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Hormigas y el Descubrimiento del Mundo Exterior

La hormiga inventa un vegetal artificial para alimentarse sin salir del hormiguero. Con el tiempo, los hormigueros se expanden y se unen en un Gran Hormiguero, donde las hormigas creen que es el universo entero. Sin embargo, una hormiga descubre una salida y el mundo exterior con plantas y flores. Trata de contarles a las otras hormigas lo que vio, pero no la entienden y la matan.

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Hormigas y el Descubrimiento del Mundo Exterior

La hormiga inventa un vegetal artificial para alimentarse sin salir del hormiguero. Con el tiempo, los hormigueros se expanden y se unen en un Gran Hormiguero, donde las hormigas creen que es el universo entero. Sin embargo, una hormiga descubre una salida y el mundo exterior con plantas y flores. Trata de contarles a las otras hormigas lo que vio, pero no la entienden y la matan.

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La hormiga

Por: Marco Denevi

Un día las hormigas, pueblo progresista, inventan el vegetal artificial. Es una papilla fría y
con sabor a hojalata. Pero al menos las releva de la necesidad de salir fuera de los
hormigueros en procura de vegetales naturales. Así se salvan del fuego, del veneno, de las
nubes insecticidas. Como el número de hormigas es una cifra que tiende constantemente a
crecer, al cabo de un tiempo hay tantas hormigas bajo tierra que es preciso ampliar los
hormigueros. Las galerías se expanden, se entrecruzan, terminan por confundirse en un solo
Gran Hormiguero bajo la dirección de una sola Gran Hormiga. Por las dudas, las salidas al
exterior son tapiadas a cal y canto. Se suceden las generaciones. Como nunca han
franqueado los límites del gran hormiguero, incurren en el error de lógica de identificarlo
con el Gran Universo. Pero cierta vez una hormiga se extravía por unos corredores en
ruinas, distingue una luz lejana, unos destellos, se aproxima y descubre una boca de salida
cuya clausura se ha desmoronado. Con el corazón palpitante, la hormiga sale a la superficie
de la tierra. Ve una mañana. Ve un jardín. Ve tallos, hojas, yemas, brotes, pétalos,
estambres, rocío. Ve una rosa amarilla. Todos sus instintos despiertan bruscamente. Se
abalanza sobre las plantas y empieza a talar, a cortar y a comer. Se da un atracón. Después,
relamiéndose, decide volver al Gran Hormiguero con la noticia. Busca a sus hermanas, trata
de explicarles lo que ha visto, grita: "Arriba... luz... jardín... hojas... verde... flores..." Las
demás hormigas no comprenden una sola palabra de aquel lenguaje delirante, creen que la
hormiga ha enloquecido y la matan.

(Escrito por Pavel Vodnik un día antes de suicidarse. El texto de la fábula apareció en el
número 12 de la revista Szpilki y le valió a su director, Jerzy Kott, una multa de cien
znacks).

Cuento de Horror

Por: Juan José Arreola

La mujer que amé se ha convertido en fantasma.


Yo soy el lugar de las apariciones.

Post-operatorio
Por: Adolfo Bioy Casares

Fueran cuales fueran los resultados —declaró el enfermo, tres días después de la
operación— la actual terapéutica me parece muy inferior a la de los brujos, que sanaban
con encantamientos y con bailes.

Fin de baile

Por: Miguel Ángel Hurtado

Acaban de bajar las luces del salón de baile. La banda comienza a tocar la última canción:
una balada. Siempre odié la música lenta, pero ésta significa "te quiero", y hay poco más
que decir.
Nunca unos ojos me habían mirado así. Nunca había sentido mi cuerpo vibrar a cada nota,
ni mis ojos mirar más fijos a algo.

Estas notas que envenenan el aire me han henchido el pecho, hiriendo mi alma de muerte.
Me noto temblar cuando nuestras manos se unen, y sus enormes ojos azules, se clavan
como preciosas aristas de poliedros de amor en mi mente, en mi corazón, en mi recuerdo.
Mientras, suavemente, el cantante me demuestra que todo lo que ocurre es real, y por ello,
estrecho mi lazo, atenazando mis brazos a su espalda, acercando su pecho al mío. Noto su
respirar entrecortado en mi entrecortado respirar, y entre medias nuestros pechos,
golpeados por nuestro revolucionado corazón. Sólo quiero que el pianista lea mi mente, y
toque para siempre esta melodía, mientras hago de mis labios una extensión de sus labios.
Cierro los ojos para soñar que este momento es una poesía en nuestros oídos o el sabor del
azúcar glasé del dulce más lindo del mundo.
Cuando abro los ojos veo los suyos mirándome, pero tienen veinte años más. No existe el
salón de baile, sólo queda en nuestro recuerdo. Y la canción suena en nuestras cabezas,
recordándonos cada día cuánto nos queremos, y que lo que una vez fue sueño permanece
siendo realidad.

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