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ANALISIS DEL QUIJOTE
WPRDA DE ORRWTAR-33,
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DBL (UDUIUDITB,
POR EL TENIENTE CORONEL
3). 3,.cate de los 30s,
Académico DE NUMERO,
a A-MA-AMA Awwwwww.wewewewewewewewewewewewewewewewewewewewewewewewe
MIGUEL DE CERVANTES
SAAVEDERA,
ESCRITA E ILUSTRADA
CON vARIAS NOTICIAS Y DOCUMENTOS INEDITOS PERTENECEN,
TES ALA HISTORIA Y LITERATURA DE SU TIEMPO,
Por
Jon Martin Strmambre; bor llamarrett,
Secretario de S.M., Ministro jubilado del consejo de la guerra, individuo
denúmero de las reales academias española y de la historia, académico
de homor, y secretario de la de S. Fernando.
furceloma:
iMPRENTA DE LA vUDA E hijos DE COIRCIS
CON LICENCIA.
1854.
uicio crítico
ANALISIS DEL QUIJOTE,
POR EL, TENIENTE CORONEL
09, Scoute de los Ríos,
Académico DE NUMERo.
xxxxxxx.
ARTICULO PRIMERO.
PRINCIPIOS EN QUE SE FUNDA ESTE: ANALISIS.
LA mayor parte de los autores que celebran el Quijote se han
empeñado mas en darle elogios generales, que en formar un
análisis exacto que descubra clara y distintamente su plan y su
carácter y objeto. Esta empresa, aunque árdua y difícil y es in
dispensable en el presente discurso, por ser el medio mas ade
cuado y oportuno para manifestar cada una de las escelencias
de la obra y todo el mérito de su autor.
2. El modo mas obvio y natural de calificar las obras de in
genio es compararlas con otras del mismo arte y de la propia
especie. La emocion y placcr que siente un lector instruido y
sabio en la Eneida de Virgilio le sirve de regla para juzgar la
Jerusalen del Tasso ó el Paraiso de Milton, por la semejanza ó
desproporcion que encuentra entre estas obras comparadas con
la primera. La fábula del Quijote, original y primitiva en su
especie, no puede sujetarse á este juicio, porque no hay otra
con quien compararla. Cervantes está en el mismo caso que Ho
mero; y las reflexiones que se saquen del arte y método obser
vado por este autor en el Quijote, servirán de regla para juzgar
las demas fábulas burlescas, asi como las observaciones hechas
por Aristóteles sobre la Ilíada y Odisea fueron el fundamento
de las leyes que este sabio filósofo dió en su Poética á las fabu
las heróicas.
2: ANALISIS
3 Para encontrar los verdaderos principios en que debe fun.
darse el juicio del Quijote, es preciso recurrir á las fuentes del
buen gusto, y descubrir en ellas el modo mas natural y agrada
ble para divertir el espíritu y mover el corazon humano, imi
tando la accion de un personage ridículo y estravagante. Este
presenta desde luego á la imaginacion de los lectores la idea de
un héroe, á quien el autor atribuye una sola accion con un de
terminado fin, lo que igualmente sucede en las fábulas épicas:
por consiguiente los principios generales de estas fábulas pue
den servir tambien para hacer juicio del Quijote, no perdiendo
nunca de vista en su aplicacion la diferencia que debe haber
entre contar naturalmente la accion ridícula de un héroe bur
lesco, cuyo ejemplo debemos huir, ó referir poéticamente la
accion maravillosa de un verdadero héroe, áquien por precision
hemos de admirar.
4. Con esta limitacion se puede comparar Cervantes á Pío
mero. Ambos fueron poco estimados en sus patrias, anduvieron
errantes y miserables toda su vida, y despues han sido objeto de
La admiracion y del aplauso de los hombres sabios en todas las
edades, paises y naciones. Siete ciudades poderosas disputaron
entre sí el honor de haber servido de cuna á Homero, y seis vi
llas de España han litigado el derecho de ser patria de Cervan
tes. Ambos fueron ingenios de primer órden, nacidos para ilus
trar á los demas, y para fundarse un imperio particular en la
república de las letras. Uno y otro sacaron sus invenciones del
tesoro de la imaginacion con que los habia dotado la naturaleza;
pero Homero remontando su vuelo presentó á los hombres toda
la magestad de sus dioses, toda la grandeza de los héroes, y to
das las riquezas del universo. Cervantes menos atrevido, ó mas
circunspecto, se contentó con retratarles al natural sus defectos,
tirando al centro del corazon humano las líneas de su instruc
cion, y adornándola con todas las gracias que podían hacerla
amable, provechosa y suave. Aquel sacó á los hombres de su
esfera para engrandecerlos, y este los encerró dentro de sí mis
mos para mejorarlos. En Homero todo es sublime, en Cervan
tes todo natural. Ambos son en su línea grandes, escelentes é
inimitables : pero en esta parte conviene mejor áCervantes que
á Homero el elogio de Veleyo Patérculo, porque efectivamente
ni antes de este español hubo un original á quien él imitase, ni
despues ha habido quien sepa sacar una copia de su original
imitándole. Por esto los literatos, que han visto la multitud de
DEL QUIJOTE, 3
volúmenes escritos en alabanza de Homero, disimularán con fa
cilidad la prolijidad de este análisis: en el cual es preciso, antes
de formar juicio del Quijote, dar una idea de los principios en
que debe fundarse, y aplicarle despues con individualidad las
reglas que resulten de ellos. De este modo no solo servirá de
ilustracion á los lectores para conocer y apreciar esta obra, sino
tambien les dará luz para calificar el mérito de las demas fá
bulas burlescas.
5 Los principios generales que pueden aplicarse á la fábula
del Quijote, igualmente que á las heróicas, se encuentran con
mayor facilidad observando sencillamente la naturaleza y fin
de las mismas fábulas, que estudiando las varias obras didácti
cas escritas sobre este asunto, cuyas ideas vagas, informes y
opuestas entre sí sirven mas para confundir el entendimiento,
que para ilustrarle. La sana razon enseña que los preceptos de
las artes deben ser breves, claros, sencillos y deducidos todos
de un principio fijo y determinado, cual es, que las obras del
arte sean medio preciso y seguro para que el artista logre el
fin que se propuso.
6 El fin de todos los fabulistas sensatos y juiciosos consiste
principalmente en instruir deleitando: fin muy útil á la socie
dad, porque destierra de ella el ocio con el entretenimiento, y
los demas vicios con la enseñanza. El deleite ocupa el espíritu,
previene la atenciou de los lectores, y los precisa á que reciban
con gusto la enseñanza disfrazada con la máscara de la ficcion,
y dorada con la novedad de lo maravilloso ó de lo ridículo:
estremos ambos, que bien manejados embelesan y suspenden
el ánimo, porque le sacan de la esfera de los sucesos comunes
y ordinarios de la vida, con los que ya estamos familiarizados.
De que se sigue que el objeto de la fábula debe ser á propósito
para agradar á los lectores, á fin de que por su medio consiga
el autor instruirlos.
y El objeto de la fábula es la basa en que estriba todo el edifi
cio de ella, y la idea que regla su arquitectura. El cuerpo ó el
todo de la obra no es otra cosa que esta misma idea desenvuel
ta y delineada por menor con todas sus circunstancias: por
consiguiente el deleite y placer, que está copo encerrado y con
tenido en el objeto de la fábula, debe manifestarse clara y dis
tintamente á los lectores en el todo de ella y en cada una de sus
partes, creciendo y aumentándose desde el principio hasta el fin,
ó á lo menos sosteniéndose con igualdad en toda la obra.
4 ANALusis
8. Las reglas fijas para lograr este agrado de los lectores
proceden de la naturaleza del espíritu humano, cuyo placer,
deleite é instruccion se solicita en las fábulas.
9 Nuestro espíritu es naturalmente curioso , inconstante y
perezoso. Para agradarle es indispensable incitará un tiempo
mismo su curiosidad, prevenir su inconstancia y acomodarse á
su pereza. Todo lo que es raro, estraordinario, nuevo y de un
éxito dudoso é incierto, mueve la curiosidad del espíritu: la sim
plicidad y unidad convienen á su pereza, y la diversidad y va
riedad entretienen su inconstancia. De esta discreta observacion
de Fontenelle se deduce con evidencia que para agradar á los
hombres es necesario unir estas tres cualidades en el objeto que
se les presente.
1 o Esta reflexion y las anteriores dan la verdadera norma
para formar juicio de las fábulas agradables é instructivas. El
autor ha de elegir un objeto propio y apto para deleitar á los
lectores y conducirlos insensiblemente al fin que se propone.
De este objeto debe deducir una accion sola, completa, de pro
porcionada duracion, que escite la curiosidad, y sea verosímil
y variada con otras acciones subalternas, ó episodios enlazados
naturalmente con ella. Los actores han de ser conformes á la
accion, dependientes del héroe ó principal actor, todos de
diverso carácter, y constantes en su diversidad. La narracion de
la accion, que es el todo, ó cuerpo de la fábula, debe ser her
mosa, dramática y dulce. Ultimamente el estilo ha de ser puro,
enérgico y conveniente al asunto de la fábula. Observando estas
reglas formará un todo capaz de mover la curiosidad del lector,
variado y uniforme, correspondiente al objeto de la fábula, y á
propósito para la moral que quiera enseñar en ella. De la nove
dad en el objeto elegido resultará la fábula original, de la dis
crecion en la moral útil, y de las otras circunstancias agradable.
El mérito de Cervantes, y la destreza con que supo unir y ma
nejar estas tres cualidades, se manifestará palpablemente apli
cando las referidas observaciones al Quijote, para hacer juicio
de esta obra, de la que solo se notarán aquellas gracias óper
fecciones mas esquisitas ó mas ocultas, pasando en silencio mu
chas, que ningun lcctor dejará de percibir aunque no las co
DEL QUIJOTE. 5
ARTICULO II.
NOVEDAD DEL OBJETO DEL QUIJOTE.
11 La eleccion de Cervantes en el objeto de esta obra fue
tan acertada, que solo el título de ella presenta desde luego al
lector en el ridículo carácter del héroe la idea y el objeto de una
fábula, no solamente nueva y original, sino tambien mas agra
dable é instructiva por su naturaleza, que las otras fábulas cu
yo asunto es heróico, y su moral séria é indeterminada.
La La mayor parte de los sabios creen que el fin de los au
tores de estas fábulas no es enseñará los hombres una verdad so
la, sino darles un tratado completo de moral : é igualmente
convienen en que el objeto de las mismas fábulas es escitar la
admiracion de los lectores con la union de lo maravilloso y
heróico. Por consiguiente el deleite y placer que se siente en su
leccion debe resultar precisamente de la claridad y distincion
con que el lector penetre la mutua dependencia de las acciones
de los héroes con el influjo y decretos de las deidades: conoci
miento y placer reservado al corto número de personas sabias,
capaces de leer estas obras con inteligencia: el resto de los hom
bres ni las entiende, ni las aprecia, ni las lee, ni las conoce
La moral, la enseñanza y los ejemplos que encierran para ins
truccion de los lectores, tienen igual limitacion, y solo pueden
aprovechará alguno de estos, de los cuales verosímilmente nin
guno ha corregido sus costumbres movido de los sanos consejos
de la Ilíada ó Eneyda. El poco efecto de cstas instrucciones
pende precisamente del carácter de las mismas fábulas y de la
índole del corazon humano. Honero, padre y maestro de to
das ellas, eligió para las suyas dos asuntos heróicos: los demas
á su imitacion han hecho lo mismo; y por tanto sus consejos,
sus moralidades y ejemplos son generales, serios, aplicados á
personas de alta clase, y por lo comun á príncipes, cuyos de
fectos, por pequeños que sean, son muy perjudiciales á la so
ciedad, y sus resultas trágicas y lastimosas. Por otra parte el
corazon humano, naturalmente inclinado á la felicidad, al ocio
y á la libertad, oye regularmente con disgusto las reprensiones
generales que le comprenden, escucha con repugnancia el tono
magistral de los consejos serios, mira con despego los sucesos
trágicos, y ve con indiferencia los ejemplos de la miseria hum
ma en oersonas de otra esfera y clase distinta y porque se pe
6 ANALISIS
suade que jamas podrá hallarse en igual situacion ni peligro.
De aqui proviene que la moral de estas fábulas no hace mas que
una impresion pasagera en el ánimo de los lectores, la cual
se desvanece y acaba con la misma leccion, sin dejar estampa
do en su ánimo rastro alguno que pueda contribuir despues á la
correccion ó enmienda general que sus autores solicitaron.
13 Todo es al contrario en el Quijote. El fin principal de
Cervantes fue la correccion de un vicio solo; pero de un vicio
arraigado y altamente impreso en el vulgo, que estaba infatua
do con el falso pundonor de la caballería andante, y con las
perniciosas historias que contenian las estravagantes proezas de
sus imaginados héroes. Para lograr este fin le sugirió su ingenio
original un medio nuevo y jamas intentado de otro alguno. Eli
gió por objeto de su fábula escitar la risa y diversion de los lec
tores, pintándoles en ella un caballero andante tan desvariado
y fanático, que sola su idea y su nombre hicieron ridícula y
despreciable aquella caballería tan aplaudida. El vulgo mismo
avergonzado de su error derribó el ídolo luego que le vió tan
graciosamente representado al natural.
14. Este medio, hallado por Miguel de Cervantes en la repú
blica literaria para corregir los vicios de la civil, es mas llano ,
mas popular y menos elevado que el de Homero y sus imitado
res; pero por lo mismo es mas fuerte, mas poderoso para con
trastar y vencer el carácter y complexion de la multitud, y mas
adecuado al temple del corazon humano, Todos los hombres
tenemos una secreta propension á la sátira y á la burla, y todos
somos tambien naturalmente inclinados á la imitacion y al re
medo ; asimismo el amor propio, que es la pasion mas domi
nante y mas profundamente grabada en nuestro corazon, nos
fuerza insensiblemente á creernos superiores á los demas de
nuestra especie, y consiguientemente á disimular las faltas pro
pias, y á descubrir y notar las agenas. No hay escena alguna en
el teatro de la vida donde logre nuestro amor propio mayor com- .
placencia que en la representacion satírica, ó en el remedo bur
lesco de un vicio, y mucho mas si está contraido áuna determi
nada persona. En ella encontramos dos gustos, el de ver lo ridícu
lo de los vicios, y el de verlo aplicado á otro sugeto distinto. Esto
nos hace estar atentos á la representacion, fija las gracias y cir
cunstancias de ella en nuestro ánimo, y nos mueve á desviar y
apartar lejos de nosotros la ridiculez que en otros nos ha provo
cado árisa. Igualmente aquellos pocos á quienes el mismo amor
DEL QUIJOTE. 7
propio les permite que se conozcan poseidos de aquel vicio, y
comprendidos en la burla y remedo, no solo no se atreven á
continuarlo, sino que lo evitan con cuidado, temiendo hacerse
objeto de la risa de los demas, y parecer en público como retra
tos de aquel original. Asi por este medio de contrahacer y reme
dar los defectos como ridículos y dignos de la risa y desprecio
comun, se consigue un deleite y pasatiempo general y una
correccion aun mas general que el mismo deleite.
15 Este placer y enseñanza fueron los efectos que causó el
Quijote, purgando con el eléboro de la risa las cabezas ter
cas y obstinadas que habían resistido al poder de las leyes civi
les, y á las vigorosas y serias impugnaciones de la moral. La
esperiencia ha manifestado que este específico, tan diestramen
te aplicado por Cervantes, no tiene solo el mérito de la novedad,
sino al mismo tiempo una fuerza irresistible á la dolencia, y un
gusto naturalmente acomodado al paladar de los enfermos.
16 La union de estas circunstancias en el objeto del Quijo
te acredita la eleccion de Miguel de Cervantes; pues en fuerza
de ella abrió desde luego á su ingenio una senda tan original co
mo la de Homero , y mucho mas acomodada , para encaminar
por ella á los hombres hácia su utilidad y deleite: eleccion dis
creta, oportuna y peculiar de los grandes maestros, que saben
dar todo el realce posible á sus obras con una sola pincelada.
ARTICULO III.
CUALIDADES DE LA ACCION.
17 De este objeto escogido con tanto acierto dedujo Cervan
tes la accion de su fábula, que es la locura de D. Quijote: al
modo que la de la Ilíada es la ira ó cólera de Aquiles. Aristóte
les dice que Homero, asi como en las demas cosas fue escelen
te, tambien conoció lo mejor en la unidad de sus fábulas, por
que en la Ilíada y Odisea no finge todas las cosas que su
cedieron á Ulises y Aquiles, sino solo aquellas que pue
den constituir una sola accion. Del mismo modo Cervantes no
fingió toda la vida de D. Quijote, sino únicamente aquella parte
de ella relativa á su locura, que es la única accion de la fabula.
Por esta razon la comenzó desde el principio de la manía, y no
desde el nacimiento de D. Quijote, á semejanza de Homero, que
segun la discreta observacion de Horacio, no empezó por la
8 ANALisis
muerte de Mcleagro para referir la vuelta de Diomédes, ni tam
poco la guerra de Troya desde el nacimiento de Cástor y Pólux
Los que han aplaudido el Gerundio como una obra comparable
al Quijote pueden aplicarle esta y las restantes observaciones,
y conocerán cuán difícil es quitar la clava de la mano de Hér
cules.
18 La accion del Quijote tiene tambien las circunstancias
de completa y proporcionada en su duracion. Ya se sabe que
una accion se llama íntegra ó completa cuando consta de prin
cipio, medio y fin, La Ilíada principia por la cólera de Aquiles,
continua con sus efectos, y finaliza con su satisfaccion; é igual
mente en la fábula de Cervantes vemos nacer, crecer y acabar
se la locura de D. Quijote,
19. La magnitud de la accion, ó la distancia que debe haber
entre su principio y su conclusion, es lo que entendemos por
duracion, Aristóteles la esplica con una agradable metáfora.
Cualquiera cosa hermosa que sea compuesta de diversas partes,
dice este filósofo, no solo debe estar bien ordenada, sino ser
tambien de una congruente magnitud, pues la hermosura con
siste en la proporcion y el órden. Por lo cual asi como no pue
de parecer hermoso un animal demasiadamente pequeño, por
que se hace imperceptible á la vista y la confunde, asi tampoco
podrá parecerlo el que fuere en estremo grande, porque la vista
no puede comprenderle de una vez; antes bien aquel todo huye
y se oculta á la consideracion de los que le contemplan. Este
ejemplo, aplicado á la accion de la fábula, manifiesta que su
magnitud y duracion deben arreglarse de modo que ejerciten
- la atencion del lector sin confundirle.
2o Homero es alabado justamente por la sabia economía con
que limitó la duracion de la Ilíada á solos cuarenta y siete dias,
resultando de esta corta duracion la proporcionada magnitud de
la fábula, y la facilidad para comprender toda su accion junta
mente con los episodios, máquinas y demas ornamentos poéti
cos con que la varió y enriqueció. El Quijote, adornado con
tanta diversidad de episodios y circunstancias agradables, tiene
igual proporcion en la magnitud de su fábula, cuya accion du
ra solos ciento sesenta y cinco dias,
a 1. La unidad y competente duracion de la accion son
cualidades acomodadas á la pereza de nuestro espíritu. La inte
gridad, el interes y verosimilitud de esta misma accion son res
pectivas á su curiosidad: la integridad ó complemento de la ac
3.
DEL Quijote. 9
cion la satisface, y el interes y verosimilitud la escitan y man
tienen.
2 a El interes nace de dos principios: ó de la naturaleza de
la misma accion, ó de los estorbos que se oponen á la empresa
del actor. El primero pertenece á la voluntad, porque nos mue
ve; y el segundo al entendimiento, porque nos divierte y en
tretiene. Nuestro corazon se interesa mías y siente mayor emocion
cuanto mayor es la relacion que tiene con el actor que se le pre
senta en la fábula: porque cualquier hombre se complace mas
en ver obrar y triunfar á un individuo de su misma especie, de
su mismo pais y de su propia religion, que á otro á quien falte
cualquiera de estas circunstancias. La accion de la fábula deter
mina la especie de interes dominante en ella respecto á la situa
cion de los lectores : asi el interes de religion es principal para
los cristianos en la Jerusalen del Tasso, el interes de nacion el
que mueve mas á los franceses en la Enríada , y el interes de
humanidad el que nos ha quedado solamente en la Ilíada y
Eneyda. Este es el mas esencial en cualquiera fábula, porque
es el único que subsiste siempre, y qué comprende á todos los
individuos de la especie humana. La Ilíada es superior á las de
mas fábulas en este punto, porque su accion no es una empresa
particular respectiva á esta ó la otra nacion; sino una pasion,
una accion sacada del corazon humano, que por consiguiente
interesa átodos los hombres en general.
23 El interes de humanidad varia relativamente al objeto
de las fábulas. En las heróicas nos interesamos por la admiracion
que nos causa la accion de un héroe á quien favorecen las dei
dades; y en las burlescas nos divertimos con la risa á que nos
mueve la locura y estravagancia de un actor ridículo: aquella
admiracion y esta risa son agradables á todos los hombres, y
generales en ellos: consiguientemente la accion ridícula del Qui:
jote interesa á toda la humanidad, como la heróica de la Ilía
da , con la diferencia que la emocion causada por un objeto ri
dículo es mas natural y permanente, que la que resulta de la
admiracion de un asunto heróico.
24 De esta observacion se infiere que la religion del héroe,
se mira con indiferencia en las fábulas burlescas, y que el inte
res de nacion obra en ellas al contrario que en las heróicas. En
esta se aumenta á proporcion de la mayor inmediacion al héroe
y en aquellas se disminuye en la misma razon. La accion de
Aquiles interesaba mas á los griegos que á los bárbaros, y
mas á los mirmídones que á los otros griegos: la de Don
Quijote interesó menos á los españoles que á los estran
geros, y menos á los manchegos que al resto de la nacion.
La razon es obvia, porque todos los hombres nos atribuinos
parte de la gloria de los que nos pertenecen, y procuramos
evitar lo ridículo de ellos que se nos puede atribuir. De aqui
nace que las fábulas heróicas son desde luego recibidas con
aplauso por todos los nacionales del héroe, y las burlescas su
fren siempre en su misma patria grandes persecuciones de
aquellos que se creen retratos del actor original; pero esto
mismo cede en aumento del interes de humanidad: porque
al fin los opositores se enmiendan , la persecucion calma, y
la fábula triunfa y conserva para siempre el principal mérito
de agradar átodos los hombres, despues de haber corregido á
algunos. En este caso está ya el Quijote: el interes de nacion y
de religion de su héroe son indiferentes como en la Ilíada, y
ambas fábulas agradan por el interes de humanidad, que vivi
rá siempre.
25. El interes de la accion perteneciente al entendimiento
es aquel que mueve su curiosidad por medio de los obstáculos
opuestos al héroe. Los humanistas llaman á estos obstáculos
nudos, y al medio que sirve para vencerlos, desenlace. De es
ta circunstancia proviene la diferencia entre las acciones ordi
marias de la vida, y las estraordinarias de las fábulas. Aquellas
para que sean completas, basta que tengan principio, mcdio y
fin: estas para serlo y para interesar al lector, necesitan que
su medio sea un nudo, y su fin el desenlace ó solucion de aquel
mudo. Todo hombre que lee una fábula pone su atencion en
Ila empresa del héroe, y en los medios de que se vale para con
seguirla: los obstáculos que impiden el logro de esta empresa
incitan á un mismo tiempo el esfuerzo del héroe para sobrepu
jarlos, y la curiosidad del lector para ver el efecto que surten,
hasta que llegando el fin ó desenlace de la accion queda el es
fuerzo del héroe triunfante, y la curiosidad del lector satisfecha.
26 Á mas del nudo principal de la accion debe haber en
ella otros varios obstáculos menos considerables, que pongan al
héroe en algun peligro, mantengan la curiosidad del lector, y
varien la fábula. La solucion ó éxito de estos lances ha de ser
de modo que el héroe quede en salvo, y no en reposo, y la cu
riosidad del lector contenta, pero no satisfecha.
27 Todo obstáculo ó nudo es mejor mientras mas indisolu
----La-L------- - – -
DEL QUIJOTE. 1r
ble parezca; y la solucion lo será tambien á proporcion que fue
re mas sencilla y natural, y mejor deducida de la accion.
a8. Los obstáculos nacen precisamente de la flaqueza ó ig
norancia del actor. Cuando resultan de esta se disuelven con el
conocimiento claro de lo que antes se ignoraba, y cuando pro
vienen de flaqueza se vencen ausiliándola con una fuerza su
perior. A la primera solucion llaman, en aquel idioma con que
han querido oscurecer las artes, desenlace por agnicion ó reco
nocimiento; y á la segunda por peripecia ó revolucion.
a 9 Como el objeto de la fábula épica consiste en interesará
los hombres admirándolos, es necesario que los obstáculos
opuestos al héroe sean de una dificultad estraordinaria y supe
rior á sus fuerzas, y que los desenlaces provengan del concur
so de las deidades, De este modo se aumenta sucesivamente la
admiracion, se enlaza lo maravilloso con lo heróico, y lo estra
ordinario del nudo con la naturalidad y verosimilitud de la so
lucion,
3o Del objeto de la fábula burlesca se origina que su accion
conste de una infinidad de nudos y desenlaces, que presentan á
la curiosidad éinconstancia de nuestro espíritu un incentivo con
tinuo, y un espectáculoagradable por su variedad. La accion de
un héroe es una empresa dirigida con eleccion y conocimiento
hácia un cierto fin: todos los medios de que se vale para lograrle
van gobernados por la prudencia, y encadenados recíprocamen
te: al contrario, un actor ridículo se propone un fin disparata
do, é incapaz de lograrse por ningun medio, y los que pone en
práctica son estravagantes, desvariados, inconexos entre sí, y
con el objeto de sus ideas, Tambien un héroe encuentra obs
táculos efectivos propios de su accion, ó dispuestos por una
causa superior para impedirla, y los supera realmente con sus
esfuerzos, ó con el ausilio de otra causa mas poderosa; pero el
actor ridículo, solo y abandonado ásu locura, ni tiene quien de
terminada y constantemente se le oponga, ni menos halla en sí
recurso para remover los estorbos que se le presenten: por lo que
toda su accion es una serie de sucesos casuales, vagos é indeter
minados. Cada uno de ellos es un obstáculo accidental, que se
disuelve tambien casualmente:y el conjunto de todos compone
el nudo principal de la accion, que consiste en el aumento de la
estravagancia del actor, y no tiene otro modo mas natural de
desatarse que el fin y la conclusion de aquella estravagancia.
