Constelaciones Con Síntomas
Constelaciones Con Síntomas
Pero ¿cómo?
No importa tanto. ¿Qué sentido tiene tal síntoma? La relación entre la gravedad de
la enfermedad siempre está conectada con las relaciones familiares. Siempre preguntar.
Por la sintomatología se puede deducir lo que pasa en la familia.
Ej. artritis, artrosis: limita el movimiento, retiene a alguien del sistema aunque se sienta
atraído por irse; también evita acercamientos al padre o madre, ayuda a resistir. Puede
denotar el anhelo de acercarse a un padre o madre perdidos tempranamente y el miedo al
dolor que conlleva esa pérdida.
La lectura de la sintomatología (que no es lectura automática) se une con las
dinámicas del sistema familiar. En el sistema, ¿dónde hay una fuerza atada para impedir
la solución? Y ¿cómo tansformar esa fuerza? Generalmente es necesario unir a la
persona con los padres, los abuelos, bisabuelos y entonces la fuerza fluye y encuentra su
camino. El problema deja de tener un solo foco.
En otro nivel, no importa tanto la salud del paciente como descubrir dónde está la
atadura y liberarla para la salud, o la terapia o el tratamiento.
Alguien argumenta el posible motivo del cáncer de su hermana y quiere constelar.
S.H. le pregunta para qué quiere constelar. El cliente dice:
- Para limpiar el sistema.
Desde ese lugar no se puede constelar porque la persona está buscando un error
en el sistema que ha llevado a alguien a la enfermedad y es un intento de manejar lo
inmanejable. También por sentir, el que constela, que él no tiene error y que está por
encima.
Lo más difícil para S.H. es trabajar desde el abordaje de soltar al paciente y a la vez,
por ser médico, sentir que debe cumplir su juramento hipocrático. Y si no lo fuera, también
porque tiene que ayudar al otro, impedir que le pase algo malo (cultural).
¿De qué manera se ve afectada el alma por este abordaje? ¿En qué se involucra? Es un
conflicto muy grande.
Es preciso sintonizar con cualquier destino porque la intuición está dirigida hacia la
plenitud y no hacia la sabiduría. La intuición sólo afecta si todo puede ser; si no, es
manipulación.
Ej.
Si desde el barranco quiero aterrizar justo sobre la pila de estiércol, tengo una
posibilidad entre cien. Si suelto la intuición, no caeré allí; pero si creo saber con la
intuición, allí me clavaré.
¿Quién ata? ¿Qué actitud básica crea libertad no sólo para el que constela? En
realidad, no sabemos qué constelamos: ponemos vivos, muertos, pero ¿qué pasa ahí? No
sabemos, pero recibimos imágenes e información que ayudan al trabajo con el paciente,
ayudan a encontrar lo que él necesita si se hace con sensibilidad.
A veces, un paciente constela para ayudar a su sistema pero no cambia nada en su
dinámica. Cuando queremos arreglar algo para el sistema hay que encontrar las actitudes
básicas. La solución en este sentido es liberarse para el próximo paso y nada más.
CONSTELACIÓN
Para constelar, es importante ponerse en sintonía con el paciente y hacer una
imagen de la dinámica. Luego verificar la imagen. También percibir lo que nos muestra.
(El paciente que está constelando hace un movimiento que le llama la atención a
S.H., quien cree no saber si el paciente quiere la solución que él le puede mostrar).
S.H. ¿Estás enojado?
Pac. Siempre. Pero no sé con quién.
Detrás de la rabia hay dolor. Detrás del dolor, nostalgia. Buscar con qué no está en
sintonía y ver cómo llevarlo a sintonizar con lo que necesita. Y nada más. Lo que sobra,
quita.
Si hay demás, le quita fuerza al que recibe.
Para el constelador:
SÁBADO
Confiar en las fuerzas autosanadoras: la gripe tratada con médico tarda una semana
en irse; sin hacer nada, ocho días.
Estadísticamente, aumentan las remisiones. ¿Por dónde viene este fenómeno?
S.H. ha entrevistado a autosanados: un obrero del ferrocarril con cáncer de hígado y
operación recomendada. Lo abrieron y vieron metástasis general. No había nada que
hacer. Volvió con su familia, revisó su vida y una noche llamó a todos para arreglar su
herencia. Les dijo a su mujer e hijos (...) y tuvo un circuito eléctrico en su cuerpo, como
una descarga, y murieron sus células cancerígenas. Los médicos no saben explicarlo.
Bert Hellinger nos da una imagen cuando dice que llegó a estar en sintonía con su
pasado, su vida actual y su futuro. Esto es lo que experimentamos en este trabajo: la
fuerza para la sanación viene desde la sintonía con la propia vida (pasado, presente y
futuro). A veces hay un obstáculo, tal vez nuestra propia experiencia, un trauma, una
pérdida insoportable o un movimiento temprano interrumpido hacia los padres.
Caminamos al revés con ayuda, enfrentamos esta situación de nuevo y entramos en
conciencia con lo que fue. Entonces asumimos los hechos de nuestra vida, los
acontecimientos del sistema que afectan nuestra vida tal como fueron. Y eso es estar en
sintonía con nuestra historia familiar.
CONSTELACIÓN
Ej. Hija con estreñimiento intestinal.
La hija no está en sintonía con el movimiento profundo de la madre. Y el
movimiento profundo de la madre es que se quiere ir, se quiere morir. La hija no puede
dejarla ir y lo expresa con el cuerpo.
La solución sería asumir el movimiento de la madre:
"Querida mamá, aunque te vayas, siempre vas a ser mi madre. Estoy de acuerdo
con tu destino. Lo que fuera que te ate, lo respeto. Hacia donde te sientas atraída, estoy
de acuerdo. Con amor."
CONSTELACIÓN
Al lado del paciente, S.H. espera y crea campo.
Los hijos siempre son amables, porque todo lo hacen por amor, también los
problemas. A más grandes problemas, más grande amor. La mayoría están enojados con
ellos mismos más que con sus padres.
Este paciente vive en pareja con una mujer y tienen un hijo de 5 años. Ella no quiere
casarse. Si no está segura, no puede querer.
Tiene mucha bronca anterior con sus padres, ahora mejor.
Está parado y se bambolea, tironeado y sin sentido definido. La soberbia, ¿es la
culpa por haberse salvado?
El dolor sana el alma. Pero si no se le hace lugar al dolor, no te deja tomar. Hay
tantos hechos traumáticos en una familia y él lleva todo en su cuerpo, necesita todo el
tiempo, si no, no se puede trabajar. Se abre tanto que hay que dar tiempo para que
cierren las heridas. Aguantar el tiempo porque al estar en contacto consigo mismo le da
espacio a su dolor y en ese contexto se constituye, donde el dolor tiene lugar. Si un
miembro del sistema está sobrecargado de dolor se van repitiendo los movimientos y
entonces los demás miembros también se sienten sobrecargados. La reacción dura, hay
que darle espacio y tiempo.
El enojo es más fácil que el dolor. Cuando se pone más difícil puede aumentar el
contacto: después del dolor viene la paz y se siente corporalmente. Entonces ya es
suficiente.
(Los representantes que después necesiten decir algo sobre su rol, pueden hacerlo.
Pero también pueden quedar con su experiencia en silencio y aprender de su
representación porque por algo experimentaron lo que experimentaron.)
La verdad reconocida es fuerza pura. Lo que afecta es la realidad y no lo que uno desea.
Lo esencial está visto.
¿Qué habría dicho o cómo hubiera reaccionado Jesús si cuando le dijo a un rengo: "Tira tu
bastón y anda" el rengo le hubiera contestado: "Esto yo no lo hago". Probablemente Jesús
se hubiera callado un poco y luego hubiera dicho: "Tal vez este da más honra al Padre (a
Dios) que yo."
Mientras se mueve algo, uno vive. La enfermedad comienza donde hay una discrepancia
entre los movimientos del alma y las imaginaciones y deseos del yo.
Con la ayuda de este trabajo parece que podemos entrar en esto y hacer movimientos
más en profundidad. Por lo general, estas imágenes que se muestran hablan del alma de
la persona que muchas veces no se anima a verlas. A menudo son pensamientos e
imaginaciones sobre lo que es correcto o incorrecto, que siguen molestando.
Lo sanador de este trabajo es que el individuo entra otra vez en contacto con los
movimientos más profundos y aprovecha ese saber inconsciente suyo más profundo. De
esta manera se muestra que la sanación se logra a través de la sintonía con los
movimientos profundos.
A veces significa renunciar a la cercanía o a la intimidad. Cada solución tiene su precio.
Muchos se sienten íntimamente unidos en el problema, mientras que en la solución están
solos. Es un paso difícil pero imprescindible. Si uno lo logra, tiene el regalo de la plenitud
sin esa intimidad.
Estar en sintonía con la muerte de los antecesores (o de los que sean). ACEPTAR.
En esta constelación S.H. pasa muchísimo tiempo ¿creando campo, sintonizando? La
paciente se pone mal y nerviosa si la mira. Pero si mira a sus abuelos se tranquiliza. Falta
aceptar la vida y la muerte de sus abuelos. Pasan 45 minutos y recién entonces la mujer
afloja el llanto. "Está bloqueada por el dolor, totalmente estúpida. No debo decir más. Es
lo máximo posible. La implicancia no le quita responsabilidad."
Confío en que el paciente aguante la solución. Con esta actitud le doy mi mayor respeto.
Paciente con asma, que implica dificultad para entregarse a la madre. El dolor y la
enfermedad testimonian y hacen presente la implicancia en el sistema.
"Fijate qué imagen interna te tranquiliza. Tenés en vos lo que creés que está
afuera."
Algunas de las primeras preguntas que desde este método se hace un terapeuta
son:
A veces es una persona. También puede ser el destino de una persona que se
excluye. O alguien pone a un miembro del sistema como héroe y puede ser una forma de
exclusión. El amor no puede fluir y no hay intercambio.
Un buen ejercicio consiste en mirar cada uno a su familia, imaginarse a todos los
que lo anteceden y sentir a quién tiene cerca y a quién lejos. A cuál destino asume
fácilmente y con cuál tiene dificultad. Y dar vuelta las cosas para buscar soluciones: los
que no tuvieron lugar, lo tienen;a los destinos con los que no pudo sintonizar, los acepta
tal como fueron, con todo su dolor.
Así podremos sentir a cada persona en nuestro corazón y sentirnos redondos, sanos,
completos. En esto consiste el profundo secreto del trabajo de constelaciones. No se trata
de más. La dificultad en muchos pacientes consiste en no poder tomar la solución porque
sienten que en la solución hay deslealtad de alguien.
La tarea del terapeuta es presentar la solución de manera que el paciente la pueda tomar.
Tener astucia, saber hacer el truco. La actividad básica para que lo logre es estar en
sintonía con el destino, es propiciar que se una con los destinos más difíciles, que les dé
lugar. La tarea para que los pacientes confíen en él y se abran consiste en estar en esa
sintonía, libre de juicios sobre ellos. Aquellos a quienes buscamos son los que el paciente
no puede tomar en su corazón. Cuando el terapeuta logra estar en sintonía, los pacientes
vienen solos hacia él y no tiene nada que hacer.
Esta actitud básica no requiere saber demasiado, va más allá de esos contenidos.
Cuando nos entregamos a esto y cuando deducimos, podemos reconocer que todos los
movimientos que se muestran desde la profundidad están llevados por el amor y toman
caminos que no entendemos ni podemos captar.
Cuando alguien muere por mano de otro, ya sea por un descuido o intencionalmente,
entre esos dos hay un profundo vínculo. Ellos pueden encontrar paz cuando pueden estar
juntos, cuando el victimario encuentra su lugar al lado de la víctima y lo puede mirar a los
ojos. También le ocurre lo mismo a la víctima cuando le deja lugar a su lado.
Los demás deben respetar este vínculo, retirarse y no juzgar. Entonces, el movimiento va
hacia el reconocimiento del vínculo y ambos tienen su lugar en ese vínculo que se
construyó reconocido.
Cuando hay victimarios en una familia y no se los reconoce, uno de los posteriores será
víctima. Si un victimario está excluido, un posterior se va a identificar con ese excluido.
Recopilación Hellinger
Dame la mano, mi vida
“Là ci darem la mano” (Dame la mano, mi vida) es la invitación que Don Juan formula a una
hermosa dama en la ópera “Don Giovanni” de Mozart y sigue cantando: “Acompáñame a mi
castillo”.
De la misma manera nuestra vida nos espera como una hermosa dama en plena flor, espera a
que, deseosos, le tendamos la mano, que la llevemos con nosotros a nuestro castillo y con ella
celebremos una fiesta de amor. Con ojos que brillan y con anhelo caliente.
Nuestra vida nos ha tendido esa mano esperando que la tomemos, esperando que la tomemos con
fuerza, que la tomemos para siempre, que la tomemos con amor.
¿Cómo celebramos con ella nuestra fiesta de amor? Prestamos atención a su murmullo en nuestra
sangre, escuchamos los latidos de su corazón, sentimos su calor en nuestra piel y percibimos su
perpetuo anhelo por el aire, por el agua, por el alimento para que se mantenga viva, y sentimos su
anhelo por esas ganas gracias a las cuales continúa.
Nuestra vida espera las aventuras del amor con pasión, preparada para atreverse al máximo por
ellas, más y más y más. Espera al “Sí” decisivo dirigido a ella, un “Sí” indisoluble.
La Vida nos ha dado este “Sí” desde el comienzo. Está en nosotros decirle “Sí” a ella del mismo
modo, que la amemos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todos nuestros
sentidos y con toda la fuerza.
Hay algo más. Rilke formula la pregunta: “¿Quién la vive, a la vida? ¿La vives tú Dios, a la vida?”
¿La vivimos nosotros porque otra fuerza la vive? ¿Ella nos ha tendido su mano? ¿Nos lleva a su
lecho, a sus ganas, a sus aventuras, nos pone a su servicio? ¿Vivimos nosotros el gran anhelo de
ella?
¿Cómo vivimos la vida de ella en nosotros? La vivimos con devoción, con entrega,
cuidadosamente, sostenidos por ella, guiados por ella, llevados por ella, llevados hacia todas las
otras vidas en las que ella también vive. A través de ella nos volvemos uno con todo lo que tiene
vida, con un cálido amor, nos volvemos uno con el amor de Dios.
Les doy una cordial bienvenida a este curso de un día en un marco íntimo – eso también tiene una
gran ventaja. Aquí se trata, tal como lo anunciamos, acerca de las nuevas Constelaciones
Familiares. ¿Qué significa eso?
Nuevo es más grande y más amplio. ¿Qué es más grande y más amplio en esto? El amor es más
grande y más amplio. Aquí se trata de un amor que supera los límites que generalmente le
ponemos a ese amor. Ese es el nivel del espíritu.
Lo que eso significa exactamente lo iremos viendo en detalle. Pero aquí lo explico brevemente
para aquellos para los que esto es nuevo.
Nuestro amor está limitado por nuestros sentimientos de inocencia y culpa. Toda persona que se
siente inocente, excluye a alguien. Dado que se siente mejor, excluye a alguien. Sentimos la
inocencia con una conciencia tranquila o buena. Es decir entonces que es nuestra buena
conciencia la que acota nuestro amor.
Todo Occidente estaba atrapado por la conciencia hasta que llegué yo. Lo digo así porque fui yo el
que reconocí que la conciencia es la causa de todos los grandes conflictos. Todos los grandes
conflictos son llevados adelante con una conciencia tranquila o buena. Llegó hasta tal punto que se
describió a la conciencia como la voz de Dios en el alma, la voz a la cual había que obedecer
incondicionalmente.
¿Qué significa seguir u obedecer a la conciencia? A menudo significa luchar contra otros. Aquel
que obedece a la conciencia tiene un concepto de Dios, en cuyo nombre lucha, con la conciencia
tranquila, en contra de otros que tienen un Dios diferente. Lo digo de manera un tanto recia, pero
eso es lo que se pone de manifiesto.
A través de las nuevas Constelaciones Familiares hemos podido ver que hay un movimiento del
espíritu que une aquello que estaba separado, de manera que las diferenciaciones entre mejor y
peor desaparecen, al igual que entre bueno y malo.
