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Fabulas

Este documento contiene resúmenes de varias fábulas en 3 oraciones o menos cada una. Entre ellas se encuentran las fábulas de la zorra sin cola, la reina de las aves, la liebre y la tortuga, el lobo orgulloso, el pájaro y el niño, el león y el mosquito, y otras más. Cada resumen captura la moraleja o enseñanza principal de cada fábula de manera concisa.

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Fabulas

Este documento contiene resúmenes de varias fábulas en 3 oraciones o menos cada una. Entre ellas se encuentran las fábulas de la zorra sin cola, la reina de las aves, la liebre y la tortuga, el lobo orgulloso, el pájaro y el niño, el león y el mosquito, y otras más. Cada resumen captura la moraleja o enseñanza principal de cada fábula de manera concisa.

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Fabula la Zorra sin Cola

Una zorra había perdido su cola por una trampa, y se encontraba muy avergonzada al respecto.
Para dejar de sentirse así, decidió que la mejor opción era aconsejarle a sus amigas zorras que
debían cortare la cola, y así poder disimular su defecto personal con la igualdad general.

Así entonces reunió a todas sus amigas y les dijo: "La cola es solo un feo agregado y solo estorba,
es una carga sin razón. Deberían cortársela como yo". Una de las compañeras le respondió:

"Hermana, si no tuvieras esa condición ahora, ¿aún así nos darías este consejo?"

Moraleja: Ten cuidado con esos consejos que en realidad están buscando su beneficio propio con
ese consejo, y no tu bienestar.

Fabula la Reina de las Aves


Por siempre, la corona de belleza la habían ganado las gallinas. Cada año, una rozagante y
pechugona gallina era elegida reina de las aves. Pero los tiempos cambian y en esta oportunidad,
el título le correspondió a una joven y espigada garza.

Las gallinas no se dieron por vencidas. Su estrategia: Los aeróbicos, el maíz light, la liposucción y
otras técnicas no menos audaces y eficaces. Recuperaron el centro y la corona, pero perdieron en
competitividad y mercadeo. Ahora solo ponían medio huevo.

Moraleja: Muchas veces nos preocupamos mas por las cosas vanidosas de la vida, como la
belleza física, que por las virtudes que realmente importan: la inteligencia, el amor,
responsabilidad, etc.

Fabula la Liebre y la Tortuga


Un día estaban la liebre y la tortuga discutiendo acerca de cual de los dos era mas veloz. Luego
de mucho discutir, decidieron que la mejor manera de resolverlo era participando de una carrera.
El día de la carrera, la liebre confiada por su gran velocidad, no se apuro por ir muy rápido, sino que
se acostó a un lado del camino hasta que se quedó dormida. La tortuga, sin embargo, sabía que
era mucho mas lenta, así que corrió sin cansancio hasta llevarle mucha ventaja a la liebre.

La tortuga ganó la carrera y la liebre no pudo hacer nada.

Moraleja: Al final, el trabajo duro y la disciplina siempre termina venciendo los talentos y dones
naturales.

Fabula el Lobo Orgulloso


Estaba un lobo caminando casi a la hora del atardecer, cuando se percató de lo grande y alargada
que se veía su sombra, que se dijo hacia el mismo:

"Yo siendo tan grande, ¿como me va asustar un león? ¡Con esta talla, estoy seguro que será
muy fácil convertirme en el rey de todos los animales!".

Mientras hablaba y mostraba su orgullo, un enorme león cayó sobre el y lo comenzó a devorar.
El lobo, a punto de morir, se dijo:

"Llegó esta desgracia a mi por ser tan orgulloso".

Moraleja: No tomes en cuenta el valor de tus virtudes solamente con la apariencia que ves con tus
propios ojos.

Fabula el Pájaro y el Niño


A un niño de un pueblo le regalaron un pequeño pájaro. Al recibirlo, el niño le ató una pata a un
hilo, y lo mantenía agarrado. Luego lo lanzó para que volara, pero el animal se quedaba quieto. El
niño le dijo:

- Animal torpe, te doy permiso y espacio para que extiendas tus alas y vueles, pero tu te quedas
totalmente quieto. No sabes gozar de tu libertad.