31. La Ilíada es escelente en el enlace de lo maravilloso y
ya ANALISIS
hcróico, de cuya union resulta que los obstáculos sean estraor
dinarios y difíciles, y su solucion verosímil. Aquiles para satis
facer su cólera encuentra un estorbo invencible en la suprema
autoridad de Agamenon. Aquel héroe, el mas valeroso del ejér
cito, estaba justamente ofendido, y era ademas hijo de una dio
sa: por consiguiente tenia á favor suyo la justicia de su causa,
la proteccion de su madre, y el interes de todas las deidades
amigas de los griegos, con cuyo ausilio triunfó al fin de Aga
menon, y quedó satisfecho. De todas estas circunstancias com
puso Homero el admirable dechado de su fábula, donde estan
entretejidos con singular destreza y profusion lo maravilloso
con lo estraordinario, y uno y otro con lo verosímil: pues no
hay cosa mas creible para los hombres que ver los obstáculos,
insuperables en su concepto, vencidos por el concurso ó dis
posicion de la divinidad.
32 Cervantes merece igual alabanza por la discrecion con
que supo manejar lo ridículo haciéndolo verosímil, y sasándo
ko de varios objetos donde solo su ingenio podia encontrarlo.
Como la accion de su fábula es la manía de D. Quijote por re
sucitar la caballería andante, era preciso que este héroe saliese
á campaña. Los caballeros andantes encontraban á cada paso
una aventura; y el todo de estas aventuras era el asunto de las
historias que Cervantes queria desterrar, y D. Quijote intenta
ba imitar: asi el fin del autor y del héroe requerían que su ac
eion fuese un tejido continuo de aventuras procedidas todas de
la locura del actor, y unidas con ella. Esta es la causa por que
el Quijote entretiene á los hombres mas agradablemente que
las fábulas heróicas, y por que tambien los obstáculos de su
accion son tan estraordinarios, y su éxito tan nuevo y natural.
En la fábula épica ve el lector todos los acontecimientos como
fueron en sí, y como los vió el héroe, de suerte que la relacion
de ellos le presenta cuando los lee el propio espectáculo que tu
vo el héroe cuando sucedieron. Por otra parte la naturaleza
misma de la accion pone desde luego presentes al entendimiento
del lector los estorbos que pueden resultar de ello; y la rela
cion del héroe con las deidades le manifiesta las causas sobre
naturales que es regular concurran á impedirla ó facilitarla :
por lo cual cuando el héroe se ve en algun peligro natural, ó
dispuesto por alguna deidad enemiga , el lector espera que el
valor y prudencia del héroe, ó el ausilio de los dioses que le
favorecen, le sacarán salvo de aquel peligro; y este anticipado
DEL Quijote. - 13
conocimiento quita parte de la novedad á los sucesos y dismi
nuye la curiosidad previniéndola.
33 No sucede asi en la fábula de Cervantes : cada aventura
tiene dos aspectos muy distintos respecto al héroe y al lector
Este no ve mas que un suceso casual y ordinario en lo que pa
ra D. Quijote es una cosa rara y estraordinaria, que su imagi
nacion le pinta con todos los colores de su locura, valiéndose
de la semejanza ó alusion de las mas mínimas circunstancias
para trasformar los molinos de viento en gigantes, la bacía del
barbero en yelmo de Mambrino, y los títeres en ginetes moris
cos. El lector siente un secreto placer en ver primero estos ob
jetos como son en sí, y contemplar despues el estraordinario
modo con que los aprende D. Quijote, y los graciosos disfraces
con que los viste su fantasía. Este placer es una de aquellas
gracias privativas del Quijote, que no pueden tener las fábulas
heróicas. .
34. Antes que se disipe la complacencia que resulta de estos
dos aspectos de las aventuras, tiene el lector otro espectáculo
igualmente curioso en el enredo y éxito de las mismas. Como
la dificultad verdadera de estas pende de su naturaleza , y la
que tienen respecto á D. Quijote procede de su aprension y lo
cura, el lector, aunque conoce clara y distintamente la facilidad
ó dificultad de estos nudos, no puede graduar cómo los estre
chará el antojo de D. Quijote, ni menos conjeturar cuál será su
éxito, porque uno y otro han de ser efectos del capricho de un
loco, ó de la casualidad, que no guardan reglas fijas. Esta inde
cision aumenta su curiosidad, y contribuye á que sienta una
agradable sorpresa, viendo el estravagante y singular modo con
que D. Quijote aumenta la dificultad de las aventuras mas ase
quibles,y se representa como fáciles las que son en realidad in
superables. El éxito ósolucion de estas aventuras es igualmente
natural é imprevisto. Rara vez sale bien D. Quijote de sus em
presas; y cuando sucede asi es por un efecto de la casualidad;
pero en su concepto siempre queda victorioso, porque la feli
cidad casual la atribuye á su propio valor, y la infelicidad ver
dadera á la casualidad, á la fuerza superior de un encantador
enemigo, ó bien á otras disculpas propias de su locura, con las
que cada vez se confirma mas en ella. Asi en cada aventura hay
por lo regular dos obstáculos y dos éxitos, uno efectivo en la
realidad, y otro aparente en la aprension de D. Quijote, y am
bos naturales, deducidos de la accion, y verosímiles, sin em
bargo de ser opuestos: porque el lector no compara las dificul
tades y soluciones aprendidas por D. Quijote con las verdaderas,
sino con la manía de este héroe, que es preciso se las represen
te al reves de lo que son : de que procede que los mismos he
chos que en las historias de Amadis, Belianis y demas caballeros
andantes son enfadosos é increibles, son al contrario verosími
les y agradables en el Quijote, porque en este se presentan co
mo una apariencia de su loca imaginacion, y en aquellas como
sucesos reales y efectivos.
35 Si se reflexioma el destino que tienen los obstáculos y
desenlaces en las fábulas, se conocerá que el tener dos éxitos
las aventuras de D. Quijote es una de las circunstancias que
acreditan mas el ingenio y juicio con que Cervantes dispuso
los nudos y soluciones de su fábula respecto al objeto de ella
y al carácter de su héroe. Los obstáculos deben estrechar el
nudo de la accion en cualquiera fábula, para poner al héroe
en precision de obrar y darse á conocer: por consiguiente la
solucion debe ser tal, que el héroe se confirme en su designio,
y continue en él , segun corresponde al objeto de la fábula.
Conforme á este principio está siempre en peligro el héroe en
las fábulas épicas , y sale siempre victorioso; porque de esta
suerte los obstáculos impiden y hacen difícil su accion, y al
mismo tiempo el éxito feliz de ellos le confirma en su de
signio, le anima á continuar en él, y nos le representa admi
rable, que es el objeto de estas fábulas. En las burlescas, cu
yo objeto es movernos árisa, ha de quedar siempre el actor
principal malparado, ó ridículo á los ojos de los lectores para
divertirlos, y venturoso y feliz en su concepto para confirmar
le en su estravagancia, y darle motivo á que la siga: pues un
joco, que efectivamente fuese valeroso y afortunado, seria mas
bien odioso é importuno, que agradable y divertido; como al
contrario si él mismo conociese que siempre era desventura
do y cobarde, al fin escarmentaría de su locura, y no seria
verosímil que la continuase. Este es el mérito principal de Cer
vantes: aquellos hechos que vistos como son en sí hacen ridí
culo y digno de risa á D. Quijote, aquellos mismos mirados
con el lente de la locura de este héroe, le representan como un
caballero valiente y afortunado. Solo la discrecion de este au
tor podia haber descubierto un medio tan ingenioso para que
las aventuras de D. Quijote ridiculizasen su accion en la reali
dad, y la hiciesen plausible en su inaginacion. "
1DEL QUIJOTE. 15
36 De aqui se sigue por una consecuencia natural, que el
nudo principal de una accion ridícula debe tener tambien estos
dos aspectos relativos á los lectores y al héroe, y ha de proce
der de la locura del mismo liéroe, y no de otra causa estraña.
La propiedad esencial del mudo de cualquiera fábula es tener
siempre al héroe en precision de obrar segun su carácter, y mo
ver la curiosidad del lector conforme al objeto de la fábula. En
Ilas heróicas una causa superior y opuesta al héroe le fuerza á
Iluchar continuamente con ella hasta sobrepujarla, con lo que
manifiesta su heroicidad, y escita la admiracion de los lectores.
En las burlescas la misma estravagancia del actor le precisa á
continuar constantemente en su locura, y á dar que reir á los
demas con ella. Si el nudo de la manía de D. Quijote proce
diese de una fuerza estraña, si era superior acabaria luego con
el esfuerzo del actor, y si fuese inferior seria destruida al pun
to por él, y en uno y otro caso se cortaria la accion en los prin
cipios por faltarle un obstáculo permanente que la sostuviese.
37 Del mismo principio se deduce que la revolucion ó mu
danza de la fortuna, y el reconocimiento ó nocion clara de lo
que antes se ignoraba, deben causar en la fábula burlesca una
solucion ó éxito inverso del que producen en la heróica; é
igualmente que las infelicidades en que caiga el actor ridículo
han de ser burlescas y no graves. Una pedrada ó una caida son
males leves, que mueven árisa : una herida ó golpe mortal se
ria un objeto de compasion mas bien que de alegría. Esta ra
zon convence que el desenlace principal de la accion debe ser
feliz como en la epopeya, porque en esta se representa al héroe
admirable, como en el Quijote ridículo; y si acabasen con des
gracia serian mas dignos de piedad, que de admiracion ó de ri
sa. Cualquiera que lea con atencion á Cervantes reconocerá la
destreza con que se valió, para perfeccionar la accion de su fá
bula, de estas observaciones y de otras muchas que es forzoso
omitir en este discurso.
38 El nudo principal se desata naturalmente con la conclu
sion de la locura del héroe. D. Quijote vencidó como caballero
andante, dió palabra de no continuar en aquel ejercicio: asi con
cluyó su locura por un efecto de la misma locura, que le pre
cisaba á cumplir su promesa infaliblemente, y ademas quedó en
reposo, y consiguientemente feliz en la realidad, aunque no en
su aprension. Los críticos que convienen en que el desenlace me
jor es aquel que fuere mas natural, sencillo, inesperado y dedu
16 ANALISIS.
cido de la misma accion, tendrán precision de confesar que la
solucion del Quijote es de las mas perfectas que ha producido
el ingenio de los hombres.
39. No es mas estimable esta obra por el interes con que su
accion mueve y satisface nuestra curiosidad, qne por la agra
dable variedad con que sus episodios entretienen nuestra incons
tancia. El destino de estos es servir de descanso á los lectores,
presentándoles otros objetos distintos de la accion principal en
estas acciones subalternas, las cuales deben estar enlazadas con
ella para conservar la unidad, tratar asuntos diversos entre sí
para multiplicar la variedad, ser mas ó menos dilatadas á pro
porcion de su relacion con el objeto de la fábula, y tener, si es
posible, su nudo y solucion particular. Aristóteles establece co
mo regla precisa que las fábulas épicas deben estenderse y dila
tarse con muchos episodios, y por esta causa dice que Homero
en la Ilíada se muestra divino sobre todos los demas poetas,
pues habiendo elegido una accion de proporcionada magnitud,
no quiso ceñirse á sola ella, sino interponer en su narracion
muchos episodios, con los cuales hace su fábula riquísima y lle
na de variedad.
4 o Sifuera lícito hacer enuneracion de los episodios del
Quijote, se manifestaria claramente el ingenio de Cervantes, la
fecundidad de su imaginacion, y la puntualidad con que obser
vó todas las reglas del arte. El que leyere atentamente esta fá
bula observará con una secreta admiracion que la mayor parte
de sus episodios, á mas de ser deducidos naturalmente de la ac
cion, y estar enlazados con ella, influyen tambien en su conti
nuacion, y preparan diestramente los sucesos posteriores. Tal
es el escrutinio de la librería de D. Quijote, cuyo objeto es ha
cer crítica y juicio de los libros de caballería (1.44). Este epi
sodio tan estrechamente unido con el objeto de la fábula, y tan
divertido para los lectores por la revista que pasan ante ellos to
das las historias caballerescas, parece á primera vista contrario
á la continuacion de la fábula, porque con la quema óreclusion
de estas historias, y la ocultacion del aposento que servia de li
brería, se le quitaba á D. Quijote la causa y principal fomento
de su locura; pero en este mismo es donde se mostró mas la dis
crecion de Cervantes. Como para satisfacer áD. Quijote cuando
buscase sus libros era forzoso darle una disculpa que le aque
tase, y ninguna podia cuadrarle si no tenia alusion con su ma
mía, supusieron que un encantador se había llevado los libros y
DEL QUIJOTE. 17
el aposento; y esta respuesta, que al parecer debia sosegarle y
curarle poco á poco, borrándole las ideas que no podia renovar
con la leccion, fue la que inflamó mas su estravagancia, y ati
zó el fuego de su locura. Persuadióse desde luego que respecto
á que tenia un encantador por enemigo declarado, era sin duda
ya tan famoso caballero andante como aquellos que se habia
propuesto por modelo, en cuyas historias representaban el pri
mer papel kos encantadores; y de esto dedujo todas las conse
cuencias que podían confirmarle en su necia resolucion, como
lo manifestó despues, atribuyendo las desgracias, que eran efec
tos de su locura, á la ojeriza de este sabio enemigo. Aqui se ve
claramente que la solucion de este episodio surtió un efecto
contrario al que se habian propuesto los autores de ella, y ani
mó á D. Quijote para continuar su accion en vez de impedírse
la. El célebre Pedro Daniel Huet, que cuenta áCervantes entre
los mas aventajados ingenios de España, le elogia con razon por
la aguda y prudentísima censura que hace de los libros de ca
ballería en este episodio; pero aun es mucho mas digno de ala
banza por la oportunidad de su solucion, que por todas las otras
apreciables cualidades que concurren en él:y la circunstancia
de ser el primero que la casualidad presenta en la fábula de
Cervantes, puede servir de prueba para conocer el mérito que
generalmente tienen los demas con que está entretejida y va
riada.
41 Ninguna cosa contribuye mas áhacer agradable esta va
riedad que la contraposicion, porque hace mudar enteramente
de objeto á los lectores, representándoles á continuacion de una
escena triste otra alegre, y mostrándoles el espectáculo de unos
juegos marciales despues de la pintura de una corte espléndida
y deliciosa. Pero este modo de diversificar los episodios, dándo
les objetos de especies distintas ú opuestas entre sí, no es tan
delicado ni tan singular como cuando son de una misma espe
cie, y su variedad nace de la diferente graduacion que tienen
dentro de aquella especie. Mas alabanza merece Homero por el
arte con que supo diferenciar el carácter de Aquiles, Héctor,
Diomédes, Ayax, Telamon y Patroclo, todos valerosos, y todos
de distinta graduacion en el valor, que si les hubiera dado ca
ractéres de especies diversas ó contrarias. En este caso está Cer
vantes: los episodios del Quijote, que son distintos en su espe
cie, son muy agradables por la variedad respectiva con que di
vierten á los lectores, desviando su atencion de ka locura de Don
Quijote; pero lo son con mucha mas particularidad aquellos que
tienen por objeto comun el amor, y manifiestan á los lectores"
por grados y sucesivamente todas las figuras y disfraces con
que se apodera de nosotros esta pasion tan propia de nuestra
naturaleza, y tan agradable y general en la flaqueza humana.
Si se lee la fábula de Cervantes con reflexion y conocimiento,
se verá retratado al natural el amor en todas sus posiciones y
actitudes: el trágico é infeliz en el episodio de Grisóstomo ( 1.
noo), el precipitado y mudable en las historias de Cardenio
(1.267) y Dorotea (11. 7), el ingenuo y pueril en el suceso de
Clara (11.261), el falso y engañoso en el casamiento de Lean
dra (11.361), el constante y resuelto en el lance de Quiteria y
Basilio (111...211), el fingido y burlesco en la pasion de Altisi
dora (v. 72,334), y el ligero y poco decoroso en la aventura
de la dueña Rodríguez (1v. 105). Estos episodios son escelentes
por el discreto modo con que muestran á los hombres todos los
embelesos y todos los peligros de esta dulce y venenosa pasion.
La relacion de los sucesos mueve muestro corazon con el estímu
lo mas sensible del amor, y el éxito de cada uno presenta á
nuestro entendimiento el consejo mas prudente que se le podia
dar en igual situacion. No son seguramente tan útiles los trata
dos filosóficos en que nos dan á conocer la naturaleza de esta pa
sion por medio de ideas abstractas y sutilezas refinadas, que se
evaporan y disipan al momento: la leccion de Cervantes, ani
mada con ejemplos prácticos, y determinada á personas fijas,
es mas permanente, agradable y provechosa. ,
42. La duracion de estos episodios es muy proporcionada á
la conexion que tienen con la fábula; y asi el de Cardenio y Do
rotea es el mas dilatado, porque contribuye á la continuacion
de la fábula y al fingido encanto (11.306) de D. Quijote con la
graciosísima suposicion del reino de Dorotea. Cervantes graduó
con mucha destreza la estension de los episodios; y si dormitó
como Homero alguna vez, supo igualmente que él recompensar
un pequeño descuido con grandes aciertos.
43 Entre las maravillosas ocurrencias del poeta griego una
de las mas singulares es la que tuvo en la eleccion del asunto de
algunos episodios, que por lo vario, agradable ó estraordinario
de su objeto son la admiracion de todos los hombres, y han
3º y serán imitados por todos los poetas épicos. La copia de
los juegos fúnebres de Patroclo se ve en el certámen que celebró
ueas en Sicilia por el aniversario de Anquises, y en los com
DEL QUIJOTE. 19
bates con que ganóTelémaco el cetro de Creta: Calipso y Circe
estan retratadas en Dido y en la misma Calipso; y finalmente la
bajada de Ulises al infierno fue tambien imitada por Virgilio en
la Eneyda, y por Fenelon en el Telémaco. Cervantes supo en
riquecer su fábula con tres episodios igualmente admirables quo
los de Homero; y en esta parte el fabulista español no es infe
rior al poeta griego, ni en la variedad de los objetos , ni én lo
estraordinario y nuevo de los asuntos, ni en las demas cualida
des, que son causa de la celebridad de aquellos episodios de la
Ilíada y Odisea.
44 En las bodas del rico Camacho (111.205) tienen los lec
tores un equivalente á los juegos y certámenes de las fábulas
épicas. En él se describen las parejas que corrieron los labrado
res, y las danzas de los zagales, de las doncellas y de las ninfas,
todas diversas por los adornos, y muy agradables por el artifi
cio de unas, por la discreta alegoría de otras, y por la propiedad
de todas. La relacion del sitio, del aparato y acompañamiento
de las bodas es en estremo amena, natural y divertida. El nudo
de este episodio escita la curiosidad del lector, y su inesperada y
agudísima solucion es admirable: de modo que atendido el ob
jeto popular del Quijote, era imposible encontrar teatro mas
adecuado para representar unos juegos, ni juegos mejor propor
cionados y correspondientes á aquel objeto.
45 La morada de D. Quijote en casa de los Duques corres
ponde perfectamente á la detencion de Eneas en Cartago (11.
3ro). Es muy digna de atencion la idea con que Cervantes in
trodujo este episodio para representar en él todas las aventuras
estraordinarias y maravillosas, que no podian suceder verosí
milmente á D. Quijote sin el ausilio del poder y habilidad de
un príncipe que se las proporcionase. En este episodio se pre
senta á los lcctores la pintura de una montería semejante á la
de Eneas y Dido (III. 354); pero mucho mas variada por las
máquinas y aparato con que despues de ella y en el silencio de
la noche se celebró la magnífica y noble aventura del desencan
to de Dulcinea. UEl estraño suceso de la Trifaldi (1v. 5) y su
continuacion son tambien un espectáculo tan divertido como
la relacion del saco de Troya : la aparicion del clavileño alíge
ro (v. 33) no es menos oportuna ni agradable que la descrip
eion del Paladion troyano, y los amores de Altisidora (v. 72)
son comparables en su línea con la pasion de Dido.
46 Aunque los mencionados episodios son estraordinarios y
2O ANALISIS
raros, con todo no parecen tan singulares como el de la cueva
de Montesinos (111. 225), adonde fingió Cervantes haber baja
6lo D. Quijote, al modo que los héroes de la mitología descen
dieron al infierno. El nombre de esta cueva, tomado de un ea
ballero andante, hace mas natural y verosímil este episodio,
que los sueños en que se fundan los de la Eneyda y Telémaco.
Cervantes unió en él toda la singularidad de que era capaz su
asunto, con toda la gracia y ridiculez propias de su objeto y de
la locura de D. Quijote. Primero se ve á este héroe abriéndose
camino con la espada, y derribando las malezas que estorbaban
la entrada de la cueva; y tambien se ve salir de entre su espe
sura una multitud de aves nocturnas, negras y agoreras. Des
pues sigue la relacion del mismo D. Quijote, en que encadena y
ata con la historia de Montesinos todas las estravagancias de su
imaginacion y de la caballería andante, como si efectivamente
las hubiese visto en los senos de aquella caverna. De aquí tomó
ocasion Cervantes para fingir que en ella estaban encantados el
caballero Montesinos, su escudero Guadiana, la dueña Ruidera,
sus siete hijas, y sus dos sobrinas: dando asi á las antigüedades
de la Mancha un orígen fabuloso y acomodado al carácter de
D. Quijote, al modo que Virgilio se valió de la bajada de Eneas
al infierno, para describir la descendencia de este héroe y la
grandeza romana. La aparicion de Dulcinea encantada en aque
lla cueva no es menos oportuna que el encuentro de Eneas con
Dido en la selva infernal; y no solamente enlaza este supuesto
encanto con los anteriores sucesos, sino que abre un camino na
tural al héroe para continuar su estravagante empeño de desen
cantarla. En fin si se considera la delicada union de lo estraor
dinario, lo ridículo y lo verosímil en este episodio, se conocerá
el ingenio, el arte y la fecundidad prodigiosa de su autor.
47 Una de las mas sabias reglas de Aristóteles para las fá
bulas épicas es que abunden en sucesos probables y estraordi
narios. Esta observacion aplicada á los referidos episodios, no
deja que objetará los críticos mas severos y ceñudos. Verdades
que los episodios del Quijote no son, absolutamente hablando,
tan magníficos y estraordinarios como los de las epopeyas; pe
ro lo son respectivamente á la naturaleza de aquella fábula, y
tienen tanto mérito en ella como los de Homero. Cervantes hu
biera podido á poca costa vestir su fábula con episodios del todo
heróicos y maravillosos; pero estos retazos de púrpura la hu
bieran afeado en vez de adornarla. El punto de la dificultad con
siste en hermosear la ficcion con lo estraordinario hasta la línea
señalada por lo verosímil, la cual jamas perdió de vista Cervan
tes en la accion de su Quijote.
48 Esta tiene la singularidad de haber sido sacada toda de
la imaginacion de Cervantes. Homero es original; pero las ac
ciones de sus héroes, y la intervencion de sus deidades, las en
contró en la tradicion y en la mitología griega, que le sirvieron
de norte para acomodar los sucesos de sus fábulas al gusto de
aquellos lectores: lo que manifiesta, que asi como los defectos
que ahora notamos en ellas no deben imputarse á Homero, sino
á las ideas y costumbres de su tiempo, del mismo modo muchos
de sus aciertos serian efecto de estas ideas, mas bien que de su
ingenio. Homero tomó lo maravilloso de sus obras de la boca
de los griegos: y Cervantes lo ridículo de su fábula de las ma
nos de la naturaleza : de ella sola sacó la accion del Quijote ,
que pulió despues con el arte y la lima hasta ponerla en estado
de entretener, interesar y complacer átodos los hombres, y
ARTICULO IV.
CARACTERES DE LOS PERSONAGES DE ESTA FABULA,
49 Para que la accion de una fábula sea correspondiente al
objeto de ella, no basta que tenga en sí todas las cualidades que
se han manifestado en la del Quijote; es forzoso tambien que
determine los personages, y se enlace con ellos, porque todo el
interes y verosimilitud de la accion pende de que sus actores
sean proporcionados y conformes á ella. Por esta razon despues
de haber examinado la accion del Quijote, se sigue naturalmente
la consideracion del carácter y costumbres de este héroe y de
mas personages que le acompañan.
