Poemas y
sonetos
por Sor Juana Inés de la Cruz
Ilustraciones: Emilio Valverde
Poemas
Amor Inoportuno
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Dos dudas en que escoger Mas por otra parte siento
Tengo, y no se ha cual prefiera, Que es también mucho rigor
Pues vos sentís que no quiera Que lo que os debo en amor
Y yo sintiera querer. Pague en aborrecimiento.
Con que si a cualquiera lado Y aun irracional parece
Quiero inclinarme, es forzoso Este rigor, pues se infiere,
Quedando el uno gustoso Si aborrezco a quien me quiere
Que otro quede disgustado. ¿qué haré con quien aborrezco?
Si daros gusto me ordena No sé como despacharos,
La obligación, es injusto Pues hallo al determinarme
Que por daros a vos gusto Que amaros es disgustarme
Haya yo de tener pena. Y no amaros disgustaros;
Y no juzgo que habrá quien Pero dar un medio justo
Apruebe sentencia tal, En estas dudas pretendo,
Como que me trate mal Pues no queriendo, os ofendo,
Por trataros a vos bien. Y queriéndoos me disgusto.
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Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Y sea esta la sentencia, Sólo este medio es bastante
Porque no os podáis quejar, A ajustarnos, si os contenta,
Que entre aborrecer y amar Que vos me logréis atenta
Se parta la diferencia, Sin que yo pase a lo amante,
De modo que entre el rigor Y así quedo en mi entender
Y el llegar a querer bien, Esta vez bien con los dos;
Ni vos encontréis desdén Con agradecer, con vos;
Ni yo pueda encontrar amor. Conmigo, con no querer.
Esto el discurso aconseja, Que aunque a nadie llega a darse
Pues con esta conveniencia En este gusto cumplido,
Ni yo quedo con violencia Ver que es igual el partido
Ni vos os partís con queja. Servirá de resignarse.
Y que estaremos infiero
Gustosos con lo que ofrezco;
Vos de ver que no aborrezco,
Yo de saber que no quiero.
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Ante la ausencia
Divino dueño mío,
si al tiempo de partirme
tiene mi amante pecho
alientos de quejarse,
oye mis penas, mira mis males.
Aliéntese el dolor,
si puede lamentarse,
y a la vista de perderte
mi corazón exhale
llanto a la tierra, quejas al aire.
Apenas tus favores
quisieron coronarme,
dichoso más que todos,
felices como nadie,
cuando los gustos fueron pesares.
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Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Sin duda el ser dichoso
es la culpa más grave,
pues mi fortuna adversa
dispone que la pague
con que a mis ojos tus luces falten,
¡Ay, dura ley de ausencia!
¿quién podrá derogarte,
si a donde yo no quiero
me llevas, sin llevarme,
con alma muerta, vivo cadáver?
¿Será de tus favores
sólo el corazón cárcel
por ser aun el silencio
si quiero que los guarde,
custodio indigno, sigilo frágil?
Y puesto que me ausento,
por el último vale
te prometo rendido
mi amor y fe constante,
siempre quererte, nunca olvidarte
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Cogióme sin prevención
Cogióme sin prevención
Amor, astuto y tirano:
con capa de cortesano
se me entró en el corazón.
Descuidada la razón
y sin armas los sentidos,
dieron puerta inadvertidos;
y él, por lograr sus enojos,
mientras suspendió los ojos
me salteó los oídos.
Disfrazado entró y mañoso;
mas ya que dentro se vio
del Paladión, salió
de aquel disfraz engañoso;
y, con ánimo furioso,
tomando las armas luego,
se descubrió astuto Griego
que, iras brotando y furores,
matando los defensores,
puso a toda el Alma fuego.
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Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Cogióme sin prevención Todo el palacio abrasado
Amor, astuto y tirano: se ve, todo destruido;
con capa de cortesano Deifobo allí mal herido,
se me entró en el corazón. aquí Paris maltratado.
Descuidada la razón Prende también su cuidado
y sin armas los sentidos, la modestia en Polixena;
dieron puerta inadvertidos; y en medio de tanta pena,
y él, por lograr sus enojos, tanta muerte y confusión,
mientras suspendió los ojos a la ilícita afición
me salteó los oídos. sólo reserva en Elena.
Disfrazado entró y mañoso; Ya la Ciudad, que vecina
mas ya que dentro se vio fue al Cielo, con tanto arder,
del Paladión, salió sólo guarda de su ser
de aquel disfraz engañoso; vestigios, en su ruina
y, con ánimo furioso, .
tomando las armas luego, Todo el amor lo extermina;
se descubrió astuto Griego y con ardiente furor,
que, iras brotando y furores, sólo se oye, entre el rumor
matando los defensores, con que su crueldad apoya:
puso a toda el Alma fuego. “Aquí yace un Alma Troya
¡Victoria por el Amor!”
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
De amor y de discreción
En que satisface un recelo con la retórica
del llanto.