Aquí se muestra el amor más grande que asiente a todo tal como es, en concordancia con aquellas
fuerzas que son las que realmente rigen al mundo.
En la práctica ahora veremos cómo funciona y hasta qué punto llega. Es decir que yo ahora trabajo
individualmente con personas que quieren trabajar conmigo y lo muestro y demuestro. Luego lo
explico y sigo guiando en este camino del amor puro. El gran amor es un amor puro sin Yo, porque
abarca a todo de la misma manera, inclusive a nosotros mismos. Todo comienza con la relación
con la madre
Después de la constelación de una mujer que decía estar enamorada y que tenía miedo
Esa fue una lección de amor, un amor muy sencillo. El amor es muy sencillo. Sólo es necesario ir
hacia alguien, eso es todo.
Una de las comprensiones fundamentales que constituyen la base de esta nueva forma de las
Constelaciones Familiares es: Todo comienza con la madre. Allí donde se logra la relación con
la madre, se logra también todo lo demás.
Hay ciertos obstáculos que se oponen a eso. Aquí pudimos verlo. No es que, por así decirlo, nos
podemos decidir a amar a nuestra madre. En caso de ese tipo de decisiones es similar a lo del
humor. El humor es cuando uno, a pesar de todo, ríe. Ese tipo de decisión no sirve.
Cuando se logra la relación con la madre es un regalo del espíritu. Aquí fue un regalo que se haya
logrado el movimiento amoroso hacia la madre. Se pudo lograr porque yo sigo ciertas
comprensiones que aquí cumplen un rol. Por ejemplo, que la madre debe ser sostenida por su
propia madre. Que el problema puede extenderse a la generación anterior. Por ese motivo aquí
tampoco hay reproches y deseos, por ejemplo que la madre sea diferente a como es. Como madre
fue perfecta.
A la clienta: Cuando te miramos vemos que tu madre logró todo lo esencial. En ese sentido fue
perfecta.
Hay mucho que se opone a la relación con la madre, más adelante nos iremos enterando.
Cerremos los ojos. Nos entregamos al movimiento hacia nuestra madre tal como es. El regalo más
grande, nuestra vida, lo obtenemos a través de esa madre, sólo a través de ella. A través de ella
Dios nos creó. Lo voy a decir con toda claridad. No hay ser humano que sea creado directamente
por Dios, cada uno lo es sólo a través de su madre y de su padre. Lo creativo, esa fuerza creadora,
se manifiesta de forma muy concreta. No es necesario que la busquemos en otro lugar. Está
directamente delante de nosotros. Somos recibidos por esa fuerza con brazos maternales. Así
soltamos para ese amor, para ese regalo.
Es una gran felicidad encontrar el camino a la madre. ¿Qué se hace con esa felicidad? La
disfrutamos – inmediatamente.
Vida y muerte
En el fondo se trata de dos movimientos en este trabajo. Uno de los movimiento tira hacia abajo,
hacia la muerte. El otro tira hacia arriba. Allí está la vida y está el amor.
También eso que tira hacia abajo es amor, pero un amor ciego. En el caso de muchos hijos
podemos ver que sienten la atracción hacia abajo porque se hacen cargo de algo de los padres.
De esa forma quedan implicados o enredados en algo que no les pertenece. Le pertenece a los
padres.
Ahora el gran arte y el gran logro del individuo es soltar ese movimiento que lo tira hacia abajo y
hacia la muerte, ese movimiento que también lo tira a vivir algo ajeno como si fuera algo propio.
Soltar ese movimiento y pasar al movimiento que se dirige hacia arriba, hacia ese otro amor. Para
ello hay que tener en cuenta una serie de cosas. Esto también forma parte de mis comprensiones
fundamentales que hacen posible esta nueva forma de las Constelaciones Familiares.
El sentimiento de culpa
¿Cómo sucede que alguien es atraído hacia abajo, hacia la muerte? A menudo por un sentimiento
de culpa. Muchas veces la atracción hacia abajo proviene de un sentimiento de culpa. El
sentimiento de culpa se da en primer lugar cuando queremos quitarnos de encima algo que nos
pertenece. Por ejemplo, cuando pretendemos más de la vida de lo que estamos dispuestos a
conceder a otros. O sea cuando decimos: “Yo tengo permiso para vivir y tú no”, tal como lo vemos
en un aborto, por ejemplo. Ese es un ejemplo extremo de eso. Pero lo vemos en muchos
movimientos de la familia de la misma manera.
Es decir, me arrogo un derecho que a otros niego. Después me siento culpable, no siempre de
forma consciente. Sin embargo, hay una instancia en el alma que lo percibe de inmediato y que
reacciona acorde. Es la segunda conciencia, la conciencia inconsciente. Que esa conciencia existe
es una de mis comprensiones importantes.
Existe la conciencia que sentimos. La sentimos como culpa e inocencia. Esta conciencia tiene que
ver con el vínculo con nuestra familia. Detrás de esta conciencia hay una conciencia inconsciente
que obedece a dos leyes fundamentales.
La primera ley fundamental es: Todo aquel que pertenece tiene el mismo derecho de pertenencia.
Es decir que en una familia cada uno tiene el mismo derecho a estar y a vivir. Allí donde este
derecho es denegado, aquellos que lo negaron, son atraídos por aquellos a los cuales se lo
negaron. O sea que son atraídos hacia la muerte.
Eso se manifiesta en comportamientos diversos. Por ejemplo, cuando una persona causa
accidentes, o cuando se enferma, o incluso cuando se suicida.
Cuando un hijo percibe ese movimiento en su madre o su padre, tal vez diga: “Yo me hago cargo
en tu lugar.” Entonces el hijo es tomado por ese movimiento hacia la muerte haciéndose cargo de
la culpa por esa negativa.
Eso se manifiesta en situaciones variadas. En el caso de anorexia, por ejemplo, y de manera
oculta en la bulimia. También se demuestra en enfermedades de los hijos, en sus dificultades y en
accidentes. Los hijos lo hacen por amor. Es ese amor ciego que lleva a la muerte.
Una vez que comprendemos eso se trata de animarnos a ser llevados por el otro movimiento,
aquel que nos conduce del movimiento hacia abajo al movimiento hacia arriba. Ese es el otro
amor. Ese amor es un movimiento del espíritu.
Esta nueva forma de constelar se llama “caminar con el espíritu”. “Caminar con el espíritu” significa
que seguimos un movimiento de amor hacia todos en la misma medida. Esa es la diferencia. Ese
es el gran amor amplio hacia todos por igual.
Cuando pasamos a ese amor, nos liberamos del amor estrecho que nos lleva a la muerte, porque
en ese nivel podemos soltarnos de nuestra familia. Pero no rechazándola, sino sintiéndonos
amados por igual en ese mismo nivel, junto con todos aquellos que pertenecen a nosotros. En ese
nivel la culpa no tiene un espacio.
La expiación
En ese nivel también dejan de existir los movimientos que buscan saldar una deuda. Por ejemplo a
través de una expiación. Todos esos son movimientos hacia la muerte. Expiar siempre significa: Yo
me provoco algo a mí y también hago algo a otros. Cuando dejamos atrás esos movimientos
logramos pasarnos a ese otro nivel amplio en el cuál todo lo que es está bien para nosotros. Por
ese motivo en ese nivel tampoco nos preocupamos, ni por nosotros ni por otros.
Ahora volvemos a cerrar los ojos. Nos vamos a nuestra alma. Al mismo tiempo nos vemos a
nosotros mismos desde cierta distancia. Es decir que al mismo tiempo somos un observador y
alguien que es observado, las dos cosas simultáneamente. Nos observamos desde cierta distancia
y vemos hacia dónde se mueve esa persona que vemos delante de nosotros. Por ejemplo, hacia
dónde es atraída. Miramos hacia el lugar que la atrae y vemos lo que ocurre allí, qué movimiento le
responde. Luego dejamos a que la persona que es atraída hacia abajo mire hacia arriba, hacia una
luz que se encuentra a lo lejos, a algo amplio, liberador – a la felicidad.
Luego de un rato: ¿Cómo se sienten? Caminar con el espíritu tiene algo de liberador y hermoso. Y
es tan sencillo. La desgracia es complicada. La felicidad es sencilla.
HELLINGER: Me enteré que entre los participantes hay varios que pertenecen a puestos públicos
relacionados con la infancia y la juventud. Tal vez debería decir algo acerca de la adopción – y
cómo tratarla.
Lo primero es: no tener lástima a los padres. Eso es lo primero. Nada de lástima para con la pobre
madre, aunque tenga tan sólo 14 años de edad – pero piedad con el hijo. Eso es lo primero. Evitar
por todos los medios invertir los roles, que los grandes puedan hacer de pequeños y que los
pequeños, que no pueden defenderse, tengan que hacerse cargo de todo. De esa forma el
ayudador está fortalecido, tiene el orden correcto en su alma.
Lo segundo es que algunos consideran que más adelante algo podría ser reparado. Como si el hijo
pudiera encontrar una vez más el camino hacia sus padres y ellos lo pudieran recibir. Sobre todo el
hijo es el que a menudo tiene esa esperanza. Los padres no lo harán.
Imaginémonos: los padres han entregado al hijo en adopción. Se lo querían sacar de encima –
para siempre. Si el hijo luego vuelve a ellos, ¿cómo reaccionarán? Con culpa, naturalmente.
Entonces ya no hay llegada. Eso ya no puede ser reparado. La entrega de un hijo no puede ser
reparada. Lo que vale para el hijo es asentir realmente a eso que fue. Los padres lo han entregado
– para siempre. Eso es como un aborto, puede ser comparado con eso.
Y ahora el hijo dice: “Si, estoy de acuerdo. Ahora renuncio a ustedes para siempre”. Eso es
doloroso. Y luego el hijo logra la fuerza.
A un hijo adoptivo: Y sin embargo tienes la vida gracias a ellos. Al mirarte: Deben haber sido
padres hermosos. Tú tienes todo, tienes lo esencial. Pero seguir con vida sólo te fue posible a
través de los padres adoptivos. Ahora tú puedes unirte a ellos, realmente con amor. Ellos te han
mantenido con vida.
Lo que también es importante: un hijo así está enojado con sus verdaderos padres porque lo han
abandonado. Internamente está enojado con ellos. A menudo ese enojo es transferido a los padres
adoptivos. De alguna manera es como querer proteger a sus padres, y ahora los padres adoptivos
reciben aquello que en realidad está dirigido a los padres.
A ese hijo adoptivo: ¿Tu caso fue así? Entonces ahora puedes reparar algo y decir a tus padres
adoptivos que ahora tomas agradecido lo que ellos te han dado. Que reconoces lo grande que es
aquello que ellos han hecho por ti. De esa manera ellos se alegrarán y dirán: Está bien, te lo
hemos dado con gusto.
Eso es lo que debemos tener en cuenta en este contexto. Por eso no sirve si ahora uno intenta
regresar el hijo a sus padres. No obstante es importante para el hijo haber visto a sus padres. Es
decir, si eso fuese posible realmente sería muy lindo.
Ejemplo
Doy un ejemplo. Me escribió un sacerdote diciendo que había una mujer que se volvió
esquizofrénica y la hija tuvo que ser entregada a una familia de crianza. Luego la madre sanó y
quería que le devolvieran a su hija.
La pregunta de él era: ¿Qué debe hacerse? Yo le dije que la niña debe quedarse con sus padres
de crianza. La madre le puede decir: Ahora estoy otra vez disponible para ti. Ahora puedes venir a
verme en cualquier momento, pero te dejo con tus padres de crianza que te cuidaron mientras yo
estaba enferma. De esa forma la hija puede ir y venir. Puede ir y venir entre su madre y sus padres
de crianza. Pero la madre ya no se la puede quitar a los padres de crianza. Eso ya no puede ser.
Ese sería el orden aquí.
Situaciones de emergencia
MUJER: También sucede que las autoridades encargadas deben quitar a los hijos en situaciones
de emergencia que ocurren en las familias. En el caso de niños pequeños entonces van a familias
de crianza, pero en general en primer lugar a lugares de cuidados transitorios. Muchas veces luego
se da que no es posible activar a los padres, una vez que el hijo ya no está, como para que se
sigan ocupando. ¿En casos así vale lo mismo?
HELLINGER: Sí.
MUJER: ¿Eso significaría que, suponiendo que no se logre en el plazo de 3, 4, ó 5 meses, se
debería tratar de encontrar de todas maneras una familia fija?
HELLINGER: Sí.
Ejemplo
Una vez di un curso para madres de comunidades de niños entregados por situaciones de
emergencia. Una de esas madres también había sido dada de niña. En el grupo tenía a un niño
cuya madre lo había entregado a la organización y ahora la madre deseaba que se le devuelva a
su hijo.
Configuramos el caso y pedimos que la madre responsable por el niño en la organización
representara a ese niño. Estaban ubicados: a la izquierda la madre responsable por el niño en la
comunidad, a la derecha la madre biológica – y el hijo entre ellas. En el alma del niño tuvo lugar
una enorme lucha por dirigirse hacia una o hacia otra. Durante un largo rato se sintió tironeado
para aquí y para allá. Luego se colocó al lado de la madre que lo cuidaba en la comunidad. Y ese
era el lugar adecuado.
Hogares de niños
MUJER: ¿Eso significaría, entonces, que para niños que han pasado largo tiempo en un hogar no
habría una real vuelta atrás por la culpa?
HELLINGER: En el caso de los hogares no estoy tan seguro, ahí no estoy tan seguro. A veces un
internado es bueno porque al niño se le quita una carga. Puede regresar en cualquier momento. En
el caso de los hogares es diferente.
MUJER: ¿Depende del lugar?
HELLINGER: También depende de toda la situación. Hoy día hay muchas personas que
consideran que un hogar es una cosa muy terrible. Yo pasé cinco años en un internado, yo me
sentía liberado. Los hogares pueden realmente estar orgullosos por lo que hacen. Para muchos
niños son como un internado.
La prioridad
MUJER: Yo tengo una pregunta con relación a la elección de padres adoptivos cuando se trata de
un caso en el que los niños repentinamente quedan huérfanos y los abuelos se ofrecen para
adoptarlos. ¿Deberían ser considerados con prioridad? ¿O debería intentarse encontrar los padres
adoptivos más convenientes para ellos?
HELLINGER: Al niño se lo deja en la familia. Ese es el principio fundamental. En una situación así
en la familia los primeros serían los abuelos. No hay nadie que pueda ser mejor para un niño que
ellos. Entonces, en una situación así estarían primero los abuelos y luego los tíos y las tías.
Únicamente si no hubiera nadie de la familia para los huérfanos, se trataría de encontrar a alguien
en otro lugar. Ese es el principio fundamental: En la medida de lo posible se permite que el niño
permanezca dentro de la familia, dentro del clan.
MUJER: ¿También en el caso de que esos abuelos tal vez hayan participado de alguna manera en
la muerte, por ejemplo de la madre?
HELLINGER: ¿Qué significa aquí haber participado?
MUJER: ¿Es decir cuando ellos no han fortalecido y capacitado a su hija como para poder
mantenerse viva?
HELLINGER: Esas son interpretaciones del peor tipo. Jamás se debe atribuir a alguien ese tipo de
cosas. Si los abuelos quieren hacerse cargo del niño ese es el mejor lugar para él. También hay
que tener en cuenta que el niño siente una profunda lealtad para con su familia. Desea permanecer
en su familia. También desea quedarse con padres malos – incluso con aquellos que lo golpean. El
niño quiere quedarse con ellos. Si se lo quita a los padres considerando que en otro lugar estaría
mejor cuidado, el niño se castigará. Debemos ser muy cuidadosos en eso, debemos acompañar el
alma del niño. Debemos respetar su lealtad y su amor. Si hacemos eso, se puede desplegar.
Cuando uno saca al niño de su familia a la fuerza siguiendo puntos de vista externos, para el niño
es muy duro.
Es duro cuando uno adopta niños de países lejanos. Es mejor para el niño morir allí. Muchas veces
es mejor para el niño morir allí. Está implicado en su destino. A menudo uno considera que debe
intervenir en el destino de un niño, que entonces estaría mejor. Debemos ser sumamente
cuidadosos en eso. Por supuesto que hay excepciones, no quiero generalizarlo.
