Las parábolas de Jesús, son aquellas breves narraciones dichas por Jesús de Nazaret que encierran
una educación moral y religiosa, revelando una verdad espiritual de forma comparativa. No son fábulas,
pues en estas no intervienen personajes animales con características humanas, ni alegorías, pues se basan
en hechos u observaciones creíbles, teniendo la mayoría de estos elementos de la vida cotidiana. Las
parábolas se encuentran contenidas en los evangelios canónicos, aunque también se pueden encontrar en
los evangelios, como el de Tomás y de Santiago, libros considerados apócrifos.
La finalidad de las parábolas de Jesús es enseñar cómo debe actuar una persona para entrar al Reino de
los Cielos y, en su mayoría, revelan también sus misterios. En ocasiones Jesús usó las parábolas
como armas dialécticas contra líderes religiosos y sociales, como por ejemplo la Parábola del fariseo y el
publicano. En la Biblia se encuentran los siguientes textos titulados Propósito de las parábolas.
Jesús dice que enseña usando parábolas para que comprendan su mensaje sólo aquellos que han aceptado a
Dios en su corazón y para que los que tienen "endurecidos sus corazones" y han "cerrado sus ojos" no
puedan entender. Por lo tanto comprender el mensaje de Jesús significaría ser un verdadero discípulo
suyo y no entenderlo supone que no se está realmente comprometido con Él y por ende no podemos recibir
su ayuda ni la de su mensaje. Existen algunos debates sobre si este es el significado original del uso de
las parábolas o si en realidad fue agregado por Marcos para reforzar la fe de sus lectores, tal vez cuando
se vio perseguido. Esta explicación parece ser esencial para comprender del todo el mensaje real de las
parábolas de Jesús, ya que deja claro que es necesario tener fe en Él para entenderlas, o de otro modo se
ven confusas.
En la descripción de las principales parábolas que Jesús nos enseñó, en el presente trabajo no se hace una
reseña de cada una de ellas de acuerdo a las redactadas en las Sagradas Escrituras, ni tampoco todas
ellas, sino las más importantes y significativas, y cuyo orden, el autor ha creído importante redactarlas e
interpretarlas de acuerdo a su importancia y mayor significación. Las que no serán redactadas e
interpretadas se hará una reseña bibliográfica de éstas.
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Principales parábolas enseñadas por Jesús. Significado de cada una de ellas
Una serie de parábolas que son adyacentes en uno o más evangelios tienen temas similares. La parábola de
la levadura sigue la parábola del grano de mostaza en Mateo y Lucas, y comparte el tema del Reino de los
Cielos que crece de pequeños comienzos. La parábola del tesoro escondido y la parábola de la perla forma
una pareja que ilustra el gran valor del Reino de los Cielos, y la necesidad de una acción en la consecución
de la misma.
Las parábolas de la oveja perdida, la moneda perdida, y el hijo pródigo forman un trío en Lucas que tratan
con la pérdida y la redención.
La parábola del siervo fiel y la parábola de las diez vírgenes en Mateo, adyacentes, involucran a la espera
de un novio, y tienen un tema escatológico: estar preparados para la hora del juicio. La parábola de la
cizaña, la parábola del rico insensato, la parábola del árbol de higo, y la parábola de la higuera estéril
también tienen temas escatológicos.
Otras parábolas independientes, como la parábola del siervo inútil, que trata de perdón, la parábola del
Buen Samaritano, que trata de amor práctico, y la parábola del siervo vigilante, frente a la persistencia
en la oración.
Pero en esta ocasión sólo analizaremos las más remarcadas, claro está que las demás no dejan de tener su
debida importancia; sino que, las que analizaremos son las más mentadas en el mundo cristiano.
1. PARÁBOLA DEL SEMBRADOR
Es una de las parábolas de Jesús encontrada en los tres Evangelios sinópticos, con la explicación de esta
parábola que fue dada por Jesús a sus discípulos, en Mateo, Marcos y Lucas; como la mayoría de las
parábolas.
El texto de la parábola según el evangelio de Marcos es el siguiente:
"Aquel día salió Jesús de la casa y se sentó junto al mar. Y se le juntó mucha gente; y entrando Él en la
barca, se sentó, y toda la gente estaba en la playa. Y les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: "He
aquí, el sembrador salió a sembrar. Y mientras sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y
vinieron las aves y la comieron. Otra parte cayó en pedregales, donde no había mucha tierra; y brotó
pronto, porque no tenía profundidad la tierra; peo salido el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó.