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba;
y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía:
pues entre el llanto, que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste;
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste
con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.
Día de Comunión
de Sor Juana Inés de la Cruz
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Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Amante dulce del alma, Mas ¡ay, bárbara ignorante,
bien soberano a que aspiro, y que de errores he dicho,
tú que sabes las ofensas como si el estorbo humano
castigar a beneficios; obstara al lince divino!
divino imán en que adoro Para ver los corazones
hoy que tan propicio os miro no es menester asistirlos;
que me animás a la osadía que para vos son patentes
de poder llamaros mío; las entrañas del abismo.
hoy, que en unión amorosa, Con una intuición presente
pareció a vuestro cariño, tenéis en vuestro registro,
que si no estabais en mí el infinito pasado,
era poco estar conmigo; hasta el presente finito;
hoy, que para examinar luego no necesitabais,
el afecto con que os sirvo, para ver el pecho mío,
al corazón en persona si lo estáis mirando sabio,
habéis entrado vos mismo, entrar a mirarlo fino;
pregunto ¿es amor o celos luego es amor, no celos,
tan cuidadoso escrutinio? lo que en vos miro.
que quien lo registra todo
da de sospechar indicios.
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Dime vencedor rapaz
Dime vencedor Rapaz,
vencido de mi constancia,
¿Qué ha sacado tu arrogancia
de alterar mi firme paz?
Que aunque de vencer capaz
es la punta de tu arpón
el más duro corazón
¿qué importa el tiro violento,
si a pesar del vencimiento
queda viva la razón?
Tienes grande señorío;
pero tu jurisdicción
domina la inclinación,
mas no pasa el albedrío.
Y así librarme confío
de tu loco atrevimiento,
pues aunque rendida siento
y presa la libertad,
se rinde la voluntad
pero no el consentimiento.
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Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
En dos partes dividida
tengo el alma en confusión:
una, esclava a la pasión,
y otra, a la razón medida.
Guerra civil, encendida,
aflige el pecho importuna:
quiere vencer cada una,
y entre fortunas tan varias,
morirán ambas contrarias
pero vencerá ninguna.
Cuando fuera, Amor, te vía,
no merecí de ti palma;
y hoy, que estás dentro del alma,
es resistir valentía.
Córrase, pues, tu porfía,
de los triunfos que te gano:
pues cuando ocupas, tirano,
el alma, sin resistillo,
tienes vencido el Castillo
e invencible el Castellano.
Invicta razón alienta
armas contra tu vil saña,
y el pecho es corta campaña
a batalla tan sangrienta.
Y así, Amor, en vano intenta
tu esfuerzo loco ofenderme:
pues podré decir, al verme
expirar sin entregarme,
que conseguiste matarme
mas no pudiste vencerme.
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Envía una rosa a la
virreina
Ésa, que alegra y ufana
de carmín fragante esmero,
del tiempo al ardor primero,
se encendió llama de grama;
preludio de la mañana
del rosicler más ufano
es primicia del verano,
Lisi divina, que en fe
de que la debió a tu pie
la sacrifica tu mano.
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Este amoroso tormento
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Este amoroso tormento Siento un anhelo tirano
que en mi corazón se ve, por la ocasión a que aspiro,
se que lo siento y no sé y cuando cerca la miro
la causa porque lo siento yo misma aparto la mano.
Porque si acaso se ofrece,
Siento una grave agonía después de tanto desvelo
por lograr un devaneo, la desazona el recelo
que empieza como deseo o el susto la desvanece.
y para en melancolía.
Y si alguna vez sin susto
y cuando con mas terneza consigo tal posesión
mi infeliz estado lloro (cualquiera) leve ocasión
sé que estoy triste e ignoro me malogra todo el gusto.
la causa de mi tristeza.
Siento mal del mismo bien
con receloso temor
y me obliga el mismo amor
tal vez a mostrar desdén.
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Estos versos lector mío
Estos versos, lector mío, No hay cosa más libre que
que a tu deleite consagro, el entendimiento humano;
y sólo tienen de buenos pues lo que Dios no violenta,
conocer yo que son malos, por qué yo he de violentarlo?
ni disputártelos quiero,
ni quiero recomendarlos, Di cuanto quisieres de ellos,
porque eso fuera querer que, cuanto más inhumano
hacer de ellos mucho caso. me los mordieres, entonces
me quedas más obligado,
No agradecido te busco: pues le debes a mi musa
pues no debes, bien mirado, el más sazonado plato
estimar lo que yo nunca (que es el murmurar), según
juzgué que fuera a tus manos. un adagio cortesano.
En tu libertad te pongo, Y siempre te sirvo, pues,
si quisieres censurarlos; o te agrado, o no te agrado:
pues de que, al cabo, te estás si te agrado, te diviertes;
en ella, estoy muy al cabo. murmuras, si no te cuadro.
