II.
RELACIONES COMUNITARIAS
Las Relaciones Comunitarias, como un aspecto de la dimensión externa de la responsabilidad social,
es el proceso mediante el cual las empresas establecen, mantienen y fortalecen los vínculos con las
poblaciones del entorno y sus autoridades, bajo determinados principios que tienen que ver con las
prácticas sostenible en los aspectos ambientales, sociales y compromiso con el desarrollo local. Esta
relación está basada en el respeto de las costumbres, creencias, reglas de convivencia, que expresan
la cultura local. El respeto a los recursos naturales como tierra, fuentes de agua, aire, biodiversidad,
deidades, y demás recursos es un tema central en ésta relación. Por ello, las relaciones
comunitarias es la expresión de la filosofía empresarial, es decir, el compromiso global con un
enfoque de sostenibilidad que tienen las empresas.
Es parte de esta vinculación, que debería ser bajo la fórmula “ganar – ganar”, el aporte que hacen
las empresas, a los procesos de desarrollo local, expresada en proyectos gestionados de manera
participativa, que promueven el mejoramiento de los activos tangibles e intangibles de las familias,
de las comunidades y del territorio. Generar las condiciones para que la fuerza laboral local se
vincule en la cadena del negocio, muchas veces sin la calificación requerida, es otra línea de trabajo
de relaciones comunitarias.
Como toda área nueva de gestión, en las empresas extractivas las Relaciones Comunitarias
empezaron con un enfoque empírico, en muchos casos como una extensión de Recursos Humanos, o
de relaciones públicas, con cuadros profesionales provenientes de esas áreas. Este enfoque veía al
relacionista comunitario como una especie de “bombero”, para desactivar los problemas sociales,
muchas veces ocasionadas por malas prácticas de los trabajadadores o de la propia empresa. Las
acciones eran reactivas a los problemas que se presentaban. Los permisos sociales sobre terrenos
superficiales en su mayoría no fueron tratados para perdurar en el largo plazo. Al principio inclusive,
en base a leyes pro inversión, el acceso a terrenos superficiales era vía expropiación, lo que abrió
algunas heridas sociales que perduran en el tiempo. Los apoyos para proyectos de desarrollo al
principio tenían un enfoque filantrópico, sin estructura para la sostenibilidad ni sistema de
monitoreo. La apertura de opciones laborales en las unidades de negocio para los comuneros eran
vistos como un favor a los comuneros y muy restringido.
Luego, las empresas fueron incorporando una política cada vez mas comprometida de
responsabilidad social. El contexto legal, político y social también fueron cambiando, siendo más
favorable para mejorar las relaciones con las comunidades. Esta evolucion en el contexto hizo que
las empresas impulsaran la profesionalización del área, creando las gerencias y superintendencias de
relaciones comunitarias en las unidades de negocio y a nivel corporativo. Con ello se inició un
enfoque basado en la proactividad con estrategias más claras en relación a permisos sociales
previos, para el uso de terrenos superficiales y otros recursos comunales, empezando a aplicarse la
filosofía de ganar – ganar.
Un paso importante en la evolución del relacionamiento comunitario, fueron la institucionalización
de los procesos de diálogo con los grupos de interés y, la participación ciudadana se empezó a
implementar teniendo como marco algunas normas que el Estado fue implementando. Las
oportunidades laborales para comuneros empezaron a ser una preocupación de las empresas,
apareciendo como parte de convenios, acuerdos con las comunidades. Sin embargo, una de las
razones que se esgrime para la baja incorporación de fuerza laboral local, es la ausencia de
competencias para estas labores. Se estructuran proyectos de desarrollo de mediano plazo para las
áreas de influencia de las unidades mineras y se aplica el marketing con causa, es decir, se busca
posicionar a la empresa como un inversionista del desarrollo local (distorsionando su rol). El diálogo
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y la entrega de información a los grupos de interés se realiza de manera selectiva y el centro de
atención para el diálogo, es el proyecto minero.
En los últimos años, las empresas han afinado más su política de responsabilidad corporativa,
mejorando con ello su trabajo en Relaciones Comunitarias. Ya no es suficiente la proactividad, se
está transitando a un modelo predictivo, basado en la prospectiva, que tiene que ver con la
capacidad de descubrir los fragmentos de futuro en los procesos y tendencias actuales, en función a
los cuales se construyen los escenarios en donde deciden actuar. Esto implica estar consciente que
las decisiones de hoy, deben resolver o mitigar los problemas sociales probables de los próximos
cinco o diez años. Por ejemplo, actualmente saben que los problemas sociales en el futuro próximo
estarán dadas por : i).- Una percepción de que las poblaciones locales no participan de los beneficios
de estas actividades (altas expectativas); ii).- La percepción de una disputa de la minería, con la
agricultura y el consumo humano por el recurso agua; iii).- Impactos ambientales ; iv). El bajo
involucramiento de la fuerza laboral local de manera directa o indirecta en el circuito del negocio;
v).- Revalorización de los terrenos superficiales y el rol de la empresa en el desarrollo local.
