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La opción de Jesús por los pobres en Galilea

Este documento analiza el ministerio de Jesús según el pasaje bíblico de Mateo 9:35-38. Explica que Jesús eligió concentrar su ministerio en la provincia subdesarrollada de Galilea en lugar de áreas más poderosas, lo que representó una opción preferencial por los pobres. También discute cómo el Antiguo Testamento muestra a Dios preocupado por hacer justicia a los pobres, oprimidos y desfavorecidos.
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La opción de Jesús por los pobres en Galilea

Este documento analiza el ministerio de Jesús según el pasaje bíblico de Mateo 9:35-38. Explica que Jesús eligió concentrar su ministerio en la provincia subdesarrollada de Galilea en lugar de áreas más poderosas, lo que representó una opción preferencial por los pobres. También discute cómo el Antiguo Testamento muestra a Dios preocupado por hacer justicia a los pobres, oprimidos y desfavorecidos.
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LA OPCIÓN GALILEA

Por: René Padilla

“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de


ellos y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda
dolencia en el pueblo. Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque
estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor.

Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros
pocos. Rogad, pues, al señor de la mies, que envíe obreros a su mies”.
Mateo 9:35-38.

1
En este texto bíblico encontramos una palabra sobre el ministerio de Jesús,
sobre la compasión de Jesús y sobre el plan de acción de Jesús. Analicemos
estos tres puntos:

El ministerio de Jesús

Buena parte del ministerio de Jesús se desarrolló en la provincia


subdesarrollada de Galilea. Galilea, al norte de Palestina, era una zona
abandonada. El ministerio de Jesús se concentró en ese sector carenciado de la
nación judía de su tiempo.

¿Por qué? ¿Por qué no cumplió su ministerio mayormente en Judea y en


Jerusalén? En Jerusalén podía haber tenido acceso al poder político y religioso
de su tiempo, quién sabe, habría tenido alguna influencia en la manera de
manejar los asuntos de la Región. Quizás, su mensaje hubiera sido difundido
con mayor eficiencia. Pero no, el opto por Galilea.

Quisiera sugerir que esto no es circunstancial, que la opción de Jesús por esa
zona subdesarrollada de la Palestina fue una opción intencional. En efecto, fue
una opción por los pobres.

Para entender esa opción, tenemos que ir al Antiguo Testamento. Y sobre eso
debo decir, y decirlo con tristeza, que durante mucho tiempo estudie la Biblia
sin darme cuenta de algo que es esencial: que a lo largo de toda la Biblia, Dios
se muestra como un Dios preocupado especialmente por los pobres.

Podríamos leer múltiples pasajes del Antiguo Testamento para mostrar esto.
Por ejemplo, leamos el libro de Deuteronomio y tratemos de ver cuántas veces
en la legislación Mosaica resalta a la vista esta preocupación: “justicia en el
pueblo de Dios”, de cómo se puede lograr que los pobres reciban lo que
necesitan, que no sean explotados, que se haga justicia. De ahí que, en
Deuteronomio aparece una triada que es símbolo de todos los pobres: “las
viudas, los huérfanos y los forasteros o extranjeros”.

En la Biblia encontramos pasajes como éste:

Porque Jehová vuestro Dios es Dios de dioses, y Señor de señores, Dios


grande, poderoso y temible, que no hace acepción de personas, ni toma
cohecho; que hace justicia al huérfano y a la viuda; que ama también al
extranjero dándole pan y vestido. (Deuteronomio 10: 17-18).

Podríamos preguntarnos, y bueno, ¿qué significa esto?: “¿hacer justicia al


huérfano y a la viuda y amar al forastero?”, ¿acaso Dios no ama también al
2
rico, no hace justicia al rico? Aquí dice: Ama al forastero, hace justicia al
huérfano y a la viuda, ¿por qué dice así?

Necesitamos entender el concepto de justicia del Antiguo Testamento. Hay


varias maneras en que se puede definir la justicia. Por ejemplo, existe la
justicia distributiva, que busca dar lo mismo a aquellos que tienen derecho a
recibir una parte de un todo. Si tengo una torta y quiero ser justo y hay cuatro
personas que tienen derecho a recibir, entonces, parto la torta en cuatro
partes y distribuyo a cada uno lo que le corresponde, y listo. Esto es justicia
distributiva.

También existe la justicia retributiva: trabajas por ocho horas, te pago por
ocho horas; trabajas por seis, te pago por seis; no trabajas, no te pago. Esto
es la justicia retributiva.

Pero en el Antiguo Testamento, una y otra vez, está el énfasis en la justicia


restitutiva o vindicativa. Esta es la justicia que Dios ejerce hacia los pobres,
que aquél que está en desventaja recibe justicia. Dios le hace justicia.