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Bien pudiera yo decirte Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
por disculpa, que no ha dado
lugar para corregirlos
la priesa de los traslados;
que van de diversas letras,
y que algunos, de muchachos,
matan de suerte el sentido
que es cadáver el vocablo;
y que, cuando los he hecho,
ha sido en el corto espacio
que ferian al ocio las
precisiones de mi estado;
que tengo poca salud
y continuos embarazos,
tales, que aun diciendo esto,
llevo la pluma trotando.
Pero todo eso no sirve,
pues pensarás que me jacto
de que quizá fueran buenos
a haberlos hecho despacio;
y no quiero que tal creas,
sino sólo que es el darlos
a la luz, tan sólo por
obedecer un mandato.
Esto es, si gustas creerlo,
que sobre eso no me mato,
pues al cabo harás lo que
se te pusiere en los cascos.
Y adiós, que esto no es más de
darte la muestra del paño:
si no te agrada la pieza,
no desenvuelvas el fardo.
Excusándose
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Excusándose de un silencio en ocasión de Ni de explicarme dejaba,
un precepto para que le rompa Que como la pasión mía
Acá en el alma te hablaba
Pedirte, señora, quiero
De mi silencio perdón, Y en esta idea notable
Si lo que ha sido atención, Dichosamente vivía;
Le hace parecer grosero. Porque en mi mano tenía
El fingirte favorable.
Y no me podrás culpar
Si hasta aquí mi proceder, Con traza tan peregrina
Por ocuparse en querer Vivió mi esperanza vana
Se ha olvidado de explicar. Pues te puedo hacer humana
Concibiéndote divina.
Que en mi amorosa pasión
No fue descuido ni mengua ¡Oh, cuan loco llegué a verme
Quitar el uso a la lengua en tus dichosos amores,
Por dárselo al corazón. que aun fingidos tus favores
pudieron enloquecerme!
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Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
¡Oh, cuán loco llegué a verme Y aunque el amar tu belleza
en tus dichosos amores, Es delito sin disculpa,
que aun fingidos tus favores Castíguense la culpa
pudieron enloquecerme! Primero que la tibieza.
¡Oh, cómo en tu Sol hermoso No quieras, pues, rigurosa,
mi ardiente afecto encendido, Que estando ya declarada,
por cebarse en lo lúcido, Sea de veras desdichada
olvidó lo peligroso! Quien fue de burlas dichosa.
Perdona, si atrevimiento Si culpas mi desacato,
Fue atreverme a tu ardor puro; Culpa también tu licencia;
Que no hay Sagrado seguro Que si es mala mi obediencia,
De culpas de pensamiento. No fue justo tu mandato.
De esta manera engañaba Y si es culpable mi intento,
La loca esperanza mía, Será mi afecto preciso;
Y dentro de mí tenía Porque es amarte un delito
Todo el bien que deseaba. De que nunca me arrepiento.
Mas ya tu precepto grave Esto en mis afectos halló,
Rompe mi silencio mudo; Y más, que explicar no sé;
Que él solamente ser pudo Mas tú, de lo que callé,
De mi respeto la llave. Inferirás lo que callo.
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Expresa los efectos
Si es lícito y aun debido
este cariño que tengo
Expresa los efectos del amor divino
¿por qué me han de dar castigo
porque pago lo que debo?
Traigo conmigo un cuidado
y tan esquivo que creo
¡Oh cuánta fineza, oh cuántos
que aunque se sentirlo tanto,
cariños he visto tiernos!
aun yo misma no lo siento.
que amor que se tiene en Dios
es calidad sin opuestos.
Es amor, pero es amor
que faltándole lo ciego,
De lo lícito no puede
los ojos que tiene son
hacer contrarios conceptos
para darle más tormento.
con que es amor que al olvido
no puede vivir expuesto.
El término no es a quo,
que causa el pesar, que veo,
Yo me acuerdo ¡oh nunca fuera!
que siendo el término el bien
que he querido en otro tiempo
todo el dolor es el medio.
lo que pasó de locura
y lo que excedió de extremo.
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Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Más como era amor bastardo
y de contrarios compuesto, Si es delito, ya lo digo;
fue fácil desvanecerse si es culpa, ya lo confieso,
de achaque de su ser mesmo. mas no puedo arrepentirme
por más que hacerlo pretendo.
Mas ahora ¡ay de mi! está
tan en su natural centro, Bien ha visto quien penetra
que la virtud y razón lo interior de mis secretos
son quien aviva su incendio. que yo misma estoy formando
los dolores que padezco.
Quien tal oyere dirá
que si es así ¿por qué peno? Bien sabe que soy yo misma
Más mi corazón ansioso verdugo de mis deseos,
dirá que por eso mesmo. pues muertos entre mis ansias,
tienen sepulcro en mi pecho.
¡Oh humana flaqueza nuestra,
adonde el más puro afecto Muero ¿quién lo creerá? a manos
aun no sabe desnudarse de la cosa que más quiero,
del natural sentimiento! y el motivo de matarme
es el amor que le tengo.
