0% encontró este documento útil (0 votos)
346 vistas27 páginas

Psicología Forense en Justicia Juvenil

El documento resume las funciones del psicólogo en el ámbito forense y los tipos de informes que realiza. En 3 oraciones: 1) El psicólogo forense realiza evaluaciones e informes en diferentes áreas de la justicia como menores, familia, prisiones y víctimas para aportar un enfoque científico y humanizar la justicia. 2) Los psicólogos forenses redactan informes de parte bajo el principio de buscar la verdad o mejor opción y están abiertos a debate, aunque deb
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
346 vistas27 páginas

Psicología Forense en Justicia Juvenil

El documento resume las funciones del psicólogo en el ámbito forense y los tipos de informes que realiza. En 3 oraciones: 1) El psicólogo forense realiza evaluaciones e informes en diferentes áreas de la justicia como menores, familia, prisiones y víctimas para aportar un enfoque científico y humanizar la justicia. 2) Los psicólogos forenses redactan informes de parte bajo el principio de buscar la verdad o mejor opción y están abiertos a debate, aunque deb
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

POLICROMÍA DEL INFORME PSICOLÓGICO FORENSE - Javier Urra Portillo

"La ciencia será siempre una búsqueda, jamás un descubrimiento real.


Es un viaje, nunca una llegada (Karl Popper)"
Para ver lo bello, hay que mirar una vez, para ver lo justo, hay que mirar con detenimiento y muchas veces.

En el ámbito de la Justicia de Menores, y ya desde 1948, se ampara la aportación del psicólogo. Actualmente su
intervención es preceptiva, durante todo el procedimiento explora, informa, orienta en Comparecencias y
Audiencias, realiza puntualmente un seguimiento de la medida impuesta. El Proyecto de Ley Orgánica de
Responsabilidad Penal Juvenil, va a aumentar su trabajo, pues su competencia no serán los niños de 12 a 16 años,
sino de 13 a 18 y ocasionalmente hasta los 21.
Respecto a los Juzgados de Familia, si bien la intervención del psicólogo dependerá de la decisión del Magistrado,
(el Código Civil en su artículo 92 explicita que: "El Juez, de oficio o a petición de los interesados, podrá recabar
el dictamen de especialistas") su ámbito laboral es amplio, pues interviene en procedimientos de Medidas
Provisionalísimas; Medidas Provisionales; Separación; Divorcio; Incidente de Oposición de Medidas;
Modificación de efectos de Medidas y también en los menos conocidos de Acogimiento, Adopción e Impugnación
de Tutela. Se abre para el futuro, ya presente, una modificación legislativa y una intervención no sólo diagnóstica
y orientadora, sino mediadora.
El psicólogo en los ámbitos forenses, se ha convertido, gracias a su esfuerzo y saber, en piedra angular, trabaja en
equipos multidisciplinares y está cambiando la perspectiva y posicionamiento de la Justicia en cuanto a objetivos y
formas de intervención. El componente científico, que humaniza una justicia que de otro modo sería patrimonio de
jueces y abogados, se aprecia en las Clínicas Médico-Forenses, en las Prisiones, en los Juzgados de Vigilancia
Penitenciaria, en la Atención a las Víctimas....
Pertenecientes a la Administración de Justicia, a los Servicios Sociales ó en la práctica privada, realizando
informes de parte y bajo el principio de que lo que ha de hacerse, debe hacerse bien, los psicólogos, conociendo su
saber y los límites personales, así como los de su ciencia, buscan aproximar algo tan difícil como la verdad, o la
mejor opción, por lo que están abiertos a variar de opinión no rehuyendo el debate de las ratificaciones.
Los operadores de la justicia, la ciudadanía, los medios de comunicación, ponen atención a lo que el perito
psicólogo expone. Dejó de ser el testólogo del psiquiatra y hoy es reconocido por su seria, variada y profunda
aportación. Los psicólogos y su Colegio profesional, han debatido, reflexionado, formado, tanto en las técnicas
como en la ética que sostiene su intervención. Pero hemos de seguir siendo ambiciosos respecto a los cometidos a
alcanzar y autocríticos en los pasos que damos, por ejemplo, la escasez de instrumentos específicos de evaluación
forense.
El psicólogo forense no debe ceñirse al trabajo con la persona que ante él comparece (casi nunca por su propia
voluntad), sino que ha de incidir en el clima de todo el procedimiento, del resto de los intervinientes, de la sala,
etc. Es más debe transmitir criterios al legislador, dando coherencia a unas normas que conoce desde dentro.
Todo ello se está realizando y si bien su incidencia se aprecia más en el mundo del derecho que en la eclosión ante
el resto de compañeros psicólogos, éstos deben saber que los avances de la psicología jurídica se sostienen en gran
medida en los de otras ramas como la clínica.
Distintas sentencias del Tribunal Supremo han acreditado la trascendencia de la aportación específica de la ciencia
psicológica. Juzgados y Tribunales demandan cada vez más, no sólo el diagnóstico de un actor jurídico, sino una
valoración más global, un pronóstico y una orientación. El rol del psicólogo se incrementa, sus riesgos también.
Tenemos que decir "no sé", cuando lo que se nos demanda no permite su conocimiento, pero hemos de
implicarnos sin posicionarnos en una cómoda y distante asepsia.
Hay temas que requieren una profunda especialización, es el caso de la evaluación de la credibilidad del
testimonio de los menores hipotéticamente víctimas de delitos contra la libertad sexual, otros se refieren a la
peritación psicológica de las agresiones sexuales o de las características y conductas que puedan reportar
beneficios penitenciarios.
Este A Fondo se enriquece además con artículos referentes a informes, que, si bien no son demandados desde la
Justicia, tienen como destinatario a una Institución que precisa de la veracidad y consistencia suficientes para una
toma de decisiones. Se refieren al informe psicológico para la baremación de la discapacidad en los transtornos
mentales y para la valoración de idoneidad en adopciones internacionales.
Así pues reflexionemos, transmitamos precisión, procuremos la sencillez y huyamos de la simpleza. Trabajemos
no sólo por la humanidad, sino por cada hombre.
RELACIÓN Y DIFERENCIA ENTRE EL INFORME CLÍNICO Y EL INFORME FORENSE
Carlos Rodríguez Sutil
Departamento de Personalidad, Evaluación y Tratamiento Psicológico. Facultad de Psicología de la U.C.M.
En este artículo se describen las principales diferencias que existen entre el informe en psicología forense y en
psicología clínica, tanto en su redacción como en su elaboración. Las técnicas de evaluación que se utilizan en un
ámbito y en otro pueden ser, a menudo, semejantes, pero los objetivos que se persiguen con ellas varían de manera
apreciable y requieren la adaptación al lenguaje utilizado en cada caso. Se observa que el asunto que diferencia de
manera esencial un proceso del otro tiene que ver con la identificación de quién es el cliente del profesional y la
ruptura de la regla de confidencialidad.
In this paper the main differences between clinical and forensic psychological report are described, as much in
their writen form as in their development. The assessment techniques that are used in clinical and forensic realms
could be many times the same, but their aims are very different and compel the professional to accommodate
his/her language. As it is stated, the central point that divides clinical and forensic reports is the question regarding
who is the client in each case and the subsequent breaking of the clinical confidentiality rule.
Los peritos psicólogos, según la Ley de Enjuiciamiento Civil (Art. 610), desempeñan el papel de auxiliares del
juez, como cualquier profesional cuyos conocimientos "científicos, artísticos o prácticos" sean necesarios para
valorar algún hecho. El psicólogo, no obstante, tiene a su disposición una serie de instrumentos, los tests
psicológicos, y unos conocimientos específicos sobre evaluación que le capacitan para objetivar el estado mental
de los individuos con una gran precisión. Muchos de estos tests son utilizados en el ámbito clínico y han sido
desarrollados en él.
Seguramente Grisso (1986, 1987) ha sido uno de los autores que más han incidido en las dificultades derivadas de
ese hecho. Para que las evaluaciones psicológicas forenses lleguen a alcanzar el estatus que les corresponde dentro
del contexto jurídico, según Grisso, han de propiciarse diversas líneas de desarrollo de investigaciones. Entre
dichas líneas están:
1- Establecer nuevos modelos conceptuales: El Proceso de Evaluación Forense ha de contar con modelos
conceptuales que sean alternativos o al menos complementen a los modelos del Proceso de Evaluación Clínica,
dotándole de análisis y esquemas conceptuales legales. Si el Modelo Conceptual está basado sobre el análisis legal
ello nos permite utilizarlo para establecer los objetivos de la evaluación, y para construir procedimientos que sean
legalmente relevantes. El "Modelo Conceptual" desarrollado por Grisso en 1986, es buen ejemplo de ello.
2- Efectuar la traducción del conocimiento psicológico: es necesario traducir los conocimientos psicológicos para
su aplicación en los contextos legales. De esta forma se generan las investigaciones aplicadas que relacionan los
principios de la Psicología Básica y Clínica con las cuestiones del Derecho, garantizando que el proceso
inferencial que se lleve a cabo en la Evaluación Forense esté estrechamente unido tanto a las bases científicas de la
Psicología como la modulación que el contexto real efectúa sobre los procesos.
3- Diseñar instrumentos de evaluación forense: es necesario desarrollar nuevos instrumentos de evaluación forense
(IEF) adecuados a los criterios que la Psicología aporta para el diseño de técnicas de evaluación. Las técnicas de
evaluación que no han sido diseñadas para su utilización específica en el contexto legal deben ser revisadas para
establecer bajo qué condiciones son aplicables a los problemas legales. Se trata pues de dos direcciones
complementarias: a) Revisar las técnicas actualmente disponibles; b) Diseñar nuevas técnicas, adecuadas a las
características del contexto legal.
Las pruebas psicológicas son aplicables en todo tipo de proceso donde se requiera de un perito psicólogo que
emita un informe, y principalmente en campos como los que señala Ávila (1986a): la evaluación del testimonio
testifical, de la competencia para someterse a juicio, de la imputabilidad de los hechos y de la competencia para
ostentar la guarda y custodia. A veces también se requiere nuestra intervención, normalmente por la parte
demandante, para evaluar el daño psicológico sufrido, en victimología.
Como señaló Mauleón (1984) en el primer Congreso del Colegio Oficial de Psicólogos, la práctica pericial trata de
fijar hechos y suministrar experiencias. El perito, añade, como experto, emite un juicio valorativo, y debe ser
considerado un auxiliar del juez. En ese sentido es preciso resaltar que la función del perito no es llegar a
conclusiones de cara a la sentencia, sino facilitar los conocimientos especializados para que el juez elabore la
misma.
EL INFORME FORENSE
Como comentamos de forma detallada en un trabajo reciente (Cf. Rodríguez Sutil y Ávila Espada, 1999), el inicio
de una Peritación, a diferencia de la evaluación clínica, puede partir de un primer contacto que un abogado
mantiene con el psicólogo o psicóloga. En algunas ocasiones es el propio cliente el que acude, si bien tal entrevista
no sustituye al necesario contacto con su abogado. También el Perito puede ser designado directamente por el Juez
mediante el correspondiente mandamiento, en cuyo caso el Perito tomará contacto con el Juez y las Partes.
Este primer contacto o entrevista con el abogado o juez demandante de la Prueba tiene gran importancia, ya que es
de ella de donde derivan los principales elementos del marco referencial de la actuación del Perito. En ella se
recabarán las siguientes informaciones, y se efectuarán previsiones por parte del Perito. Los "hechos del caso", es
decir los principales hechos que constituyen el caso, para los que se solicita la intervención pericial. Basándose en
ellos el Psicólogo deberá decidir si es de su competencia exclusiva, o no, la intervención pericial. además la fecha
probable de la vista de audiencia, ya que el Psicólogo necesitará evaluar si dispone del tiempo necesario para
realizar adecuadamente su labor, pues la presión temporal es mucho mayor aquí que en otras áreas profesionales.
Es frecuente que los Dictámenes se soliciten cuando el período de prueba está próximo a finalizar, o incluso fuera
del mismo, bajo la figura jurídica de Para mejor proveer.
De toda la información inicial recogida el profesional deberá extraer las preguntas hipotéticas a las que tendrá que
responder como Perito. Este aspecto es crucial en la diferenciación de informe pericial y clínico, ya que es sobre
estas cuestiones sobre las que ha de girar la actividad pericial, y a las que a su vez tendrá que limitarse en el
Dictamen. La recogida de datos ha de estar orientada a cubrir las necesidades que plantean las Preguntas, pero no
debe limitarse estrictamente a éstas, a veces por inadecuación metodológica, y otras veces porque el psicólogo
forense habrá de responder a preguntas no previstas o a aspectos o elementos de detalle. También debe ofrecerse
una estimación de los honorarios, cuando el Perito no actúa dentro de la Institución Judicial, sobre la base de la
complejidad esperable para su intervención.
Con todos los datos expuestos el Perito queda en condiciones de iniciar su trabajo, tras haber sopesado la
viabilidad o no de su realización.
La complejidad que con frecuencia llegan a alcanzar las Investigaciones Periciales aconseja prestar atención a la
organización material del expediente, no siendo aconsejable extrapolar otros modelos ya que el Dictamen Pericial
no es semejante ni al Clínico ni al Psicopedagógico.
Es muy frecuente la utilización de las pruebas psicológicas en los dictámenes periciales. La evolución de los
criterios metodológicos para incluir pruebas psicológicas ha estado determinada tanto por la experiencia de los
peritos como por la misma transformación del Psicodiagnóstico y la aparición de nuevos modelos para la
Evaluación Psicológica. Así, junto a la clásica exploración de la inteligencia a través de escalas tipo Wechsler o de
la personalidad a través del MMPI, se han ido incluyendo los modernos planteamientos de la Exploración
Neuropsicológica, o inventarios diseñados desde perspectivas actuales acerca del comportamiento anormal (p.ej.:
El Inventario Clínico Multiaxial de Millon, o el MMPI-2, recientemente adaptado a la población española por el
Profesor Alejandro Ávila y su equipo, en la Universidad de Salamanca) o las aportaciones que la Evaluación de
Contextos y Ambiental realiza.
Un tema frecuente de investigación ha sido el valor de las Técnicas Proyectivas para orientar juicios sobre la
competencia, imputabilidad o peligrosidad, con resultados contradictorios, pero que tienden a mostrar que una
utilización objetiva de estas técnicas (principalmente del Rorschach y del TAT) suministra índices válidos y fiables
(Cf. Rodríguez Sutil, 1990, 1993).
Mientras algunas de las técnicas tradicionales se han ido adaptando al uso forense, se ha venido desarrollando un
amplio corpus metodológico sobre todo en U.S.A. creado para cubrir las necesidades específicas, construyéndose
infinidad de instrumentos y escalas para propósitos específicos cuya validez no ha sido todavía suficientemente
establecida.
Por último queremos destacar el importante papel que posee la Valoración de Intervenciones. En cualquier área de
intervención psicológica hay numerosas razones para recomendar la realización de actividades valorativas, pero la
trascendencia de las decisiones que se adoptan dentro del Sistema Jurídico basándose en los contenidos de la
actividad forense hace inevitable otorgar prioridad a la valoración de intervenciones en el Sistema Jurídico Penal.
RELACIÓN CON LA CLÍNICA
El proceso de aplicación y corrección de las pruebas no específicas es el mismo que en la clínica, pero las
preguntas son diferentes, así como la forma de organizar los resultados.
El psicólogo forense F.N. Cox (1984) advierte que su batería de tests se compone de: WAIS, Bender, Benton,
Rorschach y TAT. La utilización del MMPI y del MMPI-2 , por otra parte, es muy abundante en el ámbito forense
en los EEUU (Cf. Pope, Butcher y Seelen, 1993). La influencia de la clínica, sin embargo, como ha señalado T.
