PEC Prehistoria
Temas abordados
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Temas abordados
IBÉRICA
PRUEBA DE EVALUACIÓN CONTINUA BLOQUE A
JOSÉ ALONSO UREBA ANILLO
NIF: 75775021A – GRADO GEOGRAFÍA E HISTORIA –
CENTRO ASOCIADO DE CÁDIZ
Actividad nº1 del Tema IV. Realiza un estudio del modelo de movilidad logística
planteada en esta lámina, que ilustra la planificación de las actividades de caza
realizadas en los yacimientos de Torralba y Ambrona. El modelo fue planteado
por Karl W. Butzer y responde a un patrón de “concentración estacional de
recursos” basado en una caza estacional (durante los meses de primavera y
otoño) en relación con los movimientos migratorios de las manadas de
elefantes que se desplazaban entre las tierras altas y bajas en ciclos anuales.
Aunque eran conocidos desde finales del siglo XIX, los depósitos no fueron excavados hasta 1909
por el marqués de Cerralbo, y más tarde, durante el segundo franquismo (1959 – 1975), por un
equipo multidisciplinar dirigido por el prehistoriador estadounidense Francis Clark Howell, con el
que colaboraron, desde principios de los 60, el paleontólogo español Emiliano Aguirre, primer
director del proyecto de investigación de Atapuerca, y el paleoantropólogo americano Leslie
Gordon Freeman. Ello fue posible gracias a la apertura política del régimen dictatorial. Ya en los
90 se realizaron trabajos de campaña a cargo de Manuel Santonja y Alfredo Pérez-González.
Los restos hallados en las distintas excavaciones se encuentran actualmente repartidos por varios
museos, principalmente en Madrid y Soria.
La cantidad de herramientas líticas halladas en los niveles del complejo inferior de Ambrona (AS1-
AS5), y también en Torralba, parecen corresponder con cadenas operativas, a juzgar por el
elevado componente que suponen los restos de talla y la existencia de verdaderos remontajes.
Éstas fueron trabajadas en distintos materiales, como el sílex, la cuarcita o la caliza, y son
representativas de la industria Achelense Medio (Modo
Tecnológico 2), fase caracterizada por la presencia de bifaces
y hendedores con formas regulares, el uso de percutores
blandos, el empleo poco intensivo de técnicas de talla
Levallois y un abundante repertorio de útiles en lascas
retocadas. A estos hallazgos se añaden, además, los núcleos
y cantos tallados. Los bifaces eran multifuncionales y servían
tanto para cortar, como para raspar y perforar; en el caso del
hendedor (o hendidor), se utilizó a modo de gran cuchillo para
cortar partes blandas de sus presas. De los núcleos se
extraían las lascas para crear, mediante retoques, diferentes
piezas, como las raederas, utilizadas tanto para raer como
para cortar. En cuanto a los útiles tallados sobre cantos
rodados o choppers, posiblemente eran usados tanto para
Figura 2. Hendedor achelense de extraer lascas como una herramienta directamente. El
sílex hallado en el yacimiento desarrollo de estas tecnologías se ha vinculado con un
soriano de Torralba. aumento del índice de encefalización, que dio lugar al Modo
Tecnológico 3 o Musteriense, propio del Paleolítico Medio (350 – 28 Ka.), donde se produce un
aprovechamiento más eficiente de la materia prima.
Aunque no se han hallado restos óseos de los homininos que crearon esta industria lítica en los
yacimientos, se puede deducir su identificación gracias a su correlación con otros restos
arqueológicos de similar edad (Sima de los Huesos de Atapuerca, Burgos), y a evidencias de
actividades antrópicas en restos óseos de elefantes. Se trata de la especie Homo
Heidelbergensis, que manipularía estos restos líticos entre 339 y 303 Ka BP, intervalo
correspondiente con las fases paleoclimáticas OIS 9 y 8, pudiendo ser Ambrona un poco más
antigua (hasta 362 Ka BP). Esta cronología ha sido obtenida a través de la combinación de
métodos de datación radiogénicos (resonancia magnética del espín electrónico o ESR) e
isotópicos (series del uranio). Mientras que el rango cronológico del ESR está entre 5.000 años
y 1 Ma., en el caso del análisis Ur/Th, el rango de edades se extiende desde hace pocos años
hasta 350 Ka BP.