Tan precisa es la apetencia
que a ser amados tenemos, Así alimentando triste
que aun sabiendo que no sirve la vida con el veneno,
nunca dejarla sabemos. la misma muerte que vivo,
es la vida con que muero.
Que corresponda a mi amor
nada añade, mas no puedo Pero, valor, corazón,
por más que lo solicito porque en tan dulce tormento,
dejar yo de apetecerlo. en medio de cualquier suerte
no dejar de amar protesto.
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Finjamos que soy feliz
Finjamos que soy feliz, Todo el mundo es opiniones
triste pensamiento, un rato; de pareceres tan varios,
quizá prodréis persuadirme, que lo que el uno que es negro
aunque yo sé lo contrario, el otro prueba que es blanco.
que pues sólo en la aprehensión A unos sirve de atractivo
dicen que estriban los daños, lo que otro concibe enfado;
si os imagináis dichoso y lo que éste por alivio,
no seréis tan desdichado. aquél tiene por trabajo.
Sírvame el entendimiento El que está triste, censura
alguna vez de descanso, al alegre de liviano;
y no siempre esté el ingenio y el que esta alegre se burla
con el provecho encontrado. de ver al triste penando.
Los dos filósofos griegos
bien esta verdad probaron:
pues lo que en el uno risa,
causaba en el otro llanto.
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Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz O ¿por qué, contra vos mismo,
severamente inhumano,
entre lo amargo y lo dulce,
queréis elegir lo amargo?
Si es mío mi entendimiento,
¿por qué siempre he de encontrarlo
tan torpe para el alivio,
tan agudo para el daño?
El discurso es un acero
que sirve para ambos cabos:
de dar muerte, por la punta,
por el pomo, de resguardo.
Si vos, sabiendo el peligro
queréis por la punta usarlo,
¿qué culpa tiene el acero
del mal uso de la mano?
No es saber, saber hacer
discursos sutiles, vanos;
que el saber consiste sólo
en elegir lo más sano.
Especular las desdichas
y examinar los presagios,
sólo sirve de que el mal
crezca con anticiparlo.
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
En los trabajos futuros,
la atención, sutilizando,
más formidable que el riesgo
suele fingir el amago.
Qué feliz es la ignorancia
del que, indoctamente sabio,
halla de lo que padece,
en lo que ignora, sagrado!
No siempre suben seguros
vuelos del ingenio osados,
que buscan trono en el fuego
y hallan sepulcro en el llanto.
También es vicio el saber,
que si no se va atajando,
cuando menos se conoce
es más nocivo el estrago;
y si el vuelo no le abaten,
en sutilezas cebado,
por cuidar de lo curioso
olvida lo necesario.
Si culta mano no impide
crecer al árbol copado,
quita la sustancia al fruto
la locura de los ramos.
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Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Si andar a nave ligera
no estorba lastre pesado,
sirve el vuelo de que sea ¿Qué loca ambición nos lleva
el precipicio más alto. de nosotros olvidados?
Si es para vivir tan poco,
En amenidad inútil, ¿de qué sirve saber tanto?
¿qué importa al florido campo,
si no halla fruto el otoño, ¡Oh, si como hay de saber,
que ostente flores el mayo? hubiera algún seminario
o escuela donde a ignorar
¿De qué sirve al ingenio se enseñaran los trabajos!
el producir muchos partos,
si a la multitud se sigue ¡Qué felizmente viviera
el malogro de abortarlos? el que, flojamente cauto,
burlara las amenazas
Y a esta desdicha por fuerza del influjo de los astros!
ha de seguirse el fracaso
de quedar el que produce, Aprendamos a ignorar,
si no muerto, lastimado. pensamiento, pues hallamos
que cuanto añado al discurso,
El ingenio es como el fuego, tanto le usurpo a los años.
que, con la materia ingrato,
tanto la consume más
cuando él se ostenta más claro. Este pésimo ejercicio,
este duro afán pesado,
Es de su propio Señor a los ojos de los hombres
tan rebelado vasallo, dio Dios para ejercitarlos.
que convierte en sus ofensas
las armas de su resguardo.
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Letras para Tan bella, sobre canora,
Que el amor dudoso admira,
Si se deben sus arpones
A sus ecos, o a su vista.
cantar
Porque tan confusamente
Hiere, que no se averigua,
si está en la voz la hermosura,
O en los ojos la armonía.
Homicidas sus facciones
El mortal cambio ejercitan;
Voces, que alteran los ojos
Rayos que el labio fulmina.
Quién podrá vivir seguro,
si su hermosura Divina
Hirió blandamente el aire Con los ojos y las voces
Con su dulce voz Narcisa, Duplicadas armas vibra.
