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El Hermano de Hugo

Hugo tiene su primer día de escuela primaria. Su hermano mayor Humberto rompe su lonchera favorita y lo molesta constantemente, aunque a veces también juega con él. En la escuela, unos niños más grandes se burlan de Hugo por su lonchera nueva y lo empujan, hiriéndolo. Humberto defiende a Hugo y lo invita a jugar fútbol después, aunque siguen peleando a veces, Hugo sabe que puede contar con el apoyo de su hermano cuando lo necesita.
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El Hermano de Hugo

Hugo tiene su primer día de escuela primaria. Su hermano mayor Humberto rompe su lonchera favorita y lo molesta constantemente, aunque a veces también juega con él. En la escuela, unos niños más grandes se burlan de Hugo por su lonchera nueva y lo empujan, hiriéndolo. Humberto defiende a Hugo y lo invita a jugar fútbol después, aunque siguen peleando a veces, Hugo sabe que puede contar con el apoyo de su hermano cuando lo necesita.
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El hermano de Hugo

Hugo despertó muy temprano, quería estar listo para


su primer día de escuela.

Se puso su uniforme, se lavó la cara, se peinó y bajó a


desayunar. Su mamá le preparó su comida favorita:
huevos con jamón.

-¿Estás emocionado por tu primer día de clases?

-¡Mucho! ¡Me quiero llevar la lonchera azul!

-Lo siento, chiquito. Ayer me la llevé a mi paseo y se rompió. Fue un


accidente -. Dijo

el hermano de Hugo desde la escalera. Cuando Hugo lo vio se dio cuenta


que Humberto, su hermano, estaba sonriendo.
-¡Mamá! Era mi lonchera preferida -gritó Hugo-, seguramente lo hizo a
propósito.

-¡Claro que no! Fue un accidente, ya dije que lo siento, ¿qué, vas a llorar,
bebito?

-¡No me digas bebito! ¡Mamá!

-Compórtate, Humberto, no molestes a tu hermano y desayunen rápido


que ya tienen que irse a la escuela. Hugo, te voy a poner tu sandwich en la
mochila y mañana vamos a comprarte otra lonchera.

Hugo quería llorar, pero no lo hizo para demostrarle a su hermano que no


era un niño pequeño.
Hugo tiene seis años y su hermano, Humberto, tiene 10. Hugo quiere a su
hermano más que a nada en el mundo, pero sospechaba que su hermano
no lo quería a él.

Humberto se había dedicado a hacerle la vida insoportable desde que


nació. En las fotos familiares se veía que Humberto siempre estaba
haciendole alguna travesura a Hugo, le había quebrado o perdido todos sus
juguetes favoritos y siempre lo hacía llorar porque no quería jugar con él.

Hugo no entendía por qué su hermano lo trataba tan mal.

Cuando llegó de la escuela se encontró con la sorpresa de que


su mamá le había comprado una lonchera nueva que tenía una
imagen de su caricatura favorita, eso estaba muy bien porque a
Humberto ya no le gustaban las caricaturas así que no la usaría
para nada.

-¡Gracias mami! Me gustó mucho.

-Esta muy ridícula -dijo Humberto-. Es para niños de kinder.

-¡Humberto! Deja en paz a tu hermano y ponte a hacer la tarea.

Hugo no dijo nada, pero se sintió un poco mal y ya no quería llevarse la


lonchera al día siguiente, no quería ir a la primaria con una lonchera de
niño de kinder.

Esa tarde pasó algo inusual, ¡Humberto lo invitó a jugar fútbol con sus
amigos!

Hugo no lo podía creer, aceptó encantado y pasó toda la tarde jugando con
su hermano y sus amigos, bueno, a él le tocó ser el portero, le dieron
varios balonazos, uno en especial le pegó muy fuerte en la cara, pero no
lloró, quería ser valiente y fuerte como su hermano.