Y parque cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra, y dio
fruto, cuál a ciento, cuál a sesenta, y cuál a treinta por uno". El que tiene oídos para oír, que oiga".
Interpretación, significado.
Es la más larga de las parábolas del reino y responde a una pregunta sobre por qué se producen efectos
tan distintos en los que escuchan el mensaje del reino. La gracia es igual para todos, pero
la libertad humana lleva a respuestas diferentes.
Los discípulos piden explicación.
Probablemente, todos los que escuchaban tenían experiencia de la semilla lanzada a voleo, conocían las
inquietudes por la cosecha abundante o malograda. Quizá por esto no era difícil extraer consecuencias
espirituales, pero los discípulos piden la explicación del Maestro para comprender, y reciben una primera
lección sobre la necesidad de tener el corazón bien dispuesto y sobre las malas consecuencias de la
dureza de corazón: "Los discípulos se acercaron a decirle: ¿Por qué les hablas en parábolas? Él les
respondió: A vosotros se os ha dado conocer los misterios del Reino de los Cielos, pero a ellos no se les ha
dado. Porque al que tiene se le dará y abundará, pero al que no tiene incluso lo que tiene se le quitará. Por
eso les hablo en parábolas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen ni entienden. Y se cumple en ellos la
profecía de Isaías, que dice: "Con el oído oiréis, pero no entenderéis, con la vista miraréis, pero no
veréis".
Porque se ha embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y han cerrado sus ojos; no
sea qu vean con los ojos, y oigan con los oídos, y entiendan con el corazón y se conviertan, y yo los sane.
"Bienaventurados, en cambio, vuestros ojos porque ven y vuestros oídos porque oyen. Pues en verdad os
digo que muchos profetas y justos ansiaron ver lo que vosotros estáis viendo y no lo vieron, y oír lo que
vosotros estáis oyendo y no lo oyeron".
La explicación para los que están bien dispuestos es la siguiente: "Escuchad, pues, la parábola del
sembrador. Todo el que oye la palabra del Reino y no entiende, viene el maligno y arrebata lo sembrado en
su corazón: esto es lo sembrado junto al camino. Lo sembrado sobre terreno rocoso es el que oye la
palabra, y al punto la recibe con alegría; pero no tiene en sí raíz, sino que es inconstante y, al venir una
tribulación o persecución por causa de la palabra, enseguida tropieza y cae. Lo sembrado entre espinos es
el que oye la palabra, pero las preocupaciones de este mundo y la seducción de las riquezas sofocan la
palabra y queda estéril. Por el contrario, lo sembrado en buena tierra es el que oye la palabra y la
entiende, y fructifica y produce el ciento, o el sesenta, o el treinta".
El fruto depende de la libertad del hombre.
La semilla tiene poder de fructificar siempre; pero el fruto depende de la libertad del hombre, que puede
estar condicionada por el maligno, por la propia inconstancia o por las dificultades –externas o internas–,
o por la seducción del mundo y las riquezas. La misma variedad de frutos muestra la calidad de la fe y de
las buenas disposiciones en los que la escuchan y llevan a la práctica la doctrina. El mensaje es claro en
esta parábola acerca del reino, que no puede darse con violencia, sino que debe ser aceptado con libertad
para arraigar y dar fruto.
Muchos eruditos piensan que la parábola era originalmente optimista en perspectiva, ya que a pesar de los
fracasos, finalmente la siembra de la "semilla" será exitosa, echará raíces y producirá muchos
"frutos". Acorde a la fuente canónica, que establece que el libro de Marcos fue el primero de los
evangelios sinópticos en ser escrito, la parábola del sembrador vendría a ser también la primera parábola
en ser escrita, pues es la primera parábola de este libro. Marcos usa a esto para resaltar la reacción que
las anteriores enseñanzas de Cristo han tenido sobre las personas, como también la reacción que el
mensaje cristiano ha tenido en el mundo durante las tres décadas desde el ministerio de Cristo hasta
la escritura del Evangelio. La parábola ha dado a entender algunas veces que hay (al menos) tres "niveles"
del divino progreso y la salvación.
