LOS PROFETAS DE ISRAEL
E xiste una continuidad entre los profetas anteriores que no escribieron y
los profetas posteriores de Israel. Si queremos obtener un entendimiento
acabado de la profecía israelita, debemos estudiar ambos grupos.
El autor respalda con considerable evidencia la idea de la continuidad de la
profecía. En lugar de concentrarse en los escritos proféticos apunta a los profetas
mismos, hablando tanto de aquellos que escribieron como de los que no lo
hicieron. El autor dice: "Un estudio de estos personajes es muy remunerador,
porque cuando los vemos como personas que vivieron en cierto tiempo y bajo
circunstancias específicas, progresamos enormemente en el entendimiento de
lo que escribieron".
El libro empieza con una introducción informativa sobre los profetas de
Israel: su carácter único dentro del Cercano Oriente, su función, el papel que
el Espíritu tuvo en sus vidas y trabajo, y su relación para con los falsos profetas.
Además de los profetas escritores representados en el canon, el autor habla de
los profetas que no escribieron, tanto de la época anterior a la monarquía (p. ej.
María, Débora y Samuel) como de la época monárquica (p. ej. Natán, Elías y
Elíseo).
LEON J. WOOD (1918-1977) fue profesor de Antiguo Testamento en el
Seminario Bautista de Grand Rapids de 1945 a 1975, y se desempeñó como
decano de 1952 a 1973. Obtuvo su doctorado en filosofía de la Universidad del
Estado de Michigan y escribió varios libros. En español se ha publicado, además
de la presente obra, Panorama histórico de Israel.
ISBN 978-0-8254-5655-8
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9 780825 456558
LOS
PROFETAS
DE ISRAEL
La m1s1on de Editorial Portavoz consiste en proporcionar productos de
calidad -con integridad y excelencia-, desde una perspectiva bíblica y
confiable, que animen a las personas a conocer y servir a Jesucristo.
Título del original: The Prophets ofIsrael, de LeonJ. Wood,
© 1979 por Bakcr Book House, Grand Rapids, Michigan.
Edición en castellano: Los profetas de Israel, © 1983 por
Outreach, Inc., Grand Rapids, Michigan y publicado
con permiso por Editorial Portavoz, filial de Kregel
Publications, Grand Rapids, Michigan 49505. Todos los
derechos reservados.
Ninguna parte de esta publicación podrá reproducirse de
cualquier forma sin permiso escrito previo de los editores,
con la excepción de citas breves en revistas o reseñas.
Traducción: Francisco Lacueva
Fotografía de la portada: Julie Richardson
EDITORIAL PORTAVOZ
2450 Oak Industrial Dr. NE
Grand Rapids, Michigan 49505 USA
Visítenos en: www.portavoz.com
ISBN 978-0-8254-5655-8
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1
Prólogo
Es para mí una gran satisfacción personal el que este libro del Dr. León
J. Wood pueda ser publicado. Aunque el Dr. Wood pasó a la presencia del
Señor hace casi dos años, su influencia y su enseñanza están todavía con
nosotros a través de sus escritos.
Tanto en este país como en muchas otras partes del mundo, hay hombres
que predican y enseñan la Palabra de Dios. Lo hacen con gran convicción
y poder porque creen que la Biblia es la Palabra de Dios al mundo. La
convicción y el aliento con que algunos de esos hombres ejercen su minis
terio son debidos en gran parte a la influencia de León J. Wood.
Al estudiar el Antiguo Testamento, muchos han sido confrontados con
preguntas e incertidumbres que, en último término, les han llevado a una
mengua de su confianza en las Escrituras. Estoy seguro de que todos los
alumnos del Dr. Wood estarán de acuerdo en que tales dudas nunca sur
gieron en sus mentes durante su ministerio docente. El Dr. Wood hizo surgir
preguntas, pero también proporcionó respuestas que consolidaron la con
fianza en las Escrituras, capacitándonos para enfrentarnos a los críticos y
no tambalearnos ante sus argumentos. En todo su ministerio, ni una sola
vez sugirió, con sus aserciones o con sus preguntas, que la Biblia, inclu
yendo todo el Antiguo Testamento, fuese algo menos que la Palabra inspi
rada por Dios. Esta influencia sobre nosotros, sus alumnos, ha dejado su
impronta en nuestras vidas, cualquiera que sea el área en que estamos
sirviendo al Señor.
'fombién nos enseñó, con su palabra y con su ejemplo, a estudiar con
,.
,)
6 LOS PROFETAS DE ISRAEL
el fin de presentarnos a Dios aprobados, como obreros que no tienen de qué
avergonzarse, que trazan rectamente la palabra de la Verdad. Quizás nin
guno de nosotros alcanzará jamás el nível de dísciplina personal del que
nos dio ejemplo nuestro maestro, pero todos cuantos estudiaron con el Dr.
Wood pueden testificar que su vida ha tenido sobre nosotros un profundo
efecto, motivándonos a poner nuestro mayor empeño en dedicar nuestras
vidas al Señor.
El Señor, en el misterio de Su infinita sabiduría, nos ha quitado nuestro
maestro, y ya no tenemos el gozo de estudiar con él. Sin embargo, mediante
su obra escrita en los últimos años de su vida, continuará enseñándonos:
y no sólo a nosotros, sino a las venideras generaciones de estudiantes del
Antiguo Testamento. Como alumnos suyos, decimos que ha sido un privi
legio haberle conocido, y un privilegio todavía mayor el haber estudiado
con él.
León Rowland
Indice
Prefacio 9
PARTE PRIMER A: PROFETISMO
1 Identidad . .. . . . . . . ... ... . . . . . . . .. . . ...... .. . . . . . .. ....... 13
2 "Profetas" Contemporáneos . ... . . . .. . . . .. .. .. . . . ... . .. . . .. . 23
3 Los Profetas de Israel no Eran Místicos en "Trance" . .... . . . . . . 39
4 El Significado del verbo "profetizar" . . ... . .. . .. . . . .. . . . . .... . 59
5 La Función del Profeta .. .. .. ... .. .. . .. .. . . . . .. ..... . .. . . .. 69
6 El Espíritu Santo y la Profecía . . . . . . . .. . . . . .. . .. .. .. . . .. . .. 89
7 Falsas Profecías en Israel ..... . ... . . . .. .. .. ..... ...... . ... . 107
8 Una Vista Panorámica ...... ....... .......... . .. .. ..... . .. 121
PARTE SEGUNDA: LOS PROFETAS
Sección· Primera: Profetas anteriores a la Monarquía
Diagrama Histórico J
9 Tres de los Primeros Profetas .............................. 143
10 Samuel .. . ... . . ...... .. ..... . ..... . .. .. . ...... .. . ..... . .. 157
Sección Segunda: Profetas del tiempo de la Monarquía
Diagrama I listdrico 11
J1 l .os Rdnndo11 ti,• 1 >nvíd, Snlom6n y Jcroboam . ..... ... ... . .... 177
7
8 Indice
12 Los Reinados de Roboam, Abiyam, Asá, J osafat y Basá .. . .. . .. 199
13 El Reinado de Acab: El ías . . .. .. ... .. ..... .... ... .. .. . . .... 217
14 Los Reinados de Acab, Joás y Amasías .. .. . ... . . . . ... . ... . .. 235
15 Los Reinados desde Joram a Josías: Elíseo . . . ... ... . ... .. . .. . 253
Sección Tercera: Los Profetas Escritores
Diagrama Histórico 111
16 Profetas del Siglo Nono: Abdías y Joel . . . . . . . . . .. .. .. . . .. . . .. 271
17 Profetas del Siglo Octavo: Oseas, Amós y Jonás ... ... . . .. .... 285
18 Profetas del Siglo Octavo: Isaías y Miqueas . . . . . . . .. . . . . . . . . . 307
19 Profetas del Siglo Séptimo: Nahúm, Sofonías y Habacuc . .. .. . . 325
20 Profetas del Siglo Séptimo: Jeremías . .. . . .. . . .. . . . . . .. . .. . . . 341
21 Profetas del Exilio: Daniel y Ezequiel .. . . . . ........ . .. . . .. . . . 355
22 Profetas posteriores al exilio: Hageo, Zacarías y Malaquías ... . . 377
Bibliografía .. . . . . . . . . . . . . . ... ... ... . .... .. .. . .. . . .. ... . . . 391
Indices . . . . . . . .... . . . . .. . .. . . . .. ... . . . ........ . . . . . . . .. . . 399
Prefacio
Los profetas de Israel forman una clase aparte en el contexto histórico
del antiguo Cercano Oriente. Ningún otro país ha contado con personas
que puedan comparárseles. El papel relevante que los profetas de Israel
desempeñaron respecto a la condición religiosa del pueblo nunca se enfa
tizará demasiado. Es cierto que, a pesar de su influencia, fue considerable
el grado en que el pueblo se apartó de la Ley de Dios, pero sin ellos esta
defección habría sido mucho más extensa.
De este ilustre grupo, los más.conocidos fueron los profetas escritores,
es decir, aquellos cuyos libros proféticos abarcan una parte importante del
Antiguo Testamento. Es importante, sin embargo, percatarse de que ésos
no fueron los únicos representantes del profetismo de Israel. Los primeros
profetas que escribieron libros específicamente proféticos datan del siglo
nono A. de C., pero mucho antes que ellos profetizaron Moisés, Samuel,
Natán, Elías, Elíseo y muchos otros. Estos últimos quedan a veces casi
olvidados a causa de la relevancia que se les otorga a los más tardíos, pero
Dios, desde el mismo comienzo de la historia de Israel, llamó al ministerio
profético a varios hombres, y los primeros representantes de la clase pro
fética fueron, en sus respectivas circunstancias, tan importantes como lo
fueron en las suyas los que escribieron libros proféticos. En las páginas que
siguen, serán estudiados todos los profetas de Israel, tanto los más antiguos
como los tardíos.
El libro se divide en dos partes. La primera trata temas comunes del
movimiento profético en general. La segunda parte trate de los profetas
9
10 LOS PROFETAS DE ISRAEL
mismos en forma personal. Dado que los profetas se dividen lógicamente
en tres grupos, se les considera así en esa segunda parte. Forman el primer
grupo los profetas del período anterior a la monarquía, cuando el interés se
centraba en impedir que el pueblo se fuese en pos del culto idolátrico de los
cananeos. El segundo grupo está formado por profetas del tiempo de la
monarquía, que no escribieron y cuyo interés estaba centrado principal
mente en establecer contacto con individuos. Y al tercer grupo pertenecen
los profetas escritores, cuyo ministerio iba dirigido más bien a la nación
misma y en contra de los pecados del pueblo en general.
En contraste con los muchos volúmenes escritos acerca de los profetas,
el tema del presente libro se centra en los profetas mismos como personas,
más bien que en los libros que escribieron. Esto es forzosamente cierto con
relación a los primeros profetas, ya que no hay constancia de que escribiesen
algún libro profético. Pero se muestra el mismo interés, en las páginas de
este libro, con relación a los profetas que pusieron por escrito sus mensajes.
Es también particularmente valioso el estudio de las personas mismas de
los profetas, pues cuando uno los considera como personas, en el tiempo y
en medio de las circunstancias en que vivieron, se lleva una clara ventaja
para entender mejor lo que escribieron.
Ni que decir que, para un estudio de esta clase, es menester poseer
cierto grado de conocimiento de los libros mismos, ya que, con frecuencia,
la información acerca de los escritores se encuentra solamente en lo que
ellos escribieron, pero existe una notable diferencia en la forma en que uno
hace el estudio, lo que depende de sí uno está interesado en los libros como
tales o en descubrir qué clase de persona era el autor. Es preciso añadir
que los libros en sí mismos caben de alguna manera dentro del foco de
nuestra atencíón, en el sentido de que representan un laborioso esfuerzo en
la vida de las personas que los escribieron.
Sólo me resta añadir un tributo de gratitud a mi esposa, He!en, y a mi
hija, Caro!, por la ayuda considerable que me han prestado para hacer
posible la redacción de este líbro.
La versión de la Biblia que hemos usado es la Reína-Valera de 1977
(nota del traductor).
Parte Primera
PROFETISMO
1
Identidad
Los profetas de Israel ocupan un lugar único en la historia de Israel.
De hecho, ocupaban una posicion única dentro de todo el Medio Oriente de
los tiempos del Antiguo Testamento y, mediante sus escritos, su influencia
ha tenido una relevancia primordial en la historia del mundo. Eran hombres
de especial grandeza, varones de coraje; guías señeros que marcaban la
pauta de lo que debía ser una creencia ortodoxa y de una correcta conducta
a un pueblo que continuamente se descarriaba de la Ley de su Dios. Israel
Mattuck habla del "puesto preeminente que estos profetas ocuparon en la
historia religiosa de los judíos", 1 y R.B. Y. Scott dice que "la profecía hebrea
. . . permanece sin par en su calidad espiritual y en su permanente signifi
cado para la religión". 2
A. LLAMAMIENTO ESPECIAL
Una razón que explica la grandeza de los profetas es que eran personas
con un llamamiento especial. No entraron por herencia en este ministerio,
no habían nacido dentro de una tribu o de una familia marcadas por el
profetismo. El hecho de ser hijo de un profeta no garantizaba automática
mente a una persona el don de la profecía. Cada profeta era escogido per
sonalmente por Dios y llamado por Dios a una obra que Dios mismo le iba
a encomendar.
1
Israel Mattuck, The Thought of the Prophets, p. 11.
2 R. B. Y. Scott, The Relevance of the Prophets, p. l.
13
14 LOS PROFETAS DE (SRAEL
En este aspecto, los profetas de Israel se diferenciaban notoria y radi
calmente de los sacerdotes. El sacerdote recibía su oficio por herencia. Sí
una persona era descendiente de Leví el hijo de Jacob, era constituido au
tomáticamente levita; y si, además de eso. era descendiente de Aarón, estaba
destinado al sacerdocio. No tenía que escoger el oficio de levita o de sacer
dote; no tenía que recibir un llamamíento personal para tales oficios: recibía
uno de ellos, o ambos a la vez. por nacimiento. Por el contrario, los profetas
eran hombres escogidos, seleccionados de entre los demás. Esto le otorgaba
al profeta un honor distintivo. Uno debía ser objeto do un llamamiento
especial por parte de Dios, y era el llamamiento lo que propiamente con
vertía a alguien en profeta ley confería la autoridad pertíente para tal oficio.
Los falsos profetas eran falsos por el simple hecho de no haber sido lla
mados por Dios. Respecto a estos falsos profetas, dijo Dios a Jeremías:
"'Mentiras profetizan los profetas en mí nombre; no los envié ni les mandé"
(Jer. 14:14). Y Jeremías declaró al falso profeta Hananías: --Jehová no te
envió, y tú has hecho a este pueblo confiar en una mentira" (Jer. 28: 15).
Con respecto al llamamiento del propio Jeremías, éste apela a lo que
Dios mismo le había dicho: "Antes que te formase en el vientre te conocí,
y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones'' (Jer.
1:5). El profeta Amós se refiere a su llamamiento con las siguientes pala
bras: "No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y culti
vador de sicómoros. Y Jehová me tomó de detrás del ganado, y me dijo: Ve
y profetiza a mi pueblo Israel" (Am. 7:14-15). El gran hombre que fue
Moisés fue llamado mediante el milagroso incidente de la zarza ardiente
(Ex. 3:4); lsaías fue llamado por medio de la visión en que contempló al
Dios Todopoderoso en medio de Su gloria, sentado en el templo sobre un
trono alto y sublime (Is. 6:1 }; Ezequiel recibió este llamamiento cuando se
hallaba entre los deportados junto al río Quebar de Babilonia (Ez. 1:1;
2:2-3).
Es digno de notarse que el llamamiento profético fue conferido a menu
do en conexión con una experiencia extraordinaria que ayudó al profeta a
percatarse de la autenticidad de dicho llamamiento. Moisés fue llamado
mientras contemplaba una zarza que ardía milagrosamente sin consumirse,
una escena vívida y espectacular que habría de recordar por largo tiempo,
corroborando día tras día la realidad de su l lamamiento. Isaías tuvo una
visión de Dios alto y sublime en Su templo cuando recibió su llamamiento;
una y otra vez recordaría el dramatismo de la escena y le traería a la
memoria el momento solemne en que fue llamado a profetizar. Cuando
Ezequiel fue llamado al oficio profético, recibió la orden de comerse un
rollo; se nos dice que lo comió y que fue en su boca '"dulce como miel" (Ez.
3:3). Tales incidentes dieron cuerpo y sustancía a la realidad del llama
miento e incrementaron su efectividad como una base firme para la futura
obra del profeta.
Profetismo 15
Con alguna frecuencia, e l l lamamiento profético comportó cierto grado
de preparación para l a obra en perspectiva. Moisés fue equipado con cre
denciales milagrosas ( Ex. 4: 1 - 9), y l e fue asignado s u hermano Aarón como
vocero suyo. Los labios de lsaías fueron purificados con un carbón encen
dido, recién tomado del a l tar del templo; y Ezequiel, después de comerse el
roll o, se sintió lleno simbólicamente de l a palabra de Dios a fin de procla
marla con poder.
B. RECONOCIMIENTO (PERO NO PRECEPTO) DE PARTE DE
LA LEY
Dios dio Su Ley a Israel en el Monte Sinaí. Esto constituyó el funda
mento de todas las actividades religiosas y de todas las relaciones sociales
del pueblo. De hecho, era una especie de "constitución" para l a nación de
Israel. Había en la Ley preceptos m uy detallados con respecto a los sacer
dotes de Israel . Se defin ía claramente su identidad, así como sus cos
tum bres, sus deberes, sus vestiduras, y se proporcionaba una información
considerable acerca de las ceremonias que habían de supervisar. Sin em
bargo, no sucedía tomismo en el caso de los profetas. La ley no describía
s u oficio ni sus deberes, ni siquiera su existencia era realmente establecida,
au nque se la reconociese.
Este reconoci miento de los profetas se halla en Dt. 1 8:9- 22, lo cual no
debe pasar inadvertido. Los primeros ocho versículos de dicho capítulo dan
una información complementaria sobre el oficio levítico, pero con el versículo
9 se introduce un cambio de tema para hablarnos del reconocimiento de los
profetas. Moisés advierte al pueblo que habiendo entrado a Canaán no traten
de comunicarse con Dios mediante n inguna forma de adivinación3 a l a
usanza de otras naciones - por cuanto t a l práctica era u n a abominación
para Jehová - sino que Dios mismo se comunicaría con ellos mediante un
profeta. E l vocablo profeta se halla en singular y comporta una primera
referencia a Cristo, pero es opinión común de l os exegetas que dicho término
se refiere secundariamente a los profetas en general. Así que, en esta por
ción, D ios le estaba diciendo a Su pueblo que acudiese a los profetas en
busca de revelaciones divinas, y no a las formas de adivinación que estaban
en uso entre l as naciones circundantes. Esto otorgó un papel específico a
l os profetas, aun cuando e l pasaje no menciona p receptos legales en cuanto
a q uiénes había n de ejercer tal oficio ni en cuanto a la naturaleza de sus
funciones. 4
3 Sc enemeran aquí diversas formas de adivinación ; véase Edward J. Young, My Ser
vants /he Prophel.� . pp. 2 1 -22, para una discusión de cada forma de adivinación, a sí como
del pasaje entero.
4 Véast' You1111,. Mv S,•11 11111/1 tlw l'mf!lte/11 , pp. 29- 35; G. E Oehler, Tlieology of tite
()Id '/i•81omcnl. PI'· :Hi:J :Ul!I
16 LOS PROFETAS DE ISRAEL
C. PERSONAS DE GRAN CORAJE
Una razón de por qué la relación hereditaria no era conveniente para
el oficio de profeta es que cada uno de ellos debía ser una clase de persona
muy especial. No era un ministerio que cualquiera podía desempeñar. El
oficio sacerdotal no requería tantas cualidades especiales. Un hijo de carác
ter débil podía todavía llevar adelante el oficio con holgada facilidad, pues
se trataba de funciones enteramente rutinarias; así podía esperarse que
algunos fuesen sacerdotes mediocres, que desempeñaban su oficio simple
mente por el hecho de haber llegado al sacerdocio por la ley de la herencia.
El profeta, en cambio, no actuaba por patrones establecidos. Muy a
menudo, tenía que programar un nuevo curso de acción, quizás muy difer
ente de cualquier otro observado con anterioridad. Incluso después de ha
berle dado Dios instrucciones en cuanto a la obra que había de emprender
y el rumbo que había de seguir, este rumbo comportaba a menudo un reto
enorme. El mismo rey a quien el profeta había de ungir para tan alto cargo,
podía ser después objeto de una severa reprimenda de parte del profeta.
Unas veces, el profeta había de suministrar alegría; otras, motivos de pe
sadumbre. Su llamamiento podía conducir a graves peligros o a honores
elevados. Debía estar preparado para el sufrimiento y la injusticia, lo mismo
que para la comodidad y el aplauso. Tenía que ser individualista en su
denuedo e inventiva; no había lugar para la mediocridad. 5
El primer acto de Samuel, como recién llamado por Dios para el oficio
profético, fue declarar, nada menos que al sumo sacerdote, E lí, que su casa
había sido rechazada por Jehová ( 1 S. 3:4 - 1 8). Esta era una tarea realmente
desafiante para Samuel, cuando es probable que no contase más de diez
años de edad. Más tarde, Samuel hubo de ungir a Saúl como el primer rey
de Israel ( 1 S. 9: 1 5 - 2 1 ; 1 0: 1 - 8), y, después de esto, hubo de informar a
Saúl que también él había sido rechazado ( 1 S. 1 3: 1 1 - 14 ). Todavía más
adelante, hubo de ungir por segundo rey de Israel al gran David ( 1 S.
16: 1 - 13 ). Natán recibió instrucciones, a su debido tiempo, para reprender
a David por su pecado con Betsabé (2 S. 1 2: 1 - 1 2). Era una prueba muy
fuerte tener que dar esta clase de mensaje al rey más grande de su tiempo,
pero Natán lo hizo. Años después, el profeta Gad fue enviado a David para
darle a escoger entre tres castigos por su pecado al censar al pueblo (2 S.
24: 10- 1 7). El profeta Ahías tuvo primero que prometer a Jeroboam la
nueva nación de Israel ( 1 R. 1 1 :29 - 39), y después decirle que sería barrido
con su descendencia ( 1 R. 14:6- 1 6 ). " Un varón de Dios" fue enviado a
reprender a Jeroboam por el falso altar que éste había erigido en Betel ( l R.
5 Dice George Gray (Sacr,fice in the Oh/ '/estamen t , p. 224): " Las grandc8 personali
dades hay que buscarlas entre los profet aH; el poder rcavivador c•n t iC'mpos d,• criois l c•s
pertenece, pero el sosl<'nimicnlo ck una C"Oncl ición pc-rmanc•nl· ('. ét i1·n y rrli�inN11 . . . 1•r11 111
turea dt'i sac·crdolc•".
Profetismo 17
1 3 : 1 - 1 0 ). Elías anunció u n hambre terrible y llovó a cabo una prueba
espectacular en el Monte Carmelo ( 1 R. 1 7: 1 ; 18:25- 38). Elíseo anunció a
Hazael que sería rey de Siria; se lo dijo llorando por el mal que Hazael
había de hacer a los hijos de Israel (2 R. 8:7- 1 3 ). Jonás fue enviado a la
extranjera y temible ciudad de Nínive para predicar arrepentimiento (Jon.
1 : 2; 3: 1 -2).
Todo esto quiere decir que, para estar capacitado debidamente para el
oficio profético. un individuo necesitaba poseer una personalidad sobresa
liente, sanamente independiente. Los profetas debían de ser personas de
carácter descollante, de brillante inteligencia y ánimo corajudo. Debían de
ser todo esto por naturaleza y luego. una vez dedicados al Señor. destacaban
todavía más por las tareas que se les encomendaban y por el poder y los
dones que Dios les otorgaba. Así llegaron a ser los gigantes espirituales de
Israel, los formadores de la opinión pública. los líderes del pueblo a través
de días de oscuridad, personas notoriamente distintas de todas las demás
que vivían en su entorno. tanto en Israel como en las otras naciones de su
tiempo.
D. TERMINOS DE DESIGNACION Y TAREA ENCOMENDADA
Hay tres términos hebreos que revisten especial importancia para de
signar a los profetas. El más importante es nablzi'. que se traduce de or
dinario "'profeta··. Sólo en su forma sustantiva. se usa en el Antiguo
Testamento cerca de 300 veces. Los otros dos ocurren con mucha menor
..
frecuencia; ambos se traducen --vidente . El uno es ro ·e1z . participio del
verbo ra 'ah = ver; el otro es hozelz . de la raíz haz.ah = ver. El significado
del término nab/ú ' será discutido más adelante. Su etimología y significado
no son tan fáciles de descubrir como los de los otros dos términos. También
es menester hacer mención de un cuarto término. aunque es el menos usado
.
de todos. Se trata de la frase ··varón de Dios . ( 'is/z elolzim ). Su significado
es obvio: se refiere simplemente al profeta como quien ha sido escogido y
enviado por Dios. 6
La tarea de las personas designadas con estos nombres se presenta en
el Antiguo Testamento como consistiendo básicamente en una doble fun
ción: recibir de Dios el mensaje mediante revelación. y declarar al pueblo
el mensaje de Dios. No todos los profetas son descritos desempeñando la
primera función. pero a todos se les describe desempeñando la segunda. Es
probable que algunos. si no muchos, de los profetas profiriesen un mensaje
que habían aprendido de otros profetas o que ellos mismos hubiesen com
puesto para atender a la necesidad del momento. según eran inspirados por
Dios. Con todo, un gran número de profetas lo escucharon directamente de
Dios mediante revelación sobrenatural.
6 Pnrn 1111n di A<'LIHi<'in d,· t mlutt 1•Mto11 1 1•1 111111ns. Vt'il8t <·np. 4. pp. 59,,66.
18 LOS PROFETAS DE I SRAEL
Es interesante observar que también los sacerdotes tenían una doble
tarea. aunque de naturaleza ligeramente diferente. Su primera responsabi
l idad era ofrecer sacrifici os por el pueblo: la segunda, dar también mensajes
de Dios al pueblo. Pero esta tarea de mensajeros de Dios difer ía notable
mente de la de los profetas. Los sacerdotes enseñaban al pueblo, y el tema
era la Ley que Dios había dado en el Monte Sinaí desempeñaban esta
función usando el método de mandato sobre mandato, renglón tras renglón
( Is. 28: 1 3 ). Los profetas, por su parte, exhortaban al pueblo a obedecer la
Ley de Dios. Los sacerdotes se dirigían básicamente a la mente de sus
oyentes. dándoles información acerca de lo que debían conocer, mientras
que los profetas se di rigían a las emociones y a la voluntad, urgiendo al
pueblo a poner por obra lo que habían aprendido.7
Había también una di ferencia paralela en cuanto a la revelación. Hemos
hecho notar que la primera responsabilidad de los profetas era recibir un
mensaje de parte de Dios. También los sacerdotes disponían de un medio
para recibir información de parte de Dios. Este medio no estaba a dispo
sición de todos los sacerdotes, sino sólo del sumo sacerdote. Se trata de los
Urim y Tumim. Muy poco se conoce acerca del modo en que operaban los
Urim y Tumim. pero estaba relacionado de alguna manera con el efod que
el sumo sacerdote llevaba como parte de su vestimenta; por este medio,
podía buscar y recibir de Dios una revelación. El profeta, por otro lado, no
disponía de medios propios para obtener una revelación. Tenía que limitarse
a esperar el momento en que Dios tuviese a bien informarle; pero cuando
llegaba la información, ésta se efectuaba en forma proposicional y era más
extensa que la que el sumo sacerdote recibía mediante los Urim y Tumim.
Es digno de notarse, además, el gran respeto que, desde los primeros
tiempos. se tenía hacia los profetas. Un ejemplo evidente de esto lo tenemos,
ya en el t iempo de Saúl cuando acababa éste di visitar a Samuel ( 1 S.
9: 1 - 1 O: 1 6 ). Saúl y un criado suyo se habían ido a Samuel para preguntarle
acerca de las asnas que se le habían perdido a su padre, Cis. Oyeron de
Samuel . no sólo que las asnas habían sido halladas, sino, lo que era mucho
más importante, que él, Saúl, i ba a ser el primer rey de Israel. Cuando
volvían a casa, Saúl habló a su tío, quien. al parecer, estaba esperándole.
No le dijo nada sobre el anuncio de su reinado. pero le hizo saber que
acababa de hablar con Samuel. Tan pronto como su t ío supo esto, le urgió
diciendo: ·· Yo te ruego me declares qué os dijo Samuel" ( 1 S. 1 0: 1 5 ). Puesto
que Samuel no había hecho ninguna referencia al anuncio de su reinado, el
interés de su t ío no pudo haber sido susci tado por este lado: su interés se
debía únicamente al hecho de que Saúl acababa de estar con Samuel. La
expresión usada por el tío mostraba también lo urgente de su demanda; usó
la forma enfática del imperativo verbal. '"Dcclárame", seguida de la part ícula
Para una explicadón dt' ('Alo� ronc<'plos, v('as(• cap. 8, pp. 1 2 1 - 1 :'7.
7
Profetismo 19
encl ítica, expresiva de urgencia, na · = t e ruego. S i e l t ío d e Saúl estaba tan
interesado en lo que Samuel había dicho, es de presumir que otras personas
lo estarían igualmente y, si Samuel ten ía tanta importancia a los ojos del
pueblo, es probable que otros profetas disfrutaran de un honor simi lar.
E. ¿ERAN LOS PROFETAS UNOS PROFESIONALES?
l. Dos aspectos en los que lo eran
El vocablo profesional necesita ser bien definido cuando se usa, ya que
puede ser usado en varios sentidos. Por ejemplo, el pastor de una iglesia
puede ser l lamado profesional en el sen tido de que el pastorado es su ocu
pación o profesión habitual. También puede usarse en el sentido de que una
persona está perfectamente capacitada para el trabajo en q ue se ocupa; no
es un "'aficionado" en el modo de hacer las cosas, sino un profesional, por
la forma apropiada y recomendable en que actúa. Ambos sentidos tienen
una connot ación buena. Pero también puede usarse en el sentido de que el
pastor no está de veras interesado en su ministerio, sino que lo desempeña
por pura rutina, sin poner en ello el corazón; es un mero profesional en su
tarea, llevando a cabo las acciones para las que ha sido contratado. Cuando
se usa en este sentido, el término no tiene una buena connotación .
La mayor parte de los profetas verdaderos eran profesionales en los
dos primeros sent idos aludidos; es decir, eran profesionales en el sentido
de su ocupación . Es cierto que algunos pocos no se dedicaban sólo a pro
fetizar, sino que se ocupaban también en otras labores. Amós, por ejemplo.
dice que era agricultor y boyero, y de este trabajo le sacó Dios. l lamándole
a ser profeta por algún tiempo. La mayor parte de los profetas eran también
profesionales en el sentido de estar capacitados para el oficio. Ya hemos
hecho notar que eran hombres de coraje, capaces. inteligentes; no eran
simples aficionados en sus tareas, sino verdaderamente profesionales. Por
otro lado, los verdaderos profetas no eran profesionales en el sentido de
desempeñar rutinariamente su oficio como si fuesen meros funcionarios.
Eran hombres l lamados por Dios, a quienes Dios asignó i mportantes tareas,
y ellos las llevaron a cabo poniendo en ellas todo su corazón y todo su
interés; no se limitaron al papel de receptores pasivos de las mociones
divinas.
2. Otro aspecto en el que no lo eran
Hay todavía otro sentido en el que los profetas no eran profesionales.
Este sentido guardu rrlnción con el que acabamos de mencionar, pero abarca
fact ores de espc<.'I ro IIHÍtl n111plio y n•quiercm ul terior elaboración.
1 1'.stos facl or·L'H i111pl il'l l t 1 1 1 1 11 1 vi Hi1i1 1 l't'l'ú1wn ck los profetas más an tiguos
20 LOS PROFETAS DE ISRAEL
(desde Samuel hasta los profetas escritores), sostenida por algunos eruditos.
Según ellos, los profetas primitivos vivían en bandas o gremios y se movían
en grupos. Hacen notar que Samuel tenía tales grupos bajo su mando ( 1 S.
1 0:5, 10) y que, más tarde, Elías y Elíseo estaban al frente de grupos simi
lares (2 R. 2:3,5,7, 15). Y de Acab se dice que disponía de cuatrocientos
profetas a quienes podía acudir en demanda de un supuesto mensaje de
parte de Jehová ( 1 R. 22:6).
Debido a que Elías tenía vestido de pelo y ceñía sus lomos con un
cinturón de cuero (2 R. 1 :8), se ha sugerido que estas bandas de profetas
se vestían con una especie de uniforme distintivo. Más aún, se ha llegado
a creer que probablemente llevaban una marca de identificación en la frente.
Una vez, un profeta se puso una venda en la frente para disfrazarse así ante
el rey Acab. y se cree que fue así como cubrió esta marca de identificación
( 1 R. 20:35,38,41 ). Como una vez ciertos muchachos se mofaron de Elíseo,
diciéndole: ·'¡ Sube, calvo! ; ¡ sube, calvo!" (2 R. 2:23), se supone, además,
que estos profetas, con toda probabilidad, se afeitaban la cabeza del todo
o en parte. Se supone que las bandas de profetas habitaban en una resi
dencia común, desde donde hacían viajes por el país, tocando instrumentos
musicales y delirando en trance. En tales momentos, emitían sus oráculos
en respuesta a las preguntas del pueblo. 8
Se cree que estos grupos de profetas eran dinámicos en su actividad
extática en los tiempos antiguos de la historia de Israel, pero perdieron
después su original espontaneidad y adoptaron métodos sujetos a patrones
reglamentados. Así es como cayeron en un profesionalismo rutinario. Con
el tiempo, este profesionalismo vino a ser normal profetismo, conforme
estos grupos de hombres llegaron a usar medios que ellos notaban que
habían de agradar a la gente y especialmente al rey, en caso de que éste les
consultase. Como dice T. J. Meek, ..Así llegó la profecía a comercializarse
y profesionalizarse. Se desvió por el camino del sacerdocio y, por esto, el de
todas las demás instituciones. Perdió su carácter espontáneo e inspirado y
llegó a ser tan profesional como el sacerdocio contra el que, en realidad,
había surgido como protesta". 9
Este punto de vista sostiene, pues, que de vez en cuando, surgía un
profeta reaccionario para oponerse al grupo de los profesionales. Un pionero
de esta reacción fue, según ellos, Miqueas, quien se opuso a los cuatrocien
tos profetas de Acab ( 1 R. 22: 13- 28). 1 º Este tipo de persona fue consider
ada en su tiempo como un reaccionario contra el grupo normal de profetas
8 Para una elaboración de estas ideas, véase J. Lindblom, Prophecy in A nc1ent Israel.
pp. 65- 70.
9
Heb,·ew Origins , p. 1 74.
' ºThcodorc 1 1 . Robinson (Prophecy a n d the Prophets i n /\ 11cw111 l.� 1w•I, p p . ::rn 40)
escribe: "La primera persona de cuya indcpt'ndcncia lt'1w111¡1H 11111 irn1 t'H M i , ¡ 1 11"1111"
Profetismo 21
profesionales y, por tanto, como un intruso en el campo de la profecía, por
no pertenecer al grupo principal. 1 1
Hay algo de verdad en este punto de vista, en el sentido de que hubo
dos t ipos de profetas en Israel y en Judá. Había el grupo de los que deseaban
complacer al rey y, en este sentido, eran los profesionales. Había también
otros como Miqueas. Sin embargo, el punto de vista aludido es erróneo al
creer que los así llamados profetas profesionales representaban la figura
del profeta histórico, tradicional. Un esmerado estudio de los pasajes del
Antiguo Testamento nos muestra que, en realidad, el tipo de profeta carac
terizado por Miqueas era el tradicional y que los intrusos en el campo de
la profecía fueron precisamente los que, más tarde, procuraban, ante todo,
complacer a los reyes. Antes de Miqueas, hubo hombres como Samuel.
Natán, Gad, Jehú, Hananías, Semaías, Ahías, Elías y Elíseo. Estos no tra
taron de complacer a los reyes, ni fueron profesionales en el sentido descrito
anteriormente. Eran varones sin miedo, dispuestos a tomar partido por la
palabra que firmemente creían haber recibido de Dios; éstos eran los pro
fetas tradicionales. No se les puede considerar en modo alguno como per
sonas que habían perdido su interés en lo que ellos creían ser la pura
verdad.
También se equivoca este punto de vista al pensar que los profetas
primitivos eran grupos de personas presa de trances extáticos, que viv ían
vagando en bandas sin orden ni concierto. Hubo grupos de profetas en los
días de Samuel y, más tarde, en tiempo de Elías y Elíseo, pero no eran
gente indómita o salvaje. 1 2 Más bien eran, con toda probabilidad, grupos
de entrenamiento, hombres que se preparaban para ser llamados al minis
terio profético "a tiempo completo". Samuel en su tiempo, y Elías y Elíseo
en el suyo, parecen haber sido maestros de tales grupos. Es probable que,
cuando se acabasen sus años de preparación, los miembros de tales grupos
llegasen a ser verdaderos profetas sin miedo, como lo eran sus maestros.
Es cierto que entre los profetas de su tiempo-pasasen o no por escueles
de entrenamiento-había quienes, renunciando al compromiso básico que
habían aceptado, se h icieron amigos complacientes de los reyes: es decir,
se hicieron profesionales en sentido negativo. Es de notar, sin embargo, que
el número de éstos era muy reducido en la primera época, haciéndose más
numeroso a medida que pasaron los años. Estos son los falsos profetas de
que hablaba Jeremías (23:9-40), y que en su tiempo habían llegado a ser
mayoría. Pero no eran el grupo principal de profetas, sino desertores que
1 1 Dentro de este punto de vista se halla a veces la idea de que fue de entre tales profetas
reaccionarios de donde surgieron los posteriores profetas escritores, y que éstos l l egaron a
t ener por "'falsos" a los dt·I ant iguo t ipo proíesional: véase el cap. 7 para una discusión sobre
t•sto.
1 2 N o hay en luH 1 °'. Hrri l lll'IIH 1•v1d1•11,·i11 nlgunn a favor d e l a idea de q u e fuesen gente
i ndóm i t a , snlvojt', hohll und11 ni ·· 1 rn111•1·" 1•xt11t wo, Ví·n nHc los cars. 2 y 3, donde se est u d iarán
lou p1rnnj<·s nh·gndos n l11v1 11 d� l 11li·t1 1•v 1d1•111·i11fL
22 LOS PROFETAS DE ISRAEL
habían flaqueado en el compromiso adquirido y en el deseo de agradar a
Dios.
En suma, los verdaderos profetas no eran profesionales en el sentido
de tomar por rutina una profesión con la que agradar a los reyes, sino que
eran hombres comprometidos con Dios y dispuestos a llevar a cabo cuanto
El les exigiese, no importándoles la magnitud de la tarea ni l a gravedad del
peligro. Solamente los desertores de este grupo llegaron a ser profesionales
en el sentido de procurar agradar a los monarcas.
2
"Profetas"
Conten1poráneos
Es menester percatarse de que Israel no era una isla en su tiempo,
inmune totalmente de las influencias de su entorno. Los israelitas existían
como un pueblo entre otros pueblos y experimentaban presiones de parte
de sus vecinos para que siguieran prácticas que no estaban en conformidad
con la Ley de Dios. No hay acuerdo entre los eruditos en cuanto al grado
en que tales influencias se hicieron sentir en Israel. Hay quienes opinan que
la influencia fue extensa, mientras que otros la consideran mínima. La
Biblia misma indica que la hubo, al menos en cierto grado. Por ejemplo, se
nos describe a muchos israelitas como yendo a dar culto a Baal, el dios de
los cananeos (Jue. 2: 13- 14; 3:7 - 8; 6:25 - 30).
Comoquiera que el profetismo fue tan importante en Israel, y puesto
que, en aquella época, existió fuera de Israel cierto tipo de profetas, es
menester preguntarse si, en cuanto a la profecía, Israel tomó algo prestado
de otros o no. Acerca de esto hay varios puntos de vista. Gustav Holscher,
por ejemplo, cree que casi todos los aspectos de la profecía de Israel fueron
t omados de Canaán. 1 Por su parte, J. Lindblom, no cree que Israel tomase
prestados de Canaán estos aspectos, sino que, más bien. practicó el fenó
meno profético por la sencilla razón de que todo el mundo lo hacía. 2 Los
israelitas eran como los demás países y se comportaron en sus actividades
religiosas de manera similar a la de otros pueblos. Pero Abraham Heschel,
1
/)ie Propheten, pp. 1 40ss.
2 PmpheclJ in A ncient Israel. pp. 98ss.
23
24 LOS PROFETAS D E ISRAEL
síguiendo más de cerca la presen tación que la propia Escritura nos ofrece,
sostiene que los profetas de Israel fueron algo único, y sus escritos forman
por sí mismos una clase aparte. 3
Ya que los puntos de vista son d iversos, y puesto que la Biblia misma
da a entender que los i s raelitas fueron i n fluidos religiosamente hasta cierto
punto. es necesario i nvestigar el terna y hacer las conven ientes evaluaci ones
como un aspecto introductorio de nuestro estudio. Para ello, consideraremos
las principales naciones con las que Israel estuvo en contacto.
A. UN EXAMEN DE LA "PROFECIA" DEL MEDIO ORIENTE
L Mesopotamia
Es conveniente comenzar el escrutinio por la región de Mesopotamia,
que ocupó un lugar relevante en el Med io Oriente durante la época del
Antiguo Testamento. Aunque Israel estuvo en contacto di recto con l os ha
bitantes de Canaán, más bien que con los de Mesopotarnía, l o cierto es que
los cananeos, a su vez. fueron i nfluídos en grado considerable por l os de la
región mesopotámica. Esto se debió. en gran parte, a las dos m igraciones
más numerosas de Mesopotamí a a Canaán en los primeros aiios del segundo
milenio A. de C. La primera fue la de los amorreos; la segunda, poco des
pués. la de l os heveas. Am bos grupos ejercieron una influencia notable en
la mentalidad cananea.4
Hablando primeramente en general, la religión era de primordial i m
portancia para los habitan tes de Mesopotamía. Pocas cosas se hacían y
pocos asuntos se decidían en aquella tierra, en los que no i n terv i niese el
interés por la religión y la preocupación por la voluntad de los dioses . Por
esta razón, tenían una numerosa clase sacerdotal al servicio de sus templos.
De hecho, existían cuatro clases de sacerdotes; primera, la de los Ashipu ,
que eran exorcistas y de quienes se creía que ten ían poder para arrojar
demon ios; segunda, la de los Kallu , responsables de la música del templo;
tercera, la de las Qadishtu . secerdotisas cuya tarea principal parece haber
sido l a prostitución religiosa; y l a cuarta la componía un grupo de cuatro
sacerdotes. el Baru , el Sha 'ilu , el Shabru y el Mah h u , quienes se ocupaban
en común de la adivinación y ven ían a formar, en realidad, la clase más
importante de todas. La gente venía a ellos con preguntas, y ellos res
pondían, tras el empleo de d iversas técnicas, con oráculos supuestamente
recibi dos de los dioses. De los cuatro sacerdotes de esta clase, el Baru era
cons iderado el más relevante.
Los medíos empleados para la adivi nación pueden dividirse en dos
3 Abraham Heschel. The Prophets. pp. 472- 473.
4
Para una discusión sobre esto, véase S. H. Hooke, Bahylonian and Assyrian Relígion ,
p. vií.
Profetismo 25
clases: los improvisados sin prevía preparación, y los concertados de an
temano. En cuanto a los improvisados, tení an que ver con todo tipo de
agüeros o presagios acerca de eventos que podían ocurrir en el decurso del
día. Existí a una larga lista de tales agüeros con sus significados correspon
dientes. 5 De ordinario, cuando algo ocurría a la derecha de una persona,
era signo de buen agüero, y cuando ocurría a la izquierda, era de mal
agüero. En este típo de medíos improvisados, se incluían agüeros deducidos
de la naturaleza, de los astros, del vuelo de las aves, de sueños y de las
condiciones atmosféricas.
Entre los medios preparados de antemano, los más importantes eran
dos. El primero era la hidromancia, que consistía en verter aceite en agua
o viceversa. Como el aceite y el agua no se mezclan, se observaba la mutua
interacción de estos elementos cuando entraban en contacto, y lo que ocurría
entonces era tenido por presagio de mucha importancia. El otro medio era
la hepatoscopía y se le tení a como el más importante de los dos. Consistí a
en examinar detenidamente el hígado de una oveja, aun que a veces se exa
minaban los riñones de un animal. Al parecer, creí an que tal órgano era la
sede de la vida de dicho animal y, por tanto, muy apropiado para obtener
revelaciones por medio de él.
El procedimiento para examinar el hígado era el siguiente: Se comen
zaba por matar a la oveja, de ordinario con acompañamiento de cantos · y
música i nstrumental. A continuación, el sacerdote inspeccionaba los órga
nos y entrañas situados en el estómago abierto del animal. Después, con
forme a las reglas establecidas, levantaba las entrañas del estómago para
examinarlas más de cerca y luego las sacaba al exterior, para dejar total
mente al descubierto los órganos que se ocultaban detrás de ellas. Al llegar
a este punto, ya podían distinguirse los aspectos favorables y desfavorables
del hígado mismo. Dice S. H. Hooke6 que, en conexión con las pequeñas
concavidades del hígado, se suponía que podían leerse "no menos de 1 14
signos diferentes". 7
La respuesta que podía hallarse a través de tales adivinaciones, se
reducía a un "sí" o u n "no". Con todo, podía adquirirse una considerable
información haciendo u n gran número de preguntas. Por ejemplo, Esarha
dón, emperador de Asiria, deseaba saber si Bartatua, rey de los escitas y
pretendiente a la mano de su hija, era digno de casarse con ella. Las pre
guntas de Esarhadón eran del tenor siguiente: "¿Es de fiar? ¿cumplirá sus
5 A . Gui llaume ( Prophecy and Divination A mong !he Hebrews and Other Semites .
pp. 3 5 - 37 ) dice que la adivi nación "estaba sistematizada en grado meticuloso, desconocido
en cualquier otra parte del mu ndo". En cuanto a la cantidad de l iteratura sobre este tema,
dice Morris Jastrow ( The Religion o/ Babylonia and Assyria , p. 355): "Una buena cuarta
parte de lo que se ha descubierto de la biblioteca de Asurban ipal consiste en agüeros".
6Babylonian and Assyrian Religion , pp. 89 -90.
7 Para más detalles acerca d,• la hepaloscopia, véase H. Dillon, As.5yro-Babylonian Lh•er
/)fr,mution ,
26 LOS PROFETAS DE ISRAEL
promesas? ¿ observará los decretos de Esarhadón rey de Asiria? ¿ los pondrá
en ejecución de buena fe?". De modo similar, respecto a su proprio h ijo,
preguntó Esarhadón: "¿Está de acuerdo con el mandamiento de la gran
divinidad el acceso al gobierno de Sinidinabal, el h ijo de Esarhadón rey de
Asiria, cuyo nombre está escrito en esta tablilla? ¿ Llegará esto a cumplirse?". 8
La importancia de la adivinación en la vida del pueblo de Mesopotamia
difícilmente podrá exagerarse. Los reyes, con todo su poder, raras veces
llegaban a una decisión o se atrevían a actuar sin consultar a estos sacer
dotes. Por ejemplo, en el libro de Daniel vemos a Nabucodonosor convo
cando a sus magos para que le interpreten sus sueños (Dan. caps. 2 y 4)
y, más tarde, Belsasar hizo lo mismo para que leyesen e interpretasen la
escritura que aparecíera milagrosamente en el salón para banquetes del
palacio real ( Dan. 5 ). Los magos de que se nos habla en dichos pasajes
eran simplemente estos tipos de sacerdotes a quienes se suponía expertos
en el manejo de todas estas artes. Como la interpretación de sueños era una
de sus especialidades, no era de extrañar que Nabucodonosor pidiese a
estos sacerdotes que le interpretasen los sueños. Y aunque leer una escritura
milagrosa caía fuera de sus poderes mágicos y era un caso único en sus
experiencias, era lógico que Belsasar acudiese a ellos en la mencionada
ocasión. Belsasar creía, sin duda, que si no podían leer ellos la escritura,
nadie podría leerla.
Puesto que algunos eruditos creen que el personal religioso de Israel
usaba formas similares de adivinación, ha sido conveniente tomar nota de
las de Mesopotamia, pero un número mayor de eruditos hallan ciertos para
lelos en lo que se llama textos de tipo profético de la región, y debemos
prestarles alguna atención en este momento. Son textos que hablan de una
.11 anera parecida al modo en que escribieron los profetas de Israel. Entre
estos textos se hallan los "Oráculos de Arbela", que datan del tiempo de
Esarhadón. En estos oráculos, las sacerdotisas usan la primera persona al
hablar en lugar de la diosa Istar. A veces, usan la expresión: "No temas",
que también los profetas de Israel usaban, y prometen al rey ayuda de parte
de la diosa. Guillaume presenta unas pocas líneas de uno de esos oráculos;
Oh, Esarhadón, rey de países, ¡ no temas!
Tus enemigos huirán de delante de tus pies
Como sucios cerdos en el monte de Si wán .
Yo soy la gran Beltis.
Soy Istar de Arbela que destruye a tus enemigos delante de tus pies.
A tus enemigos, como Ukay, los entregaré en tus manos.
Yo soy Istar de A rbela.
Yo iré delante de ti y detrás de ti. No temas . . . 9
8Jastrow, Religion of Baby/onia and Assyria , p. 329.
9Prophecy and Divination, p. 43.
Profetismo 27
Otra i l ustración de tipo profético es el "'Mito de l rra". Aquí, l rra, el dios
de las p lagas, es descrito devastando el mundo en el furor de su ira. H ugo
Gressman nos ofrece una porción de este texto:
Entonces la gen te de la costa matará sin piedad a la gente de la costa.
Subart u matará a Subart u.
El asirio -matará a l asirio.
El elamita matará al elamita,
Los de Cas matarán a los de Cas . . .
En tonces se levantará Acad y l os derribará a todos el los,
Los demolerá a todos j u ntos. 1 0
U n texto que, según algunos, comporta la simi laridad más cercana a la
profecía hebrea entre todos los textos mesopotámicos, procede del reino de
Mari en el Eufrates Medio. 1 1 El texto fue escrito por una persona q ue tenía
conocim iento de un oráculo pron unciado por un apilum ( que sign ifica "'res
pondiente"', término con que se designa al ''profeta'' en d icho texto), de parte
del dios Hadad. Puesto que el oráculo estaba dirigido en real idad al rey
( probablemente Zimrilim ), el escritor se sintió obligado a enviárselo, aun
cuando parece ser q ue el apilum mismo no ten ía necesariamente la i ntención
de que se le en tregase de esta manera. El oráculo, según palabras textuales
del dios, dice lo siguien te: Hay que recordarle al rey que ha s ido criado en
las rodi l las de Hadad y ha sido colocado en el trono por Hadad. Debe
también percatarse de q ue, así como Hadad le ha i nstalado en esa posición,
también podría ahora el dios quitarle de las manos Alahtum ( parece ser
que se trata de un área situada en la región de Alepo), si el rey no trae
animales para una l ibación . En verdad, Hadad le quitaría todo lo que le ha
dado al rey - el trono, el territorio y la ci udad. Pero si, por el contrario, el rey
sat isficiera los deseos de Hadad , entonces le serían dados al rey "'tronos
sobre tronos, casas sobre casas, territorios sobre territorios, c iudades sobre
ci udades y el país entero desde el oriente hasta el occidente".
Se pueden ver aquí tres aspectos semejan tes a los de la profecía hebrea:
primero, se usan l as palabras mismas de la deidad ; segundo, se le recuerda
al rey su dependencia del d ios ; y tercero, hay promesas de bendición si l leva
a cabo lo que el dios · q uiere, y advertencia de q ue tendrá problemas si no
lo hace. Pero hay también notables d iferencias: primera, el apilum no en
t rega el mensaje por s í m ismo y, por tanto, no aparece como vocero del d ios
como lo era de Jehová el profeta hebreo; segunda, el d ios Hadad es introdu
cido meramente como el Señor de Kallasu, Jo q ue sign i fica que era consi
derado com o localizado en un sitio particular, no como q uien ejerce dom i n io
sobre el m undo entero; y tercera, lo q ue se espera del rey para complacer
'ºAltorzentalische Texte u nd Bilder zum A/ten Testament, p. 228.
1 1 i\ . l.ods,
" U ne tablettc inéditc de Mari, i ntéressante pour l ' h istoire ancienne du
proplwtisnw S(•mitiqu<'", Studies "' ()/¡/ 'li•.Wmll'ni Prophecy, cd. 1 1. 1 1. RowlC'y, pp. 1 03 - 1 1 0.
28 LOS PROFETAS DE ISRAEL
a Hadad es ofrecer una libación cultua l, mientras que a los reyes de Israel
se les ordenaba cont inuamente que obedeciesen a Di os en su vida moral.
Cuando se considera detenidamente el texto, estas diferencias sobrepujan
con mucho a las semejanzas.
2. Egipto
Otra área importante del mundo que ejerció una fuerte i nfluencia en
Canaán fue Egipto al sur. Igual que en Mesopotamia, l a religión jugaba
aquí un papel importante. No obstante, tenía su carácter distintivo, pues
aunque algunos aspectos eran s imilares a los de Mesopotamia, muchos
otros eran diferentes. Desde los primeros t iempos de la historia de Egipto,
los sacerdotes gozaban de gran i nfluencia en el país. En la época de la X V III
di nastía (del siglo XVI al XIV A. de C.), la clase sacerdotal se hab ía hecho
extremadamen te opulenta. y en los días de Ramsés I I I (hacia el 1200 A. de
C.). aproximadamente una décima parte del país era propiedad de los
sacerdotes.
Se reconocían tres grados u órdenes de sacerdotes. 12 El Uah era el
primero. A él le correspondía examinar los animales para el sacrificio y
llevar a cabo tareas rut i narias en el templo. El Kherheb era e l segundo.
Este era un hombre docto que podía recitar toda la liturgia con el efecto
apropiado y dirigir las actividades ceremon iales. A veces se le llama el
..mago''. El tercero era el Hemu neter y ocupaba el puesto más eminente,
s iendo casi un personaje equivalente a l sacerdote Baru de Mesopotamia.
Estaba encargado de recibir los oráculos.
En Egipto se usaban varias formas de adivi nación. La primera, y quizá
la más frecuente, era la i n terpretación de sueños. Parece ser que esta forma
de adivinación tuvo en Egipto mayor relevancia que en Mesopotamia. Lo
mismo que en Mesopotamia, se han hallado en Egipto largas l istas que
indicaban los distintos presagios que los sueños comportaban. John Wilson
presenta a lgunas i lust raciones: Sí un hombre se ve a sí mismo durante el
sueño mirando a un gato enorme, es que va a recoger una cosecha abun
dante; s i se ve a s í mismo sumergiéndose en un río, es que va a ser puri
ficado de toda maldad; s i, por contraste, ve a alguien que est á cazando
pájaros. es de mal agüero, pues i n dica que le van a quitar sus propiedades. 1 3
Una segunda forma de adivinación era observar los fenómenos de la
naturaleza y, especialmente, los astros. En esto, existían muchas semeja nzas
entre Egipto y Mesopotamia.
Una tercera forma tenía que ver con los movimientos de los anímales
sagrados. Por ejemplo, se observaba cuidadosamente al buey sagrado, Apis,
IZ f'l i nders Petrie, Reltgious L,fe in A ncient Egypt , p. 48.
13 Ancient Near t.c1stern 'lexts , ed . James B. Pritchard. p. 495.
Profetismo 29
para ver en cuál de sus dos aposentos se metía. También se consideraban
a menudo como significativas las expresiones de los niños que se hallaban
cerca del buey, y lo mismo puede decirse de los sueños experimentados por
quienes ten ían algo que ver con dicho animal. Los toros sagrados eran
tenidos en gran honor; y cuando uno de ellos se moría, había que escoger
otro para reemplazarle, conforme a normas específicamente prescritas.
Todavía existía un tercer tipo de adivinación mediante algunas partes
movibles de ciertas estatuas. En el Museo Oriental de la Universidad de
Chicago, puede verse una estatua del dios halcón, Horus, con dos orificios
que se extienden a lo largo de su interior, terminando respectivamente en
su cabeza y en su pico. Parece ser que un sacerdote se val ía de dos cuerdas
para moverle la cabeza y el pico y hacer que el dios respondiera con gestos
a las preguntas que le hacían los consultantes.
Además, también de Egipto se han obtenido textos que, sometidos a
examen, ofrecen alguna similaridad con los escritos proféticos hebreos .. Está
primero el ''Drama de Memfis'\ que data del comienzo del período de las
dinastías, y contiene el escrito más antiguo que se conoce acerca del tema
de la aprobación o desaprobación de una conducta determinada.1 4
Luego vienen los textos de las famosas pirámides.1 5 Estos consisten en
miles de líneas de escritura jeroglífica en las galerías y en los corredores de
las pirámides.Tenían como objetivo asegurar l a eterna felicidad del rey. Se
dice que contienen las más antiguas reflexiones sobre el tema de la muerte.
De la quinta dinastía datan las máximas de Ptah-hotep, que formulan
los más antiguos principios de conducta, dentro de lo que hasta ahora ha
podido encontrarse. Se incluye allí, por ejemplo, la observación de que Ptah
hotep hab ía llegado a la edad de l 10 años por "hacer lo recto" en favor del
rey "incluso hasta l a tumba''. 16
Desde la llamada época feudal del 2000 A. de C., nos han llegado
algunas composiciones sobre la justicia social que, según dicen, hacen de
sus autores los primeros "profetas" sociales. Las que mejor se conocen
fueron escritas por lpu-wer. Sus escritos han sido llamados los más pare
cidos, de los encontrados en Egipto, a los escritos proféticos de Israel. l pu
wer denuncia sin miedo al rey de su tiempo por el desorden social existente
a la sazón. Hace notar la diferencia entre el modo como el rey gobierna y
el modo como reinaría un rey ideal . Dice, por ejemplo: "Contigo está el regio
mando, el conocimiento y la rectitud", pero "es contienda lo que tú pones
en el país, junto con el ruido del tumulto". Más adelante, añade: "Las leyes
de la corte de justicia son desechadas, los hombres las pisotean en los
l ugares públicos, los pobres las quebrantan sin rebozo en medio de la calle".
14 J. IL Brcastcd, The Dawn of Consnence , p. 4 1 .
"Vl;anst dos cxtructos t•n 1\m·11•111 Ni'a r Eastern 'fexts , pp. 32 33.
rnn)id . . p. 4 1 /4 ,
30 LOS PROFETAS DE ISRAEL
Y de nuevo: "El hombre de virtud camina en actitud de duelo por lo que
está pasando en el país". 1 7
El aspecto que comporta aqu í un paralelo con la profecía hebrea es la
actitud crítica que Ipu-wer adopta en relación con el rey y las condiciones
sociales de su tiempo, hasta llegar a traer a la memoria del rey la respon
sabilidad que tiene de mejorarlas. Pero, frente a esta semejanza. hay ciertas
diferencias dignas de notarse. La primera es que la preocupación de Ipu
wer está centrada en el caos y la confusión del país, más bien que en el
colapso de los valores morales y espirituales del pueblo. En con traste con
esto. los profetas hebreos están preocupados por el pueblo y la opresión
que padece. no por las condiciones caóticas del país. En segundo lugar, lpu
wer no echa la culpa por esta situación a n i nguna deficiencia moral o es
piritual del pueblo. sino que la halla en los dioses, especialmente en el dios
Ra. Los profetas hebreos jamás censuran a Dios por cosa alguna: la culpa
es siempre de los seres humanos. Finalmente, Ipu-wer no habla como dios
ni como vocero de algún d ios, sino por su propia cuenta como un crítico
social de su tiempo, y también esto está muy lejos del modo de actuar de
los profetas hebreos.
El mejor conocido de los "profetas" sociales es Nefer-rohu. Aunque el
texto que a él se refiere fue escrito hacía la época del comienzo de la duo
décima d inas t ía (2000 A. de C.), el relato t iene que ver con la época mucho
más tempran a de la cuarta dim,stía en que gobernaba un hombre llamado
Snefru. El documento presenta a este rey deseando divertirse una noche:
así que llama a Nefer-rohu, un sacerdote de Bastet para que le procure
entretenimiento. Cuando llega Nefer-rohu, le d ice el rey que desea conocer
el íuturo. Nefer-rohu guarda silencio por algún tiempo y luego comienza a
hablar. Le dice, para emperzar, que el país se halla en una condición mi
serable y que nadie se preocupa de ello. A continuación pronuncia la i nes
perada afirmación: "Voy a hablar de lo que tengo delante de mí rostro; no
puedo predecír lo que todavía no ha llegado". 1 8 No obstante, procede pre
cisamente a predecir, y habla de un t iempo en que el hijo de una mujer
nubiense, nacido en la parte septentrional de Egipto, vendrá al país y res
taurará la justicia. El nombre atribuido en el texto a esta persona es Ameni,
lo cual es una clara referencia al primer rey de la duodécima di nastía, Amen
em-hep. l. A continuación, pasa Nefer-rohu a mostrar algunas de las nobles
y espléndidas acciones que este rey llevará a cabo.
El pri ncipal aspecto "profético" de este texto es su carácter mesiánico,
por decírlo así. A saber, Nefer-rohu señala un rey venidero que será u n
salvador para la t ierra d e Egipto. Sin embargo, e s preciso percatarse d e que
dicho texto fue, en realidad, escrito cuando este salvador, Amen-em-hep 1,
17Breasted, Da wn o/ Conscience, p. 1 99.
'"A ncient Near Eastern Texts, p. 445.
Profetismo 31
y a había comenzado a reínar. Por tanto, no hay nínguna profecía e n dicho
texto. También es digno de notarse que todo el contexto del escrito de
muestra un espíritu ligero y amigo de diversiones; lo único que el rey Snefru
desea es que alguien venga a decirle cosas acerca del porvenir. Por último.
el mismo Nefer-rohu no abriga pretensiones de profeta y l lega a decir. in
cluso, que no puede predecir el futuro.
3. Canaán
Ni que decir que Canaán también debe ser tenido en consideración,
puesto que su cultura, prestada o autóctona, era la cultura que más direc
tamente influyó sobre Israel. Casí no se conoce tanto de Canaán como lo
que se sabe respecto de Mesopotamia y Egipto, aunque los descubrimientos
de Ras Samra han aportado una ayuda importante. Templos cananeos de
la época han sido hallados en diversos lugares, incluyendo Betsán, Meguido,
Laquís, Siquem y Hazor en Palestína. En estos t emplos eran sacrificados
animales, y también servían "santas" mujeres como prostitutas sagradas.
El dios supremo era El, pero el que era considerado por la gente como el
más importante era Baal. Este último podía ser considerado en singular
como el dios de todo el país, o en plural como manifestaciones localizadas
de la deidad nacional. Esta es la razón por la que hallamos nombres tales
como Baal-peor (Nm. 25:3), Baal-meón (Nm. 32:38) y Baal-hermón (Jue.
3:3 ).
La evidencia de adivinación en Canaán es comparativamente débil, pero
pueden citarse unos pocos textos que, al menos, muestran su exístencía.
} lay primero una índicacíón de observación de las aves; dice así u n texto
de Ugarit:
Aguil as revolotean sobre la casa de su padre,
U na bandada de buitres se remonta.
Pgt llora en su corazón,
Derrama lágrimas en su hígado. 1 9
Y un texto de El Amarna dice así: "'Envíame u n in quiridor (sa 'ilí) de
águilas". U n bien conocido texto acerca de Idrimi. un joven gobernante
exiliado de Alalak, dice así:
Y habité en medio de la gente de 'Apiru durante siete años. I nterpreté
(el vuelo de las) aves, i nspeccioné ( los in testinos de los) corderos, mientras
que siete años de [?]. el dios de las tormentas giraron sobre [?] m i cabeza. 20
19 A lfred Haldar, Associations of Cu/t Propliets A mong the Ancient Semites , p. 80.
20 Wíllíam E Albríght, "Sorne I mportan! Recent Discoveríes: Al phabetic Origíns and
t hc ldri m i Statuc'', Bu/letin o/ tite American Schools o/ Oriental Research , l 1 8 ( 1 950):
1 1 20.
32 LOS P ROFETAS DE I S RA EL
Hay también i n dicios de que estaba en boga la i nterpretación de sueños.
En otro texto de Ras Samra encontramos lo siguiente:
Y cua ndo se duerme tras tanto l lorar.
el zumbido m i smo del sueño le fatiga.
y yace a l l í entre gemidos y
(derramando abundan tes l ágrimas -o algo así)
(l uego) en sueños ' 1 1 desciende.
En su visión, el padre del hombre. 2 1
También existen u nos pocos textos de tipo más "profético". En uno de
ellos, el rey de Hamat, Zaquir, cuando estaba siendo atacado por Ben-hadad
de Siria, dice que el dios, Ba'alsemin , le habló mediante ''videntes" y "pro
fetas" del modo siguiente: "No temas, porque yo te he hecho ( rey) y yo
estaré a t u lado y te salvaré de todos esos (reyes) . . . "22
La bien conocida historia de Wen amón contiene otro relato al que se
atribuye carácter profético. Wenamón era un oficial egipcio del siglo XI A.
de C., que fue enviado desde Egipto a Biblos en la costa fen icia para con
segui r madera. Su situación se tornó desesperada al enredarse en una dis
cusión monetaria con los oficiales de Biblos. Se le conminó, por espacio de
un mes, a que se marchase del puerto sin su cargamento de madera, pero,
a l fin, un joven de Biblos, que se hallaba, a l parecer, en un estado de
arrebato extático, le dio un oráculo. Esto fue tomado como u na i n dicación
de parte de los dioses, de que Wenamón sería ahora tratado con toda ama
bil idad, y así fue. 23
B. EVALUACION
leniendo a la vista estas ílustraciones de l a "profecía" del Medio Orien
te, es el pun to de hacer una valoración del grado en que Israel pudo recibir
alguna influencia de ella. Hay eruditos que piensan que tal i nf luencia fue
ampl ia. A favor de esto, se propone un argumento basado en l a suposición
de que, puesto que Israel era una entre las naciones de su t iempo, es lógico
que sus gentes siguiesen l a pauta de l os países circunvecinos. Este tipo de
argumentación de "religiones comparadas" será examinado en varios l u
gares de u na próxima discusión, pero es conveniente hacer ya una obser
vación de pasada, advirtiendo que tal suposición no es válída. El Antiguo
Testamento presenta continuamente a Israel como pueblo ú nico en el mundo,
diferente de todas las demás naciones, en especial en lo referente a sus
2 1 1van Engnell, 1 Krt, líneas 3 lb- 37a, Studies in Divine Kingship in the Ancient Near
East, p. 1 5 l .
22 Haldar. Cult Prophets, p. 75.
23Heschel. The Prophets , p. 460. Véase cómo considera John Wílson el texto y discute
sobre él en A ncient Near Eastern Texts , p. 26.
Profetismo 33
creencias y prácticas religiosas. Esto quiere decir que, para demostrar que
Israel era como otros países en relación con la profecía, se necesita una
evidencia objetiva.
l. Consideración de los supuestos pasajes de adivinación en la Biblia.
Se piensa hallar evidencia objetiva en algunos pocos pasajes de la Es
critura, de los que se cree que muestran la práctica de la adivinación en
lsrael.24 Un pasaje al que, probablemente mas que a ningún otro, se hace
referencia es Génesis 44:5,15. Aquí vemos que José había hecho meter en
el saco de Benjamín su copa de plata, antes de enviar a sus hermanos en
viaje de vuelta a su padre, Jacob. En el versículo 5, el mayordomo a quien
José ha enviado en pos de sus hermanos para acusarles de haber robado la
copa, les dice: ''¡,No es ésta en la que bebe mi señor, y por la que suele
adivinar?". Y más adelante, en el versículo 15, cuando ya sus hermanos
habían vuelto a él , les da a entender que sabía lo que habían hecho porque
podía "adivinar". Se alega que estas afírmaciones muestran que José usaba
la copa para adivinar la voluntad de Dios.
