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Informe Completo

A tres años y cinco meses de los ataques en Iguala en contra de los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, las organizaciones de la sociedad civil Fundar, Centro de Análisis e Investigación; el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez; el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan y Serapaz, presentaron el informe “Yo sólo quería que amaneciera. Impactos psicosociales del Caso Ayotzinapa”.

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Informe Completo

A tres años y cinco meses de los ataques en Iguala en contra de los estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa, las organizaciones de la sociedad civil Fundar, Centro de Análisis e Investigación; el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez; el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan y Serapaz, presentaron el informe “Yo sólo quería que amaneciera. Impactos psicosociales del Caso Ayotzinapa”.

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Yo sólo quería que amaneciera

Informe de Impactos Psicosociales


del Caso Ayotzinapa
Yo sólo quería que amaneciera.
nforme de Impactos Psicosociales del Caso Ayotzinapa.

Coordinación:
Ximena Antillón Najlis

Autoría:
Ximena Antillón Najlis, Olivia Cortez Corona, Edith Escareño Granados, Alejandra González
Marín, Mariana Mora Bayo, José Raymundo Díaz Taboada, Víctor Ríos Cortázar, Ma. Lizbeth
Tolentino Mayo, Rita Angélica Gómez Melgarejo, Genaro Nava Lozano, Ángel Ruiz Tovar,
Avelina Landaverde Martínez.

Transcripciones
Laura Martínez Saavedra y Javier Abimael Ruiz García

Revisión
Mauricio González González

Corrección de estilo
Leonel Márquez Bermejo

Portada, diseño y formación:


Marco Partida

Dibujo de portada:
Niña de 9 años, sobrina de un estudiante normalista desaparecido.

Agradecemos el apoyo de Ford Foundation, MacArthur Foundation, Hewlett Foundation y Open


Society Foundations.

©Fundar, Centro de Análisis e Investigación A.C.


Cerrada de Alberto Zamora 21, Col. Villa Coyoacán, Del. Coyoacán. C.P. 04000. Ciudad de México.

Alentamos la reproducción de este material por cualquier medio, siempre que se respete el crédito
de la autoría.
Agradecimientos
Agradecemos a todas las personas
que participaron en las entrevistas y
reuniones por su confianza:
a los estudiantes víctimas de los ataques
del 26 y 27 de septiembre de 2014, a
los estudiantes heridos y sus familiares,
a los familiares de los estudiantes que
fueron privados de la vida, a los padres,
madres, hermanos y hermanas, esposas
y familiares de los 43 estudiantes
normalistas desaparecidos, y a los niños
y niñas que participaron con sus
juegos y dibujos.

Gracias también a los familiares


de personas desaparecidas organizados
en otros colectivos en México.

Agradecemos el apoyo del Centro de


Derechos Humanos Miguel Agustín
Pro Juárez, sin el cual este informe no
hubiera sido posible, y su compromiso
cotidiano por hacer amanecer la verdad
y la justicia.
Sobre las autoras
Ximena Antillón Najilis (coordinadora)
Licenciada en Psicología por la Universidad Autónoma Metropolitana-Unidad Xochimilco y maestra
en Psicología Social de Grupos e Instituciones por la misma casa de estudios. Actualmente cursa la
especialidad en Práctica Psicoanalítica: posicionamiento ético ante el dolor, en el Colegio de Saberes.
Cuenta con más de 10 años de experiencia en acompañamiento psicosocial de víctimas de graves
violaciones a los derechos humanos, como desaparición forzada, feminicidio y tortura sexual. Ha
realizado peritajes de impacto psicosocial en desaparición forzada y feminicidio para el Sistema
Interamericano de Derechos Humanos y en tribunales nacionales. Forma parte del programa de
Derechos Humanos y Lucha contra la Impunidad de Fundar, Centro de Análisis e Investigación.

Olivia Cortez Corona


Psicóloga egresada de la Universidad Autónoma de Guerrero. Actualmente forma parte del Colectivo
Contra la Tortura y la Impunidad A.C. (CCTI) en Guerrero. Pertenece a la Red Nacional de
Peritos Independientes, especializados en la aplicación del Protocolo de Estambul, peritaje médico
psicológico de posible tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. Cuenta con
más de 7 años de experiencia en atención, documentación y acompañamiento a sobrevivientes
de tortura en situación de cárcel y en comunidades del estado de Guerrero. Además, trabaja en
atención psicosocial y acompañamiento a familiares de personas desaparecidas y en situación de
desplazamiento forzado.

Edith Escareño Granados


Licenciada en Psicología por la Universidad Nacional Autónoma de México, aspirante al grado
de maestría en Saberes sobre Subjetividad y Violencia en el Colegio de Saberes. Coordinadora
general del Colectivo Contra la Tortura y la Impunidad A.C. (CCTI), donde fue coordinadora de
rehabilitación de 2010 a junio del 2016. Su experiencia en Derechos Humanos se dirige al estudio
e investigación de hechos de tortura a través del Protocolo de Estambul y en el acompañamiento
psicosocial a sobrevivientes de tortura y a sus familiares, a familiares de personas desaparecidas
y de víctimas de ejecuciones extrajudiciales. Ha sido psicoterapeuta infantil desde 2004 y forma
parte del equipo de psicología clínica en Centro Psicopedagógico de Aprendizaje Constructivista,
en el área de psicodiagnóstico y atención psicológica a niños/as y adolescentes de 2009 a la fecha.
Especialista en Autoconocimiento, Sexualidad y Relaciones Humanas en Terapia de Reencuentro,
por parte del Instituto de Terapia de Reencuentro S.L. (España).

Alejandra gonzález marín


Licenciada en Psicología por la Universidad Iberoamericana y especialista en Salud Mental en
Situaciones de Violencia Sociopolítica y Catástrofes, por la Universidad Complutense de Madrid.
Maestra en Desarrollo Rural por la Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Xochimilco. Tiene
quince años de experiencia en la atención, documentación, diagnóstico pericial y acompañamiento
psicosocial a víctimas de violencia de género, así como a víctimas que han sufrido graves violaciones
a sus derechos humanos e impactos en su integridad psicosocial. Ha sido docente en distintas
casas de estudio entre ellas la Universidad Iberoamericana, la Universidad Autónoma del Estado
de Morelos y la Universidad del Claustro de Sor Juana. Actualmente colabora como consultora
independiente para varias organizaciones de la sociedad civil e instituciones públicas. Cuenta con
varias publicaciones y ponencias en foros de Derechos Humanos de temas relacionados al enfoque
psicosocial y el acompañamiento a víctimas y sobrevivientes de violencias.

Mariana Mora Bayo


Investigadora y profesora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología
Social (CIESAS), forma parte del Sistema Nacional de Investigadores, Nivel 1. Es doctora en
Antropología Social por la Universidad de Texas en Austin y maestra en Estudios Latinoamericanos
por Stanford University. Es especialista en temas de antropología jurídica, incluyendo derechos
de pueblos indígenas, derechos de víctimas y justicia transicional, el racismo y construcciones
de género. Como parte de sus actividades académicas participa en la elaboración de peritajes
antropológicos entre 2009–2016 participó como investigadora en el área de derechos humanos de
Fundar, Centro de Análisis e Investigación.

José Raymundo Díaz Taboada


Médico homeópata egresado del Instituto Politécnico Nacional (IPN), con experiencia de trabajo en
salud popular en zonas rurales y urbanas, atención y acompañamiento con población en general y
pueblos originarios en Oaxaca, Chiapas y Guerrero. Forma parte del Colectivo Contra la Tortura y
la Impunidad A.C. (CCTI) en Guerrero, donde realiza atención, documentación y acompañamiento
a víctimas de violaciones a derechos humanos, como tortura, desplazamiento forzoso, ejecuciones
extrajudiciales y desaparición forzada. Además, trabaja en la atención a presos políticos y personas
privadas de su libertad en Centros de Reinserción Social, acompañamiento a víctimas de violencia
del Estado, estructural e institucional.

Red por la Salud 43


La Red por la Salud 43 es un grupo de profesionales que han atendido la salud de los padres,
madres y familiares de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos en diferentes momentos
del movimiento. Está conformada principalmente por médicas, médicos, nutriólogas, psicólogos y
miembros de otras profesiones. El informe al que se hace referencia en el presente diagnóstico fue
elaborado por algunos miembros de esta Red, quienes se encargaron de sistematizar y analizar la
información recabada en el proceso de atención que se ha dado al grupo familiar. Los redactores son
Víctor Ríos Cortázar, Ma. Lizbeth Tolentino Mayo, Rita Angélica Gómez Melgarejo, Genaro Nava
Lozano, Ángel Ruiz Tovar, Avelina Landaverde Martínez, Avelina Landaverde Martínez.

Víctor Ríos Cortázar


Médico Cirujano de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)-Unidad Xochimilco. Maestro
en Antropología Social por la Escuela Nacional de Antropología e Historia y en Tecnología
Educativa por el Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa. Coordinador de Primer
Nivel y Salud Comunitaria, Atención Primaria en Salud en la Universidad Autónoma Metropolitana-
Unidad Xochimilco.

Ma. Lizbeth Tolentino Mayo


Licenciada en Nutrición de la Universidad Autónoma Metropolitana - Unidad Xochimilco. Maestra
en Ciencias de la Salud en el Instituto Nacional de Salud Pública y doctora en Estudios de Población
por El Colegio de México. Investigadora en Ciencias Médicas en el Centro de Investigación en
Nutrición y Salud del Instituto Nacional de Salud Pública.

Rita Angélica Gómez Melgarejo


Médica Cirujana por Universidad Autónoma de México. Actualmente colabora en la Dirección General
de Atención a la Salud de la misma Universidad.

Genaro Nava Lozano


Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de México.

Ángel Ruiz Tovar


Licenciado en Desarrollo y Gestión Interculturales de la Universidad Autónoma de México. Maestro
en Filosofía, Ciencia y Valores por la Universidad del País Vasco. Profesor de la licenciatura en
Desarrollo y Gestión Interculturales (UNAM). Investigador en el Programa de Innovación Social
del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir, AC.

Avelina Landaverde Martínez


Licenciada en Nutrición de la UVM, Querétaro. Maestra en Ciencias Sociomédicas, con especialidad
en Antropología de la Salud, por la UNAM. Nutrióloga del Instituto Nacional de Ciencias Médicas
y Nutrición Salvador Zubirán.
Revisión de contenido: Mauricio González González
Transcripciones: Laura Martínez Saavedra y Javier Abimael Ruiz García
Corrección de estilo: Leonel Márquez Bermejo
Prólogo 17

I. Introducción 21
Recomendaciones del GIEI en torno a la atención
y reparación del daño a las víctimas 22
Sobre el presente informe 24
II. Perspectiva psicosocial y conceptos principales
para acercarnos a la experiencia de las víctimas 30
La perspectiva psicosocial 31
Impactos psicosociales por graves violaciones a
los derechos humanos 34
Impactos psicosociales específicos para los
distintos grupos de víctimas 46
Pueblos indígenas, una aproximación pluricultural
a las afectaciones y mecanismos de afrontamiento 67
III. Metodología 72
Aspectos éticos 73
Etapas para la elaboración del diagnóstico 74
Desafíos en la elaboración del presente informe 78
IV. Impactos psicosociales en los estudiantes
sobrevivientes 81
Los ataques del 26 y 27 de septiembre de 2014
como eventos traumáticos 84
Impactos post traumáticos en los estudiantes
sobrevivientes 105
Impactos psicosociales de la desaparición de los
43 normalistas en los estudiantes sobrevivientes 113
Afectaciones en las relaciones familiares 117
Perspectiva de los estudiantes sobrevivientes
sobre la reparación del daño 118
Conclusiones 122
V. Impactos psicosociales en los normalistas
heridos y sus familiares 124
Aldo Gutiérrez Solano 125
Edgar Andrés Vargas 142
Conclusiones 169
VI. Impactos psicosociales en familiares de los
estudiantes privados de la vida 172
Daniel Solís Gallardo 173
Julio César Ramírez Nava 187
Julio César Mondragón Fontes 202
VII. Impactos psicosociales en niños y niñas
familiares de normalistas desaparecidos y
privados de la vida en Iguala 246
VIII. Impactos psicosociales de la desaparición
forzada de los 43 estudiantes normalistas en sus
familiares 282
Primeros impactos tras la noticia de la desaparición
forzada 283
Los familiares y sus hijos 296
Impactos psicosociales de la desaparición forzada en
los padres y madres de los normalistas desaparecidos 308
Impactos psicosociales en las familias de los estudiantes
normalistas desaparecidos 333
IX. Impactos psicosociales de la difusión de la
versión oficial de los hechos sin suficiente
fundamento científico 359
X. Impactos en la salud de los familiares de los
estudiantes desaparecidos 381
Impactos en la salud documentados por la Red
por la Salud 43 383
Conclusiones 393
XI. Formas de afrontamiento 399
XII. Pueblos indígenas 414
Afectaciones 416
Formas de afrontamiento como pueblos indígenas 423
XIII. Impactos psicosociales de la impunidad y
reparación integral del daño 434
XIV. Conclusiones sobre los impactos psicosociales
para los familiares de los estudiantes normalistas
desaparecidos 449
XV. Impactos en familiares de personas desaparecidas
organizadas en otros colectivos del país 454
La experiencia de los familiares: desaparición
e impunidad 459
Impactos psicosociales de la desaparición forzada
de los 43 estudiantes normalistas en otros familiares
de personas desaparecidas 465
Impactos psicosociales de la impunidad 476
La búsqueda de los desaparecidos en fosas
clandestinas 480
Aprendizajes del caso Ayotzinapa 487
XVI. Recomendaciones y conclusiones 492
Antecedentes 493
Recomendaciones 495
XVII. Bibliografía 512
Anexo 1: Recomendaciones estructurales
propuestas por el GIEI
Prólogo
E
l diagnóstico psicosocial en la atención a sus derechos, con sus
y en salud que recoge diferentes urgencias y necesidades.
este infor me, es par te
de u n proceso de El equipo que cuidadosamente lo
acompañamiento a ha realizado tuvo la ardua tarea
los familiares y víctimas del caso de entrevistar, escuchar, tratar de
Ayotzinapa. Su objetivo es documentar entender, analizar y narrar algo para lo
su experiencia, y convertir ese dolor y que no es fácil encontrar palabras. El
sufrimiento en algo útil para escuchar trauma es inenarrable porque no entra
y cambiar. en las categorías con las que contamos.
Y la desaparición forzada es el trauma
La idea del diagnóstico nació del más duro porque además de la tragedia
trabajo del Grupo Interdisciplinario de la pérdida conlleva una dramática
de Expertos Independientes, nombrado incertidumbre, un dolor permanente.
por la Comisión Interamer icana Este diagnóstico acompaña y traduce,
de Derechos Humanos e invitado y sobre todo permite escuchar las
por México de acuerdo con los voces de las víctimas, sobrevivientes
representantes de las víctimas para y familiares. El compromiso acordado
coadyuvar en la investigación, la fue que las propuestas del diagnóstico
búsqueda y la atención a las víctimas serían la guía de las políticas del Estado
del caso. El GIEI empezó a documentar en relación a los familiares y víctimas
la experiencia de los familiares, heridos del caso. Esa es ahora la tarea.
y sobrevivientes, como una muestra de
lo que se necesita hacer frente al drama El trabajo psicosocial es un método
de la desaparición forzada. Durante su de trabajo al lado de la gente, con la
trabajo, llevó a cabo acercamientos convicción de que, en los casos
entre los familiares y el Estado y de violaciones de derechos humanos,
ayudó a tejer las primeras iniciativas las víctimas y sobrevivientes son el
de atención. También incluyó en su elemento central de cualquier estrategia
segundo informe la propuesta de de transformación. Sin embargo, la
que se hiciera un diagnóstico que historia reciente de muchos de estos
ayudara a seguir dando pasos en esa casos en México está escrita en la
dirección, y estableció algunos criterios crónica roja que convierte a los muertos
como la adecuación al proceso de los y desaparecidos en estadísticas de un
familiares, su participación, el trabajo abstracto problema de seguridad, que
con profesionales de confianza y el se refiere a cárteles, policías, gobiernos
apego a los estándares internacionales o la militarización, pero que no habla

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 17


del sufrimiento ni de sus rostros. Los hechos traumáticos para las víctimas
heridos, sobrevivientes y familiares y familiares. También lo hay para
del caso Ayotzinapa son parte de una México. Como señala Hannah Arendt:
persistencia que hace visible, junto “Hay tiempos históricos, raros periodos
con otros muchos familiares, esa intermedios, en los que el tiempo está
profunda herida. determinado tanto por cosas que ya
no son como por cosas que todavía no
En los casos de desaparición forzada, son”. En la historia estos intervalos han
donde la niebla de silencio cubre los demostrado, en más de una ocasión,
hechos y se trata de desviar la atención que pueden contener el momento de la
y ocultar las responsabilidades, la verdad. El intervalo entre el pasado y
atención psicosocial empieza por el el futuro no es un contínuum sino un
acompañamiento hacia lo que los punto de fractura en el que luchamos
familiares de desaparecidos más para hacernos un lugar propio.
quieren y necesitan: saber la verdad y el
destino de sus padres, hijos y hermanos. El Informe de impactos psicosociales
Asimismo, es necesario brindar apoyo da cuenta de esa fractura. Escucharla
a muchas de las necesidades invisibles es parte de lo que se necesita para
que acompañan esa lucha por la verdad generar acciones de atención con
y contra la impunidad. El impacto en respeto y dignidad. En estas páginas
las familias, la atención psicosocial, los se dibujan y proponen algunos de esos
problemas de salud, son parte de los caminos que, desde la experiencia
elementos que hay que considerar para de las víctimas y familiares, pasan
el fortalecimiento personal y colectivo. por la atención psicosocial, la salud,
Lo que en estas páginas se encuentra es la verdad y la justicia. Esta es una
un tesoro escondido en el que, a pesar experiencia inédita en México, un
del dolor de la ausencia y del desprecio ejemplo también para otros casos, para
sufridos, laten las ganas de saber y de aprender y fortalecer una respuesta
vivir. El impacto de las violaciones a los adecuada desde las instituciones.
derechos humanos, de las amenazas, las Este diagnóstico incluye algunos de
heridas, las pérdidas, la desaparición esos caminos para hacerlo posible y
forzada, no puede esconderse debajo de está tejido de una convicción que es
la alfombra, ni se puede dejar de lado. necesario escuchar: ninguna herida se
Hay que mirarlo a los ojos. cura sin el bálsamo del reconocimiento.

Este es un trabajo de memoria viva.


Hay un antes y un después de los Dr. Carlos Martín Beristain

18
I. Introducción

20
E
l 26 y 27 de septiembre de 2014, en la ciudad de Iguala, Guerrero,
fueron perpetrados una serie de ataques en contra de estudiantes
de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, jóvenes
integrantes del equipo de fútbol Los Avispones y población civil que
se encontraba en el lugar de los hechos o que acudieron para ayudar a
los normalistas. Los ataques generaron indignación en la sociedad mexicana, que
se movilizó sobre todo en apoyo a los familiares de los 43 estudiantes normalistas
desaparecidos en los ataques. Estos hechos también tuvieron repercusiones a
nivel internacional; se organizaron eventos de solidaridad en diferentes países
y organismos internacionales de derechos humanos se pronunciaron por el
esclarecimiento de los sucesos, la búsqueda de los normalistas desaparecidos y
la sanción a los responsables.

El 3 de octubre de 2014 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (cidh)


emitió la Medida Cautelar No. 409/141. En seguimiento a las medidas cautelares,
y a petición de los beneficiarios, el Estado mexicano solicitó asistencia técnica
internacional en la investigación del paradero de los estudiantes normalistas
desaparecidos. En noviembre de 2014 se firmó el acuerdo para la asistencia técnica
entre la cidh, el Estado mexicano y representantes de víctimas. Este acuerdo
establece la creación del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes
(giei)2, y su mandato: elaboración de planes de búsqueda en vida de las personas
desaparecidas; análisis técnico de las líneas de investigación para determinar
responsabilidades penales; y análisis técnico del Plan de Atención Integral a
las Víctimas de los hechos del 26 y 27 de septiembre de 2014. El giei inició su
mandato el 2 de marzo de 2015 por un periodo de seis meses, que fue prorrogado
por seis meses más. El 30 de abril de 2016 culminó ese periodo. Durante su
gestión, el giei emitió dos informes sobre el caso Ayotzinapa.

El giei permitió ampliar y profundizar las líneas de investigación, y el Estado


creó la Oficina de Investigación para el caso Ayotzinapa, encargada de continuar
la búsqueda de los estudiantes desaparecidos y la investigación de los hechos. En
julio de 2016 se firmó un acuerdo para crear un Mecanismo de Seguimiento a las
medidas cautelares emitidas por la cidh para el caso Ayotzinapa y de acuerdo a
las recomendaciones del giei.

1
Disponible en: [Link]
2
Acuerdo de asistencia técnica. Disponible en: [Link]
[Link]

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 21


Recomendaciones del GIEI en torno a la atención y reparación
del daño a las víctimas

En su primer informe (giei, 2015), el giei determinó un número de 180 víctimas


directas de los ataques la noche del 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala,
incluyendo: seis personas ejecutadas extrajudicialmente (un normalista con
claras señales de haber sido torturado y otros dos con disparos a quemarropa),
dos víctimas mortales de los ataques a los jóvenes miembros del equipo de fútbol
Los Avispones, así como una mujer que se transportaba en un taxi; más de 40
personas heridas, algunas de ellas de suma gravedad. Entre los heridos, dos
estudiantes normalistas tienen graves secuelas hasta la fecha y uno de ellos se
encuentra en estado vegetativo. Ochenta personas que acudieron en auxilio de
los estudiantes sufrieron ataques y atentados contra sus vidas, en el caso del
autobús de Los Avispones otras 30 personas sufrieron ataques contra sus vidas y
sobrevivieron, y 43 normalistas fueron detenidos y desaparecidos forzadamente.
Asimismo, el giei señala que entre las víctimas se debe considerar a los familiares
de las víctimas directas, que son al menos 700 personas. En el mismo informe,
el giei documenta parte de los impactos en los familiares y sobrevivientes en el
capítulo sobre “La experiencia de los familiares y víctimas” (giei, 2015: 249).

En su segundo informe, emitido en abril de 2016, el giei recomienda la creación


de un equipo independiente para realizar un estudio o diagnóstico del impacto
psicosocial y en la salud en las víctimas del caso Ayotzinapa,

Como parte del proceso para poder articular un programa de atención a las víctimas que
tuviera en cuenta los diferentes procesos y necesidades, así como el momento vital e
impactos sufridos por los familiares, y siguiendo tanto la propuesta realizada por el giei en
los criterios de atención a las víctimas proporcionados al Estado, como la recomendación
realizada por la cndh en su informe de julio de 2015. (giei, 2016: 344)

Además, el giei señala que

Después de la realización del estudio psicosocial se establezca una mesa de trabajo con las
víctimas y sus representantes legales, con la ceav, la segob y la observación de la cndh, así
como que este mecanismo de atención progresiva acordada con las víctimas pueda formar
parte de los mecanismos de seguimiento que pueda observar la cidh en cumplimiento de
las medidas cautelares o la evolución que tenga el propio caso. (GIEI, 2016: 338)

22
Asimismo, el giei considera que las recomendaciones del Informe de Impacto
Psicosocial deberán tenerse en cuenta por parte de las autoridades de México,
y los criterios proporcionados al Estado constituir los elementos centrales para
la atención a las víctimas, como parte del seguimiento que otorgue al caso la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (giei) propuso que dicho


estudio fuera realizado por un equipo independiente, con la confianza de las
víctimas y la competencia profesional adecuada3. Este criterio es fundamental en
el presente caso, considerando que por la naturaleza de los hechos victimizantes
—la desaparición forzada, ejecuciones extrajudiciales y ataques por distintas
fuerzas de seguridad del Estado—, se ha roto la confianza de las víctimas en las
instituciones del Estado.

En seguimiento a la recomendación del giei, se integró un equipo interdisciplinario


conformado por cuatro psicólogas, una antropóloga y un médico, con amplia
experiencia en acompañamiento psicosocial, análisis, investigación y
documentación de los impactos psicosociales que producen graves violaciones
de derechos humanos y en elaboración de peritajes con perspectiva multicultural.
Asimismo, en el diagnóstico de los impactos en la salud de los familiares de los
estudiantes desaparecidos se contó con la participación de la Red por la Salud
43, integrada por profesionales de la salud que de manera solidaria han venido
atendiendo a los familiares de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos.
Cabe señalar que varios de los integrantes del equipo participaron de manera
previa en actividades de acompañamiento psicosocial y en la atención médica
a las víctimas, lo cual fue fundamental para garantizar un vínculo de confianza
que hizo posible la apertura para la elaboración del diagnóstico.

Con base en la recomendación del giei, se elaboró el estudio psicosocial a partir


de los siguientes pasos (giei, 2016: 345-346).

• Presentación del proyecto a los diferentes grupos de víctimas identificados,


en particular a los familiares de los 43 estudiantes normalistas
desaparecidos.

3
Boletín de prensa “giei, avances y desafíos”, consultado el 14 de abril de 2016 en: [Link]

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 23


• Acuerdo de participación de las víctimas; en particular, se tomó la decisión
de que la definición de las medidas de atención y/o reparación se llevaría a
cabo con la participación de las víctimas y sus representantes.
• Trabajo de campo, incluyendo: entrevistas individuales y grupales con los
familiares de los estudiantes, así como individuales y grupal con
estudiantes sobrevivientes.
• Visitas a algunos de los domicilios de los familiares de estudiantes
desaparecidos y a la Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa.
• Entrevistas y talleres de devolución de los hallazgos relativos a cada grupo
de víctimas.
• Análisis de la información recogida: impactos, afrontamiento, atención y
proceso.
• Elaboración del informe de impacto psicosocial.

Presentación a las víctimas y a sus representantes y a las autoridades de las


dependencias correspondientes.

El giei establece los siguientes pasos para la implementación de las


recomendaciones del Informe Psicosocial:

• Creación de una mesa de trabajo conjunta entre las partes para llevar a
cabo la atención.
• Plan de actuación de acuerdo con las diferentes instituciones implicadas,
los representantes de las víctimas y el equipo de investigación del estudio.
• Desarrollo, monitoreo y evaluación de la atención a las víctimas.

Sobre el presente informe

A más de dos años de los ataques a los estudiantes de la Normal Rural “Isidro
Burgos” de Ayotzinapa, se presenta el Informe de Impactos Psicosociales que
determina las afectaciones de los hechos del 26 y 27 de septiembre en Iguala
en los diferentes grupos de víctimas. A diferencia de otros eventos traumáticos
cuyos impactos tienden a desaparecer con el tiempo, los hallazgos del presente
informe muestran que los impactos psicosociales detonados por las graves
violaciones a los derechos humanos cometidas, persisten y se cronifican con
el tiempo. Este hallazgo es coherente con la literatura que estudia los impactos
de delitos violentos y violaciones a los derechos humanos en las víctimas, en

24
los que la transgresión de la ley por el Estado tiene un efecto desorganizador
en la subjetividad de las víctimas, que se profundiza en la interacción con el
sistema de justicia.

En el primer capítulo se presenta el marco conceptual que guía la elaboración del


presente informe, y explica los principales impactos de las graves violaciones a
los derechos humanos desde la perspectiva psicosocial. La perspectiva psicosocial
permite dar cuenta de la relación entre los procesos intrapsíquicos de elaboración
de la experiencia traumática producida por violaciones a los derechos humanos,
y los procesos sociales, políticos y jurídicos que se desarrollan de manera
paralela. El presente informe permite comprender los impactos de la falta de
verdad y justicia, así como de la impunidad, que operan como nuevos estímulos
traumáticos en las víctimas.

El segundo capítulo detalla la metodología utilizada para la realización del


informe. Se destacan los aspectos éticos que guiaron el presente diagnóstico y se
describen las seis etapas para su elaboración: análisis contextual y elaboración
conceptual, presentación del proyecto a las víctimas y acuerdo, recolección de
datos, redacción del informe y devolución y validación con los diferentes grupos
de víctimas.

El tercer capítulo aborda los impactos psicosociales en los estudiantes


sobrevivientes de los ataques en Iguala. A partir de los daños encontrados se
plantea la importancia de reconocer a los normalistas sobrevivientes como
víctimas, y garantizar la atención que corresponde para atender las secuelas de
los ataques y reconstruir su proyecto de vida.

El cuarto capítulo da cuenta de los impactos psicosociales que enfrentan los dos
estudiantes normalistas que sufrieron heridas graves y sus familias. A pesar de
que existe una diferencia importante entre ellos —pues Aldo Gutiérrez Solano
se encuentra en estado vegetativo y Edgar Andrés Vargas está en condiciones
de reconstruir su proyecto de vida a pesar de tener secuelas importantes—, en
ambos casos se observan impactos psicosociales tanto en las víctimas directas
como en sus familias. Además, se observa el estrés adicional que representa
para los familiares lidiar con las autoridades responsables de garantizar y dar
seguimiento a las medidas de atención a las víctimas.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 25


El quinto capítulo considera los impactos psicosociales que enfrentan los
familiares de los estudiantes asesinados. En los dos casos, de Daniel Solís Gallardo
y de Julio César Mondragón Fontes, los familiares enfrentan un proceso de duelo
traumático frente a la pérdida abrupta, violenta y sin sentido. En este proceso, la
justicia es una necesidad psíquica para la elaboración del duelo. Sin embargo,
en el caso de Julio César Mondragón Fontes se observan impactos derivados de
la crueldad extrema expresada en la tortura que recibió el estudiante, además
de que los familiares han sufrido una secuencia de eventos traumáticos derivados
de la negligencia en la primera necropsia realizada, que generó la necesidad de
exhumar el cuerpo para realizar una segunda necropsia.

En el sexto capítulo se recogen los impactos psicosociales en los niños y


niñas familiares de los estudiantes asesinados y desaparecidos. Los hallazgos
demuestran que los niños y niñas enfrentan la pérdida o ausencia de los
estudiantes, pero también los impactos en la dinámica familiar, y evidencian la
transmisión transgeneracional del trauma. El informe contrasta el profundo daño
provocado en los niños y niñas, con la nula atención que han recibido.

En los apartados del capítulo siete se abordan los impactos psicosociales de la


desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas en sus padres, madres y
familiares, siguiendo su desarrollo de manera cronológica desde que reciben la
noticia de los ataques en Iguala. En este capítulo se incluyen otros miembros de las
familias que no han sido tan visibles, en particular los impactos psicosociales en
los hermanos y hermanas de los normalistas, y la ruptura en su proyecto de vida.

En el capítulo ocho se muestran los impactos psicosociales derivados de la


respuesta institucional, y en particular de la difusión de la versión oficial
sobre los hechos sin suficientes pruebas científicas pero con un gran impacto
retraumatizante en los familiares de los normalistas desaparecidos.

En el capítulo nueve se consignan los impactos en la salud en los familiares de


los estudiantes desaparecidos a partir de un estudio realizado por la Red por la
Salud 43.

En el décimo capítulo se presentan los hallazgos sobre las formas de afrontamiento


de los familiares de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos, entre las que
destacan su propia organización, la movilización y la búsqueda.

26
El capítulo once presenta una mirada pluricultural sobre los impactos de la
desaparición forzada de los estudiantes normalistas en los familiares que
pertenecen a pueblos indígenas. Esta perspectiva aporta una panorama, hasta
ahora invisibilizado, de las formas particulares de discriminación que enfrentan
los familiares que pertenecen a los pueblos indígenas, pero también de los
recursos culturales que los fortalecen para enfrentar la vivencia traumática, en
sus propias palabras el “Ngamé”, que significa “susto” o “espanto”, producido por
la desaparición forzada, y las formas de afrontamiento desde prácticas culturales
espirituales y organizativas.

En el capítulo doce se plantean los impactos psicosociales de la impunidad en


los familiares de los estudiantes normalistas desaparecidos, el deterioro de la
confianza en el Estado y la posición de los familiares frente a la reparación integral
del daño. En un contexto de impunidad y revictimización, los acercamientos de
las autoridades para ofrecer indemnizaciones a los familiares de los estudiantes
desaparecidos son vividos como un intento por, en palabras de ellos, “comprar
su silencio” y “pagarles por sus hijos”. Frente a esto, los familiares afirman
que la única reparación del daño posible es la búsqueda efectiva de sus hijos,
la investigación y sanción a los responsables, y que la voluntad del Estado por
reparar el daño tendría que expresarse en generar las condiciones para avanzar
en este terreno.

En el capítulo trece se plantean las conclusiones en relación a los impactos


psicosociales de la desaparición forzada de los estudiantes normalistas en sus
familiares y la importancia del reconocimiento de los daños producidos no
sólo por la desaparición forzada, sino por el curso de las investigaciones y, en
particular, la difusión de la versión oficial de los hechos sin las pruebas científicas
suficientes. En este sentido, la conducción de una investigación seria posibilitará
al mismo tiempo reconstruir la confianza hacia el Estado.

En el capítulo catorce se abordan los impactos psicosociales de la desaparición


forzada de los 43 estudiantes normalistas en otros familiares de personas
desaparecidas organizadas en colectivos de diferentes estados del país. Estos
hechos detonaron en los familiares entrevistados la revivencia traumática de su
propia experiencia, quienes se sintieron identificados con los familiares de los
estudiantes, al tiempo que discriminados por el Estado que respondió de manera
diferenciada frente a la presión mediática de este caso.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 27


El presente informe da cuenta de los impactos psicosociales, incluyendo los daños
psicológicos y en la salud en las víctimas de los ataques del 26 y 27 de septiembre
en Iguala, y establece un marco para la atención y eventual reparación integral
del daño desde la perspectiva de los diferentes grupos de víctimas. Asimismo,
este informe está dirigido a la sociedad mexicana en general, como un aporte al
derecho a la verdad y al reconocimiento tanto del dolor, como de la lucha de las
víctimas para que hechos de esta naturaleza no se repitan en el futuro.

28
II. Perspectiva psicosocial y conceptos principales
para acercarnos a la experiencia de las víctimas
La perspectiva psicosocial

L
a perspectiva psicosocial4 en el trabajo con víctimas de
graves violaciones a los derechos humanos define un campo
interdisciplinario en la intersección entre la psicología y la psicología
social con los derechos humanos. Desde el punto de vista teórico,
articula categorías psicológicas clínicas y de impactos sociales para
comprender los efectos de la violencia en las víctimas y los colectivos cuando
es perpetrada por agentes del Estado. La perspectiva psicosocial en derechos
humanos continúa desarrollando un corpus teórico propio para comprender la
singularidad del sufrimiento subjetivo que se origina en la violencia sociopolítica.

De este modo, la perspectiva psicosocial dialoga con las categorías de los derechos
humanos para comprender, por ejemplo, las consecuencias en la subjetividad de la
ruptura del Estado de Derecho como sostén de la convivencia social y límite frente
al poder (iidh, 2007), y de la impunidad como obstáculo para establecer la justicia
y restituir el orden simbólico de un mundo fracturado por dichas violaciones.

Un ejemplo de este cruce entre la perspectiva psicosocial y los derechos humanos


es la profundidad que esta perspectiva aporta a la comprensión de los daños, en
particular del daño moral.5 De manera reciente han cobrado mayor visibilidad
los estudios o peritajes sobre impacto psicosocial en los procesos de litigio, para
brindar a los operadores de justicia una mejor comprensión de los daños, al
tiempo que proponer medidas de reparación congruentes con estos, así como con
las necesidades y expectativas de las víctimas.6

Desde el punto de vista metodológico, la perspectiva psicosocial se incluye de


manera transversal en los procesos de defensa integral a víctimas de violaciones
a los derechos humanos, a través de intervenciones clínicas o espacios grupales,
tales como grupos de reflexión. Esto permite generar espacios para favorecer la

4
La perspectiva psicosocial se ha conceptualizado desde distintos ámbitos y prácticas. Una de ellas es el ámbito de la ayuda
humanitaria y la cooperación internacional (Centro de Referencia para el Apoyo Psicosocial, 2009). Otra vertiente inició a
partir del trabajo de profesionales de la salud mental que desarrollaron su práctica en contextos de represión política, tales
como las dictaduras militares en el Cono Sur o los conflictos armados internos en Centroamérica durante los años setenta,
ochenta, y noventa del siglo pasado, y posteriormente en el contexto de las transiciones políticas.
5
El daño moral es una categoría jurídica que se desprende de una división más general entre daño material y daño inmaterial.
6
Los peritajes psicosociales fueron retomados por los jueces de la Corte Interamericana de Derechos Humanos para
definir las reparaciones en los casos que en años recientes se presentaron en esta Corte internacional, incluyendo el caso de
Rosendo Radilla (2009), el de Inés Fernández (2010) y de Valentina Rosendo (2010).

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 31


elaboración de la experiencia traumática de las víctimas y fortalecer su proceso
organizativo. Además, la perspectiva psicosocial permite establecer espacios de
diálogo entre los equipos de profesionales de la salud mental y los representantes
legales para identificar los posibles impactos del proceso jurídico en las víctimas
y tejer estrategias tomando en cuenta sus necesidades y expectativas.

Desde este modelo se despliegan intervenciones individuales y colectivas para


abordar los impactos de las violaciones y fortalecer las estrategias para hacerles
frente. Al mismo tiempo, se reconoce el compromiso de las víctimas con la verdad
y la justicia como parte de las formas de afrontar los impactos de las violaciones a
los derechos humanos y como una manera dar sentido a experiencias traumáticas
que producen un enorme sufrimiento y la ruptura de la continuidad vital,
pero que además afectan los vínculos sociales. En este proceso, el soporte social
es fundamental, en particular los grupos y organizaciones de víctimas. Por esta
razón, los espacios de fortalecimiento de los procesos organizativos forman parte
del acompañamiento psicosocial.

Desafíos de dar cuenta de los daños desde la perspectiva psicosocial

La labor de dar cuenta de los daños producidos por las violaciones a los derechos
humanos desde la perspectiva psicosocial enfrenta el desafío de evitar caer en
el reduccionismo en dos sentidos: medicalizar y confinar al ámbito privado
la experiencia detonada por la violencia sociopolítica, y en el otro extremo,
sobreideologizar la experiencia de las víctimas y negar su especificidad en
términos de los impactos psicológicos y psicosociales (Madariaga, 2002).

En cuanto al primer desafío, la necesidad de visibilizar los daños producidos


por las violaciones a los derechos humanos impone recurrir a categorías clínicas
extendidas y aceptadas, y al mismo tiempo conlleva el riesgo de patologizar la
experiencia de las víctimas. De ahí que la perspectiva psicosocial recupera la
crítica al paradigma médico-psiquiátrico que se aboca a la descripción de los
síntomas y trastornos de la conducta del individuo, con independencia de la causa
y el contexto en que el trauma es producido. Un ejemplo es el debate sobre
la pertinencia de la nosografía psiquiátrica (Fendrik y Jerusalinsky, 2012) y las
limitaciones del uso de la categoría de Trastorno de Estrés Post Traumático para
dar cuenta de la globalidad del trauma desde el trabajo con sobrevivientes (Becker,
1995; Rojas, 2009). En este sentido, desde la perspectiva psicosocial se busca un

32
abordaje amplio de la sintomatología producida por la violaciones a los derechos
humanos, que puede incluir categorías diagnósticas pero no se agota en estas.

El segundo desafío, reconocer la especificidad de los impactos psicológicos


y psicosociales, requiere de una concepción del aparato psíquico y su
funcionamiento, que permita contrastar las afectaciones y reconocer los síntomas
en relación con el contexto en que son producidos. En este sentido la perspectiva
psicosocial recupera categorías clínicas, en muchos casos trabajadas desde
el psicoanálisis7, para comprender los daños causados por las violaciones a los
derechos humanos.

En suma, la perspectiva psicosocial se encuentra en permanente construcción


frente a los desafíos que plantean los impactos en la subjetividad de la violencia y
las violaciones a los derechos humanos, modalidades enraizadas en determinados
regímenes políticos y sociales en cada momento histórico. Por otro lado, la
perspectiva psicosocial es un posicionamiento ético frente al sufrimiento subjetivo
de las víctimas, y en este sentido se ocupa de instituir un lugar de reconocimiento
y escucha del dolor, antes que de clasificar o patologizar los síntomas.

Estas discusiones atravesaron la elaboración del presente diagnóstico, en el sentido


de reflejar los impactos de los hechos, comprendidos de manera amplia, en las
víctimas, evitando etiquetarlos en trastornos de la salud mental. De tal forma que
en la construcción del diagnóstico se privilegian las categorías que emergen de
la narrativa de las víctimas y se hace referencia a las sintomatologías asociadas
en el contexto de esfuerzos psíquicos para elaborar el trauma, entendidas como
respuestas normales a situaciones anormales. Asimismo, el presente diagnóstico
busca dar cuenta de los recursos y formas de afrontamiento de las víctimas frente
a las violaciones a los derechos humanos.

7
Esto se debe, en parte, a que muchos de los profesionales que se dedicaron a la atención de las secuelas de la represión
política en países como Argentina, Chile y Uruguay, entre otros, tenían formación psicoanalítica previa. Actualmente
contamos con la suerte de tener al alcance la producción teórica que se ha desarrollado desde esta práctica a lo largo de más
de cuarenta años. Ver por ejemplo: Viñar, Lira, Kordon, Gómez y Castillo, citados en este trabajo.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 33


Impactos psicosociales por graves violaciones a los derechos humanos

Con el fin de aprehender los daños de la manera más integral posible, se incluyen
los niveles de afectación individual, familiar y comunitaria o social. Con esto, se
busca desde la perspectiva psicosocial mostrar los impactos que desde una visión
más tradicional, de la psicología centrada en el individuo y los trastornos de la
conducta, quedan invisibilizados. Además, en el presente trabajo se recurre a la
antropología para dar cuenta de los significados de los daños por las violaciones
a los derechos humanos a partir del contexto cultural y los referentes propios de
las víctimas, así como para situar el daño en una perspectiva histórica. Es decir,
en una experiencia vital caracterizada por una cadena de agravios que van desde
la marginación social y económica, hasta la violencia y la impunidad.

A continuación se describen los conceptos que se utilizan de manera general para


dar cuenta de los impactos psicosociales de las violaciones a los derechos humanos.

Trauma

El trauma es un concepto central para dar cuenta del sufrimiento subjetivo


producido por situaciones disruptivas. Sigmund Freud acuñó después de la Primera
Guerra Mundial el término de “neurosis traumática” para referirse al cuadro de
síntomas derivados de la exposición al riesgo de muerte. Este padecimiento se
aproxima, para el autor, a otros padecimientos (histeria, melancolía e hipocondría)
pero los rebasa por “la evidencia de un debilitamiento y destrucción generales
mucho más vastos de las operaciones anímicas”. Para Freud, la causa está en el
factor sorpresa, el terror y el estado de no preparación. Incluso en el mismo texto
utiliza el término “neurosis de terror” y señala la reexperimentación del trauma
en sueños (Freud, 1975: 12-13).

Según Laplanche y Pontalis (Pontalis, 2013) el trauma es un “acontecimiento


de la vida del sujeto caracterizado por su intensidad, la incapacidad del sujeto de
responder a él adecuadamente y el trastorno y los efectos patógenos duraderos que
provoca en la organización psíquica. En términos económicos, el traumatismo se
caracteriza por un aflujo de excitaciones excesivo, en relación con la tolerancia del
sujeto y su capacidad de controlar y elaborar psíquicamente dichas excitaciones”.
De manera general, en el presente informe se entiende por trauma un acontecimiento
que irrumpe en las condiciones de vida de la persona que lo experimenta, y frente

34
al cual todos los recursos psíquicos resultan limitados y por lo tanto, tiene un
efecto desorganizador de la subjetividad. Estos acontecimientos tienen graves
consecuencias en las funciones simbólicas e imaginarias, que dan consistencia
a la realidad y al lugar del sujeto en el mundo. El esfuerzo de elaboración del
trauma exige una concentración de la energía en esta tarea, en detrimento de otras
funciones psíquicas.8 Benyakar y Lezica (Lezica, 2005) recuperan los aportes del
psicoanalista Sandor Ferenczi, sobre la tendencia a la activación de procesos de
renegación del trauma, cuyo efecto es la escisión del conjunto traumático: “una
especie de quiste en la personalidad”. La fragmentación es un mecanismo de
defensa que permite sobrevivir al trauma, mientras persiste un núcleo traumático
no simbolizado: “un hoyo psíquico” producido por la negación y la represión
(Becker, 2001). Esto no significa necesariamente la imposibilidad de hablar de la
experiencia, sino sobre todo la disociación de los afectos que ocurre al hablar de
lo que sucedió (Gómez E., 2013).

Un trauma puede ser ocasionado por un solo evento o por la acumulación de varios.
Aunque ciertos eventos se consideran en sí mismos traumáticos —un accidente,
la pérdida de un ser querido—, el efecto traumático —es decir, su potencia
desorganizadora y la aparición de síntomas post-traumáticos— está mediado por
otros factores: si los sucesos son causados intencionalmente,9 la historia previa,
las características de la personalidad y el apoyo social, entre otros.10

Un suceso, o una serie de sucesos traumáticos producen un intenso sufrimiento


emocional y pueden desencadenar una serie de síntomas de manera inmediata o
diferida. La experiencia de sobrevivientes del Holocausto muestra que los
síntomas pueden aparecer décadas después, o incluso en la segunda generación
(Gómez E., 2013). Estos síntomas forman parte de los esfuerzos psíquicos por
elaborar la experiencia.

Becker distingue entre la situación traumática, el trauma y los síntomas derivados


del trauma:

8
Ver “Trauma” en el Diccionario de Psicoanálisis (Pontalis, 2013).
9
Entre los hechos traumáticos infligidos intencionalmente están: agresiones sexuales, violencia de pareja, terrorismo,
secuestro, tortura, muerte violenta de un hijo, maltrato infantil, etc. Entre los eventos no intencionados se cuentan accidentes
y catástrofes naturales (Echeburúa, 2004: 340).
10
Según Echeburúa et al. (2004), las reacciones post traumáticas son considerablemente más altas entre quienes sufren
hechos violentos (hasta un 50-70%), frente a quienes sufren un accidente o una catástrofe natural (entre el 15-20%).

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 35


Una situación traumática es definida como un evento o una serie de eventos de extrema
violencia que ocurren en determinado contexto social, como la guerra. Tal situación
traumática es necesaria pero no suficiente para que el trauma ocurra. Mientras el trauma
implica la destrucción de las estructuras individuales y/o colectivas, no siempre esa
destrucción causa síntomas inmediatos. (Becker, 2001).

Situación Trauma Síntomas


traumática postraumáticos

Evento o serie Reexperimentación


de eventos que del evento
“Hoyo
involucran vivencias traumático, evitación,
psíquico”
de amenaza grave, hipervigilancia,
experiencia
temor, desesperanza, creencias negativas,
no
horror intensos, rabia, culpa, pérdida de
simbolizada.
indefensión, interés en actividades
pérdida de control, significativas, etc.
humillación.

A medida que la preocupación sobre las consecuencias de la violencia y la


inseguridad se incrementan, diversos autores se han interesado en la relación
entre victimización y trauma. Los estudios sobre impactos traumáticos de
delitos violentos muestran que las víctimas viven una situación de indefensión y
pérdida de control, temor por la propia vida y humillación. En estos casos, la
experiencia detona síntomas asociados al Trastorno de Estrés Post Traumático y
otros relacionados con la ruptura del sentimiento de seguridad básica y la pérdida
de confianza en otros seres humanos como consecuencia de la violencia. Al
mismo tiempo, se empieza a estudiar el papel del sistema de justicia como factor
que puede favorecer la recuperación de las víctimas o, por el contrario, generar
un proceso de victimización secundaria, así como la influencia de la sanción
penal a los perpetradores.

36
Trauma por violaciones a los derechos humanos

Las violaciones a los derechos humanos, tales como desaparición forzada,


ejecuciones extrajudiciales y ataques a la integridad, son eventos inesperados
para los cuales las personas no se encuentran preparadas. Estos hechos implican
amenazas graves para la integridad física o psicológica y vivencias de temor,
desesperanza u horror intensos que son experimentados por la víctima directa
y las personas cercanas, pero también tienen un alcance social. Estos eventos se
distinguen de otros hechos traumáticos por el particular efecto desorganizador
psíquico y social que conlleva la participación de agentes del Estado.

Las violaciones a los derechos humanos detonan sintomatologías como


depresión, reviviscencia del hecho traumático, trastornos del sueño, trastornos
somáticos, suspensión o abandono de proyectos vitales, sentimientos de
impotencia, desesperanza, rabia, entre otros (Diana Kordon, 1991: 103-104). A
diferencia de otros eventos traumáticos, cuyos impactos tienden a desaparecer
con el tiempo, la sintomatología post traumática producto de las violaciones a
los derechos humanos tiende a cronificarse en contextos de impunidad. Incluso,
elaboraciones a partir del trabajo con sobrevivientes del Holocausto muestran
la transmisión transgeneracional del trauma hacia la segunda generación. Este
fenómeno también ha sido observado en la segunda generación de las víctimas de
las dictaduras militares (cintras, 2009; Castillo, 2013; Gómez E., 2013).

Desde el campo de la Salud Mental y Derechos Humanos se ha caracterizado


los impactos psicosociales que genera la violencia instrumental del Estado hacia
sectores de la población que son identificados como opositores a sistemas
políticos o económicos (Viñar, 1993; Lira, 1991; Martín-Baró, 1990). En
particular, diversos autores han estudiado las consecuencias psicosociales de
las violaciones a los derechos humanos como forma sistemática de represión
política en el contexto de regímenes autoritarios, tales como la tortura y la
desaparición forzada.

La conceptualización de los impactos producidos por las violaciones a los


derechos humanos requiere problematizar el trauma a partir del contexto en
el que es producido. Para este fin se retoma el concepto de “situación límite”,
elaborado por Bruno Bettelheim para describir los impactos psíquicos de la vida
en los campos de concentración. En América Latina destaca el aporte de Ignacio

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 37


Martín-Baró que busca enfatizar la relación dialéctica individuo-sociedad a
través del concepto “trauma psicosocial” (Martín-Baró, 1990) y el trabajo del
Instituto Latinoamericano de Salud Mental y Derechos Humanos (ilas) para
conceptualizar el trauma como proceso social y político (Becker, 2001; Lira y
Castillo, 1993).

Estos aportes, elaborados en el contexto de las dictaduras militares en el


Cono Sur y otros conflictos político militares en las décadas de los 70 y 80
en América Latina, permiten aprehender la particularidad del trauma cuando
se inflinge deliberadamente para conseguir objetivos de control político y
desmovilización social. Actualmente en México enfrentamos el desafío de
conceptualizar los impactos psicosociales de otras modalidades de violencia,
que se caracterizan por una amalgama de actores estatales y no estatales en el
contexto de macrocriminalidad.

En cualquiera de los dos casos, cuando los actores estatales aparecen claramente
definidos o cuando se diluyen en redes de corrupción e impunidad, las violaciones
a los derechos humanos producen un traumatismo psíquico particular, porque
comprometen el papel del Estado como garante de la Ley, organizadora simbólica
de la subjetividad y de la convivencia. El derrumbe del Estado, como figura de
autoridad que sostiene la Ley y sanciona la transgresión, genera en las víctimas una
vivencia de desamparo y desprotección frente al ejercicio de un poder sin límites.

En estos casos, la aparición del trauma está vinculada no sólo a la intensidad


de la vivencia, que rebasa las defensas psíquicas de la persona, sino al impacto
desorganizador de la subjetividad. Es decir, genera una ruptura en el sentido de
comunidad y los vínculos sociales. Las víctimas se enfrentan a la tarea de dar
sentido a la experiencia, que se apoya en primer lugar en la verdad, y de
reconstruir el sentido del mundo, que se apoya en la justicia.

Las víctimas se involucran activamente en la búsqueda de verdad y justicia como


parte del proceso de elaboración de la experiencia traumática, en dar sentido a
las pérdidas y restablecer el orden simbólico del mundo social trastocado por las
violaciones a los derechos humanos. De esta forma, los procesos subjetivos de
elaboración del trauma se apoyan en procesos más amplios a través de los cuales
las sociedades reconocen y enfrentan las violaciones de derechos humanos.

38
En estos casos, el contexto social juega un papel fundamental. El sentido
que las víctimas construyen en torno a su experiencia está vinculado a los procesos
sociales de elaboración de la violencia. Además, las violaciones a los derechos
humanos, y en particular la desaparición forzada, se legitiman en estrategias
de confusión, ocultamiento o manipulación de la verdad, estigmatización y
criminalización de las víctimas. Por esta razón, el apoyo social —de los grupos
de víctimas o familiares, en primer lugar— tiene una función de soporte psíquico
para las víctimas porque permite la validación social de su experiencia y la
construcción de un lazo social.

En muchos casos tras un evento traumático las personas viven procesos de


crecimiento post traumático, entendidos como cambios positivos que viven
las personas después de un evento traumático o una pérdida. Algunos de estos
cambios son el fortalecimiento de la capacidad de empatía, el altruismo, mayor
reconocimiento social, aumento de la confianza en las propias capacidades para
enfrentar la adversidad y dar un sentido positivo a una experiencia negativa, el
desarrollo de vínculos más fuertes con otras personas y cambios espirituales
(Gema Puig et al., 2011: 181-186).

En el caso de las víctimas de violaciones a los derechos humanos, el proceso


de crecimiento post traumático tiene que ver con conocer y aprender a exigir
sus derechos (entre ellos verdad, justicia y reparación), el desarrollo de nuevas
habilidades y capacidades (hablar en público o frente a medios de comunicación,
organizar un grupo de víctimas, movilizaciones para reivindicar sus derechos,
interlocución con autoridades, etc.), mayor capacidad de empatía y
solidaridad, capacidad de identificación y apoyo mutuo con otras víctimas
y participación en la vida democrática y la transformación de las causas
estructurales que hicieron posibles las violaciones (Antillón, 2008: 94-98).

Contexto: las desapariciones forzadas en Guerrero

El fenómeno de las desapariciones de personas en Guerrero ha cambiado desde


la llamada Guerra Sucia (finales de los años 60 hasta principios de los 80), en que
estos hechos formaban parte de una práctica sistemática de represión,11 hasta la
actualidad, en la que participan actores estatales y no estatales en el contexto
de macrocriminalidad.
11
Organizaciones de la sociedad civil han documentado 1,350 casos de desaparición forzada en el estado durante ese
periodo, de los cuales, 450 habrían ocurrido en el municipio de Atoyac de Álvarez (GTDFI, 2011:54).

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 39


En cuanto a las desapariciones recientes en el marco de la acción de grupos de
la Delincuencia Organizada en complicidad con agentes del Estado, el Registro
Nacional de Personas Desaparecidas y Extraviadas (RNPED), establece en la base
de datos del fuero federal12 947 casos a nivel nacional, de los cuales 254 fueron
cometidos en Guerrero. De estos, 176 ocurrieron en Iguala de la Independencia.
Entre el año 1995 y el 2009 se registraron en el municipio de Iguala 15 denuncias;
en el año 2010, 14 denuncias; en el año 2011, 20 denuncias; y para el año 2012,
14 denuncias. En el año 2013 se incrementó el número de denuncias en el fuero
federal más del 100%, con 49 denuncias, y de enero a principios de octubre del
2014, las denuncias casi se duplicaron en relación al año anterior, con 75 denuncias
por desaparición de personas. En la mayoría de los casos las denuncias fueron
interpuestas en el Distrito Federal (250), y no en Guerrero. Esto habla de la falta
de condiciones de seguridad para interponer denuncias en ese Estado, y también
puede explicar por qué en el caso del registro de desapariciones denunciadas en
el fuero común Guerrero ocupa el lugar 11, con 909 casos.

Incluso tomando en cuenta la cifra negra, es decir, aquellos casos de desaparición o


desaparición forzada que no son denunciados por miedo, en territorios controlados
por la delincuencia organizada, las cifras oficiales resultan alarmantes. En la
siguiente gráfica se muestra la tendencia que ha seguido la desaparición de
personas tan solo en el municipio de Iguala de la Independencia.13

Denuncias por desaparición de personas


en el fuero federal en Iguala de la Independencia, Guerrero

12
Consultado el 20 de marzo de 2016: [Link]
13
Elaboración propia a partir de los datos contenidos en el rnped del fuero federal, a enero de 2016.

40
En este contexto ocurrieron los ataques del 26 y 27 de septiembre en Iguala.
Estos hechos constituyen, como refiere la cidh en su más reciente informe
sobre México, “una grave tragedia en México así como un llamado de atención
nacional e internacional sobre las desapariciones en México, y en particular en
el estado de Guerrero. Asimismo, sobre las graves deficiencias que sufren las
investigaciones sobre estos hechos y la impunidad estructural y casi absoluta
en la que suelen quedar estos graves crímenes” (CIDH, 2015). Al mismo
tiempo, la cidh advierte que “el caso Ayotzinapa es un ejemplo emblemático de
la colusión entre agentes del Estado e integrantes del crimen organizado, ya que
según la versión oficial la policía municipal de Iguala estuvo coludida con un
grupo delincuencial para desaparecer a los estudiantes. Asimismo, según el giei,
autoridades de la policía estatal, federal y del Ejército habrían acompañado los
incidentes. Por lo tanto también podrían haber estado en colusión con grupos del
crimen organizado” (CIDH, 2015: 37).

La visibilidad que alcanzó este caso a nivel nacional e internacional animó a


familiares de personas desaparecidas en el municipio de Iguala, Guerrero,
a organizarse en el colectivo que llamaron “Los otros desaparecidos”, y a denunciar
cientos de desapariciones cometidas en el mismo contexto. Estos familiares se
han organizado para buscar fosas clandestinas en los cerros aledaños frente a la
inacción de las autoridades.

Según la información recabada por la cidh, “durante la búsqueda de los


estudiantes de Ayotzinapa fueron halladas 60 fosas colectivas clandestinas en
dicho municipio, donde se han encontrado hasta el momento 129 cadáveres. A la
fecha, se habrían identificado a 16 de estas personas. La incapacidad institucional
para atender el problema es la razón por la cual los propios familiares sean
quienes están llevando a cabo sus propias búsquedas de fosas clandestinas en
Iguala buscando a sus familiares desaparecidos, y desde noviembre de 2014
hasta la fecha han encontrado 106 cuerpos. Hasta el momento sólo se habría
identificado oficialmente a 7 de ellos” (CIDH, 2015: 85).

La dolorosa historia de desapariciones e impunidad en el estado de Guerrero


cristalizan en uno de los estudiantes desaparecidos de la Normal Rural “Isidro
Burgos” de Ayotzinapa: Cutberto Ortíz Ramos, quien es sobrino de Cutberto
Ortiz Cabañas. Ambos son originarios de San Juan de las Flores, municipio de
Atoyac de Álvarez. El primero fue desaparecido en los hechos del 26 y 27

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 41


de septiembre de 2014, el segundo fue víctima de desaparición forzada durante
la Guerra Sucia (ComVerdad, 2014: 61).

Como en su momento señaló el Grupo de Trabajo de Naciones Unidas sobre


Desapariciones Forzadas e Involuntarias, la conexión entre ambos periodos —la
Guerra Sucia y la actualidad— es la impunidad (gtdfi, 2011), como un patrón
crónico que favorece la perpetración de las desapariciones forzadas (gtdfi, 2015).

Impunidad y trauma secuencial

Cuando los procesos de administración de justicia son obstruidos y se echan a


andar mecanismos para ocultar o tergiversar los hechos, estos tienen impactos
en la subjetividad de las víctimas. La impunidad perpetúa el impacto traumático
desorganizador de las violaciones a los derechos humanos, genera nuevas
violaciones en la búsqueda de verdad y justicia y obstaculiza los esfuerzos
de las víctimas para canalizar los impactos psicosociales y dar sentido a la
vivencia traumática.

En la evaluación de los impactos psicosociales de las violaciones a los derechos


humanos se ha visto la necesidad de estudiar los impactos de la impunidad y de
las estrategias o mecanismos para ocultar la verdad e impedir la investigación
y sanción de los responsables, como parte de los daños sufridos por las
víctimas (Beristain, 2011). El concepto de “trauma secuencial”, acuñado por
Hans Keilson, describe la manera en que eventos posteriores se van sumando
al evento traumático, de tal forma que constituyen una situación de constante
traumatización. Este concepto es útil para entender la concatenación de eventos
relacionados con la impunidad en el trauma (Castillo, 2013: 73).

La impunidad es definida por El Conjunto de principios actualizado para la


protección y la promoción de los derechos humanos mediante la lucha contra la
impunidad,14 como:
La inexistencia, de hecho o de derecho, de responsabilidad penal por parte de los autores
de violaciones, así como de responsabilidad civil, administrativa o disciplinaria, porque
escapan a toda investigación con miras a su inculpación, detención, procesamiento y, en
caso de ser reconocidos culpables, condena a penas apropiadas, incluso a la indemnización
del daño causado a sus víctimas.

14
Disponible en: [Link]

42
Además, se considera que:

La impunidad constituye una infracción de las obligaciones que tienen los Estados
de investigar las violaciones, adoptar medidas apropiadas respecto de sus autores,
especialmente en la esfera de la justicia, para que las personas sospechosas de
responsabilidad penal sean procesadas, juzgadas y condenadas a penas apropiadas,
de garantizar a las víctimas recursos eficaces y la reparación de los perjuicios sufridos,
de garantizar el derecho inalienable a conocer la verdad y de tomar todas las medidas
necesarias para evitar la repetición de dichas violaciones (Principio 1).

En la medida en que la impunidad obstaculiza el esclarecimiento de los hechos, no


sólo se viola el derecho a la justicia, sino el derecho a la verdad de las víctimas y
de la sociedad (Principios 2 y 4). Al mismo tiempo, la impunidad compromete el
sentido reparador que las medidas orientadas para este fin tengan hacia las víctimas.

A lo largo de la historia pueden distinguirse las formas particulares de obstruir


las investigaciones y la sanción a los perpetradores de violaciones a los derechos
humanos, mantener ciertas relaciones de poder y frenar las demandas de justicia
de las víctimas en determinados contextos políticos y momentos históricos.15
Organizaciones de derechos humanos de Colombia llaman “mecanismos de
impunidad16” a las formas sistemáticas de obstaculizar las investigaciones
y ocultar las responsabilidades en la comisión de violaciones a los derechos
humanos. Entre estos, distinguen mecanismos de derecho —que a su vez incluyen
mecanismos de ley y mecanismos investigativos, entre otros—, mecanismos de
hecho, mecanismos de tipo político y los mecanismos sociales, entre los que
destaca el papel de los medios de comunicación.

En este sentido, entendemos la impunidad no sólo como el resultado de ausencia


de justicia, sino como un dispositivo que se vale del derecho para impedir la
sanción a los responsables, pero también utiliza estrategias políticas y mediáticas
para negar los hechos o implantar versiones que ocultan la responsabilidad de
los perpetradores y desmovilizar las demandas sociales de justicia. Incluso, en
ciertos contextos en los que la impunidad es sostenida por corrupción y redes
de complicidad que hacen borrosa la línea divisoria entre delincuencia y
autoridades, se instaura un clima social de miedo que inhibe a las víctimas de
presentar denuncias. Esta comprensión amplia de la impunidad es relevante para

15
Por ejemplo, los abusos en el estado de excepción, leyes de amnistía, uso de la justicia penal militar, hasta la corrupción
y las deficiencias estructurales en el sistema de justicia penal (Parra, 2012).
16
Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado. Mecanismos de Impunidad. Disponible en: [Link]
[Link]/~nuncamas/[Link]?option=com_content&view=article&id=39&Itemid=340
Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 43
el presente informe porque permite aprehender las formas en que los mecanismos
de la impunidad reinscriben la violencia en contra de las víctimas que buscan
justicia y sus impactos revictimizantes.

Para las víctimas, la impunidad es vivida como un segundo estímulo traumático


que revive el dolor y detona la aparición de síntomas y emociones como la
angustia, sentimientos de tristeza, rabia e impotencia. Desde el punto de vista
psicosocial se ha documentado cómo medidas jurídicas o políticas relacionadas
con la impunidad, o el incumplimiento de sentencias, generan nuevos daños en
las víctimas o cronifican otros (Diana Kordon et al., 1995; Gómez N., 2009).

En virtud de los mecanismos de la impunidad, las víctimas que impulsan


procesos de verdad y justicia se convierten en objeto de nuevas formas
de victimización. Cada nuevo evento vinculado con la impunidad es una
nueva violación a sus derechos que se suma a la vivencia traumática original,
constituyendo secuencias traumáticas.

Desde el punto de vista de las víctimas, la impunidad genera procesos de


victimización secundaria, dado que genera mayor sufrimiento emocional y
profundiza los daños. Desde el punto de vista social, la impunidad deteriora la
confianza en las instituciones del Estado y favorece la repetición de las violaciones
a los derechos humanos.

Figura 1. Mecanismo de impunidad


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44
Contínuum de violencia

Se entiende por un contínuum de violencia el conjunto de experiencias vitales


marcadas tanto por eventos de violencia física, como por expresiones de violencia
institucional y estructural, incluyendo condiciones de alta marginación social, de
pobreza y racismo (Hernández, 2017). De ahí que este informe se extiende a los
impactos psicosociales de los eventos posteriores a los ataques ocurridos el 26 y
27 de septiembre de 2014, relacionados con las actuaciones y la interacción de las
víctimas con las autoridades en la búsqueda de verdad y justicia y analiza dichos
impactos en relación a experiencias de vida previas. Finalmente, en el informe se
amplía la mirada al marco temporal previo a los hechos del 26 y 27 de septiembre
de 2014 para dar cuenta de las formas en que una acumulación de violencias
(Mora, 2017) —de carácter estructural, institucional y físico— a la largo de la
vida influyen en la manera en que las víctimas viven las afectaciones derivadas
de estos hechos y le otorgan sentido a los mismos.

A continuación presentamos un esquema de la manera en que se entiende la


relación de los hechos abordados en este informe con el contexto previo y posterior
al evento traumático que representa los ataques del 26 y 27 de septiembre de 2014:

Figura 2. Contexto previo y posterior a los ataques del 26 y 27 de septiembre

Vivencias previas
Interacción con el
de violencia
Ataques aparato de justicia
estructural e
del 26 y 27 Impunidad
institucional
de septiembre Reinscripción de
(violencia física,
de 2014 en la violencia contra
marginación social,
Iguala las víctimas en la
pobreza,
investigación
discriminación)

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 45


Impactos psicosociales específicos para los distintos grupos
de víctimas

Impactos psicosociales en los estudiantes sobrevivientes

Para acercarnos a las secuelas de los ataques en Iguala en los estudiantes


normalistas sobrevivientes retomamos dos conceptos principales: el de “Trastorno
de Estrés Post Traumático” —en el entendido de que la descripción de estos
síntomas no agota los impactos psicosociales— y la “culpa del sobreviviente”.

Trastorno de Estrés Post Traumático


Algunos de los síntomas descritos en el Trastorno de Estrés Post Traumático
son: repetición del evento traumático a través de recuerdos intrusivos o sueños,
disociación y reacciones fisiológicas o de malestar psicológico frente a estímulos
asociados al evento traumático, evitación de estímulos que recuerdan el evento
traumático, irritabilidad, alerta e hipervigilancia, respuesta de sobresalto
exagerada, comportamiento imprudente o autodestructivo, problemas de
concentración y alteración del sueño. Otros síntomas son: la incapacidad de recordar
aspectos importantes del suceso, creencias o expectativas negativas persistentes y
exageradas sobre uno mismo, los demás o el mundo, experimentar sentimientos
de culpa o vergüenza, estado emocional de miedo, terror o enojo y la disminución
importante del interés o la participación en actividades significativas.17

La culpa del sobreviviente


El trabajo terapéutico y los estudios realizados con sobrevivientes del Holocausto
llevaron a varios autores, como Krystal, Lifton y Niederland (citados en Gómez E.,
2013) a profundizar y cuestionar la noción de neurosis traumática. Estos autores
plantearon el “Síndrome del sobreviviente” para describir los cambios adaptativos
y los efectos a largo plazo producidos por eventos traumáticos externos. Según
los hallazgos de estas investigaciones, este síndrome clínico generado por
traumatizaciones severas se caracteriza por: un ánimo depresivo crónico, un
severo y permanente complejo de culpa, una parcial o total somatización, estados
de ansiedad y agitación con insomnio y pesadillas, entre otros. Este síndrome
generalmente se presenta tras un periodo de latencia o un intervalo libre de
síntomas y emerge tras algún evento externo precipitante (Gómez E., 2013: 48).

17
Ver DSM V. Trastorno de Estrés Post Traumático.

46
Gómez (2013) explica que en los sobrevivientes se produce una compleja relación
con la vida y sus significados, marcada por el sentimiento de culpa que se
encuentra bajo la negación o represión y se expresa en tendencias expiatorias u
otros síntomas: “lo que subyace es el acuciante sentimiento de que su vida fue
posible por la muerte de otros”. En este sentido, uno de los impactos observados
es la identificación con la muerte y la dificultad para disfrutar la vida (2013: 49).

Para la autora, una vez acuñado, el término empezó a ser utilizado en la


literatura psiquiátrica para sobrevivientes de eventos de distinta naturaleza,
como catástrofes naturales, con lo cual pierde su especificidad para referirse a
situaciones extremas causadas por otros seres humanos. En este sentido, para
Kijac y Funtowicz (1982, citados en Gómez E., 2013) el uso de este término debe
mantenerse para situaciones que implican:

• Experiencias totalmente desconocidas, sin precedentes en la historia del


individuo.
• Los victimarios son otros seres humanos.
• Las agresiones están respaldadas legalmente y se acompañan de culpa
inoculada por el agresor.
• Los sentimientos físicos y psíquicos a los que son sometidos están
constantemente cercanos al límite tolerable para sobrevivir.
• No existe posibilidad de reaccionar frente a los agresores.
• Las víctimas son obligadas para sobrevivir a realizar conductas que en
tiempos normales no aparecen espontáneamente (Gómez E., 2013: 51).

La autora señala que en este tipo de traumatización los recuerdos traumáticos


“no permiten dejar el pasado en el pasado”. Si bien los contenidos manifiestos
están presentes, las emociones están negadas.

Impactos psicosociales en los estudiantes heridos y sus familiares

Los estudiantes heridos son al mismo tiempo sobrevivientes de los ataques, por
lo que las manifestaciones traumáticas coinciden con los síntomas antes descritos
de estrés post traumático. En el caso del estudiante que se encuentra en estado
vegetativo, su subjetividad fue anulada por la herida de bala que recibió en la
cabeza y sus familiares enfrentan una pérdida ambigua, en la que el cuerpo está
presente pero no la subjetividad. Por otro lado, los estudiantes heridos enfrentan

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 47


las secuelas físicas, en algunos casos repetidas intervenciones quirúrgicas y el
proceso de rehabilitación que interrumpe su proyecto de vida.

Desestructuración familiar y ruptura del proyecto de vida


Las violaciones a los derechos humanos generan afectaciones en el núcleo
familiar, por lo que en general los familiares son a su vez reconocidos como
víctimas. Por ejemplo, frente a la pérdida de los padres u otro miembro de la
familia, los familiares sobrevivientes asumen los roles de la persona ausente
y esto genera una sobrecarga tanto económica como de tareas, y la ruptura
en su proyecto de vida. Otros impactos en las familias tienen que ver con la
estigmatización en sus comunidades y la impunidad (Gómez N., 2004).

En el caso de los familiares de los estudiantes heridos, las familias se organizan


para responder a las necesidades de cuidado y acompañamiento permanente.
Esto significa el desplazamiento de sus comunidades de origen, el abandono
de sus trabajos y de sus propias familias, así como posponer o suspender otros
planes de desarrollo personal o profesional.

Impactos psicosociales en los familiares de los estudiantes privados


de la vida

Duelo traumático
El duelo es el proceso de elaboración psíquica frente a una pérdida. Según
Freud, “el duelo es, por regla general, la reacción frente a la pérdida de una
persona amada o de una abstracción que haga sus veces, como la patria, la
libertad, un ideal, etc.” (Freud, 1992a: 241). Para el autor, el duelo tiene lugar
“bajo el influjo del examen de realidad, que exige categóricamente separarse del
objeto porque este ya no existe más” (Freud, 1992b: 160). De ahí que el aparato
psíquico realiza un trabajo que le permite discriminar la ausencia de la persona
amada como una pérdida definitiva, y recuperar paulatinamente el interés por el
mundo externo. El duelo no es un estado patológico, y por el contrario, si no se
interfiere su curso normal, se supera con el tiempo.

Sin embargo, el duelo no ocurre de manera automática frente a una pérdida.