5o El carácter no es otra cosa que aquella disposicion natu
ral que nos inclina á obrar siempre de un determinado modo,
la cual influye en nuestras operaciones, y se fortifica y da á
conocer por medio de ellas: de suerte que el carácter es propia
mente lo que llamamos genio, y la repeticion de actos confor
mes á este genio equivale á lo que se llama costumbres.
51 Estas en sentir de Aristóteles deben ser buenas, conve
mientes y constantes. La bondad no ha de ser moral, sino res
pectiva á la idea que nos den del personage la fama, la historia
y la mitología, óbien el mismo autor de la fábula cuando su
héroe es ideal, como sucedió áCervantes: por lo que represen
tando á Eneas piadoso, furioso áAquiles, y loco á D. Quijote,
sus costumbres son buenas con esta bondad respectiva.
5 a La conveniencia ó decoro de las costumbres es tambien
relativa á la edad, al sexo y á la clase ógerarquía del persona
ge. Si á un niño, á una muger, ó á un simple soldado se les
atribuyesen las costumbres de un príncipe adulto y belicoso,
no serian convenientes ni guardarian el decoro. Esta couve
niencia en los héroes conocidos por la historia ó la mitología,
se llama semejanza , porque los pinta conformes á su fama.
Aristóteles la nombró tambien como circunstancia precisa de
las costumbres, en atencion á que los actores de la tragedia y
epopeya, de que trataba, debian ser conocidos por su fama.
53 La última cualidad de las costumbres es la constancia ,
que consiste en que no desmienta el actor su carácter con sus
operaciones, las cuales deben dar siempre indicios de su genio
y de su condicion, á menos que no concurra alguna causa po
derosa y suficiente para que obre de distinto modo.
54. Los personages de una fábula, que sean dependientes del
héroe, tengan diversos caractéres, y los tengan arreglados á es
tas leyes, serán proporcionados á su accion, y presentarán á la
imaginacion el interes, unidad y variedad precisas para dar
gusto.
55 Las fábulas narrativas deben esmerarse en la pintura y
espresion de las costumbres, para que su continua considera
cion imprima en nuestro ánimo los ejemplos que resultan de
ellas. Por esta razon la magnitud y duracion de estas fábulas es
mayor que la de las dramáticas, porque la relacion de una ac
cion es naturalmente mas débil y menos activa que su repre
sentacion. Si la cólera de Aquiles ó la locura de D. Quijote se
ejecutasen en el teatro, no necesitarian manifestar los hábitos de
estos héroes tan difusamente como se hace en la Ilíada y en el
Quijote.
56 Homero escedió á todos los poetas épicos en la muche
dunbre y variedad de sus caractéres. Cada deidad, cada héroe
de la Ilíada representa un papel tan propio y peculiar suyo, que
es imposible confundirle ó equivocarle con otro: hasta los héroes,
cuya principal cualidad es el valor, tienen un cierto distintivo que
los caracteriza, como ya se ha notado. Los caractéres de Nestor,
Príamo y Elector son escelentes; pero descuclla sobre todos el
de Aquiles, el cual causa temor y respeto á todos los hombres
y es el objeto del cuidado ó del rezelo de todas las deidades.
DEL QUIJOTE. 23
57 Para no perderse en el laberinto de estos caractéres se
guió Homero por el hilo de la historia y de la teogonia, que le
presentaban el modelo de las costumbres de los dioses y de los
héroes. Cervantes fue el inventor de sus caractéres como de su
accion, y asi la gloria de sus aciertos le pertenece toda, sin que
nadie pueda pretender una mínima parte de ella. -
58 La mayor dificultad que tuvo que vencer Cervantes fue
la escasez de personages á que le reducía su accion, la cual le
imposibilitaba variar los caractéres para evitar el fastidio de
la uniformidad. El héroe de la fábula épica ha de tener for
zosamente muchos que le acompañen y ayuden por causa de
su gerarquía, por la naturaleza de su accion, ó por la disposi
cion de las deidades; pero la fábula de Cervantes le limitaba
á dos personages solos en la mayor parte de su accion. Resta
blecer la caballería andante imitándola, no requeria otra cosa
que un caballero que obrase, y un escudero que le sirviese:
otro cualquiera unido-constantemente con ellos hubiera sido
impertinente é inverosímil. Las aventuras relativas á esta ac
cion debian tambien buscarse en la soledad de los campos, y
esta circunstancia ponia igualmente áCervantes en la necesidad
de manejarla con estos dos únicos personages.
59 Entre todos los poetas épicos solo Milton tuvo que ven
cer una dificultad semejante. El género humano se componia al
tiempo de la accion del Paraiso perdido de solos Adan y Eva ;
pero la misma consecuencia de la accion multiplicaba sus carac
téres, representándolos primero como dechados de perfeccion
en el estado de la inocencia, y despues como ejemplos de la in
felicidad y miseria cn el del pecado, y por esta razon el poeta
ingles encontró naturalmente en su accion el recurso de cuatro
caractéres en solas dos personas.
6o Este medio que Milton debió á su asunto, le buscó mu
cho tiempo antes Miguel de Cervantes, y le halló dentro de su
imaginacion. D. Quijote es un hidalgo naturalmente discreto ,
racional é instruido, y que obra y habla como tal, menos cuan
do se trata de la caballería andante. Sancho es un labrador in
teresado, pero ladino por naturaleza, y sencillo por su crianza
y su condicion. De suerte que estos dos personages tienen un
carácter duplicado, el cual varia el diálogo y la fábula, y entre
tiene gustosamente al lector, representándole áD. Quijote unas
veces discreto, otras loco, y manifestando sucesivamente á San
cho como ingenuo y como malicioso. Estos caractéres jamas se
24 ANALISIS
desmienten. D. Quijote dentro de su misma locura conserva las
vislumbres de su discrecion, y en los asuntos indiferentes siem
pre toma el hilo del discurso desde su manía, óva al fin á parar
en ella.
6. No es posible leer con reflexion el Quijote sin conocer
esta agradable variedad que reina en el carácter del héroe. La
pintura que D. Quijote hace de los dos rebaños que le parecian
ejércitos (1.171), y el coloquio en que cuenta muy por menor
á Sancho todo lo que habia de sucederles cuando se presentasen
en la corte de un monarca (1.2aza), son asuntos propios de su
locura, pero estan referidos con mucha discrecion. Los razona
mientos sobre la edad dorada (1.91), sobre la preferencia de
las armas respecto á las letras (11. 178), y sobre las vicisitudes
de las familias y linages (11.55), aunque díscretísimos é indi
ferentes en sí mismos, estan no obstante enlazados con la locu
ra de D. Quijote, la cual es el orígen de unos, y el paradero de
otros. Estos ejemplos manifiestan que Cervantes observó el de
coro y constancia de las costumbres propias del carácter que
habia dado á su héroe.
6a Los dos aspectos de este carácter producen otro efecto
tan eficaz como la variedad, para sujetar gustosamente la aten
cion de los lectores. El héroe de cualquiera fábula debe ser
amable, á fin de que el lector se interese en su accion y le siga
en ella. Si la locura de D. Quijote fuera continua y sin ningun
intervalo, seria por precision fastidiosa é intolerable; al contra
rio su raciónalidad y buenas partidas le hacen amable aun cuan
do obra como loco, y no habrá ningun lector que se canse ó
enoje de ver sus operaciones ó escuchar sus discursos.
63 Sancho procede siempre segun le inclina elinteres. Cuan
do le parecia tenerle seguro, creia con el mayor candor del
mundo todos los disparates de su amo, le obedecia ciegamente,
y le servia con la mayor voluntad; pero en las ocasiones en
que imaginaba que no sacaria fruto alguno de aquellas correrías,
se disgustaba con él, le replicaba, sentia todas las incomodida
des de la vida andante; y el dolor de perder aquel interes que
esperaba, le hacia agudo y malicioso. Para conocer que el ver
dadero carácter de Sancho es este, basta ver sus costumbres en
toda la fábula, y señaladamente en el suceso de la princesa me
mesterosa (1.67) y en el desencanto de Dulcinea (111.33o, Iv.
344). Todas las acciones y palabras de Sancho en estas dos
aventuras prueban que su cualidad principal era el interes y
nder. Quijote. a5
que este unas veces le adormecia en su sencillez, otras disper
taba su malicia, y algunas le hacia intrépido y determinado á
-
pesar de su natural cobardía.
64. Con este conocimiento manejó Cervantes de tal modo
los sucesos de la fábula respecto á Sancho, que siempre le tie
ne suspenso con alguna esperanza, ó cebado con algun interes,
como por ejemplo, con los escudos de Sierra Morena (1.251,
11.43), los del Duque (v. 209), la paga del desencanto de
Dulcinea (v.342), y el gobierno de la ínsula (1.58, 111. 117).
Con el propio fin hace que Sancho desprecie la honra de comer
al lado de su amo, pidiéndole la conmute en otra cosa de mas
provecho y comodidad (1.go); y con el mismo finge tambien
que salió de la venta contento y alegre por haberse escusado de
pagar la posada á costa del manteamiento (1.167): en lo que
palpablemente se ve que el carácter de Sancho no es ser simple
ni agudo, animoso ó cobarde, sino ser interesado, y serlo de
modo que el interes le hace parecer bajo distintas formas, se
gun el conato que necesita emplear para conseguirle. Los que
han objetado á Cervantes que no guardó consecuencia en las
costumbres de Sancho, no penetraron la idea de este autor, ni
el arte con que supo variar los caractéres sin faltará su igual
dad.
65 Si este interes tan arraigado en el corazon de Sancho
procediera de un principio vicioso, seria poco amable su carác
ter, y nada á propósito para divertir á los lectores. Cervantes
tuvo tambien presente esta circunstancia. El morisco Ricote, es
trañado de España con los demas de su secta, volvió disfrazado
áfin de desenterrar su tesoro y llevársele. Confió este secreto á
Sancho, ofreciéndole doscientos escudos por que le ausiliara,
á tiempo que acababa de perder el gobierno, y con él la espe
ranza de enriquecerse; y sin embargo Sancho, como buen va
sallo, despreció el interes por no desobedecer á su rey, y como
honrado aseguró voluntariamente al morisco que no le delata
ria (v. 184). Esta observacion prueba que el interes de San
cho no procedia de una codicia desenfrenada, sino solo del ter
co anhelo de tener con que sustentarse, adquiriéndolo por me
dios lícitos en su dictámen.
66 Las gracias de este escudero son urbanas, nativas é ini
mitables, y se encuentran en todas sus acciones y discursos.
Sus soliloquios son saladísimos, particularmente el que hace en
trando en cuentas consigo para hallar el medio de engañará
26 ANALisis
D. Quijote, sin volver al Toboso en busca de Dulcinea (111.88).
Este es original, y comparable en su línea á los monólogos de
Juno en la ibneyda. El aplauso general de los sabios es infali
ble prueba del mérito de Cervantes en esta parte; y los que le
yeren los donaires de Sancho sin emocion y complacencia no
deben atribuirlo á defecto del autor, sino á su mal gusto óá la
torpeza de su comprension.
67. Una de las circunstancias que manifiestan mejor el deco
ro é igualdad de las costumbres de D. Quijotc y Sancho, es la
facilidad con que se conoce cuando obran ó hablan estos dos
personages, sin otro indicio que la conveniencia de sus opera
ciones y la propiedad de sus discursos: circunstancia que tam
bien se encuentra respectivamente en los demas interlocutores
de la fábula.
68. En ellos varió y multiplicó Cervantes los caractéres con
una profusion admirable; pero enlazándolos con la accion de
modo que casi todos son precisos é indispensables para su con
tinuacion, y todos dependen del héroe. Nada se hace en esta
fabula que no sea por respeto suyo, y no tiene en ella menor
papel que Aquiles en la Ilíada.
69. Las personas que intervienen casualmente en la accion
se presentan en dos posiciones diversas, una verdadera, y otra
aprendida por D. Quijote; y el lector ve los graciosos arranques
de la fantasía de este héroe, y goza tambien de la sorpresa y
movedad que su no esperada locura causa en los demas inter
locutores. Las costumbres de cada uno de ellos, aun de los que
hacen papel solo de paso en la fábula, son tan convenientes á
su carácter, y es tan propio de su condicion, que mas parecen
retratos al natural, que pinturas sacadas de la imaginacion de
Cervantes. Los barberos, los cuadrilleros, los bandoleros, el ven
tero, Maritornes, maese Pedro, en una palabra todos los per
sonages son unos papeles escelentes, y tan bien representados
como si su autor los hubiera estado observando con el mayor
cuidado para copiarlos. Sobre todo son notables los pastores y
los enamorados, porque sus caractéres estan discretamente va
riados, no obstante que son de una misma especie.
7o Aquellos interlocutores que concurren determinada y
personalmente á la accion tienen dos caractéres distintos, uno
propio de su verdadera situacion, y otro relativo á la que fin
gen para con D. Quijote; y en este último caso tienen tambien
para los lectores dos aspectos como los demas que entran solo
DEL QUIToTE. 27
por casualidad en las aventuras. Tales son la princesa Dorotea
(11.3o), el caballero de los Espejos (111. 134), la condesa Tri
faldi (v. 12), y los demas personages de estas aventuras, de la
del desencanto de Dulcinea (11.367), y de la resurreccion de
Altisidora (v.328). Pero principalmente es digna de notarse
la variedad de actitudes en que se presenta Dorotea. Cuando
Cervantes la pinta como es en sí, enamorada, prófuga, inconso
lable é infeliz (11.4), causa su desdicha una emocion tan gran
de como la complacencia que resulta despues de la mudanza de
su fortuna, y del feliz éxito de sus amores (n 164): cuando la
representa como una princesa que viene á buscar ausilio en los
brazos de D. Quijote para subir al trono de su reino (11. 32 ),
es singular el placer que causa la propiedad con que desempeña
su fingido papel, y la conformidad de sus acciones y discursos
con este supuesto carácter, con el cual hace reir á los lectores,
al mismo tiempo que maravilla y sorprende á D. Quijote y á
Sancho. Tanta variedad de caractéres, de situaciones y de afec
tos en una sola persona no se encuentran seguramente en las
fábulas épicas: y lo que mas debe admirarse es el arte con que
Cervantes los dispone y enlaza para unirlos con la locura de
D. Quijote, y hacerlos verosímiles y agradables. El lance que
habia puesto á Dorotea en aquella triste situacion era procedido
del amor caballeresco de D. Fernando, que queria abandonarla
(n. 18) por Luscinda, esposa de Cardenio: su encuentro con es
te y con el cura le proporcionó el consuelo de que Cardenio co
mo interesado (ii. 3) le ayudase á lograr su fin, y le dió en
sanche y motivo para ganar tambien el favor del cura, contri
buyendo á su idea de engañar á D. Quijote. Este papel le re
presenta perfectamente, hablando áveces como instruida en los
libros de caballería con toda la propiedad precisa para que Don
Quijote la creyese, é incurriendo otras en (ii. 45) equivoca
ciones muy graciosas, y naturales en una muchacha incapaz
de fingir de improviso una historia seguida. Estos descuidos de
Dorotea hacen verosímil su relacion para con los lectores, y las
oportunas interpretaciones y advertencias del cura la hacen crei
ble respecto á D. Quijote. El que leyere con este conocimiento
cl papel de Dorotea, á mas del gusto y diversion que causa por
sí á todos los lectores, tendrá aquel delicado placer que resulta
de ver los primores de la obra, observando al mismo tiempo el
arte y maestría de su autor.
71. Entre los personages que no contribuyen directamente
28 ANALISis
á la accion del Quijote, hay tres clases. Unos se divierten con
sus estravagancias, sin pensar en aumentarlas ni ponerles re
medio: otros le presentan ocasiones para que acreciente su lo
cura, y los últimos buscan medios para curársela. Los caractéres
de todos ellos son los mas apropiados que pudieran encontrarse,
atendida su condicion, su calidad y el destino que les dió Cer
vantes. El caballero del Verde Gaban, que era un hidalgo rico,
pero modesto, racional é ingenuo, mi se determinóá incitar la
hocura de Don Quijote, ni se empeñó tampoco (m. 169) en re
prendérsela. Los Duques solicitaron con todo su poder diver
tirse á costa de D. Quijote (iii. 344), porque eran jóvenes,
ociosos, ricos, y estaban poseidos de aquella costumbre, que
reinaba entonces entre los poderosos, de sustentar locos y en
tretenerse con ellos. El religioso que estaba en su casa, el ca
nónigo de Toledo y el cura debian por su carácter emplearse en
desengañará D. Quijote, y reducirle ála sana razon. Estos tres
interlocutores tienen un mismo objetos y no obstante sus carac
téres son muy diversos. El religioso, que por su profesion debia
ser pacífico y humilde, entonado de verse en la abundancia
y grandeza de la casa del Duque, era arrogante, imperioso y
despreciador de los demas ; y por esto eligió para el buen fin
de aconsejar á D. Quijote el impropio medio de injuriarle, mal
tratarle y menospreciarle (n. 337). El canónigo de Toledo;
hombre de calidad, serio é instruido, intenta persuadirá Don
Quijote (n. 339) con razones sólidas, oportunas , y espresadas
con discrecion, prudencia, blandura y cortesanía. El cura, co
mo mas interesado en la sanidad de D. Quijote, y mas bien
informado de la estrañeza de su locura, le sigue pacíficamen
te su humor (1.312), y se empeña en buscar los medios mas
econformes y proporcionados para llevarle á sus hogares, y reti
rarle de aquella vida. Cervantes espresó con mucha propiedad
las costumbres de estos tres personages, y los hizo representar en
la fábula á medida del interes que podian causar sus caractéres.
El religioso solo se presenta de paso, y se retira en fuerza de
su mal genio voluntariamente; pero despues de haberle corrido
D. Quijote con su discreta respuesta, la cual manifiesta que la
locura de un hombre cortés y bien educado es mas tolerable
que el juicio áspero y duro de las personas que no han tenido
crianza. El canónigo de Toledo desiste de su pretension luego
que conoce la inflexibilidad de D. Quijote; pero desiste sin eno
jo, acompañándole hasta que le fue forzoso separarse de él. Es
DEL QUIJOTE, La ag
muy notable la racionalidad y decoro que manifiesta este canó
nigo en todos sus discursos, los cuales corresponden á su carác
ter y dignidad, como se ve en sus razonamientos sobre las co
medias y libros de caballería (11.3ao). Un eclesiástico menos
instruido ó mas ceñudo se contentaria con despreciar y condenar
absolutamente el objeto de los unos y la representacion de las
otras : el canónigo de Toledo, como sabio y modesto, examina
el asunto y destino de las comedias é historias caballerescas,
hace patentes sus defectos y abusos, enseña el modo de corre
girlos, confiesa la utilidad que podria sacarse de ellas, y agra
da y convence á los lectores, porque impugna su error y mal
gusto con las invencibles armas de la razon y de la urbanidad.
Este eclesiástico es uno de los personages mas apreciables del
Quijote, por la urbanidad, discrecion y solidez que manifiesta
en todos sus discursos.
72. Las impugnaciones serias , y deducidas de la moral
contra los libros de caballería , las puso Cervantes en bo
ca de este canónigo y del cura, para que su carácter les diese
mas autoridad y peso. Ambos manifiestan el error vulgar de
creer ciertas aquellas historias, por estar impresas con licencias
del mismo modo y con la misma seriedad que lo manifestó el
incomparable Melchor Cano; pero el canónigo lo hace presente
asi al mismo D. Quijote (11.347), y el cura al ventero y demas
que le acompañaban, en ocasion que no asistia este héroe (11.
78), porque segun su carácter no debia aconsejarle ni repren
derle su manía, sino antes bien valerse de ella para retirarle á
su casa, como al fin lo hizo, sin perderle de vista hasta que lo
consiguió.
73 Estos interlocutores del Quijote, que disponen las aven
turas para confirmar al héroe en su locura, ópreparan los me
dios para retirarle de ella y reducirle á su juicio, hacen en esta
fabula el mismo papel que los dioses en la Ilíada; pero sus ca
ractéres son mas propios y de mayor decoro. Ciceron dice que
Homero se empeñó en atribuir á las deidades las cualidades
humanas, en lugar de haber trasladado las divinas á los hom
bres. Longino estrecha mas esta objecion: cuando veo, dice,
las heridas, las conspiraciones, los suplicios, las lágrimas,
las prisiones y demas sucesos de las deidades en la Ilíada, me
parece que Homero se esforzó todo lo posible para represen
ar á los dioses de peor condicion que los hombres, porque al
ún nosotros tenemos en la muerte un puerto seguro para aca
3o ANALISIS
bar nuestras miserías; pero los dioses, segun Homero los pinta,
no son propiamente inmortales, sino eternamente miserables.
Los personages del Quijote estan exentos de semejante impro
piedad; y aunque su intervencion no estan brillante, ni deslum
bra tanto como las máquinas de Homero, es sin duda alguna
mas sólida, é ilustra mas á los lectores.
74. En las fábulas épicas no deben introducirse caractéres
moralmente perfectos. Un personage completo, que no tuviese
defecto alguno, parecería un prodigio mas bien que un hombre,
sería inverosímil, y como tal llamaria poco la atencion. Algunos
críticos han notado áVirgilio la demasiada perfeccion de su hé
roe, cuyo carácter desluce á los demas, y quita mucha parte
del interes de la fábula. Si esta objecion es justa respecto al hé
roe y demas personages épicos, mucho mas lo será en las fábu
las populares, porque su héroe, como propuesto para objeto de
risa, ha de tener forzosamente algun vicio moral, y los demas
actores principales serian impropios representantes de una ac
cion ridícula si fuesen un modelo de perfeccion. Cervantes sin
faltar á esta regla introdujo un carácter perfecto en la persona
de la imaginada Dulcinea, la cual es de los principales y mas
notables personages del Quijote, y concurre á la accion de este
héroe bajo de tres formas distintas. Como la circunstancia de
estar enamorado era esencial á la caballería andante, D. Qui
jote eligió para objeto de sus amores á Dulcinea (1.8), figu
rándosela como una dama perfecta, hermosa sin tacha, grave
sin soberbia, amorosa con honestidad, agradecida por cortés,
cortés por bien criada, y finalmente alta por linage (111.335).
La pintura de las costumbres de esta dama, que hace D. Qui
jote, puede servir de ejemplo átodas las de su sexo, y su carác
ter no es impropio ni inverosímil, porque es fantástico, y existe
solo en la imaginacion del héroe.
75 Esta misma dama tan perfecta, cuando se ve por la apren
sion de D. Quijote, es un objeto de risa y complacencia mirada
como es en sí, ó segun la graciosa trasformacion (iii. 94) que
hizo de ella Sancho. Dulcinea en realidad era una labradora
moza, bien parecida, é ignorante de los amores de D. Quijote;
pero conforme al ardid de Sancho es una aldeana fea, grosera
y rústica. Las distintas figuras de Dulcinea, la confusion quc
causan en la imaginacion de D. Quijote y Sancho, y las estraor
dinarias aventuras y sucesos que resultan de su fingido encan
to, son un manantial de placer y entretenimiento para los lec
tOTCS,
DEL QUIJOTE. 31
96 Otro objeto no menos divertido les presentó Cervantes
en dos actores irracionales, pero precisos para la accion, la cual
sin ellos seria inverosímil, porque D. Quijote y Sancho era pre
ciso que fuesen montados conforme á su ridículo carácter. La
pintura de estos animales, los graciosos nombres que les puso
Cervantes, la amistad que supone habia entre los dos, y la in
tervencion que tienen en los sucesos, como en el de los yangüe
ses (1. 133), y en cl hurto (1.249) de Gines de Pasamonte los
enlazan con la accion y con el héroe, y manifiestan que los ob
jetos mas estraños, groseros é insensatos toman proporcion, al
ma y nobleza entre las manos de un hombre hábil é ingenioso.
77 Estas observaciones bastan para dar una idea de los per
sonages del Quijote, de sus diversos y singulares caractéres, de
la bondad, conveniencia y decoro de sus costumbres, de su re
lacion con el héroe, y de la conformidad y enlace que tienen
con la accion. Cervantes, del mismo modo que hizo patente su
ingenio en la invencion de la accion y de las personas, mostró
tambien su buen gusto en el órden con que colocó y dió la de
bida proporcion á los sucesos y á los personages en la narracion
del Quijote. "
ARTICULOV.
MÉRIro DE LA NARRACION DE ESTA FAULA.
78 La accion con sus personages y episodios es la materia
de la fábula, y la narracion es su forma. Aunque un autor ten
ga cscelente ingenio y fecunda imaginacion para inventar una
accion, y crear las personas mas conformes y propias de ella ,
no podrá hacer una obra perfecta si no está dotado del juicio y
timo preciso para espresar sobre el lienzo cada parte en su cor
respondiente lugar, y cada figura en la actitud y término que
le compete, colocándolas de modo que resulte de su recíproca
union un todo bien ordenado, agradablemente dispuesto y va
riado. Este es el objeto de la narracion, que por tanto debe
considerarse como la parte imas esencial de cualquiera fábula,
y la que mas contribuye á su perfeccion.
79. Para lograrla es indispensable que el título sea propio y
sacado del asunto: que su narracion principie proponiéndole
con llaneza y brevedad: é igualmente que para hacerla mas ve
rosímil y admirable, suponga el autor que está inspirado por
32 ANALISIS
una deidad, y solicite su ausilio invocándola. Estas circunstan
cias son unos preliminares de la narracion, á que los humanis
tas llaman partes de cantidad de la fábula.
