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Síntesis Catechesi Tradendae, S. Juan Pablo II

Una síntesis de la exhortación apostólica "Catechesi Tradendae" de san Juan Pablo II sobre la catequesis.

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ISCR SAN PABLO (MÁLAGA)

Síntesis de la exhortación apostólica

CATECHESI TRADENDAE
De San Juan Pablo II

DIEGO MANUEL FERRERA AYLLÓN

Asignatura: EP18 – Catequética fundamental


Profesor: Juan Manuel Parra López
Fecha: 22 enero de 2018
2 CATEQUÉTICA FUNDAMENTAL

En este trabajo vamos a resumir la exhortación apostólica de San Juan


Pablo II Catechesi tradendae, donde el Santo Padre expondrá unas líneas
sobre la catequesis hoy, qué es la catequesis, cómo hemos de orientarla los
que tenemos la tarea de evangelizar, los destinatarios, los métodos que se
deberían seguir, cuál es el sentido de la misma, etc. Nos expondrá San Juan
Pablo II unas claves que nos acercarán a realizar una mejor catequesis, un
mejor anuncio de Jesucristo en el momento en el que vivimos y, sobre todo,
a mostrarnos de forma clara cuáles son los pilares fundamentales de la
catequesis: la Palabra, la fe y la Iglesia. Todo ello nos ayudará a comprender
el carácter de renovación que San Juan Pablo II quiso dar a la catequesis para
hacerla más significativa y evangelizadora.
La exhortación tiene la siguiente estructura:
Introducción
- La última consigna de Cristo
- Recuerdo a la solicitud del papa Pablo VI
- Referencia al sínodo fructuoso y sus consignas
I. Tenemos un solo maestro: Jesucristo
a. Es modelo de toda catequesis, que es mensajero y el mismo
mensaje.
b. Catequizar es exponer la doctrina de cristo, en comunión con él
mismo.
c. Es transmitir la doctrina de cristo, único maestro.
II. Una experiencia tan antigua como la Iglesia
a. La misión de los apóstoles.
b. La Catequesis en la época apostólica.
c. Los padres de la iglesia y en los concilios
d. Catequesis: derecho y deber de la iglesia.
e. Es tarea prioritaria.
f. Es responsabilidad de todos y requiere renovación continua y
decidida
III. Catequesis en la actividad pastoral y misionera de la Iglesia
a. La catequesis etapa de la evangelización.
b. Catequesis y primer anuncio del evangelio.
c. Finalidad específica de la catequesis.
d. Necesidad de una catequesis sistemática
e. Catequesis y ámbitos: experiencial, sacramental y eclesial
CATECHESI TRADENDAE – SAN JUAN PABLO II 3

IV. Toda la buena nueva brota de la fuente


a. Contenido y fuente del mensaje: el Credo
b. La integridad del contenido
c. Con métodos pedagógicos adaptados
d. Dimensión ecuménica de la catequesis
V. Todos tienen necesidad de la catequesis
a. Importancia de los niños y de los jóvenes
b. Adaptación a cada situación: minusválidos, jóvenes sin apoyo
religioso, catecúmenos
c. Catequesis diversificadas y complementarias
VI. Métodos y medios para la catequesis
a. Medios de comunicación social.
b. Múltiples lugares, momentos o reuniones.
c. Instrumentos: homilía, escritos, catecismos
VII. Cómo dar la catequesis
a. Diversidad de métodos, siempre al servicio de la Revelación y
de la conversión.
b. Encarnar el mensaje en las culturas. Las devociones populares
c. Memorización. Aprender y recordar tiene importancia
VIII. La alegría de la fe en un mundo difícil
a. Afirmar la identidad cristiana, en un mundo diferente, con la
pedagogía original de la fe.
b. Adaptar el lenguaje sin desvirtuar el mensaje de Cristo.
c. Correlación catequesis-teología
IX. La tarea nos concierne a todos
a. Todos somos responsables: obispos, sacerdotes, religiosos,
laicos
b. A los catequistas laicos: en la parroquia, en la familia, en la
escuela, en los movimientos.
c. Necesidad de institutos de formación
Conclusión
4 CATEQUÉTICA FUNDAMENTAL