Darian Leader (2008: 15) señala que:
El dolor tal vez sea nuestra primera reacción a la pérdida, pero el dolor y el duelo no son
exactamente lo mismo. Si perdemos a alguien que amamos, ya sea por muerte o separación,

48
el duelo no es nunca un proceso automático. Para mucha gente, de hecho, nunca tiene lugar
[…] En el duelo, lloramos a los muertos; en la melancolía, morimos con ellos.

El mismo autor recupera una crítica a la perspectiva de Freud sobre el duelo


como un trabajo individual y señala la importancia de los rituales de duelo que
involucran tanto a los dolientes como a la comunidad. Para Pelento y Braun
(1985), dos elementos fundamentales para el desarrollo de un proceso de duelo
son: a) el conocimiento directo o la información adecuada de la muerte de la
persona y de sus causas; b) la existencia de ciertos elementos simbólicos entre los
que podríamos incluir: los rituales funerarios, las prácticas comunitarias y una
adecuada respuesta social.

Las muertes violentas en el contexto de violaciones a los derechos humanos


implican, por un lado, pérdidas abruptas, inesperadas y violentas, y por el otro,
también suponen otras pérdidas en lo social: la del microgrupo social de pertenencia
y referencia, disgregado por el terror que produce la pérdida de la representación
grupal en el aparato psíquico, sostén de la identidad y de las normas de
interacción y de los valores e ideales sociales; y del macrogrupo social, que queda
sumido en una situación de irracionalidad y confusión (Pelento y Braun, 1985).
Se trata de pérdidas que arrastran otras pérdidas, entre ellas, las creencias sobre
sí mismo, los otros y el mundo. En tanto agentes del Estado están involucrados en
la privación de la vida, por acción u omisión, también inscriben un sentimiento de
vulnerabilidad en los dolientes, derivado del hecho de que quién debería velar por
su seguridad no la garantiza, e incluso es quien comete las agresiones.

Estas pérdidas tienen un carácter traumático, puesto que “no hay lugar ni tiempo
para dar cuenta, a través de la palabra, de la violencia que ha empujado a la
muerte abrupta de un ser querido. Estas pérdidas, en su dimensión traumática
exceden el orden de lo imaginario y el campo de lo simbólico” (Soria et al., 2014).

En estos casos, el trabajo de duelo está particularmente ligado a las respuestas


sociales e institucionales. La búsqueda de verdad y justicia de las víctimas juega
un doble papel, pues los procesos jurídicos permiten simbolizar la pérdida y
reconocerla socialmente, así como reconstruir el mundo social basado en normas
éticas de convivencia. En muchos casos, se advierte que el duelo queda en
suspenso hasta que existen condiciones sociales de reconocimiento de la pérdida.
En cambio, la búsqueda de justicia se convierte en el centro del proyecto de vida

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 49


de las víctimas, lo cual permite una vía provisional para el duelo y les permite
superar su situación de victimización para convertirse en sujetos activos de
transformación social.

En este sentido, la impunidad se convierte en un obstáculo en el proceso de


duelo. Para Echeburúa et al. (2004), la muerte violenta e imprevista de un hijo es
un evento traumático. Frente a esta pérdida, el proceso de duelo está relacionado
tanto con el modo de muerte y el impacto traumático para los padres, como con
el contexto social de apoyo, o aislamiento y estigmatización de la víctima, y la
sanción penal al responsable.

Existe un suceso traumático que se funde con el duelo, y es la muerte de un hijo. La


pérdida de un hijo joven puede ser el factor más estresante en la vida de un ser humano,
especialmente si se produce de forma imprevista y violenta, como ocurre en el caso de
un asesinato o de un suicidio. En concreto, hay una diferencia notable entre el duelo y
la aflicción por la muerte de un joven y el dolor experimentado por el fallecimiento de
una persona anciana que ha visto completada su vida. La muerte de un hijo es un hecho
antinatural, una inversión del ciclo biológico normal, que plantea a los padres el dilema
del escaso control que hay sobre la vida. Es más, alrededor de un 20% de los padres que
pierden a un hijo no llegan a superarlo nunca. (Echeburúa y Corral, 2001)

El dolor de los padres es mucho más intenso cuando ha habido una doble victimización
(por ejemplo, en el caso de una joven violada y asesinada), cuando el agresor no ha sido
detenido, cuando de algún modo se atribuye lo ocurrido al estilo de vida de la víctima
(a una vida licenciosa, por ejemplo), cuando no ha aparecido el cuerpo de la víctima o
cuando, como ocurre habitualmente en el caso de un suicidio, los padres pueden sentirse
responsables de lo sucedido. (Echeburúa et al., 2004)

Según Spungen (1998),18 en los casos de duelo por homicidio la ausencia de castigo
dificulta la adaptación a la pérdida, fijando a los dolientes a emociones como
ira, culpa, depresión, impotencia y frustración, e impidiendo que surjan nuevos
intereses y que la muerte sea asimilada. La falta de sanción a los responsables
es un factor que obstaculiza dar un sentido a los hechos, reconstruir vínculos
basados en la confianza y la convivencia en comunidad.

De este modo, en los procesos de duelo traumático en contextos de impunidad se


observan sentimientos de ira, rabia, impotencia, que se canalizan en la búsqueda
de justicia para restituir el orden simbólico del mundo en el proceso de duelo. La

18
Citado en Corredor, 2002.

50
dignificación de las víctimas, el esclarecimiento de los hechos y la participación
activa en las investigaciones forman parte de esta constelación de formas de
afrontamiento y elaboración del duelo.

En este sentido, la privación de la vida de seis personas, entre ellas las de tres
estudiantes normalistas, constituye para sus familiares y allegados un duelo
traumático. La búsqueda de justicia forma parte de la elaboración de la pérdida.

Impactos psicosociales en los niños y las niñas

Desarrollo infantil y duelo frente a la desaparición forzada


El desarrollo infantil atraviesa por diversas tensiones comunes, y frente a
ellas habrá reacciones normales que le permiten al niño y la niña conocer su
entorno y cómo enfrentarse a él. Algunos infantes responderán con cambios de
comportamiento abruptos, pero temporales, frente a esas tensiones, mientras los
padres son los encargados de aliviar los niveles de angustia. El desarrollo de algún
trastorno en la infancia estará relacionado a tensiones extremas y cuando los
adultos no pueden ayudarle a incorporarlas. Su desarrollo cognitivo, emocional
y social determinaran lo que siente y como puede resolver las dificultades del
ambiente (Wolff, 1985).

La muerte es una de estas situaciones extremas que implica cambios en la


construcción de la subjetividad de los niños y las niñas. El duelo que viven frente
a la muerte de un ser querido es una pérdida que pueden ir adaptando a lo largo
de su vida. Para Bowlby (1983) esto dependerá de la edad en la que ocurre
la muerte, la causa de la muerte, el propio proceso de duelo de los adultos y la
manera en que hablen sobre ella, las reacciones familiares y la comunicación, el
rol y el lazo afectivo que la persona que murió tenía con el niño.

Las reacciones del niño frente a la muerte, como se ha mencionado, dependerán


de la edad que tenga; entre los cuatro y cinco años su respuesta puede ser de un
asombro pasajero o de indiferencia; entre los cinco y los ocho años, la muerte le
genera interés, se muestra agresivo y con miedo, la asocia como un castigo frente
a algo “malo” que se supone hizo, pero sigue siendo para ellos algo reversible.
Es a los nueve años que tiene una explicación racional, muestra reacciones de
tristeza y miedo. Cuando la muerte de uno de los padres se registra entre los
tres y cuatro años, los niños son más vulnerables, pues es durante este periodo

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 51


cuando ocurre el proceso de identificación; el desarrollo de la personalidad se
ve gravemente afectado y resulta visible en la adolescencia. Aunque los otros
adultos pueden constituir nuevos modelos de identificación, el tiempo que pasa
para que la familia se reacomode o se defina quien será el tutor, para el niño o la
niña queda suspendido. El dolor y la rabia permean la experiencia traumática y
forman las memorias de la infancia; ambos sentimientos hablan del sentimiento
de orfandad y el miedo al abandono total con el que los niños y las niñas van
creciendo frente a la ausencia (Wolff, 1985).

Las situaciones de tensión que atraviesa el niño son experiencias que le permitirán
generar modelos para manejar el peligro. La representación de lo que es peligroso
cambia a lo largo de la vida y los intentos serán siempre por generar situaciones
de seguridad; sin embargo, hay experiencias como la desaparición forzada que
irrumpen y destruyen esa posibilidad. Hechos traumáticos como éste generan en
los niños y las niñas un sentido de vulnerabilidad constante y permanente sobre
la propia seguridad y destino, lo que genera sentimientos de terror e impotencia
en respuesta a lo que sucede. Esta sensación de vulnerabilidad impide volver a un
estado de seguridad mínimo (NCTSN, 2004).

La desaparición forzada tiene implicaciones que vulneran el desarrollo de


los niños y niñas al comprometer sus relaciones primarias, que lo proveen de
confianza y seguridad. El duelo frente a esta ausencia está imposibilitado dada la
ausencia o distorsión de la información sobre la pérdida de sus familiares. No hay
certeza de la muerte y las relaciones afectivas con otros adultos se ven afectadas
por sus propias reacciones frente a la desaparición forzada, caracterizadas por una
alta dosis de incertidumbre y de preguntas sobre el paradero de sus familiares. La
información nunca está completa y a la que se les brinda acceso es compleja. En
algunos casos los cuidadores de niños y niñas intentan protegerlos de la realidad
dolorosa, de la información carente de confianza, por lo que se guarda silencio
respecto a lo que pasa con su familiar, todo con el fin de mantenerlos seguros.
Pero los niños y niñas hacen algo similar: ellos no preguntan a los adultos, pero
los miran tristes, preocupados, enojados; todos saben que pasa algo, pero intentan
protegerse mutuamente con el fin de no causar más dolor (Beristain, 2011).

Como se describió antes, la desaparición forzada implica una pérdida ambigua,


que no puede significarse como definitiva debido a la falta de información sobre
el paradero de la persona. Esto genera en los familiares un estado de duelo

52
congelado. La incertidumbre opera en dos sentidos: descaracteriza el objeto
amado por suponerlo muerto, al mismo tiempo que lo caracteriza pues podría
estar vivo (Martínez, 2006).

Situación traumática y afectación en la vida de los niños y niñas


Toda situación política y social producida por las graves violaciones a derechos
humanos presenta características traumáticas, basadas en el contexto de
inseguridad y debido a lo abrupto de los hechos violentos que se prolongan.

Para Maciel y Martínez (2006), la situación traumática es el acto en el cual los


niños y las niñas son separados de sus padres de forma violenta y forzada, lo
que produce un cambio en la familia. Los niños y las niñas pueden sufrir las
consecuencias de una situación traumática de manera directa 1) porque viven los
hechos; 2) por la transmisión del trauma que vivieron sus padres o cuidadores; y
3) por la desestructuración de su mundo familiar y social. En el contexto de graves
violaciones a los derechos humanos ocurren estas tres condiciones traumáticas
al mismo tiempo. Los niños y las niñas viven de manera directa los impactos
de pérdidas ambiguas y violentas, pero también sus padres o cuidadores, de
tal forma que no logran tener soporte frente a los impactos que originan estos
hechos. El mundo familiar es impactado por las pérdidas y el trauma, y en el
caso de las desapariciones, se reorganiza en función de la búsqueda. Por último,
el mundo social también se desestructura por la significación de la participación
del Estado en las violaciones y la impunidad. De esta forma, los niños y las niñas
experimentan en los casos de graves violaciones a los derechos humanos una
situación de catástrofe social.

Los hijos e hijas de padres desaparecidos, así como los infantes que vivieron
los hechos de la desaparición forzada son la segunda generación a la que se
le transmite el discurso de la ausencia como violencia política, y en la cual
hay repercusiones directas en su historia personal. El daño que constituye es
transmitido a las generaciones siguientes.

Las consecuencias más importantes de la violencia política tienen que ver con
los procesos de identidad de los niños y la reestructuración familiar (Mardones
y Cheuque, 2010).

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 53


Reestructuración familiar y construcción de la identidad
Dentro de los impactos en las familias de desaparecidos se señala el incremento
del estado de carencia, caracterizado por la ruptura en la estructura familiar por
la ausencia del familiar, que en ocasiones es el proveedor principal o un apoyo
fuerte para el sustento, lo que precariza aún más la situación económica de la
familia, modificando profundamente sus relaciones. El rol activo de las mujeres
madres, tanto para garantizar el ingreso económico en beneficio y cuidado de los
hijos, como en la búsqueda de su familiar, les representa cargas extras aunadas a
los impactos emocionales y físicos de cada integrante de la familia, lo que genera
ansiedad, preocupación y deja vulnerado el sentido de seguridad (Martínez,
2006; caps, 2003).

Los cambios que se han señalado repercuten directamente en la construcción


de la imagen de sí mismos y en su identidad. Los referentes de seguridad y
confianza que procuran los padres se ven comprometidos dadas las condiciones
de vulnerabilidad e inestabilidad que genera la desaparición forzada y la
amenaza de que vuelva a ocurrir.

Todos estos cambios implican una situación específica para los niños y las
niñas, en particular en sus necesidades emocionales, las cuales no pueden ser
identificadas y atendidas, pues los adultos están concentrados en lidiar con sus
propios impactos y al mismo tiempo resolver las necesidades prácticas.

Impactos de la ausencia en niños y niñas


Los impactos de la desaparición forzada en los niños afectan considerablemente
su desarrollo físico, psíquico y social. La ruptura de los lazos familiares, sociales
y comunitarios hace que se cuestione lo que hasta entonces se tenía como
símbolo para dar sentido a lo cotidiano, como la justicia o el bien y el mal,
que en otro momento ayudaban a elaborar el dolor frente a una pérdida. El niño
pierde de golpe la estabilidad de su familia sin saber lo que ocurre a sus ser
querido, si está vivo o muerto, si puede regresar a su casa cuando han tenido
que abandonarla, viviéndolo como un estado de confusión continuo, por lo que
cambian las formas en cómo se relaciona con los demás (Maruquebreucq, 2005).

En estudios que evaluaron el efecto de la represión política en niños mapuches


en Chile, se describió la sintomatología por estos hechos: síntomas somáticos,
labilidad emocional, llanto fácil, dificultades para mantener y conciliar el

54
sueño, disminución o cambios bruscos del ánimo, hipervigilancia, síntomas
ansiosos, reexperimentación del suceso traumático, alteración de las relaciones
interpersonales, dificultades escolares, pensamientos fatalistas y autoagresión.
Síntomas que pudieron encuadrarse en estrés post traumático, depresión
y ansiedad. Estos síntomas y su evolución, más el contexto prolongado de
violencia, implica consecuencias a mediano y largo plazo que afectan la salud y
las posibilidades educativas y laborales de los menores (Mardones, 2010).
Algunos autores dividen los impactos que presentan niños y niñas de acuerdo a
la edad que tenían cuando ocurrieron los hechos (Martínez, 2006):

• Entre los cuatro y seis años de edad, muestran desconfianza e inseguridad,


confusión, es en estos momentos donde entra al mundo social (escuela) en
estas circunstancias el entorno se vuelve amenazante e inseguro.
• Entre siete y nueve años: Enfermedades psicosomáticas, inmadurez
emocional, hiperactividad, conductas autodestructivas, accidentes
contantes, problemas de lenguaje.
• Entre los nueve y doce años: Fobias, enuresis, continuación de enfermedades
psicosomáticas, problemas de sueño y terrores nocturnos, problemas de
aprendizaje y concentración, problemas de conducta y en la relación con
sus pares, poca tolerancia a la frustración, agresividad.
• De doce a quince años: Enfermedades psicosomáticas, enuresis,
trastornos de sueño y terrores nocturnos, problemas en las relaciones
sociales, desconfianza, accidentes o autolesiones, predisposición al uso de
sustancias.
• La entrada a la adolescencia permite una organización mayor de la realidad
y la violencia vivida, pero no por ello deja de presentar sentimientos de
rabia o impotencia, influida por el contexto, con el mayor efecto en las
relaciones interpersonales (Mardones, 2010).

Para todos los grupos de edad se identifican problemas de adaptación y resistencia


al cambio, problemas de autoimagen y conductas adultas. Estos niños desarrollan
un sentido de alerta permanente para evitar que lo ocurrido pase de nuevo, como
un intento de recuperar el control. Frente a graves violaciones de derechos
humanos, los niños han tenido que adoptar conductas o respuestas como adultos
para tratar de entender lo que sucede. El niño es sensible a lo que sucede,
prevalecen las relaciones tensas, con un profundo sufrimiento post traumático,
que expresará a través de su cuerpo y de su juego (Maruquebreucq, 2005).

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 55


Durante la adolescencia aparece una posibilidad de apropiarse y de generar un
sentido a la información con la que cuentan con la intensión de crear su propia
historia. En esta etapa de desarrollo existe la necesidad de buscar y conocer
nuevas fuentes que den información sobre sus padres y/o familiares. Kordon y
Edelman (eatip, 2009) señalan:
El trabajo de investigación, de búsqueda de construcción del padre o madre desaparecidos,
constituye una necesidad identificatoria. Es un trabajo intersubjetivo de construcción de
memoria, que ocupa centralmente el interés del sujeto en este periodo de la vida.

Cuando existe una posibilidad de elaborar estas experiencias, se expresaran en


recuerdos, en aprendizajes, en las elecciones que se van tomando; cuando no
hubo posibilidad de elaborar el hecho traumático esto se expresara en problemas
exacerbados en la familia, silencio permanente sobre lo que ocurrió y lo que
ocurre, aislamiento, sensación de ser diferente a todos los demás, la idealización
del familiar desaparecido. Las huellas psíquicas darán estructura a la vida actual
de los jóvenes como de su futuro (eatip, 2009).

Los impactos se recrudecen al no haber certeza de lo que ocurrió con sus familiares,
se mantiene la esperanza de que estén vivos pues en la medida en que no hay
información verdadera y confiable que apunte a lo contrario (eatip, 2009). Ellos
mismos elaboran hipótesis para explicar que es lo que ha ocurrido con sus familiares.

Es importante destacar que cada cambio en la conducta de los niños, en un contexto


de desaparición forzada, puede relacionarse con una manifestación de duelo.

Posibilidades de elaborar el trauma de la desaparición forzada en los niños y niñas


La fantasía juega un papel importante en el desarrollo de los niños y las niñas
para explicarse el mundo, es una combinación entre lo que pasa fuera de ellos
y ellas y lo que ocurre en su interior, transformando y creando sus propias
explicaciones y generando opciones del ser y estar en su entorno. En eventos
traumáticos como el que nos ocupa, parte de las posibilidades para entender
lo que está pasando es crear, a partir de la fantasía, por ejemplo, intentos por
cambiar los roles al interior de las familias. Algunos niños suponen tomar el
lugar del familiar ausente o intentan hacerse responsables de lo que ocurre en
casa o del cuidado de los hermanos menores, se sobre exigen como un intento por
apoyar a sus padres, evitando conflictos mientras ellos no están en casa.

56
Cobra importancia que los adultos puedan hablar de manera sencilla con ellos,
explicando el contexto, qué es lo que ha pasado a lo largo de este tiempo, qué es
lo que han hecho para conocer la verdad de lo ocurrido, cómo se sienten ellos
mismos, señalar el papel de las autoridades en la investigación de los hechos,
nombrando a los aliados, resaltando lo que cada familiar realiza para continuar
con la búsqueda de sus seres queridos, de verdad y justicia. Esto ayuda a los
niños y niñas a que disminuyan la sobreexigencia y la tensión, y generen medios
reparadores que les permitan seguir dando sentido a lo que no lo tiene.

La historia y la memoria del familiar desaparecido crean un registro


simbólico: los niños y las niñas crecen en un contexto social y cultural que
cuestionara el poder y las formas que utiliza el Estado para imponer un
orden social. Los niños son parte del dolor que se prolonga por la ausencia de
sus familiares. El significado político que los infantes puedan elaborar sobre la
desaparición forzada y la búsqueda construye memorias que pueden dar salida
a esta experiencia traumática. Hablar del familiar ausente, sobre lo que hacía, lo
que le gusta, su relación con él, da una oportunidad para que los niños y las niñas
puedan reconstruir su propia memoria, de tal forma que se construya otro relato
frente al oficial sobre la persona ausente (Verdejo, 2014).

Impactos psicosociales en los familiares de los estudiantes desaparecidos

Desaparición forzada y duelo congelado


La desaparición forzada es una de las formas de traumatización extrema
producidas por graves violaciones a los derechos humanos. A diferencia de la
tortura y de las ejecuciones extrajudiciales, la desaparición forzada implica
la negativa oficial a reconocer la detención y dar información sobre el paradero
de las personas desaparecidas, de tal forma que los dolientes y sus comunidades
no tienen certeza de la suerte de sus seres queridos ni pueden recuperar el cadáver
para cumplir con “el rito primordial de los seres humanos, que es el de enterrar
a sus muertos19” (Castillo, 2013: 105). Es decir, la desaparición forzada produce
una forma de pérdida particular en la que las condiciones antes mencionadas
para que se ponga en marcha el trabajo de duelo están ausentes (el examen de
realidad y el contexto social que favorece simbolizar la pérdida). Se trata de

19
Castillo (2013) realiza un recorrido sobre algunos rituales de duelo en distintas culturas y su función de soporte del
proceso de duelo intrapsíquico.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 57


una pérdida ambigua por la imposibilidad de constatar si la persona está viva o
muerta (Boss, 2001). Esta característica de la desaparición forzada ha generado
una reflexión sobre las consecuencias en la subjetividad de los familiares de las
personas desaparecidas y, específicamente, alrededor de la pregunta sobre si es
posible un proceso de duelo en casos de desaparición forzada.

En el caso de la desaparición forzada y la desaparición de personas, el trabajo


de duelo se ve imposibilitado por el hecho de que no hay nada que permita a los
familiares constatar que su ser querido está vivo o muerto. La dolorosa ausencia
no logra anclarse en ninguna certeza que permita realizar la elaboración psíquica
en dirección a la asimilación de la pérdida como definitiva, es decir, propiamente
un proceso de duelo (Kordon, 1991) e inhibe las respuestas sociales de apoyo y
los rituales con los que culturalmente se acompaña a los dolientes y se reafirman los
vínculos de la comunidad frente a la pérdida (Fernández Liria, s/f).

Otros autores han utilizado el término “duelo congelado20” para explicar el


estancamiento del proceso de duelo en los familiares de personas desaparecidas
debido, por un lado, a que la realidad externa no permite iniciar un proceso de
duelo en tanto no existe certeza sobre el paradero de la persona desaparecida,
y por otro lado, a que las exigencias concretas de búsqueda no dejan lugar para
llorar o simbolizar la pérdida. En consecuencia, aparecen síntomas tales como
cuadros depresivos y la repetición traumática, impedir representaciones témporo-
espaciales y un vacío de palabras para denominar estos hechos (Pelento y Brown,
citado en Castillo, 2013).

Por otro lado, como experiencia traumática, la desaparición forzada genera una
ruptura en el proyecto de vida y de las creencias básicas sobre el yo, los otros y el
mundo social, que tienen la función preservar el sentido de predictibilidad, control
y seguridad. Estas creencias básicas funcionan de manera implícita y se refieren
a la benevolencia del mundo y la gente o los otros, la naturaleza significativa y
con sentido del mundo, y la valía del sí-mismo o un yo digno de respeto (Janoff–
Bulman, 1992).21 La vivencia de desamparo frente a las desapariciones también
cuestiona las creencias espirituales y religiosas de las víctimas.

20
Ignacio Maldonado y Estela Troya (1988), citados en Castillo (2013).
Para profundizar en este tema, ver: Arnoso, et al. Violencia colectiva y creencias básicas sobre el mundo, los otros y el yo.
21

Impacto y reconstrucción. Disponible en: [Link]


cias+b%C3%A1sicas+sobre+el+mundo+los+otros+y+el+yo+Impacto+y+reconstrucci%C3%B3n.

58
La psicóloga chilena María Isabel Castillo identifica una serie de momentos o etapas
en el proceso de duelo de los familiares de personas desaparecidas a partir de su
trabajo clínico. A continuación, se presenta una breve síntesis a modo de guía para
comprender algunos elementos particulares del duelo, y no como etapas claramente
delimitadas. La autora señala que este proceso se encuentra en relación dialéctica
con el proceso social y político en que se encuentra inserto, y que puede implicar
nuevas vivencias retraumatizantes.

Primer momento: búsqueda y asimilación de la situación de “desaparecido”. Se


caracteriza por la búsqueda del familiar detenido o secuestrado, la ausencia es
vivida como transitoria y se mantiene la esperanza de que se encuentre con vida.
Con el tiempo, se empieza a asumir al familiar ausente como “desaparecido”,
definición imprecisa y contradictoria que se caracteriza por la imposibilidad de
probar la muerte de la persona ausente.

Segundo momento: enfrentar la posibilidad de vida o muerte. Aparecen fantasías


de torturas, vejaciones, y un deplorable estado físico y psicológico asociados
a la posibilidad de la muerte: “Junto con el recuerdo del familiar vivo y de la
esperanza del encuentro, se le imagina desvalido y sufriente” (Castillo, 2013: 127).
En esta etapa también se despliegan esfuerzos organizativos, de movilización
y denuncia de los familiares. Castillo observa un estado de angustia contenida y
la aparición de reacciones depresivas evidentes o enmascaradas. “La oscilación
del estado de ánimo depende de los acontecimientos, configurándose verdaderos
ciclos de esperanza-frustración” (Castillo, 2013: 127), así como estigmatización
social, que genera aislamiento y sufrimiento en los familiares. Asimismo, señala
que las desesperanzas y frustraciones impactan en las relaciones interpersonales
al interior de las familias.

Tercer momento: enfrentar la posibilidad concreta de que el familiar desaparecido


haya sido asesinado. Según la autora, a pesar de que se pueda identificar el
momento en que el familiar significa subjetivamente la desaparición como
muerte, la pregunta siempre retorna. Asumir conscientemente la posibilidad
de la muerte en un contexto de falta de reconocimiento oficial significa para los
familiares auto-responsabilizarse de la muerte, con los sentimientos de culpa
concomitantes (darlo por muerto equivale a matarlo). La ausencia de certeza
impide sustituir “desaparecido” por “muerto”, de tal forma que el desaparecido
se erige en un “muerto-vivo”. A nivel personal, esto desencadena severos

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 59


cuadros depresivos, desestructuración emocional, sentimientos de angustia y
desesperanza, y la negación consciente de la posibilidad de muerte.

Como se puntualizó antes, estos impactos y reacciones se superponen en el


proceso de duelo de los familiares, y no pueden delimitarse esquemáticamente
dentro de cada etapa. En este sentido, la búsqueda por parte de los familiares es
una constante durante todo el proceso y se convierte en la vía para enfrentar el
dolor y subjetivar la pérdida. La búsqueda de los desaparecidos también es la
tarea alrededor de la que se cohesiona la organización de los familiares.

Castillo además da cuenta de lo que ha sucedido con los familiares a quienes


fueron entregados los restos de sus desaparecidos y enfrentan la certeza de la
muerte violenta y traumática de su familiar; con los familiares que esperan
encontrarlos para iniciar un proceso de duelo, y con aquellos familiares que no
quieren encontrarlos y enfrentan la ambivalencia entre la necesidad de saber y
el sentimiento de no poder soportar las atrocidades cometidas contra sus seres
queridos y encuentran otras formas de simbolizar el vacío que deja la desaparición.
Finalmente, la autora estudia los impactos retraumatizantes en los familiares que
recibieron los restos de sus seres queridos y más de diez años después fueron
informados que éstos fueron erróneamente identificados.22 Es decir, los restos
que recibieron y a quienes dieron sepultura no corresponden a su familiar
desaparecido. Para estos familiares, la noticia representa un acontecimiento
traumático que implica reiniciar la búsqueda, revivir el proceso de duelo, las
fantasías sobre cómo fue asesinado y torturado, y sentimientos de impotencia por
no poder ayudarlo. Algunos familiares citados por la autora describen la vivencia
de que su familiar “vuelve a desaparecer”, y sentimientos de rabia porque “no se
puede jugar con el dolor nuestro” (Castillo, 2013: 132).

Si bien los avances de la ciencia forense han permitido identificar y devolver los
restos de las personas desaparecidas a sus familiares, también es cierto que abre
una problemática en relación con los procesos de duelo, como muestra el caso
anterior estudiado por Castillo. Esto es particularmente relevante en el caso de
México donde, producto de la presión de los colectivos de familiares de personas

22
Se refiere a los restos encontrados en el Patio 29 del Cementerio General de Santiago de Chile a principios de la década
de los 90, identificados por el Servicio Médico Legal como los restos de 98 personas desaparecidas. Estos restos fueron
entregados a sus supuestos familiares, quienes lo enterraron con los rituales correspondientes. En abril de 2006, se informa
que 48 personas fueron erróneamente identificadas y que existen dudas sobre la identificación de otras 37 personas.

60
desaparecidas, se ha encontrado una gran cantidad de restos de personas no
identificadas en fosas comunes o clandestinas. En este sentido, se pueden apuntar
dos consecuencias de los hallazgos de restos de personas no identificadas:

a) La manera en que los perpetradores disponen de los restos y el estado en


el que son encontrados genera una vivencia traumática para los familiares
de personas desaparecidas, incluso cuando no se tiene certeza de que se
trate de su ser querido. Esto confronta a los familiares con la posibilidad
de muerte y genera fantasías angustiantes sobre la tortura que su familiar
podría haber sufrido antes de ser privado de la vida.

b) Durante los procesos oficiales de identificación forense y de notificación


de los resultados a los familiares se suscitan eventos retraumatizantes,
como irregularidades en la identificación, que cuestionan la validez de los
resultados. Esto revive el dolor de la pérdida y las fantasías atormentadoras
sobre la manera en que el ser querido habría muerto, pero no permite iniciar
el duelo debido a las dudas y la falta de legitimidad de las instituciones. En
otros casos se realizan las notificaciones de forma inadecuada o directamente
se difunden en medios de comunicación sin informar previamente a los
familiares, incluso cuando no existen pruebas contundentes. Esto genera,
además de las consecuencias antes descritas, presión social sobre los
familiares para que acepten la muerte de sus seres queridos.

De este modo, los procesos de duelo que enfrentan los familiares se complican
por las características propias de la desaparición y por los impactos de la
búsqueda e identificación forense. Frente a las irregularidades o la manipulación,
los familiares viven un nuevo ataque a su dignidad y el sentimiento de burla, así
como procesos de duelo manipulados y traumáticos.

La función de lo social en el duelo por desaparición forzada


Diversos autores señalan que en el contexto de las dictaduras militares en el Cono
Sur operó en la población un mecanismo de defensa que llamaron “desmentida
social” (Castillo, 2013) y que consiste en la negación de la realidad de las
desapariciones. Este mecanismo tiene como consecuencia el confinamiento de la
experiencia de las víctimas al ámbito privado, el aislamiento y la marginalización.
La falta de reconocimiento social de su dolor profundiza la desestructuración
psíquica que produce la desaparición (Pizarro y Wittebroodt, 2002).

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 61


Si bien el aparato psíquico queda atrapado en la ambigüedad y en el dolor de la
pérdida traumática, esto no significa que no se desplieguen otras formas de
subjetivar la pérdida apoyadas en procesos sociales.

Así también hay quienes buscan poner a funcionar el Otro Social tal como lo hicieran las
Madres de Plaza de Mayo en la Argentina. Acto que produjera subjetividades y admitiera
algún duelo posible donde parecía no poder haber “trabajo” de duelo: sin tumbas, sin
muertos, sin cuerpos, hubo una articulación —producida desde las Madres mismas—
entre lo público, lo privado y lo íntimo que fue permitiendo alguna subjetivación. Todo
esto desde el más absoluto abandono y vacío del Otro Político, Jurídico y Social, autores
responsables, además, de la desaparición de sus hijos. (Elmiger, 2010).

Tanto los estudios a partir del trabajo clínico con familiares de personas
desaparecidas en las dictaduras militares en el Cono Sur durante los últimos
años del siglo pasado, como las distintas formas de respuesta de los familiares
a las desapariciones recientes en México, dan cuenta de un proceso dinámico
inseparable del contexto social y político en el que las desapariciones son
producidas.

La movilización y denuncia de diferentes grupos de familiares de personas


desaparecidas en México, desde la Guerra Sucia hasta la actualidad, ha
permitido el reconocimiento de las desapariciones como una realidad y, por
lo tanto, reconocer el dolor y la pérdida ambigüa que enfrentan los familiares.
Las movilizaciones, sobre todo en el caso de Ayotzinapa, llevaron al ámbito
público las desapariciones y exigieron respuestas desde el Estado. Incluso se
han desplegado desde la sociedad civil formas de inscribir la pérdida y el vacío
de la desaparición, tales como monumentos y memoriales, así como actividades
conmemorativas. En ese sentido no se trata de una “desmentida social”, como en
el caso de Argentina. Sin embargo, los familiares de personas desaparecidas se
enfrentan a mensajes contradictorios, pues a pesar del reconocimiento oficial y
social de las desapariciones, no existen mecanismos de búsqueda e investigación
efectivos que permitan esclarecer los hechos, sancionar a los responsables y
encontrar a los desaparecidos. El concepto de “doble vínculo” puede ser útil para
comprender la experiencia de los familiares de personas desaparecidas. El doble
vínculo fue propuesto por Gregory Bateson y consiste en “todo tipo de mensajes
contradictorios emitidos simultáneamente, sea por los miembros de su familia,
sea por la familia de un lado y por la sociedad del otro” (Roudinesco y
Plon, 2008: 233). Esta situación profundiza la vivencia de impotencia, frustración,
desamparo y desesperación en los familiares de personas desaparecidas, y
62
deteriora la confianza en las instituciones del Estado. A nivel social, se envía un
mensaje de simulación y de confusión.

Por otro lado, las organizaciones de familiares de personas desaparecidas han


logrado el reconocimiento social y jurídico de las personas desaparecidas.23
Como señala Kordon (1991) para el caso de Argentina, esto ayuda a que no sea el
familiar quien deba definir la muerte, con los sentimientos de culpa concomitantes.
Por el contrario, el soporte de la figura del desaparecido ha permitido relevar a
los familiares del mandato de aceptar la muerte frente a la falta de evidencia
que permita un proceso de duelo en esta dirección. Es decir, la categoría del
desaparecido permite el reconocimiento del estatus jurídico de la persona pero
también de la situación psicológica de sus familiares.

Las respuestas frente a la desaparición también dan cuenta de la dimensión


psicosocial de los procesos internos de las víctimas. Por ejemplo, la lucha por la
justicia tiene una función en el proceso de duelo, como forma de dar sentido a
la pérdida pero también de reconstruir el orden simbólico del mundo social.

Esta demanda de justicia, que garantice la existencia del orden simbólico, y más aún, la
inscripción de la demanda de justicia en el movimiento social en su conjunto, constituye
un aspecto interno a la subjetividad en la superación del trauma vivido. Esto está ligado a
la no marginalización. Es por esto, insistimos, que hablamos de la inscripción psicosocial
del duelo. (Kordon, 1991: 3).

La misma autora señala cómo, en el contexto de los colectivos de familiares


de personas desaparecidas, las personas pasan de la búsqueda del hijo propio
o familiar, a la búsqueda de todos los hijos, y a demandar justicia y cambios
estructurales para que las desapariciones no sigan ocurriendo.

Las organizaciones de familiares y de la sociedad civil como soporte frente


a la desaparición.

La organización de los familiares permite la articulación de formas colectivas de


afrontamiento frente a la desaparición forzada, como la denuncia y la búsqueda.
Además, la participación en colectivos es fundamental como soporte psíquico
frente al ocultamiento, la manipulación de la verdad y la negación oficial
de las desapariciones.

23
Ejemplo de esto es que en México, la Ley General de Víctimas reconoció en el año 2013 el estatus jurídico de “ausencia
por desaparición”, a pesar de que no se ha armonizado hasta la fecha en las normas civiles estatales.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 63


Frente a una situación paradójica (ni vivo ni muerto), traumática, desorganizadora
y potencialmente psicotizante, los colectivos de familiares han mostrado cumplir
un papel reorganizador porque permite construir las representaciones sociales
sobre las que se apoya el principio de realidad para elaborar la pérdida ambigua
del desaparecido. Kordon (1991), retomando a Bruno Bettelheim, explica la
función preservadora del aparato psíquico de las organizaciones de desaparecidos
en tanto fuente de identidad y pertenencia:

Por otra parte, el grupo de madres cumplió una función que podemos definir como protésica
y proteica. Protésica en el sentido que el grupo sirve de apoyo al psiquismo en riesgo
de desestructuración. Esta función de apoyo ha sido descrita también por Bettelheim.
Cuando se habla en un grupo de espíritu de cuerpo, de cuerpo grupal, de miembros de
grupo, esto está vinculado a un aspecto que en los momentos de crisis, de emergencia,
es fundamental para la preservación del psiquismo. El sujeto no está solo, aislado, roto
ni prisionero de sus fantasías más catastróficas, hay un cuerpo grupal (sustituto de las
primeras figuras protectoras) que lo sostiene, lo reconoce como parte de sí, funciona como
marco de apoyatura de una identidad, otorga y asegura pertenencia frente a la indefensión.
Además, la participación en estos grupos tuvo una función proteica, en el sentido de
aquellas transformaciones que podemos definir como de enriquecimiento yoico, operadas
en quienes participaron en ellos (Kordon, 1991: 3).

El grupo también es una fuente de crecimiento post traumático, que permite


la adquisición de nuevas herramientas para hacer frente a la desaparición, la
reconstrucción de los vínculos sociales fracturados por las violaciones a los
derechos humanos y la reorganización del orden simbólico del mundo. Al mismo
tiempo, las organizaciones están expuestas a las tensiones que implican las
vivencias de frustración e impotencia frente a la impunidad, así como al desgaste
de la movilización permanente.

Frente a la ruptura del Estado como garante de los derechos humanos y la


vivencia de vulnerabilidad de las víctimas, las organizaciones de la sociedad
civil que proveen asesoría técnica jurídica, forense y de apoyo psicosocial, así
como organismos internacionales de derechos humanos, entre otras, permiten el
restablecimiento de vínculos basados en un proceso de construcción de confianza
y cumplen un papel de protección frente al ocultamiento y la manipulación de la
verdad que caracteriza la desaparición forzada. En este sentido, la capacidad de
las organizaciones en conjunto con las víctimas para posicionar narrativas que
desmontan las versiones oficiales cumple una función de soporte psíquico para
ellas. Finalmente, la movilización y las expresiones de solidaridad forman parte
de este contexto social de validación del sufrimiento de las víctimas.
64
Desaparición forzada e impunidad
La desaparición forzada es un delito de carácter continuo, no cesa de cometerse hasta
que se encuentra el paradero de la persona desaparecida. Esto tiene consecuencias
jurídicas, al mismo tiempo que genera impactos psicosociales particulares en
los familiares, para quienes la desaparición sigue ocurriendo. A diferencia de
otros eventos traumáticos cuya sintomatología tiende a disminuir con el tiempo,
la incertidumbre, la angustia, la ansiedad, la desesperación y el dolor emocional
aumenta con el paso del tiempo por no tener noticias sobre la suerte de su ser
querido. Este también es el caso de las desapariciones cometidas por particulares.
En ambos casos, los familiares tienen una necesidad imperiosa de saber.

En la medida en que la impunidad, entendida como la omisión de buscar e


investigar los hechos, impide saber la verdad, perpetúa el grave daño psicológico
que viven las víctimas. Cuando las autoridades no hacen lo que tienen que hacer
frente a las desapariciones, generan un daño psicológico en los familiares, que ven
frustradas sus expectativas en las autoridades y la confianza en el Estado, la cual,
ya dañada, se deteriora aún más. Por otro lado, la falta de búsqueda e investigación
por parte de las autoridades deja a los familiares vulnerables frente a personas o
grupos que pueden intentar extorsionarlos a cambio de información, y los empuja
a realizar acciones de búsqueda e investigación por sus propios medios, a pesar de
los riesgos que implica para su vida o su integridad física y psicológica.

La impunidad, como se describió antes, no se trata solamente de la omisión


sino que se apoya en mecanismos para ocultar la verdad y obstaculizar las
investigaciones y la sanción a los responsables, generando nuevos daños y
violaciones a los derechos de las víctimas. La difusión de rumores o información
no verificada sobre el destino de los desaparecidos detona fantasías terroríficas
en los familiares sobre los malos tratos y el sufrimiento que podrían haber pasado
sus seres queridos, las cuales profundizan la angustia y constituyen una forma de
tortura psicológica. Asimismo, el recurso a la culpabilización y estigmatización
de las víctimas, como una forma de ocultamiento o tergiversación de los hechos,
tiene impactos psicosociales en las víctimas que lo viven como una nueva forma
de humillación.

La impunidad genera frustración e impotencia, pérdida del sentimiento de la


propia valía por no poder encontrar al familiar a pesar de los esfuerzos realizados,
culpa, desesperación y sentimientos de rabia. Impide reconstruir el proyecto de

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 65


vida porque las personas se ven forzadas a destinar su energía en la búsqueda
de la persona desaparecida y en impulsar las investigaciones. De este modo, al
impacto de la desaparición se suma el de la impunidad y afecta todas las esferas
de la vida de los familiares: familiar, laboral, comunitario y grupal, al interior de
la organización de familiares.

La impunidad además sostiene una situación de amenaza vital real para las
víctimas, quienes con sus acciones de denuncia se enfrentan a los perpetradores
que continúan en posiciones de poder. En este caso, el miedo tiene que ver más
con los riesgos actuales que con la emergencia de síntomas vinculados a hechos
traumáticos pasados.

En las familias se observa reacciones de miedo frente a las posibles represalias,


lo que lleva a intentar disuadir a los miembros más activos en la búsqueda y la
investigación, así como a un sentimiento de frustración e impotencia frente a la
falta de resultados en términos de justicia. En el ámbito de las organizaciones de
víctimas, se cuestiona el sentido de sus acciones frente a la falta de resultados y la
aparente inutilidad. Los sentimientos de rabia, frustración e impotencia pueden
volcarse al interior e impactar en los vínculos en el espacio grupal.

A nivel colectivo o social, la impunidad apuntala aquellos mecanismos de


defensa basados en la estigmatización de la víctima y la privatización del daño,
que se manifiestan en la afirmación de que “en algo andaban”. Esto genera una
falsa percepción de invulnerabilidad en la sociedad y mayor aislamiento de las
víctimas. Cuando estos mecanismos de defensa fracasan frente a la persistencia
de la violencia se generalizan mecanismos adaptativos basados en el miedo,
la restricción de la vida pública y de la participación política como forma de
evitación del peligro.

La permanencia de los perpetradores en el poder, sostenida por la impunidad,


inhibe a las víctimas de presentar denuncias, de tal forma que la impunidad
paraliza los mecanismos que tiene la sociedad para hacer frente a la transgresión
de la ley y privatiza el daño en las víctimas. A nivel social, la impunidad erosiona
el Estado de Derecho, mina la confianza en las instituciones y deja a los seres
humanos en un estado de vulnerabilidad e indefensión.

66
Pueblos indígenas, una aproximación pluricultural a las afectaciones
y mecanismos de afrontamiento

Este informe reconoce la composición pluricultural de los familiares y


normalistas víctimas de los sucesos del 26 y 27 de septiembre en Iguala, lo
que requiere elaborar un marco conceptual que identifique las afectaciones de
violaciones graves a los derechos humanos y los mecanismos de afrontamiento
a partir de contextos culturales específicos, particularmente para las víctimas
que pertenecen a los pueblos indígenas na savi (mixteco), me´phaa (tlapaneco) y
nahuatl en Guerrero. Implica incorporar elementos de la disciplina antropológica
a la perspectiva psicosocial y al derecho, una aproximación interdisciplinaria
donde los principales avances emergen de los contextos de conflicto y post
conflicto de Colombia y Guatemala. Dichos avances se concentran sobre todo en
investigaciones sobre reparaciones y pueblos indígenas (Red Latinoamericana
de Antropología Jurídica, 2010), lo que algunos estudios identifican como
etno-reparaciones (Rodríguez Garavito y Lam, 2010), que plantean interpretar
el derecho internacional y nacional a la luz de las percepciones, significados y
sistemas normativos de víctimas de los pueblos indígenas y afrodescendientes
en el continente. A su vez, estos estudios se apoyan en conceptos como “la
universalidad inclusiva”, que generan marcos flexibles para la interpretación de
estándares de derechos humanos desde perspectivas culturales no occidentales
(Brems, 2001) y de “justicia étnica colectiva” para elaborar criterios de reparación
en clave cultural (Rodríguez Garavito y Lam, 2010).

Con tal de aproximarse a la experiencia vital de las víctimas que se identifican


como indígenas, este informe se sustenta en un marco conceptual trazado por
tres ejes principales. El primero sitúa a las víctimas indígenas en contextos
sociohistóricos más amplios que tienden a caracterizarse por condiciones de
extrema desigualdad. Se reconoce que para pueblos indígenas, las violaciones
graves a los derechos humanos de individuos y de sus comunidades suceden en
entornos marcados por patrones sistemáticos de exclusión social que afectan a
los pueblos de manera desproporcional, lo que a su vez los coloca en mayores
condiciones de vulnerabilidad frente a posibles situaciones de violencia (Donoso,
2013). A partir de este primer eje, se requiere ubicar los agravios recientes en
relación a agravios históricos y sus respectivos impactos, reflejados en gran
medida por la persistencia de un racismo estructural (Ogletree, 2003). En este

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 67


caso, la forma en que experiencias de vida marcadas por una desigualdad social
extrema impactan la forma en que víctimas viven los agravios más recientes fue
evidente cuando en las entrevistas se detecta que un número significativo de los
familiares de los normalistas desaparecidos, asesinados y heridos, incluyendo
las víctimas indígenas, detallan experiencias de agravios a lo largo de sus vidas
para explicar e interpretar cómo viven los sucesos que detonan los eventos del
26 y 27 de septiembre de 2014, así como eventos posteriores de revictimización,
incluyendo actos de discriminación y de racismo, que ocurren en la interacción
con autoridades como parte de la búsqueda de los normalistas desaparecidos y
del proceso jurídico.

Un segundo eje reconoce que las afectaciones se expresan a partir de códigos


culturalmente específicos. Estudios sobre las afectaciones de graves violaciones
a los derechos humanos de indígenas resaltan que el conjunto de significados
descansan sobre una cosmovisión y un sistema normativo propio, en que las
víctimas elaboran formas distintas de concebir el agravio y las afectaciones, así
como de dotar de sentido conceptos como “justicia” y “reparaciones” (Viaene,
2010).24 El criterio subjetivo que se privilegia a lo largo de este informe —que
implica privilegiar los datos que provienen de los testimonios de las víctimas—
adquiere una relevancia adicional para los familiares que son de pueblos
indígenas, dado que dichas experiencias vitales se interpretan desde su propia
matriz cultural (Lenzerini, 2008). Con tal de responder a este eje, se requiere
adecuar la perspectiva psicosocial a contextos culturales concretos (Cabildo
Indígena de Guambia, 2013) y a su vez interpretar los estándares internacionales
a partir de determinado orden de significados propios del pueblo o comunidad
indígena a la cual pertenece la víctima (Donoso, 2013).

Lo anterior incluye las formas de enfrentar y entender distintos tipos de duelo


junto con la interpretación de determinadas enfermedades que se vinculan a
las afectaciones. Para ofrecer un ejemplo se destaca la enfermedad conocida
como “susto”, que en el pensamiento indígena mesoamericano se relaciona con
la pérdida de tonalli, lo que algunos antropólogos explican como una fuerza

24
El artículo 5 del Convenio 169 de la Organización Internacional de Trabajo (oit) establece que deberán, “reconocerse y
protegerse los valores y prácticas sociales, culturales, religiosos y espirituales propios de dichos pueblos” y “respetarse la
integridad de los valores, prácticas e instituciones de esos pueblos”. En cuanto la Declaración de las Naciones Unidas sobre
los Derechos de los Pueblos Indígenas, su artículo 40 señala que los mecanismos del Estado tomarán “en consideración
las costumbres, las tradiciones, las normas y los sistemas jurídicos de los pueblos indígenas interesados y las normas
internacionales de derechos humanos”.

68
vital que se dispersa a lo largo del cuerpo (Fagetti, 2010), una fuerza vital que
se relaciona con el alma, aunque no es entendido en el sentido occidental. De
acuerdo a la Biblioteca de la Medicina Tradicional Mexicana de la unam, el
susto se define como un padecimiento causado por la “pérdida del alma” o la
“entrada del aire al cuerpo”.25 El susto puede ser causado por diversas fuerzas
o eventos, incluyendo desastres de carácter natural, interacciones con espíritus
sobrenaturales, y actos de violencia entre seres humanos. En lugar de entender
el susto como una enfermedad cultural, en contraste a una enfermedad natural,
en este informe retomamos la perspectiva de antropólogos que reconocen que un
padecimiento se puede codificar de manera distinta, y que:

Esta operación de definición/interpretación está sujeta a la historia, cambia, se renueva,


se transforma en concomitancia con los cambios o evoluciones de los instrumentos […].
La cultura no es solamente un medio para representar la enfermedad sino que organiza la
experiencia de la enfermedad y del comportamiento humano conforme a su propio modelo
de referencia. (Peretti, 2010)

Aquí cabe señalar que este tipo de referentes culturales mesoamericanos, si


bien se concentran en los testimonios de los familiares indígenas, no se limitan
exclusivamente a ellos. Por lo contrario, son referentes culturales muchas veces
compartidos entre poblaciones indígenas y mestizas en la región dado que
descansan sobre una base epistemológica en común que tiene un punto de anclaje
en la cosmovisión mesoamericana.

Cabe reconocer que aunque los estudios que sirven de referentes para el
marco conceptual de este informe se enfocan principalmente en casos en que
comunidades enteras han sido directamente afectadas por graves violaciones a
los derechos humanos, como masacres y desplazamientos forzados, también se
reconocen las afectaciones a individuos y familiares como parte de ese colectivo.
De hecho, uno de los criterios que se elabora para este segundo eje consiste en
identificar las afectaciones colectivas y comunitarias en casos de violaciones a
los derechos humanos de un individuo, dado que reconocer lo colectivo forma
parte de la identidad cultural de las víctimas (Rodríguez Garavito y Lam, 2010).26

25
Referirse a Espanto o susto, en la Biblioteca Virtual de la Medicina Tradicional Mexicana. Disponible en [Link]
[Link]/[Link]?l=2&t=chocho&mo=&demanda=&orden=20&v=m#demanda
26
En el caso de Chitay Nech et al v. Guatemala ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos, por ejemplo, las
reparaciones de la desaparición forzada del señor Chitay, incluyeron elaborar mecanismos que honran la memoria de la
víctima como parte de toda la comunidad (CoIDH, Chitay Nech et al v. Guatemala, para. 251).

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 69


Por último, un tercer eje parte del entendido de que las experiencias vitales de las
víctimas indígenas informan y dotan de sentido los mecanismos de afrontamiento
que ellos elaboran a partir de sus prácticas culturales, creencias y cosmovisiones.
En este sentido, para víctimas de pueblos indígenas es necesario considerar
las afectaciones y mecanismos de afrontamiento no solo en el plano psicosocial
sino también en el plano simbólico espiritual (Gómez N., 2008). A su vez, la
sistematización de experiencias de atención psicosocial con pueblos indígenas
resaltan la importancia que tienen la naturaleza, la tierra y el territorio, así como lo
sagrado, para la elaboración de mecanismos de afrontamiento para estas víctimas
(Cabildo Indígena de Guambia, 2013). Enfatizan los mecanismos de afrontamiento
que se elaboran para evitar la ruptura de la transmisión intergeneracional de la
relación con la tierra y el territorio, rupturas que pueden provocar eventos de
violencia extrema. Dichos estudios reconocen que víctimas de pueblos indígenas
suelen tener reacciones comunes frente a eventos traumáticos, incluyendo formas
de afrontamiento basadas en la dinámica grupal y colectiva. Por lo mismo,
resaltan la relevancia que adquieren las respuestas colectivas y organizativas
frente a determinados eventos traumáticos, por encima de las individuales.

70
III. Metodología

72
A ntes de describir la ruta metodológica de este informe, se le
recuerda al lector los objetivos principales:
• Documentar los impactos psicosociales, en la salud y otros relevantes,
que ocasionaron los hechos del 26 y 27 de septiembre en Iguala sobre
los diferentes grupos de víctimas, así como los impactos derivados de la
respuesta institucional en la búsqueda de verdad y justicia.
• Generar espacios para la elaboración psicosocial a partir del reconocimiento
de los impactos a nivel individual, familiar y colectivo.
• Visibilizar las formas de afrontamiento de las víctimas.
• Documentar dichos impactos y mecanismos de afrontamiento a partir
de un enfoque pluricultural que reconozca los contextos socioculturales
propios de las víctimas; en particular de las víctimas na savi (mixteco),
me´phaa (tlapaneco), nahuatl y de otros pueblos indígenas.
• Sentar las bases para el diseño de medidas de atención y reparación desde la
perspectiva de las víctimas y a partir de visiones culturalmente adecuadas.

Aspectos éticos

Dado que el informe involucra a grupos y personas que atraviesan por una
situación de sufrimiento frente a los impactos de graves violaciones a los derechos
humanos, una premisa fundamental es el respeto a la dignidad de las víctimas
y a su proceso personal y colectivo. En este sentido, este informe no se considera
a las víctimas únicamente como fuentes de información, sino como sujetos de su
propio proceso, que despliegan formas de afrontamiento individuales y colectivas
frente a los hechos.

Este posicionamiento ético marca no solo el abordaje conceptual descrito en


el primer capítulo, sino en el diseño metodológico que aquí se presenta. En
particular, el informe privilegió respetar el proceso de las personas antes que la
obtención de datos. A partir de este criterio ético, se elaboró una guía de entrevista
dividida en tres bloques temáticos: a) datos generales; b) impactos de los hechos a
nivel individual, familiar y colectivo; y c) sentidos frente a las reparaciones. Sin
embargo, se privilegió un formato flexible que diera espacio a lo que resulta ser
más significativo para cada víctima entrevistada y que permitiera a la persona
decidir no responder a determinada pregunta si no se sentía en condiciones.
Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 73
En ese sentido, se prefirió comprender las experiencias antes que etiquetarlas en
criterios diagnósticos que patologizan las respuestas de las víctimas. Para ello,
fue necesario priorizar la visión de las víctimas sobre los hechos y las respuestas
institucionales a partir de sus testimonios y respetar los tiempos de la elaboración
psíquica de las víctimas y sus decisiones en relación a participar en las entrevistas
o los espacios grupales. Por último, la metodología incluyó generar espacios de
devolución de los hallazgos para favorecer la apropiación del informe como
parte de la búsqueda de verdad y justicia de las víctimas.

Para preservar la identidad de las víctimas se implementó un sistema de códigos.


Se utiliza un prefijo —en el caso de los estudiantes sobrevivientes ES y en el
caso de los familiares de los normalistas desaparecidos EFD— y a continuación
se indica el número de entrevista. En los demás casos las víctimas estuvieron de
acuerdo con que se publicaran sus nombres.

Etapas para la elaboración del diagnóstico

El informe se desarrolló en cuatro etapas llevadas a cabo entre noviembre del 2015
y abril del 2016, seguidas por dos que consistieron en la redacción y devolución
de los hallazgos a las víctimas.

Primera etapa: Análisis contextual y elaboración conceptual

Revisión de la literatura existente sobre los hechos (informes, documentales,


cápsulas, reportajes periodísticos, artículos, libros que se han publicado sobre
los acontecimientos del 26 y 27 de septiembre).

• Revisión de literatura sobre impactos psicosociales de graves violaciones a


los derechos humanos, en particular de la desaparición forzada de personas.
Revisión de literatura sobre impactos de la desaparición forzada en niños
y niñas, sobre impactos transgeneracionales, así como sobre las formas
de significar los daños producto de la violencia en víctimas de pueblos
indígenas.
• Elaboración del marco teórico sobre la perspectiva psicosocial que sustenta
la investigación, así como sobre los impactos psicosociales que se
experimentan de acuerdo al tipo de violencia y violación de derechos

74
humanos vivida: desaparición forzada, ejecución extrajudicial o asesinato,
impunidad, impactos en los sobrevivientes, entre otros.
• Recopilación de información sobre el contexto socioeconómico en el
estado de Guerrero que permita contextualizar la situación de las víctimas
previa a los hechos, en particular la situación de marginación, pobreza,
discriminación y el acceso a derechos como la salud y la educación.
• Identificación de grupos de víctimas: familiares de estudiantes
desaparecidos, estudiantes heridos y sus familiares, familiares de jóvenes
asesinados, así como estudiantes normalistas sobrevivientes. Además, se
incluyeron colectivos y familiares de personas desaparecidas en el país,
que no son víctimas directas de los hechos pero que han sufrido impactos
psicosociales a partir de la desaparición de los estudiantes normalistas y
las respuestas institucionales en el caso.
• Elaboración de la guía de entrevista y el calendario para realizar las
entrevistas.
• Elaboración de las categorías iniciales para aprehender los daños e impactos
psicosociales, y elaboración de las guías de entrevista semiestructurada
para cada uno de los grupos de víctimas.
• A su vez, durante esta etapa se estableció contacto con la Red por la Salud
43, un equipo integrado por 3 médicos, 2 nutriólogas, 1 psicólogo y un
gestor intercultural, que han brindado atención en salud a los familiares de
los estudiantes desaparecidos desde septiembre del 2015.

Segunda etapa: presentación del proyecto a las víctimas y acuerdo

Antes de implementar la guía de entrevista y demás elementos del informe se


llevó a cabo la presentación del proyecto a los diferentes grupos de víctimas
identificados, en particular a los familiares de los 43 estudiantes normalistas.
Esta presentación incluyó una explicación sobre las recomendaciones del giei en
relación con la atención a las víctimas y la importancia de realizar el diagnóstico,
así como la metodología de trabajo y la presentación del equipo que lo
llevaría a cabo. Los familiares expresaron dudas y preocupaciones sobre el
informe. En particular sobre el temor que sentían a que se utilizara políticamente
para “cerrar su caso”, así como el miedo a revivir los hechos y el dolor durante
las entrevistas. Este espacio fue fundamental para establecer con las víctimas
un acuerdo que fuera marco para la elaboración del diagnóstico. El acuerdo

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 75


establece que la participación de las víctimas en las entrevistas y actividades
grupales es voluntaria y que —aunque el diagnóstico establece recomendaciones
en cuanto a las medidas para garantizar los derechos a la atención y reparación
de las víctimas— cualquier acuerdo relativo a dichas medidas se llevará a cabo
con la participación de las víctimas y sus representantes.

Tercera etapa: recolección de datos

A partir de este acuerdo básico se realizaron las siguientes actividades:

• Entrevistas individuales y familiares con todas las víctimas que decidieron


participar de manera voluntaria.
• Entrevistas individuales y una entrevista grupal con estudiantes
sobrevivientes.
• Visitas a algunos de los domicilios de los familiares de estudiantes
desaparecidos y a la Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa.

La relación de las entrevistas individuales y grupales realizadas se detalla en la


siguiente tabla:

Tipo de entrevista
Cantidad Grupo de víctimas Lugar
semiestructurada
5 entrevistas individuales con
•Normal Rural “Isidro
familiares de 2 los estudiantes
Burgos” de Ayotzinapa,
Estudiantes heridos y heridos.
6 Guerrero.
sus familiares 1 entrevista individual con uno
•Ciudad de México
de los estudiantes heridos
Familiares de 2 entrevistas individuales
•Zihuatanejo, Gro.
3 estudiantes privados 1 entrevista grupal con la
•Ciudad de México
de la vida familia
•Omeapa, Gro.
•Tixtla, Gro.
Familiares de 31 entrevistas individuales •Tlacolula, Oaxaca.
33 estudiantes 1 entrevista grupal a familiares •Ciudad de México
desaparecidos •Washington D.C.,
•Estados Unidos.
4 entrevistas individuales •Ciudad de México
Estudiantes
8 1 entrevista grupal a 4 •Normal Rural en
sobrevivientes
estudiantes Ayotzinapa, Gro.

76
Tipo de entrevista
Cantidad Grupo de víctimas Lugar
semiestructurada
Niñas / niños
(familiares de los 6 entrevistas a niños y niñas a
I. Tixtla, Guerrero.
43 estudiantes través de la técnica de juego y
6 II. Ciudad de México.
desaparecidos y dibujo libre
de un estudiante
asesinado)
Familiares
de personas
8 desaparecidas de Entrevistas individuales Ciudad de México
distintos colectivos
del país
64 Total de entrevistas realizadas
Tabla de recolección de datos y fuentes de información.

A su vez, para documentar los impactos en la salud, la Red por la Salud 43


sistematizó la información recabada durante las intervenciones médicas con 55
familiares de estudiantes desaparecidos. A partir de los datos arrojados, realizaron
un estudio epidemiológico y de casos emblemáticos en el que profundizan en las
historias clínicas de las víctimas.

Cuarta etapa: transcripción y análisis de los datos

• Se cuenta con un total de 40 horas de grabaciones, que fueron transcritas


de manera textual.
• Las entrevistas se sistematizaron y codificaron a partir de las categorías
establecidas en el diseño metodológico y otras categorías emergentes
durante el estudio.
• Se utilizó el software para análisis cualitativo MAXQDA12.
• Se revisaron de manera conjunta los hallazgos del estudio de los impactos
en la salud elaborado por el equipo de la Red por la Salud 43 para determinar
la correlación entre los impactos psicosociales y dichos impactos en la
salud.

Quinta etapa: redacción del informe

En la redacción del informe se privilegió una estrategia narrativa que refleja la


voz de las víctimas a partir de las entrevistas. Desde este abordaje, la descripción

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 77


técnica de los impactos psicosociales se desprende de los testimonios. La
metodología de análisis cualitativo permitió agrupar los testimonios sobre los daños
a partir de una serie de categorías y establecer un marco de análisis e interpretación
desde la perspectiva psicosocial y antropológica. Sin embargo, dichas categorías
se vieron complejizadas por el énfasis que los entrevistados otorgaron a
narraciones sobre el contexto de marginación y de violencia previos, así como la
narración de experiencias de maltrato y humillación por parte de autoridades a lo
largo de sus vidas. A su vez, los entrevistados que se identifican como indígenas
sumaron a estas narraciones descripciones de actos de discriminación y racismo
que ellos y sus familiares han sufrido como parte de sus experiencias de vida.
La reiteración de estas narraciones por parte de las víctimas llevó al equipo a
incluir en la redacción del informe el análisis de los agravios históricos que en
la experiencia vital de las víctimas dan sentido tanto a los hechos del 26 y 27 de
septiembre de 2014 como a las respuestas institucionales y al trato revictimizante
que han recibido en su búsqueda de verdad y justicia, así como los mecanismos
de afrontamiento que elaboran a partir de estas experiencias vitales.

Finalmente, se elaboraron una serie de recomendaciones diferenciadas por


grupo de víctimas sobre las medidas para garantizar los derechos a la atención
y reparación, tomando en cuenta tanto los estándares internacionales y mejores
prácticas en la materia, como las necesidades y percepciones de las víctimas.

Sexta etapa: Devolución y validación con los diferentes grupos de víctimas

Se realizaron nuevas reuniones y entrevistas para explicar los hallazgos relativos


a cada grupo de víctimas. Este espacio permitió validar los resultados, así como
profundizar en los hallazgos y favorecer espacios de expresión y elaboración de
los impactos en las víctimas.

Desafíos en la elaboración del presente informe

Es importante mencionar que fue muy difícil acceder a la totalidad de las


víctimas. Esto se debió al elevando número de víctimas de los ataques del 26 y
27 de septiembre de 2014; a la heterogeneidad y dispersión geográfica de estas;
a la dinámica de movilización permanente y las acciones de búsqueda de los
familiares de los estudiantes desaparecidos; por último, a las limitaciones de
tiempo para la elaboración del informe.

78
Por otro lado, las secuelas psicológicas de los hechos, tales como el miedo y
la evitación de revivir la experiencia traumática, influyeron en la disposición
de participar de algunas de las víctimas. Estas reacciones se documentan como
parte de los impactos psicosociales que recibieron.

A su vez, el informe se diseñó a partir de un enfoque pluricultural que permitió


documentar las particularidades socioculturales de las víctimas, identificar las
especificidades de las afectaciones y los mecanismos de afrontamiento de los
familiares y normalistas que se identifican como indígenas. En ese sentido,
este diagnóstico representa un primer esfuerzo por registrar y sistematizar las
formas en que las víctimas indígenas del caso Iguala viven los impactos de la
desaparición forzada, las ejecuciones extrajudiciales y de otras violaciones graves
a los derechos humanos. Sin embargo, las barreras lingüísticas y el hecho de
que los familiares indígenas suelen vivir en los poblados más alejados dificultó
la posibilidad de un acercamiento a la totalidad de las víctimas indígenas del
caso. Con tal de darle seguimiento al contenido de este diagnóstico, se requiere
a futuro contar con el apoyo de interpretes para aproximarse a los familiares que
hablan me´phaa (tlapaneco), t´uun savi (mixteco) o náhuatl como idioma materno
y asegurar las condiciones necesarias para acudir a los poblados donde viven
estos familiares.

De este modo, el presente diagnóstico no pretende reflejar la experiencia de


todo el universo de víctimas de los hechos, pero sí documenta una muestra
representativa de los diferentes grupos de víctimas y ofrece pautas empíricas,
teóricas y metodológicas para profundizar a futuro. Son preocupantes los
casos de niños y niñas que son víctimas de los hechos y que han recibido poca
visibilidad y atención, lo mismo que los familiares indígenas cuyas voces han
sido poco documentadas.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 79


IV. Impactos psicosociales en
los estudiantes sobrevivientes

80
E
n el presente apartado se documentan los impactos psicosociales en
los estudiantes normalistas sobrevivientes de los ataques del 26 y 27
de septiembre de 2014 en Iguala a partir de 5 entrevistas individuales
y una entrevista grupal en la que participaron 5 estudiantes. Dichas
entrevistas fueron realizadas a los normalistas que accedieron de
manera voluntaria. Es importante destacar que, si bien los estudiantes han rendido
su declaración en la Fiscalía de Guerrero o frente a la Procuraduría General de
la República, han dado su testimonio a medios de comunicación y participado
en las actividades del giei —porque consideraron que era su deber para impulsar
la justicia o difundir los hechos— han evitado hablar de sus sentimientos
relacionados con los ataques en Iguala y la desaparición de sus compañeros. Del
mismo modo, el equipo observó reacciones de evitación al ser invitados a una
entrevista para la elaboración del presente diagnóstico, lo que fue atribuido a
los propios impactos post traumáticos e interpretado como un mecanismo de
defensa frente al sufrimiento que les produce evocar los hechos.

Esta impresión fue confirmada por la intensa movilización emocional que los
jóvenes manifestaron durante las entrevistas. Por otro lado, los sobrevivientes
solicitaron expresamente que se preservara su identidad y no se utilizaran sus
nombres, por lo que se utilizan códigos de entrevista para identificar a cada uno.

Los estudiantes de la Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa son jóvenes


de origen indígena y/o campesino. Provienen de comunidades pertenecientes
a municipios del estado de Guerrero, pero también de otros estados. Estos
municipios tienen grados de marginación que varían entre medio, alto y muy
alto.27 La marginación en sus comunidades de origen implica una situación de
discriminación en el acceso a la educación y, por lo tanto, poca expectativa de
movilidad social.28 Por esta razón, el ingreso en la Normal Rural de Ayotzinapa
representa para los jóvenes una de las pocas opciones para acceder a la educación
superior sin que signifique una carga económica para la familia —el internado
provee a los estudiantes de lo básico para vivir— y, eventualmente, un trabajo
estable con mejores condiciones salariales.

27
Los 17 municipios de los que provienen los 43 estudiantes normalistas desaparecidos están catalogados por el coneval en
función del grado de marginación de la siguiente forma: uno de ellos de muy bajo grado de marginación, dos de bajo grado,
cinco municipios de grado medio de marginación, siete de alto y dos de muy alto (información elaborada por la Red por la
Salud 43 a partir de datos del inegi).
28
Entendida como el acceso a condiciones de trabajo y empleos mejor remunerados que sus padres.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 81


Por ese fue el motivo porque también nos metimos aquí a Ayotzinapa, porque mi persona
se metió a Ayotzinapa para no gastar tanto. Vulgarmente hablando para no darle lata a
mis papás en a cada rato pedirles lo que es apoyo económico, por esa parte también mi
persona comprendió que aquí nos daban de comer y fue por esa convicción de meternos
aquí. [ES9]

Los jóvenes tienen distintas motivaciones para entrar a la Normal de Ayotzinapa.


Entre ellas: acceder a un trabajo que les permita mejorar su calidad de vida y
ayudar a su familia, la vocación por ser maestros rurales y llevar educación de
calidad a los niños y niñas de comunidades marginadas, así como la participación
en movimientos reivindicativos sociales y políticos. En algunos casos, los jóvenes
se sintieron animados por el ejemplo de otros familiares que son maestros
egresados de la Normal.

Para ingresar a la Normal, los jóvenes deben realizar trámites, exámenes, y


pasar la “semana de prueba”. Esta consiste, entre otras actividades, en un duro
entrenamiento físico y trabajo en el campo.

A la semana de prueba, fueron como 380 y de esos 380 nada más nos quedábamos 140,
100 para primaria y 40 para bilingüe… hoy ya solo quedamos como 80 en la generación
que entró en 2014. [ES8]

Durante la semana de prueba y posteriormente, en la convivencia en el internado,


los jóvenes establecen fuertes vínculos entre sí:

Quienes vamos quedando, mientras pasa el tiempo y el grande esfuerzo que nos implican
las prácticas, vamos agarrando amistad, platicas tus cosas, como hermanos. Te vas
llevando más con tus compañeros de sección en una relación que se vuelve estrecha, muy
intensa en poco tiempo. Compartimos el cansancio, el hambre, pero también el sueño de
convertirnos en maestros. [ES4]

Algunos estudiantes tenían un vínculo anterior al ingreso a la Normal porque


provenían del mismo pueblo o tenían una relación de parentesco. En varios
casos, a los estudiantes que habían ingresado en años previos la familia les
encargaba a los de nuevo ingreso para que los cuidaran y apoyaran. Otros
factores que favorecen el establecimiento de fuertes lazos entre los estudiantes
son la identidad compartida de ser campesinos e indígenas, sus convicciones
políticas, la reivindicación de sus derechos, así como la cohesión interna frente a
los estereotipos externos sobre los estudiantes como “ayotzinapos”.

82
Los fuertes lazos entre estudiantes explican por qué en el contexto de los
ataques del 26 y 27 de septiembre de 2014, y las vivencias de terror, indefensión,
impotencia y desesperanza, los jóvenes mostraron notables reacciones de
solidaridad y apoyo mutuo. Se observa el esfuerzo por permanecer en grupos y es
una constante en los testimonios recabados la preocupación por los otros, al grado
de arriesgar la vida para ayudar a sus compañeros heridos o buscar a los que se
habían desperdigado durante la huida. Los vínculos entre los estudiantes también
permiten comprender los impactos de la desaparición de los 43 normalistas —
la mayor parte de primer año— tanto en los sobrevivientes como de manera
colectiva en los estudiantes de la Normal.

Yo he llegado aquí por mí mismo. He tenido tropiezos en mi vida pero me he alzado.


Como lo del 26 y 27, que tuve dudas en regresar, pero dije “fueron mis compañeros, yo
viví con ellos casi un mes completo, viví con ellos los momentos más difíciles”. Reímos
juntos, trabajamos juntos, corríamos juntos, sufríamos juntos. Todo aquí lo que hacíamos
al principio era juntos. Si uno se quedaba, uno regresaba por él, si todos se aventaban al
pozo, todos se aventaban. O sea, todos éramos una cadena muy unida al principio. Por
eso yo pensé eso, si yo estuviera muerto o desaparecido o me hubiera tocado formar parte
de los 43 compañeros que actualmente están desaparecidos pues andarían aquí todavía.
Por eso es que yo regresé con ese propósito y terminar mi carrera también, aunque está
truncado ahorita con este movimiento que emprendimos. [ES7]

Es una gran tristeza, compañeros incluso que estudié con ellos en la primaria, que estudié
con ellos en la secundaria, incluso hasta en la Prepa pues ya los conocía bastante, diría
yo. Compañeros que en la semana pues también es algo que nos apoyábamos mutuamente
como si fuéramos realmente una familia y ver que realmente los llegaran a desaparecer
pues es una tristeza que se lleva en el alma, quizás en el corazón. En ese aspecto me pegó
anímicamente, yo quiero pensar de esa manera. [ES10]

Los estudiantes entrevistados estuvieron en diferentes escenarios durante la


noche del 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala. Cinco estudiantes fueron
víctimas de los distintos ataques de policías y civiles en la calle Juan N.
Álvarez, tres son sobrevivientes del autobús Estrella Roja (o el quinto autobús)
que transitaba por el Palacio de Justicia, que fueron perseguidos y sufrieron
disparos de armas de fuego en la Colonia Pajaritos y 24 de febrero en Iguala
(giei, 2015: 255), mientras dos de los entrevistados permanecieron en la Normal.
El presente informe refleja la experiencia específica de cada uno frente a la
vivencia de los ataques y la desaparición de sus compañeros, e identifica los
impactos psicosociales comunes frente a los eventos traumáticos de esa noche y
la desaparición forzada de los 43 normalistas.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 83


Los ataques del 26 y 27 de septiembre de 2014 como eventos
traumáticos

La salida a la actividad de boteo y toma de autobuses del 26 de


septiembre de 2014

Como señala el giei, las actividades de boteo y toma de autobuses han sido una
práctica común entre los estudiantes de diferentes escuelas normales rurales
en México. Aunque existen antecedentes de respuestas violentas a acciones de
normalistas,29 en general estas actividades se habían llevado a cabo sin incidentes,
represalias o sanciones legales (giei, 2015: 19).