8o Homero tomó el título de sus poemas del lugar de la ac
ecion, ó del nombre del héroe, y limitó la proposicion é invoca
cion de la Ilíada á un solo verso; de suerte que en la propiedad
del título todos le han imitado, y en la sencilla brevedad de la
proposicion é invocacion nadie le ha igualado.
81 Cervantes dió á su fábula el nombre del héroe, intitu
lándola: EL INGENioso hIDALGo Don Quijote DE LA MANCHA;
y aunque en la mayor parte de las ediciones le han puesto por
título: Aída y hechos del ingenioso hidalgo D. Quijote de la
Mancha, ha sido equivocacion ó descuido de los editores.
82. La facilidad y llaneza de su proposicion es correspon
diente al asunto; pues si en las fábulas heróicas ha de ser sen
cilla, para que el primer arranque del autor no desluzca el resto
de la obra, con mucha mas razon debe observarse esta regla
en las fábulas populares.
83 En ellas seria defectuosa la proposicion, si fuese tan con
cisa y breve como en las épicas. El héroe de estas es tan fa
moso y conocido por la historia ó la mitología, que con indicar
su accion basta para que el lector forme una idea clara del asun
to de la fábula: al contrario el héroe fingido, y la imaginaria
accion de una fábula burlesca, precisan á que el autor princi
pie manifestando á los lectores las principales circunstancias de
la empresa y del actor, á fin de que tengan el conocimiento
indispensable para leer la obra con gusto y con inteligencia.
Cervantes lo practicó asi en el Quijote, esponiendo en el pri
mer capítulo concisamente y sin ninguna superfluidad el ca
rácter del héroe, y las causas de su accion.
84 De esta diferencia que hay entre las fábulas heróicas y
hurlescas procede que la invocacion, que no es precisa en estas,
sea necesaria en aquellas. En la accion de un héroe intervie
nen causas sobrenaturales, cuyo proceder es oculto y miste
rioso, y por esto Homero no podía saber sin la inspiracion de
las musas las determinaciones de los dioses respecto á la cólera
de Aquiles, ó á la peregrinacion de Ulises: pero los sucesos
naturales y ordinarios del Quijote mo necestaban para saberse
el ausilio de estas deidades. Cervantes conmutó discretamente
la invocacion en el recurso á Cide Hamete Benengeli, quien
como árabe y manchego debía saber por menor las particula
DEL QUIJOTE. 33
ridades de la locura de D. Quijote, lo que hace verosímil la
fábula, y al mismo tiempo indica el orígen de nuestras histo
rias caballerescas, como advirtió Pedro Daniel Huet.
85 La reflexion de este sabio acredita el acierto con que Mi
guel de Cervantes compensó la invocacion principal en el Qui
jote con otra circunstancia mas oportuna y propia de su objeto.
Pero como las invocaciones no tienen lugar solo en el principio
de la fábula, sino tambien siempre que conviene dar crédito y
autoridad á las cosas estraordinarias ú ocultas que se refieren
en ella, Cervantes la usó antes de la narracion de los singulares
sucesos del gobierno de Sancho (v.76), al modo que Homero
recurre á las musas para hacer el catálogo ó enumeracion de
las naves que los príncipes griegos llevaron al sitio de Troya.
86. A estas partes precedentes á la narracion de las fábulas
heróicas añadió Cervantes en la suya el prólogo, que debe re
putarse como parte precisa de su cantidad, destinada á dará co
nocer previamente á los lectores el fin del autor, para que desde
huego entren á leer la obra con esta inteligencia. El personage
destinado en el teatro antiguo para informar al auditorio del
asunto de la comedia antes de principiarla, justificaria plena
mente el prólogo de Cervantes, si la razon necesitara valerse
del apoyo de la autoridad. —
87 Esta es una de las máximas que establece en el es
presado prólogo, el cual es uno de los mas discretos que se han
escrito, y todos los sabios reconocen en él el ingenio, juicio y
buen gusto del autor de D. Quijote. Fontenelle, Crousaz, ó
quien quiera que se disfrazó bajo el nombre de Matanasio, tra
dujo en frances este prólogo y que habian omitido los traducto
res del Quijote, y le dedicó al autor de la Historia crítica de
la república literaria para confundir su afectacion , manifes
tándole en el proceder de Cervantes el retrato de un verdadero
sabio, que desprecia las prefaciones, se burla de los paneg
ricos, ridicudiza las citas, y se rie de las notas marginales,
comentos y acotaciones con que los que quieren parecer lite
ratos acostumbran adornar sus escritos, disfrazando con tan
estraños afeites la razon en trage de cortesana.
88 No necesitó de ellos Cervantes para unir en la narra
cion del Quijote todas las cualidades que podian perfeccio
narla. La narracion de cualquiera fábula ha de ser hermosa,
dramática y dulce. La hermosura consiste en el órden y regu
laridad con que deben proporcionarse los sucesos raros y es
ANA. 3
34 ANALISIS.
traordinarios, de suerte que esten variados discretamente , y
encadenados de modo que su enlace parezca natural, y no
efecto del arte. Lo comun y ordinario de los sucesos verda
deros, dice Bacon de Verulamio, y la seguida uniformidad con
que la historia los presenta, estonaga y fastidia al entendi
miento humano; en la fábula por el contrario, se recrea y es
playa gozando de un espectáculo nuevo, inesperado y singular
por la variedad de sus mutaciones.
89 De aqui se sigue que la narracion ha de ser dramática:
pues asi como el historiador refiere, el fabulista imita, y por
tanto no debe hablar en persona propia, sino en la de los in
terlocutores para variar y animar la narracion.
go La dulzura de esta consiste en la mocion de los afectos,
la cual gana la voluntad, al modo que su hermosura agrada
al entendimiento. Por esta razon Horacio, el mas sabio legisla
dor de las fabulas, pone por ley fundamental de su perfeccion
que sean útiles y dulces.
91. Este mismo poeta encarece la hermosura de las narra
ciones de Homero, presentándolas como norma y modelo de
todas. La moderacion con que empieza, el arte con que de
duce de um principio llano y natural tantas decoraciones ma
ravillosas, el juicio con que elige el punto de donde debe prin
eipiar, trasportando á sus lectores en medio de los sucesos,
como si estuviesen enterados de sus causas, que despues refiere
oportunamente: la eleccion con que sabe descartar todas las co
sas que el arte no puede hacer lucir: el buen gusto en fin con que
varia y mezcla la realidad y la ficcion, de suerte que el prin
cipio corresponda al medio, y este al fin, son las virtudes y
gracias que hermosean las narraciones de Homero en el dic
támen de Horacio.
ga Los críticos distinguen dos especies de órden en la nar
racion, uno natural, que comienza por el principio, á que si
guen el medio y fin, y otro artificial, en el cual el medio está
colocado antes del principio. Conforme á esta division es artifi
cial el órden de la narracion en la Odisea, y natural en la Ilía
da. Cervantes eligió con mucha propiedad el órden natural en
el Quijote, como mas acomodado á su asunto llano y popular.
93 Con este órden dirige todos los acontecimientos de la fá
bula, y todas las acciones y discursos de los interlocutores al
punto preciso de su objeto, preparando de antemano los suce
sos con la mayor naturalidad, variando las pinturas y situa
DEL QUIJOTE. 35
ciones con singular destreza, aumentando sucesivamente el in
teres del lector de aventura en aventura, y dejándole siem
pre columbrar los lejos de otras mas agradables para incitar su
curiosidad, y llevarle insensiblemente hasta el fin de la fábula.
94. Muchas de las observaciones que se han hecho sobre los
episodios y personages del Quijote manifiestan, que aun aque
llos acontecimientos que parecen opuestos ó indiferentes á la
accion, estan ordenados de suerte que influyen en su continua
cion. Los medios de que se valió el cura para reducir á D. Qui
jote fueron los que contribuyeron mas oportunamente al au
mento de su locura por el mismo término con que intentaba
remediarla. La condicion que puso Cardenio al principio de su
historia, de que no le interrumpiesen ( 1. a 66), parece á pri
mera vista indiferente para la accion, y es la que enlaza con
ella este episodio, y le hace servir de medio para continuarla.
Lo propio sucede con el hecho de haber estorbado el cura la
ida de Sancho al Toboso para entregar aquella graciosa carta á
Dulcinea (1.311), el cual es el orígen de su trasformacion y
encanto, y de todos los sucesos que resultan de él. La bajada
á la cueva (iii. 227), la entrada en casa de los Duques (111.
313), y la mayor parte de las aventuras, concurren igualmen
te á la prosecucion de la accion. Hasta los sobrenombres atri
buidos á D. Quijote le dan un aire caballeresco muy á propó
sito para confirmarle en su locura, principalmente el de caba
llero de los Leones: epiteto arrogante y sonoro, con el cual le
parecia que llevaba un sobrescrito recomendable para dará co
nocer su valor, y por esto Cervantes le hizo ganar este título
poco antes del encuentro con la Duquesa (111. 169), para que
se valiese de él al tiempo de presentarse á esta señora (11.307).
g5 Las aventuras que tienen particular relacion con el ca
rácter del héroe, ó con su accion, estan preparadas con tal ar
te, que es necesario observarle atentamente para descubrirle.
Entre las circunstancias que hacen mas admirables á Eneas y
Aquiles, y dan mayor verosimilitud á sus victorias, debe re
putarse como una de las mas esenciales la de las armas, que
les hicieron fabricar Tetis y Venus por mano del dios Vulcano.
Esta máquina es de las mas singulares y agradables que hay en
la Ilíada y Eneyda. Pero Homero no solo escedió á Virgilio en
haber sido el original de ella, sino tambien en la destreza con
que la condujo y manejó. Wenus lleva armas divinas á Eneas
sin motivo y sin precision, porque este héroe conservaba las
36 ANALISIS
que había tenido siempre, y debia pelear con Turno, cuyas
armas eran obra de mano humana. Tetis las dió á Aquiles en
ocasion que estaba desarmado, y tenia que combatir con Héc
tor vestido de las armas divinas, que el mismo Aquiles habia
cedido á su amigo Patroclo. Esta diferencia manifiesta que la
copia de Virgilio es forzada y fria, y el original de Homero ani
mado y muy oportuno.
96 Si se comparan las armas de Tetis con el yelmo de
Mambrino (1.215) se verá igual ingenio y arte en Cervantes
para ridiculizar á su héroe, que en Homero para hacer admira
ble al suyo. Cualquiera que lea esta aventura, y contemple á
D. Quijote cubierta la cabeza con una bacía de barbero, cono
cerá facilmente el ingenio de Cervantes; pero no todos penetra
rán el arte con que fue preparando este suceso desde el princi
pio de la fábula. Las armas que tenia D. Quijote, á mas de ser
viejas, tomadas de orin y llenas de moho, estaban sin celada
de encaje, por lo que le era indispensable buscar medio para
completarlas. Primero fabricó con cartones una media celada,
que desbaratada al primer golpe le precisó á rehacerla y forti
ficarla con unas barras de hierro (1. 6): despues se rompió se
gunda vez en la batalla del vizcaino, quedando de resultas he
rido y desarmado D. Quijote, el cual indignado juró no sose
gar hasta adquirir á fuerza de armas el yelmo de Mambrino, ú
otro de igual temple (1.85), á lo que contribuyó tambien San
cho representandole que sus desgracias procedian de no haber
ecumplido aquel formidable juramento (1. 183). Todas estas
circunstancias hacen precisa, oportuna y muy graciosa la aven
tura de la bacía, que se le figuró á D. Quijote yelmo de Mam
brino : y porque fuese mas verosímil, previno igualmente Cer
vantes la causa por qué relumbraba, el motivo de llevarla el
barbero sobre la cabeza, y la ocasion con que este pasaba por
aquel sitio : de suerte que la aventura de este yelmo fraguado
en la imaginacion de Cervantes es semejante á la máquina de
Homero, y mas natural que la de Virgilio.
gy. El desenlace de la accion está preparado tambien desde
antes, de la tercera salida de D. Quijote con la introduccion del
bachiller Sanson Carrasco y que es uno de los principales y mas
bien imaginados personages de la fábula (111.25). Su interven
cion la dispuso Cervantes de modo que hace verosímil el enre
do, y natural el éxito ó solucion. El ama se vale de él para que
estorbe con sus consejos la salida de D. Quijote, y él lo pro
DEL Quijote. 37
mete asi, y lo hace al reves, alentándole á que salga, y ofre
ciéndose á servirle de escudero. El lector no estraña la mudan
za de este interlocutor cuando sabe que tiene intencion de va
lerse de otro medio para curar á D. Quijote, y con esta idea si
gue la fábula, deseando ver qué medio será el que pondrá en
práctica para el logro de su intento; pero queda suspenso y ab
sorto cuando al fin reconoce en el caballero de los Espejos al
mismo bachiller (11. 137), que esperando curar á D. Quijote
venciéndole, contribuyó al aumento de su manía quedando
vencido. Esta catástrofe, y el disimulo con que oculta su inten
cion desde el principio, vencen la indeterminacion de Sancho,
estimulan la locura de D. Quijote, entretienen la curiosidad de
los lectores con los nuevos coloquios de los dos caballeros y es
cuderos, y hacen verosímil la prosecucion de la accion al mis
mo tiempo que preparan su desenlace. Si Sanson Carrasco hu
biera vencido á D. Quijote como pretendia, ó le disuadiera de
su salida segun queria el ama, se hubiera concluido ó cortado
la accion fuera de tiempo. Las persuasiones de este interlocutor
y su vencimiento fueron causa de que continuase, y dieron mo
tivo para que él mismo, incitado despues con el mensage que
la Duquesa envió á la muger de Sancho (v. 135), volviese
mas prevenido y con mayor precaucion á buscar á D. Quijote,
y le venciese (v. 293), dando de este modo un desenlace na
tural á la accion.
g8 Todos los acontecimientos raros y estraordinarios del
Quijote los previno Cervantes con igual destreza. La historia
del desencanto de Dulcinea, tantas veces nombrada, y que
merece serlo por su singularidad, está encadenada desde el prin
cipio hasta el fin con mincho arte y habilidad. Los juicios y
disposiciones de Sancho durante su gobierno, que parecen á
primera vista inverosímiles y superiores á sus talentos y capa
cidad, los preparó de antemano Cervantes en el coloquio del
canónigo de Toledo, el cual hablando con Sancho sobre el me
jor modo de gobernar, le asegura que lo principal es la buena
intencion de acertar, porque asi suele Dios ayudar al buen de
seo del simple, como desfavorecer al malo del discreto (11.
35a). El ardid con que le precisaron á dejar el gobierno es
tambien muy verosímil (1v. 167), porque está naturalmente
prevenido con la carta anterior del Duque (Iv. 196). La gra
ciosa manía de hacerse pastor en que dió D. Quijote, despues
que se vió precisado á dejar la caballería y las armas (v. 311 )
38 ANALISIS
la indicó igualmente el autor en el escrutinio de la librería,
cuando la sobrina rogó al cura quemase las poesías pastorales
juntamente con los libros caballerescos, no fuese que sanando
su señor de una dolencia, diera en otra" (1.50). Estos ejem
plos manifiestan suficientemente el órden y naturalidad con
que Cervantes dispuso y enlazó los hechos en la narracion de
su fábula.
99 La variedad que tiene en las pinturas y situaciones es
igualmente arreglada y fecunda. Las descripciones estan sem
bradas por toda la obra, de modo que la hermosean sin confun
dirla, ni embarazarse unas á otras. Corriendo la vista por todo
el lienzo de la fábula se descubren colocadas simétricamente,
y distribuidas de trecho en trecho, la pintura de los estudios,
amores y desastres de Grisóstomo (1.99), la de los desdenes
y condicion de Marcela (1.103), la del carácter y circunstan.
cias de Dulcinea (1. 116), la del alba (11.374), la de la no
che, del rumor que causa el viento en los árboles, y del teme
roso ruido de los batanes (1. 194), la del desasosiego de los
bandoleros (1v. 253), y la de la mañana de S. Juan (v. 254).
Entre ellas se verán tambien agradablemente interpuestas las
descripciones de las aventuras caballerescas , las que hace
D. Quijote de sus imaginados ejércitos ( 1. 171), la del ameno
sitio donde se divertian cazando las pastoras (v. 216), y fi
nalmente entre otras muchas la del desencanto anunciado por
Merlin en aquella selva (111. 366), comparado por su magni
ficencia con el bosque encantado del Tasso; pero exenta de la
inverosimilitud, que con tanta razon han objetado á este admi
rable y escelente poeta.
1oo Cuando estas descripciones son dilatadas, ó relativas á
sucesos posteriores, conviene interrumpirlas, para dar mayor
realce y hermosura á la narracion, enlazándola con el resto de
la fabula, evitando elfastidio á los lectores, ó incitando su cu
riosidad. Cervantes no omitió tampoco este agradahle artificio
en la descripcion de la batalla del vizcaíno (1.9o), en el epi
sodio de Cardenio (1.267), en las dos novelas (m. 138, aoo),
y en los demas acontecimientos entretejidos en la obra.
101 Las situaciones de los sugetos hermosean igualmente
la narracion por la contraposicion y diversidad con que las or
denó y varió Cervantes. El análisis de las actitudes de aque
los personages que hacen algun papel en la fábula, sería la
demostracion mas á propósito para convencerlo, si su indis
DEL QUITOTE. 39
pensable estension no precisara á reducirse únicamente á los
dos principales.
1 o 2 Estos jamas se presentan en una situacion uniforme y
constante : todos los sucesos varian alternativamente su felici
dad ó infelicidad, y mudan el semblante de su fortuna. Cuan
do los dos se lisonjean de algun acontecimiento próspero, les
sobreviene al momento una aventura desgraciada é infeliz, que
los abate, é inopinadamente se les presenta otra ocasion favo
rable, que los consuela y llena de esperanza para continuar.
A mas de esta vicisitud comun al amo y al escudero, variótam
bien Cervantes las situaciones del uno respectivamente al otro.
Regularmente Sancho queda salvo en las ocasiones en que
D. Quijote sale apedreado, herido ó malparado, y por el con
trario cuando mantean ó apalean á Sancho, D. Quijote queda
fuera de peligro, y sin la mas mínima lesion. Esta variedad es
causa de que la narracion sea verosímil y agradable. Las gra
ciosas infelicidades de D. Quijote y Sancho dan que reir á los
lectores; las prosperidades que los confirman y engrien en sus
fantásticos proyectos hacen natural su continuacion, y la di
versa fortuna que corren en un mismo suceso los precisa á
prorumpir en aquellos dislates propios de su respectivo carác
ter, con los que se anima el diálogo, y se complacen y divier
ten los lectores.
103 La hermosura que resulta á la narracion del órden,
enlace y variedad de los sucesos, se realza mas cuando el autor
presenta inopinadamente un acontecimiento raro y estraordi
mario, ó deduce de los sucesos comunes alguna circunstancia
nueva éinesperada, ó bien los adorna con ocurrencias graciosas
y oportunas. La repentina aparicion de Marcela (1. 129) al
fin del episodio de Grisóstomo es una especie de máquina sin
gular y agradable, porque sauisface la curiosidad, y da motivo
á D. Quijote para obrar conforme á su locura. El encuentro de
las doradas y resplandecientes imágenes de San Jorge, Santia
go y San Pablo es tambien original (v. 2 to). Cervantes des
pues de tantos acaecimientos terrenos presenta de improviso una
aventura celestial á su héroe, el cual llevado de su manía al
punto gradua de caballeros andantes aquellos santos, y les ha
ce un elogio discretísimo, pero propio de su estravagante ima
gnacion.
1 o 4 La libertad de Melisendra representada por maese Pe
dro con los títeres (11. 271), y la necia simplicidad con que
Sancho consolóá los vecinos del pueblo del rebuzno (m. a89),
son unas circunstancias sacadas de aquellos sucesos con tal ar
te, que sin ellas seria su narracion fria, lánguida y poco diver
tida. Las ocurrencias con que Cervantes llena algunos vacíos
de su fábula, hermosean tambien la narracion, y contribuyen
á aumentar la curiosidad. Tal es el cuento que Sancho refiere
á su amo entre tanto que esperaban la venida del dia para aco
meter la aventura de los batanes (1.2oo), éigualmente el que
contó con motivo de rehusar D. Quijote la cabecera de la mesa
con que el Duque le convidaba (n. 319). Este es tan del caso,
tan agradable y bien traido, que escede y hace mucha ven
taja á la fábula de Níobe, referida por Aquiles, para convidar
á Príamo. No es menos singular y graciosa la descripcion de
las siete cabrillas, que el mismo Sancho hace, suponiendo
que se habia apeado del Clavileño para entretenerse con ellas»
y verlas á su sabor (v. 45): descripcion que tiene mucho mé
rito por la agudeza con que en ella zahiere y moteja Cervantes
aquella agradable y disparatada locura del Ariosto, cuando
Astolfo va sobre su hipógrifo á la luna para traerle áOrlando
la redoma donde estaba depositado el juicio que habia perdido.
Estos adornos esparcidos con discreta economía, y sembra
dos ordenadamente por toda la narracion, la hacen hermosa
y agradable, no tanto por la multitud de decoraciones, cuanto
por el buen gusto y el acierto con que cada cosa ocupa el lu
gar que le es mas propio y conveniente.
105 El mismo órden observó Cervantes en el todo de la nar
racion. Primero sale D, Quijote solo : despues vuelve á salir
acompañado de un escudero, y se va dando á conocer poco á
poco en algunas aventuras: luego crece su fama con la ocurren
cia de los estraordinarios sucesos de la venta y de su encanta
miento : á la tercera salida, ufano ya con la publicacion de su
historia, y famoso por ella hasta en los reinos estrangeros, em
prende hazañas mayores, vence caballeros, arrostra leones, sale
de los términos de la Mancha y de los lugares pequeños , para
correr otras provincias, y presentarse en las ciudades: se hospe
da en casa de los grandes y principales caballeros, y va aumen
tando sucesivamente su fama y su locura, y con ella la diversion
é interes de los lectores, que siguen á este héroe desde el princi
pio hasta la conclusion de la fábula, creciendo siempre su curiosi
dad y gusto por medio de un particular embeleso é ilusion, que
supo manejar Cervantes de modo que se siente y no se descubre,
106. Este sucesivo aumento del entretenimiento y compla
cencia de los lectores prueba que la segunda parte del Quijote
es superior á la primera. Efectivamente las aventuras son mas
estraordinarias y magníficas, los personages tienen mas noble
za, y la narracion está mejor seguida y mas animada. Longino
compara á Homero en la Odisea con el sol cuando está en su
ocaso, que conserva su grandeza, pero no tiene ni tanta fuerzas
mi el mismo ardor. Igual censura han merecido el Paraiso con
quistado de Milton, y los seis últimos libros de la Eneyda. Es
tos grandes ingenios, ó por haberse agotado en sus primeras in
venciones, ó por haberlos debilitado la edad, no tuvieron igua
fuerza en todas sus obras. La imaginacion del autor de D. Qui
jote se conservó siempre como un rico y abundante manantial,
cuya fecundidad no conoce término ni menoscabo.
1o.7 Cada parte del Quijote se divide en varios capítulos =
estas divisiones estan hechas con mucho discernimiemto, y sir
ven de pausas oportunas para no fatigar la atencion, ópara ani
marla, contribuyendo asi á la economía y buen órden de la
narracion. "
108 Aristóteles alaba la de Homero sobre todas las de
otros poetas, porque para hablar introduce siempre á los inter
locutores, y dice muy pocas cosas en su propia persona. La
simple leccion del Quijote evidencia que Cervantes siguió su
ejemplo. Todo lo hacen y dicen los interlocutores, el autor ja
mas parece sino cuando es indispensable para enlazar los dis
cursos entre sí, ó con los sucesos de la fabula.
1og De esta observacion se infiere que la narracion no de
be interrumpirse con digresiones, ni menos ha de cortarla el au
tor para hacer reflexiones en persona propia. Virgilio evitó es
tos defectos. Si hace alguna reflexion, es breve é indispcnsa
ble para el desenlace de la accion; las sentencias y máxi
mas morales nunca las dice él, ni menos las propone directamen.
te, sino las disfraza poniéndolas en boca de los interlocutores
para darles mayor fuerza y energía. Cervantes procedió con el
mismo juicio y moderacion, La reflexion mas dilatada es la que
hizo sobre la pobreza con motivo de haberse roto las medias á
D. Quijote en casa del Duque, y aun esta la hace en persona de
Cide Hamete Benengeli (v.7o). Si tal vez pone alguna digre
sion á la entrada de los capítulos, es tambien en boca del mismo
y con el fin de ridiculizar esta costumbre introducida por los
árabes. Pero lo hace con grande discrecion , evitando el esceso
42 ANALisis
de la Mosquea y otros poemas, en que cada canto empieza con
una arenga, ó termina con una larga despedida. Las máximas
y sentencias de que abunda el Quijote estan embebidas en los
razonamientos de los interlocutores, y jamas se vale Cervantes
de ellos para ostentar una erudicion importuna: dice solamente
lo que convieme, y omite todo lo demas con un juicio, gusto y
moderacion singular, de suerte que estan digno de alabanza por
lo que calla como por lo que dice. Verdad es que algunos han
motado falta de erudicion en Cervantes; pero tambien es cierto
que son de aquellos que graduan la literatura por el número de
citas, óprefieren la ciencia intempestiva de Lucano á la oportu
na instruccion y sabiduría de Virgilio.
