Informe Completo
Informe Completo
Coordinación:
Ximena Antillón Najlis
Autoría:
Ximena Antillón Najlis, Olivia Cortez Corona, Edith Escareño Granados, Alejandra González
Marín, Mariana Mora Bayo, José Raymundo Díaz Taboada, Víctor Ríos Cortázar, Ma. Lizbeth
Tolentino Mayo, Rita Angélica Gómez Melgarejo, Genaro Nava Lozano, Ángel Ruiz Tovar,
Avelina Landaverde Martínez.
Transcripciones
Laura Martínez Saavedra y Javier Abimael Ruiz García
Revisión
Mauricio González González
Corrección de estilo
Leonel Márquez Bermejo
Dibujo de portada:
Niña de 9 años, sobrina de un estudiante normalista desaparecido.
Alentamos la reproducción de este material por cualquier medio, siempre que se respete el crédito
de la autoría.
Agradecimientos
Agradecemos a todas las personas
que participaron en las entrevistas y
reuniones por su confianza:
a los estudiantes víctimas de los ataques
del 26 y 27 de septiembre de 2014, a
los estudiantes heridos y sus familiares,
a los familiares de los estudiantes que
fueron privados de la vida, a los padres,
madres, hermanos y hermanas, esposas
y familiares de los 43 estudiantes
normalistas desaparecidos, y a los niños
y niñas que participaron con sus
juegos y dibujos.
I. Introducción 21
Recomendaciones del GIEI en torno a la atención
y reparación del daño a las víctimas 22
Sobre el presente informe 24
II. Perspectiva psicosocial y conceptos principales
para acercarnos a la experiencia de las víctimas 30
La perspectiva psicosocial 31
Impactos psicosociales por graves violaciones a
los derechos humanos 34
Impactos psicosociales específicos para los
distintos grupos de víctimas 46
Pueblos indígenas, una aproximación pluricultural
a las afectaciones y mecanismos de afrontamiento 67
III. Metodología 72
Aspectos éticos 73
Etapas para la elaboración del diagnóstico 74
Desafíos en la elaboración del presente informe 78
IV. Impactos psicosociales en los estudiantes
sobrevivientes 81
Los ataques del 26 y 27 de septiembre de 2014
como eventos traumáticos 84
Impactos post traumáticos en los estudiantes
sobrevivientes 105
Impactos psicosociales de la desaparición de los
43 normalistas en los estudiantes sobrevivientes 113
Afectaciones en las relaciones familiares 117
Perspectiva de los estudiantes sobrevivientes
sobre la reparación del daño 118
Conclusiones 122
V. Impactos psicosociales en los normalistas
heridos y sus familiares 124
Aldo Gutiérrez Solano 125
Edgar Andrés Vargas 142
Conclusiones 169
VI. Impactos psicosociales en familiares de los
estudiantes privados de la vida 172
Daniel Solís Gallardo 173
Julio César Ramírez Nava 187
Julio César Mondragón Fontes 202
VII. Impactos psicosociales en niños y niñas
familiares de normalistas desaparecidos y
privados de la vida en Iguala 246
VIII. Impactos psicosociales de la desaparición
forzada de los 43 estudiantes normalistas en sus
familiares 282
Primeros impactos tras la noticia de la desaparición
forzada 283
Los familiares y sus hijos 296
Impactos psicosociales de la desaparición forzada en
los padres y madres de los normalistas desaparecidos 308
Impactos psicosociales en las familias de los estudiantes
normalistas desaparecidos 333
IX. Impactos psicosociales de la difusión de la
versión oficial de los hechos sin suficiente
fundamento científico 359
X. Impactos en la salud de los familiares de los
estudiantes desaparecidos 381
Impactos en la salud documentados por la Red
por la Salud 43 383
Conclusiones 393
XI. Formas de afrontamiento 399
XII. Pueblos indígenas 414
Afectaciones 416
Formas de afrontamiento como pueblos indígenas 423
XIII. Impactos psicosociales de la impunidad y
reparación integral del daño 434
XIV. Conclusiones sobre los impactos psicosociales
para los familiares de los estudiantes normalistas
desaparecidos 449
XV. Impactos en familiares de personas desaparecidas
organizadas en otros colectivos del país 454
La experiencia de los familiares: desaparición
e impunidad 459
Impactos psicosociales de la desaparición forzada
de los 43 estudiantes normalistas en otros familiares
de personas desaparecidas 465
Impactos psicosociales de la impunidad 476
La búsqueda de los desaparecidos en fosas
clandestinas 480
Aprendizajes del caso Ayotzinapa 487
XVI. Recomendaciones y conclusiones 492
Antecedentes 493
Recomendaciones 495
XVII. Bibliografía 512
Anexo 1: Recomendaciones estructurales
propuestas por el GIEI
Prólogo
E
l diagnóstico psicosocial en la atención a sus derechos, con sus
y en salud que recoge diferentes urgencias y necesidades.
este infor me, es par te
de u n proceso de El equipo que cuidadosamente lo
acompañamiento a ha realizado tuvo la ardua tarea
los familiares y víctimas del caso de entrevistar, escuchar, tratar de
Ayotzinapa. Su objetivo es documentar entender, analizar y narrar algo para lo
su experiencia, y convertir ese dolor y que no es fácil encontrar palabras. El
sufrimiento en algo útil para escuchar trauma es inenarrable porque no entra
y cambiar. en las categorías con las que contamos.
Y la desaparición forzada es el trauma
La idea del diagnóstico nació del más duro porque además de la tragedia
trabajo del Grupo Interdisciplinario de la pérdida conlleva una dramática
de Expertos Independientes, nombrado incertidumbre, un dolor permanente.
por la Comisión Interamer icana Este diagnóstico acompaña y traduce,
de Derechos Humanos e invitado y sobre todo permite escuchar las
por México de acuerdo con los voces de las víctimas, sobrevivientes
representantes de las víctimas para y familiares. El compromiso acordado
coadyuvar en la investigación, la fue que las propuestas del diagnóstico
búsqueda y la atención a las víctimas serían la guía de las políticas del Estado
del caso. El GIEI empezó a documentar en relación a los familiares y víctimas
la experiencia de los familiares, heridos del caso. Esa es ahora la tarea.
y sobrevivientes, como una muestra de
lo que se necesita hacer frente al drama El trabajo psicosocial es un método
de la desaparición forzada. Durante su de trabajo al lado de la gente, con la
trabajo, llevó a cabo acercamientos convicción de que, en los casos
entre los familiares y el Estado y de violaciones de derechos humanos,
ayudó a tejer las primeras iniciativas las víctimas y sobrevivientes son el
de atención. También incluyó en su elemento central de cualquier estrategia
segundo informe la propuesta de de transformación. Sin embargo, la
que se hiciera un diagnóstico que historia reciente de muchos de estos
ayudara a seguir dando pasos en esa casos en México está escrita en la
dirección, y estableció algunos criterios crónica roja que convierte a los muertos
como la adecuación al proceso de los y desaparecidos en estadísticas de un
familiares, su participación, el trabajo abstracto problema de seguridad, que
con profesionales de confianza y el se refiere a cárteles, policías, gobiernos
apego a los estándares internacionales o la militarización, pero que no habla
18
I. Introducción
20
E
l 26 y 27 de septiembre de 2014, en la ciudad de Iguala, Guerrero,
fueron perpetrados una serie de ataques en contra de estudiantes
de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, jóvenes
integrantes del equipo de fútbol Los Avispones y población civil que
se encontraba en el lugar de los hechos o que acudieron para ayudar a
los normalistas. Los ataques generaron indignación en la sociedad mexicana, que
se movilizó sobre todo en apoyo a los familiares de los 43 estudiantes normalistas
desaparecidos en los ataques. Estos hechos también tuvieron repercusiones a
nivel internacional; se organizaron eventos de solidaridad en diferentes países
y organismos internacionales de derechos humanos se pronunciaron por el
esclarecimiento de los sucesos, la búsqueda de los normalistas desaparecidos y
la sanción a los responsables.
1
Disponible en: [Link]
2
Acuerdo de asistencia técnica. Disponible en: [Link]
[Link]
Como parte del proceso para poder articular un programa de atención a las víctimas que
tuviera en cuenta los diferentes procesos y necesidades, así como el momento vital e
impactos sufridos por los familiares, y siguiendo tanto la propuesta realizada por el giei en
los criterios de atención a las víctimas proporcionados al Estado, como la recomendación
realizada por la cndh en su informe de julio de 2015. (giei, 2016: 344)
Después de la realización del estudio psicosocial se establezca una mesa de trabajo con las
víctimas y sus representantes legales, con la ceav, la segob y la observación de la cndh, así
como que este mecanismo de atención progresiva acordada con las víctimas pueda formar
parte de los mecanismos de seguimiento que pueda observar la cidh en cumplimiento de
las medidas cautelares o la evolución que tenga el propio caso. (GIEI, 2016: 338)
22
Asimismo, el giei considera que las recomendaciones del Informe de Impacto
Psicosocial deberán tenerse en cuenta por parte de las autoridades de México,
y los criterios proporcionados al Estado constituir los elementos centrales para
la atención a las víctimas, como parte del seguimiento que otorgue al caso la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos.
3
Boletín de prensa “giei, avances y desafíos”, consultado el 14 de abril de 2016 en: [Link]
• Creación de una mesa de trabajo conjunta entre las partes para llevar a
cabo la atención.
• Plan de actuación de acuerdo con las diferentes instituciones implicadas,
los representantes de las víctimas y el equipo de investigación del estudio.
• Desarrollo, monitoreo y evaluación de la atención a las víctimas.
A más de dos años de los ataques a los estudiantes de la Normal Rural “Isidro
Burgos” de Ayotzinapa, se presenta el Informe de Impactos Psicosociales que
determina las afectaciones de los hechos del 26 y 27 de septiembre en Iguala
en los diferentes grupos de víctimas. A diferencia de otros eventos traumáticos
cuyos impactos tienden a desaparecer con el tiempo, los hallazgos del presente
informe muestran que los impactos psicosociales detonados por las graves
violaciones a los derechos humanos cometidas, persisten y se cronifican con
el tiempo. Este hallazgo es coherente con la literatura que estudia los impactos
de delitos violentos y violaciones a los derechos humanos en las víctimas, en
24
los que la transgresión de la ley por el Estado tiene un efecto desorganizador
en la subjetividad de las víctimas, que se profundiza en la interacción con el
sistema de justicia.
El cuarto capítulo da cuenta de los impactos psicosociales que enfrentan los dos
estudiantes normalistas que sufrieron heridas graves y sus familias. A pesar de
que existe una diferencia importante entre ellos —pues Aldo Gutiérrez Solano
se encuentra en estado vegetativo y Edgar Andrés Vargas está en condiciones
de reconstruir su proyecto de vida a pesar de tener secuelas importantes—, en
ambos casos se observan impactos psicosociales tanto en las víctimas directas
como en sus familias. Además, se observa el estrés adicional que representa
para los familiares lidiar con las autoridades responsables de garantizar y dar
seguimiento a las medidas de atención a las víctimas.
26
El capítulo once presenta una mirada pluricultural sobre los impactos de la
desaparición forzada de los estudiantes normalistas en los familiares que
pertenecen a pueblos indígenas. Esta perspectiva aporta una panorama, hasta
ahora invisibilizado, de las formas particulares de discriminación que enfrentan
los familiares que pertenecen a los pueblos indígenas, pero también de los
recursos culturales que los fortalecen para enfrentar la vivencia traumática, en
sus propias palabras el “Ngamé”, que significa “susto” o “espanto”, producido por
la desaparición forzada, y las formas de afrontamiento desde prácticas culturales
espirituales y organizativas.
28
II. Perspectiva psicosocial y conceptos principales
para acercarnos a la experiencia de las víctimas
La perspectiva psicosocial
L
a perspectiva psicosocial4 en el trabajo con víctimas de
graves violaciones a los derechos humanos define un campo
interdisciplinario en la intersección entre la psicología y la psicología
social con los derechos humanos. Desde el punto de vista teórico,
articula categorías psicológicas clínicas y de impactos sociales para
comprender los efectos de la violencia en las víctimas y los colectivos cuando
es perpetrada por agentes del Estado. La perspectiva psicosocial en derechos
humanos continúa desarrollando un corpus teórico propio para comprender la
singularidad del sufrimiento subjetivo que se origina en la violencia sociopolítica.
De este modo, la perspectiva psicosocial dialoga con las categorías de los derechos
humanos para comprender, por ejemplo, las consecuencias en la subjetividad de la
ruptura del Estado de Derecho como sostén de la convivencia social y límite frente
al poder (iidh, 2007), y de la impunidad como obstáculo para establecer la justicia
y restituir el orden simbólico de un mundo fracturado por dichas violaciones.
4
La perspectiva psicosocial se ha conceptualizado desde distintos ámbitos y prácticas. Una de ellas es el ámbito de la ayuda
humanitaria y la cooperación internacional (Centro de Referencia para el Apoyo Psicosocial, 2009). Otra vertiente inició a
partir del trabajo de profesionales de la salud mental que desarrollaron su práctica en contextos de represión política, tales
como las dictaduras militares en el Cono Sur o los conflictos armados internos en Centroamérica durante los años setenta,
ochenta, y noventa del siglo pasado, y posteriormente en el contexto de las transiciones políticas.
5
El daño moral es una categoría jurídica que se desprende de una división más general entre daño material y daño inmaterial.
6
Los peritajes psicosociales fueron retomados por los jueces de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para
definir las reparaciones en los casos que en años recientes se presentaron en esta Corte internacional, incluyendo el caso de
Rosendo Radilla (2009), el de Inés Fernández (2010) y de Valentina Rosendo (2010).
La labor de dar cuenta de los daños producidos por las violaciones a los derechos
humanos desde la perspectiva psicosocial enfrenta el desafío de evitar caer en
el reduccionismo en dos sentidos: medicalizar y confinar al ámbito privado
la experiencia detonada por la violencia sociopolítica, y en el otro extremo,
sobreideologizar la experiencia de las víctimas y negar su especificidad en
términos de los impactos psicológicos y psicosociales (Madariaga, 2002).
32
abordaje amplio de la sintomatología producida por la violaciones a los derechos
humanos, que puede incluir categorías diagnósticas pero no se agota en estas.
7
Esto se debe, en parte, a que muchos de los profesionales que se dedicaron a la atención de las secuelas de la represión
política en países como Argentina, Chile y Uruguay, entre otros, tenían formación psicoanalítica previa. Actualmente
contamos con la suerte de tener al alcance la producción teórica que se ha desarrollado desde esta práctica a lo largo de más
de cuarenta años. Ver por ejemplo: Viñar, Lira, Kordon, Gómez y Castillo, citados en este trabajo.
Con el fin de aprehender los daños de la manera más integral posible, se incluyen
los niveles de afectación individual, familiar y comunitaria o social. Con esto, se
busca desde la perspectiva psicosocial mostrar los impactos que desde una visión
más tradicional, de la psicología centrada en el individuo y los trastornos de la
conducta, quedan invisibilizados. Además, en el presente trabajo se recurre a la
antropología para dar cuenta de los significados de los daños por las violaciones
a los derechos humanos a partir del contexto cultural y los referentes propios de
las víctimas, así como para situar el daño en una perspectiva histórica. Es decir,
en una experiencia vital caracterizada por una cadena de agravios que van desde
la marginación social y económica, hasta la violencia y la impunidad.
Trauma
34
al cual todos los recursos psíquicos resultan limitados y por lo tanto, tiene un
efecto desorganizador de la subjetividad. Estos acontecimientos tienen graves
consecuencias en las funciones simbólicas e imaginarias, que dan consistencia
a la realidad y al lugar del sujeto en el mundo. El esfuerzo de elaboración del
trauma exige una concentración de la energía en esta tarea, en detrimento de otras
funciones psíquicas.8 Benyakar y Lezica (Lezica, 2005) recuperan los aportes del
psicoanalista Sandor Ferenczi, sobre la tendencia a la activación de procesos de
renegación del trauma, cuyo efecto es la escisión del conjunto traumático: “una
especie de quiste en la personalidad”. La fragmentación es un mecanismo de
defensa que permite sobrevivir al trauma, mientras persiste un núcleo traumático
no simbolizado: “un hoyo psíquico” producido por la negación y la represión
(Becker, 2001). Esto no significa necesariamente la imposibilidad de hablar de la
experiencia, sino sobre todo la disociación de los afectos que ocurre al hablar de
lo que sucedió (Gómez E., 2013).
Un trauma puede ser ocasionado por un solo evento o por la acumulación de varios.
Aunque ciertos eventos se consideran en sí mismos traumáticos —un accidente,
la pérdida de un ser querido—, el efecto traumático —es decir, su potencia
desorganizadora y la aparición de síntomas post-traumáticos— está mediado por
otros factores: si los sucesos son causados intencionalmente,9 la historia previa,
las características de la personalidad y el apoyo social, entre otros.10
8
Ver “Trauma” en el Diccionario de Psicoanálisis (Pontalis, 2013).
9
Entre los hechos traumáticos infligidos intencionalmente están: agresiones sexuales, violencia de pareja, terrorismo,
secuestro, tortura, muerte violenta de un hijo, maltrato infantil, etc. Entre los eventos no intencionados se cuentan accidentes
y catástrofes naturales (Echeburúa, 2004: 340).
10
Según Echeburúa et al. (2004), las reacciones post traumáticas son considerablemente más altas entre quienes sufren
hechos violentos (hasta un 50-70%), frente a quienes sufren un accidente o una catástrofe natural (entre el 15-20%).
36
Trauma por violaciones a los derechos humanos
En cualquiera de los dos casos, cuando los actores estatales aparecen claramente
definidos o cuando se diluyen en redes de corrupción e impunidad, las violaciones
a los derechos humanos producen un traumatismo psíquico particular, porque
comprometen el papel del Estado como garante de la Ley, organizadora simbólica
de la subjetividad y de la convivencia. El derrumbe del Estado, como figura de
autoridad que sostiene la Ley y sanciona la transgresión, genera en las víctimas una
vivencia de desamparo y desprotección frente al ejercicio de un poder sin límites.
38
En estos casos, el contexto social juega un papel fundamental. El sentido
que las víctimas construyen en torno a su experiencia está vinculado a los procesos
sociales de elaboración de la violencia. Además, las violaciones a los derechos
humanos, y en particular la desaparición forzada, se legitiman en estrategias
de confusión, ocultamiento o manipulación de la verdad, estigmatización y
criminalización de las víctimas. Por esta razón, el apoyo social —de los grupos
de víctimas o familiares, en primer lugar— tiene una función de soporte psíquico
para las víctimas porque permite la validación social de su experiencia y la
construcción de un lazo social.
12
Consultado el 20 de marzo de 2016: [Link]
13
Elaboración propia a partir de los datos contenidos en el rnped del fuero federal, a enero de 2016.
40
En este contexto ocurrieron los ataques del 26 y 27 de septiembre en Iguala.
Estos hechos constituyen, como refiere la cidh en su más reciente informe
sobre México, “una grave tragedia en México así como un llamado de atención
nacional e internacional sobre las desapariciones en México, y en particular en
el estado de Guerrero. Asimismo, sobre las graves deficiencias que sufren las
investigaciones sobre estos hechos y la impunidad estructural y casi absoluta
en la que suelen quedar estos graves crímenes” (CIDH, 2015). Al mismo
tiempo, la cidh advierte que “el caso Ayotzinapa es un ejemplo emblemático de
la colusión entre agentes del Estado e integrantes del crimen organizado, ya que
según la versión oficial la policía municipal de Iguala estuvo coludida con un
grupo delincuencial para desaparecer a los estudiantes. Asimismo, según el giei,
autoridades de la policía estatal, federal y del Ejército habrían acompañado los
incidentes. Por lo tanto también podrían haber estado en colusión con grupos del
crimen organizado” (CIDH, 2015: 37).
14
Disponible en: [Link]
42
Además, se considera que:
La impunidad constituye una infracción de las obligaciones que tienen los Estados
de investigar las violaciones, adoptar medidas apropiadas respecto de sus autores,
especialmente en la esfera de la justicia, para que las personas sospechosas de
responsabilidad penal sean procesadas, juzgadas y condenadas a penas apropiadas,
de garantizar a las víctimas recursos eficaces y la reparación de los perjuicios sufridos,
de garantizar el derecho inalienable a conocer la verdad y de tomar todas las medidas
necesarias para evitar la repetición de dichas violaciones (Principio 1).
15
Por ejemplo, los abusos en el estado de excepción, leyes de amnistía, uso de la justicia penal militar, hasta la corrupción
y las deficiencias estructurales en el sistema de justicia penal (Parra, 2012).
16
Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado. Mecanismos de Impunidad. Disponible en: [Link]
[Link]/~nuncamas/[Link]?option=com_content&view=article&id=39&Itemid=340
Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 43
el presente informe porque permite aprehender las formas en que los mecanismos
de la impunidad reinscriben la violencia en contra de las víctimas que buscan
justicia y sus impactos revictimizantes.
io ho
ci
ne s
ia za
ar mi
s
nd cti
cu Vi
se ad
d
ni
pu
Im
Bú y ju tid
oc tos
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sq st o a
le
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os c
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ue ici lo
ic pa
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da a p s h
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de ara ec
ve da hos
rd r
ad
44
Contínuum de violencia
Vivencias previas
Interacción con el
de violencia
Ataques aparato de justicia
estructural e
del 26 y 27 Impunidad
institucional
de septiembre Reinscripción de
(violencia física,
de 2014 en la violencia contra
marginación social,
Iguala las víctimas en la
pobreza,
investigación
discriminación)
17
Ver DSM V. Trastorno de Estrés Post Traumático.
46
Gómez (2013) explica que en los sobrevivientes se produce una compleja relación
con la vida y sus significados, marcada por el sentimiento de culpa que se
encuentra bajo la negación o represión y se expresa en tendencias expiatorias u
otros síntomas: “lo que subyace es el acuciante sentimiento de que su vida fue
posible por la muerte de otros”. En este sentido, uno de los impactos observados
es la identificación con la muerte y la dificultad para disfrutar la vida (2013: 49).
Los estudiantes heridos son al mismo tiempo sobrevivientes de los ataques, por
lo que las manifestaciones traumáticas coinciden con los síntomas antes descritos
de estrés post traumático. En el caso del estudiante que se encuentra en estado
vegetativo, su subjetividad fue anulada por la herida de bala que recibió en la
cabeza y sus familiares enfrentan una pérdida ambigua, en la que el cuerpo está
presente pero no la subjetividad. Por otro lado, los estudiantes heridos enfrentan
Duelo traumático
El duelo es el proceso de elaboración psíquica frente a una pérdida. Según
Freud, “el duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una
persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la
libertad, un ideal, etc.” (Freud, 1992a: 241). Para el autor, el duelo tiene lugar
“bajo el influjo del examen de realidad, que exige categóricamente separarse del
objeto porque este ya no existe más” (Freud, 1992b: 160). De ahí que el aparato
psíquico realiza un trabajo que le permite discriminar la ausencia de la persona
amada como una pérdida definitiva, y recuperar paulatinamente el interés por el
mundo externo. El duelo no es un estado patológico, y por el contrario, si no se
interfiere su curso normal, se supera con el tiempo.
48
el duelo no es nunca un proceso automático. Para mucha gente, de hecho, nunca tiene lugar
[…] En el duelo, lloramos a los muertos; en la melancolía, morimos con ellos.
Estas pérdidas tienen un carácter traumático, puesto que “no hay lugar ni tiempo
para dar cuenta, a través de la palabra, de la violencia que ha empujado a la
muerte abrupta de un ser querido. Estas pérdidas, en su dimensión traumática
exceden el orden de lo imaginario y el campo de lo simbólico” (Soria et al., 2014).
El dolor de los padres es mucho más intenso cuando ha habido una doble victimización
(por ejemplo, en el caso de una joven violada y asesinada), cuando el agresor no ha sido
detenido, cuando de algún modo se atribuye lo ocurrido al estilo de vida de la víctima
(a una vida licenciosa, por ejemplo), cuando no ha aparecido el cuerpo de la víctima o
cuando, como ocurre habitualmente en el caso de un suicidio, los padres pueden sentirse
responsables de lo sucedido. (Echeburúa et al., 2004)
Según Spungen (1998),18 en los casos de duelo por homicidio la ausencia de castigo
dificulta la adaptación a la pérdida, fijando a los dolientes a emociones como
ira, culpa, depresión, impotencia y frustración, e impidiendo que surjan nuevos
intereses y que la muerte sea asimilada. La falta de sanción a los responsables
es un factor que obstaculiza dar un sentido a los hechos, reconstruir vínculos
basados en la confianza y la convivencia en comunidad.
18
Citado en Corredor, 2002.
50
dignificación de las víctimas, el esclarecimiento de los hechos y la participación
activa en las investigaciones forman parte de esta constelación de formas de
afrontamiento y elaboración del duelo.
En este sentido, la privación de la vida de seis personas, entre ellas las de tres
estudiantes normalistas, constituye para sus familiares y allegados un duelo
traumático. La búsqueda de justicia forma parte de la elaboración de la pérdida.
Las situaciones de tensión que atraviesa el niño son experiencias que le permitirán
generar modelos para manejar el peligro. La representación de lo que es peligroso
cambia a lo largo de la vida y los intentos serán siempre por generar situaciones
de seguridad; sin embargo, hay experiencias como la desaparición forzada que
irrumpen y destruyen esa posibilidad. Hechos traumáticos como éste generan en
los niños y las niñas un sentido de vulnerabilidad constante y permanente sobre
la propia seguridad y destino, lo que genera sentimientos de terror e impotencia
en respuesta a lo que sucede. Esta sensación de vulnerabilidad impide volver a un
estado de seguridad mínimo (NCTSN, 2004).
52
congelado. La incertidumbre opera en dos sentidos: descaracteriza el objeto
amado por suponerlo muerto, al mismo tiempo que lo caracteriza pues podría
estar vivo (Martínez, 2006).
Los hijos e hijas de padres desaparecidos, así como los infantes que vivieron
los hechos de la desaparición forzada son la segunda generación a la que se
le transmite el discurso de la ausencia como violencia política, y en la cual
hay repercusiones directas en su historia personal. El daño que constituye es
transmitido a las generaciones siguientes.
Las consecuencias más importantes de la violencia política tienen que ver con
los procesos de identidad de los niños y la reestructuración familiar (Mardones
y Cheuque, 2010).
Todos estos cambios implican una situación específica para los niños y las
niñas, en particular en sus necesidades emocionales, las cuales no pueden ser
identificadas y atendidas, pues los adultos están concentrados en lidiar con sus
propios impactos y al mismo tiempo resolver las necesidades prácticas.
54
sueño, disminución o cambios bruscos del ánimo, hipervigilancia, síntomas
ansiosos, reexperimentación del suceso traumático, alteración de las relaciones
interpersonales, dificultades escolares, pensamientos fatalistas y autoagresión.
Síntomas que pudieron encuadrarse en estrés post traumático, depresión
y ansiedad. Estos síntomas y su evolución, más el contexto prolongado de
violencia, implica consecuencias a mediano y largo plazo que afectan la salud y
las posibilidades educativas y laborales de los menores (Mardones, 2010).
Algunos autores dividen los impactos que presentan niños y niñas de acuerdo a
la edad que tenían cuando ocurrieron los hechos (Martínez, 2006):
Los impactos se recrudecen al no haber certeza de lo que ocurrió con sus familiares,
se mantiene la esperanza de que estén vivos pues en la medida en que no hay
información verdadera y confiable que apunte a lo contrario (eatip, 2009). Ellos
mismos elaboran hipótesis para explicar que es lo que ha ocurrido con sus familiares.
56
Cobra importancia que los adultos puedan hablar de manera sencilla con ellos,
explicando el contexto, qué es lo que ha pasado a lo largo de este tiempo, qué es
lo que han hecho para conocer la verdad de lo ocurrido, cómo se sienten ellos
mismos, señalar el papel de las autoridades en la investigación de los hechos,
nombrando a los aliados, resaltando lo que cada familiar realiza para continuar
con la búsqueda de sus seres queridos, de verdad y justicia. Esto ayuda a los
niños y niñas a que disminuyan la sobreexigencia y la tensión, y generen medios
reparadores que les permitan seguir dando sentido a lo que no lo tiene.
19
Castillo (2013) realiza un recorrido sobre algunos rituales de duelo en distintas culturas y su función de soporte del
proceso de duelo intrapsíquico.
Por otro lado, como experiencia traumática, la desaparición forzada genera una
ruptura en el proyecto de vida y de las creencias básicas sobre el yo, los otros y el
mundo social, que tienen la función preservar el sentido de predictibilidad, control
y seguridad. Estas creencias básicas funcionan de manera implícita y se refieren
a la benevolencia del mundo y la gente o los otros, la naturaleza significativa y
con sentido del mundo, y la valía del sí-mismo o un yo digno de respeto (Janoff–
Bulman, 1992).21 La vivencia de desamparo frente a las desapariciones también
cuestiona las creencias espirituales y religiosas de las víctimas.
20
Ignacio Maldonado y Estela Troya (1988), citados en Castillo (2013).
Para profundizar en este tema, ver: Arnoso, et al. Violencia colectiva y creencias básicas sobre el mundo, los otros y el yo.
21
58
La psicóloga chilena María Isabel Castillo identifica una serie de momentos o etapas
en el proceso de duelo de los familiares de personas desaparecidas a partir de su
trabajo clínico. A continuación, se presenta una breve síntesis a modo de guía para
comprender algunos elementos particulares del duelo, y no como etapas claramente
delimitadas. La autora señala que este proceso se encuentra en relación dialéctica
con el proceso social y político en que se encuentra inserto, y que puede implicar
nuevas vivencias retraumatizantes.
Si bien los avances de la ciencia forense han permitido identificar y devolver los
restos de las personas desaparecidas a sus familiares, también es cierto que abre
una problemática en relación con los procesos de duelo, como muestra el caso
anterior estudiado por Castillo. Esto es particularmente relevante en el caso de
México donde, producto de la presión de los colectivos de familiares de personas
22
Se refiere a los restos encontrados en el Patio 29 del Cementerio General de Santiago de Chile a principios de la década
de los 90, identificados por el Servicio Médico Legal como los restos de 98 personas desaparecidas. Estos restos fueron
entregados a sus supuestos familiares, quienes lo enterraron con los rituales correspondientes. En abril de 2006, se informa
que 48 personas fueron erróneamente identificadas y que existen dudas sobre la identificación de otras 37 personas.
60
desaparecidas, se ha encontrado una gran cantidad de restos de personas no
identificadas en fosas comunes o clandestinas. En este sentido, se pueden apuntar
dos consecuencias de los hallazgos de restos de personas no identificadas:
De este modo, los procesos de duelo que enfrentan los familiares se complican
por las características propias de la desaparición y por los impactos de la
búsqueda e identificación forense. Frente a las irregularidades o la manipulación,
los familiares viven un nuevo ataque a su dignidad y el sentimiento de burla, así
como procesos de duelo manipulados y traumáticos.
Así también hay quienes buscan poner a funcionar el Otro Social tal como lo hicieran las
Madres de Plaza de Mayo en la Argentina. Acto que produjera subjetividades y admitiera
algún duelo posible donde parecía no poder haber “trabajo” de duelo: sin tumbas, sin
muertos, sin cuerpos, hubo una articulación —producida desde las Madres mismas—
entre lo público, lo privado y lo íntimo que fue permitiendo alguna subjetivación. Todo
esto desde el más absoluto abandono y vacío del Otro Político, Jurídico y Social, autores
responsables, además, de la desaparición de sus hijos. (Elmiger, 2010).
Tanto los estudios a partir del trabajo clínico con familiares de personas
desaparecidas en las dictaduras militares en el Cono Sur durante los últimos
años del siglo pasado, como las distintas formas de respuesta de los familiares
a las desapariciones recientes en México, dan cuenta de un proceso dinámico
inseparable del contexto social y político en el que las desapariciones son
producidas.
Esta demanda de justicia, que garantice la existencia del orden simbólico, y más aún, la
inscripción de la demanda de justicia en el movimiento social en su conjunto, constituye
un aspecto interno a la subjetividad en la superación del trauma vivido. Esto está ligado a
la no marginalización. Es por esto, insistimos, que hablamos de la inscripción psicosocial
del duelo. (Kordon, 1991: 3).
23
Ejemplo de esto es que en México, la Ley General de Víctimas reconoció en el año 2013 el estatus jurídico de “ausencia
por desaparición”, a pesar de que no se ha armonizado hasta la fecha en las normas civiles estatales.
Por otra parte, el grupo de madres cumplió una función que podemos definir como protésica
y proteica. Protésica en el sentido que el grupo sirve de apoyo al psiquismo en riesgo
de desestructuración. Esta función de apoyo ha sido descrita también por Bettelheim.
Cuando se habla en un grupo de espíritu de cuerpo, de cuerpo grupal, de miembros de
grupo, esto está vinculado a un aspecto que en los momentos de crisis, de emergencia,
es fundamental para la preservación del psiquismo. El sujeto no está solo, aislado, roto
ni prisionero de sus fantasías más catastróficas, hay un cuerpo grupal (sustituto de las
primeras figuras protectoras) que lo sostiene, lo reconoce como parte de sí, funciona como
marco de apoyatura de una identidad, otorga y asegura pertenencia frente a la indefensión.
Además, la participación en estos grupos tuvo una función proteica, en el sentido de
aquellas transformaciones que podemos definir como de enriquecimiento yoico, operadas
en quienes participaron en ellos (Kordon, 1991: 3).
La impunidad además sostiene una situación de amenaza vital real para las
víctimas, quienes con sus acciones de denuncia se enfrentan a los perpetradores
que continúan en posiciones de poder. En este caso, el miedo tiene que ver más
con los riesgos actuales que con la emergencia de síntomas vinculados a hechos
traumáticos pasados.
66
Pueblos indígenas, una aproximación pluricultural a las afectaciones
y mecanismos de afrontamiento
24
El artículo 5 del Convenio 169 de la Organización Internacional de Trabajo (oit) establece que deberán, “reconocerse y
protegerse los valores y prácticas sociales, culturales, religiosos y espirituales propios de dichos pueblos” y “respetarse la
integridad de los valores, prácticas e instituciones de esos pueblos”. En cuanto la Declaración de las Naciones Unidas sobre
los Derechos de los Pueblos Indígenas, su artículo 40 señala que los mecanismos del Estado tomarán “en consideración
las costumbres, las tradiciones, las normas y los sistemas jurídicos de los pueblos indígenas interesados y las normas
internacionales de derechos humanos”.
68
vital que se dispersa a lo largo del cuerpo (Fagetti, 2010), una fuerza vital que
se relaciona con el alma, aunque no es entendido en el sentido occidental. De
acuerdo a la Biblioteca de la Medicina Tradicional Mexicana de la unam, el
susto se define como un padecimiento causado por la “pérdida del alma” o la
“entrada del aire al cuerpo”.25 El susto puede ser causado por diversas fuerzas
o eventos, incluyendo desastres de carácter natural, interacciones con espíritus
sobrenaturales, y actos de violencia entre seres humanos. En lugar de entender
el susto como una enfermedad cultural, en contraste a una enfermedad natural,
en este informe retomamos la perspectiva de antropólogos que reconocen que un
padecimiento se puede codificar de manera distinta, y que:
Cabe reconocer que aunque los estudios que sirven de referentes para el
marco conceptual de este informe se enfocan principalmente en casos en que
comunidades enteras han sido directamente afectadas por graves violaciones a
los derechos humanos, como masacres y desplazamientos forzados, también se
reconocen las afectaciones a individuos y familiares como parte de ese colectivo.
De hecho, uno de los criterios que se elabora para este segundo eje consiste en
identificar las afectaciones colectivas y comunitarias en casos de violaciones a
los derechos humanos de un individuo, dado que reconocer lo colectivo forma
parte de la identidad cultural de las víctimas (Rodríguez Garavito y Lam, 2010).26
25
Referirse a Espanto o susto, en la Biblioteca Virtual de la Medicina Tradicional Mexicana. Disponible en [Link]
[Link]/[Link]?l=2&t=chocho&mo=&demanda=&orden=20&v=m#demanda
26
En el caso de Chitay Nech et al v. Guatemala ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por ejemplo, las
reparaciones de la desaparición forzada del señor Chitay, incluyeron elaborar mecanismos que honran la memoria de la
víctima como parte de toda la comunidad (CoIDH, Chitay Nech et al v. Guatemala, para. 251).
70
III. Metodología
72
A ntes de describir la ruta metodológica de este informe, se le
recuerda al lector los objetivos principales:
• Documentar los impactos psicosociales, en la salud y otros relevantes,
que ocasionaron los hechos del 26 y 27 de septiembre en Iguala sobre
los diferentes grupos de víctimas, así como los impactos derivados de la
respuesta institucional en la búsqueda de verdad y justicia.
• Generar espacios para la elaboración psicosocial a partir del reconocimiento
de los impactos a nivel individual, familiar y colectivo.
• Visibilizar las formas de afrontamiento de las víctimas.
• Documentar dichos impactos y mecanismos de afrontamiento a partir
de un enfoque pluricultural que reconozca los contextos socioculturales
propios de las víctimas; en particular de las víctimas na savi (mixteco),
me´phaa (tlapaneco), nahuatl y de otros pueblos indígenas.
• Sentar las bases para el diseño de medidas de atención y reparación desde la
perspectiva de las víctimas y a partir de visiones culturalmente adecuadas.
