TABLA DE CONTENIDO
Introduccion
Objetivos
El Síndrome De Down En La Historia
Síndrome De Down
Cómo Afecta A Los Niños El Síndrome De Down
Problemas Médicos Asociados Con El Síndrome De Down
Desarrollo De Los Niños Con Síndrome De Down
Conclusiones
Bibliografias
OBJETIVOS
Desarrollar una propuesta metodológica que permita mejorar los
procesos de socialización y comunicación de los niños y niñas con
Síndrome de Down
Efectuar investigaciones y fundamentos teóricos, legales y conceptuales
que orienten la atención educativa de los niños y niñas con síndrome de
Down
Efectuar investigaciones y fundamentos teóricos, legales y conceptuales
que orienten la atención educativa de los niños y niñas con síndrome de
Down
Detectar el nivel de socialización y comunicación de los niños y niñas con
síndrome de Down en la dimensión social en contextos reales.
Diseñar y aplicar estrategias y actividades que permitan fortalecer la
dimensión social y comunicativa en los estudiantes con síndrome de
Down
INTRODUCCION
El síndrome de Down es una alteración genética que se produce por la presencia
de un cromosoma extra (el cromosoma es la estructura que contiene el ADN) o una
parte de él. Las células del cuerpo humano tienen 46 cromosomas distribuidos en
23 pares. Uno de estos pares determina el sexo del individuo, los otros 22 se
numeran del 1 al 22 en función de su tamaño decreciente. Las personas con
síndrome de Down tienen tres cromosomas en el par 21 en lugar de los dos que
existen habitualmente; por ello, este síndrome también se conoce como trisomía
21. El síndrome de Down es la principal causa de discapacidad intelectual y la
alteración genética humana más común. Se produce de forma espontánea, sin que
exista una causa aparente sobre la que se pueda actuar para impedirlo. Se produce
en todas las etnias, en todos los países, con una incidencia de una por cada 600-
700 concepciones en el mundo. Únicamente se ha demostrado un factor de riesgo,
la edad materna (especialmente cuando la madre supera los 35 años) y, de manera
muy excepcional, en un 1% de los casos, se produce por herencia de los
progenitores. El síndrome de Down no es una enfermedad. Tampoco existen
grados de síndrome de Down, pero el efecto que la presencia de esta alteración
produce en cada persona es muy variable. Las personas con síndrome de Down
muestran algunas características comunes pero cada individuo es singular, con una
apariencia, personalidad y habilidades únicas. Los bebés con síndrome de Down
tendrán muchos rasgos físicos propios de su familia, además de los característicos
de las personas con síndrome de Down y algún grado de discapacidad intelectual.
Su personalidad, aficiones, ilusiones y proyectos serán los que verdaderamente les
definan como personas y su discapacidad será sólo una característica más de su
persona. Asociaciones del mundo han editado una guía para ayudar a los padres a
entender qué es el síndrome de Down y qué implica para el bebé esta discapacidad.
Se estima que en Colombia viven unas 17,2 nacidos con Síndrome de Down por
cada 10.000, seguidos de Bolivia, con 15,5, y un total de seis millones en el mundo.
Los cálculos indican que entre el 30% y el 40% de las personas con discapacidad
intelectual tienen síndrome de Down. La esperanza de vida de una persona con
síndrome de Down ha aumentado considerablemente situándose en torno a los 60
años en la actualidad.
EL SÍNDROME DE DOWN EN LA HISTORIA
El dato arqueológico más antiguo del que se tiene noticia sobre el síndrome de
Down es el hallazgo de un cráneo sajón del siglo VII, en el que se describieron
anomalías estructurales compatibles con un varón con dicho síndrome. También
existen referencias a ciertas esculturas de la cultura olmeca que podrían
representar a personas afectadas por el SD.
La pintura al temple sobre madera "La Virgen y el Niño" de Andrea
Mantegna (1430-1506) parece representar un niño con rasgos que evocan los de la
trisomía, así como el cuadro de Sir Joshua Reynolds (1773) "Retrato de Lady
Cockburn con sus tres hijos", en el que aparece uno de los hijos con rasgos faciales
típicos del SD.
El primer informe documentado de un niño con SD se atribuye a Atienen
Esquirol en 1838, denominándose en sus inicios "cretinismo" o "idiocia
furfurácea". P. Martin Duncan en 1886 describe textualmente a "una niña de cabeza
pequeña, redondeada, con ojos achinados, que dejaba colgar la lengua y apenas
pronunciaba unas pocas palabras".
