Contrato de Fideicomiso: Análisis Jurídico
Contrato de Fideicomiso: Análisis Jurídico
Contrato de Fideicomiso
1. Concepto
El Código Civil y Comercial dispone que hay contrato de fideicomiso cuando una parte, llamada
fiduciante, transmite o se compromete a transmitir la propiedad de bienes a otra persona denominada
fiduciario, quien se obliga a ejercerla en beneficio de otra llamada beneficiario, que se designa en el
contrato, y a transmitirla al cumplimiento de un plazo o condición al fideicomisario
2. Caracteres
El contrato de fideicomiso definido por el artículo 1666 del Código Civil y Comercial es clasificado
como un contrato bilateral, oneroso, conmutativo, formal, nominado y de ejecución continuada, por las
razones que se exponen a continuación.
a) Bilateral
Son bilaterales los contratos cuando las partes se obligan recíprocamente la una hacia la otra. En tales
condiciones, el contrato de fideicomiso posee ese carácter, pues el fiduciante tiene la obligación de
transmitir la propiedad de uno o más bienes al fiduciario y pagarle una remuneración, y, por su parte, el
fiduciario se compromete a administrar y disponer de los bienes en beneficio de quien se designa en el
contrato y a transmitir esa propiedad al cumplimiento del plazo o condición, al fideicomisario.
b) Oneroso
Es un contrato a título oneroso, lo cual se vincula con el objeto propio de la contratación en la que
participa el fiduciario que, salvo estipulación en contrario, debe ser remunerado por las prestaciones a su
cargo, conforme dispone el artículo 1677 del Código Civil y Comercial. Es dable recordar que los contratos
son a título oneroso cuando las ventajas que procuran a una de las pares les son concedidas por una
prestación que ella ha hecho o se obliga a hacer a la otra. La onerosidad del contrato es conteste con su
carácter bilateral, ya que las obligaciones recíprocas asignan ventajas para ambas partes.
Sin el fiduciario no recibe contraprestación por la ejecución del encargo, podrá considerarse gratuito.
c) Conmutativo
Los contratos a título oneroso son conmutativos cuando las ventajas para todos los contratantes son
ciertas. A la luz de tal premisa, el contrato de fideicomiso resulta conmutativo en razón de que, dada su
2
finalidad, esencialmente patrimonial, las ventajas y desventajas son conocidas por los contratantes al
momento de su celebración.
d) Nominado
e) Formal
El Código Civil y Comercial prevé que el contrato de fideicomiso puede realizarse por instrumento
público o privado, excepto cuando se refiere a bienes cuya transmisión debe ser celebrada por instrumento
privado. Al respecto, el artículo 1699 dispone que cuando el objeto del fideicomiso son bienes cuya
transmisión debe ser celebrada por instrumento público, si no se cumple dicha formalidad, el contrato vale
como promesa de otorgarlo.
Ahora bien, por otro lado, es dable considerar al contrato como formal en tanto el Código Civil y
Comercial exige determinado contenido, de lo cual es necesario concluir que el acuerdo debe ser celebrado
por escrito. Cabe recordar que los contratos son formales cuando la ley exige una forma para su validez, y
son nulos si la solemnidad no ha sido satisfecha, lo cual, tal cual fue expresado, no ocurre en el fideicomiso.
En este sentido, el artículo 1667 impone que el contrato contenga: “a) individualización de los bienes
objeto del contrato. En caso de no resultar posible tal individualización a la fecha de la celebración del
fideicomiso, debe constar la descripción de los requisitos y características que deben reunir los bienes; b) la
determinación del modo en que otros bienes pueden ser incorporados al fideicomiso, en su caso; c) el plazo
o condición a que se sujeta la propiedad fiduciaria; d) la identificación del beneficiario, o la manera de
determinarlo conforme con el artículo 1671; el destino de los bienes a la finalización del fideicomiso, con
indicación del fideicomisario a quien deben transmitirse o la manera de determinarlo conforme con el
artículo 1672; f) los derechos y obligaciones del fiduciario y el modo de sustituirlo, si cesa”. Igual exigencia
se requiere para los fideicomisos testamentarios.
e.1) Registro
El artículo 1669 exige la inscripción del contrato en “el Registro Público que corresponda”. La norma no
aclara a qué registro se refiere, aspecto que debía estar sujeto a una reglamentación posterior, ya que lo
cierto es que dicha exigencia no se identifica con la inscripción en los registros correspondientes de la
transmisión de bienes registrables, para la oponibilidad respecto de terceros del acto.
3
En cuanto a su mecanismo, establece que la registración estará a cargo del fiduciario y que si no es
solicitada dentro de los veinte días corridos de la celebración del contrato de fideicomiso y/o sus
modificatorias, estará a cargo del fiduciario. Prevé, como requisitos, que se presente el primer testimonio de
la escritura pública o instrumento privado original mediante el cual se formaliza el contrato y dictamen
precalificatorio emitido por escribano público o abogado, según el instrumento en el que se perfeccionó, que
debe incluir los datos que indican los puntos a) a g) del apartado 2, del artículo 285.
La inscripción de los contratos de fideicomiso en el ámbito local, deberá estar sujeto a la reglamentación
que en cada una de las provincias se dicte, sin que sea ocioso aclarar la clara ventaja de contar a nivel
nacional con un registro universal de fideicomisos que redundará en la protección de la transparencia y de la
seguridad jurídica para terceros.
3. Sujetos
La regulación sobre contrato de fideicomiso y, en particular, el artículo 1666 que lo define, mencionan
cuatro figuras: el fiduciante, el fiduciario, el beneficiario y el fideicomisario.
Así, a diferencia del trust anglosajón donde intervienen sólo 3 personajes: a) el settlor o trustor, creador
o fiduciante, que crea el trust, b) el trustee, que es quien se constituye en el propietario de los bienes y los
administra, y c) el cestui que trust o beneficiary, que reciben los beneficios del trust. Usualmente, el settlor y
el trustee son la misma persona, y también puede ser el beneficiario, aunque el trustor no puede ser el único
beneficiario, en tanto no tendría ningún propósito la constitución de un trust.
Sin embargo, en nuestro derecho, estrictamente, las partes en el contrato, son dos: el fiduciante y el
fiduciario. Ni el beneficiario ni el fideicomisario son partes, e incluso podría confundirse su figura con la del
fiduciante y el fiduciario. En este sentido, cabe aclarar que pueden ser beneficiarios el fiduciante, el
fiduciario o el fideicomisario; y puede ser fideicomisario, el fiduciante, el beneficiario, o una persona
distinta de ellos. La única prohibición consiste en el que el fiduciario sea fideicomisario.
a) fiduciante
El fiduciante es la persona humana o jurídica que constituye el fideicomiso. A tales efectos, debe poseer
capacidad para enajenar y debe transmitir o comprometerse a transmitir los bienes objeto de fideicomiso. La
capacidad para disponer de sus bienes debe ser apreciada conforme las reglas generales del Código Civil y
las leyes especiales que resulten aplicables.
4
1) solicitar la rendición de cuentas al fiduciario, que también puede ser solicitada por el beneficiario o
por el fideicomisario. Esa es una derivación natural de la mecánica propia del contrato, en el que el
fiduciario asume la responsabilidad de administrar y disponer de los bienes, conforme es pactado, a
favor de un tercero (beneficiario).
2) requerir judicialmente la remoción del fiduciario por incumplimiento de sus obligaciones o por
hallarse imposibilitado material o jurídicamente para el desempeño de su función. Puede ser
peticionado, asimismo, por el beneficiario o por el fideicomisario, siempre con citación del
fiduciante. Constituye una de las causales para el cese del fiduciario.
En todos los supuestos del artículo 1678, que operan como causales de remoción del fiduciario, el
fiduciante puede solicitar medidas de protección del patrimonio, si hay peligro de demora. Esta
facultad es compartida con el beneficiario y el fideicomisario. Para la designación de un nuevo
fiduciario se exige que se oiga al fiduciante, lo cual adquiere relevancia y sentido en tanto se pondere
la confianza que media en la designación de esta figura –fiduciario- al momento de celebrar el
contrato.
5
3) ejercer, previa autorización judicial, las acciones que correspondan para la defensa de los bienes
fideicomitidos, en sustitución del fiduciario, ante la inacción inmotivada de éste. Esta facultad, que
constituye en estricto una acción subrogatoria, surge también del artículo 739 del Código Civil y
Comercial en cuanto prevé que el acreedor de un crédito puede ejercer judicialmente los derechos
patrimoniales de su deudor si éste es remiso a hacerlo y esa omisión afecta el cobrote su acreencia.
Claro está que ante el incumplimiento de las obligaciones contractuales, el fiduciante podrá reclamar
al fiduciario en el marco del acuerdo que los vincula.
La limitación expresa a esta facultad en relación con los fideicomisos financieros cuyos títulos
valores se encuentran dentro del régimen de oferta pública, encuentra fundamento en la protección al
público inversor, que constituye el bien jurídico tutelado por la Comisión Nacional de Valores,
necesaria para mantener la seguridad y confianza que impulsen la difusión de la canalización del
dinero en el mercado de capitales. Adicionalmente, el artículo 42 de la Constitución Nacional, pone
en cabeza del consumidor financiero –en lo que aquí interesa- el derecho a la seguridad e intereses
económicos, a una información adecuada y veraz y a condiciones de trato equitativo y digno.
Admitir la revocación sin más del fideicomiso financiero, aún cuando esté previsto contractualmente,
resulta inadmisible en el régimen el mercado de capitales, en el que la oferta se realiza a través del
prospecto de emisión, que constituye el documento necesario a través del cual se realiza la oferta
pública y que es puesto a disposición del público en general para que posea toda la información
necesaria para tomar una decisión sobre su inversión, y por eso su importancia.
