Camino a la Restauración Espiritual
Camino a la Restauración Espiritual
Lucas 4:17-19
Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:
El Espíritu del Señor está sobre mí, Por cuanto
1- me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; buenas noticias a los necesitados.
2- Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; los que han sufrido heridas e insultos
3-A pregonar libertad a los cautivos, los que sufren esclavitud de algún mal hábito.
4-Y vista a los ciegos; los que necesitan ver y conocer las realidades espirituales.
5-A poner en libertad a los oprimidos; los que sufren de algún trastorno sicológico o espiritual.
A predicar el año agradable del Señor.
INTRO.- En este pasaje, Jesús anunció que las Escrituras se cumplían en Él. Fue ungido por el Espíritu para
ministrar a toda clase de necesitados y traerles la salvación del Señor. Además, anunció que el año del
jubileo había empezado. «El año agradable del Señor» se refiere a Levítico 25:10, el quincuagésimo año
cuando todo en Israel era restaurado a su propio lugar.
4.2- GRACIA ES: El favor de Dios sin mérito de mi parte, la bendición inmerecida para sacarme del
pozo en que he caído, el poder de Cristo para fortalecerme.
4.3- Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la
debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para
que repose sobre mí el poder de Cristo. 2 Cor.12:9
HNOS. Nuestras debilidades se vuelven fortalezas si dejamos que Cristo está en ellas. recuerde los
cántaros de Gedeón, la honda de David y la vara de Moisés.
Hay gracia para satisfacer toda necesidad. ¡La gracia capacitó a Pablo para que aceptara su debilidad,
se gloriara y se regocijara en ella!
Pablo sabía que su debilidad daría gloria a Cristo y eso era todo lo que importaba.
CONCLUSIÓN: ____________________________________________________________
EL PRIMER PASO A LA LIBERTAD
El Camino a la Restauración - Parte 1
Isaías 57:18
Hoy estamos comenzando una nueva serie a la que hemos llamado el Camino a la
Recuperación, y esperamos que la misma obre grandemente en su persona. Es sorprenderte
cómo el mundo se ve mejor cuando su persona es puesta en orden en la forma correcta. En
esta serie hablaremos de cómo manejar y vencer las heridas de su vida, los hábitos que están
destruyendo su vida y los complejos que han causado dolor en ella. Heridas, hábitos y
complejos.
El versículo que hemos elegido como base para este paso de nuestra serie “El
Camino a la Recuperación” es Isaías 57:18 (DHH), donde Dios dice: “He visto
como han actuado, pero los sanaré. Los guiaré y les ayudaré, y consolaré a los
que lloran. Ofrezco paz a todos, a los que están cerca y a los que estén lejos”.
Esta es una gran promesa de Dios. Note que hay cinco partes en la recuperación que
Dios desea hacer en su vida.
El hecho es que la vida es dura. Vivimos en un mundo imperfecto. Somos dañados por
otros, herimos a otros y nos herimos a nosotros mismos. La Biblia dice que todos hemos
pecado. Eso significa que ninguno de nosotros es perfecto, todos nos hemos equivocado,
todos hemos cometido errores. Nos dañamos y dañamos a otros.
Esta serie es para todos. Todos necesitamos recuperación, a menos que alguien haya
vivido una vida perfecta. Pero si no ha sido así, si no ha vivido una vida perfecta, si ha sido
herido, si ha tenido un complejo o hábito del que le gustaría deshacerse, necesita
recuperación.
La buena noticia es que sin importar el problema del cual necesite recuperarse, ya sea
emocional, financiero, relacional, espiritual, sexual o de otro tipo, los pasos para recuperarse
son siempre los mismos. Estos no varían.
Reconozco que no soy Dios. Admito que soy incapaz de controlar mi tendencia a hacer
lo malo y que mi vida es inmanejable.
¿Se queda despierto hasta tarde cuando sabe que necesita dormir?
¿Come o bebe más calorías de las que su cuerpo necesita?
¿Siente que debe hacer ejercicios pero no los hace?
¿Conoce lo que es correcto pero no lo hace?
¿Sabe que algo está malo pero de todas formas lo hace?
¿Se ha dado cuenta alguna vez de que no debe ser egoísta pero
de todas maneras lo es?
¿Ha intentado alguna vez controlar a alguien o algo y se ha dado
cuenta de que usted mismo era incontrolable?
La Biblia tiene una forma de expresar esto. En ella se le llama a esta tendencia nuestra
“naturaleza pecaminosa”. La naturaleza de pecado nos lleva tanto a usted como a mí a toda
clase de problemas. Hago cosas que no son buenas para mí, las hago aun cuando son auto
destructivas. Sin embargo, no hago las cosas que son buenas para mí. Respondo de la
manera incorrecta cuando soy herido y con esto solo consigo aumentar el daño, en lugar de
disminuirlo. Reacciono de la manera incorrecta con las personas. Las trato de la manera
equivocada y luego, cuando me doy cuenta de que esa actitud no va a funcionar, esto me
afecta a mí. Intento resolver problemas y a menudo, cuando creo que los he arreglado,
compruebo que se vuelven peor de lo que estaban antes.
Proverbios 14:12 (NVI) dice: “Hay caminos que al hombre le parecen rectos, pero que
acaban por ser caminos de muerte”.
Usted siempre va a tener esa naturaleza pecaminosa, ese deseo de hacer lo malo. Este
permanecerá siempre con usted hasta que llegue al cielo. Y aun cuando sea cristiano, todavía
tendrá deseos que lo empujen hacia el mal. Pablo entendió esto. En
Romanos 7:15 él dijo: “No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que
aborrezco”.
¿Le suenan familiares estas palabras? “Termino haciendo lo que no quiero hacer y
termino no haciendo lo que quiero hacer”.
El primer paso para la recuperación es que usted entienda la causa de este problema.
¿Por qué sucede esto en mi vida? Primero, necesita entender la causa del problema, luego
las consecuencias y más tarde la cura para el mismo.
Este es el problema más antiguo del hombre. Aun Adán y Eva lo tuvieron. Dios los
puso en el paraíso y ellos trataron de controlarlo. Dios dijo: “Pueden hacer todo lo que
quieran en todo este paraíso excepto una sola cosa: No coman de este árbol”. ¿Y qué
hicieron ellos? Fueron directamente hacia ese árbol, que era lo único en el Paraíso a lo que
Dios le había puesto límites. Satanás dijo: “Coman esta manzana (o lo que haya sido) y sean
dioses”. Ese ha sido el problema desde el principio. Querer ser Dios. Querer tomar las
decisiones uno mismo. Querer vivir nuestra propia vida.
Queremos estar en control. ¿Cómo jugamos a ser Dios? Negando nuestra humanidad y
tratando de controlar todo por razones egoístas. Queremos estar en el centro de nuestro
universo. El control es el asunto real. Queremos estar en control y tratamos de controlarnos
a nosotros mismos, a otras personas, a todo lo que está a nuestro alrededor.
¿COMO JUGAMOS A SER DIOS?
Tratamos de controlar los problemas, nuestros problemas. Somos buenos para esto.
Usamos frases como: “Lo puedo manejar, realmente no es un problema”. Eso es tratar de
jugar a ser Dios. “Puedo manejarlo, estoy bien. Realmente estoy bien”. Queremos estar en
control: no necesitamos ayuda y realmente no necesitamos consejo. Tratamos de controlar
nuestros problemas: “Puedo dejarlo en cualquier momento. Lo haré a mi manera”. Pero
mientras más trate de arreglar su problema por sí mismo, peor será.
Tratamos de controlar nuestro dolor. ¿Ha pensado alguna vez cuánto tiempo des-
perdicia huyendo del dolor? Tratamos de evitarlo, negarlo, reducirlo, posponerlo y de
escapar de él. Y tratamos de hacer esto de diferentes maneras. Algunas veces tratamos de
evitarlo comiendo o dejando de comer. Tratamos de posponerlo bebiendo, fumando,
consumiendo drogas, o involucrándonos en una y otra relación. “Esta relación es lo que
verdaderamente necesitaba para sentirme completo y realizado”... y entonces iniciamos esa
relación. “Oh, me equivoqué, no era lo que pensaba”... y terminamos la relación. Y así
continuamos una relación tras otra. O desarrollamos algún tipo de hábito compulsivo para
tratar de controlar el dolor. O nos volvemos abusivos y nos enojamos con otras personas o
nos volvemos críticos o prejuiciosos para esconder el dolor. O nos deprimimos. Hay
muchas, muchas formas de tratar de controlar nuestro dolor.
El dolor viene cuando nos damos cuenta, en nuestros tiempos a solas, que nos somos
Dios y que no podemos controlar nada, y eso nos atemoriza. (Recuerdo que Chevy Chase
solía aparecer en el programa televisivo en vivo Sábado por la Noche, diciendo: “Hola, soy
Chevy Chase, y usted no”. Y entonces solamente me imagino a Dios diciendo: “Hola, soy
Dios y tu no”.)
Ese es el primer paso hacia la recuperación. Usted no va a mejorar por usted mismo,
reconózcalo. No lo niegue.
¿CUALES SON LAS CONSECUENCIAS DE JUGAR A SER DIOS?
He aquí cuatro problemas que siempre aparecen cuando tratamos de jugar a ser Dios:
1. Temor. Cuando trato de controlar todo, me atemorizo. Adán dijo: “Tuve miedo
porque estoy desnudo. Por eso me escondí”. Nos atemoriza el que alguien descubra quiénes
somos realmente, que somos falsos, farsantes, que realmente no tenemos el control, que no
somos perfectos. Es por eso que no permitimos que nadie se acerque realmente a nosotros,
porque descubrirán que interiormente estamos asustados. Y debido a que disfrazamos esto
y pretendemos que no es real, llenamos nuestras vidas con temor, asustados de que alguien
nos vaya a rechazar, de que no nos amen, o de que no les seamos simpáticos porque no
saben realmente lo que somos. “Solo les gusta una imagen de mí. Si supieran realmente
como soy, no les gustaría”. Así que nos resentimos y nos llenamos de temor cuando tratamos
de jugar a ser Dios.
3. Fatiga. Jugar a ser Dios cansa. Tratar de controlar todo, pretender que todo está bien,
negar algo, consume mucha energía. En el Salmo 32, David dice: “Mi fuerza se fue
debilitando como al calor del verano ... Pero te confesé mi pecado, y no te oculté mi
maldad”. La mayoría de las personas tratan de esconder su dolor y huyen de él
manteniéndose ocupadas. Piensan: “No me gusta cómo me siento cuando me deprimo. No
me gusta lo que viene a mi mente cuando pongo mi cabeza sobre mi almohada, y no me
gustan esos sentimientos y lo que escucho, por lo que me mantengo ocupado”. Huimos del
dolor al estar constantemente en un ir y venir. Trabajamos hasta el cansancio. O nos
involucramos en algún pasatiempo o algún deporte hasta que se vuelve algo compulsivo, y
permanecemos en el campo de golf, en la cancha de tenis, o en cualquier otro lugar todo el
tiempo. Incluso podemos involucrarnos en actividades religiosas, podemos tratar de
esconder nuestro dolor trabajando de forma febril en las actividades de la iglesia. Esperamos
que cuando nos acostemos y pongamos la cabeza sobre la almohada, estemos tan fatigados
que dormiremos y no tendremos que escuchar nuestro dolor.
Si está en un estado constante de fatiga, siempre agotado, pregúntese: “¿De qué dolor
estoy huyendo? ¿Qué problema no quiero afrontar que me motiva y me conduce a trabajar
y trabajar para estar en este estado constante de fatiga?”
4. Fracaso. Cuando trata de jugar a ser Dios, la descripción que hace Proverbios 28:13
(DHH) es una garantía de dónde terminará: “Nunca tendrás éxito en la vida si tratas de
esconder tus pecados. Confiésalos y renuncia a ellos. Entonces Dios mostrará su
misericordia sobre ti”. Necesitamos ser honestos y aceptar nuestras debilidades, faltas y
fracasos.
En Saddleback nos hemos comprometido desde el principio a ser un lugar seguro donde
la gente, gente real, pueda hablar acerca de sus problemas reales, heridas reales, complejos
reales y hábitos reales, sin temor a la crítica. Somos una familia de compañeros en la lucha.
No hay ninguna persona que tenga todo bajo control. Todos somos débiles en diferentes
áreas y nos necesitamos unos a otros. Y nos necesitamos porque nos volvemos espejos para
revelar las heridas unos a otros y ayudarnos mutuamente. Muchas veces otros ven cosas que
yo no veo y viceversa. Hemos desarrollado una atmósfera confiable. Por cierto, tenemos
una reunión los viernes por la noche llamada Celebremos la Recuperación. En ese grupo
tenemos personas con toda clase de situaciones, problemas y heridas con los que han estado
luchando, y en los que están trabajando con los pasos que aquí señalamos.
Para ayudarle a ser más honesto con usted mismo y con Dios, planeo compartirle
historias personales, testimonios de gente real que experimenta heridas reales en la familia
de nuestra iglesia. Hemos pedido a Mary Pritchard y a Dan Denton que compartan sus
experiencias. Ambas son diferentes y se refieren a problemas muy distintos, pero han
contado con el mismo proceso para la recuperación.
Mary: Soy una codependiente en recuperación. Soy la hija mayor de cinco hermanos y
diría que tuvimos una niñez muy normal. No hubo abuso de drogas ni de alcohol en mi
familia, aunque no era perfecta. Teníamos un problema de comunicación. Mi mamá abusaba
verbal y emocionalmente de mí. Me gritaba y decía cosas que me destruyeron absolutamente
y me hacían sentir sin valor. Tenía mucho miedo de su enojo. Me decía a mí misma: “Mamá,
haré cualquier cosa para que estés feliz y así no te enojes conmigo”.
Así que empecé a decirle a mis padres lo que pensaba que ellos deseaban escuchar.
Comencé a ser lo que pensaba que ellos deseaban que yo fuera. Me volví muy plástica. Ese
fue el inicio de mi codependencia. Llevé ese mismo estilo de comunicación a mi matrimonio
y en los primeros seis meses abusé verbal y emocionalmente de mi esposo. Como él no
reaccionaba pensé: “Puedo arreglar esta situación”. Decidí que abandonaría todo y no lo
confrontaría en nada. Eso me enfermó, así que decidí: “Olvida esto, sigue en tus cosas”, lo
cual hice.
tor que estaba pensando en quitarme la vida. El dijo: “Me gustaría sugerirle que hable con
un terapeuta.” Pensé que no valía la pena gastar el dinero en un terapeuta, pero finalmente
fui a verlo. Me sentía tan miserable y tenía tanto dolor que estaba dispuesta a hacer cualquier
cosa que pudiera ayudarme. Me parecía que no valía mucho para este mundo.
Así que fui y ya no pude negar la verdad de mi vida. Le conté a la terapeuta acerca de
todo mi dolor y lo miserable que me sentía por lo que estaba haciendo, ella reconoció esa
verdad. Me amó y aceptó, y comenzó a enseñarme cómo tratar efectivamente con mi vida y
mis problemas. Estoy realmente agradecida por ella. Dios comenzó a traer a otras persona
a mi vida para mostrarme que ellas tampoco eran perfectas. Estaban asistiendo a una reunión
llamada Doce Pasos donde recibían ayuda para enfrentar sus vidas. Pensé: “Lo intentaré,
porque obviamente no he podido arreglar mi vida”. Así que comencé a asistir a las reuniones
de Doce Pasos. Conocí a otras personas que reconocían que tampoco estaban en control de
sus vidas y se veían felices y gozosas. Me quedé. He tenido la oportunidad de participar en
Celebremos la Recuperación y quiero que sepan que es un lugar maravilloso. Hay gente
sana aquí. Es algo seguro y espero que se una a mí. Aquí todos nos estamos convirtiendo en
personas gozosas y libres.
Dan: Mi nombre es Dan y soy un adicto. Esta es la cara de la adicción. También soy
esposo, el mejor amigo de mi esposa, padre y padrastro. Soy un hijo y hermano amoroso.
Fui a la universidad y me gradué en la escuela de leyes. Tengo mi propio negocio. Hoy lo
más importante acerca de mí que usted debe conocer es que por la gracia de Dios soy un
adicto recuperado.
La historia que compartiré con ustedes es sencilla y real. En realidad es tan simple que
podrá parecer aburrida. Cuando tenía doce años fumé mi primer cigarro, lo hice en un
búnker tras el tercer hoyo en el campo de golf El Dorado en Long Beach. Cuando estaba en
séptimo grado, asistí a una actividad llamada el “Día de Walter B. Hill” que se celebraba en
la escuela Walter B. Hill. Tres de mis amigos dijeron: “Tenemos algunas cervezas”. Ese día
me tomé mi primera cerveza. Me gustó. Me hizo libre. Fue divertido. Me relajé y me hizo
ser gracioso. Y le caía bien a la gente. Así que comencé a emborracharme todas las semanas
con los muchachos para estar alegre, en al onda y sentirme bien. Aumenté el consumo de
martinis y luego pasé a la marihuana y a las drogas más fuertes.
Hace dieciséis meses, mi esposa y yo fuimos a nuestro lugar favorito a cierta hora del
día donde las bebidas son más baratas. Nos peleamos. ¡Qué sorpresa! Cuando llegamos a
casa, me miró a los ojos y me dijo: “Amas al alcohol y las drogas más que a mí”. Era la
verdad. Tengo que decirles que aquello era mi religión. Dije: “Soy un alcohólico, tengo que
cambiar”. Mi esposa me dejó y no cambié. Lo que sí hice fue llamar a un amigo y salir a
embriagarnos. Eso fue lo que hice. Me embriagué durante las siguientes tres semanas. Un
sábado a las tres de la mañana, el día en que mi hijo de doce años se iba a bautizar, estaba
sentado solo, desnudo, con todas las botellas de cerveza y las cajetillas de cigarros vacías a
mi alrededor, abriendo un paquete de cocaína para matarme. Miré a mi alrededor y me dije:
“¿Qué estoy haciendo aquí? ¿Qué paso con mis sueños? ¿Quién se los robó?”
Hoy mi vida es muy bendecida. Tengo mucho trabajo pero el gozo mayor que tengo
es que soy miembro de la Iglesia Comunidad del Valle de Saddleback. Fui bautizado aquí
por el pastor Tom y él me cuenta que funcionó. También tengo el privilegio de ser líder de
un grupo pequeño en Celebremos la Recuperación, con el que nos reunimos cada viernes
por la noche. Si usted es esa persona que necesita escuchar más de lo que estoy diciendo,
venga y acompáñenos. Celebraremos nuestra recuperación.
¿Cómo reacciona a historias como esa? He aquí dos formas en las que no debemos
reaccionar:
“Mi problemas no es tan malo”. Eso se llama negación. ¿Qué tan mal tiene que llegar
a estar antes de admitir que necesita ayuda? ¿Qué tan doloroso tiene que llegar a ser ese
daño, esa relación, ese dolor, ese problema, esa memoria antes que admita que necesita
ayuda? Desdichadamente debido al comportamiento humano, a nuestra naturaleza,
postergamos el proceso de cambio hasta que nuestro dolor se vuelve más grande que el
temor de cambiar. No cambiamos cuando vemos la luz. Cambiamos cuando sentimos el
calor y el matrimonio comienza a destruirse o los niños comienzas a irse por malos caminos,
o cuando recibe esa llama telefónica en medio de la noche. Ahórrese ese dolor, comience
pronto su recuperación. Un hombre dijo: “A mí me sucedió cuando el ácido de mi dolor
finalmente atravesó la pared de mi negación”. Dios nos susurra en nuestros placeres, pero
nos grita en nuestro dolor. El dolor es el megáfono de Dios. Permite que eso lo mueva a
buscar ayuda, a enfrentar el hecho que ha estado ignorando por diez, veinte, quizás treinta
años. ¿Cuál es el nivel de su dolor? Es una luz de advertencia para usted. Escúchelo.
2. "Está bien, pero yo puedo resolver mis problemas; esta serie de recuperación es
para otro, no para mí”. Eso también se llama negación. A menos que haya tenido una vida
perfecta, hay algunas cosas con las que necesita tratar. Usted dice: “Puedo manejar mi
problema, puedo cuidar de eso”. El hecho es que si usted pudiera manejarlo, lo hubiera
hecho, pero usted no puede, por lo tanto no lo hará. Si hubiera podido controlar ese
problema, no sería un problema, no lo tuviera con usted hoy. Pero no puede, y no podrá.
Esta negación es tan antigua como Adán y Eva. Ellos tenían un problema. Huyeron y se
escondieron tras el arbusto. Dios los había hecho y Dios había hecho los arbustos y ahora
se estaban escondiendo de Dios. Así de ilógico. Algunas veces le pregunto a las personas:
“¿Le ha contado a Dios acerca de su herida, su hábito o su complejo?” Ellas contestan: “Ah,
no, no quisiera que supiera de eso”. No puede mejorar hasta que confiese, afronte sus faltas
y admita: “Soy incapaz”.
III. LA CURA
Admitir que no soy Dios significa que reconozco tres hechos importantes de la vida.
La madurez viene cuando:
1. Reconozco que soy incapaz de cambiar mi pasado. Duele, todavía lo recuerdo, pero
todo el resentimiento del mundo no va a cambiar esa realidad. Soy incapaz de cambiar mi
pasado.