11 o Su Eneyda puede servir de norma para la dulzura de la
narracion. En ella se escita todo género de pasiones: el amor, la
compasion, la tristeza, la alegría y el regocijo; pero sobresalen la
bondad y la piedad, como mas conformes al carácter de Eneas,
al modo que en la Ilíada el furor y venganza predominan átodos
los demas afectos. Los principales del Quijote son la locura del
héroe y la alegría y risa de los lectores: mas no por eso faltan
el amor, la compasion y tristeza en los sucesos de Cardenio (1.
324), Dorotea (n. 7) y Basilio (n. 214): el terror en el éxito
de Grisóstomo (m. 106) y Torrellas (v. 2.45): la admiracion en
la aparicion de Marcela (1.126), en la aventura de Merlin (111.
364), y en la resurreccion de Altisidora (v.328): el furor en
los pueblos del rebuzno (111.258), y la venganza en los bando
leros (v. 248). Toda la fábula abunda en varias pasiones espre
sadas al natural, y compuestas con destreza, las cuales hacen
dulce y afectuosa la narracion, al mismo tiempo que el órden y
proporcion le dan hermosura, y los interlocutores la represen
tan, ocultando con su bien seguido diálogo la persona del autor
11 Este es semejante á Homero hasta en la conclusion de
la fábula. La Eneyda y la Jerusalen acaban con la accion = en
la Ilíada, terminada la accion, sigue la fábula con los juegos fú
mebres de Patroclo, y el rescate del cadáver de Héctor, que son
unas consecuencias de la accion , á las cuales llama Horacio el
final de las obras largas y dilatadas. Cervantes tuvo aun mayor
motivo que Homero para continuar la fábula despues de con
cluida la accion, á fin de dejará su héroe perfectamente feliz,
y realzar mas la moralidad de la obra. La locura de D. Quijote
por resucitar la caballería andante imitándola, aunque cesó en
cuanto á esta accion con la victoria de Sanson Carrasco (v. 293).
DEL QUIJOTE. 43
le dejó espuesto á otras estravagancias: y por tanto para curar
le radicalmente, y dejarle en una situacion del todo feliz, era
forzoso volverle á su antiguo estado. Asi lo hace Cervantes si
guiendo la fábula con la mayor verosimilitud, llenando el inter
medio con escenas muy propias del asunto, y del carácter y ac
tual situacion del héroe, hasta que cobrado su juicio, despejada
su razon en fuerza de una calentura (v.363), y restituido Don
Quijote á su antiguo ser de Alonso Quijano el bueno , conoció
sus desvaríos, detestó su locura, y los libros que la habian cau
sado, y murió en el seno de la paz y tranquilidad cristiana (v.
369), terminando este personage con toda la felicidad imagina
ble, y concluyendo la fábula con la instruccion mas oportuna y
propia del fin para que se compuso.
ARTICULO VI.
PROPIEDAD DEL ESTilo DE ESTA FABULA.
112 No podria conseguir este fin agradando á los lectores si
no tuviese la narracion un estilo correspondiente al objeto de la
obra, del mismo modo que una pintura de buena invencion y
dibujo no gusta ni complace á los inteligentes si le falta el real
ce de la luz y la sombra, y la última mano del piutor en el buen
gusto y perfeccion del colorido.
113 Dista tanto el lenguage sublime y poético de las epope
yas del que debe usarse en las fábulas populares, que no cabe
otra comparacion entre ellos, sino la de su respectiva conformi
dad con la naturaleza y asunto de cada una de estas obras. La
razon, la esperiencia y el dictámen uniforme de los sabios con
cuerdan en que el estilo de unas y otras ha de ser puro, enér
gico y conveniente. La pureza consiste en la naturalidad y pro
piedad de las voces: la energía en la precision y claridad de las
espresiones; y la conveniencia en la eleccion del estilo corres
pondiente á la materia, que es la regla fija y segura para deter
minar su locucion. Los maestros de elocuencia señalan tres gé
neros de materias, de que derivan igual número de estilos. El su
blime, el sencillo, y el medio entre estos dos. El primero cor
responde á las materias heróicas y grandes, el segundo á las po
pulares, y el último á las medianas.
114 Hasta los críticos mas severos confiesan áHomero la sa
blimidad de sus pensamientos, y la magestad y elevacion de su
estilo. Longino sacó de la Ilíada y Olisea los principales ejemplos
de su tratado de lo sublime, y Quintiliano dió en pocas palabras
una idea de la perfeccion de su estilo, graduándole de sublime
en los objetos grandes, propio en los pequeños, difuso y conciso
á un mismo tiempo, festivo y grave, y tan admirable por la abun
dancia como por la brevedad. Toda la antigüedad ha mirado á
Homero como el mejor modelo de la elocuencia; y los modernos
no pueden separarse de esta decision , porque ni conocen toda
la nobleza y propiedad de las voces, ni tienen oidos capaces de
distinguir el legítimo acento de la musa griega.
115 El estilo del Quijote tiene áfavor de su pureza y ener
gía un número de aprobaciones igual al de los sabios que han
hablado de él. La respetable autoridad de estos, entre los cuales
se cuenta la Academia Española, se confirma con la facilidad y
complacencia que encuentran en su leccion hasta los hombres
mas ignorantes y rudos, que no comprenderian la locucion si
las voces fuesen estrañas é impropias, ni menos penetrarian el
alma y las gracias de los pensamientos, á no tener estremada
claridad y precision. Ninguno ha repetido jamas la leccion de
un paso del Quijote para descifrar su sentido, sino para volver
águstar de nuevo la festividad y elegancia con que los espresó
Cervantes: y si la pureza y energía de su estilo tuvieran el au
silio de la rima y cadencia poética, se sabrían de memoria y
cantarian los lugares mas escogidos del Quijote, al modo que
se practicaba en Grecia con los episodios de la Ilíada y Odisea,
segun el testimonio de Eliano.
116 Esta general aprobacion del estilo de Cervantes prueba
tambien que es llano, natural y conveniente á la materia de
su fábula, á la cual se acomodan el lenguage popular y sen
cillas espresiones de la prosa, igualmente que á los asuntos he
róicos de Homero las figuras y ornamentos de la poesía. El
diferente estilo que usan los autores mas famosos en las come
dias y tragedias confirma esta eleccion de Cervantes, y es otra
prueba de la conveniencia que hay entre su locucion y su
11 y Nada da á conocer el talento de un autor tanto como
el que su estilo se conserve siempre dentro de su esfera, sin
tocar en ninguno de los vicios con quienes tiene afinidad. Los
poetas faltos de ingenio y juicio suelen ser afectados y frios
queriendo parecer heróicos ; y la mayor parte de los que usan
el estilo popular han equivocado la sencillez con la vileza y
DEL QUIJOTE. 45
la templanza con la sequedad. Homero y Cervantes estan exen
uos de estos defectos. La Ilíada es sublime sin hinchazon, no
ble sin afeite, y elevada sin oscuridad: el Quijote llano sin
bajeza, sencillo sin debilidad, y familiar con decoro. Ambas
obras conservan la conveniencia de su estilo con una igualdad
y temperamento muy difícil, y reservado á los ingenios de
primer órden.
18 Si esta dificultad se hubiera de graduar por la apa
riencia , pareceria que el mérito y la ventaja estaban de parte
del estilo sublime, y que el familiar tiene tanta facilidad cuan
do se imita como cuando se lee ; pero los jueces mas respeta
bles de la elocuencia, Ciceron, Horacio y Quintiliano confiesan
que la facilidad de este estilo es aparente, y que en la práctica
suda y trabaja en vano el que se determina á imitarle. A la
verdad la grandeza misma de los objetos, la nobleza de las
figuras y metáforas, y el artificio de la locucion épica arre
batan la atencion de los lectores de modo que no les permi
ten pararse en las menudencias, ni divisar los defectos; mas
en el estilo llano no hay falta, por pequeña que sea, que no
se note, ni descuido que no se advierta ; y el continuo es
fuerzo indispensable para evitarlos no es menos difícil que el
conato que requiere el estilo elevado y sublime.
119. Los modos de hablar triviales y bajos desfiguran mas
á este estilo que al popular; pero la naturaleza de su asunto
desvia por sí misma al autor de la ocasion de emplearlos. El
Quijote abunda de objetos muy familiares, tanto como la
Ilíada de heróicos, y la exactitud con que Cervantes los pinta,
sin envilecerlos ni confundirlos, es mas apreciable y singu
lar que lo que comunmente se cree.
12o Los antiguos, que escribieron en lenguas ya muertas
para nosotros, tienen en este punto una ventaja, que no alcan
za á los modernos. Si hubiese en la Ilíada frases envilecidas
con el uso popular, ó espresiones bajas, no chocarian ahora
a los críticos mas delicados, como hubiera sucedido entonces
á los griegos, que las oian todos los dias en la conversacion y
en el trato civil. Los escritos en lenguas vivas estan sujetos
á la censura del vulgo, y no pueden tener siquiera una voz
impropia ó muy trivial, que no la note al punto la mayor par
te de los lectores. Pero hasta ahora no se ha encontrado en el
Quijote término ni espresion que no sea Anoble y decorosa, sin
embargo de que su estilo ha sido examinado á la luz de dos si
46 ANALisis
glos, y juzgado por oidos sabios, circunspectos é inteligentes.
121 Este mérito crece y se aumenta , si se considera el es
tado de la lengua castellana por aquel tiempo. El autor del
Diálogo de las lenguas, el maestro Francisco Medina, Fernan
do de Herrera y Ambrosio de Morales, que florecieron en él,
se quejan del abandono y dcscuido con que los españoles mi
raban su lengua, la cual llegó á envilecerse y abatirse de modo
que nadie se determinaba ávalerse de ella en asuntos capaces
de mejorarla y perfeccionarla. No se escribian por lo comun en
castellano sino vanos amores ó fábulas vanas: nadie osaba en
comendarle cosas mas nobles, temiendo oscurecer la obra
con la bajeza del lenguage: de lo que resultaba que no habia
libros cuyo estilo fuese testo de la lengua , y cuya leccion é
imitacion sirviese de regla para decir correcta y elegantemente.
A esta sazon principió á escribir Cervantes, y á mejorarse
muestra lengua , hasta llegar á lo último de su perfeccion. Es
paña admirada vió en el Quijote una repentina y súbita tras
formacion de nuestras antiguas fabulas: la vanidad cambiada
en solidez, la bajeza en decoro, el desaliño en compostura, y
la sequedad, dureza y grosería del estilo en elegancia, blan
dura y amenidad. Cierto es que á esta mutacion habian con
tribuido otros autores amantes de su lengua ; pero tambien es
verdad que la naturaleza dotó áCervantes con las particulares
perfecciones de todos. La gravedad de Luis de Granada, la
dulzura de Garcilaso, la pureza de Luis de Leon, la elevacion
de Fernan Perez de Oliva, y la sencillez de Hernando del Pul
gar estan enlazadas en el Quijote, y unidas á la gracia y festi
vidad propia de su asunto, y peculiar de su autor, que es tan
inimitable en lo jocoso, como Homero en lo sublime.
12 a Hay dos géneros de jocosidad: uno servil, chocante,
torpe é indecoroso: otro elegante, urbano, ingenioso y festi
vo. Aquel en sentir de Ciceron es indigno de los hombres, y
este propio solamente de los discretos, que saben usarle en
tiempo y con oportunidad. Cervantes sazonó el Quijote con
todas las gracias de este estilo, sin desdorarle con bufonadas
ni chocarrerías.
123 Uas jocosidades á propósito para movernos á risa son,
Segun Quintiliano, las que proceden de la persona propia, de
Ia agena, ó de los objetos medios. Cuando uno dice adverti
damente algun disparate ó despropósito, cuando pinta los de
fectos agenos con viveza é ironía, cuando introduce un perso
ndEL Quijote. 47
nage ridículo para que represente el papel de héroes un sim
ple que habla á bulto de lo que no entiende, ó un indiscreto
que descubre frescamente y sin embozo lo que debía ocultar
entonces se escita la risa de los oyentes por medio de las per
sonas agenas ó de la propia. Todas estas gracias se encuen
tran á cada paso en Cervantes. Las sencilleces y malicias de
Sancho, la heroicidad ridícula de D. Quijote, y el disimulo
burlador de los personages que siguen ó incitan su locura,
son unos ejemplos tan visibles y frecuentes, que no necesitan
individualizarse.
124. Los dichos y respuestas inopinadas que nacen de ig
morancia ó disimulo, las ponderaciones irónicas, las frases bur
lescas, los juegos de palabras, los equívocos, y los modos de ha
blar familiares son jocosidades sacadas de los objetos medios
Todas ellas son comunes en el Quijote, y agracian su locucion
porque Cervantes supo emplearlas sabia y comedidamente- Sin
embargo de la fecundidad de nuestra lengua, y del ensanche
que le permitia su asunto, rara vez se vale de equívocos, ójuega
con las voces, y cuando lo hace es con una propiedad y discre
cion que falta á muchos de nuestros escritores y poetas, cuyo
principal númen consiste en aquellas puerilidades indignas de
la poesía y del estilo serio, é insufribles siempre que se usan sin
juicio y sin moderacion.
125 Los modos de hablar familiares son tan castizos en
nuestra lengua, que en ellos se conserva su primitiva pureza. La
continuacion y frecuencia con que vulgarmente se repiten les ha
dado el nombre de refranes, y su abundancia es tanta, que se
ria preciso hacer una larga digresion si se hubiesen de nombrar
las varias colecciones impresas y manuscritas desde Iñigo Lo
pez de Mendoza hasta Luis Galindo, las cuales ha procurado
compilar el discreto y sabio caballero D. Juan de Iriarte. La
gracia que dan estos refranes al estilo jocoso cuando se usana
con oportunidad, y observando el decoro de las personas, está
bien manifiesta en la Celestina, Florinea, Eufrosina y Selvagia,
cuyo ejemplo siguióMiguel de Cervantes con el, mismo esmero
que evitó la imitacion de los equivoquistas. En ninguna obra es
tan los refranes mejor aplicados que en el Quijote; y ellos son
los que llenan de pureza, gracejo y naturalidad los discursos
de Sancho, por la propiedad con que los encadena algunas ve
ces, por el despropósito con que los amontona otras, y por la
conveniencia que tienen siempre con su carácter.
48 - ANAlisis
126 Valiéndose de él usó Cervantes otro medio muy propio
del estilo jocoso, introduciendo en los razonamientos de Sancho,
del cabrero Pedro, y de otros personages, algunos vocablos
corrompidos y desfigurados, que mueven árisa por la senci
llez con que los dicen, y por el teson con que D. Quijote se em
peña en reprenderlos y enmendarlos.
127 Tambien el arcaismo, ó uso de voces anticuadas, con
viene al estilo jocoso, porque divierte con la imitacion del len
guage antiguo y desusado- Cervantes tenia particular gusto y
conocimiento para remedarle, y en nada se conoce mas la des
treza con que manejaba nuestra lengua, que en la facilidad con
que se acomoda átoda especie de locuciones, usando de cada
una como si ella sola hubiera sido el objeto de su estudio y apli
CaCOI),
128 Una de las pruebas mas auténticas de esta destreza, del
desenfado con que ridiculizó las ideas caballerescas, y de la
aceptacion de su obra, es haber enriquecido la lengua con vo-
ces nuevas. Los nombres de D. Quijote, Sancho Panza, Pedro
Recio, Maritornes y Rocinante, formados en la imaginacion
de Cervantes, son ya voces peculiares de nuestra lengua, que
significan un desfacedor de tuertos, un hablador simple, un
doctor impertinente, una muger tosca y zafia, y un caballo
flaco. Ademas de estas se han deducido del nombre de D. Quijo
te otras veces igualmente significativas, como quijotada, qujo
tería y quijotesco. Su inventor tuvo el mérito de introducirlas
junto con la complacencia de verlas admitidas en la lengua cas
tellana.
129. En ella pudieran usarse tambien proverbios sacados del
Quijote. No habria modo mas festivo y donoso para corregir á
los que interrumpen á cada paso sus discursos con digresiones
importunas, como decirles que volviesen presto de Tembleque,
al modo que lo dijo el religioso de casa del Duque á Sancho
(11.321). El mayor honor que puede tener una obra cómica
en opinion de Fontenelle es que se saquen proverbios de ella. Si
muchas de las ocurrencias de Cervantes no hogran esta honra,
es por culpa de los que no han tenido discernimiento para en
contrarlos, ó buen gusto para agraciar con ellos su estilo.
13o Por falta de este gusto suelen nuestros escritores caer
en afectacion, queriendo evitar la repeticion y monotonía de las
voces, ó bien usar un estilo desaliñado, por huir de esta compos"
tura estudiada. Macrobio observó que las repeticiones de Home
DEL QUIJOTE. 49
ro tienen cierto mérito peculiar á este gran poeta, que no ha
podido imitar otro alguno. Cervantes tambien repite á veces
en un período los mismos términos y espresiones, pero de un
modo tan suave y natural, que ni chocan al oido, ni alteran la
energía y propiedad de su estilo. Uno y otro dieron á conocer
en esta semejanza, que los grandes ingenios son elocuentes,
aunque no se afanen por parecerlo.
131 Ninguno lo será, no obstante que carezca de todo vi
cio, si le falta la primera y principal virtud, que es lo que Lon
gino llama sublime. Este consiste en una cierta fuerza, viveza y
novedad singular y estraordinaria, que deleita, admira y sus
pende, arrebatando la atencion de los lectores como á pesar su
yo. Los tres géneros de estilo admiten este sublime, el cual puede
encontrarse en el estilo llano, y faltar en el heróico, porque no
es lo mismo estilo sublinc, que lo que aquel crítico griego en
uiende por sublime en el discurso.
132 Boileau y los demas que han ilustrado esta materia
convienen en que el sublime no depende de la espresion, y pue
de hallarse en todos estilos; pero ni nombran ni escluyen tam
poco al jocoso; por lo que será conveniente proponer algunas
observaciones sobre este punto, que á mas de ser curioso en sí
mismo, no ha sido tratado hasta ahora por ningun escritor.
133 El principal mérito de una obra irónica y burlesca no
consiste en la festividad del estilo, ni en lo donoso de la dic
cion, sino en un cierto ridículo que está en la sustancia del
discurso, no en el modo, y pende del pensamiento, y no de la
espresion. Al modo que en la pintura hay algunos pintores que
saben el secreto de copiar las cabezas mas serias, haciéndolas
paródicas y ridículas, sin faltará su semejanza, sin mudar sus
facciones, ni alterar su combinacion, asi tambien en la fábula
se puede retratar con toda propiedad cualquier objeto, ridicu
lizándole al mismo tiempo con un cierto aire burlesco, mas fá
cil de conocer que de definir. Este equivale en las obras joco
sas al sublime de los discursos serios, y es el que las perfec
ciona y hace escelentes.
134 Que Cervantes use frases burlescas, espresiones festi
vas, voces graciosas: que sazone con refranes el lenguage de
Sancho: que imite los idiotismos caballerescos en la persona de
D. Quijote: que adorne el diálogo de los demas personages, y
su estilo con todos los donaires de la locucion, es un mérito sin
gular y grande; pero mérito que agrada mas á los hombres de
ANAL+ 4
humor qme á los circunspectos, mas á los que poseen perfecta
mente la lengua que al vulgo, y mucho mas sin comparacion á
los españoles que a los estrangeros. Pero que cuando los tiene á
todos gustosamente divertidos con sucesos estraordinarios y
graves: cuando D. Quijote y Sancho estan llenos de admira
cion, y los demas personages ocupados enteramente en cosas
las mas separadas de la locura de aquel héroe: que entonces
Cervantes saque de improviso, y como por una especie de ma
gia, una ridiculez donosísima, oportuna, y naturalmente dedu
cida de aquellos objetos tan distantes, este es el universal y pri
mer mérito de la obra, y donde mostró su talento original.
135 Para hacerlo visible basta un ejemplo en la visita "de
las galeras que hizo D. Quijote acompañado de un caballero de
Barcelona. Cervantes pinta con su acostumbrada maestría el
saludo y fueraropa de los forzados, el chasco de Sancho, el re
zelo de D. Quijote, la admiracion que causaron á ambos las
maniobras y el zarpar de la capitana, y últimamente la dureza
del cómitre en el castigo de la chusma. El lector conoce la dis
tancia é inconexion de estos objetos con la caballería andante,
está atento á la sorpresa y novedad que causan á D. Quijote, y
no espera ni imagina que pueda mezclarse allí su locura, ni en
lazarse con aquel suceso; pero Cervantes arrebata inopinada
mente su atencion, y la traslada al desencanto de Dulcinea (v.
277) con el ridículo y festivísimo apóstrofe que D. Quijote di
rige á Sancho, persuadiéndole que se desnude, tome lugar en
tre los forzados, y deje el desencanto á la discrecion del cómi
tre. En esta y otras muchas ocurrencias, igualmente felices é
inesperadas, se ve la fuerza de aquel ridículo, á cuya posesion
debió Cervantes la palma de las gracias, que esparcieron el eco
de su fama en toda la posteridad.
136 Longino asegura que el verdadero sublime es aquel á
quien no podemos resistir, cuya impresion es casi eterna en
nuestra memoria, y agrada universalmente átodos. Cuando un
grande número de personas de diferente humor, inclinacion,
edad, profesion y lengua sienten todas igualmente la fuerza de
un lugar de cualquier discurso, entonces este juicio y aproba
cion uniforme de tantas personas, discordes en lo demas, es
una prueba indubitable y cierta de que hay en él verdadero su
blime.
1.37 Estas mismas señales convienen de todo punto al es
presado lugar del Quijote, y átodos los demas de igual natura
leza. Su gracia, festividad y donaire son independientes del es
tilo y de la diccion, y no estan reservadas á los españoles, ni á
los hombres de buen humor, ni á los sabios; al contrario han
hecho reir universalmente á toda clase de personas y naciones,
y serán siempre escuchadas con gusto y aplauso en los cuatro
ángulos del mundo, y hasta la última Thule. Saint-Evremond
aconseja á los desdichados, que para aliviar y esplayar el áni
mo prefieran á la leccion de Séneca, Plutarco y Montaña, la de
Luciano y Petronio, y átodas estas la del Quijote: sobre todo,
dice, os recomiendo á D. Quijote, pues por grande que sea
vuestra qfliccion, la delicadeza y finura de su ridículo os en
caminará insensiblemente á la alegría. Esta finura y delicadeza
es el sublime de la fábula ó discurso burlesco.
138 El juicio que formóJulio César de las comedias de Te
rencio en aquellos discretos versos que ha conservado Suetonio,
confirma igualmente que las obras jocosas tienen un cierto su
blime, que les es peculiar. Todo el mundo sabe el mérito de las
comedias de Menandro, y el conato que puso Terencio en imi
tarlas: sin embargo no pudo llegar mas que á la mitad de su per
feccion. Su estilo es puro, suave, elegante y gracioso: en esta
parte fueron semejantes; pero al latino le faltó la fuerza cómica,
aquella virtud que sobresale tanto en el griego, y es la que ca
racteriza y da todo el valor á sus comedias. Los críticos la llama
rán como gustaren; pero no podrán negar que esta fuerza cómi
ca de Menandro, y aquel ridículo fino de Cervantes hacen el
mismo efecto en las obras jocosas que el sublime de Longino en
las serias.
139. Ambas varian su peculiar estilo con atencion á las cir
cunstancias. El Quijote levanta la voz en algunas ocasiones, al
modo que la Ilíada muda el tono en otras; pero Homero cuando
quiere familiarizarse se baja áveces tanto, que suele separarse
de la gravedad de la epopeya, degradándola con pinturas bur
lescas, como el retrato de Vulcano, el de Tersites, el de Iro, y
la historia de Marte y Venus. Cervantes divierte á sus lectores
muy á menudo con objetos serios; pero muy distantes de todo
lo que es hinchado y gigantesco.
14 o El estilo con que hablan en algunos asuntos D. Quijote,
el canónigo de Toledo, el caballero del Verde Gaban y demas
personages graves, es igual, serio y digno del carácter de esto,
interlocutores; pero á todos escede el de algunas pinturas, cuya
dulzura y nobleza estanta, que todas las ponderaciones no son
capaces de encarecerla. Por esto conviene trasladar aquí una de
ellas para complacencia de los lectores sabios, y satisfaccion de
los incrédulos.
14. Cuando D. Quijote imagina que son ejércitos los dos
rebaños hace una hermosa é individual descripcion de sus prin
cipales caballeros; y despues para referir las naciones que los
componen, añade (1. 174): A este escuadron frontero forman
y hacen gentes de diversas naciones: aqui estan los que beben
las dulces aguas del famoso Janto, los montuosos que pisan los
masílicos campos, los que criban el finísimo y menudo oro en
la felice Arabia, los que gozan las famosas y frescas ribe
ras del claro Termodonte, los que sangran por muchas y di
versas vias al dorado Pactolo, los numidas dudosos en sus
promesas, los persas en arcos y flechas famosos, los partos,
los medos que pelean huyendo, los árabes de mudables ca
sas, los citas tan crueles como blancos, los etíopes de horada
dos labios, y otras infinitas naciones, cuyos rostros conozco y
veo aunque de los nombres no me acuerdo.