Y él le repitió los ecos
Por boca de las heridas. El Mar la admira Sirena,
Y con sus marinas Ninfas
De los celestiales Ejes Le da en lenguas de las Aguas
El rápido curso fija, Alabanzas cristalinas:
Y en los Elementos cesa Pero Fabio que es el blanco
la discordia nunca unida. Adonde las flecha tira,
Así le dijo, culpando
Al dulce imán de su voz De superfluas sus heridas:
Quisieran, por asistirla, No dupliques las armas,
Firmamento ser el Móvil, Bella homicida,
El Sol ser estrella fija. que está ociosa la muerte
Donde no hay vida.
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Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Nacimieno de Cristo
De la más fragante rosa
Nació la abeja más bella,
A quien el limpio rocío
Dio purísima materia.
Nace, pues, y apenas nace,
Cuando en la misma moneda,
Lo que en perlas recibió
Empieza a pagar en perlas.
Que llora el alba, no es mucho
Que es costumbre en su belleza;
Mas ¿quién hay que no se admire
De que el sol lágrimas vierta?
Si es por secundar la rosa,
Es ociosa diligencia,
Pues no es menester rocío
Después de nacer la abeja.
Y más cuando en la clausura
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz De su virginal pureza
Ni antecedente haber pudo,
Ni puede haber quien suceda,
¿Pues a que fin es el llanto,
que dulcemente riega?
Quien no puede dar más fruto
¿qué importa que estéril sea?
Mas ay, que la abeja tiene
Tan íntima dependencia
Siempre con la rosa, que
Depende su vida de ella;
Pues dándole néctar puro,
Que sus fragancias engendran,
No sólo antes le concibe
Pero después le alimenta.
Hijo y madre, en tan divinas
Peregrinas competencias,
Ninguno queda deudor,
Y ambos obligados quedan.
La abeja paga el rocío
De que la rosa la engendra,
Y ella vuelve a retornarle con
Lo mismo que la engendra.
Ayudando el uno al otro
Con mutua correspondencia,
La abeja a la flor fecunda,
Y ella a la abeja sustenta.
Pues si por eso es el llanto,
Llore Jesús, norabuena, 28
Que lo que expende en rocío
Cobrará después en néctar.
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Oración Del pecado el duro azar
Sentimos, que padecemos
Y nunca enmendar queremos
La costumbre de pecar.
traducida
Cuando en tus azotes suda
Sangre la naturaleza,
Se rinde nuestra flaqueza,
Y la maldad no se muda.
Cuando el pecado mancilla
La mente con fiera herida,
Padece el alma afligida,
Y la cerviz no se humilla.
La vida suelta la rienda
En su acostumbrado error,
Ante tus ojos benditos Suspira por el dolor,
Las culpas manifestamos, Y en el obrar no se enmienda.
Y las heridas mostramos,
Que hicieron nuestros delitos. Puestos entre dos extremos,
En cualquiera peligramos;
Si el mal, que hemos cometido, Si esperas, no la enmendamos;
Viene a ser considerado, Si te vengas, nos perdemos.
Menor es lo tolerado,
Mayor es lo merecido. De la aflicción el quebranto
Nos obliga a la contricción
La conciencia nos condena, Y en pasando la aflicción,
No hallando en ella disculpa, Se olvida también el llanto.
Que respecto de la culpa,
Es muy liviana la pena.
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz Cuando tu castigo empieza
Promete el temor humano;
Y en suspendiendo la mano,
No se cumple la promesa.
Cuando nos hieres, clamamos
Que el perdón nos des, que puedes,
Y así que nos lo concedes.
Otra vez te provocamos.
Tienes a la humana gente
Convicta en su confesión,
Que si no le das perdón,
la acabarás justamente.
Concede al humilde ruego
Sin mérito a quien criaste,
Tú que de nada formas
A quien te rogará luego.
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Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Pues estoy Si a otros crédito has dado,
Fabio, ¿por qué a tus ojos se lo niegas,
condenada
y el sentido trocado
de la ley, al cordel mi cuello entregas,
pues liberal me amplías los rigores
y avaro me restringes los favores?
Si a otros ojos he visto,
mátenme, Fabio, tus airados ojos;
si a otro cariño asisto,
asístanme implacables tus enojos;
y si otro amor del tuyo me divierte,
tú, que has sido mi vida, me des muerte.
Pues estoy condenada,
Fabio, a la muerte, por decreto tuyo,
Si a otro, alegre, he mirado,
y la sentencia airada
nunca alegre me mires ni te vea;
ni la apelo, resisto ni la huyo,
si le hablé con agrado,
óyeme, que no hay reo tan culpado
eterno desagrado en ti posea;
a quien el confesar le sea negado.
y si otro amor inquieta mi sentido,
sáqueseme el alma tú, que mi alma has
Porque te han informado,
sido.
dices, de que mi pecho te ha
ofendido,
Mas, supuesto que muero,
me has, fiero, condenado.
sin resistir a mi infeliz suerte,
¿Y pueden, en tu pecho endurecido
que me des sólo quiero
más la noticia incierta, que no es
licencia de que escoja yo mi muerte;
ciencia,
deja la muerte a mi elección medida,
que de tantas verdades la
pues en la tuya pongo yo la vida.
experiencia?