Grisso (1987), puede suponer ciertas desventajas pues las preguntas que se hacen al experto desde los tribunales a
menudo se alejan bastante de las que tiene por costumbre responder en la clínica. La investigación es el remedio
que propone este autor para resolver dichas desventajas y una de las líneas principales de investigación, viene
después a proponer, es la que se dirige a la creación de instrumentos específicos de la psicología forense. Ahora
bien, nos encontramos con que los, muy numerosos, cuestionarios específicos creados en el ámbito anglosajón
suponen dificultades de traducción y tipificación a veces insalvables, dificultades que no afectan, en principio, a
los materiales de que se componen la mayoría de las técnicas clínicas, mientras que la tipificación es algo que en
cierta medida puede ser compensado con una adecuada experiencia clínica, aunque ésta es una opinión que
seguramente compartiríamos los clínicos y de la que disentirían la mayoría de los psicometristas.
Una autora tan poco sospechosa de diletantismo hacia las técnicas proyectivas como Anne Anastasi (1988)
reconoce en la última edición de su manual que dichas técnicas, por su cualidad de tests enmascarados, son más
difíciles de falsear. Este aspecto posee suma importancia en evaluación pericial. Anastasi señala también la
dificultad que presentan estas técnicas a la hora de superar las pruebas psicométricas estándar de fiabilidad y
validez, tests de "banda ancha" como ya planteó Cronbach (1970), y les reconoce sólo validez como
instrumentos útiles en manos de un clínico experto. No obstante creemos que esta autora sigue en el error cuando,
a partir de lo anterior, rechaza los elaborados sistemas de corrección y puntuación de las técnicas proyectivas,
aduciendo que las dotan de un engañoso barniz científico. Infravalora así los importantes esfuerzos realizados por
numerosos autores con objeto de proporcionar a los tests clínicos el adecuado apoyo psicométrico y experimental.
Nos referimos especialmente a la obra monumental de J.E.Exner (1974, 1978, 1986, y posteriores; Exner y
Weiner, 1982) con el test de Rorschach, pero tampoco debemos olvidar los trabajos de Bellak (1971) con el TAT o
los de Koppitz (1968, 1984) con el dibujo de la figura humana.
Como científico, el profesional no debe sancionar formulaciones morales sobre qué es el bien o el mal. Sin
embargo, al perito se le pide que se pronuncie sobre la capacidad del acusado para discernir entre el bien y el mal.
La Ley, abre una vía a la respuesta creando entidades ficticias (McDonald, 1976) para que sean utilizadas por los
profesionales de la Salud Mental (p.ej. el Trastorno mental transitorio; el Impulso irresistible, etc.). Ante estos
objetivos, bien mirado, todas las técnicas (cuestionarios, escalas, técnicas proyectivas, entrevista) pueden ser útiles
pero insuficientes pues el profesional deberá integrarlas de manera coherente a fin de poder aportar conclusiones
que sean pertinentes.
Por otra parte, las tareas psicodiagnósticas pueden ser vividas por el profesional con cierto temor, por la
responsabilidad legal y ética que suponen. Weiner (1995), por ejemplo, señala tres reglas para evitar ese tipo de
riesgos que puede ser útil recoger aquí:
1- Ante cualquier tarea, imagina que un crítico conocedor y poco amistoso está mirando por encima de tu hombro.
2- Ante cualquier cosa que digas, imagina que será tomada bajo la luz más desfavorable y utilizada en tu contra.
3- Ante cualquier cosa que escribas, imagina que será leído en voz alta, de forma sarcástica, ante un tribunal.
Tener presentes estos principios puede ayudarnos a evitar el pago de indemnizaciones por responsabilidad civil. La
actitud que subyace a ellos, no obstante, también entraña importantes riesgos de tipo ético. Como advierte Weiner,
el psicólogo puede pensar lo que quiera, pero sólo debe escribir lo que esté preparado para testificar ante un
tribunal. Puede parecer que lo más fácil es redactar informes poco comprometidos. Pero esa "solución" nos lleva
al Efecto Barnum (véase Rodríguez Sutil, 1996, para un análisis de este problema).
Los informes psicológicos escritos en la práctica pericial plantean numerosos problemas que hemos abordado
anteriormente (Cf. Rodríguez Sutil y Ávila Espada, 1999). Para minimizar los efectos indeseables todo Informe o
Dictamen Pericial, sea oral o escrito, ha de guiarse como mínimo por las siguientes pautas:
a) El contenido se adecuará a los aspectos básicos del caso: Introducción, Procedimientos utilizados, Conclusiones
derivadas y su discusión.
b) Expresará con claridad, evitando la erudición y los términos oscuros, todo lo relevante al caso.
c) Excluirá o relativizará explícitamente todo aquello que no esté justificado de una manera objetiva, detallando,
en su caso, los niveles de confianza de las predicciones y descripciones.
d) Concluirá con una o varias opiniones que el perito da en respuesta a las preguntas hipotéticas que le fueron
formuladas por el juez o los abogados.
Respecto a los informes periciales en Derecho familiar, podemos decir que la formulación descriptiva y predictiva
que el profesional deriva de lo observado en el Sistema Familiar se presentaría en el Dictamen Pericial como la
hipótesis más plausible al nivel de las características de lo observado y de la calidad relativa de la observación
efectuada, subrayando convenientemente todos los datos relevantes discrepantes y la significativa dependencia
que la calidad de dicha hipótesis tiene de que se mantengan o no las condiciones influyentes tanto de los
integrantes del Sistema Familiar como ambientales.
CLIENTE CLÍNICO FRENTE A CLIENTE FORENSE
La American Psychological Association (APA, 1992), dentro del apartado 2, dedicado a Diagnóstico, Evaluación e
Intervención, en el subapartado 2.09 (Explicar los Resultados de la Evaluación) dice lo siguiente:
"Salvo que previamente haya sido explicada la naturaleza de la relación a la persona que está siendo evaluada y
excluya la presentación de ninguna explicación de resultados (como en algunas consultas de tipo organizacional,
en estudios prospectivos de tipo laboral o de seguridad, y en evaluaciones forenses), los psicólogos y psicólogas
deben asegurarse de que se proporcione una explicación de los resultados a la persona examinada o a otro
representante legal del cliente, en un lenguaje razonablemente comprensible para ellos. A pesar de que la
corrección e interpretación haya sido realizada por el psicólogo, por ayudantes, de forma automatizada o a
través de otros servicios externos, los psicólogos deben adoptar las medidas oportunas para asegurar que se
proporcionen las explicaciones adecuadas de los resultados".
Este párrafo de la APA parece dejar clara la necesidad de realizar la devolución en el marco clínico y educativo,
aunque también deja abierta la posibilidad de que no siempre se efectúe. Ése es un problema ético realmente
complejo, que pasa por la cuestión ¿quién es el cliente? I.B Weiner (1995, p. 96) manifiesta una opinión
generalmente aceptada por los profesionales en Estados Unidos. El cliente, dice Weiner, es la entidad que desea
que la persona sea examinada, a veces la propia persona, pero no siempre. Es la entidad, continúa, la que debe
recibir el informe y el psicólogo o psicóloga no está obligado a proporcionar información a la persona.
Liborio Hierro (1993) advierte que para los informes forenses el cliente es el órgano judicial con carácter general y
que eso diferencia la psicología forense de la clínica, pues rompe uno de los principios de ésta,
la confidencialidad.
Los principios éticos generales contra los que entiendo que puede ir esa norma, además de la confidencialidad, son
los de beneficencia (deber de hacer el bien o, al menos, no perjudicar) y el de veracidad (deber de decir
activamente lo verdadero), tal como han sido subrayados por Franga-Tarragó (1996). No proporcionar
información a los sujetos evaluados, cuando esta información es pertinente, les priva de un conocimiento que
puede ser útil para su desarrollo futuro y supone ocultarle la verdad que tiene derecho a conocer. La regla de
veracidad sólo puede quedar subordinada al principio de no perjudicar a los demás (Franga-Tarragó, 1996, p. 40).
En la clínica, se puede pensar que hay casos que excluyen toda posibilidad de devolución. Sundberg y
colaboradores (1983) ponen el ejemplo de aquellos paciente psicóticos o severamente alterados, con los que no es
posible o terapéuticamente adecuado una discusión detallada de los resultados. Ahora bien, eso no debe
confundirse con una ausencia total de devolución. Puede ser adecuado señalarle al sujeto la gravedad de su estado,
confirmada por el psicodiagnóstico, y la conveniencia de que reciba alguna forma de tratamiento. Aunque la
persona sufra una gran alteración eso no debe impedir que nuestro trato con ella sea lo más humano y
humanizador posible, incluso cuando en ese momento no pueda responder de manera apreciable a los estímulos.
De muy pocos seres humanos se puede decir que estén totalmente aislados del medio.
Por otra parte, seguramente la agencia que ha encargado el estudio, salvo excepciones, es la destinataria apropiada
del informe. Entre las excepciones podemos pensar en la persecución psiquiátrica de la que fueron objeto los
disidentes políticos en la antigua URSS, con la que colaboraron profesionales de la salud mental, en contra de toda
buena ética. Aunque el sistema democrático se caracteriza por el respeto y protección de las minorías y, en
general, del ciudadano, debemos conceder que ese ideal no siempre se cumple de manera estricta y habremos de
estar atentos a las consecuencias de nuestra práctica. Recurriendo al Código Deontológico podemos citar los
siguientes artículos:
Art. 42: (...) El sujeto del informe psicológico tiene derecho a conocer el contenido del mismo, siempre que de ello
no se derive grave perjuicio para el sujeto o para el psicólogo y aunque la solicitud de su realización haya sido
hecha por otras personas.
La obligatoriedad de la devolución viene señalada en los principios éticos de la APA, también aparece recogida de
manera más escueta en sus normas para tests educativos y psicológicos (APA, 1995), en su apartado 16.
En conclusión, en muchas ocasiones parece aconsejable que se establezcan dos niveles de devolución, ambos
obligatorios. El primero con la persona o personas a las que hemos explorado durante las sesiones
psicodiagnósticas, el segundo con la agencia que ha encargado y paga el proceso, a veces las mismas personas
objeto del estudio.
Una devolución extensa es obligatoria cuando la relación con el sujeto o sujetos es específicamente
psicodiagnóstica. Podemos enunciar una serie de principios para guiar esa entrevista (o entrevistas) de devolución.
Según Kenneth S. Pope (1992) la devolución es un proceso dinámico e interactivo (como la evaluación en su
conjunto), aunque no es suficientemente atendido, a menudo por la necesidad de abreviar el proceso, o por
dificultades del propio clínico. Entre estas dificultades se incluyen la incomodidad al tener que dar malas noticias,
al adaptar la jerga profesional al lenguaje del cliente, o al tener que informar, después de un proceso con
frecuencia largo, sobre unos resultados aparentemente escasos. En los casos de separación, guarda y custodia nos
encontramos con la dificultad adicional de tener que favorecer, en ocasiones, a uno de los miembros de la pareja,
cuando el mayor bienestar del niño así lo recomiende. El psicólogo como profesional debe constituirse en defensor
del niño.
La devolución permite que el sujeto elabore aspectos de sí mismo poco conocidos y que añada información o,
incluso, que rechace algunas de nuestras afirmaciones, no siempre sin razón. Frente a existencialistas y
humanistas, opino que el psicólogo puede alcanzar un conocimiento sobre algunos aspectos de la persona, más
amplios o exactos que los que posee ella misma. También opino que esa es la base del proceso terapéutico, y no
solamente la experiencia humana que supone el contacto interpersonal.
Recientemente el Commitee on Psychological Tests and Assessment de la APA (1996) ha manifestado que las
recomendaciones hechas a partir de los resultados de los tests deben utilizar un lenguaje claro, que se pueda
entender. De la misma manera, cuando se revelan las puntuaciones o informes los psicólogos deben proporcionar
información sobre la naturaleza, el propósito y los resultados de los tests y cómo serán utilizadas estas
puntuaciones. En caso de que haya una orden judicial para revelar la información de los tests, añaden, los
psicólogos deben procurar la protección adecuada ante cualquier intento de divulgación o publicación de los
mismos. Esto guarda relación con los siguientes artículos de nuestro Código Deontológico:
Art. 12: Especialmente en sus informes escritos el psicólogo será sumamente cauto, prudente y crítico, frente a
nociones que fácilmente degeneran en etiquetas devaluadoras y discriminatorias, del género de normal/anormal,
adaptado/inadaptado o inteligente/deficiente.
Art. 48: Los informes psicológicos habrán de ser claros, precisos, rigurosos e inteligibles para su destinatario.
Deberán precisar su alcance y limitaciones, el grado de certidumbre que acerca de sus varios contenidos posea el
informante, su carácter actual o temporal, las técnicas utilizadas para su elaboración, haciendo constar en todo
caso los datos del profesional que lo emite.
CONCLUSIONES
Hemos analizado con la suficiente extensión las similitudes y diferencias entre el informe clínico y el informe
forense y que podemos sintetizar como una diferencia importante en el foco de atención de uno y otro, además de
variaciones importantes en el desarrollo del proceso, derivadas de ese foco y del contexto. Los instrumentos
utilizados muchas veces son los mismos, pero eso no excusa de que su interpretación e integración deba adaptarse
al campo específico en el que se esté trabajando, so pena de provocar consecuencias indeseables para los clientes y
para el propio profesional. La ruptura de la regla de confidencialidad en el ámbito forense es, a nuestro entender,
inevitable pero siempre tendrá que estar moderada por la pertinencia de los contenidos que se transmiten.
En consecuencia, no serían comunicables todos los conocimientos que hemos extraído durante las entrevistas. En
la devolución individual parece apropiado recurrir al principio psicoanalítico de señalar, e interpretar, lo más
superficial antes de pasar a lo más profundo. También suele ser útil comenzar por los aspectos más favorables para
el sujeto, o menos problemáticos. Pero esto no quiere decir que el entrevistador "se guarda información", violando
así la regla de "sinceridad" a que se alude en el artículo 6º del Código Deontológico. Esos supuestos
conocimientos, basados en la teoría y en la experiencia previa, también son los más inferenciales y los que
debemos tomar con mayor cautela. La información que se debe comunicar es aquélla en la que tenemos más
seguridad y haciendo, precisamente, una gradación desde las conclusiones más firmes a las hipótesis más
especulativas e, incluso, omitiendo éstas últimas. Es habitual, y aconsejable, que dispongamos de una buena serie
de datos observacionales y descriptivos, menos inferenciales y también más asequibles al conocimiento del sujeto,
que le pueden ser de provecho en esa entrevista. Dicho de otra forma, conviene utilizar un lenguaje "conductual"
en la devolución. En palabras de Vázquez y Hernández (1993), los informes psicológicos forenses deben seguir
una táctica de "máxima observación, media descripción y mínima inferencia".
Como hemos señalado a menudo (Rodríguez Sutil, 1996; Rodríguez Sutil y Ávila Espada, 1999) debemos ser
capaces de distinguir todos los niveles de inferencia y utilizarlos en cada caso concreto, ordenándolos de manera
jerárquica y apoyando nuestra acción en los menos elevados y más descriptivos.
Las conclusiones de un informe forense deben dirigirse a los tópicos que conciernen al cliente, pero sin incluir
necesariamente todas las observaciones psicológicas que se pueden haber obtenido en la evaluación. Debemos
escribir aquellos enunciados que estemos preparados para exponer y defender con confianza ante el tribunal, y no
cualquier opinión que los abogados consideren importante para reforzar su postura.
BIBLIOGRAFÍA
American Psychological Association (1992). Ethical Principles of Psychologists and Code of Conduct. American
Psychologist, 47, 1597-1611.
