LOS
PILARES
DEL
CARACTER
CRISTIANO
LOS FUNDAMENTOS
BASICOS DE UNA FE VIVA
JOHN MACARTHUR
-La malin de Editorial Portavoz consiste en proporcionar productos
tle callulad —con integridad y excelencia—, desde una perspectiva
hibliva y confiable, que animen a las personas a conocer y servir a
fomuveinta,
CONTENIDO
Introduccion 7
1 El punto de partida: Una fe genuina if
2 La obediencia: El compromiso del creyente 21
3 Bienaventurados los humildes 31
i 47
Titulo del original: The Pillars of Christian Character, © 1998 por 4 La naturaleza desinteresada del amor
John MacArthur y publicado por Crossway Book, una divisién de id, : 61
Good News Publishers, Wheaton, Illinois 60187, 5 La unidad: Perseverancia en la verdad
Edicién en castellano: Los pilares del cardcter cristiano, © 2005 6 El crecimiento: No hay vida verdadera sin él 75
por John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz, filial de .
Kregel Publications, Grand Rapids, Michigan 49501. Todos los 7 Perdone y sea bendecido 1
derechos reservados. . . . 105
8 Raz6n suficiente para regocijarse
Ninguna parte de esta publicacién podra reproducirse de cual- .
quier forma sin permiso escrito ptevio de los editores, con la 9 Siempre hay lugar ‘para la gratitud 121
excepcién de citas breves en revistas 0 tesefias.
10 La valentia de ser fuerte 135
A menos que se indique lo contrario, todas las citas btblicas han
sido tomadas de Ja version Reina-Valera 1960, © Sociedades 11 La autodisciplina: La cave de la victoria 151
Biblicas Unidas. Todos los derechos reservados. 169
Dios en espiritu y en verdad
Traduccién: Evis Carballosa 12 Adorar a P y
EDITORIAL PORTAVOZ 13 La esperanza: Nuestro futuro estd garantizado 187
P.O. Box 2607
Grand Rapids, Michigan 49501 USA 7. .
: ° Guta de estudio 203
Visitenos en: [Link]
ISBN 978-0-8254-1535-7
23 4 5 6edicién/afio 11 10 09 08 07
Impreso en los Estados Unidos de América
Printed in the United States of AmericaINTRODUCCION
S i alguna vez visita Londres, no tendr4 ninguna dificultad en divi-
sar la Catedral de San Pablo. Es considerada una de las diez cons-
trucciones arquitectonicas mas hermosas del mundo, y domina el
perfil de la ciudad. La venerable estructura se levanta como un monu-
mento a su creador, el astrénomo y arquitecto Sir Christopher Wren.
Aunque la catedral de San Pablo es su logro mas conocido, una inte-
resante historia esta relacionada con un edificio menos conocido pro-
ducto de su disefio.
Wren recibié el encargo de disefiar el interior del Ayuntamiento
de Windsor, ubicado al oeste del centro de Londres. Su plan exigia
unas grandes columnas para apoyar el alto techo. Cuando la construc-
cién estaba terminada, los notables de la ciudad recorrieron el edifi-
cio y expresaron su preocupacién con respecto aun problema: Las
columnas 0 los pilares. No era que les preocupaba el uso de colum-
nas, sino que querfan més de ellas.
La solucién de Wren era tan diabélica como inspirada. Hizo exac~
tamente tal como se Je dijo e instalé cuatro nuevas columnas cum-
pliendo ast las exigencias de sus criticos. Esas columnas adicionales
permanecen en cl Ayuntamiento de Windsor hoy dfa y no son difici-
les de identificar. Son las que no sostienen peso alguno y, en realidad,
nunca alcanzan el techo. Son columnas falsas. Wren colocé las colum-
nas solo para cumplir un propésito, es decir, darle buena apariencia.
Son adornos hechos solamente para satisfacer la vista. En lo que res-& Los pilares del cardcter cristiano
pecta a apoyar el edificio y fortalecer la estructura, son tan inttiles
como las pinturas que cuelgan de las paredes.
Aunque me entristece decir esto, creo que muchas iglesias han
construido unas cuantas columnas, solo como decoracién, especia!-
* mente en la vida de cada uno de sus miembros. En un esfuerzo por
senovar la iglesia y hacerla funcionar mejor, muchos dirigentes han
“puesto en prictica estilos atractivos de adoracién y de ensefiaza, junto
con formatos organizativos “innovadores” disefiados para atraer a mds
personas a la iglesia. La sustancia ha sido reemplazada por la sombra. El
contenido queda fuera, el estilo queda dentro, El significado es desalojado,
el método es introducido. La iglesia puede parecer correcta pero aporta
poco peso.
Esa tendencia quiz se hace mas evidente en un drea especial-
mente cercana a mi coraz6n, la ensefianza de la Palabra de Dios.
Demuasiadas iglesias hoy dia se han olvidado de que su principal pro-
pésito es muy simple. Como “la iglesia del Dios viviente” deben ser
“columna y valuarte de la verdad” (1 Ts. 3:15). En su lugar, han cons-
truido una fachada que no ofrece apoyo, aporta poco peso, y se queda
lejos de alcanzar las alturas que Dios disefié para la iglesia y desea que
esta alcance.
EI resultado es la existencia de columnas falsas, decorativas, en el
pueblo de Dios, que a la postre trae como resultado un falso sentido
de la salvaci6n y de la madurez espiritual. Nunca llegan a aferrarse a la
realidad, es decir, a la necesidad de transformar las viejas y pecamino-
sas actitudes, en actitudes nuevas y biblicas. En los cerca de treinta afios
de ministerio en la Grace Community Church he aprendido que si las
actitudes espirituales de las personas son correctas, como resultado de
una ensefianza biblica prolongada, la estructura organizativa de la igle-
sia, su forma y su estilo se convierten en cosas menos importantes.
Una vida saludable para la iglesia solo se origina en una actitud
espiritual adecuada por parte de sus miembros (vea Dt. 30:6; Mt.
22:37, Mr. 12:32-35; He. 10:22). El deseo ferviente del apdstol Pablo,
por el que trabajaba y oraba con tanta diligencia era que Jesucristo
fuera formado plenamente en la vida de cada uno de aquellos a quie-
hes ministraba: “Hijitos mios, por quienes vuelvo a sufrir dolores de
Introduccién 9
parto, hasta que Cristo sea formado en vosotros” (G4. 4:19). Amplié
ese concepto cuando animé a los colosenses diciéndoles: “La palabra
de Cristo more en abundancia en vosotros, ensefidndoos y exhortin-
doos unos a otros en toda sabidurfa, cantando con gracia en vuestros
corazones al Sefior con salmos e himnos y c4nticos espirituales”
(Col. 3:16), Dios desea obrar en la vida fntima del creyente. Por lo
tanto, la meta de todos los pastores y lideres espirituales de la iglesia
debe ser ver vidas transformadas. Todo ministerio y actividad de ado-
racion que realizan debe motivar a las personas a pensar biblicamente.