En ese año el médico inglés John Langdon Down trabajaba como director del Asilo
para Retrasados Mentales de Earlswood, en Surrey, realizando un exhaustivo
estudio a muchos de sus pacientes. Con esos datos publicó en el London Hospital
Reports un artículo titulado: "Observaciones en un grupo étnico de retrasados
mentales" donde describía pormenorizadamente las características físicas de un
grupo de pacientes que presentaban muchas similitudes, también en su capacidad
de imitación y en su sentido del humor.
Las primeras descripciones del síndrome achacaban su origen a
diversas enfermedades de los progenitores, estableciendo su patogenia con base
en una involución o retroceso a un estado filogenético más "primitivo".
Alguna teoría más curiosa indicaba la potencialidad de la tuberculosis para "romper
la barrera de especie", de modo que padres occidentales podían tener hijos
"orientales" (o "mongólicos", en expresión del propio Dr. Down, por las similitudes
faciales de estos individuos con los grupos nómades del centro de Mongolia). Tras
varias comunicaciones científicas, finalmente en 1909 G. E. Shuttleworth menciona
por primera vez la edad materna avanzada como un factor de riesgo para la
aparición del síndrome. De camino a la denominación actual el síndrome fue
rebautizado como "idiocia calmuca" o "niños inconclusos".
En cuanto a su etiología, es en el año 1932 cuando se hace referencia por vez
primera a un reparto anormal de material cromosómico como posible causa del
SD. En 1956 Tjio y Levan demuestran la existencia de 46 cromosomas en el ser
humano y poco después, en el año 1959 Lejeune, Gautrier y Turpin demuestran que
las personas con SD portan 47 cromosomas. (Esto último lo demostró de manera
simultánea la inglesa Pat Jacobs, olvidada a menudo en las reseñas históricas).
En 1961 un grupo de científicos (entre los que se incluía un familiar del Dr. Down)
proponen el cambio de denominación al actual "Síndrome de Down", ya que los
términos "mongol" o "mongolismo" podían resultar
ofensivos. En 1965 la OMS (Organización Mundial de la Salud) hace efectivo el
cambio de nomenclatura tras una petición formal del delegado de Mongolia. El
propio Lejeune propuso la denominación alternativa de "trisomía 21" cuando, poco
tiempo después de su descubrimiento, se averiguó en qué par de cromosomas se
encontraba el exceso de material genético.
En la historia sobre el Síndrome Down podemos constatar que, a medida que se
ha ido profundizando en este síndrome, ha ido desechándose la idea del niño
mongólico como el niño "idiota", portador de estigmas, separado de la sociedad y
sin capacidad para aprender, pasando a considerarse a la persona con síndrome
de Down como aquel individuo con una configuración cognitiva diferente y
característica que, con una educación adecuada, podrá convertirse en un ser
autónomo.
En realidad la línea de pensamiento seguida por Melero (1983), nos gusta y nos
convence en gran parte, aunque no sin detectar por ello una serie de lagunas. Ellos
ven a estas personas como otro tipo de seres humanos, con una constitución física
y mental característicamente diferenciada, que los distingue de los demás niños que
llamamos "normales".
Lo importante es tener en cuenta que todo niño, con síndrome de Down o sin él, es
una persona individual, cuyo desarrollo de su personalidad y de su ser físico y
mental, dependerá de los factores genéticos hereditarios y de las influencias
culturales y ambientales que, unidas, distinguen a toda persona de cualquier otra.
Todos los factores mencionados van a componer un potencial con el que contamos
los educadores para hacer que el aprendizaje sea lo más efectivo posible, ya que
nada se puede hacer para cambiar el hecho de un niño nacido trisómico-21 a nivel
médico, pero mucho se puede hacer para mejorar a estos sujetos a fin de que
puedan ser más capaces de ser ellos mismos, tanto física como emocional o
intelectualmente.
Lo cierto es que con respecto al concepto de deficiente mental, los niños trisómicos-
21 no deben ser considerados como subnormales, sino como un ser diferente, ya
que al hablar de subnormal en este caso, además de realizarse una imprecisión
del término, da automáticamente una carga negativa a la persona con dicho
síndrome. Por eso lo mejor sería utilizar la anomalía que padezca: parálisis
cerebral, síndrome de Down….o en su defecto el término genérico diferente.
SÍNDROME DE DOWN
El síndrome de Down, también conocido como trisomía 21, es una anomalía donde
un material genético sobrante provoca retrasos en la forma en que se desarrolla un
niño, tanto mental como físicamente. Afecta a uno de cada 800 bebés nacidos en
EE.UU.
