INFORME de LECTURA
El CANON del ANTIGUO TESTAMENTO
PABLO N. GONZÁLEZ
EL CANON del ANTIGUO TESTAMENTO – PABLO GONZÁLEZ
INTRODUCCIÓN:
Desde un comienzo la iglesia primitiva tuvo la necesidad de un canon; es decir, tuvo la
necesidad de saber qué libros contienen la revelación de Dios. Por eso, añade Sánchez, «el
canon delimita los libros que los creyentes han considerado como inspirados por Dios para
transmitir la revelación divina a la humanidad».1 En otras palabras, la necesidad del canon
bíblico es para separar los libros considerados como inspirados (en los cuales se encuentra
la revelación de Dios), de los libros que son meramente humanos.
Los propósitos del canon, según la tradición judeocristiana son: (1) definir y conservar la
revelación, para que no sea confundida con las futuras reflexiones relacionadas con ella, (2)
impedir que la revelación escrita sufra cambios o alteraciones, y (3) brindar la oportunidad
de estudiar la revelación y vivir de acuerdo a sus principios y estipulaciones.
El origen de la palabra canon viene del griego kanón, el cual significa: “caña”, “vara
larga” o “listón para tomar medidas”. Este término era comúnmente utilizado por albañiles
y carpinteros. Su equivalente hebreo es la palabra qaneh. Y esta, al igual que kanón, es
traducida como “vara de medir” (Ezequiel 40.5). Finalmente, el castellano y el latín,
transcribieron el termino griego en la palabra “canon”. Este término, incluye Sánchez,
«adquirió un significado metafórico: se empleó para definir las normas o patrones que
sirven para regular y medir».2 De la misma manera, los padres de la iglesia utilizaron este
término para referirse a “la regla de fe” (siglo II d.C.).
Más adelante, en el siglo IV d.C., la palabra canon comenzó a ser utilizada para referirse
al texto bíblico como tal. Probablemente fue Atanasio de Alejandría el primero en utilizar
“canon” para referirse a las Escrituras (367 d.C.). Por lo tanto, cuando nos referimos al
canon de las Escrituras, más bien estamos hablando de la norma de fe de las escrituras. Esto
es porque el canon bíblico constituye la norma de fe.
EL CANON DE LA BIBLIA HEBREA:
El Tanakh, o canon hebreo, se encuentra dividido en tres secciones: Torah (Ley),
Nebi’im (Profetas), y Ketubim (Escritos). En total, la Biblia hebrea está compuesta por 24
libros. Los cuales son idénticos a los 39 que se incluyen en el antiguo testamento
protestante. Esta diferencia numérica es originada por la descomposición del “Libro de los
doce” profetas menores. Además de esto, los libros de Samuel, Reyes, y Crónicas (uno cada
uno en las biblias hebreas), fueron divididos en dos partes. Y finalmente, el libro de Esdras-
Nehemías fue separado, pasando a ser cada uno un libro independiente.
PROCESO DE CANONIZACIÓN:
La teoría tradicionalmente aceptada sobre el proceso de canonización, plantea que las
secciones del Tanakh representan las tres etapas de su formación. Es decir que cada sección
del canon hebreo representa una etapa de canonización. Por lo cual, según esta teoría, la
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Edesio Sánchez, ed. Descubre la Biblia (Sociedades Bíblicas Unidas) , pág. 155
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Ibíd. 156
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torah fue la primera parte del Tanakh en ser reconocida alrededor del V a.C.; esto es, al
concluir el exilio de Israel en Babilonia. Posteriormente se reconoció la sección de los
nebi’im, probablemente al final del siglo III a.C. Y finalmente, la sección de los ketubim
fue incorporada al canon al concluir el “concilio” de Jamnia (Esto es a finales del siglo I
d.C.).