R.E.C.U.P.E.R.A
Reconozco que no soy Dios; admito que soy incapaz de controlar mi tendencia a hacer
lo malo y que mi vida es inmanejable.
EL SEGUNDO PASO
“En realidad, sin fe es imposible agradar a Dios, ya que cualquiera que se acerca a Dios
tiene que creer que él existe y que recompensa a quienes lo buscan”. Hebreos 11:6 (NVI)
Tres partes
“Porque desde la creación del mundo las cualidades invisibles de Dios, es decir, su
eterno poder y su naturaleza divina, se perciben claramente a través de lo que él creó”.
Romanos 1:20 (NVI)
“Tú has visto mi aflicción y conoces las angustias de mi alma”. Salmo 31:7 (NVI) “Tú
“Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre con sus
/
hijos. El conoce nuestra condición; sabe que somos de barro”. Salmo 103:13-14 (NVI)
“Se me apareció el Señor y me dijo: ‘Con amor eterno te he amado’”. Jeremías 31:3
(NVI)
“Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos
pecadores, Cristo murió por nosotros”. Romanos 5:8 (NVI)
“Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para que sepan ... cuán
incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese poder es la fuerza
grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre los muertos”.
Efesios 1:18-20 (NVI)
“Lo que es imposible para el hombre es posible para Dios”. Lucas 18:27 (DHH)
“Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su
buena voluntad”. Filipenses 2:13 (NVI)
“El espíritu que Dios nos da ... nos llena con poder, amor y dominio propio”. 2 Timoteo
1:7 (DHH)
Cómo conectarse al poder de Dios: ______________ y ___________ .
“Cuando cruces las aguas, yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus
aguas; cuando camines por el fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas”. Isaías 43:2
(NVI)
DÓNDE OBTENER AYUDA CUANDO ESTÉ HERIDO
El Camino a la Recuperación - Parte 2
Hebreos 11:6
Puede que algunos de ustedes no se haya percatado de que cuando el lunes de esta
semana llovió torrencialmente, hubo una parte del lago Forest que se desbordó. Glenn vive
en una de esas áreas. El condado de Orange envió a un reportero a ese lugar, el cual encontró
a Joann, la esposa de Glenn, sentada en el techo de su casa mientras las cosas flotaban a su
alrededor. El reportero se subió al techo y pudo ver un caballo y un automóvil que flotaban.
Luego de unos minutos, él vio un sombrero que flotaba también. Observándolo mejor, se
fijó que el sombrero se movía en una extensión de veinte pies alrededor de la casa en una
forma que parecía un movimiento premeditado. Después de observar al sombrero en ese
extraño ir y venir por unas siete u ocho veces, le preguntó a Joann: “¿Tiene usted alguna
idea de lo que ocurre con ese sombrero?” A lo que ella contestó: “Ese es Glenn, el loco de
mi esposo. Dijo que hoy iba a cortar el césped pasara lo que pasara”.
El problema que tenemos hoy es que muchos de nosotros todavía estamos preocupados
por cortar el césped mientras la casa está flotando.
Ya hemos dicho que todos necesitamos pasar por el proceso de recuperación porque
ninguno de nosotros es perfecto. El mundo es imperfecto. Todos hemos sido dañados, todos
tenemos complejos, todos tenemos hábitos que nos gustaría que desaparecieran. Todos
necesitamos pasar por el proceso de recuperación. Sin importar el problema, la herida, el
complejo o el hábito, los pasos que hay que dar son los mismos.
También dijimos que la raíz que causa todo esto es nuestro deseo de controlar las cosas.
Mientras más inseguros somos, más queremos controlar las cosas. Queremos controlar
nuestras vidas, las vidas de los demás, el ambiente en que otras personas viven; en una
palabra, queremos ser Dios. Queremos ser el centro de nuestro universo. Pero cuando
tratamos de ejercer este control, lo único que conseguimos es terminar fatigados, frustrados
y fracasados.
¿Cómo se rompe con eso? ¿Cómo puede romper con esas cosas?
Necesitamos superar la negación. La negación es lo que nos impide movernos hacia
delante, hacia la recuperación. Decimos a modo de excusa: “Realmente no es un
problema... Estoy bien... No hay de qué preocuparse. Puedo manejar la situación”. Y,
además de excusarnos, acusamos a otros: “Si tan solo mi esposa (o mi esposo) fuera de otra
manera, nuestro matrimonio andaría bien”. Jugamos al juego de la culpa. Acusamos y nos
excusamos. Cuando alguien nos pregunta: “¿Cómo te va?”, contestamos: “En lo que cabe
y dadas las circunstancias, me va bien; sí, estoy bien... a lo menos por el momento todo está
bien”. Es como si el diálogo anterior se tuviera con alguien que ha saltado de lo alto de un
edificio y se encontrara a medio camino. “Sí, dadas las circunstancias, por lo menos hasta
aquí, todo va bien”. Tenemos que aprender cómo tratar con la negación.
¿Qué le parece el siguiente anuncio en un periódico?: “Se ha perdido un perro de tres
piernas, ciego del ojo derecho, le falta la oreja izquierda, no tiene cola, fue recientemente
castrado y responde al nombre de ‘Afortunado"”. Una excelente manera de ilustrar la
negación. ¿No le parece?
Nuestro ministerio de camisetas me hizo una camiseta que dice: “La negación no es
un río de Egipto”.
¿Cuál es el antídoto para la negación? ¿Qué hace que finalmente afrontemos nuestros
problemas?
El antídoto de Dios para la negación es el dolor. Pocas veces cambiamos cuando vemos
la luz; cambiamos cuando sentimos el calor. No cambiamos hasta que nuestro dolor no
excede nuestro temor a cambiar. La mayoría de las personas casi nunca se mueven hacia la
recuperación hasta que son forzadas a hacerlo porque ya no hay otra opción.
Dios usa tres circunstancias para acabar con la negación, son cosas para llamar nuestra
atención y forzarnos a intentar la recuperación en nuestras vidas:
1. Dios conoce todo acerca de mi situación. Yo sé que Dios sabe todo con respecto a
/
mi situación, porque él conoce mis hábitos, mis heridas y complejos. El conoce lo bueno y
lo malo. Algunos posiblemente han tenido muchos momentos difíciles o una vida muy
dura. Mire lo que dice la Biblia en el Salmo 56:8 (DHH): "Tú llevas la cuenta de mis huidas;
tú recoges cada una de mis lágrimas”. ¿No es eso increíble? La Biblia
/
dice que Dios lo conoce personalmente y de cerca. Él ha visto sus lágrimas. “Nadie sabe el
infierno por el que estoy pasando en mi matrimonio”. Está equivocado, Dios lo sabe.
“Nadie sabe cómo estoy luchando por romper con este hábito, pero no lo
puedo sacar de mi mente”. Dios sí lo sabe. “Nadie sabe la depresión y el temor por el
/
que estoy atravesando”. Dios sí lo sabe. Y Él ha visto sus lágrimas. Las conoce todas. Nada
escapa de su conocimiento. El Salmo 31 (NVI) dice: “Tú has visto mi aflicción
y conoces las angustias de mi alma”. Dios está al tanto de sus necesidades y la Biblia
//
dice que Él sabe lo que usted necesita incluso antes de que se lo pida. Él ve la crisis en su
alma en este mismo momento. En el Salmo 69 leemos: “Tú sabes lo insensato que he sido”.
A veces deseamos olvidar esta parte. No queremos que Dios sepa todas
las locuras que hacemos. El hecho es que no hay nada que esté fuera de la vista de
/
Dios. Usted siempre tiene una audiencia veinticuatro horas al día. Él conoce sus días
buenos, sus días malos, las bromas pesadas que ha hecho, las malas decisiones que ha
tomado y, sorprendentemente, todavía le ama. El hecho es que Dios no se sorprende por su
pecado. Si usted hace algo mal, Dios no dice: “Ay, no, ¿cómo se me escapó eso?”
Él sabía que pasaría, mucho antes de que lo hiciera. Él incluso sabe por qué lo hizo, qué
/
fue lo que lo motivó a hacerlo, incluso si usted mismo ignora la motivación. Él no se
/
sorprende, no se altera, no se decepciona. Él sabe quién es usted.
2. Dios se interesa por mi situación. El Salmo 103 dice: “Tan compasivo es el Señor con
los que le temen como lo es un padre con sus hijos. Él conoce nuestra condición;
sabe que somos de barro”. Dios sabe que somos hechos de moléculas, que somos frá-
/
giles, que no somos superhombres. Él es tierno y compasivo. Esa es la clase de Dios a la
que usted sirve. Un Dios que lo conoce, que desea ser el Padre que muchos nunca
tuvieron. Tierno y compasivo. Dios dice: “Con amor eterno te he amado”. ¿Cómo
/
puede ser eso? ¿Cómo puede Dios amarme y su amor nunca acabar? Él me ama en los días
buenos, en los malos, cuando le sirvo y cuando no lo hago, cuando hago lo correcto y
cuando me equivoco. ¿Cómo es que me sigue amando? Porque su amor es
incondicional. No está basado en su comportamiento. Está basado en el carácter de
/
Dios. La Biblia dice que Dios es amor. Y él dice: “Con amor eterno te he amado”. Él no
solamente conoce su situación sino que se preocupa por ella. "Pero Dios demuestra su amor
por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros”.
Romanos 5:8 (NVI)
Muchas de aquellas personas que han estado trabajando los Doce Pasos saben que el
Paso 2 es el del Poder Supremo. Me gustaría presentarles hoy a su Poder Supremo.
s
3. Dios puede cambiar mi vida y mi situación. Estas son buenas noticias. Dios puede
cambiar mi vida y mi situación. A veces cambia mi vida, a veces cambia mi situación./
Otras veces cambia las dos. Pero está esperando por usted para hacer esto. Y Él tiene el
poder.
Note que Pablo dice: “Pido también que les sean iluminados los ojos del corazón para
que sepan ... cuán incomparable es la grandeza de su poder a favor de los que creemos. Ese
poder es la fuerza grandiosa y eficaz que Dios ejerció en Cristo cuando lo resucitó de entre
los muertos”. ¿Se ha encontrado alguna vez paralizado por falta de resolución? “¡Sé que
necesito hacer esto pero simplemente no puedo comenzar!” ¿Siente algunas veces que
simplemente no puede lograrlo? Él le dice: “Tengo el poder”. Si Dios puede levantar a
Jesucristo de los muertos, puede restaurar una relación rota. Puede levantar a una persona
que está mal de salud. Puede hacerle libre de una adicción. Puede ayudarle a cerrar la puerta
al pasado para que esos recuerdos dejen de perseguirle, pero solo confía en Él.
Lucas 18:27 (DHH) dice: “Lo que es imposible para el hombre es posible para Dios”.
La Biblia dice que no hay nada difícil para Dios. Quizás usted diga: “No entiende mi
situación. He intentado cambiar, pero no puedo”. Nada es imposible con Dios. Y esa
situación que parece sin esperanza, no lo es. Por cierto, en la iglesia Saddleback podemos
darle cientos de ejemplos de personas que estuvieron en situaciones imposibles hace seis
mes, un año, un año y medio, y Dios las cambió por completo. Hay personas que si las
hubiera conocido, pudiera haber pensado que ni en un millón de años cambiarían, pero sí
cambiaron. Por el poder de Dios.
He aquí el testimonio de un par de miembros de nuestra iglesia, Dana y Bret, en el que
cuentan cómo el poder de Dios les ayudó en su segundo paso.
Dana: Soy una creyente que lucha con la adicción. Soy líder en el grupo de mujeres
fármaco dependientes del programa Celebremos la Recuperación. Nos reunimos los
viernes por la noche. Nunca soñé que estaría haciendo el trabajo de Dios de esta forma o
que estaría parada aquí frente a todos ustedes. Pero eso es lo que sucede cuando
abandonamos el asiento del conductor y permitimos que Dios maneje nuestras vidas.
Creo que he sido adicta toda mi vida. Cuando era joven, mi adicción solamente salía a
la superficie en tiempos muy duros. Me parecía tener un ángel bueno en uno de mis
hombros y un ángel malo en el otro, y adivinen quién ganaba.
En mi vida había también muchos momentos normales. Era una buena estudiante,
nadadora, corredora, pero podía ser influenciada fácilmente por mis compañeros. Comencé
a fumar en la secundaria y cuando estaba en el bachillerato fumaba marihuana, bebía
alcohol y todavía mantenía un promedio de notas de 3.75. Mi alcoholismo aumentó al llegar
al final de la escuela y luego de graduarme.
Tuve un período de siete años en los cuales no ingerí alcohol. Cuando digo que soy
una adicta, quiero decir que puedo ser adicta a cualquier cosa que pueda hacerme sentir
mejor y llenar el vacío en mi vida. Por ejemplo, en esos siete años de abstinencia
acostumbraba coser. Salía a comprar un modelo y regresaba a casa con diez. Otro ejemplo,
el ejercicio. Hacía ejercicios durante cinco o seis días a la semana, tres horas al día. Pensaba
que era normal medir 1.73 y ser talla tres. Un día nada de eso pareció ayudarme más. Volví
al alcohol. Y del alcohol, pasé a la cocaína. La cocaína me ayudaba a adormecer el dolor.
Mi matrimonio se desmoronó y perdí a mis hijos en una batalla legal bastante sucia.
Usted pensará que luego de todo eso me daría por vencida. Lo intenté, pero sencillamente
no pude hacerlo. Pensé que estaba en control pero estaba en un círculo vicioso. Usaba
drogas porque me sentía culpable por la pérdida de mis hijos y porque el dolor era realmente
insoportable. Luego intentaba dejarla porque me sentía culpable de usarlas. Tenía un
problema de culpa. Esto continuó por nueve años. Finalmente me di cuenta de que no podría
hacer nada por mí misma.
Anteriormente han conocido el testimonio de mi esposo Dan. Fue a través de una
reunión de Doce Pasos a la que asistí con él que instantáneamente me identifiqué con la
persona de quien estaba hablando. Recuerdo que pensé: “Esa soy yo. Está hablando de mí”.
Finalmente, admití que era una adicta y recuerdo haber sentido cómo aquel gran peso fue
quitado de mis hombros. Ya no tenía que jugar a ser Dios. Ahora espero que Dios me ayude
a manejar mi vida cuando humildemente se lo pido y sé que él quitará todo lo malo y todo
el dolor en mi vida si tan solo se lo permito. Mi recuperación me ha llevado a ser un
miembro aquí en Saddleback. Me bauticé.
También asisto a las clases 201 sobre Madurez Espiritual, a la 301 sobre Ministerio, y soy
líder de un grupo pequeño en el programa Celebremos la Recuperación donde cada viernes
por la noche nos reunimos y celebramos el hecho de que no tenemos que vivir bajo el poder
de nuestra adicción. Nos encantaría que nos acompañara.
Bret: Mi nombre es Bret y soy un hijo adulto de un alcohólico. Fui concebido luego
de veintiún años de matrimonio. Después de nueve meses nací y mis padres me dieron el
título de “Hijo milagroso”, algo con lo que me fue difícil vivir cuando era niño. Tenía que
encontrar la forma de hacer que ese título se correspondiera con mi vida. Tuve que
aceptarlo. Sabía que en deportes no tendría la oportunidad de lograrlo, así que lo intenté
académica y profesionalmente. Sin embargo, tuve que revestir mi corazón de una coraza
porque dolía mucho interiormente. Sabía que estas metas serían imposibles de lograr pero
tenía que intentarlo. Como el trencito que dice: “Creo que puedo, creo que puedo...”, mi
tren decía: “Tienes, debes, no hay opción”. En la universidad acostumbrábamos comprar
pollo y llevarlo a nuestro cuarto, y era tan duro de corazón que cuando mis compañeros
venían a pedirme un pedazo, les decía que la carne blanca costaba cincuenta centavos extra.
Era realmente insensible.
Obtuve buenas notas en la secundaria. Fui muy buen estudiante en la universidad. A
los 27 años era el director de mercadeo internacional de una fábrica de alimento. A los 31
era el vicepresidente de una división millonaria de una corporación multimi- llonaria. Pero
lo que estaba mal era que en mi interior me encontraba solo. Luego de las reuniones y las
fiestas corría a mi cuarto, ordenaba servicio a la habitación y me escondía. No quería tener
intimidad con nadie. Me quería mantener a distancia de las personas. No quería acercarme
a nadie.
Decidí arriesgarme y me casé con Cindy, mi maravillosa esposa. Ella tenía una hija
llamada Elizabeth, así que me convertí en su padrastro. Pronto hubo cosas que empezaron
a salir a la superficie de mi vida y solo entonces me di cuenta de que existían. Un día, Liz
trajo a casa de la escuela una tarjeta de reporte con notas más bajas de lo que yo esperaba.
En lugar de ser comprensivo con ella, lo que habría hecho una persona centrada en Cristo,
estallé en ira y fui bastante grosero con ella. Cindy me dijo que mi idea de lo normal no era
necesariamente lo que era normal. Me dijo que yo era un perfeccionista, lo cual negué al
tiempo que decía: “Iremos a un terapeuta porque estoy seguro que estará de acuerdo con
mi perspectiva de esto”.
No es necesario decir que fue un aprendizaje para mí. Experimenté los sentimientos
que temía experimentar. Fue bastante doloroso. Asistí a los grupos de Doce
Pasos, leí libros, pero hacía falta algo más. Las piezas estaban ahí pero estaban revueltas.
Era la referencia genérica al Poder Supremo. Comencé a venir a esta iglesia, desarrollé una
relación con nuestro Señor Jesucristo y él abrió mi duro corazón y lo suavizó. Había estado
solo y no supe cómo divertirme, cómo jugar. Las personas decían: “¿Cómo te sientes acerca
de esto?” Yo no sabía lo que era “sentir”. Sabía cómo manejar la situación. Sabía cómo
terminar el proyecto, pero no sabía cómo sentir.
Así que si alguno de ustedes tiene ese sentimiento de vacío en su corazón, les tenemos
buenas noticias. Contamos con Celebremos la Recuperación, el cual funciona ver-
daderamente bien. Soy líder del grupo conocido como “Hijos adultos de adicciones”, que
trabaja con gente cuyos padres fueron alcohólicos, drogadictos, adictos al trabajo,
perfeccionistas, o personas con expectativas irreales de la vida.
He aquí el punto. Entre más posponga su dolor, más lejos está su recuperación. Entre
más lo niegue y diga: “No hay problema, no es gran cosa, puedo manejarlo”, menos días
tiene en esta tierra para ser lo que Dios quiere que sea. Algunas personas, cuando
experimentan dolor intenso por algún problema, se estancan en el pasado en lugar de tratar
con el problema de ese momento. Enfocan toda su vida en el pasado. Se adentran a lo que
yo llamo “Parálisis del análisis”, siempre diciendo lo que antes iba mal en sus vidas. Eso
es como manejar un carro mirando todo el tiempo el espejo retrovisor. Un espejo retrovisor
es de ayuda, porque le da perspectiva, y mirar su pasado le da una perspectiva, pero si
solamente mira a su pasado no llega al presente. ¿Puede imaginarse manejando un carro
donde el espejo retrovisor fuera más grande que el parabrisas? Muchas personas son así.
Se mantienen en el pasado y no pueden vivir en el presente. Cualquier cosa en la que se
enfocan tiende a repetirse. Si solamente vive en el pasado, tiende a repetir cosas del pasado.
Esta serie de recuperación trata del crecimiento espiritual. Crecimiento espiritual es el
proceso de expandir ese parabrisas y encoger el espejo retrovisor. Así se puede seguir con
el presente. ¿Cómo se hace eso? Usted reconoce que Dios existe. Se da cuenta de cómo es
él; de que se interesa, le entiende, le ama y desea ayudarle.
Hay un principio en el universo. Esto debe sonar muy simple, pero es algo muy
profundo. He aprendido que las cosas funcionan mejor cuando están conectadas. Las
tostadoras, licuadoras, televisores, radios, todas las cosas, funcionan mejor cuando están
conectadas. Y Dios quiere que usted y yo estemos conectados a él.
Muy simple. Crea y reciba. Primero, crea que Dios existe, crea que él le conoce y se
interesa por usted, que tiene el poder de ayudarle y luego recíbalo en su vida. “Jesucristo,
pon tu Espíritu en mí”.
El segundo paso de la recuperación involucra una palabra de cinco letras. Quiero
desafiarle a usar esta palabra hoy. Se requiere de mucho valor para usar la palabra AYUDA.
Necesito ayuda. “Dios, necesito tu ayuda en mi vida”. El Camino a la Recuperación no es
fácil. Significa afrontar algunos problemas que hasta ahora hemos preferido ignorar.
Significa correr riesgos. Significa ser honesto, confiar en Dios. Pero cuando damos este
segundo paso, de repente nos damos cuenta de que nuestra recuperación ya no es
simplemente un asunto de fuerza de voluntad. Dios dice: “Yo estoy contigo”.
Isaías 43:2 (NVI) nos da esta tremenda promesa de Dios: “Cuando cruces las aguas,
yo estaré contigo; cuando cruces los ríos, no te cubrirán sus aguas; cuando camines por el
fuego, no te quemarás ni te abrasarán las llamas”. Dios nos dice: “Yo estaré contigo la
próxima semana, el próximo mes, el próximo año mientras enfrentas esas cosas que has
temido afrontar en tu vida”.