Para responder a esto, bueno será hacer cuatro observaciones. Primera,
que, aun cuando resultara cierto lo que se quiere probar, esto demostraría
solamente que una persona que por largo tiempo había estado ausente de
su familia, había llegado a aceptar una de las prácticas religiosas de otro
país, bajo la influencia directa del sistema religioso pagano de Egipto, pero
no significaría que la famílía de Jacob-y, de seguro, no la nación posterior
de Israel-había 'adquirido esa mentalidad. Segunda, que la biografía de José,
en su conjunto, nos ofrece bases muy firmes para concluir que, a pesar de
cualquier influencia egipcia, José no ll egó a aceptar el m étodo egipcio de
adivinación. Nunca encontramos a este piadoso varón en ningún otro mo
mento buscando la voluntad de Dios por medio de tal instrumento de adi
vinación, sino que oraba directamente a Dios y de Dios obtenía las respuestas
sin recurrir a nadie ni a nada. Tercera, que cuando José se refiere a esta
copa con una frase directamente descriptiva, la llama "la copa de plata"
(versículo 2), no "la copa de adivinar". Esto nos sugiere qué es lo que
realmente pensaba de dicha copa. Cuarta, que el verbo usado en los dos
versículos cruciales de esta porción, el 5 y el 15, no es qasam, que ordi
nariamente se usa en sentido de "adivinar", sino nahash , que significa "su
surrar, musitar fórmulas, profetizar". A la luz de la elección de este verbo
y, en particular, teniendo en cuenta las dos observaciones anteriores, bien
podría ser que la intención de José, al hablarles a sus hermanos de esta
24 Por ejemplo, Lindblom, Prophecy ín A.ncíent J,s rael, pp. 88ss., a unque admite que el
/\ni iguo Testamento prohíbe la adivinación. dice: "No obstante, también la tradición israelí ta
t·onoce una adivinación que no 11<' opon ín o lo religión de Yahweh tt y, a continuación, procede
o citar 1011 pasajes aludidos t•o ,•I lexlo.
34 LOS PROFETAS DE ISRAEL
forma, fuese meramente hacerles saber que esta copa tenía una importancia
especial ( v. 5) y que él, en la alta posición que ocupaba, tenía acceso a una
información que no estaba al alcance de cualquiera ( v. 15).
Otro pasaje al que se hace referencia es el que refiere la visita de Saúl
a la adivina de Endor ( 1 Sam. 28). Puesto que parece evidente en este caso
la aparición de Samuel, se alega que el pasaje indica la práctica del espiri
tismo en tiempos del Antiguo Testamento. Es cierto que había personas que
se dedicaban a prácticas espiritistas, pero dicho pasaje no indica en modo
alguno que dicha práctica fuese aceptable a Dios. Es digno de notarse que,
al aparecer Samuel, la mujer se asustó enormemente, mostrando así que
no habían sido sus manipulaciones las que produjeron la aparición, sino
que, al parecer, Dios había obrado de modo sobrenatural. Luego está el
hecho de que el mensaje proferido por Samuel en esta ocasión no es el que
la mujer ni Saúl deseaban obtener; es un mensaje que Dios mismo habría
deseado que Saúl oyese, puesto que predecía la derrota catastrófica que, al
día siguiente, iba a sufrir Saúl en manos de los filisteos.
Un tercer pasaje al que se apela es 2 Samuel 5:24. Aquí vemos a David
luchando contra los filisteos. Les ha ganado una primera batalla y está a
punto de conseguir una segunda. Dios le ordena cambiar la estrategia del
ataque y ponerla en marcha cuando oiga "ruido como de pasos en la cima
de las balsameras". Dicen que esto es una referencia a cierta forma de
adivinación mediante el crujido o chasquido de las hojas de los árboles.
Pero, una vez más, hemos de analizar esta porción a la l uz de la pauta
general que David seguía para ponerse en contacto con Dios. Sus contactos
con Dios, como los de José, eran siempre directos; sea que Dios le revelase
algo, o que él pidiese o preguntase algo a Dios, el contacto se efectuaba en
ambos casos sin intervención de ayuda intermediaria. Nunca se le ve usando
forma alguna de adivinación. La indicación clara que aquí encontramos es
que Dios mismo causó sobrenaturalmente el movimiento de las hojas de los
árboles mencionados.
Un pasaje más, en la lista de argumentos esgrimidos, es Isaías 8: 19,
que dice así: " Y cuando os digan: Preguntad a los encantadores y a los
adivinos, que susurran y bisbisean, responded: ¿ No consultará el pueblo a
su Dios? ¿ Consultará a los muertos por los vivos?". Pero si se lee este
versículo en su contexto, no se tarda en ver que esta práctica de acudir a
encantadores y adivinos es algo que, sin l ugar a dudas, es condenado en el
texto sagrado. En l ugar de recurrir a eso, el pueblo debe acudir "a la ley y
al testimonio" (8:20). De ningún modo puede usarse dicho versículo para
mostrar que Dios daba su aprobación a las artes de los encantadores ni a
los que recurrían a los espíritus familiares.
En fin, hay quienes citan Ezequiel 2 1: 2 1 , donde aparece el rey de Ba
bilonia, detenido en la encrucijada de dos caminos y, según parece, usando
la adivinación para saber por qué camino marchar. Dice Ezequiel: "Ha
Profetismo 35
sacudido las saetas, consultó a sus ídolos, examinó el h ígado". En este
versículo aparecen tres vocablos muy significativos: qesem , "adivinación";
sha 'al, "inquirir, consultar'"; y ra 'a h , "'ver, examinar". Se llega a afirmar que
aquí Ezequiel, no sólo muestra sus conocimientos sobre la adivinación me
sopotámica, sino que bien podría ser que sintiese cierta simpatía por tales
prácticas. Es cierto que Ezequiel conocía las prácticas adivinatorias de Me
sopotamia, por haber vivido en Babilonia durante el período de la cautivi
dad. Pero de ahí a decir que sentía simpatía por ellas, media un abismo.
Nunca se nos dice que él usase forma alguna de adivinación, sino que su
contacto con Dios, como el de los dos personajes antes mencionados, fue
siempre directo.
2. Refutación
El punto de vista del Antiguo Testamento acerca de la adivinación
queda bien claro en Deuteronomio 18: l Oss., que dice así: "No sea hallado
en ti quien haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni quien practique
adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino,
ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con
Jehová cualquiera que hace estas cosas" ( V. Lv. 19:26,31; 20:6,27). A con
tinuación de esta porción, Moisés, el escritor sagrado, le dice al pueblo que,
en lugar de buscar por tales medios un oráculo de Dios, debían acudir al
profeta que el mismo Dios había de levantar de en medio de ellos; a ése
debían oír. De esta manera, Moisés sitúa a los profetas de Israel en directo
contraste con las formas de adivinación que estaban en boga en los países
circunvecinos.
Estas consideraciones nos muestran que la Ley que Dios dio a los
israelitas desaprobaba todas las formas de adivinación. Además, en relación
con los textos llamados de tipo profético paralelo al de Israel, deben tenerse
en cuenta varias diferencias generales (sin contar las ya mencionadas), entre
los textos de otros países y los de los profetas hebreos.
En primer lugar, en cuanto a la cronología, los textos procedentes tanto
de Mari como de Egipto, que evidencian las mayores semejanzas, son muy
anteriores a cualquiera de los pertenecientes a los profetas de Israel. Pa
saron muchos siglos entre la época de las "profecías" registradas en tales
documentos y el tiempo en que los grandes profetas de Israel emitieron sus
mensajes proféticos; 2 5 y ningún texto similar se ha encontrado, procedente
de dichos países, que fuese contemporáneo de los textos representativos de
Israel. En segundo lugar, la profecía hebrea ha aportado a la humanidad,
25 Las "profecías "de Egipto son anteriores al año 2000 A. de C., y el "profeta" de Mari
dnln dc•I siglo decimoctavo A. ck C. En cambio. el primer profeta escritor d e Israel data del
si�lo 110110 A . dC' C.
36 LOS PROFETAS DE I SRAEL
desde entonces, beneficios duraderos. pero l os escrítos "proféticos'' de otros
países solamente fueron conocidos en su t iempo, y apenas dejaron impacto
alguno en la posteridad. Según Heschel, la razón es que "la profec ía en
Israel no era un episodio en la vida de un individuo, sino una i luminación
en la historia de un pueblo". 26 En tercer l ugar, la profecía israel ita no t iene
paralelo en cuanto a la con t i n u idad de su duración. El profetismo de Israel
se extiende a lo largo de los siglos, como dice Heschel, "'Desde A braham
hasta Moisés, de Samuel a Natán, de El ías hasta Amós, desde Oseas a
lsaías, desde Jeremías hasta Malaquías". Y concluye el mísmo autor: "Este
es un fenómeno sin par en la hístoría" 27 • En cuarto lugar, los profetas
hebreos eran personas comprometidas, llenas de vitalidad y dispuestas in
cl uso a mori r por el mensaje que proclamaban. Para ellos, como i nd ica
Scott, ··el m i n isterio profético era algo vi vo, que había llegado a ser parte
de el los mismos después de ponerse enteramente en las manos de Yahweh". 28
Una actitud similar no se observa n i está impl icada en l os textos de otros
países.
En qui nto l ugar, aunque los profetas hebreos hablan del deterioro social
en térmi n os algo parecidos a l os que muestran l os textos egipcios, 29 ellos
hal la n en los pecados del pueblo la razón de tal deterioro, lo cual n unca
ocurre en los textos procedentes de otros países. En sexto l ugar, la profecía
hebrea exhibe "una intimidad entre Dios y el profeta", q ue está casi "com
pletamente ausente'' en las regiones adyacentes. 30 En séptimo l ugar, en
contraste con los elevados aspectos de la profecía en Israel, los "profetas"
de otras naciones "jamás lograron desenredarse de l as mallas de la hechi
cería, l a brujería, la magia y l a n igromancia."3 1 Y en octavo l ugar, justa
mente señala Franz Bohl la diferencia que existe en cuanto al grado de los
castigos previstos. Dice que era "típicamente israelita la i dea de que Dios
puede quebrantar completamente a Su pueblo escogido en castigo por sus
pecados, y lo va a hacer", lo cual es algo que nu nca llegaron a insinuar los
"profetas" adyacentes. Y añade la razón - esto habría signi ficado también el
final de su propio poder. 32
En conclusión, se puede decir con toda propiedad que, aunque existen
ciertas semejanzas generales entre l a profecía de las comarcas circu nvecinas
y la d'e Israel, no ofrecen suficiente evidencia, en cuanto a número o detalles,
de que Israel tomase prestados de ellas los aspectos más característicos de
26 The Propliets , p. 472.
21 l bid.; véase R. B. Y. Scott. The Releuance o/ the Prophets . p. 57 .
28 l bíd., p. 58.
29 A. B. Mace. "Th e l nfluence of Egypt on Hebrew Líterature," Annals of Archaeology
and Anthropology . 9 ( 1 922): 23.
30 Guílla u me, Propheci¡ and D11•matíon , p. 59.
31 J. M . P. Smith. "Semitic Prophecy", rei mpreso de The Biblical World. 35 ( 1 9 10): 226.
32"Some Notes on Israel in the Light of Babylonían Discoveries", Journal of Bibhcal
Literature, 53 ( 1 934): 1 42.
Profetismo 37
su profetismo. Y, como afirma lrving Wood, "es la semejanza de detalles"
lo que se necesita para demostrar una dependencia. 33 Por consiguiente, la
profecía de Israel fue un fenómeno (mico en su clase, diferente de cualquier
otro que se haya dado en el mundo, o, como dice Heschel, "El profeta
bíblico es u n t ipo suí generis ". 34
Es cierto que, en la discusión precedente, no se ha tenido en cuenta el
tema del éxtasis entre los profetas, y hay muchos erud itos que encuentran
en este aspecto, y sólo en éste, una base para establecer un paralelismo.
Con todo, en el siguiente capítulo vamos a anal izar este tema del éxtasis y
hallaremos que, también en este aspecto, hay una marcada diferencia en tre
lo q ue existía en los pa íses vecinos de Israel e Israel mismo.
Borrnwing Bctwcen fkli>iions", Journal of Bihlical Literature , 46 ( 1 927): 98 .
11 ..
14 T/1e Prophels, p. 47:l.
3
Los Profetas de Israel no
Eran Místicos en "Trance"
M uchos eruditos opínan q ue los profetas de Israel, especialmente los
más antiguos, experimentaban éxtasis. Algunos l legan a creer que, de hecho,
la predisposición a entrar en "trance" frenético era una característica esen
cial del profeta, para que la gente de su tiempo le aceptase como auténti
camente tal. Sirva de ejemplo la siguiente observación de E. O. James: "Fue
este tipo de conducta "samanística" . . . lo que constituyó el papel principal
de los profesionales del éxtasis, descrito en Israel como nebí'ísmo". 1 Otros
escritores hablan de una capacidad para el éxtasis como una especie de
credenciales de la autoridad profética, sin la cual la gente no los hubiera a
ceptádo como verdaderos profetas. 2
Se ha llegado a sostener que fue Canaán el país del cual Israel obtuviera
este fenómeno. 3 M uchos creen que ésta fue una de l as maneras principales
en que Israel llegó a depender de Canaán en el desarrollo de su profetismo.
l lubo, sin embargo, una influencia anterior q ue llegó a Canaán desde el
Asía Menor. Dice Teófilo J. Meek que este movimiento atravesó el Asía
Menor "hacia el final del segundo milenio, llegando, por una parte, hasta
Grecia, y hasta Siria y Palestina, por la otra". 4 W. O. E. Osterley y Teodoro
1
Prophecy and Prophets, p. 79.
2
Véase N. W. Porteous, "Prophecy", Record and Revelatíon, ed. H . Wheeler Robinson,
pp. 2 1 6 - 249, para referencias.
3
J. Lindblom ( Prophecy in Ancient Israel, pp. 66, 97ss.), no obstante, está en desa
c·uc•rdo con esto, aunque él tiene la opinión de que el extatícismo era cosa corriente en todo
d' mundo, lo mismo en Israel que en otras naciones.
4
/lehrew Origins , p. 55.
40 LOS PROFETA S DE I SRAEL
H. Robínson añaden que ·'estos fenómenos se extendieron más tarde por
todo el mundo mediterráneo", aunque sin l legar a Egipto hasta el siglo V
A. de C. 5 Gradualmente, continuó extendiéndose hasta l l egar final mente a
todas las partes del m undo. E . O. James d a una l ista de las principales
áreas y dice que el oráculo de Delfos era probablemente el más famoso de
los centros antiguos de estas actividades extáticas6 ; él mismo describe la
acción de l a manera s iguiente:
Cuando alguien acudía en demanda de u n oráculo, se presentaba la pro-
fetisa i nspirada, vestida de s us ropas rozagan tes, su cofia de oro y su gui r
nalda de laurel. y bebía de la fuente sagrada Kasotís. Luego. según d icen, se
sentaba en un trípode a caballo sobre una hendidura por la que emergían l os
vapores de una cueva debajo de l a estancía; a veces, ella misma descen día a
la cueva para saturarse del vapor y obtener u n estado de elevada inspiración.
Así se ponía en condiciones de dar un consejo y emitir e l orácu lo como por
tavoz de Apolo.7
Se practicaban ciertas formas de éxtasis sólo como ejercicio ritual en
algunas festividades, pero el tipo de éxtasis comparable a l a profecía ten ía
por motivo el deseo de obtener alguna revelación. Se buscaba el contacto
con el mundo de los espíritus y, para ello, era menester desprenderse del
contacto con el mundo de la realidad. Para alcanzar el éxtasis se empleaban
diversos medios, incluyendo gases vaporosos, una danza sagrada, un ritmo
musical, e i ncl uso narcóticos. La mente necesitaba estar en sosiego, dejando
a un lado su actividad razonadora y hacerse receptiva, de este modo, a l a
palabra divina. Esta relación con e l mundo d e l os espíritus solía estar acom
pañada de un trance corporal, que T. H. Robi nson describe así:
Consiste en un ataque espasmódico que afectaba a todo el cuerpo. A
veces, las extremidades eran estimuladas a act uar violentamente, resu ltando
en bri n cos y contorsiones sal vajes, más o menos rítmicas, de forma que el
fenómeno podía presentar las apariencias de una danza fren ética y salvaje.
En otras ocasiones, los músculos quedaban agarrotados, produciendo una
situación casi cataléptica. Algunas veces, eran a fectadas las cuerdas vocales,
emitiendo una catarata de sonidos, difíci les de reconocer como lenguaje pro
piamente humano. 8
Este t ipo de profecía es el que algunos creen que fue compartido por
los profetas de Israel. Los más antiguos-a quienes se asigna de ordi nario l a
época d e Samuel-se supone que iban recorriendo e n grupos e l país, ofre
ciendo sus servicios a cuantos estuviesen interesados en ellos. La gente
demandaría mediante ellos cuál era la divina vol un tad, y ell os tratarían de
5 Hebrew Religion: lts Origín and Deuelopment, pp. 1 85- 186.
6 The Nature and Functíon o/ Priesthood. pp. 30- 3 1 .
7
Ibíd., p . 40.
8 Prophecy and the Prophets in Ancient Israel, p. 3 l .
Profetismo 41
responderles mediante esta forma de extático frenesí. Podían usarse varios
métodos para desligarse de las condiciones terrenales de la mente y obtener
un contacto directo con la divinidad. A causa de sus movimientos frenéticos,
acompañados a menudo de ritmos musicales y danzas agitadas, l legó a
l lamárseles "locos" (meshugga ').
El principal argumento para afirmar que los profetas de Israel se ocu
paban en actividades extáticas se basa en el estudio comparativo de las
religiones. Como ya lo vimos respecto al profetismo en general, se afirma
que debe n ormalmente esperarse que los israelitas observasen estas prác
t icas, p uesto que los demás pueblos las observaban. Pero todo erudito
bíblico ortodoxo, que cree firmemente en el papel único de Israel en su
contexto histórico-geográfico, de un pueblo que surgió a la existencia en
virtud de un l lamado especial de Dios, y de El recibió sobrenaturalmente
su Ley y su cultura, da muy poco crédito a esta forma de argumentar. No
cabe duda de que Israel recibió prestados de Canaán a lgunos aspectos de
su cultura, pero, como ya se ha visto en el capítulo anterior, esto no afectó
a l os principios básicos. Como individuos, hubo m uchos que se desviaron
hacia el culto de Baal, tal como se practicaba en Canaán, pero l as creencias
religiosas de I srael, como nación y pueblo, le habían sido dadas ya por Dios
mediante Moisés en el Monte Sinaí antes de la conquista de l a tíerra
prometida.
Hay, sin embargo, unos pocos pasajes bíblicos a los que apelan los que
defienden el punto de vista ya explicado, y es menester confrontarlos aquí.
Como requisito previo, hay que formular las siguientes preguntas: ¿ Se ocu
paron realmente en actividades extáticas los personajes considerados en
dichos pasajes? Si no fue así, ¿cómo pueden entenderse los inci dentes des
critos, algunos de los cuales son verdaderamente sorprendentes? ¿ Y cuál es
la expl icación correcta de las acciones que las personas i nvolucradas lle
varon a cabo? Bueno será analizar primero en sus respectivos contextos los
pasajes que se invocan, y considerar después la argumentación que de ellos
se pretende deducir. Tres son los pasajes principalmente usados. y hay unos
pocos más a los que se asigna un papel de apoyo u lterior.
A. PASAJES USADOS COMO EVIDENCIA DE
DICHO PUNTO DE VISTA
1. Pasajes principales9
a. NÚMEROS 1 1 :25-29
Este pasaje se refiere a la ocasión en que Dios designó setenta ancianos
que ayudasen a Moisés en !a administración de los asuntos de Israel, duran-
9 Para un estudio similar de c•sl os pasajes, véase mi libro The Holy Spirit ín the Old
'l/,sta1m•n1 , cap. 9. pp. 92 - 1 OO.
42 LOS PROFETAS DE ISRAEL
te la peregrinación por el desierto. Moisés se hallaba ya sobrecargado con
una inmensa tarea, y Dios le ordenó seleccionar este grupo de setenta para
que fuesen sus ayudantes. Le dijo además que tomaría del "Espíritu'' que
ya estaba sobre Moisés y lo pondría sobre elios. Así lo hizo, e inmediata
mente todo el grupo comenzó a "profetizar" (yithnabbe ·u ). La mayor parte
del grupo cesó de actuar así después de un breve espado de tiempo, pero
dos de ellos, Eldad y Medad, continuaron p rofetizando según iban a través
del campamento de Israel. Josué, al verlos, se quejó a Moisés y le urgió que
les hiciese callar. Moisés reprendió suavemente a Josué diciéndole que ojalá
toda la gente del pueblo fuesen "profetas" y Jehová pusiese sobre ellos su
espíritu. No hay en el pasaje indicación alguna de ningún mensaje emitido
por el grupo de los setenta ni por Eldad y Medad.
b. 1 SAM U EL 10:1 13
Este segundo pasaje incluye el acto por el que Samuel ungió a Saúl
como primer rey de Israel, y también su resultado, que Saúl profetisara.
Siendo aún joven. Saúl fue, con su criado, a Samuel para preguntarle sobre
las asnas perdidas. Samuel respondió a la pregunta, pero lo más importante
fue que ungió a Saúl como nuevo gobernante de Israel. A causa de la
importancia del acto y. sin duda, de la notoria sorpresa de Saúl, Samuel le
comunicó además tres hechos que le habían de acontecer cuando regresase
a casa. sugiriéndole que esos tres sucesos le proveerían la suficiente garantía
de que el ungimiento había sido auténtico.
Uno de esos tres sucesos fue el encuentro de Saúl con '·una compañía
de profetas que descienden del lugar alto, y delante de ellos salterio, pan
dero, flauta y arpa", de quienes se dice que estaban "profetizando" (v. 5).
Nótese el participio mithnabbe í'm , que indica que en ese momento la acción
era contin ua. Samuel le había predicho que el Espíritu de Jehová iba a venir
sobre él, con el resultado de que también él profetizaría (hithnabbí 'tha ) y
sería '·cambiado en otro hombre" (v.6). Los tres sucesos ocurrieron tal como
Samuel había predícho. Saúl se encontró con los profetas. el Espíritu de
Dios vino sobre él. y profetizó entre ellos ( v. 10). Al actuar así, mostró una
manera de obrar lo suficientemente distinta de la que era normal en él,
tanto que el pueblo "decía el uno al otro: ¿ Qué le ha sucedido al hijo de
Cis? ¿ También Saúl entre los profetas?" ( v. 11 ).
c. 1 SAMUEL 19:18- 24
Este pasaje nos refiere otra oportunidad en que Saúl profetizó. En esta
ocasión, ya llevaba de rey la mayor parte de los cuarenta años de su reinado
(Hch. 13:2 1 ) y estaba poniendo todo su empeño en matar a David, a quíen
consideraba como un rival respecto al trono. Supo que David había huido
a Samuel, quien se encontraba en Ramá, 1 0 y env ió allá tres diferentes gru-
'°Ramá es, con la mayor probabil idad. Er·Ram, unos ocho k ms. al norte de Jerusalén.
en Benjamín.
Profetismo 43
pos de mensajeros para arrestar a David y traérselo. Ninguno de los t res
grupos tuvo éxito, puesto que todos t res, en l l egando a donde estaba David,
hallaron a Samuel y a una compañ ía de profetas ocupados en profetizar, y
también ellos experimentaron sucesivamente l a venida del "Espíritu de Dios"
sobre ellos, y se pusieron igualmente a profetizar. Finalmente, vino Saúl
mismo, visiblemente d isgustado y enfurecido, pero, cuando iba de camino,
también sobre él vino el "Espíritu de Dios" y comenzó a "profetizar" (yith
nabbe '), aun antes de l l egar a Ramá. Más tarde, ,;se despojó de sus vestidos
. . . y quedó desnudo en tierra todo aquel d ía y todo aquella noche" ( v. 24).
2. Pasajes de respaldo
Además de los tres principales pasajes anteriores, se trata de hallar
algunos otros que puedan consolidar la evidencia. Se cree que éstos mues
tran que el verbo profetizar (naba ') comportaba un sentido más amplio que
meramente "hablar de parte de Dios", pues implicaba una relación signifi
cativa con la idea de éxtasis frenético. Hay tres l ugares que se supone
conectados con el significado de delirio, y otros tres con el de locura .
a. LOS PASAJES DE DELIRIO
1) 1 Samuel 18: 10. Este pasaje se refiere a Saúl durante el tiempo
en que intentaba matar a David. Un d ía, en el colmo de su furia, sucedió
que '·u n espíritu malo de parte de Dios,, le asaltó y ··profetizó (yithnahbe ")
en medio de su casa, mientras David tañía con su mano el i nstrumento ante
él . El resultado fue q ue Saúl arrojó la lanza con la i ntención de enclavar a
David en la pared. Por razón de la situación y de que ningún mensaje de
parte de Dios salió de la boca de Saúl, la implicación es que este "profetizar"
fue una explosión de cólera, una emoción de desvarío delirante.
2) 1 Reyes 18:29. Este segundo pasaje se refiere a la actividad fre
nética de l os profetas de Baal en el Monte Carmelo. El ías había propuesto
un desafío para demostrarles que el Dios de Israel, y no Baal, era el único
Dios verdadero. La prueba consistía en ver cuál Dios podía enviar fuego
mílagrosamente para encender el sacrificio. Al intentar que Baal enviase el
fuego, estos profetas "clamaban a grandes voces y se sajaban con cuchillos
y con lancetas" (v. 28) y ''andaban saltando cerca del altar" (v. 26), pero
todo fue en vano. Al hacer todo esto, se nos dice que ellos s iguieron gritando
frenéticamente (yíthnabhe 'u profetizaron). Puesto que no profirieron nin
�ún mensaje de parte de Baal, se implica claramente que esta actividad
delirante o frenética constituía el acto de profetizar.
.3) l Reyes 22: 1 0 - 1 2 . Este pasaje no m uestra tan claramente l a idea
de /rene.,;; í o delirio, pcm lodnvín c•11 dtndo por los que sostienen este punto
44 LOS PROFETAS DE ISRAEL
de vista. Se refiere a la ocasión en que 400 profetas de Acab '"profetizaban"
delante del rey de Israel y de su huésped el rey de Judá, Josafat. Acab les
había pedido que inquiriesen la voluntad de Dios en relación a una batalla
que él proyectaba contra los sirios en Ramot de Galaad. Ellos le respon
dieron : "Sube, porque Jehová la entregará en mano del rey" ( v. 6). Para
darle más fuerza al mensaje, uno de estos profetas, Sedequías, "se había
hecho unos cuernos de hierro, y dijo: Así ha dicho Jehová: Con éstos acor
nearás a los sirios hasta acabarlos" (v. 11 ). En esto, "'todos los profetas
profetizaban ( nihbe 'im , participio) diciendo: Sube a Ramot de Galaad, y
serás prosperado; porque Jehová la entregará en mano del rey" (v. 12).
La razón por la cual este pasaje no muestra la idea de delirio tan
claramente como los otros es que, en esta ocasión, hubo mensaje. Aun
cuando la acción de uno de estos profetas, Sedequías, al hacer los cuernos
de hierro, mostró cierto exceso emocional, no llegó al extremo de lo que hizo
Saúl ante David, o los profetas de Baal en el Carmelo. Y en ninguno de
estos dos últimos casos hubo mensaje. En el presente caso de los 400
profetas de Acab, el profetizar pudo consistir en una conjunta presentación
a los dos reyes de lo que se supon ía ser palabra de Dios. 1 1 De ser así, no
hay connotación alguna en este pasaje, de la idea de delirio en el uso del
verbo profetizar.
b. LOS PASAJES DE LOCURA
Se citan tres pasajes con el intento de demostrar que personas consi
deradas como profetas estaban ''locas" (meshugga '). Se intenta así sostener
la idea de éxtasis en el sentido de que, si los p rofetas no hubiesen exhibido
actitudes extáticas como se atribuían a sí mismos, habría sido natural que
la gente los tuviese por "locos". Sin embargo, estos pasajes no muestran tan
claramente que el punto que se desea probar es válido, puesto que todos
los textos parecen indicar que sólo unas pocas personas bien caracterizadas
tomaban por "locos" a los profetas. Llamaremos la atención sobre este
punto al considerar dichos pasajes.
1) 2 Reyes 9: 1 - 12. Este pasaje nos refíere que un joven profeta de
la escuela de Eliseo fue enviado por éste a ungir a Jehú por rey de Israel.
Era entonces rey de la tierra Joram, y Jehú era capitán de su ejército. Aca
baba Joram de perder una batalla con los sirios y había vuelto a Jizreel para
curarse de las heridas que los sirios le habían hecho. Jehú se hallaba todavía
en Ramot de Galaad, donde había tenido lugar la batalla, con el derrotado
ejército de Israel. Fue allí donde le halló el joven profeta. Comunicó su
mensaje a Jehú y partió rápidamente de allí. Tras esto, uno de los siervos
1 1 Aunque todo el relato nos muestra que el mensaje de estos profetas era falso. es
posible que ellos llegasen a creer que era verdadero y lo presentasen de esta manera.
Profetismo 45
de Joram preguntó a Jehú: "¿ Hay paz?" Y ariadió estas s ignificativas pala
bras: "¿ Para q ué vino a ti aquel loco ( meshugga ')?" (v. 1 1 ). Puesto que las
acciones del joven profeta en esta ocasión habían sido perfectamente nor
males , el hecho de que el soldado lo tildase de "loco" seguramente provenía
de la costumbre que d icho soldado ten ía de considerar de esta manera a los
profetas.
La debilidad del argumento está acquí en que la persona que l lamó
" loco" al joven profeta era un soldado del ejército. Es frecuente entre los
militares tener una opinión equivocada acerca de l as personas religiosas y,
por consiguiente, la opinión de este hombre no tenía por qué representar
necesariamente el punto de vista del pueblo en general.
2) jeremías 29:26 . Este segundo pasaje tiene que ver con unas cartas
enviadas al pueblo de Jerusalén por uno de los cautivos de Babi l on ia,
Semaías. Aunque estas cartas ten ían por objeto oponerse a l a obra que
Jerem ías llevaba a cabo allí, es evidente que Jeremías había visto una copia
de ellas y está hablando de su contenido. En este contenido, dice él, está
incluida la observación burlona s iguiente: "a cargo de todo hombre loco
( meshugga') que se las da de profeta". Esta frase mostraba que el concepto
que de los profetas tenía Semaías es que eran unos "locos".
De nuevo se puede observar la debilidad del argumento, puesto q ue las
cartas mostraban sólo la opinión que este hombre ten ía de los profetas, y
está claro que esta persona no era un amigo de los profetas. E l escrito de
Semaías tenía por objeto oponerse a Jeremías, el profeta más relevante de
su tiempo y a quien se diriguía principalmente la despectiva observación.
Por tanto, repetimos que e l hecho de que una persona como Semaías tildase
de "locos" a Jerem ías y a otros profetas es insuficiente para demostrar que
este p unto de vista era general entre el pueblo.
3) Oseas 9: 7. E l tercer pasaje ocurre en un contexto en que Oseas
describe el falso punto de vista de los israeli tas de su tiempo. Habla de que
el pueblo ha sido infiel a su Dios (v. l ), y, al describir la opinión de la gente,
pone en boca del pueblo l as s iguientes frases: "Es necio el profeta, e i nsen
sato ( meshugga') el varón de espíritu". El paralelismo usado en tal aserción
viene a decir que los profetas, por ser varones del Espíritu ( 'ish ha-ntaj),
eran "locos".
Aunque esta vez queda implicado un número mayor de personas en
pensar de este modo acerca de los profetas, aun as í queda sin demostrar e l
punto que s e pretende probar. Oseas tiene por objetivo aqu í caracterizar e l
modo d e pensar d e los israelítas que se oponían a Dios, y , por consiguiente,
S(' oponían también, con este modo de hablar, a quienes representaban a
Dios ('unndo hablaban en nnnilm• ck él. Por tanto, no se puede decir que,
46 LOS PROFETAS DE ISRAEL
comoquiera que tales personas tenían mal concepto de los profetas, era
evidente que éstos eran frenéticos que exhibían actitudes insensatas.
B. ARGUMENTOS EN FAVOR DEL EXTATICISMO
Los defensores de la idea del éxtasis profético toman sus argumentos
principalmente de los tres primeros pasajes citados. Estos argumentos se
pueden agrupar bajo siete epígrafes.
l . Comparación de religiones
El primer argumento se basa simplemente en la comparac1on de la
religión de Israel con las del mundo de su tiempo, usando esos pasajes
como base general. Israel fijó su residencia entre los cananeos, los cuales
incluían el frenesí extático en su sistema religioso. Puesto que es algo normal
el que un pueblo inmigrado sea i nfluido por las costumbres del pueblo en
medio del cual fija su residencia, se considera lógico que Israel experimen
tase una influencia tal en este caso. Por consiguiente, habría de esperarse
que llegasen a aceptar el frenesí extático como parte de su sistema religioso.
Desde este punto de vista, los dos sentidos distintos que se dan al verbo
''profetizar" son tenidos como de especial importancia. Se supone que la
idea de delirar y la de locura son cercanas al concepto de frenesí extático
y, por tanto, hacen probable este sentido adicional.
2. Presencia de un lugar alto de tipo cananeo
Un segundo argumento se refiere a que en uno de los tres pasajes está
involucrado un lugar alto de tipo cananeo. La compañia de profetas con que
Saúl se encontró al volver a casa después de haber sido ungido por Samuel,
descendían "del lugar alto" ( 1 S. 10:5 ). Tal lugar alto (bamah ) era de tras
fondo cananeo; así resulta lógico concluir que dichos profetas estaban in
fluidos por prácticas cananeas, estando asociados con una i nstitución de
tipo cananeo.
3. Instrumentos musicales
U n tercer argumento se fija en la presencia de mus1ca en la misma
ocasión que acabamos de mencionar. Se afirma que la compañía de profetas
descendían del lugar alto ··y delante de ellos salterio, pandero, flauta y arpa"
( 1 S. 1 0: 5). Se sabe que la música se usaba en otros países como un medio
de producir el éxtasis; por ello, es probable que se usase aquí con el mismo
objetivo.
Un episodio registrado en 2 Reyes 3 es a menudo citado a favor de esta
Profetismo 47
opinión. Se trata del incidente en que Elíseo les dice a tres reyes, Josafat de
Judá, Joram de Israel y al rey de Edom, que se apresta a ver si Dios le va
a revelar cómo obtener agua en la gran necesidad que tenían del líquido en
aquellos momentos. El punto digno de notarse es que, como medida previa,
pidió que le trajesen un tañedor. Se afirma que el tañedor debía ejecutar su
música a fin de que Elíseo entrase en un estado de éxtasis, durante el cual
había de recibir la comunicación de Dios (2 Reyes 3: 1 5).
4. Saúl "mudado en otro hombre"
Un cuarto argumento se basa en la afirmación de Samuel de que Súl
"'sería mudado en otro hombre" ( l Samuel 10:6) y en la indicación posterior
de que, cuando Saúl se encontró con los profetas y profetizó, cambió de tal
manera que los espectadores, sorpren didos de su conducta, preguntaban si
también Saúl estaba entre los profetas (v. 1 1 ). U n cambio tal, dicen, sólo
puede explicarse en el caso de que Saúl fuese poseído por un frenesí extático.
Como dice R. B. Y. Scott, la frase "le mudó Dios su corazón" significa "se
volvió delirante". 1 2 Se cree que sólo un estado de éxtasis, de delirio, pudo
ser la causa de que los que le contemplaban reaccionasen de la manera
indicada.
5. Saúl yace por muchas horas, al parecer, presa de estupor
Se toma un quinto argumento del posterior encuentro de Saúl con los
profetas de Samuel cuando David había huido a Ramá, según se nos dice
en 1 Samuel 19. Saúl, en este caso, no sólo profetizó, sino que también se
despojó, al menos de sus vestidos exteriores, y permaneció así tendido todo
el d ía y toda la noche (v. 24 ), al parecer, en un estado de estupor. Tales
coincidencias, dicen, muestran un ejemplo de lo que, les sucedía a otros
cxtáticos de su tiempo y, por tanto, la mejor explicación es tomarlo como
una demostración de frenesí extático. Como se nos indica que, en esta
ocasión, Saúl "profetizó" y que la gente se quedó de nuevo sorprendida por
el incidente, el "'profetizar" debió de ser una vez más - dicen - un caso de
frenesí extático.
6. El profetizar de los setenta
Un sexto argumento trata, en realidad, de prevenir una posible objeción
contra el punto de vista de que Números 1 1 refiere un caso de extaticismo.
Ese incidente, en el que los setenta ancianos profetizaron en el desierto,
sucedió mucho antes de que Israel llegase a Canaán y cayese bajo la in-
1 2 ·n11• lfrle1•ance of the Prophl'ls . p. '17.
48 LOS PROFETAS DE ISRAEL
fluencia cananea. La objeción es que, si tal modo de profetizar ocurrió antes
de que la i nfl uencia cananea pudiese dejarse sentir, no es posible atribuirlo
a ella. La respuesta que a esta objeción dan l os sostenedores de este punto
de vista es q ue el relato está engarzado en u n lenguaje y u nos conceptos
que pertenecen a una época muy posterior, cuando la influencia cananea se
había dejado sentir ya por largo tiempo. Quienes sostienen la idea de que
los profetas de Israel eran extáticos pertenecen , en su mayor parte, a l a
escuela l i beral d e la a l t a crítica y no aceptan q u e Moisés fuese el autor del
Pentateuco. Creen q ue fue escrito por numerosos autores en una época
relativamente tard ía de la h istoria de Israel, cuando el pueblo había per
manecido por muchos años en la t ierra de Canaán. Sobre esta base, se
alega q ue el uso del térmi n o profetizar debe atribuirse a los conceptos de
estos autores posteriores, más bien que ser una indicación de lo que en
realidad sucedió, aun cuando es probable que los autores pensasen q ue lo
que ellos escribía n era lo que había sucedido.
7. El Espíritu de Dios se haya involucrado en estos incidentes
Un séptimo argumento está basado en el hecho de q ue el "Espíritu de
Dios" se mencion e en cada uno de los pasajes principales. E l Espíritu de
Dios vino sobre los seten ta en el desierto, y sobre Saúl, tanto en 1 S. 1 0
como e n 1 S . 1 9. E l argumento es que este término Espíritu de Dios se
refería al poder, atribuido a la Deidad, que causaba el frenesí extático. En
otras palabras, el hecho mismo de q ue el '·Espíritu de Dios'" se halle en
estos pasajes es s uficiente i ndicación de que todas las personas i nvolucradas
en ello experimentaron un trance extático.
C. REFUTACION DE LOS ARGUMENTOS
U na vez que hemos visto los principales argumentos que se toman de
estos pasajes, es el momento oportuno para refutarlos. La mayor parte de
los eruditos conservadores rechazan la idea de que los profetas de Israel
fuesen extáticos. Al aceptar la posición de q ue el A ntiguo Testamento es
producto de u na revelación sobrenatural. creen q ue l os profetas ten ían un
l lamamiento especial de Dios y daban sus mensajes mediante comu nicación
sobrenatural directa. Creen que las ocasiones en que se mencion a "'una
compañ ía de profetas", no reflejan .la idea de bandas de locos en trance,
sino, más bien, grupos de profetas en período de entrenamiento, con la vista
puesta en su futuro min isterio. D u ra n te este período de en trenamiento, no
cabe duda de que estos hombres se convertían en heraldos individuales del
mensaje de Dios, lo m ismo que otros profetas ya maduros. Estaban siempre
en plena l ucidez mental mientras profetizaban y el Espíritu de D ios los
capacitaba de una forma especial para su tarea .
Profetismo 49
Es cierto que los pasajes alegados presentan un sentido poco común
del verbo profetizar y requieren esmerada atención. Sin embargo, cada uno
de los pasajes debe interpretarse de un modo totalmente diferente de como
lo hacen los defensores del punto de vista del extaticismo. Para mostrar la
verdad de nuestro aserto, es conveniente refutar primero los siete argumen
tos propuestos y, luego, presentar unos pocos argumentos a favor de la
posición conservadora. Los refutaremos en el mismo orden en que han sido
presentados.
l. Una comparación de religiones
Para que ses valedero el primer argumento depende de la amplitud con
que Israel siguiese las costumbres religiosas de los pueblos de su tiempo.
Ya se hizo en el capítulo precedente la observación de que esto ocurrió en
aspectos periféricos y no en detalle. En los aspectos fundamentales de la
religión, los judíos que permanecieron fieles a las prácticas religiosas ofi
ciales de Israel, no tomaron nada prestado de otros pueblos. No pudieron
hacerlo así, por cuanto su religión oficial les había sido dada mucho antes
de que entrasen en la tierra de Canaán. Moisés, que murió antes de la
entrada de Israel en la tierra prometida ( Dt. 34:5-8). fue el instrumento
humano mediante el que Dios reveló Sus normas en el Monte Sinaí. Pre
cisamente, Dios lo hizo así a fin de que el pueblo no adquiriese después las
ideas y costumbres de sus vecinos cananeos. Consiguientemente, el pueblo
estaba debidamente avisado para que no se dejase influir por ellas, e incluso
se le ordenó que echase de la tierra a los cananeos para evitar el peligro. Es
cierto que muchos individuos del pueblo, y de modo notorio, contravinieron
estas normas fundamentales después de entrar en Canaán y, a este respecto,
hubo cierta influencia de parte de los cananeos, pero es preciso distinguir
entre lo que hicieron algunos individuos rebeldes y lo que fue práctica oficial
de Israel.
De hecho, los tres pasajes principales que han sido mencionados, cuando
se leen sin prejuicios (sin tratar de ajustar sus relatos a presuposiciones
liberales) están en conformidad a nuestro punto de vista. Esto se hará
evidente en el decurso de nuestra refutación. Con respecto al hecho de que,
en estos pasajes, no hallamos mensajes de parte de Dios cuando en ellos se
use el verbo profetizar, debemos decir que el término comporta aquí un
Hignificado diferente del normal. Pero no se sigue necesariamente que el
sentido variante sea el de trance extático. Puede ser algo muy diferente y
('11 hreve vamos a sugerir qué puede ser. En cuanto a los significados de
delirio y locura , ya se ha mostrado que este último tiene poco o ningún
vn lor argumentativo en favor de la posición que refutamos, y el primero no
1'B lo mi:-;mQ que éxtasis. l ,a n'lación que el término comporta en dichos
50 LOS PROFETAS DE I SRAEL
pasajes con el sign i ficado básico de "'profeti zar", se mostrará en u n cap ítulo
posterior, cua ndo examinemos más en detalle el s igni ficado de este verbo.
2. La presencia de lugares altos de tipo cananeo
U n l ugar a l to de tipo cananeo queda implicado en el primer encuentro
de Saúl con una compañ ía de profetas, y es cierto que estos centros de
adoración entraron en Israel como resultado de la i nfluencia can anea. Por
este motivo. son con stan temente desaprobados en el Antiguo Testamen to,
con la excepción de un determi nado período de t iempo. Se trata del espacio
de tiempo que medió entre la pérdida del san t uario de Siló 1 3 hasta la cons
tructión del templo de Jerusalén. per íodo en que no había l ugar oficial de
culto ( 1 Reyes 3:2). Fue durante este t iempo cuando ocurrió e l i ncidente al
que se a l ude aquí. Por tan to, el q ue unos profetas descendiesen de u n l ugar
a lto en este tiem po, no sign i fica necesariamente que adoptasen el tipo cana
neo. Se admite en general que Sam uel no era un profeta de t ipo cananeo y,
sin embargo. ofreció también sacrificios en l ugares a ltos dura nte este tiempo
( 1 Samuel 9: 1 9 ).
3. Instrumentos musicales
Los profetas con que Saú l se encont ró. cuando descendían de este l ugar
al to. tocaban instrumen tos musicales, y es cierto que l a m úsica se usaba en
otros pa íses con el fin de provocar el éxtasis. Sin embargo. no es preciso
pensar que estos profetas usasen sus i nstru mentos con esa finalidad. Podían
existir m uchos otros motivos para ello. y en breve vamos a sugerir uno que
l o expl ica perfectamente sin recurrir a la idea de trance extático. En real idad,
el modo en que se mencionan estos i nstrumen tos musicales sugiere que no
estaban siendo usados para fi nes de tal especie, sino que se habla de ellos
en conexión con el "descenso'' de los profetas del l ugar a lto, como si l os
profetas tocasen los instrumentos precisamente cuando bajaban de a l l í. Por
el contrario, la música que provoca el éxtasis no se toca mientras uno
cami na . s i no que es un tipo especial de música, con s u ritmo y son i do
pecul i ares, que se ejecuta m ien tras a lguien danza con movi m ientos larga
mente repetidos. Martí n Buber reconoce la i n consistencia de este argu
men to, al referirse a este preciso pasaje:
LE! éxtasis] no es provocado en pueblos de cultura primitiva por medios
como éstos. sino por un frenético can tar de canciones monótonas. Es cierto
' -' El tabern áculo fue trasladado de Siló a Nob ( 1 S . 2 1 : 1 ) poco después, según parece.
de que el arca hubiese sido sacada del tabernáculo para ser l levada a la ba talla de Afee.
cuando cayó en manos de los fil isteos ( 1 S. 4: 1 - 1 1 ).
Profetismo 51
que tal can to es extático. pero también está l igado a u n ritmo m uy estricto y
acom pa11ado de movimientos rít micos de todos l os miembros del grupo. 1 4
Una observación similar puede hacerse en relación con el caso de Elíseo
en 2 Reyes 3, cuando el profeta pide que le traigan un tañedor. El término
hebreo nagan 1 5 se refiere a una persona que toca un instrumento de cuerda,
y es m uy difícil que pudiese así ejecutar un tipo de música adecuado para
provocar éxtasis. Si tal hubiese sido la intención de Elíseo, habría mandado
traer un conjunto de músicos. La idea es más bien que Elíseo buscaba un
tañedor que tocase música suave, a fin de que su mente estuviese clara y
tranquila, y su corazón permaneciese receptivo a una posible revelación por
parte de Dios. Parece ser que la visita de l os tres reyes le hab ía perturbado
causándole una actitud mental que no era la más conveniente para entablar
contacto con Dios. Es un fenómeno psicológico bien conocido. que el estado
de frenesí extático sólo puede conseguirse cuando el participante simpatiza
con la idea de quedar en trance; es preciso desearlo e incluso hacer un gran
esfuerzo para conseguirlo. Realmente, no es fácil l levarlo a cabo, y hay
muchas personas total mente incapaces de l l egar a tal estado. No hace falta
decir que ni Saúl cuando se encontró con esta compaii ía de profetas, ni
Elíseo cuando ofa la suave música del tañedor. mostraban ningún esfuerzo
por llegar al frenesí extático.
4. Saúl "mudado en otro hombre"
Cuando Samuel predijo el encuentro de Saúl con los profetas, dijo que
Saúl '"sería mudado en otro hombre". Con todo, existen dos factores opues
tos a l a idea de que ello comportaba una predicción de que Saúl había de
llegar a l éxtasis.
En primer lugar, fue Samuel quien h izo la predicción y, al hacerlo así,
implicaba aprobación. Pero si esto hubiese comportado una actitud de tipo
cananeo, habría sido totalmente contraria a la conducta de Samuel, clara
mente anticananea. Su ministerio se caracterizó de por vida por la intima
ción con que urgía a los israel itas a dejar el culto cananeo de Baal y volverse
n una fe verdadera en el Dios de Israel (e.g. , 1 S. 7:3-4). Es difícil incluso
t•I pensar que Samuel predijese con aprobación que Saúl había de l legar a l
frenesí extático hasta el punto d e ser mudado e n "otro hombre". Debió de
tener en su mente a lgún otro pensamiento, y la naturaleza de tal pensa
miento es lo que constituye la base del segundo factor.
Este segundo factor es que es lógico conectar la predicción de Samuel
14
'/1,e Prophetic Faith . p. 63.
'5 EI término nagan ocurre cntorcc· veces en el Antiguo Testamento: en doce de el las se
l'l'fit•n•, con toda certeza. a 1111 l a 1h-dor ele- inst rumento de cuerda; y en las otras dos. es
posihk quc lnmbicln l l'ngn <•I 111 1 1111111 HPlll ido (Snl. 68:25; l•'.z. 33:32).
52 LOS PROFETAS DE I SRAEL
con respecto a Saúl. con otra frase del mismo contexto, en la que se nos
dice de Saúl que "le mudó Dios el corazón" ( l S. 10:9), lo cual no implica
una pérdida del control de sí mismo en trance de éxtasis, sino que más bien
indica una nueva actitud, una n ueva visión emocional de la vída. Esto se
encuadra perfectamente en el relato cuando ésto se considera como un con
junto. En efecto. Saúl se había sen ti do perplejo sobre ir o no a ver a Samuel
( l S. 9:5 - 10), lo cual sugiere una falta de confianza en sí m ismo (V. 1 S.
1 0: 2 2 ). Pero ahora Samuel había ya ungido al joven para q ue fuese el
primer rey de Israel . y esto exigía una confianza notable. No cabe duda de
que la primera objeci on que se levantó en la mente de Saúl fue su propia
falta de con fianza. y Sam uel se percató de ello. En consecuencia, Saúl
necesitaba experimentar un cambio en este respecto, y éste fue el cambio
que experimentó al recibir "un corazón nuevo''. El cambio fue tan notorio
que, cuando los que se hallaban a l l í vieron al joven. cuya timidez conocían.
ocupado en la actividad de profetizar con la compañ ía de l os profetas, no
sa lían de su asombro y se preguntaban si también Saúl estaba entre los
profetas.
Evidentemente, este cambio fue operado por el Espíritu de Dios, que
vino sobre Saúl ( l S. 10: 1 0), detalle que estudiaremos en el capítulo 6.
Parece ser que esta vez el cambio fue sólo temporal , aunque era un anticipo
de la fuerza que se le conferiría cuan do llegase a ejercer su oficio, puesto
que Saúl mostró la misma timidez cuando, más tarde, fue seleccionado por
Dios en presencia de los ancianos de I srael : se le halló ··escond i do entre el
bagaje" ( 1 S. 1 0: 2 1 - 22). El cam bio no necesitaba ser permanente en la
ocasión anterior, ya que Saúl reinaría en algunos meses más. Parece ser
que el Espíri tu vino sobre él de modo permanente justamente antes de la
batalla de Jabés de Galaad ( 1 S. 1 1 :6), y acto seguido fue investi do como
rey de Israel ( 1 S. 1 1 : 1 5).
5. Saúl yace desnudo, como en estupor, durante muchas horas
En su segundo encuentro con un grupo profético, Saúl no sólo profeti zó,
sino que se desvistió de su ropa exterior 16 y permaneció tendido d urante
muchas horas en una especie de estupor. Tal actitud parece i ndicar que
había perdido el control de sí mismo, porque una persona normal no se
comporta de esa manera: pero, de n uevo, dos factores muestran que esto
acción anormal no fue producto de un éxtasis autoprovocado.
El primero es que solamente Saúl, de todos los q ue profetizaron en esta
ocasión, tuvo esta experiencia. Muchos otros profetizaron también, ínclu-
' 6 En efecto. es probable que este desvestirse no impl icase total desnudez. En esta clase
de actividad profética, es natural que se desease facilidad de movimientos. lo cual pudo
obtenerse quitándose la ropa exterior. La palabra desnudo (arom) puede significar simple
mente parcia lmente vestido: véase Job 22:6: 24:7. I O: Is. 58:7.
Profetismo 53
yendo el grupo profético que se hal laba presente, y l os tres grupos de men
sajeros q ue Saúl había e nviado previamente para arrestar a David ( l S.
l 9:20 - 2 1 ). Al menos, algunos de ell os tambíén se desvistieron parcial
mente, porque el texto usa el vocablo también (gam) al hablar de la accíón
de Saúl en esta ocasíón ( 1 S. 19:24), pero está total mente claro que nadie
más de los otros estuvo tendido en una especie de estupor. El comentario
de los sorprendidos espectadores también se refirió solamente a Saúl. Si el
estupor de Saúl hubiese sido resultado de un trance extático, habríamos de
preguntarnos por qué los demás que profetizaron y se q uitaron la ropa
exterior, no actuaron de la misma manera. Por tanto, es menester mirar en
otra dirección para hallar el motivo de la actitud de Saú l , motivo que sólo
len ía q ue ver con él.
El segundo factor es que, en este tiempo, no era Saúl la persona más
indicada para experi mentar un trance de frenesí extático. Ya hemos hecho
notar que el estado de éxtasis no es fácil de conseguir, y que la persona, n o
sólo debe si ntonizar perfectamente con la idea de l legar a l éxtasis, sino que
debe esforzarse por conseguir tal estado. Sin embargo, en este caso. Saúl
no sólo no hizo n ingún esfuerzo por entrar en trance, sino q ue no simpati
zaba con la idea en lo más m ín imo, puesto que había l legado a l lá en u n
estado d e enfado y frustración por e l hecho d e que tres grupos d e mensajeros
habían sido i ncapaces de aprehender a David. As í que. al llegar. su único
pensamiento era echar mano del joven y tratarle con la m ayor aspereza. no
de ent rar en trance. Por tanto. debió de existir otra razón, tanto para su
profetizar como, especialmente, para el estupor resul tante. Esta razón existe
.v será presentada más tarde, en el capítulo 6.
6. El profetizar de los setenta
Nada tenemos q ue añadir a las _ observaciones hechas a nteriormente
ruando fuera presentado este argumento. Para poder dar razón de la idea
de éxtasis en esta época tan temprana de la h istoria de Israel, l os sostene
dores de este punto de vista se ven obligados a negar q ue Moisés fuese el
nutor del Pentatueco. 1 7 Sin embargo, ni ngún erudito conservador se atreve
ró a negar así la i nspiración sobrenatural de la Biblia.
7. El Espíritu de Dios se haya involucrado en estos incidentes
En cada uno de los tres pasajes estudiados, se nos dice que vino el
l•:spíritu de Dios sobre los protagonistas de los hechos. y se pretende que
\'Slo es una evidencia más de que en cada caso hubo éxtasis. Sin embargo,
17 Parn una t ípica prescntad(m ck t•8 ta opinión. véase Líndblom. Prophe,:y in A 11cie11t
l•mwl, ¡,p. 1 00 102.
54 LOS PROFETAS DE ISRAEL
esta conclusión se seguiría únicamente interpretando la frase "'espíritu de
Dios" en el sentido que le dan los defensores, de este punto de vista, a
saber, como el poder divino que produce e l éxtasis en una persona. Pero
éste no es e l punto de vista de la Biblia, pues el Espíritu de Dios es la
Tercera Persona de la Deidad, quien, en estos episodios, capacitó sobre
naturalmente a las personas para que llevasen a cabo acciones q ue ellas no
habrían podido, o no habrían querido, hacer por sí mismas. C uando se
acepta este punto de vista bíblico, no queda en el argumento evidencia
alguna en favor del extaticismo.
D. CONTRAOFENSIVA
Es hora ya de pasar de la defensiva, de la refutación de los argumentos
de los oponentes, a la presentación de positivas evidencias a favor de un
punto de vista consistente con la Palabra de Dios.
l. El significado básico del verbo "profetizar"
Los mantenedores de la idea de éxtasis basan su opinión en la creencia
de que "profetizar'' pod ía significar-aun que no lo fuese en el común de los
casos-entrar en trance de frenesí extático. Por tanto, siempre que el término
se encuentra en un pasaje donde haya la menor posibilidad de que esté
presente tal actividad, sacan l a conclusión de que el concepto implicado es
el de frenesí extático. Sin embargo, cuando el término es estudiado en sus
numerosos contextos bíblicos, resulta evidente que su sign ificado básico es
completamente distinto de la idea de éxtasis. Estud iaremos esto en detalle
en el capítulo 4; por ahora, basta con decir simplemente que el presuponer
un sentido de frenes í extático, sobre la base de que éste era el s ign ificado
corriente, si n o el fundamental, del término, no está avalado por n i ngún
respaldo.
2. Resistencia de Israel a la influencia cananea
Aunque los eruditos liberales de la generación precedente estaban pres
tos a decir que Israel sufrió gran influencia de la cultura cananea, no es
ésta la opinión que prevalece en época más recíente. Por ejemplo, J. M. P.
Smith escrib ía en 1910, "Se admite hoy en general que ni una sola insti
tución de la vida de I srael era exclusivamente hebrea". 1 8 Y W. C. Graham
aseguraba todavía en 193 1, ·'Poco a poco, en un lento proceso de instala
ción, se volvieron [los israelitas] cananeos en todo, excepto el norQbre". 1 9
ts··Semitic Prophccy", reimpreso de The Blblícal World. 35 ( 1 9 1 0): 233.
19
"'The Religíon of the Hebrcws", fournal o/ Religíon, 1 1 ( 1 93 1 ): 244.
Profetismo 55
Por contraste, W. F. Albright, en 1938, decía, "Cada una de las recientes
publ i caciones de los textos mitológicos cananeos está ensanchando con
mayor claridad la ci ma entre la religión de Canaán y la de Israel". 2 Una º
razón poderosa para este cambio de punto de vista es que las i nvestigaciones
arqueológicas no favorecían a las antíguas ideas. Estratos enteros de objetor
excavados, que datan de tiempos de la vida de Israel en Canaán, no mues
tran e l grado de dependencia de Canaán que l os liberales presuponían
anteriormente.
El que Israel no sufriera mayor influencia de l as costumbres de Canaán
sign ifica que existieron en el pueblo potentes factores de resistencia contra
tal i n fl uencia, pues de todos es sabido que un pueblo emigrante, como lo
fue Israel bajo Moisés, experimenta de ordinario gran influencia de parte
de la cultura del país en el que se instala. Las probabilidades aumentan
cuando la cultura material de dicho país está más avanzada que la de los
inmigrantes, y las excavaciones han demostrado que éste era el caso de
Canaán con respecto a Israel. Los cananeos estaban muy avanzados en
aquel tiempo, con cuidades fuertes y bien organ izadas, i nstrumental refi
nado y excele.nte industria alfarera. Israel, por su parte, acababa de salir de
una vida en el desierto, donde el pueblo no tuvo que construir ciudades n i
aun cosechar frutos del campo, puesto que habían sido alimentados con el
maná que su Dios les había sumínístrado m ilagrosamente. Además, la gene
ración que iba a entrar en Canaán ni siquiera conocía las antiguas cos
tumbres aprendidas en Egipto, porque durante los 40 años de peregrinación
por el desierto, la antigua generación había fallecido como castigo de Dios
por la rebelión del pueblo en Cadés Barnea ( Nm. 14:23). Así, pues, esta
nueva generación poseía unos conocimíentos técnicos muy i n feriores a los
de los can aneos entre quienes venían a residir.
Las tribus israelitas poseían sólo un mínimo de gobierno civi l que l es
proveyese de alguna defensa. 2 1 Pero, por contraste, ten ían u n sistema reli
gioso bien desarrol lado. Por consiguiente, el factor más probable de resis
tencia, por el que puede explicarse la poca influencia cananea experimentada,
hubo de ser de carácter religioso. En esto, un papel de relevante importancia
lo jugaron los sacerdotes, al estar distribuidos en 48 ciudades conveniente
mente ubicadas para un contacto directo y constante con e l pueblo. Otro
oficio religioso importante fue el de los profetas, y es impensable que Dios
l<·s comunicase a éstos un mensaje diferente del de los sacerdotes. Por tanto.
20 ''Recent Progress in North Canaanite Research", Bttlletm of the A merican Sc/100/s
of 01·iental Hesearch , 70 ( 1 938 ) : 24: véase también G. E.rncst Wríght, Tite Old 7éstament
/lqams/ lts Enl'iromnent. p. 74.
21 No ten ían rey, ni siquiera u n jefe de cada tribu, sino sólo ancianos para el servicio
d<' n1mun ídades loca les, y ciertos oficiales con cargo judicial ( Nm. 1 1 : 1 6 ·- 1 7; Dt. 16: 1 8:
1 '7:8Hs.; 1 9: 1 2 ) .
56 LOS PROFETAS D E ISRAEL
los profetas debieron también de proveer resistencia contra l a i nfl uencia
cananea ; por tanto, no eran cananeos ni en su origen ni en sus prácticas. 22
3. "Alabar" como significado del verbo pro/etizar
El punto principal de controversia es el sign ificado de "profetizar" en
l os tres pasajes pri n cipales aludidos. Es cierto que en ninguno de los tres
se halla mensaje de parte de Dios. y no puede aplicarse aqu í el significado
básico de "hablar por Dios". La cuestión es, pues: ¿ De qué sentido se trata.
Ri no e8 el de frenesí extático?
l CrónicaR 25: l 3 nos da una respuesta bien clara. Aqu í se atribuye
al térmi n o ..profetizar" el s ignificado de "alabar". En este pasaje, se nos
describe a David seleccionando a ciertas personas para que d irigiesen el
min isterio de alaba nza en la casa de Dios. En el versículo L son escogidos
los hijos de Asaf, de Hemán y de Jedutún, "para q ue profetizasen (nibhe 'im )
con arpas, salterios y címbalos". Luego, en el vers. 2, son seleccionados
otros hombres, y también de ellos se dice que estaban "bajo l a dirección de
Asaf, el cual p rofetizaba ( nibba ' ) bajo las órdenes del rey.". En el vers. 3.
son todavía seleccionados otros hombres, "baj o la d i rección de su padre
Jedutún, el cual profetizaba (níbba ') con arpa, parn aclamar y alabar a
Jehová''. Así, pues, la actividad profética de estos hombres-todos l os cuales
están clasificados como l evitas cantores-consist ía en rendir alabanza a Dios
mientras usaban arpas, salterios y címbalos para acompañarse en el canto.
Acoplando este significado a los tres pasaj es mencionados, hallamos
que encaja perfectamente. En el caso de los setenta que fueron escogidos
para ay udar a Moisés en el desierto, el pensamiento sería que empezaron
a alabar a Dios cuando vino sobre el los el Espíritu. No es menester que tal
alabanza tuviese relación directa con la ayuda que el los había n de prestar
a Moisés, pero resultaba un respuesta natural al poder del que habían sido
recién i nvestidos por el Espíritu de Dios. La alabanza pudo ser probable
mente en la forma de uno o varios cánticos, según les venían a las mentes
y parecían encajar bien con la gratitud por las bendiciones recibidas de
Dios al ser elegidos por El para una obra tan importante. Que dos de ellos,
Eldad y Medad, continuasen a labando a Dios, cuando los demás habían
cesado, no tiene nada de extra'ñ o, pues probablemente disfrutaban de sus
cánticos y q uizás se les otorgó un gozo may or que a sus com pañeros.
En el primero de los casos referentes a Saúl ( 1 S. 10), la idea podría
ser q ue la compañ ía de profetas que descendían del lugar alto con i nstru
mentos m usicales, estaban igualmente ocupados en alabar a Dios. E. J.
22 Véase Waller Eichrodt, Theolog_y of the 0/d "festament, pp. 328 - 329. donde expresa
la m isma opiníón. Véase la traducción al español, Walter Eichrodt, Teología del A ntiguo
1c.�tamento .. 2 Tomos. Ediciones Cristiandad.
Profetismo 57
You ng sugiere que pudieron haber ''ido a Gui beá en peregrinacíón". 23 Es
posible, pero también pudo ser q ue acabasen de tener una clase en el l ugar
alto, puesto que eran escolares que se estaban preparando para el ministerio
profét ico y pudieron h aber usado el l ugar alto como centro de reunión. Esto
explicaría que Samuel conociese de a ntemano la obra en que estarían ocu
pados cuando Saúl los encontrase. En todo caso, parece ser que ten ían la
costumbre de cantar mientras caminaban a sus respectivos l uqares de re
sidencia. A l l legar a ellos Saúl, l a idea sería que él se u n ió a ellos en sus
cánticos de a labanza. El cambio manifestado en este modo de comportarse
estaría en agudo contraste con su habitual timidez, puesto q ue no era lo
ordi nario en él esta forma extravertida de conducirse.
En el segundo de los dos casos q ue se refieren a Saúl ( 1 S. 1 9), el
pensamien to sería similar. Aquí, no obstante, los primeros implicados en
rendir alabanza serían l os tres grupos de mensajeros enviados por Saúl
para arrestar a David. Al llegar al l ugar en que los jóvenes profetas estaban
(lCupados en cantos festivos y al experimentar sobre sí la influencia del
Espíritu de Dios, cada grupo, a su vez, se uniría al cantar de los profetas.
El grupo total formaría un coro n umeroso al t iempo de l legar Saúl. Que él
m ismo, hallándose en tal estado de malhumor, se u niese a los cánticos de
alabanza es ciertamente difícil de entender; pero no tan difícil como tratar
(k explicar que cayese en un trance de frenesí extático. El texto sagrado
insinúa como base de este hecho el que el Espíritu de Dios había venido
wobre él. La importancia de este detalle, as í como la explicación de esa
especie de sopor que se apoderó de él hasta hacerle permanecer tendido
durante muchas horas, se discutirán en e l capítulo 6.
Todavía es menester prestar atención a otros dos pasajes que son ci
lndos por algunos mantenedores de la idea de éxtasís, aunque en n i nguno
de ellos se menciona l a idea de profetizar. El uno se halla en 1 Reyes 1 8 :46,
donde se describe a Elías corriendo delan te del carro de Acab desde el
Currnelo hasta J izreel. Esto sucedía poco después del desafío que Elías hizo
{'11 el Monte Carmelo a los 450 prefetas de Baal. El otro pasaje se halla en
;.! Reyes 8:7- 1 3, que nos describe a E l í seo prediciendo el reinado de Hazael
1•n Siria. En esta ocasión, el profeta l loró porque, como él dijo, sabía el mal
que Hazael haría a los hijos de Israel. L i ndblom, quien d istingue entre lo
que él l lama éxtasi s "orgiástico'' y éxtasis ·'pasivo", cree que el primer caso
1 fl un ejemplo del orgiástico, y el segundo, del pasivo. 24 Por éxtasis orgiás-
1
1 ko, él entiende el tipo de frenesí extático ya descrito. Por éxtasis pasivo,
11n estado anormal de concentración en que u na persona queda absorta
inknsamente en u na idea o en un sentimiento, de modo que "'la corriente
mwmal del ciclo vital q ueda detenida en mayor o menor grado", y entonces
l'M r¡ Scruants the Prophets, p. 85.
14 /'rophec:y in /\ncient Israel, pp. '1 fi, 'lll, 1 06.
58 LOS PROFETAS D E ISRAEL
se consigue un estado de trance. 25 Lindblom cree que la mayoría de los
antiguos profetas llegaban al éxtasis orgiástico, y que la mayoría de los
posteriores experimentaban el éxtasis pasivo.
Piensa Líndblom que, cuando Elías corría delante del carro de Acab.
nos presenta un caso del orgiástico, pues se nos dice que "la mano de Jehová
estuvo sobre" éL Esta frase, en opinión de Lindblom. es ·'una expresión de
arrebato extático". 26 Cree él que las frases "mano de Jehová" y "Espíritu de
Jehová" son sínónimas.27 En cambio. acerca del episodio de Elíseo con
Hazael, piensa que se trata del tipo pasivo, ya que ninguna de las expre
siones anteriores se usa aquí, y tampoco el verbo profetizar. Elíseo se limitó
a predecir que Hazael sería el nuevo rey, y Lindblom cree que ello se debió
a la intensa concentración en que Elíseo se sumió, de tal manera que,
mediante una inspiración como las que se reciben durante el trance, pudo
hacer la predicción.