La Comisión Nacional de Valores define al Prospecto como el documento básico a través del cual se
realiza la oferta pública de valores negociables, y exige que su redacción sea fácilmente
comprensible para el análisis que efectúe un lector común e impone la obligación de que sea
suscripto por persona con facultad para obligar al emisor u oferente. Puntualmente, el anexo ii,
6
apartado ñ) del Capítulo XV dispone que el prospecto informativo relacionado con fideicomisos
financieros deberá contener una descripción gráfica adecuada y suficiente que posibilite a cualquier
interesado tener una visión clara y completa del funcionamiento del correspondiente negocio, con
especial atención al aporte de fondos efectuado por los inversores, a la contraprestación que deban
recibir los mismos y a la exhaustiva descripción del activo subyacente. Cuando los flujos dependan
de la ocurrencia de ciertos eventos deberán incorporarse ejemplos de los flujos de fondos
contemplando si ocurriesen esos eventos o no.
5) En principio, el fiduciario puede disponer o gravar los bienes fidicomitidos, cuando así lo requieran
los fines del fideicomiso, sin que sea necesario el consentimiento del fiduciante, del beneficiario o
del fideicomisario. Sin embargo, el código prevé que puedan existir limitaciones a estas facultades,
por lo que el fiduciante si así es previsto contractualmente puede prestar consentimiento a los actos
de disposición y a la constitución de gravámenes.
En cuanto a las obligaciones, es dable reiterar que la prestación principal a su cargo consiste en
transmitir los bienes comprometidos al celebrar el contrato. El artículo 1666 del Código Civil y Comercial
prevé que el contrato de fideicomiso se celebre con la promesa del fiduciante de transmitir los bienes objeto
del fideicomiso.
Esta obligación hace a la esencia misma del contrato, ya que es el efecto principal la constitución de una
propiedad fiduciaria sobre los bienes transmitidos, que se rige por las disposiciones de ese ordenamiento
para ese acuerdo y por las que correspondan a la naturaleza de los bienes. Salvo estipulación en contrario, el
fiduciante que transmite los bienes, tendrá a su cargo las obligaciones de saneamiento prevista en el artículo
1033 del Código Civil y Comercial -y siguientes-.
Podrá exigir el cumplimiento de la obligación del fiduciante, el propio fiduciario como parte del
ejercicio de sus funciones y los terceros beneficiarios en el marco de las facultades previstas en el artículo
1027 del Código Civil.
b) fiduciario
Cualquier persona física o jurídica puede ser fiduciario, salvo que se trate de un fideicomiso financiero o
de un fiduciario que se ofrezca al público.
El artículo 1690 establece que el fiduciario en un fideicomiso financiero debe ser una entidad financiera
o una sociedad especialmente autorizada por el organismo de contralor de los mercados de valores para
actuar como fiduciario. Por otro lado, el artículo 1673 de ese ordenamiento jurídico sólo autoriza a ofrecer al
público para actuar como fiduciarios a las entidades financieras autorizadas a funcionar como tales, sujetas a
las disposiciones de la ley respectiva y a las personas jurídicas que autoriza el organismo de contralor de los
mercados de valores, que debe establecer los requisitos que deben cumplir.
El organismo de contralor que menciona el código es la Comisión Nacional de Valores, que es una
entidad autárquica con jurisdicción en toda la República que ejerce el control o fiscalización sobre todas las
personas humanas y jurídicas que directa o indirectamente participen en el régimen de oferta pública.
En este sentido, el artículo 6 del Capítulo IV denominado “Fideicomisos Financieros”, dentro del Título
V Productos de Inversión Colectiva, de las NORMAS CNV NT 2013, prevé que pueden actuar como
fiduciarios los siguientes sujetos: a) entidades financieras autorizadas a actuar como tales en los términos de
la ley 21.526 y b) sociedades anónimas constituidas en el país.
Desde otro lado, el fiduciario, en el Código Civil y Comercial, puede revestir el carácter de beneficiario,
aunque dicha situación encuentra límites expresos que se le imponen al fiduciario. Así, al standard de
conducta que se le exige al fiduciario, que debe actuar con la prudencia y diligencia del “buen hombre de
negocios” que actúa sobre la base de la confianza depositada en él, se le aduna el evitar cualquier conflicto
de intereses y obrar privilegiando los de los restantes sujetos intervinientes en el contrato. En tales
condiciones, la actuación del fiduciario – beneficiario, no puede importar la desnaturalización del instituto ni
un desvío de los fines del contrato.
b.1.) obligaciones
El fiduciario debe cumplir con las obligaciones que surgen del contrato y de la ley con la prudencia y
diligencia del buen hombre de negocios que actúa sobre la base de la confianza depositada en él, de lo cual
se desprende que ésta constituye un standard de conducta que el fiduciario de be seguir a los efectos de
evaluar su responsabilidad. En concordancia con ello, el fiduciario responde por dolo o culpa en el
cumplimiento de sus funciones –o la de sus dependientes-, para lo cual debe aplicarse lo dispuesto por el
artículo 1725 del Código Civil y Comercial. Esta norma prevé que cuanto mayor sea el deber de obrar con
prudencia y pleno conocimiento de las cosas, mayor es la diligencia exigible al agente en la valoración de la
previsibilidad de las consecuencias.
De tal forma, mediando una confianza especial, tal como ocurre en el caso del fiduciario en el contrato
de fideicomiso, se estima el grado de responsabilidad, por la condición especial del agente.
Esta obligación surge del artículo 1666 del Código Civil que dispone que el fiduciario se obliga a ejercer
la propiedad fiduciaria en beneficio de una tercera persona llamada beneficiario. En este punto, es necesario
aclarar que el titular del dominio fiduciario tiene las facultades del dueño perfecto, en tanto los actos
jurídicos que realiza se ajusten al fin del fideicomiso y a las disposiciones contractuales pactadas.
Debe cumplir con lo estipulado en el contrato con la prudencia y diligencia del buen hombre de negocios
que actúa sobre la base de la confianza depositada en él, lo cual sirve como pauta de conducta a los efectos
de valorar el alcance de su responsabilidad ante incumplimientos de las obligaciones a su cargo.
En línea con la importancia de la actuación del fiduciario para alcanzar los fines previstos por el
fideicomiso, se prohíbe que el contrato dispense al fiduciario de la culpa o dolo en que puedan incurrir.
En el marco de la autonomía de la voluntad que rige los contratos, se pueden acordar limitaciones a las
facultades del fiduciario, que el Código se encarga de ejemplificar. En este sentido, señala que se puede
prohibir la enajenación de los bienes. Las limitaciones deberán ser inscriptas en los registros
correspondientes a las cosas registrables, y no son oponibles a terceros interesados de buena fe, sin perjuicio
9
de los derechos respecto del fiduciario. Al respecto, es dable aclarar que el dominio fiduciario, como una
modalidad del dominio imperfecto, importa una excepción a las reglas generales del dominio en tanto
posibilita la existencia de limitaciones contractuales a las facultades del propietario.
En pos de la finalidad acordada, el fiduciario está legitimado para ejercer todas las acciones que
correspondan para la defensa de los bienes fideicomitidos, tanto contra terceros, el fiduciante, el beneficiario
o el fidicomisario. Y el juez puede autorizar al fiduciante, al beneficiario o al fideicomisario, a ejercer las
acciones necesarias en sustitución del fiduciario, cuando éste no lo haga sin motivo suficiente.
Como ya fuera señalado, el fiduciario puede ser simultáneamente beneficiario, y en tal supuesto el
ordenamiento legal, además de la exigencia de obrar como un buen hombre de negocios, le impone la
obligación de evitar cualquier conflicto de interés y de actuar privilegiando los de los restantes sujetos
intervinientes en el contrato. El conflicto de interés parte del principio de que el fiduciario no puede derivar
ningún provecho personal de su gestión, ni negociar con el fideicomiso, ni competir con él. Sin embargo, no
es posible prohibir en un contexto de superposición en una sólo persona del carácter de fiduciario y
beneficiario, que medie un mínimo conflicto de interés, pero lo importante es que el acto resulte equitativo y
que el fiduciario no se aproveche, en forma abusiva, de su posición, y que cuente con la conformidad de los
interesados.
Para los fideicomisos financieros, la Comisión Nacional de Valores prevé que la administración, que
comprende todas las funciones inherentes a la conservación, custodia, cobro y realización del patrimonio
fideicomitido, corresponde al fiduciario, quien podrá delegar la ejecución de las funciones de
administración. No obstante aclara que aún en estos supuestos de delegación, el fiduciario es responsable
frente a terceros por la gestión del subcontratante y que deberá realizar una fiscalización permanente del
ejercicio de tales funciones por parte del o los subcontratantes.
Agrega, como requisito informativo adicional en supuestos de delegación, que el fiduciario debe
mensualmente poner a disposición de toda persona con interés legítimo, en su sede social, un informe de
gestión que incluirá la correspondiente rendición de cobranzas.
Estas normas tuvieron su origen en la resolución 555/2009 (B.O. 3/6/09) por medio de la cual
incrementó los requisitos solicitados para la autorización de oferta pública de fideicomisos financieros y se
establecieron mayores deberes y obligaciones a cargo de los fiduciarios que se mantienen en el texto de la
nueva reglamentación (NORMAS NT 2013).
Entre estos nuevos requisitos se impone la obligación de presentar junto con la solicitud inicial un
informe del fiduciario, o de quien por delegación realice las funciones de control y revisión sobre los bienes
10
fideicomitidos, indicando las tareas desarrolladas al momento de la estructuración del fideicomiso y las que
se desarrollarán durante la vigencia del mismo.
