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Evangelii Nuntiandi

1) El documento habla sobre la importancia de la evangelización y el deber de la Iglesia de anunciar el Evangelio. 2) Resalta el ejemplo de Jesucristo como el primer y mayor evangelizador y describe sus métodos de predicación y signos evangélicos. 3) Argumenta que la evangelización es la vocación esencial de la Iglesia, la cual nació de la misión de Jesús y está llamada a continuar su tarea de llevar el mensaje del Evangelio a todos los hombres.

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Evangelii Nuntiandi

1) El documento habla sobre la importancia de la evangelización y el deber de la Iglesia de anunciar el Evangelio. 2) Resalta el ejemplo de Jesucristo como el primer y mayor evangelizador y describe sus métodos de predicación y signos evangélicos. 3) Argumenta que la evangelización es la vocación esencial de la Iglesia, la cual nació de la misión de Jesús y está llamada a continuar su tarea de llevar el mensaje del Evangelio a todos los hombres.

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INTRODUCCIÓN:

Compromiso Evangelizador

1. El esfuerzo orientado al anuncio del Evangelio a los hombres de nuestro tiempo es sin
duda un servicio a la comunidad cristiana e incluso a toda la humanidad; el deber de
confirmar a los hermanos, que hemos recibido del Señor constituye para nosotros un
cuidado de cada día, un programa de vida y de acción, ese deber, nos parece más
noble y necesario cuando se trata de alentar a nuestros hermanos en su tarea de
evangelizadores, a fin de que en estos tiempos de incertidumbre y malestar la cumplan
con creciente amor, celo y alegría.

Conmemorando tres acontecimientos

2. Al final del Año Santo la Iglesia se ha esforzado en anunciar el Evangelio a todos los
hombres, cumpliendo su deber de mensajera de la Buena Nueva en Jesucristo,
proclamada a partir de dos consignas fundamentales: “Vestíos del hombre nuevo” y
“reconciliaos con Dios” (objetivo).
Los propósitos en este décimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II se
resumen en uno solo: Hacer a la Iglesia del Siglo XX cada vez más apta para anunciar el
Evangelio a la humanidad del siglo XX. Queremos hacer esto un año después de la III
Asamblea General del Sínodo de los Obispos, consagrada a la evangelización;
decidieron ellos confiar al Pastor de la Iglesia universal el fruto de sus trabajos,
declarando que esperaban del Papa un impulso nuevo, capaz de crear tiempos nuevos
de evangelización en una Iglesia más arraigada en la fuerza y poder perennes de
Pentecostés.

Tema frecuente de nuestro pontificado

3. Ya antes del Sínodo, pusimos de relieve la importancia de este tema de la


evangelización. “Las condiciones de la sociedad –decíamos al Sacro Colegio
Cardenalicio del 22 de junio de 1973- nos obligan a revisar métodos, a buscar por
todos los medios el modo de llevar al hombre moderno el mensaje cristianos, en el
cual únicamente podrá hallar la respuesta a sus interrogantes y la fuerza para su
empeño de solidaridad humana” y añadíamos, para una respuesta válida a las
exigencias del Concilio, necesitamos absolutamente ponernos en contacto con el
patrimonio de fe que la Iglesia tiene el deber de preservar en toda su pureza y a la vez
el deber de presentarlo a los hombres de nuestro tiempo, de una manera
comprensible y persuasiva.

En la línea del Sínodo de 1974

4. Esta fidelidad a un mensaje del que somos servidores y a las personas a las que hemos
de trasmitirlo intacto y vivo, es el eje central de la evangelización. Esta platea tres
preguntas que el Sínodo de 1974 ha tenido presente:
-¿Qué eficacia tiene en nuestros días la energía escondida de la Buena Nueva, capaz
de sacudir profundamente la conciencia del hombre?
-¿Hasta dónde y cómo esta fuerza evangélica puede transformar verdaderamente al
hombre de hoy?
-¿Con qué métodos hay que proclamar el Evangelio para que su poder sea eficaz?

Estas preguntas desarrollan, en el fondo, la cuestión fundamental que la Iglesia se


propone hoy día

Después del Concilio y gracias al Concilio que ha constituido para ella una hora de Dios en
este ciclo de la historia, la Iglesia ¿es más o menos apta para anunciar el Evangelio y para
inserirlo en el corazón del hombre con convicción libertad de espíritu y eficacia?

