SOCIOLOGÍA I
TEMA 1. INTRODUCCIÓN GENERAL. ¿QUÉ ES LA SOCIOLOGÍA?
2. IMÁGENES ACTUALES SOBRE EL SOCIÓLOGO Y LA SOCIOLOGÍA
Una parte de los sociólogos tienen una visión de la sociedad básicamente como
una realidad sometida a continuos procesos de conflictos y de cambios, a veces
con una desafortunada visión profética. Por otra parte, otros sociólogos
consideran a la sociedad como una realidad fundamentalmente estática, en la
que el acuerdo y el consenso suele prevalecer sobre el conflicto y la
disconformidad, operando como una justificación del statu quo u orden
establecido (visión sacerdotal). Como ejemplo la orientación de Comte, en
considerar que la Sociología tenía que configurarse como una “nueva religión”
de la nueva era industrial.
Aunque desde los primeros pasos de la Sociología, hasta nuestros días se ha
modificado sustancialmente la imagen de esta disciplina y las formas de
entender su quehacer científico.
3. ELEMENTOS PARA LA COMPRENSIÓN DE LA SOCIOLOGÍA COMO
DISCIPLINA CIENTÍFICA
Frecuentemente, las más duras críticas sobre esta disciplina proceden del propio
campo de los que se dedican a ella, pues entre los sociólogos actuales persiste
una importante diversidad de percepciones sobre la naturaleza y el papel que la
Sociología puede cumplir. Sin embargo, muchas de las críticas y defectos que se
achacan a la Sociología y a los sociólogos son características a casi todos los
grupos científicos: cuantitofrenia, jergas especializadas, etc. Lo que sí es cierto
es la existencia de diferentes enfoques metodológicos y una creciente diversidad
de los campos de especialización, lo que hace difícil ofrecer una visión de
conjunto de la disciplina.
Por fortuna, el abandono de la obsesión por las definiciones y la superada
pretensión por construir una gran teoría sociológica que lo explicase todo, ha
dado lugar a una atención creciente por los problemas sociales concretos e
inmediatos, incluso mediante enfoques microsociológicos que han llevado al
sociólogo a las mismas fronteras de la Sociología, pues no siempre es fácil
diferenciar en determinados enfoques la Sociología de la Economía o la
Psicología, compartiendo por ello métodos propios de otras ciencias sociales.
Toda esta indefinición conceptual, metodológica y de delimitación ha llegado a
crear entre los sociólogos una conciencia de crisis, propiciando una tendencia
hacia el autoanálisis y dando lugar a que en muchos casos la Sociología se haya
acabado convirtiendo en el propio objeto de la Sociología, en un círculo cerrado
de auto-observación.
4. LA EXPLICACIÓN SOCIOLÓGICA
La crisis de la Sociología radica, pues, en su eventual incapacidad para lograr su
adecuada comprensión y aceptación social, es decir, para demostrar su utilidad.
En ese proceso explicativo se abren los siguientes interrogantes:
¿Cuándo aparece? Al hilo del surgimiento y desarrollo de la sociedad
industrial.
¿Por qué aparece? Porque se dieron las condiciones de madurez
adecuadas: desarrollo de la sensibilidad hacia lo social y condiciones de
libertad intelectual.
¿Cómo surge? En la evolución de las ciencias sociales: primero la Ciencia
Política de la Religión y la Moral, después la Ciencia Económica y a
continuación la Sociología.
¿Para qué? Para enfrentarse de un modo científico con la problemática
social.
¿Con qué orientación surgió? En los supuestos y planteamientos del
método científico.
Se hace evidente, pues, que para la correcta comprensión de la Sociología se
debe dar cuenta tanto de su razón de ser contextual de desarrollo histórico,
como de su razón de ser sustantiva en tanto a su contenido y finalidad, haciendo
hincapié en los siguientes puntos:
1. Precisar el papel que juega lo social en la evolución del hombre.
2. Comprender las características del período histórico en que aparece desde la
doble perspectiva de cambios sociales y de aparición de nuevas mentalidades.
3. Aclarar el gado en que los procedimientos científicos pueden resultar
aplicables al estudio de la realidad social.
La Sociología forma parte de las Ciencias Sociales, y aunque comparte parte de
su campo con otras ciencias, cuenta con un campo temático específico, lo social,
y unos enfoques metodológicos particulares. Para constituirse como ciencia,
además, tuvieron que darse unos requisitos constitutivos previos: unos
elementos externos histórico-sociales a partir de los cuales fue posible el
desarrollo de una nueva rama del saber, y otros de evolución interna: desarrollo
de una problemática específica diferenciada de otras ciencias, desarrollo de
grandes teorías sociológicas y paradigmas interpretativos, delimitación de
problemas específicos concretos del orden social, y la conexión de estas
orientaciones con perspectivas de investigación científica.
Tras todo ello llegamos a la conclusión de que lo que la Sociología necesita es
ser explicada y no simplemente definida. En lo que podría ser una primera y
básica definición de consenso entendemos la Sociología como el resultado de
aplicar, en un contexto histórico determinado, procedimientos de conocimiento
propios del método científico al estudio de los fenómenos que acontecen en la
esfera de lo social, fenómenos que deber ser susceptibles de comprobación y
medición empíricos a partir de marcos teóricos interpretativos y conceptos
analíticos adecuados.
TEMA 2. HOMBRE Y SOCIEDAD
1. LA NATURALEZA DE LO SOCIAL
El hombre es un ser social, y no puede entenderse sin la sociedad, en la cual
siempre ha vivido como un hecho natural formando parte de su realidad más
íntima e inmediata. Por ello, el concepto de un hombre fuera de la sociedad no
es aceptable, pues mediante la socialización se adquieren un conjunto de pautas
y patrones de conducta social sin los cuales los seres humanos se verían
reducidos a una condición diferente a la humana.
Sin embargo, la importancia que lo social ha tenido en la evolución humana, con
un papel decisivo en el proceso de hominización, contrasta con su tardío
descubrimiento como campo de estudio (s. XIX). Una explicación resalta la
realidad tan obvia de nuestra inmersión en una compleja red de grupos
primarios en los distintos ámbitos de la vida social, tal que, como señaló Ralph
Linton, lo último que descubriría un habitante de las profundidades marinas
fuera tal vez el agua. Una explicación más racional señala que la reflexión sobre
lo social no se pudo producir hasta que no se desarrollaron los métodos
científicos y se evidenció la realidad de la sociedad civil como entidad distinta y
con vida propia al margen del Estado, hecho que se produjo en el momento
histórico de la revolución industrial.
Intentando clarificar cuál es la naturaleza de lo social, Nisbet señaló que los
problemas de la Sociología son los que se refieren a la naturaleza del vínculo
social, en tanto fuerzas que permiten a los seres humanos mantenerse unidos
en las moléculas sociales. Theodore Abel, por su parte, se refirió a lo social como
al misterio que la Sociología pretendía desvelar, como el núcleo atómico
respecto a la Física, la vida a la Biología o la conciencia a la Psicología.
La indagación de lo social se puede abordar de diversos modos: descripción y
análisis de los componentes estructurales y formales de la sociedad, o a través
de la investigación sobre la lógica de los cambios y las transformaciones de estas
estructuras. Por tanto, los dos grandes campos de la Sociología: el de la estática
social (estructura social) y el de la dinámica social, o el cambio social.
2. EL PAPEL DE LO SOCIAL EN EL DESARROLLO HUMANO
Una vez constatado que el hombre es un ser que vive en sociedad, la cuestión
central estriba en dilucidar el papel que juega la dimensión social en la
naturaleza humana. Partiendo de que la evolución dibuja una línea de creciente
complejizarían de los sistemas, con una clara tendencia a la agregación, es decir,
a la unión en conjuntos más amplios y complejos como una premisa propia de
la vida, Kingsley Davis no dudó en afirmar que el surgimiento de las formas
societales constituyó uno de los grandes pasos de la evolución humana.
Teniendo presente la importancia que a lo largo del proceso de evolución ha
tenido la capacidad de adaptación al medio a fin de aumentar las posibilidades
de sobrevivir, algunas especies lograron esa adaptación precisamente merced a
su sociabilidad. En la especie humana esta condición no sólo consistió en un
requisito para la supervivencia, sino que se convirtió en un elemento decisivo de
su conformación como especie, a tal punto que, como señaló Perinat, los
elementos que constituyen la sociabilidad fueron adquiriendo una
preponderancia decisiva, erigiendo al medio social como una condición
necesaria para el despliegue biológico normal del individuo. Se concluye, pues,
una perspectiva “coevolucionaria” entre los factores biológicos y culturales en
el proceso adaptativo de la especie humana, interactuando ambos en la
evolución de los atributos humanos.
