Poulantzas plantea la problemática que gira en torno a la teoría marxista general del Estado y de
la lucha política de clases. Para esto comienza presentado la distinción entre superestructura
jurídico-política del Estado (lo político), y las prácticas políticas de clase -lucha política de clase-
(la política). Este problema de lo político y la política se enlaza, en la tradición marxista, con el
problema de la historia, dependiendo la posición marxista de dos proposiciones fundamentales:
1) Toda lucha de clases es una lucha política
2) La lucha de clases es el motor de la historia
Al respecto de tal problemática Poulantzas presenta lo que él llama una interpretación historicista
de tales proposiciones, criticando tal posición, critica la cual no importa para los efectos del
seminario. Lo importante es que en oposición de tal interpretación es que Poulantzas enseña su
concepción antihistoricista de la problemática de lo político y la política, a propósito de la cual
señala:
“En la concepción antihistoricista de la problemática original del marxismo debe situarse lo político
en la estructura de una formación social, por una parte en cuanto nivel especifico, por otra, sin
embargo, en cuanto nivel decisivo en que se reflejan y condensan las contradicciones de una
formación”
Para llegar a tal resultado, Poulantzas, en primer lugar, busca el lugar que le corresponde a lo
político, y más particularmente, a la práctica política en la estructura de una formación social.
Notando que el termino práctica política debe encontrase referida a un “trabajo de
transformación sobre un objeto (materia prima) determinado, cuyo resultado es la producción de
algo nuevo (el producto) que puede constituir una ruptura con los elementos ya dados del
objeto”, definición a la cual se encuentra asociada por su componente de “practica”. Ante lo cual,
Poulantzas¸ busca el objeto sobre el cual ejerce su trabajo tal práctica, llegando a la conclusión de
que el objeto de la práctica política es la coyuntura, esto es, “el punto nodal en que se condensan
las contradicciones de los diversos niveles de una formación en las relaciones complejas regidas
por la sobredeterminación, por sus diferencias de etapas y su desarrollo desigual”.
Siendo tal el objeto de la práctica política, Poulantzas, deduce dos consecuencias, la primera, es
que la coyuntura es el lugar desde el cual puede descifrarse la unidad de la estructura y
transformarla, actuando sobre ella. La segunda, es que “la práctica política es el motor de la
historia en la medida en que su producto constituye finalmente la transformación de la unidad de
una formación social en sus diversas etapas y fases”.
Tras este análisis de la práctica política es necesario, dice Poulantzas, un estudio de la
superestructura política, con el fin de situar la especificidad propia de lo político. Llega a la
conclusión de que las estructuras políticas son el poder institucionalizado del Estado. Esto se
deduce de los clásicos del marxismo al diferenciar la lucha política de la económica, considerando
la especificidad de la lucha política en relación su objeto particular, el Estado en cuanto nivel
especifico de estructuras de una formación social. De esta manera, es que se encuentra para
Poulantzas una definición general de la política en los clásicos del marxismo.
“[La práctica política] tiene por objeto el momento actual, produce las transformaciones -o quizás
la conservación- de la unidad de una formación, pero en la única medida exacta en que tiene por
blanco, por “objetivo” estratégico especifico, las estructuras políticas del Estado”.
En la segunda parte del capítulo, Poulantzas, se pregunta por los problemas de que origina la tesis,
resumiéndose en la pregunta ¿Por qué tales efectos que tiene la lucha política solo pueden darse
si se tiene como objetivo el poder del Estado? A lo que responde que esto se debe por la particular
función que cumple el Estado, esto es, el “constituir el factor de cohesión de los niveles de una
formación social. Esto en el sentido de la cohesión del conjunto de los niveles de una unidad
compleja, y como factor de regulación de su equilibrio global, en cuanto sistema.” Así es como la
práctica política puede producir transformaciones cuando tiene por objetivo el Estado como
estructura nodal de ruptura de la unidad, en la medida en que es el factor de su cohesión.
Pero, para Poulantzas, esta definición de lo político como relación de la práctica política y del
Estado aún es demasiado general. Ya que es necesario situarla en un modo de producción y
formación social determinada, al cambiar la forma de la función del Estado en cuanto
cohesionador de la unidad de una formación, dependiendo el lugar del Estado en la unidad (¿Qué
es el Estado? ¿Qué estructuras e instituciones forman parte del Estado?) de tales cambios. En
relación con el M.P.C, Poulantzas, escribe lo siguiente:
“Esa función del Estado se convierte en una función específica, y que lo especifica como tal, en las
formaciones dominadas por el M.P.C., caracterizado por la autonomía especifica de las instancias y
por el lugar particular que allí corresponde a la región del Estado. Esa autonomía característica es
precisamente la base de la especificidad de lo político, al determinar la función particular del
Estado como factor de cohesión de los niveles autonomizados.”
Además, Poulantzas agrega que tal función cohesionadora es “particularmente importante en la
formación capitalista donde el predominante M.P.C. imprime a los diversos modos de producción
la denominación de su estructura y, en particular, la autonomía relativa de las instancias, dadas las
diferencias de desarrollo resultantes.”
En la tercera parte del capítulo, Poulantzas, describe las modalidades en las que se presenta tal
función cohesionadora, de orden o de organización del Estado. Éstas se refieren a los niveles en
que se ejerce en particular su función: función técnico-económica-nivel económico, función
propiamente política-nivel de la lucha política de clases, función ideológica-nivel ideológico. Al
respecto, Poulantzas, advierte que más allá de que hable de funciones, “no hay propiamente
hablando, una función técnico-económica, una función ideológica y una función “política” del
Estado: hay una función global de cohesión que le es asignada por su lugar, y modalidades de esa
función sobredeterminada por la modalidad específicamente política.”
Luego realiza observaciones respecto a la relación entre las diferentes modalidades del Estado con
la función política. Al respecto escribe de la función del sistema jurídico, señalándolo como
“conjunto de las reglas que organizan los intercambios capitalistas, verdadero marco de cohesión
de las relaciones intercambiarías.”1
De esas observaciones llega a dos resultados:
1
Recordar que Poulantzas diferencia las funciones política y jurídica.
1) El papel global del Estado como factor de cohesión de una formación social puede, en cuanto
tal, diferenciarse en modalidades particular relativas a los diversos niveles de una formación.
2) Las diversas funciones particulares del Estado, aun las que no conciernen directamente al nivel
político en el sentido estricto de la palabra -el conflicto político de clases- no pueden captarse
teóricamente más que en su relación, es decir, insertas en el papel político global del Estado. En
efecto, ese papel reviste un carácter político en el sentido de que mantiene la unidad de una
formación en cuyo interior las contradicciones de los diferentes niveles se condensan en un
predominio político de clase. En este sentido que las diferentes funciones (económica, etc.) son
funciones políticas.
Y es en relación con este segundo punto es que puede establecerse la sobredeterminación de las
funciones económicas e ideológicas por la función política, en sentido estricto, del Estado en el
conflicto político de clases. Deduce, Poulantzas, dos conclusiones de esta sobredeterminación:
Que las diversas funciones del Estado constituyen funciones políticas por el papel global del Estado
(factor de cohesion). Y que esas funciones corresponden así a los intereses políticos de la clase
dominante.