Las causas de la extinción del H. Heidelbergensis no están claras, aunque las pocas pruebas
arqueológicas obtenidas en el nivel TD7 de la Gran Dolina de Atapuerca apuntan a una baja
densidad demográfica acusada en esta especie, y a la mala adaptación a los cambios
climáticos (fase glaciar Riss II), que forzaron a las pocas poblaciones que quedaban a distribuirse
por territorios más amplios de la Península Ibérica en busca de los escasos recursos, provocando
la fragmentación y decadencia de las mismas entre 230 y 200 Ka BP.
En este contexto, los prehistoriadores Freeman y Howell interpretaron estos yacimientos como
“mataderos de elefantes”, donde estos humanos organizaban partidas de caza para acorralar y
atrapar a los proboscídeos y équidos en las ciénagas, además de otras especies herbívoras de
tamaño medio-grande, como rinocerontes (Stephanorhinus hemitoechus), bóvidos (Bos
primigenius) y cérvidos, como el
corzo (Capreolus capreolus). Por
lo tanto, según esta teoría
estaríamos ante una estación de
caza, a tenor de la enorme
acumulación de cadáveres de
estos animales en la zona. Sin
embargo, en los años ochenta el
investigador Lewis Binford
contradijo esta hipótesis,
argumentando que la obtención de
proteínas animales sólo la podía
suministrar el carroñeo
ocasional, ante la teórica
incapacidad del H.
Heidelbergensis de ejecutar Figura 3. Recreación del Palaeoloxodon antiquus a tamaño natural en
cualquier actividad cinegética y el las cercanías del Museo paleontológico de Ambrona.
descubrimiento en la zona de
restos de carnívoros, como el lobo de Mosbach (Canis lupus mosbachensis) o el león de las
cavernas (Pantera leo fossilis), que serían los autores que verdaderamente abatieron a las presas.
Hoy en día la caza y el carroñeo son válidos complementos como medios para conseguir este
preciado manjar, también compatible con una manutención vegetariana y, quizá en ocasiones
excepcionales, con la práctica del canibalismo. En cuanto a estos yacimientos concretos,
actualmente son interpretados como simples lugares donde iba la fauna moribunda, que era
visitada y aprovechada oportunamente por esta especie humana.
Según los últimos indicios arqueológicos, se cree que estos humanos heidelbergensis se
agrupaban en pequeñas comunidades de nómadas compuestas por un mínimo de 25 miembros
dedicados a una economía depredadora, recorriendo amplios territorios para la búsqueda
constante de recursos; y vivían en campamentos perecederos construidos con ramas y/o cueros.
En particular, los habitantes de los entornos de Torralba y Ambrona se asentaron en un paso de
montaña de baja altitud, en un ambiente fluvial o lacustre-palustre que les proporcionaba, además
de cobijo, una fuente constante de agua e importantes concentraciones de fauna y flora en un
mismo lugar. Todo esto les ayudaba a subsistir durante un largo periodo de tiempo. Además, se
movían por el medio para conseguir otros recursos alimenticios, como la materia cárnica y ósea
de los grandes herbívoros fallecidos de forma natural o abandonados por otros depredadores; y
materias primas como la madera (procedente de bosques próximos) para los hogares en los que
se asentaban, ya fuera de forma temporal o semi-permanente; o rocas silíceas y cantos rodados
para elaborar útiles que les permitían, entre otras funciones, cazar especies de tamaño pequeño
(por ejemplo ánsares) y mediano (como ciervos y gamos), cortar su carne y procesar sus pieles
para abrigarse o crear estructuras de habitación.
La elección de la ubicación de estos asentamientos sería esencialmente racional, aunque esto no
quiere decir que sus condiciones fueran óptimas ni que fueran exclusivamente económicas.