El pájaro, molesto, le contesto:

- No soy torpe, solo soy astuto. Esa libertad que me das es solo apariencia, y ese bien pronto se
tornará en un mal. Apenas intente volar, tu me jalarás por el hilo atado a mi pata.

Moraleja: No hay peor esclavitud que una en la que se crea que se es libre, cuando no lo es.
Fabula el León y el Mosquito
Erase una vez un león, se encontraba muy tranquilo en la selva, cuando un mosquito muy grande
decidió hacerle la vida imposible.

"¡No creas que por ser más grande que yo te tengo miedo!", dijo el mosquito desafiando al león,
conocido como el rey de la selva.

Luego de esas palabras, el mosquito ni corto ni perezoso, empezó a zumbar le la cabeza al león
volando de un lado a otro, mientras que el león buscaba el mosquito como loco.

El león rugía de la rabia ante el atrevimiento del mosquito y a pesar de sus intentos por matarlo, el
mosquito lo picaba en diferentes partes del cuerpo, hasta que el león demasiado cansado se
derrumbó en el suelo.

El mosquito sintiéndose victorioso, retomó el camino por donde vino. En poco tiempo el mosquito se
tropezó con una tela de araña y vencido se vio también.

Moraleja: No existen nunca peligros pequeños, ni tropiezos insignificantes.

Fabula el Pájaro y el Niño


A un niño de un pueblo le regalaron un pequeño pájaro. Al recibirlo, el niño le ató una pata a un
hilo, y lo mantenía agarrado. Luego lo lanzó para que volara, pero el animal se quedaba quieto. El
niño le dijo:

- Animal torpe, te doy permiso y espacio para que extiendas tus alas y vueles, pero tu te quedas
totalmente quieto. No sabes gozar de tu libertad.

El pájaro, molesto, le contesto:

- No soy torpe, solo soy astuto. Esa libertad que me das es solo apariencia, y ese bien pronto se
tornará en un mal. Apenas intente volar, tu me jalarás por el hilo atado a mi pata.

Moraleja: No hay peor esclavitud que una en la que se crea que se es libre, cuando no lo es.
Fabula la Zorra y la Liebre
Un día la liebre con mucha curiosidad se le acercó a una zorra y le preguntó: "¿Es verdad todo lo
que dicen de que tienes muchas ganancias y de que te llaman triunfadora?".

La zorra le respondió: "Si quieres saber, te invito a cenar a mi hogar. Te espero esta noche allá
y te mostraré." La liebre ansiosa por saber, aceptó. En la noche se presentó en la casa de la zorra,
y para su sorpresa, no había mas nada para la cena que ella misma. En ese momento la liebre
pensó:

"Ahora comprendo de donde viene tu nombre: No es por tus esfuerzos y trabajos, sino gracias
a tus engaños".

Moraleja: No aprendas de los tramposos ni tomes sus lecciones, pues tu serás la victima y fuente
de la lección.

Fabula la Zorra y las Uvas


Estaba una zorra que llevaba ya varias semanas sin comer, y había tenido muy mala suerte. Le
robaban sus presas y el único gallinero que se encontraba cerca era custodiado por un enorme
perro guardián, que permanecía siempre atento y el amo aparecía rápidamente con la escopeta.

Ya estaba casi agonizando, cuando vio algunas parras silvestres que estaba en unos ramos un
poco altos, y abajo de ellas se encontraban varias piedras. Entonces la zorra se puso a brincar para
intentar alcanzar las ramas, pero estaba tan débil que sus brincos no eran suficientes. Se dijo así
mismo:

"No perderé mi tiempo y esfuerzo por esas parras, ni las quiero, están muy maduras".