Los sociobiólogos han puesto énfasis en el papel desempeñado por la herencia
genética en la dinámica de lo social como el verdadero motor de la sociabilidad,
es decir, como transmisor de la cultura. Edward Wilson señaló que el parentesco
juega un papel primordial en la estructura del grupo, apuntando al fenómeno
del altruismo como uno de sus frutos. En base a ello, Hamilton elaboró el
concepto de coeficiente de parentesco como la fracción de genes mantenida por
la descendencia común: a mayor coeficiente, mayor componente de solidaridad
colectiva y mayor la disposición al altruismo.
Mientras que la Sociobiología hace hincapié en el aspecto biológico del fenómeno
social, el resto de Ciencias Sociales destacan la significativa influencia de la
acción cultural sobre los aspectos biológicos. Schwartz y Ewald estudiaron la
selección de pareja como prototipo de la influencia del ámbito cultural sobre el
biológico. Downs y Blelbtreu, por su parte, subrayaron cómo determinadas
costumbres y pautas culturales desempeñan un papel primordial en la
circulación genética y por tanto en la evolución biológica del hombre.
Es de destacar que en las especies sociales las mutaciones genéticas cuentan con
mayores probabilidades de consolidarse, tanto por la posibilidad de un mayor
grado de intercambios grupales, como por una rápida segregación grupal del
individuo mutado, el cual, aislado en un territorio diferenciado, tendrá más
posibilidades de consolidar su mutación. Tanto este punto como todo lo
expuesto nos llevan a reconocer la importancia decisiva de las interrelaciones
entre el hecho biológico y el hecho social.
3. LA CONCEPCIÓN DEL HOMBRE COMO SER SOCIAL
Se considera que la concepción del hombre como ser social se origina en la
clásica definición de Aristóteles: animal político por naturaleza (zoonpolitikón),
añadiendo que el que vive aislado de la polis sin necesidad de ella o es un bruto
o es un Dios. La apostilla conlleva un matiz vital en la consideración social del
hombre: su dimensión cultural en tanto miembro de una sociedad organizada.
La Teoría de la evolución de Charles Darwin (1809-82) acudió a la comprensión
de la evolución del hombre como ser social al delimitar sus dos dimensiones: la
idea de equilibrio ser vivo-naturaleza mediante la adaptación al medio, y el
proceso de evolución como producto de una dinámica constante de
adaptaciones y desadaptaciones, sobre todo a través de las mutaciones
genéticas. Aunque el origen de éstas aún no está claro, lo cierto es que sitúan a
nuevos individuos y especies en ambientes específicos, de modo que en el
proceso evolutivo se ha ido produciendo una permanente selección natural de
especies según su mayor o menor dotación biológica de adaptación al medio.
Si bien el hombre puede considerarse en parte como resultado de factores de
azar (mutaciones genéticas, cambios geológicos, alteraciones climáticas...), no
puede explicarse sin admitir un conjunto de innovaciones y autorregulaciones
adaptativas básicamente en virtud de su condición social. En base a ello, el
hombre puede ser considerado como fruto de un doble proceso de evolución
biológica y evolución social.
Este proceso de coevolución biológica y social del hombre se sitúa en un
contexto temporal muy dilatado, y un análisis de sus condiciones físicas
originarias nos indica que parecía una especie destinada a desaparecer. Sin
embargo, aquellos homínidos supieron hacerse fuertes desde debilidad física y
sobrevivieron, fundamentalmente en virtud de su carácter social, desarrollando
y transmitiendo entre sí un depósito común de conocimientos y técnicas al que
se denomina cultura. Sociedad y cultura son, pues, las claves que nos permiten
comprender la adaptación al medio y la propia naturaleza del ser humano a
través de la hominización. Tal es así que, como señala Linton, lejano queda el
día en que en nuestra especie los grupos organizados, y no sus individuos
aislados, llegaron a ser las unidades funcionales en la lucha por la existencia.
La cultura es para el hombre como un ambiente artificial creado por él mismo,
como si de una segunda naturaleza humana se tratara añadida a su naturaleza
física originaria, que ha ido enriqueciéndose a lo largo de la historia y
transmitida a todo individuo a través de un proceso de socialización y
aprendizaje. En ese sentido, los conceptos de cultura y sociedad se hacen
inseparables, pues la sociedad es un agregado organizado de individuos y la
cultura es la forma en que se comportan según su modo de vida, y a través de
ellos el hombre llega a ser lo que es. Desde esa perspectiva, y tras todo lo
expuesto, se comprende que Ely Chinoy no dudara en afirmar que un individuo
aislado es una ficción filosófica.
TEMA 3. LOS ORÍGENES DE LA SOCIOLOGÍA
1. EL CONTEXTO SOCIAL DE LA SOCIOLOGÍA
Durante un extenso período de tiempo los hombres vivieron en comunidades
bastante estables, generación tras generación. Sin embargo, el siglo XVIII marcó
el desarrollo de una serie de cambios de todo orden que dieron lugar al inicio
de una nueva era histórica. Teniendo como origen el Renacimiento y la
Ilustración, y tras el influjo de la Revolución liberal en Inglaterra y de la
Revolución francesa, el siglo XIX se inició bajo el signo de una nueva era de la
razón, de los derechos humanos y del pensamiento científico y secular.
La Revolución Industrial condujo, de esta manera, al inicio de un nuevo ciclo
histórico, que a la par que puso en marcha enormes recursos productivos bajo
los dictámenes de la nueva ciencia de la Economía, dio lugar a una
transformación radical del orden social. Millones de seres humanos cambiaron
de residencia, de forma de trabajo, de estilos de vida, de costumbres y de ideas,
pero la mayoría hacinándose en los barrios proletarios en unas condiciones
penosas de vida y de salubridad. Algo fallaba en aquel nuevo contexto social, y
en poco tiempo la cuestión social se convirtió en un foco de atención prioritario.
Al ser lo social el verdadero armazón de lo humano, todo cambio socio-cultural
hace tambalearse, de una u otra manera, la misma base de la estructura de
nuestra realidad vital. Por ello, tantos y tan intensos cambios sociales dieron
lugar a una auténtica conmoción en las conciencias y en las formas de vida
colectiva, situando a millones de hombres ante nuevas formas de experiencia
social: falta de arraigo, crisis de las viejas concepciones familiares y gremiales,
difusión de nuevas mentalidades, sacralización del viejo orden, crecimiento des-
mesurado de la población y la urbanización, aparición de nuevas clases sociales,
especialización laboral y división del trabajo... No es extraño que en esa
coyuntura histórica de grandes y profundas transformaciones sociales surgiese
la Sociología como ciencia autónoma.
2. LA ACUÑACIÓN DE UN NUEVO CONCEPTO. ¿CÓMO SURGIÓ LA
SOCIOLOGÍA?
Augusto Comte propuso públicamente calificar a la nueva ciencia como
Sociología, poniendo la primera piedra a la nueva rama del saber, la cual surgió
en el curso de una especialización progresiva de los saberes sociales: primero
surgió la Política con el desarrollo del Estado Moderno, luego la Economía bajo
la Revolución Industrial, y por último la Sociología en un intento de descubrir
las relaciones sociales globales mediante el estudio de los procesos de
estructuración y desestructuración de la sociedad, todo ello con un espíritu
secular y científico propio de la nueva época: sin prejuicios, con objetividad,
rigor y método.
Comte entendía la Sociología como una rama del conocimiento en la que estaba
implícita una clara vocación de transformación del orden social, de la que
participarían casi todos los padres fundadores de la nueva ciencia. Sin embargo,
su planteamiento como “ciencia de las ciencias” y culminación de todo el edificio
científico, presentándola como una doctrina concreta, casi como una nueva
religión, no dejó de crear polémica y hasta rechazo por gran parte de la
comunidad científica, aunque explicase que la supuesta “culminación” también
implicaba su dependencia al desarrollo del resto de las disciplinas científicas.
Por otra parte, Comte creía que el desarrollo de la humanidad se producía según
la “ley de las tres etapas”: teológico-ficticia, metafísico-abstracta y científico-
positiva, y que a medida que se acercaba al tercer estadio más se evidenciaba su
doble movimiento de organización y reorganización, de modo que la Sociología
venía a mitigar las crisis de un desarrollo
3. LOS COMPLEJOS TIEMPOS HISTÓRICOS DE LA SOCIOLOGÍA
Ya a principios del siglo XX la mayoría de sociólogos habían olvidado el supuesto
carácter profético del que Comte habían intentado impregnar la nueva ciencia,
decantándose por derroteros mucho más prácticos y concretos, en un ejercicio
de autoanálisis que buscaba garantizarse un objeto específico que la
diferenciara de las otras ciencias, aún a riesgo de caer en el hecho de que la
Sociología se convirtiese en el objeto de la Sociología.