En efecto, los fiduciarios son entidades especialmente cualificadas que se configuran como agentes
naturales a través de los cuales se canalizará el negocio fiduciario financiero. Esta especial situación
personal se vincula con las pautas para la ponderación de la conducta previstas en el artículo 1725 del
Código Civil y Comercial que prevé que cuanto mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno
conocimiento de las cosas, mayor es la diligencia exigible al agente.
Cuando existe una confianza especial, se debe tener en cuenta la naturaleza del acto y las condiciones
particulares de las partes. En concordancia con esto, el artículo 17, del Capítulo IV, del Título II de las
NORMAS CNV NT 2013, establece que cabe asignar al fiduciario financiero responsabilidad como
organizador o experto, sin perjuicio de su responsabilidad directa por la información relativa al contrato de
fideicomiso, a los demás actos o documentos que hubiera otorgado, y a la suya propia.
La estructura negocial era la siguiente: Bonesi S.A. como origínate, otorgó créditos a sus clientes y como
contraprestación recibía de ellos pagares, que fueron transferidos al fiduciario de los fideicomisos
financieros como activos sobre los cuales éste emitió títulos valores que fueron ofrecidos públicamente, y
adquiridos en el marco del mercado de capitales por inversores. El producido de la colocación, por
11
intermedio del fiduciario, pasó al fiduciante que obtiene así la financiación por los créditos, por lo cual el
riesgo de cobrabilidad de esos pagarés era, en definitiva, asumido por los consumidores financieros.
Entonces, Bonesi S.A. actuaba como fiduciante y como agente de cobro de los pagos realizados por
sus clientes, los cuales debía remitir con la periodicidad pactada a las cuentas fiduciarias, para que el
fiduciario los aplicara a la atención de los pagos de los títulos valores. En un momento, Bonesi S.A. retuvo
ilegítimamente las cobranzas de los créditos para aplicarlos a su giro comercial y se presentó en concurso
preventivo.
En ese contexto, el fiduciario interpuso una medida cautelar para que se cumpla con las obligaciones
pactadas. En este sentido, es destacable que medió una cesión fiduciaria y en razón de ello, se constituyó un
patrimonio de afectación que no responde por las deudas del fiduciante y por ende no puede ser parte de su
concurso preventivo.
Desde otra óptica, en cuanto a las facultades delegadas del fiduciario al fiduciante, en este caso, para
gestionar el cobro de los créditos, vale aclarar que en primer lugar, debe considerarse que no se encuentra
prohibido por la legislación aplicable, ni por el Código Civil y Comercial, ni por las normas dictadas por la
Comisión Nacional de Valores. En segundo lugar, más allá de la aplicación de los estándares de conducta
requeridos al fiduciario (actuar con la prudencia y diligencia de un buen hombre de negocios) que, en
principio, en el caso en estudio, no lo exime de responsabilidad en relación con los tenedores de los títulos
valores, si el contrato no lo prohíbe la delegación, deberán tenerse en cuenta las reglas del mandato. Esto
último, para evaluar la relación entre el fiduciante y el fiduciario. Así, el artículo 1327 del Código Civil y
Comercial, en lo pertinente, prevé la posibilidad de que el mandatario pueda sustituir en otro la ejecución del
mandato y lo responsabiliza de la elección del sustituto. Ello no lo exime de su deber de vigilancia, claro
está, pero el sustituto debe cumplir las obligaciones a su cargo.
En tales condiciones, es posible concluir que la delegación de funciones el lícita y que, en el marco
de las mayores responsabilidades impuestas al fiduciario, puede ser realizada por quien designe, siendo muy
frecuente la delegación de funciones de administración y cobranza en los fideicomisos financieros de
consumo, por la reducción de costos y el aprovechamiento del know how del fiduciante.
El artículo 1669 del Código Civil y Comercial exige que el contrato se inscriba en el Registro Público
que corresponda. En relación con esto ya se expuso al tratar el tema de forma del contrato, la imprecisión de
esta norma en cuanto a qué registro se refiere. A ello cabe añadir, que tampoco se determina legalmente
12
quién es el encargado de su inscripción, sin perjuicio de que por la naturaleza de las funciones atribuidas al
fiduciario, es el encargado natural de efectuarla. De acuerdo con este razonamiento, la Resolución General
7/2015 (B.O. 31/07/15) de la Inspección General de Justicia creó un registro público de fideicomisos para la
inscripción de estos contratos y sus modificaciones y puso en cabeza del fiduciario la carga de inscribirlos.
Además, deberá colaborar activamente en el registro de los bienes que componen el fideicomiso. Si se
han transmitido bienes registrables, el fiduciario debe procurar su inscripción a su nombre en el registro. En
algunos supuestos, la inscripción tendrá efectos constitutivos (vgr. automotores, decreto-ley 6582/58) y en
otros declarativos (vgr. inmuebles, cf. arts. 1892 y 1893).
El registro del contrato de fideicomiso debe distinguirse de la inscripción de los bienes, de acuerdo a su
régimen de transmisión en los registros que correspondan. Sin embargo, en ambos supuestos la inscripción,
tienda a promover la seguridad jurídica a terceros y a los beneficiarios.
Producida la extinción del fideicomiso, el fiduciario de una cosa queda inmediatamente constituido en
poseedor a nombre del dueño perfecto. Si la cosa es registrable y el modo suficiente consiste en la
inscripción constitutiva, se requiere inscribir la readquisición; si la inscripción no es constitutiva, se requiere
a efecto de su oponibilidad.
El decreto 780/95 (B.O. 27/11/95) prevé que en todas las anotaciones registrales o balances relativos a
bienes fideicomitidos, deberá constar la condición de propiedad fiduciaria con la indicación “en
fideicomiso”. El Registro de la Propiedad Inmueble con sede en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
mediante disposición técnico registral 4/1995 reglamentó la ley y el decreto antes citado, para lo cual
estableció que los asientos se confeccionan consignando en el rubro titularidad al inicio “dominio
fiduciario”, los datos de identidad del titular fiduciario y aquellos que son de práctica respecto del negocio
jurídico, y el plazo o condición a las cuales se sujeta el dominio. También consta en el registro, en caso de
existir y ser solicitado, la limitación del fiduciario a su facultad de disponer o gravar a que se refiere el
artículo 1688.
La disposición prevé igual registración para los inmuebles transmitidos al momento de la celebración del
contrato que para aquellos adquiridos con los frutos y productos de los bienes fideicomitidos o por
subrogación real respecto de todos esos bienes.
En supuestos de cese del fiduciario y de sustitución, los bienes fideicomitidos deberán ser transferidos al
nuevo fiduciario. Si son registrables es forma suficiente del título el instrumento judicial, notarial o privado
autenticado, en los que conste la designación del nuevo fiduciario. La toma de razón también puede ser
rogada por el nuevo fiduciario. Al respecto la disposición mencionada prevé en su artículo 6º que se abrirá
un nuevo registro a nombre del fiduciario sustituto.
13
La Caja de Valores S.A., de conformidad con lo dispuesto por la ley 26.831 de Mercado de Capitales y la
ley 20.643 es agente de registro, pago y depósito colectivo. En la primer función nombrada puede llevar el
registro de los títulos valores cartulares públicos y privados (nominativos no endosables, al portador y
certificados globales) o escriturales, en forma electrónica.
Esta obligación, consecuencia natural de la actuación del fiduciario en interés ajeno, y además prevista
legalmente, resulta necesaria y relevante en el contrato de fideicomiso en el que la administración de los
bienes fideicomitidos, como patrimonio separado del fiduciario, debe resultar suficiente para atender las
obligaciones que se contraigan para la ejecución del objetivo contractual. La insuficiencia de los bienes para
atender las obligaciones contraídas en la ejecución del fideicomiso, no da lugar a la declaración de quiebra,
sino que procede su liquidación.
Si bien el artículo 860 del Código Civil y Comercial prevé que la obligación de rendir cuentas puede ser
eximida si media renuncia del interesado, en el fideicomiso se trata de una norma imperativa, indisponible
para las partes, por lo que no puede ser dispensada.
Cabe destacar que el fiduciario no solo debe rendir cuentas al beneficiario, sino también al fiduciante
que fue quien le encargó el negocio y al fideicomisario, quienes pueden solicitarla conforme a la ley y las
previsiones contractuales. Este derecho del constituyente del fideicomiso, del o los beneficiarios y del
fideicomisario se vincula directamente con la posibilidad de éstos de solicitar la remoción judicial del
fiduciario por incumplimiento de sus obligaciones, conforme prevé el artículo 1678, inciso a), del Código
Civil y Comercial, para lo cual deberán contar con la información necesaria para determinar si medió tal
incumplimiento. El artículo 1681 del Código también dota de facultades al beneficiario y al fideicomisario
para que, en la medida de su interés, puedan reclamar por el debido cumplimiento del contrato y la
revocación de los actos realizados por el fiduciario en fraude de sus intereses, sin perjuicio de los derechos
de terceros de buena fe.
El Capítulo 30 del Código Civil y Comercial que regula en particular el contrato de fideicomiso no prevé
en qué forma deben ser rendidas las cuentas, aunque sí impone que sea con una periodicidad no mayor a un
año. Sin embargo, el artículo 859 de ese cuerpo legal, aplicable a las obligaciones en general, prevé que la
rendición de cuentas debe contener, como mínimo, los siguientes elementos: a) ser hecha de modo
descriptivo y documentado, b) incluir las referencias y explicaciones razonablemente necesarias para su
comprensión, c) acompañar los comprobantes de los ingresos y de los egresos, excepto que sea de uso no
extenderlos, d) concordar con los libros que lleve quien las rinda.
