La opción de Jesús por los pobres en Galilea
La opción de Jesús por los pobres en Galilea
Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros
pocos. Rogad, pues, al señor de la mies, que envíe obreros a su mies”.
Mateo 9:35-38.
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En este texto bíblico encontramos una palabra sobre el ministerio de Jesús,
sobre la compasión de Jesús y sobre el plan de acción de Jesús. Analicemos
estos tres puntos:
El ministerio de Jesús
Quisiera sugerir que esto no es circunstancial, que la opción de Jesús por esa
zona subdesarrollada de la Palestina fue una opción intencional. En efecto, fue
una opción por los pobres.
Para entender esa opción, tenemos que ir al Antiguo Testamento. Y sobre eso
debo decir, y decirlo con tristeza, que durante mucho tiempo estudie la Biblia
sin darme cuenta de algo que es esencial: que a lo largo de toda la Biblia, Dios
se muestra como un Dios preocupado especialmente por los pobres.
Podríamos leer múltiples pasajes del Antiguo Testamento para mostrar esto.
Por ejemplo, leamos el libro de Deuteronomio y tratemos de ver cuántas veces
en la legislación Mosaica resalta a la vista esta preocupación: “justicia en el
pueblo de Dios”, de cómo se puede lograr que los pobres reciban lo que
necesitan, que no sean explotados, que se haga justicia. De ahí que, en
Deuteronomio aparece una triada que es símbolo de todos los pobres: “las
viudas, los huérfanos y los forasteros o extranjeros”.
También existe la justicia retributiva: trabajas por ocho horas, te pago por
ocho horas; trabajas por seis, te pago por seis; no trabajas, no te pago. Esto
es la justicia retributiva.
De esa justicia habla el Antiguo Testamento. Por eso se, dice en Deuteronomio,
que “Dios no hace acepción de personas”. Los ricos no tienen necesidad de
quién los defienda. Dios no hace acepción de personas, no admite el soborno.
El hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al extranjero a quien da pan y
vestido.
Podríamos leer múltiples pasajes en la Biblia que hablan en el mismo tono. Por
ejemplo:
¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline
su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto
ayuno, y día agradable a Jehová?, ¿No es más bien el ayuno que yo escogí,
desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir
libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?, ¿No es que partas tu pan
con el hambriento, y los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas
al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? (Isaías 58: 5-7).
¿No es esto ayuno? la preocupación de Dios está ahí, en los oprimidos, los
hambrientos, los pobres, los errantes, los desnudos.
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En el Salmo 146 se ve la relación entre el reinado de Dios, según lo concibe el
Antiguo Testamento, y su preocupación por los pobres. Comenzando por el
versículo 5, vemos:
Hace algunos años escuche a un predicador decir que el libro de los Proverbios
mostraba, con mucha claridad, que el origen de la pobreza es la vagancia. Citó
algunos textos de ese libro y yo me quedé intrigado. Entonces fui a casa y leí
los Proverbios, y decidí marcar con azul todas las referencias en que se
menciona la pobreza como resultado de la vagancia y de la falta de previsión;
y señalar con rojo, todas las veces que se menciona que hay otro origen para
la pobreza. Yo les invito a hacer este ejercicio y van a quedar sorprendidos. Es
correcto que en ciertos casos la vagancia es el origen de la pobreza; pero la
mayor parte de los casos, el origen de la pobreza es la explotación. Y eso es lo
que dice Proverbios. Les doy dos ejemplos:
El justo toma en cuenta los derechos del pobre, pero al malvado nada le
importa. Proverbios 29:7.
Levanta la voz por los que no tienen voz; defiende a los indefensos. Levanta la
voz, y hazle justicia; defiende a los pobres y a los humildes. Proverbios 31:8-9.
Pero hay otro dato. Si uno estudia las profecías mesiánicas del Antiguo
Testamento, descubre que una de las tareas principales –sino la principal– del
Mesías es hacer justicia, la justicia de Dios.
Hace poco, salió un estudio voluminoso sobre el Reino de Dios, escrito por un
erudito que no tiene nada que ver con los intereses del Tercer Mundo. El es
profesor y creo que ahora ya está jubilado; me estoy refiriendo a V. Morrey. En
dicho libro, hace un estudio exegético de pasajes relacionados con las profecías
mesiánicas y luego, estudia su cumplimiento en el Nuevo Testamento. Dice
que en el Antiguo Testamento se concibe el Reino de Dios como un reino que
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Dios va a establecer a través del Mesías en el futuro, pero que las
características principales de este reino son la justicia y la paz. Y la justicia de
la cual se habla es de ésta, a la que nos estamos refiriendo, que es la justicia
del Antiguo Testamento: Dios hará justicia a aquellos que son objeto de la
injusticia, Dios corregirá abusos, levantará a los caídos, libertará a los
oprimidos.