En estotro escuadron vienen los que beben las corrientes
cristalinas del olivifero Betis, los que tersan y pulen sus ros
tròs con el licor del siempre rico y dorado Tajo, los que go
zan las provechosas aguas del divino Genil, los que pisan los
tartesios campos de pastos abundantes, los que se alegran en
los elíseos jerezanos prados, los manchegos ricos y corona
dos de rubias espigas, los de hierro vestidos, reliquias antiguas
de la sangre goda, los que en Pisuerga se bañan, famoso por
la mansedumbre de su corriente, los que su ganado apacientan
en las estendidas dehesas del tortuoso Guadiana, celebrado por
su escondido curso, los que tiemblan con el frio del silboso
Pirineo y con los blancos copos del levantado Apenino; final
mente cuantos toda la Europa en sí contiene y encierra.
14 a La esquisita erudicion de Cervantes, y la propiedad
con que señala á cada nacion su peculiar atributo, no son tan
agradables como la suavidad de su diccion, que hizo mas gra
ta valiéndose de los rios de nombre sonoro y dulce. Tal es su
estilo en esta descripcion, semejante á un rio claro y cristalino,
cuya sesga y mansa corriente está convidando ágozar de la ame
nidad de sus riberas y de la pureza de sus aguas.
143 Todos los críticos han celebrado el catálogo de las naves
de Homero en la Ilíada, y la enumeracion de los ausilios de Tur
no en la Eueyda. El paralelo con la espresada descripcion de
DEL QUIJOTE. 53
los ejércitos hace ver que su autor no es menos original y ele
gante que los poetas griego y latino.
144. En los lugares mas heróicos del Quijote elevó el estilo
conforme á la grandeza del asunto, decorándole con todas las
gracias de la elocuencia. Los personages imaginarios de la Ilía
da no los empleó Homero, segun observa Addison, sino para
animar la espresion de las cosas sencillas. En lugar de decir que
Ilos hombres huyen cuando temen, pinta el temor y la fuga como
compañeros inseparables, y de la misma suerte represeta á la
victoria siguiendo los pasos de Diomédes, á las gracias como
camareras de Vemus, y á Belona vestida del terror y de la cons
ternacion. Es evidente que estas figuras alegóricas tienen mucha
gracia cuando se usan de paso y con discrecion. Cervantes se
valió asi de ellas para espresar la atencion con que estaba todo
el auditorio en la resurreccion de Altisidora. Dice que en aquel
sitio el mismo silencio guardaba silencio; y á fin de exagerar la
delicadeza de manjares de un banquete, introduce al apetito
dudoso y perplejo, sin saber á cual de ellos debia alargar la
mano. Estas espresiones, y las demas que pudieran alegarse ,
manifiestan que Cervantes se sirvió de los personages imagina
rios, al modo que Homero, sin darles mas que una accion mo
mentánea, para presentar al lector las ideas sencillas mas agra
dablemente y con mayor viveza.
145 El mismo efecto hace en nuestro ánimo la armonía del
estilo, por cuyo medio mos parece que vemos y oimos los suce
sos de la fábula. En la Ilíada se oye el rozamiento de las cuer
das, el choque de las armas, el ruido de los combatientes, y se
ve la ligereza de los caballos, y el enorme peso de la piedra de
Sísifo. El poeta embelesa y suspende la atencion del lector con
esta armonía propia de la heroicidad de su asunto, de la índole
de su lengua, y de la medida y cadencia de la poesía. En el Qui
jote faltan todas estas circunstancias. El único objeto maravillo
so es el desencanto de Dulcinea, y con todo se ve en él espresa
do (111.362) el veloz y precipitado curso de las exhalacio
nes, el tardo y sosegado paso de los perezosos bueyes,
el rechinamiento de las chilladoras ruedas de los carros,
y el confuso rumor y ronco mormullo de las lejanas trompas y
bocinas: de suerte que Cervantes empleó la armonía del estilo
heróico, estraña en su lengua, y conveniente solo en este lugar
de su fábula, con un acierto igual por lo menos al que tuvo
Homero cuando se valió del estilo jocoso para espresar algunos
objetos de su poema.
- /
54 ANALisis
146 Otra de las virtudes del estilo de Cervantes es la multi
tud de espresiones diversas con que amplia los pensamientos, ó
individualiza un mismo afecio en distintas personas. La pintura
que hace de la admiracion (111... a 61 ) que causó el mono adivi
no en todos los circunstantes, cuando maese Pedro saludóá
D. Quijote, basta para conocer la afluencia de este autor, y la
riqueza y fecundidad de nuestra lengua.
147. Homero empleó los inmensos tesoros de la suya en la
versificacion de la Ilíada: todos los dialectos griegos se perfec
cionaron entre sus manos, y contribuyeron á la magestad, va
riedad y abundancia de la diccion de este poema. Cervantes no
tuvo igual ensanche y libertad á causa de la respectiva escasezé
imperfeccion de nuestra lengua, y de la corrupcion con que la
hablaban algunos provinciales, y casi todos los autores caballe
rescos; pero no perdió la ocasion de imitar el lenguage vizcai
no, el provincial de la Mancha, y el idioma de la caballería an
dante, burlándose de ellos, y enmendándolos con el remedo.
Este discreto autor, no contento con proscribir las locuras ca
ballerescas, quiso desterrar tambien su afectado y ridículo es
tilo.
1.48 El de las poesías que introdujo en el Quijote es casti
gado, puro, y está exento de los defectos que tienen las com
posiciones de la Galatea. En ninguna otra cosa se descubre me
jor la madurez y circunspeccion con que escribió el Quijote,
que en los versos de esta fábula. En ellos supo templar su afi
cion y esforzar su númen, usándolos con moderacion, trayén
dolos oportunamente, y trabajándolos con mayor esmero y aten
cion que todos los demas de sus obras.
149 El Quijote es la mas á propósito para conocer la per
feccion de nuestra lengua y la elocuencia de Cervantes. Si fuera
*ícito dejar correr el discurso libremente, y la razon no precisa
raya á ponerle término, se haria una enumeracion individual
de las virtudes, adornos y variedad de su estilo. Se presentarian
aqui todas las figuras de pensamiento y diccion vestidas con
aquella gala y bizarría que tienen cuando salen voluntariamen
te del regazo de la elocuencia, sin que las arranquen por fuer
za de los senos de la retórica. Se descubriria la magestad con que
se eleva en algunos lugares, la sencillez con que se acomoda á
otros, y la nativa gracia con que los hermosea todos, y con es
to se manifestaría juntamente, que es mucho mas fácil ampliar
los elogios de este ilustre escritor, que moderarlos.
mbEL QUIEJOTE. 55
15o La propiedad de su locucion, unida á la invencion y
disposicion de la fábula, forman de sus varias partes un todo
uniforme, variado, que escitá la curiosidad; y es tan agradable,
que lleva divertido y embelesado al lector hasta ponerle en pro
porcion de aprovecharse con utilidad de su moral.
ARTICULO VII,
DISCRECION y UTILIDAD DE LA MORAL DEL QUIJOTE.
151 Dos son los principales medios de proponer á los hom
bres las verdades morales: los ejemplos de las virtudes y vicios
sacados de la Historia, y los consejos y preceptos para su imi
tacion ó desprecio tomados de la Filosofía. La Fábula los abraza
ambos, y los anima y suaviza de modo, que su moral es supe
riorá la de la Historia y Filosofía. Los ejemplos que nos propo
ne la Historia son imperfectos, diminutos, y carecen del
alma que les da la Fábula, la cual los pinta no como se encuen
tran en la sociedad, ni como ordinariamente son, sino como de
ben ser, retratándolos con toda la propiedad y verosimilitud
precisa para ser creidos, y dándoles todo el fondo y estension
que necesitan para hacer mayor impresion en el ánimo de los
lectores. El historiador solo puede copiar la virtud y el vicio
hasta el término que le permiten sus originales; pero el fabu
lista retrata los hombres con un pincel libre, manifestándoles
sin limitacion su debilidad, su grandeza, sus pasiones, sus vi
cios y sus virtudes, para mostrarnos de un golpe toda su hermo
sura ó deformidad, á fin de escitar nuestro amor ó nuestro abor
recimiento.
15 a La Filosofía se vale para corregirnos de preceptos y
consejos; pero la Fábula, sin disminuir en nada su fuerza , los
mejora solo con despojarlos del sobrecejo y sequedad del Pórti
co. El velo de la ficcion templa los vehementes rayos de las ver
dades morales, proporcionándolos á la debilidad de nuestra vis
ta, y la propension con que naturalmente anteponemos lo agra
dable á lo provechoso sirve de medio para inducirnos á la prác
tica de las severas máximas de la Filosofía, proponiéndolas con
todos los halagos de una insinuacion dulce, y con todos los ador
nos de una discreta persuasion. A la manera que un camino lar
go, pero suave, ameno y divertido, fatiga menos y se anda con
mas gusto que una senda áspera y desabrida, aunque conduzca
56 ANALisis
al término con mas brevedad, así perfecciona la Fábula las pin
turas que la Historia deja en bosquejo, y asi tambien decora y
viste las imágenes cuyo desnudo esqueleto nos presenta la Fi
losofía.
153 Esta fuerza y discrecion con que se tratan las verdades
morales en las fábulas son las que causan su utilidad. La pri
mera es mas precisa en las heróicas, y la segunda en las burles
cas. Los asuntos serios necesitan realce, y los satíricos lenitivo.
154. De aqui nace la ventaja que tiene la moralidad de las
fábulas burlescas. La sátira permite una cierta libertad para
abultar sus objetos; y esta libertad corrige nuestras flaquezas, y
fija nuestra curiosidad mejor que la seria é indeterminada moral
de las epopeyas. No hay eco mas agradable á nuestros oidos, ni
que hiera con mas fuerza al corazon humano, que el de la burla
y la ironía cuando las sazona y templa la urbanidad.
155 Este es el dictámen de Horacio, el cual como de un
crítico tan sabio y juicioso, basta para autorizar la mayor uti
lidad del Quijote respecto á las fábulas heróicas, por la feliz y
discreta eleccion que tuvo Cervantes en su objeto.
156 El mismo Horacio nos dejó encarecida la moral de Hlo
mero, graduándola por mejor y mas completa que la de los cé
lebres filósofos Crisipo y Crantor: elogio que prueba á un mis
mo tiempo el mérito del poeta griego, y la madurez y circuns
peccion del latino.
157 Entre los muchos autores que se arrogan el derecho de
calificar las obras útiles y provechosas, habrá quizá muy pocos
que procedan con el tiento y juicio que Horacio. Este sabio
poeta no se determinóájuzgar la Ilíada y Odisea hasta que las
volvió áleer de propósito en el retiro de Preneste. Si le imitasen
los que intentan formar juicio del Quijote, si leyeran antes esta
obra con reflexion é imparcialidad, moderarian tal vez sus cen
suras, y aplaudirían la discrecion de su moral y la utilidad de
158 Lo cierto es que el principal fin de Cervantes no fue di
vertir y entretener á sus lectores, como vulgarmente se cree.
Valióse de este medio como de un lenitivo para templar la deli
cada sátira que hizo de las costumbres de su tiempo: sátira viva
y animada, pero sin hiel y sin amargura: sátira suave y hala
güeña, pero llena de avisos discretos y oportunos, dignos de la
ingeniosa destreza de Sócrates, y tan distantes de la demasiada
indulgencia como de la austeridad nimia.
1159. Por este útil y divertido camino conduce Cervantes á
sus lectores, enseñándolos é instruyéndolos desde el principio
hasta el fin de su fábula. Su principal objeto es la correccion de
Ilos vicios caballerescos. Este es el primero, pero no el único
asunto de su moral. En ella se comprenden tambien aquellos
defectos, que por ser mas frecuentes y perjudiciales á la sociedad
y literatura, hicieron mayor impresion en el ánimo del autor,
zeloso del bien de los hombres, y en especial de los de su nacion.
De manera que la moral de esta fábula no solo es útil por los
varios objetos que abraza, sino tambien por la discrecion con
que los reprende, á medida del esfuerzo preciso para desarrai
garlos del espíritu del vulgo.
16o Esto claramente se ve en la correccion de las estrava
gancias caballerescas, la cual sobresale mas y tiene mayor real
ce cuando se dirige contra las que el vulgo miraba como accio
nes heróicas, y es mas sencilla y natural cuando se propone por
objeto aquellas que se oponian directamente á la religion y á las
leyes. Tal era la costumbre de invocar los caballeros á sus da
mas para que los socorriesen cuando se veian en algun apuro ó
en peligro próximo de muerte : costumbre característica de los
caballeros andantes, como evidencian las leyes de la Partida;
pero costumbre enteramente contraria á la religion y aun á la
razon misma. Cervantes, para corregirla haciéndola ridícula, se
valió del coloquio de D. Quijote y Vivaldo (1. 111), en el cual
este interlocutor manifiesta con una razon tan clara y senci
lla, que la espresada costumbre era indigna del cristianismo, y
propia solamente de idólatras y gentiles, que dejó mudo á Don
Quijote, sin embargo del necio y porfiado teson con que se en
peñaba siempre en sostener y llevar al cabo todos los abusos
caballerescos.
a 61 Asi debía suceder en este que autorizaba á los caballe
ros andantes para consagrar sus errores, adorar sus imaginacio
nes, y persuadirse á que los atributos de la divinidad existian en
los objetos de su pasion ó de su fantasía. Ceguedad mucho ma
yor que la del paganismo, pues este no ponia en el número de
los inmortales sino á aquellos pocos hombres que habian so
bresalido entre los demas por medio de hechos heróicos, es
traordinarios y maravillosos, cuando en la caballería andante se
rendia este culto á las damas mas débiles, menos estimables, y
aun á veces fingidas y supuestas. Claro es que una costumbre
tan vergonzosa y tan en oprobio de la razon humana no necesi
taba, para hacerla despreciable y ridícula, mas que una mera
reflexion sencilla y natural, como la que Cervantes puso en bo
ca de aquel discreto y festivo caballero.
162. Los que se preciaban de serlo se creian exentos de la
autoridad de las leyes, superiores á los magistrados, y obliga
dos á cubrir con su sombra y proteccion á todos los delincuen
tes y facinerosos. Por este raro capricho llegó la caballería á
trastornar los pactos fundamentales de la sociedad, y á contagiar
é infeccionar con una generosidad falsa y aparente la parte mas
noble y mas distinguida de la nacion. Cervantes, deseando ar
rancar de raiz un vicio tan general y nocivo, empleó las armas
de la ironía, de la moral y del escarmiento.
163 En efecto la hazaña que emprendió y llevó al cabo Don
Quijote de dar libertad á los forzados que iban ágaleras (1.243)
procedió de esta falsa generosidad; pero en su contesto y nar
racion está bien patente la ridiculez de semejantes acciones, la
injusticia de los que las emprendian, y el desaire á que queda
ban espuestos, tanto por la autoridad de la justicia, cuanto por
la censura de las personas prudentes y juiciosas. Las prevencio
mes de Sancho á su amo luego que le manifestó este pensamien
to (1.232), la burla que hizo de él el comisario cuando se le
propuso (n. 242), el desprecio, mofa é insulto con que corres
pondieron los galeotes á su beneficio (1.244), la retirada dentro
de Sierra Morena á que le precisó el recelo y temor de la santa
hermandad (1.256), la seria y discreta reprension del cura (11.
41), la vergüenza que tuvo y el silencio que guardó D. Quijote
al oirla, y los retos necios é insensatos en que prorumpió cuan
do Sancho le descubrió como autor de aquel atentado, retratan
toda su deformidad con unos colores tan vivos, tan naturales y
graciosos, que no es fácil hallar preservativo mas oportuno para
los que puedan adolecer de semejante estravagancia.
164, Nunca lo será la proteccion de la nobleza para con los
afligidos y menesterosos, siempre que se gobierne por las leyes
de la equidad y de la prudencia, y que anteceda el previo é in
dispensable conocimiento de los hechos y de las personas. Pero
no era asi la que inspiraba á los nobles el espíritu caballeresco.
Este les incitaba á defender todo lo que se acogia bajo de su som
bra, y á impugnar cuanto se resistia á sus antojos, sin mas exá
men ni otro fundamento. Creian bien hecho todo lo que ejecu
tase un caballero; tenian por suficiente este título para justificar
cualquier crímen contrario á la razon y á las leyes, á las que so
DEL Quijote. 59
lo les parecia que estaba sujeta la plebe. Asi la falsa supersticion
de los paganos adoraba en las aras de Júpiter los mismos aten
tados que castigaba con el último suplicio en los hombres.
165 De esta falta de discernimiento resultaba muchas veces
que la proteccion importuna de un caballero hacia mas infelices
las personas á quienes intentaba amparar. Cervantes, que co
nocia este vicio tan propio de la vanidad caballeresca, fingió
con singular discrecion que D. Quijote habia principiado sus
fechos de armas libertando á su parecerá un muchacho del cas
tigo injusto de su amo (1.29): que salió ufano y triunfante del
hecho, creyendo haber dado un felicísimo y alto principio á sus
caballerías; y al fin que habiéndose encontrado despues con el
mismo muchacho, y renovado su vanidad con la memoria de
aquel suceso, quedó avergonzado y corrido sabiendo que su
proteccion solo habia servido de aumentarle á aquel infeliz la
pena, el castigo y la desdicha (1.68). Las naturales y sencillas
reflexiones del muchacho, y la despedida que hizo entonces de
D. Quijote, son una correccion muy oportuna y sabia, y una
burla donosísima de los que se entrometen por puro capricho,
por ligereza ó por vanidad en asuntos que no les incumben.
166 Tal era el éxito que naturalmente debian tener todas
las aventuras, todos los hechos caballerescos, y cualquiera re
forma ó proteccion intentada por los que pretendian seguir el
rumbo de la caballería andante. Todo debía ser estraño y ridí
culo supuesta la constitucion que tenia ya entonces la Europa,
donde aquella reforma y esta proteccion eran ya, como debían
ser, peculiares y privativas de los soberanos y de los magistra
dos.
167 De este ridículo y desgraciado éxito de las aventuras de
D. Quijote infieren algunos que el objeto de esta fábula es úni
camente reprender y ridiculizar la caballería andante, como
defecto peculiar de la nacion española. Este parecer han segui
do varios autores estrangeros, que conforme á la debilidad del
espíritu humano han abrazado con gusto la ocasion de pintar
ridículamente la gravedad española, lisonjeándose de que han
tomado sus colores de la paleta de Cervantes. Si fuese cierta es
ta objecion se confesaria ingenuamente, anteponiendo la since
ridad al amor de la patria y á la estimacion de Cervantes; pe
ro la verdad es que el espíritu caballeresco era comun á toda
Europa, y que Cervantes fue demasiado sabio para ignorarlo, y
muy honrado para ser ingenioso en desdoro de su nacion.
168 Esta verdad, notoria á los sabios, no puede hacerse pa
tente y manifiesta á todos sin subir hasta el orígen de la caba
llería andante, y delinear por menor las costumbres de aquellos
tiempos; asunto que han ilustrado varios autores célebres; pero
asunto vasto, complicado, é incompatible con el objeto de este
discurso, donde solo puede darse una ligera idea de él.
169 Tres fueron pues las causas que concurrieron al orígen
y progresos de la caballería andante en Europa : la legislacion
de las naciones septentrionales, el gobierno feudal, y la noble
emulacion de las cruzadas. En aquella legislacion el abuso de
las pruebas negativas en los juicios introdujo la purgacion por
agua y hierro, y la incertidumbre de esta prueba precisó á re
currir al combate judicial, que se estendió á toda especie de ac
ciones y demandas.
1 o Todas se redujeron á hechos, y estos hechos se deci
dian en un duelo. Para arreglarlos se establecieron leyes muy
singulares y discretas, en las cuales estaba enlazada la locura del
hecho con la racionalidad del derecho: de modo que de su mons
truosa union resultó la caballería andante vestida de todas sus
estravagancias, á la manera que salió armada Minerva del cele
bro de Júpiter.
171 El gobierno feudal era un estado perpetuo de guerra y
rapiña, en que las personas débiles y desarmadas estaban siem
pre espuestas á los insultos de la fuerza y de la violencia. Aquel
zelo guerrero y generoso que empeñó á tanta muchedumbre de
caballeros átomar las armas para defender á los peregrinos opri
midos en la Palestina, aquel propio incitóá otros á proteger y vin
dicar la inocencia en Europa misma, reprimiendo la violencia
de los poderosos, libertando los cautivos, y vengando á las mu
geres, á los huérfanos, á los eclesiásticos, y átodos aquellos que
no podían por sí mismos tomar armas para resistir á la fuerza
abierta, ópara defenderse en el combate judicial.
17 a De un objeto tan noble en su principio, tan preciso se
gun las circunstancias en que se hallaba la sociedad, tan útil á
la mayor parte de los hombres, y tan aplaudido por el valor,
humanidad, pundonor y justicia de los que le ejercian, resultó
la órden de caballería, órden de una gerarquía superior átodas
las demas, pues que hasta los reyes hacian vanidad de recibir
la de mano de un caballero particular.
173 Las distinciones y prerogativas de la caballería inspi
raron ávarios hombres un fanatismo militar, que les indujo á.
DEL QUIToTE. 6r
emprender hechos muy estravagantes y desvariados. La venta
ja que daban las armas ofensivas y defensivas de mayor fuerza
y mejor temple, dió notivo al vulgo, que no penetraba ni in
quiria la causa de aquella ventaja, para persuadirse á que pro
cedia de encantamiento.
174 La idea de los campeones protectores de la virtud y
hermosura de las mugeres condujo á un galanteo ciego y desati
nado, y de este modo fue la debilidad humana viciando poco
a poco la órden de caballería hasta degradarla y reducirla al es
tremo de caballería audante.
175 Esta tuvo mayor auge cuando por haberse introducido
una legislacion equitativa, y afirmándose el poder monárquico,
se desterró el combate judicial y la odiosa desigualdad que re
sultaba de la anarquía feudal. Entonces, que la órden de la ca
ballería no podía subsistir como antes, porque sus funciones
eran peculiares de los soberanos y magistrados, no quedó otra
ocupacion á los que querian hacer alarde de caballeros, sino en
trometerse áreformar los particulares abusos, que les represen
taba como tales su antojo, su capricho ó su pasion.
176 De aqui procedió y tomó cuerpo la manía caballeresca,
que no pudo reprimirse ni con la vigilancia de las leyes, ni con
la autoridad soberana. De aqui el valor importuno y el galanteo
idólatra, que se acreditaron mas y mas con el uso de las justas
y torneos, y de los duelos particulares. De aqui finalmente un
empeño continuo en impedir el curso de la justicia y substraer
se de su poder, con otros escesos contrarios á la religion, á las
leyes y á la tranquilidad pública.
177 Las novelas caballerescas fomentaron estas ideas, y tras
tornaron la fantasía de los lectores, pintándoles campeones ima
ginarios, caballos alados y dotados de inteligencia, hombres in
visibles ó invulnerables, mágicos interesados en la gloria y re
putacion de los caballeros, palacios encantados y desencanta
dos, y hazañas portentosas é increibles.
178 Aquellos escesos y estas ideas fueron el primer objeto
de la moral del Quijote, y eran comunes á España y á toda
Europa aun en los siglos quince y diez y seis. Cervantes inten
tó desterrar aquellos escesos y los libros que los autorizaban, y
lo intentó sabiendo por esperiencia propia que su práctica y
lectura era moda dentro y fuera de España , y que eran vicios
de los hombres, y no precisamente de los españoles. "
179. Por esto previno en el prólogo de su fábula, que su
62, ANALisis
primero y principal fin era derribar la máquina mal fundada
de los libros caballerescos, y deshacer la autoridad y cabida
que tenian en el mundo y en el vulgo; lo que igualmente con
fiesa su contrario Avellaneda, sin embargo del empeño con que
en todo lo demas le zahiere, moteja y reprende:y por lo mismo
procuró corregir los vicios á que inducia su leccion, impugnán
dolos con las invencibles armas de la razon y de la ironía, abra
zando todas las estravagancias caballerescas, y particularmente
aquellas que se oponian directamente álas máximas dela religion,
de las leyes y de la sociedad.
18o Para combatirlas empieza Cervantes reprendiendo iró–
nicamente la preocupacion de creer que la formalidad sola de
ceñirle á uno la espada otro caballero bastaba para darle auto
ridad de usar de ella, sin otra causa que su voluntad, y sin otros
límites que los de su antojo. A este fin pintando á su héroe ya
en campaña, dice que solo le hizo titubear en su propósito de
ir por el mundo á buscar las aventuras el pensamiento de que
no estaba armado caballero (1. 9); mas para remediar esta falta
propuso hacerse armar por el primer caballero que encontrase.
Y como su fantasía, fecunda en producir fantasmas caballeres
cas, se agitó con estos pensamientos, le representó como castillo
una venta, como castellano al ventero, como doncellas princi
pales á unas rameras, y como trompeta militar el cuerno de un
porquero (1 - 13). Las ridículas escenas que en esta venta suce
dieron, ya cuando D. Quijote suplicó al ventero que le armase,
ya cuando este le dió sus instrucciones sobre las cosas de que
debia ir proveido, ya cuando veló las armas en el patio, y ya
cuando se celebró la ceremonia de armarle caballero, son la mas
graciosa y ridícula representacion de las vanas y estravagantes
esterioridades en que se fundaba la caballería andante.