Encontrar un lugar habitable dependía del espacio de aprovechamiento de recursos y de la
tecnología, además de distintos elementos como la planificación y la población. El principal
objetivo de la planificación del avituallamiento era asegurar un aprovisionamiento eficaz de
alimentos y materias primas, y mantener al mismo tiempo un equilibrio razonable entre el esfuerzo
realizado tanto para la captura de presas como para la cosecha de vegetales, y los aportes
calóricos de estos recursos. En cuanto a los objetivos secundarios, formarían parte las
preferencias y la variedad alimenticia, las funciones de veneración de los víveres y de las
actividades relativas a su obtención, y la diferenciación de los roles sexuales. Por lo tanto, además
de influir los elementos socioculturales, es principalmente el aprovechamiento de los recursos
disponibles lo que determina la temporalidad de los asentamientos y su uso.
En definitiva, a través del estudio del modelo de movilidad logística planteado se puede suponer
que en primavera y otoño, los cazadores acechaban a las manadas migratorias a su paso por las
rutas de montaña o desfiladeros, (tal como se observa en el mapa detallado del ángulo inferior
izquierdo de la figura 4), mientras que, en invierno y verano, estos se subdividían en grupos más
reducidos y se desplegaban por una sucesión de campamentos temporales y efímeros,
seleccionados en función de los recursos en agua, la ubicación de las manadas y la proximidad
de canteras de sílex y cuarcitas.
Actividad nº3 del Tema VII. Realizar un esquema comparativo, a doble entrada,
de las principales características del Musteriense, Chatelperroniense,
Auriñaciense y Gravetiense en la Península Ibérica. Tanto desde el punto de
vista de las culturas materiales como de las manifestaciones simbólicas.
WEBGRAFÍA:
- Portal Oficial de Turismo de la Junta de Castilla y León:
[Link]
- Web del periódico cantábrico El Diario Montañés:
[Link]
- Fundación Dialnet. Hemeroteca de artículos científicos hispanos de la Universidad de La Rioja,
Dialnet:
[Link]
- Plataforma para compartir trabajos de investigación entre académicos [Link]:
[Link]
- Juan Manuel Fernández López. Paleoantropólogo y autor del Blog Paleoantropología hoy:
Actualidad y difusión de las investigaciones paleoantropológicas:
[Link]
- Ángel Rivera Arrizabalaga. Doctor en Prehistoria por la UNED y autor del Blog sobre la conducta,
el pensamiento y el lenguaje en la Prehitoria Arqueologia Cognitiva:
[Link]
- Millán Mozota. Arqueólogo y autor del Blog sobre el Homo Neanderthalensis El Neandertal tonto
¡Qué timo!:
[Link]
- Portal sobre Arte y Cultura en España ArteHistoria:
[Link]
- Michael Kellogg. Web de diccionarios online WordReference:
[Link]
- Darío Villanueva y otros autores. Versión digital del Diccionario de la Real Academia Española:
[Link]
- Enciclopedia de contenido libre Wikipedia:
[Link]
- Web que permite almacenar, vender y compartir fotografías o vídeos en línea Flickr:
[Link]
- Berta López. Presentación del Homo Heidelbergensis de la web para crear y compartir
presentaciones digitales Prezi:
[Link]
The Torralba and Ambrona sites were situated in low-altitude mountain passes within fluvial or lacustrine environments, providing constant access to water and a rich concentration of flora and fauna. This setting allowed the Homo Heidelbergensis to establish long-term camps and a steady resource base. The availability of water, combined with the presence of moribund fauna and seasonal migratory routes, facilitated a combination of hunting and scavenging strategies. The strategic location enabled more efficient planning for migratory patterns of large herbivores, aligning with a semi-permanent settlement model that optimized resource use based on geographic and seasonal availability .
The cultural evolution of the Homo Heidelbergensis in the Iberian Peninsula is reflected in their use of diverse materials and tools. They utilized locally sourced siliceous rocks and pebbles to create Acheulean tools for processing flora and hunting small to medium-sized fauna, such as geese and deer. The presence of strategic camp locations near flint and quartzite quarries indicates a sophisticated understanding of material sourcing. Over time, their toolkits evolved, displaying adaptive manufacturing techniques that catered to both hunting and domestic use, signifying advancements in both technological and cultural capacities to exploit resources optimally .