Introducción
Desde un primer momento, se expone que la catequesis desde un
primero momento se toma de la misión que Jesús encarga a los Apóstoles:
«hacer discípulos a todas las gentes» (1). Más adelante fue cuando se le llamó
catequesis a las acciones llevadas a cabo por la Iglesia para hacer discípulos,
para ayudar a los hombres a creer que Jesús es el Hijo de Dios. No se olvida
San Juan Pablo II de su predecesor, Pablo VI, que aprobó el Directorio
general de la catequesis «que queda como un documento básico para
orientar y estimular la renovación catequética en toda la Iglesia» (2).
Tampoco deja pasar la oportunidad para agradecer al papa Juan Pablo I con
su ejemplo de catequesis «fundada en lo esencial y a la vez popular, hecha
de gestos y palabras sencillas, capaces de llegar a los corazones» (4).

I. Tenemos un solo Maestro: Jesucristo


Comenzando con la cuestión de las catequesis subrayamos una
afirmación que no da lugar a dudas: toda catequesis auténtica es
cristocéntrica. Sin dudarlo una catequesis no puede estar exenta del anuncio
de salvación de Cristo, de su misterio. En el mismo centro de la catequesis
encontramos el kerygma, Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, que
padeció, murió y resucitó para salvación de todos los que estamos dispuestos
a aceptarlo. En él mismo está el designio de Dios, en él se realiza. Más aún;
«el fin definitivo de la catequesis es poner a uno no sólo en contacto, sino en
comunión, en intimidad con Jesucristo» (5). Teniendo en cuenta esto, el
catequista tiene que tener en cuenta que está transmitiendo la enseñanza de
Jesucristo, a la que no ha de añadir nada nuevo, pues Él mismo es la
enseñanza que hay que transmitir y que hay que comunicar, tanto de obra
como de palabra. Sólo Él es el único Maestro porque enseña como
deberíamos hacerlo nosotros, «sus palabras, sus parábolas y razonamientos
no pueden separarse nunca de su vida y de su mismo ser» (9). Por ello, los
catequistas debemos llegar a estar en íntima comunión con Él, así
encontraremos «luz y fuerza para una renovación auténtica y deseable de la
catequesis».

II. Una experiencia tan antigua como la Iglesia


En el siguiente apartado, vamos a encontrarnos con una historia de la
catequesis hasta la necesidad de una renovación continua y equilibrada.
Comienza aludiendo al evangelio de Juan: «todo lo que oí de mi Padre os lo
CATECHESI TRADENDAE – SAN JUAN PABLO II 5

he dado a conocer». Los Apóstoles fueron los elegidos por Jesús para hacer
«discípulos a todas las gentes» (10). Esa fue la misión y así la llevaron a
cabo, perseverando en la enseñanza, así continua hasta nuestros días la
Palabra de Dios, aunque no sin haberse encontrado trabas por el camino.
Luego los Apóstoles confían en los diáconos a los que también mandan
enseñar como ellos.
La Iglesia continua con esa misión, desde Clemente Romano a
Orígenes, donde salen a la luz grandes obras; en los siglos III y IV los
Obispos y Pastores asumirán la misión de «enseñar de palabra o escribir
tratados catequéticos» (12): Cirilo de Jerusalén y San Juan Crisóstomo, San
Ambrosio o San Agustín. El Concilio de Trento dio prioridad a la catequesis
dando lugar al catecismo romano, resumen de la doctrina cristiana y de la
teología tradicional para uso de los sacerdotes, a los que despertó para
encargarse de la enseñanza catequética.
«La catequesis ha sido siempre para la Iglesia un deber sagrado y un
derecho imprescriptible» (14), como deber por ser un mandato del Señor
dado a los apóstoles, y como derecho a todo bautizado por el hecho mismo
de ser bautizado, de recibir una enseñanza y formación por parte de la Iglesia
que le permita descubrir, caminar y vivir la verdadera fe cristiana. También
San Juan Pablo II exhorta a ensalzar la catequesis de la comunidad cristiana
para vivificar la propia vida interna de la comunidad de creyentes y de su
actividad misionera. Es importante que todos tengan en cuenta la
responsabilidad que tiene cada miembro del pueblo de Dios en su tarea
pastoral y catequética, donde se llegue a «despertar una conciencia viva y
operante de esta responsabilidad diferenciada pero común» (16). En efecto,
cada uno tiene su tarea según la responsabilidad adquirida, pero no quiere
decir que sean caminos separados, todo lo contrario.
Finalmente en este apartado, se expone la necesidad de una renovación
continua y equilibrada, donde se utilice un lenguaje adaptado y los medios
necesarios para tal fin. Sin embargo, es de capital importancia que al hacer
eso no se ponga en peligro la integridad del contenido. «Es necesario que la
Iglesia dé prueba hoy de sabiduría, de valentía y de fidelidad evangélicas,
buscando y abriendo caminos y perspectivas nuevas para la enseñanza
catequética» (17).
6 CATEQUÉTICA FUNDAMENTAL