Aspectos éticos
Dado que el informe involucra a grupos y personas que atraviesan por una
situación de sufrimiento frente a los impactos de graves violaciones a los derechos
humanos, una premisa fundamental es el respeto a la dignidad de las víctimas
y a su proceso personal y colectivo. En este sentido, este informe no se considera
a las víctimas únicamente como fuentes de información, sino como sujetos de su
propio proceso, que despliegan formas de afrontamiento individuales y colectivas
frente a los hechos.
El informe se desarrolló en cuatro etapas llevadas a cabo entre noviembre del 2015
y abril del 2016, seguidas por dos que consistieron en la redacción y devolución
de los hallazgos a las víctimas.
74
humanos vivida: desaparición forzada, ejecución extrajudicial o asesinato,
impunidad, impactos en los sobrevivientes, entre otros.
• Recopilación de información sobre el contexto socioeconómico en el
estado de Guerrero que permita contextualizar la situación de las víctimas
previa a los hechos, en particular la situación de marginación, pobreza,
discriminación y el acceso a derechos como la salud y la educación.
• Identificación de grupos de víctimas: familiares de estudiantes
desaparecidos, estudiantes heridos y sus familiares, familiares de jóvenes
asesinados, así como estudiantes normalistas sobrevivientes. Además, se
incluyeron colectivos y familiares de personas desaparecidas en el país,
que no son víctimas directas de los hechos pero que han sufrido impactos
psicosociales a partir de la desaparición de los estudiantes normalistas y
las respuestas institucionales en el caso.
• Elaboración de la guía de entrevista y el calendario para realizar las
entrevistas.
• Elaboración de las categorías iniciales para aprehender los daños e impactos
psicosociales, y elaboración de las guías de entrevista semiestructurada
para cada uno de los grupos de víctimas.
• A su vez, durante esta etapa se estableció contacto con la Red por la Salud
43, un equipo integrado por 3 médicos, 2 nutriólogas, 1 psicólogo y un
gestor intercultural, que han brindado atención en salud a los familiares de
los estudiantes desaparecidos desde septiembre del 2015.
Tipo de entrevista
Cantidad Grupo de víctimas Lugar
semiestructurada
5 entrevistas individuales con
•Normal Rural “Isidro
familiares de 2 los estudiantes
Burgos” de Ayotzinapa,
Estudiantes heridos y heridos.
6 Guerrero.
sus familiares 1 entrevista individual con uno
•Ciudad de México
de los estudiantes heridos
Familiares de 2 entrevistas individuales
•Zihuatanejo, Gro.
3 estudiantes privados 1 entrevista grupal con la
•Ciudad de México
de la vida familia
•Omeapa, Gro.
•Tixtla, Gro.
Familiares de 31 entrevistas individuales •Tlacolula, Oaxaca.
33 estudiantes 1 entrevista grupal a familiares •Ciudad de México
desaparecidos •Washington D.C.,
•Estados Unidos.
4 entrevistas individuales •Ciudad de México
Estudiantes
8 1 entrevista grupal a 4 •Normal Rural en
sobrevivientes
estudiantes Ayotzinapa, Gro.
76
Tipo de entrevista
Cantidad Grupo de víctimas Lugar
semiestructurada
Niñas / niños
(familiares de los 6 entrevistas a niños y niñas a
I. Tixtla, Guerrero.
43 estudiantes través de la técnica de juego y
6 II. Ciudad de México.
desaparecidos y dibujo libre
de un estudiante
asesinado)
Familiares
de personas
8 desaparecidas de Entrevistas individuales Ciudad de México
distintos colectivos
del país
64 Total de entrevistas realizadas
Tabla de recolección de datos y fuentes de información.
78
Por otro lado, las secuelas psicológicas de los hechos, tales como el miedo y
la evitación de revivir la experiencia traumática, influyeron en la disposición
de participar de algunas de las víctimas. Estas reacciones se documentan como
parte de los impactos psicosociales que recibieron.
80
E
n el presente apartado se documentan los impactos psicosociales en
los estudiantes normalistas sobrevivientes de los ataques del 26 y 27
de septiembre de 2014 en Iguala a partir de 5 entrevistas individuales
y una entrevista grupal en la que participaron 5 estudiantes. Dichas
entrevistas fueron realizadas a los normalistas que accedieron de
manera voluntaria. Es importante destacar que, si bien los estudiantes han rendido
su declaración en la Fiscalía de Guerrero o frente a la Procuraduría General de
la República, han dado su testimonio a medios de comunicación y participado
en las actividades del giei —porque consideraron que era su deber para impulsar
la justicia o difundir los hechos— han evitado hablar de sus sentimientos
relacionados con los ataques en Iguala y la desaparición de sus compañeros. Del
mismo modo, el equipo observó reacciones de evitación al ser invitados a una
entrevista para la elaboración del presente diagnóstico, lo que fue atribuido a
los propios impactos post traumáticos e interpretado como un mecanismo de
defensa frente al sufrimiento que les produce evocar los hechos.
Esta impresión fue confirmada por la intensa movilización emocional que los
jóvenes manifestaron durante las entrevistas. Por otro lado, los sobrevivientes
solicitaron expresamente que se preservara su identidad y no se utilizaran sus
nombres, por lo que se utilizan códigos de entrevista para identificar a cada uno.
27
Los 17 municipios de los que provienen los 43 estudiantes normalistas desaparecidos están catalogados por el coneval en
función del grado de marginación de la siguiente forma: uno de ellos de muy bajo grado de marginación, dos de bajo grado,
cinco municipios de grado medio de marginación, siete de alto y dos de muy alto (información elaborada por la Red por la
Salud 43 a partir de datos del inegi).
28
Entendida como el acceso a condiciones de trabajo y empleos mejor remunerados que sus padres.
A la semana de prueba, fueron como 380 y de esos 380 nada más nos quedábamos 140,
100 para primaria y 40 para bilingüe… hoy ya solo quedamos como 80 en la generación
que entró en 2014. [ES8]
Quienes vamos quedando, mientras pasa el tiempo y el grande esfuerzo que nos implican
las prácticas, vamos agarrando amistad, platicas tus cosas, como hermanos. Te vas
llevando más con tus compañeros de sección en una relación que se vuelve estrecha, muy
intensa en poco tiempo. Compartimos el cansancio, el hambre, pero también el sueño de
convertirnos en maestros. [ES4]
82
Los fuertes lazos entre estudiantes explican por qué en el contexto de los
ataques del 26 y 27 de septiembre de 2014, y las vivencias de terror, indefensión,
impotencia y desesperanza, los jóvenes mostraron notables reacciones de
solidaridad y apoyo mutuo. Se observa el esfuerzo por permanecer en grupos y es
una constante en los testimonios recabados la preocupación por los otros, al grado
de arriesgar la vida para ayudar a sus compañeros heridos o buscar a los que se
habían desperdigado durante la huida. Los vínculos entre los estudiantes también
permiten comprender los impactos de la desaparición de los 43 normalistas —
la mayor parte de primer año— tanto en los sobrevivientes como de manera
colectiva en los estudiantes de la Normal.
Es una gran tristeza, compañeros incluso que estudié con ellos en la primaria, que estudié
con ellos en la secundaria, incluso hasta en la Prepa pues ya los conocía bastante, diría
yo. Compañeros que en la semana pues también es algo que nos apoyábamos mutuamente
como si fuéramos realmente una familia y ver que realmente los llegaran a desaparecer
pues es una tristeza que se lleva en el alma, quizás en el corazón. En ese aspecto me pegó
anímicamente, yo quiero pensar de esa manera. [ES10]
Como señala el giei, las actividades de boteo y toma de autobuses han sido una
práctica común entre los estudiantes de diferentes escuelas normales rurales
en México. Aunque existen antecedentes de respuestas violentas a acciones de
normalistas,29 en general estas actividades se habían llevado a cabo sin incidentes,
represalias o sanciones legales (giei, 2015: 19).
Los estudiantes estaban terminando sus labores en el campo, los ensayos de los
clubes culturales, entre otras actividades, y se dispusieron a salir. Algunos sin
darse un baño, ni comer, pues a partir de la experiencia anterior, calculaban estar
de vuelta en la Normal hacia las 10 de la noche.
Me acuerdo que ese día todo iba normal, nadie se imaginaba que iba a suceder esa cosa.
Así que pues yo me dirigí primeramente a mis ensayos de 2 a 6. Todavía en el ensayo bajé, me
iba a ir al comedor y ahí nos dijeron que iba a haber una actividad, que deberíamos de
asistir, que aunque seamos clubes íbamos a ir. Así que lo que yo hice, agarré y fui a dejar
mi celular y como un momento nos decían que no lleváramos nada de celulares, así que
pues yo dejé tirado mi celular. Agarré mis pañoletas y me subí al autobús. [ES7]
Alrededor de cien normalistas, la mayor parte de primer año, salieron esa tarde
en dos autobuses. Los estudiantes intentaron tomar autobuses en Chilpancingo,
29
El 12 de diciembre de 2011, durante un bloqueo en la autopista del Sol a la altura de Chilpancingo, los estudiantes de la
Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa Jorge Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús fueron asesinados en
un operativo realizado por policías federales, ministeriales y estatales. Otros 41 jóvenes fueron detenidos y tres resultaron
heridos. Los días 11 y 12 de noviembre de 2013, en dos incidentes distintos, los estudiantes fueron atacados por policías de
Guerrero para evitar que tomaran autobuses en Iguala y Chilpancingo (giei, 2015:16).
84
pero al ver varias patrullas federales decidieron dirigirse al cruce de Huitzuco.
Llegaron cuando ya estaba empezando a anochecer, y decidieron que uno de los
autobuses se fuera a la caseta de Iguala y el otro permaneciera en el crucero de
Huitzuco, en el restaurante La Palma.
El ambiente entre los estudiantes que describe este testimonio muestra que el
boteo y toma de autobuses son actividades normales y que no advertían ningún
peligro. Los normalistas estaban centrados en la tarea de reunir los autobuses
para asistir a la marcha en la Ciudad de México conmemorativa de la masacre de
estudiantes el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco y el ánimo era relajado.
Esto parece que se va a poner feo. Presiento que algo va a pasar, no me gusta la manera
como pasó y nos miró el de ese coche… [ES5]
Del mismo modo, otros estudiantes entrevistados, relatan que al entrar en Iguala
tuvieron un “presentimiento” porque observaron que las calles estaban solitarias
y los comercios cerrados, a pesar de que todavía no eran las 8 de la noche. Los
estudiantes llaman “presentimiento” a la percepción inquietante de ser vigilados
por personas en vehículos no oficiales, así como por el clima de miedo que se
vivía en Iguala. En su momento esta percepción no llegó a ser una señal de
alarma suficiente y se registró como “presentimiento”. Sin embargo, evaluada
retrospectivamente, se interpreta como un aviso de lo que iba a pasar. Uno de
ellos refiere:
Tomamos un autobús de la mejor manera, estuvimos conversando con el chofer y dijo “Sí,
súbanse” y solo pasábamos a dejar el equipaje de los pasajeros y ya nos veníamos. Así que
yo lo que hice fue subirme a ese autobús, yo me subí, me subí con otros compañeros de
danza, así que nos subimos. Nos dirigimos hacia la terminal de autobuses. El plan no era
que el chofer se metiera a la terminal sino que afuera nada más bajaríamos los pasajeros y
sus cosas y ya, y nos íbamos a dirigir a la Normal de regreso. Y pues no, el chofer se metió
y pues creímos que nada más iba a bajar los pasajeros y de ahí se iba a salir. Pero no, resulta
que ahí nos dejó. Nos encerró y yo ahí estuve, y le digo que le estaba llamando a la Policía
Municipal, que nosotros ahí estábamos y nosotros en auxilio, pues llamamos a nuestros
compañeros que estaban a la salida, que ya nos habían atrapado pues ahí. En ese entonces
llegaron nuestros compañeros a sacarnos, y pues yo lo que hice al llegar nos fueron a abrir
y salimos. Ya era un caos pues, ya habían llegado todos y tomaron autobuses y yo pues
todavía dudé en qué autobús me iba a subir, ahí andaba. Pensaba a lo mejor como ya se
había puesto un poco feo porque ya estaban llegando los municipales y pues yo lo que hice
fue correr al primer autobús en un Costa Line, el primero. [ES7]
De acuerdo con este testimonio, para los estudiantes la toma del autobús se
desarrolló de manera pacífica. Fue hasta que el chofer entró a la terminal y los
dejó encerrados adentro del autobús que los estudiantes percibieron con claridad
una situación de peligro y pidieron auxilio a sus compañeros que estaban en la
caseta de Iguala. Los estudiantes que permanecían en los dos autobuses en el
restaurante La Palma y la caseta de Iguala originalmente no planeaban entrar a
Iguala, pero acudieron al llamado de sus compañeros encerrados en el autobús.
La reacción de ir en ayuda de sus compañeros da cuenta de la dinámica grupal
de los estudiantes de la Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa y los
vínculos de solidaridad y apoyo mutuo, que jugaron un papel importante frente
a los ataques inesperados de aquella noche.
86
deciden tomar otros autobuses, pues continuaban centrados en la tarea de reunir
los autobuses para la marcha del 2 de octubre. La vivencia de caos descrita en el
testimonio anterior tiene que ver con el miedo, la decisión improvisada de tomar
autobuses y la manera precipitada en que los abordaron para salir. A esto se suma
que muchos estudiantes no conocían la ciudad de Iguala.
Los normalistas salieron de la terminal a bordo de los tres autobuses que tomaron,
y de los dos Estrella de Oro que llevaron originalmente y que estaban afuera, con
la intención de regresar a la Normal. Uno de los estudiantes refiere que ya iban
contentos, porque iban ya de vuelta:
Nosotros salimos primero y prácticamente tomamos otra dirección, pues no sabría decirle
porque no conocemos la ciudad… Si, ya nosotros íbamos rumbo, camino pues, para la
escuela prácticamente, nosotros pensábamos que ya venían atrás los demás compañeros.
Ya en eso escuchamos al compañero que nos iba coordinando que recibió una llamada…
que ya le habían disparado a un compañero, que estábamos en problemas, que nos
esperáramos, que nos detuviéramos. [ES4]
Una vez que salieron de la terminal, los autobuses se dividieron en tres recorridos:
• Tres autobuses (dos Costa Line y el Estrella de Oro 1568) salieron por la
calle Galeana, pasaron por el zócalo de la ciudad de Iguala en donde la calle
se convierte en Juan N. Álvarez, hacia Periférico Norte.
• El autobús Estrella de Oro 1531 que salió hacia Periférico Sur (todos los
estudiantes a bordo fueron desaparecidos en las inmediaciones del Palacio
de Justicia).
• El Estrella Roja que salió en dirección a Periférico Sur, pero se detuvo por
una gestión del chofer y fue interceptado por Policía Federal antes de llegar
al Palacio de Justicia. Los estudiantes fueron agredidos y perseguidos
durante toda la noche.
Después sí le tiraban inclusive al mero autobús pero como que le daban a las llantas o algo,
y cuando nos dice a nosotros el coordinador: “paisas bájense a defender”, no nos bajamos
muchos, nada más 5 o 6, la mayoría de mi autobús se quedó arriba, y son los que se llevó
la policía municipal más tarde. [ES8]
Pues en un primer momento me dio un ataque de pánico, quería salir corriendo, ¿no? A
escaparme y dejar a mis compañeros, pero pensé, dije, a lo mejor yo me voy y por ahí a
lo mejor me agarran o me atrapan o en fin. Me quedé medio pasmado unos segundos
y lo que hice fue me regresé con mis compañeros porque ya me había alejado un tramo
y me regresé para apoyarlos. Entonces el chofer se le aventó pues a la patrulla y se quitó
la patrulla, nos cedió el paso y yo corrí como tres cuadras hacia arriba pero ya nos iban
disparando en ese entonces ya. Me subí de vuelta al primer autobús y ahí íbamos, todos
íbamos gritando ya con ese miedo que ya nos recorría en todo el cuerpo, ya se podría decir
que no nos querían detener ya era a matarnos. [ES7]
Cuando los disparos aumentaron, los que iban dentro del autobús dijeron a los
que iban caminando que se subieran para avanzar. Los estudiantes intentaron
subirse al tercer camión, en el que venían, pero éste no abrió la puerta, por lo que
corrieron hasta lograr subirse en el primer autobús. Esta circunstancia los salvó
de ser desaparecidos junto con sus compañeros.
88
pesar de que existían antecedentes de agresiones a estudiantes, estas actividades
generalmente transcurrían sin incidentes. De tal forma que los ataques rebasaron
las defensas psíquicas de los estudiantes que refieren sentimientos de choque
o pasmo, pánico e impulsos de huida. Al mismo tiempo, se puso en juego el
funcionamiento grupal de los estudiantes que favoreció reacciones de apoyo
mutuo y la consciencia de que podrían protegerse mejor en grupos.
Desde que vi al compañero Aldo caer pensé que ellos nos iban a matar, y recuerdo que
grité: “¡Van a matarnos!” …cuando el compañero lo vemos caer fuimos varios que lo
vimos caer o sea yo me quedé fácil como unos 5 segundos quizás o más, menos, no lo sé
pero me quedé parado y gritando porque mi primera expresión al ver caer a Aldo fue “ya
mataron a uno”, o sea: “¡Dejen de disparar!”. [ES8]
Como que en ese momento tu mente se bloquea, ¿no? Como que llega un momento que te
quedas en shock y tú no sabes ni qué hacer, ¿no? [ES5]
Pues en ese momento la verdad yo sí me puse a llorar porque dije si nos ven nos van a
matar, yo lo que quería era bajarme y otro chavo nos decía “no —dice— aguanten, no se
van a subir” y ya “Coyuco” ya le estaba hablando a “Parca”. Ya ahí nos aguantamos, lo que
recuerdo que estaba una película en el autobús, no recuerdo qué película, lo que siempre
he tratado de acordarme y no, lo que sé es que acabó la película y nosotros estábamos aun
ahí arriba, la película dura alrededor de una hora 20 minutos, una hora y media y pues yo
creo que en el transcurso que estaba así pues… (inaudible) yo creo que terminó la película
y nosotros seguíamos arriba. [ES6]
Cuando sentí el miedo empecé a gritar, les estaba diciendo a mis compañeros por dónde
darle para salir. Como yo casi no perdí la razón, yo si estaba consciente de lo que estaba
pasando y les decía vámonos por acá y que entre muchos gritos y no escucharon y pues
no oyeron porque nada más me dio ese ataque de pánico de ”¿Qué voy a hacer, qué voy a
hacer?“. Levanté, corrimos a hacer a un lado la patrulla, la queríamos hacer a un lado, en
ese entonces vi la segunda patrulla que llegó y nos disparó a una clase de distancia como
5 o 3, 4 metros y fue donde quedó nuestro compañero Aldo. Entonces yo me percaté de
que él se cayó y lo primero que yo hice fue tirarme al suelo al lado de las llantas de la otra
patrulla y al escuchar que ya no detonaron otra vez, yo me eché a correr hacia la parte
trasera del autobús, del primero, a refugiarme y ya empecé a gritar que ya había caído uno
pues y no me percataba de que sí era Aldo y Aldo era uno de mis compañeros de cubil.
Dormía con nosotros así que no lo reconocía porque tenía su playera en la cabeza, sino
que lo reconocí cuando dijeron “vamos a alzarlo” y muchos no querían salir por el temor
a que nos volvieran a disparar. Yo en ese momento ya me había dado por vencido dije “si
nos van a matar pues voy a morir bien, no voy a morir aquí escondido”. [ES7]
O sea luchando, no nada más quedarme ahí esperando que vengan hacia mí y que me
maten sino por lo menos salir y lograr algo por mi compañero que estaba ahí caído. Por
decir, dijeron “vamos a alzarlo” y nadie quería ir y yo dije pues yo voy, y voy con un
grupo de compañeros de 5 que salimos y fuimos a quererlo auxiliar. Pues así que yo fui y
es en dónde le sacamos la playera y me di cuenta que era él, que era Aldo. Así que en un
momento me asusté, me le quedé viendo, me quedé un poco pasmado de lo que le habían
hecho y lo íbamos a auxiliar y no dejaron que lo levantáramos. Fue cuando nos volvieron
a disparar y de vuelta corrimos hacia la parte trasera y hubo un momento donde había
un compañero con la cara del susto, estaba muy asustado que quería salir corriendo pues
hacia donde estaban los policías y hubo ese momento cuando vi que ya iba a correr, yo lo
logré agarrar de la parte trasera de la playera, lo agarré y lo jalé y le solté una bofetada
pues en la cara para que reaccionara pues, y yo todavía estaba apoyando a los compañeros.
Le digo “Aguanta, no te vayas, no corras, no hagas locuras”. Le digo, “Todo va a estar
90
bien”. Dándole ánimos pues, aunque yo por dentro sí sentía que ya, o sea que ya iba a
valer, todo. Ya no iba a haber otra salida porque en la parte trasera había municipales, en
la delantera había que nos disparaban cada vez que salíamos. [ES7]
Además, los estudiantes refieren una vivencia de impotencia por no poder ayudar
a sus compañeros, en particular a los estudiantes del tercer autobús que fueron
bajados y detenidos por la policía.
Sí, nos iban a matar a todos y dije aquí nos van a matar a todos, o sea nadie se va a
salvar, y pues en el transcurso de ese momento creo que fueron cuando bajaron a mis
compañeros, cuando rafaguearon a la Estrella de Oro, el tercero. Fue cuando escuchamos
a nuestros compañeros gritar, estaban gritando y nosotros queríamos ir en su auxilio pero
no podíamos salir porque nada más nos asomábamos y nos querían disparar. Nos tenían a
punta de fuego y fue en ese momento que se los llevaron a nuestros compañeros y todavía
me acuerdo que les gritamos que vinieran corriendo hacia donde nosotros estábamos.
Algunos sí se vinieron corriendo pero unos se entregaron pues y pues nosotros teníamos
esa visión de que deteniéndonos nos iban a mandar a la comandancia, detenidos, nos
iban a encarcelar y pues nosotros teníamos esa idea de que era más seguro irse detenido
porque nos iban a ir a sacar después, pero pues nadie se imaginó eso y yo dije “No me
van a agarrar, yo voy a estar aquí y si me van a venir a matar aquí, pues que me vengan a
matar”. [ES7]
Y cuando llegaron las Urban allá, se bajaron y llegaron los sicarios empezaron a… [se le
corta la voz y llora]… Es donde todos se regaron como hormigas, cada quien corriendo
por su vida. Ya fue ahí donde le dieron al compa Julio César Ramírez Nava. [ES6]
En este segundo ataque fueron asesinados Daniel Solís Gallardo y Julio César
Ramírez Nava, y fue gravemente herido Edgar Andrés Vargas. Los tres habían
llegado en las Urban desde la Normal para apoyar a sus compañeros. Los
estudiantes aterrorizados corrieron en diferentes direcciones para salvar su vida.
Uno de ellos [ES5] menciona: “¡No sé cómo, pero toda la ciudad se volvió una
ratonera, no había para donde hacerse!”.
En la huida, Julio César Mondragón Fontes se separó del grupo, y los normalistas
no volvieron a saber de él hasta el otro día, que apareció su cuerpo con visibles
muestras de tortura y el rostro desollado.
30
De acuerdo con la tradición estudiantil de cortar el pelo a los estudiantes de nuevo ingreso, por la que se les llama
“pelones”. Además, los normalistas vestían modestamente e incluso llevaban la ropa sucia por actividades que habían hecho
durante el día en la Normal, pues pensaron que la actividad sería corta y decidieron bañarse a la vuelta.
92
Alrededor de 40 estudiantes se lograron concentrar en un espacio seguro que les
ofrecieron, esperando que amaneciera.
Los primeros impactos que los estudiantes manifestaron esa madrugada mientras
estaban resguardados en las casas de los maestros fueron la sensación de bloqueo
o embotamiento emocional, la confusión, la percepción de falta de sentido de los
ataques, vulnerabilidad y miedo. Algunos de los estudiantes que se guarecieron
en casa de unos maestros durante la madrugada refieren:
Pues todos estábamos así, tristes, todos estábamos así, ni dormimos nada más estábamos
agachados, como le digo que en ese momento se te bloquea la mente no sabes ni qué hacer,
porque no entiendes qué era lo que había pasado. [ES5]
Yo lo único que fue, me senté recargado sobre un sillón, estaba así, todos estábamos así,
no entendíamos ni el porqué ni cómo, yo solo quería que amaneciera. La noche me hacía
sentir que podrían encontrarme, sentía mucho miedo. [ES6]
Fue uno de estos maestros quien informó a un grupo de normalistas que se habían
resguardado en su casa que había dos estudiantes muertos. También les dijo: “Me
están diciendo que todos los estudiantes que podamos encontrar los llevemos a la
fiscalía porque ahí se van a reagrupar todos ustedes” [ES8].
Los 14 estudiantes que tomaron el autobús Estrella de Oro salieron por la parte
trasera de la terminal de Iguala hacia Periférico Sur. En el trayecto recibieron
dos llamadas de sus compañeros que se encontraban en la calle Juan N. Álvarez
y Periférico, informándoles de los ataques y de que había muerto uno de los
estudiantes. Se referían a Aldo Gutiérrez Solano, que en realidad se encontraba
gravemente herido.
En mi persona le tocó irse por la parte trasera de la central que viene siendo el autobús
Estrella Roja, así que cuando recibimos una llamada en la que nos avisaron que nuestros
compañeros estaban siendo atacados por policías municipales, porque así hicieron la
afirmación ellos, de que estaban siendo agredidos con sus armas de fuego, por parte de
la policía municipal hacia nosotros, así que nosotros empezamos a dudar, empezamos a
preocuparnos, cómo estarán, cómo la estarán pasando. Haciéndonos esas preguntas pues,
pero en su momento no fue tan inaudito pues esa llamada, porque en sí la llamada fue para
decirnos que nos esperáramos y que en un momento llegaban. Así que no nos sentimos tan
frustrados por esta parte así que decidimos pararnos pues en el autobús para posterior a los
que será un minuto, 40 segundos, recibimos otra llamada en la que se nos informaba que
un compañero yacía abatido por las balas de los policías en el asfalto, tirado al suelo. [ES9]
Esa noche los normalistas que tomaron el autobús Estrella Roja sufrieron una
persecución por varias horas en diferentes escenarios (giei, 2015: 83-90). Después
de ser obligados a bajar del autobús, los estudiantes huyeron escondiéndose
entre los autos hacia un cerro cercano. Después se reagruparon en la carretera
e intentaron caminar hacia Chilpancingo, pero fueron nuevamente agredidos.
Patrullas de la policía municipal intentaron atropellarlos en dos ocasiones, luego
los siguieron y los rodearon, cortando cartucho. Los estudiantes experimentaron
miedo y confusión, pues no comprendían por qué estaban siendo atacados de esa
manera. Los estudiantes escaparon corriendo hacia unas escaleras empinadas
en la Colonia 24 de Febrero, mientras la policía les disparaba. En la huida, 4
normalistas se separaron del grupo:
Salimos corriendo ahí… Nosotros junto con 3 compañeros lo que hicimos también el
miedo, la precaución, nos subimos. La cosa es que estaba más arriba el cerro, y cuando
oímos balazos más nos subimos hacia el cerro, hasta la punta pues. Ya no supimos nada
de ellos y escuchamos, se veía todo el centro ahí, desde el centro, se veía. Nosotros lo que
hicimos… es escondernos más hacia arriba, pasamos toda la noche caminando. Llegamos
al día siguiente como a las 10, 11 de la mañana. O sea que lo que hicimos por miedo
y porque no entendíamos nada de lo que pasaba, es que subimos al cerro, íbamos por
la carretera para venirnos según para Chilpo. Según nuestra propuesta era aventarnos
31
Aunque los estudiantes dieron testimonio del quinto autobús desde sus primeras declaraciones, en el expediente de pgr
solamente se hablaba de 4 autobuses y un quinto que habría sido tomado y destruido por los estudiantes poco después de
salir de la terminal. Esta omisión y otras contradicciones llevaron al giei a plantear la hipótesis de que el quinto autobús
podría ser clave para explicar el modus operandi y la motivación de la agresión en contra de los estudiantes y que podría
estar relacionado con el tráfico de heroína o dinero, por lo que el giei recomendó desde su primer informe investigar en
profundidad esta hipótesis (giei, 2015: 322-325).
94
caminando porque estaba bien feo y nosotros íbamos caminando así bien mojados en
la carretera… Sí caminando, porque le preguntamos ¿dónde está Chilpo?, no pues para
allá, y ya nos bajamos, llegamos a la carretera, caminamos, pero pasaban camionetas de
patrullas, eran como unas 7, 8, y otra vez nos aventamos al cerro. [ES4]
Los cuatro normalistas que se separaron del grupo pasaron la noche caminando y
escondiéndose. Bordearon por los cerros de alrededor, desde donde vieron durante
toda la lluviosa noche las sirenas de patrullas rondando en todas direcciones. El
miedo a ser atrapados por la policía hizo que ellos no detuvieran su paso, aun con
la lluvia, la ropa mojada, el hambre y el temor profundo.
Una señora acogió en su casa a los otros 10 muchachos que huyeron de la policía:
Pues hasta el momento íbamos juntos, ya una señora de una casa estaba diciendo: “Dejen
a los muchachos no les hacen nada“. Pero la señora pensaba que era su hijo, porque al
momento de llegar allá, le tocamos y le pedimos hospedaje y la señora nos dijo: “Pásenle
muchachos, ¿y ahora por qué andan tanto los policías tanto así? Yo pensé que era mi hijo,
porque estaba allá abajo“. Y la señora llorando desesperada nos decía: ”¿Y por qué los
policías les disparaban?“ y así. Aja, llorando la señora y en ese rato ya estaba lloviendo…
[ES3]
Como en el caso de los ataques en la calle Juan N. Álvarez y Periférico Norte, los
normalistas del quinto autobús recibieron la solidaridad de la población de Iguala
que se puso en riesgo para protegerlos. Como muestra el testimonio anterior, el
ataque desproporcionado y sin sentido también generó impactos en la población
de Iguala. Los estudiantes recuerdan con gratitud esas muestras de solidaridad,
pues consideran que de no haber sido por ese apoyo, muchos de ellos también
habrían sido desaparecidos o asesinados.
96
La vivencia de los estudiantes que se quedaron en la Normal (ES1, ES2)
Bueno, no sé si sería en mi suerte o mala suerte, porque ese día se fueron y yo estaba en la
Normal y pues hay clubes, de lunes a viernes hay ensayo. Yo estoy en uno de los clubes,
de la banda de guerra y ese día tocó en la tardecita todo lo que fue un viernes. El viernes
terminamos de ensayar temprano, nada más limpiamos los instrumentos y en eso fue que
ellos salieron como a la actividad como las 5, y se fueron. [ES2]
La llamada la pusieron con altavoz y nos decían que estaban dentro del bus y que estaban
tirando, y sí se escuchaba, ruido, los balazos y una desesperación. Nosotros también
espantados, con miedo, aun estando en la Normal, pasando eso, pero sí se sentía mucho
coraje, ¡no podíamos creer lo que estábamos escuchando! [ES2]
En eso yo me puse mal, me sorprendí, dije: “No pues ¿a quién le dieron?”, luego pensé
a quién le dieron porque habían dicho un pelón pues, ya pero los chavos. Nosotros nos
agüitamos ¿qué está pasando allá?, ¿qué está sucediendo?, ya lo demás… Una desesperación
horrible en esos momentos. Ya en eso como de las 12, 1, estábamos concentrados en los
padres, estaban haciendo guardia en las entradas, en la cerca… en el portón, estábamos
cuidando… [ES1]
Pues nosotros cuando nos dijeron que ya iban a llegar, como eso de las 7, ya estábamos
hasta en el arco esperando, estábamos haciendo guardia. No llegaban y hasta nos decían,
vienen policías resguardándolos. Nosotros teníamos miedo y estar en la carretera que
vinieran, es un miedo pues, ya hasta después llegaron. Del arco para adentro no dejamos
entrar a la policía. [ES1]
El día 27 de septiembre del 2014 por la mañana empezó a circular por las redes
sociales la foto de Julio César Mondragón “el Chilango”, quien se separó del
grupo de estudiantes al escapar del segundo ataque en la calle Juan N. Álvarez.
Tanto la disposición del cuerpo de Julio César, en la vía pública con señales de
tortura y el rostro desollado, como la difusión de esta imagen a través de redes
sociales indica una finalidad expresiva. Es decir, el cuerpo de Julio César no fue
ocultado, por el contrario, fue expuesto intencionalmente para enviar un mensaje
de terror.
Nosotros nos venimos de allá [de Iguala] el 27, como eso de las 6, 7 de la tarde. No sé, pero
ya estaba oscureciendo y me dijeron en el trascurso de la tarde: “Es que no aparecen, ya se
fue a barandilla, ya se fue al MP, se fue a todos lados y no aparecen, no los encontramos”.
Y cuando en la mañana del día 27 nos enseñaron la foto del “Chilango”, de Julio César
Mondragón, pues dije: ”No, esto ya es otra cosa, esto no es una simple represión o sea esto
98
ya es… o sea nos quieren mandar un mensaje, pero es un mensaje muy fuerte de muerte,
de que lárgate, porque sino eso te espera”. [ES8]
Yo ya sentía mucho miedo, pero ahí fue más como lo doble, lo triple de verlo, de decir:
“¿Qué está pasando? ¿Qué tienen contra nosotros como estudiantes? De qué se trató esto”,
entramos en shock. [ES3]
Saber lo que estaba pasando allá y de saber a quién le habían dado y los demás estábamos
haciendo guardia, toda la noche hicimos guardia, en diferentes puntos. Nadie durmió y ya
como a las 10 u 11, ya estábamos ahí sentados en las guardias en eso y ya estaba circulando
la imagen del “Chilango”, en eso me llegó en el face[book]… ¡O sea cómo!, ¿pues qué está
pasando?, qué le hicieron y pues ya estábamos adivinando que si quien era. [ES1]
El estudiante ES8, junto con dos de los líderes estudiantiles, fue al semefo de
Iguala para reconocer los cuerpos de los 3 estudiantes ejecutados.
Al principio cuando yo vi a Julio pues dije: “En la madre, ¿qué estamos viviendo?”. Hubo
un momento en el que inclusive llegué a pensar que no era real lo que yo estaba viviendo,
que no era real porque digo es un compañero que lo vi hace unas horas, digo y ahora qué
cosas. Yo pensé que le habían echado ácido y cuando fuimos a verlo a semefo nos dimos
cuenta de que no.
Alguien lo tenía que hacer [ir al SEMEFO] porque los demás compañeros iban llegando
y, o sea, como a otro mundo, algo desconocido, como otra dimensión… También lo era
para mí [detiene el relato, presenta llanto, llevándose las manos al rostro para cubrirlo,
respira y continúa].
Sí, el médico forense nos dijo que le habían quitado el rostro. Antes de que lo viéramos,
porque el médico como que nos quiso preparar y nos dijo: “Está muy fuerte lo que van a
ver, le quitaron el rostro a su compañero, prácticamente lo hicieron cuando él estaba con
vida todavía”. Dice: “Lo torturaron, fue una tortura muy tremenda”. El médico nos dijo
que había sido tortura, que le habían quitado el rostro, le habían desprendido la piel. Ya
después la pgr sale con esas chingaderas que fue fauna nociva. Ahí nos dijeron eso, los
médicos pues, que no tenían nada que ganar, ni nada que perder. [ES8]
El hecho de que yo pasara a ver a mis compañeros, sí, afectó. Esa imagen que nos mostraron
en la fiscalía yo no la quería ni contar a nadie porque era demasiado dura… luego empezó
a circular en el face, en internet. Para entonces yo ya no la podía ver. Nomás de pensar lo
que pasó al compañero me hace revivirlo todo de nuevo. [ES8]
100
Regreso a la Normal y días posteriores
Tenía más temor que me encontraran y yo mis pañuelos que llevaba los escondí en la
bolsa porque iba manchada de sangre del compañero Aldo y mi pantalón también. Así que
yo corrí, seguí corriendo con esa lluvia y llegué a la terminal. Ya me dirigí hacia donde
estaba mi tía, ya estaba muy sola la calle. Empecé a tocar, no me abrían y tenía miedo que
me fueran a encontrar. Empecé a tocar, media hora, no me abrían. Toqué hasta que una
de mis primas despertó y me fue a abrir la puerta y ellos no tenían idea de lo que estaba
pasando. Mi hermano que vivía ahí ya se había dado cuenta, me había ido a buscar. Así
que yo me metí, me senté. Mis primas me estaban hablando pues de que qué tenía y yo no
podía hablar, nada más decía “No, estoy bien, no pasa nada”. Y ahí estaba con el temor de
que a lo mejor me vieron por donde fui y que me fueran a sacar. Mis primas me hablaban y
no, no les respondía. Después llegó mi tía, me empezó a hablar también, hasta que hubo un
momento que sí supe sacar las palabras y les dije lo que había sucedido que había venido
de un lugar donde nos dispararon y solo entonces estuve hablando […].