Es mi deseo que este libro contribuya a despertar y a motivar su
corazén hacia las actitudes espirituales clave que muevan y transfor-
[Link] vida de adentro hacia fuera. Con eso en mente vamos a estu-
diar trece actitudes fundamentales, o columnas si lo prefiere, del
cardcter cristiano que las Escrituras ensefian que todos los seguidores
de Cristo genuinos debemos poseer y que debemos continuamente
desarrollar. No es una lista exhaustiva, pero cada actitud es esencial
para el comportamiento cristiano maduro.
Los primeros cinco capitulos definen, explican e ilustran los pila-
res cristianos basicos de la fe, la obediencia, la humildad, el amor y la
unidad. E! capitulo 6 es un recordatorio de que el crecimiento espi-
ritual es un mandato, no una opcién. Los capitulos 7 al 9 lo animaran
aexhibir las actitudes del perdén, el gozo y la gratitud en todo tiempo,
incluso cuando las circunstancias dificultan hacerlo. El capitulo 10 es
un estudio de la fortaleza espiritual, enfocando las caracteristicas de
un cristiano fuerte segtin 2 Timoteo 2. En el capitulo 11, se dard con-
sideracién a algunos principios de disciplina y las maneras practicas
de aplicarlos. El capftulo 12 contempla la naturaleza de la verdadera
adoraci6n, concentrandose en la ensefianza de Jestis a la mujer sama-
ritana en Juan: 4. Finalmente, en e! capitulo 13 haremos un estudio
cuidadoso de la actitud de la esperanza cristiana y veremos que esta
es una maravillosa fuente de optimismo y de tranquilidad.
Sin ninguna duda, la cuestin crucial de vivir la vida cristiana es
la condicién de su corazén. éEst4 usted comprendiendo y aplicando
los pilares fundamentales del cardcter cristiano tan claramente bos-
quejado en la Palabra de Dios? El ap6stol Pablo escribe este excelente10 Los pilares del cardcter cristiano
resumen de cémo se aplica una actitud piadosa a la vida diaria:
“Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor,
con sencillez de vuestro corazén, como a Cristo; no sirviendo al ojo,
como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de
Cristo, de corazén haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena
-voluntad, como al Sefior y no a los hombres, sabiendo que el bien que
“cada uno hiciere, ése recibird del Seftor, sea siervo o sea libre” (Ef, 6:5-
7). Es mi oracién sincera que “hacer la voluntad de Dios de corazén”
se convierta en una realidad permanente en su vida como resultado
de este estudio.
EL PUNTO DE PARTIDA:
UNA FE GENUINA
Db de manera comtin, la fe o la confianza refuerza cémo cada
uno vive. Bebemos agua por varias razones y confiarnos en que
ha sido debidamente tratada, Confiamos en que los alimentos que
compramos en el supermercado o que comemos en un restaurante
no estén contaminados. De manera rutinaria carmbiamos o deposita-
mos cheques, ain cuando el papel en que estan escritos no posee
valor intrinseco. Ponemos nuestra confianza en la honestidad de Ia
compafifa o la persona que emite el cheque. Algunas veces nos expo-
nemos al bisturi del cirujano, atin cuando no tenemos ninguna expe-
riencia en procedimientos médicos. Cada dia ejercitamos una fe
innata en alguien o en algo.
jQUE ES LA FE ESPIRITUAL?
De igual manera, cuando usted tiene fe espiritual espontincamente
acepta ideas bisicas y acta en muchas cosas que no comprende. Sin
embargo, su fe espiritual no actéia de manera innata como lo hace la
fe natural. La confianza natural viene con el nacimiento natural, y la
confianza espiritual es un resultado directo del nacimiento espiritual:
Las conocidas palabras de Pablo en Efesios 2:8 nos recuerdan que:
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de voso-
tros, pues es don de Dios”.122 Los pilares del cardcter cristiano
Una versién en lenguaje moderno de una de las antiguas confe-
siones de la iglesia (modelada estrechamente segiin la confesién de
Westminster) proporciona esta clara descripcién doctrinal de la fe
practica del creyente:
Por la fe un cristiano cree que todo lo que ha sido dado a
conocer en la Palabra es verdad, porque en ella Dios habla
autoritariamente. También percibe en la Palabra un grado de
excelencia superior a todos los demis escritos, en verdad a
todas las cosas que el mundo contiene. La Palabra revela la
gloria de Dios como aparece en sus diferentes atributos, la
excelencia de Cristo en su naturaleza y en los oficios que rea~
liza, y el poder y la perfeccién del Espiritu Santo en todas las
obras que emprende. De esta manera, el cristiano és capaci-
tado para entregarse implicitamente a la verdad que es cre-
fda, y otorgar servicio segtin los diferentes requisitos de
distintas partes de las Escrituras. A los mandamientos da obe-
diencia; cuando escucha una amenaza, tiembla. Con respecto
a las promesas divinas acerca de esta vida y de la vida veni-
dera, las abraza. Por los actos principales de la-fe salvadora se
relacionan en primer lugar con Cristo cuando el creyente
acepta, recibe y descansa solo sobre El para la justificacién, la
santificacién y la vida eterna. Y todo por medio de... la gra-
cia. (A Faith to Confess: The Baptist Conjesion of Faith of 1689
[Una fe para confesar: La confesién de Fe Bautista de 1689]
[Sesees, England: Carey Publications, 1975], 37)
De modo que la primera columna fundamental que el pueblo de
Dios debe tener es la fe espiritual, 0 la confianza en Dios. Y esa acti-
tud no crecer4 ni se desarrollaré a menos que creyentes individuales
lleguen a conocer a Dios mejor cada dia. Esa verdad es ejemplificada
a través de las Escrituras. He aqui algunos ejemplos destacados:
* Moisés: “Jehovd es mi fortaleza y mi c4ntico. Ha sido mi salva-
ci6n. Este es mi Dios, a quien yo alabaré; el Dios de mi padre, a quien
yo enalteceré” (Ex. 15:2).
* David: “Te amo, Jehovi, fortaleza mia. Jehova, roca mfa y cas-
El punto de partida: Una fe genuina 13
tillo mio, mi libertador; Dios mio, fortaleza mia, en él confiaré; mi
escudo y la fuerza de mi salyacién, mi alto refugio. Invocaré a Jehova,
quien es digno de ser alabado, y seré salvo de mis enemigos” (Sal.
18:1-3).
* Jeremias: “Mi porcion es Jehova; por tanto, en él esperaré”, dice
mi alma” (Lm. 3:24).
‘« Pablo: “que por esto mismo trabajamos y suftimos oprobios,
porque esperamos en el Dios viviente, que es el Salvador de todos los
hombres, mayormente de los que creen” (1 Ti. 4:10).
* Juan: “Todo aquel que confiese que Jestis es el Hijo de Dios,
Dios permanece en ély él en Dios. ¥ nosotros hemos conocido y cre-
ido el amor que Dios tiene para con nosotros, Dios es amor, y el que
permanece en amor permanece en Dios y Dios en él” (1 Jn. 4:15-16).