Los rasgos físicos y los problemas médicos asociados al síndrome de Down varían
considerablemente de un niño a otro. Mientras que algunos niños con síndrome de
Down necesitan mucha atención médica, otros llevan vidas sanas.
A pesar de que el síndrome de Down no se puede prevenir, se puede detectar antes
del nacimiento. Los problemas de salud que pueden acompañar a este síndrome
tienen tratamiento y hay muchos recursos, disponibles para ayudar tanto a los niños
afectados por esta anomalía como a sus familias.
Normalmente, en el momento de la concepción, un bebé hereda información
genética de sus padres en la forma de 46 cromosomas: 23 de la madre y 23 del
padre. Sin embargo, en la mayoría de los casos de síndrome de Down el niño
hereda un cromosoma de más, el nº 21, teniendo un total de 47 cromosomas en vez
de 46. Es este material genético de más el que provoca los rasgos físicos y los
retrasos evolutivos asociadas al síndrome de Down.
A pesar de que no se sabe con seguridad por qué ocurre el síndrome de Down y no
hay ninguna forma de prevenir el error cromosómico que lo provoca, los científicos
saben que las mujeres mayores de 35 años tienen un riesgo significativamente
superior de tener un niño que presente esta anomalía. Por ejemplo, con 30 años,
una mujer tiene aproximadamente 1 probabilidad entre 1.000 de concebir un hijo
con síndrome de Down. Esta probabilidad crece a 1 entre 400 a los 35 años y a 1
entre 100 a los 40.
¿CÓMO AFECTA A LOS NIÑOS EL SÍNDROME DE DOWN?
Los niños con síndrome de Down tienden a compartir ciertos rasgos físicos, como
perfil facial plano, ojos achinados, orejas pequeñas y protrusión lingual.
El bajo tono muscular (médicamente conocido como hipotonía) también es propio
de los niños con síndrome de Down, sobre todo de los bebés, que son muy flácidos.
Aunque es algo que puede y suele mejorar con el tiempo, la mayoría de los niños
con síndrome de Down alcanzan los hitos evolutivos en el plano de la motricidad
(como sentarse, gatear y caminar) más tarde que los demás niños.
Al nacer, los niños con síndrome de Down suelen tener una estatura promedio, pero
tienden a crecer a un ritmo más lento y acaban siendo más bajos que los demás
niños de su edad. En los lactantes, su escaso tono muscular puede contribuir a que
tengan problemas de succión y alimentación, así como estreñimiento y otros
trastornos digestivos. Lo niños pueden presentar retrasos en la adquisición del habla
y de las habilidades básicas para cuidar de sí mismos, como comer, vestirse y
aprender a usar el baño.
El síndrome de Down afecta a la capacidad de aprendizaje de los niños de muchas
formas diferentes, pero la mayoría de ellos tienen una deficiencia mental de leve a
moderada. De todos modos, los niños con síndrome de Down pueden aprender y
aprenden, y son capaces de desarrollar habilidades y destrezas a lo largo de la vida.
Lo único que ocurre es que alcanzan los distintos hitos evolutivos a un ritmo
diferente, por eso es importante no comparar a un niño con síndrome de Down con
otros hermanos que siguen pautas evolutivas normales ni tampoco con otros niños
que padecen el mismo síndrome.
Los niños con síndrome de Down tienen un amplio abanico de capacidades, y no
hay forma de saber en el momento del nacimiento de qué serán capaces conforme
vayan creciendo.
Problemas médicos asociados al síndrome de Down
mientras que algunos niños con síndrome de down no tienen problemas de salud
de importancia, otros tienen una gran cantidad de problemas médicos que requieren
cuidados adicionales. por ejemplo, casi la mitad de los niños que nacen con
síndrome de down presentan cardiopatías congénitas.
los niños con síndrome de down también son más proclives a desarrollar
hipertensión pulmonar, una afección grave que puede conllevar daños pulmonares
de carácter irreversible. por este motivo, todos los bebés que tienen el síndrome de
down deben ser evaluados por un cardiólogo pediátrico.
aproximadamente la mitad de los niños con síndrome de down también tienen
problemas visuales o auditivos. las deficiencias auditivas pueden obedecer a la
acumulación líquido en el oído interno o a la existencia de problemas estructurales
en el mismo oído. los problemas visuales suelen incluir el estrabismo (o bizquera),
la miopía, la hipermetropía y las cataratas.
es preciso llevar con regularidad a los niños con síndrome de down al
otorrinolaringólogo (médico especializado en el oído, la nariz y la garganta), el
audiólogo y el oftalmólogo para que les hagan revisiones periódicas a fin de detectar
y corregir cualquier problema antes de que afecte a sus habilidades lingüísticas y
de aprendizaje.
otras afecciones médicas que afectan más a menudo a los niños que tienen el
síndrome de down son los problemas tiroideos, las anomalías intestinales, los
trastornos convulsivos, los problemas respiratorios, la obesidad, las infecciones y la
leucemia infantil. a veces, los niños con síndrome de down presentan trastornos en
la parte superior del cuello que deben ser avaluadas por un médico (estos trastornos
se pueden detectar mediante radiografías de la columna cervical). afortunadamente,
muchas de estas afecciones tienen tratamiento.