La autocrítica y el autoanálisis, en un continuo fundarse y refundarse durante
casi un siglo, llevaron a denominar a la Sociología la “ciencia de la crisis”, dada
la continua crisis en la que parecía moverse, aunque se debería admitir que,
habiendo nacido de la crisis, quizás una cierta situación crítica constituya el
contexto necesario en el que encuentra los estímulos más importantes para su
reflexión y desarrollo.
A lo largo de todo un siglo, pues, los observadores externos a la Sociología se
han sorprendido de algunas de sus peculiaridades:
Tendencia a formular grandes síntesis teóricas y explicaciones globales,
prestando poca atención a ámbitos más limitados y concretos de la
realidad social.
Pretensión de muchos sociólogos a “partir de cero”, provocando la
ausencia de un trabajo teórico acumulativo propio del ámbito científico
al que aspira la Sociología.
Tendencia a considerar vigentes y actuales los textos de los padres
fundadores.
Solapamiento entre planos temporales y analíticos, es decir, a catalogar
con análisis pretéritos problemas de situaciones actuales
Tendencia de muchos sociólogos a ser especialistas en todas las ramas
de saber.
Nula diferenciación entre historia de la Sociología y la propia teoría
sociológica vigente.
El objeto de la investigación y el sujeto investigador tienden a mezclarse
y confundirse.
Una buena parte de los sociólogos siguen malgastando su tiempo en
disputas termino-lógicas en la obsesionada búsqueda de definiciones
formales.
A modo de conclusión, la Sociología debe desprenderse de la Sociología como
problema y afrontar un quehacer científico capaz de ocuparse de los problemas
de la sociedad.
TEMA 4. EL DESARROLLO DE LA SOCIOLOGÍA: LOS PADRES FUNDADORES
2. SAINT-SIMON
Saint-Simon (1760-1825), en él recae el honor de ser considerado el precursor
más directo de la Sociología y quizás su auténtico padre fundador. Poseedor de
una cultura enciclopédica, condujo una vida fuera de medida, y curiosamente
casi todas sus aportaciones intelectuales se produjeron a partir de los cuarenta
y cinco años, cuando se encontraba en la pobreza más absoluta, después de
dilapidar su fortuna, haber estudiado todo tipo de disciplinas y haberse
implicado en un sinfín de aventuras.
Convencido de que el orden social en crisis del viejo régimen podía ser
reconstruido sobre bases racionales y científicas, Saint-Simon planteó la
necesidad de constituir una ciencia de la sociedad basada en una filosofía
positiva, a la que denominó Fisiología Social. Su gran objetivo era reorganizar la
sociedad sobre las bases de la ciencia y la industria, para alcanzar una sociedad
sin clases por el camino de la renovación ético-religiosa. La planificación
económica, el desarrollo industrial, la organización de una sociedad equitativa
y productiva, y la desaparición de los Estados nacionales, con un nuevo sistema
político en una Europa unida, hacen de Saint-Simon uno de los más fructíferos
precursores de nuestra época
3. AUGUSTO COMTE
Augusto Comte (1798-1857) está considerado el padre de la Sociología, tanto
por haber acuñado el término como por realizar su primera propuesta
sistemática. En cuanto a su vida, sus biógrafos hablan de su vida atormentada y
carácter dogmático, destacando sus siete años de colaboración con Saint-Simon,
del que se separó borrascosamente, y en los que sin duda se gestó gran parte de
la nueva ciencia.
La idea básica de Comte era que todas las ciencias formaban una jerarquía, una
gran pirámide construida de acuerdo a la propia complejidad de los fenómenos
estudiados, y en cuya cúspide se encontraba la Ciencia de la Sociedad, la “ciencia
de las ciencias”, la última en surgir puesto que previamente había sido necesario
el desarrollo de las demás, y que venía a remediar los problemas del hombre y
la sociedad. La exaltación de ese papel de la Sociología llevó a Comte a
considerarla como la nueva religión laica de la humanidad, donde la nueva
religión era el positivismo, la divinidad la humanidad, y sus sacerdotes la élite
de sociólogos que emprenderían la reorganización social universal.
Uno de los puntales básicos del pensamiento comtiano fue la Ley de los tres
estadios, una interpretación de la evolución de la humanidad en función del
progreso interconectado del conocimiento, la realidad social y el desarrollo del
individuo:
a) Etapa teológica. Sociedades agrícolas, cuya unidad básica era la familia. Los
fenómenos se explican por seres o fuerzas sobrenaturales. En política prevalece
la doctrina de los reyes, organización militar de la sociedad, autoritarismo y
fuerte control social.
b) Etapa metafísica. Se afianza la autoridad civil y el Estado frente al poder
espiritual. Los fenómenos se explican recurriendo a entidades e ideas abstractas.
En política prevale-ce la doctrina de los pueblos, cuyos derechos hace iguales a
todos los hombres.
c) Etapa positiva. Sociedad industrial, la inteligencia humana se libera de mitos
y ataduras, entrando en el estadio de la positividad racional.
Una característica de su obra es su sentido práctico, pues, según él, se trataba
de llegar a un conocimiento de las leyes naturales que permitieran anticipar el
curso de los hechos para evitar, o al menos mitigar lo más posible, las crisis de
un desarrollo espontáneo imprevisto.
En cualquier caso, las aportaciones concretas de Comte al conocimiento de la
estructura social y a los procesos de cambio son muy limitadas y esquemáticas,
y desde el punto de vista metodológico apenas aportó más que la reivindicación
global del método positivo. Sus pretensiones de crear una ciencia, pues, fueron
más un deseo que una realidad, de modo que abrió un camino, pero fueron otros
los que empezaron a transitar por él.
4. EMILIO DURKHEIM
Emilio Durkheim (1858-1917) inicia propiamente la historia de la Sociología,
pues no se limitó a hablar de la nueva ciencia ni de sus posibilidades, sino que
hizo Sociología mediante investigaciones concretas y el desarrollo de reglas y
procesos de investigación específicos.
Los acontecimientos políticos de la época propiciaron en Durkheim una
preocupación recurrente por los temas de solidaridad social, sobre todo en base
a la relación individuo-sociedad. Para él, la sociedad no es la mera suma de
individuos, sino una realidad por sí misma, con sus propias leyes y previa a los
individuos concretos que la constituyen, de tal modo que la fusión de almas
individuales genera un ser con una individualidad psíquica de un nuevo género.
Esta realidad colectiva no sólo tiene entidad propia, actuando distinto a como lo
harían sus miembros aisladamente, sino que también propicia que el hombre
sea lo que es, pues el hombre es hombre en la medida en que está civilizado, y
despojado de cuanto la sociedad le aporta quedaría reducido a la condición
animal. En la identificación y explicación de ese “factor social” sitúa Durkheim
la razón de ser de la Sociología.
Durkheim definió la Sociología como la ciencia que se ocupa de los hechos
sociales, definiéndolos como aquellas maneras de obrar y sentir exteriores e
impuestas al individuo, es decir, realidades que éste se encuentra formadas y que
son parte de la supremacía de la sociedad sobre sus miembros. Es necesaria la
combinación de muchos individuos para instituir un hecho social nuevo,
definiendo Institución como el conjunto de todas las creencias y formas de
conducta instituidas por la colectividad. La Sociología, pues, se redefine como la
ciencia que estudia la génesis y funcionamiento de las instituciones, quedando
así delimita-do el objeto de estudio durkheimiano de la Sociología: los hechos
sociales y las instituciones.
En el terreno político-social, Durkheim observó la conexión entre tres
movimientos del siglo XIX: la crisis de las ideas religiosas, la aparición de la
Sociología y el auge del socialismo, definiéndose partidario de un socialismo
encaminado a lograr la regeneración de la sociedad a partir de los principios
morales de una Sociología científica, es decir, no reducido a una simple cuestión
de salarios sino como reorganizador del cuerpo social en su conjunto. Para ello,
Durkheim apostaba por una Sociología que aportaba un conocimiento metódico
y riguroso para la solución científica de los problemas sociales, de los cuales el
principal no era el económico, sino el del consenso y la aceptación de la
superioridad moral de la sociedad.
Su labor fue ingente. En el terreno social, estableció la división entre solidaridad
mecánica y orgánica (comunidades y asociaciones), introdujo el concepto de
anomia, desarrolló la idea de institución social, los conceptos de cultura y
sociedad, y construyó diversas tipologías. En el metodológico, consideró la
necesidad de tratar los hechos sociales como cosas, es decir, como realidades
observables y cuantificables, abandonando la obsesión por la conceptualización
y proponiendo el acercamiento a los problemas mediante aproximaciones
progresivas, partiendo de estudios sobre los puntos más accesibles. Con todo
este material proporcionado por Durkheim, la Sociología pudo por fin empezar
a andar.