EL EJEMPLO DE FE DE HABACUC
Para un vistazo mis profundo a cémo los santos biblicos ejemplifica-
ron la actitud de la fe, consideremos el caso del profeta Habacuc. Su
ministerio tuvo lugar a finales del siglo siete a.C. durante los tiltimos
dias del poderfo asirio y en los comienzos de la hegemonia de
Babilonia (por los afios 625 al 600 a.C.). La situacién en los dias de
Habacuc era similar a la que confrontaron Amés y Miqueas. La jus-
ticia y la fidelidad bésicamente habjan desaparecido de Juda, habia
mucha maldad y violencia sin control en todo el territorio.
éPor qué no hay respuesta, Dios?
El comienzo de la profecfa o sermén de Habacuc revela su frustra-
cién y falta de comprensidn de por qué Dios no intervenia en los
asuntos de Jud4 y sobrenaturalmente ponfa en orden las cosas:
“CHasta cudndo, Jehovd, gritaré sin que tu escuches, y clamaré a causa
de la violencia sin que ti salves? ¢Por qué me haces ver iniquidad y
haces que vea tanta maldad? Ante mi solo hay destruccin y violen-
cia; pleito y contienda se levantan, Por eso la Ley se debilita y el jui-14 Los pilares del cardcter cristiano
cio no se ajusta a la verdad; el impio asedia al justo, y ast se tuerce la
Justicia”.
(Hab. 1:2-4)
E] profeta se enfrentaba a un verdadero dilemma. Probablemente
_ yale habia pedido al Sefor que hiciera brotar un avivamiento espiri-
* tual para que todo Judi se arrepintiera, o que juzgara al pueblo por su
iniquidad, violencia, perversién de justicia y falta de atencidn a su ley.
Pero Dios no harfa ninguna de las dos cosas, y Habacuc no podia
entender cémo pod{a El observar Ja magnitud del mal de Judé y no
actuar,
¢Por qué los caldeos? 4
Pero en el pasaje siguiente Dios le da a Habacuc la mas asombrosa ¢
inesperada respuesta:
“Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una
obra en vuestros dias, que aun cuando se os contare, no la creeréis
Porque he aqui, yo levanto a los caldeos, nacién cruel y presurosa,
que camina por la anchura de la tierra para poseer las moradas aje-
nas. Formidable es y terrible; de ella misma procede su justicia y
su dignidad. Sus caballos serdn mds ligeros que leopardos, y mds
Seroces que lobos nocturnos, y sus finetes se multiplicardn; vendrdn
de lejos sus jinetes, y volardn como dguilas que se apresuran a devo~
rar. Toda ella vendré a la presa; el terror va delante de ella, y reco-
gerd cautivos como arena. Escarnecerd a los reyes, y de los principes
hard burla; se reird de toda fortaleza, y levantard terraplén y la
tomard. Luego pasara como el huracdn, y ofenderd atribuyendo su
fuerza a su dios”.
(1:5-11)
La revelacién de Dios solo aumenté el desconcierto de Habacuc,
porque no era eso lo que esperaba ni lo que deseaba ofr. ¢Cémo es
posible que Dios use a los caldeos, un pueblo pagano que era mucho
mis pecador que los judfos, para juzgar y castigar a su pueblo pactado?
Al fin y al cabo, a través de su historia los caldeos eran notorios
El punto de partida: Una fe genuina 15
por ser un pueblo militarista y agresivo. Se formaron en las monta-
fias del Kurdistan y Armenia, al norte de Irak, y posteriormente se
establecieron por sus propios territorios en e! sur de Babilonia en la
parte superior del Golfo Pérsico. Desde los comienzos de la hegemo-
nia Asiria sobre Babilonia, los caldeos fueron una fuente de oposicién
€ irritacién para los reyes asirios. A la postre, los caldeos tuvieron un
papel preponderante en la cafda de Asiria y en el establecimiento del
nuevo imperio de Babilonia.
Los caldeos solo adoraban su fortaleza militar y estaban total-
mente preparados para reducir a escombros la ciudad de Jerusalén.
(En el antiguo Oriente Medio, las murallas de piedra de una ciudad
ode un fuerte eran escaladas una vez que las tropas invasoras amon-
tonaban escombros contra las murallas. Los escombros formaban una
rampa sobre la que los soldados podian marchar y entrar en la ciu-
dad.) Los caldeos eran pecadores, egocéntricos y rudos, y Habacuc no
podfa entender cémo Dios pudo escoger a un pueblo mucho peor
que Juda como agentes para castigar a su pueblo.
La solucién del dilema
El desconcertante dilema de Habacuc no podia resolverse mediante
la sabidurfa humana. Debido a que no entendfa el plan de Dios, el
profeta dirigié su mirada a la teologia: “¢No eres tii desde el princi-
pio, oh Jehov, Dios mio, Santo mfo? No moriremos. Oh Jehova,
para juicio lo pusiste; y ta, oh Roca, lo fundaste para castigar’ (1:12).
En el cenit de su confusion, mientras se hundfa en la arena move-
diza de su dilema y percatandose de que no podia contestar sus pro-
pias preguntas, Habacuc sabiamente apelé a lo que sabia que era
verdad acerca de Dios. Primero, reconocié que Dios es eterno y que
ha existido desde la eternidad pasada y existird en la eternidad futura.
Habacuc trajo a su memoria que los problemas que él y la naci6n con-
frontaban en realidad eran parte de un breve periodo en la historia det
mundo. E] Sefior era mucho mis grande que cualquier pequefio seg-
mento de tiempo, con todos los problemas, y “El sabia todo el tiempo
cémo todas las cosas encajan en su plan eterno”.
El profeta refuerza sus palabras iniciales al dirigirse a Dios como16 Los pilares del cardcter cristiano
“Oh, Jehovs, Dios mio, Santo mio”. El vocablo Jehovd relaciona a
Dios intimamente con la nacién de Israel como el Dios que guarda
el pacto y las promesas hechas a los padres. Habacuc sabia que Dios
estaba y est en control en medio de cualquier circunstancia, El es
Omnipotente, y nada jamés se escapa de su control. Ademis,
5 Habacuc reconoce que Dios es Santo, £1 no se equivocay lleva a cabo
“ su programa perfectamente.
Habacuc necesitaba encontrar un fundamento espiritual seguro
en su comprensién de quién Dios es y de lo que El hace. Por lo tanto,
él podfa tranquilizarse de que “no moriremos”. Sabfa que Dios 3
maneceri fiel y no destruirfa a Judd, puesto que tiene que cumplir el
pacto prometido que hizo con Abraham que garantiza un reino, un
futuro y una salvacién.
Habacuc vio la fidelidad de Dios, su persona en las palabras fina-
les del versiculo 12: “Oh Jehova, para juicio lo pusiste [a los caldeos];
y ta, oh Roca, lo fundaste para castigar”. Ahora acepta el hecho de ee
Dios era demasiado puro para aprobar o excusar el mal y que sus ojos
no podfan contemplar favorablemente la maldad. Por lo tanto, ha
determinado castigar al pueblo de Juda, y soberanamente ha escogido
a los caldeos para realizar ese castigo. Adn cuando Habacuc no
hubiera escogido ese método de juicio, ahora podfa decir con mucha
més seguridad de fe que antes: “Veo y acepto lo que est4 ocurriendo”.