En la elección de padres adoptivos vale que aquellos que tienen hijos son mejores que aquellos
que no tienen hijos. Pero eso de todas formas es del conocimiento de las organizaciones
encargadas, no es necesario que yo se los diga. Porque de otra forma el niño es un reemplazo – y
eso tampoco es bueno. Pero si los padres adoptivos son movidos desde el corazón, porque
quieren ayudar a un niño – entonces está bien. Sin embargo, si sólo por no poder tener hijos ellos
buscan tener uno para sí, en ese caso no es bueno. Sin embargo, es posible que ese tipo de
padres también deseen hacer algo por el niño, en ese caso es diferente. Eso aquí desempeña un
papel importante.
La jerarquía
MUJER: ¿Por favor puedes decir algo con relación a la actitud conveniente de los padres adoptivos
con relación a los padres verdaderos?
HELLINGER: Los padres adoptivos se deben considerar representantes de los padres biológicos y
deben respetar a esos padres. Solamente si respetan a esos padres, pueden respetar al niño.
Deben amar a los padres tal como son, de esa forma pueden también amar al niño. Si se colocan
por encima de los padres, el niño se vengará diciendo: “Ustedes no son mejores que mis padres.”
Ejemplo
Hace muchos años, en los Estados Unidos de Norteamérica, asistí a un curso de análisis
transaccional. La mujer que lo dirigía era una sacerdote. Había adoptado cuatro niños y tenía
varios hijos propios. Uno de los niños había sido adoptado a los 6 ó 7 años de edad y tenía a toda
la familia en vilo. Era, como se dice comúnmente, un psicópata, una descripción terrible. Era un
pobre niño.
Después de varios años ella le dijo al niño: “Puedes hacer lo que quieres, aquí yo sigo siendo tu
madre”. Ahí el niño se quebró y dijo: “Mamá, durante tantos años quise que tu fueras como mi
mamá – ahora abandono esa idea”. Su madre era esquizofrénica. Eso muestra la lealtad profunda
de esos niños.
Pensamiento con relación a las Elegías del Duino y los Sonetos a Orfeo de Rilke
Comentario preliminar
En mis viajes me ha acompañado, durante muchos años, un pequeño libro con las Elegías del
Duino y los Sonetos a Orfeo de Rilke. Los leí una y otra vez – para mí son inagotables. También he
reflexionado acerca de ellos y he anotado esos pensamientos. Aquí algunos de ellos.
En las Elegías del Duino y los Sonetos a Orfeo se abre paso poderosamente la experiencia
existencial de Rilke y nos arrastra, si nos abrimos a ella, a acompañar el sentido de esa
experiencia. Porque esos grandes himnos brotaron de él después de haber enmudecido casi
durante muchos años y después de haber tenido que dejar totalmente su voluntad primordial y su
misión, comprendida anteriormente como tarea. Por ese motivo, el torbellino que lo arrastró a
completar las elegías y a escribir inesperadamente los poemas de los sonetos no fue tampoco un
torbellino dirigido expresamente a él. Aquí estaba obrando algo más poderoso que importa también
a nosotros y que busca conducirnos a experiencias similares y comprensiones similares y que tiene
la capacidad de guiarnos.
A continuación me refiero a algunos de los niveles de experiencia a los que también nosotros
tenemos acceso, consciente de que en última instancia siguen siendo insondables, tal como Rilke
lo consideraba para sí mismo. Sólo quiero mostrar contextos que hacen más fácil dar cabida a
estos grandes himnos, sin pretender sondearlos realmente.
Las Elegías del Duino y los Sonetos a Orfeo son una unidad, ya que brotaron de Rilke en el mismo
torbellino. Por esa razón es posible, a veces, pasar fluidamente de las Elegías a los Sonetos y
viceversa. Porque en estos dos grandes ciclos se trata más de la experiencia existencial que aflora
vibrante en el canto y no tanto de cada poema individualmente. Su cantar es nuestra existencia,
entramada en surgir y perecer y así transformándola hacia esto último.
Al quebrarse el árbol de júbilo para Rilke, recién fueron posibles las Elegías del Duino y los
Sonetos a Orfeo. En esos poemas Rilke camina tanto entre los vivos como entre los muertos y, con
profundo asentimiento, incluye a esos dos ámbitos en su cantar. Renuncia al júbilo más allá de lo
humano, por ejemplo al júbilo por el ángel, y al escuchar lo que el aire susurra, vacío de toda
intención, simplemente está.
La Primera Elegía
Al final de la feroz comprensión hacia nuestra existencia para Rilke no cabe duda que no podemos
ni debemos escapar a la tierra y a sus leyes, por ejemplo dirigiéndonos más allá de ella a los
ángeles para intentar, con su ayuda, violentar los límites de la existencia terrenal. Y así están, al
comienzo de la Primera Elegía, la despedida de esta idea y la mirada hacia lo que nos queda aquí.
Dado que el ángel aparece tan grande y tan bello, tal vez se nos escape que su belleza es tan sólo
el comienzo de lo terrible, ya que aquello que va más allá de nosotros no solamente es sustraído al
ser humano, para él sería también insoportable. Por ese motivo Rilke, a partir de allí, se dedica a
las condiciones de nuestra existencia que, dado que a su final se encuentra la muerte, se
encuentran ininterrumpidamente bajo la señal de la despedida. Sólo de cara a la despedida somos
realmente.
Pero entonces, en lugar de clamar por los ángeles, comenzamos a escuchar y nos percatamos de
algo que, a pesar de encontrarse asimismo más allá de aquello a lo cual nosotros podemos
acceder fácilmente, nos toca profundamente. La noticia incesante, que se va formando en el
silencio, llega a nosotros desde los muertos. A pesar de estar ausentes, ellos están cerca de
nosotros. Al prestar atención a esa noticia, vemos practicando lo que nos espera después. Ahora,
en lugar de querer ir junto a los ángeles, nos movemos aquí en esta vida al mismo tiempo entre los
muertos. Para aquel que logra eso resuena la verdadera música de la existencia que festeja el
surgir y el perecer como unidad.
“Disfruta de la vida”
¿Qué hay más adecuado para la vida que disfrutarla? Aquel que la disfruta, la toma tal como es.
Disfruta el origen de la vida, desde donde le es regalada. Es decir entonces, en primer lugar de sus
padres y ancestros y, más allá de ellos, del todo más grande del cual depende la vida y que la
sostiene. Y disfruta de todo lo que forma parte de la vida, lo que la fomenta y mantiene y lo que
permite que rebalse y que continúe fluyendo hacia los que se encuentran a su lado y los que
vienen después de él. Es benevolente hacia la vida.
Aquel que disfruta de la vida, también se alegra por la vida de los demás. También es benevolente
hacia la vida de ellos, quiere que crezca, que se amplíe, que se cumpla. Con su vida está al
servicio de la vida de ellos y toma de ellos sin reparo aquello que de la vida de ellos le entregan
para la suya. A través de la vida de ellos, la de él se enriquece, al igual que la de ellos a través de
la de él.
Pero la vida también crece a través de la resistencia. Sin resistencia no hay crecimiento. Forma
parte de las condiciones de la vida. En lugar de evadirla, se la supera creciendo y luego se alegra
tanto más habiendo sido fortalecido por ella.
Y es cierto también que nuestra vida se acaba, o, mejor dicho, hace lugar para otra vida. Si somos
benevolentes hacia la nueva vida le cedemos lugar gustosamente, nos retiramos en el momento
adecuado, disfrutamos de lo nuevo y estamos reconciliados con el final de nuestra vida.
Bien y mal
¿Existe algo bueno? ¿Existe algo malo? No, no existe. Pero nosotros usamos la diferenciación
entre bien y mal en nuestra vida cotidiana para orientarnos. La diferenciación entre bien y mal llega
al mundo a través de nuestra conciencia.
Cuando tenemos una conciencia tranquila o buena decimos que hemos hecho algo bueno. Cuando
tenemos una mala conciencia decimos que hemos hecho algo malo. Sin embargo, bien y mal en
este contexto sólo significa: es bueno aquello que en mi familia me ayuda a pertenecer. Es malo
aquello que en mi familia pone en riesgo mi pertenencia. Es decir que la conciencia nos ayuda a
diferenciar lo que debemos hacer o no hacer para pertenecer. Esa es la función de la conciencia.
En ese contexto existe la diferenciación entre bien y mal.
Todas las familias son diferentes. En una familia es considerado bueno lo que en otra es
considerado malo. Y viceversa. Por eso las personas que hacen algo partiendo del concepto de
que en mi familia es considerado algo malo, lo hacen con la conciencia tranquila. Por ese motivo
también los niños, en los hogares de niños, se comportan “insoportablemente” con una conciencia
tranquila o buena. No podemos hacerles entender. No sirve. A no ser que sepamos lo que en las
familias de ellos es considerado bueno y malo, en ese caso podemos hablarles a través de la
conciencia de su familia. Eso ayuda. Esa es la diferencia aquí.
Por supuesto que hay cosas que son terribles, por ejemplo cuando uno mata a otro. O lo que
sucede en una guerra, eso es terrible. Pero sólo desde nuestro punto de vista, desde nuestra
diferenciación entre bien y mal.
Salud y enfermedad
Si queremos deshacernos de una enfermedad nos comportamos de una manera masculina. Si
asentimos a ella, nuestro comportamiento es femenino. Si ambos contrastes pueden confluir, salud
y enfermedad tienen un efecto conjunto y se convierten en una unidad.
Vida y muerte
La vida es aquí masculina, la muerte femenina. ¿Qué sucede con nosotros, si en nuestro
sentimiento ambas pueden llegar a ser una unidad?
Nuestra vida se serena y se completa. La vivimos cara a cara con la muerte. Entonces también la
muerte se completa a su tiempo.
Antes y después
Desde el sentimiento, lo pasado en el tiempo es femenino. En todo sentido está concluido. Lo
próximo es masculino. Si nos dirigimos al después actuamos de manera masculina. Si lo anterior
nos cautiva, esperamos, sin actuar. Ambas partes son necesarias y por sí solas estériles.
¿Cómo se hacen uno? En el instante, ahora.
Mi cuerpo
A nuestro cuerpo muchas veces lo tratamos, como si estuviera subordinado a nuestro espíritu. Lo
tratamos de arriba a abajo, si bien ningún espíritu puede vivir en sí, sin cuerpo.
Muchos postulan el contraste que se da entre espíritu y cuerpo, también muchas personas
religiosas o espirituales. Allí se refleja otro contraste, especialmente en los hombres. Es el
contraste que se da entre hombres y mujeres.
¿Qué no le han hecho hombres a mujeres en desprecio, opresión, mutilación, denigración?
Tratando a las mujeres como propiedad personal, de la cual podían disponer a su antojo, podían
intercambiar o deshacerse, sin compasión y respeto, sin corazón.
Del mismo modo tratan muchas veces a su cuerpo. Lo descuidan y lo ponen en juego por los así
llamados valores espirituales, muchas veces en afán de vana gloria.
¿Qué es ultimadamente una guerra o una campaña militar, la imagen de la tierra asaltada, la
violación de una mujer, que en sus consecuencias lleva a la violación de muchas mujeres, sin
compasión y respeto y corazón?
¿Dónde comienza para nosotros la reconciliación y la paz en todos los niveles?
En el respeto y el amor por las mujeres y en que los hombres se ubiquen debajo y junto a ellas.
Este movimiento va mucho más allá de la llamada igualdad de derechos, así como entre cuerpo y
espíritu no puede haber igualdad, sino solo un plegarse, a lo que le precede, que es lo que lo
mantiene en la vida y lo sostiene.
Si pienso, en lo que muchos hombres, a través de tanto tiempo, le han hecho a las mujeres, me
salen las lágrimas, también cuando reflexiono acerca de lo que yo y muchos hombres le han hecho
a su cuerpo y al cuerpo de otros seres humanos.
Así como los hombres, especialmente los hombres, tratan a las mujeres, así tratan a la tierra, si
bien es sólo ella la que los sostiene.
De modo similar manejan el dinero. Más allá del dinero como salario merecido por un trabajo
realizado; una ganancia sin fundamento se convierte en manos de los hombres en una guerra
nueva y diferente y- ultraja a aquellos de los que ultimadamente proviene.
¿Cómo regresamos a nuestros fundamentos? ¿Cómo regresan los hombres a las mujeres?
¿Cómo regresan mujeres a sus madres, cuando se sienten en una situación similar con respecto
a su cuerpo?
Con humildad. De una altanería prepotente regresamos a la tierra. Regresamos haciendo un
desplazamiento del peso: de lo volátil a la atracción de la madre tierra, de la que provenimos, que
es la que nos nutre y nos sostiene. Entonces las mujeres cargan a los hombres y a otras mujeres
con un amor maternal. Se unen a ellos, conforman una unidad, sin elevarse por encima de los
mismos.
Así también regresamos a nuestro cuerpo y a través de él hacia ese poder creador, el arquetipo y
el origen de toda vida, que de modo más amplio encontramos en la mujer, en la madre- y también
en nuestro cuerpo.
¿Cómo? Con ese amor original, que maternalmente se dirige a todo a lo que dio existencia
diciendo: ¡Que se haga! ¡Qué sea! ¡Qué viva!
El abrazo
Hace poco reflexioné acerca de lo que sucede en un abrazo. Hombre y mujer están en una
referencia mutua. Entonces aquí está ubicado el hombre y frente a él la mujer. El hombre extiende
ampliamente los brazos y mira invitándola a la mujer. Frente a él se encuentra la mujer. Ella
también abre los brazos y mira invitadoramente, con amor al hombre. Ellos se
acercan mutuamente y se abrazan en forma entrañable.
¿Cómo aguantan el abrazo? Sólo un corto tiempo. El abrazo es demasiado poco. La relación entre
hombre y mujer, si absorbe todo como en un abrazo, es demasiado poco. Para la vida es
demasiado poco. Por lo mismo se separan después de un abrazo, tienen que soltarse. Nadie lo
aguanta a la larga.
Ella da un paso hacia atrás y él da un paso hacia atrás. Ambos vuelven a extender sus brazos,
muy ampliamente y miran más allá de la pareja a la vida como un todo. Ahora integran mucho a su
abrazo, por ejemplo a la familia del otro, todo lo que le pertenece, pero también al mundo como a
un todo. Y aquél que extiende los brazos siente que hay algo grande detrás de él, algo que lo
sostiene y que tiene un efecto. Luego vuelven a mirarse, pero en unión con eso más grande.
Experimenta su relación en otro nivel. Tiene otra amplitud, otra profundidad. Ambos ven al otro
unido a mucho. No se atreven, a querer sacar al otro de allí y tenerlo sólo para sí mismo. Eso ya no
es posible. Pero justamente, por ser tan amplia la mirada, pueden encontrarse de esta manera tan
despreocupada, separarse un poco, nuevamente encontrarse, nuevamente separarse un poco,
porque se encuentran integrados a algo más grande.
Lo mismo vale si, igual que la imagen de hombre y mujer, experimentamos en nosotros muchas
cosas tanto pertenecientes como desconectadas.
Por ejemplo:
Derecha e izquierda
Arriba y abajo
Cuerpo y espíritu
Salud y enfermedad
Pasado, presente y futuro
¿Cómo se logra en nosotros la unión de lo separado, tanto en la sensación como en el actuar?
Abrazamos con amor a ambos lados en nosotros. Luego retrocedemos algo interiormente, hasta
poder percibir en nosotros las diferencias. Ambos lados vuelven a acercarse, hasta que se sientan
uno con nosotros y nosotros con ellos. Así, en una unidad con ellos miramos hacia adelante, hacia
aquello que nos desafía y lo realizamos con amor.
El procedimiento
¿Qué sucede? Un cliente presenta un problema y menciona a una persona determinada. Normalmente son los
padres, la pareja y los hijos. Estos son los más próximos. Aunque también pueden ser otros. Procedo ahora
sistémicamente. Esto es, me imagino las personas que forman parte del entorno y me dedico a todas ellas de la
misma manera. Me coloco a distancia de ellos, sin ningún deseo especial y sin temer nada. Entonces espero
una indicación.