El viernes 26 de septiembre de 2014, hacia las cinco de la tarde, los estudiantes


de la Normal de Ayotzinapa fueron convocados por el Comité Estudiantil para ir
a una actividad de boteo y toma de autobuses. Los estudiantes recién ingresados
habían participado antes en estas actividades, con el objetivo de garantizar el
transporte para asistir a la marcha del 2 de octubre en la Ciudad de México.
Otros autobuses habían sido tomados en días previos por estudiantes de segundo
y tercer año.

Los estudiantes estaban terminando sus labores en el campo, los ensayos de los
clubes culturales, entre otras actividades, y se dispusieron a salir. Algunos sin
darse un baño, ni comer, pues a partir de la experiencia anterior, calculaban estar
de vuelta en la Normal hacia las 10 de la noche.

Me acuerdo que ese día todo iba normal, nadie se imaginaba que iba a suceder esa cosa.
Así que pues yo me dirigí primeramente a mis ensayos de 2 a 6. Todavía en el ensayo bajé, me
iba a ir al comedor y ahí nos dijeron que iba a haber una actividad, que deberíamos de
asistir, que aunque seamos clubes íbamos a ir. Así que lo que yo hice, agarré y fui a dejar
mi celular y como un momento nos decían que no lleváramos nada de celulares, así que
pues yo dejé tirado mi celular. Agarré mis pañoletas y me subí al autobús. [ES7]

Alrededor de cien normalistas, la mayor parte de primer año, salieron esa tarde
en dos autobuses. Los estudiantes intentaron tomar autobuses en Chilpancingo,

29
El 12 de diciembre de 2011, durante un bloqueo en la autopista del Sol a la altura de Chilpancingo, los estudiantes de la
Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa Jorge Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús fueron asesinados en
un operativo realizado por policías federales, ministeriales y estatales. Otros 41 jóvenes fueron detenidos y tres resultaron
heridos. Los días 11 y 12 de noviembre de 2013, en dos incidentes distintos, los estudiantes fueron atacados por policías de
Guerrero para evitar que tomaran autobuses en Iguala y Chilpancingo (giei, 2015:16).

84
pero al ver varias patrullas federales decidieron dirigirse al cruce de Huitzuco.
Llegaron cuando ya estaba empezando a anochecer, y decidieron que uno de los
autobuses se fuera a la caseta de Iguala y el otro permaneciera en el crucero de
Huitzuco, en el restaurante La Palma.

En el trayecto me quedé dormido, me fui dormido, desperté cuando llegamos y como yo


sí conocía Iguala, ahí estuve dos años, pues no sentía tanto miedo por una parte, pues
nadie se imaginaba que nos iba a suceder eso. Así que pues bien nos bajamos a la salida
en un restaurante llamado Las Palmas, ahí estábamos pues. Igual íbamos riendo, íbamos
conversando. Así que pues la cuestión era tomar autobuses para lo que era la ida a la
Ciudad de México, la conmemoración de la matanza de Tlatelolco. Íbamos a participar
a esa marcha y nosotros éramos sede y teníamos que reunir un determinado número de
autobuses y con la misma, volver a la Normal. [ES7]

El ambiente entre los estudiantes que describe este testimonio muestra que el
boteo y toma de autobuses son actividades normales y que no advertían ningún
peligro. Los normalistas estaban centrados en la tarea de reunir los autobuses
para asistir a la marcha en la Ciudad de México conmemorativa de la masacre de
estudiantes el 2 de octubre de 1968 en Tlatelolco y el ánimo era relajado.

Percepción de peligro e intento de salir de Iguala

Los estudiantes que se quedaron en el cruce de Huitzuco empezaron a hacer


boteo hacia las 6:30 o 7:00 de la noche. En ese momento vieron pasar en sentido
contrario un auto a gran velocidad que no se detuvo, aun cuando todos los demás
autos se detenían; a lo que uno de ellos, pensó:

Esto parece que se va a poner feo. Presiento que algo va a pasar, no me gusta la manera
como pasó y nos miró el de ese coche… [ES5]

Del mismo modo, otros estudiantes entrevistados, relatan que al entrar en Iguala
tuvieron un “presentimiento” porque observaron que las calles estaban solitarias
y los comercios cerrados, a pesar de que todavía no eran las 8 de la noche. Los
estudiantes llaman “presentimiento” a la percepción inquietante de ser vigilados
por personas en vehículos no oficiales, así como por el clima de miedo que se
vivía en Iguala. En su momento esta percepción no llegó a ser una señal de
alarma suficiente y se registró como “presentimiento”. Sin embargo, evaluada
retrospectivamente, se interpreta como un aviso de lo que iba a pasar. Uno de
ellos refiere:

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 85


Pues ni sabíamos, no teníamos idea de eso [del informe de la esposa del Presidente
Municipal y el evento musical] y también nosotros decíamos que estaba ya planeado,
porque, alrededor de las 8 Iguala está lleno de gente, y en ese momento no había
nadie. Todas las calles estaban libres, no había ni carros, nada. Solamente había unas
pocas tiendas todavía abiertas. Cuando llegamos a la terminal lo que nos sorprendió es
que los negocios que había abiertos luego luego cerraron, al vernos llegar. [ES6]

Uno de los estudiantes que permaneció en el crucero de Huitzuco [ES9] relata


la toma del autobús y el acuerdo al que llegaron con el chofer de dejar a los
pasajeros en Iguala y después dirigirse a la Normal.

Tomamos un autobús de la mejor manera, estuvimos conversando con el chofer y dijo “Sí,
súbanse” y solo pasábamos a dejar el equipaje de los pasajeros y ya nos veníamos. Así que
yo lo que hice fue subirme a ese autobús, yo me subí, me subí con otros compañeros de
danza, así que nos subimos. Nos dirigimos hacia la terminal de autobuses. El plan no era
que el chofer se metiera a la terminal sino que afuera nada más bajaríamos los pasajeros y
sus cosas y ya, y nos íbamos a dirigir a la Normal de regreso. Y pues no, el chofer se metió
y pues creímos que nada más iba a bajar los pasajeros y de ahí se iba a salir. Pero no, resulta
que ahí nos dejó. Nos encerró y yo ahí estuve, y le digo que le estaba llamando a la Policía
Municipal, que nosotros ahí estábamos y nosotros en auxilio, pues llamamos a nuestros
compañeros que estaban a la salida, que ya nos habían atrapado pues ahí. En ese entonces
llegaron nuestros compañeros a sacarnos, y pues yo lo que hice al llegar nos fueron a abrir
y salimos. Ya era un caos pues, ya habían llegado todos y tomaron autobuses y yo pues
todavía dudé en qué autobús me iba a subir, ahí andaba. Pensaba a lo mejor como ya se
había puesto un poco feo porque ya estaban llegando los municipales y pues yo lo que hice
fue correr al primer autobús en un Costa Line, el primero. [ES7]

De acuerdo con este testimonio, para los estudiantes la toma del autobús se
desarrolló de manera pacífica. Fue hasta que el chofer entró a la terminal y los
dejó encerrados adentro del autobús que los estudiantes percibieron con claridad
una situación de peligro y pidieron auxilio a sus compañeros que estaban en la
caseta de Iguala. Los estudiantes que permanecían en los dos autobuses en el
restaurante La Palma y la caseta de Iguala originalmente no planeaban entrar a
Iguala, pero acudieron al llamado de sus compañeros encerrados en el autobús.
La reacción de ir en ayuda de sus compañeros da cuenta de la dinámica grupal
de los estudiantes de la Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa y los
vínculos de solidaridad y apoyo mutuo, que jugaron un papel importante frente
a los ataques inesperados de aquella noche.

La percepción de peligro detona una reacción normal de defensa o huida frente a


un evento amenazante. En este caso, el objetivo de los normalistas era salir de la
terminal de Iguala y regresar a la Escuela Normal. Sin embargo, ya en la terminal

86
deciden tomar otros autobuses, pues continuaban centrados en la tarea de reunir
los autobuses para la marcha del 2 de octubre. La vivencia de caos descrita en el
testimonio anterior tiene que ver con el miedo, la decisión improvisada de tomar
autobuses y la manera precipitada en que los abordaron para salir. A esto se suma
que muchos estudiantes no conocían la ciudad de Iguala.

Los normalistas salieron de la terminal a bordo de los tres autobuses que tomaron,
y de los dos Estrella de Oro que llevaron originalmente y que estaban afuera, con
la intención de regresar a la Normal. Uno de los estudiantes refiere que ya iban
contentos, porque iban ya de vuelta:

Nosotros salimos primero y prácticamente tomamos otra dirección, pues no sabría decirle
porque no conocemos la ciudad… Si, ya nosotros íbamos rumbo, camino pues, para la
escuela prácticamente, nosotros pensábamos que ya venían atrás los demás compañeros.
Ya en eso escuchamos al compañero que nos iba coordinando que recibió una llamada…
que ya le habían disparado a un compañero, que estábamos en problemas, que nos
esperáramos, que nos detuviéramos. [ES4]

Una vez que salieron de la terminal, los autobuses se dividieron en tres recorridos:

• Tres autobuses (dos Costa Line y el Estrella de Oro 1568) salieron por la
calle Galeana, pasaron por el zócalo de la ciudad de Iguala en donde la calle
se convierte en Juan N. Álvarez, hacia Periférico Norte.
• El autobús Estrella de Oro 1531 que salió hacia Periférico Sur (todos los
estudiantes a bordo fueron desaparecidos en las inmediaciones del Palacio
de Justicia).
• El Estrella Roja que salió en dirección a Periférico Sur, pero se detuvo por
una gestión del chofer y fue interceptado por Policía Federal antes de llegar
al Palacio de Justicia. Los estudiantes fueron agredidos y perseguidos
durante toda la noche.

A continuación se abordan las vivencias de los estudiantes que fueron víctimas


de los ataques cuando intentaban salir de Iguala para dirigirse a Chilpancingo
en la calle Juan N. Álvarez y de los que iban a bordo del autobús Estrella Roja
(también llamado “el quinto autobús”).

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 87


La vivencia de los estudiantes en la calle Juan N. Álvarez
(ES5, ES6, ES7, ES8 y ES10)

El primer ataque en la calle Juan N. Álvarez


Desde que la comitiva iba saliendo por la calle Galeana los estudiantes escucharon
disparos, primero al aire y luego dirigidos a los autobuses.

Después sí le tiraban inclusive al mero autobús pero como que le daban a las llantas o algo,
y cuando nos dice a nosotros el coordinador: “paisas bájense a defender”, no nos bajamos
muchos, nada más 5 o 6, la mayoría de mi autobús se quedó arriba, y son los que se llevó
la policía municipal más tarde. [ES8]

Los estudiantes entrevistados coinciden en que en el momento en que ocurrieron


los primeros disparos e incluso posteriormente, al ver que policías detenían
la marcha de los autobuses, pensaron que serían detenidos. Esta idea se vio
rápidamente rebasada cuando se dieron cuenta de que la policía no disparaba al aire
sino directamente hacia ellos. Algunos de los estudiantes refieren que se quedaron
paralizados al interior de los autobuses, en estado de choque, sin comprender
lo que pasaba, mientras algunos reaccionaron bajándose de los autobuses para
proteger a los demás, aventando piedras o lo que tuvieran alrededor.

Pues en un primer momento me dio un ataque de pánico, quería salir corriendo, ¿no? A
escaparme y dejar a mis compañeros, pero pensé, dije, a lo mejor yo me voy y por ahí a
lo mejor me agarran o me atrapan o en fin. Me quedé medio pasmado unos segundos
y lo que hice fue me regresé con mis compañeros porque ya me había alejado un tramo
y me regresé para apoyarlos. Entonces el chofer se le aventó pues a la patrulla y se quitó
la patrulla, nos cedió el paso y yo corrí como tres cuadras hacia arriba pero ya nos iban
disparando en ese entonces ya. Me subí de vuelta al primer autobús y ahí íbamos, todos
íbamos gritando ya con ese miedo que ya nos recorría en todo el cuerpo, ya se podría decir
que no nos querían detener ya era a matarnos. [ES7]

Cuando los disparos aumentaron, los que iban dentro del autobús dijeron a los
que iban caminando que se subieran para avanzar. Los estudiantes intentaron
subirse al tercer camión, en el que venían, pero éste no abrió la puerta, por lo que
corrieron hasta lograr subirse en el primer autobús. Esta circunstancia los salvó
de ser desaparecidos junto con sus compañeros.

La persecución y los disparos de la Policía Municipal representan un ataque


inesperado para los estudiantes, pues no guardaba ninguna proporción con
sus planes y acciones de boteo y toma de autobuses. Como se señaló antes, a

88
pesar de que existían antecedentes de agresiones a estudiantes, estas actividades
generalmente transcurrían sin incidentes. De tal forma que los ataques rebasaron
las defensas psíquicas de los estudiantes que refieren sentimientos de choque
o pasmo, pánico e impulsos de huida. Al mismo tiempo, se puso en juego el
funcionamiento grupal de los estudiantes que favoreció reacciones de apoyo
mutuo y la consciencia de que podrían protegerse mejor en grupos.

En aquel momento todos los esfuerzos estaban concentrados en salir de Iguala.


Los autobuses lograron llegar a la altura de la calle Juan N. Álvarez y Periférico,
y los estudiantes sintieron esperanza porque estaban a punto de lograr salir hacia
Chilpancingo. Sin embargo, al llegar a Periférico Norte una patrulla les cerró el
paso. ES8 narra lo sucedido:

Y cuando vimos el Periférico, así literal, no sé si ha visto “Mirar morir” [documental],


dijimos: ”¡Ya la armamos, ya la armamos, ahí está el Periférico!”. ¡Pero cuál! Se atraviesa
la patrulla, se apagan los tres autobuses. Empieza de nuevo la disparadera, empiezan las
ráfagas y comienzan a bajar a los compas del tercer autobús. En el tercer autobús, de donde
yo me había bajado a defender en el centro, ahora no había quien lo defendiera en la parte
de abajo, porque todos se quedaron arriba y nosotros del primer y segundo camión si nos
bajamos. Cuando se atraviesa la patrulla, ahí iba Aldo, iba Toño, iba Güicho. Empezamos
a empujar las patrullas y disparan. Le pegan en la cabeza a Aldo. [ES8]

Como muestran los siguientes testimonios, el primer ataque en la calle Juan N.


Álvarez y Periférico Norte es una experiencia directa de exposición a la muerte,
en la que los jóvenes no solamente viven la amenaza a su vida porque los policías
disparan a matar, sino que presencian cuando sus compañeros son heridos.

Desde que vi al compañero Aldo caer pensé que ellos nos iban a matar, y recuerdo que
grité: “¡Van a matarnos!” …cuando el compañero lo vemos caer fuimos varios que lo
vimos caer o sea yo me quedé fácil como unos 5 segundos quizás o más, menos, no lo sé
pero me quedé parado y gritando porque mi primera expresión al ver caer a Aldo fue “ya
mataron a uno”, o sea: “¡Dejen de disparar!”. [ES8]

Como que en ese momento tu mente se bloquea, ¿no? Como que llega un momento que te
quedas en shock y tú no sabes ni qué hacer, ¿no? [ES5]

Pues en ese momento la verdad yo sí me puse a llorar porque dije si nos ven nos van a
matar, yo lo que quería era bajarme y otro chavo nos decía “no —dice— aguanten, no se
van a subir” y ya “Coyuco” ya le estaba hablando a “Parca”. Ya ahí nos aguantamos, lo que
recuerdo que estaba una película en el autobús, no recuerdo qué película, lo que siempre
he tratado de acordarme y no, lo que sé es que acabó la película y nosotros estábamos aun
ahí arriba, la película dura alrededor de una hora 20 minutos, una hora y media y pues yo
creo que en el transcurso que estaba así pues… (inaudible) yo creo que terminó la película
y nosotros seguíamos arriba. [ES6]

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 89


El ataque constituye un evento traumático que involucra vivencias de confusión,
terror, desesperanza e indefensión. Los estudiantes no pudieron hacer más que
protegerse entre los autobuses frente a las balas de los policías. Frente al terror
que vivieron, algunos estudiantes evaluaron que era mejor ser detenidos pues de
esa forma después serían liberados; sin embargo, otros decidieron no entregarse
y resistir. En cualquiera de los dos casos, existe de fondo un sentimiento de
desamparo y vulnerabilidad frente a los policías.

Resulta notable que la vivencia de indefensión y la desesperanza de salir con vida


motivó a algunos estudiantes a recuperar el control frente a la muerte inminente,
asumiendo una actitud activa y de apoyo a otros estudiantes:

Cuando sentí el miedo empecé a gritar, les estaba diciendo a mis compañeros por dónde
darle para salir. Como yo casi no perdí la razón, yo si estaba consciente de lo que estaba
pasando y les decía vámonos por acá y que entre muchos gritos y no escucharon y pues
no oyeron porque nada más me dio ese ataque de pánico de ”¿Qué voy a hacer, qué voy a
hacer?“. Levanté, corrimos a hacer a un lado la patrulla, la queríamos hacer a un lado, en
ese entonces vi la segunda patrulla que llegó y nos disparó a una clase de distancia como
5 o 3, 4 metros y fue donde quedó nuestro compañero Aldo. Entonces yo me percaté de
que él se cayó y lo primero que yo hice fue tirarme al suelo al lado de las llantas de la otra
patrulla y al escuchar que ya no detonaron otra vez, yo me eché a correr hacia la parte
trasera del autobús, del primero, a refugiarme y ya empecé a gritar que ya había caído uno
pues y no me percataba de que sí era Aldo y Aldo era uno de mis compañeros de cubil.
Dormía con nosotros así que no lo reconocía porque tenía su playera en la cabeza, sino
que lo reconocí cuando dijeron “vamos a alzarlo” y muchos no querían salir por el temor
a que nos volvieran a disparar. Yo en ese momento ya me había dado por vencido dije “si
nos van a matar pues voy a morir bien, no voy a morir aquí escondido”. [ES7]

Durante la entrevista se le pregunta al estudiante “¿qué significa “morir bien”?”,


a lo que responde:

O sea luchando, no nada más quedarme ahí esperando que vengan hacia mí y que me
maten sino por lo menos salir y lograr algo por mi compañero que estaba ahí caído. Por
decir, dijeron “vamos a alzarlo” y nadie quería ir y yo dije pues yo voy, y voy con un
grupo de compañeros de 5 que salimos y fuimos a quererlo auxiliar. Pues así que yo fui y
es en dónde le sacamos la playera y me di cuenta que era él, que era Aldo. Así que en un
momento me asusté, me le quedé viendo, me quedé un poco pasmado de lo que le habían
hecho y lo íbamos a auxiliar y no dejaron que lo levantáramos. Fue cuando nos volvieron
a disparar y de vuelta corrimos hacia la parte trasera y hubo un momento donde había
un compañero con la cara del susto, estaba muy asustado que quería salir corriendo pues
hacia donde estaban los policías y hubo ese momento cuando vi que ya iba a correr, yo lo
logré agarrar de la parte trasera de la playera, lo agarré y lo jalé y le solté una bofetada
pues en la cara para que reaccionara pues, y yo todavía estaba apoyando a los compañeros.
Le digo “Aguanta, no te vayas, no corras, no hagas locuras”. Le digo, “Todo va a estar

90
bien”. Dándole ánimos pues, aunque yo por dentro sí sentía que ya, o sea que ya iba a
valer, todo. Ya no iba a haber otra salida porque en la parte trasera había municipales, en
la delantera había que nos disparaban cada vez que salíamos. [ES7]

Además, los estudiantes refieren una vivencia de impotencia por no poder ayudar
a sus compañeros, en particular a los estudiantes del tercer autobús que fueron
bajados y detenidos por la policía.

Sí, nos iban a matar a todos y dije aquí nos van a matar a todos, o sea nadie se va a
salvar, y pues en el transcurso de ese momento creo que fueron cuando bajaron a mis
compañeros, cuando rafaguearon a la Estrella de Oro, el tercero. Fue cuando escuchamos
a nuestros compañeros gritar, estaban gritando y nosotros queríamos ir en su auxilio pero
no podíamos salir porque nada más nos asomábamos y nos querían disparar. Nos tenían a
punta de fuego y fue en ese momento que se los llevaron a nuestros compañeros y todavía
me acuerdo que les gritamos que vinieran corriendo hacia donde nosotros estábamos.
Algunos sí se vinieron corriendo pero unos se entregaron pues y pues nosotros teníamos
esa visión de que deteniéndonos nos iban a mandar a la comandancia, detenidos, nos
iban a encarcelar y pues nosotros teníamos esa idea de que era más seguro irse detenido
porque nos iban a ir a sacar después, pero pues nadie se imaginó eso y yo dije “No me
van a agarrar, yo voy a estar aquí y si me van a venir a matar aquí, pues que me vengan a
matar”. [ES7]

El segundo ataque en la calle Juan N. Álvarez y Periférico


Según el primer informe del giei, alrededor de las once de la noche y una
vez que la Policía Municipal se había retirado del lugar, los estudiantes se
reagruparon y trataron de resguardar las evidencias. En ese momento llegaron
algunos periodistas y maestros de la Coordinadora Estatal de Trabajadores de
la Educación de Guerrero (ceteg) y minutos después estudiantes de la Normal
que acudieron al llamado de auxilio en una camioneta y dos vehículos Urban.
Vieron pasar patrullas de Policía Municipal y Protección Civil, y una camioneta
blanca de redilas. Los normalistas iniciaron una improvisada rueda de prensa en
el lugar. Cuando transcurría la conferencia de prensa llegaron varios vehículos
de los que descendieron al menos tres personas vestidas de negro y encapuchados
que dispararon ráfagas contra los normalistas (giei, 2015: 82-95).

Los estudiantes que sufrieron el primer ataque se encontraban profundamente


afectados. Si bien no se sentían seguros en Iguala, pensaban que ya todo había
pasado y que habían salvado la vida. Del mismo modo, los que llegaron en apoyo
se dispusieron a organizar los siguientes pasos. Los testimonios a continuación
narran la vivencia de los estudiantes al ser atacados nuevamente:

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 91


Nos dijeron que nos quedáramos, que ahí estuviéramos. Entonces empezaron a llamar
a los periodistas, a las televisoras ahí habían llegado en ese momento. En fin, ya había
mucha gente, ya había maestros, ya había personas que nos estaban apoyando, ya habían
llegado. En eso que llegaron los otros compañeros que venían en nuestro auxilio pero ya
había sucedido todo. Yo me fui a sentar en una banqueta. Estaba lloviendo, me acuerdo,
y todavía no me podía creer que me había salvado. Pues ahí estaba sentado, dije: “esto
ya pasó”. Pero después me venía el temor de si regresan y me senté en la banqueta. Ahí
estaba con mi compañero platicando, y en eso no tardó mucho ni una media hora cuando
escuché los estruendos, pues, de los otros tiros que nos arrojaron. Yo solo lo que hice fue
asomarme de dónde venían las detonaciones y era del otro lado de la avenida, y no era solo
tres, cuatro, eran muchos, cuando yo escuché eso me arrojé al piso y nada más vi que mis
compañeros corrieron y pues las balas prácticamente iban a incrustarse a la pared. [ES7]

Y cuando llegaron las Urban allá, se bajaron y llegaron los sicarios empezaron a… [se le
corta la voz y llora]… Es donde todos se regaron como hormigas, cada quien corriendo
por su vida. Ya fue ahí donde le dieron al compa Julio César Ramírez Nava. [ES6]

En este segundo ataque fueron asesinados Daniel Solís Gallardo y Julio César
Ramírez Nava, y fue gravemente herido Edgar Andrés Vargas. Los tres habían
llegado en las Urban desde la Normal para apoyar a sus compañeros. Los
estudiantes aterrorizados corrieron en diferentes direcciones para salvar su vida.
Uno de ellos [ES5] menciona: “¡No sé cómo, pero toda la ciudad se volvió una
ratonera, no había para donde hacerse!”.

Este testimonio refleja la vivencia de terror e indefensión que experimentaron los


estudiantes durante el segundo ataque. Además, los estudiantes de primer ingreso
estaban rapados,30 por lo que tenían miedo por ser fácilmente identificables:
“Además de todo íbamos pelones, no había manera de que no nos voltearan a ver
y luego muchos íbamos con huaraches, todos sucios” [ES5].

En la huida, Julio César Mondragón Fontes se separó del grupo, y los normalistas
no volvieron a saber de él hasta el otro día, que apareció su cuerpo con visibles
muestras de tortura y el rostro desollado.

En este contexto destacan las respuestas de solidaridad de los maestros —algunos


de los cuales también fueron heridos—, y de la población en general quienes
acudieron a ayudar a los estudiantes. Varias familias abrieron las puertas de sus
casas para resguardar a los estudiantes al ver que estaban siendo perseguidos.

30
De acuerdo con la tradición estudiantil de cortar el pelo a los estudiantes de nuevo ingreso, por la que se les llama
“pelones”. Además, los normalistas vestían modestamente e incluso llevaban la ropa sucia por actividades que habían hecho
durante el día en la Normal, pues pensaron que la actividad sería corta y decidieron bañarse a la vuelta.

92
Alrededor de 40 estudiantes se lograron concentrar en un espacio seguro que les
ofrecieron, esperando que amaneciera.

Los primeros impactos que los estudiantes manifestaron esa madrugada mientras
estaban resguardados en las casas de los maestros fueron la sensación de bloqueo
o embotamiento emocional, la confusión, la percepción de falta de sentido de los
ataques, vulnerabilidad y miedo. Algunos de los estudiantes que se guarecieron
en casa de unos maestros durante la madrugada refieren:

Pues todos estábamos así, tristes, todos estábamos así, ni dormimos nada más estábamos
agachados, como le digo que en ese momento se te bloquea la mente no sabes ni qué hacer,
porque no entiendes qué era lo que había pasado. [ES5]

Yo lo único que fue, me senté recargado sobre un sillón, estaba así, todos estábamos así,
no entendíamos ni el porqué ni cómo, yo solo quería que amaneciera. La noche me hacía
sentir que podrían encontrarme, sentía mucho miedo. [ES6]

Fue uno de estos maestros quien informó a un grupo de normalistas que se habían
resguardado en su casa que había dos estudiantes muertos. También les dijo: “Me
están diciendo que todos los estudiantes que podamos encontrar los llevemos a la
fiscalía porque ahí se van a reagrupar todos ustedes” [ES8].

La vivencia de los estudiantes del quinto autobús (ES3, ES4 y ES9).

Los 14 estudiantes que tomaron el autobús Estrella de Oro salieron por la parte
trasera de la terminal de Iguala hacia Periférico Sur. En el trayecto recibieron
dos llamadas de sus compañeros que se encontraban en la calle Juan N. Álvarez
y Periférico, informándoles de los ataques y de que había muerto uno de los
estudiantes. Se referían a Aldo Gutiérrez Solano, que en realidad se encontraba
gravemente herido.

En mi persona le tocó irse por la parte trasera de la central que viene siendo el autobús
Estrella Roja, así que cuando recibimos una llamada en la que nos avisaron que nuestros
compañeros estaban siendo atacados por policías municipales, porque así hicieron la
afirmación ellos, de que estaban siendo agredidos con sus armas de fuego, por parte de
la policía municipal hacia nosotros, así que nosotros empezamos a dudar, empezamos a
preocuparnos, cómo estarán, cómo la estarán pasando. Haciéndonos esas preguntas pues,
pero en su momento no fue tan inaudito pues esa llamada, porque en sí la llamada fue para
decirnos que nos esperáramos y que en un momento llegaban. Así que no nos sentimos tan
frustrados por esta parte así que decidimos pararnos pues en el autobús para posterior a los
que será un minuto, 40 segundos, recibimos otra llamada en la que se nos informaba que
un compañero yacía abatido por las balas de los policías en el asfalto, tirado al suelo. [ES9]

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 93


El estudiante ES3 iba en el autobús Estrella Roja, al que se refiere como “el dichoso
quinto autobús”.31 Antes de llegar al Palacio de Justicia, a unos 100 metros del
autobús Estrella de Oro 1531, fueron detenidos y obligados a bajar por Policía
Federal. Los estudiantes ya tenían noticias del ataque a la comitiva en la calle
Juan N. Álvarez, por lo que la detención de la Policía Federal representaba una
amenaza frente a la que experimentaron miedo intenso y se detonaron respuestas
de preparación de defensa, escape o choque. ES3 así lo recuerda:
Pues nosotros ahí esperando noticias, de momento paran como 3 patrullas de policías
federales. El compañero que nos iba coordinando nos dice a todos: “Nos vamos a bajar
aquí y lo que vamos a hacer de inmediato es agarrar piedras y tirárselas y correr para el
cerro”. En eso todos nos bajamos. Nosotros estábamos muertos de miedo prácticamente
por la noticia que le habían dado a él [de que un normalista había sido asesinado]. Nosotros
estábamos así como en shock, no sabíamos ni qué hacer, nos bajamos y él [el coordinador]
fue el único que agarró piedras, que encaró al policía. Ya le dijo que por qué habían
matado a uno de nosotros, que éramos estudiantes, que por qué nos hacían eso. [ES3]

Esa noche los normalistas que tomaron el autobús Estrella Roja sufrieron una
persecución por varias horas en diferentes escenarios (giei, 2015: 83-90). Después
de ser obligados a bajar del autobús, los estudiantes huyeron escondiéndose
entre los autos hacia un cerro cercano. Después se reagruparon en la carretera
e intentaron caminar hacia Chilpancingo, pero fueron nuevamente agredidos.
Patrullas de la policía municipal intentaron atropellarlos en dos ocasiones, luego
los siguieron y los rodearon, cortando cartucho. Los estudiantes experimentaron
miedo y confusión, pues no comprendían por qué estaban siendo atacados de esa
manera. Los estudiantes escaparon corriendo hacia unas escaleras empinadas
en la Colonia 24 de Febrero, mientras la policía les disparaba. En la huida, 4
normalistas se separaron del grupo:

Salimos corriendo ahí… Nosotros junto con 3 compañeros lo que hicimos también el
miedo, la precaución, nos subimos. La cosa es que estaba más arriba el cerro, y cuando
oímos balazos más nos subimos hacia el cerro, hasta la punta pues. Ya no supimos nada
de ellos y escuchamos, se veía todo el centro ahí, desde el centro, se veía. Nosotros lo que
hicimos… es escondernos más hacia arriba, pasamos toda la noche caminando. Llegamos
al día siguiente como a las 10, 11 de la mañana. O sea que lo que hicimos por miedo
y porque no entendíamos nada de lo que pasaba, es que subimos al cerro, íbamos por
la carretera para venirnos según para Chilpo. Según nuestra propuesta era aventarnos

31
Aunque los estudiantes dieron testimonio del quinto autobús desde sus primeras declaraciones, en el expediente de pgr
solamente se hablaba de 4 autobuses y un quinto que habría sido tomado y destruido por los estudiantes poco después de
salir de la terminal. Esta omisión y otras contradicciones llevaron al giei a plantear la hipótesis de que el quinto autobús
podría ser clave para explicar el modus operandi y la motivación de la agresión en contra de los estudiantes y que podría
estar relacionado con el tráfico de heroína o dinero, por lo que el giei recomendó desde su primer informe investigar en
profundidad esta hipótesis (giei, 2015: 322-325).

94
caminando porque estaba bien feo y nosotros íbamos caminando así bien mojados en
la carretera… Sí caminando, porque le preguntamos ¿dónde está Chilpo?, no pues para
allá, y ya nos bajamos, llegamos a la carretera, caminamos, pero pasaban camionetas de
patrullas, eran como unas 7, 8, y otra vez nos aventamos al cerro. [ES4]

Los cuatro normalistas que se separaron del grupo pasaron la noche caminando y
escondiéndose. Bordearon por los cerros de alrededor, desde donde vieron durante
toda la lluviosa noche las sirenas de patrullas rondando en todas direcciones. El
miedo a ser atrapados por la policía hizo que ellos no detuvieran su paso, aun con
la lluvia, la ropa mojada, el hambre y el temor profundo.

Una señora acogió en su casa a los otros 10 muchachos que huyeron de la policía:

Pues hasta el momento íbamos juntos, ya una señora de una casa estaba diciendo: “Dejen
a los muchachos no les hacen nada“. Pero la señora pensaba que era su hijo, porque al
momento de llegar allá, le tocamos y le pedimos hospedaje y la señora nos dijo: “Pásenle
muchachos, ¿y ahora por qué andan tanto los policías tanto así? Yo pensé que era mi hijo,
porque estaba allá abajo“. Y la señora llorando desesperada nos decía: ”¿Y por qué los
policías les disparaban?“ y así. Aja, llorando la señora y en ese rato ya estaba lloviendo…
[ES3]

Como en el caso de los ataques en la calle Juan N. Álvarez y Periférico Norte, los
normalistas del quinto autobús recibieron la solidaridad de la población de Iguala
que se puso en riesgo para protegerlos. Como muestra el testimonio anterior, el
ataque desproporcionado y sin sentido también generó impactos en la población
de Iguala. Los estudiantes recuerdan con gratitud esas muestras de solidaridad,
pues consideran que de no haber sido por ese apoyo, muchos de ellos también
habrían sido desaparecidos o asesinados.

En medio del terror y la confusión por no entender el ataque desproporcionado y


sin sentido de la policía, los normalistas buscaron protegerse entre sí y mantenerse
en grupos. Según precisa otro de los estudiantes sobrevivientes, cuando se dieron
cuenta de que faltaban cuatro estudiantes del grupo que iba en el quinto autobús,
quisieron salir a buscarlos, pero el responsable del Comité Estudiantil les dijo
que no salieran todos, sino solamente dos estudiantes para esta tarea.

El siguiente testimonio demuestra los fuertes vínculos de solidaridad entre los


normalistas que, a pesar de haber encontrado un lugar relativamente seguro,
decidieron exponerse para buscar a los que se habían separado del grupo:

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 95


Pues hasta el momento íbamos juntos, ya una señora de una casa estaba diciendo: “Dejen a los
muchachos no les hacen nada“. Pero la señora pensaba que era su hijo, porque al momento de
llegar allá, le tocamos y le pedimos hospedaje y la señora nos dijo: “Pásenle muchachos, ¿y
ahora por qué andan tanto los policías tanto así? Yo pensé que era mi hijo, porque estaba allá
abajo“. Y la señora llorando desesperada nos decía: ”¿Y por qué los policías les disparaban?“
y así. Aja, llorando la señora y en ese rato ya estaba lloviendo… [ES3]

Reagrupamiento y denuncias iniciales

Tras el segundo ataque en la calle Juan N. Álvarez, los normalistas empezaron


a comunicarse por teléfono y a reagruparse. Los normalistas fueron llegando a
la Procuraduría de Justicia del Estado, en donde permanecieron todo el día y
rindieron sus declaraciones ante el Ministerio Público acerca de lo que había
sucedido. Al llegar a la Fiscalía, los estudiantes no se sintieron en un lugar seguro.
Por el contrario, la presencia de policías con armas largas les generó miedo pues
evidentemente estaba vinculada a los ataques sufridos:
Fuimos los tres a la Fiscalía. Yo sentí miedo pues porque todo estaba lleno de policías,
estaba lloviendo, algunos estaban arriba de las patrullas, con unas metralletas, armas
largas, había estatales, federales… Todo estaba vigilado. Ahí vi que estaba el Secretario
General… Nos juntamos como 5 o 6 e intentamos comunicarnos con otros para saber
dónde estaban. En la Fiscalía nos dijeron: “Es necesario que empiecen a declarar los que
van llegando porque ya tenemos identificados a los policías pero no podemos proceder,
ahorita solo están retenidos, pero no podemos proceder legalmente porque no hay
declaraciones”. [ES8]

Mientras estaban en la Fiscalía supieron de la desaparición de los estudiantes


detenidos, aunque en aquel momento no podían dimensionar lo que había pasado
y esperaban reagruparse para regresar todos juntos a la Normal. A mismo tiempo
supieron de la tortura y asesinato de Julio César Mondragón Fontes.
Ya llegamos y todavía estaba oscuro cuando llegamos a la ministerial y ya cuando vimos
eran las 10. Cuando llegó David con la foto de la semefo de Julio César…, que ya había ido
a los separos y que no había nada, que ya había ido a los hospitales y que no había llegado
nada. Pero en ese momento no te imaginabas, en el cuartel los pueden tener y pues así,
ya habían llegado más. Dice: “Aquí nos vamos a quedar hasta que aparezcan, hasta que
regresen todos los chavos, y de ahí salir todos juntos”. Pero ya pasó toda la tarde y nos
daban de comer ni hambre tenías. Salimos a las 7 de la tarde a Chilpo. Teníamos un miedo
a salir, cuando dijeron que nos iban a ir resguardando dos patrullas, una adelante y una
atrás, y aparte iba gente, iban coches. Era el mismo temor, teníamos miedo de estar ahí
pero teníamos miedo de salir de ahí. [ES6]

Hacia las 7 de la tarde, emprendieron el regreso a la Normal, acompañados por


reporteros, maestros, maestras y personas solidarias.

96
La vivencia de los estudiantes que se quedaron en la Normal (ES1, ES2)

Alrededor de 50 estudiantes permanecieron en la Normal y no participaron


en la actividad de boteo y toma de autobuses. Esto debido a varias actividades
que estaban desarrollando la tarde del viernes 26 de septiembre del 2014, como
prácticas y ensayos de los clubes culturales u otras actividades. Uno de los
estudiantes que se quedó en la Normal esa tarde, explica:

Bueno, no sé si sería en mi suerte o mala suerte, porque ese día se fueron y yo estaba en la
Normal y pues hay clubes, de lunes a viernes hay ensayo. Yo estoy en uno de los clubes,
de la banda de guerra y ese día tocó en la tardecita todo lo que fue un viernes. El viernes
terminamos de ensayar temprano, nada más limpiamos los instrumentos y en eso fue que
ellos salieron como a la actividad como las 5, y se fueron. [ES2]

Los estudiantes que se quedaron en la Normal refieren que cuando supieron


de los ataques en contra de sus compañeros en Iguala vivieron sentimientos
profundos de miedo, rabia, coraje y mucha impotencia. Los que cupieron se
fueron en dos Urban hacia Iguala, mientras que quienes se quedaron vivieron
mucha frustración a medida que se iban enterando de los hechos.

Los estudiantes no daban crédito a lo que estaba sucediendo, pues no había


ningún antecedente de un ataque de esa magnitud, ni guardaba proporción
alguna con las actividades de boteo y toma de autobuses que venían realizando
hasta entonces. Los testimonios a continuación hablan de la vivencia traumática
de los estudiantes que estaban en la Normal al recibir las noticias de los hechos:

La llamada la pusieron con altavoz y nos decían que estaban dentro del bus y que estaban
tirando, y sí se escuchaba, ruido, los balazos y una desesperación. Nosotros también
espantados, con miedo, aun estando en la Normal, pasando eso, pero sí se sentía mucho
coraje, ¡no podíamos creer lo que estábamos escuchando! [ES2]

En eso yo me puse mal, me sorprendí, dije: “No pues ¿a quién le dieron?”, luego pensé
a quién le dieron porque habían dicho un pelón pues, ya pero los chavos. Nosotros nos
agüitamos ¿qué está pasando allá?, ¿qué está sucediendo?, ya lo demás… Una desesperación
horrible en esos momentos. Ya en eso como de las 12, 1, estábamos concentrados en los
padres, estaban haciendo guardia en las entradas, en la cerca… en el portón, estábamos
cuidando… [ES1]

La sensación de impotencia se agravó cuando supieron del ataque a Julio César


Mondragón Fontes.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 97


Los estudiantes que permanecieron en la Normal se mantuvieron toda la noche
despiertos a la expectativa de información que les llegaba a cuentagotas, junto
con los familiares que se iban concentrando en la escuela. Al mismo tiempo, se
mantuvieron activos: tratando de dar información a los medios de comunicación,
organizando brigadas para resguardar la Normal y para recibir a la gente que
iba a apoyarles y a mostrar solidaridad. Se prepararon para el regreso de sus
compañeros que estaban en Iguala y la caravana que les acompañaba:

Pues nosotros cuando nos dijeron que ya iban a llegar, como eso de las 7, ya estábamos
hasta en el arco esperando, estábamos haciendo guardia. No llegaban y hasta nos decían,
vienen policías resguardándolos. Nosotros teníamos miedo y estar en la carretera que
vinieran, es un miedo pues, ya hasta después llegaron. Del arco para adentro no dejamos
entrar a la policía. [ES1]

Como muestra el testimonio anterior, los estudiantes que permanecieron en la


Normal vivieron un proceso de traumatización vicaria o secundaria, al tener
conocimiento de los ataques en contra de sus compañeros e incluso escucharlos
vía telefónica cuando estaban sufriendo los ataques. Frente a la masividad y
brutalidad de los ataques sufridos por sus compañeros en Iguala y no poder
atribuirlos a ninguna razón, los normalistas sintieron miedo de ser atacados
dentro de la escuela. Este temor se mantiene latente desde entonces y se reactiva
en incidentes posteriores.

Impactos traumáticos del asesinato y tortura de Julio César Mondragón Fontes

El día 27 de septiembre del 2014 por la mañana empezó a circular por las redes
sociales la foto de Julio César Mondragón “el Chilango”, quien se separó del
grupo de estudiantes al escapar del segundo ataque en la calle Juan N. Álvarez.
Tanto la disposición del cuerpo de Julio César, en la vía pública con señales de
tortura y el rostro desollado, como la difusión de esta imagen a través de redes
sociales indica una finalidad expresiva. Es decir, el cuerpo de Julio César no fue
ocultado, por el contrario, fue expuesto intencionalmente para enviar un mensaje
de terror.

Nosotros nos venimos de allá [de Iguala] el 27, como eso de las 6, 7 de la tarde. No sé, pero
ya estaba oscureciendo y me dijeron en el trascurso de la tarde: “Es que no aparecen, ya se
fue a barandilla, ya se fue al MP, se fue a todos lados y no aparecen, no los encontramos”.
Y cuando en la mañana del día 27 nos enseñaron la foto del “Chilango”, de Julio César
Mondragón, pues dije: ”No, esto ya es otra cosa, esto no es una simple represión o sea esto

98
ya es… o sea nos quieren mandar un mensaje, pero es un mensaje muy fuerte de muerte,
de que lárgate, porque sino eso te espera”. [ES8]

Para los estudiantes sobrevivientes que seguían en la Fiscalía de Iguala, la imagen


generó terror y un estado de choque. Vivieron la tortura y crueldad extrema en
contra de Julio César como un nuevo ataque a los normalistas y una amenaza
para que se fueran de Iguala. No podían comprender por qué se habían ensañado
de esa manera:

Cuando a la mañana siguiente, ya en la Fiscalía, vimos la imagen que circuló en redes de


“El Chilango”, pues nos invadió el miedo. Nosotros hasta llegamos al momento de decir:
“Vámonos juntos, vámonos de aquí ya, aquí nos van a matar, por qué esperábamos más
tiempo”. [ES6]

Yo ya sentía mucho miedo, pero ahí fue más como lo doble, lo triple de verlo, de decir:
“¿Qué está pasando? ¿Qué tienen contra nosotros como estudiantes? De qué se trató esto”,
entramos en shock. [ES3]

Para los estudiantes que estaban en la Normal en aquel momento, la imagen


también representó un impacto traumático. En ese momento no podían entender
qué estaba pasando ni por qué.

Saber lo que estaba pasando allá y de saber a quién le habían dado y los demás estábamos
haciendo guardia, toda la noche hicimos guardia, en diferentes puntos. Nadie durmió y ya
como a las 10 u 11, ya estábamos ahí sentados en las guardias en eso y ya estaba circulando
la imagen del “Chilango”, en eso me llegó en el face[book]… ¡O sea cómo!, ¿pues qué está
pasando?, qué le hicieron y pues ya estábamos adivinando que si quien era. [ES1]

El estudiante ES8, junto con dos de los líderes estudiantiles, fue al semefo de
Iguala para reconocer los cuerpos de los 3 estudiantes ejecutados.

Al principio cuando yo vi a Julio pues dije: “En la madre, ¿qué estamos viviendo?”. Hubo
un momento en el que inclusive llegué a pensar que no era real lo que yo estaba viviendo,
que no era real porque digo es un compañero que lo vi hace unas horas, digo y ahora qué
cosas. Yo pensé que le habían echado ácido y cuando fuimos a verlo a semefo nos dimos
cuenta de que no.

Encontrar a su compañero en ese estado generó en el estudiante una reacción


transitoria de desrealización; es decir, la percepción de irrealidad del mundo
externo. Esta es una respuesta normal frente a un evento traumático, en este caso,
además, de extrema crueldad. Constituye un mecanismo de defensa del aparato
psíquico que no puede tramitar la intensidad del estímulo y recurre a la negación:

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 99


“Esto no está pasando”. Al mismo tiempo, esta respuesta le permitió enfrentar de
manera activa las tareas que se presentaban en medio del terror y la confusión.

Como se ha señalado en otros momentos, los estudiantes, incluso en los momentos


más adversos, se ven motivados por su sentido de pertenencia al grupo y de
responsabilidad hacia sus compañeros. En este caso, el estudiante ES8 sentía que
era su responsabilidad ir al SEMEFO a reconocer a los estudiantes asesinados,
en la medida en que sus compañeros se encontraban más afectados. A partir del
relato del estudiante podemos acercarnos a los profundos impactos en los jóvenes
que iban llegando a la Fiscalía tras haber sobrevivido a los ataques.

Alguien lo tenía que hacer [ir al SEMEFO] porque los demás compañeros iban llegando
y, o sea, como a otro mundo, algo desconocido, como otra dimensión… También lo era
para mí [detiene el relato, presenta llanto, llevándose las manos al rostro para cubrirlo,
respira y continúa].

Sí, el médico forense nos dijo que le habían quitado el rostro. Antes de que lo viéramos,
porque el médico como que nos quiso preparar y nos dijo: “Está muy fuerte lo que van a
ver, le quitaron el rostro a su compañero, prácticamente lo hicieron cuando él estaba con
vida todavía”. Dice: “Lo torturaron, fue una tortura muy tremenda”. El médico nos dijo
que había sido tortura, que le habían quitado el rostro, le habían desprendido la piel. Ya
después la pgr sale con esas chingaderas que fue fauna nociva. Ahí nos dijeron eso, los
médicos pues, que no tenían nada que ganar, ni nada que perder. [ES8]

La impresión que le causó ver a sus compañeros asesinados en el semefo, y en


particular a Julio César Mondragón, generó un profundo impacto traumático,
que se confirma en el carácter inenarrable de la vivencia:

El hecho de que yo pasara a ver a mis compañeros, sí, afectó. Esa imagen que nos mostraron
en la fiscalía yo no la quería ni contar a nadie porque era demasiado dura… luego empezó
a circular en el face, en internet. Para entonces yo ya no la podía ver. Nomás de pensar lo
que pasó al compañero me hace revivirlo todo de nuevo. [ES8]

Como muestra el testimonio, el estudiante se inhibe de contar su experiencia para


proteger a los demás, aunque posteriormente la imagen fue difundida en redes
sociales. Si bien esta inhibición está motivada por evitar el impacto traumático
en otros compañeros, también impide el apoyo social y produce sentimientos de
incomprensión frente al resto del grupo afectado que no tuvo que hacer el trámite
de reconocimiento.

100
Regreso a la Normal y días posteriores

Durante los días y semanas posteriores a los hechos, los estudiantes


manifestaron respuestas de estrés agudo derivadas de los eventos traumáticos.
Estas respuestas tienen que ver con la activación fisiológica producida por
los eventos traumáticos, al tiempo que son esfuerzos de elaboración psíquica
del trauma. Según los testimonios recogidos para el presente diagnóstico, los
estudiantes experimentaron miedo intenso de sufrir un nuevo ataque a partir de
los hechos. El estudiante ES9 refiere que el miedo lo llevó a esconderse en la casa
de sus familiares en Iguala durante un mes:

Tenía más temor que me encontraran y yo mis pañuelos que llevaba los escondí en la
bolsa porque iba manchada de sangre del compañero Aldo y mi pantalón también. Así que
yo corrí, seguí corriendo con esa lluvia y llegué a la terminal. Ya me dirigí hacia donde
estaba mi tía, ya estaba muy sola la calle. Empecé a tocar, no me abrían y tenía miedo que
me fueran a encontrar. Empecé a tocar, media hora, no me abrían. Toqué hasta que una
de mis primas despertó y me fue a abrir la puerta y ellos no tenían idea de lo que estaba
pasando. Mi hermano que vivía ahí ya se había dado cuenta, me había ido a buscar. Así
que yo me metí, me senté. Mis primas me estaban hablando pues de que qué tenía y yo no
podía hablar, nada más decía “No, estoy bien, no pasa nada”. Y ahí estaba con el temor de
que a lo mejor me vieron por donde fui y que me fueran a sacar. Mis primas me hablaban y
no, no les respondía. Después llegó mi tía, me empezó a hablar también, hasta que hubo un
momento que sí supe sacar las palabras y les dije lo que había sucedido que había venido
de un lugar donde nos dispararon y solo entonces estuve hablando […].

Pues salí de la casa como en a finales de octubre, todavía logré salir porque es que lo que
pasa, como todos llevábamos el cabello corto, estábamos pelones o sea nos reconocían a
simple vista, y yo no salía por esa razón, estaba esperando que creciera mi cabello, porque
me daba miedo ser reconocido. [ES9]

Los estudiantes que salieron juntos de la Fiscalía el 27 de septiembre de 2014


relatan su vivencia de terror tras los ataques. Partieron hacia la Normal en dos
autobuses, las dos Urban que habían llegado en la madrugada y una caravana
integrada por maestros, periodistas y personas solidarias, además de las patrullas.
Uno de ellos comenta:

Eran dos, porque un autobús venía bien lleno y dice: “Pásense para el otro autobús” y
nadie se quería pasar. No nos queríamos separar, teníamos mucho miedo de salir de la
Fiscalía, de estar de nuevo en las calles. Ya nos pasamos con miedo algunos porque sí
veníamos bien apretados. “Que se pasen para allá”, nos decían los coordinadores, nadie
se movía. Nos fuimos como 10 en el otro autobús, iba bien vacío. No habíamos comido,
sin comer, sin dormir, cansados pero pues íbamos agachados todo el tiempo… [respira
profundo para poder continuar] Esa sensación de ver las sirenas de las patrullas, es algo
que no me puedo quitar, hace que me esconda hasta la fecha. [ES4]

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 101


Como señala el testimonio anterior, algunas reacciones de estrés agudo, como
las respuestas de terror frente a estímulos asociados a los eventos traumáticos se
prolongaron en el tiempo. Estas respuestas se abordan más adelante en la sección
sobre reacciones de estrés post traumático.

Mientras se encontraban en la Fiscalía, los estudiantes sobrevivientes tuvieron


conocimiento de que los normalistas que habían sido detenidos no estaban en
ningún lugar en donde los habían buscado, pero no podían dimensionar lo que
esto significaba. En aquel momento se hablaba de 70 estudiantes desaparecidos.
Fue hasta que regresaron a la Normal que empezaron a comprender que sus
compañeros estaban desaparecidos y se fue esclareciendo cuántos eran. ES3 lo
comparte así:

De los compañeros de primero, había quienes estaban en sus casas. En el caso de los 57
desaparecidos en el primer momento, compañeros estaban en su casa. Otros chavos en ese
momento se fueron a su casa desde Iguala, como quien toma un taxi. Otro es “Ojitos”, él
llegó con otros dos chavos a la Normal, tuvieron el valor o no sé, de entrar todavía a la
central [en Iguala] pues ahí estaban los taxis, de irse a Chilpo. Otro estaba en la Normal, y
así fue que la lista se depura cuando llegan todos los papás. Un 3 de octubre. [ES3]

A las reacciones de estrés agudo se suma un nuevo evento traumático: la


desaparición forzada de sus compañeros. Los días que siguieron en la Normal
fueron difíciles para los estudiantes sobrevivientes. La Escuela se llenó de gente
que iba a apoyarlos, periodistas que los buscaban para tomar el testimonio
directo de los sobrevivientes, estudiantes de otras escuelas normales del país,
además de los padres de los estudiantes desaparecidos que se fueron a vivir
permanentemente a la Normal.

Los estudiantes sobrevivientes entrevistados refieren diferentes reacciones en los


días posteriores derivadas de los eventos traumáticos en Iguala. En general se
observa una tendencia al aislamiento y a la evitación de hablar de lo sucedido.
Tampoco querían comer. Mientras algunos se refugiaron en la Normal, otros
se fueron a sus casas al otro día de haber regresado a la escuela. En el caso de
los que se fueron a sus casas, lo único que querían era estar con su familia, sin
hablar de lo sucedido. Uno de ellos menciona haberse ido de la Normal hasta
por un mes, mientras otros pocos que se fueron ya no volvieron. Los siguientes
testimonios ilustran estas reacciones:

Yo no salí 8 días de la Normal para nada, ni a Tixtla salíamos para nada. No queríamos
ver a nadie, ni a nuestras familias. [ES5]
102
Más reporteros y más reporteros, era horrible, no queríamos ver a nadie, solo queríamos
estar en silencio, entre nosotros… y les abríamos y cerrábamos por dentro, no
queríamos ver a nadie prácticamente y en ese momento nos metíamos al comedor. Y pues
mi abuelita falleció el 5 de octubre. En ese lapso, pues fue la primera vez que me tuve que
ir a mi casa y salí obligado. Luego ya regresé, no me sentía bien estando en mi casa. [ES3]

Otros síntomas de estrés agudo tienen que ver con la dificultad para dormir y
mantener un sueño reparador por la persistencia de imágenes intrusivas de los
hechos ( flashbacks).

Esa noche yo no dormí, hubo como 3 semanas que no dormía muy bien porque cogía el
sueño y me venían esas imágenes de mi compañero [Aldo] o me venían esas detonaciones
que nos dieron y no, estuvo muy pesada durante un mes. No estuve bien y yo me resguardé
en Iguala, ya no salí de Iguala, ahí me quedé… Pues del compañero Aldo pues se me venía
el rostro y me iba durmiendo, entre sueños se me venía eso y despertaba y ya no me volvía
a dormir y del otro compañero el que estaba pidiendo ayuda pues, pues prácticamente
murió al instante porque le traspasó la bala, al cuello, se desvaneció, nada más esos
recuerdos que se me venían y no me dejaban dormir. [ES9]

Frente a eventos traumáticos y sin sentido, respuestas de solidaridad


y apoyo mutuo

Durante la noche del 26 y 27 de septiembre de 2014 los estudiantes normalistas


sufrieron hechos de violencia frente a los que no estaban preparados, que
implican amenazas a su vida y un estado de total indefensión. Estos eventos
fueron escalando rápidamente hasta alcanzar una enorme intensidad, magnitud,
brutalidad y extrema crueldad. En el transcurso de menos de 24 horas,
los normalistas vivieron una serie de ataques consecutivos que pueden ser
considerados en sí mismos y por separado como eventos traumáticos: el encierro
en la terminal de Iguala, la persecución de la policía en ambos escenarios —la
calle Juan N. Álvarez y Periférico Sur—, los dos ataques en la calle Juan N.
Álvarez y Periférico Norte, los ataques y la persecución a los estudiantes que
iban en el quinto autobús, la difusión en redes sociales de la fotografía de Julio
César Mondragón con signos de tortura y el rostro desollado y la constatación de
la desaparición forzada de sus 43 compañeros.

Estos eventos estuvieron separados por momentos de relativa calma, durante los
cuales los sobrevivientes pensaban que el horror había terminado y que no podría
ocurrir algo peor. Por ejemplo, tras el primer ataque en la calle Juan N. Álvarez
los normalistas se disponen a realizar una conferencia de prensa y preservar

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 103


las evidencias en lugar de huir u ocultarse. Sin embargo, son sorprendidos
por un nuevo ataque en el que son heridos varios normalistas —uno de ellos
gravemente—, así como maestros y personas solidarias, y mueren dos estudiantes.
Del mismo modo, los estudiantes que iban en el quinto autobús huyeron en un
primer momento hacia un cerro y después caminaron por la carretera en donde
fueron atacados nuevamente por policías, lo que los hizo huir nuevamente.

Los sucesivos ataques configuran una situación traumática en la que cada


evento profundiza la vivencia de terror en los jóvenes. La intensidad de los
ataques rebasó las defensas psíquicas de los estudiantes, quienes refieren haber
experimentado un estado de choque, pasmo, embotamiento o la sensación de
estar en otro mundo. Esto constituye un mecanismo de defensa que impide el
aflujo de mayores estímulos traumáticos. Para comprender mejor el impacto de
los ataques sucesivos es importante señalar una característica señalada por los
estudiantes: lo inesperado de los hechos. Los estudiantes relatan una vivencia
de incredulidad y confusión puesto que no tenían antecedentes para pensar que
podrían sufrir agresiones de esta naturaleza. Tampoco existe proporción alguna
entre sus acciones e intenciones (las actividades de boteo y toma de autobuses)
con las agresiones sufridas. Hasta la fecha de las entrevistas, los estudiantes no
lograban encontrar sentido frente a la desproporcionalidad de los hechos:

Fue una barbarie lo que hicieron con nosotros. Tal vez nos merecíamos que nos
reprimieran con fuerza antimotín, tal vez nosotros pudimos responderles. Ellos
nos pudieron haber llamado la atención, decirnos que ya nos fuéramos, los autobuses
se quedaran ahí y nosotros nos fuéramos. Nosotros tal vez pensamos en eso de que a lo
mejor se pudo haber dado un enfrentamiento con la fuerza pública pero nunca debieron
haber hecho eso, porque ni hasta el más peligroso narcotraficante lo persiguen a balazos,
lo persiguen lo que es accionando sus armas de fuego, matando a sus demás compañeros.
Nos persiguieron como los peores humanos que puedan existir sobre la tierra, como que
hayamos hecho un delito de suma responsabilidad que nosotros deberíamos atender pues.
Así que nosotros no merecíamos eso, como vuelvo a repetir nos pudieron haber mandado a
la fuerza pública, los antimotines. Pero pues no procedieron a hacer eso, ellos procedieron
a usar la fuerza armada, lo que viene siendo la fuerza bruta. Pues en su momento nosotros
pensamos en eso de que no nos merecíamos un golpe tan trágico pues para nosotros, y
no solamente para nosotros, sino también para México porque la sangre derramada pues
nunca se olvida. [ES9]

En el momento de los ataques se detonaron respuestas fisiológicas y psicológicas


de sobrevivencia frente a eventos que constituyen amenazas para la vida y que
preparan al cuerpo para defenderse o escapar.

104
Nosotros nos llenamos de impotencia y a la vez de miedo, el saber que un compañero
sin saber quién era, pues ya estaba dado muerto por nuestros compañeros, así que en su
momento fue esa rabia, impotencia pero a la vez temor, ese temor que te impulsa a correr,
ese temor que te impulsa a no seguir adelante, a cancelar todo lo que estás haciendo para
poder salvarte a ti mismo por lo cual nosotros procedimos a decirle al chofer de que nos
fuéramos, de que ya nos teníamos que ir de ahí de Iguala y que teníamos que llegar a la
Normal de Ayotzinapa lo antes posible. […] El porqué no nos agarraron porque en su
momento tuvimos miedo, no nos congelamos no nos quedamos ahí parados nada más,
no nos aturdimos ni nada, solamente fue el miedo el que nos impulsó a seguir adelante a
superar todos los obstáculos que pasamos esa noche, el frío, la lluvia, las emboscadas que
sufrimos. [ES9]

Al mismo tiempo, en los relatos se aprecian reacciones que privilegian dinámicas


grupales y de solidaridad que favorecieron respuestas colectivas relativamente
organizadas en medio de la experiencia caótica de las agresiones. Resulta notable
la reacción de los jóvenes que en una situación de total indefensión y frente a la
inminencia de la muerte —“Nos iban a matar a todos”— deciden arriesgarse
para ayudar a sus compañeros.

En el presente caso se observa que tanto las experiencias previas, la cohesión


grupal y los valores compartidos de compañerismo y solidaridad median las
respuestas fisiológicas frente al estrés y la amenaza vital. La capacidad de los
estudiantes de enfrentar la adversidad y las reacciones de apoyo y solidaridad
de la población les permitieron sobrevivir aquella noche. Sin embargo, como se
muestra más adelante, el hecho de no haber podido hacer nada para salvar sus
compañeros asesinados y desaparecidos generó en los estudiantes un fenómeno
conocido como culpa del sobreviviente. Este sentimiento de culpa juega un
papel fundamental en la elaboración posterior de los impactos traumáticos de los
ataques en Iguala.

Impactos post traumáticos en los estudiantes sobrevivientes

Reacciones post traumáticas: la marca de los ataques en Iguala

Los estudiantes normalistas manifiestan una serie de síntomas que se prolongaron


más allá del primer mes después de los ataques en Iguala, o que iniciaron de
manera diferida (después del primer mes). Entre estos síntomas destacan el estado
de hipervigilancia, sobresalto y reacciones fisiológicas de preparación frente a
nuevos ataques, así como reviviscencias del trauma frente a estímulos externos

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 105


(patrullas, policías, sirenas o ruidos semejantes a detonaciones de armas de
fuego, truenos, cohetes, azotes de puertas, ruidos al caer cosas pesadas, alarmas,
etc.). Además, los estudiantes narran que son invadidos por imágenes intrusivas
de los ataques, que aparecen tanto en sueños como en estado de vigilia y dan
cuenta de la dificultad para conciliar o mantener el sueño.

Estas reacciones corresponden con la sintomatología descrita en el Trastorno de


Estrés Post Traumático. En algunos casos los síntomas persistían hasta la fecha
de la entrevista, mientras que en otros habían disminuido o los sobrevivientes
aprendieron a manejarlas. Además, durante las entrevistas se observaron
respuestas de hipervigilancia y sobresalto, así como llanto al narrar los hechos
que vivieron.

Mira, yo dormía con mi compañero y en la ciudad de Tixtla, es la ciudad donde hay


muchas fiestas hasta donde no se imagina y si nomás escucho un cuetón hasta nos
parábamos. Estábamos fuera las 12, las 6 de mañana, nos parábamos de inmediato y
salíamos. Cualquier ruido así como si fuera de una detonación nos asustaba. [ES2]

No hace mucho, una vez tiraron una bomba no sé en ese momento… El miedo se metió
en mi cuerpo, lo abracé, abracé a mi compañero, me dio mucho miedo. Luego supe que
habían sido cuetes, no disparos ni bomba, pero yo así lo sentí. [ES3]

O un ruido así, te alerta, te espantas, o quieres esconderte. Como a mí una vez me pasó
en mi casa, tiraron un balazo así cerca y lo que hice estaba viendo la tele, lo que hice fue
tirarme al sillón. Estaba toda mi familia ya nada más me quedé así, después ¿qué hice?
Por instinto lo haces. [ES4]

Hasta Morelos, al ver patrullas me daba miedo, aún así yo en mi caso veo patrullas y me
da miedo, temor más al ver las torretas… Donde sea, de hecho luego vamos en el autobús,
dicen lo van resguardando [policías] y nada más vamos viendo ubicando las patrullas y
más en Iguala. [ES5]

Las reacciones de estrés post traumático y la evitación de estímulos asociados a


los eventos traumáticos limitaron las actividades cotidianas de los estudiantes,
como salir a la calle.

Tenía eso cada vez que escuchaba una sirena de una patrulla me venía ese temor de que
“otra vez va a pasar”. Tenía ese trauma que no me dejaba salir a la calle. [ES9]

Los estudiantes sobrevivientes de los ataques en Iguala han regresado


a esta ciudad en numerosas ocasiones para participar en los actos públicos
de conmemoración de los hechos que se realizan cada mes, en las brigadas de
búsqueda que se han hecho junto con los padres de los estudiantes desaparecidos
106
y en la reconstrucción de los hechos que se llevó a cabo con el giei. Uno de los
jóvenes entrevistados, comenta:

Es que cada mes se hace un evento sociocultural, cada vez va rondalla y banda de guerra,
luego danza y yo así luego íbamos cada mes. Después fuimos a la búsqueda, fue cuando
estuvimos más días ahí en Iguala. [ES4]

Los estudiantes refieren reacciones post traumáticas que se detonan al visitar la


ciudad de Iguala:

Al momento de ir entrando a Iguala, en todo el cuerpo así, sientes el frío en las manos, ves
a alguien así que más o menos tiene su cara desconocida así te da pánico. Siento presión
en el cuerpo, el corazón me late más fuerte. [ES4]

Tuve que volver con los papás y compañeros. O sea yo ni siquiera conocía ese pinche
lugar [donde quedó el cuerpo de Julio César Mondragón] y yo no sabía que, por ejemplo,
fue la primera vez también que vi que hay un monumento ahí donde cayeron los dos
compañeros. Yo no lo había visto, y pues estar ahí, todavía están las marcas de las balas,
están encerradas en círculos rojos, pues se vienen esas imágenes que incomodan de una
u otra forma te molestan. Cuando estuve donde encontraron al compañero Julio César,
pinche lugar desolado, unas cuantas casas por ahí cerca. O sea, ver pues muchas cosas,
sentir muchas cosas, que vengan a tu mente imágenes o hay momentos hasta en los que
como si pasara la pinche película de lo que posiblemente le pasó a los compañeros por
aquí, o sea en tu cabeza como que se reproduce una pinche película de lo que posiblemente
les pasó y pues está canijo. [ES8]

Para los sobrevivientes los hechos continúan sucediendo a nivel subjetivo


a través de la revivencia del trauma. La repetición del trauma a través de los
síntomas antes descritos señala la existencia de un núcleo traumático que no
puede ser representado por el lenguaje. De ahí que los sobrevivientes refieren la
imposibilidad de transmitir su vivencia:

Pues yo siento que como para relacionarse más sería como entre nosotros mismos, ¿no?
Porque pues ahí hablas así, como que más pues hablas bien de todo, porque se entiende uno
y pues sí hablas con otras personas, por decir con nuestros familiares, pues te entienden
pero no saben del todo pues cómo pasó y pues no les cuenta uno todo así tal cual. Porque
haga de cuenta que empiezas a contar y se van malinterpretando las cosas, ¿no? Se van
distorsionando y yo termino mejor por ya no contarle a nadie. [ES4]

Frente a lo no representable y comunicable, los sobrevivientes se inhiben de


hablar de su experiencia, a no ser con otros estudiantes que vivieron los hechos.
Esto repercute en la poca visibilidad de los normalistas sobrevivientes como
víctimas y dificulta el apoyo social.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 107


En las entrevistas realizadas se observa ambivalencia en los normalistas, quienes
por un lado reconocen los impactos de los ataques como una marca para toda
la vida, y por otro lado niegan o desestiman los impactos traumáticos de la
experiencia. En virtud de un proceso de disociación, frecuente en sobrevivientes
de situaciones traumáticas, se busca apartar los síntomas de la consciencia
a través de la negación o evitación para continuar con la vida, pero el trauma
persiste. Los estudiantes sobrevivientes entrevistados se refieren a esta vivencia
como una parte muerta de sí mismos, un vacío, o una carga para toda la vida:

Las demás generaciones quizás se enfoquen más en su trabajo, la plaza,32 la familia, pero
nosotros que estuvimos esos días en Iguala, vamos a cargar con esto siempre y el tiempo
que dure nuestra vida lo vamos a cargar siempre, de una u otra forma. [ES5]

Exactamente, como digo, o sea se podría decir que estamos por una parte muertos porque,
o sea lo que nos sucedió ahí queda, no te lo pueden quitar, y pues ahí va a estar. Lo bonito
sería, es que alguien llegara y te dijera “No sucedió, no te sucedió eso”. Te quitara todo
eso, pero pues desgraciadamente no, ahí está igual ese vacío que sentimos nosotros y toda
la escuela ahí sigue. [ES6]

Pues no creo que ya nos recuperemos porque fue algo que venimos pensando desde
más de un año, casi 17 meses, un poco más de 17 meses […] Nosotros ya tenemos una
idea centrada en que ya no nos importa nada. Mi persona ya no puede sufrir más daños,
mentalmente, porque ya pasó una de las peores cosas que una persona les pueda pasar,
intento de asesinato, intento más que nada de ver a nuestros compañeros que los querían
asesinar, a nosotros. Este trauma que en un principio sentíamos pero que poco a poco
nosotros mismos fuimos analizando, y llegamos a esa decisión de ya no nos importa nada
más que encontrar a nuestros compañeros más que nosotros mismos, más que seguir
adelante, más que poder seguir uno mismo mediante ese camino, ese camino que nosotros
sabemos que nos va a llevar y nos va a conducir a seguir con esta lucha. [ES9]

Al mismo tiempo, en los testimonios aparece un mecanismo de defensa a partir


del cual se desconoce los ataques en Iguala como el origen de los síntomas de
manera consciente:

Nunca me habían pasado cosas así, pero después de un mes del 26 de septiembre de 2014
empezaba. Dormía en el suelo, estaba durmiendo en el suelo y nada más de repente me
despertaba y me sentaba, muy agitado y sudando, respirando muy fuerte. Pero no soñaba
nada, solamente me despertaba así. Así que en un principio no sabía qué era, preguntaba
y no sabía qué era, pero ya luego me estuvieron diciendo que era por lo que había pasado
el 26 de septiembre. En un principio no quería aceptarlo porque no sentí que me haya por
así decirlo traumado así tanto, así llegar a ese punto. [ES6]

32
Se refiere a una plaza como maestros al salir de la Escuela Normal.

108
Pues es que no sé por qué empiezo a hablar de eso cuando estoy borracho pero pues
empiezo, o sea concretamente no sé… Quién sabe, dicen que con alcohol todo fluye, dicen
que con unas copas de más todo sueles hablar. Pero a mí sí se me complica en sano juicio
se me complica. De hecho cuando vamos a las organizaciones y quieren que yo hable,
hablo de todo menos de lo que pasó. Porque de antemano yo sé que si hablo voy a
llorar, hay ocasiones en las que tengo que hablar pero pues yo sé que a la mera hora quizá
ni me entiendan las personas por qué o estar llorando pero quién sabe por qué se me
dificulta… Pues nomás son 14 [desaparecidos] de aquí de mi pueblo [Tixtla] [Rompe en
llanto, llevándose las manos a la cara para ocultar las lágrimas]. [ES8]

En algunos casos, los estudiantes han aprendido a manejar los síntomas tratando
de mantenerse ocupados y otras formas de afrontamiento:

Yo he aprendido a controlarlo al paso del tiempo, yo no me siento tan mal como al principio.
No vivo ya con ese miedo, ya puedo salir, puedo hacer las cosas regularmente como de
costumbre. Como digo, me ha ayudado el folclor mexicano que he estado practicando, me
ha ayudado mucho, el hacer otras cosas, el trabajar también. Como también trabajo,
también me ha ayudado, lo he aprendido a sobrellevar y pues la verdad mis compañeros
no lo sé, no entiendo porqué no hablan. [ES6]

En virtud de estos mecanismos de defensa y de las formas de afrontamiento


desplegadas por los sobrevivientes frente a los impactos traumáticos y las
pérdidas producto de los ataques (en el caso de los normalistas asesinados se
trata de procesos de duelo mientras en el caso de los desaparecidos es una pérdida
ambigua), estos pueden dar la apariencia de haber superado las consecuencias de
los ataques en Iguala, el asesinato y la desaparición forzada de sus compañeros.