Las ramas no estaban tan altas, la zorra tan solo tenía que empinarse sobre las piedras y hubiera
podido alcanzar las parras. El hambre tal vez hizo que no pudiera pensar bien y usar su astucia.

Moraleja: Siempre hay que esforzarse por lo que queremos, pero hay que antes planear y pensar
la forma como vamos a obtener lo que queremos.
Fabula la Zorra, el Oso y el León
Un feroz León y un enorme Oso se encontraron al mismo tiempo un ciervo. Para decidir cual de los
dos se quedaba con la presa, decidieron tener un combate, el que ganara se la llevaba. Mientras
peleaban fuertemente, y sin ellos darse cuenta, pasó una astuta zorra.

La Zorra, al verlos pelear y darse cuenta que estaba muy exhaustos, aprovechó la situación y se
llevó el ciervo. Corrió muy lejos, mientras el León y el Oso solo pudieron ver como se iba, pues
estaban muy cansados para correr tras de ella.

Entre ellos se murmuraron: "¡Que desdicha! Tanto esfuerzo y lucha para que la presa se la
quedara la Zorra."

Moraleja: Muchas veces, por el egoísmo al no querer compartir, terminamos perdiendo


todo.

Fabula la Zorra y el Perro


Una zorra entró a un rebaño lleno de corderos y se acercó a un pequeño cordero. Lo acercó a su
pecho y fingió acariciarlo. El perro, que cuidaba el rebaño, se dio cuenta de lo que sucedía y le
dijo a la zorra:

- ¿Que crees que estás haciendo?


- Solo lo acaricio y juego un poco con el -le dijo la zorra, fingiendo cara de inocencia-.
- Pues si no quieres conocer mis caricias, ¡entonces suéltalo! -le respondió el perro-.

Moraleja: Al que no está preparado, sus actos le delatan.

Fabula el Hombre y la Zorra


Un hombre, agricultor, estaba muy enojado con una zorra. El hombre la odiaba porque la zorra le
ocasionaba muchos daños en sus cosechas, y cada día hacía lo posible por atraparla.
Llegó el día en que el hombre pudo atraparla, y con mucha ira, decidió tomar venganza de la zorra.
Así que tomó su cola, le ató un pedazo de tela grueso empapado en aceite, y le prendió fuego. La
zorra, en su desesperación mientras se quemaba, trato de huir y terminó en los campos del insensato
hombre. Al seguirla, solo pudo ver con lagrimas, como toda su cosecha se perdía por el fuego.

Moraleja: La venganza, el resentimiento y el odio son sentimientos que causan mas daño a quien
los siente, que a quien los causa. Aprende a perdonar.

Fabula el Pájaro y el Niño


A un niño de un pueblo le regalaron un pequeño pájaro. Al recibirlo, el niño le ató una pata a un
hilo, y lo mantenía agarrado. Luego lo lanzó para que volara, pero el animal se quedaba quieto. El
niño le dijo:

- Animal torpe, te doy permiso y espacio para que extiendas tus alas y vueles, pero tu te quedas
totalmente quieto. No sabes gozar de tu libertad.

El pájaro, molesto, le contesto:

- No soy torpe, solo soy astuto. Esa libertad que me das es solo apariencia, y ese bien pronto se
tornará en un mal. Apenas intente volar, tu me jalarás por el hilo atado a mi pata.

Moraleja: No hay peor esclavitud que una en la que se crea que se es libre, cuando no lo es.

Fabula el Pastor mentiroso


Estaba un pastor de ovejas junto con su rebaño, el cual comenzó a gritar con todas sus fuerzas:
"¡Auxilio! ¡Auxilio! El lobo viene por mis ovejas". El pueblo, dejando a un lado todos sus
quehaceres, acuden al llamado del joven, para darse cuenta que no es mas que una chanza pesada.
El joven vuelve a hacerlo una segunda vez, y temiendo el pueblo, volvió. Sin embargo, nuevamente
no era mas que una burla. Luego gritó de nuevo, siendo esta vez verdad que el lobo estaba atacando,
sin embargo el pueblo no creyó en sus gritos, por lo que la fiera terminó devorándose el rebaño.