No sé si, hoy en día, se estudia en los colegios la obra “El Quijote de la


Mancha”, pero cuando yo era estudiante, esto, era parte del currículum. En
esta obra, Quijote aparece como la encarnación de la justicia. ¿Qué pretende
hacer Quijote de la Mancha? Enderezar el entuerto, corregir los abusos, hacer
justicia. Quijote de la Mancha se dedica a eso, eso es su preocupación:
defender a los que no tienen voz y no tienen quien los defienda, auxiliar a los
que necesitan auxilio, corregir abusos, levantar a los caídos.

De esa justicia habla el Antiguo Testamento. Por eso se, dice en Deuteronomio,
que “Dios no hace acepción de personas”. Los ricos no tienen necesidad de
quién los defienda. Dios no hace acepción de personas, no admite el soborno.
El hace justicia al huérfano y a la viuda, ama al extranjero a quien da pan y
vestido.

Podríamos leer múltiples pasajes en la Biblia que hablan en el mismo tono. Por
ejemplo:

¿Es tal el ayuno que yo escogí, que de día aflija el hombre su alma, que incline
su cabeza como junco, y haga cama de cilicio y de ceniza? ¿Llamaréis esto
ayuno, y día agradable a Jehová?, ¿No es más bien el ayuno que yo escogí,
desatar las ligaduras de impiedad, soltar las cargas de opresión, y dejar ir
libres a los quebrantados, y que rompáis todo yugo?, ¿No es que partas tu pan
con el hambriento, y los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas
al desnudo, lo cubras, y no te escondas de tu hermano? (Isaías 58: 5-7).

¿No es esto ayuno? la preocupación de Dios está ahí, en los oprimidos, los
hambrientos, los pobres, los errantes, los desnudos.
3
En el Salmo 146 se ve la relación entre el reinado de Dios, según lo concibe el
Antiguo Testamento, y su preocupación por los pobres. Comenzando por el
versículo 5, vemos:

Bienaventurado aquél cuyo ayudador es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en


Jehová su Dios, el cual hizo los cielos y la tierra, el mar, y todo lo que en ellos hay;
que guarda verdad para siempre, que hace justicia a los agraviados, que da pan a los
hambrientos. Jehová liberta a los cautivos; Jehová abre los ojos a los ciegos; Jehová
levanta a los caídos; Jehová ama a los justos. Jehová guarda a los extranjeros; al
huérfano y a la viuda sostiene, y el camino de los impíos trastorna. Reinará Jehová
para siempre. Salmo 146: 5-10.

Hace algunos años escuche a un predicador decir que el libro de los Proverbios
mostraba, con mucha claridad, que el origen de la pobreza es la vagancia. Citó
algunos textos de ese libro y yo me quedé intrigado. Entonces fui a casa y leí
los Proverbios, y decidí marcar con azul todas las referencias en que se
menciona la pobreza como resultado de la vagancia y de la falta de previsión;
y señalar con rojo, todas las veces que se menciona que hay otro origen para
la pobreza. Yo les invito a hacer este ejercicio y van a quedar sorprendidos. Es
correcto que en ciertos casos la vagancia es el origen de la pobreza; pero la
mayor parte de los casos, el origen de la pobreza es la explotación. Y eso es lo
que dice Proverbios. Les doy dos ejemplos:

El justo toma en cuenta los derechos del pobre, pero al malvado nada le
importa. Proverbios 29:7.

Levanta la voz por los que no tienen voz; defiende a los indefensos. Levanta la
voz, y hazle justicia; defiende a los pobres y a los humildes. Proverbios 31:8-9.

Si uno no quiere ver lo que está en la Escritura, no lo ve. La evidencia es


abundante. Yo les garantizo que prácticamente no hay un libro del Antiguo
Testamento que no se exprese en esos términos. Pareciera que Dios tiene un
corazón de compasión especial hacia los pobres, hacia los oprimidos, los
explotados, los indefensos, los débiles, las viudas, los huérfanos, los
forasteros.

Pero hay otro dato. Si uno estudia las profecías mesiánicas del Antiguo
Testamento, descubre que una de las tareas principales –sino la principal– del
Mesías es hacer justicia, la justicia de Dios.

Hace poco, salió un estudio voluminoso sobre el Reino de Dios, escrito por un
erudito que no tiene nada que ver con los intereses del Tercer Mundo. El es
profesor y creo que ahora ya está jubilado; me estoy refiriendo a V. Morrey. En
dicho libro, hace un estudio exegético de pasajes relacionados con las profecías
mesiánicas y luego, estudia su cumplimiento en el Nuevo Testamento. Dice
que en el Antiguo Testamento se concibe el Reino de Dios como un reino que
4
Dios va a establecer a través del Mesías en el futuro, pero que las
características principales de este reino son la justicia y la paz. Y la justicia de
la cual se habla es de ésta, a la que nos estamos refiriendo, que es la justicia
del Antiguo Testamento: Dios hará justicia a aquellos que son objeto de la
injusticia, Dios corregirá abusos, levantará a los caídos, libertará a los
oprimidos.