El desafío actual, en donde alrededor de las actividades extractivas, también se desarrolla una
industria de conflictos sociales, que en muchos casos, tornan inviable proyectos importantes en
minería, petróleo, hidroeléctricas, es cómo constituir un nuevo modelo de relacionamiento con las
poblaciones locales. El contexto ha conllevado a poner a la viabilidad social, como una variable
clave de la ecuación del negocio. Donde no existe “licencia social”, las actividades extractivas
derivan en inviables. El nuevo modelo de relacionamiento comunitario debería estar basado al
menos en los siguientes elementos:
a. Distribución de beneficios.- Tiene que ver con un replanteamiento del rol del Estado y de
las empresas con las poblaciones locales. Si bien es cierto que las empresas tienen que
contribuir con el desarrollo de su entorno, tanto aportando a iniciativas de desarrollo, así
como mejorando la capacidad de empleabilidad local, buscando que existan redes de
proveedores locales, etc, No es su rol sustituir al Estado. Es el Estado el encargado de velar
por el bien común, por generar políticas de inclusión social, de superación de la pobreza, etc
y para ello cuenta con los impuestos que las empresas extractivas pagan. Por su parte, las
empresas deberían hacer predecible sus aportes a este esfuerzo, constituyendo” Fondos de
desarrollo social”, anclando su aporte a algún indicador de la evolución del negocio.
b. Ampliar la oferta hídrica, antes que disputar su uso.- La preocupación por lo que sucedería
con los acuíferos alrededor de un proyecto minero es cada vez más grande. Muchas de estas
preocupaciones no están sustentandas en aspectos técnicos, sino más bien en una mezcla de
percepciones, con comparaciones de la vieja minería o, con las creencias y saberes
milenarios, que van configurando una corriente de ecologismo “popular”, que es la
expresión de la continuidad de las culturas andinas. Por ello, es difícil convencer a la
población local cuando la preocupación ha escalado, porque queremos persuadir con
criterios puramente técnicos, sin tomar en cuenta la cosmovisión de la gente, que es la que
les genera grandes temores. La opción ante esta resistencia a veces hasta violenta, es que
las empresas opten de manera predictiva, a realizar proyectos para mejorar la gestión,
calidad y cantidad de agua, en las cuencas en donde se ejecutarán los proyectos. Desarrollar
acciones para mejorar los acuíferos, ampliando los colchones hídricos, cosecha de agua,
construcción de reservorios, etc, ya no es una elección a realizar, sino un compromiso social
antes de iniciar las operaciones.
c. Antes que pasivos, generar activos ambientales y sociales.- En la misma línea del caso del
agua, en todos los rubros en donde antes las empresas dejaban pasivos, hoy se debe tener
una concepción de genera activos. Los planes de cierre graduales son una oportunidad para
demostrar este proceso, si es que los esfuerzos están orientados a dejar los suelos y su
paisaje mejor que antes. Impulsar proyectos de forestación de mediano y largo plazo, en
asocio con el Estado es otra opción interesante. Introducir sistemas de riego tecnificado de
manera masiva en donde las condiciones se presten, en las comunidades vecinas es otra
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alternativa interesante. Por el lado social, contribuir con la educación, la calificación
laboral, principalmente en las opciones técnicas, son muy importantes.
d. Empleo local preferente, con formación y línea de carrera.- Las empresas han hecho
mucho en este tema, pero no es suficiente. Aun la incorporación de la mano de obra local,
tanto de manera directa (empleo en la empresa principal y sus contratistas), como de
manera indirecta (proveeduría local de bienes y servicios) es bajo, y sólo está relacionado
con mano de obra no calificada y semi calificada. En el futuro próximo, los conflictos
estarán alentados por que la población local no accede a empleo calificado, de calidad. Aquí
las empresas tienen que establecer alianzas con institutos tecnológicos, universidades,
gobiernos locales y regionales, para impulsar que de manera conjunta impulsen programas
de formación técnica y profesional, en los territorios en donde están las empresas
extractivas. Los cursos de capacitación laboral de corta duración, son absolutamente
insuficientes. La sensación de marginación de las poblaciones a empleo calificado, es una
causa de resentimiento que si no es bien canalizado, llevará a protestas en muchos casos,
violentas.
e. Pago justo por el uso de los recursos comunales.- Otro cambio que se ha venido operando
es la revalorización de los terrenos superficiales de las comunidades. El mayor acceso a
información por un lado, el comprender las implicancias económicas que tienen las
actividades extractivas, la necesidad creciente por los terrenos cada vez más escasos, así
como, la recomposición del poder de la comunidad, hoy basada en la organización y
movilización social, hace que las empresas tengan mas cuidado al momento de negociar
estas tierras. Algunos ejemplos en los últimos años en el Perú, dan cuenta que en muchas
comunidades ancestrales, al valor comercial de la tierra, se tiene que agregar el valor
cultural y de uso específico. Una empresa en Puno, perdió la licencia social, por no tomar en
cuenta que uno de esos cerros era el Apu sagrado de las comunidades vecinas. Profanar una
deidad, una creencia, es una herida grave en el alma de una comunidad.
En resumen, este enfoque basado en la prospectiva, exige combinar de mejor manera lo estratégico
con lo táctico y operativo, la gestión de procesos claves debidamente planificados, con procesos
emergentes, contingenciales que demandan respuestas rápidas sin perder de vista lo estratégico.
Implica capacidad de manejo de crisis con el menor impacto posible en el mediano y largo plazo. No
es suficiente tener equipos profesionales especializados, sino también el desarrollo de instrumentos
de gestión estandarizados para los procesos gerenciales clave.
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