American Psychological Association (1985). Standards for Educational and Psychological Testing. Washington.
American Psychological Association (1996). Statement on the disclosure of tests data. American Psychologist, 51,
644-646.
Ávila Espada, A. (1986). El peritaje psicológico en los procesos judiciales. En F.Jiménez Burillo y M.Clemente
Díaz (eds.) La Psicología Social y el Sistema Jurídico-Penal. Madrid: Alianza.
Bellak (1971). The TAT, CAT and SAT in clinical use. Nueva York: Grune and Stratton.
COP (Colegio Oficial de Psicólogos) (1987). Código Deontológico del Psicólogo. Madrid.
Cox, F.N. (1984). Psychological Test Evidence in the Criminal Courts. Medicine and Law, 3, 163-170.
Cronbach, L.J. (1970). Essentials of Psychological Testing. Nueva York: Harper & Row (3a. ed.).
Exner, J.E. (1974-1978). The Rorschach; A Comprehensive System. (vols. I y II). Nueva York: John Wiley & Sons.
Exner, J.E. y Weiner,I.B. (1982). The Rorschach: A Comprehensive System. Assessment of Children and
Adolescents (III). Nueva York: John Wiley & Sons.
Franga-Tarragó, O. (1996). Ética para Psicólogos. Introducción a la Psicoética. Bilbao: Desclée de Brouwer.
Grisso, T. (1986). Evaluating Competencies. Forensic Assessments and Instruments. Nueva York: Plenum Press.
Grisso, T. (1987). The Economic and Scientific Future of Forensic Psychological Assessment. American
Psychologist, 42, 9, 831839.
Hierro Sánchez-Pescador, L. (1993). Deontología. Aproximación a los problemas éticos del ejercicio profesional.
En J. Urra y B. Vázquez (comps.). Manual de Psicología Forense. Madrid: Siglo XXI.
Koppitz, E.M. (1968). Psychological Evaluation of Children's Human Figure Drawings. Nueva York: Grune &
Stratton.
Koppitz, E.M. (1984). Psychological Evaluation of Human Figure Drawings by Middle School Pupils. Nueva
York: Grune & Stratton.
McDonald, W.F. (comp.)(1976). Criminal Justice and the Victim. Beverly Hills: Sage.
Mauleón, J. (1984). El Psicólogo como Perito en los Tribunales Ordinarios. I Congreso del Colegio Oficial de
Psicólogos, Madrid. Vol.6 , 2124.
Pope, K.S. (1992). Responsibilities in providing psychological test feedback to clients. Psychological Assessment,
4, 3, 268-271.
Pope, K.S., Butcher, J.N. y Seelen, J. (1993). The MMPI, MMPI-2, and MMPI-A in Court: A Practical Guide for
Expert Witnesses and Attorneys. Washington: American Psychological Association..
Rodríguez Sutil, C. (1990). Situación actual del test de Rorschach. Anuario de Psicología, 45, 89-99.
Rodríguez Sutil, C. (1993). La utilidad del Rorschach y las Técnicas Proyectivas en Evaluación Pericial. Anuario
de Psicología Jurídica, 3, 29-36.
Rodríguez Sutil,C. (1996). La ética de la devolución en Psicodiagnóstico Clínico. Papeles del Psicólogo, 66, 91-
94.
Rodríguez Sutil, C. y Ávila Espada, A. (1999). Evaluación, Psicopatología e Intervención en Psicología Forense.
Madrid: Universidad-Empresa (en prensa).
Sundberg,N.D.; Taplin,J.R. y Tyler,L.E. (1983). Introduction to Clinical Psychology. New Jersey: Prentice Hall.
Vázquez, B y Hernández,J.A. (1993). El rol del psicólogo en las clínicas médico-forenses. En J. Urra y B.
Vázquez (comps.)(1993) Manual de Psicología Forense. Madrid: Siglo XXI.
Weiner,I.B. (1995). How to anticipate ethical and legal challenges in personality assessments. En J.N. Butcher
(ed.) (1995) Clinical Personality Assessment. Practical Approaches. Nueva York: Oxford University Press.

PSICOLOGÍA Y ADMINISTRACIÓN DE JUSTICIA


Arturo Beltrán Núñez
Magistrado-Juez. Audiencia Provincial de Madrid
La psicología tiene cada vez mayor protagonismo en todo lo relacionado con la Administración de Justicia y,
especialmente, en sus funciones de asesoramiento técnico y pericial. Esto, a la vez que tiene indudables aspectos
positivos, también comporta riesgos, como una posible desvirtuación de su función. Dos hechos que reflejan la
tendencia actual en la aportación del psicólogo son, por una parte, que cada vez es más frecuente su intervención
en funciones que van más allá de la pericia como prueba pidiéndosele, además, que realice pronósticos y
propuestas; por otra, su integración como experto en equipos pluridisciplinares.
Psychology is playing an ever greater role in matters related to the administration of justice, particularly with
respect to technical and expert advice. This trend, despite its undoubted positive aspects, also implies risks, such
as the possible misappropriation of the psychologist's function. Two facts that reflect current tendencies in
psychologists' contribution are, on the one hand, their more and more frequent involvement in matters that go
beyond expert advice in questions of proof and they are often required to make prognoses and proposals; on the
other, their involvement as experts in multidisciplinary teams
No llame a engaño el título de este trabajo. Éste es un artículo de unas pocas páginas y no una tesis doctoral. El
tema da para mucho y desde luego para más de lo que es capaz el firmante. Resumamos, pues y al grano.
Es evidente, y no hay que perder tiempo en demostrar lo evidente, que el psicólogo, o la psicóloga (pues la
presencia femenina es la más frecuente y permítase en lo sucesivo usar el masculino como común a los dos
géneros) cada vez tiene más intervención por no decir protagonismo en todo lo relacionado con la Administración
de Justicia y aún con zonas limítrofes o lindantes con la misma cuales servicios sociales de asistencia y protección
a menores, marginados, enfermos, toxicómanos ... que aunque funcionen autónomamente a veces acogen o sirven
a personas que se han relacionado ya o que, en parte al menos, se relacionarán en el futuro con los Tribunales. Es
más si algún peligro hay no es precisamente el de que esa presencia del psicólogo en todos estos terrenos
disminuya sino el de un aumento patológico de su presencia que pueda desvirtuar su función y convertirlo en un
valor autorreferencial. Aunque sea un mal agüero no parece serio negar el riesgo de que los psicólogos
inflacionistas -los partidarios de la presencia del psicólogo hasta en la sopa- terminen por entender que el proceso
es un instrumento para su lucimiento o que el niño marginado es garantía de empleo (y por tanto debe seguir
marginado). El creciente número de licenciados y la incapacidad de los Colegios profesionales para llevar a la vida
real las normas de deontología profesional ha supuesto que el deterioro ético de ciertos grupos resulte palmario.
Recomendable ejercicio para todos, psicólogos incluidos, mirarse en ese espejo.
Y sin embargo en un mundo tan desorientado y desquiciado debiera sobrar trabajo para los psicólogos. Otra cosa
es que la distribución de los recursos humanos sea irracional -vgr. un psicólogo para quinientos presos en un
Centro Penitenciario, otro, dos cuando más, adscritos a la clínica médico forense de Madrid-. En general los
presupuestos no han fijado sus ojos en los psicólogos. Tal vez las cosas cambien en el futuro: el nombramiento
para Defensor del Menor de la Comunidad de Madrid puede ser el pistoletazo de salida.
DE PERITO A ASESOR Y MAS ALLÁ
La pericia es un medio personal de prueba que se caracteriza por dos datos esenciales: los actores son expertos en
alguna rama del saber (ajena al saber jurídico) y la pericia se realiza sobre datos procesales, esto es, los peritos,
salvo supuestos excepcionales, entran en contacto con esos datos durante el proceso (no antes, como por ejemplo
los testigos).
Ya esta doble cualidad del perito ha permitido muchas veces discutir si más que un medio personal de prueba es
un auxiliar o asesor del Juez. La polémica es quizá más lingüística que otra cosa en cuanto que el Juez debe
valerse de todos los medios de que dispone -recursos humanos, medios materiales- para alcanzar la verdad hasta
donde le sea posible y siempre en la forma legalmente permitida.
De otro lado el concepto de prueba se ha tornado excesivamente preciso por el obligado protagonismo de una
rama o especie de prueba cual es la prueba de cargo en el proceso penal cuya obtención y práctica se adornan con
singulares garantías, hasta el punto de considerar exclusivamente merecedoras de tal nombre aquéllas no sólo
obtenidas lícitamente sino además -y con mínimas excepciones- las que se practican en el acto mismo del juicio y
bajo los principios de oralidad, publicidad, inmediación y contradicción.
Pero lo cierto es que hay otros procesos -además del penal- donde la obtención y práctica de las pruebas no está
sometida a principios tan rígidos -aunque normalmente sí a los de inmediación y contradicción- y que en el propio
proceso penal hay resoluciones muy importantes y previas al juicio que se toman tras comprobar determinados
hechos -prisión o libertad provisional, fijación y cuantía de una fianza, obligación de comparecer periódicamente
ante el Tribunal-. Esa comprobación de hechos podrá no denominarse prueba y quizá se prefiera hablar de acto de
investigación, pero tiene eficacia demostrativa inmediata y, si consiste en un asesoramiento técnico, será un acto
de investigación pericialmente asistido. La frontera entre lo que es prueba y lo que es asesoría técnica está por
marcar.
Al respecto no puede olvidarse que en las leyes más modernas -legislación sobre procesos de familia, legislación
de menores, legislación en materia penitenciaria-, cada vez es más frecuente la llamada o la intervención del
psicólogo en funciones que van más allá de la pericia como prueba y pasan al marco de lo que es asesoría en
cuanto que del psicólogo no se pretende, o no solamente, la fijación de datos fácticos, sino también, y con
renovada frecuencia, un pronóstico, una propuesta o incluso un tratamiento.
Y otra característica de la legislación moderna es la tendencia a integrar a los expertos en equipos que, con
diversos nombres -equipos técnicos, equipos psicosociales, equipos especializados, juntas de tratamiento- buscan
el estudio multidisciplinar de los problemas o conflictos y la resolución de los mismos. Cada vez más al psicólogo
va a exigírsele algo más que la actuación descriptiva, cada vez más se habrá de acostumbrar a trabajar junto a
otros (y otros -les guste o no- a trabajar junto a él). La intervención del psicólogo en el tratamiento penitenciario
sería un ejemplo claro de todo esto.
LA PERICIA COMO MODELO
La labor del psicólogo en relación con la Administración de Justicia va más allá de su condición de perito desde el
momento en que en muchas ocasiones se le pide que formule propuestas o posibles soluciones -derecho de
familia, derecho de menores- y en otras incluso que coopere a un tratamiento -derecho penitenciario, tratamiento
penitenciario (como tendente a la reinserción y rehabilitación, distinto de un tratamiento médico)-. Pero la forma
de practicarse la prueba pericial es aleccionadora porque revela cómo debe actuar el psicólogo ante la
Administración de Justicia (lo haga o no como perito).
El psicólogo debe en primer lugar oponerse a toda suerte de intrusismo. La Ley de Enjuiciamiento Criminal (arts.
457 y 458) y la de Enjuiciamiento Civil (art. 615) establecen la distinción entre peritos titulares y no titulares y la
preferencia de los primeros (los que tienen título) sobre los segundos.
En segundo lugar, el psicólogo como perito debe saber cuál es el objeto de la pericia, qué es lo que se busca, si es
un estudio general, o de un rasgo o cualidad particular de la persona, o una capacidad de la misma, etc. No se
puede responder sin conocer las preguntas. Esa claridad y precisión de lo que se pretende que comprenda el
informe pericial es preocupación de la ley (art. 611 de la L.E.Civil). Si no hay claridad en lo que se pregunta el
perito no debe dudar en exigirla antes de realizar la prueba.
Conocido lo que de él se pretende el psicólogo debe realizar las siguientes operaciones (art. 478 de la L.E.Crim.):
- Descripción de la persona objeto del informe pericial psicológico.
- Relación detallada de las operaciones practicadas y de su resultado.
- Conclusiones, que, con arreglo a su ciencia deba formular.
Por tanto deben evitarse los saltos y los atajos. Se ha llegado a una conclusión a través de un camino, y debe
exponerse cuál es el camino, cuáles los datos, las consideraciones, las reflexiones e inferencias. El psicólogo no
puede presentarse como la persona que sabe pero no explica, que califica (o descalifica) sin exponer las bases de
esa calificación.
El dictamen tiene que tener pues una base científica constatable de suerte que pueda ser científicamente
corroborado y científicamente criticado. Las operaciones practicadas deben responder a un plan de estudio
sistemático y tan completo como sea necesario. El lenguaje de las mismas debe ser el propio del científico.
Pero en las conclusiones y sobre todo en las explicaciones verbales de su dictamen o en la ampliación del mismo
si se solicita (art. 630 de la L.E.Crim.; arts. 483 y 724 de la L.E.Civil) el psicólogo debe ser capaz de dar cuenta de
las operaciones practicadas y de las propias conclusiones en un lenguaje claro, inteligible, acompañado, si es
preciso, de ejemplos o comparaciones. No puede el psicólogo guardar su ciencia para él o el grupo de elegidos. Ha
de transmitir sus conocimientos sobre el caso concreto y asegurarse de que llegan con nitidez a los demás. La
capacidad para exponer lo que sabe en términos llanos sólo dirá bien de su claridad conceptual. El refugio, sin
capacidad de salida, en la cueva de términos iniciáticos sólo se valorará positivamente por los acomplejados o los
frívolos.
FINAL
Que podría ser continuación. Las leyes de Enjuiciamiento (arts. 619 y ss. de la L.E.Crim.; arts. 467 y ss. de la
L.E.Crim.) prevén la recusación de los peritos. Se busca con ello su imparcialidad. Pero esa imparcialidad no es
suficiente. El perito y en general el psicólogo en cualquier función que ejerza debe ser absolutamente
independiente y para ello es importante que quiera serlo, y que le dejen. Para que le dejen es importante que actúe
desde la libertad de una profesión liberal o desde la seguridad de una relación institucional preferentemente, en
este caso, con la cualidad de funcionario. Y bien remunerado. Su integración en un equipo multidisciplinar, su
dependencia orgánica del Juez, del Fiscal, del Director de un Centro Penitenciario, deben salvarse estatutariamente
para salvaguardar su independencia funcional. Querer ser independiente también es necesario. No se trata de que
alguien oiga lo que quiera oír. No se trata de acomodar el dictamen al deseo del cliente, o del "superior". Ni eso es
lealtad, ni es moral ni jurídicamente permisible. Pero es tentador. Y, pese a la sugerencia de Mark Twain, la forma
de protegerse de esa tentación no puede ser la cobardía.
Bibliografía
Ley de Enjuiciamiento Criminal (1997). 16ª edición. Madrid: Tecnos.
Ley de Enjuiciamiento Civil (1997). 16ª edición. Madrid: Tecnos.
EL INFORME PERICIAL PSICOLÓGICO: CRITERIOS JUDICIALES Y JURISPRUDENCIALES
Jesús de la Torre Laso
En este artículo se exponen con brevedad algunas de las valoraciones que hacen los jueces y las leyes sobre el
informe pericial psicológico. También, se analizan los criterios que tiene la Jurisprudencia del Tribunal Supremo
para estimar o no la prueba pericial.
This article explains briefly some of the assessments made by judges and laws about psychological expertises. In
addition, this study analyses the viewpoints that the Supreme Court's Jurisprudence makes use of in order to
estimate or not the expert proof.
El informe pericial psicológico o peritaje psicológico, como acto en sí, tiene como objeto el análisis del
comportamiento humano en el entorno de la Ley y del Derecho.