5. CARLOS MARX
Carlos Marx (1818-1883) es una de las mayores figuras intelectuales de la
historia, y sin duda una de las que ha llegado a alcanzar una mayor influencia
práctica en el plano político y cultural. Gran polemista y estudioso incansable,
fue sobre todo un gran agitador, un promotor de nuevas ideas y un abanderado
de los nuevos ideales socialistas, además de profeta, activista, líder político e
intelectual que abordó cuestiones relacionadas prácticamente con todas las
ciencias sociales.
Su pobre opinión de Comte le impidió la utilización del término Sociología,
acuñado por éste y relacionado en un principio con la visión comtiana de la
sociedad, pero nadie duda de su posición como uno de los padres fundadores
de la nueva ciencia e inspirador de una de sus principales corrientes: la dinámica
social como fruto del conflicto y antagonismo, en contras-te con la visión de la
dinámica social como fruto del orden y armonía social.
Marx desarrolló una teoría concreta del devenir social a partir del análisis de los
procesos de producción económica, y en su obra culminante, El Capital, intentó
desvelar la lógica y dinámica del sistema de producción industrial-capitalista.
Numerosos sociólogos, como Schumpeter, Gurvitch o Bottomore, no dudaron en
reconocer en sus obras el enorme valor de las aportaciones marxistas, pero
apuntando su arrogancia al pretender ser la Sociología misma, o un sistema
sociológico completo y definitivo, obviando las limitaciones propias de toda
teoría sociológica frente a la extraordinaria complejidad de la vida social.
Marx desarrolló sus investigaciones en torno a dos grandes temas
interrelacionados:
a) El descubrimiento de la ley económica de la sociedad moderna capitalista.
b) Los procesos específicos de conflictos de clase.
Con el estudio y la relación de ambos pretendía descubrir la estructura y el
funcionamiento de los sistemas de producción a través de la dinámica histórica
generada por los antagonismos y conflictos de clases que engendraban.
Marx situó sus estudios en dos planos interdependientes:
1. Los hombres concretos. Aunque no consideraba a la sociedad como un ente
al margen del individuo, sí la entendía como el lugar donde los hombres
desarrollaban su verdadera naturaleza y el marco en el que se producían las
interacciones sociales, al punto de que afirmó que no era la conciencia del
hombre la que determinaba su ser, sino el ser social de éste lo que determinaba
la conciencia.
2. Los procesos históricos, de los cuales concluyó que el motor de su evolución
era un conjunto de procesos sociales específicos, concepción que se denominó
materialismo dialéctico o histórico (en contraposición al idealismo dialéctico de
Hegel, que veía el motor en las ideas), determinando que ese motor o factor
principal que daba lugar a la génesis del cambio y la dinámica social era el
conflicto de clases.
A modo de resumen, Marx concluyó que el modo de producción de la vida
material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general.
Al llegar a una determina-da fase de su desarrollo, las fuerzas productivas
materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, es
decir, que chocan con las relaciones de propiedad vigentes, de modo que estas
relaciones pasan de ser relaciones de desarrollo a trabas para ese desarrollo,
abriendo una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se
revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida
sobre ella.
Marx fue un sociólogo de un tipo determinado: sociólogo-economista,
convencido de que no es posible comprender a la sociedad moderna sin referirse
al funcionamiento del sistema económico si se descuida la teoría de su
funcionamiento
6. MAX WEBER
Max Weber (1864-1920) es uno de los padres fundadores con mayor influencia
en la Sociología actual, ocupándose de tantos temas y cuestiones distintas que
presenta dificultades para ser sistematizado, careciendo de una teoría general o
idea central de pensamiento y estudio, posibilidad que rechazó al considerar
que no podía existir una explicación cerrada y acabada capaz de reproducir con
fidelidad la extraordinaria complejidad de la realidad.
Su amplísima producción, desde estudios metodológicos a históricos, pasando
por la sociología de la religión y los económicos de su obra cumbre “Economía
y Sociedad”, está alentada por un permanente diálogo intelectual con Marx, a
quien, junto con Nietzsche, consideraba las figuras más influyentes de su época.
Sin embargo, aunque ambos coincidieron en atribuir un carácter prevalente al
estudio del capitalismo, Marx enfatizó los factores económico-materiales,
mientras Weber se inclinó al ámbito de las ideas y creencias Una síntesis de las
ideas de Weber, en contraposición a las de Marx, son las siguientes:
― Rechazo de las grandes teorías y explicaciones unicasuales.
― Intento de aunar criterios de las ciencias de la cultura con las ciencias
naturales.
― Distinción entre los planos de poder económico y político, las ideas de los
intereses.
― Visión neutra del capitalismo, de tendencia a una racionalización económica.
― Visión de las clases sociales y el conflicto de clases no sólo en términos
económicos, sino también ideológicos y culturales.
― Las relaciones entre la infraestructura económica y la ideológica no son
unívocas ni unidireccionales, sino bidireccionales y dependientes.
Weber llegó a la refutación empírica del materialismo histórico de Marx,
exponiendo las conexiones de las religiones con la economía y la estructura
social de su sociedad, todo ello en base a un dato concreto: el capitalismo se
extendió con más auge en los países protestantes que en los católicos, dándose
un mayor porcentaje de protestantes entre los propietarios y puestos directivos
de las empresas. Weber estableció que los elementos que definían el “espíritu
del capitalismo” se correspondían con la ascesis profesional puritana cristiana,
y concluyó la importancia decisiva del factor religioso en la génesis del
capitalismo occidental, es decir, que el criterio económico no bastaba y era
necesario considerar también los valores y las ideas en la explicación de los
procesos sociales.
En cuanto a sus propuestas metodológicas, Weber reivindicó la dimensión
científica de la Sociología, pero reconociendo la especificidad de los fenómenos
sociales, siempre sujetos a la subjetividad humana. Para ello propuso un
enfoque que calificó método comprensivo, en un intento de abarcar e integrar
los ámbitos de lo objetivo (relaciones causales) y lo subjetivo (dimensión
significativa) en una perspectiva histórica concreta (marco de referencia).
Weber definió la Sociología como una ciencia que pretende entender e
interpretar la acción social, para explicarla causalmente en su desarrollo y
efectos. Para ello, contaba con las siguientes herramientas:
La acción, definida como una conducta humana, sea un obrar u omitir,
siempre que el sujeto le asocie un sentido subjetivo. En ese sentido, una
acción social queda definida como una acción cuyo sentido subjetivo del
sujeto radica en la conducta de otros sujetos, orientando en base a ésta
el desarrollo de su propia acción.
La relación social, como una conducta plural recíprocamente referida y
orientada en virtud a esa reciprocidad, es decir, relaciones plurales
recíprocamente significativas.
La interpretación causal. Una interpretación causal correcta de una acción
concreta implica que el motivo y su desarrollo externo hayan sido
conocidos de un modo certero y comprendidos con sentido en su
conexión. Si falta esta adecuación de sentido no nos encontraremos ante
una interpretación causal correcta, sino ante una posibilidad estadística
no susceptible de comprensión.
Los tipos, como marcos de referencia o modelos de ordenación de la
realidad, siendo el modelo conceptual básico para entender las acciones
sociales. Weber distinguió:
Tipos puros o ideales, en un intento de ordenación racional de la
realidad.
Tipos promedio, a través de los cuales establecer una catalogación
o clasificación de lo que ocurre en la realidad.
Weber no intentó, pues, descubrir y transmitir verdades absolutas, sino
orientaciones útiles sobre las más diversas cuestiones sociológicas, acumulando
conocimientos, aportando hipótesis y sugiriendo propuestas metodológicas.
TEMA 5. LA SOCIEDAD, OBJETIVO DE ESTUDIO DE LA SOCIOLOGÍA.
3. LOS GRUPOS SOCIALES
La sociedad está formada por una tupida red de grupos sociales, en los que
todos los individuos se encuentran implicados en diferente grado, y que
constituyen las células básicas de la sociedad, lo que hace del grupo social la
realidad más inmediata y central para la Sociología. Sin embargo, a pesar de su
peso actual los padres fundadores apenas les prestaron atención, más
preocupados por los grandes problemas y procesos globales, centrándose en la
dicotomía individuo-sociedad. La primera formulación seria de los grupos
primarios vino de la mano de Charles H. Cooley (1864-1929), pero su auge tuvo
que esperar a la década de los años treinta con las investigaciones de Elton Mayo.