Oh Dios, da tus juicios al rey, y tu justicia al hijo del rey. El juzgará a tu pueblo
con la justicia, y a tus afligidos con juicio. Los montes llevarán paz al pueblo, y
los collados justicia. Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del
menesteroso, y aplastará al opresor.
Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y
reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia,
espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.
Y le hará entender diligencia en el temor de Jehová. No juzgará según la vista
de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia
a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la
tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y
será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura. (Isaías
11: 1-5).
El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas
nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a
pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los
oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dió al
Ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y
comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.
¿Qué es lo que está diciendo Jesús? Está diciendo: “Aquí está el Mesías para
cumplir las profecías del Antiguo Testamento, y las profecías tienen que ver
con este Ungido de Dios que viene para establecer un reinado de justicia y paz.
Ha venido para reestructurar la sociedad, para corregir abusos, para defender
a los débiles, para dar buenas nuevas a los pobres, para sanar a los
quebrantados de corazón, para pregonar libertad a los cautivos, para dar vista
a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos.
Esta fue la OPCION GALILEA. Jesús optó por Galilea porque allí iba a cumplir
un ministerio entre las masas olvidadas por los líderes. La justicia social que
apasiona a los profetas es la justicia a favor de los desvalidos, es la justicia
que se orienta hacia la satisfacción de las necesidades específicas de gente que
no tiene quien los auxilie: los débiles, los oprimidos, los explotados, etc. Y
veamos, que Jesús va de pueblo en pueblo, de aldea en aldea, predicando el
Evangelio, sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo, en este
pueblo pobre y desvalido.
Jesús recoge el tema de los profetas del Antiguo Testamento y las hace suyas.
Los evangelios hacen referencia a Jesús como profeta. Algunos opinan que El
es aún más radical que los profetas. Aquí, su ministerio se desarrolla en
Galilea, un sector sin muchos privilegios, donde las masas están totalmente
abandonadas por sus líderes. ¿Y qué hace Jesús en medio de ellos? Algunos de
nosotros nos gustaría pensar que lo único que hace es hablar, predicar, y nada
más. Pero eso no es lo que leemos en el texto. El texto dice: “Recorría Jesús
todas las ciudades y aldeas, enseñando en la sinagogas de ellos, y predicando
el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y dolencia en el pueblo”.
Esto es lo que llamo un Ministerio Integral.
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Para Jesús la vida espiritual es inseparable de la vida física y material. ¿De
dónde salió la idea de que la iglesia tiene que especializarse en lo espiritual?,
¿Que la única misión que tiene es predicar el evangelio y nada más? ¿De
dónde salió eso? No de la Biblia; no del ejemplo de Jesús, porque Jesús no se
limitó a predicar, sino que incluyó, entre otras cosas, la enseñanza y el
servicio. El énfasis de lo espiritual, en aislamiento y desmedro de lo corporal,
está enraizado no en la Escritura, sino en un concepto derivado de la filosofía
griega. A Dios le interesa la totalidad de la persona.
Quiero recomendar un hermoso libro que acaba de salir, titulado “Justicia para
Todos”. Realmente es un libro conmovedor escrito por John Perkins. Este autor
es un profeta negro; nació en un pueblo pobre en Missisipi, EUU. En ese pueblo
vivió en la pobreza, más que pobreza, en la miseria. Allí se crió con varios
hermanos en medio de violencias y de la incertidumbre respecto al futuro. Y no
bien pudo escapar, escapó. Se fue a California, donde consiguió un trabajo;
comenzó a ascender socialmente hasta llegar a ser líder del sindicato. Se
compró una casa grande, consiguió su auto, entró al sistema.
Uno de los capítulos de aquél libro comienza diciendo: “Fue una de las mejores
cosas que jamás me haya ocurrido, algo completamente inesperado, ni lo
había sospechado antes de aquel Domingo de otoño de 1961. Ese día me
echaron de la iglesia. Porque le echaron de la iglesia, él se vio forzado a
trabajar independientemente con los jóvenes negros, enseñándoles la Palabra.
Formó un club de jóvenes…y la historia continúa.