2. LA PARÁBOLA DE LA SEMILLA DE MOSTAZA
La parábola de la semilla de mostaza es una de las tantas parábolas relatadas por Jesús de Nazaret
transmitida en el Nuevo Testamento por los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas.
En el evangelio según San Mateo Jesús dice lo siguiente:
Aquí tienen una figura del Reino de los Cielos: el grano de mostaza que el hombre tomó y sembró en su
campo, es la más pequeña de las semillas pero cuando crece se hace más grande que las plantas del
huerto. Es como un árbol de modo que las aves vienen para posarse en sus ramas.
Interpretación, significado.
La parábola del grano de mostaza, que también aparece en el capítulo 4 de Marcos, resalta dos ideas: en
primer lugar, el sorprendente crecimiento en la cantidad de personas que han aceptado el mensaje del
Reino, y en segundo lugar, la protección que estas reciben. Jesús dijo: "¿A qué hemos de asemejar el
reino de Dios, o en qué ilustración lo presentaremos? Como un grano de mostaza, que al tiempo que se
sembró en la tierra era la más pequeña de todas las semillas que hay en la tierra..., pero cuando se ha
sembrado, sale y se hace mayor que todas las demás legumbres, y produce grandes ramas, de modo que
las aves del cielo pueden hallar albergue bajo su sombra".
En esta parábola se habla del crecimiento del "reino de Dios", crecimiento que se manifiesta en la gran
difusión que ha tenido el mensaje del Reino y en el aumento que ha experimentado las congregaciones
cristianas. El grano de mostaza, que es diminuto, se utiliza a veces para representar cosas muy pequeñas
(compárese con Lucas 17:6).
Pero, aunque es de tamaño reducido, produce una planta que puede alcanzar una altura de 3 a 5 metros
(10 a 15 pies) y llegar a tener ramas fuertes, por lo que prácticamente se la puede considerar un árbol.
Desde el establecimiento del Reino de Dios en los cielos, las ramas del simbólico árbol de mostaza se han
extendido mucho más allá de lo esperado. El pueblo de Dios ha presenciado el cumplimiento literal de la
siguiente profecía del libro de Isaías: "El pequeño mismo llegará a ser mil, y el chico
una nación poderosa".
Pero ahí no termina el crecimiento. Llegará el momento en que toda persona que viva en este planeta sea
súbdito del Reino de Dios. Para entonces, todos los malvados habrán sido eliminados. Y eso no ocurrirá
gracias a los esfuerzos humanos, sino a la intervención del Señor Soberano Jehová (léase Daniel
2:34, 35). Entonces veremos el cumplimiento final de otra profecía de Isaías, que dice: "La tierra
ciertamente estará llena del conocimiento de Jehová como las aguas cubren el mismísimo mar".
Jesús dijo que las aves del cielo hallan refugio bajo la sombra del árbol, es decir, del Reino. Estas aves
no representan a los enemigos del Reino que intentan comerse las semillas, como sucede con las aves de la
parábola de los diferentes tipos de terreno. En la parábola del grano de mostaza, las aves representan a
la gente de corazón recto que busca refugio en la congregación cristiana. Tales personas ya están
recibiendo protección de las prácticas moral y espiritualmente degradantes de este mundo. Jehová hizo
una comparación similar entre el Reino mesiánico y un árbol al profetizar lo siguiente: "A la montaña de la
altura de Israel la trasplantaré, y ciertamente echará ramas mayores y producirá fruto y llegará a ser un
cedro majestuoso. Y debajo de él realmente residirán todos los pájaros de toda ala; en la sombra de su
follaje residirán".
3. LA PARÁBOLA DEL BUEN SAMARITANO
La parábola del buen samaritano es una de las parábolas de Jesús más conocidas, relatada en el Evangelio
de Lucas. Se la considera una de las parábolas más realistas y reveladoras del método didáctico empleado
por Jesús de Nazaret, un ejemplo expresivo e incisivo de su mensaje exigente.