Pues salí de la casa como en a finales de octubre, todavía logré salir porque es que lo que
pasa, como todos llevábamos el cabello corto, estábamos pelones o sea nos reconocían a
simple vista, y yo no salía por esa razón, estaba esperando que creciera mi cabello, porque
me daba miedo ser reconocido. [ES9]
Eran dos, porque un autobús venía bien lleno y dice: “Pásense para el otro autobús” y
nadie se quería pasar. No nos queríamos separar, teníamos mucho miedo de salir de la
Fiscalía, de estar de nuevo en las calles. Ya nos pasamos con miedo algunos porque sí
veníamos bien apretados. “Que se pasen para allá”, nos decían los coordinadores, nadie
se movía. Nos fuimos como 10 en el otro autobús, iba bien vacío. No habíamos comido,
sin comer, sin dormir, cansados pero pues íbamos agachados todo el tiempo… [respira
profundo para poder continuar] Esa sensación de ver las sirenas de las patrullas, es algo
que no me puedo quitar, hace que me esconda hasta la fecha. [ES4]
De los compañeros de primero, había quienes estaban en sus casas. En el caso de los 57
desaparecidos en el primer momento, compañeros estaban en su casa. Otros chavos en ese
momento se fueron a su casa desde Iguala, como quien toma un taxi. Otro es “Ojitos”, él
llegó con otros dos chavos a la Normal, tuvieron el valor o no sé, de entrar todavía a la
central [en Iguala] pues ahí estaban los taxis, de irse a Chilpo. Otro estaba en la Normal, y
así fue que la lista se depura cuando llegan todos los papás. Un 3 de octubre. [ES3]
Yo no salí 8 días de la Normal para nada, ni a Tixtla salíamos para nada. No queríamos
ver a nadie, ni a nuestras familias. [ES5]
102
Más reporteros y más reporteros, era horrible, no queríamos ver a nadie, solo queríamos
estar en silencio, entre nosotros… y les abríamos y cerrábamos por dentro, no
queríamos ver a nadie prácticamente y en ese momento nos metíamos al comedor. Y pues
mi abuelita falleció el 5 de octubre. En ese lapso, pues fue la primera vez que me tuve que
ir a mi casa y salí obligado. Luego ya regresé, no me sentía bien estando en mi casa. [ES3]
Otros síntomas de estrés agudo tienen que ver con la dificultad para dormir y
mantener un sueño reparador por la persistencia de imágenes intrusivas de los
hechos ( flashbacks).
Esa noche yo no dormí, hubo como 3 semanas que no dormía muy bien porque cogía el
sueño y me venían esas imágenes de mi compañero [Aldo] o me venían esas detonaciones
que nos dieron y no, estuvo muy pesada durante un mes. No estuve bien y yo me resguardé
en Iguala, ya no salí de Iguala, ahí me quedé… Pues del compañero Aldo pues se me venía
el rostro y me iba durmiendo, entre sueños se me venía eso y despertaba y ya no me volvía
a dormir y del otro compañero el que estaba pidiendo ayuda pues, pues prácticamente
murió al instante porque le traspasó la bala, al cuello, se desvaneció, nada más esos
recuerdos que se me venían y no me dejaban dormir. [ES9]
Estos eventos estuvieron separados por momentos de relativa calma, durante los
cuales los sobrevivientes pensaban que el horror había terminado y que no podría
ocurrir algo peor. Por ejemplo, tras el primer ataque en la calle Juan N. Álvarez
los normalistas se disponen a realizar una conferencia de prensa y preservar
Fue una barbarie lo que hicieron con nosotros. Tal vez nos merecíamos que nos
reprimieran con fuerza antimotín, tal vez nosotros pudimos responderles. Ellos
nos pudieron haber llamado la atención, decirnos que ya nos fuéramos, los autobuses
se quedaran ahí y nosotros nos fuéramos. Nosotros tal vez pensamos en eso de que a lo
mejor se pudo haber dado un enfrentamiento con la fuerza pública pero nunca debieron
haber hecho eso, porque ni hasta el más peligroso narcotraficante lo persiguen a balazos,
lo persiguen lo que es accionando sus armas de fuego, matando a sus demás compañeros.
Nos persiguieron como los peores humanos que puedan existir sobre la tierra, como que
hayamos hecho un delito de suma responsabilidad que nosotros deberíamos atender pues.
Así que nosotros no merecíamos eso, como vuelvo a repetir nos pudieron haber mandado a
la fuerza pública, los antimotines. Pero pues no procedieron a hacer eso, ellos procedieron
a usar la fuerza armada, lo que viene siendo la fuerza bruta. Pues en su momento nosotros
pensamos en eso de que no nos merecíamos un golpe tan trágico pues para nosotros, y
no solamente para nosotros, sino también para México porque la sangre derramada pues
nunca se olvida. [ES9]
104
Nosotros nos llenamos de impotencia y a la vez de miedo, el saber que un compañero
sin saber quién era, pues ya estaba dado muerto por nuestros compañeros, así que en su
momento fue esa rabia, impotencia pero a la vez temor, ese temor que te impulsa a correr,
ese temor que te impulsa a no seguir adelante, a cancelar todo lo que estás haciendo para
poder salvarte a ti mismo por lo cual nosotros procedimos a decirle al chofer de que nos
fuéramos, de que ya nos teníamos que ir de ahí de Iguala y que teníamos que llegar a la
Normal de Ayotzinapa lo antes posible. […] El porqué no nos agarraron porque en su
momento tuvimos miedo, no nos congelamos no nos quedamos ahí parados nada más,
no nos aturdimos ni nada, solamente fue el miedo el que nos impulsó a seguir adelante a
superar todos los obstáculos que pasamos esa noche, el frío, la lluvia, las emboscadas que
sufrimos. [ES9]
No hace mucho, una vez tiraron una bomba no sé en ese momento… El miedo se metió
en mi cuerpo, lo abracé, abracé a mi compañero, me dio mucho miedo. Luego supe que
habían sido cuetes, no disparos ni bomba, pero yo así lo sentí. [ES3]
O un ruido así, te alerta, te espantas, o quieres esconderte. Como a mí una vez me pasó
en mi casa, tiraron un balazo así cerca y lo que hice estaba viendo la tele, lo que hice fue
tirarme al sillón. Estaba toda mi familia ya nada más me quedé así, después ¿qué hice?
Por instinto lo haces. [ES4]
Hasta Morelos, al ver patrullas me daba miedo, aún así yo en mi caso veo patrullas y me
da miedo, temor más al ver las torretas… Donde sea, de hecho luego vamos en el autobús,
dicen lo van resguardando [policías] y nada más vamos viendo ubicando las patrullas y
más en Iguala. [ES5]
Tenía eso cada vez que escuchaba una sirena de una patrulla me venía ese temor de que
“otra vez va a pasar”. Tenía ese trauma que no me dejaba salir a la calle. [ES9]
Es que cada mes se hace un evento sociocultural, cada vez va rondalla y banda de guerra,
luego danza y yo así luego íbamos cada mes. Después fuimos a la búsqueda, fue cuando
estuvimos más días ahí en Iguala. [ES4]
Al momento de ir entrando a Iguala, en todo el cuerpo así, sientes el frío en las manos, ves
a alguien así que más o menos tiene su cara desconocida así te da pánico. Siento presión
en el cuerpo, el corazón me late más fuerte. [ES4]
Tuve que volver con los papás y compañeros. O sea yo ni siquiera conocía ese pinche
lugar [donde quedó el cuerpo de Julio César Mondragón] y yo no sabía que, por ejemplo,
fue la primera vez también que vi que hay un monumento ahí donde cayeron los dos
compañeros. Yo no lo había visto, y pues estar ahí, todavía están las marcas de las balas,
están encerradas en círculos rojos, pues se vienen esas imágenes que incomodan de una
u otra forma te molestan. Cuando estuve donde encontraron al compañero Julio César,
pinche lugar desolado, unas cuantas casas por ahí cerca. O sea, ver pues muchas cosas,
sentir muchas cosas, que vengan a tu mente imágenes o hay momentos hasta en los que
como si pasara la pinche película de lo que posiblemente le pasó a los compañeros por
aquí, o sea en tu cabeza como que se reproduce una pinche película de lo que posiblemente
les pasó y pues está canijo. [ES8]
Pues yo siento que como para relacionarse más sería como entre nosotros mismos, ¿no?
Porque pues ahí hablas así, como que más pues hablas bien de todo, porque se entiende uno
y pues sí hablas con otras personas, por decir con nuestros familiares, pues te entienden
pero no saben del todo pues cómo pasó y pues no les cuenta uno todo así tal cual. Porque
haga de cuenta que empiezas a contar y se van malinterpretando las cosas, ¿no? Se van
distorsionando y yo termino mejor por ya no contarle a nadie. [ES4]
Las demás generaciones quizás se enfoquen más en su trabajo, la plaza,32 la familia, pero
nosotros que estuvimos esos días en Iguala, vamos a cargar con esto siempre y el tiempo
que dure nuestra vida lo vamos a cargar siempre, de una u otra forma. [ES5]
Exactamente, como digo, o sea se podría decir que estamos por una parte muertos porque,
o sea lo que nos sucedió ahí queda, no te lo pueden quitar, y pues ahí va a estar. Lo bonito
sería, es que alguien llegara y te dijera “No sucedió, no te sucedió eso”. Te quitara todo
eso, pero pues desgraciadamente no, ahí está igual ese vacío que sentimos nosotros y toda
la escuela ahí sigue. [ES6]
Pues no creo que ya nos recuperemos porque fue algo que venimos pensando desde
más de un año, casi 17 meses, un poco más de 17 meses […] Nosotros ya tenemos una
idea centrada en que ya no nos importa nada. Mi persona ya no puede sufrir más daños,
mentalmente, porque ya pasó una de las peores cosas que una persona les pueda pasar,
intento de asesinato, intento más que nada de ver a nuestros compañeros que los querían
asesinar, a nosotros. Este trauma que en un principio sentíamos pero que poco a poco
nosotros mismos fuimos analizando, y llegamos a esa decisión de ya no nos importa nada
más que encontrar a nuestros compañeros más que nosotros mismos, más que seguir
adelante, más que poder seguir uno mismo mediante ese camino, ese camino que nosotros
sabemos que nos va a llevar y nos va a conducir a seguir con esta lucha. [ES9]
Nunca me habían pasado cosas así, pero después de un mes del 26 de septiembre de 2014
empezaba. Dormía en el suelo, estaba durmiendo en el suelo y nada más de repente me
despertaba y me sentaba, muy agitado y sudando, respirando muy fuerte. Pero no soñaba
nada, solamente me despertaba así. Así que en un principio no sabía qué era, preguntaba
y no sabía qué era, pero ya luego me estuvieron diciendo que era por lo que había pasado
el 26 de septiembre. En un principio no quería aceptarlo porque no sentí que me haya por
así decirlo traumado así tanto, así llegar a ese punto. [ES6]
32
Se refiere a una plaza como maestros al salir de la Escuela Normal.
108
Pues es que no sé por qué empiezo a hablar de eso cuando estoy borracho pero pues
empiezo, o sea concretamente no sé… Quién sabe, dicen que con alcohol todo fluye, dicen
que con unas copas de más todo sueles hablar. Pero a mí sí se me complica en sano juicio
se me complica. De hecho cuando vamos a las organizaciones y quieren que yo hable,
hablo de todo menos de lo que pasó. Porque de antemano yo sé que si hablo voy a
llorar, hay ocasiones en las que tengo que hablar pero pues yo sé que a la mera hora quizá
ni me entiendan las personas por qué o estar llorando pero quién sabe por qué se me
dificulta… Pues nomás son 14 [desaparecidos] de aquí de mi pueblo [Tixtla] [Rompe en
llanto, llevándose las manos a la cara para ocultar las lágrimas]. [ES8]
En algunos casos, los estudiantes han aprendido a manejar los síntomas tratando
de mantenerse ocupados y otras formas de afrontamiento:
Yo he aprendido a controlarlo al paso del tiempo, yo no me siento tan mal como al principio.
No vivo ya con ese miedo, ya puedo salir, puedo hacer las cosas regularmente como de
costumbre. Como digo, me ha ayudado el folclor mexicano que he estado practicando, me
ha ayudado mucho, el hacer otras cosas, el trabajar también. Como también trabajo,
también me ha ayudado, lo he aprendido a sobrellevar y pues la verdad mis compañeros
no lo sé, no entiendo porqué no hablan. [ES6]
Pues quizás hemos tratado de demostrar lo contrario a decir que estamos tristes, quizás
demostramos otra cosa a lo que realmente nosotros sentimos por dentro. ¿Por qué? porque
sinceramente fueron grandes amigos, hermanos que pues algunos fallecieron y los otros
están desaparecidos, es algo que nosotros pues sí nos duele aunque no lo crean o quizás
digan “Ya lo superaron”. No es cierto, sea como sea nosotros los queríamos y pues aun los
queremos de regreso. [ES9]
Pues de una parte me ayuda porque se me llenan de cosas la cabeza y no recuerdo cosas
que me lastiman, que me ponen no sé, una conjunción de varios sentimientos encontrados
y peleados entre sí pero a la vez juntos, los psicólogos le llaman embotamiento. [ES8]
Pero se ensañaron, estuvieron disparando, por una u otra razón no me tocó pues ninguna
bala. Lo que hice fue tirarme al suelo y aventarme hacia donde estaba el autobús,
levantarme y pues ya, de cierta forma me salvé pues. Pero mientras alcanzaba a entrar al
autobús pensé que no viviría. [ES8]
Pese a las circunstancias objetivas que indican que los perpetradores de los
ataques son los responsables de los asesinatos y desapariciones, el proceso de
elaboración psíquica toma otro camino. Frente a la experiencia de indefensión
total e impotencia se echan a andar mecanismos defensivos a través de los cuales
se genera la fantasía de control sobre los hechos a un alto precio: atribuyéndose
la culpa de lo sucedido.
Al tercer autobús no hubo quien lo defendiera. Nosotros no pudimos hacer gran cosa,
aunque intentamos lo más que pudimos, y salieron con una pinche barretita los policías
hasta que lograron abrir la puerta del autobús, y ahí miramos como los fueron bajando de
uno en uno [Con la mirada perdida, continúa]. El último en bajar fue Saúl, “el Chicharrón”
[Rompe en llanto] […] Es algo simple eso, si me hubiera quedado en el tercer autobús
quizá estaríamos hablando de 44, quizá estuviéramos hablando de menos. Pero de una u
otra forma yo conozco a mis compañeros y sé que así como dice la pgr que 3, 5, 10 tipejos,
por muy fuertemente armados que estén, para someter a 43, yo sé que no se iban a dejar
mis compañeros. [ES8]
Pues ser sobreviviente es algo que no logro explicarlo porque cualquiera pudo haber sido
uno de los 43, cualquiera de los que sobrevivimos. Sino que fue una oportunidad, no sé, que
nos dieron, una oportunidad de acabar lo que empezamos. En sí no le di el significado de
ser sobreviviente, aunque por dentro se podría decir que estamos muertos prácticamente
porque nos quitaron una parte de nosotros, y no fue una parte muy chica como la del 12
[de diciembre del 2012, cuando fueron asesinados dos estudiantes normalistas], sino fue
algo inmenso, que son 43 compañeros que no se puede olvidar. [ES6]
Pues en mi persona como he dicho, ¿no? A lo mejor volví a nacer otra vez porque yo nunca
en mi vida me había ocurrido algo así, a lo mejor sí un enfrentamiento me ha tocado, no
hacia mí directamente, hacia mí que yo sea el blanco, no de esa forma. Es algo que durante
toda mi vida voy a recordar y como le dije a mi mamá a lo mejor volví a nacer, volví a…
A lo mejor me dieron otra oportunidad de seguir viviendo, y si me dejaron vivo fue por
algo, es por eso que regresé, a la Normal porque sí medité mucho regresar o no y dije si me
dejaron vivo ha de ser por algo. [ES6]
Con el tiempo vamos a ir aprendiendo muchas cosas, hay una frase que escribí no sé ni
porqué pinche frase, pero dice: “Y bien, aquí estoy, ya aprendí, tarde para unas cosas, pero
a tiempo para muchas otras, ya aprendí”. Y de una u otra forma esto nos va a servir, no
sé para qué chingados nos vaya a servir, o quizá ya me sirvió para muchas cosas y ni en
cuenta. Lo único que sí anhelo y espero es de que demos con la verdad, pero no mentiras,
algo real. [ES8]
Nosotros como estudiantes ahora sí, hablando generalmente, no pararemos hasta poder
encontrar a nuestros compañeros desaparecidos, hasta hacer justicia y aun así nosotros
seguiremos en la lucha porque esto que le hicieron a Ayotzinapa no se puede remediar,
no se puede olvidar. Nosotros no permitiremos que a nuestros desaparecidos nos los
desaparezcan dos veces. Ya una vez nos los desaparecieron forzosamente y ahora quieren
desaparecerlos de nuestra mente y corazón. Nosotros no permitiremos nada de eso,
nosotros seguiremos en la lucha. Nosotros seguiremos con esa convicción de poder estar
aquí, y aún nosotros egresando, nosotros saliendo de la Normal de Ayotzinapa seguiremos
en esta lucha. Nosotros seguiremos con esa misma convicción que desde un principio
hemos tenido, fuera de hablando de nosotros, pues personalmente haría lo que fuera por
poder encontrar a nuestros compañeros, por hacer algo para hacer justicia porque aún
seguimos sintiendo esa impotencia de poder hacer algo por la Normal y hacer algo que
pueda ayudar y solventar a lo que es tanto la Normal de Ayotzinapa como el movimiento
para poder así seguir con nuestra lucha, sería todo. [ES10]
Es la rabia que se vino a incrustar en mí. O sea, al ver cómo nos trataron ese día,
tengo esa rabia por dentro que no he sacado de ese día que nos hicieron eso, no era
así yo anteriormente. A lo mejor el miedo ya casi no lo tengo porque he vivido otros
enfrentamientos después de eso, como las que sucedieron en el túnel. Las dos veces yo
andaba ahí, la de septiembre, aquí en la caseta también estuve, anduve corriendo por el
cerro. El miedo prácticamente ya no lo conozco. A lo mejor, a lo mejor me llega cada vez
que, como anteriormente se lo comenté, el ruido de las sirenas, o que así cuando voy solo,
cuando estoy solo y escucho eso, entonces si me llega eso. [ES9]
Nosotros sentimos esa rabia todavía. Seguimos escuchando esas detonaciones que
surgían por parte de las armas de fuego de los policías. Teníamos esa rabia y después
en cada actividad que nosotros íbamos, nosotros queríamos encontrar a un policía y que
nos explicara la situación y algunos compañeros querían agarrarse a golpes con ellos
mismos porque en esos momentos eran nuestros enemigos. Algunos lo siguen siendo
pero en esos momentos nosotros la traíamos con todos los policías. Porque nosotros
generalizábamos, porque fueron ellos los que nos agredieron física y psicológicamente,
esa noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre. Sentíamos demasiada impotencia
de poder hacer algo, de querer hacer algo, para ir a buscar a nuestros compañeros. [ES9]
El rencor ya no iba hacia lo que nos hicieron esas personas sino que ya tomé de manera
general, a todos o sea federal, ejército mexicano, cualquier autoridad ya no le tengo nada
112
de confianza, de hecho hasta mi propio municipio ya no confío en nadie de ahí y ellos se
han dado cuenta que yo he cambiado de esa forma aunque luego se acercan a mí, que te
vamos a ayudar y que infinidad de cosas que me quieren decir, pero ya les veo a todos
como lo mismo. [ES10]
Pero en sí pues sí en ciertas ocasiones sí nos afecta psicológicamente porque hemos llegado
al punto de decir “ya no queremos estar aquí”, pero pues otra vez volvemos a lo mismo.
Volvemos a tener esa mayor convicción que solemos tener nosotros como ayotzinapos
pues así que amenazas siempre va a haber y siempre ha habido, siempre habrá. Llamadas
anónimas amenazándote le pares a todo el desorden que nosotros hemos hecho, siempre
va a haber y hasta ya nos acostumbramos. Sabemos que tarde o temprano saliendo de la
normal ya no seremos maestros, ahora ya seremos licenciados, ya seremos técnicos. Así
que pues estamos como por ahí se dice, a la deriva de que nos puedan hacer lo que sea,
pero como le comentamos hace rato, nosotros ya no nos ponemos a pensar en eso porque
sabemos que en cualquier momento ya nos puede tocar la de malas. [ES10]
Días anteriores nosotros pues seguíamos pensando de que los tenían, al momento de que
los dimos por desaparecidos llegó una noticia en la que dijeron que ya era seguro que los
tenían en un cuartel militar y que nuestros compañeros, nosotros íbamos a ir por ellos y
en ese momento salió un autobús hacia ese cuartel militar, para ir a buscarlos, pues para
meternos y exigir su presencia. Pero eso ocurrió ya casi cuando no teníamos esperanzas, de
encontrarlos, o sea para darlos desaparecidos, ya perdiendo la esperanza que el Gobierno
los tenía, así que volvieron esas esperanzas pero cuando volvieron los compañeros
que fueron sin nada, sin los compañeros pues volvió a recaer pues esa esperanza pues de
que nosotros pensar que las fuerzas policiacas los tenían, así que nosotros nos percatamos
de que esto iba para más tiempo porque íbamos a seguir luchando. [ES9]
Pues ese día que pasó el caso yo estaba en mi casa, había pedido permiso con los del
Comité porque realmente no había estado con mi familia, fui y pues estando en mi casa
yo pensé que todo iba normal y pues yo no me daba cuenta, ya hasta cuando me llegó un
comunicado que habían atacado a los compañeros y que en ese entonces había como 45-47
desaparecidos, pues realmente quizás a mi me asustó, pues me puso en que pensar “¿Por
qué?”. Porque los compañeros pues todos eran de mi academia, conocidos, y pues la neta
en este aspecto pues yo, pues sí me asusté. ¿Por qué? Porque digo creo que ese golpe ya
fue exagerado, fue mucho, no sé. Pero pues yo no pensé que sería esta tragedia sería a tan
alto nivel, a tal grado de que los compañeros hasta ahorita no aparezcan. Yo pensé que
pues sí, los habían detenido, pero al día siguiente tenía la esperanza que los iban a soltar,
nos iban a dejar libres, y cada quien más o menos tranquilo porque no se puede quedar
contento porque fueron heridos, fueron asesinados […] y nosotros teníamos esa esperanza
que realmente al día siguiente los íbamos a encontrar en la Normal pero pasó el tiempo y
hasta la fecha no sabemos nada de ellos. [ES10]
Hubo días enteros en los que no podía dormir, solo sentía como corrían mis lágrimas. Te
metías a la casa [dormitorio en la Normal] y se sentía una pinche soledad, cuando en casa
siempre había risas, pleitos, música, gritos y tú entras y una pinche soledad. [ES8]
114
Hay ocasiones que sentía que algo me faltaba, una parte de mí pues ya no estaba conmigo.
Ahí en la casa donde yo dormía éramos 20. De esos 20, 10 están desaparecidos, 5 se
fueron. Nada más 5 nos quedamos y de esos 5 a la casa nada más llegaba a dormir 1 o 2, o
sea sentía una ausencia, pues yo la casa estoy adentro cuando tengo que entrar, pero trato
de evitarlo. [ES7]
Los testimonios a continuación refieren una vivencia de vacío por “una ausencia
muy grande” y silencio en la escuela:
Pues en algunas ocasiones cuando tenemos clases, y cuando ves que realmente que no
estamos todos, no hemos estado completos, vemos una ausencia que quizás ese ruido
esa… que se caracterizaba por… la actitud de cada compañero pues es algo bien extraña
porque eran en ese entonces, quisiéramos que si estuvieran todos que nos calláramos, no
sé, nos gritábamos pero pues no se puede hacer porque la ausencia de ellos es muy grande
y pues daríamos todo por encontrarlos y por ver que también están vivos, por ver que sigan
con nosotros y ver que están de la mano con nosotros […] Siento que el silencio es lo que
caracteriza la ausencia de nuestros compañeros. [ES7]
Se siente un vacío inmenso, cada vez que ves las fotografías de tus compañeros y decir
“Nos faltan en mi academia, faltan compañeros”. A veces me imagino cómo sería la
situación si regresaran, o sea yo siento que algo nos falta, yo conocí a mis compañeros
yo siento que falta algo, nos falta algo, sería un poco diferente o muy diferente el que
estuvieran todos aquí. [ES6]
Esa impotencia que se siente uno cuando sabe que alguien de su familia, sus amigos,
necesitan ese apoyo, no sabíamos si estaban gritando de dolor, si tenían hambre, si tenían
miedo y lo peor, qué harían mis compañeros si nosotros estuviéramos en el lugar de ellos
es por eso que nosotros sentimos esa conexión aún. Los que pasamos por esos trágicos
momentos esa es la comisión que nos mueve seguir adelante para poder encontrar a ellos,
a nuestros compañeros. Porque queramos o no, son nuestros compañeros y amigos, por
los cuales compartimos cuartos, momentos juntos, diversiones en sí, por eso es lo cual
nosotros aún seguimos sintiendo todas esas cuestiones de poder seguir adelante para poder
encontrarlos y así hacer justicia para nuestros compañeros que así fueron asesinados. [ES9]
Yo aun tengo ahí guardados sus zapatos, están los de él [de Luis Ángel Abarca Carrillo]
y los míos, porque quedaron bien tiesos pues por el lodo… Ahí los tengo todavía. [ES8]
Sinceramente creo que es muy difícil que los compañeros sigan con vida, más sin embargo
hay unos antecedentes en los que gente ha escapado y gente ha sido encontrada con vida
después de años, pues esa es mi esperanza, mi esperanza es esa de que así como hay esos
antecedentes mis compañeros sean un caso más de esos y que pase el tiempo que pase
pues ellos si no están con nosotros por lo menos estén con vida pero sí anhelamos que
estén acá. [ES5]
Sobre cómo me he sentido de un tiempo para acá desde la noche del 26 de septiembre
pues hay muchas cosas que podrían afectar pues en sí nos hacemos muchas preguntas,
nos hacemos diferentes. Sabemos que teorías siempre va a haber muchas, y a lo largo de
todo este tiempo, pues nosotros nos hemos percatado de mentiras, falsedades de muchas
perspectivas que van de la pgr en el caso Ayotzinapa. Así que nosotros pues en mi persona
hemos sentido que esto va para largo en lo que nos dan respuesta verdadera, una verdad
inmediata, pero más que nada que sea verdadera. Nosotros sentimos que esto va para
largo y pues sí hemos sufrido muchas en lo que es este lapso de tiempo, hemos sufrido
muchas represiones, amenazas, muchos percances. [ES6]
Más adelante nos afectó ya que pues no pudimos disfrutar lo que es Ayotzinapa como
realmente es, porque Ayotzinapa no es una escuela que se la pasa luchando, una escuela
que se la pasa en marchas, en mítines en actividades, no, Ayotzinapa es una cosa muy
bonita. Tuve la fortuna de poder conocerla antes, cuando festejaban sus aniversarios, donde
festejaban eventos políticos, deportivos, culturales. Esa fue la comisión de mi persona
entrar a Ayotzinapa porque había mucha diversión, había mucho estudio y sabíamos
116
que salía gente preparada, gente que sí le entraba al estudio. Pero seamos realistas, este
movimiento ha causado que descuidáramos el sentido académico por lo cual nosotros ya
no hemos disfrutado lo que viene siendo Ayotzinapa en sí. Porque Ayotzinapa en sí es eso,
manejarse por los 5 ejes, pero ahorita solamente hemos atendido en su totalidad el político
para mantener así la organización estudiantil y encontrar a nuestros compañeros. [ES10]
Tras los ataques ocurridos la noche del 26 y 27 de septiembre del 2014, los
familiares de los estudiantes sobrevivientes reaccionaron con justificada
preocupación. Como se señaló antes, uno de los impactos traumáticos de los
hechos tiene que ver con la pérdida del sentimiento de seguridad básica frente
a la brutalidad de los ataques. En algunos casos los familiares pidieron a los
sobrevivientes que no continuaran con sus estudios en la Normal motivados
por el miedo:
A mi familia pues sí les afectó demasiado porque hasta en su momento querían sacarme
ya de aquí de lo que es esta Normal Rural, dejar de estudiar aquí en Ayotzinapa. Pero
pues mi persona procedió a decirles que no se preocuparan demasiado, que seguiríamos
apoyando hasta donde más se pueda. Así que ellos siempre todos los días me marcan para
decirme cómo estoy, hay días que no les puedo contestar porque estoy atendiendo otros
asuntos. Pero en sí ellos nunca se olvidan, nunca pasan por alto eso, porque saben que
desde ese momento nuestras vidas están en riesgo, ya no tanto en el paradigma de decir
“Le pueden pegar, le pueden hacer esto o el otro”. Ya piensan en hechos reales como los
que ya pasaron, que cualquier momento pueda pasar algo parecido, es por eso que ha
afectado psicológicamente a lo que es mi familia, que en cualquier momento nos pueda
pasar algo. [ES9]
Pues seguimos con eso pues, nosotros apoyar hasta donde se pueda y es ahí donde entra
lo que es la preocupación por parte de los papás, hermanos y hasta demás familiares que
nos dicen que ya le dejemos ahí, que nos vayamos pero pues nosotros sabemos que no se
puede, porque es algo que nos impulsa, sabemos que esto ya es por nuestra propia calidad
moral, esto ya es un compromiso moral que nos retiene a estar aquí porque sabemos lo
que se siente estar solo. [ES5]
Los sobrevivientes refieren que a pesar del temor, sus familias han respetado
su decisión y se mantienen en comunicación para saber cómo están y tratar de
protegerlos. El siguiente testimonio habla de un cambio positivo en la dinámica
familiar a partir de los ataques, que ha permitido un mayor acercamiento:
Pues más apegada a mí porque fui el afectado. En ese entonces a lo mejor mi familia no
me ha demostrado el cariño porque o sea fue un poco estricto conmigo para sobresalir y
después de ese atentado pues mi familia ha estado en constante comunicación conmigo
cada rato, dónde ando, qué ando haciendo. “Vente a vernos, queremos ver que estés bien”
y pues es un poco ya más apegado conmigo. [ES7]
Sin embargo, los estudiantes entrevistados enfatizaron que para ellos la reparación
del daño solamente sería posible con la verdad, la justicia, el esclarecimiento del
paradero de sus 43 compañeros desaparecidos y su retorno:
La reparación es… la reparación para nosotros sería justicia, verdad y castigo para
los culpables, eso nada más. Saber dónde están, qué es de ellos [de los 43 normalistas
desaparecidos], que regresen aquí, que haya una justicia real, una justicia por lo sucedido,
118
que pague quien tenga que pagar. Yo siempre lo he dicho que pague quien tenga que pagar,
que caiga quien tenga que caer. [ES8]
Por otro lado, los estudiantes refieren haber sido agraviados por la versión oficial
de los hechos difundida por la Procuraduría General de la República, y que
consistió en afirmar que los 43 jóvenes desaparecidos habían sido privados de
la vida y quemados en el basurero de Cocula. Esta versión fue posteriormente
desmentida por peritajes independientes presentados por el giei (2015) y el
Equipo Argentino de Antropología Forense (2016), por lo que los estudiantes se
refieren a esta como “la mentira histórica”. Frente al sufrimiento emocional y el
daño causado por el manejo mediático de esta versión, los estudiantes identifican
como una medida de reparación integral la sanción al entonces procurador y la
investigación eficaz para determinar el paradero de los estudiantes normalistas:
Yo soy de la idea de que él tiene que pagar por mentiroso, por haber hecho tal… Un
mitómano en exageración, ahora resulta que no fueron 43, que fueron 17, después van
a decir que nomás 10, después que 20 y eso es el pinche pueblo. Nada más lo que están
tratando todo el gabinete de la federación es corroborar lo de la hipótesis del basurero,
igual y regresar, ese no es un avance, es un retroceso en lugar de un avance. [ES8]
Sería difícil recibir algo que venga por parte del Estado hasta, como digo, anteriormente
yo ya no quiero nada de eso, relacionado a eso no, no podría ni hablar. Si quiero que se nos
atienda lo que nos ha producido el trauma, pero no por parte del Estado, nosotros elijamos
en consenso… que lo pague el Estado si acaso. [ES6]
Eso de recursos económico, que te voy a asignar en tal puesto eso a mí no me interesa…
[ES2]
Hablando económicamente pues nunca nos ha interesado, tal vez nos hemos puesto a
pensarlo pero no queremos así nada que venga del Gobierno, no queremos. Es el coraje
pues que nos impulsa a seguir teniendo esa convicción a seguir rechazando rotundamente
lo que viene siendo cualquier cosa que venga del Gobierno. Económicamente nosotros,
bueno, mi persona podría ser, le ha hecho como ha podido y ha ido a trabajar, se ha dado
mal pasadas, se ha desvelado, no ha dormido ciertas noches, días, pero nosotros sabemos
porque lo hacemos para nosotros mismos. [ES10]
Pues justicia, tal vez sería que la Normal no se desatendiera, que tuviéramos más apoyos,
tal vez eso sería una de las principales para una justicia, que hubiera más recursos tal vez
y pues para la Normal eso sería. Sería lo que menciono, que hubiera atención médica,
atención psicológica y también sería la indemnización para la escuela porque así se ha
desatendido quizá ya mucho por lo del movimiento. También se han desatendido lo que es
las actividades académicas […] Tal vez lo de las raciones, lo de los dormitorios eso sería lo
más importante porque sea como sea es un internado y tampoco tiene que descuidar lo de
las raciones y dormitorios. Lo académico sería lo principal, yo creo que estamos hablando
de todo lo de la Normal, a fin de cuentas es la escuela. [ES9]
120
• Se observa una secuencia traumática en la que a los ataques en Iguala
se suman los impactos traumáticos derivados de la exposición a la
imagen de Julio César Mondragón, con signos de tortura y crueldad
extrema; la desaparición de los 43 estudiantes normalistas; el manejo
de las investigaciones por las autoridades, la estigmatización y la
impunidad que persiste en el caso.
• Frente a los ataques se detonaron en los estudiantes respuestas de
defensa o escape: el objetivo era regresar a la Normal. Asimismo, los
normalistas desplegaron reacciones que privilegian dinámicas grupales
y de solidaridad que favorecieron respuestas colectivas relativamente
organizadas en medio de la experiencia caótica de las agresiones.
• Los estudiantes que se encontraban en la Normal igualmente
vivieron impactos traumáticos al conocer los hechos.
• Las víctimas mostraron reacciones de estrés agudo durante el
primer mes posterior a los hechos: hipervigilancia, sobresalto,
reviviscencia del trauma frente a estímulos externos y en sueños,
imágenes intrusivas, imposibilidad de dormir que limitaron sus
actividades cotidianas. En algunos casos estos impactos se observan
posteriormente y constituyen síntomas de estrés post traumático.
• El trauma, que no puede ser simbolizado a través del lenguaje
persiste en los sobrevivientes a través de repetición de los síntomas
y la vivencia de una parte muerta de sí mismos.
• El carácter inenarrable del trauma afecta la posibilidad de compartir la
experiencia y hay una tendencia al aislamiento que afecta la posibilidad
de apoyo social y atención de las secuelas que viven los sobrevivientes.
• Se padece impotencia por no haber podido salvar a sus compañeros
asesinados y desaparecidos, culpa del sobreviviente y búsqueda
de sentido.
• Existe compromiso con la búsqueda de sus compañeros
desaparecidos, verdad y justicia como forma de afrontamiento.
Exposición a nuevos ataques en el marco de su participación en
movilizaciones y protestas (riesgo de victimización secundaria).
• Hay sentimientos de rabia y desconfianza hacia las
autoridades, y pérdida del sentimiento de seguridad básica en
los normalistas sobrevivientes.
Conclusiones
122
V. Impactos psicosociales en los normalistas
heridos y sus familiares
E
n este apartado se abordan los impactos psicosociales en los
estudiantes Edgar Andrés Vargas, que fue herido en la cara, y Aldo
Gutiérrez Solano, que permanece en coma, y en sus familiares. Para
este informe fueron entrevistados Ulises Gutiérrez Solano, hermano
de Aldo Gutiérrez Solano; Edgar Andrés Vargas, normalista herido
en el segundo ataque y sus familiares (sus padres, su hermano y su cuñada).
Asimismo, se realizó una entrevista grupal con los familiares de ambos
estudiantes heridos para realizar una evaluación de los daños, de la atención
recibida por las instancias correspondientes (Secretaría de Gobernación y la
Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas), sus necesidades en términos de
atención y su perspectiva sobre la reparación integral del daño.
El día 26 de septiembre Aldo fue alcanzado por una bala en la cabeza durante
el primer ataque a los estudiantes normalistas en la calle Juan N. Álvarez, hacia
la salida a Periférico Norte, cuando intentaba junto con otros estudiantes mover
una patrulla que obstaculizaba el paso hacia Chilpancingo, alrededor de las
21:48 horas. Aldo quedó tirado en el suelo, gravemente herido e inconsciente.
Sus compañeros intentaban acercarse para auxiliarlo, pero no lo lograban porque
nuevamente recibían disparos de la policía. También pidieron una ambulancia
urgentemente pero no llegaba. Según los estudiantes, la operadora del 066
[número de emergencia] no les creía, y después les dijeron que la policía no
dejaba pasar a la ambulancia. Cerca de media hora después, Aldo fue evacuado
por una ambulancia y trasladado al Hospital General de Iguala “Jorge Soberón
Acevedo” (giei, 2015: 53-55).