La fe resumida y aplicada
La esencia de la lucha de Habacuc con la definicién de la fe quedé
determinada cuando Dios le dijo: “He aqui que aquel cuya alma no
€s recta, se enorgullece; mas el justo por su fe vivira” (2:4). La frase
final de este versiculo es una de las declaraciones més importantes en
todas las Escrituras porque expresa de manera resumida la doctrina
fundamental de la justificaci6n por la fe. Por esa razén a la postre llegd
a ser, en la traduccién de la Reina-Valera: “El justo por la fe vivira”
uno de los grandes lemas de la Reforma.
El historiador de la Reforma, J. H. Merle D’Aubigne, escri-
biendo en el siglo XIX, describe el descubrimiento de Martin Lutero
de la verdad crucial de Habacue 2:4 de esta manera:
El punto de partida: Una fe genuina 17
J [Lutero] comenzé su asignatura con una explicacién de
los Salmos, y de ahi pasé a la epfstola a los Romanos. Fue de
manera mds concreta mientras meditaba en esta porcién de
las Escrituras que la luz de Ja verdad penetré en su corazén.
Al retirarse a la quictud de su habitacion, solfa consagrar
horas completas al estudio de la divina Palabra, esta epistola
del apéstol Pablo era mantenida abierta delante de é]. En una
ocasion, al llegar al versiculo diecisiete del primer capitulo
leyé ese pasaje en el profeta Habacue, “el justo por su fe
vivird”. Ese precepto le impresioné. Hay, por lo tanto, una
vida para el justo diferente de la de otros hombres. Esa vida
es cl regalo de la fe. Esa promesa que recibié en su coraz6n
como si Dios mismo la hubiera puesto allf, le revelo el mis-
terio de la vida cristiana y aumenté esa vida en él. Afios des-
pués, en medio de numerosas preocupaciones, sé imaginaba
que todavia escuchaba esas palabras: “el justo por su fe
vivira”. (The Life and Times of Martin Luther [La vida y los
tiempos de Martin Lutero} 1846, Chicago: Moody, edicién
de 1978, 46)
Eso ocurrié cuando Lutero era un joven profesor de teologia
biblica en la Universidad de Wittenberg en Alemania a principios de
los afios 1500. Esa comprensién lo afecté tan profundamente que
algunos afios después fue compelido a escribir las famosas noventa y
cinco tesis y clavarlas en la puerta de la capilla de Wittenberg. Esas
declaraciones desafiaron a la Iglesia Cat6lica Romana ser mis bfblica
en algunas de sus doctrinas y practicas. Especialmente, Lutero estaba
en desacuerdo con la venta de indulgencias por la iglesia para conce-
der perdén de pecados. Sefialé que tal remisién es otorgada libre-
mente como un regalo de gracia por Dios, pero solo a quienes vienen
a Elen genuino arrepentimiento y fe. Poco después eso condujoa un
desarrollo pleno de la doctrina biblica de Ja justificacién por la fe y al
esparcimiento de la Reforma protestante a través de gran parte de
Europa.
Ladeclaracién de Dios a Habacuc también se usa en pasajes clave
del Nuevo Testamento. Ademas de su importante uso en Romanos18 Los pilares del catdcter cristiano
1:17, se cita dos veces més en las epistolas: “Y que por la ley ninguno
se justifica para con Dios, es evidente, porque: El justo por la fe vivira”
(Ga. 3:11); “Mas el justo vivird por fe; Y si retrocediere, no agradara
ami alma” (He. 10:38).
El profeta Habacuc no relegé el tema de la fe solo al 4mbito teo-
légico. Le da una expresién maravillosa de como poner en prictica lo
* antes dicho en los tres versiculos finales de su profecia:
‘Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aun-
que falte el producto del olivo, y los labrades no den manteni-
miento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas
ent los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehoud, y me gozaré en
el Dios de mi salvacién. Jehovd ef Seftor es mi fortaleza, el cual
hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar”.
(3:17-19)
Ese vocabulario era muy significativo y familiar pata la sociedad
agricola de los oyentes de Habacuc. Sabian que las higueras siempre
florecen, las vides nunca dejan de dar fruto y los olivos eran tan robus-
tos y duraderos que siempre producian una buena cosecha, Era
inconcebible para ellos que los campos dejaran de producir alimen-
tos y el ganado dejara de producir corderos y becerros.
El profeta dice que atin si esos aspectos rutinarios, ordinarios y
fiables de la vida diaria dejaran de funcionar, si todo el mundo fuera
virado al revés y retrocediera, todavia se regocijaria en Dios y conti-
nuaria confiando en EJ. Atin cuando no comprenda las circunstancias,
todavia comprend({a la persona y la obra de Dios.
Habacuc concluye comparando su estabilidad con aquella que el
Sefior les da a los ciervos. He tenido la oportunidad de sobrevolar
cerca de las montafias de Alaska, he visto como los ciervos se com-
portan, Se paran en un borde escabroso y rocoso de algun precipicio,
tranquilos y confiados, sabiendo que sus pezufias estén seguras y fija-
mente ancladas en el sendero. Esa es la clase de confianza que Dios
le dio a Habacuc y la que dard a todo creyente. Aunque pudiéramos
estar en el precipicio, completamente desconcertados frente a algdin
El punto de partida: Una fe genuina 19
dilema sin solucién o alguna dificultad ineludible, el Sefior nos hace
como ciervos espirituales que andan con seguridad sobre los lugares
altos sin temor a despefiarse. Ninguno de los precipicios de la vida es
demasiado contundente si tenemos la actitud de confianza en Dios,
como la tuvoe Habacuc.
LA FE ES POSIBLE A TRAVES DE CRISTO
En Galatas 2:20 el apdsto! Pablo da testimonio con respecto ala vida
de fe: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas
vive Cristo en mi; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del
Hijo de Dios, el cual me amé y se entregé a si mismo por mi”. Pablo
simplemente dice que tanto él como otros genuinos creyentes en
Cristo viven su vida confiando constantemente en el Salvador. El
apéstol también dice: “porque por fe andamos, no por vista” (2 Co.
5:7). Eso significa que el cristiano, a la larga, no evaltia la vida a través
de sus sentidos naturales, sino a través de los ojos de la fe. {Cémo
podfa Pablo estar tan confiado de que la vida cristiana podfa funcio-
nar de esa manera? Debido a lo que dijo a los filipenses: “Mi Dios,
pues, suplird todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en
Cristo Jestis” (4:19). La clave verdadera para vivir una vida de fe es el
medio divino suplido por la presencia constante y poderosa del
Salvador y Sefior Jesucristo.
Esta claro, pues, que la primera gran actitud cristiana, la fe,
comienza con la salvacién y ha de caracterizar la totalidad de la vida
cristiana. Es la columna fundamental sobre la cual edificar su vida, si
usted dice que ama a Jesucristo. Ese era el argumento de Pablo en
Romanos 5:1-10.
