Poemas de José Martí
Dos patrias
Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche.
¿O son una las dos? No bien retira
Su majestad el sol, con largos velos
Y un clavel en la mano, silenciosa
Cuba cual viuda triste me aparece.
¡Yo sé cuál es ese clavel sangriento
Que en la mano le tiembla! Está vacío
Mi pecho, destrozado está y vacío
En donde estaba el corazón. Ya es hora
De empezar a morir. La noche es buena
Para decir adiós. La luz estorba
Y la palabra humana. El universo
Habla mejor que el hombre.
Cual bandera
Que invita a batallar, la llama roja
De la vela flamea. Las ventanas
Abro, ya estrecho en mí. Muda, rompiendo
Las hojas del clavel, como una nube
Que enturbia el cielo, Cuba, viuda, pasa...
Yo soy un
hombre
Gocé una vez, de tal suerte
sincero que gocé cual nunca, cuando
la sentencia de mi muerte
Yo soy un hombre sincero leyó el alcalde llorando.
De donde crece la palma,
Y antes de morirme quiero Oigo un suspiro, a través
Echar mis versos del alma. De las tierras y la mar,
Y no es un suspiro, —es
Yo vengo de todas partes, Que mi hijo va a despertar.
Y hacia todas partes voy:
Arte soy entre las artes, Si dicen que del joyero
En los montes, monte soy. Tome la joya mejor,
Tomo a un amigo sincero
Yo sé los nombres extraños Y pongo a un lado el amor.
De las yerbas y las flores,
Y de mortales engaños, Yo he visto al águila herida
Y de sublimes dolores. Volar al azul sereno,
Y morir en su guarida
Yo he visto en la noche oscura La víbora del veneno.
Llover sobre mi cabeza
Los rayos de lumbre pura Yo sé bien que cuando el mundo
De la divina belleza. Cede, lívido, al descanso,
Sobre el silencio profundo
Alas nacer vi en los hombros Murmura el arroyo manso.
De las mujeres hermosas:
Y salir de los escombros, Yo he puesto la mano osada,
Volando las mariposas. De horror y júbilo yerta,
Sobre la estrella apagada
He visto vivir a un hombre Que cayó frente a mi puerta.
Con el puñal al costado,
Sin decir jamás el nombre Oculto en mi pecho bravo
De aquella que lo ha matado. La pena que me lo hiere:
El hijo de un pueblo esclavo
Rápida, como un reflejo, Vive por él, calla y muere.
Dos veces vi el alma, dos:
Cuando murió el pobre viejo(*), Todo es hermoso y constante,
Cuando ella me dijo adiós(**). Todo es música y razón,
Y todo, como el diamante,
Temblé una vez —en la reja, Antes que luz es carbón.
A la entrada de la viña,—
Cuando la bárbara abeja
Picó en la frente a mi niña.
Yo sé que al necio se entierra
Con gran lujo y con gran llanto,—
Y que no hay fruta en la tierra
Como la del camposanto.
Callo, y entiendo, y me quito
La pompa del rimador:
Cuelgo de un árbol marchito
Mi muceta de doctor.