Invitación a la reflexión y exhortación

5. la presentación del mensaje evangélico no constituye para la Iglesia algo de orden


facultativo. Este mensaje es necesario. Es único. De ningún modo podría ser reemplazado.
No admite indiferencia, ni sincretismo, ni acomodos. Representa la belleza de la
Revelación. Lleva consigo una sabiduría que no es de este mundo. Es capaz de suscitar por
sí mismo la fe, una fe que tiene su fundamento en la potencia de Dios. Es la Verdad.
Merece que el apóstol le dedique todo su tiempo, todas sus energías y si es necesario, le
consagre su propia vida.

I. DEL CRISTO EVANGELIZADOR A LA IGLESIA EVANGELIZADORA

Testimonio y misión de Jesús

6. El testimonio que el Señor da de Sí mismo, según San Lucas "Es preciso que anuncie
también el reino de Dios en otras ciudades” tiene un gran alcance, define en una sola frase
toda la misión de Jesús: "porque para esto he sido enviado”. Estas palabras alcanzan todo
su significado cuando Cristo se aplica a Sí mismo las palabras del profeta Isaías: "El Espíritu
del Señor está sobre mí, porque me ungió para evangelizar a los pobres".

Proclamar de ciudad en ciudad, sobre todo a los más pobres, con frecuencia los más
dispuestos, el gozoso anuncio del cumplimiento de las promesas y de la Alianza propuestas
por Dios, misión para la que Jesús se declara enviado por el Padre. Aspectos de su
Misterio: —Encarnación, los milagros, las enseñanzas, convocación de sus discípulos, envío
de los Doce, la cruz y la resurrección, la continuidad de su presencia en medio de los
suyos— forman parte de su actividad evangelizadora.

Jesús primer evangelizador

7. Jesús mismo, Evangelio de Dios, el primero y el más grande evangelizador, hasta la


perfección, hasta el sacrificio de su existencia terrena.

Evangelizar: No es fácil expresar en una síntesis completa el sentido, contenido, las formas
de evangelización tal como Jesús lo concibió y lo puso en práctica. Algunos aspectos
esenciales.
El anuncio del reino de Dios

8. Anuncia ante todo un reino, el reino de Dios, tan importante que, en relación a él, todo
se convierte en "lo demás", que es dado por añadidura. El Señor se complacerá en
describir de muy diversas maneras la dicha de pertenecer a ese reino, hecha de cosas que
el mundo rechaza, las exigencias del reino y su carta magna, los heraldos del reino, los
misterios del mismo, sus hijos, la vigilancia y fidelidad requeridas a quien espera su llegada
definitiva.

El anuncio de la salvación liberadora

9. Núcleo y centro de su Buena Nueva, Jesús anuncia la salvación, ese gran don de Dios
que es liberación de todo lo que oprime al hombre, sobre todo liberación del pecado y del
maligno; se logra de manera definitiva por su muerte y resurrección; pero debe ser
continuado a través de la historia hasta el día de la venida final del mismo Cristo, que
nadie sabe cuándo tendrá lugar, a excepción del Padre.

A costa de grandes sacrificios

10. Este reino y esta pueden ser recibidos por todo hombre, como gracia y misericordia;
pero cada uno debe conquistarlos con la fuerza, "el reino de los cielos está en tensión y los
esforzados lo arrebatan". Ante todo mediante una transformación profunda de la mente y
del corazón (Metanoia).

Predicación infatigable

11. Cristo llevó a cabo esta proclamación del reino de Dios, mediante la predicación
infatigable de una palabra, que no admite parangón con ninguna otra. Sus palabras
desvelan el secreto de Dios, su designio y su promesa cambian el corazón del hombre y su
destino.

Signos evangélicos

12. El realiza también esta proclamación de la salvación por medio de innumerables signos
que provocan estupor en las muchedumbres y las arrastran hacia Él. los pobres son
evangelizados, se convierten en discípulos suyos, se reúnen "en su nombre" en la gran
comunidad de los que creen en El. Jesús de quien Juan el Evangelista decía que había
venido y debía morir "para reunir en uno todos los hijos de Dios, que están dispersos".
Termina su revelación, completándola y confirmándola, con la manifestación hecha de Sí
mismo, con palabras y obras, con señales y milagros, y de manera particular con su
muerte, su resurrección y el envío del Espíritu de Verdad

Hacia una comunidad evangelizada y evangelizadora

13. Quienes acogen con sinceridad la Buena Nueva y la participación en la fe, se reúnen en
el nombre de Jesús para buscar juntos el reino, construirlo, vivirlo constituyen una
comunidad que es a la vez evangelizadora. La orden dada a los Doce: "Id y proclamad la
Buena Nueva", vale para todos los cristianos. Por esto Pedro los define "pueblo adquirido
para pregonar las excelencias del que os llamó de las tinieblas a su luz admirable. La Buena
Nueva del reino que llega y que ya ha comenzado, es para todos los hombres de todos los
tiempos. Aquellos que ya la han recibido y que están reunidos en la comunidad de
salvación, pueden y deben comunicarla y difundirla.