¿En qué área de su vida se siente herido? ¿Está atravesando aguas profundas? ¿Siente
como si esta es la última vez? ¿Está pasando por fuego en este momento y la situación se
ha tornado difícil en su vida? ¿Cree que va a consumirse o a extinguirse? ¿Siente que está
como estancado en una rutina y que no tiene el poder de cambiar? ¿Se siente incapaz? Hay
un poder al que se puede conectar. Su nombre es Jesucristo. El nombre sobre todo nombre.
Le invito a que hoy mismo abra su corazón y le entregue su vida a él. Dé este segundo paso.
ENTRÉGATE
El Camino a la Recuperación - Parte 3
R.E.C.U.P.E.R.A
Reconozco que no soy Dios; admito que soy incapaz de controlar mi tendencia a hacer
lo malo y que mi vida es inmanejable.
En forma sincera creo que Dios existe, que le intereso y que él tiene el poder para
ayudarme en mi recuperación.
EL TERCER PASO
Jesús dijo: “Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré
descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí ... Porque mi yugo es suave y mi carga
es liviana”.
Mateo 11:28-30 (NV)
“Estoy seguro de que Dios, que comenzó a hacer su buena obra en ustedes, la irá
llevando a buen fin hasta el día en que Jesucristo regrese”. Filipenses 1:6 (DHH)
“Si tienen fe tan pequeña como un grano de mostaza ... nada será imposible”. Mateo
17:20 (NVI)
“Cree en el Señor Jesús; así tú y tu familia serán salvos”. Hechos 16:31 (NVI)
“Me agrada, Dios mío, hacer tu voluntad; tu ley la llevo dentro de mí”. Salmo 40:8
(NVI)
Esta semana escuché una historia sobre un conductor del camión de entregas de una
tienda de mascotas. En cada semáforo al que llegaba se bajaba, salía corriendo hacia la parte
posterior del camión, agarraba un palo y comenzaba a golpear el camión. Alguien le
preguntó que qué hacía. El dijo: “Lo que pasa es que este es un camión solo para dos tone-
ladas de carga y estoy transportando cuatro toneladas de canarios; por eso tengo que man-
tener dos toneladas de ellos en el aire todo el tiempo”.
Cuando escuché la historia, pensé: “Esta es una buena imagen de la vida”.
Muchas personas van por el mundo golpeándose ellas mismas, tratando de tener todo
en el aire para no irse hacia abajo. Tenemos una tendencia a estancarnos en la vida. Nos
estancamos en las relaciones. Nos estancamos con hábitos. Nos estancamos en la congoja
cuando perdemos a un ser querido. Nos estancamos en la ira. Nos estancamos en nuestro
trabajo, en una relación sexual. Y luego no podemos salir de allí y caemos en un círculo.
Una vez que uno se estanca comienza a sentirse culpable por haberse detenido. Y decimos:
“Desearía poder salir de esto pero no puedo cambiar”. Entonces aparece la ira e insistimos
en que deberíamos poder cambiar y nos molestamos con nosotros mismos. Decimos:
“Debería ser capaz de salir de esto”. Pero no salimos. Y luego nuestra ira se transforma en
temor a que nunca vamos a poder salir de ese problema. El miedo nos controla. Pensamos
que vamos a terminar en un hospital. Más tarde nuestro temor se convierte en depresión,
comenzamos a sentirnos mal, a tenernos lástima y a resignarnos. Decimos: “Me doy por
vencido. No puedo cambiar”. Y comienza el ciclo de nuevo y nos estancamos mucho más.
1. El orgullo me impide reconocer que necesito ayuda. Proverbios 18:12 (DHH) dice:
“Tras el orgullo viene el fracaso; tras la humildad, la prosperidad”. ¿Cuántos padres no se
detendrán para pedir direcciones? Proverbios 10:8 dice: “El de sabio corazón acata las
órdenes, pero el necio y rezongón va camino al desastre”. Quizás usted crea que no está
listo para dar este paso. Quizás diga: “No estoy listo para darle el control y cuidado de mi
vida a Cristo”. Todo lo que necesita para hacerlo es una gran dosis de dolor. Dios permitirá
que lo obtenga para llamar su atención.
2. El sentido de culpa me impide dar este paso. Quizás se avergüence de pedirle a Dios
que lo ayude. El Salmo 40:12 dice: “Muchos males me han rodeado; tantos son que no
puedo contarlos. Me han alcanzado mis iniquidades, y ya ni puedo ver. Son más que los
cabellos de mi cabeza, y mi corazón desfallece”. ¿Se ha sentido así alguna vez? “Me da
vergüenza levantar mi mirada. No quiero pedirle ayuda a Dios. ¿Sabe usted cuántas veces
le he pedido a Dios que me ayude y he hecho promesas y las he roto? Dios, si tan solo me
sacaras de esta... Me avergüenza pedirle ayuda a Dios. No sabe todas las cosas malas que
he hecho. No podría ir ante Dios y pedirle ayuda”. Si piensa así está equivocado. Totalmente
equivocado. No hay pecado que Dios no pueda perdonar. Y él desea ayudarle. No permita
que el orgullo o la culpa lo detengan de dar este
/
3. El temor por lo que tenga que dejar. Todos los que han estado en Saddleback lo
suficiente conocen mi historia favorita: Un muchacho se cayó de un precipicio. A medio
camino se agarró de una rama. Se sostuvo por amor a la vida. Habían ciento cincuenta
metros hacia abajo y ciento cincuenta metros hacia arriba. El muchacho gritó: “¿Hay ahí
alguien que me ayude?” Y escuchó la voz de Dios, “Soy el Señor, confía en mí, suéltate y
te agarraré”. El muchacho volvió a mirar hacia abajo, a mirar hacia arriba. Y dijo: “¿Habrá
alguien más allá arriba que me pueda ayudar?” Dios es el último recurso. Le da miedo
soltarse. Algunos se están sosteniendo de esa rama y están diciendo: “No es tan malo. No
hay problema, realmente estoy bien”.
¿Sabe lo que es libertad? Libertad es decidir quién controla nuestra vida. Cuando
entregamos nuestra vida al cuidado y control de Cristo, él nos libera. Jesús dijo: “Los que
pecan son esclavos del pecado, pero si conoces la verdad, la verdad te hará libre”. Cristo
dice: “Yo te hago libre”. Bob Dylan acostumbraba decir: “Vas a tener que servirle a
alguien”. Puede ser a tu propio ego. La verdadera libertad es elegir quién será su amo. Así
que, ¿a qué le teme? ¿De qué se está sosteniendo que piensa: “No puedo soltar esto para
entregar mi vida a Dios”? De una relación, una ambición, un hábito, un estilo de vida, una
posesión. “¿De qué sirve ganar el mundo entero si se pierde la vida?” ¿Hay algo que tenga
más valor que su vida? No.
Cuando dé este tercer paso, estará entregando todo y nunca se habrá sentido tan bien.
Porque él toma lo que usted le ha entregado y lo cambia, le da un nuevo significado, un
nuevo sentido, una nueva validez, y se lo devuelve en una forma completamente nueva.
Si ha tenido temor de abrir su vida al cuidado y control de Cristo y de convertirse en
un fanático, en un loco, o algo así, o de tener que entregar lo que sea, no se preocupe por
las cosas específicas que tenga que entregar. Si se concentra en las cosas específicas nunca
tomará la gran decisión, que es el paso a la recuperación. Simplemente venga a Dios y
dígale: “Dios, ni tan siquiera sé lo que quiero entregar, pero sí sé que quiero que mi vida
esté bajo tu control, así que Dios, aquí está mi cheque en blanco”. Y dé a Dios un cheque
en blanco. Aquí está mi vida. Permita que él cuide de lo demás. No se preocupe por eso.
4. La preocupación. Quizás sea la preocupación la que lo detiene de entregar su vida
al cuidado y control de Cristo. Confundimos la fase de tomar la decisión con la fase de la
resolución de problemas. Cuando en 1963 John F. Kennedy anunció públicamente: “Vamos
a poner a un hombre en la luna al final de la década”, aquella fue la decisión. ¿Tenía todos
los problemas resueltos cuando tomó esa decisión? No. Si usted es un buen gerente sabrá
que nunca debe confundir tomar decisiones con resolver problemas. Si confunde estas
cosas, nunca tomará la decisión. Primero se toma la decisión y luego se resuelven los
problemas. Kennedy dijo: “Vamos a ir a la luna”, luego fue cosa de la NASA resolver los
problemas.
Cuando comencé la iglesia Saddleback hace trece años, solamente éramos Kay y yo.
No teníamos ni dinero, ni miembros, ni edificio. No conocía a nadie en este valle. Dios me
había dicho: “Ve al sur de California y comienza esta iglesia”. Yo no dije: “Está bien, Dios,
pero primero quiero un gran edificio, por lo menos una carpa, unas siete mil personas con
quienes llenarla, y luego lo consideraré”. No. Cuando comencé solo tenía un miembro, mi
esposa. Y no le gustó el primer mensaje. Usted toma la decisión y luego resuelve los
problemas. Si espera a que todos los semáforos se pongan en verde, nunca irá a ningún
lugar. No puede resolver todos los problemas primero. En primer lugar tomo la decisión.
Entrego mi vida al cuidado y control de Cristo. Tengo dudas, preguntas, temores,
preocupaciones. No sé cómo va a salir todo, pero sé que es el paso correcto. Así que,
simplemente, lo hago.
En diciembre, Kay y yo decidimos mudarnos y comprar una casa. Esa fue una decisión
fácil. Pero, ¿era todo eso lo que involucraba esa transición? No. Luego de decidirnos a
comprar una casa, tuvimos que financiar la renta de un camión de mudanzas, cambiar de
dirección y muchas otras cosas más. Los problemas vienen después que se toma la decisión.
Hace unos treinta años que di este tercer paso y le dije sí a Jesucristo. “No entiendo
todo pero si eres verdaderamente real, ven a mi vida. Si puedes darme una mejor vida de la
que estoy viviendo en este momento, hazlo”. Abrí mi vida al cuidado y control de Cristo.
Aún hoy, treinta años después, todavía estoy enviando mi cambio de dirección, diciendo:
“No, ya no hago eso. Ese no soy yo, ese es mi viejo yo”. Todavía estoy haciendo cambios
de direcciones. No permita que la preocupación le moleste y le impida tomar la decisión.
Esta es la cosa más importante que puedo decir. La vida cristiana es una decisión
seguida de un proceso. Lo mismo ocurre con la recuperación. Es una decisión seguida de
un proceso. Hoy estoy hablando únicamente de la decisión. Está bien, hagámoslo,
apropiémonos de esto. En Saddleback, tenemos un proceso, el Proceso del Desarrollo de
la Vida. Este proceso le ayuda a llegar a ser todo lo que Dios desea que sea. De lo que
estamos hablando hoy es simplemente de llegar a la primera base.
Durante la Segunda Guerra Mundial nuestros soldados tenían una estrategia definida
que usaban cuando iban a atacar en el Pacífico, cerca de los japoneses. Utilizaban la misma
estrategia en cada isla y siempre les funcionó. Primero, iban a la isla que habían tomado
cautiva y comenzaban a atacarla con bombas, granadas y toda clase de explosivos. A eso
se le llamaba el período de ablandamiento. Algunos de ustedes están en el período de
ablandamiento en este momento. Y mientras en su vida están ocurriendo toda clase de
explosiones que están enviando fragmentos a todas partes, usted dice: “Esto no está
funcionando”. Luego llega a un punto donde dice: “Sí, necesito algo más allá de mí mismo”.
Está ablandando su orgullo. “Necesito ayuda. Necesito a Dios en mi vida. Hay mucho
estrés”.
En la segunda fase, los soldados llegaban a la isla y establecían una cabeza de playa,
quizás solamente doscientas yardas a lo largo y doscientas yardas a lo ancho. No querían
más. Solo tener una presencia en la isla. Cuando habían establecido la cabeza de playa,
¿habían liberado la isla completamente? No. Solamente habían entrado a ella. Desde allí
comenzaban a pelear. Algunas veces se movían cien yardas hacia delante y algunas veces
eran forzados a retroceder. Otras veces ganaban la batalla y otras veces la perdían. Pero
todos sabían que una vez que habían establecido una cabeza de playa en la isla, la liberación
era inevitable. Era solo cuestión de tiempo. Y en toda la historia de la Segunda Guerra
Mundial una vez que los soldados hubieron aterrizado y establecido una cabeza de playa
nunca perdieron una isla. Solamente fue cuestión de tiempo que la isla completa fuera
liberada.
Cuando usted da este paso, lo que está sucediendo es que Dios ha establecido en su
vida una cabeza de playa. La Biblia lo llama conversión o nacer de nuevo. Eso quiere decir
que Dios instala su presencia en su vida. ¿Significa eso que todo ya es perfecto?
Absolutamente no. Significa que Dios está en su vida, que ha establecido una cabeza de
playa y que el resto de su vida él lo va a estar liberando poco a poco. Es un proceso. Así
que no se preocupe. Solamente confíe en Dios.
Quizás a usted le preocupe que en esta batalla no pueda avanzar o resistir. Dios le dice:
“No te preocupes. No es tu trabajo el mantenerte en la batalla. Ese es mi trabajo”. Deposita
toda tu ansiedad en Dios porque él tiene cuidado de ti. El dice: “Tengo cuidado de ti. Te
sostengo en mi mano”.
Cuando mis hijos estaban pequeños y cruzábamos una calle muy transitada, los
agarraba fuertemente de sus manos. Y mientras cruzábamos la calle ellos deseaban, como
todo niño, salir corriendo. Pero no importaba cuánto desearan salir corriendo, yo no los
dejaba soltarse de mis manos. ¿Por qué? Porque soy un padre que ama a sus hijos. Hay
momentos en su vida cuando toma decisiones: “Dios, yo no creo que quiera ser un creyente
en este momento. Es un poco difícil mantener mi ética y puede que me resista y quiera
soltarme de tu mano”. Pero una vez que se haya tomado de la mano de Dios, él también
habrá tomado la suya y no la va a soltar. Timoteo dice: “El es fiel para cuidar lo que le ha
confiado hasta aquel día”. Dios dice: “Yo soy el que te toma. No hay por qué temer”. Lo
que sea que Dios me pida que haga lo puedo hacer porque él me capacita para hacerlo.
Filipenses 1:6 (DHH) dice: “Estoy seguro de que Dios, que comenzó a hacer su buena
obra en ustedes, la irá llevando a buen fin hasta el día en que Jesucristo regrese”.
5. La duda. “Quiero creer pero mi fe parece ser muy pequeña”. Usted necesita conocer
la historia de un hombre en la Biblia llamado Jairo. Jairo vino en una ocasión a Jesús y le
dijo: “Señor, sé que puedes sanar a las personas. Mi hija necesita ser sanada”. Jesús le
respondió: “Si tienes fe, entonces ella sanará”. Jairo fue muy sincero al responderle. Le
dijo: “Señor, tengo muchas dudas. Quiero creer. Ayúdame con mi incredulidad”. Jesús le
dijo: “Eso es suficiente”. Y sanó a la niña. Quizás usted necesite decir como Jairo: “Dios,
quiero creer que me ayudarás con mi vida. Ayúdame con mi incredulidad”. Eso es
suficiente. No tiene que tener una gran fe. La Biblia dice que si tiene una fe tan pequeña
como una semilla de mostaza, nada será imposible para usted. No es el tamaño de su fe lo
que importa, es el tamaño de en lo que la deposita, el tamaño de su Dios. Puede tener una
fe gigante, pero aplicarla en algo incorrecto y no obtener resultados. La fe no es el punto.
El punto es en lo que la pone. Un poco de fe en un gran Dios logra grandes resultados. No
permita que alguna de estas cosas le impidan dar este paso.
Zane: Soy un creyente que lucha con la codependencia. Entregar mi vida al cuidado y
voluntad de Dios es un concepto relativamente nuevo para mí. Fue por medio de El Camino
a la Recuperación que Dios me ha mostrado cuan verdaderamente maravillosa podría ser
una relación con él. Y debo sustentar esta declaración con algún trasfondo de lo que mi vida
fue.
Crecí en un hogar cristiano. Iba a la iglesia los domingos y los miércoles. Aprendí
todas las reglas de ser un cristiano pero nunca accedí a la idea de una entrega total de mi
vida a Dios. Quería las dos cosas al mismo tiempo. Mis padres tenían que trabajar para salir
adelante. Yo, siendo el menor, pasaba gran parte de mi tiempo en la guardería. Mi mamá
era muy autoritaria y estricta. La única forma en que podía llamar su atención era no
haciendo bien algún quehacer o tarea en la casa; eso me metía en serios problemas con ella.
Hasta el día de hoy, lucho de vez en cuando con la aceptación y la aprobación.
A medida que crecía, me iba dando cuenta de que podía hacer amigos haciéndolos reír.
Para ellos, yo era muy gracioso. Con mis cumplidos, siempre estaba tratando de demostrar
a los demás que valía algo. Pero mis esfuerzos no eran suficientes. En mis relaciones trataba
de moldear a la persona con la que estaba saliendo hasta que fuera la persona ideal que
supliera todas mis necesidades e hiciera mi vida perfecta, y luego viviríamos felices por
siempre. Este intento de sanar mi dolor siempre resultó improductivo. Mientras crecía,
descubrí que podía cantar. Entonces, de nuevo para llamar la atención, empecé a cantar.
Pero no fue suficiente. Así que me involucré en el rodeo. Montaba tan violentamente como
fuera posible. Durante dos años monté toros y esto casi pareció apaciguar mi necesidad de
atención. Pero ya por entonces quería el paquete completo.
Así que me involucré con mis amigos en bares, clubes nocturnos y todos los lugares
prestigiosos que visitan tales personas. Pensaba que seguramente esto sería el arreglo
perfecto.
No fue sino hasta la primavera de 1991 que todo cambió en mi vida. Había estado
asistiendo a Saddleback por algún tiempo y mi conciencia me estaba diciendo que
comenzara de nuevo a involucrarme en la iglesia todos los días. Ese fue el año en que mi
vida se desmoronó por completo.
Una relación de casi tres años de altas y bajas estaba llegando a su final. Me mudé a
otro estado para tratar de resucitar esa relación. Fue casi fatal para mí. Llegué a mi casa
muy mal y al final de mis fuerzas. Entonces, y no sino hasta entonces, el Señor me tuvo
exactamente en el punto preciso que necesitaba para sanarme. Un buen amigo que se
compadeció de mí me contó sobre el programa Celebremos la Recuperación en Saddleback.
Decidí probar para ver si esto podía ayudarme a salir de toda la miseria donde mis
pensamientos me habían llevado.
Por medio de este programa he aprendido a revisar mi pasado con sinceridad, y por
primera vez evalúo con honestidad mi parte de responsabilidad en el giro que tomaron las
cosas. El programa es una herramienta que Dios utilizó para establecerme en una relación
con él. Por primera vez en mi vida tengo una verdadera relación con Jesucristo. Lo que he
aprendido acerca de mí mismo es que siempre estuve tratando de llenar un profundo vacío
en mi corazón. Estoy consciente de los modelos destructivos que podrían sabotear mi vida
y doy gracias al Señor Jesús por eso. Sin él no tengo idea
de cuánto tiempo más podría haber estado perdido. Cada día, mientras el Señor me lo
/
permita, entrego mi vida a El, espiritual, mental y físicamente, pidiéndole que su voluntad
sea hecha y no la mía. No todo es un valle de rosas, pero confiadamente puedo decir que
mi vida nunca había sido tan completa y abundante como hoy.
Michelle: Soy una creyente que está luchando con la codependencia. Mientras crecía,
mi vida fue bastante diferente a la de Zane. Crecí en un hogar no funcional que se volvió
un hogar alcohólico. Fui abandonada tanto emocional como físicamente por uno o por
ambos de mis padres. Viví con mi mamá y mi padrastro a quien era imposible agradar.
Intenté todo para ganar su aprobación, ya fuera con buenas notas o siendo una buena niña,
pero nunca fui capaz de hacer lo suficiente para ganar sus halagos.
Como mis padres eran alcohólicos, no estaban disponibles emocionalmente para mí.
Así que me volqué a mis amigos y novios para obtener la aprobación que tanto necesitaba.
Aprendí a ser
una “agrada-personas”. Me encontré a mí misma siendo usada y abusada por la
mayoría de mis novios. Y de una forma extraña me sentí cómoda con eso; merecía ese tipo
de trato. Con el tiempo, me involucré en las drogas para adormecer mi tristeza. Todo lo que
descubrí fue vacío. Estaba allí tratando de llenar mi vacío con lo que pudiera encontrar,
pero Dios tenía un plan diferente para mi vida.
Acepté a Jesucristo en mi corazón en 1990 y el primer año recibí una gran sanidad; sin
embargo, todavía estaban operando en mí modelos destructivos antiguos. Me sentía llena
de culpa y vergüenza. Seguía buscando relaciones con el mismo tipo de hombres. Mientras
menos disponibles estaban emocionalmente más me atraían. Luego de otra ruptura comencé
a pensar que debía haber algo mal en mí que causaba esta clase de trato.
Dios usó a mis amigos de esta iglesia para traerme a la primera reunión de Celebremos
la Recuperación. Luché con la idea por mucho tiempo. Pensé: “Estoy en control de mi vida.