1811 Cierto es que la costumbre de armar caballeros á los jó
venes que iban á emprender el ejercicio de las armas en defen
sa de su patria y tal vez de la religion, no se debe mirar como
una ceremonia vana. Los que hacen estudio de impugnar áCer
vantes, y pintar como obra perjudicial su Quijote, en este y
otros casos semejantes procuran confundir la justa sátira que
hace este autor del abuso de las cosas, con el desprecio ó impug
nacion de las cosas en sí. Pero los hombres juiciosos y desapa
sionados conocen desde luego con cuanta delicadeza y tiento
supo el autor ridiculizar los abusos, sin impugnar los usos fun
dados en la razon. En este claro está que la burla recae sobre la
DEL QUIOTE. 63
injusta costumbre de entrometerse un caballero particulará dar
armas y facultad para usar de ellas á otro, sin mas autoridad
que la de pedírselo á él el pretendiente. Los privilegios, las fa
cultades y las distinciones solo son justas cuando la autoridad
legítima las confiere al mérito, y nunca pueden ser miradas con
respeto las que por sí misma se tomó la fuerza.
182. No es menos digno de reprension el abuso de las cosas
sagradas que censura nuestro autor en la vela de las armas que
hizo D. Quijote. Todos saben que los buenos católicos han pro
curado en todos tiempos implorar la asistencia del Dios de las
batallas en los lances dificultosos y arriesgados en que iban á
entrar por su religion ó por su patria. Justo era tambien que el
que emprendia la carrera militar con estos honrados y heróicos
designios buscase el valor y la prudencia necesaria para tan
glorioso como arduo ejercicio en las bendiciones del Omnipo
uente; y asi nada podia discurrirse mas acertado que las vigilias
y velas de las armas que hacian los pretendientes en las iglesias
ó capillas la noche antes de ser armados (como prescriben los
, antiguos estatutos de las órdenes militares) consagrando á Dios
sus armas y personas. Pero cuando esta facultad de armar ca
balleros se la tomaron personas que ninguna autoridad tenian
para ello, cuando la dignidad de caballero se buscó como puer
ta para poder oponerse á la justicia, y como carácter que habi
litaba al que le recibia para emprender galanteos locos y aun ca
si idólatras, claro está que la vela de las armas era ya tentar á
Dios, buscándole para apoyo de la maldad. Cervantes lleno de
prudencia y de religion se burla de este abuso; pero para no
profanar con las burlas los lugares sagrados, hace que la vela de
D. Quijote sea en el patio, dando el ventero la escusa de estar
caida la capilla.
183 Aquel mirar como cosa sagrada las armas de un caba
llero, á las cuales ninguno podia tocar sin serlo, está graciosa
mente ridiculizado en la aventura de los arrieros que iban á dar
agua á sus recuas; y en la estraordinaria manía de D. Quijote,
que quiso que en adelante se llamasen Don las dos mozas que
le habían ceñido la espada y calzado las espuelas, está pintado
con una graciosa ironía el capricho de mirar como digmas de la
mayor atencion todas las personas ó cosas que tienen alguna
relacion con un caballero : capricho que ha autorizado á mu
chos para que con el salvoconducto de una librea se atrevan á co
nueter desórdenes y á no respetar á la justicia.
64 ANALIsis
184 De nn principio tan ageno de toda razon como dar fa
cultades y preeminencias quien ninguna autoridad tenia para
darlas, y de unos campeones que empezaban la carrera de sus
hazañas con la supersticiosa profanacion de las cosas sagradas,
solo podian esperarse atropellamientos injustos, trastorno de
la sociedad, desprecio de las leyes, y una continua transgresion
de la moral cristiana y de los primeros preceptos de muestra re
ligion ; pero cubiertos todos estos desórdenes con la brillante
apariencia de procurar el bien de todos. En las varias y estrañas
aventuras de Don Quijote se ven pintados todos estos abusos
con tal viveza, que basta para detestarlos mirar en sus pintu
ras la vergonzosa ridiculez de los originales.
185 A cualquiera le provoca á risa la estravagancia de
D. Quijote en querer que unos hombres á quienes casualmente
encontró en el camino confesasen que la hermosura de Dulci
mea se aventajaba á la de todas las mugeres del mundo (1.34),
sin que ellos la hubiesen visto, ni tuviesen la menor noti
cia de quien era. A la verdad el que leyere este pasage conoce
rá claramente que estaba loco quien tal disparate pretendia. El
mismo concepto formará tambien viendo el reto que en medio
del camino de Zaragoza hizo á todos los que mo quisiesen con
fesar que á todas las hermosuras y cortesías del mundo esce
dían las que se encerraban en las ninfas habitadoras de aque
los prados y bosques, alejando á un lado a la señora de su al
ma Dulcinea del Toboso (v. 235):y todos mirarán estos retos
como tan disparatados que se persuadirán á que solo pudieron
existir en la fantasía de un poeta. Pero esto mismo, que nos pa
rece increible por descabellado, es lo que encontramos celebrado
en varias historias antiguas. El famoso Hernando del Pulgar en
su libro de los Claros Aarones de España ensalza hasta el es
tremo la famosa locura de Suero de Quiñones en la defensa del
paso de Orbigo, perpetuada en un libro intitulado el Paso hon
roso. El mismo Hernando del Pulgar, coronista de los Reyes
católicos, conoció á D. Gonzalo de Guzman, áJuan de Merlo, á
Juan de Polanco, áAlfarán de Vivero, á Pero Vazquez de Saya
vedra, á Gutierre Quijada, á Diego de Valera, y otros que se
fueron por los reinos estraños á hacer armas con cualquiera
caballero que quisiese hacerlas con ellos, sin otro objeto que lo
que llamaban ganar prez y honra. Ve aqui los originales que co
pióCervantes en los ridículos retos de D. Quijote, y los que su
po retratar con tal destreza, que conservando todos los caracté
V
V
res, en que se nota lo parecido de la copia, descubrió todo lo ri
dículo y despreciable de unas acciones, que aunque prueban el
valor de quien las emprende, descubren al mismo tiempo el po
co juicio de quien las imagina.
186 De aqui han querido inferir varios estrangeros, y aun
algunos españoles, que el Quijote destruyó las ideas del honor,
y estinguió el fuego marcial, que ardia como en su propia esfe
ra en los corazones guerreros de los invencibles españoles. Pero
Cervantes, que habia pasado su juventud cn la verdadera escue
la del valor, que es la guerra: Cervantes, que cargado de cade
nas habia sabido procurar su libertad y la de sus compañeros
con acciones las mas arrojadas, que conserva en la historia de
los siglos la memoria de los hombres: Cervantes, que gloriándo
se de sus heridas, dijo que el soldado mas bien parece muerto
en la batalla, que libre en la fuga: Cervantes finalmente, que
supo manejar con tanta libertad la espada como la pluma, así
como conocía que la intrepidez del valiente soldado no debe de
tenerse por obstáculos ni riesgos, sabia tambien que el verdade
ro valor nace de la razon, y que no merece el nombre de valien
te el que no gobierna sus acciones con la invariable regla de la
justicia. .
187 Los que han querido defender que el espíritu caballe
resco era útil para mantener la honradez en los nobles, el valor
en los militares, y el pundonor en las damas, parece que no
tienen siquiera noticia de lo que son los libros de caballerías;
pues basta su lectura para conocer que estas monstruosas y per
judiciales novelas destruian el verdadero concepto de la honra
dez y de las obligaciones características de los nobles; que des
figuraban la idea del valor, torciéndole á lo injusto, y hacién
dole degenerar entemeridad reprensible; y finalmente que al pa
so que colocaban el pundonor de las damas en puras esteriori
dades, franqueaban la puerta para la disolucion mas abomina
ble, enseñando tercerías, tratos clandestinos, robos y otras abo
minaciones, que doraban con solo pintarlas como ejecutadas con
esfuerzo ó con temeridad. "
188 En los tiempos del gobierno feudal, en aquellos siglos
en que no habia mas ley que la fuerza , es cierto que podían
ser útiles los desfacedores de tuertos. Entonces podia decirse
que esta espresion significaba las obligaciones de todo caballero
empleado en defender á las viudas, proteger á los huérfanos, y
defenderá los injustamente perseguidos. Pero Cervantes escri
ANAL. - 5
bió en un siglo en que ya establecidas en un pie respetable las
monarquías, habia en ellas leyes que prohibian estos desórde
mes, magistrados que cuidaban de la observancia de estas leyes,
y de proteger á los oprimidos, y finalmente monarcas á quienes
apelar de los agravios que pudiesen hacer los mismos magistra
dos: siglo en que, segun toda razon, debian ser no solo inútiles,
sino perjudiciales á la distribucion de la justicia esos hombres
que á fuerza de armas quisiesen desfacer tuertos. Porque su
pongamos que los magistrados faltasen á la distribucion de la
justicia, y que el soberano engañado cerrase los oidos á
las quejas : si en este lance (que es el mas estrecho que
puede suponerse) saliesen esos hombres armados á restablecer
la justicia, que no administraban ni los magistrados ni el prín
cipe, el remedio de una injusticia particular produciria innu
merables injusticias.
189 Pero si por desfacedores de tuertos entendemos los ca
balleros ú hombres poderosos, que emplean su autoridad y po
der en beneficio de los desvalidos, autorizando sus quejas en los
tribumales, sirviéndose de su cercanía al trono para que lleguen
á los oidos de los soberanos los ayes de los miserables, que sue
le apartar la adulacion, y finalmente socorriendo sus necesida
es con las copiosas sobras de sus rentas, no hay duda en que
estos son utilísimos en el mundo; mas tambien es cierto que ni
eran estos los campeones celebrados en los libros de caballerías,
ni los impugnados en el Quijote, y que por consiguiente su au
tor está libre del cargo que quieren hacerle, de haber despojado
á la nobleza de los pensamientos heróicos y grandes, que hicie
ron eterna la gloriá de sus progenitores.
19o No eran menos contrarias las novelas caballerescas á la
idea y concepto que debe formarse del verdadero valor, pues
en ellas se destruian las justas causas que deben ponerle en
ejercicio , substituyendo otras que son ilegítimas y viciosas: se
referian hechos que por increibles en el órden natural eran in
capaces de escitar á la imitacion, y asi solo producian una ad
miracion inútil; y finalmente se recurria para las principales
acciones á una especie de máquinas que trasformaban el valor
en cobardía.
1911 Cuando el valor de los súbditos se ha reunido bajo la
conducta de un caudillo, ha producido sin duda las acciones
mas gloriosas y mas útiles para el beneficio de los pueblos. Pe
ro este mismo esfuerzo separado y dividido en bandos y fac
. DEL Quijote. * 67
ciones particulares, ¿qué perjuicios, qué destrozos, qué ruinas
no ha causado á las naciones ? Pues si miramos con ojos filosó-.
ficos y desapasionados el orígen de estos males, verémos que no
ha sido otro que el querer sostener la autoridad particular con
tra la pública y legítima.
19.2 Las fuerzas que tenian los particulares, y que habian
servido para la defensa de los estados, separadas de este digno
objeto, se emplearon unas contra otras en daño de los mismos
particulares y del comun. Cada uno, porque era caballero y fuer
te, creyó poder sostener sus derechos con sus armas, y canoni
zaron con el nombre de hechos valerosos las hostilidades come
tidas contra sus mismos conciudadanos, y las rebeliones contra
ses señores legítimos. En esto colocaban el valor las novelas ca
ballerescas, pintando héroes respetados por la fuerza de su bra
zo: héroes á quienes los inismos soberanos hacian la corte, cre
yendo que de su capricho dependia la firmeza de sus tronos, y
que si los descontentaban, eran capaces con sus esfuerzos de re
ducirlos del estado de reyes al miserable de mendigos.
193 Cervantes, que era mas filósofo de lo que muchos creen,
descubriendo una de las principales fuentes de estos daños en
el errado concepto que hacian formar del valor y mérito de los
caballeros estas monstruosas novelas, reprende este vicio, pin
tándole con toda su ridiculez, cuando D. Quijote refiere á San
cho la llegada de un caballero á la corte de un poderoso rey (1.
222), las distinciones que este le hace, y finalmente quc el caba
llero le saca victorioso de sus enemigos, venciendo muchas ba
tallas y ganando muchas ciudades. Pero antes que D. Quijote
haga esta menuda descripcion de los heróicos hechos del caballe
ro imaginario, tiene una conversacion con Sancho, en la cual se
da á conocer mas claramente el objeto de Cervantes. Propone
Sancho á D. Quijote que en lugar de andarse por el mundo bus
cando las aventuras, se vayan á servir en la guerra á algun em
perador ópríncipe, y le demuestra con razones sencillas, pero
convincentes, que aquel era el medio mejor de acreditar su valor,
y alcanzar recompensas dignas. D. Quijote, convencido con la
fuerza de la verdad, le dice que tiene razon; pero le añade, que
antes que se llegue a ese término es menester andar por el
mundo, como en aprobacion, buscando las aventuras. Ve aqui
pintado al vivo el desvariado concepto que tenian del valor y del
modo de acreditarle. Antes de emplear el esfuerzo en el servicio
y defensa de la patria, quiere adquirir nombre con aventuras in
justas y perjudiciales. Sieste es el espíritu que echan menos los
impugnadores del Quijote, desde luego les concederénos que
Cervantes pretendió estinguirle. Pero sepan que á pesar de sus
discretas burlas ha durado largo tiempo esta desatimada creen
cia : que han sido menester muchas leyes y mucho rigor para
contener los frecuentes desafíos, que producia el arraigado error
de querer acreditarse de valientes fuera de las campañas: que
en España se ha disminuido mucho este daño, no tanto por
las sátiras de Cervantes, cuanto por las sabias providencias de
los soberanos de la casa de Borbon, y que sin embargo vemos
aun lastimosamente en nuestros dias, que quieren acreditar su
valentía en un duelo particular algunos que quizá no son capa
ces de mostrarla al frente del enemigo.
194 No parabá aqui el perjuicio que las novelas caballe
rescas causaban al verdadero valor. Ademas de sacarle de su
natural esfera, que es la guerra, y emplearle en acciones te
merarias é injustas, le pintaban con tales colores, que al mis
mo tiempo que aparecia digno de la mayor admiracion , se
descubria incapaz de ser imitado. Aquel ponerse un hombre
solo delante de un ejército entero, y desbaratar sus escuadro
nes, arrebatarle sus banderas, y ganar una completa victoria,
á cualquiera le parecerá que mas es un milagro, que un hecho
valeroso. El derribar las murallas de un castillo, arrancar las
puertas de una torre, y otras cosas semejantes, se miran como
hechos de unos hombres de estraodinaria fuerza , y muy dis
tantes de la esfera de los demas hombres: y asi ninguno puede
pretender imitarlos, cuando conoce por las esperiencias coti
Gianas que sus fuerzas son limitadas, y él incapaz de acabar em
presas estraordinarias. Para que las hazañas que se nos refieren
mos provoquen á imitarlas, es necesario que las veamos en hom
bres como nosotros, y para esto es preciso que sean verosímiles
195 El espíritu caballeresco, no contento con atribuir estos
hechos á los quiméricos héroes de sus novelas, se atrevióáin
troducir semejantes ficciones en las historias, desfigurando de
tal modo las hazañas de nuestros grandes capitanes, que los he
chos que contados sencillamente como fuerou, despertarian el
valor de cuantos los leyesen, referidos con tantas increibles aña
diduras solo sirven para escitar una estéril admiracion, ó tal vez
la risa de los que miran su inverosimilitud. Y esto es lo que nota
Cervantes en boca del canónigo de Toledo, que encontró áDon
Quijote cuando le llevaban á su aldea (11.345). Mosen Diego de "
DEL Quijote. 69
Valcra refiere, que habiéndose echado á dormir la siesta el Cid
sobre unos escaños el dia de las hodas de sus hijas, se soltó un
leon, y entró en la sala, de lo que se asustaron grandemente
los infantes de Carrion sus yernos. Pero dispertando el Cid los
reprendió tratándolos de cobardes, y ató el leon sin dificultad
ninguna. Solo quien estaba infatuado con los desvaríos caballe
rescos podia pintar como posible atar un leon como quien ata
un perro; y cualquiera hubiera tenido por loco á un hombre que
tratase de cobardes á los que huian de un leon. Estas fabulas
bastarian para desacreditar al Cid si no supiéramos otros hechos
menos maravillosos y pero que prueban mas claramente su va
lor. Quizá tuvo presente esta historieta Cervantes cmando pintó
la temeraria aventura de los leones (m. 162), con la cual y con
otras temeridades que emprendió D. Quijote, y de que salió
unas veces bien por pura casualidad, y otras mal por el órden
regular de las cosas, ridiculizó las fabulosas valentías de las no
velas caballerescas, que admiraban los simples, y solo podían
imitar los locos.
196 Pero aun los mismos autores de los libros de caballerías
conocieron la inverosimilitud de estas proezas referidas como
obras del valor de los hombres solamente, y por eso recurrieron
a los encantamientos. Estos les servian no solo para hallar una
solucion fácil en los lances mas intrincados, sino tambien para
hacer creibles las acciones que eran superiores á las fuerzas de
un hombre. Nació esta quimera de la preocupacion con que en
los siglos de la ignorancia se creia naravilloso todo lo que no se
comprendia á primera vista. Por esto (como ya se ha motado)
luego que vieron que en los duelos particulares algunos campeo
nes tenian armas de mucha mas fuerza que las de los demas con
currentes (efecto preciso de su mejor temple), como no conocian
el mecanismo de esta causa, se dieron á creer que aquellas armas
tenian una oculta virtud, que llamaron encantamiento. Las mis
mas leyes autorizaron esta preocupacion mandando que los jue
ces hiciesen registrar á los combatientes para quitarles las yer
bas encantadoras, caso que las llevasen, y para precisarlos áju
rar qne no tenian mas. De este modo se abrió la puerta á los
encantamientos, prestigios y hechos de armas portentosos é in
creibles: y estas semillas fecundadas en la fértil imaginacion de
los escritores de novelas, produjeron tantas y tan ridículas estra
vagancias, que no es posible referirlas todas. De aqui salieron
los palacios y jardines encantados, de aquilas trasformaciones
repentinas, de aqui el quedar en un momento despojado de sus
fuerzas un caballero el nas valiente y esforzado, y de aqui final
mente aquellos encantadores amigos ó enemigos, que ayudaban
ó impedian las proezas de los caballeros.
ngy Por solo estar mezcladas con semejantes encantamientos
las hazañas que referian las historias caballerescas, es preciso
que fuesen del todo inútiles para escitar el valor. Pues ¿qué va
lor hay en esponerse álas flechas del contrario, cuando está uno
cierto de que es imposible que penetren la coraza encantada con
que está guarnecido el que las espera? ¿Y cómo ha de temer el
sonrojo de salir mal de una empresa el que tiene la escusa de que
un encantador contrario estorbó su feliz éxito?
198 Estas reflexiones, que cualquiera podia hacer leyendo
los libros de caballerías, hubieran bastado para hacer despre
ciables todas aquellas proezas y hazañas; pero el vulgo, enemigo
siempre de reflexionar, los leia con el aplauso que lee en nues
tros tiempos los romances de guapos y bandoleros, llenos tam
bien de acaecimientos falsos é imposibles» y aun la gente mas
culta se contentaba con el gusto que causa lo maravilloso, sin
querer tomar el trabajo de examinar lo cierto ó verosímil. Cer
vantes, para que las gentes conociesen lo ridículo de estas inven
ciones sin el trabajo de reflexionar sobre ellas, y se convenciesen
de que el verdadero valor no se funda en imaginaciones fantás
ticas, sino que nace de un ánimo noble, acostumbrado desde la
infancia á mirar la honra con mas aprecio que la vida, y persua
dido de que esta se debe ofrecer gustosamente en sacrificio por la
religion, por la patria y por el soberano, representó en el cuadro
de su fábula la fantasma del encantamiento con todos los aspec
tos que habia tenido en los libros de caballerías; pero descu
briendo su inverosimilitud en todos ellos.
199 Burlóse de los palacios encantados en la aventura de la
cueva de Montesinos (n. 229), en que D. Quijote creyó haber
visto á Durandarte, á Belerma, al mismo Montesinos y á otros
personages, entre los cuales no olvidóá la señora de su alma.
2oo De las trasformaciones por encantamiento son repetidas
y graciosas las burlas que se encuentran en el Quijote. La de los
gigantes en molinos de viento (1.61), la de los ejércitos en reba
ños de carneros (n. 171), la de Dulcinea en labradora (111. ga),
la del caballero de los Espejos en el bachiller Sanson Carrasco,
a hija de Doña Rodriguez en el lacayo Tosilos (v. 2:on) son to
DEL Quijote. 71
das escelentes; pero sobre todas la del jaez en albarda cuando en
la venta disputaba D. Quijote que la bacía era el yelmo de Mam
brino (1.287).
2or. Uno de los efectos maravillosos de los encantamientos
era quitar repentinamente las fuerzas á un caballero para estor
barle alguna hazaña: de donde tal vez tuvieron principio cier
tos hechizos y aligaciones, á que aun en nuestros tiempos suele
dar crédito el vulgo. La burla que de esto hace Cervantes es
muy oportuna. D. Quijote viendo por las bardas del corral que
manteaban á su escudero, quiso socorrerle; pero molido de los
golpes del moro encantado, y debilitado con la operacion del
saladable bálsamo, ni pudo saltar las bardas, ni siquiera apear
se, y al punto creyó que le habían encantado (1.168). Mas
para acabar de descubrir lo ridículo de tales sucesos es menes
terver el discurso que despues de esta aventura hace D. Quijo
te á su escudero, proponiendo buscar una espada que estorbe
el efecto de los encantamientos cono la de Amadis.
aon Con todo, ninguna de estas cosas disminuia tanto el mé
rito de las acciones de valor de los caballeros andantes como el
suponer que cada uno tenia un sabio encantador que le ayuda
ba, y otro que se le oponia, semejantes en algun modo á los dos
principios de los maniqueos. Tales eran el sabio Freston, que por
favorecer á otro caballero su ahijado perseguia á D. Quijote ( 1.
56); el que llevaba á este (segun él creia) en el barco encanta
do (111. 297), y el que le pareció que estorbaba esta aventura
. (n. 304), con otros diferentes de que se hace irónica mencion
en el discurso de la fábula. Claro está que ayudados de estos
encantadores podrían acabar los caballeros estraordinarias em
presas; pero claro es tambien que con este ausilio sus acciones
heróicas mas eran obras de encantamiento que pruebas de va
lor.
203 Y si para este no eran conducentes los libros de caba
llerías, mucho menos lo eran para mantener el recato y hones
tidad propia de las doncellas y matronas principales, pues los
tales libros se puede con verdad asegurar que son escuela de li
viandad y desenvoltura, por lo cual Cervantes reprendió dis
cretamente en su Quijote los desórdenes de esta especie, que
enseñaban y autorizaban semejantes novelas.
ao 4. En los tiempos en que estaba recibida la apelacion por
duelo, las damas combatian por medio de sus campeones, á los
cuales cortaban la mano en caso de vencimientos y en algunas
a ANALisis
partes no condenaban á las mugeres á la prueba de agua ó hier
ro sino cuando no habia quien se presentase á defenderlas. Así
la necesidad del combate judicial para las acciones y demandas,
la poca confianza en los campeones mercenarios, y la flaqueza
personal de las damas fueron causa de que estas obsequiasen y
estimasen en mucho á los caballeros arrestados y valerosos que
podían ampararlas; y esta idea de proteccion tan lisonjera y tan
conforme al gusto dominante, los inclinó á emprender volun
tariamente la defensa de las mugeres nobles y hermosas. De se
mejantes ideas, recibidas generalmente en aquel tiempo, pro
vino el amor caballeresco, esto es, la ciega pasion de las damas
por los caballeros valientes, y la veneracion idólatra de los ca
balleros á las damas. .
a05 Por estos pasos logró introducirse en Europa el espíritu
de la caballería y del galanteo, y todos adoptaron con gusto sus
principios; pero singularmente los nobles, que al fin asi como no
reconocian otra ley que su espadas, tampoco tenian otro ídolo
que su dama.
206 Estos fueron los héroes que se propusieron los escrito
res en sus obras, las cuales dieron un prodigioso crédito al sis
tema de la caballería, porque sus copias escedian en mucho la
estravagancia de los originales. Las novelas de caballería (di
ce un autor modcrno) lisonjearon el deseo de agradar á las
alamas, y dieron á una parte de la Europa el espíritu de galan
terra poco conocido de los antiguos. La idea de los paladines
protectores de la virtud, de la debilidad y de la hermosura de
pas mugeres, condujo á la galantería, la cual se perpetuó con
el uso de los torneos, que uniendo en sí los derechos del valor y
del amor, le dieron mucha consideracion y aumento.
aoy Imbuidos pues los caballeros en las máximas que leían
en estos libros, y que con su lectura estaban generalmente reci
bidas, miraban como obligacion precisa de todo noble tener una
dama áquien consagrar sus acciones: obligacion la mas opuesta,
mo digo á la moral cristiana, sino á la misma fe que profesamos.
208 La vanidad y el deseo de ser celebradas y servidas son
las pasiones que mas dominan á las mugeres, y por consiguiente
las mas capaces de hacerlas atropellar los términos del decoro
y la modestia, virtudes características de su sexo. Por esto para
estorbar los peligros de unos galanteos tan públicos y autoriza
dos por la costumbre, se vieron obligados los padres y deudos
águardará sus hijas y parientas con medios mas rigurosos que
:
DEL QUITOTE. 73
los que hasta alli habian bastado, recurricndo á la estrecha
clausura de sus casas, y á la perpetua custodia de las dueñas.