Por un lado, se requiere la información objetiva, numérica, que detalle descriptivamente la situación de
las cuentas; por otro, explicaciones sobre el procedimiento y los resultados arribados; y, en tercer lugar,
sustentar la rendición en documentos y comprobantes de los ingresos y de los egresos.
Por otra parte, y en cuanto a la forma en que debe materializarse la información, en el informe 28, la
Comisión de Estudios sobre Contabilidad del Consejo Profesional de Ciencias Económicas de la Capital
Federal brinda una guía para la registración, exposición y valuación del fideicomiso. En el apartado 4.6
15
considera necesario que, cuando la trascendencia económica y jurídica del patrimonio del fideicomiso, así
como la gestión o administración involucrada en el contrato de creación (la cual puede presentar un grado de
complejidad asimilable a la de una entidad comercial o industrial) lo justifiquen, el fideicomiso presente
información periódica en forma de estados contables.
Este informe no tiene carácter obligatorio, pero sí constituye una pauta en relación con la presentación
de información. Sin embargo, para los fideicomisos financieros, sujetos al control de la Comisión Nacional
de Valores, se exige que el fiduciario presente a ese organismo los siguientes estados contables: a) Estado de
situación patrimonial. b) Estado de evolución del patrimonio neto. c) Estado de resultados. d) Estado de
flujo de efectivo.
Además, deben (i) identificar el o los fiduciantes, sus actividades principales, el objeto del fideicomiso y
el plazo de duración del contrato y/o condición resolutoria, el precio de transferencia de los activos
fideicomitidos al fideicomiso y una descripción de los riesgos que -en su caso- tienen los activos que
constituyen el fideicomiso, así como los riesgos en caso de liquidación anticipada o pago anticipado de los
créditos que los conforman; (ii) indicar el o los motivos por el/los cual/es no se emite alguno de los estados
contables indicados; (iii) explicar los aspectos relevantes y característicos del contrato de fideicomiso y dejar
expresa constancia de la efectiva transferencia de dominio de los activos que conforman el fideicomiso de
cada clase y/o serie; (iv) Indicar que los registros contables correspondientes al patrimonio fideicomitido se
llevan en libros rubricados en forma separada de los correspondientes al registro del patrimonio del
fiduciario; (v) en caso que una serie emitida en el marco de un fideicomiso financiero, esté subdividida en
distintas clases, deberá indicarse en nota a los estados contables la discriminación para cada clase de la
situación patrimonial y los resultados para el período; (vi) indicar la fecha de cierre de ejercicio del
fideicomiso la que deberá ser informada a la Comisión al momento de presentarse la solicitud de
autorización; (vii) presentar, dentro de los diez días hábiles de finalizado cada mes calendario, informe
emitido por el órgano de fiscalización conforme con los incisos 1° y 2° del artículo 294 de la ley 19.550;
(viii) formalizar la presentación del informe indicado en el inciso anterior mediante su incorporación a la
página web del Organismo, en el acceso correspondiente al Fideicomiso a través de la Autopista de
Información Financiera.
La información debe ser presentada a la Comisión Nacional de Valores por períodos anuales y
subperíodos trimestrales. Esta obligación forma parte del régimen de información periódica en cabeza de los
fiduciarios, pero, asimismo, debe presentar la información ocasional vinculada con aquellos hechos o
situaciones que por su importancia sean aptos para afectar en forma sustancial la colocación de valores
negociables o el curso de su negociación.
16
En la definición que da el artículo 1666 del Código Civil y Comercial de contrato de fideicomiso, se
prevé que al cumplimiento del plazo o condición, el fiduciario debe transmitir la propiedad de los bienes
fideicomitidos al fideicomisario. Esta obligación también surge del artículo 1698 de ese código que
establece que el fiduciario debe entregar los bienes al fideicomisario o a sus sucesores, producida la
extinción del fideicomiso, y otorgar los instrumentos y a contribuir a las inscripciones registrales que
correspondan.
Es decir que el fiduciario adquiere la propiedad fiduciaria de los bienes fideicomitidos, que en virtud de
esta particular forma de dominio, constituyen un patrimonio separado del patrimonio del fiduciario. En tales
condiciones, sus bienes se encuentran separados de los que componen el objeto del fideicomiso que quedan
exentos de la acción singular o colectiva de los acreedores del fiduciario.
El destinatario final de los bienes será quien haya sido designado en el contrato o en el testamento. En
principio es el fideicomisario, pero puede ser el fiduciante, el beneficiario o un tercero. Sin embargo, el
ordenamiento prohíbe que el fiduciario conserve la propiedad de los bienes fideicomitidos y, por ende,
revista el carácter de fideicomisario.
En relación con el régimen informativo periódico, el fiduciario financiero debe presentar al organismo de
control –Comisión Nacional de Valores-, por cada fideicomiso: a) estado de situación patrimonial; b) estado
de evolución del patrimonio neto; c) estado de resultados; d) estado de flujo de efectivo.
Estos estados contables deberán ser presentados por períodos anuales y sub-períodos trimestrales.
Además, como información complementaria, entre otras cuestiones, el fiduciario debe indicar las
características principales del fideicomiso, a saber: identificar a el o los fiduciantes, sus actividades
principales, el objeto del fideicomiso y el plazo de duración del contrato y/o condición resolutoria, el precio
de transferencia de los activos fideicomitidos al fideicomiso y una descripción de los riesgos que -en su
17
caso- tienen los activos que constituyen el fideicomiso, así como los riesgos en caso de liquidación
anticipada o pago anticipado de los créditos que los conforman.
De su lado, está la exigencia de información ocasional que se relaciona esencialmente con los hechos
relevantes ocurridos en el marco del fideicomiso financiero, que constituye un mecanismo de control, que
garantiza el derecho de información en cabeza del consumidor financiero previsto en el artículo 42 de la
Constitución Nacional, que tiende al logro de los objetivos de todo mercado de capitales -transparencia y
simetría de información-. El artículo 99, inciso a) define hecho relevante como a todo “hecho o situación
que, por su importancia, sea apto para afectar en forma sustancial la colocación de valores negociables o el
curso de su negociación.”. El inciso b) con una leve variante impone a los agentes de negociación
autorizados para actuar en el ámbito de la oferta pública, la obligación de informar acerca de todo hecho o
situación no habitual que por su importancia sea apto para afectar el desenvolvimiento de sus negocios, su
responsabilidad o sus decisiones sobre inversiones. Asimismo, dentro del Título XII de las NORMAS CNV
NT 2013, se enumeran en forma ejemplificativa los hechos relevantes a ser informados.
b.2) derechos
Se presume el derecho del fiduciario a percibir una remuneración por su trabajo y el reembolso de sus
gastos. Aunque el código prevé la posibilidad de pactar algo distinto. En caso de que no se determine una
retribución en el contrato, el juez teniendo en consideración la índole de la encomienda, la importancia de
los deberes a cumplir, la eficacia de la gestión cumplida y las demás circunstancias en que actúa el
fiduciario.
Entonces, dicha retribución podrá ser fija o variable, la cual podrá estar vinculada a los resultados
económicos o a la rentabilidad del fideicomiso, lo cual deberá estar previsto contractualmente para que los
interesados conozcan la forma de cálculo de la comisión.
Para los fideicomisos financieros, la Comisión Nacional de Valores prevé que el contrato debe indicar
claramente la remuneración que percibirá el fiduciario, lo cual impide que medien abusos en este sentido,
habilitando que su retribución sea por un monto superior a las utilidades que produzca con su trabajo en
relación con los bienes fideicomitidos.
El inciso e) del artículo 1678 del Código Civil y Comercial, como una de las causas del cese del
fiduciario, prevé su renuncia. Sujeta esta prerrogativa a que el contrato lo autorice expresamente, o en caso
de causa grave o imposibilidad material o jurídica de desempeño de la función.
A su vez, precisa que la renuncia tiene efecto después de la transferencia del patrimonio objeto de
fideicomiso al fiduciario sustituto. Tiene fundamento esta decisión legislativa, en no impedir el normal
desenvolvimiento del contrato ni la consecución de sus fines.
El artículo 1678 del Código Civil y Comercial prevé las causales de remoción del fiduciario,
manteniendo, en sustancia, el contenido del artículo 9 de la ley 24.441 derogado. El cese en el cumplimiento
de las funciones del fiduciario deberá proyectarse registralmente en el cambio de titularidades de los bienes,
teniendo en cuenta el sustituto designado por contrato o el régimen de sustitución previsto allí. Si no hay un
procedimiento previsto o no acepta el sustituto, el juez debe designar como fiduciario a una de las entidades
autorizadas de acuerdo a lo previsto en el artículo 1690.
En función de ello, para registrar el cambio de titularidad se requerirá la documentación que la sustente.
Inciso a): remoción judicial por incumplimiento de sus obligaciones o por hallarse imposibilitado
material o jurídicamente para el desempeño de su función, a instancia del fiduciante; o a pedido
del beneficiario o del fideicomisario, con citación del fiduciante.
Este inciso incorpora respecto del anterior régimen, la posibilidad de remover por vía judicial al
fiduciario cuando media imposibilidad material o jurídica para el desempeño de su función, y legitima
activamente no solo al fiduciante y al beneficiario, sino al fideicomisario, pero siempre con la exigencia de
citar al fiduciante, como parte esencial del contrato.
Se prevé así supuestos de como la ausencia con presunción de fallecimiento, problemas de salud,
conflictos de interés que impidan el desempeño de la función en el marco de los estándares de conducta
legamente exigidos, o la incapacidad sobreviniente para contratar. En este sentido, el artículo 1001 del
Código Civil y Comercial prevé que no pueden contratar, en interés propio o ajeno, según sea el caso, los
que están impedidos para hacerlo conforme a disposiciones especiales. El código en esta norma pone el
19
énfasis en la prohibición, y prevé que los que se encuentran impedidos, tampoco pueden hacerlo aunque el
interés de la contratación sea ajeno, y que no podrá eludirse la limitación celebrando el contrato por
interpósita persona.