No se debe confundir los grupos sociales con las categorías sociales (individuos
que reúnen las mismas características: profesores, jóvenes...) ni con los
agregados estadísticos (individuos que pueden ser clasificados de acuerdo a
algún atributo: lectores del ABC, fumadores de Fortuna...), pues no tienen más
sentido que el clasificatorio o estadístico. Cuando nos referimos a grupos
sociales están implícitas las siguientes características:
Son unidades sociales con unos contornos delimitados y características
precisas.
Su elemento definitorio fundamental es la unión continuada de personas
por algún tipo de relación social a través de ciertos intereses, valores o
propósitos comunes.
Nos son espontáneos, sino que se caracterizan por contar con cierta
estabilidad.
Existe un sentimiento de pertenencia, y sus miembros se identifican como
tales.
Pueden ser identificados desde fuera como grupo.
Tiene la virtualidad de influir u orientar la conducta y opiniones de sus
miembros.
Los grupos sociales pueden ser clasificados de acuerdo a un gran número de
criterios, pero la más significativa es la que distingue entre grupos primarios y
secundarios.
Los grupos primarios
Se trata de la más universal forma de asociación, al punto que están presentes
en todos los ámbitos de la sociedad, definiéndose como una cierta cantidad de
personas que se comunican a menudo entre sí, durante cierto tiempo, con un
intenso sentido de conciencia grupal, y lo suficientemente pocas para que cada
una de ellas pueda comunicarse con todas las demás personalmente, cara a cara,
proporcionando a sus miembros un conjunto de gratificaciones personales,
psicológicas y emocionales.
Sometidos en la actualidad a gran cantidad de investigaciones empíricas, se han
demostrado sus importantes funciones sociales en tres órdenes de razones:
Erigiéndose en elementos fundamentales de socialización, interiorización
y refuerzo de los patrones culturales.
A nivel metodológico, se trata de entidades manejables y abarcables,
constituyendo verdaderos microcosmos sociales que reflejan y contienen
a escala reducida muchos de los rasgos y características de las sociedades
globales.
Se les considera el paradigma de la buena práctica de lo social, y el mejor
marco de religamiento social, de comunicación humana y de práctica de
la solidaridad, compensando a sus miembros muchos de los sinsabores y
frustraciones originados en las grandes organizaciones sociales. Por ello,
numerosos analistas le han reclamado su condición de “dimensión
óptima” de lo social.
Homans observó que el proceso de decadencia histórica de las civilizaciones se
encuentra ligado al fracaso en organizar las formas de la sociedad-básica a gran
escala, concluyendo que una civilización, para poder mantenerse, debe preservar
entre los grupos que componen su sociedad y la dirección central, algunas de
las características del grupo, aun cuando sea a una escala mucho más extensa.
Los grupos secundarios
Son el modelo que se corresponde a las organizaciones a gran escala, con
relaciones sociales impersonales y reguladas en diferentes grados y formas; los
vínculos suelen ser contractuales; cuentan un alto grado de división y
diferenciación de tareas y roles; y predominan los procedimientos formalizados
y burocráticos. Los principales son las organizaciones formales, las clases
sociales y las entidades sociales macroscópicas.
En la realidad concreta, se produce un complejo entramado de relaciones entre
grupos primarios y secundarios, cuyas formas de interacción se superponen y
entremezclan. En ese sentido, hay quienes observan continuidad entre ambos
grupos, señalando que los secundarios son la evolución de los primarios, de tal
modo que a medida que un grupo crece sus relaciones van evolucionando de
primarias a secundarias.
También hay quienes, vertiendo toda la importancia en el primario, consideran
el secundario una ficción, originada únicamente a “sensu contrario” del
primario. De acuerdo a esto, la unidad de estos grupos secundarios se consigue
sólo por medios simbólicos: por ejemplo, una nación es una nación sólo porque
sus individuos lo creen así.
4. LAS INSTITUCIONES SOCIALES
Como referencia, Durkheim definió la Institución como el conjunto de todas las
creencias y formas de conducta instituidas por la sociedad, es decir, todas
aquellas prácticas sociales que se siguen de un modo irreflexivo sin necesidad
de justificación.
Dado que la característica fundamental de las instituciones sociales es que
cumplen funciones, y que para que una sociedad se constituya como tal es
necesario que cuente con un mínimo de requisitos funcionales, las sociedades
originarias se dotaron para ello con un conjunto de instituciones sociales
específicas:
Sistemas de reproducción y socialización de los individuos, a través de la
institución de la familia con la colaboración de las instituciones
educativas.
Estructuras económicas y de división del trabajo, a través de instituciones
económicas.
Sistema de poder y uso legítimo de la fuerza, a través de las instituciones
políticas.
Sistema de creencias y valores, a través de las instituciones ideológicas y
expresivas, como la Iglesia y las religiones.
Las instituciones sociales no son compartimentos estancos, sino piezas de un
entramado social complejo, y a través de los continuos procesos de interacción
de las instituciones socia-les básicas surgen otras instituciones y formas de
articulación social, como las clases sociales. Por ello, cuando se habla de
instituciones sociales se está hablando en realidad de la estructura social, a
través del prisma del cumplimiento de unas funciones sociales específicas.
La familia
La familia es la institución social básica y uno de los grupos primarios
fundamentales, cumpliendo un gran número de funciones sociales
insustituibles. Habiendo existido en todas las sociedades conocidas, se la ha
considerado la institución social universal. Sin embargo, aun siendo notable su
gran diversidad de manifestaciones, todas han contado con una serie de
elementos comunes: una relación conyugal, un sistema de filiación, un lugar de
habitación común, y un patrimonio o conjunto de bienes y recursos comunes.
La familia, tal como la hemos llegado a conocer, es el resultado de una larga
evolución social, y sus formas cambiantes se explican por los continuos
procesos de transformación de los sistemas sociales.
La dinámica de las transformaciones socio-económicas han ido paulatinamente
configurando la familia hacia un nuevo modelo de familia nuclear: sólo los dos
cónyuges con cada vez menos hijos, de tal modo que, sobre todo con el
desarrollo del Estado del Bienestar, se están observando nuevas readaptaciones
en las funciones de la familia, propiciado que las características tradicionales de
la familia estén cambiando:
Reducción progresiva de sus funciones, cobrando importancia otras
instancias sociales (guarderías, residencias de ancianos) y “grupos de
pares” (de la misma edad) que han asumido parte de ellas, desembocando
en distintos tipos de conflictos generacionales.
Cambios en su concepción, sobre todo a causa del notable crecimiento de
los hogares de una sola persona o con la presencia de sólo uno de los
padres, así como por las posibilidades de la fecundación in vitro, que
pueden propiciar familias de sólo un padre.
Desarrollo de un nuevo modelo más igualitario y abierto de estabilidad
conyugal, basado en la libre voluntad de los cónyuges a partir de la
independencia económica y laboral de ambos, sobre todo desde la masiva
incorporación de la mujer al trabajo
Las relaciones de poder y autoridad
Junto a la familia, las relaciones de poder y autoridad constituyen uno de los
ámbitos fundamentales de plasmación social institucional, desde el más suave
de una madre sobre su hijo, hasta el inflexible e irrenunciable de un Estado sobre
sus ciudadanos. De hecho, no sólo existe algún sistema o tipo de autoridad en
todo agregado social, como destacó Nisbet, sino que el mantenimiento de
relaciones de interacción durante un cierto tiempo siempre acaba
desembocando en relaciones de dependencia y subordinación.
A nivel político, la evolución de las sociedades humanas ha ido acompañada de
unos complejos procesos de articulación de las relaciones de poder y autoridad,
las cuales se han ido traduciendo en distintas formas de organización política,
desde la más elemental de una aldea hasta la de un Estado. A nivel socio-
económico, éstas también han ido entretejiendo un conjunto de posiciones
sociales mutuamente interdependientes, de las que ningún individuo que viva
en sociedad puede sustraerse: en la familia, en la escuela, en el trabajo...
Una característica de las relaciones de poder y autoridad humanas es que están
institucionalizadas, es decir, que existen unos mecanismos por los que el poder
puede adquirirse, ejercerse, delegarse y renunciar a él. Dicha
institucionalización de las relaciones de poder y autoridad se ha traducido en
distintas instancias de organización específicas, como la institución de la
propiedad privada y los diferentes órganos políticos: Parlamentos, Tribunales...
Las formas y maneras en que se producen las relaciones de poder y autoridad
en las sociedades son tan variadas como éstas, y en cada caso sus mecanismos
operan de manera diferente, produciéndose una interdependencia de elementos
que influyen poderosamente en la actuación y aceptación de las relaciones de
poder, sobre todo en base a las propias características personales del individuo:
su liderazgo, costumbres, sumisión, expectativas...