Fíjense en un Salmo mesiánico, uno de los más hermosos del Antiguo


Testamento, el Salmo 72, “el Reino de un Rey Justo”. Es posible que este
salmo estuviera escrito para el rey Salomón, para decirle: Mira, esto es lo que
se espera de un rey justo. Pero hay cosas que dice el salmo que va mas allá de
la historia –por así decirlo- y trasciende el reinado de Salomón. Se proyecta
hacia un futuro distante, hasta el Mesías, el Ungido de Dios que encarna en sí
el ideal del rey. ¿Cuál es la responsabilidad del Rey? Hacer justicia, ¡Para eso
está! Entonces, fíjense lo que dice el Salmo 72: 1-4:

Oh Dios, da tus juicios al rey, y tu justicia al hijo del rey. El juzgará a tu pueblo
con la justicia, y a tus afligidos con juicio. Los montes llevarán paz al pueblo, y
los collados justicia. Juzgará a los afligidos del pueblo, salvará a los hijos del
menesteroso, y aplastará al opresor.

Podríamos seguir leyendo. La idea aquí, es que Dios va a establecer un reinado


de justicia, en el que se corrijan los abusos y se liberten a los cautivos. Bueno,
el Salmo es largo, pero leamos los versículos 12 al 14.

Porque él librará al menesteroso que clamare, y al afligido que no tuviere quien


le socorra. Tendrá misericordia del pobre y del menesteroso, y salvará la vida
de los pobres. De engaño y de violencia redimirá sus almas, y la sangre de
ellos será preciosa ante sus ojos.

Luego, la gran profecía en Isaías, Reinado justo del Mesías:

Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y
reposará sobre él el Espíritu de Jehová; espíritu de sabiduría y de inteligencia,
espíritu de consejo y de poder, espíritu de conocimiento y de temor de Jehová.
Y le hará entender diligencia en el temor de Jehová. No juzgará según la vista
de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos; sino que juzgará con justicia
a los pobres, y argüirá con equidad por los mansos de la tierra; y herirá la
tierra con la vara de su boca, y con el espíritu de sus labios matará al impío. Y
será la justicia cinto de sus lomos, y la fidelidad ceñidor de su cintura. (Isaías
11: 1-5).

Y luego proyecta esta visión a toda la creación, en donde existirá un mundo


renovado, lleno de justicia. También es necesario revisar Isaías 61: 1-2

El Espíritu de Jehová el Señor esta sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha


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enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados
de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la
cárcel; a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de
venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados.
Qué curioso, que Jesús al iniciar su ministerio en Galilea, en la ciudad de
Nazaret, en la sinagoga, toma precisamente ese pasaje mesiánico. Y leemos en
Lucas 4, el manifiesto de Jesús, diríamos el discurso inaugural del reinado del
Mesías. Lucas describe la escena en términos muy elocuentes. Veamos:

Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la


Sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dió el libro del
profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas
nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a
pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los
oprimidos; a predicar el año agradable del Señor. Y enrollando el libro, lo dió al
Ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. Y
comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros.

¿Qué es lo que está diciendo Jesús? Está diciendo: “Aquí está el Mesías para
cumplir las profecías del Antiguo Testamento, y las profecías tienen que ver
con este Ungido de Dios que viene para establecer un reinado de justicia y paz.
Ha venido para reestructurar la sociedad, para corregir abusos, para defender
a los débiles, para dar buenas nuevas a los pobres, para sanar a los
quebrantados de corazón, para pregonar libertad a los cautivos, para dar vista
a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos.

Esta fue la OPCION GALILEA. Jesús optó por Galilea porque allí iba a cumplir
un ministerio entre las masas olvidadas por los líderes. La justicia social que
apasiona a los profetas es la justicia a favor de los desvalidos, es la justicia
que se orienta hacia la satisfacción de las necesidades específicas de gente que
no tiene quien los auxilie: los débiles, los oprimidos, los explotados, etc. Y
veamos, que Jesús va de pueblo en pueblo, de aldea en aldea, predicando el
Evangelio, sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo, en este
pueblo pobre y desvalido.