Moraleja: Mentimos y mentimos, y perdemos la confianza que los demás tienen en nosotros.
Cuando digamos la verdad, no nos creerán.

Fabula el Conejo Temeroso


Estaba un conejo en su agujero, pensando y meditando sobre su vida: Todo el tiempo tenía miedo,
cualquier sombra o sonido lo asustaba. Todo el tiempo se encontraba nervioso, pensando en que
algo malo en cualquier momento le iba a pasar.

"De seguro algún sabio me diría: "¡Corrige tu problema!", pero, ¿como corrijo el miedo? Hasta
los humanos llegan a tener tanto miedo como yo"

Mientras caminaba fuera de su madriguera, escucho un pequeño ruido. Caminando de nuevo a su


madriguera, vio como al pasar por una charca, las ranas se iban alejando y escondiendo de el.
Pensó, que el también causaba el mismo miedo que sentía. ¿Como puedo causar ese miedo en
otros animales, siendo que yo también tengo ese miedo?

Moraleja: Todos sufren o han sufrido alguna vez de miedo. Es normal en cualquier persona. Lo
que nos diferencia, es en saberlo controlar y no permitir que detenga tu vida.

Fabula Respeto a los Mayores


Esta era una pareja de casados bastante joven todavía. El hombre tenía 38 años y la mujer 36, y
juntos tenían un pequeño niño de 6 años. Junto con ellos, vivía una anciana de unos 80 años, que
era la mama del hombre.

Todos vivían en calma casi todo el día, a excepción de la hora del almuerzo o cena, pues la anciana
tropezaba mucho con las cosas, y en algunas ocasiones derramaba las copas y ensuciaba el mantel.
Ya la mujer cansada, le pidió a su esposo que comprara una mesa para que ella comiera aparte de
ellos. La abuela empezó a comer sola, sin molestarlos ni ensuciar el mantel.

Luego de un tiempo, el padre encontró a su hijo con varios pedazos de madera, algunos clavos y un
martillo. Intrigado, llamó a su hijo y le preguntó que pasaba. El niño le dijo: "Trato de construir una
mesa para cuando tú y mi mama sean de la misma edad que mi abuela".

Moraleja: Respeta a tus padres, incluso cuando ya estén un poco mayores. De la misma manera
que los trates tu, te tratarán tus hijos en esas circunstancias. ¡Eres su ejemplo!
Fábula corta: El fracaso de los tres bueyes

Érase una vez tres bueyes que pastaban juntos y que siempre permanecían muy
juntos. Durante varios días un león se mantuvo observándolos con el propósito de
devorarlo pero siempre sentía un poco de miedo porque al nunca separarse los tres
bueyes, lo ponía en desventaja si llegaba a luchar en contra de los tres.

Muy inteligente el león creo una estrategia basada en mentiras y patrañas con el
objetivo de lograr destruir esa unión entre los tres bueyes. Una vez que logró su
objetivo pudo separarlos y así comerse a cada uno de forma independiente.

Moraleja: Nunca permitas que nadie destruya la unidad que tengas con tus amigos
y familia porque solo de ese modo serás más fácil de hacer daño.

Fabula el Perro y el Reflejo


Había una vez un perro, que estaba cruzando un lago. Al hacerlo, llevaba una presa bastante grande
en su boca. Mientras lo cruzaba, se vio a si mismo en el reflejo del agua. Creyendo que era otro
perro y viendo el enorme trozo de carne que llevaba, se lanzó a arrebatársela.

Decepcionado quedó cuando, por buscar quitarle la presa al reflejo, perdió la que el ya tenía. Y peor
aún, no pudo obtener la que deseaba.

Moraleja: El que envidia lo de los demás, pierde lo que tiene con justicia.

