La OMS1 establece que la calidad de la atención sanitaria consiste en
“Asegurar que cada paciente reciba el conjunto de servicios diagnósticos y
terapéuticos más adecuados para conseguir una atención sanitaria óptima,
teniendo en cuenta todos los factores y los conocimientos del paciente y del 2
servicio médico, y lograr el mejor resultado con el mínimo riesgo de efectos
yatrogénicos y la máxima satisfacción del paciente con el proceso”. En
términos sanitarios, el control de calidad ha de probar si mediante nuestro
equipo médico, nuestros medios diagnósticos y terapéuticos, y nuestra
organización, hemos restaurado en cada uno de nuestros pacientes el máximo
nivel de salud que podíamos devolverles. Muchos autores pretenden evitar la
denominación de control de calidad en sanidad, por las connotaciones
negativas de la palabra “control”, y la sustituyen por garantía, mejora o política
de calidad. Son conceptos más amplios que el simple control e incluyen las
acciones correctoras además de la medición del producto. Otros autores los
consideran sinónimos2, y en la definición de control de calidad ya incluyen la
realización de los cambios necesarios: “El control de calidad se refiere a la
evaluación o medición de juicios acerca de la calidad del servicio y a la
elaboración de los cambios necesarios ya sea para mantener o para mejorar la
calidad de la atención proporcionada