Pues quizás hemos tratado de demostrar lo contrario a decir que estamos tristes, quizás
demostramos otra cosa a lo que realmente nosotros sentimos por dentro. ¿Por qué? porque
sinceramente fueron grandes amigos, hermanos que pues algunos fallecieron y los otros
están desaparecidos, es algo que nosotros pues sí nos duele aunque no lo crean o quizás
digan “Ya lo superaron”. No es cierto, sea como sea nosotros los queríamos y pues aun los
queremos de regreso. [ES9]

Pues de una parte me ayuda porque se me llenan de cosas la cabeza y no recuerdo cosas
que me lastiman, que me ponen no sé, una conjunción de varios sentimientos encontrados
y peleados entre sí pero a la vez juntos, los psicólogos le llaman embotamiento. [ES8]

A pesar del sufrimiento emocional y los impactos traumáticos observados en


los estudiantes entrevistados, estos no se reconocen a sí mismos como víctimas.
Esto es una respuesta normal que tiene que ver con los mecanismos de defensa
que se echan a andar para afrontar el trauma, así como con sentimientos de culpa
relacionados con un fenómeno conocido como Síndrome del sobreviviente, como
se explica a continuación.
Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 109
La culpa del sobreviviente: “no hubo quien los defendiera”

Los estudiantes normalistas vivieron una situación inesperada y de total


indefensión durante los ataques en Iguala, frente a la que pensaron que no
saldrían vivos. Sin embargo, como narra el siguiente testimonio, “no les tocó” y
sobrevivieron a las agresiones:

Pero se ensañaron, estuvieron disparando, por una u otra razón no me tocó pues ninguna
bala. Lo que hice fue tirarme al suelo y aventarme hacia donde estaba el autobús,
levantarme y pues ya, de cierta forma me salvé pues. Pero mientras alcanzaba a entrar al
autobús pensé que no viviría. [ES8]

Pese a las circunstancias objetivas que indican que los perpetradores de los
ataques son los responsables de los asesinatos y desapariciones, el proceso de
elaboración psíquica toma otro camino. Frente a la experiencia de indefensión
total e impotencia se echan a andar mecanismos defensivos a través de los cuales
se genera la fantasía de control sobre los hechos a un alto precio: atribuyéndose
la culpa de lo sucedido.

Uno de los estudiantes que originalmente iba en el tercer autobús de la comitiva


en la calle Juan N. Álvarez, se bajó durante los primeros ataques de la Policía
Municipal para abrir el paso arrojando piedras y después, por azar, se subió en el
primer autobús. Una vez en el cruce con Periférico, este joven presenció cuando
sus compañeros, posteriormente desaparecidos, fueron obligados a bajar del
tercer autobús y detenidos. En su relato aparece la vivencia de impotencia por
no haber podido hacer nada para evitarlo, compensada por la fantasía de que, de
haber estado en el tercer autobús, habría podido defenderlos:

Al tercer autobús no hubo quien lo defendiera. Nosotros no pudimos hacer gran cosa,
aunque intentamos lo más que pudimos, y salieron con una pinche barretita los policías
hasta que lograron abrir la puerta del autobús, y ahí miramos como los fueron bajando de
uno en uno [Con la mirada perdida, continúa]. El último en bajar fue Saúl, “el Chicharrón”
[Rompe en llanto] […] Es algo simple eso, si me hubiera quedado en el tercer autobús
quizá estaríamos hablando de 44, quizá estuviéramos hablando de menos. Pero de una u
otra forma yo conozco a mis compañeros y sé que así como dice la pgr que 3, 5, 10 tipejos,
por muy fuertemente armados que estén, para someter a 43, yo sé que no se iban a dejar
mis compañeros. [ES8]

Los sentimientos de culpa se manifiestan frente a los familiares de los


estudiantes desaparecidos y les confronta nuevamente con la impotencia de no
haber podido defenderlos:
110
En muchas ocasiones pienso en ellos, pero es más el tormento cuando se acercan los papás
a preguntar lo que pasó hasta la fecha. Los últimos días me han dicho: “Oye pero por qué
no agarraste los chamacos que no se los llevaran”. Como si yo hubiese podido haber hecho
algo […] Lo lógico indica que si yo hubiese podido hacer algo, pues lo hubiese hecho…
“¿Por qué no los agarraste que no se los llevaran, que se quedaran contigo?”. Pero yo qué
pude haber hecho, cabrón, no me sentía más que una pinche piedra en la mano. Aquellos
tenían sus pinches armas y pues cada quien corrió para donde se le hizo fácil. [ES7]

En términos psíquicos, para los estudiantes entrevistados, sobrevivir es un


hecho conflictivo que se juega en la búsqueda de respuestas a la pregunta “¿Por
qué sigo vivo?”. No existe ninguna razón o lógica que explique porqué algunos
sobrevivieron y otros no, ni un criterio que distinga a quienes “de alguna forma
se salvaron” de quienes fueron asesinados o desaparecidos. Esto confronta a
los estudiantes sobrevivientes con la tarea de construir un sentido frente a los
ataques, el hecho de sobrevivir y la vida que sigue después de los hechos.
Los testimonios a continuación presentan algunas de las respuestas que se dan
los normalistas:

Pues ser sobreviviente es algo que no logro explicarlo porque cualquiera pudo haber sido
uno de los 43, cualquiera de los que sobrevivimos. Sino que fue una oportunidad, no sé, que
nos dieron, una oportunidad de acabar lo que empezamos. En sí no le di el significado de
ser sobreviviente, aunque por dentro se podría decir que estamos muertos prácticamente
porque nos quitaron una parte de nosotros, y no fue una parte muy chica como la del 12
[de diciembre del 2012, cuando fueron asesinados dos estudiantes normalistas], sino fue
algo inmenso, que son 43 compañeros que no se puede olvidar. [ES6]

Pues en mi persona como he dicho, ¿no? A lo mejor volví a nacer otra vez porque yo nunca
en mi vida me había ocurrido algo así, a lo mejor sí un enfrentamiento me ha tocado, no
hacia mí directamente, hacia mí que yo sea el blanco, no de esa forma. Es algo que durante
toda mi vida voy a recordar y como le dije a mi mamá a lo mejor volví a nacer, volví a…
A lo mejor me dieron otra oportunidad de seguir viviendo, y si me dejaron vivo fue por
algo, es por eso que regresé, a la Normal porque sí medité mucho regresar o no y dije si me
dejaron vivo ha de ser por algo. [ES6]

Con el tiempo vamos a ir aprendiendo muchas cosas, hay una frase que escribí no sé ni
porqué pinche frase, pero dice: “Y bien, aquí estoy, ya aprendí, tarde para unas cosas, pero
a tiempo para muchas otras, ya aprendí”. Y de una u otra forma esto nos va a servir, no
sé para qué chingados nos vaya a servir, o quizá ya me sirvió para muchas cosas y ni en
cuenta. Lo único que sí anhelo y espero es de que demos con la verdad, pero no mentiras,
algo real. [ES8]

Como muestran los testimonios anteriores, para los sobrevivientes la posibilidad


de seguir vivos no es gratuita ni producto de la casualidad. Sobrevivir significa
una deuda con la vida, y en particular con sus compañeros asesinados y

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 111


desaparecidos. Esto permite dar sentido a los hechos a través de la búsqueda de
los desaparecidos, de la verdad y la justicia:

Nosotros como estudiantes ahora sí, hablando generalmente, no pararemos hasta poder
encontrar a nuestros compañeros desaparecidos, hasta hacer justicia y aun así nosotros
seguiremos en la lucha porque esto que le hicieron a Ayotzinapa no se puede remediar,
no se puede olvidar. Nosotros no permitiremos que a nuestros desaparecidos nos los
desaparezcan dos veces. Ya una vez nos los desaparecieron forzosamente y ahora quieren
desaparecerlos de nuestra mente y corazón. Nosotros no permitiremos nada de eso,
nosotros seguiremos en la lucha. Nosotros seguiremos con esa convicción de poder estar
aquí, y aún nosotros egresando, nosotros saliendo de la Normal de Ayotzinapa seguiremos
en esta lucha. Nosotros seguiremos con esa misma convicción que desde un principio
hemos tenido, fuera de hablando de nosotros, pues personalmente haría lo que fuera por
poder encontrar a nuestros compañeros, por hacer algo para hacer justicia porque aún
seguimos sintiendo esa impotencia de poder hacer algo por la Normal y hacer algo que
pueda ayudar y solventar a lo que es tanto la Normal de Ayotzinapa como el movimiento
para poder así seguir con nuestra lucha, sería todo. [ES10]

Sentimientos de rabia, desconfianza y vulnerabilidad frente a las autoridades

Asimismo, los estudiantes expresaron rabia y coraje frente a los ataques en


Iguala, los asesinatos y la desaparición de sus compañeros:

Es la rabia que se vino a incrustar en mí. O sea, al ver cómo nos trataron ese día,
tengo esa rabia por dentro que no he sacado de ese día que nos hicieron eso, no era
así yo anteriormente. A lo mejor el miedo ya casi no lo tengo porque he vivido otros
enfrentamientos después de eso, como las que sucedieron en el túnel. Las dos veces yo
andaba ahí, la de septiembre, aquí en la caseta también estuve, anduve corriendo por el
cerro. El miedo prácticamente ya no lo conozco. A lo mejor, a lo mejor me llega cada vez
que, como anteriormente se lo comenté, el ruido de las sirenas, o que así cuando voy solo,
cuando estoy solo y escucho eso, entonces si me llega eso. [ES9]

La rabia aparece asociada a los perpetradores de los ataques y se generaliza hacia


las fuerzas de seguridad del Estado:

Nosotros sentimos esa rabia todavía. Seguimos escuchando esas detonaciones que
surgían por parte de las armas de fuego de los policías. Teníamos esa rabia y después
en cada actividad que nosotros íbamos, nosotros queríamos encontrar a un policía y que
nos explicara la situación y algunos compañeros querían agarrarse a golpes con ellos
mismos porque en esos momentos eran nuestros enemigos. Algunos lo siguen siendo
pero en esos momentos nosotros la traíamos con todos los policías. Porque nosotros
generalizábamos, porque fueron ellos los que nos agredieron física y psicológicamente,
esa noche del 26 y madrugada del 27 de septiembre. Sentíamos demasiada impotencia
de poder hacer algo, de querer hacer algo, para ir a buscar a nuestros compañeros. [ES9]

El rencor ya no iba hacia lo que nos hicieron esas personas sino que ya tomé de manera
general, a todos o sea federal, ejército mexicano, cualquier autoridad ya no le tengo nada
112
de confianza, de hecho hasta mi propio municipio ya no confío en nadie de ahí y ellos se
han dado cuenta que yo he cambiado de esa forma aunque luego se acercan a mí, que te
vamos a ayudar y que infinidad de cosas que me quieren decir, pero ya les veo a todos
como lo mismo. [ES10]

Junto con los sentimientos de rabia y coraje, en los testimonios de los


sobrevivientes entrevistados aparece la desconfianza a las autoridades y la
pérdida de seguridad básica:

Pero en sí pues sí en ciertas ocasiones sí nos afecta psicológicamente porque hemos llegado
al punto de decir “ya no queremos estar aquí”, pero pues otra vez volvemos a lo mismo.
Volvemos a tener esa mayor convicción que solemos tener nosotros como ayotzinapos
pues así que amenazas siempre va a haber y siempre ha habido, siempre habrá. Llamadas
anónimas amenazándote le pares a todo el desorden que nosotros hemos hecho, siempre
va a haber y hasta ya nos acostumbramos. Sabemos que tarde o temprano saliendo de la
normal ya no seremos maestros, ahora ya seremos licenciados, ya seremos técnicos. Así
que pues estamos como por ahí se dice, a la deriva de que nos puedan hacer lo que sea,
pero como le comentamos hace rato, nosotros ya no nos ponemos a pensar en eso porque
sabemos que en cualquier momento ya nos puede tocar la de malas. [ES10]

Como se aprecia en el testimonio anterior, la pérdida del sentimiento de seguridad


básica aparece frente a una amenaza indeterminada como la vivencia de un
estado de vulnerabilidad y desamparo producto de los ataques. Sin embargo, en
el siguiente testimonio el sentimiento de inseguridad toma forma concreta en
relación a las denuncias de los estudiantes y la posibilidad de represalias:

Sabemos que cualquier momento podemos encontrar la muerte, por el simple


hecho de ser sobreviviente, por el simple hecho de tirarle a cada rato al gobierno,
por el simple hecho de poner en jaque, de haber derrocado el gobierno de Ángel
Heladio Aguirre Rivero. Porque Ayotzinapa no es solamente una piedra en el
zapato, Ayotzinapa ya tumbó un gobierno que fue el de Ángel Rivero que sabemos
que ellos lo están anhelando nuestra caída, babean por saber quiénes declararon
en contra de ellos, quiénes forzaron a su renuncia, porque en su momento fueron
muchos los que renunciaron y pues después del 26 de septiembre para acá. [ES9]

Impactos psicosociales de la desaparición de los 43 normalistas


en los estudiantes sobrevivientes

Los estudiantes toman consciencia de que un grupo grande de sus compañeros se


encuentra desaparecido cuando todavía estaban en la Fiscalía en Iguala. Fue difícil
establecer cuántos estudiantes estaban desaparecidos y quiénes eran. Al principio
Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 113
se habla de 70 estudiantes, luego de 57, y finalmente cuando llegan los padres a
la Normal se esclarece que son 43 los estudiantes normalistas desaparecidos. Sin
embargo, es con el paso del tiempo que los estudiantes empiezan a dimensionar
la desaparición de sus compañeros:

Días anteriores nosotros pues seguíamos pensando de que los tenían, al momento de que
los dimos por desaparecidos llegó una noticia en la que dijeron que ya era seguro que los
tenían en un cuartel militar y que nuestros compañeros, nosotros íbamos a ir por ellos y
en ese momento salió un autobús hacia ese cuartel militar, para ir a buscarlos, pues para
meternos y exigir su presencia. Pero eso ocurrió ya casi cuando no teníamos esperanzas, de
encontrarlos, o sea para darlos desaparecidos, ya perdiendo la esperanza que el Gobierno
los tenía, así que volvieron esas esperanzas pero cuando volvieron los compañeros
que fueron sin nada, sin los compañeros pues volvió a recaer pues esa esperanza pues de
que nosotros pensar que las fuerzas policiacas los tenían, así que nosotros nos percatamos
de que esto iba para más tiempo porque íbamos a seguir luchando. [ES9]

Pues ese día que pasó el caso yo estaba en mi casa, había pedido permiso con los del
Comité porque realmente no había estado con mi familia, fui y pues estando en mi casa
yo pensé que todo iba normal y pues yo no me daba cuenta, ya hasta cuando me llegó un
comunicado que habían atacado a los compañeros y que en ese entonces había como 45-47
desaparecidos, pues realmente quizás a mi me asustó, pues me puso en que pensar “¿Por
qué?”. Porque los compañeros pues todos eran de mi academia, conocidos, y pues la neta
en este aspecto pues yo, pues sí me asusté. ¿Por qué? Porque digo creo que ese golpe ya
fue exagerado, fue mucho, no sé. Pero pues yo no pensé que sería esta tragedia sería a tan
alto nivel, a tal grado de que los compañeros hasta ahorita no aparezcan. Yo pensé que
pues sí, los habían detenido, pero al día siguiente tenía la esperanza que los iban a soltar,
nos iban a dejar libres, y cada quien más o menos tranquilo porque no se puede quedar
contento porque fueron heridos, fueron asesinados […] y nosotros teníamos esa esperanza
que realmente al día siguiente los íbamos a encontrar en la Normal pero pasó el tiempo y
hasta la fecha no sabemos nada de ellos. [ES10]

Como se señaló antes, los estudiantes generan fuertes vínculos durante su


convivencia en la Normal, así como un fuerte sentido de pertenencia y cohesión
grupal. Por esta razón, la desaparición forzada de los 43 normalistas ha generado
profundos impactos psicosociales que aparecen de manera reiterada en las
entrevistas: “Al final de cuentas son nuestros compañeros, los queríamos como
hermanos y sentimos que todos eran como de la familia” [ES10].

Los sobrevivientes viven la ausencia de sus compañeros con profundiza tristeza,


soledad y el sentimiento de haber perdido una parte de sí mismos:

Hubo días enteros en los que no podía dormir, solo sentía como corrían mis lágrimas. Te
metías a la casa [dormitorio en la Normal] y se sentía una pinche soledad, cuando en casa
siempre había risas, pleitos, música, gritos y tú entras y una pinche soledad. [ES8]

114
Hay ocasiones que sentía que algo me faltaba, una parte de mí pues ya no estaba conmigo.
Ahí en la casa donde yo dormía éramos 20. De esos 20, 10 están desaparecidos, 5 se
fueron. Nada más 5 nos quedamos y de esos 5 a la casa nada más llegaba a dormir 1 o 2, o
sea sentía una ausencia, pues yo la casa estoy adentro cuando tengo que entrar, pero trato
de evitarlo. [ES7]

Los testimonios a continuación refieren una vivencia de vacío por “una ausencia
muy grande” y silencio en la escuela:

Pues en algunas ocasiones cuando tenemos clases, y cuando ves que realmente que no
estamos todos, no hemos estado completos, vemos una ausencia que quizás ese ruido
esa… que se caracterizaba por… la actitud de cada compañero pues es algo bien extraña
porque eran en ese entonces, quisiéramos que si estuvieran todos que nos calláramos, no
sé, nos gritábamos pero pues no se puede hacer porque la ausencia de ellos es muy grande
y pues daríamos todo por encontrarlos y por ver que también están vivos, por ver que sigan
con nosotros y ver que están de la mano con nosotros […] Siento que el silencio es lo que
caracteriza la ausencia de nuestros compañeros. [ES7]

Se siente un vacío inmenso, cada vez que ves las fotografías de tus compañeros y decir
“Nos faltan en mi academia, faltan compañeros”. A veces me imagino cómo sería la
situación si regresaran, o sea yo siento que algo nos falta, yo conocí a mis compañeros
yo siento que falta algo, nos falta algo, sería un poco diferente o muy diferente el que
estuvieran todos aquí. [ES6]

Los sobrevivientes refieren sentimientos de angustia e impotencia por no saber


cómo se encuentran sus compañeros y no poder ayudarlos, al mismo tiempo que
un fuerte compromiso con la búsqueda para encontrarlos:

Esa impotencia que se siente uno cuando sabe que alguien de su familia, sus amigos,
necesitan ese apoyo, no sabíamos si estaban gritando de dolor, si tenían hambre, si tenían
miedo y lo peor, qué harían mis compañeros si nosotros estuviéramos en el lugar de ellos
es por eso que nosotros sentimos esa conexión aún. Los que pasamos por esos trágicos
momentos esa es la comisión que nos mueve seguir adelante para poder encontrar a ellos,
a nuestros compañeros. Porque queramos o no, son nuestros compañeros y amigos, por
los cuales compartimos cuartos, momentos juntos, diversiones en sí, por eso es lo cual
nosotros aún seguimos sintiendo todas esas cuestiones de poder seguir adelante para poder
encontrarlos y así hacer justicia para nuestros compañeros que así fueron asesinados. [ES9]

De manera similar a los familiares de los estudiantes normalistas desaparecidos,


se observa en los estudiantes sobrevivientes impactos psicosociales derivados de
la pérdida ambigua de sus compañeros.

Yo aun tengo ahí guardados sus zapatos, están los de él [de Luis Ángel Abarca Carrillo]
y los míos, porque quedaron bien tiesos pues por el lodo… Ahí los tengo todavía. [ES8]

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 115


Los normalistas sobrevivientes se confrontan con la posibilidad de la muerte de
sus compañeros al tiempo que guardan la esperanza de encontrarlos con vida.

Sinceramente creo que es muy difícil que los compañeros sigan con vida, más sin embargo
hay unos antecedentes en los que gente ha escapado y gente ha sido encontrada con vida
después de años, pues esa es mi esperanza, mi esperanza es esa de que así como hay esos
antecedentes mis compañeros sean un caso más de esos y que pase el tiempo que pase
pues ellos si no están con nosotros por lo menos estén con vida pero sí anhelamos que
estén acá. [ES5]

Impactos psicosociales de la impunidad en los estudiantes sobrevivientes

Como se refirió antes, los estudiantes sobrevivientes se han involucrado en las


movilizaciones de denuncia, en la búsqueda de los 43 normalistas desaparecidos,
y la verdad y la justicia para los estudiantes heridos y asesinados, como una
forma de dar sentido a su experiencia y una expresión del compromiso con sus
compañeros. El manejo de la investigación ha deteriorado su confianza en las
autoridades y confirma la necesidad de mantenerse en la exigencia de búsqueda,
verdad y justicia. Además, estas actividades significan para los estudiantes
la exposición a nuevos ataques y agresiones, lo cual conlleva un riesgo de
victimización secundaria como represalia.

Sobre cómo me he sentido de un tiempo para acá desde la noche del 26 de septiembre
pues hay muchas cosas que podrían afectar pues en sí nos hacemos muchas preguntas,
nos hacemos diferentes. Sabemos que teorías siempre va a haber muchas, y a lo largo de
todo este tiempo, pues nosotros nos hemos percatado de mentiras, falsedades de muchas
perspectivas que van de la pgr en el caso Ayotzinapa. Así que nosotros pues en mi persona
hemos sentido que esto va para largo en lo que nos dan respuesta verdadera, una verdad
inmediata, pero más que nada que sea verdadera. Nosotros sentimos que esto va para
largo y pues sí hemos sufrido muchas en lo que es este lapso de tiempo, hemos sufrido
muchas represiones, amenazas, muchos percances. [ES6]

La movilización permanente como respuesta a la impunidad ha generado


impactos en el proyecto de vida de los estudiantes, en particular en su
proyecto académico:

Más adelante nos afectó ya que pues no pudimos disfrutar lo que es Ayotzinapa como
realmente es, porque Ayotzinapa no es una escuela que se la pasa luchando, una escuela
que se la pasa en marchas, en mítines en actividades, no, Ayotzinapa es una cosa muy
bonita. Tuve la fortuna de poder conocerla antes, cuando festejaban sus aniversarios, donde
festejaban eventos políticos, deportivos, culturales. Esa fue la comisión de mi persona
entrar a Ayotzinapa porque había mucha diversión, había mucho estudio y sabíamos

116
que salía gente preparada, gente que sí le entraba al estudio. Pero seamos realistas, este
movimiento ha causado que descuidáramos el sentido académico por lo cual nosotros ya
no hemos disfrutado lo que viene siendo Ayotzinapa en sí. Porque Ayotzinapa en sí es eso,
manejarse por los 5 ejes, pero ahorita solamente hemos atendido en su totalidad el político
para mantener así la organización estudiantil y encontrar a nuestros compañeros. [ES10]

La situación de impunidad en relación al caso Ayotzinapa y en particular el


desconocimiento del paradero de los estudiantes desaparecidos ha generado
en los estudiantes el dilema de conciliar sus actividades académicas con las
actividades de denuncia, búsqueda y movilización. En este conflicto entre
continuar con la lucha y retomar cierta normalidad en la vida cotidiana de la
Escuela se continúan expresando los impactos traumáticos de los ataques y de
la impunidad del caso. En este sentido, su única expectativa en relación a las
autoridades es el establecimiento de la verdad y la justicia:

No, yo nunca he recibido llamadas, ni acercamientos de ninguno ni de otro, de nadie


he recibido llamadas, mensajes por el Gobierno no y ni quiero pues… Que yo sepa, a
ninguno de mis compañeros se les han acercado, son demasiado arrogantes como para
buscar acercarse a nosotros, de por sí, saben que poco tendrían que decirnos, sino es la
ubicación de nuestros compañeros y el castigo a quienes nos hicieron todo esto. [ES8]

Afectaciones en las relaciones familiares

Tras los ataques ocurridos la noche del 26 y 27 de septiembre del 2014, los
familiares de los estudiantes sobrevivientes reaccionaron con justificada
preocupación. Como se señaló antes, uno de los impactos traumáticos de los
hechos tiene que ver con la pérdida del sentimiento de seguridad básica frente
a la brutalidad de los ataques. En algunos casos los familiares pidieron a los
sobrevivientes que no continuaran con sus estudios en la Normal motivados
por el miedo:

A mi familia pues sí les afectó demasiado porque hasta en su momento querían sacarme
ya de aquí de lo que es esta Normal Rural, dejar de estudiar aquí en Ayotzinapa. Pero
pues mi persona procedió a decirles que no se preocuparan demasiado, que seguiríamos
apoyando hasta donde más se pueda. Así que ellos siempre todos los días me marcan para
decirme cómo estoy, hay días que no les puedo contestar porque estoy atendiendo otros
asuntos. Pero en sí ellos nunca se olvidan, nunca pasan por alto eso, porque saben que
desde ese momento nuestras vidas están en riesgo, ya no tanto en el paradigma de decir
“Le pueden pegar, le pueden hacer esto o el otro”. Ya piensan en hechos reales como los
que ya pasaron, que cualquier momento pueda pasar algo parecido, es por eso que ha
afectado psicológicamente a lo que es mi familia, que en cualquier momento nos pueda
pasar algo. [ES9]

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 117


En algunos casos los sobrevivientes refieren que su decisión de continuar en la
Normal ha generado tensiones en la familia:

Pues seguimos con eso pues, nosotros apoyar hasta donde se pueda y es ahí donde entra
lo que es la preocupación por parte de los papás, hermanos y hasta demás familiares que
nos dicen que ya le dejemos ahí, que nos vayamos pero pues nosotros sabemos que no se
puede, porque es algo que nos impulsa, sabemos que esto ya es por nuestra propia calidad
moral, esto ya es un compromiso moral que nos retiene a estar aquí porque sabemos lo
que se siente estar solo. [ES5]

Los sobrevivientes refieren que a pesar del temor, sus familias han respetado
su decisión y se mantienen en comunicación para saber cómo están y tratar de
protegerlos. El siguiente testimonio habla de un cambio positivo en la dinámica
familiar a partir de los ataques, que ha permitido un mayor acercamiento:

Pues más apegada a mí porque fui el afectado. En ese entonces a lo mejor mi familia no
me ha demostrado el cariño porque o sea fue un poco estricto conmigo para sobresalir y
después de ese atentado pues mi familia ha estado en constante comunicación conmigo
cada rato, dónde ando, qué ando haciendo. “Vente a vernos, queremos ver que estés bien”
y pues es un poco ya más apegado conmigo. [ES7]

Perspectiva de los estudiantes sobrevivientes sobre la reparación


del daño

Uno de los objetivos del presente diagnóstico es establecer recomendaciones


sobre la reparación integral del daño hacia los distintos grupos de víctimas. Por
esta razón se indagó con los estudiantes sobrevivientes entrevistados sobre su
perspectiva en esta materia.

Los normalistas señalaron que cualquier ejercicio de reflexión o consulta en


relación al tema tendría que realizarse de manera colectiva: “Como digo aquí nos
han enseñado a trabajar en conjunto y no solo uno puede decidir lo que se tiene que
hacer, sino que se debe llevar a un consenso para ver qué idea es favorable” [ES6].

Sin embargo, los estudiantes entrevistados enfatizaron que para ellos la reparación
del daño solamente sería posible con la verdad, la justicia, el esclarecimiento del
paradero de sus 43 compañeros desaparecidos y su retorno:

La reparación es… la reparación para nosotros sería justicia, verdad y castigo para
los culpables, eso nada más. Saber dónde están, qué es de ellos [de los 43 normalistas
desaparecidos], que regresen aquí, que haya una justicia real, una justicia por lo sucedido,

118
que pague quien tenga que pagar. Yo siempre lo he dicho que pague quien tenga que pagar,
que caiga quien tenga que caer. [ES8]

Desde su perspectiva, la reparación también incluye que se haga justicia frente a


otros ataques cometidos en contra de estudiantes normalistas antes de septiembre
de 2014:

En su momento nuestra consigna sigue siendo la misma y la primordial, presentación


con vida de nuestros 43 compañeros desaparecidos, hacer justicia para los compañeros
que han sido asesinados, desde un tiempo para acá, lo que viene siendo, 12 de diciembre
de 2011, 7 de enero de 2014, y 26 de septiembre igual del 2014. Presentación con vida de
nuestros compañeros desaparecidos y hacer justicia para los compañeros que han sido
abatidos por las fuerzas policiacas. [ES10]

Por otro lado, los estudiantes refieren haber sido agraviados por la versión oficial
de los hechos difundida por la Procuraduría General de la República, y que
consistió en afirmar que los 43 jóvenes desaparecidos habían sido privados de
la vida y quemados en el basurero de Cocula. Esta versión fue posteriormente
desmentida por peritajes independientes presentados por el giei (2015) y el
Equipo Argentino de Antropología Forense (2016), por lo que los estudiantes se
refieren a esta como “la mentira histórica”. Frente al sufrimiento emocional y el
daño causado por el manejo mediático de esta versión, los estudiantes identifican
como una medida de reparación integral la sanción al entonces procurador y la
investigación eficaz para determinar el paradero de los estudiantes normalistas:

Yo soy de la idea de que él tiene que pagar por mentiroso, por haber hecho tal… Un
mitómano en exageración, ahora resulta que no fueron 43, que fueron 17, después van
a decir que nomás 10, después que 20 y eso es el pinche pueblo. Nada más lo que están
tratando todo el gabinete de la federación es corroborar lo de la hipótesis del basurero,
igual y regresar, ese no es un avance, es un retroceso en lugar de un avance. [ES8]

Frente a los impactos traumáticos de los ataques en Iguala y la impunidad, los


estudiantes identifican la importancia de la atención psicológica. Al mismo
tiempo, reconocen que no existen condiciones para recibir esta atención de parte
del Estado, fundamentalmente por la falta de confianza:

Sería difícil recibir algo que venga por parte del Estado hasta, como digo, anteriormente
yo ya no quiero nada de eso, relacionado a eso no, no podría ni hablar. Si quiero que se nos
atienda lo que nos ha producido el trauma, pero no por parte del Estado, nosotros elijamos
en consenso… que lo pague el Estado si acaso. [ES6]

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 119


Los estudiantes entrevistados rechazan la posibilidad de recibir una indemnización
de parte del Estado:

Eso de recursos económico, que te voy a asignar en tal puesto eso a mí no me interesa…
[ES2]

Hablando económicamente pues nunca nos ha interesado, tal vez nos hemos puesto a
pensarlo pero no queremos así nada que venga del Gobierno, no queremos. Es el coraje
pues que nos impulsa a seguir teniendo esa convicción a seguir rechazando rotundamente
lo que viene siendo cualquier cosa que venga del Gobierno. Económicamente nosotros,
bueno, mi persona podría ser, le ha hecho como ha podido y ha ido a trabajar, se ha dado
mal pasadas, se ha desvelado, no ha dormido ciertas noches, días, pero nosotros sabemos
porque lo hacemos para nosotros mismos. [ES10]

Asimismo, los estudiantes identifican impactos colectivos en la Escuela Normal,


así como las precarias condiciones que enfrentan los estudiantes que viven en el
internado. Frente a estos impactos, plantean la posibilidad de explorar medidas
colectivas de reparación integral del daño:

Pues justicia, tal vez sería que la Normal no se desatendiera, que tuviéramos más apoyos,
tal vez eso sería una de las principales para una justicia, que hubiera más recursos tal vez
y pues para la Normal eso sería. Sería lo que menciono, que hubiera atención médica,
atención psicológica y también sería la indemnización para la escuela porque así se ha
desatendido quizá ya mucho por lo del movimiento. También se han desatendido lo que es
las actividades académicas […] Tal vez lo de las raciones, lo de los dormitorios eso sería lo
más importante porque sea como sea es un internado y tampoco tiene que descuidar lo de
las raciones y dormitorios. Lo académico sería lo principal, yo creo que estamos hablando
de todo lo de la Normal, a fin de cuentas es la escuela. [ES9]

Resumen de impactos psicosociales en estudiantes sobrevivientes

• Los ataques del 26 y 27 de septiembre en Iguala son eventos


traumáticos por su carácter inesperado, no guardaban ninguna
proporción con sus acciones e intenciones, ni tenían antecedentes
para pensar que serían objeto de ataques de agresiones de tal
intensidad, magnitud, brutalidad y extrema crueldad.
• Los estudiantes sobrevivientes entrevistados experimentaron
vivencias de incredulidad, confusión, choque o pasmo, temor
intenso, desesperanza e indefensión frente a las amenazas contra
su vida. Los ataques sucesivos profundizaron la vivencia de terror y
desamparo, y configuran una situación traumática.

120
• Se observa una secuencia traumática en la que a los ataques en Iguala
se suman los impactos traumáticos derivados de la exposición a la
imagen de Julio César Mondragón, con signos de tortura y crueldad
extrema; la desaparición de los 43 estudiantes normalistas; el manejo
de las investigaciones por las autoridades, la estigmatización y la
impunidad que persiste en el caso.
• Frente a los ataques se detonaron en los estudiantes respuestas de
defensa o escape: el objetivo era regresar a la Normal. Asimismo, los
normalistas desplegaron reacciones que privilegian dinámicas grupales
y de solidaridad que favorecieron respuestas colectivas relativamente
organizadas en medio de la experiencia caótica de las agresiones.
• Los estudiantes que se encontraban en la Normal igualmente
vivieron impactos traumáticos al conocer los hechos.
• Las víctimas mostraron reacciones de estrés agudo durante el
primer mes posterior a los hechos: hipervigilancia, sobresalto,
reviviscencia del trauma frente a estímulos externos y en sueños,
imágenes intrusivas, imposibilidad de dormir que limitaron sus
actividades cotidianas. En algunos casos estos impactos se observan
posteriormente y constituyen síntomas de estrés post traumático.
• El trauma, que no puede ser simbolizado a través del lenguaje
persiste en los sobrevivientes a través de repetición de los síntomas
y la vivencia de una parte muerta de sí mismos.
• El carácter inenarrable del trauma afecta la posibilidad de compartir la
experiencia y hay una tendencia al aislamiento que afecta la posibilidad
de apoyo social y atención de las secuelas que viven los sobrevivientes.
• Se padece impotencia por no haber podido salvar a sus compañeros
asesinados y desaparecidos, culpa del sobreviviente y búsqueda
de sentido.
• Existe compromiso con la búsqueda de sus compañeros
desaparecidos, verdad y justicia como forma de afrontamiento.
Exposición a nuevos ataques en el marco de su participación en
movilizaciones y protestas (riesgo de victimización secundaria).
• Hay sentimientos de rabia y desconfianza hacia las
autoridades, y pérdida del sentimiento de seguridad básica en
los normalistas sobrevivientes.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 121


• Se deterioró la confianza en las autoridades derivado de los ataques
y el manejo de las investigaciones.
• Los estudiantes tienen vivencias de pérdida ambigua y duelo
alterado en relación a la desaparición forzada de sus 43 compañeros.
• Ocurre una afectación del proyecto académico y tensiones a nivel
familiar derivadas del miedo.

Conclusiones

A través del presente informe se determinan daños graves a nivel psicosocial en


los estudiantes normalistas sobrevivientes que incluyen los impactos traumáticos
de los hechos y las reacciones post traumáticas que desencadenan una serie de
síntomas que interfieren en el desarrollo de sus actividades cotidianas y afectan
diversas esferas de su vida. Al mismo tiempo, los estudiantes se debaten por
encontrar sentido a los hechos y continuar con su vida frente al duelo por sus
compañeros asesinados y la pérdida ambigua de sus compañeros desaparecidos.
La falta de esclarecimiento sobre el paradero de los 43 normalistas desaparecidos
y la situación de impunidad cronifica los impactos traumáticos y dificulta la
elaboración de la experiencia.

El compromiso con la búsqueda de sus compañeros desaparecidos, la verdad y


la justicia brinda a los jóvenes una vía de elaboración de su experiencia, en tanto
les permite dar sentido al hecho de ser sobreviviente. Si bien esto constituye
una forma de afrontamiento positiva, el otro lado de la moneda ha sido la
invisibilización de los impactos en los jóvenes sobrevivientes. En este sentido,
los estudiantes sobrevivientes son las víctimas no reconocidas en medio de una
tragedia de enormes dimensiones. Hasta la fecha de elaboración de este informe
los sobrevivientes no han recibido ninguna atención del Estado.

122
V. Impactos psicosociales en los normalistas
heridos y sus familiares
E
n este apartado se abordan los impactos psicosociales en los
estudiantes Edgar Andrés Vargas, que fue herido en la cara, y Aldo
Gutiérrez Solano, que permanece en coma, y en sus familiares. Para
este informe fueron entrevistados Ulises Gutiérrez Solano, hermano
de Aldo Gutiérrez Solano; Edgar Andrés Vargas, normalista herido
en el segundo ataque y sus familiares (sus padres, su hermano y su cuñada).
Asimismo, se realizó una entrevista grupal con los familiares de ambos
estudiantes heridos para realizar una evaluación de los daños, de la atención
recibida por las instancias correspondientes (Secretaría de Gobernación y la
Comisión Ejecutiva de Atención a Víctimas), sus necesidades en términos de
atención y su perspectiva sobre la reparación integral del daño.

Aldo Gutiérrez Solano

Aldo Gutiérrez Solano es un joven originario de Tutepec, Ayutla de los Libres,


un municipio de la Costa Chica de Guerrero clasificado como de muy alta
marginación.33 Aldo es el décimo de 14 hermanos. Como en el caso de la mayoría
de los estudiantes normalistas, el ingreso a la Normal Rural “Isidro Burgos” de
Ayotzinapa representaba para Aldo una de las pocas oportunidades de continuar
estudiando. Después de evaluar varias opciones, Aldo decidió hacer su aplicación
a la Normal.

El día 26 de septiembre Aldo fue alcanzado por una bala en la cabeza durante
el primer ataque a los estudiantes normalistas en la calle Juan N. Álvarez, hacia
la salida a Periférico Norte, cuando intentaba junto con otros estudiantes mover
una patrulla que obstaculizaba el paso hacia Chilpancingo, alrededor de las
21:48 horas. Aldo quedó tirado en el suelo, gravemente herido e inconsciente.
Sus compañeros intentaban acercarse para auxiliarlo, pero no lo lograban porque
nuevamente recibían disparos de la policía. También pidieron una ambulancia
urgentemente pero no llegaba. Según los estudiantes, la operadora del 066
[número de emergencia] no les creía, y después les dijeron que la policía no
dejaba pasar a la ambulancia. Cerca de media hora después, Aldo fue evacuado
por una ambulancia y trasladado al Hospital General de Iguala “Jorge Soberón
Acevedo” (giei, 2015: 53-55).

33
sedesol. Catálogo de localidades. Disponible en: [Link]
aspx?tipo=clave&campo=loc&ent=12&mun=012

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 125


Según los testimonios recogidos por el giei (2015) sobre los hechos de esa
noche, y las entrevistas realizadas para el presente informe con estudiantes
sobrevivientes (ver el apartado correspondiente), los normalistas manifestaron
reacciones emocionales intensas frente a los ataques, que constituyen respuestas
características frente a eventos traumáticos, tales como vivencias de terror,
desesperanza, confusión y llanto. Al mismo tiempo, se mantuvieron activos
frente a los ataques, buscando ayuda y tratando de negociar con los policías para
la evacuación de los heridos. Quienes tenían mayor autocontrol en el momento
daban palabras de aliento a quienes mostraban mayor afectación, e incluso a
pesar del peligro, mostraron manifestaciones de apoyo y solidaridad. Este es el
caso de los estudiantes que arriesgaron su vida para auxiliar a Aldo cuando se
encontraba tirado en el piso.

Aldo permaneció en el Hospital General de Iguala hasta mediados de octubre del


2014, cuando fue trasladado al Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía
(innn). A partir de la evaluación médica de especialistas de dicho nosocomio y de
dos especialistas en neurología de renombre internacional que fueron contactados
a través del giei,34 se determinó que el tratamiento de Aldo debía continuar en el
Instituto Nacional de Rehabilitación (inr), al que fue trasladado en abril de 2016
y en donde permanece hasta la fecha.

En julio de 2016 se realizó una nueva evaluación por especialistas del innn y del
inr, así como por los especialistas recomendados por el giei. Estos coinciden en
que médicamente Aldo se encuentra en condiciones de ser trasladado a un entorno
doméstico, para lo cual se requiere una vivienda adecuada a sus necesidades y un
esquema de atención médica y rehabilitación. Actualmente la Comisión Ejecutiva
de Atención a Víctimas está encargada de realizar los arreglos correspondientes
para la construcción o adecuación de una vivienda cerca del lugar de origen
de Aldo, de acuerdo con las recomendaciones del inr, en coordinación con la
Secretaría de Salud del Estado para garantizar la atención médica, así como las
condiciones para la familia.

El daño que causó la bala en el cerebro de Aldo lo dejó en estado vegetativo, lo


que implica una discapacidad severa para el resto de su vida. Resulta evidente
que el proyecto de vida de Aldo Gutiérrez Solano, quien tenía 19 años al momento

34
Los doctores Mauricio Chinchilla y Calixto Machado.

126
del ataque, fue truncado. Este apartado se centra en explicar los impactos
psicosociales sufridos por su familia, a partir de una entrevista en profundidad
realizada a su hermano, Ulises Gutiérrez Solano, y dos entrevistas grupales
con sus padres y hermana, Glorilú Gutiérrez Solano. A partir de los impactos
psicosociales identificados en la familia y la situación actual de Aldo se proponen
recomendaciones para la atención en salud a Aldo y la atención a su familia.

La noticia de los ataques como primer evento traumático

Ulises, como hermano mayor y por ser el familiar que vivía más cerca, estaba
al tanto constantemente de Aldo. El día 26 de septiembre se comunicó alrededor
de las 20 horas con Aldo, quien le dijo que estaba en Iguala y que le avisaría en
cuanto regresaran.

Yo me enteré a través de un amigo que también tenía un hermano aquí [en la Normal]. Él
me avisó que los muchachos se habían ido a Iguala, me avisó por teléfono, como a las 10 me
avisó que había habido una actividad de boteo y que los habían agredido con balas, pero
anteriormente yo como a las 8 de la noche yo me enteré, yo le hablé a mi hermano, le
hablé y él me contestó. Le pregunté “¿Hermano dónde estás?”, “Ando en Iguala” dice. Le
pregunté que a qué hora iba a llegar él, y que si ya venía. Me dice “Sí, yo te aviso cuando
ya llegue”. Pero no me pudo contestar el teléfono, me mandó mensaje y pasaron… Yo le
avisé a mi mamá en ese ratito: “Aldo está bien, no se preocupe, ya no se preocupe mamá”.

Aldo también se comunicó con su mamá alrededor de las 19:30 horas y le dijo
“Ya vamos para la escuela, mañana salgo tempranito para la casa”. Ya no se
volvió a comunicar. Ulises relata:

Esperé hasta las 10, que digo “No me avisa mi hermano si ya llegó”. Me preocupé y le
empecé a marcar, cuando mi amigo me avisó que los habían agredido en Iguala, y que me
viniera para la Normal porque se había puesto feo y que había un muerto. Chillé, habían
matado a uno, es lo que me había dicho. Yo ya me preocupé, entré en estado de pánico,
todos. Me sentí muy mal y más cuando me dijeron que era de Ayutla. Digo no, sentí muy
feo, así que no pude decir nada, me quedé así, inestable. Me quería ir hasta Iguala en ese
ratito, pero dadas las condiciones pues me decían que estaba muy feo, estaba bloqueado y
había ido una Urban de aquí que la habían balaceado y ya no me pude ir. Así fue.

Del relato de Ulises se desprende que la noticia de los ataques a los estudiantes
en Iguala y la información sobre la muerte de Aldo, que fue descartada
posteriormente, representa un evento traumático que genera reacciones de
miedo intenso, indefensión, incertidumbre y confusión. Además, el riesgo que
representaba dirigirse a Iguala profundizó la vivencia de impotencia.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 127


Tras los ataques, la única respuesta frente a la necesidad de información de los
familiares de los estudiantes víctimas era la propia organización estudiantil de la
Normal y los representantes. Sin embargo, durante la noche del 26 de septiembre
los estudiantes sobrevivientes fueron perseguidos y tuvieron que esconderse
en las inmediaciones de Iguala, de tal forma que solo lograron reagruparse durante
las primeras horas del 27 de septiembre. Hasta entonces fue posible empezar a
contrastar la lista de los estudiantes de nuevo ingreso para identificar a los heridos
y desaparecidos. A esto se suma que los estudiantes de primer año tenían poco
tiempo de conocerse y en muchos casos se conocían solamente por su apodo. La
falta de información, los rumores y la confusión marcaron ese primer momento.
Dada la imposibilidad de acudir al lugar de los hechos debido al riesgo, Ulises se
trasladó a la Normal para obtener más información. Frente a la incertidumbre y
al impacto de la noticia decidió no avisar a su familia.

Me quedé en la escuela esperando hasta que me dieran alguna razón de quién era el
muchacho de Ayutla. Me animaba mi amigo porque me decía “Hay muchos de allá de
Ayutla, no puede ser tu hermano”. Pues en parte me animaba, pues, pero también me
quedaba eso de “necesito saber quién es porque mi hermano es de allá”. Y así estuve toda
esa noche, esa larga noche. Así que estuve esperando, hasta que dieran una razón los del
Comité.35 Llamando, pasando los nombres de que quiénes eran los que… Ya nos habíamos
enterado de que habían agarrado a unos muchachos los policías, y pasando los nombres, y
ahí también yo le pasaba el nombre al Comité que si Aldo ahí estaba. No me daban razón,
estuve esperando desde las 11, 12, hasta las 5 de la mañana. Ya cuando nos enteramos,
no me enteré aquí de los chavos, me enteré de los periódicos ya más o menos como a las
7. Aparecía ahí el nombre de mi hermano. Digo, ¿cómo es posible que haya pasado eso?
Y mis familiares también. Yo no les avisé porque no puede ser Aldo el que haya muerto,
teníamos esa “no puede ser Aldo”. Así que mis familiares también se enteraron por los
medios, los periódicos y pues también fue algo terrible, algo feo. Es un impacto muy
terrible para nosotros.

El impacto traumático se repite en el resto de la familia que se entera de los


hechos al día siguiente a través de los medios de comunicación. El resto de la
familia se encontraba en su pueblo, en el municipio de Ayutla y se enteraron
hasta el otro día, el 27 de septiembre. En el pueblo empezó a circular el rumor
de que Aldo había muerto. Glorilú, hermana de Aldo, relata: “Todo el pueblo se
enteró, se llenó la casa. Lo daban por muerto. Unas señoras ya llevaban flores”.
Los hermanos de Aldo se comunicaron entre ellos para buscar más información.
“Le marqué a mi otro hermano —relata Glorilú—, que me dijo, ’Carnala, ya nos
mataron a mi carnal’”. Frente a la confusión y al impacto traumático de la noticia,

35
Se refiere al Comité Estudiantil de la Normal Rural de Ayotzinapa.

128
la primera necesidad de la familia era la información. Mientras la familia en
Ayutla empezó a buscar dinero y un carro para poder trasladarse a Iguala, Ulises
salió temprano desde Tixtla hacia Iguala:

En los medios de comunicación decían que había dos muertos y estaba el nombre de mi
hermano y otro más no recuerdo quién era, pero eran dos. En ese ratito que supe de los
medios yo ya traía la idea, les preguntaba a los chavos digo “¿Es verdad que el que está
muerto es Aldo?”, “Sí —entre dientes me dijeron—, pues sí, es él”. “¿En qué hospital?”,
le dije. Ya me dijeron “en el Hospital General de Iguala”. En ese ratito pues me trasladé.

La situación de Aldo producto de los ataques como segundo


evento traumático

Ulises llega el día 27 de septiembre alrededor de las 8:30 de la mañana a Iguala


en medio de una situación de inseguridad y confusión. En el Hospital no había
ningún mecanismo de información a los familiares, e incluso Ulises enfrenta
dificultades para acceder a donde estaba su hermano herido.

Yo llegué primero al hospital y pues en ese rato estaba muy estricto, había policías por
todos lados, no dejaban pasar a la gente, los revisaban a todos. Así que nos fuimos directo
al hospital. Incluso en el hospital no nos dejaban pasar porque a pesar de que mi hermano
estuvo todo el tiempo sin un familiar desde las 8:30 que pasó eso, desde entonces estuvo
sin ningún familiar pues sí nos preocupamos mucho. Llegamos pues y la primera noticia
que nos dio una prima de allá de mi pueblo, nos alegró un poquito. No mucho pero más
o menos porque, digamos, Aldo decía que estaba vivo, que Aldo no estaba muerto, “Está
respirando, está vivo todavía”. Digo pues no alcanzamos a ver en ese ratito, pues de todas
que nos ponían paredes para no entrar, al último entré como familiar.

Ulises encontró a Aldo todavía ensangrentado en una camilla y con suero. Si bien
se alegra porque Aldo está con vida, empieza a tomar conciencia de la gravedad
de su situación.

Pues sí, cuando lo miré ahí, “Pues sí es él”, digo. “Es Aldo el que está herido”, porque
todavía traía yo de que no. Digo “Sí es Aldo el que está herido”. Y la única desventaja
que digo, “Si está herido pero tiene un balazo en la cabeza, ¡en la cabeza!”. Está muy
complicado eso, y así nos quedamos con eso, de ese remordimiento de que en la cabeza,
es muy difícil ahí… Me di cuenta de que era muy grave y que estaba muy complicado su
situación. Se puso muy complicada.

El padre de Aldo y otro hermano llegaron al hospital alrededor de las 10:30 de


la mañana. En ese momento su padre reclamó que Aldo no tenía los cuidados
necesarios y que no había sido internado en terapia intensiva, y logra que lo
ingresen alrededor de la 1 pm.
Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 129
A partir de ese momento la familia empieza a tomar conciencia de la gravedad
de la situación de salud de Aldo y de las secuelas que sufrirá de por vida. Si la
noticia de los ataques representa un primer impacto traumático para la familia de
Aldo, la comprensión de las graves consecuencias en el joven marca un segundo
impacto traumático que involucra una pérdida, porque Aldo ya no volverá a ser
el mismo, así como importantes cambios en la vida de la familia.

La estancia en el Hospital General de Iguala fue un periodo de estrés y angustia


para la familia, que tenía que lidiar, por un lado, con la falta de atención adecuada
a Aldo y, por el otro, con la situación de riesgo para Aldo y su familia al permanecer
en Iguala. Para Glorilú, “esa semana fue terrible, con todos peleábamos”.

La percepción de riesgo, vivida por la familia como factor estresor durante la


estancia en el Hospital General de Iguala, tiene que ver tanto con las condiciones
de inseguridad en el municipio como con las reacciones post traumáticas frente
al ataque sufrido por Aldo. Es decir, tras un evento traumático detonado por
un ataque que representa una amenaza a la vida propia o de un ser querido,
es normal que las víctimas presenten un estado de hipervigilancia que tiene la
función de prepararse frente a la posibilidad de un nuevo ataque. Sin embargo, en
el presente caso existen elementos reales y objetivos que refuerzan la necesidad
de permanecer en estado de alerta. En ese sentido, los familiares expresaron
miedo de que los responsables de los ataques a los estudiantes “lo fueran a
acabar de matar” dentro del hospital. Asimismo, la familia relata una serie de
eventos posteriores de carácter amenazante que operan como estímulos que
detonan reviviscencias de los hechos y refuerzan la situación de inseguridad. Por
ejemplo, a los tres días de haber ingresado a Aldo hubo una balacera afuera del
hospital y sujetos armados se subieron al techo. Más de ocho días después de los
hechos policía ministerial armada intentó ingresar al área donde se encontraba
Aldo argumentando que querían hablar con él. Además, los propios familiares
se encontraban en una situación de riesgo, por lo que contaban con escoltas de
Policía Estatal y posteriormente Policía Federal.

Para la familia, la atención médica de Aldo no fue la adecuada porque desde su


percepción el personal médico simplemente estaba esperando a que se muriera.
Uno de los guardias de seguridad comentó a un familiar que cuando llevaron a
Aldo herido al Hospital no lo querían recibir: “Aquí no recibimos muertos”. La
madre de Aldo refiere:

130
Iba a ver a Aldo a la hora de la visita, y una doctora del Hospital General de Iguala me
dijo: “Usted no puede pasar ahora porque su hijo se está muriendo, en media hora su hijo
ya está muerto”. Me salí llorando. En ese momento pasó otra doctora y lo fue a ver. Dijo
que se estaba ahogando con las flemas y que no lo querían aspirar. Después le hicieron la
traqueotomía. Se hubiera muerto, la doctora y las enfermeras no hacían nada.

En el mismo sentido, los familiares relatan que el director del Hospital no quería
autorizar el traslado de Aldo a la Ciudad de México porque les decía que ya no
había nada que hacer y que mejor se lo llevaran a casa.

Aldo permaneció en el Hospital General de Iguala hasta el 18 de octubre de 2014,


cuando fue trasladado al innn en la Ciudad de México. A partir de este momento
la familia vive un proceso de reestructuración para garantizar el acompañamiento
permanente de Aldo que, aunado a las reacciones post traumáticas, genera
impactos psicosociales en diferentes ámbitos de su vida.

Reacciones post traumáticas

Si bien Ulises conocía las prácticas de boteo de los estudiantes y la toma de


autobuses, e incluso sabía que se habían presentado agresiones contra los
estudiantes normalistas en el pasado, los hechos del 26 y 27 de septiembre de
2014 no tenían ninguna proporción con otros sucesos. La noticia repentina e
inesperada de los ataques y en particular la posibilidad de que Aldo hubiera
muerto es un evento traumático, al que se suma la situación de Aldo como
consecuencia de los ataques. Cuando se le pregunta durante la entrevista qué es
lo que más le duele en este momento, Ulises responde:

Pues a mí lo que más me duele es verlo así en ese estado, en lo personal es verlo en
ese estado. Y lo que más me duele también, cómo pasaron las cosas sin tener alguna
explicación. Es lo que más me duele pues ahorita, yo creo a toda mi familia también. Que
no hay una explicación que digamos acertada como lo que pasó con mi hermano.

La necesidad de una explicación tiene que ver con conocer la verdad, es decir,
cómo ocurrieron los hechos, y de establecer las responsabilidades. En este punto
se observa la dimensión psicosocial y la especificidad de los impactos del trauma
originados por graves violaciones a los derechos humanos. La elaboración de
la experiencia traumática requiere de la acción de la justicia para construir un
sentido a los hechos que al mismo tiempo permite restablecer el orden simbólico
intrapsíquico y social. Los intentos de criminalización de los estudiantes a partir

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 131


de las primeras versiones de las autoridades que buscaban explicar los ataques
en Iguala por un enfrentamiento entre la delincuencia organizada y culpabilizan
a los jóvenes de su propia victimización, profundizan los impactos traumáticos
de los hechos en los familiares. Ulises aborda los impactos de la difusión de
versiones que vinculaban a los estudiantes con un grupo delictivo:

Pues es algo en contra de nosotros y nosotros nunca creímos. Bueno, yo nunca creí que
los chavos estuvieran infiltrados o que hubiera algo parecido a eso y ya vimos que pues
era una mentira. Aunque el Gobierno trataba de confundirnos a todos, pero nosotros
teníamos la firmeza que no. Mi hermano lo conocemos y mi hermano es campesino, y
eso pues Ayutla de esos problemas no los vivíamos. Porque mi hermano era humilde,
sencillo, alegre y que fuera que me digan de un día para otro que era de Los Rojos pues no,
inaceptable eso […] Creo que para confundir. Lo primero para confundir a los padres de
familia y de toda la sociedad, era algo en contra de nosotros. Era como dijera una palabra
“revictimizarnos”, como si nosotros tuviéramos la culpa de que haya pasado. Eso es lo
que con esa intención lo hizo el Gobierno… Pues sí nos sentimos mal porque aparte
de que tenemos una afectación terrible, es un hecho, algo feo, y que nos estén echando la
culpa pues no es justo eso así, que nos sigan echando la culpa a nosotros, que la culpa
la tienen los muchachos y pues es algo feo que nunca vamos a aceptar.

La criminalización de los estudiantes es vivida por Ulises como una manera de


generar confusión sobre los motivos y la manera en que se dieron los hechos, y
un nuevo ataque en contra de los estudiantes y sus familiares. La criminalización
invierte las responsabilidades de los hechos, culpabiliza a las víctimas y genera
un estigma alrededor de ellas que causa nuevos impactos psicosociales en la
familia. La madre de Aldo refiere que: “En el pueblo dijeron que Aldo andaba de
mañoso, es lo que hace creer el gobierno”. La estigmatización de las victimas es
vivida como una ofensa por la familia y provoca el aislamiento de la comunidad.

Por otro lado, la criminalización y la estigmatización profundizan los sentimientos


de culpa que las personas experimentan de manera normal frente a eventos
traumáticos, en particular en el caso de víctimas o sobrevivientes que viven la
impotencia de no haber podido protegerse a sí mismos o a sus seres queridos. En
la medida en que no existe verdad y justicia, el proceso psíquico de elaboración
de los sentimientos de culpa no tiene soporte en un proceso social que tendría la
función de establecer las responsabilidades y apoyar a la víctima para expresar
sus sentimientos de dolor e impotencia, sin cargar con la culpa de los hechos.

A pesar de que objetivamente los familiares de Aldo no tenían ninguna manera


de prever los brutales ataques en contra de los estudiantes, expresan sentimientos
de culpa por haberlo animado y apoyado para estudiar. En ese sentido, su madre
132
afirma: “Yo me echo la culpa, porque yo le dije que sí fuera a estudiar a la Normal”.
Durante la entrevista Ulises no puede evitar el llanto. El espacio del diagnóstico
le permite entrar en contacto con sentimientos que hasta entonces había sido
difícil reconocer y expresar, frente al rol de soporte que ha asumido en la familia,
y de encargado —junto con su hermana— de coordinar la atención a Aldo y las
gestiones con las autoridades.

Me he dado energía, fuerza para seguir y dijera que no me gane la tristeza o algo así,
si no que echarle ganas y aprender de esto. Pero pues por más, llega el momento que
uno no soporta.

Ulises describe el sentimiento de vulnerabilidad y desprotección vinculado a la


experiencia traumática del ataque sufrido por Aldo y la vivencia del Estado como
un poder sin límites que puede “dar y quitar” de manera arbitraria.

Es como enfrentarse a un monstruo… Porque pues es algo con lo que no podemos


hacer, es forzosamente sobrellevar una situación que nunca estábamos preparados. Un
monstruo porque el Gobierno tiene todas las facilidades como para dar y quitar. Nosotros
tenemos que forzosamente cuidar a nuestro hermano y andar luchando, para que seamos
escuchados. Es para nosotros algo grande, así lo vemos.

La metáfora utilizada por Ulises de “enfrentarse a un monstruo”, que también


ha sido utilizada por los familiares de los estudiantes desaparecidos, habla del
impacto psicosocial particular que generan las graves violaciones a los derechos
humanos. Es decir, a los impactos traumáticos de los ataques en Iguala y las graves
consecuencias para Aldo, se suma la percepción de una situación permanente de
vulnerabilidad e indefensión frente al poder estatal sin límites. Esto significa
para la familia un esfuerzo de adaptación y reorganización para atender a Aldo,
así como para reivindicar sus derechos:

Algo más feo nos cambia la vida totalmente, luchamos contra alguien… Algo poderoso,
un monstruo poderoso. Es como volvernos a reorganizar. Si, yo lo veo eso, volvernos a
reorganizar, ir luchando forzosamente. Es luchar forzosamente por algo que nosotros no
adquirimos, algo que nos hicieron y ya.

En este sentido, los hechos victimizantes no se reducen a los ataques del 26 y 27


de septiembre de 2014, sino que continúan en “una lucha” que ellos no escogieron.
Otras reacciones que refiere Ulises en la familia a partir de los hechos son la
tristeza, y el evento traumático como el hecho que marca un antes y un después.
En particular se refiere a su padre: “…lo vemos muy triste, no lo vemos como
antes, mi mamá también, la vamos sobrellevando”.
Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 133
Reestructuración familiar y organización para el cuidado de Aldo

La situación de Aldo, que se encuentra hospitalizado en estado vegetativo,


requiere de atención en salud altamente especializada y cuidados permanentes
por parte de la familia. Esto plantea a la familia la necesidad de estar presentes de
manera permanente en los hospitales en donde Aldo ha permanecido internado, y
realizar las gestiones con las autoridades competentes para garantizar la atención
de Aldo y las necesidades de la familia. De ahí que la familia ha vivido una
sobrecarga de tareas, pues han tenido que desplazarse de Ayutla a la Ciudad de
México constantemente, primero al innn y luego al inr, donde se encuentra Aldo
actualmente, al mismo tiempo que deben responder a otras demandas de su vida
familiar y laboral, sobre todo para los hermanos y hermanas que han formado
su propia familia, o han dejado su trabajo. La sobrecarga de tareas representa
una situación de estrés permanente en general para la familia, y en particular
para los dos hermanos que han asumido principalmente el rol de cuidadores y de
responsables de las gestiones frente a las autoridades.

Frente a las necesidades que impone la situación de Aldo, la familia ha mostrado


una extraordinaria capacidad de adaptación, basada en valores como la solidaridad
y la unión familiar, así como la organización de turnos o roles para acompañar a
Aldo en el hospital y administrar el cansancio y el desgaste.

Pues nosotros lo que hemos aprendido es como familia estar más unidos, de que un
problema no lo puede resolver uno solo, sino que es un conjunto, una familia. En este
caso, el problema de mi hermano pues es resolverlo en conjunto, no dejar responsabilidad
a mi papá o a mi mamá, porque ellos están grandes, son mayores, sino que apoyarnos. Y
así en eso estamos y pues con la situación delicada que hemos podido sobrellevar además
que tantos años. Este año nos organizamos con la familia para ir a cuidar a mi hermano,
al hospital, nunca dejarlo solo, animarlo y pues tenemos nosotros esa idea en la cabeza,
lo importante es él y animarlo mucho pues. Aunque con el dolor que tenemos todos los
familiares, mis papás y mis hermanos, aunque lo vemos ahí pero pues sí, nos duele mucho,
pero ahí estamos echándole ganas, sí.

La familia ha asumido el cuidado de Aldo como la tarea central alrededor de la cual


se reorganiza su vida. La corresponsabilidad, el apoyo mutuo y la organización
entre los hermanos y hermanas les han permitido hacer manejable la sobrecarga
que esto implica y administrar el desgaste. Además, la familia destaca el apoyo
de otros miembros de la familia o la comunidad, así como conflictos familiares
generados por posiciones diferentes sobre el futuro de Aldo:

134
Pues ahorita la única fuerza que tenemos son la familia, los hermanos, porque los tíos
o vecinos de ahí, algunos nos ayudan o lo van a visitar, algunos que otros como vemos
que a veces nos ven cansados a lo mejor y ya dicen “yo les ayudo” para que vayan para
relevarlos y no se cansen mucho y hay algunos que nos animan. Pero otra familia no,
”¿Saben qué? Ya”, de mi hermano, ”Desconéctenlo, ya déjenlo, para qué se van a estar
cansando”. Digo, pero pues ellos no saben que es nuestro hermano el que lo vemos ahí
bien mal, pero nos duele también como que dejarlo solo. También tenemos la familia ese
temor de que no lo debemos dejar solo pues que sea lo que Dios diga y hasta donde él
aguante y ya así es nuestra idea.

El compromiso de la familia con el cuidado de Aldo y la reestructuración


familiar alrededor de las tareas de cuidado son formas de afrontamiento que les
han permitido hacer frente a una situación traumática, dolorosa y desgastante.
Sin embargo, esto no impide que a lo largo de estos dos años se manifiesten
impactos psicosociales en la familia derivados de esta situación. Los impactos
están relacionados con el desgaste que implica la tensión entre el rol de cuidadores
y seguir adelante con su propia vida, así como las condiciones para el cuidado y
las reacciones post traumáticas. En palabras de Ulises:

Se dificulta uno mucho porque estar haciendo dos cosas tan diferentes pues se me dificulta
un poco. Se afecta uno en el trabajo porque, pues ya no sabes ni que estar pensando acá
o estar pensando acá, y he sobrellevado esa situación poco a poco pero me ha costado
mucho pero he ido sobrellevando…

Impactos psicosociales y desgaste en los cuidadores de Aldo

Los familiares que han asumido el rol de cuidadores de Aldo han permanecido
viviendo en situación hospitalaria, pues durante 19 meses vivieron en un
cubículo asignado a la familia en el innn, y desde abril de 2016, mes en que
Aldo fue trasladado al inr, permanecen la mayor parte del tiempo en el hospital
y no han contado con una vivienda adecuada —originalmente fueron alojados
por la ceav en un hotel y después se les rentó un cuarto cerca del hospital—. El
desplazamiento y la situación hospitalaria implica desgaste, así como pérdida de
intimidad, aislamiento, restricción de actividades sociales y de esparcimiento,
incluyendo la oportunidad de expresar sus emociones con otras personas y falta
de condiciones adecuadas de descanso.

La situación de salud de los familiares se ha deteriorado debido a las secuelas


traumáticas, ya que el dolor emocional y el estrés son factores que favorecen el
surgimiento de nuevas enfermedades o que se intensifiquen otras que ya tenían

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 135


antes de los hechos victimizantes. En este sentido, la familia refiere la presencia de
activación física y emocional frente a estímulos que evocan el hecho traumático
y la situación actual de Aldo, y la aparición de enfermedades psicosomáticas. En
referencia a uno de sus hermanos, Ulises narra:

Después de las emociones que él se siente mal cuando ve el nombre de Aldo plasmado
en algún objeto, él se siente mal, y yo creo que a raíz de eso mi hermano […] le nació
como una bolita creo en los pulmones. Tiene como un tumor que no le permite respirar,
se lo detectaron apenas. Esperemos que no sea por ciertas circunstancias o por lo mismo,
porque él estaba completamente sano y cuando ve algo eso pues él se siente mal.

Los hijos expresan preocupación por los padres porque además de que padecen
de enfermedades crónicas como presión arterial alta y diabetes, presentan
enfermedades de manera reactiva a los hechos victimizantes. Recientemente
su madre tuvo una parálisis facial y su padre estuvo internado por un dolor en
el pecho. Según Glorilú, “a mi padre estuvo a punto de darle un infarto”. Los
médicos han señalado el impacto del estrés producto del evento traumático y la
situación actual de Aldo en la salud: “Mis papás tienen todo en su cabeza. Es el
estrés, les dicen los médicos. Les dicen que es por lo mismo sus enfermedades”.

Los familiares presentan problemas de salud como dolores musculares, de cabeza


o de espalda, que atribuyen al cansancio y al constante ir y venir a la Ciudad de
México. Las deficiencias en la alimentación también han afectado su estado de salud.

Todo eso que con el cambio que vamos adquiriendo es un desgaste en todos los sentidos.
Por ejemplo en la salud de los hermanos cuando van allá a México, pues casi todos los
hermanos se enferman… de la gripa, de la presión. Mi papá, por ejemplo, estar pensando
en que qué va a ser de su hijo, mi mamá también estar pensando en que lo quiere ir a ver…
Se enferman ellos, quiera o no, con el simple hecho de pensar o sentirse presionados, uno
se siente mal.

Otro factor que influye en el deterioro de la salud es el hecho de que los familiares
han desatendido su salud para concentrar sus energías en el cuidado de Aldo. Por
ejemplo, Ulises padece plaquetopenia y no ha podido tener el reposo necesario
a pesar de la recomendación de los médicos. Además, refiere que a raíz de los
hechos sufre de dolor en el pecho. Para Ulises la situación de salud en general de
su familia se ha deteriorado a partir de los hechos:

Hemos estado viviendo ese tipo de enfermedades que no saben ni de dónde vienen
si hemos nosotros estado bien y ahorita con este problema, todas las enfermedades
tenemos casi y todos los hermanos estamos así.

136
Los impactos traumáticos, el desgaste y la falta de atención han generado el
deterioro de la salud. En palabras de Glorilú: “De ahí todos nos hemos enfermado”.
Su madre relata: “No podía dormir, ahora ya me dieron una pastilla y ya duermo,
pero desde lo que le pasó a Aldo me estaba acabando”. De acuerdo a lo observado
en el presente informe, existe una relación directa entre los hechos victimizantes
y la situación actual de Aldo, y el deterioro en la salud de la familia.

Deterioro de la situación económica de la familia

La familia vivía una situación económica precaria que se refleja, por ejemplo,
en el hecho de que frente a la noticia de los ataques se ven en la necesidad de
conseguir dinero para desplazarse a Iguala. Esta situación se deteriora aún más
debido a la situación actual de Aldo, los gastos que implica el desplazamiento a
la Ciudad de México y la dificultad de mantener su trabajo o fuentes de ingreso
debido a las repetidas ausencias. Para solventar los gastos en ocasiones han
recurrido a pedir préstamos a otros miembros de la familia. Ulises refiere:

Económicamente porque cuando vamos a México pues mi mamá principalmente y todos


estamos pensando que si vamos a tener dinero, que si nos van a seguir apoyando, el
Gobierno federal que si… todo eso…

La familia señala que enfrenta dificultades para que la Comisión Ejecutiva de


Atención a Víctimas les reembolse los gastos de transporte debido a cuestiones
administrativas, lo cual representa un nuevo factor estresante.

A partir de las entrevistas realizadas para el presente informe podemos afirmar


que las secuelas en la salud de Aldo producto de los ataques del 26 y 27 de
septiembre guardan una relación directa con el deterioro de la situación económica
de la familia, que agrava su situación de vulnerabilidad. Asimismo, la falta de
certeza sobre las medidas de atención y asistencia del Estado representa un factor
de estrés que intensifica los impactos en la salud física y emocional de la familia.
Impactos psicosociales derivados de la interacción con instancias oficiales
de atención a víctimas

Como consecuencia de las necesidades de atención en salud de Aldo y de las


condiciones necesarias para que la familia mantenga el acompañamiento
permanente en la Ciudad de México, los familiares de Aldo han entrado en

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 137


contacto, con el apoyo de sus representantes, con las dependencias del Gobierno
Federal, encargadas de dar seguimiento a las medidas cautelares dictadas por la
cidh y posteriormente las recomendaciones del giei, así como de garantizar el
derecho a la ayuda, asistencia y atención a las víctimas.

Esta interacción ha representado un proceso de aprendizaje sobre todo para


Ulises y Glorilú, los hermanos que han estado al frente de estas gestiones. La
falta de procedimientos e interlocutores claros, así como la burocracia y la
dilación les han obligado a destinar un monto importante de energía y tiempo a
dar seguimiento a las gestiones, lo que representa una sobrecarga y un factor de
estrés adicional. En ese sentido, Ulises refiere:

La CEAV, se ha platicado en reunión, ellos dicen que van a apoyar, que no nos van a dejar
solos, que nos van a seguir atendiendo y a la mera hora cuando necesitamos el apoyo pues
no […] Es cuando más nos dejan solos, no nos contestan, no resuelven las cosas en tiempo
y forma, las cosas las resuelven, por mucho, he contado que de dos a tres meses, resuelven
una situación. […] sacar una cita para mi hermano y que lo vayan a atender allá en el
Hospital se llevan meses y digo no, eso es algo terrible. Y así hemos visto nosotros, cosas
por ejemplo que se resuelvan la situación de la alimentación, también se llevan mucho
tiempo, tengo ya los meses pidiendo que se regularice todo y eso.

Entre los problemas concretos que los familiares de Aldo han encontrado está la
falta de cumplimiento de los acuerdos establecidos, lo cual deteriora la confianza
en las instituciones. Por ejemplo, la CEAV incumplió el acuerdo de no hablar
públicamente sobre la primera visita de los médicos cubanos y su diagnóstico,
justificándose en la presión que habían tenido por parte de los medios de
comunicación. La ruptura de los acuerdos genera incertidumbre en cuanto a
la continuidad de la atención en salud de Aldo y las condiciones mínimas para la
estancia de los familiares en la Ciudad de México, lo cual constituye un factor de
estrés adicional para la familia.

Por otro lado, la familia ha encontrado que prevalecen criterios administrativos


por encima de sus necesidades y derechos. Por ejemplo, no se les reembolsan los
gastos de transporte cuando la ceav no puede obtener facturas, lo cual representa
una carga económica para la familia considerando que deben desplazarse
constantemente. En el mismo sentido, el traslado de Aldo al inr supone nuevas
necesidades para la familia, pues ya no es posible contar con un cubículo para
los familiares dentro del hospital. Sin embargo, la ceav no ha logrado ofrecer
una opción adecuada de vivienda en la Ciudad de México a los familiares debido

138
a cuestiones burocráticas y administrativas. Esta situación ha sido planteada
por las víctimas y los representantes, y está en proceso de ser atendida por la
CEAV. Asimismo, se redujo el apoyo económico para alimentación que provee
la Secretaría de Gobernación, y el monto que reciben actualmente no les alcanza
para cubrir las necesidades de la familia y de Aldo (ropa, artículos de aseo
personal, etc.).

En relación a la atención psicológica, la familia señala que ha sido inconstante.