Fabula la Hormiga y la Paloma


En un día caluroso una Hormiga buscaba algo de agua, después de tanto buscar llegó hasta un
manantial. Para llegar hasta el manantial debió trepar una larga hoja, mientras trepaba resbaló y
cayó al agua. Una Paloma que se encontraba sobre un árbol desprendió una hoja y se la arrojó a la
corriente. La Hormiga subió a la hoja y así flotó a salvo hasta la orilla.
Mientras un cazador de la zona apuntaba a la paloma tratando de cazarla, imaginando lo que
estaba por hacer, la Hormiga se apuró a picarlo en el talón. Al sentir el dolor, el cazador soltó el arma
y entonces la Paloma aprovechó para alzar vuelo y salvarse.

Moraleja: Siempre hay que corresponder en la mejor forma a los favores que recibimos. Debemos
ser siempre agradecidos.

Pagar mal con bien


Había una vez un hombre que por falta de dinero entro a robar a la casa de su vecino, luego de
entrar el vecino se dio cuenta que le estaban robando y se dio cuenta que era su amigo de al lado
y entonces le dijo: "Amigo, no sabía que estuvieras en tanta necesidad como para hacer eso, no
tengo mucho, pero por favor dime qué puedo hacer por ti, tratare de hacer lo mas que pueda".

CUENTOS
Sara y Lucía, un cuento sobre la sinceridad

Entonces Sara se sintió ofendida y se marchó llorando de la tienda, dejando allí a su amiga.
Lucía se quedó muy triste y apenada por la reacción de su amiga.

No entendía su enfado ya que ella sólo le había dicho la verdad.


Al llegar a casa, Sara le contó a su madre lo sucedido y su madre le hizo ver que su amiga
sólo había sido sincera con ella y no tenía que molestarse por ello.
Sara reflexionó y se dio cuenta de que su madre tenía razón.
Al día siguiente fue corriendo a disculparse con Lucía, que la perdonó de inmediato con
una gran sonrisa.

Desde entonces, las dos amigas entendieron que la verdadera amistad se basa en la
sinceridad.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado, y el que se enfade se quedará sentado.

FIN

El Árbol Mágico

Hace mucho mucho tiempo, un niño paseaba por un prado en cuyo centro
encontró un árbol con un cartel que decía: soy un árbol encantado, si dices
las palabras mágicas, lo verás.
El niño trató de acertar el hechizo, y probó con abracadabra, súper
califragilistico espalados, tan-ta-ta-chán, y muchas otras, pero nada.
Rendido, se tiró suplicante, diciendo: "¡¡por favor, arbolito!!", y entonces, se
abrió una gran puerta en el árbol. Todo estaba oscuro, menos un cartel que
decía: "sigue haciendo magia". Entonces el niño dijo "¡¡Gracias, arbolito!!", y
se encendió dentro del árbol una luz que alumbraba un camino hacia
una gran montaña de juguetes y chocolate.
El niño pudo llevar a todos sus amigos a aquel árbol y tener la mejor
fiesta del mundo, y por eso se dice siempre que "por favor" y
"gracias", son las palabras mágicas

El Cerdo Vinicio so

Esta es la historia de un cedro presumido y tonto, que se jactaba a diario de su hermosura. El


cedro vivía en el medio de un jardín, rodeado de otros árboles más pequeños, y para nada tan
bellos como él. ¡Soy en verdad, algo digno de contemplar, y no hay nadie en este jardín que
supere mi encanto! – repetía el cedro en las mañanas, en las tardes y en las noches.

Al llegar la primavera, los árboles comenzaron a dar hermosas frutas. Deliciosas manzanas
tuvo el manzano, relucientes cerezas aportó el cerezo, y el peral brindó gordas y jugosas
peras.
Mientras tanto, el cedro, que no podía dar frutos, se lamentaba angustiado: “Mi belleza no
estará completa hasta que mis ramas no tengan frutos hermosos como yo”. Entonces, se
dedicó a observar a los demás árboles y a imitarlos en todo lo que hicieran para tener frutos.
Finalmente, el cedro tuvo lo que pidió, y en lo alto de sus ramas, asomó un precioso fruto.