Las leyes contemplan que cuando sean necesarios o convenientes conocimientos científicos, artísticos o prácticos,
se puede utilizar como medio, la prueba de peritos (artículos 1242 del Código Civil y 610 de la Ley de
Enjuiciamiento Civil y 456 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal).
Precisamente, el perito se puede definir como la persona que posee los conocimientos científicos, artísticos o
prácticos y que, a través de la denominada prueba pericial ilustra a los tribunales con sus conocimientos propios,
para la existencia de mayores elementos de juicio, informando bajo su juramento (Rodríguez, 1991).
Cada vez son más los jueces que acuden a los psicólogos (ya sean privados o pertenecientes a la Administración
de Justicia), solicitando asesoramiento para valorar todas las cuestiones que tienen que ver con el estudio de las
condiciones psicológicas de los actores jurídicos. Por ejemplo, la sentencia del Tribunal Supremo de 21 de
noviembre de 1992 (RJ 1992\9624) se afirma que la psicología permite aportar medios de conocimiento, que el
Tribunal no podría ignorar en su juicio sobre la credibilidad del testigo y que, por sí mismo no podría obtener en
razón del carácter científico especializado de los mismos".
No obstante, y aunque el contenido del informe pericial exprese aquella información que le ha demandado el Juez,
dicho informe no es vinculante para su dictamen, según se dispone en los artículos 609 y 632 de la Ley de
Enjuiciamiento Civil (LEC):
609: El Juez hará por sí mismo la comprobación, después de oír a los peritos revisores, y apreciará el resultado de
esta prueba conforme a las reglas de la sana crítica, sin tener que sujetarse a dictamen de aquellos.
632: Los Jueces y los Tribunales apreciarán la prueba pericial según las reglas de la sana crítica sin esta obligados
a sujetarse al dictamen de los peritos.
Entonces, en el caso de tener distintos dictámenes contradictorios, el Juez se podrá inclinar con el que le merezca
mayor fiabilidad y credibilidad. Esta garantía, en principio, la examinará el juzgador según la capacidad de
conocimientos del perito y según los criterios objetivos de la pericia: método empleado, conclusiones pertinentes,
etc...
Pero, cuando el Juez llegue a conclusiones distintas de dichos informes, debe expresar las razones que justifiquen
tal decisión porque si no nos encontramos "ante un discurso o razonamiento judicial que es contrario a las reglas
de la lógica, de la experiencia o de los criterios firmes del conocimiento científico" (Sentencia del T.S. de 6 de
marzo de 1995, RJ 1995\1811).
Desde esta perspectiva, la pericia, más que una prueba, representaría el medio para la valoración de un elemento
de prueba. De ahí el carácter instrumental de la pericia psicológica, y el perito psicólogo como auxiliar del Juez.
En el informe pericial, se deben valorar los hechos o circunstancias psicológicas que sean de interés o necesidad
para el proceso judicial.
No obstante, el perito no proporciona ni sugiere conocimientos jurídicos (Marchena, 1995).
Hay autores (Fombellida, 1995; García 1990), sin embargo, que sí consideran que el perito psiquiatra (en este
caso) tiene como función específica (valga como ejemplo) además de valorar la imputabilidad de un sujeto, el
pronunciarse sobre ella, y sugerirle al Tribunal el tratamiento médico-judicial, sus alternativas, etc., con relación al
inimputable.
Sin embargo, la literatura actual (Ortuño, 1998; Albarrán, 1998), y la jurisprudencia afirman, que el perito no debe
entrometerse en el ejercicio de las funciones del Juez, y por eso debe alejarse de sugerir o proporcionar
conocimientos jurídicos, porque se desvía del verdadero significado del informe pericial, y desbordaría los límites
definitorios del mismo (arts. 610 de LEC y 456 de LECr).
Según provenga la demanda del informe pericial, éste puede formar parte del contenido de los documentos que
aporta una determinada parte implicada en el proceso, con lo que pasa a ser un informe documental y no pericial.
Tradicionalmente se considera que los peritos individuales, propuestos y pagados por una parte inspiran menos
confianza o suscitan dudas al juzgador sobre su objetividad frente a los integrantes de distintos centros,
especialmente públicos (Pedraz, 1993).
Es el juez quien deberá asegurarse el grado de maestría, objetividad y profesionalidad de los peritos privados, los
que deberán prestar promesa o juramento del desempeño de su función.
Esta concepción se basa en la anterior consideración de la necesidad que tienen los órganos jurisdiccionales sobre
el asesoramiento técnico en diversas materias.
Este asesoramiento, a veces proviene del mismo entorno público. El psicólogo se ha ido introduciendo
progresivamente en la Administración de Justicia para ilustrar al Juez en las materias propias de la ciencia
psicológica.
Si bien y desde el mes de noviembre de 1983, el Consejo General del Poder Judicial creó equipos
multiprofesionales para los juzgados especializados de familia, hasta la fecha el psicólogo actúa en todos los
juzgados de menores, en los juzgados de familia y en algunas clínicas médico-forenses.
Únicamente como ejemplos cabe afirmar que, la realización de informes periciales en menores, están limitados a
los equipos técnicos de los propios Juzgados de Menores, según el nº 1 del artículo 9 de la Ley Orgánica 4/1992
de 5 de junio, reguladora de la competencia y el procedimiento de los Juzgados de Menores.
Estos dictámenes periciales, además, y para que tengan valor probatorio deben efectuarse siempre ante la
presencia judicial, e incluso de las partes personadas (Sentencia del Tribunal Supremo de 22 de marzo de 1995, RJ
1995\4562).
La intervención como peritos auxiliares en el proceso de familia y para suplir la ausencia de conocimientos
específicos del Juez, los psicólogos tienen en la actualidad su mayor relevancia en la determinación de las medidas
reguladoras de las crisis matrimoniales, y en especial las relativas al régimen del ejercicio de la patria potestad
compartida tras una ruptura de convivencia, la ordenación de la guarda y custodia, el régimen de comunicación y
las visitas con el progenitor no custodio.
En los procedimientos laborales, en la Ley de Procedimiento Laboral de 7 de abril de 1995, se determina que para
la prueba pericial se podrá requerir la intervención de un médico forense, en los casos que sea necesario (artículo
93) y no se alude en ningún caso que el citado informe lo pueda realizar otra persona especializada, por ejemplo
un psicólogo.
En el procedimiento penal, la solicitud del informe pericial puede ser motivado por las partes o por el Juez. Esta
concepción genera diferencias de valoración ya, porque tienen distinta consideración el informe solicitado en una
fase de investigación y el que se desarrolla en el juicio oral.
El informe solicitado en una fase de investigación parte de la iniciativa del juez y sirve para determinar las
circunstancias que pueden influir en la calificación, y en la culpabilidad del delincuente, en un procedimiento
penal (art. 299 de la LECr), mientras que el informe que se desarrolla en el juicio oral es solicitado o iniciado por
las partes y sirve como otro método de prueba.
No obstante, según la doctrina de la Sala 2ª del Tribunal Supremo (sentencia 1994\5169 de 10 de junio) la prueba
(referida a la prueba pericial psicológica) debe ser propuesta en el escrito de conclusiones provisionales y no
durante el juicio oral porque como se ha declarado reiteradamente por el Tribunal en numerosas sentencias entre
ellas las de 26 de marzo y 5 de octubre de 1990 (RTC 1990\52) así como en la Sala II del Tribunal Supremo:
sentencias 18, 20, 21 y 25 de septiembre de 1992 (RJ 1992\7188, RJ 1992\7201 y RJ 1992\7261) es preciso
distinguir entre pertinencia y necesidad de las pruebas de manera que la decisión acerca de la primera ha de
hacerse atendiendo al criterio de adecuación, o sea, cuando teniendo...
También otras sentencias del Tribunal Supremo (13-7-1993 y 29-4-94) sostienen que las diligencias periciales
practicadas pueden ser valoradas como pruebas por el órgano enjuiciador, si no han sido combatidas en dicha fase
procesal o contradichas en la fase oral.
Expresamente, la prueba pericial psicológica y/o psiquiátrica se debe ratificar en el juicio oral para proteger al
proceso de los principios de oralidad, contradicción e inmediación (Pedraz, 1993).
No se trata solamente de facilitar a un inculpado una oportunidad de contradecir lo hecho y/o dicho por el perito, y
así evitar la indefensión, sino básica y esencialmente posibilitar que el Tribunal pueda ponderar de modo directo,
por sí mismo, el material probatorio que ha de servir para fundar su convicción.
La prueba pericial integra la opinión o dictamen de una persona y al mismo tiempo proporciona conocimientos
técnicos para valorar los hechos controvertidos, pero no un conocimiento directo sobre cómo ocurrieron los
hechos. En consecuencia, no constituye un documento a efectos casacionales (en un recurso de casación ante el
Tribunal Supremo) los dictámenes periciales no son en sí mismos documentos hábiles (únicamente son
considerados documentos personales) para sustentar dicho recurso casacional. El tribunal ha de valorar la prueba
"según su conciencia" en expresión del art. 741 de la LECr. o "según las reglas de la sana crítica" ( art. 632 de la
LEC).
Sin embargo, sólamente se equipara a la prueba documental (Sentencias 1996\9818 y 1996\9662 entre otras
muchas) cuando hay un solo informe de esta clase, o varios plenamente coincidentes, tan claros y evidentes en el
punto discutido que su rechazo pudiera constituir un comportamiento arbitrario por parte del juzgador.
Aunque el tratamiento jurídico diferenciado que el Tribunal Supremo dispensa a los informes periciales
provenientes de Centros Oficiales carece de cobertura normativa, la Sentencia del Tribunal Supremo (RJ1996\871)
indica que los informes oficiales emitidos por los organismos oficiales pueden ser valorados como prueba por el
Tribunal, aun cuando no hayan sido ratificados en el juicio, cuando las partes, que conocieron el contenido del
informe no solicitaron la comparecencia del perito o peritos en el juicio (entre otras, STS 25 de junio de 1994
(1994\5029)).
Aunque se ha andado un camino importante para proporcionar al juez los conocimientos que sobre el
comportamiento humano posee, y que aquel solicita sobre la persona o personas que intervienen en el mismo
procedimiento Jurídico, el perito psicólogo no está introducido en la Administración de Justicia lo suficiente como
para ilustrar a los Tribunales con los propios conocimientos de la ciencia.
Aun así, desafortunadamente todavía queda mucho camino por andar a la psicología jurídica como tal para que la
Justicia reconozca el sitio que puede ocupar el perito psicólogo en los procedimientos donde se necesita valorar
una enfermedad mental, por ejemplo. No es así cuando se analiza la labor del perito médico porque éste tiene "un
dominio de lo que es natural, a saber, todas las bases científicas de la enfermedad o anomalías mentales"
(Sentencia del T.S. 1994\3350 de 20 de abril).
También, habría que contar con el apoyo de los órganos jurisdiccionales para poder auxiliar a los mismos en
materias como credibilidad del testimonio, la incapacitación, la evaluación de los trastornos mentales ya que la
ciencia psicológica dispone de los recursos para ello, y abandonar el escepticismo acerca de que "sólo el
médico puede suministrar al Juez la información y conocimientos especializados que se requieren para valorar la
multitud de aspectos de la patología del paciente que son precisos legalmente para la incapacitación..., pues un
Juez normalmente ni posee ni está obligado a poseer conocimientos médicos" (El subrayado es nuestro)
(González, 1998).
BIBLIOGRAFÍA
Albarrán, J. (1998). El informe pericial psicológico en los procesos civiles y laborales. Aspecto teórico de la
intervención del psicólogo. En Albarrán, J. (Coord.) Peritaje psicológico en procedimientos civiles y
laborales. Madrid: Fundación Universidad-Empresa, 13-49.
Código Civil. (1997). 16ª ed. Madrid: Tecnos.
Fombellida, L (1995). Valoración Médico-Legal de los Trastornos de la Personalidad. Poder Judicial, 40, 9-56.
García, J. A. (1990). Conferencia pronunciada en el Centro de Estudios Judiciales y Formación Especializada del
Departamento de Justicia de la Generalitat de Cataluña. Barcelona. 19 de Octubre de 1990.
González, MªA. (1998). "Consecuencias jurídico-legales de las psicopatologías: la incapacitación civil" [en línea].
Primer Congreso Virtual Iberoamericano de Neurología. <> [Consulta: 10 Dic. 1998].
Ley de enjuiciamiento civil. (1997). 16ª ed. Madrid: Tecnos.
Ley de enjuiciamiento criminal. (1997). 16ª ed. Madrid: Tecnos.
Ley de procedimiento laboral. Real Decreto Legislativo 2/1995, de 7 de abril. BOE nº 86, 11 de abril de 1995.
Marchena, M. (1995). De peritos, cuasiperitos y pseudoperitos. Poder Judicial, 39, 233-251.
Ortuño, P. (1998). Valoración judicial de la intervención psicológica en procedimientos de familia. En Marrero,
J.L. (Coord.) Psicología Jurídica de la Familia. Madrid: Fundación Universidad-Empresa, 287-313.
Pedraz, M. (1993). Valoración de informes periciales. Actualidad Jurídica Aranzadi, Año III, 125 y 126.
Rodríguez, M. (1991) Manual del perito médico. Barcelona: José Mª Bosch Editores.
EVALUACIÓN DE LA CREDIBILIDAD DE LAS DECLARACIONES DE MENORES VÍCTIMAS DE
DELITOS CONTRA LA LIBERTAD SEXUAL
María Luisa Alonso-Quecuty

Este artículo ha estado dirigido al doble objetivo de la descripción de algunos procedimientos de análisis de
contenido para la evaluación de la credibilidad de niños víctimas de delitos contra la libertad sexual, así como la
discusión de la figura del psicólogo forense experimental de reciente creación en España. En primer lugar se
discuten algunos problemas relacionados con las técnicas de entrevista a emplear en la exploración de los niños
testigos. Por último se discute la necesidad de cualificación experta en este campo de la intervención psicológica,
nuevo en España.
This paper has the double objective of describing several content analyses to evaluate the credibility of sexually
abused children, as well as analysing the roles of the experimental forensic psychologist, of recent appearance on
the Spanish legal scene. Firstly, some problems related with interview thechniques to explore child withnesses are
discussed. Subsequently, a discussion of the need for expert qualification in this field of psychological activity, so
new in Spain.
En los últimos años el número de denuncias por delitos contra la libertad sexual de menores en España se ha
incrementado de forma alarmante. No obstante, al contrario de lo que ha sucedido con otras situaciones en las que
se ha producido una demanda urgente de psicólogos (e.g.: catástrofes naturales, accidentes de aviación, guerras...),
no se ha planteado la formación de profesionales que puedan intervenir eficazmente en ayuda de los menores
víctimas de este tipo de delitos. Si bien es cierto que algunas delegaciones del Colegio Oficial de Psicólogos ha
mostrado su preocupación por la problemática de la evaluación de la credibilidad de los niños (e.g.: Madrid,
Santiago de Compostela, Zaragoza) en la mayoría de las ocasiones, el psicólogo al que se le solicita una pericial
de credibilidad se ve, como si de un nuevo Gary Cooper se tratara: sólo ante el peligro.