Jesús recoge el tema de los profetas del Antiguo Testamento y las hace suyas.
Los evangelios hacen referencia a Jesús como profeta. Algunos opinan que El
es aún más radical que los profetas. Aquí, su ministerio se desarrolla en
Galilea, un sector sin muchos privilegios, donde las masas están totalmente
abandonadas por sus líderes. ¿Y qué hace Jesús en medio de ellos? Algunos de
nosotros nos gustaría pensar que lo único que hace es hablar, predicar, y nada
más. Pero eso no es lo que leemos en el texto. El texto dice: “Recorría Jesús
todas las ciudades y aldeas, enseñando en la sinagogas de ellos, y predicando
el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y dolencia en el pueblo”.
Esto es lo que llamo un Ministerio Integral.
6
Para Jesús la vida espiritual es inseparable de la vida física y material. ¿De
dónde salió la idea de que la iglesia tiene que especializarse en lo espiritual?,
¿Que la única misión que tiene es predicar el evangelio y nada más? ¿De
dónde salió eso? No de la Biblia; no del ejemplo de Jesús, porque Jesús no se
limitó a predicar, sino que incluyó, entre otras cosas, la enseñanza y el
servicio. El énfasis de lo espiritual, en aislamiento y desmedro de lo corporal,
está enraizado no en la Escritura, sino en un concepto derivado de la filosofía
griega. A Dios le interesa la totalidad de la persona.

Quiero recomendar un hermoso libro que acaba de salir, titulado “Justicia para
Todos”. Realmente es un libro conmovedor escrito por John Perkins. Este autor
es un profeta negro; nació en un pueblo pobre en Missisipi, EUU. En ese pueblo
vivió en la pobreza, más que pobreza, en la miseria. Allí se crió con varios
hermanos en medio de violencias y de la incertidumbre respecto al futuro. Y no
bien pudo escapar, escapó. Se fue a California, donde consiguió un trabajo;
comenzó a ascender socialmente hasta llegar a ser líder del sindicato. Se
compró una casa grande, consiguió su auto, entró al sistema.

Estaba disfrutando de los beneficios de la sociedad de consumo, cuando algo


sucedió, por medio de uno de sus hijos pequeños, que empezó asistir a una
clase de estudio bíblico. John Perkins conoció el evangelio, y desde el
comienzo, se dio cuenta que había que compartir con otros las Buenas Nuevas,
la buena nueva del perdón de sus pecados. Y comenzó a visitar una cárcel
cercana. Allí descubrió que un alto porcentaje de los presos eran negros como
él, que habían llegado a California en busca de buena fortuna, pero que no
habían tenido éxito como él tuvo.

Un día, mientras predicaba el Evangelio, notó que dos jóvenes se echaron a


llorar. El se sintió muy conmovido, viéndoles llorar, se acercó a ellos para
conversar. Y al hacerlo, descubrió que la historia de ellos era muy parecido a la
de él, además descubrió que Dios los había tocado por medio de su mensaje.
Entonces dijo: Bueno, ¿qué hago yo aquí?, ¿por qué tengo que quedarme aquí
y esperar que entren en la prisión para predicarles el Evangelio?

No, yo me voy a mi tierra-empezó a pensar en esos términos-. “John –le decía


el Señor- tienes que volver a Missisipi a predicar el Evangelio”. Y él le
respondía: “por qué no puedo hacerlo acá?”. Y el Señor le replicaba: “¿por qué
tienes que esperarlos aquí? ¿por qué no vas antes que ellos vengan?”.
Entonces empezó una lucha que –según él– duró dos años: me voy, no me
voy; me voy, no me voy; … dos años. Cuando él decía: “vámonos”, su esposa
le contestaba: “¿cómo vamos a volver a Missisipi? estás loco?” Al final John
obedeció a Dios y volvió a su tierra. Estuvo como huésped de una parienta –
creo que de su abuela. Luego llegó a su propio pueblo. La historia es realmente
conmovedora.

Cuenta que, primero, trabajó en la iglesia como maestro de Escuela Dominical.


7
Y cuando empezó a enseñar ciertas cosas, el pastor le dijo: “un momento, no
puedes enseñar esas cosas”. ¿Que sucedía? Resulta que las chicas negras, a
los catorce, quince y dieciséis años, ya estaban embazadas. Había
desocupación y violencia. John descubrió que algunos de los dueños de los
bares –en los cuales se reunían los jóvenes para tener sus fiestas, y, luego,
salir y cometer sus abusos con las chicas- pertenecían a la iglesia y estaban en
su clase de la Escuela Dominical. Aquellos fueron y le dijeron al pastor que
enseñar que a Dios le interesa la justicia es hacer política. ¡Fuera de acá!. A
John lo echaron de la iglesia.

Uno de los capítulos de aquél libro comienza diciendo: “Fue una de las mejores
cosas que jamás me haya ocurrido, algo completamente inesperado, ni lo
había sospechado antes de aquel Domingo de otoño de 1961. Ese día me
echaron de la iglesia. Porque le echaron de la iglesia, él se vio forzado a
trabajar independientemente con los jóvenes negros, enseñándoles la Palabra.
Formó un club de jóvenes…y la historia continúa.

Pero, lo que yo quiero decirles está en el primer capítulo de ese libro y dice:
¡No basta la evangelización!, ¡NO BASTA LA EVANGELIZACIÓN!! Y yo digo de
todo corazón: ¡Amén!