“Le daré de comer día y noche para que sea el más grande y hermoso de todos los frutos”
exclamaba el cerro orgulloso de su creación. Sin embargo, de tanto que llegó a crecer aquel
fruto, no hizo más que torcer poco a poco la copa de aquel cedro. Con el paso de los días, el
fruto maduró y se hizo más pesado cada vez, hasta que el cedro no pudo sostenerlo y su copa
terminó completamente quebrada y arruinada.

Algunas personas son como los cedros, que su ambición es tan grande que les lleva a perder
todo cuanto tuvieron, pues no hay nada tan fatal como la vanidad, y debemos evitar ser
engreídos con las personas que nos rodean.

El Leñador Honrado

Érase una vez, un leñador humilde y bueno, que después de trabajar todo el día en el campo,
regresaba a casa a reunirse con los suyos. Por el camino, se dispuso a cruzar un puente
pequeño, cuando de repente, se cayó su hacha en el río.

“¿Cómo haré ahora para trabajar y poder dar de comer a mis hijos?” exclamaba angustiado
y preocupado el leñador. Entonces, ante los ojos del pobre hambre apareció desde el fondo
del río una ninfa hermosa y centelleante. “No te lamentes buen hombre. Traeré devuelta tu
hacha en este instante” le dijo la criatura mágica al leñador, y se sumergió rápidamente en
las aguas del río.

Poco después, la ninfa reapareció con un hacha de oro para mostrarle al leñador, pero este
contestó que esa no era su hacha. Nuevamente, la ninfa se sumergió en el río y trajo un hacha
de plata entre sus manos. “No. Esa tampoco es mi hacha” dijo el leñador con voz penosa.

Al tercer intento de la ninfa, apareció con un hacha de hierro. “¡Esa sí es mi hacha! Muchas
gracias” gritó el leñador con profunda alegría. Pero la ninfa quiso premiarlo por no haber
dicho mentiras, y le dijo “Te regalaré además las dos hachas de oro y de plata por haber sido
tan honrado”.

Ya ven amiguitos, siempre es bueno decir la verdad, pues en este mundo solo ganan los
honestos y humildes de corazón.

La Nuez de Oro

Había una vez una niña de nombre María, que tenía los cabellos negros como la noche. La
hermosa María gustaba de pasear por el bosque y conversar con los animales. Cierto día,
encontró en el suelo una nuez de oro.

“Un momento, niñata. Devuélveme esa nuez, pues me pertenece a mí y nadie más”. Al buscar
el lugar de dónde provenía la voz, la niña descubrió un pequeño duende que agitaba sus
brazos desde las ramas de un árbol.

El duendecillo vestía de gorro verde y zapatillas carmelitas y puntiagudas. Sus ojos verdes y
grandes miraban a la niña fijamente mientras repetía una y otra vez: “Venga, te he dicho que
me regreses esa nuez de oro que es mía, niña”.

“Te la daré si me contestas cuántos pliegues tiene esta nuez en su piel. Si fallas, la venderé y
ayudaré a los niños pobres que no tienen nada que comer”, contestó la valiente niña
enfrentando la mirada del duende. “Mil y un pliegues” contestó la criatura mágica frotándose
las manos.

La pequeña María, no tuvo entonces más remedio que contar los pliegues en la nuez, y
efectivamente, el duende no se había equivocado. Mil y una arrugas exactas, tenía aquella
nuez de oro. Con lágrimas en los ojos, María la entregó al duendecillo, quien al verla tan
afligida, ablandó su corazón y le dijo: “Quédatela, noble muchacha, porque no hay nada tan
hermoso como ayudar a los demás”.

Y así fue como María pudo regresar a casa con la nuez de oro, alimentar a los pobres de la
ciudad y proveerles de abrigos para protegerse del crudo invierno. Desde entonces, todos
comenzaron a llamarle tiernamente “Nuez de Oro”, pues los niños bondadosos siempre ganan
el favor y el cariño de las personas.