La evangelización, vocación propia de la Iglesia

14. La Iglesia tiene viva conciencia de que las palabras del Salvador: "Es preciso que
anuncie también el reino de Dios en otras ciudades", se aplican con toda verdad a ella
misma. Y por su parte ella añade Con gran gozo ¡Ay de mí, si no evangelizara!” Hemos
escuchado, al final de la Asamblea de octubre de 1974, estas palabras luminosas:
"Nosotros queremos confirmar una vez más que la tarea de la evangelización de todos los
hombres constituye la misión esencial de la Iglesia"; una tarea y misión que los cambios
amplios y profundos de la sociedad actual hacen cada vez más urgentes. Evangelizar
constituye, la dicha y vocación propia de la Iglesia. Ella existe para evangelizar, para
predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios,
perpetuar el sacrificio de Cristo en la santa Misa, memorial de su muerte y resurrección
gloriosa.

Vínculos recíprocos entre la Iglesia y la evangelización

15. —La Iglesia nace de la acción evangelizadora de Jesús y de los Doce., "Id pues, enseñad
a todas las gentes"]. "Ellos recibieron la gracia y se bautizaron, siendo incorporadas (a la
Iglesia) aquel día unas tres mil personas... Cada día el Señor iba incorporando a los que
habían de ser salvos"

—La Iglesia nacida, de la misión de Jesucristo, enviada por El, es ante todo su misión y su
condición de evangelizador lo que ella está llamada a continuar, no está nunca cerrada en
sí misma.

En ella, la vida íntima —la vida de oración, la escucha de la Palabra y de las enseñanzas de
los Apóstoles, la caridad fraterna vivida, el pan compartido tiene pleno sentido cuando se
convierte en testimonio, provoca la admiración y la conversión, se hace predicación y
anuncio de la Buena Nueva. La actividad de cada miembro constituye algo importante para
el conjunto.

—Evangelizadora, la Iglesia comienza por evangelizarse a sí misma. Tiene necesidad de


escuchar sin cesar lo que debe creer, las razones para esperar, el mandamiento nuevo del
amor. Pueblo de Dios inmerso en el mundo y, con frecuencia, tentado por los ídolos,
necesita saber proclamar "las grandezas de Dios", que la han convertido al Señor, y ser
nuevamente convocada y reunida por El. En una palabra, la Iglesia siempre tiene
necesidad de ser evangelizada, si quiere conservar su frescor, su impulso y su fuerza para
anunciar el Evangelio. El Concilio Vaticano II ha recordado, y el Sínodo de 1974 ha vuelto a
tocar insistentemente este tema de la Iglesia que se evangeliza a través de una conversión
y una renovación constante, para evangelizar al mundo de manera creíble.

—La Iglesia es depositaria de la Buena Nueva que debe ser anunciada. Las promesas de la
Nueva Alianza en Cristo, las enseñanzas del Señor y de los Apóstoles, la Palabra de vida, las
fuentes de la gracia y de la benignidad divina, el camino de salvación. Es el contenido del
Evangelio y, de la evangelización que ella conserva como un depósito viviente y precioso,
no para tenerlo escondido, sino para comunicarlo.

—Enviada y evangelizada, la Iglesia misma envía a los evangelizadores. Ella pone en su


boca la Palabra que salva, les explica el mensaje, les da el mandato que ella misma ha
recibido y les envía a predicar no a sí mismos o sus ideas personales sino un Evangelio del
que ni ellos ni ella son dueños y propietarios absolutos .

La Iglesia, inseparable de Cristo

16. Existe un nexo íntimo entre Cristo, la Iglesia y la evangelización.En este tiempo de la
Iglesia, es ella la que tiene a su cargo la tarea de evangelizar. Una tarea que no se cumple
sin ella, ni mucho menos contra ella.