“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio
de nuestro Sefior Jesucristo; por quien también tenemos entrada
por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en
Ia esperanza de la gloria de Dios. ¥ no sdlo esto, sino que también
nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulacién pro-
duce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y20
Los pilares del cardcter cristiano
la esperanza no avergtienza; porque el amor de Dios ha sido
derramado en nuestros corazones por el Espiritu Santo que nos fue
dado. Porque Cristo, cuando atin éramos débiles, a su tiempo
murt6 por los impios. Ciertamente, apenas morird alguno por un
Justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno.
Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo ain
pecadores, Cristo murié por nosotros. Pues mucho mds, estando ya
Justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si
siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de
su Hijo, mucho mds, estando reconciliados, seremos salvos por su
vida”.
LA OBEDIENCIA: EL
COMPROMISO DEL CREYENTE
| compafiero perfecto de la fe es la obediencia. La tiltima estrofa
del conocido himno “Para andar con Jess” resume magistral-
mente la estrecha relacién que esas dos actividades fundamentales [fe
y obediencia] tienen:
Mas sus dones de amor nunca habréis de alcanzar si rendidos no
vais a su altar, pues su paz y su amor solo son para aquel que a
sus leyes divinas es fiel.
Una estrofa la versién original dice: “Lo que él diga haré, do me
envie iré” nos proporciona una simple definicién de la obediencia
espiritual. Fundamentalmente significa someterse a los mandamien-
tos del Sefior, hacer su voluntad, basado sobre lo que esta claramente
revelado en las Escrituras.
LA FEY LA OBEDIENCIA SON INSEPARABLES
La Gran Comisién que Jestis dio a sus discipulos sefiala cuan firnda~
mental es el tema de la obediencia para los creyentes:
“Por tanto, id, y haced discipulos a todas las naciones, bautizén-
dolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espiritu Santo;22 Los pilares del cardcter cristiano
ensefdndoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y
he aqut yo estoy con vosotros todos los dias, hasta el fin del mundo.
Amén”.
(Mi, 28:19-20)
___ Aunque el versiculo 19 implica proclamar el evangelio, ver a per-
“sonas salvadas, y hacer que confiesen ptiblicamente su fe en Cristo,
el versiculo 20 construye sobre la experiencia de salvacién del nuevo
convertido. El que hace discipulos, o cualquier creyente maduro, le
ensefiar4 a los nuevos cristianos a obedecer los mandamientos de
Dios en su Palabra y someterse a El. La Gran Comisién precisa los
dos grandes requisitos del proceso de santificacién, o de la vida del
creyente en Cristo, es decir, fe y obediencia.
La obediencia es tan fundamental que si no est4 presente en la
vida de quien dice ser cristiano, la fe de esa persona debe ser cuestio-
nada. Esa verdad es enfatizada mAs de una vez por el apdstol Juan:
“Dijo entonces Jestis a los judfos que habfan crefdo en él: Si vosotros
permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discipulos”
(Jn. 8:31); “Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi
amor; asi como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y per-
manezco en su amor” (Jn. 15:10). El apdstol reitera ese principio
todavia mas llanamente en su primera epfstola: “Y en esto sabemos
que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos El que
dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es menti-
roso, y la verdad no estd en él” (1 Jn. 2:3-4).
‘Todos los que profesamos fe en Jesucristo tenemos también que
demostrar esa fe mediante la obediencia a la Palabra de Dios. De otro
modo, nuestra profesién de fe salvadora es sospechosa. La obedien-
cia de un verdadero creyente ser4 inequfvoca, intransigente, sin
refunfufar y de corazén. La obediencia es, por lo tanto, una parte
integral de la salvacién de una persona.
De hecho, el apéstol Pedro describe la salvaci6n como un acto
de obediencia: “Habiendo purificado vuestras almas por la obedien-
cia a la verdad, mediante el Espiritu, para el amor fraternal no fin-
gido, amaos unos a otros entrafiablemente, de corazdn puro; siendo
La obediencia: El compromiso del creyente 23
renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la
palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1 P. 1:22-23).
“La verdad” es el evangelio, que en esencia es un mandamiento a
arrepentirse y creer en el Sefior Jesucristo (Mr. 1:15). En el Nuevo
Testamento, el mensaje del evangelio era siempre predicado como
un mandamiento (vea Mt. 3:2; 4:17; Mr. 6:12; Le. 5:32; Hch. 2:38;
3:19; 17:30; 26:20). Debido a que es un mandamiento, requiere
obediencia, y todos los que genuinamente hemos nacido de nuevo
tenemos una nueva vida espiritual porque hemos ofdo la verdad
contenida en las Escrituras, la hemos crefdo y la hemos obedecido.
El momento de la salvacién, sin ernbargo, implica mds que un
acto aislado de obediencia. Cuando alguien pone su confianza en
Cristo y en su obra redentora y recibe el perdén de sus pecados, tam-
bién reconoce que el Salvador es Sefior y soberano sobre su vida. Eso
significa que cada creyente se ha comprometido a vivir una vida de
constante obediencia, aunque inicialmente no se percaté completa-
mente de todas las implicaciones de ese compromiso,
La raz6n de por qué no comprendemos inmediatamente todas las
ramificaciones de nuestro compromiso con Cristo es que Dios,
mediante el Espiritu Santo, primero tiene que darnos ese sentido de
dedicacién. No se origina con nosotros, sino que el Espiritu produce
en nuestro corazén la determinacién de andar el camino de la obe-
diencia a Dios como siervos de Jesucristo. Ese es el proceso de la san-
tificacién, pero eso es solo una fase de nuestra salvacién.
Una perspectiva completa de la salvacion y sus plenas implicacio-
nes comienza con una compresién basica de la eleccién divina.
Primera Pedro 1:1-2 describe a los creyentes como quienes han sido
“clegidos segtin la presciencia de Dios Padre”. La presciencia con. fre-
cuencia es mal interpretada, No significa que todo el mundo ha ope-
rado mediante su propia voluntad, con Dios como un observador
neutral que mira adelante desde la eternidad pasada para ver quién va
a creet en El y quién no y entonces escoge salvar algunos y rechazar
a otros. En cambio, presciencia significa que antes de que alguien
nazca, Dios en su amor predetermind conocer {ntimamente a algu-
nos individuos y salvarlos.24 Los pilares del cardcter cristiano
El vocablo griego traducido presciencia denota una relacién prede-
terminada. Eso es el mismo concepto que define el plan de Dios para
escoger a Israel de entre todas las otras naciones. El pudo haber esco-
gido una nacién mis prestigiosa y poderosa para proclamar su verdad
al mundo, pero El soberanamente predetermind tener una telacion
., especial y personal con Israel (vea Am. 3:2). Jestis hablé de ese tema
respecto de los creyentes cuando dijo “Mis ovejas oyen mi voz, y yo
las conozco, y me siguen” (Jn. 10:27),
La eleccién segtin la presciencia de Dios es la primera fase de la
salvacion. El Sefior predeterminé antes de la fundacién del mundo
tener uma relacién espiritual intima con ciertas personas, esas que han
creido o que atin creeran al evangelio antes del fin de la historia.