Presenta el tono que caracteriza a las llamadas parábolas de la misericordia propias del Evangelio de
Lucas. La parábola es narrada por el propio Jesús a fin de ilustrar que la caridad y la misericordia son las
virtudes que guiarán a los hombres a la piedad y la santidad. Enseña también que cumplir el espíritu de
la ley, el amor, es mucho más importante que cumplir la letra de la ley. En esta parábola, Jesús amplía la
definición de prójimo. La elección de la figura de un samaritano, considerado un herético para los
sectores más ortodoxos de la religión hebrea, sirve para redefinir el concepto de prójimo que se
manejaba entonces. Jesús, mediante esta parábola muestra que la fe debe manifestarse a través de las
obras, revolucionando el concepto de fe en la vida religiosa judía, entre los cuales resaltaban grupos como
el de los fariseos a quienes Jesús en numerosas ocasiones llama hipócritas por su excesivo apego a la
letra de la ley y su olvido por cumplir el espíritu de la ley. El contraste establecido entre los prominentes
líderes religiosos inmisericordes y el samaritano misericordioso, es un recordatorio a los maestros de la
ley (como es el caso del interlocutor de Jesús) de que estaban olvidando el principio de la verdadera
religión y Jesús emplea un personaje despreciado por ellos para mostrarles su error.
La narración comienza cuando un doctor de la ley le preguntó a Jesús con ánimo de ponerlo a prueba qué
debía hacer para obtener la vida eterna. Jesús, en respuesta, le preguntó al doctor qué está escrito en la
ley de Moisés. Cuando el doctor cita la Biblia, y precisamente: "amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas", y la ley paralela "amarás a tu prójimo como a ti
mismo" , Jesús dijo que había respondido correctamente y lo invitó a comportarse en consecuencia. En
ese punto, queriendo justificar su pregunta, el doctor preguntó a Jesús quién era su prójimo. Jesús le
respondió con la parábola.
"Bajaba un hombre de Jerusalén a Jericó, y cayó en manos de salteadores, que, después de despojarle, y
golpearle, se fueron dejándole medio muerto. Casualmente, bajaba por aquel camino un sacerdote y, al
verlo, dio un rodeo. De igual modo, un levita que pasaba por aquel sitio lo vio y dio un rodeo. Pero un
samaritano que iba de camino llegó junto a él, y al verlo tuvo compasión; y, acercándose, vendó sus
heridas, echando en ellas aceite y vino; y montándolo sobre su propia cabalgadura, lo llevó a una posada y
cuidó de él. Al día siguiente, sacando dos denarios, se los dio al posadero y dijo: "Cuida de él y, si gusta
algo más, te pagaré cuando vuelva.". ¿Quién de estos tres te parece que fue prójimo del que cayó en
manos de los salteadores?".
El doctor dijo: "El que practicó la misericordia con él."
Díjole Jesús: "Vete y haz tu lo mismo."
Es de notar que Jesús no definió, tal como pretendía el doctor de la ley, quién es el prójimo: solo
preguntó quién obró como prójimo del herido. Por la respuesta del legista queda implícito que se considera
"prójimo" a todo aquel que obra compasivamente con otro hombre, es decir, la definición se da
en función de la obra. Asimismo, el legista no respondió a Jesús directamente ("el samaritano"), sino
indirectamente, al decir "el que tuvo compasión de él", lo que en general se interpreta como una dificultad
de su parte en reconocer que no fueron el sacerdote o el levita quienes observaron el espíritu de la ley
sino alguien que, en el ambiente judío, era considerado un hereje, un paria.
Estructura del pasaje
El pasaje del Evangelio de Lucas -mostrativo del método didáctico usado por Jesús de Nazaret- consta
de los siguientes elementos:
Pregunta de un maestro de la ley
Contra pregunta de Jesús
Respuesta del maestro de la ley
Mandato de Jesús
Nueva pregunta del maestro de la ley
Contra pregunta de Jesús que contiene la parábola del buen samaritano
Respuesta del maestro de la ley
Mandato de Jesús
Contexto geográfico: el camino de Jerusalén a Jericó.
En la época de Jesús, era notorio el peligro y la dificultad que caracterizaba al camino
de Jerusalén a Jericó, conocido como "Camino de Sangre", en razón de la sangre que allí se derramaba, de
las muertes que ocurrían por causa de los ladrones. El camino se iniciaba a unos 750 metros sobre el nivel
del mar, y bajaba unos mil metros hasta alcanzar Jericó, en el valle del Jordán, a 258 metros bajo el nivel
del mar.