209 Pero este remedio en vez de estorbar el daño sirvió so
lamente para mudar su aspecto. Leian estas encerradas donce
llas para divertir su soledad aquellos perjudicialísimos libros de
caballerías: encontraban en ellos mil historietas amatorias, en
las cuales los caballeros enamorados se pintaban como héroes,
y la facilidad y desenvoltura con que los escuchaban las donce
llas se trataba de justa correspondencia; y estas especies forma
ban en la imaginacion viva de las jóvenes unas ideas muy con
trarias á la razon. Miraban su encierro como una esclavitud, á
sus padres como unos tiranos, y su vida retirada como la ma
yor miseria. Fortificaban tal vez estas ideas las mismas dueñas
á cuya custodia estaban encargadas, las cuales por ignorancia
ó por malicia les contaban cuentos de la misma moral que las
novelas.
21o De tan perjudiciales principios se seguian ordinariamen
te lastimosas consecuencias, pues deseosas de ser estimadas,
veneradas y aplaudidas, como aquellas que en los libros y cuen
tos eran celebradas, correspondian fácilmente y sin considera
cion á las señas y mensages que les enviaban los caballeros
(perseguidores bajo el título de defensores de la honestidad)
ganando con el soborno á los mismos domésticos y familiares.
Seguíanse despues las conversaciones nocturnas en los terreros»
proporcionando estos mismos desórdenes las dueñas á quienes?
engañados los padres, fiaban el cuidado de sus hijas; y aun por
eso vemos cuan acordes estan nuestros escritores en tratarlas de
terceras.
a 11 De aqui resultaba muchas veces que los padres llegan
do á conocer, aunque tarde, estos desórdenes, convenian tal
vez, por no esponerse á otros inconvenientes, en matrimonios
que jamas hubieran aprobado en otras circunstancias. Otros y
tratándolas con mas dureza, las obligaban á dar la mano de es
posas á personas que ellas miraban con aversion , ó las hacian
por fuerza que entrasen religiosas, á trueque de no tener un
continuo sobresalto en su casa: y aunque estos males eran gra
vísimos, con todo solian producir otros de peor especie los amo
res clandestinos, protegidos y disimulados por las dueñas y por
los escuderos de las casas.
a 12 Para conceder pues que los libros de caballerías inspi
rasen máximas de recato y honradez á las doncellas, era menes
74 AN y Lisis
ter cerrar los ojos y no ver estas funestas consecuencias de sus
principios y máximas consecuencias que no se siguieron por pu
ra casualidad, sino por una precisa conexion atendido el carácter
de los dos sexos y la humana flaqueza.
213 Pero no decimos por esto que sea útil á las buenas cos
tumbres criar á las doncellas principales con toda libertad, per
mitirles sin distincion todo trato, y fiar de la prudencia de una
niña de poca edad el evitar por sí misma los peligros que se en
cuentran con frecuencia aun en la sociedad y trato que parece
mas inocente, pues para imaginarlo seria menester carecer de
razon: y aun cuando la razon no probara lo contrario, lo proba
rian tristemente mil esperiencias de nuestros dias. Lo que de
cimos es que las máximas de los libros de caballerías eran muy
contrarias al recato y á la honestidad; que en ellos se aprendia
leyendo la desolucion que hoy se aprende tratando; y finalmen
te que la sátira de Cervantes contra los escesos de aquellos tiem
pos no pudo ser de ningun modo causa de los que por camino
contrario esperimentamos en los nuestros.
214, Para evidenciar esta verdad será menester que recorra
mos brevemente todos los principales amores de que se habla
en el Quijote. Y empezando por los de este con su señora Dul
cinea (1. 11), verémos luego que en ellos se ridiculiza aquella
famosa preocupacion de que todo caballero debia ser enamora
do, pues ninguna otra razon tuvo D. Quijote para decir que lo
estaba, sino seguir esta costumbre, que juzgaba tan precisa. Es
to se conoce claramente en su conversacion con Vivaldo (1.112),
asi como en las juiciosas reconvenciones de este se ve cuán sin
fundamento y cuán contra la religion era esta preocupacion ca
balleresca. Alguno podrá decir que unos amores tan castos y
platónicos como los de D. Quijote nada tenian de malo; pero na
die puede tener por bueno el creer que todo caballero debe ser
enamorado: y la esperiencia nos enseña que muchos galanteos,
que se empiezan solo por vanidad, ó por hacer lo que otros ha
cen, snelen traer tan funestas consecuencias como los que son
hijos de una pasion vehemente.
a 15 Al mismo tiempo que los caballeros miraban átodas las
damas como unas Porcias en la fidelidad y en el recato y á ese
mismo creían cosa muy natural que enamoradas de un caballe
ro le buscasen y se entregasen á él: de modo que parece que la
facilidad mas detestable no era liviandad siempre que fuera un
caballero el objeto á que se dirigiese. A tanto llevaban los Pri
del Quijote, 75
vilegios de la caballería. Este estravagante modo de pensar des
cubre Cervantes cuando el mismo D. Quijote, que con tanta
acrimonía reprende á Sancho porque creia haber notado algu
na familiaridad entre Dorotea y su esposo D. Fernando (11.
3o2), ese mismo cree que la hija del castellano le viene á solici
tar de noche (1.150), y que la hija de un rey ácuya corte llega
un caballero andante, es preciso que se enamore y entregue al
tal caballero (1.225).
216. Esta persuasion del mérito intrínseco de los caballeros
se estendióá creer que un amante por solo estar enamorado era
acreedor de justicia á ser correspondido: error que apoyaron y
difundieron los poetas. El amor que tenia Grisóstomo á Marcela
es un retrato de las funestas consecuencias de tan necio principio;
pero el razonamiento de Marcela es la mas juiciosa impugnacion
de esta locura (1.181 ).
a 17 No eran menores los daños que producia en las donce
llas la lectura de los libros de caballería. Los padres, temerosos
de los perjuicios que podian seguirse á sus hijas con el trato de
aquellos jóvenes, que no solo creian inocente la paga de sus
amores, sino que se miraban como con un derecho para exi
girla, se persuadieron á que para defenderlas de este daño era
suficiente remedio el encerrarlas. Muchos han creido que Cer
vantes pretendió reprender este retiro, y por eso le miran como
autor de la desenvoltura y libertad de nuestros dias; pero los
que asi piensan, ó no han leido el Quijote, ó no le han enten
dido. D. Quijote respondiendo á Altisidora en un romance, le
dijo estas cuatro coplas, dignas de que las tengan presentes
todas las madres (v.88).
Suelen las fuerzas de amor
sacar de quicio las almas,
tomando por instrumento
la ociosidad descuidada.
Suele el coser y el labrar,
y el estar siempre ocupadas,
ser antídoto al veneno
de las amorosas ansias.
Las doncellas recogilas,
que aspiran dí ser casadas,
la homestidad es la dote
y voz de sus alabanzas.
76 ANALISus
Los andantes caballeros,
y los que en la corte andan,
requiébranse con las libres,
con las honestas se casan.
a 18 Esto mismo confirmó cuando dijo á los Duques la segun
da vez que estuvo en su palacio, que el mal de Altisidora nacia
de ociosidad, que la tuviesen ocupada, y se dejaria de amores
(v. 339). Lo cierto es que los inconvenientes que se seguian de
aquel encierro no consistian tanto en el mismo encierro, como
en que en él, en vez de estar empleadas en ocupaciones hones
tas é inocentes, se divertían en leer historias caballerescas, co
medias y poesías amorosas, y con esta lectura se dispertaban las
pasiones, que no podia por sí solo estinguir el retiro. Este abuso
da á entender Cervantes cuando Cardenio refiere que Luscinda
le pidió el Amadis (1.273), y cuando Dorotea dijo al cura que
habia leido muchos libros de caballerías (n. 29).
219 Llenas pues de ideas caballerescas, no se detenian las
doncellas mas recatadas en tomar las mas arrojadas resolucio
nes. Véase esto retratado al vivo en la de Luscinda, que tuvo es
condida una daga para matarse la noche de sus bodas con Don
Fernando (1.329), en la de Dorotea de irá buscar al mismo Don
Fernando para vengar en él su deshonra (n. 19); pero mas trá
gicamente en el arrojo de Claudia Gerónima, que por unos zelos
mal fundados dió muerte por su propia mano á su amante Don
Vicente Torrellas (v. 242).
a ao Todos estos escesos provenian de que las doncellas, des
lumbradas con las agradables pinturas del amor que leian, se
arriesgaban con facilidad al clandestino trato de las rejas y ter
reros, como lo muestran los amores de Doña Clara y D. Luis,
siendo ellos por otra parte dos criaturas inocentes (11. 262).
221 Seguíanse despues las solicitudes de los amantes, y las
tercerías de las dueñas ó criadas , como se ve en los amores de
D. Fernando (II. 9) y la historia de la Trifaldi(v. 17); y de este
modo se venian á encontrar las inconsideradas doncellas en los
lances que no supieron precaver, de lo cual se arrepentian las
mas veces, aunque tarde, pues su poca honestidad las obligaba
despues á quedar deshonradas, ó contentarse con bodas desigua
les y poco ventajosas. Asi sucedió á la burlada hija de Doña Ro
driguez, que se contentaba con casarse con el lacayo Tosilos
(v. 202), y asi tambien áLeandra, que despues de haber sido
DEL QUImore. 77
pretendida por los principales de su pueblo, se vió sola, abando
nada y desnuda en una cueva por haberse salido de casa de sus
padres con Vicente de la Rosa, de quien se enamoró solo por
ver su gallardía y oir las mentidas proezas que contaba (11.361).
En esto tambien se nota otro riesgo de la lectura de los libros de
caballería; pues como en ellos se pintan la verdad y la constan
cia como plendas propias de los enamorados, las doncellas ig
norantes creían verdaderas las protestas de los hombres, y estos
consultando sus livianos deseos, y no las verdaderas reglas del
honor, las abandonaban, como D. Fernando á Dorotea. Por eso
cuando Sancho encontróá la hija de Diego de la Llana fuera de
su casa en tráge de hombre (v. 126), aunque conoció que todo
aquello era una niñada, la reprendió y amonestó que no volviese
á hacerlo, dando á entender las funestas consecuencias que sue
len acarrear las libertades que parecen inocentes.
222. Tambien solia ser a veces inútil el recurso de la custodia
y encierro para la guarda de las doncellas, porque llegaba tar
de. Bien lo prueba la historia de los amores de Cardenio y Lus
cinda, á la cual guardaron sus padres despues que el trato de la
niñez habia sembrado en su tierno corazon las amorosas ansias
(1.267). Lo mismo sucedió tambien con Quiteria, que ya estaba
enamorada de Basilio cuando sus padres impidieron que le tra
tase (111. 187).
223 Solos estos pasages bastan para conocer que las máxi
mas del Quijote, lejos de abrir la puerta á la desenvoltura y li
bertad de las doncellas, estan continuamente reprendiendo este
abuso; y á esto mismo conspiran varias reflexiones que se en
cuentran esparcidas por toda la obra.
224. Tal es la que D. Quijote hizo hablando con Sancho, que
estrañaba que Altisidora se hubiese enamorado de su amo siendo
tan feo: á lo que replicó D. Quijote haciéndole ver que el amor
que se funda en la estimacion de las prendas del alma, es firme y
verdadero, y el que solo tiene por objeto la hermosura esterior,
ligero é inconstante (v. 2:18).
225 Tambien es oportunísima la reflexion del cabrero aman
te de Leandra, sobre que los padres dejen á sus hijas que esco
jan á su gusto el que ha de ser su esposo, pero que no les propon
gan sino partidos buenos, para que no sea el antojo, sino la
razon quien mueva su ánimo (11.358). Esto mismo apoya Don
Quijote yendo áver las bodas de Camacho, con razones eviden
tes, haciendo ver que el capricho de las muchachas de ordinario
y8 ANALisis
se inclina á lo peor; y como la compañía de los esposos dura toda
la vida, ellas mismas se arrepienten, aunque tarde, de sus ma
las elecciones (111. 189).
226 Quizá nos hemos detenido demasiado en referir los per
juicios que los libros de caballería causaban en las costumbres,
y con cuanta razon y prudencia los combatió Cervantes en su
Quijote; pero todo era necesario para vindicarle del injusto car
go que han querido hacerle algunos críticos mas severos que jus
tos. Cervantes tuvo gran juicio y gran conocimiento del corazon
humano, y asi procuró, desterrando los libros de caballería, ar
rancar la raiz de innumerables vicios, que no eran, hablando
con propiedad, un abuso que la malicia humana hacia de unas
obras en sí buenas, como han pretendido algunos, sino una con
secuencia precisa de los principios fundamentales de los referi
dos libros.
227 Mas como muestro autor se proponia el verdadero objeto
de la sátira justa, que es mejorar á los hombres, no se contentó
con impugnar los vicios caballerescos, sino que de paso, y segun
le venia la ocasion, reprendió casi todos los defectos de las demas
profesiones ó estados, ó ya proponiendo y alabando á los que
estaban libres de ellos, ó ya ridiculizando á los que en ellos in
228 Con esta mira puso varios ejemplos de la hospitalidad,
que es la que mantiene el trato y comercio de los hombres unos
con otros, ya en el buen acogimiento que hicieron á D. Quijote
los cabreros (1.89) con quienes cenó y pasó la noche que pre
cedió al entierro de Grisóstomo, ya en la afabilidad y cortés trato
de D. Diego de Miranda y su familia (111. 173): ya en la afable
generosidad del canónigo de Toledo con quien comieron D. Qui
jote, el cura y la demas comitiva al volver de Sierra Morena
(11.338).
229. He citado estos ejemplares, y no el magnífico recibi
miento que tuvo en el palacio de los Duques (11.309), ó el que
le hizo en Barcelona D. Antonio Moreno (v. 257), porque en los
primeros se ve una voluntad sencilla de acoger á un hombre fo
rastero, y procurarle el alivio y descanso que no puede encontrar
fácilmente el que está fuera de su patria ó domicilio, en lo cual
consiste la verdadera hospitalidad; pero en los Duques y en Don
Antonio lo que mas se descubre es el deseo de divertirse con un
loco y con un simple, graciosos ambos en su linea.
a 30 No le faltó áCervantes motivo para suponer de este ca
ndEL QUIJOTE. 39
rácter á los espresados señores. En aquellos tiempos era muy
comun la costumbre de mantener bufones para su diversion
los príncipes y grandes, y se premiaba mucho mas la chocar
rería de un juglar, ó el insulso chiste de un tuno que le hacia
alguna burla, que los científicos descubrimientos de un sabio,
y el laudale zelo de quien promovia sus estudios. Don Quijote
discreto é instruido era objeto de compasion para el prudente
canónigo, que veia malogradas estas prendas por su loca caba
llería, y asi procuraba tomar por instrumento su discrecion para
desengañarle de sus estravagancias; pero los Duques y D. Anto
nio, como solo procuraban divertirse, fomentaban su manía, y
hacian de modo que su misma discrecion y buen discurso le en
redase mas en cl lazo de su locura.
231. A la verdad es menester olvidarse de la caridad cristia
na, y aun de la humanidad misma, para estimar mas la diver
sion frívola de oir óver cuatro dislates, que la salud y la razon de
un individuo de nuestra misma especie. Entre algunos pueblos
de nuestra Europa se tienen y miran como un sagrado las casas
de locos: nadie entra en ellas que no contribuya á la curacion ó
alivio de aquellos miserables. Costumbre digna de que se imita
se cn todas partes, cortando el inhumano abuso de que entren
todos los que quieran á divertirse con hablarles de sus locuras,
confirmándolos mas en ellas. Lo que mas debe admirar en nues
tro asunto es que muchas gentes, que son naturalmente liernas
y compasivas, suelen sin embargo gustar de tan bárbaro recreo,
lo cual procede sin duda de no considerar á los locos como en
fermos, y creer que porque rien, comen y nada les duele, no
son acreedores á nuestra lástima: error que nace, como otros
muchos, de las falsas ideas que se reciben en la crianza.
a 32 Esta es la principal fuente de la felicidad ó infelicidad
de los hombres y de los estados. Asi lo conocia Cervantes, y asi
lo manifiesta en varios pasages; pero con especialidad en el dis
creto razonamiento en que dice D. Quijote á D. Diego de Miranda
(h. 153): Los hijos, señor, son pedazos de las entrañas de sus
padres. . . . A los padres toca el encaminarlos desde peque
ños por los pasos de la virtud, de la buena crianza, y de las
buenas y cristianas costumbres, para que cuando grandes
sean bdculo de la vejez de sus padres, y gloria de su posteri
dad. V
233 Sabia tambien nuestro autor que la crianza que masim
porta es la de la nobleza; y por eso en el citado razonamiento
8o ANALISIS .
hace decirá D. Quijote: No penseis que yo llamo vulgo sola
mente a la gente plebeya y humilde, que todo aquel que no sabe,
aunque sea señor y principe, puede y debe entrar en número
de vulgo. Pero no ignoraba que para la felicidad completa de un
estado es necesario que la buena crianza sea general, y que el
pueblo se crie sin aquellas preocupaciones y resabios que le se
paran de las ocupaciones en que debe emplearse, ó le estorban
los adelantamientos que pudiera lograr.
234 Deseando Cervantes abrir los ojos á sus compatriotas so
bre un punto tan esencial, hizo un catálogo de los barrios ó sitios
que habia en casi todas las ciudades de España para servir de
acogida y aun de escuela de tunos y de vagos, en la enumera
cion de los lugares de sus aventuras, que hace el ventero que
armó caballero á D. Quijote (n. 19), y tambien en la pintura de
los que nantearon á Sancho Panza (1. 165).
235 De la falta de crianza se siguen , como hemos dicho,
nuchas preocupaciones. Los hombres mas racionales y valien
tes, si los han criado metiéndoles miedo, suelen sentir en el pri
mer encuentro que tienen con las cosas de que se servian en
su niñez para amedrentarlos, un cierto moviniento de pavor,
que para vencerle es necesario recurrir al valor y á la reflexion.
Esto se ve pintado muy al vivo en la entrada de la dueña Rodri
guez en el cuarto de D. Quijote cuando este la creyó bruja ófan
tasma (v. 105).
236 Otra preocupacion, que produce malas consecuencias,
es el creer en agüeros, error muy antiguo, pero que está grande
mente impugnado en el Quijote. Sale este caballero de la casa
de los Duques, y encuentra á unos hombres que llevaban varias
efigies de santos á caballo para un retablo. Las mira y las des
cifra, y quedando despues solo con su escudero le dice, que
el haber encontrado con aquellas imágines era para él felicí
simo acontecimiento (v. 2:13).
237. De aqui toma pie Cervantes para notar la inclinacion
que tenia la nacion entonces á las agüeros, inclinacion tan ig
norante como nociva. Hace que D. Quijote, aun siendo loco,
se burle de estos necios agoreros, que mudan de camino si en
cuentran en él alguna cosa que les parezca infausta, óse cubren
de melancolía si se les derama la sal: como si la naturaleza estu
viera obligada á advertir las desgracias venideras con estas ca
sualidadcs. La religion y aun la razon sola basta para abominar
esta credulidad supersticiosa; y asi Scipion Africano y otros
DEL QUIJOTE. 81
muchos héroes, con sola la luz de la razon no solo han despre
ciado estos acontecimientos casuales y frívolos, sino que los han
aplicado diestramente á sus intentos, haciendo servirá ellos la
credulidad é ignorancia del vulgo. Aqui se ve que Cervantes es
taba libre de las preocupaciones de su siglo, y que supo cono
cerlas, publicarlas y reprenderlas con el tiento y circunspeccion
que pedian aquellos tiempos: por lo cual merece mas gloria que
algunos escritores de nuestro siglo, porque mucho antes, y sin
tener igual libertad que ellos, corrigió los mismos abusos.
a 38 Tambien lo era , y nacido de la misma causa, el creer
sobrenaturales todos los acaecimientos que pasaban algo de la
linea de los comunes, ya fuesen de aquellos fenómenos, que
aunque naturales necesitan para su produccion una combina
cion de causas que concurren raras veces, ó ya fuesen efectos
de la destreza del que los producia, ocultando el verdadero prin
cipio, con cuyo conocimiento hubieran parecido frialdades las
cosas que suspendian como prodigios.
a39. En la aventura del mono adivino se burla Cervantes de
esta ignorancia cuando D. Quijote dice á Sancho que aquello no
puede ser natural, sino por arte del diablo, por lo cual estraña
ba que no le hubiesen delatado (u. 263). Y con razon lo estra
ñaba, pues en aquellos tiempos bastaba para delatar una cosa
el no entenderla, como lo hace ver tambien en la aventura de la
cabeza encantada de D. Antonio Moreno (v. a 69), la cual fue
preciso desbaratar, aun despues de haber vistola friolera en que
estribaba el prodigio, porque el vulgo ignorante no se escanda
lizase; pues era tanto el número de los mecios preocupados, que
por mas que hubiesen querido desengañarlos, siempre hubieran
quedado muchos que cerrando los ojos á la razon, la hubieran
mirado como obra del demonio.
24o Pero es muy de notar el fundamento que tiene D. Qui
jote para decir que no pueden ser naturales las respuestas del
mono, que es porque ni él ni su amo sabian alzar figura. De mo
do que al mismo tiempo que miraban entonces como maravillo
sos y fuera del órden natural los sucesos mas comunes, creían
que habia una ciencia que enseñaba á adivinar lo futuro consi
derando el aspecto de los astros, que esto era lo que llamaban
astrología judiciaria. Con ella se andaban por el mundo varios
holgazanes alzando figuras, engañando á los simples, y sacándo
les el dinero. El cuento que refiere D. Quijote del que adivinó
el color de los perritos que pariria una perra (111. a 64), es una
ANAL. 6
82. ANALISIS
graciosísima burla de estos embusteros, y de la ignorancia de
los que les daban crédito.
a 41 Esta misma ignorancia y falta de educacion producia ,
y aun actualmente produce entre los pueblos vecinos, disensio
nes, disputas y querellas. Muchas de ellas proceden de preten
siones particulares sobre términos ó derechos, y estas son ine
vitables; pero otras muchas no tienen mas fundamento que el
mal modo, hijo de la mala crianza. De aqui nace el ponerse apo
dos y nombres ridículos; y muchas veces de tan despreciables
principios se encienden discordias y enemistades, que suelen
costar mucha sangre.
a la Todo esto lo vemos en la aventura del rebuzno (III. 257),
en que se nos pintan dos pueblos armados, y en disposicion de
darse una batalla por un suceso despreciable, que tomado en
chanza hubiera servido á unos y otros de materia de risa. Las
razones con que D. Quijote les manifiesta la neccdad de su fu
ror, aunque estan mezcladas con ideas caballerescas, son muy
discretas y prudentes (1.283), y en ellas hace ver tambien
cuán errados caminan los que hacen cargo ó censuran átodo un
cuerpo de los delitos y desórdenes de alguno ó algunos de sus
individuos.
243 Estos y otros defectos, que nacen de la falta de educa
cion, intentó corregir Cervantes; pero en los mas graves y per
judiciales procuró que la reprension fuese mas fuerte, ó contra
puso los sugetos defectuosos á otros que no lo fuesen, para ha
cer amar la virtud y aborrecer el vicio.
244. Ya hemos hablado del religioso (11.323) que repren
dió públicamente á D. Quijote y al Duque estando á la mesa.
Si examinamos lo que pretendía este eclesiástico, verémos que
su fin no podia ser mejor. Apartar á D. Quijote de la locura de
ser caballero andante, reduciéndole á que se volviese á su casa;
y persuadir al Duque que divertirse en seguir á un loco su ma
mía, es ser mas loco que él, fueron las dos cosas que intentó el
buen eclesiástico. Pero lo quiso conseguir á fuerza de reprensio
mes y dicterios, y esto delante de la familia, con lo cual convir
tió una pretension justa en tema ridícula é importuna. Por el
contrario el canónigo de Toledo (11.345) con quien comió Don
Quijote en el campo, vistió todas sus reconvenciones y cargos
con la urbanidad y cortesía propias de la buena crianza, y aun
que no logró curarle, porque no es fácil curar á un loco, á lo
menos no le irritó como el religioso.
DEL QUIJOTe. 83
245 Siempre se han mirado como partes de la crianza el
8. asco y las atenciones ó cumplimientos, y asi no olvidóCervan
tes recomendarlas en su fábula.
246 En cuanto al aseo, compostura y decencia de las accio
nes esteriores, son muy dignos de aprecio los consejos segundos
(v. 55) que dió D. Quijote á Sancho antes que se partiese al
gobierno. Pero para hacer conocer que estas reglas se han de
aprender con la costumbre desde la infancia, y que los que no se
crian con ese cuidado, cuando quieren tenerle incurren en afec
taciones ridículas, hizo Cervantes que cuando D. Antonio tra
taba á Sancho de desaseado (merced al licenciado Alonso Fer
nandez de Avellaneda) respondiese D. Quijote por él (v. 259)
diciendo, que en el tiempo que fue gobernador aprendió d co
mer á lo melindroso, tanto que comia con tenedor las uvas y
aun los granos de las granadas.
247 En cuanto á la urbanidad no es neces