De acuerdo con lo anterior, cabe tener en cuenta las inhabilidades especiales que surgen del artículo
1002 del Código Civil y Comercial. Están inhabilitados para contratar en nombre propio las siguientes
personas: a) los funcionarios públicos, respecto de bienes de cuya administración o enajenación están o han
estado encargados; b) los jueces, funcionarios y auxiliares de la justicia, los árbitros y mediadores, y sus
auxiliares, respecto de bienes relacionados con procesos en los que intervienen o han intervenido; c) los
abogados y procuradores, respecto de bienes litigiosos en procesos en los que intervienen o han intervenido;
d) los cónyuges, bajo el régimen de comunidad, entre sí; y e) los albaceas que no son herederos no pueden
celebrar contrato de compraventa sobre los bienes de las testamentarias que estén a su cargo.
Respecto del incumplimiento de sus funciones, adquiere relevancia la rendición de cuentas que debe
realizar el fiduciario, con una periodicidad no mayor a un año, y que puede ser requerida por el fiduciante,
beneficiario o fideicomisario, lo cual permitirá a los legitimados contar con los elementos suficientes para
solicitar, en su caso, la remoción del fiduciario en sede judicial.
En el supuesto de muerte del fiduciario, los bienes fideicomitidos no pasan a formar parte del acervo
hereditario en tanto conforman un patrimonio separado del de aquél. En tal caso, se hará operativo el
régimen de sustitución de acuerdo a lo previsto por el artículo 1679 citado, por lo que el sustituto deberá
inscribir los bienes fideicomitidos en los registros correspondientes, acompañando los documentos
necesarios para acreditar su designación y la partida de defunción del fiduciario original. El Código aclara
que en caso de muerte del fiduciario, los interesados pueden prescindir de la intervención judicial, otorgando
los actos necesarios para la transferencia de los bienes. Con lo cual no es necesaria la apertura de la sucesión
para aplicar el régimen de sustitución y transferir los bienes.
Por otro lado, es dable recordar que la regla es la capacidad, con lo cual la incapacidad, inhabilitación y
capacidad restringida debe ser declarada judicialmente. El Código Civil y Comercial ha introducido
reformas sustanciales y profundas en lo que se refiere a las restricciones al ejercicio de la capacidad jurídica,
y prevé tres tipos de sentencias mediante las cuales se puede restringir el ejercicio de la capacidad jurídica
de las personas humanas: sentencias de capacidad restringida (cf. art. 32, párr. 1º), de incapacidad (cf. art.
20
32, párr. 4º) y de inhabilitación (cf. art. 48). Se advierte así, que la sentencia de capacidad restringida es la
regla y la sentencia de incapacidad, la excepción.
En estos supuestos al igual que cuando media una declaración de quiebra que importa la disolución de
la persona jurídica y el estado de liquidación para ella o para una persona humana, para la inscripción
correspondiente, deberá acompañarse copia de la sentencia pertinente, junto con la documentación que
acredite los derechos del sustituto. La ley del Registro de la Propiedad Inmueble, que resulta aplicable a los
registros de la propiedad inmueble existentes en cada provincia y en la Capital Federal, dispone en su
artículo 30 que el registro deberá anotar la declaración de la inhibición de las personas para disponer
libremente de sus bienes, como así también toda otra registración de carácter personal que dispongan las
leyes nacionales o provinciales y que incida sobre el estado o la disponibilidad jurídica de los inmuebles.
Corresponde agregar que la declaración de quiebra o la sentencia que declare la incapacidad, restricción
de la capacidad o inhabilidad es suficiente para que el sustituto acepte o se lo designe, con lo cual debe
surgir de un documento inscribible.
Inciso c): disolución, si es una persona jurídica; esta causal no se aplica en casos de fusión o
absorción, sin perjuicio de la aplicación del inciso a), en su caso.
Si el fiduciario es una persona jurídica cesa como fiduciario al momento de su disolución. La disolución
conforme dispone el Código Civil y Comercial y la Ley General de Sociedades puede ser voluntaria o
forzosa. Así, el artículo 163 del Código prevé que la persona jurídica se disuelve por las siguientes causales:
a) la decisión de sus miembros adoptada por unanimidad o por la mayoría establecida por el estatuto o
disposición especial; b) el cumplimiento de la condición resolutoria a la que el acto constitutivo subordinó
su existencia; c) la consecución del objeto para el cual la persona jurídica se formó, o la imposibilidad
sobreviviente de cumplirlo; d) el vencimiento del plazo; e) la declaración de quiebra; la disolución queda sin
efecto si la quiebra concluye por avenimiento o se dispone la conversión del trámite en concurso preventivo,
o si la ley especial prevé un régimen distinto; f) la fusión respecto de las personas jurídicas que se fusionan o
la persona o personas jurídicas cuyo patrimonio es absorbido; y la escisión respecto de la persona jurídica
que se divide y destina todo su patrimonio; g) la reducción a uno del número de miembros, si la ley especial
exige pluralidad de ellos y ésta no es restablecida dentro de los tres meses; h) la denegatoria o revocación
firmes de la autorización estatal para funcionar, cuando ésta sea requerida; i) el agotamiento de los bienes
destinados a sostenerla; y j) cualquier otra causa prevista en el estatuto o en otras disposiciones del
ordenamiento legal.
21
A su vez, la ley 19.550 prevé que la sociedad se disuelve por las siguientes causas: 1) por decisión de
los socios; 2) por expiración del término por el cual se constituyó; 3) por cumplimiento de la condición a la
que se subordinó su existencia; 4) por consecución del objeto por el cual se formó, o por la imposibilidad
sobreviniente de lograrlo; 5) por la pérdida del capital social; 6) por declaración en quiebra; la disolución
quedará sin efecto si se celebrare avenimiento o se dispone la conversión; 6) por su fusión, en los términos
del artículo 82; 8) por sanción firme de cancelación de oferta pública o de la cotización de sus acciones; la
disolución podrá quedar sin efecto por resolución de asamblea extraordinaria reunida dentro de los sesenta
días, de acuerdo al artículo 244, cuarto párrafo; 9) por resolución firme de retiro de la autorización para
funcionar si leyes especiales la impusieran en razón del objeto.
Sin embargo, el inciso d) del artículo 1678 del Código Civil y Comercial, exceptúa de las causales de
cese los supuestos de fusión o absorción, que sí son presupuestos de disolución en la normativa descripta.
Ello tiene fundamento en que la sociedad absorbida o fusionada, se disuelve más no se liquida, y constituye
una nueva sociedad o es incorporada a otra. La nueva sociedad o la incorporante adquiere la titularidad de
los derechos y obligaciones de las sociedades disueltas, con lo cual se produce la transferencia total de sus
respectivos patrimonios al inscribirse en el Registro Público de Comercio el acuerdo definitivo de la fusión y
el contrato o estatuto de la nueva sociedad, o el aumento de capital que hubiere tenido que efectuar la
incorporante.
Claro está que si bien la disolución trae aparejado, en principio, el proceso de liquidación de los bienes
societarios, los bienes fideicomitidos no participan de tal procedimiento, desde que constituyen un
patrimonio separado del correspondiente al fiduciario. La sociedad disuelta, sin embargo, aun no estando
liquidada, deberá cesar como fiduciario y transferir los bienes al sustituto.
Si el contrato lo autoriza expresamente, el fiduciario puede renunciar, lo cual constituye un derecho que
le asiste, el cual puede ejercer sin limitaciones contractuales con causa grave o imposibilidad material o
jurídica de desempeño de la función. En cuanto a sus efectos, la norma establece que se producen luego de
la transferencia del patrimonio objeto de fideicomiso al fiduciario sustituto. Lo cual, como fuera adelantado,
tiene fundamento en no impedir el normal desenvolvimiento del contrato ni obstaculizar la consecución de
sus fines.
c) beneficiario
22
El beneficiario puede ser una persona humana o jurídica, que debe poseer capacidad para recibir los
beneficios del fideicomiso, y que puede existir o no al tiempo del otorgamiento del contrato. En este último
caso, deberán constar los datos que permitan su individualización futura. Constituye un requisito exigido que
se identifique el beneficiario en el contrato, o la manera de determinarlo de acuerdo a lo previsto legalmente.
Para recibir las prestaciones del fideicomiso, el beneficiario debe aceptar su calidad de tal, y se presume tal
aceptación cuando intervienen en el contrato de fideicomiso, cuando realizan actos que inequívocamente la
suponen o son titulares de certificados de participación o de títulos de deuda en los fideicomisos financieros.
Pueden ser varios los beneficiarios quienes, salvo disposición en contrario, se benefician por igual, y
también se estipula que ante la no aceptación o renuncia de uno más de los beneficiarios designados, se
puede acordar que el resto pueda acrecer o designar sustitutos. Ahora bien, también se determina un sistema
de reemplazo para el caso en el que ninguno de los beneficiarios acepte, en tal caso el beneficiario será el
fideicomisario, y, en su defecto, el fiduciante.
El fiduciario, conforme dispone el artículo 1673 del Código Civil y Comercial, en una innovadora
decisión legislativa, puede ser beneficiario. Como ya fuera mencionado, la Comisión Nacional de Valores,
prohíbe para los fideicomisos financieros, que coincidan las condiciones de fiduciario y beneficiario en una
misma persona.