Cuando revisamos la literatura que existe sobre el tema en castellano, nos encontramos con una propuesta de
evaluación de la credibilidad desde la Psicología Clínica focalizada en los síntomas que, de haber sido víctima de
uno de estos delitos, presentaría el menor (ver: Pérez Conchillo y Borrás, 1996). No es mi intención en este
artículo realizar un análisis exhaustivo de las ventajas e inconvenientes de la evaluación de la credibilidad del
menor a partir de la presencia/ausencia de síntomas de abuso; no obstante, sí me gustaría comentar algunos de los
problemas que con mayor frecuencia me he encontrado en los años que llevo trabajando en este tema. En primer
lugar, tenemos el problema de la existencia de múltiples listados de síntomas que es de esperar, cursen asociados a
episodios de abusos sexuales. Si bien algunos de estos listados son fruto de una rigurosa investigación de menores
que han sido realmente víctimas de este tipo de delitos (ver: Sauzier, Saltz y Clahoun , 1990), no es menos cierto
que otros de esos listados reflejan una casuística que en ocasiones parece más fruto de la fantasía de sus autores,
que de un tratamiento serio del tema. Así, nos encontramos con psicólogos que listan entre los síntomas de abuso
sexual en menores de edad pre-escolar los siguientes: trastornos de sueño, enuresis, pataletas, rabietas, dificultad
de concentración, rechazan bañarse, o conducta sexualizada. De ser así, la práctica totalidad de los niños menores
de cinco años sería considerada como víctima de una agresión sexual.
En segundo lugar, están las evaluaciones de "fiabilidad del menor" que se focalizan en la personalidad del menor:
su simpatía, su extroversión o su sinceridad. El problema del análisis subjetivo del menor llega a su extremo más
peligroso cuando la evaluación de la credibilidad del menor se realiza desde su "honestidad probada". Mal está
que los letrados de la defensa, en su afán por realizar su trabajo con éxito, lo utilicen, pero no debería ser el
argumento central de un informe sobre la credibilidad de un menor, no importa si la conclusión del informe lo
favorece o lo perjudica. Recordemos que hasta en el célebre cuento de "Pedro y el Lobo", no importa lo mentiroso
que fuera Pedro, al final el lobo había venido y se estaba comiendo a la ovejas (Alonso-Quecuty, 1998).
Por último, está el problema del momento en el que se detectan los síntomas. Aún con un listado de síntomas
válido y fiable, con excesiva frecuencia los síntomas se detectan durante el proceso que sigue a la denuncia de un
presunto abuso. La pregunta aquí es: ¿Qué ha causado la alteración en el menor? ¿Un episodio de abuso sexual o
el estrés derivado del procedimiento judicial en el que se ha vista involucrado tras denunciarlo?. Ningún psicólogo
podría honestamente responder a esta pregunta con un cien por cien de certeza. Más aún, ese psicólogo al que se le
pide que evalúe la credibilidad del menor si no es el último en entrar en el procedimiento, al menos no es el
primero en hacerlo. No es infrecuente que el psicólogo evalúe la presencia de estos síntomas de abuso varios años
después de sucedida la agresión. Otras veces, como he tenido ocasión de presenciar, el psicólogo evalúa la
existencia de estos síntomas tras una entrevista mantenida con el menor durante la celebración del juicio oral,
inmediatamente después de que el menor prestara declaración ante el juez o el tribunal que juzga el caso. ¿Qué
estaríamos evaluando en ese momento? ¿El trauma producido por el abuso, o la nueva victimización de que ha
sido objeto el menor al declarar? (Alonso-Quecuty, 1994a)
Dejando a un lado aquellas situaciones más extremas como algunas de las que aquí he comentado, no deberíamos
olvidar que sólo ha habido un niño del que con sólo observar su comportamiento, podíamos decir si mentía o no:
Pinocho (Kassin y Wrightsman, 1988, citados en Alonso-Quecuty, 1991).
¿Cuál es la alternativa a la evaluación de la credibilidad centrada en la figura del menor?: la evaluación de la
realidad de los hechos que denuncia, el análisis de su declaración sobre la presunta agresión sexual.
La obtención de declaraciones de los menores víctimas
La demanda de periciales de credibilidad de menores víctimas de delitos contra la libertad sexual, ha llevado a los
psicólogos interesados en el campo de la Psicología del Testimonio a recabar información sobre los distintos
procedimientos de análisis del contenido de las declaraciones existentes. La búsqueda de un listado de criterios
que permitan realizar el análisis de la credibilidad ha pasado por alto algo que es aún más importante que ese
listado: dominar los procedimientos de entrevistas a menores presuntamente víctimas de estos delitos. Sólo
siguiendo un procedimiento correcto podemos estar seguros de que la información que nos ha proporcionado el
menor es válida. De ahí la importancia de una buena entrevista: sin ella, de nada nos vale disponer de los más
rigurosos criterios de credibilidad y sólo con ella tendremos un material al que aplicarlos con fiabilidad.
La tarea del psicólogo comienza con l preparación de la entrevista. Para ello, se debe estudiar cuidadosamente
todas y cada una de las páginas del sumario del caso. Esta es una de las diferencias más importantes existentes
entre la entrevista en una pericia de credibilidad y las clásicas entrevistas utilizadas en casos de niños víctimas de
este tipo de delitos, en las que el psicólogo garantiza su objetividad enfrentándose a la entrevista sin haber recibido
ningún tipo de información sobre el caso. En los peritajes de credibilidad, esta objetividad conlleva un
considerable riesgo de pérdida de información. La entrevista forense maximiza la importancia de disponer de toda
la información útil que es posible obtener del niño evitando posibles sesgos en las preguntas. Sólo una vez
analizadas todas las declaraciones formuladas por el niño y los restantes testigos, incluyendo la del presunto
agresor, estamos en condiciones de entrevistarnos con el menor.
La limitación de espacio no permite un análisis extenso de los procedimientos a seguir en el desarrollo de esta
entrevista, no obstante, considero que merece la pena dejar constancia aquí de algunas de las precauciones que
habría que considerar a la hora de realizarlas.
En primer lugar está la creación de un clima de simpatía y confianza, el objetivo es que el niño se sienta tan
cómodo y relajado como sea posible. Durante esta primera fase hay que tomar una serie de precauciones que van
desde explicar al niño el motivo de la entrevista y quienes somos, hasta dejar claro que no se va a decidir sobre su
credibilidad o su culpabilidad en el episodio que ha sido objeto de denuncia. Uno de los aspectos más importantes
es proporcionar al niño las diversas opciones de que dispone para responder a nuestras preguntas durante la
entrevista. Entre ellas se encuentran advertencias como: que existen muchas formas de responder a las preguntas,
que lo mejor es decir siempre la verdad, si la sabe, o decirnos que no conoce la respuesta si no la sabe; advertirle
de que si se le pregunta sobre algo que sí pasó o algo de lo que conoce la respuesta pero no quiere hablar de ello
en ese momento, no debe decirnos que no sucedió o que no lo recuerda; aclarar que, es esos casos, le basta con
decirnos que no tiene ganas de hablar de eso ahora, o que le asusta hablar de eso, o simplemente que no le gusta
esa pregunta... etcétera (ver Bull, 1992). Sólo tras haber obtenido un clima de confianza y haber aclarado todas y
cada una de los múltiples opciones de que dispone para responder a nuestras preguntas, estaremos en condiciones
de comenzar a hablar con el menor sobre el episodio crítico.
Llegados a este punto, hay que detenerse un momento a considerar algo que va a ser vital para la evaluación de la
credibilidad de la declaración del menor: necesitamos obtener un relato completo del episodio de principio a fin,
sin interrupciones, ni preguntas por parte del entrevistador. Este es el pre-requisito que cualquiera de los distintos
procedimientos de análisis de contenido de declaraciones exige para que la valoración posterior de los contenidos
de la misma sea válida y fiable. Así, se hace imprescindible formular una pregunta abierta que permita al menor
narrar el episodio sin interrupción alguna (e.g.: Cuéntame lo que ha pasado), pero incluso algo tan sencillo como
esa instrucción requiere una atención especial en los niños más pequeños. A éstos es necesario advertirles que no
se sabe nada de lo sucedido; así evitaremos el que el niño asuma que, habiéndoselo contado previamente a otros
adultos (e.g.: su madre, el juez...) nosotros estamos informados de lo sucedido. De no hacerlo, el menor podría no
realizar un relato tan extenso y detallado del episodio como para permitir la posterior evaluación de la credibilidad
del mismo.
Una vez obtenida esa versión completa y detallada del episodio sin interrumpir al menor en ningún momento de su
relato, podría ser necesario plantear al niño algunas preguntas específicas relacionadas con la narración del
episodio que acaba de realizar, o con lo que ha declarado en ocasiones previas a su familia, policía, juez... En este
momento se hace aún más importante el dominio de las estrategias de entrevista necesarias para no introducir
sesgos involuntarios en su declaración. Entre la extensa lista de precauciones a considerar estarían: repetir las
afirmaciones del niño como introducción a las preguntas, no interrumpirle en sus respuestas, evitar preguntas
cerradas o, caso de ser imprescindibles, formularlas sin dar por hecho que existe una respuesta correcta a la
pregunta (e.g.: ¿Sabes si...?)
La situación de entrevista se complica aún más cuando el menor presenta problemas de comunicación, bien debido
a la edad, porque presente algún déficit físico o psíquico que dificulte la comunicación, o porque no domine el
español (ver Alonso-Quecuty, 1994b).
El análisis del contenido de las declaraciones de los menores víctimas
El análisis de la credibilidad de las declaraciones surge en los años 50 en Alemania (Undeutsch, 1957), si bien el
primero en dar con las claves por las que se debería evaluar la credibilidad del testimonio es Arne Trankel quien
define dos criterios sobre los que se debería basar la discriminación entre declaraciones verdaderas y falsas: el
criterio de realidad (las declaraciones que tienen su origen en percepciones reales se caracterizan por contener un
mayor número de detalles periféricos que las declaraciones falsas), y el criterio de secuencia (en una secuencia de
declaraciones verdaderas son de esperar modificaciones en los aspectos periféricos: momento del día, duración del
incidente..., del episodio sobre el que se declara.
Undeutsch, a partir de estos criterios de Trankel y de su experiencia en el campo de la evaluación de declaraciones
de niños víctimas de abusos sexuales, desarrolla el primero de los distintos procedimientos de análisis de la
credibilidad de que disponemos en la actualidad: el Análisis de la realidad de las declaraciones (SRA) (Undeutsch,
1967).
El punto de partida de este análisis es que las declaraciones basadas en hechos reales (autoexperienciados) son
cualitativamente diferentes de las declaraciones que no se basan en la realidad y son mero producto de la fantasía.
Los criterios de realidad reflejan los aspectos en los que difieren específicamente los testimonios reales de los
falsos.
El procedimiento se basa en dos tipos de datos igualmente importantes. Los primeros se obtienen de la declaración
del niño obtenida por el encargado de evaluar la credibilidad de su testimonio. Esta declaración debe ser lo
suficientemente extensa como para permitir el análisis, pero -como señalaba en el apartado anterior de este
artículo- debe realizarse de forma narrativa libre, sin preguntas ni interrupciones. El segundo bloque de datos se
obtienen de las declaraciones previas realizadas por el menor ante las distintas instancias legales.
Undeutsch agrupa los criterios de análisis en dos grandes categorías según se refieran a la declaración considerada
aisladamente, o a la secuencia de las declaraciones que el niño ha realizado en los diferentes momentos de la
investigación. En cada caso, la presencia de un criterio en la declaración favorece su credibilidad (salvo en el caso
de los criterios negativos) a la vez que su ausencia no la hace disminuir. En total, Undeutsch lista 16 criterios: 14 a
buscar en la declaración que hemos obtenido del menor con las garantías ya comentadas y 2 que consideran esta
declaración en relación con las previamente realizadas por el menor a lo largo del proceso.
Los criterios a considerar en la declaración se agrupan a su vez en tres grandes subcategorías: criterios
fundamentales (e.g.: concreción), manifestaciones especiales de estos criterios (e.g.: detalles que exceden la
capacidad del niño), y criterios negativos o de control (e.g.: falta de consistencia). Sólo éstos últimos afectarían
negativamente con su presencia a la credibilidad de la declaración. Por su parte, los criterios a considerar en la
declaración analizada en el contexto de las declaraciones previas se centran en el grado de falta de persistencia.
Además de la mera presencia/ausencia de cada uno de estos criterios, Undeutsch señala que la evaluación final de
la declaración del niño debe considerar los siguientes factores:
La intensidad con que ha sido pronunciado cada uno de los criterios, el número de detalles que aparecen en la
declaración, la capacidad de la persona que declara y las características del suceso. Una vez valorados estos
factores, la declaración se evaluará como: creíble, probablemente creíble, indeterminada, probablemente increíble
o increíble (ver Alonso-Quecuty, 1994b; Diges y Alonso-Quecuty, 1995).
El procedimiento originalmente diseñado por Undeutsch ha dado lugar a nuevos métodos semi-estructurados de
análisis de la credibilidad de las declaraciones como el denominado: Criterios de contenido para el análisis de las
declaraciones (CBCA) (Steller y Köhnken, 1990).
La CBCA añade tres criterios a los considerados por Undeutsch en la SRA y los reorganiza en cinco bloques en
función de que sus contenidos hagan referencia a características generales del suceso (e.g.: estructura lógica), sean
contenidos específicos (e.g.: complicaciones inesperadas), se refieran a peculiaridades de contenido (e.g.:
asociaciones externas), sean contenidos relacionados con la motivación (e.g.: culpabilidad) o se refieran a
elementos específicos de la ofensa.
Tras la consideración de estos 19 criterios, Steller y Köhnken (1990) recomiendan, como una fuente de
información adicional, aplicar una check-list de validez de la declaración (SVA) que considera 11 nuevos factores
agrupados en cuatro categorías según se refieran a características psicológicas del niño (e.g.: susceptibilidad a la
sugestión), características de la entrevista (e.g.: adecuación general), la motivación del niño (e.g.: contexto donde
se produce la primera declaración) o a cuestiones relacionadas con la investigación (e.g.: consistencia).
No es el objetivo de este artículo, realizar una exposición didáctica de estos procedimientos, pero llegados a este
punto, vale la pena detenerse y aclarar que la evaluación de la credibilidad de la declaración del menor no termina
con la detección de la presencia/ausencia de uno u otro listado de criterios (SVA, CBCA) en la declaración del
niño, ni con la aplicación de una check-list de validez (SVA).
La traducción del procedimiento en un nuevo listado de "síntomas" de credibilidad, nada tiene que ver con su
correcta aplicación, ya que -y ahí reside el dominio de la técnica- no todos los contenidos poseen el mismo peso a
la hora de valorar la credibilidad. Más aún, el peso a otorgar a cada uno, no posee un valor estándar ya que
depende de múltiples factores que van desde la edad del menor a la complejidad del episodio, tomando en
consideración factores tan diversos como el paso del tiempo (Alonso-Quecuty, 1993) o el número de ocasiones en
las que el menor se ha visto obligado a repetir su relato (Alonso-Quecuty y Hernández-Fernaud, 1997). Para todo
ello, se hace imprescindible un conocimiento actualizado de los resultados de la investigación que se va
desarrollando con estos procedimientos de análisis, tanto en el contexto del laboratorio, como en de los estudios de
campo (e.g.: Esplin, Boychuk y Raskin, 1988). Sólo tras considerar cuidadosamente todos y cada uno de los
posibles factores implicados en cada caso, podremos realizar una valoración de la credibilidad fiable.
En la actualidad, algunos de los profesionales que están utilizando los análisis de contenido de las declaraciones
(que en ocasiones ni siquiera poseen el título de psicólogos) han pervertido su uso transformándolo en una check-
list de síntomas a partir del cual, gracias a un mero recuento llegan a una conclusión en cuanto a la credibilidad de
la declaración del menor. Más aún, como he tenido ocasión de comprobar, estos criterios se llegan a aplicar a
cualquier material disponible en el sumario (e.g.: cartas de familiares del menor) y, sin tan siquiera entrevistar al
niño, se formulan conclusiones a favor o en contra de la credibilidad del menor.