III. La catequesis en la actividad pastoral y misionera de la Iglesia


A partir de aquí se va a relacionar la catequesis con todos los aspectos
de la vida eclesial, pues este primer anuncio «no puede disociarse del
conjunto de actividades pastorales y misionales de la Iglesia» (18). San Juan
Pablo II dará unos detalles de lo que es la catequesis: educación de la fe de
la enseñanza de la doctrina cristiana de modo orgánico y sistemático para
iniciar en la plenitud de la vida cristiana; ciertos elementos que preparan para
la catequesis como el primer anuncio del evangelio por medio del kerigma
para suscitar la fe apologética o búsqueda de razones de creer; experiencia
de vida cristiana; celebración de sacramentos; etc. Defiende el Papa la
relación entre catequesis y evangelización como complementarias y de
integración. Recordará la exhortación apostólica Evangelii nuntiandi donde
expondrá que la catequesis es uno de los momentos de evangelización.
En los siguientes números irá relacionando la catequesis con diferentes
elementos de la misión pastoral de la Iglesia. El primero de ellos la relación
catequesis-primer anuncio del Evangelio, donde la catequesis es «hacer
madurar la fe inicial» y educar en un conocimiento más «más profundo y
sistemático de la persona y del mensaje de Nuestro Señor Jesucristo» (19),
pero también expresa la dificultad hoy de que ese primer anuncio no ha sido
dado a los niños, adolescentes o adultos por determinadas circunstancias; por
ello «la catequesis debe a menudo preocuparse, no solo de alimentar y
enseñar la fe, sino de suscitarla continuamente». Seguidamente hablará de la
finalidad específica de la catequesis, de la que expone que es un periodo de
enseñanza y madurez, de crecimiento, de conocimiento y de vida del
«germen de la fe sembrado por el Espíritu Santo como el primer anuncio y
transmitido eficazmente a través del bautismo» (20). También de la
necesidad de una catequesis sistemática, orgánica y ordenada que la hará
diferenciarse de las demás formas de presentar la Palabra de Dios, no
improvisada, que no pretenda abordar todas las cuestiones, completa e
integral.
Otro punto de relación será la catequesis con la experiencia vital,
concepto diferenciador de las clases de religión. Los catequistas como
«educadores del hombre y de la vida del hombre en la fe» (22). En cuanto a
la relación con los sacramentos, la catequesis está «unida a toda acción
litúrgica y sacramental» (23), toda acción catequética tiene que llevar un
explícito mensaje de Jesucristo, que se nos da en plenitud a través de los
sacramentos, sobre todo, en la eucaristía, y tiene que estar enfocada a la
experiencia de la vida cristiana, a la participación de los sacramentos. Pero
CATECHESI TRADENDAE – SAN JUAN PABLO II 7

no hay que olvidar que para madurar en la fe es necesario vivirla en


comunidad, que ha de acoger al catecúmeno para vivir con mayor plenitud
lo aprendido.