Tengo una carrera exitosa. Soy una mujer de los noventa y no necesito a nadie”. Relacioné
la necesidad con la debilidad. Pero eran las necesidades que no habían sido suplidas en el
pasado las que daban inicio a mi propio comportamiento destructivo. Ahora me doy cuenta
de que las necesidades son el combustible para el crecimiento, el camino hacia Dios.
Conceptualmente, acepté la idea de que Dios necesitaba estar en control de todos los
aspectos de mi vida, pero tenía que
aprender a estar dispuesta a soltar mi voluntad y humildemente pedirle que tomara el
/
control. El ha tomado mi mano y está caminando conmigo a través de este programa. De
vez en cuando soy tentada a tomar de nuevo el control. Es en ese momento cuando me
detengo y recuerdo que debo dejar que él controle mi vida. Honestamente puedo decir que
Zane y yo no estaríamos casados hoy si no hubiéramos puesto nuestros pasados en
perspectiva y si no hubiéramos aprendido a entregar nuestra voluntad y vidas a Dios por
medio de Celebremos la Recuperación.
Algunos de ustedes quizás digan: “He intentado esto antes y no funcionó. He intentado
dar mi vida a Dios y simplemente no funcionó”. Mi opinión de esto es que usted
probablemente no entendió completamente lo que todo eso implicaba. Usted estaba
involucrado pero no estaba comprometido. Al igual que el kamikaze que fue a treinta y tres
misiones. Estaba involucrado pero no estaba comprometido.
1. Acepto al Hijo de Dios como mi Salvador. Necesito ser salvo. Necesito ayuda. Me
doy cuenta de que lo necesito en mi vida. “Cree en el Señor Jesús y serás salvo”. ¿Qué
significa eso? Significa comprometer tanto de mi mismo como entienda en este momento
a lo que entienda que es Cristo en este momento. ¿Es eso suficiente? Eso es suficiente.
2. Acepto la Palabra de Dios como mi regla de vida. Desde ahora en adelante tengo
un manual por medio del cual voy a vivir mi vida. Graffiti: “Esta vida es una prueba, es
solamente una prueba. Si hubiera sido una verdadera vida hubiera recibido un manual de
instrucción para decirle qué hacer y adonde ir”. Afortunadamente, tenemos un manual de
instrucción. Es la Biblia. Dios dice: “Este es tu modelo por medio del cual evalúas la vida
a tu alrededor”. Noticia: “Toda la Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar la fe,
y corregir errores y para volver a iniciar la dirección en la vida de un hombre, entrenándolo
en una buena vida”.
3. Acepto la voluntad de Dios como mi estrategia, como mi meta en la vida. “Dios,
¿qué quieres que haga?” La primera pregunta que siempre hago es: “Señor, tú me desper-
taste esta mañana. Obviamente significa que tienes otro día para mí, un propósito para mi
vida. ¿Qué quieres que haga con eso?” Como David dice, “Me deleito en hacer tu voluntad”.
Busco siempre la voluntad de Dios. “Dios, estoy dispuesto a hacer todo, donde sea, cuando
sea. Ni tan siquiera tengo que entenderlo pero estoy viviendo mi vida en tus términos porque
tú me hiciste por una razón. Tienes un propósito y quiero cumplir ese propósito para el cual
me hiciste”. Y la voluntad de Dios se vuelve la estrategia para mi vida, ya sea que la
entienda o no.
4. Acepto el poder de Dios como mi fuerza. Filipenses 4:13 dice: “Todo lo puedo en
Cristo que me fortalece”. Ya no tengo que confiar más en mi propia energía. Las cosas
funcionan mejor cuando están conectadas. Conéctese a Dios, no estará tan cansado todo el
tiempo. Dios dice: “Te daré mi poder para que seas todo lo que quiero que seas”.
Jesús dice: “Estoy a la puerta y llamo. Si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré,
y cenaré con él, y él conmigo”. Lo que Jesús está diciendo es: “Estoy a la puerta
de tu vida, y estoy tocando y estoy diciendo que quiero entrar en tu vida”. Sin embar-
/
go, él es un caballero. El no echa la puerta abajo. El Paso 3 significa abrir la puerta. La llave
que abre esa puerta es la disposición. “La fuerza de voluntad es la disposición para aceptar
el poder de Dios”. Usted no necesita fuerza de voluntad; usted necesita disposición para
aceptar el poder de Dios en su vida, para vivir bajo su control, bajo su sistema.
Los pilotos, cuando vuelan sus aviones, siempre vuelan por las Reglas de Vuelo
Instrumental (RVI) o por las Reglas de Vuelo Visual (RVV). Cada piloto está volando
basándose en unas o en otras. Volar con Reglas de Vuelo Instrumental significa que cuando
usted está en una ruta de vuelo, debe ir a la torre de control, se somete al control del sistema,
pone sus instrumentos bajo el control de la torre y ese es un trato hecho. Usted es controlado
por los instrumentos, y es una manera muy segura de volar. Si vuela con las Reglas de
Vuelo Visual es como un taxi en el camino. Mira, ve que todo está bien, despega y vuela
usando su vista. Esto está bien en tanto usted pueda verlo todo, si hay cielo despejado y no
mucho tráfico. Pero un día cualquiera encontrará mal clima. Se perderá en las nubes y en
cierto momento tendrá que levantar el micrófono y decir: “Necesito cambiarme a las RVI”.
Y se somete a los controles de ese canal. Todas las aerolíneas vuelan RVI. Todos los
profesionales vuelan RVI. Pero muchos novatos vuelan RVV. La Federación de Aviación
dice que muchos de estos pequeños aviones que chocan no se habrían accidentado si cuando
se perdieron en las nubes, simplemente hubieran tomado el micrófono y dicho: “Necesito
ayuda”. ¿Van ellos a hacer eso? No. ¿Piensa que un piloto va a admitir que está perdido?
¿Va a admitir que necesita ayuda? El quiere controlarlo a su manera, ser su propio jefe,
dictar su propio destino aun si eso significa volar directo hacia una montaña o contra un
árbol.
Hasta este punto en su vida, quizás usted lo ha hecho bastante bien. Ha venido volando
RVV y ha controlado todo, pero es inevitable que en algún momento de su vida va a tener
un tiempo malo. Van a llegar momentos difíciles. Van a llegar esas nubes donde se siente
perdido y no sabe qué dirección seguir. En ese momento, debe levantar el micrófono y
conectarse al sistema de Dios. O me entrego al cuidado y control de Cristo o acepto una
invitación al desastre.
Es muy importante para usted que permita que alguien más sepa de su decisión y de
este compromiso.
MANTENGASE LIMPIO
El Camino a la Recuperación - Parte 4
R.E.C.U.P.E.R.A
Reconozco que no soy Dios; admito que soy incapaz de controlar mi tendencia a hacer
lo malo y que mi vida es inmanejable.
En forma sincera creo que Dios existe, que le intereso y que él tiene el poder para
ayudarme en mi recuperación.
El CUARTO PASO
1. Hacer un __________________________ .
“Hagamos un examen de conciencia y volvamos al camino del Señor”.
Lamentaciones 3:40 (NVI)
2. Aceptar _____________________________ .
“El espíritu humano es la lámpara de Señor, pues escudriña lo más recóndito del ser”.
Proverbios 20:27 (NVI)
3. Pedir _______________________________ .
“Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos
limpiará de toda maldad”. 1 Juan 1:9 (NVI)
“Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, yo los dejaré blancos como la
nieve”. Isaías 1:18 (DHH)
“Confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados”.
Santiago 5:16 (NVI)
¿A quién?
¿Qué decir?
¿Cuándo?
5. Aceptar el perdón de Dios y ___________________ .
“Todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son
justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó”. Romanos 3:23-
24 (NVI)
“Ya no hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús”. Romanos
8:1 (NVI)
MANTÉNGASE LIMPIO
El Camino a la Recuperación - Parte 4
Salmo 32:1-2
Hemos estado estudiando una serie llamada El Camino a la Recuperación, así como la
forma en que usted maneja sus heridas, hábitos y los complejos que están desordenando su
vida. Cada semana estudiamos una letra diferente de la palabra R.E.C.U.P.E.R.A. Con ello
estamos representando ocho pasos que nos ayudan a no estancarnos en hábitos que nos
afectan, en problemas que nos causan dificultades y en recuerdos de los cuales no podemos
librarnos.
El primer paso de que hablamos es el de la “realidad”: Reconozco que no soy Dios;
admito que soy incapaz de controlar mi tendencia a hacer lo malo y que mi vida es
inmanejable. Me doy cuenta que tengo problemas que no puedo controlar.
El segundo paso es el de la “esperanza”: Aunque soy incapaz de controlar todos los
problemas y todas las cosas en mi vida, Dios tiene el poder para controlarlos y eso quiere
decir que en forma sincera creo que Dios existe, que le intereso y que él tiene el poder para
ayudarme en mi recuperación.
Finalmente hablamos del paso del “compromiso”: No es suficiente saber que
tengo problemas ni saber que Dios puede resolverlos, sino que, conscientemente,
/
debo entregárselos a El. Debo hacer un compromiso de entregarle mi vida y voluntad y
decir: “Dios, aquí está mi vida, lo bueno, lo malo y lo feo de ella”. Y Dios comienza a tomar
esos problemas y comienza a trabajar en ellos. A eso le llamamos el paso del compromiso.
1. La culpa destruye mi confianza. Usted no puede ser una persona segura si tiene culpa
en su vida. La culpa lo hace sentirse inseguro porque siempre está preocupado: “¿Qué
ocurrirá si alguien lo descubre? ¿Qué pasará si alguien realmente sabe la verdad sobre mí?
Entonces quizás no les agrade, puede que me rechacen, que no sea tan bueno como les
parezco”. Como resultado, les tememos a otros y eso destruye nuestra confianza.
Sir Arthur Conan Doyle, autor de las novelas de Sherlock Holmes, era tan bromista que
un día hizo una broma a los cinco hombres más prominentes de Inglaterra. Les envió un
anónimo en el que simplemente decía: “Todo ha sido descubierto, desaparezca
inmediatamente”. En las próximas veinticuatro horas los cinco hombres habían abandonado
el país.
La culpa le roba la confianza. Es como una nube flotando sobre su cabeza. Y usted
piensa: “No puedo seguir con mi vida porque tengo miedo que alguien vaya a descubrir esto
tan tremendo, ese secreto profundo y oscuro que conozco tan bien”. Obviamente, Dios lo
conoce, pero nadie más lo conoce, y eso lo hace llevar un peso muy grande. Y ese peso de
la culpa le roba la confianza.
2. La culpa daña completamente mis relaciones. La culpa hace que responda a las per-
sonas en forma inadecuada. Nos puede hacer impacientes con otras personas. Puede causar
que reaccionemos con ira. ¿Ha visto a alguien reaccionar con ira, como una explosión
nuclear? A menudo eso es motivado por la culpa cuando la persona se esconde tras ella.
Algunas veces las personas ni siquiera se dan cuenta. La culpa puede causar que consienta
y satisfaga a otras personas. “Me siento culpable en esta relación por lo que voy a comprarle
muchas cosas”. Los padres a menudo se sienten culpables y recompensan en exceso a sus
hijos. La culpa puede hacer que evite el compromiso en las relaciones, se acerca mucho en
una relación y luego se aleja. “¿Por qué no voy a hacer eso? ¿Por qué no voy a permitir que
la gente se acerque a mí?” Una de las razones es la culpa. Daña mis relaciones porque me
mantiene respondiendo a las personas en formas que algunas veces no entiendo. Muchos de
los problemas matrimoniales de hoy en día son causados por cosas que sucedieron
anteriormente en el matrimonio y de las cuales el cónyuge se siente culpable. Y tales cosas
siguen causando problemas hoy día.
2. Aceptar la responsabilidad de mis faltas. Proverbios 20:27 dice: “El espíritu humano
es la lámpara de Señor, pues escudriña lo más recóndito del ser”. El obstáculo más grande
para la sanidad de mis complejos soy yo mismo. El mayor obstáculo para la sanidad de sus
problemas es usted. Comience por ser radicalmente honesto y diga: “El problema soy yo. Si
cambiara de amigos, de trabajo, o solamente cambiara de ciudad, de domicilio, todo estaría
bien. El único problema es que donde sea que vaya, yo estaré allí. Y seguiría arruinándolo
todo”. Por lo tanto, acepte la responsabilidad de sus faltas. No racionalice. No diga:
“Sucedió hace mucho tiempo”. “Es solamente una etapa”. “Todos lo hacen”. No lo
racionalice. No lo minimice. No diga: “No es para tanto”. Si no es para tanto, ¿por qué
todavía lo recuerda luego de veinte años? ¡Y en verdad lo recuerda! No lo niegue. No culpe
a otros. No diga: “La culpa es casi toda de ellos”. Puede que sea casi toda de ellos, pero
Dios lo hace a usted responsable por el diez por ciento que es culpa suya. Puede que haya
sido mayormente la culpa de otros, pero, ¿qué de ese diez por ciento? Admita que lo hizo.
“Si afirmamos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y no tenemos la
verdad”. Otra traducción dice: “Vivimos en un mundo de ilusión”. La Biblia Viviente dice:
“Simplemente nos engañamos a nosotros mismos”. El punto es que si realmente quiero dejar
de engañarme a mí mismo, tengo que dejar de engañarme a mí mismo. Y dejar de pretender
que es la culpa de alguien más cuando la verdad es que yo soy el responsable de lo que
sucede.
¿Cómo pretende no sentirse culpable cuando en su corazón todavía se siente así? ¿No
cree que es tiempo de finalmente tratar y terminar con eso para que así pueda seguir con su
vida? Haga un inventario moral y luego examine esa lista y diga: “Sí, ese soy yo. Acepto la
responsabilidad de mis faltas”.
3. Pedir perdón a Dios. En 1 Juan 1:9 leemos: “Si confesamos nuestros pecados, Dios,
que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad”. Si libremente lo
admitimos, Dios nos perdonará. ¿Cuál es la forma correcta de pedirle perdón a Dios? ¿Cómo
hago esto?
Segundo, no negocie. No diga: “Si tan solo me perdonas, nunca haré esto otra vez”. Si
esa es su área de debilidad, probablemente esté fingiendo. No tiene que negociar con Dios
para obtener su perdón. No tiene que suplicar.
Solamente crea. Crea que él le perdonará. Cuando libremente admita que ha peca-
/
do, descubrirá que Dios es completamente confiable. Él perdona nuestro pecado y nos
limpia completamente de toda maldad.“Admitir” proviene de una palabra griega de la que
también se deriva la palabra “confesar”. Y esta palabra está formada por homo, que quiere
decir “igual” (como la leche homogenizada), y por logo, que quiere decir “palabra”. Esto
significa hablar lo mismo. Por lo tanto, admitir o confesar significa decir sobre cada punto
de tu lista lo mismo que dice Dios. Yo digo: “Dios, estás en lo cierto, esto está mal”. Eso es
lo que significa confesar. Simplemente significa decir: “Dios, es cierto, esto está mal”. Es
estar de acuerdo con Dios.
Lo fundamental para el perdón es que él es completamente confiable. Es la naturaleza
de Dios. Pero usted dice: “Si hago esa lista, ¡usted no sabe lo que va a estar en esa lista! Y
nunca podré ser perdonado por eso”. Pero está equivocado.
Como pastor, ya nada me sorprende. Lo he escuchado todo. No hay pecado en el cual
pueda pensar que no haya escuchado ya y que alguien me lo haya dicho personalmente. Y
cada vez que he conducido a las personas a este paso, he visto cambios dramáticos en sus
vidas. Cada vez en particular. No hay pecado demasiado malo, demasiado grande.
Hace poco, una mujer que no es miembro de esta iglesia vino a mi oficina y me dijo:
“Estoy deprimida, he estado en cama por semanas, y no tengo energía para salir de la cama
y seguir viviendo”. Al estar hablando con ella, le dije: “¿Hay algo de lo que verdaderamente
se arrepienta en su vida?” Ella comenzó a sacarlo todo. Sí, su esposo viaja, tuvo un romance,
quedó embarazada y tuvo un aborto, pero nunca se lo ha dicho. Le expliqué que Jesucristo
dijo: “Yo puedo perdonar y puedo limpiarte de cada pecado”. Ella dijo: “Es que
simplemente no parece justo. Alguien tiene que pagar por mi pecado”. Yo dije: “Alguien lo
ha hecho. Su nombre es Jesucristo. Es por eso que él murió en la cruz. Y murió por ese
pecado y cualquier otro que haya confesado y entregado, y por los que vaya a confesar
también”.
Isaías 1:18 (DHH) dice: “Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, yo los dejaré
blancos como la nieve”. Eso es a lo que llamo “un versículo barra de jabón”. Los detergentes
siempre están jactándose de cuál puede sacar mejor las manchas más profundas. Me reí
cuando leí este versículo, porque Amy, mi hija mayor, cuando estaba en bachillerato, hizo
un proyecto de Ciencias en el cual comparaba alrededor de treinta populares quita manchas.
Si usted quiere realmente saber cuál es el que funciona, pregúntele. Le daré una pista: no
fue Tide. Dios dice: “No importa cuál sea la mancha, yo puedo quitarla”.
4. Admitir mis faltas a otra persona. Dios dice que esto es absolutamente esencial para
su recuperación. Santiago 5:16 dice: “Confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por
otros, para que sean sanados”. ¿Cómo somos sanados? Admitiendo nuestras faltas unos a
otros. ¿Por qué tengo que involucrar a otra persona en esto? ¿Por qué no simplemente lo
admito ante Dios? ¿Por qué no simplemente oro por esto, hago una lista, hablo con Dios al
respecto? ¿Por qué necesito hablar con otra persona? Porque la raíz de nuestro problema es
relacional. Nos mentimos unos a otros. Nos engañamos unos a otros. Somos deshonestos
unos con otros. Nos ponemos máscaras. Pretendemos tener todo bajo control. Pero no es
así. Negamos nuestros verdaderos sentimientos y jugamos. Eso nos aísla unos de otros e
impide la intimidad. Terminamos viviendo con vergüenza y eso nos hace inseguros. “Si los
demás supieran verdaderamente la verdad acerca de mí, no me amarían. Me rechazarían”.
Así que nos enfermamos. Estoy tan enfermo como mis secretos. Los secretos a los que
me adhiero son los secretos que me enferman. Dios dice que revelar nuestros sentimientos
es el comienzo de la sanidad. Si usted no hace eso, entre más lo esconda, más grande se
vuelve. Lo estará exagerando internamente. Pero lo sorprendente de esto es que cuando se
arriesga a ser honesto con una persona, de repente este sentimiento de libertad viene a su
vida. Se da cuenta de que todos tienen problemas y a menudo tienen los mismos que usted
tiene. Usted lo debe admitir a una persona.
Todos necesitan a una persona. No necesita más de una, pero por lo menos necesita una
persona en la vida con la que pueda ser totalmente honesto. ¿Por qué? Hay algo terapéutico
en esto. Es la forma de Dios para liberarnos.
¿Simplemente salgo y anuncio mis pecados a todo el mundo? No. Decirlo a la persona
incorrecta puede ser un gran problema. Usted no tiene que simplemente salir e
indiscriminadamente contar sus problemas. ¡No!
¿A quién se lo digo?
1. A alguien en quien confíe. Alguien que pueda mantenerlo en secreto, que no sea un
delator y que tenga reputación de ser confiable. No necesita decirlo a alguien para que a la
semana siguiente lo sepa todo el mundo.
2. A alguien que entienda el valor de lo que está haciendo.
3. A alguien que sea suficientemente maduro y que no se vaya a escandalizar.
4. A alguien que conozca al Señor lo suficientemente bien como para reflejar ante usted
su perdón. Puede ser a un pastor, a un amigo cercano en quien confíe o a un consejero
cristiano. La mayoría de los cristianos genuinos que conozco se honrarían en escucharle dar
su cuarto paso.
este momento? Quizás esté diciendo: “Rick me está hablando directamente a mí. El preparó
este sermón para mí. Lo sé”. No, no lo hice. Todos han pecado. Todos estamos en el mismo
barco. Cada semana alguien se me acerca para decirme: “Pastor Rick, usted ha estado
leyendo mi correspondencia”. No, no lo he hecho. He estado leyendo la mía. Todos estamos
en el mismo barco. Los pastores necesitan dar el Paso
4. Todos estamos en el mismo bote. Solamente somos un grupo de pecadores. ¿A quién
tratamos de engañar? Nadie es perfecto. Todos hemos estropeado algo. Todos hemos
cometido errores. Esto no se trata de que alguien sea más correcto que otro. Todos tenemos
diferentes problemas, solo que en áreas diferentes. “Todos hemos pecado, pero Dios nos
declara sin culpa si confiamos en Jesucristo quien libremente quita nuestro pecado”. ¿Qué
sucede cuando doy este paso? ¿Cómo perdona Dios?
paso, es perdonado. Él nunca nos hace esperar, ni hace que suframos por un momento. Los
humanos hacemos eso, pero Dios no hace eso.
/
3. Dios perdona completamente. Él lo cancela. “No hay ninguna condenación para los
que están unidos a Cristo Jesús”. Por experiencia personal, quiero contarle lo especial que
se siente uno al vivir sin condenación. Siempre rindo cuentas a Dios.
Eddie: Debo decir que es más sencillo para mí hacer un drama que ser yo mismo,
porque no me es fácil ser vulnerable. Soy un creyente que lucha con la codependencia.
