestro, sin duda. Sus palabras no pasan de largo, ni proceden de otra época y otra
cultura. Nos desafía desde nuestro propio mundo, y ese reto que plantea es total.
En realidad, lo que pone de relieve el análisis de Maquiavelo es la condición política
en sí misma. Si los seres humanos dejaran de ignorar el papel de la Fortuna en sus
asuntos y reconocieran sus limitaciones a la hora de establecer instituciones
políticas y blindarse contra los caprichos del tiempo y el azar, podrían entrar en la
vida política animados por un espíritu cívico. La política se orienta hacia la acción, y,
para que la acción sea posible, los hombres deben desempeñar su papel. Es posible
empezar de nuevo siempre que los seres humanos actúen unidos y en política, y
esa es la convicción más profunda de Maquiavelo.
Evidentemente, la política así concebida está sujeta a todas las ambigüedades de la
acción política. Hoy, en una época en la que las ideologías están desacreditadas y la
globalización ha provocado el deshielo de sistemas políticos anquilosados, muchos
consideran que la acción política es una carga desagradable. Otros, a través de ella,
tratan de inculcar en los ciudadanos un sentido unívoco y monolítico del bien
público. Por eso “lo público” está en constante peligro de ser aplastado por los
enemigos de la libertad o por los ciudadanos que se olvidan de sus
responsabilidades. La primera posibilidad es el destino político de los
fundamentalismos religiosos, y la segunda, se puede ejemplificar en la experiencia
occidental de la política “irresponsable”, desarrollada con arreglo a una definición
cada vez más privada y materialista de la búsqueda de la felicidad.
Lo que distingue a Maquiavelo de los políticos de nuestro tiempo es que no se
presenta al frente de un partido que representa a una clase o una raza universal ni
en nombre de la humanidad. Para él, no existen criterios por encima de la política.
En otras palabras, el pensamiento político de Maquiavelo, en principio, es hostil a las
declaraciones partidistas, que engañan a cualquier político o ciudadano que se las
tome en serio. Maquiavelo considera que el dato fundamental no está en la pregunta
“¿Quién gobierna?”, sino en “¿Cómo gobierna?”. Cuando un gobernante funda un
régimen totalmente nuevo a mayor gloria de sí mismo, de paso cree que así
prevalecen “la verdadera forma de vida y la auténtica calma de una ciudad”.
Al reflexionar sobre el establecimiento de lo político desde el horizonte final,
Maquiavelo busca la forma de superar los dos límites teóricos fundamentales de la
lógica de lo teológico y lo político: la falta de una teoría de lo político y que no se
basa en una historia de hechos ocurridos. Maquiavelo vuelve a los paganos, más
allá de lo ontoteológico, para hallar una manera de concebir la historia en función de
una teoría política de los acontecimientos, en la que dichos acontecimientos se vean
como el encuentro entre lo político y el movimiento real de la sociedad.
No es ninguna exageración decir que, con Maquiavelo, el pensamiento político
europeo alcanza en ciertos aspectos una extraordinaria emancipación de la
autoridad religiosa y la concepción medieval del hombre. Ahora bien, para liberar su
mundo de la tiranía del pasado y del dominio de los textos medievales, Maquiavelo
acude al mundo antiguo. Más aún, que Maquiavelo consulte a los clásicos no solo
representa una gran aventura intelectual, sino también una forma de igualar tal vez
los logros políticos y las hazañas filosóficas de los tiempos antiguos.
Estas ideas sobre el mundo clásico y el proceso histórico son el trasfondo filosófico
que da auténtica originalidad a la obra de Maquiavelo. En vista de ellos y de las
conclusiones a las que llega Maquiavelo, resulta todavía más extraordinario que la
lectura de sus escritos nos pueda ayudar a comprender la idea maquiavélica de
“entrar en política” como forma de dejar atrás nuestro maquiavelismo. No podemos
entender el verdadero carácter del pensamiento de Maquiavelo si no nos liberamos
de la influencia del maquiavelismo en nuestra propia historia. Para hacer justicia hoy
a Maquiavelo y entender mejor sus opiniones, debemos considerarle mucho más
que un pensador sobre la razón de Estado. Si lo hacemos, veremos que su
interpretación de la política y su insistencia en que es autónoma forman la
aportación más original a la historia de las ideas políticas.
Ramin Jahanbegloo, filósofo iraní, es catedrático de Ciencias Políticas en la
Universidad de Toronto.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia.
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actual/Q367FL7WMFDMBCN5KIB5K6ODSE/story/
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