Max Weber definió el poder como la probabilidad de imponer la propia voluntad
dentro de una relación social, aún contra toda resistencia. Sin embargo, la
dominación o autoridad es definida como la probabilidad de encontrar
obediencia dentro de un grupo determinado descansando en diversos motivos
de sumisión. Los motivos por los que se obedece son muy diversos, pero suelen
apoyarse en motivos jurídicos, es decir, en su “legitimidad”. Los motivos de
legitimidad son tres, según sea el tipo de dominación o empleo de la autoridad,
y aun-que es posible identificar los tres modelos en la sociedad actual, en
realidad responden a contextos históricos y sociales específicos:
1. Dominación legal. La obediencia se produce según ordenaciones
impersonales y objetivas estatuidas legalmente por personas específicamente
designadas para ello, estando todos sometidos a un orden impersonal y preciso
de reglas y procedimientos: por ejemplo, un negociado administrativo
burocrático.
2. Dominación tradicional. Se basa en obedecer y aceptar las autoridades
instituidas por las tradiciones mediante vínculos personales de fidelidad, como
la institución patriarcal.
3. Dominación carismática. Descansa en la autoridad ejercida por una
personalidad de dotes excepcionales, al que se obedece por sus cualidades
extraordinarias.
5. LAS CLASES SOCIALES
La forma de nucleamiento institucional más importante es la que tiene que ver
con la desigualdad, agrupando a los seres humanos en distintas clases sociales
con distintos niveles de acceso a los bienes y servicios, y distintos grados de
influencia política y social.
La diferenciación de posiciones no viene dada por una lógica natural según las
cualidades personales, sino básicamente por desigualdades de carácter social
asociadas a las distintas formas de organización de la sociedad. Por ello, la
desigualdad debe ser entendida como un fenómeno de carácter histórico y
cultural, pues las distintas influencias culturales han da-do lugar a los distintos
modelos de estratificación: de castas, esclavistas, estamentales...
La desigualdad ha evolucionado también en su intensidad, desde una leve
desigualdad coyuntural en las primitivas sociedades nómadas, hasta su auge con
la aparición de las sedentarias, cuya mayor posibilidad de acumulación de
recursos se tradujo en notables diferencias de riqueza, enraizándose en el
entramado social a medida que las sociedades se iban desarrollando y
complejizando con un mayor grado de especialización de funciones.
El sistema de desigualdad social que ha merecido una mayor atención ha sido el
sistema de clases occidental, cuyo impacto político en la historia reciente de
Occidente ha sido enorme: movimiento obrero, anarquismo, marxismo, Estado
del Bienestar..., a tal punto, que Marx llegó a afirmar que la historia de la
humanidad era la historia de la lucha de clases.
Estructura de clases y Estratificación social
Sin embargo, la falta de consenso ha llevado a la distinción de dos conceptos:
clase social y estrato social, es decir, estructura de clases y estratificación social,
dado que la palabra clase cuenta con varios significados según el contexto. Como
ya señaló Ossowski, se trata de un concepto cargado de importantes
connotaciones políticas, ideológicas y emociona-les, casi siempre asociado a
alguna teoría social específica. De hecho, el concepto de clase social se encuentra
específicamente vinculado a contextos históricos socio-económicos muy
precisos del mundo occidental, lo cual ha propiciado que el referente sociológico
general de los sistemas de desigualdad sea conceptualizado con el término más
general de estratificación social, en el que la clase social o estructura de clases
no expresaría más que una de sus diversas variantes, en sociedades concretas y
contextos históricos precisos.
En los términos de esa distinción, Sorokin definió la estratificación social como
la diferenciación de una determinada población en clases jerárquicas
superpuestas, en base a una distribución desigual de deberes y derechos,
destacando tres modelos de estratificación: económica, política y ocupacional,
que venían a coincidir con el triple criterio de estratificación
Clase social y Estrato social
Aunque inicialmente el término clase social es flexible y genérico, aplicable a
realidades muy diversas sin prejuzgar ninguna idea ni valoración concreta, lo
cierto es que ha adquirido unas connotaciones teóricas y políticas bastante
precisas.
Originariamente, las “clasiss” romanas eran grupos de referencia económica
donde los individuos aparecían ordenados según su riqueza, lo que llegó a
connotar ideas de rango y posición social. Sin embargo, aunque Ossowski
observa alguna referencia en Spinoza, el concepto de clase social en el sentido
actual del término se gesta entre los siglos XVIII-XIX vinculado a la dinámica del
proceso de evolución social, según los siguientes postulados:
1. La subsistencia humana se basa en la producción como actividad social básica.
2. La evolución de los sistemas de producción supuso una división creciente del
trabajo.
3. La división del trabajo implicó a su vez la existencia de distintos papeles
sociales.
4. Toda división del trabajo implica atribución de papeles entre individuos que
suponen el establecimiento de determinadas relaciones sociales (subordinación,
dependencia...).
5. La posición relativa de distintos grupos sociales implica división de la
sociedad en clases.
A partir de esta perspectiva, podemos afirmar que las clases sociales están
formadas por grandes grupos sociales cuyas posiciones en la sociedad vienen
definidas por el papel que desempeñan en las relaciones de producción en un
momento histórico determinado. Res-pecto a sus cualidades, Bottomore destaca
que no son invariables, sino un artificio o producto humano sometido a cambios
de carácter histórico, y que, en general, se trata de grupos económicos en un
sentido notablemente exclusivo.
Puesto que las clases vienen condicionadas por las relaciones sociales, y éstas a
su vez va-rían según la organización social de producción, su análisis no puede
desvincularse de una consideración global de la sociedad, sobre todo de su
dimensión política. Así, Lenski las de-finió como grupos con una posición de
poder tal que les permite una distribución ventajosa de los excedentes de
producción. Marx irá más allá, afirmando que el factor fundamental que
determina la desigualdad estriba en el poder de explotar el trabajo ajeno,
vinculando la historia humana a la historia de cómo el hombre ha ido
organizando sus relaciones.
La evolución de los sistemas productivos conlleva un conjunto de
caracterizaciones en la estratificación social que dan lugar a distintos modelos
o pirámides de estratificación social, cuyo estudio refleja su evolución en las
diferentes etapas de la sociedad industrial.
En el estudio de la sociedad de clases, Ossowski formuló tres postulados sobre
ellas:
a) Forman un sistema reducido de grupos del orden más elevado en la estructura
social.
b) Su división es en base a las posiciones sociales vinculadas con el sistema de
privilegios.
c) La pertenencia de los individuos a una clase es relativamente estable.
Como complemento a los postulados, Ossowski formuló cuatro características
de las clases:
1. La disposición vertical de las clases, de acuerdo a un sistema de
desigualdades.
2. La diversidad de intereses de las clases estables.
3. La conciencia de clase entre los individuos.
4. El aislamiento de clases, llegando a la separación en la vida social.
En cuanto a las relaciones entre clases, éstas pueden ser:
De ordenación, según alguna magnitud de clasificación.
De dependencia, que pude ser orgánica en el sentido de
complementariedad habitual, o negativa, es decir, que los éxitos de una
constituyan los fracasos de otra.
Mientras que el concepto de clase implica referentes de posición social más
precisos (clase obrera, burguesa...), el de estrato social cuenta con referentes
más laxos (estrato alto, me-dio, medio-alto...), siendo desarrollado por un grupo
de sociólogos que cuestionan la concepción de clases sociales basada
exclusivamente en factores económicos (visión monista), pretendiendo con ello
difundir una perspectiva más amplia y plural en la consideración de los factores
determinantes de la estratificación social, por ejemplo, sustituyendo el enfoque
clase social-situación económica por la trilogía clase-status-poder. La aceptación
de estos tres elementos estratificadores da lugar a tres posibles
interpretaciones:
o La prevalencia de uno u otro factor puede dar lugar simultáneamente a
distintos sistemas de estratificación social de base política.
o La estructura de clases entendida como la resultante de la influencia
conjunta de los tres factores, económico, status y político, considerando
también el ideológico.
o Se puede considerar a un factor como el fundamental, y que en él se
reflejen a su vez los otros dos de manera dependiente. En esa perspectiva
se sitúan los funcionalistas, considerando el factor status como el
elemento fundamental de estratificación, de modo que las posiciones
sociales se fundarían en el prestigio y la consideración social.
En base a todo ello, se puede afirmar que la teoría de los estratos sociales se
fundamenta y apoya en las siguientes instancias:
La idea de complementariedad entre las clases según sus cometidos
económicos.
La idea de la funcionalidad social de la división del trabajo.
La teoría de la estratificación por el status, desarrollada por Weber.
La realidad empírica de los comportamientos sociales estratificacionales
actuales.
