Función del control social
El control social consiste en la regulación de la conducta de los miembros de un
grupo social mediante el establecimiento de unos valores ideológicos y de unas
normas de comportamiento. El Derecho es básicamente un sistema de control
social, lo que quiere decir que, mediante el Derecho, se dirigen y guían las
conductas y con arreglo al mismo se supervisa el funcionamiento de las instituciones
sociales para conseguir la integración, la cohesión y el equilibrio sociales.
Función evolutiva
El poder fungido como una concesión divina, poder que se derrama por los méritos
de la representación de los Reyes, Príncipes, Emperadores, considerados como
deidades, con el poder absoluto, que fue limitándosele con el avance y la aparición
de nuevos y expresivos factores reales de poder, que siempre han dormitado o
existido en la historia de nuestra sociedad.
Función distributiva
n virtud de ella el orden jurídico asigna a los grupos más débiles de la sociedad,
individuos o grupos, recursos económicos o servicios destinados a mejorar su
situación
Esta función puede decaer en las economías donde prevalece el mercado como
asignador de recursos por sobre el estado pero no desaparecen del todo.
e.- Función de organización y legitimación del poder social: El derecho organiza y
legitima el poder en la sociedad. Así, establece los poderes del estado (ejecutivo,
legislativo y judicial); fija su organización interna y el modo en que deben actuar al
adoptar decisiones dentro de sus respectivas competencias para que tales
decisiones sean respetadas y acatadas. El derecho, al organizar y legitimizar el
poder también está limitando su ejercicio.
Función promocional
El derecho también constituye un instrumento para el alentamiento de valores que
se estiman como importantes para la sociedad. Esta función es propia del Estado
social intervencionista, pues tiene como necesaria implicación una fuerte actividad
estatal tendiente a consolidar los derechos sociales de la ciudadanía.
Función de integración social
En las actuales sociedades multiculturales, el gran reto es la convivencia pacífica
entre las personas extranjeras e inmigrantes y la población autóctona a través del
reconocimiento del “derecho a la diferencia”, para conseguir una verdadera igualdad
jurídica en derechos.