No es difícil responder a esta teoría, con tal que se examine el texto sin
prejuicios, pues las frases son claras por demás. El que la "mano de Jehová"
viniese sobre Elías no tiene nada que ver con frenesí extático. La frase
"mano de Jehová" quiere decir simplemente que Dios invistió a Elías de un
poder sobrenatural a fin de que pudiese correr sin dificultad una carrera
tan prolongada. Elías había tenido aquel d ía un trabajo agotador y necesi
taba una fuerza especial para llevar a cabo su hazaña, y Dios se la dio. En
cuanto a Eliseo, el hecho de que pudiese predecir el reinado de Hazael se
debió también a una sobrenatural revelación de Dios, quien le informó de
que Hazael sería el próximo rey de Siria, y Elíseo de comunícó a Hazael
esta información. No hay razón alguna para pensar que se tratase de un
trance de éxtasis, n i orgiástico ni pasivo. Todo el problema está, en realidad,
en si una persona acepta a no la idea de una intervención sobrenatural de
Dios. Si la acepta, no le costará nada tomar estos pasajes como aparecen
claramente a primera vista, sin tener que introducir en ellos la idea de
frenesí extático.
25 Ibid., p. 4.
26 1bid., p. 48.
27 1bid., p. 1 74.
4
El Significado del verbo
"profetizar"
La discusión de los dos capítulos an teriores tuvo por objeto mostrar
que los profetas de Israel constituyeron un caso ú nico en su tiempo. Los
países circunvecinos de Israel tuvieron algún t ipo de profetas, pero n i la
obra que realizaban era similar a la de los de Israel. n i su n úmero llegaba
al de los profetas de Israel. El estado de trance, lo mismo que otras activi
dades de los "profetas"' de otros países, no se asemejaba en nada a las
funciones de los profetas de Israel. Los grandes proclamadores del mensaje
divino en el pueblo de la promesa forman un grupo único en su género entre
todos los demás de su tiempo.
Ha llegado la hora de considerar directamente la obra que estos per
sonajes llevaron a cabo. El primer punto que debemos considerar es el
significado del verbo profetizar. Ya hemos hecho notar que no significa
mirar en trance de éxtasis. ¿Qué sign ifica, entonces? Bueno será comenzar
por el estudio de los términos que el Antiguo Testamento usa al referirse a
los profetas. Estos términos son varios, pero uno de ellos ocurre con mucha
mayor frecuencia que los demás. Comenzaremos por los que se usan con
menos frecuencia, dejando el principal para el último lugar de la discusión.
A. TERMINOS QUE SE USAN CON MENOS FRECUENCIA
l. Ro'eh y hozeh
El término ro 'e h ocurre sólo doce veces en el Antiguo Testamento;
lwzeh , dieciocho veces; muchas menos que el término principal, nabbi'.
59
60 LOS PROFETAS DE ISRAEL
Con todo, los dos primeros tienen su importancia y son dignos de estudio.
Ambos términos son participios y se derivan de verbos que son prác
ticamente sinónimos, ra c1h y hazah, y ambos significan .. ver". Así que los
participios significa n --el que ve'" o. conforme suele traducirse en el Antiguo
Testamento. '"vidente". Por ejemplo. Saúl y su criado lo usaron para desig
nar a Samuel; cuando se acercaba n a la ciudad del gran profeta. pregun
taron a unas doncellas: ..¿ Está en este lugar el vidente?'' (1 S. 9:11 ).
Puesto que ambos términos son sinónimos, surge la pregunta de por
qué se usan ambos. Morris Jastrow sugiere que ro 'eh pudo ser un .. vidente"
para cualquiera. mientras que hozeh era "más específicamente el adivino
oficial de la corte"', 1 Quizás haya algo de verdad en ello, pero parece ser
más probable que dichos términos se distingan básicamente según la época
en que cada uno se usó con más frecuencia. Ambos tuvieron sus respectivos
períodos de popularidad: ro 'eh en el tiempo de Samuel, en el que ocurre
ocho de las doce veces, 2 y hozeh en tiempo de David, cuando vivieron cuatro
de las siete personas así designadas. 3 Una prueba más de que ocurrió un
cambio de nombre con el paso de los años, la tenemos en 1 S. 9:9 . que dice
as í: "'Antiguamente en Israel. cualquiera que iba a consultar a Dios, decía
así: Ven i d y vamos al vidente: porque al que hoy se llama profeta, entonces
se le llamaba vidente.". Este versículo a firma expl ícítamente que el término
vidente (ro 'eh) cambió. en el uso popular. a nahhí '. Es cierto que aqu í no
aparece el término hozeh . pero sí se dio un cambio de ro 'eh a nahhi ', bien
pudo darse también un cambio de ro 'eh a lwzeh .
Conviene también decir unas palabras sobre la supuesta relación entre
este ro 'eh -hozeh y el Baru babilónico. El Baru al que ya nos referimos en
el capítulo 2 era un sacerdote adivino en Mesopotamia. También la palabra
Baru significa ''vidente". Conforme a esto, piensa Jastrow que el ro 'eh-hozeh
de Israel ten ia básicamente la misma función que el Baru . función que,
según él, era inspeccionar "algo con miras a obten er respuesta a una deter
minada pregunta ··. 4 En otras palabras. cree que el ro 'eh-hozeh era básica
mente un adivino como el Baru . Sin embargo, el Antiguo Testamento no
ofrece ninguna indicación de tal cosa; por el contrarío, en el caso de Saúl
y de su criado, cuando fueron a Samuel para preguntarle sobre las asnas,
lejos de consultar con ningún í nstrumento material de adivinación, Samuel
IJ\forris j astrow. ··Ro"eh and Hozeh in the Old Testament'", journal of Blblícal Lltera
ture , 28 ( 1 909): 52.
lEn todas estas ocho veces. se aplica al propio Samuel. Sadoc es l lamado así una vez
( 2 S. 1 5:27); Hana n í. dos veces ( 2 Cr. 1 6:7. 10 ); la vez restante, el término es usado en
general ( Is . 30: 1 0 ) .
3
Las cuatro son: Gad ( 2 S. 24: 1 1 ). Hemán ( 1 Cr. 25: 5 ); Asaf ( 2 Cr. 29:30). y Jedutún
( 2 Cr. 35: 1 5 ). Individuos posteriores a quienes se aplica este térm ino son: lddó (2 Cr. 1 2 : 1 5),
l lananí ( 2 Cr. 1 9:2 ) . y Amós (Am. 7: 1 2 ) .
4 "Ro eh and Hozeh '", pp. 46 - 47.
Profet ísmo 61
reci bió directamente de Dios la i n formación acerca de Saúl ( l S . 9: 1 5 . l 7 ) .
Debe ten erse en cuen t a q u e Samuel e s cons iderado como típico vídente de
su tiempo. S i él. pues, n o usó i n strumentos de adivinación , no es proba ble
que ot ros los usasen , y debe añadirse que n i ngún otro de los designados
como videntes consultó jamás con tales i nstrumen tos. Si tal vocablo se les
apli ca ba era s i mplemente porque eran cons iderados como discern idores de
la vol u n tad de D ios, de quíen podían pasar al pueblo una í n form ación
fidedigna a tal respecto.
Desde el pun to de v ista del Ant iguo Testamento, es más i m portante
observar la relación entre este ro eh-hozelt y el sumo sacerdote en el uso
que éste hacía de los U ri m y Tu m i m . Los U rí m y Tu m i m eran un objeto que
Dios ordenó para q ue el sumo sacerdote i nvestigase cuál era la vol u ntad d e
Dios e n lo concern iente a determ i nados asuntos ( Ex. 28 :30; N m . 27: 2 1 ).
En este sentido, tam bién el sumo sacerdote era en cierto m odo un '"vidente",
<'s l o es, capaz de d iscern i r la vol u n t a d de Dios, cua ndo usaba d icho
instru mento.
S i n embargo, es preciso hacer al menos tres distinciones en tre las ac
t ividades del sumo sacerdote y las del ro eh-hozeh : A ) Los Urim y Tum i m
1.•ran u n med io f ís ico c o n e l que se podía i nvestigar l a vol u n tad d e D ios,
l'omo lo in d ica e l hecho de que e l sumo sacerdote los guardase en el "pec
loral " de su efod ( E x . 28 :30), mien tras que n unca h a l lamos al ro 'eh-hozeh
uso ndo tal objeto; B) Por el hecho de disponer del Urim y Tum i m , el sumo
tmcerdote podía tomar la iniciativa en la búsqueda de una revelación , aunque
bien pod ía suceder que D i os no diese con testación, como l e pasó a Saúl en
una ocasión ( 1 S . 28:6 ) . Por otra parte, n u nca se nos describe a l ro 'eh-hozeh
tomando la i niciat i va en obtener u na revelación: C) Las pregu ntas que hacía
t•I sumo sacerdote, s iempre estaban en conexión con asuntos oficiales de
lsrad ( V. Nm . 27:2 1 ; Jos. 7: 1 6 - 1 8 ; 9: 14; I S . 14: 1 8- 19). m i entras que el
ro 'r h-hozeh podía hacer preguntas relacionadas con cualquier asu n to de
nlguna i mportancia, como. por ejemplo, las asnas que el padre de Saúl
hnbía perdido.
2. Varón de Díos
l J n tercer térm i no es si mplemente ··varón de Dios" (ish elohim ) . Se usa,
por ej emplo, para designar al hombre que vino a denunciar el falso altar de
lk!cl ( 1 R. 1 3 ), y fue posteriorm e n te deteni do en su v iaje por un viejo pro
lt'ln dc-1 l ugar ( l R . 1 3 : 1 l ss . ) . Viene a i n d icar u n hombre que ha conocido
. 1 1 )íos y ha s ido enviado por El para una m i sión particular. También se
. ip l íca a profetas q ue, por otra parte, eran b ien conocidos como tales (por
, · 11•mplo, Moisés en Dt . 33: l ; Samuel en 1 S . 9:6; E l í seo en 2 R. 4:9).
62 LOS PROFETAS DE ISRAEL
B. NABHI'
1 . Etimología
Ya hemos dicho que el térmi no principal para profeta es nab/ú'. Se usa
corno nombre sustantivo cerca de 300 veces, y se deriva del verbo nabha ·,
el cual se usa aproximadamente otras 300 veces: todo ello, a lo largo del
Antiguo Testamento. Debemos considerar, en primer lugar, el significado
del vocablo, lo cual no es tan fácil como fue el caso de los términos anteriores.
Mucho se ha discutido sobre la verdadera etimología de nabha ·. Gese
n ius piensa que se t rata de una forma débil del verbo nabha·. que significa
"'burbujear o fluir'". 5 Ve este concepto en conexión con una act itud de trance
en que el fervor emocional de los profetas burbujeaba den tro de ellos. T heo
phile Meek dice que el verbo guarda relación con el acadio nabu , que en la
voz act iva s igni fica .. hablar'", dando así la idea de "el que habla". 6 En esto.
le siguen Aubrey Johnson7 y R. B. Y. Scott. 8 También William E Albright
está a favor de una raíz acádíca, pero dice que, puesto que nabu se usa de
ordinario en la voz pasiva. éste es el sentido en que habría de tornarse para
la etimología de nabhi ". Esto nos daría el significado de alguien a quien "se
le habla"" o ··que es llamado'', enfatizando así el llamado de una persona a
tal ministerio. 9 De la misma opin ión es H. H. Rowley. 1 0 Otros han visto
una relación con el árabe naba a, que signi fi ca "anunciar", o con el dios
asirio Nebo, considerado así como '"el que habla'', e incluso con la raíz
hebrea bo ·, que sign ifica "'ir'", ··veni r" o "entrar". 1 1 Resulta así evidente que
la etimología sola no es suficientemente probatoria. Lo que de veras im
porta . pues. es el signi ficado que al término se le atribuye en el Antiguo
Testamento.
2. Su uso en el Antiguo Testamento
Puesto que el vocablo nabhi' se usa con tanta frecuencia en e l Antiguo
Testamento, puede uno acudir a un gran número de pasajes para mostrar
su sign ificado básico. Con todo, h ay unos pocos pasajes que nos pueden
ayudar de un modo especial, y en ellos vamos a centrar nuestra discusión .
Uno de los más sign ificativos es Exodo 7: L Para percatarse de su
5 Hehrew and Cha/dee Lexico11 (trad. por Tregelks), p. 525.
6 Hehrew Origins . p. 1 47 .
1 Tlte Cu/tic Prop het i n AnClent lsmel. p. 2 1 3.
" The Relevance of the Prophets . p. 45.
9From the Stone Age to Christlaníty . p. 23 1 .
'ºPraphecy and Relígion in Ancient China and Israel, p. 4.
1 1 Véase Rowley. The Sen-ant of the Lord and Other Essays on the Old Testament .
p. 97; también Geerhardus Vox, 81hllcal Theo/og,¡, pp. 209 - 2 1 0.
Profetísmo 63
fuerza, es menester considerarlo a la luz de Ex. 4: 10- 16. En este último
pasaje, Moisés pone objeciones al llamamiento que Dios le hace para que
regrese a Egipto, alegando, entre otras cosas, su incapacidad para hablar.
A esto le responde Dios primeramente recordándole que El dio la boca al
hombre y, por tanto, puede capacitar a Moisés para que pueda hablar. Como
Moisés continúa objetan do, Dios le dice que Aarón, hermano de Moisés .
habla bien y le servirá de boca: ··y él hablará por ti al pueblo; éi te será a
ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios". ( v. 1 6). Así, pues,
habría entre Moisés y Aarón una relación semejante a la de Dios y un
portavoz de Dios, siendo descrito este portavoz como una '"boca". 1 2 Y luego.
,•n 7: l . Dios describe a Aarón, en esta relación con Moisés, como el nabh i "
d e Moisés, al decir: " Y t u hermano Aarón será t u profeta (nabhi ')". Por
tanto, un nab/ú' era alguien que hablaba en lugar de otro. Después de
comen tar este versículo. dice Norman Gottwald, ·'El meollo de la profecía
hebrea no es una predicción o una reforma social. sino la declaracíón de la
volun tad divína''. 13
Nos hemos referido antes a otro pasaje clave- Dt. 18: 15 - 2 2. Aqu í,
promete Moisés al pueblo que Dios les levantará un profeta como él. A este
profeta deberá acudir el pueb lo en busca de información, más bien que a
lus distintas formas de adivinación mencionadas en !os versículos 1 O y 1 1.
/\ con t inuación, en el vers. 18, se nos dan las palabras de Dios mismo,
.. Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú (Moisés), y
pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mande"'.
De nuevo, la tarea de los profetas es descrita como hablar las palabras de
Dios.
U n tercer texto clásíco es Amós 7: 1 2 - 16. Aquí vemos a Amós en Betel,
hublando con tra el falso altar que Jeroboam había erigido. Amasías, el
socerdote de Betel, va al encuentro del profeta y le dice, "Viden te, vete, huye
n la tierra de Judá. y come allí tu pan y profetiza allí; y no profetices más
t•n Betel, porque es santuario del rey, y capital del reino". ( vv. 12- 13). A
t1Rlo replica Amós, " No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy
hoyero, y cultivador de sicómoros. Y Jehová me tomó de detrás del ganado.
y me dijo: Ve y profetiza a mi pueblo Israel". (vv. 14- 15). El punto clave
l'8 aquí el uso significativo del verbo profetizar. Amasías urge a Amós a
que no "profetice" por más t iempo en Betel, y Amós le replica diciendo que
l >íos le ha enviado a Israel a "profetizar''. Por tanto, la que Amós había
¡•sl ado haciendo en Betel y había motivado l a reprimenda de Amasías, era
1 iLa idea de "boca", apl icada a D ios, es mencionada por los profetas posteriores. Por
,•j¡•mplo, Jeremías dice que los falsos profetas de su t iempo son los que no hablan "de l a
horo d e Jehová" (23: 1 6). Y Ezequiel habla d e sí m ismo como d e un "atalaya a l a casa d e
hmwl", a ! que Dios dice: "Oirás1 pues, la palabra de m i boca" ( 3: 1 7).
1 ,IA Liqht to the Nations. p: 277.
64 LOS PROFETAS DE I SRAEL
··profetizar''; y, por supuesto, lo que allí había estado haciendo era proclamar
el mensaje de Dios. 14
Una cuarta indicación puede deducirse de la naturaleza de la consigna
dada a los profetas al tiempo de su llamami ento. A Isaías le fue ordenado:
"Anda, y dí a este pueblo" (Is. 6:9). A Jeremías le dijo Dios: "A todo lo que
te envíe, irás. y d irás todo lo que te mande"'. (Jer. 1:7). La orden que le dio
a Ezequiel fue: "'Yo te envío a los hijos de Israel . . . y les d irás" ( Ez. 2:3-4).
El mismo tipo de orden recibieron una y otra vez los profetas, al ser comi
sionados para este ministerio.
Y. en quinto lugar, es muy sígníficativo que, cuando quiera que se nos
describe a los profetas reci biendo alguna orden a poniéndola por obra, la
idea está siempre centrada en transmitir el mensaje de Dios.
Por tanto, la idea básica del vocablo queda establecida fuera de toda
duda: "Es alguien que habla en lugar de Dios". As í que, bien podría ser
que su significado etimológico proceda del vocablo acádico nabu ("hablar"),
tomado en sentido activo; pero, al menos, su significado básico en el Antiguo
Testamento es incuestionable, y es d igno de observación que este significado
se halla en la gran mayor ía de los casos. Como ya se i ndicó en los capítulos
anteriores, las pocas excepciones que se dan, están en las pasajes alegados
por los mantenedores de la i dea del frenesí extático. Pero es impropio a
todas luces el basar en unos pocos pasajes un determinado punto de vista,
cuando una abrumadora mayoría de pasajes indican el verdadero signifi
cado con toda claridad.
C. lA IMPORTANCIA DE LOS SIGNIFICADOS SECUNDARIOS
Sin embargo, como quiera que existen esos pocos pasajes en los que se
advierten los s ignificados secundarios aludidos en los capítulos anteriores,
está en su punto contrastar esos significados con el principal. Si hay algún
aspecto bajo el cual el término pueda usarse en el sentido de esos signifia
dos, éstos deben añadir algún colori do al s ignifi cado básico; porque s i éste
agotase por completo el concepto expresado en el vocablo, los pocos casos
en que se dan los sentidos secundarios no podrí an existir. Así que surge la
pregunta: ¿Qué indican esos pocos significados secundarios como i dea
adicíonal al concepto básico, "hablar en lugar de Dios"?
En la discusión anterior quedaron fijados dos de esos significados:
delirar y alabar. Un tercero, locura , resultó dudoso. Así, pues, la cuestión
se centra particularmente en lo que esos dos significados tengan en común
1 4 Exíste gran variedad de opiniones en cuanto a la afirmación de Amós de que no era
profeta, pero esto no t iene nada que ver con el punto que estamos d iscutiendo ahora. El
asunto este será discutido cuando estudi emos la persona de Amós en l a Parte Segunda de
este libro.
Profetismo 65
con el principal, de modo que juntos contribuyan a proporcionarnos una
idea lo más completa posible de lo que significa profetizar.
No es difícil la respuesta. Esos dos sentidos secundarios- y aun el
tercero, si alguien se empeña en aducirlo- tienen un comú n denominador en
la idea de fervor emocional. Cuando Saúl deliraba en su palacio y arrojaba
la lanza contra David, estaba perturbado emocionalmente. No hay duda de
que la idea es aqu í que se puso furioso y gritó con violencia. La idea de
alabar comporta también un factor emocional. Cuando uno alaba, lo hace
con corazón conmovido. En los pasajes aludidos, cada uno de los que to
maban parte en alabar a Dios, lo hacían con fervor emocional. Incluso la
idea de locura implica disturbios emocionales. Es preciso, pues, añadir a
la idea de hablar en lugar de Dios la de viva emoción, y las dos andan bien
de la mano. El profeta era alguien que había de hablar en lugar de Dios
con un mensaje cargado de fuerte emoción , y éste era de hecho el caso de
los profetas de Israel. No eran meros recitadores, sino que eran llamados
a comunicar mensajes de vital importancia, poderosos para cambiar vidas;
t•sto requería palabras fervorosas. Podemos concluir, pues, que "'profetizar···,
t'n su sentido más pleno, significa "hablar fervorosamente en lugar de Dios".
D. RELACION DEL RO'EH-HOZEH CON EL NABHI'
Podemos ahora establecer una comparación entre el ro 'eh-hozeh y el
nahhi'. Los conceptos son básicamente distintos. Ya que ambos términos,
ro 'eh y hozeh, significan "ver'', la idea fundamental que ambos expresan se
l'dícre al discernimiento de la voluntad de Dios. En otras palabras, estos
términos tienen que ver con el aspecto "revelacíonal" de la función del
profeta al escuchar a Dios y discernir Su voluntad. Por su parte, nahhi ',
mmo ya se ha indicado, tiene que ver con el hablar de los profetas al
t ransmitir la información que Dios les había dado previamente en el mo
mento de revelarles el mensaje. Por tanto, los términos ro'eh-hozeh se re
fieren a la recepción del mensaje, mientras que el término nabh i ' se refiere
H la comunicación del mensaje.
Sin embargo, no es menester separar estos conceptos en lo que atañe
ni oficio desempeñado por las personas designadas con dichos términos, ya
que pueden referirse a una misma persona desde dos diferentes puntos de
vista, de forma que se la pueda llamar por cualquiera de los tres vocablos.
Aun así, hay erudítos que han tratado de señalar alguna diferencia en
los respectivos oficios. Por ejemplo, se han llegado a notar las siguientes
1 IÍ!,linciones: primera, que el ro 'e h-hozeh era u n adivino sin éxtasis, mientras
que d nabhi' entraba en trances extáticos; segunda, que el primero actuaba
1'11 sol i tario, m ientras que el segundo actuaba en grupo; tercera, que el
wimern esperaba a que la gente le consultase, mientras que el segundo
t'Hl nba presto a hablar dond<' y cuando quiera que se le presen tase opor-
66 LOS PROFETAS DE ISRAEL
tunidad. 1 5 H. H. Rowley, hablando de estas distinciones, afirma que "todas
estas divisiones caen por el suelo" tan pronto como se analizan los pasajes
mismos. 16 Muestra lo equivocado de estas distinciones con solo notar que
algunas personas-incluyendo profetas relevantes como Gad, l ddó y Amós- 1 7
son llamadas dt:: las dos formas, nabhi · y hozeh .
Además, esas distinciones estaban basadas en pruebas sin valor. En
cuanto a que el ro 'eh-hozeh usase la adivinación, se ha comprobado que no
es cierto. Jamás se representa a una de estas personas designadas con
dichos términos como usando medios adivinatorios de ninguna clase. Res
pecto a la segunda distinción ( que el ro 'eh-hozeh actuaba en solitario, y el
nablú ' en grupo), el argumento se basa principalmente en el contraste entre
los grupos de profetas del tiempo de Samuel y Samuel mismo, quien estaba
solo cuando fue Saúl a consultarle. Pero está claro en el texto que Samuel
era el que presidía en tales grupos ( 1 S. 19:20) y, por consiguiente, se
identificaba con ellos; por cierto, él mismo es llamado nabhi ' ( l S. 3:20),
Y, en relación con la tercera distinción ( de que el ro 'e h-hozeh esperaba a
que le consultasen, mientras que el nabhi' se adelantaba a comunicar el
mensaje), se toma esta idea del episodio en que Saúl consulta a Samuel;
pero, en otros lugares, se afirma que Samuel tomaba también la iniciativa
en su función profética-por ejemplo, él fue el promotor del reavivamiento
en Mizpá ( 1 S. 7: 1 - 14), hacía anualmente un recorrido por Israel ( l S.
7: 1 6 - 1 7 ) , ungió y después rechazó a Saúl ( 1 S. 10: 1 - 25; 13: 1 0ss.; 15: l ss. ),
y también ungió a David ( 1 S. 16: 1 - 13). Salta a la vista que tales distin
ciones están basades en conjeturas teóricas, más bien que en pruebas só
lidas sacadas de la Escritura.
También conviene tener en cuenta el ya citado texto de 1 S. 9:9, donde
se dice expresamente: "Al que hoy se llama profeta, entonces se le llamaba
vidente". La idea es que quien, en tiempos de Samuel, era llamado '"vidente"
(ro 'e h ), vino a ser llamado "profeta" ( nabhi ') cuando fue excrito el primer
libro de Samuel. De este modo, este versículo identifica los dos términos e
indica que sólo se había dado un cambio de nombre. No obstante, es ne
cesaria una palabra de precaución con respecto a este cambio en la termi
nología. El término nabhi" no comenzó a ser usado precisamente después
de la muerte de Samuel, ya que Samuel mismo es l lamado nabhi ' ( 1 S.
3:20), y él usó este término al hablar a Saúl ( 1 S. 10:5). Más aún, Moisés
mismo usó, en su día, dicho término para aplicárselo a sí mismo ( Dt. 18: 15 ).
La idea es que el vocablo cambió en el uso popular. 1 8 Es decir, era lo
1 5 Por ejemplo, Theodore H . Robinson, Prophecy and the Prophets in A ncient Israel
pp. 28- 29; también Jastrow, "Ro 'eh and Hozeh ", p. 56.
' 6 The Rediscouery of tite Old '/estament . p. 1 37 .
1 7 Gad, e n l S. 22:5; 2 S. 24: 1 1 ; l Cr. 2 1 :9; 2 Cr. 29:25: lddó, e n 2 Cr. 9:29; 1 2 : 1 5;
[ 3:22; y Amós, uno de los grande profetas escritores, en A m . 7 : 1 2 .
18 V éase Edward J. Young, My Servants the Prophets , pp. 63 - 64.
Profetismo 67
corriente entre el pueblo, en tiempo de Samuel, dicir ro ·e h (aun cuando se
usase nabhí' también), y nabhi " en el tiempo posterior del autor de 1 Samuel.
Una prueba adicional de que no es menester hacer ninguna distinción
entre el ro 'e h-hozeh y el nabhi', en cuanto a oficio, se halla en Is. 30:9- 10.
Dice así este pasaje: ·'Este es un pueblo rebelde, hijos menti rosos, criaturas
que no quieren escuchar la instrucción de Jehová; que dicen a los videntes;
No veáis; y a los profetas: No nos profeticéis lo recto, decidnos cosas hala
güeñas, profetizad ilusiones". Aquí se nos describe al pueblo rebelde de Judá
pidiendo a los profetas que no les hablen "lo recto", sino "cosas halagüe
r'l as'' y engaños ("ilusiones"). En otras palabras, el pueblo quería que los
profetas le h ablasen de una forma que le resultase agradable, más bien que
l rayéndoles a la memoria el estado de pecado en que se hallaban. El punto
clave, digno de ser tenido en cuenta aquí, es que la actividad que se men
ciona es '"hablar'', ya sean cosas agradables o desagradables, y que el tér
mino para designar a los profetas no es nabhi '. De hecho, son los otros dos
l i·rminos los que se usan aquí, ro ·eh y hozeh , siendo traducido el término
ro 'eh por '"vidente'', y hozeh por "profeta". Así, pues, el ro ·eh-hozeh podía
ser considerado como alguien que hablaba en lugar de Dios, así como al
guien que recibía mensajes de parte de Dios. En otras palabras, se le podía
considerar desempeñando la función específica del nabhi '.
5
La Función del Profeta
Nuestra atención se vuelve ahora hacia l a función o tarea del profeta
en I srae l . En el capítulo anterior, hemos indicado.que constaba básicamente
de dos partes: recibir de Dios una revel ación, y comunicar el mensaje que
Dios le había dado. 1 Ambas partes necesitan ahora un estudio más deta
llado. En el presente capítulo, centraremos n uestra atención en el aspecto
de comunicar el mensaje, reservando para el capítulo s iguiente el aspecto
de recibir el mensaje.
A. METODO
l . Predicar
La forma de hablar del profeta bien podría caracterizarse como predíca
r·ión . La idea de predicar se usa aquí en contraste con la de enseñar. La
,•nseña nza se dirige primordialmente a la mente del que escucha, mientras
que la predicación afecta, en primer lugar, a las emociones y a la voluntad.
1-'.I objetivo principal de la enseñanza es impartir información, mientras que
d de la predicación es provocar u n a reacción y una respuesta . A los sacerdo-
1 (•s de Israel competía lo primero, mientras que l os profetas estaban encar
gndos de lo segundo.
De acuerdo con esto, vemos que Oseas declara, "Oíd palabra de Jehová,
'Véase J. Lindblom, Prop/iecv in A 11áent Israel, p. 1 48.
fü)
70 LOS PROFETAS DE ISRAEL
hijos de Israel" (Os.4: 1 ). Y de nuevo, "'Sacerdotes. oíd esto, y estad atentos,
casa de Israel, y casa del rey, escuchad" ( 5: 1 ). En ambos casos, el profeta
pronuncia su mensaje de forma que inculque al pueblo la urgencia de vol
verse de su pecado y de vivir de veras para Dios. Amós le dice a Amasías,
sacerdote de Betel, que Jehová le había sacado de detrás del ganado para
"profetizar a mi pueblo I srael'' (Am. 7: 15), y lo que Amós estaba haciendo
era estimular igualmente al pueblo de Israel a que se arrepintiese del pecado
y se volviese a Jehová. Ninguno de los dos estaba instruyendo al pueblo
acerca de lo que decía la Ley, sino que, más bien, ambos estaban animando
al pueblo a poner en práctica lo que ya sabían que estaba mandado en la
Ley. A Jeremías le dijo Dios, "Anda y clama a los oídos de Jerusalén" (Jer.
2:2). En una ocasión, tuvo que hacer esto mientras .. estaba a la puerta de
la casa de Jehová" (7:2); en otra, "a la puerta de los hijos del pueblo", dando
a entender la puerta de la ciudad ( 17: 19 ); y en otra, en el valle de Hinom,
que estaba "a la entrada de la puerta de las tejoletas" ( 19:2). Todos estos
lugares eran sitios públicos, de modo que la proclamación había de hacerse
en lugares por los que la gente había de pasar, ya fuese al templo o a la
ciudad de Jerusalén.
No estará de más, en conexión con esto, relacionar entre sí las ideas de
predicación y de predicción. Es cierto que los profetas predecían, y es im
portante hacer hincapié en esto para refutar a aquellos eruditos que niegan
el que los profetas profiriesen auténticas predicciones. Por ejemplo. A. B.
Davidson escrcbe, "El profeta es siempre hombre de su tiempo, y es siempre
al pueblo de su tiempo al que se dirige, no a una generación muy posterior
ni a nosotros".2 Con esto, Davidson quiere decir, entre otras cosas, que los
profetas no predijeron de un modo sobrenatural lo que había de suceder en
días lejanos del futuro. Pero ésta no es la enseñanza de la Escritura. Isaías,
que precedió a Ciro en siglo y medio, predijo el reinado de Ciro, y hasta se
refirió a él por su propio nombre ( Is. 44:28; 45: 1 ). Daniel contempló, en su
visión, los cuatro grandes imperios que se extendían delante de él - el ba
bilónico, el medo-persa, el griego y el romano-, que habían de alargarse
hacia el futuro por más de 900 años ( Dan.7).
Por otra parte, se equivocan cuantos piensan que la principal tarea de
los ptofetas era predecir el porvenir. Igualmente se piensa que el vocablo
profecía es sinónimo de predicción, lo cual es también incorrecto. Aunque
los profetas predijesen algunas veces, según les daba Dios esta clase de
información, la mayor parte de su ministerio estaba dedicada a predicar a
la gente de su tiempo. Se parecían mucho a los predicadores de hoy, ur
giendo al pueblo a vivir de tal forma que agradasen a Píos. Sólo en algunas
ocasiones usaban el predecir durante su predicación, cuando era necesario
impartir un mensaje que Dios quería comunicar.
2 "" Prophecy and Prophets'". Hastings /Jictionary o/ the 13,ble. V I . p. 1 1 8b
Profetismo 71
2. Personajes clave
La condición moral y religiosa de cualquier país depende, en gran parte,
del liderazge de las autoridades. Sí los líderes se comportan como es debido,
el pueblo se sentirá inclinado a comportarse de la misma manera. De ahí
que otro aspecto del método profético fuese el tomar contacto con los per
sonajes clave de Israel y urgirles a que actuasen conforme a la voluntad de
Dios. En especial, se buscaba el contacto con los reyes. 3 Isaías, por ejemplo,
fue al rey de Judá, Acaz, y le animó a que pidiese "señal de Jehová" ( Is.
7: 11 ); y cuando Acaz le replicó que no quería ·'tentar a Jehová" de esta
manera ( v. 12 ), Isaías le ofreció, de todos modos, la señal ( v. 14) y le co
municó el peligro de la invasión asiria.
A veces, un rey le pedía al profeta que viniese y le diese alguna infor
mación de parte de Dios. Así lo hizo Sedequías, rey de Judá, en los días en
que Nabucodonosor sitió Jerusalén. Envió dos hombres a Jeremías con este
mensaje: "Te ruego que consultes acerca de nosotros a Jehová" (Jer. 2 1:2),
deseando saber si Dios vendría en auxilio de Su pueblo en tan terribles
circunstancias. La respuesta de Jeremías en dicha ocasión no era en modo
alguno la que Sedequías deseaba escuchar; le dijo: ''Así ha dicho Jehová,
Dios de Israel . . . Yo pelearé contra vosotros con mano alzada y con brazo
fuerte, con furor y enojo e ira grande". (21:4-5).
Puede verse la siguiente lista de profetas que se pusieron en contacto
directo con los reyes: Samuel, con Saúl; Natán y Gad, con David; Semaías,
con Roboam; Ahías y el "varón de Dios", con Jeroboam; Elías y Miqueas,
con Acab; Elíseo, con Joram y Jehú; Azarías y Hanan ías, con Asá; Jehú, con
Josafat; Zacarías, con Joás; ''el profeta", con Amasías; Zacarías, con Uzías;
lsaías, con Acaz y Ezequías; y Jeremías, con Joaquín y Sedequías.
Por supuesto, estos contactos con personajes clave eran eso, contactos
individuales más bien que actuaciones de predicación. Los primeros pro
fetas pusieron un interés primordial en tales contactos, mientras que los
posteriores les concedieron un lugar secundario, más interesados en diri
girse a las multitudes, como ya hemos mencionado. No obstante, también
t•llos hicieron contactos individuales cuando hubo especial necesidad, como
lo habían hecho sus colegas de antaño.
:t Acciones simbólicas
En su tarea de declarar la palabra de Dios, los profetas usaron diversos
nwdios para poner de relieve los puntos que deseaban enfatizar. Uno de
l'Hl os medios era la acción simbólica; es decir, llevaban a cabo ciertas ac
ciones, o daban instrucciones a otros para que las hicieran, explicando que
1 Vrnst• Johnnm's P(•d('l'H('ll, l�m!'I IIN /.,fe a nd Cullure , 1 - 1 1 , p. 1 09.
72 L OS PROFETA S DE ISRAEL
aquellas acciones simbolizaban determinadas verdades que deseaban
comunicar.
Por ejemplo, un día Elíseo le dijo al rey Joás de Israel que tirase una
flecha por la ventana que daba al oriente. Así lo hizo el rey, y Elíseo le
explicó el simbolismo de tal acción: '"Saeta de salvación de Jehová, y saeta
de salvación contra Siria; porque herirás a los sirios en Afee hasta consu
mirlos". ( 2 R. 13: 17). A continuación, le dijo al rey que tomase saetas e
hiriese con ellas la tierra. Así lo hizo el rey e hirió el suelo tres veces. Esto
enojó al profeta, y le dijo al rey que, puesto que había herido la tierra sólo
tres veces, derrotaría a Siria sólo tres veces (vv. 18- 19). En otras palabras,
los golpes de las saetas contra el suelo eran símbolo de las veces que Joás
había de derrotar a su enemigo, el rey de Siria.
En una ocasión en que los asirios presentaron batalla contra Asdod en
la costa del Mediterráneo, Dios le dijo a lsaías que se quitase el cilicio
(vestido de saco) de su cuerpo, y las sandalias de sus pies. Esto era símbolo
de que, un día, los asirios "se llevarían así a los cautivos de Egipto y a los
deportados de Etiopía, a jóvenes y ancianos, desnudos y descalzos, y con
las nalgas descubiertas para vergüenza de Egipto". ( Is. 20:4). El pensa
miento que había detrás de este simbolismo era que Dios quería prevenir
a Israel contra toda alianza con Egipto en contra de Asiría.
En cierta ocasión, Jeremías, por mandato de Dios, se compró una vasija
de barro en el taller de un alfarero, y se la llevó al valle de Hínom. Allí,
mientras el pueblo le observaba, proclamó la palabra de Dios contra los
pecados que se estaban cometiendo y, con gesto dramático, quebró la vasija
a la vista de todos mientras declaraba, "Así dice Jehová de los ejércitos: Así
quebrantaré a este pueblo y a esta ciudad, como quien quiebra una vasija
de alfarero, que no se puede restaurar más; y en Tófet se enterrarán, porque
no habrá otro lugar para enterrar" (Jer. 1 9: 1 1). El cuadro vívido de los
fragmentos de la vasija quebrada que saltaban por los aires, debió haber
producido una i mpresión muy fuerte en las mentes del pueblo.
En otra ocasión, Jeremías usó a los recabitas para producir un simbolis
mo efectivo. Una de las costumbres ancestrales de los recabitas era su
abstención de beber vino. Jeremías trajo al templo un grupo de recabitas y
puso delante de ellos tazas y copas de vino, exhortándoles a que bebieran.
Pero ellos rehusaron, fieles a sus principios ancestrales. Entonces Jeremías
usó esta hermosa demostración de firme obediencia para simbolizar a los
que presenciaban el hecho, de que ellos también debían ser fieles a las
instrucciones que Dios les había dado (Jer. 35: 1- 17).
También Ezequiel usó acciones simbólicas para poner de relieve sus
verdades. Un día, por mandato de Dios, dibujó un cuadro del sitio de Je
rusalén en una cara de un ladrillo, como símbolo de que tal asedio había
de ser una realidad ( Ez. 4 : 1-3). Otro día, se rapó la cabeza y la barba y,
conforme a las instrucciones recibidas de Dios, quemó una parte de los
Profetísmo 73
pelos, cortó otra parte de ellos, y esparció al viento una tercera parte ( 5: 1- 2).
El simbolismo era que e l pueblo de Israel había igualmente de ser quemado,
herido y esparcido en la cautividad inminente.
Quizás el ejemplo mejor conocido de simbolismo es el que comportó el
matrimonio de Oseas con su mujer, Gómer. Un día, le dijo Dios a Oseas
que se casase con esta mujer, declarándole al mismo tiempo que ella l e
había d e ser infiel hasta convertirse en "mujer fornicaria" ( Os. 1:2). 4 Oseas
se casó con Gómer, y les nacieron hijos como también Dios le había pre
dicho. Los nombres de estos h ijos tenían significado simbólico. Al primero
se le puso el nombre de Jizreel, y el simbolismo era que Dios "castigaría a
la casa de Jehú por causa de la sangre de Jizreel , y haría cesar el reino de
la casa de Israel " ( 1:4). El segundo tuvo por nombre Lo-ruhamah, que
significa "no compadecida", como símbolo de que Dios "no se compadecería
más de la casa de Israel" ( 1:6). Y al tercero se le llamó Lo-ammi , que quiere
decir ""no mi pueblo", y el simbolismo era que Israel, a causa de su pecado,
no sería ya considerado como el pueblo de Dios ( 1:9).
Después de esto, Gómer, en su infidelidad, abandonó a Oseas, para
volverse, al parecer, a casa de su padre. Después de algún tiempo, Dios l e
d ijo a Oseas que fuese a buscarla y l a amara una vez más (3: 1-3). Esto
hubo de res ultarle a l profeta muy difícil, en vista de la experiencia anterior,
pero, con todo, obedeció . Cuando Gómer se reunió con él, Oseas le advirtió
seriamente que no continuase con la forma de vida que había l levado des
pués que la tomó por primera vez.
E l simbolismo de este matrimonio además del de los nombres im
puestos a los hijos-es que, así como Oseas tomó a Gómer y ésta le fue infiel,
así también Dios había tomado a Israel para Sí y el pueblo le había sido
infiel. Después, así como Gómer dejó a Oseas y se fue tras diversos amantes,
!lSÍ también lsrael había dejado a Dios y se había ido en busca de los dioses
falsos de las naciones circunvecinas. Y, en fin, así como Oseas rescató de
nuevo a Gómer para sí, a pesar de su infidelidad, así también Dios había
hecho con frecuencia volver hacia Sí a Israel, a pesar de la terca desobe
diencia del pueblo.
4. Lecciones mediante objectos
Otra figura l iteraria empleada por los profetas era la lección "objetiva".
Ciertos objetos o acciones que el profeta veía, le traían a la mente alguna
V('rdad. Usaba simbólicamente esos objetos o esas acciones, para expresar
dicha verdad de una manera más vívida. Fue probablemente Jeremías quien
usó este método más que ningún otro.
4
1\unque hay distintas opiniones acerca de este matrimonio, el punto de vista prolép
t i1•t), qu�· aquí soslC'ncmos, tiene a su favor lns mayores probobil idadt·s.
74 LOS PROFETAS DE ISRAEL
Por ejemplo, un día se percató Jeremías de "una vara de almendro'" (Jer.
l : 1 1 - 1 2 ). Inmediatamente, le habló Dios diciendo, "Bien has visto; porque
yo estoy atento a mi palabra para ponerla por obra". El vocablo hebreo
para almendro (shaqedh ) significa "el que vela, el vigilante". Dios inspiró
a Jeremías para ver en esta vara de almendro, el árbol más temprano en
florecer, un símbolo de la vigilancia de Dios para guardar Su palabra de
amonestación a Su pueblo. Dios había de velar (shoqedh ) para llevar a cabo
todas las amenazas de castigo que había predicho que le sobrevendrían al
pueblo.
Poco después de esto, Jeremías vio una olla de comida hirviendo que
apuntaba hacia el norte ( 1 : 13- 1 4 ). De nuevo le indicó Dios el simbolismo:
·'Del norte se soltará el mal sobre todos los moradores de esta tierra'". La
olla hirviendo representaba apuro y dificultad. El hecho de que mirase hacia
el norte, indicaba que esta dificultad vendría del norte, ya que Babilonia,
el país que Dios iba a usar para visitar en juicio a Israel, caería sobre
Jerusalén por el norte. Aunque Babilonia estaba situada al Este de Palestina.
el curso que se había de seguir era hacia arriba a lo largo del r ío Eufrates,
remontando después el Creciente Fértil , y de all í cayendo desde el norte
sobre Palestina y hasta Jerusalén.
En otra ocasión, Jeremías usó como l ección "objetiva" una faja de líno
( 13: 1 - 1 1 ). Dios le mandó que se comprase una faja de lino, que la llevara
puesta por algún tiempo, que no la lavase, y después, que fuese con ella
puesta hasta el río Eufrates y la escondiese all í "en la hendidura de una
peña" ( 13:4). Así lo hizo J eremías, y más tarde le dijo Dios que regresara
al Eufrates, y tomase de all í l a faja, volviendo con ella al país de Palestina.
Para este tiempo, la faja se había echado a perder, y Dios le dijo a Jeremías,
" De esta manera echaré a perder la soberbi a de Judá, y la mucha soberbia
de Jerusalén". ( 1 3:9). El simbolismo se refería al pronosticado castigo de la
cautividad en Babilonia, a causa de la impiedad de Judá. La faja, al haber
sido llevada por Jeremías durante algunos días y volverse sucia, daba a
entender que Judá hab ía sido el pueblo de Dios por algún tiempo y se había
ensuciado con el pecado. Así como Jeremías tomó esta faja y la l levó al
Eufrates, así también Dios, a su tiempo, había de llevar al pueblo al Eu
frates, y más allá, hasta Babilonia en cautividad. All í estarían como si
hubiesen sido enterrados, y se echarían a perder con el castigo. Y así como
Jeremías regresó al Eufrates más tarde para recoger la faja, así Dios, a su
debido tiempo, recogería al pueblo de Babilonia y lo traería de nuevo a su
tierra.
Algunos expositores han objetado que el r ío Eufrates estaba demasiado
lejos como para que Jeremías fuese allá por dos veces, meramente para
esconder, y después para recoger, una faja de lino. 5 Es cierto que la distancia
5
Por ej. Lindblom. P1·ophecy in A ncie11t Israel, pp. 13 l 1 32.
Profetismo 75
era larga -al menos, 400 kms. h asta el más cercano punto de contacto con
el río - , pero el hecho de ir allá por dos veces era importante para el sim
bolismo que se deseaba. Por cierto, el pueblo seria l levado así de lejos para
un período de castigo, a causa de la sucia condición de su pecado.
Jerem ías halló otra l ección objetiva cuando visitó la casa del alfarero
( 1 8: 1 1 O). Al visitar al alfarero. vio q ue la vasija que acababa de hacer se
le echaba a perder en su mano, pero tomaba el barro y volvía a hacer otra
vasija, la cual le sal ía ahora más hermosa. La lección prin cipal q ue con esto
quería Dios enseñar a Jerem ías, era que. así como el alfarero tenía poder
sobre el barro para hacer de la vasija echada a perder una nueva y mejor
vasija, así también Dios ten ía poder sobre l os israeli tas para hacer de ellos
un n uevo pueblo, cam biándolos de una nación echada a perder por el pe
cado, a otra que l e agradase a ÉL Una lección suplementaria estaba i mp l i
cada con referencia a cautividad que se avecinaba. En ese tiempo, Israel era
una vasija echada a perder a los ojos de Dios, a causa del pecado. A su
t iempo, Díos quebraría esta vasija, ya echada a perder, mediante los sufri
mien tos de la cautividad, a fin de que volviese a ser m oldeada según u n
nuevo y mejor patrón .
U n último ejemplo d igno de n otarse t iene que ver con l a ocasión en que
Jerem ías vio dos cestas de h igos puestas delante del templo de Jehová
(24: 1 1 0). U na de las cestas contenía ''higos muy buenos. como brevas'',
y la otra "higos m uy malos, que de malos no se podían comer" ( v. 2 ). Los
higos buenos son descritos como ''brevas"; primera cosecha que se recogía
n fínes de junío, y eran m uy apreciados. El simbolismo que Dios indicaba
n Jeremías se refería de n uevo a la cautivi dad, pero ahora en sentido dife
rente. La diferencia tenía que ver con el tiempo preciso en que Jeremías vio
los h igos. El tiempo era justamente después que Joaqu ín había s ido llevado
cautivo ( 597 A. de C.). En este t iempo, estaba Sedequ ías en el trono de
ludá.
D ios d ijo q ue el cesto de l os higos <buenos representaba a los que habían
i;ido deportados; sobre ellos había de poner E l Sus ojos para bien durante
su cautividad y los había de traer de n uevo a su t ierra, en su debido tiempo.
Entonces los volvería a edi ficar, y no los destruiría; los volvería a plantar.
y no l os arrancaría ( 24:6). El resultado había de ser que vendrían a conocer
n su Dios y se les daría un corazón nuevo. Respecto a los h igos malos, Dios
dijo que representaban al pueblo q ue había sido dejado en la tierra bajo el
mnndo de Sedeq u ías. En cont raste con l os deportados, éstos habían de
pasar muchas dificultades al quedarse all í, y habían de llegar a ser '"por
infamia, por ejemplo, por refrán y por mal dición" en todos los lugares a
donde Dios les había de arrojar ( 24:9). En otras palabras, había muchas
1111.íi,; bendiciones reservadas para los que habían s ido tomados cautivos que
pam los q ue habían sido dc·jndos 011 la tierra.
76 LOS PROFETAS DE I SRAEL
B. MISION
Vamos ahora a considerar la misión de los profetas. Interesa aquí el
propósito que hay detrás de la metodología que acaba de ser examinada.
¿ Cuáles eran los objetivos y las tareas que les eran asignados a los profetas?
1 . Reforma, no institución de una nueva enseñanza
Hace una generación, era corriente entre los eruditos considerar a los
profetas escritores de Israel como instauradores de una nueva enseñanza.
Se creía que estos hombres introdujeron ideas nuevas con respecto al mono
teísmo y a las exigencias éticas; que fueron los primeros en pensar de Dios
como el único Dios y verle exigiendo una conducta ética correcta de parte
de Sus adoradores. 6 Sin embargo, en fechas más recientes, muchos llaman
a estos profetas reformadores, más bien que innovadores, diciendo que su
mensaje no era nuevo, sino que había estado implícito por muchos años en
las enseñanzas de Israel. 7
Esta posición reciente se conforma mucho más con lo que hallamos
claramente en la Escritura. Los profetas escritores no eran unos innovadores
que introdujeron un monoteísmo ético. Desde los primeros días, Israel había
creído que Jehová era el único Dios verdadero y que requería una conducta
ética correcta. En este punto, no debe hacerse ninguna distinción entre los
primeros profetas de la historia de Israel y los posteriores que consignaron
por escrito sus mensajes. 8
La tarea primordial de los profetas fue, pues, promover una reforma.
Querían que el pueblo se volviera de lo que estaban haciendo en sus prác
ticas pecaminosas a las enseñanzas de la Ley. Los profetas escritores se
dedicaron a esta tarea, principalmente, hablando a grandes muchedumbres
y poniendo después por escrito sus mensajes; los primeros profetas lo hi
cieron principalmente mediante contactos con individuos. Los profetas no
pudieron ser instauradores de nuevas i deas, puesto que lo que el pueblo
6
Por ej. , W. O. E. Oesterley y Theodore H. Robinson, Hebrew Religlon: lts Orlgln and
Deidopment, pp. 234ss. 299 (escribían esto en 1 937); Robert Pfeiffer, lntroduction to the
Oíd Testament, p. 580 (escribiendo en 1 94 1 ); y R. B . Y. Scott, The Relevance of the Proph
ets , pp. 1 06ss. ( escribiendo en 1 953 ) .
7
Es típico el comentario de J o h n Bright (A History of Israel. p . 246). quien dice: '·Los
profetas clásicos . . . ciertamente no eran los pioneros espirituales ni, en especial, los des
cubridores del monoteísmo ético, como tan repetidamente se les ha querido hacer". Y añade
que ·'no eran unos innovadores, sino reformadores que siguieron en la l ínea principa l de la
tradición de Israel". Véase A. C . Welch, Prophet and Priest In Oíd Israel. p. 35.
8 Walter Eichrodt ( Theology of the Oíd Testament, pp. 339ss., 345ss.) -afirma rotun
damente que no ocurrió n i ngún cambio fundamental, sino sólo el cambio a un mejor enten
dimiento de l a real idad de l a presencia de Dios, y que esto infundió a los profetas escritores
una mayor urgencia para l levar a cabo su tarea y una creciente preocupación por el inminente
castigo del pueblo.
Profetismo 77
ten ía que creer, había sido ya revelado antes de entrar en la tierra prometida.
La Ley de Dios había sido dada a Moisés en el Monte Sinaí, y esta Ley
había sido enseñada desde el principio por l os sacerdotes .
2 . La urgencia a ajustarse a las exigencias d e l a Ley
Esta idea de reforma requiere un examen más detenido, pues es preciso
poner en claro ciertos temas que con ella guardan relación.
a. NO SE DEDICARON D IRECTAMENTE A ENSEÑAR LA LEY
Los profetas no se dedicaron a enseñar la Ley como tal. Esta era la
tarea de los sacerdotes, como ya se dijo. Los sacerdotes enseñaban al pueblo
precepto sobre precepto, l ínea sobre l ínea . Este tipo de enseñanza requería
una situación parecida a la escolar, en continuo contacto con los estudian tes
y con residencia fija. Estas condiciones cuadraban bien a la situación de
los sacerdotes, quienes ten ían fijadas ciertas ciudades de residencia, pero
no tan bien a la de los profetas, que habían de moverse de un lado a otro.
Además, lo enseñado por los profetas, está revelado en sus libros y, aun
cuando a veces hablen de la Ley, nunca lo hacen en forma de l ínea sobre
línea. 9
b. LA URG E NCIA DE UNA REFORMA DEB I DO A LA LEY
Como ya se ha dicho, la l abor de los profetas consistió en urgir al
pueblo a aj ustar su conducta a la Ley; esta urgencia abarcaba tanto el plano
social como el religioso. Los profetas escritores tienen mucho que decir
sobre las dos áreas. En cuanto a lo social, clama Amós, "Oíd esta palabra,
vacas de Basán , que estáis en el monte de Samaria, que opri m ís a los pobres
y quebrantáis a los menesterosos, que decís a vuestros maridos ( l it . se
ñores): Traed, y bebamos". (Am. 4: 1 ). E Isaías proclama : "¡ Ay de los que
dictan leyes injustas . . . para privar de justicia a los pobres, y para quitar
d derecho a los afligidos de mi puebl�; para despojar a las viudas, y robar
o los h uérfanos!" ( Is. 10: 1 - 2). En cuanto al plano religioso, los profetas
t'xhortaban al pueblo a volverse a Dios. Como bien dice Norman Gottwald,
"'Toda su perspectiva estaba fundada en la relación que Israel tenía con
Yahweh, y toda su predicación insistía en el sentido rel igioso que debe
in formar todos los aspectos de la vida". 1 º Oseas, por ejemplo, íntima al
pueblo: "Venid y volvamos a Jehová; porque él ha desgarrado, y él nos
rurará; él hirió, y él nos vendará". (Os. 6: 1 ). Y Míqueas, por su parte, hace
lo siguiente apelación: 'ºOíd ahora lo que dice Jehová." ( Mi q 6: 1 ).
9 Véase el punto de vista de Walter G. Williams, The Pmphets, Pioneers to Christianity,
p. :J9, q uien dice: '·Tradicionalmente, los sacerdotes habían sido los educadores . . . como
11111(•stro, el sacerdote sabía cómo trabajar fatigosamente con el p ueblo, conduciéndoles paso
,, pnso''.
1 11/1 l.igl, t lo the Nalions , p. ?.7Ci.
78 LOS PROFETAS D E ISRAEL
La tésis de que los primeros profetas eran tan reformadores como los
profetas escrítores es fácil de demostrar. El p apel de reformador le tocó a
Samuel en su temprana edad, cuando fue llamado a comunicar a Elí el
juicio de Dios sobre su perversa familia (1 S. 3: 1-18 ). Sus persistentes
esfuerzos para reformar al pueblo se vieron coronados por el éxito cuando
Israel formuló una clara decisión por Dios en Mizpá (1 S . 7:1 14). El --va
rón de Dios" intimó a Jeroboam la misma reforma (1 R. 13:1- 10). Hananí
hízo lo mismo con Asá (2 Cr. 16:7-9 ). Es bíen conocido el esfuerzo de Elías
en el Carmelo, con relación al régimen de Acab y Jezabel (1 R. 18). De
hecho, la razón por la que se mencionan la mayor parte de los profetas en
las Escrituras, fue algún episodio en el que u rgieron a uno o más individuos
a reformarse.
c. POCAS MENCIONES DE LA LEY
Al predicar su mensaje de reforma, los profetes no suelen referirse
explícitamente a la Ley: lo cual sorprende, pues habría de esperarse que lo
hicieran, al estar tan in teresados en que el pueblo ajustase sus vidas a las
normas de la Ley. Surge, pues, la pregunta sobre la razón de este compor
tamiento. Después de investigar el terna, sugiere Eichrodt una respuesta
que es, probablemente, correcta. C ree él que la mención del término Ley
(torah) fue reducida al mínimo para aminorar el peligro de ''frío externa
lismo en la práctica de la religión y rutina mecánica en el pensamiento
religioso". 1 1 Es decir, el pueblo tendía a pensar que las ceremonias de la
Ley eran eficaces por sí mismas, y llegó a identificar la Ley con dichas
ceremonías. Y los profetas, al percatarse de que este punto de vista equi
vocado había conducido al pueblo a un externalismo muerto, deseaban evi
tar cuanto pudiese fomentar este punto de vista, tal como un uso indebido
de la palabra Ley . En consecuencia, proclamaban el mensaje contenido en
la Ley, sin mencionarla por su nombre de ordinario. Está de acuerdo con
esta explicación el hecho de que los profetas hablan repetidamente con tra
tal externalismo muerto en el servicio del san tuarío (V., por ej., Is. l : 11-14;
Am. 5:2 1 24).
d. NO ERA LA LEY LA QUE LES OTORGABA LA AUTORIDAD
Puede fácilmente observarse que, aun cuando los profetas son recono
cidos como tales en la Ley, no hay prescripciones legales acerca de ellos,
como las hay respecto de los sacerdotes. Podría hallarse la razón de esto en
el punto que acabamos de comentar, de que los profetas eran reformadores.
más bien que instauradores de nuevas ideas. Los reformadores se necesitan,
al fin y al cabo, cuando se da una situación anormal. El pueblo se había
desviado del camino recto y era necesario hacerle volver a él. Necesitaban
1 1 TJ,eology of the Old Testament. p. 304.
Profetismo 79
ser reformados, esto es, reajustados a la forma que en un principio tuvieron
o debieron haber tenido. La Ley fue dada como normativa del estado ideal
del pueblo; y, en este estado ideal, podía esperarse que el pueblo observase
las enseñanzas de la Ley cuando eran expuestas por los sacerdotes. Si el
pueblo hubiese obrado así, no habría existido la necesidad de reformadores.
Así pues, los profetas desempeñaban un oficio de emergencia, y este tipo
de actividad no requería ninguna autorización legal en el ideal de la Ley.
Esta es la razón por la que el reconocimiento que se tributa a los profetas
en Dt. 18, no se refiere a ellos en su papel de reformadores, sino sólo corno
receptores de la revelación divina en respuesta a las preguntas del pueblo.
3. Poniendo a prueba, sirviendo como centinelas e intercediendo
Además de ser reformadores, los profetas tenían la misión de desem
peñar otras tres funciones subsidiarias. Las tres juntas les habrían ocupado
sólo una pequeña parte de su tiempo; sin embargo, se las distingue en el
Antiguo Testamento y solícitan nuestra atención.
La primera de ellas era poner a prueba al pueblo en cuanto a sus
actividades buenas o malas. Por ejemplo, Dios le d ijo a Jeremías: ''Por
fortaleza te he puesto en mi pueblo, por torre: conocerás, pues, y exami narás
d camino de ellos". (Jer. 6:27). Jeremías había de ser tan fuerte como una
torre y una fortaleza, cuando pasaba por delante de la gente y evaluaba sus
actívídades, poniendo a prueba sus obras y emitiendo un juicio acerca de
si éstas eran agradables a Dios o no. Por supuesto, el criterio que seguiría
para ello era, sin duda, la Ley. Podemos i maginarnos a la gente observán·
dote con frecuencia para determinar si estaban, o no, actuando de una forma
que agradase a Dios.
Otra función profética era servir de centinelas entre el pueblo; los pro
fetas ten ían que señalar con el dedo la conducta inicua y advertir a los
infractores sobre los juicios y castigos que habían de sobrevenirles. Ezequiel
escribe llanamente sobre este punto, comunicando la palabra de Dios del
modo siguiente: "Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de
Israel; oirás, pues, la palabra de mi boca, y los amonestarás de mí parte''
( Ez. 3: 17). Añadió Dios que, si el profeta profería tal amonestación, no
Hería responsable por el malvado que muriese en sus pecados: pero si no lo
hacía, la sangre del impío sería demandada de su mano. Un pensamiento
similar se halla en Ez. 33:7ss. Por consiguiente, esta función profética era
de vital importancia a los ojos de Dios. Era una persona encargada de dar
la voz de alarma en caso de peligro espiritual; si daba la alarma y, a pesar
de la amonestación, la gente se precipitaba hacia su propia muerte, sus
manos, al menos, estaban libres de culpabilidad; pero, si no lo hacía, D i os
lt' tenía por responsable, al no haberse comportado como el atalaya que
d('bÍÓ 8(T.
80 L OS PROFETAS DE I SRAEL
La tercera función subsidiaria del profeta era servir de intercesor. Claro
está que los sacerdotes eran los intercesores primarios, al ofrecer sus sa
crificios en favor del pueblo. Con todo, también los profetas servían de
intercesores aparte de la actividad ceremonial. Tenemos varios ejemplos de
profetas intercediendo delante de Dios por el pueblo.
Entre los profetas antiguos, es digno de mención "el varón de Dios'',
enviado desde Judá para profetizar contra el altar de Betel. Allí, el rey
Jeroboam trató de detener la acción del profeta, pero, al hacerlo, notó que
la mano se le había secado. I n mediatamente instó al profeta: "Te pido que
ruegues ante la presencia de Jehová tu Dios, y ores por mí, para que mi
mano me sea restaurada" ( 1 R. 13:6). El varón de Dios h izo como le había
pedido Jeroboam, sirviendo así de intercesor, y le fue restaurada la mano
al rey. Un día, Elías intercedió por el hijo que se le había m uerto a la viuda
de Sarepta, a fin de que volviese a la vida. Dios escuchó su intercesión y
devolvió la vida al niño, con gran gozo de su madre ( 1 R. 17: 17 - 24). En
una ocasión semejante, Elíseo, algunos años después, intercedió a favor del
niño de la sunamita. El niño había muerto, y la madre acudió rápidamente
a Elíseo en busca de ayuda. Elíseo fue a la casa y allí intercedió por el niño,
y lo pudo devolver vivo a su madre ( 2 R. 4: 18- 37 ).
También los profetas escritores intercedieron por el pueblo en varías
ocasiones. Amós, por ejemplo, cuando vio la tierra devorada por langostas,
clamó a Dios: "Señor Jehová, perdona ahora; ¿ quién sostendrá a Jacob?,
porque es pequeño" ( Am. 7:2). El texto nos declara que, como resultado,
"Se arrepintió Jehová de esto" y dijo a Amós: "No será así'. En otras pala
bras, como resultado de la intercesión del profeta, Dios no iba a enviar
sobre el pueblo una devastación similar a la que Amós había contemplado,
producida por las langostas. Es probablemente Jeremías quien nos ha de
jado un numero de intercesiones mayor que ningún otro de los profetas. Por
ejemplo, cuando clama: ''Derramen mis ojos lágrimas día y noche, y no
cesen; porque con gran quebrantamiento es quebrantada la virgen hija de
mi pueblo, con azote muy doloroso" (Jer. 14: 1 7). Y, otra vez: "Reconocemos,
oh Jehová, nuestra impiedad, la iniquidad de nuestros padres; porque contra
ti hemos pecado. Por amor de tu nombre no nos deseches, ni deshonres el
trono de tu gloría: acuérdate, no invalides tu pacto con nosotros" ( 14:20 - 2 1 ).
Hay veces en que Dios le pide que no interceda por el pueblo. Por ejemplo,
en Jer. 7: 16, le dice Dios: "Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes
por ellos clamor ni oración. ni me ruegues; porque no te oiré" ( V. también
11: 14 ).
C. NO ERAN UNA CLASE DIFERENTE DE SACERDOTES
Un punto de vista, especialmente extendido entre eruditos escandina
vos, sostiene que los profetas desempeñaban funciones sacerdotales, en
Profetismo 81
conexión con el culto del santuario. Pretenden que l os sacerdotes se ocu
paban de las actividades sacrí ficiales junto al altar, mientras los profetas
proferían oráculos divinos en respuesta a las preguntas del pueblo. 1 2 Sig
mund M owinckel es conocido como el pionero de esta l ínea de pensamiento
con su Psalmenstudien fil; Kultprophetie und Prophetische Psalmen , que
escribió en 1923. Una de l as pruebas que aduce tiene que ver con los
diversos salmos que describen a Dios hablando en primera persona. 1 3 Mow
inckel piensa que tales lugares hacen referencia a los profetas, cuando ha
blaban de parte de Dios, dando respuesta a las preguntas del pueblo. Alfred
f Ialdar siguió esta misma l ínea de opinión, avanzando aún más su pensa
miento hasta tratar de comparar a los sacerdotes y profetas de Israel con
los dos grupos sacerdotales de Bibilonia, Baru y Mahhu . 14 Creía 1·-laldar
que habían i mportantes semejanzas entre los sacerdotes y los profetas de
Israel, por un lado, y los Baru y Mahhu de Babilonia, por el otro. Puesto
que tanto los Baru como los Mahh u eran grupos sacerdotales, concluía que
también los sacerdotes y los profetas de Israel formaban distintos grupos
sacerdotales.
Otro exponente de esta teoría es Aubrey Johnson, 15 quien toma una
posición a medio camino entre Mowinckel y Haldar. Para demostrar que los
profetas antiguos eran personas dedicadas al culto, presenta las s iguientes
pruebas: ( 1 ) Los setenta ancianos, cuando profetizaron en presencia de
Moisés, estaban situados cerca del tabernáculo; ( 2 ) El profeta Samuel fue
educado junto al tabernáculo en Siló; (3) En l S. 10, vemos que Saúl se
encontró con la compañía de profetas que descendían del lugar alto; ( 4 ) El
profeta Natán d io consejos a David con referencia a la edificación del templo
(2 S. 7:4- 1 7); (5) El profeta Natán y el sacerdote Sadoc actuaron conjun
tamente en la entronización de Salomón ( 1 R. 1 :32 - 40): (6) El profeta El ías
sacri ficó en un altar que él mismo había erigido en el Carmelo ( 1 R.
1 8: 2 5 - 40): ( 7 ) También el profeta Elíseo se fue al Carmelo (2 R. 4: 25),
donde, según el episodio de El ías, había un altar; y (8) Jehú convocó tanto
a profetas como a sacerdotes de Baal a que acudiesen a su templo, y ordenó
a contin uación que los matasen a todos, dando así a entender que ambos
11,rupos eran oficiales del culto entre los cananeos, un posible paralelo de lo
que sucedía en Israel (2 R. 1 0: 1 9 ). 1 6 Se debe añadir que Joh nson cita tam
bién pruebas similares, sacádas de los profetas escritores, pero, ya que sus
12 Otto Eissfeldt. {'The Prophetic Literature", The O/d Testament and Modern St11dy.
t'd . H. H. Rowley, pp. 1 1 3 - 1 6 1 ) . presenta un excelente análisis de los diversos puntos de
vista.
1 3 Por ej . . Sal . 60, 75, 82. 1 10.
14
Associations of Cult Prophets A monq the A n cien t Semites . H. H . Rowley. en Journal
P/' Semitic Studies. l ( 1 956): 338ss., presenta n umerosas referencias a la literatura que
t'X ÍHI l' sobre este tema.
15
The Cu/tic Pmphet in A nc1enl Israel.
' 6 1bid .. pp. 26i;s.
82 LOS PROFETAS DE ISRA EL
argumen tos son parecidos a los anteriores. ser ía superf l u o hacer una l ista
de ellos.
Para refutar esta teoría. no es necesario tomar por separado cada uno
de estos argumen tos. porque casi todos son del m ismo tipo. Dan por sentado
que. puesto que el profeta estaba. en alguna ocasión. cerca del altar o de
un sacerdote o del templo. o en alguna relación con el los. ya por eso esta ba
desempeñando funciones de sacerdote. Pero ésta es u n a conclusión falsa.
El rnl'ro h echo de que setenta ancianos estuviesen cerca del tabernáculo .
cuando profet izaron corno resu ltado de venir sobre ellos el Espíritu Santo.
no impl ica que fuesen miem bros de la casta sacerdota l . sirviendo a l san
t uario. El tabernáculo era simplemente el l ugar adecuado para que se reu
niesen a fin de ser revestidos de poder por el Espíritu. O bservaci on es
s i m i lares pueden hacerse respecto a l resto de l a supuesta evidencia. Es
natural que. a l pertenecer al pueblo de Dios . l os profetas est uv iesen i n tere
sados en los asun tos religiosos, y es cícrto q ue visita ban en m uchas oca
siones el l ugar donde eran ofrecidos los sacrifici os. Pero esto no quiere decir
que pert eneciesen al cuerpo sacerdotal y estuvíesen all ( actuando como sa
cerdotes. fi'ina l mente. el argumento basado en un pos ible paralelismo con
los oficiales cananeos del culto está fu ndado en una mera suposición. Lo
más proba ble es que estos oficiales ca naneos fuesen semejantes a l personal
rel igioso de Babi lon ia . más bien que al de lsrael . 1 7 Si mplemente, n o hay n i
una sola prueba seria d e que guardasen semejanza con los sacerdotes y
profetas de Israel . Para poder ofrecer alguna evidencia de esta teoría, sería
necesario h a l lar u n caso cl aro de u n o o más profetas profiriendo orácu los
emi t i dos desde el Lugar Santís imo. pero este caso está por hallarse.
En contraste con ello. lo que s í se halla a veces en l os profetas es su
actitud crítica con respecto a las prácticas corrientes del culto. Por ejemplo,
lsa(as cita a Dios d iciendo: '"¿Para q ué me sirve l a multitud de vuestros
sacrificios? Hastiado estoy de holocaustos de carneros y de sebo de animales
gordos: no qu iero sangre de bueyes. n i de ovejas ni de machos cabríos
. . . No me t ra igáis más vana ofrenda: el i ncienso me es a bom i nación'" (Is.