Tengo veintidós años ahora pero la mayor parte de mi niñez, mis años de adolescencia,
y aun hoy en día, me he escondido tras máscaras de apariencia. Es mucho más fácil. Más
cómodo. Mis padres se divorciaron cuando yo tenía siete años, lo que significó que
recayeron más responsabilidades sobre mí. Básicamente me volví un tercer padre.
Mi madre no era una mamá muy vulnerable, emocional, afectiva o cariñosa.
Sentía que necesitaba trabajar más para que ella mostrara que me amaba. “Haciendo más
cosas ella me amará”, me decía. Luego de un tiempo, mi papá se fue de la casa y ambos
se casaron otra vez. Pasé la mayor parte de mi vida casi sin ver a mi papá. Después que
mi mamá se volvió a casar, mi padrastro abusaba emocional y físicamente de mí. Esto
trajo un sentimiento de soledad todavía mayor. Sentía que estaba solo, y que lo que tenía
que hacer lo tenía que hacer solo, sin la ayuda de nadie.
Pese a que no había amor en casa, no me desvié completamente por otros rumbos
haciéndome un rebelde sin causa, ni me hice adicto a ciertas cosas, pero siempre estaba
ese sentir de querer que las personas me amaran. Deseaba ser agradable a todas las
personas.
Así que terminé utilizando máscaras de apariencia. Siendo un buen trabajador,
usando lo que tenía para hacer reír a las personas, haciendo que la gente me amara,
siempre estaba rodeado de gente.
No quería mostrar que la vida de mi familia era caótica. Estaba tan mal que no quería
que nadie se diera cuenta de eso. Tenía un gran secreto pero yo les demostraba que estaba
bien, que era el hijo perfecto, que iba a ser algo, aunque mi familia seguía diciéndome
que no éramos nada.
Triunfé en mis años de bachillerato. Era un rey y todo a mi alrededor era mi corte.
Fui el rey de la promoción, también presidente, estuve a cargo de muchas cosas, era parte
de un grupo de rescate. No quería que nadie sufriera daño, así que estaba allí para ayudar.
Mi exterior se veía maravilloso, era alguien y tenía gente a mi alrededor. Tan pronto
como me gradué y entré al “mundo real” las cosas cambiaron. Era simplemente otro
número, otro alumno de universidad. No era nadie. Por primera vez en mi vida esto
descubrió la esencia de que no era feliz, que estaba
completamente solo, que realmente no me agradaba a mí mismo. Un corto tiempo
después de eso, decidí que quería estar en el ministerio juvenil. Conseguí un empleo y
una invitación a trabajar aquí hace cuatro años, y he estado aquí desde entonces. Siempre
pensé que Dios estaba en control. Siempre pensé que lo estaba entregando todo a Dios.
Pero realmente no era así, lo creía porque era en lo único que me podía afirmar. Lo único
que realmente podía controlar en mi vida era yo mismo y esa parte nunca se la di a Dios.
Entonces Dios tomó la tabla bajo mis pies.
En el término de casi un año y medio, mi padre murió un poco antes de Navidad, estaba
comprometido en matrimonio y este se canceló, mi abuelo murió, mi mejor amigo de
bachillerato murió en un accidente automovilístico. Háblenme a mí de estrés, de pérdida
total. De no saber qué hacer. De sentirse solo. Las pérdidas en mi vida me mostraron algo.
Dios tiene que estar en control. La ruptura de mi compromiso matrimonial solamente me
mostró cuan atado estaba a esta persona, cómo mi vida no giraría si ella no era el centro.
Quería controlarla a ella también. Básicamente, la desesperé hasta que decidió irse.
Creo que gran parte de mi vida he seguido el patrón de que si ayudo a otros me puedo
demostrar que valgo algo, que soy alguien. Pero no fue sino hasta hace apenas unos ocho
meses que, estudiando el programa de los Doce Pasos, entregué completamente todo a Dios.
Se lo entregué todo. Es muy liberador. Todavía tengo muchas cosas sobre las que necesito
trabajar en mi vida, pero es totalmente liberador. La semana pasada di este cuarto paso con
John Baker, y todo ese pasado que ya no podía soportar, ni alimentar y que me hacía
comprobar una y otra vez mi falta de valor, quedó atrás. Por primera vez en mi vida me
siento valioso. Por primera vez en mi vida mi interior se siente bien, bien para amarme a mí
mismo, bien para ser amado por alguien, bien para afrontar a mi familia y tratar con ellos
en una forma diferente, bien para ser valorado por mis amistades actuales y por futuras
amistades. No hay un tiempo mejor para comenzar Celebremos la Recuperación.
HAGA CAMBIOS
El Camino a la Recuperación - Parte 5
R.E.C.U.P.E.R.A.
Reconozco que no soy Dios; admito que soy incapaz de controlar mi tendencia a hacer
lo malo y que mi vida es inmanejable.
En forma sincera creo que Dios existe, que le intereso y que él tiene el poder para
ayudarme en mi recuperación.
EL QUINTO PASO
Para que Dios haga todo cambio que quiera hacer en mi vida, me someto volun-
tariamente a él y le pido humildemente que remueva mis ________________________ .
Mis ____________________________
Mis ____________________________
“La sabiduría es la meta del inteligente, pero el necio no tiene meta fija”. Proverbios
17:24 (DHH)
“No se angustien por el mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya
sus problemas”. Mateo 6:34 (NVI)
“Consideren bien todo lo verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo puro,
todo lo amable, todo lo digno de admiración, en fin, todo lo que sea excelente o merezca
elogio”. Filipenses 4:8 (NVI)
“El hierro se afila con el hierro, y el hombre en el trato con el hombre”. Proverbios
27:17 (NVI)
“Dios, que comenzó a hacer su buena obra en ustedes, la irá llevando a buen fin hasta
el día en que Jesucristo regrese”. Filipenses 1:6 (DHH)
HAGA CAMBIOS
El Camino a la Recuperación - Parte 5
Romanos 12:1-2
Todos tenemos heridas que nunca olvidaremos. Todos tenemos complejos de los
cuales nunca nos vamos a deshacer. Todos tenemos hábitos que están arruinando nuestras
vidas. Hemos venido estudiando la serie El Camino a la Recuperación y hoy vamos a
detenernos en el Paso 5 al cual yo llamo el paso de la “transformación”.
Sus cromosomas. Algunos de ellos se heredan. Cada uno de sus padres contribuyó con
veintitrés mil cromosomas. Y, por lo tanto, usted heredó algunas de sus debilidades. Heredó
algunos defectos físicos de sus padres, y heredó algunos defectos emocionales también.
Esto explica su predisposición hacia ciertos problemas. Pero no es excusa al pecado. Por
ejemplo, debido a mis padres, puedo poseer la tendencia a tener un temperamento fuerte,
pero eso no me excusa de salir y asesinar a alguien. Puede que tenga la tendencia a ser
haragán, pero eso no es excusa para no hacer algo con mi vida y simplemente ser un vago.
Puede que tenga una tendencia genética para ser dado a ciertas adicciones, pero eso no es
una excusa para que vaya y elija ser un adicto. Mis genes, la genética, mi naturaleza, es una
de las fuentes.
Sus circunstancias. Su crianza es otra fuente. Usted fue criado en cierta forma y
aprendió muchas maneras de relacionarse con otros, aprendió modelos y desarrolló hábitos.
Aprendió de sus padres y de otras personas. Aprendió a responder a sus propias necesidades
en ciertas formas y a protegerse, a manejar las heridas y el rechazo. Muchos de sus defectos
son simplemente intentos contraproducentes para suplir las necesidades no satisfechas.
Tiene una necesidad legítima de recibir respeto. Pero si no recibió respeto al inicio de su
vida, se alegra con la atención que le brindan y busca una forma de obtener la atención de
los demás. Tiene una necesidad legítima de amor, pero si no obtuvo amor en los años de su
formación puede que se alegre con el sexo barato, debido a que tiene la cercanía emocional.
Tiene una necesidad de seguridad pero si no la obtuvo en el tiempo adecuado, puede que
haya intentado protegerse con el materialismo y con posesiones para demostrar que es una
persona segura de sí misma.
Sus elecciones. Si elige hacer algo por mucho tiempo, esto se vuelve un hábito. Una
vez que es un hábito, usted está atrapado. Las cosas que nunca intentó desarrollar en su vida
se desarrollan porque eligió hacer algo que se volvió un hábito.
¿Por qué toma tanto tiempo deshacerse de estas cosas? ¿Por qué es tan difícil?
1. Porque los ha tenido con usted por mucho tiempo. No los obtuvo de la noche a la
mañana. Tomó años para que se formaran, por lo que tampoco los va a perder de la noche
a la mañana. Muchos de los hábitos y modelos se han desarrollado en la niñez y puede que
no sean nada cómodos y que sean contraproducentes, pero al menos son familiares. Es
como un viejo par de zapatos. Quizás no sean los mejores para correr, pero son cómodos.
Así que de muchos de sus defectos usted simplemente dice: “Así es como soy” porque los
ha tenido por mucho tiempo. Es difícil deshacerse de ellos.
2. Porque se identifica con ellos. No sé por qué, pero a menudo confundimos nues
tra identidad con nuestros defectos. Decimos: “Así es como soy”. Usted no tiene que ser de
esa forma. Puede cambiar. Cuando usted dice: “Así es como soy”, está identificando su
identidad con sus derrotas. Complete esta oración en su mente: “Es que simplemente soy
______________________ ”, (adicto al trabajo, obeso, ansioso, pasivo, temeroso, de
temperamento fuerte). Cuando hace esto, está estableciendo algo sobre usted mismo e
identificándose con ese defecto, y esto se vuelve una profecía que llega a cumplirse. Usted
dice: “Siempre me pongo nervioso cuando subo a los aviones”. ¿Qué va a suceder la
próxima vez que suba a un avión? Se va a poner nervioso. Usted se predispone diciendo:
“Eso es lo que soy”. Lo que sucede es que inconscientemente, una de las razones por las
que no puede cambiar es porque tiene miedo. Dice: “Si realmente me deshago de este
defecto, ¿seguiré siendo yo? Esto ha sido parte de mí. Siempre he sido así. Si lo dejo,
¿seguiré siendo yo?”
3. Porque son una compensación. Cada defecto es una compensación. Es posible que
disfrace nuestro dolor. Puede que sea una excusa para fallar. Puede permitir compensar la
culpa en nuestra vida. Quizás intentemos atraer la atención de los demás. A lo mejor nuestro
defecto puede permitirnos controlar a otras personas.
Siempre que un comportamiento negativo se repite en usted, en sus hijos, en cual-
quiera, aunque sea auto destructivo, siempre hay una recompensa. No hacemos cosas que
no tengan recompensas. Quizás nunca haya pensado en esto de esta forma pero hay una
compensación. Quizás esté consiguiendo atención por su defecto. Quizás esté controlando
a alguien por su defecto. Como obtiene una recompensa, inconscientemente no quiere
deshacerse de ese defecto. Una madre le dice a sus hijos: “Niños, vengan a cenar”. Ellos no
lo hacen. Entonces ella les grita. Piensa que gritándoles conseguirá que le obedezcan. Hay
una compensación. Usted tiene que estar consciente de eso.
tos negativos. El es el acusador. Dice: “Eso nunca funcionará, no puedes hacerlo, no puedes
cambiar”. Algunos de los que han participado en esta serie de recuperación piensan: “Esto
es bueno. Realmente me gustaría deshacerme de este hábito, me gustaría dejar de odiar a
esta persona, me gustaría dejar de causar daño por esa experiencia pasada. Es cierto que
sucedió hace años, en el patio del colegio, me gustaría cambiar”. Luego usted sale y Satanás
comienza: “¿Quién crees que eres? ¿Piensas que vas a cambiar? ¡Olvídalo! Otros pueden
cambiar, pero tú no. Estás arruinado. No hay
/
He aquí siete formas de cambiar su mente para que pueda cooperar con la manera en
que Dios quiere cambiarle y hacer de usted lo que siempre ha querido ser. Cosas que pensó
que nunca podría cambiar son realmente simples. Estas son siete maneras para readecuar el
enfoque ganador, para que pueda cambiar esos hábitos, complejos y heridas que nunca
pensó que fuera posible cambiar.
1. Enfóquese en cambiar un defecto a la vez. Proverbios 17:24 (DHH) dice: “La sabi-
duría es la meta del inteligente, pero el necio no tiene meta fija”. Algunos participan de las
series de recuperación y piensan: “Esto es fantástico; tengo treinta cosas que debo cambiar”.
Ni lo intente. Quedará abrumado. Se desanimará y no cambiará nada.
Debe ser específico. Tiene que ser muy específico. “Dios, esto es lo que quiero cambiar:
mi ira, mi ansiedad, mi tendencia a controlar a la gente, mi adicción al trabajo, o mi falta
de honestidad”. Regrese al Paso 4 y vuelva a tomar el inventario moral que hizo allí. Lea
la lista y dígale a Dios cuál de esas cosas está dañando más su vida. Déjele obrar en esa
área. Debe trabajar en un defecto a la vez. De otra forma no funciona.
2. Enfóquese en la victoria un día a la vez. Mateo 6:11 no dice: “Danos este mes nues-
tro pan cotidiano”. No, dice: “Danos hoy nuestro pan cotidiano”. ¿Por qué? Porque Dios
quiere darle suficiente fuerza para cambiar por un día, no para una semana, un mes, el resto
de su vida, la eternidad. Quiere que sea un día a la vez para que confíe en él. Es como el
antiguo dicho: “¿Cómo te comes un elefante? De a una mordida a la vez”. La vida por
kilómetros es difícil, pero por metros es fácil. Usted toma un problema de toda la vida (esa
herida, ese complejo, o ese hábito no lo obtuvo de la noche a la mañana) y lo rompe en
pedazos que pueda morder y sobre los que pueda trabajar un día a la vez y obtiene la fuerza
de Dios un día a la vez. Ora al despertarse por la mañana: “Señor, solamente por este día,
quiero ser paciente; solamente por este día quiero ser positivo y no negativo”. Le pide a
Dios que le ayude por una, o aun mejor, por las tres siguientes horas, a pensar en cosas
buenas, a no tener miedo. Y tómelo poco a poco. Esto lo protege de hacer promesas a la
ligera. Pídale un día a la vez. Si dice: “Prometo nunca volverlo a hacer”, está condenado a
fallar. Un día a la vez. Hágalo poco a poco.
Si tiene un jefe que es un verdadero terco y trata de sacar lo malo en usted, tiende a
sentir resentimiento. Levántese por la mañana y diga: “Señor, solamente por las primeras
tres horas, ¿puedo responder a ese jefe como tú me harías responder, sin ponerme tenso,
preocupado o resentido, sino sonriéndole?” Mateo 6:34 dice: “No se angustien por el
mañana, el cual tendrá sus propios afanes. Cada día tiene ya sus problemas”. No se
preocupe por mañana, por la victoria de mañana. Preocúpese solo de hoy. Roma no se
construyó en un día. El carácter no se construye en un día. Los defectos de carácter no se
desarraigan en un día.
Queremos todo instantáneo: puré de papa, café, palomitas de maíz. Queremos madurez
instantánea. Un día soy un completo desastre y al siguiente día soy Billy Graham. No
sucede de esa forma. Debe crecer poco a poco. Debe crecer día a día. Un día a la vez. No
se ponga un plazo: “Voy a vencer esto en este plazo”. No. Solamente trabaje en eso un día
a la vez. Usted trabajará este paso y todos los demás pasos de la serie recuperación por el
resto de su vida. Por las noches, deténgase y agradezca a Dios por cualquier cambio o
victoria, no importa cuán pequeño sea: “Gracias por darme tu ayuda hoy”. Cualquier
victoria, no importa cuán pequeña sea, agradézcasela a Dios, y trate con un defecto a la vez
y obtenga la victoria un día a la vez.
Dios nos manda a que resistamos a la tentación. Ni una vez. El dice que resistamos al
tentador, al diablo, pero no a la tentación. ¿Por qué? Porque cualquier cosa a la que se
resiste, persiste. Mientras más presione sobre algo (“No voy a hacer esto”), con más presión
retornará.
En lugar de resistir, la Biblia nos enseña a cambiar el enfoque. Solamente cambie el
canal mental. Si está viendo un mal espectáculo por televisión no dice: “No voy a ver esto,
no voy a ver esto...” No, usted simplemente cambia de canal. Cambie el enfoque de lo que
ha sido a lo que quiere ser y a lo que Dios quiere que haga en la vida. Este es el poder de
afirmar la Palabra de Dios. Hay más de siete mil promesas en la Biblia. Probablemente la
disciplina más útil que podría desarrollar es aprender a memorizar la Escritura. Memorice
un versículo a la semana; para el final de año tendrá cincuenta y dos versículos
memorizados. Ellos están en su mente así que puede usarlos para contraatacar esos
pensamientos negativos que el diablo y otras personas le dan. Llene su mente con la Palabra
de Dios. Cada vez que tenga un pensamiento positivo, cada vez que recuerde una verdad
de la Escritura, cada vez que tenga cualquier pensamiento, esto es un impulso eléctrico que
va a su cerebro. Cada vez que tiene el mismo pensamiento, este se hace más profundo,
refuerza ese modelo cerebral. Algunos de ustedes tienen pensamientos negativos en su
mente porque han estado pensando en eso una y otra vez. La única forma de deshacerse de
los pensamientos negativos es pensar en la Palabra de Dios una y otra y otra vez.
Algunos de los que estaban aquí en 1981, al año siguiente de haberse construido la
iglesia, saben que atravesé un período de mucha depresión. Tuve algunos problemas físicos
al principio del año que me dejaron decaído. No tenía energía y había tanto que hacer que
simplemente me deprimía. Estuve bajo una nube la mayoría de la primera parte del año.
Estaba muy desanimado y deprimido. Entonces tomé esas pequeñas tar- jetitas de 3x5. A
un lado de la tarjeta escribía un versículo de la Escritura, un versículo positivo, y al reverso
escribía una aplicación práctica del versículo para mí en la forma de una afirmación
personal. Por ejemplo: “No hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo
Jesús”. Y al reverso escribía: “Dios no me condena por mi depresión, él me ama tanto en
mis días malos como en los buenos”. O algo así como: “Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece”. Y en la parte de atrás escribía: “Puedo lograrlo. Por cierto, este día será mejor
que ayer. Me fortalezco”. Escribí esas cosas. Tenía muchas de esas tarjetas. Cada noche en
1981 al ir a mi cama, lo último que hacía antes de dormir era leer esos versículos, esas
afirmaciones, y pensaba en ellas. Cuando me levantaba por la mañana, antes de salir de mi
cama, las volvía a leer. Las ponía en mi bolsillo, las llevaba conmigo y comenzaba a
reprogramar mi mente, teniendo pensamientos positivos y creando nuevas rutinas en ella.
En casi cuatro o cinco semanas la depresión masiva desapareció. Quiero decirle, por
experiencia personal, que ya no me deprimo. Todo el mundo se desanima, pero yo ya no
tengo batallas con la depresión masiva. ¿Por qué? Porque volví a programar mi mente. La
gente dice: “¿Por qué eres una persona tan positiva?” Porque me entreno a mí mismo.
Memoricé la verdad de la Biblia en lugar de creer en las mentiras acerca de la vida que
cuentan las noticias de la televisión y en lo que otras personas estaban diciendo.
En su mente usted tiene dos escalas. En un lado están todos los pensamientos negativos
que el diablo le dice, que los novios y novias anteriores, o quizás sus padres o un profesor
del colegio que no lo quería le dijeron (“Nunca lograrás nada”). Del otro lado están las
cosas buenas que Dios quiere decir con respecto a usted las cuales están en su Palabra. Si
vamos a ser honestos, es posible que tenga más pensamientos negativos que positivos
porque no ha pasado mucho tiempo en la Palabra. Cada vez que tiene un pensamiento
positivo basado en la Biblia y declara un versículo, usted sustituye algo negativo. Cuando
el diablo le dice: “No puedes cambiar”, usted dice: “Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece”. Si le dicen: “¿Quién te crees que eres? ¡No vales nada!”, usted contesta: “No
hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús”. Si escucha: “Nunca
podrás romper con esto y debes tener miedo de lo que va a suceder en tu vida”, diga: “En
el amor no hay temor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor”. Siga repitiendo lo
positivo una y otra y otra vez hasta que finalmente sea como si cada vez pusiera una roca
de este lado e hiciera que se volviera más y más pesado. Y un día la balanza cambiará y
tendrá muchas más cosas positivas que negativas y será libre. Libre. Dios quiere hacer eso
en su vida, si se enfoca no en lo que no quiere sino en lo que realmente quiere.
Si dio el Paso 3: Conscientemente elijo entregar toda mi vida y voluntad al cuidado y
control de Cristo, e invitó a Cristo a su vida, entonces sabe lo que la Biblia dice: Usted es
una nueva persona. Lo viejo ha pasado. Dios dice: “Todo tu pasado lo he olvidado, tú
puedes olvidarlo también”. Es una nueva persona en Cristo. Con una nueva identidad. Una
vez que es cristiano, su identidad primaria está basada en su relación
con Cristo y no en su defecto. Ya no es más: “Es que simplemente soy _____________ ,
sino: “Soy un creyente”. Enfóquese en lo que quiere y no en lo que no quiere.