Nada impide que el Estado (nacional, provincial o municipal) pueda ser beneficiario. Podría ser tenedor
de títulos valores emitidos y ofertados públicamente en el marco de la ley 26.831, como así también de
fideicomisos que así lo prevén específicamente, como es el creado por ley de la provincia de Buenos Aires
12.726, donde el Banco de la Provincia de Buenos Aires es el fiduciante, el Comité de Administración
Fiduciaria ley 12.726 es el fiduciario y la provincia es la beneficiaria.
El derecho del fiduciario se limita a la existencia del fideicomiso y resulta transmisible por actos entre
vivos o por causa de muerte, excepto disposición en contrario del fiduciante. Se condice con lo anterior la
decisión legislativa en punto a que a la muerte del beneficiario, se extingue el derecho, sin que opere la
transmisión a los herederos, como si integrara el acervo hereditario.
Es facultad del beneficiario exigir la rendición de cuentas del fiduciario, lo cual se vincula con la
posibilidad de solicitar judicialmente su remoción, con sustento en el incumplimiento de sus funciones, para
lo cual es necesario conocer el manejo del patrimonio fideicomitido. También el beneficiario puede, en la
medida de su interés, reclamar por el debido cumplimiento del contrato y la revocación de los actos
realizados por el fiduciario en fraude a sus intereses, sin perjuicio de los derechos de los interesados de
buena fe.
23
d) fideicomisario
El artículo 1666 del Código Civil y Comercial diferencia en el concepto de fideicomiso la figura del
beneficiario de la del fideicomisario, que debe ser identificado en el contrato, o bien la manera de
determinarlo. En esta línea, poseen regulaciones particulares. En efecto, el artículo 1672 del Código dispone
que es la persona a quien se transmite la propiedad al concluir el fideicomiso. Puede ser el fiduciante, el
beneficiario, o una persona distinta de ellos.
Para constituirse como fideicomisario se requiere su aceptación, y si ello no ocurre, o todos los
fideicomisarios renuncian o no llegan a existir, el fideicomisario es el fiduciante.
En el trust anglosajón, como ya fuera mencionado, la figura del fideicomisario está fundida con la del
beneficiario. Pero el legislador argentino, prefirió esta diferenciación donde el fideicomisario, a diferencia
del beneficiario, será el titular del remanente o el destinatario final de la propiedad.
En caso de renuncia o no aceptación de uno o más designados los otros podrá acrecer o, en su caso, se
designarán fideicomisarios sustitutos. Si ningún fideicomisario acepta, todos renuncian o no llegan a existir
el fideicomisario es el fiduciante.
El fideicomisario puede: solicitar la rendición de cuentas al fiduciario, su remoción en sede judicial por
incumplimiento de las obligaciones a cargo del fiduciario o por hallarse imposibilitado material o
jurídicamente para el desempeño de su función, y puede, en la medida de su interés, reclamar por el debido
cumplimiento del contrato y la revocación de los actos realizados por el fiduciario en fraude de sus intereses,
sin perjuicio de los derechos de los terceros interesados de buena fe. En este sentido, al igual que ocurre con
otras normas del Código, los terceros de buena fe no pueden verse perjudicados por la acción por fraude que
se habilita a los beneficiarios y fideicomisarios respecto del fiduciario.
4. Objeto
24
Pueden ser objeto del fideicomiso todos los bienes que se encuentran en el comercio, incluso
universalidades, pero no pueden serlo las herencias futuras. Así se encuentra regulado el objeto del contrato
en estudio en el artículo 1670 del Código Civil y Comercial.
El contrato debe contener una individualización de los bienes objeto del contrato. En caso de no ser
posible tal individualización a la fecha de la celebración del fideicomiso, debe constar la descripción de los
requisitos y características que deben reunir los bienes, y, asimismo, deberá determinarse el modo en que
otros bienes pueden ser incorporados al fideicomiso, en caso de existir este procedimiento.
Entonces, el contrato de fideicomiso puede tener por objeto cualquier género de cosas inmuebles o
muebles, y también créditos, derechos intelectuales, patentes de invención, etcétera, en tanto sean
transferibles. Sentado ello, cabe precisar que pueden serlo los bienes futuros e incluso cosas ajenas, en el
marco de lo dispuesto por los artículos 1007 y 1008 del Código Civil y Comercial, pues la definición dada
por el artículo 1666 de ese cuerpo legal permite que el fiduciante, al momento de la celebración del acuerdo,
transmita, o bien, se comprometa a transmitir la propiedad de bienes al fiduciario. Ante la falta de la
transmisión prometida, el fiduciante incurre en un incumplimiento contractual que así podrá ser reclamado.
El artículo 15, del Código Civil y Comercial, dentro del Capítulo 4, del Título Preliminar, establece que
las personas son titulares de los derechos individuales sobre los bienes que integran su patrimonio conforme
lo que establece el código. Esos derechos, según reza el artículo 16, “pueden recaer” sobre bienes
susceptibles de valor económico. Es decir, el Código deja abierta la posibilidad de que el patrimonio pueda
estar integrado por bienes que no posean valor económico. Al respecto, no puede dejar de mencionarse que
el cuerpo humano y sus partes, tales como las piezas anatómicas, órganos, tejidos, células, genes, que
pueden ser separados del cuerpo humano, aislados, identificados y luego transplantados, patentados,
transferidos, e inclusive comercializados, integran ahora el concepto jurídico de bien.
El Código Civil y Comercial admite la categoría de objeto de derechos a aquellos bienes que no posean
un valor económico, sino afectivo, terapéutico, científico, humanitario o social. De tal forma, el valor que
configura un elemento de la tipicidad de la noción de bien, concurre en el caso, ya media un valor afectivo
(que representa un interés no económico para su titular), terapéutico (valor para la curación de
enfermedades), científico, humanitario, social.
En este sentido, el artículo 1004 del Código Civil y Comercial al enunciar los objetos prohibidos, deja a
salvo la posibilidad de que el objeto pueda consistir en derechos sobre el cuerpo humano, para lo cual serán
de aplicación los artículos 17 y 56. El artículo 17 dispone que los derechos sobre el cuerpo humano o sus
partes no tiene valor comercial, sino afectivo, terapéutico, científico, humanitario o social y sólo pueden ser
disponibles por su titular siempre que se respete alguno de sus valores y según lo dispongan las leyes
25
especiales. A su vez, el artículo 56 prohíbe los actos de disposición del propio cuerpo que ocasionen una
disminución permanente de su integridad y resulten contrarios a la ley, la moral y las buenas costumbres,
excepto que sean requeridos para el mejoramiento de la salud de la persona, y excepcionalmente de otra
persona, de conformidad a lo dispuesto en el ordenamiento jurídico.
Entonces cabría preguntarse si pueden las partes del cuerpo ser objeto del contrato de fideicomiso, y más
allá de lo opinable que pueda resultar, la respuesta afirmativa se impone, con las limitaciones legales que no
sólo surgen del ordenamiento privado sino que se desprenden de la Constitución Nacional y de los tratados
internacionales.
En cuanto aquí interesa, el Código Civil y Comercial define a las cosas como los bienes materiales,
siendo, al igual que ocurría en el Código Civil derogado, aplicables las reglas referentes a las cosas a la
energía y a las fuerzas naturales susceptibles de ser puestas al servicio del hombre. Se admiten ahora
expresamente las universalidades como objeto del contrato de fideicomiso, lo cual fue un avance legislativo,
en tanto su procedencia era discutida. Recuérdese que el texto original del artículo 2662, definía al dominio
fiduciario, como aquel que se adquiere en razón de un fideicomiso singular, y que la reforma de la ley
24.441, suprimió tal requisito, dejando abierta la posibilidad de que el fideicomiso se constituya sobre la
generalidad o integralidad del patrimonio.
En este punto, es necesario distinguir entre el objeto del contrato que puede consistir en toda clase de
derechos patrimoniales –personales y reales-, con el dominio fiduciario que pueda resultar de él, que solo
puede recaer sobre cosas. El objeto del contrato es más amplio y puede tratarse de bienes inmuebles,
muebles, cosas divisibles, principales, accesorias, consumibles, fungibles, como así también los frutos y
productos, con la limitación impuesta por el artículo 1003 del Código Civil y Comercial, y siempre que
puedan ser comercializados.
En cuanto a la prohibición de pactos de herencia futura, cabe precisar que tiene correlato con lo
dispuesto por el artículo 1010 del Código Civil, que establece que la herencia futura no puede ser objeto de
los contratos ni tampoco pueden serlo los derechos hereditarios eventuales sobre objetos particulares.
Dicho impedimento legal se ve reforzado en el Libro Quinto sobre transmisión de derechos por causa de
muerte, donde se establece que las herencias futuras no pueden ser aceptadas ni renunciadas. En línea con
todo ello, el artículo 2449 del Código unificado dice que es irrenunciable la porción legítima de una sucesión
aún no abierta, lo que impide contratar sobre los bienes que la conforman.
Sin embargo, este artículo 1010 prevé una excepción: “[L]os pactos relativos a una explotación
productiva o a participaciones societarias de cualquier tipo, con miras a la conservación de la unidad de la
gestión empresaria o a la prevención o solución de conflictos, pueden incluir disposiciones referidas a
26
futuros derechos hereditarios y establecer compensaciones en favor de otros legitimarios. Estos pactos son
válidos, sean o no parte el futuro causante y su cónyuge, si no afectan la legítima hereditaria, los derechos
del cónyuge, ni los derechos de terceros.”.
Esta excepción tiene un impacto importante en la mecánica de este instituto dada la utilidad de su
estructura para canalizar fines de naturaleza testamentaria, lo cual se remonta a su origen histórico. En
efecto, promoverá los fideicomisos de planeamiento familiar o patrimonial, con resguardo de los principios
básicos del derecho sucesorio. En relación con ello, corresponde tener presente lo dispuesto por el artículo
2448 que permite que al causante disponer, por el medio que estime conveniente, incluso mediante un
fideicomiso, además de la porción disponible.