33
sedesol. Catálogo de localidades. Disponible en: [Link]
aspx?tipo=clave&campo=loc&ent=12&mun=012
En julio de 2016 se realizó una nueva evaluación por especialistas del innn y del
inr, así como por los especialistas recomendados por el giei. Estos coinciden en
que médicamente Aldo se encuentra en condiciones de ser trasladado a un entorno
doméstico, para lo cual se requiere una vivienda adecuada a sus necesidades y un
esquema de atención médica y rehabilitación. Actualmente la Comisión Ejecutiva
de Atención a Víctimas está encargada de realizar los arreglos correspondientes
para la construcción o adecuación de una vivienda cerca del lugar de origen
de Aldo, de acuerdo con las recomendaciones del inr, en coordinación con la
Secretaría de Salud del Estado para garantizar la atención médica, así como las
condiciones para la familia.
34
Los doctores Mauricio Chinchilla y Calixto Machado.
126
del ataque, fue truncado. Este apartado se centra en explicar los impactos
psicosociales sufridos por su familia, a partir de una entrevista en profundidad
realizada a su hermano, Ulises Gutiérrez Solano, y dos entrevistas grupales
con sus padres y hermana, Glorilú Gutiérrez Solano. A partir de los impactos
psicosociales identificados en la familia y la situación actual de Aldo se proponen
recomendaciones para la atención en salud a Aldo y la atención a su familia.
Ulises, como hermano mayor y por ser el familiar que vivía más cerca, estaba
al tanto constantemente de Aldo. El día 26 de septiembre se comunicó alrededor
de las 20 horas con Aldo, quien le dijo que estaba en Iguala y que le avisaría en
cuanto regresaran.
Yo me enteré a través de un amigo que también tenía un hermano aquí [en la Normal]. Él
me avisó que los muchachos se habían ido a Iguala, me avisó por teléfono, como a las 10 me
avisó que había habido una actividad de boteo y que los habían agredido con balas, pero
anteriormente yo como a las 8 de la noche yo me enteré, yo le hablé a mi hermano, le
hablé y él me contestó. Le pregunté “¿Hermano dónde estás?”, “Ando en Iguala” dice. Le
pregunté que a qué hora iba a llegar él, y que si ya venía. Me dice “Sí, yo te aviso cuando
ya llegue”. Pero no me pudo contestar el teléfono, me mandó mensaje y pasaron… Yo le
avisé a mi mamá en ese ratito: “Aldo está bien, no se preocupe, ya no se preocupe mamá”.
Aldo también se comunicó con su mamá alrededor de las 19:30 horas y le dijo
“Ya vamos para la escuela, mañana salgo tempranito para la casa”. Ya no se
volvió a comunicar. Ulises relata:
Esperé hasta las 10, que digo “No me avisa mi hermano si ya llegó”. Me preocupé y le
empecé a marcar, cuando mi amigo me avisó que los habían agredido en Iguala, y que me
viniera para la Normal porque se había puesto feo y que había un muerto. Chillé, habían
matado a uno, es lo que me había dicho. Yo ya me preocupé, entré en estado de pánico,
todos. Me sentí muy mal y más cuando me dijeron que era de Ayutla. Digo no, sentí muy
feo, así que no pude decir nada, me quedé así, inestable. Me quería ir hasta Iguala en ese
ratito, pero dadas las condiciones pues me decían que estaba muy feo, estaba bloqueado y
había ido una Urban de aquí que la habían balaceado y ya no me pude ir. Así fue.
Del relato de Ulises se desprende que la noticia de los ataques a los estudiantes
en Iguala y la información sobre la muerte de Aldo, que fue descartada
posteriormente, representa un evento traumático que genera reacciones de
miedo intenso, indefensión, incertidumbre y confusión. Además, el riesgo que
representaba dirigirse a Iguala profundizó la vivencia de impotencia.
Me quedé en la escuela esperando hasta que me dieran alguna razón de quién era el
muchacho de Ayutla. Me animaba mi amigo porque me decía “Hay muchos de allá de
Ayutla, no puede ser tu hermano”. Pues en parte me animaba, pues, pero también me
quedaba eso de “necesito saber quién es porque mi hermano es de allá”. Y así estuve toda
esa noche, esa larga noche. Así que estuve esperando, hasta que dieran una razón los del
Comité.35 Llamando, pasando los nombres de que quiénes eran los que… Ya nos habíamos
enterado de que habían agarrado a unos muchachos los policías, y pasando los nombres, y
ahí también yo le pasaba el nombre al Comité que si Aldo ahí estaba. No me daban razón,
estuve esperando desde las 11, 12, hasta las 5 de la mañana. Ya cuando nos enteramos,
no me enteré aquí de los chavos, me enteré de los periódicos ya más o menos como a las
7. Aparecía ahí el nombre de mi hermano. Digo, ¿cómo es posible que haya pasado eso?
Y mis familiares también. Yo no les avisé porque no puede ser Aldo el que haya muerto,
teníamos esa “no puede ser Aldo”. Así que mis familiares también se enteraron por los
medios, los periódicos y pues también fue algo terrible, algo feo. Es un impacto muy
terrible para nosotros.
35
Se refiere al Comité Estudiantil de la Normal Rural de Ayotzinapa.
128
la primera necesidad de la familia era la información. Mientras la familia en
Ayutla empezó a buscar dinero y un carro para poder trasladarse a Iguala, Ulises
salió temprano desde Tixtla hacia Iguala:
En los medios de comunicación decían que había dos muertos y estaba el nombre de mi
hermano y otro más no recuerdo quién era, pero eran dos. En ese ratito que supe de los
medios yo ya traía la idea, les preguntaba a los chavos digo “¿Es verdad que el que está
muerto es Aldo?”, “Sí —entre dientes me dijeron—, pues sí, es él”. “¿En qué hospital?”,
le dije. Ya me dijeron “en el Hospital General de Iguala”. En ese ratito pues me trasladé.
Yo llegué primero al hospital y pues en ese rato estaba muy estricto, había policías por
todos lados, no dejaban pasar a la gente, los revisaban a todos. Así que nos fuimos directo
al hospital. Incluso en el hospital no nos dejaban pasar porque a pesar de que mi hermano
estuvo todo el tiempo sin un familiar desde las 8:30 que pasó eso, desde entonces estuvo
sin ningún familiar pues sí nos preocupamos mucho. Llegamos pues y la primera noticia
que nos dio una prima de allá de mi pueblo, nos alegró un poquito. No mucho pero más
o menos porque, digamos, Aldo decía que estaba vivo, que Aldo no estaba muerto, “Está
respirando, está vivo todavía”. Digo pues no alcanzamos a ver en ese ratito, pues de todas
que nos ponían paredes para no entrar, al último entré como familiar.
Ulises encontró a Aldo todavía ensangrentado en una camilla y con suero. Si bien
se alegra porque Aldo está con vida, empieza a tomar conciencia de la gravedad
de su situación.
Pues sí, cuando lo miré ahí, “Pues sí es él”, digo. “Es Aldo el que está herido”, porque
todavía traía yo de que no. Digo “Sí es Aldo el que está herido”. Y la única desventaja
que digo, “Si está herido pero tiene un balazo en la cabeza, ¡en la cabeza!”. Está muy
complicado eso, y así nos quedamos con eso, de ese remordimiento de que en la cabeza,
es muy difícil ahí… Me di cuenta de que era muy grave y que estaba muy complicado su
situación. Se puso muy complicada.
130
Iba a ver a Aldo a la hora de la visita, y una doctora del Hospital General de Iguala me
dijo: “Usted no puede pasar ahora porque su hijo se está muriendo, en media hora su hijo
ya está muerto”. Me salí llorando. En ese momento pasó otra doctora y lo fue a ver. Dijo
que se estaba ahogando con las flemas y que no lo querían aspirar. Después le hicieron la
traqueotomía. Se hubiera muerto, la doctora y las enfermeras no hacían nada.
En el mismo sentido, los familiares relatan que el director del Hospital no quería
autorizar el traslado de Aldo a la Ciudad de México porque les decía que ya no
había nada que hacer y que mejor se lo llevaran a casa.
Pues a mí lo que más me duele es verlo así en ese estado, en lo personal es verlo en
ese estado. Y lo que más me duele también, cómo pasaron las cosas sin tener alguna
explicación. Es lo que más me duele pues ahorita, yo creo a toda mi familia también. Que
no hay una explicación que digamos acertada como lo que pasó con mi hermano.
La necesidad de una explicación tiene que ver con conocer la verdad, es decir,
cómo ocurrieron los hechos, y de establecer las responsabilidades. En este punto
se observa la dimensión psicosocial y la especificidad de los impactos del trauma
originados por graves violaciones a los derechos humanos. La elaboración de
la experiencia traumática requiere de la acción de la justicia para construir un
sentido a los hechos que al mismo tiempo permite restablecer el orden simbólico
intrapsíquico y social. Los intentos de criminalización de los estudiantes a partir
Pues es algo en contra de nosotros y nosotros nunca creímos. Bueno, yo nunca creí que
los chavos estuvieran infiltrados o que hubiera algo parecido a eso y ya vimos que pues
era una mentira. Aunque el Gobierno trataba de confundirnos a todos, pero nosotros
teníamos la firmeza que no. Mi hermano lo conocemos y mi hermano es campesino, y
eso pues Ayutla de esos problemas no los vivíamos. Porque mi hermano era humilde,
sencillo, alegre y que fuera que me digan de un día para otro que era de Los Rojos pues no,
inaceptable eso […] Creo que para confundir. Lo primero para confundir a los padres de
familia y de toda la sociedad, era algo en contra de nosotros. Era como dijera una palabra
“revictimizarnos”, como si nosotros tuviéramos la culpa de que haya pasado. Eso es lo
que con esa intención lo hizo el Gobierno… Pues sí nos sentimos mal porque aparte
de que tenemos una afectación terrible, es un hecho, algo feo, y que nos estén echando la
culpa pues no es justo eso así, que nos sigan echando la culpa a nosotros, que la culpa
la tienen los muchachos y pues es algo feo que nunca vamos a aceptar.
Me he dado energía, fuerza para seguir y dijera que no me gane la tristeza o algo así,
si no que echarle ganas y aprender de esto. Pero pues por más, llega el momento que
uno no soporta.
Algo más feo nos cambia la vida totalmente, luchamos contra alguien… Algo poderoso,
un monstruo poderoso. Es como volvernos a reorganizar. Si, yo lo veo eso, volvernos a
reorganizar, ir luchando forzosamente. Es luchar forzosamente por algo que nosotros no
adquirimos, algo que nos hicieron y ya.
Pues nosotros lo que hemos aprendido es como familia estar más unidos, de que un
problema no lo puede resolver uno solo, sino que es un conjunto, una familia. En este
caso, el problema de mi hermano pues es resolverlo en conjunto, no dejar responsabilidad
a mi papá o a mi mamá, porque ellos están grandes, son mayores, sino que apoyarnos. Y
así en eso estamos y pues con la situación delicada que hemos podido sobrellevar además
que tantos años. Este año nos organizamos con la familia para ir a cuidar a mi hermano,
al hospital, nunca dejarlo solo, animarlo y pues tenemos nosotros esa idea en la cabeza,
lo importante es él y animarlo mucho pues. Aunque con el dolor que tenemos todos los
familiares, mis papás y mis hermanos, aunque lo vemos ahí pero pues sí, nos duele mucho,
pero ahí estamos echándole ganas, sí.
134
Pues ahorita la única fuerza que tenemos son la familia, los hermanos, porque los tíos
o vecinos de ahí, algunos nos ayudan o lo van a visitar, algunos que otros como vemos
que a veces nos ven cansados a lo mejor y ya dicen “yo les ayudo” para que vayan para
relevarlos y no se cansen mucho y hay algunos que nos animan. Pero otra familia no,
”¿Saben qué? Ya”, de mi hermano, ”Desconéctenlo, ya déjenlo, para qué se van a estar
cansando”. Digo, pero pues ellos no saben que es nuestro hermano el que lo vemos ahí
bien mal, pero nos duele también como que dejarlo solo. También tenemos la familia ese
temor de que no lo debemos dejar solo pues que sea lo que Dios diga y hasta donde él
aguante y ya así es nuestra idea.
Se dificulta uno mucho porque estar haciendo dos cosas tan diferentes pues se me dificulta
un poco. Se afecta uno en el trabajo porque, pues ya no sabes ni que estar pensando acá
o estar pensando acá, y he sobrellevado esa situación poco a poco pero me ha costado
mucho pero he ido sobrellevando…
Los familiares que han asumido el rol de cuidadores de Aldo han permanecido
viviendo en situación hospitalaria, pues durante 19 meses vivieron en un
cubículo asignado a la familia en el innn, y desde abril de 2016, mes en que
Aldo fue trasladado al inr, permanecen la mayor parte del tiempo en el hospital
y no han contado con una vivienda adecuada —originalmente fueron alojados
por la ceav en un hotel y después se les rentó un cuarto cerca del hospital—. El
desplazamiento y la situación hospitalaria implica desgaste, así como pérdida de
intimidad, aislamiento, restricción de actividades sociales y de esparcimiento,
incluyendo la oportunidad de expresar sus emociones con otras personas y falta
de condiciones adecuadas de descanso.
Después de las emociones que él se siente mal cuando ve el nombre de Aldo plasmado
en algún objeto, él se siente mal, y yo creo que a raíz de eso mi hermano […] le nació
como una bolita creo en los pulmones. Tiene como un tumor que no le permite respirar,
se lo detectaron apenas. Esperemos que no sea por ciertas circunstancias o por lo mismo,
porque él estaba completamente sano y cuando ve algo eso pues él se siente mal.
Los hijos expresan preocupación por los padres porque además de que padecen
de enfermedades crónicas como presión arterial alta y diabetes, presentan
enfermedades de manera reactiva a los hechos victimizantes. Recientemente
su madre tuvo una parálisis facial y su padre estuvo internado por un dolor en
el pecho. Según Glorilú, “a mi padre estuvo a punto de darle un infarto”. Los
médicos han señalado el impacto del estrés producto del evento traumático y la
situación actual de Aldo en la salud: “Mis papás tienen todo en su cabeza. Es el
estrés, les dicen los médicos. Les dicen que es por lo mismo sus enfermedades”.
Todo eso que con el cambio que vamos adquiriendo es un desgaste en todos los sentidos.
Por ejemplo en la salud de los hermanos cuando van allá a México, pues casi todos los
hermanos se enferman… de la gripa, de la presión. Mi papá, por ejemplo, estar pensando
en que qué va a ser de su hijo, mi mamá también estar pensando en que lo quiere ir a ver…
Se enferman ellos, quiera o no, con el simple hecho de pensar o sentirse presionados, uno
se siente mal.
Otro factor que influye en el deterioro de la salud es el hecho de que los familiares
han desatendido su salud para concentrar sus energías en el cuidado de Aldo. Por
ejemplo, Ulises padece plaquetopenia y no ha podido tener el reposo necesario
a pesar de la recomendación de los médicos. Además, refiere que a raíz de los
hechos sufre de dolor en el pecho. Para Ulises la situación de salud en general de
su familia se ha deteriorado a partir de los hechos:
Hemos estado viviendo ese tipo de enfermedades que no saben ni de dónde vienen
si hemos nosotros estado bien y ahorita con este problema, todas las enfermedades
tenemos casi y todos los hermanos estamos así.
136
Los impactos traumáticos, el desgaste y la falta de atención han generado el
deterioro de la salud. En palabras de Glorilú: “De ahí todos nos hemos enfermado”.
Su madre relata: “No podía dormir, ahora ya me dieron una pastilla y ya duermo,
pero desde lo que le pasó a Aldo me estaba acabando”. De acuerdo a lo observado
en el presente informe, existe una relación directa entre los hechos victimizantes
y la situación actual de Aldo, y el deterioro en la salud de la familia.
La familia vivía una situación económica precaria que se refleja, por ejemplo,
en el hecho de que frente a la noticia de los ataques se ven en la necesidad de
conseguir dinero para desplazarse a Iguala. Esta situación se deteriora aún más
debido a la situación actual de Aldo, los gastos que implica el desplazamiento a
la Ciudad de México y la dificultad de mantener su trabajo o fuentes de ingreso
debido a las repetidas ausencias. Para solventar los gastos en ocasiones han
recurrido a pedir préstamos a otros miembros de la familia. Ulises refiere:
La CEAV, se ha platicado en reunión, ellos dicen que van a apoyar, que no nos van a dejar
solos, que nos van a seguir atendiendo y a la mera hora cuando necesitamos el apoyo pues
no […] Es cuando más nos dejan solos, no nos contestan, no resuelven las cosas en tiempo
y forma, las cosas las resuelven, por mucho, he contado que de dos a tres meses, resuelven
una situación. […] sacar una cita para mi hermano y que lo vayan a atender allá en el
Hospital se llevan meses y digo no, eso es algo terrible. Y así hemos visto nosotros, cosas
por ejemplo que se resuelvan la situación de la alimentación, también se llevan mucho
tiempo, tengo ya los meses pidiendo que se regularice todo y eso.
Entre los problemas concretos que los familiares de Aldo han encontrado está la
falta de cumplimiento de los acuerdos establecidos, lo cual deteriora la confianza
en las instituciones. Por ejemplo, la CEAV incumplió el acuerdo de no hablar
públicamente sobre la primera visita de los médicos cubanos y su diagnóstico,
justificándose en la presión que habían tenido por parte de los medios de
comunicación. La ruptura de los acuerdos genera incertidumbre en cuanto a
la continuidad de la atención en salud de Aldo y las condiciones mínimas para la
estancia de los familiares en la Ciudad de México, lo cual constituye un factor de
estrés adicional para la familia.
138
a cuestiones burocráticas y administrativas. Esta situación ha sido planteada
por las víctimas y los representantes, y está en proceso de ser atendida por la
CEAV. Asimismo, se redujo el apoyo económico para alimentación que provee
la Secretaría de Gobernación, y el monto que reciben actualmente no les alcanza
para cubrir las necesidades de la familia y de Aldo (ropa, artículos de aseo
personal, etc.).
La justicia para nosotros es saber la verdad, que se aclaren los hechos y que el que se haga
responsable sea quien conforme al derecho se haga. Que dijeran pues que los culpables
sean quienes sean condenados o paguen los hechos o que se le castigue como debe de ser,
eso es para nosotros.
En este sentido, la reparación del daño no puede ser reducida a otorgar una
indemnización económica a la familia:
Sí, así lo maneja el Gobierno por si él fuera, paga y ya y ahí se acabó, terminó. Pero no,
para mí eso no es reparación del daño, es justicia, aseguramiento de mi hermano Aldo y
de la familia, la indemnización dijera es a lo último si es que el Gobierno quisiera pagar
por los hechos.
140
como los ataques en Iguala se repitieran. Entre estas medidas, Ulises destaca la
remodelación y acondicionamiento de las instalaciones, mejorar el presupuesto
para la alimentación y otras necesidades de los estudiantes:
Yo creo que esta escuela les brinda ese apoyo y eso es lo que ha faltado, que el Gobierno
dé recursos para remodelamiento de la institución. Lo que es el deporte, lo académico, el
cultivo y los clubes culturales que no han recibido el apoyo, más que ellos han hecho
el esfuerzo por mantenerse y eso es lo que ha abandonado el Gobierno.
Edgar Andrés Vargas es originario de San Francisco del Mar, Oaxaca. Tenía
20 años y cursaba el quinto semestre de la licenciatura en Educación Primaria
cuando fue víctima de los ataques del 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala.
Como muchos otros jóvenes entrevistados, Edgar decidió aplicar a la Escuela
Normal “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa motivado por la experiencia de
otros familiares egresados, y para no generar una carga económica a su familia:
Más que nada me gustaba la carrera, me llamaba la atención, pero pensaba estudiarla en
otro lugar. Pero un primo mío me comentó de esa escuela porque un tío de él es egresado
de ahí. Ya cuando fui a sacar la ficha me gustó la escuela, y por lo que me contaba mi
primo eso me motivó más. Presentamos el examen y fue eso, más que nada. Cuando
llegamos a sacar ficha nos dieron un buen trato, cuando presentamos el examen nos dieron
hospedaje. Lo complicado fue la semana de inducción, creo que a nadie le gustó. Yo sí
quería pertenecer a esa escuela porque me había dicho mi primo que se hacían viajes de
estudio, te daban tu dormitorio, la comida. Pensé: “Pues ya no voy a ser un gasto para mi
familia, ya me voy a poder sustentar con lo que la normal me brinde”. Cuando ya estaba
todo, nos daban círculos de estudio, veías las cosas de otra manera, se puede decir que te
abren los ojos. Y decidí quedarme, porque tenía la idea de cambiarme para estar más cerca
de mi casa, pero después dije ”de ahí soy”.
142
Impactos psicosociales de los ataques secuelas físicas para Edgar
Andrés Vargas
Edgar estaba familiarizado con las actividades de boteo y toma de autobuses, así
que no le extrañó cuando escuchó, la tarde del 26 de septiembre de 2014, que el
Comité Estudiantil estaba convocando a los jóvenes para estas actividades. Fue
hasta la noche, cuando le avisaron que los normalistas habían sido atacados en
Iguala, que Edgar decidió ir al lugar junto con un grupo de estudiantes que estaba
en la Normal:
Sí, de hecho temprano yo había ido a lavar la ropa y escuché que estaban los del Comité
buscando a los chavos para la actividad, eran como las 4 o las 5 de la tarde. Como eso es
normal en la escuela, no le tomé tanta importancia. En la nochecita estaba platicando con
mis familiares. Como era fin de semana los de Tixtla se van a sus casas, pero yo como
soy de lejos me quedé. Como a las 9 nos avisan que a unos chavos los habían agredido,
que estaban en un enfrentamiento con los policías municipales. Entonces pensé: “Voy
a ver qué pasa, voy a ver si mi primo está bien”. Y ya nos dijeron que los pocos que
estábamos nos fuéramos para allá y nos subimos en una Urban. Pero como está lejos, son
dos horas, en el camino nos dijeron que habían matado a uno, que le habían disparado a los
chavos. Ya llegué allá, estaba buscando a mi primo y por suerte estaba ahí. Estaban todos
espantados, y ya tranquilicé a mi primo, hablé un rato con él, le dije que ya había pasado.
Lo que pasó en ese momento, yo llegué y lo primero que hice fue buscar a mi familiar,
platiqué con él, empecé a tomar fotografías, entré a los autobuses, había sangre.
Estábamos esperando a que llegara la prensa. Como pusimos unas piedras en la calle, a
los carros que llegaban les decíamos que se regresaran. Pasó rápido la hora.
Cuando de repente se escuchan las ráfagas de balas y la verdad lo único que hice en ese
momento fue tirarme al suelo. Nada más escuché como un zumbido en el oído pero nunca
pensé que me habían herido. No me había dado cuenta. Quería yo salir de ahí porque los
demás estaban muy lejos. Lo que yo hago es arrastrarme por toda la calle, me paro y veo
toda la sangre, pero no sabía de dónde venía. Hasta que siento el sabor a sangre y me toco
El ataque inesperado configura un evento traumático para Edgar que implica una
amenaza vital, confirmada al ver a sus compañeros muertos. Edgar sufrió
una herida grave por el impacto de una bala en la cara, que detona un estado
psicológico de choque y respuestas fisiológicas de sobrevivencia.
Una señora nos dijo que nos ocultáramos en su casa, pero un compañero se negó porque
él sabía que más adelante había una clínica, y dijo que mejor fuéramos a la clínica. Pero
solo salieron las enfermeras y nos ocultamos ahí. Estuvimos esperando que llegara el
médico para que me atendiera, pero más al rato llegó el médico y dijo que no le compete,
que no era su responsabilidad. Lo que hicimos fue seguir ocultándonos. Fuimos a la parte
de arriba, había un pasillo y una mesa al fondo, y me senté ahí y lo único que pensaba es
“no sé si voy a salir vivo”, porque veía que se iba formando el charco de sangre. Después
nos dijeron que nos bajáramos todos porque habían llegado los militares. Les dijeron que
un chavo no iba a bajar porque estaba herido pero dijeron que bajáramos todos, entonces
bajé y nos empezaron a agredir.
Edgar pensó que los militares lo ayudarían a buscar atención médica, pero por
el contrario, la actitud de los militares representó una nueva amenaza frente a la
que experimentó miedo:
Primero sentí un alivio porque pensé que ellos me podían llevar al hospital, pero vi el
temor de mis compañeros y cómo nos estaban hablando, y pensé que si ellos me querían
llevar no lo iba a permitir, tenía miedo. Nos pidieron los nombres y los teléfonos, pusimos
los teléfonos en una mesita. Entró una llamada y un chavo contestó, y un comandante o no
sé qué era dijo que dijéramos nuestros nombres reales porque si no, no nos iban a encontrar.
Entonces todos dieron su nombre, yo no podía hablar en ese momento y otros compañeros
dieron mi nombre. El maestro que estaba dijo que pidieran una ambulancia. Un soldado se
acercó, me tomó una fotografía supuestamente para mandar para que viniera preparada la
ambulancia. Andaban ahí con sus armas, la verdad a mi sí, ver un arma en ese momento
me causó nervios. Estuvimos ahí un buen rato, y al final ellos se retiran y dijeron que iban
a llegar los municipales porque estábamos cometiendo un delito, y el maestro le dijo que
no los llamaran porque ellos mismos nos habían disparado.
144
Las agresiones en la clínica por parte de los militares constituyen un segundo
evento traumático que forma parte de una secuencia traumática que Edgar
enfrentó a partir de este ataque porque profundiza el sentimiento de desamparo y
terror. Al mismo tiempo, Edgar se iba debilitando debido a la pérdida de sangre:
Ya en ese momento yo escuchaba las cosas que decían pero muy distorsionadas, veía
borroso, tenía mucho sueño. El maestro estaba comunicándose con un taxista para que
llegara ahí y pudieran llevarme al hospital pero nadie quería llegar ahí. Y lo que hago es
anotar en mi teléfono y le dije a un compañero que le marcara a mi papá, que le dijera
como estoy. Y sí, habla con mi papá, ya te imaginarás la reacción que tuvo mi papá, mi
mamá más que nada. Luego me pasa el teléfono y me dice mi papá que aguantara, que
ya iba para allá, y me sentí más tranquilo. Ya después llega el taxista y me cubrí con una
toalla para no manchar el asiento. Llegamos al hospital, estaba lloviznando y me caían las
gotas, y sentía como que me quemaban. Tenía mucho frío. Ya llegué y me sientan en una
camilla, me cocieron la mano en ese momento, y ya cuando yo me acuesto y cierro los
ojos, ya no supe qué pasó, dice mi mamá que desperté a los tres o cuatro días más o menos.
Cuando me despierto sólo abrí los ojos, no podía mover la cabeza, y me volví a dormir.
Después me desperté y vi cómo estaba, tenía tubos en la boca, un chingo de cables, y lo
que hago es llorar. No podía hablar, no podía decir nada, y me volví a dormir de nuevo.
Hasta que dijeron que ya estaba mi familiar ahí, y cuando vi a mi papá no me contuve,
lloré. Fue muy difícil para mí estar ahí, en terapia intensiva, yo lo único que quería era ver
a mis papás. Siempre molestaba con eso porque nada más te daban media hora. Para mí,
acordarme de eso me dan ganas de llorar. Fue muy complicado, muy difícil, muy triste.
No podía hablar, no podía moverme. Al tener la traqueotomía me la tenía que aspirar, y
sentías que te estabas muriendo lentamente, se te quitaba la respiración. A cada rato me
sacaban sangre, inyecciones, medicamentos. Fue muy triste estar ahí. Nada te da ánimo,
pero el hecho de ver a tu familia, como llora tu mamá, yo ya quería que esto pasara.
Mi papá me contaba que los chavos no aparecen y tenía ganas de estar ahí para estar
apoyando. Quisiera regresar el tiempo y que eso no pasara para no ver a tus familiares
sufrir, y tú no sufrir. En ese momento pensaba que sólo iba a estar así por tres o cuatro
meses, pero ha sido mucho más tiempo.
El ataque en el que Edgar fue herido y las agresiones en la clínica “María Cristina”
configuran una situación traumática que debe ser entendida globalmente
para comprender los impactos traumáticos posteriores, aunados a las secuelas
físicas de la agresión. Mientras que en el ataque sufrió una herida de gravedad
y experimentó un estado de choque, así como respuestas fisiológicas que le
ayudaron a sobrevivir, en la clínica experimentó sentimientos de desesperanza,
terror y nuevas agresiones inesperadas y sin sentido. Una vez en el hospital, el
Cabe señalar que, frente a los ataques brutales y la falta de apoyo de las
autoridades, las respuestas de apoyo y solidaridad de los estudiantes y el
maestro que acompañaron a Edgar aquella noche fueron fundamentales para su
sobrevivencia.
En el hospital casi no podía dormir, hasta me daban unas gotas, pero cuando estaba aquí en
la casa, a veces algún golpecito mi cuerpo reaccionaba, me asustaba. Por ejemplo, si yo ya
sé que esa puerta se va a cerrar, pero mi cuerpo se asusta. Y aparte tenía sueños. No eran
sueños. Siempre antes de dormir me imaginaba cómo hubiera pasado si la bala me hubiera
tocado en mi cabeza, porque pienso mucho en Aldo, que él está en coma. Pienso a lo mejor
yo estaría muerto, o estaría en una cama. Si yo no me hubiera arrastrado para pasar la calle
a lo mejor yo estaría muerto. Me imagino muchas formas donde yo estaría muerto y no te
deja dormir, me dormía a las 2 o las 3 de la mañana, hasta que mis ojos no aguantaban.
Su madre relata:
Él al principio estuvo muy decaído, le afectó psicológicamente todo esto, cualquier ruido
de sirena, cualquier sonido de sirena de patrulla, de ambulancia, lo que fuera sobresaltaba
[…] En el sueño no podía dormir, él no dormía en las noches, se quedaba en las noches y
como que tenía mucho miedo, le daba pesadillas, mucho miedo.
Son cosas que nunca van a dejar de pasar, por más que asista con los psicólogos, siempre
te va a pasar eso, nunca vas a olvidar lo que te pasó. Estuviste a punto de morir, eso te va
a traer recuerdos y te vas a imaginar muchas cosas. Ahorita trato ya de no pensar en eso.
Si hay un momento donde no tengo nada que hacer es cuando me llegan esos recuerdos.
Por eso siempre trato de tener mi mente ocupada. Si te quedas sin hacer nada, lógico lo
146
recuerdas. Por eso digo que nunca nunca se me va a olvidar. Siempre que me acuerdo de
eso, siempre me imagino lo mismo. Se crea en mí un miedo. Por eso trato de tener la mente
ocupada. La verdad sí, no solo la mía sino de mis familiares. Tengo miedo de que haya
represalias en contra de ellos. Que algo pase, que se quieran vengar. Yo prefiero tener a mi
familia en un lugar donde sé que no le va a pasar nada, pero es imposible.
Mi familia tenía igual otros planes, si a mí no me hubiera pasado eso, tal vez hubieran
cumplido sus planes. Siento que les trunqué la vida a todos ellos, más que nada eso te
entristece. Aquí conseguir un trabajo es complicado.
Por otro lado, Edgar sufre impactos psicosociales particulares generados por la
participación de autoridades en las agresiones, en particular de los militares, y de
la impunidad, es decir, de la falta de investigaciones para esclarecer lo que pasó
y sancionar a los responsables, porque obstaculiza dar sentido a los hechos:
Esa noche cuando pasó todo eso el batallón dicen que está cerca de ahí, la verdad yo no
sé, pero si está cerca, su deber es que estuvieran ahí presentes. Otra cosa, cuando ellos
me encontraron en la clínica ellos no hicieron nada, me dejaron morirme. Y yo sí me
considero una víctima porque no actuaron como debían, la forma en que llegaron no
era la adecuada, la forma en que nos discriminaron. Yo sentía que me debían de ayudar,
pero nunca pasó eso. Hay muchas hipótesis, pero por lo que ellos dijeron y lo que pasó
ahí, no nos ayudaron porque dijeron que nosotros nos lo buscamos, ellos mismos dijeron:
”Querían meterse como hombrecitos”, que nos aguantáramos. A lo mejor tenían algo que
ver en lo que pasó. De hecho siento que tienen algo que ver porque llegaron ahí a la
clínica y todo eso. Es algo raro, yo lo veo así porque ni cuando estuvieron las ráfagas
nunca llegaron, y por qué precisamente ahí llegaron. Dicen que porque les avisaron que
una persona se metió ahí. Es algo mínimo en comparación con el ataque. Pero, ¿por qué
llegaron ahí cuando ya todo se había acabado, cuando se hubieran podido presentar antes?.
Siento que si ellos se hubieran presentado antes no hubiera ocurrido todo esto, entonces la
verdad siento que todo esto debería ser investigado.
Y los papás pues, no sé, yo pienso igual que ellos, no creo que sus hijos estén muertos
porque cuando yo iba donde el psicólogo nos encontramos a una señora que su hija
estuvo secuestrada 20 años, su mamá la daba por muerta y apareció. No hay que perder
la esperanza.
El ataque del que fue víctima Edgar y las secuelas en su salud representan una ruptura
de su proyecto de vida en todos los ámbitos: escolar, laboral, de pareja y familiar:
Cuando estás en una situación así, tus mismas ganas de vivir te dan fuerza, aguantar todo
eso. Antes yo decía, quiero terminar la Normal, apoyar a mis papás, hacer un negocio,
construir mi casa, y luego casarme. Y cuando ya estaba ahí decía, ya no lo voy a poder
hacer, mis papás van a gastar mucho conmigo. Las mismas ganas de vivir te motivan, te
da fuerza, te anima.
Pues eso ya cambió, ya se terminó. Ahorita lo que pienso, mi prioridad es yo estar bien,
terminar la normal, y depende de mis condiciones, si yo puedo trabajar, pues lo voy
a hacer. Lo demás pues ya, siento que no sé si en algún momento lo puedo lograr. Se me
hace más difícil, complicado.
Mis compañeros de academia vinieron, me dijeron que querían que yo egresara junto con
ellos. Les dije que sí estoy interesado en terminar y ellos me dijeron que me iban a apoyar,
a respaldar, que ellos quieren que yo egrese con ellos. Yo pensaba darme de baja pero al
ver eso, me animé. Mis papás fueron a la escuela a hablar con los maestros y ya quedaron
de enviarme tareas por correo electrónico, y así tener una calificación. Pero es complicado
porque en cuarto grado tienes que hacer las prácticas, y es complicado porque tienes que
ir al hospital cada 15 días, o cirugías cada dos meses.
148
Edgar se plantea estudiar Derecho como una forma de integrar la experiencia
traumática a su proyecto de vida y darle un sentido positivo y útil para otras personas:
También quiero estudiar otra carrera, llevar las dos carreras… Licenciado en derecho,
porque estuve buscando en internet y se relaciona un poquito con educación primaria.
Quiero estudiar derecho, uno porque en mi pueblo ha habido muchas injusticias, en
la escuela donde yo estoy, en mi familia, y siento que teniendo el conocimiento de un
licenciado te puedes defender o hacer algo, más que nada, no sólo en mi casa, en mi
familia, sino en cualquier lugar donde tú vayas a trabajar, si te mandan a un lugar, siempre
hay injusticias. Eso es lo que me motiva para tener ese conocimiento.
Tener un trabajo estable, que mi familia igual lo tenga. Tener más oportunidad para que
podamos estar bien y ya no regresar a una situación en que eso vuelva a pasar. Por lo
mismo también quería estudiar lo de abogado, para exigir lo que a ellos les compete
darnos, por lo que pasó. Porque ahorita yo tal vez sí tenga el derecho de exigir pero no sé
qué. Un hogar para mi familia aquí en México porque siento que estando aquí pienso yo
que no se volvería a repetir eso, o que a alguno de mis familiares les pase algo, porque en
Oaxaca y donde quiera pasan esas cosas.
La verdad, sinceramente por quien más he recibido apoyo es por mis compañeros del
grupo, que por parte del gobierno. Me han estado visitando constantemente, me han
apoyado económicamente, en la escuela. Es algo que siempre voy a agradecer porque
no me han dejado solo y es algo que en verdad valoro mucho, lo que ellos hacen por mí.
En julio del 2016 Edgar se graduó como licenciado en Educación Primaria, junto
con su generación de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa. En
el mensaje que dirigió a sus compañeros durante la ceremonia llamó a no olvidar
que todavía faltan 43 y pidió que a donde quiera que ejerzan su profesión, alcen
la voz para exigir la presentación de los normalistas desaparecidos.
Para Edgar, la reparación del daño tendría que estar orientada hacia
reconstruir el proyecto de vida propio y de su familia, afectado por los hechos y
el largo tratamiento médico que ha tenido que seguir en la Ciudad de México, así
como tratamiento médico de la mejor calidad para él:
De hecho nunca lo había pensado, pero con todo esto que pasó, hubieron problemas en
la familia por llamarlo así. Todos se tuvieron que trasladar al DF, por ejemplo mi papá
tuvo que estar pidiendo permiso en el trabajo, mi hermano dejó su trabajo, mi hermano
pequeño tuvo que dejar la escuela, eso afectó a parte de la familia. Pero para corregir
eso, no sé, la verdad yo he pensado que lo que yo quiero es trabajar acá, en el DF, yo ya
no quiero regresar a Guerrero. La verdad no sé qué más. Nunca había pensado en eso,
lo primordial en mi mente es que mi familia esté bien y yo también. Supongo que en
otros países hay mejores médicos, más tecnología, porque en el hospital me dicen que mi
situación es complicada y que están haciendo lo que pueden, pero en otros países se podría
hacer mejor, las cirugías. Si hubiera manera de que me atendiera un médico, un cirujano
en un hospital donde haya mejor tecnología para que me puedan hacer las cirugías. Pero
no sé si eso sea posible.