5. Enfóquese en hacer lo bueno, no en sentirse bien. Gálatas 5:16 dice: “Vivan por el
Espíritu, y no seguirán los deseos de la naturaleza pecaminosa”. Si hace lo correcto, sus
sentimientos con el tiempo coincidirán con usted. Si espera hasta tener ganas de cambiar,
nunca va a cambiar. El diablo se asegurará de que nunca tenga deseos de cambiar. Siempre
es más fácil actuar de acuerdo a un sentimiento que tener que sentir debido a una acción.
Si no me siento cariñoso hacia mi esposa, comienzo a amarla, y los sentimientos vendrán.
Si usted espera hasta sentirse cariñoso, esto puede ser algo que tome mucho tiempo. Así
que dice: “No siento que me guste”. No se preocupe por sentir lo correcto, sino haga lo
correcto. Alcohólicos Anónimos usa la frase: “Disimúlelo hasta que lo logre”. Haga lo
correcto aunque no sienta ganas de hacerlo, sepa que es lo correcto a hacer y hágalo de
todas maneras. A la larga sus sentimientos concordarán. Cada vez que intente cambiar una
parte importante en su vida, un gran defecto de carácter, una imperfección, una debilidad
en su personalidad, cada vez que comience a intentar hacer grandes cambios, no se va a
sentir muy bien al principio. Por cierto, se va a sentir bastante torpe. Se sentirá mal por un
momento. ¿Por qué? Porque no se sentirá normal. Está tan acostumbrado a sentirse
anormal, que lo normal es que no se sienta bien. Así que no se sentirá muy bien cuando
comience a hacer cambios. Si usted es un adicto al trabajo y dice: “Voy a permitir que Dios
obre en mi adicción al trabajo”, y al otro día a las cinco de la tarde decide ir a casa cuando
suena el timbre y no se lleva trabajo en su maletín, la primera vez que lo haga dirá: “Me
siento realmente extraño”. Y es lógico, porque ha trabajado arduamente por mucho tiempo.
Si usted come en extremo, bebe o fuma, la primera vez que intente romper con ese hábito
se sentirá extraño: “No hay nada en mi boca. Qué extraño me siento”. Será divertido por
un momento y quizás no se sienta bien. Pero si hace lo correcto una y otra vez, sus
sentimientos al final coincidirán con su comportamiento. Y usted no puede controlar sus
sentimientos, pero sí puede controlar sus músculos. Así que haga lo correcto ya sea que
sienta hacerlo o no y los sentimientos se pondrán de acuerdo con usted.
6. Enfóquese en las personas que le ayudan, no en las que le obstaculizan a hacer esos
cambios positivos que quiere hacer en su vida. La gente correcta le ayudará. Las personas
no apropiadas serán un obstáculo y evitarán su recuperación. La Biblia dice: “Las malas
compañías corrompen el buen carácter”. En otras palabras, si no desea ser picado, aléjese
de las abejas. Si usted sabe qué tipo de personas son una tentación, simplemente aléjese de
ellas. Si está luchando con el alcoholismo, no dirá: “Creo que iré al bar a comer unas
semillas de maní”. Mala idea. Si está luchando con la pornografía, no tiene que ir a las
tiendas donde esta se promueve. No tiene que estar cerca de las cosas que le afectan. Por
otro lado, la Biblia dice: “Dos son mejor que uno y una cuerda de tres dobleces no es fácil
de romper”. Con la ayuda de otra persona, cuando una cae, la otra puede ayudarle a
levantarse.
Dije esto en la primera lección de esta serie, pero me temo que muchos no me creyeron:
No puede recuperarse por usted mismo. Debe estar en un grupo, en una relación. La
recuperación siempre sucede cuando hay amistades, nunca por uno mismo. Nunca se
recuperará solamente con escuchar una serie de seis u ocho mensajes. Sucede cuando usted
está con otras personas. No creyó eso, pero permítame darle un ejemplo.
Anteriormente hablamos de hacer una lista en nuestro inventario moral. Usted va a
casa y dice: “Señor, ¿de qué cosas me siento culpable y de cuáles me arrepiento? Haré una
limpieza esta semana”. Hace una lista de esas cosas y las reconoce, las confiesa ante Dios
y otra persona en quien confía. Muchos de ustedes seguramente tuvieron la intención de
hacer eso. Pero no fue así. Las personas que lo hicieron son las que tienen una relación con
alguien más que les preguntó: “¿Lo hiciste? ¿No? Bueno, dispongámonos y hagámoslo”.
Participan en Celebremos la Recuperación o en un grupo pequeño. Los que no lo hicieron
fue porque no tienen ninguna relación con alguien que les ayude en este camino. Es por eso
que contamos con Celebremos la Recuperación, uno de nuestros ministerios que se reúne
cada viernes por la noche para animar a las personas, porque usted no lo hará por usted
mismo. Proverbios 27:17 dice: “El hierro se afila con el hierro, y el hombre en el trato con
el hombre”. Usted necesita relacionarse con alguien.
Jerry: Hace algunas semanas fui a un seminario con el pastor John y otros muchachos.
Cada uno tuvimos que hacer por separado lo que estoy a punto de hacer con ustedes. Había
casi cien de nosotros y un hombre habló mirándonos a todos y con sus rodillas temblando
dijo: “Estoy seguro de que todos ustedes de vez en cuando son realmente maravillosos, pero
todos juntos simplemente están un poco abrumados”.
Soy un creyente de la iglesia de Saddleback. También soy un hombre que por treinta
años elegí vivir una vida de pecado usando el alcohol para acallar mi conciencia. Los frutos
de esta vida fueron hospitales, instituciones mentales, cárceles, salones en la corte, divorcio,
cirrosis en el hígado, momentos de delirio, y diecisiete años de intentos sin éxito de
recuperación estorbados por mi complejo de rectitud, voluntad y arrogancia. Lo peor de
todo era un corazón endurecido contra Dios y los que le buscaran. Hace ocho años y medio
mi Señor y Salvador Jesucristo quitó de mi vida, de una sola vez, mi obsesión por el alcohol.
Tres años y cuatro meses después, me quitó el hábito de fumar que había mantenido por
cuarenta y tres años. ¿Por qué? Porque luego de décadas de negación, finalmente me
humillé y le pedí que por favor lo hiciera por mí. Fue por medio de su gracia amorosa que
finalmente llegué al punto donde voluntariamente me sometí a cualquier cambio que él
deseara hacer en mi vida.
Según su voluntad me ha dado cuatro años de estudio bíblico y responsabilidades aquí
en Celebremos la Recuperación, guiando un grupo de estudio bíblico para hombres que el
pastor John me encomendó hace seis semanas. Hoy, en su infinita sabiduría, el Señor ha
tomado ese pasado pecaminoso y lo ha cambiado en una herramienta útil para ayudar a los
que todavía sufren de adicciones. Efesios 2:10 dice: “Somos hechura de Dios, creados en
Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios dispuso de antemano a fin de que las
pongamos en práctica”. Mi corazón me dice que él nos ha dado el haber sido liberados de
nuestras dolencias para tener un camino a seguir. Específicamente, que humilde y
voluntariamente estemos al servicio de los que luchan con sus desesperanzas. Por favor, si
su vida está siendo corrompida por defectos de carácter, venga y acompáñenos en
Celebremos la Recuperación y deles a sus seres queridos descanso del dolor que está
imponiendo en sus vidas antes que sea demasiado tarde. El apóstol Pablo escribió: “Dios,
que comenzó a hacer su buena obra en ustedes, la irá llevando a buen fin hasta el día en que
Jesucristo regrese”. Le digo que confíe en él con todo su corazón porque sé que le ama y
perdona, así como me ha amado y perdonado a mí.
R.E.C.U.P.E.R.A.
Reconozco que no soy Dios; admito que soy incapaz de controlar mi tendencia a hacer
lo malo y que mi vida es inmanejable.
En forma sincera creo que Dios existe, que le intereso y que él tiene el poder para
ayudarme en mi recuperación.
Para que Dios haga todo cambio que quiera hacer en mi vida, me someto volun-
tariamente a él y le pido humildemente que remueva mis defectos de carácter.
EL SEXTO PASO
“Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia.
Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así
como Dios los perdonó a ustedes en Cristo”. Efesios 4:31-32 (NVI)
¿POR QUE?
1. Porque __________________________________ .
“Que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como
el Señor los perdonó, perdonen también ustedes”. Colosenses 3:13 (NVI)
2. Porque __________________________________ .
“El preocuparse hasta la muerte con resentimiento sería algo necio, lo más sin sentido
que hacer”. Job 5:2 (DHH)
3. Porque __________________________________ .
“Cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su
Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados”. Marcos 11:25 (NVI)
¿CÓMO?
1. ________________________ mi herida.
Haga una lista de aquellos que le han dañado y de lo que dijeron... pensaron... hicieron.
2. ________________________ a mi ofensor.
“¿Cuántas veces deberé perdonar a mi hermano, si me hace algo malo? ¿Hasta siete?
Jesús le contestó: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Mateo 18:21-
22 (DHH)
Técnica de “la silla vacía”.
¿CÓMO?
“Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes”. Lucas 6:31
(NVI)
. El______________ correcto.
Es
“Hay quienes hieren con sus palabras, pero hablan los sabios y dan el alivio”.
Proverbios 12:18 (DHH)
“Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos”. Romanos
12:18 (NVI)
3. __________________________ su vida.
“Ponga su corazón en orden, diríjase a Dios ... luego enfrente al mundo otra vez, firme
y con valor. Entonces todos sus problemas desaparecerán de su memoria, como aguas que
pasaron y que no son más recordadas”. Job 11:13-16 (DHH)
MEJORE LAS RELACIONES
El Camino a la Recuperación - Parte 6
Efesios 4:31-32
Este paso se basa en Efesios 4:31-32: “Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y
calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con
otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo”. En este
paso obviamente hay dos partes. Primero, perdonar a los que me han dañado, y segundo,
hacer enmiendas con las personas que he dañado.
¿Por qué debería dar este paso y cómo hacerlo?
3. Porque necesito perdón en el futuro. Voy a necesitar perdón para el futuro. Marcos
11:25 dice: “Cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que
también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados”. El resentimiento
bloquea sentir el perdón de Dios en su vida. La Biblia dice que no podemos recibir lo que
no estamos dispuestos a dar. Es peligroso seguir el modelo de oración del Señor. “Perdona
nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”. “Dios, perdóname así
como perdono a los demás”. ¿Realmente desea eso? Necesita perdonar a los otros porque
Dios le ha perdonado, porque el resentimiento no funciona, y porque va a necesitar de
perdón en el futuro y no quiere romper ese puente que tendrá que cruzar.
El perdón es una calle de doble vía. En cierta ocasión, un muchacho se acercó a John
Wesley y le dijo: “Nunca podré perdonar a esa persona. Nunca”. John Wesley le replicó:
“Entonces espero que nunca peques. Porque todos necesitamos lo que no queremos dar”.
No queme ese puente que necesita cruzar.
¿CÓMO?
¿Cómo efectúo esta primera parte del Paso 6? ¿Cómo perdono a los que me dañaron?
1. Revelo mi herida. Lo admito. Lo expreso. Lo afronto. Soy honesto. No puede vencer
esto hasta que lo admita... y eso daña. No sé por qué pero no queremos admitir las veces
que las personas que amamos nos han dañado. Quizás se deba a que tenemos una mala
concepción de que no se puede amar a una persona y molestarse con ella al mismo tiempo.
Usted puede.
En cierta ocasión estaba atendiendo a alguien en consejería y esa persona me dijo:
“Perdono a mis padres; hicieron lo mejor que pudieron”. Entre más hablaba sobre eso más
me daba cuenta de que realmente no los había perdonado. Interiormente estaba molesta,
pero insistía en que los había perdonado. Eso es negación. Ellos no hicieron lo mejor que
pudieron. Si usted es padre, no está haciendo lo mejor que puede. Somos imperfectos. Nadie
hace lo mejor que puede. Esa es una forma de negación. Hasta que ella fue capaz de admitir:
“No, no hicieron lo mejor que pudieron; me trataban de algunas maneras que eran
incorrectas”, solo entonces pudo aprender a perdonarlos. No puede perdonar lo que no
quiere confesar. Admítalo y escríbalo en un papel.
Tiene algunas opciones cuando lo hieren. Puede reprimirlo, simplemente pretender que
no existe. Puede ignorarlo, sacándolo de su camino, lo que en realidad nunca funciona
porque siempre sale a flote de una manera u otra en su vida. Lo puede desvalorizar diciendo:
“No es nada; al fin y al cabo, hicieron lo mejor que pudieron”. No, no lo hicieron. Dolió. O
lo puede confesar. Simplemente admitirlo. He tratado con personas que dicen: “Realmente
me gustaría cerrar la puerta de mi pasado. Encerrarme para que esa persona no me siga
causando daño”. A tales personas les digo: “Fantástico, pero no hay un cierre sin una
apertura”. Primero debe admitirlo. Confesar y decir: “Eso duele. Fue incorrecto y me causó
daño”.
Entonces ¿qué hacer? Haga una lista de los que le han dañado, lo que dijeron, lo que
hicieron, lo que pensaron, y escríbalo, hágalo en blanco y negro para que pueda verlo.
Entonces no estará resentido sobre algo confuso, sino sobre algo específico. Piense en ese
maestro que lo avergonzó o en su padre que dijo: “Nunca lograrás nada; eres un fracaso”.
Esa relación anterior que le fue infiel. Escríbalo y abra su corazón.
3. Reemplazo mi herida con la paz de Dios. “Que gobierne en sus corazones la paz
de Cristo”. ¿Cómo? “Esto es algo injusto. Si lo perdono quedará sin castigo”. No, no
/
es así. Deje que Dios tome en sus manos la situación. El puede hacer un trabajo mejor que
el suyo. La Biblia dice que un día Dios va a aclarar todo y va a pedir cuentas y a
balancear las cosas, un día él tendrá la última palabra. Así que permita que Dios tenga
//
la última palabra en esto también. ¿De acuerdo? Él cuidará de eso. Él es el juez. Solamente
él. Es por eso que creo en el infierno. Jesús habló más del infierno que del cielo. Si no hay
infierno, entonces las personas como Hitler saldrán impunes y eso no es justo, y Dios es un
Dios justo. La Biblia dice que habrá un juicio. Así que solamente libérelo y el resto del
tiempo enfóquese en la paz de Dios en lugar de en tratar de arreglar las cosas. Permita que
la paz reine en su corazón. El hecho es que las malas relaciones pueden romper su corazón
en pedazos. Simplemente lo pueden destrozar. Pero Dios puede unir esas partes de nuevo y
rodearlo y cubrirlo con su paz.
Debe liberar a los que lo hirieron para que Dios pueda reparar su corazón.
¿POR QUÉ?
Porque las relaciones sin resolver son la raíz de su problema y ellas impiden que suceda
la recuperación. Así que tiene que proceder a la segunda parte de este paso. Hacer
enmiendas a las personas que usted ha dañado es tan importante y necesario como liberar a
la persona que le ha dañado. ¿Por qué? Hebreos 12:15 dice: “Asegúrense de que nadie deje
de alcanzar la gracia de Dios; de que ninguna raíz amarga brote y cause dificultades y
corrompa a muchos”. Lo que se está diciendo aquí es: “La razón por la que no puedes
vencer ese hábito, ese complejo, ni librarte de esa herida es porque todavía tienes relaciones
no resueltas”. Y esas relaciones no resueltas deben ser tratadas si realmente quiere seguir
con su recuperación, ser la persona que Dios quiere que sea y disfrutar la clase de felicidad
que él suplió para que usted la tuviera en primer lugar en su vida.
¿CÓMO?
¿Cómo hago enmiendas a las personas que he dañado?
1. Haga una lista de las personas a las que ha dañado y lo que les hizo. Quizás usted
diga: “No puedo recordar a nadie”. Si es que lo dijo, le voy a poner un par de ejemplos.
¿Hay alguien a quien le deba algo que no le ha pagado? ¿Hay alguien a quien no le ha
cumplido una promesa? ¿Hay alguien al que trata de controlar? ¿Su cónyuge? ¿Un hijo?
¿Un hermano? ¿Un empleado? ¿Un amigo? ¿Hay alguien con quien es extremadamente
posesivo? ¿Alguien con quien es extremadamente crítico? ¿Ha abusado verbalmente de
alguien? ¿O físicamente? ¿O emocionalmente? ¿Hay alguien a quien no ha apreciado o no
le ha puesto atención o a quien no le ha recordado un aniversario? ¿Hay alguien a quien le
ha sido infiel? ¿Le ha mentido a alguien? ¿Es esto suficiente para comenzar o necesito
continuar? Haga una lista de aquellas personas a quienes ha dañado y lo que les hizo.
2. Piense cómo le gustaría que alguien hiciera enmiendas con usted. Lucas 6:31 dice:
“Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes”. Así que deténgase y
piense: “Si alguien llegara y me pidiera disculpas ¿cómo me gustaría que lo hiciera?” Y
hágalo de esa manera. Hay tres asuntos que necesita observar:
1. Tiempo. Eclesiastés 8:6 dice: “Hay un tiempo correcto y una forma correcta para
hacer todo”. Usted no va y simplemente le suelta una bomba a alguien. No se acerca a
alguien cuando va saliendo de prisa de su casa o cuando está durmiendo y le dice: “Por
cierto tengo algo que arreglar con usted”. Lo hace de acuerdo con el tiempo de esa persona.
No cuando sea el mejor tiempo para usted sino cuando sea el mejor tiempo para ella.
2. Actitud. Tiene que tener la actitud correcta. Efesios 4:15 dice: “Profesando la verdad
en el amor”. ¿Cómo le gustaría que alguien le pidiera disculpas? En privado, con humildad,
con sinceridad, simplemente diciendo que lo que hicieron fue incorrecto, sin presentar
ninguna justificación por lo ocurrido, sin excusas ni hablar de lo que usted hizo, solamente
asumiendo la responsabilidad. Puede que la otra persona haya sido parte del problema, pero
usted solamente está tratando de aclarar la parte que le corresponde de la situación. No trate
de justificar sus acciones. Enfóquese en lo que le corresponde de la situación y no espere
nada a cambio por parte de la persona con quien está tratando de hacer enmiendas.
Restituya cuando sea posible. Si le han prestado algo y no lo ha devuelto, devuélvalo.
Si le debe a alguien, páguele. La primera vez que di este paso, tenía diecisiete años. Una de
las cosas de mi lista era regresarle dinero a mi hermana, el cual yo había robado para
comprar un álbum de Jimmy Hendrix. No quería hacerlo, pero lo hice. Tenía una lista y fui
a hacer enmiendas para que no hubiera secretos vergonzosos sin confesar. Así que pude
llegar a un punto en mi vida donde me puedo parar hoy y decir: “Amigos, no tengo nada
que esconder. No soy perfecto, pero todas las cosas que he hecho las he reparado, he hecho
enmiendas por eso”. Eso le da libertad y confianza.
s
Hay en la Biblia un hombre llamado Zaqueo. Jesús vino a su casa. El era un recaudador
de impuestos para el Imperio Romano. En esos días los recaudadores de impuestos
cobraban una determinada cantidad, le entregaban menos a Roma, y ellos se quedaban con
lo restante. Así le robaban al pueblo, por lo que el pueblo los odiaba. Jesús escogió a Zaqueo
para ir a su casa y la vida de este cambió cuando conoció a Cristo.
Dijo: “Señor, voy a devolver cuadruplicado todo lo que he robado”. Jesús lo miró y
//
dijo: “La salvación ha llegado a este hombre”. Él era un verdadero cristiano. Él estaba
/
dispuesto a poner su dinero donde estaba su boca. Él restituyó donde fue necesario.
Nota: Entre más seria es su ofensa, menos probable es que pueda restituirla. Hay
algunas cosas que ha quitado a otros que no podrá restaurar. Pero no subestime el pedir una
disculpa sincera. Lo que tiene que hacer es ir a esa persona en el tiempo correcto, con la
actitud correcta, y decirle: “Lo siento, estaba equivocado, no merezco su perdón, pero ¿hay
alguna forma en que pueda enmendar mi error?” Y lo deja así.
3. ¿Es apropiado? Proverbios dice: “Hay quienes hieren con sus palabras, pero hablan
los sabios y dan el alivio”. Otra vez, hay algunas situaciones donde no sería sabio
contactarse con la persona que usted ha dañado. Recuerde que lo que caracteriza este paso
es “excepto cuando al hacerlo pueda dañar a dichas personas o a otras”. En algunas
situaciones no va a desear volver a estas personas porque eso solamente abriría un gran pote
de gusanos y probablemente haría de la situación algo peor. Se podría dañar a alguien
inocente. Por ejemplo, no sería buena idea ir donde una antigua novia que ahora está casada.
O donde un novio. Usted no querrá hacer eso. Hay personas inocentes a las que se podría
causar algún daño innecesariamente. En casos como estos, se recomienda el uso de la
técnica de la silla vacía. O escribir una carta que nunca va a mandar. Romanos 12:18 dice:
“Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos”.