Pero, lo que yo quiero decirles está en el primer capítulo de ese libro y dice:
¡No basta la evangelización!, ¡NO BASTA LA EVANGELIZACIÓN!! Y yo digo de
todo corazón: ¡Amén!
No fue estrategia de Jesús. El no fue a los ricos con la pretensión de que algún
día cambiarán todo. El fue a los pobres, él fue a Galilea; allí, ministró con una
misión integral: enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el evangelio
del reino y sanando toda enfermedad y dolencia en el pueblo.
¡Justicia para todos! dice John Perkins; para negros y para blancos, para ricos
y para pobres. Pero, donde los pobres son víctimas de la injusticia, a ellos hay
que hacerles justicia. El evangelio bien entendido, dice Perkins, es un
evangelio integral: responde al hombre como ser personal y social, en su
totalidad. No escoge solo una clase de necesidades, las espirituales o físicas,
para responder únicamente a ellas, sino a todas. Eso fue el ministerio de Jesús
en Galilea. Un ministerio integral.
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La Compasión de Jesús
No hay otra traducción tan fiel como uno quisiera, porque la palabra en el
original expresa “una conmoción de las entrañas”. “sentir entrañablemente lo
que vemos”. La compasión es la base de la solidaridad con los otros. Y sin
compasión no hay misión. Podrá haber evangelización barata, podrá haber
técnicas de evangelización, podrá haber proselitismo pero no misión, y menos
misión integral.
La condición necesaria para que haya compasión es ver, ver, ver. Fíjense
ustedes lo que el texto nos dice: “Al ver las multitudes, tuvo compasión”.
Ahora, hay varias maneras de ver a las multitudes, ¿no es cierto?. Está, por
ejemplo, el “ver político”. ¿Qué ven los políticos en las multitudes? Votos,
votos y más votos. Hay el “ver del comerciante”. ¿Qué ven los comerciantes en
las multitudes? Mercado, mercado, ganancias.
Pero hay otro “ver”, el ver de Jesús” que es el ver solidario, el ver que nace de
un contacto, de una comunión con el hombre y con Dios, desde la perspectiva
del Reino. Y yo digo, hermanos, ¿no será que muchos de nosotros,
especialmente los de la clase media para arriba, los privilegiados, los que
podemos ir a la universidad, no abrimos los ojos para ver, y más aún, para ver
con la compasión de Jesús?.
Qué curioso, en la parábola del Buen Samaritano, hay otras personas que ven
al hombre, el cual cae víctima de los ladrones. Pasó el uno, vio al hombre y
siguió su camino; pasó el otro, vio al hombre, pero siguió su camino. Vino el
tercero, vio al hombre y tuvo compasión. La misma palabra “compasión”. Tuvo
compasión, esa fue la diferencia.
LA PARED
Jesús vio a las multitudes y los vio con compasión, y fue movido por su
compasión. La condición necesaria para el actuar compasivo es juzgar cuál es
la razón de la situación de la gente. ¿Por qué están así? Nuestros racionalismos
nos proveen respuestas fáciles e inmediatas: ¡Ah!, son vagos, no trabajan.
Jesús vio a la gente como ovejas sin pastor, es decir, como masas sin líderes,
eso es, ¡como masas son líderes! Y la pregunta es: -¿no había líderes en
Israel? Sí habían. Pero, ¿dónde estaban? Estaban en Jerusalén dedicados a
preservar el status quo.
Yo creo que, gran parte del problema de América Latina está en el liderazgo.
Ahora, Jesús tuvo un Plan de Acción, ¿cuál fue?
Aquí, podemos hablar de la política de Jesús. Los que no conocen ese libro
Jesús y la Realidad Política de John Yoder, publicado por Ediciones Certeza,
deben conocerlo, es un libro excelente. Jesús murió como subversivo, no lo
dudemos, esa fue la acusación. El hecho que muriera en la cruz muestra,
claramente, que fue esa la acusación que halló eco frente a las autoridades
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romanas. Murió en una cruz como un zelote que pretendiera alzarse en armas
contra el Imperio Romano. Pero no fue un zelote, su conflicto con las
autoridades del pueblo no se debieron a que él trataba de ocupar su lugar, en
ningún momento.
Les desafió a leer el Evangelio de Lucas, subrayando todas las veces que
encuentren esta palabra „multitud‟ y cuántas de esas referencias a la multitud
tiene que ver con la relación entre Jesús y ellas.