No basta la evangelización concebida como la mera repetición de fórmulas de


salvación, no basta la evangelización como el mensaje del perdón de nuestros
pecados y nada más; ¡no basta! John Perkins no dice que no es necesario que
prediquen el Evangelio. Lo que dice es que no es suficiente. Y, hermanos, llegó
la hora que, en América Latina, digamos: ¡no basta la evangelización cuando
estamos rodeados de tanta necesidad, de tanta pobreza, de tanto abuso de
poder, de tanta corrupción moral. NO BASTA LA EVANGELIZACIÓN.

No basta tener iglesias grandes y, especialmente, llenas de ricos. Iglesia de


ricos ¿eso es lo que queremos?, ¿ellos van a cambiar la sociedad? No
esperemos nada de los ricos en cuanto a cambio de la sociedad. No les
conviene aunque sean evangélicos.

No fue estrategia de Jesús. El no fue a los ricos con la pretensión de que algún
día cambiarán todo. El fue a los pobres, él fue a Galilea; allí, ministró con una
misión integral: enseñando en las sinagogas de ellos y predicando el evangelio
del reino y sanando toda enfermedad y dolencia en el pueblo.

¡Justicia para todos! dice John Perkins; para negros y para blancos, para ricos
y para pobres. Pero, donde los pobres son víctimas de la injusticia, a ellos hay
que hacerles justicia. El evangelio bien entendido, dice Perkins, es un
evangelio integral: responde al hombre como ser personal y social, en su
totalidad. No escoge solo una clase de necesidades, las espirituales o físicas,
para responder únicamente a ellas, sino a todas. Eso fue el ministerio de Jesús
en Galilea. Un ministerio integral.

8
La Compasión de Jesús

La compasión de Jesús. ¡Qué hermosa es esa palabra! ¡Qué palabra tremenda!


COMPASION.

No hay otra traducción tan fiel como uno quisiera, porque la palabra en el
original expresa “una conmoción de las entrañas”. “sentir entrañablemente lo
que vemos”. La compasión es la base de la solidaridad con los otros. Y sin
compasión no hay misión. Podrá haber evangelización barata, podrá haber
técnicas de evangelización, podrá haber proselitismo pero no misión, y menos
misión integral.

La condición necesaria para que haya compasión es ver, ver, ver. Fíjense
ustedes lo que el texto nos dice: “Al ver las multitudes, tuvo compasión”.
Ahora, hay varias maneras de ver a las multitudes, ¿no es cierto?. Está, por
ejemplo, el “ver político”. ¿Qué ven los políticos en las multitudes? Votos,
votos y más votos. Hay el “ver del comerciante”. ¿Qué ven los comerciantes en
las multitudes? Mercado, mercado, ganancias.

Pero hay otro “ver”, el ver de Jesús” que es el ver solidario, el ver que nace de
un contacto, de una comunión con el hombre y con Dios, desde la perspectiva
del Reino. Y yo digo, hermanos, ¿no será que muchos de nosotros,
especialmente los de la clase media para arriba, los privilegiados, los que
podemos ir a la universidad, no abrimos los ojos para ver, y más aún, para ver
con la compasión de Jesús?.

Qué curioso, en la parábola del Buen Samaritano, hay otras personas que ven
al hombre, el cual cae víctima de los ladrones. Pasó el uno, vio al hombre y
siguió su camino; pasó el otro, vio al hombre, pero siguió su camino. Vino el
tercero, vio al hombre y tuvo compasión. La misma palabra “compasión”. Tuvo
compasión, esa fue la diferencia.

Hace algunos años, cuando trabajaba con la Comunidad Internacional de


Estudiantes Evangélicos (CIEE), organizamos un Encuentro en Lima. Era un
seminario de capacitación, de un mes de duración. Una de las preocupaciones
que nosotros teníamos como organizadores del seminario era, ¿cómo
comunicar una visión al estudiante universitario de lo que significa vivir el
evangelio en una situación de injusticia, de pobreza y explotación? Entonces
decidimos hacer un experimento; organizar un curso de ALFALIT como parte
de nuestro seminario, para lo cual tuvimos la colaboración de un hermano que
en ese tiempo trabajaba con ALFALIT, en Bolivia y vino a Lima. Y, en medio del
seminario tuvimos ese cursillo de ALFALIT, de manera que los estudiantes
universitarios tuvieron que salir del seminario, donde estaban reunidos para ir
a un barrio pobre, un pueblo joven, donde se vive una vida de miseria. Y
empezaron a dar el curso de ALFALIT, alfabetizar a los que no sabían leer.
9
¡Qué cosa tremenda para muchos de los estudiantes! Nunca olvidaré lo que un
participante, que estuvo estudiando para ser médico, en Venezuela, cuando
terminó toda la experiencia, me dijo “René, no me vas a creer, yo he vivido
toda mi vida en América Latina, pero, nunca he entrado a un barrio pobre así,
nunca he entrado, lo he visto a la distancia, nunca he olido los olores de la
pobreza, nunca he visto así a la gente aglutinada en una sola pieza, nunca he
visto, nunca”.
Y ese es nuestro problema. Muchas veces nos acostumbramos a ver la pobreza
a nuestro alrededor, pero, preferimos adoptar un aire de indiferencia. Nosotros
estamos ocupados en nuestro propio asunto, estamos preparándonos para ser
profesionales, y, claro, el profesional tiene que mantener su distancia, sino,
para qué es profesional! Si no es para estar bien, para pertenecer a otra clase
social, para ganar mejor, para aprovechar los recursos que ofrece la sociedad
de consumo.