Cuento infantil sobre la perseverancia

¡Caramba, todo me sale mal! se lamenta constantemente Uga, la tortuga. Y es que no es


para menos: siempre llega tarde, es la última en acabar sus tareas, casi nunca consigue
premios a la rapidez y, para colmo es una dormilona.
¡Esto tiene que cambiar! se propuso un buen día, harta de que sus compañeros del bosque le
recriminaran por su poco esfuerzo al realizar sus tareas.
Y es que había optado por no intentar siquiera realizar actividades tan sencillas como
amontonar hojitas secas caídas de los árboles en otoño, o quitar piedrecitas de camino hacia
la charca donde chapoteaban los calurosos días de verano.
-¿Para qué preocuparme en hacer un trabajo que luego acaban haciendo mis compañeros?
Mejor es dedicarme a jugar y a descansar.
- No es una gran idea, dijo una hormiguita. Lo que verdaderamente cuenta no es hacer el
trabajo en un tiempo récord; lo importante es acabarlo realizándolo lo mejor que sabes,
pues siempre te quedará la recompensa de haberlo conseguido.
No todos los trabajos necesitan de obreros rápidos. Hay labores que requieren tiempo y
esfuerzo. Si no lo intentas nunca sabrás lo que eres capaz de hacer, y siempre te quedarás
con la duda de si lo hubieras logrados alguna vez.
Por ello, es mejor intentarlo y no conseguirlo que no probar y vivir con la duda. La
constancia y la perseverancia son buenas aliadas para conseguir lo que nos proponemos;
por ello yo te aconsejo que lo intentes. Hasta te puede sorprender de lo que eres capaz.
- ¡Caramba, hormiguita, me has tocado las fibras! Esto es lo que yo necesitaba: alguien que
me ayudara a comprender el valor del esfuerzo; te prometo que lo intentaré.
Pasaron unos días y Uga, la tortuga, se esforzaba en sus quehaceres.

Se sentía feliz consigo misma pues cada día conseguía lo poquito que se proponía porque
era consciente de que había hecho todo lo posible por lograrlo.
- He encontrado mi felicidad: lo que importa no es marcarse grandes e imposibles metas,
sino acabar todas las pequeñas tareas que contribuyen a lograr grandes fines.
FIN

Cuento sobre los berrinches de los niños

Había un niño que tenía muy, pero que muy mal carácter. Un día, su padre le dio una bolsa
con clavos y le dijo que cada vez que perdiera la calma, que él clavase un clavo en la cerca
de detrás de la casa.

El primer día, el niño clavó 37 clavos en la cerca. Al día siguiente, menos, y así con los días
posteriores. Él niño se iba dando cuenta que era más fácil controlar su genio y su mal
carácter, que clavar los clavos en la cerca.

Finalmente llegó el día en que el niño no perdió la calma ni una sola vez y se lo dijo a su
padre que no tenía que clavar ni un clavo en la cerca. Él había conseguido, por fin,
controlar su mal temperamento.

Su padre, muy contento y satisfecho, sugirió entonces a su hijo que por cada día que
controlase su carácter, que sacase un clavo de la cerca.

Los días se pasaron y el niño pudo finalmente decir a su padre que ya había sacado todos
los clavos de la cerca. Entonces el padre llevó a su hijo, de la mano, hasta la cerca de detrás
de la casa y le dijo:

- Mira, hijo, has trabajo duro para clavar y quitar los clavos de esta cerca, pero fíjate en
todos los agujeros que quedaron en la cerca. Jamás será la misma.
Lo que quiero decir es que cuando dices o haces cosas con mal genio, enfado y mal
carácter, dejas una cicatriz, como estos agujeros en la cerca. Ya no importa tanto que pidas
perdón. La herida estará siempre allí. Y una herida física es igual que una herida verbal.

Los amigos, así como los padres y toda la familia, son verdaderas joyas a quienes hay que
valorar. Ellos te sonríen y te animan a mejorar. Te escuchan, comparten una palabra de
aliento y siempre tienen su corazón abierto para recibirte.

