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Sartre: La libertad del ser humano

1) El texto discute la idea de Jean-Paul Sartre de que los seres humanos están "condenados a ser libres", lo que significa que aunque no elegimos nacer, somos responsables de nuestras acciones. 2) Según el existencialismo, las pasiones no son excusas para los actos, sino que los seres humanos eligen seguirlas o no. 3) Tampoco hay signos externos que nos guíen, sino que interpretamos los signos libremente.
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Sartre: La libertad del ser humano

1) El texto discute la idea de Jean-Paul Sartre de que los seres humanos están "condenados a ser libres", lo que significa que aunque no elegimos nacer, somos responsables de nuestras acciones. 2) Según el existencialismo, las pasiones no son excusas para los actos, sino que los seres humanos eligen seguirlas o no. 3) Tampoco hay signos externos que nos guíen, sino que interpretamos los signos libremente.
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TEXTO. SARTRE.

El existencialismo es un humanismo
Estamos solos, sin excusas. Es lo que expresaré diciendo que el hombre está condenado a ser libre.
Condenado, porque no se ha creado a sí mismo, y sin embargo, por otro lado, libre, porque una vez
arrojado al mundo es responsable de todo lo que hace. El existencialista no cree en el poder de la pasión.
No pensará nunca que una bella pasión es un torrente devastador que conduce fatalmente al hombre a
ciertos actos y que por consecuencia es una excusa; piensa que el hombre es responsable de su pasión. El
existencialista tampoco pensará que el hombre puede encontrar socorro en un signo dado sobre la tierra
que la oriente; porque piensa que el hombre descifra por sí mismo el signo como prefiere. Piensa, pues, que
el hombre, sin ningún apoyo ni socorro, está condenado a cada instante a inventar al hombre.

AUTOR. Filósofo existencialista francés del XX. Comprometido políticamente durante toda su vida, estuvo
en la Resistencia francesa contra el nazismo, presidió el Tribunal de Crímenes de Guerra y perteneció al
Partido Comunista Francés. En lo filosófico intentó hacer compatibles el existencialismo y el marxismo.

TEMA. El hombre está condenado a ser libre.

IDEAS PRINCIPALES. 1) El texto comienza afirmando que el hombre no se ha creado a sí mismo,


es decir, no ha elegido existir, pero es responsable de todo lo que hace (es libre). 2) Para el
existencialista, la pasión nunca es la causa última de nuestros actos; el hombre es responsable de
su pasión. 3) Según el existencialista, tampoco hay signos que nos orienten, pues somos los
humanos los que interpretamos tales signos. 4) En conclusión, el hombre está solo y condenado a
elegir cómo es en cada momento.

RELACIÓN ENTRE LAS IDEAS. El texto es circular, la idea de inicio es la que aparece al
final: el ser humano está solo, condenado a ser libre. Hay dos causas de nuestras acciones:
la pasión (que nos arrastra), y los signos que encontramos y que nos orientan al actuar. No
son aceptables para el existencialista. El hombre es responsable de su pasión y descifra por sí
mismo los signos. Concluye que el hombre ha de inventarse constantemente.

EXPLICACIÓN DE LAS IDEAS. El texto parte de una afirmación de Sartre: estamos conde-
nados a ser libres. Esto significa que (para el existencialismo), los seres humanos no tenemos
una esencia común; lo único que nos define es nuestra libertad. A lo largo de la vida,
nuestras decisiones y nuestras elecciones van concretando cómo somos. Nos encontramos
con la existencia (nadie se crea a sí mismo) y, por tanto, estamos condenados a ser libre. La
soledad al tomar decisiones (no podemos usar valores universales), nos provoca angustia.
No estamos seguros de haber tomado la decisión correcta. La angustia surge de nuestra
conciencia de libertad; nos sentimos inseguros, solos ante nuestras decisiones. Por eso no es
raro que busquemos excusas para ocultarnos que somos libres. Una de las más habituales
es recurrir a las pasiones, que nos arrastran sin poder evitarlo. Pero somos responsables de
la pasión, elegimos libremente seguirla o no. La siguiente idea señala cómo evitar la soledad de
nuestras decisiones: habría signos externos que nos dicen cómo actuar. Esto no es creíble para
Sartre, puesto que somos responsables de la interpretación de tales signos. Son excusas fruto del
autoengaño. Para evitar sentir la angustia de la libertad, procuramos creer que hay
circunstancias o pasiones que nos obligan; o recurrimos a normas y valores ajenos para
justificarnos, el más común es Dios como origen de la norma moral. Todo es un intento de huida
de lo que somos: libres. De ahí que, como el texto concluye, estamos condenados a inventarnos
constantemente; nada nos obliga ni nos determina.

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