1: 1 1 . 1 3 ). Jcremi'as ( 6: 20: 7:2 1 - 23 ). Oseas (6:6), Amós ( 5:2 1 -25). Miqueas
( 6:6 - 8 ), t odos ellos. hablan de u n a manera semeja nte. Hace pocos años,
muchos eruditos pen saba n que estos profetas habfan incluso exhibido u na
act i t u d claramente a n ticúltica. Tamb ién esto es fal so, como es falsa la ac
titud de los erud i tos act uales q ue se van a l extremo opuesto al atribuir a
los profetas un papel prominente en el culto del santuario.
Otro argumento para refutar esta opin ión puede deducirse del hecho de
que la Ley de :\loisés no prescri be ni otorga su reconocimien to a tal actividad
por parte de los profetas. Las normas para el servicio del santuario están
m inuciosa mente deta l l adas. pero ni una sola vez se menciona a l os profetas
1
·E1 p<'rnonal de Ba b i l onia era sacerdotal: véase cap. 2. p. 28.
Profetismo 83
en conexión con ellas. Por consiguiente, careciendo de preceptos legales y
de ejemplos históricos para creer que los profetas de Israel pertenecían al
personal del culto, tenemos suficiente base para concluir que Israel no in
clu ía a los profetas en el culto del santuario; no eran una clase más de
sacerdotes.
D. LA CUESTION DE SI LOS PROFETAS ESCRIBIERON
SUS LIBROS
U na pregunta que ha provocado debates considerables se refiere a la
redacción de los libros proféticos. ¿ Fueron los profetas. cuyos nombres
aparecen a la cabecera de los libros proféticos. quienes los escribieron . o lo
hicieron otras personas que conocían las enseñanzas de los profetas? Si los
profetas mismos los escribieron, entonces este trabajo constituye otra faceta
de su función profética. Es necesario. pues, traer a discusión este tema.
1 . La opinión de que fueron otras personas quienes los escribieron
a. PRESENTACIÓN DE ESTA OPI N I ÓN
Como representante típico de esta opinión. seguida por muchos otros,
podemos citar a Lindblom. 18 Cree este autor que todos los profetas mayores
tenían numerosos seguidores que aprendían de ellos y estaban siempre
dispuestos a ayudarles, tanto en el ministerio oral como. más tarde, en
poner por escrito sus mensajes. Piensa que tales grupos eran probablemente
descendientes de los profetas de la época temprana de la profecía. a los que
él llama gremios. Ve a estos hombres cargados con la responsabilidad de
escuchar bien lo que decían los profetas. a fin de fijar bien en su memoria
los mensajes, hasta el punto de poder recordarlos al pie de la letra mediante
frecue n te repetícíón, y preservarlos así para las generaciones futuras. Cree
Lí ndblom que parte de estos mensajes fue preservada al principio sólo en
forma oral, y después todo fue puesto por escrito a manos de otras personas.
b. PRU EBAS Q U E · S E A DUCEN A FAVOR DE ESTA OPINIÓN
Tres son principalmente los argumentos que se aducen a favor de este
punto de vista.
El primero es la indicación de la Escritura de que el quehacer de los
profetas era proferir la Palabra de Dios, sin mencionar el ponerla por es
(TÍlo, con los que parece plausible el suponer que fueron otros quienes
<.,' ÍCctuaron la redacción. Pero el mero hecho de que el ministerio profético
fuese primordialmente oral no les impedía ser también escritores. Después
' " Prophecy in Anrient ls,·ar,f, pp. 1 59ss . ; véase Scott. Tlie Rele,•cmce o/ tite Propl1ets .
pp. 8 1 8:'l.
84 LOS PROFETAS DE ISRAEL
de todo, sus libros no son tan voluminosos como para requerir demasiado
tiempo para su redaccíón, y los más familiarizados con la información para
registrarla con todo esmero, eran naturalmente los mismos profetas.
Un segundo argumento es que dos de los más grandes profetas, Isaías
y Jeremías, mencionan a los discípulos que les seguían. Isaías lo hace en
8: 1 6, donde díce: "Ata el testimonio, sella la instrucción (torah ) entre mis
discípulos" . El vocablo para discípulos es límmudhim, que significa
"aprendices". Hablando de este versículo, dice R. B. Y. Scott; "En Isaías
8: 16, el profeta encomienda este mensaje a sus discípulos". 1 9 Sin embargo,
el versículo no dice esto, sino que indica simplemente el deseo de Isaías de
que el testimonio quedase atado, y la ley sellada entre sus discípulos, mien
tras éstos se movían entre el pueblo desobediente de su tiempo. El testi
monio y la ley de que aquí se habla no era, con toda probabílídad, el mensaje
que Isaías hab ía estado proclamando, sino la Ley básica que los sacerdotes
enseñaban y que los profetas exhortaban, a lo largo de los años, a guardar.
Y los discípulos en cuestión no es probable que fuesen solamente los se
guidores cercanos de Isaías, sino que se refiere a toda persona piadosa de
su tiempo, que tratase de andar en los caminos de Dios, gente que le había
escuchado atentamente y había aprendido de él cuando predicaba.
También es citado Jeremías por el hecho de tener a Baruc por amigo y
secretario. En realidad, lo que el texto sagrado dice es que Jeremías dictó
el material a Baruc, y éste lo redactó. Leemos en Jer. 36:4: "Y llamó Jeremías
a Baruc, hijo de Nerías, y escribió Baruc al dictado de Jeremías (lit. de la
boca de J eremías), en un rollo, todas las palabras que Jehová le había ha
blado". Cuando el rey Joacim quemó el rollo malignamente, Jeremías tomó
otro rollo y, bajo la dirección de Dios, dictó de n uevo el material a Baruc
(Jer. 36:32 ). Hay que decir que un solo hombre a duras penas puede formar
un grupo de discípulos; pero, además, en este caso explícitamente se nos
dice que Jeremías escribió su propio libro, usando a Baruc únicamente como
secretario. Nótese que la línea general de pensamiento de la opinión que
nos ocupa es que mucho después de la predicación del profeta y, posible
mente, después de su muerte, es cuando s us dísípulos pusieron por escrito
lo que habían escuchado de sus labios.
Un tercer argumento, también propuesto por Lindblom, es que este
modo de poner por escrito las revelaciones hechas a los profetas es lo que
explica lo que él llama '·muchos pasajes oscuros, muchas discrepancias,
muchas repeticiones, muchos lagunas y muchas adiciones" en l os l ibros
proféticos. 2° Cree Lindblom que se dan tales cosas en los escritos proféticos
y cree que la mejor forma de explicarlas es apelando a este tipo de pater
n idad literaria. Sin embargo, los eruditos conservadores ven estos supuestos
19
The Relevance o/ the Prophets, p. 82.
20Prophecy in A ncient Israel, p. 1 64.
Profetismo 85
problemas desde un punto de vista totalmente d i feren te. Están de acuerdo
en q ue hay pasajes oscuros, es decir, difíciles de entender; pero esto ocurre
en otros m uchos l ugares de la Biblia y, a menudo, donde no hay problemas
de paternidad l iteraria. Además, Li ndblom no cita ninguna discrepancia en
particular, y resulta difícil refutar una aserción cuando no se aduce n i ngún
caso concreto. Uno también podría aseverar que no existen discrepancias.
y l os eruditos conservadores creemos que éste es el caso. Es cierto que hay
pasajes que presentan problemas, pero todos ellos adm iten de ordinario
más de una i nterpretación, y todas ellas son compatibl es con la plenaria
inspiración de la Biblia. En cuanto a las repeticiones, tampoco indica Lind
blom n inguna de ellas, pero podemos responder que cualesquiera que sean
las que él t iene en su mente, también admiten una de estas dos expl ica
ciones: o existen por razón de énfasis, o no son, en real idad, repeticiones.
sino meramente pasajes que m uestran ciertas semejanzas.
En cuanto a las lagunas, podemos decir que hay porciones en los es
critos proféticos donde u n o desearía que hubiese ul terior i nformación, pero
ésta es una de las características de la Escritura. Sólo registra los material es
que se consideran i mportantes en el aspecto religioso y, por ello, se om ite
a veces l a i nformación que u no desearía tener, pero esto no tiene nada que
ver con la cuestión de sí el autor del l ibro fue el profeta mismo o no, pues
tales reti cencias las pudo observar el profeta bajo la dirección divina. Y en
cuanto a las muchas añad iduras, n o sabemos lo que con esto quiere decir
Lindblom; al parecer, cree él que l os d iscípulos de los profetas añadieron
a lgo a lo q ue el profeta m ismo había d icho, pero esto resu l ta extremada
mente difíc i l de demostrar. Posiblemente abriga la opinión de que eso está
impl ícito en ciertas pretensiones de sobrenatura l ismo q ue el profeta, más
sensato que sus fanáticos seguidores, no habría hecho. Pero los eruditos
conservadores no encuentran dificultad alguna en pasajes que evidencien
una actividad sobrenatural.
2. La tesis de que los profetas mismos escribieron sus libros
La opinión de· que los profetas m ismos escribieron l os l ibros que se les
a lribuyen, tiene muchas más razones a su favor. Es verdad que Dios pudo
m uy bien haber inspirado su mensaje a través de uno o más seguidores del
profeta, igualmente que median te el profeta mismo, pero era éste quien
recibía directamente d e Dios el mensaje que predicaba, conocía mejor que
nadie la i nformación que recibía y, por tanto, era el más apropiado para
que, todavía en v ida, Dios le i n spirase a él para ponerl a por escrito. Si
t'chaba mano de u n secretario en alguna ocasión , como lo h izo jeremías con
Baruc, aun en este caso era el profeta el verdadero autor, puesto que Baruc
St' limitaba a escribir lo que Jeremías le dictaba.
Se ha objetado q1a' l'xisl t' <.>n los l i bros profélicos u n notable silencio
86 LOS PROFETAS DE ISRAEL
acerca de la paternidad literaria, y esto es cierto hasta cierto punto. Sin
embargo, se pueden advertir en los libros diversas indicaciones que dan a
entender que los profetas mismos fueron los autores. A Isaías, por ejemplo,
le ordenó Dios q ue tomase una tabla grande y escribiese en ella con carac
teres legibles (8: 1 ). Esto no equivale a decir que escribió el libro que lleva
su nombre, pero nos muestra que sabía escribir y que de hecho escribía
sobre tales tablas a rollos. Hubo otra ocasión en que lsaías recibió la orden
de escribir delante de los egipcios en un libro ··para que en el tiempo veni
dero quede como testimonio eterno" ( 30:8).También a Ezequiel se le ordenó
que consignase por escrito la ley del templo y todas sus ordenanzas
(43: 1 1 - 12). Igualmente, Habacuc recibió la orden de escribir la visión y
grabarla bien clara en tablas, para q ue el que pasase corriendo, pudiese
leerla ( 2: 2 ). En cuanto a Jeremías, explícitamente se dice q ue dictó a su
secretario, Baruc, la información que había recibido de Dios. Y, al final de
su profecía, leemos lo siguiente: .. Escribió, pues, Jeremías en un libro todo
el mal q ue había de venir sobre Babilonia, todas las palabras q ue están
escritas acerca de Babilonia" (51:60).
Es cierto que ninguno de los libros de los profetas escritores declara
explícitamente que ha sido escrito por el tal profeta. En realidad, cada uno
comienza con una referencia, en tercera persona, al profeta. Por ejemplo, el
libro de Isaías comienza así: ··Visión de lsaías hijo de Amoz" ( 1: 1 ). Y el de
Ezequiel así: --vino expresamente palabra de Jehová al sacerdote Ezequiel,
hijo de Buzi. en la tierra de los caldeos. junto al río Quebar" ( 1: 3). A juzgar
por solas estas referencias en tercera persona, podríamos concluir q ue no
fueron los profetas quienes los escribieron, sino otras personas.
Sin embargo, después de comenzar en tercera persona. muchos de estos
libros vuelven una y otra vez a usar la primera persona, lo cual se explica
mejor si fueron los profetas mismos quienes escribieron los libros. Por
ejemplo. cuando Isaías menciona la ocasión de su llamamiento, en el tiempo
en que vio al Señor en el templo, usa la primera persona: "En el año en q ue
murió el rey Uzías. vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime,
y la orla de su manto llenaba el templo" (6: l ). Poco después, añade: "En
tonces dije: ¡ Ay de m í! q ue estoy muerto; porque siendo hombre inmundo
de labios .. . han visto mis ojos al Rey, Jehová de los ejércitos" ( v. 5); y,
poco después: "Entonces respondí yo: Heme aquí, envíame a m e' ( v. 8). Del
mismo modo, en Jeremías, después de la introducción en tercera persona
en l : 1, se usa en 1 :4 la primera persona: "Vino, pues, palabra de Jehová a
m í, diciendo" y, a renglón seguido, se nos refiere el llamamiento q ue recibió
de Dios, quien la había escogido para ello desde el vientre de su madre. Un
poco más adelante, leemos: "Y vino a mí la palabra de Jehová, diciendo"
( l : 1 1 ). Y otras referencias en primera persona se suceden con la misma
frecuencia. En cuanto a Ezequiel, de hecho él comienza el libro en primera
persona, puesto que la referencia en tercera persona no viene hasta el vers. 3.
Profetismo 87
El vers. 1 dice así: "Aconteció en el a ño treinta, en el mes cuarto, a los cinco
días del mes, que estando yo entre los deportados junto al río Quebar, los
cielos se abrieron, y vi visiones de Dios". Luego, en el vers. 4, vuelve a la
primera persona: "Y miré, y he aquí que venía del norte un viento tempes
tuoso". De nuevo, en 2: 1 "Y me dijo: Hijo de hombre, ponte sobre tus pies
y hablaré contigo". No todos los profetas tienen referencias en primera
persona como éstas, pero varios de ellos l as tienen, con inclusión de Oseas,
Amós, Miqueas, Habacuc y Zacarías.
A la vista de estas pruebas, podemos decir que las referencias en tercera
persona son mas fáciles de explicar en el caso de ser los profetas mismos
los autores, que las referencias en primera persona en el caso de que fuesen
otras personas las que escribieron los libros. La razón de esto es que escribir
en tercera persona es corriente en la Biblia, cuando no hay duda alguna de
que el que está hablando en tercera persona es el autor mismo. Por otra
parte, es difícil hallar un lugar en la Biblia en que la referencia en primera
persona ( excepto cuando habla Dios mismo) no pertenezca a la persona que
escribe el libro. Cualquier lugar en que ocurra lo contrario nos indicará por
sí mismo a quién se hace referencia, lo cual no sucede en los casos sacados
de los profetas.
Tomados en conjunto todos estos argumentos, nos llevan a la conclusión
de que fueron los profetas quienes escribieron los libros que se les atribuyen.
Una cosa es afirmar que sólo porque eran predicadores no podían ser es
(Titores, y otra muy distinta presentar l as pruebas necesarias para demos
t rarlo. Las que se tratan de aducir no tienen fuerza alguna, mientras que
son mucho más convincentes las que muestran que los profetas fueron l os
autores. Por consiguiente, es correcto decir que una función más de los
profetas escritores fue la de redactar la información contenida en sus libros.
l •:s lo más probable que l a mayor parte de lo que predicaron le pusieron
por escrito aunque no necesariamente todo ello. Lo que pusieron por escrito
fue lo que Dios quería que quedase registrado a perpetuidad, de forma que
las generaciones futuras pudiesen aprovechar de ello lo mismo que la gene
ración contemporánea de los profetas.
6
El Espíritu Santo y
la Profecía
N uestra discusión ha llegado a un punto en el q ue lógicamente hemos
de considerar el tema básico de la relación del Espíritu Santo con la obra
de los profetas. Cada uno de los tres capítulos precendentes ven ía ya an
licipando el tema. En el capítulo 3, se consideró el tema del éxtasis y los
profetas, y se hizo notar que cada uno de los tres pasajes principales adu
ddos por los partidarios del punto de vista extático, inclu ía una referencia
ni Espíritu Santo. Se advirtió que el sign ificado de esta referencia sería
l'Studiado más adelante. En el capítulo 4, la discusión se centró sobre el
Hignificado del verbo ''profetizar". Se investigó con esmero el sentido de este
l rrmino, pero también se dijo q ue no podía establecerse por completo su
Hignificado hasta que se llevase a cabo una discusión referente al Espíritu
Sunto. Y en el capítulo inmediatamente posterior (cap 5), se analizó la fun
dón del profeta. Para que éste llevase a cabo esta función, tanto al recibir
la palabra de Dios como al proclamarla, una vez más se hallaba u na im
portante referencia a la operación del Espíritu Santo. Está en su pun to,
pues, que emprendamos ahora la discusión de este tema fundamental y
podamos ofrecer respuestas a cuestiones que quedaron abiertas en los
t'npítulos precedentes.1
1 Para una discusión completa d e este tema, véase mi l ibro The Holy Spirit in the O/d
l,•.,tament . En él está basada una parte importante de la información q ue presentamos en
d prl'Scnte capítulo.
89
90 LOS PROFETAS DE ISRAEL
A. IDENTIFICACION
Los eruditos de convicciones l i berales piensan que las menciones del
Espíritu Santo en el A n t iguo Testamento son meramen te referencias a l
poder de Dios o a la influencia d e D ios e n e l m undo. Cuando estas refe
rencias tienen q ue ver en particular con los profetas, los eruditos liberales
las consideran corno indicaciones de un poder que ven ía sobre los profetas
para hacerles entrar en trance extático. Como ya se dijo en el capítulo 3 ,
este punto d e vista es totalmente falso e n l a opi nión d e l os exegetas con
servadores, ya q ue éstos creen que el Espíritu Santo es una de las tres
personas de la Deidad, junto con el Padre y el Hijo.
En tre l os exegetas conservadores, hay q u i enes, admitiendo q ue el
Espíritu Santo es una persona divina. piensan que el pueblo del Antiguo
Testamento no se percató de Su existencia en esta dimensión, sino que
pensaban acerca del Espíritu Santo corno de un poder o influencia que Dios
ejercía en el Universo.
Sin embargo, hay razones para creer q ue personas bien informadas en
t iempos del Antiguo Testamento, tenían un concepto más elevado del Esp(rítu
Santo. No cabe duda de que no habrían sido capaces de formular la doctrina
de la Tri nidad en términos teológicos, pero parece ser que pudieron entrever
una disti nción entre el Espíritu Santo de Dios y Dios mismo, en forma que
caracterizase al Espíritu Santo con cuali dades propias de una persona. Por
ejemplo, escribe el salmista: '"Envfas tu Espíritu, y son creados, y renuevas
la faz de la tierra" ( Sal. 1 04:30). La palabra envías difícilmente puede
aplicarse a un poder o i n fluencia de D ios , para lo cual uno podría esperar
más bien que el salmista se expresase así: 'Tú creaste la t i erra con tu poder
y la renuevas con t u i n fluencia". Un espíritu que pudo ser enviado debe ser
distinto del q ue lo envió, y si ese espírit u pudo, a su vez, crear y renovar
la faz de la tierra, se implica entonces un aspecto de la personalidad .
E n cierta ocasión, Elíseo pidió una "doble porción" del "espíritu"' de
Elías (2 R. 2:9). En el mismo contexto ''cincuenta varones de los h ijos de
los profetas" (profetas en período de entrenamiento), se refirieron a tal
espíritu como "el Espíritu de Jehová". Con ell o se i ndica q ue el espíritu q ue
Elíseo deseaba obtener de Elías era el m i smo "Espíritu de Jehová". Siendo
esto así, el Espíritu de que aquí se habla se distingue de Dios mismo y,
puesto que el contexto indica que Elíseo recibió u n gran poder cuando el
Espíritu vino sobre él, se i mplica también el aspecto de personalidad.
Posteriormente, Ezequiel, quien escribe con tan.ta frecuencia sobre el
Espíritu, se refiere de modo muy sign i ficativo a algo que el Espíritu estaba
haciendo por él o para él. Por ejemplo, en 3: 1 2. dice: "Entonces me elevó
el espíritu", para transportarle a Tel-abib. En 1 1 : 1 , afirma: "Entonces el
espíritu me elevó, y me l levó a la puerta oriental de la casa de Jehová". Esta
Profetismo 91
fraseología m uestra, una vez más, que el profeta d istinguía entre el Espíritu
de Dios y Dios mismo, y, puesto que el Espíritu efectuaba todas estas cosas
por él, se implica también que es una persona.
También es importante percatarse de que este tema de la indent idad
del Espíritu Santo en el Antiguo Testamen to no es tanto una cuestión de lo
que el pueblo pensaba acerca de la tercera persona de la Deidad como de
la i ntención que Dios ten ía al inspirar a los escritores sagrados. Esta i nten
ción q ueda i n d icada en n u merosos pasajes. Por ejemplo, en Génesis 1 :2,
donde se dice que el Espíritu de Dios se movía o aleteaba sobre la faz de
las aguas después de la creación i nicial, dando a entender claramente que
era la Tercera Persona de la Deidad la que así se movía, a leteaba o incubaba.
O. muchos años después. cuando Dios d ijo a Zacarías que su obra se hacía
"no con la fuerza ni con el poder. sino sólo con mi Espíritu'' (Zac. 4:6).
seguramente se refería a la Tercera Persona de la Deidad como la responsa
ble de que la obra de Dios se llevase a cabo. Ahora. pues, la cuestión es
básicamente cuál era la relación, conforme Dios la veía, entre la operación
del Espíritu Santo y l os profetas en su función de profetizar.
B. PODER RECIBIDO DEL ESPIRITU SANTO
Se afirma frecuentemente en la Biblia que el Espíritu Santo venía sobre
nlgunas personas en t iempos del An tiguo Testamento, y también q ue las
dejaba (por ej., 1 S. 1 6 : 1 4 ). Puede demostrarse q ue n inguno de esto casos
He refiere a l a salvación, o pérdida de la salvación, de tal persona, sino del
poder con ferido para l levar a cabo una determinada tarea. El espacio no
nos permite extendernos en ofrecer un recuento exhaustivo, pero pueden
mencionarse u nos pocos ejemplos.
Sobre cuatro de los jueces vino el Espíritu. Uno de ell os fue Otoníel, de
t¡uíen se dice. "Y el Espírit u de Jehová vino sobre él" (j ue. 3: 1 0). El objetivo
de esta venida del Espíritu está claro por el contexto posterior: tenía por
ohjeto otorgar a Otoni el el poder necesario para ir a la guerra y ganarla.
Otro j uez de quien se díce haber recibido poder del Espírit u fue Gedeón,
pues leemos en Jueces 6:34 "Entonces el Espíritu de Jehová vino sobre
( ,t·deón , y cuando éste tocó el cuerno, l os abíezeritas se reu nieron con él".
l •: Htn veni da del Espíritu tuvo por objeto capacitar a Gedeón para reunir un
grupo con el que l uchar contra l os madianitas invasores. U n tercero fue
ld'té; dice Jueces 1 1 :29, "Y el Espíritu de Jehová vino sobre Jefté; y pasó
pm Galaad y Manasés'·. El objetivo de esta venida del Espíritu era fortalecer
11 Jcfté para la i n m inente batal la contra l os amonitas. Otro de ellos fue
Sansón, de q uien se dice cuatro veces que ·'el Espíritu de Jehová" vino sobre
d ( .fue. 1 3 :25; 1 4:6, 1 9; f5: 1 4). En cada una de estas veces, el Espíritu vino
r.ohrt• Sansón justam<'rll<' nnh•s de que tuviese que llevar a cabo una gran
92 LOS PROFETAS DE ISRAEL
hazaña, con lo que se implica que el Espíritu de Dios le capacitaba para
cada ocasión. 2
C. EL PODER OTORGADO A LOS PROFETAS
Cuando se considera a los profetas siendo llenos así del poder del
Espíritu Santo, es preciso hacer una distinción. Primero, había profetas que
eran llenos del poder del Espíritu de un modo similar a como lo hemos
visto en relación con los jueces; esto es, recibían este poder para una de
terminada circunstancia que tenían que afrontar. Por ejemplo, se dice de
Azarías, antes de que hablase con el rey Asá de Judá, quien volvía a casa
de una campaña militar, ''Vino el Espíritu de Dios sobre Azarías hijo de
Obed", después de lo cual Azarías comunicó un mensaje de parte de Dios
(2 Cr. 15: 1 - 7). Se entiende que el Espíritu de Dios vino sobre él para
equiparle con el fin de que proclamara el mensaje. Otro pasaje se refiere a
Jahaziel, en el reinado de Josafat sucesor de Asá, cuando acababan de llegar
noticias de una invasión de la tierra por parte de tres poderosos enemigos.
Josafat oró al Señor en petición de ayuda, y como respuesta, "vino sobre él
(Jahaziel ) el Espíritu de Jehová en medio de la asamblea" ( 2 Cr. 20: 1 4 ). El
resultado fue que Jahaziel pronunció, de parte de Dios, un mensaje de
aliento y de instrucción para el pueblo. 3
El otro grupo consta de profetas que recibían continuo poder. Raras
veces mencionan los miembros de este grupo-y en él están incluidos todos
los grandes profetas escritores- el estar siendo llenados personalmente del
Espíritu Santo o recibiendo un poder especial de El. De hecho, sólo dos
( Miqueas y Ezequiel), entre los dieciséis profetas escritores, hacen tal men
ción. De ahí podría deducir alguien que los otros catorce no recibieron tal
poder, por lo que es conveniente mostrar que sí lo recibieron. Al mismo
tiempo, podremos ver que tal suministro de poder era continuo.
Una fuente de información demostrativa nos la ofrecen dos importantes
referencias postexílicas a profetas anteriores al exilio. Nehem ías 9:30, re
firiéndose a los antiguos pecados de Israel, dice dirigiéndos a Dios, "Los
soportaste por muchos años, y les testificaste con tu Espíritu por medio de
tus profetas". La referencia es, sin duda, a profetas anteriores al exilio y,
puesto que no se señala a ninguno por su nombre, se da a entender que
todos ellos estaban capacitados por el Espíritu Santo cuando testificaban
ante el pueblo. El otro pasaje es Zacarías 7: 1 2, donde el profeta habla de
un modo similar acerca del pecado de Israel en tiempos anteriores a la
2 Más adelante, en este m ismo capítulo, mencionaremos otros ejemplos. Entre otros de
los qL� no serán mencionados, están los de Bezaleel ( Ex . 3 1 : 3 ; véase 35:3 1 ), el de Balaam
( N m . 24: 2 ) , el de Josué ( Nm . 2 7 : 1 8 : véase Dt. 34:9), el de Ama say ( 1 Cr. 1 2 : 1 8 ) , y el de
Zacarías (2 Cr. 24:20). Todos ellos comportan poder recibido para una determinada tarea .
'Véase 1 Cr. 1 2 : 1 8: 2 Cr. 24:20.
Profetismo 93
deportación y, en particular, acerca de la resistencia del pueblo a oír "las
palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de
los profetas primeros". La misma observación que hicimos respecto a Neh.
9:30 tiene aplicación a este segundo pasaje, y ambos indica n que el sumi
nistro de poder del Espíritu Santo era conti n uo.
Una segunda fuente de demostración puede tomarse de los profetas que
hablan de s( m ismos en el sentido de recibir un sumin istro continuo del
poder del Espíritu Santo. Los dos primeros que consideraremos son El ías
y Elíseo. El episodio que vamos a citar es el ya aludido más arriba , cuando
Fl iseo pidió a El ías que le otorgase una doble porción de su espíritu. El
hecho de que Elíseo h iciese este ruego i ndica que E l ías había recibi do de
antemano un suministro continuo del poder del Espíritu, y aparece clara
mente que el interés de Elíseo era recibir para el futuro un simi lar sumin is
tro contin uo. Un tercer profeta es Miqueas, uno de los dos profetas escritores
que menciona expl ícitamente el poder recibido, y usa palabras que connotan
igualmente un continuo suministro: "Mas yo estoy lleno de poder del Espíritu
de Jehová'' ( Miq. 3:8). Es digno de notarse que Miqueas no dice meramente,
"Estoy siendo llenado'' o "El Espíritu de Jehová vi no sobre m C'. Usa el
1 iempo perfecto del verbo para dar a entender que la llenura había tenido
lugar en el pasado, y el contexto muestra que se percataba de que tal llenura
t•ra todavía algo real en él cuando escribía eso.
El cuarto profeta es Ezequiel , quien ofrece muchas indicaciones de que
t•ra consciente de estar dependiendo del Espíritu. Por ejemplo, en 2:2, dice,
" Entró el espíritu en mf", para que pudiese comunicar un mensaje. En 3: 1 2 ,
dice "Entonces m e elevó e l espíritu"; y e n 3: 1 4 "Me levantó, pues, e l espíritu,
y me transportó". No menos de once veces, afirma que el Espíritu entró en
rl con algún propósi to4 , o q ue le transportó a un lugar lejano. Tal consciencia
dd ministerio del Espíritu demuestra que Ezequiel recibía continuamente
poder del Espíritu y era consciente de ello de un modo i n usitado.
Una tercera fuente de evidencia puede tomarse, por analogía, de otras
j)('rsonas importantes en la vida de Israel y que d ieron pruebas de estar
1·ecibiendo continuamente poder del Espíritu Santo. Tenemos en cuenta es
pt'cialmente a los grandes l íderes del pueblo.
El primero al que vamos a referirnos es Moisés. Aunque no se narra l a
ocasión e n que e l Espíritu vino por vez primera sobre Moisés, sí que tenemos
t•videncia clara, en el episodio de los setenta ancianos sobre los que vino el
1 '.spíri tu de Dios en el desierto, de que él era constantemente l lenado del
1
1 :spíritu. Como ya se dijo en el capít u lo 3, esos setenta varones fueron
1
•;cparados para ayudar a Moisés, y Dios declaró a Su siervo que iba a
"lomar del Espfritu" que había en él para ponerlo también en ellos ( Nm .
" El uso d e d i ferentes verbos e n estos ejemplos. cuando e l Espíritu l lenó a Ezeq u iel, así
, 111 110 olras consideraciones. nos m uestra que no era l lenado sólo tempora lmente, como lo
1·1 1 1 1•1 prinwr grupo de profrtus.
94 LOS PROFETAS DE I SRAEL
1 1 : 17 ). Se i m pl ica así claramente que, de al l í en adelante, los setenta re·
cíbieron conti nuamente poder para su n ueva tarea. y es igualmente claro
que Moisés había reci bido antes tal poder y continuó teniéndolo.
El segundo digno de mención es el primer rey de Israel, Saúl. Como
también se indicó en el cap ít ul o 3, el Espírit u de Dios v i no sobre él tem·
poral mente en 1 S. 1 0. pero después de u na forma más continua en 1 S.
1 1 :6. j ustamente antes de la batalla de Jabés de Galaad. Debió de serlo así.
puesto que en l S. 1 6: 1 4 leemos que el Esp írit u de Dios le dejó, y no
aparece n i ngún intervalo en el que se diga que el Espíritu v i no sobre él.
El último al que vamos a referirnos es el segundo rey de Israel . David.
En 1 S. 16: 1 3 . el verso i nmediatamente anterior al que nos h abla d e que el
Espíritu dejó a Saúl. se nos declara: ··y desde aquel d ía en adelante el
Espíritu de Jehová vino sobre David''. Es especialmente sign i ficativa la
frase - "desde aquel d ía en adelante". Esto sucedi ó el día en que Sam uel
ungió a David como a futuro rey de Israel. También son dignas de notarse
las palabras de David en el Sal. 5 1 : 1 1 "No retires de mí tu Santo Espíritu.··
En esta p legaria a Dios, David declaraba de modo implícito que estaba
recibiendo continuamente el poder del Espíritu. Sabía que tenía el Espíritu
en aquel m omento. y no quería que cambi ase su estado. Había visto en
Saúl un cambio que había traído tristes consecuencias, y no quería q ue a
él le sucediese l o m ismo.
Lo que aq uí queremos poner de relieve es q ue. si estas personas estaban
con t i n uamente llenas del Espíritu, está totalmente puesto en razón que los
profetas. con su singular relevancia en la v i da de Israel, estuviesen tam bién
con t i n uamente l lenos del Espíritu.
El q ue u n os pocos profetas fuesen l lenos sólo temporalmente, m ientras
que la mayoría lo eran con t i nuamente. se debe, sin duda, a la menor i m
portancia del quehacer que Dios les encomendaba. Es decir, hombres como
Azarías o Jahaziel eran personas que Dios usaba para transmitir un mensaje
profético sólo en una ocasión, y ya no se les v uelve a mencionar en las
Escrituras. Sin embargo. los grandes profetas escritores o los hom bres como
Elías y El íseo. ejercían la función profética de forma más continua. Su
entera ocupación era ser profetas, y Dios los usaba cont i n uamente para Su
servicio. Por esa razón. era importante que fuesen cont i numente llenos de
poder.
D. NUEVA CONSIDERACION DE LOS TRES PASAJES
Es ahora el tiempo oportuno para volver n uestra atención a los t res
i mportantes pasajes considerados en el cap ítulo 3, a saber, Nm. 1 1 : 2 5 - 29;
1 S. l O: 1 1 3 y 1 S. 1 9: 1 8 - 24. Estos son los t res principales textos que los
defensores del punto de vista del extatícismo aducen para probar su aserto
a base de la Escritura. Ya h icimos notar los serios problemas q ue surgen
Profetismo 95
cuando se pretende hallar en el los alguna evidencia en favor de dicho punto
de vista. Vimos q ue una sol ución mucho mejor era la idea de "'alabar", con
base sól ida en lo que leemos en l Cr. 25: 1 3. Tam bién hicimos notar que,
en cada una de dichas ocasiones, se nos d ice que vino el Espíritu Santo
sobre las personas involucradas en el caso. Puesto que. en cualquier caso
que el Antiguo Testamento nos presenta, la venida del Espíritu Santo tenía
que ver con el suministro de poder a uno o varios i ndividuos, puede esperar
se que, en todos esos tres casos, sucediera precisamente lo mismo.
L Números 1 1: 16-30
Este pasaje se refiere a los setenta ancíanos, cuando fueron equipados
por Dios para compartir con Moisés las tareas de la administración. Dios
le dijo a M oisés q ue i ba a tomar del Espíritu que había venido sobre él y
lo pondría también sobre los setenta. Así lo hizo, y los setenta comenzaron
a ''profetizar". Cuando ell os cesaron, dos de ellos, Eldad y Medad, conti
nuaron con esta actividad, conforme iban profetizando por el campamento.
El punto en cuestión es qué tenía que ver esta venida del Espíritu Santo
sobre los setenta con su acción de profetizar.
Difícilmente se p uede afirmar que el objetivo era i ncitar a estos hombres
n profetizar de este m odo, pues esta actividad no era el fi n que se persegu ía.
El objetivo era equ ipar a estos hombres para asistir a Moisés en la admin is
t ración . La conclusión es, pues, que el Espíritu vino para hacer de estos
hombres unos ayudantes idóneos, porque, en fin de cuentas, el oficio de
administrar y juzgar al pueblo era una tarea m uy importante. El profetizar
debió de ser meramente una actividad concomi tante al hecho de veni r sobre
l'llos el Espíritu Santo.
De hecho, tal actividad concomitante no es de sorprender. Antes de ese
momento, dichos hombres no habían recibido tal poder. Ahora, el Espíritu
Santo había venido s úbitamente sobre ellos y habían recibido el poder.
Cómo lo supieron no se nos dice, pero debieron de percatarse de ello de
alguna manera, y el constatarlo debió de l l enarles de gozo el corazón. Bien
pudo dicho gozo l levarles a u na actitud de alabanza con cánt icos en grupo,
y q uizás fueron varios los cánticos que entonaron.
En cuanto a Eldad y Medad, parece ser que apreciaban más que los
ot ros esta actividad de cantar alabanzas, y quizás poseían un temperamento
de mayor exuberancia emoclonal, y deseaban que todo el campamento se
t•nterase de la bendición que habían recibido y del motivo de su gozo; por
t•so, i ba n pasando por el campamento m ientras cantaban sus alabanzas al
Seiíor. Esto disgustó a algunos del pueblo, quienes fueron a q uejarse a
,lm;ué, y éste presentó l a querella a Moisés. El hecho de que estos h ombres
t'Bl uviesen s implemente alabando a Dios, hace que la semirreprímenda que
Moís{>s echó a Josué CBI uvirsc justificada. Quería él que todos los del pueblo
96 LOS PROFETAS DE ISRAEL
fuesen profetas y alabasen a Dios de l a manera que Eldad y Medad lo
estaba haciendo.
2. 1 Samuel 10: 1 - 1 3
E n e l pasaje concerniente al primer encuentro d e Saúl con los profetas,
se nos dice que ··et Espíritu de Dios vino sobre él con poder, y profetizó
entre ellos" ( 10: 10). De nuevo vemos que la venida del Espíritu de Dios
está íntimamente relacionada con el acto de profetizar. ¿Cuál es la relación
en este caso?
La respuesta debe ser, una vez más, que el profetizar era solamente un
subproducto del propósito principal que albergaba el hecho de recibir poder
del Espíritu. Como ya vimos en su lugar, el propósito en esta ocasión era
cambiar la personalidad de Saúl, quien era de carácter t ímido y necesitaba
un nuevo sentimiento de confianza, si había de desempeñar competente
mente el cargo de rey de Israel. No es que fuese a ser entronizado inmedia
tamente, pero necesitaba un anticipo de lo que el Espíritu podía y quería
hacer por él cuando l o fuese. Por tanto, el objetivo principal no era hacer
que profetizase, pero no h a de sorprendernos el que lo hiciese, cuando el
Espíritu de Dios le capacitó con una nueva actitud de confianza en sí mismo.
Como los setenta en el desierto, también él prorrumpió en cánticos alabando
a Dios. La compañía de los profetas ya estaban cantando, y Saúl, con su
nuevo corazón, se unió a ellos. Tenía muchos motivos para alabar a Dios,
tras haber o ído que iba a ser rey y de haber ahora recibido un anticipo de
la nueva personalidad que le iba a otorgar Dios para el cargo que iba a
ocupar.
3. 1 Samuel 19: 18-24
En el pasaje que nos n arra el segundo encuentro de Saúl con los pro
fetas, se nos dice que "vino sobre él el Espíritu de Dios, e iba caminando
profetizando hasta que llegó a Nayot en Ramá " , donde estaba David en la
compañía de Samuel ( l 9:23). Antes de esto, el Espíritu de Dios había
venido también sobre los mensajeros de Saúl, teniendo por resultado el que
también ellos profetizasen (v. 20). Así que también en este caso, el acto de
profetizar, tanto Saúl como sus mensajeros, está íntimamente ligado a una
venida del Espíritu de D ios. ¿ Cuál es la relación en este caso?
Esta vez, la respuesta es diferente. De esta recepción de poder, no se
advierte otro objetivo que el simple profetizar. Por una parte, los mensajeros
de Saúl no fueron capacitados para ningún cometido especial y, por otra,
Saúl mismo había sido ya desposeído, varios años a ntes, del poder especial
que había recibido para reinar ( 1 S. 16: 14). Pero, en esta ocasión, parece
Profetismo 97
ser que había un razón muy clara para recibir poder con el fin de profetizar;
esta razón era salvar la vida de David.
Era necesario que a los tres grupos de mensajeros se les impidiese
cumplir el encargo recibido de arrestar a David y traerlo a Saúl, y también
era necesario refrenar a Saúl para i mpedir que aprehendiese al joven. Saúl
quería matar a David y lo había intentado más de una vez, pero David
había escapado siempre; ahora Saúl quería asegurarse bien de que podría
cumplir su propósito y, por l o que hizo no mucho después con los ochenta
y cinco sacerdotes en Nob , puede deducirse lo que habría hecho en este
caso, si hubiese tenido éxito. En Nob, hizo matar a los ochenta sacerdotes,
nsí como a sus esposas e hijos, y destruyó todas sus posesiones ( 1 S.
22: 1 8- 19). Pero Dios no estaba dispuesto a permitir que tal cosa l e suce
diese a David.
Por consiguiente, el Espíritu de Dios fue enviado para actuar, tanto en
los mensajeros de Saúl como en Saúl mismo, a fin de que eso no ocurriera;
u todos les inspiró un deseo de alabar a Dios. Ni los mensajeros ni Saúl
habrían hecho esto de su propia iniciativa. Los mensajeros eran probable
mente gente de armas, acostumbrados a la dura vida militar, más bien que
a entonar cánticos de a labanza. En cuanto a Saúl, todavía eran menores las
probabilidades para empeñarse en tal actividad, furioso como estaba contra
David, y ahora también contra tres grupos, al parecer ineptos, de mensa
_j(,ros; tal actitud no era ciertamente muy propicia para cantar, especialmente
para cantar en alabanza de Dios. Por consiguiente, para efectuar, tanto en
los m ensajeros como en Saúl, un cambio tan radical, se necesitaba una
especial intervención del Espíritu de Dios. Los tres grupos de mensajeros
('Xperimentaron este cambio sól o cuando llegaron al lugar en que ya estaban
cantando los profetas jóvenes, y Saúl lo experimentó antes de llegar. Por
nlguna razón, Dios vio la necesidad de que su corazón fuese cambiado,
incluso antes de l l egar a donde estaban los otros. Es muy significativo que,
nm tai estado de ánimo, no diese ninguna orden para que David fuese
nrrestado, aun cuando había venido tan enfurecido y eso era lo único que
deseaba.
Todavía queda por explicar el fenómeno del estupor que, a renglón .
1wguido, se apoderó de Saúl . Aunque también l os mensajeros se habían
d,,spojado de sus ropas exteriores, sólo Saúl permaneció tendido en su
t•stupor durante muchas horas. También debe tenerse en cuenta que el texto
sagrado no nos dice que el Espíritu viniese sobre Saúl para esto. E l Espfritu
vino sobre él antes de que llegase a Ramá, y fue entonces cuando comenzó
n profetizar. Fue solamente después de l l egar al lugar donde estaban los
dt•más profetizando (alabando), cuando quedó tendido en el suelo, presa
dt•I estupor. Es, pues, lógico preguntar por qué estuvo echado de esta suerte
t'Uondo ninguno de l os demás l o hizo.
l .n respuesta es qu(• Smíl fue invadido repentinamente por un sentim-
98 LOS P ROFETAS D E I SRAEL
iento de melancol ía y depres ión. El relato bíblico nos muestra que era pro
penso a estos estados emocíonales y, por este tiempo, estaba sumamente
perturbado con respecto a David y la popularidad que el joven estaba ad
quiriendo e ntre el p ueblo. Dos veces había fracasado en su i n tento de atra
vesar a David con u n a l a n za ( 1 S. 1 8: 1 1 ; 1 9: 9 - 1 0) . Después había
experimentado lo que él pensó ser una traición por parte de s u hija M ica!,
cuando ésta había descolgado por una ventana a Davíd, para permitirle
escapar de las manos de los soldados de su padre Saúl ( 1 S. 19: 1 1 17). Y
ahora había enviado tres grupos de mensajeros, quienes también habían
fracasado en aprehender a su talentoso rival. Final mente, él mismo había
l l egado al l ugar en que halló a esos mensajeros cantando alabanzas a Dios
juntamente con los profetas de SamueL y especialmente, para colmo, con
templó a David bajo el favor y la protección del gran Samuel. El relato
bíblico nos muestra con toda claridad que Saúl guardó siempre un profundo
respeto hacia Samuel. El que David dísfrutasc ahora del favor de Samuel,
hablaba por sí mismo del final de las esperanzas de Saúl respecto a la
continuidad de la corona real en su fam i l ia . Como resultado de todo esto,
Saúl fue sobrecogido por un sentimiento de desesperación. Los excesos
emocionales están sujetos a movimientos pendulares, y Saúl pasó ahora de
un extremo al otro. Destituido así de todo vigor emocional y físico, quedó
tendido en el suelo en estado de estupor por el resto de aquel día y toda la
noche siguiente.
E. REFLEXION ADICIONAL DE LA FUNCION PROFETICA
E n los cap ítulos 4 y 5, hemos escrito que l a función del profeta consistía
básicamente en dos responsabil i dades: recibir revelaciones de parte de Dios,
y declarar al pueblo el mensaje de Dios. La declaración del mensaje fue
considerada con cierta extensión en ambos capítulos, pero se d ijo muy poco
en relación a lo concernien te a la recepción de las revelaciones. Es, pues,
necesario referirnos ahora a l a operación del Espíritu Santo con referencia
especial a esa recepción de las revelaciones, a unque todavía se necesita u n
breve prefacio sobre l a declaración del mensaje d e Dios.
l. La declaración del mensaje
Ya se h izo notar que el significado básico de nabhi ' era "hablar en l ugar
de Dios". También se h izo notar que, cuando se relacionan con él los sig
nificados secundarios de "delirar" y "alabar'\ el significado p leno es "'hablar
fervientemente en lugar de Dios". Se vio también que este hablar ferviente
era básicamente una predicación en que se usaban · varias técnicas para
poner mejor de relieve el mensaje que se t rataba de transmitir. Entre dichas
técnicas se hallaban las acciones simbólicas, l as lecciones objetivas, y el
hablar a personajes clave.
Profetismo 99
No es difícil advertir la relación q ue el poder recibido del Espíritu Santo
guarda con esa actividad, p uesto que, al llevar a cabo la obra de declarar
la palabra de Dios, necesitaban los profetas un suministro especial de poder.
Cuando se pon ían a predicar la palabra, ya fuese usando acciones simbóli
cas, o lecciones objetivas, o hablando a personajes clave, necesitaban los
profetas un poder de lo alto para que s u palabra comportase el mayor peso
y la mayor efectividad. Esto incl u ía u na memoria fiel para recordar exac
tamente lo que Dios les había revelado, así como el coleccionar, clasifica r
y seleccionar l a información adicional que había de usarse cuando ésta no
estaba incluida en el material revelado.
Como el tema de la redacción de los l ibros proféticos se trató también
en el cap ítulo 5, es apropiado mencionar q ue el Espíritu Santo fortaleció
especialmente a los profetas para esa tarea. En real idad, al formar estos
libros parte de las Sagradas Escrituras, el grado de poder i m plicado en s u
redacción era, s i n duda, más elevado que cuando proclamaban oralmente
el mensaje. Las Escrituras reclaman para sí haber sido inspiradas sobrena
turalmente hasta el punto de ser i n falibles, incluso en las palabras mismas,
lo cual difícilmente puede afirmarse de la predicación oral. Los profetas
recibían poder en la comunicación oral de sus mensajes, para garantizar la
exactitud y autoridad de éstos, pero decir que cada palabra hablada estaba
infaliblemente i nspirada es más de lo que las Escrituras reclaman. Sin
<'mbargo. l a palabra escrita estaba total mente libre de error.
2. La recepción del mensaje
Ya vimos en el cap ítulo 4 que el aspecto de l a función profética espe
dalmente connotado por los términos ro 'eh y hozeh era el de recibir l a
revelación. También s e hizo notar q ue éste era el aspecto asignado a los
profetas en la Ley, especialmente en Deuteronom io 18. Eran l os profetas
quienes habían de recibir la revelación en lugar del pueblo, de modo que el
pueblo no recurriese a ning una forma de adivinación. En un sentido real,
pues. este aspecto de la función profética era primordial, puesto que el
pueblo necesitaba- oír de parte de Dios si habían caído en pecado o no. En
olras palabras, i ncluso en el estado ideal que l a Ley escrita ten ía en pers
¡wctiva, los profetas habrían sido necesarios a este respecto. El trabajo de
n•forrna, que i mplicaba principal mente la declaración de mensajes, llegó a
ornpar, andando el tiempo, l a mayor parte de la atención de los profetas,
1wro el aspecto de recepción del mensaje contin uó teniendo, como lo había
l t•nido desde el principio, u n lugar relevante.
a. I MPLICACIÓN DE UN FACTOR AB EXTRA
l ,a discusión del capítulo 4 nos mostró que la experiencia de revelación
vivida por los profetas no impl icaba el frenesí extático. Esto deja la cuestión
1 00 LOS PROFETAS DE ISRAEL
abierta en cuanto a lo que realmente implicaba. Lindblom compara la ex
periencia a la de los escritores y profetas de cualquier época. 5 Pero éste es
otro extremo que debe evitarse, porque, aunque los profetas no experimen
tasen ningún éxtasis al recibir la revelación, sí que tuvieron una experiencia
que sobrepasaba las funciones naturales normales. Su mente natural
aprendía algo que antes no sab ía. En otras palabras, estaba implicado un
factor ah extra (desde fuera), por el q ue se establecía contacto con Dios, a
fin de recibir de El una revelación sobrenatural. Es lógico tratar de descubrir
la naturaleza de ese factor considerando las circunstancias de las révela
ciones. Cuando se hace esto, se h acen evidentes diversos aspectos.
1) No hay indicación alguna de auto-estimulación El primer aspecto
es que n inguna vez en que hubo revelación, se dieron señales de que h ubiese
existido ninguna forma de auto-estimulación. Esto es una prueba más en
contra de l a idea de frenesí extático. La música de la compañía de profetas
de 1 Samuel 10 tiene, como y a vimos, una mejor explicación. La llamada
"danza sagrada" de David en 2 Samuel 6 ha sido mencionada por los eru
ditos en conexión con esto mismo, y en aquella ocasión condujo a otros en
una procesión sagrada que incluía saltar y danzar delante del Arca. Sin
embargo, no hubo entonces ninguna revelación; dicha actividad de David
no tuvo nada que ver con procurar obtener un mensaje de Dios. Además,
las facultades racionales de David estaban completamente bajo su control .
Se preocupó de que se ofreciesen los sacrificios y después bendijo al pueblo
y les dio a todos pan y vino antes de dar fin a toda la ceremonia. El caso
de Elíseo, cuando hizo venir a un tañedor para que tocase delante de él,
para que "la mano de Jehová" viniese sobre él ( 2 R. 3: 15 ), fue citado an
teriormente y también fue explicado convenientemente sin recurrir a expe
riencias de trance. Es cierto que h ubo revelación y se tocó un instrumento
musical, pero no hubo n ada que se pareciese a la auto-estímulación para
llegar al estado de trance. En una palabra, no hay ningún pasaje que indique
forma alguna de auto-estim uladón, cuando lós pasajes se examinan sin
prejuicios conforme aparecen en el texto sagrado.
2) No hay indicación alguna de que el profeta tome la iniciativa en la
experiencia de obtener una revelación. Un segundo aspecto es que en nin
guna ocasión en que h ubo revelación, se dio i nd icación alguna de que el
profeta tratase de iniciar él mismo l a experiencia. 6 Siempre fue Dios quien
la inició; los profetas se limitaron a esperar l a palabra de Dios. Como se
hizo notar en el capítulo 4, ésta es la diferencia respecto a lo que el sumo
5J , Lindblom. Prophecy in A ncíent Israel, pp. 2ss,
•Walter Eichrodt ( Theology of the Old Testa ment , p. 3 1 8) afirma: "Israel no conoce
cosa parecida a esto de que el profeta pudiese así llegar a manipular a Dios y forzar la
entrada en el mundo sobrenatural",
Profetismo 101
sacerdote hacía al usar l os Urim y Tumim, porque el sumo sacerdote bus
caba por este medio la revelación divina, m i entras que el caso de l os profetas
queda gráficamente i lustrado con lo que le pasó a Samuel. C uando Samuel
era todavía un jovencito ( l S. 3:4- 1 4), Dios le habló en la noche, y Samuel
pensó que era E l í quien le l lamaba. Por tres veces le l l amó Dios, y a la
l ercera, se dio cuenta E l í de que era Dios quien había hablado y le aconsejó
a Samuel sobre l o que tenía que hacer. A l a cuarta vez, Samuel declaró su
disposición a escuchar l o q ue Dios le dijese, y Dios le reveló el mensaje que
deseaba comunicar. Fue Dios quien tomó la iniciativa en todos los aspectos;
Sam uel no hizo nada para que se produjese la revelación. Es cierto que l os
profetas oraron a veces para que Dios diese a conocer Su voluntad. En
l Samuel 8, Sam uel pidió a Dios le aconsejara acerca de la demanda del
pueblo para que se les diese rey, y Dios respondió, pero tomando la in icia
tiva en la revelación del mensaje, puesto que Sam uel se l im i tó a esperar la
voz de Dios, una vez hecha la petición. 7
3) No hay indicación alguna de que se perdiera el control de las fa
cultades racionales. La tercera afirmación es que no hubo ocasión en que
se mostrase la pérdi da del control de las facultades racionales por parte de
los profetas, en el momento de recibir la revelación . Los partidarios de la
idea de éxtasis creen q ue, no sólo se daba el hecho de perder el control de
las facultades racionales, sino que ello se intentaba con toda dilígencia; pero
no hay n i un solo caso que pueda aducirse para probar tal aserto. Al con
trarío, hallamos, por ejemplo, a Moisés con capacidad m ás que suficiente
para pensar rápidamente las razones por l as que no podía poner por obra
d llamamiento a volver a Egipto, cuando le habló Dios desde la zarza
nrdíente ( Ex. 3:4). El jovencito Samuel, en el caso ya mencionado, a la
mañana s iguiente de la revelación obtenida, p udo referirle a l sumo sacerdote
l odo cuanto Dios le había dicho. l saías i gualmente, después de su memo
rable visión en el templo, pudo pensar cuerdamente en su propia indignidad
y ofrecerse voluntariamente a Dios como Su emisario al pueblo de Israel
( I s . 6: 1 - 8 ).8
4) Había un factor exterior a la razón humana, y superior a ella. Un
cuarto aspecto es que la experiencia que el profeta tenía de la divina reve
lnción era algo más que el m ero ejercicio de sus facultades racionales.
Aunque el profeta no experimentaba trance alguno, sí que experimentaba
un factor ah extra en forma de u na influencia que ven ía del exterior; algo
que t ranscendía a l a razón humana, sin hacerle perder sus poderes n atu-
7Véanse otros casos: Ex. 5:22 6: 1 ; 1 5:25: 2 Cr. 20:5- 7.
8 Stanley Cook ( The Old 7éstament, A Reinterpretation. pp. 1 88- 1 89) escribe: "Fue la
,11•11s11tez de los profetas, y no su manticismo, lo que hizo de ellos unos factores tan tremendos
m In historia humana".
102 LOS PROFETAS DE ISRAEL
rales. Existía un contacto con lo divino, sin pérdida alguna de lo humano.
Se capacitaba a la mente humana para transcender sus propias limitaciones
finitas y salir de esta experiencia con conocimientos superiores a los q ue
antes poseía.
El centro de esta experiencia era siempre "'la palabra de Dios··. Se daba
la comunicación de un mensaje, y el profeta quedaba convencido de que
Dios le había hablado. Después de esto, marchaba y afirmaba sin vacilar.
"Así dice Jehová". Y estaba dispuesto a sufrir, y aun morir, por el mensaje
que proclamaba. Miqueas estaba presto para aguantar el confinamiento en
la cárcel ( 1 R. 22:26 -28). Zacarías soportó !a m uerte por lapidación (2 Cr.
24:20- 2 1 ). Y Jeremías sufrió ser arrojado a la cisterna de la cárcel, donde
le metieron con el objeto de darle muerte (Jer. 38:4-6). 9
b. ESTE FACTOR AB EXTRA ERA OBRA DEL ESPÍRITU DE DIOS
Este factor ah extra era producido por el Espíritu de Dios. El Espíritu
producía la revelación y efectuaba la tran smisión del mensaje. Los siguien
tes argumentos avalan esta aserción.
Primero, la revelación ten ía que ser llevada a cabo por una agencia
sobrenatural, puesto q ue el efecto estaba por encima del plano natural. El
que recibía el mensaje obtení a una información que antes no había tenido,
ni la habría podido obtener por sus propios esfuerzos. Por ejemplo, un
"varón de Dios" fue informado de que un descendiente de David llamado
Josías ofrecería un d ía sobre el altar de Betel a los sacerdotes de los lugares
altos de Israel ( l R. 13: 1- 2), y así sucedió unos trescientos años después
(2 R. 23 : 16). 1 º También Isaías predijo el reinado de Ciro, rey de Persia,
citándole por su propio nombre, unos 150 años antes de q ue éste tomara
el poder (Is. 44:28; 45: l ). 1 1
Segun do, dos factores dan a entender que dicha agencia sobrenatural
era el Espíritu Santo, la Tercera Persona de la Deidad. Uno es que el
Espíritu de Dios estaba estrechamente asociado con la experiencia de la
revelación siempre que ésta se llevaba a cabo (por ej. Nm. 24:2ss.; 1 Cr.
12: 1 8: 2 Cr. 1 5: l ss. ; 20: l 4ss.; 24: 20; Ez. 2:2ss.; 3:24ss. ; l l : 5ss. ). El otro
es qu,e la obra peculiar del Espíritu Santo es establecer contacto con el
9 1-lasta los críticos liberales se ven forzados a percatarse de este hecho. H. Wheeler
Robinson, por ejem plo ("The Ph ilosophy of Relígion''. Record and Revelation. p. 3 1 4 ), dice:
"Si condensamos la parte más esencial del Ant iguo lestamento en sus elementos religiosos
más esenciales, hallamos a un hombre que se encuentra en la presencia de Dios, y en el que
obra Dios d e tal modo, q ue s ale de esa presencia dispuesto a declarar contra toda opi n ión
y a riesgo de cualquier persecución: "Así dice Jehová".
'ºLa revelación fue dada al "'va rón de Dios" en los d ías de Jeroboam I poco después
del 93 1 A. de C .. Josías comenzó a reinar en 640. y es probable que dicha predicción t uviese
cumpli m ien to hacia el 620 A. de C.
1 1 La revelación dada a l sa ías habría ocurrido algún tiempo antes del 700 A.de C . , y
Círo subió al poder aproxi madamente el 550, tomando Babilonia el año 539 A.de C.
Profetismo 1 03
hombre en todas las experiencias de l os seres humanos relacionadas con
Dios. E l Espíritu siemp re ha l levado, y l leva , a cabo l a obra de la gracia
que ha sido posibilitada por el Padre mediante el Hijo, y toda revelación
ven ida del cielo es parte de esa obra, como dice claramente 2 Pedro 1 :2 1 :
"Porque n unca la profecía fue tra ída por voluntad h umana, sino que los
santos hombres de Dios hablaron siendo ínspirados (lit. l levados) por el
Espíritu Santo". El griego original usa el verbo phero , que s ignifica "llevar
una cosa transportándola de un lugar a otro". Así, pues, la profecía vino
mediante los profetas, cuando éstos eran "llevados" por el Espíritu Santo.
E l término llevados se nos presenta como u na clave para indicarnos
cómo obra el Espíritu Santo en el acto de la revelación. Es conveniente, por
tanto. investigar más a fondo en el significado del vocablo, pues ello nos
ayudará a entender la naturaleza de la experiencia dentro de la cual hacía
su revelación el Espíritu de Dios. El estudio de !as distintas oportunidades
t.' n que fue dada la revelación, nos muestra que tres factores, al menos,
intervenían en ella:
E l primero es que el clima apropiado para la revelación era facilitado
por una actitud adecuada por parte del profeta. El contacto revelador del
Espíritu no se efectuaba en cualquier t iempo, sin más. Era preciso que el
profeta adoptase una actitud receptiva, con una mente y un corazón dis
puestos para una experiencia tan elevada e importante. Como ya se dijo
anteriormente, Elíseo pidió un tañedor q ue ejecutase u na música suave,
quizás algo sacado de lo que se cantaba o tocaba en el templo, para ayudarle
11 adoptar dicha actitud receptiva. Parece ser que se daba cuenta de q ue su
reciente contacto con los tres reyes, -el pagano rey de Edom, el idólatra rey
de Israel y el otrora fiel servidor de Dios, Josafat de Judá, que pasaba por
una crisis de retroceso es piritual (2 R. 3:9- 1 2 )-, l e incapacitaba para ser
un recipiente adecuado de la revelación divi na, y por eso deseaba un cambio
de atmósfera espiritual a fin de prepararse para recibir la información del
F.. pírítu. Daniel había estado ayunando y orando por espacio de tres se
manas cuando un grandioso mensaje celestial l e trajo información de parte
de Dios ( Dan. 10:2-6). Y, m uchos años después, el apóstol Juan afirma
que estaba "en espíri tu en el día del Señor", cuando recibió la gran reve
lación de la gloría del H ijo de Dios (Ap. 1 : 10- 1 6). E n la mayor parte de los
<·asos, no se nos da este tipo de i n formación específica, pero todos los que
nos ofrecen dicha información, apuntan en esta dirección y en n inguno de
l'l los se sugiere que el profeta estuviese en una acti tud i nadecuada para tal
('xperiencia.
El segundo es que tales ocasiones se daban cuando las capacidades
nnturales del profeta estaban elevadas a un nivel que l es permit ía entender
y recordar la información en una forma fuera de lo común. Este factor es
Pvidcnte por pura lógica. La información que se transmi tía por vía de reve
lndón era de supmm, importancia , al veni r del cielo. Vini endo de parte de
1 04 LOS PROFETAS DE ISRAEL
Dios, era suma su precisión y esmerada su forma; era verídica, suficiente
y apropiada a las circunstancias, y Dios quería que fuese transmitida a los
destinatarios exactamente del mismo modo como El la comunicaba. Por
consiguiente, el instrumento humano era de vital importancia como canal
de la información y necesitaba ser equipado para llevar a cabo esta tarea
de una forma apropiada. Esto significa que, lejos de ver disminuidas sus
facultades mentales, el profeta necesitaba tenerlas agudizadas en el más
alto grado posible; era preciso que fuese movido, llevado , por el Espíritu,
de forma que sus facultades se elevasen al punto más alto de efectividad,
y su inteligencia y su memoria fuesen afinadas y aquilatadas al máximo.
El tercero es que tal experiencia implicaba la transmisión de una in
formación celestial al intelecto del instrumento humano. Cuando el profeta
adoptaba una conveniente actitud de mente y corazón, y sus facultades
mentales se hallaban agudizadas hasta una perfecta sintonía, el Espíritu se
encontraba con una situación apropiada para añadir nueva información a
lo que el profeta ya sabía. Esta nueva información parece haberse dado a
veces en voz audible, como pasó claramente con Moisés en el episodio de
la zarza ardiendo (Ex. 3:4ss. ). Pero es probable que, las más de las veces,
sucediera por simple inserción en la mente humana, sin voz audible. Es
tando el profeta en un elevado estado de mental alerta, se percataría súbi
tamente de que estaba recibiendo una i nformación de la que antes no
disponía. Y no sólo se percataría de tal información, sino que estaría seguro
de que provenía de Dios, pues entonces estaba ya dispuesto a salir y de
clarar "Así dice Jehová", a pesar de cualquier peligro u oposición.
c. SUEÑOS, VISIONES Y TEOFANÍAS
Además de esta forma directa de revelación, Dios usaba también los
medios de sueños, visiones y teofanías, para comunicarse con instrumentos
humanos. Estos medios n o eran usados con tanta frecuencia como el método
directo ya descrito, y especialmente no eran usados con los profetas, sal vo
raras excepciones. Pero, ya que a veces eran usados y, en algunas ocasiones,
con los profetas, es menester tenerlos en cuenta. Bueno será atender a las
siguientes observaciones:
Primera, es preciso tomar nota de las distinciones básicas entre estos
medios. Una revelación por medio de sueños hallaba al recipiente en un
estado pasivo e inconsciente, y la realidad de lo soñado estaba envuelta en
imágenes mentales incorpóreas. Al otro extremo, una revelación por medio
de teofanía (especialmente cuando intervenía el Angel de Jehová), hallaba
al recipiente en un estado activo y consciente, y el que se revelaba lo hacia
bajo forma visible, corporal. Y entre ambas formas de revelación se en
cuentra la visión, la cual hallaba al recipiente en un estado activo y cons
ciente (como en la teofanía), pero la realidad de lo visualizado estaba envuelta
en imágenes mentales incorpóreas (como en el sueño).
Profetismo 1 05
Segunda, a causa de estas diferencias, las tres formas de revelación
resultaban apropiadas para tres clases distintas de situaciones. Los sueños
eran más apropiados para personas de poco a nulo discernimiento espiri
tual. Faraón de Egipto, Abimelec de Gerar, Nabucodonosor de Babilonia -
todos ellos paganos-, recibieron revelaciones por medio de sueños. Nunca
tales personas recibieron visiones o apariciones teofánicas. En el sueño, el
recipiente quedaba neutralizado en su personalidad, al grado de un instru
mento inerte al que puede ser impartida una información sin que sea capaz
de responder de una forma inadecuada en razón de su paganismo . 1 2 Es
cierto que Jacob tuvo un sueño en Betel (Gn. 28: 12-15) y José los tuvo
lambién siendo jovencito (Gn. 37:5-10), pero quizás ninguno de los dos
había llegado a la madurez espiritual cuando tuvieron tal experiencia.
Por otra parte, una aparición por medio de teofanía estaba de ordinario
reservada a personas de elevada madurez espiritual. Tal fue el caso de
Abraham, de Josué, de Gedeón. de Manoa, de los tres amigos de Daniel en
el horno encendido ( Dan. 3:25), y de Daniel mismo ( Dan. 6:22). 1 3 Tenían
suficiente discernimiento espiritual, que les hacía recipientes adecuados de
esta modalidad de contacto personal, cara a cara.
También usó Dios visiones con personas espiritualmente maduras. Tu
vieron visiones Abraham ( Gn. 15:1), Natán (1 Cr. 17:15), Ezequiel ( l : l ;
8:3) y Daniel ( Dan. 8: 1 ). Estas visiones continuaron en el Nuevo Testa
mento; por ejemplo, con Ananías ( Hch. 9:10), Pedro ( Hch. 10:3,17,19), y
Pablo ( Hch. 16:9). Parece ser que Dios usó las visiones con más frecuencia
que los sueños y las teofanías.
Tercera, aunque no se dice explícitamente que ninguna de las tres for
mas antedichas de revelación fuesen obra del Espíritu de Dios, es lógico
que lo fuesen, porque, como ya se dijo, estas actividades entran en el campo
específico de la obra asignada a la Tercera Persona de la Deidad. Sí lo hacía
en el contacto directo de la revelación, es lógico que lo hiciese también en
estas otras formas de un contacto menos directo. Podemos, pues, concluir
que el Espíritu de Dios enviaba el sueño y la visión e i ntervenía en la
aparición teofánica de la Segunda Persona de la Deidad.
1 2 Geerhardus Vos, Bihlical Theology , pp. 83- 85.
13 Parece que encontramos excepciones en Agar (Gn. 1 6:7- 1 3; 2 1 : 1 7 - 1 9) y en Balaam
( Nm 22:22 - 35), aunque el hecho m ismo de que el Angel de Jehová se apareciese a ambos,
podría i ndicar un grado de relación espiritual con Dios por parte de ellos, aunque no se nos
hnyn rc•vdado.
7
Falsas Profecías en Israel
Otra cuestión muy debatida en cuanto al profetismo del Antiguo Tes
tamento concierne a los falsos profetas. Hasta ahora, nuestras discusiones
se han centrado casi exclusivamente en los profetas verdaderos de Israel.
Pero también hubo falsos profetas, a quienes se menciona muchas veces y
dC' varias maneras. Por ejemplo, se tiene a la vista el falso profeta en Dt.
1 8:20, donde leemos: "El profeta que tenga la presunción de hablar palabra
en mi nombre, a quien yo no le haya mandado hablar, o que hable en
nombre de dioses ajenos, el tal profeta morirá".
Los verdaderos profetas se refieren ellos mismos con frecuencia a estos
fnlsos profetas. Dice Oseas "Es necio el profeta .. . en todos sus caminos
t'I lazo del cazador" y los tales "'llegaron hasta lo más bajo en su corrupción
(9:7 - 9 ). Isaías escribe "El sacerdote y el profeta desvarían por el licor .. .
desvarían en sus visiones, titubean en sus decisiones" (28:7). Miqueas les
ncusa de "hacer errar a mi pueblo" y de ·'adivinar por dinero" (3:5,11).
Sofonías les llania "fanfarrones, hombres traicioneros" (3:4).