Martin Luther King, en su último discurso, pronunciado el 3 de abril de 1968 -el día anterior a su
asesinato- y popularizado bajo el título "I've Been to the Mountaintop", traducido al español:
"He estado en la cima de la montaña", donde describió el camino de Jerusalén a Jericó.
Personajes de la parábola.
El Sacerdote y el levita.
El sacerdote y el levita son los dos personajes que primero pasan por delante del judío apaleado y lo
ignoran, siguiendo su camino a Jerusalén. Normalmente pensaríamos que esa actitud se debía a una pobre
compasión y a una indiferencia al dolor, pero el significado va más allá. Es muy probable que ambos
clérigos fueran rumbo a Jerusalén a oficiar en el Templo. La ley establecía que quien tocara un cadáver
ensangrentado quedaría impuro hasta la noche, y alguien impuro no podía participar de los rituales
religiosos. Estos dos destacados representantes de la observancia de la ley no ayudan al hombre que
había sido totalmente despojado y se encontraba aparentemente muerto, por temor a contaminarse. Es
por ello que el simbolismo del sacerdote y el levita no es de impiedad ni de crueldad, sino de anteponer
formalismos rituales a la misericordia y el perdón. Esta imagen de la balanza entre el espíritu de la ley y
la letra de la ley es uno de los pilares de la enseñanza de Jesús, y también del Antiguo Testamento:
"misericordia quiero y no sacrificios".
El samaritano.
La imagen del samaritano como el piadoso salvador del judío apaleado constituye toda una fragua al
concepto de "prójimo". Los samaritanos y los judíos constituían rivales irreconciliables; unos a otros se
consideraban herejes. Los judíos fundamentaban sus razones en que los samaritanos hacían su culto en el
monte Garizim (o Gerizim) en lugar del Templo de Jerusalén. Además, solamente aceptaban
a Moisés como único profeta, y no reconocían la tradición oral del Talmud, el libro de los Profetas ni el de
los Escritos. Por su parte, los samaritanos odiaban a los judíos por las veces que estos habían destruido y
profanado el santuario de Garizim.
Ciertamente no están mencionados sin intención el sacerdote y el levita. A buen seguro que tampoco es
casual atribuir al hombre misericordioso condición de samaritano. Todo ello está muy deliberadamente
escogido para subrayar la nueva noción de prójimo que Jesús quiere promulgar. Porque esta es
la escuela y acerada enseñanza de su parábola: el amor al prójimo es hacer esto, y el prójimo es éste, un
samaritano, un extraño.
Enseñanza fundamental.
El pasaje, presenta dos significados:
Una lección de misericordia hacia los necesitados, y
un anuncio de que los no judíos pueden también observar la ley y, en consecuencia, entrar en la vida
eterna.
Jesús no hace distinciones entre los hombres en este aspecto: todos son «prójimos», sin
importar nacionalidad, religión, ni ideas políticas; porque prójimo es sinónimo de próximo, cercano.
Asimismo, el sujeto tampoco reconoce límites, significando que la práctica del mandamiento del amor es
para todos.
Jesús escoge a un samaritano para ilustrar el concepto de un sujeto cuya extensión es ilimitada.
En efecto, el objetivo de la parábola es "detener la atención del lector para obligarlo a imitar
el comportamiento de un paria, de un samaritano".
Simbología e importancia.
Esta parábola es una de las más famosas del Nuevo Testamento, y su influencia es tal que el significado
actual de samaritano en la cultura occidental es el de una persona generosa y dispuesta a ofrecer ayuda a
quien sea que lo requiera. El "buen samaritano" se convirtió en símbolo típico de la fraternidad humana y
del humanitarismo.
4. La parábola del Hijo Pródigo
La parábola del hijo pródigo es el término popular que describe a una de las parábolas de Jesús de
Nazaret recogida en el Nuevo Testamento, específicamente en el evangelio según San Lucas.
Sentido de la Parábola.