The various climate phases on the Iberian Peninsula had profound impacts on the adaptability and survival strategies of the Homo Heidelbergensis. During glacial periods, resource scarcity forced nomadic patterns in search of food, increasing reliance on both hunting and scavenging capabilities. The colder climate necessitated the development of insulated shelters and efficient planning for resource procurement to withstand environmental extremes. Conversely, interglacial periods presented more abundant resources, allowing for semi-permanent settlements and the luxury to diversify dietary practices. This adaptability illustrates their resilience and strategic modifications in response to fluctuating climates .
The interpretation of archaeological sites like Torralba and Ambrona has greatly enhanced our understanding of the cognitive and cultural capacities of the Homo Heidelbergensis. These sites suggest sophisticated planning abilities, demonstrated by strategic settlement patterns aligned with resource availability, seasonal animal migrations, and environmental conditions. Evidence of tool production, utilization of materials sourced from distant locations, and complex social structures indicate advanced cognitive skills. Additionally, these interpretations highlight their ability to adapt to changing environments through diversified subsistence strategies, reflecting intricate cultural and logistical proficiency .
Prehistoric communities faced numerous challenges in settling new territories, reflecting broader socio-ecological dynamics. Theoretical challenges included understanding unknown environments, assessing resource availability, and predicting climatic conditions, which required adaptative planning and flexible social structures. Practically, groups had to establish efficient hunting and foraging routes, create shelters, and manage new materials for tool-making, which demanded technological and cultural innovations. These challenges mirrored the dynamics of overcoming ecological limitations while balancing social cohesion, technological advancement, and cultural practices, underscoring the adaptive evolution required to negotiate complex and shifting landscapes .
The strategic selection of camping sites was pivotal in shaping the socioeconomic structures of Homo Heidelbergensis groups. Camps were purposefully located near essential resources such as water, migratory paths of large game, and flint supplies. This enabled efficient resource exploitation, facilitated social organization, and cultural activities around camp hubs. These site selections fostered concentrated areas for tool production, social interactions, and community cohesion through shared resource management. The geographical and strategic choices thus heavily influenced their social hierarchies and economic exchanges, embedding resource access deeply within their societal structures .
The main subsistence strategies of the Homo Heidelbergensis populations during the glacial Riss II phase were a combination of hunting, scavenging, and gathering. Initially, there was debate among prehistorians, with some believing that these populations primarily consumed plant-based diets, while others argued for the crucial role of meat consumption. Freeman and Howell suggested the sites were "elephant butcheries" where organized hunts took place, while Lewis Binford argued for scavenging due to the Homo Heidelbergensis's supposed inability for organized hunting. Evidence indicates a mix of hunting smaller and medium-sized animals, scavenging from large herbivore carcasses, and possibly occasional cannibalism, supported by findings of carnivore remains in the area .
The hypothesis that Homo Heidelbergensis primarily relied on hunting for meat acquisition is contradicted by findings that suggest a significant role of scavenging. Lewis Binford argued that the presence of carnivores like Mosbach wolves and cave lions at these sites indicates that Homo Heidelbergensis often scavenged from kills made by these predators. Furthermore, the evidence of opportunistic scavenging from natural deaths or abandoned kills suggests alternative strategies to direct hunting. This, combined with meat supplementation through plant-based diets, reflects a broader subsistence strategy mix rather than an exclusive reliance on hunting .
The cyclical patterns of animal migrations had a significant effect on the seasonal movements and logistical planning of Homo Heidelbergensis. These populations anticipated the north-south migration of elephants and horses, setting up semi-permanent camps along these natural migration routes during spring and fall. Such strategic placement facilitated efficient hunting and resource collection. In winter and summer, groups would split into smaller units, dispersing to temporary camps aligned with seasonal resources. This understanding of migratory behaviors enabled them to maximize hunting efficiency and ensured stable access to resources throughout the year .
The temporary nature of settlements for hunter-gatherer societies in the late Pleistocene was influenced by logistical factors, such as the need to balance effort and caloric gain from resources, alongside sociocultural elements, like dietary preferences and role differentiation. The settlements were strategically placed near water sources, migratory animal routes, and raw material sites to maximize resource efficiency. Sociocultural elements included ceremonies or rituals related to obtaining food and the division of roles among community members. The influence of such factors resulted in a diverse range of settlement types, including seasonal, temporary, and ephemeral camps tailored to the availability and variety of resources .