Jeremías se refiere a ellos en los tonos más duros. Dice en una ocasión
" Desde el profeta hasta el sacerdote, todos son engañadores" (6:13); y más
ndelante, dedicándoles l a mayor parte de un capítulo, añade "Porque tanto
1•1 profeta como el sacerdote son impíos . . . Profetizaban en nombre de
Bnal, e hicieron errar a mi pueblo de Israel . . . Cometían adulterios, y
n ndaban en mentiras, y fortalecían las manos de los malhechores" (23: l l ss.).
'lhmbíén describe a Dios diciendo de ellos "No envié yo aquellos profetas,
p<·ro ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban . . . Yo he oído lo
107
1 08 LOS PROFETAS DE ISRAEL
que aquellos profetas dijeron, profetizando mentiras en mi nombre . . . Por
tanto, he a qu í que yo estoy contra los profetas . . . que hurtan mis palabras
cada uno de su prójimo" (23 : 2 l ss . ). También Ezequiel habla duramente
contra esta gente, diciendo "¡ Ay de los profetas insensatos, que andan en
pos de su propio espíritu, y de cosas que no han visto! . . . Vieron vanidad
y adivinación mentirosa" ( 1 3:3-6). Tam bién se refiere a Dios declarando
''Y estará mi mano contra los profetas que ven vanidad y adivinan mentiras
. . . por haber extraviado a m i pueblo, diciendo: Paz, no habiendo paz"
( 1 3:9, 10).
La cuestión que se nos plantea es l a siguiente: ¿Quiénes eran estos
indivi duos a quienes los verdaderos profetas llamaban falsos? ¿ Por qué se
les l lamaba así, y c uáles eran las señales que l os identificaban? Más im
portante todavía, ¿cómo podía una persona del común del pueblo discernir
entre un profeta verdadero y uno fa l so? ¿A qué prueba se les podía someter?
A. DOS PUNTOS DE VISTA ERRONEOS
1. Profetas del culto y profetas no del culto
Un punto de vista que no es tan popu lar hoy como l o fue hace pocos
años, se refiere a un supuesto conflicto entre profetas del culto y profetas
no del culto. H.H. Rowley describe este p unto de vista como u na "división
entre los profetas allegados al culto y los verdaderos profetas, que identi
ficaría a l os primeros como adversarios de los segundos". 1 Esta opi nión
está basada en la creencia de que los profetas verdaderos vinieron a repudiar
el sistema sacrificial del santuario y, por consiguiente, a consíderar como
falsos a todos los profetas que estaban asociados con tal sist ema. Esta
creencia se apoya en pasajes como el de Amós 5:2 1 - 22: "Odio y aborrezco
vuestras solemnidades, y no me complazco en vuestras asambleas. Y sí me
ofrecéis v uestros holocaustos y vuestras ofrendas, no los recibiré". Son
similares las expresiones de Oseas 6:6: "Porque quiero misericordia, y no
sacrificios; y cooocímiento de Dios más q ue holocaustos". 2
Conectada con este concepto está l a idea de que el sistema ceremonial
de Israel se derivaba en gran parte del cananeo, y por esta causa lo repu
diaban los verdaderos profetas, opuestos siempre a cuanto procediese de
Canaán. Las prácticas cananeas rebosaba n inmora lidad, y l os profetas
querían que el pueblo de Israel las evitase. Como dice W. Robertson Smith,
"Cuando los profetas condenan explícitamente el culto de sus contemporá
neos, lo hacen por verlo conectado con i nmoralidades". 3
' H . H. Rowley, The Unity of the Bible , p. 37.
2
Véase también Is. 1 : 1 1 1 4; Jer. 6:20; 7 :2 1 - 23 : Miq. 6:6 - 8 .
3 The O/d Testament j¡¡ the Jewish Chu,-ch , p . 288. Véase Johannes Pedersen, Israel:
lts Life and Culture , 1 1 1-IV, p. 299.
Profetismo 109
Pero este punto de vista está totalmente equivocado, y son pocos los
eruditos que lo sostienen hoy. 4 Corno ya se indicó en el capítulo 5, de l a
escuela escandinava s urgió u n punto d e vista diametralmente opuesto, hasta
defender que l os profetas allegados al culto, no sólo eran aceptados en
Israel, sino que eran considerados los profetas normales. Ya mostramos que
también este concepto es equivocado, ya que l os profetas de Israel no eran
en modo alguno profetas cúlticos. La opinión más corriente actualmente
está a medio camino entre ambos extremos, y es l a más conforme al texto
sagrado. Esta opin ión ve en las críticas que los profetas hacían de l os
sacrificios, más que una oposición a los sacrificios en s í, una referencia a
las i ncorrectas acti tudes con que el pueblo los ofrecía. Para decirlo con
palabras de Rowley, "Lo que los profetas decía n es que la obediencia es
más i mportante que el sacrificio y que, por falta de obediencia, el sacrificio
carecía de valor". 5
2. Profetas en trance contra profetas sin trance
U n punto de vista más extendido es el que se refiere a los experiencias
de trance. Ya se dijo en e l capít u lo 3 que muchos exegetas sostienen q ue
los profetas de Israel, especialmente los más antiguos, se movía n en grupos
y practicaban el éxtasis. Suponen éstos que los profetas anti- éxtasis sur
gieron gradualmente, ya sea de entre tales grupos, o bien en protesta contra
ellos, y en su desdén por el uso del éxtasis, l l egaron a l lamar falsos a los
profetas que contin uaban haciendo uso de las experiencias de trance, mien
t ras se l lamaban a sí m ismos profetas verdaderos, por cuanto no practica·
ban tales experiencias. Se pretende haber hallado el primer profeta de este
nuevo tipo en el Miqueas de los días de Acab ( 1 R. 22:7- 28). Como l a
fecha e s relativamente tardía e n l a historia de Israel, m uchos de los parti
darios de esta ídea han l legado a establecer una diferencia muy marcada
t'nlre los profetas antiguos y l os posteriores. Afirman que éstos ú ltimos
continuaron en l a l ínea de Miqueas, y en este grupo se hallan los profetas
escritores.
El más relevante de los exegetas de esta opinión es S ígmund Mowinckel,
quien mantiene una marcada distinción entre los que él l lama profetas del
"Espíritu" y profetas de l a "Palabra".6 Los profetas del "Espíritu" eran l os
onl iguos que practicaban el éxtasis, y l os profetas de la "Palabra" fueron
pri ncipalmente los posteriores, l os profetas escritores. Dice él: "La idea del
espíritu de Yahweh en la práctica del éxtasis de los antiguos nabhi'im , se
rt-fiere casi exclusivamente a la conducta y l as actividades extáticas del
4
V. Rowley, The Unity of the Bíble, p. 33.
'!bi d., p. 39; véase H . Wheeler Robinson, Redemption and Reuelation, p. 250.
6
"The 'Spirit' and l h c• 'Word' in the Pre-exilie Reforming Prophets", fournal of Bíblica!
/.llcrature, 53 ( 1 934): 1 9!) 227.
1 10 LOS PROFETAS D E I SRAEL
nabhí'. Cuando el Espíritu tomaba posesión de él , le hacía entrar en trance". 7
Así que, para Mowinckel, casi todos los profetas antiguos eran profetas del
éxtasis, mientras que l os posteriores eran profetas de la ''palabra". Por
"palabra '',entiende él un mensaje proposicional que estos profetas creían
veni do de Dios y q ue ellos proclamaban a cont i nuación. Hace notar que, en
lugar de decir "El Espíritu de Jehová vino sobre m í", los profetas escritores
usaban l as expresiones ·'Jehová me mostró'' o "Vino a m í palabra de Je
hová". 8 Y describe esta palabra de la manera s iguiente: ''Es una fuerza
activa real, una potencia q ue Yahweh puede 'env iar' y hacer q ue'descienda
sobre' el pueblo con efecto devastador . . . E l profeta l a s iente dentro de s í
m ismo ·como u n fuego ardiente metido e n s u s huesos', y se v e forzado a
proclamarla (Jer. 20: 9)". 9
A l analizar esta posición. hemos de decir que M ow inckel está en lo
cierto en m ucho de lo q ue dice acerca de los profetas escritores. Cree que
nada ten ían que ver con el trance, el estado h ipnótico o el sal vaje frenesí de
quienes practicaban el éxtasi s, pero acepta la i dea de que experimentaban
una elevación de su espíritu, una fuerza que les impel ía a proclamar la
palabra. También está en lo cíerto al referirse al "llamamiento profético" y
considerarlo como a lgo que ·'no sólo se siente como algo real", sino también
como "una fuerza compulsiva dentro de ellos, de la cual" no podían escapar, 1°
Sin embargo, se equivoca al hacer una distinción tan marcada entre
"espíritu" y "palabra", y en tener por profetas en trance a los antiguos
profetas. La d iscusión llevada a cabo acerca de este tema en el capítulo 3
mostró que l os primeros profetas no experimentaron este fenómeno y que
todos los profetas eran igualmente personas mentalmente sa nas, que reci
bieron de Dios sus mensajes mediante revelación . Cuando las Sagradas
Escrituras se leen sin prejuicios, aparece a primera vista que no hay tal
disti nción marcada entre los primeros profetas y los posteriores.
B. IDENTIFICACION DE LOS FALSOS PROFETAS
Después de yer q ue los anteriores puntos de vista n o reflejan la enseñan
za de la Escritura, debemos i nvestigar ahora cuál es la verdadera posición
biblica. Es decir, ¿quién era falso profeta y cómo podía saber el pueblo que
era falso?
L Cuestiones preliminares
Antes de entrar en m ateria, es preciso clari ficar algunas cuestiones
preliminares. La primera t iene que ver con el origen del epíteto falso. Hay
71bid., p. 1 99.
8
lbíd., p. 2 1 0.
9Jbid .. pp. 2 1 2 - 2 1 3.
10 l bid., p. 2 1 1 ,
Profetismo 1 11
crudítos que han supuesto que, cuando gente en la Biblia habla de a lgunos
profetas llamándoles falsos, lo hacen de mala fe e injustamente. 1 1 La idea
es q ue este otro grupo de profetas así l lamados podrían haber pensado
igualmente que sus oponentes eran falsos y que ellos eran verdaderos. Es
cierto que exist ía un fuerte antagon ismo entre los dos grupos, como se ve
claramente en Jeremías. En el capítulo 26, Jeremías nos dice que estos
profetas que se le opon ían, junto con l os sacerdotes y otros, declaraban que,
a causa de sus denuncias sobre Jerusalén, Jeremías debía morir. Ellos odia
ban a Jerem ías, y éste hablaba duramente contra ellos.
Pero la decisión sobre si un grupo l lamado falso por los escritores
b1b licos l o es o no en realidad, depende del punto de vista que una persona
tenga acerca de las Escrituras. Si la Biblia se toma como Palabra de Dios
autoritativa, entonces la designación de un grupo de profetas como verdade
ros. y de otro grupo como falsos, es correcta. Como ya es evidente por lo
dicho hasta ahora, mí punto de vista es que la Biblia es total mente fidedigna
e inerrante y, por consiguiente, no hay por qué titubear en l lamar realmente
falsos a estos profetas.
Otra cuestión es cuál de los dos grupos de profetas surgió antes, los
falsos o l os verdaderos. M uchos eruditos creen que los falsos surgieron
primero. El punto de vista de estos eruditos ha sido analizado en otros
contextos. Su idea es que los falsos profetas eran los profetas en trance, y
que fue de entre ellos, o en protesta contra ellos, de donde salieron los que
más tarde vin ieron a ser llamados verdaderos. Pero ya vimos que esto es
totalmente íncorrecto. 12 Lo que la Biblia nos presenta es que los verdaderos
profetas existieron primero, y que de este grupo surgieron l os falsos pro·
fctas. En otras palabras, la profecía falsa fue un deterioro y corrupción de
la verdadera.
Esto nos conduce a una tercera cuestión sobre el motivo para que sur
gieran estos falsos profetas ¿Por qué surgieron? ¿Por qué desertaron de las
filas de l os verdaderos? 13 Unos sugieren que, aunque la mayoría de los
profetas no se vieron envueltos en actividades extáticas, h ubo quienes l o
hicieron debido a l a presión de la infl uencia cananea. A l caer así e n l a
observancia de prácticas extranjeras, vinieron a ser considerados por otros
romo falsos. Otros sugieren que, aunque ciertos profetas no recibieron de
Dios un verdadero mensaje, creían haberlo recibido a causa de alguna ex
periencia extraordinaria, mientras que otros, sabiendo de que aquellos no
habían recibido de D ios su mensaje, les l lamaban falsos. Y todavía hay
qu ienes sugieren que algunos profetas, ambicionando alta posición, distin
gu ida reputación o ventajas económicas, se dedicaron a fomentar l os antojos
1 1 Para
una d iscusión de esto, véase A. B. Davídson, O/d 7estament Prophecy, p. 307.
1 2 V éasc el capítulo 3 .
1 1 Vé !IS(' Hcinrích F.wald, Com mentary o n the Prnphets of th e Old Testamen t , L
pp. l !'i 25.
112 LOS PROFETAS DE ISRAEL
del pueblo y, en especial, de los reyes. Llegaron así a perder su dedicación
a la verdadera palabra de Dios, y se pusieron a decir su propia cosecha lo
que sabían que el rey u otras personas influyentes deseaban oír.
Quizás haya algo de verdad en todas estas sugerencias. Aunque el típico
profeta de I srael ciertamente no era un extático, pudo ser que unos pocos
aspirantes a profetas fuesen influidos por la moda de Canaán y se entre
gasen a la práctica del éxtasis. Si lo hicieron, de seguro los verdaderos
profetas los hubieron de considerar falsos. También es cierto que algunos
profetas pudieron estar confundidos en su mente acerca de lo que realmente
era o no palabra de Dios. Sabrían que los verdaderos profetas habían re
cibido revelaciones divinas y, mediante alguna clase de auto-estimulación
emocional, pudieron llegar a creer que también ellos habían recibido un
mensaje celestial. Por su parte, los verdaderos profetas, conociéndoles a
ellos y el modo de comportarse, los tendrían, como es natural, por falsos.
Y también es cierto que, de entre los verdaderos profetas, pudieron surgir
desertores que prefiriesen agradar a los reyes y disfrutar de las comodidades
de la corte, antes que soportar los rigores de una vida de auténtico profeta.
Sin embargo, como dice Edward J . Young, "La verdadera razón de la
existencia de la falsa profecía . . . ha de hallarse, no en tales circunstancias
externas, sino más bien en la condición perversa del corazón humano". 14
Cualquiera de las tres sugerencias citadas pudo haber intervenido como
factor secundario, pero la causa básica de la falsa profecía era el pecado y
la rebeldía de quienes estaban implicados en ella. La historia nos ha mos
trado siempre personas que pretendían ser auténticos proclamadores de la
palabra de Dios, pero no lo eran; eran falsos; no tenían la verdad, por
mucho que declararan tenerla. Lo mismo es cierto hoy de los que predican
un evangelio diferente, como lo era en tiempos de Pablo, cuando hablaba
de los que "quieren pervertir el evangelio de Cristo", y añadía que los tales
debían ser anatema ( Gá. 1:6-9).
2. Miqueas y los falsos profetas de Acab
Miqueas hijo de Imlá ha sido llamado a menudo el primero que surgió
como verdadero profeta frente a falsos profetas. Los falsos profetas eran,
en este caso, los cuatrocientos que Acab tenía y a los que solía pedir consejo.
Como el episodio está registrado en detalle, y Miqueas ocupó un puesto
relevante en la historia de la verdadera profecía y de la falsa, es conveniente
estudiar el hecho, para ver la luz que puede arrojar sobre nuestra cuestión
básica.
El contexto del relato se halla en el deseo que tenía Acab, rey de Israel,
de que el rey de Judá, Josafat, le acompañase en la batalla que iba a librar
14 My Seruants the Prnphets. p. 1 5 1 .
Profetismo 1 13
contra los sirios en Ramot de Galaad ( 1 R. 22). Pero antes que Josafat diese
su consentimiento, pidió que se inquiriese la voluntad de Dios, y Acab
convocó para ello a sur grupo de cuatrocientos profetas. Estos le animaron
a entablar batalla, puesto que Dios iba a darle la victoria. De esta manera
mostraron seguir el ejemplo de los falsos profetas, que siempre l e daban al
rey el mensaje que éste deseaba. Pero Josafat no quedó satisfecho con esto,
percatándose, sin duda, de la clase de profetas que estos cuatrocientos eran,
y preguntó si había aún allí ''algún profeta de Jehová", para consultarle a
él (22:7). Acab respondió que sí que había uno, a saber, Miqueas, pero
añadió: "Mas yo le aborrezco, porque nunca me profetiza bien, sino sola
mente mal" (v. 8). Con todo, Miqueas fue llamado para complacer al rey de
Judá.
El mensajero enviado para traer a Miqueas le urgió a que hablase lo
que deseaba el rey, pero Miqueas respondió, ''Vive J ehová, que lo que Jehová
me hable, eso diré" (v. 14 ). Al l legar a donde estaban los dos reyes, éstas
fueron sus palabras: " Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como
ovejas que no tienen pastor" (v. 1 7). Además, declaró que la razón por la
cual los cuatrocientos habían predicho la victoria era porque Dios había
puesto en sus bocas un espíritu de mentira para engañar al rey. Al oír estas
palabras, Acab, en vez de responder adecuadamente, se puso furioso y
ordenó echar a Miqueas en la cárcel, hasta que el ejército de Israel volviese
a salvo de la batal la. A lo que replicó Miqueas: "Si llegas a volver en paz,
Jehová no ha hablado por mí" (v. 28). Así que Acab se decidió a marchar
a la batalla, a pesar de la advertencia de Miqueas, y Miqueas prefirió ir a
la cárcel antes que cambiar el mensaje que Dios le había dado para que lo
proclamara, estando seguro de que tal mensaje venía de Dios.
Varios aspectos se aclaran con este episodio. Uno es que los falsos
profetas existían, y en gran número, al menos en I srael. Recuérdese que el
reino del norte estaba en rebelión contra Dios, al no aceptar como centro
del culto al templo de Jerusalén; por eso, los falsos profetas éran sin duda,
más numerosos en Israel que en Judá. Otro aspecto es que estos falsos
profetas formentaban el deseo del rey; sabían que Acab deseaba ir a Ramot
de Galaad a luchar y le animaban a hacerlo, prometiéndole victoria. Y un
t ercer punto es que estos profetas eran engañados por un agente exterior
que les inducía a profetizar falsedades, pues se dice explícitamente que Dios
permitió que un "espíritu de mentira" fuese a ellos y les engañase. Parece
ser, pues, que poderes sobrenaturales de maldad estaban a veces implicados
,,., las falsas profecías de tales individuos. 1 5 No obstante, l o ordinario era
que los falsos profetas se sacasen de su propio interior lo que decían. según
indica el texto sagrado ( V. por ej., Is. 9: 14ss. ; Ez. 13:7,9).
1 5 Este "espíri tu de mentira" era, con la mayor certeza. un demonio al que Dios permitió
1111\' k:,; engañase.
1 14 LOS PROFETAS DE ISRAEL
El episodio referido también revela algunos puntos acerca de los ver
daderos profetas. Uno es que los verdaderos profetas eran muy escasos en
Israel en tiempo de Acab. Aunque tenía cuatrocientos falsos profetas, sólo
pudo pensar en un profeta verdadero que estuviese al alcance de la mano.
Otro es que el verdadero profeta estaba dispuesto a permanecer solo contra
la enorme mayoría. As í Miqueas, aunque solitario y recibiendo la oposición
de cuatrocientos, proclamó la palabra de Dios conforme l a conocía. a pesar
de una oposición tan fuerte. Y un tercer punto es que estaba dispuesto a
obrar así, aun cuando ello supusiera el sufrimiento como resultado de ello.
A continuación de las palabras que dirigió a Acab, éste le mandó encarcelar.
pero Miqueas prefi rió ir a la prisión antes que cambiar la profec ía que había
declarado.
3. Consideración de la identidad
a. DOS CLASIFICACIONES
Los falsos profetas pueden ser clasificados bajo dos epígrafes: los que
en realidad no fueron llamados profetas de Dios, ni ellos reclamaron para
sí este epíteto, y los que lo rcclamaron. 16 El primer grupo es tenido en
cuenta en Dt. 13: 1 3. donde leemos: "Cuando se levante en medio de ti
algún profeta . . . y entonces te dice: Vamos en pos de otros dioses que tú
no conoces, y s írvámosles: no darás oídos a las palabras de tal profeta". De
ellos. también. escribe Jeremías: ·'Profetizaban en nombre de Baal, e hicie
ron errar a mí pueblo de Israel'' (23: 13). A tales profetas l anzó el reto el
profeta Elías en el Monte Carmelo ( 1 R. 18): y profetas de Baal eran aquel
los a quienes mató Jehú en al templo m ísmo de Baal (2 R. 10).
No nos vamos a ocupar de este grupo. Hoy resulta claro que eran
profetas de otras deidades. no del Dios de Israel. y seguramente resultaba
claro también para el pueblo a quíen presumían de minístrar. Muy diferente
es el case del segundo grupo, pues los profetas a él pertenecientes declara
ban que servían al único Dios verdadero. como lo hacían los verdaderos
profetas. Contra estos profetas era contra quíenes primordialmente lanza
ban sus invectivas l os verdaderos profetas. pues era evidente que causaban
confusión en la mente del pueblo. Quizás era muy dífícil para algunas
personas determínar exactamente quiénes eran verdaderos y quiénes falsos;
en estos falsos profetas vamos a centrar nuestra discusión. ¿Qué es lo que
los identificaba como falsos?
b. LA RESPU ESTA F U N DA M E NTAL
La respuesta fundamental consta de dos partes. La primera es que los
verdaderos profetas recibían de Dios sus mensajes. mientras que los falsos
16 V. Davidson. Ole/ Testanient Propltecy, p. 298.
Profetismo 115
no los recibían de Dios. Los falsos eran los que decían : .. Así ha dicho el
Se1'ior Jehová, cuando Jehová no había hablado'' ( Ez. 22:28). Para aceptar
esta diferenciación. es menester creer en la existencia de un Dios supremo,
frente a otras llamadas deidades, y reconocer que este Dios pudo revelarse
a los hombres en tiempos de la Biblia. y que así lo hizo. La cuestión no es.
pues, si un profeta pensaba haber oído a Dios o qué circunstancias le habían
impulsado a pensar así, sino si en realidad había recibido una comunicación
celestial. Los profetas verdaderos habían recibido tal comunicación y. por
tanto, ten ían un mensaje de origen divino; Dios mismo le ostorgaba su
garantía; mientras que los falsos profetas no disponían de tales señales de
autenticidad. Quizás pensaban que las tenían y reclamaban tenerlas, pero.
de hecho, no era así. Andaban "en pos de su propio espíritu··. sin haber
visto cosa alguna ( Ez. 13:3).
La segunda parte es que los verdaderos profetas tenían un llamamiento
especial de Dios para su ministerio, mientras que los falsos no lo tenían. El
tema del llamamiento de los verdaderos profetas fue discutido en el capítulo
1, donde se hizo notar que debían ser individuos de un coraje especial. a
causa de la arriesgada tarea que ten ían que llevar a cabo. Por eso. era un
grupo de personas llamadas a este ministerio, en contraste con los sacer
dotes que desempeñaban el suyo por herencia.Jeremías asegura que había
sido destinado y llamado por Dios desde antes de nacer ( 1 :5 ). Pero. respecto
de los falsos profetas, describe a Dios diciendo: "'No los envíé, ni les mandé
ni les hablé" ( 14:14: V. 29: 8 - 9).
c. SENALES D ISTINTIVAS
Aunque las dos señales antedichas eran fundamentales para distinguir
a los verdaderos profetas de los falsos, ninguna de las dos podía ser exa
minada por el pueblo; tanto los profetas verdaderos como los falsos se
ntribuían la representación del Dios verdadero, y tanto los unos como los
l)tros afirmaban haber sido llamados por Dios. De este modo. quedaba a
merced del pueblo discernir quién era verídico en sus demandas, y quién
no lo era. Esto significa que el pueblo necesitaba cíertas señales objetivas
por las que guiarse para proceder a su identificación. Es, pues, importan te
considerar las señales que había. Entre estas señales. las siguientes fueron
probablemente las que más ayudaron para distinguir a los unos de los otros:
1) Empleo de la adivinación. Una señal clara era sí el profeta usaba
o no la adivinación. Si la usaba, claramente indicaba ser falso; si n o la
usaba, había probabilidades de que fuese verdadero. Dt. 18 :9-14 declara
l'll detalle las diversas formas de adivinación practicadas por las naciones
paganas, y Moisés conmina a los israelitas a que no recurran a ninguna de
dlas, puesto que Dios había de levantar profetas a los que revelaría la
in formación adecuada. Podría pensarse que, a la vista de tal amonestación,
1 16 LOS PROFETAS DE ISRAEL
no habría profeta que desease usar la adivinación, pero los h ubo. D ice
Jeremías, hablando de tales profetas: "Visión mentirosa, adivinación . . . os
profetizan" ( 1 4: 1 4 ). Y M i q ueas afirma: '"Y serán avergonzados los videntes,
y se confundirán los adivi nos'" ( Miq. 3:7; véase vers. 1 1 y Ez. 1 2: 24). No
hay modo de saber cuántos de los falsos profetas empl earon adivinación,
pero. al menos, los que la emplearon pueden distinguirse por ello como
falsos, ya que los verdaderos recibían su información solamente por reve
l ación directa de Dios.
2) Carácter del mensaje. U na segunda señal , que pudo aplicarse a
todos l os profetas, tiene que ver con el carácter del mensaje que procla
maban. Los falsos profetas proferían mensajes q ue formentaban los gustos
y antojos del pueblo. Esto pudo verse en l os cuatrocientos que dieron a
Acab su mensaje acerca de la batalla de Ramot de Galaad, pues ·le dijeron
lo que deseaba oír. Miqueas, por el contrario, le dijo lo que no le gustaba
escuchar. Esto en sí era ya una señal de que Miqueas era un verdadero
profeta.
Jerem ías se refírió en los siguientes términos al mensaje dado por los
falsos profetas: '"Y curaron la herida de la hija de mí pueblo a la l igera,
diciendo: Paz, paz: cuando no hay paz··. (8: 1 1 : véase Ez. 1 3: 10). Decían
que todo seguía bien y que el pueblo no tenía por qué temer, no s iendo éste
el caso. En otra ocasión, Jeremías expresó desde otro punto de vista su
pensamiento, al decir a los falso profetas: " Profetas h ubo antes de m í y
antes de t i en t iempos pasados, que profetizaron guerra, desgracia y pes
tilencia contra muchas t ierras y contra grandes reinos" (Jer. 28:8). La ob
servación de Jerem ías es que, m ientras l os falsos profetas de su tiempo
hablaban de días de paz, los antiguos profetas -y se refiere aquí a l os
verdaderos- habían pronosticado guerras, desgracias y pestilencias. Así que
una ulterior característica del falso profeta es que n unca hablaba del juícío
de Dios, sino de paz y tranqui lidad.
3) Carácter del profeta. No sólo era i mportante el mensaje del profeta,
síno su propio carácter personal. lambién esto pudo ser una señal objetiva,
aplícable a todos. En los primeros párrafos de este capít ulo, se pasó l ista
a varias acusaciones que los verdaderos profetas hacían contra l os falsos,
acusaciones que pertenecen primero que todo a esta area. Les acusaban de
engafios, mentiras, borracheras, pretensiones de ser lo que no eran y de
hablar de parte de Dios, cuando D i os n o les había enviado. Miqueas se
refiere especffícamente a que '"adivinan por d inero" (:3: 1 1 ) . Poco antes, se
refiere también a ellos, diciendo que "claman: Paz, c uando tienen algo que
comer, y al que no les da de comer, proclaman guerra contra él'' ( 3 : 5 ). En
otras palabras, los falsos profetas declaraban cosas agradables a q uienes
les pagaban, pero no a los q ue no les daban de comer. Los falsos profetas
Profetisrno 1 17
pudieron i ntentar ocultar s u verdadero carácter, pero sólo podrían lograrlo
por a lgún t i empo, pues l a gente, al fi n y a la postre, l legaría a averiguarlo.
4) La disposición a afrontar dificultades. Una cuarta señal, l igada a
la anterior como un aspecto de ella, es la d i spos ición del profeta a sufrir y
negarse a s í mismo por causa de su mensaje. Con esto mostraba su s i nceri
dad y el grado de su comprom i so. Los falsos profetas no estaban d ispuestos
a esto, pues anhelaban una vida cómoda, fruto de fomentar los antojos de
algún rey. Pero los profetas verdaderos estaban dispuestos a soportar pér
didas considerables, con incl usión de la propia vida. Ya hemos cítado un
ejamplo clásico, el de Miqueas en los d ías de Acab. A pesar de l a oposi ción
contra él de parte de cuatrocientos falsos profetas, proclamó la palabra de
Dios clara e inequívocamente. Y aun después de oír de labios de Acab que
sería arrojado a la cárcel para ser mentenido "con pan de angustia y con
agua de afl icción" ( 1 R. 22:27) hasta q ue Acab regresase en paz. replicó
Miqueas val i en temen te: "Sí l l egas a volver en paz, Jehová no ha hablado
por m í" ( v. 28).
Otro gran modelo fue Jerem ías, quien vivió y profetizó en unos d ías en
que la ciudad de Jerusalén estaba sit iada por los ba bilon ios. Había e n J udá
qui enes ani maban a l pueblo a ser val ien tes y resistir al enemigo, pero la
palabra de Dios a Jerem ías era que el pueblo debía capitular. Este mensaje,
por supuesto, era i m popular, y Jeremías fue acusado de deslealtad. No debió
de ser fác i l con t i n uar procl amando este mensaje. pero Jeremías lo h izo a
pesar de la opin ión general del pueblo y de l a oposición de los falsos pro
ktas. Fue encarcelado para hacerle cal lar, pero tan pronto como fue soltado,
volvió a l as andadas, d iciendo: "Así dice Jehová: De cierto será entregada
<·sta c iudad en manos del ejército del rey de Bab ilonia, y la tomará" (Jer.
38:3). Como resultado, se h icieron n uevos esfuerzos para lograr q ue vol
vieran a encarcelarle y, cuando Sedequ ías d i o su permi so para ello, Jeremías
fue echado en u na cisterna donde se esperaba que m uriese en breve t i empo;
pero D ios no le dejó a l l í, sino que incitó a E bed-mélec para conseguir que
se le sacase de a l l í (Jer. 38:4- 1 3 ) . Jerem ías, pues, estaba d ispuesto a sufrir
por la palabra de D ios l a más extrema negación d e sí m ismo y los más
duros tormentos. A unque esta seña l , s i n duda, no se haya man ifestado tan
d ramát icamente en todos los verdaderos profetas, el tenor general de su
nct itud, en consonancia con la de Jerem ías, se echa de ver en todo su porte
y en el desempeño de su m i nisterio.
5) Armonía del mensaje. Una quinta señal es que el mensaje de un
profeta verdadero estaba en consonancia con la Ley de Dios y con los
nwnsajes que otros profetas verdaderos estaban proclamando. La Ley había
t•sl ndo vigente desde el tiempo de Moisés, y los sacerdotes l a habían estado
l'IHK'11a ndo, con mayor o nwnor íi delidad, a lo largo de l os años. Por con-
1 18 LOS PROFETAS DE I S RAEL
siguiente, el pueblo conocería su contenido, al menos en términos generales.
También, con toda seguridad, se habría ido acumulando en la mente del
pueblo una cierta cantidad de material informativo a base de los mensajes
do los profetas verdaderos. Esta información serviría de criterio para de·
terminar si los ulteriores mensajes eran o no verídicos. Si eran consecuen tes
con lo enseñado anteriormente, podía esperarse que lo fueran; si no, con
toda certeza podía asegurarse que eran falsos.
De nuevo tenemos en Jeremías un caso interesante a este respecto. En
Jer. 26, el profeta predice claramente la caída de Jerusalén. Se nos describe
a los l íderes del pueblo clamando al rey para que se diese muerte a Jeremías
por hablar de esa manera. En madio de este clamor.
se levantaron algunos de l os ancianos de la t ierra y hablaron a toda l a reu nión
del p ueblo. diciendo: M iq u eas de Moreset profetizó en t iempo de Ezequías.
rey de J udá. y habló a todo el pueblo de J udá, d iciendo: Así dice Jehová de los
ejércitos: Sión será arada como un campo, y Jerusalén vendrá a ser mon tones
de rui nas. y el mont e de la casa como cumbres de bosque. ¿ Acaso lo mataron
Ezequ ías rey de Judá y todo Judá? ¿ No temió a Jehová. y oró en presencia de
Jehová. y Jehová se arrepintió del mal que había hablado contra ellos? Míen·
tras q u nosotros estamos causando un gran mal cont ra n uestras almas ( vv.
17 1 9 ).
Estas palabras indícan que los ancianos de la tierra reconocían que lo
que Jeremías decía estaba en armon ía con lo que, muchos años antes. había
profet izado Miqueas y que, por tanto, n o debía hacerse n ingún daño a
Jeremías. Es interesante notar que. en esta ocasíón. nada se h izo contra el
profeta, debido. sin duda, a que su mensaj e era consecuente con lo que
había sido proclamado con anterioridad.
6) El cumplimiento de la profecía. Esta sexta señal sólo era aplicable
en ciertos casos. dependiendo de sí el profeta predecía sucesos futuros. y
de sí estos sucesos se cumplían durante el tiempo en que todavía viv ía la
generación que había escuchado la predicción. Que ésta era una verdadera
señal. e importante a los ojos de Dios, lo prueba la referencia que a ella se
hace en el significativo pasaje de Dt. 18:21 - 22: "Y si dices en tu corazón :
¿Cómo conoceremos l a palabra que Jehová n o ha hablado? S i e l profeta
habla en nombre de Jehová. y n o se cumple lo que dijo, ni acontece, es
palabra que Jehová no ha hablado; con presunción la habló el tal profeta;
no tengas temor de él'',
Sólo una parle relativamente pequeña de todo lo que los profetas habla
ron, ten ía que ver con la predicción. pero, cuando el caso se daba. existía
una señal importante para discernir si el profeta era verdadero. en base a
sí se cumplía o no lo que el profeta había predicho. Como se dijo antes,
Miqueas predijo que I srael sería como ovejas sin pastor, si Acah marchaba
Profetismo 1 19
a la guerra contra los s irios. La predicción resultó veríd ica, puesto que Acab
murió en la batalla, e Israel quedó sin rey hasta la coronación del sucesor.
En t iempo de Jeremías, el falso profeta Hanan ías predijo que los deportados
a Babilonia i ban a regresar dentro de dos años (Jer. 28:2- 4). Esta predicción
era totalmente contraria a la que Jeremías había hecho antes, al profetizar
que la cautividad duraría setenta años (Jer. 25: 1 1 - 1 2). Por ello. Jeremías
reprendió a Hanan ías y predijo la muerte de éste, lo que sucedió en el
séptimo mes de aquel mismo año (Jer. 28: 1 5 - 1 7). De esta menern, quedó
demostrado delante del pueblo que Jeremías era verdadero profeta, y que
l lanan ías era falso.
7) A utenticación por medio de milagros. Una séptima señal también
era l i m i tada en su aplicación, pero dada la ocasión proveyó de evidencia:
la realización de un m ilagro. Un estudio de los m ilagros en la Biblia muestra
que ocurrían en grupos y para circunstancias específicas, ya fuese con m o
t ivo de alguna revelación adicional de D ios, o en tiempos de extraordi naria
importancia dentro del programa de Dios. Tal ocurrió en t iempo de Moisés,
cuando Israel surgía como nación. F ueron m uchos los m ilagros realizados
por mano de Moisés, como garant ía de parte de Dios de que era verdadero
profeta y l íder escogi do del pueblo de Israel. Dios le concedió el poder de
realizar dos m ilagros para que los h iciese delante de Faraón: cambiar su
vara en culebra, y la culebra de n uevo en vara, y volver leprosa su mano y
hacerla después sana, sólo con meterla en su seno y sacarla de él. Más tarde
vinieron las diez grandes plagas, y posteriormente el paso del Mar Rojo y
los m ilagros llevados a cabo durante la peregri nación por el desierto. Josué 1 7
lambién recibió autenticación como l íder y profeta al d ividir las aguas del
Jordán, al caerse los m uros de Jericó, al prolongar el d ía para derrotar
,·ompletamente a los enemigos, y al hacer caer sobre e l los grandes piedras
( probablemente granizo de gran tamaño) desde el cíelo. 1 8 Samuel h izo que
1 remara y llov iera en medio del período de seq u ía, para demostrar la validez
de sus palabras a Israel ( 1 S. 1 2 : 1 6ss.). Son igual mente bien conocidos los
milagros q ue E l ías y E liseo l levaron a cabo en su t iempo.
No obstante, la señal m i lagrosa no era prueba contundente de la au
tenticidad profética, puesto que falsos profetas pudieron también, en oca
siones, producir señales q ue sobrepujaban al poder natural del ser humano.
Him pudo ser Satanás quien l es concedía tal poder. Con respecto a los
tíllimos d ías, se nos dice: "Porque surgirán falso cristos y falsos profetas
y harán sefiales y prodigios a fin de extraviar, de ser posible, a los elegidos"
( Mr. 1 3:22). Respecto al anticristo y a su falso profeta, está escrito que
1 7 Aunque Josué nunca es llamado profeta, sirvió como profeta, tanto al recibir mensajes
d,• Dios como al comunicarlos al pueblo .
1 8 Por supuesto. estos m ilagros tenían un objetivo más amplío que meramente aportar
lan e,·edmdalcs divimis a MoiHrs o n Josué.
1 20 LOS PROFETAS DE I S RAEL
realizarán "'con todo poder señales y prodigios mentirosos", y eso '·por la
actuación de Satanás "' (2 1s . 2:9). Conforme a esto, advirtió ya Moisés muy
temprano al pueblo:
Cuando se levante en medio de ti algún profeta, o vidente en s ueños. y te
anu ncie una señal o prodigio. y si se cum pl e la señal o prodigio que él te
a n unció. y entonces te.d i ce: Vamos en pos de otros d i oses que t ú no conoces.
y sirvá moslcs; no darás oídos a las palabras de tal profeta, ni al tal vidente
en sueños (Dt . l 3: 1 3 ).
El pueblo podía, pues. conocer que cualquier profeta que tratase de
inducirle a seguir a otros dioses era falso, incluso si tenía poder para hacer
una señal o prodigio. puesto que sería evidente que l a señal o el prodigio
no habían sido realizados mediante el poder de Dios.
8J Díscernímien to espiritual. La última seña l que vamos a mencionar
es de una clase diferente que las otras. Las otras tenían que ver con la clase
de persona que era el profeta o con lo que él hacía m ientras el pueblo le
observaba. Esta última tiene que ver con la persona que estaba observando
y con su condición interior. Las personas que son espirituales, que conocen
a Dios y aman la verdad, están mejor capacitadas para discernir entre un
verdadero profeta y uno falso. Cuando Jesús estaba en la tierra, habló de
sus segu idores corno de ovejas que conocen Su voz y no siguen a extraños,
sino que huyen de ellos, porque no conocen la voz de los extraños (Jn.
10:4 - 5 ). Y. más tarde, escribió Pablo: "Pero el hombre natural no capta las
cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las
puede conocer. porque se han de discernir espiritualmente" ( l Co. 2: 14). Si
esto es verdad en t iempos del Nuevo Testamento, hubo de serlo también en
tiempos del Antiguo Testamento, pues el pueblo de aquel los t iempos n ecesi
taba capacidad para d iscernir, lo mismo que la n ecesitan las gentes de
ahora. No cabe duda de que eran pri ncipalmente las personas alejadas de
Dios las que tenían d ificu ltad en discer n ir entre los verdaderos y los falsos
profetas. Las que de veras sigu iesen al Señor, podrían de ordinario recono
cer rápidamente cuándo eran falsas las enseñanzas de a lguien.
En conclusión. podemos decir que la l ista de señales de un profeta
verdadero, frente al falso, es sorprendentemente larga. No todas l as señal es
podrían aplicarse en todos los casos. pero algunas sí. Por otra parte, todas
las señales serían aplicables en algunos casos. Para las personas con s incero
deseo de conocer la verdad, que eran ellas m i smas verdaderas seguidoras
de Dios, habría muy pocos motivos, si es que había alguno, para estar
perplejo sobre si un profeta era verdadero o fal so.
8
Una Vista Panoránúca
Antes de meternos en la Parte Segunda de la presen te obra, en la que
iwrán considerados los diversos profetas en sus respectivos caracteres per
Honales y en sus peculiares circunstancias de t iempo y l ugar, será prove-
1'110s0 echar una mirada general a la historia de la que formaban parte.
l Jnos cuantos temas básicos reclaman nuestra atención en primer l ugar.
untes de considerar el panorama h istórico.
A. TEMAS GENERALES
1 . Incremento en el número de profetas
E l número de los profetas de Israel de una época determinada, fue
l'r<•ciendo con el paso de los años. Durante el primer período de l os jueces,
eran relativamente pocos. Hay eruditos que creen q ue no los hubo, lo cual
110 es cierto, como veremos más adalante; con todo, no había tantos como
los hubo después. Entre los días de Samuel y los de los profetas escritores,
hubo más, y de ellos tenemos una buena l ista de nombres. F ue d urante el
pt•ríodo de los profetas escritores cuando los profetas fueron más numerosos
V c•jc•rcieron mayor influencia.
La razón de este incremento se encuentra especialmente en la amplia
d,in de la tarea que los profetas fueron l lamados a desempeñar. Como ya
lit•mos visto, al principio los profetas sólo s irvieron como recipientes de la
1 l'Vdación de Dios, a fin de que el p ueblo acudiese a ell os, y no a l os
121
1 22 LOS PROFETAS DE I SRAEL
adivinos ( Dt. 18: 9 - 22 ). Si no h ubiesen surgido otras responsabilidades
accesorias, el número de los profetas nunca probablemente habría sido m uy
elevado, pues unos cuantos habrían bastado para un objetivo tan limitado.
Pero ya vimos que la responsabilidad del profeta fue aumentando, ya que
les fue necesario actuar como reformadores. El cometido de los sacerdotes
había sido enseñar al pueblo y se esperaba, idealmente, que el pueblo obede
ciera a lo que se le enseñaba, sin necesidad de ningún reformador que le
urgiese a ello; pero el pueblo no lo hizo así y, de ahí. la necesidad de los
profetas. Sin duda, Dios vio que los profetas eran la clase de personas
mejor equipadas para llevar a cabo esta tarea de tipo religioso. Conforme
la población iba en aumento, y el número y gravedad de sus pecados tam
bién se incrementaban, hubo necesidad de mayor número de profetas que
se encargasen de este ministerio.
Debe tenerse en cuenta que, en cualquier período de la historia de
Israel, vivieron más profetas que los que son mencionados en la Biblia. No
hay un solo lugar en las Escrituras donde se nos dé una lista completa de
profetas, ni había motivo para darnos tal lista. Sólo son mencionados los
profetas que fueron protagonistas de algún episodio o a quienes fue enco
mendado algún mensaje especial. Los que no guardan relación con uno de
estos dos aspectos, no son mencionados. Aquí está en lo cierto Lindblom
cuando dice, "Los profetas cuyas revelaciones nos han sido transmitidas en
los libros proféticos eran sólo una pequeña minoría de los que estaban
actuando en Israel".1
2. Sus relaciones con los sacerdotes
Es menester clarificar la relación de los profetas con los sacerdotes,
pues necesitamos entender esta relación para ver a los profetas en su propia
perspectiva como personas que ejercían funciones de carácter religioso. Re
cordemos2 que el ministerio de los sacerdotes era distinto del de los profetas,
estos últimos no estaban estrechamente implicados, como sostiene la es
cuela escandinava, en el culto del santuario. Ambas clases tenían el m ismo
objetivo al exhortar al pueblo a obedecer a su Dios, pero, para llevar a cabo
dicho objetivo, actuaban en áreas diferentes.
Los sacerdotes, en su área, actuaban de dos modos diferentes. El pri
mero y mejor conocido era la supervisión del ceremonial del - santuario,
ofreciendo los sacrificios en representación del pueblo. Esta era una obra
de índole principalmente intercesora, pues con ella trataban de presentar el
pueblo como aceptable a los ojos de Dios, en base al sacrificio de las
víctimas. El segundo quehacer, igualmente importante, era enseñar al pueblo
1] . Lindblom, Prophecy in A ncient Israel. p. 202.
2 Véase cap. 5, pp.
Profetismo 1 23
la Ley de Dios ( Lv. 10:11; Dt. 33:10). Dios había revelado la Ley, pero, a
menos que el pueblo la conociese, de poco le podía aprovechar. Dios requería
obediencia, pero era imposible obedecer la Ley si permanecía desconocida.
La enseñanza de la Ley era, pues, el cometido peculiar de los sacerdotes.
Les fueron asignadas cuarenta y ocho ciudades levíticas (Jo. 21:41 ), distri
buidas equitativamente entre las tribus, a fin de que pudiesen estar cerca
del pueblo y tener oportunidad para establecer los contactos necesarios. En
los demás países de aquel tiempo, lo normal era que los sacerdotes viviesen
cerca del santuario central. Pero el Dios verdadero quería que Sus sacer
dotes y levitas viviesen entre el pueblo. También es significativo que Dios
nsignase a los sacerdotes y levitas mucho tiempo para este ministerio do
cente. David recibió la orden de divi dirlos en 24 clases, y de que cada clase
8irviese en el santuario central una semana por turno. Esto quiere decir
que, de ordinario, sólo pasaban en el templo dos semanas al año, quedán
doles así unas cincuenta semanas al año, en las que habían de permanecer
Pn sus respectivas ciudades, dedicados al ministerio de la enseñanza.
Los profetas, por su parte, no vivían en ciudades asignadas de ante
mano. A veces, vivían en su ciudad natal y de all í se trasladaban para
rumplir los encargos que se les asignaban. Nunca se les ve en una situación
local como clase docente institucionalizada, sino como moviéndose entre el
pueblo para urgirle a someterse a l os requerimientos de Dios. Esto significa
que el quehacer de los profetas como reformadores presuponía el de los
sacerdotes como instructores. Los sacerdotes se dirigían a la mente del
pueblo, informando de lo que la Ley decía; los profetas edificaban sobre
dicha información y se dirigían al corazón del pueblo, urgiéndole a obedecer
lo que se les había enseñado. Es cierto que existían ciertas áreas de infor
mación no cubiertas por la Ley, en las que los profetas debían hacer oír su
mensaje; en ellas, había un aspecto de instrucción inicial, aunque tampoco
l'Hl a se impartía en forma de clase escolar. Estas áreas incluían especial
mente temas de predición que podrían comportar amenazas de futuros cas
i igos o promesas de exaltación y honor en un futuro lejano. A veces, estaban
implicadas predicciones mesiánicas, referentes al advenimiento de Cristo,
yo en Su primera venida, ya en Su segunda.
Había también diferencia entre el número de los sacerdotes y el de los
profetas. Ya hemos visto que los profetas eran numerosos, pero los sacer
dotes lo eran mucho más, puesto que lo eran por ser descendientes de Leví.
lbdo el que descendía del cuarto hijo de Jacob era ya, por esto mismo,
l1•vita; y si, por la misma l ínea, era descendiente de Aarón, era sacerdote.
1 :i;to significa que todos los varones de una sola tribu de Israel eran sacer
1
dotC's o levitas, y por eso era tan elevado su número. De paso, puede ob
•,1•rvarse que la razón para tener tal número no se debía a necesidades de
l. i ncl ividad ceremonial ,·n el santuario, puesto que tuvieron que ser divi
, li dos en 24 clases n fin 11(, q11<· no fuesen demasiados para servir a un
1 24 LOS PROF ETAS DE I SRAEL
tiempo, síno más bien a su ministerio de enseñanza. Dios q uería que el
pueblo conociese la Ley y, por tanto, que h ubiese suficíentes maestros d is
pon ibles para enseñarla. En cambio, los profetas nunca se aproximaron a
tal número. Es probable que, en a lgunos períodos de la historia de I srael ,
hubiese varias docenas de profetas a la vez, pero esas cifras h abrían resul·
tado muy bajas en comparación con el gran número de sacerdotes actuantes
en las m i smas fechas.
3. Relación entre los primeros profetas y los posteriores profetas escritores
Un punto de vista que estaba en boga unos pocos años atrás, más que
hoy en d ía. es que se produjo un cambio ímportante en la profecía de Israel
cuando comenzaron su obra los profetas escritores. 3 La i dea es que l os
primeros profetas eran de carácter extático, como ya se les describió en el
capítulo 3,4 mientras q ue los posteriores eran de sana cabeza, que l l egaron
a ser gu ías y maestros en l as áreas de pensamíento que pertenecen a los
conceptos morales y religiosos. Por ejemplo, Moisés Buttenwieser escribía
en 1 9 1 4, "La inspiración de los grandes profetas l i terarios no tiene nada en
común con el éxtasis de los profetas de tipo más antiguo". 5 Este es u n punto
de vista q ue discusiones anteriores mostraron estar equivocado. En reali
dad, el profetismo en Israel fue un movimiento rect i l íneo con básicas se·
mejanzas a lo largo de toda la historia, semejanzas que se hallan en un
deseo común de reformar al p ueblo e inducirle a la obediencia de la Ley de
Moisés conforme era enseñada por los sacerdotes. 6
Aunque tanto el mensaje como el objetivo básicos n o cambiaron, sí que
h ubo a lguna variación en los métodos seguidos. Hubo diferencia en el modo
de referirse al pecado. Los profetas primeros se refirieron especialmente a
3 Pero. para una afirmación relativamente reciente. véase Isaac Mattuck,
The Thought
of the Prophets, pp. 1 9 , 2 1 , 31 - 33.
4
V. también el punto de vista de Mowinckel, cap. 7 , pp.
5 The Prophets of Israel from the Eighth to the F1fth Cenlury, p. 1 38. John Skinner
hablaba, en 1 922 (Prophecy and Religíon . p. 5). de "el antiguo nabi 'ism del período desde
Samuel a Elíseo'' y "el nuevo tipo, inaugurado por Amós", y C. Sauerbrei, en 1 947 ("The
Holy Man in Israel: A Study in the Development of Prophecy", fournal of Near Eastern
Studies , 6 l 1 947]: 209), escribía que la diferencia era tan grande, que los últimos profetas
debieron de desarrollarse separadamente de los a n t iguos ·'extáticos". Por otra parte, John
Bright, en un l ibro de fecha más reciente (History of Israel, p. 247). dice que es menester
enfatizar las semejanzas entre los profetas, puesto que "tocio el mensaje p roféti co combativo
está basado y arraigado en la tradición del período mosaico".
6 Theodore H . Robinson, en 1 92 3 ( Prophecy and the Prophets in Ancient Israel,
pp. 36-46), también sostuvo !a similaridad fundamental de los profetas, pero lo hizo sobre
la base de que todos eran extáticos. Este punto de vist a ha sido secundado más reciente·
mente por Lindblom, Prophecy in Ancient Israel, pp. l05- 1 06. Este punto de vista debe
ser rechazado de plano, tanto como el que sostiene que hubo una marcada dil'<'rencia entre
los dos grupos.
Profetísmo 1 25
los pecados de personas individuales, como fue el caso de Natán al repren
der a David por el pecado con Betsabé y contra Urías. o el de Gad , más
tarde, al reprenderle por censar al pueblo ( 2 S. 1 2 : 1 1 4; 24: 1 0- 25), mien
t ras que l os profetas posteriores se refirieron en general a los pecados del
pueblo; no de los i ndividuos, sino de la nación . De acuerdo con esta diferen
cia, los primeros profetas t omaban contacto especialmente con personas
individuales, como en el caso de Natán con David. Elías con Acab ( I R.
2 1 : 1 7- 24) o Hananí con Asá (2 Cr. 1 6:7- 10). 7 Por el contrario. los poste
riores profetas se dirigían a una amplía audiencia. U na tercera diferencia
l'S q ue los primeros profetas dieron sus mensajes sólo de palabra, mientras
que muchos de los posteriores los pusieron por escrito. y sus l i bros todavía
perma necen. 8
Las razones de estos cambios fueron. con la mayor probabilidad. el
numento de l a población . el incremento del pecado en el p ueblo. y la in
mi nencia del castigo a causa de dicho pecado. En otras pal abras. la necesi
dad del contacto del profeta con el pueblo se hizo más apremiante y. por
tonto, no sólo aumentó el nú mero de los profe tas. s i no que también debieron
Her reajustados sus métodos a fin de llegar a un mayor nú mero de personas
a un mismo tiempo. Escribir los mensajes llenaba bien esta necesidad . ya
que servía para reafirmar la proclamación oral, de form a que el pueblo
pudiese l eer lo que anteriormente había sido predicado.
Se ha hecho, a veces. la observación de que l os profetas escritores eran
más prominentes y capaces que los primeros. Sin em bargo. resulta ternera·
1·io emitir un juicio de esta especie. Podría ser que, en conjunto. los profetas
1•scritores fuesen más capaces que los antiguos. pero sí comenzamos a com
purarlos individualmente, no resulta necesariamente cierto. Por ejemplo.
Snmuel fue uno de los primeros profetas y, con todo, bien podría medi rse
nm cualquiera de los que vinieron después.
Hay quienes afirman que, entre los profetas escritores. los profetas
ltl<'nores eran de menor estatura que los mayores, pero tampoco esto se
Higue necesariamente. Es cierto que lsaías, Jerem ías y Ezequiel fueron in-
1hvid u os relevantes y fueron usados poderosamente por Dios, pero también
lo fueron Oseas, A mós, Miqueas y otros profetas menores . La distinción
1•11trc profetas mayores y menores n o debe establ ecerse en términos de ca
paddad individual, sino por la largura de los l i bros que escribieron. Dios
l 1 1vo sus razones para i n spirar a l os unos a fin de q ue escribiesen l ibros
1111ís vol uminosos que l os de los otros. No obstante, eso no significa que lo
q11<' escribieron los profetas menores tuviese menor importancia. o que el los
1 omo personas fuesen menos eficientes en s u m i ni sterio.
1 Para una lista de los rcyt·s c-ontactados, véase cap. S. p. 71.
SEn rnanto a la dt•rrrn�l rn rnín dt• q11t• los profetas escrihil'ron sus propios l ibros, véase
, I < ,IJI r), pp. 85 87.
1 26 LOS PROFETAS DE ISRAEL
B. RESUMEN HISTORICO
Vamos ahora a presen tar un breve sumario de la historia de los profetas
de Israel. La historia se divide claramente en períodos de tiempo bien de
fin idos. Es preciso distinguir bien estos períodos, a fin de colocar a cada
profeta conveníentemente en su período respectivo para entenderle mejor a
él y el mensaje que proclamó.
1. Profetas del período anterior a la monarquía
El primer período se cerró con el establecimiento de la monarquía bajo
Saúl. Hasta ese t iempo, las condiciones políticas de las tribus habían sido
enteramente diferentes y, en consecuencia, se había recesitado un tipo es
pecial de mensaje profético. Algunos ervditos creen que Samuel fue el pri
mero que realmente pudo ser llamado profeta. Por ejemplo, Lindblom dice
que Abraham, Moisés, Miriam y Débora pueden llamarse profetas sola
mente en ''sentido amplio, en referencia a que fueron investidos de un poder
sobrenatural". 9 Sin embargo, no presenta ninguna prueba que evidencie su
aserción, la cual parece más bien basada en el mero h echo de que la idea
de que tales personas fuesen profetas no encaja bien en la h istoria de Israel
conforme él la ve. Pero la Biblia les llama profetas . usando el mismo término
nah/11", que es igualmente aplicado a Samuel y a posteriores personas a las
que Lin dblom y otros designan con el mismo epíteto. No hay. pues. razón
para negar tal designación a los primeros representantes.
En cuanto a Abraham, sin embargo, quien es llamado profeta en G n.
20:7, es preciso hacer una dislinción. Es cierto que fue profeta en el sentido
de recibir revelaciones de parte de Dios y de comunicar a otros informa
ciones que él habí a recibido. pero vi víó en una época anteríor a la formación
de Israel como nación. Fue el padre de los i sraelitas, pero Israel no llegó a
ser una nación hasta el tiempo de Moisés. Si hablamos, pues, de los profetas
de la nación de Israel, a duras penas podemos incluir entre ellos a Abraham.
El primer profeta de I srael es Moisés. El mismo se identifica como tal
en el texto clásico de Dt. 1 8: 15, donde dice "Profeta de en medio de t i , de
tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios". Y tras relatarnos su
muerte, dice el texto sagrado: "Y nunca más se levantó profeta en Israel
como Moisés. con quien trataba Jehová cara a cara" (Dt. 34: 10). Moisés
fue, por tanto, profeta, el primero en la historia de Israel. y modelo para
todos los demás profetas. La hermana de Moisés, María ( hebr. M iriam), es
llamada profet isa ( nebhi 'ah . femenino de nabhi '). Qué la calificó para ser
así designada no está claro, pero es evidente que algo habló de parte de
Dios, a la manera de su hermano, y quizás en alguna ocasión recibió incluso
9 Prop/iecy in Ancierit f.sraef, p. 96. n. 7 1 ; véase pp. 99- 1 00.
Profetismo 127
información de parte de Dios, aunque no se nos da de esto ninguna indi
cación. Parece que Josué debería ser incluido también, porque sirvió en
calidad de profeta, aun cuando el texto sagrado no lo designe como nabhi'.
En efecto, recibió comunicaciones divinas y las hizo saber al pueblo, y éste
l'ra el pape( del profeta. Probablemente no se le aplicó el término por no
reclamarlo ningún caso particular. También es ínc!uído a veces en la lista
Balaam, hijo de Beor, por ser llamado así en 2 P. 2: 15.16 . Pero él no era
miembro de la nación de Israel, sino que fue llamado por el rey Balac de
Moab para que viniese de las lejanas tierras de Mesopotarnía a maldecir al
pueblo de Israel. Por tanto, difícilmente puede ser incluido como profeta
israelita.
El siguiente en la lista es Débora, que juzgó a Israel y es llamada
profetisa (nebhi 'ah ) en Jueces 4:4. Es probable que recibiese, y comunicase,
información de parte de Dios, incluso antes de llegar a ser j uez; como
larnbién es probable que accediese al cargo precisamente por su anterior
ministerio como profetisa. En tiempo de Gedeón, se menciona a cierto pro
feta, aunque no por su nombre, que vino para amonestar al pueblo en
relación con el pecado de dar culto a los baales de los amorreos (Jue.
(t8- l 0). Samuel, por supuesto, es el profeta mejor conocido de este período,
y como tal fue reconocido ya en su temprana edad por ·'todo Israel. desde
Dan hasta Beerseba" ( 1 S. 3:20). Luego, a su vez, se convirtió en superin
t,•ndente de un grupo de jóvenes profetas, residentes durante algún tiempo
('n Nayot cerca de Ramá, donde Sanuel tenía, por decirlo así, su cuartel
>\l!neral ( 1 S. 1 0:5 - 10; 19: 18- 20). Parece ser que habían sido míembros de
una escuela de aprendizaje, probablemente fundada por Samuel mismo.
Estas son todas las personas de este periodo, designadas explícitamente
,·orno profetas. Con todo, algunas claves nos sugieren que hubo otros. La
primera es que la predicción del propio Moisés de que Dios levantaría
profetas como él, a quienes debía acudir el pueblo en b u sca de comunica
dones divinas, difícilmente se cumplió sólo con esos pocos. 'º En segundo
l ugar, el modo como se menciona a Débora como profetisa ímplíca que
vivían otros profetas o profetisas en su tiempo. Es extraño que se la describa
,·orno profetisa cuando el texto sagrado sólo nos la presenta actuando como
juez, lo cual sugiere la idea de que era simplemente una de tantas profetisas
que el pueblo conocía. Tercero, el profeta mencionado dentro del relato de
( kdeón (Jue. 6:8ss. ) entra en escena de una manera abrupta, lo que implica
que este oficio era corrienté en aquel tiempo, y uno de ellos fue enviado
pura comunicar el mensaje que se nos refiere. Cuarto, hay un versículo bien
mnocido del tiempo de Samuel, por el que vemos que el profeta, o vidente,
1 ra persona bien conocida. Dice así: "Antiguamente en Israel cualquiera
1
'ºA base de una fecha t('mprana para el éxodo. el período de tiempo comprendido se
1 · � 1 <·11tlió por más de trc.>SCÍ('ll l oH rufos.
1 28 LOS PROFETAS DE ISRAEL
que iba a consultar a Dios, decía así: Venid y vamos al vidente; porque al
que hoy se llama profeta, entonces se le llamaba vidente" ( 1 S. 9:9 ). Como
ya se dijo en otro lugar, este versículo muestra el cambio de nomenclatura
en relación con las personas que ejercían este ministerio. Este cambio sig
nifica que se hablaba con frecuencia de los profetas y, por tanto, debieron
de existir muchos de ellos. Y quinto, no hay razón para que se les mencione
a todos ellos; por eso, no hay listas de todos los profetas en ningún período
de la historia, sino que sólo se mencionan los implicados en algún episodio
registrado en el texto sagrado.
En base a estas evidencias, podemos afirmar, sin temor a errar, que
hubo profetas en cualquier fecha durante el período de los jueces y que
probablemente había varios de ellos a fin de cumplir con el objetivo que
Dios se había propuesto al inspirar a Moisés lo que dejó consignado en
Deuteronomio 1 8. El pueblo necesitaba personas a quienes acudir con sus
preguntas, de modo que n o tuviesen que recurrir a las prácticas de
adivinación.
Un tema central predominaba en los mensajes proclamados por estos
profetas, del cual tenemos indicaciones tanto por las necesidades de aquel
tiempo como por las expresiones que usan dos do los representantes de este
período. La necesidad básica de aquel tiempo era resistir a la influencia
cananea y especialmente al culto que los nativos de la tierra tributaban a
Baal. Israel era atraído a imitar las costumbres de los cananeos por la
civilización más avanzada de éstos, ya que los israelitas acababan de llegar
de una larga peregrinación por el desierto. Una de sus necesidades más
urgentes era la de aprender a cultivar la tierra y, para hacerlo apropiada
mente, los cananeos creían que era necesario rendir culto a Baal, por cuanto
era el dios de las tempestades y de la lluvia. Esto podía influir en el modo
de pensar del pueblo de I srael y, por ello, era necesario que los profetas, así
como también los sacerdotes, combatieran la influencia que fácilmente podía
filtrarse.
Los dos profetas que proclamaron tal mensaje fueron Samuel y el anó
nimo individuo del tiempo de Gedeón. 1 1 Ambos mensajes muestran la misma
preocupación. Samuel urgía al pueblo de este modo: "Si de todo vuestro
corazón os volvéis a Jehová, quitad los dioses ajenos y a Astarot de entre
vosotros, y preparad vuestro corazón a Jehová, y sólo a él servid, y os librará
de la mano de los filisteos" ( 1 S. 7:3). Y el profeta del tiempo de Gedeón
urgió primero al pueblo a recordar las veces que Dios le había liberado de
sus enemigos, después les recordó el mandato de Dios de "no temer a los
dioses de los amorreos" y, en tercer lugar, les reprendió por no haber obe
decido. Los "dioses" a que él se refería eran los baales y Astarot, mencion
ados por Samuel.
' ' Los mensajes de estos dos son los únicos registrados ('O d h ' x l o Hngrndo.
Profetismo 129
2. Profetas del tiempo de la monarquía, anteriores a los escritores
Después de Samuel, una vez instaurada la monarquía, los profetas
llegaron a ser más numerosos, y también ocuparon un puesto de mayor
influencia entre el pueblo.
a. I D E NTIFI CACIÓN
La lista de los descritos como profetas con referencia a este segundo
período es bastante más larga que la de los pertenecientes al período de los
jueces. Al pasarles revista, bueno será fijarse en qué reinado ejercieron su
ministerio.
En tiempo de David, Natán (2 S. 7:2; 12:25) y Gad (2 S. 24: 1 1 ); y el
sacerdote Sadoc que es llamado "vidente" en una ocasión (2 S. 15:27); el
mismo término se aplica al levita Hemán ( 1 Cr. 25:5); 1 2 en tiempo de Jero
boam, Ahías ( 1 R. 1 1: 29; 14:2 - 18), un ""varón de Dios", que habló contra
el altar de Jeroboam ( 1 R. 13: 1 - 10), y .. un viejo profeta" de Betel, que
tendió una trampa al "varón de Dios" ( 1 R. 1 3: 1 1 - 32 ); en el reinado de
Roboam, Semaías (2 Cr. 1 1 : 2 - 4: 12:5- 15). e lddó (2 Cr. 9:29; 13:22); 1 3 en
l'I reinado de Asá, Azarías (2 Cr. 15: 1 - 8), y Hananí (2 Cr. 16:7); en el
reinado de Basá, Jehú hijo de Hananí ( 1 R. 16: 1- 12); en el reinado de
Josafat, Jahaziel (2 Cr. 20: 14) y Eliezer (2 Cr. 20:37); en el reinado de Acab,
Elías ( 1 R. caps. 17 - 19 ), Elíseo ( 1 R. 19: 19- 2 1 ), 14 uno simplemente lla
mado "el profeta'' ( 1 R. 20: 13 - 28) y Miqueas ( 1 R. 22:8- 28); en el reinado
de Joás de Judá, Zacarías (2 Cr. 24:20); y en el reinado de Amasías, ··un
profeta" ( 2 Cr. 25: 15). 1 5
Veinte son los profetas que hallamos en esta lista. El tiempo en que
ejercieron su ministerio va desde el establecimiento de la monarquía hasta
,,¡ reinado de Jeroboam II, aproximadamente dos siglos y medio.1 6 ¿ Hubo
c•n este período más profetas de los mencionados en esta lista? Seguramente
que sí, ya que explícitamente se nos dice que. en Betel. Jericó y GilgaL
vivían grupos de profetas, muy probablemente en etapa de adiestramiento.
Parece ser que estos grupos estaban bajo la supervisión, si no bajo la ins
l rucción. de Elías y, después. de Elíseo. Bien podría ser que El ías continua
se con la idea de escuela de adiestramiento que Samuel antaño comenzara.
"Ta mbién Samuel era levita ( 1 Cr. 6:27.28.3 3 .34¡ y. al m ismo tiempo. profeta. No
hnbía nada que prohibiera al que servía en el oficio sacerdota l servir también en el profético.
1 3 lddó también estaba act ivo ya dede el reinado de Salomón.
1 4 El ministerio de Elí seo cont inuó en los reinados de Ocazías, Joram, Jeh ú, Joacaz y
lnns ( 2 R. caps. 2 - 1 3 ).
" El próx imo profeta mencionado en el Antiguo Testamento es Jonás. uno de l os pro
fct nH escritores. en el rt•inndo d,• Jt•rob,,am 11 (2 R. 1 4: 25). No obstan te. tanto A bd ías como
hi\'l precedieron proh11hlt•flH'll l 1• 11 Jo11rlH: v(•,1sc- el cap. 1 6, pp. 27 1 -282 .
1 6 D ,·� dc la s¡•gundu 1 1 1 1 1 11,I i 1,.¡ 1.1�111 1 111dfrimo hasta In primrra mitad dC'I octavo.
130 LOS PROFETAS DE ISRAEL
Se nos dice que unos 50 profetas jóvenes se pararon a observar cuando
Elías y Elíseo pasaron el Jordán, justamente antes de que Elías fuese arre
batado (2 R. 2:7), y poco después se nos da a entender que vivían unos cien
en Gilgal (2 R. 4 :38.43). Parece ser que estos grupos se hicieron tan nu
merosos, que fue menester construir nuevos edificios donde residiesen (2 R.
6:1- 2). 17
Hay también claves incidentales que nos muestran que había más pro
fetas que los mencionados. Por ejemplo, si en Betel pudo vivir un ··viejo
profeta" cuando el "varón de Dios" denunció el altar allí existente, es proba
ble que en otras ciudades hubiese también otros profetas residentes (1 R.
13:11- 32). Nótese también que, en el reinado de Joás, tras la muerte del
sumo sacerdote Joyadá, se nos dice que "profetas" (en plural) fueron envia
dos para reprender a los desleales príncipes de aquel tiempo (2 Cr. 24:19).