Un poema, escrito por una chica argentina (Norma de‟Re, dice:

LA PARED

Todos piden que se levante una pared,


no importa como sea,
pero tiene que ser pronto.
Una pared que separe,
una pared que oculte.
Ver a la ebria gesticular, y pagar y caer
no es cosa que agrada
y mucho menos, ver
que sus propios hijos la ven
su torpe figura denigrándose en la noche.
Y cuando el sol está bien alto y es Domingo
y tiene seis jornales en sus manos,
ella grita, y bien fuerte,
grita que con mil pesos
no hace nada.
Si son cinco bocas,
y luego baila, baila,
delira.
¡Vaya a saber qué sueños cree vivir!
y nadie quisiera verla
y nadie quisiera saber que existe.
Levantar una pared…
¿hasta cuándo Señor?
¿hasta cuándo vamos a pretender vivir aislados
en nuestro mundo rosa, sin saber que otros sufren,
ignorantes de la miseria,
10
rodeados de blancos almohadones
para qué el dolor de otros no nos contamine?
Todos quieren levantar una pared:
no vaya a ser que nuestra conciencia se intranquilice
y pretende señalarnos nuestra culpa.

Jesús vio a las multitudes y los vio con compasión, y fue movido por su
compasión. La condición necesaria para el actuar compasivo es juzgar cuál es
la razón de la situación de la gente. ¿Por qué están así? Nuestros racionalismos
nos proveen respuestas fáciles e inmediatas: ¡Ah!, son vagos, no trabajan.
Jesús vio a la gente como ovejas sin pastor, es decir, como masas sin líderes,
eso es, ¡como masas son líderes! Y la pregunta es: -¿no había líderes en
Israel? Sí habían. Pero, ¿dónde estaban? Estaban en Jerusalén dedicados a
preservar el status quo.

Lean la obra de Joacim Jeremías: “Jerusalén en el tiempo de Jesús”, y lean


acerca de la explotación de los pobres, por parte de los poderosos, de la clase
gobernante: los fariseos, los saduceos. Los líderes estaban dedicados a sus
propios fines. La ausencia de líderes que se preocupen en el uso del poder por
el bien de los demás, especialmente de los pobres, hace falta. Cómo falta eso
¡Cómo falta eso!

En América Latina nos especializamos en líderes caudillos, gente que ofrece de


todo durante su campaña electoral, y después ¿qué hacen? ¡Como necesitamos
líderes de integridad, que pongan los intereses del pueblo por encina de los
intereses propios o del partido!

Hace unos días salió, en la editorial de la revista Misión, lo siguiente:

“Ya esté compuesto por militares o políticos, empresarios aprovechados o


sindicalistas banales, la nueva clase explotadora del Tercer Mundo es una
especie autóctona”.

Yo creo que, gran parte del problema de América Latina está en el liderazgo.
Ahora, Jesús tuvo un Plan de Acción, ¿cuál fue?

El Plan de Acción de Jesús

Aquí, podemos hablar de la política de Jesús. Los que no conocen ese libro
Jesús y la Realidad Política de John Yoder, publicado por Ediciones Certeza,
deben conocerlo, es un libro excelente. Jesús murió como subversivo, no lo
dudemos, esa fue la acusación. El hecho que muriera en la cruz muestra,
claramente, que fue esa la acusación que halló eco frente a las autoridades
11
romanas. Murió en una cruz como un zelote que pretendiera alzarse en armas
contra el Imperio Romano. Pero no fue un zelote, su conflicto con las
autoridades del pueblo no se debieron a que él trataba de ocupar su lugar, en
ningún momento.

Jesús siguió una política definida, la política que le dictó la compasión. Su


compasión lo movió a hacer suyas las necesidades del pueblo y a desarrollar
un ministerio entre las multitudes abandonadas por sus líderes.

Les desafió a leer el Evangelio de Lucas, subrayando todas las veces que
encuentren esta palabra „multitud‟ y cuántas de esas referencias a la multitud
tiene que ver con la relación entre Jesús y ellas.