Esa indicación ayuda a todos de la misma manera. Ella no está solamente dirigida a lo que ayuda al cliente.
Ella ayuda a todos de la misma manera. Eso evidencia que se trata de una frase que proviene de un
movimiento espiritual.
Cuando se ha encontrado y dicho esa frase todo ha terminado. ¡Ni una palabra más! Cada palabra adicional
estropearía la fuerza de esa frase.
Este es el modo más bello de ayudar a alguien, que trasciende incluso la Constelación Familiar del Espíritu.
Sin embargo solamente de determinada manera, pues en la percepción interior todos están igualmente
presentes.
Me gustaría practicarlo con ustedes y, por cierto, mejor como supervisión. O sea, no presenten nada personal,
sino traigan el caso de un cliente. En ese ejemplo demostraré esta ayuda. Es decir, no solamente lo demostraré
sino que todos aprenderemos como podemos adentrarnos en un movimiento sanador como este.
Más allá de cual sea el resultado nos ayudará de muchas maneras. Tendremos otra actitud. Queda
absolutamente claro, aquí no podemos desear nada. No podemos pensar las frases. Ellas nos serán
obsequiadas en el camino del conocimiento fenomenológico.
Bien, ¿quedó claro lo que dije? ¿Quién tiene un caso de este tipo que pueda presentar?
PARTICIPANTE: Un chico de 12 años se acercó a mí y a mi mujer. El tiene un tic nervioso. Parpadea con los
ojos y mueve involuntariamente las manos.
HELLINGER: ¿Quién se acercó a ti?
PARTICIPANTE: La primera vez vino la madre con este chico de 12 años y su hermano.
HELLINGER después de reflexionar un rato al grupo: El sólo mencionó a este chico y a la madre.
HELLINGER: Bien.
Al grupo: Imaginémonos ahora: Cuando este chico hace esos movimientos, con ese tic y con la mano, y por
un momento nos abstraemos del chico ¿A dónde mira él? ¿A qué persona mira? ¿A qué persona a la que los
padres no miran? En lugar de a esa persona ellos miran al chico.
El participante asiente.
HELLINGER al grupo: Imaginemos ahora la totalidad del sistema: quién pertenece a él y quién, tal vez, está
esperando ser visto, quién está esperando que se le tenga afecto, que se lo quiera. Este sería el trasfondo.
Okay, cerremos ahora los ojos y con esa actitud nos enfrentamos a todo el sistema: dedicados a todos con
amor. Entonces esperamos por si tal vez aparece la palabra o la frase decisiva.
Después de un rato: Yo tengo la frase, una frase completamente sorprendente que no es posible pensar.
A ese participante: Cuando ellos vuelvan a estar contigo, los tres, haz que el joven le diga a sus padres:
Olvídenme a mí también.
HELLINGER: Entonces inmediatamente los mandas de vuelta a su casa. Tú has sentido inmediatamente la
fuerza.
El hombre asiente.
Después de un rato al grupo: Ustedes se dan cuenta, no nos es posible pensar esas frases. Ellas son
completamente distintas a como nos las imaginamos.
HELLINGER a esa mujer: Démonos tiempo. Se trata de procedimientos meditativos. A través de ellos nos
tranquilizamos, todos nosotros nos tranquilizamos.
PARTICIPANTE MUJER: Se trata de un hombre de 40 años que desde hace dos años tiene diarrea.
Físicamente no hay nada comprobable.
PARTICIPANTE MUJER: Su madre falleció cuando el tenía 16 años. Ella tuvo una depresión muy profunda
después que el padre se marchó. El padre se marchó porque tuvo una discusión muy fuerte con la hija y le
pegó.
PARTICIPANTE MUJER: Ella sólo estaba tirada en la cama y quería morirse. Finalmente tuvo una embolia
y murió.
HELLINGER: Las personas son: este hombre, su madre, su padre y su hermana, cuatro. ¿Quién de ellos
necesita la mayor atención?
HELINGER al grupo: Ahora esto resulta importante para nosotros. Él es el que ha sido excluido. A él lo
tomamos en nuestra alma. Nos entregamos ahora a esa familia y dedicados a todos esperamos, sin temor y sin
intención.
A esa mujer: El hombre dice la frase. Sin embargo queda abierto a quién se la dice. Si él viene hacia ti haz
una breve sesión con él, una meditación. Luego le dices esa frase. Después él debe levantarse e
inmediatamente irse.
Es decir, lo haces sentarse a tu lado y le dices: “Cierra los ojos. Ahora imagínate a todos los miembros de tu
familia: el padre, la madre, tu hermana y tú. Ellos permanecen a cierta distancia. Entonces sientes con quién
estás conectado más profundamente. A él le dices una frase. Esa frase te la digo yo. Después te levantas, sin
decir una palabra y te vas”. La frase es: Por favor quédate.
La mujer asiente
HELLINGER: ¿Okay?
PARTICIPANTE MUJER: Se trata de una familia en la que los padres están separados. El joven de 15 años
se lastima a sí mismo y tiene ataques de pánico.
HELLINGER al grupo: Okay, aquí solamente tres personas son importantes: el padre, la madre, el hijo.
PARTICIPANTE MUJER: Alternativamente con ambos padres, pero momentáneamente está más con el
padre.
HELLINGER al grupo: Imaginémonos ahora esta situación. Nos abrimos a todos con la misma dedicación, y
nos abrimos al joven y a su amor.
Después de un rato a la participante: Yo tengo la frase. Ella está en clave. Tú dices la frase en presencia de los
padres. Tú les dices a ellos cuál es la pregunta secreta del joven. Y tú les dices: Cuando la frase haya sido
dicha deben irse, sin decir una palabra.
Tú les dices a los padres lo que el joven dice interiormente: Mejor yo.
¿Cómo te sientes?
HELLINGER al grupo después de una pausa breve de concentración: Naturalmente, también puede ocurrir
que no aparezca ninguna frase. Esto puede responder a numerosos motivos.
Tal vez seamos muy impetuosos. Entonces perdemos la conexión con ese movimiento espiritual. Este es
también, por ejemplo, el peligro cuando tomo un caso tras otro. Entonces se convierte casi en un ejercicio. Y
se volverá peligroso, peligroso en el sentido de que nada se logra.
A la participante: ¿Entonces?
PARTICIPANTE MUJER: Se trata de una clienta, ella tiene 35 años. Ella padece desde que era joven una
enfermedad que se expresa en que no puede tragar ningún alimento sólido. Se le atora en la garganta. Por esa
razón solamente puede ingerir alimento líquido.
HELLINGER al grupo: Nosotros tenemos que completar interiormente quién pertenece al grupo familiar. Sin
entrar en detalle nos imaginamos a esa familia, también a los hermanos.
A la participante: Tú puedes decirle a ella que debe imaginarse que le dice una frase a su madre. Pero ella no
la dice. Solamente lo hace interiormente. La frase es: Quedo partida en dos.
HELLINGER: ¿Okay?
HELLINGER al grupo: Ustedes se dan cuenta a dónde la Constelación Familiar del Espíritu finalmente nos
conduce.
Un ejemplo más: Cliente de 37 años tiene desde hace un año su mitad derecha sin sensibilidad y
paralizada
PARTICIPANTE: El cliente tiene 37 años. Desde hace un año carece de sensibilidad y tiene su mitad derecha
paralizada. Su historia: Cuando el tenía un año su madre se colgó.
HELLINGER: ¿Okay?
PARTICIPANTE: Gracias.
El movimiento interior
HELLINGER al grupo: Estas frases están más allá de la ayuda en un sentido tradicional. Ellas ponen al
individuo en contacto con un movimiento interior. Tan pronto como la persona se conecta con ese
movimiento interior éste la guiará. Sin embargo no sabemos hacia donde, tampoco lo queremos saber. La
persona queda completamente a merced de ese movimiento.
Cuando una frase tal nos ha sido regalada –y ella siempre es un regalo-, inmediatamente estamos separados
del cliente, sin preocupación. Al instante somos libres. O sea que allí nos conduce finalmente la Constelación
Familiar del Espíritu.
Ocurre así cuando un cliente viene a ustedes, se sienta a vuestro lado, ustedes se entregan a él y, a veces -sin
que él haya dicho nada- les surge a ustedes una frase o una palabra como esta. Esta es una bella experiencia.
En ese momento ustedes sienten que están siendo guiados.
También en una constelación, cuando no sabemos cómo seguir, el conocimiento del próximo paso nos será
regalado de esta manera. O también la frase que alguien debe decir.
La alegría previa
Con la alegría previa nos anticipamos a algo que está por venir. Tanto nos alegramos que en nuestra alegría lo
que tiene que venir ya está aquí. Ahora sólo es necesario que venga.
Con nuestra alegría evocamos el acontecimiento. Con nuestra alegría vamos a su encuentro, con nuestra
alegría lo forzamos a que venga. Y cuando finalmente está allí nuestra alegría tal vez sea muy breve. Por el
contrario, la alegría previa fue larga, la paladeamos mucho antes de que el acontecimiento tuviese lugar.
¿Se ha acabado entonces la alegría previa? ¿Será ella reemplazada por la alegría inmediata? ¿O podemos
tomar la alegría previa y llevarla con nosotros? Nuestra alegría solamente será completa si incluye todo lo que
le corresponde: completa con la alegría previa, completa con la alegría posterior y completa con el recuerdo
alegre.
¿Cómo influye esto en nuestra vida cotidiana? ¿Cuán alegres podemos ser si vivimos la alegría del ahora, la
alegría previa por lo que nos espera y también los recuerdos alegres?
Existe también una alegría permanente. Es la alegría del espíritu. La sentimos en el ahora como perspectiva,
pues su movimiento es una alegría creadora. Ella repercute sobre lo que se alegra. Ella es siempre una alegría
nueva. Ella es la alegría del amor, la de un amor puro.
El matrimonio
El matrimonio une a un hombre y una mujer en una convivencia que los mantendrá unidos por toda la vida y
que continuará en sus hijos. Une también a las familias de las cuales ellos provienen, aun cuando ellas
hubiesen estado antes enemistadas o incluso se hubieran hecho la guerra.
En tiempos pasados, con frecuencia, las familias ricas que anteriormente habían luchado entre sí por el poder
se unían a través de un matrimonio real. Casarse en lugar de hacer la guerra era el lema, por ejemplo este fue
el caso de los Habsburgo. El reinado de paz de Alejandro el grande y su continuación en el imperio romano
fueron posibles porque él ordenó a sus guerreros hermanarse en matrimonio con sus vencidos.
La repercusión de un matrimonio trasciende en mucho la alianza original entre el hombre y la mujer. El
matrimonio es ejemplo y base de esa alianza que genera paz. Antiguamente, con frecuencia, se sellaba un
tratado de paz a través de un matrimonio.
Por el contrario, las divisiones se mantienen cuando se rechaza o incluso prohíbe el matrimonio entre distintos
pueblos, razas y religiones.
El matrimonio es por lo tanto el modelo básico que deroga las separaciones, las deroga con amor. El
matrimonio es un modelo de creación, un modelo divino que crea y entrega paz.
¿Qué importancia tiene entonces cuando en su matrimonio el hombre y la mujer son concientes de estas
dimensiones de su amor y su unión? Más allá de su unión y de su amor ellos se sienten uno con un
movimiento creador del amor. Su matrimonio es también en este sentido un tiempo de apogeo.
El destino
No existe ningún destino malo. Sólo existen los destinos. No existe el destino malo, pero tampoco el bueno.
En realidad tampoco sabemos qué es bueno y qué es malo. El destino nos atrapa.
La palabra destino es algo completamente indefinido. El concepto de destino o la imagen de destino no
encajan de ninguna manera. Es ante ese espíritu –o algo espiritual, algo grande- que está actuando por detrás,
que todo tiene el mismo valor, nada se pierde y nadie es mejor o peor o más feliz o más infeliz.
Hace poco leí una poesía de Rilke. Me conmovió profundamente. Se trata de una poesía sobre la muerte.
Rilke piensa que la muerte está todo el tiempo presente en nosotros. Ella vive en nosotros. Ella es una parte de
la vida. Pero cuando Rilke aquí habla de la muerte también habla de dios, más allá de lo que esto en detalle
pueda significar. Yo ya me referí a esa poesía en un libro, en este nuevo contexto podemos leerla una segunda
vez.
El propio destino
Cada uno de nosotros está involucrado en un destino particular. Esto está relacionado con nuestra familia de
origen. A través de ella ciertas cosas nos están determinadas, indefectiblemente determinadas y nosotros así
lo aceptamos.
Luego conocemos a nuestra pareja. El hombre encuentra a una mujer, la mujer encuentra a un hombre. Cada
uno de ellos tiene su propio destino. Pero ahora se unen dos destinos diferentes. Un destino espera al otro
porque, tal vez, a través de él encuentre una satisfacción y un cierre. Esto es recíproco.
En ese sentido el hombre y la mujer se convierten en una comunidad de destino. Sus hijos se apropian de un
destino y del otro. Por eso los dos padres juntos se convierten en destino para los hijos.
Pues bien, ocurre que a veces un destino es tan distinto del otro que alguien no está en condiciones de sostener
la comunidad de destino. Sino que uno debe seguir su propio destino y liberar o redimir al otro de su destino
dejándolo atrás.
Con frecuencia ocurre así. En una relación de pareja, cuando ha durado mucho, puede suceder que el destino
de uno sea tan fuerte que el otro no lo pueda tolerar. Entonces uno deja que el otro se quede con su destino y
continúa con el propio.
Existe un dicho que uno puede decirle al otro: “Te quiero y quiero lo que a ti y a mí nos guía”. Con amor uno
da su consentimiento al lugar adonde el otro es guiado. Entonces puede ocurrir que ellos se separen o que
deban separase. Pero ellos entonces lo harán con amor. Cuando en una relación de pareja, por ejemplo, se
comprueba que uno de los dos no pude tener hijos y que el otro los desea, éste no puede imponerle al otro su
destino. Él lo deja entonces en libertad y le dice: “Te quiero y quiero lo que a ti a y a mí nos guía de un modo
único”. Entonces podrán separarse. Ahora cada uno seguirá su propio destino y su propia determinación.
También sucede así en este caso que hemos expuesto. El hombre queda liberado cuando la mujer le dice: “Te
quiero y quiero lo que a ti a y a mí nos guía de un modo único y determinante”. Entonces ellos están juntos y
sin embargo separados. Cada uno está en su destino liberado del destino del otro y puede dejar al otro en
libertad.
La vida
Toda vida se mueve de manera incesante, sobre todo, porque de muchas maneras ella necesita y
consume de manera incesante algo que le posibilita ese movimiento. ¿Para qué se mueve?
Solamente para mantenerse viva y poder trasmitir la vida. De cara a esa meta -trasmitir la vida- ella
se desarrolla y crece. Aprender todo, practicar todo tiene como objetivo alcanzar esa meta. Todo lo
que vaya a suceder sirve para mantener la vida para que ella pueda alcanzar esa meta.
Vivir quiere decir convivir con muchos otros en un intercambio entre dar y tomar para, de un modo
polifacético, en resonancia y coordinación recíproca, servir a nuestra vida y a la de muchos otros,
como así también a la vida como un todo. En este sentido nuestra propia vida está incorporada a la
abundancia de la vida. En todo lo que hacemos, en todo lo que alcanzamos, en todo lo que
realmente alcanzamos hay más vida. También el final de nuestra propia vida está al servicio de la
vida que continúa.
¿En dónde está finalmente puesta nuestra atención entonces? En que nosotros vivamos, en que
nosotros mantengamos viva nuestra vida. Tan pronto como nuestra vida está en peligro, por
ejemplo por causa de una enfermedad o un peligro exterior, todo lo demás pasa a un segundo
plano. La vida tiene prioridad por sobre todo lo demás.
Naturalmente a veces nos preguntamos de dónde viene la vida y a dónde va. ¿Estamos vivos o
queremos con estas preguntas ponernos por encima de la vida, por encima de la vida en este
momento?
Por el contrario, la vida alcanza su plenitud cuando en todo sentido permanecemos concentrados
en ella. Aún más, en ese instante su movimiento está detenido, concentrado y quieto, como
completo en la quietud. Nada va más allá de la vida. Todo es comienzo, centro y final al mismo
tiempo.