Según relata Glorilú, al principio tuvieron “visitas de todo el mundo, y cuando
nos trasladamos a la Ciudad de México ya no siguieron”. Mientras estuvieron en
el Hospital General de Iguala la cndh envió un psicólogo que después no continuó
la atención. A principios de 2016 la cndh mandó nuevamente un psicólogo y un
médico para valorar a los padres de Aldo, prometieron medicamentos y una cita
con un especialista, pero hasta la fecha no han regresado.

Entre septiembre de 2014 y abril de 2015 el gobierno de Guerrero designó a una


psicóloga que los visitaba en su casa en Ayutla cada ocho días durante seis meses
y trabajaba en distintas modalidades (terapia familiar, de pareja, individual y con
los niños). Esta atención se suspendió sin previo aviso. Después la ceav envió
una psicóloga al hospital en la Ciudad de México para atender a los hermanos de
Aldo, pero nuevamente suspendieron la atención sin avisarles. Según la familia,
la atención psicológica para los hermanos de Aldo se reanudó hace dos meses,
pero los padres continúan sin tenerla.

La falta de atención psicológica constante y adecuada ha generado desgaste en los


familiares. En palabras de Glorilú: “Llega un psicólogo y empiezas a contar todo,
y llega otro y hay que volver a contar”. Un criterio básico en cualquier terapia
psicológica es un encuadre claro, que se refiere a la duración y periodicidad de
las sesiones, y el establecimiento de una relación de confianza o rapport entre el
terapeuta y el paciente. Cuando la atención es brindada a víctimas de violaciones a
derechos humanos por instancias del Estado, resulta particularmente importante
cuidar estos elementos para superar la desconfianza que las víctimas pueden
sentir hacia el Estado generada por las violaciones a los derechos humanos.

En el presente caso se observa que las instancias encargadas de garantizar el


derecho de las víctimas a la atención psicológica desconocen estos criterios,
o los supeditan a cuestiones administrativas. La falta de atención psicológica

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 139


profesional, especializada y consistente es una forma de revictimización porque
es vivida como falta de respeto e interés, genera desgaste emocional, impide a las
víctimas de violaciones a los derechos humanos recuperar el sentimiento de control
y predictibilidad sobre sus vidas y profundiza la desconfianza hacia el Estado.

De manera general, la familia reconoce como positiva la atención médica a Aldo


y el cumplimiento de las recomendaciones del giei referidas a la continuidad de la
atención por parte de los médicos cubanos y el traslado al inr para continuar con
el tratamiento. Sin embargo, manifiesta incertidumbre sobre la continuidad de la
atención basada en la percepción de una tendencia a la reducción e incumplimiento
de las medidas de ayuda, asistencia y atención a la familia. Como se señaló antes,
esta situación representa un factor de estrés adicional e innecesario, que podría
ser prevenido a través de un esquema claro de coordinación y atención que dé
certeza a la familia.

La justicia como punto de partida para la reparación del daño

Para la familia de Aldo, y de manera congruente con los impactos psicosociales


documentados en este diagnóstico, la reparación está relacionada con la verdad y
la justicia, así como con garantizar el futuro de la atención a Aldo. Ulises plantea
su perspectiva sobre la reparación:

La justicia para nosotros es saber la verdad, que se aclaren los hechos y que el que se haga
responsable sea quien conforme al derecho se haga. Que dijeran pues que los culpables
sean quienes sean condenados o paguen los hechos o que se le castigue como debe de ser,
eso es para nosotros.

En este sentido, la reparación del daño no puede ser reducida a otorgar una
indemnización económica a la familia:

Sí, así lo maneja el Gobierno por si él fuera, paga y ya y ahí se acabó, terminó. Pero no,
para mí eso no es reparación del daño, es justicia, aseguramiento de mi hermano Aldo y
de la familia, la indemnización dijera es a lo último si es que el Gobierno quisiera pagar
por los hechos.

Además, Ulises plantea otras medidas de reparación colectivas para la Escuela


Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa, que beneficiarían a jóvenes de
bajos recursos que, como Aldo, encuentran en esta institución educativa la única
opción para salir adelante. Además, estas medidas podrían prevenir que hechos

140
como los ataques en Iguala se repitieran. Entre estas medidas, Ulises destaca la
remodelación y acondicionamiento de las instalaciones, mejorar el presupuesto
para la alimentación y otras necesidades de los estudiantes:

Yo creo que esta escuela les brinda ese apoyo y eso es lo que ha faltado, que el Gobierno
dé recursos para remodelamiento de la institución. Lo que es el deporte, lo académico, el
cultivo y los clubes culturales que no han recibido el apoyo, más que ellos han hecho
el esfuerzo por mantenerse y eso es lo que ha abandonado el Gobierno.

Resumen de impactos psicosociales en los familiares de Aldo Gutiérrez Solano

• Noticias de los ataques en Iguala y rumores sobre la muerte de Aldo


constituye el primer evento traumático con vivencias de miedo
intenso, indefensión, incertidumbre, confusión e impotencia.
• La comprensión de las secuelas de por vida que enfrenta Aldo y la
vivencia de pérdida porque Aldo no volverá ser el mismo constituye
un segundo evento traumático.
• Vivencias de estrés y angustia durante la estancia en el Hospital
General de Iguala asociadas a los eventos traumáticos, la falta de
atención adecuada en salud y la situación de inseguridad.
• Reacciones post traumáticas específicas de violaciones a los derechos
humanos, caracterizadas por la imposibilidad de dar sentido a los
ataques y la necesidad de explicación, verdad y justicia.
• Estigmatización y criminalización de los estudiantes vividas como
nuevos ataques, generan aislamiento de la comunidad y profundizan
sentimientos de culpa.
• Vivencia permanente de vulnerabilidad e indefensión frente al
poder estatal sin límites.
• Capacidad de adaptación, apoyo mutuo y reorganización de la
familia para el cuidado permanente de Aldo.
• Desgaste y afectaciones en la esfera laboral y familiar derivado del
desplazamiento a la Ciudad de México y la situación hospitalaria de
los cuidadores de Aldo.
• Deterioro de la salud, cronificación de enfermedades preexistentes
y aparición de enfermedades psicosomáticas.
• Deterioro de la situación económica de la familia.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 141


• Estrés permanente por sobrecarga de tareas relacionadas con
la atención de Aldo y las gestiones frente a las autoridades. La
burocracia en los procedimientos de atención a víctimas genera
sobrecarga porque obliga a destinar mayor energía y tiempo a
familiares para gestiones.
• Incertidumbre sobre el cumplimiento de medidas de ayuda,
asistencia y atención representa un factor de estrés adicional para la
familia.
• Necesidad de justicia como punto de partida para la reparación
integral del daño, y medidas colectivas de reparación dirigidas a la
Normal Rural “Isidro Burgos” de Ayotzinapa.

Edgar Andrés Vargas

Edgar Andrés Vargas es originario de San Francisco del Mar, Oaxaca. Tenía
20 años y cursaba el quinto semestre de la licenciatura en Educación Primaria
cuando fue víctima de los ataques del 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala.
Como muchos otros jóvenes entrevistados, Edgar decidió aplicar a la Escuela
Normal “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa motivado por la experiencia de
otros familiares egresados, y para no generar una carga económica a su familia:

Más que nada me gustaba la carrera, me llamaba la atención, pero pensaba estudiarla en
otro lugar. Pero un primo mío me comentó de esa escuela porque un tío de él es egresado
de ahí. Ya cuando fui a sacar la ficha me gustó la escuela, y por lo que me contaba mi
primo eso me motivó más. Presentamos el examen y fue eso, más que nada. Cuando
llegamos a sacar ficha nos dieron un buen trato, cuando presentamos el examen nos dieron
hospedaje. Lo complicado fue la semana de inducción, creo que a nadie le gustó. Yo sí
quería pertenecer a esa escuela porque me había dicho mi primo que se hacían viajes de
estudio, te daban tu dormitorio, la comida. Pensé: “Pues ya no voy a ser un gasto para mi
familia, ya me voy a poder sustentar con lo que la normal me brinde”. Cuando ya estaba
todo, nos daban círculos de estudio, veías las cosas de otra manera, se puede decir que te
abren los ojos. Y decidí quedarme, porque tenía la idea de cambiarme para estar más cerca
de mi casa, pero después dije ”de ahí soy”. 

En este apartado se da cuenta de los impactos psicosociales de los ataques, la


herida grave y las secuelas físicas para Edgar Andrés Vargas, y para su familia.

142
Impactos psicosociales de los ataques secuelas físicas para Edgar
Andrés Vargas

Edgar estaba familiarizado con las actividades de boteo y toma de autobuses, así
que no le extrañó cuando escuchó, la tarde del 26 de septiembre de 2014, que el
Comité Estudiantil estaba convocando a los jóvenes para estas actividades. Fue
hasta la noche, cuando le avisaron que los normalistas habían sido atacados en
Iguala, que Edgar decidió ir al lugar junto con un grupo de estudiantes que estaba
en la Normal:

Sí, de hecho temprano yo había ido a lavar la ropa y escuché que estaban los del Comité
buscando a los chavos para la actividad, eran como las 4 o las 5 de la tarde. Como eso es
normal en la escuela, no le tomé tanta importancia. En la nochecita estaba platicando con
mis familiares. Como era fin de semana los de Tixtla se van a sus casas, pero yo como
soy de lejos me quedé. Como a las 9 nos avisan que a unos chavos los habían agredido,
que  estaban en un enfrentamiento con los policías municipales. Entonces pensé: “Voy
a ver qué pasa, voy a ver si mi primo está bien”. Y ya nos dijeron que los pocos que
estábamos nos fuéramos para allá y nos subimos en una Urban. Pero como está lejos, son
dos horas, en el camino nos dijeron que habían matado a uno, que le habían disparado a los
chavos. Ya llegué allá, estaba buscando a mi primo y por suerte estaba ahí. Estaban todos
espantados, y ya tranquilicé a mi primo, hablé un rato con él, le dije que ya había pasado.

El ataque como primer evento traumático


Edgar llegó al cruce de Juan N. Álvarez y Periférico Norte después del primer
ataque en contra de los normalistas Al igual que los demás, Edgar pensó
que las agresiones habían terminado y se dispuso a hablar con su primo para
tranquilizarlo y documentar las pruebas del ataque.

Lo que pasó en ese momento, yo llegué y lo primero que hice fue buscar a mi familiar,
platiqué con él, empecé a tomar fotografías, entré a los autobuses, había sangre.
Estábamos esperando a que llegara la prensa. Como pusimos unas piedras en la calle, a
los carros que llegaban les decíamos que se regresaran. Pasó rápido la hora.

En ese momento sucedió el segundo ataque en la calle Juan N. Álvarez y


Periférico Norte, en el que mataron a Daniel Solís Gallardo, de 18 años, y Julio
César Ramírez Nava, de 23 años (giei, 2015: 98).

Cuando de repente se escuchan las ráfagas de balas y la verdad lo único que hice en ese
momento fue tirarme al suelo. Nada más escuché como un zumbido en el oído pero nunca
pensé que me habían herido. No me había dado cuenta. Quería yo salir de ahí porque los
demás estaban muy lejos. Lo que yo hago es arrastrarme por toda la calle, me paro y veo
toda la sangre, pero no sabía de dónde venía. Hasta que siento el sabor a sangre y me toco

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 143


la boca, y siento que ahí me había tocado. Se puede decir que me quedé en shock, miré
hacia atrás y estaban los dos chavos muertos. Las balas seguían, lo único que hice fue
caminar. Llegaron otros compañeros y me cargaron, pero yo sentía mucha sangre en la
boca y sentía que me iba a ahogar. Entonces mejor caminé.

El ataque inesperado configura un evento traumático para Edgar que implica una
amenaza vital, confirmada al ver a sus compañeros muertos. Edgar sufrió
una herida grave por el impacto de una bala en la cara, que detona un estado
psicológico de choque y respuestas fisiológicas de sobrevivencia.

Agresiones en la Clínica María Cristina como segundo evento traumático


Edgar fue protegido por un grupo de normalistas y un profesor, quienes lo
llevaron a la clínica “María Cristina” que se encontraba a 500 metros del lugar
del ataque para buscar atención médica, sin embargo no fue atendido. Mientras
permaneció en la clínica, Edgar refiere sentimientos de desesperanza:

Una señora nos dijo que nos ocultáramos en su casa, pero un compañero se negó porque
él sabía que más adelante había una clínica, y dijo que mejor fuéramos a la clínica. Pero
solo salieron las enfermeras y nos ocultamos ahí. Estuvimos esperando que llegara el
médico para que me atendiera, pero más al rato llegó el médico y dijo que no le compete,
que no era su responsabilidad. Lo que hicimos fue seguir ocultándonos. Fuimos a la parte
de arriba, había un pasillo y una mesa al fondo, y me senté ahí y lo único que pensaba es
“no sé si voy a salir vivo”, porque veía que se iba formando el charco de sangre. Después
nos dijeron que nos bajáramos todos porque habían llegado los militares. Les dijeron que
un chavo no iba a bajar porque estaba herido pero dijeron que bajáramos todos, entonces
bajé y nos empezaron a agredir.

Edgar pensó que los militares lo ayudarían a buscar atención médica, pero por
el contrario, la actitud de los militares representó una nueva amenaza frente a la
que experimentó miedo:

Primero sentí un alivio porque pensé que ellos me podían llevar al hospital, pero vi el
temor de mis compañeros y cómo nos estaban hablando, y pensé que si ellos me querían
llevar no lo iba a permitir, tenía miedo. Nos pidieron los nombres y los teléfonos, pusimos
los teléfonos en una mesita. Entró una llamada y un chavo contestó, y un comandante o no
sé qué era dijo que dijéramos nuestros nombres reales porque si no, no nos iban a encontrar.
Entonces todos dieron su nombre, yo no podía hablar en ese momento y otros compañeros
dieron mi nombre. El maestro que estaba dijo que pidieran una ambulancia. Un soldado se
acercó, me tomó una fotografía supuestamente para mandar para que viniera preparada la
ambulancia. Andaban ahí con sus armas, la verdad a mi sí, ver un arma en ese momento
me causó nervios. Estuvimos ahí un buen rato, y al final ellos se retiran y dijeron que iban
a llegar los municipales porque estábamos cometiendo un delito, y el maestro le dijo que
no los llamaran porque ellos mismos nos habían disparado.

144
Las agresiones en la clínica por parte de los militares constituyen un segundo
evento traumático que forma parte de una secuencia traumática que Edgar
enfrentó a partir de este ataque porque profundiza el sentimiento de desamparo y
terror. Al mismo tiempo, Edgar se iba debilitando debido a la pérdida de sangre:

Ya en ese momento yo escuchaba las cosas que decían pero muy distorsionadas, veía
borroso, tenía mucho sueño. El maestro estaba comunicándose con un taxista para que
llegara ahí y pudieran llevarme al hospital pero nadie quería llegar ahí. Y lo que hago es
anotar en mi teléfono y le dije a un compañero que le marcara a mi papá, que le dijera
como estoy. Y sí, habla con mi papá, ya te imaginarás la reacción que tuvo mi papá, mi
mamá más que nada. Luego me pasa el teléfono y me dice mi papá que aguantara, que
ya iba para allá, y me sentí más tranquilo. Ya después llega el taxista y me cubrí con una
toalla para no manchar el asiento. Llegamos al hospital, estaba lloviznando y me caían las
gotas, y sentía como que me quemaban. Tenía mucho frío. Ya llegué y me sientan en una
camilla, me cocieron la mano en ese momento, y ya cuando yo me acuesto y cierro los
ojos, ya no supe qué pasó, dice mi mamá que desperté a los tres o cuatro días más o menos.

Cuando Edgar despierta, empieza a tomar conciencia de su situación y atraviesa


por un periodo muy duro en el hospital. La presencia y apoyo de su familia ha
sido fundamental desde entonces:

Cuando me despierto sólo abrí los ojos, no podía mover la cabeza, y me volví a dormir.
Después me desperté y vi cómo estaba, tenía tubos en la boca, un chingo de cables, y lo
que hago es llorar. No podía hablar, no podía decir nada, y me volví a dormir de nuevo.
Hasta que dijeron que ya estaba mi familiar ahí, y cuando vi a mi papá no me contuve,
lloré. Fue muy difícil para mí estar ahí, en terapia intensiva, yo lo único que quería era ver
a mis papás. Siempre molestaba con eso porque nada más te daban media hora. Para mí,
acordarme de eso me dan ganas de llorar. Fue muy complicado, muy difícil, muy triste.
No podía hablar, no podía moverme. Al tener la traqueotomía me la tenía que aspirar, y
sentías que te estabas muriendo lentamente, se te quitaba la respiración. A cada rato me
sacaban sangre, inyecciones, medicamentos. Fue muy triste estar ahí. Nada te da ánimo,
pero el hecho de ver a tu familia, como llora tu mamá, yo ya quería que esto pasara.
Mi papá me contaba que los chavos no aparecen y tenía ganas de estar ahí para estar
apoyando. Quisiera regresar el tiempo y que eso no pasara para no ver a tus familiares
sufrir, y tú no sufrir. En ese momento pensaba que sólo iba a estar así por tres o cuatro
meses, pero ha sido mucho más tiempo.

El ataque en el que Edgar fue herido y las agresiones en la clínica “María Cristina”
configuran una situación traumática que debe ser entendida globalmente
para comprender los impactos traumáticos posteriores, aunados a las secuelas
físicas de la agresión. Mientras que en el ataque sufrió una herida de gravedad
y experimentó un estado de choque, así como respuestas fisiológicas que le
ayudaron a sobrevivir, en la clínica experimentó sentimientos de desesperanza,
terror y nuevas agresiones inesperadas y sin sentido. Una vez en el hospital, el

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 145


sufrimiento emocional que Edgar vivió estuvo marcado por la consciencia de
su propia situación, el sufrimiento de sus familiares y la impotencia frente a la
desaparición forzada de sus compañeros.

Cabe señalar que, frente a los ataques brutales y la falta de apoyo de las
autoridades, las respuestas de apoyo y solidaridad de los estudiantes y el
maestro que acompañaron a Edgar aquella noche fueron fundamentales para su
sobrevivencia.

Impactos psicosociales derivados del ataque y las secuelas físicas

Edgar manifestó reacciones de estrés agudo mientras estaba en el hospital


derivadas de los ataques. De su testimonio se desprende que persiste hasta la
fecha un estado de hiperalerta y sobresalto frente a ruidos fuertes o inesperados.
Se siente invadido por pensamientos e imágenes relacionadas con el ataque y
sobre la muerte:

En el hospital casi no podía dormir, hasta me daban unas gotas, pero cuando estaba aquí en
la casa, a veces algún golpecito mi cuerpo reaccionaba, me asustaba. Por ejemplo, si yo ya
sé que esa puerta se va a cerrar, pero mi cuerpo se asusta. Y aparte tenía sueños. No eran
sueños. Siempre antes de dormir me imaginaba cómo hubiera pasado si la bala me hubiera
tocado en mi cabeza, porque pienso mucho en Aldo, que él está en coma. Pienso a lo mejor
yo estaría muerto, o estaría en una cama. Si yo no me hubiera arrastrado para pasar la calle
a lo mejor yo estaría muerto. Me imagino muchas formas donde yo estaría muerto y no te
deja dormir, me dormía a las 2 o las 3 de la mañana, hasta que mis ojos no aguantaban.

Su madre relata:
Él al principio estuvo muy decaído, le afectó psicológicamente todo esto, cualquier ruido
de sirena, cualquier sonido de sirena de patrulla, de ambulancia, lo que fuera sobresaltaba
[…] En el sueño no podía dormir, él no dormía en las noches, se quedaba en las noches y
como que tenía mucho miedo, le daba pesadillas, mucho miedo.

Edgar fue herido y sobrevivió a los ataques. Presenta síntomas asociados al


Síndrome del sobreviviente, que se manifiesta en un sentimiento de haber sido
marcado por la experiencia y en una vivencia de miedo y vulnerabilidad:

Son cosas que nunca van a dejar de pasar, por más que asista con los psicólogos, siempre
te va a pasar eso, nunca vas a olvidar lo que te pasó. Estuviste a punto de morir, eso te va
a traer recuerdos y te vas a imaginar muchas cosas. Ahorita trato ya de no pensar en eso.
Si hay un momento donde no tengo nada que hacer es cuando me llegan esos recuerdos.
Por eso siempre trato de tener mi mente ocupada. Si te quedas sin hacer nada, lógico lo

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recuerdas. Por eso digo que nunca nunca se me va a olvidar. Siempre que me acuerdo de
eso, siempre me imagino lo mismo. Se crea en mí un miedo. Por eso trato de tener la mente
ocupada. La verdad sí, no solo la mía sino de mis familiares. Tengo miedo de que haya
represalias en contra de ellos. Que algo pase, que se quieran vengar. Yo prefiero tener a mi
familia en un lugar donde sé que no le va a pasar nada, pero es imposible.

Al mismo tiempo, Edgar reconoce las afectaciones al proyecto de vida de su


familia y se observa un mecanismo de defensa similar al documentado en los
estudiantes sobrevivientes debido al cual, a pesar de haber sido víctima de los
ataques, se atribuye la culpa por haber truncado la vida de su familia:

Mi familia tenía igual otros planes, si a mí no me hubiera pasado eso, tal vez hubieran
cumplido sus planes. Siento que les trunqué la vida a todos ellos, más que nada eso te
entristece. Aquí conseguir un trabajo es complicado.

El sentimiento de culpa de Edgar por el impacto en el proyecto de vida de su


familia se puede entender en toda su magnitud si recordamos que una de las
razones que motivó a Edgar a entrar a la Normal fue la posibilidad de continuar
sus estudios sin representar una carga económica para su familia.

Por otro lado, Edgar sufre impactos psicosociales particulares generados por la
participación de autoridades en las agresiones, en particular de los militares, y de
la impunidad, es decir, de la falta de investigaciones para esclarecer lo que pasó
y sancionar a los responsables, porque obstaculiza dar sentido a los hechos:

Esa noche cuando pasó todo eso el batallón dicen que está cerca de ahí, la verdad yo no
sé, pero si está cerca, su deber es que estuvieran ahí presentes. Otra cosa, cuando ellos
me encontraron en la clínica ellos no hicieron nada, me dejaron morirme. Y yo sí me
considero una víctima porque no actuaron como debían, la forma en que llegaron no
era la adecuada, la forma en que nos discriminaron. Yo sentía que me debían de ayudar,
pero nunca pasó eso. Hay muchas hipótesis, pero por lo que ellos dijeron y lo que pasó
ahí, no nos ayudaron porque dijeron que nosotros nos lo buscamos, ellos mismos dijeron:
”Querían meterse como hombrecitos”, que nos aguantáramos. A lo mejor tenían algo que
ver en lo que pasó. De hecho siento que tienen algo que ver porque llegaron ahí a la
clínica y todo eso. Es algo raro, yo lo veo así porque ni cuando estuvieron las ráfagas
nunca llegaron, y por qué precisamente ahí llegaron. Dicen que porque les avisaron que
una persona se metió ahí. Es algo mínimo en comparación con el ataque. Pero, ¿por qué
llegaron ahí cuando ya todo se había acabado, cuando se hubieran podido presentar antes?.
Siento que si ellos se hubieran presentado antes no hubiera ocurrido todo esto, entonces la
verdad siento que todo esto debería ser investigado.

Como se señaló antes, para Edgar la desaparición forzada de sus 43 compañeros


estudiantes ha significado sufrimiento emocional y una vivencia de impotencia,

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 147


pues debido a su situación médica no ha podido involucrarse en las actividades
de denuncia y exigencia de la búsqueda. Sin embargo, se mantiene informado y
mantiene la esperanza de que regresen:

Y los papás pues, no sé, yo pienso igual que ellos, no creo que sus hijos estén muertos
porque cuando yo iba donde el psicólogo nos encontramos a una señora que su hija
estuvo secuestrada 20 años, su mamá la daba por muerta y apareció. No hay que perder
la esperanza.

Como se señaló antes, Edgar no solamente se siente psicológicamente marcado


por la experiencia, sino que la bala que impactó su rostro causó también secuelas
físicas que le generan un conflicto frente a su nueva imagen: “La verdad yo nunca
voy a estar conforme a como voy a quedar. Como dicen los médicos, ’Como te
hizo dios nunca vas a quedar’”.

Ruptura y reconstrucción del proyecto de vida

El ataque del que fue víctima Edgar y las secuelas en su salud representan una ruptura
de su proyecto de vida en todos los ámbitos: escolar, laboral, de pareja y familiar:

Cuando estás en una situación así, tus mismas ganas de vivir te dan fuerza, aguantar todo
eso. Antes yo decía, quiero terminar la Normal, apoyar a mis papás, hacer un negocio,
construir mi casa, y luego casarme. Y cuando ya estaba ahí decía, ya no lo voy a poder
hacer, mis papás van a gastar mucho conmigo. Las mismas ganas de vivir te motivan, te
da fuerza, te anima.

Pues eso ya cambió, ya se terminó. Ahorita lo que pienso, mi prioridad es yo estar bien,
terminar la normal, y depende de mis condiciones, si yo puedo trabajar, pues lo voy
a hacer. Lo demás pues ya, siento que no sé si en algún momento lo puedo lograr. Se me
hace más difícil, complicado.

La extraordinaria capacidad de afrontamiento de Edgar y el apoyo de su familia,


compañeros de estudios y maestros ha sido fundamental para su recuperación y
la reconstrucción de su proyecto de vida:

Mis compañeros de academia vinieron, me dijeron que querían que yo egresara junto con
ellos. Les dije que sí estoy interesado en terminar y ellos me dijeron que me iban a apoyar,
a respaldar, que ellos quieren que yo egrese con ellos. Yo pensaba darme de baja pero al
ver eso, me animé. Mis papás fueron a la escuela a hablar con los maestros y ya quedaron
de enviarme tareas por correo electrónico, y así tener una calificación. Pero es complicado
porque en cuarto grado tienes que hacer las prácticas, y es complicado porque tienes que
ir al hospital cada 15 días, o cirugías cada dos meses.

148
Edgar se plantea estudiar Derecho como una forma de integrar la experiencia
traumática a su proyecto de vida y darle un sentido positivo y útil para otras personas:

También quiero estudiar otra carrera, llevar las dos carreras… Licenciado en derecho,
porque estuve buscando en internet y se relaciona un poquito con educación primaria.
Quiero estudiar derecho, uno porque en mi pueblo ha habido muchas injusticias, en
la escuela donde yo estoy, en mi familia, y siento que teniendo el conocimiento de un
licenciado te puedes defender o hacer algo, más que nada, no sólo en mi casa, en mi
familia, sino en cualquier lugar donde tú vayas a trabajar, si te mandan a un lugar, siempre
hay injusticias. Eso es lo que me motiva para tener ese conocimiento.

Para Edgar, esto sería una forma de reparar el daño a la familia:

Tener un trabajo estable, que mi familia igual lo tenga. Tener más oportunidad para que
podamos estar bien y ya no regresar a una situación en que eso vuelva a pasar. Por lo
mismo también quería estudiar lo de abogado, para exigir lo que a ellos les compete
darnos, por lo que pasó. Porque ahorita yo tal vez sí tenga el derecho de exigir pero no sé
qué. Un hogar para mi familia aquí en México porque siento que estando aquí pienso yo
que no se volvería a repetir eso, o que a alguno de mis familiares les pase algo, porque en
Oaxaca y donde quiera pasan esas cosas.

Como se mencionó antes, para Edgar el apoyo de sus compañeros ha sido


fundamental frente a las consecuencias del ataque en Iguala:

La verdad, sinceramente por quien más he recibido apoyo es por mis compañeros del
grupo, que por parte del gobierno. Me han estado visitando constantemente, me han
apoyado económicamente, en la escuela. Es algo que siempre voy a agradecer porque
no me han dejado solo y es algo que en verdad valoro mucho, lo que ellos hacen por mí.

En julio del 2016 Edgar se graduó como licenciado en Educación Primaria, junto
con su generación de la Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa. En
el mensaje que dirigió a sus compañeros durante la ceremonia llamó a no olvidar
que todavía faltan 43 y pidió que a donde quiera que ejerzan su profesión, alcen
la voz para exigir la presentación de los normalistas desaparecidos.

Sobre las medidas de atención y reparación del daño

Para Edgar, la atención que han recibido de la Comisión Ejecutiva de Atención


a Víctimas ha sido excesivamente burocrática y lenta. Esto ha generado que la
familia busque la manera de resolver los gastos relacionados con el traslado
y acompañamiento a Edgar en la Ciudad de México por sus propios medios,
causándoles una carga económica mayor:

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 149


Ahí dicen que todo lo tienen que gestionar, por ejemplo mi papá pidió un boleto pero
tardaba mucho, entonces para estar presente el día de mi cirugía tuvo que comprar el
boleto por su cuenta. Nos han apoyado pero en lo mínimo.

La falta de atención oportuna y adecuada ha generado incertidumbre para Edgar


en cuanto a la continuidad de la atención, tomando en cuenta que debido a las
secuelas físicas de los ataques requiere atención médica de por vida. En este
sentido, Edgar manifiesta preocupación sobre el seguimiento y mantenimiento
de la prótesis que se le colocará en la mandíbula: “A lo mejor llega el tiempo de
que se cambie y ya no me van a querer atender”.

Para Edgar, la reparación del daño tendría que estar orientada hacia
reconstruir el proyecto de vida propio y de su familia, afectado por los hechos y
el largo tratamiento médico que ha tenido que seguir en la Ciudad de México, así
como tratamiento médico de la mejor calidad para él:

De hecho nunca lo había pensado, pero con todo esto que pasó, hubieron problemas en
la familia por llamarlo así. Todos se tuvieron que trasladar al DF, por ejemplo mi papá
tuvo que estar pidiendo permiso en el trabajo, mi hermano dejó su trabajo, mi hermano
pequeño tuvo que dejar la escuela, eso afectó a parte de la familia. Pero para corregir
eso, no sé, la verdad yo he pensado que lo que yo quiero es trabajar acá, en el DF, yo ya
no quiero regresar a Guerrero. La verdad no sé qué más. Nunca había pensado en eso,
lo primordial en mi mente es que mi familia esté bien y yo también. Supongo que en
otros países hay mejores médicos, más tecnología, porque en el hospital me dicen que mi
situación es complicada y que están haciendo lo que pueden, pero en otros países se podría
hacer mejor, las cirugías. Si hubiera manera de que me atendiera un médico, un cirujano
en un hospital donde haya mejor tecnología para que me puedan hacer las cirugías. Pero
no sé si eso sea posible.

Resumen de impactos psicosociales para Edgar Andrés Vargas

• Edgar se desplazó a Iguala para ayudar a sus compañeros que habían


sufrido el primer ataque. Cuando llegó al cruce de Juan N. Álvarez y
Periférico Norte se dispuso a tranquilizar a otros estudiantes, tomar
fotos y preservar las evidencias, pues pensaba que el ataque había
terminado. Por esta razón, el nuevo ataque en el que fue herido lo
tomó por sorpresa.
• Edgar presenta secuelas físicas por el impacto de bala que recibió
en la cara, y al mismo tiempo impactos psicológicos derivados
de los ataques en la calle Juan N. Álvarez y Periférico Norte, y

150
posteriormente en la clínica “María Cristina”, en Iguala. Estos
eventos forman parte de la situación traumática que vivió Edgar,
en la que su vida estuvo en grave riesgo, y que vivió con un estado
inicial de choque y sentimientos de terror y desamparo.
• El apoyo y solidaridad que Edgar recibió de sus compañeros
normalistas y de un maestro fue fundamental para salvarle la vida,
frente a la falta de ayuda del personal médico de la clínica “María
Cristina” y de los militares.
• Se observan reacciones iniciales de estrés agudo y posteriormente
síntomas congruentes con el diagnóstico de Estrés Post Traumático.
Asimismo, la vivencia de miedo, inseguridad y vulnerabilidad
permanentes, los sentimientos de culpa y de haber sido marcado por
la experiencia, son consistentes con el Síndrome del sobreviviente.
• Edgar ha atravesado por un proceso de recuperación largo, que
implica una serie de cirugías y periodos de recuperación debido
a las secuelas de la herida. Durante este proceso Edgar refiere
sufrimiento emocional derivado de la consciencia de su propia
situación y la incertidumbre sobre su recuperación, así como por el
sufrimiento de sus familiares y el sentimiento de impotencia frente
a la desaparición forzada de sus compañeros.
• Uno de los impactos observados es la imposibilidad de atribuir
sentido a los ataques, en particular a la conducta de los militares que
en lugar de ayudar a Edgar a buscar atención médica cuando su vida
estaba en peligro, agredieron a los estudiantes. Estos impactos son
agravados por la falta de investigación y sanción a los responsables
que impide conocer la verdad de los hechos, y por lo tanto dar
sentido y la posibilidad de integrar la vivencia traumática.
• Como consecuencia de las secuelas físicas Edgar atraviesa un
proceso conflictivo de duelo por su imagen anterior y de aceptación
de su nueva imagen.
• Las consecuencias en la salud y la necesidad de permanecer en
la Ciudad de México para someterse a las subsecuentes cirugías
generaron una ruptura en el proyecto de vida de Edgar. Al mismo
tiempo, el joven presenta una extraordinaria capacidad de resiliencia

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 151


y reconstrucción de su proyecto de vida que le permitió egresar como
Licenciado en Educación Primaria junto con su generación de la
Normal “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa. En este proceso Edgar
destaca la importancia del apoyo de sus compañeros de generación,
de los maestros y de su familia.

Impactos psicosociales de los ataques y secuelas físicas para la


familia de Edgar Andrés Vargas

Para la elaboración de este apartado fueron entrevistados los padres de Edgar,


don Nicolás Andrés y doña Marbella Vargas; su hermano Nicmar y su cuñada
Elizabeth (esposa de Nicmar).

Impacto traumático de la noticia: un golpe muy duro


Don Nicolás estaba en su casa en San Francisco del Mar, en Juchitán, estado de
Oaxaca, al lado de su esposa y sus hijos más jóvenes, cuando recibió la llamada
de un estudiante que le decía que Edgar había sido herido:

Pues la verdad fue un golpe muy duro para nosotros poder enterarnos de lo que estaba
sucediendo… como a las 6, 7 de la noche tuvimos una plática con Edgar por vía teléfono
y él estaba bien… cuando de repente suena el teléfono como a las 2 de la madrugada y
veo el número. Sí era de Edgar pero el que habla no era él y desde ese momento pues el
golpe fue duro, o sea yo presentí que algo malo estaba pasando y el muchacho que
me hablaba pues no sabía tampoco ni cómo decirme lo que estaba pasando y sólo me dijo
que habían tenido un altercado y que Edgar había sido herido. Le pregunté “¿En qué parte
de su cuerpo está herido?” Dice: “En la cara”. Él me mencionó de la mandíbula pero pues
yo ya no le pregunté más, simplemente le dije que por favor le ayudara, que no lo dejara
solo y que buscara la manera de llevarlo a un hospital que yo enseguida iba para allá.
Entonces él me dijo que sí, que iba a estar con él y que no lo iba a dejar solo y pues yo no le
había avisado a su mamá. Su mamá se para y pregunta: “¿Qué pasa?”, y pues de inmediato
empieza a desesperarse, a llorar. Y ya me dijo el muchacho que yo le hablara a Edgar, que
él no podía hablar pero que sí podía escucharme y ya le hablé le dije: “Hijo todo va a estar
bien no te preocupes, todo va a estar bien, confía en Dios”. Le digo: “Tú vas a estar bien
y solamente te pido que te aguantes, que no te duermas”. Porque sabía yo que el hecho de
desangrarse se iba a debilitar, iba a entrar quizás en un desmayo o yo que sé, y le dije “No
te duermas por favor”.

La familia tuvo que pedir dinero prestado para trasladarse desde San Francisco
del Mar, Oaxaca, hasta Iguala, Guerrero, y dejaron a los hijos menores, de 9 y 14
años, encargados con los vecinos. Don Nicolás y su esposa llegaron a Iguala en la

152
madrugada del día 28 de septiembre. Don Nicolás relata el impacto que vivieron
al ver a Edgar en el hospital:

Y así llegamos a Iguala al siguiente día como a las 3 de la mañana. Ya inmediatamente


preguntamos por Edgar y sí, nos dijeron que estaba en terapia intensiva. Pasamos a verlo
y pues la verdad era irreconocible porque tenía toda la cara inflamada y no se le podía
reconocer porque y pues veíamos todos los aparatos que tenía en su cuerpo […] Era algo
terrible que nunca nos imaginamos verlo así […] No sé, así queriendo saber la verdad de
la doctora, el diagnóstico y su punto de vista, si mi hijo tenía esperanza de sobrevivir o
no, que me dijera la verdad pues, que no me ocultara nada y ya me dijo ella que no sabía,
que ”Todo puede pasar de hoy a mañana, cualquier cosa puede suceder”. O sea, no nos dio
la esperanza de que sí va a estar bien o no va a estar bien. Ella [se refiere a su esposa] se
soltó a llorar y yo le digo: “Cálmate”, porque es difícil, es algo que no te esperas y que es
un golpe muy fuerte para nosotros.
Primero llegamos y nos dejaban pasar, hasta que pasamos y nos dijeron; “Ustedes son los
papás de Edgar”, y nos dieron unos guantes y un gorro y nos dejaron pasar sólo 5 minutos.

Llevábamos la Biblia en la mano y empezamos a orar. Yo le dí un beso en su mano. Una


doctora nos dijo: “Yo les voy a decir la verdad y quiero que se preparen, porque Edgar de
hoy a mañana no sabemos si se va a morir”. Y yo le dije; “No doctora, mi hijo se va a parar
de esa cama, porque yo creo en Dios”, y salí con un mar de lágrimas, sentía morirme. Y
mi esposo igual. Cada vez que nos llamaban íbamos con miedo de que nos dijeran lo peor.
A mi esposo le dolía mucho la cabeza.

Edgar permaneció 20 días en el Hospital General de Iguala hasta que se estabilizó


y fue trasladado a la Ciudad de México:

Lo llevaron a hacerle una tomografía y dijeron que sí estaba bajando la inflamación del
cerebro. Esperamos ahí como 20 días para que se estabilizara bien en Iguala… y ya
cuando a mi hijo le quitaron los sedantes él tampoco podía hablar pero sí reconocía, nos
reconoció, él lloró con nosotros, nos abrazó. Lloramos pues con él, porque la verdad lo
pudimos alcanzar vivo todavía… estaba inflamado toda la parte de esto, tuvimos que
hacerle, urgentemente la traqueotomía, cortarle y meterle el oxígeno, eso fue lo que le
salvó. Cuando lo vimos nosotros estaba blanco, sin sangre todo pálido y todo, nos asustó
mucho por verlo en la forma en que estaba, pensamos que no iba a superarlo.

Al principio Edgar no podía hablar, y su familia encontró la forma de comunicarse


con él: “Ya no sabíamos cómo había pasado pero ya él poco a poco nos fue
contando, él no podía hablar, simplemente tenía un pizarroncito ahí blanco donde
escribía lo que necesitaba o cómo se sentía o cómo se estaba sintiendo”.

Su hermano Nicmar vivía con su esposa Elizabeth y sus dos hijas en Xalapa,
Veracruz. No podía creer la noticia y pensó que se trataba de una broma: “No
pues es un juego. ¿Dónde va salir él que le van a disparar? Y él no es un tipo

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 153


de persona que se junte así con personas malas, podría decirse, o personas que
tienen otro estilo de vida ¿no?”. Su esposa señala en el mismo sentido: “Por eso
era ilógico que no entendíamos cómo le habían disparado, si él está en la escuela,
no es persona mala ni nada eso y ya hasta cuando nos enteramos de lo que había
ocurrido, fue más todavía la sorpresa de por qué los policías, ¿por qué ellos? Sí”.

Una vez que confirmaron la información, Nicmar se trasladó para apoyar a sus
padres. En ese entonces no tenían donde quedarse y pernoctaban en el hospital.
Posteriormente su esposa e hijas se reunieron con él en la Ciudad de México.

Los testimonios anteriores dan cuenta del impacto traumático del ataque en
contra de Edgar y la herida de bala, por ser un evento inesperado, violento, sin
sentido y que representa una amenaza contra su vida, en la medida en que los
familiares no sabían si Edgar lograría sobrevivir.

Pérdida del sentimiento de seguridad

Durante el tiempo en que Edgar se encontraba en terapia intensiva en el Hospital


General de Iguala, su familia se sentía en riesgo permanente como consecuencia
del impacto traumático del ataque, que generó sentimientos de pérdida de
seguridad básica, agravada por la participación de policías en los ataques, y del
contexto de violencia en la región. Don Nicolás relata:

La inseguridad que estábamos viendo ahí en Iguala en ese entonces porque en esos días
se dio una balacera en frente del Hospital de donde estábamos… una presión psicológica
de la seguridad de Edgar que estaban unos policías al fondo supuestamente cuidando a
los que estaban en terapia intensiva porque eran como tres. Pero psicológicamente no nos
sentíamos seguros porque ya el guardia que estaba enfrente nos había dicho de que si un
familiar había querido sacar a Edgar de ahí, que lo quería llevar a otro Hospital, le digo:
”No, aquí no hay ningún otro familiar más que nosotros dos, sus papás” y dice él: ”No,
hace rato vino un señor que dice que es su tío y que quería llevárselo a otro Hospital”, ¿Y
lo dejó pasar?, dice: ”No, no lo dejamos pasar porque no tenemos permiso”. La seguridad
de Edgar ahí porque pues hablando de un sobreviviente, los enemigos en este caso pues
van a querer matarlo para que no revele nada.

Durante los primeros días en el hospital de Iguala los padres de Edgar permanecieron
en un estado de alerta permanente: “…y luego le digo la inseguridad no es para
estar ahora sí confiados, siempre estábamos despiertos, alerta de cualquier cosa,
ni el sueño nos agarraba, ahí nos desvelamos como una semana”.

154
Según relata Don Nicolás, sucedió un evento parecido a lo que ocurrió en Iguala
una vez que Edgar fue trasladado al Hospital “Gea González” en la Ciudad de
México, de acuerdo a lo que le dijo un médico en ese momento:

“Miren el caso de su hijo es muy especial… ayer querían pasar a dos personas como
reporteros y no eran reporteros… Yo voy a pedir apoyo a Gobernación, y les digo esto a
ustedes para que sepan que su hijo lo vamos a estar moviendo de cama, y vamos a reforzar
la seguridad”.

Si bien los familiares relatan eventos amenazantes y una situación de riesgo real,
también refieren una ruptura del sentimiento de seguridad básica, derivado de los
ataques perpetrados por policías en contra de Edgar:

Nosotros también nos sentimos atemorizados ante esto, porque decíamos en ningún lugar
estamos tranquilos… en el cuarto de Edgar tenía que estar dos custodios día y noche, pero
nada nos aseguraba, nada de nada podíamos estar seguros porque pues decíamos: “¿En
quién podemos confiar?”. Yo tenía temor hasta de los custodios que estaban ahí”.

Posteriormente la familia ha sufrido dos asaltos en la Ciudad de México que


operan como estímulos que detonan reacciones post traumáticas para Edgar, y
que confirman la vivencia de inseguridad que la familia manifiesta hasta la fecha:
Hemos pasado aquí muchas cosas, asaltos, que ya a mí, a mi esposo, incluso a
Edgar lo asaltaron y fue un susto para él porque volvió a revivir lo de ver un arma
de fuego junto a él, entonces son cosas que pasan.

Impactos de las cirugías y el proceso médico en los familiares

Edgar ha sido sometido a un largo proceso de cirugías. Según refiere su padre,


este proceso ha sido doloroso para él y su familia:

El proceso de cirugía ha sido bastante difícil, doloroso para él y para nosotros, la verdad
en la primera cirugía fue de mucho tiempo… me dijeron los médicos que tuvieron que
conectar nervios… le sacaron huesos de aquí del tobillo para reconstruirle el paladar,
las encías porque todo fue destrozado… cuando salió de la cirugía lo vimos muy triste,
ya tenía una tos de debilidad… ni para levantar las manos, estaba bien delgadito y le
temblaban las manos… verlo cómo lo habían hecho en la primera cirugía, no, era bastante
doloroso verlo, y el proceso de curación de su herida, ya ve que los médicos no tienen
lástima, esos agarran y empiezan a apretarlo para que drenara la sangre que quedara y él se
agarraba de los barrotes de la cama y se retorcía, de sus ojos salían lágrimas, se retorcía y
ahí, era de todos los días… la preocupación de él, después de la cirugía y en todo momento
él preguntaba si iba a poder hablar, pues él no podía, pero después que le quitaron ese aire
que tenía ahí fue que pronunció sus primeras palabras, como cuando un bebé empieza a
hablar y su mamá se sorprendió mucho, se alegró: “¿Tú hablaste Edgar?”. Su mamá lo

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 155


abrazó, lloraron, la verdad fue su primera palabra que no lo habíamos escuchado decir de
que estaba en Iguala… Al principio no podía comer, se alimentaba por sonda.

Comenta su mamá que otro de sus hijos “cuando veía que le hacían su curación,
se metía al baño porque no aguantaba verlos, él sentía que se va a desmayar, veía
todo eso de su hermano como le hacían. Era muy duro”. Continúa su padre:

…pero los médicos nos dijeron: “Es un proceso largo, esto es el primer paso, vamos poco a
poco”. Pues hasta la segunda cirugía ya le pusieron su labio […] Él se desesperaba porque
él pensaba que en una, dos cirugías ya iba a quedar bien y no, los médicos le dijeron:
“No te desesperes esto es así”, en cada cirugía va de 3 a 4 meses de recuperación para
programarla nuevamente… ahorita lleva 5 cirugías y dijeron los médicos que todavía
cirugía plástica, no lo da de alta definitivo… quieren hacerle esta parte del labio, la parte
rojita del labio, darle forma… entonces ya ahorita lo llevamos también para que le hagan
los estudios para los dientes que van a ir atornillados ya le están haciendo los estudios pero
que no lo van a hacer hasta que plástica le dé de alta entonces van a intervenir ellos, así es.

Yo la verdad estaba destrozado tanto moral, psicológicamente. Sentía temor de recibir


malas noticias… ahí cada vez que nos llamaban por alta voz, nos llamaban para cualquier
cosa… yo ya no quería ir, ni ella quería ir, nadie quería ir porque pues no queríamos que
nos dijeran algo que no esperábamos, algo triste, algo que la verdad era algo muy duro.

Sobre las condiciones y la larga espera cuenta: “Estuvimos en las noches, no


teníamos ni donde quedarnos, ahí en la sala de espera que estaba afuera, estaba
lloviendo ahí y no podíamos ni acostarnos ni sentarnos sino estar parados porque
el viento, el agua y todo pues no se puede ni descansar”.

Ruptura del proyecto de vida

El proyecto de vida de la familia de Edgar en su conjunto se vio alterado por


los ataques y la necesidad de desplazarse a la Ciudad de México para atenderlo
y apoyar a la familia. En palabras de Nicmar: “Pues sí, dio un giro porque
teníamos pensado otros planes, yo, mis papás, mis hermanos, todos, ¿no?, otros
planes, cada quien pensaba algo distinto”.

Nicmar vivía en Xalapa, Veracruz, junto a su esposa y dos hijas, trabajaba en


una tienda comercial, 8 meses después de que hirieron a su hermano terminó sus
estudios de Pedagogía:

…Ahí estaba trabajando y cuando me dieron la noticia, rápido dejé todo lo que tenía allá,
ya tenía unas cosas y lo tuve que dejar así rápido porque tenía que venir a apoyar aquí a la

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familia… ya me vine para acá, aquí pues comenzar nuevamente a partir de lo que sucedió
[…] Pues ya teníamos un lugar donde quedarnos, nuestros muebles y el trabajo que tenía
ya era fijo y nada más lo dejé así, me dijeron cuando quieras puedes venir pero pues
ahorita ya cambió todo, ya no pienso regresar por allá, ya terminé mis estudios, antes no
lo había terminado, terminé ahorita y pues estoy pensando otra cosa.

También señala cómo cambió la vida para sus hermanos más pequeños:

Mi hermano tuvo que volver a iniciar otra vez el año, tuvo que repetir porque igual allá no
se le ponía atención, no iban mis papás a las reuniones, los maestros entendían y todo pero
pues decían que ya no podía estar allá sólo y aquí tuvo que volver a repetir otra vez, mi
otro hermano también, igual empezar, iban a medio año y ya volvieron a iniciar otra vez.

Elizabeth, la esposa de Nicmar, comenta como ve a Edgar y a su familia:

Contentos porque mi cuñado ya se ve más mejor a como estaba antes, era una tristeza
como lo veíamos todo delgado, con sus curaciones, que sufrió junto con su hermano que
se tenía que encerrar en el baño para no ver lo que le hacía y todo eso era triste, ver a
mi suegra también llorar por su hijo y todo pero ahorita gracias a Dios ya está bien, está
saliendo adelante, ya se ve mejor, físicamente, pero pues no sabemos él cómo se siente,
pero nosotros ahorita lo vemos bien con la recuperación y todo, pues por esa parte estamos
más contentos, igual mi suegra, mi esposo, pues de que él ya está mejor físicamente.

Elizabeth ve la afectación en sus suegros y padres de Edgar: “Para mi suegra a


lo mejor es más difícil porque no está con su esposo, mi suegro tiene que estar
allá por su trabajo”. Don Nicolás, relata lo que ha significado en términos del
proyecto de vida de la familia:

Ojalá y pronto termine esto, pero olvidarnos, nunca se nos va a olvidar lo que hemos
pasado. La verdad todo se viene abajo con el proyecto de vida que tiene uno, la estabilidad
familiar, laboral. Yo tengo que estar acá viajando y yéndome allá porque trabajo también,
mis compañeros me apoyan, me han apoyado siempre desde el principio han estado
conmigo, en una escuela y yo les he platicado de la situación y ellos me han entendido;
cuando él tiene sus cirugías tengo que estar aquí con él para apoyarlo, apoyar a mi familia.

Deterioro de la situación económica y de la salud

Como consecuencia del desplazamiento a la Ciudad de México, la familia


abandonó sus empleos o fuentes de ingresos. La familia se sostenía con el
salario de don Nicolás, pero complementaba sus ingresos con otras actividades
que tuvieron que abandonar desde que se desplazaron a la Ciudad de México.
Además, la familia enfrenta gastos adicionales (traslados, alimentación, etc.), de

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 157


tal forma que su situación económica se ha deteriorado. Don Nicolás refiere en
este sentido:

Mi esposa me ayudaba, teníamos un changarrito, trabajábamos ahí. Ella hacia comidas


para vender, yo me dedicaba al campo, sembraba yo sandía, maíz, criaba algunos
animalitos para venderlos cuando se necesitaba o sea no dependíamos nada más de mi
salario, sobrevivíamos.

Ella [se refiere a su esposa] cuando puede comercializa el camarón, cuando no puede,
hace venta de comidas, engorda sus cochinitos para venderlos, le buscamos, o sea, yo
me dedico a pescar cuando hay tiempo en vacaciones, sábado o domingo yo voy y vivo
también de la pesca, mis hijos me ayudaban en ir a reparar el cerco o a bueno, o sea
le entrábamos de todo porque, pensábamos en ellos en el futuro de ellos que lo van a
necesitar. Teníamos un ahorrito le digo, y el ahorro se fue, yo estaba pagando la escuela
de Nicmar, la universidad, le digo, no nos alcanzaba, era muy difícil le digo. Entonces
ahorita todo se vino abajo, ella no trabaja, el único ingreso que tengo soy yo, mis ahorros
los he estado quitando, mis animalitos que yo tenía ya los vendí porque lo necesito, ya no
se trabaja la tierra, ya no se siembra, ya no hay. Entonces estamos amolados, como le digo
a ella, ya no sabemos qué hacer. A veces nos deprimimos porque pensamos: “¿Qué va a
ser de nosotros?”, y mira cómo estamos.

En el mismo sentido, la señora Marbella refiere algunos de los impactos


económicos que ha sufrido la familia:

Todas las cosas que vendió mi esposo, vendió su camioneta, su moto, vendió como cuatro
cabezas de ganado, y sacó un préstamo en el banco, que está preocupado porque no
sabemos cómo vamos a pagar, además de lo que debemos a una comadre.

Los padres y familiares de Edgar se han concentrado en el cuidado del joven


para lograr su recuperación. En ese sentido se observa que los familiares, como
cuidadores de Edgar en un proceso de larga evolución, han sufrido impactos a su
salud que se derivan de la falta de atención a sus propias necesidades de salud, las
condiciones de vida y los impactos psicosomáticos de los hechos traumáticos. En
particular, los padres de Edgar padecen diabetes y han visto empeorada su salud
por la falta de alimentación adecuada y el impacto emocional de la situación de
Edgar. Los padres de Edgar relatan:

…A veces la verdad no es lo mismo, estuve un poquito mal, bajé bastante de peso… me


deprimía tanto, me enfermé, por la mala alimentación. (Don Nicolás)

Antes siempre me subía hasta 300 o 400 [mg/dl glucosa en sangre]. Ahora no sé porque
no me puedo checar. La otra vez me salí 160. Allá en Iguala andaba con dolor de cabeza
y me checó el doctor y andaba en 400, por la preocupación, por el dolor, por como lloraba
yo. (Doña Marbella)

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Impacto traumático de los ataques en Iguala en integrantes de la familia

Para los familiares de Edgar, los ataques en Iguala representan hechos


traumáticos no sólo por las consecuencias antes señaladas, que marcan un antes
y un después en la vida de la familia, sino por su carácter inexplicable o sin
sentido. El testimonio de Nicmar da cuenta de la dificultad para dar sentido al
ataque desproporcionado y brutal en contra de los estudiantes en Iguala, al punto
de que no sabe cómo llamarlo:

Pues qué sería, ¿accidente o qué? no sé, no sé cómo llamarle. Pues en la forma que se dio,
¿no? No sé qué pueda ser, si fue algo, cada caso tiene su nombre, cuando te roban pues un
asalto, o asalto y homicidio así, pero este tipo de caso no sé cómo llamarle porque estaban
ellos tratando de conseguir apoyo para su escuela y llegan los oficiales, los policías
municipales y policías federales incluidos los soldados, atacándolos, no sé cómo llamarle
a eso, por eso. Sí es un crimen, pero no sé qué tipo de crimen, crimen que comete el
Estado… no sé mi hermano, él que lo vivió tan real, no sé si él sepa, ni ellos se dan cuenta
yo creo, yo creo que en ese mismo instante también se preguntaron por qué nos disparan
si somos estudiantes.

Elizabeth dice al respecto:


Pues la verdad yo no sabría decir porqué, no sabría decir qué tendrían los policías con ellos
o por qué motivo le dispararon, ¿por qué a los estudiantes?, si son estudiantes, es, no sé, no
sabría por qué… es una respuesta que no se sabe por qué les dispararon, o qué tenían los
chamacos que a ellos no les gustó y les hicieron eso, o ya lo tenían planeado. Bien podrían
retenerlos, en no sé, la cárcel y todo eso, como siempre lo hacen, normalmente eso pasa
pero ahora no se sabe.

Para don Nicolás los ataques a los normalistas se deben a la intención del Estado
de desaparecer la escuela Normal. Esto le permite hasta cierto punto construir
una explicación de los ataques:

El Gobierno, tiende a desaparecer la escuela, tiende a reprimirlos en todo momento…


ellos no tienen un apoyo suficiente del Gobierno; lo otro pues al ver de que son policías
municipales, policías quizás hasta federales, los militares y todo eso, son parte del mismo
Gobierno, creo que la intención es esa, que la escuela desaparezca. Pienso que sí los
militares tienen mucho que ver en este asunto y pienso que también el Gobierno oculta
muchas cosas.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 159


Ruptura de la confianza en las autoridades y del papel organizador
de la Ley

La participación de agentes del Estado en las agresiones genera impactos


psicosociales particulares, que generan una vivencia de desprotección y
vulnerabilidad frente a quien tendría que garantizar la protección de las personas.
Nicmar relata:

Nunca habíamos presenciado, visto, escuchado, presenciado algo como lo que pasó pues.
Sí, cambio mi forma de ver porque por muchas cosas, hay muchos detalles que el Estado
no se da cuenta en su misma gente, la gente, los servidores públicos que tiene, porque
todos son servidores públicos y deben estar atentos a cómo están, qué hacen, cómo
manejan las cosas y ni siquiera sabían de sus policías ni siquiera sabían cómo están, si
están involucrados en carteles, no sé, no lo sabían hasta que pasó el accidente… bueno, el
crimen. Así lo digo, me refiero así… no sé, como dicen por ahí, buscando a 43 encuentran
a muchos, ni siquiera sabía de narco-fosas, buscando a tan solo 43 encontraron a quién
sabe cuántos, mas de 100 que si no fuera por eso ni siquiera los encontraran […] En
general a todos, incluso a los que iban pasando por ahí, el grupo de Los Avispones, hasta
todo a ellos les tocó. Hay veces que uno no sabe cómo decirle porque está el Estado
involucrado, el Estado quien debería proteger los derechos de los ciudadanos y no se hace.

Don Nicolás manifiesta cómo la actuación de las autoridades, en particular de


los militares, ha significado una decepción y que ha generado la ruptura de la
confianza en las autoridades. Esta desconfianza se profundiza por la falta de
investigación y sanción a los responsables:

Yo tenía quizás otra forma de pensar acerca de los del Ejército y para mí era que estaban
para prestar ayuda a la población, a la sociedad. Pero ya veo que no es así y pues la culpa
se la echo a ellos porque por eso iba a morir Edgar […] Yo la verdad estaba muy indignado
y en esa reunión con el presidente sí le pedí que él como máxima autoridad de ellos, que
investigara pero pues no lo hace. Entonces así es y no sé, yo la verdad no confío ni en las
autoridades, no confío en nadie… todas las dependencias se encubren, todos se encubren,
porque si uno dice la verdad te descubre, entonces nadie quiere salir afectado, es difícil
que las mismas autoridades descubran algo que ellos no quieren que se descubra.

La participación de las autoridades en las agresiones y la impunidad cuestionan


el papel de la Ley como organizadora de la vida social. La confianza en las
autoridades y la vigencia de la Ley sólo podría ser reconstruida, para don Nicolás,
a partir de la investigación y sanción a los responsables, y el establecimiento
de la verdad:

160
Hay leyes, supuestamente, las leyes es para que podamos convivir armónicamente con
los demás respetar las leyes le digo pero aquí ustedes no la están respetando, la están
pisoteando y si es por capricho nada más de unos cuántos pues no está bien, no puedo
someterme yo al capricho de dos, tres. Yo creo que si se hacen las leyes es para una sana
convivencia entre los ciudadanos, entre los seres humanos, pero desde el momento en que
ya no se respetan, desde el momento en que ya no practicamos o respetamos las leyes,
violentamos los derechos de las personas y eso crea violencia… que haya una verdad real,
porque solamente así los padres y todos nosotros podamos decir pues podamos recobrar
la confianza más que nada en nuestra autoridad, la credibilidad en ellas… nunca se va a
acabar sino se llega a la verdad y si no se aplica la Ley como debe ser al que lo hizo tiene
que pagar con justicia.

Nicmar manifiesta que tendría que ocurrir un cambio estructural para recuperar
la confianza en el Estado:

Tendría que hacer pero muchísimas cosas, que haya más transparencia, empezando desde
arriba, el Gobernador, el Presidente, y ya viniéndose hacia abajo. Tendrían que haber
muchos cambios, hacer muchas cosas, que cambiaran cómo trabajan ellos, su forma de
reclutar igual a los policías o los soldados, todo que sea más estricto, ¿no? Y que se ande
vigilando o viendo qué hacen, porque bueno si hay privacidad también pero entonces
cómo no se dieron cuenta que estaban involucrados… No solo debe cambiar una parte,
debe cambiar todo, toda la organización.

En el mismo sentido doña Marbella, mamá de Edgar, expresa la vivencia de


agravio por la actuación arbitraria y sin límites de las autoridades en contra de
los estudiantes, y la falta de investigaciones:
No es justo también que les hagan eso a los chamacos porque pues ellos solamente están
buscando cómo salir adelante, cómo prosperar. No es justo de que vengan otros y les
quiten ese derecho nada más porque se les da la gana. No es justo porque sabemos que
todos somos pobres y necesitamos salir adelante buscar, estudiar. Muchos papás a veces
se esfuerzan porque no tienen ni pasaje ni cómo para mandar a su hijo a la escuela. No
hay justicia hasta el momento porque entre ellos hay mucha corrupción, entre ellos se
encubren, entre ellos se protegen, cuando les conviene, dicen que hacen justicia cuando
no, todas esas cosas, nuestro país ha sido muy difícil entonces esa es lo que yo veo de
nuestras autoridades.

De este modo, se observa que la falta de sentido de los ataques genera una
vivencia de injusticia y decepción sobre las autoridades, que en otro tiempo eran
consideradas por la familia como garantes de la Ley y figuras protectoras. Al
mismo tiempo, la familia señala que frente a estos impactos, el Estado tendría
que dar pasos claros hacia la verdad y la justicia, así como generar cambios
estructurales para que estos hechos no se repitan.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 161


Formas de afrontamiento: la solidaridad, el apoyo familiar y la fe

Frente a los impactos desestructurantes de la participación del Estado en las


agresiones y la situación de impunidad que persiste, las respuestas de apoyo y
solidaridad de la sociedad se convierten en un soporte psíquico y generan la
posibilidad de reconstruir vínculos sociales. La familia reconoce diferentes
expresiones de solidaridad, como el apoyo de los maestros de la ceteg, y sobre
todo el apoyo del maestro y los estudiantes que ayudaron a Edgar y le salvaron la
vida la madrugada del 27 de septiembre de 2014:

Nos encontramos con el compañero de él que lo llevó al Hospital, el que estuvo con él, al
maestro que solicitó el taxi de un amigo, el profesor… la verdad estoy muy agradecido con
él porque le digo: “Gracias, Dios en su momento le va a recompensar lo que él ha hecho”. 

La asistencia técnica internacional ha jugado un papel de soporte frente a la falla


del Estado, que juega un papel práctico en el impulso de las investigaciones y
recomendaciones técnicas, pero también un papel simbólico en la medida en que
sostiene la dañada relación con el Estado y genera confianza en los procesos de
investigación y reparación del daño:

Sí pues lo único que podríamos confiar en el Grupo Interdisciplinario, ¿no?, que


ellos retomen todas estas medidas de garantías para las víctimas…. también para
los estudiantes de las Normales, que se respeten esas garantías… hay muchas
cosas que quisiéramos que se hicieran pero ¿quién vigilaría que se cumplan esas
cosas? Entonces yo confío bastante en el Grupo Interdisciplinario, sí, porque
hasta el momento he visto que se ha mantenido pues independiente… pero si lo
retoman el giei… que pueda exigir al Gobierno a que cumpla con esas medidas
pues podría ser un paso más para lograr la justicia, para lograr la reparación más
que nada del daño, ¿no?, que nos han hecho.

Un recurso fundamental ha sido la disposición de la familia para apoyar a Edgar


en su proceso de recuperación, y apoyarse mutuamente frente a los impactos y
sobre cargas que genera en cada uno de los miembros. Nicmar refiere:

Ya a partir de eso que pasó nos centramos, nos unimos como familia más para salir
adelante de lo que había pasado, apoyar a mi hermano, porque sabíamos que le iba a
causar un daño psicológico y decidimos estar aquí con él. Apoyarnos entre todos para
apoyarlo a él también y aquí estamos. Pues uno mismo se da la misma fuerza, te pones

162
a pensar que pues si te dejas vencer por lo que pasó, ahí te vas a quedar y nunca vas a
avanzar y pues también en familia hablamos que hay que salir adelante, pensar cosas
nuevas, y no dejarnos afectar por lo que pasó. Ser fuertes pues, porque eso nos va a llevar
a cosas nuevas, si seguimos igual con lo mismo dejarnos derrumbar por lo que pasó pues
nos vamos a destruir y eso no es bueno; nuestros hijos también por ellos hay que salir
adelante… sí, aquí estamos con él, platicando, siempre estamos ahí, platicando, hablando,
riéndonos, de todas las cosas y él ahí va, bien, todo bien.

Un recurso de afrontamiento importante para la familia es la religión. Don


Nicolás explica el papel de la fe para sobrellevar los graves impactos de los
ataques: “Confiamos en Dios que lo que él decida, o sea que él tiene la última
palabra, la última decisión, que nosotros no podíamos hacer más que pedirle a él
que Edgar esté bien”. La Señora Marbella explica que la fe en Dios los sostiene
frente al fallo de las autoridades:

No solamente por nosotros también sino por los otros desaparecidos, las familias, fe en Él
ya que las autoridades no dan una solución, no dan una respuesta que los padres necesitan,
tan siquiera que dé esa luz que los muchachos aparezcan… qué fue de ellos, qué es lo que
pasó y darle fuerza a los papás, sus hijos, porque es doloroso no tener a tu hijo a tu lado,
es muy triste.

Don Nicolás agrega: “Pedimos por todos, es lógico, por todos esos muchachos,
que por los que fueron asesinados, por los que no aparecen, por Aldo”.

Impactos psicosociales derivados de la interacción con autoridades


encargadas de garantizar la atención a las víctimas

Los familiares de Edgar enfrentaron condiciones precarias para acompañarlo


durante su internamiento en el Hospital General de Iguala. Posteriormente
recibieron apoyo de instancias como segob y la ceav que les ha permitido mejorar
las condiciones para acompañar a Edgar y vivir en la ciudad en México. Sin
embargo señalan que, desde su percepción, el interés ha disminuido con el
tiempo; la familia enfrenta trámites tardados y burocráticos que representan una
fuente de estrés adicional y una sobrecarga de tareas: “Si nos apoyaron en unas
dos o tres ocasiones y de ahí ya no, que dicen que la ceav y nada, no se ha podido,
para viajar nosotros tenemos que gastar de nuestro dinero”.

Esto ha ocasionado que la familia se vea forzada a cubrir gastos de transporte


y alimentación que impactan negativamente en su situación económica.
A continuación, se presentan algunos rubros en materia de atención que a

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 163


consideración de la familia tendrían que mejorar para garantizar las condiciones
básicas para la atención en salud de Edgar y garantizar condiciones para la
familia en la Ciudad de México:

Trámites burocráticos y lentos para la atención médica de Edgar. Sus padres


refieren que la ceav no responde de forma oportuna a los requerimientos para
la atención médica de Edgar: “El médico explicó que requería de materiales y
tecnología que no hay en México, la ceav solicito un presupuesto y acordaron
enviar a un médico para revisar el material para cuando llegara al hospital, pero
al llegar el día no había médico de la ceav que pudiera ir”. Esta situación genera
incertidumbre sobre la continuidad de la atención médica de Edgar, que es la
prioridad para la familia, y representa una fuente de estrés que se suma a los
impactos psicosociales antes documentados en Edgar y sus familiares.

En abril de 2016 la ceav informó al giei que se habían realizado las gestiones
pertinentes para el pago del material quirúrgico necesario para la operación de
Edgar, en la que se le colocaría el soporte de sujeción y una prótesis o placa
dental (giei, 2016: 341-342). Sin embargo, hasta mediados de septiembre de 2016
esta operación no se había realizado por razones administrativas, a pesar de que
Edgar se encontraba en condiciones médicas para ser operado al menos desde
hacía cinco meses. Esto constituye un ejemplo de los obstáculos administrativos
para la atención a Edgar.

Abastecimiento de medicamentos. Los familiares manifestaron que no se les


proveen los medicamentos oportunamente y en ocasiones simplemente no se
les brindan. Doña Marbella señala:

Pero ahí no, en la ceav nada, lo único que nos da, por ejemplo, nos da una pastilla de dolor,
del azúcar nomás eso pero más ya no… a veces yo sufro mucho de colitis y voy y me checa
la doctora y ya me da medicamento, y a veces que dice que no tiene, pues no me lo da, ya
tenemos que comprarle.

Pago de transporte de Oaxaca a la Ciudad de México y de regreso. Este punto


es un tema de preocupación para la familia puesto que necesitan desplazarse
constantemente, sobre todo en el caso de don Nicolás —cuyo trabajo en Oaxaca
es la única fuente de ingreso para la familia—. Sin embargo, según refiere,
ha enfrentado dificultades en la ceav para el pago de los gastos de traslado.
Entre ellas, le han dicho que estos gastos no están relacionados con el hecho

164
victimizante, los trámites son lentos y burocráticos, o simplemente no se hacen
cargo: “La otra vez solicitamos los boletos para trasladarnos de aquí a Oaxaca
y lamentablemente no se ha podido. Le digo una vez lo solicité el importe de mi
boleto, me los compró el licenciado que me atendió, pero de ahí me dijo que ya
no, que no se puede.”

Apoyo para alimentación. Doña Marbella relata que al principio les daban una
despensa en segob, pero en ocasiones la comida estaba en mal estado. Después les
dieron una tarjeta de prepago para comprar la despensa, pero el monto que recibían
se redujo a la mitad sin ninguna explicación y no les alcanza para todo el mes.
Además, el apoyo no cubre las necesidades de alimentación especial de Edgar.

Vivienda digna en la Ciudad de México. Como consecuencia de la herida de bala


y el tratamiento médico que Edgar ha seguido, la familia tuvo que desplazarse
a la Ciudad de México para cuidarlo. Los familiares relatan que la vivienda que
les asignaron en un primer momento no era adecuada para la situación de Edgar,
pero realizaron las gestiones en segob y los familiares valoran positivamente
el cambio a una nueva vivienda. Es básico que la familia tenga certeza sobre
la continuidad de la vivienda y el pago de los servicios como parte de las
condiciones para permanecer en la Ciudad de México el tiempo necesario hasta
la recuperación de Edgar.

Atención psicológica. Para los familiares de Edgar la atención psicológica no


ha sido adecuada ni especializada para víctimas de violaciones a los derechos
humanos. Señalan que en algún momento incluso fueron cuestionados por la
psicóloga sobre los motivos de Edgar para estar en Iguala esa noche: “¿Qué estaba
haciendo ahí, pero que estén secuestrando camiones no está bien?”. La actitud
de culpabilizar a la víctima deterioró la de por sí dañada confianza en el Estado,
por lo que los familiares refieren: “No podemos hablar con gente del Gobierno,
con los mismos que nos hicieron daño, no les tenemos confianza”. Doña Marbella
refiere que fue entre 4 y 5 veces a consulta psicológica con personal de la ceav,
pero que en lugar de ayudarle le hacía sentir peor.

Sobre el transporte en la Ciudad de México. Los familiares de Edgar valoran


positivamente el apoyo para transporte que consiste en un conductor y un
vehículo, pero señalan que es necesaria la supervisión del conductor y garantizar
la gasolina, pues en ocasiones la han tenido que pagar ellos.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 165


Sobre la reparación integral del daño

Los familiares de Edgar entrevistados para el presente informe coinciden en que


la reparación del daño tendría que incluir medidas para garantizar su derecho a
la verdad y la justicia, así como la búsqueda de los estudiantes desaparecidos.
Doña Marbella expresa: “…dónde están los niños, no saben nada, lo que saben
no están muertos, no aparecen, nada, entonces, ¿dónde están, dónde los tienen,
por qué no hay solución?”.

Al mismo tiempo, los familiares de Edgar reconocen los límites de la reparación


en el sentido de que no se puede borrar los impactos traumáticos y la ruptura en
el proyecto de vida:

No, con ese apoyo que nos van a dar no se nos va a borrar esa herida o esa cicatriz, para
vivir con esa herida no para borrarla sino para sobrevivir y porque la cicatriz y la herida
pues está, ¿no? y va a seguir porque cuando nosotros vemos que le sucede a otra persona
es como si nos estuvieran volviendo a abrir una herida que sentimos. Nuestra vida va a
ser marcada por eso, todo el tiempo, nunca se va a borrar, no. Quizás para ellos sí porque
a ellos quizás no les ha pasado, pero a nosotros no, difícilmente, menos a los que no
encuentran a sus hijos, no puede ser borrado, no puede ser olvidado estos hechos, entonces
seguir viviendo pero de alguna manera ellos también tienen que responder.

Nicmar cuestiona el énfasis que se ha dado a la indemnización como medida


de reparación:

Es que para que podamos reconstruir lo que estábamos haciendo pues no se puede, con dinero
ni con otras cosas no se puede porque cada quien ya lleva pensado un curso y al momento
se corta, lo dejas a un lado. Por ejemplo, mis papás dejaron a un lado donde estaban, tenían
unos ganados, los dejó descuidados, se murieron, el potrero igual se quedó descuidado.

En el mismo sentido se expresa Elizabeth, esposa de Nicmar: “La vida que


teníamos, ya cambió, ya no es la misma, mis suegros dejaron todo, hasta sus
hijos ya están por acá, están todos juntos, estamos todos acá”.