Esta parábola, como muchas otras de Jesús (Véase: Parábola del fariseo y el publicano) se enmarca como
respuesta a una crítica de los fariseos y los escribas, expertos judíos en la Ley mosaica, que estos le
propinaban por andar y compartir en presencia de pecadores. La parábola fundamentalmente recalca
la misericordia de Dios hacia los pecadores arrepentidos y su alegría ante la conversión de los
descarriados; esto ha llevado a muchos teólogos y expertos bíblicos a pensar que el nombre de la parábola
debería ser "el padre misericordioso", en lugar de "el hijo pródigo". En efecto el enfoque de la parábola
no es el hijo joven, rebelde y luego arrepentido, sino el padre que espera y corre para dar la bienvenida al
hogar a su hijo. El mensaje teológico que brinda esta parábola constituye la cimentación de la prédica
de Cristo, siempre guiada a la conversión de los pecadores, al perdón de los pecados y al rechazo a los
formalismos que apartan al creyente de la verdadera fe y misericordia.
Personajes de la Parábola
Hijo pródigo.
Es sobre quien gira la historia aparente, pues es quien hila las tres escenas de esta, el pecado, el
arrepentimiento y el perdón. Representa a la humanidad pecadora y descarriada que se ha olvidado de
Dios. Su entrada comienza informándonos que es el menor de dos hermanos y que le pide al padre su
parte de la herencia. Teológicamente podría interpretarse a dicha herencia como los dones y gracias que
Dios pone en cada uno de nosotros, por lo que la escena rememora el Jardín de Edén en el momento de la
caída en el pecado; el hijo exige su libertad para usarla fuera de la voluntad de su padre. Posteriormente
se señala que malgasta esa herencia viviendo como un libertino, o sea su pecado no está tanto en la
reclamación de su libertad como en la utilización descarriada de la misma que lo lleva al fracaso. Otro
factor a tener en cuenta es que, para la comunidad Judía de ese tiempo, el cerdo era un animal
abominable tal como se describe en la ley de Moisés , ni aún se podía criar, esto enseña que el pecado y la
vida de libertinaje lleva al hijo pródigo, en un acto desesperado, a cometer un acto abominable y como
consecuencia, empeora más su situación.
Esta parábola describe posteriormente la escena del arrepentimiento. Tras la vida de derroche y
libertinaje, el hijo cae en la miseria y reflexiona acerca de su provecho personal y cae en cuenta que le
traerá mayor bienestar regresar donde el padre que seguir por su cuenta. Aquí hay varios aspectos muy
interesantes desde una perspectiva teológica, en primer lugar refleja que las desgracias que provoca el
pecado no son castigos divinos sino resultado de las malas acciones que siempre acaban mal, por otro lado
refleja una actitud interesada en la conversión, es decir se arrepiente racionalmente y no
sentimentalmente, va buscando un provecho personal y no la santidad en sí, de ahí que prepare una
disculpa para el padre en la que le pida que lo acepte como trabajador. Parte de regreso a casa de su
padre y encuentra en este un perdón incondicional. Se puede decir que su verdadera conversión, el
arrepentimiento real, ocurre en este momento pues ve en la actitud del padre desinterés y amor,
principales características de una verdadera conversión. Esta conversión ocurre al acudir a Dios y al
arrepentirnos de las malas acciones de nuestra vida.
Padre misericordioso.
Este es verdaderamente el personaje central de la parábola. Representa a Dios Padre y
fundamentalmente su atributo de misericordia. Desde el comienzo de la parábola se nos lanza una
enseñanza, el padre tenía dos hijos. Aquí los dos hijos representan a la humanidad entera, uno a los
pecadores que se alejan de la voluntad del Padre y el otro a los que se someten a esta, pero ambos son
merecedores de la herencia paterna. El padre respeta y acepta la determinación que su hijo toma por su
libre albedrío, le reparte su herencia y lo deja marcharse. Esta imagen nos presenta a un Dios que no es ni
dictador, ni prepotente, que nos muestra el camino, nos da su heredad pero nos deja libres para que
escojamos nuestro destino.
La otra aparición del padre es la manifestación de su plena misericordia. Al ver a su hijo que regresa sale
a buscarlo corriendo y antes de que diga palabra alguna lo abraza y lo besa. En esta imagen se explica
como Dios, incluso sabiendo que la conversión no es completa y que puede haber un trasfondo, sale en
busca de aquel que lo necesita y lo llama, aceptándolo sin reprocharle su descarrío ni su indiferencia
anterior. Por otra parte en su diálogo con su primogénito se transluce cómo Dios no descuida a aquellos
que lo han seguido justamente y cómo ante el pecado de los justos su reclamo es tierno pero firme.