Las multitudes querían hacerlo rey. Lean Juan 6. Los sacerdotes y los escribas
veían en él una amenaza. Jesús se dedicó a dar dignidad al pueblo, a mostrar
a la gente pobre que estaba hecho a la imagen y semejanza de Dios, que Dios
quería visitarlos en su Mesías, y que había iniciado él como Mesías una nueva
era, la era de la justicia y la paz.
Es peligroso orar: “Señor, envía obreros a tu mies”, porque nos puede pasar lo
mismo que les pasó a los discipulados de Jesús:
Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus
inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda
dolencia. Mateo 10: 1
Esa fue parte de la respuesta a la oración. Y ¿quiénes eran los discípulos? Eran
la comunidad de Jesús, y la comunidad de Jesús tenía que apropiarse de la
responsabilidad de continuar la tarea de Jesús. Y no hemos aprendido nada
acerca de la misión si no hemos aprendido esto: la misión de la iglesia tiene
que ser la prolongación de la misión de Jesús.
Lean tanto el capítulo y van a encontrar que Jesús les da poder, el poder del
Espíritu Santo. Les da autoridad que viene de él y con ese poder los envía. Los
envía ¿para qué? Para que hagan lo mismo que él ha hecho, para que
prediquen el mensaje del Reino de Dios, para que enseñen, para que sanen
toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y aquí hay un dato que parece
importante: “No lleven oro ni plata ni bolsa para el camino. No lleven ropa de
repuesto ni sandalias, ni bastón, pues el trabajador tiene el derecho a su
alimento”.
Radical, ¿no es cierto? Muy radical. Yo, a veces, me pregunto: “¿Qué pasa, hoy
en día, que hay tan poca gente dispuesta a poner de lado la seguridad
económica para servir a Dios? Yo he notado un cambio, inclusive desde cuando
yo empecé en la obra estudiantil, hace muchos años ya, que yo sepa, ninguno
de los primeros obreros de la CIEE preguntaron cuánto iban a ganar; primero
se comprometieron, después supieron que el salario sería bastante exiguo.
Primero estaba el compromiso.
Pero yo, por primera vez, trabajando con un grupo de personas de mi iglesia
en un barrio pobre, muy pobre, en Buenos Aires, he visto los valores del
celibato. Por primera vez, he visto cómo gente que tiene una fe que no
coincide exactamente con la mía, puede dedicarse de lleno a servir a los
pobres, a vivir entre ellos, con todos sus títulos, con toda su preparación. Y yo
digo “¿qué pasa en el ambiente evangélico? ¿qué pasa en el ambiente
evangélico que no tenemos eso?”. No tenemos un espíritu de sacrificio,
preferimos la comodidad; usamos nuestros títulos como un medio para
ascender socialmente y asegurar nuestro futuro. Pero eso es incorrecto.
Y yo tengo un sueño, ni sueño es que en América Latina surjan muchos,
muchísimos, grupos de jóvenes dispuestos a irse a vivir en barrios pobres para
servir a la gente, para proclamar el mensaje del Reino de Dios, para sanar
toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo, para proveer liderazgo, para
mostrar que el Reino de Dios es una realidad, para trabajar por la justicia y la
paz. Yo quisiera ver grupos de cinco, seis, siete jóvenes trabajando en
comunidad: un europeo, un latino, un yanqui, no importa. Unidos en el amor
del Señor comprometidos por tres, cuatro o cinco años, nada más para
empezar; a lo mejor después no quisiera irse. Y asumen la opción Galilea.
Oh no, nosotros preferimos soñar con grandes iglesias, para eso ya tenemos
las técnicas: iglesias llenas de ricos, porque algún día uno va a ser nombrado
presidente. Y así hagan como lo hicieron los presidentes de Guatemala y Brasil.
¿Qué ganamos?, esa no es la estrategia de Jesús. La estrategia de Jesús es la
opción Galilea.
Y el pueblo de Dios está llamado a ser portadora de esa buena nueva, ¿qué
sucedería si en América Latina y en muchos lugares y en muchas ciudades
cada iglesia tuviera un plan de evangelización en esos términos?
Hermanos: el Señor nos llama a dar pasos radicales, porque la obra es difícil.
La noche está avanzada, la situación de nuestros pueblos va de mal en peor,
las masas están sin líderes y muchas iglesias están dedicadas a predicar un
evangelio desencarnado y barato. Y los profesionales evangélicos, muchos,
están totalmente condicionados por la sociedad de consumo.
Dios nos dé su poder y su gracia para responder a este llamado, que es un
llamado del Evangelio.
El que quiera seguir en pos de mí, niéguese a si mismo tome su cruz y sígame.
NOTA:
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