Los familiares de Edgar señalan que la reparación tendría que partir del
reconocimiento de lo irreparable de los daños —en el sentido de restituir a la
familia a la situación anterior a los ataques—, y de la responsabilidad del Estado
por estos. A partir de ese reconocimiento, los familiares identifican medidas para
reconstruir su proyecto de vida:

166
Es temporal donde estamos. Entonces ese tipo de cosas no lo puede reparar el Estado, sí te
puede ayudar en lo económico, algunas terapias y todo eso pero hay cosas que no, que no
va a poder, no se pueden reparar y ya se dieron las cosas y ya, hay que enfrentarlo. Seguir
adelante. [Nicmar].

…y aquí reparar el daño que nos han causado a todos, porque quieras o no, con eso, como
yo le había dicho, todo se nos fue abajo… apoyo para poder encaminarnos nuevamente a
la vida… le digo olvidarnos, como dice el Gobierno… que Iguala no va a quedar marcado
por esos hechos, no cómo cree, eso para nosotros es como si nos dijeran que “olvídense ya
de eso y ya quedó atrás”, no puede quedar así pues. [Don Nicolás]

Además, refieren su desconfianza en la implementación de las medidas de


reparación por el Estado y la necesidad de un mecanismo de seguimiento:

…aparte de que se escriba, aparte de que se redacte, aparte de que haya garantía, todo esto
pues se lleve a cabo en realidad porque yo he visto que los gobiernos crean instituciones,
crean esto, crean lo otro y para nada, pues no cumplen para lo que fueron creados. Otro es
que la justicia debe de ser que se esclarezca bien cómo, por qué.

Don Nicolás también reflexiona sobre la reparación a los familiares de los estudiantes
desaparecidos, nuevamente poniendo en el centro la verdad y la justicia:

No sé de qué manera, buscar alguna forma de poder apoyar a esos jóvenes, a los papás,
darle quizás un apoyo para que puedan sobresalir más adelante porque quieras o no la
vida no se compra, no se puede vender, no se puede pagar con dinero, una vida no tiene
precio, no podemos decir: “Te doy tanto y ya, ¿no?”. No, eso nunca, pero sí humanamente
respetar a los padres y buscar la verdad, hablarles con la verdad, y pues en las leyes al que
tiene que pagar.

Finalmente, doña Marbella señala que la reparación debe contemplar medidas


colectivas dirigidas a mejorar las condiciones de la Normal Rural de Ayotzinapa:

Las autoridades pues como ellos dicen que van a apoyar a las Normales, a todos, pues
que lo hicieran, que fueran allá y vieran cómo están las escuelas, que a los chamacos les
garantizaran un trabajo cuando ya terminaran. Entonces todo eso también se debe dar a
los chamacos, no solamente a los que están si no los que vienen mucho más atrás y no estar
desapareciendo las escuelas porque eso es de los pobres, de los que no tienen […] Nada
más por quitarnos de un lado por el momento pues desde ahí ya está mal, porque están
jugando con la dignidad de una persona, con el ser humano, entonces yo por eso digo:
”No, de promesas y promesas nosotros ya estamos cansados”.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 167


Resumen de impactos psicosociales en la familia de Edgar Andrés Vargas

• Para la familia, los ataques en Iguala y la grave herida de bala que


sufrió Edgar fueron una noticia inesperada y representaron un
evento traumático en la medida en que implican un riesgo de muerte
provocado por agresiones brutales y sin sentido.
• Los familiares refieren una vivencia permanente de temor e
inseguridad derivada del impacto traumático de las agresiones, así
como de hechos amenazantes que se desarrollaron posteriormente.
• El desplazamiento de la familia a la Ciudad de México para cuidar
a Edgar y apoyarse mutuamente, generó una ruptura del proyecto
de vida y el deterioro de la situación económica y de salud de los
miembros de la familia.
• La familia padece sufrimiento emocional frente al proceso de las
cirugías, curaciones y recuperación de Edgar, y falta de certeza
sobre la continuidad del Estado para garantizar el derecho a la
atención en salud y rehabilitación de Edgar.
• Viven la pérdida de confianza en las autoridades y en el papel
organizador de la ley derivados de la participación de agentes del
Estado en las agresiones y de la impunidad en el caso.
• La familia ha movilizado recursos y formas de afrontamiento tales
como la solidaridad, el apoyo familiar y sus creencias religiosas
para enfrentar las consecuencias traumáticas de los ataques.
• La interacción con las autoridades encargadas de garantizar el
derecho de las víctimas a ayuda, asistencia y atención ha sido
una fuente de estrés y ha representado una sobrecarga de tareas
para la familia. La atención psicológica no ha sido adecuada ni
especializada, e incluso ha sido revictimizante para la familia.

168
Conclusiones

El presente apartado documenta los impactos psicosociales de las agresiones en


Iguala y las graves heridas sufridas en dos de los estudiantes, como víctimas
directas, y en sus familias, víctimas indirectas de los ataques. Los impactos
en los estudiantes heridos difieren por las características de las lesiones. Aldo
Gutiérrez Solano se encuentra en estado vegetativo, lo cual le ha causado una
discapacidad severa de por vida. En el caso de Edgar Andrés Vargas, ha sido
sometido a una larga serie de cirugías y un proceso de recuperación lento y
doloroso, que ha impactado en su proyecto de vida. Asimismo, Edgar presenta
síntomas derivados del impacto traumático de las agresiones en el cruce de Juan
N. Álvarez y Periférico, y posteriormente en la clínica “María Cristina”, en Iguala.
De igual forma en este diagnóstico se observan síntomas asociados al Síndrome
del sobreviviente, e impactos psicosociales derivados de la desaparición forzada
de sus 43 compañeros y de la falta de esclarecimiento de la verdad y la sanción
a los responsables. Cabe señalar en el caso de Edgar su extraordinaria capacidad
de resiliencia y de reconstrucción de su proyecto de vida.

Los familiares de los estudiantes heridos entrevistados vivieron la noticia de


los ataques y las graves lesiones que sufrieron como eventos traumáticos por
su carácter inesperado y el riesgo de muerte de los jóvenes. Los familiares
experimentaron temor intenso, indefensión, confusión e impotencia. Los dos
casos que se reflejan en este informe presentan similitudes y diferencias que
tienen que ver entre otras cosas, con las secuelas para cada uno de los estudiantes
y el pronóstico de su evolución.

Entre las similitudes, encontramos que, hasta la fecha, uno de los impactos más
notorios en los familiares es la imposibilidad de dar sentido a los hechos, la ruptura
de la confianza en las autoridades y la situación de impunidad que obstaculiza
conocer la verdad, como soporte del proceso de elaboración psíquica. En este
sentido se observa en las familias sentimientos de culpa e impactos psicosociales
derivados de la estigmatización de los estudiantes, y vivencias de inseguridad y
vulnerabilidad como producto de la situación traumática, agravado por la falta
de sanción a los responsables.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 169


Las familias se han centrado en el cuidado de los estudiantes heridos, para lo
cual se han desplazado hacia la Ciudad de México y se han reorganizado. Esto ha
significado la ruptura del proyecto de vida, el deterioro de la situación económica
de la familia e impactos negativos en la salud, así como una sobre carga de tareas y
una situación de estrés permanente. Al mismo tiempo se observa que la burocracia
en los procedimientos de atención a víctimas es un factor de estrés adicional que
genera incertidumbre sobre la continuidad de la atención. La atención psicológica
no ha sido adecuada ni especializada, y las intervenciones estigmatizantes generan
revictimización y profundizan la desconfianza hacia el Estado.

En ambos casos, las familias han movilizado recursos y formas de afrontamiento


tales como la solidaridad, el apoyo familiar y sus creencias religiosas para
enfrentar las consecuencias traumáticas de los ataques y las tareas relacionadas
con el cuidado de los heridos. De igual forma, los familiares destacan las
respuestas sociales de solidaridad y apoyo que contrastan con la actuación de
las instancias del Estado involucradas en la atención a víctimas.

La familia de Aldo Gutiérrez Solano enfrenta una vivencia de pérdida particular


debido a las secuelas neurológicas de la herida de bala. Esto genera un proceso de
duelo complicado y traumático que ni siquiera puede ser nombrado, puesto que,
aunque Aldo está vivo, ya no volverá a ser el mismo. La familia ha enfrentado este
proceso haciéndose cargo amorosamente de los cuidados de Aldo. Actualmente
los familiares presentan síntomas derivados de la situación hospitalaria que
viven y deterioro de su vida social, laboral y familiar. Es urgente que Aldo sea
trasladado a un entorno doméstico en su lugar de origen, de tal forma que la
familia pueda reintegrarse a su comunidad y retomar los diferentes ámbitos
de su vida.

Para los familiares de los estudiantes heridos, la reparación integral del daño
tendría que partir de la verdad y la justicia, e incluir las medidas para reconstruir su
proyecto de vida y garantizar a largo plazo la atención médica y rehabilitación de los
jóvenes heridos. Asimismo, los familiares señalan la búsqueda de los estudiantes
desaparecidos y medidas colectivas de reparación hacia la Normal Rural “Isidro
Burgos” de Ayotzinapa que contribuyan a la no repetición de los hechos.

170
Sobre la atención a otras personas heridas durante los ataques en
Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 en Iguala

No existe a la fecha un registro exhaustivo de las personas heridas durante los


ataques ocurridos la noche del 26 y la madrugada del 27 de septiembre del 2016
en Iguala, Guerrero. Muchas no han tenido atención ni una evaluación de su
situación de salud. De hecho, dos estudiantes sufrieron heridas importantes en
una mano y un brazo. Uno de ellos empezó a ser atendido 9 meses después de los
hechos gracias a la gestión del giei. Además, se tiene conocimiento de maestros
o personas que se acercaron en apoyo a los estudiantes y resultaron heridas
durante el segundo ataque en la calle Juan N. Alvarez, así como las víctimas
de los ataques en el crucero de Santa Teresa, no sólo del equipo de fútbol Los
Avispones, sino otros que pasaban por la zona en vehículos, y las víctimas de los
hechos en Mezcala (giei, 2016: 343).

El presente informe documenta los impactos psicosociales en dos de los


estudiantes gravemente heridos y sus familiares; sin embargo, reconoce la
existencia de otras personas heridas en los ataques que no reflejan en el presente
informe y que a pesar de las secuelas físicas y los impactos psicosociales no
han sido atendidos, o han sido atendidos de forma parcial e inadecuada. Los
sentimientos de miedo, inseguridad y desconfianza en el Estado forman parte de
los impactos psicosociales manifestados por las víctimas al giei (2016: 342-343),
lo cual explica el hecho de que muchas personas heridas en los hechos no acudan
a las instituciones del Estado para acceder a sus derechos como víctimas.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 171


VI. Impactos psicosociales en familiares de los
estudiantes privados de la vida
D
urante el segundo ataque contra los estudiantes normalistas en la
calle Juan N. Álvarez y Periférico Norte fueron asesinados Daniel
Solís Gallardo, de 18 años, y Julio César Ramírez Nava, de 23
años (giei, 2015: 98). Julio César Mondragón Fontes huyó en el
momento del segundo ataque y apareció muerto al día siguiente:
su cuerpo fue expuesto en la vía pública con señales de tortura y extrema crueldad.

En los tres casos anteriores, la muerte violenta de los jóvenes ha generado impactos
psicológicos y psicosociales profundos en sus familias. En el presente apartado
se señalan los impactos vividos por los familiares de Daniel Solís Gallardo, Julio
César Ramírez Nava y Julio César Mondragón Fontes.

Daniel Solís Gallardo

Impactos psicosociales del asesinato de Daniel Solís Gallardo

A continuación, se describen los impactos psicosociales y psicológicos


identificados a partir de dos entrevistas realizadas a la señora Inés Gallardo
Martínez, de 37 años, mamá de Daniel Solís Gallardo.

La señora Inés y su esposo, Jaime Solís Serrano, tuvieron tres hijos: Daniel,
asesinado a los 18 años, Mauricio Solís Gallardo, de 15 años y Magali Solís
Gallardo, de 8 años. Su madre describe a Daniel como un joven responsable, con
ganas de salir adelante y solidario: “Él nunca dejaba a sus compañeros, un amigo
de él que crecieron juntos dice que una vez se enfermó y no cargaban dinero, así
que ‘él me agarró y me cargó hasta mi casa, como 40 minutos’. Siempre ayudaba
a sus amigos”.

Daniel tenía vocación por ser maestro. Según relata su madre, siempre le decía
a sus amigos: “Yo le voy a dar clase a sus hijos, pero si hacen relajo en el salón
los voy a reprobar”. De hecho, Daniel enseñó a leer y escribir a sus hermanos
menores. Un tío y unos primos de Daniel habían estudiado en la Normal Rural
“Isidro Burgos” de Ayotzinapa, lo que lo motivó a elegir esta escuela.

A sus maestros en la Prepa también les decía: “Yo voy a ser maestro”. Por esta
razón, ellos lo apoyaron cuando tuvo que ausentarse para ir a sacar la ficha a
la Normal de Ayotzinapa, y luego, cuando fue a hacer el examen de admisión.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 173


Daniel salió de la Preparatoria el 14 de julio de 2014, e ingresó a la Normal el 20
de julio, junto con su primo. La semana de prueba fue pesada, y Daniel animaba
a su primo a seguir adelante: “Ya nos faltan días en la semana de prueba, hay que
aguantar […] Ya nos falta poco, ya mañana va a ser menos”, hasta que terminaron
la semana de prueba y los dos ingresaron a la Normal. Su madre relata que Daniel
estaba contento con este logro y entraba a una nueva etapa de su vida. Habían
transcurrido poco más de dos meses desde su ingreso cuando ocurrieron los
ataques contra los normalistas en Iguala.

El impacto traumático de la noticia

La señora Inés relata que un primo de Daniel estaba con él la noche del 26 de
septiembre, y fue quien le avisó que su hijo había sido asesinado:

Él fue el que nos dio la noticia, la mala noticia […] Cuando recibimos la noticia yo le pedí
a Dios que me ayudara porque yo sola no iba soportar esa parte y nos fuimos temprano
de aquí, dicen que como a las 10 de la mañana ya estaba llegando la gente se empezaron
a dar cuenta.

La muerte violenta de su hijo fue una noticia inesperada, abrupta y disruptiva,


que tuvo un impacto traumático para doña Inés y su familia:

Nos avisaron el 27 en la mañana como a las 8 de la mañana me hablan, no hallaba ni como


decirme. Le hablé a mi esposo, no le dije la causa, nada más le dije que se viniera, ya
llegando aquí le dije, fuimos donde mi hermana para encargarle los niños.

Los padres de Daniel se movilizaron con el apoyo de la familia, mientras en el


camino buscaban información con la esperanza de que no fuera cierto:

Esperamos que no fuera verdad esto, que hubiera sido un mal entendido, todavía
se hicieron en lo que llegamos a la escuela, en los periódicos no aparecía su nombre,
nada más decían que habían sido dos muchachos, tres con Julio César Mondragón, pero
aparecían los nombres de ellos, no aparecía el de mi hijo, hasta las 9 de la noche que llegó
su compañero y él nos dijo.

Según relata la señora Inés, los padres de Daniel reaccionaron con incredulidad
frente a la noticia, hasta que confirmaron la veracidad de la información y fueron
a recoger el cuerpo de su hijo al Servicio Médico Forense de Chilpancingo.

174
Si eso fue el 27, porque nos avisaron el 27 en la mañana, y pues de aquí a Chilpancingo
son 6 horas, de aquí tomamos taxi a Coyuca. De ahí nos estaba esperando la hermana
de él, porque ellos tienen carro. Nos fuimos con ellos pero nos decían que los iban a
trasladar a las 7 de la noche así que nosotros ya nos movimos de ahí. Nos decían que no
nos moviéramos de ahí porque ya a ellos los iban a trasladar pero no fue así, se pasó toda
la noche y no lo hicieron, ya nos esperamos hasta otro día en la mañana que los trajeron
a Chilpancingo, los entregaron como a las 12 o 2 de la tarde, más o menos y pues ya de
ahí en el semefo nos hicieron dar muchas vueltas, hasta que no sé quien habló, no sé si
Aguirre, no recuerdo bien, que hicieran el papeleo rápido, fue cuando se movieron. Para
esto la señora del semefo, la doctora, perdió un papel con el cual los iban a entregar ya para
el traslado, lo bueno que acá en el Ministerio ya habían mandado una copia y allá con el
papel perdido que se ocupaba ya lo había perdido.

La noticia de la muerte de Daniel representa un evento traumático para la señora Inés


y para la familia. Asimismo, del testimonio anterior se desprende que la vivencia
de incertidumbre y el retraso en la entrega del cuerpo de Daniel a su familia en el
semefo forma parte de la situación traumática que tuvieron que enfrentar.

Duelo traumático

Durante las entrevistas realizadas, la señora Inés manifestó un intenso sufrimiento


psicológico a través del llanto y describió una serie de síntomas característicos de
un proceso de duelo traumático detonado por la muerte violenta e inesperada
de su hijo, tales como ansiedad, depresión, coraje, sentimientos de culpa y de
vacío, y trastornos de alimentación pues refiere que al principio no quería comer
y después comía por ansiedad. La señora Inés ha recibido medicación psiquiátrica
para manejar los síntomas del personal de la ceav y del hospital del Seguro Social
(imss) en Zihuatanejo y Acapulco:

Me agarró la ansiedad de comer mucho chocolate, después a comer mucha comida. Sentía
que nada me llenaba y el doctor me mandó directamente con el psiquiatra, ya no me
mandó con el psicólogo, que ya los síntomas ya eran muchos y me dijo que un duelo no
superado en 6 meses era más grave. Me mandó con el psiquiatra, fue cuando me empezó
a recetar el Prazolan y la risperidona.

En el seguro es muy tardado, me dieron la cita hasta marzo y fue cuando me aumentaron
las otras dos pastillas, y la paroxetina, ahorita un año la tengo que estar tomando.

Me dormía, me agarraba la depresión y me dormía o a veces me salía, o como nos estuvo


llegando visita se me iba el tiempo hasta que vinieron las doctoras de la ceav y me dieron
unas pastillas y fue de modo que me controlé tantito. Pero en diciembre se casa un sobrino
de mi esposo, nos fuimos y allá tuve mucha depresión. Me regresé el 26 diciembre.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 175


La señora Inés enfrenta sentimientos de culpa por haber dejado a Daniel ir a la Normal:

Yo le decía: “Busca otras escuelas, busca otras opciones”. Una señora me reclamó: “No
lo dejes ir a esa escuela”, y después de lo que pasó me reclamó: “Te dije que no lo dejaras
entrar a esa escuela”. Y yo le dije: “Pero si era su ilusión”, y ella me dijo: “Pero mira donde
quedó su ilusión”. Por eso le dejé de hablar.

La señora Inés sufre un dolor psicológico intenso por la pérdida de su hijo que
dificulta retomar el ritmo de la vida cotidiana. “Yo no puedo estar normal, se me
junta todo. Tener que responder a cosas, hacer cosas a pesar de la situación […]
Ir a la Normal también es más tristeza, el no verlo ahí, ver su foto con la de los
demás muchachos es muy difícil”.

En este sentido, la señora Inés relata que hasta la fecha no siente “la misma
energía” que antes para retomar su trabajo. Con el tiempo, ella empezó a conocer a
los familiares de los jóvenes normalistas que fueron amigos de Daniel. Hablar con
ellos, compartir fotos y recuerdos le ayuda a aliviar su dolor y elaborar el duelo:

Siento que tengo que estar en contacto con los demás padres. Con doña Hilda Legideño
se la pasaban mucho juntos. El 27 de marzo hablé ahí en Iguala, me dijo: “Doña Inés, yo
conocí a su hijo”, y fue cuando supe que ella era la mamá de ese muchacho que sale mucho
en las fotos con mi hijo. Entonces el próximo mes que vine le traje las fotos, ella no las
tenía. También con Cutberto, tengo el pendiente de entregarle al señor las fotos de su hijo.

La señora Inés atraviesa un proceso de duelo traumático. Es decir, un proceso


de elaboración psíquica de una pérdida en circunstancias violentas y sin sentido.
Durante las entrevistas se observa que su participación en espacios con los padres
y madres de los normalistas asesinados y desaparecidos, así como en la búsqueda
de justicia le han ayudado a transitar por este proceso y buscar sentido frente a
la pérdida de su hijo. En relación con el trabajo de duelo la señora Inés relata:
“Recordarlo en las cosas buenas nos ayuda a sonreír, y a quedarnos con ellas”.

Impactos psicosociales a nivel familiar

Impactos psicosociales en los hermanos menores de Daniel


Los hermanos menores de Daniel, enfrentan su propio proceso de duelo por la
pérdida violenta de su hermano mayor, pero también los efectos del proceso
de duelo traumático que enfrentan sus padres y que afecta la disponibilidad
emocional hacia sus hijos y su capacidad de brindar sostén y seguridad.

176
La señora Inés relata que Mauricio tiene 15 años y actualmente atraviesa la
adolescencia. A partir del asesinato de su hermano ha presentado cambios de
conducta: “Desde la muerte de Daniel a veces se pone muy rebelde”. En relación a
Magaly, de 8 años de edad, su madre relata que “al principio no se le notaba tanto,
pero va creciendo y como que le va haciendo más falta, se le dificulta despertarse
en la mañana para ir a la escuela. En la escuela bajó mucho de calificaciones, no
pone atención a lo que debe hacer”. Los maestros le han dicho a la señora Inés
que Magaly solo escribe o hace planas con su nombre. Su madre recuerda que
fue Daniel quien le enseñó a leer y a escribir. Magaly añora constantemente a su
hermano muerto y pregunta cuándo va a regresar:

Le gusta ver películas de caricaturas por ejemplo al ver el Rey León en la escena donde el
rey León se le presenta a su hijo y le dice que tiene que continuar, la niña pregunta “¿por
qué a mí no se me aparece Dani?.

Realiza constantes preguntas como “¿Cuándo regresa Daniel?”, y solo respondo: “Ya no
va a regresar, él está en el cielo”.

El duelo traumático que atraviesa la señora Inés también afectó la disponibilidad


emocional para ser el soporte del duelo de sus hijos y favorecer la expresión de sus
sentimientos sobre la pérdida de su hermano. Durante las entrevistas ella expresó:

Me aislé, pues al principio no me daban ganas ni de acercarme a la estufa, ni verla y ese


coraje que tenía que no quería que me pidieran las cosas, ora sí que no le hacía caso a mi
familia […] A la niña tampoco la ayudaba, como 8 días que no la llevé a la escuela hasta
que me dijo el profe que no tenía que faltar.

Al principio, tenía como un mes, me decía que hiciera un atole, y yo no quería ni ver la
estufa. Porque cuando a Dani le tocaba ir a trabajar con alguien, yo temprano le preparaba
su comida, su torta, o me decía: “Se me antoja esto”, y se lo preparaba. Y pues pasó esto y
yo decía: “¿Por qué voy a comer yo, y él no?”. Hasta la vez. A veces sí hago algo de comer,
pero hubo un tiempo que nada más le decía a mi hijo: “Hazte un huevo, o prepárate esto”.
Magaly me decía: “Dani me dejaba cocinar, que le ayudara, y tú no”. Eso ha sido difícil.
Me decía: “Dani me llevaba al parque, ¿por qué ya no vamos?”.

De manera similar, la señora Inés relata algunos impactos psicosociales en su


esposo derivados del proceso de duelo por la pérdida violenta de su hijo:

A veces él también se hacía a un lado de la familia, a veces hasta siente que los teníamos
abandonados a los niños […] De hecho un sobrino de mi esposo trabaja acá en Lázaro,
en vacaciones pasa por ellos para que por ese lado no resientan tanto ese lugar de Daniel,
porque siempre en vacaciones se iban y ya últimamente se llevaba a Magali, y ya él se
encargaba de cuidarla pero desde bebés siempre me la cuidaba él, me la llevaba al trabajo,
le daba de comer, la iba a traer a la escuela, cuando tenía tiempo y siempre con él.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 177


En la medida en que la señora Inés ha avanzado en su trabajo de elaboración de
la pérdida de su hijo, ha logrado apoyar y ser el soporte de sus hijos en su propio
proceso de duelo:

Si, ahorita de hecho a Mauricio le estuve llevando unas platillos que le pedían de tarea,
de comida y sí se los estuve haciendo y llevando a la escuela porque iba muy bajo de
calificaciones y sí era el motivo para que subiera tantito, era una forma más de ayudarlo
porque el año pasado en julio estuvo a punto de quedar fuera de la escuela, tenía 4
reprobadas y tenía que pasar dos por lo menos para que pudiera quedar.

La señora Inés relata que su hijo Mauricio, a pesar de que es reservado en


relación al dolor por la pérdida de su hermano, ha empezado su proceso de duelo
y ha logrado, con el apoyo de la familia, salir adelante frente a los primeros
impactos: “No, él es muy callado en ese aspecto, ahorita lo que está haciendo
siguiendo el ejemplo de Dani, en el deporte, en hacer ejercicio, ya empieza a
cuidar su alimentación”. Además, la señora Inés ha observado impactos de origen
psicosomático en la salud de su familia, derivados del asesinato de su hijo:

Mi esposo se le alteró la presión nada más pero siempre la tenía controlada, después del
26 ya siempre la ha tenido alta, alta y no se la ha podido normalizar.

Y pues a mí la glucosa me va subiendo, no tomo medicamento todavía. Me dice el doctor


que no porque estoy con pastillas para la depresión, para la ansiedad y para la tensión,
son 3 medicamentos que me tomo, estoy muy tensa. Paroxetina, Prazonal y respiridona”.

La señora Inés relata los impactos psicosociales derivados de la pérdida traumática


de Daniel en otros miembros de la familia. En particular, Daniel mantenía una
relación muy cercana con sus abuelos paternos:

Sí pues de hecho desde que pasó esto mi vida cambió, ahora sí que la de todos. De hecho
hasta mis suegros también les afectó mucho porque él fue el único que dijo que si no
pasaba el examen en la Normal se iba a ir ayudarle a su abuelito con las vacas, iba a estar
un año allá y después lo iba a volver a intentar, y pasó esto, y mi suegro empezó a vender
sus animales, ya no quiso seguir con ellos […] Ellos sufren de la presión y mi suegra es
la que más se ha enfermado, se le ha alterado más la presión también. Le digo en cada
vacaciones allá se la pasaban, no se quedaban aquí si no se iban con ellos, se iban con su
hija de ellos, con la hermana de Jaime, ella vive en Coyuca, los han tenido desde chiquitos,
nunca les prohibimos que no fueran, ni por castigo ni por nada, al menos que no hubiera
dinero, entonces si se les limitaba.

178
Impactos a nivel comunitario

Daniel era un joven conocido y querido en su comunidad. La señora Inés relata


que los jóvenes acostumbraban encontrarse en su casa para ir a jugar fútbol:

Más que nada cuando es aquí en la colonia que todos nos conocemos y los chamacos han
crecido juntos todos, aquí en la canchita se ponían a jugar todos revueltos los chiquitos con
los grandes y no nunca hubo diferencia y Jaime le afectó todos que bajaban a jugar futbol,
porque aquí era el punto de reunión de todos, aquí se juntaban y se bajaban en bolita. Hay
un muchacho que llegaba temprano, a las 7 de la mañana ya los andaba despertando a
todos para irse a jugar y así que Dani nos decía los domingos: “Voy a llegarles a tales horas
porque tengo tres partidos” […] Todo el día por allá se la pasaban los domingos o sábados
y también por ese lado le afectaba mucho a Jaime y pues también a mí.

A partir del asesinato de Daniel los jóvenes ya no se reúnen como antes. Un


compañero de la escuela le dijo a la señora Inés: “Ustedes están allá y yo tengo
que aguantar todos los días, porque yo pasaba por él cuando íbamos al comedor,
si ocupaba algo yo ahí estaba para ayudarlo”.

Formas de afrontamiento y apoyo de la comunidad

El apoyo de la familia y de la comunidad ha sido fundamental para la familia de


Daniel en términos prácticos y como soporte emocional. La señora Inés relata el
apoyo que recibió la familia cuando supieron del asesinato de Daniel:

Mi esposo, su hermana de él con su esposo, estaba un compañero, estaban unos


muchachos del Comité de la escuela y fue de aquí de Zihuatanejo la directora del DIF con
un licenciado nos fueron a apoyar también, y el director de la escuela, de la Normal, ahí
anduvo el licenciado Manuel Olivares, ahí anduvo también, son los que recuerdo más y el
licenciado de la escuela en la Normal, no recuerdo su nombre, la del DIF es la directora.

La presidenta de la colonia trabaja en el Ayuntamiento, tiene muchos contactos con todos


los del Ayuntamiento, ella fue la que pidió los apoyos, y la esposa del que era Presidente
en ese tiempo, Eric Fernández, fue maestra de Daniel en la Prepa, en la número 3, así que
por ese lado los apoyos.

La comunidad organiza actividades de conmemoración cada año durante


el aniversario del asesinato de Daniel. Estos actos de duelo colectivo son
fundamentales tanto para la comunidad como para la familia. La señora Inés
relata que para el segundo aniversario de los ataques en Iguala y el asesinato de
Daniel, la comunidad organizó un torneo de fútbol y una misa. En esa ocasión,

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 179


ella se involucró activamente en la preparación de los actos conmemorativos.
Asimismo, la familia realizó un video sobre la vida de Daniel como homenaje.36

Atención psicológica y psiquiátrica a la señora Inés

Como se refirió antes, la señora Inés ha recibido medicación psiquiátrica del


Seguro Social en el hospital de Zihuatanejo y en el Hospital Vicente Guerrero
de Acapulco (IMSS), así como de la ceav. Actualmente se le retiraron dos de
los medicamentos y se le prescribió continuar tomando paroxetina. Esto ha
disminuido los efectos secundarios de la medicación psiquiátrica que en palabras
de la señora Inés:

Me tiraban […] Estuve yendo al hospital general de Zihuatanejo, donde nos iban a dar
atención psicológica, pero cada vez que iba tenía que estar explicando la situación, porqué
iba, para que no me cobraran. Y dejé de ir con ese doctor.

Asimismo, la señora Inés relata que ha recibido atención psicológica de la ceav y


valora que le ayuda a desahogarse. Sin embargo, señala que la atención ha sido
intermitente, no se cumplen las fechas en que las psicólogas quedan de regresar,
por cuestiones administrativas como falta de viáticos. En este sentido, el equipo
encargado de la realización del presente informe manifiesta su preocupación
por la descoordinación entre las instancias que brindan apoyo psicológico y
psiquiátrico a la señora Inés y su familia, así como la falta de atención terapéutica
especializada en duelo traumático y de consistencia en la atención psicológica.

Durante las entrevistas realizadas tuvimos la oportunidad de explicar a la señora


Inés el proceso de duelo y los impactos de la pérdida violenta de su hijo en la
familia, en particular las reacciones de sus hijos menores. En ese sentido, esta
intervención fue importante para manejar la angustia generada por el comentario
del médico que afirmó que un duelo no superado en seis meses era grave. Es
decir, reconociendo la gravedad de los impactos psíquicos y psicosociales del
asesinato de Daniel, no se podría esperar que superara el duelo en seis meses,
e incluso no se podría establecer un plazo determinado pues como se mencionó
antes, el proceso de elaboración del duelo está vinculado, entre otras cosas, con
el proceso de justicia.

36
El video se puede ver en el siguiente vínculo: [Link]

180
Los ataques en Iguala y la estigmatización como parte de un
contínuum de violencia en contra de la Normal de Ayotzinapa

La señora Inés explica los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014


como la continuidad de una serie de agresiones en contra de la Escuela Normal
Rural Isidro Burgos:

Como le comentaba, siempre a Ayotzinapa, los policías mandados por alguien, siempre
los han atacado, y desde el 2011 […] Ora sí que los han atacado con balas, van ora sí que a
matarlos, sin sentimientos, ni conciencia de lo que hacen.

Una vez me tocó ir a una reunión con [el gobernador Ángel Heladio] Aguirre y yo no
sabía que iban a estar las mamás de los niños de Los Avispones y la hija del chofer, la
otra no recuerdo quien era, pero yo pensé que eran mamás de Ayotzinapa. Cuando dijo
la señora: “Es que a mi hijo lo confundieron con los de Ayotzinapa”, bueno, “A nuestros
hijos los confundieron con los de Ayotzinapa”, fue cuando le hice el reclamo a Aguirre, le
digo “¿Cómo que los confundieron a ellos con los de Ayotzinapa?, ¿entonces los pensaban
matar a todos?”, y no me contestó Aguirre.

La versión difundida por las autoridades de que los estudiantes estuvieran


relacionados con la delincuencia organizada, fue vivida por la señora Inés con
coraje y como una nueva forma de estigmatizar a los estudiantes:

Me sentí mal, me dio mucho coraje. Y más que algunas vecinas: “Es que dijeron que ocho
de los muchachos sí pertenecían a la delincuencia organizada”. Piensen que esas bandas
no hacen matazón así. No se llevan a cuarenta y tantos.

En este sentido, la estigmatización de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa


forma parte de un contínuum de violencia: es una nueva forma de reinscripción
de la violencia, al tiempo que genera las condiciones para que se cometan los
ataques contra los normalistas. La señora Inés se defiende la estigmatización
de los estudiantes, vivida como un nuevo ataque, reivindicando a su hijo y a los
estudiantes normalistas víctimas de los ataques:

Pues ora sí que siempre los he defendido y referente a mi hijo pues claro, y todos los
muchachos tienen una historia diferente y en su transcurso dan a la misma conclusión de
que ora sí que querían salir adelante, y así ellos se hubieran dado cuenta de que hubiera
ese tipo de cosas, ellos no hubieran participado en eso […[ Uno conoce a sus hijos.
Y pues, ahora sí que los mandamos a estudiar por su inteligencia, porque quería salir
adelante. Si hubieran sido vándalos, o pertenecido a la delincuencia, no hubieran ido a la
escuela. Nuestros hijos entraron a una escuela para ser alguien en la vida y ganarse la vida
decentemente. Ayudar al pueblo, que es lo que hace un maestro.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 181


La señora Inés vive frente a las autoridades una situación de doble vínculo, es
decir, mensajes contradictorios frente a los que el sujeto no sabe cómo responder.
En este caso se señala que la situación de doble vínculo tiene un efecto negativo
en el proceso de duelo y afecta la confianza en las autoridades.

Pues no sé, ora sí que a [el presidente Enrique] Peña como que no le importa mucho el
caso. De palabra nos dice que sí, cuando hemos estado enfrente de él, pero ya con las cosas
que dice y hace pues no coincide. El otro día estaba viendo a Osorio Chong [secretario de
Gobernación] defendiéndolo, dio a entender que él no tenía nada que ver en esto y pues ora
sí que se va a saber hasta que se descubra la verdad o hablen todos los detenidos.

Impactos psicosociales de la impunidad y la justicia como una


necesidad psíquica en el proceso de duelo

El sufrimiento emocional por la pérdida de su hijo está relacionado para la señora


Inés con la vivencia de injusticia en el caso, es decir, de impunidad, entendida
como falta de investigación y sanción a los responsables

Ha habido mucha injusticia, sobre todo porque son de gobierno, los tres niveles de gobierno.
Con mis hijos, en el matrimonio también, Jaime no quiere recibir ayuda psicológica de
hablar de su problema.

La vivencia de impunidad tiene un efecto retroactivo sobre la herida abierta por


la pérdida violenta de su hijo y por lo tanto, sobre el proceso de duelo. Es decir, a
posteriori, la impunidad se constituye en un evento traumático que opera sobre la
significación de la pérdida y la constituye como un duelo traumático sobre el que se
acumulan nuevas heridas. La búsqueda de justicia es una forma de afrontamiento
del duelo traumático y se convierte en el motor y el centro del proyecto de vida:

Yo no me puedo quedar en Zihua sin saber nada. Necesito saber los avances, que se vea
que se está haciendo justicia, que no quede impune esto y que no vuelva a suceder con
otros jóvenes. Que los estudiantes sean respetados y que haya más apoyos para los jóvenes
que vienen saliendo.

La señora Inés relata los impactos de la impunidad en otros miembros de la


familia y la necesidad de justicia como parte del proceso de duelo:

Hace como dos meses estuvo muy mal mi suegra, ella no lo puede superar. Estuvo mal,
con la presión muy alta, y dice que fue a consecuencia de que fue la psicóloga de la ceav y
le dijo: “Como que ya se están olvidando un poco de Daniel”, y le agarró más la tristeza.

182
Ella llora mucho, y me hace preguntas muy pesadas respecto a la situación. Que si esto
va a quedar así, o si se va a seguir en la lucha hasta que haya justicia, que si los 43 van
a dejar a sus hijos nada más así, o si nosotros nos vamos a quedar callados. Ella quiere
saber, pero a mí se me hace difícil contestárselas. Pero cuando su hijo viene a marchas
o reuniones le da miedo, que en las marchas haya un ataque, o le pase algo a él. O que le
vayan a hacer algo en Zihuatanejo.

Entre los impactos psicosociales de la impunidad, se observa el miedo y el


sentimiento de vulnerabilidad que se convierten en obstáculos para reconstruir
el proyecto de vida: “Todavía tengo a mis otros hijos, están creciendo y van a
estudiar. No sé si decidan salir de Zihuatanejo para hacer una carrera, y si sigue
habiendo esto me da miedo volverlos a dejar salir”.

En el testimonio anterior aparece la necesidad psíquica de justicia en la elaboración


del duelo, y al mismo tiempo la dimensión psicosocial de la justicia que permite
articular el proceso de duelo con procesos sociales transformadores. Es decir, la
elaboración del duelo traumático y la búsqueda de justicia tienen una dimensión
social: “Los hechos de Iguala pues tiene que ser para que la gente reaccione y
vean cómo actúa el Gobierno o policías, cómo está la corrupción, más que nada
en las autoridades”.

Es en esta dimensión psicosocial que aparece para la señora Inés la posibilidad de


reparación del daño frente a la pérdida irreparable de su hijo.

Sobre la reparación integral del daño

Cuando le preguntamos a la señora Inés sobre su perspectiva sobre la reparación


del daño, ella expresó lo irreparable de la pérdida de su hijo y de los muchachos
asesinados en los ataques: “Aunque jamás pagaran la vida de ellos, le pongan
ellos el precio que le pongan, una vida no se repara y menos la de unos jóvenes
sanos y estudiantes que solo querían un futuro bueno para no andar haciendo
males en las calles”.

Sin embargo, frente a la irreparabilidad de la pérdida, la señora Inés destaca el


sentido reparador de la justicia, el esclarecimiento de los hechos y la sanción a
los responsables:

Pues ahora sí que no dejen salir a todos los policías que participaron, a ninguno hasta que
se aclare bien por qué los atacaron y al principio decían que eran vándalos, pero pues ora

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 183


sí que unos vándalos no andan en autobuses y los muchachos van acompañados de los
mismos choferes de las líneas, no van solos, y justicia, que se haga justicia y que se sigan las
investigaciones, quiénes más participaron, a los soldados que se les llame a declarar, los que
estuvieron esa noche y el porqué se les negó el apoyo de los hospitales a todos los heridos.

Espero que se aclaren las cosas, que haya justicia. Más sobre todo si aparecen los
muchachos, los 43, sería lo mejor para los padres.

Asimismo, la señora Inés identifica medidas de reparación colectivas hacia la


Normal, tanto para mejorar las condiciones de vida de los jóvenes que encuentran
en la escuela la única posibilidad de salir adelante, dignificar a las víctimas y
para que estos graves hechos no se repitan en el futuro:

Respecto a Ayotzinapa que se les brinde todo el apoyo porque es la única escuela que
ayuda a jóvenes pobres, de bajos recursos y ora sí que se dé a conocer Ayotzinapa lo que
hace […] Que se aclare todo y quede el nombre de los muchachos limpios.

Que los estudiantes ya no vuelvan a ser atacados por policías ni por cualquier otra
persona. Que si mandan algún recurso, que vean que si llegue a la Normal. Que tengan
autobuses para que ellos ya no tengan que andarse arriesgando.

Conclusiones

Daniel Solís Gallardo era un joven inteligente y carismático. Era un apoyo para su
madre y un referente para sus hermanos menores, a los que cuidaba amorosamente
y a quienes les enseñó a leer y escribir. Era un muchacho querido por su familia y
su comunidad. Daniel había logrado ingresar a la Normal Rural de Ayotzinapa
para cumplir su vocación de ser maestro y toda su familia compartía su ilusión
en el futuro.

Sus amigos cuentan que era solidario y en el relato de su madre aparecen anécdotas
de Daniel ayudando a otras personas; y así fue asesinado en los ataques de Iguala,
la madrugada del 27 de septiembre, cuando acudió a apoyar a sus compañeros
normalistas. El vacío que dejó Daniel en su familia y su comunidad no se puede
describir a cabalidad. El relato de su madre en las páginas precedentes apenas bordea
la pérdida abrupta y sin sentido de este muchacho lleno de planes y desbordante de
vida. El trabajo de duelo irá tejiendo palabras y sentidos frente al vacío.

El presente apartado refleja la vivencia de la familia y al mismo tiempo aporta a


la comprensión de los impactos que la pérdida traumática de este joven genera

184
en términos psíquicos y psicosociales, y la interdependencia de los procesos
subjetivos y sociales. En particular, la incidencia de la impunidad en
procesos de duelo producto de pérdidas violentas ocasionadas por la acción
deliberada de otros seres humanos y de violaciones a los derechos humanos.

El trabajo de duelo no puede entenderse desde las etapas del duelo descritas en
la psicología,37 puesto que el proceso de duelo obedece a un tiempo lógico y no
cronológico, en el que la impunidad juega un papel para significar la vivencia
traumática de la pérdida. De tal forma que eventos relacionados con la
impunidad pueden generar en los dolientes la revivencia traumática del duelo
o la intensificación del sufrimiento emocional, y viceversa, el avance del proceso
jurídico permite avanzar en la elaboración de la pérdida.

La búsqueda de justicia aparece como una necesidad psíquica y como el punto


en el que se entrelaza la elaboración del duelo y los procesos sociales, jurídicos y
políticos. Por lo tanto, la participación en el proceso jurídico y en las actividades
de denuncia y reivindicación de sus derechos, junto a los padres y madres de los
normalistas asesinados y desaparecidos, forman parte del proceso de elaboración
del duelo, búsqueda de sentido y apoyo social. En este sentido, la señora Inés
plantea la justicia como la posibilidad de cierta reparación del daño en una
dimensión psicosocial, que permita generar cambios para que otros jóvenes no
sean víctimas de ataques de esta naturaleza.

Como se explica antes, la señora Inés y la familia atraviesan por un proceso de duelo
traumático en el que el trabajo de duelo se encuentra imbricado con las respuestas
sociales e institucionales. En este sentido, se recomiendan acciones alrededor de la
atención terapéutica adecuada y de apoyo en la búsqueda de justicia.

La atención psicológica que la señora Inés ha recibido presenta serias deficiencias,


tales como el desconocimiento de los impactos específicos de los procesos de duelo
consecuencia de una pérdida violenta causada por la acción deliberada de otros
seres humanos y que implica la responsabilidad del Estado, la inconsistencia, falta
de seguimiento y coordinación entre las instancias que han brindado la atención.
En ese sentido, se deberá brindar atención especializada y consistente a la señora
Inés y los miembros de su familia que así lo deseen, por personal de su confianza.

37
Aturdimiento y choque, evitación y negación, conexión e integración, y crecimiento y transformación (Payás, 2010).

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 185


En relación a la búsqueda de justicia, las autoridades deberán facilitar la
información y participación de la familia a través de sus representantes sobre el
proceso penal, así como mostrar congruencia entre lo que dice y lo que hace en
relación a su compromiso con la investigación y sanción a los responsables.

Resumen de los impactos por el asesinato de Daniel Solís Gallardo

• Proceso de duelo traumático derivado de la pérdida violenta


de Daniel Solís Gallardo. Su madre, la señora Inés, manifiesta
intenso sufrimiento emocional y sentimientos de coraje, ansiedad,
depresión, culpa y vacío; pérdida de interés y falta de energía.
• Se observan impactos psicosomáticos y en la salud derivados de la
pérdida violenta de Daniel.
• Los hermanos menores enfrentan su proceso de duelo y al mismo
tiempo los impactos en sus padres, que afectan su capacidad de
darles sostén y seguridad. Los menores han mejorado en la medida
en que sus padres han logrado recuperar su función de sostén;
además ha sido muy importante el apoyo de la familia extensa en
este proceso.
• El apoyo de la comunidad ha sido un soporte importante para
la familia, tanto para enfrentar las tareas prácticas como en el
proceso de duelo. La comunidad ha organizado conmemoraciones
y homenajes que favorecen la elaboración de la pérdida a nivel
familiar y colectivo.
• Los ataques en Iguala son vividos en el contexto de un contínuum
de violencia en contra de los estudiantes normalistas.
• Los impactos psicosociales de la estigmatización de los estudiantes,
es vivida como nuevos ataques contra los familiares, y al mismo
tiempo como un factor que favorece las agresiones en contra de
ellos.
• Se observan impactos psicosociales derivados de la falta de
investigación y sanción a los responsables, tales como sentimiento
de injusticia, miedo y vulnerabilidad. La impunidad es un factor
retraumatizante que significa a posteriori la pérdida y genera nuevas
heridas.
• La justicia aparece como una necesidad psíquica en el proceso
de elaboración del duelo y psicosocial, que permitiría articular la
dimensión de reparación.

186
Julio César Ramírez Nava

A continuación, se describen los impactos psicosociales del asesinato de Julio


César Ramírez Nava a partir de la entrevista realizada con su madre, la señora
Berta Nava Martínez.

La señora Berta Nava es madre de cuatro hijos, tres varones y una mujer. Doña
Berta se gana la vida como trabajadora doméstica: “lavando, planchando,
trapeando, haciendo aseos” y su esposo trabaja como velador.38 Ambos viven en
la ciudad de Tixtla, Guerrero. A pesar de la precariedad económica, para doña
Berta su vida “era algo diferente, era una tranquilidad, era trabajar, llevarles de
comer a mis hijos, regresar, esa era mi vida”. Tras el asesinato de Julio César, el
mayor de sus hijos, todo cambió: “Después de esto pues fue como una pesadilla y
aún sigo pensando que es una pesadilla, que quisiera yo despertar de esa pesadilla
y que todo eso no fuera”.

Impacto traumático de la muerte de Julio César Ramírez Nava

“Quiero a los chamacos para sentirme viva, quiero verlos de vuelta, quiero verles
una sonrisa, le digo, ya que a mi hijo no se la voy a poder volver a ver”.

Para Julio César, ingresar a la Normal Rural de Ayotzinapa representaba, como


para muchos otros jóvenes, la única posibilidad de continuar con sus estudios.
Doña Berta relata que para ella fue difícil porque era la primera vez que se
separaba de su hijo. Para estar en contacto con él, aprendió a utilizar el teléfono
celular. En medio del relato sobre cómo se enteró de los ataques del 26 y 27 de
septiembre de 2014 y de la muerte de Julio César, doña Berta recuerda a su hijo
y los últimos momentos que pasó con él. Lo describe a través de anécdotas que
dan cuenta de su forma de ser: un muchacho amoroso, humilde y considerado.

Ya por lo que me decían sus compañeros que cuando él llegó esa noticia, que se apuraron,
se levantaron y que se cambiaron y salieron. Se había llevado sus zapatitos que había
mandado a arreglar, los únicos que tenía, un parcito, que se había acabado todo lo de
abajo, su suela. Le digo: “Pues llévalo, hijo”, todavía no entraba aquí a la escuela, le digo:
“Llévalos a que te los arreglen”. Dice: “Sí mamá”. Le digo: “Quizá más adelante hijo yo
pueda hacer todo lo posible para comprarte un par”. “No te preocupes mamá, hay más
tiempo que vida”. “Sí mijito”. O sea, es un muchacho que nunca te exigía lo que no le

38
Guardia de seguridad que trabaja por las noches.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 187


podías dar, él se conformaba con lo que tú le pudieras dar y por eso es que entró a esa
escuela. Decía: “No pues, mamá, vamos a salir todos bien, vamos a estar bien todos”. Le
digo: “Sí mijito, si tú así lo decides, adelante, yo no quisiera que entraras ahí, no porque
te vaya a pasar algo, pero es que vas a estar muy lejos de mí, no nos hemos separado”. “Sí
pues, mami, pero no va a pasar nada, yo voy a estar estudiando, te voy a dejar mi celular
y con mi celular nos vamos a estar comunicando, me mandas mensaje, mira así”. Le
digo: “Es que yo no puedo hijo”. “Te voy a enseñar mamá”. Y por eso es que yo aprendí a
manejar un poquito el celular, a mandar mensajes, a llamar porque se me complicaba todo,
es la forma que estábamos ahí conectados ¿no?

Julio César se comunicaba con frecuencia para contarle a su madre sobre la


vida en la Normal. En particular, doña Berta recuerda que su hijo le hablaba del
trabajo del campo y de las flores que sembraban en la escuela:

Me mandaba mensajes: “Mamá estamos arreglando la tierra para sembrar la flor, para el
Día de muertos vamos a ir a vender”. Le digo: “¡Ay qué bueno hijo!”. “Mamá ya llegué,
fuimos a regar”, “Mamá ya está saliendo el terciopelo, ya está creciendo”. O sea que todo ahí
me mandaba en los mensajes. Le digo: “Qué bueno mijito” y pues fue transcurriendo todo
ese tiempo ¿no? Ya hasta en la semana de una reunión que nos mandaron llamar, lo vi que
iba hasta allá mi hijito y le grité y le grité, pero no me alcanzaba a oír, hasta después me
oyó y se regresó. Me dio su casaca, como estaba ahí en la banda de guerra, que yo se la
lavara y el cordón de la trompeta. Le digo: “Sí mijito, sí te lo voy a lavar”, ya lo lavé y se
lo llevé corriendo, iba a haber la junta. Digo: “Pues voy a aprovechar las dos cosas”. Pero
ya después me mandó un mensaje, pero yo ya había llegado a la casa, que dónde estaba
yo, que me estaba buscando. Le digo: “Hijo, ya estoy en la casa, ¿quieres que yo vaya?”.
“No, mamá, pues si ya te fuiste ni modo, ahí te estoy mandando mensajes en todo”. Le
digo: “Sí mijito” […] Pero pues digo yo también tenía que estar trabajando, tenía yo que
estar viendo que sus otros hermanos no les faltara qué comer, pues sí estaba yo pensando
en la noche: “¿Cómo estará mi hijito?, ¿Cómo estará que no me ha hablado?”.

Doña Berta recibió una llamada de su hijo el 26 de septiembre de 2014, cuando


él ya se encontraba en Iguala:

Y pues aquella noche ¿no?, que me marcó a las 11:44 [pm] que estaba en Iguala que había
ido a apoyar a sus compañeros y pues yo no podía despertar, estaba yo bien dormida, pero
así entre sueños yo le contesté. Apachurré el botón, pero no podía yo abrir los ojos, los
tenía yo así como pegados y así le contesté. Le dije: “Sí, mijito, pero cuídate mucho por
favor, que no te vaya a pasar algo”. “No pasa nada, mamá, todo va a estar bien, vas a ver,
mañana vamos a estar allá contigo en la casa, que los muchachos nos van a dar permiso”.
“Sí mijito, cuídate, aquí te espero”. “Sí mamá”.

Esa fue la última vez que doña Berta habló con su hijo. Después llegó la noticia
de los ataques en Iguala y el asesinato de Julio César. En el relato de doña Berta
se mezcla un sentimiento de incredulidad y rabia.

188
Pero pues no, ya después le estuve marcando, le estuve marcando como a las 7 de la
mañana, a las 9, a las 10 y nunca me contestó el teléfono. Ahí yo no sabía que ya no
existía mi hijo, que ya estaba muerto y cuando vi esa playera, vi tirada, ahí en la pared,
pues decía: “¿Qué muchachito mataron ahí? Seguramente alguno de tercero”, pues yo
no conozco sus uniformes y hasta que me llevaron los muchachos y me dijeron que ahí
había caído mi hijo y le digo yo: “¿Cómo es posible que esa gente que vivía ahí por qué
no les abrió la puerta, por qué no los apoyó? Si los hubiera apoyado nada de esto hubiera
pasado, no estuvieran muertos, no se hubieran llevado a los demás […] y pues ahí quedó
mi muchacho.

Doña Berta llora al relatar el asesinato de su hijo, desarmado e indefenso, a partir


de lo que ha podido reconstruir del testimonio de los estudiantes sobrevivientes
y de las fotografías publicadas por la prensa:

Le dieron el balazo acá, cayó boca abajo ahí, ahí quedó y ahora nada más verlos en las
revistas de Proceso, pues sí la verdad, da coraje. Da coraje con cuánta saña los masacraron,
que ellos sin tener un arma encima y tenerles que decir a estos policías: “Pues si nos van
a matar mátennos, no tenemos nosotros con qué defendernos”, ¿no?, y aún a estas alturas
de la vida lo sigue haciendo este Gobierno, los sigue golpeando…

La muerte violenta e inesperada de su hijo tiene un impacto traumático para doña


Berta. La pérdida abrupta resulta avasalladora en términos psíquicos, por lo que, a
pesar de la evidencia de la muerte, no hay un lugar para el duelo. Los nuevos ataques
en contra de los estudiantes y la desaparición de los 43 normalistas, que continúa
hasta la fecha, objetivan la repetición de su vivencia traumática, que, por otro lado,
sigue ocurriendo internamente en la medida en que la herida sigue abierta.

El dolor por la pérdida de su hijo se encuentra de algún modo representado en la


ausencia de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos, con tal intensidad que
para doña Berta el único alivio sería su propia muerte:

Te digo ya no tenemos nada que perder, lo único que pues sí nos ayudaría, si nos matan
pues se nos quitaría ya este dolor, ya no lo sentiríamos, dejaríamos de estar sufriendo, de
estar pensando: “¿Dónde están estos muchachitos?, ¿qué está haciendo?, ¿cómo están?”.
Sí, porque es un martirio de todos los días estar pensando, que si ya comerían, que si no
estarán pasando frío, que si no los estarán torturando o qué pasa, o sea en la cabeza te
vuelve loca, ya no sabes ni qué pensar. Pero, aún así, tú vas adelante y dices: “Pues voy a
hacer a un lado todo esto, voy a seguir este camino porque no hay de otra”. No hay de otra,
no hay vuelta de hoja, a pesar de todos estos ataques, seguimos aquí y vamos a seguir y
pues la única forma de que nos paren es esa, que nos maten igual que a mis muchachitos,
¿no? ¿Qué más podemos perder?

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 189


Duelo traumático
Al menos yo siquiera sé que mi hijo está enterrado, lo velé pero ¿de qué chingados me
sirve? Para mí no es gran consuelo, yo siento que mi hijo anda con ellos, desde el día que
me dijeron “no pues es uno de los muchachos que están desparecidos” pues aún lo haya
yo enterrado, lo haya yo velado, mi hijo anda con ellos. Y así va a ser hasta encontrarlos,
es por eso que te digo yo estoy muerta en vida hasta que el día que estos chamacos nos
los regresen mientras no hay vuelta de otra, aquí seguimos y vamos a seguir, hasta que
haya solución.

La vida detenida
A casi tres años de la pérdida abrupta y violenta de su hijo durante los ataques
contra los estudiantes normalistas el 26 y 27 de septiembre de 2014, doña Berta
relata que, para ella, la vida se quedó detenida desde entonces:

Pues este tiempo para mí, como te dije, no ha pasado porque es como si ayer hubiese sido
todo ese atentado de este ataque. No pasa para mí pues, para mí es como si se hubiese
quedado ahí parado el tiempo, hubiese quedado estático, para mí no ha corrido la vida.

La vivencia de la “vida detenida” da cuenta de que el proceso de duelo se quedó


congelado debido a lo traumático de la pérdida. En el mismo sentido, durante la
entrevista doña Berta se describe a sí misma dividida, en una lucha permanente
entre dos polos: la negación de la muerte de su hijo y la aceptación de la realidad,
con el dolor que implica de la pérdida de su hijo.

A veces mi mente como que me quiere hacer entender que eso no es verdad, que no fue
una pesadilla, que es una realidad y que tengo que regresar de aquel lado donde me estoy
queriendo ir, que debo de regresar de este lado y asumir esa verdad, que aunque me duela
es la pura realidad […]

Me refiero “por otro lado” porque a veces como si mi pensamiento dijera: “No, él vive;
él está con los que se los desaparecieron; él no está muerto” y eso es esa parte ¿no? Y
estoy entre dos partes. Una está para acá en que me está jalando y decir: “No, pues tu hijo
está muerto, lo enterraste, lo velaste”. No hay nada para acá y de a ratos me jala para acá
“No, él anda por allá”, “Él está con los 43” y “Síguelos buscando porque si no, no van a
aparecer” y es la forma en que yo lo estoy haciendo.

La vivencia subjetiva del tiempo que no pasa, detonada por la pérdida traumática
de su hijo, contrasta con la constatación de que la vida sigue para otros jóvenes
que entraron a la Normal en la misma generación.

No ha seguido la vida, pero volteando para otro lado vemos que sí, la vida sigue porque
nuestros demás muchachitos que entraron en esa misma academia con mi hijo pues que

190
ya están ahorita en tercer año, que ya para el año que viene éstos muchachitos van a
volar y pues la vida sigue. Y yo como también lo he dicho, la vida sigue, correcto, éstos
muchachos y los que vengan pues tienen que seguirse preparando y no tenemos por qué
seguir permitiendo que este Gobierno nos los esté matando.

A pesar de que la señora Berta enfrenta condiciones que dificultan la elaboración


del duelo, el testimonio anterior da cuenta de la manera en que ella ha ido
enfrentando la realidad de la pérdida de su hijo.

Vivencia de vulnerabilidad derivada de la participación de agentes del Estado


Como se señaló antes, el duelo traumático para la Señora Berta es consecuencia
de la pérdida inesperada y violenta de su hijo. Sin embargo, en este caso se suma
la participación de agentes del Estado, con sus impactos traumáticos particulares.
Doña Berta hace énfasis en este aspecto durante la entrevista:

¿Qué es lo que hizo este gobierno asesino? Matarnos a mis muchachitos ¿no? Porque
eso es lo que digo “mis muchachitos” porque pues los mataron con mi hijo a Julio Cesar
Mondragón, haberse ensañado con él quitándole el rostro en vida, golpeándolo en vida.

La participación del Estado imprime a la pérdida un impacto desorganizador de


la subjetividad, pues como se ha señalado en otros casos, significa que el ente
que debería garantizar la vida y la seguridad de las personas, es quien comete la
agresión, y genera una vivencia de vulnerabilidad y desamparo frente a la amenaza
que representa el poder sin límites del Estado. Esto se observa en el testimonio
anterior, cuando doña Berta se refiere al Estado como “este gobierno asesino”.

El impacto traumático de la participación de agentes del Estado se deriva no sólo


del asesinato de Julio César Ramírez Nava, sino del contexto en que ocurrió, es
decir, los ataques en contra de los estudiantes normalistas, la desaparición de los
43 jóvenes, la privación de la vida de otros dos estudiantes y varios estudiantes
heridos, dos de ellos de gravedad.

Esa es la parte que yo la considero así, que para mí no ha transcurrido el tiempo, porque
quedó ahí, quedó como parado el tiempo y ahí sigo y es la forma en que yo sigo buscando
estos 43 muchachos, aún sabiendo yo que el mío no anda con ellos, pero sí sabiendo que
fue a dar la vida por sus compañeros, igual que sus otros dos compañeros, Julio Cesar
Mondragón, Dani, Edgar, Aldo, que pues le dieron el balazo en la cabeza, a Edgar que le
destrozaron la boca. Pues igual esos muchachitos que fueron en su actividad y los demás
tuvieron que irlos a apoyar, pues ahí quedaron. Así es que esto, todo esto pasó en conjunto,
nunca pasó que nada más los primeros, que los 43, no. Aquí están todos ellos involucrados
y son tan importantes como los 43, como los 3 [estudiantes privados de la vida], como los

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 191


2 [estudiantes heridos de gravedad] y tienen que sumar correctamente porque todo pasó
pues en ese mismo atentado y pues ahí seguimos. Seguimos pidiendo justicia y verdad,
esclarecimiento, y que esto no quede aquí porque nosotros como padres no lo vamos
a permitir, vamos a seguir hasta las últimas consecuencias. Como lo he dicho, creen
que mandándonos a reprimir con sus bombas lacrimógenas nosotros nos vamos pues a
amedrentar, a acobardar, jamás lo vamos a hacer porque ya no tenemos nada que perder.

Resignificar la vulnerabilidad: si ya estoy muerta en vida, ¿qué más puedo perder?


El testimonio anterior da cuenta de un elemento relevante para comprender
el proceso de duelo de la Señora Berta a partir de la pérdida traumática de su
hijo y que tiene que ver con el papel de la vivencia de vulnerabilidad derivada
de la participación de agentes del Estado en los hechos. Doña Berta expresa
reiteradamente que “ya no tenemos nada que perder”. Esto significa una posición
activa frente a la vulnerabilidad y al desamparo relacionado con la exposición a
la violencia de Estado. Doña Berta realiza una operación psíquica que permite
resignificar la vulnerabilidad y convertirla en la condición que le permite salir de
la parálisis —expresada en la idea de “vida detenida”—, y dar sentido a la pérdida
a través de la búsqueda de la verdad y la justicia. Este proceso de elaboración
psíquica de la pérdida se apoya en la participación activa en el colectivo de padres
y madres de los estudiantes normalistas desaparecidos.

Es decir, la posibilidad de tramitar el duelo traumático es sostenida en esta


posición activa frente a la pérdida y la vulnerabilidad, que sólo puede desplegarse
en lo social, a través de la participación en el colectivo de padres, madres y
familiares de los estudiantes normalistas desaparecidos. Doña Berta profundiza
sobre su posición frente a la vulnerabilidad, cuando se le pregunta si siente miedo
por participar en las movilizaciones y acciones de búsqueda de los normalistas
desaparecidos:

Yo por mi no, porque como lo he dicho, yo mal o bien yo ya viví, ya estoy vieja. ¿Qué
importa, no? Yo si tuviera las ganas de seguir viviendo no estaría yo acá, yo estaría en mi
casa ¿no?. Diría: “Pues a mí me importa la vida, qué bonita es la vida”. Sí, es bonita, pero
pues yo estoy muerta en vida y por estar muerta en vida yo tengo que seguir exigiendo la
vuelta de esos 43 chamacos. Porque es lo único que me está dando más fuerzas para seguir
en esto y que eso no quede aquí […] Ya no hay nada que perder.

Doña Berta refiere sentirse “muerta en vida” tras la pérdida de su hijo. Cuando se
le pregunta qué le ayudaría a a sentirse viva otra vez, ella responde:

Pues eso, que nos devuelvan a nuestros chamacos y eso es decir, pues, eso es una batalla
que le hemos ganado a este Gobierno, que sean 43 chamacos que no los estén devolviendo,

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¿no? Y si se pudo esto, se puede con los miles y los miles que nos hacen falta, tanto
pequeñito que se han robado y nunca nadie más vuelve a saber nada de ellos; al menos
eso me ayudaría bastante, me ayudaría a sentirme otra vez viva ¿Por qué? por decir “Pues
tuve algo que ver en esto, por ese motivo es que estos muchachos regresaron”. Y ese es
un aliciente de vida y ese aliciente de vida es el que yo estoy buscando día a día cada
vez que yo me levanto, cada vez que yo me voy a acostar y me despierto con esa misma
mentalidad: “Que mañana sea un día mejor”, y si no es mañana, pasado y así diario estar
pensando. Tener otro pensamiento, no decir: “No, esto no va a suceder”, que jamás van
a regresar ellos, “Sí van a regresar” y si yo no lo veo, que sus padres lo vean, esa es la
mentalidad mía pues, si yo quedo en el piso no me importa, pero me importa que esto siga
adelante, no claudicar acá pues.

En otras palabras, la única manera que la señora Berta ha encontrado para seguir
viviendo, es arriesgar su vida por los jóvenes desaparecidos:

Pero no tenemos miedo, ya el miedo se lo llevaron, ¿qué más podemos perder? Si ya nos
quitaron todo, nos quitaron hasta las ganas de vivir. Pues aquí vamos con todo, si este
gobierno corrupto, asesino nos quiere matar pues que lo haga pero nosotros no vamos a
desistir, vamos con todo pase lo que pase y pues hasta encontrarlos vivos, porque vivos se
los llevaron y es la forma en que los estamos esperando, y los vamos a seguir esperando,
no vamos a claudicar jamás, aquí vamos a seguir en esta lucha cueste lo que cueste, pues
hasta tenerlos de vuelta.

El dolor y el coraje como motor de la lucha


Para la señora Berta, el dolor y el coraje se han convertido en un motor para
participar en la búsqueda de verdad y justicia, y de los normalistas desaparecidos.
Esto le ha permitido dar sentido a la pérdida, aunque sea provisional, y canalizar
el impacto traumático:

Este dolor que me está acabando y este coraje, esta rabia es lo que me mantienen de pie, es
eso y decir que no me voy a dejar a pisotear y no me voy a dejar engañar de este Gobierno
[…] Sí, ustedes me lo han dicho que tengo que sacar este dolor, ¿para qué chingados lo
voy a sacar? Si este dolor es el que me está manteniendo de pie, me está diciendo: “Sigue
adelante, síguelos buscando, porque esa es la forma en que tú puedes seguir viva, porque
si te quedas ahí te vas a morir, te vas a secar”. Y eso es lo que a mí me pasaba. Dije: “No,
yo voy a seguir adelante con este dolor, con esta dignidad, con esta rabia que es la que me
mantiene de pie y voy para adelante, cueste lo que cueste. Si tengo que dar mi vida no me
importa porque si muerta estoy y ellos van a ser mi vida, pues adelante ¿no?”. Esa es la
forma que lo he dicho siempre y lo sostengo.

Asimismo, la identificación con los ideales de su hijo, ha permitido a la Señora


Berta dar sentido a la pérdida, como relata en el siguiente testimonio:

Pero como te digo, sí están mis hijos allá, sí les hago falta, pero también mi hijo me hacía
mucha falta, me sigue haciendo falta y él prefirió a sus hermanos, prefirió ir a apoyar a

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 193


sus hermanos antes que pensar en su madre, antes que pensar en sus hermanos y en su
sobrina, entonces ¿dime de qué otra forma yo puedo pensar? Yo no puedo pensar de otra
forma, ser egoísta, ser mezquina, cuando yo lo enseñé a ser diferente, cuando yo le empecé
a decir “Tú tienes que dar lo que tienes, lo poquito que tú tengas a los demás, si tienes una
tortilla pártela por la mitad, convídala con los demás”. “Si mamá”. Y así lo hacía. Antes
de entrar a la escuela, a la escuela Normal, donde estuvo en la otra universidad, hacía lo
mismo, por eso es que decían sus compañeros: “Y ahora tía, ¿cómo le vamos a hacer?”.
Dice: “¿Cómo vamos a estar viviendo sin Julio”. “Sencillamente por lo que aprendieron
de él —le digo—, a compartir lo poquito, lo mucho que les haya enseñado”. “Pero va a ser
diferente tía, va a ser muy duro”. “Sí, s lo es para mí, qué no va a ser para ustedes que no lo
van a estar viendo diario —le digo— pero pues qué le hacemos, nos tocó quedarnos acá a
sufrir sin él, vamos para adelante —le digo—, él fue a acompañar a sus compañeros, pues
ahora a mí me toca seguir buscando a sus hermanos ¿no?”.

Por un lado, como ella reitera a lo largo de la entrevista, doña Berta participa
en el grupo de padres y madres de los 43 normalistas desaparecidos como una
forma de honrar la memoria de su hijo, quien fue asesinado cuando fue a apoyar
a sus compañeros. Por otro lado, en este colectivo ella encuentra un lugar para su
dolor. Doña Berta habla de los fuertes vínculos que la unen a los padres de los
estudiantes desaparecidos:

Yo sé que aquí los 43 me necesitan, que soy una parte muy fundamental para
ellos, como ellos para mí también, yo los necesito, los he extrañado y es por eso
también que veo que ahorita es cuando más deben de estar todos ellos unidos y si
yo puedo estar aquí con ellos, me lo permiten, pues aquí voy a seguir […]

He estado con ellos presente, aunque si no he podido estar en cuerpo, he estado en mente,
pensando cómo están, o cada vez que oigo que los han atacado, ¿qué les pasará?, que no los
hayan tocado porque sí. Es desgastante, te desgastas y es más confortable estar aquí con
ellos, que sufras con ellos los ataques, verlos que están bien y si están mal pues apoyarlos,
a ver qué puedes hacer por ellos, ¿no? Eso es lo que a mí me importa. O sea, me gusta más
apoyar a los demás que a mí me apoyen, dar lo que puedo, mis fuerzas, no me importa,
por decir aquí estoy, no soy la gran cosa, no tengo dinero para decirles: “A ver tengan esto,
para que con esto se ayuden”. No lo tengo, si lo tuviera lo compartiría, porque como lo he
dicho yo, las cosas materiales no me importan. Yo crecí en la calle como un perro y así
he sido. Nunca he tenido nada más, que lo más valioso eran mis hijos y eso sigue siendo
para mí, pero también se llevaron otro pedacito que me hace falta y si no voy a tener ese
pedacito tengo que seguir buscando a los 43 chamacos, seguirle para adelante y pues te
digo sólo el dolor es lo que me mantiene de pie, es el dolor que me hace interesarme, ¿no?
Ese dolor que dice: “Pues síguele, sigue buscándolo porque es la única forma de que tú
sigas viva” y si es así pues vamos dándole para adelante, no pues sea como les digo aquí
a los compañeros, yo estoy a lo que venga, ya estando encaminado ya no importa nada,
ya no importa nada […] Porque nosotros vamos cargando ese morral pesado y nosotros lo
sentimos y nosotros ya no sentimos los madrazos. Sentimos que nos estamos acabando en
vida; ya no hay nada que nos detenga más.

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La búsqueda de los 43 normalistas desaparecidos como forma de tramitar el duelo
La Señora Berta reitera a lo largo de la entrevista que la búsqueda de los 43
estudiantes normalistas pasó a ser el propósito central de su vida. Esto le ha
permitido, literalmente, seguir viva:

Y que lo único que lo va a llenar es eso, encontrar a esos 43 chamacos y decirles: “Qué
bueno mis hijos que están de vuelta, qué bueno que van a estar con sus padres; si el mío
yo no lo voy a tener pues al menos ustedes”. Y para mí eso va a ser una batalla ganada
para nosotros, para mí muy personal y decirle a sus padres: “Aquí están, lo logramos, le
quitamos a este desgraciado Gobierno a nuestros muchachos, a sus hijos”. Que por ellos
yo he dado hasta lo que no he tenido, pero no me importa y vamos a seguirle.

Pero pues yo como lo he dicho, pues si es necesario que tengamos que dar la vida como
lo hizo mi hijo por sus compañeros, pues aquí estamos; pero esa escuela no se va a cerrar
porque la necesitamos, muchos como yo hay en camino que están a punto de llegar a esta
escuela para seguirse superando, porque esta escuela es como un rosa y los niños que están
llegando a esta escuela son las flores y son hermosas, le digo, el día que ellos se gradúen
va ser hermoso cuando salgan; pues aunque yo ya no tenga a mi muchacho conmigo
pero es bonito ver a esta juventud y tienen los mismos sueños que mi hijo y que vamos a
seguir luchando por estos y por toda la juventud que tenemos, que toda la juventud que
está tratando este Gobierno de masacrar, que no quiere que los muchachitos sepan qué
derechos tienen, quieren que todo el tiempo nos tengan con la bota en el pescuezo ¡pues
no, ya basta!

Impactos psicosociales de la impunidad y búsqueda de justicia

Doña Berta señala la falta de justicia en el caso del asesinato de su hijo y en


general, para las víctimas de los ataques el 26 y 27 de septiembre de 2014. Para
ella, la impunidad tiene una intencionalidad: desgastar a los padres para que
cesen en sus reclamos de verdad y justicia.

Pues aquí estamos, ya 31 meses que no ha habido ni justicia, ni ha habido una verdad, que
hemos estado buscando por parte de los 43 muchachitos, pues aquí seguimos. El Gobierno
pensó que íbamos a claudicar, que nos íbamos a cansar o le está apostando a cansarnos
pero no es así, aquí estamos como que si ayer mismo hubiera sido el ataque que sufrieron
nuestros hijos, aquí estamos.

La impunidad representa un obstáculo en el desarrollo del duelo, en tanto impide


hacer un corte, restituir el orden simbólico roto por la violencia y dar sentido a las
pérdidas. Por eso, ella explica que el tiempo no transcurre, detenido en la lucha
permanente por la justicia:

Para mí no ha transcurrido todo ese tiempo, para mí sigue ahí latente, ese dolor es
tremendo pero seguimos y ese mismo dolor es el que me hace seguir en esta lucha, en esta

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 195


exigencia contra este Gobierno que nos masacró a nuestros muchachos, llevándose a 43 y
que hasta ahorita pues nada más está dándoles largas aún sabiendo que estuvo aquí el giei,
haciendo investigaciones y no le ha dado seguimiento y no tenemos respuestas de ningún
lado, vayamos a donde vayamos nomás no hay nada.