La frase siguiente de Pedro en el versiculo dos “en santificacién
del Espiritu”, nos hace regresar a la santificacién, la fase presente de
la salvacién. Eso que estaba en el decreto de Dios en la eternidad
pasada (la cleccién) pasé a la esfera del tiempo a través de la santifica-
ci6n obrada por el Espiritu Santo.
Eso significa que los creyentes somos salvos, mediante el obrar
del Espiritu: “Respondié Jestis: De cierto, de cierto te digo, que el que
no naciere de agua y del Espiritu, no puede entrar en el reino de Dios”
Qn. 3:5). De modo que el poder santificador del Espiritu comienza
cuando somos salvos. La santificacién incluye el ser apartado del con-
trol del pecado, la muerte, el infierno y Satands y ser capacitado por
el Espiritu Santo para vivir una vida de obediencia, conformada mas
y més a la imagen de Jesucristo.
Vivir una vida de obediencia es la tercera y futura fase de la sal-
vacion, como sefiala la afirmacién de Pedro: “para obedecer y ser
rociados con la sangre de Jesucristo” (v. 2). El propésito mas extenso
de la salvacién es que todos los creyentes vivamos el resto de nuestra
vida andando en obediencia al Sefior. El apdstol Pablo ilumina y
resume la fase futura de la salvaci6n en Efesios 2:10 “Porque somos
hechura suya, creados en Cristo Jestis para buenas obras, las cuales
Dios preparé de antemano para que anduviésemos en ellas”.
La obediencia: El compromiso del creyente 25
UN COMPROMISO DE OBEDIENCIA
La breve declaracién de Pedro en 1 Pedro 1:2, “y ser rociados con la
sangre de Jesucristo”, nos pone delante un interesante reto interpre-
tativo. Las palabras del apdstol son pertinentes a nuestra discusién de
la cuestin de la salvacin, pero a primera vista su significado podria
parecer algo extrafio y oscuro. El significado, sin embargo, era claro
para los lectores originales de Pedro, que inclufa a muchos judios con-
vertidos. Se referia al siguiente pasaje clave del Pentateuco, ya la cere-
monia gréfica que describe:
"Y Moisés vino y contd al pueblo todas las palabras de Jehovd, y
todas las leyes; y todo el pueblo respondié a una voz, y dijo:
Haremos todas las palabras que Jehovd ha dicho. Y Moisés escri-
bié todas las palabras de Jehovd, y levantindose de mafiana edi-
Jicé un altar al pie del monte, y doce colummas, segtin las doce tribus
de Israel. Y envié jovenes de los hijos de Israel, los cuales ofrecie-
ror holocaustos y becerros como sacrificios de paz a Jehovd. Y
Moisés tomé la mitad de la sangre, y la puso en tazones, y espar-
cid la otra mitad de la sangre sobre el altar, Y tomé el libro del pacto
y lo ley6 a oidos del pueblo, el cual dijo: Haremos todas las cosas
que Jehovd ha dicho, y obedeceremos. Entonces Moisés tomé la
sangre y rocié sobre el pueblo, y dijo: He aqut la sangre del pacto
que Jehovd ha hecho con vosotros sobre todas estas cosas”.
(Ex. 24:3-8)
Al comienzo de Exodo 24, Moisés acababa de recibir la ley de
Dios (los Diez Mandamientos y muchas otras ordenanzas) en el
Monte Sinai. Antes de la nueva ley mosaica, Dios habia revelado su
voluntad y sus caminos a su pueblo de muchas maneras diferentes.
Pero a partir de ahi, su voluntad seria escrita de manera concreta y
espectfica, todas las cosas en las leyes morales y ceremoniales y todas
las leyes de la vida econémica y social.
Después de descender del Sinai, Moisés con la ayuda del
Espiritu Santo, verbalmente relaté la voluminosa ley de Dios al pue-
blo. ¥ ellos respondieron oralmente a una voz de compromiso26 Los pilares del cardcter cristiano
biblico, basicamente diciendo: “Obedeceremos todo lo que hemos
ofdo”. Asi comenzé un proceso de compromiso entre Dios y su pue-
blo. Dios acordé, en la forma de la ley mosaica, proporcionar un
paquete de criterios para el comportamiento del pueblo que cuando
eran violados tendrian ciertas implicaciones morales y espirituales,
El pueblo acepté, en la forma de su voto ptiblico voluntario, obede-
cer las palabras de Dios y seguir el sendero de Ia justicia que su ley
ahora establecia. ‘\
A continuacién de la repeticién oral de la ley, Moisés (presumi-
blemente a través de la noche) escribié, bajo la inspiracién del Espiritu
Santo, todas esas palabras de la ley. Temprano, la mafiana siguiente
edificé un altar al pie del Monte Sinaf para simbolizar publicamente
el sello del pacto hecho el dia anterior entre Dios y el pueblo. Para
representar la participacién de cada individuo, la caracterfstica promi-
nente del altar consistia de doce columnas de piedra (realmente,
montones de piedras), una por cada tribu de Israel. Para expresar
mejor la solemne decisién de cada uno de obedecer la ley de Dios,
ofrendas quemadas y ofrendas de paz de becerros eran ofrecidas en la
presencia del Sefior.
A continuacién, Moisés hizo algo verdaderamente fascinante
con toda la sangre producida a medida que los becerros eran sacrifi-
cados y preparaclos para las ofrendas. La mitad de la sangre permane-
cia en grandes vasijas, y la otra mitad era esparcida por Moisés sobre
el altar, que representaba a Dios. El derramar la sangre era e] préximo
paso demostrable y simbdlico que Moisés tom6 para ratificar el pacto.
Entonces, como si quisiera reforzar la importancia de su conte-
nido, Moisés permitfa que el pueblo tuviera una segunda oportunidad
de ofr la ley mediante la lectura de todas las palabras que habja escrito
la noche antes. El pueblo de Israel respondié exactamente como lo
habia hecho cuando escuché la lectura de la ley el dia anterior:
“Haremos todas las cosas que Jehov4 ha dicho, y obedeceremos” (v, 7).
Finalmente, Moisés scllé el pacto hecho entre Dios y el pueblo
al tomar la sangre de las vasijas y rociarla sobre el pueblo, La sangre
era la demostracién fisica de que se habia hecho un compromiso
entre dos partes. La sangre sobre el altar simbolizaba el acuerdo de
La obediencia: El compromiso det creyente 27
Dios-de revelar la ley. La sangre sobre el pueblo simbolizaba su
acuerdo de obedecer esa ley.
Asf que el intenso simbolismo de Exodo 24:3-8 es un paralelismo
excelente con las declaraciones con respecto a la salvacién en 1 Pedro
1:2. Cuando Pedro dice: “y ser rociados con la sangre de Jesucristo”,
el apéstol simplemente quiere decir que cuando un creyente confia
en Cristo, acepta su parte del nuevo pacto. Dios permitié al profeta
Ezequiel predecir ese principio: “Os daré corazén nuevo, y pondré
espiritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el cora~
z6n de piedra, y os daré un coraz6n de carne. ¥ pondré dentro de
vosotros mi Espiritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis
mis preceptos, y los pongiis por obra” (Ez. 36:26-27; vea Jer. 31:33).