Rebecca: Crecí en una casa donde no fui deseada. Mis padres tenían dos niños de uno
y dos años, y mi mamá no estaba esperando ni a mi hermana gemela ni a mí. No fui deseada
y me lo decían. Mientras crecía escuchaba cosas como: “No eres buena, nunca lograrás
nada, nunca serás una buena esposa, ojalá nunca hubieras nacido”. Mis padres eran
alcohólicos. Mi mamá también tenía un problema de desorden alimenticio. Mi papá era un
hombre de mal genio que siempre me estaba pegando. Cuando niña, mi primera emoción
fue el temor. Lo que más deseaba era amor y aceptación. Luego desarrollé un desorden
alimenticio. A los veintitrés años pesaba ochenta y nueve libras.
Fue en ese tiempo que invité al Señor para que tomara el control de cada área de mi
vida. Una de sus primeras amorosas respuestas fue que trajo a mi vida a mi esposo
Glen, quien literalmente me amaba. Se me ha dicho que soy una “niña milagro” y mi
/
respuesta a las personas que dicen eso es: “El milagro en mi vida es Jesucristo”. El me ha
traído un gozo enorme, y eso sucedió hace once años.
Tuve un par de años de consejería y Dios me condujo por un largo camino de sanidad
en diferentes áreas de mi vida. Me bendijo con gran gozo al darme dos hijos bellísimos y
estoy feliz de decir que tengo un matrimonio fuerte y saludable, por lo que estoy muy
agradecida. Dios es mi fuente de fortaleza y su Palabra es la fuente de descanso para mi
vida. Sé que Dios aún no ha terminado conmigo. He tenido recuerdos dolorosos que he
ocultado por mucho tiempo y pensaba que eran demasiado horribles como para
compartirlos, hasta que llegué a este momento de mi vida. Hace dos años vine a Saddleback
y leí acerca de Celebremos la Recuperación, supe que quería ir pero estaba verdaderamente
asustada de que al quitarme la máscara y revelar mi vida, la gente no me aceptaría y no me
amaría. Lo que encontré cuando di ese primer paso no fue rechazo sino personas que
estaban llenas de amor, gente muy valiente, llenas de ánimo y expectativa. Celebremos la
recuperación es un lugar donde puedo ir y no solamente compartir mi dolor sino que puedo
dar a otros escuchando su dolor también. Es un lugar donde compartimos nuestras cargas y
nos ayudamos para hacerlas menos pesadas. Es un acto para obtener fortaleza y poder
afrontar un día a la vez. También es un tiempo para unirnos el viernes por la noche y
celebrar nuestras victorias. Le animo a dar ese primer paso.
He aquí el punto: En tanto usted se enfoque en alguien contra quien tiene algún tipo de
resentimiento le está permitiendo a esa persona controlarlo. Algunos de ustedes todavía
están permitiendo que personas del pasado les controlen el presente. En tanto sienta
resentimiento, ellos le controlarán. Si sigue con ese resentimiento terminará pareciéndose
a la persona contra la cual guarda rencor. Sí, así es como funciona esto. Se dice: “Nunca
seré como mi papá”, pero en lo que usted se enfoca es lo que llegará a ser.
La buena noticia es esta: Dios quiere tratar con todo ese lío de relaciones en su vida
pero él sabe cuándo usted podrá manejar la situación, de modo que va quitando una capa a
la vez. Cuando usted se vuelve un creyente y da el Paso 3, se quita una capa. Y mientras
pasa el tiempo, Dios quiere seguir tratando con usted, obrando en usted, liberándole de sus
heridas, hábitos y complejos. Hoy es otro día, otro paso. Perdono a los que me han dañado
y hago enmiendas con los que yo he dañado. Dios comienza a reciclar toda la basura del
problema de relaciones en mi vida y a usarla para bien. Así ocurre con el reciclaje de basura.
Dios quiere reciclar la basura emocional en su vida y sacar algo bueno de eso.
¿Cómo lo hace? Job 11:13-16 dice: “Ponga su corazón en orden, diríjase a Dios ...
luego enfrente al mundo otra vez, firme y con valor. Entonces todos sus problemas
desaparecerán de su memoria, como aguas que pasaron y que no son más recordadas”. Note
que hay tres pasos para reenfocar su vida:
R.E.C.U.P.E.R.A.
Reconozco que no soy Dios; admito que soy incapaz de controlar mi tendencia a hacer
lo malo y que mi vida es inmanejable.
En forma sincera creo que Dios existe, que le intereso y que él tiene el poder para
ayudarme en mi recuperación.
Para que Dios haga todo cambio que quiera hacer en mi vida, me someto volun-
tariamente a él y le pido humildemente que remueva mis defectos de carácter.
Evalúo todas mis relaciones, ofrezco perdón a los que me han dañado y hago
enmiendas por el daño que he causado a los demás, excepto cuando al hacerlo pueda
dañarlos tanto a ellos como a otros.
Cómo sucede
Complacencia
Confusión
Compromiso
Catástrofe
“¡Cómo pueden ser tan necios! Comenzaron por el Espíritu de Dios. ¿Quieren ahora
terminar por su propio poder?” Gálatas 3:3 (DHH)
“No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu —dice el Señor
Todopoderoso”. Zacarías 4.6 (NVI)
2. Ignorar ______________________________ .
“¡Estaban yendo tan bien! ¿Quién les obstaculizó de obedecer la verdad?” Gálatas
5:7 (DHH)
“Más valen dos que uno, porque obtienen más fruto de su esfuerzo. Si caen, el uno
levanta al otro. ¡Ay del que cae y no tiene quien lo levante!”. Eclesiastés 4:9-10 (NVI)
“No nos demos por vencidos de ese hábito de reunirnos”. Hebreos 10:25 (DHH)
4. Volverse ________________________________ .
“Si alguien piensa que está firme, tenga cuidado de no caer”. 1 Corintios 10:12
(NVI)
“Vigilen y oren para que no caigan en tentación. El espíritu está dispuesto, pero el
cuerpo es débil”. Marcos 14:38 (NVI)
1. Evaluación
“Cada cual examine su propia conducta; y si tiene algo de qué presumir, que no se
compare con nadie”. Gálatas 6:4 (NVI)
¿Cuándo evaluar?
2. Meditación
“ _____________________ lo suficiente para escuchar a Dios”.
“Dichoso el hombre ... que en la ley del Señor se deleita, y día y noche medita en ella.
Es como el árbol plantado a la orilla de un río que ... da fruto y sus hojas jamás se marchitan.
¡Todo cuanto hace prospera! Salmo 1:1-3 (NVI)
“He guardado tus palabras en mi corazón para no pecar contra ti”. Salmo 119:11
(DHH)
3. Oración
“Así es como deben orar: Padre nuestro que estás en el cielo; que tu santo nombre sea
honrado; que venga tu reino; que tu voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo. Danos
hoy el alimento que necesitamos. Perdona nuestros pecados, como nosotros perdonamos lo
que otros nos han hecho. No nos lleves a ser tentados, sino guárdanos a salvo del enemigo”.
Mateo 6:8-13 (DHH).
MANTENGA EL IMPULSO
El Camino a la Recuperación - Paso 7
Marcos 14:38
La catástrofe se produce cuando usted cede al hábito anterior. Se abre la antigua herida
y el odio, el resentimiento o el antiguo complejo vuelven. Usted necesita entender que el
colapso no es la recaída. La catástrofe no se produce cuando ocurre la recaída; esta comenzó
mucho antes. La catástrofe es simplemente el resultado de un patrón determinado.
¿Por qué retrocedemos? ¿Por qué, aun sabiendo qué camino seguir y qué es lo correcto
que tenemos que hacer, tendemos a retroceder de lo que sabemos que está bien?
sé dé cuenta que no puede hacerlo por usted mismo. El simplemente lo dejará caer cien,
doscientas, trescientas veces hasta que diga: “Dios, no puedo hacerlo”. Zacarías 4:6 dice:
“No será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu —dice el Señor
Todopoderoso”. Solamente Dios tiene el poder para quitar esos defectos. Si usted regresa
a la fuerza de voluntad, va a recaer. Si está pensando: “Solo voy a intentarlo más
arduamente”, olvídelo.
2. Ignorar uno de los pasos. Nos apresuramos. Tratamos de avanzar rápidamente en
los pasos, quizás desee saltarse uno difícil, diciendo: “No creo que necesite la parte de hacer
enmiendas; podría tener una recuperación parcial”, y nos saltamos ese día que dice:
“Vuelva a la gente que ha dañado”. No, usted necesita dar todos los pasos o el proceso no
funciona. Y necesita seguir lo que la Biblia ha dicho que son los principios para la vida. No
hay atajos en la recuperación. No se metió en este lío de la noche a la mañana; tampoco va
a salir de eso en un solo paso. Necesita dar todos los pasos. “¡Estaban yendo tan bien!
¿Quién les obstaculizó de obedecer la verdad?”, dice el Señor. Así es que, sigan trabajando
en los pasos, mantenga su impulso, permanezcan en los fundamentos.
c) El inventario relacional. ¿Estoy en paz con todos? Si no lo está, ese conflicto interno
va a hacerle atrasarse, lo mantendrá lejos de su recuperación. Hay algunas personas a su
alrededor con las cuales usted obviamente sabe cuándo está teniendo conflicto. Pero hay
otras personas que se encuentran a muchos kilómetros de distancia. ¿Se había dado cuenta
de que ha venido permitiendo que algunas personas vivan en su mente sin pagar la renta?
Tía Berta le causó un daño hace quince años y ella vive a miles de kilómetros de distancia.
Usted se levanta pensando en ella. Le está permitiendo vivir en su mente gratis. Sigue
preocupado por lo que ella le hizo hace quince años. Tía Berta lo está controlando. Tiene
que librarse de eso. Pregúntese: “¿Hay alguien que esté ocupando mi mente? ¿Estoy
aferrándome a alguna herida?”
2. Meditación. Meditar es una muy buena palabra bíblica que ha sido adoptada por
mucha gente. Significa simplemente detenerse lo suficiente para escuchar a Dios. Eso es
todo. Las ocupaciones ahogan la recuperación y el crecimiento. Este es el secreto
de la fortaleza espiritual, y me he dado cuenta de que Satanás no lucha con nada tan
/
fuerte como con este asunto en mi vida. El trata que no tenga tiempo a solas con Dios, que
no tenga un tiempo en silencio. Satanás tiene tres herramientas que utiliza: el ruido, las
multitudes y la prisa. Esas tres cosas lo alejan de escuchar a Dios diariamente.
El Salmo 1:1-3: “Dichoso el hombre ... que en la ley del Señor se deleita, y día y noche
medita en ella. Es como el árbol plantado a la orilla de un río que ... da fruto y sus hojas
jamás se marchitan. ¡Todo cuanto hace prospera! La llave para el crecimiento es tener raíces
bien profundas en la Palabra de Dios, y la forma en que puede tener estas raíces es
meditando en la Biblia con seriedad, pensando acerca de lo que lee en ella por unos minutos
y luego pensando en lo que eso significa en su vida. Eso es meditar, decir: “¿Cómo puedo
aplicar su Palabra a mi vida?” Cuando hace eso, él dice: “Es como el árbol plantado a la
orilla de un río que ... da fruto y sus hojas jamás se marchitan”. Usted no tiene una recaída.
Nos necesitamos unos a otros y necesitamos la Palabra de Dios para ayudarnos a
/
tendrás éxito en todo lo que hagas”. Éxito. ¿Le gustaría tener éxito en todo lo que hace?
Dios dice: “Simple, solo medita en la Palabra”. Ese hábito le ayudará a conocer lo correcto
que debe hacer y entonces todo le saldrá bien.
Como el pastor que vio a un miembro de su iglesia terriblemente preocupado y le
preguntó: “¿Qué ha pasado?” El hombre le respondió: “No lo va a creer, pero mi vida está
hecha pedazos”. Y le contó que había perdido todos sus ingresos; que por eso mismo su
esposa lo estaba dejando; sus hijos andaban en drogas; lo habían despedido del trabajo. Su
vida era un verdadero desastre. El pastor le dijo: “Si usted consigue una Biblia y medita en
ella, Dios dice que le hará tener éxito”. Este hombre creyó en esas palabras. El pastor
añadió: “Vaya y abra su Biblia, ponga su dedo en cualquiera parte de ella y haga lo que
dice”. Seis meses después, el pastor y el hombre se volvieron a encontrar. “¿Cómo le fue?”,
le preguntó. El hombre respondió: “Hice lo que usted me dijo. Abrí la Biblia, puse mi dedo
en ella y decía Capítulo 11”.
No sugiero que use esa técnica. El punto es que Dios dice: “Mi Palabra es la fórmula
para que triunfan en la vida”. Este es el manual para la vida y la vida se vuelve más fácil
cuando se siguen sus instrucciones.
¿Cómo meditamos en la Palabra de Dios? El Salmo 119:11 dice: “He guardado tus
palabras en mi corazón para no pecar contra ti”. El salmista dice: “Creo en tu Palabra, y
guardo tus palabras en mi corazón”. ¿Cómo? Memorizándola. Si piensa en la Palabra y
memoriza los principios y los pasajes claves, esto le guardará de pecar. Le alejará de una
recaída. ¿Quiere evitar la tentación? Piense en la Palabra de Dios. Medite en ella.
Si sabe cómo preocuparse, también sabrá cómo meditar. Preocuparse es simplemente
una meditación negativa. Es tomar un pensamiento negativo y pensar en él una y otra y otra
vez. Mejor tome un versículo de la Biblia y piense en eso una y otra y otra vez. A eso se le
llama meditación. Así que si usted sabe cómo preocuparse, sabrá cómo meditar.
3. Oración. Hay una tercera herramienta que Dios dice que será de ayuda para que
usted mantenga su recuperación. Es la oración. La oración puede hacer lo que Dios puede
hacer. Por cierto, es la forma en que la persona se conecta al poder de Dios. Usted dirá que
no puede hacerlo, pero Dios sí puede. ¿Cómo obtengo el poder de Dios? Por medio de la
oración. No mucha gente se da cuenta de que puede orar por cualquier necesidad en su
vida. Dios es un Padre de amor, quizás el Padre que usted nunca tuvo. Puede orar por una
necesidad financiera, por una necesidad física, por una necesidad relacional, por una
necesidad espiritual, por una necesidad emocional. El oirá cualquiera necesidad.
Hace una par de semanas, Chuck Swindoll y yo impartíamos un seminario juntos, y
mientras hablábamos, él contó que había recibido una carta de una señora que le decía que
tenía doce hijos pero que no se había casado sino hasta que tuvo treinta y un años. Que
nunca se había preocupado por casarse, que todo lo había dejado en las manos de Dios y
que había confiado su futuro a él. Pero también decía en su carta que cada noche colgaba
un par de pantalones de hombre al final de su cama, se arrodillaba y hacía esta oración:
“Padre celestial, escucha mi oración y contéstala si puedes. He colgado un par de
pantalones aquí, por favor llénalos con un hombre”. Chuck dijo que contó esa historia en
su iglesia y que vio a un hombre reír, pero su hijo adolescente sentado a su lado no se reía
para nada. Casi cuatro semanas después, recibió una carta de la mamá de ese muchacho,
diciendo: “Pastor Chuck, no sé si esto es serio o no, solamente me pregunto qué pensará
usted al respecto, porque cada noche cuando mi hijo va a su cama, pone un bikini al final
de esta. La oración puede hacer lo que Dios puede hacer.
Ahora, ¿cómo orar? Vea lo que Jesús dice en Mateo 68:13 (DHH): “Así es como deben
orar: Padre nuestro que estás en el cielo; que tu santo nombre sea honrado; que venga tu
reino; que tu voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo. Danos hoy el alimento que
necesitamos. Perdona nuestros pecados, como nosotros perdonamos lo que otros nos han
hecho. No nos lleves a ser tentados, sino guárdanos a salvo del enemigo”.
Quiero que vean un par de cosas acerca de la oración del Señor. Primero, quiero que
hagan un círculo en la palabra como. Noten que dice como deben orar. No dice lo que deben
orar. Dice como. Es decir, este un modelo. No es un ritual. La gente frecuentemente
pregunta por qué no hacemos esta oración todos los domingos. Porque un par de versículos
antes de esta oración, Jesús dice que no repitamos una oración ritual; es decir, que no
hagamos vanas repeticiones. Esta no fue una oración para ser usada como ritual, sino es un
modelo. Así es como deben orar. Ahora si se fijan bien, verán que esta oración cubre todos
los pasos de la recuperación. Padre nuestro que estás en el cielo; que tu santo nombre sea
honrado, está diciendo: “Reconozco que no soy Dios sino tú”. Esos son los Pasos 1 y 2.
Que venga tu reino; que tu voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo es el Paso 5.
Danos hoy el alimento que necesitamos es el Paso 3. Perdona nuestros pecados es el Paso
4. Como nosotros perdonamos lo que otros nos han hecho es el Paso
6. No nos lleves a ser tentados, sino guárdanos a salvo del enemigo se refiere a la recaída,
es decir, al Paso 7, que estamos viendo en este capítulo. Usted puede ver que la recupe-
ración es tan antigua como la oración del Señor. Jesucristo nos dio los principios por los
cuales encontrar una completa recuperación.
John McLaughlin nos comparte un ejemplo de cómo Dios le ha ayudado a mantener
su recuperación.
Quizás usted no tenga un problema de hábito como lo tenía John. Pero si tiene una
herida a la que se ha estado aferrando, o si tiene un complejo; si hay algo en su vida sobre
lo que dice: “No importa lo que haga, no puedo vencerlo”, la buena noticia es esta que
hemos venido diciendo: usted es importante para Jesucristo y él tiene el poder para
ayudarle. Usted puede hacer los cambios que quiere hacer con su ayuda, y él también desea
hacerlos si solamente cruza la línea y se lo permite. La elección es suya.
RECICLE SU DOLOR
El Camino a la Recuperación - Paso 8
R _____________ que no soy Dios; admito que soy incapaz de controlar mi ten
dencia a hacer lo malo y que mi vida es inmanejable.
E _____________ creo que Dios existe, que le importo, y que él tiene el poder
Cristo.
P _____________ Dios haga todo cambio que quiera hacer en mi vida, me some
to voluntariamente a él y le pido humildemente que remueva mis defectos de carácter.
“Dichosos los compasivos ... Dichosos los que trabajan por la paz”.
E _____________ todas mis relaciones; ofrezco perdón a los que me han daña-
do y hago enmiendas por el daño que he causado a otros excepto cuando al hacerlo pueda
dañarlos a ellos o a otros.
R _____________ un tiempo diario con Dios para una auto evaluación, lectura
de la Biblia y oración, para conocer a Dios y su voluntad para mi vida y obtener el poder
para hacerlo.
“Hoy les doy a elegir entre la bendición y la maldición: bendición, si obedecen los
mandamientos que yo, el Señor su Dios, hoy les mando obedecer”. Deuteronomio 11:26-
27 (NVI)
“Algunas veces tiene que suceder algo doloroso para cambiar nuestros caminos”.
Proverbios 20:30 (DHH)
“Me alegro; no por la tristeza que les causó, sino porque esa tristeza los hizo volverse
a Dios”. 2 Corintios 7:9 (DHH)
“Estábamos tan agobiados bajo tanta presión, que hasta perdimos la esperanza
de salir con vida ... Pero eso sucedió para que no confiáramos en nosotros mismos
sino en Dios ... El nos libró y ... seguirá librándonos”. 2 Corintios 1:810 (NVI)
“Me hizo bien haber sido humillado, pues así aprendí tus leyes”. Salmo 119:71 (DHH)
“Pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien”. Génesis 50:20 (NVI)
“Estén siempre preparados para responder a todo el que les pida razón de la esperanza
que hay en ustedes. Pero háganlo con gentileza y respeto”. 1 Pedro 3:15-16 (NVI)
“Si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo
con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado.
Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo”. Gálatas 6:1-2
(NVI)
1. _____________________________________ .
2. __________________________________ .
3. __________________________________ .
“Considero que mi vida carece de valor para mí mismo, con tal de que termine mi
carrera y lleve a cabo el servicio que me ha encomendado el Señor Jesús, que es el de dar
testimonio del evangelio de la gracia de Dios”. Hechos 20:24 (NVI)
RECICLE SU DOLOR
El Camino a la Recuperación - Parte 8
Mateo 5:3-12 y pasajes selectos de las Escrituras
Hace dos mil años Jesús subió a un monte, se sentó y predicó el más grande sermón
que se hubiera predicado. Se le llamó el Sermón del Monte. Comenzó ese famoso sermón
nunca antes dicho diciendo: “Quiero darles ocho pasos para la felicidad, ocho principios
que traerán felicidad a sus vidas”. Hoy, a esos ocho principios les llamamos las
Bienaventuranzas.
Hemos participado en una serie de ocho semanas que he llamado El Camino a la
Recuperación, en la que hemos estudiado el proceso de vencer esas heridas, esos hábitos y
esos complejos que han arruinado su vida. Al preparar esta serie me sorprendió la similitud
entre los pasos para la recuperación y las bienaventuranzas. Por cierto, cuando las observo,
descubro que las bienaventuranzas que Jesús dio hace dos mil años son simplemente un
resumen de los pasos hacia la recuperación, y al cerrar esta serie deseo que vean lo que ha
sido la base bíblica para todo lo que he estado compartiendo en las últimas ocho semanas.
“Dichosos los pobres en espíritu”. Ese es el Paso 1: “Reconozco que no soy Dios;
admito que soy incapaz de controlar mi tendencia a hacer lo malo y que mi vida es
inmanejable”. Dichosos los que saben que son espiritualmente pobres, los que saben que
no tienen el poder para hacer los cambios que Dios desea hacer en sus vidas.