Frente al fracaso del Estado para esclarecer los hechos y sancionar a los
responsables, doña Berta reclama que dejen a los padres realizar la búsqueda de
los normalistas desaparecidos:

Pues sí, quisiéramos que esto se le dé solución y si no nos va a dar solución que nos
permitan o nos dejen buscarlos como nosotros queramos, porque sí, la verdad es un dolor
muy tremendo que no podemos seguir así, este dolor nos está acabando. Ya es tanto tiempo
para tanta gente, para uno que sufrió ese atentado con su hijo, pues no.

Cuando se le pregunta, qué espera de la justicia, doña Berta responde:


Pues que se haga justicia y que al desgraciado que lo mató pues lo juzguen, que con eso no
me voy a sentir bien, también porque no me va a regresar a mi hijo, pero al menos que no sea
uno de tanto que ha matado a tantos muchachos, ¿no? Porque no nada más es mi hijo, hay
otros muchachos que han sido masacrados por el mismo Gobierno, por el mismo Gobierno
de Guerrero; los muchachitos que mataron en la Autopista del Sol […] También esos otros
muchachos [miembros del equipo de fútbol Los Avispones], pues que se haga justicia por
todos los caídos y por los que fueron agredidos, los que fueron lesionados de gravedad.
Yo nunca pido justicia nada más por mi hijo sino en conjunto, por todos los que salieron
y por los que nos han estado matando, los que mataron en la carretera que dicen que fue
un asalto, no fue un asalto […] O lo que le hicieron a Julio Cesar Mondragón, dijeron:
“Esto es lo que les va a pasar a ustedes si siguen chingando la madre”. Pero ahí estamos,
ahí están los muchachos y como dicen ellos: “Vamos adelante. Si nos van a terminar,
que nos terminen pero luchando, con dignidad y no arrastrándonos como gusanos” y es
lo que seguimos haciendo. No recibimos ni un quinto del Gobierno y no queremos nada
del Gobierno, lo único que queremos es justicia y verdad y saber a dónde están nuestros
muchachos, los que se llevó, nos los tiene que devolver a como dé lugar.

Durante la entrevista, se pregunta a la Señora Berta sobre su situación de salud,


y si la participación en las actividades organizativas y la movilización le ha
afectado. Ella responde haciendo énfasis en la necesidad de verdad sobre los
ataques y el paradero de los normalistas desaparecidos:

Pues sí como todo nos ha afectado pero las ganas ahí están de seguir en esta lucha y la
vamos a tener que seguir porque no hay vuelta de hoja, aquí ya nos fregaron la vida,
ya nos deshicieron nuestro castillo donde vivíamos todos, ¿no? Pues ahora ni modo, ya
no tenemos tranquilidad, pues tampoco la va a tener este desgraciado Gobierno, aquí
vamos a estar hasta que nos digan la verdad, a dónde los tienen o qué hizo con ellos
y con pruebas contundentes, porque no nos va a estar engañando como lo dijo cuando
estuvo aquella persona que era su verdad histórica, ¿no? No queremos saber de su verdad
histórica porque no existió y porque no es verdad. La verdad está sobre este lado, sobre

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los padres y eso es lo que pedimos: verdad. No queremos más mentiras y pues que ya deje
a la gente que en realidad quiere trabajar hasta encontrarlos, pues que los deje trabajar y
que los deje de estar corriendo, eso es lo que queremos.

Impactos psicosociales de la verdad histórica y la estigmatización


de los normalistas

Para doña Berta, los señalamientos de algunas autoridades en relación a que los
estudiantes estarían involucrados en algún grupo de la delincuencia organizada
es un agravio que se suma a la pérdida de su hijo:

Seguimos de pie, no vamos a dar marcha atrás sencillamente porque son una parte muy
fundamental para los 43 y parte mía también porque mi hijo fue a perder la vida por
apoyar a sus compañeros, no fue que como dice el Gobierno, que andaban de vándalos
haciendo otras cosas, no, jamás. Nuestros muchachos son unos muchachos que entraron
a esta escuela para prepararse, para ser unos buenos maestros e ir a comunidades más
apartadas de los cuales este Gobierno no manda a ninguno de sus universidades que tiene.

Frente a la estigmatización, doña Berta reivindica a los estudiantes normalistas,


sus motivaciones para entrar a la Normal y el apoyo que han brindado a los
padres y madres de las víctimas.

Pues yo de eso yo jamás lo creí porque esos muchachitos no necesitaban entrar a estas
escuelas para ser parte de esa gente ¿no?, de esa gente que está pues sin hacer nada, ellos
no tenían porque… Por ejemplo si estuvieran con ese tipo de personas, no tenían porqué
haber entrado a una escuela Normal, porque para aprender todas esas cosas no necesitan
una escuela así, sencillamente, toda esa maldad se encuentra en la calle. Estos muchachos
entraron a esa escuela porque querían una vida mejor para sus familias, para sus padres,
para sus abuelos, para sus sobrinos. Muchos de estos muchachitos tienen que mantener a
sus padres, sus abuelos, sus sobrinos y pues es unas familias largas y pues yo jamás creí
esa sarta de mentiras que han dicho y siguen aún diciéndolo, ¿no? Pero yo como lo he dicho
siempre, que ellos son unos muchachos que quieren algo mejor para el pueblo, porque
son pueblo, hacen pueblo y sin ellos no sé qué hubiese pasado y gracias a ellos también y
ese apoyo que nos han dado pues ahí siguen con nosotros luchando, arriesgando su vida,
arriesgando que vuelva a suceder lo mismo que pasó ese día 26 para amanecer 27. Que nos
lleguen a dejar a otro niño con un balazo en la cabeza u otro niño con la boca destrozada y
eso no debe de ser, no debe de suceder más, no queremos a ningún muerto más.

Como muestra el testimonio anterior, para doña Berta es muy importante


dignificar a los estudiantes víctimas de los ataques. Esto forma parte de su
proceso de duelo, pero también para que los hechos no se repitan en el futuro.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 197


Impactos psicosociales en la familia de Julio César Ramírez Nava

A continuación damos cuenta, a partir del relato de doña Berta, de algunos de los
impactos psicosociales para el padre y hermanos de Julio César Ramírez Nava.
Ella relata que su esposo enfrenta, además del dolor por la pérdida de su hijo, la
necesidad de mantener a la familia y ser el soporte de los otros hijos durante los
periodos en que su esposa se ausenta para participar en la movilización por
los 43 normalistas desaparecidos y la búsqueda de justicia:

No pues mi esposo sí, se medio derrumbó, ¿no? Pero pues igual ahí la lleva. Pues tiene
que trabajar para poder atender la casa mientras yo ando por acá, porque pues yo no puedo
darle ningún peso para decirle: “Ten, te voy a apoyar con esto”, ¿no? Él tiene que trabajar,
con lo poquito, su sueldo que le dan ahí tiene que mantener la casa, tiene que pagar renta,
tiene que pagar todo lo que se necesita ahí y si paga lo demás no le alcanza para comer
pero pues ahí la llevan también […] Pues sí la verdad sí, se quería volver a echar al vicio
y yo le dije: “Óyeme, ahorita no es tiempo de que tú te vuelvas a hacer eso, si ya estuviste
en el vicio deja eso”.

En el caso de sus otros hijos, ella relata:

Eran 4 muchachitos y una mujercita, con ella eran 4, ya pues la mujercita está casada, la
mayor, tengo una nietecita de 5 años y pues ahí siguen, ellos haciendo su vida, es lo que
les digo que ellos es lo que deben de seguir, haciendo su vida, echándole ganas, que lo
demás no importa.

A partir del relato de doña Berta se observa un proceso de duelo traumático


frente a la pérdida violenta y abrupta de su hermano. Frente a sus preguntas, doña
Berta responde lo que se dice a sí misma, aunque las respuestas no alcancen a dar
sentido a los hechos:

Pues ahí echándole ganas, ¿no? Porque decía él que cómo era posible que le hubiera
pasado eso, que no debió haber sido, le digo: “Sí mijo, pero pues uno nunca sabe, este
desgraciado Gobierno así es, trata de una u otra forma callarnos” […] [Los normalistas]
estaban recolectando camiones para ir a la Ciudad de México le digo, para el 2 de octubre
y “ve lo que pasó —le digo—, que tu hermanito se tuvo que haber quedado ahí en el
asfalto en la ciudad de Iguala. Pero pues ahora sí —le digo—, tú ponte a estudiar como tu
hermano quería, como él quería estudiar para que tú también tuvieras un apoyo de él —le
digo— pero pues no se pudo, ahora te toca a ti. Hazlo por ti, no lo hagas por mí, ni por tu
padre, ni por nadie, más que para ti y pues adelante”. Y pues le guste o no le guste porque
pues yo me sigo viniendo para acá y él estudiando. Yo le dije: “Échale ganas a seguir
estudiando que lo poquito que tu padre te pueda ayudar ahorita que él está más o menos
bien”, que a veces está también enfermo con lo del azúcar pero pues ahí la lleva, ahí la
llevamos todos. Y mi otro hijo, el mayorcito, de mi flaquito, pues también estudia, está
trabajando, trabaja en la gasera ahí, por ahí está una gasera en un deshuesadero.

198
Aunado a la pérdida de su hermano, los otros hijos también viven la ausencia de
su madre y la preocupación por su seguridad:

Pues mi hijo quisiera que estuviera yo allá, quisiera que no anduviera por acá porque pues
tiene miedo de que si me va pasar algo. Le digo: “Mira, hijo, para que me pueda pasar algo
pues aquí, dónde sea, pero yo no puedo estar aquí sencillamente porque aquí me estoy
muriendo de tristeza, aquí yo no hago nada, yo sé que les hago falta pero también hago
falta por allá, necesito estar para acá y por allá gritando pues que los queremos de vuelta
a los 43 chamacos”, sencillamente porque yo perdí a mi hijo por ellos y ahora tengo que
apoyar a sus 43 compañeros, 43 padres, hasta encontrarlos vivos.

Doña Berta también manifiesta su preocupación por la seguridad de sus hijos,


a quienes ha decidido mantener al margen de sus actividades de búsqueda de
justicia como una forma de protegerlos:

Pues siguen igual mis hijos porque yo los he querido tener así, al margen de todo esto, no
los quiero involucrar, por si algo sucede al menos ellos estén desapartados de mí, eso es lo
que trato, que no vuelvan a correr la misma suerte ¿no?

Sobre la reparación del daño

Doña Berta relata que uno o dos días después del funeral de su hijo, se presentaron
autoridades en su casa ofreciendo que podían “hacer cosas por ella”.

Pues ya no estás por saber pero el día que enterré a mi hijo, no sé si serían como a los
dos días o al siguiente día, fue gente del Gobierno a la casa. Fueron tres personas, que
un psicólogo y otro no sé qué cosa; bueno, que podían hacer cosas por mí. Yo estaba
apurada haciendo mi almuerzo porque me tenía que ir a donde se había velado mi hijo,
dice: “Podemos hacer por usted cosas, señora”. Le digo: “¿Qué pueden hacer?”. “Lo que
usted quiera, lo que usted necesite”, y me quedé así, le digo: “¿Así es que pueden hacer
cosas por mí?”. “Sí, claro que sí, señora”. “A ver, pásenle”, le digo. “A ver, ¿qué pueden
hacer?”, “Usted díganos y nosotros hacemos lo que usted quiera”. “A ver, quiero a mi
hijo vivo, de vuelta, ahora conmigo”. Se quedaron perplejos, apendejados. ¿Qué pensaron
estos idiotas? Que yo les iba a decir: “Quiero una casa, quiero un autobús, quiero un
terreno, quiero cosas materiales”. “¡No, señores!, yo quiero a mi hijo vivo, el dinero no
me va a llenar, quiero a mi hijo, abrazarlo”, le digo. “Y si no lo pueden, se largan mucho
a chingar a su madre pero quiero a mi hijo conmigo y dígale a su pinche Gobierno que
el pinche dinero que me está mandando que se lo meta por donde le quepa, porque yo no
le pedí que me matara a mi hijo, ¿con qué derecho me mata a mi hijo y con qué derecho
viene a decirme qué quiero? Si lo que quiero es a mi hijo, abrazarlo y tenerlo para siempre
conmigo, lárguense y no vuelvan a pararse acá”. Fue el único día que fueron y no sé si
hayan regresado. Yo les dije a mis hijos: “Jamás los vuelvan a recibir”. A mi esposo,
seguido, compañeros de él de los futbolistas, le decían que el Gobierno estaba dando
apoyos, que por ejemplo nosotros que perdimos a nuestro hijo, que nos mataron a nuestro
hijo, le podían dar lo que quisiera. Le digo, “Mira, si tu recibes un solo peso del Gobierno
de parte de mi hijo, te me largas, te me largas porque yo no quiero saber nada de ese

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 199


dinero, ahorita yo no voy a mover ni un dedo para decirle al Gobierno `Págame a mi hijo
por habérmelo matado´, ahorita lo que quiero es a mis 43 chamacos y no voy a mover un
dedo óyelo bien, si tú lo haces, te me vas de la casa”.

Doña Berta vivió este ofrecimiento como una ofensa. Para ella, no es posible
hablar de reparación del daño mientras persiste la impunidad y la desaparición
forzada de los 43 estudiantes normalistas.

Para mi es una ofensa porque si no nos ha devuelto a 43 chamacos con qué derecho se
te viene a plantar y decir: “¿Qué quiere? Yo le puedo dar esto, le puedo dar lo otro”. Que
nos devuelva a nuestros chamacos y después veremos, ahorita yo no quiero saber nada, se
lo dije claramente y se los he repetido cada vez que me preguntan lo mismo: “Yo no soy
persona de dos caras, soy sólo de una, si estoy diciendo que no quiero nada es porque no
quiero nada”.

La respuesta de doña Berta frente a los ofrecimientos económicos es una forma


de afirmar su dignidad:

Pues quizás muchos dirán: “Pues ya te mató a tu hijo, recibe lo que el Gobierno te va a
dar, es fácil”. Pero no es fácil recibirlo, porque nos están faltando estos chamacos, porque
mi hijo fue a perder la vida por ellos, cómo es posible que yo voy a recibir ese dinero si
no están de vuelta ellos, eso a mí no me cabe en la cabeza. Si carezco de muchas cosas
pero no me importa, porque con dignidad estoy adelante, estoy caminando y es lo que me
mantiene, que nadie a mí me va a decir: “A ti el Gobierno de dio tanto, ¿por qué sigues
en esta lucha, si ya te compró?”, que me diga a la cara cuánto me ha dado a mí, ¿no? Y yo
con la cara muy en alto estaré viendo a todos, porque soy pobre hasta donde tú quieras
pero jamás soy como muchas personas que traicionan a los demás, en la forma que yo he
pensado, en la forma que yo sigo, que ahorita tú no puedes recibir nada de eso hasta ver
de vuelta a estos chamacos.

Para doña Berta, cualquier posibilidad de reparación está vinculada con saber la
verdad sobre el paradero y el regreso de los estudiantes desaparecidos:

Pues que se le obligue a este Gobierno a que nos los devuelva, no que los encuentre, que
nos los devuelva, que nos devuelva a los chamacos […] Él sabe a dónde están y de esa
forma como se los llevó, así que nos los devuelva, es todo lo que pedimos. Ya no quiere
estarnos viendo en las calles, ya no quiere que le estemos mentando la madre, que nos los
devuelva, es la única solución porque aquí no vamos a declinar para donde él quiere, no
vamos a hacer lo que él quiere, pues; quiere que nos regresemos a las casas, no lo vamos a
hacer, vamos a seguir en esto hasta encontrarlos o hasta que nos den pruebas contundentes
de que en realidad es como tanto lo han pregonado, ¿no? Pero no lo aceptamos, no
aceptamos su mentira de ellos, queremos verdades con pruebas contundentes, eso es todo
lo que queremos, a seguirle porque la lucha es de todos los días, porque si no hacemos
ruido a él le gusta y no debe de ser así, tenemos que estar de pie, diario, diario, decimos
que estamos vivos y que aquí seguimos […]

200
Conclusiones

Para doña Berta, la pérdida de su hijo es insoportable en términos psíquicos. El


impacto traumático impide el proceso de duelo y se despliegan mecanismos de
defensa que tienen que ver con la negación de la muerte y la idea de que su hijo
se encuentre entre los estudiantes normalistas desaparecidos, aunque ella puede
efectivamente distinguir su ilusión de la realidad.

Frente al impacto traumático, el grupo de familiares de los estudiantes


desaparecidos aparece como un soporte para la tramitación del duelo, que permite
a doña Berta asumir una posición activa frente a la impotencia de la muerte de
su hijo. Aunque la muerte de Julio César significa para ella su propia “muerte en
vida”, la lucha por la justicia y la aparición de los 43 normalistas desaparecidos le
permite dar sentido al dolor y la rabia, y en definitiva, seguir viviendo.

La vivencia de doña Berta frente a la pérdida de su hijo muestra cómo el trabajo


de duelo traumático se apoya en procesos colectivos que permiten el
reconocimiento de la pérdida, la dignificación de los muertos y la búsqueda de
justicia. Por esta razón, los ofrecimientos de reparación del daño representan más
que un reconocimiento, una negación de la pérdida y un nuevo agravio. En este
sentido, doña Berta reitera en la entrevista que cualquier forma de reparación
debe empezar por el esclarecimiento de los hechos, la sanción a los responsables
y la aparición de los 43 normalistas. La estigmatización y criminalización de
los estudiantes normalistas víctimas de los ataques y la impunidad, constituyen
obstáculos para la tramitación del duelo y profundizan el sufrimiento emocional
de los deudos.

Resumen de impactos psicosociales para la familia de Julio César Ramírez Neva

• La muerte violenta y abrupta de su hijo Julio César Ramírez Nava


representa un evento traumático para la señora Berta y su familia.
• Doña Berta y los familiares de Julio César enfrentan un proceso de
duelo traumático.
• La participación de agentes del Estado en los hechos y la masividad de
los ataques imprimen un impacto desorganizador de la subjetividad
y exponen a los deudos a una vivencia de vulnerabilidad permanente.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 201


• Los hijos de doña Berta atraviesan su propio proceso de duelo, y
además sufren la ausencia de su madre y la preocupación por su
seguridad. Al mismo tiempo, su madre trata de mantenerlos al
margen de las actividades de búsqueda de justicia como una forma
de protegerlos.
• La participación en el grupo de familiares de los estudiantes
normalistas desaparecidos, hacia quienes doña Berta siente fuertes
vínculos basados en la identificación con los ideales de su hijo,
representan un soporte en su proceso de duelo.
• La estigmatización y criminalización de los estudiantes normalistas,
así como la impunidad en el caso, obstaculizan el duelo y perpetúan
el sufrimiento emocional de los deudos. En este contexto, los
ofrecimientos que doña Berta recibió como reparación del daño
representan un nuevo agravio.
• La lucha por la verdad y la justicia, y la búsqueda de los estudiantes
normalistas desaparecidos permiten a doña Berta sostener una
posición activa, canalizar el dolor, la rabia y la impotencia, y dar
sentido a su pérdida. Para ella, cualquier planteamiento sobre
reparación integral del daño debe empezar por el esclarecimiento de
la verdad y la sanción a los responsables, así como el esclarecimiento
del paradero de los estudiantes normalistas desaparecidos.

Julio César Mondragón Fontes

A continuación, se describen los impactos psicológicos y psicosociales que


han enfrentado los familiares de Julio César Mondragón Fontes, brutalmente
torturado y asesinado durante los ataques en Iguala en contra de los estudiantes
normalistas el 26 y 27 de septiembre de 2014. En la primera parte se presentan los
impactos para Marisa Mendoza y su hija, Melisa Sayuri Mondragón Mendoza,
esposa e hija de Julio César. La segunda parte aborda los impactos psicosociales
en la familia de origen de Julio César.

202
Impactos psicosociales para Marisa Mendoza y Melisa
Mondragón Mendoza

En este apartado se describen los impactos psicosociales vividos por Marisa


Mendoza, quien era la esposa del estudiante Julio César Mondragón Fontes, y
su hija, Melisa. Este apartado fue elaborado a partir de entrevistas realizadas
a Marisa Mendoza, Olivia Mendoza, hermana de Marisa, y Sayuri Herrera,
abogada de Marisa.

Marisa llevaba poco más de cuatro años como pareja de Julio César cuando fue
asesinado. Se conocieron en un baile escolar en la Ciudad de México en 2010,
mientras ella estaba estudiando para ser docente. A los dos años ya estaban
viviendo juntos. Al principio, la pareja vivió con el salario que ganaba Marisa
como maestra de primaria. Sin embargo, dado que el dinero era insuficiente, Julio
César empezó a laborar como guardia de seguridad privada hasta que decidió
continuar con sus estudios para también ser maestro. Marisa quedó embarazada
a finales del 2013.

Melisa, la hija de Julio César y Marisa, nació el 30 de julio de 2014. A las


pocas semanas Julio César se trasladó a Guerrero para entrar a la escuela de
Ayotzinapa. La última vez que la pareja se vio fue a principios de septiembre,
cuando él viajó para ver a su hija. La noche del 26 de septiembre estuvieron
en comunicación hasta las nueve de la noche. Julio César chateaba con Marisa
mientras se encontraba en Iguala en el autobús, hasta que le mandó un mensaje en
la que le dijo que las ama mucho, que les estaban disparando y que era probable
que iba a morir. Al día siguiente Marisa se enteró a través de las redes sociales
de la muerte de Julio César cuando en Facebook empieza a circular la imagen de
su marido con el rostro desollado. Explica que supo que era él por la ropa que
llevaba puesta. Cuando fue a identificar el cuerpo confirmó que era su marido
tan solo al ver sus pies.

Olivia Mendoza relata los primeros momentos, cuando supieron la noticia:

El sábado [27 de septiembre de 2014] fui a trabajar. Regresé y me recosté, pero escuché
que mis papás estaban hablando en voz baja pero preocupados. Decían ”si es Julio”, y
veo que en el pasillo viene mi hermana llorando y me dice: ”Creemos que Julio murió
en Iguala”. Me enseñó la foto y salió llorando, porque decía que todo coincidía. Lo
reconocimos por unas cicatrices en la mano izquierda. Marisa reconoció la ropa. Alguien
de la escuela había dicho que lo había visto por la tarde [del 26 de septiembre] y que no nos

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 203


preocupáramos, y esa era una pequeña esperanza. El sábado por la noche Marisa decidió
ir a la Normal, mi mamá la acompañó porque mi papá estaba trabajando. Llegaron a la
Normal preguntando por Julio, y les dijeron que no estaba, pero que había un cuerpo en el
semefo, y Marisa lo fue a reconocer.

Olivia relata los sentimientos de incredulidad frente a la noticia, y la esperanza de


que no fuera el cuerpo de Julio. Su manera de apoyar a su hermana fue quedarse
cuidando a Melisa, la bebé de Marisa y Julio: “Yo me quedé cuidando a la niña.
Fue muy difícil porque ella no retenía la leche”. Este dato es importante pues,
como se verá más adelante, una de las preocupaciones centrales de Marisa tras el
asesinato de Julio César fue la alimentación de su bebé.

Duelo traumático

La muerte de su esposo es un evento traumático para Marisa tanto por lo


inesperado de la noticia, como por la forma en que se entera y las circunstancias
de extrema crueldad en que fue asesinado. A dos años de la muerte de su marido
expresa este estado emocional mediante el llanto prácticamente continuo durante
el tiempo que duró la entrevista realizada para el presente estudio.

Marisa enfrenta un proceso de duelo traumático y complicado, derivado de las


circunstancias antes señaladas y sentimientos ambivalentes. Ella relata que le
pidió a Julio César que no se fuera:

Yo lo sé que él estaba en la edad pero yo sí le pedí que no se fuera. Le pedí, le supliqué.


Estaba embarazada todavía cuando él me dijo que se iba a ir y le dije que no se fuera que
aquí [en Tlaxcala] había más oportunidad de seguir estudiando, pero no me escuchó y me
dijo que no fuera tan egoísta que él quería superarse nada más.

Esto es vivido a la luz de la pérdida como sentimientos de culpa por no haber


podido impedir que él se fuera. Por otro lado, Marisa relata sentimientos de rabia
y coraje frente al asesinato de Julio César:

Fue muy difícil porque pues saber que ya no va a estar Julio conmigo, ni con mi hija,
aunque unas personas digan que convivimos muy poco, para mí fue mucho para darme
cuenta que él era una persona muy importante en mi vida, para mi hija. Los primeros
meses pues como toda persona pasa un momento de duelo, era de enojos, de gritar, de
que tenía yo la razón siempre, de pelearme con mis papás, pelearme con mis hermanos,
enojarme por todo.

204
Al transcurrir el tiempo, sus relaciones tanto en el ámbito familiar como en el
laboral siguen marcadas por el enojo:

Mi hermana vive conmigo, pues peleo constante. A veces no quisiera estar enojada
con ella pero lo hago y ella me dice: ”No pues tranquila, no tienes porqué desquitarte
conmigo”, y pues yo sé que la estoy lastimando porque le digo palabras que le duelen pero
a veces es inevitable decirlas […] Yo no era así. A mí me gustaba reír, me gustaba salir,
conocer, distraerme.

Los padres y hermanos de Marisa viven en Tlaxcala, ciudad capital del estado
homónimo, a 150 km de la Ciudad de México. Olivia, una de las hermanas de
Marisa, narra que en la familia estaban muy preocupados por la situación
de Marisa, y por eso decidió irse a vivir a la Ciudad de México con ella “para que
no estuviera sola”. Olivia relata que al principio fue muy difícil la convivencia:
“con todo el dolor que ella cargaba se enojaba mucho, peleábamos […] temí que
la relación con mi hermana se estaba rompiendo […] luego hablé con ella y nos
pedimos disculpas”. Desde entonces, Olivia se estableció en la Ciudad de México,
en donde buscó trabajo para poder estar con Marisa y apoyarla en las diligencias
y trámites relacionados con la investigación del asesinato de Julio César: “Me
hago espacios en el trabajo para ir a reuniones o cubrirla cuando ella no puede ir”.
Olivia ha tenido dificultades en el trabajo debido a las ausencias frecuentes, sobre
todo durante el proceso de exhumación del cuerpo de Julio César.

Marisa reconoce que el cambio en su forma de ser, y en particular el enojo que


se vuelca hacia otras personas, se debe a la muerte violenta e inesperada de su
esposo combinado con la enorme presión con la que vive lo cotidiano. Al mismo
tiempo que está enfrentando la pérdida de Julio César, tiene que mantener dos
trabajos, asegurar que su hija tenga todo lo que necesita en términos materiales,
al igual que participar en las reuniones, movilizaciones y otras actividades para
exigir que se esclarezcan los hechos y se haga justicia. El nivel de presión
que siente lo expresa recurriendo a las metáforas de una pesadilla y de algo
demasiado pesado:

Ha sido muy duro porque tengo que cargar pues con el caso más aparte tengo que cargar
todavía con ello. A veces me encierro y lloro de coraje, de rabia porque yo ya no aguanto.

Es una pesadilla de la que ya quiero despertar, y pensar que está acostado ahí en la cama,
cada mañana.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 205


Marisa expresa sentimientos de soledad, que marca en gran medida su
cotidianidad. Explica que lo más difícil es:

Seguir sola, aunque sé que muchas personas están a mi alrededor, pero sigo sola. Estar en
los medios de comunicación, estar en periódicos, casi no me gusta salir a la calle porque
siento que mucha gente me mira. Mi camino siempre es de la casa a la escuela, y de la
escuela a la casa, y si voy al pueblo pues me voy los sábados muy temprano, pero procuro
de no salir. Me encierro. Inclusive mi mamá me dice que tengo que salir, es que no me gusta
salir. Anteriormente salía con Julio, íbamos aquí, conocíamos y todo. Eso es lo que extraño
de él, extraño su persona, su cuerpo, ha sido muy difícil todo esto, muy complicado.

Marisa se siente deprimida, siente que nadie la comprende y nadie más puede
conocer o compartir su dolor. Entonces tiende a aislarse frente a los demás:

Es que eso es lo peor, que a veces no quiero ni hablar, prefiero no hablarlo porque es
volver a recordar, volver a llorar y yo no quiero. No me gusta, a veces mis compañeros
del trabajo: ”¿Cómo estas?”, “No me preguntes, mejor platícame otra cosa, pero no me
preguntes cómo estoy”.

A su vez, el aislamiento responde a un miedo profundo que siente en los espacios


públicos. La extrema crueldad con la que fue asesinado su marido y el riesgo
que sabe que corren los familiares de los desaparecidos y asesinados en su lucha
por la justicia detona un sentimiento de profunda inseguridad y vulnerabilidad.
Expresa que a veces siente que personas en la vía pública la reconocen y que en
cualquier momento alguien le puede hacer daño:

Los primeros meses sentía que alguien me seguía, que querían hacerme daño. Poco a poco
ahorita me compré un carro, hace un año, porque no quise ya viajar en transporte público,
aparte porque se me hacía complicado trasladarme de una escuela a otra, pagaba todos
los días casi 150 de taxi. Entonces opté por comprarme el carro y siempre que salgo, tan
necesario que tengo que hacerlo, prefiero irme en el carro porque no me gusta viajar en
el metro, no me gusta viajar en la micro por lo mismo de que subo y siento la mirada así
como muy fija y no me gusta.

Marisa se siente diferente a las otras personas a partir de la pérdida de Julio


César, expresa un sentimiento de “no ser normal” y vergüenza frente a la mirada
de otras personas:

Quiero sentirme normal, pero a veces cuando me piden que asista yo a algún evento, una
presentación del libro, o algo, me hacen sentir diferente, porque apenas llego al lugar y
toda la gente voltea a ver y eso no me gusta. No quiero ser importante para la gente, quiero
ser una persona normal que camina en la calle sin que nadie la voltee a ver.

206
Aunque reconoce que las numerosas expresiones de apoyo solidario la vinculan
con otras personas y que, en ese sentido, ni ella ni su hija se encuentran
solas, la difusión masiva de la muerte de Julio César en las redes sociales, la
cobertura mediática posterior y lo extremo de la experiencia vivida le genera un
sentimiento de no ser normal, algo que la incomoda profundamente y agudiza el
sentimiento de soledad. Durante la entrevista, Marisa comparte que aunque las
personas solidarias conocen el caso de su marido y de los demás normalistas de
Ayotzinapa, en realidad a ella no la conocen. Tampoco ella conoce a la mayoría
que la buscan y le ofrecen apoyo:

Sé que las personas, a lo mejor por lo mismo que ha pasado y de que se han dado algunas
entrevistas, algunos videos o documentales, a lo mejor se le queda grabada la imagen de
una persona y por esa misma razón lo hacen [voltear a verla]. Pero yo al ver a las personas
pues no, yo las trato normal, como una persona que no ha pasado nada, ni que yo la
conozco, ni que ellos me conocen”.

La extrema crueldad con la que fue asesinado Julio César es un evento traumático
que rebasa los recursos psíquicos de Marisa para elaborar la pérdida. Este aspecto
del duelo traumático se ve reflejado en la dificultad que tiene Marisa para aceptar
lo que pasó y la negación frente a la pérdida que se manifiesta en la esperanza
de que el cadáver no sea el de Julio y algún día regrese. De hecho, comparte que
a veces tiene fantasías de que el asesinato de Julio César no es cierto y que en
cualquier momento su marido puede aparecer. Cuando fue entrevistada para este
informe, Marisa aún estaba esperando los resultados de la necropsia y por lo
mismo compartió que:

Quisiera que los resultados de adn que le practicaron a Julio no fuera él y que dijeran
que se equivocaron y que el cuerpo que vi, que sentí, que toqué, no fuera Julio, fuera otra
persona y pensar que algún día él estará afuera de la casa esperándonos o que cualquier
momento me va a mandar un mensaje diciéndome que está bien. Por esa misma razón
tampoco he querido cambiar el número del teléfono, porque se lo aprendió y me dijo
que cualquier cosa él me iba a mandar un mensaje o me iba a llamar, y por eso no lo he
cambiado esperando que tal vez en algún momento me pueda llamar.

Ruptura del proyecto de vida

Antes del 26 de septiembre de 2014, el proyecto de vida de Marisa se centraba


en ser docente y en cuidar a su familia, a Julio César y a Melisa. Como parte de
este proyecto, tenía el sueño de ahorrar para asegurar un patrimonio para los

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 207


tres: “Cuando estaba Julio queríamos comprar una casita entre los dos, donde
podamos vivir, Melisa, yo y Julio, pues es algo que ya no va poder ser posible”.

Este proyecto de vida en familia sufre una ruptura profunda con la muerte de Julio
César, no solo porque se queda como viuda y madre soltera, sino por los impactos
que genera en la situación de vivienda, su situación económica y los impactos que
ha tenido en sus labores como maestra. Marisa describe la forma violenta con la
que se vio forzada a dejar atrás su proyecto de vida cuando narra cómo fue expulsada
del cuarto que ella compartía con Julio César en noviembre 2015:

Desde un inicio yo rento aquí en México, y al señor que le rentaba prácticamente terminó
corriéndome por lo mismo, porque me decía, “Ahora ya no es lo mismo, es muy diferente
todo esto”. Dijo: “Ahorita ya no está tu esposo y no sabemos en qué momento pueden
venir y atacar la casa, yo tengo hijos, tengo familia y esto es muy peligroso”. Dijo: “Ya no
va a ser lo mismo, así que mejor te pido que desalojes la casa”. Y pues sí me dolió mucho
dejar ese lugar porque, pues ahí fue cuando conocí a Julio, nos juntamos, procreamos a
nuestra hija. Fue un lugar lleno de recuerdos que sí me dolió dejarlo y pues por más que
quise tratar de hablar con mi casero se cerró, se cerró y terminó echándome de su casa
[…] El señor vio cuando éramos novios Julio y yo, cuando nos juntamos, cuando estaba
embarazada, o sea vio todo y sí me dolió mucho que pues me haya echado así.

Sobrecarga de tareas

Aunque encontró otro lugar para vivir, sobrelleva su día a día en condiciones de
mucha precariedad. Para que Marisa pueda cumplir con su papel de proveedora
de su hogar, vive separada de su hija entre semana: Melisa vive con sus abuelos
maternos en su pueblo de origen de Tlaxcala, mientras su mamá trabaja como
docente en la Ciudad de México. Se ven los fines de semana. Las circunstancias
la obligaron a dejar a su hija con sus abuelos. Ahora carga con las obligaciones
económicas en gran medida sola: “Yo he mantenido a mi hija todo este tiempo.
La he vestido, la he llevado al doctor. Se me ha enfermado constante”.

Además de sobrellevar su propio dolor, Marisa ha buscado acompañar el duelo


de su hija. Aprovecha los días que puede convivir con ella para construir una
imagen positiva de su padre:

Siempre que llego [de visita los fines de semana] le platico. Le enseño fotos de su papá.
Aunque sé que está muy chiquita ahorita pero no quiero que lo olvide, no quiero que crean
que al hablarle de su papá está mal. Yo quiero que siempre esté presente en su vida de mi
hija, quien fue su papá y cómo era […] Yo sé que sí, sé que sí y la primer palabra que le
salió fue su papá, porque le decía: “A ver, di mamá hija, mamá, mamá”. “¡Papá!”. Pero
lo dice con un suspiro tan fuerte que me da mucho gusto, que recuerde mucho a su papá.

208
En cuanto a su profesión, Marisa describe que su trabajo es de las cosas más
importantes para ella, aunque teme que su estado emocional y las presiones que
vive como parte de la búsqueda de justicia lo pongan en riesgo:

Sí, pues yo amo mi trabajo. Si yo decidí ser maestra y estar frente a chiquitos, enseñarles a
leer y escribir fue porque era mi pasión desde que yo era una niña, yo quería ser maestra,
y cuando yo siento que falto, falto a clases, falto a trabajar no doy lo que tengo que dar
con los niños, entonces siento un peso tan grande porque no cumplo con mi objetivo, no
cumplo con mis propósitos de un inicio de ciclo que he tenido con ellos.

Marisa ejerce su profesión desde un esquema laboral inestable. De sus trabajos


como maestra en dos escuelas primarias distintas, en uno cuenta con una plaza
fija mientras en el otro tiene un interinato que se renueva cada seis meses. En
total, trabaja cerca de doce horas diarias y menciona que con los dos salarios
apenas le alcanza para cubrir sus necesidades básicas. Además, sus dos trabajos
se encuentran en dos puntos extremos de la Ciudad de México, así que a las
horas de trabajo se suman las horas que tarda en desplazarse de un trabajo a otro.
Aunque su trabajo le ofrece un sostén económico y emocional, algunos padres
de familia de las escuelas donde labora no comprenden la situación que vive y la
culpan por la cantidad de veces que se tiene que ausentar para ver algún aspecto
del caso de Julio César. Estas faltas le generan sentimientos de culpa:

Son varias cosas de las que a veces los papás de mis alumnos no entienden entonces yo
tengo que seguir, yo sé que también son importantes sus hijos y yo como maestra de sus
hijos tengo que estar al frente, pero también está mi hija y yo estoy luchando por ella.

Marisa participa activamente en la búsqueda por la justicia y la verdad del caso


de Julio César. Al mismo tiempo, busca otras actividades que le dan sentido
a su vida. Dedicarse a la carrera que ha sido su fuente de inspiración y fue la de
su marido, es lo que le da el soporte para salir adelante. Al mismo tiempo, se
inscribió en una maestría en línea sobre pedagogía y educación. En ese sentido,
la lucha por la justicia para Julio César y cuidar el futuro de nuevas generaciones
y el entorno en el que crece su hija, es lo que le está permitiendo trazar rutas para
reconstruir su proyecto de vida.

Estigmatización

Cuando el cadáver de Julio César con huellas visibles de tortura fue encontrado,
circularon versiones de que pertenecía a un grupo de la delincuencia organizada.
Según esta versión, eso explicaría la saña con la que fue asesinado. Estas versiones
Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 209
de los hechos fueron vividas por Marisa y su familia como un nuevo ataque.
Olivia, la hermana de Marisa, relata sobre esto: “Me dio mucho coraje porque yo
sabía cómo era él, yo viví con ellos [Marisa y Julio César], él no andaba en nada
de delincuencia organizada. No es cierto”.

Además del sufrimiento emocional que estos dichos causaron en los familiares,
Marisa siente que el estigma de ser la viuda de Julio César, tanto por parte de los
padres de familia de su trabajo —frente a quienes se siente incomprendida—,
como por personas que le dan la espalda, como el casero que la corrió de su casa,
y por lo que ella percibe son miradas extrañas de desconocidos que la reconocen
en los espacios públicos. Este estigma recae sobre ella y las personas la tratan
diferente. Al ser preguntada “¿Por qué piensas que te tratan así?”, Marisa responde:

Por miedo. Por miedo tal vez a que como estuvo muy sonado que los delincuentes de la
organización de allá del crimen organizado les hizo eso a los muchachos de desaparecerlos
o matar como lo hicieron con Julio, puedan llegar a hacer lo mismo con su familia, que
ellos no se tentaban el corazón para hacer las cosas.

En las redes sociales también identifica esta estigmatización:

Pues toda la gente que a veces hace comentarios de que “¡Ay pobres!, sigan luchando”,
y luego veo en el facebook, me he dado cuenta de eso, que no les importa el dolor de la
gente, de los papás que tienen sus hijos desaparecidos, de las personas que hemos perdido
a una persona importante, y creen que porque ya está muerto pues “Ya, ya está muerto,
ya pasó a mejor vida”. Pero no saben de todo el dolor que ha dejado en nosotros, esas
personas que hacen ese tipo de comentarios me gustaría que lo leyeran, y que se dieran
cuenta de la verdad de las cosas.

Frente a la estigmatización, la familia con el apoyo de personas solidarias han realizado


iniciativas para dignificar la memoria de Julio César. Oliva relata, por ejemplo:

Empezamos a trabajar en un libro que se llama “El rostro de Julio César”, y empezamos
a levantar la voz, a decir que Julio era un estudiante, no un delincuente. Hicimos
presentaciones colectivas para limpiar el nombre de Julio César.

La búsqueda de justicia como forma de afrontamiento y dar sentido a los hechos

Marisa asumió la búsqueda de justicia como parte de su proceso de duelo, para


dar un sentido a la pérdida de su esposo y para buscar la verdad. Frente a las
irregularidades y negligencias en la primera necropsia realizada al cuerpo de

210
Julio César, Marisa tomó la decisión de exhumar el cuerpo de Julio César y
esperar los resultados de la segunda necropsia, a pesar de que este proceso le
hace revivir el dolor. En ese sentido, enmarca el conjunto de acciones en las que
ha participado desde el asesinato de Julio César como parte de una lucha, dado
que luchar, para ella:

Es estar constante en el sentido jurídico, en marchas, denunciando todo lo que estamos


viviendo, estamos pasando con algunas autoridades en algunas reuniones que
estamos exigiendo realmente que se esclarezca el caso, porque como víctimas tenemos
derecho de eso. Estamos exigiendo que se respeten nuestros derechos, nuestros derechos
humanos y como personas sabemos cuáles son y eso es lo que queremos.

Reconoce que sin las exigencias por parte de las víctimas, sus representantes
legales, expertos y redes de apoyo, la investigación no avanzaría. En ese sentido,
identifica que la responsabilidad recae en ellos:

Pues sabemos que las autoridades no hacen bien su chamba, pero a veces con un
empujoncito podemos ayudar a que se pueda llegar a mejorar esa investigación. Yo sé
que la abogada en este caso, Sayuri, ha puesto mucho de su parte. Ha trabajado muy duro,
también arriesgándose, arriesgando su vida, su familia que eso también he admirado de
ella y se lo he dicho. La admiro mucho.

La justicia abre la posibilidad de dar algún sentido reparador a los hechos. La


búsqueda de verdad y justicia, explica Marisa, es para

Que no se vuelva a repetir, para que la persona que cometió los crímenes pague por lo que
hizo, así como lo dice la persona que mandó a otras personas a que lo hiciera, está bien que
paguen, que paguen todos aquellos que tuvieron que ver en esa noche y que hay muchas
personas en Iguala que saben mucho pero no dicen nada.

Al mismo tiempo, la lucha por la justicia y la verdad es una deuda hacia su hija y
le da sentido frente a la siguiente generación:

Yo no quiero que en algún futuro mi hija me pregunte “¿Qué hiciste por la muerte de
mi papá?” y poderle contestar. Yo quiero tener la frente en alto y decirle: ”Hija, se hizo
esto, se logró esto y gracias a ello estás aquí y por esto y esto más y no te hace falta nada,
aunque más adelante vas a decir ‘Sí me hace falta mi papá’”. Porque ahora que la escucho
decirlo, lo repite constantemente y no sabe cuánto me duele, me duele mucho que extraña
mucho a su papá.

Esto ha implicado una sobrecarga de responsabilidades, en concreto ausencias


frecuentes de su trabajo:

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 211


En algún momento pensé que podría llegar a perder mi trabajo, por eso, porque tuve
muchos problemas con los papás, que hasta la fecha los sigo teniendo por el exceso de
faltas que he tenido, que se quejan porque falto mucho y las faltas son a causa que tengo
que ir a veces a Iguala, tengo que venir a reuniones con pgr, tengo que ir a la ceav, o sea
son varias cosas de las que a veces los papás no entienden.

Impactos retraumatizantes de la exhumación

Como resultado de las irregularidades en la primera necropsia realizada al cuerpo


de Julio César, Marisa y la familia de su esposo solicitaron que se realizara una
segunda necropsia. El 4 de noviembre de 2015 fue exhumado el cuerpo de Julio
César Mondragón para que los peritos de la PGR, del Equipo Argentino de
Antropología Forense y de la CNDH pudieran realizar una segunda necropsia y
determinar científicamente la causa de muerte y del desollamiento del rostro. La
exhumación generó un profundo sufrimiento para Marisa, quien comparte que:

Fueron momentos muy difíciles volver a ver el cuerpo a tocarlo, sentirlo, vestirlo. Fue muy
difícil y pues la lucha sigue y yo sé que esto no va a terminar aquí y donde quiera que esté
Julio pues nos está viendo todo lo que estamos haciendo porque se esclarezca su muerte”.

En el mismo sentido, Olivia, la hermana de Marisa, narra cómo vivió la exhumación:

Me dio mucha tristeza que tuvieran que desarmar sus restos óseos para hacerles esas
pruebas. Tuvieron que quitarle la cabeza, las costillas. Sus costillas estaban rotas […]
En el momento de la exhumación es muy feo porque ves el cuerpo de tu ser querido
descompuesto. Recordar las cosas que vivimos juntos. Cuando nos reíamos, cuando
comíamos, cuando platicábamos.

Una vez que se había realizado la exhumación, la familia solicitó que se realizara
una prueba de adn. Olivia relata cómo fue este proceso:

Fue muy difícil porque desde la primera necropsia no hubo una identificación, ni de sus
huellas digitales, ni ADN. Entonces teníamos esa inquietud, y cuando hicimos una visita
al panteón le preguntamos a la perito del Equipo Argentino si podíamos pedir el adn
después de la exhumación, pero no nos imaginamos que iba a tardar tanto, porque tenían
que hacer muchas notificaciones.

Se hizo la promoción para que se hiciera la exhumación. Durante la exhumación se solicitó


a pgr el adn, pero él dijo que no tenía la facultad jurídica para gestionar el trámite y que lo
tenía que hacer en el juzgado en Iguala.

Sayuri Herrera, abogada de Marisa, explica que tras solicitar la prueba de adn,
se debía notificar a cada parte interesada, y que debido a la fragmentación

212
del caso, los presuntos responsables se encuentran en diferentes juzgados, en
distintos estados del país. La burocracia y la falta de medios ágiles para realizar
las notificaciones hizo que este trámite durara tres meses. Incluso familiares y
personas solidarias apoyaron para llevar personalmente o hacer llegar los oficios,
tratando de agilizar el trámite. Durante este periodo el cuerpo de Julio César
permaneció en un refrigerador en el semefo, lo que generó angustia y mayor
sufrimiento a la familia.

Olivia recuerda que otro factor que retrasó la toma de muestra fue que se
atravesaron las vacaciones de diciembre: “La actuaria en Iguala nos dijo, en
diciembre de 2015: ‘Les va a tocar brindar con su muertito porque todos nos
vamos de vacaciones y no lo van a poder enterrar’”.

El tiempo transcurrido antes de que la familia pudiera enterrar de nuevo a Julio


César tuvo un impacto retraumatizante. Olivia relata: “Pasó tres meses en el
congelador y fue muy feo ver su piel, se veía negra, como quemada. Al principio
cuando lo exhumaron no estaba así”.

Frente a la dilación para que se realizara la prueba de adn, Marisa junto con su
familia y representantes decidieron hacer una marcha frente a pgr con el féretro,
exigiendo que les devolvieran el cuerpo de Julio César. Finalmente se tomó la
muestra de adn el 6 de febrero, y Julio César fue sepultado el 12 de febrero de
2016. Esto tuvo un sentido reparador para la familia, como relata Olivia:

Saber que hasta el último momento resistió, fue valiente hasta el último momento […]
Siento tranquilidad porque no se dejó, luchó hasta el último suspiro de su vida para
defenderse. Lo torturaron muy feo hasta morir, los estudios lo muestran […] Después de
toda la lucha que se hizo, pudimos estar tranquilos porque sabíamos que Julio iba a poder
descansar en paz.

Más de medio año después, cuando Marisa fue entrevistada para este estudio,
los resultados de la prueba de adn aún no se habían entregado. A pesar de la
desconfianza que siente hacia las autoridades, basada en la estigmatización y las
versiones que circularon de que Julio César perdió el tejido facial por culpa de
fauna local, ella compartió las razones por las que consideraba relevante realizar
esta segunda necropsia:

Llegar a la verdad. En el caso de Julio específicamente pues aun no nos entregan


resultados, todavía no tenemos el dictamen del que se hizo ahorita de la necropsia, todavía

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 213


no lo tenemos, sabemos que los peritos argentinos pues son los únicos en que confiamos,
claramente está. Pero ya en los de pgr, en los de la defensa que estuvieron participando
no confío nada en ellos, la confianza se perdió desde que dijeron tanta barbaridad de la
muerte de Julio, que sabemos que no fue así.

En este proceso, la intervención de peritos independientes han sido un factor de


apoyo y seguridad, frente a la ruptura de la confianza en las autoridades.

Impactos traumáticos para Melisa Sayuri Mondragón Mendoza

Melisa Sayuri, hija de Marisa y Julio César, tenía dos meses cuando su padre
fue asesinado. La noticia generó tanta angustia, tristeza y dolor que el cuerpo
de Marisa reaccionó dejando de producir la leche materna que necesitaba para
alimentar a su hija recién nacida. El hecho de que con la noticia “se le cortó”
la leche es una afectación física que ella repite con frecuencia, y que refleja el
impacto emocional de la pérdida de su esposo. El destete, vivido tanto por la
madre como por la bebé lactante de una manera traumática, objetiva el dolor de
la madre y es una primera forma de transmisión transgeneracional del trauma.

La situación de Melisa era muy delicada porque, como relata Olivia, la bebé tenía
“reflujo gastroesofágico”, que se agravó tras la pérdida de su papá y de que a su
mamá se le “cortó” la leche:

Toda la leche que ella tomaba no la podía retener. Marisa le daba pecho pero no la llenaba
y le complementaba con leche de fórmula. Esa era la que regresaba. Después de que a
Marisa se le va la leche, Melisa no aceptaba ninguna leche. El pediatra le mandó una leche
especial, y con esa empezó a retener el alimento, pero no era nada barato.

Debido a la precaria situación económica de Marisa, quien pasa el día entre


dos trabajos con los que apenas sobrevive y cubre los gastos de su hija, Melisa
vive con los abuelos maternos en Tlaxcala. Un año después de la primera entrevista
con Marisa, realizamos una segunda reunión para explicar los hallazgos del
diagnóstico. Cuando abordamos la situación actual de Melisa, su madre rompe
en llanto. El dolor la inunda y no logra articular palabras. Olivia, hermana de
Marisa, también con lágrimas, es la que pone palabras al llanto de la madre:

Lo más difícil es ver crecer a mi sobrina buscando a su papá. Busca ese cariño a través de
mis cuñados, de mi papá. Y pienso en un futuro lo que ella pueda sentir cuando sepa lo
que le hicieron a su papá. La tristeza, el enojo porque no lo pudo disfrutar, no la vio crecer.

214
Ella no lo puede expresar con palabras, pero lo expresa a través de buscar a su papá. Corre
hacia mis cuñados y dice: “¡Papá!”. Ella le dice “papá” a su abuelo, pero sabe que no es su papá.

Olivia relata los esfuerzos de la familia por criar a Melisa, y el dilema entre
educarla como una niña normal y al mismo tiempo reconocer la falta de su papá:
Tratamos de darle cariño y no sobreprotegerla, porque si fue muy feo pero
también tiene que pasar sus etapas de vida, tiene que obedecer, tiene actividades,
tareas de la escuela, y sí le dedica el tiempo porque es muy inteligente. Todo
normal, pero lo que hace hueco es la ausencia del papá.

Lo que Olivia describe como “lo que hace hueco”, es efectivamente un hueco psíquico.
Es decir, la pérdida traumática no simbolizada de su padre, que Melisa vivió desde el
primer momento a través del cuerpo de su madre, de quien todavía no se diferenciaba. Las
reacciones somáticas —rechazar el alimento— deberán dar paso a la simbolización de la
pérdida, es decir, un proceso de elaboración del duelo que se desplegará en distintas etapas
de su vida. En este sentido, es fundamental que la familia reciba apoyo para saber cómo
acompañar el duelo de Melisa, y que ella cuente con atención psicológica especializada
en este proceso.

Asimismo, se recomienda que, de acuerdo con el deseo expresado por Marisa, se agilicen
las medidas de atención relacionadas con garantizar las condiciones para que la madre se
traslade a vivir a Tlaxcala para estar cerca de su hija.

Victimización secundaria en la interacción con la CEAV y con otras


dependencias de gobierno

Marisa expresa haber encontrado poco apoyo en SEGOB y en la CEAV. Por el


contrario, narra experiencias con ambas dependencias de gobierno que generan
mucha desconfianza. Describe que al poco tiempo de los sucesos, dependencias
de gobierno acudieron a su casa:

Mira, cuando pasó todo esto se acercaron varias instancias del Gobierno. Se acercó primero
SEGOB, los de Gobernación fueron a mi casa. ¿Cómo consiguieron mis datos? No lo sé,
pero fueron y tocaron y preguntaron. En ese momento yo no estaba ahí porque estábamos
con lo de sepultar a Julio César, entonces no me encontraba aquí en México, pero cuando
yo llegué ya mi casero se enteró que me fueron a buscar de todo lo que había pasado.
Después fueron a buscarme nuevamente. Me encontraron y me dijeron de todo lo que ya
había pasado, lo que todos sabemos, y me dijo que por el momento pues con lo único que
me podían apoyar era con la manutención de mi hija, con la alimentación que son leche
y los pañales y pues en ese momento pues sí lo acepté, acepté el apoyo de Gobernación.

Marisa se encontraba en una situación sumamente complicada. Una de sus


preocupaciones centrales consistía en asegurar que Melisa estuviera bien

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 215


alimentada y por eso aceptó el apoyo. Al hablar con su abogada y conocer a
fondo sus derechos como víctima, continúa exigiendo que el Estado cumpla con
sus obligaciones de otorgar los recursos necesarios para mantener a su hija. A los
pocos meses la atención a Marisa se trasladó a la ceav, dependencia con la que ha
tenido serias dificultades, incluyendo la cantidad de alimentos que le ofrecen al
mes, y formas de proceder que ella describe como poco éticas:

Se pasa a la ceav donde ahí he tenido muchos problemas para que me entreguen un bote
de leche. Ellos creen que con una bolsa de 600 gramos voy a alimentar para todo el mes a
yo firme, que firme un papel para dar apertura al fondo de ayuda, y pues no, yo le dije que
no. Luego me daban una hoja en blanco, era un formato en blanco, o sea no venían mis
datos, nada. Le dije que yo no iba a firmar nada, que únicamente ahorita estoy pidiendo
que alimenten a mi hija, nada más.

Marisa relata que ha sido presionada para aceptar la reparación del daño, aunque
ella ha sido muy enfática en que no considera que sea ni el momento, ni las formas:

Querían que firmara esa hoja para que empezara la reparación del daño y que pudiera
empezar a ver ese fondo, entonces yo les dije que no, que no quiero su dinero, que ese
dinero no me va a devolver a Julio y que sí era su obligación mantener a mi hija y que lo
tienen que hacer.

En octubre de 2015, previo a la exhumación de Julio César, Marisa solicitó apoyo


de la ceav para pagar el féretro en el que sería reinhumado. La ceav aceptó cubrir
los gastos, e incluso una funcionaria acompañó a Marisa y su representante a
la funeraria para que ella eligiera la caja. Una vez que Marisa la eligió, esta
funcionaria se comprometió a realizar el pago para que la funeraria apartara el
ataúd hasta que concluyeran los estudios que se estaban realizando a Julio César
y fuera sepultado. Sin embargo, según relata Olivia:

Me acuerdo que ellos se habían comprometido a ir a ver y pagar el féretro, pero no lo


pagaron, ni lo apartaron, ni nada. Entonces cuando se hizo la exhumación fuimos a ver y
nos dijeron que en realidad ellos no tenían apartado ningún féretro. Entonces Sayuri fue a
la funeraria para pedir que apartaran el féretro que Marisa había elegido.

Sayuri Herrera, representante legal de Marisa explica:

Cuando estábamos a punto de hacer el funeral, llamé a la funeraria y me dijeron que el


féretro ya lo habían vendido porque la ceav no había pagado nada […] Marisa tuvo que
poner 10,000 pesos para pagar el féretro. Y después de eso nos plantamos frente a pgr con
el féretro para exigir que nos devolvieran el cuerpo de Julio César. Cuando la ceav supo
eso, hasta nos perseguían para darnos el reembolso. Pero Marisa dijo que no iba a aceptar

216
un peso hasta que les devolvieran el cuerpo de Julio. Eso que fuimos a pedir en octubre de
2015, la CEAV lo pagó hasta marzo de 2016.

Las presiones e incumplimientos por parte de la CEAV han detonado interacciones


ríspidas, llegando a tal grado de que la comunicación se daba vía publicaciones
en los medios de comunicación en lugar de reuniones en persona:

Sí me he agarrado del chongo a veces con ellos, y sí les he dicho sus cosas que inclusive
en algún momento el comisionado que estaba anteriormente pues era de ”Tú me dices, yo
te digo todo por medios de comunicación; tú me dices, yo te regreso y te doy la pedrada”,
y luego yo también ahí voy. No, era un ir y venir. Entonces dije no.

Con el apoyo del giei logró que cambiara el funcionario a cargo de su caso, y aunque
el nuevo responsable le pidió una disculpa por el trato previo, sigue recomendando
que Marisa acepte acceder al fondo destinado a la reparación del daño:

Nuevamente nos volvió a repetir que por él ya podemos iniciar lo de la reparación, que
en cualquier momento que nosotros decidiéramos ya se podía iniciar. Lo que le contesté,
yo lo único que quiero es que mantengan a mi hija, nada más, ahorita no quiero dinero.

Marisa expresa mucha desconfianza al tema de la reparación del daño ya que la


insistencia de la ceav se ha mantenido en un plano monetario, lo que ella relaciona
con formas de intentar silenciar a las víctimas en su búsqueda de justicia.

Asimismo, Marisa ha vivido en condiciones precarias y de estrés relacionadas con


la falta de eficiencia de la CEAV para garantizar sus derechos a la ayuda, asistencia
y atención en la vida cotidiana. En este sentido, cabe señalar que Marisa estuvo
viviendo con su hermana en un cuarto de 30 metros cuadrados entre diciembre
del 2014 hasta mayo de 2017. Recibía de la ceav apoyo para alimentación y parte
de la renta de su vivienda, bajo el esquema de reembolso de los gastos. De tal
forma que Marisa tenía que endeudarse para cubrir los gastos y posteriormente
hacer el trámite en la CEAV para solicitar el reembolso. Sin embargo, la CEAV
tardaba entre uno y dos meses en realizar el reembolso, argumentando que
“tienen que revisar las facturas”. Pero, además, ella debía comprobar los gastos
cada mes porque de otro modo no recibiría el apoyo correspondiente. Marisa
explica: “Si no lo compro en ese mes, se pierde el recurso para ese mes”. De este
modo Marisa entró en un círculo vicioso de endeudamiento propiciado por la
CEAV para poder presentar las comprobaciones, aunque esta institución tardaba
hasta dos meses en hacer el reembolso.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 217


Cuando ella expuso esta situación a un funcionario de la ceav, este le dijo: “Use
la tarjetita”, refiriéndose a que pagara los gastos con una tarjeta de crédito.
Asimismo, Marisa refiere que el apoyo de alimentación que recibía y consistía
en la “canasta básica”, no incluía artículos básicos para su hija: “Quitaron varias
cosas de la ‘canasta básica’ que antes compraba para mi hija, como biberones,
que antes me reembolsaban y ahora me dijeron que ya no lo reembolsan”.

Situación actual de Marisa

Marisa inició en agosto de 2016, con el apoyo de su representante, el trámite ante


la Secretaría de Educación Pública para que se le garantizara una base39 en su
segundo trabajo como maestra, y posteriormente, ser transferida a la ciudad
de Tlaxcala.

En mayo de 2017 fue transferida a Tlaxcala, pero refiere una serie de obstáculos
administrativos que la dejaron en una situación de vulnerabilidad, puesto que por
cuestiones burocráticas no se le pagó durante casi dos meses, y no se le apoyó
para los gastos de la mudanza. Además, en un primer momento fue asignada a
otro municipio que se encuentra a alrededor de dos horas de viaje hasta la casa
de sus padres. Es decir, el cambio no garantizaba la reunificación familiar puesto
que representaba una distancia considerable. Asimismo, el municipio al que fue
transferida no era el que ella originalmente solicitó, en donde viven sus padres
y podría estar con su hija, y además, es conocido por una fuerte problemática
de trata de personas y desapariciones de mujeres, lo cual generó sentimientos de
miedo e inseguridad para Marisa. De ahí que tuvo que realizar nuevos trámites
por medio de su representante ante la SEP, y notificar a la CNDH, CEAV y a la
Comisión especial para el caso Ayotzinapa en el Congreso de la Unión, para que
finalmente se asignara al municipio que ella había solicitado desde el principio.
Aún no cuenta con un contrato permanente o base para su segundo trabajo, y
hasta ahora no se encuentra como maestra frente a grupo, sino que fue asignada
a labores administrativas.

Cabe señalar que en el proceso de traslado no se han observado los derechos de


Marisa como víctima de graves violaciones a los derechos humanos, sino que
se ha llevado a cabo como si se tratara de un trámite normal. En este sentido,

39
Un contrato permanente, puesto que hasta ahora tiene un contrato provisional que se renueva cada seis meses.

218
es fundamental para Marisa un mecanismo de seguimiento que garantice sus
derechos como víctimas y el acceso preferente en todos los trámites relacionados
con el traslado y la obtención de su plaza definitiva como docente.

Apoyo familiar y de grupos solidarios

En su círculo más inmediato, Marisa encuentra una fuente de apoyo importante


en su familia, en sus padres que cuidan a Melisa, y en su hermana que se trasladó
a la Ciudad de México a vivir con ella:

Desde que Julio murió, aquí vivíamos él y yo solos, pero después de que Julio murió mi
hermana decidió venirse conmigo, porque ella estaba en Tlaxcala con mi papá y mi mamá,
me dijo que le diera oportunidad a mi hermana de venirse conmigo porque no pueden
dejarme sola sabiendo en la situación en la que estaba y pues sí se vino conmigo.

Su hermana la acompaña a las diligencias, a las reuniones, a los eventos, a


procesos tan dolorosos como fue la exhumación del cuerpo de Julio César. En
ese sentido ha sido un soporte clave para que Marisa pueda continuar en su
búsqueda de justicia.

Además de este círculo inmediato, se han acercado individuos solidarios que


apoyan de manera voluntaria a Marisa y se formó la organización Colectivo
El Rostro de Julio, que tiene una página web40 para difundir noticias de las
investigaciones que se están llevando a cabo, crónicas de eventos relevantes
del caso, como fue la exhumación, al igual que poesía y otros escritos que
humanizan los eventos traumáticos y cumplen el papel de contrarrestar las
distintas publicaciones revictimizantes y estigmatizantes que se encuentran
en los medios de comunicación y en las redes sociales. A su vez, esta
organización lanzó la campaña Alimenta la esperanza —para recolectar
víveres y fondos para apoyar a cubrir las necesidades de Melisa—, que fue
retomada por otros colectivos que también recolectaron pañales, leche, ropa
y juguetes para Melisa. La organización Colectivo El Rostro de Julio jugó
un papel muy importante en el proceso de exhumación, colaborando en la
realización de diligencias y de la reinhumación.

40
Disponible en: [Link]

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 219


Papel del GIEI

A pesar de la movilización emocional que representa para Marisa hablar de


la muerte de Julio César, fue muy enfática durante la entrevista al explicar su
disposición de hablar en esta ocasión porque era una forma de apoyar el trabajo
del giei. Ante la pregunta “¿Por qué es importante para ti colaborar con el
informe?”, Marisa respondió:

Porque el giei son personas extraordinarias que han apoyado a todos estos hechos tan
horribles que el Gobierno han hecho mal, y sabemos que ellos han avanzado tanto que
esperemos que todo esto que se ha… de las entrevistas, el diagnóstico y de todo lo que se
realice va ayudar mucho porque, porque mucha gente lo va a leer, mucha gente va a saber
y que realmente se den cuenta que no están exentas a pasar todo esto.

Marisa resalta el apoyo que recibió del giei durante el proceso de exhumación:

Gracias a ellos pues se han hecho muchas cosas, específicamente que se haya analizado
lo de la exhumación, que nos hayan entregado el cuerpo. Aunque demoró mucho, pero
en algunas exigencias de ellos ayudó mucho a que esto se hiciera posible, ahora sin su
ausencia pues prácticamente estamos solos porque sí nos van a escuchar, pero quién sabe
si se logre lo que tenemos en mente o estamos solicitando.

Expresa preocupación acerca de que los pocos avances en la investigación se


vayan a detener con el fin del mandato del giei.

Sobre las medidas de atención y reparación integral del daño

Durante la entrevista, Marisa muestra sentimientos ambivalentes sobre la


reparación integral del daño. La insistencia de las autoridades en la indemnización
la hace sentir que buscan comprar su silencio, y por otro lado, ella necesita
condiciones materiales para estar cerca de su hija y sacarla adelante. Por eso,
cuando se le pregunta qué tendría un sentido reparador para ella, se refiere a dos
aspectos: condiciones para reconstruir el proyecto de vida con su hija, y justicia.
Habla al respecto Olivia:

Sabes que es un proceso largo, pero a veces quisieras que ya aparecieran los chavos,
regresaran con sus familias y las personas responsables paguen sus culpas. Porque hasta
el momento es una crueldad que están viviendo las familias de si están vivos o si están
muertos. Si están vivos, ¿cómo están?, si están comiendo. Y si están muertos, que tengan
pruebas certeras para que puedan descansar, asimilar.

220
Es muy difícil poder aceptar esa idea porque nunca vas a saber cómo murieron, qué les
hicieron, porqué se los hicieron. Pero ya teniendo la prueba de que es su familiar puedes
tener los restos contigo.

Cuando teníamos la incertidumbre de si era Julio, teníamos esa esperanza. Por eso cuando
dicen que los papás ya deben resignarse, obviamente no se pueden resignar. Comprendes
el dolor, la angustia y la desesperación que ellos están viviendo.

Por eso pienso que si están muertos tienen que haber pruebas, como pasó con nosotros.
Cuando supimos que sí era Julio, tuvimos que aceptar que tu ser querido ya no está contigo
y seguir luchando por la justicia.

Mantenerte con fuerzas porque el proceso es muy difícil, muy cansado.


Tenemos la esperanza de que tarde o temprano llegue la justicia para todos en el caso
Ayotzinapa.

Sobre la relación con los familiares de los estudiantes normalistas desaparecidos,


Olivia explica:

Para nosotras es muy difícil estar todo el tiempo con ellos, porque nuestro proceso es
diferente. Tienes que resignarte y también hay prioridades jurídicas. Tanto ellos como
nosotras tenemos que entender nuestra situación. Nosotras tenemos que trabajar, seguir
adelante porque tenemos una resignación. Ellos [los padres, madres y familiares de los
estudiantes normalistas desaparecidos], prácticamente su vida es así, y lo respetas, que
ellos estén ahí en la lucha. Por eso lo único que tratamos es de comprenderlos.

Resumen de impactos psicosociales en Marisa Mendoza y Melisa Mondragón Mendoza

• El asesinato de Julio César Mondragón representa para su esposa e


hija la destrucción de una joven familia, la interrupción abrupta de
un proyecto de vida, y de los sueños y metas que habían trazado en
conjunto, aunado al proceso de duelo traumático que se deriva de
lo inesperado de la noticia, la forma en que se entera y la extrema
crueldad con que fue asesinado.
• Marisa vive su proceso de duelo con culpa, pues considera que pudo
haber intervenido y prevenir que Julio Cesar fuera a estudiar en
Ayotzinapa, lo que resultó en tragedia. Sus relaciones familiares
también se deterioraron como consecuencia del enojo y la presión
resultantes del asesinato de su pareja; las sensaciones de miedo e
inseguridad se traducen en aislamiento y depresión, que ella expresa
como “una pesadilla”. Por otro lado, la dificultad para elaborar la
experiencia traumática se manifiesta en episodios de negación y
la esperanza de que Julio algún día regrese.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 221


• La ruptura del proyecto de vida que construía junto a su pareja,
deja a Marisa con una sobrecarga de tareas abrumadora: además de
afrontar las cargas económicas del hogar trabajando como docente,
debe apoyar a su hija y afrontar su propio dolor.
• A raíz de que se le vinculó con los hechos del 26 y 27 de septiembre,
Marisa ha padecido de una sensación de ser estigmatizada en su
ámbito laboral o por desconocidos. A esto se suma la negligente
actuación de las autoridades y medios de comunicación al vincular
a Julio Cesar con la delincuencia organizada, situación que Marisa
y su familia viven como una nueva agresión hacia ellos.
• Marisa asumió la búsqueda de justicia para dar un sentido a la
pérdida de su esposo, algún sentido reparador a los hechos y poder
ofrecer respuestas a su hija frente a la pérdida de su padre. Su labor
como docente se ve afectada también por las circunstancias que
vive en la búsqueda de justicia, aunque ambas actividades resultan
alentadores para ella.
• Marisa y la familia de su esposo solicitaron que se realizara una
segunda necropsia al cuerpo de Julio César, por las irregularidades
durante la primera. Este proceso generó angustia y mayor
sufrimiento, tanto por la difícil experiencia de enfrentarse al proceso
de descomposición del ser querido, como por las fallas burocráticas
e insensibilidad de las autoridades. A pesar de estas circunstancias,
la familia rescata como aspecto positivo el acercamiento científico a
la verdad, apoyados por el equipo de peritos independientes,
• Marisa expresa desconfianza hacia la segob y la ceav, por malas
experiencias con ambas dependencias, que no brindan de manera
adecuada el poco apoyo que están dispuestas a ofrecer, fuera de
las presiones para aceptar la “reparación del daño” en el plano
monetario, que interpreta como formas de intentar silenciar su
búsqueda de justicia.
• Marisa y su hija tienen sus fuentes principales de apoyo en sus
padres, que cuidan a Melisa, y en su hermana, que se trasladó a vivir
con ella Además, cuentan con el apoyo de individuos solidarios
y de colectivos como El Rostro de Julio, que las apoyan en sus
necesidades y en las actividades relacionadas con su búsqueda de
justicia, así como de los grupos de expertos que colaboran en el giei
y los ayudaron durante el difícil proceso.

222
Impactos psicosociales en la familia de origen de Julio César
Mondragón Fontes

El presente apartado da cuenta de los impactos psicosociales de la tortura y el asesinato


de Julio César Mondragón Fontes en su familia de origen. Para su elaboración se
llevaron a cabo dos entrevistas con Lenin Mondragón Fontes (hermano) y con
Cuitláhuac y Cuauhtémoc Mondragón, tíos maternos de Julio César.

Julio César Mondragón Fontes fue el mayor de tres hijos de la señora Afrodita.
Julio César y Lenin son hijos del mismo padre biológico,41 siendo Afrodita quien
asumió la responsabilidad de su crianza con el apoyo de sus padres y hermanos:
Maribel, Cuitláhuac y Cuauhtémoc. Años después Afrodita procreó una niña,
que hoy tiene 4 años de edad. La familia de origen de la señora Afrodita es
nacida en Mexicaltzingo, Estado de México. Lenin y Julio César nacieron en
Tecomatlán, municipio de Tenancingo, Estado de México.

Lenin formó su propia familia a los 18 años por lo que desde entonces se puso a
trabajar en la elaboración de chicharrón, oficio que aprendió de su abuelo materno.
Afrodita, su madre, insistió en que estudiara además de trabajar y le apoyó para
cursar la Licenciatura en Administración en la localidad de Villa Guerrero.
Actualmente se encuentra estudiando el octavo semestre, tras haberlo dejado
durante dos años como consecuencia del impacto de la muerte de su hermano.

Lenin refiere que nunca tuvo interés ni necesidad afectiva de buscar a su padre, a
diferencia de Julio César, quien si lo buscó en el lugar en el que vive poco tiempo
antes de su muerte, sin tener suerte de encontrarle.

Tanto Lenin como sus tíos describen a Julio César como un joven honesto,
tenaz, responsable y profundamente amoroso con su familia. Fueron tres los
intentos que hizo Julio César para formarse como maestro en alguna Escuela
Normal Rural, pasando los requisitos y semanas de prueba en la Normal Rural
“Lázaro Cárdenas” de Tenería (Estado de México) y en la Normal Rural “Vasco
de Quiroga” (Tiripetío, Michoacán), pero por sí mismo decidió no cursar sus
estudios en estas debido a diferencias con el comité estudiantil.
41
El padre biológico de Lenin y Julio César no tuvo ningún tipo de relación con ellos en su
crecimiento, por lo que el registro de los dos hijos fue hecho por Afrodita como madre soltera, por
eso comparten los mismo apellidos.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 223


Para Julio César, prepararse como maestro era una prioridad en su vida. Lenin se
lo explica a sí mismo de la siguiente manera:

Quería ser maestro, después que sale de la Normal de Tenería, intentó entrar a otra
escuela, pero mi mamá no podía solventar los gastos de allá donde yo estaba estudiando
y los gastos de mi hermano. Mi hermano se dio cuenta y una vez platicó conmigo y
pues mi hermano en la Normal de Tenería ocupaba 50 pesos de la inscripción y como es
internado no generaba gastos, porque ahí comían, desayunaban, cenaban en la Normal, y
me dice: “No, es que veo muy difícil la situación la jefa, más presionada, como que ya no
le alcanza, luego le pido para mis trabajos y como que me dice sí, pero yo me doy cuenta
que ya no tiene dinero”, entonces él me dice: “Voy a regresar a una Normal Rural”. Quiso
regresar acá a Tenería pero allá le dicen que a los que desertan los dan de baja y ya no los
reciben, entonces para eso ya conoció a Marisa y se dedicó a trabajar. Él trabajaba en la
central camionera de acá de Observatorio y después de guardia de seguridad en Santa Fe
(Ciudad de México).