Palabras del Evangelio: "el que a vosotros desecha, a mí me desecha"¿Cómo va a ser


posible amar a Cristo sin amar a la Iglesia, siendo así que el más hermoso testimonio dado
en favor de Cristo es el de San Pablo: "amó a la Iglesia y se entregó por ella"

II. ¿QUÉ ES EVANGELIZAR?

Complejidad de la acción evangelizadora

17. Se haya podido definir la evangelización en términos de anuncio de Cristo a aquellos


que lo ignoran, de predicación, de catequesis, de bautismo y de administración de los
otros sacramentos.

Ninguna definición parcial y fragmentaria refleja la realidad rica, compleja y dinámica que
comporta la evangelización,. Resulta imposible comprenderla si no se trata de abarcar de
golpe todos sus elementos esenciales.

Estos elementos siguen siendo profundizados, bajo la influencia del trabajo sinodal, en la
misma línea de los que nos ha transmitido el Concilio Vaticano II, sobre todo en Lumen
gentium, Gaudium et spes, Ad gentes.

Renovación de la humanidad...

18. Evangelizar significa para la Iglesia llevar la Buena Nueva a todos los ambientes de la
humanidad y, con su influjo, transformar desde dentro, renovar a la misma humanidad:
"He aquí que hago nuevas todas las cosas "Pero la verdad es que no hay humanidad nueva
si no hay en primer lugar hombres nuevos con la novedad del bautismo y de la vida según
el Evangelio.

... y de sectores de la humanidad

19. Para la Iglesia no se trata solamente de predicar el Evangelio en zonas geográficas cada
vez más vastas o poblaciones cada vez más numerosas, sino de alcanzar y transformar con
la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de
interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la
humanidad, que están en contraste con la palabra de Dios y con el designio de salvación.

Evangelización de las culturas

20. Lo que importa es evangelizar —de manera vital, en profundidad y hasta sus mismas
raíces— la cultura y las culturas del hombre, tomando siempre como punto de partida la
persona y teniendo siempre presentes las relaciones de las personas entre sí y con Dios.

El Evangelio, por consiguiente, la evangelización no se identifica ciertamente con la cultura


y son independientes con respecto a todas las culturas. Evangelio y evangelización no son
necesariamente incompatibles con ellas, sino capaces de impregnarlas a todas sin
someterse a ninguna.

La ruptura entre Evangelio y cultura es el drama de nuestro tiempo, como lo fue también
en otras épocas. Hay que hacer todos los esfuerzos con vistas a una generosa
evangelización de las culturas. Estas deben ser regeneradas por el encuentro con la Buena
Nueva. Pero este encuentro no se llevará a cabo si la Buena Nueva no es proclamada.

Importancia primordial del testimonio

21. La Buena Nueva debe ser proclamada en primer lugar, mediante el testimonio.

A través de este testimonio sin palabras, los cristianos hacen plantearse, a quienes
contemplan su vida, interrogantes irresistibles: ¿Por qué son así? ¿Qué es o quién es el
que los inspira? Este testimonio constituye ya de por sí una proclamación silenciosa, pero
muy clara y eficaz, de la Buena Nueva. Hay en ello un gesto inicial de evangelización;
testimonio que comporta presencia, participación, solidaridad y que es un elemento
esencial en la evangelización.

Necesidad de un anuncio explícito

22. El más hermoso testimonio se revelará a la larga impotente si no es esclarecido,


justificado —lo que Pedro llamaba dar "razón de vuestra esperanza" explicitado por un
anuncio claro e inequívoco del Señor Jesús. La Buena Nueva proclamada por el testimonio
de vida deberá ser tarde o temprano, proclamada por la palabra de vida. No hay
evangelización verdadera, mientras no se anuncie el nombre, la doctrina, la vida, las
promesas, el reino, el misterio de Jesús de Nazaret Hijo de Dios.

La Iglesia, impulsada continuamente por el deseo de evangelizar, no tiene más que una
preocupación: ¿a quién enviar para anunciar este misterio? ¿Cómo lograr que resuene y
llegue a todos aquellos que lo deben escuchar? Este anuncio —kerygma, predicación o
catequesis— adquiere un puesto tan importante en la evangelización, es en realidad
sinónimo. Sin embargo, no pasa de ser un aspecto.

Hacia una adhesión vital y comunitaria

23. El anuncio no adquiere toda su dimensión más que cuando es escuchado, aceptado,
asimilado y cuando hace nacer en quien lo ha recibido una adhesión de corazón. Adhesión
a las verdades que en su misericordia el Señor ha revelado, al programa de vida —ya
transformada— que él propone. Adhesión al reino, al "mundo nuevo . Tal adhesión, no
puede quedarse en algo abstracto y desencarnado, se revela concretamente por medio de
una entrada visible, en una comunidad de fieles que es en sí misma signo de la
transformación, signo de la novedad de vida: la Iglesia, sacramento visible de la salvación.
Pero a su vez, se expresara a través de otros signos: adhesión a la Iglesia, acogida de los
sacramentos que manifiestan y sostienen esta adhesión, por la gracia que confieren.