La confluencia de factores muy diversos ha propiciado que ya no se considere
correcto hablar de una sola teoría sobre los estratos sociales, sino de un
conjunto diverso de enfoques, de modo que las teorías de las clases y de los
estratos como modelos analíticos alternativos tiende a quedar un tanto
desdibujada. El punto de diferenciación más sustancial entre ambas teorías
consiste en el componente objetivo o subjetivo:
Las clases sociales están conformadas básicamente a partir de factores
objetivos, haciendo referencia a una determinada ubicación en el sistema
social, es decir, situándonos en el plano de la objetividad social.
Los estratos sociales son vistos preferentemente a partir de factores
subjetivos, basados en cómo los demás aprecian y ordenan las posiciones,
es decir, que nos sitúa en el plano de la subjetividad recíproca.
Las diferencias entre ambos conceptos no son sólo cuantitativas, sino de fondo,
implicando incluso visiones distintas del orden social:
Visión antagónica y conflictiva de los análisis de clase.
Visión armónica y de escalonamiento complementario en los análisis de
estratos.
La teoría funcionalista de la estratificación social se originó en los trabajos de
Kingsley Davis y Wilbert Moore (1954), que partiendo del postulado de que no
existe ninguna sociedad sin alguna forma de estratificación, concluyeron que la
necesidad de estratificación que sufre toda sociedad se origina en la necesidad
de distribuir a todos sus individuos en la estructura social, para lo cual se ve
obligada a gestionar un conjunto de retribuciones e incentivos en base a su
prestigio y estimación que motiven a las personas más cualificadas a ocupar
esos puestos, originando de ese modo una cierta cantidad de desigualdad
institucionalizada.
En cuanto a los mecanismos que gestionan los criterios con que se atribuyen los
rangos de los puestos sociales, Davis y Moore determinaron lo siguiente:
El rango de los puestos de mayor importancia para la sociedad viene
determinado por la función social. Suelen ser de “funcionalidad única”,
requiriendo un talento muy especial, cuya escasez de aspirantes exige que
cuenten con altos incentivos.
En los puestos que requieren sólo competencia y conocimientos, el
amplio número de aspirantes garantiza su ocupación con personas de
talento suficiente, que al requerir largos y costosos procesos de
preparación son adecuadamente recompensados.
En el resto de los puestos, se sigue la máxima de que si un puesto es
fácilmente ocupa-do no precisa ser recompensado ampliamente.
Aunque la estratificación social sea vista por los funcionalistas como algo
inevitable, sociólogos como Barber opinan que cuenta tanto con relaciones
funcionales como disfuncionales, siendo fuente así de conflictos como de
armonía, pues en la práctica se comprueba que no siempre son aprovechados
todos los talentos, dando ello lugar a importantes hostilidades y conflictos que
originan un debilitamiento de la motivación para participar y del sentimiento de
integración de ciertos sectores sociales.
6. LOS ROLES SOCIALES
En sociedad, todas las personas tienden a actuar en determinados contextos
sociales de acuerdo a las pautas concretas de comportamiento propias del rol
que en ese instante desempeñan. Por ello, se asume el concepto de la persona
como actor social, y la expresión rol se relaciona con el papel que desempeña en
un momento dado en la obra representada sobre el escenario de la sociedad.
Cada actor social puede representar sucesivamente diferentes papeles, es decir,
diferentes roles según el contexto (profesor, padre, esposo...), de tal modo que
el desempeño de cada rol le orienta en su comportamiento al implicar
determinadas formas de actuar, y a la inversa, todo el mundo espera y prevé que
los demás individuos se adapten a las distintas características de los roles que
representan ante ellos en un momento concreto. En realidad, cada rol implica
un set de roles relacionados a distintos niveles: el rol de profesor implica el rol
docente con alumnos, rol de colega con otros maestros, rol de intelectual en su
rama...
El concepto de rol implica un determinado esfuerzo de ajuste por parte del actor
social para adaptarse en cada momento a un papel determinado, lo cual puede
desembocar en cierta conflictividad entre las características de los diferentes
roles. De hecho, cuando más activa es una persona más roles asume,
aumentando su riesgo de afrontar conflictos de roles que entran en colisión
entre sí: inspector fiscal y contribuyente, policía y padre de un hijo delincuente...
Aunque la mayoría de estos conflictos se resuelven cotidianamente de modo
inconsciente, los más graves pueden dar lugar a distintos tipos de trastornos
psicológicos.
Los roles están caracterizados básicamente por cinco rasgos:
Son modos de comportamiento estandarizados socialmente establecidos.
Enmarcan una serie de normas implícitas en el papel de cada rol: ser
“buena” madre...
Todos forman parte de un círculo social de relaciones: catedrático,
profesor, alumno...
Definen campos de acción legítima, es decir, competencias propias de
actuación.
Forman parte de un sistema de autoridad, implicando deberes y
obligaciones.
Los roles son, pues, modos de conducta institucionalizados socialmente que
asumen una entidad propia en la estructura de la sociedad, al margen de los
individuos concretos que los ocupen. De hecho, como observó Nisbet, existe una
serie de roles-tipo, básicos o standard, que se pueden identificar en todas las
sociedades: patriarca, juez, sabio, guerrero...
Toda posición social conlleva dos caras: rol y status, de modo que cada rol lleva
aparejado un status específico. Sin embargo, mientras que el rol hace referencia
a las obligaciones que conlleva el desempeño de una posición social, el status
hace referencia a los derechos y prestigio social que lleve aparejados quien
desempeñe dicho papel.
Al igual que un actor social puede desempeñar un número apreciable de roles,
también puede pertenecer a diversos grupos de status, de tal modo que el status
final dependerá del rol predominante, o bien de una resultante conjunta de
todos ellos.
Mientras que en las sociedades más elementales el status generalmente es un
status adscrito en base a las circunstancias personales de los individuos, las
sociedades complejas están más abiertas a los status adquiridos por la valía de
las personas, es decir, que en éstas el status se adquiere básicamente por lo que
se hace y no por el papel que se desempeña.
TEMA 6 CULTURA, PERSONA Y SOCIEDAD
1. CULTURA Y SOCIEDAD
La sociología basa sus estudios en el carácter repetitivo y regular de lo social, es
decir, que los comportamientos humanos (pautas de conducta, formas de
organización...) se producen en sociedad conforme a una determinada lógica y
un cierto orden. Uno de los conceptos fundamentales para entender la
naturaleza de lo social es el concepto de cultura, tan vinculado al concepto de
sociedad que no pueden existir de un modo independiente: la sociedad no puede
existir sin la cultura, y la cultura sólo existe dentro de la sociedad.
La cultura es el rasgo distintivo de lo humano, y la respuesta a por qué el hombre
ha sobrevivido logrando adaptarse al medio en un largo proceso de evolución.
Ya Herskovits definió el hombre como un “animal constructor de cultura”,
constituyendo la cultura la parte del ambiente hecha por el hombre, integrando
para él el ambiente natural en que se encuentra, el pasado histórico de su grupo
y las relaciones sociales que tiene que asumir. Así mismo, Downs y Bleibtrév
definieron la cultura como “el nicho ecológico del hombre”, y Linton como “la
herencia social de la humanidad”.
En tanto ser biológico, el hombre hereda unos determinados rasgos físicos junto
a una gran capacidad de aprendizaje con la que irá interiorizando, mediante el
proceso de socialización, no sólo las características y el sentido de lo que
entendemos por hombre, sino también todo el componente social de su herencia
grupal, es decir, la cultura. Por ello, la socialización fue definida por Bernard S.
Phillips como el proceso mediante el cual los individuos desarrollan una
personalidad como resultado de los contenidos de una cultura, y de un modo
implícito, como el medio por el cual una cultura es transmitida de una
generación a otra.
Así pues, la cultura se aprende mediante un proceso de socialización, el cual
enseña a los individuos los patrones de comportamiento que una sociedad ha
ido desarrollando a través de su historia, así como la composición y significado
de los diferentes roles sociales con que cuenta. La gran diversidad de culturas y
patrones culturales muestra hasta qué punto la personalidad humana es
moldeada e influida por el contexto cultural en que se desarrolla.
Lo que hace posible el estudio científico de los procesos de socialización y de
interacción en la cultura es precisamente su carácter repetitivo de acuerdo a
unas pautas relativamente predecibles. Como subrayó Kluckhohn, una
definición de socialización es la posibilidad de predicción de la conducta de un
individuo en situaciones definidas, considerándolo socializado cuando se
comporta igual que los demás en la ejecución de las rutinas culturales.