DESARROLLO DEL NIÑO CON SÍNDROME DE DOWN
Tiempo después de que sea diagnosticado el síndrome en el niño los padres deben
ser orientados a participar en diversos programas de desarrollo infantil, el fin de
estos programas es proveerles instrucción especial para que aprendan la mejor
forma de enseñar a su hijo el lenguaje, medios de aprendizaje, formas de ayudarse
a sí mismos, como comportarse socialmente y diversos ejercicios para su desarrollo
motriz.
Está demostrados por diversos estudios que, cuánto más pronto el niño sea guiado
por sus padres de esta forma, mayor probabilidad tendrá de poder desarrollarse al
máximo de sus posibilidades.
Como los niños con síndrome de Down no pueden alcanzar
logros intelectuales muy complejos, es importante que las autoridades escolares y
el núcleo familiar no impongan limitaciones en cuanto a su capacidad, la aceptación
de la sociedad hacia estos niños contribuye a que puedan trabajar y vivir de forma
independiente en la comunidad y que su desarrollo sea más rápido.
La familia será siempre el primer y más importante vínculo no sólo del niño
con síndrome de Down, sino de cualquier individuo, y deben ser los padres los que
crean fervientemente en las posibilidades de desarrollo de su hijo, pero se requerirá
también ayuda de un especialista, ya que debido a las diversas enfermedades
propensas a aparecer se debe ejercer un control periódico.
En la actualidad existen diversos programas médicos con controles pediátricos que
tienen como objetivo detectar futuras patologías que puedan presentarse. Podemos
afirmar que cuanto mayor sea su salud física y corporal, mayores serán las
posibilidades de desarrollarse intelectualmente: el niño aprenderá más cuanto
descansado se sienta, cuanto mejor vea y oiga, cuanto mejor alimentado esté,
cuanto mejor esté vacunado y controlado por su pediatra.
CONCLUSIONES
El síndrome de Down no es una enfermedad, por lo cual se puede controlar, es
decir la educación es parte fundamental para las personas que padecen este mal
congénito.
No deben de excluirse de la sociedad a las personas con el solo hecho de ser
diferentes a las personas "normales". Como ya leímos en estas páginas que existen
personas talentosas que han desarrollado sus habilidades y capacidades.
Como recomendaciones es que la mujer durante su embarazo acuda regularmente
al médico y que tenga un control, pues durante esta etapa se puede detectar si
el producto trae un mal congénito y se puede actuar a tiempo.
Para nosotros lo más lógico sería que estuviesen en colegios ordinarios, y dentro
de estos, y si fuera necesario, que en cada aula además del tutor hubiese
un profesor de apoyo con la finalidad de que el trabajo sea en común.
La cuestión final no es otra que el principio de normalización. Este debe ser
entendido, no como que a los niños trisómicos- 21 se les convierte en personas
"normales", sino que se les dan las mismas oportunidades que los "normales" tienen
en su educación y en su desenvolvimiento en general.
Si la tarea educativa se toma con la seriedad que debe, significa una fuente de
desarrollos positivos para todas las personas que se ocupan de la educación de
estos niños. Ya no se les debe juzgar tan sólo por su aspecto externo, ni por su
"inteligencia" insuficiente, medida con los test estandarizados, o según sus
posibilidades de rendimiento productivo, o su utilidad social condicionada, sino que
para el educador es definitivo el aceptarles por su idiosincrasia.
A todo este queremos añadir que la familia juega un papel muy importante para una
correcta educación de estos niños, tanto dentro como fuera de la escuela.
Con todos estos recursos educativos de familia, escuela y entorno, lo ideal sería
llegar a la integración de estas personas en la sociedad como ciudadanos con todos
los derechos y con la consiguiente necesidad de ayudarlos para que puedan auto-
valerse por sí mismos.
BIBLIOGRAFÍA
https://www.sindromedown.net/sindrome-down/
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Síndrome de Down: hacía un futuro mejor - Guía para los padres.
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