Como señala Lisoprawski, el artículo 1010 se refiere a “explotación productiva”, que es un concepto
económico más que jurídico, y a “participaciones societarias de cualquier tipo”, es decir, no lo limita a un
tipo societario o una forma jurídica determinada, y la finalidad del pacto de ser “la conservación de la
unidad de la gestión empresaria” o bien “la prevención o solución de conflictos”. Ello denota una gran
amplitud en el alcance de la norma, siempre en el marco de las reglas sucesorias aplicables, sin perjudicar la
legítima hereditaria, los derechos del cónyuge, ni de los terceros.
Sobre esos bienes se constituye una propiedad fiduciaria que se rige por lo dispuesto en el Capítulo 31,
del Título IV “Contratos en particular” –arts. 1701-1707-. Se define allí al dominio fiduciario como aquél
que se adquiere con razón de un fideicomiso constituido por contrato o por testamento, y está sometido a
durar solamente hasta la extinción del fideicomiso, para el efecto de entregar la cosa a quien corresponda
según el contrato, el testamento o la ley.
5. Plazo
El artículo 1668 del Código Civil y Comercial, en concordancia con lo dispuesto en el derogado artículo
4 de la ley 24.441, establece que el plazo máximo de existencia del fideicomiso es de treinta años desde la
celebración del contrato. Constituye una exigencia legal que el plazo o condición a que se sujeta la
propiedad fiduciaria debe figurar en el contrato de fideicomiso.
Ese plazo legal resulta imperativo y como tal indisponible para las partes. En consonancia con ello, la
norma prevé que si se pacta uno superior, se reduce al tiempo máximo establecido. En tales condiciones,
pasados treinta años, sin que se haya cumplido la condición, cesa el fideicomiso y los bienes deben
transmitirse por el fiduciario a quien se designa en el contrato, en principio, al fideicomisario. A falta de
estipulación al respecto debe transmitirse al fiduciante o a sus herederos.
27
El ordenamiento legal exceptúa de esta regla a aquellos contratos en los cuales el beneficiario sea una
persona incapaz o con capacidad restringida, caso en el que puede durar hasta el cese de la incapacidad o de
la restricción a su capacidad, o su muerte. Conforme señala LISOPRAWSKI, el nuevo código no contempla,
como hubiese sido recomendable, la posibilidad de una mayor extensión para los fideicomisos constituidos
con un fin de interés general o público, especialmente de carácter cultural, educativo, filantrópico, religioso
o científico que –por su objeto y finalidad- requieren una mayor extensión del tiempo de vida.
En ese contexto, son causales de extinción del fideicomiso el cumplimiento del plazo o la condición a
que se ha sometido, o el vencimiento del plazo máximo legal.
Ahora bien, el cumplimiento del plazo no importa el cese de las funciones del fiduciario, pues el propio
código impone a éste obligaciones luego de extinguido el fideicomiso cuales son entregar los bienes
fideicomitidos al fideicomisario o a sus sucesores, otorgar los instrumentos y contribuir a las inscripciones
registrales que correspondan.
6. Efectos
Son efectos del fideicomiso la creación de un patrimonio especial, separado de los del fiduciante y
fiduciario, y la constitución de un dominio fiduciario sobre los bienes fideicomitidos.
El principio de patrimonios separados, eje central del mecanismo del fideicomiso, sigue la misma
solución que la adoptada por la ley 24.441 y tiene su antecedente en el proyecto de ley francesa de fiducia y
el Código de Quebec. El diario de sesiones de la Cámara de Diputados de la Nación de la 33ª reunión
celebrada los días 16 y 17 de noviembre de 1994, mencionaba como antecedentes el referido Código de
28
Quebec y el “proyecto de ley de fiducia francés”, que fue convertido en ley el 19/02/07 y que modificó el
Código Civil Francés en el Título XIV “de la fiducia”, del Libro III.
La “fiducia” está definida en el artículo 2011 del Código Civil francés como la operación por la cual una
o varias personas (constituyentes o fiduciantes) transfieren bienes muebles o inmuebles, derechos o
garantías, o un conjunto de bienes, de derechos o de garantías, presentes o futuros (patrimonio fiduciario), a
una o varias personas (fiduciarios) quienes, manteniéndolos separados de su propio patrimonio, actúan para
lograr un determinado fin en beneficio de una o varias personas (beneficiarios). La fiducia puede tener
origen legal o convencional, pero, en todo caso, ha de ser expresa.
Por su parte, el Código Civil de Quebec define al fideicomiso como un acto por el cual una persona, el
constituyente, transfiere bienes a otro, para afectarlos a un fin particular que el fiduciario se obliga a realizar.
En su artículo 1261 establece que el patrimonio fiduciario, conformado por los bienes transferidos por el
fiduciante, constituye un patrimonio de afectación autónomo y distinto del correspondiente al fiduciante, al
fiduciario o al beneficiario.
La regulación argentina sobre fideicomiso crea de tal forma, un patrimonio de afectación que queda
exento de la acción singular o colectiva de los acreedores del fiduciario. Tampoco pueden agredir los bienes
fideicomitidos los acreedores del fiduciante, quedando a salvo las acciones por fraude y de ineficacia
concursal. Los acreedores del beneficiario y del fideicomisario pueden subrogarse en los derechos de su
deudor.
El código, al igual que lo hacía la ley 24.441, deja a salvo la acción por fraude y de ineficacia concursal,
lo cual tiene su fundamento en evitar transmisiones fiduciarias en fraude a la ley, con la finalidad de
sustraerlos de la acción de los acreedores. El fraude supone la desobediencia al derecho, ya que el resultado
disvalioso se obtiene mediante el acogimiento a un sistema jurídico. Es decir que el acto posee una
apariencia de legalidad, pero conduce a un resultado ilegal.
Requiere la concurrencia de dos elementos, uno objetivo: un acto aparentemente legítimo y uno
subjetivo: la intención deliberada de infringir la ley. El fraude a la ley se encuentra expresamente previsto en
el artículo 12, del Código Civil y Comercial, dentro del Título Preliminar, del siguiente modo: “[e]l acto
respecto del cual se invoque el amparo de un texto legal, que persiga un resultado sustancialmente análogo
al prohibido por una norma imperativa, se considera otorgado en fraude a la ley. En ese caso, el acto debe
someterse a la norma imperativa que se trata de eludir”. Con lo cual, resulta lógico que resulte inoponible el
acto ante la existencia de fraude a terceros.
29
Desde otra óptica, la separación de patrimonios tiene efectos en el alcance de la responsabilidad del
fiduciario. Así, los bienes del fiduciario no responden por las obligaciones contraídas en la ejecución del
fideicomiso, las que sólo son satisfechas con los bienes fideicomitidos.
Es decir, que el fiduciario encuentra el límite de su responsabilidad por su actuación en el marco del
contrato, en el patrimonio fideicomitido. Como señalan KIPER y LISOPRAWSKI, por aplicación de los
principios generales, se puede establecer que si el fiduciario, en el ejercicio de su función de administrar un
patrimonio, en interés ajeno, ocasiona un daño por su culpa o dolo, está obligado a repararlo, salvo el que se
deba a caso fortuito o fuerza mayor. De conformidad con ello, el segundo párrafo del artículo 1687 del
Código Civil establece que el límite a la responsabilidad del fiduciario previsto legalmente, circunscripto a
los bienes fideicomitidos, no impide la procedencia de su responsabilidad por aplicación de los principios
generales, si así corresponde. Deberá tenerse en cuenta, a los efectos de evaluar su responsabilidad, el
standard del “buen hombre de negocios” exigido por ley.
Ante la falta de contratación del seguro obligatorio o cuando resulte irrazonable en la cobertura de
riesgos y costos, el fiduciario es responsable en los términos de los artículos 1757 y concordantes. Este
artículo prevé que toda persona debe responder por el daño causado por el riesgo o vicio de las cosas, o de
las actividades que sean riesgosas o peligrosas por su naturaleza, por los medios empleados o por las
circunstancias de su realización. La responsabilidad es objetiva, y no son eximentes la autorización
administrativa para el uso de la cosa o la realización de la actividad, ni el cumplimiento de las técnicas de
prevención.
Ahora bien, la insuficiencia de los bienes fideicomitidos para atender a las obligaciones, no da lugar a la
declaración de la quiebra del fideicomiso, sino a su liquidación, en el marco de lo previsto contractualmente,
a cargo del juez competente, quien debe fijar el procedimiento sobre la base de las normas previstas para
concursos y quiebras, en lo que sea pertinente.
Sobre los bienes fideicomitidos se constituye una propiedad fiduciaria, regida por las disposiciones del
Código Civil y Comercial –Capítulo 30, del Título IV “Contratos en particular”-, y por las que correspondan
30
a la naturaleza de los bienes. Si son varios beneficiarios, se establece entre ellos un condominio y los actos
de disposición deben ser otorgados por todos conjuntamente, excepto pacto en contrario, y ninguno de ellos
puede ejercer la acción de partición mientras dure el fideicomiso.
El Código prevé como consecuencia natural de la propiedad fiduciaria que se constituye, salvo pacto en
contrario, que los frutos y productos de los bienes fideicomitidos y de los bienes que adquiera con esos
frutos y productos o por subrogación real respecto de todos esos bienes, son adquiridos por el fiduciario.