De modo que la salvacién era y es un pacto de obediencia. Dios
oftece su Palabra, sus medios de gracia, sus bendiciones y cuidados,
y nosotros respondemos con la promesa de obedecer. Es como si la
sangre que fue rociada en Cristo, el sacrificio perfecto, fue entonces
rociada sobre nosotros debido a nuestra aceptacién de su nuevo
pacto. iQué cuadro tan hermoso es este!
LA OBEDIENCIA EN PRACTICA
Cuando vinimos a un fe salvadora en Jesucristo, entramos en un
4mbito de obediencia completamente nuevo. Antes de eso, habfamos
sido obedientes a la carne, al mundo y al diablo y éramos controlados
por todas las diferentes facetas del pecado. Pero como creyentes,
ahora debernos ser obedientes a la justicia de Cristo.
Romanos 6:16-18 nds recuerda cual es nuestra posicién en Cristo
y, por lo tanto, qué clase de actitud obediente debemos tener:
“ZNo sabéis que st os somettis a alguien como esclavos para obe-
decerle, sois esclavos de aquel a quien obedecéis, sea del pecado para
muerte, o sea de la obediencia para justicia? Pero gracias a Dios,
que aunque erais esclavos del pecado, habéis obedecido de corazén
a aquella forma de doctrina a la cual fuisteis entregados; y liberta-
dos del pecado, vinisteis a ser siervos de la justicia”.28 Los pilares del cardcter cristiano
Primero el apéstol Pablo expresa el hecho obvio de que cuando
alguien se presenta a si mismo como esclavo de otra persona, la cues-
tién primordial es la obediencia, es decir, haccr lo que dice el amo.
Eso es verdad ya sea el caso de un inconverso y siervo del pecado, o
el de un creyente y siervo de Cristo.
Entonces Pablo toma esa simple ilustracién y la aplica a la frase
crucial: “habéis obedecido de corazén” en el versiculo 17. La obedien-
cia de coraz6n debe ser una actitud que controla y un deseo en cada
cristiano. El creyente debe tener un deseo tan fuerte de obediencia
que constantemente manifiesta la obediencia como una caracteristica
fundamental de su vida cristiana. Los creyentes llegamos a ser tan
obedientes a lo que la Palabra de Dios nos ensefia que llegamos a ser
“siervos de la justicia” (v. 18).
Otros pasajes del Nuevo Testamento dejan claro que no es sufi-
ciente para los creyentes simplemente oir o leer Ja palabra (vea la
firme advertencia y la seria ilustracién en Mateo 7:21-27). La pre-
gunta fundamental es: ¢Estamos obedeciéndola?
El apdstol Santiago se ocupa de la importancia de la obediencia
cuando declara; “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente
oidores, engafiandoos a vosotros mismos”. Cuando alguien no aplica
regularmente las Escrituras a su vida, est engafandose acerca de su
verdadera condicién espiritual. Santiago ilustra ese principio de esta
manera: “Porque si alguno es oidor de la palabra pero no hacedor de
ella, éste es sernejante al hombre que considera en un espejo su ros-
tro natural. Porque él se considera a si mismo, y se va, y luego olvida
cémo era” (vv, 23-24). Permitame que ilustre esto ms ampliamente
con un ejemplo més contempordneo.
Suponga que un hombre decide 1m dia afcitarse su barba o su
bigote. Mientras se afeita, una !lamada telefénica lo interruampe.
Cuando termina la conversacién, se olvida de que se habia estado afei-
tando y, en cambio, termina de vestirse y sale a trabajar solo para
encontrarse con la risa y las bromas de sus compajieros de trabajo,
quienes le dicen cudn ridiculo se ve. Eso es lo que ocurre con cual-
quiera que solo da un vistazo a la Palabra, se aleja y no la aplica a su
La obediencia: El compromiso del creyente 29
vida. No se percata de cudn mala es su situacién espiritual y vive enga-
fiado con respecto a sus necesidades espirituales.
Eso verdaderamente es aplicable a un inconverso que oye el evan-
gelio pero no toma el tiempo para darle seria consideracién. Las pala-
bras de verdad no penettan y permanece engafiado con respecto a su
verdadera condicién. Santiago 1:23-24 también es aplicable a una per-
sona que asiste a la iglesia, oye la Palabra predicada, hace una profe-
sion de fe, piensa que es cristiano, pero nunca aplica a su vida nada de
lo que oye.
Desafortunadamente, un creyente genuino también puede ser
engaiiado con respecto a cierta Arca de la vida cristiana en la que esta
pecaminosamente deficiente, vive como vivia antes y es engafiado con
respecto a la verdadera condicién de su vida espiritual.
Santiago concluye presentando un perfil del cristiano obediente:
“Mas el que mira atentamente en la perfecta ley, la de la libertad, y
persevera en ella, no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra,
éste ser bienaventurado en lo que hace” {v. 25). En el texto griego, el
verbo “mira atentamente” se refiere a una mirada concentrada y pro-
longada para poder valorar algo correctamente. Usted debe examinar
la perfecta ley de la libertad, que es la Palabra de Dios que lo libera del
pecado y de la muerte (vea Jn. 8:32; 1 P1:23-25; 2:2) y permanecer en
ella, Solo siendo “un hacedor eficaz” en vez de “un oidor olvidadizo”
ser plenamente bendecido. Una actitud de obediencia produce ver-
dadera bendicién.
En conclusién, cuando expérimentamos la salvacion, hicimos
con el Sefior un pacto simple, pero de largo alcance. Por lo tanto, la
actitud de obediencia debe acompafiar la actitud de fe en la vida cris-
tiana porque ambas-son fundamentales para nuestra salvacién. Las
iglesias que tienen la bendicidn de tener a creyentes que exhiben las
dos colurnas de la fe y la obediencia también estaran llenas de gozo,
poder y bendicién de Dios.BIENAVENTURADOS
LOS HUMILDES
L: verdadera espiritualidad, que siempre caracteriza la fe biblica y
la obediencia, también va acompafiada de la actitud de humildad.
Esa actitud se encuentra en el centro mismo de la vida cristiana. Es el
fundamento de todas las gracias, atin asf tanto de lo que pasa por el
ctistianismo en nuestros dias enfatiza el orgullo y el amor propio,
cosas que también eran prominentes:en el judaismo en tiempos de
Jestis. Los judios, sobre todo los escribas y los fariseos, exhibfan su
religién externa delante de otros y esperaban recibir en cambio ala-
banzas y halagos. Jestis denuncié esa hipocresia cuando ensefié a los
doce y a otros discipulos lo siguiente:
‘Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues
ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; y
aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las
sinagogas, y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los
llamen: Rabi, Rabt. Pero vosotros no querdis que os llamen Rabi;
porque uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois her-
manos. ¥ no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra; porque uno
es vuestro Padre, el que estd en los cielos. Ni sedis llamados maes-
tros; porque uno es vuestro Maestro, el Cristo. El que es el mayor32 Los pilares del caracter cristiano
de vosotros, sea vuestro siervo. Porque el que se enaltece serd humi-
lado, y el que se humilla serd enaltecido”.