Sin embargo, sólo un profeta es mencionado por su nombre, Zacarías. Con
lo que, además, tenemos otra prueba de que no debemos esperar que todos
ellos se mencionen.
b. MENSAJE
Este período nos brinda más información sobre el mensaje de sus pro
fetas, y resulta interesante observar que sus mensajes son completamente
diferentes de los del período de los jueces en que la influencia cananea
constituía la preocupación principal. En efecto, el problema que esta in
fluencia constitutía había sido ya resuelto con el advenimiento de la monar
quía, especialmente bajo el reinado de David, y el interés profético apuntaba
en una dircección diferente Cuatro eran las principales áreas en que este
interés se centraba.
1) Reforma social. Estaba primero el área general de la reforma so
cial, algo que los profetas tardíos tomaron en cuenta con mayor empeño.
Dos anuncios proféticos de este tipo fueron hechos en tiempo de David e
implicaron al propio monarca. Fue Natán quien pronunció el primero al
reprender al rey por sus pecado con Betsabé y su posterior crimen en des
hacerse de Urías, el marido de Betsabé (2 S. 12:1-14 ). Gad pronunció el
segun do cuando reprendió al rey por censar al pueblo (2 S. 24:10-14). Un
tercero fue comunicado mediante Elías a Acab, por la injusticia que éste
cometió al apoderarse de la viña de Nabot (1 R. 21:17- 26). 1 8 Y el cuarto,
cuando Eliezer reprendió a J osafat por coligarse éste con Ocozías, rey de
Israel, en una aventura marítima ( 2 Cr. 20:37).
1 7 Para una discusión sobre este tema, véase G. F. Oehler. Theo/ogy o/ the 0/d Testa
ment , pp. 392- 393.
1 8 Aunque fue Jezabel la que i nstigó a cometer el crimen, Acab era el rey y, por tanto,
el responsable de l a acción.
Profetismo 131
2) !nfidelidud pcirt1 co11 /J1os. Hubo cuatro ocasiones en que los pro
fetas amonestaron a los reyes por desobedecer las demandas de Dios.
Semaías lo h izo con Roboam. advirtiéndole que. a causa de su desobedien
cia. Dios le había "'dejado·· en manos de Sisac. rey de Egipto. que ya había
invadido la t ierra. Roboam y sus príncipes se humillaron entonces y. como
resultado de su arrepent imiento. se nos dice que Dios rabajó el cast igo que
había anunciado ( 2 Cr. 1 2 : 1 - 8 ). Azarías hizo lo m ismo con Asá. y también
encontró en él un corazón arrepent ido. ya que el rey ··qui tó los ídolos abomi
nables de toda la tierra .. . y reparó el altar de Jehová ·· ( 2 C r. 1 5: 1 8 ).
Menos éxito tuvo posteriormente Hananí con el m ismo rey. pues Asá res
pond ió a la repri menda echando en la cárcel al profeta. El pecado de Asá.
en esta ocasión. fue confiar en sus propias fuerzas más bien que en la mano
liberadora de Dios ( 2 Cr. 1 6: 7 - 1 O). Zacarías l o pasó t odavía peor en tiempo
de Joás. cuando reprend ió al pueblo por t ransgredir los ·' mandam ientos de
Jehová"". ya que entonces ""conspi raron contra él. y por mandato del rey lo
apedrearon hasta matarlo·· (2 Cr. 24: 1 7 - 2 1 ).
Los cuatro casos precedentes muestran el deseo de estos profetas de
que los reyes desempeñasen su oficio de un modo agradable a Dios. Los
reyes i mplicados. siendo todos ellos de Judá. donde continuaba vigente la
verdadera Ley. debían saber cómo gobernar adecuadamente. Dichos pro
fetas cre ían que las bendiciones de Dios dependían de que eso se llevase a
efecto y por eso reprendían a los reyes. Dos de ellos sufrieron terri blemente
por hacer tales represiones.
3) Culto falso en Dan y en Betel. Un tercer punto fue el referente a
los centros de falsa rel igión situados en Dan y Betel . en el reino del norte.
Fue en estos centros donde Jeroboam había insti tuido un culto a Dios.
sucedáneo del de Jerusalén, para impedi r que el pueblo fuese al santuario
central a adorar. La primera reprimenda por esta apostas ía vino mediante
1111 profeta llegado del reino del sur. al que se denomina simplemente como
"varón de Dios". 1 9 Este se dirigió personalmente a Jeroboam para anunciarle
que un futuro rey, Josías. ofrecería un d ía sobre el altar de Betel los huesos
de los sacerdotes que allí oficiaban. 20 Al extender el rey su mano en son de
protesta, halló que la mano se le había secado al instante, y entonces suplicó
ni profeta que orase pro su recuperación ( l R. 1 3: 1 - 6 ). La segunda repri
nwnda también tuvo que ver con Jeroboam. Esta vez le virio por medio de
/\ hías, quien le había predicho anteriormente que había de reinar ( 1 R.
1 1 :9- 38 ). Pero en la presente ocasión le comunicó por medio de la propia
1•11posa del rey, que Dios había rechazado ahora a su familia y que ninguno
, k su descendencia ocuparía el trono. La razón era que Jeroboam había
'ºEs digno de atención el que tuviese que ser enviado un profeta desde Judá. Está claro
q1I<' los verdaderos profetas eran muy pocos en Israel por ese tiempo.
1 ºVéasc cap. 6, p I02, No. 1 0.
132 LOS PROFETAS DE I S RAEL
hecho lo malo más que cuantos le habían precedído, en especíal con respecto
al culto falso que había ínstítuido (1 R. 14:5- 16). Esta predicción se cum
plió cuando Nadab, el hijo de Jeroboam, fue asesinado siendo ya rey. Des
pués Basá, el asesino y sucesor de Nadab, recibió también reprensión, al
anunciarle Jehú que a la dinastía de Basá le esperaba un final similar, pues
continuaba andando "en el camino de Jeroboam" ( 1 R. 16: 1 12). Y la cuarta
reprimenda fue la que recibió Acab mediante el bien conocido mensaje de
M íqueas. El profeta no se refirió explícitamen te al falso culto, pero lo in
dicó con toda claridad al enfrentarse con los cuatrocientos profetas impli
cados en él ( 1 R. 22: 8 - 28).
4) Culto a los falsos dioses. La cuarta área concierne no sólo al falso
culto de Dios, sino al culto de los falsos dioses. Tanto Judá como Israel
estuvieron implicados en esta abominación.
La primera represión fue hecha con referencia a Salomón. Fue Ahías
el encargado de hacerla en el tiempo en que predijo a Jeroboam que había
de reinar sobre diez de las tribus. Ahías dio como razón el hecho de que
Salomón había dejado a Dios y "adorado a Astarté diosa de los sidonios,
a Quemós dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón" ( 1 R.
1 1:29-38 ). Una segunda reprensión en Judá fue hecha siglo y medio des
pués, cuando "un profeta" reprendió a Amasías por u n a razón similar.
Había regresado recientemente Amasías de una victoria sobre los edomitas
y trajo consigo algunos de los "dioses'' de ellos "y los puso ante sí por
dioses". El profeta le hizo la penetrante pregunta: "¿Por qué has buscado
los dioses de otra nación, que no libraron a su pueblo de tus manos?" (2 Cr.
25: 15).
En Israel, los motivos de estas reprensiones tenían que ver con el culto
a Baal, introducido por Jezabel. Es bien conocído el caso de Elías en el
Monte Carmelo, cuando solicitó y recibió el asentimiento del pueblo de que
el verdadero Díos era el Dios de Israel, no Baal. Elíseo, posteriormente, no
tuvo tanto que decir a este respecto, pero al menos en dos ocasiones sus
indicaciones en relación con el culto de Baal fueron lo suficientemente claras.
La una tuvo lugar al sur de Moab, cuando tres reyes recurrieron a Elíseo
en una necesidad extrema de agua. U no de ellos era Joram, hijo de Acab,
y a él le dijo Elíseo estas palabras muy significativas: "Ve a los profetas de
tu padre, y a los profetas de tu madre". En otras palabras, si Joram había
tenido hasta entonces en gran estima a los profetas de BaaL ¿por qué no
recurría a ellos ahora? (2 R. 3:9- 14)2 1 La otra ocurrió al ungir a Jehú como
sucesor de Joram. Una de las acciones de Jehú en su sangrienta purga de
la casa de Acab, fue la matanza de los profetas de Baal. Como Elíseo había
2 1 Es posible que Joram tuviese consigo algunos de dichos profetas, Si fue así, El íseo
se refería a ellos; si no, le estaba reprochando no haberlos traído precisamente para una
emergencia como aquella.
Profetismo 1 33
ordenado ungirle, dando in strucciones para destrui r la casa de Acab, es
muy probable q u e i ncluyese también l a orden de acabar con los p rofetas de
Baal (2 R. 9: 1 - 1 0; 1 0: 1 9 - 28 ) .
3. Los profetas escritores
Nuestro i nterés se centra ahora en l os profetas escritores, que son los
mejor conocidos. Su predicación y sus escritos forman clase aparte para l a
época en q u e vivieron. Estos hom bres poseían ánimo esforzado, j u n t o con
una mente clara y un gran corazón . La gloria de s u mensaje sól o fue igual ad a
por e l coraje con q ue lo com unicaron. En cuanto a su identificación, no hace
falta repetir sus nombres, puesto que son bien conocidos por razón de los
l i bros que escribieron. Lo que sí es, con todo, de i mportancia es clasificarlos
dentro de l a época en que pus ieron por escrito sus mensajes, ya q u e ven ían
en grupos y no aparecían simétricamente espaciados. Y para comprenderlos
en sus mutuas relaciones, es i m perativo considerarlos en sus relaciones con
los de sus propios grupos. En cuanto a sus mensajes, no ser ía adecuado
analizarlos aqu í, pues son demasiado extensos, l lenando l i bros enteros que
ellos mismos escribieron, pero se l es tendrá en cuenta en l a Parte Segunda
e.le este l i bro, para que nos muestren qué clase de personas eran los autores
que los escribieron .
An tes de clasi ficarlos en grupos, bien estará hacer notar que, en est e
período, h ubo m uchos más profetas de los que son nombrados. Nuestro
int erés sólo se cen tra en los profetas escritores, pues son los únicos de
quienes tenemos noticias, aunque de n uevo tenemos n umerosas claves que
nos indican la existencia de otros muchos.
Con respecto al reinado de Manasés, se nos dice que Dios "habló por
medio de sus siervos los profetas" ( 2 R. 2 1 : 10), y de sólo Nahúm sabemos
que pudiese comenzar a profetizar en los ú l ti m os d ías de Manasés. Jerem ías
menci o n a a U ría s , hijo de Semaías, como profeta d e su t iempo (Jer.
26 :20 - 23 ), pero este Urías no dejó nada escrito. También d ice Jerem ías que
Dios había enviado a Sus siervos, los profetas "día tras d ía. s i n cesar",
desde el t iempo del éxodo de Egipto hasta sus d ías (7:25; 1 1 : 7), y las frases
sugieren un n úmero mayor de profetas que l os que se mencionan por s u
nombre. Se menciona a Huldá como profetisa e n tiempo d e Josías ( 2 R.
22: 14 ), e lsaías designa a s u esposa de l a misma m anera (8:3).
a. PROFETAS DEL SIGLO IX: ABDIAS Y JOEL
Au nque Amós (siglo VIII) ha sido l lamad o con frecuencia el primero
d,· los profetas escrítores, 22 hay razón para creer que al m e nos dos prefetas
2 21\ sí lo llama Lindblom, Prophecy in Ancient Israel, p. 1 05: y también R. B. Y. Scolt
'/lle lfrll'i,unce of the l'rophe/H, p. 72.
1 34 LOS PROFETAS DE ISRAEL
escritores, Abdías y Joel, ejercieron ya el ministerio en el siglo IX. La ar
gumentación en favor de este punto de vista será presentada en la Parte
Segunda, cuando estudiaremos a cada profeta por separado. Probablemen te
fue Abdías el primero, y v ivió en t iempo de Joram, a quien su padre J osafat
había casado con la perversa Atalía de Israel ( 1 R. 22:44; 2 Cr. 1 8: 1; 2 1 :6;
22:3,4, 1 0). A la influencia de Atalía se debió probablemente que Joram
matase a todos sus hermanos en un esfuerzo por salvaguardar su trono
(2 Cr. 2 1 :4 ). Y ella misma mató a todos sus n ietos posteriormente, a fin de
quedarse con el trono (2 Cr. 22: 1 0) . El ministerio de Abdías llegó, en u na
época muy turbulenta. Es de i nterés notar que, a pesar de eso, Dios no le
urgió a escribir sobre su propio país, sino más bien sobre Edom y el sur de
Edom. Predijo la caída de Edom, a causa de la altivez con que se había
comportado contra el pueblo de Dios (Abd. vv. 1 1 - 14 ).
A Joel se le sitúa, con la mayor probabilidad, en el reinado de Joás, que
había sido ungido rey a los siete años de edad. A Joram sucedió su hijo
Ocozías, quien reinó un añ o y, al ser asesinado, Atalía se h izo con el trono
y reinó durante seis años, hasta que, bajo la dirección del piadoso sumo
sacerdote Joyadá, fue elevado al trono el joven Joás y dieron muerte a Atalía.
Durante los muchos años en que Joás fue creciendo hasta que pudo tener
en sus manos las riendas del gobierno, Joyadá fue el verdadero gobernante
de la nacíón. Es lo más probable que fuese durante esos años en que Joyadá
condicía los asuntos del país de una manera agradable a Dios, cuando Joel
ejercíó su ministerio profético.
b. PROFETA S DEL SIGLO V I I I : AMOS,
O S EAS, ISAIAS, MIQUEAS Y j ONAS.
Cuatro de los profetas del siglo V l ll fijan ellos mismos la fecha de su
ministerio, de forma que no quedan dudas en cuanto al tiempo en que
sirvieron. Amós se presenta a sí mismo profetizando durante el reinado de
Jeroboam I I de Israel y de Uzías en Judá ( 1 : 1 ), lo que indica la fecha aproxi
mada entre el 767 A. de C. (en que Uzías empezó a reinar solo) y el 753 A.
de C. (fecha de la muerte de Jeroboam).
Oseas afirma que su ministerio se llevó a cabo durante los rein ados de
Uzías', Jotam, Acaz y Ezequías de Judá, y de Jeroboam II de Israel. De ahí
que el comienzo de su ministerio debió ser entre el 767. A. de C. y el 753
A. de C., cont inuando hasta el 7 1 5 A. de C. (por lo menos), en que Ezequías
asumió solo el gobierno de Judá.
Isaías menciona a Uzías, Jotam, Acaz y Ezequías como reyes que gover
naron durante el tiempo de su ministerio profét ico, sin mencionar a n inguno
de los reyes de Israel. La razón de esto es que Isaías fue llamado a profetizar
para Judá y no para Israel, a diferencia de Amós y Oseas. El mismo dice
que fue llamado a profetizar el año en que murió Uzías, lo que ocurrió el
año 740 A. de C. También se refiere a la muerte del cmp('nHlor dc> Asiria
Profetismo 135
Senaquerib (37:38), la cual sucedió el año 68 1 A. de C., con lo que parace
ser que ejerció su ministerio durante el largo período de aproximadamente
sesenta años. Este fue con la mayor probabilidad el período más largo de
servicio de un profeta. También Miqueas fecha sus profecías únicamente
con referencia a reinados de reyes de Judá, porque también él fue enviado
como profeta a J u dá. Así menciona a Jotam, Acaz y Ezequías. Parece ser
que comenzó su ministerio algún tiempo después de Isaías y lo acabó antes.
Corno Jotarn cesó de gobernar el 731 A. de C., y Ezequías comenzó su
reinado solo en el 7 15 A. de C., por lo menos entre esas dos fechas estuvo
M íq ueas activo.
El quinto en la lista, Jonás, no pone fecha a su libro del mismo modo
que los anteriores. U n a razón, sin duda, es que su profecía no concierne a
Israel ni a Judá, sino a Níníve. Como se hará notar en la Parte Segunda,
dos son principalmente las fechas que los expertos sugieren para Jonás, de
las cuales preferimos la que lo sitúa, más o menos, en el tiempo en q ue
Amós ejerció su ministerio; aproximadamente, el 760 A. de C. En 2 R.
14:25, se dice que Jonás profetizó a Jeroboam II, y esto le coloca en la
primera mitad del siglo V III. El mismo pasaje indica que sirvió como profeta
de I srael - to mismo que de Nínive pues se afirma q ue predijo la restaura
ción que Jeroboarn había de hacer de los límites de Israel con Hamat y, por
d sur, con el Mar Muerto.
Aunque es probable q ue Jonás profetizara primariamente en la primera
mitad del siglo V l ll , los otros cuatro profetas de este grupo ejercieron su
ministerio después del 760, y tres de ellos Oseas, lsaías y Miqueas -
después del 740. Así, tenemos un conjunto aquí de cuatro profetas, dos
para Israel y dos para Judá, que están agrupados en medio y al final del
siglo V I II .
c. PKOFETAS D E L SIGLO V I I : NAHUM, JEREMIAS,
SvFONIAS Y HABACUC
Nahúm no nos da específicamente la fecha de su ministerio, pero ha de
11il uársele entre la destrucción de Tebas en Egipto (663 A. de C.; no hay
olro lebas), como se índica en 3:8, y la de Nínive ( 6 12 A. de C. ), cuya
d<.'struccíón es el tema de su libro. Siendo tal el tema, es lo más probable
que la profecía de Nahúm acerca de dicha destrucción no fuese muy anterior
u ella, lo que hace suponer que Nahúm comenzó su obra hacía el 630 A. de
t:.
Jeremías fecha su libro en el comienzo del año décirnotercero de Josías,
t'H decir, el 627 A. de C., puesto que Josías comenzó a reinar en 640. Como
!l'rcmías continuó s u ministerio hasta el tiempo del cautiverio de Judá,
profetizó durante tos reinados de Josías, Joacaz, Joyaquim (o Joacim), Joaquín
V Stdequías, y luego hasta el momento e n que se lo llevó a Egipto la gente
que se había quedado <'11 JC'rusalén después de la caída de la ciudad (Jer.
136 LOS PROFETAS DE ISRAEL
43: 1- 7). También predicó en Egipto a esta gente (Jer. 43:8 - 44:30), pero
no se nos indica por cuánto tiempo ejerció este ministerio hasta su muerte.
Los babilonios tomaron la ciudad de Jerusalén en el 586 A. de C . pues,
probable que viviese hasta, por lo menos, el 580. Esto significa que profetizó
durante unos 47 años.
También Sofonías fecha su libro en tiempo de Josías ( l: l ), el cual rei nó
31 años. Sofonías profetizó probablemente al comienzo de dicho reinado,
por lo menos antes del 621 A. de C. , ya que menciona los cultos extranjeros
como todavía existentes ( 1:4), y Josías los había abolido por ese tiempo.
Bien podría ser que Sofon ías, juntamente con l\'ahúm y Jeremías, hubiese
i nfluido en Josías para que llevara a cabo tales reformas.
Habacuc no preci sa con exactitud la fecha de su profecía. Con todo, se
echa de ver por el primer capítulo (vv.5 y 6 ), que no había ocurrido todavía
la invasión babilónica, puesto que se la predice allí. Esto sign ifica que
profetizó, por lo menos, antes del 605 A. de C., en que Nabucodonosor vino
por primera vez contra Jerusalén. Quizás la fecha más probable para el
comienzo de su ministerio fuese hacia el final del reinado de Josías, como
en al 609, continuando desde en tonces hasta el reinado de Joyaquim o
Joacim.
Como puede verse, de nuevo tenemos un grupo bien definido de pro
fetas. Ninguno de ellos data de la primera mitad del siglo VII, sino todos
ellos de la segunda, en realidad de la última parte de esa segunda mitad.
Aparecieron justamente an tes de la cautividad de Babilonia y, según expli
caremos en la Parte Segunda, en este importante acontecimiento es muy
probable que se halle la razón de que apareciesen formando un grupo.
d. PROFETAS DEL EXILI O: DANIEL Y EZEQUIEL
Aunque Daniel no fue llamado al ministerio profético, siendo admin is
trador del palacio de Babilonia, se le incluye con toda propiedad entre los
profetas a causa de las visiones predictivas que Dios le concedió. 23 La fecha
de Daniel se conoce con precisión. Fue llevado cautivo a Babilonia, junto
con sus tres amigos, Anan ías, Mísael y Azarías, en el verano del 605 A . de
C. - el tercer año de Joacím ( 1: 1 ), que acabó en octubre de ese m ismo año.
Continuó hasta después de que Ciro capturó Babilonia en 539 A. de C. y,
por lo menos, hasta tres años después de tal acontecimiento ( 10: 1). Así que
su estancia en Babilonia se prolongó por cerca de setenta años.
Ezequiel fue tomado cautivo el 597 A. de C. (V. 33: 21; 40:1; 2 R.
24:11- 1 6), que fue el tiempo en que fue llevado a Babilonia el rey Joaquín.
Allí continuó hasta, por lo menos, el año 27º. de la cautividad (29: 17), esto
es, el 571 A. de C., mientras todavía reinaba Nabucodonosor. Quizás vivió
23 Sin embargo, ha de tenerse en cuenta que la B i bl i a Hebrea sitúa su libro entre los
Escritos (Kethubhim ), y no entre los Profetas.
Profetismo 137
más tiempo, pero menos, sin duda, que el anciano Daniel . Mientras que
Daniel serv ía en el palacio, Ezequiel ministraba como profeta entre los
cautivos de Judá.
e. PROFETAS POSTEXÍLICOS: HAGEO, ZACARIAS Y MALAQU IAS
Hageo y Zacarias pueden considerarse juntos porque ambos i ndican
que comenzaron a profetizar en el segundo año de Darío (520 A. de C . ;
véase 1: l d e sus l i bros respectivos). Toda la profecía de Hageo pertenece a
ese año, mientras que Zacarías tuvo revelaciones de Dios en ese tiempo y
también posteriormente. El tema primordial de ambos es la necesidad de
reedificar el templo. El pueblo había comenzado esta tarea tras el primer
regreso de los cautivos en 538/537 A. de C., pero se habían desanimado y
cesó l a obra, quedando echados sólo los cimientos por dieciséis o diecisiete
años, con gran deshonra para Dios a los ojos de l os pueblos l imítrofes. Por
fin, Hageo y Zacarías recibieron instrucciones en el año 520 a fin de animar
al pueblo a comenzar de nuevo l a obra, y el ministeri o de el los fue efectivo,
ya que el pueblo obedeció l as órdenes y el año 5 15 quedó term inada la obra.
Mucho más difícil resulta hal lar la fecha de Malaquías, pero es evidente
que f ue posterior a las de Hageo y Zacarías. Por ejemplo, nos dice que
durante su tiempo era un gobernador persa quien ejercía la autoridad en
Jerusalén ( 1 :8). Menciona las ceremonias religiosas que se celebraban en el
t emplo ( 1:7- 10; 3 :8), lo que índica que el templo ya estaba reconstruido en
esa fecha. También reprende al pueblo por prácticas pecaminosas, simi lares
n !os mencionadas por Esdras y Nehemías en la época de éstos; todo lo cual
sugiere unas fechas aproximadas a las de Esdras y Nehemías. Comoquiera
que ninguno de estos dos menciona a Malaquías, es muy probable que
(·jerciera su ministerio unos pocos años después de que se escribieran los
libros de ambos, lo cual significa que actuó durante la última parte del
siglo V.
Volviendo la vista hacia el grupo total de profetas escritores, notamos
que el orden general en que aparecen los escritos de los profetas menores
nos da una indicación del tiempo en que ejercieron su ministerio. Los pri
meros profetas menores fueron todos del siglo IX o del V ll l -Oseas, Joel,
/\mós, Abdías, Jonás y Miqueas. No se incluye entre ellos a Isaías, por ser
11110 de los profetas mayores. Los tres siguientes -Nahúm, Habacuc y So
fonías-, pertenecen al siglo V I L No se incluye a Jerem ías, porque es otro de
los profetas mayores. Los tres últimos - Hageo, Zacarías y Malaqu ías - ,
mm profetas de después del cautiverio de Babilonia. Los dos profetas del
t•xilio - Daniel y Ezequiel - , no se incluyen, por ser asimismo profetas
mayores. De esta manera, e! recordar el orden en que los profetas menores
npureccn en la Bibli a, nos ayuda también a guardar en l a memoria el tiempo
,•n que cada uno ejerció su ministerio.
Parte Segunda
LOS PROFETAS
1 39
Sección Primera
LOS
PROFETAS ANTERIORES
A LA MONARQUIA
141
DIAGRAMA HISTORICO 1
9
Tres de los
Pritneros Profetas
Entramos ya al estudio de los profetas mismos. Hasta ahora, nuestro
interés se había centrado en el movimiento l lamado profetismo. Sin em
bargo, los profetas eran los ind ividuos que constituían ese movimiento y
estaban involucrados en l as actividades y funciones hasta ahora estudiadas.
Ahora vamos a pasar al estudio de sus personas, de sus capacidades, metas
y aspiraciones.
Es menester percatarse de que este estudio se extiende a todos los
profetas de Israel, y no sólo a los profetas escritores. Se dará mayor espacio
ni estudio de los profetas escritores, por cuanto ciertamente eran grandes
siervos de Dios y demandan mayor atención. Sin embargo, hubo otros pro
fetas antes que ellos, y Dios los usó poderosamente. La i nformación acerca
de los primeros profetas no escritores se encuentra primordialmente en los
libros históricos del Antiguo Testamento. La que tenemos sobre los profetas
c·scritores se halla casi enteramente en los l ibros q ue escribieron .
Los profetas anteriores a la monarquía, a los que nos hemos referido
en el capítulo 8, eran los siguientes: Moisés, María, Josué, Débora, un pro
ÍPta anónimo del tiempo de Gedeón, Samuel y una compañía de profetas
discíp ulos de Samuel. En el presente capít ulo, trataremos únicamente de
l rcs de ellos: María, Débora y el profeta anónimo. De Moisés y de Josué no
nos vamos a ocupar de ningun en modo, porque ambos fueron primordial
mente administradores más bien que profetas; su gran cometido fue guiar
al pueblo de Israel en su translado de Egipto a Canaán y en la conquista
de la Tierra Prometida respectivamente. De ahí que sus vidas sean sufí-
1 43
1 44 LOS PROFETA S DE I SRAEL
cientemen te bien conocidas y no necesiten que l as estudiemos aquí. Samuel
y el grupo de profetas q ue él entrenó serán el tema del capít u lo s iguiente.
Para proveer del transfondo que nos ayude a estudiar a María, Débora
y el anón ímo profeta, será conveniente percatarse del momento histórico en
que jagaron su papel respect ivo. La h istoria comienza con el nacimiento de
Moisés en Egipto. A causa de un edicto del rey, por el que se preceptuaba
matar a todos los recién nacidos varones de Israel , Moisés fue colocado en
el N ilo, en una arquilla de juncos, cuando contaba tres meses de edad. Su
hermana -sin duda, la María de nuestro estudio-, "se puso a lo lejos, para
ver lo que le acontecería'" (Ex. 2:4). El bebé no tardó en ser encontrado por
la hija del Faraón, que vino a bañarse en el río, y la hermana de Moisés le
sugirió buscarle una n odriza que se cuidase del n iño hasta el destete. La
nodriza en que la hermana de M oisés pensaba no era otra que su propia
madre. Así es como regresó Moisés a su casa, hasta que llegó el tiempo en
que hubo de ser l l evado al palacio para estar bajo el cuidado de la hija del
rey, l a cual lo adoptó por h ijo. A l l í permaneció Moisés hasta la edad de 40
años, y entonces huyó de l a corte y se refugió en M adián, donde estuvo
hasta la edad de 80 años, cuando Dios le l lamó a que sacase a l os israelitas
de la esclavitud de Egipto y los condujese a la Tierra Prometida.
Cuando l legó el día de la partida de Egipto, María se encontraba entre
los que salieron hacia Canaán. Aunque no se l a menciona con m ucha fre
cuencia en el relato de l a subsiguiente peregrinación por el desierto, lo q ue
nos dice el texto sagrado es una indicación suficiente del importante papel
que desempeñó en ayuda a su hermano menor, Moisés. Ya desde el comienzo
del viaje, desplegó tal acti vidad, como lo vemos en el episodio del paso del
Mar Rojo (Ex. 1 5:20- 2 1 ). La m uerte le l l egó al comienzo del cuadragésimo
año de l a peregrinación por el desierto, cuando Israel se hallaba acampado
en Cadés-Barnea ( Nm. 20: 1 ).
Los otros dos profetas, Débora y el anónimo, vivieron en época muy
posterior, en el tiempo comúnmente llamado de los J ueces. Después de la
muerte de María, los israelitas avanzaron hacia Canaán rodeando la parte
oriental del Mar Muerto y cruzando el jordán para entrar en la tierra. Pre
cisamente antes de cruzar el río, Dios efectuó un cambio de l íder, llamando
a Moisés a Su presencia e instalando a Josué en su l ugar. Josué prestó sus
servicios en l a conquista de la tierra y en su distribución por suertes a las
distintas t ri bus. Muerto Josué, comenzó el período de los jueces.
Este período ha sido a veces considerado como de m ín ima importancia
en la historia de Israel, pero en realidad fue u n tiempo de suma relevancia
en el programa que Dios tenía para Su pueblo, ya que comportó oportuni
dades muy señaladas para que Dios derramara Sus ben diciones. Dios había
prometido ya a A braham la tierra de Canaán como el l ugar en que había
de residir s u posteridad, y es lógico suponer que los siglos que pasaron
entre la promesa y la conquista fueron la t rama en que Dios l'Sluvo pre-
Profetas anteriores a la Monarquía 1 45
parando tanto al pueblo corno a la tierra para el d ía en que Israel entrase
a tornar posesión del país. La razón por la cual Dios escogió un pueblo para
Sí es q ue no había ningún otro pueblo en todo el m undo en q ue se adorase
al D ios verdadero. Dios había hecho el mundo y había sacado a la existencia
a las naciones, pero las naciones no le reconocieron. Deseaba tener u n
pueblo q u e l e reconociese y adorase, y l o escogió d e entre los descendientes
de A braham.
De aqu í se sigue que, a l entrar las doce tribus en l a tierra de Canaán.
les esperase allí u n gran potencial de bendiciones divinas. Aun cuando no
existían i n di caciones directas, podía i n t ui rse que Dios deseaba la prosperi
dad para Su pueblo. Para que este pueblo fuese en el m undo una buena
"propaganda" para el Dios verdadero, era menester que pudiese suscitar la
adm i ración de los demás pueblos. Su economía tenía q u e ser fuerte; sus
ejérci tos, victoriosos. No es menester hacer conjeturas, pues Dios m ismo
les dio seguridades al decirles q ue, si guardaban Sus mandamientos, El ··fes
exaltaría sobre todas las naciones de la tierra'' (Dt. 28: 1 ). Y aún les d ijo
más: "'le abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu
tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos . . . Te pondrá
Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás
debajo" (28: 1 2. 1 3 ) . La ú ni ca condición que Dios pon ía para pozar de estas
bendiciones era que el pueblo obedeciera sus mandamienros.
U no de l os factores que aseguraban a I srael l as bendiciones divinas fue
que Dios proveyó a las tribus de un gobierno verdaderamente teocrático.
Nunca jamás hab ía existido tal forma de gobierno, a pesar de que la teo
cracia es la más elevada de entre las posibles formas de gobierno. Dios
mismo era el rey, y el pueblo tenía que rendi rle a El solo pleitesía, sin la
medi ac ión de gobernantes terrenos. Dios había dado Su Ley a Moisés, de
forma que el pueblo tuviese su constitución, y había instituido el sacerdocio
para i nstruir al pueblo en dicha Ley, con l o que el pueblo no tenía excusa
para desconocerla. Si el pueblo h u biese observado lo que Dios esperaba de
él, esta forma teocrática de gobierno no sólo habría procurado a Dios gran
¡i,loria, sino que habría proporcionado al pueblo los mayores beneficios . Uno
de ellos habría sido la exención de impuestos civi les, puesto que no había
un gobierno al que sostener.
El tiempo de J os ué, caracterizado por grandes beneficios y prodigios
maravillosos, mostrados en las derrotas espectaculares de los cananeos.
proveyeron un excelente telón de fondo para el com ienzo de este período.
/\ la muerte de Josué, el pueblo de Israel gozaba de una elevada reputación
cn toda la región. Los cananeos habían aprendido a temerle, y aun l os
pueblos situados a considerable distancia debieron q uedar impresionados
por la faci l idad con que Israel había llevado a cabo la conq uista, t ras en
fn•11l arse con u n l'tWniigo tnn fuerte. Era un est u pendo y prometedor
1 46 LOS PROFETAS D E I S RAEL
comienzo de las grandes bendiciones que Dios ten ía en reserva para el
período de los jueces. 1
Sin embargo, conforme este período fue avanzando, este estupendo
potencial de bendiciones n unca llegó a convertirse en una realidad. La ele
vada reputación que Israel había adquirido durante el tiempo de Josué se
fue desvaneciendo. Israel no se desarrolló como un pueblo próspero, sino
que. por el contrario. fue considerado como un estado fácil de ser conquis
tado y saqueado. Los pueblos de Mesopotamia, Moab, Canaán , Madián,
Amón y Fil istea, t odos ellos, por turno, hicieron la guerra las tribus y les
i mpusieron servidumbre. La razón de este calamitoso proceso fue que el
pueblo no observó la única condición que Dios le había i m puesto; no guar
daron los mandamientos de Jehová. Los obedecieron bastante bien mien tras
vivieron Josué y los ancianos de us t iempo, pero, tan pronto como éstos
murieron, " los h ijos de Israel hicieron lo malo ante los ojos de Jehová, y
sirvieron a los baales. Dejaron a Jehová el Dios de sus padres, que los había
sacado de la tierra de Egipto, y se fueron tras otros dioses" (Jue. 2: 1 1 - 1 2 ).
Una de las medidas que Dios tomó para contrarrestar este hundimiento
en el pecado, fue el establecimiento de los j ueces, a fin de que sirviesen de
i ntermediarios temporales entre El y el pueblo. Es por causa de esto por lo
que el tiem po de estos l íderes es l lamado el período de los jueces. Otra
medida fue el uso de profetas ( Dt. 1 8: 1 5 -22 ). Moisés había dicho q ue el
cometido de estas personas sería recibir revelaciones de Dios. que ellos
transmitirían al pueblo en respuesta a las preguntas de la gente, cosa que
los profetas llevaron a cabo. Sin embargo, a causa del trágico incremento
del pecado, es lógico suponer que el campo de su min isterio se amplió a la
predicación de una reforma. Este fue el cometido principal de los profetas
posteriores. pero es probable que ocupase también un considerable espacio
de tiempo en el ministerio de los profetas anteriores. Los israelitas estaban
siguiendo a los falsos dioses de los cananeos, y era menester redargüirles
de su pecado y urgirles a que volviesen al camino que Dios deseaba.
A. MARIA
l. Su obra
La naturaleza de la obra de María como profetisa se nos declara es
pecialmente en Ex. 1 5:20-2 1 . Aquí se le apl ica el térmi n o profetisa
(nebhi 'a li ), y se la describe a la cabeza de las mujeres, con u n pandero en
su mano. Israel acababa de pasar el Mar Rojo y había motivo para entonar
a labanzas a Dios. Los primeros 1 8 versículos del capítulo nos transcriben
1
Para una amplición de estos conceptos. véase mí l i bro Distressing Days of the Judges ,
especial mente los cap,tulos 3 y 6.
Profetas anteriores a la Monarquía 1 47
el canto de alabanza q ue Moisés y los varones de Israel entonaron a Jehová.
Enseguida, nos dice el vers. 20 que ·'María la profetisa, hermana de Aarón.
tomó un pandero en su mano, y todas las mujeres salieron en pos de ella
con panderos y danzas". El cántico q ue María usaba de estribi llo para
responderles era: "Cantad a Jehová, porque en extremo ha triunfado glo
riosamente; Ha echado en el mar al caballo y al jinete'". ( v. 2 1 ). Esta era
precisamente la primera estrofa del cántico q ue Moisés y los hombres habían
entonado ( v. 1 ).
Como éste es el único pasaje en que a María se la llama profetisa , es
probable que se caracterizase por esta función, como indica el artículo '"la"'
en el hebreo (hanneblú 'ah ). Siendo así, su función primordial era el l iderato
entre las m ujeres israelitas. Moisés era el líder est.a blecido por Dios para el
pueblo, pero es natural que tratase principalmente con los varones, quienes
eran considerados las cabezas de fam ilia. Sin embargo, Dios no quiso que
las mujeres quedasen excluidas y, por eso, escogió a María para que les
instruyese y guiase.
2. Su persona
Ya hemos dicho que María era hermana mayor de Moisés. Si n duda,
su madre la consideró ya suficien temente responsable cuando era una niña,
ya que le encargó la vigilancia de Moisés, mientras éste, de tres meses de
edad, estaba en el Nilo en su arquilla de juncos. Según Flavio Josefo. se
casó con Hur y así fue abuela del arquitecto Bezaleel , que tuvo a su cargo
la construcción del tabernáculo. 2 Se recordará que Hur, junto con Aarón,
estuvo manteniendo en alto uno de los brazos de Moisés en la batalla con tra
los amalecitas (Ex. 1 7: 1 0), y más tarde quedó, también con Aarón. encar
gado de la superintendencia del campamento, cuando Moisés y Josué su
bieron al Monte Sinaí, al tiempo q ue Moisés se dispon ía a recibir la Ley de
las manos de Dios ( Ex. 24: 1 4). Después de esto, ya no se v uelve a mencionar
a Hur, por lo q ue es probable q ue muriese poco después, ya que en estas
dos ocasiones había sido un hombre importante.
11. UNA PERSONA IMPORTANTE
En su propio feudo, María fue persona i mportante. El hecho de que
Auiase a las mujeres en el episodio mencionado, muestra su importancia
ron respecto a ellas, y el modo como Moisés se refirió a ella. después de
muerta, muestra que el pueblo la consideraba como a l íder (Dt. 24:9). Más
Hij;níficatíva todavía es la forma en que Dios mismo, por boca de Miqueas,
se refirió a ella muchos años después con las siguientes palabras dirigidas
ni pueblo de Israel: '"Envié delante de ti a Moisés, a Aarón y a María·· ( Miq.
2/i ntigüedades 1 1 1 . 2.4; 6. 1 ; I V. 4.6.
1 48 LOS PROFETAS DE I SRAEL
6:4). Es bien conocido el liderato de Moisés y de Aarón, pero es significativo
que la nombrase junto a ellos. Su importancia es confirmada por el modo
como el pueblo actuó después que ella y su hermano Aarón se rebelaron
contra el liderato de Moisés y, como consecuencia de ello, quedó cubierta
de lepra. Dios la curó de la lepra, no sin que ella pasara antes siete días
fuera del campamento.En aquella ocasión, se nos dice que, durante aquellos
siete días, "el pueblo no pasó adelante hasta que se reunió María con ellos''.
( Nm. 12: I 5). No cabe duda de que una persona ordinaria habría sido dejada
allí, rezagada por la lepra, pero, tratándose de María, todo el campamento
esperó hasta que se recobrase y pudiese acompañar al pueblo.
Sin embargo, María ocupaba un lugar de menor importancia que Moisés.
Esto está claro por la historia en general y, especialmente, desde el tiempo
en que se rebeló contra Moisés ( Nm. 1 2: 1 - 16). Ella y Aarón intentaron
asumir el mismo rango que Moisés, cuando dijeron: ..¿Solamente por Moisés
ha hablado Jehová? ¿ No ha hablado también por nosotros?" ( 12:2).
El con texto posterior nos muestra que María ocupaba un lugar inferior
al de un profeta, ya que la reprensión que Dios le dirigió a ella, así como
a su hermano Aarón, incluía algo tan notable como lo siguiente: ''Oíd ahora
mis palabras: Cuando haya entre vosotros profeta de Jehová, le apareceré
en visión, en sueiios hablaré con él. No así a mi siervo Moisés ... Boca a
boca hablaré con él, y claramente y no por figuras; y verá la apariencia de
Jehová" ( 12:6- 8). En otras palabras, a diferencia de Moisés, con quien Dios
hablaba boca a boca y sin el uso de recursos intermediarios, Dios se co
mun icaría con María y Aarón (especialmente con María, puesto que a ella
sola se la llama profetisa), sólo en visión o sueños. Como profetisa, pues,
María recibió revelaciones, pero éstas le vinieron por medio de visiones y
sueiios, no por comunicación ··boca a boca".
b. LA DEBI L I DA D D E LOS CELOS
El episodio en que María y Aarón se rebelaron contra Moisés, muestra
también que María era propensa a tener celos. Al ocupar u n lugar de menor
importancia que su hermano más joven, parece claro q ue an heló ocupar
una posición del mismo rango que él y la trató de consequir. También está
claro que fue ella, no Aarón, quien encabezó la rebelión , puesto que sólo
ella fue castigada con la lepra. Parece ser q ue ella sugirió la idea y persuadió
a Aarón para que la secundara.Esto nos dice también algo acerca de Aarón,
pues de la misma manera que, en un episodio anterior, se doblegó ante los
caprichos del pueblo para que les fabricase el becerro de oro, también ahora
se dejó persuadir por María para rebelarse contra Moisés.
Lo que motivó los celos de María fue que hace poco Moisés se había
casado con una mujer cusita ( etíope). Parece ser que Séfora, su primera
mujer, había muerto, y quizás María, siendo la mayor de los hermanos,
había desempeñado cerca de Moisés el papel de una e8perit· de consejera
Profetas anteriores a la Monarquía 1 49
femenina durante el tiempo que medió entre la muerte de Séfora y el nuevo
casamiento de Moisés. Podía esperarse que la nueva esposa tomase el puesto
que María estaba ocupando, y parece ser que a ella no le agradó esto y se
puso celosa. El resultado fue persuadir a Aarón a que la acompañase para
querellarse contra Moisés. El desagrado notorio de Dios ante la actitud de
ella se mostró por la fuerte reprimenda que pronunció contra ellos y, des
pués, por el castigo de la lepra, la cual era considerada como un símbolo
de la muerte y empleada como medida disciplinar sólo en los casos en que
se había cometido un pecado muy grave. Son significativos a este respecto
los términos en que Aarón se dirigió a Moisés para interceder por ella: "'No
quede ella ahora como el que nace muerto, que al salir del vientre de su
madre, tiene ya medio consumida su carne" ( 12: 12).
Pero esta debilidad de María por los celos no nos debe oscurecer el
hecho de que , en fin de cuentas, ella era una persona relevante en el cam
pamento de Israel. Parece ser que se la consideró de un rango casi paralelo
en importancia al de su hermano Aarón, por ser l íder de las mujeres israe
litas, a quien ellas acudían en busca de consejo y guía de parte de Dios
mediante revelación. Debió de ser una persona con verdadero temor de
Dios, para que Él le encomendase un cargo de tal importancia.
B. DEBORA
l . Su obra
Débora vivió durante el período de los jueces, muchos años después
que M aría. En realidad, ella misma fue juez, la cuarta en esta ilustre línea; 3
y es mejor conocida como juez que como profetisa, sirviendo en tiempos de
In opresión de Israel bajo los cananeos. Ella fue quien escogió a Barac para
que se pusiese a la cabeza de los que habían de luchar contra tales enemigos
(Jue. 4:4- 10). Antes de la batalla y, sin duda, también después, ejerció el
oficio de juez debajo de una palmera situada entre Ramá y Betel, en el
monte de Efrain. Jue. 4:5 nos dice que "'los hijos de Israel subían a ella a
Juicio". La idea parece ser que, en dicho lugar - que sería bien conocido de
lns gentes de aquella región- , Débora daba consejos y advertencias y pronun
ciaban decisiones judiciales en casos de desavenencia entre personas del
plleblo.
El verbo juzgar (shaphat ), aplicado a los llamados jueces, significaba
nlgo más que ejercer un mero arbitraje, pues comportaba el sentido básico
1k liderato y es posible que incluyese, o no, el arbitraje como una parte
i mportante de su trabajo. 4 En el caso de Débora, parece sobreentenderse
1 Los t res primcroH hobín n Hido Otonicl, Eúd y Samgar (J ue. 3 : 9 - 3 1 ).
•Paro una discusi(>11 dd l t'lllil, v(,nHC' mi libro Oistressing Oav.s of the Jud_qes . pp. 4 -- 6.
150 LOS PROFETAS DE ISRAEL
que su actividad como j uez incluía principalmente el arbitraje, en el sentído
de que el liderato ocupaba un lugar secundario para ella, lo cual era quizás
debido a su condición de mujer. Nótese q ue, cuando surgió la necesidad de
un l{der militar par la batalla contra los cananeos, ella llamó a Barac.
La naturaleza de la actividad de Débora como profetisa es objeto de
mera conj etura y. al parecer, la comenzó a ejerci tar antes de actuar como
juez (Jue. 4:4 ). Posiblemente, fue un factor principal para su elevación al
oficio de juez. El ser l lamada profetisa s ugiere que comunicaba al pueblo
mensajes que Dios le había dado y, con estes precedentes, fue llevada a
prestar los consejos y las decisiones judiciales a que nos hemos referido
anteriormente.
Aunque el texto sagrado no menciona n i nguna revelación, ningún men
saje que hubiese recibido o comun icado, podemos estar seguros de que era
una perso na piadosa y bien equipada para el ministerio profético, de lo cual
aportaremos en breve las pruebas pertinentes. Podemos, pues, afirmar q ue
su actividad como profetisa cons istía en desempeñar las dos funciones que
hemos advertido en otros profetas: recibi r mensajes de parte de Dios en
respuesta a las preguntas del pueblo, y declarar la palabra de Dios en orden
a la reforma de costumbres de la gente. Por el carácter que manifestó.
podemos deducir que ten ía un verdadero in terés en que los israeli tas refor
maran sus vidas y se volviesen a los caminos de Dios, deseosa de que el
pueblo obedeciese a Dios y pudiese así disfrutar de una vida rica en
bendidones.
2. Su persona
a. SU ESTADO ESPlRITUAL
Que Débora pose ía un alto grado de madurez espiritual, es totalmente
incuestionable. Una prueba de esto es que a ella, como a María, le fue
concedido el pri vilegio de ser profetisa; no fueron muchas las mujeres que
gozaron de tal distinción. Otra prueba es la forma en que se dirigió a Barac
para animarle a marchar contra los cananeos: lo hizo en nombre de Dios,
diciendo: "'¿ No te ha mandado Jehová Dios de Israel . . . ?" ( Jue. 4:6). Es
evidente que Dios le había encomendado llevar a cabo tal nombramiento,
como ella misma estaba dispuesta a reconocer. Más aún, cuan.do le dio
nuevos ánimos a Barac poco antes de comenzar la batalla, lo hizo con entera
confíanza en que Dios había de entregar a los enemigos en manos de Barac,
y afirmó: ''¿No ha salido Jehová delante de t i?" (4:14), Es cierto que i nter
vino el valor de las tropas, pero Débora le recordó a Barac que la victoria
dependía de la bendición de Dios, no del número de los soldados.
Este recordatorio estaba muy en s u punto, porque, a deci r verdad, las
dos partes de la contienda eran muy desiguales en p<•r11·,•d1os. F.I <·m•migo,
Profetas anteriores a l a Monarquía 151
a l mando de S ísara, dispon ía probablemente de igual o mayor número de
tropas que Barac, pero poseía además novecientos carros herrados (4:3),
con l a ventaja a su favor de estar su ejército s ituado en la l lanura de Es
drelón, donde los carros herrados podían man iobrar cómodamen te; al ex
tremo oriental de esta l lanura, tenía Sísara su cuartel general . 5 Debemos.
pues, concluir que tanto Débora como Barac mostraron una inusitada con
fianza en Dios el estar dispuestos a entrar en batal la con el enemigo en
aquel preciso l ugar. A punto de comenzar la batalla, Débora q u iso recordar
a Barac que era Dios quien marcaba la diferencia, no el número de los
soldados ni de los carros.
Después, al escribir su cánt ico en Jueces 5, Débora mostró una vez más
su personal dedicación a Dios, evidenciada por la forma en que atribuyó a
Jehová toda la gloría por la victoria conseguida; no se apropió a s í m isma
de ningún mérito, ni se lo atribuyó a Barac. Por ejemplo, escribió así en
fue. 5:3 "Can taré salmos a Jehová, el Dios de Israel"; y en el v. 1 3 : ..Jehová
me hizo i mponerme a los poderosos". Está claro que Débora centró en Dios
sus pensamientos y procuró exaltarle en su vida y en su obra.
b. SU COMPASIÓN
Otra de l as características que se advierten en Débora es su compasión.
En su cántico de Jueces 5, a firma que había visto la necesidad de l sraeL y
que había respondido a esta necesidad acudiendo en ayuda de las tribus
del norte. Es probable que se enterase de esta necesidad por in formes de
las personas que venían a ella de aquella región, en la que l os cananeos
t'staban oprimiendo al pueblo. Una vez q ue se enteró de la necesidad, no
dudó en dedicarse a remediarla.
Débora hace ver que la necesidad era grande. Según el v. 6 de su cán
tico, aunque Samgar, un juez anterior (Jue. 3:3 1 ), había l iberado a Israel
recientemente, matando a seiscientos filisteos, todavía los israeli tas ten ían
miedo de viajar por las vías principales, y los que por necesidad emprendían
un v iaje, lo hacían por rutas secundarias. En otras palabras, el pueblo
,•vitaba todo posible encuentro con los opresores cananeos. Como conse
t·uencía, la gente que vívía en las aldeas ( lit. a campo abierto). donde no
t•staban protegidos por las montañas, abandonaron su residencia, según
dice el v. 7, h uyendo, al parecer, a las áreas montañosas en busca de se
�\uridad. Además, según el v. 8, las armas eran tan escasas (debido. sín
duda, a que los cananeos habían desarmado al pueblo), que no se veía
"<'seudo o lanza entre cuarenta mil en Israel". Por eso, dice Débora. '"me
lt•vanté como madre en Israel" (v. 7). Es decir, asumió una posición en que
pudiese velar por el pueblo con cuidado maternal, ejerciendo el oficio de
'En l laroscl·¡.;oirn ( l tH' '1 : 2 ). dond<:> eslá probablemente siluada la moderna Tel l LI
l ln rlwj. un lugor d¡• lil'IH l 11•1'11H ('ut, ('ll I n ribera sur ,kl río Cisón, al pie del Mont<:> Carmd,,.
1 52 LOS PROFETAS DE ISRAEL
juez. Invitaba a la gente a venir a ella con sus cuitas y problemas, y les
animaba y ayudaba administrando justicia entre ellos. No se hacía el sordo
a sus necesidades, sino que mostraba compasión por ellos.
c. SU CAPACIDAD
Además de compasión. Débora poseía capacidad para el liderato en el
desempeño de su cargo. No precisamente cualquiera podía asumir el puesto
de .. madre en Israel"". Tras haber servido al pueblo en calidad de profetisa,
había llegado a reconocer el otro don que Dios le había otorgado de guía y
consejera, y había estado dispuesta a desempeñar también este cargo. Al
asumirlo, parece ser que la gente que acudía a ella era muy numerosa. La
forma misma en que Barac le respondió ( j ue. 4:8). muestra el gran respeto
en que la ten ía. También es de notar que fueron numerosas las tribus que
se mostraron dispuestas a marchar contra los cananeos, como ella declara
en su cántico ( 5 : 1 4 - 1 8). y una razón muy poderosa sería quizás la deuda
que el pueblo sentía con ella por la ayuda que les había prestado.
Débora desplegó también notable habilidad literaria, como se ve por el
cántico que compuso a raíz de la victoria de Barac sobre S ísara y que es
una pieza literaria brillante, escrita bajo la inspiración de Dios. Con fino
sentido dramático, Débora presenta una serie de escenas o secuencias se
paradas. El lenguaje es fuerte y expresivo. Robert H . Pfeiffer lo llama ''la
pieza maestra de la poesía hebrea"' y afirma que "merece un lugar de honor
entre los mejores poemas épicos que se hayan escrito". 6
Del v. 1 podría alguien deducir que Barac ayudó a Débora a componer
el poema ( '"cantó Débora con Barac" ) . pero esta frase sólo significa que
ambos cantaron el cántico, no que lo compusieran juntos. Por el v. 3, se ve
que fue ella sola la que lo compuso, pues usa la primera persona del singular
refiriéndos a sí misma : lo mismo hace en el v. 7, en el que se menciona a
sí misma en solitario. A mayor abundamiento, dice en el v. 1 2 "Despierta,
despierta, Débora: despierta, despierta, entona cántico".
d. SU M AG N A N I M IDAD
Débora mostró también un espíritu magnánimo, pues estuvo dispuesta
a renunciar a su comodidad en aras del bien del pueblo. como lo revela su
disposición a acceder a la petición de ayuda que Barac le hizo. De hecho,
Barac no sólo le hizo una petición, sino que expresó una condición sine qua
non al decirle: "Si tú vienes conmigo, yo iré: pero sí no vienes conmigo, no
i ré"" ( 4:8). Débora podía haber rehusado cumplir este requerimiento de
Barac . proque. después de todo, ella era una mujer con un importante
cometido que desempeñar, y él era un hombre que debía estar capacitado
para encargarse de la tarea que ella le había ordenado de parte de Dios.
6 llltroduct10n to the O/d Testameut, p. 326.
Profetas a nteriores a la Monarqu ía 1 53
Ella tenía todo el derecho a rehusar acompañarle, pero accedió olvidándose
de su derecho, con tal de que se l levase a cabo la obra de Dios, y el pueblo
saliese beneficiado.
C. UN PROFETA
La tercera persona que nos queda por considerar en este cap ítulo. no
He halla registrada por su nombre, algo que ocurre tambíén respecto de
otros profetas del Antiguo 1estamento, como veremos en su lugar.
Por qué se dignó Dios darnos los nombres de unos y no de otros. no
siempre aparece claro. A veces, éstos cuyos nombres no figuran fueron
llamados a desempeñar funci ones importantes. Y éste es precisamente el
,·uso del personaje que se cita aqu í como "un profeta": tuvo a su cargo una
fnrea i m portante.
l. Su obra
Este personaje entra en escena en tiempo de Gedeón. De hecho, su
i111ervención tiene l ugar a ntes del l lamamiento de Gedeón (Jue. 6:7 · ! O).
Fue ocasionada por la curata de las opresiones que los I sraelitas cx¡wl'Í-
11wntaron d urante este período. La primera la sufrieron a manos ck' Ml•so
potamia; la segunda, de Moab; la tercera, de Canaán, como at·abnmos dl•
wr en conexión con el relato de Débora; y la cuarta, ahora, dl• Mmfüin. J ,u
11presión madianita fue una de las más humillantes que l'x1wrinw111m·1m los
1i;rnelitas. Los madianitas no i nvad ían el país de Israel para muntt•rwrlo
,mjeio a una continua ocupación, como hacían los demás opresores, sino
qtie venían una sola vez a l año, en el tiempo de la recolección , para apode
mrse de la cosecha de los israelitas. Es probable que dejasen un retén allí
durante los meses de intervalo, pero e! grupo principal ven ía únicamente a
d1 1vorar la t ierra hasta que se agotaba el fruto de la recolección, y entonces
1'1 1}!,rcsaban a su país; eran un t ipo de gente nómada, dada a la piratería, y
llt•vaban a cabo su ban di daje en Israel en el tiempo de la cosecha.
Cuando este profeta fue l lamado a tra nsmitir su mensaje, l os madiani
fm1 hab ían venido ya en esta forma por seis años consecutivos, y era in-
111incnte s u séptima l legada. Durante los años anteriores, los israeli tas, ante
d l cmor de la i nvasión anual, habían procurado esconder su cosecha en
f11NOS, cuevas y lugares fuertes en las montañas (6:2), sin íntertar luchar
nml ra el invasor para proteger los frutos, ya que los piratas ven ían cuando
l,•11 placía, se apoderaban de lo que querían, permanecían el t iempo q ue
1 lt•11t1uban y se marchaban cuando les agradaba. De seguro que sí h ubo
11lguna situación de abyecta debil i dad por parte de Israel en el período de
l1m jrwces, lo fue ésta.
l•:l mc,tivo de esta condición humillante fue el m ismo que en las anterio-
1 54 LOS PROFETAS DE ISRAEL
res aflicciones. El pueblo continuaba pecando, y Dios permitía esa condición
como un medio de disciplina para que Su pueblo se volviera hacia El. Así
que la tarea de este profeta resulta fácil de averiguar: tenía que llamar la
atención al pueblo respecto de esta situación, y urgirle a renovar su pacto
de lealtad a Dios; sólo así podrían disfrutar de las bendiciones divinas y no
seguir experimentando este sufrimiento.
Como enseguida fue llamado Gedeón a servir de liberatador de Israel
(Jue. 6: l l ss.), la obra de este profeta habría de caracterizarse como una
anticipada preparación para el servicio que Gadeón iba a llevar a cabo. En
otras palabras, Dios deseaba que alguien precediese a Gedeón y preparase
los corazones del pueblo para el mensaje que iba a comunicar y la liberación
que iba a efectuar. Así, este profeta fue una especie de precursor, que pre
paró el camino para otro.
2. La persona
Comoquiera que es muy poco lo que se nos dice de su persona, no es
mucho lo que puede concluirse en relación a su carácter, pero prodemos
deducir algunos aspectos a base del mensaje que proclamó.
a. SU ESTADO ESPIRITUAL
Sin duda, debió de ser una persona de alto nivel espiritual, como se
sigue del hecho de que Dios le escogiese como el profeta que había de l legar
en este tiempo al área de Ofrá para pronunciar la represión por el pecado.
Como se indica en la historia de Gedeón que, a continuación nos refiere el
texto sagrado, en Ofrá se habían entregado de lleno al culto de Baal. De
hecho, la primera tarea asignada a Gedeón, antes de salir a luchar contra
los madianitas, fue derribar el altar de Baal que su propio padre tenía y
cortar el mástil de Aserá que estaba junto al altar (6:25 - 28). Así lo hizo
Gedeón y, como resultado, la gente de Ofrá quería matarle. Cosa trágica es
que el pueblo de Dios, los israelitas, se hubiesen extraviado en su culto
hasta el punto de querer dar muerte al hombre que había demolido un falso
y pagano centro de culto. El hecho de que este profeta fuese seleccionado
para venir a tal lugar y predicar el mensaje divino, indica que Dios vio en
él un siervo auténtico y responsable. Ya hemos hecho notar que en cualquier
época del período de los jueces, había numerosos profetas al alcance del
pueblo. Si Dios escogió a éste para una tarea tan importante, podemos
pensar que era un relevante siervo de Dios, en quien el Señor sabía que
podía confiar.
Una segunda indicación la hallamos en el carácter del mensaje que el
profeta proclamó. Está centrado en Dios de punta a cabo. Comienza con
las palabras "Así ha dicho Jehová Dios de Israel", y continúa diciendo cómo
dios sacó a los israelitas de la esclavitud de Egipto, hasta introducirlos en
Profetas anteriores a la Monarquía 1 55
la Tierra Prometida. Y concluye dirigiendo al pueblo las palabras de Dios,
"Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en
cuya tierra habitáis". El profeta no habló de sí mismo, ni siquiera hizo
mención explícita de los pecados del pueblo; todo su énfasis estuvo enfocado
hacia la existencia del Dios de Israel y a lo que este Dios había hecho por
Su pueblo. Un mensaje tan centrado en Dios da a entender que los pensa
mientos del profeta estaban centrados en Dios, lo cual a su vez significa
que era una persona espiritualmente madura.
b. SU ORIENTAC ION H I STORICA
El tipo de mensaje transmitido indicaba que el profeta estaba bien
orientado históricamente en su modo de pensar. El eje de su mensaje era
que, puesto que Dios había hecho tanto por el pueblo en el pasado, ahora
debían seguirle. En otras palabras, las bendiciones que el pueblo hab ía
disfrutado en el pasado, deberían contribuir primordialmente a caracterizar
r:u conducta presente. Dios había otorgado a Israel una maravil losa libera
rión, sacándole de Egipto, y después había expulsado de Canaán a los
habitantes de aquella tierra, a fin de que tuviesen un hermoso lugar donde
residir; por consiguiente, el pueblo debería prestar atención a las demandas
dí' Dios, en vez de retirarle la lealtad par seguir al falso dios de Canaán,
Bnal. Es cierto que el profeta estaba comunicando un mensaje que Dios le
liubía revelado de antemano, pero también es cierto que Dios usa la mente
V las aptitudes del hombre en el tipo de mensaje que transmite.
1'. SU VALENTIA
Todavía encontramos una tercera característica de este profeta: su va
h•nt ía. Se detecta fácilmente por el hecho de que estaba presto a responder
ni llamamiento de Dios para que fuese a Ofrá y proclamase un mensaje de
l i\l género. Sí, más tarde, la gente de Ofrá quería quitarle a Gedeón la vida
por haber destruido el altar de Baal, se p uede asegurar que no estuvieron
prt•parados para recibir el mensaje que fuera encomendado a este profeta
para proclamarlo. Otros profetas podrían haber objetado que el cometido
t'l'n demasiado peligroso o que podrían sufrir algún daño, pero este hombre
fil' fue allá y obedeci ó las instrucciones de Dios.
' Para una ampl icíón de estos conceptos. véase mi l i bro Distressing Oays of the fudges .
especialmente los capítulos 3 y 6.
2 A ntigiiedades 1 1 1 . 2.4: 6. l : IV. 4.6.
3 Los tres pri meros habían sido Otoniel, Eúd y Samgar (jue. 3:9- 3 1 ).
4 Para una discusión del terna, véase mi l ibro Distressing Doys of the Judges, pp. 4 - 6.
5 En Haroset-goírn (Jue. 4:2). donde está probablemente situada la moderna Tel l EI-
Harbej. un lugar de seis hectáreas en la ribera sur del río Cisón. al pie del Monte Carmelo.
6/ntroduction to the Old Testament . p. 326.
10
Sainuel
N uestra atención se vuelve ahora hacia Samuel, verdaderamente un
gran hombre del Antiguo Testamento. Samuel vivió hacia el final del período
de los jueces y, de hecho, fue el encargado de inaugurar el tiempo de la
monarqu ía u ngiendo a los dos primeros reyes, Saúl y David. Su historia se
rncuentra en los primeros 2 5 capítulos de 1 Samuel.
Dos veces se le llama '·profeta" ( nabhi') ( 1 S. 3:20; 2 Cr. 35: 18), y
vorias veces "vidente'' (ro 'eh ) ( 1 S. 9: 1 1 , 1 8, 1 9; 1 Cr. 9:22; 26:28; 29:29).
Sin embargo, como ya se i ndicó en el capítulo 4, l os términos ro 'e h y nabhi '
iw usaban para designar el mismo oficio; l a diferencia estaba en la popu
lnridad de una determinada terminología, más bien que en una diferencia
de oficios. Por tanto, sea cualquiera el término con que se le designe, lo
derto es que desempeñó el oficio que es objeto de n uestro estudio.
Los días de Samuel se caracterizaron por los gravísirnos pecados q ue
d pueblo cometía. Ya hicimos notar que el pecado abundó en l a primera
pnrte del período de los jueces, y por ese motivo cayeron las opresiones
imhre el pueblo; pero estas opresiones no le hicieron al pueblo cambiar, sino
que, por el contrario, hay indicaciones de que el pecado aumentó en persis
lmcia y gravedad. E l aumento del pecado estuvo siempre íntimamente co-
111•ctado con el aumento del culto a Baal. En el tiempo de Gedeón, el culto
1 1 Bnal había adqu irido tales proporciones en Israel, que el pueblo estaba
1 h-ddido a quitarle la vida a Gedeón, por haber destruido el altar de Baal
v d mástil de Aserá. Después, en tiempos de Jefté, no sólo Baal, sino los
1 57
1 58 LOS PROFETAS DE ISRAEL
dioses de varios otros países eran adorados. 1 Con relación a este tiempo,
dice Jue. 1 0:6 ··Pero l os hijos de Israel volvieron a hacer lo malo ante l os
ojos de Jehová. y sirvieron a l os baales y a Astarot, a los dioses de Siria, a
los d ioses de Sidón. a los dioses de Moab, a los dioses de los hijos de Amón
y a los dioses de los filisteos; y dejaron a Jehová, y no le serv ían··. Por
consiguiente. el pecado se multiplicaba y agravaba muy seriamente en t iem
pos de Jefté; y Samuel entró en escena poco después.
Adem ás de esta condición general de perversidad. se había desarrollado
en el mismo santuario central un pecado de especial gravedad. Samuel era
coetáneo de E l í, cuyos i m p íos hijos. Ofn í y F ineés. actuaba n como sacer
dotes y de tal manera habían corrompido el sistema sacrificial. q ue el pueblo
no quería ya venir a presentar sus sacrificios. Ambos se apoderaban ile
galmente de carne de los animales traídos para el sacrificio ( 1 S. 2 : 1 2 1 7),
y fornicaban con las mujeres que serv(an al tabernáculo (2:22). Pronto
corrió a lo largo y a lo ancho del país la noticia de tales acciones, y el pueblo
ya no sólo se negaba a venir al tabernáculo. sino que era i ncitado a cometer
los mismos pecados. En vez de ser modelos para bien. los sacerdotes se
habían convertido en paradigmas de iniquidad.
Por si fuera poco esta extensión y gravedad del pecado en el país, Israel
se caracterizaba en tiempos de Samuel por una profunda depresión, y hasta
desesperación, en términos del estado de ánimo del pueblo. Esto se debía,
en primer l ugar, a la continua opresión que los filisteos les estaban i mpo
niendo, opresión que duró cuarenta años (jue. 1 3 : 1 ), siendo así la más larga
de todas. En segundo lugar, se debía también a l desastre sufrido en la
batal la entablada con los filisteos en A fee, poco antes de que asumiera
Samuel su oficio de juez.
Con d icha batalla. esperaban los israelitas poner fin a la opresión fil is
tea, pero no tuvieron éxito, s i n o q ue sufrieron dos veces severas pédidas;
la primera vez. murieron cuatro mil hombres de las tropas de Israel; la
segu nda, murieron treinta mil; entre ellos. l os dos sacerdotes, Ofn í y Fineés
y, l o que es más grave, el arca de la alianza cayó en poder de los fil isteos.
Después de la primera derrota, los israelitas habían l levado el arca al campo
de batalla. Esto fue un pecado muy grave a los ojos de D ios, qu ien no pudo
permitir que I srael venciese en tales condicíones. En consecuencia, se perdió
la batal la, y los filisteos apresaron el arca y se la llevaron a su t ierra.
Cuando las noticias de la catastrofe l l egaron a Si ló, donde vivía E l í, él sufrió
tal sobresalto que cayó de espaldas y se fracturó la cervi¼. Muertos en el
campo de batalla los dos sacerdotes que actuaban en el santuario, y fallecido
ahora E l í tras quebrarse el cuello, toda la carga del liderato de Israel cayó
sobre los hombros de Samuel , quien ya estaba ahora en edad conveniente
para asumirlo.
' Hacia el 1 1 00 A .de C .. trescientos años después de la conquista (Jue. 1 1 :26).
Profetas a nteriores a la Monarquía 1 59
Para col mar de oscuridad aquellos negros días, existía de parte de l os
israel itas cierta tendencia a unir sus fuerzas con las de l os cananeos. El
pe!ígro de la i nfluencia cananea siempre estaba presente, pero nunca l o fue
mayor que en esta época crucíal. El motivo para una coalíción de esa índole
era que los filisteos eran tan enemigos de los cananeos como de los israe
litas. Poseyendo entonces los filisteos tanta fuerza, surgió en los otros dos
grupos una inclinación natural a un irse contra el enemigo común. Cuando
los israelitas se enteraron de que su preciosa arca había sido capturada, y
de que habían ca ído muertos todos l os l íderes del santuario, es lógico que
sus pensamientos se volviesen a in tentar un esfuerzo conjunto. Con todo,
l'sta era la peor cosa que podían hacer a los ojos de Dios, y Samuel, siendo
un verdadero hombre de Dios, lo sabía. Era, pues, preciso actuar rápida y
d'icazmente, si es que las tribus habían de mantener sus características
distintivas.