150
posteriormente en la clínica “María Cristina”, en Iguala. Estos
eventos forman parte de la situación traumática que vivió Edgar,
en la que su vida estuvo en grave riesgo, y que vivió con un estado
inicial de choque y sentimientos de terror y desamparo.
• El apoyo y solidaridad que Edgar recibió de sus compañeros
normalistas y de un maestro fue fundamental para salvarle la vida,
frente a la falta de ayuda del personal médico de la clínica “María
Cristina” y de los militares.
• Se observan reacciones iniciales de estrés agudo y posteriormente
síntomas congruentes con el diagnóstico de Estrés Post Traumático.
Asimismo, la vivencia de miedo, inseguridad y vulnerabilidad
permanentes, los sentimientos de culpa y de haber sido marcado por
la experiencia, son consistentes con el Síndrome del sobreviviente.
• Edgar ha atravesado por un proceso de recuperación largo, que
implica una serie de cirugías y periodos de recuperación debido
a las secuelas de la herida. Durante este proceso Edgar refiere
sufrimiento emocional derivado de la consciencia de su propia
situación y la incertidumbre sobre su recuperación, así como por el
sufrimiento de sus familiares y el sentimiento de impotencia frente
a la desaparición forzada de sus compañeros.
• Uno de los impactos observados es la imposibilidad de atribuir
sentido a los ataques, en particular a la conducta de los militares que
en lugar de ayudar a Edgar a buscar atención médica cuando su vida
estaba en peligro, agredieron a los estudiantes. Estos impactos son
agravados por la falta de investigación y sanción a los responsables
que impide conocer la verdad de los hechos, y por lo tanto dar
sentido y la posibilidad de integrar la vivencia traumática.
• Como consecuencia de las secuelas físicas Edgar atraviesa un
proceso conflictivo de duelo por su imagen anterior y de aceptación
de su nueva imagen.
• Las consecuencias en la salud y la necesidad de permanecer en
la Ciudad de México para someterse a las subsecuentes cirugías
generaron una ruptura en el proyecto de vida de Edgar. Al mismo
tiempo, el joven presenta una extraordinaria capacidad de resiliencia
Pues la verdad fue un golpe muy duro para nosotros poder enterarnos de lo que estaba
sucediendo… como a las 6, 7 de la noche tuvimos una plática con Edgar por vía teléfono
y él estaba bien… cuando de repente suena el teléfono como a las 2 de la madrugada y
veo el número. Sí era de Edgar pero el que habla no era él y desde ese momento pues el
golpe fue duro, o sea yo presentí que algo malo estaba pasando y el muchacho que
me hablaba pues no sabía tampoco ni cómo decirme lo que estaba pasando y sólo me dijo
que habían tenido un altercado y que Edgar había sido herido. Le pregunté “¿En qué parte
de su cuerpo está herido?” Dice: “En la cara”. Él me mencionó de la mandíbula pero pues
yo ya no le pregunté más, simplemente le dije que por favor le ayudara, que no lo dejara
solo y que buscara la manera de llevarlo a un hospital que yo enseguida iba para allá.
Entonces él me dijo que sí, que iba a estar con él y que no lo iba a dejar solo y pues yo no le
había avisado a su mamá. Su mamá se para y pregunta: “¿Qué pasa?”, y pues de inmediato
empieza a desesperarse, a llorar. Y ya me dijo el muchacho que yo le hablara a Edgar, que
él no podía hablar pero que sí podía escucharme y ya le hablé le dije: “Hijo todo va a estar
bien no te preocupes, todo va a estar bien, confía en Dios”. Le digo: “Tú vas a estar bien
y solamente te pido que te aguantes, que no te duermas”. Porque sabía yo que el hecho de
desangrarse se iba a debilitar, iba a entrar quizás en un desmayo o yo que sé, y le dije “No
te duermas por favor”.
La familia tuvo que pedir dinero prestado para trasladarse desde San Francisco
del Mar, Oaxaca, hasta Iguala, Guerrero, y dejaron a los hijos menores, de 9 y 14
años, encargados con los vecinos. Don Nicolás y su esposa llegaron a Iguala en la
152
madrugada del día 28 de septiembre. Don Nicolás relata el impacto que vivieron
al ver a Edgar en el hospital:
Lo llevaron a hacerle una tomografía y dijeron que sí estaba bajando la inflamación del
cerebro. Esperamos ahí como 20 días para que se estabilizara bien en Iguala… y ya
cuando a mi hijo le quitaron los sedantes él tampoco podía hablar pero sí reconocía, nos
reconoció, él lloró con nosotros, nos abrazó. Lloramos pues con él, porque la verdad lo
pudimos alcanzar vivo todavía… estaba inflamado toda la parte de esto, tuvimos que
hacerle, urgentemente la traqueotomía, cortarle y meterle el oxígeno, eso fue lo que le
salvó. Cuando lo vimos nosotros estaba blanco, sin sangre todo pálido y todo, nos asustó
mucho por verlo en la forma en que estaba, pensamos que no iba a superarlo.
Su hermano Nicmar vivía con su esposa Elizabeth y sus dos hijas en Xalapa,
Veracruz. No podía creer la noticia y pensó que se trataba de una broma: “No
pues es un juego. ¿Dónde va salir él que le van a disparar? Y él no es un tipo
Una vez que confirmaron la información, Nicmar se trasladó para apoyar a sus
padres. En ese entonces no tenían donde quedarse y pernoctaban en el hospital.
Posteriormente su esposa e hijas se reunieron con él en la Ciudad de México.
Los testimonios anteriores dan cuenta del impacto traumático del ataque en
contra de Edgar y la herida de bala, por ser un evento inesperado, violento, sin
sentido y que representa una amenaza contra su vida, en la medida en que los
familiares no sabían si Edgar lograría sobrevivir.
La inseguridad que estábamos viendo ahí en Iguala en ese entonces porque en esos días
se dio una balacera en frente del Hospital de donde estábamos… una presión psicológica
de la seguridad de Edgar que estaban unos policías al fondo supuestamente cuidando a
los que estaban en terapia intensiva porque eran como tres. Pero psicológicamente no nos
sentíamos seguros porque ya el guardia que estaba enfrente nos había dicho de que si un
familiar había querido sacar a Edgar de ahí, que lo quería llevar a otro Hospital, le digo:
”No, aquí no hay ningún otro familiar más que nosotros dos, sus papás” y dice él: ”No,
hace rato vino un señor que dice que es su tío y que quería llevárselo a otro Hospital”, ¿Y
lo dejó pasar?, dice: ”No, no lo dejamos pasar porque no tenemos permiso”. La seguridad
de Edgar ahí porque pues hablando de un sobreviviente, los enemigos en este caso pues
van a querer matarlo para que no revele nada.
Durante los primeros días en el hospital de Iguala los padres de Edgar permanecieron
en un estado de alerta permanente: “…y luego le digo la inseguridad no es para
estar ahora sí confiados, siempre estábamos despiertos, alerta de cualquier cosa,
ni el sueño nos agarraba, ahí nos desvelamos como una semana”.
154
Según relata Don Nicolás, sucedió un evento parecido a lo que ocurrió en Iguala
una vez que Edgar fue trasladado al Hospital “Gea González” en la Ciudad de
México, de acuerdo a lo que le dijo un médico en ese momento:
“Miren el caso de su hijo es muy especial… ayer querían pasar a dos personas como
reporteros y no eran reporteros… Yo voy a pedir apoyo a Gobernación, y les digo esto a
ustedes para que sepan que su hijo lo vamos a estar moviendo de cama, y vamos a reforzar
la seguridad”.
Si bien los familiares relatan eventos amenazantes y una situación de riesgo real,
también refieren una ruptura del sentimiento de seguridad básica, derivado de los
ataques perpetrados por policías en contra de Edgar:
Nosotros también nos sentimos atemorizados ante esto, porque decíamos en ningún lugar
estamos tranquilos… en el cuarto de Edgar tenía que estar dos custodios día y noche, pero
nada nos aseguraba, nada de nada podíamos estar seguros porque pues decíamos: “¿En
quién podemos confiar?”. Yo tenía temor hasta de los custodios que estaban ahí”.
El proceso de cirugía ha sido bastante difícil, doloroso para él y para nosotros, la verdad
en la primera cirugía fue de mucho tiempo… me dijeron los médicos que tuvieron que
conectar nervios… le sacaron huesos de aquí del tobillo para reconstruirle el paladar,
las encías porque todo fue destrozado… cuando salió de la cirugía lo vimos muy triste,
ya tenía una tos de debilidad… ni para levantar las manos, estaba bien delgadito y le
temblaban las manos… verlo cómo lo habían hecho en la primera cirugía, no, era bastante
doloroso verlo, y el proceso de curación de su herida, ya ve que los médicos no tienen
lástima, esos agarran y empiezan a apretarlo para que drenara la sangre que quedara y él se
agarraba de los barrotes de la cama y se retorcía, de sus ojos salían lágrimas, se retorcía y
ahí, era de todos los días… la preocupación de él, después de la cirugía y en todo momento
él preguntaba si iba a poder hablar, pues él no podía, pero después que le quitaron ese aire
que tenía ahí fue que pronunció sus primeras palabras, como cuando un bebé empieza a
hablar y su mamá se sorprendió mucho, se alegró: “¿Tú hablaste Edgar?”. Su mamá lo
Comenta su mamá que otro de sus hijos “cuando veía que le hacían su curación,
se metía al baño porque no aguantaba verlos, él sentía que se va a desmayar, veía
todo eso de su hermano como le hacían. Era muy duro”. Continúa su padre:
…pero los médicos nos dijeron: “Es un proceso largo, esto es el primer paso, vamos poco a
poco”. Pues hasta la segunda cirugía ya le pusieron su labio […] Él se desesperaba porque
él pensaba que en una, dos cirugías ya iba a quedar bien y no, los médicos le dijeron:
“No te desesperes esto es así”, en cada cirugía va de 3 a 4 meses de recuperación para
programarla nuevamente… ahorita lleva 5 cirugías y dijeron los médicos que todavía
cirugía plástica, no lo da de alta definitivo… quieren hacerle esta parte del labio, la parte
rojita del labio, darle forma… entonces ya ahorita lo llevamos también para que le hagan
los estudios para los dientes que van a ir atornillados ya le están haciendo los estudios pero
que no lo van a hacer hasta que plástica le dé de alta entonces van a intervenir ellos, así es.
…Ahí estaba trabajando y cuando me dieron la noticia, rápido dejé todo lo que tenía allá,
ya tenía unas cosas y lo tuve que dejar así rápido porque tenía que venir a apoyar aquí a la
156
familia… ya me vine para acá, aquí pues comenzar nuevamente a partir de lo que sucedió
[…] Pues ya teníamos un lugar donde quedarnos, nuestros muebles y el trabajo que tenía
ya era fijo y nada más lo dejé así, me dijeron cuando quieras puedes venir pero pues
ahorita ya cambió todo, ya no pienso regresar por allá, ya terminé mis estudios, antes no
lo había terminado, terminé ahorita y pues estoy pensando otra cosa.
También señala cómo cambió la vida para sus hermanos más pequeños:
Mi hermano tuvo que volver a iniciar otra vez el año, tuvo que repetir porque igual allá no
se le ponía atención, no iban mis papás a las reuniones, los maestros entendían y todo pero
pues decían que ya no podía estar allá sólo y aquí tuvo que volver a repetir otra vez, mi
otro hermano también, igual empezar, iban a medio año y ya volvieron a iniciar otra vez.
Contentos porque mi cuñado ya se ve más mejor a como estaba antes, era una tristeza
como lo veíamos todo delgado, con sus curaciones, que sufrió junto con su hermano que
se tenía que encerrar en el baño para no ver lo que le hacía y todo eso era triste, ver a
mi suegra también llorar por su hijo y todo pero ahorita gracias a Dios ya está bien, está
saliendo adelante, ya se ve mejor, físicamente, pero pues no sabemos él cómo se siente,
pero nosotros ahorita lo vemos bien con la recuperación y todo, pues por esa parte estamos
más contentos, igual mi suegra, mi esposo, pues de que él ya está mejor físicamente.
Ojalá y pronto termine esto, pero olvidarnos, nunca se nos va a olvidar lo que hemos
pasado. La verdad todo se viene abajo con el proyecto de vida que tiene uno, la estabilidad
familiar, laboral. Yo tengo que estar acá viajando y yéndome allá porque trabajo también,
mis compañeros me apoyan, me han apoyado siempre desde el principio han estado
conmigo, en una escuela y yo les he platicado de la situación y ellos me han entendido;
cuando él tiene sus cirugías tengo que estar aquí con él para apoyarlo, apoyar a mi familia.
Ella [se refiere a su esposa] cuando puede comercializa el camarón, cuando no puede,
hace venta de comidas, engorda sus cochinitos para venderlos, le buscamos, o sea, yo
me dedico a pescar cuando hay tiempo en vacaciones, sábado o domingo yo voy y vivo
también de la pesca, mis hijos me ayudaban en ir a reparar el cerco o a bueno, o sea
le entrábamos de todo porque, pensábamos en ellos en el futuro de ellos que lo van a
necesitar. Teníamos un ahorrito le digo, y el ahorro se fue, yo estaba pagando la escuela
de Nicmar, la universidad, le digo, no nos alcanzaba, era muy difícil le digo. Entonces
ahorita todo se vino abajo, ella no trabaja, el único ingreso que tengo soy yo, mis ahorros
los he estado quitando, mis animalitos que yo tenía ya los vendí porque lo necesito, ya no
se trabaja la tierra, ya no se siembra, ya no hay. Entonces estamos amolados, como le digo
a ella, ya no sabemos qué hacer. A veces nos deprimimos porque pensamos: “¿Qué va a
ser de nosotros?”, y mira cómo estamos.
Todas las cosas que vendió mi esposo, vendió su camioneta, su moto, vendió como cuatro
cabezas de ganado, y sacó un préstamo en el banco, que está preocupado porque no
sabemos cómo vamos a pagar, además de lo que debemos a una comadre.
Antes siempre me subía hasta 300 o 400 [mg/dl glucosa en sangre]. Ahora no sé porque
no me puedo checar. La otra vez me salí 160. Allá en Iguala andaba con dolor de cabeza
y me checó el doctor y andaba en 400, por la preocupación, por el dolor, por como lloraba
yo. (Doña Marbella)
158
Impacto traumático de los ataques en Iguala en integrantes de la familia
Pues qué sería, ¿accidente o qué? no sé, no sé cómo llamarle. Pues en la forma que se dio,
¿no? No sé qué pueda ser, si fue algo, cada caso tiene su nombre, cuando te roban pues un
asalto, o asalto y homicidio así, pero este tipo de caso no sé cómo llamarle porque estaban
ellos tratando de conseguir apoyo para su escuela y llegan los oficiales, los policías
municipales y policías federales incluidos los soldados, atacándolos, no sé cómo llamarle
a eso, por eso. Sí es un crimen, pero no sé qué tipo de crimen, crimen que comete el
Estado… no sé mi hermano, él que lo vivió tan real, no sé si él sepa, ni ellos se dan cuenta
yo creo, yo creo que en ese mismo instante también se preguntaron por qué nos disparan
si somos estudiantes.
Para don Nicolás los ataques a los normalistas se deben a la intención del Estado
de desaparecer la escuela Normal. Esto le permite hasta cierto punto construir
una explicación de los ataques:
Nunca habíamos presenciado, visto, escuchado, presenciado algo como lo que pasó pues.
Sí, cambio mi forma de ver porque por muchas cosas, hay muchos detalles que el Estado
no se da cuenta en su misma gente, la gente, los servidores públicos que tiene, porque
todos son servidores públicos y deben estar atentos a cómo están, qué hacen, cómo
manejan las cosas y ni siquiera sabían de sus policías ni siquiera sabían cómo están, si
están involucrados en carteles, no sé, no lo sabían hasta que pasó el accidente… bueno, el
crimen. Así lo digo, me refiero así… no sé, como dicen por ahí, buscando a 43 encuentran
a muchos, ni siquiera sabía de narco-fosas, buscando a tan solo 43 encontraron a quién
sabe cuántos, mas de 100 que si no fuera por eso ni siquiera los encontraran […] En
general a todos, incluso a los que iban pasando por ahí, el grupo de Los Avispones, hasta
todo a ellos les tocó. Hay veces que uno no sabe cómo decirle porque está el Estado
involucrado, el Estado quien debería proteger los derechos de los ciudadanos y no se hace.
Yo tenía quizás otra forma de pensar acerca de los del Ejército y para mí era que estaban
para prestar ayuda a la población, a la sociedad. Pero ya veo que no es así y pues la culpa
se la echo a ellos porque por eso iba a morir Edgar […] Yo la verdad estaba muy indignado
y en esa reunión con el presidente sí le pedí que él como máxima autoridad de ellos, que
investigara pero pues no lo hace. Entonces así es y no sé, yo la verdad no confío ni en las
autoridades, no confío en nadie… todas las dependencias se encubren, todos se encubren,
porque si uno dice la verdad te descubre, entonces nadie quiere salir afectado, es difícil
que las mismas autoridades descubran algo que ellos no quieren que se descubra.
160
Hay leyes, supuestamente, las leyes es para que podamos convivir armónicamente con
los demás respetar las leyes le digo pero aquí ustedes no la están respetando, la están
pisoteando y si es por capricho nada más de unos cuántos pues no está bien, no puedo
someterme yo al capricho de dos, tres. Yo creo que si se hacen las leyes es para una sana
convivencia entre los ciudadanos, entre los seres humanos, pero desde el momento en que
ya no se respetan, desde el momento en que ya no practicamos o respetamos las leyes,
violentamos los derechos de las personas y eso crea violencia… que haya una verdad real,
porque solamente así los padres y todos nosotros podamos decir pues podamos recobrar
la confianza más que nada en nuestra autoridad, la credibilidad en ellas… nunca se va a
acabar sino se llega a la verdad y si no se aplica la Ley como debe ser al que lo hizo tiene
que pagar con justicia.
Nicmar manifiesta que tendría que ocurrir un cambio estructural para recuperar
la confianza en el Estado:
Tendría que hacer pero muchísimas cosas, que haya más transparencia, empezando desde
arriba, el Gobernador, el Presidente, y ya viniéndose hacia abajo. Tendrían que haber
muchos cambios, hacer muchas cosas, que cambiaran cómo trabajan ellos, su forma de
reclutar igual a los policías o los soldados, todo que sea más estricto, ¿no? Y que se ande
vigilando o viendo qué hacen, porque bueno si hay privacidad también pero entonces
cómo no se dieron cuenta que estaban involucrados… No solo debe cambiar una parte,
debe cambiar todo, toda la organización.
De este modo, se observa que la falta de sentido de los ataques genera una
vivencia de injusticia y decepción sobre las autoridades, que en otro tiempo eran
consideradas por la familia como garantes de la Ley y figuras protectoras. Al
mismo tiempo, la familia señala que frente a estos impactos, el Estado tendría
que dar pasos claros hacia la verdad y la justicia, así como generar cambios
estructurales para que estos hechos no se repitan.
Nos encontramos con el compañero de él que lo llevó al Hospital, el que estuvo con él, al
maestro que solicitó el taxi de un amigo, el profesor… la verdad estoy muy agradecido con
él porque le digo: “Gracias, Dios en su momento le va a recompensar lo que él ha hecho”.
Ya a partir de eso que pasó nos centramos, nos unimos como familia más para salir
adelante de lo que había pasado, apoyar a mi hermano, porque sabíamos que le iba a
causar un daño psicológico y decidimos estar aquí con él. Apoyarnos entre todos para
apoyarlo a él también y aquí estamos. Pues uno mismo se da la misma fuerza, te pones
162
a pensar que pues si te dejas vencer por lo que pasó, ahí te vas a quedar y nunca vas a
avanzar y pues también en familia hablamos que hay que salir adelante, pensar cosas
nuevas, y no dejarnos afectar por lo que pasó. Ser fuertes pues, porque eso nos va a llevar
a cosas nuevas, si seguimos igual con lo mismo dejarnos derrumbar por lo que pasó pues
nos vamos a destruir y eso no es bueno; nuestros hijos también por ellos hay que salir
adelante… sí, aquí estamos con él, platicando, siempre estamos ahí, platicando, hablando,
riéndonos, de todas las cosas y él ahí va, bien, todo bien.
No solamente por nosotros también sino por los otros desaparecidos, las familias, fe en Él
ya que las autoridades no dan una solución, no dan una respuesta que los padres necesitan,
tan siquiera que dé esa luz que los muchachos aparezcan… qué fue de ellos, qué es lo que
pasó y darle fuerza a los papás, sus hijos, porque es doloroso no tener a tu hijo a tu lado,
es muy triste.
Don Nicolás agrega: “Pedimos por todos, es lógico, por todos esos muchachos,
que por los que fueron asesinados, por los que no aparecen, por Aldo”.
En abril de 2016 la ceav informó al giei que se habían realizado las gestiones
pertinentes para el pago del material quirúrgico necesario para la operación de
Edgar, en la que se le colocaría el soporte de sujeción y una prótesis o placa
dental (giei, 2016: 341-342). Sin embargo, hasta mediados de septiembre de 2016
esta operación no se había realizado por razones administrativas, a pesar de que
Edgar se encontraba en condiciones médicas para ser operado al menos desde
hacía cinco meses. Esto constituye un ejemplo de los obstáculos administrativos
para la atención a Edgar.
Pero ahí no, en la ceav nada, lo único que nos da, por ejemplo, nos da una pastilla de dolor,
del azúcar nomás eso pero más ya no… a veces yo sufro mucho de colitis y voy y me checa
la doctora y ya me da medicamento, y a veces que dice que no tiene, pues no me lo da, ya
tenemos que comprarle.
164
victimizante, los trámites son lentos y burocráticos, o simplemente no se hacen
cargo: “La otra vez solicitamos los boletos para trasladarnos de aquí a Oaxaca
y lamentablemente no se ha podido. Le digo una vez lo solicité el importe de mi
boleto, me los compró el licenciado que me atendió, pero de ahí me dijo que ya
no, que no se puede.”
Apoyo para alimentación. Doña Marbella relata que al principio les daban una
despensa en segob, pero en ocasiones la comida estaba en mal estado. Después les
dieron una tarjeta de prepago para comprar la despensa, pero el monto que recibían
se redujo a la mitad sin ninguna explicación y no les alcanza para todo el mes.
Además, el apoyo no cubre las necesidades de alimentación especial de Edgar.
No, con ese apoyo que nos van a dar no se nos va a borrar esa herida o esa cicatriz, para
vivir con esa herida no para borrarla sino para sobrevivir y porque la cicatriz y la herida
pues está, ¿no? y va a seguir porque cuando nosotros vemos que le sucede a otra persona
es como si nos estuvieran volviendo a abrir una herida que sentimos. Nuestra vida va a
ser marcada por eso, todo el tiempo, nunca se va a borrar, no. Quizás para ellos sí porque
a ellos quizás no les ha pasado, pero a nosotros no, difícilmente, menos a los que no
encuentran a sus hijos, no puede ser borrado, no puede ser olvidado estos hechos, entonces
seguir viviendo pero de alguna manera ellos también tienen que responder.
Es que para que podamos reconstruir lo que estábamos haciendo pues no se puede, con dinero
ni con otras cosas no se puede porque cada quien ya lleva pensado un curso y al momento
se corta, lo dejas a un lado. Por ejemplo, mis papás dejaron a un lado donde estaban, tenían
unos ganados, los dejó descuidados, se murieron, el potrero igual se quedó descuidado.
Los familiares de Edgar señalan que la reparación tendría que partir del
reconocimiento de lo irreparable de los daños —en el sentido de restituir a la
familia a la situación anterior a los ataques—, y de la responsabilidad del Estado
por estos. A partir de ese reconocimiento, los familiares identifican medidas para
reconstruir su proyecto de vida:
166
Es temporal donde estamos. Entonces ese tipo de cosas no lo puede reparar el Estado, sí te
puede ayudar en lo económico, algunas terapias y todo eso pero hay cosas que no, que no
va a poder, no se pueden reparar y ya se dieron las cosas y ya, hay que enfrentarlo. Seguir
adelante. [Nicmar].
…y aquí reparar el daño que nos han causado a todos, porque quieras o no, con eso, como
yo le había dicho, todo se nos fue abajo… apoyo para poder encaminarnos nuevamente a
la vida… le digo olvidarnos, como dice el Gobierno… que Iguala no va a quedar marcado
por esos hechos, no cómo cree, eso para nosotros es como si nos dijeran que “olvídense ya
de eso y ya quedó atrás”, no puede quedar así pues. [Don Nicolás]
…aparte de que se escriba, aparte de que se redacte, aparte de que haya garantía, todo esto
pues se lleve a cabo en realidad porque yo he visto que los gobiernos crean instituciones,
crean esto, crean lo otro y para nada, pues no cumplen para lo que fueron creados. Otro es
que la justicia debe de ser que se esclarezca bien cómo, por qué.
Don Nicolás también reflexiona sobre la reparación a los familiares de los estudiantes
desaparecidos, nuevamente poniendo en el centro la verdad y la justicia:
No sé de qué manera, buscar alguna forma de poder apoyar a esos jóvenes, a los papás,
darle quizás un apoyo para que puedan sobresalir más adelante porque quieras o no la
vida no se compra, no se puede vender, no se puede pagar con dinero, una vida no tiene
precio, no podemos decir: “Te doy tanto y ya, ¿no?”. No, eso nunca, pero sí humanamente
respetar a los padres y buscar la verdad, hablarles con la verdad, y pues en las leyes al que
tiene que pagar.
Las autoridades pues como ellos dicen que van a apoyar a las Normales, a todos, pues
que lo hicieran, que fueran allá y vieran cómo están las escuelas, que a los chamacos les
garantizaran un trabajo cuando ya terminaran. Entonces todo eso también se debe dar a
los chamacos, no solamente a los que están si no los que vienen mucho más atrás y no estar
desapareciendo las escuelas porque eso es de los pobres, de los que no tienen […] Nada
más por quitarnos de un lado por el momento pues desde ahí ya está mal, porque están
jugando con la dignidad de una persona, con el ser humano, entonces yo por eso digo:
”No, de promesas y promesas nosotros ya estamos cansados”.
168
Conclusiones
Entre las similitudes, encontramos que, hasta la fecha, uno de los impactos más
notorios en los familiares es la imposibilidad de dar sentido a los hechos, la ruptura
de la confianza en las autoridades y la situación de impunidad que obstaculiza
conocer la verdad, como soporte del proceso de elaboración psíquica. En este
sentido se observa en las familias sentimientos de culpa e impactos psicosociales
derivados de la estigmatización de los estudiantes, y vivencias de inseguridad y
vulnerabilidad como producto de la situación traumática, agravado por la falta
de sanción a los responsables.
Para los familiares de los estudiantes heridos, la reparación integral del daño
tendría que partir de la verdad y la justicia, e incluir las medidas para reconstruir su
proyecto de vida y garantizar a largo plazo la atención médica y rehabilitación de los
jóvenes heridos. Asimismo, los familiares señalan la búsqueda de los estudiantes
desaparecidos y medidas colectivas de reparación hacia la Normal Rural “Isidro
Burgos” de Ayotzinapa que contribuyan a la no repetición de los hechos.
170
Sobre la atención a otras personas heridas durante los ataques en
Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala
En los tres casos anteriores, la muerte violenta de los jóvenes ha generado impactos
psicológicos y psicosociales profundos en sus familias. En el presente apartado
se señalan los impactos vividos por los familiares de Daniel Solís Gallardo, Julio
César Ramírez Nava y Julio César Mondragón Fontes.
La señora Inés y su esposo, Jaime Solís Serrano, tuvieron tres hijos: Daniel,
asesinado a los 18 años, Mauricio Solís Gallardo, de 15 años y Magali Solís
Gallardo, de 8 años. Su madre describe a Daniel como un joven responsable, con
ganas de salir adelante y solidario: “Él nunca dejaba a sus compañeros, un amigo
de él que crecieron juntos dice que una vez se enfermó y no cargaban dinero, así
que ‘él me agarró y me cargó hasta mi casa, como 40 minutos’. Siempre ayudaba
a sus amigos”.
Daniel tenía vocación por ser maestro. Según relata su madre, siempre le decía
a sus amigos: “Yo le voy a dar clase a sus hijos, pero si hacen relajo en el salón
los voy a reprobar”. De hecho, Daniel enseñó a leer y escribir a sus hermanos
menores. Un tío y unos primos de Daniel habían estudiado en la Normal Rural
“Isidro Burgos” de Ayotzinapa, lo que lo motivó a elegir esta escuela.
A sus maestros en la Prepa también les decía: “Yo voy a ser maestro”. Por esta
razón, ellos lo apoyaron cuando tuvo que ausentarse para ir a sacar la ficha a
la Normal de Ayotzinapa, y luego, cuando fue a hacer el examen de admisión.
La señora Inés relata que un primo de Daniel estaba con él la noche del 26 de
septiembre, y fue quien le avisó que su hijo había sido asesinado:
Él fue el que nos dio la noticia, la mala noticia […] Cuando recibimos la noticia yo le pedí
a Dios que me ayudara porque yo sola no iba soportar esa parte y nos fuimos temprano
de aquí, dicen que como a las 10 de la mañana ya estaba llegando la gente se empezaron
a dar cuenta.
Esperamos que no fuera verdad esto, que hubiera sido un mal entendido, todavía
se hicieron en lo que llegamos a la escuela, en los periódicos no aparecía su nombre,
nada más decían que habían sido dos muchachos, tres con Julio César Mondragón, pero
aparecían los nombres de ellos, no aparecía el de mi hijo, hasta las 9 de la noche que llegó
su compañero y él nos dijo.
Según relata la señora Inés, los padres de Daniel reaccionaron con incredulidad
frente a la noticia, hasta que confirmaron la veracidad de la información y fueron
a recoger el cuerpo de su hijo al Servicio Médico Forense de Chilpancingo.
174
Si eso fue el 27, porque nos avisaron el 27 en la mañana, y pues de aquí a Chilpancingo
son 6 horas, de aquí tomamos taxi a Coyuca. De ahí nos estaba esperando la hermana
de él, porque ellos tienen carro. Nos fuimos con ellos pero nos decían que los iban a
trasladar a las 7 de la noche así que nosotros ya nos movimos de ahí. Nos decían que no
nos moviéramos de ahí porque ya a ellos los iban a trasladar pero no fue así, se pasó toda
la noche y no lo hicieron, ya nos esperamos hasta otro día en la mañana que los trajeron
a Chilpancingo, los entregaron como a las 12 o 2 de la tarde, más o menos y pues ya de
ahí en el semefo nos hicieron dar muchas vueltas, hasta que no sé quien habló, no sé si
Aguirre, no recuerdo bien, que hicieran el papeleo rápido, fue cuando se movieron. Para
esto la señora del semefo, la doctora, perdió un papel con el cual los iban a entregar ya para
el traslado, lo bueno que acá en el Ministerio ya habían mandado una copia y allá con el
papel perdido que se ocupaba ya lo había perdido.
Duelo traumático
Me agarró la ansiedad de comer mucho chocolate, después a comer mucha comida. Sentía
que nada me llenaba y el doctor me mandó directamente con el psiquiatra, ya no me
mandó con el psicólogo, que ya los síntomas ya eran muchos y me dijo que un duelo no
superado en 6 meses era más grave. Me mandó con el psiquiatra, fue cuando me empezó
a recetar el Prazolan y la risperidona.
En el seguro es muy tardado, me dieron la cita hasta marzo y fue cuando me aumentaron
las otras dos pastillas, y la paroxetina, ahorita un año la tengo que estar tomando.
Yo le decía: “Busca otras escuelas, busca otras opciones”. Una señora me reclamó: “No
lo dejes ir a esa escuela”, y después de lo que pasó me reclamó: “Te dije que no lo dejaras
entrar a esa escuela”. Y yo le dije: “Pero si era su ilusión”, y ella me dijo: “Pero mira donde
quedó su ilusión”. Por eso le dejé de hablar.
La señora Inés sufre un dolor psicológico intenso por la pérdida de su hijo que
dificulta retomar el ritmo de la vida cotidiana. “Yo no puedo estar normal, se me
junta todo. Tener que responder a cosas, hacer cosas a pesar de la situación […]
Ir a la Normal también es más tristeza, el no verlo ahí, ver su foto con la de los
demás muchachos es muy difícil”.
En este sentido, la señora Inés relata que hasta la fecha no siente “la misma
energía” que antes para retomar su trabajo. Con el tiempo, ella empezó a conocer a
los familiares de los jóvenes normalistas que fueron amigos de Daniel. Hablar con
ellos, compartir fotos y recuerdos le ayuda a aliviar su dolor y elaborar el duelo:
Siento que tengo que estar en contacto con los demás padres. Con doña Hilda Legideño
se la pasaban mucho juntos. El 27 de marzo hablé ahí en Iguala, me dijo: “Doña Inés, yo
conocí a su hijo”, y fue cuando supe que ella era la mamá de ese muchacho que sale mucho
en las fotos con mi hijo. Entonces el próximo mes que vine le traje las fotos, ella no las
tenía. También con Cutberto, tengo el pendiente de entregarle al señor las fotos de su hijo.
176
La señora Inés relata que Mauricio tiene 15 años y actualmente atraviesa la
adolescencia. A partir del asesinato de su hermano ha presentado cambios de
conducta: “Desde la muerte de Daniel a veces se pone muy rebelde”. En relación a
Magaly, de 8 años de edad, su madre relata que “al principio no se le notaba tanto,
pero va creciendo y como que le va haciendo más falta, se le dificulta despertarse
en la mañana para ir a la escuela. En la escuela bajó mucho de calificaciones, no
pone atención a lo que debe hacer”. Los maestros le han dicho a la señora Inés
que Magaly solo escribe o hace planas con su nombre. Su madre recuerda que
fue Daniel quien le enseñó a leer y a escribir. Magaly añora constantemente a su
hermano muerto y pregunta cuándo va a regresar:
Le gusta ver películas de caricaturas por ejemplo al ver el Rey León en la escena donde el
rey León se le presenta a su hijo y le dice que tiene que continuar, la niña pregunta “¿por
qué a mí no se me aparece Dani?.
Realiza constantes preguntas como “¿Cuándo regresa Daniel?”, y solo respondo: “Ya no
va a regresar, él está en el cielo”.
Al principio, tenía como un mes, me decía que hiciera un atole, y yo no quería ni ver la
estufa. Porque cuando a Dani le tocaba ir a trabajar con alguien, yo temprano le preparaba
su comida, su torta, o me decía: “Se me antoja esto”, y se lo preparaba. Y pues pasó esto y
yo decía: “¿Por qué voy a comer yo, y él no?”. Hasta la vez. A veces sí hago algo de comer,
pero hubo un tiempo que nada más le decía a mi hijo: “Hazte un huevo, o prepárate esto”.
Magaly me decía: “Dani me dejaba cocinar, que le ayudara, y tú no”. Eso ha sido difícil.
Me decía: “Dani me llevaba al parque, ¿por qué ya no vamos?”.
A veces él también se hacía a un lado de la familia, a veces hasta siente que los teníamos
abandonados a los niños […] De hecho un sobrino de mi esposo trabaja acá en Lázaro,
en vacaciones pasa por ellos para que por ese lado no resientan tanto ese lugar de Daniel,
porque siempre en vacaciones se iban y ya últimamente se llevaba a Magali, y ya él se
encargaba de cuidarla pero desde bebés siempre me la cuidaba él, me la llevaba al trabajo,
le daba de comer, la iba a traer a la escuela, cuando tenía tiempo y siempre con él.
Si, ahorita de hecho a Mauricio le estuve llevando unas platillos que le pedían de tarea,
de comida y sí se los estuve haciendo y llevando a la escuela porque iba muy bajo de
calificaciones y sí era el motivo para que subiera tantito, era una forma más de ayudarlo
porque el año pasado en julio estuvo a punto de quedar fuera de la escuela, tenía 4
reprobadas y tenía que pasar dos por lo menos para que pudiera quedar.
Mi esposo se le alteró la presión nada más pero siempre la tenía controlada, después del
26 ya siempre la ha tenido alta, alta y no se la ha podido normalizar.
Sí pues de hecho desde que pasó esto mi vida cambió, ahora sí que la de todos. De hecho
hasta mis suegros también les afectó mucho porque él fue el único que dijo que si no
pasaba el examen en la Normal se iba a ir ayudarle a su abuelito con las vacas, iba a estar
un año allá y después lo iba a volver a intentar, y pasó esto, y mi suegro empezó a vender
sus animales, ya no quiso seguir con ellos […] Ellos sufren de la presión y mi suegra es
la que más se ha enfermado, se le ha alterado más la presión también. Le digo en cada
vacaciones allá se la pasaban, no se quedaban aquí si no se iban con ellos, se iban con su
hija de ellos, con la hermana de Jaime, ella vive en Coyuca, los han tenido desde chiquitos,
nunca les prohibimos que no fueran, ni por castigo ni por nada, al menos que no hubiera
dinero, entonces si se les limitaba.