Sin embargo en el verano del 2014, aun cuando ya había comenzado una relación
con Marisa Mendoza, con quien vivía en la Ciudad de México y a pocos meses
de que diera a luz a su hija Melisa Sayuri, decidió aplicar a la Normal Rural
“Isidro Burgos” de Ayotzinapa (Tixtla, Guerrero). En ese entonces Julio César
doblaba turnos en dos trabajos en la zona de Santa Fe como guardia de seguridad,
pero su sueño de ser maestro y así lograr mejores condiciones de vida para su
bebé a punto de nacer y su compañera, hizo que apostara por estar lejos de ellas
mientras estudiaba en Ayotzinapa, Guerrero.

En la familia Mondragón hay tradición magisterial. Lenin considera:

Creo que en cierto modo influyó que la profesión de mi tío Cuitláhuac, otra tía Maribel y
los demás tíos, muchos tíos son maestros y estudiaron en Escuelas Normales Rurales y
entonces como que luego nos inculcaban: “Oigan, este, estudien para maestros”.

Son reconocidos en su lugar de origen como una familia que reivindica sus derechos
laborales, con una postura política clara frente al sistema de gobierno imperante.
En esta línea, Julio César dio muestras de mucho interés por transformar las
cosas. Lenin recuerda con emoción el entusiasmo que Julio César tenía cuando
en sus cursos propedéuticos en las Normales Rurales les planteaban:

…temas de los círculos de estudio, el socialismo, que el capitalismo, neoliberalismo, todo


eso de cómo opera el gobierno, las empresas transnacionales y todo eso le empieza a
interesar y cómo es la cuestión de que el gobierno mataba muchos socialistas, muchos
guerrilleros que exigían sus derechos, sus principios, sus ideales y es como eso como que
le dio la, pues sí, como de cierto modo pues como que, él era lo suyo pues.

224
Entre Julio César y Lenin, la diferencia de edad es de menos de un año, lo que
hacía que su relación fuera profundamente estrecha, fraterna y de mucho apoyo
entre ellos dos. Salían juntos, compartían amigos y actividades en el pueblo, como
jugar frontón y tomar alguna cerveza con amigos. Según Lenin, se compartían
todo lo que ocurría en sus vidas y aunque en la mente de Lenin nunca estuvo
ser maestro, ni haber tenido antes de la muerte de su hermano una posición
política frente a la realidad como él, congeniaban mucho, se compartían todas
sus decisiones. Así ocurrió cuando Lenin eligió a los 18 años hacer su vida aparte
con su actual pareja, con quien tiene una niña de 3 años, y así sucedió cuando
Julio César decidió hacer su vida con Marisa e irse a vivir a la Ciudad de México.

La última vez que Lenin vio a su hermano Julio César fue el día 12 de septiembre
cuando les visitó junto con Marisa y su bebe de casi un mes de nacida, Melisa.
Julio César quiso registrar a la bebé y que Lenin fuera el testigo; sin embargo,
por la falta de algún papel, no pudieron hacerlo. Aquella ocasión Julio César
le platicó muy emocionado de su ingreso a la Normal Rural “Isidro Burgos”, le
contó que sentía que esa sería su oportunidad definitiva para salir como maestro,
le dijo que sentía mucho estar lejos de la familia que estaba iniciando, pero que
valdría la pena el esfuerzo. Lenin comparte que Julio César le dijo: “¡Hermano,
estoy en Ayotzinapa porque quiero hacer historia!”. Lenin y su familia jamás
imaginaron que lo haría de esa manera. De aquel día, Lenin también recuerda
haberle preguntado a Julio César que para cuándo se volverían a ver, él le
respondió que esperaba volver “en las fechas de muertitos”: “Es algo que también
quedó marcado en mi vida ya que para entonces ya recibíamos cera [velas] y los
rosarios que se acostumbran como tradición”.

En esa visita Julio César le pidió a su madre que le acompañara a Ayotzinapa


porque habría una junta en la que se le daría a los padres y madres de familia
información sobre la Normal. Lenin lo recuerda de la siguiente manera:

Le dijo a mi mamá que iban a tener una reunión el día 13 de septiembre los padres de
familia de los chavos de nuevo ingreso, entonces ya para ese día 12 llega a Tecomatlán y
ya lo veo, le digo: ‘”Qué onda hermano”, me contestó: “Pues ya mañana me voy, me voy
con la jefa porque está citada a una reunión”. Me empezó a platicar que sí, que estaba
un poco peligroso, que pues sí sentía el alejamiento con su familia, con su bebita y yo le
platicaba, yo le decía: “Es que hermano, te hubiera convenido estar en México estudiando,
ibas a estar al pendiente de tu familia y no así de lejos”, dice: “Pues sí pero, pues de hecho
fíjate que pues yo, yo cuando saqué mi ficha no le pedí permiso a Marisa, yo me fui y ya
se dio cuenta cuando me quedé toda la semana, semana y media en el curso y pues ya se

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 225


tuvo que enterar”. Dice: “Está muy duro”, no sé si ya presentía, pero sí me decía: “Está
muy peligroso para allá”… fue el último día que convivimos.

Impacto traumático de la noticia del asesinato de Julio César en


la familia

El día viernes 26 de septiembre del 2014, cuenta Lenin que, aunque no presentía
nada, desde que amaneció se sintió desganado, no tenía mucha intención
de trabajar, pero no dejó de hacerlo. En esa ocasión no puso música como
acostumbraba. Preparó el chicharrón para vender el fin de semana, desyerbó el
terreno de la casa de su madre y acabó el día. Para la tarde del día sábado 27, su
cuñada Marisa le buscó por el chat de Facebook; el diálogo entre los dos, según
cuenta Lenin fue:

Me pregunta que como estamos, le digo: “Bien y ustedes, ¿cómo están?”, y ya me dice:
“Es que estoy bien preocupada, es que perdí comunicación con Julio”. Le digo: “Pero
¿cómo?, a ver, a ver”. Dice: “Sí, es que lo reprimieron ayer en Iguala”, y ya me quedo:
”¿Pero cómo?”. Dice: “Sí, me estaba mensajeando con él y ya no supe nada, ya no me
contestó, he intentado comunicarme con él y nada”. Le digo: “Pues cálmate a lo mejor
se escondió, a lo mejor después nos llaman, pues mientras estate tranquila”… Desde el
viernes [26] a las 7:30 [pm] mi hermano le comunica que ya estaban en la Y griega ya
cerca de Iguala; le preguntaba [su nombre] que, qué estaban haciendo, mi hermano le dijo:
“Pues venimos a tomar autobuses”. Después ya mi hermano fue el que le dijo: “Es que
nos están siguiendo los policías, no están correteando, nos están balaceando”… Después
me platicó que [Julio César] le estaba narrando toda la escena cuando cayó el primero, el
primer muerto, cuando ya los estaban correteando y le decía que pensaba no sobrevivir,
que cuidara mucho a su hija. Después de ahí ya no se supo nada.

Para Lenin era increíble lo que Marisa le estaba diciendo, no sabía cómo
reaccionar, no dijo nada a su madre hasta no estar seguro, pues refiere que ella
solía reaccionar muy mal, que la presión se le bajaba ante situaciones graves.
Hacia la noche del sábado 27, Marisa llorando le llama por teléfono y le dice: “Es
que, qué crees, subieron unas fotos al facebook y hay una que se parece mucho a
Julio”. Lenin recuerda que en ese momento se puso a temblar, pensando que eso
no era posible. Él no tenía manera de conectarse a internet en el lugar en el que
estaba, así que una vez que tuvo señal le pidió a Marisa las fotos. Una vez que
Lenin tuvo acceso a las fotos no tuvo la menor duda: se trataba de su hermano
Julio César. Lo supo porque:

En cuanto vi esas fotos, supe que era mi hermano por las facciones, su frente, su cabello,
en sus manos tenía cicatrices… se lograban ver las cicatrices, la playera, y es que ella

226
[Marisa] me decía: “Es que la playera y la bufanda no las encuentro acá, creo que son
esas”, y que me meto a su perfil de mi hermano, empiezo a ver las fotos y encuentro la
playera, dije: “No puede ser”, sentía una impotencia, un coraje que no… [Rompe en
llanto al relatarlo].

Le dijo a su madre lo que había ocurrido, con mucho temor a que se fuera a poner
en muy mal estado, pues refiere que ella sufre de ansiedad. Lenin recuerda que
le dijo a su mamá: “Oye jefa, es que reprimieron a los chavos de la Normal de
Ayotzinapa”, recuerda que por un momento, su mamá se bloqueó y le respondió:
“No, no me digas nada más”. La señora Afrodita, muy nerviosa, recordó que en
aquella junta a la que había ido a la Normal, le habían dado el número de teléfono
de una de las madres, quien sería el enlace en cualquier tipo de emergencia
que ocurriera. Al hablar con aquella mujer, le dijo que no se trataba de su hijo, que
estuvieran tranquilos. Lenin recuerda con mucha amargura que aquella persona
les hubiera ocultado las cosas, porque para entonces él ya estaba seguro que se
trataba de su hermano por las señas particulares que alcanzaba a distinguir, como
unas cicatrices en el antebrazo, su ropa, el corte del crecimiento de pelo en su
cabeza, además de un lunar grande que se alcanzaba a ver en su cuello. Les llamó
a sus tíos y les dijo lo que había ocurrido. Su tío Cuitláhuac, acompañado de la
pareja de Afrodita, decidieron irse directamente a Iguala el día sábado por la tarde
para investigar lo que había ocurrido y saber si es que se trataba de su sobrino.

Cuitláhuac pudo ver el cuerpo de Julio César en los servicios forenses de


Chilpancingo, los tres cuerpos de los normalistas ya habían sido trasladados para
allá. Una vez que vio el cuerpo supo que se trataba de su sobrino, y una vez que
lo reconoció, llamó a casa a su sobrino Lenin para confirmar la muerte de su
hermano y que se lo pudiera decir a Afrodita.

Si bien la familia Mondragón conocía previamente los posibles riesgos que


conlleva ser estudiante de una Normal Rural, nunca imaginaron la magnitud de un
evento violento como del que Julio César fue objeto. No había habido precedente
alguno en la lucha social de nuestro país de que a un joven estudiante apareciera
sin rostro como ocurrió con Julio César. Incluso en el contexto de los violentos
ataques contra los normalistas en Iguala la noche del 26 y 27 de septiembre del
2014, no hay un caso similar dentro de las decenas de víctimas directas.

La noticia del asesinato de Julio César representa un evento traumático para


la familia. Perder a Julio César en esos eventos fue una situación inexplicable,

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 227


inesperada, abrupta y extremadamente cruel. Al no poder contar con un medio
eficaz y confiable que confirmara de manera inmediata la identidad del cuerpo al
que se le identificaba como Julio César, la familia tuvo que desplegar esfuerzos para
identificarlo, y al mismo tiempo la esperanza de que no fuera él se mantenía, hasta
la tarde del domingo 28 de septiembre en que el tío Cuitláhuac pudo corroborarlo.

Negación frente a la pérdida de Julio César

Para cuando Cuitláhuac les llama desde los servicios forenses el domingo 28, para
confirmarles que sí se trataba de Julio César, pues así él había logrado identificarlo
“por el lunar, las marcas y las facciones del cuerpo”, Lenin atinó a bloquear el
dolor y cuenta con la vista perdida que, después de la llamada de su tío:

No pues me sentí destrozado… ese día llovió muy fuerte, creo que demasiado fuerte,
muchos rayos… [guarda por un momento silencio y sigue] Ese día me fui a vender todavía,
dije: “Voy a vender aunque sea un poco”. Me senté, pasaban los clientes y yo así como ido,
nada más estar pensando y pensando: “¿Cómo es posible?, ¿por qué se fue? ¿Por qué?” Y
pensando: “¿Quién hijos de su pinche madre fue? ¡Quisiera saber!”, y ya no logré terminar
mi mercancía, le digo a mi mujer: “Ya vámonos, hay que levantar ya quiero llegar”.

Como en el caso de los otros estudiantes ejecutados, los familiares enfrentan un


proceso de duelo traumático frente a la muerte violenta y abrupta. Sin embargo,
en el caso de Julio César, sus familiares se enfrentan además a que la muerte fue
producida de manera excesivamente cruel y a que los restos de Julio César no
tenían rostro, por lo que fue reconocido por otros rasgos. Cuauhtémoc, el menor
de los hermanos de Afrodita, lo relata de la siguiente manera:

La noticia es terrible cuando me la da mi hermano, por que él es el que me manda el


primer mensaje como de alerta, sin la seguridad de que fuera él. Entonces cuando llega
la confirmación pues sientes que no es cierto, tu misma mente te dice “No, debe de haber
algún error, ¿cómo Julio? ¿Por qué está muerto de esa manera? No es cierto, no es cierto,
no es cierto”. Se rehúsa uno a creerlo realmente, pero pues bueno, cuando pasan los
minutos, pasan las horas y nos dicen: “Ya venimos con el cuerpo“, al momento que llegan
lo revisamos y efectivamente sí es Julio. No pues de ahí nos cambia la vida totalmente
porque… Nuestra vida empieza a tomar un giro. Yo nunca antes había visto que a alguien
le hicieran ese daño, un giro que nunca antes nos imaginábamos, sí, porque, porque
empieza una planeación de ¿qué hacemos?

Los hechos sobrepasan la capacidad psíquica de elaboración de los familiares y


aparece la negación como un mecanismo de defensa, que posteriormente da paso
a la aceptación de los hechos, con una enorme dificultad para darles sentido.

228
Imagen traumática del cuerpo sin rostro de Julio César
Mondragón Fontes

Las imágenes de Julio César con el rostro desollado circularon a partir de las
primeras horas de la mañana del sábado 27 de septiembre de 2014. Para entonces,
las fotografías se habían multiplicado en las redes sociales con mucha rapidez.
Las imágenes de Julio César fueron conocidas por su familia en Tecomatlán solo
hasta la tarde de ése día sábado, cuando ya eran de dominio público.

Cuando Lenin reconoció a Julio César entre las fotos de los estudiantes asesinados,
sintió que se desgarraba por dentro. De aquel momento recuerda:

Llego a Tecomatlán, le digo [a Marisa]: “Oye, a ver mándame las fotos”, cuando veo la
foto de Daniel Solís, un chavo que estaba así tendido y no se veía bien el rostro pero la
oreja y también peloncito, un suéter así como este más o menos [señalando el suéter que
llevaba puesto durante la entrevista], la veo y digo: “No manches, creo que ese es”. Se me
empiezan a escurrir las lágrimas y veo el otro y no, y paso la otra foto pues era él, vi la
foto y era algo que por dentro sentía que me desgarraba […].

El efecto que tuvieron las fotografías de su hermano fue traumático para Lenin.
No se trataba únicamente de saber que su hermano estaba muerto, sino de que
su hermano había sido cruelmente torturado y su rostro había sido arrebatado.

En ese momento estaba con mi esposa y pues ya cuando logro convencerme no quise
alarmar a mi mamá, pero empiezo así a romper en llanto fuerte, y dice mi mamá: ”¿Ahora
qué pasa, ahora qué?”. “No nada, nada” y ya mi esposa me abrazaba, me decía: “Es que no
es él”, recuerdo que con mucho coraje le decía: “Como chingados no es él, tú qué sabes,
yo lo conocí toda la vida, es mi hermano, toda la vida conviví con él, como no lo voy a
conocer!”.

Refiere que súbitamente sintió un enorme coraje, ganas de vengar lo que


imaginaba que su hermano habría sufrido cuando fue lastimado de tal manera,
“¿cómo es que puede haber gente tan maldita?”, refiere. Quería tener enfrente a
quienes le habían hecho eso a su hermano. Lo recuerda con la misma rabia que
entonces experimentó:
Yo tenía certeza que lo habían desollado y lo que me imaginaba ¿pero quién hijo de su pinche
madre hizo esto? Yo quería deshacerme, desquitarme, conocerlos, agarrarlos y no, no sé, la
verdad me daba una impotencia y un coraje… Demasiado enojo, era lo único que sentía.

La extrema crueldad con que fue torturado y ejecutado Julio César Mondragón es
un mensaje de violencia hacia su familia que se perpetúa en el impacto traumático
Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 229
que viven. Es decir, estos hechos continúan ocurriendo para los familiares que los
reviven a través de imágenes intrusivas y sueños. Para Lenin, es una imagen que
hasta el día de hoy se le presenta de manera súbita. Según refiere, hay ocasiones
en que le cuesta recordar cómo era físicamente Julio César porque de inmediato
sobreviene la imagen de aquellas fotografías.

Lenin explica la violencia y el impacto traumático que la imagen de Julio César


le imprimió con la metáfora de haber sido “envenenado”. Esta violencia se
reimprime en los familiares cada vez que la imagen es difundida a través de los
medios de comunicación:

Se me quedó muy grabada, los días posteriores, los meses posteriores, pues había medios
de comunicación, prensa amarillista que siempre las ha difundido. Es algo que uno tiene
que seguir lidiando y al principio si observaba los comentarios y sí había mucha gente
apática que nada más hablaba por hablar: “Qué bueno que pasó esto”. Al principio sí, más
me envenenaba y pensaba: ”Quisiera conocerte para desquitarme contigo porque estás
diciendo esto”. Pero no, en muchos casos es gente misma del gobierno pagada para que
esté escribiendo tonterías, pues decidí ya no estar lidiando con ese tipo de gente y preferí
no saber las críticas.

La imagen reproducida de Julio César sin rostro en medios amarillistas de


comunicación, así como en las redes sociales,42 es una situación extrema
de deshumanización a la que la familia estará expuesta de manera continuada,
que mantiene y profundiza el trauma.

Duelo traumático

Incluso en el contexto de los ataques en Iguala, que provocaron la muerte de otras


cuatro personas, dos de ellas estudiantes normalistas, dos heridos de gravedad y
la desaparición de 43 normalistas, el asesinato de Julio César tiene un impacto
traumático específico por la extrema crueldad con que fue perpetrado. En este
sentido, la familia enfrenta un proceso de duelo traumático derivado no solo de
la pérdida sino de las circunstancias de violencia y crueldad que la envuelven.

Sumado a la complejidad de elaboración psíquica de la pérdida, están los síntomas


asociados al trauma mismo. Es decir, el proceso de duelo va acompañado de los

42
En cualquier momento, es posible poner en un buscador de internet el nombre de Julio César Mondragón Fontes para que
se desplieguen aquellas imágenes traumáticas.

230
impactos psicológicos post traumáticos que representan esfuerzos psíquicos por
dar sentido al trauma, y que a continuación se desarrollan.

Los familiares refieren síntomas intrusivos como recuerdos recurrentes e


involuntarios de la imagen de Julio César asesinado. De igual manera, en sus
familiares están presentes sueños angustiosos con el contenido de lo que suponen
que le ocurrió a Julio César, así como de la imagen captada de cómo fue hallado.
Ligado a lo anterior, los familiares presentan en distintos momentos un malestar
psicológico intenso al exponerse a estímulos externos tales como la falta de
respuesta por parte de las autoridades, que se exacerba en cada interlocución
con autoridades, las fechas cercanas al aniversario de los hechos o declaraciones
públicas por parte de autoridades en donde los estudiantes son criminalizados,
entre otros.

El tío Cuitláhuac refiere: “Pues definitivamente te cambia la vida ¿no? Por ejemplo,
en el caso mío no dejo de estar pensando en la misma situación”. Comparte que
recientemente fue a atenderse una uña enterrada y que al momento de estar
sintiendo un fuerte dolor físico, le vino de inmediato a la mente el momento que
habría vivido Julio César durante la tortura que le practicaron antes de asesinarlo
y cuenta que solo experimentó una profunda tristeza, aguantando el dolor por la
uña: “Nada más de imaginarme los últimos momentos de vida de mi sobrino, me
hizo pensar que lo que me estaba doliendo no era nada comparado a lo que habrá
sentido él… las cosas se vuelven mucho más relativas”.

Sí la entiendo que decía: “Vamos a salir un fin de semana”, pero ese fin de semana tenía
que invertirlo acá, estar viniendo con organizaciones, las marchas, los mitin, estar
posicionando el caso. Me decía: “Es que nunca estas para nosotros, tienes una hija, es que
esto”. Pues sí, pero esto va a ser muy largo, no le voy a decir: “Claro, si quieres apoyarme
apóyame, si no pues ni modo”. Yo no voy a renunciar a la lucha, yo quiero la verdad y que
se haga justicia.

Por su parte, la señora Afrodita, madre de Julio César, se niega a hablar sobre la
muerte de su hijo y evita estar presente en conversaciones sobre el tema, según
observan su hijo Lenin y sus hermanos. La evitación es una forma de afrontar la
pérdida profundamente traumática para la madre de Julio César.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 231


Miedo y Ruptura de Creencias Básicas

La familia refiere una vivencia de miedo generalizado que apareció tras el


asesinato de Julio César, y que está vinculado con la forma de su muerte y las
prácticas inhumanas con las que se puede ejercer grave daño entre las personas.
En este caso, el miedo está directamente ligado al terror que causa imaginar lo
que Julio César pudo haber experimentado aquella noche, desde el momento en que
es interceptado en su intento por salvaguardarse alejándose del lugar del ataque,
hasta la secuencia que llevó a los perpetradores a dejarlo sin vida y con su cuerpo
tan lastimado.

La pérdida del sentimiento de seguridad básica para la familia se manifiesta en la


percepción de que las actividades cotidianas representan un riesgo impredecible
y la vida se convierte en amenazante. La falta de acceso a la justicia hace que la
incertidumbre y el temor cobren permanencia, pues no hay claridad de quiénes
hayan sido los perpetradores, lo que significa que pudieran estar libres y volver
a hacerle algo similar a cualquier otra persona. Así el miedo está directamente
asociado a la impunidad.

De la mano del miedo está la ruptura de creencias básicas que le daban estructura
a los integrantes de la familia, pues aun cuando se reconocen como una familia
trabajadora, honesta, reconocida en su medio comunitario, esto no fue suficiente
para evitar que uno de sus integrantes fuera asesinado brutalmente. Esta ruptura
se profundiza con la impunidad, pues hasta la fecha ninguna autoridad ha sido
capaz de ofrecerles una explicación sobre las causas del ataque ni de garantizar
su acceso a la justicia. Las palabras del tío Cuitláhuac son claras: “Siempre nos
inculcaron: ‘pórtate bien y te irá bien’. Eso no es cierto”. En ese sentido, la justicia
tendría el papel de reparar simbólicamente un mundo que se volvió impredecible,
injusto y amenazante.

El vínculo con otros grupos de víctimas —como los familiares de los 43


estudiantes desaparecidos, familiares de los otros dos estudiantes asesinados,
de los heridos y estudiantes sobrevivientes, así como organizaciones sociales
y los representantes del caso— permite a la familia mitigar el sentimiento de
vulnerabilidad e indefensión:

232
Frente a la desprotección de las instituciones que nos debieran dar protección y resultados,
sólo nos queda marchar juntos, pero separados. O sea, el daño que hemos vivido todos
nosotros es diferente, según como haya sido que le tocó vivirlo a nuestro familiar aquella
noche, pero solo entre nosotros podemos entender lo que se siente la impunidad.

De esta forma se observa que los grupos de familiares y víctimas representan un


apoyo psíquico para la familia de Julio César en su proceso de duelo traumático.
Asimismo, la participación de algunos miembros de la familia en la movilización,
denuncia y lucha por la justicia forma parte de los esfuerzos por dar sentido a la
pérdida.

Impactos retraumatizantes derivados de la Exhumación y Reinhumación

Cuitláhuac recuerda que cuando le iba a ser entregado el cuerpo de su sobrino el


día 28 de septiembre del 2014, se dio cuenta que lo asentado en la necropsia no
concordaba con la cantidad de golpes que mostraba el cuerpo de Julio César a
simple vista cuando entró a reconocerlo. Frente a esto, Cuitláhuac pidió asesoría
a un visitador de la Comisión Estatal de Derechos Humanos del estado de
Guerrero, que le dijo que no se preocupara, que se llevara el cuer po
y que posteriormente se podría ampliar esa acta sin necesidad de exhumar los
restos. Posteriormente, pasados los días de tanto dolor,43 tras los funerales y
rosarios, buscaron asesoría legal y supieron que no habría manera de acreditar
el daño en el cuerpo de Julio César sino era mediante una nueva diligencia,
exhumando los restos y llevándolos al lugar indicado para determinar una
nueva necropsia.

Cuauhtémoc relata de la siguiente manera la forma en que han vivido el proceso


de búsqueda de la verdad sobre lo que le ocurrió a su sobrino Julio César la noche
del 26 y 27 de septiembre:

Tenemos una reunión entre hermanos junto con Lenin y empezamos a platicar y decimos:
”¿Qué hacemos?”, pues no nos queda otra más que pues buscar una lucha pacífica, por
sobre todo por el dictamen que estaba en la Procuraduría de Guerrero, que estaba tan
erróneo, tan manipulado, tan mal hecho exactamente. Entonces en ese momento surge
la idea de emprender la lucha por buscar la verdad y la justicia para Julio, y pues ha sido
un peregrinar. Ha sido una etapa muy difícil para nuestras vidas porque, pues bueno, nos

43
Cabe hacer mención que la madrugada del día 29 de septiembre del 2014, cuando los restos de Julio César llegan a Tecomatlán,
Afrodita y Lenin vistieron a Julio César, mientras que Cuitláhuac descansaba por un rato, por el desgaste que le significó ir a
Guerrero a traer el cuerpo. Al despertar y ver que habían vestido a Julio César, hizo que fuera desvestido el cuerpo nuevamente
para fotografiar todas y cada una de las marcas de los golpes producidos a Julio César antes de ser asesinado. Cuitláhuac refiere
que dichas fotos sirvieron al equipo del GIEI para cotejar el estado en que habían recibido los restos.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 233


traen que ir a este lado, a tal lado, a marchas, actos, inclusive la exhumación del cuerpo
de Julio es un dolor tremendo para todos. Es como volver a revivir los momentos que
nos enteramos del fallecimiento de Julio, de la forma en que lo hacen, cuando dan, en
este caso los peritos, dan el veredicto de que bueno, 43 fracturas en el cuerpo es algo
impresionante, es algo que uno no lo puede creer, tanto salvajismo para una persona, o sea
no puede uno dar uno crédito a lo que estamos viendo, a lo que estamos viviendo, a lo que
estamos sintiendo, sinceramente es un salvajismo.

Para la familia era fundamental que se llevaran a cabo nuevamente peritajes de


necropsia al cuerpo de Julio César debido a que en la necropsia inicial, llevada
a cabo por la Fiscalía del estado de Guerrero, no le fueron registrados todos los
golpes y marcas que tenía el cuerpo. Es decir, llevar a cabo la exhumación tenía
sentido en el proceso de búsqueda de justicia.

Tras poco más de un año de ocurridos los eventos en Iguala el 26 y 27 de


septiembre del 2014, la familia Mondragón se preparó para estar presente en
la exhumación del cuerpo de Julio César y que pudieran ser analizados sus
restos, a petición de la familia, por Servicios Periciales de la pgr, el Equipo
Argentino de Antropología Forense y peritos de la cndh. Aun cuando ellos así
lo decidieron, no imaginaron que vivirían la exhumación con tanto dolor, pues
revivieron nuevamente la rabia, la impotencia, el coraje, el temor, la indignación,
presentándose la retraumatización de todo lo que vivieron los días posteriores al
asesinato de Julio César. Esta situación se pudo haber evitado si las autoridades
hubieran practicado los informes periciales correspondientes de manera pronta,
ética y profesional tras los hechos.

La exhumación se llevó a cabo el día 4 de noviembre del 2015.44 La reinhumación


del cuerpo de Julio César estaba planeada para llevarse a cabo tras cinco días.
Varios integrantes de la familia se programaron para que, en ese tiempo, el cuerpo
de Julio César “no quedara solo”; tenían temor a que el cuerpo desapareciera o
que se llevara a cabo alguna práctica que tergiversara más la realidad, debido a la
experiencia previa y la desconfianza en las instituciones que se derivó de esta. Sin
embargo, los restos de Julio César fueron entregados para su reinhumación el día
14 de febrero del 2016. Es decir, más de tres meses después, debido básicamente a
los trámites burocráticos y a la ineficacia con que opera el sistema de procuración
de justicia relacionado con la diligencia. Esta dilación representó un nuevo
impacto retraumatizante que se suma al propio impacto de la exhumación.
44
Ver nota de Animal Político en: [Link]
mondragon-lo-revisaran-forenses-argentinos/, consultada el día 25 de octubre del 2016.

234
Este tiempo significó, para su familia, saber el cuerpo de Julio César fuera del
lugar que como familia le habían destinado. Fue igualmente retraumatizante
debido al desgaste y a la angustiante espera; a la zozobra de los resultados que
arrojarían los dictámenes, de saber si eso les conduciría a la justicia. Imaginaban
que una vez que les fuera devuelto el cuerpo de Julio César se podría agilizar la
investigación que les conduciría a la justicia.

Cuando pudieron sepultar de nuevo el cuerpo de Julio César, Lenin refiere que
entonces pensaron: “Hemos cumplido”. No ha sido así, pues dicho proceso no ha
derivado en el acceso a la justicia, lo que genera en la familia sentimientos de
frustración e impotencia.

Durante los tres meses que el cuerpo de Julio César estuvo siendo analizado
nuevamente, el padre de Afrodita, don Raúl, falleció a los 77 años de edad, en
diciembre del 2015. Esto significó un proceso de duelo encima de otro proceso
de duelo traumático y en medio de una etapa de dolor y expectativa por los
resultados de los trabajos forenses que se estaban llevando a cabo.

Se observa en la familia una secuencia traumática que inicia con la noticia del
asesinato de Julio César Mondragón Fontes, marcada por una serie de eventos
revictimizantes que continúa hasta la fecha e impide la elaboración del duelo
debido a la falta de justicia:
Figura 3. Proceso forense de la familia de Julio César Mondragón

Tortura y ejecución de Julio César Mondragón


(26 de septiembre de 2014)

Reconocimiento del cuerpo, irregularidades y fallas


en la documentación de lesione en la necropsia
(28 de septiembre)

Exhumación
(4 de noviembre de 2015)

Proceso para toma de muestra de ADN


(3 meses)

Reinhumación
(febrero de 2016)

Elaboración de dictámenes forenses de PGR,


CNDH y Equipo Argentino de Antropología Forense.
Búsqueda de justicia.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 235


Impactos Psicosociales

Afectaciones en la familia
Lenin presenta impactos en su ámbito familiar, educativo y de ruptura en su
proyecto de vida. Se observa que desde la muerte de Julio César se encuentra en
constante alerta para estar informado sobre la investigación, sobre las estrategias
de los padres de los 43 desaparecidos y sus representantes, pues sabe que los
avances en el caso podría dar luz sobre lo que pasó con su hermano. Lo expresa
de la siguiente manera:

Cambió nuestra vida totalmente, yo en ese entonces iba en quinto semestre y de ahí me
fui para abajo, en el sexto semestre también. No me importaba nada, estar pensando
quienes fueron, cada noticia que sacaban, que ya capturaron a un policía implicado, que ya
atraparon a dos narcos implicados, y estar pensando y si serán y si serán. Todo el tiempo
que hay una noticia sobre Iguala detengo todo lo que estoy haciendo y reviso, analizo, me
vuelve de nuevo todo a la mente.

Sobre don Raúl, padre de Afrodita, quien se hizo cargo de Lenin y Julio César en
buena parte de su crianza, padecía diabetes, Lenin refiere:

Mi abuelito, él era una persona muy inquieta. Recuerdo cómo le tiraba al gobierno, como
dicen, sin pelos en la lengua. Para el caso de mi hermano y mío, mi abuelito representaba
en este caso como el padre que no tuvimos, él nos crió como otros hijos más, nos enseñó a
trabajar el campo y por supuesto también el negocio del chicharrón… pasa lo ocurrido con
mi hermano, yo devastado y en el proceso largo de la exhumación en diciembre 29 [de]
2015 fallece mi abuelito, un infarto fulminante. Él preguntaba mucho cuando regresaría
su hijo, nos dolió mucho que él falleció sin ver de vuelta a su nieto para la reinhumación y
para ser precisos, aquel día 14 de febrero [de 2016].45

Tanto Cuitláhuac como Lenin y Cuauhtémoc, coinciden en que hay momentos


en que se sienten solos, que no toda la familia “le entra igual” y que eso hace
que no se sientan comprendidos en su lucha por la justicia. La necesidad de
justicia en el proceso de elaboración del duelo traumático impulsa a algunos familiares
a involucrarse en el impulso de las investigaciones, mientras otros familiares
enfrentan la pérdida tratando de recuperar su vida cotidiana. Este desfase
en las formas de afrontamiento produce sentimientos de incomprensión y
distanciamiento al interior de la familia.

45
En realidad fue el 12 de febrero de 2016.

236
Apoyo de la comunidad
Tecomatlán cuenta con una población de 5 000 personas aproximadamente, y está
rodeada de varias comunidades cercanas. Los pobladores se conocen entre sí y el
caso de la familia Mondragón no es la excepción, pues incluso el abuelo de Julio
César, don Raúl, fungió como un gestor social importante en la región, a nivel
municipal y estatal, por lo que mucha gente, incluso, se encuentra agradecida con
la familia por las mejoras comunitarias que don Raúl logró. La comunidad ha
sido solidaria con la familia en todo momento, le ha mostrado su interés genuino
a la familia. El tío Cuitláhuac así lo considera:

En nuestro caso todo mundo nos conoce, a Julio, a Lenin, a el abuelo, al abuelo del
abuelo y toda una familia muy reconocida. Es la ventaja de estar en una comunidad,
una familia honorable y trabajadora, eso te ayuda bastante. Nosotros ahí en el pueblo
tenemos muchísima solidaridad de la gente y créame que sin necesidad de andar tocando
las puertas o hacer marchas, la gente nos dice: “Saben qué, estamos con ustedes”.

Sin embargo, Lenin cuenta que ha percibido de algunas personas cierto


alejamiento debido al temor que les produjo el tipo de muerte que tuvo Julio
César; piensa que es como si les diera temor de que algo les pudiera ocurrir por
estar cerca de la familia.

Recién ocurridos los hechos, para Lenin fue difícil relacionarse con algunas
personas de su pueblo; piensa que igual fue para su madre Afrodita, por la forma
en que la gente no tan cercana se acercaba a indagar sobre lo ocurrido:

En cierta parte me sentía invadido, porque luego no hace falta el apático que según está
con uno y quiere saber “A ver platícame esto y el otro”… los vecinos, paisanos; o sea
amigos, bien raro que me preguntaran porque ellos como que sabían el dolor que uno
estaba pasando, pero luego en cierta manera me sentía como acosado, como invadido que
algunos paisanos que nunca ni al caso, llegaban y “¿Oye, cómo va el caso de tu hermano?,
es que lo que le hicieron”. Y yo como con ganas de “!Chinga tu madre, qué me estás
preguntando, a ver qué quieres saber, vete a la fregada si ni te interesa, tanto me quieres
sacar!”. Y luego así me ponía mal. En vez de que yo me tranquilizara un poco me ponía
mal, me daba más coraje y como le digo por gente que ni siquiera está enterada, nada más
quiere estar parando la oreja en el chisme y digo por qué le voy a estar dando explicaciones
que no sirven ni para un beneficio. En cambio a nosotros nos gustaba practicar un deporte,
frontón. Siempre que iba al pueblo, vamos al frontón, y tardó como año y medio que yo
me parara en el frontón, luego había amigos “Vamos al frontón”, “Sí, vamos”, “¿Cuándo?”
“No, pues tal día”. No, nunca me presentaba, una vez me presenté pero me quedaba así
recordando los momentos cuando jugábamos, no aguantaba y me salía, tardó como año y
medio que yo me parara a practicar de nuevo ese deporte.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 237


Impactos psicosociales de la actuación de las autoridades

En casos como los ocurridos en Iguala la noche del 26 y 27 de septiembre del


2014, para las víctimas el acceso a la justicia es una necesidad psicológica que
posibilita el proceso de duelo: está directamente asociada a la posibilidad de un
cierre simbólico, se convierte en una especie de deuda moral, en este caso, con
la persona asesinada. Los iniciales sentimientos asociados a la venganza van
dando paso a la búsqueda de verdad y justicia, incluso a la reconstrucción de las
creencias básicas, teniendo la claridad de que la venganza solo les asemejaría a
la deshumanización mostrada por los perpetradores.

Entonces, la vía para buscar justicia es la institucional. Sin embargo, para la


familia Mondragón, a más de dos años, la elaboración del duelo se ha visto
dificultado por la impunidad en la que permanece la muerte de Julio César. Para
la familia Mondragón, la falta de resultados en las investigaciones, el trato que le
han dado a las características de muerte de Julio César y al caso Ayotzinapa en
general, hace que presente desconfianza a las instituciones públicas por cuatro
aristas diferentes, identificadas por la familia, que derivan en impunidad:

Por la criminalización: recién ocurridos los hechos de la noche de Iguala, aun


durante los días en que se estaban llevando los rezos en Tecomatlán para Julio
César, Lenin recuerda con mucho enojo que la pgr lanzó públicamente la idea de
que su hermano pudo haber sido el responsable de lo que pasó aquella noche, lo
que, según aquellas declaraciones, explicaría la saña con la que le dieron muerte.
Lenin así lo refiere:

Estábamos pasando los días de los funerales y es cuando sacan que él era el líder, el
cabecilla de Los Rojos por eso era un ajuste de cuentas, ¡pues no! ¿Qué pasó? Y por qué
el gobierno siempre se presta a sacar ese tipo de información sin primero basarse en una
investigación. Entonces y por qué motivo saca esa versión hay que exigir que se diga la
verdad […] Pues sí eso fue lo primero que nos puso a pensar, pues nosotros no vamos a
permitir que lo estén criminalizando, ¿qué les pasa? Hay que continuar, exigir la verdad
y que caigan los responsables, los verdaderos responsables, no que nos pongan a un sonso
que ya lo atraparon y bajo tortura esta declarando. No, no vamos a permitir eso.

Por el curso de las investigaciones llevadas a cabo por la pgr: Cuitláhuac lo


refiere de la siguiente forma.
O sea muchas cosas están no claras y prácticamente tiene una intención, estuvo el ejército
presente y anduvo afuera. Para qué queremos más declaraciones si con esa que estuvo y

238
los amenazó así: “Muchachitos no que muy chingones…”. O sea, eso está probado, ahora
somos tan lelos para decir: “Es que casualmente nada más iba pasando la ambulancia
del ejército y ahí pasó”. Ahora esa calle del Andariego que precisamente esta cerca
al campo militar de Iguala, hay cámaras de vigilancia y qué casualidad que cuando
van a tirar a Julio Cesar la cámara apuntaba hacia el cielo, cosas absurdas. Es por eso
que es importante la investigación… o sea aquí definitivamente están tapando desde
un principio algo… Sobre todo el derecho a la verdad, porque definitivamente toda la
información pues ya estuvo con este sujeto que manipuló la información por parte de la
pgr , Murillo Karam y Zerón.

Por los detenidos y supuestos responsables: Lenin refiere haber analizado los
dos informes del giei y es claro en decir que no confía en las investigaciones de la
pgr, pues sabe que al menos el 80% de los detenidos han declarado bajo tortura.
Sobre los inculpados de la muerte de Julio César, refiere: “Estos están atrapando
nada más a gente inocente porque se comprobó que algunos eran albañiles, yo no
les creo nada porque son personas que han torturado”.

Por los dictámenes: para la familia, los primeros dictámenes realizados al cuerpo
de Julio César en Guerrero tenían por objeto ocultar la verdadera dimensión
y la gravedad de las circunstancias en que lo asesinaron. Tras la exhumación,
cuestionaron lo procesado por la cndh, en comparación con los dictámenes
realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense y por la misma pgr,
generando mayor confusión sobre la metodología utilizada por la Comisión.

En relación a la ceav, la familia Mondragón fue asesorada por una representante


legal para que Afrodita se registrara como víctima en el caso y así pudieran
obtener algunos beneficios que fueran determinando conjuntamente. Afrodita
contó con atención psicológica en su domicilio por parte de la ceav cada quince
días, Lenin refiere que “le vinieron bien esas sesiones”, sin precisar durante cuánto
tiempo se llevaron a cabo. Sin embargo, la familia expresó dudas en relación al
registro ante la ceav frente a la posibilidad de que se manipule mediáticamente
el acceso a sus derechos como víctimas, y consideran que requerirían de mayor
asesoría pues según refiere Lenin: “El problema de acá es el modo como trabaja
el gobierno, que si una pide indemnización y pide algunos beneficios de ayuda
humanitaria, pues resulta que cuando se reclama justicia, le dicen a uno: ‘Ya se
te reparó el daño’ y lo dicen en los medios como para lavarse las manos de la
investigación. Así no queremos nada”.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 239


La justicia como búsqueda de sentido y forma de afrontamiento

Frente a la desconfianza en las instituciones y la falta de legitimidad de las


investigaciones ante la familia, así como el sinsentido de la muerte de Julio César
y la crueldad extrema con la que fue asesinado, los familiares buscan darle sentido
a la experiencia, afrontando los impactos del duelo traumático y resignificando el
dolor. Cuitláhuac lo expresa así:

Mientras tenga uso de razón, fuerza y condición de seguir luchando por la justicia,
decimos: “OK, le pasó a Julio, pero le puede pasar a otros de nuestros hijos, a uno de
nosotros, a un hijo de ustedes, a cualquier gente y entonces no se vale” […] La única
forma en que podemos mantener vivo a Julio Cesar es su muerte, como dijo mi papá,
su abuelo, que no quede en el olvido, en la impunidad, sino que sea una que sea una
semilla para cambiar a México… Dijo: “La sangre que fue regada por Julio sirva para
el bien del pueblo”.

Lenin, a pesar del gran dolor que experimenta por la ausencia de su hermano
y las circunstancias de su muerte, se plantea a sí mismo dos cosas. La primera,
sobre el papel que tuvo Julio César aquella noche y, la segunda, que lo ocurrido
ha permitido sacar a la luz otras cosas graves que puedan ayudar a otras familias
a dar con el paradero de otros desaparecidos:

Es algo que de antemano va a ser muy difícil y más difícil si el gobierno es el que está
poniendo las barreras y pues sí, hubiera sido muy diferente si hubiera sido en otro hecho,
pues que nada más a él pero de cierta manera pues sí lo consideramos como un héroe
porque defendió sus ideales y regresó por los suyos. Él murió por Ayotzinapa y pues este
caso ha sido la gota que derramó el vaso, ¿cuándo se iba a saber de las fosas clandestinas
de Iguala?, ¿cuántas víctimas que no se ha esclarecido su muerte? Si no fuera por esto todo
siguiera peor, así seguimos en la impunidad hubiera sido algo peor.

Esto ha permitido a Lenin iniciar un proceso de elaboración del duelo vinculado


a la lucha contra la impunidad:

Ahora solo lo que me mantiene en pie después de mucho tiempo son los sueños que tengo
con mi hermano, porque solo en sueños puedo verlo, sentirlo, abrazarlo y platicar con él.
El camino va a ser muy largo pero más adelante vendrán las recompensas, nos tocó perder
de una manera muy cruel. Y nuestra lucha es por un país mejor y la no repetición, porque
no queremos que otra familia tenga que pasar por esto y todo por un país corrupto que
está manchado de sangre.

240
Expectativas sobre la reparación integral del daño

Para la familia Mondragón la reparación del daño debe estar basada en conocer
la verdad de lo ocurrido aquella noche y en el acceso a la justicia. Dicen que sólo
entonces estarían dispuestos a hablar sobre las demás formas de reparaciones de
daño. Sin embargo, saben que hay procesos de reparación que habrán de darse
para Melisa, la hija de Julio César, por la situación de vulnerabilidad en la que se
encuentran ella y Marisa, su madre. Cuitláhuac refiere:

La reparación del daño implica que la niña, su hija de Julio César, pues tiene que comer,
tiene que estudiar. Eso es un asunto de derechos y de cajón, pero aquí hay una situación
muy importante que nos preocupa sobre la indemnización, pues aquí en México se hace
las cosas al revés, te indemnizan y ya después te la voltean: “Es que vendiste a tu víctima”
y entonces tú ya cobraste. Es lo que pretendieron hacer y ese es su papel tan avergonzante
de la Comisión de Atención a Víctimas, de algunos periodistas y de gente que se presta a
esta situación… Nosotros pensamos que Julio César va a seguir vivo desde el momento
en que nosotros estamos luchando por la no repetición. Cuando hablamos de no repetición
es un caso que ya no es el asunto de Julio César, que ya no es el asunto de la familia
Mondragón, ya no es el asunto de su niña, también de Marisa, ¡no!, es un asunto que a
cualquiera le puede pasar.

Resumen de los impactos de la familia de Julio César Mondragón Fontes

Julio César Mondragón Fontes fue el mayor de tres hijos de la señora Afrodita.
Julio César y Lenin son hijos del mismo padre biológico, siendo Afrodita quien
asumió la responsabilidad de su crianza con el apoyo de sus padres y hermanos.

Tanto Lenin como sus tíos describen a Julio César como un joven honesto, tenaz,
responsable y profundamente amoroso con su familia. Relatan que fueron tres
los intentos que hizo Julio César para formarse como maestro en alguna Escuela
Normal Rural. Para Julio César, prepararse como maestro era una prioridad en
su vida.

La familia de origen de Julio César es reconocida en su lugar de origen como una


familia que reivindica sus derechos sociales y laborales, con una postura política
clara frente al sistema de gobierno imperante. Julio César dio muestras de mucho
interés para transformar las cosas, por lo que su opción por ser maestro estaba
directamente relacionada con su postura política.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 241


Entre Julio César y Lenin, su hermano, la diferencia de edad es de menos de
un año, lo que hacía que su relación fuera profundamente estrecha, fraterna y
de mucho apoyo entre ellos dos. Se compartían todas las decisiones que iban
tomando en sus vidas.

La decisión de Julio César de formar una familia con Marisa, ocurrió a finales del
año 2013, vivieron juntos y procrearon a su hija Melisa, quien tenía dos meses de
nacida al momento en que ocurrieron los hechos de Iguala. Julio César también
eligió formarse en la Normal Rural como maestro para proveer un futuro mejor
para la familia que estaba haciendo.

La familia de origen de Julio César supo de lo ocurrido en la madrugada del 26


y 27 de septiembre del 2014 hasta la tarde del sábado 27, cuando ya había pasado
todo. La noticia de la muerte tuvo un impacto traumático y ante la imposibilidad
de corroborar lo sucedido por la distancia, pasaron horas de mucha angustia hasta
que el tío Cuitláhuac, Marisa y la señora Micaela Cahuantzi, madre de Marisa,
reconocieron el cuerpo de Julio César y lo pudieron llevar de vuelta.

El conocimiento de la forma en que fue asesinado Julio César, y la extrema


crueldad genera un impacto traumático particular en la familia, que se profundizó
con los resultados de la segunda necropsia. A partir de las entrevistas realizadas,
se observa que la familia enfrenta un proceso de duelo traumático, caracterizado
por el dolor intenso y permanente, en detrimento de su proyecto de vida, la
disponibilidad emocional de los familiares hacia otros miembros de su familia y
la dificultad de dar sentido a la pérdida traumática.

El duelo traumático ha sido cronificado por los siguientes eventos retraumatizantes:


la deficiente necropsia que se realizó inicialmente hizo necesaria una inhumación
y una segunda necropsia para determinar la causa y modo de muerte,46 y las lesiones
en el cuerpo de Julio César; la dilación injustificada y el trato hacia los restos
de Julio César durante la segunda necropsia; y las acciones de las autoridades,
incluyendo la criminalización y las irregularidades en la investigación.

La familia enfrenta un proceso difícil y complejo de elaboración del duelo.


Se observa que la búsqueda de justicia representa un soporte psíquico en este
46
En noviembre del 2015 el cuerpo de Julio César fue exhumado para que se le llevaran a cabo nuevos dictámenes de
necropsia, volviendo a ser inhumado en febrero del 2016.

242
proceso, así como la participación en el movimiento amplio de las víctimas de
los hechos del 26 y 27 de septiembre en Iguala.

Resumen de los impactos por el asesinato


de Julio César Mondragón Fontes en su familia de origen

• La noticia del asesinato de Julio César, como parte de los eventos


violentos ocurridos en la noche del 26 y 27 de septiembre en Iguala,
marca en la familia un momento crítico en sus vidas. Perder a Julio
César en esos eventos fue una situación inexplicable,47 inesperada,
abrupta y de tardía corroboración.
• El duelo por la muerte de Julio César no está ligado únicamente a
la pérdida de un ser querido, sino a la complejidad que representa la
elaboración de un duelo traumático por las características violentas
de su asesinato, así como de la incapacidad que han tenido las
autoridades correspondientes de esclarecer los hechos y sancionar a
los responsables, de tal forma que permitan dar sentido al hallazgo
aislado del cuerpo torturado y rostro desollado de Julio César, en
relación a las demás escenas de los eventos violentos que formaron
parte de la noche del 26 y 27 de septiembre en Iguala Guerrero.
• La reproducción de la imagen de Julio César sin rostro en medios
amarillistas de comunicación, así como en las redes sociales, es
una situación extrema de inhumanización a la que la familia estará
expuesta de manera continuada, profundizando el trauma.
• Por el proceso de exhumación, se presenta la retraumatización de
todo lo que vivieron los días posteriores al asesinato de Julio César.
Situación que se pudo haber evitado de haberse practicado los
informes periciales correspondientes de manera ética y profesional
tras los eventos ocurridos.
• De acuerdo con su familia, no es el mismo el daño producido por
el impacto de los estudiantes desaparecidos, de los estudiantes
sobrevivientes, de los otros dos estudiantes muertos, en relación a
las circunstancias de Julio César, pues consideran tener impactos

47
Si bien la familia Mondragón conocía previamente de los posibles riesgos que conlleva ser estudiante de una Normal
Rural, nunca imaginaron la magnitud de un evento violento como del que Julio César fue objeto. No había habido precedente
alguno en la lucha social de nuestro país, que a un joven estudiante apareciera sin rostro como ocurrió con Julio César.
Inclusive en la diversidad de hechos ocurridos la noche del 26 y 27 de septiembre del 2014 en Iguala, Guerrero, no hay un
caso similar dentro de las decenas de víctimas directas.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 243


diferentes por el dolor de saber la forma en que lo trataron antes de
morir y por lo que han vivido posterior a su muerte, en sus esfuerzos
de probar, de comprobar: “Tuvimos que sacarlo de nuevo y volver a
meter, es que digan unos, que digan otros, generando en nosotros,
día a día, noticia tras noticia, siempre un impacto nuevo”. Esto lo
viven con particularidades en relación al resto de las víctimas de
los ataques de aquella noche en Iguala; sin embargo, saben que son
parte de un mismo grupo de víctimas que esperan verdad y justicia,
por lo que continuarán luchando en conjunto.
• Las actuaciones de las autoridades y las irregularidades en la
investigación han generado desconfianza en la familia, sin embargo
apuestan a seguir luchando por que las cosas se esclarezcan y tengan
acceso a la justicia. Presentan formas de afrontamiento propias,
como la participación activa y pública que han tenido para dar con la
verdad. De igual manera se observa la resignificación de la pérdida,
transformando la ausencia de Julio César en un móvil de búsqueda
de justicia para sí mismos y para las demás víctimas de nuestro país.

244
VII. Impactos psicosociales en niños y niñas
familiares de normalistas desaparecidos y privados
de la vida en Iguala
E
ste apartado describe el impacto psicosocial de los hechos del 26 y
27 de septiembre de 2014 en los niños y niñas, hijos, hijas, hermanos
y sobrinos de estudiantes normalistas desaparecidos y asesinados.
Ellos y ellas han sufrido los impactos traumáticos de la pérdida y
de los cambios en la familia, incluyendo la pérdida ambigua y los
cambios en la dinámica familiar alrededor de la búsqueda de los estudiantes
desaparecidos. En el presente capítulo se busca visibilizar los efectos en los niños
y niñas como víctimas de los ataques del 26 y 27 de septiembre en Iguala, y
brindar pautas para implementar programas de atención y seguimiento a sus
necesidades específicas.

Un primer paso para realizar este trabajo fue acercarnos a los familiares de los
estudiantes normalistas desaparecidos para explicar la importancia de recuperar
las consecuencias en los niños y niñas en el presente diagnóstico. En general, los
padres, madres y familiares expresaron su preocupación frente a los impactos
de la desaparición forzada que han visto en los niños y niñas, así como los que
se derivan de la ausencia de los padres, madres o cuidadores principales de los
niños para dedicarse a la búsqueda y movilización.

Las madres, padres y familiares relataron que han observado cambios en el


comportamiento de los niños y niñas, baja en el rendimiento escolar, cambios
repentinos en el estado de ánimo, irritabilidad y problemas de concentración.
Los niños y niñas se muestran preocupados o inquietos, intentan no causar
problemas a sus familiares, no disfrutan las actividades que antes les gustaban,
lloran cuando hablan de sus familiares desaparecidos, sueñan que regresan y
al mismo tiempo se vuelven a ir, presentan ambivalencia entre querer saber y
no sobre lo que pasa con sus familiares desaparecidos, y preocupación por sus
familiares que se encargan de la búsqueda.

Uno de los padres de los estudiantes normalistas desaparecidos, expresa así su


preocupación por sus nietos que sufren la ausencia de su padre:

Más que nada pensar en mis nietos, ellos son lo más grande para nosotros, ellos están
chiquillos. No saben qué es una desaparición o un asesinato. A ellos les perjudica porque
empiezan a sentir rabia, rencor y para mí no quiero que vayan a ir por otro lado, porque a
ellos se les ha perjudicado. El niño sabe más lo que realmente pasó. Él se acuerda. Tuvo
problemas en la escuela. Tuvo problemas con la maestra, en el estudio también, con sus
compañeros. Lo tuvimos que cambiar a otra escuela. Y ahorita […] ya empezaron a agarrar

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 247


confianza otra vez, ya va más mejor. A veces recae otra vez. Se acuerda de su papá. Le
hace que pues recordar y pues se pone pensativo. De decir dónde está, cuándo va llegar.
Yo le digo: “En cualquier ratito”. La chiquilla también, a través del grande se acuerda. A
veces oye que platican que se los llevaron los policías en el helicóptero. A veces cuando
ve un helicóptero dice: ”Ahí va mi papá”. Bueno, les grita que ya lo liberen. Y así pues.

Los padres y madres de los estudiantes normalistas desaparecidos sienten la


necesidad de tener recursos para comprender y apoyar a sus nietos, cuyos padres
están desaparecidos, y a sus hijos menores, y lo que resulta difícil porque al
mismo tiempo los adultos están rebasados por su propio dolor y la necesidad de
atender las tareas prácticas, de sostener económicamente a la familia y mantener
la búsqueda.

Una vez que se realizó esta plática general, nos acercamos a algunos de los
abuelos y madres para explicar la forma en que se abordaría el trabajo con los
niños y niñas, aclarar las dudas, sobre todo en relación a su preocupación de
que la intervención detonara aspectos que no se habían hablado con ellos. Esta
preocupación expresa la necesidad de proteger a los niños y las niñas del dolor
de la vivencia traumática, que se traduce en muchas ocasiones en la imposición
del silencio en la familia.

A partir del acuerdo con los abuelos y madres, el equipo se desplazó a la casa de
una familia, a la Escuela Normal de Ayotzinapa, en donde trabajó con un niño
y cuatro niñas de entre cuatro y nueve años, y al Centro de Derechos Humanos
“Miguel Agustín Pro Juárez” (Centro Prodh), en donde trabajó con la hermana
menor de un estudiante asesinado. Usamos el juego en su modalidad de dibujo
libre como técnica para interactuar con los niños. El juego es una necesidad
básica, que permite a los niños y niñas integrar sus percepciones, sensibilidad,
motricidad, inteligencia, afectividad y comunicación (Dolto, s/a; Esquivel, 2005).
Por medio del juego, en este caso el dibujo libre, las niñas y el niño pudieron
plasmar sus miedos, preocupaciones, las explicaciones que se dan frente a la
desaparición de su familiar. En este sentido, el juego posibilita la elaboración de
las experiencia traumática que supone la desaparición forzada.

248
Foto 1. Niños y niñas plasmando lo que sienten y piensan en dibujos.

A continuación se presentan los hallazgos a partir de la observación clínica


durante la intervención, y el análisis de lo expresado por los niños y niñas en los
dibujos y juegos.

Simbolizar la pérdida ambigua

El abordaje a través del dibujo libre permitió al niño y a las niñas hijas de
estudiantes normalistas desaparecidos representar la ausencia de sus padres y,
en el caso de los niños en edad escolar, hablar sobre su vivencia. La Niña 1, de 9
años, relata mientras dibuja:

Cuando pasó todos supimos, mi mamá lloró, se puso triste, yo no sabía qué estaba pasando.
Ahora sé un poco más, no sé nada, mejor que no me digan nada.

A veces sueño con mi papá, que es mi cumpleaños, no me lo esperaba, yo estaba pero no


estaba festejando, él llego y me desperté, estaba lleno de tierra.

A lo largo de su dibujo comenta que su papá le contaba cuentos por la noche.


A ella le gusta la misma música que a él, le entristece ver las fotografías donde

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 249


están juntos, dice que se siente triste y enojada, ha bajado de calificaciones y
menciona que le gustaría ser maestra como su papá.

La Niña 1 encuentra de esta manera una vía para el duelo a través de la


incorporación y la identificación con su padre, en el contexto de la pérdida
ambigua que implica al mismo tiempo la espera de que su padre regrese.

Dibujo 1.
Niña 1 de 9 años hija de un normalista
desaparecido, se dibuja junto a su padre y le envía
un mensaje: “Papi soy tu hija y quiero que regreses
toda tu familia te espera con los brazos abiertos”.

250
La ausencia y la espera

Los niños y las niñas que participaron en el presente informe enfrentan, al igual
que sus familias, un proceso de duelo complicado, puesto que la ausencia no se
puede significar como una pérdida definitiva porque enfrentan la incertidumbre de
no saber qué es lo que ocurrió con sus familiares desaparecidos, ni si están vivos
o no, pues no hay información que compruebe ninguna de las dos posibilidades.
Mientras los adultos se involucran en la búsqueda, los niños y las niñas viven una
espera permanente.

La Niña 2, de 9 años, sobrina de uno de los normalistas desaparecidos, cuenta


que ha soñado con él:

Sueño que regresa, que se lo habían llevado, que regresa y se lo vuelven a llevar en una
camioneta, me da tristeza. Veo como mi abuelita llora y pide que se lo regresen. Eso me
pone triste, llora y le pide a su otro hijo que le ayude a encontrarlo, dice que ella no se
puede divertir hasta que aparezca.

Buscando sentido a la ausencia

Las explicaciones sobre lo ocurrido han llegado poco a poco, sin tener aun
claridad ni certeza de lo que pasó, la información que se ha podido obtener ha
ido llegando a cuentagotas a otros familiares, entre ellos los niños/as, o aún
no ha sido posible transmitirla. En ambos casos sus familiares han intentado
protegerlos del dolor, la incertidumbre que da la información que surge y en la
que ellos mismos se encuentran.

Explicar a los niños y las niñas no es tarea fácil, pues los adultos también se
encuentran abrumados por tratar de entender la información y luego compartirla,
de tal forma que llega a los niños con miedo y dudas. Esto también como un
efecto normal frente a un hecho donde no se sabe qué ocurrió ni porque.

Los niños y las niñas buscan “sentido del porqué, cuál es la causa de que ellos
deben sufrir de ausencias” (Martínez, 2006. P. 130). Buscan un sentido frente
al vacío que deja la desaparición forzada de sus padres, y que se ahonda con la
falta de respuesta sobre su paradero o las causas de su desaparición. Los adultos
tampoco pueden dar respuesta a los niños porque ellos mismos no las tienen, por

252
lo que en ocasiones prefieren no hablar de lo que ocurre con los niños, como un
intento de protegerlos, o en medio de su dolor intentan dar alguna explicación.

La madre de la Niña 1 narra que su hija escuchó cuando les avisaron lo que
pasaba en la Normal; la niña no paraba de llorar, nadie sabía nada: “Cuando ella
pregunta le digo que le pida mucho a Dios que se lo regrese, que lo cuide y lo
proteja. Yo no tengo las palabras para explicarle qué paso, yo no lo entiendo. Ya
no vemos las noticias para no ponernos mal”.
Otra madre ha preferido hablar con sus dos hijos de lo que ocurre desde el principio
sobre la desaparición de su padre: “Ellos saben lo que pasa, yo le explico al más
grande cuando tengo que salir a qué voy y cuando regreso le platico lo que hice,
ellos saben desde el principio lo que pasa con su papá”.
Este intento de explicación ayuda a los niños a sintonizar lo que ven en la familia
y lo que sienten, con lo que está ocurriendo. Esto permite alguna elaboración
psíquica sobre la pérdida y el vacío de la desaparición forzada.

Los niños también han hecho un trabajo por entender y explicarse qué es
lo que pasa con sus familiares, a partir de lo que escuchan en los medios de
comunicación, la información que se maneja en sus comunidades, en sus escuelas,
lo que cuentan otros familiares, las personas que se acercan a ayudar. A partir de
estos referentes simbolizan parcialmente lo ocurrido.

A la pregunta “¿Qué crees que le paso a tu papá?”, Niño 1 de 9 años comenta:


“No sé, solo lo saben ellos —señala la puerta— [¿Ellos?], Sí, ellos”. Él dibuja un
campo militar donde tienen a su papá (Dibujo 2). De lado derecho hay 43 personas
de pie, del otro lado militares y policías estatales en una posición diferente. En
medio dos bases.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 253


Dibujo 2.
Un campo militar y 43 normalistas, realizado
por Niño 1, hijo de un normalista desaparecido.

En otro de sus dibujos (Dibujo 3) también plasma el ataque de policías


contra normalistas.

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Dibujo 3.
Enfrentamiento entre normalistas y policías.

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Dibujo 4.
De Niña 1, hija de un normalista desaparecido.

.Niña 1 explica de la siguiente forma lo que pasa con su padre (Dibujo 4):
Hace dos años que no sé nada de mi papá, yo ya crecí. Dicen que los quemaron, pero yo
no lo creo, ellos están en las montañas. Escuché que mi abuelito decía que los expertos
encontraron una lata de atún, a lo mejor son de ellos y es lo que comen. Él está en las
montañas, él está bien.

Dibujo 4. De Niña 1, hija de un normalista desaparecido.

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Dibujo 5. De una niña sobrina de un normalista,
dibuja que está aprendiendo a leer.

La Niña 3 comenta, mientras dibuja, que le gusta estar en la Normal porque se


puede jugar a las escondidillas: ·“Hay muchos lugares para esconderse y jugar a
las correteadas, él hacia dibujos muy bonitos, ahora su mamá me enseña a mí.”
Ella se explica de la siguiente forma lo que pasa con los estudiantes desaparecidos
(Dibujo 5): “A ellos los están buscando porque se perdieron, todos ellos se
perdieron, no sé qué con ellos, nadie sabe, él está perdido, no está, es como jugar
a las escondidillas pero él no quiere”.

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Dibujo 6. De Niña 2, donde explica que a su familiar
lo tienen trabajando y lo soltaran en algún momento.

Para la Niña 2, la razón por la que se llevaron a los normalistas es para obligarlos
a trabajar: “Ellos se los llevaron para trabajar, [¿Ellos?] Los del gobierno lo tienen
trabajando haciendo casas, los van a soltar cuando se cansen”. Lo ilustra de la
siguiente manera (Dibujo 6):

Ella misma tiene otra hipótesis: “Tal vez Peña Nieto se enojó con ellos porque no
votaron por él, y los hizo sufrir por eso, pero sí habían votado por él”.

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Los héroes rotos

Para los niños y niñas, la desaparición de sus padres y la falta de respuestas


a las preguntas ¿dónde está?, ¿por qué no está?, ¿cómo está?, comprometen la
confianza y la seguridad en el entorno social, y en particular en las que hasta
entonces eran figuras de autoridad y protección. En este caso, el conocimiento
de los niños sobre la participación de agentes del Estado en la desaparición de
sus padres genera una decepción y dirige los sentimientos de rabia hacia las
instituciones del Estado.

Ejemplo de ello es el juego de Niño 1, quien antes admiraba a los militares y quería
ser como ellos, pero ahora, según relata, les tiene coraje. Para su cumpleaños
hubo dos piñatas: “…una de un soldado y otra de policía estatal. La del policía
me duró 10 palazos, la del soldado menos”.

Las familias incompletas

La oportunidad de dibujar a sus familias permitió a los niños y las niñas hablar
sobre la tristeza, tanto de ellos mismos como de sus familiares, y de la fragilidad
que viven al sentir que su familia está incompleta. Niña 3, de 6 años, sobrina
de uno de los normalistas desaparecidos habla sobre cómo percibe a su familia:
“Estamos preocupados, mi abuelita sigue marchando porque no lo encuentran,
sigue luchando, no se rinde de hacer eso”.

Niña 4, de 4 años, hija de uno de los normalistas desaparecidos, mientras intenta


dibujar a su familia (Dibujo 7), dice: “No puedo dibujar a mi familia porque
somos tres nada más, yo no puedo dibujar a mi familia, mejor que me ayude mi
mamá. [¿Qué es lo que no puedes dibujar?] ¡A mi familia!, solo somos tres”.

A su familia le falta su padre, la familia completa como la conocía hasta ahora se


rompió con la desaparición, y ella no puede simbolizar esta ruptura. En su tono
de voz es notoria la angustia por la que atraviesa al tratar de explicar lo que es
obvio para ella, que no puede dibujar a su familia si su padre no está. Finalmente
resuelve esta tensión pidiendo ayuda a su mamá.

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Dibujo 7.
De Niña 4, hija de un normalista desaparecido, quien no puede dibujar a su familia porque está incompleta.

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Niño 1 dibuja a su mamá, a su papá (Dibujo 8), y pregunta: “¿Mi papá es más
alto, verdad? [¿Recuerdas si es más alto?] Sí, es más alto, así estaba ese día con
su short y una playera, yo con mi gorra y mi hermanita”.

Dibujo 8.
De Niño 1, de 9 años. Su familia; recuerda a su
padre como iba vestido la última vez que lo vio.
Para Niña 1, dibujar a su familia le permite simbolizar la falta de su papá y la
añoranza de su familia completa: “Me gustaría que mi familia estuviera más
alegre, los quisiera ver sonreír pero nos hace falta mi papá” (Dibujo 9).

Dibujo 9.
De Niña 1, de 9 años. Su familia.
Niña 2 dice que su familia ahora está más unida y hay que ayudar a los abuelos a
buscar a su hijo. Los representa de la siguiente forma (Dibujo 10):

Dibujo 10.
De Niña 2, sobrina de un normalista.
Una familia más unida.
Sobreadaptación

Se ha observado en niños y niñas conductas de sobreadaptación frente al


sufrimiento extremo producido por la desaparición de un miembro de la pareja
parental (Gómez E., 2013). Es decir, los niños aprenden a estar al pendiente de
las necesidades de los adultos más que de las propias e intentan cuidarlos. Por
esta razón los niños pueden dar la apariencia de sobremadurez o de ser pequeños
adultos. En el siguiente testimonio, una madre relata cómo un niño de 10 años,
hijo de uno de los estudiantes normalistas desaparecidos, se identifica con su
padre y asume el rol de “hombrecito” de la casa. Esta identificación le permite
enfrentar la ausencia, y al mismo tiempo busca “taparla”.

Pues por ejemplo, mi hijo a veces quiere como una persona, ya sea hombre, como
identificación de hombre, de que pues hay unas cosas que, dijera él: “Mami pues es que
tú eres mujer”. Y yo: “Ay pues sí, pues pero ni modo”. O el otro día que dice que una niña
se le declaró y cosas así […] “Ay, cómo me gustaría que mi papá estuviera, yo aquí a él
platicando, para que me dijera cómo te consiguió a ti mamá”. Y yo, “No pues estás muy
chico, hijo”. Me dice: “No, si yo lo sé, amá, pero me gustaría que mi papá me dijera que
estoy haciendo algo bien. Pero sé que mi papá donde quiera que él se encuentre me está
escuchando”. Entonces para mí eso es algo muy difícil también, “Que después el día de
mañana que yo quiera a mi papá para platicarle esto” y que yo no lo sepa porque está
esperando a su papá […] Como antes de que se fuera su papá también le dijo “Ay mijito,
cuando yo no esté, tu eres el hombrecito de la casa, acuérdate que tienes dos mujeres que
cuidar”. Entonces a veces él me dice, cuando me pongo triste: “Acuérdate mamá que mi pa
me dijo que cuando él no estuviera que yo estuviera en representación de él y aquí estoy
mamá”. Entonces es muy triste esta cosa, la verdad. [EFD04].

La soledad del duelo en una niña de 8 años

El equipo responsable de la elaboración del presente informe trabajó de manera


simultánea con la madre y la hermana menor, de 8 años, de uno de los jóvenes
asesinados (Niña 5). Niña 5 relata, respecto a la muerte de su hermano: “Mi
hermano el grande se murió, ya solo queda el chico. Él estudiaba para maestro,
hubo una balacera y lo mataron. Venían en un camión y les dispararon”.
Ella habla sobre como veía a sus padres cuando se enteraron de lo que pasó
con su hermano: “Antes no dormían, esperaban que él llegara, todos estábamos
dormidos menos ellos. Ya jamás duermen. Mis papás estaban tristes, nosotros
nos quedábamos con mi abuelita. Ahora no nos dejan platicar de él. Yo juego para
extrañarlo menos”.

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En este caso se observa que el proceso de duelo traumático de los padres, por la
pérdida violenta de su hijo, dificulta que puedan ser el soporte para el proceso
de duelo de su hija. En ese sentido el juego es un recurso que la niña utiliza para
elaborar la experiencia.

Al dibujar a su familia, Niña 5 dice que no le cambiaria nada, solo que su hermano
estuviera con ellos, para que siguiera jugando futbol (Dibujo 11): “Mi familia
está más tranquila ahora, la tristeza ya es poquita. Mis papás no nos dejan hablar
de él, nos regañan poquito si lo hacemos. No sé lo que paso, no pienso nada”.

Informe de impactos psicosociales de los ataques en Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014 273


Dibujo 11.
De Niña 5, de 8 años, hermana de un estudiante
asesinado. Una familia más tranquila, pero triste.

Esta niña da cuenta de un proceso de duelo por la pérdida traumática de su


hermano, que se apoya en el juego como recurso para simbolizar la pérdida y
en el apoyo de la familia extensa, dada la dificultad inicial de sus padres para
acompañar la elaboración del duelo, puesto que ellos estaban sumidos en su
propio dolor. El silencio sobre su hermano, dictado por sus padres, funciona como
un dique para no ser inundados por el dolor. Ella obedece para no causar más
dolor a sus padres, pero le deja un sentimiento de soledad. El juego y el dibujo
le permiten reconocer sus sentimientos de tristeza y añoranza de su hermano, y
avanzar un tramo en un proceso de duelo traumático.

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Dibujo 13.
De Niña 5. “La Virgen que nos cuida”.

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Conclusiones de los impactos en los niños y niñas familiares de los
estudiantes desaparecidos

Esta breve intervención acerca de los impactos de la desaparición forzada y la


ejecución de uno de los estudiantes normalistas en los niños y las niñas integrantes
de sus familias permite dar cuenta de las consecuencias traumáticas para ellos,
y la dificultad de simbolizar el vacío que deja la ausencia, no sólo porque esta no
se puede significar como una pérdida definitiva —sus padres no están ni vivos ni
muertos—, sino por la falta de respuestas a sus preguntas.

Frente al vacío, los niños y niñas construyen versiones sobre lo que ha ocurrido
a sus padres o familiares y se responden ellos solos, en la medida de sus
posibilidades, a las preguntas ¿dónde están?, �