Hugo admiraba mucho a Humberto, le gustaba ver cómo su


hermano dominaba el balón, cómo corría veloz por toda
la cancha y cómo tiraba goles. Al finalizar el partido,
Humberto le puso el brazo en los hombros y le dijo -buen
juego, solo te metieron cinco goles, no está mal para ser tu
primer partido con nosotros.

-¿Eso significa que me vas a invitar a jugar de nuevo con


ustedes?

-No lo sé, eso depende de cómo te portes-le dijo Humberto. Hugo estaba
tan contento que abrazó a su hermano y le quiso dar un beso en la mejilla,
pero Hugo lo apartó con brusquedad y le gritó que lo dejara en paz.

-Lo siento -dijo Hugo-. ¿Cuándo vamos a jugar de nuevo?

-Ya no te voy a traer, te portas como un bebé – contestó Humberto.

-Pero, tú dijiste… me habías dicho que sí jugaría de nuevo con ustedes.

-Dije que dependería de cómo te portes y no te portaste bien.

-Humberto, discúlpame, déjame jugar, por favor.

Humberto no contestó. Hugo odiaba que su hermano se portara bien con


él y al momento siguiente lo ignorara. En la noche platicó con su mamá y
le contó lo que había pasado con su hermano.

-Él te quiere mucho -le dijo su mamá-, solo que está creciendo y a veces
se siente confundido, te puede molestar un poco, aunque no tenga idea de
por qué lo hace.
-¿Le dices que me lleve a jugar mañana con él?

-Sí, no te preocupes, seguramente para mañana se le olvida todo y él


mismo te invitará a jugar.

Al día siguiente, Hugo se llevó su lonchera nueva a la escuela.


Sus compañeros de clases no se burlaron de él, pero cuando salieron al
recreo unos niños de sexto sí lo hicieron.
-¡Ay! Miren al pequeñito con su lonchera de bebé.

-Te equivocaste de escuela, la entrada al kinder es por la otra puerta.

Hugo caminó para alejarse de los niños que lo molestaban, no entendía


porque le decían esas cosas. Quería llorar, pero no quería que se burlaran
más de él así que hizo un gran esfuerzo para contener las lágrimas.

El niño que había comenzado a molestarlo lo aventó, Hugo, que


no esperaba el golpe, se cayó. Sintió mucho dolor en la rodilla y las
lágrimas salieron de sus ojos sin que pudiera evitarlo. Su pantalón estaba
roto y de su rodilla salía sangre.

Los niños de sexto se reían sin ayudarlo a levantarse, el sandwich de Hugo


estaba en el suelo, cubierto de tierra. Otros niños se acercaron a ver lo que
sucedía, pero ninguno parecía dispuesto a ayudar a Hugo.
-¿Oye, qué te pasa? Es mi hermano, no te metas con él -. Hugo escuchó la
voz de Humberto y se limpió las lágrimas rápido para que su hermano no
lo viera llorar.

-¿Y a mí que me importa que sea tu hermano? Tú eres tan ridículo como
él.

-Aquí el único ridículo eres tú, por maltratar a niños pequeños e


indefensos. Además, eres un cobarde porque no te atreves a pelear con los
grandes ¿verdad?

En ese momento llegó el director, quien se llevó a Humberto y a los niños


de sexto grado a la dirección.

Afortunadamente el conserje de la escuela vio cómo los niños aventaron


a Hugo, le contó todo al director y solo castigaron a los chicos culpables.
A Hugo le limpiaron la herida y le pusieron una bandita.

En la tarde, Hugo y Humberto fueron a jugar fútbol. Humberto no hizo


ningún comentario de lo que había pasado en la escuela, pero cuando
Hugo detuvo un gol, lo abrazó y lo felicitó mucho.

Ahora a Hugo no le preocupa pelear con su hermano de vez en cuando,


pues sabe que siempre estará ahí cuando lo necesite, a pesar de que en
ocasiones parezca que no se soportan.

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