¿Estaremos entonces restringidos? ¿Seremos egocéntricos? ¿O es al revés: en ese momento ya
estamos concentrados con nuestra vida en la totalidad de la vida, en su abundancia?
¿Puede en este sentido existir algo que vaya más allá de la vida? ¿Algo así como otra meta que
sirva a la vida? ¿O no está ya concentrado en la vida todo lo que a veces, como si estuviésemos
por encima de ella, nos imaginamos y pensamos?
¿Qué otra cosa puede significar, por ejemplo, el amor a dios que no sea amar la vida tal como ella
es? ¿Y puede el amor al prójimo significar algo más que amar la vida de todas las personas?
¿Puede la religión ser algo distinto y más grande que honrar y amar la vida en todas sus formas y
expresiones, especialmente en lo que la hace fecunda? ¿No es por ejemplo el amor sexual el
definitivo servicio a dios, la decisiva entrega a la vida y a él? Nada va más allá de ese amor.
¿Qué sucede entonces con el espíritu? ¿Puede diferenciárselo de la vida? ¿O no son todos sus
conocimientos percepciones de la vida? ¿No están todos sus logros al servicio de la vida?
A más tardar en este instante debemos reconocer que también existe un movimiento contra la vida,
que nosotros a veces nos comportamos como si pudiésemos respetar menos la vida y sacrificar
otras metas: nuestra vida, la vida de otros y la otra vida – de la cual dependemos y que sostiene
nuestra vida y la hace posible. Así nosotros también nos estamos poniendo por encima de la vida.
La pregunta es: ¿hasta qué punto la vida nos precede? Cuando deseamos algo solamente
tenemos que rastrear dentro nuestro si le sirve a nuestra vida o la daña. Por ejemplo, cuando
sentimos el deseo de comer o picar o beber algo en especial, o cuando nos dejamos atrapar por la
curiosidad de vivir y presenciar algo sensacional, o hacer algo que sirve a nuestra vanidad y que
finalmente nos deja con menos vida y con menos alegría de vivir que si hubiésemos seguido un
movimiento de la vida que en ese sentido nos hubiese puesto un freno.
Aquí nos ayuda un pequeño ejercicio. Cuando percibimos dentro de nosotros una tentación de este
tipo nos detenemos un instante, prestamos atención a un movimiento de nuestro cuerpo que
siempre atento quiere conservar y continuar nuestra vida, somos uno con él, tal vez incluso
olvidamos hacia donde queríamos movernos independientes de él o incluso contra él, y por una
vez estamos profundamente en sintonía con nuestro decisivo movimiento de vida, y en él nos
sentimos plenos y satisfechos. Pero abajo, sin querer forzar estar sobre él.
Ese movimiento es un profundo movimiento de amor a la vida, un movimiento de amor a otras
personas y de amor al mundo, un movimiento de profundo respeto y recogimiento, un movimiento
espiritual porque se extiende hasta el final y con el final es en todo uno.
El amor a todo
El amor a todo se manifiesta en algo muy sencillo. En que nosotros miramos a todos y les damos
un lugar en nuestro corazón. Hay para ello una actitud interior. Una vez Jesús lo dijo en una frase.
Es una frase muy bella: “Sed misericordiosos como mi padre en el cielo, que deja brillar el sol
sobre buenos y malos y de la misma manera deja llover sobre justos e injustos”. ¿Por qué? Él está
en sintonía con todos.
El corazón puro
Cuando entramos en sintonía con excluidos, rechazados, olvidados, por ejemplo con víctimas o
también con aquellos que fueron responsables de su muerte, y los miramos sin pretender nada,
cuando simplemente los miramos con respeto, también con respeto por su destino, entonces ellos
podrán tranquilizarse, sin que los incorporemos a nosotros. Por eso al final, en el amor a todo, la
mirada se desvía y se dirige a algo que está por encima de todo. Recién en esa mirada conjunta
todos son iguales, nosotros somos iguales a todos y al mismo tiempo estamos libres para nuestro
propio destino y nuestra satisfacción personal.
Esto que dije sobre el amor de ninguna manera es el final. Simultáneamente continúa aún más allá
a un plano superior. En la mirada a ese plano superior estaremos serenos y seremos libres.
Les leo otro texto que resume lo que acabo de decir y nos ayuda a identificarnos con ese amor. Se
llama “El corazón puro”.
“¿Cómo se vuelve puro nuestro corazón?” Liberando de él a las personas con quienes tenemos
contacto, sobre todo a aquellas de quienes estamos más cerca. A cada uno lo dejamos ir con otra
persona: con sus padres, con su pareja, con sus hijos, con su destino.
¿Qué repercusión tiene? La persona será libre de nosotros. Libre de nuestros deseos y
expectativas, libre de nuestras preocupaciones, libre de nuestros pensamientos, libre de nuestro
juicio y de nuestro destino.
También nosotros mismos seremos libres de ella. Libres de sus deseos y expectativas, libres de
sus preocupaciones, libres de sus pensamientos, libres de su juicio y su destino. También seremos
libres de su culpa, de aquello que ella tal vez nos haya hecho.
A la inversa, ella también será libre de nuestra culpa y de aquello que nosotros tal vez le hayamos
hecho y le hayamos causado. Y nosotros seremos libres de nuestras exigencias con el otro, él de
las mías y yo de las de él.
¿Seremos entonces insensibles? ¿Careceremos entonces de amor? Al contrario. El corazón puro
siente pureza. El corazón puro ama con pureza.
Pureza significa aquí estar en sintonía con nuestro último origen, con el suyo y con el mío. Ser puro
como el amor de origen, si es que aquí podemos hablar de amor. Ese amor significa querer al otro
como es, significa el amor a su comienzo y también a su fin.
Este es el amor puro y también la alegría pura. Une sin unir y separa sin separar. Simplemente
está.
El corazón puro sabe de su dependencia de otros y le da su consentimiento. Ël sabe de la
dependencia que otros tienen de él y le da su consentimiento. También en esto es el corazón puro.
Navidad
Navidad significa “una noche consagrada”. ¿Consagrada por quién? Una noche que dios nos
consagra a nosotros y nosotros le consagramos a él. Según la tradición bíblica, en esa noche dios
les trajo a los hombres la paz, paz para los hombres que eran de su agrado, agrado que él siente
por todos los hombres.
Sentimos esa paz en nuestros recuerdos de la primera navidad, pues ella nos acerca en el amor a
muchas personas cuyos caminos tal vez fueron distintos a los nuestros. En Navidad renovamos
nuestro agrado por ellos, porque recordamos que dios siente por todas las personas el mismo
agrado, ese agrado que a todos les trae paz.
¿A quién le trae paz especialmente la Navidad? A los padres y a sus hijos, pues en el centro de la
Navidad yace un pesebre con un niño recién nacido. Por él sienten los padres agrado, como dios
siente agrado por todos nosotros.
En los hijos los padres se experimentan profundamente uno con ellos mismos. En ellos los padres
son indivisiblemente uno, incluso por encima de su propia vida personal. En ellos los padres viven
unidos y así continúan en la próxima vida.
Entonces ¿al servicio de quién está en Navidad la paz de dios? Al servicio de la vida y del amor
que engendra nueva vida. Esa paz también sirve a nuestra vida personal si en esa noche la
tomamos de la mano y en toda su abundancia la llevamos a nuestro corazón, otra vez nueva, y con
ella servimos a muchas otras personas y también a sus vidas.
Por un lado esa paz no es regalada. Por el otro, nos recuerda nuestros compromisos, nuestros
compromisos con el amor.
Ese compromiso nos resulta fácil en Navidad pues se trata de un tiempo festivo en el cual a
muchas personas desde el fondo de nuestro corazón le regalamos nuestro amor, algo que a ellos
los llena de dicha.
Después de Navidad el recuerdo de ese amor nos lleva a través de muchos inconvenientes que
amenazan con desunirnos y nos transporta hasta la próxima paz y el próximo amor. Con ese amor
honramos cada día a dios, igual que en Navidad – así en el cielo como en la tierra.
Preparado
Preparados estamos para lo que vendrá. Preparados miramos hace delante y dejamos atrás lo que
ya pasó. Solamente cuando dejamos lo pasado estamos preparados para lo que viene.
Cuando dejamos todo estamos preparados para el final. Así preparados seremos libres de todo lo
que ya pasó y libres de lo que viene, pero que solamente durará un instante para también después
concluir.
¿Viene el final o ya está aquí? ¿Tiene el final un tiempo para venir? ¿O sin que exista un comienzo
ya está aquí y por lo tanto sin que exista un movimiento del cual él surge?
Por eso, concentrémonos en el final ya ahora, en ese ahora en el cual el final ni viene ni deja de
venir. Es que el final está aquí, siempre está aquí.
No obstante, para nosotros ese estar preparado para el final es parte de un movimiento. ¿Qué
movimiento es ese? Es un movimiento que deja atrás, continuamente deja atrás, todo lo deja atrás.
¿Perdemos algo con ese dejar atrás? ¿Qué podríamos perder si dejamos que sea parte del
pasado, si el final queda? Si para todo el final queda.
¿Puedo intentar poner en orden algo que ya ha pasado como si de esa manera lo acercase más al
final? ¿O igual que todo lo demás tiene que haber terminado para siempre justamente porque el
final siempre está allí?
¿Cómo me preparo entonces para el final? Aceptando que nada de lo pasado me está esperando y
que no dejo que nada de lo pasado me espere, como si a posteriori tuviese que poner en orden
algo que ya ha pasado.
¿Qué sucede cuando en ese sentido algo pasado me está esperando y cuando yo intento
corresponder a esa expectativa? ¿Sigo estando en todo sentido orientado y preparado para ese
final? ¿Siguen estando otros, que de mí esperan que les ponga en orden algo que ha pasado,
orientados y preparados para ese final?
Entonces dejo el pasado aparentemente inconcluso allí donde concluyó y libre de todo lo pasado,
libre de todo mi pasado y libre de los pasados de todos los demás solo me preparo para el final.
¿Puede a veces el final a pesar de todo ponerme a su servicio por algo pasado para que lo libere
de su pasado y de ese modo éste pueda encontrar el final en plenitud? ¿Sólo podemos encontrar
ese final conjuntamente?
También en este caso le doy mi consentimiento a un movimiento, tal como él me mueve, así como
él me mueve, para después cuando termina -para mí y para otros- soltarlo.
Por otro lado habría que tener en cuenta que las personas fallecidas a veces vienen en ayuda de
los vivos poniéndoles algo en orden. También aquí podemos reconocer un movimiento del espíritu
al cual nosotros nos unimos en la medida en que nuestra alma en sintonía con los movimientos
pueda recoger y aceptar ese final. Esto quiere decir que tampoco aquí podemos dejar que se
entrometa ningún otro movimiento entre nosotros y ese final, que también aquí somos
directamente atrapados por su movimiento y en soledad nos preparamos para el final.
La paz
La paz llega después del conflicto. Ella reúne lo que antes estaba enfrentado. Ella es la buena
salida de un conflicto, ella es su solución. Con la paz comienza la esperanza de que algo que antes
separaba a ambos lados haya sido superado para que ella pueda tener futuro.
La paz mira hacia delante. Las heridas cerrarán, los muertos serán enterrados, los daños
reparados y lo destruido será reconstruido.
La paz es un bien preciado y muy frágil. ¿Qué la salva para un futuro duradero? Cuando aquellos
que estaban enfrentados entre sí se unan para lograr metas comunes de modo que se necesiten
mutuamente y que dependan más uno del otro. No obstante ellos deberán reconocer que
dependen uno del otro, que en la misma medida son dependientes uno del otro.
Simultáneamente ambos lados dejan que el otro sea como es, dejan que el otro sea distinto.
Solamente entre distintos puede la paz servir al progreso, del mismo modo que un hombre y una
mujer por ser distintos pueden tener hijos en común.
¿Qué es lo que más se opone a la paz? La arrogancia, como si uno o algo pudiese ser mejor. Es
sobre todo esa arrogancia la que alimenta los grandes conflictos.
¿Qué es lo que profundamente asegura la paz? La humildad. Ella nos permite permanecer con
todos abajo. Solamente abajo somos iguales y del mismo valor que los demás. Con benevolencia
permanecemos iguales a los demás, en paz, con mutuo respeto y amor.
La Jerusalén santa
¿Cuándo es Jerusalén realmente la ciudad santa tal como aparece en las visiones del profeta
Jesaja y en las revelaciones de Juan?
Cuando los antiguos enemigos de las guerras santas se hayan convertido en iguales en el reino de
paz de los muertos, comenzando por la conquista del territorio bajo Joshua, el acuerdo entre David
y Salomón sobre las guerras entre Israel en el norte y Judea en el sur, el hundimiento de los dos
reinos bajo los Asirios y los Babilonios, la penosa reconstrucción después del exilio bajo Esdras y
Nejemías, las sangrientas guerras de los Macabeos, la ejecución de Jesús, el hundimiento de
Jerusalén bajo los Romanos, la conquista por los árabes, las cruzadas y la nueva ocupación luego
de la última guerra mundial.
Yo me imagino que todos regresan, se miran a los ojos, lloran por lo que sufrieron por culpa del
otro y por lo que se hicieron el uno al otro, se devuelven mutuamente su dignidad y reconciliados
dejan finalmente lo pasado detrás de sí.
¿Y los vivos? Ellos ven lo que les espera, moderan entonces sus objetivos y mutuamente abren
sus corazones.
La alegría
La alegría levanta. La alegría nos abre interiormente. Ella es la plenitud. La alegría nos pone en movimiento,
la alegría anima. La alegría se mueve y arrastra a los demás.
Con alegría cantamos. Ella no deja que nos quedemos sentados. Tomamos a otros de la mano y con ellos
comenzamos a danzar, felices comenzamos a danzar.
La alegría está atenta. En las demás personas o en alguna cosa sentimos una luminosa alegría. Pues la alegría
ilumina. Ella resplandece en nuestros ojos y en nuestros rostros.
Toda alegría es alegría de vivir. Ella se nutre de la plenitud de la vida y la felicidad. Es por eso que nos
arrastra, a nosotros y a los demás.
Junto a esta agitada alegría también experimentamos una alegría silenciosa. Por ejemplo, cuando nos
alegramos de la existencia de otros, cuando nos alegramos de ellos tal como son. Así se alegran los padres de
sus hijos. Así nos alegramos nosotros de un éxito cuando algo nos ha salido bien.
La alegría es la coronación de la sabiduría. A través de una cara bondadosa ella irradia y acompaña al amor.
Ella acompaña al amor, al amor permisivo, al amor que en consonancia deja que la vida siga su curso y con
ella todo lo que crece. Esa alegría está en sintonía con la vida. Ella ha dejado atrás las grandes exigencias,
porque está satisfecha.
Amor y vida
Allí donde se logra la vida, se ha logrado el amor. En primer lugar el amor entre nuestros padres
como hombre y mujer. Con él ha se ha iniciado nuestra vida.
¿Existe algo más grande que ese amor? Como consecuencia de ese amor ¿es posible traer al
mundo algo más maravilloso que un niño? En ese amor se manifiesta esa misma fuerza creadora
con la cual un espíritu eterno creó al mundo y dijo: “Qué se haga”. ¿No dijeron nuestros padres con
su amor en el momento en que nosotros surgíamos de ese amor las mismas palabras que Dios:
“Qué se haga”, y que tuvieron la misma influencia que cuando él dijo: “Hagamos al hombre a
nuestra imagen”?
¿Cómo era la imagen de la que se creó el primer hombre? En la Biblia se dice: “Él los creó como
hombre y mujer”.
¿Por qué él los creó como hombre y mujer? Cuando ellos como hombre y mujer vean en sí mismos
una obra de amor de Dios proseguirán con su creación según su imagen y crearán con su amor un
nuevo hombre y una mujer, varones y niñas, para que a su vez ellos, como hombre y mujer,
vuelvan a crear vida a imagen y semejanza de Dios.
¿Qué dijo Dios después que hizo al hombre como coronación de la creación? Él dijo: “Esto está
muy bien”.