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Redondillas
Hombres necios que acusáis Parecer quiere el denuedo
a la mujer, sin razón, de vuestro parecer loco,
sin ver que sois la ocasión al niño que pone el coco
de lo mismo que culpáis; y luego le tiene miedo.
si con ansia sin igual
solicitáis su desdén, Queréis, con presunción necia,
por qué queréis que obren bien hallar a la que buscáis
si las incitáis al mal? para prentendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.
Combatís su resistencia
y luego, con gravedad, ¿Qué humor puede ser más raro
decís que fue liviandad que el que, falto de consejo,
lo que hizo la diligencia. él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?
Combatís su resistencia
y luego, con gravedad, Con el favor y el desdén
decís que fue liviandad tenéis condición igual,
lo que hizo la diligencia. quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.
32
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Opinión, ninguna gana, ¿Cuál mayor culpa ha tenido
pues la que más se recata, en una pasión errada:
si no os admite, es ingrata, la que cae de rogada,
y si os admite, es liviana. o el que ruega de caído?
Siempre tan necios andáis ¿O cuál es de más culpar,
que, con desigual nivel, aunque cualquiera mal haga;
a una culpáis por cruel la que peca por la paga
y a otra por fácil culpáis. o el que paga por pecar?
¿Pues como ha de estar templada ¿Pues, para qué os espantáis
la que vuestro amor pretende?, de la culpa que tenéis?
¿si la que es ingrata ofende, Queredlas cual las hacéis
y la que es fácil enfada? o hacedlas cual las buscáis.
Mas, entre el enfado y la pena Dejad de solicitar,
que vuestro gusto refiere, y después, con más razón,
bien haya la que no os quiere acusaréis la afición
y quejaos en hora buena. de la que os fuere a rogar.
Dan vuestras amantes penas Bien con muchas armas fundo
a sus libertades alas, que lidia vuestra arrogancia,
y después de hacerlas malas pues en promesa e instancia
las queréis hallar muy buenas. juntáis diablo, carne y mundo.
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Sentimiento de ausente
Amado dueño mío, Si al arroyo parlero
Escucha un rato mis cansadas quejas, Ves, galán de las flores en el prado,
Pues del viento las fío, Que amante y lisonjero
Que breve las conduzca a tus orejas, A cuantas mira intima su cuidado,
Si no se desvanece el triste acento En su corriente mi dolor te avisa
Como mis esperanzas en el viento. Que a costa de mi llanto tiene risa.
Óyeme con los ojos, Si ves que triste llora
Ya que están tan distantes los oídos, Su esperanza marchita, en ramo
Y de ausentes enojos verde,
En ecos de mi pluma mis gemidos; Tórtola gemidora,
Y ya que a ti no llega mi voz ruda, En él y en ella mi dolor te acuerde,
Óyeme sordo, pues me quejo muda. Que imitan con verdor y con lamento,
Él mi esperanza y ella mi tormento.
Si del campo te agradas,
Goza de sus frescuras venturosas Si la flor delicada,
Sin que aquestas cansadas Si la peña, que altiva no consiente
Lágrimas te detengan enfadosas; Del tiempo ser hollada,
Que en él verás, si atento te Ambas me imitan, aunque variamente,
entretienes Ya con fragilidad, ya con dureza,
Ejemplo de mis males y mis bienes. Mi dicha aquélla y ésta mi firmeza.
34
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Si ves el ciervo herido Y pues yo a todo mi dolor ajusto, Que mal se ceñirá a lo definido
Que baja por el monte, acelerado Saber mi pena sin dejar tu gusto. Lo que no cabe en todo lo sentido.
Buscando dolorido Mas ¿cuándo ¡ay gloria mía!
Alivio del mal en un arroyo helado, Mereceré gozar tu luz serena? Ven, pues, mi prenda amada,
Y sediento al cristal se precipita, Que ya fallece mi cansada vida
No en el alivio en el dolor me imita, ¿cuándo llegará el día De esta ausencia pesada.
que pongas dulce fin a tanta pena?
Si la liebre encogida ¿cuándo veré tus ojos, dulce encanto, Ven, pues, que mientras tarda tu venida,
Huye medrosa de los galgos fieros, y de los míos quitarás el llanto? Aunque me cueste su verdor enojos,
Y por salvar la vida Regaré mi esperanza con mis ojos.
No deja estampa de los pies ligeros, ¿Cuándo tu voz sonora
Tal mi esperanza en dudas y recelos herirá mis oídos delicada,
Se ve acosa de villanos celos. y el alma que te adora,
de inundación de gozos anegada,
Si ves el cielo claro, a recibirte con amante prisa
Tal es la sencillez del alma mía; saldrá a los ojos desatada en risa?