IV. Toda la buena nueva brota de la fuente


Comienza en este apartado exponiendo que el contenido del mensaje es
la Buena Nueva de salvación, que se profundiza incesantemente en la
catequesis mediante la reflexión y el estudio sistemático; mediante la toma
de conciencia en la vida personal, mediante su inserción en la sociedad y en
el mundo; cuya fuente viva será la Palabra de Dios, transmitida mediante la
Tradición y la Escritura, con el «contacto asiduo de los textos mismos»; y
esa experiencia viva la encontramos en el Credo, o Símbolos que recogieron
la fe de la Iglesia. No hay que «reducir a Cristo a su sola humanidad y su
mensaje a una dimensión meramente terrestre» (29), sino que hay que
«reconocerlo» como el Hijo de Dios, único mediador entre Dios y los
hombres, que asumió la pobreza humana, su gracia y su miseria, y que hemos
de dirigir nuestra vida según las bienaventuranzas para «ser o existir en
Cristo».
También nos pone en alerta del peligro de sesgar, disminuir o mutilar
el contenido, sería «vaciar peligrosamente la catequesis y comprometer los
frutos que de ella tienen derecho a esperar Cristo y la comunidad eclesial»
(30). Hay que ser fiel al contenido, explicarlo de la manera más clara posible,
adaptada al público que lo recibe, ayudándonos de métodos que hagan
posible «comunicar la totalidad y no una parte de las “palabras de vida
eterna”» (31).
Punto importante, sobre todo a tener en cuenta en estos tiempos de
globalización, es la dimensión ecuménica de la catequesis (32), que también
nos sirve no solo para la catequesis sino para un ámbito más general,
diferenciando tres aspectos fundamentales para que la catequesis tenga una
dimensión ecuménica: si enseña a respetar a las comunidades eclesiales que
no están en comunión plena con la Iglesia católica, en la que se encuentra
«la plenitud de las verdades reveladas y de los medios de salvación
instituidos por Cristo», y enseña que en las otras iglesias pueden darse
«muchísimos y muy valiosos» elementos que edifican y dan vida a la propia
Iglesia; será ecuménica si «suscita y alimenta un verdadero deseo de unidad,
si inspira esfuerzos sinceros» hacia esa unidad que Cristo quiere para su
Iglesia; será ecuménica si se esfuerza en preparar a niños, jóvenes y adultos
8 CATEQUÉTICA FUNDAMENTAL

católicos a vivir en contacto con los no católico. Los obispos también deben
ofrecer experiencias de colaboración entre católicos y no católicos.

V. Todos tienen necesidad de la catequesis


En este apartado hará un recorrido por las edades del desarrollo humano
donde explicará ciertos detalles que caracterizan estas etapas y dará algunas
claves a la hora de tratar la catequesis. Mención especial a la necesidad hoy
día de «traducir, sin traicionarlo, el mensaje de Jesucristo» (40), y también a
los jóvenes sin apoyo religioso, a los que
Se les deberá asegurar una catequesis adecuada para que puedan creer
en la fe y vivirla progresivamente, a pesar de la falta de apoyo, acaso a
pesar de la oposición que encuentren en su familia y su ambiente (42).
Exhorta a los adultos a tener una catequesis permanente, donde «la fe de
estos debería igualmente ser iluminada, estimulada o renovada sin cesar con
el fin de penetrar las realidades temporales de las que ellos son responsables»
(43).

VI. Métodos y medios de la catequesis


Tema actual, los medios que se utilizan para la catequesis, que hay que
tener especial atención para no desvirtuar o desviar la verdadera misión de
la catequesis. Medios de comunicación, reuniones, círculos bíblicos,
misiones, etc. Es necesaria una inserción apropiada, donde no puede faltar
«un verdadero estudio de la doctrina cristiana» (47). Así dará fruto, si se
respeta su naturaleza propia.
Me gustaría resaltar la cuestión de las homilías (48), donde el sacerdote
debe dar una verdadera catequesis «centrada en los textos bíblicos», pues así
los fieles pueden tener un mayor acercamiento a los misterios de la fe y de
las normas de la vida cristiana, y da unas anotaciones sobre ella: «ni
demasiado larga, ni demasiado breve, siempre cuidadosamente preparada,
sustanciosa y adecuada, y reservada a los ministros autorizados». Es decir,
que el sacerdote no invente, no haga dudar a los fieles, no se inserten cosas
no acordes a la liturgia ni al lugar en el que se está, no sean campañas
electorales. En definitiva, que sea una catequesis de lo que Jesucristo nos
quiere decir en ese momento y que sea significativa, que nos haga pensar y
que nos haga acercarnos más a Jesucristo de palabra y de obra.
CATECHESI TRADENDAE – SAN JUAN PABLO II 9