Jesús se movía en medio de las multitudes, se preocupó por la gente más


necesitada: curó a los leprosos, a los ciegos, a los mancos, a los cojos; se
juntó con gente de mala calaña; entre sus seguidores estaban las rameras, los
publicanos, la escoria de la sociedad; se solidarizó con los pobres. Y a ellos les
anunció las buenas nuevas del Reino.

Las multitudes querían hacerlo rey. Lean Juan 6. Los sacerdotes y los escribas
veían en él una amenaza. Jesús se dedicó a dar dignidad al pueblo, a mostrar
a la gente pobre que estaba hecho a la imagen y semejanza de Dios, que Dios
quería visitarlos en su Mesías, y que había iniciado él como Mesías una nueva
era, la era de la justicia y la paz.

Tarde o temprano, descubrimos –quienes nos hemos ocupado de hacer algo


para que la iglesia sea un poquito más responsable frente a las necesidades de
la gente más pobre de la sociedad- que el problema no es meramente
económico, es un problema de oportunidades y de decisiones. Es un problema
de pensarse a sí mismo como dignos de algo, como seres humanos. Tanto se
les ha dicho que no valen, que no valen nada, que son vagos; y bueno,
finalmente, pareciera que se han convencido de eso.

Yo quiero repetir: la justicia de Dios y el mejoramiento de la justicia en la


sociedad no se va a dar a partir de los que tienen el poder. Se va a dar a partir
de la toma de conciencia de la gente pobre, de saber quiénes son delante de
Dios, y lo que pueden hacer si se unen, y más, si confían en Dios.
¿Qué recursos humanos tiene Jesús a su disposición? ¿Con quiénes cuenta
para la misión? Lo primero que el pasaje nos dice es: “A la verdad la mies es
mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envié
obreros a su mies.

Aquí, se da el presupuesto que la siega y la cosecha dependen de Dios. El va a


llamar obreros. Para eso la oración: va a haber obreros, va a haber segadores.
Y para empezar, sus discípulos son los que van a orar y pedir que Dios envié
obreros a su mies. Allí empieza Jesús, empieza con la oración: “Señor envía
obreros a tu mies, envía obreros a tu mies”. Ese es el lugar donde hay que
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empezar, en el reconocimiento de que Dios es el dueño de la mies; que él
llama, que él envía y él levanta obreros. Esta no es una obra meramente
humana, es la obra de Dios que requiere de agente humanos. ¡Envía obreros a
tu mies!

Es peligroso orar: “Señor, envía obreros a tu mies”, porque nos puede pasar lo
mismo que les pasó a los discipulados de Jesús:

Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus
inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda
dolencia. Mateo 10: 1
Esa fue parte de la respuesta a la oración. Y ¿quiénes eran los discípulos? Eran
la comunidad de Jesús, y la comunidad de Jesús tenía que apropiarse de la
responsabilidad de continuar la tarea de Jesús. Y no hemos aprendido nada
acerca de la misión si no hemos aprendido esto: la misión de la iglesia tiene
que ser la prolongación de la misión de Jesús.

Lean tanto el capítulo y van a encontrar que Jesús les da poder, el poder del
Espíritu Santo. Les da autoridad que viene de él y con ese poder los envía. Los
envía ¿para qué? Para que hagan lo mismo que él ha hecho, para que
prediquen el mensaje del Reino de Dios, para que enseñen, para que sanen
toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. Y aquí hay un dato que parece
importante: “No lleven oro ni plata ni bolsa para el camino. No lleven ropa de
repuesto ni sandalias, ni bastón, pues el trabajador tiene el derecho a su
alimento”.

Radical, ¿no es cierto? Muy radical. Yo, a veces, me pregunto: “¿Qué pasa, hoy
en día, que hay tan poca gente dispuesta a poner de lado la seguridad
económica para servir a Dios? Yo he notado un cambio, inclusive desde cuando
yo empecé en la obra estudiantil, hace muchos años ya, que yo sepa, ninguno
de los primeros obreros de la CIEE preguntaron cuánto iban a ganar; primero
se comprometieron, después supieron que el salario sería bastante exiguo.
Primero estaba el compromiso.

Los problemas de la justicia, de la pobreza, del abandono espiritual, no se va a


solucionar porque haya un grupo de gente que tiene todo, todo asegurado,
primero, antes de dar un paso.

Yo tengo grandes preguntas, hermanos y hermanas, en cuanto a la base


económica de la obra evangélica. Y tengo grandes preguntas en cuanto a lo
que significa llevar un estilo de vida totalmente distinto, totalmente ajeno a la
situación en que vivimos.