Por todo lo señalado, el concepto de cultura se constituye en una herramienta
metodológica de gran utilidad para situar y precisar la verdadera naturaleza y
contenido de lo social, de modo que, a decir de Linton, el trabajo del sociólogo
se debe iniciar en el estudio de las culturas o formas características de las
diferentes sociedades.
En la práctica, los conceptos de cultura y sociedad tienden a ser utilizados como
términos equivalentes. Pero, mientras que el concepto de cultura presenta
diferentes facetas y con-tenidos, pudiendo identificársele un componente socio-
estructural, un referente conductual y una base material, el concepto de
sociedad es mucho más global e inclusivo, resultando mucho más difícil separar
los contenidos de los continentes, es decir, lo conceptual de lo físico. Por ello,
ambos conceptos deben ser considerados como co-términos, es decir, como
conceptos íntimamente imbricados y complementarios en función de que el
énfasis se ponga en función de los contenidos (cultura) o de los continentes
(sociedad) de lo social.
2. EL CONCEPTO DE CULTURA
Aunque en lenguaje común se suele identificar a la cultura con determinados
conocimientos y aficiones, este término es utilizado por los científicos sociales
con un significado mucho más concreto y específico. Sin embargo, lejos de la
unanimidad Kroeber y Kluckhohn llega-ron a inventariar más de 150
definiciones.
La primera definición moderna de cultura la dio Tylor en 1871, identificando la
cultura como aquel todo complejo que incluye el conocimiento, las creencias, el
arte, la moral, el derecho, las costumbres y cualesquiera otros hábitos y
capacidades adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad. Es decir,
que en el concepto de cultura Tylor distinguió dos vertientes: la de su
perspectiva evolutiva y su conexión con el concepto de sociedad.
Bronislaw Malinowski, por su parte, se refirió a la cultura como el conjunto
integral constituido por los utensilios y bienes de consumo, por el cuerpo de
normas que rige los diversos grupos sociales, por las ideas y artesanías,
creencias y costumbres: un vasto aparato, en parte mate-rial, en parte humano
y en parte espiritual, con el que el hombre es capaz de superar los problemas
concretos que lo enfrentan, sobre todo en base a sus necesidades orgánicas
como ente biológico y la continua hostigación del ambiente natural que lo rodea.
Es decir, que en el concepto de cultura destacó tres vertientes: que la teoría de
la cultura debe basarse en el hecho biológico humano, que con ella el hombre
crea un ambiente secundario, y que su rasgo esencial es la organización de los
seres humanos en grupos permanentes.
Ralph Linton propuso una definición más concreta: la cultura como la
configuración de la conducta aprendida y los resultados de dicha conducta, en
tanto compartida y transmitida por los miembros de la sociedad. Herskovits se
refirió a la cultura como la parte del ambiente hecho por el hombre,
proporcionando una definición simultánea y paralela de sociedad: una sociedad
se compone de gentes, y el modo en cómo se comportan es su cultura.
Recapitulando, se puede afirmar que la cultura enmarca los siguientes rasgos:
Es una característica específica de los seres humanos, pues el hombre es
el único ser capaz de crear y transmitir una cultura humana.
Es el factor fundamental de la sociabilidad humana, y sólo se puede
desarrollar en sociedad, dando a los individuos identidad de pertenencia
a una comunidad.
No es innata al hombre, sino adquirida por medio de procesos de
socialización y aprendizaje, precisando del establecimiento social de
sistemas de transmisión cultural.
Está articulada institucionalmente por medio de pautas culturales que
tienden a con-formar la personalidad de los individuos con los papeles
que desempeñan.
Hace posible una mejor adaptación del hombre al medio “recreando” un
ambiente propio en el que, paradójicamente, queda atrapado. Es decir,
que el hombre es al tiempo artífice y esclavo de sus propias creaciones
culturales.
Los inventarios y clasificaciones de los componentes y contenidos de una cultura
son muy numerosos, dependiendo de las diferentes culturas. Ralph Linton, por
ejemplo, los dividió en:
Elementos materiales: productos de la artesanía, de la industria...
Elementos cinéticos: las conductas manifiestas.
Elementos psíquicos: conocimientos, actitudes y valores.
Johnson, refiriéndose sólo a elementos no materiales de la cultura, los
dividió en:
Elementos cognitivos: conocimientos teóricos y sistemas de
conocimiento.
Creencias: cuerpo de convicciones que no pueden ser objeto de
verificación.
Valores y normas: modelos de conducta pautados y principios que los
orientan.
Signos: señales y símbolos que orientan las conductas, principalmente el
lenguaje.
Formas de conducta no normativas: gestos, ademanes, posturas...
TEMA 7 SOCIEDADES HUMANAS Y SOCIEDADES ANIMALES
4. LOS ORÍGENES DE LA SOCIEDAD HUMANA
Durante bastantes años los sociólogos han venido insistiendo en ahondar las
diferencias cualitativas entre sociedades humanas y animales, incluso Wossner
llegó a definir el campo de lo social humano en virtud de sus diferencias con el
animal. Sin embargo, recientes descubrimientos arqueológicos vienen a
cuestionar la concepción de la “inteligencia” como barrera diferenciadora
verdaderamente cualitativa, y Thorpe proporciona en sus estudios argumentos
y datos que muestran la inexactitud de las concepciones tradicionales.
A pesar de estos avances, aún son muchos los interrogantes que se plantean en
cuanto al origen y desarrollo de la evolución social humana, sobre todo dadas
las grandes lagunas en el conocimiento de las etapas del proceso de
hominización, lagunas comprensibles si tenemos en cuenta que este proceso
está estimado en varios millones de años. En cualquier caso, la tendencia de
sociólogos y antropólogos ha sido establecer una barrera cualitativa en torno al
concepto de cultura, es decir, que la capacidad de tener, hacer y transmitir la
cultura viene a ser considerada como el verdadero rasgo diferenciador entre las
sociedades animales y las humanas, permitiendo además delimitar sus campos
científicos específicos.
En cuanto al tiempo y manera en que surgen las culturas humanas, Bonner
manifestó su convicción de que todos los cambios evolutivos fueron
relativamente graduales, y que podemos encontrar la simiente de la cultura
humana desde los primeros pasos de la evolución biológica. Para algunos
analistas, la continuidad del proceso socio-cultural descansa en ciertos
paralelismos importantes: la habilidad de los primates para manipular objetos,
su capacidad para comunicarse, y su capacidad para implicarse en acciones
concretas, propiciando la cooperación. Sin embargo, permanece en penumbras
el modo en que se produce el desarrollo de estas potencialidades, existiendo una
“frontera de vacío” a partir de la cual se sitúa, un tanto abruptamente, la
aparición de la realidad socio-cultural humana.
Aunque algunos antropólogos señalan ese momento en la aparición del homo
sapiens junto al desarrollo del lenguaje verbal, numerosos lingüistas han
insistido en las abismales diferencias entre el lenguaje humano con cualquier
forma de comunicación animal, mientras que algunos psicólogos sociales han
añadido su matiz afirmando que el lenguaje verbal fue una necesidad derivada
de procesos tan largos de socialización, es decir, una consecuencia de lo más
dilatado del proceso de dependencia e inmadurez psicomotora de los niños.
Nuevos estudios sobre la complejidad y riqueza de los sistemas de
comunicación en el mundo animal (Lancaster) muestran que en las comunidades
de monos existe un complejo sistema de comunicación, del que se han
identificado 36 sonidos diferenciados. Sin embargo, a pesar de su sofisticación
para expresar su estado emocional, apenas tienen capacidad de comunicación
respecto a su entorno físico. La importancia de este tema ha llevado a que varios
investigadores hayan intentado enseñar a hablar a chimpancés y gorilas con
relativo éxito (Keith y Hayes, Gardner, Premack...), aunque lo más significativo
ha sido constatar la capacidad de estos animales para inventar nuevos términos
a partir de la combinación de los ya enseñados. Por otro lado, entre los estudios
sobre las diferencias y similitudes entre hombre y mono destaca el de Jorge
Sabater Pi, quien enumeró un conjunto de capacidades conductuales básicas del
chimpancé también compartidas por el hombre, así como un inventario bastante
amplio de la utilización de herramientas por los chimpancés.
A la luz de todos estos datos, las comparaciones entre los simios actuales y las
sociedades más primitivas de los humanos contemporáneos distan bastante de
poder ser presentados como verdaderas “simas insalvables”. Siendo una
evolución de millones de años, nos encontramos ante una línea de puntos en la
que la falta de algunas piezas no nos impide prefigurar las líneas maestras de
todo el proceso. Parece, pues evidente que existe una imbricación importante
entre los procesos de evolución fisiológica y de evolución socio-cultural. Como
afirmó Mostovici, si nuestra anatomía desciende de la de los primates, lo mismo
debe suceder con nuestro cuerpo social.