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Impactos a nivel comunitario
Más que nada cuando es aquí en la colonia que todos nos conocemos y los chamacos han
crecido juntos todos, aquí en la canchita se ponían a jugar todos revueltos los chiquitos con
los grandes y no nunca hubo diferencia y Jaime le afectó todos que bajaban a jugar futbol,
porque aquí era el punto de reunión de todos, aquí se juntaban y se bajaban en bolita. Hay
un muchacho que llegaba temprano, a las 7 de la mañana ya los andaba despertando a
todos para irse a jugar y así que Dani nos decía los domingos: “Voy a llegarles a tales horas
porque tengo tres partidos” […] Todo el día por allá se la pasaban los domingos o sábados
y también por ese lado le afectaba mucho a Jaime y pues también a mí.
Me tiraban […] Estuve yendo al hospital general de Zihuatanejo, donde nos iban a dar
atención psicológica, pero cada vez que iba tenía que estar explicando la situación, porqué
iba, para que no me cobraran. Y dejé de ir con ese doctor.
36
El video se puede ver en el siguiente vínculo: [Link]
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Los ataques en Iguala y la estigmatización como parte de un
contínuum de violencia en contra de la Normal de Ayotzinapa
Como le comentaba, siempre a Ayotzinapa, los policías mandados por alguien, siempre
los han atacado, y desde el 2011 […] Ora sí que los han atacado con balas, van ora sí que a
matarlos, sin sentimientos, ni conciencia de lo que hacen.
Una vez me tocó ir a una reunión con [el gobernador Ángel Heladio] Aguirre y yo no
sabía que iban a estar las mamás de los niños de Los Avispones y la hija del chofer, la
otra no recuerdo quien era, pero yo pensé que eran mamás de Ayotzinapa. Cuando dijo
la señora: “Es que a mi hijo lo confundieron con los de Ayotzinapa”, bueno, “A nuestros
hijos los confundieron con los de Ayotzinapa”, fue cuando le hice el reclamo a Aguirre, le
digo “¿Cómo que los confundieron a ellos con los de Ayotzinapa?, ¿entonces los pensaban
matar a todos?”, y no me contestó Aguirre.
Me sentí mal, me dio mucho coraje. Y más que algunas vecinas: “Es que dijeron que ocho
de los muchachos sí pertenecían a la delincuencia organizada”. Piensen que esas bandas
no hacen matazón así. No se llevan a cuarenta y tantos.
Pues ora sí que siempre los he defendido y referente a mi hijo pues claro, y todos los
muchachos tienen una historia diferente y en su transcurso dan a la misma conclusión de
que ora sí que querían salir adelante, y así ellos se hubieran dado cuenta de que hubiera
ese tipo de cosas, ellos no hubieran participado en eso […[ Uno conoce a sus hijos.
Y pues, ahora sí que los mandamos a estudiar por su inteligencia, porque quería salir
adelante. Si hubieran sido vándalos, o pertenecido a la delincuencia, no hubieran ido a la
escuela. Nuestros hijos entraron a una escuela para ser alguien en la vida y ganarse la vida
decentemente. Ayudar al pueblo, que es lo que hace un maestro.
Pues no sé, ora sí que a [el presidente Enrique] Peña como que no le importa mucho el
caso. De palabra nos dice que sí, cuando hemos estado enfrente de él, pero ya con las cosas
que dice y hace pues no coincide. El otro día estaba viendo a Osorio Chong [secretario de
Gobernación] defendiéndolo, dio a entender que él no tenía nada que ver en esto y pues ora
sí que se va a saber hasta que se descubra la verdad o hablen todos los detenidos.
Ha habido mucha injusticia, sobre todo porque son de gobierno, los tres niveles de gobierno.
Con mis hijos, en el matrimonio también, Jaime no quiere recibir ayuda psicológica de
hablar de su problema.
Yo no me puedo quedar en Zihua sin saber nada. Necesito saber los avances, que se vea
que se está haciendo justicia, que no quede impune esto y que no vuelva a suceder con
otros jóvenes. Que los estudiantes sean respetados y que haya más apoyos para los jóvenes
que vienen saliendo.
Hace como dos meses estuvo muy mal mi suegra, ella no lo puede superar. Estuvo mal,
con la presión muy alta, y dice que fue a consecuencia de que fue la psicóloga de la ceav y
le dijo: “Como que ya se están olvidando un poco de Daniel”, y le agarró más la tristeza.
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Ella llora mucho, y me hace preguntas muy pesadas respecto a la situación. Que si esto
va a quedar así, o si se va a seguir en la lucha hasta que haya justicia, que si los 43 van
a dejar a sus hijos nada más así, o si nosotros nos vamos a quedar callados. Ella quiere
saber, pero a mí se me hace difícil contestárselas. Pero cuando su hijo viene a marchas
o reuniones le da miedo, que en las marchas haya un ataque, o le pase algo a él. O que le
vayan a hacer algo en Zihuatanejo.
Pues ahora sí que no dejen salir a todos los policías que participaron, a ninguno hasta que
se aclare bien por qué los atacaron y al principio decían que eran vándalos, pero pues ora
Espero que se aclaren las cosas, que haya justicia. Más sobre todo si aparecen los
muchachos, los 43, sería lo mejor para los padres.
Respecto a Ayotzinapa que se les brinde todo el apoyo porque es la única escuela que
ayuda a jóvenes pobres, de bajos recursos y ora sí que se dé a conocer Ayotzinapa lo que
hace […] Que se aclare todo y quede el nombre de los muchachos limpios.
Que los estudiantes ya no vuelvan a ser atacados por policías ni por cualquier otra
persona. Que si mandan algún recurso, que vean que si llegue a la Normal. Que tengan
autobuses para que ellos ya no tengan que andarse arriesgando.
Conclusiones
Daniel Solís Gallardo era un joven inteligente y carismático. Era un apoyo para su
madre y un referente para sus hermanos menores, a los que cuidaba amorosamente
y a quienes les enseñó a leer y escribir. Era un muchacho querido por su familia y
su comunidad. Daniel había logrado ingresar a la Normal Rural de Ayotzinapa
para cumplir su vocación de ser maestro y toda su familia compartía su ilusión
en el futuro.
Sus amigos cuentan que era solidario y en el relato de su madre aparecen anécdotas
de Daniel ayudando a otras personas; y así fue asesinado en los ataques de Iguala,
la madrugada del 27 de septiembre, cuando acudió a apoyar a sus compañeros
normalistas. El vacío que dejó Daniel en su familia y su comunidad no se puede
describir a cabalidad. El relato de su madre en las páginas precedentes apenas bordea
la pérdida abrupta y sin sentido de este muchacho lleno de planes y desbordante de
vida. El trabajo de duelo irá tejiendo palabras y sentidos frente al vacío.
184
en términos psíquicos y psicosociales, y la interdependencia de los procesos
subjetivos y sociales. En particular, la incidencia de la impunidad en
procesos de duelo producto de pérdidas violentas ocasionadas por la acción
deliberada de otros seres humanos y de violaciones a los derechos humanos.
El trabajo de duelo no puede entenderse desde las etapas del duelo descritas en
la psicología,37 puesto que el proceso de duelo obedece a un tiempo lógico y no
cronológico, en el que la impunidad juega un papel para significar la vivencia
traumática de la pérdida. De tal forma que eventos relacionados con la
impunidad pueden generar en los dolientes la revivencia traumática del duelo
o la intensificación del sufrimiento emocional, y viceversa, el avance del proceso
jurídico permite avanzar en la elaboración de la pérdida.
Como se explica antes, la señora Inés y la familia atraviesan por un proceso de duelo
traumático en el que el trabajo de duelo se encuentra imbricado con las respuestas
sociales e institucionales. En este sentido, se recomiendan acciones alrededor de la
atención terapéutica adecuada y de apoyo en la búsqueda de justicia.
37
Aturdimiento y choque, evitación y negación, conexión e integración, y crecimiento y transformación (Payás, 2010).
186
Julio César Ramírez Nava
La señora Berta Nava es madre de cuatro hijos, tres varones y una mujer. Doña
Berta se gana la vida como trabajadora doméstica: “lavando, planchando,
trapeando, haciendo aseos” y su esposo trabaja como velador.38 Ambos viven en
la ciudad de Tixtla, Guerrero. A pesar de la precariedad económica, para doña
Berta su vida “era algo diferente, era una tranquilidad, era trabajar, llevarles de
comer a mis hijos, regresar, esa era mi vida”. Tras el asesinato de Julio César, el
mayor de sus hijos, todo cambió: “Después de esto pues fue como una pesadilla y
aún sigo pensando que es una pesadilla, que quisiera yo despertar de esa pesadilla
y que todo eso no fuera”.
“Quiero a los chamacos para sentirme viva, quiero verlos de vuelta, quiero verles
una sonrisa, le digo, ya que a mi hijo no se la voy a poder volver a ver”.
Ya por lo que me decían sus compañeros que cuando él llegó esa noticia, que se apuraron,
se levantaron y que se cambiaron y salieron. Se había llevado sus zapatitos que había
mandado a arreglar, los únicos que tenía, un parcito, que se había acabado todo lo de
abajo, su suela. Le digo: “Pues llévalo, hijo”, todavía no entraba aquí a la escuela, le digo:
“Llévalos a que te los arreglen”. Dice: “Sí mamá”. Le digo: “Quizá más adelante hijo yo
pueda hacer todo lo posible para comprarte un par”. “No te preocupes mamá, hay más
tiempo que vida”. “Sí mijito”. O sea, es un muchacho que nunca te exigía lo que no le
38
Guardia de seguridad que trabaja por las noches.
Me mandaba mensajes: “Mamá estamos arreglando la tierra para sembrar la flor, para el
Día de muertos vamos a ir a vender”. Le digo: “¡Ay qué bueno hijo!”. “Mamá ya llegué,
fuimos a regar”, “Mamá ya está saliendo el terciopelo, ya está creciendo”. O sea que todo ahí
me mandaba en los mensajes. Le digo: “Qué bueno mijito” y pues fue transcurriendo todo
ese tiempo ¿no? Ya hasta en la semana de una reunión que nos mandaron llamar, lo vi que
iba hasta allá mi hijito y le grité y le grité, pero no me alcanzaba a oír, hasta después me
oyó y se regresó. Me dio su casaca, como estaba ahí en la banda de guerra, que yo se la
lavara y el cordón de la trompeta. Le digo: “Sí mijito, sí te lo voy a lavar”, ya lo lavé y se
lo llevé corriendo, iba a haber la junta. Digo: “Pues voy a aprovechar las dos cosas”. Pero
ya después me mandó un mensaje, pero yo ya había llegado a la casa, que dónde estaba
yo, que me estaba buscando. Le digo: “Hijo, ya estoy en la casa, ¿quieres que yo vaya?”.
“No, mamá, pues si ya te fuiste ni modo, ahí te estoy mandando mensajes en todo”. Le
digo: “Sí mijito” […] Pero pues digo yo también tenía que estar trabajando, tenía yo que
estar viendo que sus otros hermanos no les faltara qué comer, pues sí estaba yo pensando
en la noche: “¿Cómo estará mi hijito?, ¿Cómo estará que no me ha hablado?”.
Y pues aquella noche ¿no?, que me marcó a las 11:44 [pm] que estaba en Iguala que había
ido a apoyar a sus compañeros y pues yo no podía despertar, estaba yo bien dormida, pero
así entre sueños yo le contesté. Apachurré el botón, pero no podía yo abrir los ojos, los
tenía yo así como pegados y así le contesté. Le dije: “Sí, mijito, pero cuídate mucho por
favor, que no te vaya a pasar algo”. “No pasa nada, mamá, todo va a estar bien, vas a ver,
mañana vamos a estar allá contigo en la casa, que los muchachos nos van a dar permiso”.
“Sí mijito, cuídate, aquí te espero”. “Sí mamá”.
Esa fue la última vez que doña Berta habló con su hijo. Después llegó la noticia
de los ataques en Iguala y el asesinato de Julio César. En el relato de doña Berta
se mezcla un sentimiento de incredulidad y rabia.
188
Pero pues no, ya después le estuve marcando, le estuve marcando como a las 7 de la
mañana, a las 9, a las 10 y nunca me contestó el teléfono. Ahí yo no sabía que ya no
existía mi hijo, que ya estaba muerto y cuando vi esa playera, vi tirada, ahí en la pared,
pues decía: “¿Qué muchachito mataron ahí? Seguramente alguno de tercero”, pues yo
no conozco sus uniformes y hasta que me llevaron los muchachos y me dijeron que ahí
había caído mi hijo y le digo yo: “¿Cómo es posible que esa gente que vivía ahí por qué
no les abrió la puerta, por qué no los apoyó? Si los hubiera apoyado nada de esto hubiera
pasado, no estuvieran muertos, no se hubieran llevado a los demás […] y pues ahí quedó
mi muchacho.
Le dieron el balazo acá, cayó boca abajo ahí, ahí quedó y ahora nada más verlos en las
revistas de Proceso, pues sí la verdad, da coraje. Da coraje con cuánta saña los masacraron,
que ellos sin tener un arma encima y tenerles que decir a estos policías: “Pues si nos van
a matar mátennos, no tenemos nosotros con qué defendernos”, ¿no?, y aún a estas alturas
de la vida lo sigue haciendo este Gobierno, los sigue golpeando…
Te digo ya no tenemos nada que perder, lo único que pues sí nos ayudaría, si nos matan
pues se nos quitaría ya este dolor, ya no lo sentiríamos, dejaríamos de estar sufriendo, de
estar pensando: “¿Dónde están estos muchachitos?, ¿qué está haciendo?, ¿cómo están?”.
Sí, porque es un martirio de todos los días estar pensando, que si ya comerían, que si no
estarán pasando frío, que si no los estarán torturando o qué pasa, o sea en la cabeza te
vuelve loca, ya no sabes ni qué pensar. Pero, aún así, tú vas adelante y dices: “Pues voy a
hacer a un lado todo esto, voy a seguir este camino porque no hay de otra”. No hay de otra,
no hay vuelta de hoja, a pesar de todos estos ataques, seguimos aquí y vamos a seguir y
pues la única forma de que nos paren es esa, que nos maten igual que a mis muchachitos,
¿no? ¿Qué más podemos perder?
La vida detenida
A casi tres años de la pérdida abrupta y violenta de su hijo durante los ataques
contra los estudiantes normalistas el 26 y 27 de septiembre de 2014, doña Berta
relata que, para ella, la vida se quedó detenida desde entonces:
Pues este tiempo para mí, como te dije, no ha pasado porque es como si ayer hubiese sido
todo ese atentado de este ataque. No pasa para mí pues, para mí es como si se hubiese
quedado ahí parado el tiempo, hubiese quedado estático, para mí no ha corrido la vida.
A veces mi mente como que me quiere hacer entender que eso no es verdad, que no fue
una pesadilla, que es una realidad y que tengo que regresar de aquel lado donde me estoy
queriendo ir, que debo de regresar de este lado y asumir esa verdad, que aunque me duela
es la pura realidad […]
Me refiero “por otro lado” porque a veces como si mi pensamiento dijera: “No, él vive;
él está con los que se los desaparecieron; él no está muerto” y eso es esa parte ¿no? Y
estoy entre dos partes. Una está para acá en que me está jalando y decir: “No, pues tu hijo
está muerto, lo enterraste, lo velaste”. No hay nada para acá y de a ratos me jala para acá
“No, él anda por allá”, “Él está con los 43” y “Síguelos buscando porque si no, no van a
aparecer” y es la forma en que yo lo estoy haciendo.
La vivencia subjetiva del tiempo que no pasa, detonada por la pérdida traumática
de su hijo, contrasta con la constatación de que la vida sigue para otros jóvenes
que entraron a la Normal en la misma generación.
No ha seguido la vida, pero volteando para otro lado vemos que sí, la vida sigue porque
nuestros demás muchachitos que entraron en esa misma academia con mi hijo pues que
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ya están ahorita en tercer año, que ya para el año que viene éstos muchachitos van a
volar y pues la vida sigue. Y yo como también lo he dicho, la vida sigue, correcto, éstos
muchachos y los que vengan pues tienen que seguirse preparando y no tenemos por qué
seguir permitiendo que este Gobierno nos los esté matando.
¿Qué es lo que hizo este gobierno asesino? Matarnos a mis muchachitos ¿no? Porque
eso es lo que digo “mis muchachitos” porque pues los mataron con mi hijo a Julio Cesar
Mondragón, haberse ensañado con él quitándole el rostro en vida, golpeándolo en vida.
Esa es la parte que yo la considero así, que para mí no ha transcurrido el tiempo, porque
quedó ahí, quedó como parado el tiempo y ahí sigo y es la forma en que yo sigo buscando
estos 43 muchachos, aún sabiendo yo que el mío no anda con ellos, pero sí sabiendo que
fue a dar la vida por sus compañeros, igual que sus otros dos compañeros, Julio Cesar
Mondragón, Dani, Edgar, Aldo, que pues le dieron el balazo en la cabeza, a Edgar que le
destrozaron la boca. Pues igual esos muchachitos que fueron en su actividad y los demás
tuvieron que irlos a apoyar, pues ahí quedaron. Así es que esto, todo esto pasó en conjunto,
nunca pasó que nada más los primeros, que los 43, no. Aquí están todos ellos involucrados
y son tan importantes como los 43, como los 3 [estudiantes privados de la vida], como los
Yo por mi no, porque como lo he dicho, yo mal o bien yo ya viví, ya estoy vieja. ¿Qué
importa, no? Yo si tuviera las ganas de seguir viviendo no estaría yo acá, yo estaría en mi
casa ¿no?. Diría: “Pues a mí me importa la vida, qué bonita es la vida”. Sí, es bonita, pero
pues yo estoy muerta en vida y por estar muerta en vida yo tengo que seguir exigiendo la
vuelta de esos 43 chamacos. Porque es lo único que me está dando más fuerzas para seguir
en esto y que eso no quede aquí […] Ya no hay nada que perder.
Doña Berta refiere sentirse “muerta en vida” tras la pérdida de su hijo. Cuando se
le pregunta qué le ayudaría a a sentirse viva otra vez, ella responde:
Pues eso, que nos devuelvan a nuestros chamacos y eso es decir, pues, eso es una batalla
que le hemos ganado a este Gobierno, que sean 43 chamacos que no los estén devolviendo,
192
¿no? Y si se pudo esto, se puede con los miles y los miles que nos hacen falta, tanto
pequeñito que se han robado y nunca nadie más vuelve a saber nada de ellos; al menos
eso me ayudaría bastante, me ayudaría a sentirme otra vez viva ¿Por qué? por decir “Pues
tuve algo que ver en esto, por ese motivo es que estos muchachos regresaron”. Y ese es
un aliciente de vida y ese aliciente de vida es el que yo estoy buscando día a día cada
vez que yo me levanto, cada vez que yo me voy a acostar y me despierto con esa misma
mentalidad: “Que mañana sea un día mejor”, y si no es mañana, pasado y así diario estar
pensando. Tener otro pensamiento, no decir: “No, esto no va a suceder”, que jamás van
a regresar ellos, “Sí van a regresar” y si yo no lo veo, que sus padres lo vean, esa es la
mentalidad mía pues, si yo quedo en el piso no me importa, pero me importa que esto siga
adelante, no claudicar acá pues.
En otras palabras, la única manera que la señora Berta ha encontrado para seguir
viviendo, es arriesgar su vida por los jóvenes desaparecidos:
Pero no tenemos miedo, ya el miedo se lo llevaron, ¿qué más podemos perder? Si ya nos
quitaron todo, nos quitaron hasta las ganas de vivir. Pues aquí vamos con todo, si este
gobierno corrupto, asesino nos quiere matar pues que lo haga pero nosotros no vamos a
desistir, vamos con todo pase lo que pase y pues hasta encontrarlos vivos, porque vivos se
los llevaron y es la forma en que los estamos esperando, y los vamos a seguir esperando,
no vamos a claudicar jamás, aquí vamos a seguir en esta lucha cueste lo que cueste, pues
hasta tenerlos de vuelta.
Este dolor que me está acabando y este coraje, esta rabia es lo que me mantienen de pie, es
eso y decir que no me voy a dejar a pisotear y no me voy a dejar engañar de este Gobierno
[…] Sí, ustedes me lo han dicho que tengo que sacar este dolor, ¿para qué chingados lo
voy a sacar? Si este dolor es el que me está manteniendo de pie, me está diciendo: “Sigue
adelante, síguelos buscando, porque esa es la forma en que tú puedes seguir viva, porque
si te quedas ahí te vas a morir, te vas a secar”. Y eso es lo que a mí me pasaba. Dije: “No,
yo voy a seguir adelante con este dolor, con esta dignidad, con esta rabia que es la que me
mantiene de pie y voy para adelante, cueste lo que cueste. Si tengo que dar mi vida no me
importa porque si muerta estoy y ellos van a ser mi vida, pues adelante ¿no?”. Esa es la
forma que lo he dicho siempre y lo sostengo.
Pero como te digo, sí están mis hijos allá, sí les hago falta, pero también mi hijo me hacía
mucha falta, me sigue haciendo falta y él prefirió a sus hermanos, prefirió ir a apoyar a
Por un lado, como ella reitera a lo largo de la entrevista, doña Berta participa
en el grupo de padres y madres de los 43 normalistas desaparecidos como una
forma de honrar la memoria de su hijo, quien fue asesinado cuando fue a apoyar
a sus compañeros. Por otro lado, en este colectivo ella encuentra un lugar para su
dolor. Doña Berta habla de los fuertes vínculos que la unen a los padres de los
estudiantes desaparecidos:
Yo sé que aquí los 43 me necesitan, que soy una parte muy fundamental para
ellos, como ellos para mí también, yo los necesito, los he extrañado y es por eso
también que veo que ahorita es cuando más deben de estar todos ellos unidos y si
yo puedo estar aquí con ellos, me lo permiten, pues aquí voy a seguir […]
He estado con ellos presente, aunque si no he podido estar en cuerpo, he estado en mente,
pensando cómo están, o cada vez que oigo que los han atacado, ¿qué les pasará?, que no los
hayan tocado porque sí. Es desgastante, te desgastas y es más confortable estar aquí con
ellos, que sufras con ellos los ataques, verlos que están bien y si están mal pues apoyarlos,
a ver qué puedes hacer por ellos, ¿no? Eso es lo que a mí me importa. O sea, me gusta más
apoyar a los demás que a mí me apoyen, dar lo que puedo, mis fuerzas, no me importa,
por decir aquí estoy, no soy la gran cosa, no tengo dinero para decirles: “A ver tengan esto,
para que con esto se ayuden”. No lo tengo, si lo tuviera lo compartiría, porque como lo he
dicho yo, las cosas materiales no me importan. Yo crecí en la calle como un perro y así
he sido. Nunca he tenido nada más, que lo más valioso eran mis hijos y eso sigue siendo
para mí, pero también se llevaron otro pedacito que me hace falta y si no voy a tener ese
pedacito tengo que seguir buscando a los 43 chamacos, seguirle para adelante y pues te
digo sólo el dolor es lo que me mantiene de pie, es el dolor que me hace interesarme, ¿no?
Ese dolor que dice: “Pues síguele, sigue buscándolo porque es la única forma de que tú
sigas viva” y si es así pues vamos dándole para adelante, no pues sea como les digo aquí
a los compañeros, yo estoy a lo que venga, ya estando encaminado ya no importa nada,
ya no importa nada […] Porque nosotros vamos cargando ese morral pesado y nosotros lo
sentimos y nosotros ya no sentimos los madrazos. Sentimos que nos estamos acabando en
vida; ya no hay nada que nos detenga más.
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La búsqueda de los 43 normalistas desaparecidos como forma de tramitar el duelo
La Señora Berta reitera a lo largo de la entrevista que la búsqueda de los 43
estudiantes normalistas pasó a ser el propósito central de su vida. Esto le ha
permitido, literalmente, seguir viva:
Y que lo único que lo va a llenar es eso, encontrar a esos 43 chamacos y decirles: “Qué
bueno mis hijos que están de vuelta, qué bueno que van a estar con sus padres; si el mío
yo no lo voy a tener pues al menos ustedes”. Y para mí eso va a ser una batalla ganada
para nosotros, para mí muy personal y decirle a sus padres: “Aquí están, lo logramos, le
quitamos a este desgraciado Gobierno a nuestros muchachos, a sus hijos”. Que por ellos
yo he dado hasta lo que no he tenido, pero no me importa y vamos a seguirle.
Pero pues yo como lo he dicho, pues si es necesario que tengamos que dar la vida como
lo hizo mi hijo por sus compañeros, pues aquí estamos; pero esa escuela no se va a cerrar
porque la necesitamos, muchos como yo hay en camino que están a punto de llegar a esta
escuela para seguirse superando, porque esta escuela es como un rosa y los niños que están
llegando a esta escuela son las flores y son hermosas, le digo, el día que ellos se gradúen
va ser hermoso cuando salgan; pues aunque yo ya no tenga a mi muchacho conmigo
pero es bonito ver a esta juventud y tienen los mismos sueños que mi hijo y que vamos a
seguir luchando por estos y por toda la juventud que tenemos, que toda la juventud que
está tratando este Gobierno de masacrar, que no quiere que los muchachitos sepan qué
derechos tienen, quieren que todo el tiempo nos tengan con la bota en el pescuezo ¡pues
no, ya basta!
Pues aquí estamos, ya 31 meses que no ha habido ni justicia, ni ha habido una verdad, que
hemos estado buscando por parte de los 43 muchachitos, pues aquí seguimos. El Gobierno
pensó que íbamos a claudicar, que nos íbamos a cansar o le está apostando a cansarnos
pero no es así, aquí estamos como que si ayer mismo hubiera sido el ataque que sufrieron
nuestros hijos, aquí estamos.
Para mí no ha transcurrido todo ese tiempo, para mí sigue ahí latente, ese dolor es
tremendo pero seguimos y ese mismo dolor es el que me hace seguir en esta lucha, en esta
Frente al fracaso del Estado para esclarecer los hechos y sancionar a los
responsables, doña Berta reclama que dejen a los padres realizar la búsqueda de
los normalistas desaparecidos:
Pues sí, quisiéramos que esto se le dé solución y si no nos va a dar solución que nos
permitan o nos dejen buscarlos como nosotros queramos, porque sí, la verdad es un dolor
muy tremendo que no podemos seguir así, este dolor nos está acabando. Ya es tanto tiempo
para tanta gente, para uno que sufrió ese atentado con su hijo, pues no.
Pues sí como todo nos ha afectado pero las ganas ahí están de seguir en esta lucha y la
vamos a tener que seguir porque no hay vuelta de hoja, aquí ya nos fregaron la vida,
ya nos deshicieron nuestro castillo donde vivíamos todos, ¿no? Pues ahora ni modo, ya
no tenemos tranquilidad, pues tampoco la va a tener este desgraciado Gobierno, aquí
vamos a estar hasta que nos digan la verdad, a dónde los tienen o qué hizo con ellos
y con pruebas contundentes, porque no nos va a estar engañando como lo dijo cuando
estuvo aquella persona que era su verdad histórica, ¿no? No queremos saber de su verdad
histórica porque no existió y porque no es verdad. La verdad está sobre este lado, sobre
196
los padres y eso es lo que pedimos: verdad. No queremos más mentiras y pues que ya deje
a la gente que en realidad quiere trabajar hasta encontrarlos, pues que los deje trabajar y
que los deje de estar corriendo, eso es lo que queremos.
Para doña Berta, los señalamientos de algunas autoridades en relación a que los
estudiantes estarían involucrados en algún grupo de la delincuencia organizada
es un agravio que se suma a la pérdida de su hijo:
Seguimos de pie, no vamos a dar marcha atrás sencillamente porque son una parte muy
fundamental para los 43 y parte mía también porque mi hijo fue a perder la vida por
apoyar a sus compañeros, no fue que como dice el Gobierno, que andaban de vándalos
haciendo otras cosas, no, jamás. Nuestros muchachos son unos muchachos que entraron
a esta escuela para prepararse, para ser unos buenos maestros e ir a comunidades más
apartadas de los cuales este Gobierno no manda a ninguno de sus universidades que tiene.
Pues yo de eso yo jamás lo creí porque esos muchachitos no necesitaban entrar a estas
escuelas para ser parte de esa gente ¿no?, de esa gente que está pues sin hacer nada, ellos
no tenían porque… Por ejemplo si estuvieran con ese tipo de personas, no tenían porqué
haber entrado a una escuela Normal, porque para aprender todas esas cosas no necesitan
una escuela así, sencillamente, toda esa maldad se encuentra en la calle. Estos muchachos
entraron a esa escuela porque querían una vida mejor para sus familias, para sus padres,
para sus abuelos, para sus sobrinos. Muchos de estos muchachitos tienen que mantener a
sus padres, sus abuelos, sus sobrinos y pues es unas familias largas y pues yo jamás creí
esa sarta de mentiras que han dicho y siguen aún diciéndolo, ¿no? Pero yo como lo he dicho
siempre, que ellos son unos muchachos que quieren algo mejor para el pueblo, porque
son pueblo, hacen pueblo y sin ellos no sé qué hubiese pasado y gracias a ellos también y
ese apoyo que nos han dado pues ahí siguen con nosotros luchando, arriesgando su vida,
arriesgando que vuelva a suceder lo mismo que pasó ese día 26 para amanecer 27. Que nos
lleguen a dejar a otro niño con un balazo en la cabeza u otro niño con la boca destrozada y
eso no debe de ser, no debe de suceder más, no queremos a ningún muerto más.
A continuación damos cuenta, a partir del relato de doña Berta, de algunos de los
impactos psicosociales para el padre y hermanos de Julio César Ramírez Nava.
Ella relata que su esposo enfrenta, además del dolor por la pérdida de su hijo, la
necesidad de mantener a la familia y ser el soporte de los otros hijos durante los
periodos en que su esposa se ausenta para participar en la movilización por
los 43 normalistas desaparecidos y la búsqueda de justicia:
No pues mi esposo sí, se medio derrumbó, ¿no? Pero pues igual ahí la lleva. Pues tiene
que trabajar para poder atender la casa mientras yo ando por acá, porque pues yo no puedo
darle ningún peso para decirle: “Ten, te voy a apoyar con esto”, ¿no? Él tiene que trabajar,
con lo poquito, su sueldo que le dan ahí tiene que mantener la casa, tiene que pagar renta,
tiene que pagar todo lo que se necesita ahí y si paga lo demás no le alcanza para comer
pero pues ahí la llevan también […] Pues sí la verdad sí, se quería volver a echar al vicio
y yo le dije: “Óyeme, ahorita no es tiempo de que tú te vuelvas a hacer eso, si ya estuviste
en el vicio deja eso”.
Eran 4 muchachitos y una mujercita, con ella eran 4, ya pues la mujercita está casada, la
mayor, tengo una nietecita de 5 años y pues ahí siguen, ellos haciendo su vida, es lo que
les digo que ellos es lo que deben de seguir, haciendo su vida, echándole ganas, que lo
demás no importa.
Pues ahí echándole ganas, ¿no? Porque decía él que cómo era posible que le hubiera
pasado eso, que no debió haber sido, le digo: “Sí mijo, pero pues uno nunca sabe, este
desgraciado Gobierno así es, trata de una u otra forma callarnos” […] [Los normalistas]
estaban recolectando camiones para ir a la Ciudad de México le digo, para el 2 de octubre
y “ve lo que pasó —le digo—, que tu hermanito se tuvo que haber quedado ahí en el
asfalto en la ciudad de Iguala. Pero pues ahora sí —le digo—, tú ponte a estudiar como tu
hermano quería, como él quería estudiar para que tú también tuvieras un apoyo de él —le
digo— pero pues no se pudo, ahora te toca a ti. Hazlo por ti, no lo hagas por mí, ni por tu
padre, ni por nadie, más que para ti y pues adelante”. Y pues le guste o no le guste porque
pues yo me sigo viniendo para acá y él estudiando. Yo le dije: “Échale ganas a seguir
estudiando que lo poquito que tu padre te pueda ayudar ahorita que él está más o menos
bien”, que a veces está también enfermo con lo del azúcar pero pues ahí la lleva, ahí la
llevamos todos. Y mi otro hijo, el mayorcito, de mi flaquito, pues también estudia, está
trabajando, trabaja en la gasera ahí, por ahí está una gasera en un deshuesadero.
198
Aunado a la pérdida de su hermano, los otros hijos también viven la ausencia de
su madre y la preocupación por su seguridad:
Pues mi hijo quisiera que estuviera yo allá, quisiera que no anduviera por acá porque pues
tiene miedo de que si me va pasar algo. Le digo: “Mira, hijo, para que me pueda pasar algo
pues aquí, dónde sea, pero yo no puedo estar aquí sencillamente porque aquí me estoy
muriendo de tristeza, aquí yo no hago nada, yo sé que les hago falta pero también hago
falta por allá, necesito estar para acá y por allá gritando pues que los queremos de vuelta
a los 43 chamacos”, sencillamente porque yo perdí a mi hijo por ellos y ahora tengo que
apoyar a sus 43 compañeros, 43 padres, hasta encontrarlos vivos.
Pues siguen igual mis hijos porque yo los he querido tener así, al margen de todo esto, no
los quiero involucrar, por si algo sucede al menos ellos estén desapartados de mí, eso es lo
que trato, que no vuelvan a correr la misma suerte ¿no?
Doña Berta relata que uno o dos días después del funeral de su hijo, se presentaron
autoridades en su casa ofreciendo que podían “hacer cosas por ella”.
Pues ya no estás por saber pero el día que enterré a mi hijo, no sé si serían como a los
dos días o al siguiente día, fue gente del Gobierno a la casa. Fueron tres personas, que
un psicólogo y otro no sé qué cosa; bueno, que podían hacer cosas por mí. Yo estaba
apurada haciendo mi almuerzo porque me tenía que ir a donde se había velado mi hijo,
dice: “Podemos hacer por usted cosas, señora”. Le digo: “¿Qué pueden hacer?”. “Lo que
usted quiera, lo que usted necesite”, y me quedé así, le digo: “¿Así es que pueden hacer
cosas por mí?”. “Sí, claro que sí, señora”. “A ver, pásenle”, le digo. “A ver, ¿qué pueden
hacer?”, “Usted díganos y nosotros hacemos lo que usted quiera”. “A ver, quiero a mi
hijo vivo, de vuelta, ahora conmigo”. Se quedaron perplejos, apendejados. ¿Qué pensaron
estos idiotas? Que yo les iba a decir: “Quiero una casa, quiero un autobús, quiero un
terreno, quiero cosas materiales”. “¡No, señores!, yo quiero a mi hijo vivo, el dinero no
me va a llenar, quiero a mi hijo, abrazarlo”, le digo. “Y si no lo pueden, se largan mucho
a chingar a su madre pero quiero a mi hijo conmigo y dígale a su pinche Gobierno que
el pinche dinero que me está mandando que se lo meta por donde le quepa, porque yo no
le pedí que me matara a mi hijo, ¿con qué derecho me mata a mi hijo y con qué derecho
viene a decirme qué quiero? Si lo que quiero es a mi hijo, abrazarlo y tenerlo para siempre
conmigo, lárguense y no vuelvan a pararse acá”. Fue el único día que fueron y no sé si
hayan regresado. Yo les dije a mis hijos: “Jamás los vuelvan a recibir”. A mi esposo,
seguido, compañeros de él de los futbolistas, le decían que el Gobierno estaba dando
apoyos, que por ejemplo nosotros que perdimos a nuestro hijo, que nos mataron a nuestro
hijo, le podían dar lo que quisiera. Le digo, “Mira, si tu recibes un solo peso del Gobierno
de parte de mi hijo, te me largas, te me largas porque yo no quiero saber nada de ese
Doña Berta vivió este ofrecimiento como una ofensa. Para ella, no es posible
hablar de reparación del daño mientras persiste la impunidad y la desaparición
forzada de los 43 estudiantes normalistas.
Para mi es una ofensa porque si no nos ha devuelto a 43 chamacos con qué derecho se
te viene a plantar y decir: “¿Qué quiere? Yo le puedo dar esto, le puedo dar lo otro”. Que
nos devuelva a nuestros chamacos y después veremos, ahorita yo no quiero saber nada, se
lo dije claramente y se los he repetido cada vez que me preguntan lo mismo: “Yo no soy
persona de dos caras, soy sólo de una, si estoy diciendo que no quiero nada es porque no
quiero nada”.
Pues quizás muchos dirán: “Pues ya te mató a tu hijo, recibe lo que el Gobierno te va a
dar, es fácil”. Pero no es fácil recibirlo, porque nos están faltando estos chamacos, porque
mi hijo fue a perder la vida por ellos, cómo es posible que yo voy a recibir ese dinero si
no están de vuelta ellos, eso a mí no me cabe en la cabeza. Si carezco de muchas cosas
pero no me importa, porque con dignidad estoy adelante, estoy caminando y es lo que me
mantiene, que nadie a mí me va a decir: “A ti el Gobierno de dio tanto, ¿por qué sigues
en esta lucha, si ya te compró?”, que me diga a la cara cuánto me ha dado a mí, ¿no? Y yo
con la cara muy en alto estaré viendo a todos, porque soy pobre hasta donde tú quieras
pero jamás soy como muchas personas que traicionan a los demás, en la forma que yo he
pensado, en la forma que yo sigo, que ahorita tú no puedes recibir nada de eso hasta ver
de vuelta a estos chamacos.