Impulso nuevo al apostolado

24 El que ha sido evangelizado evangeliza a su vez. He ahí la prueba de la verdad.

La evangelización, es un paso complejo, con elementos variados: renovación de la


humanidad, testimonio, anuncio explícito, adhesión del corazón, entrada en la comunidad,
acogida de los signos, iniciativas de apostolado. El mérito del reciente Sínodo ha sido el
habernos invitado constantemente a componer estos elementos, para tener la plena
comprensión de la actividad evangelizadora de la Iglesia.

En esta visión global lo que queremos ahora exponer, examinando el contenido de la


evangelización, los medios de evangelizar, precisando a quién se dirige el anuncio
evangélico y quién tiene hoy el encargo de hacerlo.

III. CONTENIDO DE LA EVANGELIZACIÓN

Contenido esencial y elementos secundarios

25. En el mensaje que anuncia la Iglesia hay muchos elementos secundarios, cuya
presentación depende de los cambios de circunstancias. Pero hay un contenido esencial,
una substancia viva, que no se puede modificar sin desnaturalizar gravemente la
evangelización misma.

Un testimonio al amor del Padre

26 Evangelizar es, ante todo, dar testimonio, de una manera sencilla y directa, de Dios
revelado por Jesucristo mediante el Espíritu Santo. Testimoniar que ha amado al mundo en
su Verbo Encarnado, ha dado a todas las cosas el ser y ha llamado a los hombres a la vida
eterna. Pero este testimonio resulta plenamente evangelizador cuando pone de manifiesto
para el hombre el Creador no es un poder anónimo y lejano: es Padre. "Nosotros somos
llamados hijos de Dios, y en verdad lo somos", por tanto, somos hermanos los unos de los
otros, en Dios.

Centro del mensaje: la salvación en Jesucristo

27. La evangelización también debe contener siempre —como base, centro y a la vez
culmen de su dinamismo— una clara proclamación de que en Jesucristo, Hijo de Dios
hecho hombre, muerto y resucitado, se ofrece la salvación a todos los hombres, como don
de la gracia y de la misericordia de Dios, salvación trascendente, escatológica, que
comienza ciertamente en esta vida, pero que tiene su cumplimiento en la eternidad.

Bajo el signo de la esperanza

28. La evangelización no puede por menos de incluir el anuncio profético de un más allá,;
más allá del hombre mismo, cuyo verdadero destino no se agota en su dimensión
temporal sino que nos será revelado en la vida futura. La evangelización comprende
además la predicación de la esperanza en las promesas hechas por Dios mediante la nueva
alianza en Jesucristo; la predicación del amor de Dios para con nosotros y de nuestro amor
hacia Dios, la predicación del amor fraterno para con todos los hombres de Dios, es el
núcleo del Evangelio; la predicación del misterio del mal y de la búsqueda activa del bien.
Predicación cada vez más urgente, de la búsqueda del mismo Dios a través de la oración,
sobre todo de adoración y de acción de gracias y también a través de la comunión con ese
signo visible del encuentro con Dios que es la Iglesia de Jesucristo; la participación en esos
otros signos de Cristo, viviente y operante en la Iglesia, que son los sacramentos. Porque la
totalidad de la evangelización, aparte de la predicación del mensaje, consiste en implantar
la Iglesia, la cual no existe sin la Eucaristía.

Un mensaje que afecta a toda la vida

29. La evangelización lleva consigo un mensaje explícito, adaptado a las diversas


situaciones y constantemente actualizado, sobre los derechos y deberes de toda persona
humana, la vida familiar, sin la cual apenas es posible el progreso personal, sobre la vida
comunitaria de la sociedad, sobre la vida internacional, la paz, la justicia, el desarrollo; un
mensaje, especialmente vigoroso en nuestros días, sobre la liberación.

