EL CABALLERO CARMELO
(FRAGMENTO)
Llegamos a San Andrés. El pueblo estaba de fiesta. Banderas peruanas agitábanse sobre las casas por
el día de la Patria, que allí sabían celebrar con una gran
jugada de gallos a la que solían ir todos los hacendados y
ricos hombres del valle. En ventorrillos, a cuya entrada había
arcos de sauce envueltos en colgaduras, y de los cuales
pendían alegres quitasueños de cristal, vendían chicha de
bonito, butifarras, pescado fresco asado en brasas y
anegado en cebollones y vinagre. El pueblo los invadía,
parlanchín y endomingado con sus mejores trajes. Los
hombres de mar lucían camisetas nuevas de horizontales
franjas rojas y blancas, sombreros de junco, alpargatas y
pañuelos añudados al cuello. Nos encaminamos a "la
cancha". Una frondosa higuera daba acceso al circo, bajo
sus ramas enarcadas. Mi padre, rodeado de algunos
amigos, se instaló. Al frente estaba el juez y a su derecha el
dueño del paladín Ajiseco. Sonó una campanilla, acomodáronse las gentes y empezó la fiesta. Salieron,
por lugares opuestos dos hombres, llevando cada uno un gallo.
-¡El Ajiseco y el Carrnelo! -¡Cien soles de apuesta! ... Sonó la campanilla del juez y yo empecé a temblar.
En medio de la expectación general, salieron dos hombres, cada uno con su gallo. Se hizo un profundo
silencio y soltaron a los dos rivales. Nuestro Carmelo al lado del otro era un gallo viejo y achacoso; todos
apostaban al enemigo, como augurio de que nuestro gallo iba a morir. No faltó aficionado que anunciara
el triunfo del Carmelo, pero la mayoría de las apuestas favorecía al adversario. Una vez frente al
enemigo, el Carmelo empezó a picotear, agitó las alas y cantó estentóreamente. El otro, que en verdad
no parecía ser un gallo fino de distinguida sangre y alcurnia, hacía cosas tan petulantes cuan humanas:
miraba con desprecio a nuestro gallo y se paseaba como dueño de la cancha. Enardeciéronse los
ánimos de los adversarios, llegaron al centro y alargaron sus erizados cuellos, tocándose los picos sin
perder terreno. El Ajiseco dio la primera embestida; entablóse la lucha; las gentes presenciaban en
silencio la singular batalla y yo rogaba a la Virgen que sacara con bien a nuestro viejo paladín. Batíase
él con todos los aires de un experto luchador, acostumbrado a las artes azarosas de la guerra. Cuidaba
poner las patas armadas en el enemigo pecho, jamás picaba a su adversario -que tal cosa es cobardía-
, mientras que éste, bravucón y necio, todo quería hacerlo a aletazos y golpes de fuerza. Jadeantes, se
detuvieron un segundo. Un hilo de sangre corría por la pierna del Carmelo. Estaba herido, mas parecía
no darse cuenta de su dolor. Cruzáronse nuevas apuestas en favor del Ajiseco y las gentes felicitaban
ya al poseedor del menguado. En un nuevo encuentro, el Carmelo cantó, acordóse de sus tiempos y
acometió con tal furia que desbarató al otro de un solo impulso. Levantóse éste y la lucha fue cruel e
indecisa. Por fin, una herida grave hizo caer al Carmelo, jadeante... -¡Bravo! ¡Bravo el Ajiseco! gritaron
sus partidarios, creyendo ganada la prueba. Pero el juez, atento a todos los detalles de la lucha y con
acuerdo de cánones dijo: -Todavía no ha enterrado el pico, señores! En efecto, incorporóse el Carmelo.
Su enemigo, como para humillarlo, se acercó a él, sin hacerle daño. Nació entonces, en medio del dolor
de la caída, todo el coraje de los gallos de "Caucato". Incorporado el Carmelo, como un soldado herido,
acometió de frente y definitivo sobre su rival, con una estocada que lo dejó muerto en el sitio. Fue
entonces cuando el Carmelo que se desangraba, se dejó caer, después que el Ajiseco había enterrado
el pico. La jugada estaba ganada y un clamoreo incesante se levantó en la cancha. Felicitaron a mi
padre por el triunfo, y, como ésa era la jugada más interesante, se retiraron del circo, mientras resonaba
un grito entusiasta: -¡Viva el Carmelo!
Yo y mis hermanos o recibimos y lo condujimos a casa, atravesando por la orilla del mar el pesado
camino, y soplando aguardiente bajo las alas del triunfador que desfallecía.
PONEMOS A PRUEBA NUESTRA COMPRENSIÓN
EL CABALLERO CARMELO
LITERAL
1. Responde:
a. ¿En qué lugar transcurren los hechos narrados?
En pisco
2. ¿Cuál es el tema de la historieta?
a. Las apuestas
b. La vida en la provincia
c. Las fiestas populares
d. La evocación de un animal querido
3. Escribe V o F, según los datos que se deducen de la historieta
( V ) Roberto era el hermano mayor y había regresado después de muchos años
( F ) En Pisco, las peleas de gallo eran infrecuentes
( V ) El Carmelo era un hermoso gallo de pelea
( F ) El Carmelo pierde la pelea y muere enterrando el pico.
4. Completa este esquema según la secuencia de la historieta
El Caballero Carmelo
¿Qué sucede al ¿Qué conflictos ¿Cuál es el desenlace
inicio? importantes ocurren? de la historia?
Cuando los personajes
La realización de pelea El Carmelo gana la
llegan al lugar y
y el daño que se hace el pelea pero termina mal
narran como es el
Carmelo herido
pueblo
5. ¿Cuál crees que sea la intención del autor de este texto?
a. Describir la vida apacible de las provincias.
b. Recrear la crueldad y las consecuencias de las peleas de gallos.
c. Describir una tradición peruana ya olvidada.
d. Recrear una historia familiar vinculada a un querido gallo de pelea.