Y si, de luz avaro,
De tinieblas emboza el claro día, ¿Cuándo tu luz hermosa
es con su oscuridad y su inclemencia, revestirá de gloria mis sentidos?
imagen de mi vida en esta ausencia. ¿y cuándo yo dichosa,
mis suspiros daré por bien perdidos,
Así que, Fabio amado teniendo en poco el precio de mi llanto?
Saber puede mis males sin costarte Que tanto ha de penar quien goza tanto.
La noticia cuidado,
Pues puedes de los campos ¿Cuándo de tu apacible
informarte; rostro alegre veré el semblante afable,
y aquel bien indecible
a toda humana pluma inexplicable?
Teme que su afecto
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Teme que su afecto parezca Si no es que dais a entender
Gratitud y no fuerza Que favor tan singular,
Aunque se puede lograr,
Señora, si la belleza No se puede merecer.
Que en vos llego a contemplar
Es bastante a conquistar Con razón, pues la hermosura
La más inculta dureza, Aun llegada a poseerse,
Si llega a merecerse,
¿Por qué hacéis que el sacrificio Dejara de ser ventura.
Que debo a vuestra luz pura
Debiéndose a la hermosura Que estar un digno cuidado
Se atribuya al beneficio? Con razón correspondido,
Es premio de lo servido,
Cuando es bien que glorias cante, Y no dicha de lo amado.
De ser vos, quien me ha rendido,
¿Queréis que lo agradecido Que dicha se ha de llamar
Se equivoque con lo amante? Sólo la que, a mi entender,
Ni se puede merecer,
Vuestro favor me condena Ni se pretende alcanzar.
A otra especie de desdicha,
Pues me quitáis con la dicha
El mérito de la pena.
36
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Ya que este favor excede
Tanto a todos, al lograrse,
Que no sólo no pagarse,
Mas ni agradecer se puede.
Pues desde el dichoso día
Que vuestra belleza vi,
Tal del todo me rendí,
Que no me quedó acción mía.
Con lo cual, señora, muestro,
y a decir mi amor se atreve,
Que nadie pagaros debe,
Que vos honréis lo que es vuestro.
Bien se que es atrevimiento
Pero el amor es testigo
Que no se lo que me digo
Por saber lo que me siento.
Y en fin, perdonad por Dios,
Señora, que os hable así,
Que si yo estuviera en mí
No estuvierais en mí vos.
Sólo quiero suplicaros
Que de mí recibáis hoy,
No sólo el alma que os doy,
Mas la que quisiera daros.
Yo que para
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
despedirme
Ya que para despedirme,
dulce idolatrado dueño,
ni me da licencia el llanto
ni me da lugar el tiempo,
háblente los tristes rasgos,
entre lastimosos ecos,
de mi triste pluma, nunca
con más justa causa negros.
Y aun ésta te hablará torpe
con las lágrimas que vierto,
porque va borrando el agua
lo que va dictando el fuego.
38
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Hablar me impiden mis ojos;
y es que se anticipan ellos,
viendo lo que he de decirte,
a decírtelo primero.
Mira cómo el alma misma
aun teme, en su ser exento,
Oye la elocuencia muda
que quiera el dolor violar
que hay en mi dolor, sirviendo
la inmunidad de lo eterno.
los suspiros, de palabras,
las lágrimas, de conceptos.
En lágrimas y suspiros
alma y corazón a un tiempo,
Mira la fiera borrasca
aquél se convierte en agua,
que pasa en el mar del pecho,
y ésta se resuelve en viento.
donde zozobran, turbados,
mis confusos pensamientos.
Ya no me sirve de vida
esta vida que poseo,
Mira cómo ya el vivir
sino de condición sola
me sirve de afán grosero;
necesaria al sentimiento.
que se avergüenza la vida
de durarme tanto tiempo.
Mas, por qué gasto razones
en contar mi pena y dejo
Mira la muerte, que esquiva
de decir lo que es preciso,
huye porque la deseo;
por decir lo que estás viendo?
que aun la muerte, si es buscada,
se quiere subir de precio.
En fin, te vas, ay de mi!
Dudosamente lo pienso:
Mira cómo el cuerpo amante,
pues si es verdad, no estoy viva,
rendido a tanto tormento,
y si viva, no lo creo.
siendo en lo demás cadáver,
sólo en el sentir es cuerpo.
Posible es que ha de haber día No te olvides que te adoro,
Poemas y Sonetos de Sor tan
Juana Inés de lafunesto,
infausto, Cruz y sírvante de recuerdo
en que sin ver yo las tuyas las finezas que me debes,
esparza sus luces Febo? si no las prendas que tengo.
Posible es que ha de llegar Acuérdate que mi amor,
el rigor a tan severo, haciendo gala de riesgo,
que no ha de darle tu vista sólo por atropellarlo
a mis pesares aliento? se alegraba de tenerlo.