Un mensaje de liberación

30. Es bien sabido en qué términos hablaron durante el reciente Sínodo numerosos
obispos de todos los continentes y sobre todo, los obispos del Tercer Mundo, haciendo
llegar las voces de millones de hijos de la Iglesia que forman tales pueblos. Pueblos
empeñados con todas sus energías en el esfuerzo y en la lucha por superar todo aquello
que los condena a quedar al margen de la vida: hambres, enfermedades crónicas,
analfabetismo, depauperación, injusticia en las relaciones internacionales y,
especialmente, en los intercambios comerciales, situaciones de neocolonialismo
económico y cultural. La Iglesia, repiten los obispos, tiene el deber de anunciar la
liberación de millones de seres humanos, entre los cuales hay muchos hijos suyos; el deber
de ayudar a que nazca esta liberación, de dar testimonio de la misma, de hacer que sea
total.

En conexión necesaria con la promoción humana

31. Entre evangelización y promoción humana (desarrollo, liberación) existen lazos muy
fuertes, de orden antropológico, porque el hombre que hay que evangelizar no es un ser
abstracto, sino un ser sujeto a los problemas sociales y económicos. Lazos de orden
teológico, no se puede disociar el plan de la creación del plan de la redención que llega
hasta situaciones muy concretas de injusticia, que hay que combatir y de justicia que hay
que restaurar. Vínculos de orden eminentemente evangélico, la caridad: ¿cómo proclamar
el mandamiento nuevo sin promover, mediante la justicia y la paz, el verdadero, el
auténtico crecimiento del hombre? No es posible aceptar "que la obra de evangelización
pueda o deba olvidar las cuestiones extremadamente graves. Si esto ocurriera, sería
ignorar la doctrina del.

Las mismas voces que abordaron durante el Sínodo este tema acuciante, adelantaron los
principios iluminadores como la ha anunciado y realizado Jesús de Nazaret y la predica la
Iglesia.

Sin reducciones ni ambigüedades

32. Cristianos generosos, sensibles a las cuestiones dramáticas que lleva consigo el
problema de la liberación, al querer comprometer a la Iglesia en el esfuerzo de liberación
han sentido con frecuencia la tentación de reducir su misión a las dimensiones de un
proyecto puramente temporal; la salvación, de la cual ella es mensajera y sacramento, a
un bienestar material. Por eso quisimos subrayar en la apertura del Sínodo "la necesidad
de reafirmar claramente la finalidad específicamente religiosa de la evangelización. Esta
última perdería su razón de ser si se desviara del eje religioso que la dirige: ante todo el
reino de Dios, en su sentido plenamente teológico".

La liberación evangélica...

33. —No puede reducirse a la simple y estrecha dimensión económica, política, social o
cultural, debe abarcar al hombre entero, en todas sus dimensiones, incluida su apertura al
Absoluto, que es Dios;

—Va unida a una cierta concepción del hombre, a una antropología que no puede nunca
sacrificarse a las exigencias de una estrategia cualquiera, praxis o de un éxito a corto plazo.

... centrada en el reino de Dios...

34. Al predicar la liberación y al asociarse a aquellos que actúan y sufren por ella, la Iglesia
no admite el circunscribir su misión al solo terreno religioso, desinteresándose de los
problemas temporales del hombre; sino que reafirma la primacía de su vocación espiritual,
rechaza la substitución del anuncio del reino por la proclamación de las liberaciones
humanas, y proclama su contribución a la liberación no sería completa si descuidara
anunciar la salvación en Jesucristo.

... en una visión evangélica del hombre...

35. La Iglesia asocia, pero no identifica nunca, liberación humana y salvación en Jesucristo,
sabe por revelación, por experiencia histórica y por reflexión de fe, que no toda noción de
liberación es necesariamente coherente y compatible con una visión evangélica del
hombre, cosas y acontecimientos.

Es más, la Iglesia está plenamente convencida de que toda liberación temporal, toda
liberación política —por más que ésta se esfuerce en encontrar su justificación en tal o
cual página del Antiguo o del Nuevo Testamento; por más que acuda, para sus postulados
ideológicos y sus normas de acción, a la autoridad de los datos y conclusiones teológicas;
por más que pretenda ser la teología de hoy— lleva dentro de sí misma el germen de su
propia negación y decae del ideal que ella misma se propone, desde el momento en que
sus motivaciones profundas no son las de la justicia en la caridad, la fuerza interior que la
mueve no entraña una dimensión verdaderamente espiritual y su objetivo final no es la
salvación y la felicidad en Dios.

... que exige una necesaria conversión

36. La Iglesia considera ciertamente importante y urgente la edificación de estructuras más


humanas, más justas, más respetuosas de los derechos de la persona, los sistemas más
idealizados se convierten pronto en inhumanos si o hay una conversión de corazón y de
mente por parte de quienes viven en esas estructuras o las rigen.