Para doña Berta, cualquier posibilidad de reparación está vinculada con saber la
verdad sobre el paradero y el regreso de los estudiantes desaparecidos:
Pues que se le obligue a este Gobierno a que nos los devuelva, no que los encuentre, que
nos los devuelva, que nos devuelva a los chamacos […] Él sabe a dónde están y de esa
forma como se los llevó, así que nos los devuelva, es todo lo que pedimos. Ya no quiere
estarnos viendo en las calles, ya no quiere que le estemos mentando la madre, que nos los
devuelva, es la única solución porque aquí no vamos a declinar para donde él quiere, no
vamos a hacer lo que él quiere, pues; quiere que nos regresemos a las casas, no lo vamos a
hacer, vamos a seguir en esto hasta encontrarlos o hasta que nos den pruebas contundentes
de que en realidad es como tanto lo han pregonado, ¿no? Pero no lo aceptamos, no
aceptamos su mentira de ellos, queremos verdades con pruebas contundentes, eso es todo
lo que queremos, a seguirle porque la lucha es de todos los días, porque si no hacemos
ruido a él le gusta y no debe de ser así, tenemos que estar de pie, diario, diario, decimos
que estamos vivos y que aquí seguimos […]
200
Conclusiones
202
Impactos psicosociales para Marisa Mendoza y Melisa
Mondragón Mendoza
Marisa llevaba poco más de cuatro años como pareja de Julio César cuando fue
asesinado. Se conocieron en un baile escolar en la Ciudad de México en 2010,
mientras ella estaba estudiando para ser docente. A los dos años ya estaban
viviendo juntos. Al principio, la pareja vivió con el salario que ganaba Marisa
como maestra de primaria. Sin embargo, dado que el dinero era insuficiente, Julio
César empezó a laborar como guardia de seguridad privada hasta que decidió
continuar con sus estudios para también ser maestro. Marisa quedó embarazada
a finales del 2013.
El sábado [27 de septiembre de 2014] fui a trabajar. Regresé y me recosté, pero escuché
que mis papás estaban hablando en voz baja pero preocupados. Decían ”si es Julio”, y
veo que en el pasillo viene mi hermana llorando y me dice: ”Creemos que Julio murió
en Iguala”. Me enseñó la foto y salió llorando, porque decía que todo coincidía. Lo
reconocimos por unas cicatrices en la mano izquierda. Marisa reconoció la ropa. Alguien
de la escuela había dicho que lo había visto por la tarde [del 26 de septiembre] y que no nos
Duelo traumático
Fue muy difícil porque pues saber que ya no va a estar Julio conmigo, ni con mi hija,
aunque unas personas digan que convivimos muy poco, para mí fue mucho para darme
cuenta que él era una persona muy importante en mi vida, para mi hija. Los primeros
meses pues como toda persona pasa un momento de duelo, era de enojos, de gritar, de
que tenía yo la razón siempre, de pelearme con mis papás, pelearme con mis hermanos,
enojarme por todo.
204
Al transcurrir el tiempo, sus relaciones tanto en el ámbito familiar como en el
laboral siguen marcadas por el enojo:
Mi hermana vive conmigo, pues peleo constante. A veces no quisiera estar enojada
con ella pero lo hago y ella me dice: ”No pues tranquila, no tienes porqué desquitarte
conmigo”, y pues yo sé que la estoy lastimando porque le digo palabras que le duelen pero
a veces es inevitable decirlas […] Yo no era así. A mí me gustaba reír, me gustaba salir,
conocer, distraerme.
Los padres y hermanos de Marisa viven en Tlaxcala, ciudad capital del estado
homónimo, a 150 km de la Ciudad de México. Olivia, una de las hermanas de
Marisa, narra que en la familia estaban muy preocupados por la situación
de Marisa, y por eso decidió irse a vivir a la Ciudad de México con ella “para que
no estuviera sola”. Olivia relata que al principio fue muy difícil la convivencia:
“con todo el dolor que ella cargaba se enojaba mucho, peleábamos […] temí que
la relación con mi hermana se estaba rompiendo […] luego hablé con ella y nos
pedimos disculpas”. Desde entonces, Olivia se estableció en la Ciudad de México,
en donde buscó trabajo para poder estar con Marisa y apoyarla en las diligencias
y trámites relacionados con la investigación del asesinato de Julio César: “Me
hago espacios en el trabajo para ir a reuniones o cubrirla cuando ella no puede ir”.
Olivia ha tenido dificultades en el trabajo debido a las ausencias frecuentes, sobre
todo durante el proceso de exhumación del cuerpo de Julio César.
Ha sido muy duro porque tengo que cargar pues con el caso más aparte tengo que cargar
todavía con ello. A veces me encierro y lloro de coraje, de rabia porque yo ya no aguanto.
Es una pesadilla de la que ya quiero despertar, y pensar que está acostado ahí en la cama,
cada mañana.
Seguir sola, aunque sé que muchas personas están a mi alrededor, pero sigo sola. Estar en
los medios de comunicación, estar en periódicos, casi no me gusta salir a la calle porque
siento que mucha gente me mira. Mi camino siempre es de la casa a la escuela, y de la
escuela a la casa, y si voy al pueblo pues me voy los sábados muy temprano, pero procuro
de no salir. Me encierro. Inclusive mi mamá me dice que tengo que salir, es que no me gusta
salir. Anteriormente salía con Julio, íbamos aquí, conocíamos y todo. Eso es lo que extraño
de él, extraño su persona, su cuerpo, ha sido muy difícil todo esto, muy complicado.
Marisa se siente deprimida, siente que nadie la comprende y nadie más puede
conocer o compartir su dolor. Entonces tiende a aislarse frente a los demás:
Es que eso es lo peor, que a veces no quiero ni hablar, prefiero no hablarlo porque es
volver a recordar, volver a llorar y yo no quiero. No me gusta, a veces mis compañeros
del trabajo: ”¿Cómo estas?”, “No me preguntes, mejor platícame otra cosa, pero no me
preguntes cómo estoy”.
Los primeros meses sentía que alguien me seguía, que querían hacerme daño. Poco a poco
ahorita me compré un carro, hace un año, porque no quise ya viajar en transporte público,
aparte porque se me hacía complicado trasladarme de una escuela a otra, pagaba todos
los días casi 150 de taxi. Entonces opté por comprarme el carro y siempre que salgo, tan
necesario que tengo que hacerlo, prefiero irme en el carro porque no me gusta viajar en
el metro, no me gusta viajar en la micro por lo mismo de que subo y siento la mirada así
como muy fija y no me gusta.
Quiero sentirme normal, pero a veces cuando me piden que asista yo a algún evento, una
presentación del libro, o algo, me hacen sentir diferente, porque apenas llego al lugar y
toda la gente voltea a ver y eso no me gusta. No quiero ser importante para la gente, quiero
ser una persona normal que camina en la calle sin que nadie la voltee a ver.
206
Aunque reconoce que las numerosas expresiones de apoyo solidario la vinculan
con otras personas y que, en ese sentido, ni ella ni su hija se encuentran
solas, la difusión masiva de la muerte de Julio César en las redes sociales, la
cobertura mediática posterior y lo extremo de la experiencia vivida le genera un
sentimiento de no ser normal, algo que la incomoda profundamente y agudiza el
sentimiento de soledad. Durante la entrevista, Marisa comparte que aunque las
personas solidarias conocen el caso de su marido y de los demás normalistas de
Ayotzinapa, en realidad a ella no la conocen. Tampoco ella conoce a la mayoría
que la buscan y le ofrecen apoyo:
Sé que las personas, a lo mejor por lo mismo que ha pasado y de que se han dado algunas
entrevistas, algunos videos o documentales, a lo mejor se le queda grabada la imagen de
una persona y por esa misma razón lo hacen [voltear a verla]. Pero yo al ver a las personas
pues no, yo las trato normal, como una persona que no ha pasado nada, ni que yo la
conozco, ni que ellos me conocen”.
La extrema crueldad con la que fue asesinado Julio César es un evento traumático
que rebasa los recursos psíquicos de Marisa para elaborar la pérdida. Este aspecto
del duelo traumático se ve reflejado en la dificultad que tiene Marisa para aceptar
lo que pasó y la negación frente a la pérdida que se manifiesta en la esperanza
de que el cadáver no sea el de Julio y algún día regrese. De hecho, comparte que
a veces tiene fantasías de que el asesinato de Julio César no es cierto y que en
cualquier momento su marido puede aparecer. Cuando fue entrevistada para este
informe, Marisa aún estaba esperando los resultados de la necropsia y por lo
mismo compartió que:
Quisiera que los resultados de adn que le practicaron a Julio no fuera él y que dijeran
que se equivocaron y que el cuerpo que vi, que sentí, que toqué, no fuera Julio, fuera otra
persona y pensar que algún día él estará afuera de la casa esperándonos o que cualquier
momento me va a mandar un mensaje diciéndome que está bien. Por esa misma razón
tampoco he querido cambiar el número del teléfono, porque se lo aprendió y me dijo
que cualquier cosa él me iba a mandar un mensaje o me iba a llamar, y por eso no lo he
cambiado esperando que tal vez en algún momento me pueda llamar.
Este proyecto de vida en familia sufre una ruptura profunda con la muerte de Julio
César, no solo porque se queda como viuda y madre soltera, sino por los impactos
que genera en la situación de vivienda, su situación económica y los impactos que
ha tenido en sus labores como maestra. Marisa describe la forma violenta con la
que se vio forzada a dejar atrás su proyecto de vida cuando narra cómo fue expulsada
del cuarto que ella compartía con Julio César en noviembre 2015:
Desde un inicio yo rento aquí en México, y al señor que le rentaba prácticamente terminó
corriéndome por lo mismo, porque me decía, “Ahora ya no es lo mismo, es muy diferente
todo esto”. Dijo: “Ahorita ya no está tu esposo y no sabemos en qué momento pueden
venir y atacar la casa, yo tengo hijos, tengo familia y esto es muy peligroso”. Dijo: “Ya no
va a ser lo mismo, así que mejor te pido que desalojes la casa”. Y pues sí me dolió mucho
dejar ese lugar porque, pues ahí fue cuando conocí a Julio, nos juntamos, procreamos a
nuestra hija. Fue un lugar lleno de recuerdos que sí me dolió dejarlo y pues por más que
quise tratar de hablar con mi casero se cerró, se cerró y terminó echándome de su casa
[…] El señor vio cuando éramos novios Julio y yo, cuando nos juntamos, cuando estaba
embarazada, o sea vio todo y sí me dolió mucho que pues me haya echado así.
Sobrecarga de tareas
Aunque encontró otro lugar para vivir, sobrelleva su día a día en condiciones de
mucha precariedad. Para que Marisa pueda cumplir con su papel de proveedora
de su hogar, vive separada de su hija entre semana: Melisa vive con sus abuelos
maternos en su pueblo de origen de Tlaxcala, mientras su mamá trabaja como
docente en la Ciudad de México. Se ven los fines de semana. Las circunstancias
la obligaron a dejar a su hija con sus abuelos. Ahora carga con las obligaciones
económicas en gran medida sola: “Yo he mantenido a mi hija todo este tiempo.
La he vestido, la he llevado al doctor. Se me ha enfermado constante”.
Siempre que llego [de visita los fines de semana] le platico. Le enseño fotos de su papá.
Aunque sé que está muy chiquita ahorita pero no quiero que lo olvide, no quiero que crean
que al hablarle de su papá está mal. Yo quiero que siempre esté presente en su vida de mi
hija, quien fue su papá y cómo era […] Yo sé que sí, sé que sí y la primer palabra que le
salió fue su papá, porque le decía: “A ver, di mamá hija, mamá, mamá”. “¡Papá!”. Pero
lo dice con un suspiro tan fuerte que me da mucho gusto, que recuerde mucho a su papá.
208
En cuanto a su profesión, Marisa describe que su trabajo es de las cosas más
importantes para ella, aunque teme que su estado emocional y las presiones que
vive como parte de la búsqueda de justicia lo pongan en riesgo:
Sí, pues yo amo mi trabajo. Si yo decidí ser maestra y estar frente a chiquitos, enseñarles a
leer y escribir fue porque era mi pasión desde que yo era una niña, yo quería ser maestra,
y cuando yo siento que falto, falto a clases, falto a trabajar no doy lo que tengo que dar
con los niños, entonces siento un peso tan grande porque no cumplo con mi objetivo, no
cumplo con mis propósitos de un inicio de ciclo que he tenido con ellos.
Son varias cosas de las que a veces los papás de mis alumnos no entienden entonces yo
tengo que seguir, yo sé que también son importantes sus hijos y yo como maestra de sus
hijos tengo que estar al frente, pero también está mi hija y yo estoy luchando por ella.
Estigmatización
Cuando el cadáver de Julio César con huellas visibles de tortura fue encontrado,
circularon versiones de que pertenecía a un grupo de la delincuencia organizada.
Según esta versión, eso explicaría la saña con la que fue asesinado. Estas versiones
Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 209
de los hechos fueron vividas por Marisa y su familia como un nuevo ataque.
Olivia, la hermana de Marisa, relata sobre esto: “Me dio mucho coraje porque yo
sabía cómo era él, yo viví con ellos [Marisa y Julio César], él no andaba en nada
de delincuencia organizada. No es cierto”.
Además del sufrimiento emocional que estos dichos causaron en los familiares,
Marisa siente que el estigma de ser la viuda de Julio César, tanto por parte de los
padres de familia de su trabajo —frente a quienes se siente incomprendida—,
como por personas que le dan la espalda, como el casero que la corrió de su casa,
y por lo que ella percibe son miradas extrañas de desconocidos que la reconocen
en los espacios públicos. Este estigma recae sobre ella y las personas la tratan
diferente. Al ser preguntada “¿Por qué piensas que te tratan así?”, Marisa responde:
Por miedo. Por miedo tal vez a que como estuvo muy sonado que los delincuentes de la
organización de allá del crimen organizado les hizo eso a los muchachos de desaparecerlos
o matar como lo hicieron con Julio, puedan llegar a hacer lo mismo con su familia, que
ellos no se tentaban el corazón para hacer las cosas.
Pues toda la gente que a veces hace comentarios de que “¡Ay pobres!, sigan luchando”,
y luego veo en el facebook, me he dado cuenta de eso, que no les importa el dolor de la
gente, de los papás que tienen sus hijos desaparecidos, de las personas que hemos perdido
a una persona importante, y creen que porque ya está muerto pues “Ya, ya está muerto,
ya pasó a mejor vida”. Pero no saben de todo el dolor que ha dejado en nosotros, esas
personas que hacen ese tipo de comentarios me gustaría que lo leyeran, y que se dieran
cuenta de la verdad de las cosas.
Empezamos a trabajar en un libro que se llama “El rostro de Julio César”, y empezamos
a levantar la voz, a decir que Julio era un estudiante, no un delincuente. Hicimos
presentaciones colectivas para limpiar el nombre de Julio César.
210
Julio César, Marisa tomó la decisión de exhumar el cuerpo de Julio César y
esperar los resultados de la segunda necropsia, a pesar de que este proceso le
hace revivir el dolor. En ese sentido, enmarca el conjunto de acciones en las que
ha participado desde el asesinato de Julio César como parte de una lucha, dado
que luchar, para ella:
Reconoce que sin las exigencias por parte de las víctimas, sus representantes
legales, expertos y redes de apoyo, la investigación no avanzaría. En ese sentido,
identifica que la responsabilidad recae en ellos:
Pues sabemos que las autoridades no hacen bien su chamba, pero a veces con un
empujoncito podemos ayudar a que se pueda llegar a mejorar esa investigación. Yo sé
que la abogada en este caso, Sayuri, ha puesto mucho de su parte. Ha trabajado muy duro,
también arriesgándose, arriesgando su vida, su familia que eso también he admirado de
ella y se lo he dicho. La admiro mucho.
Que no se vuelva a repetir, para que la persona que cometió los crímenes pague por lo que
hizo, así como lo dice la persona que mandó a otras personas a que lo hiciera, está bien que
paguen, que paguen todos aquellos que tuvieron que ver en esa noche y que hay muchas
personas en Iguala que saben mucho pero no dicen nada.
Al mismo tiempo, la lucha por la justicia y la verdad es una deuda hacia su hija y
le da sentido frente a la siguiente generación:
Yo no quiero que en algún futuro mi hija me pregunte “¿Qué hiciste por la muerte de
mi papá?” y poderle contestar. Yo quiero tener la frente en alto y decirle: ”Hija, se hizo
esto, se logró esto y gracias a ello estás aquí y por esto y esto más y no te hace falta nada,
aunque más adelante vas a decir ‘Sí me hace falta mi papá’”. Porque ahora que la escucho
decirlo, lo repite constantemente y no sabe cuánto me duele, me duele mucho que extraña
mucho a su papá.
Fueron momentos muy difíciles volver a ver el cuerpo a tocarlo, sentirlo, vestirlo. Fue muy
difícil y pues la lucha sigue y yo sé que esto no va a terminar aquí y donde quiera que esté
Julio pues nos está viendo todo lo que estamos haciendo porque se esclarezca su muerte”.
Me dio mucha tristeza que tuvieran que desarmar sus restos óseos para hacerles esas
pruebas. Tuvieron que quitarle la cabeza, las costillas. Sus costillas estaban rotas […]
En el momento de la exhumación es muy feo porque ves el cuerpo de tu ser querido
descompuesto. Recordar las cosas que vivimos juntos. Cuando nos reíamos, cuando
comíamos, cuando platicábamos.
Una vez que se había realizado la exhumación, la familia solicitó que se realizara
una prueba de adn. Olivia relata cómo fue este proceso:
Fue muy difícil porque desde la primera necropsia no hubo una identificación, ni de sus
huellas digitales, ni ADN. Entonces teníamos esa inquietud, y cuando hicimos una visita
al panteón le preguntamos a la perito del Equipo Argentino si podíamos pedir el adn
después de la exhumación, pero no nos imaginamos que iba a tardar tanto, porque tenían
que hacer muchas notificaciones.
Sayuri Herrera, abogada de Marisa, explica que tras solicitar la prueba de adn,
se debía notificar a cada parte interesada, y que debido a la fragmentación
212
del caso, los presuntos responsables se encuentran en diferentes juzgados, en
distintos estados del país. La burocracia y la falta de medios ágiles para realizar
las notificaciones hizo que este trámite durara tres meses. Incluso familiares y
personas solidarias apoyaron para llevar personalmente o hacer llegar los oficios,
tratando de agilizar el trámite. Durante este periodo el cuerpo de Julio César
permaneció en un refrigerador en el semefo, lo que generó angustia y mayor
sufrimiento a la familia.
Olivia recuerda que otro factor que retrasó la toma de muestra fue que se
atravesaron las vacaciones de diciembre: “La actuaria en Iguala nos dijo, en
diciembre de 2015: ‘Les va a tocar brindar con su muertito porque todos nos
vamos de vacaciones y no lo van a poder enterrar’”.
Frente a la dilación para que se realizara la prueba de adn, Marisa junto con su
familia y representantes decidieron hacer una marcha frente a pgr con el féretro,
exigiendo que les devolvieran el cuerpo de Julio César. Finalmente se tomó la
muestra de adn el 6 de febrero, y Julio César fue sepultado el 12 de febrero de
2016. Esto tuvo un sentido reparador para la familia, como relata Olivia:
Saber que hasta el último momento resistió, fue valiente hasta el último momento […]
Siento tranquilidad porque no se dejó, luchó hasta el último suspiro de su vida para
defenderse. Lo torturaron muy feo hasta morir, los estudios lo muestran […] Después de
toda la lucha que se hizo, pudimos estar tranquilos porque sabíamos que Julio iba a poder
descansar en paz.
Más de medio año después, cuando Marisa fue entrevistada para este estudio,
los resultados de la prueba de adn aún no se habían entregado. A pesar de la
desconfianza que siente hacia las autoridades, basada en la estigmatización y las
versiones que circularon de que Julio César perdió el tejido facial por culpa de
fauna local, ella compartió las razones por las que consideraba relevante realizar
esta segunda necropsia:
Melisa Sayuri, hija de Marisa y Julio César, tenía dos meses cuando su padre
fue asesinado. La noticia generó tanta angustia, tristeza y dolor que el cuerpo
de Marisa reaccionó dejando de producir la leche materna que necesitaba para
alimentar a su hija recién nacida. El hecho de que con la noticia “se le cortó”
la leche es una afectación física que ella repite con frecuencia, y que refleja el
impacto emocional de la pérdida de su esposo. El destete, vivido tanto por la
madre como por la bebé lactante de una manera traumática, objetiva el dolor de
la madre y es una primera forma de transmisión transgeneracional del trauma.
La situación de Melisa era muy delicada porque, como relata Olivia, la bebé tenía
“reflujo gastroesofágico”, que se agravó tras la pérdida de su papá y de que a su
mamá se le “cortó” la leche:
Toda la leche que ella tomaba no la podía retener. Marisa le daba pecho pero no la llenaba
y le complementaba con leche de fórmula. Esa era la que regresaba. Después de que a
Marisa se le va la leche, Melisa no aceptaba ninguna leche. El pediatra le mandó una leche
especial, y con esa empezó a retener el alimento, pero no era nada barato.
Lo más difícil es ver crecer a mi sobrina buscando a su papá. Busca ese cariño a través de
mis cuñados, de mi papá. Y pienso en un futuro lo que ella pueda sentir cuando sepa lo
que le hicieron a su papá. La tristeza, el enojo porque no lo pudo disfrutar, no la vio crecer.
214
Ella no lo puede expresar con palabras, pero lo expresa a través de buscar a su papá. Corre
hacia mis cuñados y dice: “¡Papá!”. Ella le dice “papá” a su abuelo, pero sabe que no es su papá.
Olivia relata los esfuerzos de la familia por criar a Melisa, y el dilema entre
educarla como una niña normal y al mismo tiempo reconocer la falta de su papá:
Tratamos de darle cariño y no sobreprotegerla, porque si fue muy feo pero
también tiene que pasar sus etapas de vida, tiene que obedecer, tiene actividades,
tareas de la escuela, y sí le dedica el tiempo porque es muy inteligente. Todo
normal, pero lo que hace hueco es la ausencia del papá.
Lo que Olivia describe como “lo que hace hueco”, es efectivamente un hueco psíquico.
Es decir, la pérdida traumática no simbolizada de su padre, que Melisa vivió desde el
primer momento a través del cuerpo de su madre, de quien todavía no se diferenciaba. Las
reacciones somáticas —rechazar el alimento— deberán dar paso a la simbolización de la
pérdida, es decir, un proceso de elaboración del duelo que se desplegará en distintas etapas
de su vida. En este sentido, es fundamental que la familia reciba apoyo para saber cómo
acompañar el duelo de Melisa, y que ella cuente con atención psicológica especializada
en este proceso.
Asimismo, se recomienda que, de acuerdo con el deseo expresado por Marisa, se agilicen
las medidas de atención relacionadas con garantizar las condiciones para que la madre se
traslade a vivir a Tlaxcala para estar cerca de su hija.
Mira, cuando pasó todo esto se acercaron varias instancias del Gobierno. Se acercó primero
SEGOB, los de Gobernación fueron a mi casa. ¿Cómo consiguieron mis datos? No lo sé,
pero fueron y tocaron y preguntaron. En ese momento yo no estaba ahí porque estábamos
con lo de sepultar a Julio César, entonces no me encontraba aquí en México, pero cuando
yo llegué ya mi casero se enteró que me fueron a buscar de todo lo que había pasado.
Después fueron a buscarme nuevamente. Me encontraron y me dijeron de todo lo que ya
había pasado, lo que todos sabemos, y me dijo que por el momento pues con lo único que
me podían apoyar era con la manutención de mi hija, con la alimentación que son leche
y los pañales y pues en ese momento pues sí lo acepté, acepté el apoyo de Gobernación.
Se pasa a la ceav donde ahí he tenido muchos problemas para que me entreguen un bote
de leche. Ellos creen que con una bolsa de 600 gramos voy a alimentar para todo el mes a
yo firme, que firme un papel para dar apertura al fondo de ayuda, y pues no, yo le dije que
no. Luego me daban una hoja en blanco, era un formato en blanco, o sea no venían mis
datos, nada. Le dije que yo no iba a firmar nada, que únicamente ahorita estoy pidiendo
que alimenten a mi hija, nada más.
Marisa relata que ha sido presionada para aceptar la reparación del daño, aunque
ella ha sido muy enfática en que no considera que sea ni el momento, ni las formas:
Querían que firmara esa hoja para que empezara la reparación del daño y que pudiera
empezar a ver ese fondo, entonces yo les dije que no, que no quiero su dinero, que ese
dinero no me va a devolver a Julio y que sí era su obligación mantener a mi hija y que lo
tienen que hacer.
216
un peso hasta que les devolvieran el cuerpo de Julio. Eso que fuimos a pedir en octubre de
2015, la CEAV lo pagó hasta marzo de 2016.
Sí me he agarrado del chongo a veces con ellos, y sí les he dicho sus cosas que inclusive
en algún momento el comisionado que estaba anteriormente pues era de ”Tú me dices, yo
te digo todo por medios de comunicación; tú me dices, yo te regreso y te doy la pedrada”,
y luego yo también ahí voy. No, era un ir y venir. Entonces dije no.
Con el apoyo del giei logró que cambiara el funcionario a cargo de su caso, y aunque
el nuevo responsable le pidió una disculpa por el trato previo, sigue recomendando
que Marisa acepte acceder al fondo destinado a la reparación del daño:
Nuevamente nos volvió a repetir que por él ya podemos iniciar lo de la reparación, que
en cualquier momento que nosotros decidiéramos ya se podía iniciar. Lo que le contesté,
yo lo único que quiero es que mantengan a mi hija, nada más, ahorita no quiero dinero.
En mayo de 2017 fue transferida a Tlaxcala, pero refiere una serie de obstáculos
administrativos que la dejaron en una situación de vulnerabilidad, puesto que por
cuestiones burocráticas no se le pagó durante casi dos meses, y no se le apoyó
para los gastos de la mudanza. Además, en un primer momento fue asignada a
otro municipio que se encuentra a alrededor de dos horas de viaje hasta la casa
de sus padres. Es decir, el cambio no garantizaba la reunificación familiar puesto
que representaba una distancia considerable. Asimismo, el municipio al que fue
transferida no era el que ella originalmente solicitó, en donde viven sus padres
y podría estar con su hija, y además, es conocido por una fuerte problemática
de trata de personas y desapariciones de mujeres, lo cual generó sentimientos de
miedo e inseguridad para Marisa. De ahí que tuvo que realizar nuevos trámites
por medio de su representante ante la SEP, y notificar a la CNDH, CEAV y a la
Comisión especial para el caso Ayotzinapa en el Congreso de la Unión, para que
finalmente se asignara al municipio que ella había solicitado desde el principio.
Aún no cuenta con un contrato permanente o base para su segundo trabajo, y
hasta ahora no se encuentra como maestra frente a grupo, sino que fue asignada
a labores administrativas.
39
Un contrato permanente, puesto que hasta ahora tiene un contrato provisional que se renueva cada seis meses.
218
es fundamental para Marisa un mecanismo de seguimiento que garantice sus
derechos como víctimas y el acceso preferente en todos los trámites relacionados
con el traslado y la obtención de su plaza definitiva como docente.
Desde que Julio murió, aquí vivíamos él y yo solos, pero después de que Julio murió mi
hermana decidió venirse conmigo, porque ella estaba en Tlaxcala con mi papá y mi mamá,
me dijo que le diera oportunidad a mi hermana de venirse conmigo porque no pueden
dejarme sola sabiendo en la situación en la que estaba y pues sí se vino conmigo.
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Disponible en: [Link]
Porque el giei son personas extraordinarias que han apoyado a todos estos hechos tan
horribles que el Gobierno han hecho mal, y sabemos que ellos han avanzado tanto que
esperemos que todo esto que se ha… de las entrevistas, el diagnóstico y de todo lo que se
realice va ayudar mucho porque, porque mucha gente lo va a leer, mucha gente va a saber
y que realmente se den cuenta que no están exentas a pasar todo esto.
Marisa resalta el apoyo que recibió del giei durante el proceso de exhumación:
Gracias a ellos pues se han hecho muchas cosas, específicamente que se haya analizado
lo de la exhumación, que nos hayan entregado el cuerpo. Aunque demoró mucho, pero
en algunas exigencias de ellos ayudó mucho a que esto se hiciera posible, ahora sin su
ausencia pues prácticamente estamos solos porque sí nos van a escuchar, pero quién sabe
si se logre lo que tenemos en mente o estamos solicitando.
Sabes que es un proceso largo, pero a veces quisieras que ya aparecieran los chavos,
regresaran con sus familias y las personas responsables paguen sus culpas. Porque hasta
el momento es una crueldad que están viviendo las familias de si están vivos o si están
muertos. Si están vivos, ¿cómo están?, si están comiendo. Y si están muertos, que tengan
pruebas certeras para que puedan descansar, asimilar.
220
Es muy difícil poder aceptar esa idea porque nunca vas a saber cómo murieron, qué les
hicieron, porqué se los hicieron. Pero ya teniendo la prueba de que es su familiar puedes
tener los restos contigo.
Cuando teníamos la incertidumbre de si era Julio, teníamos esa esperanza. Por eso cuando
dicen que los papás ya deben resignarse, obviamente no se pueden resignar. Comprendes
el dolor, la angustia y la desesperación que ellos están viviendo.
Por eso pienso que si están muertos tienen que haber pruebas, como pasó con nosotros.
Cuando supimos que sí era Julio, tuvimos que aceptar que tu ser querido ya no está contigo
y seguir luchando por la justicia.
Para nosotras es muy difícil estar todo el tiempo con ellos, porque nuestro proceso es
diferente. Tienes que resignarte y también hay prioridades jurídicas. Tanto ellos como
nosotras tenemos que entender nuestra situación. Nosotras tenemos que trabajar, seguir
adelante porque tenemos una resignación. Ellos [los padres, madres y familiares de los
estudiantes normalistas desaparecidos], prácticamente su vida es así, y lo respetas, que
ellos estén ahí en la lucha. Por eso lo único que tratamos es de comprenderlos.
222
Impactos psicosociales en la familia de origen de Julio César
Mondragón Fontes
Julio César Mondragón Fontes fue el mayor de tres hijos de la señora Afrodita.
Julio César y Lenin son hijos del mismo padre biológico,41 siendo Afrodita quien
asumió la responsabilidad de su crianza con el apoyo de sus padres y hermanos:
Maribel, Cuitláhuac y Cuauhtémoc. Años después Afrodita procreó una niña,
que hoy tiene 4 años de edad. La familia de origen de la señora Afrodita es
nacida en Mexicaltzingo, Estado de México. Lenin y Julio César nacieron en
Tecomatlán, municipio de Tenancingo, Estado de México.
Lenin formó su propia familia a los 18 años por lo que desde entonces se puso a
trabajar en la elaboración de chicharrón, oficio que aprendió de su abuelo materno.
Afrodita, su madre, insistió en que estudiara además de trabajar y le apoyó para
cursar la Licenciatura en Administración en la localidad de Villa Guerrero.
Actualmente se encuentra estudiando el octavo semestre, tras haberlo dejado
durante dos años como consecuencia del impacto de la muerte de su hermano.
Lenin refiere que nunca tuvo interés ni necesidad afectiva de buscar a su padre, a
diferencia de Julio César, quien si lo buscó en el lugar en el que vive poco tiempo
antes de su muerte, sin tener suerte de encontrarle.
Tanto Lenin como sus tíos describen a Julio César como un joven honesto,
tenaz, responsable y profundamente amoroso con su familia. Fueron tres los
intentos que hizo Julio César para formarse como maestro en alguna Escuela
Normal Rural, pasando los requisitos y semanas de prueba en la Normal Rural
“Lázaro Cárdenas” de Tenería (Estado de México) y en la Normal Rural “Vasco
de Quiroga” (Tiripetío, Michoacán), pero por sí mismo decidió no cursar sus
estudios en estas debido a diferencias con el comité estudiantil.
41
El padre biológico de Lenin y Julio César no tuvo ningún tipo de relación con ellos en su
crecimiento, por lo que el registro de los dos hijos fue hecho por Afrodita como madre soltera, por
eso comparten los mismo apellidos.
Quería ser maestro, después que sale de la Normal de Tenería, intentó entrar a otra
escuela, pero mi mamá no podía solventar los gastos de allá donde yo estaba estudiando
y los gastos de mi hermano. Mi hermano se dio cuenta y una vez platicó conmigo y
pues mi hermano en la Normal de Tenería ocupaba 50 pesos de la inscripción y como es
internado no generaba gastos, porque ahí comían, desayunaban, cenaban en la Normal, y
me dice: “No, es que veo muy difícil la situación la jefa, más presionada, como que ya no
le alcanza, luego le pido para mis trabajos y como que me dice sí, pero yo me doy cuenta
que ya no tiene dinero”, entonces él me dice: “Voy a regresar a una Normal Rural”. Quiso
regresar acá a Tenería pero allá le dicen que a los que desertan los dan de baja y ya no los
reciben, entonces para eso ya conoció a Marisa y se dedicó a trabajar. Él trabajaba en la
central camionera de acá de Observatorio y después de guardia de seguridad en Santa Fe
(Ciudad de México).
Sin embargo en el verano del 2014, aun cuando ya había comenzado una relación
con Marisa Mendoza, con quien vivía en la Ciudad de México y a pocos meses
de que diera a luz a su hija Melisa Sayuri, decidió aplicar a la Normal Rural
“Isidro Burgos” de Ayotzinapa (Tixtla, Guerrero). En ese entonces Julio César
doblaba turnos en dos trabajos en la zona de Santa Fe como guardia de seguridad,
pero su sueño de ser maestro y así lograr mejores condiciones de vida para su
bebé a punto de nacer y su compañera, hizo que apostara por estar lejos de ellas
mientras estudiaba en Ayotzinapa, Guerrero.
Creo que en cierto modo influyó que la profesión de mi tío Cuitláhuac, otra tía Maribel y
los demás tíos, muchos tíos son maestros y estudiaron en Escuelas Normales Rurales y
entonces como que luego nos inculcaban: “Oigan, este, estudien para maestros”.
Son reconocidos en su lugar de origen como una familia que reivindica sus derechos
laborales, con una postura política clara frente al sistema de gobierno imperante.
En esta línea, Julio César dio muestras de mucho interés por transformar las
cosas. Lenin recuerda con emoción el entusiasmo que Julio César tenía cuando
en sus cursos propedéuticos en las Normales Rurales les planteaban:
224
Entre Julio César y Lenin, la diferencia de edad es de menos de un año, lo que
hacía que su relación fuera profundamente estrecha, fraterna y de mucho apoyo
entre ellos dos. Salían juntos, compartían amigos y actividades en el pueblo, como
jugar frontón y tomar alguna cerveza con amigos. Según Lenin, se compartían
todo lo que ocurría en sus vidas y aunque en la mente de Lenin nunca estuvo
ser maestro, ni haber tenido antes de la muerte de su hermano una posición
política frente a la realidad como él, congeniaban mucho, se compartían todas
sus decisiones. Así ocurrió cuando Lenin eligió a los 18 años hacer su vida aparte
con su actual pareja, con quien tiene una niña de 3 años, y así sucedió cuando
Julio César decidió hacer su vida con Marisa e irse a vivir a la Ciudad de México.
La última vez que Lenin vio a su hermano Julio César fue el día 12 de septiembre
cuando les visitó junto con Marisa y su bebe de casi un mes de nacida, Melisa.
Julio César quiso registrar a la bebé y que Lenin fuera el testigo; sin embargo,
por la falta de algún papel, no pudieron hacerlo. Aquella ocasión Julio César
le platicó muy emocionado de su ingreso a la Normal Rural “Isidro Burgos”, le
contó que sentía que esa sería su oportunidad definitiva para salir como maestro,
le dijo que sentía mucho estar lejos de la familia que estaba iniciando, pero que
valdría la pena el esfuerzo. Lenin comparte que Julio César le dijo: “¡Hermano,
estoy en Ayotzinapa porque quiero hacer historia!”. Lenin y su familia jamás
imaginaron que lo haría de esa manera. De aquel día, Lenin también recuerda
haberle preguntado a Julio César que para cuándo se volverían a ver, él le
respondió que esperaba volver “en las fechas de muertitos”: “Es algo que también
quedó marcado en mi vida ya que para entonces ya recibíamos cera [velas] y los
rosarios que se acostumbran como tradición”.