Ay, mi bien, ay prenda mía, Y si mi amor no es bastante,
dulce fin de mis deseos! el tuyo mismo te acuerdo,
Por qué me llevas el alma, que no es poco empeño haber
dejándome el sentimiento? empezado ya en empeño.
Mira que es contradicción Acuérdate, señor mío,
que no cabe en un sujeto, de tus nobles juramentos;
tanta muerte en una vida, y lo que juró la boca
tanto dolor en un muerto. no lo desmientan tus hechos.
Mas ya que es preciso, ay triste!, Y perdona si en temer
en mi infeliz suceso, mi agravio, mi bien, te ofendo,
ni vivir con la esperanza, que no es dolor, el dolor
ni morir con el tormento, que se contiene atento.
dame algún consuelo tú Y adiós; que con el ahogo
en el dolor que padezco; que me embarga los alientos,
y quien en el suyo muere, ni sé ya lo que te digo
viva siquiera en tu pecho. ni lo que te escribo leo.
40
Sonetos
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
A su retrato Este que ves, engaño colorido,
que, del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;
Éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,
Es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:
Es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es
nada.
es cadáver, es polvo, es sombra, es
nada.
42
A una rosa
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Rosa divina, que en gentil cultura
Eres con tu fragante sutileza
Magisterio purpúreo en la belleza,
Enseñanza nevada a la hermosura.
Amago de la humana arquitectura,
Ejemplo de la vana gentileza,
En cuyo ser unió naturaleza
La cuna alegre y triste sepultura.
¡Cuán altiva en tu pompa, presumida
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida.
De tu caduco ser das mustias señas!
Con que con docta muerte y necia
vida,
Viviendo engañas y muriendo
enseñas.
Al que ingrato me Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
dejó, busco amante
Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor
maltrata,
maltrato a quien mi amor busca
constante.
Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me
trata,
triunfante quiero ver al que me mata
y mato al que me quiere ver triunfante.
Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo;
de entrambos modos infeliz me veo.
Pero yo, por mejor partido, escojo;
de quien no quiero, ser violento
empleo;
que, de quien no me quiere, vil
despojo.
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Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Detente, sombra de mi bien esquivo,
Detente sombra
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.
Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo
estrecho
que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Esta tarde, mi bien
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba;
y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía:
pues entre el llanto, que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste:
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu inquietud contraste
con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y
tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.
46
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Feliciano me adora y le aborrezco;
Lizardo me aborrece y yo le adoro;
Por quien no me apetece ingrato, lloro,
Feliciano me
adora y
Y al que me llora tierno, no apetezco.
A quien más me desdora, el alma
ofrezco;
A quien me ofrece víctimas, desdoro;
Desprecio al que enriquece mi decoro,
le aborrezco
Y al que le hace desprecios enriquezco.
Si con mi ofensa al uno reconvengo;
Me reconviene el otro a mí ofendido;
Y a padecer de todos modos vengo;
Pues ambos atormentan mi sentido:
Aquéste con pedir lo que no tengo;
Y aquél con no tener lo que le pido.
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
Insinua su aversión
a los vicios
En perseguirme, Mundo, ¿Qué
interesas?
¿En qué te ofendo, cuando sólo intento
poner bellezas en mi entendimiento
y no mi entendimiento en las bellezas?
Yo no estimo tesoros ni riquezas;
y así, siempre me causa más contento
poner riquezas en mi pensamiento
que no mi pensamiento en las riquezas.
Y no estimo hermosura que vencida,
es despojo civil de las edades,
ni riqueza me agrada fementida,
teniendo por mejor en mis verdades,
consumir vanidades de la vida
que consumir la vida en vanidades.
48
Poemas y Sonetos de Sor Juana Inés de la Cruz
La sentencia de Justo
Firma Pilatos la que juzga ajena
Sentencia, y es la suya. ¡Oh caso fuerte!
¿Quién creerá que firmando ajena
muerte
el mismo juez en ella se condena?
La ambición de sí tanto le enajena
Que con el vil temor ciego no advierte
Que carga sobre sí la infausta suerte,
Quien al Justo sentencia a injusta pena.
Jueces del mundo, detened la mano,
Aún no firméis, mirad si son violencias
Las que os pueden mover de odio
inhumano;
Examinad primero las conciencias,
Mirad no haga el Juez recto y soberano
Que en la ajena firméis vuestras
sentencias.
Verde embeleso
Verde embeleso de la vida humana,
loca esperanza, frenesí dorado,
sueño de los despiertos intrincado,
como de sueños, de tesoros vana;
alma del mundo, senectud lozana,
decrépito verdor imaginado;
el hoy de los dichosos esperado,
y de los desdichados el mañana:
sigan tu sombra en busca de tu día
los que, con verdes vidrios por
anteojos,
todo lo ven pintado a su deseo;
que yo, más cuerda en la fortuna mía,
tengo en entrambas manos ambos ojos
y solamente lo que toco veo.