ESCENA V Galería cerca del cuarto de Julieta, con una ventana que da al jardín
(ROMEO y JULIETA)
JULIETA.- ¿Tan pronto te vas? Aún tarda el día. Es el canto del ruiseñor, no el de la alondra el que
resuena.
ROMEO.- Es la alondra que anuncia el alba; no es el ruiseñor. Mira, amada mía, cómo se van tiñendo las
nubes del oriente con los colores de la aurora.
JULIETA.- Sí, vete, que es la alondra la que canta con voz áspera y destemplada. ¡
AMA.- ¡Julieta!
JULIETA.- ¡Ama!
AMA.- Tu madre viene. Ya amanece. Prepárate y no te descuides.
ROMEO.- ¡Un beso! ¡Adiós, y me voy! (Vase por la escala.)
JULIETA.- ¿Te vas? Mi señor, mi dulce dueño, dame nuevas de ti todos los días, a cada instante. Tan
pesados corren los días infelices, que temo envejecer antes de tornar a ver a mi Romeo.
ROMEO.- Adiós. Te mandaré noticias mías y mi bendición por todos los medios que yo alcance.
JULIETA.- ¿Crees que volveremos a vernos?
ROMEO.- Sí, y que en dulces coloquios de amor recordaremos nuestras angustias de ahora.
JULIETA.- ¡Válgame Dios! ¡Qué présaga tristeza la mía! Parece que te veo difunto sobre un catafalco.
Aquel es tu cuerpo, o me engañan los ojos.
ROMEO.- Pues también a ti te ven los míos pálida y ensangrentada. ¡Adiós,
adiós! (Vase)
JULIETA.- ¡Oh, fortuna! te llaman mudable: a mi amante fiel poco le importan tus mudanzas. Sé mudable
en buena hora, y así no le detendrás y me le restituirás luego.
SEÑORA DE CAPULETO (dentro). - Hija, ¿estás despierta?
JULIETA.- ¿Quién me llama? Madre, ¿estás despierta todavía o te levantas ahora? ¿Qué novedad te trae a
mí? (Entra la señora Capuleto.)
SEÑORA DE CAPULETO.- ¿Qué es esto, Julieta?
JULIETA.- Estoy mala.
SEÑORA DE CAPULETO.- ¿todavía lloras la muerte de tu primo? ¿Crees que tus lágrimas pueden
devolverle la vida? Vana esperanza. Cesa en tu llanto, que aunque es signo de amor, parece locura.
JULIETA.- Dejadme llorar tan dura suerte.
SEÑORA DE CAPULETO.- Eso es llorar la pérdida y no al amigo.
JULIETA.- Llorando la pérdida, lloro también al amigo.
SEÑORA DE CAPULETO.- Más que por el muerto ¿lloras por ese infame que le ha matado?
JULIETA.- ¿Qué infame, madre?
SEÑORA DE CAPULETO.- Romeo.
JULIETA (aparte).- ¡Cuánta distancia hay entre él y un infame! (Alto.) Dios le perdone como le perdono yo,
aunque nadie me ha angustiado tanto como él.
SEÑORA DE CAPULETO.- Eso será porque todavía vive el asesino.
SEÑORA DE CAPULETO.- Hija, tu padre es tan bueno que, deseando consolarte, te prepara un día de
felicidad que ni tú ni yo esperábamos.
JULIETA.- ¿Y qué día es ése?
SEÑORA DE CAPULETO.- Pues es que el jueves, por la mañana temprano, el conde Paris, ese gallardo y
discreto caballero, se desposará contigo en la iglesia de San Pedro.
JULIETA.- Decid a mi padre, señora, que todavía no quiero casarme. Cuando lo haga, con juramento os
digo que antes será mi esposo Romeo,
SEÑORA DE CAPULETO.- Aquí viene tu padre. Díselo tú, y verás cómo no le agrada. (Entran Capuleto y el
ama.)
CAPULETO.- ¿Eh? ¿Qué es eso, esposa mía? ¿Qué es eso de no querer y no agradecer? ¿Pues no la
enorgullece el que la hayamos encontrado para esposo un tan noble caballero?
JULIETA.- Padre mío, de rodillas os pido que me escuchéis una palabra sola.
CAPULETO.- ¡Escucharte! ¡Necia, malvada! Oye, el jueves irás a San Pedro, o no me volverás a mirar la
cara
JULIETA.- ¡Válgame Dios! Ama mía, ¿qué haré?
AMA.- Sólo te diré una cosa. Romeo está desterrado, y puede apostarse doble contra sencillo a que no
vuelve a verte, o vuelve ocultamente, en caso de volver.
JULIETA.- Por nada. Buen consuelo me has dado. Vete, di a mi madre que he salido. Voy a confesarme con
fray Lorenzo, por el enojo que he dado a mi padre.