“Dichosos los que lloran, porque serán consolados”. Usted no tiene el poder para
cambiar pero no se preocupe por eso, Dios le va a consolar. El le dará el poder. Paso 2: “En
forma sincera creo que Dios existe, que le importo, y que él tiene el poder para ayudarme
en mi recuperación”.
“Dichosos los de corazón limpio”. Paso 4: “Un autoexamen y confesión de mis faltas
a mí mismo, a Dios, y a alguien en quien confío”. Para tener una conciencia limpia, para
tener un corazón limpio, debo quitar la basura
“Dichosos los que tienen hambre y sed de justicia”. Esto es lo que significa el Paso 5:
"Para que Dios haga todo cambio que quiera hacer en mi vida, me someto voluntariamente
a él y le pido humildemente que remueva mis defectos de carácter”.
Luego vemos dos bienaventuranzas que se refieren a las relaciones: “Dichosos los
compasivos”, que se refiere a la actitud que debo tener con la gente que me ha dañado, y
“Dichosos los que trabajan por la paz”, que es la actitud que debo tener con la gente que he
dañado. Paso 6: Evalúo todas mis relaciones; ofrezco perdón a los que me han dañado y
hago enmiendas por el daño que he causado a otros excepto cuando al hacerlo pueda
dañarlos a ellos o a otros.
Finalmente vimos el Paso 7, al cual llamo el paso del “mantenimiento”. Este es el que
lo mantiene en los demás pasos. Para hacer eso: Reservo un tiempo diario con Dios para
una auto evaluación, lectura de la Biblia y oración, para conocer a Dios y su voluntad para
mi vida y obtener el poder para hacerlo.
Ahora, al concluir esta serie, deseo que veamos el último paso, la última letra de la
palabra R.E.C.U.P.E.R.A. Este significa rendición, entrega. Rindo mi vida a Dios para
que sea usada para llevar las buenas nuevas a otros tanto con mi ejemplo como con mis
/
palabras. Dios desea usar sus experiencias para ayudar a otras personas. El desea usarle.
Desea reciclar el dolor en su vida para el beneficio de otras personas. Usualmente pensamos
que Dios solamente usa a la gente realmente dotada y talentosa. Eso no es verdad. Dios usa
gente ordinaria. Usualmente pensamos: “Dios usa mi fuerza”. Pero Dios dice: “No, no
quiero usar tu fuerza; quiero usar tu debilidad”. Esto es así porque las personas no son
ayudadas por su fuerza; son ayudadas cuando usted es honesto con respecto a sus
debilidades. Cuando usted comparte su fuerza, los demás dicen: “Gran cosa, nunca tendré
eso”. Cuando usted comparte sus debilidades, los demás dicen: “Me identifico con eso”.
Al compartir sus heridas, hábitos y complejos, de los cuales se está recuperando, Dios desea
usarle. De eso se trata el Paso 8: AL RENDIR MI VIDA A DIOS, ÉL ME USA, Y LLEVO
LAS BUENAS NUEVAS A OTROS, TANTO CON MI EJEMPLO COMO CON MIS
PALABRAS. Cuando entiende eso, que Dios usa su debilidad y dolor, la vida toma un
nuevo significado. Pero cuando usted comienza a practicar este paso, entonces tiene una
recuperación genuina. La prueba de la recuperación está en que comienza a enfocarse fuera
de usted mismo. Eso significa que realmente se ha recuperado. Deja de ser tan auto
absorbente: mis necesidades, mis heridas, mis problemas, y comienza a decir: “¿Cómo
puedo ayudar a otras personas?” La prueba de la recuperación radica en que desea ayudar
a otros, no solamente permanecer enfocado en lo que le sucede a usted.
Al concluir, deseo hablar acerca de dos cosas: Primero, ¿por qué Dios permitió mi
dolor? Y segundo, ¿cómo usar mi dolor para ayudar a otros?
II. ¿POR QUÉ DIOS PERMITE MI DOLOR?
Habrían muchas razones, pero solamente vamos a mencionar cuatro:
1. Él nos ha dado un libre albedrío. Una elección. En Génesis se dice que fuimos
hechos a la imagen de Dios. ¿Cómo es usted igual a Dios? Dios nos dio una elección. Usted
puede elegir entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, la maldad y la vida. Dios
dice que usted puede rechazarlo o aceptarlo. Es su elección. ¿Por qué? Dios no quería un
montón de títeres. Él pudo haberlo hecho sin libre voluntad. Pudo haberlo hecho de forma
que todos los días se postrara tres veces y orara, que siempre hiciera lo correcto y nunca lo
incorrecto. Pero Dios quería personas que le amaran voluntariamente. Usted no puede decir
que ama a alguien al menos que tenga la oportunidad de no amarlo. No puede decir que es
bueno al menos que haya tenido la opción de no ser bueno, de ser malo. Así que Dios le ha
dado una voluntad libre y una libre elección.
Esa voluntad libre no solamente es una bendición sino también una carga, porque
algunas veces tomamos decisiones equivocadas y estas causan toda clase de consecuencias
dolorosas en nuestras vidas. Por lo tanto, es bueno que sea libre y pueda elegir, pero es
malo porque frecuentemente elige lo malo y eso causa dolor en su vida. Puede escoger usar
drogas. Si se vuelve adicto, es su culpa. Puede elegir ser un promiscuo sexual, si contrae
una enfermedad es su culpa. Dios dice: “Sí, no me gustaría que tuvieras este dolor, pero es
parte del paquete que viene con la libre voluntad”.
Dios no solamente le da un libre albedrío, sino que se lo da a todos. Algunas veces
alguien no hace lo correcto y usted es dañado como una víctima inocente. Hay personas
que han sido dañadas profundamente por un padre, un ex cónyuge, un maestro, un amigo,
un pariente. Dios pudo haber evitado que recibiera esa herida. Todo lo que hubiera tenido
que hacer era quitarle el libre albedrío a esa persona para que no hiciera lo incorrecto. Pero
si él hubiera hecho eso, para ser justo, tendría que haberle quitado a usted también su libre
albedrío. ¿Ve el dilema? El problema es que al tener una voluntad libre somos bendecidos,
pero también tenemos una responsabilidad. Y Dios dice: “No voy a pasar por sobre tu
voluntad”. Dios no envía a nadie al infierno; usted elige ir allí al rechazar todo lo que él
ofrece. El dice: “Te amo, quiero que seas parte de mi familia”. Pero si usted dice: “Olvídalo
Dios”, levanta su nariz y abre la puerta y sale, no puede culpar a nadie más que a usted
mismo. Tenemos libre albedrío.
2. Él usa el dolor para atraer nuestra atención. Dios emplea el dolor para atraer nues-
tra atención. El dolor es una luz de advertencia, una alarma, un timbre. Dice: “Es tiempo,
algo está mal”. El problema no es su dolor. Su depresión, su ansiedad, su temor no son
realmente su problema. Esos sentimientos son una luz de advertencia que dicen que hay
algo más que es en verdad su problema. Son sencillamente un síntoma del mismo. El dolor
no hace otra cosa que decir que algo está mal en su vida. El dolor es el megáfono de Dios.
Dios nos susurra durante nuestro gozo pero nos grita en nuestro dolor. ¡Despierta! Algo
está mal. Proverbios 20:30 dice: “Algunas veces tiene que suceder algo doloroso para
cambiar nuestros caminos”. No cambiamos cuando vemos la luz pero sí cuando sentimos
el calor.
Hace unos años tuve un par de zapatos que me encantaban. Eran de gamuza y eran
realmente suaves y finos. Me encantaban. Siempre me los ponía por lo cómodos que eran.
Pero luego de un tiempo, la suela se llenó de huecos. Todavía se veían bien por la parte de
arriba, así que de todas formas me los ponía, solo tenía que asegurarme de tener mis pies
sobre el piso cuando me sentaba en la plataforma en la iglesia. No quería comprar zapatos
nuevos hasta que hubo siete días seguidos de lluvia y tuve que andar con los calcetines
empapados por varios días. Así es que decidí: “Debo cambiar de zapatos”. Algunas veces
tiene que ser el dolor el que nos lleve adelante. Pablo dice en 2 Corintios 7:9: “Me alegro;
no por la tristeza que les causó, sino porque esa tristeza los hizo volverse a Dios”. El dolor
obtuvo su atención.
Tengo un primo que en el bachillerato era considerado como la persona con mayores
oportunidades de tener éxito. Era un muchacho brillante en el colegio, vivía en Texas, y su
papá era millonario. Tenía todo al alcance de su mano, era el muchacho más popular en la
ciudad. Creció y llegó a ser un golfista semiprofesional, un gran hombre de negocios. Lo
llamaban el señor Carisma. Pero cayó en la cocaína. Luego comenzó a traficar cocaína. Fue
enviado a la Penitenciaría Federal. Mientras estaba allí le entregó su vida a Cristo, y después
que salió de esa prisión, comenzó un ministerio llamado Ministerio Éxodo, el cual se dedica
a ayudar a los ex convictos a reinser-
/
tarse por sí mismos en la sociedad. El dijo: “Lo más grande que me ha sucedido fue haber
estado en prisión”. Dios usa los problemas y usa el dolor para atraer nuestra atención.
¿Recuerda la historia de Jonás? Jonás iba por un camino y Dios dijo: “Quiero que
vayas por este otro”. Así que él proveyó un peculiar crucero del Mar Mediterráneo para
Jonás. Y en el fondo del océano Jonás dijo: “Al sentir que se me iba la vida, me acordé del
Señor” (Jonás 12:7). ¿No es ese un gran versículo? Dios usa el dolor para atraer nuestra
atención.
1. Sea humilde. Todos estamos en el mismo bote. Todos somos compañeros de lucha.
Cuando comparte su historia, cuando testifica, es básicamente un mendigo diciéndole a
otro mendigo dónde encontrar pan. Usted no está diciendo: “Todo está bajo control”,
porque no es así. Está tratando de tener todo en orden, que es diferente a tener todo bajo
control. Usted está en el camino a la recuperación. Y al estar tratando de tener todo en
orden, sea humilde y diga: “Todos estamos juntos en esto; esto es lo que me pasó a mí”.
2. Sea auténtico. Sea honesto con respecto a sus heridas y fallas. Hemos visto la
autenticidad en los testimonios que se nos han compartido en esta serie. Al hablar y abrir
sus corazones, han demostrado ser trasparentes, vulnerables y auténticos. ¿Se da cuenta del
valor que necesitaron para poder compartir problemas reales y verdaderas soluciones sin
sentirse mal o culpables? En esta iglesia estamos comprometidos a mantener esa atmósfera
de aceptación. Usted ayuda a otros siendo honesto con respecto a sus heridas. Eso les ayuda
a ellos para ser francos. Otro aspecto asombroso es que cuando usted comparte su historia,
esto le da esperanza a ellos y sanidad a usted. Cada vez que comparte su historia con
alguien, se hace un poco más fuerte. Es sanado un poco más. Comienza a crecer. Las
personas se unen al programa Celebremos la Recuperación por el dolor que tienen, pero se
quedan en el programa por su crecimiento. Esto les mantiene creciendo en sus vidas.
entromete donde no le piden que lo haga. El me amaba tanto como para permitirme hacer
cosas, protegerme, dejar que tomara mis propias decisiones y cometer mis propios errores,
sabiendo que cuando finalmente usara todos mis recursos volvería al hogar, a él, a donde
realmente pertenecía. Todo era su plan.
Estaba listo para el Paso 2: “En forma sincera creo que Dios existe, que le importo, y
que él tiene el poder para ayudarme en mi recuperación”. Fue aquí donde comencé a
encontrar esperanza. Finalmente entendí el amor incondicional de Dios. Hoy, mi vida con
Cristo es una esperanza sin fin. Ayer, mi vida sin él era un fin sin esperanza.
Pensaba que los primeros tres pasos eran difíciles. Ahora venía el Paso 4: “Un
autoexamen y confesión de mis faltas a mí mismo, a Dios, y a alguien en quien confío”.
Encontré un mentor en la recuperación, un mentor que amablemente me guió a través de
los pasos y en el camino a la recuperación. Fue luego de dar este paso, luego de confesar
que era capaz de afrontar la verdad y aceptar el perdón de Cristo para mi vida, que salí de
la oscuridad de mis pecados y mis secretos hacia su maravillosa vida. Ahora estaba
finalmente dispuesto a permitir que Dios me cambiara.
Paso 5: “Para que Dios haga todo cambio que quiera hacer en mi vida, me someto
voluntariamente a él y le pido humildemente que remueva mis defectos de carácter”. Tuve
que soltarla y permitir que Dios obrara. Lo que cambió en mi vida no fue mucho, sino todo.
Tuve que permitir que Dios transformara la naturaleza, la condición y la identidad de mi
mente. Tuve que aprender a regocijarme en un progreso pausado, en mejoras lentas, que
algunas veces no podía ver por mí mismo, pero que otros podían ver en mí. Fue durante ese
tiempo que Dio me dio esta definición de humildad: “Mi gracia es todo lo que necesitas,
porque mi poder es más fuerte cuando tú eres débil”. Desde entonces, soy mucho más feliz
en mi debilidad porque cuando soy débil entonces soy fuerte.
Ahora mi paso favorito, el Paso 6: “Evalúo todas mis relaciones; ofrezco perdón a los
que me han dañado y hago enmiendas por el daño que he causado a otros excepto cuando
al hacerlo pueda dañarlos a ellos o a otros”. Hago esto siempre que sea posible sin esperar
nada a cambio. Dije que este era mi paso favorito aunque no ha sido el más fácil. Las
enmiendas más especiales que hice fueron hacia mi esposa Cerril. Simplemente le dije que
sentía mucho todo el dolor y el daño que le había causado en su vida y que si había algo
que podía hacer, que solo me lo pidiera. Luego de meses de nuestra separación, Cerril había
comenzado a ver los cambios que Dios estaba haciendo en mi vida, cambios que ocurrían
al seguir el programa de recuperación. Tuve que recordar y tratar con ese muchacho de
dieciséis años de la secundaria con esa baja autoestima que intentó deshacerse de todos sus
problemas con el alcohol. Y aquí es donde viene lo interesante. Cerril y los niños habían
comenzado a asistir a Saddleback. Una noche, estaba visitando a los niños y ellos me
pidieron acompañarles un domingo por la mañana. Para su sorpresa, dije que sí. Fuimos,
entramos, escuché la música, escuché el mensaje de Rick. Y me sentí en casa.
Cerril y yo comenzamos a trabajar con sinceridad en nuestros problemas. Por primera
vez en mucho tiempo comenzamos a trabajar juntos. Cinco meses después, Dios abrió
nuestros corazones y renovamos nuestros votos. ¿No es eso algo que solo viene de Dios?
El próximo paso fue el Paso 7: “Reserve un tiempo diario con Dios para una auto
evaluación, lectura de la Biblia y oración, para conocer a Dios y su voluntad para mi vida
y obtener el poder para hacerlo”. Como familia, participamos en la clase 101, nos
bautizamos, luego recibimos la clase 201, y fue en la clase 301 que por último entendí lo
que el pastor Rick quería significar al decir que Dios nunca desperdicia una herida.
Finalmente tenía sentido todo el dolor, todo el pesar de mi adicción. Dios me había
moldeado y ahora me iba a guiar para desarrollar un programa centrado en Cristo, no
solamente para alcohólicos, sino para toda la familia de la iglesia, para cualquiera que
deseara afrontar sus heridas, sus complejos y sus hábitos. Luego de veinte años, finalmente
fui capaz de responder al llamado de Dios. Entré al seminario y me entregué a servir a Dios
donde fuera que él decidiera.
¡Qué bendición ser llamado a servir a Dios en Saddleback!
Oro que pueda ser capaz de pasar el resto de mi vida practicando el Paso 8: “Al rendir
mi vida a Dios, él me usa, y llevo las buenas nuevas a otros, tanto con mi ejemplo como
con mis palabras”. Como dijo el pastor Rick, en esta serie hemos podido ver a once personas
valientes, cariñosas, compartir sus vidas con usted. Eso es lo que significa este paso. Ellos
son algunas de las personas que están trabajando los pasos de Celebremos la Recuperación
cada día, especialmente los viernes por la noche. Los líderes, los mentores, los compañeros
de rendición de cuentas, la banda, todos estamos allí los viernes por la noche.
2. Escriba su historia. Dedique algo de tiempo para sentarse y meditar en lo que Dios
ha hecho en su vida, en lo bueno, lo malo y lo feo, y en cómo él puede usar eso para ayudar
a otros.
4. Pídale a Dios que le dé a alguien para compartir su historia, alguien a quien pueda
contar las buenas nuevas de cómo Dios puede hacer la diferencia en la vida de una persona.
El mundo está lleno de gente que necesita su historia, y si no la cuenta, ¿dónde la van a
escuchar? Usted es la única Biblia que algunas personas van a poder leer. Quizás no podrán
ser alcanzados por esta iglesia, ni nunca me escucharán a mí, pero usted tiene una historia
que puede alcanzarles, con la que ellos se pueden identificar. Dios desea usarle. No
necesitamos más evangelistas en la televisión, ya tenemos muchos. Es por eso que la iglesia
nunca va a estar en la televisión. Lo que deseamos es que comparta su historia con gente
normal, porque usted puede alcanzar lo que yo nunca alcanzaría, porque su experiencia es
diferente a la mía. ¿Por qué Dios no se lo lleva inmediatamente que usted haya cruzado la
línea y se haya transformado en un creyente? Hay dos cosas que no puede hacer en el cielo.
Usted puede orar en el cielo, cantar, dormir, comer, descansar, divertirse, tener
compañerismo con otros cristianos, leer su Biblia. Pero hay solamente dos cosas que no
puede hacer. Una de ellas es pecar. Es un lugar perfecto. La otra es compartir las buenas
nuevas con personas que nunca las hayan escuchado. ¿Por cuál de esas dos razones cree
usted que Dios le deja en la tierra? En el momento en que usted cruza la línea, se vuelve un
mensajero, un misionero. Es llamado a cumplir la Gran Comisión. Es parte de su trabajo.
Si dice ser un creyente debe compartir las buenas nuevas con otros. El mundo está mucho
más listo para recibir que lo que nosotros estamos para compartir, y hay personas que
necesitan escuchar su historia. Para contarla, no tiene que ser un experto bíblico. Solo tiene
que decir: “Esto es lo que me pasó a mí”. Esa es la historia más poderosa. Si no sabe dónde
se encuentran todos los versículos que quiere utilizar, no se preocupe. No importa dónde
están todos los versículos. Esto es lo que me pasó a mí. Nadie puede refutar nuestra
experiencia personal. Hechos 20:24 dice: “Considero que mi vida carece de valor para mí
mismo, con tal de que termine mi carrera y lleve a cabo el servicio que me ha encomendado
el Señor Jesús, que es el de dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios”. ¿Cuál es ese
servicio? Es contarles a otros las buenas nuevas con respecto al poderoso amor y la bondad
de Dios. No hay mayor logro en la vida que ayudar a que alguien encuentre seguridad en
el cielo. Porque cuando usted hace eso, ha hecho un amigo para la eternidad. Cuando llegue
al cielo, Dios le va a decir: “Es fabuloso que estés aquí. ¿Trajiste a alguien contigo?” Usted
hace un amigo para la eternidad cuando comparte a Cristo. No hay mayor logro que
asegurar la eternidad de alguien. No hay gozo más grande, no hay mayor satisfacción que
ayudar a alguien a encontrar las buenas nuevas. Dios quiere usarle. Comparta su historia. /
El le hizo con un propósito. ¿Puede imaginarse lo que sería llegar al cielo dentro de muchos
años y que alguien se dirija a usted allí y le diga: “Solo quiero agradecerle”?
“¿Agradecerme? Ni siquiera le conozco”. “No, pero usted fue uno de los pioneros en la
iglesia Saddleback, antes que ellos tuvieran el edificio. Usted llegaba y oraba, y se unió a
la iglesia y les ayudó con sus dones, su tiempo y sus ofrendas. Usted se sentó en esa carpa
cuando estaba haciendo mucho frío en el invierno y calor en el verano, y trabajó y se
sacrificó para construir un faro en el sur de California que pudiera compartir esas buenas
nuevas. Y cincuenta años después que usted murió, esa iglesia me alcanzó para Jesucristo.
Yo estoy en el cielo por usted y solamente quiero agradecerle”. ¿Cree que eso valga la
pena? No me disculpo de ninguna manera por decir que quizás la cosa más significativa
que usted puede hacer con su vida es en primer lugar dársela a Cristo, llegar a ser parte de
la familia de Saddleback, involucrarse en un ministerio y comenzar a compartir su historia.
Eso sobrevivirá más que cualquier cosa que haga en su carrera, perdurará más que cualquier
cosa que haga en su tiempo libre, porque lo que estamos hablando aquí tiene implicaciones
eternas, se trata de llevar a la gente de la oscuridad a la luz, del infierno al cielo, de una
eternidad sin Dios a una eternidad con Dios, y las personas se lo agradecerán el resto de la
eternidad. No hay una causa con más significado en la vida.
Le desafío a dar este octavo paso conmigo y a que entregue su vida para que sea usada
por Dios para llevar las buenas nuevas a otras personas, con su ejemplo y con sus palabras.