Claro es que, en el marco del contrato suscripto, en el supuesto en el que los frutos y productos sean
adquiridos por el fiduciario este patrimonio no se confunde con el personal de aquél, en los términos del
artículo 1685 del Código. Los frutos son los objetos que un bien produce de modo renovable, sin que se
altere o disminuya su sustancia. Los frutos naturales son las producciones espontáneas de la naturaleza, los
industriales son los que se producen por la industria del hombre o la cultura de la tierra, y los frutos civiles
son las rentas que la cosa produce. Por su parte, los productos son los objetos no renovables que separados o
sacados de la cosa alteran o disminuyen su sustancia. Por la sistemática del fideicomiso, es posible que los
frutos se destinen (luego de la deducción de los gastos y remuneración a favor del fiduciario) al beneficiario.
Ello debe surgir de las estipulaciones contractuales que limitan o imponen obligaciones al fiduciario.
El fiduciario que detenta la propiedad de los bienes, puede, en virtud de ello, realizar actos de
disposición, como así también sujetarlos a gravamen, cuando lo requieran los fines del fideicomiso, sin que
sea necesario el consentimiento del fiduciante, del beneficiario o del fideicomisario. No obstante, también
pueden limitarse estas facultades, lo cual deberá constar en el contrato (cf. art. 1667 CCCN) y en los
registros correspondientes cuando se trate de bienes registrables. Y dichas limitaciones no son oponibles a
terceros interesados de buena fe, sin perjuicio de los derechos respecto del fiduciario.
El parámetro del accionar del fiduciario lo dan los fines del fideicomiso, que operan como límites
expresos a los fines de evaluar la procedencia de los actos de disposición y la constitución de gravámenes
sobre los bienes fideicomitidos. Todo ello además deberá ser evaluado, a los efectos de establecer la
responsabilidad del fiduciario, a la luz del standard de conducta previsto por el artículo 1674 del Código –
cumplir las obligaciones impuestas por la ley y por el contrato con la prudencia y diligencia de un buen
hombre de negocios que actúa sobre la base de la confianza depositada en él- y de conformidad con lo
dispuesto por el artículo 1725 de ese cuerpo legal. Este último artículo, como ya fue mencionado, exige
mayor diligencia al agente cuanto mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las
cosas. Agrega, en un segundo párrafo plenamente aplicable a este contrato, que cuando existe una confianza
especial, se debe tener en cuenta la naturaleza del acto y las condiciones particulares de las partes.
31
No cabe confundir propiedad fiduciaria con dominio fiduciario, ya que la primera abarca, además del
dominio fiduciario, otros derechos. En este sentido, es necesario precisar que el artículo 1701 del Código
Civil y Comercial define al dominio fiduciario como el que se adquiere con razón de un fideicomiso
constituido por contrato o por testamento, y está sometido a durar solamente hasta la extinción del
fideicomiso, para el efecto de entregar la cosa a quien corresponda según el contrato, el testamento o la ley.
Es decir, que cabe admitir la posibilidad de que sean transmitidos en propiedad fiduciaria derechos que
no sean cosas, como por ejemplo un usufructo. LÓPEZ DE ZAVALÍA señala que puede ser objeto de propiedad
fiduciaria cualquier otro derecho que no sean cosas. Esto responde a la identificación que suele hacerse entre
cosa y dominio pleno, por lo que bienes que no sean cosas deberá entenderse también a los derechos reales.
Por ejemplo, si el fiduciante constituye un usufructo sobre un inmueble y transmite este derecho en el marco
de un contrato de fideicomiso, reservándose la nuda propiedad.
La regulación referida a dominio fiduciario, está ubicado dentro del Libro Tercero dedicado a los
Derechos Personales, en el Capítulo 31 del Título IV, fuera del Libro Cuarto sobre Derechos Reales. Tal vez
por considerarse un dominio imperfecto o modalizado, que está destinado a extinguirse como consecuencia
del cumplimiento del plazo –máximo legal del art. 1668 CCCN o convencional- o la condición, o por las
causales previstas en el artículo 1697 del Código Civil y Comercial, y en el que pueden preverse
limitaciones a las facultades de disposición y administración de su titular.
En este sentido, el artículo 1703 de ese ordenamiento jurídico prescribe que el dominio fiduciario hace
excepción a la normativa general del dominio y, en particular, del dominio imperfecto en cuanto es posible
incluir en el contrato las limitaciones a las facultades del propietario contenidas en los Capítulos 30 y 31 del
Título IV del Libro Tercero. Si bien el principio es el ejercicio de todas las facultades del dueño pleno, los
actos del fiduciario tienen la limitación que dan los fines del fideicomiso y las disposiciones contractuales,
sin afectar los derechos de los adquirentes de buena fe y a título oneroso, pero responsabilizando al
fiduciario por los actos ajenos a ese fin.
Una novedad legislativa es la readquisición del dominio perfecto. Al respecto el artículo 1706 prevé
que, producida la extinción del fideicomiso, el fiduciario de una cosa queda inmediatamente constituido en
poseedor a nombre del dueño perfecto. Si la cosa es registrable y el modo suficiente consiste en la
inscripción constitutiva, se requiere la readquisición; si la inscripción no es constitutiva, se requiere a efecto
de su oponibilidad. Esto significa que si se extingue el fideicomiso, para que el fideicomisario –o quien
tenga el derecho a la cosa- adquiera el dominio, no es menester la tradición, ya que el fiduciario se convierte
automáticamente en tenedor; se trata de un caso de constituto posesorio. En algunos supuestos, la
inscripción tendrá efectos constitutivos (vgr. automotores, decreto-ley 6582/58), por lo que sí se hace
32
necesaria la inscripción para la denominada readquisición; y en otros declarativos (vgr. inmuebles, cf. arts.
1892 y 1893), por lo que la inscripción registral tendrá efectos publicísticos.
Finalmente, el artículo 1707 dispone que cuando la extinción no es retroactiva son oponibles al dueño
perfecto todos los actos realizados por el titular del dominio fiduciario. Si la extinción es retroactiva el
dueño perfecto readquiere el dominio libre de todos los actos jurídicos realizados. Entonces, la extinción
será retroactiva si media la nulidad de actos realizados por el fiduciario y no hay terceros de buena fe, a
título oneroso. En tales supuestos, el dueño perfecto readquiere el dominio libre de todos los actos
realizados.
7. Extinción
El plazo, como elemento accidental del contrato, es, en principio, determinado por las partes. Sin
embargo, el artículo 1668 del Código Civil y Comercial pone como límite máximo para la existencia del
fideicomiso, treinta años desde su celebración. Esta norma posee naturaleza imperativa, indisponible para las
partes.
En supuestos en los que el beneficiario sea una persona incapaz o con capacidad restringida, el código
prevé que el plazo puede extenderse hasta el cese de la incapacidad o de la restricción a su capacidad, o su
muerte.
Cumplida la condición a la cual se sujetó el fideicomiso, se extinguirá con los efectos que más adelante
se detallarán.
también la tutela del buen funcionamiento del mercado de capitales, como parte esencial del sistema
financiero, cuyo control está a cargo de la Comisión Nacional de Valores.
La oferta pública de valores negociables importa la asunción de obligación y deberes que tienen
contrapartida en la tutela preferente que, como se señaló, la Carta Magna pone en cabeza de los
consumidores financieros.
El ordenamiento legal deja a salvo la posibilidad de que las partes prevean una causal distinta que
extinga el contrato, en el marco de la autonomía de la voluntad. En efecto, tal como dispone el artículo 958
del Código Civil y Comercial, las partes son libres para celebrar un contrato y determinar su contenido,
dentro de los límites impuestos por la ley, el orden público, la moral y las buenas costumbres.
Producida la extinción del fideicomiso, el fiduciario está obligado a entregar los bienes fideicomitidos al
fideicomisario o a sus sucesores, a otorgar los instrumentos y a contribuir a las inscripciones registrales que
correspondan.
No obstante, es dable afirmar que la extinción del contrato puede no coincidir, desde el punto de vista
temporal, con el cese de las funciones del fiduciario, desde que, como se señaló en el párrafo anterior, la
propia ley le impone la obligación de llevar a cabo ciertos actos que habrán de cumplirse luego de cumplido
el plazo o acaecida la condición que habilite a tener por extinguido el contrato.
duda en torno del aspecto sustancial de la legitimación. El tribunal agregó que el solo hecho del vencimiento
no quita ipso iure toda legitimidad al fiduciario.
Por otra parte, la regulación prevé la liquidación del patrimonio fideicomitido ante insuficiencia de
activo para atender las obligaciones derivadas del fideicomiso, que está a cargo del juez competente, el cual
debe fijar el procedimiento sobre la base de lo dispuesto por la ley de Concursos y Quiebras. La ley deja
afuera la posibilidad de la quiebra directa, a pedido del acreedor o del propio deudor, como así también la
quiebra indirecta, la extensión de la quiebra, el concurso preventivo y el acuerdo preventivo extrajudicial.
Todo ello, por cuanto el fideicomiso es un contrato y, en tal contexto, tanto los acreedores como las partes
del contrato solo tienen acceso a las acciones individuales pero no a las colectivas.
En relación con esto último, la Sala A de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial, señaló
que la voluntad del legislador ha sido, sin duda, excluir de los sujetos pasibles de ser declarados en quiebra
el patrimonio separado conformado por los bienes fideicomitidos. Al respecto, el tribunal sostuvo que del
contexto normativo surge que la insuficiencia de los bienes fideicomitidos para atender tales obligaciones no
da lugar a la declaración de quiebra del fideicomiso, sino que tal como lo prevé su régimen regulatorio
debería procederse a su liquidación. La ley específica que regula esta materia establece con absoluta claridad
que el patrimonio fideicomitido no se halla sujeto al régimen de la ley concursal, siendo insusceptible de
falencia, se trate de un fideicomiso común o financiero.