Primogénito.
El primogénito es el personaje que menos participa en la parábola. Representa a los justos y fieles hijos
de Dios, que se someten a la voluntad del Padre. El verdadero sentido de este personaje es mostrarnos
como los fieles de Dios también caen en el pecado, en este caso la soberbia, y representa muy bien a los
fariseos y escribas a los que Jesús le hablaba. Al reprocharle al padre lo que le hace a su hermano en
comparación con lo que ha hecho por él se muestra que también en su fe su obediencia existía un móvil
interesado.
Enseñanza fundamental.
Esta parábola transmite una enseñanza tanto para los fariseos y escribas como para los pecadores y
publicanos. Hoy en día puede decirse que sirve de enseñanza para los fieles cristianos y para el resto de
las personas. A los primeros les muestra su debilidad ante la tentación. Indica que el pecado de soberbia
puede alojarse fácilmente en ellos por profesar una fe, al mismo tiempo transluce que la fe cristiana no
consiste solamente en participar en ritos y liturgias sino en practicar la misericordia y no juzgar a los
demás. En relación a los segundos consiste en una invitación a la conversión. Así se les muestra las
terribles consecuencias del pecado y de las malas acciones, la importancia de un verdadero
arrepentimiento y la misericordia de Dios que todo lo perdona.
Punto de Vista Judío Nazareno.
Dentro del judaísmo nazareno esta parábola o Midrash[8]cobra un cariz totalmente diferente al
tradicional. La parábola ha sido vista como el retorno de la Casa de Efraím, las Diez Tribus perdidas de
Israel, y su final unión a la Casa de Judá. Inclusive ha sido preservado con un nombre distinto:
El Midrash del "Amor del Padre", puesto que el personaje central de la narrativa no es el hijo necio sino el
padre amoroso. El análisis textual de este bellísimo Midrash, de acuerdo a la teología judía nazarena es
trascendental para entender el futuro retorno de la Casa de Efraím.
Pasukim[9]que proviene del hebreo Pasuk, que designa el versículo bíblico.
Etimológicamente significa división y es el participio pasivo de la primera forma del verbo pasak (dividir).
En cuanto a los orígenes de la división del texto sagrado en versículos creen los críticos que hay que
buscarlos en la misma época y momento de la redacción última del canon actual, por más que hay
divergencias en cuanto a este punto entre los Setenta y el texto hebreo; parece que la división en
versículos de este último en su estado actual es obra de la Masora.
El contenido de este artículo incorpora material del tomo 42 de la Enciclopedia Universal Ilustrada
Europeo-Americana (Espasa), cuya publicación fue anterior a 1934, por lo que se encuentra en
el dominio público.
La historia inicia diciendo que un hombre tenía dos hijos. En los profetas estos dos hermanos son
descritos como hijas o hermanas. El mayor quien representa a la Casa de Judá, y el menor quien toma la
imagen de la casa de Efraím. Este último pidió a su padre la parte de la herencia que le correspondía. De
acuerdo al Talmud había dos formas de transmitir los bienes: Por testamento tras el deceso del padre, y
por donación en vida. En el segundo caso, el hijo recibe la herencia pero no los intereses o su usufructo.
En caso de venta, el comprador no podía tomar posesión del inmueble hasta que el padre había fallecido.
Lo sorprendente de esta narrativa; y sin duda causó desasosiego en los que escucharon este Midrash de
labios de Yahushúa[11]ben David fue que el hijo menor se atreviera a pedir el control completo de la
herencia, dejando a su padre desprotegido. El hijo mayor también recibió sus bienes en donación, la doble
porción del primogénito, pero su ambición no le llevó a los extremos del hijo menor.
El hijo menor vendió todo y con el dinero emigró a una provincia lejana del Imperio Romano donde vivió
perdidamente. En otras palabras se asimiló en la población gentil.
Tras haber agotado sus recursos, sin amigos ni consuelo decidió tomar un trabajo que acarreaba
maldición, cuidando una piara de cerdos.
Su hambre era tan acuciante que hubiera querido comer el pienso de los animales, pero nadie se lo daba.