En el nuevo testamento, Jesucristo reconoce la división del Tanakh en tres secciones al
decir que: “era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de mí [Jesús] en la ley de
Moisés, en los profetas, y en los salmos” (Lucas 24.44). Siendo el libro de los Salmos el
primero de los Ketubim (Escritos). De la misma manera, otros textos del Nuevo
Testamento aluden a “la ley y los profetas” (Mateo 7.12; Romanos 3.21). Así también, el
libro apócrifo Eclesiástico (132 a.C.), habla en su prólogo sobre “la ley, los profetas y los
otros libros de nuestros padres [o escritos]”.
A pesar de que el Nuevo Testamento se refiere al Antiguo como “la ley y los profetas”,
no existe evidencia de esta división en los textos del Tanakh. Y si bien el libro Eclesiástico
habla de “la ley, los profetas, y los otros libros”, tampoco existe evidencia de esta división
en los textos judíos antiguos. Sin embargo, esta teoría parece ser lógica y razonable;
además de ser tradicionalmente aceptada.
LA SEPTUAGINTA: EL CANON GRIEGO
La septuaginta, o versión de los setenta, es la versión griega del canon hebreo. Es
conocida por este nombre debido a la leyenda que existe de su formación. Se dice que
fueron 70 o 72 ancianos quienes tradujeron el texto hebreo al griego. Además, otras
versiones del relato incluyen que los ancianos terminaron dicha traducción en tan sólo 72
días. Incluso se dice en círculos judíos y cristianos que cada uno de ellos trabajó
aisladamente, por lo cual, se produjeron 72 versiones idénticas. Es decir que cada traductor
trabajó de forma independiente, pero que a pesar de esto, cada uno escribió el mismo texto
palabra por palabra. Por lo cual, tenemos 72 versiones completamente idénticas, escritas en
72 días por 72 ancianos. A la luz de la lógica humana esto parece un poco irreal, pero todo
esto demuestra el gran aprecio que tenía la iglesia cristiana a esta versión.
La iglesia protestante reconoce los libros adicionales de la septuaginta como “apócrifos”
u “oscuros”. En cambio, la iglesia católica los reconoce como “Deuterocanónico” o
“segundo canon”. Además de estas adiciones existen otros libros, los cuales no fueron
incluidos en el canon hebreo y el griego. Estos son conocidos como “pseudoepigráfos” por
la iglesia protestante, y “apócrifos” por la iglesia católica.
LA IGLESIA Y EL CANON:
Al finalizar el periodo del Nuevo Testamento, la iglesia cristiana continuó utilizando la
septuaginta en sus debates teológicos. De hecho, los escritores cristianos de dicha época
utilizaban esta versión, citando incluso los libros que no se encuentran en la versión hebrea.
Posteriormente en el concilio de Trento (1545 d.C.), se aceptó la autoridad religiosa y
moral de los libros Protocanónicos y Deuterocanónicos. Sin embargo, entre los
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reformadores siempre hubo dudas sobre el segundo canon. Por lo cual Lutero, en su
traducción de 1534, agrupo los libros Deuterocanónicos en una sección llamada
“apócrifos”.
Respecto al problema de aceptación de los libros apócrifos, las comunidades cristianas
“post-reforma” atendió el problema de tres maneras: (1) Se mantuvieron los
Deuterocanónicos en la Biblia, pero separados y con una nota que indicaba que no tenían la
misma autoridad que el resto de las escrituras, (2) según el concilio de Trento, los libros
Deuterocanónicos debían ser aceptados con la misma autoridad del resto de las Escrituras, y
finalmente, (3) Según la confesión de Westminster, el Antiguo Testamento solo debía
incluir los libros del canon hebreo reconocidos como autoridad.
Hoy en día, grupos católicos y protestantes trabajan en unidad para traducir y publicar
Biblias a pesar de sus diferencias. Si bien los libros apócrifos no son considerados como
autoridad bíblica, nos ayudan a conocer la historia, las costumbres y las ideas religiosas del
periodo intertestamentario. O en las palabras de Lutero, la lectura de los Deuterocanónicos
«es útil y buena, [pero] no se iguala con la Sagrada Escritura»3.
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Sánchez, pág. 166