El psicólogo experto en la evaluación de la credibilidad de los menores víctimas
Cuando desde la dirección de Papeles del Psicólogo se me invitó a participar en este A Fondo sobre informes
psicológicos y peritajes, se me solicitó que comentara los problemas asociados con las periciales de credibilidad
de menores víctimas de delitos sexuales. A lo largo del artículo he comentado muy brevemente algunos de ellos.
No obstante, la evaluación de la credibilidad, como los poliedros que estudiábamos en geometría, posee múltiples
caras y todas ellas llevan asociada una problemática concreta. La solución a los problemas de la pericial de
credibilidad comentados, y a los muchos otros que han quedado en el tintero, viene de la mano de la correcta
elección del psicólogo encargado de realizarla. Ahora la pregunta es ¿quién es el experto?.
Como ya he tenido ocasión de exponer en trabajos previos (Diges y Alonso-Quecuty, 1995), ese experto debe ser
un psicólogo experimental, cuya formación haya profundizado en el estudio avanzado de los procesos
psicológicos (percepción, atención, memoria, pensamiento, lenguaje y aprendizaje), así como en la
experimentación en alguno o varios de esos procesos. Así, el calificativo de experimental expresa la
especialización de su formación, diferente de la de otros expertos que intervienen también en el ámbito forense,
como el psicólogo clínico o el evolutivo.
Estas diferencias en formación tienen como consecuencia lógica una diferenciación en términos de las áreas de
actuación forense. En el caso de los delitos contra la libertad sexual de los menores, la argumentación que subyace
a la evaluación de la credibilidad de la declaración del niño siempre utiliza como referencia lo que sabemos sobre
el funcionamiento de la memoria humana y del lenguaje. El psicólogo forense experimental toma como punto de
partida el funcionamiento normal de la memoria de los niños para tratar de verificar si el relato de memoria en
cuestión se ajusta, y en qué grado, al curso que se podría esperar desde ese funcionamiento normal. En la medida
en que se aparte del perfil de un relato verdadero de memoria puede hacer surgir dudas sobre su origen (e.g.: un
relato inducido por un adulto, una mentira...). Asimismo, se toma en consideración su nivel de lenguaje y de
metalenguaje que posee el menor: su capacidad para comunicar lo que recuerda del incidente y cómo se realiza esa
comunicación (e.g.: tono emocional).
En ningún caso, la no disponibilidad inmediata de un psicólogo cualificado debería suponer la aceptación de
cualquier psicólogo, médico o trabajador social más accesible en el momento. Hay un grave peligro en la
aceptación como experto del psicólogo "doméstico", es decir, aquél que está más cerca del tribunal por pertenecer
a alguna otra institución relacionada con la Justicia (e.g.: el psicólogo de la prisión cercana, el psicólogo del
juzgado de menores, etc.), y aún más peligroso es confundir la cualificación profesional en un campo (e.g.: la
categoría dentro de la universidad) con la cualificación profesional en un área tan específica, como lo es ésta de la
evaluación de la credibilidad de declaraciones.
En última instancia, es el COP quien debe garantizar la cualificación de esos profesionales, una tarea a la que
espero haber contribuido desde estas páginas.
Bibliografía
Alonso-Quecuty, M.L. (1991): Mentira y testimonio: el peritaje forense de la credibilidad. Anuario de Psicología
Jurídica, 55-67.
Alonso-Quecuty, M.L. (1993): Psicología Forense Experimental: El efecto de la demora en la toma de declaración
y el grado de elaboración de la misma sobre los testimonios verdaderos y falsos. En M. García Ramírez
(comp.): Psicología Social Aplicada en los Procesos Jurídicos y Políticos (pp. 81-89). Madrid: Eudema.
Alonso-Quecuty, M.L. (1994a): Psicología del testimonio: el niño testigo y víctima. En S. Delgado
(comp.): Psiquiatría Legal y Forense (pp. 483-496). Madrid: Colex.
Alonso-Quecuty, M.L. (1994b): Menores víctimas de abusos sexuales: evaluación de la credibilidad de sus
declaraciones. Monográfico Psicología Jurídica. Apuntes de Psicología, 41-42, 71-80.
Alonso-Quecuty, M.L. (1998): Creencias erróneas sobre testigos y testimonios. Sus repercusiones en la práctica
legal. Cuadernos de Derecho Judicial: Delitos contra la libertad sexual vol. II (pp.407-450). Consejo General del
Poder Judicial.
Alonso-Quecuty, M. y Hernández-Fernaud, E. (1997): Tócala otra vez Sam: Repitiendo las mentiras. Estudios de
Psicología. 57, 29-37.
Bull, R. (1992): Obtaining evidence expertly: The reliability of interviews with child witnesses. Expert Evidence,
1, 3-36.
Diges, M. y Alonso-Quecuty, M. (1995): El psicólogo forense experimental y la evaluacion de la credibilidad en
las declaraciones en los casos de abuso sexual a menores.Revista del Poder Judicial. 35, 43-66.
Esplin, P.W., Boychuk, T. y Raskin, D.C. (1988): A field validity study of criteria-based content analysis of
children`statements in sexual abuse cases. Trabajo presentado al NATO-Advanced Study Institute on Credibility
Assessment. Maratea. (Julio).
Kassin, S.M. y Wrightsman, L.S. (1988): The American jury on trial: Psychological perspectives. Londres:
Hemisphere Publishing.
Pérez Conchillo, M. y Borrás, J.J. (1996): Sexo a la fuerza. Madrid: Aguilar.
Sauzier, M., Saltz, P. y Clahoun, R. (1990). The Effects of Child Sexual Abuse. En B. Gomes, J.M. Horowitz y
A.P. Cardarelli (eds.): Child Sexual Abuse: The Initial Effects. Londres: Sage.
Steller, M. y Köhnken, G. (1994): Statement analysis: credibility assessment of children`s testimonies in sexual
abuse cases. En D.C. Raskin (ed.): Métodos psicológicos en la investigación y pruebas criminales. Bilbao:
Desclée de Brower (Orig. 1990)
Undeutsch, U. (1957): Aussagepychologie. En A. Ponsold (ed.): Lhrbuch der gerichtlichen medizin (pp. 191-219).
Stuttgart: Thieme.
Undeutsch, U. (1967): Beurteilung der glaubhaftigkeit von zeugenaussagen. En U. Undeutsch (ed.): Handbuch
der psychologie, Vol II: Forensische psychologie (pp. 26-181). Göttingen: Verlag für Psychologie.
Kassin, S.M. y Wrightsman, L.S. (eds) (1988). The American Jury on Trial: Psychological Perspectives. Londres.
Hemisphere Publishing.
LA LIBERTAD CONDICIONAL: PERITACIÓN PSICOLÓGICA DE LOS AGRESORES SEXUALES
María del Rocío Gómez Hermoso
Psicóloga del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria Nº 1 de Madrid. Vocal de la Sección de Jurídica de la
Delegación de Madrid del COP
Desarrollaremos en primer lugar las normas legales que regulan la libertad condicional, es decir, el marco jurídico,
la competencia jurisdiccional y administrativa sobre la materia. Posteriormente hablaremos de la Peritación
Psicológica teniendo en cuenta la diversidad de agresores sexuales. Por último, se establecen vías de estudio y
tratamiento sobre este tipo de delincuentes así como las reglas de conducta para mantener una libertad condicional
controlada.
We will develop in the first place to the legal norms that regulate the conditional freedom, that is to say, the legal
frame, the jurisdictional and administrative competition on the matter. Later we will speak of the Psychological
Peritación considering the diversity of sexual aggressors. Finally, channels of study and processing settle down on
this type of delinquents as well as the conduct rules to maintain conditional a freedom controlled.
Libertad condicional. Requisitos
Al hablar de los beneficios penitenciarios en el ámbito jurídico español, tenemos que acudir a las distintas normas
jurídicas que rigen este ámbito: Ley Orgánica General Penitenciaria (LOGP) y Reglamento General Penitenciario
(RGP), fundamentalmente.
Dentro de las funciones jurisdiccionales del Juez de Vigilancia Penitenciaria asignadas por la ley, encontramos, en
dos grandes bloques:
- Función de ejecución de las penas privativas de libertad y medidas de seguridad postdelictuales.
- Función de control jurisdiccional de los actos de la Administración pública (penitenciaria) que afecten a los
derechos fundamentales o a los derechos y beneficios penitenciarios de los internos.
La libertad condicional como beneficio penitenciario se recogería en las funciones arriba mencionadas. Es más, se
establece de forma expresa y directa en la LOGP:
- "Está especialmente atribuido al Juez de Vigilancia Penitenciaria aprobar la libertad condicional en todas sus
variantes".
A efectos de la ejecución, el Juez de Vigilancia Penitenciaria, asume las funciones de los Tribunales
sentenciadores, salvo la aprobación del licenciamiento definitivo. Así pueden aprobar: ampliando, suspendiendo y
revocando, la libertad condicional, por cumplimiento de las tres cuartas partes de condena, cumplimiento de las
dos terceras partes de condena (libertad condicional anticipada) y la otorgada a los septuagenarios y enfermos muy
graves con padecimientos incurables sin límite temporal de cumplimiento de la condena.
La expresión beneficio penitenciario no es empleada con precisión en los textos legales. La Ley Orgánica General
Penitenciaria la utiliza en términos generales al referirse a competencias atribuidas a los Jueces de Vigilancia y
que pueden suponer un acortamiento de la condena. En este sentido, se puede considerar como beneficio
penitenciario aquellas figuras jurídicas que permiten el acortamiento de la condena (redención de penas por el
trabajo e indulto), o el acortamiento de la reclusión definitiva (libertad condicional). Este término no abarca los
permisos de salida o el régimen de prisión abierta, que reducen el tiempo efectivo de estancia dentro de la prisión.
De conformidad con el Reglamento Penitenciario, en vigor desde el 25 de mayo de 1996, los beneficios
penitenciarios vienen regulados dentro del Título VIII, capítulo II, artículos 202 a 206, entendiendo por beneficios
penitenciarios aquellas medidas que permiten la reducción de la condena impuesta por sentencia firme o la del
tiempo efectivo de internamiento, constituyendo por tanto, beneficios penitenciarios el adelantamiento de la
libertad condicional y el indulto particular.
Esta medida responde a las exigencias de individualización de la pena en atención a la concurrencia de factores
positivos en la evolución del interno, encaminados a conseguir su reeducación y reinserción social como fin
principal de la pena privativa de libertad impuesta.
La libertad condicional puede ser definida desde un punto de vista legal, como la última fase de la ejecución penal,
también denominado "cuarto grado", y que permite al condenado a prisión el abandono de la misma, siempre que
cumpla los requisitos legales.
¿ Qué requisitos legales serían necesarios para la concesión de la libertad condicional?
1. Haber extinguido las 3/4 partes de condena.
2. Estar clasificado en 3º Grado de tratamiento penitenciario.
3. Haber observado buena conducta y que exista respecto del interno un pronóstico individualizado y favorable de
reinserción social, emitido por los expertos que el Juez de Vigilancia Penitenciaria estime convenientes.
Si un interno, sujeto privado de libertad por la comisión de delitos, cumple estos requisitos podrá continuar con el
cumplimiento de su condena en libertad condicional.
La libertad condicional es una de las fases del sistema progresivo y es considerada como un período de
cumplimiento que forma parte de la ejecución de la pena privativa de libertad.
Se entiende la libertad condicional como un estado finalista de la trayectoria penitenciaria, ya que el sujeto,
interno, se encuentra en una situación favorable para poder desarrollar su comportamiento normalizado en
libertad. Y así lo debe expresar el pronóstico favorable emitido por los expertos que el Juez de Vigilancia
Penitenciaria estime convenientes. De ahí la petición continuada y expresa de los Jueces sobre la necesidad de
tener Psicólogos Forenses asesores del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria como expertos del órgano judicial.
La futura Ley Orgánica de Procedimiento de JVP establece la existencia de Equipos Técnicos formados por
Psicólogo, Médico Forense y Trabajador Social como expertos asesores del Juez de Vigilancia Penitenciaria, que
se hará obligatorio en todos los Juzgados de Vigilancia Penitenciaria de territorio español. En estos momentos sólo
existe un Equipo Técnico en el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria Nº 1 de Madrid.
De acuerdo con el artículo 67 de la LOGP "Concluido el tratamiento o próxima la libertad del interno, se emitirá
un informe pronóstico final, en el que se manifestarán los resultados conseguidos por el tratamiento y un juicio de
probabilidad sobre el comportamiento futuro del sujeto en libertad, que, en su caso, se tendrá en cuenta en el
expediente para la concesión de la libertad condicional."
A partir de lo expresado por la LOGP y siguiendo el Reglamento General Penitenciario, art. 192 y ss. se
comprueba que el procedimiento articulado para conceder la libertad condicional a un sujeto privado de libertad
por la comisión de un delito, sería:
1. Iniciación del expediente de libertad condicional por la Junta de tratamiento del Centro Penitenciario donde se
encuentre el interno.
2. Desarrollo de dicho expediente en el cual constarán diversos documentos recogidos expresamente en el
Reglamento, como por ejemplo, testimonio de sentencia/as, liquidaciones de condena, certificación de beneficios
penitenciarios, informe pronóstico de inserción social emitido por el equipo técnico del Centro Penitenciario,
programa individual de libertad condicional y plan de seguimiento, entre otros.
3. Remisión al Juzgado de Vigilancia Penitenciaria para que el órgano emita una resolución judicial que apruebe o
deniegue la libertad condicional. Especificando las reglas de conducta contenidas en el art. 105 del Código Penal
que considere conveniente imponer en el auto de libertad condicional.
Como su nombre expresa la libertad condicional es un estado dentro del cumplimiento penitenciario o
cumplimiento de una condena, en la que el interno podrá estar en libertad sometido a unas reglas de conducta
impuestas por el Juez de Vigilancia Penitenciaria. Entre estas reglas de conducta se establecen (art. 105 del C.P.):
"Por un tiempo no superior a 5 años:
a) Sumisión a tratamiento externo en centros médicos o establecimientos de carácter socio-sanitario.
b) Obligación de residir en lugar determinado.
c) Prohibición de residir en lugar o territorio que se designe. En este caso, el sujeto quedará obligado a declarar
el domicilio que elija y los cambios que se produzcan.
d) Prohibición de acudir a determinados lugares o visitar establecimientos de bebidas alcohólicas.
e) Custodia familiar. El sometimiento a esta medida quedará sujeto al cuidado y vigilancia del familiar que se
designe y que acepte la custodia, quien la ejercerá en relación con el Juez de Vigilancia Penitenciaria y sin
menoscabo de las actividades escolares o laborales del custodiado.
f) Sometimiento a programas de tipo formativo, cultural, educativo, profesional, de educación sexual y otros
similares.
Por un tiempo de hasta 10 años:
a) La privación de la licencia o permiso de armas.
b) La privación del derecho a la conducción de vehículos a motor y ciclomotores."
Aprobado por el Juez de Vigilancia Penitenciaria se comunicará al Establecimiento Penitenciario el auto judicial,
remitiendo el Director del Establecimiento copia al Centro Directivo y dando cuenta a la Junta de Tratamiento en
la primera sesión que se celebre.
El control del liberado condicional será realizado por los Servicios Sociales Penitenciarios del Centro
Penitenciario o Centro de Inserción Social al que hayan sido inscritos y más próximos al lugar de residencia del
liberado, así como por el Equipo del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria cuando haya sido expresamente dictado
en el auto judicial la realización del seguimiento por parte de dicho Equipo, ya que así lo estima conveniente el
Juez, fundamentalmente en lo referente a las reglas de conducta ya mencionadas.