En breves palabras Yahushúa reflejó la dura realidad de la asimilación y el exilio, donde el judío se veía (y
se ve en la actualidad) forzado a comprometer sus principios religiosos para sobrevivir. El hecho que el
hijo menor cuidara animales impuros, y no pudiera guardar el Shabat o alguna otra de las solemnidades lo
abismó en la apostasía.
Entonces se "volvió hacia sí", esta es una expresión hebrea que significa "hacer penitencia". Arrepentirse
en polvo y ceniza.
Y se puso en marcha mientras elaboraba su petición de perdón. No tenía esperanzas de ser recibido como
hijo, dado que ya no tenía ningún derecho para un techo, vestido o comida, solamente anhelaba ser
recibido como jornalero y ganarse su sustento.
Cuando su padre lo avistó a lo lejos no esperó a recibirlo, corrió hacia él y lo besó largamente como señal
de perdón (compárese con 2da. de Samuel. Para el mesoriental de edad madura de aquellos lejanos días
correr aun cuando había prisa era considerado un acto desacostumbrado y poco digno. Que el padre del
relato no se hubiera molestado en guardar las apariencias indicó a los oyentes del Midrash cuánto amaba
a su hijo perdido.
Rápidamente, el hijo dio inicio su petición de perdón pero jamás llegó decir "hazme como uno de tus
jornaleros" porque su padre ya había dado tres órdenes a sus siervos semejantes a las que dio el faraón
para elevar a Yoséf ha Tzadik a la dignidad de virrey. "Poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y
traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta".
"Sacad el mejor vestido, y vestidle". Un vestido de fiesta confeccionado con una tela preciosa, elevando a
su vástago al nivel de un invitado de honor. En el antiguo oriente no eran conocidas las condecoraciones o
medallas, si se deseaba honrar a alguien se le daba una ropa lujosa (compárese Génesis 37:3). "Y poned un
anillo en su mano, y calzado en sus pies". Un anillo y calzado. El anillo era en realidad un sello con el
nombre familiar que se empleaba para firmar documentos legales (compárese con Haggeo 2:23), mientras
que el calzado era para indicar que ya no era más un esclavo o un sirviente.
"Y traed el becerro engordado y matadlo, y comamos y hagamos fiesta". Por lo general las familias judías
comían carne en los días de fiesta como Shabat o Sukot si lo permitía el presupuesto familiar; pero si su
situación era económicamente estrecha se optaba con cebar algún cordero, cabra o carnero para
ocasiones especiales. En este caso se sacrificó el becerro cebado de la familia para hacer un banquete de
honor y una fiesta con música, palmadas, gritos de júbilo y danzas de varones.
El padre introdujo en su casa al hijo perdido y explicó su alegría a los miembros de la familia e invitados
en los siguientes términos: "Porque mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado". Hay
dos imágenes muy importantes en este pasaje: La resurrección de los muertos en las palabras "muerto
era, y ha revivido" y la reunión de los exiliados de los cuatro puntos de la tierra en la expresión "perdido,
y es hallado". El paralelismo con las profecías de las dos casas es notable.
Cuando llegó del campo el hijo mayor, el cual representa a la Casa de Judá, rehusó a unirse a la fiesta y
dar la bienvenida a su hermano menor. Ante las circunstancias, el padre tuvo que salir fuera a hablarle
amistosamente. Sin embargo, el hijo mayor cegado por los celos llegó al extremo de reprochar a su padre
y censurar a su hermano, a quien niega todo parentesco aplicándole públicamente la palabra "este" en tono
despectivo y "tu hijo" en lugar de "mi hermano". Con estas palabras casi lapidarias el Mesías revela una
dolorosa situación para los tiempos de la restauración: El duro rechazo de la Casa de Judá hacia sus
hermanos de la Casa de Efraím que vuelven de las naciones sin medios ni formas de comprobar su
judaidad. Rechazados por los gentiles por juzgarlos demasiado judíos, y despreciados por los hebreos por
considerarlos demasiado gentiles. Sombras desconocidas que serán leyenda. Pese a ello, la Casa de Efraím
vuelve llevando dentro de su ser un alma judía que ama al Todopoderoso, a la nación de Israel, a la Ley de
Moshé y a su Mesías.".