VII. Cómo dar la catequesis


En este siguiente capítulo San Juan Pablo II da unas nociones de cómo
se debe dar la catequesis. Uno de los aspectos a tener en cuenta es que la
Iglesia vive en un momento concreto donde hay que educar en la fe y por
ello se pueden considerar multitud de métodos. Hay que tener en cuenta que
no se puede tergiversar la enseñanza catequética, hay que mostrar el mensaje
de Cristo sin tintes ideológicos, de forma sesgada, etc. «El Sínodo ha
insistido con razón en la necesidad de que la catequesis se mantenga por
encima de las tendencias unilaterales divergentes […] La pauta que ha de
seguir es la Revelación, tal como la transmite el Magisterio universal de la
Iglesia en su forma solemne y ordinaria» (52). Hay que llevar «la fuerza del
evangelio el corazón de la cultura y de las culturas» (53). Por último en este
punto, San Juan Pablo II no expone que la memorización de ciertos
contenidos de la fe son necesarios, pero sobre todo, que estos contenidos
sean «interiorizados y entendidos progresivamente en su profundidad, para
que sean fuente de vida cristiana personal y comunitaria» (55).

VIII. La alegría de la fe en un mundo difícil


No se olvida de la dificultad del mundo de hoy donde se complica el
hecho de ser cristiano y transmitirlo sin problemas. La catequesis debe
ayudar a «afirmar la identidad cristiana» (56), con la formación de los
cristianos como punto determinante para presentar a Dios en un mundo que
lo ignora (57), sin perder de vista la pedagogía de la fe, su originalidad, es
decir, «comunicar en su integridad la Revelación de Dios»: «en catequesis,
una técnica tiene valor en la medida en que se pone al servicio de la fe que
se ha de transmitir y educar» (58); y finalmente, teniendo en cuenta el
lenguaje que se ha de utilizar dependiendo de los destinatarios del mensaje
(59).
Un punto a resaltar del número 60 es el siguiente:
Los catequistas tendrán a su vez el buen criterio de recoger en el campo
de la investigación teológica lo que pueda iluminar su propia reflexión
y enseñanza, acudiendo como los teólogos a las verdaderas fuentes, a la
luz del Magisterio. Se abstendrán de turbar el espíritu de los niños y de
los jóvenes, con teorías extrañas, problemas fútiles o discusiones
estériles.
Interesante punto a tener en cuenta, pues es necesario dejar claro a los
catequistas que van a su libre albedrío a dar catequesis a los jóvenes, sin un
10 CATEQUÉTICA FUNDAMENTAL

itinerario en cuestión, sin una preparación de la sesión, sin acudir a las


fuentes como son las Sagradas Escrituras, la tradición y el Magisterio, y
algunos catequistas incluso que ignoran las consignas que los párrocos dictan
para una correcta catequesis.

IX. La tarea nos concierne a todos


Una tarea que nos concierne a todos, desde los Obispos hasta el último
laico, familia, parroquia, etc. A los Obispos, como «el Concilio Vaticano II
ya os recordó explícitamente vuestra tarea en el campo catequético», son los
mayores catequetas por excelencia, que tengan en cuenta los planes de la
Conferencia episcopal a la que pertenecen y que hagan «uso de las personas,
de los medios e instrumentos, así como de los recursos necesarios» (63).
A los sacerdotes como «los colaboradores inmediatos» los Obispos, son
«educadores en la fe», a los que se insta a dirigirse a «una obra catequética
bien estructurada y bien orientada» (64). A los catequistas laicos (66),
primeros educadores en la fe donde en la familia no la reciben.
En parroquia (67), «la comunidad parroquial debe seguir siendo la
animadora de la catequesis y su lugar privilegiado», hay que dar «estructuras
más adecuadas y sobre todo un nuevo impulso» invitando a nuevos
miembros a sentirse partícipes de la tarea catequética, pero incide en que
sean «cualificados, responsables y generosos».
Y no descuidar la educación en la fe en la familia, «los padres cristianos
han de esforzarse en seguir y reanudar en el ámbito familiar la formación
más metódica recibida en otro tiempo», transmitidas con el amor de Cristo
serán significativas y ayudarán a los chicos a querer ser partícipes y madurar
en la fe.

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