Cuando en el período que dure la libertad condicional el liberado volviere a delinquir o no observara las reglas de
conducta impuestas, en su caso, por el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria, podrá ser revocada la libertad
condicional. Por lo que se refiere a la revocación de la libertad condicional por la comisión de nuevo delito, cabe
señalar que será necesario la existencia de una sentencia penal condenatoria firme, ya que no es posible la
atribución a una persona de los efectos de la comisión de un delito hasta tanto no haya sido ejecutoriamente
condenado por el mismo. Mientras esto ocurre, el principio de presunción de inocencia impide la revocación de la
libertad condicional por esta causa.
En el supuesto concreto del adelantamiento de la libertad condicional tal y como se señaló anteriormente, es la
Junta de Tratamiento del Centro Penitenciario, previa emisión de un pronóstico individualizado y favorable de
reinserción social, quien lo propondrá al Juez de VP competente, siempre que se trate de penados clasificados en
tercer grado y hayan extinguido las dos terceras partes de la condena y sean merecedores de ello por observar
buena conducta y haber desarrollado continuadamente actividades laborales, culturales u ocupacionales conforme
a lo establecido en el Código Penal.
En base a todo lo expresado en nuestro marco jurídico, el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria, incardinado en el
orden penal, presenta una triple competencia jurisdiccional:
- Ejecución de penas privativas de libertad.
- Medidas de seguridad postdelictivas.
- Control jurisdiccional sobre la Administración Penitenciaria en relación a los derechos de los internos.
La libertad condicional, por tanto, es una de las áreas de actuación fundamental en el cuadro de competencia del
Juzgado de V.P.. Por ello, y sobre todo en el tema que nos ocupa, agresores sexuales, este beneficio cobra especial
relevancia en aras a la alarma social que produce la comisión de este tipo de delitos así como de la protección
social, que también debe priorizar la actuación del Juez, como de la aplicación de las leyes o legalidad existente en
materia penitenciaria.
Respecto a la naturaleza jurídica de esta figura legal, libertad condicional, y que en otro tiempo fue considerada
como concesión graciosa de la Administración Penitenciaria, al hacer una interpretación restrictiva por entender
que los beneficios no eran derechos subjetivos, se puede precisar que efectivamente se trata de auténticos derechos
subjetivos, si bien condicionados porque su aplicación no procede automáticamente por el hecho de estar
cumpliendo condena de prisión, sino que se supedita a la existencia de los presupuestos establecidos por las
normas, es decir, se concederá si tras el estudio individualizado del individuo se considera que su concesión es lo
más beneficioso en orden a su resocialización.
Agresores sexuales
En la actualidad, suscita una gran preocupación social las conductas delictivas en las que se ven implicadas
víctimas, en especial, mujeres y niñas, agredidas sexualmente. A su vez, el intento por parte de las instituciones
públicas y privadas por fomentar la denuncia de dichas agresiones ha ocasionado que aumente de forma
considerable el número de casos registrados, provocando un gran interés en la sociedad y una urgente necesidad de
actuación a favor de la seguridad de los grupos más desfavorecidos.
Esta situación genera una gran alarma social que provoca un recrudecimiento de las penas aplicadas a los
agresores sexuales y, una vez condenados, una tendencia a limitar los beneficios penitenciarios de dichos
agresores. La política penitenciaria, dado el impacto que produce en la sociedad que presuntos autores de nuevos
delitos contra la libertad sexual sean presos que gozan de beneficios penitenciarios, ha fomentado la restricción en
la concesión de dichos beneficios.
Desde el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria, los beneficios penitenciarios que los agresores sexuales pueden
obtener se toman con bastante cautela. Lo habitual es que el Juez solicite del Psicólogo del Juzgado la emisión de
un Informe Pericial sobre todos los penados por agresión sexual que recurren al juzgado para obtener un beneficio
penitenciario como la libertad condicional, o para obtener un permiso ordinario de salida o progresión de grado de
tratamiento penitenciario. Incluso cuando no es vía recurso sino como mera confirmación del Juzgado, ante la
propuesta favorable del Centro Penitenciario de permiso ordinario, libertad condicional o progresión de grado de
tratamiento penitenciario, se solicita el Informe al Psicólogo del Juzgado.
Ante la dificultad de poder pronosticar con certeza el comportamiento del agresor en libertad es necesario realizar
un estudio exhaustivo del interno centrándonos en su problemática.
Pensemos en la relevancia que tiene la concesión, por ejemplo, de libertad condicional de un violador que puede
durante dicha libertad cometer nuevas agresiones sexuales. Relevancia no sólo por el efecto dañino que sobre
determinadas personas genera este comportamiento, altamente lesivo, sino también por el efecto pernicioso que
sobre la sociedad genera y que produce una reacción inmediata sobre la necesidad de incrementar las penas
incluso de llegar a tratamientos destructivos, ya sean fisiológicos o químicos, o bien, privarles de libertad durante
toda su vida, todo ello como elemento de protección social. Mientras la sociedad plantea la aplicación de medidas
más duras para este tipo de delincuentes, desde la legalidad y los Tribunales de Justicia como órganos de
aplicación de la ley, mientras no se modifique el marco normativo vigente que versa sobre esta materia, la
privación de libertad como pena impuesta por la comisión de delitos va aparejada a la rehabilitación-reinserción
del penado como intento de normalización del sujeto. Y, por tanto, resulta jurídicamente necesario y obligatorio
cumplir, desde los órganos judiciales, con la legalidad, lo cual reconduce la actuación con estos agresores a
mantener el tratamiento penitenciario como vía de resolución y no a acentuar, incrementando o exharcerbando las
penas impuestas a este tipo de delincuentes, o mantener la privación de libertad sin atender a la posible reinserción
del agresor.
Por todo ello, desde el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria se articula, las vías para aplicar la legalidad,
controlando los riesgos al máximo a fin de que estos sujetos, en una situación adecuada y con pronóstico favorable
de comportamiento en libertad puedan obtener los beneficios penitenciarios.
Como Psicóloga del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria y una vez estudiado un numeroso grupo de agresores
sexuales, unos 80, se comprueba que estos internos manifiestan una serie de variables alteradas:
Estereotipos del papel sexual:
a) Mitos sobre relaciones sexuales coactivas.
b) Relaciones sexuales con menores.
- No comprensión de la naturaleza de la responsabilidad en las relaciones sexuales.
- No asunción de responsabilidad de su propio delito. Aunque en muchos casos se asume la autoría, se aprecia:
a) Que no han analizado los patrones delictivos propios identificando situaciones peligrosas.
b) No han comprendido el impacto del delito sobre sus víctimas.
c) No han asumido la responsabilidad personal para modificar su conducta.
d) No han especificado ni desarrollado una estrategia personal de prevención de reincidencia.
- Existe bajo control emocional.
- Se observa un anormal patrón de excitabilidad sexual.
- Malas habilidades interpersonales:
a) Habilidades de comunicación.
b) Habilidades para mantener relaciones personales íntimas con adultos.
- Proceso de socialización concretado en la adquisición del rol sexual y en la concepción de las diferencias entre
los dos sexos en los comportamientos sexuales propios de cada uno.
Si bien hablamos de variables alteradas en los distintos agresores sexuales estudiados, no podemos realizar ningún
tipo de generalización que permita establecer una tipología en estos agresores, pudiendo acudir a agrupar los
agresores sexuales más por elementos objetivables como número de violaciones, que por la similitud en las
variables psicológicas alteradas. Recurrir a una tipificación resulta más comprensivo y docente, si bien de cara a la
actuación en el campo de la peritación psicológica o Psicología Forense, es decir, para el ejercicio profesional no
sirve, ya que para el ejercicio práctico las tipificaciones teóricas no nos permiten hacer un pronóstico
individualizado de comportamiento de cada caso concreto, al no poder reunir de forma fiable y válida variables
psicológicas alteradas comunes.
Como decía anteriormente, y para hacer más comprensivo el tema, se podrían agrupar los agresores sexuales en 4
grupos:
- Agresores sexuales a desconocidas.
- Agresores sexuales en ámbito familiar.
- Agresores sexuales a conocidas.
- Agresores sexuales a menores.
Se puede apreciar que la clasificación se realiza en función del dato objetivo tipo de víctima.
El grupo perteneciente a los agresores sexuales en ámbito familiar entraña un comportamiento general de malos
tratos, por tanto, no voy a centrarme en él, sólo daré como pautas genéricas que:
- Utilizan la confianza puesta en ellos para actuar.
- Son agresores posesivos, vigilan a la víctima, y evitan que se relacione con otras personas.
- Utilizan el miedo para bloquear o paralizar a la víctima.
- El éxito en la primera agresión conlleva sucesivas agresiones. Elevada reincidencia.
- Manifiestan un bajo nivel de autoestima.
- Realizan una valoración ambivalente de la víctima, " la quieren pero la ridiculizan, la agreden y la anulan".
- No asumen la autoría del delito. Si se llega a producir una asunción de la autoría, no se percibe la asunción de
responsabilidad como aceptación del delito, de sus consecuencias y efectos para la víctima.
- Vivencia de la sexualidad alterada. Roles rígidos, con marcada autoridad en el rol masculino y sumisión en el rol
femenino.
De los otros tres grupos expresados desarrollaremos en primer lugar:
Agresor Sexual a desconocida
Dentro de este grupo, "agresión sexual a desconocida", normalmente por asalto, la mayor frecuencia se encuentra
en agresiones ocurridas en portal o ascensor y en la vía pública, así como las que tienen lugar en el parque,
descampado, carretera o coche. Estos agresores suelen cometer sus agresiones en una situación y contexto
específico y son incapaces, normalmente, de cometerlo en condiciones diferentes, siendo muy posible que las
repita en situaciones similares. En este grupo la agresión suele ser un mecanismo de compensación general.
Intentan compensar su déficit de autoestima, experimentando su poder en los momentos de la agresión como
forma de equilibrar su propia desvalorización personal. La agresión tiene un móvil puramente agresivo y no
sexual.
En este grupo las características personales del agresor se concretan en:
1) Pobres habilidades sociales.
2) Gran inmadurez afectiva.
3) Nivel de autoestima bajo.
El contexto socializador de estos agresores suele haber estado marcado por mensajes de desvalorización por parte
de personas significativas para ellos, entorno familiar, fundamentalmente.
La forma en que se produce la agresión es común, por asalto a una víctima desconocida, es premeditada, no hay
elección personal de la víctima sino que buscan la situación que les hace sentir seguros, lugares solitarios, la
noche... etc.
Es habitual que repitan la agresión ya que la necesidad de agredir funcionó como una verdadera compulsión, el
éxito de la primera agresión conlleva o es un condicionante para cometer las siguientes.
Por lo ya expresado puede apreciarse que la posibilidad de reincidencia es alta en este caso, por ello debemos
detectar en el momento que se realiza la evaluación:
1) Vivencia de la sexualidad.
2) Nivel de autoestima.
3) Patrones del comportamiento en la relación sexual. Nivel cognitivo.
4) Establecimiento de relaciones sexuales posteriores al ingreso. Comportamiento.
5) Relaciones interpersonales. Comportamiento.
En relación a este tipo de agresor resulta llamativo la necesidad que manifiestan de reconocer y contar los delitos
como forma de iniciar una reeducación, así como paso previo para comenzar con la normalización tanto cognitiva,
como emocional y comportamental. Inicialmente creía que iba a existir una gran dificultad para obtener la
asunción de responsabilidad de este tipo de agresor, si bien y a medida que analizo más agresores observo y
compruebo que no sólo reconocen la comisión de las violaciones cometidas sino que sienten una clara necesidad
por contar con detalle cómo se produjo la agresión. Lo cual permite pensar, de cara a un tratamiento posterior, la
posibilidad de desarrollar programas de tratamiento psicológico con ellos, debido a su disponibilidad, teniendo en
cuenta que la transmisión de información dada al Psicólogo del Juzgado puede diferir de la otorgada a los
Psicólogos Penitenciarios por cuanto que éstos se encuentran dentro del lugar de privación y los agresores pueden
considerar que darles dicha información puede serles perjudicial en su convivencia diaria.
Agresor sexual a conocida
El tercer grupo, agresores sexuales que han establecido una corta relación previa de tipo amistoso con la
víctima suelen justificar su agresión en que sus víctimas se lo buscaron y si hubieran tenido un comportamiento
más recatado hubieran evitado la agresión. Además ellos no merecen un castigo ya que ellas consintieron, y nunca
les amenazaron con una navaja ni ningún instrumento u arma.
En este grupo la agresión no es premeditada. Normalmente se produce en un "juego de conquista", en el que el
agresor utiliza un lenguaje indirecto presuponiendo que la mujer lo entiende y acepta. El agresor desconoce los
límites que va a poner la mujer, pero considera, porque así lo necesita y desea, que va a estar dispuesta al coito
cuando él se lo proponga.
Suelen ser sujetos inseguros de su atractivo sexual y que no suelen arriesgarse a plantear sus demandas de una
manera clara y directa por temer a una negativa que les resultaría inaceptable. En lugar de plantear su deseo de
llegar a una intimidad sexual cuando la víctima aún está acompañada o protegida en un lugar público, donde
libremente podía negarse, fuerzan una situación en la que se encuentren solas y comienza la demanda sexual de
forma brusca para que la sorpresa y el miedo anulen la capacidad de reacción de la mujer.
En estos casos la reincidencia es menor.
Estos sujetos suelen tener un desarrollo socializador precario, con escasos recursos personales y bajo nivel de
autocontrol, dan importancia relevante a los comportamientos sexuales y consideran este exceso en la
manifestación sexual como algo propio del varón que les identifica y les hace conseguir prestigio. Ser rechazados
significaría perder este prestigio y por ello no se arriesgan. Entre sus pensamientos se encuentra "El hombre ha de
ser conquistador y su valía personal vendrá en función del. número de conquistas en las que tenga éxito". Suelen
hacer alarde de su comportamiento sexual ante los demás hombres. Creen además que es propio de la naturaleza
de los hombres un alto nivel de pulsión sexual y que ésta convierte sus impulsos sexuales en inaplazables. La
mujer debería ser conocedora de esta característica del hombre y no fomentarlo si después no va a estar dispuesta
a satisfacer su urgente e inaplazable deseo.
Estos agresores se consideran inocentes y para ellos la violación se produce cuando:
- Se comete con determinadas mujeres (honestas).
- Con ciertas formas (asalto).
Pero en su caso no hay violación dado el tipo de mujer y la forma en que ocurrieron los hechos.
En este grupo los factores que suelen motivar la agresión sexual son fundamentalmente externos, educacionales,
consecuencia del proceso socializador, por tanto, lo aconsejable es detectar en la actualidad:
1) Si se ha producido un cambio de valores.
2) Cuál es su contenido de pensamiento.
Normalmente el efecto intimidatorio o el carácter retributivo de la pena es en ellos muy elevado por lo que aunque
continúen con los mismos planteamientos, no será fácil que vuelvan a delinquir al conocer las consecuencias de
dicho comportamiento. En este grupo se encuentra un elevado número de agresores con parejas estables y vidas
familiares normalizadas, siendo bastante habitual que la pareja se mantenga a su lado considerando que su marido
es inocente. Estas mujeres reconocen que su marido puede ser infiel pero no violador, lo sucedido se ha debido a
la venganza de otra mujer al sentirse engañada por un hombre. Resulta lógico pensar en la necesidad de justificar
la actuación de su marido para poder continuar con él. Durante las entrevistas mantenidas con estas parejas resulta
muy difícil obtener información sobre las relaciones entre la pareja debido a la negación absoluta que hacen del
posible comportamiento desviado de su pareja.