La pregunta es: ¿Respetamos nosotros la dimensión del amor de nuestros padres como punto más
alto y como meta de la creación de Dios? ¿Estamos frente a ellos con el mismo recogimiento que
ante Dios?
¿Dónde se manifiestan la dimensión y el amor de Dios con mayor fuerza que en el amor de
nuestros padres a través del cual ellos se convirtieron en nuestros padres?
¿Dónde se inicia entonces nuestro amor? Allí donde nuestra vida comenzó: con el amor de
nuestros padres entre ellos y por nosotros, y en respuesta a su amor con nuestro amor por ellos
como nuestros padres.
¿En nuestra respuesta a ellos hemos incorporado a nuestra conciencia la dimensión de su amor y
la hemos realmente guardado en el fondo de nuestra alma y nuestro corazón con todas las
consecuencias que tenga para ellos y para nosotros, tanto en la totalidad de su dimensión como en
sus implicancias para nuestra vida futura? Si es así, qué diferente será entonces nuestra manera
de vivir y amar.
Las mujeres
Tenemos que tener en cuenta que las mujeres lo tienen más difícil que los hombres porque sus
destinos y sus determinantes de vida –es decir su vida- son más difíciles de vivir que para los
hombres. Por esa razón algunas hijas tienen miedo de ser mujeres y prefieren refugiarse en el área
de influencia del padre a permanecer en el área de influencia de la madre. Pero el único camino
que tiene una muchacha de convertirse realmente en una mujer es situarse en el área de influencia
de su madre –y eso ocurre cuando ella la respeta y honra. Cuando en una constelación son
incluidas varias generaciones, una mujer obtiene fuerza de la fortaleza de las mujeres que están
detrás de ella – de su madre, sus abuelas, sus bisabuelas, etc.… Una mujer es más atractiva para
un hombre cuando éste siente en ella esa poderosa fuerza femenina. Esto pudo verse aquí con
mucha claridad.
Lo mismo vale para los hombres. Con frecuencia a los hombres se les niega el respeto en la familia
cuando ellos se comportan como si fuesen superiores a los demás. Ellos miran a los otros desde
arriba. De esa manera ellos miran hacia abajo a su propio padre y lo ven delante de sí. Distinto es
cuando ese hombre ve a su padre detrás de él. Un hombre que sabe que su padre está detrás de
él – y detrás de su padre su abuelo y su bisabuelo – puede acumular fuerza masculina. Él podrá
entonces deponer su actitud de superioridad con respecto a su padre y a las otras personas.
Las consecuencias
¿Cuál es la consecuencia? Más tarde en la familia alguien deberá representar a la persona
excluida, sin que él sea conciente de ello. En la constelación familiar lo conocemos como una
implicación (enredo). Por consiguiente, alguien sentirá realmente como la persona excluida y
asumirá su destino, por lo que él mismo resultará también excluido.
Existe en este contexto una comprensión muy importante, una comprensión sobre el desorden
fundamental del amor, una comprensión que no registramos porque en ese amor nos sentimos
grandes.
Si alguien en esa familia fue responsable de la exclusión de un miembro, esa persona será atraída
hacia quien ha sido excluido, y si esa persona está muerta o incluso si fue asesinada, como en el
caso de un aborto, la persona será atraída hacia ese muerto. Entonces aparece un niño y le dice,
por ejemplo, a su madre: “Yo en tu lugar”.
Este es el gran amor, al menos así aparenta ser. Sin embargo él choca contra un orden básico de
la vida. Esto sale a la luz en las constelaciones familiares.
La constelación familiar del espíritu supera este amor superficial y deja que cada uno complete su
vida según su propio destino y sin que él deposite cosas en los demás ni se haga cargo de cosas
por otros.
La otra ayuda
Me gustaría decir algo en relación con la ayuda. La mayoría de nosotros aquí nos consideramos a
nosotros mismos en distintos espacios “ayudadores”. Por ejemplo, en la psicoterapia o en otras
profesiones.
¿Qué dice alguien que presta ayuda? Por supuesto yo lo exagero un poco. Pero en la psicoterapia
con frecuencia dice: ¡Sé como yo!
¿Cuál es el resultado? Naturalmente yo lo exagero un tanto. Él se convierte en la persona que
quiere ayudar. Por ejemplo, se enferma. No resulta sorprendente pues él se ha colocado en el
lugar de una fuerza superior.
En la constelación familiar del espíritu la ayuda en el sentido tradicional se acaba. Ayudar sólo
puede el espíritu creador con el cual entramos en sintonía. Por esa razón, cuando una constelación
no avanza; cuando por ese motivo la interrumpimos, el movimiento del espíritu, el movimiento
creador, seguirá avanzando. Si en una situación como esa nosotros intentásemos hacer algo por
nuestra propia cuenta contra el movimiento del espíritu porque queremos a toda costa alcanzar lo
que de acuerdo a nuestro criterio y el de los otros participantes es una buena solución entonces
nos pondremos a nosotros mismos en peligro. Aquí todo transcurre de manera distinta a como
estamos acostumbrados.
Por eso el constelador que dirige una constelación permanece totalmente en sintonía con ese
movimiento. Sin deseos propios, solamente al servicio de un movimiento más grande.
Después de un tiempo nos acostumbramos a que los movimientos del espíritu son distintos a como
nos los habíamos imaginado. Para esos movimientos no hay nada equivocado. Como quiera que
uno se comporte, si le damos nuestro asentimiento o no, para ese espíritu esa persona se
comporta correctamente. Aun cuando él a veces, para después subir a las alturas, deba primero
descender a las profundidades. Después de un tiempo nos sabemos totalmente en sintonía con
todo tal como es. Esto nos lo muestra el movimiento del espíritu. El está en sintonía con todo como
es, puesto que todo tal como es también proviene de él.
Poseído
Quisiera volver nuevamente a la constelación de ayer a la noche. La última constelación de ayer a
la noche transcurrió paso a paso. Al principio no teníamos claro cuanto debíamos avanzar.
Entonces decidimos volver a retomarla un poco más tarde. Sophie tuvo entonces una importante
comprensión. Ella vio que el cliente estaba poseído por otra persona. Recién entonces pudimos
incluir a esa otra persona. Estas cosas ocurren. Que alguien esté poseído por otra persona. Se
trata de alguien que ha sido excluido y debe ser reintegrado. Al final pudimos ver cómo todo, la
constelación toda era guiada por otra fuerza que al final pudo reunir a todos aquellos que
anteriormente estaban separados. Este es un movimiento del espíritu. No siempre es fácil darse
cuenta a dónde seremos conducidos.
Este es otro punto de vista que nosotros también debemos tener en cuenta. Que nosotros no
trabajamos con una persona sola, sino también con quienes se expresan en ella y tienen además
el deseo de hacerlo, de modo que al final todos pueden estar comunicados entre sí.
Loco
Hubo otro aspecto que entonces también pudo manifestarse con claridad. Sophie le preguntó si él
estaba loco. El sí lo era. En cierta manera él estaba loco.
Esta es otra importante comprensión que surge de la constelación familiar del espíritu. Loco
significa que en una familia alguien resultó culpable de la muerte de otro y que esa persona,
junto con la víctima, fue excluida. Entonces alguien debe representar al mismo tiempo a esa
persona junto con la víctima. Es así que esa persona estará en cierto modo confundida. Cuando
ellos puedan encontrarse en la familia, entonces la persona será libre.
Esta es una comprensión que tuve ya hace varios años. Esa comprensión es puesta
completamente en duda por la psiquiatría tal como ella es ampliamente practicada en nuestros
días. A través de la constelación familiar del espíritu se abren aquí nuevas posibilidades de ayuda
para aquellos a quienes usualmente consideramos psicóticos. Eso no es una enfermedad. Es un
enredo sistémico que a través de la constelación puede ponerse en orden.
No obstante en el área de la psiquiatría hay fuertes resistencias en contra que provienen de
ámbitos diversos. Es necesario más tiempo hasta que estas comprensiones puedan hacer pie allí.
Algunos piensan que tal vez eso debería ocurrir más rápido. No, para el espíritu nada debe ir más
rápido. No necesitamos anticiparnos a él. Él es quien determina el movimiento necesario. Y
nosotros, yo por ejemplo, me adapto a ese espíritu -sin tomar la iniciativa- para poner algo en
movimiento. Aquí actúan otras fuerzas, y también nosotros podemos confiar.
Por consiguiente, aquí se muestra que ayudar significa otra cosa de lo que comunmente
suponemos y también ejercitamos.
Ayuda espiritual
Nosotros consideramos que al ayudar, que en una profesión que ayuda, el que ayuda tiene que
tomar la iniciativa con respecto a alguien denominado cliente. El cliente espera que el ayudante
tome la iniciativa. Los ayudadores caen en la trampa y yo me uno a ellos porque muchas veces yo
mismo he caído en ella. Muchas veces yo también pensaba que debía ayudar a alguien.
Ayudar sólo pude hacerlo el espíritu, una fuerza creadora. Para ese espíritu, para esa fuerza nadie
está perdido y necesita mi ayuda o la nuestra. Por el contrario, cuando alguien tiene que
defenderse solo sin que nadie intervenga, él entrará en contacto con su propia fuerza. Ella sabrá lo
que es necesario.
Cuando miro atrás en mí vida veo que no hubo caminos errados a pesar de que por momentos creí
haberme equivocado. Incluso cuando por propia voluntad intenté ayudar a alguien, lo que en ese
sentido no es posible. Frente a esa fuerza no existe ni culpa ni inocencia, ni derecho ni injusticia.
Todo está en un contexto más amplio en su lugar. Esta es la manera como avanzamos ahora que
confiamos en otra fuerza.
Y sin embargo esa fuerza nos pone a veces a su servicio, sin que nosotros lo hayamos querido y
sin que nosotros hayamos podido o tenido el derecho de defendernos. Todo está en otras manos y
frente a esa otra fuerza todos somos igualmente buenos e igualmente humanos. Ante ella todos
abajo y ella toma por nosotros la iniciativa.
Ese es el camino que nosotros aquí transitamos, en sintonía con esa fuerza damos lo mejor,
aunque sin intervenir.
¿Ha quedado claro? Bien. Seguimos trabajando en este sentido. ¿Cómo? Juntos.
CLIENTA: Mi corazón está ahora más tranquilo. El latía con mucha intensidad.
HELLINGER al grupo: Yo demostré en una frase la constelación familiar del espíritu. Ustedes lo
vieron, yo ni siquiera la miré. Yo me puse en contacto de un modo espiritual. Entonces me fue
regalada esa frase. Yo la dije y fue suficiente. Si yo agregase algo más estaría quitando algo.
Esta es la extrema concentración de la constelación familiar del espíritu. Ustedes se dieron cuenta,
esa frase no es solamente para ella. Todas las frases que provienen de la sintonía con ese
movimiento son al mismo tiempo para todos.
A la clienta: Te deseo lo mejor.
Al grupo: Cierren los ojos. Dejen que esa frase siga actuando en ustedes: Ahora ha llegado el
momento.
Después de un largo rato: Okay.
El núcleo central
Yo tengo un amigo en Polonia, Wojtek Eichelberger. Cuando estuve la última vez en Polonia él me
contó cómo reunía a grupos enemistados entre sí, por ejemplo israelíes y palestinos. El dijo que
funcionaba de maravillas y que al rato ellos ya eran un alma y un corazón y un espíritu. Yo
entonces le pregunté: “¿Cómo lo lograste?” El dijo: “Muy simple. Yo hice con ellos un ejercicio”.
Ese ejercicio lo haré ahora con ustedes.
Cierren los ojos. Imagínense ¿de qué podemos desprendernos sin que nos falte algo esencial de
nosotros? Por ejemplo, abandonemos nuestra lengua. Incluso sin ella y con otra lengua nosotros
seguimos siendo quienes somos. Nada nos falta de lo que es realmente esencial.
Dejemos entonces la cultura a la cual pertenecemos –o nuestra religión- o nuestros éxitos –o
nuestros fracasos – incluso a nuestros padres. De pronto hemos llegado a algo absolutamente
esencial y sencillo, a la pura existencia. Sólo eso es esencial. Nada puede agregarle algo, nada
puede quitarle algo. Es nuestro núcleo central.
Miremos ahora a otra persona, pero miremos únicamente su núcleo central, su pura existencia. Un
encuentro de pura existencia a pura existencia. Nada puede interponerse entre nosotros. En
nuestra existencia, en nuestro núcleo central somos esenciales.
Mi amigo lo llamó en inglés –pues nosotros nos comunicábamos en inglés- core identity. Es decir,
en español núcleo central.
Imagínense ustedes lo que cambia cuando nos encontramos con una persona y ella nos atiborra
con sus problemas y nos dice todo lo que nosotros debemos hacer por ella. No obstante nosotros
permanecemos en nuestra pura existencia y miramos a su pura existencia. ¿Se dan cuenta cómo
cambia todo?
Podemos relacionarlo con nuestros padres. Miramos a nuestros padres, miramos a su pura
existencia, de nuestra pura existencia a su pura existencia. ¿Qué ha cambiado entonces?
Lo hacemos también con nuestras parejas y con otras personas con quienes tenemos relación y
donde tenemos la sensación de que a veces algo se interpone. Miramos a la pura existencia y
tenemos entonces un encuentro de pura existencia a pura existencia. Cuán distinto es todo, cuánto
más relajado, más humilde y completamente discreto. ¿Qué queremos agregarle aún a la
existencia?
Así miramos a nuestros hijos, a su pura existencia. ¿No son todos ellos maravillosos en su pura
existencia?
La ganancia
El trabajo que resulta nos trae ganancias. Nosotros la llamamos la recompensa por nuestro trabajo.
Nosotros nos alegramos de esa ganancia. Es la merecida recompensa a nuestro trabajo. Para que
ella nos alegre debe corresponderse con el trabajo realizado.
Esa ganancia es un aumento de la vida y de las posibilidades de vida. Ella favorece a nuestra vida
y también a la vida de muchos otros a quienes nosotros servimos con nuestro trabajo. Esa
ganancia es en primera línea una ganancia de vida.
Por eso exigimos por nuestro trabajo su correspondiente recompensa. Si esa recompensa nos es
negada, nuestra alegría por el trabajo y nuestra eficiencia decaen y con ella nuestra alegría de vida
y la productividad en nuestra vida.
Siempre que trabajamos lo hacemos, dentro de lo posible, buscando obtener una ganancia. Esa
ganancia es para nosotros parte de su éxito, una parte importante.
Por el contrario evitamos lo que nos trae pérdidas. Nosotros dejamos aquello que le aporta poco a
nuestra vida. Nos ponemos en búsqueda de un trabajo lucrativo y una tarea provechosa.
La mayor ganancia viene de la mano de lo que está al servicio de la vida futura. ¿Existe una
ganancia mayor que los propios hijos? ¿Qué trabajo vale más la pena que el que está al servicio
de ellos?
Cada ganancia sirve finalmente a la vida que viene después de nosotros. En esa vida se mide la
ganancia. Sólo ella continúa.
El producto
El producto es el fruto de una maduración lograda. Viene con el tiempo a su tiempo. Más allá de
nuestro trabajo el producto depende de las condiciones favorables. Por eso, para obtener el
producto deseado debemos crear las condiciones favorables para su logro. Por ejemplo, un
entorno propicio que se ajuste al producto de nuestro trabajo y le permita crecer. Nuestra ganancia
depende ampliamente de una situación de rentabilidad.
El producto en sentido original es algo que ha evolucionado. Él se basa en algo que lo transporta.
Muchas cosas deben actuar conjuntamente de un modo coordinado para que algo lo transporte y
nos lo obsequie.
Un producto de este tipo beneficia a muchos. Él se mide por el modo en que presta servicio, a
nosotros y a los demás. Tiene su propio valor intrínseco, un valor de vida.
También la ganancia es un producto. Nuestro producto es medido con frecuencia por la ganancia.
Sin embargo, existe entre ambos una jerarquía. Primero viene el producto, luego la ganancia.
La pregunta es: ¿a qué miramos primero en nuestros éxitos? ¿Miramos primero al producto y
solamente en sintonía con él a la ganancia? ¿Miramos primero a la ganancia? ¿Por el deseo de
ganar ponemos a veces el producto en juego? Si la ganancia es el objetivo principal ¿cuánto
tiempo permanece ella sin el producto que la transporta?