A. SAMUEL
1 . Su obra
Para representarnos la naturaleza de la obra de Samuel , al asumir <í l
d l iderato tras el desastre de Afee, tenemos que basarnos en deducdo,ws
más bien que en afirmaciones expresas de la Escritura, puesto que la Biblín,
t'll vez de ocuparse a renglón seguido de esta actividad de Samud, 8Í !l,lll'
hublando del arca capturada por los filisteos en los capítulos 5 y 6 de
1 Samuel, capítulos en l os que podría esperarse que apareciesen detalles de
In obra i n icial de Samuel . Esto nos da a entender l a i mportancia que Dios
duba al arca.
La providencia dívi na tenía m otivos para perm itir a los fil isteos cap
lurar el arca, por el gran pecado que Israel había cometido a l llevarla al
,•nmpo de batalla. Sin embargo, una vez q ue los fil isteos se apoderaron del
11rca, como eran paganos creyeron que semejante hecho era i nd icío de q ue
Hllfi dioses eran más grandes y poderosos que el Dios de Israel. Pero dios
110 estaba dispuesto a tolerarlo, de manera que tomó las medidas para
llt'ccsarias para proteger Su honor, con el resultado de que, siete meses
d1•spués de haber capturado el arca, l os filisteos no tenían otro deseo q ue
dt•shacerse de ella. Los capítu los citados refieren en detalle toda la h istoria
1 11• lo s ucedido con el arca.
Con todo, l o poco que la Escritura nos dice de las primeras actuaciones
1k Sam uel en su cal idad de juez, no han de tomarse en el sentido de que
1 11•1·maneciese inactivo. A base de lógicas deducciones, podemos percatarnos
d1• que, en efecto, Samuel estuvo extremadamente ocupado. Podemos de
d11drl o de la seria condición en que se hallaba Israel, según hemos indicado.
1\1¡.,,uií'n tenía que hact'r t1lgo para salvar la s ituación. También llegamos a
160 LOS P ROFETAS DE I S RAEL
la misma conclusión al darnos cuenta de que, vein te años después, todo el
conj u nt o d e c i rcun stancias era en tera m en te d i fere n t e. Con forme a
1 Samuel 7, para tal fecha, el pueblo se había vuelto a D ios en grado su
ficiente como para que Sam uel atisbase una oportunídad de reavivamíento
al convocar al pueblo en Mizpá, y efectivamente el pueblo confesó su pecado
an te Jehová y se comprometió a renovar la l ealtad a su Dios. Antes de que
declinase e l día, l os filisteos, que habían l l egado con la confianza de i nfligir
a los israelitas una n ueva derrota, fueron completamente derrotados ellos
mismos, al intervenir Dios con una oportuna tormenta ( l S. 7: 10). 2
Algo había ocurrido para que se registrase de parte del pueblo un cam
bio tan grande de actitud, pues un cambio de tal calibre no surge por s í
solo. Alguien tuvo que hacerse cargo de l a situación y actuar con toda
dil igencia y habi lidad; había un hombre capaz de ello, y ese hombre era
Samuel . Podemos, por tanto, estar seguros de que Dios usó poderosamente
a Sam uel durante esos veinte años.
Una de las primeras actividades de Sam uel hubo de ser el trasl ad o del
tabernácul o de Síló a Nob. Sabemos que el tabernáculo fue trasladado a
Nob algún tiempo después de la derrota de Afee, puesto que estaba allí
cuando, más tarde, Saúl mandó matar cruelmente a ochenta y cinco sacer·
dotes ( l S. 2 1 : 1 ; 22: 16- 1 9). Lo más probable es que e l traslado se l levase
a cabo i nmediatamente después de la batalla de Afee, porque para estas
fechas podía esperarse que los filisteos marchasen sobre Síló y se apodera
sen asimismo del tabernáculo. 3 Alguien, pues, debió de efectuar el traslado,
y la persona m ás indicada para ello era Samuel. El estaba en Siló por
aquellas fechas y ten ía el interés, la visión y la autoridad, por todos recon
ocida, para dar las órdenes pertinentes. Es posible que ésta fuese su primera
actividad como nuevo l íder de Israel. De hecho, ésta pudo haber sido para
la gente que vivía en Siló y más tarde para l os demás que se enterarían
de ello - la primera indicación de que Samuel estaba dispuesto a asumir el
puesto de nuevo l íder.4
2 Hay tres i n dicaciones de que esta batalla se l ibró en la estación seca del año. Primera,
parece evidente que Samuel había de fíjar una fecha en que no cayese lluvia, a fin de l levar
a cabo el reavivamiento, ya que mucha gente tenía que viajar desde largas distancias .
Segunda. a la vista de 2 Cr. 35: 18, es lo más probable que se celebrase la Pascua en aquel
tiempo, cuando la estación seca precisamente había comenzado, ya que el catorce de N i sán
caía en l a primera parte de abri l . Y tercera, l a tormenta ocurrida debió d e ser algo inusitado,
a juzgar por la confusión de los filisteos, ya que no esperaría n tal cosa en la estación seca.
3
Las investigaciones arqueológicas muestran, al paracer, que los filis teos destruyeron
Si!ó por entonces. Esta fue l a creencia común hace u nos pocos años, y desp ués comenzó a
dudarse de tales evidencias; pero, recientemente, los eruditos han l legado a ponerse de
acuerdo en que las evidencias son válidas. después de todo. Pará una discusión sobre el
tema, véase Herschel Shanks. "¿()id the Philistines Destroy the Israelí te Sanctuary at Shi
loh? - The Archaeologícal Evidence", The Biblical Archaeology Revíew, 1 (June, 1975):
3-5.
4
Se puede dar por sentado que muy pocos, s i es que hubo alguno, se opusieron. Samud
había alcanzado ya una buena reputación ( 1 S. 3 :20 ) y la mayoría dt• l a gente estaría muy
contenta de que él se prest,ist' a tomar el liderato e n cslc t iempo dl' 1•KI n•mn necesidad.
Profetas anteriores a la Monarquía 161
Podemos suponer que e l principal esfuerzo de Samuel se centrase en
estimular a secerdotes y levitas a desempeñar el oficio que Dios les había
asignado. Los sacerdotes y levitas disponían de un personal suficientemente
numeroso y habían mantenido con el pueblo el contacto n ecesario para que
se llevase a cabo el cambio a que nos hemos referido, pero antes que esto
sucediera, hubo que estimularles a cumplir con su cometido. Esto signifi
caría el mantener contacto con ellos en las respectivas cuarenta y ocho
cuidades. Samuel tuvo que realizar un enorme esfuerzo para viajar de du
dad en cuidad a fin de establecer tantos contactos.
Las instrucciones de Samuel a los sacerdotes y levitas incluirían asun
tos como éstos: informarles que el tabernáculo había sido transladado para
su seguridad a Nob y que el antiguo programa de servicio sacerdotal, apro
bado por Dios, había de entrar de nuevo en funciones; indicarles que había
nsumido él el liderato como juez y que deseaba un cambio radical de con
ducta en todo el país con respecto al pecado, para lo cual habían de prestar
los sacerdotes y levitas su plena cooperación; exhortarles a que se ocupasen
t·on diligencia en las tareas que Dios les había señalado de instruir y guiar
ni pueblo con respecto a la Ley (Lv. 10: 1 1 ; Dt. 33: 10); intimarles a dar los
pasos oportunos para animar al pueblo en orden a que se eliminase la
influencia cananea en el culto a Baal ( 1 S. 7:3- 4); y ordenarles que hiciesen
l odo lo posible para acabar con la peligrosa tendencia a coligarse con los
1•unaneos, la cual conduciría a que esos vecinos paganos incrementasen su
J nfluencia sobre los israelitas.
Junto con esta actividad agobiante, Samuel tendría que actuar también
t•omo juez en ejercicio, como se nos dice efectivamente que lo hizo ( 1 S.
'/: 1 5), y podemos imaginárnosle comprometido en una actividad similar a
In de los jueces que le habían precedido. Siendo él el nuevo líder, es natural
que el pueblo fuese a él para recibir instrucciones y consejos. Uno de sus
1·0111etídos sería hacer que el sumo sacerdocio comenzase de nuevo a entrar
r•n funciones, ya que Elí había muerto y era preciso buscarle un sustituto.
1 ,; 1 elegido debió de ser Ahitub, hijo de Fíneés ( 1 S. 1 4:3 ), puesto que Ahi
mélec, el hijo de Ahitub, aparece ejerciendo el oficio en tiempos de Saúl
{ 1 S. 2 1 - 22). 5 En todos estos asuntos, es seguro que intervendría Samuel
1·111110 el hombre fuerte de su tiempo, en quien el pueblo podría confiar como
l1d1•r responsable.
/\demás de estos quehaceres, todavía le quedaba a Samuel cumplir con
,,u ministerio profético, lo cual comportaría recibir revelaciones de Dios en
1 1•npuesta a las preguntas del pueblo y predicar al pueblo mensajes de
' f ,'.s digno de notarse que Samuel hizo que continuase la l ínea de Elí en este oficio, aun
, 11,111do Dios había dicho anteriormente que se iba a acabar ( l S. 2:27-36). Con todo, no
lmv 1odícación alguna de que Dios desaprobase esta acción de Samuel. Al parecer, Dios
1t•111, 1 inl.cnción de efectuar dicho cambio en los d ías de Salomón, cuando fue depuesto
Al1111lm y fue inslnlado Sndor ,,n s11 111¡:nr ( l H. 2:27.35).
162 LOS PROFETAS DE ISRAEL
reforma. Es incuestionable la conclusión de que Samuel vino a ser un
hombre muy atareado. 6
2. Su persona
a. SU PREPARACION PARA EL M I N I STERIO
La preparación para un trabajo determinado siempre reviste gran im
portancia; la persona debe estar calificada para la tarea que ha de llevar a
cabo. La preparación de Sarnuel estuvo a cargo de Dios mismo y fue única
en su género; el Señor le equipó del modo necesario para que desempeñase
con acierto las apremiantes funciones que acabarnos de describir.
La preparación de Sarnuel se llevó a cabo en el tabernáculo; allí fue
educado y allí tuvo experiencias que le proporcionaron el trasfondo de una
información inapreciable. Lo normal era que los niños se educasen en sus
casas respectivas, haciendo de maestros los padres, pero la situación de
Samuel era distinta por causa de su madre, Ana, la cual había sido estéril,
y en su oración a Dios para que le otorgase un hijo, ella le había prometido
que, si le nacía un varón, lo había de ofrecer para que sirviese en el san
tuario. A su tiempo, nació Sarnuel, y Ana cumplió su voto llevándole al
tabernáculo tan pronto corno el niño fue destetado. 7
Esto significa que alguien en el tabernáculo debía asumir la responsa
bilidad de educar a Sarnuel, y la persona más indicada para ello era el sumo
sacerdote, Elí. Este conocía desde el principio el voto de Ana. y el niño le
fue presentado a él personalmente cuando lo trajeron al tabernáculo a su
debido tiempo (1 S. 1:25 - 28). También nos da a entender el texto sagrado
que vino a desarrollarse una estrecha vinculación entre el anciano y el joven,
tal corno podía esperarse, si Elí había asumido personalmente la respon-
sabilidad de educar a Sarnuel (V. 1 S. 3:4 - 9 ). Esto representaba un reto
para Elí, tras el fracaso que había tenido con sus propios hijos años atrás,
y quizás se esforzaría por enmendar ahora el entuerto. La vida de Sarnuel ¡
nos da testimonio de que, en este caso, Elí resultó mejor que un buen padre
y un buen maestro. Habiendo sido sumo sacerdote durante muchos años y
ya bien encanecido, poseería Elí un buen acopio de conocimientos acerca
de la Ley y de las actividades ceremoniales, para impartirlos al niño. Es
muy probable que ninguna otra persona en todo el país estuviese tan ca
pacitada corno Elí para tornar a su cargo la educación de S�muel.
Además, el mismo hecho de ser educado en el santuario central, le
proporcionaba a Samuel la ventaja de adquirir información de primera
mano sebre la actividad ceremonial, pues crecía al compás de la cotidiana
6
En breve mencionaremos todavía otra actividad a su cargo, a saber, el comenzar y
organizar un programa de i nstrucción para fut uros profetas.
7 Los n iños hebreos no eran destetados en edad muy tcmprann; 2 Mnc. 7:27 habla de
trl'S años de edad.
Profetas anteriores a la Monarquía 1 63
experiencia de ver la presentación de sacrificios y ofrendas en el taberná
culo. No tuvo que aprender esto meramente por información de otros, sino
que pudo verlo con sus propios ojos. Tanto el lugar como el mismo culto
sacrificial tuvieron que causarle una gran impresión.
Otra importante ventaja para Samuel sería tener acceso a las copias de
la Ley para sus estudios. Podemos suponer q ue, por este tiempo, habría
algunas pocas copias de los escritos originales de Moisés -todas ellas, trans
t:ritas laboriosamente a mano-, pero serían consideradas tan preciosas, que
,•s muy probable que nunca se permitiese sacarlas del tabernáculo; pero
aquí, todos los sacerdotes y levitas ten ían igualmente acceso a ellas, cuando
ven ían por turno a desempeñar su ministerio. Con todo, Samuel, al vivir
junto al mismo tabernáculo, tendría continuo acceso a ellas para leerlas y
¡•studiarlas, siempre que lo desease. Es m uy probable que su maestro, E l í,
le señalase algunas funciones de las prescritas en la Ley. El beneficio sería
nsí doble: por una parte, obtener la más refinada educación en la Ley, que
na posible en su tiempo; por otra, llegó a estimar en forma muy especial
In importancia que revisten los requerimientos divinos. Como Samuel poseía
una gran capacidad congénita para aprender - según lo evidencia su bio
grafía en el texto sagrado - podemos concluir que Samuel salió tan bien
preparado cual ningún otro en su tiempo, para el desempeño de las fun
riones que Dios pensaba encomendarle.
El hecho de vivir junto al tabernáculo le proporcionaba también a Sa
rnuel una información de primera mano acerca de las condiciones pecami
nosas que imperaban en el país, ya que el tabernáculo era el lugar por el
que pasaría con regularidad dicha información, siendo el centro religioso
dd país; los mismos sacerdotes y levitas llevarían allá tal información.
/\demás de todo esto, Samuel pudo observar el terrible pecado que cometían
Ofn í y Fineés. Cuando estos dos perversos se hicieron con el l i derato, es
probable q ue i ncluso trataran de i n fluir en el jovencito, esperando que coo
f H'rase y hasta posiblemente les ayudase en sus nefandas actividades. E n
fnl caso, E l í sería la gran i n fl uencia d e parte d e Dios, para contrarrestar la
111 n1 de sus propios h ijos, y conduciría con sus consejos a Samuel por los
1w11dcros de justicia. Samuel no se puso del lado de Ofn í y Fineés, sino que
11iguió las instrucciones de Elí y la voluntad de Dios.
En adición a sus estudios, Samuel fue asumiendo ciertas funciones
1•011forme iba creciendo en edad, pues se nos dice que "ministraba en la
pl'cscncia de Jehová" ( 1 S. 2: 1 8 ; 3: 1 ). Es probable que estos textos se refie-
1 ,111 al desempeño de ciertos quehaceres en conexión con el tabernáculo,
ni1110 barrer, preparar leña para el altar y tener a mano el agua suficiente
pura beber y para realizar las purificaciones. También se nos indica que
,1l 1ría "las puertas de la casa de Jehová" por las mañanas. 8 Esto se menciona
H fslns ·'pucrlUH" 1'1'1111 , Hill duda, las cortinas que daban acceso al atrio del tabernáculo
1 I".% :r1: 1 6). FH cvid1•11 1 t• q111• lull 1·0I I í1111s H<' <·orrían por la noche y se dcscorrfon a la mañana
,,1�1 111<1 1 1 1 (1
1
•
164 LOS PROFETAS DE ISRAEL
en conexión con el episodio en que Dios se reveló por primera vez a Samuel
y le comunicó la desgracia que esperaba a la casa de Elí ( 1 S. 3: 15 ).
Su dormitorio estaba junto al tabernáculo, cerca de la habitación de
Elí, ya que se nos dice que, cuando Dios se le apareció por primera vez,
·'estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde estaba el arca de Dios",
y desde allí pudo llegar rápidamente a la habitación de Elí ( 1 S. 3:3 - 5 ).9
En cuanto a su ropa, vemos que iba ·'vestido de un efod de lino" ( l S. 2: 18);
según parece, al estilo de los sacerdotes ( 1 S. 22: 18), aunque su efod (como
el de los sacerdotes ordinarios) no estaba hecho del mismo material rica
mente adornado con que se vestía el sumo sacerdote ( Ex. 28:6). 1 º El término
vestido ( hagur ) es muy apropiado, pues la parte frontal y la posterior del
efod estaban estrechamente ceñidas al cuerpo mediante un cinturón en una
faja. Podemos, pues, imaginarnos al jovencito Samuel ir de un lado a otro
del tabernáculo, bien ocupado en sus funciones, y vestido de lino blanco
como los sacerdotes corrientes.
b. SU ESTA DO ESPI RITUAL
Hay abundantes pruebas de que Samuel fue un varón de elevada es
tatura espiritual. En unos días en que el pecado era cosa general y desen
frenada entre el pueblo de Israel, su figura reflejó como un faro la pura luz
de Dios. Esto se sigue de la magna obra que llevó a cabo, como ya hemos
considerado, y de otros aspectos que vamos a examinar a continuación.
Desde su más temprana edad, Samuel se decidió a obrar rectamente,
frente a la nefasta influencia que ejercían en el tabernáculo Ofní y Fineés.
Siendo éstos de mayor edad que Samuel, tenderían a inclinarle a la maldad
y apartarle de las buenas instrucciones que Elí le impartía. Samuel era un
niño normal y tendría emociones internas normales, prestas a despertar
ante el atractivo de las cosas que ellos le dirían. Con todo, resulta claro que
no dio su consentimiento a los impulsos del instinto, sino que estaba de
cidido a seguir el camino de la verdad y de la justicia, conforme lo había
aprendido de Elí. Esta decisión a favor de lo recto hubo de ser, ya desde
sus wimeros años, una experiencia de las que forjan el carácter de la
persona.
Otra experiencia importante fue la revelación que Dios le hizo en aquella
9 Probablemente, tanto Samuel como E l í dormían en el atrio del tabernáculo. La referen
cia a "la lámpara de Dios'· ( 1 S. 3 : 3 ) que aún no había sido apagada, tiene por objeto indicar
el tiempo de l a aparición. Esta " lámpara de Dios'' era seguramente el candelabro de oro del
Lugar Santo, l a cual ard ía durante toda la noche hasta que se le acababa el aceite (con el
que volvía a l lenarse cada mañana � Ex. 27:20,2 1 ; 30: 7 - 8 ) . La idea es que la revelación de
Dios le fue otorgada a Samuel en las horas primeras de l a mañana, antes de que se con
sumiese todo el aceite.
'ºEl efod de los sacerdotes ordinarios estaba hecho de "lino" ( heb. bad ), mientras qui'
el del sumo sacerdote era de oro, azul, púrpura, carmesí y lino t rcn,,ado ( lwb. shes/z ·- l(x.
28:6).
Profetas anteriores a la Monarquía 165
memorable noche. Samuel tendría entonces unos doce años, 1 1 y el aconte
cimien to dejaría en él una marcada huella. Dios vino a él y, al principio,
sólo le l lamó por su nombre. El n iño pensó únicamente en Elí y corrió a
preguntarle qué deseaba. Esto occurrió tres veces y, a la tercera, Elí se dio
cuenta de que era Dios quien estaba llamando a Samuel , y entonces le dijo
que, si volvía a escuchar la voz, respondiese: "Habla, J ehová, porque tu
siervo oye". Así lo hizo Sam uel, y Dios le reveló que no permitiría a la casa
de Elí continuar en el sumo sacerdocio por más tiempo.
No es fácil decir cuánto pudo dormir Samuel en el resto de aquella
noche, aunque quizás durmió mejor que Elí. A la mañana siguiente, Elí
urgió a Samuel. todav ía tan joven e inexperto, a decirle con toda exactitud
l odo cuanto Dios le había revelado, temiendo sin duda que la revelación
l en ía que ver con él m ismo. Debió de resultar muy duro para el niño tener
que hacerlo así- com unicar tal clase de mensaje al anciano y honorable
sumo sacerdote - pero lo hizo. Esta experiencia hubo de contribuir grande
mente a dar madurez a su carácter.
Una prueba más del estado espiritual de Samuel es que, en conexión
directa con su ministerio profético, Dios volvió a aparecerse a Samuel.
Leemos en 1 S. 3:2 1 "Y J ehová volvió a aparecérsele en S iló; porque Jehová
man ifestaba en Siló su palabra a Samuel". Y, más adelante, en 4: 1 , "Y la
palabra de Samuel se extendió por todo Israel". En. 3:20, hal lamos estas
palabras tan significativas "Y todo Israel , desde Dan hasta Beerseba, cono
ció que Samuel era fiel profeta de Jehová". Es evidente que Dios usó a
Samuel, como profeta, desde su temprana edad . Parece ser que Dios siguió
npareciéndosele como lo había hecho en la noche de la tremenda revelación,
.Y le comunicaría información sobre los planes que ten ía para Israel en aquel
1 icmpo de pecado y calamidad. Samuel tendría que ir comunicando esta
información por los distintos núcleos de población, con lo que l legó a ser
,·onocido como fiel profeta desde el extremo norte del país hasta el extremo
Hur. Dios no habría usado a tal persona, mucho menos siendo aún tan joven,
Hi esta persona no hubiese alcanzado una notable madurez espiritual.
Otra ocasión posterior, de gran importancia, fue el espléndido reavi
vnmiento llevado a cabo en Mizpá a instancias de Sam uel ( l S. 7:3-6).
( 'orno ya dijimos, esto tuvo lugar veinte años después de la desastrosa
lmtalla de A fee ( l S. 7:2). 1 2 En este tiempo, el pueblo acudió a Mizpá en
' 'Josefa ( A ntigüedades V. 1 0.4) le asigna esta edad, lo cual se compagina m uy bien con
d rdato del texto sagrado.
"Los "veinte años" mencionados en 1 S. 7:2 se refieren al lapso de tiempo entre l a
d,•volución d e l arca a Israel por parte de los filisteos ( 1 S. 6: 2 1 - 7: 1 ) y el reavivamiento de
Mi1optí ( l S. 7:5- 6). No se refiere, como con frecuencia se ha malentendido, al tiempo en
qll<' el arca estuvo en Quiryat-jearim. E l arca permaneció en Quiryat-jearim hasta que David
l,1 l rnsladó a Jerusalén, lo cua l ocurrió setenta años más tarde ( 1 074- 1 004 A . de C.). Esto
�1· lrnce evidente comparando I S. 7: 1 "en el collado", con 2 S. 6: 1 - 3 ··en la colina" (v. 3),
v l 1•11 icndo tambié-n en 1·111•11t n qu,· "'Baalá" (v. 2), es simplemente otro n ombre para designar
,1 Q11irynl jcarim, como p1 11·c l1• v1•rn1• por Jos. 1 5:60: 1 8: 1 4 ( El "Guibcá" ,k 2 S . 6:3 dl'be
1 1 11dudrtH' "l'lll lndo" ),
166 LOS PROFETAS DE I SRAEL
grandes multitudes, a fin de renovar sus promesas en la presencia de Dios.
Esto estaba en marcado contraste con la actitud que Israel había mostrado
veinte años antes, cuando abundaban por todas partes el pecado y la de
sesperación, y nadie estaba entonces interesado en un reavivamíento. sino
solamente en proseguir por el cam i no de la maldad. Esto demuestra que
alguien con un mensaje espiritual de alta calidad había estado urgié ndoles
a cambiar y había tenido la suficiente i nfluencia para que tal cambio se
llevase a cabo. Esta persona, por supuesto, fue Samuel como líder espiritual
y profeta de Dios entre el pueblo.
c. SU CAPACIDAD
Como Moisés y Josué antes que él, Samuel debió de ser un hombre de
notable capaci dad para el liderazgo. Ya lo dem ostró cuando era u n jovencito,
de acuerdo con lo que leemos en 1 S. 3:20, citado poco ha. Como ya se
indicó, esto debió de ocurrir en su edad temprana, como resultado de las
revelaciones recibidas de parte de Dios, y luego transmitidas al pueblo en
diferentes partes del país. Sin duda, era un hombre dotado de gran poder
de persuasión para urgir al pueblo a escuchar con respeto su mensaje.
Pero la prueba más evidente de us capaci dad como líder se halla en la
labor desarrollada durante los vei nte años que interv i n ieron entre la derrota
de Af ec y el reavivamíento de Mizpá, como está i mplícito en el texto sagrado.
El gran cambio registrado durante esos años requirió de parte de Samuel
una eficiencia extraordinaria, puesto que la gente no deja fácilmente sus
hábitos pecam inosos para emprender una conducta recta así como así. Esto
sólo se consigue cuando hay por medio fuertes corrientes de i nfluencia y
personalidades dominantes que muestren el cam ino. Como ya i nd icamos,
no cabe duda de que Samuel comenzó por tomar contacto con los sacer
dotes, ubicados en lugares estratégicos, y con los profetas, pero se necesi
taba una personalidad domi nante para persuadir a tales personas. Tendría
primero que llegar a convencerles de que las cosas habí an cambiado en el
tabern áculo y de que todo sería diferente en el futuro, y animarles luego a
que llevasen este mensaje a los varios distr itos. Además de esto, él en
persona tendría que hablar en muchas comunidades y tomar contacto con
numetosas gentes. Los ancianos de las distintas c iudades eran personas
clave con las que tendría·que hablar, pero tampoco éstos habrían respondido
adecuadamente, a no ser que alguien dotado de gran poder de persuasión
viniese a ellos.
U na prueba adi cional de la capacidad extraordi naria de Samuel la te
nemos en el gran respeto que le mostró Saúl durante todo su reinado. Fue
Samuel quien ungió por rey a Saúl ( 1 S. 10: 1 ) y desempeñó después u n
papel importante e n s u coronación ( 1 S . 1 1: 14- 1 5 ). Más tarde, hubo de
llevar a cabo el desagradable cometido de comu n icar por dos veces a Saúl
que él y su casa habían sido rechazados de continuar reinando en Isra<•I
Profetas ant eriores a la Monarquía 1 67
( 1 S . 1 3:8 - 1 4; 1 5:28- 29). Podría esperarse que, a causa de esto, Saúl
hubiese abrigado ojeriza contra Samuel. Pero no sucedió así, como nos lo
indica s u visita a la medium de Endor para que le procurase u na entrevista
con Samuel , después que éste había muerto ( 1 S. 28:7- 2 5 ). Sí Samuel no
hubiese sido una fuerte personalidad y un verdadero l íder de Israel, de
seguro que Saúl, el rey, no habría recurrido a él de esta manera . Este
episodio d ice mucho de la capacidad de Samuel y del gran respeto que Saúl
le tenía.
Hay otra área en la que parece ser que Samuel no m ostró tanta capa
cidad: en su papel de padre. Cuando Samuel ya iba siendo mayor, puso a
sus hijos, Joel y Abías, por jueces en la región de Beerseba. Parece ser q ue
Samuel era ya demasiado viejo para ejercer sus funciones en todo el terri
lorio y buscó así quienes le ayudaran en su labor, pero los dos hijos no
Higu ieron los caminos de su padre, sino que "se volvieron tras la avaricia,
dejándose sobornar y pervirtiendo el derecho" ( 1 S. 8 : 2 - 3 ) .
Esta situación revela dos hechos sorprendentes con relación a Samuel.
El primero es que no educó a sus hijos como debía, ya que éstos no seguían
los cam inos de su padre, sino que se entregaban a las prácticas pecaminosas
que precisamente su padre había tratado de desarraigar do todo el país.
Segundo, ello demuestra que Samuel no se enteraba del carácter de sus
hijos, ya que, de otra manera, no les habría puesto por jueces en Beerseba;
parece ser que lograron embaucar a su padre y tenerle ignorante de su
malvada conducta.
Esto indica que Samuel no fue la clase de padre que debió ser. Quizás
dio se debiera a que se ocupó con exceso en su quehacer de profeta y de
juez, estando ausente de su casa por demasiado tiempo y descuidando así
d dar a s us h ijos l a atención que requerían. Aquí hallamos una seria ad
vertencia para todos l os padres, pues es m uy i m portante que cada padre
dedique suficiente tiempo a su fam i lia, a fin de garantizar que los hijos son
niados de una forma que agrade a Dios. Es sorprendente que Samuel,
como padre, cayese en el mismo defecto en que había caído Elí con respecto
11 sus hijos. Lo grave es que Sam uel conocía de primera mano el defecto de
l•'. l í; podía esperarse que escarmentase en cabeza ajena y tratase de educar
n sus h ijos del modo más conveniente, pero no fue así, y ello n os advierte
H('rÍamente del peligro que existe de estar descuidando la propia familia sin
percatarse de ello.
Un área en la que se ha atribuído impropiamente a Samuel una gran
t•apacidad es la de la estrategia militar. La idea de que era hábil en el
aspecto militar está basada en el supuesto l iderato de Samuel en la victoria
rnnseguida contra los fil isteos en Mízpá ( 1 S. 7:7- 1 4), pero es muy dis-
1·utiblc que esta victoria se debiese, en algún grado importante, a la estra
ft•gia de Sam uel. El se limitó a convocar al pueblo a reunirse en Mizpá con
d propósito de oht ,•111'1' un renvivamicnto y, al enterarse los filisteos de tal
1 68 LOS PROFETAS D E lSRAEL
convocatoría, aprovecharon la ocasión para presentar batalla a la multitud
allí congregada. Cuando el pueblo se dio cuenta del peligro, se l lenó de
temor y clamó en busca de ayuda. Samuel intercedió por e l pueblo, y Dios
le oyó, puesto que "Jehová tronó aquel d ía con gran estruendo sobre los
fil isteos, y los atemorizó, y fueron vencidos delante de Israel" (7: 1 0). En
tonces, I srael persiguió a los filisteos, haciéndoles retroceder a s u tierra y
causando entre ellos gran estrago.
Es m uy dudoso que los israelitas entablasen una verdadera batalla en
esta ocasión, ya que habían venido a Mizpá no a guerrear, sino a renovar
sus promesas a Dios, y es probable que l levasen muy pocas armas consigo.
Está claro en el texto sagrado que la batall a f ue l ibrada y ganada casi
exclusivamente por Dios mismo, quien obligó a l os fil isteos a huir; todo lo
que los israelitas tuvieron que h acer fue perseguir a los enemigos e n retirada
y obligarles a volverse a su país. Siendo éste el caso, poca parte pudo tomar
Samuel como estratega militar. Al fin y al cabo, él no había sido entrenado
en la milicia, sino en las cosas de Dios y en lo que podía contribuir a hacer
de él un l íder capacitado para ser j uez en Israel.
d. SU PERSONALIDAD
1) Fuerza y dominio. La primera cual idad que se echa de ver en el
carácter personal de Samuel es que era un tipo de individuo fuerte y domi
nante. Lo hemos visto al examinar su capacidad de l íder, para lo q ue se
necesita una fuerte personalídad, con gran poder de persuasión para hacer
que la gente escuche y actúe de acuerdo con lo que se le ordena.
2) Obediencia. A pesar de su carácter dom inante, Samuel obedecía
siempre a Dios, a quien reconocía como supremo soberano. Como hemos
visto, ya era así de jovencito cuando se criaba junto al tabernáculo. Pudo
haber s ido tentado por Ofn í y Fineés a seguir los malos caminos por los
que ell os andaban, pero no los siguió, sino que decidió andar en los caminos
de Dios.
La misma obediencia mostró después, cuando lsrael le pidió que les
constituyese un rey ( 1 S. 8: 1 - 22). Vinieron a Samuel y, después de infor
marle de la mala conducta de los h ijos de él, le dijeron que, en l ugar de
más j ueces, deseaban tener un rey que les gobernara. Esto le sonó a Samuel
como si le rechazaran a él y no mostraran n ingún aprecio por la gran obra
que había l levado a cabo durante los años anteriores. Llevó .el asunto a la
presencia de Dios, y Dios l e dijo que accediese a l o que le pedían, i ndicán
dole que no era, en real i dad, a él a quien rechazaban, sino a S í mismo como
su Dios y Rey; de hecho, esto es lo q ue habían venido haciendo todo el
tiempo desde que salieron de Egipto. Al principio, Samuel tuvo q ue sor
prenderse de la respuesta que Dios le daba, pues seguramente pensaba que
Dios le enviaría al pueblo con u na negativa a la petición lwchn y, sin cm-
Profetas a nteriores a la Monarquía 169
bargo, le ordenaba que hiciese precisamente lo contrarío. No obstante, Sa
m uef no opuso objeción alguna a lo que Dios le decía, sino que obedeció
prontamente y comunicó al pueblo todo lo q ue Dios había respondido.
Otro aspecto en el que Samuel m ostró u na obediencia ejemplar fue al
comu n icar al rey Saúl por dos veces las palabras de rechazo de parte de
Dios. No sería fácil para Samuel cumplir con este cometido, puesto que
amaba de veras a Saú l . En efecto, a continuación del segundo rechazo de
Saúl, leemos que "Samuel lloraba a Saúl", cuando ya no pudo verlo más en
toda su vida ( l S. 1 5:35). Pero le fue necesario, en ambas ocasiones, co
municar al rey que Dios le rechazaba. La primera vez. Saúl había usurpado
los poderes sacerdotales al atreverse a ofrecer un sacrificio, y esto constitu ía
un serio pecado a los ojos de Dios. La segunda, Saúl tenía orden de matar
a todos los amalecitas, pero no cumplió del todo el precepto. pues eximió
algunos an imales y al rey amalecita. Al desobedecer estrictas órdenes de
Dios, de n uevo se hizo culpable de un serio pecado, por el que recibió un
segundo rechazo. Samuel fue el encargado de comunicárselo, a pesar de
que no debió de ser cosa fácil para él.
Otra ocasión en que se mani festó la ejemplar obediencia de Samuel fue
mando Dios le ordenó que fuese a Belén para ungir a David por rey ( 1 S.
1 6: l 1 3). Este era un encargo peligroso para él, porque Saúl , al haber
recibido por segunda vez la noticia de su rechazo, es natural que visl um
brase la posibil i dad de que le suplantase u n rival. Samuel se daba cuenta
de que, si Saú l llegaba a enterarse de que, en efecto, i ba a ungir a ese rival,
su propia vida estaba en peligro. No obstante. cuando Dios le dijo que fuese
n Belén, fue allá y, por supuesto, Dios le protegió. Su en aquel la ocasión
obediencia se puso realmente a prueba.
3) Valentía. Samuel era también un hombre valiente. como se mues
Ira de un modo especial en su disposición a ser el l íder de Israel en los
oscuros d ías que siguieron al desastre de Afee. Un hombre de menos bra
vura habría rehusado tomar el mando, con excusa de q ue l a responsabilidad
,�ra demasiado grave. El panorama era, en verdad, negro, como ya vimos,
pues el eslado de ánimo del pueblo no pod ía estar más bajo de lo cual
8amuel estaría perfectamente percatado, pues había estado junto al taber
náculo, que era el centro de las i nformaciones, y luego viajando a lo largo
y ancho del país para l levar su mensaje profético. Quizás pudo en algún
momento sen tirse tentado a perder la esperanza de poner algú n orden en
l u lcs condiciones; el hecho de que no cediese a tal tentación muestra que
ol bergaba una gran fe en Dios y u na gran valentía de ánimo. Aceptó el reto
que la tarea le presentaba y llevó a cabo un cometido que parecía imposible.
Otra ocasión en que se mostró su valentía fue cuando los filisteos ata
cnron en Mizpá ( 1 S. 7:7- 14). Habían pasado vei n te años desde el desastre
1-a 1frido a manos de C'!ife enemigo en Afee. Samuel había quedado profun-
1 70 LOS PROFETAS DE ISRAEL
damente ímpresionado por la fuerza de los filisteos entonces, y seguramente
estaría contento de que este enemigo no volviese a atacar durante los años
siguientes. 1 3 Cuando se enteró, pues, de que venían otra vez, su primera
reacción debió de ser de miedo y desesperanza, ya que el pueblo no estaba
preparado para este ataque, estando allí sin i ntenciones guerreras y des
provistos de armamento, y no siendo él mismo un jefe militar. A pesar de
todo, no h uyó ni fue presa del pánico, sino que acudió con fe a Dios en
demanda de ayuda. Dios respondió con una tremenda tormenta que puso
en fuga a los filisteos y les hizo volverse a su país más que de prisa, y lo
único que tuvieron que hacer los israelitas fue salir en persecución de ellos.
La valent ía de Samuel fue digna de admiración.
4) Pe1·severancia y duro trabajo. Una última cualidad que se echa de
ver en Samuel es su perseverancia bajo un trabajo duro. La prueba de ello
está, una vez más, en aquellos cruciales veinte años desde su promoción al
liderato hasta el gran reavivarníento en Mízpá. Ya hemos hecho notar el
enorme cambio efectuado en la actitud del pueblo, pero es menester darse
cuenta de que sólo con gran labor y trabajo paciente y perseverante, pudo
llevarse a cabo tal cambio. En realidad, veinte años no fue demasiado
t iempo para realizar un cambio tan grande, pero para la persona sobre
cuyos hombros pesaba la principal responsabilidad, esos veinte años de
bieron de parecerle muy largos, y podemos estar seguros de que Samuel
encontraría fuerte oposición en algunos grupos. Personas que habían estado
disfrutando de sus prácticas pecaminosas no serían fáciles recipientes del
mensaje que Samuel proclamaba. No cabe duda que se encontraría con
insultos y portazos en las narices. Incluso entre los sacerdotes y levitas de
las distintas ciudades, habría q uienes no estarían dispuestos a recibirle, por
disfru tar también ellos de prácticas pecaminosas y de una vida relajada.
Así que el hecho de que, a pesar de todo, se realizase un cambio tan notable
en el corto espacio de veinte años, indica que Samuel mostró una extraor
dinaria fuerza de voluntad para llevar adelante su obra en medio de tantas
dificultades. Era un hombre persistente y un trabajador duro; no queda
otra conclusión, a la vista de los notables resultados obtenidos.
Todo esto significa que Samuel era una persona prominente. Resulta
un estudio interesante analizar la forma en que Díos subviene a las necesi
dades a lo largo de la Historia. Muchas veces. cuando la situación es de
sesperada, hace que surja una persona de capacidad poco corriente, para
que entre en acción y salve la situación. Esto es lo que ocurrió en los días
de Samuel. Quizás no haya habido en la historia de lsrael un día tan oscuro
13Es muy posible que fuese durante estos viente años cuando Dios usó a Sansón para
amedrentar a los filisteos y hacer que éstos concentrasen su atención en él , en lugar de
lanzar ulteriores ataques contra Israel. Para una discusión más amplin, véase mi libro
Distressing Days of the Judge.s. pp. 303-304.
Profetas anteriores a la Monarquía 171
como aquel en que e l arca fue capturada en la batalla de Afec. Samuel fue
el hombre designado por Dios para la necesidad de aquella hora, y hay que
otorgarl e uno de los puestos más elevados en la historia sagrada.
B. "1A ESCUELA DE LOS PROFETAS"
Vamos a tratar ahora de un aspecto de la obra de Samuel que sólo ha
sido mencionado de pasada, y es el de una "escuela de profetas", que evi
dentemente comenzó en el tiempo en que asumió el liderato de Israel. Aunque
el térmi no escuela de profetas no se halla en el texto sagrado, se menciona
otro término, compañía de profetas, en dos pasajes significativos que tienen
que ver con Samuel (1 S. 10:5 - 10; 19:20) y connotan un grupo que bien
pudo haber constituido una especie de escuela. En ambos pasajes. las com
pañ ías eran claramente grupos que gozaban de la aprobación de Samuel;
y en el segundo, se describe a Samuel sirviéndoles de líder. Se opina co
múnmente que la compañía era la misma en ambos casos, y que los miem
bros eran alumnos de Samuel, de lo que encontramos casos similares en
fechas posteriores, con alumnos que estudiaban bajo la instrucción de Elías
y de Elíseo ( 2 R. 2:3- 7, 15- 18; 4:38; 6: 1 - 2).
El interés de Samuel en tener tal grupo de estudiantes encaja bien
dentro de la necesidad de aquel tiempo, ya que la tarea enfrente de Samuel,
cuando asumió el liderato de Israel después de la batalla de Afee, era de
masiado grande para un hombre solo. También era menester apresurarse.
Cuanto antes se tomase contacto con los sacerdotes y l evitas de las cuarenta
y ocho ciudades, mejor, porque así ellos, a su vez, podían ocuparse de
instruir al pueblo. Pero una sola persona habría necesitado muchas semanas
para establecer tales contactos; además, no habría sido suficiente una sola
visita, sino que sería necesario emprender de nuevo el recorrido a fin de
prestar nuevos ánimos y comprobar cómo se estaban cumpliendo las pri
meras órdenes. Era, pues, aconsejable'proveerse de ayudantes, y es evidente
que para este objetivo, comenzó Samuel a formar esta especie de escuela
i n formal.
Es probable que escogiese a sus alumnos de entre los jóvenes que
1 1Htuviesen preocupados por la situación, quizás de entre los levitas como
1•1 . 14 Sabía que necesitaban preparación para su ministerio, y esto requería
11 na escuela en la que es lógico que fuese él el maestro. Es indudable que
t•fll.a tarea le ocuparía no poco de su valioso tiempo, pero parece que lo
l'onsideró como una medida prudente, a fin de que la obra en su conjunto
pudiese llevarse a cabo en un período más breve. También es posible que
14
EI hecho de que, a veces, los levitas como Sarnuel ( 1 Cr. 6:28) parezca n ser de l a
1 1 ílm d e Efraín ( l Cr. 6:66). signifi ca simplemente que vivían e n territorio d e Efraín, aunque
1!1t•fl<'ll d('sccndienl('S de Leví.
172 LOS PROFETAS DE ISRAEL
Samuel impartiese muchas de sus lecciones mientras caminaba de una ciu
dad a otra. Esto le ahorrar ía tiempo y, por otra parte, los jóvenes estudiantes
podrían sacar mucho provecho de ver a Samuel desempeñando sus funciones.
Más tarde, en tiempos de Elías y E líseo, parece que unas escuelas
similares estuvieron ubicadas en tres l ocalidades, Gilgal , Betel y Jericó (2 R.
2:1-5: 4:38- 41). Es probable que dispusiesen de uno o más edificios en
esos lugares, y que, en 2 R. 6: lss. se nos dice que fueron al Jordán a
procurarse maderamen para un nuevo edificio. Fue en esta ocasión cuando
a uno de esos jóvenes se l e cayó al agua el hierro del hacha, y Elíseo lo hizo
flotar mediante un m ilagro.
Hay un pasaje que nos da la clave para barruntar que también la
escuela de Samuel disponía de un edificio como centro de instrucción: En
1 S. 19:18,19 se nos dice que David había huido a donde estaba Samuel
con sus porfetas en "'Nayot en Ramá". La palabra nayoth significa "habi
taciones" o "edificios". Esto puede dar el sentido de que David se fue hacia
Samuel , quien estaba en un edificio de dicha escuela, situado en Rarná,
donde Samuel tenía su casa. Pero la fecha es muy tardía en la vida de
Samuel , muchos años después de la instalación de Saúl como rey: por l o
que el hecho d e que Sarnuel pudiese disponer para entonces d e algunos
edificios donde tener la escuela. no significa que dispusiese de ellos desde
el principio.
No hay modo de averiguar sí la escuela comenzada por Samuel continuó
existiendo y de e l la surgieron después las escuelas en que ensei'Iaron Elías
y Elíseo, o no. Habían pasado aproximadamente dos siglos, 1 5 que es de
masiado tiempo para que tales escuelas continuasen sin que se haga men
ción de ellas ni antes, ni después ni en el intervalo de esos dos siglos. Sin
embargo. resulta interesante observar que, a l menos, e l área geográfica es
aproximadamente la misma. Samuel vivía en Rarná y es lógico que pusiese
el centro de enseñanza en esa ciudad, y también Elías y Elíseo tenían sus
escuelas en l a parte central del país, a saber, en Gilgal, Betel y Jericó,
aunque es posíble que se trate de una mera coincidencia, al no dar el texto
sagrado ningún dato sobre la continuacíón de la escuela de Samuel.
También es digno de notarse que ambos períodos - tanto el de Samuel
como e l de Elías y E líseo fueron épocas en que se necesitaban mucho
tales escuelas, necesidad que pudo haber dado nacimiento a estas escuelas.
Ya hemos hablado de la necesidad que se sentía en tiempo de Samuel. La
que se sentía en tiempos de E l ías y E líseo era debida al impío reinado de
Acab y Jezabel. Bien conocida es la oposición de éstos a· todo lo que tuviese
algo que ver con la verdad del Dios de Israel, y los profetas verdaderos eran
1 5 La fecha de Samuel es hacia el 1 050 A.de C .. mientras que la de Elías y Elíseo es
hacía el 850 A.de C.
Profetas anteriores a la Monarquía 1 73
ciertamente pocos en número. Es, pues, posible que, para subvenir a una
necesidad tan evidente, comenzasen Elías y Elíseo sus escuelas.
La escuela de tiempos de Samuel se menciona en dos pasajes, a los que
ya aludimos en los capítulos 3 y 6. El primero es l Samuel 1 0, en el que
se describe a Saúl encontrándose con los estudiantes cuando éstos de
scendían de un lugar alto, tocando instrumentos y cantando alabanzas a
Dios. Saúl se unió a ellos, mostrando así un cambio de personalidad. El
otro es 1 Samuel 19 y se refiere a un episodio ocurrido varios años después,
cuando David se refugió en Rarná, junto a Samuel, huyendo de la cólera de
Saúl. En esta ocasión, Samuel estaba presidiendo el grupo de profetas,
quienes también ahora se hallaban entonando alabanzas al Señor. Fue en
tonces cuando vinieron tres grupos de mensajeros de Saúl, primero, y des
pués el propio Saúl, para prender a David, pero, en lugar de eso, comenzaron
a alabar a Dios.
Pueden advertirse algunos aspectos importantes en relación a estos
profetas, si analizarnos los dos pasajes citados. Primero, era un grupo lleno
de gozo, entregado a entonar alabanzas a Dios, como podemos deducir del
hecho de que, en ambos casos, les veamos ocupados en la misma actividad.
En la primera ocasión, estaban simplemente bajando de un lugar alto, di
rigiéndose, al parecer, a sus lugares de residencia, e iban cantando y tocando
conforme caminaban. La segunda vez, estaban reunidos con Samuel y, pro·
bablemente, con David en Ramá; también estaban entonando alabanzas.
En segundo lugar, vemos que Samuel era el jefe de este grupo. Esto es
también evidente en ambos casos. En el primero, aunque Samuel no iba
ron el grupo, sabía dónde estarían y a qué hora iban a descender del lugar
alto, de modo que Saúl pudiese encontrarse con ellos en un punto deter
minado cuando regresase a casa. El hecho de estar tan familiarizado con
las actividades del grupo sugiere que Samuel mismo era el que programaba
lales actividades. En el segundo caso, se nos dice expl ícitamente que "Sa
mucl estaba allí y los presidía" ( 1 S. 19:20), dando a entender que estaba
tiupervisando el acto, lo cual se viene bien con la idea ya expresada de que
había instituido esta escuela con el fin de entrenar jóvenes que pudiesen
nyudarle.
Un tercer aspecto tiene que ver con la cronología. El intervalo entre los
dos episodios fue como de unos treinta y cinco años, mostrándose as í que
lus escuelas de Samuel perduraron al menos por todo ese tiempo. El primer
t•pisodio ocurrió la primera vez que se le dijo a Saúl que iba a ser rey, y
puede fecharse en unos meses antes del comienzo de su reinado de cuarenta
,uios, según Hch. 13: 21. El segundo ocurrió poco después de ser ungido
1 )nvid, tras una de las ocasiones en que éste h ab ía estado tocando para
Snúl, y también de los numerosos casos en que Saúl había intentado quitarle
lo vida. La fecha en que fue ungido David debió de ser unos veinticinco
nflm; después de comenzar Saúl su reinado. Llegamos a esta conclusión
1 74 LOS PROFETAS DE I SRAEL
teniendo en cuenta que David tenía treinta años cuando llegó a ocupar el
trono, lo que significa que nació diez años después que Saúl comenzase a
reinar. Al ser ungido por Samuel, tenía probablemente (en vista de todas
las circunstancias concurrentes) unos quince años. Para acomodar de forma
conveniente los numerosos acontecimientos que sucedieron desde entonces
hasta este momento en que Saúl quiso quitarle la vida, se necesitan proba
blemente de cinco a diez años. Esto significa que, entre ambos sucesos,
transcurrieron no menos de treinta y cinco años. Es probable que las es
cuelas instituídas por Samuel no continuasen funcionando muchos años
después de la muerte de Samuel. pero al menos estuvieron activas durante
dicho período de tiempo.
Sección Segunda
PROFETAS DEL TIEMPO
DE LA MONARQUIA
1 75
DIAGRAMA HISTORICO 11
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11
Los Reinados de David,
Salotnón y Jeroboatn
Pasamos ahora a estudiar l os profetas de t iempos de la monarquía que
vivieron en una época anterior a la de los profetas escritores. Como ya se
indicó en el capítulo 8, de este tiempo se nombran muchos más profetas
que del tiempo de los jueces, y también es diferente el énfasis en los men·
sajes respecti vos. En el presente capít ulo, nos limitaremos a estudiar los
profetas que ejercieron su min isterio durante l os d ías de David, Salomón
y Jeroboa m . Es conven iente dar un breve resumen histórico para ver a estos
profetas a la l uz de las circunstancias en que actuaron.
La n ueva monarquía no t uvo un buen comienzo bajo su primer rey,
Saúl. E l primer problema que hubo de afrontar fue la unificación de las
doce tribus, que vivían completamente i ndependientes; ésta no era una tarea
fácil, y Saúl n unca llegó realmente a llevarla a cabo. Por algún tiempo,
pareció que había hecho algunos progresos, pero después desobedeció a
Dios y por segunda vez fue rechazado como rey ( 1 S . 1 5). E n este punto,
I(' abandonó el Espíritu Santo que le capacitaba ( 1 S. 1 6 : 1 4 ), y la situación
se deterioró rápidamente. Saúl sufrió una grave pertubación emocional a l
venir sobre é l un espíritu malo y comenzó a sentir celos d e David, de quien
11ospechaba que había de ser su sucesor. Muchos de sus últimos años los
gustó en perseguir a David, hasta que, a l parecer, muchos de sus seguidores
I¡· perdieron el afecto. F i n almente, m urió en la batalla del monte de Gílboa,
11nte la embestida de los fi listeos, dejando a l país en peores condiciones que
1 77
1 78 LOS PROFETAS DE ISRAEL
cuando comenzó a rei nar, p uesto que ahora podían ven i r los filisteos y
saquear la tierra, sembrando e l terror entre la población. 1
También es digno de atención el que las relaciones de Saúl con el per
sonal rel igioso de su tiempo no eran muy amistosas. El único profeta. Sa
muel. tuvo q ue decirle por dos veces que había s i do rechazado de continuar
gobernando ( 1 S. 13: 1 3 1 4; 1 5: 26). En cuanto a los sacerdotes, basta con
recordar que Saú l mandó matar en Nob a ochenta y cinco de ellos. a causa
de que Ahimélec. el sumo sacerdote, hab ía prestado cierta ayuda a David
( 1 s. 22: 1 7 - 1 9).
El gobierno de David aparece en fuerte contraste con el de Saúl. David
asumió el mando c uando el reíno estaba d i vidido y los fili steos dominaban
la situación, y él unió al p ueblo y construyó un reino que l legó a ser vir
tualmente un imperio. La bi ografía de Davi d es una h i storia de adm i rables
éxitos. Al principio, sólo reinó en la tribu meridi onal de Judá, con su cuartel
general en Hebrón - el norte estaba todavía bajo el control de los filisteos.
Las tribus del norte pusieron por rey a Isboset el hijo menor de Saúl, en
Mahanáyim. del lado oriental del Jordán. 2 pero fue asesinado dos míos más
larde ( 2 S. 2: 1 0; 4:5- 7).
A l os siete años de haber reinado David en Hebrón, vinieron a él las
tribus del norte para que fuese rey de ellos también, a l o que accedió él. La
primera tarea que tenían entonces frente a sí era derrotar a los fil isteos, lo
cual llevó a cabo en dos cortas batallas ( 2 S. 5: 1 8 - 25). E l pueblo se sor
prendió. sin d uda, de que pudiese resolver tan rápidamente el prin cipal
problema que les aquejaba, pero también es cierto que se sentían felices
con Davi d . Formó un ejército aguerrido y bien disciplinado y, cuando s urgió
algún conflicto (rara vez debido a n i nguna acción ofensiva por parte de
David), obtuvo con facilidad la victoria y ensanchó progresivamente los
1 ímites de Israel, l l egando a extenderlos por el norte nada menos que hasta
la región de Hamat, es decir. hasta las riberas del Eufrates, conforme a la
promesa que había hecho D ios a Abraham muchos siglos antes (Gn. 1 5: 1 8).
No siempre fue Davi d i rreprochable, como se ve especialmente en su
pecado con Betsabé y el marido de ésta. U r ías (2 S. 1 1 : 1 - 27). N o sólo
cometió adulterio con una mujer casada, sino que. enterado de que estaba
encinta de él, se las arregló para que el marido muriese en el campo de
batalla y casarse así con ell a. Como resultado de este gran pecado, David
tuvo contin uos problemas en el seno de su fam i l ia. U no de ellos. particu
larmente grave, fue el levantamiento provocado por su tercer hijo, Absalom,
' Es significativo que. como resultado de esta derrota, la nodriza de Mefibóset dejó caer
al niño en Guibeá. la capital. que estaba muy lejos. al sur. del escenario de la batal la. La
nodriza iba corriendo. presa del pánico. ante las noticias que l legaban de la catástrofe en
el norte (2 S. 4:4).
1
EI hecho de que estableciese su capi tal en Mahanáyím s ignifica que no se atrevió a
ponerla en Guibeá o en cualquier otra de las ciudades al oeste del Jordán. debido al peligrn
fil isteo.
Profetas del tiempo de la Monarquía 1 79
para arrebatarle el trono. David tuvo q ue huír de Jerusalén antes de pre
sentar batalla al joven y derrotarle .
En contraste con Saúl , David mantuvo cordiales relaciones con el per
sonal religioso. Los dos profetas de su tiempo fueron Gad y Natán. Ambos
fueron u sados por D ios para amonestar a David, además de ser sus con
sejeros. En cuanto a los sacerdotes. David los organ izó en 24 clases. para
que m i n i strasen en el santuario central t urnándose por semanas, pues había
!antos sacerdotes y levitas, que les era i mposible servir todos a u n mismo
tiempo. También trajo el arca desde Quiryat-jearírn. donde había estado
desde que fue recapturada de los filisteos ( 1 S. 7: l ) a jerusalén. donde la
colocó en un tabernáculo provisional, hasta que se construyese un templo
permanente.
El tercer rey, Salomón. fue m uy diferente a su padre y gobernó de
distinta manera que lo habían hecho tanto Saúl como David. Mientras que
estos dos últimos procedían de una vida rural, donde la labor es dura y
abundan las i ncomodidades. Salomón nació y fue criado en l a corte y estuvo
idempre rodeado de l ujo y confort: además, ten ía buen gusto para toda
t•xquisítez art ística y culinaria, con lo que su vida se caracterizó por u n
deseo d e satisfacer s u s gustos y e n e l l o gastó enormes s umas. Tan e s así.
que la provisión alimenticia de un solo d ía, para él y su corte. consistía
nada menos que en "'treinta coros de flor de harina, sesenta coros de harina.
d iez bueyes gordos, veinte bueyes de pasto y cien ovejas; sin contar los
dervos, gacelas, corzos y aves gordas" ( 1 R. 4:22- 2 3 ).
Además, Salomón no era hombre de guerra, sino de paz. No presentó
lmtalla alguna en territorio extranjero como lo había hecho David. 3 En lugar
de eso, edificó ciudades fuertemente defendidas ( 1 R. 9: 1 7 - 1 9) y se hizo
con n um erosas un idades de carros para guarnecerlas. En s us últimos a,'ios.
llevó u na vida de desobediencia a Dios. debido sobre todo a la infl uencia
que sobre él ejercieron sus m uchas esposas extranjeras ( 1 R. 1 1 : 1 - 8 ), por
lo que perdió la bendición de Dios y tuvo que sufrir graves dificultades
ln nto del interior como del exterior ( 1 R. 1 1 : 1 1 - 39). Al morir, había perdido
gran parte del imperio que le había legado su i lustre padre.
En cuanto a las relaciones de Salomón con el personal rel igioso. se
puede decir que fueron buenas y malas. Todo fue bien cuando construyó el
lt•mplo e instituyó el programa de sacrificios que Dios había ordenado me
dinnte Moisés. E n este t iempo, Salomón se comportaba como es debido. y
fm• él quien presidió la ceremonia en la dedicación del templo, pronunciando
una hermosa oración y un espléndido mensaje de admonición al pueblo
( 1 R. 8: 1 2 - 53 ) . Pero, al final desastroso de su vida, surgió un serio pro
hlt•ma cuando el profeta A h ías le anunció a un joven trabajador de Salomón,
1 Con l a excepción de una campaña contra Hamat de Sobá. seguida de l a construcción
dt· ' l h mor (o Tadmor) - después. Palmirn lll est e de H amal-Sobá (2 Cr. 8:3 -4; véase I R.
,¡ 1 8).
1 80 LOS PROFETAS DE ISRAEL
llamado J eroboam, que llegaría ser el rey de una parte del reino, parte tan
considerable que iba a incluir nada menos que diez de las doce t ribus ( 1 R.
1 1:26 - 39).
En efecto, Jeroboam llegó a ser, a su debido tiempo, el rey del nuevo
reino septentrional de Israel. El hijo y sucesor de Salomón, Roboam, no
accedió a las demandas del pueblo para que les rebajase los fuertes tributos
que les había impuesto Salomón ( l R. 12: 1 - 1 5). Habría sido una medida
de prudencia por parte de Roboam acceder a tales demandas, pero siguió
el consejo de los jovencitos acostumbrados a una vida cómoda, y rehusó
complacer al pueblo. Como resultado de esta negativa, se produjo la sece
sión de las diez tríbus y el establecimien to de un nuevo reino, Israel. Lla
maron entonces a Jeroboam, que habí a marchado a Egipto huyendo de
Salomón, para que fuese el primer rey de Israel, de acuerdo con la profecía
de Ahías. Dios le había prometido grandes bendiciones. si se manten ía
obediente a él después de ocupar el trono, pero J eroboam olvidó las palabras
admonitorias de Ahías y cayó en la desobediencia.
Uno de los más flagran tes pecados de Jeroboam fue establecer un culto
sucedáneo en el reíno del norte (1 R. 12:26 - 3 3 ). Pensó que, de no hacerlo,
cuando el pueblo fuese a Jerusalén para adorar, se sentiría atraído a volverse
a reunir con los de Judá. Así que estableció dos nuevos centros de adoración:
uno en Dan, al norte; otro en Betel, al sur. Como símbolos del nuevo pro
grama religioso, erigió en dichos centros sendas imágenes del becerro de
oro. intentando con ellas adorar todavía al verdadero Dios, aunque de una
forma abominable. También construyó una especíe de templos ("'casas sobre
los lugares altos") en cada centro (probablemente, para albergar a la imagen
con su altar), '"e hizo sacerdotes de en tre el pueblo, que no eran de los hijos
de Levf'', para que ministrasen allí ( l R. 1 2:3 1- 33). U na razón para no
usar varones de la tribu de Leví, como estaba mandado en la Ley, es que
muchos levitas, quizá la mayorí a, se habían marchado a Judá, al oponerse
a tales innovaciones (2 C r. 1 1 : 13 - 14 ).
Como resultado de éstos y de otros pecados, jeroboam no pudo disfru
tar de la bendición de Dios. y perdió gran parte del territorio que había
recibido al subir al trono, fecha en que pasó a estar bajo su mando, con
toda probabilidad, toda el área que Salomón había dominado, con excepción
de lo retenido por Judá. En este caso, fueron importantes los territorios que
se perdieron durante la época de l os primeros reyes de Israel, especialmente
duran te el reinado de Jeroboam. Uno de estos territorios fue la región de
Damasco. al norte. Ya se había perdido . en cierto grado, el control de esta
región durante el reinado de Salomón, a causa de la fuerte oposición que
había presentado un tal Rezón ( 1 R. 1 1 :23-25 ), pero durante el reinado de
Jeroboam se perdió la región misma. 4 Otra porción estaba en el sudoeste,
4 Pruebas de ello. junio con un resumen amplio de la h íslorin ck Sil'ifl Nl nqud período,
pueden verse ('n Merr i l l F l Jnger, Israel ami tl1e AnimacU>tH or na,11w« ·111, , pp. :lll 57.
Profetas del tiempo de la Monarquía 181
donde los filisteos volv ían a mostrarse inquietos, reclamando el territorio
que antaño perdieran. El hijo y sucesor de Jeroboam, Nadab, creyó necesario
recapturarles la ciudad de Gibetón, pero s in éxito ( 1 R. 1 5:27). Al este. por
lo menos Moab se perdió, pues una inscripción de la famosa Piedra de
Moab registra la posterior reconquista de Moab a manos de Omr í, el sexto
rey de lsrael. 5
Jeroboam murió de muerte natural tras veintidós años de reinado. Fue
un hombre capaz, pero, a causa de su pecado, perdió la bendición de Dios.
Puso en marcha un nuevo estado, pero no acertó a imprimirle un vigor
duradero, sino que dejó al país con semillas de descontento, cuyos brotes
hab ían de ser una cadena de regicidios, con rápida sucesión de monarcas,
y gobiernos extremadamente débiles.
Los profetas correspondientes al período de tiempo que acabarnos de
resumir, fueron Gad, Natán, Sadoc, Hemán, Ahías. un "'varón de Dios" y
un "'viejo profeta en Betel", a quienes vamos a estudiar a continuación.
A. GAD
Gad ocupa e l primer lugar en la l ista. Vivió durante el tiempo de Saúl
y de David, aunque en el texto sagrado no se le atribuye ninguna conexión
con Saúl, sino sólo con David. Se le nombra por primera vez cuando habló
con David, quien estaba entonces huyendo de Saúl ( 1 S. 22:5), y parece ser
que se quedó con él de allí en adelante. De ahí que sólo nos ocupemos en
1•ste capítulo de los reinados que van de David a J eroboam, no del de Saúl.
ya que el único profeta que tuvo conexión con Saúl fue Samuel, y de éste
ya nos hemos ocupado anteriormente.
l . Su obra
En l Cr. 2 1 :9, se llama a Gad ··vidente de David", lo que sugiere que
Bll cometido primordial era asistir a David. Al llamar a Gad. en este im
portante contexto. "vidente", 6 no profeta, se nos indica que Dios lo usaba
principalmente como instrumento para comunicar al rey ciertas revela
dones. No se nos dice la fecha en que vino a David por vez primera: la
primera mención data del tiempo. temprano en la vida de David, en que
1•11le se encontraba fugitivo en M oab ( 1 S. 22:5), pero la forma en que se
linbla de él implica que había estado ya con David por algún tiempo. Es
probable que se uniese a él cuando se juntaron con David en la cueva de
Adularn aquellos cuatrocientos hombres ( 1 S. 22: l - 2). Ta mbién es posible
que hubiese sido uno de los alumnos de la escu ela de SamueL
'Para un examen y debate del texto, véase Ancíent Near Eastern Texts. ed. J ames B.
1'1 1ldrnrd, p. 320:
también. Documenf.<, f',·om O/d Testament Times. ed. D. Wínton Thomas.
Pi' 1 95 - 1 99.
"Vi'nH,· lo dicho 1•n d rnpíl u ln '1,
182 LOS PROFETAS DE ISRAEL
En los días de esta primera mención. David se había marchado de J udá
al país oriental de Moab, y se hab ía llevado consigo a sus padres, pues
temía que Saúl les hiciese algún daño por causa suya. Pidió asilo para ellos
al rey de M oab, y le fue concedido. Personalmente, David tomó posiciones
en el lugar llamado "el fuerte'" ( metsodah ), ubicado probablemente en la
cima de uno de los picos de Moab. desde donde poder avistar cualquier
acceso por el que intentase llegar a él un perseguidor. 7 Fue en esta ocasión
cuando Gad le dio su primer consejo de que abandonase ··el lugar fuerte"
y se fuese a Judá ( l S. 22:5). No se nos da ninguna razón de este consejo,
pero es de suponer que Gad había recibido alguna revelación de parte de
Dios a este respecto. David siguió el consejo, y dejó probablemente a sus
padres en Moab.
En 2 S. 24: 1 1 - 19 (V. 1 Cr. 2 1 :9 - 19), se nos refiere un contacto muy
posterior entre Gad y David, con ocasión del grave pecado cometido por
David al censar al pueblo. No se nos revela el motivo por el cual fue con
siderado tan grave este pecado, pero es muy significativo que incluso Joab,
de carácter tan duro, no estuviese dispuesto a llevar a cabo la orden de
David. Pero éste insistió y, cuando ya había sido hecho el censo, Dios envió
a Gad para que fuese a David y Je diese a escoger entre tres clases de
castigos; uno era siete años de hambre en el país; otro, huir por tres meses
delante de sus enemigos; y el tercero, tres días de peste en la tierra. David
escogió esto último, resultando de ello la muerte de setenta mil hombres
(2 S. 24: 15).
Un área especial de la labor de Gad está aludida en 2 Cr. 29:25, donde
se nos dice que el rey Ezequías puso levitas para el servicio del templo
··según las disposiciones de David, de Gad vidente del rey y del profeta
Natán''. Es bien conocida la labor que David llevó a cabo en la organización
de los ministerios de los sacerdotes y levitas, y a esta labor parece ser que
se hace aquí referencia; la inclusión de los nombres de Gad y Natán muestra
la ayuda que ellos prestaron al rey en dicha labor, probablemente con sus
consejos y sugerencias para que todo se organizase del mejor modo posible.
2. Su persona
a . S U CONDICION ESPIRITUAL
Un detalle digno de notarse, que muestra la espiritualidad de Gad en
alto grado, es que el texto sagrado le llama ··vidente del rey" (2 Cr. 29:25).
Este epíteto de vidente reviste gran importancia, por cuanto en el mismo
verso, a Natán se le llama --eJ profeta''. Parece ser, pues, que Gad era
7
Aharon i cree que la referencia apunta al fuerte de Masada, justamente al oeste del
Mar Muerto. cruzando desde Moab j unto al Lisán ( Yohanan Aharon i y M ichnd i\vi-yonah,
eds . . The /\lacmillan Bible A tlas , mapa 92).
Profetas del tiempo de la Monarquía 1 83
considerado más bien como ""vidente", mientras que Natán lo era como
"profeta''. Y, puesto que "vidente" connota el que recibe una revelación,
mientras que '"profeta" indica el que habla en lugar de otro, eso sugiere que
Gad era usado especialmente para comunicar al rey mensajes de revelación
divina. Podemos, pues, inferir que Dios no habría usado a una persona
para recibir revelaciones en tales circunstancias, a no ser que dicha persona
fuese espiritualmente madura y capacitada para ejercer dignamente tal
ministerio.
b. SU RESPETABILIDAD Y DON DE MANDO
Es evidente que Gad era un varón que se granjeaba el respeto de los
demás. Por ejemplo, cuando aconsejó a David que se fuese de Moab a Judá,
parece ser que el rey siguió su consejo al instante. Nos sorprende que Gad
diese tal consejo, y seguramente que a David también le debió de sorpren
der, pero no cabe duda de que Gad habló en tono de fuerte autoridad, en
vista de que David siguió sin titubeos el consejo. Y más tarde, cuando Gad
le presentó las tres opciones de castigo, David obedeció de nuevo, como a
fuente autorizada, a lo que Gad le decía. Y luego, cuando Gad le dijo que
comprara la era de Arauna para ofrecer allí un sacrificio, también lo hizo
David así. Si el rey respetaba de esta manera a Gad, es lógico que los demás
le respetasen del mismo modo.
c. SU VALENTIA
Los casos arriba referidos muestran que Gad era una persona valiente.