Las palabras de su padre, así como la experiencia vivida con los clavos, hicieron con que el
niño reflexionase sobre las consecuencias de su carácter. Y colorín colorado, este cuento se
ha acabado.

FIN

Sara y Lucía, un cuento sobre la sinceridad

Entonces Sara se sintió ofendida y se marchó llorando de la tienda, dejando allí a su amiga.
Lucía se quedó muy triste y apenada por la reacción de su amiga.

No entendía su enfado ya que ella sólo le había dicho la verdad.


Al llegar a casa, Sara le contó a su madre lo sucedido y su madre le hizo ver que su amiga
sólo había sido sincera con ella y no tenía que molestarse por ello.
Sara reflexionó y se dio cuenta de que su madre tenía razón.

Al día siguiente fue corriendo a disculparse con Lucía, que la perdonó de inmediato con
una gran sonrisa.

Desde entonces, las dos amigas entendieron que la verdadera amistad se basa en la
sinceridad.
Y colorín colorado este cuento se ha acabado, y el que se enfade se quedará sentado.

FIN
Expediente Hormiga

Lidia, una niña de cinco años despierta y muy observadora, creía haber revelado un importante
misterio para la Humanidad. Estaba convencida de haber descubierto el origen de los
marcianos.
Dedicaba horas, en sus ratos libres, a estar en el campo con sus abuelos. Horas en las cuales
observaba, muy atentamente, la naturaleza y todo cuanto sucedía a su alrededor, acurrucada
bajo el viejo chopo del tatarabuelo Rufo. Pero de todo cuanto podía admirar, sin duda, lo que
más le apasionaba eran las hormigas.
A la pequeña Lidia le inquietaba ver de qué manera aquellos minúsculos bichitos iban y venían,
de un lado para otro, a lo largo del día. Su manera de actuar parecía demostrar que todas
aquellas hormigas supiesen perfectamente a qué punto exacto de la casa o de la huerta del
tatarabuelo Rufo debían dirigirse en cada momento y por qué motivo.
Siempre que había pizcas de miga de pan en la cocina, las dichosas hormigas comenzaban a
acudir desde el viejo chopo, situado a no menos de cien metros de la casa. Una vez allí, y
organizadas en dos bloques perfectos de filas indias, se disponían para recoger los pequeños
cuscurros de pan y volvían hasta la sombra del viejo chopo, bajo la cual se enterraban en su
hormiguero, desapareciendo, como si no hubiesen estado allí jamás. ¿Cómo podían saber
aquellos diminutos seres dónde se encontraba la cocina? ¿Y por qué parecían saber la hora
exacta en la cual tendrían dispuestos siempre sus abuelos los cuscurros o las miguitas de pan
para llevárselas?, se preguntaba Lidia, atónita, cada vez que observaba el fenómeno. Con toda
seguridad, aquellas hormigas debían de pertenecer a algún grupo o familia muy unida y
avanzada. En ocasiones, desplegaba su gran lupa y hasta le parecía que reían entre ellas y
llegaban a conversar.
Lidia había oído a los adultos hablar sobre todo aquello de las naves espaciales y los
extraterrestres…y poco a poco, todo parecía encajar. Observar a aquellas hormigas tan
atentamente la había llevado al convencimiento absoluto de que aquellos extraños seres debían
de tener algún sistema de control sobre nosotros. Un sistema, tan avanzado, que ni siquiera les
hacía falta usar naves para visitarnos, haciéndolo a cuerpo descubierto y enfrentándose a
grandes peligros, como la gran pisada del pie del abuelo Pipe.
– ¡Ajá! ¡Os he descubierto! –Exclamó Lidia observando la boca del hormiguero.
Y la pequeña se echó la siesta aquella tarde, increíblemente feliz, bajo la sombra del viejo chopo
del tatarabuelo Rufo.
Había dado con el secreto de los marcianos…

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