(Mt, 23:5-12)
LA ENSENANZA DE JESUS ACERCA DE LA HUMILDAD
Los dirigentes judios obviamente no prestaron atencién a las instruc~
ciones anteriores del Sefior en contra del orgullo espiritual al que
habfa aludido en las primeras bienaventuranzas: “Bienaventurados los
pobres en espfritu, porque de ellos es el reino de los cielos.
Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibiran consolacién.
Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirén la tierra por here-
dad. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque
ellos seran saciados” (Mt. 5:3-6). Cada una de esas piadosas actitudes,
con sus consiguientes promesas, describe a personas que estin en el
reino de Dios. Identifican a esas personas que tienen consuelo en
todas las cuestiones importantes de la vida y que pueden mirar ade-
lante el dfa cuando heredardn la tierra en su forma final, es decir, las
glorias de] nuevo cielo y la nueva tierra. Y cada bienaventuranza des-
cribe una faceta de la humildad.
Pobreza de espiritu
Cristo comienza el sermén con la frase: “Bienaventurados los pobres
en espfritu”. “Pobre” es el vocablo griego ptochos, que significa alguien
que es tan pobre que tiene que mendigar. Era usado especificamente
de mendigos que no tenfan oficio o que estaban demasiado incapaci-
tados para trabajar. Esas personas tan pobres estaban en bancarrota
econ6mica, totalmente destituidas y sin ningiin medio de sostén.
El reino de Dios pertenece a los que estan espiritualmente desti-
tuidos, Todos los que son genuinamente salvos se han percatado de
su propia bancarrota espiritual. De modo que sabian que no podian
entrar sobre la base de algtin mérito personal. En resumidas cuentas,
el reino pertenece a todo aquel que, como el publicano de la parabola
de Jestis tenfa esta actitud: “Mas el publicano, estando lejos, no que-
Bienaventurados los humildes 33
ria ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho,
diciendo: Dios, sé propicio a mi, pecador” (Lc. 18:13).
En contraste, formar parte del reino de Dios no pertenece a quie-
nes cuentan con su bautismo, su educaci6n eclesial o su herencia cris-
tiana. La entrada en el reino tampoco pertenece a las personas que solo
cuentan con una fecha cuando “hicieron una decisién por Cristo” o
cuando pasaron al frente al final del culto. Asimismo, quienes se enor-
gullecen de su conformidad con todas las formas externas de la tradi-
cién de su iglesia, que ofrendan sistematicamente para los diferentes
ministerios y que estan siempre ocupados en actividades religiosas no
pueden presumir de tener entrada automitica en el reino. Los tinicos
que pueden reclamar esa seguridad son aquellos que humildemente
se han abandonado a la misericordia de Dios, fueron limpiados de sus
pecados y, por lo tanto, “descendieron 4 [sus] casas justificados”, tal
como Jess describié al publicano en Lucas 18:14.
Llanto espiritual
Las personas que comprenden y hacen frente a su bancarrota espiri-
tual también “lloran” por sus pecados. Ese no es un Ilanto inadecuado
que manifiesta tristeza por planes pecaminosos que son frustrados
(wea 2 S. 13:2) 0 que manifiesta wna tristeza prolongada y deprimida
o una cantidad anormal de pesar debido a lealtades y afectos equivo-
cados (vea 2 S, 18:33—19:6). Esa clase de llanto es erréneo y con fre-
cuencia se relaciona con culpa egoista, infidelidad y con una falta de
confianza pecaminosa en el Seftor.
El flanto del que Jestis habla en Mateo 5:4 ni siquiera es el mismo
que la forma legitima que todos manifestamos de vez en cuando
como algo normal en la vida, tal como cuando un ser querido muere
(vea Gn. 23:2). Tampoco es la clase de Ianto que tiene lugar cuando
un creyente esti desanimado en el ministerio (2 Ti. 1:3-4), cuando
estd triste por el pecado de otro (Jer. 9:1), 0 cuando los creyentes estan
preocupados por el bienestar espiritual de otros cristianos (Hch.
20:31—37.38), o cuando est4n angustiados por las dificultados de un
familiar o un amigo (Mr. 9:24).
Jestis clertamente sabe con respecto a todas esas tristezas correc-34 Los pilares del cardcter cristiano
tas de los creyentes, y El les proporcionaré toda la ayuda que necesi-
tan para hacer frente a las pruebas. Pero esa no es la cuestién en Mateo
5, Enel versiculo 4 el Sefior se refiere a un Ilanto piadoso que solo los
que est4n seriamente en busca de EI para la salvacién o los que ya lo
conocen pueden experimentar. Pablo felicité a los corintios por esa
clase de Ianto (tristeza): “Porque la tristeza que es segtin Dios pro-
duce arrepentimiento para salvacién, de que no hay que arrepentirse;
pero la tristeza del mundo produce muerte. Porque he aqui, esto
mismo de que haydis sido contristados segiin Dios, iqué solicitud
produjo en vosotros, qué defensa, qué indignacién, qué temor, qué
ardiente afecto, qué celo, y qué vindicacién! En todo os habéis mos-
trado limpios en el asunto” (2 Co. 7:10-11).
De los nueve diferentes vocablos griegos usados en el Nuevo
Testamento para expresar tristeza, el que es traducido “lloran” en
Mateo 5:4 y en otros pasajes representa los sentimientos més fuertes
y la tristeza mas sincera (vea Mr. 6:10; Ap. 18:11, 15; y Gn. 37:34
[Antiguo Testamento griego]). Ademis, comunica el concepto de una
profunda agonia interior, acompafiada algunas veces por una mani-
festaci6n externa de llanto y lamento. Cuando David ford por su
pecado y lo confesé, declaré:
“Bienaventurado aquel cuya trasgresién ha sido perdonada, y
cubierto su pecado, Bienaventurado el hombre a quien Jehovd no
culpa de iniquidad, y en cuyo esptritu no hay engafio”.
(Sal. 32:1-2)
En Mateo 5:4, Jestis usa el participio presente penthauntes que
indica una accién continua. Creyentes fieles y maduros tendrén una
actitud constante, de toda la vida, de llanto 0 quebranto por el pecado
que les permitird ver mas y mas del amor y la miscricordia de Dios y
menos, y menos de su propio orgullo. La verdadera expresidn de esta
actitud (no permitir4 la entrada de la compasién por uno mismo ni
de la falsa humildad) no se centra en Ia persona ni en su pecado, sino
que humilde y felizmente mira a Dios quien es el tinico que puede
perdonar la iniquidad. Es la actitud que Pablo expresé en Romanos 7
Bienaventurados los hurmildes 3)
cuando describié su constante batalla contra el pecado y concluyd
diciendo: “iMiserable de mi!