Exclusión de la violencia

37. La Iglesia no puede aceptar la violencia, sobre todo la fuerza de las armas, ni la muerte,
como camino de liberación, la violencia engendra inexorablemente nuevas formas de
opresión. No es ni cristiana ni evangélica, y que los cambios bruscos o violentos de las
estructuras serán engañosos, ineficaces en sí mismos y no conformes con la dignidad del
pueblo".

Contribución específica de la Iglesia

38. La Iglesia toma una conciencia cada vez más viva, esencialmente evangélica, de
colaborar a la liberación de los hombres. ¿Qué hace? Suscitar cada vez más numerosos
cristianos que se dediquen a la liberación de los demás. A estos cristianos "liberadores" les
da una inspiración de fe, motivación de amor fraterno, doctrina social que debe ponerla
como base de su prudencia y de su experiencia para traducirla en acción, de participación
y de compromiso. Sin que se confunda con actitudes tácticas ni con el servicio a un sistema
político.

La liberación que proclama y prepara la evangelización es la que Cristo mismo ha


anunciado y dado al hombre con su sacrificio.

Libertad religiosa

39. Justa liberación, vinculada a la evangelización, que trata de lograr estructuras que
salvaguarden la libertad humana, la libertad religiosa ocupa un puesto de primera
importancia. Todavía hoy, cristianos, viven sofocados por una sistemática opresión.

IV. MEDIOS DE EVANGELIZACIÓN

A la búsqueda de los medios adecuados

40. Este problema de cómo evangelizar es siempre actual, porque las maneras de
evangelizar cambian según las diversas circunstancias de tiempo, lugar, cultura; eso
plantean un desafío a nuestra capacidad de descubrir y adaptar.
A nosotros, Pastores de la Iglesia, incumbe especialmente el deber de descubrir con
audacia y prudencia, conservando la fidelidad al contenido, las formas más adecuadas y
eficaces de comunicar el mensaje evangélico.

El testimonio de vida

41. Para la Iglesia el primer medio de evangelización consiste en un testimonio de vida


auténticamente cristiana, entregada a Dios en una comunión que nada debe interrumpir y
a la vez consagrada igualmente al prójimo con un celo sin límites. San Pedro lo expresaba
bien cuando exhortaba a una vida pura y respetuosa, para que si alguno se muestra
rebelde a la palabra, sea ganado por la conducta. La Iglesia evangelizará al mundo,
mediante un testimonio vivido de fidelidad a Jesucristo, de pobreza y desapego de los
bienes materiales, de libertad frente a los poderes del mundo, en una palabra de santidad.

Una predicación viva

42. La importancia y necesidad de la predicación: "Pero ¿cómo invocarán a Aquel en quien


no han creído? ¿Cómo creerán sin haber oído de Él? ¿Cómo oirán si nadie les predica?...
Luego, la fe viene de la audición, y la audición, por la palabra de Cristo”.

Sabemos que el hombre moderno, hastiado de discursos, se muestra cansado de escuchar


e inmunizado contra las palabras, para vivir hoy en la civilización de la imagen. Esto
debería impulsarnos a utilizar, en la transmisión del mensaje evangélico, los medios
modernos. Se han realizado esfuerzos muy válidos, no podemos menos de alabarlos y
alentarlos a desarrollarse aún más. Es la Palabra oída la que invita a creer.

Liturgia de la Palabra

43. Esta predicación evangelizadora toma formas muy diversas, que el celo sugeriría cómo
renovar constantemente. Son innumerables los acontecimientos de la vida y las
situaciones humanas que ofrecen la ocasión de anunciar, de modo discreto pero eficaz, lo
que el Señor desea decir en una determinada circunstancia. Esta predicación, inserida de
manera singular en la celebración eucarística, de la que recibe una fuerza y vigor
particular, tiene un puesto especial en la evangelización, en la medida en que expresa la fe
profunda del ministro sagrado que predica y está impregnada de amor. Los fieles esperan
mucho de esta predicación y sacan fruto de ella con tal que sea sencilla, clara, directa,
profundamente enraizada en la enseñanza evangélica y fiel al Magisterio de la Iglesia,
animada por un ardor apostólico equilibrado, llena de esperanza, fortificadora de la fe y
fuente de paz y unidad.