Si rastreamos lo que sucede dentro nuestro cuando nuestra atención está orientada en primer
lugar a la ganancia sentiremos la diferencia. Sobre todo cuando nos damos cuenta lo que cambia
en nuestros colaboradores cuando su trabajo está menos al servicio del producto que de la
ganancia.
A ellos y también a nosotros nos producen satisfacción primero el producto y luego la ganancia.
Cuando nosotros miramos primero a la ganancia ¿qué nos queda hacer -a nosotros y ellos - por el
producto?
Aquí queda en evidencia un orden del éxito. El éxito sigue a un producto cuyo éxito y su producto
beneficia a muchos. Ellos serán respetados y bienvenidos.
Allí donde la ganancia está en primer plano después de un tiempo podemos observar: así
como se ganó, así se perdió.
Sólo el producto resulta ser para nosotros y los demás la verdadera ganancia – una
ganancia que permanece.
La esperanza
La esperanza nos mantiene con vida si no nos damos por vencidos. ¿Qué esperanza es esa que nos mantiene
con vida? La esperanza en nuestra propia fuerza y en una guía que estamos dispuestos a seguir hasta las
últimas consecuencias. La seguimos con nuestra vida porque queremos esa vida hasta el final y estamos
dispuestos a entregar todo para salvarla.
¿Es esa esperanza nuestra esperanza? ¿Es esa esperanza la respuesta a otra voluntad que quiere llevar nuestra
vida más allá de los límites que nuestro propio miedo le fija? Nuestra esperanza saca fuerzas de esa fuerza. En
sintonía con esa fuerza nuestra esperanza se volverá irresistible y estará siempre satisfecha.
De ese modo ella le hace frente a las objeciones, vengan de donde vengan, de otros y especialmente cuando
vienen de nosotros mismos. Esas objeciones vienen de los otros porque ellos mismos han renunciado a sus
esperanzas. Por sobre todo, ellos han renunciado a la voluntad de luchar hasta el último aliento para ver
realmente realizadas esas esperanzas.
Esa esperanza es la esperanza de la vida, de la vida plena, de la vida toda, ligada a la decisión de entregar lo
último por ella, cueste lo que cueste.
¿Cuándo termina la esperanza? Cuando la depositamos en los otros, por ejemplo en los así llamados
portadores de esperanza. Nosotros solamente podemos ver satisfecha nuestra propia esperanza, nunca la
esperanza de los portadores de esperanza. Sólo con la esencia de nuestra esperanza seguiremos siendo uno
con nosotros mismos.
Esa esperanza aparece, sobre todo, cuando la situación se torna peligrosa. Aquí ya no valen las excusas.
Actuar se hace ineludible. Todo está preparado para la próxima necesaria intervención.
Esa intervención se convertirá en esperanza puesta en práctica. En la acción ella será el presente.
Hombre y mujer
Para nosotros el mayor misterio de la vida es el hombre y la mujer. Sólo a través de ellos la vida de
la humanidad puede continuar. Puede continuar porque en cierto sentido el hombre y la mujer son
completamente distintos, tan distintos que un hombre jamás podrá ser una mujer y una mujer
jamás podrá ser un hombre. Por el otro lado ellos se atraen mutuamente y consideran al otro como
su meta principal, saben que solamente juntos podrán trasmitir la vida que ellos mismos recibieron
de un hombre y una mujer a aquellos que seguirán vivos cuando su propia vida se haya cumplido y
acabe.
Sus hijos también podrán trasmitir esa vida más allá de la suya propia solamente como hombre y
mujer, para que ella los sobreviva. Todo en el hombre se refiere a la mujer como lo muestra
nuestra mirada frente a la publicidad cotidiana, y todo en la mujer está al servicio de agradar al
hombre para que este la tome como esposa y a través de él se convierta en madre.
Aquí se hace visible una ley que en infinitas variaciones vale para todo lo que vive: Solamente
donde se une lo que está separado puede la vida desarrollarse creativamente hacia algo
nuevo y hacia una diversidad que le ha sido establecida. Un secreto de cada proceso creativo
quedará a la vista y se convertirá en realidad porque en la continuidad de la vida debe interactuar
lo que es diferente. En ese proceso no hay repeticiones, todo el tiempo sucede algo nuevo,
solamente hay futuro.
Unir lo opuesto, como en este caso las diferentes apariencias del hombre y la mujer y la pulsión de
vida que se da en ellos, es una manifestación de aquella fuerza creadora y del espíritu que actúa
en ella que nos obliga a reconocer y encontrar el todo en lo opuesto. Aunque solamente sea de
forma transitoria, como precisamente sucede con el niño que en sí mismo reúne a ambos padres
como hombre y mujer, siempre aparece en la vida una nueva contradicción, otra vez como hombre
o mujer.
Los opuestos se hacen visibles aquí y en muchas otras cosas de modos muy diversos. Por ejemplo
en los sentimientos de mejor o peor, culpable o inocente y de bueno y malo.
Estos antagonismos actúan en el interior de muchas relaciones de pareja. Ellos agudizan la
antítesis hombre y mujer. Ellos sobrecargan el amor del hombre y la mujer y conducen a
separaciones que a su vez crean nuevos antagonismos y ponen en marcha un nuevo proceso
creativo.
También esas contradicciones confluyen finalmente en aquella oposición creadora de vida del
hombre y la mujer. De esa manera ellas también serán superadas. ¿Cómo? Lo aparentemente
contradictorio se une sin por ello anular la oposición y de esa manera impulsa la creación y
la vida.
¿Particularmente cómo? A través del amor. ¿Qué clase de amor? A través del amor del espíritu
creador que engendra las contradicciones, tanto para unirlas como al mismo tiempo volver a
establecerlas como contradicciones. Es decir, ese amor que reafirma las contradicciones y las
unifica, aceptando ambos lados de modo tal que de ellos surjan nuevas contradicciones para luego
poder volver a superarlas. En sintonía con ese amor creador también le damos nuestro
consentimiento a esas contradicciones, las superamos, las volvemos a percibir -aunque con otra
forma- y volvemos a superarlas. En sintonía con ese movimiento creador, en la aprobación de la
interacción de las contradicciones que mantienen a la vida y al mundo en marcha con nuestro
último esfuerzo, en esas contradicciones seremos uno.
Cuando en una relación de pareja las familias de origen pertenecen a religiones diferentes, la
mujer debe reconocer que la fe y la religión de su marido tienen el mismo valor que la suya propia.
En contrapartida el hombre debe también reconocer que la fe y la religión de su mujer tienen el
mismo valor. Pero si lo hacen tendrán una mala conciencia. Por esa razón ellos deberán poder
acceder a un plano superior. Sin embargo, con frecuencia se desencadena en la nueva familia una
pelea por cuál creencia y cuál sistema de valores posee más fuerza. A menudo uno de los lados
toma la conducción, resulta más fuerte que el otro – y entonces se inicia un proceso muy particular.
Los hijos se sienten leales a ambos padres y a ambas familias. Cuando uno de los padres impone
su visión del mundo y su creencia, los hijos se alían en secreto con la parte paternal que ha
quedado relegada. Ellos lo hacen para mantener la dinámica de su lealtad y el equilibrio del
sistema. Por esa razón no existe un triunfo de una parte sobre la otra. Más bien se mantendrá
activa por generaciones la tendencia a compensar el desequilibrio – con el resultado de que el
perdedor más tarde, en la segunda o tercera generación, vencerá.
Yo me refiero aquí a constataciones que se basan en observaciones propias. Exactamente lo
mismo lo pudimos ver aquí. Ellas adquieren una dinámica especial cuando uno de los miembros de
la pareja es de ascendencia judía. Queda en evidencia que las raíces judías son más profundas
que las cristianas porque el destino de los judíos es mucho más pesado que el de los cristianos, y
porque los cristianos cometieron muchas injusticias con los judíos. Estas influencias no pasan
desapercibidas. En las familias donde hay creencias mixtas existe la tendencia a encontrar un
equilibrio. En estos casos no hay otra solución posible a que ambas familias sean reconocidas
como independientes y del mismo valor y como tales sean honradas.
Confiar en el alma
PARTICIPANTE: ¿Puede usted decir algo sobre cómo continuará este trabajo en los próximos dos
años?
HELLINGER: Te voy a contar una historia. Una vez hice en Holanda una constelación familiar con
un hombre joven. En ese momento constelamos al cristianismo y al judaísmo, aunque en realidad
no pudimos ir muy lejos. Después este joven fue a los Estados Unidos donde organizamos
diversos workshops y en una constelación él trabajó como representante. En esa constelación se
trató el caso de una familia judía que vivía en los Estados Unidos y él fue elegido para representar
al hermano del cliente. En aquel entonces nosotros trabajamos con el trasfondo del Holocausto y
fue muy evidente que él se identificaba con los perpetradores. Esta situación me resultó muy
curiosa. En ese momento por primera vez me di cuenta que en las familias judías los
perpetradores están presentes y que si en la familia se intenta excluirlos ellos serán
representados por descendientes de la generación del Holocausto en la familia.
Después me olvidé del hombre – hasta que un par de meses atrás él me envió una carta en la cual
me relataba un acontecimiento excepcional. Él escribió que durante el mencionado workshop
había conversado conmigo durante la pausa – de lo que yo ya no me acordaba- y decía que yo le
había dicho entonces que debía –como ejercicio-descender al reino de los muertos, allí buscar a
los perpetradores, tenderse a su lado y decirles: “Yo soy uno de ustedes”.
Como segundo ejercicio él debía imaginarse que la muerte no estaba delante, sino detrás de él y
que diariamente debía pedirle su bendición. En tercer lugar yo le habría dicho: “¡No debes hacer
ninguno de estos ejercicios!”. “No debes hacer ninguno de estos ejercicios, sino que debes esperar
hasta que tu alma se haga cargo de ese trabajo”. Este también habría sido un ejercicio.
Tres meses más tarde mientras dormía este hombre tuvo la siguiente extraña experiencia: Mientras
estaba acostado y dormía fue vencido por algo así como un sueño, algo que sin embargo era más
que un simple sueño: Él formaba parte de un pelotón de fusilamiento que ejecutaba a personas –
evidentemente judías- y él mismo de esa manera había matado también a judíos. Luego él fue
llevado a un tribunal y tuvo que defenderse frente al juez. Y dijo: “Sí, es cierto, yo soy un asesino.
Yo asesiné a personas, a pesar de todo en mi defensa debo decir que yo soy una persona y que
depende de las circunstancias si alguien se convierte en un criminal o en una persona decente.
Toda persona es capaz de cualquier cosa”. Entonces fue condenado a muerte.
Sin embargo, entre la condena y el día del fusilamiento pasaron muchos meses en los cuales él se
despidió de sus familiares y sus seres queridos. Se sentía muy tranquilo y concentrado, con una
afilada capacidad perceptiva. El día de su fusilamiento fue llevado a una habitación de la cual sería
llevado a la silla eléctrica, pero primero debía esperar algunas horas. Finalmente apareció alguien
con la información de que la ejecución había sido aplazada y que aún debía esperar un poco más.
No obstante, todo el tiempo él permaneció interiormente tranquilo y preparado para morir.
Entonces le dijeron que el juez había cambiado la sentencia; él no sería condenado a la muerte
sino al destierro. Se le había dicho que él mismo podía elegir el lugar donde quisiera vivir en el
destierro alejado de todas las personas. Entonces salió de la cárcel.
Todavía en el sueño él dijo las palabras: “Sobreviví a la muerte y me he convertido en una persona
completamente nueva. Para mí no existe más la culpa ni la inocencia”. Escribió que después de
despertarse se sintió totalmente cambiado y agregó: “En mi percepción los colores se habían
vuelto más brillantes y mis movimientos más lentos, porque seguí todo lo que sucedió con gran
atención”.
Él simplemente había querido informarme de esta experiencia. Yo la cuento porque estas cosas
son posibles cuando confiamos en nuestra alma y dejamos que ella nos guíe.
A los participantes: Este ejercicio puede ser adecuado para tu padre – y ayudarlo a encontrar la
paz con sus padres. Puede llevar a una reunificación de la familia en el reino de muertos y ayudar
a que todos encuentren su paz.
Las observaciones en estas constelaciones dejan en claro que morir es un largo proceso. ¿No
resultó sorprendente ver que la representante de la cliente –que nada sabía de la persona a quien
estaba representando- manifestó un comportamiento esquizofrénico? Nosotros todos estamos en
contacto con los demás – y no solamente con los vivos, sino también con los muertos. De esto
podemos deducir que el tío asesinado de la clienta todavía no ha completado su muerte. A pesar
de que es muy arriesgado decir algo así, él necesitaba la ayuda de los vivos para poder llevar
su muerte hasta el fin. Necesitaba el reconocimiento que se da con amor para poder
descansar con sus propios muertos. Después, los vivos pudieron retirarse.
El final
Quien tiene en cuenta su final tiene tiempo. El desea y planifica solamente lo que su final le
permite. Por eso se queda con lo que está próximo, con lo que hay que hacer en el momento y
cuyo fin puede preverse. De ese modo conservará el control sobre aquello que para él es
perentorio y posible.
Nuestro fin todavía no ha llegado. Solamente lo tenemos frente a nuestros ojos. Frente a nuestros
ojos está asimismo el tiempo que todavía nos queda. La mirada va esencialmente hacia allí. Ante
la perspectiva del final el tiempo que nos queda disponible será más preciado e importante.
Nosotros lo llenamos, lo llenamos en todo sentido. Será para nosotros un tiempo pleno.
Sobre todo, durante ese tiempo no tejemos planes más allá de los límites que le han sido fijados.
Nos quedamos con lo próximo y lo cercano, pero con toda la fuerza, sin perder el tiempo en cosas
superfluas.
¿Añoramos el final? ¿Tenemos el derecho a añorarlo? ¿Qué sucede entonces con el tiempo que
nos ha sido regalado? ¿Lo tenemos todavía? ¿Lo tomamos?
¿Qué sucede cuando el final añorado o temido por nosotros se hace esperar? Cuando finalmente
llega ¿es un final pleno, llega al final del tiempo pleno, del tiempo vivido con plenitud?
Miremos entonces al final sin acercarnos a él. El vendrá por sí mismo. Pero todavía no lo tenemos
con nosotros, todavía tiene que llegar.
Algo distinto ocurre con el tiempo que todavía nos queda. Lo tenemos ahora y lo tenemos en su
totalidad.
Hace poco leí una poesía de Rilke. Me emocionó mucho. Es una poesía sobre la muerte. Rilke
piensa que la muerte está todo el tiempo en nosotros. Ella vive en nosotros. Ella es parte de la
vida. Pero cuando él habla de muerte también habla de Dios, más allá de lo que esto pueda
significar en detalle. La poesía dice así:
La riqueza
¿Qué son esta norma y este prejuicio de la conciencia que deciden sobre nuestro éxito y fracaso?
En la Biblia se menciona una frase de Jesús: “Es más fácil que un camello pase por el ojo de una
aguja a que un rico entre al Reino de los Cielos”.
Cualquiera haya sido para Jesús el trasfondo concreto de esta frase es sabido que él fue huésped
de ricos y de los despreciados recaudadores de impuestos. Él estuvo sentado con ellos en la mesa
y con ellos la pasó bien por lo que algunos dijeron de él que era un libertino y un borracho. Jesús
mismo se comportó como un rico cuando en un día dio de comer a 5.000 hambrientos. En la Biblia
también se dice que después de su resurrección Jesús ayudó a Pedro y a otros a una pesca tan
cuantiosa que sus redes amenazaron con reventar y que luego en el fuego él les frió pescado. Esto
nada tiene que ver con pobreza y renuncia.
Asimismo, en el templo Jesús fue presa de un ataque de ira y volcó las mesas de los cambistas y
les gritó: “Está escrito: ¡Mi casa debe ser una casa de oración. Mas vosotros la habéis hecho una
cueva de ladrones!”. Este suceso fue uno de los motivos para su ejecución porque Jesús arruinó
sus negocios en el santuario.