Cuando huía de Saúl. David había ganado ya gran reputación y, por tanto,
l'S de suponer que Gad le respetase grandemente. En consecuencia, Gad
mostró gran valentía al intimar a David que regresase a Judá cuando aca
baba justamente de llegar a Moab. David, respaldado por sus hombres en
número de cuatrocientos, podía haber respondido con palabras de rechazo,
humillando así al profeta delante de tantas personas. El hecho de que David
obedeciese no quita fuerza a la valentía que Gad mostró hablando así al
t'l'Y en tal situación. Lo mismo hay que decir con respecto al caso en que
mandó a David que escogiese entre las tres clases de castigos. Para este
licmpo, David era el rey, no sólo ungido, sino efectivo, de todo el país. De
hecho, había reinado sin oposición durante bastantes años y era probable
mente el gobernante más poderoso de su tiempo. Sin embargo, Gad no
1 itubcó en irse hacia él con un mensaje tan desagradable.
d. 1 IOMBRE DE B U E N J U ICIO
Hay una clave que nos permite deducir el respeto que David tenía a
( ;ud como . a varón de juicio y discreción, y la hallamos en 2 Cr. 29:25,
donde se indica que Gad ayudó a David en la organización de los levitas.
l hinbién Natán contribuyó con su ayuda, lo cual muestra también a él le
1 84 LOS PROFETAS DE ISRAEL
tenía el rey en gran estima. Podemos imaginarnos a David l l amando a los
dos cuando deseaba realizar dicha labor y haciendo q ue le prestasen suge
rencias e i ncl uso, quizás, que le formulasen proyectos y dírectrices. David
no se habría comportado así, si n o hubiese sentido u n gran respeto por
ambos.
e. CAPACIDAD LITERARIA
El hecho de que Gad escribiese u n l ibro que incl u ía "los hechos del rey
David" ( l Cr. 29:29). muestra que debió de poseer, en cierta medida, ha
bilidad literaria.
B. NATAN
l. Su obra
Aunque Gad aparece como habiendo tenido contacto con David antes
q ue Natán. se nos dice de éste mucho más q ue de Gad. No hay modo de
saber cuándo tuvo lugar el primer contacto d e Gad con David, pero el
primero del que ten emos not i cia se nos describe en dos diferentes porciones,
2 S. 7: 2 - 1 7 y 1 Cr. 1 7: 1 1 5, y tiene que ver con la respuesta que Dios,
por medio de Natán, dio al deseo que David tenía de edifícar el templo. El
tiempo en que esto sucedió hubo de ser en una fecha relativamente temprana
del reinado de David en Jerusalén, aunque no pudo ser en los primeros
a11os, porque 2 S . 7: l nos dice que ello aconteció ··después que Jehová le
había dado reposo de todos sus enemigos en derredor". Es, pues. evidente
que las primeras batal las de David había n sido libradas antes de esta fecha.
David había traído el Arca a Jerusalén, y deseaba ahora construir un
templo donde alojarla dignamente. El deseo no era malo y. cuando lo co
municó a Natán, la primera respuesta de éste fue que siguiese adelan te con
la idea. Pero, aquella noche. Dios reveló a Natán que David no debía ponerla
por obra. y en tonces Natán comun icó a David la palabra de Dios. La esencia
del mensaje era que, en l ugar de ser David q uien edificase para Dios una
casa material. Dios iba a edificar para David una casa permanente, es decir,
una dinast ía en el trono de Israel. También le hizo saber que la edificación
del templo material sería llevada a cabo por el h ijo de David que había de
sucederle.
Un segundo contacto importante con el rey lo llevó a cabo Natán a
continuación del pecado que cometió David al tomar a Betsabé, la mujer de
Urías. Mientras paseaba por la azotea de su palacio, había visto David a
Betsabé bañándose y había mandado llamarla para acostarse con ella. Al
enterarse luego de que la había dejado encin ta, h izo l lamar a Urías, su
marido, del frente de batalla para q u e pudiese estar con su mujer. Urías
vi no. pero no acced ió a cohabitar con su mujer; entone(•¡;; Dnvid hizo quP le-
Profetas del t iempo de la Monarqu ía 185
pusiesen en el sitio m ás pel igroso de la batalla a fin de que muriese con
toda seguridad. De este modo, pudo David tomar a Betsabé por esposa,
I ras cometer el doble crimen de adulterio y asesínato.
Por causa de esto, Dios entregó a Natán un mensaje de reprensión para
David, pero lo hizo después que nació el h ijo, es decir, con varios meses d e
intervalo. El núcleo del mensaje e s que David había pecado muy gravemente
en tal ocasión y sería castigado; primeramente, con la muerte del recién
nacido infante; en segundo lugar, con problemas continuos en la familia de
David. La historia subsiguiente muestra que el castigo fue llevado a cabo
inexorablemente, con m uchos pesares para David.
Un tercer contacto de Natán con David tuvo que ver con un aspecto
del castigo i n fl igido por Díos al rey. Esto sucedió cuando Adonías, el cuarto
hijo de Dav id, intentó arrebatarle el trono. Anteriormente lo había i ntentado
i\bsalóm, el tercer h ijo, y había fracasado. 8 Ahora Adon ías intentó lo mismo,
con el respaldo de Joab, jefe del ejército de David, y de Abiatar, uno de l os
dos s umos sacerdotes entonces vivos. Pero David había designado ante-
1·iormente a Salomón como sucesor suyo, aunque parece ser que no lo había
divulgado. Natán lo sabía y, por eso, puso en marcha u n plan parn tchar
por tierra el intento de Adonías: persuadió a Betsabé, la madre de Salomón,
n q ue fuese d i rectamente a David y le n otificase el i n tento de Adoním1, y
luego fue él m i smo a la presencia del rey. David se convenció ,·ntonceH de
que era preciso actuar con rapidez y ordenó q ue ungiesen a Salom6n en
(,uijón. Parece ser que Natán supervisó la ceremonia, la cual se llevó u cubo
con todo éxito, con la ayuda de Sadoc, el otro sumo sacerdote, de l_knayá
d hijo de Joyadá, de los cereteos y de los peleteos.
En otros dos aspectos, actuó Natán de una manera s i m ilar a la de Gad .
Prestó s u ayuda en la tarea de aconsejar a David en la organización de los
levitas (2 Cr. 29:25) y escribió u n libro sobre "los hechos del rey David"
( 1 Cr. 29: 29). Parece ser que este l i bro era más largo, pues incl u ía también
''los hechos de Salomón" (2 Cr. 9:29).
2. Su persona
11. SU CONDICION ESPIRITUAL
Aunque parece ser que Natán no fue usado para recibir revelaciones
1 1 11h.1 medida en que Gad lo fue, hay razones para creer que no fue, por eso,
ttl!•nos maduro espiritualmente. Díos l e usó primordialmente para comuni
i'.11' mensajes. Dos de las veces en que lo h i zo fueron de i m portancia poco
"Anteri ormente, Absalom había matado al primogénito, Amón (2 S. 13); el segundo
hi jo, Quileab. parece ser que había muerto ya, quedando así Absa!om como heredero del
11 11110. Al morir Absalom, como resultado de su rebelión, vino a ser Adonías el primero en
111 l i'ntn dr sucesión al trono.
1 86 LOS PROFETAS DE ISRAEL
común. La primera, como ya se hizo notar, fue cuando Dios negó a David
el privilegio de construirle un templo, al mismo tiempo que le comunicaba
su decisión de construirle a él una dinastía permanente. La importancia de
tal declaración es obvia. La segunda tuvo que ver con la reprensión por el
gravísimo pecado que había cometido David con Betsabé y con Urías. Tam
bién éste fue un suceso crucial en la vida de David, y la declaración tuvo
igualmente una importancia extraordinaria. Ambos episodios necesitaban
un profeta a quien pudiesen ser encomendados mensajes de esta clase.
b. SU RESPETA B I LI DAD
Como Gad. también Natán imponía respeto cuando hablaba . Tres veces
mantuvo importante contacto con David, y las tres implicaron un mensaje
significativo. En todas ellas prestó atención David, sin revolverse en modo
alguno contra el profeta ni mostrar otra actitud q ue no fuese la de respeto.
Cuando Natán comunicó a David que no podía construir el templo, es
seguro que el rey quedó desilusionado. pero no se revolvió contra el que le '
comunicaba el mensaje, aunque podía haberlo hecho. Igualmente, cuando
Natán le reprendió por lo de Betsabé y Urías, David p udo haber respondido
duramente, pero no lo hizo. En la ocasión del intento de Adonías de usurpar
el trono, David podría haber reaccionado de una manera diferente, con todo,
no mostró de ninguna manera falta de respeto hacia el profeta; al contrario,
cuando se le persuadió a que actuase con rapidez p ara que fuese ungido
Salomón, designó a Natán como superintendente de la ceremonia. El hecho ¡
de que no mencionase a Gad en esta ocasión, podría indicar que Natán 1
ocupaba en el aprecio de David un lugar superior al de Gad. 9
c. SU VALENTIA
Natán, como Gad, mostró gran valentía al comunicar sus mensajes a
David. Como ya hemos dicho, los tres mensajes fueron importan tes, pero
especíalmente los dos primeros, pues eran mensajes que podían afectar al
rey de modo m uy adverso, ya que no era fácil decirle al rey que no podía
edificar el templo o que había pecado muy gravemente a los ojos de Dios.
Natán pudo pensar en muchas otras tareas más agradables. Sin embargo,
puesto que Dios le había ordenado comunicar esos mensajes, obedeció, a
pesar de que el destinatarío de tales mensajes era el propio rey.
Podría pensarse que Natán mostró menos valentía con respecto al tercer
contacto, ya que esta vez lo inició por medio de Betsabé, en lugar de ir :
directamente al rey; pero n o es menester tomar esto como falta de valentía
por su parte; tanto más cuanto que, en este tercer caso; no había el mismo
peligro q ue en los dos casos anteriores en los que mostró una valentía .
indudable. La razón por la que prefirió iniciar el contacto por medio de
9También podría indicar que Gad, más viejo que Natán, hnhín 1111u•J'lo ya.
Profetas del tíempo de la Monarquía 187
Betsabé fue, sin duda, su deseo du que el rey actuase con rapidez. Aparen
temente creyó que si tanto Betsabé como él mísmo commu n icaban el men
saje al rey, David se sen tiría urgido a actuar más rápidamente que si sólo
una persona ven ía a alertarle.
d. SU LEALTA D
No cabe duda de que también Gad era fiel a David, pero en Natán se
observan aspectos singulares que muestran de modo especial su lealtad.
Quizás el más notable fue su deseo de que la decisión de David de nombrar
sucesor suyo a Salomón se llevase a cabo. Adonías quería el trono para sí,
pero Natán sabí a que David había designado a Salomón. El hecho de haber
lenído que comunicar anteriormente a David dos mensajes adversos, uno
de negativa y otro de represión, no signi ficaba que Natán no amase ver
daderamente a l rey. Por eso, tan pronto como se enteró del intento de golpe
de estado por parte de Adon ías, no titubeó en darse prisa a comun icárselo
al rey.
Para corroborar lo dicho, está el hecho de que Natán demostró una
intímidad desusada en su conocimiento de los asuntos del rey. Por ejemplo,
rl sabía que Salomón había sido designado por David como su sucesor. Se
deduce claramente del texto sagrado que tal cosa no era del dominio público.
Igualmente, en lo que concierne a la reprensión que hizo al rey en el caso
de su pecado con Betsabé, su mensaje tenía que ver con algo muy íntimo
t'n la vida del rey. No cabe duda de que otras muchas personas conocían
('( pecado de David. pues una cosa como ésta no podía pasar desapercibida,
pt'ro para comunícar adecuadamen te un mensaje de reprensión, se necesi
laba alguíen bien conocido del rey, una persona de su intimidad y conoce
dora de los asuntos de la casa real. Dios vio en Natán la persona apropiada
para e llo, y podemos asegurar sin temor a equivocarnos que David consi
drraba a Natán como íntimo amigo y confidente, lo cual parece advertirse
1•11 Natán con mayor evidencia que en Gad.
1•. JUICIO Y D ISCERNI M IENTO DE NATAN
E n relación a este aspecto, se puede decir de Natán lo mismo que se
dijo de Gad. Ambos fueron requeridos por David para que le ayudasen a
orR,a nizar a los levitas y a darles i nstrucciones acerca de la tarea que habían
1h• llevar a cabo (2 Cr. 29:25).
L SU CAPACIDAD LITERARIA
En este aspecto, también como Gad, fue Natán un hombre dotado para
. l 1 1 producción literaria, quizá más que el propio Gad, pues de éste se dice
q1a• escribió "los hechos del rey David", pero de Natán se nos dice que
,·iwrihió los de David ( 1 ·cr. 29:29), así como los de Salomón (2 Cr. 9:29),
m.ltH¡uC' In razón pudo ser simpkmentc que Natán sobrevivió a Gad: esto
1 88 LOS PROFETAS DE I SRAEL
se corrobora por el hecho de que Gad aparece ya en contacto con David en
los días en que éste era un fugitivo, mientras que de Natán no se hace
mención hasta que David estaba bien asentado en su trono.
C. SADOC Y HEMAN
Otras dos personas del tiempo de David y Salomón son llamadas. por
una sola vez, videntes. Una fue Sadoc, el sumo sacerdote; otra, Hemán,
músico del templo.
l. Sadoc
El pasaje en que se aplica a Sadoc el epíteto de vidente se refiere al
tiempo en que David huía de Jerusalén ante la rebelión de Absalom. Cuando
el rey salía de la ciudad, le seguía Sadoc, acompañado de numerosos levitas
que portaban el Arca del pacto. David se percató de ello, se volvió hacia
Sadoc y le urgió a que regresara a la ciudad y se llevase consigo el Arca.
Fue entonces cuando le dirigió las siguientes palabras: "¿No eres tú un
vidente? Vuelve en paz a la ciudad, y con vosotros vuestros dos hijos: Ahi
maas tu hijo, y Jonatán hijo de Abiatar" ( 2 S. 15:27). Parece ser que la idea
de David era que Sadoc se quedase en Jerusalén para que pudiera allí
enterarse de los planes de Absalom e informar de ellos a David, de forma
que éste, en su huída, pudiese organizar mejor sus propios planes. Más
tarde, también el consejero Husay se unió al rey ( vv. 32 - 37 ), pero David
le persuadió a que se volviese a Jerusalén para oponerse al consejo de
Ahitófel y, de este modo, convencer a Absalorn a que actuase de una forma
que había de ser más beneficiosa para David.
Sin embargo, es posible que el término l ídente (ro 'e h ) se aplique aquí
a Sadoc sólo en el sentido de que, siendo sumo sacerdote, podía consultar
1
los Urim y Tumim como instrumento de revelación. David pudo pensar que
Sadoc era la persona indicada para ponerse en contacto con Dios por este
medio. si surgía la necesidad de explorar la voluntad de Dios. Sí es correcta
esta interpretación df'l pasaje, David no veía en Sadoc propiamente un
profeta. sino sólo la persona que podía obtener de algún modo un mensaje
de parte de Dios.
2. Hemán
Muy diferente es el caso de Hemán, quien es llamado vidente ( hozeh )
en 1 Cr. 25:5. Puesto que no era sumo sacerdote como Sadoc, el sentido
del término debe ser aquí un verdadero profeta que recibe mensajes de parte
de Dios.
El epíteto se halla en un contexto en que los hijos de Asaf, de Hemún
Profetas del tiempo de la Monarqu ía 1 89
y de Jedut ún aparecen en l istados como can tores en las ceremonias del culto.
Es den tro de este contexto donde aparece la frase: "Todos éstos fueron hijos
de Hemán, vidente del rey en las cosas de D ios, para exaltar su poder". La
observación de que Hemán era ''vidente del rey" no concierne para nada al
contexto, sino que se usa simplemente para identificarle. lo cual indica que
se le conocía como vidente del rey.
Ten iendo en cuenta el sent ido de "vidente", como expusimos de modo
especial en el capítulo 4, podemos pensar, por consiguiente, que Dios usaba
a Hemán para comunicarle mensajes con destino a David, de forma parecida
al m i n isterio del profeta Gad . Pero al no ser descrito Hemán como actuando
en el desempeño de tal m i nisterio, mientras que Gad sí lo es, resulta proba
ble que D ios no lo usase tanto como a Gad. Por otra parte, s iendo músico,
es posible que Dios revelase especialmente por medio él las instrucciones
concern ientes a las ceremon ias del culto q ue incl u ían música.
D. AHIAS
Un profeta a quien se da mayor referencia es A h ías, l l amado "silon ita ··.
por ser, sin duda, de la ci udad de Siló ( l R. 1 1 : 29). Aun que se le describe
l'n contacto con Jeroboam , el primer rey del reino del norte, hay indicios de
que también ejerció su m i n isterio dura nte gran parte del reinado de Salomón
y de q ue qu izá tuvo contactos también con éste, corno haremos notar a su
debido tiempo, aunque Dios no creyese conveniente, por alguna razón , dejar
constancia de dichos contactos en Su Palabra. Por supuesto, fue Natán
qu ien s u pervisó la ceremonia de la coronación de Salomón , y vivió después
por tiempo suficiente como para escri bir una h istoria de su reinado pero no
He menciona n ingún contacto, ni de Natán , ni de Ah ías, con Salomón .
1 . Su obra
El primer contacto de Ah ías con Jeroboam occurno en el reinado de
Sn lomón , cuando le d ijo a l joven q ue habría de rei nar sobre diez de las doce
l ribus ( 1 R. 1 1 :29- 39). Jeroboam estaba por entonces actua ndo como s u
j )('rintendente de una obra que Salomón proyectaba l levar a cabo en Jeru
f1n l6n , cargo al q ue había sido promovido por su bien probada capacidad.
1 Jn día en que Salomón se hallaba fuera de la ciudad, A h ías hal ló a Jero
l marn que sal ía de Jerusalén y, asiendo de la capa n ueva q ue l l evaba sobre
•; 1, la rompió en doce pedazos, y tomando diez de ellos, los en tregó a Jero
l ionrn con las siguientes palabras: "Toma para ti diez pedazos, porque así
d i jo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de
Sn lomón, y a ti te daré diez tri bus" ( 1 R. 1 1 :3 1 ). Le expl icó también la
1 . t1.ón de esta división dd reino: el pueblo había comenzado a adorar a l os
dioses de Sidón, d11 Monh y ck A món y, de este modo, no andabnn en los
1 90 LOS PROFETAS DE ISRAEL
caminos de Dios para hacer lo que le era acepto. Añadió que no le sería
quitado a Salomón lo restante del reíno, en atención a la promesa hecha a
David de que había de tener una di nastía permanente. Finalmente, le ase
guró a Jeroboam que, si seguía a Dios sinceramente, como lo había hecho
David, Dios le otorgaría una d inastía permanente. como la había prometido
a Davi d .
Un punto interesante en esta conversación e s que Ahías habló de darle
a Jeroboam diez de las doce t ribus, y reservar sólo una para la dinastía de
David ( vv. 32,36). Anteriormente, había roto la capa en doce pedazos que
representaban a las doce tribus: esto hace surgir la pregunta sobre el destino
de la tribu restante, o de la doceava parte restante de la capa, que repre
sentaba a d icha tribu. La respuesta que la historia subsiguiente nos da es
que dicha tribu era la de Benjamín, la cual se unió posteriormente a la de
Judá, con lo que el reino del sur vino a constar de dos t ribus princípales.
Las razones por las que Dios no quiso que Ahías mencionara en este lugar
a las dos tribus son probablemente dos: pri mera. porque Judá era la más
importante de las dos tribus; segunda, porque la tribu de Benjamín no se
unió de inmediato a Judá. Por tanto, el reíno del sur estuvo constituído en
su comi enzo por la tribu de Judá únicamente.
El segundo episodio en que intervino Ahías estuvo relacionado con el
mensaje de rechazo que comunicó a Jeroboam h acia el final del reinado de
éste ( l R. 14:2- 1 8). Habían pasado probablemente más de veintidós años
desde el primer encuentro, ya que fueron veintidós los años de su reinado
( 1 R. 14:20), y la primera profecía l e fue comunicada mucho antes de que
_ 1
comenzase a remar.
1
El hecho tuvo lugar cuando Jeroboam estaba apesadumbrado por la ¡
enfermedad de su h i jo Abías y, por eso, ordenó a su esposa que fuese a 1
preguntar a Ahías si el niño se pondría bien. Parece ser que Abías era el ¡
primogénito de Jeroboam y, siendo el heredero del trono, tenía Jeroboam
mayor motivo para estar preocupado por él. Recordaba el rey que Ahías le
había prometido anteriormente el trono a él y a su prole y esperaba ahora
un mensaje de consuelo. No se nos dice sí en los años que habían t rans
currido, tuvo Ahías algún contacto con Jeroboam o no, aunque es probable
que no lo hubiese, ya que Jeroboam persistía en su pecado y no le habría
interesado recibir visitas de un hombre tan p iadoso como Ahías. Quizá fue
esta la razón por la que Jeroboam mandó a su esposa que se d isfrazase a
fin de que no la reconociese Ahías. Sin embargo, Díos le reveló a Ahías la
llegada de la mujer antes de que ella viniese. Así que Ahías la reconoci ó y
la saludó corno ··mujer de Jeroboam" (v. 6). Al comuniearie el mensaje de
Dios para ella, no le mencionó al principio lo de su hijo Abías, sino que se
refirió a las maldades que Jeroboam había cometido desde que subió al
trono de Israel, y le dijo que Díos iba a retribuirle trayendo mal sobre su
casa. Luego añadió que, cuando ella regresase a la ciudnd , moriría e l niño.
Profetas del tiempo de la Monarqu ía 191
/\demás, le predijo que D ios levantaría u n rey que había de destruir la
di nastía de Jeroboam. Volvió, pues, la mujer a Tirsá, que era entonces la
capital del reí no y, tan pronto como puso ella los pies en el umbral de la
rasa, murió el n iño, conforme lo había profetizado Ahías.
La labor de Ahías fue la misma en ambos episodios. es decir, actuó
como profeta comunicando el mensaje de Dios. Pero, a diferencia de l a
primera vez, e l mensaje d e l a segu nda fue muy desagradable. E n la primera,
le anunció que iba a reinar: pero en esta otra, le predijo que le sería quitado
d reino y que toda su casa sería destruida por un rey que l e había de
11uceder.
Como ya dijimos, hay indicios de que Ahías ejerció también su min is
ll..'rio en t iempo de Salomón. Uno es que se nos dice de él que era muy viejo
ruando comunicó a Jeroboam el segundo mensaje ( 1 R. 14:4), lo cual sugiere
que ya estaba entrado en arios cuando dio el primer mensaje. Otro es que
fue posiblemente él quien dio a Salomón dos mensajes regi strados en el
tex to sagrado, aun que no se mencione su nombre; el pri mero se refería al
ll'mplo que Salomón estaba edificando (1 R. 6: 11- 13); el segundo, a l re
rhazo de Salomón como rey, debido a sus pecados ( 1 R. 11: 11 ). No parece
dudoso que ambos mensajes fuesen comunicados por medio de un profeta, 10
y bien pudo ser Ahías ese profeta. Respecto del segundo mensaje, hay una
ruzón especial para atribuirle a Ahías el mensaje, ya que fue él quien , poco
después, comun icó a Jeroboam el anuncio de que Dios iba a romper el reino
de Salomón y darle a él diez de las doce tribus.
Otra l abor de Ahías fue escribir una historia, como Gad y Natán. En
:� Cr. 9:29, leemos que los hechos de Salomón fueron escritos "en la profecía
de Ahías silonita".
2. Su persona
u. SU CONDICION ESPIRITL!AL
El alto n ivel espiritual de Ahías se echa de ver por la i mportancia de
los men sajes que Dios le encomendó. El primero de ellos comportaba dos
l wchos i mportantes con respecto a Israel: primero, el rechazo de la dinastía
dl' Salomón como l ínea permanen te para todo el territorio; segundo, la
1-lcccíón de Jeroboam de parte de Dios para que fuese el primer rey del
nuevo reino del n orte. E l anuncio comprendía, pues, l a división del rei no
'°Esto se muestra especialmente por dos razones diferentes. Pri mera, aunque en otras
iloN ornsiones se había aparecido Dios a Salomón por medio de sueños ( l R. 3:5: 9:2; 2 Cr.
I 1 2). lo que se da a entender d i recta o ind irectamente, pero aquí no hay n i nguna indicación
!11• tal cosa. Segunda. lo normal es que Dios hablase a los reyes mediante profetas. Con
1 l1wid lo había hecho por medio de Gad y de Natán; y. en otras ocasiones en que no fue así.
..,. nos dice específicamente que � David consultó a Jehová"' ( 2 S. 2: l ; 5: 1 9 ; 2 1 : l ); probable-
11w111<-, yendo al sumo sacerdote e i nquiriendo por medio de los Urím y Tumim.
1 92 LOS PROFETAS DE I SRAEL
y la identidad del nuevo rey para las diez tribus del norte. Dífículmente
podría encontrarse un mensaje tan importante como éste. El segundo men
saje comportaba el a n uncio de algo no tan importante, pero vital todavía
para el reino del norte, ya que se refería a l t rágico fi nal de la dinastía de
Jeroboam. A mbos mensajes eran de tal categoría que Dios n o los habría
encomendado a u n profeta espiritualmente in maduro.
La ín tima comunión entre Dios y Ahías se echa también de ver en la
revelación otorgada al profeta con respecto a l a mujer de Jeroboam, que se
había disfrazado para que Ahías no l a reconociese. Dios no permitió que
tuviera éxito tal tipo de engaño y le anunció de antemano al profeta la
l legada de l a m ujer, lo cual es una indicación adicional de la madurez es
piritual de A h ías, como receptor directo de esta clase de revelación personal.
b. SU VALENTIA
Ambos mensajes de Ahías muestran que era un valiente. Cuando trans
mitió el primer mensaje, pudo darse cuenta de que Salomón estaría muy
descontento, lo cual podía conducir a A h ías a una situación peligrosa, ya
que Salomón estaba en condiciones de hacerle daño. En el decurso de los
acontecimientos, fue Jeroboam quien estuvo real mente en peligro y tuvo que
huir a Egipto. Con todo eso, A h ías tuvo q ue percatarse de que Salomón
podía tomar medidas contra él y, por consiguiente, hay que reconocer que
demostró ser un valiente al dar el mensaje.
Lo mismo hay que decir con respecto al otro mensaje. El primero que
dio a Jeroboam había sido m uy agradable para el joven, pues le dijo que
iba a ser rey; pero el segundo le disgustaría much ísimo. Por tanto, el mismo
peligro que p udo haberle resultado a Ahías de parte de Salomón en el
primer caso, le podía resultar ahora de parte de Jeroboam. A decir verdad,
el pel igro era mayor en este caso, porque la predicción i ba directamente
contra Jeroboam (a través de su esposa, quien le i n formaría de inmediato),
y no había un tercero en quien p udiese el rey descargar su cólera.
c. SU RESPETABILIDAD
Como en el caso de Gad y Natán, también Ahías se h acía respetar
cuando hablaba. Esto se evidencia en el primer contacto que tuvo con Jero·
boam, no en que éste recibiese bien el mensaje, por supuesto, sino en la
impresión que tal mensaje causaría en Salomón. Sin embargo, Salomón no
se enfrent ó a Ahías, n i dejó de creer l o que éste anunciaba, sino que trató
de matar a Jeroboam, indicando así que daba crédito a lo anunciado por el
profeta . E n el segundo caso, la mujer recibió sin replicar el mensaje desa·
gradable de Ahías, y lo mismo p uede decirse de Jeroboam. Ninguno de ellos
se enfrentó al profeta n i mostró en modo alguno incredul idad acerca de lo
que Ahías había dicho, sino que todos recibieron sus palabras como auto
ritativas, simp lemente porque veían en él a l portavoz de Dios.
Profetas del tiempo de la Monarquía 193
d. CAPACIDAD LITERARIA
Como Gad y Natán, también Ahías mostró habilidad l iteraria, pues se
dice de él que escribió "los hechos de Salomón" (2 Cr. 9: 29), así como lo
hicieron Natán el profeta y el vidente lddó.
E. "UN VARON DE DIOS"
Al profeta que vamos a considerar a continuación, no se le designa por
su nombre en la Escritura, sino sólo como "un varón de Dios", y sólo en
una ocasión se le menciona ( 1 R. 13 : 1 - 24), en estrecha conexión con el
último profeta que vamos a considerar en este capítulo, y a quien se le
llama "un viejo profeta" de Betel ( 13: 1 1 ).
l. Su obra
Este "varón de Dios" fue enviado desde Judá hacia el norte, a Betel
donde Jeroboam había erigido un falso altar. El rey mismo se hallaba allí
cuando llegó el profeta; éste no se calló por la presencia del monarca, sino
que clamó contra el altar: "Altar, altar; así ha dícho Jehová: He aquí que a
la casa de David nacerá un hijo llamado Josías, el cual sacrificará sobre ti
u los sacerdotes de los lugares altos que queman S<'Jre ti incienso, y sobre
ti quemarán huesos de hombres" ( 1 3:2). Jeroboam, enfurecido, mandó pren
derle, pero, al extender la mano hacia los que debían cumplir su orden, "la
mano que había extendido contra él, se le secó, y no la p udo enderezar"
(v. 4), y el altar se rompió y se esparcieron las cenizas, conforme a las
palabras que había pronunciado el varón de Dios.
Al contemplar ambos hechos sobrenaturales, Jeroboam cambió total
mente de actitud, y rogó al profeta que le socorriese, diciendo: "Te pido que
ruegues ante la presencia de Jehová tu Dios, y ores por m í, para que m i
mano me sea restaurada" (v. 6 ) . Así l o hizo e l varón d e Dios, y Dios l e sanó
la mano a Jeroboam. El rey i nvitó entonces al profeta a ir a su casa para
t'omer j un tos, a lo que respondió el varón de Dios: "Aun cuando me dieras
la mitad de tu casa, no i ría contigo, ni comería pan ni bebería agua en este
lugar" ( v. 8). Y añadió que Dios le había prohibido comer pan y beber agua
tn Betel, ordenándole que regresase inmediatamente a Judá de donde h abía
wnido. Dicho esto, emprendió su camino de vuelta hacía el s ur.
Hasta este momento, el profeta había actuado muy bien, pero luego
sobrevino el cambio. Un "viejo profeta" que moraba en Betel, se enteró de
HU visita y fue en su seguimien to, alcanzándole cuando él se hallaba sentado
d(•bajo de una encina. Le dijo que también era profeta él mismo y que D ios
h.'. había ordenado sali rle al encuentro para q ue se volviese a casa del viejc
profeta, donde comería pan y bebería agua con él. Le estaba mintiendo,
1 94 LOS PROFETAS DE I SRAEL
pero el joven no se percató de ello y, desobedeciendo la orden de Dios,
regresó con el viejo a Betel . Cuando ambos estaban a la mesa, el viejo
profeta reprendió al joven por volverse y le predijo que, cuando se pusiese
en camino, había de morir (v. 22). Partió el joven y, conforme se iba, le
hal ló un león en el cami no y le mató. Su cuerpo quedó echado junto al
cam i no y a l l í l e halló posteriorm e n te el víejo profeta y le en terró
convenientemente.
2. Su persona
a. SU CONDICION ESPIRITUAL
Este profeta mostró ciertos rasgos de madurez, pero también mostró
algunos de inmadurez. No se le puede situar al mismo nivel que a Gad.
Natán o Ahías. En su favor está el hecho de que fue escogido por Dios para
ir desde Judá al norte y clamar allí contra el altar de Betel. Sin duda, habría
otros profetas en Judá; por tanto, el hecho de que Dios le escogiese a él,
habla bien en su favor.
Otra evidencia adicional de su madurez espiritual es la predicción que
Dios hizo por medio de él y el mi lagro que obró también por su medio. La
predicción fue notable, pues anunció que J osías ( quien vivió unos trescientos
años más tarde) ofrecería un día sobre aquel altar los huesos de los sacer
dotes del mismo altar. 1 1 Al mencionar por su nombre a Josías, hizo una de
las más admirables profecías de la Biblia. También predijo que el altar se
quebraría y se esparci rían sus cenizas, lo cual ocurrió estando él presente
allí. El milagro tuvo que ver con el restablecimiento de la mano de Jeroboam,
quien la había extendido llen o de furor, y Dios había hecho que se le secase.
Por la oración del profeta, le fue restablecida su mano al rey, lo cual fue un
milagro grande y evidente.
También ha de contársele a su favor el que, al principio, obedeció a
Dios en lo de volverse a casa sin comer n i beber en la pecadora ciudad de
Betel. También es de tenerse ep cuenta la tentación que suponía el ser
invitado a comer con el rey, y dice mucho en su favor el haber rehusado
aceptar la invitación.
El ú nico factor en su contra fue el haber desobedecido a Dios, luego
que se puso en camino. Cuando el viejo profeta de Betel le salió al encuentro
y le dijo una mentira, el joven se dejó persuadir con demasiada facilidad y
contravino directamente la clara orden de Dios. Esto indica que no se d io
cuenta de que Dios n unca se contradice a Sí mismo. Mal- estuvo la trampa
que le tendió el viejo profeta, pero ello no era excusa para comportarse
'1 La fecha de la predicción fue al final del siglo décimo, y Josías 11i11ió al final del siglo
séptimo.
Profetas del tiempo de la Monarquía 1 95
como l o hizo. El resultado de tal desobediencia fue el severo castigo que
recibió al hallar la m uerte en las garras de un león.
b. SU VALENTIA
Con todo, es preciso reconocer la valentía de este hombre al ir a Betel
y hablar como lo hizo contra el altar de Jeroboam. Ye se necesitaba suficiente
bravura para dejar su casa y encaminarse a un país extraño para hablar
contra uno de sus sagrados centros de culto. Podría pensarse que, cuando
se fue, tendría esperanzas de hallar ciertas facilidades cuando llegase; pero
se encontró con que el propio rey estaba presente, y nos podemos imaginar
que le vendrían pensamientos de volverse a casa sin cumplir con su misión,
lo cual habría sido natural. Sin embargo, no se volvió, sino que pronunció
su mensaje sin tener en cuenta lo desagradable que le había de resultar al
rey. Se necesitaba ser muy valiente para obrar así.
F. UN "VIEJO PROFETA'' DE BETEL
El último profeta que vamos a considerar aquí, es el viejo profeta al
que acabamos de referirnos. ¿Qué clase de persona era este viejo que engañó
de tal manera a un hombre más joven que él? ¿O es que era y había sido
un falso profeta? Iremos dando respuesta a estas preguntas en sus lugares
correspond ientes.
l. Su obra
También este viejo profeta aparece una sola vez en la Biblia. No se le
conoce por su nombre ni se le vuelve a mencionar. Cuando se enteró de que
el joven varón de Dios había hablado contra el altar de Betel , preguntó a
sus hijos por qué camino se había marchado de regreso a J udá, y les ordenó
ensillarle el asno para poder ir en su seguimiento. Le alcanzó y le persuadió
a que regresase a Betel para comer con él allí. El texto no nos indica el
motivo que le indujo a obrar así, sino que se l i mita a referirnos el hecho y
la mentira que pronunció para persuadir al joven a regresar a Betel.
Sin embargo, cuando ambos regresaron a la casa del viejo profeta, vino
n éste verdadera palabra de Dios con respecto al joven, y se la comunicó de
la manera siguiente: '"Así dijo Jehová: Por cuanto has sido rebelde al man
dato de Jehová, y no guardaste el mandamiento que Jehová tu Dios te había
prescrito, sino que volviste, y comiste pan y bebiste agua en el l ugar donde
j('hová te había dicho que no comieses pan ni bebieses agua, no entrará tu
t·uerpo en el sepulcro de tus padres" ( 1 3: 2 1 - 22). Posteriormente, al enterar
H<' por los viajeros que habían visto el cadáver del joven junto al camino y
ni león que estaba a su lado, el viej o profeta volvió a ordenar que le ensil
lnran un asno para ver de hallar el cuerpo. Lo halló, lo puso sobre su asno,
1 96 LOS PROFETAS DE ISRAEL
se lo llevó a Betel y lo enterró en su propio sepulcro. Después, se volvió
hacia sus hijos y les pidió que le enterrasen en el mismo sepulcro cuando
muriese.
2. Su persona
a. ERA U N VERDADERO PROFETA
Comencemos por decir que este hombre era un verdadero profeta. Hay
quienes han pensado que era falso por la forma en que se comportó, pero
hay indicios claros de que era un profeta verdadero.
Está el hecho de que, en medio del relato. Dios se le reveló realmente.
Luego que trajo al joven a su casa, Dios le comunicó que reprendiese al
joven, junto con la predicción de que iba a morir, lo cual se cumplió pun
tualmente. Un mensaje tal venía ciertamente de Dios, y Dios no daba tales
mensajes por medio de falsos profetas. Además, el profeta mostró respeto
hacia el joven, pues al enterarse de que había m uerto, se fue a donde yacía
su cuerpo, lo tomó, volvió con él a la ciudad y lo enterró en su propio
sepulcro. Incluso llegó a decir a sus hijos que le enterrasen en el mismo
sepulcro. Más aún, confirmó personalmente la declaración que había hecho
el joven varón de Dios acerca de la futura destrucción del altar de Betel.
Esto muestra que aprobaba la denuncia y creía que la destrucción sería
llevada a cabo.
b. SU CONDICION ESPIRITUAL
Al mismo tiempo, está claro que la condición espiritual de este hombre
dejaba algo que desear, pues engañó deliberadamente a un hombre más
joven que él. Aunque no se nos da el motivo por el que obró así, se puede
conjeturar por ello su carácter. Es evidente que, al vivir justamente en Betel
donde Jeroboam había erigido el falso altar, este viejo profeta no había
denunciado el altar como debió haberlo hecho, y hasta es probable que
sintiese alguna vergüenza por ello. Así que, al enterarse de la valentía del
joven en venir incluso desde Judá para cumplir tal misión, es probable que
desea'se fortalecerse espiritualmente mediante el contacto con tal varón y,
para ello, parece ser que creyó que era j ustificado el use de una mentira y
se rebajó a pronunciarla con tal de ver cumplido el objetivo que deseaba.
No se nos revela hasta qué punto pudo este varón haber sido usado por
Dios para bien en tiempos anteriores, pero podemos deducir que no fue
jamás de m ucha i mportancia, a la vista del comportamiento que mostró
con el joven profeta. Con todo, debemos aceptar la posibilidad de que se
produjese un cambio en la extensión de su ministerio al tiempo en que se
produjo su silencio cuando Jeroboam instituyó allí el falso centro de
adoración.
Profetas del tiempo de la Monarqu ía 1 97
c. UN HOMBRE ACOSTU MBARDO A ENGAÑAR
El hecho de que este viejo profeta emplease la mentira para hacer volver
al joven varón de Dios, nos indica que antaño se había comportado de la
misma manera, porque no es frecuente que alguien se rebaje en su anciani
dad a tal modo de proceder, a no ser que se haya habituado a ello ante
riormente. El engaño es un grave pecado a los ojos de Dios, y ésta podría
ser una de las razones por las que este viejo profeta no había sido usado
más en otros tiempos.
Hay quienes opinan que Dios no consideró muy grave el pecado de este
hombre, puesto que fue el joven quien fue castigado tan severamente. Es
cierto que fue el joven quien fue muerto por el león, pero esto no sign ifica
que el viejo quadase sin castigo. Ya la experimentó en la vergüenza y el
remordimiento por la forma en que había actuado en relación con el j oven
profeta, como lo da a entender el hecho de q ue se preocupase en ir a en
contrar su cuerpo, l levárselo consigo, enterrarlo en su propio sepulcro y
pedir que le enterrasen junto a él . Es muy probable que pasase el resto de
sus d ías l leno de pesadumbre por su comportamiento con este buen joven
a quien echó a perder en esta forma. También ha de tenerse en cuenta q ue
la razón por la cual se nos refiere el castigo implacable que Dios impulso
al joven varón, es que Dios estaba tratando particularmente con él, no con
el viejo. Fue el joven q uien marchó de Judá a Betel enviado por Dios, y fue
él quien desobedeció la clara orden de Dios. Por eso fue él quien resultó
disciplinado de esta manera tan trágica.
12
Los Reinados de
Roboan1, Abiyan1, Asa,
Josafat y Basa
En este capítulo vamos a considerar los profetas que cumplieron su
misión durante los reinados de cinco reyes; los cuatro primeros, de Judá; el
quinto, de Israel, Basá; aunque éste no fue el sucesor inmediato de Jeroboam
en Israel , fue él quien destruyó la casa de Jeroboam y rein ó después por
rspacio de veinticatro años ( l R. 1 5:33).
Gra n parte de este período presenció contin uas guerras entre las dos
partes del dividido reino. El período comenzó en una atmósfera de conflicto,
cuando las diez tribus del norte se separaron del reino gobernado por Ro
boam. Recordemos que, al comienzo del reinado de éste, dichas tribus le
pidieron que viniese de Jerusalén a Siquem, donde le rogaron que rebajase
los fuertes tributos que Salomón les ha bía impuesto. Roboam pidió tres
días de plazo para considerar el asunto y, después de consultar a sus con
sejeros, tanto a los más viejos como a los más jóvenes, siguió el consejo de
estos últi mos y denegó la petición que las diez tribus le habían hecho; más
aún, les dijo que les i m pon ía un yugo más pesado que el que su padre les
había impuesto. Entonces, las diez tribus se separaron y constituyeron a
Jcroboam como su primer rey. La primera reacción de Roboam fue reunir
un ejército para volver a someterles, pero Dios le comunicó por medio de
un profeta que desistiese de s u empeño, puesto que l a divisi ón del reino era
cosa Suya.
Roboam subió al trono a la edad de cuarenta y un años y reinó d iecisiete
1u1os ( 93 1 - 9 1 3 A. de C.). Anduvo en l os perversos caminos que había
Ht·guído su padre en los ú l timos años de s u reinado, ya que edificó l ugares
1 99
200 LOS PROFETAS DE ISRAEL
altos, erigió i mágenes y mástiles de Aserá, e i ncluso permitió a los sodomi
tas habitar en la tierra ( 1 R. 1 4:23- 24). Tuvo conflictos militares con dos
enemigos principales: Jeroboam de Israel y Sísac de Egipto. Con el primero
cosechó algunos éxitos, pero con el segundó sufrió graves pérdidas. como
castigo de D ios por su apostasía.
Con Jeroboam estuvo casi en continuo con flicto ( 1 R. 1 4:30). No se nos
indica la naturaleza de los encuentros militares, pero parece ser que se
trataba de repetidas disputas fronterizas, especialmente en el área de Ben
jamín . Tan to Roboam como Jeroboam codiciaban, al parecer, el área de
Benjamín como zona que sirviese de valla entre los dos reinos. Una eviden
cia de que, por fin, fue Roboam el ganador en estas disputas la tenemos en
el hecho de que Benjamín acabó por unirse a Judá. Dos factores debieron
de i nfluir en este resultado: uno, de aspecto militar, al derrotar los guardas
fronterizos de Roboam a los de Jeroboam; otro, psicológico, al persuadir a
los benjamínitas a un irse al reino del sur.
Sisac, el rey de Egipto, era el fundador de la XXII dinastía y el que
había concedido asilo a Jeroboam , cuando éste huía de Salomón. En el
quinto año del reinado de Roboam, Sisac puso gran empeño en reafirmar
la supremacía egipcia en Palestina. Dejó una l ista de 1 50 cuidades q ue
invadió en esta campaña, 1 muchas de ellas situadas en la parte sur de Judá,
e i ncluso algunas en la parte sur de Edom. No se mencionan ciudades del
centro de Judá; cosa extraña, puesto que el texto sagrado habla de los vastos
tesoros que Sísac se llevó de la propia Jerusalén ( 1 R. 1 4: 26; 2 Cr. 1 2:9).
Es posible que Roboam entregase a Sísac estos tesoros como una especie
de tributo, a fin de i mpedirle que destruyese el resto de Judá. Debe men
cionarse q ue también el reino del norte sufrió el i mpacto del poder de Sisac,
pues Meguído da testimon io de ello en un monumento de victoria que lleva
el nombre de Sísac. El ejército egipcio llegó a cruzar el Jordán hasta Galaad,
pues en la lista del egipcio figuran numerosas ciudades de esta región. Todo
esto signi fica que Sisac cubríó en su campaña un amplia área, pero no hay
i ndicaciones de que la conservase por mucho tiempo. No obstante, Roboam
hubo de sufrir lo suyo.
El hijo y s ucesor de Roboam fue Abíyam, 2 que reinó tres años (9 13- 91 1
A. de C.), y anduvo en los cam inos de su padre. También conti n uó la lucha
que su padre ten ía entablada con Jeroboam y, evidentemente, con mayor
éxito. En una importante batalla ( 2 Cr. 13:3- 1 9) en el área de Efraín, cerca
1 Sobre el muro exterior del sur del Templo de Amón en Karnak, Sisac es representado
golpeando a los asiáticos, y el dios Amón le presenta diez f ilas de cautivos, quienes sim
bolizan las ci udades que aparecen en la lista. Véase The A ncient Near East in Pictures , ed.
James B. Prítchard, fig. 349. En cuanto a la in terpr·etacíón, discusión y una bibliografía de
publicaciones al respecto, véase J. Si mons, Handbook /or the Study o/ Egyptian 1opograph·
ical Lists Re/ating to Western Asia, pp. 90- 101 . 1 78- 1 86.
2 Llamado Abías en 2 Cr. 1 3 : lss. Abiyam significa '·padre del mar"; y Abías, kmí padre
es Yahweh". Parece ser que era llamado indistintamente por ambos nombren.
Profetas del tiempo de la Monarquía 20 1
del monte Zemaráim (probablemente, al este de Betel), Abiyam, a pesar de
contar con tropas menos numerosas, llegó a tomar control incl uso de Betel,
el i mportante centro rel igioso meridional del reino de Israel, así como las
cercanas, aunque menos ímportantes, ciudades de Jesaná y Efrón. Sin em
bargo, este avance no duró mucho, porque Asá, 3 su h ij o y sucesor, pronto
fue puesto en aprieto por Basá, quien avanzó con una fuerza de ocupación
nada menos que hasta Ramá, a menos de siete kms. de Jerusalén .
Asá reinó cuarenta y un años (91 1 - 870 A. de C.) y fue el primero de
los reyes piadosos del reino del sur.4 Echó fuera del país a los sodomitas
y a los ídolos, y depuso a su abuela del cargo de Gran Dama por haberse
hecho un ídolo de la diosa Aserá. En una ocasión, convocó una gran asam
blea del pueblo, i nvitando incluso a los israelitas de l as norteñas tribus de
Efraín, Manasés y Simeón, para renovar las promeasas pactadas con Dios
(2 Cr. 1 5:9- 1 5). Con todo eso, no quitó los antíguos l ugares altos.
Asá tuvo importantes encuentros en dos ocasiones con poderes extran
jeros. El primero fue un conflicto con un ejército egipcio a cuyo mando
estaba Zera etíope (2 Cr. 1 4: 9- 1 5). La batalla se l ibró cerca de Maresá, al
sudoeste del país, y terminó con una clara victoria de Asá. La razón de una
victoria tan d ifíci l fue que Asá había confiado en la ayuda de Jehová, y Dios
le dio fuerza para batir al enorme ejército enemigo. El segundo contacto fue
con Basá (o Baasá), rey de lsrael, y el motivo fue económico más que militar
(2 Cr. 1 6: 1 - 1 0). Basá había atravesado la frontera norte de Judá con el
propósi to de fortificar Ramá, cercana a Jerusalén, y poder así imponer su
control sobre la ruta por la que las caravanas se dirigían a Jerusalén desde
el norte. Corno revancha, Asá, confiando en sus propias fuerzas, en vez de
pedir ayuda a Dios, envió a buscarla de Ben-hadad de Siria, el cual, pro
movido recientemente a una posicíón de poder, se sintió fel iz con la invi
tación, que le permitía, al mismo tiempo, poner a prueba contra Israel la
fuerza de sus tropas. Atacó, pues, Ben-hadad algunas ciudades norteñas de
Basá, con lo que el rey de Israel tuvo que desistir de su empeño y retirarse
de Ramá para proteger su propio reino. Cuando Asá se consideraba a sí
mismo muy sagaz por el éxito de esta maniobra, sufrió gran desil usión al
recibir del profeta Hanan í palabras de reprensión, en vez de las laudatorias
3 Comoquiera que Abiyam y Asá aparecen con madres y abuelas del mismo nombre
( 1 R. 1 5:2, 1 0: 2 Cr. 1 5: 1 6), algunos eruditos creen que eran hermanos, en l ugar de ser
padre e hijo según se dice en l R. ! 5:8 y 2 Cr. 14: 1 . Aunque Abiyam reinó sólo tres años.
lenía la suficiente edad para que se [e atribuyan hijos (en verdad, según 2 Cr. 1 3:2 1 , tuvo
22 h ijos y 16 h ijas de 14 mujeres). Es lo más probable que su madre Maacá y su abuela
Abísalom fuesen respectivamente la abuela y l a bisabuela de Asá. A causa del corto reinado
de Abiyam. Maacá había continuado como reina madre y fue a ella a quien Asá desposeyó
(k su a l to rango por dar culto a un ídolo ( 1 R. 1 5: 1 3 ; 2 Cr. 1 5: 16). Para una discusión más
omplía, véase William F. Albright. Arcliaeology and the Reilgion of Israel, p. 1 58 .
4
Se nos díce que ocho reyes, de un total d e diecinueve reyes de Judá, fueron buenos a
lo8 ojos de Dios, en marcado contraste con los reyes de Israel, de los cuales ni uno solo de
un lotul dC' díccim1('VP ('H mPncionado como que fuese bueno.
202 LOS PROFETAS DE ISRAEL
que él esperaba, pues el profeta le dijo que lo que había conseguido con sus
procedimientos era someter el reino de Judá a un poder extranjero y preparar
el terreno para un conflicto ulterior, en lugar de obtener los beneficios que
Asá esperaba. Es evidente que Asá no actuó en esta segunda ocasión de la
manera recomendable con que actuó en la primera.
Como ya se ha mencionado, Basá, el rey de Israel, era contemporáneo
de Asá, y reinó veinticuatro años (909- 886 A. de C. ). Poco sabemos de su
reinado, excepto que continuó el conflicto con el reino del sur. En realidad,
el único episodio referente a él es el ya mencionado de su encuentro con
Asá. En el plano rel igioso, Basá siguió los pasos de Jeroboam y de Nadab.
Ahías había predicho a Jeroboam que la fami lia de éste sería destruida, lo
cual no ocurrió durante el reinado del propio Jeroboam, pero sí en el de su
hijo Nadab, quien, tras haber reinado únicamente dos años (9 10-909 A.
de C. ), fue asesinado por Basá. A causa de su apostasía, Basá fue amones
tado por el profeta Jehú de que su familia había de correr la m isma suerte
que la de Jeroboam ( 1 R. 16: 1 - 7).
En el reino de Judá, el hijo y sucesor de Asá fue Josafat, quien reinó
veinticinco años (873-848 A. de C. ). En lo religioso, Josafat fue el segundo
rey bueno de Judá. Siguió a su padre en lo de barrer del país todo lo
relacionado con el culto a Baal, y además quitó la mayor parte de los lugares
altos. 5 También mandó a los levitas y a otros que enseñasen '"el libro de la
Ley" por todo Judá. Esta había sido desde el principio una tarea primordial
de los sacerdotes y levitas, pero parece ser que ahora la tenían descuidada,
y Josafat procuró corregir este defecto.
Una demostración de la fe que Josafat tenía en Dios, la tenemos en el
ataque coligado que contra él hicieron Moab, Amón y Edom (2 Cr. 20: 1 - 30).
Al enterarse de la invasión, Josafat no se desesperó, sino que convocó a
toda Jerusale,í a un t iempo de ayuno y oración. Dios le concedió una memo
rable victoria, y su ejército se limitó meramente a recoger el botín del ene
migo, y había tanto que recoger, que les llevó tres días la tarea. A decir
verdad, Josafat disponía de un fuerte ejército compuesto de cinco divisiones,
tres de Judá y dos de Benjamín. En algún momento, la fuerza de su ejército
fue tal, que los filisteos y los árabes trataron de congraci asiarse con él
llevándole valiosos presentes. Josafat dio también los pasos necesarios para
mejorar los procedimientos jurídicos en el país, pues parece ser que el
pueblo tendía a la laxitud en materias claramentes expuestas en la Ley, y
Josafat hizo que esto se corrigiese.
Es cosa clara que Josafat se alió con los reyes de Israe_l Acab y Ocozías
( 1 R. 22:44,48-49; 2 R. 3:4 - 27; 2 Cr. 18: 1 - 19:3; 20:35-37). Esta alían-
5Tanto en 1 R. 22:43 como en 2 Cr. 20:33, se a fi rma que no fueron q u itados los l ugares
a ltos, m ientras que, in 2 Cr. 1 7:6, se dice que sí lo fueron. La solución más probable es que•
fueron quitados los más notorios, m ientras que no lo fueron aquellos dond(' rrnd ían culto
muchas personas de las del vulgo ( 1 R. 22:44).
Profetas del t iempo de la Monarquía 203
za favorecía probablemente a los dos países en el terreno económico y en
el militar, pero en el terreno religioso comportó una gran pérdida para Judá,
especialmente cuando Josafat casó a su hijo Joram con la hija de Acab,
Atalía, quien siguió los pasos de su m adre Jezabel. Josafat tuvo muchos
motivos para sentir pesadumbre más tarde por este matrimonio.
En tres ocasiones distintas sufrió seriamente Josafat a causa de tal
alianza. La primera fue cuando ayudó a Acab en la batalla contra Ben
hadad en Ramot de Galaad y estuvo a punto de morir allí ( 1 R. 22:29-33;
2 Cr. 1 8:29- 34). Más tarde, se alió con Ocozías, el hijo mayor de Acab, en
la empresa de constuir naves junto a Ezión-guéber, en el golfo de Aquaba,
pero todos los navíos se rompieron sin llegar a estrenarse ( 1 R. 22:48-49;
2 Cr. 20:35-37). También se alió con Joram, segundo hijo de Acab, en una
ofensiva m i litar contra Moab para obligarle a pagar tributo a Israel, y estuvo
a punto de perecer por falta de agua (2 R. 3:4 - 27 ). En cada uno de estos
casos, estuvieron implicados profetas de Dios, como se hará notar en su
lugar.
A. IDDÓ
El profeta l ddó es mencionado tres veces en el Antiguo Testamento
(2 Cr. 9:29; 1 2: 1 5; 1 3:22), y en ninguna de ellas se le describe como im
plicado en ningún acontecimiento, sino que las tres referencias le describen
escribiendo libros. Esto significa que es poco lo que se sabe de él personal
mente, pero la información que se nos da acerca de él con respecto a sus
escritos, nos sugiere ciertos aspectos.
t . Su obra
Dos aspectos generales se nos revelan en relación con la obra de Iddó.
El primero es que era escritor. Según, 2 Cr. 9:29, 6 registró visiones .. contra
Jeroboam hijo de Nebat," que contenían información acerca de "los hechos
de Salomón". En 1 2: 1 5 se nos dice que escribió un libro de genealogías,
que incluía detalles históricos sobre ··tas cosas de Roboam". Y en 1 3:22 se
indica que escribió una historia ( midrash , que significa "comentario'') sobre
los hechos y dichos de Abías o Abiyam.
Esto indica, en primer lugar, que vivió en los años en que Jeroboam
reinó en el norte, y sus contemporáneos Roboam y Abiyam reinaron en el
Hur, es decir, Judá. También indica que m ostró gran interés por la historia,
l omando nota de las actuaciones de esos tres reyes, y registrándolas en los
libros aludidos.
6 Aquí se le llama Ye ·dó . m ientras que, en 1 2 : 1 5 y 1 3 : 2 2 , vemos escrito fddó. No
ohsllrnte, es opin ión u 111í n i nw de los expositores que se trata de la m is ma persona.
204 LOS PROFETAS DE ISRAEL
Otro aspecto digno de notarse es el epíteto con que se desiga a lddó en
dos de los tres pasajes citados. En. 9:29 y 1 2: 15 se le llama "el vidente"
( hozeh ) y en 13:22 "profeta". Puesto que el epíteto "vidente" se usa rara
mente en el Antiguo Testamento, debe tomarse como algo muy significativo
el que se aplique dos veces a lddó. Al parecer, Dios le usó, como antes a
Gad, para la función específica de recibir revelaciones y comunicarlas a
otros, como se deduce de la palabra ''visiones'' (en el original hebreo) contra
Jeroboam, lo cual implica que Dios comunicó, mediante visiones, a lddó
mensajes que tenían que ver con Jeroboam y con el juicio que Dios iba a
traer sobre él a causa de su pecado. No se nos dice que comunicase estas
visiones a Jeroboam, pero es probable que lo hiciera. 7
Comoquiera que los primeros escritos de lddó contenían información
desde el tiempo de Salomón, este hombre debió de ministrar durante unos
veinte años o más. Escribió acerca de Roboam y de Abiyam, cuyos reinados
totalizan juntos la suma de veinte años. Si tenemos en cuenta que escribió
acerca de los "primeros'' hechos de Salomón también, hemos de deducir
que sirvió durante un período de tiempo relativamente largo.
2. Su persona
a. SU CONDICION ESPIRITUAL
Dos detalles indican que Iddó era hombre de madurez espiritual. Uno
es el largo ministerio que Dios le otorgó. El hecho de haber escrito acerca
de tantos reyes muestra que Dios le estuvo usando durante todos esos arios.
En otras palabras, no hubo tiempo en que su ministerio llegase a su fin por
haber cometido algún pecado en su vida. El otro detalle es que fue usado
para recibir revelaciones divinas y, como ya se hizo notar al hablar de Gad,
sólo quienes estaban espiritualmente calificados para ello, eran usados en
esta forma.
b. SUS CONOCIM I E NTOS
El que Iddó escribiese tres relatos diferentes acerca de varios reyes,
tanto de Israel como de Judá, muestra que era un erudito. No se puede
escribir convenientemente de lo que no se sabe y, puesto que el material
escrito de Iddó abarca información de los dos reinos, debió de estar enterado
de lo que pasaba en ambos. Esto indica que se mantuvo activo en su t iempo,
7
Nos parece incorrecta la opinión de que lddó era aquel joven profeta que, según
1 R. 13. l levó el mensaje contra Jeroboam y. después, desobedeció. Dicho joven murió cuando
volvía de Betel. y había l l evado el mensaje, con toda probabilidad, en los comienzos del
reinado de Jeroboam, poco después de haber sido erigido el falso a ltar. lddó. en cambio,
debió de vivir por muchos años más, ya que puso por escrito los hechos. tanto de Roboam
como de Abiyam, reyes de Judá.
Profetas del tiempo de la Monarquía 205
teniendo contactos con personas que podían suministrarle información
acerca de los dos reinos y registrando por escrito la información que recibía.
c. CAPACIDAD L ITERARIA
Parece ser que lddó escribió más que n inguno de los profetas hasta
aquí considerados. Por consiguiente, si a éstos atribuimos con razón habi
lidad literaria, no hemos de negársela a Iddó. De especial importancia es el
detalle que nos suministra 2 Cr. 1 3:22, donde se nos dice que escribió una
'"historia" acerca de los hechos y dichos de Abiyam. La palabra para "his
toria" es mídrash , que significa "comentario". Es de notar, además, que el
texto sagrado refiere que escribió dicho comentario acerca de "los hechos,
caminos y dichos" de Abiyam. No era, pues, una mera historia de Abiyam,
sino un análisis crítico de lo que el rey h izo y dijo, para poder formarse una
idea de su carácter personal. Esto indica que Iddó ten ía especial i nterés en
juicios de valor, y un notorio deseo de consignar por escrito sus penetrantes
análisis.
B. SEMAIAS
Semaías era contemporáneo de lddó, pero quizá no ejerció por tanlo
t iempo como él, puesto que los relatos acerca de él sólo tienen que ver rnn
Roboam de Judá. Estos relatos son dos, y ambos son breves.
l. Su obra
El primer relato concierne a los primeros años de Roboam, cuando se
separaron del reino las diez tribus. Tras el anuncio de esta secesión, Roboam
regresó de Siquem a Jerusalén, con el propósito de reunir un ejército para
marchar contra las tribus del norte y acabar con la rebelión. Ya había
conseguido reunir 1 80.000 hombres de Judá y Benjamín, cuando le paró
los pies Semaías, quien le ordenó de parte de Dios que desistiese de su
intento, puesto que la secesión llevaba el sell o de la aprobación de Dios.
Un punto a favor de Roboam es el haber prestado atención a las palabras
de Semaías y, a pesar del desencanto por el enorme esfuerzo realizado,
desistir de su intento y dejar que el reino del norte se estableciera como
mejor le pluguiese.
El segundo relato se sitúa en el quinto año del reinado de Roboam,
cuando Sisac, rey de Egipto, vino contra el país a fin de recuperarlo para
s í. Cuando Roboam se enteró de que Sisac venía, convocó a sus jefes en
j(-rusalén para ver cómo hacer frente al enemigo. Entonces vino a él Semaías
y le comunicó de parte de Dios un desagradable mensaje: "Así ha dicho
lehová: Vosotros me habéis dejado, y yo también os he dejado en manos de
8isac" (2 Cr. 1 2:5). También ahora, tanto él como sus jefes, se humillaron,
206 LOS PROFETAS DE I SRAEL
diciendo: '"Justo es Jehová'' ( v. 6). A causa de esta actitud, Dios comunicó
a Semaías u n nuevo mensaje: "'Se han humillado; no los destruiré; antes
los sal varé en breve, y no se derramará mí i ra contra Jerusalén por mano
de Sísac" ( v. 7).
El sentido de este mensaje parece ser que es el siguiente: Como resul
tado de esta autohumíllación de Roboam y sus jefes, Dios no iba a enviar
un castigo tan severo como el que habría infligido de no haber obrado ellos
así. No puede significar que Judá h ubiese de escapar enteramente de Sísac,
puesto que, como ya hicimos notar anteriormente, Sísac vino y devastó
muchas ciudades del país; pero ya advertimos que las ciudades del área de
Jerusalén no aparecen en la l ista de las que Sisac había devastado, y es
muy probable que la disminución o prórroga del castigo divino comportase
la liberación de estas ciudades céntricas de las manos del enemigo. Es cierto
que 2 Cr. 1 2: 9 índica que Sísac vino contra Jerusalén y "tomó los tesoros
de la casa de Jehová, y los tesoros de la casa del rey", incluyendo ..los
escudos de oro que Salomón había hecho", pero, como también dijimos
antes, es posible que Roboam otorgase al egipcio estas compensaciones
monetarias como medio de impedir que destruyese a Jerusalén y las ciu
dades del centro de Judá. Podemos pensar que Dios inclinó el ánimo de
Sisac para que aceptase el cambio, pues es ciertamente signi ficativo que no
enlístase como tomadas las ciudades del centro, cuando lo hizo con las del
sur de Judá, las de Edom e Israel, e incluso algunas de Transjordania.
Otro aspecto adicional de Semaías es que también él se dedicó a escri
bir. 2 Cr. 1 2: 1 5 habla de '"los l ibros del profeta Semaías . . . " como otra
fuente l iteraria de Crónicas.
Según esto, el quehacer de Semaías parece haber sido principalmente
declarar la palabra de Dios, más bien que recibir Sus mensajes. Aunque es
cierto que sus dos mensajes a Roboam habían sido recibidos de parte de
Dios, el énfasis en ambos relatos se carga en la comunicación más que en
la recepción, y en ambos l ugares es l lamado Semaías '·profeta", no "vidente".
Parece ser que el vidente durante este período era Iddó, mientras que Semaías
era el profeta; uha situación similar, en cierto grado, a la de Gad y Natán
respectivamente en los días anteriores de David.
2. Su persona
a . SU CONDICION ESPI RITUAL
A la vista de los mensajes que Dios comunicó a Semaías, hay bastante
evidencia para creer que era una persona espiritualmente madura. Ambos
mensajes fueron de gran importancia para Roboam en la historia de Judá.
El primero comportaba la prevención de una guerra civ i l entre Judá y el
recientemente organizado reino de Israel; y el l o era ciertamcn l e de gran
Profetas del tiempo de la Monarq u ía 207
importancia. El segundo implicaba u n a prórroga parcial para Judá y l ibrar
a muchas de las ciudades de J udá de la devastación del egipcio Sisac. De
entre los nu merosos profetas que, sin duda, vivían en aquel tiempo, Dios
escogió a Semaías para comun icar estos mensajes, y de ello se puede con
cl uir que D ios lo cons ideró como profeta de alto n ivel espiritual ante Sus
ojos.
b. RESPETABILIDAD
Es digno de notarse el gran respeto que Roboam y sus jefes mostraron
hacía Semaías en las dos ocasiones en que habló. En la primera, se había
hecho un gran esfuerzo para reunir un ejército de 1 80.000 hombres; no h ay
duda de que se hab ían elaborado planes muy detal lados y se habían al
macenado prov isiones copiosas para un ataque de tal magn itud contra la
nación del norte; y no es fácil disuadir a u na persona de sus planes cuando
se ha hecho un esfuerzo tan enorme. Con todo, cuando vino Semaías y le
dijo a Roboam que desistiera de su i n tento, éste obedeció y, a l parecer, sin
n ingún titubeo. Es hasta sorprendente l a forma en que se most ró dispuesto
a acceder a la i ntimación que Semaías le h izo.
Lo mismo puede decirse en relación con la campaña de Sisac. Roboam
estaba preocupado por ella y había convocado a s us l íderes para ver las
medidas que había que tomar a fin de contrarrestar aquel avance. Fue en
este m omento cuando llegó Semaías y pronunció su mensaje de reprensión,
precisamente en u n momento en que Roboam n o estaba en condiciones de
ánimo para recibir tal mensaje. Pudo haber contestado duramente, pero no
lo h izo, sino que, por el contrarío. él y s us jefes se humillaron delan te de
Dios y respetaron p lenamen te las palabras del profeta; entonces Dios dio
su mensaje de dismi n ución del castigo por medio de Semaías. Claramente,
éste era un hombre que pronunci aba sus mensajes con autoridad, para que
hasta el rey reaccionase de tal modo.
c. VALENTIA
Los dos mensajes que comun icó Semaías demandaban una valen t ía
poco común. El que los pronunciase con autoridad no disminuye del hecho
de que se necesitaba mucha valentía para darlos. Semaías podía haber
considerado que ambos mensajes le resultarían desagradables al rey, y pudo
haber tenido miedo de pronunciarlos, pero los comu nicó, y ello dice m ucho
en su favor.
d. CAPACIDAD LITERARIA
También Sema ías escribió un libro y. aunque no escribió tanto como
Hu con temporáneo Iddó, mostró algún interés en este terreno y. sin duda,
ci ('rta habil idad literaria.
208 LOS PROFETAS DE ISRAEL
C. AZARJAS
Al entrar en el estudio del profeta Azarías, pasamos al reinado de Asá,
el tercer rey de J udá. Como ya se dijo, A sá fue el primero de los reyes
religiosamente buenos del reino del sur. Es lógico pensar que, bajo reyes de
esta condición, era más agradable la vida para los verdaderos profetas.
Azarías es mencionado sólo en un lugar, 2 Cr. 15:1- 8. El vers. 8 nos
presenta un problema, pues los siete primeros verss. refieren un mensaje
comunicado por Azarías al rey Asá, y a continuación dice el v. 8: "Cuando
Asá oyó estas palabras y la profecía de Oded el profeta. cobró ánimo . . . "
Esto parece indicar que fue Oded, no Azarías, quien pronunció esta pro
fecía; esto contrasta con el vers. 1, donde Oded es llamado el padre de
Azarías. Es probable que, en la transcripción del original, se haya metido
solapadamente algún error en el texto de q ue disponemos. Hay dos expli·
cacíones posibles; la primera es que las palabras "de Oded el profet