La catequesis

44. A propósito de la evangelización, un medio que no se puede descuidar es la enseñanza


catequética. La inteligencia, tratándose de niños y adolescentes, necesita aprender
mediante una enseñanza religiosa sistemática los datos fundamentales de la verdad que
Dios ha querido transmitirnos y que la Iglesia ha procurado expresar cada vez más perfecta
a lo largo de la historia. Esta enseñanza se ha de impartir con el objeto de educar las
costumbres, no de estacionarse en un plano meramente intelectual. El esfuerzo de
evangelización será provechoso, a nivel de la enseñanza catequética dada en la iglesia, en
las escuelas donde sea posible o en los hogares cristianos. Textos apropiados, puestos al
día sabia y competentemente, bajo la autoridad de los obispos. Los métodos deberán ser
adaptados a la edad, a la cultura, a la capacidad de las personas, tratando de fijar en la
memoria, la inteligencia y el corazón las verdades esenciales que deberán impregnar la
vida entera. Ante todo, es menester preparar buenos catequistas —catequistas
parroquiales, instructores, padres— deseosos de perfeccionarse en este arte superior,
indispensable y exigente. Por lo demás, sin necesidad de descuidar la formación de los
niños, las condiciones actuales hacen cada día más urgente la enseñanza catequética bajo
la modalidad de un catecumenado para un gran número de jóvenes y adultos que, tocados
por la gracia, descubren poco a poco la figura de Cristo y sienten la necesidad de
entregarse a Él.

Utilización de los medios de comunicación social

45. En nuestro siglo, el primer anuncio, la catequesis o el ulterior ahondamiento de la fe,


no pueden prescindir de esos medios, ellos ofrecen la posibilidad de extender casi sin
límites el campo de audición de la Palabra de Dios.

El empleo de los medios de comunicación social en la evangelización supone casi un


desafío: el mensaje evangélico deberá llegar, a través de ellos, a las muchedumbres, con
capacidad para penetrar en las conciencias, para posarse en el corazón de cada hombre
para suscitar en favor suyo una adhesión y un compromiso verdaderamente personal.

Contacto personal indispensable

46. Conserva toda su validez e importancia esa transmisión de persona a persona. El Señor
la ha practicado frecuentemente y lo mismo han hecho los Apóstoles. Los sacerdotes que,
a través del sacramento de la penitencia o a través del diálogo pastoral, se muestran
dispuestos a guiar a las personas por el camino del Evangelio, a alentarlas en sus esfuerzos,
a levantarlas si han caído, a asistirlas siempre con discreción y disponibilidad.

La función de los sacramentos

47. La evangelización no se agota con la predicación y la enseñanza de una doctrina. Debe


conducir a la vida: a la vida natural a la que da un sentido nuevo gracias a las perspectivas
evangélicas que le abre; a la vida sobrenatural, que no es una negación, sino purificación y
elevación de la vida natural. Esta vida sobrenatural encuentra su expresión viva en los siete
sacramentos y en la admirable fecundidad de gracia y santidad que contienen.

Es seguro que si los sacramentos se administran sin darles un sólido apoyo de catequesis
sacramental y de catequesis global, se acabaría por quitarles gran parte de su eficacia. La
finalidad de la evangelización es educar en la fe y no a recibir de modo pasivo o apático los
sacramentos.
Piedad popular

48. Un aspecto de la evangelización que no puede dejarnos insensibles. Designada en


nuestros días con el término de religiosidad popular.

Se descubren en el pueblo expresiones particulares de búsqueda de Dios y de la fe.


Consideradas durante largo tiempo como menos puras, y a veces despreciadas. Durante el
Sínodo, los obispos estudiaron a fondo el significado de las mismas. La religiosidad
popular, tiene ciertamente sus límites. Está expuesta frecuentemente a muchas
deformaciones de la religión, es decir, a las supersticiones. Se queda frecuentemente a un
nivel de manifestaciones culturales, sin llegar a una verdadera adhesión de fe. Puede
incluso conducir a la formación de sectas y poner en peligro la verdadera comunidad
eclesial.

Pero cuando está bien orientada, sobre todo mediante una pedagogía de evangelización,
contiene muchos valores. Refleja una sed de Dios que solamente los pobres y sencillos
pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata
de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la
paternidad, la providencia, la presencia amorosa y constante. Engendra actitudes
interiores que raramente pueden observarse en el mismo grado en quienes no poseen esa
religiosidad: paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, desapego, aceptación de los
demás, devoción.

Bien orientada, esta religiosidad popular puede ser cada vez más, para nuestras masas
populares, un verdadero encuentro con Dios en Jesucristo.

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