Agresión a un menor
La especial mención que queríamos hacer a las agresiones sexuales a menores, se debe a las peculiaridades tanto
de la víctima como del agresor. En estos casos, analizar a los agresores es muy difícil ya que no aceptan su autoría,
niegan rotundamente cualquier relación con un menor y no es posible efectuar una historia de la conducta
problema ni de los pensamientos que están presentes antes, durante y después de la agresión. De los limitados
datos obtenidos puede deducirse que: el agresor considera que la relación con el menor es sólo una demostración
de afecto, no entendiendo nunca que haga daño a un niño por eso. El menor, al principio, admite el afecto, si bien
cuando percibe que el afecto va más allá rechaza esta relación provocando que el adulto tenga que acudir a la
coacción y violencia para conseguir su satisfacción sexual. Así suele percibirlo el adulto.
Este agresor al tener graves dificultades de relación afectiva y sexual con los adultos recurre a los menores sobre
los que puede actuar mediante su superioridad.
Pese a ello se detecta en estos agresores:
1) Personalidad inmadura.
2) Deficiencias en el comportamiento sexual.
3) Desequilibrio afectivo.
4) Déficit en habilidades sociales.
5) Dificultades para establecer vínculos emocionales y afectivos estables.
Estos sujetos podrían beneficiarse de un tratamiento psicológico adecuado pero dicha intervención, si es que se
produce, no suele obtener resultados positivos, ya que las técnicas para reducir la excitación y la conducta sexual
desviada deben contar con la absoluta colaboración del individuo y esto no se produce, siendo así uno de los
grupos que presenta mayor riesgo de reincidencia.
Desde el Juzgado de Vigilancia Penitenciaria se tiene en cuenta que la reinserción de estos sujetos debe llevarse a
cabo en un marco multiprofesional que contemple no sólo el tratamiento psicológico, sino también una
intervención social que les lleve o les permita el acceso a tipos de vida diferentes, incidiendo en el
condicionamiento existente en el marco socializador de la persona, en muchos casos de la violencia como forma
de resolver la frustración y las carencias personales. Enseñando a manejar las demandas sexuales y las respuestas
a las mismas de manera asertiva (no pasiva, ni agresiva).
En todos los casos de agresores sexuales se propone que realicen tratamiento psicológico para producir una
mejoría en su estabilidad psíquica, siendo conscientes que si el agresor posee recursos intelectuales y culturales
más elevados, es capaz de modificar los criterios alterados a nivel cognitivo si bien el cambio a nivel emocional y
comportamental es más difícil. A medida que desciende el nivel de recursos del agresor existe más resistencia a
una modificación, aunque sólo sea a nivel cognitivo, de las ideas que rigen su concepto de los roles masculino y
femenino. El pensamiento de estos sujetos, debido a su escasez de recursos, es más rígido y estereotipado de lo
normal. Su resistencia al cambio se fundamenta en la imposibilidad de hacer un análisis racional de los principios
que han motivado la oposición y persistencia de dichas ideas.
Peritación Psicológica en el Ámbito del Juzgado de Vigilancia Penitenciaria
La peritación psicológica realizada hoy en día en los distintos ordenes jurisdiccionales está teniendo un gran
desarrollo en España. Nos encontramos, a menudo, con que la necesidad de nuestra labor en los distintos órganos
judiciales contenidas expresamente en las demandas realizadas por los jueces, promueve la ampliación y
proyección de nuestra profesión, así como su clara consolidación en esta área. Un claro ejemplo resulta el orden
jurisdiccional de vigilancia penitenciaria y la Ley Orgánica de Procedimiento de los Juzgados de Vigilancia, ya
comentada anteriormente.
En el ámbito jurisdiccional que nos ocupa, la actuación del Psicólogo se centra en la emisión de Informes
Psicológicos sobre la concesión de distintos beneficios penitenciarios, entre ellos la libertad condicional, que cobra
una relevancia especial en sujetos privados de libertad por la comisión de delitos contra la libertad sexual.
La petición del Informe Psicológico se realiza por parte del Juez, una vez que llega al Juzgado de V.P. la propuesta
favorable o desfavorable del Expediente de libertad condicional, generalmente en todos los casos en los que el
interno ha cometido delitos contra la libertad sexual.
Para efectuar dicho Informe Psicológico de cara a un pronóstico, es necesario evaluar y analizar el momento en el
que se encuentra el agresor dentro de la asunción de responsabilidad y vivencia de la sexualidad.
Como pasos para efectuar el Informe o Procedimiento de elaboración del Informe en base a la solicitud judicial,
realizamos:
1. Estudio del Expediente personal del interno.
2. Exploración del interno. Aplicación de pruebas. Observación comportamental. Entrevista.
3. Interpretación y Evaluación de los datos obtenidos.
4. Elaboración del Informe Psicológico.
5. Recopilación de datos a través de contactos con otros profesionales que han tratado al interno.
6. Entrevista con la familia de origen y la familia adquirida, si la hubiera.
7. Entrega del Informe al Juez.
8. Seguimiento de la libertad condicional.
Una vez recibida la información del centro penitenciario, puede ocurrir que:
- Exista una propuesta favorable del centro penitenciario y haya sido denegado por la Dirección General de
Instituciones Penitenciarias.
- Exista una propuesta desfavorable del centro penitenciario y confirmación de la Dirección General.
En el primero de los casos existe un desacuerdo entre las instituciones penitenciarias, lo cual choca ante el
Juzgado, considerando necesario que un equipo de asesoramiento propio, autónomo e independiente, informe
sobre la situación del interno. El centro penitenciario puede haber propuesto, por ejemplo, una libertad condicional
favorable para un interno porque su trayectoria penitenciaria ha sido buena, manifiesta una buena conducta y su
evolución es positiva; si bien la Dirección General no lo confirma por ser un delincuente con delitos graves o ser
reincidente. El Juez de Vigilancia Penitenciaria ante esta situación desea que un Psicólogo propio del Juzgado, de
oficio, le asesore sobre la idoneidad de dicha libertad.
En el segundo de los casos, denegación por ambas, el Juez puede haber encontrado en el expediente del sujeto o
bien por audiencias que haya tenido con el interno, algún elemento que le indique la viabilidad de que ese interno
obtenga el beneficio penitenciario por el que recurre, acudiendo a su experto para que le asesore y confirme o no
su inquietud sobre dicho penado.
El Juez suele solicitar Informe Psicológico para que el Psicólogo del Juzgado confirme la idoneidad del beneficio
penitenciario de que se trate, siendo habitual, si la relación profesional entre Juez y Psicólogo es positiva, que el
auto que firme el Juez sobre la libertad condicional de un agresor sexual, por ejemplo, confirme la propuesta del
Psicólogo del Juzgado en todos los casos.
Además de lo ya expresado, la intervención del Psicólogo se producirá en todos aquellos casos en los que el
interno haya cometido delitos graves y que:
- Pueda generar una gran alarma social si durante uno de los beneficios penitenciarios: salida o libertad
condicional, repite la comisión del delito.
- Por tener una larga condena pueda producirse un quebrantamiento.
Ya que en estos casos la responsabilidad y el riesgo que asume el Juez de Vigilancia Penitenciaria al otorgar dicho
beneficio es muy elevado.
La metodología a seguir en la elaboración de dicho Informe, consiste en:
a) Entrevista individual semidirigida con el interno. Se obtiene información sobre familia de origen, familia
adquirida, breve historia del sujeto, datos sobre la actividad laboral, carrera delictiva, asunción de responsabilidad
sobre los delitos por los que está condenado, situación en el centro penitenciario, proyectos de futuro, historia
toxicofílica si la hay, experiencia sexual, valoración de las relaciones interpersonales, comportamiento sexual,
vivencia de la sexualidad, sentimientos hacia la víctima, entre otros.
b) Observación comportamental: Registramos manifestación de comportamientos ansiosos, control de las
emociones, manipulación, nivel de atención y observación, alteraciones psicomotoras o verbales, actitudes
asociativas prodelictivas o de apoyo cognitivo al delito, cambios en el estado de ánimo... etc.
c) Aplicación de tests al interno. A continuación de la entrevista si ésta se ha desarrollado con normalidad o bien
en algún momento de la misma, si se ve la necesidad de cortar porque existe un estado de relajación y buen nivel
de empatía para la aplicación de la prueba, se procederá a la aplicación de tests.
Cada profesional debe utilizar aquellas pruebas que, de acuerdo con su orientación, le ofrezcan más fiabilidad, si
bien es necesario tener en cuenta que ante esta población la aplicación y uso exclusivo de pruebas psicométricas
no parece lo más acertado. Primero por la poca disposición que los internos tienen a rellenar cuestionarios largos y
reincidentes sobre lo mismo; segundo porque suele ser característico la tendencia a manipular, engañar y a
disimular cualquier problemática que exista; y, tercero, porque al pasarles el cuestionario los internos tienden a
preguntar todos y cada uno de los items, buscando qué respuesta o alternativa deben seleccionar, preguntando de
forma continuada qué significa, lo cual hace que de una forma u otra estemos mediatizando la respuesta que dan.
Por otra parte, el índice de sinceridad de las escalas nos indica muy a menudo que lo expresado por el interno es
un puro engaño, anulando el contenido o interpretación de la prueba. Por ello y teniendo en cuenta lo importante
que es para ellos, ya que se juegan la libertad, dar una buena imagen, tendrá que aplicárseles pruebas que no sean
fácilmente manipulables, combinando junto a los tests psicométricos algún test proyectivo en el que el sujeto no
sepa cuál es la respuesta correcta que se espera.
d) Entrevista con familiares: Se recaba información sobre estructura familiar, roles adquiridos por cada miembro,
asunción del delito por parte de la pareja, relaciones sexuales con el interno, cómo vive la pareja la situación
actual de privación de libertad... etc.
En las conclusiones se propone sí o no a la libertad condicional, justificando la elección en el diagnóstico
realizado y las posibilidades de actuación con el interno, incluyendo las reglas de conducta que se consideran
aconsejables establecer. En el caso de que la propuesta fuese desfavorable a la libertad condicional, se establecería
qué intervención sería aconsejable con el interno a fin de producir una evolución positiva que facilitase, en
próximas revisiones, la obtención de la libertad condicional; por ejemplo la necesidad de que realice tratamiento
psicológico a fin de estabilizar determinadas alteraciones psíquicas percibidas.
En cuanto al seguimiento, sólo se realiza en casos puntuales, bien de forma directa cuando en el auto de libertad
condicional el Juez establece como regla de conducta que el Psicólogo del Juzgado realice el tratamiento
psicológico al agresor, bien de forma indirecta cuando el tratamiento es realizado por un Psicólogo externo al
Juzgado, siendo la intervención del Psicólogo Forense únicamente de conexión con el profesional que ejerce el
tratamiento en el exterior, realizando controles puntuales para comprobar la evolución del liberado condicional.
Reglas de conducta. Art. 105 Código Penal
Dentro de las diversas reglas de conducta, ya expresadas anteriormente, y que pueden ser recogidas en la
resolución judicial dictada por el Titular del órgano judicial, nos encontramos que para este tipo de penados,
agresores sexuales, las más habituales son:
a) Sumisión a tratamiento externo en centros médicos o establecimientos de carácter socio-sanitario.
b) Prohibición de residir en lugar o territorio que se designe.
c) Sometimiento a programas de tipo formativo, cultural, educativo, profesional, de educación sexual y otros
similares.
Entre ellos el que compete al Psicólogo del Juzgado es el de sometimiento a programas, entendiéndolo como
tratamiento Psicológico ya sea con Psicólogo externo o con el propio del Juzgado.
La actuación directa de tratamiento se desarrolla de forma esporádica y puntual, ya que debido al enorme número
de solicitud de Informes que existe, resulta casi imposible poder desarrollar también tratamiento, mermando así la
intervención directa.
Por otra parte, al igual que parece existir tratamiento en el interior de los Centros Penitenciarios, debería
articularse que los Servicios Sociales penitenciarios, que son aquéllos que deben encargarse de la libertad
condicional, contaran con los profesionales suficientes que pudieran desarrollar tratamientos psicológicos así
como cursos de educación sexual, técnicas de relajación, habilidades sociales... etc. que permitiría ofrecer apoyo
psicológico a penados por delitos graves, continuando el tratamiento realizado en el interior con una proyección en
el exterior, sobre todo en momentos de libertad altamente complicados por la ansiedad con la que viven los
internos su futura adaptación a la vida normalizada.
El seguimiento del tratamiento psicológico realizado por otro profesional ajeno al Juzgado, como ya se ha dicho
anteriormente, conlleva un trabajo de control e interconexión profesional. Control en la medida que puede ocurrir
que profesionales privados pagados por el interno, se presten a dar informes favorables de evolución sin llevar
ningún tipo de tratamiento. Interconexión por cuanto los informes psicológicos de seguimiento deben ser
elaborados por el Psicólogo del Juzgado, que trasmite al Juez los Informes emitidos por el Psicólogo que realiza el
tratamiento.
Es habitual que las reglas de conducta que aparecen en el auto judicial sobre la libertad condicional sean las
mismas que las conclusiones que el Psicólogo Forense ha plasmado en su Informe.
Las vías de tratamiento con agresores sexuales deberán ser dirigidas a paliar las carencias, si se trata,
fundamentalmente, de problemas de relación interpersonal habrá que potenciar técnicas de habilidades sociales. Si
reconocemos como área problemática las relaciones sexuales, roles, excitación, deberemos dirigirnos a reeducar
este ámbito. Si detectamos que, unido a estos u otros problemas va aparejado un bajo nivel de autoestima, una
mala identificación y aceptación personal deberemos dirigir nuestros esfuerzos a tratar esta minusvaloración.
Finalmente, quiero insistir en la necesidad de realizar programas de tratamiento con los agresores sexuales,
inicialmente en el interior de los centros penitenciarios, permitiendo adecuar la letra de la ley a una realidad, la
reinserción y rehabilitación de los agresores sexuales. Si la sociedad se cuestiona y desea modificar estos criterios
tendrá las vías legales para formularlo y plasmarlo. Mientras el marco jurídico contenga beneficios penitenciarios
para todas las personas privadas de libertad, sin distinción por el hecho delictivo cometido, no podrá limitarse
subjetivamente estos derechos, fundamentalmente cuando las condiciones, el comportamiento y el pronóstico que
se realice del interno sean favorables. Una vez que el agresor obtenga la libertad condicional, ésta deberá contener
los elementos de control y apoyo necesarios para que este último tramo del cumplimiento de la condena se
desarrolle con normalidad.
Si lleváramos al extremo la privación de libertad para este tipo de delincuentes, es decir, habláramos de
cumplimiento completo de la condena, podríamos preguntarnos ¿Qué pasaría una vez que estos agresores estén en
libertad definitiva y sin tratamiento? ¿Volverían a violar? Lo cual nos llevaría a plantear cadena perpetua para este
tipo de delincuentes, ya que ante esta situación y como forma de proteger a la humanidad, el remedio más
inmediato sería llevar al extremo lo que no podemos resolver. Pero ¿creemos en la posibilidad de reinserción de
los agresores sexuales? ¿todos los agresores son iguales? Una vez condenado por una violación ¿debe mantenerse
encerrado hasta la muerte a este sujeto?.
Todas estas preguntas finales las establezco para que reflexionemos, como profesionales que estudian, analizan,
interpretan e informan sobre el comportamiento humano, la necesidad de desarrollar tratamientos, de introducir en
todo el sistema penitenciario, tratamientos psicológicos para los agresores sexuales. Tratamientos que mantendrían
un seguimiento, con equipos en el exterior, cuando el interno llegase a la libertad condicional. No podemos dejar
que la batalla de la dificultad, la dureza, la reincidencia y la alarma social que genera la comisión de estos delitos
en la sociedad venza a la posibilidad de actuación que los Psicólogos tenemos en este ámbito.

También podría gustarte