Ese arrebato contra la riqueza y su funesta influencia para la salud de nuestra alma sigue
repercutiendo en la conciencia de Occidente, tanto en la vida privada como en la pública.
Sin embargo, este es sólo un lado. Por el otro lado nuestra conciencia vela por el equilibrio entre
dar y tomar. Pues quien toma se siente culpable cuando lo hace sin dar. Esa conciencia está al
servicio del equilibrio entre dar y tomar y finalmente de la riqueza para todos.
Este otro movimiento de la conciencia recoge al primero que mencionamos y lo confronta con sus
límites. Él también recupera las imágenes de Dios que yacen detrás de ellos y les quita su poder.
También existe otra imagen que sigue repercutiendo en la conciencia de Occidente e influye sobre
nuestra posición en relación con la riqueza y la pobreza. Fue representada, sobre todo, en el así
denominado maniqueísmo, que se retrotrae a Mani quien en el año 267, al igual que Jesús, fue
crucificado. Los maniqueos fueron perseguidos por el cristianismo. Su enseñanza del conflicto
entre el reino de la luz y el reino de la oscuridad, y en este sentido el conflicto entre cuerpo y
espíritu continúa repercutiendo de muchas maneras en el cristianismo. Por ejemplo, en los
movimientos de la pobreza en muchas órdenes religiosas. También en los numerosos intentos de
superar las leyes del cuerpo a través de la renuncia y en lugar de seguir siendo personas
convertirnos en ángeles. Aún hoy ellos aparecen con frecuencia mostrando una pretendida
contradicción entre cuerpo y espíritu y en el mismo instante una contradicción entre pobre y rico.
Este postulado retrocede muy lejos al tiempo anterior al cristianismo. Lo encontramos, por ejemplo,
en el filósofo griego Diomedes y en el movimiento filosófico de sus seguidores, los cínicos, que
significa, “Los que viven como los perros”. Y lo encontramos en Persia en Zaratustra y en su
religión del parsismo. También ellos diferencian entre riqueza y pobreza como bueno y malo.
¿Cómo superamos estos prejuicios e imágenes? Solamente con una mala conciencia, con el
coraje de tener una mala conciencia. Esto lo logramos cuando de alguna otra parte ganamos la
fuerza y el sostén para ser y permanecer ricos. Esto quiere decir, cuando entramos en sintonía
con un movimiento del espíritu que más allá de las diferenciaciones de la conciencia entre
bueno y malo permanece de la misma manera atento a todo tal como es, porque todo de la
misma manera tiene su origen en su razonamiento y por eso solamente puede ser así como
es.
Por eso toda diferenciación entre bueno y malo, entre espíritu y mundo, entre luz y oscuridad, entre
ángeles y personas, entre culpa e inocencia, entre mejor y peor y pobre y rico resulta petulante
porque el individuo, bajo la influencia de su conciencia, cree que puede y tiene el derecho a
concebir el mundo de una manera distinta de como él es.
El movimiento creador de ese espíritu es un movimiento de amor por todo tal como es.
Porque es un amor creador va por más en lugar de por menos, va en busca del éxito y no del
fracaso y va hacia la riqueza en lugar de ir hacia la pobreza.
No obstante se trata de un movimiento de amor. En ese sentido su movimiento creador es un
movimiento hacia más amor, hacia un amor abarcativo, hacia un movimiento rico que tienda al
éxito para todos. Es un movimiento que está atento a todo de la misma manera, un movimiento
que de la misma manera está al servicio de todos.
En este sentido riqueza es más que una posesión personal. Esa riqueza está al servicio. Su
abundancia brota a borbotones.
Culpa e inocencia
Los prejuicios más importantes de la conciencia son culpa e inocencia y lo que
inmediatamente está ligado a ellos. Por ejemplo, expiación y justicia. Esos prejuicios tienen
consecuencias de muy largo alcance, tanto para nuestra vida personal como en nuestro éxito o
fracaso en nuestra profesión y nuestras empresas.
Lo que expreso aquí sobre la culpa y la inocencia y sobre la justicia y la expiación resultará
comprensible para aquellos que han podido liberarse del área de influencia de la conciencia y
pudieron experimentar lo que significa ser arrastrado por un movimiento espiritual que más allá de
las diferenciaciones entre bueno y malo, con el mismo amor, lleva a todo a la existencia y allí lo
mantiene.
Quien percibe en sí mismo las objeciones internas, comprensibles por cierto, contra lo que estoy
diciendo, en el sentido de: “Qué sucede entonces con aquellos que….”, podrá comprobar en sí
mismo en qué medida él se siente mejor que otros y en qué medida él interiormente los rechaza.
Entonces inmediatamente se dará cuenta que se está moviendo en el área de influencia de la
conciencia.
Los invito a que perciban en vuestro cuerpo, qué le ocurre cuando ustedes se aferran a esa
diferenciación, por ejemplo qué sucede en vuestro corazón, y qué es lo que cambia cuando
ustedes se comprometen con otro movimiento, un movimiento del espíritu que está atento a todo
tal como es, también a todo en ustedes mismos y que cambia en vuestro cuerpo y en vuestro
alrededor cuando siguen a esos movimientos. Dejen por un momento de lado esas
diferenciaciones, ni a favor ni en contra. Entonces podrán percibir lo que cambia en vuestra
profesión o en vuestra empresa y en vuestra fuerza interior.
Volvamos ahora nuevamente a la conciencia y sus diferenciaciones de bueno y malo.
Lo bueno solamente existe cuando también existe lo malo. Lo bueno se alimenta de lo malo, y
también quiere que sea así para entonces poder diferenciarse y sentirse superior a él. En ese
sentido lo bueno es la raíz de lo malo.
Como ustedes se dan cuenta, yo me muevo aquí en el plano de una observación accesible a
todos.
¿Qué precede a nuestro sentimiento de ser bueno y al de la inocencia?
Nosotros seguimos a un movimiento de la conciencia que exige de nosotros un razonamiento y un
comportamiento a través del cual obtenemos la seguridad de poder pertenecer a ese grupo que es
importante para nosotros, o sea en primer lugar nuestra familia de origen. Este movimiento de la
conciencia tiene para nosotros un efecto positivo. Con él nos sentimos bien y seguros. Esa buena
conciencia es la mejor almohada.
Al mismo tiempo ese movimiento me obliga a liberar y excluir de mi cariño a otros, pues si yo
pensase y sintiese como ellos y me pareciese bien lo que ellos consideran bueno y correcto, yo
estaría poniendo en peligro la pertenencia a mi grupo. Inmediatamente tendría una mala
conciencia, me sentiría culpable.
Entonces hago la experiencia como si culpa e inocencia estuviesen en mi mano, como si yo
tuviese en mi mano la posibilidad de sentirme culpable o inocente. Mi conciencia me lo clarifica y
en cada momento me ratifica lo uno o lo otro. Solamente tengo que orientarme por ella y seguirla.
La expiación
Cuando yo me siento culpable debo hacer algo para volver a sentirme inocente. Esto significa,
debo hacer algo que me permita volver a tener la seguridad de poder pertenecer, cueste lo que
cueste. Tengo que decidirme por algo y rechazar lo otro. Sigo siendo amo de mis decisiones y amo
de mi destino – también amo del destino de aquellos a quienes rechazo. Me convertiré en forjador
de mi felicidad y de su desventura.
De pronto nos estamos moviendo en el ámbito de la justicia. La justicia pretende reestablecer lo
bueno y castigar lo malo para reparar el daño de acuerdo a las normas de mí conciencia o, si esto
no es posible, eliminarlo.
Para ello me muevo en sintonía con el Dios de mi conciencia que quiere mi justicia, para que en su
nombre pueda imponer mi justicia y también la suya y pueda estar seguro de su recompensa y de
mi pertenencia a él.
Aquí me detengo un momento.
Mi Dios
La pregunta es: ¿Existe ese Dios? ¿Puede existir? ¿Hay un Dios que me pertenece y para poder
ser justos deben otros seguir a mi Dios y finalmente seguirme a mí y a mi conciencia? ¿Es él
completamente mi Dios y tienen las otras personas que tener y seguir al mismo Dios que yo para
sentirse justas? ¿O tienen ellos, como yo, su propio Dios que está detrás de su conciencia y que
hace que ellos se sientan justos cuando lo siguen y cuando rechazan a otros y por consiguiente
nos rechazan a nosotros tal como anteriormente nosotros hicimos con ellos? ¿Qué por lo tanto
para su Dios ellos tienen razón y nosotros no la tenemos, y para que puedan sentirse justos
nosotros debemos ser condenados y excluidos por ellos?
De manera categórica tomaremos conciencia de la estrechez de los movimientos de nuestra
conciencia y la estrechez de los movimientos de la conciencia de los otros.
Me temo que ustedes puedan objetar que me he alejado mucho de mi objetivo primordial de decir
algo sobre los prejuicios que se interponen en el éxito en nuestra profesión y nuestras empresas.
Entonces, vayamos ahora a nuestro tema.
El Dios de la conciencia
¿Es el Dios que -por detrás de esos movimientos de la conciencia- es presentado como su amo y
señor el Dios creador de todo tal como es y por eso amado? ¿Puede ese Dios oponerse a lo que él
mismo, tal como es, creó? ¿O fuimos nosotros quienes lo convertimos en nuestro Dios para que él
justifique y premie nuestros movimientos de la conciencia, al margen de lo terribles y fatales que
ellos puedan resultar?
¿Premiar con qué? ¿Con la garantía de que nosotros podemos pertenecer, a él y a nuestro grupo,
aún si tenemos que pagar con nuestra vida y la de muchos otros?
El otro Dios
Espero haber dejado en claro cuánto necesita la conciencia del esclarecimiento, un
esclarecimiento que por una parte reconoce su importancia para nuestras relaciones, y que por el
otro lado saca a la luz sus límites. Un esclarecimiento que desenmascara lo absurdo de muchas
exigencias de la conciencia y la arrogancia con la que se sienta en el lugar de Dios y se atreve a
decidir sobre la vida y la muerte y sobre la fortuna y la desgracia, no solamente para esta vida sino
mucho más allá de ella para toda la eternidad. Por ejemplo, con el infierno eterno.
¿Están ustedes luego de esta preparación dispuestos a buscar una salida más allá de los límites
de la conciencia y animarse a dar los primeros pasos en una dirección que nos pone en sintonía
con un movimiento creador – yo los llamo aquí movimientos del espíritu – que de la misma manera
actúa detrás de todo? ¿También detrás de nuestra culpa? ¿También detrás de aquello que, y es lo
que trato de trasmitirles aquí, al servicio de un amor, une lo que los movimientos de la conciencia
intentan separar y enfrentar?
Aristóteles observó que todo lo que existe se mueve, y observó que ese movimiento finalmente no
surge de sí mismo sino que debe venir de algún otro lugar. El llamaba a esta fuerza el motor
inmóvil.
Ese motor que todo lo mueve deber ser una fuerza espiritual, porque en todos los aspectos y en
sintonía con lo demás todo lo mueve con coherencia y sentido. Sin embargo, no podemos
imaginarnos que previa o junto a esa fuerza espiritual que todo lo mueve hubiese otra, es decir que
esa fuerza fuese una segunda fuerza que se dirige hacia otra que estaba allí antes que ella. Todo
lo que esa fuerza mueve existe solamente a través de ella. Ella es la fuerza creadora y todo es
pensado por ella y a través de ella encuentra su movimiento.
¿Podemos imaginárnoslo? Todo existe porque esa fuerza espiritual lo piensa, existe porque ella lo
piensa y lo quiere tal como es. Ella lo piensa y lo mueve de forma creativa.
¿Qué resulta de esto?
1. No es posible imaginarse que para ese espíritu creador pueda existir algo que se le opone o
que él pudiese rechazar o que se le escape. ¿Además, a dónde podría ir y recaer sino volver a sí
mismo, a su origen?
2. ¿Puede algo alzarse por sobre ese espíritu creador, por ejemplo ofenderlo? ¿Puede algo a
través de lo que hace ganar una recompensa o un castigo, teniendo en cuenta que por sí mismo
nada puede moverse en un sentido que lo acerque o lo aleje aún más de él?
3. ¿Puede existir frente e ese espíritu una culpa o una inocencia? ¿Puede alguien causarle un
daño a otro o quitarle la vida sin que ese espíritu así lo quiera y lo provoque?
¿Existe en este sentido un perpetrador y una víctima? ¿Frente a ese espíritu creador le va a uno
mejor y al otro peor?
4. ¿Podemos asumir que ser y transcurrir son únicos cuando todo lo que vive continúa porque una
cosa va y la otra viene? ¿Está por lo tanto lo que va y debe ir menos en sintonía con ese
movimiento creador y puede terminar como si con él - luego de su paso por este mundo- todo
acabase?
5. ¿Podemos nosotros observar que cada progreso surge de la interacción de movimientos
opuestos entre sí. Que por consiguiente ese espíritu creador se vale de esas contradicciones y de
sus diferentes movimientos que señalan el camino para, más tarde, unirlos para que ellos de la
misma manera –aunque de modo distinto- estén a su servicio? ¿Por ejemplo el hombre y la mujer,
cada uno a su modo? ¿Qué tanto la denominada bondad como la denominada maldad son
deseadas por ese espíritu de la misma manera y de la misma manera están a su servicio?
6. ¿Podemos entonces alabar algo y encontrarlo bueno y lamentarnos o arrepentirnos de aquello
que parece ser lo opuesto? ¿No debemos adaptarnos tanto a lo uno como a lo otro y en sintonía
con ese movimiento creador decir que sí, más allá de lo que exija de nosotros y de los demás?
7. ¿Podemos tener compasión con alguien como si las cosas que le ocurren a él no estuviesen en
las manos de esa fuerza creadora o no fuesen guiadas por ella?
Aquí surge para muchos la pregunta: ¿Qué sucede entonces con nuestro libre albedrío?
También él es un movimiento del espíritu independientemente de lo que nosotros decidimos con él.
Tampoco él puede estar ni a favor ni en contra de ese movimiento.
Otra pregunta es: ¿Qué pasa con aquellos que permanecen en el área de influencia de la buena y
la mala conciencia? ¿Están ellos separados de esos movimientos del espíritu?
Como en oposición a él, también ellos pertenecen necesariamente a aquello que finalmente
posibilita y fuerza lo nuevo.
Aquí termino con estas reflexiones.
La protección
Nuestra vida necesita protección. Para poder sobrevivir nosotros necesitamos diversas ayudas. Primero, la
ayuda de los padres y a decir verdad desde bien temprano, por ejemplo, en nuestro nacimiento la protección y
la ayuda de médicos y enfermeros. Y necesitamos la protección de la sociedad a la que pertenecemos. Bajo
esa protección podemos desarrollarnos y crecer.
También nosotros les proporcionamos ayuda a otros en numerosas formas, sobre todo como adulto a los
propios hijos y a otros que estén bajo nuestra protección. Toda sociedad humana es en primera línea una
asociación para la protección. Sus miembros se protegen mutuamente. Y de esa manera ellos también
protegen su propia vida y la vida de la generación venidera.
Esa asociación para la protección exige un tributo, a veces incluso un tributo muy alto. Por ejemplo, en
caso de una catástrofe o en una guerra. La asociación para la protección es también una asociación de
emergencia. En tiempos de emergencia la protección es un bien de un valor tan alto, un bien del que depende
la supervivencia y por esta razón se justifica el alto tributo a los miembros.
Sin embargo, también en una asociación para tiempos de emergencia existen abusos que van más allá de lo
tolerable. Contra esos abusos nos protege el ordenamiento jurídico dentro de esa comunidad. El ordenamiento
jurídico es en primera instancia una protección contra esos abusos y por esa razón un bien muy preciado
dentro de una asociación para la protección. Y protege a otros contra los abusos, también de los que pueden
provenir de nosotros.
También el pensamiento necesita protección y también la libertad necesita protección. La propiedad
necesita protección, y el amor necesita protección. Esa protección es también protección de la vida.
¿Nos protege también Dios? ¿De quién debe él protegernos si no de aquellos a quienes él también protege?
En este sentido solamente podemos protegernos cuando al mismo tiempo protegemos a otros. Cuanto más
intensa y más extensa la protección, mejor será para todos.