Le dijo a mi mamá que iban a tener una reunión el día 13 de septiembre los padres de
familia de los chavos de nuevo ingreso, entonces ya para ese día 12 llega a Tecomatlán y
ya lo veo, le digo: ‘”Qué onda hermano”, me contestó: “Pues ya mañana me voy, me voy
con la jefa porque está citada a una reunión”. Me empezó a platicar que sí, que estaba
un poco peligroso, que pues sí sentía el alejamiento con su familia, con su bebita y yo le
platicaba, yo le decía: “Es que hermano, te hubiera convenido estar en México estudiando,
ibas a estar al pendiente de tu familia y no así de lejos”, dice: “Pues sí pero, pues de hecho
fíjate que pues yo, yo cuando saqué mi ficha no le pedí permiso a Marisa, yo me fui y ya
se dio cuenta cuando me quedé toda la semana, semana y media en el curso y pues ya se
El día viernes 26 de septiembre del 2014, cuenta Lenin que, aunque no presentía
nada, desde que amaneció se sintió desganado, no tenía mucha intención
de trabajar, pero no dejó de hacerlo. En esa ocasión no puso música como
acostumbraba. Preparó el chicharrón para vender el fin de semana, desyerbó el
terreno de la casa de su madre y acabó el día. Para la tarde del día sábado 27, su
cuñada Marisa le buscó por el chat de Facebook; el diálogo entre los dos, según
cuenta Lenin fue:
Me pregunta que como estamos, le digo: “Bien y ustedes, ¿cómo están?”, y ya me dice:
“Es que estoy bien preocupada, es que perdí comunicación con Julio”. Le digo: “Pero
¿cómo?, a ver, a ver”. Dice: “Sí, es que lo reprimieron ayer en Iguala”, y ya me quedo:
”¿Pero cómo?”. Dice: “Sí, me estaba mensajeando con él y ya no supe nada, ya no me
contestó, he intentado comunicarme con él y nada”. Le digo: “Pues cálmate a lo mejor
se escondió, a lo mejor después nos llaman, pues mientras estate tranquila”… Desde el
viernes [26] a las 7:30 [pm] mi hermano le comunica que ya estaban en la Y griega ya
cerca de Iguala; le preguntaba [su nombre] que, qué estaban haciendo, mi hermano le dijo:
“Pues venimos a tomar autobuses”. Después ya mi hermano fue el que le dijo: “Es que
nos están siguiendo los policías, no están correteando, nos están balaceando”… Después
me platicó que [Julio César] le estaba narrando toda la escena cuando cayó el primero, el
primer muerto, cuando ya los estaban correteando y le decía que pensaba no sobrevivir,
que cuidara mucho a su hija. Después de ahí ya no se supo nada.
Para Lenin era increíble lo que Marisa le estaba diciendo, no sabía cómo
reaccionar, no dijo nada a su madre hasta no estar seguro, pues refiere que ella
solía reaccionar muy mal, que la presión se le bajaba ante situaciones graves.
Hacia la noche del sábado 27, Marisa llorando le llama por teléfono y le dice: “Es
que, qué crees, subieron unas fotos al facebook y hay una que se parece mucho a
Julio”. Lenin recuerda que en ese momento se puso a temblar, pensando que eso
no era posible. Él no tenía manera de conectarse a internet en el lugar en el que
estaba, así que una vez que tuvo señal le pidió a Marisa las fotos. Una vez que
Lenin tuvo acceso a las fotos no tuvo la menor duda: se trataba de su hermano
Julio César. Lo supo porque:
En cuanto vi esas fotos, supe que era mi hermano por las facciones, su frente, su cabello,
en sus manos tenía cicatrices… se lograban ver las cicatrices, la playera, y es que ella
226
[Marisa] me decía: “Es que la playera y la bufanda no las encuentro acá, creo que son
esas”, y que me meto a su perfil de mi hermano, empiezo a ver las fotos y encuentro la
playera, dije: “No puede ser”, sentía una impotencia, un coraje que no… [Rompe en
llanto al relatarlo].
Le dijo a su madre lo que había ocurrido, con mucho temor a que se fuera a poner
en muy mal estado, pues refiere que ella sufre de ansiedad. Lenin recuerda que
le dijo a su mamá: “Oye jefa, es que reprimieron a los chavos de la Normal de
Ayotzinapa”, recuerda que por un momento, su mamá se bloqueó y le respondió:
“No, no me digas nada más”. La señora Afrodita, muy nerviosa, recordó que en
aquella junta a la que había ido a la Normal, le habían dado el número de teléfono
de una de las madres, quien sería el enlace en cualquier tipo de emergencia
que ocurriera. Al hablar con aquella mujer, le dijo que no se trataba de su hijo, que
estuvieran tranquilos. Lenin recuerda con mucha amargura que aquella persona
les hubiera ocultado las cosas, porque para entonces él ya estaba seguro que se
trataba de su hermano por las señas particulares que alcanzaba a distinguir, como
unas cicatrices en el antebrazo, su ropa, el corte del crecimiento de pelo en su
cabeza, además de un lunar grande que se alcanzaba a ver en su cuello. Les llamó
a sus tíos y les dijo lo que había ocurrido. Su tío Cuitláhuac, acompañado de la
pareja de Afrodita, decidieron irse directamente a Iguala el día sábado por la tarde
para investigar lo que había ocurrido y saber si es que se trataba de su sobrino.
Para cuando Cuitláhuac les llama desde los servicios forenses el domingo 28, para
confirmarles que sí se trataba de Julio César, pues así él había logrado identificarlo
“por el lunar, las marcas y las facciones del cuerpo”, Lenin atinó a bloquear el
dolor y cuenta con la vista perdida que, después de la llamada de su tío:
No pues me sentí destrozado… ese día llovió muy fuerte, creo que demasiado fuerte,
muchos rayos… [guarda por un momento silencio y sigue] Ese día me fui a vender todavía,
dije: “Voy a vender aunque sea un poco”. Me senté, pasaban los clientes y yo así como ido,
nada más estar pensando y pensando: “¿Cómo es posible?, ¿por qué se fue? ¿Por qué?” Y
pensando: “¿Quién hijos de su pinche madre fue? ¡Quisiera saber!”, y ya no logré terminar
mi mercancía, le digo a mi mujer: “Ya vámonos, hay que levantar ya quiero llegar”.
228
Imagen traumática del cuerpo sin rostro de Julio César
Mondragón Fontes
Las imágenes de Julio César con el rostro desollado circularon a partir de las
primeras horas de la mañana del sábado 27 de septiembre de 2014. Para entonces,
las fotografías se habían multiplicado en las redes sociales con mucha rapidez.
Las imágenes de Julio César fueron conocidas por su familia en Tecomatlán solo
hasta la tarde de ése día sábado, cuando ya eran de dominio público.
Cuando Lenin reconoció a Julio César entre las fotos de los estudiantes asesinados,
sintió que se desgarraba por dentro. De aquel momento recuerda:
Llego a Tecomatlán, le digo [a Marisa]: “Oye, a ver mándame las fotos”, cuando veo la
foto de Daniel Solís, un chavo que estaba así tendido y no se veía bien el rostro pero la
oreja y también peloncito, un suéter así como este más o menos [señalando el suéter que
llevaba puesto durante la entrevista], la veo y digo: “No manches, creo que ese es”. Se me
empiezan a escurrir las lágrimas y veo el otro y no, y paso la otra foto pues era él, vi la
foto y era algo que por dentro sentía que me desgarraba […].
El efecto que tuvieron las fotografías de su hermano fue traumático para Lenin.
No se trataba únicamente de saber que su hermano estaba muerto, sino de que
su hermano había sido cruelmente torturado y su rostro había sido arrebatado.
En ese momento estaba con mi esposa y pues ya cuando logro convencerme no quise
alarmar a mi mamá, pero empiezo así a romper en llanto fuerte, y dice mi mamá: ”¿Ahora
qué pasa, ahora qué?”. “No nada, nada” y ya mi esposa me abrazaba, me decía: “Es que no
es él”, recuerdo que con mucho coraje le decía: “Como chingados no es él, tú qué sabes,
yo lo conocí toda la vida, es mi hermano, toda la vida conviví con él, como no lo voy a
conocer!”.
La extrema crueldad con que fue torturado y ejecutado Julio César Mondragón es
un mensaje de violencia hacia su familia que se perpetúa en el impacto traumático
Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 229
que viven. Es decir, estos hechos continúan ocurriendo para los familiares que los
reviven a través de imágenes intrusivas y sueños. Para Lenin, es una imagen que
hasta el día de hoy se le presenta de manera súbita. Según refiere, hay ocasiones
en que le cuesta recordar cómo era físicamente Julio César porque de inmediato
sobreviene la imagen de aquellas fotografías.
Se me quedó muy grabada, los días posteriores, los meses posteriores, pues había medios
de comunicación, prensa amarillista que siempre las ha difundido. Es algo que uno tiene
que seguir lidiando y al principio si observaba los comentarios y sí había mucha gente
apática que nada más hablaba por hablar: “Qué bueno que pasó esto”. Al principio sí, más
me envenenaba y pensaba: ”Quisiera conocerte para desquitarme contigo porque estás
diciendo esto”. Pero no, en muchos casos es gente misma del gobierno pagada para que
esté escribiendo tonterías, pues decidí ya no estar lidiando con ese tipo de gente y preferí
no saber las críticas.
Duelo traumático
42
En cualquier momento, es posible poner en un buscador de internet el nombre de Julio César Mondragón Fontes para que
se desplieguen aquellas imágenes traumáticas.
230
impactos psicológicos post traumáticos que representan esfuerzos psíquicos por
dar sentido al trauma, y que a continuación se desarrollan.
El tío Cuitláhuac refiere: “Pues definitivamente te cambia la vida ¿no? Por ejemplo,
en el caso mío no dejo de estar pensando en la misma situación”. Comparte que
recientemente fue a atenderse una uña enterrada y que al momento de estar
sintiendo un fuerte dolor físico, le vino de inmediato a la mente el momento que
habría vivido Julio César durante la tortura que le practicaron antes de asesinarlo
y cuenta que solo experimentó una profunda tristeza, aguantando el dolor por la
uña: “Nada más de imaginarme los últimos momentos de vida de mi sobrino, me
hizo pensar que lo que me estaba doliendo no era nada comparado a lo que habrá
sentido él… las cosas se vuelven mucho más relativas”.
Sí la entiendo que decía: “Vamos a salir un fin de semana”, pero ese fin de semana tenía
que invertirlo acá, estar viniendo con organizaciones, las marchas, los mitin, estar
posicionando el caso. Me decía: “Es que nunca estas para nosotros, tienes una hija, es que
esto”. Pues sí, pero esto va a ser muy largo, no le voy a decir: “Claro, si quieres apoyarme
apóyame, si no pues ni modo”. Yo no voy a renunciar a la lucha, yo quiero la verdad y que
se haga justicia.
Por su parte, la señora Afrodita, madre de Julio César, se niega a hablar sobre la
muerte de su hijo y evita estar presente en conversaciones sobre el tema, según
observan su hijo Lenin y sus hermanos. La evitación es una forma de afrontar la
pérdida profundamente traumática para la madre de Julio César.
De la mano del miedo está la ruptura de creencias básicas que le daban estructura
a los integrantes de la familia, pues aun cuando se reconocen como una familia
trabajadora, honesta, reconocida en su medio comunitario, esto no fue suficiente
para evitar que uno de sus integrantes fuera asesinado brutalmente. Esta ruptura
se profundiza con la impunidad, pues hasta la fecha ninguna autoridad ha sido
capaz de ofrecerles una explicación sobre las causas del ataque ni de garantizar
su acceso a la justicia. Las palabras del tío Cuitláhuac son claras: “Siempre nos
inculcaron: ‘pórtate bien y te irá bien’. Eso no es cierto”. En ese sentido, la justicia
tendría el papel de reparar simbólicamente un mundo que se volvió impredecible,
injusto y amenazante.
232
Frente a la desprotección de las instituciones que nos debieran dar protección y resultados,
sólo nos queda marchar juntos, pero separados. O sea, el daño que hemos vivido todos
nosotros es diferente, según como haya sido que le tocó vivirlo a nuestro familiar aquella
noche, pero solo entre nosotros podemos entender lo que se siente la impunidad.
Tenemos una reunión entre hermanos junto con Lenin y empezamos a platicar y decimos:
”¿Qué hacemos?”, pues no nos queda otra más que pues buscar una lucha pacífica, por
sobre todo por el dictamen que estaba en la Procuraduría de Guerrero, que estaba tan
erróneo, tan manipulado, tan mal hecho exactamente. Entonces en ese momento surge
la idea de emprender la lucha por buscar la verdad y la justicia para Julio, y pues ha sido
un peregrinar. Ha sido una etapa muy difícil para nuestras vidas porque, pues bueno, nos
43
Cabe hacer mención que la madrugada del día 29 de septiembre del 2014, cuando los restos de Julio César llegan a Tecomatlán,
Afrodita y Lenin vistieron a Julio César, mientras que Cuitláhuac descansaba por un rato, por el desgaste que le significó ir a
Guerrero a traer el cuerpo. Al despertar y ver que habían vestido a Julio César, hizo que fuera desvestido el cuerpo nuevamente
para fotografiar todas y cada una de las marcas de los golpes producidos a Julio César antes de ser asesinado. Cuitláhuac refiere
que dichas fotos sirvieron al equipo del GIEI para cotejar el estado en que habían recibido los restos.
234
Este tiempo significó, para su familia, saber el cuerpo de Julio César fuera del
lugar que como familia le habían destinado. Fue igualmente retraumatizante
debido al desgaste y a la angustiante espera; a la zozobra de los resultados que
arrojarían los dictámenes, de saber si eso les conduciría a la justicia. Imaginaban
que una vez que les fuera devuelto el cuerpo de Julio César se podría agilizar la
investigación que les conduciría a la justicia.
Cuando pudieron sepultar de nuevo el cuerpo de Julio César, Lenin refiere que
entonces pensaron: “Hemos cumplido”. No ha sido así, pues dicho proceso no ha
derivado en el acceso a la justicia, lo que genera en la familia sentimientos de
frustración e impotencia.
Durante los tres meses que el cuerpo de Julio César estuvo siendo analizado
nuevamente, el padre de Afrodita, don Raúl, falleció a los 77 años de edad, en
diciembre del 2015. Esto significó un proceso de duelo encima de otro proceso
de duelo traumático y en medio de una etapa de dolor y expectativa por los
resultados de los trabajos forenses que se estaban llevando a cabo.
Se observa en la familia una secuencia traumática que inicia con la noticia del
asesinato de Julio César Mondragón Fontes, marcada por una serie de eventos
revictimizantes que continúa hasta la fecha e impide la elaboración del duelo
debido a la falta de justicia:
Figura 3. Proceso forense de la familia de Julio César Mondragón
Exhumación
(4 de noviembre de 2015)
Reinhumación
(febrero de 2016)
Afectaciones en la familia
Lenin presenta impactos en su ámbito familiar, educativo y de ruptura en su
proyecto de vida. Se observa que desde la muerte de Julio César se encuentra en
constante alerta para estar informado sobre la investigación, sobre las estrategias
de los padres de los 43 desaparecidos y sus representantes, pues sabe que los
avances en el caso podría dar luz sobre lo que pasó con su hermano. Lo expresa
de la siguiente manera:
Cambió nuestra vida totalmente, yo en ese entonces iba en quinto semestre y de ahí me
fui para abajo, en el sexto semestre también. No me importaba nada, estar pensando
quienes fueron, cada noticia que sacaban, que ya capturaron a un policía implicado, que ya
atraparon a dos narcos implicados, y estar pensando y si serán y si serán. Todo el tiempo
que hay una noticia sobre Iguala detengo todo lo que estoy haciendo y reviso, analizo, me
vuelve de nuevo todo a la mente.
Sobre don Raúl, padre de Afrodita, quien se hizo cargo de Lenin y Julio César en
buena parte de su crianza, padecía diabetes, Lenin refiere:
Mi abuelito, él era una persona muy inquieta. Recuerdo cómo le tiraba al gobierno, como
dicen, sin pelos en la lengua. Para el caso de mi hermano y mío, mi abuelito representaba
en este caso como el padre que no tuvimos, él nos crió como otros hijos más, nos enseñó a
trabajar el campo y por supuesto también el negocio del chicharrón… pasa lo ocurrido con
mi hermano, yo devastado y en el proceso largo de la exhumación en diciembre 29 [de]
2015 fallece mi abuelito, un infarto fulminante. Él preguntaba mucho cuando regresaría
su hijo, nos dolió mucho que él falleció sin ver de vuelta a su nieto para la reinhumación y
para ser precisos, aquel día 14 de febrero [de 2016].45
45
En realidad fue el 12 de febrero de 2016.
236
Apoyo de la comunidad
Tecomatlán cuenta con una población de 5 000 personas aproximadamente, y está
rodeada de varias comunidades cercanas. Los pobladores se conocen entre sí y el
caso de la familia Mondragón no es la excepción, pues incluso el abuelo de Julio
César, don Raúl, fungió como un gestor social importante en la región, a nivel
municipal y estatal, por lo que mucha gente, incluso, se encuentra agradecida con
la familia por las mejoras comunitarias que don Raúl logró. La comunidad ha
sido solidaria con la familia en todo momento, le ha mostrado su interés genuino
a la familia. El tío Cuitláhuac así lo considera:
En nuestro caso todo mundo nos conoce, a Julio, a Lenin, a el abuelo, al abuelo del
abuelo y toda una familia muy reconocida. Es la ventaja de estar en una comunidad,
una familia honorable y trabajadora, eso te ayuda bastante. Nosotros ahí en el pueblo
tenemos muchísima solidaridad de la gente y créame que sin necesidad de andar tocando
las puertas o hacer marchas, la gente nos dice: “Saben qué, estamos con ustedes”.
Recién ocurridos los hechos, para Lenin fue difícil relacionarse con algunas
personas de su pueblo; piensa que igual fue para su madre Afrodita, por la forma
en que la gente no tan cercana se acercaba a indagar sobre lo ocurrido:
En cierta parte me sentía invadido, porque luego no hace falta el apático que según está
con uno y quiere saber “A ver platícame esto y el otro”… los vecinos, paisanos; o sea
amigos, bien raro que me preguntaran porque ellos como que sabían el dolor que uno
estaba pasando, pero luego en cierta manera me sentía como acosado, como invadido que
algunos paisanos que nunca ni al caso, llegaban y “¿Oye, cómo va el caso de tu hermano?,
es que lo que le hicieron”. Y yo como con ganas de “!Chinga tu madre, qué me estás
preguntando, a ver qué quieres saber, vete a la fregada si ni te interesa, tanto me quieres
sacar!”. Y luego así me ponía mal. En vez de que yo me tranquilizara un poco me ponía
mal, me daba más coraje y como le digo por gente que ni siquiera está enterada, nada más
quiere estar parando la oreja en el chisme y digo por qué le voy a estar dando explicaciones
que no sirven ni para un beneficio. En cambio a nosotros nos gustaba practicar un deporte,
frontón. Siempre que iba al pueblo, vamos al frontón, y tardó como año y medio que yo
me parara en el frontón, luego había amigos “Vamos al frontón”, “Sí, vamos”, “¿Cuándo?”
“No, pues tal día”. No, nunca me presentaba, una vez me presenté pero me quedaba así
recordando los momentos cuando jugábamos, no aguantaba y me salía, tardó como año y
medio que yo me parara a practicar de nuevo ese deporte.
Estábamos pasando los días de los funerales y es cuando sacan que él era el líder, el
cabecilla de Los Rojos por eso era un ajuste de cuentas, ¡pues no! ¿Qué pasó? Y por qué
el gobierno siempre se presta a sacar ese tipo de información sin primero basarse en una
investigación. Entonces y por qué motivo saca esa versión hay que exigir que se diga la
verdad […] Pues sí eso fue lo primero que nos puso a pensar, pues nosotros no vamos a
permitir que lo estén criminalizando, ¿qué les pasa? Hay que continuar, exigir la verdad
y que caigan los responsables, los verdaderos responsables, no que nos pongan a un sonso
que ya lo atraparon y bajo tortura esta declarando. No, no vamos a permitir eso.
238
los amenazó así: “Muchachitos no que muy chingones…”. O sea, eso está probado, ahora
somos tan lelos para decir: “Es que casualmente nada más iba pasando la ambulancia
del ejército y ahí pasó”. Ahora esa calle del Andariego que precisamente esta cerca
al campo militar de Iguala, hay cámaras de vigilancia y qué casualidad que cuando
van a tirar a Julio Cesar la cámara apuntaba hacia el cielo, cosas absurdas. Es por eso
que es importante la investigación… o sea aquí definitivamente están tapando desde
un principio algo… Sobre todo el derecho a la verdad, porque definitivamente toda la
información pues ya estuvo con este sujeto que manipuló la información por parte de la
pgr , Murillo Karam y Zerón.
Por los detenidos y supuestos responsables: Lenin refiere haber analizado los
dos informes del giei y es claro en decir que no confía en las investigaciones de la
pgr, pues sabe que al menos el 80% de los detenidos han declarado bajo tortura.
Sobre los inculpados de la muerte de Julio César, refiere: “Estos están atrapando
nada más a gente inocente porque se comprobó que algunos eran albañiles, yo no
les creo nada porque son personas que han torturado”.
Por los dictámenes: para la familia, los primeros dictámenes realizados al cuerpo
de Julio César en Guerrero tenían por objeto ocultar la verdadera dimensión
y la gravedad de las circunstancias en que lo asesinaron. Tras la exhumación,
cuestionaron lo procesado por la cndh, en comparación con los dictámenes
realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense y por la misma pgr,
generando mayor confusión sobre la metodología utilizada por la Comisión.
Mientras tenga uso de razón, fuerza y condición de seguir luchando por la justicia,
decimos: “OK, le pasó a Julio, pero le puede pasar a otros de nuestros hijos, a uno de
nosotros, a un hijo de ustedes, a cualquier gente y entonces no se vale” […] La única
forma en que podemos mantener vivo a Julio Cesar es su muerte, como dijo mi papá,
su abuelo, que no quede en el olvido, en la impunidad, sino que sea una que sea una
semilla para cambiar a México… Dijo: “La sangre que fue regada por Julio sirva para
el bien del pueblo”.
Lenin, a pesar del gran dolor que experimenta por la ausencia de su hermano
y las circunstancias de su muerte, se plantea a sí mismo dos cosas. La primera,
sobre el papel que tuvo Julio César aquella noche y, la segunda, que lo ocurrido
ha permitido sacar a la luz otras cosas graves que puedan ayudar a otras familias
a dar con el paradero de otros desaparecidos:
Es algo que de antemano va a ser muy difícil y más difícil si el gobierno es el que está
poniendo las barreras y pues sí, hubiera sido muy diferente si hubiera sido en otro hecho,
pues que nada más a él pero de cierta manera pues sí lo consideramos como un héroe
porque defendió sus ideales y regresó por los suyos. Él murió por Ayotzinapa y pues este
caso ha sido la gota que derramó el vaso, ¿cuándo se iba a saber de las fosas clandestinas
de Iguala?, ¿cuántas víctimas que no se ha esclarecido su muerte? Si no fuera por esto todo
siguiera peor, así seguimos en la impunidad hubiera sido algo peor.
Ahora solo lo que me mantiene en pie después de mucho tiempo son los sueños que tengo
con mi hermano, porque solo en sueños puedo verlo, sentirlo, abrazarlo y platicar con él.
El camino va a ser muy largo pero más adelante vendrán las recompensas, nos tocó perder
de una manera muy cruel. Y nuestra lucha es por un país mejor y la no repetición, porque
no queremos que otra familia tenga que pasar por esto y todo por un país corrupto que
está manchado de sangre.
240
Expectativas sobre la reparación integral del daño
Para la familia Mondragón la reparación del daño debe estar basada en conocer
la verdad de lo ocurrido aquella noche y en el acceso a la justicia. Dicen que sólo
entonces estarían dispuestos a hablar sobre las demás formas de reparaciones de
daño. Sin embargo, saben que hay procesos de reparación que habrán de darse
para Melisa, la hija de Julio César, por la situación de vulnerabilidad en la que se
encuentran ella y Marisa, su madre. Cuitláhuac refiere:
La reparación del daño implica que la niña, su hija de Julio César, pues tiene que comer,
tiene que estudiar. Eso es un asunto de derechos y de cajón, pero aquí hay una situación
muy importante que nos preocupa sobre la indemnización, pues aquí en México se hace
las cosas al revés, te indemnizan y ya después te la voltean: “Es que vendiste a tu víctima”
y entonces tú ya cobraste. Es lo que pretendieron hacer y ese es su papel tan avergonzante
de la Comisión de Atención a Víctimas, de algunos periodistas y de gente que se presta a
esta situación… Nosotros pensamos que Julio César va a seguir vivo desde el momento
en que nosotros estamos luchando por la no repetición. Cuando hablamos de no repetición
es un caso que ya no es el asunto de Julio César, que ya no es el asunto de la familia
Mondragón, ya no es el asunto de su niña, también de Marisa, ¡no!, es un asunto que a
cualquiera le puede pasar.
Julio César Mondragón Fontes fue el mayor de tres hijos de la señora Afrodita.
Julio César y Lenin son hijos del mismo padre biológico, siendo Afrodita quien
asumió la responsabilidad de su crianza con el apoyo de sus padres y hermanos.
Tanto Lenin como sus tíos describen a Julio César como un joven honesto, tenaz,
responsable y profundamente amoroso con su familia. Relatan que fueron tres
los intentos que hizo Julio César para formarse como maestro en alguna Escuela
Normal Rural. Para Julio César, prepararse como maestro era una prioridad en
su vida.
La decisión de Julio César de formar una familia con Marisa, ocurrió a finales del
año 2013, vivieron juntos y procrearon a su hija Melisa, quien tenía dos meses de
nacida al momento en que ocurrieron los hechos de Iguala. Julio César también
eligió formarse en la Normal Rural como maestro para proveer un futuro mejor
para la familia que estaba haciendo.
242
proceso, así como la participación en el movimiento amplio de las víctimas de
los hechos del 26 y 27 de septiembre en Iguala.
47
Si bien la familia Mondragón conocía previamente de los posibles riesgos que conlleva ser estudiante de una Normal
Rural, nunca imaginaron la magnitud de un evento violento como del que Julio César fue objeto. No había habido precedente
alguno en la lucha social de nuestro país, que a un joven estudiante apareciera sin rostro como ocurrió con Julio César.
Inclusive en la diversidad de hechos ocurridos la noche del 26 y 27 de septiembre del 2014 en Iguala, Guerrero, no hay un
caso similar dentro de las decenas de víctimas directas.
244
VII. Impactos psicosociales en niños y niñas
familiares de normalistas desaparecidos y privados
de la vida en Iguala
E
ste apartado describe el impacto psicosocial de los hechos del 26 y
27 de septiembre de 2014 en los niños y niñas, hijos, hijas, hermanos
y sobrinos de estudiantes normalistas desaparecidos y asesinados.
Ellos y ellas han sufrido los impactos traumáticos de la pérdida y
de los cambios en la familia, incluyendo la pérdida ambigua y los
cambios en la dinámica familiar alrededor de la búsqueda de los estudiantes
desaparecidos. En el presente capítulo se busca visibilizar los efectos en los niños
y niñas como víctimas de los ataques del 26 y 27 de septiembre en Iguala, y
brindar pautas para implementar programas de atención y seguimiento a sus
necesidades específicas.
Un primer paso para realizar este trabajo fue acercarnos a los familiares de los
estudiantes normalistas desaparecidos para explicar la importancia de recuperar
las consecuencias en los niños y niñas en el presente diagnóstico. En general, los
padres, madres y familiares expresaron su preocupación frente a los impactos
de la desaparición forzada que han visto en los niños y niñas, así como los que
se derivan de la ausencia de los padres, madres o cuidadores principales de los
niños para dedicarse a la búsqueda y movilización.
Más que nada pensar en mis nietos, ellos son lo más grande para nosotros, ellos están
chiquillos. No saben qué es una desaparición o un asesinato. A ellos les perjudica porque
empiezan a sentir rabia, rencor y para mí no quiero que vayan a ir por otro lado, porque a
ellos se les ha perjudicado. El niño sabe más lo que realmente pasó. Él se acuerda. Tuvo
problemas en la escuela. Tuvo problemas con la maestra, en el estudio también, con sus
compañeros. Lo tuvimos que cambiar a otra escuela. Y ahorita […] ya empezaron a agarrar
Una vez que se realizó esta plática general, nos acercamos a algunos de los
abuelos y madres para explicar la forma en que se abordaría el trabajo con los
niños y niñas, aclarar las dudas, sobre todo en relación a su preocupación de
que la intervención detonara aspectos que no se habían hablado con ellos. Esta
preocupación expresa la necesidad de proteger a los niños y las niñas del dolor
de la vivencia traumática, que se traduce en muchas ocasiones en la imposición
del silencio en la familia.
A partir del acuerdo con los abuelos y madres, el equipo se desplazó a la casa de
una familia, a la Escuela Normal de Ayotzinapa, en donde trabajó con un niño
y cuatro niñas de entre cuatro y nueve años, y al Centro de Derechos Humanos
“Miguel Agustín Pro Juárez” (Centro Prodh), en donde trabajó con la hermana
menor de un estudiante asesinado. Usamos el juego en su modalidad de dibujo
libre como técnica para interactuar con los niños. El juego es una necesidad
básica, que permite a los niños y niñas integrar sus percepciones, sensibilidad,
motricidad, inteligencia, afectividad y comunicación (Dolto, s/a; Esquivel, 2005).
Por medio del juego, en este caso el dibujo libre, las niñas y el niño pudieron
plasmar sus miedos, preocupaciones, las explicaciones que se dan frente a la
desaparición de su familiar. En este sentido, el juego posibilita la elaboración de
las experiencia traumática que supone la desaparición forzada.
248
Foto 1. Niños y niñas plasmando lo que sienten y piensan en dibujos.
El abordaje a través del dibujo libre permitió al niño y a las niñas hijas de
estudiantes normalistas desaparecidos representar la ausencia de sus padres y,
en el caso de los niños en edad escolar, hablar sobre su vivencia. La Niña 1, de 9
años, relata mientras dibuja:
Cuando pasó todos supimos, mi mamá lloró, se puso triste, yo no sabía qué estaba pasando.
Ahora sé un poco más, no sé nada, mejor que no me digan nada.
Dibujo 1.
Niña 1 de 9 años hija de un normalista
desaparecido, se dibuja junto a su padre y le envía
un mensaje: “Papi soy tu hija y quiero que regreses
toda tu familia te espera con los brazos abiertos”.
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La ausencia y la espera
Los niños y las niñas que participaron en el presente informe enfrentan, al igual
que sus familias, un proceso de duelo complicado, puesto que la ausencia no se
puede significar como una pérdida definitiva porque enfrentan la incertidumbre de
no saber qué es lo que ocurrió con sus familiares desaparecidos, ni si están vivos
o no, pues no hay información que compruebe ninguna de las dos posibilidades.
Mientras los adultos se involucran en la búsqueda, los niños y las niñas viven una
espera permanente.
Sueño que regresa, que se lo habían llevado, que regresa y se lo vuelven a llevar en una
camioneta, me da tristeza. Veo como mi abuelita llora y pide que se lo regresen. Eso me
pone triste, llora y le pide a su otro hijo que le ayude a encontrarlo, dice que ella no se
puede divertir hasta que aparezca.
Las explicaciones sobre lo ocurrido han llegado poco a poco, sin tener aun
claridad ni certeza de lo que pasó, la información que se ha podido obtener ha
ido llegando a cuentagotas a otros familiares, entre ellos los niños/as, o aún
no ha sido posible transmitirla. En ambos casos sus familiares han intentado
protegerlos del dolor, la incertidumbre que da la información que surge y en la
que ellos mismos se encuentran.
Explicar a los niños y las niñas no es tarea fácil, pues los adultos también se
encuentran abrumados por tratar de entender la información y luego compartirla,
de tal forma que llega a los niños con miedo y dudas. Esto también como un
efecto normal frente a un hecho donde no se sabe qué ocurrió ni porque.
Los niños y las niñas buscan “sentido del porqué, cuál es la causa de que ellos
deben sufrir de ausencias” (Martínez, 2006. P. 130). Buscan un sentido frente
al vacío que deja la desaparición forzada de sus padres, y que se ahonda con la
falta de respuesta sobre su paradero o las causas de su desaparición. Los adultos
tampoco pueden dar respuesta a los niños porque ellos mismos no las tienen, por
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lo que en ocasiones prefieren no hablar de lo que ocurre con los niños, como un
intento de protegerlos, o en medio de su dolor intentan dar alguna explicación.
La madre de la Niña 1 narra que su hija escuchó cuando les avisaron lo que
pasaba en la Normal; la niña no paraba de llorar, nadie sabía nada: “Cuando ella
pregunta le digo que le pida mucho a Dios que se lo regrese, que lo cuide y lo
proteja. Yo no tengo las palabras para explicarle qué paso, yo no lo entiendo. Ya
no vemos las noticias para no ponernos mal”.
Otra madre ha preferido hablar con sus dos hijos de lo que ocurre desde el principio
sobre la desaparición de su padre: “Ellos saben lo que pasa, yo le explico al más
grande cuando tengo que salir a qué voy y cuando regreso le platico lo que hice,
ellos saben desde el principio lo que pasa con su papá”.
Este intento de explicación ayuda a los niños a sintonizar lo que ven en la familia
y lo que sienten, con lo que está ocurriendo. Esto permite alguna elaboración
psíquica sobre la pérdida y el vacío de la desaparición forzada.
Los niños también han hecho un trabajo por entender y explicarse qué es
lo que pasa con sus familiares, a partir de lo que escuchan en los medios de
comunicación, la información que se maneja en sus comunidades, en sus escuelas,
lo que cuentan otros familiares, las personas que se acercan a ayudar. A partir de
estos referentes simbolizan parcialmente lo ocurrido.
.Niña 1 explica de la siguiente forma lo que pasa con su padre (Dibujo 4):
Hace dos años que no sé nada de mi papá, yo ya crecí. Dicen que los quemaron, pero yo
no lo creo, ellos están en las montañas. Escuché que mi abuelito decía que los expertos
encontraron una lata de atún, a lo mejor son de ellos y es lo que comen. Él está en las
montañas, él está bien.
Para la Niña 2, la razón por la que se llevaron a los normalistas es para obligarlos
a trabajar: “Ellos se los llevaron para trabajar, [¿Ellos?] Los del gobierno lo tienen
trabajando haciendo casas, los van a soltar cuando se cansen”. Lo ilustra de la
siguiente manera (Dibujo 6):
Ella misma tiene otra hipótesis: “Tal vez Peña Nieto se enojó con ellos porque no
votaron por él, y los hizo sufrir por eso, pero sí habían votado por él”.
Ejemplo de ello es el juego de Niño 1, quien antes admiraba a los militares y quería
ser como ellos, pero ahora, según relata, les tiene coraje. Para su cumpleaños
hubo dos piñatas: “…una de un soldado y otra de policía estatal. La del policía
me duró 10 palazos, la del soldado menos”.
La oportunidad de dibujar a sus familias permitió a los niños y las niñas hablar
sobre la tristeza, tanto de ellos mismos como de sus familiares, y de la fragilidad
que viven al sentir que su familia está incompleta. Niña 3, de 6 años, sobrina
de uno de los normalistas desaparecidos habla sobre cómo percibe a su familia:
“Estamos preocupados, mi abuelita sigue marchando porque no lo encuentran,
sigue luchando, no se rinde de hacer eso”.
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Dibujo 7.
De Niña 4, hija de un normalista desaparecido, quien no puede dibujar a su familia porque está incompleta.
Dibujo 8.
De Niño 1, de 9 años. Su familia; recuerda a su
padre como iba vestido la última vez que lo vio.
Para Niña 1, dibujar a su familia le permite simbolizar la falta de su papá y la
añoranza de su familia completa: “Me gustaría que mi familia estuviera más
alegre, los quisiera ver sonreír pero nos hace falta mi papá” (Dibujo 9).
Dibujo 9.
De Niña 1, de 9 años. Su familia.
Niña 2 dice que su familia ahora está más unida y hay que ayudar a los abuelos a
buscar a su hijo. Los representa de la siguiente forma (Dibujo 10):
Dibujo 10.
De Niña 2, sobrina de un normalista.
Una familia más unida.
Sobreadaptación
Pues por ejemplo, mi hijo a veces quiere como una persona, ya sea hombre, como
identificación de hombre, de que pues hay unas cosas que, dijera él: “Mami pues es que
tú eres mujer”. Y yo: “Ay pues sí, pues pero ni modo”. O el otro día que dice que una niña
se le declaró y cosas así […] “Ay, cómo me gustaría que mi papá estuviera, yo aquí a él
platicando, para que me dijera cómo te consiguió a ti mamá”. Y yo, “No pues estás muy
chico, hijo”. Me dice: “No, si yo lo sé, amá, pero me gustaría que mi papá me dijera que
estoy haciendo algo bien. Pero sé que mi papá donde quiera que él se encuentre me está
escuchando”. Entonces para mí eso es algo muy difícil también, “Que después el día de
mañana que yo quiera a mi papá para platicarle esto” y que yo no lo sepa porque está
esperando a su papá […] Como antes de que se fuera su papá también le dijo “Ay mijito,
cuando yo no esté, tu eres el hombrecito de la casa, acuérdate que tienes dos mujeres que
cuidar”. Entonces a veces él me dice, cuando me pongo triste: “Acuérdate mamá que mi pa
me dijo que cuando él no estuviera que yo estuviera en representación de él y aquí estoy
mamá”. Entonces es muy triste esta cosa, la verdad. [EFD04].
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En este caso se observa que el proceso de duelo traumático de los padres, por la
pérdida violenta de su hijo, dificulta que puedan ser el soporte para el proceso
de duelo de su hija. En ese sentido el juego es un recurso que la niña utiliza para
elaborar la experiencia.
Al dibujar a su familia, Niña 5 dice que no le cambiaria nada, solo que su hermano
estuviera con ellos, para que siguiera jugando futbol (Dibujo 11): “Mi familia
está más tranquila ahora, la tristeza ya es poquita. Mis papás no nos dejan hablar
de él, nos regañan poquito si lo hacemos. No sé lo que paso, no pienso nada”.
Frente al vacío, los niños y niñas construyen versiones sobre lo que ha ocurrido
a sus padres o familiares y se responden ellos solos, en la medida de sus
posibilidades, a las preguntas ¿dónde están?, �