Yo no me he ido a vivir en un barrio pobre de San Fernando, en donde


estamos trabajando, pero yo me hago, una y otra vez, la pregunta: “¿por qué
no voy?, ¿por qué no voy yo?”. Yo no estoy diciendo que todos tienen que ir a
vivir a un barrio pobre, pero algo anda mal si no hay personas dispuestas a ir.
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Algo anda mal si primero estamos preocupados en cuanto a qué nivel de vida
vamos a tener.

Si servimos al Señor sea como pastores, sea como profesionales, déjenme


decirles esto: si yo estuviera viviendo mi vida pensaría, con mucho cuidado, si
debo casarme o no. Ahora, no me malentiendan; llevo 27 años de casado y
doy gracias a Dios, doy gracias a Dios por mi señora y mis hijos. Creo que esto
ha sido la voluntad y el propósito de Dios. No, esto no nace de un
arrepentimiento de haberme casado, no, para nada. Los que conocen mi
familia saben que estoy hablando honestamente.

Pero yo, por primera vez, trabajando con un grupo de personas de mi iglesia
en un barrio pobre, muy pobre, en Buenos Aires, he visto los valores del
celibato. Por primera vez, he visto cómo gente que tiene una fe que no
coincide exactamente con la mía, puede dedicarse de lleno a servir a los
pobres, a vivir entre ellos, con todos sus títulos, con toda su preparación. Y yo
digo “¿qué pasa en el ambiente evangélico? ¿qué pasa en el ambiente
evangélico que no tenemos eso?”. No tenemos un espíritu de sacrificio,
preferimos la comodidad; usamos nuestros títulos como un medio para
ascender socialmente y asegurar nuestro futuro. Pero eso es incorrecto.
Y yo tengo un sueño, ni sueño es que en América Latina surjan muchos,
muchísimos, grupos de jóvenes dispuestos a irse a vivir en barrios pobres para
servir a la gente, para proclamar el mensaje del Reino de Dios, para sanar
toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo, para proveer liderazgo, para
mostrar que el Reino de Dios es una realidad, para trabajar por la justicia y la
paz. Yo quisiera ver grupos de cinco, seis, siete jóvenes trabajando en
comunidad: un europeo, un latino, un yanqui, no importa. Unidos en el amor
del Señor comprometidos por tres, cuatro o cinco años, nada más para
empezar; a lo mejor después no quisiera irse. Y asumen la opción Galilea.

Oh no, nosotros preferimos soñar con grandes iglesias, para eso ya tenemos
las técnicas: iglesias llenas de ricos, porque algún día uno va a ser nombrado
presidente. Y así hagan como lo hicieron los presidentes de Guatemala y Brasil.
¿Qué ganamos?, esa no es la estrategia de Jesús. La estrategia de Jesús es la
opción Galilea.

Y el pueblo de Dios está llamado a ser portadora de esa buena nueva, ¿qué
sucedería si en América Latina y en muchos lugares y en muchas ciudades
cada iglesia tuviera un plan de evangelización en esos términos?

Hace unos años, me invitaron a un seminario a dictar un curso sobre la Misión


de la iglesia, allá en Buenos Aires. Le dije al hermano que me invito: “Mira,
realmente quisiera hacer un experimento y me ofrezco para hacerlo. En vez de
enseñar un curso en el aula, ¿por qué no seleccionamos seis o siete jóvenes
que estén dispuestos a ir conmigo a vivir en una zona bien pobre de Buenos
Aires, por unos dos o tres meses? y yo me comprometo a ir”.
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El hermano me contestó: “Pero René, eso es muy radical”. “Yo sé -le dije- que
es muy radical, pero no tan radical como lo que yo encuentro en los
Evangelios. ¿Qué, de hacer una experiencia así?, ¿no podrían hacerlo?”. El
hermano dijo: “pero sería difícil”. “Yo me ofrezco para hacer esto, yo estoy
dispuesto a ir si me das esos estudiantes”, insistí: vamos allí, ahí leemos la
Biblia, estudiamos la Palabra, trabajamos con la gente que para ver qué pasa.
Entonces el pastor me respondió: “déjenme pensarlo”. Hasta ahora debe estar
pensándolo, porque no volví a escuchar del asunto.

Hermanos: el Señor nos llama a dar pasos radicales, porque la obra es difícil.
La noche está avanzada, la situación de nuestros pueblos va de mal en peor,
las masas están sin líderes y muchas iglesias están dedicadas a predicar un
evangelio desencarnado y barato. Y los profesionales evangélicos, muchos,
están totalmente condicionados por la sociedad de consumo.
Dios nos dé su poder y su gracia para responder a este llamado, que es un
llamado del Evangelio.

El que quiera seguir en pos de mí, niéguese a si mismo tome su cruz y sígame.

NOTA:

El presente documento es una transcripción de la disertación del Dr. René


Padilla en el I Encuentro de Estudiantes y Profesionales del Ecuador, en
Octubre de 1988.

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